jueves, 1 de septiembre de 2011

Responsabilidades penales. Por Carmen Tomás

La llegada del Partido Popular a numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos tras las elecciones del 22 de mayo dejó al descubierto una sospecha a voces: los socialistas se han gastado hasta lo que no había dejando unas deudas descomunales, despilfarrando el dinero de todos y algunos incluso destruyendo documentos para ocultar el destino de demasiado dinero público. Uno de los casos más sangrantes de los conocidos es el de Castilla-La Mancha. Hace unos días lo denunciaba La Gaceta y hasta tal punto ha sido corroborado por el actual gobierno popular de la comunidad autónoma que María Dolores de Cospedal, su presidenta, va a poner el caso en manos de la justicia.

Al parecer, el gobierno de Barreda había dado orden a su informático para que hiciera desaparecer documentos con información sensible sobre subvenciones y gastos en publicidad. Ya veremos si más cosas. El caso se verá en los tribunales por si se prueba y es constitutivo de delito. Y este es el camino. En este país tiene que quedar claro de una vez para siempre que el dinero público sí es de alguien, de los ciudadanos que pagan sus impuestos con el trabajo diario. Y más claro aún que el que lo malgasta o le da un uso inapropiado o, no digamos ya delictivo, debe pagar y no sólo políticamente sino penalmente si ha lugar. Y, por supuesto, debe ser apartado para siempre de la política. Es una de las grandes reformas que hay que hacer para que los ciudadanos vuelvan a tener confianza en su clase política. Por eso el PP debe ser en este punto firme y contundente. Tiene, como está haciendo ya, y después a nivel nacional, dejar claro que sin la regeneración de la vida política y de las instituciones manchadas por el PSOE, no hay gobierno creíble y capaz de transmitir confianza en su gestión.

Hay una crisis económica grave. Eso nadie lo duda ya, aunque algunos sigan mintiendo como bellacos. Pero, hay una crisis política, institucional que hay que abordar, porque no se resolverá la primera sin la segunda. Ya están los sindicatos y los movimientos de "indignados" preparando bronca, ensayando, me parece a mí. De ahí que el PP, cuando gane las elecciones no debe perder ni un minuto en contemplaciones, ni dejarse amilanar por las presiones de grupos que sólo buscan crispar y abusar. Hay mucha tarea por delante y los ciudadanos, en su mayoría, van a valorar el trabajo de regeneración, modernización y buena gestión que está planteando ya el PP en las comunidades y ayuntamientos donde gobierna y donde se han encontrado un panorama que roza en algunos casos lo delictivo y en otros que directamente es delictivo.


Periodista Digital – Opinión

Reforma. Y ella, intocable, acabó por dejarse acariciar. Por Eva Miquel Subías

Los nacionalistas catalanes y por supuesto los vascos han puesto el grito en el cielo. Inicio de un proceso recentralizador, apunta la prensa catalana. ¿Tanto les interesa ahora la Constitución española?

Así es. Y a poco de cumplir los 33. En público y por dos de sus principales cortejadores. Nuestra Carta Magna se destapa.

Supongo que no me quedaba más remedio que iniciar de este modo las palabras de hoy, todavía impactada por la entrevista a Ted Cohen, al parecer un filósofo de la metáfora, cuyo titular de La Contra de La Vanguardia recuerdo con nitidez: "Supuramos metáforas: por eso somos humanos". Pero me quedo con su afirmación de que ésta acaba siempre muriendo para engendrar un sentido literal.

Las dos principales formaciones políticas españolas han acordado reformar nuestra Ley de leyes con el objetivo de incorporar el principio de estabilidad presupuestaria. Correcto hasta aquí. Intacta y pura hasta ese momento, nuestra Constitución es ahora más accesible que antes. Y ¿por qué? Cuestión al más puro estilo Mourinho o Duran i Lleida.

Si tan sólo bastaba con fijar unas condiciones presupuestarias mediante una Ley, como se ha venido haciendo hasta el momento, una servidora llega irremediablemente a las siguientes conclusiones.


Convertir en principios constitucionales conceptos como equilibrio presupuestario y el límite al endeudamiento público significa dotarles de un mayor contenido político. Se matan así varios pajaritos al mismo tiempo. Un guiño a los mercados, una caída de ojos a Angela Merkel y un mensaje a los españoles de que ya somos mayorcitos y nos podemos entender.

Los populares, satisfechos. Mensaje tranquilizador a la población al tiempo que ven reflejados algunos de sus postulados económicos básicos. Y los socialistas pueden seguir navegando en sus artificiales lagos de incoherencia aunque el colorido televisado sea vistoso. Ahora bien, Alfredo Pérez Rubalcaba es quien se tiene que tragar los sapos de esos charcos, ya que José Luis Rodríguez Zapatero anda bastante ocupado en procurar limpiar un pelín su imagen de improvisador, chapucero y saltador de vallas electorales.

Los nacionalistas catalanes y por supuesto los vascos han puesto el grito en el cielo. Inicio de un proceso recentralizador, apunta la prensa catalana. ¿Tanto les interesa ahora la Constitución española, a la que tantas y tantas ocasiones han castigado con su indiferencia?

Duran i Lleida tenía que salir en la foto y lo consiguió, pero sus afirmaciones son de un cinismo demasiado evidente. Ni siquiera él mismo se ha puesto a tono con aquello de que la reforma significa "una ruptura del proceso constituyente". No fotem, Josep Antoni, no fotem.

Proceso estatutario, ausencia de libertad para elegir la lengua en la que tu hijo será educado y las permanentes pedorretas a la Norma Suprema ya casi olvidadas del más que olvidable y letal tripartito hacen suponer que nuestra querida Constitución no llegó al baile en un estado demasiado virginal.

Aunque la vía escogida no me parezca la más idónea en estos momentos, por innecesaria, aún creyendo firmemente en la exigencia de un absoluto compromiso con una estabilidad presupuestaria tanto para la Administración General del Estado, como para las Comunidades Autónomas y corporaciones locales, estoy de acuerdo con Zapatero cuando apunta con aires de estadista mientras precisa de un traductor de lengua portuguesa para con su homólogo del país vecino, aquello de que "la reforma va a dar y está dando resultados positivos para la confianza, la estabilidad y el futuro de la credibilidad de España".

Lástima que haya estado ella sola y desamparada esperando en vano durante estas dos tediosas e interminables legislaturas.


Libertad Digital – Opinión

Esa apresurada reforma constitucional de la vuelta al cole. Por Antonio Casado

El debate es confuso, viscoso y, como diría Felipe González con su habitual lucidez, cacofónico. Lo menos indicado para la vuelta al cole -el debate, no González- después de cuatro semanas de absoluta desconexión. Un difuso pleito derivado del mobbing al que nos someten los mercados de la deuda y los grandes gendarmes del capital (a los del trabajo, en formato sindical, solo les queda el pataleo), ahora con una apresurada reforma constitucional en prueba de sumisión. Apenas quince días para garantizar sus exigencias, después de habernos puesto estrechos a la hora de tocar la Constitución si las exigencias se orientaban a garantizar un derecho fundamental, la línea sucesoria de la Corona o el incumplido mandato de convertir al Senado en Cámara territorial.

