martes, 31 de agosto de 2010

La legislatura, en manos de PNV

El PNV ya se lo ha advertido al Gobierno: recurrirá al chantaje político si es preciso y sacará tajada de la debilidad del Zapatero más expuesto desde que llegara a La Moncloa.

LA tensión en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado entre el Gobierno y el PNV no ha esperado siquiera a septiembre para hacerse visible, y el intercambio mutuo de mensajes revela el estado de necesidad en que se halla José Luis Rodríguez Zapatero y la posición de fuerza que han adoptado los nacionalistas vascos. Las incipientes tomas de contacto en las negociaciones pronto serán un auténtico proceso opaco plagado de cesiones inconfesables porque en nada favorece a Zapatero su cultivada imagen de dadivoso oportunista, y menos aún cuando lo que está en juego es su supervivencia en la legislatura. En cualquier caso, los guiños entre ambos son un síntoma de que no todo está perdido para Zapatero, a quien una hipotética prórroga de los Presupuestos obligaría a convocar elecciones. Ahora, Zapatero no se recata en buscar al PNV como «socio preferente», y los nacionalistas se saben «los únicos socios posibles», por lo que ya han advertido de que no van a «dejar pasar la ocasión». Representando su papel de oposición en el País Vasco para pasar al cobro las facturas pendientes, el PNV recurrirá en Madrid al chantaje político si es preciso y sacará tajada de la debilidad del Zapatero más expuesto desde que llegara a La Moncloa.

«Más autogobierno» exige el PNV y «más autogobierno» está dispuesto a conceder Zapatero. La garantía del control presupuestario de las Diputaciones vascas se da por descontada. Cuestión distinta es qué garantías podrá dar Zapatero desde su inestable posición para afrontar una hipotética reforma del Estatuto de autonomía vasca, y con qué grado de credibilidad podrá acoger el PNV sus promesas. Los compromisos adquiridos en su día por el jefe del Ejecutivo con el líder de CiU a cuenta del Estatuto catalán se saldaron hace ya meses con la lapidaria afirmación de Artur Mas de que «Zapatero no es de fiar». Y precisamente el PNV nunca ha portado la ingenuidad por bandera. Por ello, la principal incógnita de esta negociación no es saber qué nuevas competencias está dispuesto Zapatero a transferir al País Vasco, sino qué garantías de «poder político» es capaz de ofrecer al PNV a medio plazo. No es descabellada la hipótesis de que ese «poder político» sólo puede pasar por la desactivación de la alianza entre socialistas y populares en el País Vasco en primer término, y por el desalojo de Patxi López de Ajuria Enea en última instancia. No son casuales, pues, ni los recientes dardos de López a Zapatero a cuenta de la debilidad del PSOE, ni la advertencia lanzada por Josu Erkoreka para que el Gobierno vasco «no interfiera» en su negociación con Zapatero. El jefe del Ejecutivo equiparó ayer en China el tamaño de «Miguelín», el enorme muñeco que se exhibe en el pabellón español de la Expo de Shanghái, con el tamaño que adquirirá la economía española. Pero eso ya no dependerá de Zapatero, sino del PNV.

ABC - Editorial

lunes, 30 de agosto de 2010

El incansable improvisado. Por José maría Carrascal

Las contradicciones nunca han asustado a nuestro presidente, que sin vacilación niega en una plaza lo que aseguró en otra o anuncia lo que ha jurado nunca haría.

RESULTA difícil decir cuál de los problemas con que se enfrenta Zapatero es más grande y peligroso. La huelga general convocada por los sindicatos; la aprobación de unos presupuestos sin contar con los votos necesarios; las elecciones catalanas con el paisanaje que trina; las primarias de Madrid con el partido dividido. Por no hablar ya de su pérdida de prestigio dentro y fuera de casa.

¿Cómo va a lidiarlos? Pues como siempre, Zapatero no tiene un plan general de gobierno. Se encara con cada situación como si fuera la única, le da un par de muletazos, y pasa a la siguiente, con la que hace lo mismo, para saltar a otra, y a otra, y así sucesivamente, sin solución de continuidad.


La huelga va a tratar de minimizarla, dando la razón a los sindicatos, pero haciendo ver a sus líderes que su plan de ajuste le ha venido impuesto desde fuera, aparte de ser necesario para lograr la recuperación. Los presupuestos va a intentar pasarlos con el apoyo del PNV como hizo el año pasado: pagando el elevado precio que le pedían. Si el precio que este año le piden es exorbitado —la cabeza de Patxi López, por ejemplo—, les hará ver que si le dejan caer, la suerte que les espera con un gobierno del PP va a ser bastante más dura que en su mandato. El chantaje opera en ambas direcciones y estamos ante dos expertos en él. En Cataluña, va a presentarse como el salvador de lo salvable del Estatut, tras la poda que le ha dado el Tribunal Constitucional. Mientras en Madrid, va a movilizar la inmensa fuerza que tiene desde el gobierno y desde el partido para descabalgar a Tomás Gómez antes de que su rebeldía se extienda, para ponerla luego a disposición de Trinidad Jiménez en su lucha con Esperanza Aguirre.

Surgirán naturalmente contradicciones en esta parcelación estratégica —por ejemplo, lo que le pida el PNV puede no casar con las medidas de ahorro o lo que prometa en Barcelona puede chocar con lo que anuncie en Madrid—, pero las contradicciones nunca han asustado a nuestro presidente, que sin la menor vacilación niega en una plaza lo que aseguró en otra o anuncia lo que ha jurado nunca haría. Su política es una improvisación constante, con un único objetivo: salvar como sea el obstáculo que tiene delante, para alcanzar el próximo y, así, aguantar hasta que escampe. Y si no escampa, tampoco pasa nada. El pasado y el futuro no le importan, él vive sólo en el presente. De ahí que, en Shanghai donde se encuentra, no debe haberle preocupado la portada de la sección económica de «El País» de ayer: «Más de un millón de empresas han cerrado en los últimos tres años».


ABC - Opinión

Zapatero. Juego y vida. Por Agapito Maestre

La exhibición de Zapatero de la copa del mundo sobre cinco millones de parados no deja de ser una indecencia, aunque se justifique para vender productos españoles en Asia.

Cuando el juego deja de ser juego, la tragedia ha comenzado; cuando los espectadores del juego se van a sus casas obsesionados por lo visto, la psiquiatría inicia su trabajo; cuando los jugadores al final del juego no logran quitarse sus máscaras, el juego ha muerto confundido con la realidad. El rito final del culto lúdico, la bajada del telón en el teatro, las luces apagadas del estadio, o el permiso que piden los matadores para abandonar el coso taurino no sólo han perdido vigencia, actualidad, sino que han muerto para la mayoría de una sociedad enajenada.

Nuestra época ha terminado con la esencia de todo verdadero juego a la par que ha hecho de la vida, de la seriedad de todo acto libre, una banalidad. Si es cierto que la seriedad, la normalidad de la vida cotidiana, hace tiempo que sobrevive confundida con el juego, no es menos verdad que el juego ha muerto, sí, porque su esencia, o sea su "The End", permanece entre sombras. Oscurecido. Casi borrado. Nuestra época ha difuminado el momento, el instante, en que todo verdadero juego se acaba. Cuando el juego no tiene fin, una ruptura entre la jovialidad y la seriedad se convierte en un sucedáneo de la vida, incluida la vida política; ejemplo extremo de la muerte del juego y de la política es la utilización de Rodríguez Zapatero, en China y Japón, del triunfo mundial de la selección nacional de fútbol.


