miércoles, 15 de julio de 2009

¿Quién teme el federalismo fiscal?. Por Carlos Sánchez

«Ningún Gobierno, ni este ni el anterior, ha tenido coraje político para avanzar hacia un modelo federal en el que no haya asimetría entre lo que gastan las CCAA y lo que recaudan»

A principios de los años 70 -en pleno deshielo de las relaciones entre China y EEUU- un grupo de periodistas occidentales visitó Pekín. El viaje incluía un encuentro con Chu En-lai, por entonces primer ministro y mano de derecha de Mao desde los tiempos de la Larga Marcha. En un momento de la recepción, uno de los plumillas se acercó al dirigente chino y le preguntó: ¿Qué piensa el Partido Comunista Chino de la revolución francesa de 1789? Se cuenta que Chu En-lai le miró a los ojos y le contestó con cierta parsimonia: “Se trata de un hecho demasiado reciente. Todavía no tenemos un perspectiva histórica suficiente para pronunciarnos sobre la Revolución Francesa”.


Probablemente no haya que esperar tanto tiempo para sacar conclusiones sobre cómo ha funcionado el modelo autonómico que diseñó la Constitución de 1978, pero no parece un análisis apresurado aventurar que el sistema está agotado y que no da más de sí. Y para llegar a esta conclusión sólo hay que analizar lo que ha sucedido en las últimas semanas a cuenta del nuevo modelo de financiación autonómica, que refleja una ceremonia de la confusión y un oscurantismo sin parangón en un país que presume de ser de los más descentralizados del mundo y con mayores cotas de autogobierno.

El espectáculo ha sido tal que la ciudadanía ha visto como todas y cada una de las comunidades autónomas se pasaban por caja -en este caso Hacienda- para preguntar cómo va lo mío. Y el resultado no ha sido otro que el esperado: algunas comunidades –léase Cataluña y Andalucía- han salido la mar de contentas, aunque otras del ámbito socialista están obligadas a decir que sí para no romper la disciplina de partido (Baleares); mientras que las del PP juran en arameo mascullando que va a ser duro llegar a final de mes si no aceptan un modelo que actúa a modo de contrato leonino: O todo o nada.

Al contrario de lo que piensa una corriente cada vez más importante en la opinión pública española (de ahí el nacimiento de fenómenos como UPyD), los fallos detectados en la negociación del nuevo modelo de financiación no deben relacionarse con que se haya llegado demasiado lejos en las transferencias del Estado. Es probable que algunas competencias autonómicas tuvieran que revisarse (urbanismo o comercio interior), pero lo cierto es que los fallos tienen más que ver con un problema de diseño más que de exceso. Tienen que ver con el hecho de que el modelo autonómico sigue sin cerrarse casi treinta años después. Y de esos polvos vienes estos lodos, que dice el saber popular.

Coraje político

El problema de fondo es que ningún Gobierno, ni este ni el anterior, ha tenido el suficiente coraje político para avanzar definitivamente hacia un modelo federal en el que haya correspondencia entre lo que recauda cada región y lo que gasta, lo que permite a las comunidades autónomas disparar con pólvora del rey. Saben que antes o después alguien tendrá que pagar la factura. Detrás de esta asimetría se encuentra el origen de todos los problemas, y eso explica que la financiación autonómica se haya convertido en una subasta en la que el maestro de ceremonias (el presidente del Gobierno de turno) sabe de antemano quien va a ser el ganador. Si gobierna el PP; las comunidades autónomas de su influencia política; y si gobierna el PSOE, justo lo contrario.

El problema radica, por lo tanto en que las comunidades autónomas tienen gran capacidad de gasto, pero sus recursos son muy limitados, precisamente porque se ha avanzado escasamente en la corresponsabilidad fiscal efectiva, que no es exactamente lo mismo que aumentar los porcentajes de cesión de tributos con tanto impacto recaudatorio como el IRPF, el IVA o los impuestos especiales. La corresponsabilidad fiscal tiene más que ver con la creación de tributos propios con potencia recaudatoria real, lo cual aumentaría la transparencia fiscal. Cada ciudadano sabría cuánto aporta a las arcas regionales para el mantenimiento de los servicios públicos.

Tanto el vigente sistema como el que le sucederá desincentivan la utilización de la capacidad normativa. Básicamente porque todos los actores que participan en esta obra bufa saben que el Gobierno central –tarde o temprano- saldrá en su ayuda al cabo de cierto número de años. Es decir, que prefieren que el primo de zumosol les resuelva los problemas antes de tener que subir impuestos o de tener que recortar el gasto de forma drástica.

Es por eso que los problemas no se solucionarán hasta que los parlamentos regionales utilicen sus propios tributos para financiarse, mientras que los estatales deben tener que atender una doble función: cubrir las necesidades de la nación (defensa, política exterior o justicia) y dotar de medios económicos suficientes a las regiones que no tengan suficiente capacidad de recaudar recursos para financiar los servicios públicos esenciales.

Es curioso que algunas comunidades que sacan pecho sobre su nivel de autogobierno -caso de Cataluña- reivindiquen siempre más dinero del Estado en lugar de explorar lo que debería ser más razonable en un Estado federal: la existencia de recursos propios con verdadera capacidad recaudatoria. En su lugar, ya se sabe, se tira de victimismo y se echa la culpa a Madrid de que no haya dinero. Y como Madrid necesita votos, la jugada es perfecta: más recursos sin coste político alguno. Negocio perfecto.

El Confidencial - Opinión

Un sistema pésimo en la forma y en el fondo

El Consejo de Política Fiscal y Financiera aprobará hoy con votos del Gobierno un modelo de financiación deficiente. Un cambio de este calado sacude los cimientos del Estado.

EL CONSEJO de Política Fiscal y Financiera aprobará hoy con los votos del Gobierno y de las comunidades gobernadas por el PSOE un modelo pésimo de financiación autonómica. Un cambio de este calado político, que sacude los cimientos del propio modelo territorial del Estado, hubiera requerido de una gestación absolutamente distinta, más si cabe por la gravísima situación del país como consecuencia de la recesión.


El presidente Zapatero ha vuelto a las andadas y, de la misma forma que en los asuntos capitales ha venido marginando deliberadamente al primer partido de la oposición (lucha antiterrorista y reforma de Estatutos -en la primera legislatura- y plan de medidas económicas contra la crisis -en este segundo mandato-), ha evitado lo que parecía más lógico y conveniente: un pacto de Estado. Su actitud revela cortedad de miras y un gran sectarismo: lo importante para Zapatero no es ni el interés general, ni la cohesión, ni la estabilidad del país, sino los intereses de su partido y la perpetuación en el cargo con el apoyo de sus socios parlamentarios.

Llama la atención que el Consejo de Política Fiscal y Financiera haya quedado como mero órgano de ratificación de un acuerdo que se ha negociado a oscuras y de forma bilateral, cuando este órgano debería haber sido el seno que acogiera con absoluta transparencia las negociaciones de los representantes de todas las comunidades autónomas en pie de igualdad.

La perversión del nuevo sistema está en el propio principio que lo inspira. No es un modelo pensado para redistribuir la riqueza atendiendo al principio de solidaridad, sino un engendro diseñado para satisfacer al tripartito catalán siguiendo unos criterios fijados en un Estatuto de, todavía hoy, dudosa validez constitucional. Nótese bien que no estamos ante un modelo del cual se deriva un determinado reparto, sino que es el dinero que exige el tripartito catalán el que lleva a construir el modelo. El resultado global al que aboca esta financiación a la carta para Cataluña es un auténtico disparate que obliga incluso a crear una suerte de caja B con fondos complementarios con los que corregir las cifras.

Es inconcebible, también, que se llegue hoy a la votación de la nueva financiación autonómica sin que se conozcan al detalle las cantidades que corresponden a cada comunidad ni su impacto final en las cuentas del Estado. Mientras el Gobierno cifra en 11.000 millones de euros el incremento adicional que entregará a las comunidades, la Generalitat estima que el montante alcanzará los 12.000. Lo que es seguro es que este aumento del déficit del Estado habrá que pagarlo y que se traducirá en una subida de impuestos o en una rémora para el futuro.

Pero el modelo es malo porque consagra justo lo contrario de lo que debería: la desigualdad y la insolidaridad. Cataluña, con un nivel de riqueza superior en un 17% a la media nacional, acabará recibiendo del Estado, según ERC, más dinero del que aportará para el equilibrio del país. Por eso Aguirre afirma que Madrid quedará como la única comunidad que contribuirá netamente al conjunto. Sólo le acompañará, y en mucha menor medida, Baleares. Y está el agravante de que, al ceder a todas las autonomías el 50% del IRPF e IVA y el 58% de los impuestos especiales, el margen del Estado para corregir las desigualdades quedará muy mermado.

Zapatero ha convertido la financiación, clave para la articulación del Estado, en un instrumento partidista. Ha enfrentado a las comunidades creando un sudoku con el que sólo resuelve sus apoyos parlamentarios. Ni siquiera ha logrado acabar con el victimismo nacionalista: su socio, ERC, ha anunciado que lo próximo es «el concierto económico y la independencia».

El Mundo - Editorial

Rajoy, un fraude para el PP

«Los votantes del PP no se merecen a un líder que haga dejación de sus funciones y cuyo único objetivo sea alcanzar La Moncloa asimilando todo lo que representa Zapatero: exactamente aquello contra lo que han votado sus diez millones de electores»

"Profundamente antisocial", una "frivolidad", un "caos", una "enorme chapuza" que traerá "inevitables consecuencias negativas para los españoles" y que "ha dejado a la mayoría de las comunidades autónomas en meros convidados de piedra". Estos son algunos de los duros calificativos que, con razón, el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha dedicado este martes al nuevo modelo de financiación autonómica que el Gobierno de Zapatero ha consensuado con sus socios separatistas de ERC. Aunque no podemos más que suscribir estas criticas a un irresponsable modelo de financiación que no hace otra cosa que engrosar alarmantemente el déficit público y favorecer descaradamente a las comunidades donde el PSOE encuentra su principal granero de votos, nos resulta alarmante, incluso indignante, que acto seguido el líder del PP no haya dejado meridianamente claro el voto negativo de su partido a este irresponsable sudoku.

