lunes, 29 de junio de 2009

Satisfaciendo a todos, incluida ETA

«Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el Tribunal Constitucional ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal.»

El terrorismo es uno de los mayores problemas a los que puede enfrentarse una sociedad. Su objetivo declarado es generar el terror, esto es, sumir a los individuos en un estado permanente de excepcionalidad que haga imposible su convivencia pacífica. Por eso mismo, por atacar el fundamento de cualquier civilización, el Estado debe encargarse de combatir su ofensiva en todas las formas que ésta adopte, incluida la de partido político pantalla cuyo objetivo sea captar fondos y hacer proselitismo desde las instituciones.


Ésta era la finalidad que se encontraba en el fondo de la Ley de Partidos y no, como hábilmente distorsionan los nacionalistas, ilegalizar ideas. Dicho de otra manera, la Ley de Partidos pretende simplemente que las ideas, adopten la forma que adopten, no sirvan de protección a los terroristas para continuar desempeñando su actividad criminal.

El problema con el terrorismo etarra es que su violencia florece en un caldo ideológico muy determinado y, por ese motivo, cuesta distinguir la proximidad de los fines (propia de partidos como el PNV o Aralar) de la proximidad de los medios. En más de una ocasión, de hecho, el nacionalismo mal llamado moderado se ha encargado de confundirlo todo aún más rebajando la gravedad de los medios de los terroristas por considerar que eran útiles para agitar tales o cuales árboles.

En este sentido, las decisiones de los magistrados, encargados de delimitar cuando una determinada organización política integra el entramado de un grupo terrorista, pueden resultar impopulares y molestas para una parte significativa de la población (los nacionalistas y la izquierda más contraria a la Constitución) que no dudarán en manipular la sentencia para maltratar al tribunal. Es más, incluso puede que una determinada decisión moleste a la familia política que colocó al magistrado en su puesto. Pero aún así, los jueces no deben prevaricar (dictar una resolución a sabiendas de su injusticia), sino que han de hacer valer su independencia frente a todas las presiones que puedan recibir para alcanzar la sentencia más ajustada a derecho posible.

María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, defiende que la sentencia que permitió a Iniciativa Internacionalista, el partido del proetarra Alfonso Sastre, concurrir a las elecciones europeas fue la correcta porque los indicios contra esta formación "no eran sólidos".

Curiosamente, el propio Alfonso Sastre se encargó –pocos días después del último atentado de ETA que terminó con la vida de Eduardo Puelles– de mostrarle a María Emilia la falta de solidez de la sentencia al pronosticar "tiempos de mucho dolor" si el Gobierno vasco no se plegaba a las exigencias de los terroristas.

No parece que los indicios hayan sido el elemento que inclinara la balanza del Tribunal Constitucional a favor de Iniciativa Internacionalista. Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el tribunal ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal; a todos, claro, salvo a las víctimas de esos terroristas y, en general, a quienes todavía creen en la necesidad de combatir a ETA y defender los derechos individuales.

Es lo que desgraciadamente sucede cuando la justicia se politiza hasta la obscenidad: que el Estado de Derecho se resquebraja y la impunidad se cuela entre las grietas.

Libertad Digital - Opinión

Fatiga de materiales. Por Ignacio Camacho

NO hace ni tres meses desde que Zapatero remodeló el Gobierno y ya tiene de nuevo varias piezas averiadas. Algunas van a aguantar porque no es de recibo una crisis al trimestre, pero otras están a punto de fundirse. La más importante es Chaves, que lleva en el ala el plomo de una perdigonada seria. El escándalo de la subvención a su hija le va a costar, más pronto que tarde, la retirada de la política. El asunto tiene una traza tan indefendible que fuera de Andalucía no hay un solo socialista de relieve capaz de justificar en privado al vicepresidente. Y no es que en público estén dando la cara; más bien lo han dejado solo con sus pláticas de familia. Chaves está en las horas más bajas de su larga carrera. Se ha dado cuenta de que su cartera está vacía, su influencia es irrelevante y en las autonomías que se supone debe coordinar no le hablan ni las máquinas de tabaco. En la patética comparecencia del Senado, la de los siete intérpretes, se le vio el cartón cuando anunció como telonero una gira territorial de Elena Salgado; la que él efectuó al estrenar el cargo no sirvió ni siquiera para vestir el muñeco roto de su inoperancia.

Zapatero lo va a sostener el tiempo que pueda porque ya tuvo que entregar la cabeza de Bermejo, aunque alguna carnaza les va a tener que echar a los leones de la oposición para que se entretengan royéndola. La que tiene más papeletas es la de Alberto Saiz, el jefe de los espías, que no está en la primera línea. No ha caído ya porque un tipo con su información es un bidón de nitroglicerina con patas y hay que moverlo con muchísima delicadeza. Pero la forma en que el presidente le respaldó -«tiene mi apoyo mientras esté en el cargo»- es la modalidad más gélida del distanciamiento. Tardará en salir lo que dure el trabajo de la trituradora de papeles secretos.

A estas alturas, con la crisis descargando aguaceros, el PP crecido, los nacionalismos rebotados y el presidente ensimismado en sus horas más bajas, el puesto de ministro es tan inestable como el de comercial inmobiliario. A Bibiana Aído la mantiene el apoyo de los tardochavistas andaluces y el propio descalzaperros que ha organizado con la ley del aborto; le han encargado que saque la pata que ha metido. Cristina Garmendia es una zombie a la que ZP no se priva de hacerle feos. Carmen Chacón ha perdido el encanto gaseoso de sus primeras puestas en escena y anda tropezando por los pasillos de la milicia. Fuera del Gobierno, Leire Pajín siente en la nuca el aliento de Pepe Blanco. En Madrid brillan cuchillos en torno a Tomás Gómez, y en La Mancha ha comenzado el cerco a Barreda, que ha perdido las europeas después de haber discrepado públicamente de algunas ocurrencias del zapaterismo.

A sólo quince meses de su última victoria, la socialdemocracia está afectada por la fatiga de los materiales y se sostiene apuntalada por los sindicatos.

ABC - Opinión

domingo, 28 de junio de 2009

El Príncipe Gitano. Por Arturo Pérez Reverte

Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares. Lo tengo controlado desde hace mucho, e incluso más. La versión del Presley, y la que hizo un poco antes del Delilah de Tom Jones, ésta cantada en español y con estética vídeo años sesenta, que también anda disponible en los ciberespacios infinitos entre algunas otras, como Obladí obladá, por ejemplo, que la borda. Meterse eso en vena ya es droga dura. Pero te diré más, colega. Lo mío con ese jambo es historia vieja. Viene de cuando el Piloto –que se le parecía un poco, ojos azules incluidos, aunque de joven era todavía más guapo–, cuando volvíamos de alguna incursión marítima por fuera de la isla de Escombreras, lastrado su barquito con Winston y Johnnie Walker, me ponía en un chisme de música que había en una taberna del puerto, entre caña y caña, Tani, Cortijo de los Mimbrales y la que para mí siempre fue cúspide del Príncipe: Cariño de legionario, con una letra que empieza, nada menos: «Le di a una morita mora / morita mora / morita de mi alma / cariño... de legionario». Tela.