Sobre esa prolongación exagerada del juego en la vida política, un eterno retorno mortecino sobre lo ya vivido, viaja Rodríguez Zapatero por esos países con el único objetivo de vender la "marca España". No seré yo quien exagere la crítica al presidente del Gobierno por esta utilización del juego para mejorar la vida económica de España –también lo hizo Hitler con la Alemania de su tiempo o la China Comunista con sus pasadas Olimpiadas–, pero no puedo dejar de despreciar a quien ha reducido la acción política a un juego falso de imágenes entre la ficción del juego y la falseada realidad. La exhibición de Zapatero de la copa del mundo sobre cinco millones de parados no deja de ser una indecencia, aunque se justifique para vender productos españoles en Asia.

Rodríguez Zapatero hace su agosto, nunca mejor dicho, levantando una copa que no es propiamente suya sino de una sociedad que hace tiempo hizo del juego, especialmente del fútbol, su mejor forma de eludir lo real. En eso estamos todos los españoles: "vivimos" sentados entre dos sillas, entre un juego descafeinado y una realidad falsa, sin saber qué hacer. Zapatero lo sabe y presiona por todas partes para que los votantes confundan el juego con la realidad, lo lúdico con lo serio; se trata, en fin, de crear una atmósfera política de enajenación total, o peor, un ambiente para que vivamos incómodos, alerta como los animales, en la noche donde todos los gatos son pardos.

He ahí la baza principal de Zapatero para el nuevo curso político. ¡Más de lo mismo! Se trata de reducir al ciudadano a una enorme panza que vota cada cuatro años. Quizá por eso sea cada día más difícil hallar a un ser humano que camine erguido y se acomode sobre un solo asiento.


Libertad Digital - Opinión

Hombres de negocios. Por Ignacio Camacho

El secuestrador de los cooperantes se dice un hombre de negocios. Y debe de serlo, porque el Gobierno ha negociado.

EL tal Omar el Saharaui, competente secuestrador —por encargo— de los cooperantes españoles en el Sahel, dice que él no es un terrorista sino un hombre de negocios. Un profesional con amplia experiencia, vaya; antes había trabajado con los polisarios, y quién sabe en qué más empresas. Sin duda debe de serlo, y eficaz por cierto, habida cuenta del exitoso desarrollo de sus últimas gestiones. Como al fin y al cabo se trataba de negocios, el Gobierno español se ha prestado a negociar entre profesionales. Total, todo era cuestión de un sencillo toma y daca: Omar secuestra, España paga y Al Qaida cobra y suelta la presa. La libertad de los rehenes a cambio de un poco de dinero, y de propina la excarcelación del mercenario, que como nadie es perfecto se había dejado prender por Mauritania en un descuido. En todas las negociaciones hay flecos de última hora que conviene dejar cerrados para que no se estropee el objetivo principal. Todos contentos; no hay nada como un trato entre caballeros.

El Gobierno se ha acostumbrado a negociar. Nuestra estructura diplomática es experta en el manejo de esta clase de negocios —por ejemplo, con Marruecos— y el CNI dispone de numerosos agentes reciclados en el manejo de operaciones de índole mercantil con lo mejorcito de cada casa. Negoció con los piratas somalíes que se apoderaron del «Alakrana» —unos pardillos que al final se olvidaron de aquel Adu jovenzuelo, preso en Madrid, y se pusieron a celebrar bodas con la pasta del rescate—, y negoció con ETA, que es un hueso más duro de roer porque sus cabecillas carecen de la necesaria profesionalidad, fanatizados como están por el delirio del poder y de la sangre. Pero todo se contagia y ahora parece que los etarras han escrito por ahí un papel en el que solicitan cuatro millones de euros para dejar de extorsionar a empresarios en una eventual tregua. Los tíos ya quieren una subvención por dejar un rato lo suyo, y esto es sólo el principio; como alguien les dé cuartelillo acabarán pidiendo plazas de funcionarios.

A Omar el Saharui le ha dado el Gobierno estatus de hombre de negocios como antes le dio a Otegui —¡y hasta a De Juana Chaos!— el de hombres de paz. El tipo va por ahí hablando con periodistas y protestando de su inocencia; es un honrado traficante de personas, automóviles, rebaños, cosas. Un hombre que se gana la vida trabajando, como los demás, y que a veces tiene trato con los terroristas de Al Qaida porque son gente que anda por ahí, en esos desiertos de Alá. Un subcontratista, que diríamos. Le dieron quince mil euros por la gestiónde los cooperantes y se quedaron con el resto del rescate —de seis a ocho millones de euros— para sus necesidades logísticas. Puro negocio. Los españoles son gente razonable: entienden en seguida la dimensión de los asuntos, cumplen su palabra y pagan al contado. Da gusto entenderse con gente así.


ABC - Opinión

Cascos. Vuelve un clásico. Por Emilio Campmany

Si finalmente Rajoy se ha decidido a contar con él, será porque no ha tenido más remedio que hacerlo. Dicho de otro modo, la elección de Cascos es más un signo de debilidad que una prueba de su fortaleza.

Al parecer, Francisco Álvarez Cascos será el candidato del PP en Asturias en las elecciones autonómicas de 2011. Lo más noticiable del asunto es que tal cosa sea noticia cuando es obvio que es el mejor candidato que el PP puede presentar en el Principado.

Cascos es desde luego un clásico del PP y, por eso mismo, extraña que Mariano Rajoy haya finalmente decidido apoyarle. Extraña porque a Rajoy, que también es un clásico, no le gusta rodearse de veteranos. Y mucho menos le apetece entregarle a nadie de la vieja guardia una baronía cuando ya se sabe que, en España, las baronías constituyen los trampolines más adecuados para asaltar la dirección nacional de cualquiera de los dos grandes partidos. Todo lo cual hace pensar que la decisión del presidente del PP no ha sido voluntariamente tomada, sino que le ha venido impuesta, bien por las circunstancias, bien por otras personas, bien por las dos cosas a la vez.


Las circunstancias importan. Siendo Asturias una comunidad uniprovincial, la victoria allí no es demasiado relevante a efectos de ganar las generales en 2012, que es lo que a Rajoy le interesa. Pero no cabe duda de que, estando perdida Cataluña, habiendo posibilidades para el PP de ganar en Castilla-La Mancha, siendo posible derrotar a los socialistas en Extremadura y estando en tenguerengue Baleares, la derrota en Asturias sería más importante de lo que el tamaño de la región sugiere. Además, Asturias ha sido siempre un bastión socialista y el que ahora pasara a serlo del PP podría dar lugar a un dominio de la derecha allí para muchos años, como ha ocurrido en Madrid, Valencia y Murcia, que habiendo sido durante la Transición tradicionales comunidades del PSOE, hoy pertenecen inequívocamente a la derecha sin que pueda atisbarse a corto plazo ningún cambio.

Por lo tanto, la candidatura de Cascos puede contribuir notablemente a que el mapa de España que muestren las televisiones la noche del 29 de mayo sea predominantemente azul y esto podría bastar para justificar la decisión de Rajoy.

Sin embargo, no sé por qué, me da en la nariz de que Rajoy hubiera preferido evitar la vuelta del clásico Cascos no fuera a ser que el nuevo barón, si finalmente los asturianos le otorgan el título, caiga en la tentación de participar en alguna conspiración para derrocar al Hamlet gallego. Así que, si finalmente se ha decidido a contar con él, será porque no ha tenido más remedio que hacerlo. Dicho de otro modo, la elección de Cascos es más un signo de debilidad que una prueba de su fortaleza.

