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El veinte aniversario del final del Muro de la vergüenza que separaba las dos Alemanias y condenaba a los ciudadanos de muchos países a vivir sin libertad, bajo una de las dictaduras más terribles y crueles de la historia, ha coincidido con el XXVIII Congreso, en libertad, del Partido Comunista de España. Y, curiosamente, la mayoría de los periódicos y de las televisiones y de las radios, ha dado más espacio al aniversario de la caída del muro de Berlín que al Congreso del PCE. Seguramente es por la falta de criterio que tenemos los periodistas.
Pero aún así, con mis cortas entenderas, le han dado demasiado aire porque es un partido que lleva veintiocho años perdiendo presencia, afiliación, diputados, prestigio y poder. Y si no fuera porque en algunos lugares se ha subido al carro de otros partidos, estaría a punto de desaparecer igual que desaparecieron las dictaduras comunistas y el Muro de Berlín. Pero en el Congreso han elegido a un nuevo secretario general, José Luis Centella, el que más apoyos ha obtenido en las últimas décadas, aunque si ustedes preguntan a los españoles de a pie, el noventa y nueve por ciento no le conocerían de nada. Tal vez por eso haya tenido que hacer méritos para, en una inteligente operación de marketing, darse a conocer.
No se entiende de otra manera que no sólo hayan dicho que "el comunismo no ha muerto" y haya hecho apología de esa ideología -que ha demostrado sobradamente dónde conduce a los países donde se implanta y dónde queda la libertad de los ciudadanos que lo sufren- sino que ha asegurado ufano que "no tenemos que avergonzarnos ni que pedir perdón por nada". Sólo ha admitido "luces y sombras". Manda carallo.
Vaya por delante mi respeto para los comunistas que un día creyeron honestamente que esa revolución iba a conducir a los hombres hacia la igualdad y la libertad, pero que ha dejado una historia de dictaduras y de opresión sin límite. Que a estas alturas el PCE exija que pidan perdón los franquistas, la Iglesia, los curas y quien sea y que ellos se ufanen de lo que se ha hecho el nombre del comunismo y de la ciega obediencia, es para salir corriendo. Lo diga Francisco Frutos o José Luis Centellas, su nuevo líder. Afortunadamente, fuera de algunos románticos, algunos nostálgicos y pocos más, el futuro del comunismo en España y en el mundo -Cuba al margen, Venezuela en todo su poderío y China al traspiés- es el que es. El que han decidido los ciudadanos libres cuando han podido serlo. Es decir cuando se acabó con la dictadura comunista, con el poder en nombre del pueblo pero sin el pueblo. Y lo demás, disculpen ustedes, son zarandajas. Nadie saltó el Muro de Berlín para irse a la Alemania "Democrática", pero muchos murieron por buscar la libertad. A ellos les deben respeto.
Periodista Digital - Opinión
Los extremeños se tocan. Por José García Domínguez
Puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados.
Parece que, a falta de otros asuntos con que entretener el ocio de sus funcionarios, la PSOE de Badajoz ha dado en promover una adaptación rigorista de "Los extremeños se tocan", aquella célebre astracanada de don Pedro Muñoz Seca. Así, puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados. "El placer está en tus manos", anuncia con sutil agudeza el lema de ese gran esfuerzo pedagógico que ahora consume las energías de la las autoridades regionales. De tal guisa, un deporte privado que en todo el universo mundo se practica bajo la premisa del más estricto autodidactismo, en Extremadura ha pasado a engrosar la nómina de obligaciones de los poderes públicos.
A la izquierda de antes, la ilustrada, esa fijación por los menesteres de la entrepierna le vino cuando los barandas de la Escuela de Frankfurt mezclaron las churras del marxismo con las merinas del psicoanálisis. Delirante promiscuidad epistemológica que, con el tiempo y el declive de la letra impresa, nos llevaría de la Sexpol de Wilhelm Reich a las bolitas chinas de Cándido Méndez. Y es que los liberados de la UGT también andan ahora por la promoción institucional del onanismo vindicativo. De ahí que hayan premiado con una reproducción de ese adminículo erótico asiático a todos los partícipes en el Congreso de la Federación de Limpieza. Bolas, por lo visto, tienen de sobras. Cosa muy distinta es el empleo que han decidido hacer de ellas en estos tiempos de crisis.
Por lo demás, al observador atento no se le escapa lo que hay de impostado tras tanto alarde de modernísima desinhibición; ésa de la que igual presume Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, propalando en público su íntima afición a los solitarios. Y no porque traten de banalizar el sexo, de por sí algo bastante banal. Sino porque dejan traslucir su conformismo borreguil de toda la vida. Contra lo que ellos pretenden, ya no hay heterodoxia ni provocación alguna detrás de esa pueril alharaca, sino justo lo contrario: sumisa obediencia a los más prosaicos convencionalismos de la época. Como hicieron antes. Como ahora hacen. Como siempre harán, por mucho que nos hablen a humo de pajas.
Libertad Digital - Opinión
De derrota en derrota. Por Gebriel Albiac
LA batalla del Alakrana está perdida. No hay misterio: cuando un Estado renuncia al ejercicio de la fuerza para defender su potestad, es que está ya por completo muerto y sólo queda esperar el desagradable espectáculo de su podredumbre. Sería menos trágico, si los Estados se agusanaran ellos solos. Pero esa gangrena suya acaba siempre por pagarse con la vida de los otros: de los pobres, incautos ciudadanos, presos en las fatales redes que todo Estado despliega. No pagan con su vida los políticos. Nunca. Los desbarres del Estado se pagan siempre con sangre inocente.
No hay sorpresa. Cuando un ministro del ejército proclama -lo hizo con asombrosa petulancia el primero de los de Zapatero- su disposición a ser matado antes que matar, todos sabíamos, sin un asomo de duda, lo que estaba diciendo: que prefería que nos matasen a nosotros antes que asumir el coste moral que va incluido en el cargo por el cual él cobraba. Un ciudadano pacifista es un ciudadano éticamente impecable: tanto cuanto el que no lo es. Un ministro de la guerra pacifista es un perfecto canalla, un tahúr de sangre ajena. Desde que el pacifista José Luis Rodríguez Zapatero llegó por sorpresa al poder tras aquel 11 de marzo de hace casi seis años, España no ha tenido más que ministros pacifistas de la guerra. Ninguno ha muerto, que yo sepa, en el altar de sus humanitarias convicciones. Murieron, eso sí, soldados a los cuales se había privado del privilegio primordial que define el oficio: el uso profesional de las armas. Murieron, sin que ni siquiera les cupiera el honor -que es base de la condición castrense- de morir en combate. ¿Cómo iban a morir como soldados, si estaban sólo en misiones de paz humanitarias? Ahora son indefensos pescadores los que pagan el precio de un país que ha trocado a su ejército en ONG uniformada. Tampoco esta vez morirá ningún ministro. Pacifista. De la guerra.
