lunes, 23 de mayo de 2011

Elecciones anticipadas

Desde hoy, el presidente del Gobierno no se opone a las críticas del PP y de Rajoy: Zapatero se enfrenta directa y personalmente a los españoles.

RODRÍGUEZ Zapatero y el PSOE recibieron ayer la más clara y definitiva moción de censura por su gestión de la crisis. Aunque los comicios eran locales, los socialistas se jugaban el voto de castigo por los cinco millones de parados y una pésima dirección del país en los últimos años. El propio Zapatero descartó limitar el resultado electoral a los ámbitos municipal y autonómico desde el momento en que planteó la votación de ayer como un pulso al PP. Pues bien, Zapatero ya sabe que ha perdido rotundamente su apuesta, porque los ciudadanos no creen ya el espantajo de la derecha antisocial y extrema. Por el contrario, Zapatero tiene que pechar con una derrota socialista histórica, no mitigada por su renuncia anticipada, que hace imposible, con rigor y lealtad democráticos, el agotamiento de la legislatura en 2012. Esta prolongación de mandato hasta 2012 sólo se producirá si el presidente del Gobierno malversa la facultad constitucional de disolver el Parlamento para seguir apalancado en La Moncloa y esperar que escampe la crisis en la confianza de que el PSOE mejore sus expectativas. Si este es el planteamiento de Zapatero, volverá a cometer un grave error, uno más y el último de su vida política, porque la derrota del PSOE es tan abrumadora que no da pie a interpretaciones. No ha habido «dulce derrota», sino una debacle en toda regla. Los electores han cambiado alcaldes y presidentes autonómicos, pero también han puesto punto y final al zapaterismo.

El poder autonómico y municipal está en manos del PP de manera tan general que, en las condiciones actuales, significa que los ciudadanos quieren un cambio nacional. Desde hoy, Zapatero ya no se opone a las críticas del PP, ni a las peticiones de elecciones anticipadas de Rajoy. Zapatero se enfrenta directa y personalmente a los españoles. El resultado de ayer es, igualmente, un refrendo a Rajoy y a su estrategia de moderación frente a la crispación socialista. A Rajoy se le ha exigido que superara cada elección como si de un examen personal se tratara. Desde el Congreso de Valencia los ha aprobado todos, lo que debería servir para que la derecha se centre en propiciar el cambio político en las próximas elecciones generales, y a hacerlo en torno al liderazgo —sin estridencias, pero eficaz— de Mariano Rajoy.


ABC - Editorial

domingo, 22 de mayo de 2011

La palanca del cambio. Por Ignacio Camacho

Estas elecciones se han convertido en una suerte de plebiscito sobre el agotamiento del proyecto zapaterista.

TODA la razón para las palabras de Zapatero: el voto es la palanca del cambio. Aunque en su portentosa vocación transformista el presidente sea capaz de presentarse como solución de los problemas que ha creado y eche de menos ser más joven para manifestarse en las plazas contra sí mismo, no cabe sino estar de acuerdo con su apelación de acudir a las urnas para dar la vuelta a una situación de insoportable estancamiento social, económico y político. Ése es el sentido de las elecciones territoriales de hoy, que las circunstancias —incluido el inesperado movimiento de protesta que ha tomado el protagonismo final de la campaña— han convertido en una suerte de plebiscito sobre el estado de agotamiento del proyecto zapaterista.

El ruido de la revuelta de los «indignados» ha puesto sordina mediática a otro clamor de opinión pública favorable al relevo del Gobierno que lleva tiempo cuajado en los sondeos, y ha diluido el mensaje de cambio en una genérica impugnación de la cúpula política; el efecto inmediato de ese mensaje altermundistaestá por medir hasta que empiece el escrutinio, y no es improbable que paradójicamente atempere la verdadera indignación que las encuestas revelan hacia la gestión gubernamental. Pero aunque el presidente sienta la tentación de escudarse en la rebelión juvenil para cuestionar las reglas esenciales de la política institucional, si hoy recibe el castigo democrático que vaticinan los pronósticos no tendrá modo de esconder la evidencia de su fracaso y deberá afrontarla como una verdadera moción de censura popular. Por sonoras que sean las miles de voces que increpan en la calle a toda la nomenclatura dirigente, más fuertes serán las de los millones de votos que hoy deben emitir el veredicto más determinante en una democracia. Ésa es la única sentencia política que puede absolver al Gobierno y también la única que no puede desoír si falla en su contra.

La convocatoria electoral contiene también una novedad lamentable que ha pasado inadvertida en el alboroto de los últimos días. Aunque ninguna referencia se haya escuchado al respecto en las acampadas contestatarias, hoy es el día en que los amigos de ETA vuelven a presentarse a las elecciones. Ese hecho ya es de por sí una victoria del terrorismo y de sus cómplices, pero no va a ser la única porque Bildu va a obtener una representación significativa y hasta es probable que gane algunas alcaldías vascas. Su sola presencia, que no parece inquietar a los airados muchachos del motín urbano, constituye una derrota de la sociedad libre que retrocede una década en el esfuerzo de resistencia frente a la mayor y más real amenaza de la democracia española.


ABC - Opinión

El cambio empieza hoy

Nadie diría que las eleciones de hoy son autonómicas y municipales, en vez de generales. Por más que el PSOE intentó ceñir la campaña a lo local para minimizar el «efecto Zapatero», la tozuda realidad le ha saltado por encima y hemos asistido a un verdadero debate nacional, culminado con la traca final de la «Spanish revolution» que acampó toda la semana en la Puerta del Sol. Los ciudadanos tienen la certeza de que asistimos al fin del ciclo político iniciado en 2004 con la inopinada victoria socialista, y que el cambio empieza precisamente hoy para completarse en las elecciones generales, dentro de diez meses como muy tarde. Quiéranlo o no los dirigentes de Ferraz, este 22-M está llamado a ser el punto de inflexión en la gobernación de España, una suerte de primarias en las que se oficialice el hundimiento del proyecto de izquierdas y el ascenso del centroderecha como alternativa y garantía de futuro. Aunque no sean directamente culpables de la debacle económica, social y moral que padecen sus comunidades, muchos alcaldes y gobernantes autonómicos del PSOE pagarán hoy los platos rotos de un Gobierno central incompetente, demagogo y desprestigiado. No en vano sus primeras víctimas, sus primeros frustrados y escarmentados han sido los jóvenes. Resulta sarcástico que el modelo socialista puesto en marcha hace diez años para «regenerar la democracia» y entusiasmar a los jóvenes agonice entre protestas juveniles y con acampadas que exigen «democracia real». La indignación y el malestar de los jóvenes izquierdistas es la demostración más palpable del fracaso del PSOE. Ya lo barruntaba el último barómetro del CIS, cuando recogía que el 87,3% de los jóvenes entre 18 y 24 años tenía poca o ninguna confianza en Zapatero. Téngase en cuenta que hoy se incorporan por primera vez a unas elecciones locales y autonómicas nada menos que 1,6 millones de jóvenes, lo que constituye una fuerza de tamaño decisivo. Con razón la extrema izquierda que gira en torno a IU y a los grupúsculos ecologistas han maniobrado para controlar y llevar a su molino la acampada de Sol. Si la formación comunista alcanza su objetivo, lo veremos esta noche, pero sería paradójico que el voto joven huyera del desengaño socialista para caer en las brasas de un partido que le ha dado sus votos al PSOE para que gobernara, como ha ocurrido en dos autonomías y cientos de ayuntamientos. No parece que la izquierda radical, cuyo modelo de modernización se inspira en el castrismo y en Hugo Chávez, sea el cambio que quieren los ciudadanos y el que necesita España para salir de la crisis, crear empleo y alejar definitivamente los fantasmas de una intervención financiera. Lo que se decide en este domingo no es sólo el gobierno de ocho mil ayuntamientos y de trece comunidades autónomas, sino el modelo político, ideológico y de gestión que se desea para España en su conjunto. La situación que atraviesa el país es extremadamente delicada y lo más urgente es despejar el panorama político y sacar al Gobierno de la nación del marasmo en que agoniza. España tiene fuerzas y recursos suficientes, sólo necesita nuevos gestores.

La Razón - Editorial

Lo importante son las elecciones, no los indignados

La jornada electoral promete ser apasionante tanto por la incertidumbre del resultado como por la trascendencia de lo que nos jugamos. Precisamente por eso conviene situar la acampada folckórico-contestataria de la Puerta del Sol en sus justos términos.