Bien está que Rajoy anime a las regiones gobernadas por el PP a defender sus intereses en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera, órgano que congrega al Gobierno y a todas las Comunidades Autónomas y que hoy miércoles debatirá la reforma de la financiación autonómica. Sin embargo, este llamamiento de Rajoy se transforma en un implícito respaldo a que cada taifa autonómica defienda exclusivamente lo suyo al no ir acompañado por una postura clara respecto al sentido negativo del voto que merece esta reforma tan justificadamente criticada. La reforma de la financiación autonómica no es un asunto exclusivamente regional. Afecta a la nación en su conjunto. Se supone que Rajoy lidera un partido que se reputa nacional. Son los intereses nacionales en su conjunto los que deben encajar la financiación de las diferentes autonomías. Ni los principios nacionales del PP ni el propio liderazgo de Rajoy pueden quedar supeditados a los exclusivos intereses de los barones regionales del partido, sobre todo cuando atacan los intereses del conjunto de los españoles. No es de recibo que, ante un nuevo modelo de financiación autonómica contra el que tantas y tan contundentes críticas le ha dirigido el líder del PP, haya comunidades gobernadas por este mismo partido que simplemente se abstengan, tal y como, sin desmentirlo nadie, han adelantado no pocos medios de comunicación.

Téngase en cuanta además que no sería la primera vez que el líder del PP dedica argumentadas criticas de fondo a ciertos proyectos del Gobierno que luego, a la hora de votar, se transforman en abstenciones, cuando no en votos favorables. Así ha ocurrido, por citar sólo un par de deplorables ejemplos, con el plan de rescate bancario o con el Plan E.

Esperemos que esta vez no ocurra lo mismo, por mucho que la ambigüedad y la ocultación del sentido del voto nos haga temer una nueva incoherencia por parte del Partido Popular. Lo que nos parece evidente es que de producirse esta, las criticas de "frivolidad", "irresponsabilidad", "chapuza" y "caos" no deberían tener a Zapatero como único destinatario. De momento, sólo Esperanza Aguirre está desarrollando un discurso nacional que defienda tanto la libertad de los españoles como los principios fundacionales del PP; si Rajoy no puede o no quiere seguir esta línea –la única que debería seguir una formación representante del centro-derecha español– tal vez significa que ha llegado la hora de retirarse de la escena política. Los españoles, y más particularmente los votantes del PP, no se merecen a un líder que haga dejación de sus funciones y cuyo único objetivo sea alcanzar La Moncloa asimilando todo lo que representa Zapatero: exactamente aquello contra lo que han votado sus diez millones de electores.

Libertad Digital - Editorial

Se busca a Luis el Cabrón. Por Ignacio Camacho

LOS marianistas están que no duermen, presos de una obsesión conspirativa, y en la vigilia brumosa del insomnio se les aparece, con el perfil inquietante y sombrío de un aguafuerte goyesco, el difuso fantasma de Luis el Cabrón. Así llamaban los corruptos de la Gürtel, en las notas de su pringosa contabilidad paralela, a uno de los recipiendarios de dinero sospechoso, a quien el juez Garzón adjudicó en el «dramatis personae» del sumario la identidad civil de Luis Bárcenas. A estas alturas nadie duda en el PP de que se trate del susodicho, quizá porque en efecto lo consideran un cabrón con patas como los que se aparecían en los akelarres de las brujas, dispuesto a fastidiarle al partido el pasodoble de la euforia. Sólo Bárcenas, que desde luego no ganará concursos de simpatía, rebate con denuedo su ominoso remoquete y se dice dispuesto a encontrar, como el conde de Montecristo, al verdadero culpable. Incluso cree haberlo hallado en la personalidad de cierto intermediario de Madrid habitual de los tejemanejes financieros; también sostiene que él no es el L.B. de los apuntes de Correa y sus muchachos, y busca indicios de otro empresario con nombre de pintor flamenco para preparar su defensa en torno al principio de la duda razonable.

Sea como fuere, el terco tesorero ha sembrado de nervios las filas populares, que piafan de impaciencia en torno a un Rajoy estatuario. El lunes, en la cena de los Cavia, el gallego habló en los corrillos con la ambigüedad de un oráculo: «los tiempos y las prioridades», repetía, «los tiempos y las prioridades». Tiene el partido como un flan y parece que empieza a gustarle el papel de patriarca impávido. Quizás esté utilizando a Bárcenas como fusible, como un escudo, sabedor de que en el fondo no es a Bárcenas a quien persiguen los conspiradores. Si lo echa a los leones éstos no se entretendrán un minuto en devorarlo; buscan, los de fuera y los de dentro, carne de mayor enjundia.

Andaba por allí Aznar, bromeando con el Rey que no se atrevía a encender un puro. Uno de los patricios me lo señaló en un aparte: «a ése le duraría Bárcenas un suspiro si se atreviese a chulearlo». Le respondí, por provocar, que fue en tiempos del César cuando los corruptos le llevaban dinero a Luis el Cabrón, sea quien sea, aunque los tiros no van por ahí; Bárcenas puede saber muchas cosas, pero no parece de los que sueltan mierda para taparse. Por si acaso, en la planta noble de Génova 13 han consultado a Álvaro Lapuerta, el anterior tesorero, un «pata negra», y éste ha meneado la cabeza como los hombres de respeto de Sicilia: su proahijado no soltará prenda. No al menos sobre nada que comprometa al núcleo duro.

Pero acaso otros no estén tan tranquilos y por eso conspiran para meter presión desde sus zonas de sombra. El cainismo siempre deja pendientes deudas, y un hombre acorralado puede cobrarse a destiempo alguna cabronada.

ABC - Opinión

Cortijos políticos. Por Eugenio S. Palomares

Un partido político es la cristalización de un proyecto nacional para un buen gobierno. Se eleva el discurso al espacio público, se trata de persuadir a los ciudadanos de su viabilidad como proyecto y las urnas miden su grado de aceptación. En el caso de organizaciones pequeñas es normal trabajar en consenso. Es fácil el acuerdo. De esta forma, aunque el trabajo se reparta y los miembros cumplan diferentes funciones, todos participan en la gestión del proyecto. En cambio, en las grandes organizaciones, como en los partidos políticos que han conseguido una amplia representación en el parlamento, esta estructura democrática es particularmente complicada de respetar. Es normal que pensemos, especialmente en un Estado democrático, que la democracia impere en los partidos políticos, pero lo cierto es que en ellos se forman oligarquías y facciones de poder -el PP actualmente es un buen ejemplo, con sus Bárcenas, Camps y Aguirre- sin que ello les impida convivir dentro de la misma organización.

Una situación que, normalmente, criticamos con generosidad, pero que no es distinta de la que también se da en las empresas. En las grandes organizaciones el trato personal es el germen de envidias y la mayor amenaza a la tan celebrada meritocracia. En efecto, cuando las fidelidades y no los méritos personales forman el carisma que hace oficio, el edificio de la organización termina siendo el particular cortijo de unos y otros. Es fácil de entender, pues los méritos son el producto de la fidelidad y no del trabajo bien hecho. La fidelidad es más celebrada que el mérito. Se tiene a la fidelidad como una virtud, cuando no es más que pusilanimidad. No es reflejo de un trabajo en equipo, sino un cerrar filas de los fieles frente a otros fieles, dentro de la misma organización y es un magnífico abono para navajazos traperos, y no es necesario citar ejemplos pues seguro que cada uno tiene más de uno en fechas recientes y no tanto. Es, y acabo con estas reflexiones, el disfraz de la obediencia más cobarde, ya que rechaza todo tipo de crítica como si la crítica fuera deslealtad.

Claro que, tal vez, esto no interesa. Y no interesa ni a los grupos de amplia representación parlamentaria ni a los más pequeños, donde tampoco tienen cabida ni críticos ni disidentes. Es lo que sucedió con Rosa Díez. Pensaba que las cosas se podían hacer como ella afirmaba, y fundó una nueva organización en la que trabajar en la línea y en la manera que ella decía debía hacerse. Y no es el único ejemplo, aunque sí el más reciente. En su día entendió que las cosas se podían hacer de otra manera, recibió el aplauso de la derecha, también de muchas personas que le han dado su confianza y ahora rechaza a algunos que, como ella, conformaron UPyD y que, como ella en su día, no le son fieles sino críticos. El abandono del coordinador de UPyD en Andalucía y de Mikel Buesa, o la invitación de Rosa Díez a que otros miembros de su grupo dejen el partido y funden uno nuevo, son más ejemplos. No acepta la crítica, sólo la fidelidad. El autoritarismo, que tanto denunció en el PSOE, el personalismo y la falta de democracia interna le caen a Díez al igual que antes las atribuyó al grupo socialista. De nuevo se muestra que en estos espacios, cuando la crítica aparece, algo profundamente no democrático asoma. Hay una jerarquía y las parcelas de responsabilidad han generado tierras de poder que atienden a intereses puramente particulares. La disidencia, una vez más, se considera traición y no se legitima cuando la disidencia es legítima en cuanto no supone sumisión y sí aportación de ideas. De ahí que tenga que preguntarme, ante el obligado abandono del coordinador de la UPyD en Andalucía y la invitación a tantos otros militantes que querían formar un nuevo proyecto y esta nueva historia, si ¿podría ser relativamente frecuente que algunas organizaciones políticas no nazcan del mundo de las ideas, sino de ambiciones personales? La respuesta que, a veces, me doy es que en ocasiones, especialmente en las pequeñas organizaciones, cuyo origen responde a desavenencias políticas y personales y no al ámbito de ideas al servicio de la sociedad.