Poderoso caballero don Mercado en funciones de tercera cámara legislativa nacional. No sólo. Capaz incluso de poner de acuerdo a los dos grandes partidos, los dos pilares políticos del sistema, el izquierdo y el derecho, de modo que su reyerta palabrera se pierda en asuntos de menor cuantía. Reformar la Constitución (art. 135) para incluir un mandato de equilibrio fiscal con excepciones. La votación de mañana en el Congreso dejará la reforma prácticamente cerrada.
«Acaba de dispararse el precio del eventual apoyo que los nacionalistas catalanes y/o vascos podrían exigir si uno de los dos grandes partidos nacionales necesita sus escaños para completar una mayoría parlamentaria tras las elecciones del 20-N.»
En el debate del martes pasado, el portavoz socialista, José Antonio Alonso, despejó las dudas al ratificarse en que no había otra opción para calmar a los mercados tras un mes de agosto que veía cómo el balón volvía a pasar rozando el larguero. Calmar a los mercados como condición necesaria para conservar el Estado del Bienestar es la tesis oficial de los socialistas, extraoficialmente contestada aunque no hasta el punto de los “añicos” detectados por mi colega y amigo Zarzalejos.

Justamente contestada. Aunque solo sea por el carácter redundante, y por tanto innecesario, de la cuestión de fondo (limitar déficit y deuda públicos). Sobre todo después de la flexibilización del mandato, que incluyó las excepciones. Catástrofes naturales y recesión económica, básicamente. Retoques inspirados por el candidato Pérez Rubalcaba, que viene a dejar las cosas más o menos como estaban cuando se disparó el déficit público hasta el 11 % (principios de 2010) después de haberlo utilizado contra la recesión de 2009. Habida cuenta de que, como es lógico, a las excepciones no se les pone límite cuantitativo, teóricamente el déficit público y la deuda para financiarlo podrían volver a dispararse en las mismas condiciones que se dieron cuando Zapatero anunció su durísimo plan de ajuste en mayo de 2010. Con mandato constitucional o sin él.

En política de cercanías me limito a registrar el cabreo de los nacionalistas por el corsé presupuestario impuesto a los escalones territoriales de la Administración y, sobre todo, por su ninguneo en el pacto PSOE-PP. No tienen razón democrática. Ni en lo uno ni en lo otro. Pero me temo que esta se la cobran. Acaba de dispararse el precio del eventual apoyo que los nacionalistas catalanes y/o vascos podrían exigir si uno de los dos grandes partidos nacionales necesita sus escaños para completar una mayoría parlamentaria tras las elecciones del 20-N.


El Confidencial – Opinión

Sin etiqueta. Empieza la temporada. Por Rafael Martínez-Simancas

Estamos en la España del bipartidismo: PP y PSOE, o si quieren Real Madrid y Barça. En principio todos los equipos empiezan la temporada en el mismo lugar de la tabla pero una vez presenciado el arranque torbellino de los dos grandes queda claro que los demás ya pueden repartirse los puestos que quedan a partir del tercer clasificado. Barça y Madrid juegan a otra cosa, en otro nivel, una galaxia inexpugnable para los que osan adentrarse en ella.

En política tres cuartos de lo mismo: el PSOE y el PP han decidido hacer una reforma constitucional por su cuenta y amparados en la amplia mayoría que les dan sus escaños por muchos disidentes que tengan que tampoco son tantos, salvo Antonio Gutiérrez que no aspira a renovar en el banquillo de Rubalcaba. Aunque el análisis es aún más perverso: Zapatero y Rajoy se han puesto de acuerdo y el primero le ha hecho un pie agua a Rubalcaba que es el candidato, (es como si Zapatero se quisiera vengar de él por algo que a los demás se nos escapa). En adelante "Alfredo" le dijo al presidente en el Congreso: "me voy a tomar un café que me estoy quedando dormido", y eso es porque el jefe le roba horas de sueño. Desde que Zapatero descubrió que Merkel y Sarkozy le llaman de madrugada parece que ha aprendido la mecánica del asunto.


El escenario en el arranque de septiembre queda dibujado en una partida entre dos, tanto en fútbol como en política. Eso sí, en política siempre se ha dicho que la democracia es gobernar con respeto a las minorías, algo que en fútbol no se puede aplicar porque Mouriño y Guardiola no sienten ningún respeto por la debilidad del rival, al contrario. En fútbol la victoria debe ser aplastante y tener un ejemplo que sirva como aviso para navegantes, se gana con la mayor contundencia para que a uno le tengan respeto. Aquí nos podríamos preguntar si Rajoy busca lo mismo, y si para esa victoria cantada el 20-N cuenta con la inestimable ayuda de Zapatero que ha cambiado de rumbo cuántas veces ha querido. Rubalcaba tiene que tragar con una propuesta de reforma constitucional que hace un año le parecía inviable, cosa de locos, y hoy hasta Felipe González aplaude el pacto con el Partido Popular.

Con este bipartidismo arranca la temporada que deja pocas sorpresas, es decir que el Granada no parece que pueda ganar la Liga así como tampoco parece que los partidos políticos que se oponen a la reforma de la Carta Magna tengan posibilidad de detener el proceso. La noticia es que ya no están ni Agüero ni Forlán, ahora nos queda saber quienes saldrán en el PSOE, algunos ya lo han dicho, a otros se lo dirán las urnas.


Periodista Digital – Opinión

Libia. De Gadafi a la Sharia. Por Carmelo Jordá

La realidad es tozuda y, amén de que un Ché moruno sería también trágico, los primeros pasos de estás revoluciones "democráticas" son como mínimo sospechosos sino, como en el caso del CNT libio, directamente para salir corriendo.

Parece que por fin llega la conclusión de la Guerra en Libia y con ello las caretas caen: obviamente no la del criminal dictador Gadafi, todos lo conocíamos bien y, pese a los últimos años de "blanqueo" prooccidental, nadie racional (obviamente esto excluye a Hugo Chávez y Gaspar Llamazares) podía pensar que era otra cosa que un sátrapa tiránico y asesino.

Pero sí cae la careta de los rebeldes, esos "libertadores" que además de a desalojar a Gadafi habían venido a traer la democracia y los derechos humanos y que han contado para ello con el apoyo entusiástico de la prensa occidental primero y de los gobiernos europeos y americano, y sus bombas, después.

Y es que estos amigos de la democracia y las buenas costumbres se nos han descolgado este miércoles con un documento programático en el que se dibuja el tránsito que ha de llevar al país desde la caída de Gadafi hasta la celebración de elecciones, dentro de 18 meses.


Largo me lo fían, sí, pero eso no es lo peor, lo peor, lo terrible es que mucho antes de eso y casi como su primera medida "constituyente" dictan que Libia será un estado islámico y la Sharia será la fuente primordial del derecho.

¡Pues vaya con los libertadores libios!

Desde el inicio de esto que se ha dado en llamar "primavera árabe" la opinión pública y sobre todo la opinión publicada han estado completamente entregadas a unos movimientos revolucionarios de los que sabíamos muy poco.