Pero es que hay más, chaval. A ver si te enteras. Enrique Castellón Vargas, de nombre artístico el suprascrito Príncipe, nacido en Valencia en 1928, hijo de gitanos dedicados a la venta ambulante, tenía una planta soberbia: alto y delgado, elegante –cuidaba mucho los trajes y el vestir–, mirada azul, pelo rizado. Para entendernos: se comía a las pavas sin pelar. Quiso ser torero de joven; pero tenía canguelo, y los cuernos se le daba mejor ponerlos él. También tenía buena voz, así que se dedicó al cante flamenco, del que tocó muchos palos, sobre todo zambras y rumbas. Hizo de torero en el cine –Brindis al cielo, se llamaba la peli–, y actuó con grandes compañías, incluida la de Carmen Morell y Pepe Blanco, y también una propia, con su hermana Dolores Vargas La Terremoto, en la que acogió a jóvenes artistas como Manolo Escobar, Rocío Jurado y Toni Leblanc, que era galán cómico. Con La Terremoto, por cierto, hizo el Príncipe en 1956 otra película, Veraneo en España, que está entre mis mitos del cine hispano por varias razones, lo cutre aparte. Una es cuando canta eso que dice: Un negro vestío / y una mujer sin marío. La otra, que para mí es lo máximo del megatop frikilandio, es cuando, en mitad de la peli, aparece cantando lo de la morita mora, morita de mi alma, vestido de lejía de arriba abajo, con chapiri de borla, despechugada la camisa y fusil al hombro. Sin complejos.

Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final –y absolutamente cuesta abajo– de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J’Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida. Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable –entallados, con patas y solapas anchas–, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco. Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas –en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas– le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!… ¡Canta otra, Príncipe!… ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla.



XL Semanal

«Crémer contra Crémer». Por M. Martín Ferrand

HACE un montón de años, en una cena con premios en el Hotel Fernán González, en Burgos, me contó Victoriano Crémer que de jovencito se ganó la vida, en León y tras renegar del oficio de mancebo de botica, acudiendo a fondas y hoteles para servir de amanuense a los huéspedes analfabetos que disponían de las cinco pesetas -¡un duro!- en que cifraba sus honorarios. Escuchaba con atención la letra de los mensajes de aquellos viajeros y luego, pluma en mano, les ponía la música epistolar más conveniente para cada caso. Después amplió el negocio y pasó de las cartas a los discursos, a cincuenta duros la pieza, con los que se lucieron algunos próceres de la región en actos que, por su solemnidad, reclamaban el lujo de la oratoria. El ejercicio de negro literario siempre tuvo un inmenso valor formativo y sirvió de escuela de humildad a los novicios de las letras.

No creo en los horóscopos ni en los efectos fulminantes de los astros sobre nuestras vidas, pero llevamos unas cuantas fechas de notables coincidencias mortuorias. Ayer, amaneciendo, le llegó la hora a Victoriano Crémer, aceptable novelista, gran poeta y maestro indiscutible en la última forma de esclavitud que queda en Occidente, el artículo diario. Con el título que hoy, en su homenaje, encabeza esta columna mantuvo hasta hace muy poco una colaboración diaria, cáustica y brillante en Diario de León. Algo excepcional por su calidad literaria, su ejemplar seguimiento del ritmo de los días y la edad de su autor, que llegó a cumplir los 102 años.

Aunque suelen ser los bilbaínos quienes presumen de nacer donde se les antoja, Crámer era un leonés nacido en Burgos. En plena Guerra Civil, en el diario Proa, de Falange Española, simultaneó el trabajo de linotipista con el de articulista de postín e hizo notorios los pseudónimos de «Asterisco» y «Vick». Luego se desmarcó del ámbito del poder naciente y contra los jóvenes del Régimen que centraban su juventud creadora en la revista Escorial, se unió a los discordantes de Espadaña. Historias que ya no le interesan a nadie porque la memoria decretada por el nuevo régimen se centra en el odio y el revisionismo y no en el reconocimiento del talento, plural y diverso, que despilfarraron los años de esta evocación. La concordia crítica que predicó Crémer. También en la radio, en la Ser, con sus famosas «Cartas a la tía Federica». Mañana será su funeral.

ABC - Opinión

«Gorbeako Gurutzea». Por Alfonso Ussía

«Enfadarse porque el Ejército español haga ondear la Bandera de España en la cumbre de un monte español se me antoja una majadería»

Los del PNV se enfadan últimamente por cosas rarísimas. Se enfadan tanto que formulan preguntas razonablemente cretinas en el Congreso de los Diputados. No les han explicado bien la Historia ni la Geografía.


Han tenido profesores muy poco aplicados. Y a primer golpe de vista, parecen cultos. Prefiero escribir «culto» que «cultivado». Leí semanas atrás una entrevista en la que se decía que determinada actriz del Sindicato de la Ceja es una «mujer muy cultivada». Desde aquella lectura no puedo despegarme de su nueva imagen. Me la figuro con rábanos, pepinos, zanahorias y coles de Bruselas naciéndole de las orejas. Cultivadísima. Lo que decía. Dan el pego y parecen cultos, pero no lo son. Y tienen reacciones de niños tontos, porque hay niños que reaccionan divinamente. El último enfado ha sido consecuencia de unas maniobras del Ejército desarrolladas en las provincias vascas. En lo alto de la gran peña del Monte Gorbea, en la cruz que culmina su dominio, los militares colocaron la Bandera de España. Nada hubiera pasado si el Ejército español, en un arranque de buen humor, hubiese plantado un mástil con la bandera de Mauritania, pero no se dio el caso. Los militares son lógicos, y su Bandera y la de todos los españoles es la que izaron junto a la cruz del Gorbea al finalizar las maniobras. Un insulto para el Partido Nacionalista Vasco. Existe una bella canción, «Gorbeako Gurutzea», la «Cruz del Gorbea», que acostumbro a canturrear cuando no hago nada. Es un precioso y sosegado zorcico. Cuando los días resplandecen de sol y aire limpio, la cumbre del Gorbea, y la gran cruz que la corona, se pueden ver desde muchos puntos de Álava y Vizcaya. El Gorbea es un monte serio, que divide a vizcaínos y alaveses. Entre sus peñas cimeras nacen los ríos Arnauri y Berganza, afluentes del Nervión, y el Bayas y Undebe, que al término de su curso enriquecen al Ebro, el Íbero, el gran río de España. La Geografía es así. Sencilla, pero hay que estudiarla. Preocupado por el enfado de los nacionalistas vascos he acudido a mis fuentes asesoras en montes, ríos y provincias, y todas me han confirmado lo que, en principio, ya sabía pero no me atrevía a escribirlo por si los frenéticos cambios que nuestro planeta protagoniza habían desviado o trasladado el monte Gorbea a oro país. Pero no. Me dice mi principal asesor que las provincias de Vizcaya y de Álava, como la de Guipúzcoa, son tres provincias españolas que conforman la autonomía vasca. Y que el Monte Gorbea, con su cruz y todo, se halla entre las de Vizcaya y Álava, dato que confirma la españolidad de la referida elevación natural. De lo que se deduce que enfadarse porque el Ejército español, para celebrar el final de unas maniobras militares, haga ondear la Bandera de España en la cumbre de un monte tan español como la morena de Romero de Torres o las regatas de traineras, se me antoja una majadería, y más aún, una bobada carente de fundamento para protestarla en el Congreso de los Diputados. De ahí, que recomiende a los enfadados que entonen como quien firma, el armónico zorcico «Gorbeako Gurutzea» y dejen de hacer el chimpancé.

La Razón - Opinión

Lo que está cambiando

Patxi López lidera la respuesta a ETA pese a las reticencias del PNV, que rompen la unidad.

A dos meses de la investidura de Patxi López comienza a verse en qué consiste el cambio sin revancha prometido. Tres fueron las prioridades entonces proclamadas: eficacia policial y deslegitimación de ETA, medidas frente a la crisis, igualdad de derechos. La semana pasada ETA puso a prueba a López en relación al primer asunto con el atentado de Arrigorriaga. La respuesta ha sido generalmente considerada acertada, pero los elogios han sentado mal al PNV, introduciendo un factor de división nada conveniente.