El País

martes, 14 de julio de 2009

Mikel Buesa en Popular TV - 13/07/2009

Los críticos de UPyD abandonan el partido por "falta de democracia interna"

Los dimisionarios, entre los que están Mikel Buesa y Carlos Novillo, denuncian el "excesivo personalismo" de la formación dirigida por Rosa Díez

La grave crisis interna que atraviesa Unión Progreso y Democracia (UPyD) ha desembocado en una fractura del partido de Rosa Díez. Los críticos, a cuya cabeza está Mikel Buesa, uno de los fundadores de UPyD, harán oficial su renuncia a la militancia este miércoles a primera hora con un fax a la dirección en el que solicitan la baja voluntaria inmediata como afiliados. Se trata de una treintena de militantes que discrepan con el rumbo emprendido por UPyD en los últimos tiempos, caracterizados en su opinión por una "falta de democracia" y un "excesivo personalismo". Y acusan directamente de todo ello a Rosa Díez.


Entre los dimisionarios se encuentran ocho miembros del Consejo Político de UPyD entre los que se están el propio Mikel Buesa, Carlos Novillo, Angel Soria y Aurora García Pérez. Asimismo, también presentarán su solicitud de dimisión cinco miembros de la coordinadora de Madrid y algunos integrantes de la coordinadora territorial de Castilla y León.

En el escrito, al que ha tenido acceso Europa Press, este grupo de afiliados muestra su "absoluta disconformidad" con el modelo de organización del partido tanto a nivel nacional como autonómico.

"Excesivo personalismo"

Asimismo, los firmantes del escrito indican que el partido se ha caracterizado en los últimos tiempos por "falta de democracia interna, falsedades por parte de la dirección que se pueden acreditar documentalmente, ausencia de regeneración democrática efectiva y un excesivo personalismo" de su líder, Rosa Díez.

Estos afiliados indicaron también que han sufrido una pérdida de confianza por parte de la cabeza visible de UPyD, criticaron la apertura de expedientes "arbitrarios e injustificados" y la "doble vara de medir a la hora de aplicar los procedimientos administrativos internos".

Buesa había anunciado ya su intención de dejar la formación por lo que el partido le comunicó por correo electrónico el inicio de los trámites para darle de baja del partido que ayudó a fundar junto con Rosa Díez.

El País

El puzzle y el sudoku. Por Cristina Losada

«Muchas de las voces críticas claman contra el hecho de que Cataluña se lleve la parte del león. Pero cuanto más señalan los dedos acusadores a Cataluña, más se olvida que los leones de esta historia se encuentran en la Carrera de San Jerónimo.»

Cuando se discutió en las Cortes de la República el Estatuto de Cataluña, el periodista Camba contó en un artículo cómo tuvieron que llevar a Ortega y Gasset por la noche al Congreso para que explicara que los conceptos de federalismo y autonomía no eran análogos, sino opuestos. Nadie sabía eso en la cámara. "Para aquellos energúmenos era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos al objeto de crear un puzzle", escribió don Julio. Ahora se le ha llamado sudoku a la ensalada de cifras que quedó sobre la mesa una vez destrozado el cuadro de la financiación autonómica.


El culpable del estropicio se encuentra en la misma sede a la que llevaron a Ortega a ilustrar a los energúmenos. Fue el Congreso de los Diputados quien aprobó el nuevo Estatuto de Cataluña que está en el origen del entuerto. Muchas de las voces críticas contra el modelo de financiación presentado por Salgado a media luz claman contra el hecho de que la autonomía catalana se lleve la parte del león. Pero cuanto más señalan los dedos acusadores a Cataluña, más se olvida que los leones de esta historia son los que se encuentran en la Carrera de San Jerónimo. Fueron los depositarios de la soberanía nacional, con los votos de la mayoría y, en primer lugar, del partido de Zapatero, quienes decidieron cargarse el cuadro y enredarse en un sudoku irresoluble.

Ah, pero lo han resuelto, objetarán algunos. Ha sido una jugada maestra, dicen otros. Si incrementar la deuda y el déficit, aumentar las desigualdades y romper el principio de cohesión demuestran maestría, adelante con los faroles. También habrá quien elogie la habilidad de un estafador en lo suyo. Es muy fácil pagar con el dinero que no se tiene y que apoquinen los que vengan detrás de uno. Entretanto, fiesta. Y fiesta grande allí donde haya tocado un trozo mayor de la tarta. Las autonomías harán con los millones lo que les venga en gana, sin control alguno. No en vano se ha establecido como norma superior que el Estado no decide cómo se financian las Comunidades. Son ellas las que ordenan la financiación del Estado. Y, huelga decir, unas más que otras. Todo por voluntad y decisión del Gobierno de España, el de los anuncios.

Libertad Digital - Opinión

Tropelía autonómica. Por M. Martín Ferrand

SIN luz, sin taquígrafos y hasta sin vergüenza democrática el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha cerrado la cuenta de la financiación autonómica. Ha sacado 11.000 millones más de nuestros bolsillos para repartirlos, al margen del espíritu de la Constitución, en cantidades directamente proporcionales a los apoyos que el PSOE necesita para aliviar su escasez parlamentaria. A mayor abundamiento, ha disimulado tan singular golpe de mano con el ruidoso telón que les ha fabricado el PP entretejiendo los guiños de Luis Bárcenas, los trajes de Francisco Camps, las desemejanzas de Esperanza Aguirre y José María Aznar y la habitual somnolencia de Mariano Rajoy.

La emperejilada sacerdotisa que, como vicepresidenta segunda, se encarga de estos asuntos en el Gobierno se encaramó a las antenas de la Cadena Ser, la torre del homenaje de su castillo mediático, para gritar a los cuatro vientos que «la nueva financiación no traerá más déficit, sino mayor equi-dad». Como no está penado, ni mal visto, engañar a los contribuyentes -y menos cuando se habla del Presupuesto-, no pasará nada; pero esos 11.000 millones suponen el 1 por ciento del PIB y, además de incrementar el déficit, que la materia ni se crea ni se destruye, nos convierten en el país más endeudado entre los de nuestro entorno.

Más de una tercera parte de esos millones con los que el Gobierno cierra la cuenta de sus frívolos compromisos, reforzará el Presupuesto de la Generalitat. Es el precio que ha exigido ERC y gestionado José Montilla para que los partidos que integran el Govern mantengan su nada desinteresado apoyo a la causa del poder de Zapatero. Queda así establecida, en los hechos, una clasificación de los españoles. Unos, los de primera, podrán disfrutar del plus que, sobre la media nacional, les atribuye la voluntad del Gobierno y otros, los de segunda, tendrán que prescindir de gollerías para que los servicios públicos fundamentales no decaigan en sus territorios. No podrán sostener una sola «embajada» en el extranjero.

En tiempos de tribulación, el Gobierno ha hecho una gran mudanza presupuestaria que aumentará las desigualdades regionales y contribuirá grandemente a marcar distancias en-tre los contribuyentes de los distintos territorios del Estado. Una insensatez. Favorecer a los ricos con perjuicio para los pobres es el modelo social de Zapatero, el de las ocurrencias.

ABC - Opinión

¿Quién teme a la Esquerra feroz?. Por José García Domínguez

«Por nada arcanas razones de política nacional, Zapatero sigue empecinado en ocultar tanto a la opinión pública como a la publicada, que ha sido el PSC, y sólo el PSC, su interlocutor principal, si no el único.»

Uno, que de economía poco sabe y de hacienda pública todo lo ignora, sólo se atrevería a refutar una única cifra entre las demasiadas que giran en ese carrusel algebraico que ha puesto en marcha Elena Salgado a mayor gloria de la intendencia de las taifas. Y es que, como en el poema célebre, uno no sabe muchas cosas, es verdad, pero lo han dormido con todos los cuentos... y se sabe todos los cuentos.


De ahí que no esté dispuesto a comprar la moto de la Esquerra feroz. Ésa con la que pretenden convencerle de que los ridículos 297.000 votos de ERC habrían forzado, ellos solitos, la quiebra del principio de equidad financiera del Estado. No, ni hablar del peluquín. Por mucho que alardee de testosterona centrífuga Puigcercós, y por más golpes en el pecho que se propinen los machos alfa del ‘clan de la avellana’, los histriones de la Esquerra no le harán creer que han representado algo más que el papel simples figurantes en esa comedia de enredo.

Muy al contrario, el supremo muñidor del gran entuerto asimétrico no ha sido otro que Antoni Castells, uno de los contados supervivientes entre aquellos burgueses ilustrados y discretamente separatistas –en la intimidad– que fundaron el PSC. Es a ese letrista ocasional de Lluís Llach a quien deberemos agradecer los privilegios que tanto entusiasmo han despertando ya entre los socialistas de la España pobre. Así el sustituto del Bellotari –no recuerdo ahora su nombre–, que casi llora de alegría festejando la marea de dinero extra que habremos de disfrutar en Barcelona.
Sin embargo, y por nada arcanas razones de política nacional, Zapatero sigue empecinado en ocultar tanto a la opinión pública como a la publicada, que ha sido el PSC, y sólo el PSC, su interlocutor principal, si no el único. Igual en la maquinación del Estatut que en la comisión del nuevo reparto del botín fiscal. Ya ocurrió aquella noche de vino, rosas y cajetillas de Fortuna, en La Moncloa, cuando Artur Mas se llevó toda la gloria mediática del recién alumbrado engendro confederal. E igual vuelve a suceder ahora mismo, con los comparsas de la Esquerra chupando cámara a cuenta del esforzado Montilla. Sic transit...