Esa falta de conocimiento real se ha suplido en la mayor parte de las ocasiones con el papanatismo revolucionario, una especie de enfermedad occidental que hace que allí donde hay un tipo sospechoso empuñando un Kalashnikov nosotros veamos un puro idealista émulo del Ché y poco menos que nos desencuadernemos de placer.

Pero la realidad es tozuda y, amén de que un Ché moruno sería también trágico, los primeros pasos de estás revoluciones "democráticas" son como mínimo sospechosos sino, como en el caso del CNT libio, directamente para salir corriendo.

Con el agravante, además, de que en la guerra civil de Libia los españoles hemos entrado casi de hoz y coz: nuestras muy pacíficas ministras Jiménez y Chacón, tan entusiasmadas con la revolución libia, deberían ahora explicarnos por qué la diplomacia y el ejército españoles han contribuido a la instauración de un estado islámico al otro lado del mediterráneo (lo que desde el punto de vista geoestratégico es literalmente ahí al lado) del que, me temo, poco bueno se puede esperar.

Por supuesto, esto no significa que Gadafi o Mubarak o Ben Alí me parezcan opciones recomendables ni tan siquiera asumibles, pero al menos a ellos no les habían dado el poder nuestras bombas.


Libertad Digital – Opinión

Entre manirrotos y fanáticos del déficit cero. Por Federico Quevedo

La nueva presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, anunció ayer un recorte en el presupuesto de su comunidad para el año que viene de 1.800 millones de euros, más o menos un 20% respecto del año en curso. La noticia la conocemos al mismo tiempo que en la Comunidad de Madrid se abre un debate sobre el anunciado ajuste en el capítulo de Educación, mediante el aumento de dos horas semanales en la jornada laboral de los funcionarios públicos para así poder despedir a un número importante de interinos, lo que supondría un ahorro para las arcas públicas de unos 80 millones de euros. Pero, sobre todo, el anuncio de Cospedal se produce dos días antes de que el Congreso dé definitivamente su visto bueno a la reforma constitucional que pondrá límites a los excesos de las Administraciones Públicas.

Verán, más allá del debate sobre si la reforma de la Constitución debería o no aprobarse en referéndum, lo cierto es que estamos asistiendo por fin a un baño de realidad muy considerable, que probablemente hubiera hecho falta mucho antes, pero que ha llegado ahora a las puertas de unas elecciones generales anticipadas. Probablemente el Ejecutivo y, sobre todo, el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, hubieran preferido que esto no ocurriera, pero una carta que el Gobierno oculta a la ciudadanía enviada por el presidente del BCE al presidente español le ha puesto las pilas al Ejecutivo y a llevado a Zapatero a hacer lo que hasta ahora había rechazado hacer sistemáticamente: pactar con el PP la que probablemente es la más dura de todas las medidas de ajuste, porque supone modificar la Constitución y eso tiene difícil vuelta atrás.

«La pregunta es, ¿donde está Rubalcaba? Porque la reforma constitucional deja la puerta abierta a que en situaciones complicadas se pueda recurrir a un cierto margen de déficit, y eso es lo que ha apoyado el PP en una negociación en la que Rubalcaba ha tenido muy poco que ver.»
¿Qué ha pasado todo este tiempo? Pues es bien sencillo: lo que ha pasado es que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades, entre otras cosas porque quienes nos gobiernan o gobernaban no solo lo han permitido sino que, además, lo han favorecido con sus políticas de gasto indiscriminado y muchas veces injustificables. Ayer, el candidato socialista decía que su partido se encuentra situado entre los “manirrotos y los fanáticos del déficit cero”. Y una leche, con perdón. Su partido se encuentra en el lado de los manirrotos, y si no que se lo pregunten a María Dolores de Cospedal… Pero, fíjense, no sería justo si no dijera también que ha habido otros políticos del PP que también se han encontrado en ese mismo lado, y así le va a Valencia y así le ha ido a Murcia.

Ahora bien, en el PP se han puesto las pilas y están dispuestos a hacer lo que hay que hacer, y esto no es fanatismo por el déficit cero, sino sentido común: no se puede gastar más de lo que se ingresa, y si se hace debe ser porque realmente existe capacidad económica para devolver el principal y los intereses de la deuda que se asume, como ocurre con cualquier unidad familiar donde reine la sensatez, o en cualquier empresa que realmente quiera ser productiva y obtener beneficios para poder reinvertirlos y crear puestos de trabajo. Lo que no puede ser es que se tire la casa por la ventana y luego haya que guardar las facturas sin pagar en un cajón como ha hecho el ‘manirroto’ de Barreda en Castilla-La Mancha…

La pregunta es, ¿donde está Rubalcaba? Porque la reforma constitucional no solo está lejos de cualquier clase de fanatismo por el déficit cero, sino que deja la puerta abierta a que en situaciones complicadas se pueda recurrir a un cierto margen de déficit y endeudamiento, y eso es lo que ha apoyado el PP en una negociación en la que, que se sepa, Rubalcaba ha tenido muy poco que ver. ¿Qué hace Rubalcaba en estos casos, además de dormirse en los plenos parlamentarios? Da la impresión de que el candidato socialista vive en un sinvivir, en una nebulosa irreconocible en la que intenta compatibilizar mensajes a la izquierda radical con mensajes a los mercados financieros y los socios europeos, aunque tengo para mi que ni a los mercados financieros ni a los socios europeos les importa mucho lo que pueda opinar un candidato socialista que se ha quedado sin discurso y que no es capaz de enviar a los ciudadanos un mensaje cargado de verdad y de realismo, de sacrificio inevitable después de estos años de despilfarro socialista.


El Confidencial – Opinión

Una campaña electoral trucada. Por Carlos Carnicero

Si las elecciones son la gran fiesta de la democracia, la que se va a celebrar el próximo 20-N es, sobre todo, el final de una agonía. Para Zapatero, que no tiene futuro político, es como para el mal estudiante la llegada de las vacaciones: por lo menos, ya suspendido, nadie le volverá a examinar y aspira a refugiarse en León a espera de que el hastió le movilice de nuevo. Reaparecerá, lo que no equivale a que tenga otra vez notoriedad.

Mariano Rajoy está escondido; es consciente de que su figura no suma votos y que en todo caso, si se hace visible, los puede perder. Desaparecer, para él, es un activo. Esconde su libreta azul o del color que sea con la secreta esperanza de que muchos españoles no adivinen sus intenciones.

En las condiciones en las que estamos las elecciones son un trámite. Ganará el PP sólo porque es necesario que pierda el PSOE. El empecinamiento de Zapatero y la falta de coraje de Rubalcaba hacen que para muchos votantes socialistas sea imposible hacerlo al PSOE en este momento. IU es una fruta que tiene la maldición de no poder madurar. Las minorías nacionalistas cumplirán su papel y aquí no hay más intriga que la hora en la que se conocerán los resultados.

