viernes, 20 de agosto de 2010

Crisis con Marruecos. Intereses nacionales. Por Emilio Campmany

Con Aznar se acabó el ser amigo de dictaduras, por buenas que fueran las propinas que pagasen. Se acabó el depender de las limosnas francesas y alemanas para tener voz propia en Europa y se pasó a votar sólo en función de nuestros intereses.

La visita de Aznar a Melilla ha sido un revulsivo. No han dejado de tener su gracia las reacciones del Gobierno y la oposición, de los medios de derechas y de izquierdas. Ahora bien, más allá de la hilaridad que todo ello ha producido, no estaría de más preguntarse por qué en España, a diferencia de la mayoría de las democracias occidentales, Gobierno y oposición no son capaces de acordar una política exterior y de seguridad común. Se supone que, en estos ámbitos, el acuerdo es fácil, porque los intereses nacionales y el modo de defenderlos son los que son y se pueden identificar con facilidad.

El PSOE vende hoy que el PP, en materia de política exterior y seguridad, no arrima el hombro. Y es desde luego lamentable que Gobierno y oposición no compartan el núcleo de ambas políticas. Pero hay que recordar que el culpable de todo ello es en esencia el PSOE.


Fueron los socialistas los que trataron de torpedear nuestra entrada en la OTAN, y con ella toda la política exterior de la UCD, aunque luego, una vez alcanzado el poder, renunciaron a convertirnos en un no alineado. Fueron ellos quienes se empeñaron en que España continuara la tradicional política exterior de Franco, algo antiamericana, pero no mucho, además de proárabe, antijudía y protectora de Fidel Castro. Fue González quien se sometió a los dictados de Francia a cambio de que nos dejaran entrar como primos pobres en la Unión Europea. Fue el PSOE quien reventó la política antiterrorista dejando crecer el GAL y que algunos de sus militantes saquearan los fondos reservados. Fue en Ferraz donde se decidió que Marruecos era nuestro amigo. Y hay que añadir que, en lo que a la amistad con Marruecos y demás teodictaduras musulmanas se refiere, ésta es la política exterior que le gustaba y que seguramente le sigue gustando al Rey.

La llegada de Aznar al poder significó una revolución. Era natural que fuera así, porque la joven democracia española, ya integrada en el concierto internacional, no tenía ni podía tener ya los mismos intereses que una vieja dictadura de inclinaciones autárquicas aliada de casi nadie y despreciada por todos. Con Aznar se acabó el ser amigo de dictaduras, por buenas que fueran las propinas que pagasen. Se acabó el depender de las limosnas francesas y alemanas para tener voz propia en Europa y se pasó a votar sólo en función de nuestros intereses. Se acabó combatir el terrorismo al margen de la ley. Y desde luego se acabó tener por amigo a un Marruecos que sólo nos quiere para despojarnos de lo nuestro.

Puede que Aznar tenga algo de responsabilidad en no lograr la adhesión del PSOE a estas políticas creadas a la vista de cuáles son nuestros intereses nacionales. Pero parece más probable que sean los socialistas los que no tienen la más mínima intención de defender esos intereses. Zapatero, desde la oposición, torpedeó nuestra amistad con Estados Unidos, entorpeció la política de firmeza con Marruecos e incluso debilitó la lucha antiterrorista iniciando negociaciones con la ETA. Todavía no ha explicado por qué lo hizo. Luego, vino el 11-M y los socialistas volvieron al poder y revirtieron todo lo que Aznar había conseguido.

Y ahora pretenden que el PP apoye las viejas políticas que, si defienden algún interés, ya no es el nacional. Y encima Rajoy a veces parece dispuesto a hacerles caso. Menos mal que está Aznar interpretando el papel de Pepito Grillo.


Libertad Digital - Opinión

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