lunes, 8 de agosto de 2011

Crisis. Las diferencias entre el PP y el PSOE. Por Agapito Maestre

Para salir de la crisis tenemos que pensar los límites del actual Estado de Bienestar. No hablo de desmontaje sino de limitaciones. Y en ese asunto, por motivos electoralistas, no entra Rajoy ni tampoco el PP.

Si fuera verdad que Rajoy no dice nada, como ha intentado demostrar The Economist, entonces sería verdad que no se vota a favor de un candidato sino contra otro. La gente estaría harta de Zapatero y su gente, incluido el candidato Pérez Rubalcaba, y para castigarlo votaría a Rajoy. Hasta aquí podríamos decir que todo es más o menos claro, el odio al actual Gobierno sería la base del voto al PP, pero imaginen qué sucedería si los votantes de Rajoy, esos que han entregado su voto al PP en las autonómicas y municipales, estudiasen las medidas expuestas por el propio Rajoy a la agencia Europa Press.

En esa entrevista, lejos de guardar silencio sobre qué hará cuando llegue al poder, como mantiene The Economist, Rajoy ha dicho cosas serias e importantes para saber por dónde irá el PP; en mi opinión, ha dicho algunas cosas que si las pensasen detenidamente sus votantes, tendrían más de un problema para diferenciarlo del Gobierno socialista. No entro en el anuncio de leyes generales, como la de Estabilidad Presupuestaria, Emprendedores y Transparencia, cuya aprobación en el Parlamento llevaría tanto tiempo que no servirían para atajar la actual crisis, sino que me refiero a las medidas concretas y de carácter inmediato que pudieran sacarnos del actual marasmo económico y financiero.


Dos medidas propone Rajoy que pudieran servir para diferenciarse del PSOE: bajada de impuestos a las pequeñas y las medianas empresas y, sobre todo, reforma inmediata de la actual ley de reforma laboral que, obviamente, no ha servido para que aumente el empleo. Por cierto, González Pons, en la entrevista que ayer le hacía Fernando Garea en El País volvía a incidir sobre esta medida. Menester es resaltar la coherencia del portavoz del PP, especialmente en política económica, con lo expresado por Rajoy en Europa Press. Dice González Pons, ampliando lo declarado por Rajoy, que la política económica tienen que hacerla los expertos en economía y, por eso, ellos proponen una nueva ley de reforma laboral que se enfrentará a los sindicatos.

Quizá sea esa medida la diferencia más singular entre el PP y el PSOE. No es poco para algunos, pero para mí es insuficiente, incluso diría que pacata, ante la envergadura de la actual crisis económica que ha puesto en cuestión el entero Estado del Bienestar en Europa. No niego que es posible que, a un plazo corto, la reforma del mercado laboral sirviese para algo; pero, en mi opinión, a medio y largo plazo apenas pasarían de ser un parche. Esta medida es de todo punto insuficiente. Po otro lado, Rajoy, por desgracia, parece estar de acuerdo con Zapatero en lo sustancial, pues que al igual que este Gobierno quiere reducir el déficit público sin subir los impuestos por un lado y sin tocar aspectos sensibles del Estado de Bienestar, como sanidad, educación y pensiones por otro. La cuadratura del círculo. Un imposible.

Ya sé, ya sé que Rajoy, a diferencia de Zapatero, "cree" que conseguirá este fin de la reducción del "gasto corriente y del gasto superfluo" a la par que mantendrá el "Estado de Bienestar". Yo, sin embargo, no creo que eso se pueda conseguir con una buena gestión de los actuales recursos y cerrando organismos públicos sin utilidad. Hoy por hoy, desgraciadamente, para salir de la crisis tenemos que pensar los límites del actual Estado de Bienestar. No hablo de desmontaje sino de limitaciones. Y en ese asunto, por motivos electoralistas, no entra Rajoy ni tampoco el PP. Es, no obstante, la cuestión determinante, una vez que se ha reconocido, como empiezan ya a expresar las agencias de socialización políticas cercanas al PP, que los actuales problemas económicos de España no sólo los ha creado el Gobierno socialista, sino que son también de toda Europa.


Libertad Digital - Opinión

Lecciones de Italia. Por José María Marco

Hasta hace poco tiempo, aparte de los países con economías más pequeñas, como Irlanda, Portugal y Grecia, éramos nosotros, los españoles, el modelo de economía en trance de fracasar. Desde hace unos cuantos días, el puesto nos lo ha arrebatado Italia.

Desde hace mucho tiempo, Italia venía figurando en la escogida lista de los países problemáticos, en lo económico, de la Unión Europea. Era la pesadilla a la que nadie quería enfrentarse, como un mal sueño que los europeos se esforzaban por olvidar sabiendo que habría que enfrentarse a él en algún momento. Ese momento ha llegado, según los analistas, por varias razones. Una es la propia situación económica italiana. Es un país muy rico, sin duda, con un PIB un 50 por ciento superior al español.

El problema es que, a diferencia de España, Italia lleva muchos años sin crecer, por lo que para pagar el Estado de bienestar a la europea (y no para invertir en infraestructuras: cualquiera que conozca Italia sabe lo decrépito que está el país) la deuda alcanza ya más del 120% del PIB. (Hace dos años, la deuda norteamericana, hoy del 100% del PIB, era del 60%; la nuestra estará en el 64%.) Como el crecimiento de Italia va a ser muy débil, y las perspectivas han empeorado en estas últimas semanas, con menos exportaciones y sin demanda interna, la posibilidad de que los italianos puedan pagar su deuda es sumamente remota, por decirlo en términos suaves.


En vista de lo cual, siempre según los analistas, quienes financian la deuda pública, los mercados como se dice, se han retraído. Prefieren la deuda alemana, más segura. Habrá quien apueste contra la deuda italiana. Los fondos de pensiones y las compañías de seguros, que tienen que garantizar una estabilidad a quienes les confían el dinero, apuestan por lo seguro, aunque sea menos rentable. Además, después del acuerdo sobre la deuda en Estados Unidos (hoy mismo se verá el efecto de la reducción de la nota de la deuda norteamericana), el foco volvió a los países problemáticos… el primero de los cuales es Italia.

Y al ponerse el foco en Italia, también ha quedado colocado en la Unión Europea. Por el momento, si algo está claro es que sus responsables no saben lo que hacer, ni se ponen de acuerdo en los mecanismos que permitan salvar una zona económica con una sola moneda y fortísimas divergencias en sus políticas de gasto. Sean cuales sean las medidas que se acaben tomando a escala europea, la crisis italiana nos deja al menos una lección. España no debe seguir endeudándose para pagar el gasto corriente. La deuda es un instrumento financiero que sirve para pagar gastos extraordinarios. Utilizarla para otra cosa, como se está haciendo en España, como en Italia, es un suicidio. Hundirá las posibilidades de recuperación y, a no mucho tardar, obligará a un ajuste mucho más duro de los servicios sociales del Estado de bienestar. Éste no se salvará, si es que se salva, acudiendo a los mercados.