Por si al PSOE le faltaban maleficios, la iniciativa del cambio constitucional ha facilitado al 15-M una dosis añadida de indignación. Manifestación convocada por los sindicatos el 6 de septiembre como una autopista para las protestas antes del 20.N. Rubalcaba no tiene fuerza para remar contra los huracanes promovidos por el Gobierno. Sólo le queda pedir a los electores que hagan su voluntad. Y España, que se prepare para cuatro años de gobierno conservador que una vez en el ejecutivo no ofertarán disimulos.


Periodista Digital – Opinión

Ni pan, ni circo. Por Javier G. Ferrari

Ni siquiera los más optimistas esperan que la economía mundial, y por lo tanto tampoco la nuestra, se estabilice en un plazo que hay que medir en años. No es ninguna primicia afirmar que en España existen peculiaridades que agravan, aún más, la situación. El desempleo y una deuda descomunal tanto de las administraciones públicas como de los particulares nos colocan en el furgón de cola de un tren que tardará mucho tiempo aún en salir del túnel. Llevamos tres años oyendo hablar de la burbuja inmobiliaria como una de las causas principales de nuestra postración económica, pero no es la única burbuja que existe en España. Estamos asistiendo ahora mismo a un espectáculo de filibusterismo encabezado por la Liga de Fútbol Profesional que agrupa a los clubes, que, al parecer, no entienden de crisis pero, eso sí, están endeudados hasta las cejas y siguen en una carrera enloquecida de fichajes multimillonarios pensando que podrán exprimir la teta escuálida de las televisiones que han hecho del fútbol su principal seña de identidad, indefinidamente. De esta manera la enorme burbuja artificial del negocio de la pelotita puede estallar en cualquier momento dejándonos sin circo, después de los tres años que llevamos sin pan. En su enloquecida huida hacia delante, tanto los clubes como los tenedores de los derechos de imagen pretenden ahora robarle la cartera a las cadenas de radio, que, en este país, jamás han pagado por entrar en los campos con sus equipos técnicos para informar. Durante muchísimos años las emisoras hemos corrido con los gastos de las cabinas de retransmisión, como era lo lógico, a pesar de que los clubes, en no pocos casos, las han colocado en lugares donde hay que seguir el partido con prismáticos, y en condiciones más cercanas a cochiqueras que a locales decentes. Pero como en el fútbol español, en la llamada mejor liga del mundo, se ha gastado y se sigue gastando lo que no había, y en el cajón del pan no hay más que telarañas y pagarés del monopoly, hay que intentar sacar dinero de debajo de las piedras para seguir con la ficción de que la crisis afecta a todo bicho viviente menos a tanto jeta y tanto especulador que viven del cuento y, además, bastante bien. El chicle ya no se puede estirar más y, desde luego, no a cuenta de las radios, que tienen el derecho a informar y cuya presencia en los estadios no afecta para nada a los derechos de imagen. Bien al contrario. Si no fuese por las radios, que animan y motivan a los aficionados, los estadios estarían vacíos. Ahora que se lleva tanto eso de imponer por ley el techo de gasto, el próximo Gobierno que salga de las urnas debería meterle mano a tanta golfada y tanto descontrol que puede obligarnos a terminar también entre todos los españoles pagando la quiebra, no ya de los clubes, que muchos de ellos ya están quebrados de hecho, sino de la locura de unas televisiones con el agua al cuello, y no me refiero sólo a las públicas. Ya lo avisó Felipe González a finales de los años 80. Al final, habrá que crear una UVI de teles.

La Razón – Opinión

Recorte. El ejemplo de Cospedal. Por Emilio J. González

Si esta es la política –inspirada en lo que viene haciendo desde hace tiempo Esperanza Aguirre en Madrid– que va a seguir el PP si gana las elecciones generales, creo que este país puede tener solución..

María Dolores de Cospedal me ha sorprendido con su drástico plan de recorte del gasto público. No sé si es por ideología o por necesidad, pero lo cierto es que si esta es la política –inspirada en lo que viene haciendo desde hace tiempo Esperanza Aguirre en Madrid– que va a seguir el PP si gana las elecciones generales, creo que este país puede tener solución.

El plan de Cospedal entiende que las autonomías no son Estados en miniatura ni, por tanto, tienen que repetir la estructura institucional de la Administración central, lo cual no supone más que un derroche permanente de recursos. Las comunidades autónomas, en realidad, están para prestar servicios a los ciudadanos en razón de su mayor proximidad. Es una cuestión de eficiencia porque, al estar más cerca de los contribuyentes, pueden conocer mejor sus necesidades y actuar en consecuencia. Ello, sin embargo, no implica reproducir el modelo de Estado a escala regional; tan sólo dotarse de los instrumentos adecuados para el ejercicio de las competencias que la Constitución atribuye a las autonomías. Sólo eso y nada más que eso.


El plan entiende que los presupuestos públicos no son, ni tienen por qué ser, una bolsa común en la que los gobernantes pueden meter la mano a su gusto para colocar a sus amigos y correligionarios a través de los contratos laborales y las empresas públicas. El dinero de todos los ciudadanos no está para eso, y menos en unos momentos en que empresas y familias necesitan de esos recursos más que nunca para poder sobrevivir y salir adelante. De la misma forma, los presupuestos no son un abrevadero sin fondo al que puedan acudir todo tipo de organizaciones en busca de unos recursos que deberían proceder de sus afiliados y de los servicios que puedan prestar a la sociedad. Por ello aplaudo la supresión de las subvenciones a sindicatos y patronales y lamento que no se extienda esta medida a todos los demás colectivos y asociaciones que viven del presupuesto.

Por último, me parece igualmente importante el valor que ha demostrado Cospedal con la presentación de este plan, con el que va a pisar muchos callos y muy dolorosos. Sin embargo, y sabiéndolo, la presidenta de Castilla-La Mancha no se ha andado con los complejos que suelen caracterizar a la derecha española y ha cogido de verdad el toro por los cuernos, huyendo de subidas de impuestos para mantener los privilegios de la casta política regional aunque con ello se hundan empresas y familias. Por supuesto, los perjudicados, los ‘indignados’ y demás fauna que pulula por estos pagos se le van a echar encima. Pero si queremos sacar a España de la crisis, todos los niveles de la Administración tendrán que transitar por esta misma senda en la que acaba de entrar Cospedal. Esperemos que cunda el ejemplo.


Libertad Digital – Opinión

Sería bueno. Por José Antonio Vera

Que CiU forme parte del acuerdo para la reforma de la Constitución es bueno, y harán bien PP y PSOE en esforzarse para que ese respaldo se produzca. Al fin y al cabo, lo que se pide es asumido por el consejero de Economía de la Generalitat, que comparte el criterio de contención del déficit emanado de Bruselas, sólo que bajo su punto de vista debería pronunciarse el Parlamento catalán. Bien, ahí se puede trabajar, buscando fórmulas flexibles que permitan recoger que las Autonomías deben secundar los principios de estabilidad de la Eurozona, e igualando los topes de déficits del Estado y de las Comunidades. Al fin y al cabo, no queda otra. Cataluña no puede ir contra el criterio común de la Unión Monetaria. ¿Acaso si fuera independiente podría hacerlo? Evidentemente, no. Por eso lo que procede es buscar un camino de consenso que deje la puerta abierta al pronunciamiento, de acuerdo con el criterio común europeo, de los parlamentos autonómicos. No es necesario, pero se podría acceder a ello. Eso sí, lo que no cabe ahora es la mención al tope de solidaridad que plantea CiU, o la referencia al derecho a la autodeterminación formulada por el PNV. Que los abertzales no estén en el pacto casi es indiferente, pues no formaron parte del consenso constitucional. Pero el respaldo del nacionalismo catalán y en su caso del canario, sin ser necesario, sería bien recibido.

