lunes, 6 de julio de 2009

El japonés. Por Atsushi Fukazawa

Imagínese que se traslada a mi país, a Japón, con sus hijos en edad escolar. Y escolariza a sus hijos con la ilusión de darles la oportunidad de aprender japonés. Y al escolarizar a sus hijos encuentra que todos los colegios imparten clase en una lengua regional japonesa (también tenemos lenguas regionales, como en casi todos los países). Y que no encuentra ningún colegio con el japonés como lengua vehicular.

Supongo que usted, atónito, preguntaría por qué no existen colegios con la lengua oficial común del Estado. Y le cuentan algo sobre que hay que proteger no sé qué y que es una especie de revancha contra no sé quién que hizo que hace más de 50 años esa lengua regional estuviera perseguida. Y usted sigue sin entender por qué no puede elegir en Japón una educación en la lengua oficial común del Japón, el japonés.

Pues bien, esto me ha ocurrido en Barcelona, donde actualmente no hay ningún colegio con español como lengua vehicular. Ni público, ni concertado, ni privado.

En mi país, todo el mundo entendería que usted no tuviera ningún interés en que sus hijos aprendieran una lengua regional de mi país, pero sí japonés. Y aquí en España, ¿entienden que nosotros queramos aprender español y no catalán.

El País

Ramón Tamames: "La crisis es profunda y el presidente del Gobierno vive en un mundo de fantasías"


Ramón Tamames publica "Para salir de la crisis global" (Ed. Edaf ) donde sostiene que el Gobierno de Zapatero no ha tenido ningún acierto en la gestión de la crisis. El economista explica que es desde la Unión Europea donde se están llevando medidas económicas importantes como, por ejemplo, subir la garantía de los depósitos de los bancos (de 20.000 hasta 10.000 euros). España sigue en Babia.
"Si no se detecta a tiempo tiene graves consecuencias. Y con 10 meses sin afrontar la crisis es cómo se ha dado la situación que hoy vivimos".
NUEVO MODELO ECONÓMICO ESPAÑOL

Tamames cree que estamos en un momento de "tardofranquismo" porque el sistema laboral de nuestro país es un modelo creado en la dictadura que no ha evolucionado. Así, confía en la instauración de otros modelos que están teniendo buenos resultados (como el danés) en donde hay indemnizaciones para los trabajadores despedidos y no altas liquidaciones.
"No sólo hay que pensar en los despidos sino también en la pervivencia de las empresas"
Con la "lamentable" situación económica no sólo los trabajadores están preocupados. Para Ramón Tamames, los empresarios también están "deprimidos" y les cuesta crear empleos si no saben las nuevas condiciones a las que se enfrentan. Por eso subraya que, una reforma laboral es muy necesaria.
"En Alemania hay menos paro porque ha subido el empleo a tiempo parcial y en España eso no es aceptado. Prefieren estar dos años en el paro sin dar ni golpe".
Ramón Tamames reconoce cómo, afortunadamente, nuestro país no sólo depende de la construcción y que otros sectores tienen capacidad para salir de esta situación económica.
"Tenemos cuatro millones de parados pero otros 19 millones siguen trabajando"

Periodista Digital

Tontería izquierdista de la semana. Por Emilio Campmany

Goytisolo no se dan cuenta, o no quieren dársela, de que el enemigo del fundamentalismo musulmán es Occidente entero, sin distinciones.

Carlos Rodríguez Braun nos deleita todos los lunes aquí, en Libertad Digital, con la tontería económica de la semana. Algún día debería empezar a escribir la tontería izquierdista de la semana, aunque es muy probable que no dé abasto y tenga que convertirla en la tontería izquierdista de cada día o de cada hora.


Juan Goytisolo es uno de nuestros más ilustres escritores. Rabiosamente izquierdista, ha sido tan alabado como premiado. Lo cual no es óbice para que con recurrente frecuencia diga alguna tontería. Este domingo ha escrito una muy gorda en un artículo en El País dedicado a explicarnos lo bien que conoce Irán. Ya se sabe que Goytisolo es experto en mundo islámico. Con el artículo demuestra que el campo de su saber no se limita al mundo árabe, sino que se extiende también a otros países musulmanes. Pues bien, dice Goytisolo tras una larga exposición de cuáles son las claves de lo que ocurre en Irán: "la obstinación de Ahmedineyad contra el Gran Satán carece de credibilidad frente al cambio representado por Obama". La gente de El País, criada a los pechos de Juan Luis Cebrián, destila tanta mala leche que, para que la necedad no pase desapercibida, la han destacado en un recuadro no vaya a ser que a los que nos aburre Goytisolo se nos escape.

Total, que es muy natural que los iraníes y los demás musulmanes vieran a los Estados Unidos como el Gran Satán hasta Bush. Sobre todo, cuando mandaba Bush. Pero, ahora que está Obama, no hay razón para ser tan descortés. La bobada se las trae. Goytisolo se cree que el radicalismo islámico es como un izquierdismo de raíz religiosa, una especie de socialismo utópico, que debería saber que en Occidente tiene enemigos, los demonios de la derechas, pero también amigos, la buena gente de la izquierda. No se dan cuenta, o no quieren dársela, de que el enemigo del fundamentalismo musulmán es Occidente entero, sin distinciones. Ni tampoco que, para ellos, no importa que se llamen Ahmadineyad, Jameini, Bin Laden o Ismail Haniya, cuanto más laico y desacralizado esté Occidente, más satánico se les figura.

Y luego, ¿qué significa que "la obstinación de Ahmadineyad carece de credibilidad"? Goytisolo habla del presidente iraní como si se refiriera a Llamazares o a Ignacio Ramonet, un correligionario al que, tras pecar de excesivamente extremista, hay que conminar para que vuelva a la ortodoxia pragmática. A Ahmadineyad le importa un bledo la credibilidad que pueda tener ante Goytisolo y el resto de la izquierda española, europea y norteamericana.

Además, ¿qué ha cambiado Obama? Lo único que ha hecho es largar en El Cairo un pestiño que sólo ha servido para demostrar lo poco que sabe sobre la Inquisición, la Ilustración y el Renacimiento. Lo que sí ha hecho Obama es ordenar una ofensiva militar en Afganistán en la que se están aplicando ce por be las exitosas tácticas empleadas por Bush en Irak al final de su mandato.

A Goytisolo le pasa que no sabe a qué bando apuntarse en Irán. Por un lado, le caen simpáticos los ayatolás por habérselas tenido tiesas con los norteamericanos. Por otro, no deja de conmoverle ver masas de gente protestando en las calles contra un Gobierno, siempre que el Gobierno no sea de izquierdas. ¿Con quién quedarse? Goytisolo vacila y acaba diciendo tonterías. ¡Jesús, qué izquierda!

Libertad Digital

Triste, solitario y final. Por Gabriel Albiac

NO le digo ahora adiós. Lo dije entonces, cuando, hace menos de dos años, Mikel Buesa inició la derrota que cierra dignamente ahora. Fue el síntoma de que todo iba a venirse abajo. Los partidos recuperaban el control total de lo político, que parecían haber perdido, y que quizá ciertamente perdieron, entre la primavera de 2004 y el invierno de 2007; cuando, por primera vez desde que España es democracia, la gente tomó en las calles el relevo de una casta por la cual se juzgaban estafados. En 2007, Buesa anunciaba su ingreso en el partido nuevo de una vieja aparatchiki del PSOE a punto de perder el sueldo del cual vivió en los últimos treinta años. Vi en aquello un error, entonces. Ahora, cuando Buesa decide volverse a casa, es ya tarde. No hay remedio. Los partidos recuperaron el control. De todo. Y el ciudadano entró en el tibio redil tras sus pastores. Lo peor sucede siempre: es una ley de la materia.

