miércoles, 4 de agosto de 2010

Zapatero irrumpe en Madrid

La desorientación del PSOE en Madrid es un síntoma de ausencia de autoridad y planificación para pelear electoralmente en una plaza donde Zapatero siempre ha perdido.

EL PSOE sigue tropezando en Madrid de manera incorregible, incluso antes de elegir candidatos para competir con Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. No es capaz siquiera de hacer las cosas con una mínima discreción, abundando en los errores y torpezas del pasado —polémicas públicas, descalificaciones personales, ausencia de alternativa— que explican el estado de postración en el que se encuentran los socialistas en Madrid. En el caso de las elecciones autonómicas, la situación roza el esperpento, porque la dirección nacional descarta a Tomás Gómez, secretario general de los socialistas madrileños, que es el único que públicamente se ha propuesto para liderar la candidatura sin haber probado suerte aún; pero apoya, con el aval personal del presidente del Gobierno, a Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad, cuya principal credencial electoral en Madrid es haber sido derrotada sin paliativos por Ruiz-Gallardón. Jiménez sólo tardó un año en abandonar el Ayuntamiento. Es lógico que cause extrañeza, como mínimo, la apuesta socialista de confiar a una candidata derrotada por Ruiz-Gallardón la responsabilidad de ganar a Esperanza Aguirre. Y aunque su gestión en Sanidad ha estado exenta de polémicas —en buena medida, porque apenas tiene competencias—, tampoco le otorga un balance equiparable al de la presidenta madrileña.

La desorientación del PSOE en la comunidad madrileña es un síntoma de problemas existentes a mayor nivel organizativo, concretamente de ausencia de autoridad y planificación para pelear electoralmente en una plaza donde Zapatero siempre ha perdido, aun en sus mejores momentos, bien directamente frente a Rajoy (generales de 2004 y 2008), bien a través de candidatos de su máxima confianza, como Jiménez y Sebastián, en los comicios municipales y autonómicos. Además, la campaña contra Tomás Gómez, quien fuera el alcalde más votado de España, está revelando una cierta intolerancia del PSOE hacia la democracia interna, tanto más llamativa cuando se produce en un partido que siempre quiere presentarse como paradigma de funcionamiento democrático. Gómez cuenta con el apoyo de sus compañeros y aún no ha podido perder unas elecciones en Madrid. Jiménez, sí. Al obviar este dato, al despreciar la necesidad de un elemental buen hacer frente a dos colosos electorales como Aguirre y Gallardón, y al mostrarse en un estado creciente de nervios, el PSOE está destrozando anticipadamente sus posibilidades en Madrid —confiadas más a un supuesto desgaste de Aguirre o al avance de UPD que a las virtudes de su competidor— y dando más razones a los madrileños para seguir sin confiar en su candidatura.

ABC - Opinión

martes, 3 de agosto de 2010

Calidad humana. Por Hermann Tertsch

Lúcidos en el ver y cultos en el saber tienen muchos motivos en guardar silencio para ahorrarse incomodidades.

«HAY que tener un noble sentimiento de respeto para las víctimas, cualesquiera que sean, si procedieron con noble intención. Y ese sentimiento, en el hombre español libre de sectarismo político, de fanatismo ideológico y de egoístas ambiciones en las que antepone el propio bien al bien común, moralmente debe tener el mismo valor cualesquiera que sean las víctimas del crimen. (…) El hombre sólo tiene derecho a ser implacable en sus juicios y en sus actos cuando conoce plenamente la verdad. Y la verdad en el caso de los orígenes y las causas de la guerra de España, ni siquiera de los crímenes cometidos en el periodo que examinamos, aun no se conocen». Estas preciosas palabras son del general Vicente Rojo, probablemente el militar de mayor prestigio del bando republicano. Salen a la luz en su interesante y hasta ahora inédita «Historia de la guerra civil española», prologada por Jorge M. Reverte (RBA, 2010). Leyéndolas, saboreándolas, he recordado a tantos amigos muertos, participantes en la contienda, que habrían podido haber escrito estas palabras y que desde luego vivieron siempre de acuerdo a las mismas. ¿Por qué nos producirán últimamente sorpresa palabras semejantes, reflexiones como ésta, hechas desde la honestidad y la calidad humana? Sin duda por su rareza. Se oyen y leen muy pocas. Probablemente no se deba sólo a que las nuevas generaciones carecen ya de los elementos necesarios para semejante valoración, dada su poca y mala información. También debe ser cierto que muchos que suscribirían las palabras del general Rojo consideren que no conviene hacerlo públicamente. Porque puede ser motivo de inclusión en una de esas listas de gentes bajo sospecha de no ser todo lo leal que se exige para optar a un cargo, a una subvención, a una publicación u otro favor. Y la calidad humana ni abriga ni alimenta ni da esplendor.

Ahí está una de las claves de ese triunfo de la mediocridad, la «reptocracia» (si me permiten), la sumisión y el miedo. En que los potencialmente honrados en el pensar, lúcidos en el ver y cultos en el saber tienen muchos motivos en guardar silencio cómodo y refugiarse en la «prudencia» para ahorrarse incomodidades e inconveniencias, que es como ahora se llama a las represalias. Frente a su silencio retruena procaz y arrogante la verborrea chulesca de quienes son sin duda triunfadores en cualquier concurso rufián como el que declararon abierto hace seis años, los carentes de duda. Ahí está la irresistible ascensión de la verdulería política. Plagada de Leires, Bibianas y Zerolos, que crecieron entre muñecas que cantaban la Internacional, pobres almas mutiladas, para las que el mundo es una agrupación de barrio. Y sospechoso o despreciable todo lo que no quepa en su universo enano. Abolidos los valores universales, en su día comunes a toda clase y condición, nos quieren imponer su baremo que no rige por prestigio sino por desprecio y hostilidad. Para encontrar reflexiones como la del general Rojo dependemos cada vez más de los libros y menos de la actualidad. Hay que resistir sin embargo a la resignación. La calidad humana no puede ser un valor del pasado.

ABC - Opinión

Improvisar Candidatos. Por Andrés aberasturi

Madrid no es solo la capital del Estado; tampoco Valencia es una comunidad más. Tanto la una como la otra han sido, históricamente, de izquierdas pero desde hace unos años -demasiados para el PSOE- los populares ganan las dos plazas con una abrumadora mayoría, tan abrumadora que los socialistas ni se plantean la posibilidad de gobernar si no es gracias al apoyo de IU.

Pero las cosas no van bien pese a que el PP se lo pone a huevo. En Madrid su presidenta y su alcalde mantienen desde hace demasiado una guerra fría que Rajoy ha sido incapaz de resolver. En Valencia el caso Gürtel salpica en plena cara a Camps que recibe los apoyos del Génova porque en Génova, seguramente, ni se enteran o los que se enteran manipulan la realidad mientras Rajoy en su castillo "maneja los tiempos" y tiene que oír las voces -destempladas muchas veces- de Arenas o Alvarez Cascos.


Pues ni así. Las encuestas, pertinaces, siguen dando el triunfo a Aguirre, a Gallardón y Camps. Y como en el PSOE todo ya es personal, sólo miran a quien sonríe más el líder carismático porque será él quien decida los nombres de los candidatos. Y Tomás Gómez está que echa espuma por la boca, harto de las insinuaciones: que si Trinidad Jiménez, que si Jaime Lissavetsky... Y esa es la mejor manera de perder, andar cambiando de candidato en cada elección haciéndolos venir desde donde sea, desde un ministerio o desde "la roja".

Y es que tal vez la solución no sea improvisar -dura palabra cuando tiene que ver con ZP- candidatos sino, más bien, potenciar al que durante cuatro años ha estado dando la batalla con aciertos y errores, que de todo hubo en la actuación de Tomás Gómez como aquella "espantá" en unos actos por las víctimas del 11-M. Llegó Trini en su momento, falló y se fue. Llegó Sebastián y pasó otro tanto. Ser candidato es algo más.

La duda desde el principio es si Tomás Gómez y la política de oposición que ha intentado realizar, ha sido la adecuada. Las algaradas casi continuas con la falsa privatización de la sanidad madrileña y ese afán por distanciarse de los actos oficiales, no parecen el mejor camino. A la gente le gusta Espe Aguirre porque sale indemne de helicópteros caídos, de hoteles atacados e incluso de las entrevistas-trampa de programas del corazón.