La Razón – Opinión

Duran i Lleida. La amenaza del fantasma. Por Maite Nolla

El miedo de los nacionalistas es que si las obligaciones vienen de Europa, difícilmente van a encontrar a un Pascual Sala o a una María Emilia que hagan jamalají-jamalajá con las leyes europeas, como hicieron con la Constitución.

Vaya cómo se han puesto los nacionalistas ante la mera sospecha de una especie de LOAPA europea. Y es que la posibilidad de que Europa o de que los alemanes hayan decidido imponer obligaciones verdaderas e ineludibles, explica que Duran se pusiera hecho un basilisco el pasado martes. Total, la reforma de la Constitución deberá concretarse en una ley y aplicarse efectivamente, y allí los nacionalistas tendrán su oportunidad de influir, si tienen votos para ello. Y si no tienen votos, no sería la primera vez que se pasan las leyes o las sentencias de los más altos tribunales por dónde yo les diga. Por cierto, en su puesta en escena resultó de lo más tierno que Duran dijera que no se pueden ignorar las sentencias del Tribunal Constitucional alemán sobre la solidaridad entre los länders. Otro que le da al estramonio o que tiene una cara que no puede con ella: nos alegan jurisprudencia alemana los que se han manifestado en contra del Constitucional español.

El miedo de los nacionalistas es que si las obligaciones vienen de Europa, difícilmente van a encontrar a un Pascual Sala o a una María Emilia que hagan jamalají-jamalajá con las leyes europeas, como hicieron con la Constitución. Además, el recurso a las amenazas faroleras tiene un problema: el PSC no está por la labor. Les recuerdo que cuando se manifestaron en la víspera de la final del Mundial –entre un millón y medio de nacionalistas, según algunos, y poco menos de cien mil, según la técnica– el que encabezó la manifestación era el líder de los socialistas en Cataluña. Incluso el presidente de la patronal se volvió antisistema. Por eso, si no pasó nada después del presunto agravio que supuso la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, pese a que excepto PP y Ciudadanos todos los partidos políticos, sindicatos y la patronal se unieron al desafío, no veo yo al pueblo catalán movilizado en contra del límite al déficit estructural. Además, estaría bien que se ahorre el anuncio de la llegada del apocalipsis y del caos. Si sus amenazas son de verdad lo tiene muy fácil rompiendo con el PP de Cataluña, que les está apoyando de mil amores en todo. Se empieza por lo cercano y luego, si eso, ya vendrán los choques de trenes a la altura de la estación de Monzón de Río Cinca. Menudo fantasma.

Algo se ha roto, dice Duran citando a Felipe González y a Miquel Roca; puede que sea su juguete.


Libertad Digital – Opinión Opinión

Cospedal marca el camino

La reforma constitucional pactada por PP y PSOE sobre la estabilidad fiscal era imprescindible para evitar situaciones críticas como la de Castilla-La Mancha, después de años de gestión caótica e ineficiente de las administraciones socialistas. Con una regla de estabilidad presupuestaria que hubiera obligado a los gobernantes castellanomanchegos a un equilibrio presupuestario se habrían evitado los desmanes que han conducido a esa región a un callejón con la única salida del ajuste severo en las cuentas públicas.

La presidenta de la Comunidad y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, presentó ayer un plan de choque que supone el mayor recorte del gasto corriente de la historia del país en las cuentas para 2012. La propuesta es de una reducción del 20%, con un ahorro de 1.815 millones de euros en comparación con los Presupuestos de este año. El objetivo es intentar cumplir el déficit del 1,3% del PIB establecido por el Gobierno para las regiones.

La intensidad del plan está determinada por el enorme agujero económico que dejó el Gobierno socialista. Además de los 1.742 millones de euros en facturas sin pagar cuando la anterior administración sólo reconoció 700, en junio el desequilibrio contable era ya del 4,8% cuando el máximo fijado era el citado 1,3% para todo el año.


Ese balance de práctica quiebra exige sacrificios importantes y una cirugía de hierro en el gasto, porque no hacerlo conduciría al colapso de la administración. Cospedal trazó ayer un plan adecuado a las críticas circunstancias que cuenta con la ventaja de que las nuevas prioridades del gasto público garantizan unas prestaciones adecuadas en Sanidad, Educación y el resto de servicios sociales básicos. Todo ello a coste cero, porque no subirá los impuestos.

El plan incluye la venta de inmuebles sin uso y de otros que posteriormente la Junta alquilará, la venta de acciones en sociedades privadas, venta de vehículos de propiedad pública, eliminación de organismos que supongan duplicidad de competencias con el Estado como el Defensor del Pueblo o el Consejo Económico y Social de la Comunidad, desaparición de cerca del 90% de empresas públicas, privatización de la TV autonómica, reducción de 550 liberados sindicales, más horas lectivas para los profesores, supresión de subvenciones directas a sindicatos y patronales y suspensión temporal de obra nueva en infraestructuras, entre otras. Es una hoja de ruta posible, medida y, sobre todo, imprescindible, que otras administraciones del país tendrán que secundar más pronto que tarde con mayor o menor intensidad.

Cospedal ha demostrado hasta qué punto la gestión pública en este país había desbordado el cauce del sentido común y del rigor con los gobiernos de izquierda. La renuncia expresa a unas cuentas saneadas y a una ejecución presupuestaria disciplinada ha puesto en peligro la prosperidad y el bienestar de los ciudadanos. La presidenta regional ha asumido su responsabilidad con la convicción de que la recuperación del equilibrio es la única forma de que la región se recupere de una etapa negra.


La Razón – Editorial

Recorte de laboratorio

Cospedal anuncia medidas de ahorro para sufrir la contestación social al empezar su mandato.

La presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, anunció ayer un recorte del 20% en los Presupuestos Generales de la Región para 2012. La iniciativa desborda los límites de un presupuesto autonómico, puesto que tanto la dirección del Partido Popular como la propia Cospedal han reiterado su voluntad de convertir Castilla-La Mancha en el laboratorio de las políticas de Mariano Rajoy en caso de llegar al Gobierno central. De ahí la insistencia de Cospedal, ayer, en subrayar que el ahorro no se extendería a los gastos sociales y que no habrá subida de impuestos.