Libertad Digital - Opinión

Negando la mayor. Por Ignacio Camacho

QUE no, que no, que no. Que no se trata de discutir quién se lleva cuánto, sino de impugnar la premisa mayor del silogismo de la financiación autonómica, la que establece como un falso dogma político la necesidad de un nuevo modelo. Ésa es la trampa en la que es lógico que caigan los dirigentes de las autonomías, a quienes nunca parece suficiente ningún dinero, pero para los contribuyentes la cuestión no consiste en debatir sobre los detalles del acuerdo, sino sobre la necesidad del acuerdo mismo. Sobre la conveniencia de dar aún más recursos a las comunidades para que mantengan su desaforado tren de gasto, sin vincularlos a ninguna clase de plan de austeridad ni ningún requerimiento previo de racionalización. ¿Quién ha dicho, dónde está escrito que ahora, precisamente ahora, con el país en quiebra y el déficit disparado, sea el momento de repartir aún más fondos y de exigir un sacrificio aún mayor a los ciudadanos?

Pues está escrito en el Estatuto de Cataluña, que es precisamente la piedra angular del descontrol y la zozobra que envuelven nuestra política desde que Zapatero decidió tirar el carro de la gobernación del Estado por un pedregal de exigencias nacionalistas. Y ése es el problema que conduce al delirio paradójico de que la estabilidad del Gobierno de España dependa del criterio de tres diputados independentistas cuya aspiración más profunda consiste en dejar de ser españoles, y cuyo respaldo es de apenas medio millón de votos. Un problema que impone al conjunto de la nación una exigencia financiera desigual y un reparto desequilibrado.

En su lógica endogámica, la clase dirigente se ha enzarzado en el debate sobre quién se lleva más y quién menos porque los propios partidos nacionales están sometidos al impulso centrífugo de sus aparatos autonómicos. Pero cuando para cuadrar esas cuentas artificiales es menester aportar once mil millones de euros suplementarios en una tesorería endeudada ya no se trata de que unos pierdan y otros ganen. Eso es lo de menos: perdemos todos. Perdemos exactamente esos once mil millones, casi dos billones de pesetas, que se van a entregar a unas voraces instituciones territoriales descomprometidas con cualquier atisbo de contención de gasto, arrastradas por el crecimiento exponencial de sus necesidades clientelares. Y sin una sola condición o contrapartida... ¡salvo la de que no bajen los impuestos!

Aliado con el «lobby» político catalán, el zapaterismo ha montado una gran farsa para procurarse un precario pacto de estabilidad, y al agitar la bolsa de los cuartos ha hecho acudir al reparto a los virreyes de las autonomías nerviosos por el tintineo de las monedas. Pero el debate está viciado porque su premisa principal se ha establecido a espaldas de los dueños del dinero, que sólo van a pagar y callar sin que nadie de entre sus representantes legítimos clame por este nuevo atropello de sus intereses.

ABC - Opinión

Rajoy no quiere echar a Bárcenas en caliente. Por Antonio Casado

¿Tiene miedo Rajoy de que Bárcenas tire de la manta? Es la pregunta propuesta en la encuesta de El Confidencial. Los resultados son demoledores para el líder del PP. A última hora de ayer, el 86% opinaba que sí y el 14 % que no. El 100% de quienes conocemos el armazón moral de Mariano Rajoy sabemos que esa percepción de la opinión pública, alimentada por el tono conminatorio de las últimas manifestaciones del tesorero del PP, está reñida con la verdad. Nada tiene que ocultar Rajoy pero ese es el pesado fardo con el que carga por haber llevado más allá de lo razonable su apoyo al personaje ¿Hasta cuándo?

Mariano Rajoy no tiene ninguna necesidad de aguantar las coplas que le suponen cautivo de las amenazas de Bárcenas. A la búsqueda de complicidades con la prensa, éste se ha dedicado durante la semana pasada a echar leña al fuego: “No hay cojones para cesarme”, “Si cae Bárcenas cae Mariano” (recados tóxicos en boca de persona interpuesta pero muy próxima al tesorero), “El PP me debe más a mí que yo al PP”, “Apoyan más a Camps, pero yo tengo más información”, etc.


O sea, que Bárcenas usó el lanzallamas y puso de los nervios a los dirigentes del PP. También a Rajoy, por mucho que se camuflase entre el público sufridor de la Copa Davis (al final nos salvamos, uff). Sin embargo, aunque ustedes no lo crean, ayer don Mariano seguía esperando que se apague la hoguera. O, al menos, que bajen las llamas. Habían alcanzado una altura considerable mientras Bárcenas se trabajaba a unos cuantos medios de comunicación en la distancia corta. Pero en la entrevista de ayer en ABC ya se apreciaba una sensible rebaja en el tono conminatorio del tesorero de moda.

Por difícil que resulte creerlo, en la mente de Mariano Rajoy no hay acuse de recibo de las amenazas de Bárcenas. No le constan en boca del tesorero, más allá de los testimonios indirectos que han saltado a los medios en estos últimos días. Suficiente para echarle a Rajoy todo el partido encima, ponerle en una situación muy incómoda y conseguir que significados miembros de la dirección le sugieran la necesidad de pedirle a Bárcenas un paso atrás por el bien del partido. Todo inútil. No está en la cabeza de Mariano Rajoy echar a Bárcenas o pedirle que se vaya, por ahora. No es su estilo hacer estas cosas en caliente.

Además, Rajoy está convencido de que el asunto va a remitir en los próximos días. Y que, aparte de las torpezas cometidas por Bárcenas en sus contactos personales con ciertos periodistas, que evidentemente no le han hecho ninguna gracia, el líder del PP tampoco cree que haya datos nuevos en la evolución de la causa que se sigue en el Tribunal Supremo contra Luis Bárcenas y el diputado Jesús Merino.

No ve ninguna novedad en la apertura de diligencias decretada ayer por el instructor, Francisco Monterde, que en realidad se limita a pedir más información al Tribunal Superior de Justicia de Madrid antes de considerar si procede solicitar los correspondientes suplicatorios y, entonces sí, iniciar la causa contra Bárcenas y Merino por cohecho y delito fiscal en el caso del primero, y solo por cohecho en el segundo.

Entonces, y solo entonces, tal vez Mariano Rajoy se decida a prescindir de Bárcenas como tesorero, al menos de forma “transitoria”, mientras éste se atornilla a su escaño del Senado.

El Confidencial

Crecimiento. Por Alfonso Ussía

Cuentan que Micky Rooney tomaba unos zumos de frutas en compañía de Gary Cooper. Rooney era más listo que Cooper, como establece la leyenda urbana de que un bajito es siempre más inteligente que un alto. El tercer zumo de pomelo se le subió a Rooney a la cabeza y comenzó a poner en duda la calidad interpretativa del gran Gary. Éste, tímido y amable, apenas le hizo caso y atribuyó aquella inesperada agresividad a los efectos del pomelo. Rooney dio un puñetazo en la mesa, se incorporó, y antes de abandonar el local, señalando con un dedo el rostro de Cooper, le soltó la amenaza: «¡El día que crezca, te dejo sin trabajo!». Y fuese.

Para mí, que a Rosa Díez se le podría llamar desde ahora Rose Rooney. En nada se parece a Micky físicamente. Es más alta que el formidable y malhumorado tapón de la generación de los dioses, que así la bautizó Terenci Moix. Pero tiene la misma idea del crecimiento que Rooney, o lo que es igual, parecida fantasía al respecto. Micky soñaba con ser alto y albergaba esperanzas de un súbito subidón de centrímetros. Y Rosa, o Rose, sueña con ser la dirigente de un gran partido político, y no encaja adecuadamente sus sueños con la realidad. Con motivo del abandono de Mikel Buesa, al que se han unido una veintena de dirigentes de UPyD, Rosa Díez ha dicho que todo se debe a que su partido está en fase de crecimiento. Átenme a esa mosca por el rabo. Se van veinte -y los que seguirán su camino en los próximos días-, y el partido crece. Astuta manera de interpretar un fracaso. Ha salido en su defensa Fernando Savater, el ideólogo de la cosa, y le ha hecho un flaco favor. Savater fue de convidado a La Moncloa y abandonó el Palacio de las soledades convencido de que la negociación con la ETA era no sólo conveniente sino fundamental. Y ha dicho Savater que sin la fortaleza de Rosa Díez, el futuro de UPyD no existe. Para un escéptico bondadoso, el futuro de UPyD no existe ni con la fortaleza de Rosa Díez ni sin ella. Excesiva frivolidad. José María Marco le dice «pontífice» con sabio cachondeo, y le atribuye una insuperable capacidad para trivializar la realidad. Rose Rooney es de palabra fácil y cimero populismo. Pero le gusta mandar más que al Príncipe de Asturias decir «la Princesa y yo». Mujer de armas tomar, que es definición antigua. Y se le van veinte por día, por aquello del crecimiento, como la economía de España, según Zapatero, antes de las últimas elecciones generales. «Aquí no hay crisis y crecemos». Y vaya si hay crisis y en qué estatura nos estamos quedando. Mis primeros profesores me enseñaron que crecer es sinónimo de aumentar. Al cabo de los años me veo obligado a reconocer, no sin dolor, que mis primeros profesores estaban equivocados. Para Rosa Díez, crecer es lo mismo que disminuir, y si es así, tiene toda la razón y este texto carece de fundamento. Cuando un partido político carece de contenidos, está cimentado en el oportunismo, vive del populismo barato y concentra todo el poder en manos de una mujer excesivamente habladora, puede crecer una barbaridad. Tanto, que al paso que lleva su crecimiento, se puede quedar con Rose Rooney y Savater haciendo ganchillo.

