sábado, 8 de enero de 2011

El que rompe paga. Por M. Martín Ferrand

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos.

LAS leyes que se tejen en el Parlamento tienden a vaporosas. Su incumplimiento y escasa aplicación son parte del folclore nacional y, si alguna llegara a ser invocada para su aplicación, ya se encargarán los tribunales de aplazar su cumplimiento o retorcer su espíritu con el mecanismo procesal con el que, como gran sustituto de la Justicia verdadera, nos vamos apañando en esta democracia paródica en la que dos hombres, solo dos —José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy—, tienen potestad, salvo en Cataluña y el País Vasco, para decidir quién es el alcalde de cada municipio, el presidente de cada autonomía, los representantes parlamentarios de cada circunscripción y los nombres máximos del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Eso es algo tan representativo como queramos admitirlo y da paso a un juego parlamentario distinto del que describen los manuales de la ciencia política y los usos en las naciones de acreditados modos democráticos.

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos. Si esa fuera nuestra manera de enfrentarnos al problema financiero, uno de los más perturbadores y graves entre los asuntos pendientes en la vida nacional, estaríamos a salvo; pero, desgraciadamente, aceptamos el proceloso caldo en el que se entremezclan los intereses de unos, las debilidades de otros, la inconsecuencia del sistema y la conveniencia de los renovados caciques regionales y tenemos a la vista una realidad tan indeseable como inútil para el conveniente desarrollo de la economía y el progreso de las personas.

El hecho de que los contribuyentes, siempre sufridos y amedrentados, paguemos con nuestro dinero el fracaso de las instituciones financieras es moralmente reprobable; políticamente, descalificador del Legislativo y del Ejecutivo y, económicamente, la cimentación de nuevas y mayores catástrofes. El método, auspiciado por el Gobierno, bendecido por el Banco de España y tolerado por el BCE, con el que se están fusionando —amancebando para ocultar responsabilidades— muchas de nuestras Cajas de Ahorro clama al cielo. No solo se mantienen, acumulando la perversiones; sino que se confirman en sus cargos de administración y dirección a quiénes han sido responsables de la situación. Si se les aplicara la Ley de la taberna, su suerte sería muy distinta. También el futuro del sector financiero, la potencialidad del progreso español y, sobre todo, la confianza de los ciudadanos, ahítos de tanto encubrimiento y mandanga como propician los dos monopolistas, uno por la izquierda y otro por la derecha, del poder en la vida española.


ABC - Opinión

La bella Isabel. Por Alfonso Ussía

ENCABEZAMIENTO

He leído en «El Mundo» unas declaraciones de Isabel Pérez-Espinosa más que preocupantes. Esta señora es la candidata del Partido Popular para presidir el Principado de Asturias. En las fotografías aparece guapa, pero dura. Se advierte su enfado por la encuesta reciente de Sigma-Dos, según la cual Álvarez-Cascos ganaría las elecciones asturianas con nueve escaños de ventaja sobre el Partido Popular. Pero intuitivamente intento ir más allá en el análisis de sus palabras. Dice que Cascos le causa tristeza «porque fabula y tiene tremendas lagunas mentales». Para mí, que la bella Isabel habla con despecho, como una novia abandonada, con el amor convertido en odio irrefrenable. Me recuerda un poco a Scarlett O’Hara en sus peores momentos con Rhett Butler en «Lo que el viento se llevó». Me aseguran, y no alcanzo a comprender tanta hostilidad, que Isabel Pérez-Espinosa fue impulsada y apoyada por Álvarez-Cascos en sus inicios políticos. La vida da muchas vueltas. Katharine Hepburn pasó del amor más profundo con Spencer Tracy a decir de él que lo más divertido que podía pasar con Tracy en la cama es que se cayera al suelo el edredón.

Decir que Cascos fabula, para quien escribe no resulta irrespetuoso. La fabulación es consecuencia de la imaginación y la fantasía, y los dos espacios me parecen atractivos. Una persona que no fabula es lo más parecido a un berberecho. Pero el arrebato de odio se deja ver cuando la bella Isabel revela que Francisco Álvarez-Cascos tiene tremendas lagunas mentales. Ahí hay un enigma oscuro, no desvelado, pendiente de percibir la luz. La excesiva crueldad del mensaje no se corresponde con una simple rivalidad política. He conocido a personas con suaves y tremendas lagunas mentales y no acierto a colocar a Cascos en esa relación. Las lagunas mentales son fruto, en ocasiones, de los nervios. Un pariente del firmante, muy buena persona amén de devotísima, fue rechazado por las autoridades eclesiásticas para hacer la Primera Comunión. Después de una larga preparación para ello, cuando le preguntó el señor Obispo Auxiliar de la Diócesis de Madrid «hijo, ¿cuántos Dioses hay?», mi pariente, atacado por los nervios, nubló su mente y respondió: «Siete con Pinocho». A eso es lo que yo he llamado siempre una tremenda laguna mental. Y el embajador Villacieros, un gran señor, jefe de Protocolo del anterior Jefe del Estado, en una audiencia concedida por Franco a Jaime Campmany cuando era el director de «Arriba», lo anunció como «don Emilio Romero» a causa de una suave y pasajera laguna mental.

No puede considerarse elegante ir por el mundo humillando a los adversarios atribuyéndoles tremendas lagunas mentales, es decir, señalándolos de chochos, gagás, deslucidos, dementes o blandos de meninges. Las lagunas mentales pasajeras son posibles en las más brillantes mentes. El Papa Juan XXIII tuvo una laguna mental muy celebrada. Estaba preocupado por una cuestión que afectaba a la Iglesia y se dijo a sí mismo. «De mañana no pasa que le haga llegar al Papa mi inquietud». Y en efecto se la hizo llegar, entre otras razones, porque el Papa era él. Se lo contó divertido a sus cardenales más allegados, pero ninguno de ellos acudió a la prensa para chismorrear que Su Santidad experimentaba tremendas lagunas mentales.

No he tratado mucho a Francisco Álvarez-Cascos, pero mi memoria no coincide con la revelación de la bella Isabel Pérez-Espinosa. No lo sé, pero algo hay en el páncreas de esa atractiva y decidida mujer asturiana que le incita a humillar al político disidente. La vida es una caja de sorpresas.


La Razón - Opinión

Inmorales y paletos. Por Hermann Tertsch

Nos descubren el milagro chino y nos dicen que en el abrazo con la mayor dictadura del mundo están nuestro pan y salvación.

Nada les importa que no les reporte inmediato beneficio. Y todo lo que descubren lo consideran nuevo en la tierra. Creímos que el adanismo del Gobierno era una impronta transmitida por la osadía ignara del presidente Zapatero. De su vacuidad pretenciosa. Pero ya no. Cumpliendo con su fama tóxica de contagiar todos sus defectos a su entorno, Zapatero consigue que todos los que se le acercan acaben mariposeando en su misma cursi inanidad. Ahí tienen a aquel personaje llamado Pedro Solbes, que lograron presentar a los españoles como un político creíble y pasará a la triste historia del zapaterismo como el rostro tuerto de la mentira sobre la crisis. Se nos ha enamorado de China. Y habla del padre benefactor de Pekín como si le hubieran nombrado princesa en una ópera china. Cuando sólo le han dado a presidir el Foro China-España, hoy quizás la poltrona más lucrativa de las que aún puede repartir el presidente de la agonía. Nos descubren el milagro chino y nos dicen que en el abrazo con la mayor dictadura del mundo están nuestro pan y salvación. Nos dicen que somos poco menos que afortunados de tener una deuda que puedan comprar nuestros chinos que no saben qué hacer con la pasta. La inmoralidad de todos estos nuevos adalides de la dictadura solvente ya no puede sorprender. Jamás les ha importado un preso político si no le sirve para la política cainita en España. Como la libertad no les es nada, no perciben que la mayor plusvalía que tiene Europa en sus relaciones con China radica precisamente en la libertad. Y que aunque sólo fuera por razones de equilibrio, para no dejarse invadir ni avasallar, hay que tenerla siempre presente. Los jerarcas chinos sólo son omnipotentes si no se les menciona a Liu Xiaobo. Pero esta tropa no sólo es inane e inmoral. Es terriblemente paleta.