Por eso fascinaba tanto el movimiento ciudadano hace cuatro años. Por eso era preciso aniquilarlo. Los partidos políticos son una maldición inseparable de la democracia: quizá su precio más oneroso y su perversión moral más repulsiva. Pero algo hay que pagar por este, que es, pese a todo, el menos doloroso de los sistemas políticos hasta hoy conocidos: el único en el cual, por lo menos, el pago de brutales impuestos compra el primordial derecho a atrincherarse en lo privado y mandar, desde allí, al Estado a hacer puñetas. Los que hemos visto otros tiempos y otros sitios, sabemos hasta qué punto esta minucia es el mayor lujo. No dan para mucho más las sociedades humanas. Y allá donde un mundo es bastante inteligente -y suficientemente rico- para pagarse una vida mínimamente agradable, no persigue ya siquiera librarse de la parásita casta de sus políticos. Acota sólo lo que es conveniente pagarles para que no molesten. Y fija, en paralelo, las redes de comunidad que permitan al ciudadano relacionarse con sus iguales y despreciar con sosiego a aquella mala gente necesaria, a la cual mantenemos para que carguen con el trabajo moralmente más sucio. La libertad real de un país se mide por el índice de autonomía de la sociedad respecto de lo político; y por la intensidad de su hastío hacia partidos y Estado.

Aquí nunca existió eso. Ni antes, ni durante, ni después de la dictadura. El Estado, en la España del siglo veinte, absorbe todo. Y los partidos tienen, como objetivo primero, quebrar alma y libertad de quienes pagan sus cuentas. Es el mundo al revés. Pero viene de tan largo, que ni siquiera ya percibimos la amputación anímica que toma aquí nombre de democracia. Y es cierto que es menos malo eso que una dictadura. Pero, ¿puede llamarse democracia? Sólo muy analógicamente. Por eso, cuando el Foro Ermua sacó a la gente a la calle con objetivos y lemas que eran abiertamente odiosos a los partidos, cosechó un éxito tan inesperado. Fue una fiesta. Al fin la ciudadanía, pensamos algunos. Lo pensaron también los dirigentes políticos. Y entendieron que había que aniquilarlo. La más inteligente fue, desde luego, Rosa Díez: hacer de aquel grito de rechazo contra los partidos matriz para otro partido más, revela un cinismo político sin duda brillante. Buesa fue rehén de aquel proyecto. Se equivocó. ¡Tantas veces nos equivocamos todos! Le honra haberlo constatado ahora. Y haber tenido el vigor de abandonar. Y a mí me pasa como al protagonista de cierta novela negra, que no acierta a formular su despedida, porque eso sucedió hace mucho: «No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final».

ABC - Opinión

Del Estado raquítico al Estado anoréxico. Por José García Domínguez

«Motu propio nada tenía que decir el estadista presunto sobre la prohibición del español en un rincón –teórico– de España. En eso, don Mariano nos ha salido a Franco: él tampoco se mete en política. Jamás.»

Es tradición. La derecha, tan gallarda cuando toca perorar sobre la patria acodada en las trincheras de Madrid, se rila en cuanto pisa Barcelona. Apenas atisban El Prat, feroces leones indómitos y temibles legionarios de la causa hispana, de súbito, se transmutan en inofensivos conejitos de peluche. Y no digamos al llegar a la Plaza de Cataluña (Catalunya para los creyentes).


Tanto da entonces que se trate de políticos, rutilantes estrellas del periodismo o intelectuales más o menos orgánicos: se arrugan todos con una diligencia que haría las delicias de Adolfo Domínguez. Así, Rajoy, que ha aprendido a conducirse por territorio comanche aplicando aquella máxima de supervivencia tan cara a los quintos de provincias en la mili: pasar lo más inadvertido posible, en todo momento, bajo cualquier circunstancia, siempre. De ahí su heroico "No me han preguntado" a cuenta de la Ley de Educación de Cataluña . Y es que motu proprio nada tenía que decir el estadista presunto sobre la prohibición del español en un rincón –teórico– de España. En eso, don Mariano nos ha salido a Franco: él tampoco se mete en política. Jamás.

Así las cosas, sólo resta que hagan pública de una vez la inapelable sentencia del Constitucional contra la Constitución. Atajo vergonzante por medio del cual habrá de cerrarse el largo ciclo que diseñaron los dos gobernantes más sobrevalorados de la Historia de España, Cánovas y Adolfo Suárez. Muy loado fundador del Estado raquítico, el uno; no menos nefasto precursor del Estado anoréxico, el otro. Y en medio de ambos promotores de la nada, del poder reducido a mera ausencia, el catalanismo ocupando ese inmenso espacio libre regalado a su cotidiana labor de zapa.

Las naciones, todas, sin excepción, han sido creaciones de los Estados, no viceversa como presumen los simples. Por eso, consumada la secesión sentimental, la expulsión del castellano se antojaba imprescindible al Estado catalán en gestación con tal de apuntalar la nació en las mentes bajo su soberanía. Y al fin, lo han conseguido. Cuentan los cronistas del Desastre del 98 que el honrado pueblo, indiferente, lo celebró en los toros. Hoy, apenas un siglo y pico después, las portadas de la prensa patria las monopoliza Barcelona. No es para menos: José Tomás, soberbio, ha triunfado en La Monumental.

Libertad Digital - Opinión

El juego de la bandera. Por Félix Madero

HEMOS dado por bueno que a político puede llegar cualquiera, que quien viva del presupuesto no incordie y cree problemas. Ocurre que los que mandan desarrollan autoridad y destreza para complicarnos la vida. Veamos: el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, se ha parado en el peor tiempo posible, el del perdedor. Desde esa visión se dedica a organizar excursiones al monte Gorbea porque antes unos militares colocaron una bandera española. Olvidémonos de que la ikurriña es la bandera del PNV, y que la hizo bandera de la patria vasca, que es una forma de confundir lo público con lo privado. O no lo olvidemos, mejor, repararemos en el disparate de la bandera que tan entretenido tiene a Urkullu. Cuando sólo queda eso no hay otra cosa que sentimientos. Y con eso no se gobierna, ni se hace oposición, ni se puede trabajar. Y menos ganar.

El despiste le lleva a decir tonterías como que el País Vasco no es Perejil. Y miren ustedes, con la ley en la mano, es lo mismo. Son territorios de España, como lo son Madrid, Sevilla o La Puebla de Almoradiel, que está en Toledo. En esto gasta el tiempo, en lo innecesario, en lo evidente, y no precisa de explicación. Otra cosa es que entre sus huestes haya quien tire de bandera, llene la hortera con una tortilla española -¿perdón?- y se vaya de excursión. En este mundo de disparates, en el que acaso el mayor sea dar marchamo de democrático a una parte del nacionalismo que no lo es, lo excepcional es que el PNV convocara una marcha en contra del terrorismo de ETA. Estaría bien el flamear de ikurriñas para una causa como esa. Y ya ven, es tan imposible como necesario.

Deje Perejil en paz, que de sobra sabe que hace trampas con la comparación. Díganos, Urkullu, qué le parece la detención del aparato militar (?) de ETA en Francia que ayer conocimos. Diga qué piensa del jefe de este grupo, Asier Borrero. Diga qué va a hacer para recuperar el poder, qué para contener a aquellos de los suyos que piden lógica y modernidad a un partido que todavía se desenvuelve entre el mito y la leyenda.

Ahora la bandera entretiene a unos cuantos. Hoy lunes vuelvo al Eclesiastés: Stultorum infinitus est numerus, el número de los tontos es infinito. Lo dice la Biblia.

PD. En el momento de enviar esta colaboración a ABC salta la noticia: Zapatero asegura que prorrogar Garoña fue decisión autónoma y al margen de grupos económicos. Les remito de nuevo al Eclesiastés. Y les recuerdo otra vez que es la Biblia quien lo dice. ¡Por favor, no disparen contra el pianista!

ABC - Opinión

Euskadi, más que Perejil, es un trébol de cuatro hojas. Por Javier Ybarra

El presidente del PNV ha encabezado una romería nacionalista hasta la cruz del monte Gorbea para desagraviar a la ikurriña, una bandera que más que convivir en armonía, compite con la bandera española en soberanía y en afectos populares y corre el peligro de padecer algún tipo de psicopatía según sea quien la acarree sobre los hombros: Patxi, Urkullu, Basagoiti o Arnaldo. Euskadi no será Perejil pero parece un trébol de cuatro hojas muy mal avenidas.