No parece probable que en Génova haya causado demasiados estragos el diagnóstico de The Economist cuando afirma que en 2012 ganará en España el partido que se atreva a prescindir de su actual líder, pero allí no pueden desconocer la obvia debilidad de quien hoy encabeza el PP. Si Cascos ha logrado imponer su candidatura es que la dirección nacional se siente más débil de lo que a los demás nos parecía.

En definitiva, a Rajoy le pasa con Cascos lo que a Zapatero con Tomás Gómez, que los candidatos se les empiezan a imponer en vez de ser ellos quienes imponen sus candidatos a los demás. En fin, que no ha terminado agosto y el panorama en los dos principales partidos se presenta de lo más interesante. Conviene pues permanecer atentos a la pantalla y no perder ripio.


Libertad Digital - Opinión

Sahara, otra vez

Es mucho lo que está en juego en la relación bilateral y muy poco lo que puede arreglarse por la vía de la confrontación.

MARRUECOS demostró el sábado, una vez más, que no es posible manifestarse libremente en defensa de un Sahara Occidental independiente. Al menos no en territorio marroquí o bajo control marroquí. Catorce activistas españoles viajaron desde las Islas Canarias y se manifestaron en El Aaiún en defensa de la independencia de la antigua colonia española. No estaría de menos tener presente que los manifestantes decidieron tomar la calle sin haber realizado los trámites pertinentes para poder celebrar una manifestación. Si esos trámites se hubieran completado y la autorización para la manifestación hubiera sido denegada, otro gallo cantara. Pero lo cierto es que no parece que la pequeña manifestación del sábado en El Aaiún pudiera representar una verdadera amenaza al orden público o la estabilidad en el territorio ocupado por Marruecos. Y, desde luego, en ningún caso justificaba la violencia empleada. Por el contrario, la represión y el confinamiento temporal de los catorce activistas españoles en la Casa de España en El Aaiún más bien parece una nueva rampa de lanzamiento para la causa anti-marroquí. El Gobierno de Rabat alterna sus problemas en las plazas españolas de su costa norte con los incidentes en el sur en la antigua colonia española. Bien es verdad que esos problemas afectan casi siempre a ciudadanos españoles pues pocos otros hay que manifiesten un mínimo interés por la suerte de los saharauis. La cuestión ahora es clarificar si el deseo de Marruecos es mantener una relación de estabilidad con España o se va a buscar cualquier excusa para que sirva como nuevo pedestal desde el que agitar el conflicto. Es mucho lo que está en juego en la relación bilateral y muy poco lo que puede arreglarse por la vía de la confrontación.

ABC - Editorial

Zapatero se la juega

El nuevo curso político que arranca tras las vacaciones aparece como uno de los más complicados que se recuerdan para el futuro de Rodríguez Zapatero, y también de más incierto desenlace. El presidente se la juega en muy distintos frentes y en circunstancias altamente adversas. De su habilidad para maniobrar en terrenos pantanosos y de su capacidad de aguante para no arrojar la toalla dependerá también la suerte del país. Las experiencias no son tranquilizadoras para los intereses generales. En estos últimos años ha habido argumentos y razones más que suficientes para dar la palabra a los ciudadanos en unas elecciones anticipadas. Con un Gobierno desbordado e ineficaz y una situación económica y del empleo muy adversa, Zapatero se ha mantenido a la espera de que la tormenta escampara y de que Europa le hiciera los deberes a tiempo. Pero lo cierto es que los problemas se han amontonado y el desgaste de su figura y el descrédito de la gestión de sus ministros son cada vez mayores. La encuesta de NC Report para LA RAZÓN certifica que una mayoría de españoles (49,7%) cree que, pase lo que pase, el presidente no convocará elecciones generales. O lo que es igual, que piensan que el jefe del Ejecutivo no actúa conforme al bien común.

Zapatero regresará a su despacho oficial sin pasar por el tradicional mitin de Rodiezmo, a modo de preámbulo del otoño caliente que le aguarda. La huelga general y los Presupuestos Generales del Estado 2011 serán dos reválidas tempranas que marcarán el futuro del Gobierno y puede que el desenlace precipitado de la Legislatura. El apoyo de los nacionalistas a la Cuentas no será gratis y los daños colaterales de esa negociación no serán menores. La alternativa es que si no es capaz de superar esas pruebas, si le explota la situación de aislamiento y de soledad social y política, no habría salida política legítima que no fuera la cita con las urnas.


En cualquier caso, Zapatero tiene además los frentes abiertos de los enfrentamientos internos en el PSOE de Madrid, las próximas elecciones en Cataluña o la crisis económica, con la subida de impuestos y la reforma de pensiones como debates vulnerables para el Ejecutivo, que a buen seguro no mejorarán su deteriorada imagen pública. Y todo ello con la vista puesta en ETA y la posible candidatura proetarra a las elecciones locales y forales. Un panorama difícilmente más negro, que genera un escenario de incertidumbres inconveniente para un país con demasiadas urgencias.

Desde hace meses hemos insistido editorialmente en que estamos ante un Gobierno cuyo tiempo político se había agotado y en que sólo la alternancia política sería capaz de generar la confianza perdida para emprender, con la autoridad moral y política recobrada, las reformas profundas que el país necesita. El Ejecutivo ha sido víctima de su propio estilo de dirigir el país, a golpe de improvisación y ocurrencias, sin un rumbo determinado. Desbordado por las consecuencias de sus errores, decidió cambiar de dirección parcialmente urgido por Europa. Quedarse a medio camino fue la peor opción. La verdad es que el curso político parece agotado antes incluso de su arranque.


La Razón - Editorial

Rajoy apuesta sobre seguro

Sólo cabe esperar que, de confirmarse la noticia, Cascos, antiguo secretario general de los populares, lleve a Asturias los principios que de la mano de Aznar insufló con tanto éxito en el PP: la defensa de España y de la libertad.

Una de las estrategias que más daño ha hecho al PP en los últimos dos años fue esa todavía inexplicada decisión de Rajoy de cortar relaciones con "la vieja guardia aznarista" y abrir de par en par la puerta a conservadores y liberales. Con esta pose, Rajoy no sólo dio a entender que abandonaba los tradicionales principios que habían hecho grande al PP y que lo distinguían como un buen partido de gobierno, sino que además renunciaba a colaborar con un equipo de gestores de avalada experiencia en unos momentos en los que la sociedad española demandaba como agua de mayo un gabinete de profesionales y no de sectarios ideólogos.

Sin embargo, la propuesta de Rajoy durante estos últimos meses ha consistido en un grupo de políticos sin experiencia de gestión previa y con unas ideas y principios poco claros. Por este motivo, el PP no ha empezado a distanciarse moderadamente del PSOE en las encuestas hasta que el Reino de España se halló al borde de la suspensión de pagos y Zapatero hubo de enmendar parte de su irresponsable demagogia previa a través del tijeretazo y la reforma laboral.


No cabe más que considerar una noticia positiva que Rajoy haya rescatado a alguno de los miembros de la vieja guardia de la que él fue parte integrante de cara a las próximas elecciones autonómicas. Aunque no deja de tener un cierto aire caciquil que siga siendo Rajoy –y no los militantes– quien ponga o quite a candidatos locales o autonómicos, de entre todas las opciones que tenía delante el gallego la de Álvarez-Cascos era la más razonable. Se trataba del candidato natural para la presidencia del Principado de Asturias, que sólo podía desestimarse haciendo gala de un furibundo sectarismo rupturista con la mejor historia del PP.