ABC - Opinión

Las primarias de Zapatero. Por Edurne Uriarte

Zapatero es una prueba de cómo usar las primarias como método propagandístico para envolver decisiones autocráticas.

No sabemos si Cascos acabará pactando con el PSOE en Asturias, más que nada porque aún no existe el partido de Cascos. Pero, de momento, se ha producido una insólita convergencia entre Cascos y Zapatero que ha debido de provocar un sobresalto al propio Cascos, cuando el presidente ha considerado su defenestración una muestra de la falta de democracia interna del PP.

Lo que nos da una idea de la cantidad de incongruencias que son capaces de soltar algunos líderes políticos cuando de presumir de democracia interna se trata. Que era, obviamente, el objetivo de Zapatero. Ensalzar las virtudes democráticas de su partido frente a las carencias de los demás. Y lo hacía el martes, en entrevista con Carlos Herrera, un día antes de que el PSOE suspendiera de militancia a Antoni Asunción por denunciar irregularidades en las primarias valencianas. O, en otras palabras, que la falta de primarias del PP sirve para que algunos militantes, Cascos, se vayan, y las primarias del PSOE sirven para que a algunos militantes, Asunción, los echen.


O, en el caso de la propia sucesión de Zapatero, para hacer propaganda electoral con ellas, «soy partidario de las primarias», mientras que el propagandista se aplica el método más puramente autocrático a si mismo. Es decir, que lo suyo lo decide él. Y es que Zapatero también afirmó en la misma entrevista que su candidatura a las generales depende de las convicciones. De las suyas. Y que ya las contará cuando le parezca oportuno. Olvidando el pequeño detalle, se lo recordó ayer González, de que su partido algo tendrá que opinar también al respecto.

Lo que nos demuestra que las primarias como método expeditivo para ahogar diferencias, que se lo pregunten a Borrell, parecen ser mucho más eficaces. Y como método propagandístico para envolver decisiones autocráticas, Zapatero es una prueba, también.


ABC - Opinión

Cataluña. Enmascarador. Por Maite Nolla

CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas y más independentistas aún.

Con el asunto de la operación "Galgo" una se entera de que, como es obvio por otra parte, lo importante en la cosa del doping es que el día de la competición no te quede rastro. Y para ello o se elimina la sustancia, utilizándola solo para entrenar, o se usan los enmascaradores, que es un nuevo vocablo que ustedes habrán podido leer estos días, y que sirven para eso, para que no se detecte el veneno.

Salvando las distancias, con Artur Mas pasa lo mismo. Se puede hacer el análisis de brocha gorda y decir que ha vuelto el nacionalismo de CiU en su pujolidad máxima, con Prenafeta desfilando por la alfombra roja del Palau de la Generalitat, o se puede afinar un poco y ver que la estrategia de Mas no deja de tener cierta astucia. Para empezar, reconociendo que la crisis y el tripartit colaboraron de forma decisiva en la victoria de Mas, lo cierto es que no necesitó ir al notario para ganar; es más, se dio cuenta de que es posible que actuando de ese modo hace cuatro años, poniéndole flores a Guifré el Pilós, ahuyentara al personal más moderado. Y con la victoria, la investidura y la presidencia publicada en el BOE, Mas quiere recuperar el pujolismo, es cierto, pero en la parte integradora, que algunos pueden pensar que es la parte de engaño. Mas no va a dejar de ser nacionalista, ni de actuar como tal, pero para hacer nacionalismo hay que ganar las elecciones y para eso hay que dar otra apariencia.

Aguantando incluso ciertas tensiones con los funcionarios del partido que esperaban más recompensa después de siete años de sacrificios, Mas va a llevar el principio de la llamada "Casa Gran" a su Gobierno. ¿Y eso qué es lo qué es?, dirán ustedes. Pues que CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas como Mascarell, más independentistas aún como la que se encargaba de las embajadas de Carod, moderados, técnicos y enmascaradores. Porque así se pueden calificar algunos fichajes como el de la nueva consejera de Justicia, que no tiene nada de nacionalista. Es cierto que se gana con el tiempo y con el cambio, pero la función de la señora Fernández Bozal será la que llevó a cabo durante años el insigne y agraciado militante de CiU Justo Molinero y su Radio Tele-taxi: Pujol representaba la integración. Mas también quiere eso para él. Y si le nombran "español del año", mejor aún.


Libertad Digital - Opinión

La cuesta es el año entero. Por Ignacio Camacho

Lo que ven los mercados es una política incapaz de dar estabilidad. La clase de lío en que no conviene invertir.

NO deje que le engañen los discursos oficiales: España está en riesgo de quiebra. En un ámbito tan sensible como el de los mercados financieros, la estabilidad de un país no la mide el modo en que éste se ve a sí mismo, sino el criterio con que lo ven desde fuera. Y la cuestión es que los acreedores no se fían, que no consideran suficientes las reformas adoptadas y los anuncios de otras nuevas, que no contemplan solidez en la escena institucional española y que no encuentran garantías para seguir comprando deuda. Como además en el mundo de las inversiones bursátiles existe un fuerte componente de volatilidad psicológica, si cae Portugal va a ser muy difícil contener la histeria.

La cuesta de enero va a durar todo el año. La primavera se perfila como un momento de delicadeza crucial… si no hay novedades desagradables antes de tiempo. En esos meses España va a tener que pedir fondos para consumar el proceso de saneamiento de unas cajas atragantadas de pasivo inmobiliario. Una especie de segundo FROB, digamos que de quince, veinte, acaso treinta mil millones… que no tenemos. Como inversión puede ser una buena idea porque ese dinero consolidaría nuestro sistema financiero —«el más sólido del mundo», ¿se acuerdan?—, pero no está claro que los prestamistas lo vean así, incluido el Banco Central Europeo. Si no lo dan, malo, pésimo, porque el mentado sistema se puede ir al garete y llevarse por delante, como en Irlanda, al país entero. Y si lo dan, van a exigir medidas cautelares en forma de ajuste (más) duro. Es decir, un rescate o su equivalente político.


Ayer se volvió a disparar la prima de riesgo, a cuenta de la zozobra portuguesa, y los sobresaltos van a aumentar. La enorme cantidad de dinero que necesita el Estado para hacer frente a los gastos de la crisis y a su propia incapacidad para autorreducirse ha puesto de hecho la política española en manos de los inversores externos. Ha desnacionalizado la soberanía. Pero es lo que hay. Lo que el Gobierno ha querido que haya. Y ahora Zapatero va a tener que subir una cuesta cuya pendiente aún no asimila y es difícil que pueda contar para ello con la ayuda de un PP encastillado en la tesis de que el propio presidente es el primer problema. Ambos se equivocan; el uno porque minusvalora las dificultades o sobrevalora su capacidad, y el otro porque el problema no es sólo la identidad del líder, sino una crisis institucional y política que se percibe con mucha más claridad desde el exterior. Lo que están viendo ahí fuera es una clase dirigente incapaz de establecer consensos, de adelgazar una estructura pública desmesurada y de dar estabilidad a la nación. Es decir, la clase de lío en el que conviene hacer cualquier cosa menos invertir dinero.