La conciencia de la crisis económica que tienen hoy los ciudadanos convierte el momento inmediatamente posterior a unas elecciones en una ocasión propicia para revisar las cuentas públicas, minimizando el coste político. Ese parece ser el cálculo detrás del anuncio de Cospedal, y cuya efectividad espera calibrar la dirección de los populares con la vista puesta en las elecciones generales de noviembre. La idea sería ejecutar de inmediato los planes de austeridad que pueden suscitar contestación social, y disponer del resto de la legislatura para recuperarse del desgaste.


Falta que a Cospedal le salgan las cuentas respetando los límites del gasto social, como ha avanzado, y el nivel de impuestos que se ha comprometido a respetar. En caso de que haya sobrevalorado el ahorro que suponen las medidas anunciadas, su Gobierno regional, lo mismo que un eventual Ejecutivo central en manos del PP, se vería en la obligación de desdecirse y de provocar una conflictividad tal vez mayor y en un momento más difícil, no ya para su partido, sino para el conjunto del país.

La presidenta ha buscado transferir la responsabilidad del recorte al anterior Gobierno socialista. No es la primera vez que asume la columna del haber desentendiéndose de la del debe. La salida de Barreda y su propia llegada a la presidencia de Castilla-La Mancha están marcadas por un hecho que nadie debería ignorar: el estallido de la crisis económica más grave que se ha padecido desde 1929. Ni el anterior Ejecutivo regional puede excusarse enteramente en este hecho, ni Cospedal olvidarlo por completo.

El anuncio contiene en todo caso un elemento de valor incuestionable: los ciudadanos ya tienen un esbozo claro de cuales son las ideas que maneja el PP para afonntar la grave crisis económica en el caso más que probable de que gane las elecciones generales de noviembre.


El País – Editorial

Cospedal, en la dirección adecuada

La secretaria general del PP y presidenta de la región, prometió reducir el presupuesto autonómico en un 20% para así cumplir con el objetivo de déficit que José María Barreda había incumplido y despreciado con absoluta ligereza.

Si el Partido Socialista ha llevado a las finanzas públicas al borde del abismo –y éste es un hecho incontestable–, cualquiera podía entender que resultaban imprescindibles enérgicos planes de ajuste que convirtieran el déficit en superávit y que les permitieran a los inversores confiar en la solvencia de nuestro país. Era algo de puro sentido común que, sin embargo, no había calado entre nuestros políticos manirrotos: sedientos de gastar sin control para mantener las sinecuras electoralistas, ninguno se atrevía a dar un paso adelante y concluir que la fiesta había terminado.

Es cierto que en algunos casos, como el de Esperanza Aguirre, las cuentas públicas estaban lo suficientemente limpias como para no requerir de ningún plan de choque, pero en otros, especialmente allí por donde había pasado el PSOE, esos planes no sólo eran imprescindibles, sino también urgentes. Afortunadamente, no todos dentro del PP se han dormido en los laureles y algunos ya han empezado a coger al toro por los cuernos.


Es el caso de María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha, que ayer anunció el mayor recorte del gasto de nuestra democracia. En concreto, la secretaria general del PP y presidenta de la región, prometió reducir el presupuesto autonómico en un 20% para así cumplir con el objetivo de déficit que José María Barreda había incumplido y despreciado con absoluta ligereza. Para que nos hagamos una idea, desde 2007 a 2010, el mandatario socialista incrementó la deuda pública de Castilla-La Mancha desde los 1.800 millones de euros a los 5.800 millones, esto es, desde el 3,4% del PIB regional al 16,2%.

Parece claro que la situación era insostenible y que se han comenzado a tomar las medidas adecuadas. Eso sí, es probable que ni siquiera esta significativa poda baste para equilibrar nuestras cuentas, por lo que el PP deberá seguir dispuesto a ahondar en esta línea de austeridad no sólo en la región, sino también en la Administración Central. De momento, no podemos más que constatar que los populares están avanzando en la dirección adecuada.


Libertad Digital – Editorial

miércoles, 31 de agosto de 2011

Muy mal. Por Toni Bolaño

Muy mal deben estar las cosas para que la política española nos regale una inédita foto de unidad entre PP y PSOE para reformar la Constitución. Muy mal deben estar las cosas para que Rajoy se moje. Muy mal deben estar las cosas para que este pacto llegue, en un abrir y cerrar de ojos, a tres meses de las elecciones.
Muy mal deben estar las cosas para que Zapatero le dé a Rajoy los argumentos y la justificación para aplicar recortes cuando llegue, si llega, al Gobierno. Muy mal deben estar las cosas para que Zapatero le haga este regalo envenenado a Rubalcaba en puertas del 20-N y que éste lo acepte como mal menor.

Muy mal deben estar las cosas cuando cedemos soberanía sin apenas debate. Muy mal deben estar las cosas cuando los partidos nacionalistas se limitan a hacer aspavientos ante la iniciativa de socialistas y populares pero su griterío no va más allá.

Muy mal deben estar las cosas cuando sindicatos y empresarios están dispuestos a prolongar la contención salarial por varios años. Muy mal deben estar las cosas cuando se acepta que se alargue la temporalidad de los contratos porque se piensa que más vale un empleo precario que un parado.

Dicen que todo se hace por el bien del país, pero el bien del país lo pagarán los ciudadanos rascándose, todavía más, su esquilmado bolsillo. Lo peor es que esto no ha hecho más que empezar. Todavía queda por venir «el tío Paco con las rebajas» en forma de Ley Orgánica. Lo dicho, muy mal deben estar las cosas para llegar hasta aquí en el enésimo intento de calmar la codicia de los mercados.


La Razón –Opinión

Rajoy. En confianza. Por Agapito Maestre

Si no aparece el capítulo más interesante, entonces el libro cojea por todas partes. ¿O acaso aparece en este libro su paso por La Moncloa?

He leído que Rajoy ha escrito su biografía. El título es En Confianza. Poner la palabra "confianza" con mayúscula en ese título es un error gramatical del editor, y quizá del autor, un poco bobalicón, absurdo, que pudiera hacer al lector entrar en desconfianza sobre un libro de campaña electoral. Pero, más allá de saltarse la regla ortográfica, no creo que el género literario elegido por Rajoy sea el más oportuno ni el contenido, los datos más o menos personales del biografiado, el más inteligente, sobre todo si tenemos en cuenta que El PP, según todas las encuestas, estudios y opiniones que he consultado, arrasará al PSOE el día 20-N.

A la altura de esta legislatura, y después de presentarse como candidato a dos elecciones generales, Rajoy no necesita crearse una "nueva" imagen. Es algo ocioso. Sobra. Hace tiempo que la tiene y, por cierto, muy bien construida con la ayuda de su oponente principal en las dos últimas legislaturas; Rajoy es la otra cara, por suerte para él, de la política calamitosa de Zapatero. Rajoy es el lado positivo de la política que esperan los españoles. Lo único que quieren de él los españoles es que haga con decencia lo que el otro ha hecho rematadamente mal. ¿Quién pondrán en duda a estas alturas que Rajoy es una buena persona? Pocos. Quizá nadie se preocupe por tal asunto, mientras que serán muchos a los que les gustaría saber de forma más detallada cuál es su programa. Algo que en una biografía difícilmente hallarán.