Eso es un hecho. Y yo creo que les gusta hasta que se lleve mal con Gallardón porque también parece que les gusta Gallardón y esa dialéctica de besos/no/besos que se traen los dos les hace parecerse a la gente normal. ¿La solución es arrojar ahora a Gómez a los infiernos? Me temo que no. Los madrileños empiezan a estar hartos de que los candidatos del PSOE por su comunidad solo sean eso, candidatos hasta que pierden para luego encontrar compensaciones en los ministerios. Y Gómez, mientas, bailando con la más fea. No es eso.


Periodista Digital - Opinión

Maniobras electorales. Por M. Martín Ferrand

Jiménez tendrá la oportunidad de repetir la espantada que protagonizó como aspirante a la Alcaldía madrileña.

LOS rumores preceden a las noticias como lo hacen los balones que irrumpen en una carretera a los hijos atolondrados de padres distraídos. A veces los rumores no son auténticos; sino globos sonda con que los estrategas de los partidos experimentan sus cócteles electorales para, con más procesión de la que marcan las exploraciones demoscópicas, comprobar la idoneidad de algún candidato, la oportunidad de alguna propuesta y, cada día más en lo que respecta a los dos partidos principales, la conveniencia de alguna nueva ambigüedad que ensanche el espectro que ambos precisan para alcanzar la mayoría que tiende a negarles el instinto de conservación del electorado.

Ayer, ignoro si como confirmación de un rumor o como globo sonda que evalúe la potencialidad del personaje, El País anunció en primera página, con honores de primicia informativa, que «Trinidad Jiménez se perfila como candidata a la Comunidad de Madrid». A mayor abundamiento, la primera doble página de su información sobre España estuvo dedicada a la hagiografía de la todavía ministra de Sanidad y, por lo que se ve, pronta sustituta de Tomás Gómez a quien, en razón de la democracia interna de la que, quizás para despistar, presume el PSOE, correspondería enfrentarse a Esperanza Aguirre cuando llegue la hora de las urnas autonómicas.


El diario oficial del felipismo e intermitentemente oficioso del zapaterismo publicaba un bellísimo y gigantesco retrato de la posible candidata a la Comunidad de Madrid. En la penumbra, como una madonnarenacentista, la ministra que ha conseguido con sus campañas antitabaco elevar el consumo de cigarrillos en España, era una proclama —una fáctica apertura de campaña— para unas elecciones en las que, con su acostumbrada parsimonia, el PP todavía no ha proclamado su cabecera de cartel; pero en las que, si se confirma como candidata la actual presidenta Aguirre, Jiménez tendrá la oportunidad de repetir la espantada que, en desacato a los electores, protagonizó cuando, como aspirante a la Alcaldía madrileña, fue ampliamente derrotada por Alberto Ruiz-Gallardón. Lejos de asumir la responsabilidad que le encomendaron los votantes, la de jefe de la oposición, salió corriendo en busca de mayores glorias y menores servidumbres.

Lo único que queda claro en estas anticipadas maniobras electorales socialistas es que, si se confirma la candidatura de Jiménez, en desprecio a Gómez y a las bases del PSM, estará cantado el cambio de Gobierno que José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que abordar para que, sola o en compañía de otros, la titular de Sanidad pueda entregarse a su campaña.


ABC - Opinión

Cataluña. La coartada de CDC. Por Clemente Polo

La presencia de miles de zelotes nacionalistas, disciplinados y dispuestos a subordinar cualquier consideración intelectual o moral a la consecución de la independencia, resulta fundamental para explicar la paradójica situación política de Cataluña.

Cuando una investigación judicial desvela que Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), el partido cuyos líderes presidieron el gobierno de la Generalitat y gobernaron multitud de ayuntamientos en Cataluña desde 1980 hasta 2003, resolvió concursos de obras públicas a favor de empresas que le devolvieron los favores pagando comisiones del 4% a intermediarios que destinaban la mayor parte del dinero obtenido a financiar la fundación pagar las facturas electorales de CDC, cabría esperar que, además de una rápida y contundente investigación judicial que aclarase las responsabilidades penales, los líderes de opinión y los medios de comunicación pusieran sus plumas y voces al servicio del interés general y exigieran responsabilidades políticas a los presuntos delincuentes.

Nada más lejos de la realidad: ni ha ocurrido ni parece previsible que suceda en el futuro. Más bien al contrario, lo único que les preocupa a estos consumados maestros de la autocensura es granjearse los favores de la banda de comisionistas que, según pronostican las encuestas, van a ganar (¡si la Virgen de Montserrat no lo remedia!) las elecciones catalanas el próximo otoño. Hace unos meses (26 de noviembre 2009) ya dieron una prueba de su servilismo al publicar al en las portadas de los diarios y leer en las emisoras de radio y televisión un editorial titulado La dignidad de Cataluña, triste remedo en pleno siglo XXI de la unidad patriótica del Movimiento durante la dictadura franquista.


En lugar de defender la independencia del Tribunal Constitucional como tercer poder del Estado y presentar con objetividad las cuestiones que habían suscitado los recursos presentados contra el Estatut de Cataluña, esta banda de bien "pagaos" se ha aplicado a cuestionar durante los últimos meses la independencia del Tribunal e incluso poner en duda su competencia para juzgar una ley orgánica. Lo más grave de todo: pretendían confundir a los catalanes acusando al Tribunal de ser el brazo ejecutor del españolismo más recalcitrante y nostálgico, ése que no alcanza a comprender la "complejidad" de la sociedad española. España es y ha sido una sociedad plural en la que se hablan varias lenguas, qué duda cabe... exactamente igual que Cataluña. Y si todo respeto y apoyo merecen quienes piensan y se expresan en catalán, exactamente el mismo, ni más ni menos, merecen quienes piensan y se expresan en castellano en Cataluña. ¿Para cuándo Sres. Voceros de La Vanguardia, El Periódico, etc., un editorial sobre La dignidad de España?

Resulta muy revelador de la actitud del medio millón de catalanes que hasta ahora han mostrado su apoyo expreso a la independencia en las consultas realizadas en Cataluña, el mensaje que dejó un tal "Robert", independentista confeso, a "Lluís" otro lector, que en un intercambio en la página digital de El Periódico se atrevió a pedir justicia en el caso Palau: "Mira Lluís, primero quiero la independencia de Cataluña. Después, ya hablaremos. Tiene que haber prioridades. Y por ahora la prioridad absoluta para cada vez más catalanes es la independencia. Y en una Cataluña independiente el político que robe yo ya firmaría que lo condenasen a cadena perpetua. Cosa que en la corrupta España no será nunca posible".

El comentario resulta muy revelador: las campañas de adoctrinamiento e intoxicación patrocinadas por el Gobierno catalán controlado por partidos nacionalistas desde 1980 –con la inestimable colaboración de los medios de comunicación catalanes convertidos en hojas parroquiales al servicio de una "Cataluña, grande y libre"– han logrado que "Robert", arquetipo de independentista, no sólo no vea ya la realidad tal cual es, sino que subordine cualquier análisis moral o jurídico a la consecución de la independencia, acercando peligrosamente el nacionalismo catalán a los movimientos totalitarios que anteponen la conquista del poder para imponer sus concepciones (nacional, racial, sociedad sin clases, etc.) a cualquier otra consideración moral, política o jurídica.

Esta subordinación explica, en este caso, que para "Robert" la única consideración relevante sea que "cada vez más catalanes" apoyan la independencia, no que la inmensa mayoría de los catalanes no están interesados en las aventuras soberanistas e independentistas, como prueba que casi el 80% de los catalanes mayores de 16 años se haya negado a participar en las consultas independentistas organizadas por CDC (Alfóns López i Tena) y ERC (Uriel Beltrán) en centenares de poblaciones de Cataluña durante los últimos meses. Tampoco tiene ningún valor para "Lluis" que la investigación judicial en curso sobre el saqueo del Palau y sus ramificaciones haya puesto de manifiesto que los líderes de CDC –¡No España!– lleven al menos una década (1999-2009) apropiándose del dinero de los contribuyentes para financiar sus campañas electorales.