La pregunta que los ciudadanos debemos hacernos es si le concederíamos un préstamo a estos políticos. Y ésa es exactamente la que se están haciendo los mercados de deuda.


ABC - Opinión

Ley de Trato con truco

El primer Consejo de Ministros del año ha impulsado otra de esas leyes llamadas de «ingeniería social» mediante las cuales el Gobierno pretende acomodar al ideario socialista aspectos centrales de la convivencia, como la legalización del aborto libre, la equiparación del matrimonio homosexual, la asignatura Educación para la Ciudadanía, la Igualdad de Género, etc. En este caso, se trata de una Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, elaborada por el Ministerio que dirige Leire Pajín. De la información aportada ayer por Moncloa apenas si se aprecia el esqueleto de la ley y poco más de sustancia. Tampoco aclara nada la ampulosa retórica de la ministra, que abunda en conceptos mayúsculos como «construir una sociedad que no humille a nadie y que no permita que nadie sea humillado, una sociedad en la que sentirse seguro», pues lo mismo sirve para esta ley como para cualquier otra. Por una elemental razón de prudencia, por tanto, habrá que suspender un juicio más fundado en tanto el Gobierno no dé a conocer el articulado completo y se desvele qué se esconde detrás de una ley que hasta el momento sólo ha sido ardorosamente jaleada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. De entrada, sin embargo, ya existen aspectos e indicios que justifican una reflexión crítica. Es bastante discutible, por ejemplo, que esta ley sea estrictamente necesaria o que la legislación española sobre derechos fundamentales no persiga los actos de discriminación. Hay infinidad de normas, desde las laborales y educativas hasta las sanitarias y de inmigración, que ya protegen adecuadamente a las personas frente a conductas discriminatorias. ¿Qué ventajas añadidas y reales puede aportar una ley específica? Seguramente ninguna, salvo que se utilice la iniciativa como excusa para colar otros objetivos relacionados con la llamada «ideología de género». Llama la atención, por ejemplo, que a la lista de conductas discriminatorias fijada por la UE (por nacimiento, origen racial o étnico, sexo, religión, convicción u opinión, edad y discapacidad) Leire Pajín añada la de «orientación sexual», que a primera vista podría parecer reiterativa. Si esta atípica novedad se pone en conexión con otros aspectos de la ley, como que los acusados de discriminar deben probar su inocencia, no hay que ser un lince para aventurar el salto cualitativo que pueden experimentar las acusaciones de «homofobia», tan manoseadas por la izquierda para atacar a los dirigentes del PP y a cuantos no comulgan con el credo gay, ya sean empresarios, educadores o instituciones sociales. Ha asegurado la ministra Pajín que procurará rodear a la ley del mayor consenso y acuerdo parlamentario. Loable propósito, pero no pasará de ahí si antes no desbroza y aquilata la norma para que no resulte un truco legal con el que imponer la ideología de género a base de denuncias (¿también delaciones?) y de persecuciones arbitrarias. En este punto, el PP tiene el deber de exigir mayor transparencia y rigor para evitar que el sectarismo ideológico del PSOE imponga otra ley más al conjunto de los ciudadanos.

La Razón - Editorial

El nuevo juguete liberticida de Pajín

Que nos veamos censurados y reprimidos por hacer un uso legítimo y pacífico de nuestra libertad dependerá de la discrecionalidad del burócrata de turno, de su buena o mala voluntad y de sus prejuicios ideológicos.

Se ha extendido la opinión de que el Gobierno de Zapatero es un gabinete oportunista e incompetente que carece de dirección y rumbo. Sin embargo, lo cierto es que el PSOE zapaterista sí posee un marcado objetivo ideológico que sólo el intenso desgaste de la crisis económica ha logrado frenar parcialmente.

Desde un comienzo, los socialistas han tenido muy claro que su propósito era el de debilitar los vínculos de carácter privado que unen a la sociedad para sustituirlos por otros de carácter estatal que pudieran manejar y someter más fácilmente. Así, se ha atacado a instituciones tradicionales como la familia, el Ejército, la Iglesia o la idea misma de nación y se ha buscado el enfrentamiento y la división entre los ciudadanos (la última vez hace pocos días a cuenta de la exhortación a la delación de los fumadores).

El resultado de tales intervenciones ha sido una sociedad civil debilitada cuyas libertades pueden ser violentadas y cercenadas sin apenas oposición popular. Es en este contexto de una nueva vuelta de tuerca de planificación social liberticida en el que se inserta la Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación que presentó ayer Leire Pajín. Sería un error pensar que este tipo de iniciativas cumplen la función de una cortina de humo ante la crisis, pues, como decimos, no son la anécdota, sino la categoría de la acción de gobierno del PSOE.


La propia ministra de Sanidad ha reconocido que la finalidad de esta ley es "construir una sociedad que no humille a nadie". Sencilla fórmula en la que se reconocen dos rasgos propios de todo abuso estatista del poder: el colectivismo y el constructivismo. Lo primero porque presupone falsamente que es 'la' sociedad la que humilla a alguien, y lo segundo porque el acto de humillar podrá parecernos reprobable desde un punto de vista moral, pero no debería ser materia de sanción o regulación, salvo cuando esa discriminación vaya acompañada de violencia o incitación a la misma (esto es, por genuinas violaciones de derechos humanos).

Y si el hecho de que el Estado se ponga a perseguir actitudes que, en su caso, sólo deberían ser censuradas en el ámbito privado ya resulta una agresión a la libertad, tanto más lo es cuando los medios empleados para implementarlo también violan derechos tan básicos como la tutela judicial o la presunción de inocencia. Así, con tal de facilitar que cualquier sentimiento, fundado o no, de discriminación sea objeto de fiscalización, Pajín, por un lado, ha instaurado la prueba diabólica –la presunción de culpabilidad– propia de la Inquisición: es decir, la carga de la prueba recaerá sobre cualquier persona que sea acusada de haber discriminado a otra. Se asume, por tanto, que lo natural es que cualquier individuo discrimine y que tenga que ser castigado y "reeducado" por el Estado.

Por otro, la ley extiende y generaliza de tal manera las causas de discriminación –discriminación por asociación, error, múltiple, acaso discriminatorio...–, como para que casi cualquier comportamiento pueda ser sospechoso de discriminación. Es decir, no sólo se presume la discriminación allí donde ésta se denuncia, sino que se presume para casi cualquier comportamiento es discriminador.

Al final, que nos veamos censurados y reprimidos por hacer un uso legítimo y pacífico de nuestra libertad dependerá de la discrecionalidad del burócrata de turno, de su buena o mala voluntad y de sus prejuicios ideológicos. Un adoquín más en este edificio de inflación legislativa que confunde derechos con servidumbres y que coloca a toda la sociedad dentro del molde ingenieril y visionario de la izquierda autoritaria y antiliberal.


Libertad Digital - Opinión

Simulando consensos

La imagen del Ejecutivo es la de un desorden absoluto, que priva a España de una agenda económica realista y planificada.