La astracanada contestataria liderada por grupos de extrema izquierda que se está viviendo en la Puerta del Sol no debe hacernos perder de vista la extraordinaria relevancia de la cita electoral de este domingo, una fecha en que puede cambiar gran parte del panorama político español como preludio de otro cambio más radical a un año vista.

Las elecciones de este 22 de mayo pueden determinar un cambio de color político en algunas autonomías y ayuntamientos que no han conocido la alternancia del poder en toda la historia de nuestra democracia. Se trata de una posibilidad cierta ante la que hoy deben pronunciarse los ciudadanos de sus respectivos territorios y eso es muy importante para un país que quiere consolidar sus instituciones democráticas.

Porque lo que ocurre con amplios territorios de España no es simplemente que una opción política ha gobernado con insistencia durante largos periodos, sino que, hablamos del socialismo, lo ha hecho partiendo de unas premisas que acaba transformándola necesariamente en un régimen ante el que no cabe la discrepancia.


Esto es lo que ocurre en comunidades autónomas como Castilla–La Mancha o Extremadura y, en menor medida, en Baleares o Asturias, cuatro regiones que podrían cambiar su signo con consecuencias de todo tipo dada la desvergonzada manera de hacer política de sus dirigentes, ya sea sobornando a los grupos de presión con dinero público ya vulnerando derechos fundamentales de la población que consideran desafecta. Por desgracia para sus ciudadanos, el epítome de la asfixia casi total de la sociedad civil por los socialistas, Andalucía, tendrá que esperar un año más para poder decidir al respecto.

La jornada electoral de hoy promete ser apasionante como pocas tanto por la incertidumbre del resultado final como por la trascendencia de lo que la sociedad española se juega en ella. Precisamente por eso conviene situar la acampada folckórico-contestataria de la Puerta del Sol y sus remedos en otras grandes ciudades en el lugar correcto en la escala de prelación de las cuestiones importantes que han de ventilarse en estos momentos y, sobre todo, en los próximos meses si el resultado de estas elecciones supone un vuelco en el panorama político autonómico.

Es una muy mala noticia que los principales partidos políticos afirmen haber tomado buena nota de las exigencias de los "indignados" de la Puerta del Sol. El totalitarismo que destilan gran parte de sus propuestas no sólo no ha de ser anotado, sino que debe ser combatido tanto en el terreno de la teoría como en el de la praxis si queremos seguir viviendo en libertad. Esperemos que las consecuencias de la cita electoral de este domingo aclaren las ideas a unos y a otros.


Libertad Digital - Editorial

22-M: Plebiscito al Zapaterismo

El turno, en un día como hoy, es de los españoles indignados, desempleados, hipotecados, desahuciados, endeudados y, en general, preocupados por el rumbo de los acontecimientos.

DESDE marzo de 2008, Rodríguez Zapatero no ha vuelto a ganar unas elecciones. El Partido Popular venció con claridad en los comicios europeos y obtuvo mayoría absoluta en Galicia. El socialismo catalán perdió a favor de CiU el Gobierno de la Generalitat, y en el País Vasco fue posible el cambio político —mandando al PNV a la oposición— por el apoyo del PP a Patxi López. Por tanto, las previsiones de las encuestas acerca del resultado de hoy en las urnas no reflejan un súbita tendencia electoral de los españoles, sino una opinión pública que progresivamente ha ido descubriendo el verdadero personaje político que representa Rodríguez Zapatero. La crisis económica, con su cargamento de falsedades y promesas socialistas incumplidas, no ha hecho sino acentuar la insostenibilidad del proyecto político zapaterista.

Las previsiones del PSOE sobre la evolución de la situación política y económica previa a las elecciones de hoy han fracasado, y así se ha venido reflejando en la que ha sido la peor campaña electoral socialista, coronada con una adhesión de última hora al «Movimiento 15-M», tan burda por su oportunismo como ineficaz en sus intenciones electoralistas. A falta de buenos resultados económicos y de gobierno político, el PSOE se enfrenta hoy a las urnas con una tasa de paro que dobla la que recibió en 2004 y con una nueva embestida de los mercados a la deuda pública española, casi simultánea a la jactancia de Zapatero por haber evitado el rescate de España. Cinco millones de parados y millón y medio de familias sin empleados retratan un mandato que merece el reproche de las urnas, pese al enésimo pronóstico del Gobierno sobre la mejoría inminente del empleo.


Pero lo económico no es todo lo que abochorna la gestión socialista de España. En poco menos de dos semanas, el mandato de Zapatero ha sumado daños inéditos a la estructura institucional del Estado, con las fracturas del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional en el enjuiciamiento de Sortu y Bildu. Fracturas nada ajenas a la doblez de los mensajes socialistas sobre estas franquicias de ETA, causa directa de que el Estado no haya tenido una voz única en este asunto. Sólo faltaba dejar sin autoridad a la Junta Electoral Central, y así ha sucedido, porque su declaración de ilegalidad de las concentraciones del «Movimiento 15-M» ha sido como predicar en el desierto. Al final, es muy significativo que Zapatero quede asociado, con la valoración que cada cual crea oportuna, a una reacción social de corte «altermundista» —y sin entidad ideológica alguna— y a la satisfacción de Bildu por participar en las elecciones de hoy. Tanto empeñarse Zapatero en evitar que se comparara a España con Irlanda, Portugal o Grecia, y ha conseguido que se la compare con Egipto o Túnez.

Por tanto, es absurdo negar a las elecciones de hoy la trascendencia nacional que la propia evolución del mandato de Zapatero le ha dado. Este 22-M es un plebiscito sobre el aún presidente del Gobierno, pero también sobre su partido, que ha secundado, una tras otra, cada una de las decisiones, propuestas, trampas y mentiras con las que el Ejecutivo ha pretendido esconder la crisis, primero, y burlar su responsabilidad, después.

No hay registrado en la historia democrática reciente un gobierno como el socialista que haya roto más consensos, que se haya conducido de manera más temeraria y que haya experimentado tan demencialmente con lo más básico del pacto constitucional, es decir, la concordia nacional. Y lo ha hecho sin reparar en los costes y sin renunciar a nada en aras del consenso o la paz social. Que ahora el PSOE eche culpas de la crisis a Aznar, al PP o a esa desconocida derecha extrema tantas veces citada por los socialistas sólo hace más notoria su cobardía política.

Ahora bien, las lecciones deben extraerlas los ciudadanos hoy en las urnas. Los diagnósticos políticos, las alertas económicas o los balances de gestión son irrelevantes frente al voto de cada elector, porque el futuro de España depende de ese voto, no de foros de sabios, ni de gabinetes de estudios. El turno, en un día como hoy, es de los españoles indignados, desempleados, hipotecados, desahuciados, endeudados y, en general, preocupados por el rumbo de los acontecimientos.

El 22-M representa la oportunidad de quebrar una dinámica que está claramente orientada hacia un estancamiento económico o, lo que es lo mismo, a un empobrecimiento general de la sociedad, a la frustración de una juventud angustiada por su futuro y al perjuicio a largo plazo de las estructuras —educativas, judiciales, sociales— que todo país necesita para remontar una crisis de dimensiones desconocidas hasta hoy. Sí, será un plebiscito para Zapatero y el PSOE.


ABC - Editorial

sábado, 21 de mayo de 2011

Movimiento 15-M. Sordos. Por Maite Nolla

Me da la sensación de que han contraprogramado un poquito tarde. Puede ser que les dé igual y que esto no sea nada más que un ensayo con público para las generales de dentro de un año; para las elecciones del domingo está todo el pescaovendido.

Qué bonito es ver al presidente del Gobierno y a sus ministros socialistas subirse al coche oficial y mandar al chófer que ponga Papá cuéntame otra vez. Porque tienen Consejo de Ministros, que si no serían los primeros en buscar la arena de la playa debajo de los adoquines de la Puerta del Sol. Lo que pasa es que es complicado hacer oposición desde el Gobierno o ser antisistema desde el sistema; para eso hay que tener mucha cara o ser del Tripartit. Pero el Gobierno, superada la timidez inicial, ha decidido ponerse de parte de los que protestan, tanto en la parte romántica como en la parte ilegal.