Hasta qué punto "Robert" ve el mundo al revés queda patente cuando afirma que para condenar a cadena perpetua al "político que robe" en Cataluña hace falta conseguir primero la independencia porque "en la corrupta España [eso] no será nunca posible". "Amigo" Robert, si algo ha dejado claro el caso Palau es que en una Cataluña independiente, que contara con una Agencia Tributaria catalana, una fiscalía dependiente del Gobierno catalán y un sistema judicial cuya máxima instancia fuera el Tribunal Superior de Cataluña, el caso Palau no habría visto nunca la luz ni los ciudadanos catalanes habrían llegado a conocer que sus adalides de la independencia, CDC, han estado financiando su partido con dinero hurtado a los contribuyentes.

La presencia de varios cientos de miles de zelotes nacionalistas ("Roberts"), organizados, disciplinados y dispuestos a subordinar cualquier consideración intelectual o moral a la consecución de la independencia, resulta fundamental para explicar la paradójica situación política en que se encuentra sumida la sociedad catalana, dispuesta a exculpar a la banda de comisionistas que lucha contra "la corrupta España" y hasta a devolverla a la Masía Gran con mayoría absoluta para que sigan haciendo de las suyas. Quizás seamos bastantes más quienes querríamos ver a sus responsables en Can Brians pero, como se ha visto con la prohibición de los toros en Cataluña, ni estamos bien organizados ni suficientemente activos para lograr nuestros objetivos. ¿Aprenderemos la lección esta vez?

Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribe regularmente en su blog.


Libertad Digital - Opinión

Máquinas de obedecer. Por Ignacio Camacho

Sin primarias, el sistema sufre una limitación esencial de madurez en sus mecanismos representativos.

UNO de los males endémicos de la democracia española es que el funcionamiento de los partidos que la administran es ajeno a las reglas que rigen para el sistema. Son máquinas de obedecer dirigidas por dispositivos jerárquicos y verticales que se perpetúan mediante un ejercicio estrictamente autoritario; sólo en caso de graves crisis internas se producen episodios de catarsis por lo general tan excepcionales como efímeros. El único avance real que se ha producido en los últimos quince años contra esa esclerosis, que fueron las primarias del PSOE, ha pasado a mejor vida entre estertores de arrepentimiento. Y lo peor es que son los ciudadanos quienes priman este mecanismo de obediencia, interpretando como signos de fraccionamiento y debilidad orgánica cualquier atisbo de autonomía funcional o de contraste de proyectos.

Ni siquiera Zapatero, que alcanzó la dirección socialista en un congreso abierto, se ha mostrado permeable a la continuidad de ese saludable impulso regenerativo. La democracia deliberativa es un mantra teórico que adorna sus discursos y desaparece de su praxis política. Las primarias para elegir candidatos han sido barridas por el tradicional dedazode la cúpula ejecutiva. A la estela del líder máximo, el andaluz Griñán —designado él mismo por pura cooptación— también las ha suprimido en Andalucía, en cuyas capitales el PSOE tiene escasas o nulas posibilidades de triunfo; prefiere perdedores sumisos antes que alternativas fuera de control. Y en Madrid, el gran agujero negro de la socialdemocracia, el presidente sólo desembarca cada cuatro años para elegir con mucha solemnidad uno o dos aspirantes a la derrota, a los que luego hace ministros para compensar su buena disposición. Esta vez se ha topado con un insumiso, Tomás Gómez, decidido a perder por sus propios méritos, y todo indica que lo va a laminar con un desembarco de paracaidismo. Si va Trinidad Jiménez a la Comunidad o Jaime Lissavetsky al Ayuntamiento, la Administración prescindirá de dos buenos gestores que no le sobran y Madrid ganará una diputada o un concejal de oposición perfectamente excusables. Pero se trata de mantener el principio de autoridad incluso a la hora de equivocarse.

Las cosas no son mejores en el PP, cuyo último congreso aprobó una suerte de primarias que la dirección no piensa ejecutar de ningún modo. No es difícil sospechar que en una elección abierta de los militantes Rajoy pudiera exponerse a una sorpresa. Como le sopla el viento de cara tendrá pocas dificultades para solventar el trámite por aclamación evitando cualquier eventual desgaste interno. Pero el problema no es de los partidos sino del sistema, que sufre una limitación esencial de madurez en sus mecanismos representativos. Y de los ciudadanos, que nos conformamos con elegir entre un menú cocinado por aparatos de poder cerrados alrededor de sindicatos de intereses.


ABC - Opinión

Cuba, más de lo mismo

La sorpresa es que no hubo ninguna sorpresa. Sólo se puede calificar así el discurso de Raúl Castro en la clausura del Pleno de la Asamblea Nacional de Cuba, en el que no lanzó ningún mensaje que invite a pensar que se está poniendo en marcha cualquier tipo de reforma por tímida que ésta sea. Más bien sucedió todo lo contrario: la dictadura, fiel a su naturaleza, sigue instalada en el inmovilismo con un discurso añejo y desgraciadamente demasiado conocido, por cuanto le sirve de coartada para cercenar las libertades de los cubanos. «No habrá impunidad para los enemigos de la Patria», afirmó Castro como consigna que, lejos de ser del pasado, se proyecta peligrosamente al futuro. Pero hubo más mensajes para el desánimo. El dictador se refirió a los presos políticos excarcelados como «reclusos contrarrevolucionarios» y subrayó, en un alarde de hipocresía, que ninguno de ellos fue condenado por sus ideas, culpando de esa afirmación a los que emprenden «brutales campañas de descrédito contra Cuba». No contento con eso, para demostrar una posición de fuerza que no es tal, en ningún momento mencionó a la Iglesia católica ni a España como mediadores en estas excarcelaciones, ya que las atribuyó a una «decisión soberana» de acuerdo con las leyes cubanas.

Éste es el contexto político en el que se encuentra el régimen cubano: el mismo que hace diez o veinte años. Basta con subrayar que persiste en utilizar el lenguaje propagandístico propio de las dictaduras de izquierdas. Por si no fuesen pocos estos argumentos, uno de los más contundentes lo expresó el domingo el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, cuando afirmó que Cuba se propone actualizar el modelo socialista, pero en ningún caso reformarlo.

Ante este panorama desalentador, sólo cabe decir que el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, pecó de ingenuo, o quizá fue demasiado conciliador, cuando, tras la excarcelación de los presos, pronosticó que era un gesto en la buena dirección –que no es otra que el respeto de los derechos humanos en la isla– y que, por lo tanto, era el momento de que la UE abandonase la «Posición Común» con respecto a Cuba. Moratinos confundió los deseos con la realidad, porque una vez más la dictadura castrista ha dinamitado cualquier posibilidad de normalizar sus relaciones con el bloque europeo.

Según pudo saber ayer LA RAZÓN, aunque la Unión Europea observa con lupa la evolución de los acontecimientos en la isla, no quiere pronunciarse por el momento sobre el discurso de Castro, ya que prefiere esperar hasta septiembre para tomar una decisión sobre la isla consensuada entre los 27. El diálogo con Cuba que con tanto afán defiende Moratinos se revela como un monólogo de la dictadura, que se mantiene inamovible en sus posiciones. La UE cometería un grave error si abandonase la «Posición Común» porque lo cierto es que la dictadura cubana ha utilizado la excarcelación de los presos políticos para maquillar una realidad que sigue marcada por la represión a los disidentes y que, desde luego, no contempla una transición democrática, como sería deseable.


La Razón - Editorial

Zapatero toma partido en la batalla del PSOE madrileño.

Sería difícil precisar cuál de los candidatos que pugnan por la candidatura a la Comunidad de Madrid es peor. Zapatero parece tenerlo claro, el PSM también. Qué gane el menos malo, si es que lo hay.

El cercano escenario electoral en la Comunidad de Madrid y el más que probable batacazo del PSOE-PSM en las urnas ha hecho que se enciendan todas las alarmas en Ferraz. Mientras los socialistas madrileños de la línea oficialista se decantan por Tomás Gómez, ex alcalde de Parla y secretario general del PSM, el aparato de la sede nacional, sabedor de que con Gómez van directos a la quinta derrota consecutiva, ha postulado a dos candidatos de la casa: Trinidad Jiménez, actual titular de Sanidad y Jaime Lissavetzky, un veterano apparatchik que viene de tiempos de Joaquín Leguina.