Da asco toda esta farsa. Con vidas de abandonados ciudadanos de por medio. Hablemos claro. Por más que hablar claro nos avergüence. Cuando un ejército no está dispuesto -o autorizado- a hacer uso de sus armas, es mejor que se rinda y se disuelva. La ambigüedad militar sólo puede acumular muerte. En lo de la piratería en Somalia, Francia -que sí tiene un ejército sin vocación misionera- fijó el único canon, el de siempre desde que la piratería existe: perseguir a los navíos corsarios hasta sus últimos refugios, atacarlos, hundirlos. Todos los dispositivos, estratégicos y tácticos, con los cuales cuenta una fuerza armada deben ser puestos al servicio de eso. Y, si es preciso entregar un rescate para quitar de la línea de fuego a los civiles, se entrega. E inmediatamente después se procede a lo irrenunciable: la cacería, a cualquier coste, de los delincuentes. Pero, de no aceptar el precio material y moral que esa apuesta necesariamente implica -y esa es la humillada realidad española hoy-, sólo quedan dos opciones: a) pagar el impuesto revolucionario que los «hermanos de la costa» juzguen justo embolsarse para ser benévolos con nuestros barcos; b) abandonar esa zona de pesca para siempre.
En los primeros momentos del secuestro del Alakrana, una acción fulminante de comandos hubiera podido liberar a los secuestrados y escarmentar a futuros secuestradores. No se hizo. Ya no es posible. Los piratas han humillado a la Armada española. Han humillado al gobierno de España. Y nos han puesto a todos ante el espejo: no somos nadie; hasta el último zarrapastroso con un viejo kalashnikov en bandolera puede ponernos de rodillas. No hay ninguna sorpresa: es la herencia corruptora de aquel 11 de marzo.
ABC - Opinión
Un partido contumaz. Por M. Martín Ferrand
MUY probablemente, la memoria de Chindasvinto, el rey de la España visigoda de quien dijo San Eugenio de Toledo que fue «impío, injusto e inmoral», está más viva en la Historia de España que la de Francisco Frutos, el secretario general del Partido Comunista de España al que acaba de sustituir José Luis Centella, un cordobés cincuentón, republicano fervoroso y que sostiene que Cuba y Vietnam son dos claros ejemplos de que «se puede derrotar al capitalismo». No deja de ser chocante que el PCE, siempre de espaldas a la realidad, haya celebrado su décimo octavo Congreso en coincidencia con el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la ceremonia litúrgica con la que el mundo celebra el olvido del estalinismo; pero, con excepción de su oposición al franquismo, esa viene siendo su nota dominante desde que se desgajó del PSOE en 1921.
Centella, tan veterano como difuso en la nomenclatura de su partido, entiende que el socialismo del siglo XXI tiene como referentes a Venezuela y Bolivia. Esa contumacia comunista resulta enternecedora. Dicen luchar contra la explotación del hombre por el hombre y propugnan la explotación de la Sociedad por el Partido en radical y tenebroso olvido de que el individuo, la persona, es la unidad que sirve para medir la realidad de los derechos y las libertades. ¿Qué sentido, más allá de la nostalgia, puede tener aquí y ahora un modelo comunista que Rusia trata de olvidar y que en China se disfraza de consumismo?
Puestos al disparate, a falta de ideas y proyectos que ofrecer al respetable, el nuevo baranda del PCE, núcleo fundamental de IU y valor integrado en el tripartito que gobierna en Cataluña, dice tener «mucho trabajo por delante». «Tenemos que trabajar -concreta- para acelerar la jubilación de Juan Carlos de Borbón y buscar una salida laboral acorde con sus habilidades para Felipe». Aclarémosnos: ¿Centella pretende actuar como monologuista en el Club de la Comedia o, verdaderamente, quiere regir un partido que en las últimas legislativas consiguió cerca de un millón de votos? La falta de respeto constitucional que denotan manifestaciones dizque republicanas, como la aquí reseñada, sólo sería admisible si el PCE renunciara a la subvención reglamentaria que los Presupuestos Generales del Estado reservan para los partidos. ¿Existiría el PCE en un caldo de libertad sin la mamandurria pública?
ABC - Opinión
La hora de la sociedad civil. Por Ignacio Camacho
EN tiempos de crisis intelectual o moral, que con frecuencia coinciden con recesiones económicas, la democracia se vuelve hacia la sociedad civil en busca de una respuesta capaz de generar nuevas esperanzas. El simple hecho de llamar sociedad civil a la que se organiza al margen de los partidos e instituciones denota una sensible desconfianza respecto de la clase política profesional, contemplada como una secta estamental que reproduce el papel de las antiguas dominancias militares o religiosas. Y no poco de sectario hay, en efecto, en su comportamiento colectivo, enfermo de corrupción y de ensimismamiento. Hace unos dias Joaquín Leguina reflexionaba con escepticismo sobre el tópico de que todos los políticos son iguales; para demostrar que no lo son, venía a decir, convendría que evitasen comportarse de forma sospechosamente similar en la defensa de sus vicios de casta.
El creciente proceso de desgaste o desprestigio de la política convencional que se viene observando en la sociología española debería propiciar un resurgimiento del protagonismo civil que activase la participación democrática; sin embargo, la articulación social al margen de las estructuras institucionales no pasa del estado abstracto porque los partidos y el poder han invadido el territorio político con una vocación excluyente. Incluso la eclosión de una emergente fuerza tercerista como la UpyD de Rosa Díez, que ilusiona a sectores urbanos desencantados de la partitocracia bipolar, se basa en la popularidad y el liderazgo de una figura del establishment fuertemente connotada de profesionalidad política. Las plataformas sociales, culturales o deportivas, los sindicatos y otras esferas asociativas están intervenidas por los poderes públicos a través de potentes redes clientelares y subvenciones diversas que coartan la independencia de su funcionamiento. De alguna manera, a lo largo de treinta años de democracia el poder tradicional se ha asegurado su hegemonía mediante la anulación de cualquier forma de autonomía civil y la subordinación a sus intereses de toda modalidad participativa.
Pero las encuestas son tercas: está creciendo el hastío ante la falta de respuestas. La versión más inane de la socialdemocracia coincide con el momento más lánguido de la derecha liberal, y en esa encrucijada de incapacidades la democracia necesita una válvula de escape para no caer en las tentaciones del populismo. La única vía posible es la de la llamada sociedad civil: foros, plataformas o tribunas de reflexión que escapen del sectarismo y propicien un rearme político y moral de la exigencia ciudadana. Para las clases urbanas, para los cuadros profesionales o intelectuales refugiados en el individualismo, es la hora de volver al debate público y rescatarlo de la esclerosis si no queremos que esa queja creciente languidezca en una pasiva renuncia conformista.
ABC - Opinión
Chávez amenaza de nuevo
Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.
Es habitual que los dictadores belicosos busquen cualquier excusa para rearmarse y, llegado el momento, tapar las vergüenzas propias emprendiendo una guerra contra el vecino. Chávez, que, antes de presidente de Venezuela, fue coronel del Ejército con un golpe de Estado en su haber no iba a ser una excepción. El odio que profesa por los Estados Unidos y por el Gobierno colombiano es conocido por todos y el propio Chávez lo renueva periódicamente a modo de inyección patriótica.
Las coordenadas del nuevo conflicto, por ahora, afortunadamente, sólo verbal, que maquina Chávez en su programa televisivo donde se entrega a un obsceno culto a la personalidad digno de un tirano, no hay que buscarlas en sus fobias personales, sino en los problemas que padece Venezuela y en la permanente necesidad de propaganda del régimen. A pesar de la riqueza petrolífera del país, que le proporciona jugosos ingresos en divisas, Venezuela es cada año más pobre. El descontrolado gasto público del Gobierno, la ya crónica ineficiencia administrativa y la socialización a marchas forzadas de grandes sectores de la economía han metido a Venezuela en una crisis estructural de gran calado.