La Razón - Opinión

Un error terrible tan inexplicable como inexplicado

El fallecimiento de Rayan sobresaltó ayer doblemente a los españoles puesto que ya era tristemente conocido por las circunstancias de su nacimiento.

LA CORTA VIDA y la trágica muerte de un bebé llamado Rayan en uno de los mejores hospitales de Madrid es una de esas noticias espeluznantes e increíbles, tanto por la magnitud del drama de una familia como porque en un país del primer mundo, con una atención sanitaria avanzada, es muy difícil asumir que una enfermera titulada confunda una vía intravenosa con una sonda nasogástrica. El fallecimiento de Rayan sobresaltó ayer doblemente a los españoles puesto que ya era tristemente conocido por las circunstancias de su nacimiento. Su madre, Dalilah, de origen marroquí, ingresó embarazada en el Gregorio Marañón y le fue detectada la gripe A. Ante la gravedad de la paciente, los médicos le provocaron el parto y nació Rayan, sietemesino, un día antes de que su madre se convirtiera en la primera víctima mortal de la gripe A en España. El bebé -lógicamente en la UCI- evolucionaba bien, libre del virus, hasta que ayer el director del hospital informó que «un terrorífico error» médico le había matado. El centro asumió todas las responsabilidades y achacó el fallecimiento, de acuerdo con los datos facilitados hasta el momento, a que la enfermera de guardia se equivocó al alimentar al bebé.


Tanto la muerte de este recién nacido como los antecedentes del fallecimiento de su madre han de hacer de este caso un aldabonazo sobre la atención sanitaria en Madrid. La familia de Dalilah había denunciado reiteradamente que la joven acudió en varias ocasiones a urgencias y que la despacharon con un antipirético, sin detectar que tenía la gripe A más que cuando su estado ya fue grave. Las explicaciones que ofrecieron tanto los responsables de Sanidad de la Comunidad de Madrid como el Ministerio parecieron convincentes ya que, según los partes médicos, Dalilah sufría una dolencia previa que se le complicó debido al virus de la gripe A. Por ello, como primera reflexión, si ya en todos los casos deben extremarse los cuidados de un prematuro en una UCI, puede decirse que Rayan, debido a sus antecedentes, tendría que haber gozado de una especial atención.

La dirección del hospital anunció ayer que asume la responsabilidad «humana, profesional y patrimonial» de la muerte del bebé porque «la negligencia no tiene excusa». Es una reacción adecuada para el primer día, pero no basta. Hay muchas preguntas que se hacen los profesionales de la sanidad pública y que la dirección del Gregorio Marañón tiene que responder para que no quede ninguna sombra de duda. Tanto CCOO como el sindicato de enfermería señalaron ayer que es prácticamente imposible que un profesional cometa un error tan «absurdo y tan tonto». La enfermera supuestamente responsable de la muerte de Rayan -que ha sido apartada de su puesto junto a la supervisora- procedía de otro servicio y era su primer día con neonatos. El sindicato profesional Satse señaló que «no se pueden tener enfermeras generalistas que un día están con un neonato y otro con un enfermo cardiaco, no son chicas para todo».

No cabe descartar que, efectivamente, la muerte de Rayan se haya debido a la única y exclusiva negligencia de una profesional de la medicina. Pero los interrogantes que pesan sobre el caso son tantos que la dirección del hospital debe llevar a cabo una investigación exhaustiva y en un plazo de tiempo breve, ha de ofrecer ante la opinión pública una explicación detallada sobre las circunstancias de lo que el propio centro califica como «terrorífico error». Un país avanzado con una medicina pública de calidad no puede quedarse con la fatalidad como explicación del triste destino que aguardaba en Madrid a una familia de inmigrantes marroquíes que buscaba El Dorado y se encontró por dos veces con la muerte.

El Mundo - Editorial

El póquer del tesorero

«Como un jugador de póquer con una mala mano de cartas, Bárcenas trata de burlar al resto de jugadores para que no adviertan su pésima fortuna.»

La huida hacia delante de Luis Bárcenas, tesorero del Partido Popular, continúa; y lo hace con el ventilador encendido a toda marcha. Como un jugador de póquer con una mala mano de cartas, trata de burlar al resto de jugadores para que no adviertan su pésima fortuna. Tal vez por eso Esperanza Aguirre, que le ha visto el farol, le invita a que las muestre, y a que lo haga rápido, con "mucha claridad y mucha precisión", para así despejar la sombra de la duda que muchos pretenden extender sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid en relación con el sucio asunto de las comisiones de Correa y asociados.

Lo más probable es que todo lo que Bárcenas pueda mostrar ya se sepa y, antes de las elecciones europeas, haya tenido el curso ordinario en la prensa adicta a Moncloa. Por eso Aguirre habla con tanta franqueza y pide "de rodillas" que Bárcenas hable ahora o calle para siempre. Poner el ventilador es un recurso que los políticos en apuros utilizan con frecuencia, pero ese ventilador ha de tener material que esparcir, si no funciona exactamente a la inversa y, pasada la sorpresa inicial, consigue el efecto contrario al que buscaba. Pasado el temporal Aguirre hasta podría salir fortalecida de todo este escándalo que, a pesar de los sucesivos intentos por implicarla, no la ha salpicado.

De cualquier modo, y ateniéndose a la actitud de Bárcenas, que parece dispuesto a defenderse como gato panza arriba tras verse implicado de lleno en el caso Gürtel, el que tiene un problema serio no es sólo el propio Bárcenas, sino Mariano Rajoy, presidente del partido y principal apoyo del tesorero. Si Bárcenas sabe tanto como dice saber y posee toda la "información delicada" que dice poseer es el propio Rajoy quien debería ponerse en guardia, especialmente porque bien podría debilitar aún más la unidad del PP y, de paso, dejar su credibilidad como candidato a la altura del betún.

Por ahora Bárcenas, con respecto a Aguirre, poco más puede hacer que emular a un jugador de póquer yendo de farol, con objeto de intimidar a quien tuviese la tentación de ponerse en su contra o de complicarle en el calvario judicial que se avecina para el gran tinglado de intereses creados por Francisco Correa. Pero en el póquer, como en la vida, la verdad siempre sale a la luz y el tiempo termina por poner a cada uno en su sitio. A Bárcenas el tiempo debería situarle en breve fuera de su cargo actual, pero no por lo que sabe sino por lo que presuntamente ha hecho al frente de la tesorería del PP. Para eso, claro, haría falta decisión y ganas de desembarazarse de un lastre que puede costar las próximas elecciones al Partido Popular. Y si no al tiempo.

Libertad Digital - Editorial

Beteta: «¿Por qué un catalán vale más de dos veces que un madrileño?»

El consejero madrileño de Hacienda, Antonio Beteta, se ha preguntado hoy "¿por qué un catalán vale más de dos veces que un madrileño?", ya que Cataluña podría recibir con el nuevo sistema de financiación autonómica 3.800 millones de euros y la Comunidad de Madrid 1.700 millones.

En una entrevista en Telemadrid recogida por Efe, el consejero ha opinado que "el problema es que no hemos votado al Partido Socialista y como aquí se trata de dar el dinero al socialista que gobierna, obviamente no toca a la Comunidad de Madrid".

"El Partido Socialista sigue castigando a Madrid, el cero patatero zapatero sigue vigente para Madrid porque hemos ganado 10 veces al Partido Socialista", ha manifestado Beteta, que ha inventado un pareado para resumir su argumento: "votarás al señor Zapatero y tendrás más dinero".


Según sus cálculos, entre Cataluña y Andalucía, "los dos graneros de votos del Partido Socialista", recibirán más del 50% de la financiación para el conjunto de las comunidades autónomas, lo que a su juicio es "una triste realidad, un trágala" que consiste en que "o lo tomas o no tendrás nada".

De todas formas, Beteta ha asegurado que él no conoce las cifras porque no le fueron facilitadas ni siquiera en su reunión de ayer por la tarde con el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, de la que salió "con la cabeza caliente y los pies fríos".

Los 3.800 millones de euros para Cataluña, ha aclarado, son los que ha estimado la Generalitat y los 1.700 para Madrid son los que ha anunciado el secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM), Tomás Gómez, que debe tener "información privilegiada por parte del Ministerio de Hacienda".

El titular de Hacienda en el Gobierno de Esperanza Aguirre, que considera que todo esto "es el caciquismo del siglo XIX del peor estilo" aunque "muy disimulado", ha pronosticado además que el Estado "va a subir alguna tarifa de algún impuesto", porque el documento remitido a las comunidades "deja muy clarito" que si eso ocurre "ese dinero es para el Estado".

ABC

lunes, 13 de julio de 2009

Madrid denuncia que el modelo de financiación es una "tomadura de pelo"

El consejero madrileño de Economía y Hacienda, Antonio Beteta, ha dicho hoy que el nuevo modelo de financiación autonómica es "una auténtica tomadura de pelo" para esta Comunidad que resulta "singularmente mal financiada".

Tras reunirse con el secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos, Carlos Ocaña, el titular regional de Economía no ha querido dar ninguna cifra de lo que la Comunidad de Madrid recibirá con el nuevo modelo, aunque ha asegurado que, respecto al resto de comunidades autónomas, Madrid "queda por debajo de la media".


El encuentro entre Ocaña y Beteta ha servido para que el consejero de Esperanza Aguirre exigiera unos cambios en "numerosas partes" del nuevo modelo de financiación autonómica al entender que su base estadística "está diseñada conscientemente para perjudicar los intereses" de esta región.