El viernes, el líder de ese partido, Urkullu, compareció con los que fueron titulares de Interior con gobiernos nacionalistas para refutar la acusación de pasividad frente al terrorismo. Todo viene de la aparición en una cadena de televisión de dos ertzainas encapuchados que declararon que sus jefes políticos les ordenaban no detener etarras. Nadie ha avalado esa acusación desde el nuevo Gobierno, pero el PNV se ha dado por ofendido por las menciones de Patxi López al "fin de los espacios de impunidad de los violentos", en referencia a la retirada de fotografías de presos de ETA y otros signos ofensivos para las víctimas que han sido considerados durante años parte del paisaje.

La policía vasca ha detenido etarras, aunque con una efectividad decreciente. En los ocho años en que Atutxa fue consejero de Interior (1991-1998) detuvo a 108 activistas; desde 1999, a 59, si bien en este periodo ha habido dos treguas. En cualquier caso, sería absurdo dar a ETA el gusto de asistir a una pelea sobre la eficacia antiterrorista de la Ertzaintza, cuerpo colocado hace años en su punto de mira. La deslegitimación de ETA es también la legitimación de las instituciones que denigran y atacan los terroristas, incluyendo todas las fuerzas de seguridad.

E incluyendo también al Gobierno vasco nacido de las elecciones. En el debate de investidura, Ibarretxe replicó al que iba a ser su sucesor diciéndole que no lo sería "por los votos de los vascos y vascas" (como había dicho López) "sino gracias al apoyo de esos señores" (señalando al grupo del PP). Como si esos votos fueran menos válidos que los suyos. El PNV no ha dejado de insistir en esa línea de deslegitimación de la nueva mayoría y del nuevo Gobierno, unas veces por la ausencia de Batasuna y otras por lo que considera pacto contra natura con los de Basagoiti.

Pero esa insistencia obsesiva, unida el contraste entre la actitud de López estos días y la habitual de Ibarretxe en el pasado, ha tenido el efecto de convencer a muchos de que el cambio era necesario. No porque el PNV no condenase los asesinatos sino porque tras 30 años en el poder, era cautivo de una serie de tópicos e inercias que le hacían considerar normal cosas que no lo son en absoluto, como que los carteles etarras presidieran las fiestas patronales, se aplicase o dejase de aplicar la ley de símbolos a voluntad, se financiasen las visitas a los presos o se diera por bueno que el fin de ETA requería desbordar la Constitución.

El País - Editorial

La «nueva etapa» del PP, entre Valencia y Bárcenas

EL MITIN de Mariano Rajoy para conmemorar el aniversario de su reelección en el congreso de Valencia revela que el presidente del PP está decidido a hacer valer su triunfo en las europeas con dos objetivos claros: restañar las heridas internas que se abrieron en aquel cónclave y poner a trabajar al partido para derrotar a Zapatero en las próximas elecciones generales.

Sorprende la franqueza con la que Rajoy abordó ayer la siempre delicada cuestión de la división interna, más aún en un acto de autohomenaje y eminente carácter festivo. Lo cierto es que hizo un llamamiento para «superar» lo que denominó «viejas historias» y reclamó a los dirigentes «un esfuerzo para olvidar lo que merece ser olvidado». Incluso se comprometió a «buscar el tiempo necesario para fortalecer la cohesión» y para «cultivar los lazos de lealtad» en el PP. Dicho y hecho, quiso acertadamente ser el primero en dar ejemplo y reivindicó expresamente la herencia de Aznar. Su autocrítica restaña las heridas del pasado y viene a enmendar aquella desafortunada frase dirigida a sus discrepantes: «Si alguien se quiere ir al partido liberal o conservador, que se vaya».

La franqueza de Rajoy para exponer en público la falta de sintonía interna hizo todavía más llamativo su mutismo respecto del asunto que más desgasta hoy a los populares: el caso Gürtel. Ni un solo comentario le dedicó a ese episodio. Hoy publicamos la síntesis de un documento de 25 folios de la Fiscalía del Tribunal Supremo con los indicios que incriminan al tesorero del PP, Luis Bárcenas. El documento incluye entrecomillados de grabaciones hechas a personas implicadas en la trama, declaraciones judiciales comprometedoras, anotaciones de pagos millonarios y datos de un informe de la Agencia Tributaria que dejan en una situación muy complicada a Bárcenas y, de rebote, al PP, que le mantiene en el cargo.

Rajoy presumió ayer de haber recuperado parte del terreno perdido en 2004 y reivindicó su trabajo, que ha permitido al PP imponerse «a la política del aislamiento y el cordón sanitario». Pero por ser ello cierto resulta más desconcertante el cierre de filas en torno a Bárcenas.

Sin embargo, es indudable que el viento sopla a favor de Rajoy. La crisis económica ha dejado grogui a Zapatero, que sigue empeñado en hacer sonar los violines de la ideología pese a que el barco se hunde. Mientras el PSOE se envuelve en la bandera antinuclear, apadrina la nueva ley del aborto y se enroca del brazo de Llamazares para cerrar el paso a una reforma del mercado laboral, el PP sigue creciendo como alternativa.

Ayer los populares conmemoraron un congreso, el de Valencia, que no fue precisamente como para sentirse orgullosos, ya que estuvo condicionado por la falta de democracia interna. Con todo, el presidente del PP eligió desde entonces el camino correcto al apostar por un discurso centrado y un tono conciliador. Eso le ha reportado tranquilidad interna y éxito en las elecciones gallegas y europeas. Ahora bien, Rajoy no debería permitir que la luz que el PP atisba a la salida del túnel la ensombrezcan las personas implicadas en casos de corrupción. Más aún cuando, como ha dicho esta semana González Pons, muchos piensan en su partido como el diputado Martínez Pujalte, que ha cuestionado la continuidad del tesorero. Ayer Rajoy anunció en Valencia una «nueva etapa» para el PP en la que «no sobra nadie». Sólo le faltó decir que será inflexible con lo que realmente sobra: Gürtel.

El Mundo - Editorial

Papá, échame una firmita. Por Pablo Molina

«No hay persona más querida ni apoyada en este mundo que el familiar de un alto cargo socialista, especialmente si no sabe hacer la o con un canuto, en cuyo caso toda protección se antoja insuficiente.»

Manuel Chaves es un padre excelente, casi podríamos decir "un padrazo", que actúa con sus hijos como usted y yo con los nuestros. La única diferencia es que nosotros firmamos a nuestros hijos una autorización para ir de acampada con los profesores y él le firma a su hija una subvención de diez millones de euros. Salvando esa nimiedad, todos actuamos igual cuando nuestros niños nos piden algo. ¡Qué no hará un padre por sus criaturas! (y las madres no digamos).


El fortalecimiento de los lazos familiares es el marchamo de los socialistas cuando están en el poder. Al tiempo que promueven una legislación dirigida a destruir la familia como institución, es enternecedor comprobar cómo, en lo que respecta a la suya propia, siguen perviviendo los valores cristianos de unidad y amor. Y es que no hay persona más querida ni apoyada en este mundo que el familiar de un alto cargo socialista, especialmente si no sabe hacer la o con un canuto, en cuyo caso toda protección se antoja insuficiente.