Eso en la parte que toca a una economía esclava del monoproducto nacional, el petróleo, y sujeta a los vaivenes de éste en los mercados internacionales, que se encuentran muy debilitados tras la crisis financiera internacional. El petróleo no ha vuelto a acercarse a los 100 dólares/barril que es, aproximadamente, el precio sobre el que Chávez hace sus cuentas de gasto. Con el pueblo empobrecido, descontento y privado de libertades políticas y económicas, al heredero de Castro sólo le queda la propaganda, materia en la que Hugo Chávez ha demostrado ser un consumado artista.
Para que cualquier maquinaria propagandística funcione es imprescindible la invención de un enemigo mortal que amenaza la existencia de la comunidad. Si para Münzenberg fue la burguesía y para Goebbels los judíos, Chávez ha encontrado en Uribe y sus relaciones con Washington el villano perfecto. Uribe es la antítesis de Chávez. Donde uno es histriónico y faltón, el otro es contenido y cortés. Donde uno trabaja para forjar una clase media en su país, el otro la ha laminado concienzudamente en el suyo. Donde uno cree en la democracia, las instituciones y la división de poderes, el otro hace lo propio con la autocracia, los círculos bolivarianos y el Estado omnipotente.
El tiempo está poniendo a cada uno en su sitio hasta el punto que Colombia ya no admite comparaciones con la desdichada Venezuela. Eso no pasa desapercibido para un aprendiz de tirano como Chávez. Necesita la confrontación para motivar a los suyos y para ocultar el fracaso sin paliativos de su revolución. Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.
Libertad Digital - Opinión
La Europa de la vergüenza. Por Andrés Aberasturi
Es bueno celebrar, veinte años después, la caída del muro de Berlín y felicitarnos todos por lo demócratas que somos, por lo bien que nos llevamos y hasta por cómo nos emocionamos en aquel momento histórico -fue realmente el fin del Siglo XX- al que llegaron tarde incluso los fotógrafos y las teles. Pero sería injusto no recordar también la Europa de la vergüenza, aquellos políticos que mantenían cínicamente un doble lenguaje: clamaban por la libertad en sus discursos oficiales pero ninguno daba un solo paso al frente por conseguir la reunificación de Alemania, la caída de esa monstruosidad política, pero sobre todo humana, que fue el maldito muro. Esa Europa de la vergüenza es la misma que miró hacia otro lado cuando la invasión de Hungría, la misma que en la primavera de Praga permitió sin apenas pestañear que los jóvenes checos se enfrentaran con piedras a los inmensos tanques rusos.
Esta Europa que hoy se felicita en el aniversario de la caía del muro, tuvo un comportamiento bien diferente veinte años atrás. No hablo de los europeos sino de sus políticos, de los tres grandes nombres que dejaron completamente solo al enorme Helmut Kohl que aquella noche mágica recibió una única llamada de de apoyo y solidaridad de un joven socialista, presidente del Gobierno de una joven democracia llamada España: Felipe González. El resto fue silencio en el mejor de los casos, hipocresía y hasta cinismo: Giulio Andreotti no dudaba en afirmar que quería tanto a Alemania, que prefería que hubiera dos en vez de una. La dama de hierro desde la Gran Bretaña desengañaba a sus colegas: una cosa es lo que se decía en público y otra la realidad y la realidad era que el Reino Unido prefería claramente dos estados alemanes a uno solo mientras Mitterrand ponía toda suerte de dificultades temeroso de una gran Alemania llamada a liderar la futura Europa marginando de alguna forma el papel protagonista de Francia.
Desde la óptica política se pueden entender estas posturas; desde la ética democrática lo que los líderes de Londres, Paris y Roma defendían era la continuidad en el corazón de Europa de 155 kilómetros de muro, 302 torres de vigilancia, 14.000 guardias fronterizos, 600 perros guardianes y quien sabe cuántos muertos: se calculan entre 239 y 800 que nunca llegaron a la libertad. Es difícil entender desde la conciencia que los intereses político/económicos de quienes se proclamaban líderes democráticos alcanzaran cotas de tanta mezquindad.
Repasando estas cifras y por mucho eurocomunismo que se inventara en su momento, duelen las declaraciones de Frutos diciendo que demagogias las justas en referencia al Muro de Berlín o las del recién elegido secretario general del PCE, José Luis Centella, cuando afirmaba que "El partido reivindica su pasado heroico, y no tenemos que avergonzarnos ni pedir perdón por nada, sino que hay que luchar para que no nos quiten la memoria" y lamentaba que algunos quieran hacer pasar por "verdugos" a los comunistas, cuando han sido las "víctimas" de la historia. Pues me temo que va a ser que no, señor Centella.
Periodista Digital
El muro. Por Alfonso Ussía
Cuando un sistema se ve obligado a levantar un muro para impedir que la gente huya hacia otro sistema, es que todo falla. Había llegado al Papado un hombre de la Iglesia perseguida, ajeno y lejano a la Curia. Lo decía su Secretario de Estado, monseñor Casaroli. «El problema de Juan Pablo II es que cree demasiado en Dios». Un actor mediocre que irritaba mucho a la Izquierda, Ronald Reagan, gran Presidente de los Estados Unidos, demostró la vejez y chatarrería militar soviética. Y un comunista pragmático, Mihail Gorbachov, lo entendió todo. «Esto no tiene sentido y ha llegado el final». A muchos kilómetros de Berlín, en su insultante palacio de Bucarest, el eterno anfitrión de Santiago Carrillo, el asesino Ceacescu, mostraba con un gesto de extrañeza su incredulidad ante lo que oía. El pueblo rumano le gritaba «Muera Drácula». Con su mujer Elena, se fugó en un helicóptero, pero de nada le sirvió. No pudo disfrutar de los miles de millones de dólares que guardaba en Suiza y otros paraísos nada comunistas, por cierto. Ceacescu y Elena fueron fusilados por quienes ellos creían sus soldados después de un juicio extravagante, en el que su abogado defensor le acusaba más que el fiscal. Y en Berlín, ante la pasividad de los centinelas de la Alemania comunista, de un lado y del otro del muro, decenas de miles de jóvenes derribaron el hormigón ignominioso que separaba la libertad de la prisión.
Veinte años han pasado. La URSS staliniana y leninista se desgajó. Y Rusia es una gran nación que poco a poco recupera la normalidad. Alemania es una. Las naciones sometidas a la bota comunista, unas mejor que otras, han emergido y forman parte de la Unión Europea. El Pacto de Varsovia es memoria. En China, las autoridades comunistas llevan a cabo sorprendentes experimentos capitalistas. Una isla, amadísima por los españoles, queda por ahí aislada del futuro y sometida a la miseria de su llamada «Revolución», con el ochenta por ciento de su presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y policiales. En breve caerá el invisible muro de su vergüenza desde el malecón a las aguas caribes. Todo el mundo se ha citado en Berlín para celebrar la reunificación alemana y el fin de la ruina comunista en Europa. Es la gran noticia de hoy.
En España, simultáneamente, ha tenido lugar un suceso bastante divertido. El PCE, Partido Comunista de España, ha organizado su decimoctavo Congreso. Leo que ha sido designado nuevo líder del comunismo español un chico llamado José Luis Centella. Allí muros caídos, y aquí, antiguos, viejísimos, artríticos puños en alto. No se han enterado de nada. Ha dicho Centella que el comunismo no tiene que pedir perdón ni sentirse avergonzado. Son centenares de millones de personas en el mundo las que han muerto asesinadas por el comunismo por buscar su libertad. Pero Centella no se avergüenza. Importa un bledo lo que Centella diga y lo que Centella haga. Cada día son menos. Pero el contraste resulta estremecedor. En Alemania, el mundo reunido para celebrar la luz de la libertad. En España, un grupete de exaltados, empeñados en permanecer en su pequeño campo de concentración. Centella, alegra esa cara, tío, y documéntate.