Pero es dudoso que Rajoy pueda permitirse hoy esta serie de lujos. Si Zapatero está desgastado ante la sociedad española, el gallego no lo está menos. Todos los sondeos son unánimes en el desencanto que siente el electorado hacia ambas figuras, y algún prestigioso semanario inglés incluso ha pronosticado que la victoria en las generales se la llevará aquella formación lo suficientemente audaz como para jubilar a su líder.

De ahí que, ya dando por imposible cualquier resultado mínimamente decente en Cataluña, Rajoy necesite de una noche electoral perfecta en las elecciones autonómicas y municipales de 2011. No hay margen para el error: el PP debe arrasar en toda España o Rajoy puede ver cuestionado su liderazgo justo en los meses anteriores a las generales.

Como ya sucediera con las europeas, cuando Rajoy se la juega, recurre a valores seguros de la "vieja guardia". Mayor Oreja o Álvarez-Cascos cuentan con la garantía de haber formado parte de alguno de los mejores gabinetes de nuestra historia y eso, inmersos como estamos en una crisis nacional, institucional y económica sin precedentes, es un mérito muy a tener en cuenta. Pero, además, para Rajoy este tipo de candidatos tienen una ventaja añadida: si por cualquier razón pierden los comicios, siempre se les podría atribuir la derrota a su filiación aznarista de la que el gallego quiere distanciarse.

En cualquier caso, tretas políticas al margen, si se confirma la candidatura de Francisco Álvarez-Cascos, sólo cabe esperar que el antiguo secretario general de los populares lleve a Asturias los principios que de la mano de Aznar insufló con tanto éxito en el PP: la defensa de España y de la libertad. Asturianos y españoles los necesitamos con bastante urgencia.


Libertad Digital - Editorial

Otro «tijeretazo» en ciernes

El nuevo recorte es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones.

LAS cuentas siguen sin cuadrar al Gobierno. La exigencia hecha meses atrás por la Unión Europea y por Estados Unidos al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero para acometer una urgente y drástica reducción del déficit público, y evitar así el drama de un rescate de la economía española similar al decidido con Grecia, está obligando al Ejecutivo español a hacer mucho más que esfuerzos más o menos bien intencionados. En realidad, le está empujando a recurrir a artimañas más típicas de la letra pequeña de un contrato que a una gestión transparente y sincera con el ciudadano. Según adelanta hoy ABC, el Gobierno está estudiando la posibilidad de dar a medio plazo un nuevo «tijeretazo» a las prestaciones por desempleo, rebajando la cuantía de los subsidios de paro. Hasta el momento, un desempleado con derecho a subsidio percibe el 70 por ciento de su base reguladora durante los primeros seis meses y el 60 por ciento de esa base hasta el final de la prestación. La idea que maneja Moncloa para los próximos meses pasa por reducir esos porcentajes hasta el 60 por ciento en la primera fase, y al 50 por ciento para el resto del periodo con derecho a subsidio, de modo que un parado con una base reguladora de mil euros y dos años de paro pasaría de cobrar 15.000 euros a 12.600; un recorte del 16 por ciento. Si a ello se unen la posibilidad de que el Gobierno decida recortar también los días que se tienen derecho a la prestación por desempleo y la prórroga con restricciones que impedirá a más de 70.000 actuales desempleados el acceso a la ayuda de 426 euros cuando agoten sus prestaciones, el puzle completo ofrecería la imagen de un Gobierno que, de nuevo, asesta un severo varapalo a su maltrecho icono de las «políticas sociales».

Es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones y por la más errónea de las estrategias para luchar contra una profunda crisis económica: la de la incoherencia de dar bandazos constantes. Sin más recortes impopulares no parece que vayan a cuadrar las cuentas. Los excesos del pasado de un Gobierno manirroto, su imprevisión y su afán por negar la realidad durante más de un año se están pagando hoy con un desempleo desbocado, con una economía incapaz de crecer a ritmo constante, con una reducción drástica en la inversión de obras públicas y con subidas de impuestos generalizadas cuyo tope el Ejecutivo mantiene deliberadamente abierto. Cuando la necesidad obliga, la incapacidad ahoga.

ABC - Editorial

domingo, 29 de agosto de 2010

Recortar los recortes. Por José María Carrascal

Ante un otoño políticamente dramático, el Gobierno recorta los recortes y reaviva las dudas sobre su plan de ajuste.

LA mejor receta para superar la crisis se la he oído a Carlos Ocaña, subsecretario de Estado de Hacienda: «Vivir de acuerdo con nuestras posibilidades». Lo malo es que el gobierno del que forma parte sigue gastando en obra pública, pese a tener ya más autovías que ningún otro país de Europa tras Alemania y ser el primero en líneas de alta velocidad.

Que los españoles hemos venido viviendo por encima de nuestras posibilidades es ya un lugar común en los medios financieros. Yo lo he constatado en cada viaje a Alemania y Estados Unidos, dos países con mucho más desarrollo, tecnología y recursos que el nuestro. Sin embargo, el alemán y el norteamericano medio se permiten menos lujos que nosotros. No comen tantas veces en los restaurantes, ni pasan tantas horas en el bar, ni tienen tantos días libres, ni están tan protegidos contra el despido. Me refiero, naturalmente, a los españoles con empleo fijo. Los demás, tienen que apañarse con el subsidio, el apoyo familiar y el trabajo negro. Pero eso no incrementa la riqueza general. La disminuye.


Nada de extraño que nuestra crisis sea más difícil de atajar que la de los países de nuestro entorno. Pues lo más grave es que si los españoles venimos viviendo por encima de nuestras posibilidades, nuestras tres Administraciones, a nivel municipal, autonómico y nacional, han sobrepasado hace mucho las suyas.

Si queremos superar la crisis, esas ínfulas de nuevo rico deberán acabarse. Tanto a nivel personal como gubernamental, tendremos que empezar a vivir de acuerdo con nuestras posibilidades, y lo primero que hay que preguntarse es si un país como el nuestro puede permitirse tantos funcionarios, festejos, autovías, aeropuertos, pabellones de deportes, palacios de congresos, filarmónicas, subvenciones, premios, concursos y trenes de altísima velocidad. ¿Saben ustedes lo que cuesta no ya el tendido, que es astronómico, sino el mantenimiento de la vía del AVE? Pues 100.000 euros por kilómetro al año, que se convierten en 180.000 si es en túnel. ¿Puede España permitirse tales lujos? Yo pienso que no y sospecho que el señor Ocaña tampoco. De ahí su advertencia. Que no ha servido, al parecer, de mucho.

En la primavera, Europa obligó al Gobierno español a recortar drásticamente sus gastos, ya que estaba poniendo en peligro el propio euro. Ante un otoño que se presenta políticamente dramático, sin embargo, el Gobierno ha recortado los recortes, con lo que reaviva las dudas sobre su plan de ajuste. Pero a Zapatero sólo le importan las elecciones. El resto es «intendencia», algo que no preocupa a quienes, como él, nunca han tenido el problema de cómo llegar a fin de mes.


ABC - Opinión

Anímese, señor Rajoy. Por M. Martín Ferrand

Una alternativa sin definición y contenido, puramente platónica, no es una alternativa política solvente.

CUANTO más excluyente sea el bipartidismo en que, no necesariamente para bien, estamos inmersos, más indispensable resulta examinar, en cada caso, el anverso y el reverso de la realidad política. La cara y la cruz de la moneda con la que nos jugamos el futuro individual y colectivo. Algunos, los devotos incondicionales, quienes están dispuestos a votar al PP o al PSOE sea cual fuere su programa y aunque encabezara la lista de las legislativas por Madrid un auténtico chimpancé, no necesitan esos matices; pero los cuatro millones de españoles que «no saben, no contestan», porque queremos saber para contestar, debemos ser exigentes en la demanda y rigurosos en la observación de los matices diferenciales para no caer en el españolísimo vicio del «quítate tu que me pongo yo».