Por eso resulta hiriente ver al vicepresidente tercero del Gobierno de ZP negar en el Parlamento que haya hecho todo lo que estuvo en su mano para ayudar a su hija Paula, ejemplo de cariño paternofilial del que debería jactarse en lugar de traicionarlo con absurdas declaraciones de inocencia administrativa.

La hija de Chaves no sólo tiene derecho a trabajar, como defendió su padre con gran racanería, sino a trincar subvenciones de la junta de Andalucía en las mismas condiciones que cualquier alcalde o diputado socialista con una empresa a nombre de su cónyuge. Y si hay que cambiar la legislación se modifica con urgencia y a otra cosa. Lo importante es que la familia permanezca unida, como ha entendido perfectamente el ciudadano medio andaluz a juzgar por la reacción general ante el supuesto escandalazo de Chaves. Y dado que los andaluces siguen votando mayoritariamente al partido de D. Manuel desde hace tres décadas, los socialistas no sólo deberán abstenerse de regalar dinero público a sus familiares sino incidir en esa línea que es, al parecer, lo que sus votantes les exigen.

La familia, amigos, es lo primero, también, y muy especialmente, para la Iglesia Católica. Con muchos menos méritos que los Chaves hay quien forma parte del Consejo Pontificio instituido por el Vaticano, organismo romano en el que el vicepresidente tercero haría un gran papel (sus hermanos y demás parentela ni les cuento). Si la nueva COPE decide promover su candidatura, mi firma irá entre las primeras.

Libertad Digital - Opinión

Viejas historias. Por Ignacio Camacho

DESPUÉS de una victoria electoral, y no digamos de dos, cualquier político se siente más importante y hasta más guapo. Los enemigos se difuminan y empiezan a aparecer amigos impensados que de repente han recordado su número de teléfono. Los medios que antes no encontraban hueco para publicar entrevistas convocan foros para agasajar al vencedor, y los grandes empresarios que siempre orbitan en torno al poder sienten inesperado interés por escuchar su programa en almuerzos privados. Todo esto le empieza a pasar a Rajoy, aunque la mayoría de los que le acarician el lomo aún descreen de sus posibilidades reales; pero al menos cuando le echan la mano por la espalda ya es para darle muestras preventivas de afecto en vez de para atizarle una puñalada.

Entre los defectos del líder del PP no está -por ahora- el de la soberbia, de modo que resulta improbable que haya llegado a verse las sienes orladas por un aura de súbito carisma. Pero es cierto que se siente más seguro y se le nota. Le ha aumentado el grado de autoconvicción y empieza a verle la punta a su esfuerzo de resistencia. Con las debidas precauciones de todo buen gallego ha dado por relativamente pacificado el partido y ha decretado el estado de alternativa. Ayer se fue a Valencia a proclamarlo, y ni el lugar ni la fecha eran casuales: quería conmemorar el aniversario del congreso en que decidió volver a darse otra oportunidad a sí mismo.

Rajoy celebra esa efemérides porque sabe que es el punto de inflexión de su peculiar liderazgo. En Valencia ejecutó el mandato freudiano de liquidar al padre, que se despidió con un discurso brutal y bastante rencoroso y enterró el aznarismo sin contemplaciones; pero sobre todo se desprendió de la herencia que hasta entonces había respetado con el catastrófico resultado de una amarga derrota. A su manera suavona ejecutó sin piedad una purga, esquivó conspiraciones de candilejas y tiró, como Hamlet, estocadas a las cortinas. A eso se refería cuando habló ayer de «superar viejas historias»; ahora se siente en condiciones de organizar a su modo el asalto a la Moncloa. Lo hará desde el centrismo, ese indeciso territorio de ambigüedad política que consiste sobre todo en no irritar a la gente. Él lo llama «sentido común», una expresión de la que abusa, pero se le ha oído en privado una declaración algo -sólo algo- más precisa: no meterse en batallas que los españoles no están dispuestos a dar. El resto, cree, lo va a hacer Zapatero, al que se le está yendo de las manos no ya el timón del país, sino el de su propio equipo. El riesgo de esta estrategia (?) está en confiar en que el poder caiga en sus manos por una especie de oleada natural; si algo tiene demostrado el presidente del Gobierno es capacidad para reinventarse.

Y luego están las «viejas historias» de rencor y ambiciones; puede que no sean tan viejas para desaparecer a golpe de voluntarismos.

ABC - Opinión

sábado, 27 de junio de 2009

El techo del gasto. Por José Cavero

Con el debate y aprobación de la propuesta del Gobierno de techo de gasto para 2010, han dado comienzo las negociaciones de cara a la discusión, y en su caso aprobación, de los Presupuestos Generales del Estado, una tarea que en los últimos años se ha hecho más y más difícil por la falta de un socio estable que le otorgue los votos que le faltan para conseguir la mayoría absoluta en el Congreso. El año pasado lo logró merced al apoyo de BNG y PNV, pero este último grupo se pasó a la oposición más radical tras verse desplazado del Gobierno en Euskadi por la coincidencia de Patxi López (PSE) y Antonio Basagoiti (PP).

De manera que, ya desde esta primera aproximación al "techo" del gasto, había gran expectación sobre el eventual socio coyuntural que pudiera sumar el PSOE. Y ya hemos visto lo complicado que le ha resultado: primero, con un acuerdo de IU-ICV, que duró apenas media docena de horas, que hubiera significado la elevación de impuestos para las rentas más altas, y que fue sustituido por el compromiso de CiU de abstenerse para permitir que la cuestión saliera adelante, hacia su siguiente punto de debate, que será el Senado. Los convergentes se abstuvieron y también lo hicieron IU-ICV, además de ERC y BNG. Sólo Coalición canaria y UPN dieron su apoyo a la propuesta del Gobierno de reducir en un 4,6 por 100 el gasto aprobado el año precedente y situarlo en 182.000 millones de euros para 2010. Precisamente, ese acuerdo inicial con IU-ICV y la rectificación inmediata, originaron una gran parte de las críticas que tuvo que escuchar el Gobierno de Zapatero y Elena Salgado, sobre todo en las intervenciones del PP. Pero también desde la izquierda se dirigieron críticas mordaces al PSOE gobernante. Joan Ridao, por ejemplo, señaló lo paradójico que resulta que, en estos tiempos de crisis, no paguen más aquellos que tienen mucho más, y reclamó una reforma fiscal que mejore la progresividad del sistema, distribuya de manera más justa el esfuerzo fiscal y permita captar más recursos. Todo un programa que le brinda la izquierda.

En el bando opositor, fue Cristóbal Montoro el encargado de vapulear al Gobierno: culpa a los socialistas gobernantes, y en particular a Elena Salgado, de llevar a España a su mayor ruina. "Nos trae penuria, recesión, paro y subida de impuestos"... Pero, finalmente, la propuesta sobre el techo del gasto salió adelante, incluso con mayor margen del que se esperaba, aunque en medio de críticas muy generalizadas.

Elena Salgado anticipó la política que se aplicará el año que viene: una política de austeridad, en la gestión del gasto público, salvo en gasto social y productivo. Salgado volvió a mostrarse levemente optimista sobre la evolución de la crisis. Dijo que la enérgica respuesta de los gobiernos y los bancos centrales parece que empieza a surtir efecto y el deterioro de la economía mundial pudiera estar tocando fondo. Pero no se salvó de críticas, ni siquiera de quienes, con su abstención, daban el visto bueno a la propuesta de techo de gasto.

Sánchez Llibre, de CiU, además de anunciar que su grupo estaría en contra de cualquier subida de impuestos que graben las rentas salariales medias y el tejido empresarial español, se refería a la gestión del Gobierno frente a la crisis calificándola "de una pasividad tremenda, y de una falta de reacción ante los problemas que ha dado como resultado un preocupante incremento del paro".