La ikurriña de Arnaldo, por ejemplo, sueña con que un día ondeará en solitario y , como les ocurre a sus simpatizantes de Aralar, EA y Batasuna, vive en trance permanente, en ese estado irreal que alcanzan los fumadores de opio cuando experimentan visiones. La ikurriña que enarbolan los abertzales sueña con que llegará el día en que los soldados del Ejército de España no podrán pasear sus uniformes invasores por la tierra vascongada porque, en lo alto de sus cumbres y edificios oficiales, solo será la ikurriña la que ondee bajo una lluvia de sidra y txakolí, el nuevo sirimiri.


En cambio, la ikurriña que enarbolan Urkullu y sus correligionarios del PNV es bastante más realista por mucho que juegue el papel que desempeñan la picardía y la teatralidad a la hora de captar simpatizantes para la causa sabiniana. La ikurriña del PNV cumple su papel pero sabiendo que Antón Irala, el que fuera brazo derecho del lehendakari Aguirre y padre del actual presidente de la BBK, tenía razón cuando decía que “no hay nada más españolista que pedir la independencia de Euskadi”.

Cuando los peregrinos del PNV alcanzaron la cumbre del Gorbea, su líder, Urkullu, recordó a sus muertos. “Estas colinas”, dijo, “están regadas con la sangre de los gudaris”. No quiso recordar que, en ese mismo monte, también perecieron muchos vascos que se sentían españoles y pelearon contra sus hermanos nacionalistas para impedir que prosperase la independencia. En las estribaciones del Gorbea, por ejemplo, los terroristas de ETA mataron a mi padre, tras haberlo tenido secuestrado en una cueva durante treinta días.

Desde que Francisco Javier López Álvarez, Patxi para los amigos, se encumbrase a la lendakaritza, la ikurriña oficial, la que ondea en los organismos públicos, se ha naturalizado española y se le ha visto vibrando de emoción con la selección española de fútbol y ahora, desde las carreteras francesas, anima a Alberto Contador en su carrera hacia el pódium de París. Si la ikurriña fue una bandera inventada por Sabino Arana, ahora nos pertenece a todos los vascos. Algo parecido ocurre con la palabra Euskadi.

Euskadi es un término inventado por Sabino Arana. Hasta que él introdujo esa palabra nueva, el País Vasco se llamaba en vascuence Euskalerría, tierra de los euskaldunes. Pero a Sabino la palabra Euskalerría no le gustaba porque los euskalerriakos fueron unos románticos que, tras el final de la segunda Guerra Carlista, aunque acataban la Constitución, clamaban por la restauración foral.

Cómo se inventó el término Euskadi

Fue tras la muerte de su fundador, Miguel Sagarmínaga, cuando la Sociedad Euskalerría se deslizó hacia el nacionalismo. Y así, para no tener que emular a los euskalerriakos, Arana inventó la palabra Euskadi a la que Adolfo Suárez le otorgó rango constitucional creyendo ingenuamente que sería ella la que, desde los aires revueltos del polvorín vascongado, obraría el milagro de la reconciliación. Y así, a la raíz euskaldún de Euskalerría, Sabino Arana le incorporó la desinencia adi que significa reunión. De ese modo, la palabra Euskadi nació con el germen de la animadversión hacia España, lo mismo que la ikurriña.

Pero, ahora, tanto esa palabra nueva de raíz euskaldún como la bandera que le representa asisten con normalidad al cambio generacional y político, y ven en Patxi López al Unamuno y al Baroja del siglo XXI, los mantenedores de la conciencia nacional española en el País Vasco, mientras Urkullu va pareciéndose cada vez más a él mismo e incluso a Cambó y su Lliga Regionalista; cada vez menos independentista y algo más Irala.

Menos mal que la mamba verde, la serpiente más mortífera del País Vasco, la víbora de ETA, va desapareciendo de las cuevas pirenaicas gracias al increíble acoso policial. Y menos mal también que la bandera que exhiben los terroristas cuando salen de sus guaridas, no es siempre la ikurriña. Pobre ikurriña. Posee tantas personalidades diferentes que no sería de extrañar que acabase internada en un manicomio, preguntándose con ansiedad y desorientación cuál de ellas será en realidad: la de Patxi, la de Urkullu, la de Basagoiti o la de Arnaldo.

el confidencial - Opinión

Aún quedan relevos necesarios. Por Fernando Jaúregui

Cuando las cosas no van bien, se impone un relevo. Más allá de que quien empieza a constituir una carga tenga o no una conducta moralmente idónea. Es lo que decidieron de común acuerdo el Gobierno y el interesado a la hora de buscar un nuevo director para el Centro Nacional de Inteligencia. Es lo que ocurrirá con los "segundos escalones" del CNI, a partir de esta semana. Y es lo que debería ocurrir en otros niveles del Gobierno y en algunos partidos de la oposición, comenzando por el PP. Hacen falta algunos cambios de caras, lo que, en el caso del Ejecutivo comandado por Zapatero, no deja de resultar curioso, porque la remodelación gubernamental se produjo la pasada semana santa, hace apenas tres meses; pero ya se constata que hay piezas en el Gobierno que no encajan.

Ha habido más de un suspiro de alivio tras la sustitución de Alberto Saiz por el general Sanz Roldán al frente de los servicios de Inteligencia españoles. Ahora, dicen todas las fuentes, toca acometer relevos secundarios en personajes tan poderosos en el Centro como el director operativo, coronel Francisco Montes, o la directora de Inteligencia, la filóloga Raquel González, entre otros. Yo diría que "la Casa" se va a ver sacudida, porque entre los planes de Sanz Roldán también figura, se asegura, la sustitución de la secretaria general, Elena Sánchez, con lo que toda la cúpula del "albertismo", incluyendo su jefa de Gabinete, una periodista toledana llamada Mercedes Pérez, será relevada en breve.

Fin de ese capítulo, porque lo cierto es que la llegada del general Félix Sanz Roldán se ha visto acompañada de numerosas muestras de satisfacción, incluido el PP, pese a que Zapatero desdeñó consensuar con este partido el nombre del nuevo jefe de los espías. A Rajoy, si ganase las próximas elecciones y fuese investido presidente, le tocaría gobernar con Sanz Roldán en el CNI durante dos años, salvo sobresaltos.

Otra cosa es cómo anda el Gobierno. Lo peor de la crisis del CNI es que ha evidenciado algo que hasta ahora apenas se susurraba: que hay divergencias entre algunos de los personajes que se sientan en el Consejo de Ministros, como la vicepresidenta primera y la influyente ministra de Defensa, por ejemplo. Además, en el Gobierno hay zonas que marchan mejor (Economía pese a todo, Exteriores, Interior, Sanidad) y otras que lo hacen bastante peor; a estas alturas, Zapatero, y el propio afectado, deben de estar muy arrepentidos de haber propiciado la ida de Manuel Chaves a Madrid para encarnar una inoperante vicepresidencia tercera. De la misma manera que no funcionan ni el Ministerio de Cultura ni otros que, como el de Igualdad, vienen de tiempos anteriores.

También se ha revelado como un error la salida de Ramón Jáuregui del grupo parlamentario: por muchas cualidades políticas que tengan Alonso y el delfín Madina, que las tienen, aún les falta recorrer un trecho para llegar a la veteranía política del hoy ya eurodiputado. Así, el funcionamiento de las dos principales ruedas del engranaje político del poder sería mejorable, como lo sería el de la "tercera pata", el partido, el PSOE, que, aun con una persona de la valía de Leire Pajín al frente, se resiente del alejamiento del imaginativo y correoso José Blanco, que parece estar contentando a todos con su labor en el decisivo Ministerio de Fomento.

No creo, por supuesto, que Zapatero se atreva a forzar ahora otros cambios en el Gobierno, en el partido o en el grupo; no de manera inmediata, al menos, aunque sí es más que probable que lo haga el año que viene, para reforzar a su equipo ante las importantes elecciones locales y autonómicas de mayo de 2011. Ahí se lo juega todo, y tiene que mover peones, incluyendo candidatos a las presidencias autonómicas (Rosa Aguilar "suena" para Andalucía, por ejemplo).