Tal es, en líneas generales, la batalla que en estos momentos se libra dentro de la federación socialista madrileña, que es, amén de una de las más importantes de España, la que más disgustos ha ocasionado al inquilino de la Moncloa desde que se elevó a los altares del partido hace ya diez años. El PSOE no consigue arrebatar ni la capital ni la Comunidad al PP a pesar de que ha puesto todo su empeño en ello en las dos últimas citas electorales. Simancas fue de fracaso en fracaso en la Comunidad y, en el ayuntamiento, primero Álvarez del Manzano y luego Gallardón han ido pulverizando a los candidatos socialistas, algunos puestos a dedo desde la presidencia del Gobierno como Miguel Sebastián, que se llevó un considerable varapalo en las municipales de 2007.


Pero Madrid es de vital importancia para Zapatero. La de Madrid es la autonomía más rica de España y la tercera más poblada. Tiene, además, una fuerte carga simbólica que transporta a los socialistas a los dorados aunque ya lejanos tiempos de Tierno Galván, cuando el PSOE dominaba con autoridad el panorama electoral capitalino. En Madrid se encuentra, asimismo, Esperanza Aguirre que por principios y determinación política es probablemente la horma del zapato del presidente del Gobierno. Por estas y otras muchas razones, entre las que se encuentran los monstruosos presupuestos públicos que manejan ambas administraciones, Zapatero necesita hacerse con Madrid si quiere seguir gobernando en el resto de España.

El problema del PSOE madrileño es doble. Por un lado la buena gestión del PP en la Comunidad, que pone muy cuesta arriba a los candidatos socialistas erigirse en alternativa de un modelo que los madrileños refrendan gustosos cada cuatro años desde 1995. Por otro, los equipos que históricamente han liderado la eterna alternativa del PSM han brillado por su mediocridad, su falta de ideas o, directamente, su inoperancia absoluta en la oposición.

En los que actualmente se disputan la candidatura del año próximo nada ha cambiado. Tomás Gómez es un demagogo en estado puro cuyo programa máximo es un antiaguirrismo primario inspirado en el discurso obrerista que se estilaba en el "cinturón rojo" de la capital allá por los años setenta. Ese tipo de mensaje, utilizado hasta la saciedad por su predecesor Simancas, cuenta ya con pocas adhesiones y provoca gran rechazo entre las clases medias madrileñas.

En el otro lado, Trinidad Jiménez ya fracasó estrepitosamente como candidata a la alcaldía en 2003. El Partido Popular le sacó 15 puntos de diferencia y, tan pronto como pudo, la voluntariosa candidata de la chupa de cuero buscó refugio en la política nacional al abrigo del primer Gobierno de Zapatero, que la nombró secretaria de Estado para Iberoamérica. En cuanto a Jaime Lissavetzky, fue consejero hace ya veinte años de los Gobiernos regionales de Leguina. Luego supo reorientar su carrera hacia el zapaterismo naciente como secretario de Estado para el Deporte, donde ha desempeñado un papel bastante lamentable, pues, éxitos deportivos que no le son directamente imputables al margen, su gestión política en asuntos como las selecciones autonómicas de fútbol ha brillado por su ausencia.

Sería difícil precisar cuál de los candidatos que pugnan por la candidatura del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid es peor. Zapatero parece tenerlo claro, el PSM también. Que gane el menos malo, si es que lo hay.


Libertad Digital - Editorial

Diferentes, pero iguales ante la ley. Por José María Carrascal

«El pluralismo permitido por el Estado a las Autonomías, se niega dentro de las Autonomías con aspiraciones de nación y Estado. Estamos en las antípodas no ya de la Constitución española, sino del concepto de nación propugnado por la Revolución Francesa».

La principal objeción a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán es que no reconoce la «singularidad» de Cataluña en el Estado español. Gran ofensa, que permite decir a sus críticos que la sentencia niega el carácter plural de dicho Estado. O sea, que, aparte de injuriosa, es anticonstitucional. Lo que nos faltaba.

Curiosa palabra ésa de «singular». Por singular se entiende algo «único», distinto a los demás, e implícitamente, superior. Estamos ante otra variante del viejo «hecho diferencial» invocado por todos los nacionalismos internos españoles. Donde empieza la falacia. Todos los individuos somos diferentes. Incluso los hermanos gemelos lo son, al ser la «singularidad» uno de los rasgos más característicos del género humano. No somos hormigas, ni abejas, ni ovejas. Somos seres con rasgos particulares, empezando por las huellas y terminando por el carácter. Otro tanto ocurre con nuestras sociedades. Que España está formada por comunidades distintas no lo niega nadie y lo acreditan los chistes regionales. Pero eso ocurre en cualquier país. Un prusiano es muy distinto a un bávaro, lo que no impide a ambos considerarse alemanes. Incluso se dan casos de cruce de personalidades. «Hay españoles-prusianos, como hay alemanes-latinos», declaraba hace poco en España el que fuera durante muchos años presidente de las Cámaras alemanas, Peter Moser. Del mismo modo, hay catalanes muy flamencos y andaluces muy sosos, ahí tienen a Montilla. Quiero decir que la singularidad es un concepto lingüísticamente gaseoso y políticamente torticero. Si todos somos diferentes, nadie en realidad lo es. Y si me invocan la lengua como elemento diferencial de una nación, ¿qué hacemos con la India donde se hablan 300, le negamos el estatuto de nación? ¿Y con Suiza, donde hay tres lenguas oficiales, pero ningún idioma suizo? Con la lengua está ocurriendo la misma maniobra de distracción y embeleco que con el resto de la estrategia nacionalista: que siendo un instrumento de aproximación y entendimiento entre los humanos, la han convertido en elemento diferenciador y arrojadizo.


Pero lo que quita toda validez a las quejas nacionalistas es que esa singularidad que reclaman se la niegan a los demás. Como los demás se resisten a ser menos, se entabla una carrera parecida la de los galgos y la liebre mecánica en los velódromos: todos los españoles quieren ser y tener tanto como los catalanes, pero los catalanes rechazan que el resto tenga y sea como ellos. El resultado de esta carrera de «diferencias» es fácil de prever: la licuación del Estado, después de haber gasificado la Nación común. La cosa va incluso más lejos y esos nacionalistas que acusan el Tribunal Constitucional de negar la pluralidad de España, niegan la pluralidad en su territorio. No voy a referirme a las diferencias entre Gerona y Tarragona o entre Lérida y Barcelona, que hay más de las que se cree, sino al hecho de que ese nuevo y kilométrico Estatuto es un auténtico enrejado por el que se regula toda la vida catalana, desde la energía a la publicidad, pasando por los servicios, las comunicaciones, el cine, los alimentos, los servicios, el nombre de los establecimientos y los anuncios de sus escaparates. Sólo le falta disponer un nuevo sistema de pesas y medidas. Es como Cataluña, hasta hace poco una de las comunidades españolas más abiertas, va convirtiéndose en un reducto regido por lo que sus nacionalistas autoricen. El pluralismo que el Estado permite a las Autonomías, se niega dentro de las Autonomías con aspiraciones de nación y Estado. Lo que tampoco debe extrañar ya que, a estas alturas, el nacionalismo es una fuerza cerrada, retrógrada, incluso opresiva si se le permite. Es decir que estamos en las antípodas no ya de la Constitución española del 78, sino del concepto de nación propugnado por la Revolución Francesa, que según acaba de recordar el profesor Ovejero Lucas, de la Universidad de Barcelona, figura en la tumba de Marat. «Unidad, Indivisibilidad de la República, Libertad, Igualdad, Fraternidad». Lemas que los nacionalistas actuales no respetan ni uno.

De ahí que la diatriba de Durán Lleida, «la sentencia (del TC) ha sido el acto más separador de los últimos 35 años», sea tan demagoga como falsa. ¿Quiénes son los separadores, señor Durán, los que quieren títulos y atribuciones distintos a los de los demás o los que, concediendo a Cataluña una de las mayores autonomías que se gozan hoy en Europa, se limitan a señalar los límites que la Constitución marca a cualquier autonomía? Eso que usted, y otros como usted, propugnan no es nacionalismo constitucional, sino divisionismo diferenciador, como advirtió Ortega durante el debate sobre el Estatuto catalán en las Cortes de la República. Diferenciador y anti igualitario, me atrevo a añadir por mi parte.