Este fin de semana, mientras en Génova se mantiene la indecisión sobre algunos candidatos indispensables y Francisco Camps, de hecho, se autoproclamaba para su propia sucesión, Mariano Rajoy apareció en Torrox, Malaga, un lugar que, alegóricamente, fue en los tiempos de la España romana la primera factoría sedera del Mediterráneo occidental. Los gusanos de seda reúnen las condiciones precisas de calma y sosiego para ser los idóneos animales de compañía del líder popular y alternativa teórica para el muy urgente y necesario relevo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Rajoy, con buen sentido, cogió el toro por los cuernos de Afganistán y, tras pedirle al presidente del Gobierno que «dé la cara», actitud a la que Zapatero es poco proclive, reclamó el reconocimiento de que la misión de nuestras tropas allí destacadas «no es humanitaria», que se trata de una auténtico «conflicto bélico». Cualquier demócrata sensato podría hacer suyas las demandas que Rajoy le hizo a Zapatero; pero, quienes esperamos de nuestros gobernantes, presentes o futuros, un punto más de mérito y excelencia, quisiéramos saber algo más. Dado que, según la denuncia del PP, no es buena la política gubernamental en el imperio de las amapolas viciosas, ¿cuál es la alternativa que se propone? Rajoy no dijo, y debiera hacerlo para que sepamos a qué atenernos por ambos lados, si es partidario de que nuestras tropas, humanitarias o beligerantes, abandonen el escenario afgano y, por ampliación, cuál es el modelo de política exterior que nos propone. Anímese, señor Rajoy, háganos partícipes de sus proyectos. Usted, de haber sido inquilino de La Moncloa, ¿hubiera pagado rescate por los secuestrados de Al Qaeda en el Magreb Islámico? Una alternativa sin definición y contenido, puramente platónica, no es una alternativa política solvente.


ABC - Opinión

Tricornio y chapiri. Por Alfonso Ussía

En un magnífico artículo publicado en estas páginas de LA RAZÓN, Luis E. Togores nos informa de la obsesión del ministerio de Defensa por eliminar de la uniformidad legionaria el chapiri, el clásico gorrillo del Tercio. Significaría una estupidez más. La modernidad, eso tan discutible en instituciones honradas por la tradición. También quisieron fulminar los socialistas el tricornio de la Guardia Civil. Cuando se apercibieron de que la Guardia Civil era la misma con o sin tricornio, abandonaron la estúpida idea. Días atrás lo demostraron de nuevo. Dos héroes más, caídos en la lejanía, en una guerra que el Gobierno no quiere reconocer. Le llegan los cuerpos sin vida de los valientes y ellos siguen en su buenismo de ONG. Los «marines» americanos conservan el uniforme de gala desde su fundación. De ser los responsables de la Guardia Real inglesa Chacón, Méndez y compañía, ya habrían, en beneficio de la modernidad, intentado cambiar los morriones de los guardias reales por cómodas gorras modelo ciclista. Más cómodo y moderno. Y los «beefeater’s» vestirían de no se sabe qué, para pasear con más holgura y modernidad por los vericuetos de la Torre de Londres.

El chapiri es una seña de identidad de los legionarios. Lo que molesta a estos bobalicones horteras no es el chapiri, sino la Legión. Y todo lo que ayude a rebajar la histórica y heroica personalidad de los legionarios sirve para culminar sus planes. Repárese en la uniformidad de la única creación militar de Zapatero, la UME. Su uniformidad es más hortera que un Quijote de ámbar sobre base de lapislázuli. Si hay que cambiar, mejor hacerlo en la UME, que apenas cuenta con cinco años de existencia, que en la Legión, con noventa años a sus espaldas de patriotismo, sufrimiento, sacrificio, lealtad, dolor, heroicidad y muerte. Todo por España, y eso es lo malo.

Además, el chapiri es airoso, chulo y macho. Lo lleva una legionaria y también resulta macho sin que la portadora pierda un gramo de feminidad. La Real Academia Española ignora su voz. Si se mantiene sobre las cabezas de los legionarios cuando sea editada la vigésima tercera edición de su Diccionario, sería justo y conveniente que incluyeran esta palabra centenaria. No es seguro, porque moviéndose Juan Luis Cebrián por ahí, tiene más posibilidades de instalarse en el cuerpo de nuestro idioma «clítoris» que chapiri. Cosas de los sabios.

En los Ejércitos, las tradiciones se respetan con celo y orgullo. La Dirección General de Innovaciones Horteras del Ministerio de Defensa –quizá, la más activa de todas–, ignora que la modernidad en las Fuerzas Armadas se ciñe exclusivamente a la calidad del armamento y el material. No es moderno eliminar el chapiri, sino contar con carros de combate cuyo blindaje soporte una bomba terrorista y tenga capacidad de reacción inmediata y precisa. Pero la obsesión no es otra que oscurecer la personalidad del Tercio, como lo fue, hasta que fracasó, la de robarle los símbolos a la Guardia Civil.

En mi caso, van a pinchar. En 1992 tuve la honra de ser nombrado «Legionario de Honor» en Monte Jaque, en plena serranía de Ronda. Mi compadre en aquella ocasión fue el gran escritor y poeta Manuel Alcántara. Nos entregaron un diploma y un chapiri. Me sienta de dulce y lo guardo como oro en paño. Y como «legionario de honor» no hay ministra ni Constantino que se atreva a quitarme mi chapiri. Y si no se atreven conmigo, que soy tan poquita cosa, menos se atreverán en los legionarios que día tras día, sin darse importancia, demuestran estar dispuestos a morir por España y los españoles. Con su chapiri, claro.


La Razón - Opinión

Elecciones anticipadas. Por Germán Yanke

Se suelen esgrimir dos motivos en defensa de la convocatoria de elecciones anticipadas: el interés o la desesperación.

Se suelen esgrimir dos motivos en defensa de la convocatoria de elecciones anticipadas: el interés o la desesperación. En el PP, aunque no todos abiertamente, se han pedido porque, a todas luces, las circunstancias les son propicias. Si se trata de que el presidente Rodríguez Zapatero pierda, que les parece más eficaz que cualquier programa alternativo, éste es el momento. O cuanto antes. Otros las reclaman porque, a la vista de la incoherencia e improvisación gubernamentales que no presagian nada bueno, se sienten angustiados. Incluso sin entusiasmo por el relevo, piensan que más vale ir a las urnas y dar paso a un mal menor.

No son argumentos sin importancia pero palidecen ante el obstáculo de la aprobación de los Presupuestos para el próximo año y no precisamente porque el presidente y sus negociadores no puedan sacarlos adelante, lo que colocaría su supervivencia política en un grave aprieto, sino porque este objetivo, la supervivencia, se convierta, aprobándolos, en la más seria y lamentable prueba de que es preciso el adelanto electoral. En el último Debate sobre el Estado de la Nación se explicitó que el socio elegido por el presidente era el PNV y este partido es consciente de que su baza negociadora no es ya la tranquilidad parlamentaria sino, llanamente, la subsistencia de Rodríguez Zapatero. Ante la alarma de Patxi López sobre lo que los nacionalistas puedan reclamar, un dirigente del PNV le reprocha una actitud incomprensible «si quiere que el Gobierno central se mantenga».