Sin ánimo de repetir lo que es ya un tópico, pienso que en el principal partido rival, el Popular, Mariano Rajoy, que ya no puede ni enfrentarse a los periodistas que le preguntan por el tesorero Bárcenas, tendrá que tomar una determinación ya, sin esperar a la tregua vacacional. Sus dilemas son menores que los de Zapatero, pero también menor es su capacidad de resolución, y Bárcenas sigue enseñando papeles que teóricamente le liberan de responsabilidades dolosas. Lo malo es que el daño, para el PP, ya está hecho, y aumenta cada día que Bárcenas pasa en su despacho de la desde de la calle Génova.

Periodista Digital

Comienza la purga

Los halcones iraníes han ganado el pulso a la calle. Pero el régimen ha perdido la legitimidad.

La calma dinamitada por unas elecciones fraudulentas ha vuelto a las calles de Teherán. La represión del régimen teocrático adopta ahora formas más específicas, de purga. Se detiene a centenares de activistas, a ciudadanos corrientes, a periodistas o defensores de los derechos humanos, se intimida, se cortan las comunicaciones. Los medios al servicio del poder viran hacia registros tan burdos como supuestas confesiones de agentes extranjeros.

Los ultraconservadores presentan sin ningún pudor la revuelta que siguió al 12 de junio, que llegó a sacar la calle a dos millones de personas y se cobró una veintena de vidas, como un compló de Occidente para imponer en Irán una revolución de terciopelo. Por ese camino fue la detención de miembros de la Embajada británica y la amenaza de juzgarlos, que motivó la llamada a consultas de los embajadores iraníes ante la UE.


Mahmud Ahmadineyad, el extremista abrumadoramente reelegido, mantiene el cargo después de que el Consejo de los Guardianes, a las órdenes del sumo sacerdote Alí Jamenei, decretara finalmente que la votación fue transparente. Pero no cuenta con todas las bendiciones: una de las principales asociaciones de ulemas, la de Qom, ha cuestionado el resultado de las elecciones, y en las calles ha perdido la legitimidad, que es la del régimen que le ampara, a los ojos de millones de iraníes.

El Irán de hoy ya no es el de hace tres semanas, aunque las consecuencias de ese cambio afloren con ritmo diferente del vértigo occidental. El 12 de junio no sólo ha liquidado el mito de un poder revolucionario y teocrático por consenso. Ha abierto también un foso, que tiene mucho de generacional, entre quienes se sienten engañados -y arriesgaron o perdieron sus vidas en las protestas- y sus gobernantes. La grieta se extiende a la propia vieja guardia de la revolución jomeinista.

Algunos de sus notables adscritos al campo reformista, caso de los ex presidentes Jatamí o Rafsanyani, proclaman su lealtad a la República Islámica y desaconsejan la continuación de las protestas mientras intentan negociar un compromiso. En la medida en que la votación fue una lucha por el poder entre facciones, han sido los halcones del régimen, no los acusados de reformistas, los auténticos instigadores de la gran crisis.

El argumento central en torno al que gira el proceso iraní es la normalización con EE UU, un paso decisivo por sus consecuencias de toda índole para un régimen que se mantiene desde hace treinta años en la autarquía política. Ni Jamenei, ni Ahmadineyad, ni el aparato que los cobija estaban dispuestos a que las urnas encargaran a un moderado, aunque fuera un tibio como Musaví, romper el gran tabú.

Barack Obama necesitará ahora un cuidado exquisito para que su planeada apertura a Teherán no sea vista como una traición a quienes tanto arriesgaron en nombre del más elemental mandato democrático y a su reivindicación de que sus votos fueran contados limpiamente.

El País - Editorial

Ofensiva clave en la guerra contra los talibán

La muerte del oficial británico de mayor graduación y la ofensiva de Obama con 10.000 marines al asalto de Helmad, confirman que Al Qaeda no es un enemigo fácil.

TAN SÓLO tres días después de que cayera en Helmad el oficial británico de mayor graduación muerto en combate desde la guerra de las Malvinas, otros dos soldados de Reino Unido perdieron ayer la vida en esta provincia del sur de Afganistán. Por otro lado, 16 empleados de una empresa de remoción de minas han sido secuestrados. Todo indica que el incremento de bajas en la lucha contra los talibán no ha hecho más que comenzar, lo que pone de manifiesto el alto precio que están dispuestos a pagar los aliados para culminar con éxito la mayor ofensiva militar terrestre en este país asiático desde que comenzaron las operaciones en 2001.


El pasado jueves Obama lanzó a 10.000 marines al asalto del bastión talibán de Helmad, una zona en la que ya hay desplegados cerca de 8.000 soldados británicos. Esta operación de gran alcance responde al cambio de estrategia en Afganistán prometido por el presidente de EEUU. Los aliados toman la iniciativa tras ocho años que sólo han servido para constatar que Al Qaeda no es un enemigo fácil, así como el hartazgo de la opinión pública occidental ante lo que parece un conflicto sin solución. Washington y Londres saben que del éxito o fracaso de esta ofensiva puede depender el curso de la guerra y han optado por la estrategia más eficaz para acabar con los talibán, pero tal vez por la más arriesgada a corto plazo.

Obama prometió una mayor implicación en Afganistán y la combinación de las acciones militares con la reconstrucción del país. En este sentido, la ofensiva de Helmad responde a varios objetivos. Por un lado se trata de limpiar la región para dirigir los ataques hacia la provincia de Baluchistán (Pakistán), donde la inteligencia aliada sitúa a la cúpula de Al Qaeda. Por otro, estadounidenses y británicos tratan de complementar las acciones del ejército de Pakistán, que hace dos meses inició su propia ofensiva en su frontera con Afganistán, con el objetivo común de dificultar la principal baza de la insurgencia: su continua movilidad en un terreno muy dificultoso, una táctica que les ha permitido resistir los embates de una organización tan poderosa como la OTAN. Además, Helmad es la principal región productora de amapola de Afganistán y los aliados quieren dejar a los rebeldes sin su principal fuente de financiación: el tráfico de heroína. Los mandos han decidido reducir al máximo los ataques aéreos, que tantas bajas inocentes producen y tanta animadversión crea hacia las tropas internacionales, y apuestan por llevar a cabo ocupaciones de larga duración para ganarse la confianza de la población civil. De ahí que la ofensiva de Helmad podría convertirse en la primera de una serie de operaciones sucesivas en distintas zonas del país de aquí a las elecciones del próximo 20 de agosto. La OTAN necesita consolidar la influencia de las autoridades de Kabul, así como su implicación en la estabilización del país, siguiendo un modelo muy similar al de Irak. Más allá de las objeciones que merece el Gobierno de Hamid Karzai por su corrupción y alianzas con los señores de la guerra, conseguir una alta participación en el proceso electoral es un objetivo importante para articular un Estado que se haga cargo del control de las zonas rebeldes.

La ofensiva de Helmad responde pues a una estrategia audaz para golpear a Al Qaeda en su feudo talibán, por más que el compromiso de la mayoría de los países de la UE -a excepción de Reino Unido y Polonia- sea testimonial. España sólo contribuirá con un contingente de 450 soldados, para garantizar el proceso. Así las cosas, la cuestión es ponderar hasta qué punto EEUU y el Reino Unido podrán sostener una ofensiva de largo alcance para ocupar y pacificar un país en el que históricamente todas las potencias han fracasado.

El Mundo - Editorial

El partido más antiliberal y mentiroso de España

«Los socialistas sólo quieren esconderse detrás de la etiqueta "liberal" para tener las manos libres a la hora de anular las libertades de los españoles. Es la vieja estrategia de vender libertad mientras se desempolvan los grilletes y las cadenas.»

A Zapatero le resulta paradójico que el gran partido liberal de España sea también el Partido Socialista. Y no es de extrañar, porque resultaría paradójico si no fuera rematadamente falso. En España, después de que Rajoy echara por la ventana a los liberales y a sus principios en el nefasto Congreso de Valencia, no existe ninguna formación genuinamente liberal, si acaso algún partido con ciertas políticas tímidamente liberales, y más por casualidad o interés electoral que por convicción.