Aunque tampoco hay que echar toda la culpa a los nacionalistas. La actitud del PSOE en el contencioso ha sido, en el mejor de los casos, equívoca, en el peor, suicida. En vez de admitir que el problema surgió de la promesa de conceder lo que no estaba en sus atribuciones (El «Os daré lo que me pidáis» de ZP), cuando la bomba les estalló en sus manos, lo único que han hecho es echar la culpa al PP. Ya sabemos que el ataque es la mejor defensa, pero cuando están en juego los fundamentos del Estado, no valen subterfugios, pues podemos volarlo. Echar la culpa al PP de la revuelta catalana contra la sentencia del Tribunal Constitucional por haber elevado recurso contra el Estatutindica una cortedad de miras y unos recursos arteros que asustan. Pues da a entender que preferirían tener un Estatuto catalán anticonstitucional aceptable a aquellos nacionalistas a otro constitucional que les moleste. Las promesas de Zapatero de intentar soslayar esa inconstitucionalidad por decreto no hacen más que confirmar esa felonía. A no ser que se trate de otra de sus promesas, es decir, que no piense cumplirla.

No está, sin embargo, solo. Felipe González y Carme Chacón acaban de publicar un largo artículo en el que aseguran que «el problema sigue estando en la resistencia del PP a reconocer la diversidad de España». No es que el PP sea totalmente inocente en el asunto, y que procure no volar puentes con los nacionalistas demuestra que se plantea un día no lejano gobernar con ellos. Cuando hoy sabemos de sobra que los nacionalistas se niegan a reconocer la pluralidad tanto del resto de España como en su territorio, es decir, son los principales anticonstitucionalistas, contra lo que dicen González y Chacón.

Lo que significa que el verdadero problema puede ser un PSOE que si en los años 30 del pasado siglo no fue capaz de decidirse entre revolución o democracia, hoy no se decide entre España como Nación, como Nación de naciones, como Estado federal, como Estado confederal o como todo ello junto. Y si nuestro partido más antiguo, que además nos gobierna, no es capaz de decidirse sobre asunto tan importante, tenemos un gran problema. No voy a decir tan grande como el de los años 30 del pasado siglo, pero casi.

Volviendo a lo que les decía al principio, no se puede invocar la singularidad negándosela a los demás, como hacen los nacionalistas, ni se puede jugar con la esencia del Estado, como hace el PSOE. Nada de extraño que los españoles huyan, no importa adónde, para olvidar lo que dejan detrás. Lo malo es que se lo encontrarán a la vuelta.


ABC - Opinión

lunes, 2 de agosto de 2010

Traición a los muertos. Por César Alonso de los Ríos

No es difícil imaginar el desplome interior de los etarras en las largas noches de la cárceles.

No es difícil imaginar el desplome interior de los etarras en las largas noches de la cárceles. De los que cometieron asesinatos y de los que ayudaron a cometerlos. Porque para todo preso el Estado —aun el gobernado por el PSOE y sus fiscales— es un terrible Leviatán. Así que para sustentar a sus presos ETA se ve obligada a emplearse muy a fondo imponiendo su disciplina y, de esta manera, el etarra encarcelado es doblemente preso: por el Estado y por ETA. Uno le niega la libertad y el otro la conciencia. Una situación en la que el Estado tiene todas las de ganar a no ser que renuncie a su poder, esto es, a la aplicación de las condenas que en su día impusieron los jueces. Y esto es lo que, desgraciadamente, está sucediendo en estos momentos. Las cartas de arrepentimiento que están firmando decenas de etarras están llevando al Gobierno a unas concesiones no sólo vergonzosas sino ilegales. Con la disculpa de dividir a los presos de ETA, Prisiones está concediendo a los arrepentidos el traslado a Nanclares de Oca (Alava), la aproximación a los familiares, la cohabitación con la compañera, la salida semanal y ¿por qué no? la concesión del tercer grado y de la libertad provisional. Porque ya se han dado casos de excarcelación.

El acercamiento de etarras al País Vasco es la repetición de la jugada que intentó Jaime Mayor si bien nunca se llegó a hablar de posibles excarcelaciones. No como un modo de debilitar a ETA como dice Zapatero sino como un argumento de distensión. Al emprender esta política el Gobierno lleva a cabo una política no sólo lesiva para las víctimas sino para la propia sociedad; al perpetrar esta agresión contra la voluntad de los Jueces conculca el Estado de Derecho y viene a dar la razón a ETA, es decir, a la organización que mata para destruir el Estado y sustituirlo por el suyo. El relativismo llevado hasta estos extremos por el Gobierno es atentado contra la Nación y traición a los muertos.

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ETA. Terrorismo y prohibición. Por Agapito Maestre

Zapatero ha roto con el principio de equidad de toda la población reclusa española como si no pasara nada. Y así es, no pasa nada; él se queda tan pancho y feliz, porque conoce bien al gentío que le vota.

Sobre el fondo del griterío de la canalla, de la turba empeñada en votar a los izquierdistas y populares, el espectáculo de los traidores empieza a ponerse interesante. Las declaraciones de los gallos del corral nacional son simpáticas. Graciosas. Es la envoltura para que no veamos las miserias de sus respectivas traiciones. Los gallos coinciden en lo fundamental sobre esa envoltura: la prohibición de los toros en Cataluña y las caricias penitencias a los criminales de ETA no tienen apenas importancia. Traidores.

De Cataluña sale un hedor a mierda y muerte. Mientras el gallo de La Moncloa no opina sobre la prohibición de los toros en Cataluña, el gallito de Génova planteará una bobada en el Parlamento para declarar la cosa de "interés cultural y artístico". No se engañen con la movida de los toros en Cataluña. Todo está perdido. Allí no hay sociedad civil; en realidad, nunca la hubo. Fue otro de los inventos nefastos de la izquierda de las décadas de los sesenta y setenta, algunos incluso insisten todavía en esta patraña, para no reconocer que las tradiciones catalanas, o mejor, el catalanismo, como una visión particularista de amor a la tierra y a las costumbres, no tenían viabilidad institucional y política sin España. Jamás tuvo Cataluña tradiciones civiles decentes al margen de España para construir una sociedad abierta y democrática. Libre.


Por eso, una vez que se ha matado España, la libertad, el espacio público político es ocupado por la chusma y el nacionalismo. Cataluña está ya fuera de la civilización nacional. La aldea catalana está abocada a la miseria, el abismo y la nada. El resto es un griterío de lamentos sensibleros sobre la desaparición de España. Estas pobres gentes, imbéciles políticos y culturales, empiezan ahora a enterarse de las consecuencias del proceso de destrucción más importante que se ha llevado a cabo, en las últimas décadas, de una nación en la Europa contemporánea. Pobres. Ya es tarde. Su fuerza no pasará de gemidos populacheros.

También de El País Vasco sale un hedor a muerte y mierda. Una vez que los socialistas y los nacionalistas, y en los últimos tiempos con la aquiescencia de Basagoiti, lograron expulsar de estas provincias todo lo español expulsable, el proceso de paz, es decir, el parte de guerra periódico sigue adelante. El último lo ha redactado Pérez Rubalcaba, pero surge de la negociación entre Zapatero y los criminales de ETA. Zapatero cumple el pacto con los terroristas y manda a los asesinos más crueles de la banda a las cárceles más cercanas a sus lugares de nacimientos. Y, encima el truchimán de La Moncloa, justifica su decisión en nombre de una noción moral: el arrepentimiento. Imagino que las cárceles están llenas de asesinos que también les pesa en su conciencia, que no otra cosa significa arrepentimiento, haber cometido tan graves delitos; pero, por fortuna, eso no es razón suficiente para concederles beneficios penitenciarios.