Lo que si me gustaría saber es por qué el Gobierno ha dicho que no sólo va a escuchar a los acampados, sino que sus propuestas son posibles. ¿Dónde ponemos el listón? ¿En el número? ¿En que son de izquierdas? ¿En que son muy simpáticos? ¿Por qué?, que diría Mourinho. Las víctimas del terrorismo también han salido y seguirán saliendo a la calle y el Gobierno siempre ha considerado que sus manifestaciones debían clasificarse por defecto en la extrema derecha. O cuando al PSC le nació Ciudadanos, hasta el punto de conseguir noventa mil votos en Cataluña y subiendo, a los socialistas sólo se les ocurrió decir que les pagaba la FAES –con condena incluida a la señora Sáenz Díaz, digamos que por mentir–. Carmelo González también acampó en la Plaça de Sant Jaume, ante la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, y no le hicieron ni puñetero caso. Es verdad que coincidió con la protesta pacífica de Iñaki a base de hincharse a jamón de York y, seguramente por eso, la plantada de Carmelo quedó en segundo plano. Pero sus propuestas eran tan posibles que el Tribunal Supremo, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y hasta el Tribunal Constitucional, en la sentencia sobre el Estatut, le acabaron dando la razón. Y en todos esos casos, los miembros del Gobierno se quedaron sordos. Recuerden, por ejemplo, el caso de Paco Caja. Llegó a recoger las firmas suficientes para presentar una iniciativa legislativa popular en el Parlamento de Cataluña, y cuando subió al estrado a defenderla se quedó literalmente sólo en el hemiciclo con los diputados de Ciudadanos y del PP. Los demás se largaron; los socialistas los primeros.

Me da la sensación de que han contraprogramado un poquito tarde. Puede ser que les dé igual y que esto no sea nada más que un ensayo con público para las generales de dentro de un año; para las elecciones del domingo está todo el pescaovendido. De todas formas, se apuntan los primeros a escuchar porque así llevaron a Zapatero desde la nada al Gobierno: no saben actuar de otra manera. Necesitan de este tipo de precursores o coadyuvantes; llámenlo como quieran. Para ellos la política no es suficiente y la verdad es que les ha funcionado hasta ahora. A partir del domingo, ya veremos.


Libertad Digital - Opinión

22-M y la generación perdida: ¡escuchadlos, por favor! Por Federico Quevedo

El viernes por la tarde-noche los principales líderes políticos del país echaron el cierre a la campaña electoral que culmina con las elecciones municipales y autonómicas de este domingo. Un domingo en el que no va a ocurrir nada distinto de lo que estaba previsto que ocurriera: va a ganar el PP y la única duda es si lo hará con la suficiente contundencia como para que esa victoria obligue al presidente Rodríguez a adelantar las elecciones generales, pero eso no lo sabremos hasta casi la media noche. Hasta llegar a ese momento hemos soportado una campaña electoral tediosa y aburrida, en la que el PSOE se ha empeñado -yo creo que inútilmente- en convencer al personal de que si ganaba el PP vendría el fin del mundo y ha sacado a pasear de nuevo el miedo a la derecha de la derecha de la derecha de la..., y el PP nos ha dicho que con el PSOE ya ha llegado casi el fin del mundo y que si siguen en el poder nunca saldremos de esta interminable crisis económica. Hagamos una salvedad: tal y como están las cosas, lo segundo es más creible que lo primero. Un coñazo, insisto, solo animado por la interferencia del TC con el asunto de Bildu, que tampoco duró mucho.

Hasta que el pasado domingo, una semana antes de las elecciones, pasó lo que nadie esperaba que pasara: miles de jóvenes y no tan jóvenes salieron a la calle a manifestar su indignación y su desencanto con una situación de la que responsabilizan a toda la clase política en general. Y no les falta razón porque aunque buena parte de la responsabilidad de la crisis recaiga sobre el actual Gobierno, sin embargo del deterioro de la calidad de nuestra democracia son responsables todos y cada uno de ellos, sin distinción. El caso es que a partir de ahí el asunto se desmandó, y lo que parecía solo una pequeña muestra de descontento se ha acabado convirtiendo en un auténtico estallido social de repercusión mundial y que amenaza con extenderse por todas las capas de población y clases sociales, pero que tiene su origen en una generación que ha perdido por completo la esperanza y a la que lo que le ofrecemos es un futuro incierto y desolador. Es una generación perdida, sin duda mucho mejor preparada que la nuestra, con mucha más capacidad para el desarrollo de sus aptitudes, pero inevitablemente condenada a vagar por una interminable cuneta de contratos basura y empleos de baja cualificación. O a emigrar.
«El asunto se desmandó, y lo que parecía solo una pequeña muestra de descontento se ha acabado convirtiendo en un auténtico estallido social de repercusión mundial.»
Eso es desesperante. Pero si además esa generación percibe que quienes tienen en su mano la facultad de mejorar sus vidas, solo se ocupan de mejorar las suyas propias. Si lo que tienen como ejemplo es una constante acumulación de agravios vía corrupción, despilfarro, abusos, etcétera por parte de la clase política, esa desesperanza se hace todavía más dolorosa. Y si además observa como las oligarquías económicas y financieras se cubren las espaldas en las crisis para no perder sus cuotas de poder y sus bolsas de dinero invertidas en escandalosas SICAVS mientras miles de trabajadores acuden a engrosar las filas del paro, esa desesperanza no solo se vuelve dolorosa, sino agresiva. Y si para colmo los primeros -la casta política- y los segundos -la casta económica- se ponen de acuerdo para ayudarse mutuamente ¡con cargo a nuestros impuestos!, y encima negándonos la posibilidad de financiar la falta de recursos que sufrimos como consecuencia de la crisis económica, entonces solo queda una opción: salir a la calle y gritar ¡Basta Ya! No podemos más. Y si para colmo resulta que nos encontramos en medio de una campaña electoral y nada de esto se escucha en los mítines de nuestros políticos, únicamente entregados a la causa de tirarse los trastos a la cabeza para ver quien obtiene el mejor resultados en las urnas, o para evitar que el desastre sea peor de lo que auguran los sondeos, entonces es perfectamente comprensible que ese clamor social haya estallado como una bomba en plena apoteosis de la campaña para romperla e introducir un elemento de reflexión que hasta ahora era ajeno a la clase política.

Pues aquí estamos, en Sol y en miles de plazas de toda España, y ya no solo de España. Son decenas de miles de jóvenes los que se citan cada tarde para expresar ese descontento. La apariencia, es cierto, es la de que la mayoría son jóvenes de izquierdas, quizás porque los de derechas no se quieren hacer notar por cierto complejo... Pero están ahí también. Lo sé. Me consta. Comparten esa lucha. Quizá no comparten todas las reivindicaciones que están surgiendo de esas asambleas que nos traen el recuerdo de viejos procesos revolucionarios -el final del capitalismo, la nacionalización de la banca, la expropiación forzosa...-, pero si aquellas que tienen que ver con la naturaleza de nuestra democracia y el modo en el que hemos permitido que se deteriore hasta el extremo en el que lo ha hecho. Muchas de sus propuestas, tanto las de tipo económico-social, como las de tipo político-institucional, son perfectamente estudiables e, incluso, asumibles. Todos sabemos que el capitalismo no va a morir de esta ofensiva revolucionaria, pero si conseguimos un capitalismo más humano, más solidario, habremos dado un paso importantísimo en la búsqueda y la consecución de un mundo mejor, más justo, más libre...

Hoy, sin duda, no es el momento de que los políticos se acerquen a escuchar estas demandas, estas reivindicaciones. Ni mañana. Hoy toca reflexionar y el domingo votar. Los políticos ya han hecho su trabajo, un mal trabajo por cierto, obviando cuales eran los verdaderos problemas y las verdaderas necesidades de los ciudadanos, dedicándose a su particular confrontación partidaria. Los ciudadanos hablarán en las urnas, y seguramente hablarán en la dirección que han pronosticado las encuestas porque es lo lógico en una situación de crisis como la que vivimos y que necesariamente pasa factura a quien más responsabilidad tiene. Pero a partir del día 23, cuando hayan hablado las urnas, no callemos esa voz que se ha levantado en las plazas de nuestras ciudades. Sigamos esa lucha, continuemos hasta conseguir que se escuche ese grito de cambio, pero no de cambio político, sino de cambio social, de cambio de una sociedad enferma y resignada por otra audaz y dispuesta a luchar por su futuro. Exijámosles que escuchen, que tengan en cuenta esas reivindicaciones, que se atrevan a proponer cambios, que den pasos de verdad en favor de una democracia de ciudadanos en detrimento de 'su' democracia de partidos. Se puede. Podemos. Solo hace falta que la ilusión que ha nacido estos días en la Puerta del Sol, y en las plazas de todas España, no muera con el cierre de la última urna del domingo, con el recuento del último voto, porque entonces la desesperanza por el fraude será todavía mayor que la que llevamos acumulada por tanta mentira y tanto engaño.


