lunes, 27 de abril de 2009

OBAMA SE AFILIA AL PSOE. Por José García Domínguez

Europeas

«Por poco sentido del ridículo que aún conserve López Aguilar, debería ponerse colorado con ese spot identificando a un tipo de Chicago, incapaz de localizar España en un mapa mundi, con el único y genuino candidato socialista en las Europeas.»

Una ancestral tara hispana sólo en apariencia superada, nuestro secular complejo de inferioridad, ha vuelto a dar penosos indicios de vigencia en los últimos tiempos. Primero, con la súbita erupción de rancio patrioterismo que suscitó cierto comentario de Sarkozy a propósito del nada misterioso calibre intelectual del presidente del Gobierno. Y ahora, con ese video electoral que acaba de hacer público el PSOE, el que catapulta la muy cateta fascinación doméstica por Obama hasta extremos de vergüenza ajena inimaginables en cualquier otra latitud.


Después de verlo, Bienvenido Mister Marshall parece fruto de un atormentado Ingmar Bergman en plena crisis metafísica y existencial. Y es que, por poco sentido del ridículo que aún conserve López Aguilar, debería ponerse colorado cada vez que se emita ese spot identificando a un tipo de Chicago, incapaz con toda seguridad de localizar España en un mapa mundi, con el único y genuino candidato socialista en las Europeas.

Al respecto, Ferraz ha proclamado en nota oficial de prensa que "el video quiere incidir en que en las elecciones europeas se juegan dos visiones del mundo, la socialdemocracia y el neoconservadurismo". Aunque cualquiera diría que los únicos llamados a enfrentarse en esta campaña son el viejo homo sapiens, anacrónica figura que se guiaba por el mundo a través de abstracciones conceptuales, y esa criatura contemporánea que Giovanni Sartori bautizó homo videns, fatal mutación genética del anterior e incapaz ya de comprender concepto alguno que no esté representado por dinámicas y coloristas imágenes televisivas.

Sólo así, por cierto, cabría entender el lerdo, indocumentado empeño de presentar esa corriente de pensamiento, el neoconservadurismo norteamericano, como feroz enemiga del Estado del bienestar. Supina ignorancia, la de los publicistas del PSOE, que desconocen que tanto Leo Strauss como Irving Kristol, Wolfowitz o Norman Podhoretz, sus principales teóricos, se caracterizan precisamente por todo lo contrario: por asumir desde el Partido Republicano la herencia intelectual del New Deal de Roosevelt.

Con desolada lucidez certifica Sartori: "La televisión produce imágenes y anula los conceptos, de ese modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender". "Ahora el partido se juega en Europa", concluye, por su parte, el vídeo del PSOE. En el zoo, justo al lado de la jaula de los chimpancés, le falta confesar.

Libertad Digital - Opinión

ZAPATERO OFRECE IDEOLOGIA A LOS PARADOS PRESENTES Y FUTUROS

LA CONMOCION SOCIAL que ha producido la noticia de que en España hay ya más de cuatro millones de parados empujó ayer al presidente del Gobierno y al líder de la oposición a exponer sus recetas para resolver lo que -ya nadie duda- es una situación de emergencia.Lo hicieron en sendos mítines, casi a la misma hora. Zapatero en el Congreso de los socialistas gallegos y Rajoy en Madrid en un acto preelectoral de las europeas. Un primer análisis general arroja una conclusión pesimista para los cuatro millones de parados y para todos los ciudadanos, corran o no el peligro de perder su empleo: el pacto de Estado, que cada día piden más voces, está lejos porque el presidente del Gobierno ha decidido aferrarse al gasto público y marcar con una cruz de anti social el sentido de ese acuerdo. Según Zapatero, las voces que desde distintos ámbitos ideológicos reclaman un pacto, lo que quieren en realidad es recortar las prestaciones y abaratar el despido.

En resumen, Zapatero sólo tiene una receta para los cuatro millones de parados: más gasto público. Por eso está dispuesto a repartir entre las autonomías 9.000 millones adicionales para que continúen despilfarrando el dinero. Tal y como contamos hoy en el suplemento Mercados, las comunidades autónomas han disparado sus gastos, a pesar de la crisis, y no se puede decir que todo ese dinero vaya destinado a servicios básicos o a inversiones que produzcan riqueza. El ejemplo más escandaloso son los millones que se gasta la Generalitat en sus embajadas en el extranjero o en impulsar el catalán en lugares como Ecuador, pero hay otros en casi todas las autonomías. Zapatero tiene un problema con el PSC y la forma de solucionarlo es inyectar ese dinero en unas autonomías cada vez más endeudadas.

Ello resulta tan bochornoso como el intento del presidente del Gobierno de descalificar a los que piden una reforma del mercado laboral como enemigos de los trabajadores, en una simplificación que ofende a la inteligencia. Sólo dos ejemplos para desmontar la demagogia. Primero: una nueva regulación de los contratos no está reñida con aumentar el tiempo de la prestación por desempleo.Segundo: el contrato con indemnización de ocho días que pide la CEOE crearía más empleo fijo, que es el objetivo de cualquier trabajador. Así pues, como gráficamente dijo ayer Rajoy, no hay «salidas socialistas» a la crisis ni la situación admite «extravagancias ideológicas, como no las admite el trasplante de riñón, la fabricación de coches o la enseñanza del inglés». En ese capítulo de extravagancias cabe anotar la medida anunciada por la vicepresidenta primera de examinar a las amas de casa para darles un título que las habilite como ciudadoras de niños y ancianos. Tal y como está el mercado de trabajo, la medida incrementará la población activa, por lo tanto el paro.

Las recetas del PP -expuestas en un mitin donde Rajoy confirmó que quiere convertir las europeas en una moción de censura contra Zapatero- parecen más realistas, puesto que parten de frenar el gasto público, favorecer la actividad de los autónomos y Pymes con una rebaja de impuestos y reformar el mercado laboral. Bien es verdad que en este último capítulo, el PP no ha concretado, porque teme perder votos si lo hace. No es posible obviar que la emergencia del aumento del paro llega en vísperas de unas elecciones europeas en las que ni el PSOE ni el PP tienen la menor intención de hablar de Europa. Los socialistas -como se puede comprobar en el vídeo difundido ayer- quieren hacer del 7-J la segunda vuelta de las elecciones americanas que ganó Obama, siendo Zapatero -claro- el alter ego de Obama, mientras que el PP quiere que sean la primera vuelta de las próximas generales.Los cuatro millones de parados serán un argumento de campaña.Y Zapatero tiene todas las papeletas para que le pasen la factura.

El Mundo - Opinión

¿PARA QUE SIRVEN LAS ELECCIONES EUROPEAS?

«En tiempos de crisis, en los que la austeridad se convierte en un objetivo básico, tal vez habría que replantearse la necesidad de conservar ciertas burocracias que sólo consumen las rentas de los ciudadanos sin aportar nada a cambio.»

La Unión Europea, en su momento Comunidad Económica Europea, nació como un encomiable proyecto económico y social consistente en liberalizar las fronteras entre los países miembros con tal de estrechar los lazos entre sus ciudadanos. En buena medida, pretendía simplemente derrumbar las barreras que se habían elevado de manera tan artificial y nefasta durante la primera mitad del s. XX.

El proyecto económico y social dio un peligroso paso para reconvertirse en proyecto político. No se buscaba únicamente ampliar la libertad de los ciudadanos europeos sino construir una organización unificada y superpuesta a los tradicionales Estados-nación que pudiera, entre otros propósitos, competir con Estados Unidos en el escenario internacional.


Si el mero objetivo ya era de por sí discutible y peligroso (por cuanto suponía acrecentar el tamaño y las competencias administrativas), los medios con los que ha tratado de alcanzarse todavía han incrementado más las suspicacias liberales: el proceso de construcción europea se ha realizado totalmente de espaldas a sus ciudadanos y, en muchos casos, en contra de su voluntad (como bien ilustran los rechazos a la Constitución Europea de Francia, Holanda o Irlanda). Ha sido, más bien, un proyecto personalista de los políticos implicados con ansias de notoriedad y de acrecentar su poder, algo que, en buena medida, ha desvirtuado su loable finalidad fundacional.

Una de las consecuencias más nefastas de este proceso de construcción de un Estado europeo ha sido el engorde de numerosas e inservibles burocracias que se han convertido en una lucrativa jubilación para los políticos nacionales amortizados. Salvo honrosas excepciones (como pudieron ser en 1999 Loyola de Palacio o Rosa Díez) los partidos políticos no envían a Europa a las personas que consideran más capaces de realizar su labor, sino a aquellos de los que, por el motivo que sea, desean desembarazarse. Lo hizo Aznar con Vidal-Quadras, lo hizo Rajoy con Mayor Oreja y lo hizo Zapatero con Borrell y, de manera paradigmática, con Magdalena Álvarez.