La Razón - Opinión
La profecía incumplida. Por Cristina Losada
El "nosotros también tuvimos Muro" de Zapatero no es el mero balbuceo de la ignorancia. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista.
El 9 de noviembre de 1989, la crítica situación de Alemania oriental no figuraba en el orden del día de los dirigentes de la Unión Soviética. A Gorbachov y sus camaradas les preocupaban mucho más los problemas internos. Veinte años después, la caída del Muro y el fulminante hundimiento del comunismo, tampoco están, en realidad, en nuestra agenda. Bastantes enredos tenemos como para ocuparnos de un acontecimiento histórico. He ahí un error. Considerar que aquello pasó y hoy sólo es carne de reportaje. Resulta difícil traer al presente el enorme poder que tuvo el comunismo. Y no donde era doctrina del Estado, que allí no albergaban ilusiones, sino donde no lo era. Hablo de su poder sobre las conciencias. Incluso cuando la luz del Kremlin había declinado y el paraíso andaba de mudanza constante. Incluso ahora.
Los fieles del comunismo componen una nota marginal y folklórica. Sin embargo, cuántos siguen juzgando aquella ideología no por sus resultados, sino por sus intenciones. Y cuántos permanecen aferrados a algún salvavidas similar al que lanzó en su día el filósofo marxista George Lukacs: "Aún el peor socialismo es preferible al mejor capitalismo". El anti-comunismo todavía es anatema en nuestra izquierda. La efeméride berlinesa se reduce, así, a la demolición de una tapia que separaba a los alemanes o a la señal del fin de la Guerra Fría. Nada le pasó al comunismo, pues, como se ocuparon de redefinir tras su colapso, no era tal lo que había en la URSS y sus satélites. Desde el diario El País advierten que el mal no radicaba en la búsqueda de la "justicia social", sino en los medios empleados. ¡Justicia social! Cómo se hubieran tronchado Lenin, Stalin, Ceaucescu o Pol Pot de haber visto expresados sus propósitos con un concepto tan próximo a la doctrina social católica.
Nadie predijo la rápida caída del imperio comunista, pero hay que recordar cuál era la profecía que venían actualizando varias generaciones de intelectuales desde el confort de la democracia: la debacle del capitalismo. Qué terrible disgusto que ocurriera lo imprevisto. Pasado el sofoco, eludidas las lecciones, entregados a los subterfugios, regresa la profecía incumplida al imaginario ya no progresista, sino progre. La miseria, la injusticia y las masacres impiden absolver al comunismo, pero, ah, nada de eso vindica al liberalismo, sino todo lo contrario. Aún hay, sin embargo, cogitaciones más sonrojantes. Zapatero, de visita en Polonia, equipara el comunismo a la dictadura de Franco. Su "nosotros también tuvimos Muro" no es el mero balbuceo de la ignorancia. Muestra algo más que la descomposición intelectual de la izquierda postcomunista. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista. Por la utopía, en fin, de una sociedad perfecta.
Libertad Digital - Opinión
La lección jamás aprendida. Por Hermann Tertsch
PRECIOSA ceremonia en Berlín con motivo del veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín. Todos los dirigentes europeos, jubilados y en ejercicio, reunidos junto a la Puerta de Brandenburgo para recordar una de las triquiñuelas de la historia más gamberras de las que tenemos noticia. Porque aquel día, el régimen criminal comunista de la República Democrática Alemana no tenía la menor intención de abrir la frontera con Berlín occidental ni de concederles la libertad a sus ciudadanos. Ni el señor Mijail Gorbachov, pese a todos sus méritos en reconocer la ruina del proyecto del socialismo real soviético e intentar infundir algo de sentido común al régimen, tenía la mínima idea de que aquel día se avenía la libertad para millones de alemanes. Aunque hoy el señor Gorbachov sea alabado con muchísima justicia en Berlín. Sin él como jefe máximo del Kremlin es muy posible que todos los cambios que ya se habían producido en Centroeuropa no hubieran sido tan pacíficos. Polonia ya había celebrado elecciones y Hungría ya había proclamado abiertamente su decisión de desplegar su vocación nacional occidental milenaria. Solo una operación militar masiva con muchos miles de muertos habrían retrasado, que no evitado, lo que estaba sucediendo. Pero la descomposición del régimen de la RDA había llegado, después del cese de Erich Honecker a un punto tal entre sus camaradas dirigentes que a nadie puede extrañar que el señor Günther Schabowski, jefe del partido socialista unificado (SED) en Berlín no tuviera ni la más remota idea de qué significaba la disposición del máximo órgano del régimen cuando tuvo que interpretarlo en público en la célebre conferencia de prensa en la que dijo que las medidas se aplicaban de inmediato. Y todos entendieron que podían viajar desde ese mismo minuto. Nada más lejos de la intención real del régimen. Pero ese malentendido puso en marcha unos acontecimientos ya absolutamente imparables. En realidad el régimen totalitario y criminal soviético impuesto en toda Europa Central después de la caída del nazismo había llegado a un nivel de inviabilidad que sólo una represión masiva de tipo asiático podía haberlo mantenido durante un tiempo muy limitado.
Fueron muy emocionantes los actos de ayer, conmovedores para quienes conocimos bien los sufrimientos de la población y los abusos del poder de los peores, producto de la selección negativa en el movimiento comunista. Hubo palabras bellas de algunos de los principales líderes europeos, todas evocadoras de aquella frase en la que Don Quijote le habla de la libertad a Sancho y le dice que por ella hay que ser capaz de darlo todo incluso la vida. Quienes no valoran la libertad lo suficiente como para arriesgar la vida por ella gozan de la misma de prestado, gracias a aquellos que sí saben que vivir sin libertad no es vivir plenamente. Y que durante setenta años en la URSS y cincuenta en sus estados vasallos se jugaron libertad y vida y muchas veces perdieron ambas. Millones de cadáveres y muchas decenas de millones de seres humanos enterrados en vida en regímenes opresores son el único legado de la aventura criminal que en principio creímos enterrada aquel nueve de noviembre. Un nueve de noviembre en el que también se conmemora la entrada en plena actuación de la otra gran maquinaria del terror del siglo XX que fue la noche de los Cristales Rotos en el propio Berlín, cuando el régimen nazi se quita definitivamente la máscara y comienza la política de exterminio de los judíos europeos en 1938. Que el puñado sectario de comunistas españoles digan en su Congreso que no tienen nada de que arrepentirse es un miserable alarde de lo peor del nazismo y el comunismo. Son los irreductibles para los que su propia miserable idea vale más que la vida y los sufrimientos de millones de seres humanos. Serían capaces de repetir todo lo hecho. Y que nuestro presidente del Gobierno dijera ayer que el hundimiento del comunismo era equiparable a la muerte del dictador Franco supone un insulto y una trivialización de los crímenes comunistas en Europa que produce náuseas.