El Confidencial - Opinión

Movimiento 15-M. El deseo y la pataleta. Por David Jiménez Torres

El movimiento puede convertirse en el fermento de ese espíritu cívico y exigente que echamos de menos los europeos cuando observamos países como Estados Unidos.

«A mi juicio, el síntoma más elocuente de la hora actual es la ausencia en toda Europa de una ilusión hacia el mañana. Si las grandes naciones no se restablecen es porque en ninguna de ellas existe el claro deseo de un tipo de vida mejor que sirva de pauta sugestiva a la recomposición (...) Hoy en Europa no se estima el presente: instituciones, ideas, placeres saben a rancio. ¿Qué es lo que, en cambio, se desea? En Europa hoy no se desea. No hay cosecha de apetitos. Falta por completo esa incitadora anticipación de un porvenir deseable, que es un órgano esencial en la biología humana. El deseo, secreción exquisita de todo espíritu sano, es lo primero que se agosta cuando la vida declina..»
Así hablaba Ortega y Gasset en el prólogo a la segunda edición de España invertebrada (1922). Y es por la necesidad de ese Deseo del que hablaba el filósofo, por lo que instintivamente simpatizo con las protestas de Sol y del resto de España.

Dicho esto, viene la habitual legión de reservas, asteriscos, notas al pie. Por ejemplo, es imperdonable que los manifestantes no hayan protestado contra la legalización de Bildu. Y también me parece un grave error que los organizadores se resistan a desconvocar las concentraciones previstas para el sábado. Grave error porque será una infracción de la ley y también porque actuará en detrimento de la efectividad del presunto "movimiento": el mensaje ya está lanzado y la cobertura mediática ha sido máxima. Persistir en la resistencia a la decisión de la Junta Electoral no hará sino incitar una deriva de los acontecimientos que puede empañar todo lo que este movimiento pueda tener de positivo.


Efectivamente, el ideario y las propuestas de los reunidos no son a veces más que la repetición de consignas anticapitalistas y del "pataletismo" de izquierdas más vulgar. Pero me parece un error tomar esas secreciones en forma de manifiestos por caracterizaciones de la totalidad. El movimiento me parece (admito que desde la distancia; no sé más que lo que leo en los periódicos y lo que me escriben algunos amigos que están en Sol) manifiestamente heterogéneo y proteico, y encasillarlo en el "antisistemismo" o en las estrategias de resistencia de una izquierda al borde de una debacle electoral me parece cerrarse a su potencialidad. Al fin y al cabo, me sorprendería que cualquier lector de estas líneas no encuentre ni un solo punto en común con las reivindicaciones de los "indignados". La intolerancia con la corrupción provenga del partido que provenga; la exigencia de una mayor ética en la actuación pública; el exigirles más compromiso y esfuerzo a los políticos; incluso propuestas más específicas como cambiar la ley electoral. Todo esto es muy positivo, y me atrevería a decir que desde esta casa se han defendido siempre ideas muy similares. Y también creo que a estas alturas es lícito sospechar que la llegada de Rajoy, Soraya, Cospedal y cía. al poder no supondrá el remedio automático de estos males.

El 15-M probablemente decidirá en las próximas horas y días su carácter definitivo: va camino del mito, tiene aspiraciones de mito, pero aún está hallando los contenidos que le darán coherencia. Puede desembocar en mera pataleta, pero también puede cristalizarse en un deseo potente como el que Ortega y Gasset consideraba imprescindible para toda regeneración. Es este posible carácter de deseo más allá de la pataleta el que creo que hay que fomentar y defender. Las acampadas pueden convertirse en un mito de los antisistema, en un mito del progresismo, en un mito de la derecha (no es descabellado), o también en un mito de todos los españoles, uno de esos mitos nacionales que tanto nos cuesta hallar. Dicho de otro modo, el movimiento puede convertirse en el fermento de ese espíritu cívico y exigente que echamos de menos los europeos cuando observamos países como Estados Unidos, donde un hombre como Rubalcaba jamás habría podido rehacer su carrera tras el GAL, donde ningún político se habría atrevido a incluir a imputados en sus listas. Infectar a la ciudadanía de este deseo y hacer ver a los partidos que se pueden sacar réditos electorales de hacerle caso y adoptar algunas de sus propuestas (única forma realista de lograr el cambio) no puede sino resultar positivo para todo el país.

Me temo que en el análisis de este movimiento se está reproduciendo un error común al estudio del regeneracionismo que hace un siglo, después del Desastre, imperaba en nuestros círculos intelectuales. Y es que, perdidos en el análisis de la feroz crítica que llevaron a cabo los regeneracionistas, no nos damos cuenta de que su esfuerzo tenía un carácter profundamente patriótico. Desear, exigir que tu país sea algo mejor que lo que es ahora siempre es un acto patriótico, independientemente de que uno lo diga explícitamente o no. Tampoco nos damos cuenta de la enorme posibilidad que escondía ese deseo, de la enorme oportunidad perdida que fue no lograr encauzarlo y legitimarlo dentro del orden político de la Restauración.

Y es este paralelismo histórico el que verdaderamente me preocupa, el que creo que debería preocuparnos a todos. El regeneracionismo no logró encauzarse de manera clara, ni a través de los dos partidos principales de entonces ni a través de las múltiples iniciativas que acometieron sus principales líderes. Las consecuencias fueron nefastas para España y para la libertad. Es esto lo que deberíamos evitar, el que un movimiento que puede llegar a tener auténtica fuerza y un impacto positivo se niegue a encauzarse por un camino claro y legítimo. Aquí es donde deberíamos ser verdaderamente exigentes con los Indignados. Deberían comprender que a menos que decidan encauzar ese deseo que, hasta cierto punto, compartimos tantos españoles, entonces todo, las pancartas y las consignas, la poesía escrita sobre el cartón, se habrá quedado en una mera pataleta.

La oportunidad perdida habría sido, entonces, considerable. En el prólogo a la cuarta edición de España invertebrada, Ortega añadía: "las naciones se forman y viven de tener un programa para el mañana".


Libertad Digital - Opinión

Incógnitas. Por Ignacio Camacho

Han hecho su trabajo y pueden volver a hacerlo, pero ahora toca respetar el derecho a votar sin interferencias.

LA ley es la base del sistema democrático. No hay democracia sin normas como no la hay sin urnas, cuyo funcionamiento regulan precisamente las leyes. Cuando se formula un desafío de desobediencia explícita y se afirma que el régimen asambleario es más democrático que las elecciones, se está adoptando una actitud autoexcluyente del sistema. Es decir, antisistema. Ese concepto del que los componentes del colectivo de «indignados» han tratado de separarse es el que puede acabar determinando su actitud si persisten en boicotear el final de la campaña con un rechazo manifiesto de la legalidad que puede degenerar en algarada antidemocrática. La actitud hasta ahora irreprochable de los concentrados se vuelve una expresión de intolerancia al vulnerar a propósito las reglas y corre el riesgo de perder gran parte de las simpatías que ha despertado su protesta. Han hecho su trabajo y pueden volver a hacerlo pero ahora toca respetar el derecho de los demás ciudadanos a votar libremente, sin interferencias. También de los ciudadanos miembros de partidos políticos que gozan de la misma libertad para pedir y obtener el voto que la que los manifestantes tienen para negárselo.

El reto del movimiento contestatario ha sembrado de incógnitas la jornada del domingo. También la de hoy, en la que el Estado y el Gobierno que lo representa ha sido obligado a elegir entre dos males: permitir un incumplimiento masivo de la ley o forzar una situación indeseable e incontrolable. En ambos casos —peor sin duda la segunda opción— las elecciones tendrán que celebrarse en condiciones de cierta anormalidad, un fenómeno que se está convirtiendo en peligrosa costumbre. Muchos millones de españoles empiezan a sospechar que se limita su libertad de elección democrática, y ese ambiente de recelo enturbia el sistema tanto como los vicios políticos que con razón denuncian los convocantes de la rebelión civil.