Y dado que la mayoría de instituciones europeas sólo sirven para aparcar políticos nacionales, es natural que durante las campañas electorales al Parlamento Europeo no se hable de programas y propuestas políticas europeas, sino sólo de las refriegas y de los problemas internos de cada país. Dicho de otra manera, las elecciones europeas se convierten en una especie de primera ronda para las generales; de ahí que la participación en las mismas sea directamente proporcional a la influencia que se espera que tengan en la política nacional.

En los próximos comicios del 7 de julio, tanto Zapatero como Rajoy se la juegan; ambos necesitan el apoyo de las bases de su partido para reafirmarse en la errante estrategia política que han emprendido. El primero para que su debilidad parlamentaria ante la crisis económica no precipite un adelanto electoral; el segundo para cerciorarse de que podrá alcanzar La Moncloa convirtiéndose en el sucesor del zapaterismo.

Por ese motivo, la precampaña está orientándose no hacia las necesidades que pueda tener Europa –ni siquiera España dentro de Europa– sino hacia disputas típicamente internas. Zapatero se ha dedicado a acusar a Mayor Oreja de no haber colaborado en la lucha contra ETA, mientras que éste ha criticado el brutal incremento del paro en España ante la inoperancia del Gobierno socialista. Al margen, por supuesto, de que Zapatero, para no romper con su costumbre, esté mintiendo y Mayor Oreja apuntando hacia el más grave problema de España, ni uno ni otro parecen decididos a hablar sobre Europa y sobre sus proyectos para la misma: ¿Qué opinan sobre el posible ingreso de Turquía? ¿Qué piensan hacer ante los crecientes recortes a la libertad económica como son, por ejemplo, las restricciones nacionales a los movimientos de capital intraeuropeos o la esterilización de la directiva Bolkestein? ¿Qué postura tienen hacia el proteccionismo comercial de la UE? ¿Qué infraestructuras transeuropeas ambicionan? ¿Qué criterio adoptan hacia el Protoloco de Kyoto y la energía nuclear? ¿Y hacia la extensión del copyright hasta los 70 años?

La única manera que tenemos los españoles de averiguar cuáles son sus opiniones sobre estos y muchos otros temas de competencia europea es deducirlas de sus actuaciones en la política nacional; algo así como si la Unión Europea fuese una España multiplicada por 27. Pero esto, obviamente, resulta bastante inútil y, sobre todo, caro. Ni hacen falta dos Parlamentos ni dos campañas electorales; para obtener el mismo resultado bastaría con agregar los votos de las asambleas nacionales.

En tiempos de crisis, en los que por motivos obvios la austeridad se convierte en un objetivo fundamental de la organización política, tal vez convendría replantearse la necesidad de conservar ciertas burocracias que sólo consumen las rentas de los ciudadanos sin aportar nada a cambio o, lo que es peor, sin aportar nada bueno. Desde luego, o la Unión Europea cambia –empezando por los políticos que la integran– o terminará completamente desacreditada ante la ciudadanía. No puede pretender seguir subsistiendo como un simple granero de impuestos.

Libertad Digital - Opinión

SARKOZY ES MUY INTELIGENTE. Por Darío Valcárcel

Y precisamente por eso, porque es inteligente, Nicolas Sarkozy corre peligro. Acaba de perdonar la vida a Merkel y a Brown, ha hecho comentarios sorprendentes sobre Zapatero, ha dado lecciones a Obama sobre Turquía. Estas proezas hubieran liquidado a otro mandatario. Sobre todo, si los elogios se reservan para Berlusconi: Areva, compañía nuclear del Estado francés, podrá vender a Italia su nuevo reactor EPR.

Sarkozy es tan rápido, tan peligrosamente listo, que recompone él mismo, en el acto, con mucho pegamento, los platos rotos que caen a derecha e izquierda, como Fernando de Aragón. El Rey Católico vivía en el siglo XV, Sarkozy es la era electrónica. Si sumamos esto a la capacidad personal, todo se vuelve prometedor y peligroso. Un sindicalista insultaba al presidente hace un año: «Quítenme a este imbécil de en medio», pedía de inmediato Sarkozy, carnívoro de la realidad.


En estas cumbres late un problema. Desde el siglo XV, Francia es una gran potencia media. España ha tenido fogonazos de gloria, a remolque de su mala organización financiero-administrativa. La fuerza de una gran administración ha estabilizado casi constantemente a Francia. A pesar de los saltos, Revolución Francesa, Vichy, Francia recupera el equilibrio. Desde 1945 a 1980, hay 35 años de milagro francés. Fuerza nuclear. Sillón permanente en el Consejo de Seguridad. Gracias al general De Gaulle, militar superior en no pocos rasgos a Bonaparte.

España recorrió el camino contrario, guerra civil, cruel posguerra, cutre dictador mirando de reojo al gigantesco vecino.

España remó, remó y remó, desde 1970. Su recuperación fue un prodigio europeo. Gracias al tesón de millones de gentes, al sistema democrático pactado y a la UE. También a la estabilidad que aportó la Corona (no olvidar al Conde de Barcelona en el exilio). España fue una fuerte (y débil) potencia media, gracias al esfuerzo de empresarios, profesionales, fuerzas armadas, universidades, autónomos, agricultores constantemente adaptados...

Francia roza el 9 por cinto de desempleo, España casi dobla el porcentaje. Pero España tiene formidables sectores punteros. Al margen de las mayorías políticas, hay fuerzas bastante permanentes: Telefónica, Santander, BBVA, Corte Inglés... Detrás, empresas competitivas, Indra, Técnicas Reunidas, Mapfre, Iberdrola... Este es el suelo español más firme. Los países no se miden sólo por su PIB. El tejido empresarial francés es estratégicamente más fuerte: poder político con mayor capacidad de leverage: Suez, agua; Areva, nuclear; Axa seguros; EADS, aeroespacial. Y así en medicamentos, alimentación, tecnologías de seguridad...

La Unión para el Mediterráneo es precisamente una operación de Sarkozy para llevar a la Orilla Sur, de Marruecos a Turquía, no abstracciones sino infraestructuras, sanidad, finanzas solventes, alimentación fiable... España no debe dejar ese campo a Francia. En Marruecos y Argelia pesa casi igual. España pasaba su peor momento en 1900, cuando Francia hacía el imperio. Hoy son naciones más próximas. PIB medido en dólares por el Banco Mundial, 278 billones frente a 158.

Hay cuatro sectores en los que Sarkozy buscará el apoyo de Zapatero.

Energía nuclear: posibilidad pensable como puente hacia el futuro. Los riesgos de los residuos se prolongan durante 9.000 años. La opinión pública española está mayoritariamente en contra de esta fuente de energía, como está en contra de un mayor presupuesto de Defensa. Tendrá que evolucionar, pronto además, el tiempo va muy deprisa. En el terreno militar, Francia tiene cuatro submarinos, con 120 cabezas atómicas cada uno. Fuerza muy distinta a la de España.

Otan: Francia, como Reino Unido y Alemania, ha llegado a un acuerdo con Obama para reforzar sus efectivos en Afganistán. Obama ha enviado 21.000 hombres más. La escandalosa legislación contra la mujer chií la prohíbe ir a la escuela o al médico. Pero las fuerzas de ISAF no están allí para reorganizar la moral sino para impedir, en primer lugar, nuevos ataques como los de Las Torres Gemelas o Atocha. Es probable que los soldados americanos, británicos, españoles, canadienses, alemanes, permanezcan en esta nueva Guerra de los Treinta Años. Francia tiene en Afganistán 4.000 hombres si se suman soldados, gendarmes y personal civil.

Unión Europea: Sarkozy, Zapatero y Merkel quieren una Europa política. Los tres rechazan que los funcionarios manden. Cautamente, a veces cínicamente, los británicos favorecen la gestión. Alemania, Francia y España avanzan hacia un eje vertebrador. Necesitan dos condiciones que ahora se dan: colaboración de Washington (después de ocho años de estúpido boicot) y Tratado de Lisboa. En éste, son determinantes los artículos 31 a 46, sobre Defensa, Seguridad y Política Exterior. Sarkozy y Zapatero coinciden en dar prioridad a proyectos concretos sobre abstracciones: ejemplo, el avión de transporte militar de EADS, el gigantesco A400M. Los gobiernos europeos han encargado 180 unidades. El apoyo de la industria americana (hay intercambios interesantes) llevan la expectativa comercial, y política, a 500 unidades. No hay acuerdo aún sobre los motores del avión, pero lo habrá. Es un prodigio de capacidad táctica, capaz de proyectar la fuerza militar a 8.000 kilómetros.