La Razón - Opinión

Pactos. Responsabilidad y deber. Por Emilio Campmany

Si Arenas está seguro de que son necesarias, lo que tiene que hacer es emprenderlas. Eso no es algo que pueda elegir hacer o no hacer. Es su deber y su responsabilidad.

En una entrevista concedida a El Mundo, Javier Arenas, presidente del PP andaluz, ha declarado que "Rajoy propondrá grandes pactos nacionales cuando gobierne" y José Bono, el viernes pasado, propuso la formación de un Gobierno de coalición después de las elecciones apelando al patriotismo. Naturalmente, Iñigo Urkullu y Josep Duran i Lleida se han ofrecido inmediatamente a colaborar en la formación de esos pactos nacionales para revitalizar a la nación cuyo futuro tanto les preocupa. Sería una manera de hacerle caso al Rey y "dejarse de batallitas". Qué bonito, qué edificante, al fin nuestros políticos demuestran altura de miras, sensibilidad para hacer frente a las cuitas de los ciudadanos. Será que han oído los aldabonazos que a sus conciencias ha dado el movimiento 15-M.

Habría que mandarlos a todos a paseo. Lo de Bono es para llamar a la Policía. Podría haber concretado su propuesta y pedir que la Constitución incluya un nuevo artículo que diga: "Cuando gane el PSOE, gobernará el PSOE. Cuando gane otro, gobernará en coalición con el PSOE". Nos ha merengao el manchego, lo espabilado que es.


Lo de Urkullu y Duran i Lleida tampoco está mal. Los dos están dispuestos a prestar su colaboración en bien del futuro de la nación que quieren destruir y desmembrar. No estaría de más recordar que muchos de los males a los que ahora hay que atender son consecuencia directa de haber tenido que satisfacer las exigencias de los dos partidos a los que ambos representan para comprar, nunca obtener, su apoyo parlamentario.

Lo de Arenas no puede ser peor, pero no deja de ser desalentador. El PP, al menos el PP de Javier Arenas, se cree que las acusaciones de las que es objeto son ciertas, que es un partido que no es capaz de llegar a acuerdos con nadie porque tiene tintes autoritarios derivados de que su base electoral y sus cuadros son franquistas. Y entonces siente el denodado impulso de demostrar que no es así, que el PP es dialogante, moderado, centrista, abierto y qué sé yo qué más cosas.

Si lo que Arenas quisiera fuera embridar el Estado Autonómico, reformar el sistema electoral e implantar de una vez la división de poderes, sería normal la necesidad de un acuerdo. Un solo partido no debe, por mucho respaldo que tenga, imponer a sus rivales reformas de ese calado. Ahora, si de lo que se trata, como se deduce de la entrevista, es de acordar reformas económicas, Arenas se equivoca. El Gobierno que sea, del PSOE o del PP, puede o no estar convencido de que hacen falta reformas. Pero si está seguro de que son necesarias, lo que tiene que hacer es emprenderlas. Eso no es algo que pueda elegir hacer o no hacer. Es su deber y su responsabilidad. Es lo que tiene gobernar, que si crees que hay que hacer algo, tu obligación es hacerlo y pechar con las consecuencias. A ver si se enteran.


Libertad Digital - Opinión

Miedo a un lunes negro

El temor a que un dominó de pérdidas económicas se instale en las bolsas de todo el mundo toma fuerza. La caída ayer de la Bolsa de Tel Aviv –casi un 7 por ciento– y la de Dubái, casi un 4%, ha sido contemplada por los analistas como el inicio de un tsunami financiero que alcanzaría hoy a Europa y Estados Unidos.

Después de los acontecimientos de la pasada semana en la zona euro, con el hundimiento del bono italiano y el español a manos de los especuladores, la noticia de la rebaja de la deuda norteamericana por parte de la agencia de calificación Standard & Poor’s ha acabado por romperle los nervios a más de uno. Y no ha hecho más que empezar, ya que ayer mismo, S&P advirtió de la posibilidad de una segunda rebaja de la deuda soberana de EE UU en el futuro si empeoran las condiciones fiscales del país.Por todo ello, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo mantuvo ayer una conferencia telefónica. Sobre la mesa ésta la posibilidad de que el BCE compre bonos españoles e italianos hoy lunes para intentar reducir la presión de los mercados sobre la prima de riesgo ambos países, a lo que ayer se sumó la petición de Sarkozy y Merkel de que se cumplan «antes de finales de septiembre» los acuerdos de la UE de julio. Las conferencias telefónicas tuvieron también como protagonistas a los países del G7 y del G20, ante el temor de la apertura de las bolsas de Europa y EE UU. En esta situación, lo peor que puede suceder es que se repita la situación vivida la semana pasada, con un Banco Central Europeo que se movía en la ambigüedad y la duda a la hora de tomar medidas. Esa indecisión fue lo que dejó al euro al albur de los especuladores, que vieron la posibilidad de hacer dinero fácil ante la falta de un plan claro para plantarles cara por parte del BCE. Ayer, al parecer, el Consejo del BCE se encontraba igualmente dividido entre los partidarios y detractores de la compra de deuda italiana. Incluso quienes apoyan la adquisición de bonos están divididos entre los que exigirían al Gobierno italiano medidas adicionales de ajuste antes de la intervención y los que transigirían con esperar. De ahí el anuncio del viernes de Berlusconi de nuevas medidas de ajuste para el inmediato septiembre en un intento de animar a los indecisos. En un plano español, como hoy publica LA RAZÓN, y pese a que nuestro país tiene un panorama de liquidez más holgado que la república transalpina, son mayoría los que apuestan por tomar medidas de mayor calado. En este sentido, y tras los últimos acontecimientos, los encuestados exigen a los gobiernos europeos un mayor control sobre las llamadas agencias de rating y no dudan de que esos organismos son meras empresas, con sus propios intereses y clientes, a quienes se deben. En un plano político, los encuestados suspenden a los políticos europeos a la hora de hacer frente a la crisis y están seguros de que ésta empeorará. Quizá por eso una amplia mayoría apuesta por un adelanto electoral sobre el ya anunciado del 20 de noviembre. El país no puede perder unos meses preciosos para poner a punto un plan de choque ante el nuevo ejercicio, 2012, en el que España deberá desarrollar una cirugía fiscal y laboral de hierro para luchar contra el paro e instalarse en la senda del crecimiento.


La Razón - Editorial

Bildu se desentiende

ETA calla mientras la coalición se abstiene de exigir su fin y reconocer el mal causado.