La influencia que la oleada de descontento pueda tener en el resultado de la votación está asimismo por determinar. El carácter generalista y apolítico de la movilización contrasta con un programa de peticiones que coincide en gran medida con el de IU, formación que acude a las urnas coaligada de hecho con el PSOE. En todo caso se trata de una opción libre siempre que se encauce de acuerdo a las reglas del juego, pero abre dudas sobre el apartidismo de la queja, y tendría un solo damnificado principal que no es precisamente el que ahora mismo ostenta la responsabilidad de Gobierno. Si por el contrario, el escrutinio electoral no registra sorpresas significativas, los dos grandes partidos cometerían un grave error de no tomar nota de estos acontecimientos. Guste mucho, poco o regular, esta sacudida de frustración, hartazgo y crítica va a determinar parte del futuro político. Y el cartero de sus quejas va a seguir pasando por la puerta de las instituciones.


ABC - Opinión

Movimiento 15-M. Las rastas de Rubalcaba. Por Pablo Molina

Si este sábado ven a un rastafari de barba rala con megáfono pidiendo una oposición que no nos mienta y animando a los congregados a visitar las sedes del PP, no lo duden. Es él disfrazado.

Es indudable que en los primeros momentos del movimiento de manifestantes del pasado 15 de mayo había jóvenes sensatos, muchos apolíticos y algún liberal, que sinceramente protestaban frente a la realidad del ocaso de un régimen con evidentes signos de descomposición. No eran mayoría, claro, pero se les podía detectar fácilmente entre la fronda de rastas y otros atavíos étnicos de los grupos marginales que copan este tipo de protestas callejeras. Ahora han desaparecido todos y con razón.

En la primera fase de las protestas, cuando sólo se había esbozado el diagnóstico de lo que nos ocurre, el acuerdo era prácticamente general. Cualquiera de nosotros hubiera suscrito, en términos generales, los motivos que han llevado a esa parte de la juventud a salir a la calle para afear a la clase política sus desmanes.

Pero eso fue sólo al principio. En cuanto el núcleo duro de la algarada elaboró su catálogo de remedios, aquellos jóvenes sensatos, apolíticos o liberales volvieron a sus estudios y a sus trabajos, actividades que en general la parte más noble de nuestra juventud lleva a cabo de forma simultánea, porque lo último que desea alguien mínimamente formado es servir de cobaya a la izquierda para sus experimentos callejeros.


Para salvar a la sociedad española no se puede proponer como tratamiento una ración doble del veneno que la ha postrado en la UVI democrática, y eso es exactamente lo que pretenden los que todavía se mantienen acampados en la Puerta del Sol y en otras plazas céntricas de las grandes ciudades españolas. El hecho de que su recetario coincida prácticamente en su totalidad con el de las organizaciones políticas de obediencia marxista no es una casualidad.

Por eso Zapatero y su troupe se confiesan encandilados con esta chiquillería que, sin saberlo, les aplaude. Los que todavía se concentran en las calles no quieren que Zapatero rectifique sino que avance mucho más en la línea que ha llevado al país a la actual catástrofe, y eso es algo que la vanidad estratosférica de un personaje tan mediocre como el todavía presidente del Gobierno integra como un halago, por otra parte absolutamente merecido.

Esta movida coge a los Zetapés, las pajines y los tomases con dos o tres sueldos menos y más tiempo libre y los tendríamos en la Puerta del Sol durante al menos una hora diaria, el tiempo justo para recitar a los congregados su habitual compendio de chorradas antes de volver al ático de lujo en su coche oficial.

Son tal para cual, como supo desde el principio el gran Rubalcaba, un político que va siempre varios cuerpos por delante de la manada. Si este sábado ven a un rastafari de barba rala con megáfono pidiendo una oposición que no nos mienta y animando a los congregados a visitar las sedes del PP, no lo duden. Es él disfrazado.


Libertad Digital - Opinión

Otro atípico día de reflexión

La acampada de la Puerta del Sol ha hecho más nítido el caos de la campaña electoral del PSOE y la deriva demagógica de Zapatero.

LA sala Tercera del Tribunal Supremo ha ratificado la decisión de la Junta Electoral Central de declarar ilegales las concentraciones previstas para hoy y mañana por los grupos que integran el movimiento 15-M. Por tanto, la responsabilidad única y directa del mantenimiento de esta situación de ilegalidad corresponde al Ministerio del Interior, cuyo titular solo se apoya en un informe de los Servicios Jurídicos del Estado basándose en la Ley de Seguridad Ciudadana y en la normativa que regula el derecho de reunión. La inacción de Pérez Rubalcaba contra los congregados en la Puerta del Sol está fundada en el argumento de que esas normas no permiten la disolución automática de una concentración aunque no esté autorizada administrativamente, salvo en casos extremos de comisión de delito o de actos violentos. Sin embargo, no deja de ser un ardid jurídico de última hora, utilizado «ad hoc» por el Gobierno para evitar la posible convulsión que un desalojo forzado de Sol generaría con toda probabilidad. Y, desde luego, no deja de ser una forma oportunista de dejar en evidencia a la Junta Electoral Provincial de Madrid, a la Junta Electoral Central y al propio Tribunal Supremo para salir al paso del laberinto en el que los «indignados» de Sol, y de muchos otros lugares de España, han encerrado al Gobierno.

En el plano político, la acampada de la Puerta del Sol ha hecho más nítido el caos de la campaña electoral del PSOE, caracterizada por la dispersión de discursos, la insolidaridad entre líderes nacionales y la deriva demagógica de un Zapatero crispado en su adiós. Por eso el PSOE se ha agarrado al clavo ardiendo de unas concentraciones que claman contra el «sistema» y no contra el Gobierno de los cinco millones de parados y del millón y medio de familias sin un solo empleado. En su desesperación, los candidatos y portavoces socialistas dicen hacer suyas las preocupaciones de los concentrados, obviando que lo que a éstos preocupa, según sus propuestas, es la supresión de la Audiencia Nacional, la derogación de la Ley de Partidos Políticos y la implantación de una política económica solo homologable a la de Corea del Norte. La izquierda, nuevamente, busca exculparse de su gestión y recurre a esconderse tras la derecha y el sistema democrático. La situación del PSOE es inquietante y la del PP, a tenor de los sondeos, esperanzadora. Hoy es día de reflexión. Debería ser también el primer paso de un cambio necesario.

ABC - Editorial

El permanente desprecio a la Ley de Rubalcaba

Por de pronto y mientras no nos demuestren lo contrario, podemos decir que, en la Puerta del Sol, la acampada ilegal sigue existiendo porque el Gobierno, personificado en la figura de su vicepresidente, quiere que así sea.

Todo indica que la jornada de reflexión de estas elecciones autonómicas y municipales vendrá marcada por los manifestantes que permanecen desde el lunes acampados ilegalmente en la Puerta del Sol. Es, cuando menos, chocante que se haya llegado a esta absurda situación. A estas alturas de la semana, el Ministerio del Interior debería haber hecho cumplir la prohibición de concentrarse acordada por la Junta Electoral de Madrid el pasado miércoles, pero ha permanecido inactivo durante dos noches consecutivas.

Alfredo Pérez Rubalcaba, titular de Interior y vicepresidente del Gobierno, dice una cosa pero hace otra. Juega con la prensa asegurando que cumplirá la Ley, pero no aclara si el cumplimiento pasa por desalojar la plaza ocupada de manera ilegal y convertida por los ocupantes en un asentamiento irregular donde se duerme, se cocina y se bebe alcohol hasta altas horas de la madrugada. De hecho, no hubiera hecho siquiera falta que se pronunciase la Junta Electoral al respecto: lo que está sucediendo en la Puerta del Sol es tan ilícito que la Delegación de Gobierno debería haber intervenido de oficio antes de que se llegase al momento actual.


Los últimos días de la campaña electoral han sido, literalmente, dinamitados por un grupo de manifestantes: todo cuanto suceda a partir de ahora será entera responsabilidad de Pérez Rubalcaba. Tiene, por el cargo que ostenta, la obligación de hacer cumplir la Ley y esto consiste en devolver a la normalidad esa plaza y todas las del país que están ocupadas por manifestantes. De lo contrario, por muchos malabarismos que haga durante las ruedas de prensa, habrá quedado en evidencia y tendrá que afrontar las responsabilidades políticas pertinentes.