Periodista Digital - Opinión

¿Los ricos?. Por Yolada Gómez

No ganamos para sustos. Llevamos semanas, por no decir meses, temiéndonos que antes o después el Gobierno apruebe una subida generalizada de impuestos. Los excesos hay que pagarlos y el déficit público no puede crecer sin límites y mucho menos al ritmo al que lo ha hecho en el último año. No podemos dar más y más subvenciones a los parados; subir los sueldos a los funcionarios; rescatar al sistema bancario; ayudar al sector del automóvil; disparar la inversión en obra pública; satisfacer las demandas sin límites de los gobiernos autonómicos; mantener tres niveles de administraciones públicas, con sus ejecutivos, parlamentos y empleados; y un sin fin más de compromisos que, lejos de ir recortándose, crecen y crecen cada vez que el presidente del Gobierno abre la boca.

Esto hay que pagarlo y el ala más ¿progresista? del parlamento español, IU y el PSOE, tuvieron una gran idea: subamos los impuestos a los ricos. Y no solo tuvieron la idea sino que, incluso, llegaron a cerrar un acuerdo que plasmaron en un documento y que el Parlamento español estuvo a punto de aprobar. ¡Qué insensatos! Por una vez me alegré de la poca palabra del Partido Socialista. Poner en marcha lo que IU y el PSOE pactaron supondría un grave daño a la clase media y trabajadora. ¡Cómo se nota que los que han redactado ese papel conocen muy poco el funcionamiento de nuestro sistema impositivo! Que no se equivoquen, los ricos, por mucho que nos duela, pagan muy poco aquí y en cualquier parte del mundo.

En un mercado libre de capitales subir los impuestos al ahorro solo puede provocar una huida de la inversón hacia otros países y subir los tipos del IRPF incentivaría el fraude y castigaría a los que tenemos nómina ¿Les parece poco a los señores del PSOE y de IU que Hacienda se lleve hasta el 43% de lo que ganamos? Lo que deben hacer es gastar menos, no se equivoquen.

ABC - Opinión

Un homenaje a Mariano Rajoy. Por Fernando Jáuregui

Valencia, ciudad que conoció el primer "salto de valla" con que los suyos propios querían poner obstáculos al liderazgo de Rajoy en el PP, alberga ahora, este sábado, lo que podríamos considerar como un homenaje al Mariano Rajoy triunfante. No es mala idea, porque todo lo que hagan los suyos ahora para empujarle hacia La Moncloa será, incluso, poco. Rajoy es, ante todo, una persona de probada honradez, con grandes dosis de sentido común y con virtudes innegables, algunas de las cuales se contrarrestan con serias carencias. No es carismático, pero ¿lo era Aznar cuando accedió al máximo poder? No tiene demasiados amigos, pero ¿es esto inconveniente o ventaja para quien tanto puede hacer por sus allegados? Yo diría que su mayor defecto podría ser la que algunos considerarían su mayor virtud: piensa demasiado en las consecuencias de lo que va a hacer... y al final, a veces, no lo hace. Es el reverso de la moneda respecto del intuitivo, a veces excesivamente imprudente, Zapatero.

Ahora, a Rajoy se le ha encasquillado el tiro de la regeneración imprescindible en su partido. Lo digo fundamentalmente, desde luego, por el tesorero, Luis Bárcenas, cuya dimisión pide, en voz baja pero audible, una inmensa mayoría del PP. Cuando escribo este comentario, los rumores acerca de una pronta salida de Bárcenas de su cargo son insistentes: puede que le quede poco en el despacho, pero también puede que siga en su resistencia numantina y acaso algo amenazante, provocando un inmenso boquete en sus propias filas.

A la hora de ilustrar el carácter algo indeciso de Rajoy, podría encontrar otros varios ejemplos. El líder del PP combate mejor contra los errores de Zapatero y su Gobierno que contra los desmanes en su propio partido; no ha puesto el suficiente orden en el PP, las relaciones con los responsables del partido en Madrid, comenzando por Esperanza Aguirre, son siempre inestables, y la cosa no funciona demasiado bien entre algunos de los dirigentes del actual "núcleo central" de los "populares". No es Rajoy persona de puñetazos en la mesa; sus cabreos son más bien sordos y rara vez los exterioriza, cosa que algunos, erróneamente, confunden con que se le puede tomar impunemente el pelo. Pero alguna vez debería dar ese puñetazo, intensificar la navegación por el mundo de la comunicación -que, como la política internacional, no le gusta- y convencerse de que, para hacer una tortilla, hay que cascar huevos.

No es, en fin, misión de los periodistas, ni siquiera de los comentaristas, dar consejos, sino analizar realidades. Mal político sería quien siguiera a pie juntillas los avisos de los muchachos de la prensa. Mi análisis de lo ocurrido en este año de Rajoy, desde aquel congreso valenciano que lo proclamó presidente del partido, es que no ha sido tan, tan "horribilis" para él: ha sabido liberarse de ataduras ultras, ha virado hacia el centro, ha participado muy activamente en dos campañas victoriosas. Eso sí: su partido le sigue dando disgustos, pero ya se sabe que, en política, hay amigos, enemigos, enemigos mortales y correligionarios. Rajoy lo sabe perfectamente, y apenas tiene, como decía, amigos; sus enemigos son sus adversarios políticos, y a esos sí sabe cómo tratarlos. Es con los correligionarios con los que continuamente tropieza.

Tengo para mí que, en este día para él festivo y triunfal, el "affaire Bárcenas", pongamos por caso, es para Rajoy un reto más importante que el resultado de unas elecciones autonómicas o europeas. ¿Sabrá, al fin, saltar una valla que hasta ahora se le ha resistido?

Periodista Digital - Opinión

El fracaso del éxito. Por M. Martín Ferrand

VICTORIANO Fernández Asís, una de las más luminosas -y maltratadas- cabezas del periodismo español del siglo XX, solía decirnos a sus pupilos de la televisión, envuelto en el vaho del misterio que marcaban la época y la prudencia, que venimos de un mundo de certezas radicales y avanzamos hacia otro alarmantemente embolismático. Ahí está, envuelto en la sutil pedantería que marcaba la genialidad del maestro, un diagnóstico certero, breve como un sms, de la Historia de España del siglo XX y, como si se tratara de un estrambote, su proyección en este inane y atribulado siglo XXI. Aquí, quien no está instalado en una torre de certezas indiscutibles y perpetuas, vive en la más absoluta confusión. Lo primero radicaliza, cosa poco deseable, y lo segundo relativiza, lo que tampoco mejora el ambiente ético y liberal y convierte en fofos la inteligencia y el carácter.

En la política española de hoy se ven nítidamente los efectos de las nieblas instaladas y la indeterminación que nos pierde. El PSOE, por ejemplo, dispone de un buen número de militantes capaces y curtidos por la experiencia. Sin embargo, los mecanismos de la oscuridad determinan que cuando el veterano partido tuvo que buscar un líder resultó elegido José Luis Rodríguez Zapatero y, lo que es más significativo, pudieron serlo José Bono o Rosa Díez. Es la abdicación en la pretensión de la excelencia y, para mayor desesperación, algo parecido puede señalarse en el PP, CiU, PNV y cualquier otro partido que no sea monoparental. Es el éxito del fracaso: un conjunto de inteligencias medianas propone y consigue la consagración de la más escasa de todas ellas.