Zapatero miente y sabe que miente, será para no perder la costumbre que tan buenos réditos electorales le ha dado hasta la fecha. Al fin y al cabo, la esencia del famoso talante es ésa: atacar y cercenar todas y cada una de las libertades de los españoles con una sonrisa en la cara. El líder socialista ha comprendido que una parte muy significativa de España consiente cualquier exceso del poder estatal siempre que no perturbe su calma, siempre que no recurra a la bronca, siempre que no diga una mala palabra aunque tampoco cometa ninguna buena acción.

Sin embargo, la otra parte de España, esa minoría que nunca ha tragado con las ruedas de molino ni de la izquierda depredadora ni de la derecha timoratamente simpática y retorcidamente centrista, sólo puede escandalizarse –una vez más– ante el desvergonzado descaro del presidente del Gobierno.

Basta una fugaz lectura de la prensa de este domingo para desmentir la afirmación de Zapatero por todos y cada uno de los costados de la realidad. Será difícil encontrar siquiera una noticia no ya donde el PSOE promueva o respete la libertad de los españoles, sino donde no la ataque con saña e inquina.

En el ámbito institucional, donde un partido liberal debería defender la contención del poder político, la transparencia y la interdicción de la arbitrariedad, el PSOE sólo ofrece ejemplos de nepotismo y corrupción orgullosos de serlo. Saiz ha dimitido por su escandaloso comportamiento al frente del CNI, pero Zapatero sólo sabe calificar su gestión de "buena"; le ha faltado añadir "ejemplar". Y es que, de hecho, si hubiese seguido el ejemplo del vicepresidente tercero, el jefe de los espías españoles continuaría limpiando piscinas, cazando y pescando, manipulando fotografías o espiando criadas a costa de los contribuyentes: el nepotista Chaves no sólo no se va, sino que recibe el espaldarazo de su partido como "político, honesto, cabal e íntegro".

En el ámbito económico, donde un partido liberal debería postular la reducción de impuestos y del gasto público así como la libre empresa, nos encontramos con que Zapatero anuncia la planificación de la industria energética hasta el año 2030 (lo que en términos estalinistas vendrían a ser unos cuatro planes quinquenales) y con que nuestro país se ha convertido en todo un ejemplo internacional de cómo el despilfarro y el déficit público sirven no para salir de la crisis sino para hundirnos todavía más en ella.

En la política exterior, donde un partido liberal habría de alinearse con los regímenes democráticos más respetuosos con las libertades ciudadanas, Zapatero se alía, como pocos otros mandatarios mundiales, con el totalitarismo bolivariano –Chávez, Castro, Correa y Morales– para dar el golpe definitivo a la democracia hondureña. No sólo no respeta la soberanía nacional, sino que está dispuesto a pisotearla para validar su red de relaciones internacionales con algunos de los regímenes más tiránicos del planeta.

En la educación, donde un partido liberal debería defender con uñas y dientes la libertad de los padres para instruir a sus hijos en sus valores, ideas y lengua, el ministro Gabilondo aparece defendiendo la Ley de Educación Catalana con argumentos tan liberticidas como que "las familias deben asumir que la lengua vehicular es el catalán". No hay otra opción, porque el liberalismo marca Zapatero consiste precisamente en eso: eliminar las opciones individuales reduciéndolas a los caprichos del líder.

Tal vez Zapatero se crea liberal por despenalizar todo aborto durante las 14 primeras semanas de gestación, esto es, por conceder a las madres la potestad irrestricta de terminar con la vida de un ser humano. Pero aun cuando algunos liberales bienintencionados confundan la desprotección jurídica total del nasciturus con la "libertad a abortar", difícilmente el PSOE podría encuadrarse entre los liberales.

No, los socialistas sólo quieren esconderse detrás de la etiqueta "liberal" para tener las manos libres a la hora de anular las libertades de los españoles. Es la vieja estrategia de vender libertad mientras se desempolvan los grilletes y las cadenas.

Libertad Digital - Editorial

La energía de la subvención. Por Ignacio Camacho

A los socialdemócratas les gustan las energías renovables porque, entre sus muchas virtudes, tienen una especialmente grata a su forma de concebir la política: son susceptibles de subvención, que consideran la verdadera fuente de energía social. En realidad, en España toda la energía es subvencionada a través del llamado déficit de tarifa, pero la renovable permite una subvención minorista -sostenida más que sostenible- que se ajusta como un guante al sueño de la socialdemocracia: subsidiar la pasividad. Cuando un ciudadano instala un panel fotovoltaico o permite plantar en su finca molinos eólicos recibe de inmediato una subvención, como esos agricultores que han sustituido los cultivos por la cosecha de ayudas europeas. Zapatero, que ha descubierto en el sector energético un nuevo ámbito en el que desarrollar su afición por la ingeniería política, podría pedir la inclusión de los generadores alternativos en la PAC como una modalidad posmoderna de aprovechamiento agrícola. Si nos dejan de subvencionar el algodón, siempre quedará la posibilidad de sembrar molinillos.

Pero hay otra actividad que al presidente le gusta tanto como subvencionar, y es regular mediante leyes el funcionamiento de sectores que funcionan bastante bien por sí solos. Legislar es su forma de intervenir la sociedad según su invasivo concepto de la socialdemocracia. Este Gobierno tiene una pronunciada inclinación a inmiscuirse en las formas de vida de los ciudadanos, sea su forma de conducir, beber, estudiar o hasta amarse, y esa tendencia se vuelve compulsiva cuando se trata de dirigir la actividad socioeconómica. La crisis le ha servido el pretexto para entrometerse a través de la planificación del «modelo económico sostenible», que viene a ser un modo de decretar lo que hay que producir y lo que no y, por supuesto, lo que hay que subvencionar y lo que no. Así que ayer anunció que se pondrá en otoño manos a la obra, a legislar sobre la duración de las centrales nucleares enmendándole la plana a los técnicos, esos ignorantes que no entienden la capacidad transformadora de la política.

Eso pasa por discutirle cuándo hay que cerrar Garoña. Se va a enterar el Consejo de Energía Nuclear de lo que vale un peine socialdemócrata; qué es eso de decidir la vida útil de un reactor entre unos cuantos expertos que ni siquiera saben nada de subvenciones. Eso no es democracia deliberativa, ni participativa, ni republicanismo cívico. Los reactores duran lo que el Gobierno diga que han de durar, y para evitar malas interpretaciones, se hace una ley y punto. Una ley basada en el principio de Humpty Dumpty sobre la semántica y el pragmatismo. Que traducido al lenguaje zapaterista viene a resumirse en sólo dos artículos: el presidente siempre tiene razón, y cuando no la tenga se aplicará el artículo primero. En punto a energía, a ver quién es más enérgico.

ABC - Opinión

domingo, 5 de julio de 2009

Esa gentuza. Por Arturo Pérez Reverte

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.

XL Semanal

Los talibanes lingüísticos. Por Yauma

Después de aprobarse la famosa LEC con los votos en contra de los diputados del PP, C´s y ICV el, hasta ahora, representante de ciudadanos Antonio Robles ha declarado:
“Sólo servirá para educar el espíritu nacional de los talibanes lingüísticos y despojar de derechos a muchos catalanes”.


Hay que reconocer que el señor Robles, nefasto político para ese pequeño partido en fase de descomposición tan familiar a todos nosotros, ha tenido siempre en el parlament una voz clara y nítida contraria al régimen nacionalista que agobia y oprime, con modos suaves y gestos democráticos, a gran parte de los habitantes del oasis.

Para un número significativo de catalanes la presencia en el parlamento de Cataluña de diputados que digan lo que dice Robles, en castellano, claro, nítido y fuerte, es tan necesaria como el aire que permite realizar las funciones vitales de la respiración aerobia a los seres vivos.
No, no nos sirve el PP, ni algunas aisladas buenas voluntades del PSOE, ni siquiera buenos y solidarios españoles que vivan por ejemplo en Cuenca o Argamasilla de Calatrava. El problema lo tenemos aquí, cada día, con la Ley de educación con la lengua, con…..esa tenaza que lenta y constante aprieta poco a poco sobre los derechos y libertades de los ciudadanos no afines al proyecto madre del nacionalismo cuatribarrado.