Si no lo hace y, viendo en retrospectiva lo que ha sucedido durante esta semana, parece que no lo va a hacer, habrá que preguntarse qué interés oculto tiene el vicepresidente del Gobierno en prolongar una lamentable situación que está poniendo en jaque a su propio Ministerio, al Estado de Derecho y hasta al propio orden constitucional. Una pregunta a la que algunos compañeros de su propio partido, como el candidato por la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, o el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dan cumplida respuesta con sus declaraciones a favor de los ocupantes de la Puerta del Sol.

No todo vale para ganar votos en una campaña electoral. La Ley está ahí para que todos la cumplan, especialmente sus garantes. Por de pronto y mientras no nos demuestren lo contrario, podemos decir que, en la Puerta del Sol, la acampada ilegal sigue existiendo porque el Gobierno, personificado en la figura de su vicepresidente, quiere que así sea.


Libertad Digital - Editorial

viernes, 20 de mayo de 2011

¿En Sol?. Por Alfonso Ussía

Los «indignados» han tomado la Puerta del Sol. En un principio, sentí simpatía hacia ese movimiento. La perdí cuando el presumible actor Guillermo Toledo se sumó a los acampados y éstos lo aceptaron como uno más. Lo que parecía una protesta lógica y comprensible –cinco millones de parados y una generación con el futuro negro–, se ha convertido en un juguete de la izquierda radical. Penélope Cruz ha sido buenísima con ellos. «Los tengo en mi corazón», ha dicho. Con todos los acampados en su corazón, ha ingresado en la sala de espera de Primera Clase del aeropuerto de Barajas para volar a Los Ángeles. Excesivo peso en su corazón para vuelo tan largo.

Aun así, y a pesar de la manipulación de la izquierda radical, entiendo la desesperanza de los acampados, y también su indignación. Lo que no comprendo es que hayan elegido la Puerta del Sol para reunirse en la indignación. La economía española ha registrado una subida del 0,3 % en el primer trimestre del año. Una subida retaca. La economía madrileña ha subido en ese mismo período un 0,7% y un 1,8% en el cómputo interanual. Cifra que responde plenamente a la recuperación en la Unión Europea. Pero los indignados han elegido precisamente la Puerta del Sol, donde se ubica la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid para hacer visible su protesta. ¿Por qué en Sol? En el entorno del Palacio de La Moncloa hay más espacio para acampar que en Sol.


El responsable del desastre económico de España, de los cinco millones de parados y del túnel sin salida del porvenir de nuestra juventud, habita y hace que trabaja en el Palacio de la Moncloa. ¿Por qué en Sol y no en La Moncloa? ¿Por qué en Sol y no ante la sede de Economía y Hacienda? ¿Por qué en Sol y no ante el despacho de Rubalcaba, corresponsable del desencanto? ¿Por qué en Sol y no ante las sedes de Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, los sindicatos de clase mansos y obedientes, que han permitido al Gobierno mucho más que lo permisible con la boca callada a cambio de millonarias dádivas y subvenciones? No pongo en duda la sobrada razón que tienen para protestar los acampados. Pongo en duda la oportunidad en la elección del lugar. ¿Casualidad o manipulación? Me temo que lo segundo. Cuando un movimiento nace de la espontaneidad, no se deja instrumentalizar por los oportunistas de siempre. Mañana estarán ahí todos los de la Ceja. Resulta sorprendente que Zapatero, Blanco, Rubalcaba, Pajín y compañía hayan aprovechado la situación para pedir el voto a las víctimas de su política económica y social. Son maestros en embarullar sus propios barullos.

En ese movimiento juvenil y espontáneo hay inteligencia, preparación y muchos motivos para la protesta. Se ha manifestado apolítico. Sería interesante que sus promotores cortaran el paso a quienes se aprovechan de ellos y convierten en sospechosas sus claridades. La izquierda radical es muy competente cuando se trata de infiltrar a los suyos y cambiar los esquemas, la ética y la estética de un movimiento popular. Una prueba irrefutable. Todos los detenidos por alterar el orden público y aprovechar la confusión para destrozar el mobiliario urbano tienen antecedentes. Expúlsenlos de entre ustedes. No permitan que sus razones y sus reivindicaciones se sometan a los violentos profesionales. Y con todo el respeto que la verdad de los «indignados» me merece, cambien el lugar de sus protestas. El Palacio de La Moncloa está a dos pasos. No es Esperanza Aguirre la culpable de sus desesperanzas. Y mucha suerte.


La Razón - Opinión

Movimiento 15-M. Entierro en la Puerta del Sol. Por Emilio Campmany

En todo esto, sólo hay una cosa segura. El régimen de 1978 está muerto. Sólo falta reconocerlo y decidir si ha fallecido de muerte natural o ha sido asesinado y, en éste último caso, determinar quienes han empuñado el arma.

El movimiento este del 15-M es amorfo y turbio, pero, aunque la izquierda del sistema esté tratando de manipularlo, sí parece espontáneo y exterior a los partidos con representación en las instituciones. Periodísticamente, el fenómeno tiene encandilados a muchos medios, incluido el Washington Post, que habla sin tapujos de la "Spanish revolution". Debe de ser que, como África de alguna manera empieza en los Pirineos, el rotativo encuadra lo de la Puerta del Sol en el marco de la primavera árabe que recorre todo el Magreb. Por mucho que nos duela, que la acampada sea fruto en parte de un contagio no debe descartarse.

El movimiento, a pesar de que el apoyo expreso es poco numeroso, está alcanzando mucha visibilidad. ¿Están bien organizados? El magnífico reportaje gráfico de Fernando Díaz Villanueva muestra unos medios bastante cutres, lo que sugiere espontaneidad. Sin embargo, algunas pancartas gigantescas aparecen en su enormidad perfectamente impresas, lo que a su vez hace pensar que cuentan con posibles. Esto implica disponibilidad de fondos y la posibilidad de que haya alguien aportándolos con el fin de manipular el movimiento en su beneficio. Total, que puede que haya alguien detrás y también puede que no.


El futuro es incierto. Si la Policía los deja, pueden acabar como los de Sintel, permaneciendo meses de acampada. Podrían terminar por convertirse en una atracción turística, una especie de parque de Tahrir donde poder ver (y oler) cómo se protesta para pedir más democracia en el norte de África, pero dentro del orden que implica hallarse en Europa. Aunque también puede que la protesta se vaya extendiendo hasta hacerse incontrolable. Incluso cabe la posibilidad, por hoy remota, de que se haga violenta.

¿Y si la Policía interviene? Rubalcaba tiene la obligación de hacerlo porque la acampada es ilegal sin necesidad de esperar a que lo diga la Junta Electoral Central. Naturalmente, antes de las elecciones, no se arriesgará. Pero, si lo hiciera después, podría despertar a un monstruo dormido. No hay que olvidar que el descontento de los del 15-M es común a muchos españoles, aunque a la mayoría de ellos no les apetezca dormir en la calle, compartir un colchón viejo y beber de una litrona.

En todo esto, sólo hay una cosa segura. El régimen de 1978 está muerto. Sólo falta reconocerlo y decidir si ha fallecido de muerte natural o ha sido asesinado y, en éste último caso, determinar quienes han empuñado el arma. Luego habrá que crear otro nuevo, para lo que tendrán que convocarse elecciones a Cortes constituyentes tras una reforma en profundidad de la Ley Electoral. Qué programa tan bonito para un líder que fuera un estadista. Si alguien sabe de alguno, que lo llame, que urge.