El PNV asegura querer, incluso para que lo administren los socialistas en Vitoria, añade con indisimulado cinismo, «pleno autogobierno» entendiendo éste a su particular manera y con el añadido deseo de dar de paso una patada en el trasero de los acuerdos entre socialistas y populares que les llevaron a la oposición. Las políticas activas de empleo, por ejemplo, no están transferidas por una inquina que no existe con otras comunidades autónomas, sino porque el PNV, en el poder o no, las reclama de un modo que rompe la unidad de caja de la Seguridad Social y no puede considerarse acorde a la Constitución. Si Rodríguez Zapatero, que ya paralizó por idénticas presiones la transferencia razonable negociada por López, tiene que pasar ese fielato es mejor, sencillamente, que convoque elecciones. No por falta de apoyos, que en este mercadeo podría conseguir, sino por seriedad y solvencia. Incluso los que no las quieren hoy se lo agradecerían. Y los que las desean deberían saber qué va a hacer quien las gane con los nacionalistas.


ABC - Opinión

Seguridad Social. Inversión versus especulación. Por Juan Ramón Rallo

El auténtico objetivo de Zapatero no es revalorizar los ahorros de la Seguridad Social en beneficio de los pensionistas futuros, sino financiar sus múltiples dispendios presentes a costa de esos pensionistas futuros.

En su gran libro sobre inversión bursátil, Benjamin Graham, el maestro de Warren Buffett y de todos aquellos individuos que de manera sistemática han obtenido rentabilidades extraordinarias en el mercado de valores, sostenía que era de primera importancia diferenciar entre "inversión" y "especulación": "Una inversión es aquella operación que, tras un cuidadoso análisis de la misma, nos asegura recuperar el principal y obtener una rentabilidad adecuada. Las operaciones que no cumplan estos requisitos son especulativas".

La persona que niegue esa crucial distinción no sólo estará engañando a las demás, sino que se estará confundiendo a sí misma a la hora de tomar (horribles) decisiones financieras. No se trata de adoptar una pueril retórica izquierdista, loando la inversión y deplorando la especulación; pues ésta última cumple funciones muy importantes en un mercado. Se trata, más bien, de que no estemos especulando cuando creamos estar invirtiendo, es decir, que no nos expongamos a perder todos nuestros ahorros en operaciones que no garantizaban con una elevada probabilidad su recuperación.


En esto, sin embargo, la gente tiende a pecar de reduccionista. Ya en 1934, Graham se quejaba de que para el saber popular el término inversión resulta equivalente a colocar nuestro dinero en bonos de renta fija y el término especulación se asimilaba con adquirir acciones bursátiles. Pero esto no es más que un prejuicio muy poco científico que puede condenarnos de por vida a la pobreza.

Adquirir una acción de una empresa es una forma de convertirse en propietario de esa empresa; es decir, es una forma de comprar un derecho sobre una parte del conjunto de activos de esa compañía y sobre los beneficios futuros que generará.

Por ejemplo, imaginemos que heredamos un millón de kilos de trigo, de modo que tenemos dos opciones: o guardar ese trigo en el almacén (o venderlo y meter las resultas debajo del colchón) o comprar un campo de trigo (valorado en un millón de kg. de trigo) que cada año produce 100.000 kg., los que a su vez reinvertimos en adquirir nuevos campos de trigo. Si seguimos la primera opción, al cabo de 30 años disfrutaremos de ese millón de kilos de trigo, ni más ni menos. En cambio, si siguiéramos la segunda, al cabo de 30 años gozaríamos de alrededor de 180 campos de trigo que nos proporcionarían una renta anual de 18 millones de kg. de trigo.

Sustituyan los campos de trigo por empresas con sus bienes de capital, trabajadores, relaciones comerciales, know how... y ya podrán entender qué es invertir en bolsa: comprar una participación en una compañía que no sólo genera una renta anual incremental (en términos reales), sino que incluso crece orgánicamente a través de la reinversión de esa renta. Un proceso que además no conoce límites (pues el número y la capitalización de las empresas no están dados, sino que aumentan en función del ahorro disponible en una sociedad) y que no ha de acarrear grandes riesgos: si resultaría absurdo concluir que todas las empresas son igual de malas o que todas se ven abocadas a una quiebra muy probable, también resulta absurdo pensar que todas las acciones son igual de malas o arriesgadas.

Zapatero, con su Seguridad Social (SS), sin embargo, no sólo nos impide capitalizar en la bolsa ese tercio de nuestro salario que mes a mes nos arrebata, sino que además, ahora, destina los ahorros de la SS a adquirir una deuda pública española que proporciona un rendimiento mucho menor que la media histórica de la bolsa (4% frente a 10%) e implica un riesgo mucho mayor (pues existe un riesgo cierto de que el Estado español entre en suspensión de pagos). Una decisión totalmente absurda desde el punto de vista financiero; como decía Graham: "[Dado que el bono es una inversión con una rentabilidad limitada] nuestra principal preocupación debe ser la de evitar perder dinero: la selección de bonos es sobre todo un arte negativo. Es un proceso que consiste en excluir y rechazar más que uno de buscar y aceptar".

Graham nunca hubiese considerado la deuda pública española como una inversión, sino como una insensata forma de especulación. Zapatero, sin haber leído a Graham, probablemente también lo haga: en realidad, su auténtico objetivo no es revalorizar los ahorros de la SS en beneficio de los pensionistas futuros, sino financiar sus múltiples dispendios presentes a costa de esos pensionistas futuros.

Con esta operación, el Estado español se funde los ahorros de la SS a cambio de prometer reponerlos en el futuro (¿podemos confiar en semejante promesa de Zapatero?). Los Kirchner tuvieron que nacionalizar los fondos privados de pensiones argentinos para apropiarse de su ahorro voluntario; los Zapateros lo han tenido más fácil: para apropiarse del ahorro coactivo de los españoles sólo han tenido que alargar la mano. Al cabo, fue Franco quien se lo nacionalizó hace décadas.


Libertad Digital - Opinión

Jirones de Gobierno. Por Ignacio Camacho

El Gabinete ha dejado de existir como órgano colegiado. Está hecho jirones, sin cohesión ni iniciativa ni fiabilidad.

EL Gobierno se fue de vacaciones deshilachado y ha vuelto hecho jirones. Como equipo no funciona porque carece de cohesión y como órgano colegiado simplemente ha dejado de existir, es una mera entelequia jurídica. Las escasas decisiones las toma un núcleo pretoriano cada vez más reducido —apenas Blanco y Rubalcaba— en torno al núcleo duro de Moncloa. Los ministros se contradicen unos a otros y más que falta de coordinación dejan ya traslucir la sensación de que están empezando a pasarse facturas y a darse puñaladitas de pícaro. Fernández De la Vega se ha esfumado, volatilizada a la espera de que Zapatero la envíe a sentarse en el Consejo de Estado. Moratinos ha desaparecido —su ausencia en la crisis de Melilla ha sido clamorosa— y ya es el candidato virtual a la Alcaldía de Córdoba. Chacón y Corbacho tienen un pie en la política catalana; la primera no ha dado la cara ante los asesinatos de Afganistán y el segundo anda en un pulso sordo con Elena Salgado por la reforma laboral y la de las pensiones. Trinidad Jiménez se ha enfrascado en las primarias de Madrid. Chaves está en la pendiente de la jubilación y carece de competencia(s). El resto ha desaparecido: ni están ni se les espera. El Gabinete ha perdido toda fiabilidad porque no sólo no decide sino que lo que dicen sus miembros no dura o sufre continuas rectificaciones. La falta de fortaleza que ha denunciado Patxi López, expresando tal vez un malestar del partido, constituye una evidencia clamorosa.