Llega un momento, comprensible sólo si se vive en la certeza de lo que realmente está ocurriendo, que a uno no le importa que el diputado o diputados que le representa, sean de derechas, izquierdas, centro, o de la Santa Inquisición. Con tal de que defienda las ideas políticas y derechos claros que se conculcan sistemáticamente en el oasis. Vamos, políticos antinacionalistas declarados. Nada de ambigüedades no- nacionalistas ni eufemismos por el estilo. Antinacionalistas, puros y duros, que conozcan vivan y sufran el problema en sus propias carnes.

Pero el tema va de talibanes, y, a ello nos vamos a aplicar:
El lingüista Joan Solà pide en el parlanment una defensa firme del catalán. Se trata de la primera personalidad invitada a intervenir en el pleno, el último Premi d`Honor de les Lletres Catalanes. Durante veinte minutos en la tribuna de oradores “trazó una cruda radiografía de la situación actual de la lengua catalana”. Lengua según el eminente profesor: “degradada, subordinada políticamente, incansablemente y de mil maneras atacada por los poderes mediáticos, visceralmente rechazada por los otros pueblos de España”. ¡Ahí queda eso!
Porque “esta lengua no puede ni quiere sentirse ni un minuto más inferior a ninguna otra”. El docto doctor Solá dibujó un panorama muy sombrío sobre el catalán. La lengua propia de Cataluña no goza de buena salud ni política ni social ni filológica. Política porque al pactar la Constitución se aceptó que quedara en situación de inferioridad respecto al castellano, social porque ha ido perdiendo terreno también frente al castellano, y filológica por la degradación alarmante de todas sus estructuras. “Somos una comunidad lingüísticamente enferma desde hace muchos años”. Para reconducir la situación y lograr que el catalán sea “una lengua útil y necesaria debemos estar dispuestos a llegar hasta donde sea preciso para preservar nuestra personalidad”.
Los diputados aplaudieron de pie (no se menciona si brazo en alto) largamente, al eminente profesor, a excepción de los del PP, que no aplaudieron ni se levantaron de sus asientos, y de los tres de C´s que muy valientemente abandonaron la sala antes de producirse la intervención del insigne invitado.

Hace unos días el diario Público hizo una amplia entrevista a Joan Solà, este periódico siempre en la línea zapateril y en la defensa del nacional socialismo cuatribarrado. En ella el profesor dice entre otras cosas: “La asimilación al castellano puede convertir al catalán en una sub lengua, somos un pueblo que vive enfermo, y de ahí esa sensación de gran interés por la lengua”.
“Sólo recuperando la autoestima como pueblo y como entidad política, del nivel que sea, pero sin estar subordinado a nadie te sentirás más fuerte para defender tu lengua.”
¿Entonces la única solución es tener un Estado Propio? (pregunta del periodista)
“Yo no digo eso. Digo que la única manera de salvar la lengua es tener una concepción política de este país no subordinada. ¿Cómo debe ser? El ideal evidentemente es la independencia, pero podría haber una fórmula intermedia tan digna como esa. Como pasa en Suiza, Canadá o Bélgica.”

¿Quién es Joan Solà?.
Para tener una idea equilibrada del profesor Solà , sin que se me pueda tachar de tendencioso, reproduzco aquí un artículo del escritor y periodista Antoni Puigverd catalanista moderado , persona inteligente y sensible, sobre Joan Solà:

"Elogio crítico de Joan Solà
Aplaudirle como gramático portentoso no implica divinizar su discurso romántico
Joan Solà, flamante Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, es un gramático portentoso, un lingüista formidable. De formación grecolatina, complementada en lingüística general en Gran Bretaña, ha dedicado su fértil vida al estudio de la lengua catalana, especialmente en su vertiente sintáctica.
Catedrático de la UB (1983) y profesor visitante en muchas universidades extranjeras, Joan Solà es un verdadero sabio: ha renovado el legado de los dos pilares de la filología catalana: Pompeu Fabra y Joan Coromines. Tal renovación ha sido posible porque es el máximo exponente entre nosotros del generativismo, teoría lingüística que de la mano, entre otros, de Noam Chomsky, ha revolucionado los estudios gramaticales en todo el mundo.
Rigurosamente cosmopolita, pues, y fervorosamente local, Solà ha escrito una gran cantidad de estudios gramaticales entre los que destaca la monumental Gramàtica del català contemporani, en tres volúmenes, para la que contó con más de 50 colaboradores, a los codirigió con Maria Rosa Lloret, Joan Mascaró i Manuel Pérez Saldanya. Miembro relevante del Institut d'Estudis Catalans (IEC), ha redactado la parte sintáctica de la nueva gramática normativa, de próxima aparición. Es el eslabón contemporáneo de la excelente cadena de lingüistas que han formalizado el catalán moderno: Alcover, Fabra, Corominas, Moll, Sanchis Guarner, Badia.

Solà no se ha encerrado en la torre de marfil académico. Ha redactado libros de estilo para medios de comunicación, ha inspirado manuales de divulgación y tratados de puntuación y ortotipografía. Sus impagables columnas en el diario Avui, que cumplen ya 20 años, son verdaderas chocolatinas de sabiduría lingüística: con la excusa de paseos, lecturas u observaciones, da rienda suelta a su portentosa inteligencia, pero también a sus sentimientos patrióticos, que a veces se confunden con sus oceánicos conocimientos. No tengo la suerte de conocer personalmente al profesor Solà, cuya sapiencia intelectual y lingüística admiro, aplaudo y agradezco con todas mis fuerzas.
Celebro que le hayan concedido el Premi d'Honor. Pero, de la misma manera que la admiración por el lingüista Chomsky no debe implicar aceptación de su discutible visión del mundo, mi admiración por el lingüista Joan Solà no me impulsa a divinizar sus planteamientos sociolingüísticos, que, con todos mis respetos, me parecen más emocionales que intelectuales.
Solà tiene una visión herderiana, romántica, de la lengua, y con frecuencia avisa de su próxima defunción si no se rompe la dependencia política del Estado español, cuya legalidad impide jerarquizar a la lengua catalana en sus territorios históricos por encima de la oficial española. Solà parte de una afirmación acuñada en tiempos de la Renaixença: "Llengua = pàtria". Una afirmación que sitúa, de facto, el futuro del catalán ante el desastre, pues, como es notorio, la sociedad catalana está hoy –como ha estado siempre en su historia contemporánea– muy lejos de apoyar una solución soberana.

El independentismo tiene predicamento, pero no es hegemónico, y su hipotético desarrollo, o se hace a costa del abandono de las tesis del monolingüismo, como hizo el independentismo irlandés (y como sugieren en voz baja algunos políticos de CiU y ERC), o, en el supuesto de progresar, acabará suscitando un movimiento antagónico. La división sería fatal para Catalunya y hundiría la lengua más débil.

Es natural que algunos deseen encontrar monolingüismo allí donde existe el plurilingüismo. En realidad lo desean unos y otros (un año atrás polemizaba en estas páginas con los intelectuales que confunden lengua mayoritaria con lengua común y que pretenden justificar la subordinación del catalán argumentando una supuesta superioridad cultural, social y hasta democrática del castellano). Pero la sociedad catalana es como es, desde hace un siglo. En lugar de repetir el manifiesto de Els Marges hasta la saciedad, ¿no es hora ya de deslindar los fundamentos románticos de las posiciones lingüísticas? ¿No es hora ya de abandonar la idealización del Noucentisme que impide reconocer las contradicciones que anidaban en la Catalunya de 1909? ¿Acaso no existió la Setmana Tràgica? ¿Acaso las matanzas catalanas en tiempos de la guerra las provocaron agentes externos? ¿A una inteligencia como la de Solà no le tienta estudiar una vía nueva que no nos obligue a escoger entre hecatombe y asimilación? ¿No le tienta aceptar el principio de una realidad catalana en irreversible mezcla identitaria, política y cultural? ¿No le tienta encontrar fórmulas para mantener a flote nuestros dos grandes tesoros: la concordia civil y la pluralidad cultural?"

El blog de Yauma

La casa de los espías. Por M. Martín Ferrand

FÉLIX Sanz Roldán y José Luis Perales tienen la misma edad y ambos son conquenses; pero eso, supongo, no le obliga al primero a cantarle a Alberto Saiz la canción que el segundo compuso para Jeannette: «Por qué te vas». En puridad, y según el ejemplo de Carlos Saura, que la utilizó en la banda sonora de Cría cuervos, la interpretación le correspondería a un trío de postín: José Bono, el descubridor del espía cesante, María Teresa Fernández de la Vega, su mantenedora, y Carme Chacón, que, en su condición de abadesa castrense, no suele enterarse de nada.