"Esto está diseñado a la medida para perjudicar a la Comunidad de Madrid y, al final, siempre resulta beneficiada otra", ha dicho Beteta, que ha explicado que las modificaciones que ha reclamado afectan tanto al diseño del fondo de competitividad como a la financiación sanitaria por estar "especialmente infradotada" para la región.

Durante la reunión, el secretario de Estado de Hacienda "se ha limitado a tomar nota" de las reclamaciones del Gobierno regional y de su resolución dependerá la postura que Madrid adopte el próximo miércoles en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) prevista para las 16.30 horas.

"Si estas peticiones se atienden, el Gobierno de la Comunidad de Madrid lo tendrá en cuenta a la hora de tomar su decisión final", ha manifestado Beteta, que ha considerado que quedan 72 horas de "pleno proceso de negociación".

El Gobierno regional quiere agotar este plazo porque entiende que el nuevo modelo es estructural aunque "hasta ahora -ha subrayado el consejero- es una auténtica tomadura de pelo para la Comunidad de Madrid".

Tras referirse al "oscurantismo" y a la "falta de transparencia y de colaboración" como "norma" del Gobierno central, Beteta seguirá esperando una cantidad "adecuada" a las necesidades de la región "y a lo que el modelo pretende".

Ha recordado que Madrid es la comunidad que aporta más recursos, unos 14.000 millones de euros, lo que hace posible que el resto de regiones puedan prestar servicios públicos y que el Gobierno de la Nación pueda acometer inversiones en ellas.

Beteta ha cifrado en casi un millón el número de madrileños excluidos en el ámbito sanitario y ha criticado que mientras en otras regiones hay más ciudadanos equivalentes que reales -"están superdotados"-, en Madrid hay menos ciudadanos reales que equivalentes.

La Razón

Los peores no son los catalanistas. Por José García Domínguez

Financiación

«Vascos y navarros no aportan hoy ni un céntimo al Fondo de Suficiencia, el que articula la solidaridad financiera de España. Ni un céntimo. Nada de nada. Conviene recordarlo, ahora.»

Pocas cosas debe haber en este valle de lágrimas que resulten más modernas que la tradición. Así, en el noventa por ciento de los casos, las muy veneradas "tradiciones seculares" de pueblos y naciones son puros inventos decimonónicos. Meras estafas intelectuales ingeniadas hace apenas un cuarto de hora para consumo de cándidos de todo credo y condición. Por ejemplo, tan "ancestral" es la famosa falda a cuadros de los escoceses, ese taparrabos identitario diseñado por un aristócrata inglés a mediados del siglo XVIII, como los célebres "derechos históricos" del País Vasco reconocidos y amparados por la Constitución de 1978.


Y es que el "legendario" cupo vasco, origen último del guirigay de agravios comparativos que envenena la financiación de las Comunidades Autónomas, procede de un período tan lejano y perdido en la noche de los tiempos como... la Restauración alfonsina. En concreto, el chollo tributario vasco-navarro data del 21 de julio de 1876. Tal día, una ley de Cánovas resucitó ese inaudito privilegio medieval "para que las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava contribuyan, con arreglo a la Constitución del Estado, a los gastos de la Nación y al servicio de armas", según rezaba su preámbulo.

De ahí, pues, que vascos y navarros no aporten hoy ni un céntimo al Fondo de Suficiencia, el que articula la solidaridad financiera entre todas las regiones de España. Ni un céntimo. Nada de nada. Conviene recordarlo, ahora. Justo ahora, cuando la misma derecha que se llena la boca de entusiasmo foralista salta escandalizada por el "egoísmo" de Cataluña. Porque claro que el Estatut viola de modo flagrante los principios de igualdad, solidaridad y multilateralidad que predica la Constitución, los mimbres del consenso moral que convierte a la Nación en algo más que una simple comunidad de propietarios.

Pero lo cierto y verdad es que ni los catalanistas fueron los primeros en romper la baraja de la equidad territorial, ni tampoco han de ser los últimos, por desgracia. Repásense si no las mezquinas miserias particularistas incrustadas de los reformados Estatutos de Andalucía, Aragón o Baleares. Por no hablar de ese patético traje a medida que responde por "cláusula Camps". Sin ir más lejos.

Libertad Digital - Opinión

La financiación autonómica y sus agujeros. Por Antonio Casado

Los quince presidentes autonómicos afectados ya tienen el documento sobre la mesa. Se lo envió ayer la vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, después de presentarlo en sociedad ante los periodistas que se habían quedado de guardia este fin de semana. Es el nuevo modelo de financiación autonómica, el reto político más complicado de la Legislatura. Y tanto. Pero, ojo, porque los agujeros siguen ahí.

Unos políticos, como que un asunto de Estado se lleva adelante sin concertarlo con el principal partido de la oposición. O que un problema eminentemente multilateral se trate de resolver de forma bilateral (el poder condicionante de Cataluña). Las perplejidades económicas tienen que ver con la crisis, un contexto poco propicio para acometer una revisión del modelo. Sus 11.000 millones de euros adicionales contribuirán inevitablemente al inflado de la burbuja del déficit público, una bomba con espoleta retardada. Antes o después, una fuente de males.


Estamos ante una especie de contrato del Gobierno central, que recauda impuestos, con las Comunidades Autónomas, que prestan servicios, donde se viene a establecer la manera de distribuir los recursos financieros del Estado. A saber: unos 125.000 millones de euros a repartir entre 42 millones de españoles, fijando en un 80% de esos recursos la cantidad fijada en la prestación de servicios básicos: sanidad, educación y atenciones sociales. Ahí, todos los españoles iguales. Vivan donde vivan. En la distribución del 20% restante de los recursos habitará la desigualdad, según nuestra comunidad de residencia.

El Gobierno cantó victoria cuando ayer, tras la ofensiva telefónica de Zapatero con los dirigentes de ERC, Puigcercós y Ridao, los independentistas catalanes dieron el sí al nuevo modelo. Lógico. El “sí” de ERC supone la decisiva incorporación de sus tres diputados del Congreso al incierto bloque parlamentario de Zapatero. Además, el socialista José Montilla, presidente de la Generalitat, se libra de una convocatoria anticipada de elecciones en Cataluña y deja descolgado a su principal adversario, Artur Mas (CiU), cuya lógica política le obliga a votar en contra en el Congreso, aunque Cataluña vaya a percibir recursos por encima de la media, más de 5 puntos, gracias a la presión añadida de sus competidores nacionalistas de ERC.

¿Y el precio político? Esa es la parte oscura. Si hablamos de garantizar una solidaria distribución de los recursos financieros del Estado, no puede ser más inquietante la euforia de los dirigentes independentistas por lo que ellos ven como una derrota del Estado. Presumen de haberle impuesto sus exigencias: 3.800 millones de euros más para Cataluña o rompían la baraja. “Le hemos plantado cara y le hemos ganado”, declaraba ayer Joan Puigcercós, presidente de ERC.

Si quienes dicen sentirse incómodos en el vigente ordenamiento jurídico-político, como independentistas y como republicanos, encuentran motivos para celebrar su victoria sobre el Estado, como ayer hicieron descaradamente los dirigentes de ERC, algo se ha hecho mal. Y si no se explica de forma convincente, deduciremos que esos 3800 millones adicionales para Cataluña, por presión unilateral de ERC, no tienen nada que ver con un reparto más solidario de los recursos sino con el apuntalamiento del 'tripartito' y la supervivencia política de Zapatero.

El Confidencial

La "madre de todos los sudokus". Por Fernando Jáuregui

Debo confesar anticipadamente que no acabo de entender cómo anda esto de la negociación sobre la financiación autonómica. Y no debo ser el único. Me parece que nos faltan datos a todos, porque ha habido, está habiendo, un excesivo secretismo, una buena dosis de improvisación, un algo de chalaneo, bastante de chantaje y casi todo de caos. Así que les ruego que me perdonen si no entro en el fondo del asunto (cuánto le corresponde en puridad a cada Comunidad Autónoma, en qué porcentajes y en qué medidas) y, a la espera de que la autoridad competente tenga a bien explicarnos más detalladamente que hasta ahora cómo se reparte nuestro dinero, me atenga a las formas. A las pésimas formas.

Resulta que esto de la financiación autonómica, que un día el ex vicepresidente Pedro Solbes definió, creo que acertadamente, como un "sudoku", es algo de excepcional importancia en la configuración y la marcha del Estado. Hablamos nada menos que del eje de la descentralización que dio en llamarse "Estado de las Autonomías", de la equidad entre los pueblos y tierras de nuestro país y hasta de la propia convivencia entre esos territorios y las gentes que los pueblan. Hablamos ni más ni menos, y no creo estar exagerando ni dramatizando, que del sistema que integra a esta nación llamada España. No puede ser que algo de tan capital importancia como el reparto del dinero de los españoles entre las comunidades autónomas no sea, al menos, objeto de un gran consenso nacional y hayamos de conformarnos con la percepción de que es algo que desde el Gobierno central se discute y regatea bilateralmente con cada presidente autonómico... o con los líderes de los partidos que integran cada Gobierno autonómico, como es el caso del tripartito catalán y, más específicamente, de Esquerra Republicana, que se ha convertido, inopinadamente, en la "estrella" de estas negociaciones bajo cuerda. Las explicaciones dadas hasta ahora por el Ejecutivo, como este domingo la vicepresidenta económica, resultan más bien propagandísticas e insuficientes; personalmente, considero poco aceptable que no se hayan hecho públicas, con todo detalle, las cifras y no se haya especificado de dónde va a salir ese dinero, más de once mil millones de euros en total.