Zapatero ha roto con el principio de equidad de toda la población reclusa española como si no pasara nada. Y así es, no pasa nada; él se queda tan pancho y feliz, porque conoce bien al gentío que le vota. Él se sabe fuerte, o sea, justo; Zapatero es un político que sólo cree en un tipo de justicia: la que impone el fuerte al débil. Sí, queridos lectores, Zapatero en este caso no es el fuerte sino el débil. La dulcificación de las penas a los criminales no es una creación del Ejecutivo sino una imposición de la banda criminal ETA a Zapatero. No hay nadie en España, y seguramente en el mundo occidental, capaz de defender con tanta pasión como Zapatero la concepción de la justicia sintetizada por Tucídides con estas palabras: "El examen de lo que es justo sólo se realiza cuando hay la misma necesidad por las dos partes. Donde hay uno que es fuerte y otro que es débil, lo posible es ejecutado por el primero y aceptado por el segundo".

¡El terrorismo ejecuta y Zapatero acepta! Fue así, después del 11-M; y sospecho que el fenómeno se repite, después de la larga negociación entre ETA y el Gobierno de Zapatero.


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Juegos sagrados. Por Gabriel Albiac

Jugamos. Todos. Sin más objeto que el de ser entretenidos. Para ello trenzamos reglas estrictas.

Jugamos. Todos. Sin más objeto que el de ser entretenidos. Para ello trenzamos reglas estrictas. Sembramos de riesgos la partida, de estrategias que, en medidas diversas, remiten siempre al horizonte exorcizado de la muerte. Tasamos ganancia y coste para aquel que vence o pierde. El juego es ficción escénica de la vida. Da igual que el escenario sea el del tablero sobre el cual dos desarrollan las largas estrategias militares del ajedrez o el go. Da igual que el juego se despliegue en soledad ante la montaña o bien en el estruendo del estadio. Da igual que en él se crucen incruentos floretes o el grave guante de los boxeadores. Sin el juego, lo humano es sólo angustia: todo juego es sagrado. La tauromaquia es eso: un juego. Y, como todo juego, tiene reglas. Que yo ignoro, como otros ignorarán las de escritura o cine, sin los cuales no concibo yo la vida. Y, como todo juego, pone en el proscenio un riesgo. Neutralizado sólo hasta cierto punto, porque la ausencia de riesgo trueca el juego en ridículo. Juegan a él sólo aquellos que saben. Y son espectadores aquellos que se envuelven en las reglas de su rito. Nada, en esa operación metafísica que es el refugio en el cual juega un hombre, pinta el Estado. Ni para alentar ni para prohibir. El juego es un paréntesis de eternidad fingida. Y el jugador está solo.

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Democracia a la catalana. Por José Carlos Rodríguez

Esa es la identidad de Cataluña; la prohibición. Nos lo ha dicho The Economist, pero los nacionalistas nos lo llevan diciendo décadas, con su política.

Lo ha dicho Joan Puigcercós, amigos. "Una sociedad democrática avanza cuando prohíbe". Extraordinario. Seis palabras le han bastado para definir en una frase, sujeto verbo y predicado, ¡Tantas cosas! Pues, yendo por lo más filosófico, como le gusta a Puigcercós, estamos, así es, en la plena sustitución del ideal liberal, que es la preeminencia de leyes que favorezcan una igual libertad para todos, frente al democrático, que es la tiranía de la mayoría. Ese ideal, el democrático, avanza a medida que va prohibiendo e imponiendo lo que quiere la mayoría. Si la mitad larga lo puede todo, no hay ley, vieja o nueva, justa o injusta, ni hay derecho legítimo que se le ponga por delante. Este hombre es un Kelsen; justo lo que necesita el nacionalismo catalán.

Claro, que un poco más cerca de la tierra, de la tierra catalana, esa frase es testimonio fiel no sólo de la conclusión última del principio democrático sino más bien de una forma particular de entender la democracia. Para los nacionalistas, como para la izquierda, sólo un sector de la población tiene derecho a ejercer el poder, y una vez instalado en él, puede hacer lo que quiera. Y el programa nacionalista pasa por prohibir a mansalva, prohibir a diestro y siniestro, desde la cuna hasta la tumba y desde el trabajo hasta la alcoba. Ciento y poco años de nacionalismo a base de definir el auténtico ser de Cataluña, y resulta que lo que le caracteriza es la prohibición. Es un nacionalismo en parte contradictorio, pues en lugar de abrazar con generosa dilección a toda la sociedad catalana, desprecia a una parte de ella, que considera enferma y prescindible, y le metería el bisturí hasta el fondo. Esa es la identidad de Cataluña; la prohibición. Nos lo ha dicho The Economist, pero los nacionalistas nos lo llevan diciendo décadas, con su política.

Se ha prohibido el toreo en Cataluña. Vanas son las llamadas a la tradición de la lidia en esta región, porque los nacionalistas no la desconocen; sólo la desprecian, por española. Y ante eso no hay razón que valga. Todo el mundo identifica, a veces hasta extremos estereotipados y ridículos, a los toros con España. Ahora también al fútbol, pero eso no lo van a prohibir. Esta estocada en las libertades de los catalanes da la medida exacta de lo que es el Estatuto de Cataluña; una constitución a lo Kelsen, del todo vale desde el poder, mientras venga referido a una norma suprema. Es la manifestación folclórica, vistosa y polémica de mil imposiciones que ampararán las leyes en Cataluña, y marca el futuro de aquella región española. Una degradación consentida, sí, democráticamente. Pero degradación al fin.


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ETA: Plan de jubilaciones. Por José María Carrascal

Todos esos traslados de etarras a cárceles en el País Vasco forman parte de la nueva estrategia gubernamental para acabar con la banda terrorista «por las buenas».

EL último engaño de Zapatero es también uno de sus primeros: el «proceso de paz». ¿Recuerdan cómo en 2006 nos decía que la negociación con ETA traería la paz a Euskadi? ¿Y cómo acabó, con dos muertos en Barajas? Bueno, pues ahora tiene la cara de decirnos que «aquello fue un instrumento para acelerar las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia». Cuando lo ocurrido fue justo lo contrario: que aquello trajo el final de las negociaciones y el comienzo de un acoso a ETA con todas las armas policiales y judiciales, como todos los expertos aconsejaban. Pero ese cambio no fue producto del «plan de paz» de Zapatero. Fue producto de las ansias asesinas de ETA, que, como el escorpión, mata incluso cuando no conviene a sus intereses. Si fuese por Zapatero, estarían todavía negociando y ETA disponiéndose a participar en las próximas elecciones. No olvidemos que ZP llegó a calificar el crimen de Barajas de «accidente», y sólo el revuelo armado le obligo a rectificar.

Que Zapatero mienta, tergiverse, distorsione, no debe extrañar. Lo extraño sería que dijese la verdad. Pero las circunstancias en que viene envuelto este segundo engaño lo agravan: si antes quiso negociar con ETA ofreciéndola beneficios políticos, ahora intenta acabar con ella ofreciendo a sus presos beneficios penitenciarios. Todos esos traslados de etarras condenados por decenas de asesinatos a cárceles en el País Vasco, con permisos diarios de salida para realizar cursos de formación profesional y otros privilegios, forman parte de la nueva estrategia gubernamental para acabar con la banda terrorista «por las buenas». Rubalcaba, que es a Fouche lo que Zapatero es a Maquiavelo en versión del PSOE actual, cree que esa es la forma de lograr la desintegración interna de la banda. Claro que antes creían que la fórmula era llevar a De Juana a San Sebastíán en helicóptero, para que pudiera ducharse tranquilamente con su novia, con la que se le ha perdido el rastro, incluso para asesinar.

Porque todos esos asesinos históricos estaban ya amortizados para la banda, aparte de hallarse a buen recaudo por más años de los que vivan. Pero si los jóvenes abertzales les ven llegar un día a sus herriko tabernas, con las medallas de sus asesinatos en el pecho, tras el simple trámite de firmar una carta circular en la que se arrepienten de sus crímenes, aseguran haber abandonado la banda y prometen pagar una indemnización a sus víctimas, sin que éstas hayan visto ni oído nada de ello, esos jóvenes abertzalespueden verse animados a ingresar en ETA, hasta que les toque licenciarse en tan favorables condiciones.

En realidad, el «plan de paz» de Zapatero es un plan de jubilación para los etarras.


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ETA. Negociar la reelección. Por Emilio Campmany

Están negociando, están cediendo y esperan "acabar con la banda" a base de darles parte de lo que piden. ¿Y cuánto cederán? Me temo que mucho, pues la debilidad de Zapatero es cada vez mayor.