En realidad, al director saliente del Centro Nacional de Inteligencia no hay que preguntarle «por qué te vas». Indagar las razones que le llevaron al cargo resultaría más comprometido e incómodo. Es algo que se integra en el método de Gobierno empleado por José Luis Rodríguez: el desprecio al talento y la práctica del amiguismo complaciente. Alberto Saiz no ha podido defraudar a nadie. Su calamitosa gestión al frente de un organismo neurálgico para el Estado era previsible y estaba prevista por cuentos creemos que la preparación y la experiencia son condiciones indispensables -no suficientes- para ejercer una responsabilidad pública.

Los antecedentes del CNI, una fundación de José María Aznar en la que ya demostró su falta de idoneidad su primer director, Jorge Dezcallar, no son buenos. Ya en democracia, los servicios secreteos del franquismo mantuvieron su inercia y fueron poco más que un centro de sospechas infundadas, vigilancias indebidas, escuchas delictivas y usos espurios de métodos que, con el pretexto de la seguridad del Estado, marearon la perdiz a mayor gloria de sus directores. Entre Emilio Alonso Manglano y Javier Calderón, por citar sólo a dos de ellos, no hay más diferencia que las establecidas por sus inspiradores máximos, Felipe González y Aznar.

Ahora le toca el turno a Sanz Roldán. Dado el alto número de militares que integran la plantilla del Centro y desvirtúan su condición civil, no está de más un teniente general para poner orden en el desmadre. Según dice el recién nombrado tendrá que hacer «cirugía fina». Es una elegante manera de hablar; pero toda la cirugía que, en este caso, no se practique con un hacha será inútil. Son muchos años de malas costumbres y prácticas no deseables las que hay que desterrar. Del Rey abajo, son numerosas las víctimas del Centro.

ABC - Opinión

Seria dificultades en el diálogo social. Por José Cavero

Hasta ahora, y durante toda la crisis, la mesa del diálogo social que constituyen los dos principales sindicatos, UGT y CCOO, las patronales CEOE y Cepyme, y el Gobierno, representado por el Ministerio de Trabajo, han sido objeto de una queja permanente: pese a haberse depositado en esa mesa de diálogo tosas las esperanzas de que los agentes sociales hicieran alguna aportación sustancial a la solución de la crisis, particularmente en lo relativo a la reforma del mercado laboral y alguna otra reforma, el diálogo no ha dado nada de sí. En las últimas semanas, y forzados ya por una opinión pública cada vez más apremiante y por presiones crecientes, los negociadores de esta mesa parecían dispuestos a hacer nuevos esfuerzos y, finalmente, llegar a alguna clase de acuerdo que diera satisfacción de las tres partes, Gobierno, empresarios y trabajadores. Sin embargo, desde la tarde del jueves empezó a tenerse información sobre crecientes y graves tensiones que llegaban a amenazar a la mismísima existencia de la mesa del diálogo. Y hoy, sábado, son varios los periódicos que, alegando distintas razones, insisten en las muy serias dificultades por las que atraviesa ese diálogo, y que acaso hayan dado la puntilla a un diálogo hasta ahora ineficaz.

Una de las primeras versiones del choque entre los participantes en esa mesa, la proporcionaba La publicación de Internet "El confidencial", Carlos Sánchez, excelente fuente informativa en materias económicas y laborales, hablaba de "crisis de las gordas" en el diálogo social, y relataba que CCOO y UGT se habían levantado el jueves de la mesa, llegando incluso a amenazar con una huelga general. "Nunca antes se había tensado tanto la cuerda de los agentes sociales" decía el cronista. Y sobre las cursas, mencionaba el último documento presentado por Moncloa, más en línea empresarial que sindical. El representante de Zapatero, Vallés, provocó incluso hasta proferir gritos a los sindicalistas Górriz y Ferrer. Se había discutido la extensión del seguro de paro a los colectivos que han dejado de percibir estas ayudas, así como la reducción de cotizaciones a la seguridad Social para contingencias comunes. La postura de presidencia llegó a ser considerada una agresión por los sindicatos.

En su versión de hoy, el diario La Vanguardia también se ha señalado ese abandono de la mesa por los sindicatos, después de que la patronal exigiera un nuevo contrato, y sobre la rebaja de las cotizaciones, destacaba que los empresarios reclaman una rebaja de cinco puntos. Mar Díaz Varela también habla en su relato de las distancias insalvables entre los interlocutores sociales: mientras el Gobierno parece conformarse con un acuerdo de mínimos, la CEOE no está dispuesta a firmar un acuerdo que no incluya una rebaja de los costes del empleo y del despido. A su vez, CCOO quiere alcanzar un cambio de modelo económico que protejamos a los parados, y en este aspecto coincide con UGT, que se resiste a que se producta cualquier reforma laboral. Según este relato, el único punto de absoluta coincidencia de los agentes sociales es el rechazo unánime a la propuesta de acuerdo para el diálogo social elaborado por la Moncloa, en la que el Gobierno propone un subsidio temporal de 420 euros para los parados a los que se le agiten las prestaciones, que beneficiaría a 200.000 desempleados. Tampoco complace la propuesta de que mejore la intermediación de las empresas de trabajo temporal ni la reforma de la negociación colectiva.

Otra versión es la que hoy ha proporcionado a sus lectores el diario económico El Economista, que no ha dudado en hablar de "incendio del diálogo social", y asegura que la negociación se tensa y hace tambalearse el principio de acuerdo dotado con 19.000 millones. La CEOE y los sindicatos relevaron sus exigencias al Gobierno al plantear por separado, un nuevo paquete de máximos. A su vez, es llamativo el titular de Público, que ofrece su propia y singular versión: Zancadilla al pacto social. Los empresarios se radicalizan. La patronal pone en crisis el diálogo tras un almuerzo con Rajoy. Relata que los sindicatos se levantaron de la mesa ante la pretensión de CEOE de abaratar el despido mediante un contrato con sólo ocho días de inmunización, y la exigencia empresarial de rebajar las cotizaciones sociales cinco puntos. Más esperanzadora es la versión de El País, al señalar, primero, que "el fiasco del jueves no supone, en todo caso, la ruptura de las negociaciones". El lunes hay previsto un nuevo encuentro, aunque no se descarta que pase al jueves. Pero la cita de la semana próxima no evitó que ayer el secretario de Comunicación de CC OO, Fernando Lezcano, reclamara a Zapatero que tomara cartas en el asunto para "reconducir" la situación, atendiendo a que es Moncloa, y no Trabajo, quien coordina esta ronda de negociaciones. Este diario hace un repaso a unas cuantas dificultades ahora mismo existentes en el diálogo social.

Periodista Digital - Opinión

La irresponsabilidad del Gobierno argentino ante la gripe A

Las noticias de que los afectados por la gripe A en Argentina alcanzan ya cifras superiores a los cien mil, que las víctimas mortales superan el medio centenar y que la pandemia avanza de manera incontrolada han conmocionado al país y elevado la alarma en la comunidad internacional, sobre todo entre sus vecinos. España, con la que el país andino mantiene un intenso intercambio de viajeros, también tiene motivos para la preocupación. Sobre todo después de revelarse que el Gobierno de Cristina Kirchner ocultó deliberadamente el alcance de la gripe por motivos puramente electorales. Nada puede haber más deleznable y repulsivo que jugar con la salud de las personas para sacar tajada política. La muestra de irresponsabilidad e inmoralidad que han dado los gobernantes populistas argentinos no sólo perjudica a sus ciudadanos, que se ven sometidos ahora a medidas sanitarias tardías; también coloca al país en el punto de mira internacional de cómo no se debe gestionar una grave crisis sanitaria. Sin caer en la petulancia, convendría que los dirigentes peronistas tomaran nota de cómo se está afrontando la pandemia en España, donde la ministra de Sanidad y su homólogo madrileño, de diferentes partidos, han dado ejemplo de coordinación y responsabilidad ante el único caso de víctima mortal.