La muerte de Michael Jackson confirma que la confusión dominante no es una característica española. Se expande por todas partes y sirve de cimiento y sostén para muchos de los males, especialmente los de raíz ética, que nos afligen. El que fue estrella precoz de los Jackson Five y se convirtió -junto con los Beatles y Elvis Presley- en la banda sonora de una etapa de la Historia, en uno de los máximos vendedores de discos -muchos más que Bing Crosby y Frank Sinatra-, es la muestra inversa y complementaria de lo que señalaba más arriba: el fracaso del éxito, algo tan social y políticamente demoledor como el éxito del fracaso. El guirigay establecido, el enredo que suscita el salto apuntado por Fernández Asís, es inevitablemente demoledor, el germen de un embrollo cósmico.

ABC - Opinión

Zapatero nos lleva a la ruina. Por Emilio J. González

«Zapatero debe de pensar que por ahí se ata a los perros con longanizas y que va a poder obtener en los mercados internacionales todos los recursos que necesite a través de ingentes emisiones de bonos que van a dejar a España endeudada hasta las zejas.»

Zapatero se ha convertido, por méritos propios, en el principal y más serio problema de la economía española, a pesar de la gravedad intrínseca del estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, la internacional y la propia. El presidente del Gobierno se ha ganado a pulso tan dudoso título honorífico no tanto porque no tiene ni idea de economía sino, lo que es peor, porque no quiere tenerla para que nada ni nadie se interponga en sus planes de ser el más socialista de entre los socialistas y dar a nuestro país toda una auténtica pasada por la izquierda. Resulta que, con la que está cayendo y con unos presupuestos públicos con más agujeros que un queso de gruyere, a ZP no se le ha ocurrido nada mejor que incrementar el gasto del Estado en el próximo ejercicio ni más ni menos que un tan sorprendente como escandaloso 15% (lo que le permitirá seguir interpretando ese personaje del Roosevelt español del siglo XXI que él mismo se ha creado). La cuestión es de dónde va a sacar el dinero.


Nuevamente, el Gobierno sustenta su fuerte expansión del gasto público en unas previsiones económicas que no se van a cumplir ni de lejos. Frente a la caída de la economía del 3,5% este año y una ligera recuperación el próximo, la OCDE, siempre muy prudente a la hora de decir estas cosas, estima que el desplome en este ejercicio superará con creces el 4% y que el próximo continuará la recesión porque, diga lo que diga la vicepresidenta económica, Elena Salgado, la crisis dista mucho de haber tocado fondo. Un diagnóstico este en el que coincide la OCDE con todos los análisis de coyuntura serios que se llevan a cabo en nuestro país. Por tanto, la actividad productiva, lejos de producir parte de esos ingresos que Zapatero quisiera conseguir para seguir financiando su política de populismo a golpe de ocurrencia, va a continuar reduciendo sus ingresos a las arcas del Estado, al tiempo que incrementará aún más los pagos con cargo a las mismas a través de las prestaciones por desempleo. Bajo otras circunstancias, esta situación podría ser manejable y, desde luego, permitir que en 2012 el déficit público se redujera hasta el 5% del PIB (como dice el Gobierno, siempre según sus cuentas de la lechera, que va a suceder). Lo malo es que el punto de partida es el de un agujero fiscal que se posicionará este año entorno al 10% del PIB. ¿Hasta dónde se va a disparar con los planes de gasto de Zapatero? Mejor no pensarlo porque a uno se le ponen los pelos como escarpias.

En este contexto, lo que tenían que haber hecho el Gobierno es meter drásticamente la tijera al gasto público y forzar a las autonomías y ayuntamientos a hacer lo mismo. Pero como eso implica tener que abandonar el terreno de la mal llamada política social, que beneficia a unos pocos a costa del empleo y el bienestar de todos los demás, Zapatero no quiere oír ni hablar del tema. Él pretende seguir despilfarrando en supuestos planes para impulsar la actividad económica y en más políticas sociales, cueste lo que cueste, que va a ser mucho. Con ello, y como pasa siempre en estos casos, lo único que va a conseguir, empero, es agravar y prolongar una crisis económica ya de por sí larga y profunda.

Zapatero debe de pensar que por ahí se ata a los perros con longanizas y que va a poder obtener en los mercados internacionales todos los recursos que necesite a través de ingentes emisiones de bonos que van a dejar a España endeudada hasta las zejas. Nada más lejos de la realidad. Ni por el mundo hay tanto dinero como cree nuestro presidente, ni él es el único que acude a los mercados en su busca. Otros muchos países avanzados, mucho más serios y fiables que la España de ZP, también demandan esos recursos escasos, con muchas más posibilidades de obtenerlos que el Tesoro español. Lo que va a implicar dos cosas: nuevas rebajas de la calificación crediticia de nuestro país, y, por tanto, más problemas aún para financiar nuestra economía: inevitables subidas de tipos de interés, que no van a ser, precisamente, de uno o dos puntos, ni mucho menos. Y así piensa que se recuperen el crédito, el consumo y la inversión cuando lo único que va a conseguir es hundirlos todavía más y provocar aún más paro si cabe.

Lo mismo sucederá con lo que pretende hacer con los ingresos. Ya lo ha dicho Elena Salgado, se van a revisar todos los impuestos, o sea, que van a meter a la economía española una dosis de caballo de nueva presión fiscal y a saquear todavía más los ya de por sí esquilmados bolsillos de los españoles; y ello sólo para financiar el electoralismo populista y la política de ocurrencias de nuestro bien amado y nunca bien ponderado presidente del Gobierno. Pues con esto pasa lo mismo que con lo anterior, que al consumo y a la inversión les espera una larga etapa de depresión mientras se condena a muchos trabajadores a un muy prolongado período de alistamiento en las filas del Servicio Nacional de Empleo. Y, para más inri, encima no se va a contener el crecimiento del endeudamiento público, que amenaza con llegar a tales niveles que va a impedir durante años desarrollar otras políticas tributarias y de gasto que no sean las de pagar más y más intereses de la deuda.

Hace unas semanas me preguntaba en esta misma columna cuánto nos iba a costar Zapatero. Hoy esa cuestión empieza a parecer irrelevante porque ya no se trata de la magnitud de la factura que vamos a tener que afrontar los españoles durante años y años. Ahora de lo que se trata, simple y llanamente, es de que ZP nos lleva directamente a la ruina. A las economías domésticas y al país

Libertad Digital - Opinión

Energías integradas

EL proceso de unión entre Gas Natural y Unión Fenosa es una noticia muy relevante para la economía española. Más de veinte millones de clientes en 23 países avalan la realidad de la primera empresa que consolida un modelo integrado de gas y electricidad que repercute en una estructura vertical y ofrece una mayor solidez a los usuarios. En tiempos de crisis es imprescindible desarrollar sinergias y planteamientos empresariales que superen los compartimentos estancos. De este modo, se favorecen el servicio al cliente y la rentabilidad para los accionistas en el marco de un sector muy competitivo que arrastra todavía algunas inercias incompatibles con la dinámica contemporánea de la economía mundial. La empresa gasista anunció ayer de cara a la junta general de accionistas nuevos planes de inversión centrados en el crecimiento orgánico, así como la elevación del dividendo de los accionistas en un diez por ciento anual, todo ello en el marco de un proceso de racionalización cuyo objetivo es adaptar la actividad empresarial a la compleja situación actual. A su vez, Unión Fenosa aprueba la integración con el firme convencimiento de que la evolución del mercado energético exige cambios en un sector que funciona en base a hábitos muy arraigados pero ya superados por las circunstancias.