Libertad Digital - Opinión

Movimiento manipulado

Los acampados en la Puerta del Sol han cumplido su quinto día de protestas y anoche, tras conocer la decisión de la Junta Electoral Central de prohibir las manifestaciones del día de reflexión, no sólo no depusieron su actitud sino que advirtieron que mantendrán las concentraciones en toda España, sin que se tengan noticias de la autoridad gubernativa, que asiste entre complaciente y paternal a la ilegalidad que supone la ocupación del centro neurálgico de la capital de España. El Gobierno ha justificado su pasividad ante la movilización antisistema y de ultraizquierda en un discurso que no encaja en un Estado de Derecho. El vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, principal responsable de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, explicó que «la Policía busca resolver los problemas y no crear más». Que los responsables de la seguridad renuncien a preservarla es un hecho grave. Las leyes están para cumplirlas y la Junta Electoral Central dictó en este sentido una resolución y un mandato clarísimos que fueron incumplidos en un acto de desobediencia. Resolver problemas en democracia es acatar y hacer cumplir las resoluciones de los organismos y no cruzarse de brazos mientras la situación se enquista sin un desenlace tranquilizador. Precisamente, el abuso y el atropello comienzan cuando la Ley, las normas que regulan nuestra convivencia, no se respetan o cuando se supedita la libertad de una mayoría a la voluntad de una minoría por unos intereses que, desde luego, no son los generales. El Gobierno ha tenido tiempo y medios para devolver la Puerta del Sol a la ciudad pero ha preferido amparar el desafío. ¿Habría hecho lo mismo si la algarada se hubiera celebrado ante La Moncloa o Ferraz? Con toda seguridad, no. Pero tiene su explicación. Ayer se conocieron las principales propuestas del recetario político, social y económico de los autodenominados «indignados». El discurso que emana de estos grupúsculos es el de la izquierda más trasnochada y rancia, en línea con principios del comunismo extraviado de IU: la subida de impuestos, la «expropiación» de viviendas en supuesto desuso, la ocupación de espacios públicos, el derecho a la tierra y al dinero público, la nacionalización de los bancos, el derecho a una vivienda digna o el alquiler social. También defienden cambios en la ley electoral, someter más leyes a referéndum, reducción de los privilegios, denuncia del Concordato con la Santa Sede o una consulta sobre monarquía o república. Es un sarcasmo que el PSOE, el autor del mayor recorte del Estado del Bienestar, se alinee con quienes piensan así. La izquierda ha edulcorado la realidad de una movilización no espontánea, de carácter involucionista, que persigue perturbar unas elecciones que tienen un pronóstico favorable al PP. En el río revuelto de la frustración y la irritación social provocada por siete años de Gobierno socialista, han echado la caña la izquierda radical y de la pesca hay varios partidos que aspiran a darse un banquete, empezando por el PSOE, el único partido de Europa que en vez de gobernar para sacar a su país de la postración económica sólo se dedica a hacer oposición de la oposición.

La Razón - Editorial

Movimiento 15-M. Consentidos y adulados. Por Cristina Losada

Se ha recordado a los amotinados, en difícil lección de geografía, que esto no es Egipto ni Túnez. Cierto. Pero es un rasgo egipcio, y recurrente, que aquí la igualdad ante la ley se tome por el pito del sereno.

En España, la condición necesaria, aunque no suficiente, para que una acción de protesta despierte las tiernas atenciones del poder es que infrinja la ley. Ese insufrible hábito de democracia acomplejada y de políticos oportunistas se ha impuesto, de nuevo, ante la acampada, happening o macrobotellón, que tiene por epicentro la Puerta del Sol madrileña. La Junta Electoral dispuso que era ilegal, y como si dijera misa. La filosofía del Gobierno y de su ministro del Interior es dejar a los niños en paz. Esto es, dejar que vayan –o vuelvan– a ellos. Y si no los nenes, sus papás, que igual verían con malos ojos que sus retoños fueran desalojados sin miramientos por los paladines del progresismo. Al tiempo, políticos de la izquierda y de otros páramos pugnan por adular a los del campamento, abonando la ya asentada noción de que el respeto a las normas sólo rige para los pringados.

Ah, es que son jóvenes. Y, por lo tanto, exentos de responsabilidad. No propongo, vaya, que enviaran a la caballería. Ante todo, para evitar daños a edificios y comercios, pues, por lo demás, cuando uno participa en un acto ilegal ha de ser mayorcito y estar preparado. Tanta sobreprotección a la juventud, sea interesada o bobalicona, crea las condiciones para que los peques se desorienten cuando caen en la realidad desde el mundo Alicia. Razón de más para impedir que sigan haciendo lo que les da la gana. Nada justifica la consentida violación de las normas. Pero cambiemos el decorado. De estar ocupada la plaza de España en vísperas electorales por gentes contrarias a la presentación de Bildu, tendríamos al Gobierno en pie de guerra y al diario global tocando a rebato contra una conducta golpista instigada por el PP, la Brunete y el Tea Party.

Se ha recordado a los amotinados, en difícil lección de geografía, que esto no es Egipto ni Túnez. Cierto. Pero es un rasgo egipcio, y recurrente, que aquí la igualdad ante la ley se tome por el pito del sereno. Y eso sí que es para indignarse. Oh, pero estos chicos merecen ser escuchados; representan el malestar social ante la crisis. Un momento. Sólo se representan a sí mismos en tanto no concurran a unas elecciones. Y si quieren ser sociedad civil, deben mostrar, primero, que son civilizados. Aquí se empieza por no creer en la sociedad civil y se acaba creyendo que es cualquier cosa.


Libertad Digital - Opinión

Protesta y democracia

La Policía no está para filosofar, sino para hacer cumplir la ley electoral y proteger la jornada de reflexión.

LA opinión pública reconoce que los acampados en la Puerta del Sol tienen motivos para sentirse defraudados, aunque los manifestantes pierdan buena parte de sus razones distribuyendo culpas de manera genérica, pero ideológicamente orientadas contra el sistema democrático liberal. Hay una reacción social de empatía ante una crisis que ha arruinado las expectativas de media juventud española, pero es muy distinta la valoración que merecen las propuestas que ha alumbrado esta asamblea del centro de Madrid, porque si se pusiera en práctica la mayor parte de ellas —de un izquierdismo absolutamente trasnochado— la crisis sería aún peor. Entre las propuestas que ayer recibieron más apoyo en las asambleas realizadas a mano alzada en la plaza estuvieron la supresión de la Audiencia Nacional, el apoyo a la III República y la derogación de la ley de Partidos, que tantos éxitos y provechos ha generado en la lucha antiterrorista. Inquietante.

En cualquier caso, todo ciudadano tiene derecho a expresarse y a decir lo que crea oportuno, siempre que no incite ni justifique la violencia. Ahora bien, actualmente hay un proceso electoral en marcha que finaliza el próximo domingo. No es admisible que las jornadas de reflexión y votación vayan a estar marcadas por estas protestas, que tienen una clara intencionalidad electoral, aunque solo sea la de, supuestamente, disuadir a los ciudadanos de que vayan a votar. Otras interpretaciones más detalladas podrían incluso perfilar tendencias políticas concretas en el planteamiento de este movimiento de indignación. La lista de asociaciones o colectivos que han respaldado públicamente este movimiento o que han invitado a sumarse a él —en su inmensa mayoría procedentes de la izquierda radical y antisistema— y la ubicación del campamento base de esta protesta asamblearia frente a la sede del Gobierno autonómico de Madrid no resultan gratuitas y aportan bastantes pistas.


Y quizá consciente de esa adscripción ideológica, y de que su abstención podría empeorar el mal panorama que ya dibujan las encuestas del 22-M, los dirigentes del PSOE —el primero, su secretario general— se han lanzado a dar la razón a los «indignados», pero sacudiéndose cualquier responsabilidad en la situación de crisis derivada de su mala gestión, pese a llevar casi ocho años gobernando España. No es previsible que ese cinismo, ese echar la culpa al empedrado, sirva para convencer a los acampados y a quienes los secundan de que les den sus votos en las elecciones del domingo para así neutralizar el ascenso del PP.

La resolución de la Junta Electoral Central, adoptada al filo de la medianoche de ayer, de prohibir las concentraciones durante el sábado y el domingo es la tercera declaración de ilegalidad que recae sobre este movimiento asambleario, aunque las anteriores no tuvieran efecto alguno por la pasividad del Ministerio del Interior y de la Delegación del Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba se ha justificado con el argumento de que un desalojo «no es la filosofía» de la Policía. Independientemente de lo que pueda hacer hoy en cumplimiento de la decisión de la JEC, convendría recordar al titular de Interior que la Policía no está para filosofar, sino para hacer cumplir la ley electoral y —llegado el caso, dados los planes de los antisistema— proteger mañana la jornada de reflexión, llamada así porque en ella no se pueden realizar actividades políticas que influyan en el voto de los ciudadanos. El Estado de Derecho tiene unas reglas cuyo incumplimiento quizá guste a parte de la izquierda, acostumbrada a no respetar las jornadas de reflexión, pero que representa una agresión a la democracia.