Crisis. El estímulo financiero francés dista del promovido por Obama, Geithner y Bernanke. El entendimiento entre Europa y EE.UU es mayor que las discrepancias. Francia corre el riesgo de una creciente tensión social. Los galos son duros: tienden a la exasperación social, a las bandas y jacqueries... En cualquier universidad china se sabe lo que es la Revolución Francesa o Mayo del 68 en París.

La persona del presidente cuenta, pero la francesa es una sociedad integrada. La vertebración marca las diferencias entre un país y otro. Sarkozy le echa valor al cargo. Cree en la prioridad de la política, Yes We Can. Podrá dar una sorpresa, si tiene salud, cuando al cabo de 10 años en el Elíseo, tendrá entonces 62, pueda aspirar a la presidencia europea. No es un discípulo de la ENA ni un politécnico como Chirac, Jospin, Juppé o Giscard. Es un abogado, más próximo al sector privado. Grande y desordenado luchador. Ataca cinco frentes a la vez. Va deprisa.

Zapatero habrá de enfrentarse a este tipo reactivo, valeroso, devorador, bulímico. Los equipos son importantes. Del lado español habrá ministros de peso, Pérez Rubalcaba, Moratinos, frente a la ministra del Interior, la señora Alliot-Marie, o Bernard Kouchner, socialista, ministra de Asuntos Exteriores. La excelente economista Christine Lagarde se sentará ante la novicia Elena Salgado. Hervé Morin, ministro de Defensa, frente a Carme Chacón. El Rey español no gobierna pero reina: Será pieza clave para lograr acuerdos y evitar roces. Los consejeros del Elíseo pedirán al presidente que no toque mucho a sus interlocutores (¡¡el hombro de Benedicto XVI!!). Con todo, el mando socialista votó en secreto el mes pasado sobre Sarkozy: le dio 14 puntos sobre 20.

ABC - Opinión

domingo, 26 de abril de 2009

LA MENTIRA DE LOS INCAPACES. Por M. Martín Ferrand

AUNQUE no faltan quienes aseguran que Celestino Corbacho es un personaje virtual, sin existencia corpórea, fruto de la imaginación política de José Luis Rodríguez Zapatero, Corbacho está ahí y es ministro de Trabajo en el Gobierno de España. Una lumbrera. Hace sólo tres meses, con ínfulas de oráculo clásico, declaró que «no llegaremos a los cuatro millones (de parados) de ninguna de las maneras, nos quedaremos por debajo». Dado que resulta imposible, en tan corto periodo de tiempo, un cambio de tendencias tan notable y que eran muchas las voces autorizadas que ya nos anticiparon la catástrofe, puede concluirse que el ministro nos mintió con todo el descaro o, peor todavía, que es incapaz de entender el problema que tiene en sus manos. El primero de los supuestos exige, por sí mismo, la dimisión. El segundo, su cese fulminante.

Sólo puede decirse en defensa de tan ilustre extremeño recriado en Barcelona que su jefe político, Zapatero, hace sólo un año, en su segunda investidura, aseguraba con el desparpajo engañoso que acostumbra: «Aunque tengamos por delante un incremento de la tasa de desempleo, estamos en niveles mucho mejores que cuando llegamos al Gobierno». Esa frontera «imposible» de traspasar -el 11,2 por ciento- ya ha superado el 17. La única diferencia de Corbacho con Zapatero es que en éste no cabe el dilema: miente y es incapaz. Las dos cosas.

La situación es desesperada. Tanto que la voluntariosa Elena Salgado, la vicepresidenta que en lugar de tapizarse se viste, ya ha tenido que reconocer: «No llegaremos a los cinco millones de parados». Valga como expresión de un deseo; pero, de verdad, ¿cuánto tardaremos en sobrepasar esa nueva meta establecida con más entusiasmo que análisis? En varias regiones españolas ya se ha sobrepasado el 20 por ciento, y en Andalucía el porcentaje alcanza el 27.

Es un problema de muy difícil solución. Técnicamente es abordable; pero la contumacia política de Zapatero y sus muchachos/as, que pretenden hacer tortilla sin romper huevos, nos aleja de cualquier solución. El equilibrio de fuerzas en el Parlamento descarta una moción de censura con efectos fulminantes y, en consecuencia, sólo cabe esperar que la responsabilidad del PSOE, de sus militantes y sus cuadros, exija un cambio de rumbo al Gobierno que respalda. Las tres primeras cabezas del partido están en la nómina del Gobierno. ¿Leire Pajín?

ABC - Opinión

ANTIPATRIOTAS. Por Alfonso Ussía

Mintió de la manera más descarada y atroz durante la campaña electoral. Y obligó a mentir a Solbes, su ministro de Economía. Cuando le dijeron a la cara, con datos y argumentos, que seguía mintiendo, no tuvo otra ocurrencia que acusar a los que vaticinaban la llegada de la crisis de antipatriotas. Su desvergüenza en la mentira le llevó a declarar el 9 de enero de 2008 que estaban siendo capaces de derrotar la lacra del paro y poner el horizonte en el pleno empleo. Quince meses más tarde, 4.010.700 parados. El 10 de septiembre de 2008, adornó su monumental mentira con una cursilería de difícil calificación: «La creación de empleo es el parámetro definitivo de la idoneidad de las medidas que estamos poniendo en marcha». La idoneidad de las medidas que puso en marcha el Gobierno de Zapatero ha quedado plenamente demostrada. Más de cuatro millones de parados. Y en el mes de febrero de este mismo año de nuestras desdichas, 2009, se emocionó en un mitin y no tuvo inconveniente en soltar la siguiente grosería: «Para decenas de miles de empleados habrá empleo nuevo en unos pocos meses para ellos y sus familias».

De febrero a abril son pocos los meses que los separan. El resultado ha sido estremecedor. Más de cuatro millones de parados. A todo esto, los sindicatos amaestrados y rendidos a las subvenciones y los pesebres, aquellas centrales sindicales tan críticas y callejeras cuando gobernaba el Partido Popular con un saldo de creación de empleo fabuloso, no se atreven a movilizarse contra el Gobierno socialista amigo. Méndez de la UGT critica a la CEOE, y Toxo, de Comisiones Obreras, después de una angustiosa y larga reflexión, ha llegado a la conclusión de que es necesario «un plan de choque». Cuando las principales centrales sindicales dependen de la generosidad económica de un Gobierno, cuando los sueldos de sus liberados sólo se pueden atender con las propinas del Tesoro Público, se nublan las protestas y se acepta con despreocupación la cifra de cuatro millones de parados. El mensaje cínico y contundente de Zapatero durante la campaña electoral -«No hay crisis y quien lo diga es un antipatriota»-, llenó sus alforjas de millones de votos de inocentes crédulos. Muchos de esos centenares de miles de españoles que creyeron a pies juntillas la gran mentira de Zapatero se cuentan entre los más de cuatro millones de parados que se reconocen oficialmente, y que son muchos más. Este Gobierno no puede continuar. Más que un pacto entre todas las fuerzas políticas, lo que urge es la celebración de unas nuevas elecciones. Las últimas, ética y moralmente, han sido invalidadas por la inconmensurable y fría mentira del Presidente del Gobierno. Mantenga su palabra el frívolo narrador de historietas. A mediados del año 2008, Zapatero dijo que hay que medir su eficacia y la de su Gobierno en función del empleo creado. Pues la eficacia de las medidas adoptadas por Zapatero y su Gobierno no se pueden medir en función del empleo creado, sino del desempleo cosechado, siete puestos de trabajo destruídos por cada minuto, cuatro millones de parados no sólo originados por la crisis económica, sino por la perversa mentira de ayer y la ineficaz política de hoy. Me niego a creer que esos cuatro millones de parados sean tan antipatriotas como los que le anunciaron la gravedad de la crisis. Elecciones ya, y sin mentiras, para evitar los cinco millones de españoles en la calle.

La Razón - Opinión

EL MAL GOBIERNO. Por Ignacio Camacho

ESTE Gobierno no sabe gobernar. Es experto en trucos de prestidigitación política, tácticas de desviación, pirotecnia ideológica, pero carece de respuestas para los problemas reales mientras se da una maña especial para crear otros ficticios. Su gestión responde con precisión a una doctrina marxista, pero de Groucho: domina el arte de buscar dificultades, encontrarlas, formular un diagnóstico falso y aplicar remedios equivocados. Es un desastre sin paliativos, un fracaso absoluto frente a la crisis social más grave de la democracia.