El Gobierno ha sido incapaz desde el comienzo de la legislatura de plantear una política energética coherente, porque el presidente está empeñado en recuperar un discurso antinuclear obsoleto. Mientras tanto, las empresas privadas mueven ficha en el terreno de la adaptación a un mercado global donde la única regla es la competencia y no se entienden ciertos conflictos artificiales ajenos al libre juego de la oferta y la demanda. En definitiva, las decisiones empresariales deben tener como única justificación el análisis de costes y beneficios al servicio del interés de los accionistas. El modelo integral que refleja el acuerdo entre Gas Natural y Unión Fenosa puede ser pionero a efecto de un nuevo sistema que sirva para racionalizar la gestión y beneficiar a los consumidores y usuarios. También es destacable la búsqueda de un tamaño adecuado para competir en mercados abiertos y multinacionales. La adopción de los acuerdos exigidos por la normativa mercantil por parte de las correspondientes juntas de una y otra sociedad supone así el paso definitivo para una integración empresarial que será analizada con lupa por partidarios y detractores.

ABC - Editorial

El falso esfuerzo del Gobierno. Por Andrés Aberasturi

El lenguaje de los políticos resulta siempre fascinante porque nunca sabes a qué carta quedarte, dicen una cosa y su contraria y al final consiguen lo que realmente parecen pretender: que uno no se entere de nada. En esta línea se expresaba la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, cuando anunciaba la aprobación del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (que vaya usted a saber lo que es exactamente) durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros: a pesar de que el sistema financiero español tiene una "probada solvencia", algunas entidades podrían "tener dificultades en los próximos meses". O sea, que si aun teniendo nuestro sistema financiero esa "probada solvencia" algunas entidades podrían tener dificultades, imagínense lo que sería sin la solvencia estuviera menos probada.

Total: nueve mil millones más por ahora pero con un techo de endeudamiento que puede alcanzar los noventa mil millones. Y eso, hay que insistir, en un sistema de probada solvencia. ¿Y qué dice la oposición? Pues lo de siempre: que no es más que un parche y que no va a servir para nada; lo que no dice -al menos públicamente- es lo que habría que hacer, que solución proponen, su receta.

Y el problema, me temo, va a seguir siendo el mismo: que le dinero que están haciendo bancos y cajas con tanta inyección, allí se queda durmiendo el sueño de los injustos y no llega ni por casualidad a las pymes, a los autónomos o a las familias; sigue, por tanto, siendo un dinero especulativo y no productivo y quiero imaginar que al menos alguien controla con criterio e independencia. Eso es lo más preocupante porque la tendencia de los que ostentan el poder es la de creer que son ellos los poseedores del dinero y no sus administradores.

Hace muy poco días no recuerdo qué ministro/a volvía a repetir una expresión que me saca de quicio: "el gobierno esta haciendo un gran esfuerzo*" A ver; el Gobierno no hace el menor esfuerzo porque el esfuerzo lo hacemos todos y cada uno de los españoles -y más que vamos a hacer- pagando impuestos dentro de poco hasta por respirar. El Gobierno administra nuestro dinero, el de todos, de forma que si ahorra en una partida o aumenta el gasto en otra, ni se esfuerza en la primera ni es generoso en la segunda porque tira con pólvora ajena, con euros que no son sus euros sino los de todos. Aquí no hay más dinero que el de los españoles que por mil caminos, directos o indirectos, llega al Gobierno y este administra de una forma u otra. El problema grave ahora es que este Gobierno está gastando incluso el dinero que no tiene, el dinero que le llegará, se supone en su momento y hace exactamente lo mismo de lo que nos acusan a los ciudadanos: vive -y gasta- por encima de sus posibilidades -que son las nuestras- y por tanto está apostando no ya con nuestro dinero sino con el que se supone tendrá de nuestros hijos. Que toda una generación llegue la vida social ya con deudas, es duro y debería ser evitable en la medida de lo posible. Pero una vez más, decir estas cosas es hablar en el desierto. Y eso que aun no se ha comenzado a financiar todo el sistema autonómico, que esa va a ser otra.

Periodista Digital - Opinión

El Gobierno, a por la banca

«Las cláusulas del plan de rescate del Gobierno son suficientemente claras como para perfilar cuáles son las intenciones del mismo: reestructurar el sistema bancario español a gusto del Gobierno para luego nacionalizarlo parcialmente.»

Pese a que la crisis ha venido achacándose al sistema de libre mercado, a la desregulación y a la retirada del Estado de la vida social, lo cierto es que el origen de la misma se encuentra en un sector tan poco "libre" y "desregulado" como es el financiero. Cualquiera que conozca mínimamente las normas y las supervisiones a los que se somete la banca, sabe perfectamente que se encuentran entre las más intervencionistas de la economía.


Ahora bien, no toda intervención se plasma a través de mandatos escritos y públicos. El Estado, como monopolio de la violencia en una sociedad, tiene un enorme poder para presionar a sectores económicos enteros. Muchas veces no hace falta ni que los políticos se dirijan a un empresario en concreto para leerla la cartilla; basta con que éste se preocupe de no molestar a los cargos públicos y se comporte como cree que ellos esperan que lo haga.

En el ámbito bancario, estas fuentes informales de intervención son bastante habituales. Pensemos que estamos hablando de un mundo donde los relativamente pocos empresarios se conocen todos entre sí y donde, para más inri, todos ellos mantienen una fluida y habitual relación con dos importantes instituciones públicas: el banco central (encargado de proporcionar casi diariamente liquidez a los bancos) y el Tesoro (que emplea a los bancos ya sea como colocadores de su deuda o como prestamistas directos).

No es de extrañar, por consiguiente, que política y banca hayan mantenido históricamente una relación demasiado estrecha como para poderla tildar de libre o desregulada. Los empleados y directivos de la banca entran y salen de los gobiernos (Henry Paulson, el anterior secretario del Tesoro de Estados Unidos, llegó a su cargo desde la dirección del banco Goldman Sachs, como también lo hizo Robert Rubin, el secretario del Tesoro de Clinton; en España el caso más reciente y conocido es obviamente el de Miguel Sebastián, director del Servicio de Estadios del BBVA) y los gobiernos intentan en todo momento orientar la estrategia de los bancos, "sugiriendo" a sus accionistas que nombren a directivos afines (como ocurrió en nuestro país con la operación de acoso y derribo de Francisco González) o directamente nombrándolos a dedo (caso de las cajas de ahorro).

Toda esta camaradería tan poco competitiva y libre –ya que las barreras legales de entrada al sector son muy elevadas– se vino produciendo sin interrupción desde antes de que estallara la crisis actual, pese a lo cual la izquierda no ha dejado de vender la imagen de una cada vez mayor desregulación de los mercados. Sin embargo, la situación de alarmismo generada por el casi completo colapso financiero que se produjo en septiembre del año pasado, ha dado alas a los Estados para iniciar el asalto definitivo sobre la banca.

Las decisiones políticas que se han tomado desde septiembre de 2008 han sido todo un ejemplo de abuso de poder, arbitrariedad gubernamental y derroche de miles de millones de euros. Por muy necesarios que pudieran ser ciertos rescates a la banca, no deberían haber servido como plataforma para la expansión del poder del Estado y el manejo político de los ahorros de centenares de millones de ciudadanos.