AUNQUE el Gobierno anunció ayer a través de su portavoz y vicepresidente primero, Pérez-Rubalcaba, que «va a pelear» por un acuerdo sobre la reforma de las pensiones, lo cierto es que el Ejecutivo ya tiene decidido y proclamado lo que va a hacer y cuándo. Además, buena parte de esta información la ha facilitado el propio presidente del Gobierno al concretar que la nueva edad de jubilación se ampliará a los 67 años. También ha anunciado el Gobierno que ampliará el periodo de vida laboral necesario para percibir una pensión y que la decisión final será tomada por el Consejo de Ministros el 28 de este mes. Fijados el calendario y el contenido de la reforma, el Gobierno pierde el tiempo simulando voluntad de consenso con las fuerzas sindicales, con las que ayer comenzó una ronda de reuniones, porque, además de estar vinculado a los anuncios hechos por Rodríguez Zapatero, ni las grandes economías europeas ni los mercados financieros van a permitirle más amagos o aplazamientos. Para muestra, el comienzo del año 2011, que está siendo muy preocupante para la deuda española. El problema de nuestra economía sigue siendo que no está respaldada por una dirección política fiable.

La reforma de las pensiones tiene una oposición casi total de los sindicatos, que ya han anunciado que la aprobación de los planes del Gobierno justificará una nueva huelga general, con visos de tener mayor respaldo social que la primera. El acuerdo con los sindicatos se presenta prácticamente imposible, salvo que el Gobierno esté poniendo el listón de la negociación muy alto para luego rebajarlo y vender el consenso como un éxito de su política social. Estos experimentos con la situación económica del país no son aconsejables, porque el consenso que se obtenga con los sindicatos puede tener un alto coste en la respuesta de los organismos internacionales y de los mercados. El Gobierno está inmerso en una crisis de identidad, obligado a renunciar desde el 12 de mayo de 2010 a todos los principios económicos de su ortodoxia ideológica, con importantes componentes de deserción de ideales en política internacional, como se ha visto en la relación con Marruecos o en la reciente visita del viceprimer ministro chino. La imagen del Ejecutivo es la de un desorden absoluto, que priva a España de una agenda económica realista y planificada, capaz de generar confianza en el exterior y esperanza en el interior.

ABC - Opinión

viernes, 7 de enero de 2011

Zapatero. Circunstancia y convicción. Por Agapito Maestre

Zapatero se pasa todas esas circunstancias, en realidad, todas esas posibilidades que nos vienen impuestas por la actual vida política, por el arco de triunfo y, sencillamente, nos dice que ya verá si se presenta o no a las próximas elecciones.

Me han llamado la atención las declaraciones de Zapatero en Onda Cero. Dijo cosas nuevas, sugirió otras relevantes y amenazó con persistir hasta el final de su mandato. Sacó musculatura política contra la oposición y contra los jefecillos territoriales del PSOE. Quiso dejar claro que la política es la utilización de la violencia legítima y él la utilizará hasta el final. No dio grandes titulares, pero eso, ciertamente, no es tanto un problema suyo como del medio y de los lectores de sus palabras. A pesar de todo, Zapatero no está tan muerto como creen sus adversarios. Quizá su pacto con Rubalcaba para administrar tanta inmundicia y miseria económica permita al titular de Interior ser el candidato del PSOE para las generales, pero, de momento, Zapatero se lo va a poner difícil al PP.

Por encima de todo, quiso dejar claro que él es el único que manda en el Estado, en el PSOE y, casi, en la Oposición, pues que la lección de "democracia barata" que le dio a Rajoy por lo de Álvarez Cascos sonaba a cachondeo. Por supuesto, no dejó de recordar a sus sucesores, y en eso tiene toda la razón, que su "legitimidad", la legitimidad que él tuvo que ganar en el 35º Congreso Federal de su partido no será fácil para el que venga. Por supuesto, Zapatero olvida que la legitimidad de origen de un político tiene que ser revalidada constantemente con acciones que, por supuesto, van más allá de ganar elecciones.


A Zapatero, sin embargo, la legitimidad de ejercicio no le importa nada; quizá, por eso, declara con una absoluta carencia de vergüenza y responsabilidad democrática que "no contemplo las circunstancias sino mis convicciones para presentarme a las próximas elecciones". He ahí la quintaesencia de su irresponsabilidad política. Zapatero nada tiene que ver con los políticos responsables que evalúan las circunstancias, las posibilidades, en fin, la vida política que restarían a sus ciudadanos con su presencia en la vida pública. Zapatero no entiende que las agencias nacionales de socialización política lo responsabilicen de la tragedia económica e institucional que vive España. Tampoco le presta atención a que los mercados internacionales lo consideren causante directo de la carencia de fiabilidad de la economía española en el mundo. Menos aún se hace eco de las encuestas que lo consideran uno de los políticos peor valorados de la historia democrática.

Zapatero se pasa todas esas circunstancias, en realidad, todas esas posibilidades que nos vienen impuestas por la actual vida política, por el arco de triunfo y, sencillamente, nos dice que ya verá si se presenta o no a las próximas elecciones, obviamente, en función de sus "convicciones", que no pueden interpretarse de otro modo, conociendo un poco al personaje, que no sea sus intereses más particulares y mezquinos. En fin, Zapatero jamás esgrimirá el pensamiento de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo". Por otro lado, tampoco suscribiría la ética de la responsabilidad, al margen de las convicciones, que exigía Weber para los políticos profesionales.


Libertad Digital - Opinión

Pascua Militar y cultura de defensa. Por Hermann Tertsch

A quien se le pide el sacrificio máximo no se le puede tratar como a un cuerpo semioculto de la administración.