ABC - Opinión
Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal: ¿cuándo expedientáis a Fraga?. Por Federico Jiménez Losantos
Vaya por delante que decir lo que uno piensa sobre la dirección del partido, sea cual sea el partido y sea cual sea la dirección, me parece saludable, democrático y lo manda la Constitución. Pero ya que el marianismo en pleno, incluido el Álvaro de Luna de Rajoy, que es Camps, ha decretado la Ley del Silencio dentro del PP, tras la embestida de Fraga contra los presidentes del PP y la Comunidad de Madrid y Valencia –a Camps le imputa los delitos de trajeo y trajineo, como el dizque espiado Cobordón hizo con Aguirre, aunque no a satisfacción de Fraga– el Politburó del PP debe demostrar que la amenaza iba en serio. Y, naturalmente, abrirle expediente al Presidente Fundador, Veterano o Terry.
Arenas, al que se le está desmandando el rebaño, acaso porque no se atreve a pastorearlo con todas sus consecuencias, ha vuelto a decir, casi al tiempo del exabrupto de Fraga, que "los micrófonos no están para criticar a los compañeros de partido". Bien es verdad que dentro del partido tampoco se puede criticar a Rajoy y sus Marianos Automáticos, así que lo que Arenas predica realmente es que en el PP todo el mundo chitón y mucho cuidadito.
Todavía resuena la crítica de la Fatal Cospedal a su "madrina" Aguirre por no haberse presentado ante el gangbang de Génova 13, Rue del Percebe, donde habría sido maltratada por los siempre derrotados caudillitos del PP. Todavía resuena el ensordecedor silencio de la pandilla genovesa sobre el respaldo inmediato e incondicional de Gallardón a las mentiras de Cobo, cuya suspensión de pagar las cuotas, siendo tan escandalosamente ridícula, bien podría haber compartido su amo moral, ese enemigo de la libertad, amante del amor y amigo del déficit y la deuda ruina, sito en Ambiciones. Y todavía, al escribir esto, no tengo noticias de que Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal le hayan abierto expediente a Fraga, gran protector de Gallardón, al que hizo sustituir a Verstrynge tras su hazaña como abogado del líder de AP al secuestrar por dos veces la revista Cambio 16, que había publicado que Almirón, escolta de Fraga, era o había sido de la Triple A. Ya se sabe que el respeto a la libertad de expresión, sobre todo si la ejerce la derecha liberal, es una de las características más acusadas de Gallardón.
Si no expedientan a Fraga, como no expedientaron a Gallardón ni exigieron dejar el cargo de portacoz del Ayuntamiento al expedientadito Cobo, los del Politburó del PP ya no tendrán excusa ni siquiera cuando los atropellen a ellos. Que los atropellarán.
El blog de Federico
Un error histórico: cien años de dinero de curso legal . Por Anta E. Fekete
Muy probablemente concluirá el año 2009 sin que se haya conmemorado el centenario de un evento de gran importancia en la historia, que figura en forma destacada como la causa principal de la Gran Crisis Financiera del siglo. Este evento fue aquel al cual se le dio el falso nombre de “Legislación de Curso Legal” de 1909. Los billetes de banco, tanto de la Banque de France, así como del Reichsbank de Alemania, se convirtieron en moneda de curso legal, primero en Francia y muy poco después, también en la Alemania Imperial. El resto del mundo siguió el ejemplo.
De esta forma se eliminaron todos los obstáculos a la financiación, por medio de créditos, de la Guerra Mundial que se avecinaba y a la monetización de la deuda que resultaría por medio de billetes de banco.
Un efecto imprevisto fue que se truncaron todos los esfuerzos diplomáticos por evitar la guerra y la gran derrama de sangre y destrucción de propiedad que traería consigo. En ambos países, los partidos que favorecían la guerra se habían anotado una gran victoria. La causa de la paz sufrió una derrota decisiva.
Quiero subrayar que he dicho que la legislación que llevó el nombre de “Legislación de Curso Legal” no fue tal, porque “curso legal” en este contexto fue una maligna distorsión del sentido aceptado de la frase. No había ningún aspecto de coacción en el curso legal, anteriormente a 1909. Los billetes de banco circulaban como dinero, pero su aceptación era enteramente voluntaria. La gente tenía el derecho incondicional de cambiarlos por moneda del país, o sea, por monedas de oro. Si un banco no podía entregar moneda de oro a cambio de un billete estaba en mora técnica y tenía que atenerse a las consecuencias.
En su sentido original el término “curso legal” se refería sencillamente a un estándar de tolerancia aplicable al desgaste de las monedas de oro. Las monedas de oro que estaban dentro del estándar de tolerancia circulaban por número, o sea, que su “valor de curso legal” se establecía por conteo de las mismas – una gran conveniencia. Otras circulaban por peso: todas y cada una de las monedas tenía que ser pesada – una gran inconveniencia. No había coacción alguna establecida en esta discriminación.
La salida de la crisis y el camino para evitar otra Gran Depresión es por vía de la restauración de la libertad en el ámbito de la moneda: por medio de una hábil revocación de las leyes de curso legal
La Casa de Moneda cambiaba monedas de oro dentro del estándar de tolerancia a cambio de nuevas monedas recién acuñadas, sin cargo para el propietario. El gobierno absorbía la pérdida y la cubría con cargo a los fondos generales de ingresos. Al costo se daba el mismo trato que el costo de mantener en buen estado las carreteras del país. No sólo no había coacción alguna en las leyes de curso legal, sino que en efecto, el gobierno proporcionaba un servicio público sin cobrar una cuota por el mismo. Ese era el significado de “curso legal” anteriormente a 1909.
Coacción contra el público
Nótese el cambio disimulado en su significado, como resultado de las leyes de curso legal de 1909. En el lugar de una conveniencia pública se sustituyó una coacción contra el público. Los dos gobiernos con la mayor capacidad bélica del mundo introdujeron la coacción al forzar a sus súbditos a aceptar y usar deuda como dinero. Esto constituyó un acto nunca antes visto en las historia. En particular, los gobiernos estaban obligando a los militares, así como a los empleados del gobierno, a recibir promesas de papel a manera de pago con finiquito por servicios rendidos.
Desde luego, el uso de la frase “curso legal” en esta forma constituye una contradicción. Una promesa de pago que es al mismo tiempo, un finiquito, no es una promesa. Es un edicto arbitrario. Este fue un paso reaccionario, diseñado para facilitar el aumento ilimitado de la circulación monetaria, sin tomar en cuenta la reserva de oro. Permitió la financiación con crédito de la guerra que se avecinaba, gran parte del cual era libre de intereses y sin fecha de vencimiento. La carga financiera de la guerra se le impuso al pueblo sin su consentimiento.
La medida se representó como un simple cambio, conveniente por razones de eficiencia. No hubo debate público respecto a sus implicaciones. En aquel tiempo, nadie podía adivinar las consecuencias ominosas. Nadie sospechaba mala fe de parte del gobierno. Como prueba de buena fe, se permitió que el oro continuara en circulación por otros cinco años. Los bancos entregaban las monedas de oro sin mayor problema. No hubo un notable incremento en la acumulación de monedas de oro por el público, señal que éste albergaba una confianza implícita en su gobierno. Cuando la guerra finalmente estalló en 1914, “los cañones de agosto” anunciaron el efecto demorado de las leyes de curso legal. De inmediato, todas las monedas de oro se escondieron. Los bancos se rehusaron a entregar oro a cambio de billetes. La Legislatura, incluso todos los diputados socialistas, votó a favor de los créditos bélicos que solicitaba el gobierno, sin demora.