José Luis Rodríguez Zapatero ha dicho que el acercamiento de presos etarras al País Vasco también tiene el objetivo de acabar con la banda terrorista. La afirmación parece una memez. Sin embargo, en este caso, no lo es tanto. En cambio, el editorial de El Mundo que acompañaba este domingo la noticia de que 19 etarras han sido trasladados a la prisión de Nanclares de Oca, al mostrarse partidario de los acercamientos y crítico con las excarcelaciones, sí es un poco memo.

Uno de los recursos de los que dispone el Estado para debilitar a una organización terrorista que lo asedie es la política penitenciaria. Por eso, nuestras leyes dejan amplio margen al Ejecutivo en este asunto, que debería estar en manos del Poder Judicial. Sin embargo, la razón de ser de esta confianza que se deposita en el Gobierno presupone que éste la empleará para combatir a la banda. El alejamiento y la dispersión de los presos no es un castigo extra por ser terroristas los condenados. Su finalidad es minar su capacidad de resistencia propiciando su disposición a "arrepentirse", que no ha de implicar propiamente un acto de contrición, sino ofrecerse a colaborar con las fuerzas del orden en perseguir a sus antiguos compañeros. Si el condenado careciera ya de información útil, servirá al menos para sustraerle de la disciplina de la banda. Por último, la petición de perdón, el arrepentimiento público, reales o fingidos, constituirán un golpe para la base de simpatizantes de que disponga la organización terrorista.


Si los acercamientos y las excarcelaciones se llevan a cabo con esta óptica, la táctica puede ser útil y arrojar algunos resultados positivos. Pero esto no es lo que está haciendo el Gobierno. Sobre estos acercamientos pesa la casi certidumbre de que se trata de concesiones que el Gobierno está haciendo como gestos de buena voluntad para hacer que la negociación avance o para ablandar la intransigencia de algunos dirigentes de la banda o ambas cosas a la vez.

Por eso, cuando Zapatero dice que los acercamientos tienen como objetivo acabar con la ETA, no está pensando en debilitarla o destruirla o aniquilarla, sino que sabe que son flecos de una negociación con la que espera conseguir que la ETA voluntariamente se disuelva. Esto no es precisamente lo mismo que "acabar" con ella.

Y es una lástima que El Mundo, que es quien da la noticia, no se fije en esta cuestión y atienda sólo a los principios para decir la memez de acercamientos, sí, excarcelaciones, no. Porque, como se ha visto, las excarcelaciones pueden ser un recurso táctico útil en la lucha antiterrorista, y los acercamientos pueden, como es el caso, ser estúpida moneda de cambio en una insensata negociación con ETA.

En conclusión: están negociando, están cediendo y esperan "acabar con la banda" a base de darles parte de lo que piden. ¿Y cuánto cederán? Me temo que mucho, pues la debilidad de Zapatero es cada vez mayor y en la firma de esa paz con ETA descansa su última esperanza de reelección. La cuestión no es acercamientos, sí, excarcelaciones, no. La cuestión es por qué se acerca y por qué se excarcela. Y se está haciendo por lo que no debe hacerse, porque se está negociando. Esta es la cuestión.


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Y después de llorar, ¿qué?. Por Félix Madero

Señor Montilla, eso mismo que siente usted en su butaca viendo Rigoletto sentía yo viendo a Julio Robles en Las Ventas.

BIEN, vale, de acuerdo. Sabemos lo que a Zapatero le gustan los toros. Lo sabemos: si el PSC hubiera querido, los toros se salvan en Cataluña. Que sí, que Montilla cree en la libertad: quien quiera que vaya y quien no pues no, oiga. El president no gusta de fútbol, ni de toros. Un día me dijo que lo suyo es la ópera. No creo que el político más triste de la historia de España albergue la más pequeña esperanza de volver a gobernar. Las encuestas anuncian una tormenta con piedra que destrozará la cosecha socialista. Que pierdan la mitad de los votos es, como ahora se dice, para hacérselo mirar. No lo harán.

Desde que Zapatero manda todo se fía para el final. En el último minuto terminarán con ETA; en el último remontarán la economía, la desconfianza y el paro. En el último se irá Zapatero. En el último agónico y definitivo minuto todos a hacer puñetas. Y, ojo Rajoy, que todos tenemos un minuto postrero. Y tu reloj es de arena.


Pero ya digo: hemos llorado. ¿Y? Sabemos quiénes son, qué pretenden. Sabemos que el debate tiene que ver sólo con la libertad, un terreno viscoso y resbaladizo. El PP, por ejemplo, si llega, va a declarar la lidia bien protegido en el Congreso. No sean ventajistas, no metan el pico de la muleta por un puñado de votos. No den munición al que asiste a este debate desde la distancia, que no desde la intolerancia. A los toros les sobran política y también algunos defensores. Aficionados hay pocos; aficionado no puede ser cualquiera. A los toros les sobran ganaderos criadores de animales con horchata en las venas. Les faltan empresarios que sepan que esto no puede ser gestionado como una tómbola. Y les faltan toreros.
Los toros agonizaban cuando llegó José Tomás y los sacó de la UVI. Ahora resulta que en el escalafón lo más parecido al torero de Galapagar es Curro Romero en la portada de ayer de ABC. Y tras un burladero.

Se mueren los toros porque fabrican —sí, vale el verbo— animales bobalicones; porque los toreros, de luces pero sin luces, son maestros de la posturita y la mirada al tendido mientras el público les grita: torero, torero; maestro, maestro. Más dura que la puya independentista es la incuria del sector. Puede que el enterrador sea quien te despacha la entrada o te brinda un toro. Puede que seas tú y no lo sepas.

Manuel Alcántara, joven y aficionado periodista de más de 80 años, cree que pierden el tiempo quienes legislan en contra porque los toros no son una fiesta, son un rito, una ceremonia. O sea, que se trata de sentimientos. O se tienen o no. Señor Montilla, eso mismo que siente usted en su butaca viendo Rigoletto sentía yo viendo a Julio Robles en Las Ventas. ¿Cuesta tanto entenderlo? Haga un esfuerzo, por favor. Vaya usted a la ópera. Y déjeme ir a los toros. O a las dos cosas.


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Tontería económica. Masoquismo fiscal. Por Carlos Rodríguez Braun

El señor Peña finalmente alarma, porque es claro que cuando pide "más Europa" no está pidiendo más libertad y menos impuestos, y su última frase revela totalitarismo: habla efectivamente del Gobierno como si fuera la sociedad misma.

El presidente del Consejo Económico y Social, Marcos Peña, declaró a Expansión: "Todos los países se han visto abocados a compaginar sus políticas de austeridad con los estímulos económicos, y en este caso, España ha optado por el masoquismo fiscal... hace falta más Europa para salir de la crisis... España tiene que saber de qué quiere vivir en el futuro, para pensar de dónde sacar los ingresos capaces de resolver el problema del déficit público".

Si cuando el señor Peña dice España se refiere a los españoles, entonces es patente que se equivoca, puesto que todo indica que los españoles no experimentan ningún gozo al ser maltratados o humillados.


La propensión colectivista, habitual en los socialistas de todos los partidos, podría haber llevado a don Marcos a hablar de España cuando en realidad quiere decir su Gobierno. En este caso hay que decir que también se equivoca aludiendo al masoquismo de Zapatero y sus secuaces, que están muy lejos de disfrutar sufriendo, y cuyas medidas no se derivan de ningún masoquismo sino de su propia falta de escrúpulos y de responsabilidad al haber emprendido con anterioridad políticas expansivas insostenibles.

El señor Peña finalmente alarma, porque es claro que cuando pide "más Europa" no está pidiendo más libertad y menos impuestos, y su última frase revela totalitarismo: habla efectivamente del Gobierno como si fuera la sociedad misma, y en ningún caso, aquí tampoco, aludió a la posibilidad de que la coacción fiscal pueda disminuir.

Ilustró bien sus ideas en El Mundo: "La huelga no es el único derecho que tienen los españoles, y todos deben conciliarse". Es verdad: todos los derechos deben conciliarse, pero la única forma de lograrlo en una sociedad abierta es recurrir al principio liberal básico que don Marcos rechaza de plano: dejar a todos en paz.