España está a merced de la recesión, que la golpea con una violencia salvaje en su estructura productiva y laboral sin que el Gobierno haga otra cosa que agazaparse. Frente a una tormenta económica de proporciones catastróficas, Zapatero sólo tiene un paraguas averiado: el de los subsidios, que carga al déficit con una frivolidad irresponsable. A la velocidad que está creciendo el desempleo por falta de medidas que le hagan frente, el Estado puede quedar bien pronto comprometido en su propia capacidad financiera. Pero al presidente sólo le preocupan las consecuencias políticas de la crisis, el impacto que pueda tener en su respaldo electoral, y ha descartado cualquier decisión que comprometa a corto plazo esas expectativas de poder. Considera que el problema responde a factores externos que quedan fuera de su alcance y se ha empeñado en resistir a base de asistencias paliativas, temeroso del coste político de una agenda de reformas por la que claman todos los sectores sociales. Simplemente, ha dimitido de su responsabilidad esencial, que es la de hacer frente a la destructiva espiral de empobrecimiento del país. Rechaza pactos, consejos y manos tendidas. Y su único empeño consiste en repartir dinero a los virreinatos autonómicos para asegurarse costaleros parlamentarios que le ayuden a mantener el equilibrio de una precaria mayoría.

Estamos ante una emergencia nacional. La magnitud de las cifras del paro exige una determinación política firme y clara, un liderazgo capaz de echarse el país a la espalda para encabezar el combate contra una epidemia social. La situación es de tal gravedad que ya no importan tanto los aciertos como la voluntad de sobreponerse a las adversidades. La nación está al borde del colapso y necesita una inyección de audacia. Pero el Gobierno está catatónico, bloqueado, exánime. No tiene ideas ni fuerza ni coraje. Proclama un optimismo patético en medio de la calamidad, y busca en la propaganda el modo de diluir responsabilidades. Carece de credibilidad y se halla ensimismado en una burbuja de indolencia. Paralizado, inerte, desbordado como un náufrago sacudido por el oleaje, Zapatero no tiene ya más que dos salidas: olvidar sus recelos y convocar un pacto nacional para emprender reformas de consenso o admitir su fracaso y disolver la legislatura. Solo no puede con esto, y lo que es peor, no sabe

ABC - Opinión

EL SINTOMA AGUILAR

Izquierda Unida necesita una reflexión profunda sobre su papel en la política española

El nombramiento de la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, como consejera de Obras Públicas de la Junta de Andalucía ha sido un importante golpe de efecto. El nuevo presidente, José Antonio Griñán, ha logrado incorporar a su equipo de gobierno a uno de los más indiscutibles referentes políticos a la izquierda del partido socialista. Desde que Izquierda Unida (IU)comenzó su imparable declive, Aguilar ha aparecido en los momentos de crisis como una posible alternativa a la dirección de la coalición. Por diversas razones nunca dió ese paso; ahora ocupará un cargo relevante en la Junta de Andalucía y, al mismo tiempo, abandonará la formación política en la que se ha desarrollado su carrera.


Desde IU, la salida de Aguilar se ha considerado como una deslealtad. Es cierto que ante las reiteradas sugerencias para que optase a la dirección de la coalición siempre ha sostenido su compromiso con la alcaldía de Córdoba. Pero mal haría IU si se limitase a interpretar este episodio como un problema personal con una destacada militante. El análisis del severo retroceso sufrido en las últimas elecciones aún está por hacer. Las declaraciones del nuevo coordinador, Cayo Lara, parecen indicar un retorno a posiciones que la coalición y su principal socio, el partido comunista, habían abandonado hace tiempo. La vuelta a las esencias no garantiza que IU recupere el apoyo obtenido en sus mejores momentos.

La dirección de la coalición y también algunas de las corrientes próximas a la ex alcaldesa, han dado a entender que su fichaje por parte de la Junta tendrá consecuencias en las relaciones con el partido socialista, no sólo en Andalucía sino también en Madrid. Sería un error que IU estableciera a partir de ahora sus estrategias en función de la decisión que ha adoptado una de sus militantes más conocidas. Además, se trataría de una vía impracticable: los ciudadanos que han confiado su voto a Izquierda Unida no entenderían que su capacidad de influencia, ya de por sí muy limitada, se sacrificara al deseo de castigar a los socialistas por haber ofrecido a Aguilar una responsabilidad en la Junta.

La salida de Rosa Aguilar no es el motivo de la crisis que atraviesa IU, sino el último de sus síntomas. Más que idear represalias contra ella o contra el partido que le ofrece una consejería en el Gobierno andaluz, la coalición necesita abrir una profunda reflexión sobre el papel que desea desempeñar en el panorama político.

El País - Editorial

LAS TROPAS ESPAÑOLAS, EN PELIGRO

NO es la primera vez que los informes procedentes de Afganistán, como el que publicamos hoy, revelan el avance de los talibanes en la zona de responsabilidad española. La diferencia es que cada uno es más alarmante que el anterior, poniendo de manifiesto que la situación empeora sin cesar desde hace al menos dos años y medio, hasta el punto de que un documento de Naciones Unidas alerta ya sobre la posibilidad de que los talibanes se hagan con uno de los distritos que las tropas españolas deberían tener bajo su control. La Alianza Atlántica ha elaborado en este tiempo dos grandes documentos estratégicos sobre el conflicto: el primero, en la cumbre de Bucarest del año pasado, mientras que el segundo se ha empezado a plasmar en la que se celebró en Estrasburgo a principios de abril. Todos los aliados tratan de ajustar su acción militar a unas circunstancias cambiantes, en busca de la mayor eficacia, pero, a pesar de esa constatación, el Gobierno español no ha considerado ningún cambio esencial en el papel de nuestros soldados en Afganistán. Al contrario, el presidente Rodríguez Zapatero se ha enrocado en una posición cicatera y las tropas españolas se limitan prácticamente a seguir las mismas instrucciones que tenían cuando llegaron, aunque la experiencia demuestre que la realidad es muchísimo más compleja que entonces.

En los últimos cinco años, España se ha limitado a apoyar en la OTAN prácticamente todas las iniciativas comunes, pero por la vía del asentimiento pasivo. Es cierto que no es el único país que mantiene esta posición evasiva y ambigua, pero eso no exime al Gobierno de su responsabilidad. El nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, ha expresado claramente que desea que la misión de la OTAN en Afganistán se oriente más activamente hacia las labores de la reconstrucción, como insiste en defender el Gobierno socialista, pero a Washington eso no le impide llevar a cabo una política militar más contundente. De hecho, es muy probable que las tropas norteamericanas tengan que enviar refuerzos para evitar que las españolas sean rodeadas por el enemigo.

Las elecciones que se celebrarán en el mes de agosto en Afganistán serán un punto de fuga para la consolidación del frágil entramado institucional que la OTAN y la comunidad internacional en general tratan de apuntalar desde hace siete años. Bastaría que los talibanes las hicieran imposibles a base de atentados e intimidaciones para romper la necesaria legitimidad necesaria, y por este motivo resulta tan importante que España envíe tropas adicionales para ayudar a los afganos a empezar a vivir en paz y en libertad. Los talibanes saben que, cuando advierten que los soldados extranjeros pueden morir en aquel lejano país, logran sembrar la duda en la sociedad española. Sin embargo, nadie puede olvidar que no fue Occidente el que empezó esta guerra y que, a diferencia de lo que hicieron otras potencias en el pasado, los miembros de la OTAN están en Afganistán defendiendo su propia seguridad. La misión no puede fracasar bajo ningún concepto, porque no sólo está en juego una operación militar en un país remoto, sino -como sabemos por experiencia- la seguridad en nuestros propios países.

ABC - Editorial

LOS NUEVOS OPRESORES

«A menudo los peores enemigos de los pobres y oprimidos son precisamente sus autoproclamados representantes, macabros fantoches sedientos de poder a costa del sudor y la sangre ajenos.»

La nueva y aplastante victoria del Congreso Nacional Africano (ANC) en las elecciones legislativas celebradas en Sudáfrica el miércoles marca el probable retroceso de esta joven democracia hacia un régimen autoritario de la mano de quien será su nuevo presidente, Jacob Zuma, un oscuro personaje cuyo historial político está marcado por los procesamientos por corrupción y las acusaciones de violación.