UNA prueba unívoca de que el presidente del Gobierno ha fracasado en la imposición de todos sus objetivos para convertir la democracia española en un régimen inspirado en su ideal frentepopulista, está en el hecho de que la principal fiesta institucional de las Fuerzas Armadas se siga celebrando, vinculada a la fecha cristiana de la Epifanía y bajo su nombre tradicional de Pascua Militar. Seguro que hace casi siete años, el Zapatero jovencito, exultante con su hazaña militar de abandonar sin previo aviso a los aliados en Irak, tenía otros planes para esta fiesta, tantas veces vilipendiada desde el izquierdismo pacifista que encarnaban como pocos el presidente y su ministra de Defensa Carmen Chacón. Se reconocen los esfuerzos que ha tenido que hacer la ministra para doblegar sus prejuicios ideológicos a la realidad que necesita saber exponer. Tiene mérito incluso si sólo se debiera a su lógico interés por no dañar sus aspiraciones personales. Ha dicho cosas en principio sensatas. «La defensa de España está por encima de cualquier coyuntura económica». Debería ser una obviedad. Pero es menos que eso. Simplemente no es cierto. La inversión en defensa de España siempre ha estado por debajo de las necesidades, en buena y mala coyuntura. Ante ciertas situaciones serias de amenaza o violación de nuestro territorio nacional —las que están en mente de todos—, España carece de una disuasión creíble. Quedaríamos a expensas de la lealtad de otros países. Sólo nos quedaría el rezar para que fueran más leales en la defensa de la seguridad común de lo que fuimos nosotros en las dos retiradas sin previo aviso en Irak y Kosovo. Si contamos aun con unidades combatientes dignas de tal nombre es porque nuestras misiones internacionales nos han dado la oportunidad de tener allí en permanente rotación a dichas tropas. Han tenido ocasión de bregarse y de ser testigo de cómo combaten otros ejércitos, no sometidos a las consideraciones electorales e ideológicas de sus Gobiernos. Hace días le preguntaron al ex jefe de la OTAN en Afganistán, el general alemán Egon Ramms, si hubo problemas por los intentos de Berlín de mantener a sus tropas al margen de los combates de sus aliados. «Resultaba y resulta penoso». Pedía Ramms que los políticos fueran más honrados con los militares y la sociedad. Tenemos un problema con nuestro ejército similar al de los alemanes. En ambos casos por prejuicios y complejos emanados del pasado y hoy ridículos. Ellos lo afrontan ahora. Aquí, con el antimilitarismo enquistado en el parietal socialista, vamos hacia atrás. Dice Ramms que un grave error en Alemania fue una campaña publicitaria del ejército presentando a los soldados como unos trabajadores más, como los panaderos o los electricistas. No es cierto. Y toda mentira tiene un precio. Los soldados no son unos obreros más sino los únicos compatriotas que tienen como oficio, llegada la necesidad, el matar y morir por los demás. Cuando las guerras eran impensables para los europeos, daba lo mismo. Hoy ya no. Los soldados requieren un respeto especial. Y el gobierno promoverlo como piedra angular de una cultura de defensa que, por desgracia, nos es totalmente ajena. Como dice el general Ramms citando a Federico el Grande, «los soldados quieren ser queridos». Con salarios acordes a su responsabilidad y prestigio social. Lo que incluye el permiso para portar con orgullo el uniforme en nuestras ciudades, como en todas las democracias salvo la nuestra. A quien se le pide el sacrificio máximo no se le puede tratar como a un cuerpo semioculto de la administración, en el que cada reivindicación se entienda como desacato y sus miembros tengan como únicos medios efectivos de promoción profesional la afinidad personal o el servilismo ante los políticos.

ABC - Opinión

Zapatero. Cuánta fatuidad. Por Emilio Campmany

Es muy sorprendente que los socialistas se estén dejando dirigir por este personaje hasta el abismo para, entre mayo de 2011 y marzo de 2012, caer todos fulminados como esos pajaritos de Arkansas.

Antes, en España, cada día tenía su afán. Ahora, gracias a la crisis, cada jornada tiene siempre el mismo, sobrevivir. Lo que varían de un día a otro, pues, ya no son los afanes, sino las melonadas del presidente. Cada día tiene la suya. A veces, descansa los fines de semana. Pero si el domingo hay mitin de pañuelo y bocadillo, de esos en que los liberados de la UGT se dirigen a él en autobús cantando El himno de Riego, entonces también hay patochada dominical.

La última del presidente es homérica, como diría Michaleen Flynn, el casamentero de El hombre tranquilo. Tras ser preguntado sobre si su decisión acerca de volver o no a presentarse depende de los resultados de las autonómicas y municipales de mayo, ese gran estadista que es Zapatero, siempre navegando por encima de las turbulencias de la política rastrera de patio de vecindad, ha dicho: "Se puede usted imaginar que éste no es un tema que dependa de circunstancias, sino de las convicciones". ¡Toma higos Pepa, que se agusanan! Carlos Herrera se debió quedar "cuajao" al oír la respuesta. Es como si alguien pregunta a un joven si, habida cuenta de la pelea que ha tenido con su novia, se casará con ella la próxima primavera y el otro le contesta que, cómo muy bien puede comprender, eso no depende de las circunstancias, sino de las convicciones.


Me gustaría saber de qué convicciones va a hacer depender este fatuo personaje una decisión que, para empezar, no es sólo suya, y, después, ha de basarse necesariamente en las circunstancias. De las convicciones puede depender hacerse socialista, afiliarse al PSOE, incluso respaldar a aquel candidato que mejor defienda las que uno tiene. Pero presentarse uno a tal o cual puesto político sólo depende de dos cosas, que uno quiera y que los demás en el partido le dejen. Para eso no hace falta más convicción que estar seguro de que uno quiere ser o, en este caso, seguir siendo presidente.

Es increíble la capacidad creativa de Zapatero en este campo de las respuestas solemnes y vacías a cuestiones concretas y determinadas. Uno le pregunta si va a subir los impuestos y él responde que hay que ser leales con la sociedad. Otro le demanda que aclare si va subir la edad de jubilación y él contesta que gobernar es un ejercicio de responsabilidad. En este plan, puede estarse días, meses y años. Lo imagino en su casa, preguntado por Sonsoles si, a pesar del dolor de tripa, tomará cafe, contestándole que ya puede comprender ella que una decisión así no puede depender de una circunstancia tan trivial como una leve enfermedad estomacal y que habrá de hacerlo de las convicciones más profundas. Sonsoles, que lo conoce bien, insistirá y preguntará si eso quiere decir que sí o que no.

Es muy sorprendente que los socialistas se estén dejando dirigir por este personaje hasta el abismo para, entre mayo de 2011 y marzo de 2012, caer todos fulminados como esos pajaritos de Arkansas, una bandada de turpiales y estorninos que, como si hubieran estado dirigidos por un Zapaterito alado, volaron desorientados durante la noche, se estamparon contra las casas y cayeron sin vida al suelo.

La metáfora parece apropiada. Lo inquietante es preguntarse si los pajaritos son sólo los socialistas o si sería más propio entender que somos todos los españoles. Zapatero contestaría que eso depende, no de las circunstancias, sino de las convicciones.


Libertad Digital - Opinión

La pertinaz sequía. Por M. Martín Ferrand

Solo el pasotismo establecido hace que el desmedido gasto público no produzca la ira ciudadana y genere efectos nada deseables.

¿CÓMO es posible que Artur Mas, de cuya capacidad y dedicación políticas no cabe la menor duda, no advirtiera en sus muchos años de oposición en el Parlamento de Cataluña que, como ha dicho después de su toma de posesión, las arcas de la Generalitat estén vacías? El Congreso de los Diputados y sus diecisiete clones autonómicos se han convertido en escenarios en los que se representa una función sin argumento. De un lado, la partitocracia, reforzada por el sistema electoral vigente, convierte a los diputados, nacionales y autonómicos, en máquinas de votar y, de otro, lo que en esos templos diz que representativos ocurre y se manifiesta no es suficiente para que una oposición cabal, como la de CiU al tripartito, consiga esclarecer, ejercicio a ejercicio, la realidad de las cuentas públicas.

Tampoco deja de ser escandaloso el hecho de que esas cuentas que ahora sorprenden al presidente Mas no fueran precedidas por el conocimiento, y sus correspondientes efectos, del Ministerio de Hacienda ni por el Tribunal de Cuentas. Tenemos todas las instituciones y organismos, todas las oficinas y departamentos, del catálogo internacional de la función pública; pero, si juzgamos por los resultados, bastaría con unos pocos contables de los de visera y manguitos. Cualquiera que deba administrar fondos ajenos, especialmente si son de todos, debiera estar eficazmente controlado por los mecanismos que establece nuestro ordenamiento y que, al parecer, funcionan con retraso y precisión insuficiente. ¿No sería necesario que saltaran las alarmas en cuanto una administración —local, regional o nacional— sobrepasara los presupuestos autorizados que, dicho sea de paso, no son una estimación del gasto; sino una ley que obliga a su cumplimiento y debiera, aunque no lo haga, sancionar a quienes la incumplen?