Presos de ETA creen saber que la decisión de abandonar definitivamente la violencia ya está tomada, según se desprende de conversaciones interceptadas por la policía que hoy publica EL PAÍS. Pero la dirección de la banda se resiste a dar ese paso, tal vez porque desde la euforia del 22-M, que ETA celebró como éxito propio, Bildu se niega a asumir cualquier responsabilidad en el fin de la violencia. Incluso parece contar con ella como amenaza latente para sacar ventaja política en una eventual negociación, que vuelve a situar como programa de un frente soberanista, al que invita a sumarse al PNV.

Los portavoces de Bildu se hartaron de manifestar, antes de su legalización, que la apuesta de la izquierda abertzale por las vías pacíficas era irreversible, y su convencimiento de que también lo era el alto el fuego de ETA. Sin embargo, siguen sin hacer lo que se deduce de esas afirmaciones: exigir a ETA su disolución, como le emplazan a hacer los demás partidos; y expresar su reconocimiento de las víctimas y del dolor causado. Hay en esto un retroceso porque electos procedentes de EA, que nunca había tenido dudas al respecto, dicen ahora que es prematuro participar en actos de recuerdo a las víctimas. Y el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, convertido en principal referencia institucional de la izquierda abertzale, dice que aún no es tiempo de "reflexionar sobre el dolor causado".


Es un retroceso, porque hace cinco años, en una entrevista, Arnaldo Otegi reconoció que uno de los mayores errores cometidos por su partido había sido "dar a entender que el sufrimiento de los otros nos daba igual, y que el fin lo justificaba todo". El argumento de Bildu para no dar los pasos que se le reclaman es el "inmovilismo" de la otra parte. Pero es una falacia sostener que para que cese la violencia deben moverse de sus posiciones tanto los que la han apoyado durante más de 30 años como quienes la han padecido. Bildu tantea la resistencia del Gobierno condicionando cualquier nuevo paso hacia el fin de ETA a la adopción de medidas favorables para sus presos. Aralar ya ha respondido recordando que ese fin debe ser "unilateral" y "sin ningún condicionamiento".

Pero algunas respuestas a las provocaciones de Bildu están siendo confusas. No tiene sentido decir que reclamar la derogación de la doctrina Parot (como defienden bastantes juristas) es una prueba para pedir ya su ilegalización. No a todo lo que haga o diga esa coalición puede responderse con la petición de prohibición, con el efecto de permitirles esquivar la crítica política y el rechazo moral a sus comportamientos fanáticos, sectarios o antidemocráticos, pero no necesariamente ilegales. Es inaceptable, por ejemplo, que consideren un derecho de los presos etarras su acercamiento a Euskadi y, a la vez, que no ha llegado el momento de reconocer el dolor causado por esos presos y justificado por ellos, y del que ahora se desentienden.

Su última iniciativa ha sido emplazar al PNV (y a Aralar) a conformar una candidatura unitaria tanto en Euskadi como en Navarra en torno a su programa soberanista de siempre: negociación política que culmine con el reconocimiento de la autodeterminación. Planteamiento que es incompatible con la existencia de atentados, pero que, a juzgar por sus últimos movimientos, Bildu cree compatible con una presencia silenciosa e intimidatoria de la banda.

El objetivo obvio es poner a prueba al PNV, internamente dividido respecto al alcance del soberanismo que había vuelto a invocar como respuesta al crecimiento de Bildu. La oferta puede tener eco en las bases de su partido, especialmente en Gipuzkoa; pero Iñigo Urkullu ya debe saber que entrar en ella supondría reforzar una política que solo puede liderar la izquierda abertzale. Y que hacerlo favorecería el objetivo más inmediato de esa corriente: arrebatar al PNV su hegemonía en el nacionalismo.


El País - Editorial

Un Gobierno que no ha hecho su trabajo

Que el BCE se haga cargo de nuestra deuda no puede ser la solución ni a medio ni a largo plazo por la sencilla razón de que el problema es y seguirá siendo la enfermiza renuencia de nuestros políticos a ajustar sus gastos a su realidad financiera.

Se supone que quienes tienen que "hacer su trabajo" ante una crisis motivada por la falta de confianza en que los Estados sean capaces de devolver lo que han recibido en préstamo son sus gobernantes. Sin embargo, en lugar de acometer reformas que reactiven nuestra mortecina economía y de introducir drásticos recortes en el gasto público que hagan creíble la posibilidad de que pronto el sector público será capaz de recaudar más de lo que gasta, nuestra vicepresidenta económica, Elena Salgado, se ha dedicado este domingo a reclamar al Banco Central Europeo que "haga su trabajo", que para ella no es otro que comprar los bonos españoles e italianos que los inversores privados no aceptan si no es con una elevadísima prima de riesgo.

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ya anunció el pasado viernes que el banco reanudaría sus compras de bonos, suspendidas desde mayo, tratando de calmar a los inversores. Pero no había precisado hasta ayer si la institución podría comprar o no bonos del Tesoro de España e Italia. Sin embargo, la monetización de deuda no puede ser la solución ni a medio ni a largo plazo por la sencilla razón de que el problema es y seguirá siendo la enfermiza renuencia de nuestros políticos a ajustar sus gastos a su realidad financiera.


Salgado ha querido disimular su irresponsabilidad no sólo pasándole el "muerto" al BCE sino también anunciando un par de medidas que, en realidad, no vienen si no a dejar todavía más en evidencia la pasividad de su Gobierno a la hora de hacer su trabajo en lo que a embridar el gasto público se refiere. Nos referimos a la decisión de incrementar este mismo año los pagos a cuenta para grandes empresas o la de flexibilizar el contrato a tiempo parcial. Si la primera es una medida que pone en evidencia la obsesiva demagogia del Ejecutivo contra las empresas grandes por el mero hecho de serlo y que no va a paliar el mal estado de nuestra Hacienda Pública (pues sólo implica una anticipación de ingresos futuros), la segunda no deja de ser un inconcreto y mero parche que no va a solventar la irresponsable decisión de este Gobierno de no acometer una auténtica reforma laboral.

Lo que resulta evidente es que ni elevar el tope de endeudamiento, tal y como se ha aprobado recientemente en EEUU, ni forzando a que la autoridad monetaria se haga cargo de las distintas deudas nacionales va a contribuir a tranquilizar a largo plazo a los mercados. La reciente rebaja del rating de la deuda estadounidense por primera vez en 70 años deja en evidencia que el auténtico problema está en los políticos adictos al gasto y al endeudamiento público, tanto en éste como al otro lado del Atlántico.

Mientras los Ejecutivos no acometan una ambiciosa y radical reforma destinada a reducir el peso del Estado y a liberar de su pesada carga a empresas y familias no habrá posibilidad de recuperación sino garantía de una decadencia como la de quienes evitan la resaca injiriendo más alcohol.