Creo que Rajoy se equivoca al publicar su biografía, entre otros motivos, porque falta el capítulo más interesante para el lector de libros biográficos. Y si no aparece el capítulo más interesante, entonces el libro cojea por todas partes. ¿O acaso aparece en este libro su paso por La Moncloa? Ese capítulo, obviamente, aún no está escrito, porque Rajoy aún no lo ha vivido. Difícilmente puede contarse en una biografía lo que no se ha experimentado. En verdad, creo que el capítulo más interesante de la vida de Rajoy será su paso por la presidencia del gobierno de España. Por eso decía que el género literario, la biografía era inoportuno, cuando la gente en una campaña electoral lo que demanda es un programa claro y conciso sobre las alternativas al socialismo de Zapatero. En fin, la confianza, ganarla o perderla, es más una cuestión de ejercicio que de origen. Tengo la sensación de que este ejercicio de Rajoy era prescindible; o peor, sospecho que la publicación de este libro ayudará más al editor que al autor, a pesar de lo que digan los mercachifles que asesoran a Rajoy en esta campaña electoral.


Libertad Digital –Opinión

¿Será capaz Rajoy de hacer las reformas que hacen falta? Por Federico Quevedo

Para subir al Monasterio de Armenteira, en la comarca de Ribadumia, provincia de Pontevedra, se puede utilizar el coche por carretera -o la bici-, o se puede subir andando por la llamada Ruta de los Molinos. Son cinco kilómetros de una belleza considerable, en plena naturaleza, franqueando un río que a su vez alimenta con sus aguas las piedras de viejos molinos, algunos restaurados y todos en desuso, que se confunden con el paisaje.

El descubrimiento de esta ruta y su aprovechamiento hay que reconocérselo a la Diputación de Pontevedra, porque merece mucho la pena hacer el recorrido. Bien lo sabe Mariano Rajoy, que lo hace una y hasta dos veces al día acompañado de algún amigo con el que luego toma un café en la única taberna que da cobertura al caminante que llega al Monasterio de Armenteira, herencia románica que los monjes abandonaron hace siglos y que fue recuperado para su disfrute por un hijo de Valle Inclán, quien consiguió también que la Iglesia designara una orden de religiosas para habitarlo de nuevo. La subida, puedo asegurarlo, es maravillosa, y contribuye a la paz interior como pocas cosas lo hacen.


No es que Mariano Rajoy necesite mucha, no lo sé, pero dado que a lo que se enfrenta a partir de este final de verano es de una envergadura notable, supongo que no le habrán venido nada mal esos largos paseos por la Ruta de los Molinos, para aclarar ideas y dar firmeza a sus convicciones. Siempre le he escuchado decir que sabe qué tiene que hacer, y que lo va a hacer cueste lo que cueste... Es satisfactorio oírlo, porque no todos los políticos actúan así: todavía recuerdo cómo el PP utilizó en su provecho el escándalo del ático de José Blanco en Villa PSOE, en la Illa de Arousa, y cuando ganó las elecciones Feijóo y pudo corregir las ilegalidades que allí se cometieron, si te he visto ni me acuerdo.

El PP es muy de eso, de dejarse llevar por el qué dirán, por lo políticamente correcto... Ayer mismo, Cristóbal Montoro y Esteban González Pons volvieron a insistir en una idea muy interesante, la de penar por ley las irresponsabilidades en la gestión de los dineros que salen de los impuestos de los ciudadanos, como por ejemplo eso de dejar cientos de facturas de proveedores sin pagar, como ha ocurrido en Castilla-La Mancha.
«Lo difícil es afrontar las reformas necesarias para reducir una administración sobredimensionada, para replantear el modelo de descentralización que nos dimos en el 78, para garantizar la transparencia en la gestión pública o para castigar comportamientos que deberían tener como consecuencia la inhabilitación.»
La sociedad reclama que los políticos actúen de otra manera, que sean transparentes, que sean honrados en la gestión de sus impuestos, y que si no lo hacen -y eso además contribuye a empeorar la situación económica de los ciudadanos- se les pueda castigar, y es algo en lo que parece que existe un amplio acuerdo social pero, ¿será capaz el PP, será capaz Rajoy, de hacerlo si gobierna?

Yo espero que sí, que en ese "yo sé lo que hay que hacer" que tanto repite se encuentren este tipo de reformas porque, no nos engañemos, cuando el PP llegue al poder no va a bastar con medidas de carácter puramente económico, por más que estas sean imprescindibles, sino que va a tener que afrontar reformas de mucho calado para sanear un sector público que desde todos los puntos de vista se encuentra muy deteriorado. Hacer gestos como el de recortar ministerios y reducir los gastos generales de la Administración, siendo necesarios, no deja de ser un recurso a lo más inmediato y a lo más visible y, si me apuran, fácil.

Lo difícil es afrontar las reformas necesarias para reducir una administración sobredimensionada, para replantear el modelo de descentralización que nos dimos en el 78 y que necesita una profunda reforma, para garantizar la transparencia en la gestión pública, para castigar comportamientos que aun no siendo delictivos sí deberían tener como consecuencia la inhabilitación, para garantizar la independencia de los poderes políticos, para mejorar la relación de la clase dirigente con los ciudadanos, para corregir los fallos del sistema electoral.

Todas estas cosas son la que la sociedad reclama, y me consta que Rajoy lo sabe y que en la paz de su corto retiro gallego ha tenido la ocasión de reflexionar sobre ello y de comentarlo con personas de su entorno que, si bien no están en la política activa, gozan de una notable consideración por su parte por su sentido común y sensatez. A Rajoy le gusta escuchar... Otra cosa es que, llegado el momento, haga de verdad lo que debe hacer, pero esa es la oportunidad que le van a dar los ciudadanos el 20 de noviembre, y en su mano está saber aprovecharla.


El Confidencial –Opinión

Candidato tocado. Por José Antonio Vera

No está teniendo suerte Rubalcaba. Las encuestas de verdad, no las oficiales, le dan menos de 120 escaños, la peor cifra del PSOE en toda su historia. Su imagen no es precisamente arrolladora, su discurso difícilmente separable al de estos años de desastre económico, y además no para de sufrir reveses en su estrategia electoral.

La baza de Eta, particularmente trabajada mientras estuvo en Interior, se le ha retorcido porque el precio que pagamos por la tregua temporal es el de tener a unos proetarras fortalecidos, con la calle tomada, controlando las instituciones, con dinero sobrado, que han llevado al País Vasco otra vez el ambiente borroko de años atrás.

La baza personal es casi inexistente. Carece el candidato de tirón de ningún tipo, no conecta con la gente de la calle y casi todo el mundo le ve como lo que en realidad ha sido: un peón destacado de Zapatero, co-responsable de sus políticas, actor en primera persona y cerebro de muchas de las operaciones fracasadas del actual Gobierno.