Si Zapatero pretende agotar la legislatura necesita una remodelación urgente de este equipo abrasado, y si piensa adelantar las elecciones también precisa de un Gobierno fuerte que adopte las medidas más urgentes sin armar un descalzaperros en la frágil economía nacional. Con lo que tiene no tira de ninguna forma. El problema es que su forma de gobernar (?) es tan personalista y está tan desgastado que le va a costar un mundo incorporar a gente con peso específico propio; se ha acostumbrado a manejarse con ministros livianos conformes con hacer de secretarios y chiquichancas. A estas alturas ya sólo se entiende con Blanco, que actúa de vicepresidente sin nombramiento; también respeta el criterio de Rubalcaba, eslabón perdido de conexión con el tardofelipismo, pero lo tiene centrado en el encargo con que confía salvar el mandato: el final de ETA. Y más vale que siga ahí porque es el único que puede ponerle cierta cordura a un empeño tan resbaladizo e inquietante.

Así las cosas, el curso va a empezar sin ninguna pujanza en la dirección política del Estado, cuyos responsables han perdido la capacidad de iniciativa y ya sólo pueden componer chapuzas. Los propios socialistas están desconcertados porque el presidente no mueve pieza. La precampaña autonómica y municipal acabará forzando la crisis, pero hasta que eso ocurra el país va a seguir en manos de un Gobierno exánime. Un guiñapo político.


ABC - Opinión

¿Qué vale La Moncloa?

Si Zapatero aspira a llegar a enero en La Moncloa debe cambiar el vigente equilibrio del poder en el País Vasco.

CON las declaraciones del portavoz del PNV en el Congreso a la agencia Europa Press se dio un paso más en la estrategia nacionalista de asfixiar al Ejecutivo de Patxi López. En ellas Josu Erkoreka sostiene que sin los apoyos necesarios para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2011 «sería inconcebible y una irresponsabilidad que el Gobierno pretendiera agotar la legislatura». Lo que sólo puede ser calificado como una obviedad. Pero a ello añadió Erkoreka que se está «poniendo de manifiesto la interferencia» de Patxi López en la transferencia de las políticas de empleo y le describió como «muy condicionado por el control que sobre él ejerce el PP». Aquí tenemos las dos claves del nuevo curso político a día de hoy: el PNV está dispuesto a vender caro su apoyo a los Presupuestos Generales de 2011 y a la supervivencia de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno. Y no tiene inconveniente en señalar al Partido Popular como un obstáculo para ese apoyo.

Afortunadamente, el PNV es cada vez menos sutil en sus planteamientos. Y de las declaraciones de ayer de Erkoreka queda claro que los nacionalistas no reconocen al lendakari del Gobierno vasco poder de decisión para promover las políticas de empleo que estime oportunas —no porque no les gusten éstas, sino porque siguen sin reconocer su legitimidad como lendakari— y continúan rechazando el ejercicio democrático que representa la mayoría que respalda al actual Gobierno vasco. Todo ello sumado, el resultado es cada vez más evidente: si Zapatero aspira a llegar a enero en La Moncloa debe cambiar el vigente equilibrio del poder en el País Vasco, de mayoría constitucionalista. ¿Cuánto vale la continuidad de Zapatero en Moncloa?


ABC - Editorial

El fantasma de la recesión

El último dato de crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre ha enfriado los ánimos más esperanzadores y ha agitado fantasmas que parecían superados. La que aún es la mayor locomotora mundial se quedó ocho décimas por debajo de las previsiones, hasta el 1,6% del PIB de subida. La cifra es tres veces menor de la registrada a finales de 2009, lo que revela un preocupante estado de ralentización. Pero además la fragilidad del crecimiento ha estado flanqueada por comportamientos muy decepcionantes del empleo, el mercado inmobiliario y la industria. Hay abierto un periodo de incertidumbre y vacilaciones que arroja nuevas dudas sobre una economía imprescindible para consolidar la recuperación global. Esa corriente de recelos se ha plasmado en una encuesta de Reuters, en la que uno de cada cuatro economistas (25%) cree posible que la economía de Estados Unidos regrese a valores negativos en el tercer trimestre del año frente al 15% que lo hacía en julio. Entre un número creciente de expertos, como el Nobel Krugman, se extiende la teoría de que la principal potencia del planeta no ha entrado todavía en una fase de recuperación.

Cada vez son más los empresarios y sectores profesionales que cuestionan la política económica de Barack Obama, demasiado intervencionista y con un exceso de ataduras normativas que están encorsetando el tradicional dinamismo norteamericano. El importante déficit público de sus propuestas está generando escepticismo y preocupación entre las empresas, que no sintonizan con la agenda económica del presidente, lo que redunda en la no recuperación del empleo. Se quiera o no reconocer, la realidad es que las recetas del inquilino de la Casa Blanca no han generado la confianza necesaria para fortalecer una reactivación titubeante, sino más bien todo lo contrario.

El papel de las economías emergentes no es ajeno tampoco a esos nubarrones sobre la recuperación de la economía global. Los voluminosos crecimientos de China –segunda economía del mundo– Brasil o India están configurando un orden mundial que acapara recursos, comercio y capitales mientras las potencias occidentales se quedan descolgadas en el reparto. Esa reorganización ha multiplicado las dificultades para Estados Unidos y Europa, que se intenta aferrar en lo posible a esos mercados potentes. Ya lo hizo Angela Merkel con bastante éxito y ahora lo intenta José Luis Rodríguez Zapatero, que viajó ayer a China y Japón, acompañado de empresarios, para vender la marca España.

En ese contexto de inquietud, el comportamiento de las principales economías europeas, con cifras de actividad por encima de lo previsto en Alemania, Reino Unido o Francia, supone un respiro con matices. Porque no se puede ignorar el efecto contagio de EEUU sobre Europa ni que si Wall Street estornuda en el viejo continente nos acosa la neumonía. Si se confirman los presagios para Estados Unidos, España será una gran perjudicada por su fragilidad estructural. Nuestro país cerrará el año en tasas negativas de PIB, y un estado de parálisis mundial nos llegaría de nuevo con los deberes por hacer, con tibias y desacertadas reformas, y sin la catarsis que el país necesita desde hace años.


La Razón - Editorial

Comienzo sin Rodiezmo

Zapatero debe enfrentarse a graves problemas que no debería sortear con políticas de imagen.

El curso político que se inicia no será fácil para el presidente del Gobierno. Con el trasfondo de una situación económica que no da signos concluyentes de remontar, Zapatero se enfrenta al resultado de una forma de hacer política para la que no ha contado tanto la visión de conjunto, ni la anticipación de los problemas, como la búsqueda de respuestas caso por caso y su inmediata explotación en términos de imagen. La ausencia de Zapatero en los actos sindicales de Rodiezmo, que intentó convertir en tradición lo mismo que Aznar las comidas en silencio en Santo Domingo de Silos y las partidas de dominó en Quintanilla de Onésimo, es una significativa ilustración de los riesgos que esta estrategia generaba y que la crisis ha materializado: cunde la sensación de que ha defraudado a todos. Tal vez el aspecto positivo de la cancelación de la visita a Rodiezmo sea la posibilidad de que acaben estos inanes espectáculos presidencialistas para marcar el comienzo del curso, gobierne quien gobierne.