El origen de la Gran Depresión
El primer autor que desenmascaró la conexión entre las Leyes de Curso Legal de 1909 y el inicio repentino de la guerra, cinco años más tarde, en 1914, fue el economista alemán Heinrich Rittershausen (1898-1984). También pronosticó la Gran Depresión y mostró la relación que existió entre la subsecuente ola de desempleo sin precedente y estas Leyes, como explicaré en mayor detalle más adelante.
No nos queda más que especular sobre caminos distintos que pudiera haber seguido la historia. ¿Hubiera terminado en breve la matanza insensata y la destrucción de propiedad si no se hubiesen promulgado las Leyes de Curso Legal, tan pronto como los gobiernos en guerra hubiesen agotado el oro necesario para financiarla? La mayoría de los observadores contemporáneos pensaba que así hubiera sido. No había forma de financiar un conflicto de esta magnitud por medio de impuestos. La gente no comprendía que el curso legal era una forma invisible de impuesto, para pagar por la guerra más grande que hubiera visto el mundo hasta ese punto en la historia. No comprendía el poder del crédito que permitiría que los gobiernos gastasen sangre y tesoro con toda libertad, sin limitaciones. La gente no percibió al Moloch detrás de la fachada de Curso Legal – el dios que se preparaba para devorar a sus propios hijos.
Sin embargo, las leyes de curso legal tuvieron otra nefasta consecuencia, que no se reconoció en aquel tiempo. Anteriormente a 1909, el comercio mundial se financiaba por medio de letras de cambio (“real bills” o “bills of exchange”) giradas sobre Londres. Una letra de cambio era papel comercial con vencimiento a corto plazo, pagadero en moneda de oro a su vencimiento. Representaba crédito auto-liquidable para financiar la aparición de mercancía nueva, demandada con mayor urgencia por los consumidores, en los mercados. Como su creación estaba limitada a la cantidad de mercancía nueva en camino al mercado, no era inflacionaria.
El crédito era liquidado por la moneda de oro entregada por el consumidor final de la mercancía subyacente. Una letra de cambio la podríamos entender como un crédito en proceso de “madurar en monedas de oro” en fecha próxima. Como medio de cambio, la letra de cambio era lo que seguía a la moneda de oro misma, en calidad. Su tenencia era virtualmente libre de riesgo, ya que la mercancía subyacente tenía un mercado bien dispuesto a su adquisición, en cuanto llegara a su destino.
El confidencial
Jubilados sin techo. Por Luis del Pino

Esta semana saltaba a los medios una noticia particularmente estremecedora. La directora de Cáritas Diocesana de Valencia, Concha Guillén, denunciaba cómo se están multiplicando en los últimos meses las solicitudes de ayudas para alquiler por parte de viudas y parejas de edad avanzada.
El motivo es que la crisis económica está arrojando a familias enteras al paro. Y al no poder muchas parejas jóvenes hacer frente a sus créditos hipotecarios, los bancos no sólo les están quitando la casa a ellos, sino también a sus padres, que figuraban como avalistas de esos créditos.
De ese modo, personas ya jubiladas, que habían conseguido pagar su casa después de toda una vida de trabajo, y que viven de una escueta pensión, se encuentran de la noche a la mañana literalmente en la calle, arrojadas de su vivienda y forzadas a recurrir a la caridad para pagar un alquiler que su pensión tampoco alcanza a cubrir.
¿Es mínimamente moral esto que está pasando?
En Estados Unidos, al comprar una casa, el crédito hipotecario está respaldado exclusivamente por el bien que has adquirido, es decir, por la propia casa hipotecada. Si no tienes con qué pagar la hipoteca, entregas al banco las llaves de la casa y asunto resuelto. No pierdes nada más. Ni tu familia tampoco.
En España, por el contrario, los bancos obligan a avalar los créditos hipotecarios con otras propiedades, de modo que si no puedes pagar la hipoteca no sólo te quitan la casa, sino que pueden quitarte también cualquier otro activo con el que tú o tu familia hayáis avalado la compra.
Se trata de una situación abusiva, en donde los bancos jamás arriesgan nada. Cuando acudes a una oficina bancaria a mendigar un crédito, invariablemente te responden que el Departamento de Riesgos tendrá que estudiar tu solicitud. ¿Departamento de Riesgos? ¿De qué riesgos hablan, si el banco nunca corre ninguno? Para que te den el dinero tienes que demostrar, prácticamente, que no lo necesitas. Y si no lo puedes demostrar, tendrás que encontrar un familiar que responda por ti.
Eso sí, si quien va a pedir el crédito es un gran constructor, todo son facilidades para darle los centenares de millones de euros que necesite. Y si estalla la burbuja inmobiliaria, como ahora ha sucedido, entonces se recurre al dinero público, al dinero de todos, para tapar ese agujero que los grandes constructores le han creado a los bancos. Porque claro, no podemos dejar que se hunda el sistema financiero, ¿verdad? Lo cual es una forma muy elegante de decir que no podemos permitir que los bancos pierdan dinero. Y mientras tanto, jubilados a quienes han pillado como avalistas se tienen que ir a vivir a la mismísima calle.
Con la crisis, las peticiones de ayuda a Cáritas - ayuda de todos los tipos - se han disparado. Y los destinatarios de esas ayudas ya no son sólo, como antes, las personas desarraigadas, sino personas y familias perfectamente integradas en la sociedad que, de la noche a la mañana, lo pierden todo. Absolutamente todo. La portavoz de Cáritas Diocesana de Valencia lo resumía con una frase muy elocuente: "Hemos pasado de atender a los pobres a ayudar a nuestros vecinos". El perfil del demandante de ayuda ha cambiado radicalmente en el último año. Al lado de esos jubilados que han perdido su vivienda, cada vez hay más hombres solteros, más parejas jóvenes, más madres solteras con hijos a su cargo. Dos tercios de los demandantes de ayuda son inmigrantes; el tercio restante, españoles.
Una vez más es la Iglesia, esa Iglesia tan denostada por los progres, la única que está haciendo algo para aliviar la debacle asistencial que nos ha caído encima. Y mientras la Iglesia se afana en atender a tanta persona necesitada de ayuda, y mientras el presupuesto de Cáritas y de las restantes organizaciones asistenciales de la Iglesia se ve desbordado por la avalancha de nuevos pobres, ese gobierno que se autotitula progresista a lo que se dedica es a cubrir los agujeros creados por golfos de todo pelaje en las instituciones financieras y en las administraciones públicas, sin que ninguno de esos golfos, por supuesto, devuelva nunca un duro.
El robo de alimentos en los grandes centros comerciales o el robo de ganado en el campo andaluz se generalizan. Y mientras tanto, los miembros del Congreso pagan impuestos irrisorios y discuten sobre si los futbolistas tiene que pagar más o menos que ellos. Medio millón de familias españolas no tienen, en estos momentos, ninguna fuente de ingresos. Y mientras tanto, hay quienes, por ser esposas de un presidente autonómico, disfrutan de 16 cargos diferentes. Las mujeres españolas, que habían desaparecido de los circuitos de la prostitución hace quince años, vuelven a aparecer en los clubes de alterne o en los barrios chinos de las ciudades, empujadas por la necesidad. Y, mientras tanto, el gobierno sigue regalando subvenciones a un cine español que nadie ve e imponiendo cánones digitales que nadie controla, porque de algún modo hay que pagar al sindicato de millonarios de la ceja. Vuelve la mendicidad casa por casa, personas que tocan a tu puerta pidiendo dinero o comida, y que es algo que no veíamos hace treinta años. Y mientras tanto, no hay día que no nos desayunemos con un nuevo responsable político acusado de embolsarse el dinero de todos nosotros a manos llenas. Sin que nadie, por supuesto, devuelva nunca un duro.