La baza de la izquierda, en fin, también se le está desarmando, y prueba de ello son las manifestaciones convocadas contra la decisión de reformar la Constitución para introducir la obligación de no incurrir en déficit y poner tope a la deuda. Difícilmente va a poder superar Rubalcaba el último empellón de Zapatero, que le ha devuelto así el golpe de las primarias. El todavía presidente, consciente de las presiones a que le sometió su ex vice, tiene más interés en quedar bien ante la historia que en ayudar a Alfredo a cosechar un buen resultado electoral. De ahí esta reforma impuesta al partido y al propio candidato, que no ha tenido más remedio que digerir pese a estar en contra, para luego travestirse de abanderado de la misma.

Difícil papeleta. Nadie se cree que ésta sea su «reforma», y nadie olvida como atacó a Rajoy cuando éste la propuso hace meses. Ataque con choteo. A Rubalcaba le va gastar como a casi todos los socialistas, y esto de que le obliguen a hacer presupuestos equilibrados le molesta sobremanera.

Extraño enfado estos días el de la izquierda. Bajo mi punto de vista, se trata de un error de planteamiento. El rigor en las cuentas públicas no debería ser una cosa de izquierdas o derechas. Las administraciones pueden invertir lo que tienen, pero no endeudarse sin ton ni son, a lo loco, endosando a generaciones futuras unos compromisos de pago que igual no pueden cumplir. Lo dijo ayer bien claro Soraya Sáenz de Santamaría en las Cortes: «A partir de ahora, la estabilidad presupuestaria ya no es una opción; es una obligación». No incurrir en déficit debería estar en el «abc» de cualquier gobernante, sea del partido que sea. Por eso es tan importante esta modificación constitucional a la que Rubalcaba no ha tenido más remedio que sumarse tarde y a regañadientes.

El candidato socialista no pasa por un momento extraordinario. Se le va gente de relieve como Bono, Guerra, Salgado y Sebastián, y se queda con lo más corriente del partido. ¿Por qué será?


La Razón –Opinión

Reforma. Disciplina presupuestaria a la española. Por Leonardo Ravier

Si el poder político de facto de la UE es capaz de producir cambios constitucionales en materia económica, no cabe duda alguna que nos encontramos ante un grave peligro, a largo plazo, de centralización económica.

El 23 de agosto el presidente de Gobierno anunciaba, dentro de sus improvisadas y tardías medidas anticrisis, la necesidad de trasladar la disciplina presupuestaria de limitación del déficit público a la Carta Magna del Estado.

La idea, que ha generado división y malestar dentro del seno del PSOE y aceptación dentro del PP, en principio suena bien. Al menos habría una cláusula, dentro del título VII (y muy probablemente entre los artículos 134 y 136), que contrarrestaría la visión estatista de la economía que la constitución española promueve.

Sin embargo, y a expensas de que la reforma en términos relativos y aislados está bien encaminada, me temo que nos encontramos ante una medida insuficiente, probablemente inocua, y previsiblemente perniciosa.

Existen varias razones para dicha afirmación. En primer lugar la medida no se aplicará hasta el 2018-2020. En segundo lugar, desconocemos el tope de déficit que se incorporaría, aunque ya se está especulando que no llegará al techo alemán del 0,35%. Tercero, bajo la categoría de "déficit estructural" pretenden incorporar una reforma "flexible y equilibrada", que les permita modificar el desajuste presupuestario anualmente (o lo que es lo mismo, según le convenga o así lo requiera el Estado de bienestar). Y cuarto, se añadirán cláusulas excepcionales (que aún desconocemos y que serán claves), porque según Elena Salgado otra cosa sería "atarse las manos" y "no poder estimular la economía". ¿Y a esto llamamos disciplina?


Pero no sólo existe un problema evidente de criterio y sentido común a la hora de elaborar una reforma constitucional que realmente impida al Gobierno endeudarse a costa del ciudadano y generar déficit deliberadamente, sino que también existe un motivo dudoso, y unas previsibles consecuencias perniciosas.

El motivo es la creación de un "verdadero Gobierno económico para la UE" que está empujando a que éste cambio se produzca en 17 países de la zona euro. Si el poder político de facto de la UE es capaz de producir cambios constitucionales en materia económica, no cabe duda alguna que nos encontramos ante un grave peligro, a largo plazo, de centralización económica en Bruselas que bajo el mismo fondo estatista podría poner en mayor peligro el verdadero bienestar social de los ciudadanos españoles.

Y las consecuencias perniciosas porque ante esta nueva medida de tope constitucional al déficit, y supuestamente a la deuda pública, ya se está especulando en generar mayor presión impositiva alegando, por ejemplo, que el 35% español del impuesto de sociedades es muy bajo frente al 45% alemán. En pocas palabras, si se corta el gasto con topes a las deudas públicas, el Estado no tendrá inconvenientes en seguir gastando pero ahora a costa directa de empresas y ciudadanos. De ahí que una "disciplina presupuestaria" de limitación del déficit público tal como se pretende incorporar en la Carta Magna sea coja y perniciosa si no va acompañada, por ejemplo, de un tope tributario que realmente exija al Gobierno "apretar su cinturón" y no el de la sociedad española.


Libertad Digital –Opinión

La reforma constitucional. Por José Luis Gómez

La chapuza de la reforma constitucional pactada por el PSOE y el PP no es solo de fondo. También puede serlo de forma. Veamos dos escenarios controvertidos en el nuevo artículo de la Constitución que recogerá la obligación de que tanto la Administración central como las comunidades autónomas estén sujetas a los criterios de convergencia de la Unión Europea. Traducido: comprometidas a limitar el gasto público.

Primero: no parece muy correcto hablar del Estado y las comunidades autónomas, ya que éstas también son Estado, según la propia Constitución. En el lenguaje político y periodístico se confunde a menudo Estado con Gobierno central o Administración general del Estado, pero en una constitución no deberían deslizarse imprecisiones así. La Real Academia Española lo dice bien claro: el Estado es el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.

Segundo: ¿A qué Unión Europea se refieren? Lo normal sería que, como se habló en su día, la Constitución recogiese primero una referencia al tratado de la UE, de modo que después tuviese pleno sentido el artículo que se va a introducir. La Constitución es anterior a la existencia de las comunidades autónomas, que ni siquiera están mencionadas en la Carta Magna, y mucho más anterior aún a la entrada en la entonces llamada Comunidad Económica Europea (CEE). La primera y hasta ahora única reforma constitucional solo había consistido en añadir, en el artículo 13.2, la expresión "y pasivo" referida al ejercicio del derecho de sufragio de los extranjeros en elecciones municipales. Sucedió en 1992, una vez firmado en Maastricht el Tratado de la Unión Europea. Con posterioridad, el PSOE promovió reformar la Constitución en cuatro aspectos que siguen aparcados: la igualdad de hombres y mujeres en la sucesión a la jefatura del Estado, la reforma del Senado, la inclusión del nombre de las comunidades autónomas y la mención al Tratado Europeo.

Hasta ahora se decía que la tensión territorial y el miedo a un debate sobre la Corona bloqueaban las propuestas para modificar el texto constitucional de 1978. Visto lo "fácil" que ha sido constitucionalizar nada menos que un criterio de política neoliberal, ¿qué se dirá a partir de ahora?


Periodista Digital –Opinión