Siempre he pensado que de las elecciones de marzo de 2008 debería haber salido un Gobierno de gran coalición entre el PSOE y el PP, presidido por el más votado, es decir, Zapatero, como ocurrió en Alemania y debería haber ocurrido en Cataluña, por ejemplo. Al menos, de no haberse llegado, como obviamente no se ha llegado, a esa solución, sí se hacía preciso un acuerdo de amplio espectro entre los dos principales partidos nacionales para hacer frente a los enormes retos económicos, políticos y sociales que España y el mundo tienen planteados. Tampoco eso ha sido posible y ahora nos encontramos con un nuevo ejemplo del desmadre organizativo que obviamente padecemos: las discusiones acerca de la financiación de las autonomías, algunas de las cuales, por cierto, son justamente acusadas de derroche y/o de mala administración.

En tiempos de crisis no se debe hacer mudanza, dice la máxima ignaciana. Es justamente lo contrario de lo que está ocurriendo: no estoy seguro de que la financiación autonómica haya debido plantearse deprisa y corriendo, a golpe de telefonazo, cuando la incertidumbre planea sobre los bolsillos de los españoles y ni siquiera conocemos el veredicto del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya -aquí sí que no se puede hablar de excesiva rapidez ni de improvisación; el dictamen está tardando más en llegar que la propia elaboración del Estatut-. Pienso que acaso podría haberse aplazado la configuración, que es para unos años, de este reparto del dinero público y que, en todo caso, tendría que haberse consensuado previamente el método, ya que no las cifras concretas. Si este no es tema para pactar al menos entre dos fuerzas políticas que suman veintiún millones de votantes, ¿qué es lo que se debería consensuar?

Me dirá usted que, al final, habrá acuerdo entre las autonomías, porque todas quieren cobrar algo cuanto antes, y que entonces paz y después gloria. Puede que así vaya a ser; es incluso probable que esta misma semana se alcance ese acuerdo entre alfileres que a todos (y a nadie) contente, a base de déficit y endeudamiento para las generaciones que nos siguen. Pero, al menos, que lo sepamos y que todos aceptemos las consecuencias. De momento, no me queda más remedio que estar, en esto, con Mariano Rajoy cuando dice que la "negociación" se ha convertido en "una subasta". Por decir lo menos.

Periodista Digital - Opinión

Una nueva financiación contra España y contra los españoles

«Los políticos autonómicos regionales no sólo deberían pensar en España a la hora de oponerse al plan Salgado. En la medida en que sus ciudadanos pagarán en el futuro vía impositiva los excesos actuales de gasto, deben rechazar esta reforma.»

Si el modelo político español se construyó bajo la nefasta premisa de "café para todos", parace que el modelo de financiación de esa estructura política no va a apartarse demasiado de tales principios. Y lo cierto es que no es de extrañar, ya que las "contradicciones internas" de la configuración del Estado han terminado por buscar refugio en el presupuesto.


Básicamente, las comunidades autónomas han ido desarrollado su propia administración para competir con la del Estado. Nuestro país ha padecido una duplicación de las funciones y los cargos públicos simplemente porque las autonomías se han negado a ser las representantes de España en sus regiones. Han querido convertirse en algo distinto a España (especial, pero no exclusivamente, en las zonas con presencia nacionalista) pero sin dejar de ser España: en esencia, y por muchos alegatos independentistas que se hayan lanzado, el objetivo último es una independencia sufragada y mantenida por el resto del país; algo así como los refugios indígenas estadounidenses.

El sistema de financiación autonómica no es más que la derivada lógica de esta pretensión: las autonomías determinan sus "necesidades de gasto" muy por encima de sus ingresos, y la diferencia la paga el Estado central. Así, tras las correspondientes cesiones de tributos, una gran parte de los impuestos de los españoles se introducen en una caja negra donde se redistribuirán entre las autonomías en función del gasto que les quede pendiente de cubrir.

Lo importante no es lograr una financiación justa y eficiente, sino que cada mandatario político obtenga la mayor cantidad posible de impuestos del resto de los españoles; un perverso incentivo a las irresponsabilidad política y presupuestaria: cuanto más necesidades de gasto se le reconozcan a cada comunidad, más podrá tomar de todos los españoles. Las autonomías que quieran gastar menos no verán recompensados a sus ciudadanos con una menor presión fiscal, ya que igualmente habrán de pagar la abultada factura del resto de políticos regionales manirrotos. Sólo así puede entenderse que el independentismo catalán estuviera obsesionado con maximizar los ingresos fiscales per cápita de su comunidad: queremos que España nos sufrague nuestro lujoso Estado catalán independiente.

La reforma socialista mantiene y amplía este vicio de raíz ya que pretende saciar las expansiones del poder político de los caudillos autonómicos con 11.000 millones más al año que saldrán de los bolsillos de todos los españoles. La más beneficiada de esta dotación adicional será, obviamente, Cataluña; algo en total consonancia con la total dependencia política –y afinidad ideológica– del Gobierno de Zapatero de las minorías radicales españolas, entre las que sobresale el nacionalismo catalán.

Lo trágico es que la mayoría de gobernantes autonómicos han guardado silencio o han aplaudido este enorme despilfarro en tiempos de crisis porque todas ellas van a recibir más dinero a partir de 2009. ¿Cómo es posible que en unos momentos en los que la recaudación se está hundiendo todas las comunidades perciban más fondos que durante las épocas de bonanza? Simplemente porque el Estado central incrementará sus recursos emitiendo deuda, es decir, cargando a las generaciones futuras los costes del café para todos actual.

Precisamente por ello, los políticos autonómicos regionales no sólo deberían pensar en España a la hora de oponerse al plan Salgado. En la medida en que sus ciudadanos pagarán –no como madrileños, catalanes, valencianos o andaluces sino como españoles– vía impositiva los excesos actuales de gasto, deben rechazar esta reforma. Que sea pan para todos hoy y hambre para todos mañana no debería servir de consuelo. Sólo los oportunistas, y no los políticos con perspectiva, se complacen de expoliar a las generaciones futuras para sufragar el voto clientelar de las presentes.

Libertad Digital - Editorial

Financiación con trampa

LA vicepresidenta Elena Salgado presentó ayer la propuesta del nuevo sistema de financiación autonómica, que resume la política de José Luis Rodríguez Zapatero de contentar a todas las autonomías. Según Salgado, el criterio principal del nuevo sistema será garantizar la prestación de servicios públicos básicos, como educación y sanidad, con una aportación per capita igual en todas las comunidades. La población se configura como la base de cálculo principal, aunque la ministra Salgado aseguró que se habían tenido en cuenta las exigencias de las autonomías, tales como la dispersión de la población, el envejecimiento o el territorio. Además anunció la creación de diversos fondos tendentes a facilitar la convergencia entre territorios, entre otros objetivos. La descripción del nuevo sistema fue superficial y, en ocasiones, confusa. Careció de cifras que cuantificaran realmente los incrementos de financiación -de las que por la tarde sí presumieron comunidades como Cataluña y Andalucía-, porque lo que debía quedar claro en la comparecencia es que este sistema teóricamente va a dar más dinero del que ya reciben las autonomías. Es decir, no se parte de cero. A la exposición le faltaron contenidos, y esto hace que la valoración de la propuesta que verá el Consejo de Política Fiscal y Financiera sea provisional. Pero nada se dijo de cómo se afrontarán los incrementos de fondos a las autonomías y cómo el Estado se asegurará recursos una vez que se hagan efectivos los traspasos a las autonomías de los nuevos tramos de los impuestos especiales (58 por ciento), IRPF e IVA (50 por ciento). La subida de impuestos es el capítulo escondido de este sistema, que en las condiciones actuales de recesión, aumento incontrolado del gasto y desplome de la recaudación tributaria, tiene una viabilidad financiera más que dudosa, salvo a costa de aumentar el déficit público.

Políticamente, el objetivo de Zapatero es amarrar el apoyo de los partidos catalanes y pacificar la situación del PSC con ERC. Sencillamente, Zapatero se garantiza votos y cierta estabilidad a cambio de 3.855 millones adicionales para Cataluña. Es evidente que la oferta de más dinero será difícilmente rechazable en tiempos de crisis, pero también lo es que hay que aplicar una mínima visión de futuro. El Gobierno sabe dónde están sus apoyos electorales y no va a escatimar recursos para asegurar su fidelidad. Es cierto que había que modificar el sistema de financiación autonómica, porque hay comunidades que precisan más dinero para atender su nivel de desarrollo social y económico. Pero el problema de este nuevo plan no ha sido el sistema aprobado en 2001 con el PP en el Gobierno, como pretendió hacer ver la ministra Salgado al comienzo de su intervención, sino la improvisación constante del Ejecutivo de Zapatero en su modelo de Estado, tanto en lo financiero como en lo territorial. En lo que afecta al PP, la propuesta del Gobierno no puede funcionar como una trampa para su unidad interna. Un partido con sentido nacional debe combinar la satisfacción de intereses regionales con el bien general de la nación. Al PP le corresponde, como hizo ayer su portavoz económico, Cristóbal Montoro, poner sentido crítico y realismo a este nuevo ejercicio de voluntarismo del Gobierno socialista, que no deja de esconder un chantaje a las comunidades del PP para intentar dejarlas en evidencia cuando reciban el dinero pese a oponerse al nuevo sistema.

ABC - Editorial

Un sistema insolidario y poco transparente

El nuevo modelo de financiación de las Comunidades Autónomas va a suponer, a corto plazo, un aumento del déficit público, es decir, 11.000 millones de gasto adicional.