Estamos gobernados por golfos, que se enriquecen a espuertas, convirtiendo la vida pública en un auténtico lodazal. Estamos gobernados por hipócritas, que simulan defender a los desfavorecidos cuando no hacen otra cosa que chanchullear con gente bien, de esa que se las arregla siempre para prosperar, sea quien sea el que esté en el gobierno.
Pero lo peor no es eso. ¿Saben ustedes que es lo peor? Lo peor de todo es que quienes nos gobiernan no perderán ni una sola noche de sueño pensando en un jubilado al que el banco le ha puesto en la mismísima calle o en ese número creciente de familias que tienen que vivir de la caridad. Porque están inmersos en sus chanchullos y los dramas de la gente de la calle les importan una higa.
Lo peor, como les digo, no es que quienes nos gobiernan sean golfos o hipócritas. Lo terrible, lo verdaderamente terrible, es que además carecen de corazón.
Liberta DigitalOir esradio
La candidatura alternativa de UPyD critica la falta de democracia interna
La candidatura alternativa a Rosa Díez que se ha presentado para liderar Unión, Progreso y Democracia (UPyD), y que está encabezada por el madrileño Valia Merino, asegura que cuenta cada día con el apoyo de más militantes que están descontentos con la falta de democracia interna y que quieren que la formación recupere su espíritu fundacional.
El número dos de la candidatura, Ángel Gadea, explicó a Europa Press que los integrantes de la lista se unieron ante la sensación de "recorte de derechos y garantías" en la formación, que camina hacia un modelo en el que se otorga "un protagonismo muy alto" al Consejo de Dirección frente al resto de órganos.
Con este planteamiento, decidieron presentar una candidatura alternativa a la de Rosa Díez para presentarse al I Congreso que el partido celebrará los próximos días 20, 21 y 22. Gadea afirmó que tienen la confianza de conseguir el apoyo suficiente de los militantes, y en este sentido aseguró que cada día reciben más apoyos desde todos los puntos de España.
Según explicó, tienen "plena confianza" en UPyD y en la necesidad de que exista en España un partido que se convierta en una "alternativa real" a los dos grandes partidos nacionales. Por ello, quieren que la formación recupere el espíritu con el que nació hace más de dos años.
A su juicio, a lo largo de este periodo se ha llegado a una situación en la que los afiliados "no tienen libertad" para expresar sus opiniones. "Queremos que la igualdad no sea sólo de los ciudadanos, también de los afiliados", reivindicó el número dos de la candidatura.
Rosa Díez como cabeza visible
Sin embargo, aclaró que su opinión de Rosa Díez y de su trabajo al frente del partido es "muy buena", por lo que quieren que siga siendo la cabeza visible de la formación "sea quien sea quien gane en el Congreso". "La labor que está haciendo es magnífica", reconoció. Pese a ello, lamentó que Merino no ha conseguido mantener en un encuentro con ella pese a haberlo solicitado en reiteradas ocasiones.
Además, respecto a sus propuestas a los afiliados, explicó que se presentan con la promesa de convocar un nuevo congreso constituyente en el plazo de un año y elecciones a los demás órganos en seis meses, ya que "el partido debe ser un ejemplo del modelo de sociedad que predica y persigue".
Europa Press
El cazapiratas sin complejos. Por Arturo Pérez Reverte
Me dicen los amigos hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.
Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.
Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.
También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación –sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».
Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.
XL Semanal
'Alakrana': una historia de piratas, jueces y políticos. Por Antonio Casado
Nuestro hombre en Kenia, el embajador Martin Cinto, se entrevistó ayer en Nairobi con el primer ministro de Somalia, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, en relación con el secuestro del Alakrana y sus 36 tripulantes (16 españoles). Desconocemos el resultado del encuentro, cuyo objeto era lograr que el Gobierno somalí se implique al máximo en la liberación de los secuestrados y, en cualquier caso, se comprometa a garantizar su seguridad. Ojalá esta vía diplomática impulsada por el ministro Moratinos sirva para acabar con la pesadilla pero es difícil librarse del estupor que produce la situación.
Le estamos pidiendo al Gobierno somalí que ejerza sobre unos delincuentes la autoridad que no ha ejercido para impedir la comisión de un delito. Me explico. Si no se tiene para lo uno no se tendrá para lo otro ¿Cómo va a influir en los piratas el mismo Gobierno que permite su existencia? La respuesta nos conduce inevitablemente a la situación de hecho. Es a la que hay que atenerse para alcanzar el objetivo común: liberar el barco y traerse a los marineros sanos y salvos. De las situaciones de derecho ya hablaremos después.
Objetivo común, decimos. El de todos: familiares, armadores, políticos y periodistas. No puede volver a ocurrir lo de la semana pasada, a raíz del traslado a tierra de tres de los secuestrados -luego volverían al barco- cuando algunos familiares y algunos dirigentes del PP arremetieron públicamente contra el Gobierno. Unos, por un inesperado subidón de la angustia. Otros, otros por su acreditada falta de finura a la hora de elegir los temas de confrontación política. Fue como si los familiares del enfermo hubieran irrumpido en el quirófano para poner a parir al cirujano mientras el ser querido está siendo operado.
En ese sentido, hemos aprendido. Las declaraciones de Basagoiti y Núñez Feijóo, dirigentes territoriales del PP en el País Vasco y Galicia, las dos Comunidades más afectadas por el secuestro del atunero Alakrana, pusieron las cosas en su sitio y tranquilizaron a los familiares con la misma posición: apoyo al Gobierno mientras la operación esté abierta y ya habrá tiempo para las críticas sobre posibles errores cometidos.
Aparte de la situación de hecho, respecto a la que esperamos novedades de un momento a otro, hemos seguido polemizando sobre las cuestiones de derecho. Especialmente las relacionadas con la causa judicial abierta contra los dos piratas encarcelados en España y cuya puesta en libertad, sin más, es imposible a la luz del principio de legalidad. Lo último es la posibilidad de aplicar una recientísima reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (entró en vigor la semana pasada) sobre cesiones de jurisdicción. Podría utilizarse para transferir la jurisdicción española a Somalia por un convenio previo -político, por supuesto- entre los Gobiernos. O mediante la firma del convenio internacional sobre cesión de jurisdicción.
Eso no atentaría contra la independencia de la Justicia española. Y abriría un camino para desbloquear la negociación en términos favorables para los intereses de nuestros compatriotas secuestrados en Somalia. Se supone que este asunto ha estado ayer sobre la mesa en el encuentro del embajador Martin Cinto con el premier somalí.
Aún queda la vía de Kenia, donde también podrían ser juzgados los dos piratas detenidos en España en virtud de un convenio de la Unión Europea con este país africano para este tipo de casos. Es probablemente lo que se debió haber hecho en un principio. Pero no se hizo. Y no por una actuación unilateral del juez Garzón, sino por denuncia previa del abogado del Estado. Garzón se limitó a tramitar la denuncia y, una vez apreciada la jurisdicción española sobre “delitos cometidos a bordo de buques o aeronaves españolas” (artículo 23 de la LOPJ), ordenó el traslado a España.