Pese al progresivo debilitamiento de los vínculos emocionales del ANC con la población negra sudafricana, especialmente entre los más jóvenes, el escrutinio de los sufragios indica que la formación liderada en el pasado por Nelson Mandela roza los dos tercios de los votos válidos. Esto significa que el Legislativo podrá modificar la Constitución del país para aumentar los poderes del Ejecutivo, restringir la libertad de prensa, dar marcha atrás a las reformas económicas y obstaculizar la labor del principal partido de la oposición, la Alianza Democrática, una organización centrista que propugna el robustecimiento de las fuerzas de seguridad, el equilibrio presupuestario, la reducción de las cargas fiscales para las empresas y la liberalización de los mercados laboral y energético. Al menos así se ha manifestado Zuma en numerosas ocasiones durante una campaña electoral caracterizada por su renuencia a debatir en público con sus rivales.

El desempeño de los gobiernos sudafricanos desde el fin del Apartheid en 1994 ha distado de ser modélico. Así, la notable mejora en el nivel de formación de la juventud de raza negra, traducida en la expansión de una incipiente y próspera clase media multirracial, profesional, independiente e ilustrada en los núcleos urbanos del país, se ha visto ensombrecida por el rechazo del presidente Thabo Mbeki al consenso científico sobre el SIDA, la inacción del Estado ante el espectacular aumento de la criminalidad y el parasitismo de la elite del ANC, más interesada en la adquisición de aviones privados y otros productos de lujo que en el trabajo en pro de la masa pobre gracias a cuyos votos llegó al poder.

La enorme importancia estratégica de Sudáfrica reside tanto en su gigantesco potencial económico (en una década España ha triplicado sus flujos comerciales con la nación africana) como en el papel benéfico que puede desempeñar en la estabilización política y social de África austral. Sin embargo, la elección de Zuma, cuyo procesamiento por corrupción fue abortado por la fiscalía pocos días antes del comienzo de la campaña electoral, augura el inicio de un periodo de decadencia democrática, polarización política y conflictos sociales cuyas trágicas consecuencias ya han costado la vida a millones de habitantes de su vecino norteño Zimbabue. La afirmación de la excepcionalidad negra y la denuncia de la infiltración de los valores occidentales en la sociedad, así como su discurso socializante y altermundista, hacen temer lo peor para un país que en poco tiempo podría convertirse en un nuevo foco de tensión internacional.

Por si el aquelarre de Durbam II no bastase, Jacob Zuma y los suyos confirman que a menudo los peores enemigos de los pobres y oprimidos son precisamente sus autoproclamados representantes, macabros fantoches sedientos de poder a costa del sudor y la sangre ajenos. La vitalidad y la creatividad de la nueva clase media sudafricana constituye el arma más potente contra la falacia racista. Paradójicamente, líderes como Zuma son su mejor aliado.

Libertad Digital - Editorial

sábado, 25 de abril de 2009

EL HIJO POLITICO. Por Xavier Pericay

LA condición de padre trae muchos disgustos. En fin, qué les voy a contar. Pero todavía trae más la de padre político. En el primer caso uno tiene siempre cierta capacidad de intervención, al menos hasta la mayoría de edad. En el segundo, en cambio, uno carece por completo de ella. Por más que haya soñado muchas veces con ese hijo o esa hija que fatalmente van a pasar a engrosar la familia, la verdad es que se lo encuentra allí un buen día, el día de las presentaciones, sin casi comerlo ni beberlo. Y si el recién llegado le cae en gracia, estupendo. De lo contrario, y aunque de vez en cuando agarre por su culpa algún berrinche, no le va a quedar más remedio que aguantarse. A no ser que termine por repudiarlo, claro.

Como sin duda ya habrán imaginado, yo he sido padre político. Y a mucha honra -ni que sólo sea por la parte que aporté-. Pero lo he sido, lo que significa que ya no lo soy. ¿Repudio? Sí, por supuesto. Con esa clase de hijos no hay que andarse con chiquitas, entre otras razones, porque ellos nunca van a soltar del todo el amarre -¿para qué, si pueden seguir beneficiándose del parentesco?-. El caso es que a mediados de 2005, junto con otros catorce ciudadanos, manifesté públicamente que Cataluña necesitaba un nuevo partido político. Y el caso es que un año más tarde, tras muchas contracciones y no pocas dilataciones, ese partido vio la luz. Que la apuesta tenía sentido y estaba cargada de razón vinieron a confirmarlo, a los pocos meses, las elecciones autonómicas, en las que la formación obtuvo tres diputados, tres. Dada la coyuntura, fue un éxito sin precedentes.

Pero, casi enseguida, aquella luz de julio revalidada en noviembre se volvió penumbra. Yo diría que bastaron los primeros focos y los primeros discursos para comprobar que ni el sentido ni la razón asistían a quienes decían representarla. La vieja política, aquella que ese partido, justamente, se había propuesto renovar, campaba en él a sus anchas. El apego al latiguillo, la vaciedad argumentativa, el recurso al subterfugio emocional, todo olía a pasado, a «déjà vu». Y luego, de puertas adentro, lo que había sido desde el principio un proyecto transversal, ajeno a la inútil y desfasada dicotomía entre derecha e izquierda, se había transformado, por obra y gracia de los viejos «aparatchiks» -sí, viejos también, pues muchos habían velado sus armas en los «ismos» de los setenta-, en una suerte de remedo socialpopulista de andar por casa. Los sucesivos fracasos en las elecciones municipales y generales no hicieron sino confirmar la deriva.

Llegados a este punto, sólo faltaba el reciente fichaje de Miquel Durán como cabeza de lista para las europeas y la consiguiente alianza con la Libertas de Declan Ganley para que la deriva dejara paso al delirio. Sí, Ciutadans, ese partido, ha perdido definitivamente el juicio. Y con alguien así -da igual que sea un hijo político-, no hay nada que hacer.

Xavier Pericay

ABC

ESPIAS EN EL RETRETE. Por Edurne Uriarte

Releer hoy a Philip Pettit, aquel profesor que ejerció gustosamente de tonto útil de Zapatero, produce carcajadas. Y no sólo por el sobresaliente que otorgaba a su gestión aún hace un año. Sobre todo, por la convicción con la que soltaba aquello de que Zapatero constituye la realización del republicanismo cívico, o sea, del Estado como no dominación, de los ciudadanos protegidos contra los peligros del poder público.

Se ve que a Pettit no le han metido una escucha en el retrete que es lo que se estila por las tierras de su admirado Zapatero. Y no ha experimentado el significado del republicanismo policial. Dado que tampoco sabe español, problemilla que no le impidió dar un sobresaliente a su examinado, tampoco está en condiciones de analizar cómo encaja el espionaje de la Policía a los políticos en eso del Estado como no dominación. Cómo encaja que la Policía grabe conversaciones privadas sin trascendencia penal alguna. Y cómo encaja que, sabiendo de su nula trascendencia penal, las filtre a un medio de comunicación para dañar la imagen del político espiado.


El republicanismo policial consiste en un sistema político en el que uno nunca sabe si le han colocado un micrófono en el retrete. Y cuándo se encontrará sus conversaciones íntimas en la primera de un periódico. Que es lo que deben de estar preguntándose todos los políticos españoles, sobre todo los de la oposición. Además de los empresarios, o los periodistas, excluidos, supongo, los que se han divertido «un huevo» con el espionaje a Camps, quizá porque han hecho las comprobaciones oportunas en sus retretes y están tranquilos.

Puede que el responsable último de estos abusos sea Garzón y no Rubalcaba. Como es posible que lo sean ambos, dadas las estrechísimas relaciones denunciabas hace días por Pumpido. El republicanismo policial, en cualquier caso, querido Pettit.

ABC - Opinión

LA VICE NO SE MOJA. Por Andrés Aberasturi

La ministra Salgado prevé una mejora en el empleo a partir de abril. Esta afirmación tiene dos problemas: la primera es que el mes de abril se está terminando y no parece que la cosa vaya a mejor; y la segunda, que cada vez que alguien del Gobierno hace una previsión, de todas todas, marra. La credibilidad no es, hoy por hoy, su mayor activo y casi sería mejor no poner fechas a algo que parece que les viene pillando por sorpresa desde hace muchos meses: el número de parados. No es cosa de recordar ahora los optimistas augurios del pleno empleo prometido por ZP en su momento porque es verdad que la crisis ha estallado de una forma mucho más virulenta y rápida de lo esperado por todos los gobiernos y todas las oposiciones, pero resulta ya mas complicado entender cómo es posible que el mismísimo ministro de Trabajo hace menos de un par de meses descartara que se llegara a los cuatro millones de parados. Pues ya los hemos superado. Y ahora ¿qué?