EL NUEVO modelo de financiación de las Comunidades Autónomas va a suponer, a corto plazo, un aumento del déficit público -11.000 millones de gasto adicional, que representan nada menos que el 1% del PIB-, y un incremento del peso relativo de las autonomías con respecto a una Administración Central en retirada y cada vez más débil. A medio plazo se producirá el efecto perverso de profundizar aún más en las diferencias que ahora existen entre las regiones más ricas y más pobres de España. Es, además, una propuesta hecha a la medida de las necesidades políticas y hasta electoralistas de Zapatero, especialmente en Cataluña.


La vicepresidenta económica del Gobierno subrayó ayer que todos salen ganando con el nuevo sistema, pero la realidad es que Cataluña recibirá una financiación adicional de unos 3.800 millones de euros, lo que supone el 35% de los 11.000 millones de incremento total.

Cataluña tiene el 16% de la población española, pero su PIB supone el 18% porque es una de las comunidades con rentas más altas. A pesar de ello, recibirá una financiación por encima de la media nacional, lo que resulta bastante difícil de conciliar con una noción redistributiva de los impuestos.

Como se ha podido constatar en los últimos días, Zapatero ha negociado de forma bilateral con Montilla, que ha conseguido un trato de privilegio para Cataluña. El president ha hecho valer la fuerza de los escaños del PSC en el Congreso y la importancia de una alianza política que es vital para que el PSOE siga gobernando. Igualmente, la amenaza de ruptura de ERC -socio del tripartito- forzó a Zapatero a elevar en el último momento su ya generosa oferta.

Como aseveró ayer Cristóbal Montoro, el Gobierno ha diseñado un sistema «antisocial» que «va a dar más al que tiene más», primando los criterios de interés político sobre los principios de cohesión y solidaridad.

Lo primero que hay que reprocharle al Ejecutivo es la falta de transparencia de la negociación, en la que el Gobierno ha marginado al PP. Todo indica que Zapatero ha primado a las comunidades afines.

Elena Salgado se jactó ayer de que el nuevo sistema es mucho más justo que el de 2001 porque el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales va a asegurar que los habitantes de todas las comunidades tengan una financiación equivalente para esas prestaciones básicas, como la salud y la educación. El 75% de la recaudación de todas las comunidades irá a una caja común para financiar ese fondo, al que el Estado contribuirá también.

La idea es buena, pero, como Salgado reconoció nada garantiza que las comunidades dediquen el dinero de ese fondo a servicios básicos. En el libre ejercicio de su autonomía financiera, podrían dedicar esos recursos a abrir embajadas en el extranjero, como está haciendo Carod-Rovira.

Otro de los aspectos más criticables del nuevo sistema es que aumenta la cesión al 50% de la recaudación del IRPF y del IVA a las comunidades, lo que favorece a las regiones más ricas, cuya media de ingresos fiscales es más alta. Este incremento hace que el Estado disponga de cada vez menos fondos para redistribuir.

Habrá que esperar para valorar con más conocimiento de causa el nuevo sistema de financiación, ya que ayer Elena Salgado rehusó facilitar cifras concretas. De momento, el juicio no puede ser favorable. Ni es más equitativo que el anterior ni va a contribuir a reactivar la economía. Eso sí, las comunidades van a tener mucho más dinero para gastar cuando todos los ciudadanos se aprietan el cinturón.

El Mundo _ Editorial

Más dinero para los ricos. Por José María Carrascal

LES habíamos oído decir que bajar los impuestos era de izquierdas, lo que seguro chirriaría en el oído de los viejos socialistas. Pero se lo perdonamos porque bajar los impuestos no es de izquierdas ni de derechas, es de todos cuantos nos ganamos el condumio trabajando.

Pero ahora nos vienen con que los que tienen más deben recibir más del Estado. Y eso, no. No, porque eso ya no tiene que ver con la ideología, sino con la decencia. En otras palabras: es, sencillamente, de la caverna. Algo que no puede aceptarse en un Estado Social de Derecho, ya que no sería social, ni de derecho ni de Estado moderno, sino una vuelta al feudalismo, que a veces parece ser una de las metas de nuestro gobierno.


Pues esto es lo que ha venido, no ya a decir, sino a hacer con la nueva financiación autonómica: dar más -en determinados casos, muchísimo más- a las comunidades más ricas y, para encubrirlo, dar algo más a las pobres. Ni Reagan ni la Thatcher habían llegado a tanto. ¿Qué dice a ello la progresía? Pues la progresía no dice ni pío. Para ella, reaccionario es sólo lo que hacen los otros.

Dando a Cataluña el 33 por ciento del incremento total de la financiación autonómica -con posibilidades incluso de incrementarlo-, cuando hay 16 autonomías que los necesitan tanto o más, este gobierno se ha superado a sí mismo en cinismo, partidismo, sordidez e ineficacia. Sí, ineficacia, pues aunque ese dinero le sirva para ganar algunas votaciones parlamentarias, los catalanes le pedirán cada vez más -ya se lo están pidiendo-, y llegará un momento en que no pueda dárselo, por la sencilla razón de que no habrá dinero en las arcas públicas ni crédito para conseguirlo. Volviendo adonde estaba, sólo con un déficit astronómico.

Hacienda acaba de advertir que la deuda española crece un 20 por ciento anual, pudiendo alcanzar en 2011 el 90 por ciento del PIB, es decir que nos endeudaremos casi tanto como producimos. ¿Es así cómo vamos a salir de la crisis? ¿Es así cómo se crea una economía sostenible? A veces da la impresión de que nuestro presidente y su ministra de Hacienda creen que puede engañarse a los números como a los españoles. Y eso que ella es ingeniera. No quisiera yo pasar por uno de sus puentes.

Pues las explicaciones que dan a este reparto de bienes comunes van de lo propagandístico a lo chusco. Empiezan diciendo aquello tan gastado de que «garantiza la igualdad en educación, sanidad y servicios sociales de los españoles» y terminan advirtiendo que «también las comunidades del PP lo aceptan». ¿Qué querían, que renunciasen a ese dinero? ¿A más de cornudos, apaleados? Lo aceptan porque no les queda otro remedio, porque en otro caso se quedarían a dos velas, que es como estará España dentro de no mucho.

ABC - Opinión

UPyD da de baja a Mikel Buesa por mail

UPyD ha dado de baja al economista Mikel Buesa, uno de los fundadores del partido y que hace unas semanas anunció públicamente su intención de abandonar esta fuerza política por discrepancias sobre el funcionamiento de la organización.

Fuentes de UPyD informaron de que se ha remitido a Buesa un correo electrónico, en el que se le comunica que se le da de baja del partido, a menos que exprese lo contrario.

Las fuentes consultadas explicaron que se ha tomado esta decisión debido a que el economista ha anunciado úblicamente su marcha del partido, pero no ha comunicado esta decisión por escrito.

En este sentido, Buesa ha explicado que hace unas semanas envió un correo electrónico a Rosa Díez anunciando su salida de UPyD. El economista explicaba en este correo que enviaría posteriomente una carta con su renuncia, algo que haría tras volver de un viaje de trabajo.

Sobre los motivos de su abandono del partido, Buesa ha señalado en diversos medios de comunicación que en la formación política que lidera Rosa Díez "se han instaurado unos procedimientos y unos métodos bastante autoritarios".

Además, este economista ha indicado que sus relaciones con Rosa Díez están rotas, al tiempo que ha acusado a la líder del partido de excesivo protagonismo y de querer controlarlo todo.

ABC

Rosa Díez parte su partido

Pasa que cada día se lee menos a los clásicos. De una manera general. Los políticos, en particular. Hombre, si Rosa Diez lo hubiera hecho, sabría que “cuando uno no tiene que decir algo que mejore lo ya dicho, o sabido, conviene callarse”.
José Luis Navas

Un montón de escritores de la vieja filosofía (ciencia del pensamiento en desuso esta temporada) lo han venido afirmando desde hace tiempo. Es más, nadie me lo ha dicho, pero estoy seguro que ese tipo de silencios activa la circulación de la sangre. ¡Ah! e impide la vergüenza ajena.


Pues va la señora Diez y, tras presidir un fabuloso corte de mangas a los disidentes de su Partido, o, si se prefiere, a los de la zona directiva del mismo, dice que Unión de Progreso y Democracia atraviesa una crisis de crecimiento. Ya está.

Es decir, para entendernos, algo parecido a lo que ocurre con los preadolescentes pecosos. Desde luego, conviene tener en cuenta que UPyD sigue una trayectoria similar a la ya conocida. O sea, en línea con la más antigua tradición española.

La sociología de esta despendolada patria (o algo así) mía y de mis calostros ancestrales, indica que aquí nunca se ha hecho nada a favor de alguien, sino en contra de algún espécimen, colectivo o semoviente que pasara por allí. Por eso, la Historia de España es tan entretenida y dinámica. Unión para el progreso y lo demás sufre, apenas nacido, lo de todo el mundo hispánico, derrame de mala leche.

Un semihistórico de la política, o lo que sea, Mikel Buesa da un portazo de despedida prematura e, inmediatamente, la autodenominada Unión se parte en ¿dos? No se, pero, en cualquier caso, se va al carajo.

Desde luego, el Consejo político siguió su orden del día, como si, en serio, hubiera orden entre el personal. Ya está. Una vez redactados los estatutos… Pero ¿no había estatutos? Pues tiene razón Rosa; el Partido, no, pero el señor Buesa, a titulo personal, si es posible que esté pasando por la crisis esa. Hombre, se ha dado mucha prisa, ¡No había ni estatutos! ¡joder!

Y la cosa es que los necesitamos. A los Partidos y a sus integrantes, quiero decir. Pero -¡ay que ver- algunas veces uno piensa que habría que renovar el ganado. Es que da la impresión de que se mete en política activa aquel no puede meterse en otra cosa.

dMinorias