El confidencial
Obama y el liderato blando. Por José María Carrascal
PRIMERA buena noticia para Obama después de muchas malas y primer logro concreto desde que es presidente. La Cámara Baja ha aprobado la reforma sanitaria, una de sus prioridades políticas. Por sólo cinco votos y faltando todavía que el Senado apruebe su versión de la misma, así como que ambas cámaras se pongan de acuerdo sobre la versión definitiva. Pero lo importante es que se haya salvado este primer escollo, en el que se estrellaron todos los intentos anteriores.
Nadie vaya a creer que la reforma convierte a la sanidad norteamericana en algo parecido a la europea. Nada de sanidad pública ni de médicos y hospitales estatales. Seguirán siendo privados, como la cobertura, a cargo de compañías aseguradoras. En realidad, se trata de una extensión del actual sistema a los que están fuera de él: se ofrece y obliga a los 36 millones de norteamericanos sin cobertura sanitaria por falta de medios o de ganas, ayuda estatal para procurársela en el mercado privado, a través de un complejo sistema de baremos, según el cual, los ingresos y el número de miembros de cada familia determinan la ayuda estatal. El coste se cifra en 1,1 billones de dólares en los próximos diez años, que posiblemente serán más, como ocurre en todas las cuentas públicas. Pero al menos no habrá norteamericanos que se mueran por carecer de asistencia médica.
El programa tiene enemigos por ambos lados. Para unos, va demasiado lejos. Para otros, se queda corto. Suele ocurrir cuando se quiere contentar a todos, que ha venido siendo el gran problema de Obama como presidente, como fue su gran ventaja como candidato. Intenta situarse en el punto medio de todas las cuestiones, incluso de aquellas que no lo tienen, lo que le roba tiempo y le hace aparecer indeciso. Pero es su forma de actuar e incluso de ser, al estar en medio de las razas, las religiones y las culturas. Vamos a ver en qué termina esta reforma sanitaria, que es semirreforma, y qué decide ante Afganistán -¿se queda, se va?-, ante las ambiciones nucleares iraníes -¿se las tolera, se las corta?-, ante la reforma financiera -¿se establecen controles más estrictos, se sigue con los actuales?-, y ante todos los problemas que tiene ante él.
Sin duda, Obama representa un nuevo tipo de liderato, más suave, más compartido, más amable que el tradicional. El problema es que el mundo todavía no está preparado para él y que incluso para imponer ese nuevo liderato, tendrá que echar mano del anterior, el de ordeno y mando, pues hay montones de gentes a las que no se convence de otra forma. Empezando por sus propios congresistas, treinta y nueve de los cuales han votado contra su reforma sanitaria. Y es que lo del poder blando está muy bien en la campaña electoral, pero en la Casa Blanca hay que tener siempre a mano la estaca. ¿Podrá, querrá, sabrá?
ABC - Opinión
Rendición preventiva. Por José García Domínguez
La opinión pública presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.
La peor tara moral de la sociedad española, ese estar siempre pronta a renunciar a su dignidad por efecto del miedo, algo que se exteriorizó con vergonzosa crudeza entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, y poco después con aquella huida atropellada de Irak, ha vuelto a emerger a la luz tras el rapto del "Alakrana". Así, la doctrina de la rendición preventiva, una forma de dimisión ética y estética que en un principio caracterizaba sólo al zapaterismo germinal, ha acabado por contagiar al grueso de la población.
De ahí la inopinada paradoja que ha suscitado ese atunero de conveniencia. Por un lado, el Gobierno que, irreconocible, por una vez se conduce con escrupuloso respeto hacia sí mismo y hacia los principios de legalidad y división de poderes, indicios ambos tan útiles con tal de distinguir a un Estado de Derecho de una banda de gangsters. Por el otro, y espoleada por algunos medios, la opinión pública, que presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.
Diríase que lo habíamos entendido gracias al precedente de ETA, pero no. Hasta seis horas sin interrupción ha empleado alguna cadena de radio en obedecer la estrategia de comunicación prescrita por los secuestradores. Seis. Al tiempo, los mismos que se rasgaron las vestiduras ante la inaudita excarcelación de un pirata aéreo libio por parte del Reino Unido, exigen, airados, que sus dos colegas presos en España sean puestos en la calle sin mayor dilación. O en Kenia sin mayor miramiento. Como si Somalia no existiese, pero Kenia sí. Como si el precedente de los trece bucaneros allí extraditados por la Audiencia Nacional en junio no fuera ya sarcasmo bastante.
Como si la instantánea de cuatro facinerosos desarrapados derogase ipso facto el artículo 23.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, ése que reza:"En el orden penal corresponderá a la jurisdicción española el conocimiento de las causas por delitos y faltas cometidos en territorio español o cometidos a bordo de buques o aeronaves españoles, sin perjuicio de lo previsto en los tratados internacionales en que España sea parte". Como si nadie, en fin, fuese capaz de pronunciar la palabra "Entebbe".
Libertad Digital - Opinión
La mentira según Pujol. Por Félix Madero
ALGO pasa cuando las páginas que los periódicos dedican a la corrupción se leen con la indolencia con que se hace un crucigrama o se miran las esquelas. Se ven con tedio y aburrimiento, a fin de cuentas siempre se corrompen y mueren otros. Forman parte del escenario, las asumimos como algo consustancial a la democracia, o mejor dicho, a la democracia que nos venden los que no creen en ella y viven del escaño, de la mamandurria del ayuntamiento, la diputación o la autonomía. Y, dicho esto, no caeré en la tontería de decir ahora eso de que no todos los políticos son iguales. Que lo digan los desiguales, que denuncien los limpios, que sean ellos los que echen a los podridos. ¿Ocurre esto? Nunca. Casos de políticos inmaculados que saben y no cuentan, que han visto y no recuerdan, que han oído y han olvidado hay en toda España. La mayor corrupción es aquella que nace y se desarrolla ante la mirada supuestamente inocente del que sabe lo que está pasando. Que tengan la gallardía de discrepar, que dejen de incubar las horas en los escaños y se atrevan a denunciar.
En este país en el que el pillo siempre gozó de un cierto prestigio popular, las versiones que la corrupción ofrece son tantas que merecen un catálogo. El que roba es un corrupto. El que recalifica el suelo y se lleva una pasta, los del tres por ciento, el del cafelito, las filesas y los ternos de Milano, «Bigotes», «Vitos» y «Luigis»... Para qué seguir. Hay, sin embargo, otra corrupción que es la del silencio. No hablar para no complicarse la vida en una lista electoral. Se guarda silencio, no vaya a ser que lo que se diga no guste al jefe. Silencio para sobrevivir. Todo lo ampara el silencio. Omertá a la española: siento, veo y sé, pero conviene callar.
Anda Jordi Pujol por los platós de televisión vendiendo su último libro, prescindible de cabo a rabo. Pujol se ha hecho un homenaje en el que su memoria siempre le es favorable. Adereza su presentación con algunas reflexiones que, por lo que se ve, no irritan a nadie. Se declara amigo de Prenafeta y Alavedra, que están en la cárcel: son mis amigos y lo seguirán siendo. Silencio. Pujol dice: Puede que se les haya ido la mano, pero si algo han hecho es por Cataluña. Silencio.
Fue en TVE donde el ex president atacó a Zapatero llamándolo mentiroso. Dijo que puede entender la mentira antes de las elecciones, pero luego no. Silencio. Complacencia. Hastío. Estoy esperando a que uno de esos ofendidos políticos que sostiene eso de que no todos somos iguales diga algo. Por ejemplo: Que la mentira es la peor corrupción. Pero solo hay silencio.
ABC - Opinión