Pues ahora poco: palabras, promesas, esperanzas y medidas que se ponen sobre la mesa un aquí, otra allí. La vicepresidenta primera, ha tenido tres detalles si no sorprendentes, si al menos llamativos en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Preguntada por si el Gobierno creía que se llegaría a los 5 millones de parados, ha preferido no mojarse, no ha dicho ni que sí ni que no; sólo que el gabinete trabajaba y trabajaba y trabajaba para salir cuanto antes de esta situación. La segunda afirmación ha sido que el Gobierno nunca hace predicciones sobre el futuro, lo cual, a la vista de lo ocurrido hasta ahora, es lo mejor que puede hacer; lástima que sea mentira porque si algo ha hecho el Gobierno ha sido pronosticar y equivocarse. Puede que se cambie de política en ese sentido. Y el tercer asunto que llama la atención, es que el único calificativo digamos "excesivo" se lo dedicó al asunto de los trajes del PP cuando sobre todos sobrevuela una cifra de parados que casi -es un decir- debería ser hoy por hoy la única preocupación del Gobierno y el único tema digno de calificativos ampulosos.

Y lo malo es que no va a pasar -aunque lleguemos a los cinco millones de parados, que es más que probable que se llegue- lo único que la gente entendería: una pacto entre los dos grandes partidos para afrontar lo que, se mira como se mire, es ya una urgencia nacional. Pero ni el PSOE va a "rebajarse" a algo así, ni el PP parece muy interesado realmente en evitar este desgaste del Gobierno. Es un diálogo de sordos donde cada uno pone "sus" propuestas pero se niegan a proponer juntos otra cosa que no sean pequeños asuntos puntuales. Bueno, pasarán lo meses y es posible que los resultados de las europeas (incluida la más que probable llamativa abstención) les haga ver a los dos que el personal empieza a estar no solo temeroso del futuro sino harto de este presente cicatero que nos ofrecen nuestros llamados representantes.

Periodista Digital - Opinión

EL PROBLEMA PRINCIPAL. Por M. Martín Ferrand

ESPAÑA es, desde siempre, un país desesperanzador con breves intervalos en los que brota la ilusión. El problema actual reside en que el desaliento es, cada día que pasa, de mayor intensidad y más arraigado fundamento y, además, se debilita la paciencia ciudadana. Vivimos un problema económico profundo que compromete nuestro presente y, sobre todo, el futuro de las nuevas generaciones; pero, en un ataque de irresponsabilidad colectiva, todos los planos del poder -nacional, autonómico, provincial y local- están ensimismados en su propia identidad, en sus pequeñas ambiciones y en asuntos mínimos y episódicos. Las leyes que, por ejemplo, perpetra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, desde la relativa a la interrupción del embarazo a la de igualdad de trato (!), hablan por sí mismas del desenfoque y la ignorancia que acompañan a sus integrantes.

El debate político nacional se centra en los trajes de Francisco Camps, en la mudanza de Rosa Aguilar -el último estertor de IU-, en las triquiñuelas de los pretorianos presidenciales y, cuando mucho, en la consideración de alguno de los efectos del desastre autonómico; pero, para nuestra desgracia, en nada de mayor enjundia. Hemos sobrepasado los cuatro millones de parados e incluso en el PP, en donde anida una mínima reserva de capacidad y talento económicos, lo que interesa es quiénes estarán, o no estarán, en la lista para el Parlamento Europeo que, como Francisco Franco y sus Cuarenta de Ayete, se guisa en solitario Mariano Rajoy.

Todo lo que no sea centrar la atención de las fuerzas políticas y sociales en la tarea de abordar y empequeñecer las crisis económicas que nos arruinan es temerario. Insolvente. Es inmoral en una situación como la que nos afecta que el Gobierno anteponga el electoralismo a la eficacia gestora porque está en juego el pan de los ciudadanos. Zapatero parece incapaz de olvidar su beatífico buenismo en beneficio de una acción drástica, inevitablemente antipática, que recorte gastos, reduzca privilegios, anule sinecuras y haga posible una resurrección de la economía española. En Andalucía ya está parado uno de cada cuatro trabajadores: un espejo en el que hay que ir mirándose porque así estará el resto de España antes de un año. Sólo José María Aznar dice tenerlo claro y se dispone a presentarnos su fórmula en un libro -España puede salir de la crisis- de próxima aparición.

ABC - Opinión

LA LUCHA CONTRA EL PARO EXIGE UN PACTO DE ESTADO

SEIS PARADOS al minuto, 400 por cada hora y casi 9.000 al día.A ese ritmo ha aumentado el desempleo en España en el primer trimestre de este año. Son datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), que hizo pública ayer la Encuesta de Población Activa.

El paro alcanzó a finales de marzo la impresionante cifra de 4.010.700 personas, lo que supone el 17,3% de la masa laboral, el porcentaje más elevado desde 1998. La estadística es demoledora: más de 800.000 ciudadanos se han incorporado a las filas del desempleo en los tres primeros meses del ejercicio en curso, un récord sin precedentes en la economía española.


Hasta ahora era el sector de la construcción el que venía perdiendo más puestos de trabajo. De enero a marzo, ha sido sobrepasado ampliamente por el sector servicios, en el que el paro ha aumentado en 454.000 personas, más del doble que en la construcción. Ello significa que la crisis ha penetrado en el tejido del pequeño comercio y las empresas familiares, las más afectadas por la caída del consumo.

Según el INE, hay ya en España más de un millón de hogares en los que ninguno de sus miembros trabaja. De esa cifra total, hay 470.000 familias que no disponen de ningún tipo de renta, pensión o subsidio, es decir, que se encuentran en la indigencia más absoluta.

Se podía presumir que el Gobierno iba a reaccionar esta vez ante datos tan alarmantes, pero Elena Salgado, vicepresidenta y ministra de Economía, compareció ante los medios para decir que el paro era «peor» de lo esperado y que mejorará en abril. Salgado descartó adoptar medidas inmediatas y subrayó que es partidaria del consenso entre los agentes sociales, en cuyo seno existe un profundo desacuerdo al respecto.

La ministra estuvo muy desafortunada al comentar que, a la vista del aumento de los 800.000 desempleados, «no parece que se pueda decir que el despido es caro o que hay dificultades para despedir a la gente». Sus palabras reflejan un grave desconocimiento de la realidad social de este país porque muchos de estos parados se han quedado sin trabajo porque han cerrado sus empresas y apenas han recibido indemnización, máxime si tenían contratos temporales.

Da la sensación de que el Gobierno está reaccionando ante la crisis con recetas estereotipadas y condicionadas por un sectarismo ideológico que impide adoptar acciones efectivas. Anteayer, Elena Salgado aseguraba que hay «más margen» para elevar el gasto público y Zapatero ha insistido una y otra vez que no se van a tocar las prestaciones sociales.

Veremos hasta dónde el Ejecutivo puede ser fiel a sus promesas porque, al ritmo que está creciendo el paro, es perfectamente posible alcanzar la cifra de cinco millones de desempleados antes de acabar este año. Nadie sabe dónde está el límite y cuándo se puede detener esta espiral de destrucción de puestos de trabajo.

No resulta exagerado decir que existe un considerable riesgo de estallido social que pondría en peligro la viabilidad del sistema y el progreso alcanzado en las últimas décadas. Ello es razón suficiente para que el Rey tome la iniciativa de convocar a Zapatero y Rajoy con el objetivo de fomentar un gran acuerdo para luchar contra la crisis, como ya hizo hace cuatro años cuando pidió a ambos líderes que sumaran fuerzas para oponerse al plan Ibarretxe y luchar contra el terrorismo. La situación es tan grave que requiere medidas que sólo podrían abordarse con el consenso del PSOE y el PP, lo que además tendría la virtualidad de generar una espiral de confianza entre los ciudadanos.

El Mundo - Editorial

MARIANO, TE ESTAN ENGAÑANDO. Por Maite Nolla


PP-CiU
«Como la frase de Churchill, que todo el mundo cita mal, por pactar con CiU vais a hacer el canelo y ni vais a pactar con CiU, ni os van a salir las cuentas. De verdad, Mariano, te están engañando.»

El problema que tiene el PP es que si alguna vez se ha hecho un análisis más o menos serio de por qué el PP no arranca en Cataluña, por el camino muchos interesados se han ocupado de que el informe no llegara a los que debían tomar las decisiones.