En los tiempos de Franco, por no remontarnos a etapas anteriores en las que, en esta materia, pasaban cosas muy parecidas, todo se justificaba por la incuria secular y la pertinaz sequía. El pasado y las circunstancias adversas. Seguimos, con un mero cambio de protagonistas, en la justificación retrospectiva y coyuntural. Sería cosa de olvidar tan mala y fea costumbre nacional y buscar métodos más eficaces y solventes, capaces de germinar en los ciudadanía una confianza en el sistema y en sus métodos que hoy no existe. Solo el pasotismo establecido, unido a la peregrina idea de que «el dinero público no es de nadie», según la doctrina de una de las estrellas de la paridad socialista, hace que el desmedido gasto público no produzca la ira ciudadana y genere efectos nada deseables.


ABC - Opinión

También España dedica una mirada distraída al mundo chino. Por Antonio Casado

Les remito a ustedes a la excelente pieza de Alberto Mendoza, ayer en El Confidencial para saber de qué estamos hablando. De la hipocresía reinante en el campo de las relaciones internacionales, piadosamente camuflada en el viejo concepto diplomático que responde al nombre de “realpolitik”.

Bajo ese signo acaba de producirse el paso por Madrid del viceprimer ministro chino, Li Kequiang, llamado a convertirse en el jefe de Gobierno de la China Comunista en 2013, según todos los analistas. Los encuentros con Zapatero y sus ministros, así como con los principales empresarios españoles, y de estos con los empresarios chinos que acompañaban a Li Kequiang, dejan una estela de magníficas noticias para el futuro de la economía española. Entre otros, los grandes consensos para la exportación de productos españoles, traída de turistas chinos y cooperación con el gigante asiático en Latinoamérica.


Ni una palabra en materia de derechos humanos. No me rasgo las vestiduras. Y mucho menos ante el primer prestamista del mundo que, además, se compromete a seguir comprando bonos españoles y apuesta públicamente por nuestra capacidad de recuperación económica. Pero espero que nadie se escandalice tampoco cuando se trate de regímenes igualmente incompatibles con los derechos humanos, pero de menor tamaño y mucho menos poderosos. Por ejemplo, Cuba, Venezuela y Marruecos, con los que no somos tan complacientes en el terreno político aunque también nos jugamos sustanciosos intereses económicos y empresariales.

La definitiva reinserción internacional de España se consolida con la normalización del uso de la “realpolitik”. Sin ir más lejos, ahí tenemos los papeles de Wikileaks, por los que hemos sabido que EEUU forzó el repliegue empresarial de España en Irán, en nombre de la paz y los principios del mundo civilizado. La noticia coincidió en el tiempo con la ausencia forzada de Liu Xiaobo, el disidente chino, en la entrega del Premio Nobel de la Paz, que no mereció ninguna condena oficial por parte del muy progresista Gobierno de Barack Obama. Eso vino a recordarnos, mirando a Pekín, la recurrente practica norteamericana del viejo refrán: haz lo que yo te digo pero no hagas lo que yo hago.
«Y que en la primera potencia económica, militar y tecnológica del mundo, que es EEUU y pasa por ser la meca de la Democracia, los derechos humanos se subordinan a los intereses económicos y comerciales.»
¿Mirando a Pekín, he dicho? No, más bien mirando a Oslo, donde una silla vacía nos enseñó que en la segunda potencia económica, militar y tecnológica del mundo no se respetan los derechos humanos. Y que en la primera potencia económica, militar y tecnológica del mundo, que es EEUU y pasa por ser la meca de la Democracia, los derechos humanos se subordinan a los intereses económicos y comerciales.

La silla vacía de Liu Xiaobo en Oslo y la visita de Li Kequiang a Madrid nos pone frente a una escandalosa contradicción. La que existe entre la cruda realidad de la cruel dictadura china, en forma de trasnochado régimen comunista, y el silencio oficial de los países democráticos que le dedican una mirada distraída, cuando no ejercen de compañeros de viaje. No por razones ideológicas, claro, pero sí económicas y comerciales. Definitivamente, España ya es un socio reconocible en el club de los países más civilizados del mundo.


El Confidencial - Opinión

Cascos. Precedentes. Por Florentino Portero

No tengo ni idea de qué se trae entre manos el asturiano, pero espero que su conducta se rija más por el interés nacional que por el placer de humillar públicamente a Rajoy y a los dirigentes que controlan hoy el partido en el Principado y fuera de él.

La rueda de prensa de Francisco Álvarez Cascos ha dado paso a un coro de declaraciones críticas por parte de políticos populares de mayor o menor rango. La condena ha sido unánime y el tono despectivo, como despectivo fue el trato que el antiguo vicepresidente recibió de la actual dirección del Partido Popular por el hecho, aparentemente normal en una sociedad democrática, de optar a encabezar la candidatura de su partido en el Principado. Lo oído me ha recordado un episodio de la historia política española que, aun no siendo idéntico, tiene sus similitudes.

En las postrimerías del siglo XIX Francisco Silvela, que había sido ministro de Justicia y de la Gobernación, decidió abandonar el Partido Liberal-Conservador, del que era destacado dirigente, por considerar que Antonio Cánovas, jefe del Partido y presidente del Consejo, amparaba en demasía a gente poco ejemplar y bloqueaba el proceso de transición paulatina hacia un régimen más representativo. Me encantaría perderme por los vericuetos del debate historiográfico sobre el sistema político de la Restauración, pero me parece que no es el momento. Vayamos al grano. El hecho es que Francisco Silvela creó su propio grupo disidente, abrió un periódico y comenzó una digna y tenaz campaña para denunciar lo que consideraba estaba mal y predicar las soluciones que creía más adecuadas, en consonancia con las corrientes regeneracionistas entonces en boga.


Las huestes canovistas se lanzaron contra él, tratando de desprestigiarle, pero le avalaba su formidable obra jurídica y, puesto que no vivía de la política sino que ésta le costaba un riñón y parte del otro, siguió adelante como si la bronca no fuera con él. Cánovas murió asesinado. Sagasta se resistió todo lo que pudo, pero al final recayó sobre él la ingrata tarea de dirigir el país en plena guerra con Estados Unidos. Mientras tanto, los conservadores se pusieron a buscar sucesor; los "caballeros del Santo Sepulcro", que así eran conocidos los más fieles al difunto, trataron de bloquear la vuelta del disidente... pero al final el elegido fue Silvela. Tenía autoridad, una importante obra política a sus espaldas y su discurso había sintonizado con la opinión pública.

Ya sé que la historia nunca se repite, pero también sé que una persona inteligente puede aprender muchas cosas de la experiencia. Álvarez Cascos no se parece mucho a Silvela, la situación es distinta... pero una disidencia puede ser el principio de la regeneración de un partido político. Silvela sirvió de puente para la llegada de Maura al conservadurismo y el ensayo de un nuevo liderazgo. No tengo ni idea de qué se trae entre manos el asturiano, pero espero que su conducta se rija más por el interés nacional que por el placer de humillar públicamente a Rajoy y a los dirigentes que controlan hoy el partido en el Principado y fuera de él. La derrota de los populares en Asturias a manos de Álvarez Cascos puede ser la mejor noticia que los liberal-conservadores españoles podamos tener el 22 de mayo o, por el contrario, el punto de partida de una nuevo cacicato regionalista.