ABC - Editorial

Se abre una brecha en el régimen socialista andaluz

UGT y CCOO, esos apéndices políticos disfrazados de sindicatos, han sido las primeras víctimas de este intento del PSOE andaluz de forzar la máquina.

Mientras el foco informativo se mantiene en la Puerta del Sol, en Andalucía ha tenido lugar un suceso importante: UGT y CCOO, sindicatos oficiales del régimen en que vivimos, se han quedado sin representantes en las elecciones de delegados de los funcionarios de la Junta de Andalucía. La región gobernada por el PSOE desde hace treinta años es la culminación del proyecto que tienen los socialistas para España: una sociedad aborregada, empobrecida, caciquil y completamente sometida al sector público. Pero esta derrota muestra una grieta en el control casi perfecto que permitió a Chaves gobernar casi veinte años.

A primera vista, la razón es la ley que permite convertir en funcionarios con todos sus derechos al numerosísimo personal laboral contratado a dedo por la Junta a lo largo de los años. Se consideren o no razonables los privilegios con que cuentan los funcionarios en comparación con el resto de los trabajadores, lo que resulta inadmisible es que se extiendan a quienes no han demostrado más mérito que el de llevar bien agarrado el carnet del PSOE en la boca. Quienes más han protestado contra la medida han sido precisamente los mismos funcionarios, que han demostrado su indignación en las calles y, después, en las elecciones sindicales.


Ante ese asalto al funcionariado andaluz, UGT y CCOO han preferido apoyar a la Junta, como buenos representantes del régimen que han sido siempre. Los resultados de las elecciones sindicales de este jueves los colocan completamente fuera, cuando en España el principal y casi único lugar donde ejercen es precisamente el sector público.

El Gobierno de Griñán ha querido perpetuar el control socialista de la Junta de Andalucía aun en el caso de que pierdan alguna vez las elecciones, asegurándose de tener a los suyos ahí colocados hasta la jubilación. UGT y CCOO, esos apéndices políticos disfrazados de sindicatos, han sido las primeras víctimas de este intento de forzar la máquina. Pero que se haya abierto esta brecha en el sistema implantado por Chaves para garantizar que el PSOE se eternice en el poder no significa que se vaya a romper. Para eso hace falta que pierdan unas elecciones, y el ganador se esfuerce en desmontarlo. Y ambas cosas parecen aún algo lejanas.


MEDIO - Opinión

jueves, 19 de mayo de 2011

Agitación y propaganda

La recta final de la campaña se encuentra bajo los efectos de una inesperada movilización cuyo epicentro está en la Puerta del Sol de Madrid, pero que se repite en las principales capitales de la nación. El denominado Movimiento 15 de Mayo ha recogido, según sus convocantes, el malestar y la angustia de una ciudadanía que no se siente ni representada ni defendida por la clase política. Esas miles de personas reclaman cambios políticos y sociales y, de acuerdo a su discurso, no tienen vinculación ni dependencia políticas. ¿Es creíble esta versión idealista y modélica? Hay indicios y circunstancias que alimentan la desconfianza sobre el origen, el desarrollo y el propósito final de este fenómeno. La reacción de la izquierda, especialmente del PSOE, es una de ellas. La empatía socialista con esos manifestantes tiene bastante de impostura al ser ellos los responsables de que casi la mitad de los jóvenes de este país no tenga trabajo. Desde el PSOE se les ha puesto una alfombra roja, se ha elogiado su lucha y se los ha calificado de «amigos». La instrumentalización ha sido evidente con la complicidad aparente de los acampados.El Gobierno se siente a gusto con un escenario en el que la principal expresión del hartazgo social se produce ante la sede del Ejecutivo de Esperanza Aguirre y no frente a La Moncloa o el Congreso.

Aunque es más que probable que para una parte de los movilizados la desesperación y el deseo del cambio sean razones reales, la protesta apunta directamente a la izquierda, a grupos anarquistas y antisistema. Las agresiones a periodistas y las trabas al derecho a la información que han marcado estas primeras horas son actitudes de esos colectivos totalitarios que no quieren luz y taquígrafos salvo para su propaganda. Quien no tiene nada que esconder no aplica la censura. Pensar que un movimiento de miles de personas con dimensión nacional ha surgido de forma espontánea es pecar de ingenuos o desconocer la realidad. Necesariamente, alguien debe mover los hilos de una algarada que ha saltado sobre la campaña electoral para distorsionar y confundir. La realidad del país es crítica. Pero lo ha sido durante los últimos años y nada se ha sabido del Movimiento 15 de Mayo. No creemos en las casualidades.

La clase política española no es perfecta y no ha estado a la altura, pero la democracia representativa tiene sus reglas y sus tiempos. La alternancia es la solución para sustituir a los gobiernos, y no las «democracias» asamblearias. Votamos para elegir a nuestros representantes y los españoles no han elegido a los acampados en la Puerta del Sol, por lo que no están legitimados para arrogarse el descontento o la indignación de la ciudadanía. La izquierda extrema sabe mucho de agitación y propaganda y de subvertir el orden. En esta ocasión, se ha hecho con la lamentable colaboración de la Delegación del Gobierno de Madrid, que se ha cruzado de brazos mientras el centro de la capital era tomado. Al menos, la decisión de distintas juntas electorales provinciales de prohibir las concentraciones demuestra que algunos no están dispuestos a mirar para otro lado.


La Razón - Editorial

Movimiento 15-M. El Cacao Party. Por Cristina Losada

A los acampados les preocupa, básicamente, ser personas y no mercancías. Hay quien les ha colgado la medalla de "inconformistas". Yo los veo muy conformes con los tópicos de la izquierda común y corriente.

Más intrigante que esa acampada de jóvenes airados es el enorme interés y el especial respeto que ha concitado. Cierto que venía a ser el aspecto yang de estoloarreglamosentretodos. Unos optimistas y otros indignados, los hermanaba la amplia y cálida cobertura ofrecida por TVE, empresa muy selectiva con su tiempo, como se sabe. Pero estaba, por supuesto, el factor twitter, el excitante fetichismo de las redes sociales. Y se sumaba el efecto copycat. Era una combinación irresistible para la prensa, que veía venir algo grande. ¡Una primavera árabe en vísperas electorales y una plaza Tahrir ante la sede del Gobierno regional de Madrid! Para relamerse. Si agreden a periodistas políticamente incorrectos, la perfección se toca con los dedos. Y si se oye la sintonía del bestseller de la temporada, el panfleto fraude del resistente francés, entonces, bingo.

Un posible portavoz de los improbables árabes congregados en la Puerta del Sol declaraba, al parecer, que "los medios no se enteran de nada". Bien. Leído el manifiesto del asunto tengo para mí que sus autores aún se enteran de menos. Vaya empanada. Dos décadas logsianas y una larga tradición de desinterés por la res publica –aunque se vote en masse– han de traer consecuencias. El analfabetismo político es una de ellas. Pero esta empanada desprende un aroma conocido. Es anticapitalista y estatista. Unos ingredientes que gustan tanto a izquierda como a derecha y, en concreto, en los extremos de cada una de ellas. En esas zonas fronterizas siempre se le ponen apellidos a la democracia y fraguan movimientos antisistema, cual fueron el fascismo y el comunismo. Hoy, Sistema es sinónimo de economía de libre mercado. Y antisistema, un modo de externalizar la frustración: la cuenta de las expectativas incumplidas se le carga a la entelequia. Qué bonita irresponsabilidad, sentirse simple engranaje de una maquinaria pérfida.

Estamos ante un ejercicio de "democracia real", por lo que nada se sabe realmente, pero, de acuerdo a la prensa ignorante, a los indignados les molesta el bipartidismo. He ahí otro lugar común de la listas de males que corren por el extrarradio. ¡Otro mito! Tan débil es el bipartidismo en España, por contraste, pongamos, con EEUU, que los Gobiernos han de pactar una y otra vez con pequeños partidos como los nacionalistas. Y ceden de manera injustificable. Pero a los acampados les preocupa, básicamente, ser personas y no mercancías. Hay quien les ha colgado la medalla de "inconformistas". Yo los veo muy conformes con los tópicos de la izquierda común y corriente.


Libertad Digital - Opinión