Libertad Digital - Editorial

domingo, 7 de agosto de 2011

Porra fácil. Por Rafael Torres

Salvo Llamazares, imbuido de sus planes, ya nadie corteja a los Indignados del 15-M. A la derecha, que al principio encontró encantador al movimiento que contribuyó tanto a borrar al PSOE del mapa en las últimas elecciones, no le hace ya ninguna gracia que espanten a los turistas, que fastidien al comercio del centro o que deambulen por los territorios que han de ocupar los alegres chicos del Papa. A la izquierda, quemadísima por la ausencia en el movimiento de interlocutores con los que entenderse y por la propia deriva de la cosa, le cuesta cada vez más disimular el desdén que le produce tanta asamblea y tanto bongo. Y los vecinos y los transeuntes, la mayoría de ellos indignadísimos, van prefiriendo, por puro hartazgo, indignarse por libre, por su cuenta y riesgo.

Sin nadie que les quiera, salvo Llamazares, que tampoco representa un amor de esos para perder la cabeza y dejarlo todo, los del 15-M ya no tienen nada, ningún colchón, entre ellos y la policía, que, por cierto, ya no es de Rubalcaba, sino de Camacho, un señor algo más tosco. Las intemperancias de los Indignados en Lavapiés con la policía, a la que impidieron hacer su trabajo y expulsaron del barrio, más los forcejeos constantes cuajados de insultos, más el hecho de que los antidisturbios se están quedando sin vacaciones a causa de la movida sin fín, más, por último, que entre éstos no escasean los de porra fácil y los que se toman el asunto como algo personal, todo ello dibuja nubes amenazantes en el cielo de Madrid. La Puerta del Sol pasando de unas manos a otras, de las de los acampados a las de la policía, pero clausurada en todo caso para la libre circulación de las personas, demanda, porque ciertas plazas tienen todo el derecho del mundo a demandar cosas, una solución inteligente, respetuosa y de consenso.

Palos aparte, y dejando bien sentada la "tolerancia cero" ante los casos de brutalidad policial, va quedando la pena de ver que lo que pudo haber sido, una reacción firme, general, alternativa y concreta contra la chusma dineraria y sus brazos políticos, no fue.


Periodista Digital - Opinión

Agitadores altivos. Por Pilar Ferrer

El coraje de Antonio Basagoiti define muy bien la situación. Instalados en las instituciones que siempre combatieron, altaneros con suculentos presupuestos, dueños de la calle y señores de la independencia, manejan sus objetivos. Así, no se puede saludar a quienes ni siquiera condenan el terrorismo. Los «batasunos» de Bildu cumplen a la perfección el guión esablecido. Su irrupción en las fiestas veraniegas será una constante triste en el País Vasco. En Vitoria, Guecho o las admiradas Semanas Grandes de Bilbao y San Sebastián, no cejarán en su empeño. Proclamas a favor de los presos y la principal exigencia: una única candidatura soberanista que llegue hasta el Congreso de los Diputados en pro del Estado vasco, tradicional reclamación de ETA. ¿Quién evitará semejante dislate? Dice ahora el ministro Jauregui que si Bildu no cumple la Ley podrá actuarse contra ellos. Habría sido bueno pensarlo antes de facilitarles el camino, bajo una deleznable sentencia del Tribunal Constitucional. Resulta repudiable ver a Martín Garitano, con su rostro altanero, bastón de mando en mano, despreciar la más pura tradición en memoria de San Ignacio de Loyola. Hacer oídos sordos a la conciliación que egrimió el obispo Munilla en el hermoso templo de Azpeitia. Bildu hace lo previsto. Nunca tuvo Batasuna tanto poder legal sin atenerse a las leyes. Se les ha dado una oportunidad de oro, pero como bien dice el PP, ahí están los jueces y la Fiscalia para actuar. Mientras nadie lo haga, los activistas de Bildu irrumpen en festejos y «chupinazos». Son lo que son: agitadores altivos, sin temor a ningún freno.

La Razón - Opinión

Y dale con la estafa de ni vencedores ni vencidos. Por Andrés Aberasturi

Andamos todos tan ocupados/preocupados con la prima de riesgo, la caída de las bolsas y la amenaza de una posible intervención de nuestra economía (como si ya no estuviera intervenida... pero esa es otra) que casi ni hablamos de lo que Bildu anda haciendo por Euzkadi y que no es sino una pura y permanente provocación: decisiones, nombramientos, invitaciones, actitudes... todo es mover la cuna que siempre ha mecido la mano ensangrentada de ETA. Pero esto, todo esto que no es poco, no es nuevo y ese es precisamente su mayor problema como han puesto de manifiestos algunas asociaciones: cada vez es más evidente que el disparate jurídico del Constitucional -diga lo que diga el ilustre don Pascual- metiéndose en un terreno que no le correspondía, enmendando la plana al Supremo en asuntos que no podía hacerlo y dando por fin luz verde a unas siglas que toda la sociedad española sabía lo que representaban, lo que ha conseguido el Constitucional ha sido no sólo parar el reloj de la democracia sino retroceder en el tiempo hasta volver a una situación en la nunca debimos estar.

Y en eso estamos otra vez, con las fotos en las fiestas, las ayudas económicas a las familias de los presos etarras, los silencios cómplices y las exaltaciones disimuladas. En lo que ya no se cortan un pelo, porque para eso les dio el Constitucional permiso, es para hacer y deshacer en lo ayuntamientos que tienen mayoría. Vuelven los abandonos -exilios- de muchos vascos lejos de su tierra mientras los dueños de las pistolas se permiten el lujo de darnos lecciones en forma de comunicados y recordarnos que la espada de ETA sigue ahí colgada sobre nuestras cabezas.

Y lo malo es que parece que había gente que esperaba otra cosa. Así, después de que Martín Garitano dijera algo tan brutal como lo que dijo ("Todavía no es tiempo de reflexionar sobre el dolor causado" refiriéndose a las victimas de ETA), PNV y Aralar se asombran -o dicen que se asombran- por dos motivos distintos y a cual peor. Andoni Ortúzar, del PNV, lamentaba que Bildu "está siendo ahora más ambiguo que en campaña electoral". Pero hombre, Ortúzar, ¿no será justo al contrario? Que no le abandone la inocencia.

Y a Zabaleta, líder de Aralar, regañando a Bildu por "no querer afrontar una realidad que es incómoda y dolorosa", la de reconocer el dolor de las víctimas, pero concluyendo, otra vez, con la gran estafa que vienen predicando desde hace tiempo los nacionalistas: "Aralar siempre ha trabajado por una paz sin vencedores y vencidos." Y no, claro. Quienes han matado, secuestrado y extorsionado a tanta gente inocente tiene que ser vencidos por los que hemos creído en la libertad y los derechos. Otra cosa es que, una vez vencidos, seamos nosotros, los buenos, los que decidamos cómo y cuándo y a quién se puede perdonar. Lo que manda huevos es que a estas alturas sea Garitano quien pretenda decirnos cuándo toca reflexionar sobre nuestros muertos.