La derecha española es tonta y en relación al nacionalismo catalán, idiota. El mejor –o peor– ejemplo fue considerar a Pujol un gran estadista y culminarlo con la designación de español del año. Como dijo Boadella recientemente, un chiste, si tenemos en cuenta que el personaje ha consagrado su vida política a cargarse al Estado y en concreto al Estado español. La derecha española si quiere recibir información de lo que pasa en Cataluña se agencia a un moderadísimo de CiU que, en Madrid y en el trato corto, son unos tíos educadísimos; y así nos va.


Eso, traducido a la historia del PP, significa que los líderes del PP catalán, ya fuera los que ocupaban el cargo o los que controlaban y controlan el partido en la sombra y en el sol, han engañado sistemáticamente a los líderes nacionales, tanto a Aznar como a Rajoy. Aznar se dejó engañar por Durán i Lleida, por Tries de Bes, por Piqué –que engañó también durante una temporada crucial y decisiva a Rajoy– y por los mismos que hoy engañan a Rajoy. El único período en el que a Rajoy le pasaban información de la buena, fue en la época de Sirera, que tuvo que aguantar el contrapeso de los engaños de los que hoy controlan el partido y que engañan en la actualidad a Rajoy. ¿Y la presidenta? La presidenta es un títere, con incontinencia verbal e ideológica, pero un títere.

Dicho esto, los bodiguars de Mariano le están vendiendo la moto de que el PP de Cataluña puede ser decisivo en las próximas elecciones autonómicas y, Mariano, te están engañando, para variar.

¿Qué es lo que sucede? Alguien se ha creído las encuestas que dan a Convergencia cincuenta y cinco o más escaños en las próximas autonómicas. La mayoría absoluta está en sesenta y ocho. Actualmente CiU tiene cuarenta y ocho escaños, a veinte de la mayoría absoluta, con menos de un millón de votos, teniendo en cuenta que en Cataluña podemos votar más de cinco millones de humanos; lo digo para que la derecha española tonta se entere. Las encuestas en 2006 le otorgaban un resultado similar y luego pasó lo que pasó. También cabe recordar que desde 2003 CiU siempre ha perdido votos. Pero hagamos caso a las familias del PP y demos por buena la encuesta.

El PP tiene catorce diputados. Las encuestas premian la labor de Alicia Sánchez-Camacho con un descenso, que puede ser un salto si los tres diputados de Ciudadanos se transforman en cinco diputados de Rosa Díez, como parece. Es decir, el PP podría quedarse con diez o doce diputados; un desastre. El caso es que alguien le ha contado a Mariano que ese desastre puede no serlo tanto si, al igual que ha sucedido en el País Vasco, donde el PP ha perdido un tercio de los votos, la cosa parlamentaria sitúa al PP en condiciones de hacer presidente a Artur Mas.

¿Dónde está el engaño a Mariano? Primero, en que se están creyendo las encuestas. Segundo, que aunque ERC baje mucho, es muy difícil que lo haga por debajo de diez o doce diputados –los mismos que el PP. Tercero, si baja ERC, esos votos irán a CIU, comunicándose.

Y cuarto, y lo más importante, ¿qué le hace pensar al PP que si CiU puede elegir entre el PP y ERC elegirá al PP? Los nacionalistas se perdonarán los odios y pelillos a la mar. Además, teniendo en cuenta que cuando se celebren las autonómicas en Cataluña, Zapatero aún será presidente, ¿qué diablos podrá ofrecerle el PP a cambio?

Así se explica el garbeo por las Ramblas, que algunos han calificado como maniobra audaz de Alicia Sánchez-Camacho y que ni es obra suya –pese a las autofiltraciones– y que, por usada e inútil, no es audaz sino usada e inútil. Como la frase de Churchill, que todo el mundo cita mal, por pactar con CiU vais a hacer el canelo y ni vais a pactar con CiU, ni os van a salir las cuentas. De verdad, Mariano, te están engañando.

Libertad Digital - Opinión

SON ELLAS. Por Alfonso Ussía

La España del futuro son ellas. Y ellos. Me refiero a toda una España libre y democrática. No a la actual, separada por una línea imperceptible entre los hayedos de Burgos y de Álava y Vizcaya, o los robledales que establecen la linde entre Navarra y Guipúzcoa. Las sorpresas. Pocos días atrás, en un Colegio Mayor Universitario me topé con una mujer bellísima y abierta, estudiante de Ciencias Políticas, vasca como la isla de Ízaro, la chapela de Paulino Uzcudun o la Ría de Nervión, por la que bajaron las gabarras, rumbo a Bilbao, de los soldados carlistas y los futbolistas del Athletic de Bilbao cuando ganaron sus campeonatos de Liga y sus Copas de España. Iba de negro, sonreía, se quedaba en un segundo plano, se movía con timidez. El director del Colegio Mayor me la presentó. –Es nuestra heroína particular–. Cuando supe los motivos de su heroicidad, le dije al director que también era mi heroína, y la de millones de españoles.

Se llama Patricia. No ha alcanzado los veinticinco años y lleva seis de concejala del Partido Popular en Ermua, la yerma, la ciudad alzada para albergar «a los de fuera», aunque en la actualidad está habitada por vascos tan auténticos como los del Goyerri o los de las Encartaciones. En Ermua fue secuestrado Miguel Ángel Blanco. Y torturado por los asesinos. Y asesinado de un disparo en la nuca con las manos anudadas a sus espaldas. Patricia asiste a los plenos, pasea por las calles de la ciudad sangrada, y defiende la libertad en su tierra vasca. Se manifiesta esperanzada con el paisaje inmediato, y piensa que poco a poco, muchos jóvenes como ella, se van a ir incorporando a la política en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, con el objetivo de conseguir, al fin, que un ciudadano de cualquier lugar del País Vasco sea tan libre y viva tan libre como uno de Madrid, de Sevilla, de Santander o de Badajoz. Eso tan difícil y tan maravilloso. La libertad.

A Patricia le han disparado por la espalda en numerosas ocasiones con el pensamiento. Patricia sabe que la mayoría de las gentes de Ermua está del lado de la libertad y la convivencia, pero que también los hay partidarios del tiro en la nuca o del racismo ombliguero. Y a ella, aparentemente tan frágil, algunos de sus vecinos la prefieren muerta y no viva, en silencio y no con voz, con la nada en la mente y no con las ideas de la libertad sembradas y crecidas en su inteligencia. En personas como ella está el futuro de España, la culminación definitiva de la normalidad. Decía Antonio Basagoiti hace días que en el País Vasco no tiene sentido la discusión entre las derechas y las izquierdas, como en el resto de España, sino entre la libertad y la falta de libertad. Estoy seguro de que la van a conseguir. El nacionalismo sin poder puede convertirse en una inmensa embarcación que hace aguas por todas partes. El pacto entre socialistas y populares no es incoherente ni escandaloso. Allí donde la libertad existe, lo sería. En el País Vasco ese pacto busca la libertad que aún no se ha desarrollado en aquellos territorios. Cuando se alcance el sueño, tendrán sentido las derechas y las izquierdas. Mientras se luche y se trabaje por alcanzarlo, el sentido común obliga a conseguir la libertad. Una libertad para todos, también para los nacionalistas, libres de pactos con socios tan escondidos como indeseables, y que muchos de ellos, rechazan. Hay bastantes como Patricia. Pero en su persona reúno hoy mi admiración y mi agradecimiento.

La Razón - Opinión

AGRUPACIONES Y CUADROS DE C's DEJAN EN BLOQUE EL PARTIDO "INDIGNADOS" POR LA COALICION EUROPEA

La ejecutiva y los militantes de las agrupaciones locales de C's en Rubí y el 85 por ciento de los militantes del Hospitalet de l'Infant (Tarragona), además de cargos territoriales y sectoriales de la formación, dejarán el partido en bloque "indignados" por una coalición europea con Libertas encabezada por Miguel Durán con la que no quieren que se les relacione. Critican el "autocratismo" del presidente de la formación, Albert Rivera, y auguran un goteo de bajas.

Según informaron fuentes de las agrupaciones dimisionarias consultadas por Europa Press, no están dispuestos a seguir vinculados al partido que preside Albert Rivera por la coalición europea con la plataforma irlandesa euroescéptica coaligada en algunos países con movimientos de ultraderecha, porque creen que no tiene nada que ver con la naturaleza de C's. El Consejo General aprobó la coalición por 36 votos a favor, 24 en contra y dos abstenciones.