Libertad Digital - Opinión

Reformismo de chapuza. Por Ignacio Camacho

El Gobierno socialista, el paladín de la socialdemocracia, carece de un modelo riguroso de relaciones laborales.

LO van empeorando poco a poco, como en la más siniestra de las leyes de Murphy. El decreto para fomentar el empleo se ha convertido en una ley para facilitar el despido, y en cada paso que da el Gobierno avanza un poco más en la desprotección de los trabajadores. Como las causas de rescisión procedente habían quedado un poco ambiguas con aquello de los «resultados negativos» de las empresas, lo han precisado para mal: ahora bastará, si nadie lo remedia, con la simple previsión de pérdidas, que hoy en día afecta a casi todo el tejido industrial. En este marco es posible que alguna vez la reforma laboral sirva para crear puestos de trabajo, pero a corto plazo lo seguro es que va contribuir a destruirlos.

Da la impresión de que el Gobierno no cree en lo que está haciendo. Que en el fondo confía en que los jueces dejen en papel mojado un marco legal redactado por imposición del Directorio europeo, y que lo único que le importa de esta ley es el enunciado mismo. La carcasa, como siempre: el envoltorio. Se trata de decir que se ha hecho una reforma laboral, «como sea», con o sin apoyos políticos, y entre hacerla bien y hacerla mal han optado por hacerla de cualquier modo. Primero supeditándola al acuerdo entre empresarios y sindicatos, obviando a los partidos como si estuviésemos en una democracia orgánica, y luego pasándose por el forro la posibilidad de acuerdos parlamentarios. Nadie quiere suscribir ese bodrio, claro, ni siquiera una patronal que sale visiblemente beneficiada pero teme levantar la liebre con su aplauso.


La nueva ley no resuelve ninguno de los problemas serios del mercado laboral, y lo único que viene a hacer es ablandar —y de qué modo—el despido objetivo. Las condiciones para la contratación ya existían y la estabilidad en el empleo necesita otras soluciones que las de la mera imposición. El contrato de trabajo va a seguir siendo un enredo, una maraña casuística, un lío de modalidades, y encima los vigentes quedan sometidos al albur de las previsiones negativas de las empresas, lo que en las presentes circunstancias de zozobra puede dar lugar a una verdadera escabechina de desahucios, a una cadena de «eres» desregulados que acabarán colapsando los juzgados sociales. Lo más paradójico y triste de este asunto tan serio es que el Gobierno socialista, el paladín de la socialdemocracia, carece de un modelo riguroso de relaciones laborales y lo sustituye por una serie de chapuzas improvisadas. Fracasado el pacto de hierro con los sindicatos no sabe por dónde caminar y ha optado por seguir adelante sin rumbo claro. Sólo le interesa el marco teórico, la categoría nominal, poder decir ante el tribunal de examen europeo que España ya tiene una reforma del empleo para seguir colocando deuda. Y a tirar para adelante de cualquier manera. Con cuatro millones y medio de parados… y los que vengan.

ABC - Opinión

En defensa de la Fiesta

Si algo ha caracterizado al mundo del toro es que, tradicionalmente, ha sido un colectivo muy poco corporativo. Por su propia idiosincrasia, las figuras del toreo se han distinguido por su individualismo y pocas veces han dado una respuesta conjunta a cualquier contingente que pudiera sufrir la Fiesta... Hasta ahora. A raíz de la decisión del Parlamento de Cataluña de prohibir las corridas de toros en esa comunidad autónoma, ayer se leyó en todos los cosos taurinos donde se celebraban festejos un comunicado conjunto. En él, los profesionales de la tauromaquia rechazan la decisión del Parlamento catalán al tiempo que expresaban su solidaridad con los aficionados catalanes. En este comunicado, impulsado por la Mesa del Toro, se pide que se respete uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos: el de la libertad de asistir o no a un espectáculo si así lo desean, que además es una expresión de nuestra cultura y de nuestras tradiciones. También denuncian lo evidente por mucho que la clase política catalana favorable a esta prohibición lo niegue: la manipulación política de la Fiesta Nacional. Este manifiesto tuvo su anticipo la semana pasada cuando algunas figuras del toreo como «El Juli», José Mari Manzanares, Curro Vázquez –representante de Cayetano Rivera y Morante de la Puebla– y Miguel Ángel Perera se reunieron, con el apoyo de otros diestros que estaban toreando en esos momentos, para acordar una estrategia común en defensa de la Fiesta Nacional que pasa por solicitar una entrevista, prevista para septiembre, con la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y con los partidos políticos.

Es comprensible la inquietud e indignación que ha provocado la prohibición de las corridas de toros en Cataluña entre los profesionales de la tauromaquia y los aficionados. Hasta la fecha pocos colectivos profesionales han vivido una situación parecida como la que están experimentando los taurinos, que ven cómo están siendo instrumentalizados y utilizados por intereses que pasan más por el oportunismo político que por inquietudes que tengan que ver con la defensa de los animales.

En este punto cabe pedir tanto a la administración central como a las comunidades autónomas y a los partidos políticos que escuchen a los profesionales de la tauromaquia desde la sensibilidad y sin sectarismos ideológicos. Incluido, el Gobierno, a pesar de las recientes declaraciones del presidente del Ejecutivo, Rodríguez Zapatero, de que respetaba la decisión del Parlamento catalán al tiempo que pidió no politizar la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. El mensaje llegó tarde, porque es justo lo que sucedió en la Cámara autonómica. De más está decir que lo que ha sucedido en Cataluña ni es el reflejo del sentir mayoritario de todos los catalanes, ni respondía a una demanda perentoria de su sociedad.

Sea como fuere, se ha entrado en una deriva peligrosa, por cuanto algunos políticos parecen empeñados en crear polémicas artificiales que distraigan a los ciudadanos de las cuestiones importantes, una estrategia equivocada y que, como se está viendo, crea problemas donde antes no los había.


La Razón - Editorial

Baile de candidatos

Los socialistas deben cambiar su estrategia en Madrid, se presente o no Gómez a las elecciones.

Tomás Gómez, secretario general de los socialistas madrileños, cerró el curso político con un órdago suicida a la dirección federal, que Rodríguez Zapatero parece dispuesto a jugar, dadas las malas perspectivas del candidato para arrebatar en las urnas la mayoría absoluta de la que dispone Esperanza Aguirre al frente del Gobierno regional. Madrid, antiguo granero de votos socialistas, se ha convertido en un problema para el PSOE que su líder tiene la tentación de resolver mediante un procedimiento que, además de no garantizar el éxito de la apuesta, lesiona gravemente los principios democráticos sobre los que se asienta su partido.

El presidente del Gobierno ya acometió una jugada similar cuando, a la búsqueda desesperada de un candidato capaz de hacer frente en el Ayuntamiento a Ruiz-Gallardón, promovió la candidatura del entonces jefe de la Oficina Económica de La Moncloa Miguel Sebastián. El resultado fue una nueva derrota electoral y el inmediato abandono de Sebastián, que, lejos de cumplir con sus votantes y trabajar desde la oposición, fue rescatado por Zapatero para el Ministerio de Industria.

La historia y, por tanto, el error, podría repetirse si Rodríguez Zapatero cae en la tentación de apartar al que él mismo propuso con los mismos métodos que auparon a Tomás Gómez y que ahora pueden acabar con él. Forzar un congreso extraordinario, imponer un candidato desde La Moncloa y favorecer un baile de políticos que parecen dispuestos a perseverar en su trabajo solo desde el poder es un juego estéril, como bien se ha demostrado, que devalúa el ejercicio de la política y defrauda a los ciudadanos que se movilizaron en busca de un cambio en sus instituciones más cercanas.

Es probable que Gómez, que aún no ha podido batirse en las urnas contra Aguirre, no sea el mejor para disputarle la victoria y es muy posible que otros mejor situados, como la ministra de Sanidad Trinidad Jiménez (derrotada como candidata a la alcaldía de Madrid en 2003 y rescatada también para el Gobierno), tengan más opciones. Razones de cálculo electoral aconsejarían un recambio capaz de acortar distancias con el PP.

Tal como están las cosas, el PSOE debería medir cuidadosamente el procedimiento seguido para abordar ese cambio. Lo que cabe exigirle al partido es que, sean quienes sean finalmente sus candidatos, esta vez se queden, ganen o pierdan.


El País - Editorial