Periodista Digtal - Opinión

Para Bono. Por Alfonso Ussía

Que José Bono es un político hábil e inteligente nadie lo puede poner en duda. Ni los que abominan de él, una considerable masa compuesta principalmente por militantes y votantes de su propio partido. Bono, más que socialista, es un socialdemócrata amable y ponderado, y sus últimas recomendaciones son absolutamente respetables, pero extemporáneas. No obstante, aunque tardías y fuera de su tiempo oportuno, merecen ser valoradas con generosidad. José Bono plantea la necesidad de que el PP y el PSOE gobiernen juntos por el bien de España. Podría ser una solución con tintes patrióticos, como él apunta, pero habría que preguntarse qué sector del PSOE estaría dispuesto a gobernar con el Partido Popular. El abanico –y perdonen la cursilería– ideológico del PSOE es amplio y multicolor. Desde el rosa pálido de la socialdemocracia de Bono al social-comunismo de Zapatero, pasando por el guerrismo , el socialismo-nacionalista periférico, y demás familias. Zapatero y los suyos se han visto obligados a rectificar cuando ya habían hecho a España el daño previsto y perfectamente programado. Con ese sector del PSOE, un partido que reúne a los liberales y conservadores que hoy están establecidos en el poder europeo, la colaboración es imposible. El zapaterismo está en los años treinta del pasado siglo, y Bono lo sabe. Con el sector socialista que Bono representa, no existirían problemas, y las diferencias de criterio se salvarían mutuamente si ello significara la consolidación de España, entendiendo por España la Patria de todos, la que se advierte en el actual mapa. Zapatero ha hecho lo posible por mutilar ese mapa, porque sus fines originales coincidían plenamente con los del comunismo español, que sigue siendo estalinista.

«Es patriótico entenderse», ha dicho Bono. Lo es. Pero habrá de reconocer el Presidente del Congreso de los Diputados que, con Zapatero, el patriotismo no tenía cabida en sus proyectos. No me suenan las manifestaciones de Bono a oportunismo para seguir en la cumbre de los poderes públicos. Pero su actitud y sus palabras hubieran tenido una repercusión y un valor muchos más altos con un Zapatero en plenitud de desvaríos y de influencia en el PSOE. Hoy, ese personaje errante, atemorizado y en el fondo, triunfador en su propósito –la destrucción de España–, no puede poner a Bono en su sitio, porque Bono lo mantiene y el suyo se ha echado a volar. Europa vería con agrado la unión eventual de los dos grandes partidos de España para superar lo que ya parece imposible de llevar a cabo. Pero el PSOE tendría que renunciar a un considerable porcentaje de sus gilipolleces legislativas y ejecutivas para que la deseada colaboración fuera viable.

Algo tienen las palabras de Bono que me recuerdan a las de «Paz, piedad y perdón» de Manuel Azaña. Pronunciadas en su momento, el mensaje azañista sería históricamente admirable. Sucede que esas tres palabras las pronunció cuando todo lo tenía perdido. En sus momentos de mayor poder y gloria, a Azaña no se le pasó por la cabeza ni la paz, ni la piedad –que no la tuvo–, ni el perdón –que no quiso conceder–. Lo narraba un gran humorista inglés de principios del siglo XX. «El Gobernador, enterado de la derrota de sus tropas ante los zulúes en Natal, con todos sus oficiales y soldados muertos sobre la planicie de Ulundi, cerró la carpeta de cuero que tenía sobre la mesa de su despacho con energía, y con gran serenidad comentó: “Creo que ha llegado la hora de entrar en negociaciones con el pueblo zulú”».

Respeto y valoro como español la recomendación de Bono. Sólo lamento que la haya manifestado con cuatro años de retraso.


La Razón - Opinión

Crisis de deuda. Sobredosis. Por Ignacio Moncada

Es necesario reducir drásticamente el gasto público para ir devolviendo lo que hemos pedido prestado, y los bancos centrales deben dejar de inyectar dinero llenando sus balances de bonos basura.

Desde que comenzó la crisis hemos vivido una ficción. Los políticos se han tragado la mercancía averiada que les han vendido desde los medios de comunicación, aplaudidos por supuestos expertos en economía que habitan en las tertulias. Para salir de la crisis, según éstos, lo único que había que hacer era tomar dos medidas fundamentales. La primera de ellas era disparar el gasto público con dinero que previamente se pedía prestado en los mercados. La orden era "gastarlo en lo que sea". Así han surgido los disparatados "planes E" en España, o los "planes de estímulo" en Estados Unidos. Con esa receta, decían los expertos, se generaría de forma inmediata crecimiento y empleo, y más adelante ya nos ocuparíamos de la deuda. La segunda medida era inyectar dinero en la economía a través de los bancos centrales, de forma que se expanda el crédito y podamos vivir temporalmente del mismo. En estas dos tareas han estado ocupados la mayor parte de los gobiernos de Occidente durante los últimos años. Ahora, si esto funcionara, tendríamos que estar creciendo con fuerza y con pleno empleo. Pero no es así.

La realidad, caprichosa ella, no ha sido fiel a las fantasías de los políticos. Los Gobiernos se lanzaron a gastar a espuertas y a inyectar dinero. Era como una droga: fácil de tomar y muy estimulante. Además, es lo que hacía todo el mundo, así que debía ser bueno. Sin embargo, ha resultado ser una actividad tremendamente perjudicial para la salud económica y altamente adictiva. No se han medido los costes de tomar la droga keynesiana, y los Gobiernos se han atiborrado pensando únicamente en el corto plazo. Pero ahora llegan las consecuencias: una deuda que va a lastrar la actividad económica durante años y una inflación, en plena crisis, de casi el 4%. El paro está en máximos y el crecimiento económico brilla por su ausencia. Y, para colmo, se ha conseguido lo que era impensable: que buena parte de los países de Europa, e incluso Estados Unidos, estén al borde de la suspensión de pagos. Y de los beneficios prometidos, ni rastro.

La última semana podría parecer una durísima resaca. Pero realmente se parece más a una sobredosis. Mientras se sigue diciendo que hay que seguir inyectando dinero mediante la compra de deuda pública, y que el Estado debe seguir despilfarrando, se ha conseguido que ya sea imposible rescatar a los países que van directos a la quiebra sin machacar la economía. Es decir, que si el Banco Central Europeo compra deuda pública, se dispara la inflación y se vuelve a la recesión; y, si no, muchos Estados corren el riesgo de caer, arrastrando a todos los demás. Por ese motivo se dispara el coste de la deuda de los países peor gestionados, como España e Italia, y a la vez se desploman las bolsas, descontando un regreso a la recesión. Sólo existe una manera de superar esta sobredosis: con una terapia de shock. Es necesario reducir drásticamente el gasto público para ir devolviendo lo que hemos pedido prestado, y los bancos centrales deben dejar de inyectar dinero llenando sus balances de bonos basura. Es una terapia dura, sí. Pero para salir de esta situación lo primero que hay que hacer es reconocer que somos adictos a la droga. Si hacemos caso omiso a advertencias como la de esta semana y seguimos consumiéndola como si nada, las consecuencias serán aún peores.