En declaraciones a Europa Press, la coordinadora de la Agrupación de Hospitalet de l'Infant --la más numerosa de Tarragona-- y secretaria de la federación de Tarragona, Paloma León, anunció su baja del partido y la de 12 de los 14 militantes que integran su agrupación. Opina que la coalición con Libertas encabezada por Durán --que rechazan también los intelectuales que idearon C's-- ha sido la "gota que colmó el vaso".

Criticó que la dirección de C's no permitió estudiar la propuesta a los consejeros generales la coalición. Dijo que se sienten "indignados" por la forma como se ha hecho la coalición y el fondo. Además, auguró que la salida de militantes y cargos de C's será "masiva" y va a suceder en los próximos días. Dijo que se sienten obligados a dejar el partido para que no les "identifiquen" ni con Libertas ni con Durán.

Fuentes de C's informaron a Europa Press que en Rubí algunos militantes ya han tramitado la baja. Tomarán la decisión formalmente en una asamblea a principios de la semana que viene y lo anunciarán en una rueda de prensa posterior. Las mismas fuentes aseguraron que ya hacía tiempo que se planteaban su salida de C's, que se precipitó por una coalición forjada y decidida de forma "poco democrática".

El ex secretario general de la agrupación de Rubí y uno de los responsables de la campaña de 2006, Rafael Ávila --que confirmó la baja colectiva de su agrupación--, opinó que los últimos acontecimientos en la formación le hacen pensar que el partido está "prácticamente muerto". Para Ávila, Rivera ha hecho una gestión "autocrática" y "antidemocrática", y ha "sometido al silencio" cualquier discrepancia interna. Le tildó de "mercenario de la política sin escrúpulos".

Ávila no solo criticó la coalición y el proceso para formarla, sino también que las discrepancias de dos de los tres diputados críticos, Antonio Robles y José Domingo, no hayan permitido articular una alternativa a la actual dirección. Robles dejará el partido y su escaño en el Parlamento catalán en verano, y Domingo abrió un "proceso de reflexión" para decidir su futuro en el partido.

También, el Coordinador de la Agrupación Técnica de C's, José Ignacio Herreras, anunció su baja del partido --y el de "la mitad" de la sectorial-- tras acusar a Rivera y a su ejecutiva de haberse "vendido el partido descaradamente por dinero". Se siente "traicionado" con la coalición, el "toque definitivo" que precipitó su decisión.

Otras fuentes consultadas por Europa Press aseguraron que a la decisión de las agrupaciones de Hospitalet de l'Infant, Rubí y de miembros de la sectorial técnica les seguirán las agrupaciones de Sant Cugat del Vallès (Barcelona) y Madrid y parte de la sectorial de Educación, además de algunos consejeros generales de la formación que ya anunciaron su marcha de C's.

Los miembros y dirigentes de las agrupaciones de Rubí y Hospitalet de l'Infant abrirán un período para reflexionar sobre su futuro político, que no descartan que esté en UPyD, formación que creen que debe tomar el relevo de C's. Más claro lo tiene Herreras, quien dijo que "casi seguro" que se integrará en el partido de Rosa Díez.

Europa Press

ZAPATERO Y EMPLEO SON TERMINOS INCOMPATIBLES

«O renunciamos a cuatro millones de trabajadores o renunciamos al Gobierno socialista. No hay alternativa: ni el PSOE está dispuesto a dar marcha atrás ni comenzará a crearse empleo hasta que recule.»

No deja de transmitir una imagen de decadencia y final de ciclo político que las discusiones sobre el futuro de nuestra economía pasen por preguntarse si llegaremos o no a los cinco millones de parados durante este año en lugar de aspirar a reconducir esa cifra a los tres millones. Nada de crear empleo, la aspiración consiste en contener la caída libre de España, en minimizar los destrozos.


Poca esperanza, por consiguiente, pueden tener con este Gobierno los cuatro millones de personas que están hoy sin empleo en nuestro país. El PSOE los considera costes irrecuperables, un punto de partida para un futuro que sin duda será peor que el deprimente presente. Lo único que hasta el momento les ha prometido el Ejecutivo a los parados es que su "sensibilidad social" no permitirá que se queden sin subsidio de paro; promesa que al menos ya ha incumplido para un millón y medio de españoles.

Por mucho que se empeñe el PSOE, no todos pueden vivir de las arcas públicas durante todo el tiempo; es decir, no todos los desempleados pueden dejar de producir riqueza y pasar a arrebatársela a los pocos que sí lo siguen haciendo. Este camino sólo nos conduce a la bancarrota nacional y a que quien aún tenga un empleo, lo pierda. Una economía donde una mitad de la población parasita a la otra mitad no es sostenible.

Ahora bien, los parados españoles, a diferencia de los parásitos, no adoptan esa estrategia de supervivencia por placer, sino porque la inoperancia del Gobierno les condena al desempleo. Como suele decirse, ganas de trabajar no faltan, lo que escasea es el trabajo. Y si lo hace, en buena medida, es porque el PSOE se niega a emprender las reformas que la economía española requiere en estos momentos.

La única manera de enfrentarse a las crisis es facilitando que las economías se recompongan y se reestructuren. No hay otra vía. Durante años España vivió una burbuja inmobiliaria impulsada por el crédito artificialmente barato del Banco Central Europeo y esto permitió que sobre el papel todos los indicadores económicos (incluido el empleo) parecieran espectaculares. En realidad, sólo estábamos hipotecando nuestro futuro, ya que cada vez nuestra economía se volvía menos competitiva y más dependiente de un crédito barata que no podía perdurar.

Ahora, cuando ya se ha cortado el crédito, se revelan las pésimas inversiones que se realizaron por doquier: cientos de miles de pisos sin vender y empresas que se habían convertido en meros proveedores de unos pisos que nunca se iban a habitar. El reajuste, por consiguiente, es imprescindible y no pasa por criminalizar y perseguir a las empresas con mayores impuestos y más regulaciones. Durante las recesiones una parte de las compañías está al borde de la quiebra y la otra comenzando a florecer: no conviene ni rematar al moribundo ni asfixiar al naciente.

Por eso mismo, es el momento de liberalizar todos los mercados y, particularmente, el laboral, buscando la manera de eliminar los costes artificialmente impuestos por el Estado. No se trata tanto, como sostiene demagógicamente Salgado, de abaratar el despido (que también) sino sobre todo de abaratar la contratación. Y para esto último hay que reducir tanto las cotizaciones a la Seguridad Social como las indemnizaciones por despido (y es que los nuevos empresarios se enfrentan al riesgo de tener que despedir a parte de su plantilla si su proyecto fracasa).

Claro que con unas pensiones tambaleante, debido a que durante años no se emprendió la muy necesaria transición hacia un sistema de capitalización, difícilmente tiene margen el Ejecutivo para minorar significativamente las cotizaciones a la Seguridad Social. Tampoco parece que después de haber vivido montado sobre la pancarta de la izquierda radical y del sindicalismo obtuso durante su etapa de líder de la oposición, Zapatero tenga ni legitimidad ni, sobre todo, apoyos parlamentarios para recortar hoy, tal y como erróneamente los denomina, los "derechos de los trabajadores".

El PSOE tiene las manos atadas porque es cautivo de una ideología ruinosa y sectaria. Son incapaces de identificar y de reconocer sus fallos –en esencia porque se niegan a mirar a la realidad con objetividad sin filtrarla con sus prejuicios– y de este modo se convierten en el mayor lastre para la economía española. Su incompetencia puede observarse en el fiasco de sus predicciones y su fanatismo en la negativa a admitir que se han equivocado, aún cuando resulta evidente para todo el mundo.

Llegados a este punto, o renunciamos (de momento) a cuatro millones de trabajadores o renunciamos al Gobierno. No parece que haya alternativa: ni el PSOE está dispuesto a dar marcha atrás ni comenzará a crearse empleo hasta que el PSOE recule. Y, obviamente, ningún sillón ministerial o coche oficial vale tanto como para condenar a casi el 20% de los trabajadores al paro.

Este Ejecutivo, que durante su primera legislatura basó sus éxitos económicos en el hichazón inmobiliario, ha tenido ya un año entero para cambiar de posición y enfrentarse con inteligencia a la crisis. No lo ha hecho; las pocas políticas económicas que ha acometido sólo han hecho que agravar la situación. Es hora de que se larguen y de que comiencen a aprobarse las reformas que reclama a gritos la economía española. Si al PSOE de verdad le importan los trabajadores, debería apartar su cerril mentalidad de la economía. En caso contrario, la destrucción de empleo no habrá hecho más que empezar en este primer trimestre de 2009.

Libertad Digital - Opinión

LA PROMESA DE ZAPATERO