Las dificultades a las que se enfrenta Zapatero no derivan solo de la gravedad de los asuntos que le aguardan, por lo demás de tanta trascendencia como una huelga general, unas decisivas elecciones catalanas, la negociación de los Presupuestos en minoría y las primarias de Madrid, en las que está en juego su liderazgo. Como resultado de su forma de hacer política, las respuestas a unos asuntos se solapan o entran en colisión con las de otros, de tal manera que el presidente parece preso de un laberinto que él mismo ha creado. Para salvar las cuentas del Estado, Zapatero necesita el apoyo de los nacionalistas catalanes o de los vascos. Pero esta salida parte de la derrota electoral de los socialistas en el caso del Cataluña y, en el del País Vasco, exige un eventual debilitamiento del Gobierno de Patxi López. Con el agravante de que la gestión de López, con el apoyo del PP vasco, se trata de una de las pocas experiencias esperanzadoras de los últimos años.

La pugna entre Tomás Gómez y la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, para encabezar el cartel de las elecciones autonómicas en Madrid no es un episodio aislado; es un síntoma. Lejos de reprochar a Gómez el haber dicho no a Zapatero, no pocos militantes, y muchos más ciudadanos, estiman que es lo que los dirigentes socialistas tendrían que haber hecho al menos desde que comenzó la crisis y el Gobierno dio signos de afrontarla con frivolidad. Si hoy se enfrenta a una huelga general es, en buena medida, porque ninguno lo hizo, conformándose con secundar una retórica más destinada a contentar emocionalmente a los sindicatos que a promover las reformas económicas que hubieran podido sostener las promesas. La gran baza de Zapatero desde que llegó a La Moncloa ha sido Rajoy. Sigue siéndolo, y quizá de manera acrecentada. Solo que el principio de realidad impuesto por la crisis económica ha mostrado con insólita crudeza los problemas que atraviesa el país, y todavía corresponde a Zapatero darles respuesta.


El País - Editorial

De la crisis económica al chantaje político

Las elecciones anticipadas no sólo son urgentes para salvaguardar lo poco que queda de nuestra economía, sino que, a la luz de la servil actitud del PSOE, resulta cada vez más apremiante para conservar lo todavía más escaso de nuestro sistema político.

No cabe duda de que la economía española padece problemas gravísimos que tardaremos años (o incluso décadas) en resolver plenamente. Gran parte de esos problemas han sido causados por la irresponsable política económica del Gobierno de Zapatero y constituyen una enorme hipoteca que se trasladará a los Ejecutivos futuros. Sin embargo, precisamente por esa innata tendencia del PSOE a agravar los problemas, hay una cosa que en principio podríamos solucionar rápidamente y que reforzaría nuestra credibilidad frente al exterior: cambiar al Gobierno que ha causado buena parte del desaguisado actual al negarse a adoptar las reformas presupuestarias y estructurales que requiere nuestro aparato productivo.

Los prejuicios ideológicos y el sectarismo del PSOE han terminado por deslegitimarlo por completo ante sus tradicionales socios parlamentarios, más izquierdistas y sectarios que él mismo si cabe. El país sobrevive en un impasse porque el Gobierno ni quiere ni puede hacer lo correcto. Su soledad en el Congreso apenas le permite sacar adelante las tímidas reformas que le imponen desde Bruselas y, lo que puede resultarles más vergonzoso, los presupuestos de 2011.


Así las cosas, este es un contexto propicio para el mercadeo político. El Gobierno no quiere renunciar al poder, de modo que se muestra favorable a entregarlo casi todo a aquel partido que le dé la llave para tan decisiva votación. Parece que en esta ocasión el apoyo deseado es el del PNV, quien no ha tardado un instante en exigirle todo lo confensable e inconfensable al Ejecutivo: desde reivindicaciones territoriales como el enclave cántabro del Valle de Villaverde a exigencias políticas como el gobierno vasco, pasando a buen seguro por condicionar los términos de la "negociación" con ETA.

La crisis económica ha sembrado el terreno para el chantaje político al Gobierno. Un chantaje que de manera previsible puede terminar en cesión claramente perjudicial para todos los españoles. Pues no se trata sólo de que los presupuestos para el año próximo a buen seguro consolidarán un volumen de gasto muy superior al que cabalmente nos podemos permitir, sino que, además, la moneda de cambio para sacar adelante este expolio será la enésima claudicación política, institucional y moral de nuestra nación. Si ya es grave que nuestros políticos trafiquen con nuestra prosperidad y la de nuestros hijos, más aún lo es que para poder hacerlo estén dispuestos a añadir un clavo más en el ataúd de nuestra democracia.

La celebración inmediata de elecciones anticipadas no sólo es urgente para salvaguardar lo poco que queda de nuestra economía, sino que, a la luz de la servil actitud del socialismo patrio, resulta cada vez más apremiante para conservar lo todavía más escaso de nuestro sistema político.

Un precio que sería demasiado alto para aprobar cualesquiera presupuestos, pero que, desde luego, será insoportablemente oneroso para sancionar unas cuentas públicas que, si nos atenemos a la experiencia, sólo servirán para terminar de sesgar los pocos brotes verdes que puedan haber surgido a la sombra de Zapatero.


Libertad Digital - Editorial

El Estado fantasma de Al Qaida

La guerra de Afganistán se está perdiendo, Pakistán es un aliado cada día más equívoco y Al Qaida se expande por un territorio abonado para su ideario integrista.

LA liberación de los cooperantes españoles secuestrados por Al Qaida en el Magreb Islámico es un punto y seguido en el proceso de implantación de esta red terrorista en el desierto del Sahel, a las espaldas del norte de África y con la mirada puesta en Europa. Lamentablemente, Al Qaida está ganando territorio y fuerza tras la fusión de grupos locales, principalmente salafistas argelinos, que actuaban autónomamente contra los gobiernos nativos. Ahora, esta red, que opera a sus anchas en el Sahel, ha incorporado su violencia terrorista a la estrategia general de Al Qaida, cuyos objetivos siguen siendo la restauración del califato en todo el territorio que los integristas reclaman para el islam. La preocupación de los países occidentales frente a Al Qaida ha sido durante años, especialmente desde el 11-S, que pudiera hacerse con el control de más estados fallidos, como Afganistán. Sin embargo, Al Qaida ha conseguido crear algo parecido en el inhóspito Sahel, donde el poder de los Estados de la región es escaso o nulo, y se debilita aún más cuando se convierten en intermediarios para el pago de lucrativos secuestros. No tiene mucho sentido exigir a estos gobiernos de la zona que actúen contra los terroristas si, cuando lo hacen, se les pide que cedan al chantaje y liberen a uno de ellos, como sucedió con el organizador de los secuestros de los cooperantes españoles.

La situación al sur del Magreb es crítica y Al Qaida tiene todas la de ganar porque sigue reclutando adeptos, aumentando el territorio bajo su control, debilitando a los gobiernos locales e intimidando a los países europeos, dispuestos a desarmar ante un secuestro todo su aparatoso y aparente discurso de firmeza y cooperación. La guerra de Afganistán se está perdiendo, Pakistán es un aliado cada día más equívoco y Al Qaida se expande ante la impotencia occidental por un territorio abonado para su ideario integrista (gobiernos corruptos, pobreza generalizada, falta de autoridad). En medio de este panorama, la lucha sin cuartel del Gobierno iraquí contra Al Qaida es una referencia sobre las posibilidades de que un país musulmán pueda combatir a los sicarios de Bin Laden.

La ofensiva del terrorismo islamista juega sus bazas según sus prioridades. Por eso sería un error pensar que el Sahel queda muy lejos de España. Más lo estaba Afganistán de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Los escenarios del conflicto contra el integrismo islamistas son más amplios que Afganistán e Irak y están acercándose a una Europa que sigue con la cabeza debajo del ala.


ABC - Editorial