Libertad Digital - Opinión

¿Quién califica a las agencias?

La inapelable solvencia crediticia de Estados Unidos se ha resquebrajado. O, al menos, eso opina la agencia de calificación Standard & Poor’s, que, por sorpresa, el pasado viernes, bajó su calificación de AAA, la máxima posible, a AA+. Tras unas semanas «horribilis» en las bolsas de media Europa a cuenta de la prima de riesgo, principalmente española e italiana, –pero también belga y francesa–, provocada por eso que se ha venido en llamar «mercados», la noticia del otro lado del Atlántico ha vuelto a disparar los temores ante la apertura mañana de los parqués. La degradación de la calificación de la deuda de EE UU ha sido contestada de inmediato por la Administración Obama, que ha cargado contra S&P a la que acusa de cometer errores de bulto en sus cuentas. El Gobierno estadounidense ha atacado la credibilidad del análisis que justifica la decisión de Standard & Poor’s con el argumento, de peso, de que ha hallado un error de 2 billones de dólares. S&P se ha visto obligada a retirar la cifra de su análisis después de que funcionarios del Tesoro descubrieran que las estimaciones de la agencia de calificaciones sobre el gasto discrecional del Gobierno eran demasiado altas. Con todo, y desde una perspectiva europea, también se puede argumentar que esas agencias han sido, en el pasado y en el presente, mucho más estrictas en sus jucios con las economías europeas que con EE UU. Las agencias de calificación más importantes, Fitch, Moody’s o la misma S&P, son norteamericanas y, de antiguo, han sido más laxas a la hora de calificar las políticas económicas y financieras del dólar que las del euro. Por otro lado, cabe preguntarse, ¿qué autoridad se arrogan estas agencias para entrar hasta la cocina en las cuentas de los países? ¿Qué conocimientos y acceso a los datos tienen? ¿Dónde los obtienen? Tras esos nombres, Fitch, Moody’s o Standard & Poor’s se esconde un conglomerado de intereses que ocultan un negocio mundial, inmenso. Ahora resuenan con fuerza las voces, a ambos lados del Atlántico, que llaman a desarrollar los controles y tamices a las valoraciones de estas «empresas», más que agencias de calificiación, que tienen clientes e intereses en todo el mundo. De hecho en Europa no son pocos los gobiernos que han denunciado que la opacidad de estas agencias fue el detonante de la crisis hipotecaria en 2008 que desplomó los mercados financieros mundiales. Con el tiempo se ha conocido que daban autorización para ciertos bonos o mejoraban la calificación de otros que después se supo no lo merecían. Hasta ahora, las agencias de rating han tenido que hacer frente a demandas privadas en EE UU y algunos países europeos. Parece claro que pronto, en ambos continentes, los gobiernos cargarán contra unas agencias que han provocado y disparado la inquietud financiera. Por medios judiciales y legislativos, como ya ha ocurrido en Italia, donde la Fiscalía tiene abierta una investigación contra Moody’s y Standard Poor’s por abuso de información, manipulación del mercado y uso de información privilegiada. Y todo por dinero, por mucho dinero, aunque su negocio lleve aparejado el provocar el caos financiero y social.

La Razón - Editorial

La maldición del FMI

Una acusación de abuso de poder complica el trabajo de su nueva directora, Christine Lagarde.

El Tribunal de Investigación de la República Francesa ha aceptado a trámite un procedimiento contra la flamante directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, acusada de abuso de poder. Los hechos se remontan a 2007, cuando Lagarde era ministra de Economía e intervino como árbitro en el litigio que mantenía con el Crédit Lyonnais el controvertido exministro socialista y posterior partidario del presidente Sarkozy, Bernard Tapie. El Tribunal deberá pronunciarse sobre si Lagarde perjudicó a la entidad financiera, obligada a pagar una indemnización millonaria a Tapie. Desde el entorno de Lagarde se asegura que la investigación es una "completa locura".

Que lo sea o no es lo que tiene que esclarecer el Tribunal de Investigación, un órgano encargado de las causas judiciales que afecten a aforados. El procedimiento, que podría acarrear penas de prisión, puede demorarse varios años, durante los que Lagarde seguramente será citada a declarar en varias ocasiones. Aparte de los efectos que la aceptación de la causa puede proyectar sobre la política francesa, al afectar a una dirigente próxima a Sarkozy, sus consecuencias más graves se proyectan sobre el FMI. Lagarde llegó a la Dirección General tras la dimisión de otro francés, Dominique Strauss-Kanh, acusado de violación. Los problemas de la nueva responsable llegan cuando aún no se han apagado los ecos de la polémica en torno a si, como es tradición, la dirección del Fondo debe corresponder a un europeo, algo que pusieron en duda los restantes candidatos a la sucesión de Strauss-Kahn.

La situación que atraviesa la economía mundial incrementa la gravedad de este episodio, al convertir al Fondo en noticia, no por las decisiones que está obligado a tomar, sino por los problemas judiciales de sus máximos responsables. Las razones de oportunidad no pueden pesar para reclamar el abandono del procedimiento si Lagarde hubiera incurrido en abuso de poder. Pero tampoco el tribunal francés puede actuar con los ritmos habituales en otros casos. El Fondo constituye uno de los instrumentos imprescindibles para hacer frente a la crisis que atraviesa la economía mundial, y de ahí que recaiga sobre la justicia francesa la responsabilidad de aclarar en el menor plazo posible la situación de Lagarde. Un nuevo escándalo en la jefatura de la institución representaría un grave contratiempo. Pero mantener la incógnita sería una maldición aún mayor.


El País - Editorial

La calle no es de los indignados

Da lo mismo cuál ha sido la causa del desalojo, pero la única crítica que cabe hacerle es que ha llegado demasiado tarde.

La calle es un espacio público. Como tal, tiene tantos usos potenciales como queramos darle sus dueños últimos, los ciudadanos. El primero y esencial, aquel para el que se inventaron calles y plazas, es el de poder circular por ellas para desplazarnos. Pero evidentemente no es el único, y algunos de ellos entran en colisión con otros. No podemos circular si en la calle hay una manifestación o un mercadillo. De ahí que sean los poderes públicos, a los que elegimos democráticamente, quienes regulen qué usos pueden darse en nuestras calles y cuándo.