Libertad Digital - Opinión

El geniecillo irónico. Por José María Carrascal

Creer que China va a resolver nuestros problemas es como creer en los Reyes Magos.

DECÍA Hegel, que la amó hasta el punto de convertirla en filosofía, que la Historia está regida por un geniecillo irónico que gusta reírse de los hombres. ¡Las carcajadas que debe estar soltando viendo a los chinos convertirse en salvadores de un Zapatero desesperado! No su amigo Obama, sino los chinos, los nuevos amos del mundo, dispuestos a firmar todo tipo de contratos con empresas españolas e incluso a comprar nuestra deuda. Los mismos chinos que practican en su país lo que Franco en España: vía libre al capitalismo más elemental para desatar las fuerzas económicas y férreo control político para que la disidencia no comprometa la estabilidad del régimen. Así, la economía china viene creciendo un diez por ciento anual, como la española crecía un ocho en los años sesenta del pasado siglo. Pero ¿quién se fija en esas minucias cuando se está desesperado? ¿Quién se atreve a recordar al huésped que llega con la chequera abierta los disidentes encarcelados? Era la hora de los brindis, las sonrisas, las firmas ... y de engañar de nuevo a los españoles.

Y si lo de engañar les resulta demasiado fuerte, lo dejamos en mentira piadosa. Bienvenidos sean todos los contratos que firmen nuestras empresas y todas las compras de nuestra deuda, que bien lo necesitamos. Pero creer que China va a resolver nuestros problemas es como creer en los Reyes Magos, y un par de cifras lo confirman: esos casi 6.000 millones que representan los contratos firmados con empresas españolas son en un 95 por ciento resultado de una sola operación, acordada hace ya meses: la venta de participaciones de Repsol en prospecciones petrolíferas en Brasil a la empresa china Sinopec. Y aunque las 600 empresas españolas en China parecen muchas, son una insignificancia entre las 600.000 extranjeras que operan en aquel país. Por último, los chinos han dicho que comprarán deuda española. Pero no han dicho cuánta. Y nadie espera que compren para calmar nuestro voraz endeudamiento. Mientras el desequilibrio a su favor de la balanza comercial es aún más difícil de corregir mientras no corrijamos los fallos estructurales de nuestra economía. Digo esto no para fastidiar, sino para que nuestro presidente no nos engatuse de nuevo con sus cuentos, en este caso, chinos.

Lo más positivo que ha traído esta visita del vice-primer ministro Li Keajiang es el anuncio de la creación de un gran centro de promociones de artículos españoles en China, que pondrá en contacto a nuestros productores con los distribuidores de aquel país. Pero miren ustedes por donde, el dichoso geniecillo irónico vuelve a salirnos al paso: esos centros de promoción ya los había instalado el franquismo en los años de vacas gordas, antes de ser sustituidos por los de cada comunidad autónoma, con muchísima menos proyección e infinitamente más personal.


ABC - Opinión

PP. Cascos y la indigencia política. Por Cristina Losada

Hasta los que llevan fama de grandes políticos se hallan desprovistos de grandes nociones. Tan enorme es el vacío que cuando Cascos ha tenido que aderezar sus ambiciones de poder, ha recurrido a los tópicos al uso como cualquier político de tres al cuarto.

Por el revuelo que ha originado la salida de Álvarez Cascos del PP se hubiera dicho que estamos ante el surgimiento de una disidencia política de calado. El hecho, sin embargo, es que el cabecilla de la supuesta facción anti Rajoy no ha considerado necesario postularse ni marcharse con un discurso político que vaya más allá del "Asturias, patria querida" a modo de programa. Se trata, por supuesto, de un noble propósito, amén de un himno entrañable, pero como declaración de principios de una rebelión interna resulta, cuando menos, estupefaciente.

Si de alguien se espera que disponga de un acervo remotamente parecido a un ideario es de un veterano que ocupó altos cargos en el partido y en el Gobierno. Pero la sorpresa que deparan las intervenciones del antiguo secretario general –y, en esa época, poco amigo de "dejar hablar a las bases"– es que no traslucen una visión política digna de ese nombre. A menos que aceptemos, ya puestos, que "recuperar el orgullo de ser asturiano" representa un programa sólido y diferenciado por el que merece la pena abandonar un partido e incluso montar otro.


Así, aún se desconoce en qué se distinguen las propuestas de Álvarez Cascos de las que cocinan en Génova 13. Si está por una política más liberal o más intervencionista, por una oposición más contundente o más conciliadora, por pactar con los nacionalistas si llega el caso o no pactar nunca con ellos aunque la necesidad llegue apretando. Y así. Cierto que no he leído las obras completas del rebelde, pero en esa hora de la verdad que es plantarse contra la dirección del partido, sus referencias ideológicas no las ha buscado en Burke ni en Hayek ni en ningún pensador de la derecha española, sino en Matar a un ruiseñor, que es una novela seguramente muy digna popularizada por Hollywood, pero no una aportación a las ideas liberal-conservadoras.

La espantada de Alvarez Cascos se ha vinculado a la falta de democracia interna en los partidos, ese oxímoron, pero el episodio confirma que tales organizaciones sufren una carencia mucho más relevante y asombrosa. En ellas, salvo excepciones contadas, hasta los que llevan fama de grandes políticos se hallan desprovistos de grandes nociones. Tan enorme es el vacío que cuando Cascos ha tenido que aderezar sus –legítimas– ambiciones de poder, ha recurrido a los tópicos al uso, como cualquier político de tres al cuarto. Chorretón de ensalzamiento regional, paletada de sentimientos, gotas de victimismo y marchando. Si eso es todo cuanto tiene que ofrecer, vive en la misma indigencia política que el aparato. Dicen que formaba en el "ala dura" del PP. ¿Será por el carácter?


Libertad Digital - Opinión

El dictador solvente. Por Ignacio Camacho

A un tipo que viene a comprar deuda sin hacer preguntas incómodas no le vamos a mirar el color de los calcetines.

EN las democracias occidentales —tautología porque fuera de Occidente hay pocas democracias verdaderas— existe una vieja doble moral sobre los regímenes dictatoriales, a cuyos dirigentes sólo se les hacen reproches y se les pone mala cara si son pobres o pertenecen a países pequeños. A los grandullones ni toserles, y a los ricos, alfombra roja y si no hay alfombra se quita uno la americana para que no pisen los charcos, como hizo sir Walter Raleigh ante Isabel I. Que no se resfríen, Dios guarde a V. E. muchos años, etcétera. ¿Los derechos humanos? Bah, pequeños detalles que no deben estropear los tradicionales lazos de amistad entre nuestros pueblos.

China es grande y rica, o sea. Los jerarcas chinos se pasean por el mundo con la chequera y no hay quien les levante la voz ni les pregunte por minucias de disidentes encarcelados —aunque tengan el Premio Nobel— o de ejecuciones masivas. A un tipo que viene a comprar deuda sin hacer preguntas incómodas no le vamos a mirar el color de los calcetines. Los chinos financian el gasto keynesiano de Obama, rescatan la industria aeroespacial francesa y dan oxígeno a los bonos españoles. Portugal no ha quebrado aún porque en otoño les colocó en diciembre 5.000 millones de pavos soberanos. Algún día se cobrarán todo eso junto y más, pero por ahora no conviene ponerse quisquillosos. Si ellos tienen déficit democrático, nosotros lo tenemos presupuestario; pelillos a la mar. El tal Li se ha paseado por Madrid como un Rey Mago de ojos rasgados, que habría quedado muy exótico y multicultural en cualquier cabalgata. En Repsol le dieron jamón de pata negra, y en la Moncloa abrazos y sonrisas marca de la casa. Sería injusto acusar sólo a Zapatero por tan solícito afecto con un jerifalte comunista; en otoño, Sarkozy sacó detrás de Hu Jintao a toda la Guardia Republicana. Antes ocurrió con Gaddafi. Las objeciones y los morritos sólo se los ponen en Europa –y en España ni siquiera eso, la verdad—a Fidel Castro, que está más tieso que nosotros y en vez de dar dinero tiene la desfachatez de pedirlo. O al presidente de los Estados Unidos… siempre que sea republicano.