Este exagerado dirigismo prácticamente no ha conocido excepciones a ambos lados del Atlático. Ayer supimos con certeza que la Reserva Federal obligó en septiembre a Bank of America a adquirir al banco de inversión Merrill Lynch so pena de no poder participar en el inminentes plan de rescate público. Dicho de otra manera, Bernanke no sólo obligó a los accionistas y depositantes de Bank of America a que soportaran el riesgo y las pérdidas de Merrill Lynch, sino que hizo gala de un comportamiento totalmente errático, contradictorio y arbitrario al dejar quebrar a Lehman Brothers el mismo día en que se consumó la anterior transacción. ¿Por qué Merrill Lynch bien valía una ofensiva contra Bank of America y en cambio Lehman Brothers –por quien también mostró su interés esta última entidad– no? Tras el descubrimiento de los emails de la Fed hemos comprobado que las fusiones de bancos en Estados Unidos se guiaron por criterios puramente políticos y no económicos. ¿Desde cuándo esto es un ejemplo de libre mercado?

Y como parece que en España sólo somos capaces de importar lo malo de Estados Unidos, este modelo dirigista es el que ha inspirado al Gobierno de Zapatero a la hora de crear el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria. Después de que se nos hablara por activa y por pasiva de que contábamos con el sistema financiero más sólido del mundo, el Ejecutivo ha tenido que constituir un fondo dotado con 90.000 millones de euros para proporcionar financiación a bancos y cajas.

Sus cláusulas son lo suficientemente claras –el Gobierno podrá sustituir a los administradores y decidir sobre los procesos de fusión de las entidades y convertirá en acciones los fondos que bancos y cajas no devuelvan antes de siete años– como para perfilar cuáles son sus intenciones: reestructurar el sistema bancario español a gusto del Gobierno para luego nacionalizarlo total o parcialmente.
Si el intervencionismo estatal en sus distintas formas –desde las expansiones de crédito del banco central hasta los préstamos teledirigidos de los bancos por parte de los políticos– ha sido una de las causas más importantes de esta crisis, no parece que la solución vaya a consistir en incrementarlo aún más. Estos planes de rescate diseñados a la medida de los burócratas no nos harán ni más prósperos ni más libres, sino todo lo contrario: más pobres y, especialmente, más sumisos.

Libertad Digital - Editorial

Reestructuración bancaria

TRAS muchas incertidumbres, el Gobierno aprobó el Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB). Un proyecto tan ambiguo como su nombre y con el que el Ejecutivo ha desaprovechado una buena crisis para acabar con un riesgo diferencial del sistema financiero español. No se ha atrevido a tocar la ley de Cajas de Ahorros como no quiere oír ni hablar de la reforma laboral. El proyecto busca incentivar con dinero público la restructuración del sistema financiero, es decir, que los contribuyentes paguemos parte del coste de las fusiones bancarias con la excusa de ordenar el proceso. Pero el FROB nace de un diagnóstico discutible, que el sistema financiero español es básicamente solvente y solo necesita pequeños retoques; no hay un problema serio, solo la posibilidad de que algunas entidades sufran más de la cuenta poniendo en peligro el conjunto del sistema. Un diagnóstico que no coincide con el de la mayor parte de analistas internacionales que subrayan la existencia de un riesgo diferencial por la especial naturaleza de la mitad del sistema financiero ajeno a la disciplina de mercado, la excesiva concentración de riesgo inmobiliario y el sobredimensionamiento experimentado en un ciclo alcista inusualmente largo.

El proyecto diseña un mecanismo con tres categorías de actuación. En la primera, entidades sin problemas acuerdan soluciones privadas para ganar tamaño y acuden a los incentivos del FROB. En una segunda, entidades básicamente solventes pero que atraviesan dificultades temporales de liquidez, acuden al Fondo de Garantía de Depósitos y emprenden una restructuración consensuada con el FROB; es en estos casos cuando las Comunidades Autónomas mantienen sus prerrogativas. Y un tercer caso, de entidades básicamente insolventes que serán intervenidas por el Banco de España. El problema está en que no acaba de entenderse muy bien por qué si las entidades no tienen problemas necesitan fondos del contribuyente. Y si los tienen, parece lógico que se impongan condiciones. Más aún si parte del problema lo han causado los propios políticos con su ocupación de las Cajas. Tampoco se entiende cómo se va a hacer la distinción entre las diferentes categorías de entidades. En la América de Obama que tanto gusta al Gobierno, el plan Geitner ha sido mucho más claro, solo se consideran solventes aquellas entidades por las que algún privado está dispuesto a arriesgar su dinero. Es entonces cuando el sector público interviene completando los fondos necesarios.

Estamos ante un Gobierno débil y que ha agotado el margen de endeudamiento. No puede permitirse el lujo de enfrentarse a los partidos nacionalistas, ni siquiera a sus propios barones territoriales, pues corre el riesgo de ver rechazados los presupuestos. Tampoco dispone del dinero prometido, porque se lo ha gastado en ocurrencias innecesarias. Cabe preguntarse si en estas condiciones el Fondo era necesario, si no bastaba con utilizar decididamente los mecanismos existentes: el Fondo de Garantía de Depósitos y la ley de disciplina financiera que autoriza al Banco de España a intervenir, vender o liquidar entidades y, con autorización específica del Consejo de Ministros, a imponer un plan de recapitalización con fondos públicos.

ABC - Editorial

Electric Light Orchestra - Here is the news

viernes, 26 de junio de 2009

Elena Salgado, una 'pija' que gasta aún más que De la Vega en vestuario

Cada vestido de gala que luce Elena Salgado -la inmensa mayoría de Juanjo Olivacuesta unos 4.000 euros; mil y pico cada traje de chaqueta perfectamente cortado de Alfredo Villalba, de los que tiene decenas. Aunque más elegante y discreta que otras, ¿puede o debe una ministra de Economía llevar vestidos de 4.000 euros cuando estamos al borde de los cinco millones de parados?

Acaba de aprobar una subida de impuestos que amenaza con ser de aúpa, de reconocer que el empleo tardará en crecer, de protagonizar las peores cifras de la historia económica reciente, pero si los españoles no compramos ni en las rebajas adelantadas del 70% y frecuentamos Zara, doña Elena no se ha bajado un peldaño a la hora de vestir, según publica el semanario Época.


Está claro que gana en estilo y elegancia a María Teresa, pero más claro está aún que gasta el triple; nadie da duros a pesetas. Hace muchos, muchos años que la ministra de Economía y ahora también vicepresidenta eligió al diseñador Alfredo Villalba para sus infinitos tailleurs de día.

Este modista que jamás desfila ni muestra la cara lleva más de 30 años instalado en una pequeña tienda de la calle Serrano, pegado a la milla de oro. Su estilo es inconfundible: tejidos de alta calidad, corte clásico, chaquetas con solapas estrechas y alargadas, entalladas y cortas.

“Hace años que es clienta habitual de Alfredo Villalba; se nota por el trato, y allí me la he encontrado muchas veces -porque le encanta esta tiendaprobándose ropa e incluso arreglándose chaquetas de temporadas anteriores”, cuenta Pilar Blanco, jefa de producción de Intereconomía Radio y Televisión.
“Prácticamente todos los trajes de chaqueta con los que la vemos en los medios son de Villalba. Y los tiene por decenas, a unos mil y pico euros cada uno, en tonos pastel, verdes, fucsias, negros, tostados; vamos, de todos los colores. Nunca estampados. El estilo de Villalba no es nada fashionista. Es un clásico renovado y retocado de refinado corte y patronaje que nunca llevarían una Alborch, Carmen Calvo o Trinidad Jiménez".
Para la noche y gala la ministra tira de talonario y de diseñador más caro aún: Juanjo Oliva, del que sólo podemos hacer crítica positiva. Estudió diseño de moda en Madrid y la Parson’s
School de Nueva York y enseguida coordinó desfiles para Helena Rohner, Sybilla y Amaya Arzuaga.

Periodista Digital