Esa es la principal razón por la que el derecho de manifestación está regulado, debiendo recibir autorización de la delegación del Gobierno. También el comercio lo está; los kioscos, por ejemplo, pagan una licencia para poder operar. El código de circulación es la forma en que se regula que los coches puedan desplazarse de forma ordenada y con los menores problemas posibles. Puede haber mejores arreglos, pero si alguna razón de ser tiene el Estado es el de mediar entre los distintos derechos de los ciudadanos cuando estos chocan entre sí. Y como la calle no es propiedad de nadie en particular, su regulación corre a cargo del Estado.


De ahí que no tenga sentido la reclamación por parte del movimiento 15M de una parte del espacio público en la Puerta del Sol para su exclusivo uso y disfrute. Da lo mismo cuál ha sido la causa del desalojo, pero la única crítica que cabe hacerle es que ha llegado demasiado tarde. ¿Qué excusa había para amenazar a Alcaraz con una multa cuando la concentración de las víctimas en noviembre se excedió de los límites previstos de la plaza de Colón, si resulta que basta con usar otros eslóganes para que te permitan hasta plantar tiendas en el corazón de la capital de España? ¿Con qué cara va el Ayuntamiento de Madrid a cobrar las licencias a los bares que ponen una terraza en la calle después de la barra libre que ha disfrutado la acampada de Sol?

La calle no pertenece a la extrema izquierda, por más que se proclame a sí misma como "el pueblo" y asegure que los políticos a los que sí han votado los ciudadanos no los representan. La máscara de ser un "movimiento pacífico" no puede ocultar que desde el 16 de mayo en adelante no ha hecho otra cosa que violar la ley de forma constante. Y la violación de la ley debe perseguirse, ya sea con detenciones y juicios o con cargas policiales.

Afirma Jáuregui que "no es lógico que la ciudad esté invadida de tiendas de campaña, porque se viola el derecho de otros ciudadanos" y Rubalcaba que "200 personas no pueden poner patas arriba una ciudad". Ambos tienen razón. Pero la tienen desde hace dos meses y medio, durante los cuales dejaron hacer a un movimiento al que esperan atraer. Así que no intenten hacer pasar al PSOE como un garante de la ley y el orden. Como reconocía su idolatrado fundador Pablo Iglesias, la legalidad sólo la enarbolan cuando les permite adquirir lo que necesitan. No han cambiado tanto en cien años.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 6 de agosto de 2011

La hoja de ruta de ETA. Por Carmen Gurruchaga

Coquetear con el mundo etarra tiene consecuencias y no precisamente las que Jáuregui recordaba ayer a Bildu sino las que estamos sufriendo todos los españoles por culpa del acercamiento de los socialistas a ese turbio mundo. La bipolaridad es una característica perenne del PSOE con los terroristas desde los tiempos de Rafael Vera. Ahora ha utilizado el rigor de la Fiscalía y de las Fuerzas de Seguridad para que el TS no legalizara a Bildu, sabiendo que el Constitucional sí lo iba a hacer. Por un lado, Eguiguren, que obviamente no actúa «motu propio», ofrece políticas de entendimiento a cambio de falsas promesas de paz y, por otro, la oficialidad pretende hacernos creer que tienen un discurso duro frente a ese mundo, de suerte que si apoya a los presos de ETA sin rechazar la violencia, caerá sobre ellos todo el rigor de la democracia. Mientras tanto, los batasunos camuflados, que ya han conseguido lo que querían sin dar nada a cambio, se fuman un puro y se mofan de todos nosotros. Garitano pide el fin de la dispersión, asegura que no es el momento de hablar de las víctimas y oculta que se lo prohíbe ETA; con su invitación institucional como diputado general cuela a familiares de presos etarras en el balcón del Ayuntamiento al comienzo de las fiestas de Vitoria… y faltan las de Bilbao, San Sebastián y multitud de pueblos. Ahora Bildu invita al PNV y a Aralar a formar un frente independentista para concurrir el 20-N. ETA sigue con su hoja de ruta mientras el Gobierno espera el comunicado de la banda.

La Razón - Opinión

Los dichosos mercados. Por José Luis Albite

Yo no sé muy bien qué es eso de «los mercados», ni estoy en absoluto seguro de que adelante mucho si me preocupo de saberlo. Puedo vivir sin ese conocimiento, del mismo modo que durante toda mi vida fui capaz de salir adelante desinteresado por viajar al centro de la Tierra y sin conocer el peso atómico del vanadio. Una vecina mía dice que los grandes conocimientos por lo general son innecesarios para llevar una vida satisfactoria y decente, y que desde que tiene memoria, y a pesar de las naturales restricciones de la vida rural, su familia salió adelante sin necesidad de un conocimiento más profundo que el del funcionamiento de la bomba del pozo. A veces basta con tener cierta facilidad para la deducción y adoptar decisiones en función de un mínimo sentido de la corazonada. En una aldea de Galicia le escuché decir a un campesino que «más a menudo de lo que se cree, el ser humano pierde el sentido común por culpa de razonar demasiado las cosas». Un amigo mío muy aficionado a la música estaba convencido de que las plantas de su salón disfrutaban de Mozart tanto como él y se desarrollaban en función de que acertase con sus gustos al elegir los discos que pinchaba. Una de sus plantas melómanas se vino inesperadamente abajo y dio con las hojas en la tierra del tiesto. Le pregunté entonces qué había ocurrido para que, a pesar de Mozart y de Mahler, aquella planta estuviese camino de mustiarse sin remedio. Entonces aquel tipo reaccionó con sentido común, sin dejarse llevar por razonamientos que no venían al caso: «Lo que le sucede a esta planta, amigo mío, no es nada distinto de lo que le sucede al diez por ciento de las plantas que conozco: A todas les gusta Mozart, pero pasado un tiempo, el diez por ciento de las plantas se vuelven sordas». ¿Se puede aplicar ese razonamiento al asunto de los dichosos «mercados» que tanto nos afligen? Para contestar a eso creo sensato recurrir a la sabiduría de una amiga de mi madre que tiene de la vida la idea de que se trata del tiempo que necesitamos para hacernos a la razonable idea de morir. Esa amiga le dijo en una ocasión a mi madre: «Verás, Leonor: La vida está llena de altibajos económicos que nos producen disgustos y alegrías. No hay que descorazonarse por nada. Se trata de saber adaptarse, sólo eso. Son cosas que si no se aprenden con el escarmiento, se asimilan con la edad. Cuando vienen mal dadas, de lo que se trata es de llamarle de otro modo a la pobreza, igual que a cierta edad sustituimos el sexo por la gimnasia de mantenimiento».

La Razón - Opinión

Salgado.La regla del gasto. Por José T. Raga

Eso, que es tan claro en la economía familiar, algunos, embaucados por los análisis keynesianos, lo olvidan cuando se habla de la nación y, concretamente, del sector público..