De este modo los chinos le han dado la vuelta al refranero: no sólo no se dejan engañar sino que logran que nos engañemos a nosotros mismos fingiendo no ver lo que está bien a la vista porque ellos ni siquiera se preocupan de ocultarlo. Saben que teniendo dinero a la vista y mostrando disposición a gastarlo nadie va a preocuparse por su evolución democrática ni por su seguridad jurídica; esos son conceptos antropocéntricos de ámbito restringido, propios de los sistemas liberales. También lo saben los emires del Golfo, capaces de comprar un Mundial de fútbol por el mismísimo turbante. Cuando Occidente está en apuros sólo necesita un dictador solvente. Y no sólo adquieren bienes industriales y servicios tecnológicos: compran aquiescencia y silencio. Les sale barato y se lo vendemos con garantía. Somos gente seria en los tratos.


ABC - Opinión

Menos recortes en Defensa

Los Reyes, acompañados por los Príncipes de Asturias, presidieron ayer en el Palacio Real la celebración anual de la Pascua Militar. En su discurso, Don Juan Carlos ha querido subrayar y valorar el esfuerzo de austeridad que están ejerciendo nuestras Fuerzas Armadas y ha señalado que éste «debe continuar» sin que se traduzca en un debilitamiento de la seguridad de las tropas. Así, abogó por la mejora decidida de la «operatividad de nuestras unidades y por el adecuado mantenimiento de los sistemas de armas» para garantizar esa protección, especialmente de aquellas que desarrollan misiones internacionales». En la misma línea, la ministra de Defensa, Carme Chacón, aseguró que estas medidas de austeridad, que se han tenido que adoptar por de la crisis económica que padecemos, no son incompatibles con que nuestras tropas desarrollen sus cometidos con las máximas garantías posibles. Lo cierto es que el Ministerio de Defensa lleva sufriendo recortes presupuestarios desde hace tres años, en los que ha perdido 1.100 millones de su presupuesto. En 2010 sufrió un recorte en sus cuentas de un 7 por ciento con respecto a 2009, y no será el último puesto que en octubre del año pasado el secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez auguró que habrá «algunos años más de restricciones presupuestarias».

Es lógico, como sucede en otros colectivos y en el conjunto de la sociedad, que la austeridad llegue al Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Armadas. Lo que no parece que sea pertinente es que el Jeme se haya visto obligado a elaborar una directiva para planificar los trabajos básicos que deberán hacer los soldados de las distintas unidades en el caso de que la crisis económica persista. Entre otros trabajos, nuestras tropas deberán asumir labores que hasta ahora estaban externalizadas, como la seguridad de las bases, la limpieza, la recogida de basuras, la cocina, la jardinería y pequeñas reparaciones de las infraestructuras. Estas tareas no deberán ir en perjuicio de su verdadera labor: mantener las capacidades operativas y logísticas de las unidades, razón última por la que llegó la profesionalización al Ejército.

Es de desear que este escenario no llegue a concretarse. El Ejército es un pilar básico de nuestra sociedad –y, según el CIS, la primera institución más valorada por los españoles por segundo año consecutivo– por lo que el Gobierno debería actuar con más responsabilidad. En vez de mermar los presupuestos de Defensa, debería eliminar otras partidas más superfluas, como determinadas subvenciones de destino incierto u otros gastos prescindibles producto de una estructura estatal y autonómica mastodóntica. Como recordó Don Juan Carlos, nuestras Fuerzas Armadas viven un proceso de transformación que «ha de estar en consonancia con el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN». Eso les exige «estar preparadas para poder ayudar a promover la seguridad común allá donde se los requiera». En ese sentido la labor en el exterior de nuestras Fuerzas Armadas es ejemplar, hasta convertirse –como subrayó Don Juan Carlos– «en un factor clave para afianzar el peso de España». Así las cosas, austeridad en el Ejército, sí, pero sin que ésta lleve a nuestras tropas a emplear su tiempo y su esfuerzo en labores que no son propias de su condición.


La Razón- Editorial

El precio de China

Pekín apuntala la posición financiera de España con la promesa de comprar más deuda.

El viceprimer ministro chino, Li Keqiang, ha iniciado en España una breve gira europea que le llevará, además, a Reino Unido y Alemania. La visita de Li Keqiang responde a una voluntad de acompasar, por parte de Pekín, el creciente peso económico de China y su hasta hace pocos años discreta presencia diplomática. En un corto espacio de tiempo, y rentabilizando a su favor cuantas oportunidades le ha ofrecido la crisis financiera mundial, China ha ido tomando posiciones estratégicas en el mercado de materias primas, el comercio internacional y, también, el castigado sistema financiero, del que ha empezado a ejercer como un banco central a gran escala.

Es en esta última condición de hecho, que China parece afianzar en cada iniciativa diplomática, donde la visita de Li Keqiang a España ha cosechado los resultados más importantes. No porque sean precisamente menores los contratos comerciales suscritos, sino porque los mensajes transmitidos por el viceprimer ministro durante su estancia en Madrid contribuirán a aliviar, siquiera por un tiempo, las tensiones sobre la economía española y, en última instancia, sobre el euro. Li Keqiang ha confirmado que China ha adquirido deuda española, además de anunciar que seguirá haciéndolo en el futuro. Tras las declaraciones de Li Keqiang, quien también ha apoyado las reformas emprendidas por el Gobierno de Zapatero, las operaciones especulativas contra la deuda española resultarán un poco más difíciles.

Si los beneficios económicos de la visita están fuera de duda, la dimensión política exige matices, no limitados a España, sino referidos al nuevo orden internacional. China viene utilizando su potencial económico como instrumento para convalidar un régimen que, no por haber abandonado el comunismo, deja de ser un sistema de partido único y poco respetuoso con los derechos humanos, según se ha podido comprobar con ocasión del último Premio Nobel de la Paz. Acuciados por la difícil situación económica, los países democráticos se están viendo obligados a pasar por alto la preocupante situación interna de China a cambio de su cooperación. El Gobierno de Pekín, por su parte, no se conforma con obtener el interesado silencio de sus interlocutores, sino que, además, reclama un implícito derecho a la diferencia en las formas de entender la política desde el que justificar la represión y la falta de libertades.

La admiración hacia los logros de China no puede convertirse en un obnubilado aval para su régimen político. Otra cosa es que la crisis dificulte que los países democráticos puedan hacer distinciones. El realismo no es un argumento en favor de la resignación, sino la conciencia de que, en determinadas circunstancias, no existe otra alternativa que elegir entre dos males distintos. Pero que no exista otra alternativa no significa que el mal escogido se convierta en un bien deseable. La suerte económica del mundo depende en gran medida de China, y conviene no olvidar que China está exigiendo un precio.


El País - Editorial