La Razón - Editorial

Otro golpe a ETA, Otegi y el PNV a lo suyo

AUNQUE LA BANDA ESTá BAJO MíNIMOS QUIERE LIDERAR AL NACIONALISMO VASCO

LA DETENCIÓN ayer de tres etarras que figuraban en la lista de los terroristas más buscados supone un golpe importante para la dirección operativa de la banda. Las policías española y francesa mantienen un cerco constante y muy eficaz contra la dirección etarra, ya que en las últimas semanas han llevado a la cárcel a terroristas con un papel clave en ETA. El pasado día 25 se detuvo a dos miembros del aparato de información y ayer a tres etarras del aparato militar a los que se relaciona con los asesinatos del ex concejal socialista Isaías Carrasco en vísperas de las últimas elecciones generales y del empresario Ignacio Uria en diciembre de 2008. Todas estas detenciones son posibles gracias a que la colaboración hispano-francesa atraviesa sin duda uno de sus mejores momentos. Las operaciones policiales golpean a los que empuñan las pistolas, pero su entorno político está más desarbolado que nunca después de que la sentencia del Tribunal de Estrasburgo haya dejado sin argumentos su discurso contra la Ley de Partidos.


No obstante, según publicamos hoy, ETA sigue queriendo liderar al mundo nacionalista radical, desde Batasuna a EA, pasando por Aralar y llegando al sector más soberanista del PNV. Un documento incautado a un terrorista detenido establece como objetivo la creación de una llamada «Alianza Popular Nacional» que ETA quiere poner bajo su mando. Batasuna obedece, desde luego, a la banda terrorista, hay que recordar que en vísperas de las elecciones vascas, Otegi intentó un acuerdo con EA y con Aralar para crear una coalición independentista que no prosperó. No es una noticia que ETA quiera liderar al mundo nacionalista, sí es preocupante que los partidos democráticos no se separen con claridad de sus postulados. En este sentido, resulta inquietante -además de ridículo- lo que sucedió ayer en el monte Gorbea, donde el líder del PNV encabezó una marcha para protestar contra la colocación de una bandera española en el transcurso de unas maniobras militares e hizo un discurso al que Otegi no le haría ascos. «Euskadi no es Perejil ni un punto estratégico en el que clavar el estandarte como signo de conquista», dijo. Cabría preguntarle a Urkullu, entonces, qué pintaban él y sus correligionarios poniendo la ikurriña en la cima del Gorbea con una oración fúnebre «a los gudaris vascos que dieron su vida por este país».

El Mundo - Editorial

El problema de Garoña no son los trabajadores. Por Juan Ramón Rallo

«El problema del cierre de Garoña es que se destruye un negocio que estaba generando riqueza y, como consecuencia, se destruyen unos puestos de trabajo que estaban orientados en la dirección adecuada: producir energía barata.»

Aunque parezca mentira, porque es ahí donde fundamentalmente se han cargado las tintas, el problema del cierre de Garoña no es que sus trabajadores se vayan a quedar en el paro. Por supuesto eso supone una tragedia personal que no conviene olvidar, pero sin obviar tampoco cuál es el verdadero coste que subyace a esta arbitraria decisión política.


Los trabajadores pueden recolocarse con cierta facilidad, tal y como se ha apresurado en remarcar el Gobierno. Trabajos potenciales los hay infinitos, y no es la escasez de tareas a realizar lo que genera un desempleo estructural. No.

El problema del cierre de Garoña es que se destruye un negocio que estaba generando riqueza y, como consecuencia, se destruyen unos puestos de trabajo que estaban orientados en la dirección adecuada: producir energía barata.

La oposición a la absurda decisión socialista ha insistido en las familias que se quedarán sin un salario, pero eso es un error. Ahí está un "generoso" Zapatero (siempre con el dinero ajeno, el de los contribuyentes, claro) presto a recolocar en un Parador Nacional o en cualquier otra descabellada ocurrencia los empleos que ha destruido. ¿Entonces? Entonces la diferencia estriba en que Zapatero se ha cargado empleos que eran capaces de pagarse sus propios salarios y pasará a crear otros puestos de trabajo que, precisamente por estar ubicados en actividades insostenibles sin la subvención pública, tienen que obtener sus remuneraciones de la riqueza que otros han generado.

Es la perversa lógica del Plan E: creemos empleos donde sea porque lo relevante no es a qué se dedique ese empleo, sino mantener a la gente ocupada en "algo", gastando o malgastando su tiempo y sus energías.

A los políticos les cuesta entender que los beneficios de la división del trabajo emergen de que cada uno se especialice en producir bienes y servicios que otros desean a cambio de que esos otros produzcan los bienes que ese uno demanda. Si empezamos a producir bienes y servicios caros e inútiles, la división del trabajo se quiebra, porque nadie está dispuesto a ofrecer su mercancía de calidad a cambio de unos cacharros averidos. El mercado tiende a readaptarse hasta lograr coordinar a las distintas personas. Pero el Gobierno puede bloquear ese proceso espontáneo de ajuste. Y ahí es donde interviene el Ejecutivo con sus subvenciones: dado que a una parte de la sociedad le impide ganarse el pan en esa división del trabajo, tiene que rapiñar a los que sí siguen generando riqueza para mantener a quienes ha arruinado.

Puro ABC del intervencionismo económico.

Libertad Digital - Opinión

Nacionalismo en el monte. Por Ignacio Camacho

HAY que ver lo que le gusta al nacionalismo vasco echarse al monte. Ayer lo hizo, literalmente, en el Gorbea, para conjurar con un exorcismo ritual la profanación cometida por unos militares arriscados que plantaron allá arriba una intolerable bandera española. ¡Cómo se atreven esos malandrines a colocar una bandera de España en territorio español! Ni que el País Vasco fuera Perejil, dice el tal Urkullu, reconvertido en ocasional caudillo liberador de tierras ocupadas. Y para expulsar los malos demonios han llenado el monte de ikurriñas, como si una bandera fuese excluyente de la otra; ambas son perfectamente constitucionales, pero el PNV se acostumbró a convertir la una en excluyente, en la «suya», que era un modo de atizarle simbólicamente con el mástil a quienes no sienten ningún reparo en identificarse con las dos. Ésta es la clave de la hegemonía forzosa que han impuesto los nacionalistas: aprovechar el sentido integrador de la autonomía que diseñó la Constitución para construir un ámbito de exclusiones. Para subvertirla, literalmente.

La estrategia les ha dado, qué duda cabe, resultados rentables: treinta años de dominancia política nada menos. Un período tan largo ha generado un sentimiento de sumisión más o menos subconsciente, hasta el punto de que la sociedad vasca ha interiorizado como una especie de necesidad ontológica que el nacionalismo ha de estar en el poder de un modo u otro. Así se explica el dato esencial del último Euskobarómetro, según el cual el 60 por ciento de los vascos está en desacuerdo con el pacto PSOE-PP, inclinándose en mayoría por una fórmula de coalición entre los socialistas y el PNV. Lo curioso es que en las últimas elecciones el partido-tótem obtuvo sólo un 38,5 por 100 de los votos. Es decir, que incluso muchos ciudadanos que no lo votaron piensan que debería seguir gobernándolos. Sentido de dependencia, se llama eso. Síndrome de Estocolmo.

Con semejante estado de opinión, que es el verdadero enemigo del gobierno de Patxi López, es natural que el nacionalismo sienta impulsos de subir al monte para proclamarse como providencialista salvador de la patria amenazada. En realidad, los nacionalistas nunca han bajado de los cerros, desde que Arana dio en elegir escenarios montaraces para sus proclamas mesiánicas, a menudo pronunciadas tras bien regadas comilonas campestres; se trata de un partido estrictamente cerril, que busca sus raíces en una mitología de ruralismo atávico, antiurbano y antimoderno, amigo de akelarres y demás conjuros mágicos. Pero está por ver el día en que se echen al monte con todas sus enseñas y su parafernalia excursionista para protestar en serio contra ETA y sus cómplices, o para honrar la memoria de las víctimas del terrorismo. Sería un picnic muy celebrado en el que nadie echaría de menos o de más bandera alguna.

ABC - Opinión