Siguen empeñados en "sostenella y no enmendalla", tal y como empezaron en aquel fatídico 2004. La mentira y el recurso a la confusión han sido durante más de siete años de Gobierno los grandes aliados de la vergüenza y el ridículo nacionales; han sido los instrumentos eficaces para las liberalidades, los amiguismos y la corrupción que con la connivencia, al menos aparente, de miembros del poder judicial, han conseguido silenciar los grandes problemas que aquejan al pueblo español que, frustrado e impotente, enmudece ante lo inevitable. ¿Será el 20 de noviembre la muerte deseada de la mentira? Si así fuera, sería un acontecimiento memorable.

Cualquier hecho, cualquier momento son buenos para mentir. Según la Sra. Salgado y el Sr. Chaves, no cabía mayor satisfacción que la resultante de la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. No era para menos: simplemente, no se llegó a ningún acuerdo. He aquí la gran satisfacción.


Pero es que el Sr. Chaves llegó a informar del consenso alcanzado. ¿Con quién el consenso? Porque los Consejeros allí reunidos, también públicamente han manifestado que no hubo nada de nada, salvo una pérdida de tiempo. Y al pobre español, sumido en la duda de quién miente, no le queda más remedio que acudir a los indicios históricos, y concluir que miente quien siempre ha mentido: el gobierno del PSOE. Lo malo es que aquí no pasa nada y mañana, todo olvidado.

Sí hay algo en materia de lenguaje: se trata de una nueva norma conocida como "la regla de gasto". Yo no sé ustedes, pero estoy harto de eufemismos y de juegos de palabras, que nunca son inocentes y que, generalmente, añaden dolor y desesperación a un pueblo ya flagelado. Me preocupa el mismo concepto de "regla de gasto". Éste no es más que una de las dos vertientes de las cuentas públicas. ¿Qué pasa con la otra? ¿Cuál es la regla de ingreso?

La regla de la que hay que hablar es la del presupuesto –gastos e ingresos–, porque estos últimos no provienen del maná, sino del sacrificio de los españoles. Y esa regla está escrita, desde sus orígenes, en el corazón de los hombres: "nunca gastes más de lo que tienes".

Eso, que es tan claro en la economía familiar, algunos, embaucados por los análisis keynesianos, lo olvidan cuando se habla de la nación y, concretamente, del sector público. La regla: no gastar más de lo que se tiene, y si se gastó en exceso en etapas anteriores, sólo hay una solución: gastar menos de lo que se tiene, hasta pagar íntegramente la deuda acumulada. No saber esto, nos ha conducido a una prima de riesgo por encima de los 300 puntos básicos.


Libertad Digital - Opinión

El caos de la CAM. Por Iñaki Zaragüeta

Perdieron 522 millones de euros, pero no tuvieron inconveniente en adjudicarse bonificaciones a raudales. Me refiero a los directivos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que vio mermado su balance de forma escandalosa, especialmente por la morosidad y por la pérdida de valor de sus propiedades. Como se trata de una Caja de Ahorros, la responsabilidad de sus dirigentes, como ha sucedido con otras entidades similares, brilla por su ausencia, aunque en esta ocasión ya existe alguna denuncia. Y cuando interviene la vía judicial, cualquier cosa puede pasar. Pero en España no se han tomado muy en serio semejantes abusos.

Eso sí, la mala gestión no impidió que sus responsables –miembros del Consejo y ejecutivos– se beneficiaran de créditos blandos por valor de 161 millones de euros al cero por ciento o en condiciones ventajosísimas. El presidente obtuvo un préstamo de 5 millones de euros al 2,5%. Otro consejero 47,5 millones de euros en cuatro años en condiciones preferentes. Otro, en sólo seis meses, once créditos por un total de 11,4 millones al 2,93 por ciento, al 2,5 y al 1,89. ¡Toma salero!, como dicen en mi pueblo. No es de extrañar ¡qué menos! que los tres administradores nombrados por la Comisión rectora del Fondo Ordenado de Reestructuración Bancaria (FROB) llamen uno a uno a los afectados para dar explicaciones.


¿Se quedará todo ahí?, ¿en una llamada al orden?.¡Qué decir de los despidos multimillonarios de sus ejecutivos! El último director general cobró una indemnización de 3,8 millones de euros. Aún así, no se daba por satisfecho. Los 3,8 millones de euros percibidos le parecían poco para la dedicación que había dado a la Caja hasta casi llevarla a su perdición. Pero el consejo de administración no tragó con lo que pretendía: doblar la cantidad, como había sucedido con su predecesor que, según se publicó en su día, se retiró del puesto con casi seis millones de compensación por su esfuerzo. Tampoco se fueron de vacío los directivos prejubilados en el ERE de junio: diez millones de euros.
Todos ellos son los que condujeron a esta Caja de Ahorros, que ocupó el cuarto puesto en el ranking nacional, al caos financiero.

Lo que no entiende mi amigo Rogelio es la actitud del Banco de España. Es verdad que ahora ha tomado cartas en el asunto y podría aplicar sanciones que, desde luego, estarán al alcance de los pingües beneficios obtenidos por quienes quizás reciban algún castigo. Pero dicho esto, ¿cómo vigila y analiza todos estas tropelías el banco regulador?, ¿no tiene que revisar y dar el visto bueno a todas las actuaciones?, ¿por qué no puso remedio antes de que se produjera la hecatombe?, ¿evitarlo no entra dentro de sus responsabilidades?

No me extraña que desde esa entidad alicantina se pusieran durante decenios todas las trabas posibles para dinamitar la fusión natural de las dos Cajas valencianas, CAM y Bancaja, cuando las condiciones eran favorables para componer una sociedad financiera potente y fiable. Y valenciana. Ahora nada queda con identidad propia en la Comunitat. Así es la vida.


La Razón - Opinión

Poca confianza en los políticos españoles e italianos.

En España no hemos tenido ningún plan serio. La única decisión que se ha tomado ha sido la de acortar, pero no mucho, la agonía de Zapatero.

La causa de esta crisis es política y, mal que nos pese, la salida debe serlo también. No en el sentido tradicional, sin embargo. Como nos vendieron que la situación era culpa del capitalismo salvaje y la especulación, parecía que la solución consistía en regular más y aumentar más el peso del Estado sobre la economía. ¿Recuerda alguien el Plan E? Pero como siempre advertimos desde estas páginas, aquellas medidas sólo podían suponer, como mucho, un alivio momentáneo, tras el cual estaríamos peor que antes por el empeoramiento del estado de las cuentas públicas.

Los Gobiernos se han gastado lo que no tenían, pidiéndolo prestado a los malvados mercados, y los inversores no acaban de ver que muchos de ellos estén dispuestos a tomar las medidas necesarias para dejar de pedir dinero y empezar a devolverlo. Así, la deuda de países como España e Italia ha pasado de ser una inversión segura y poco rentable a entrar en el mismo tipo de consideraciones que se aplica a la bolsa u otro tipo de activos. Sólo la seguridad en que los Estados han aprendido la lección y están dispuestos a gastar menos puede devolver la confianza y rebajar el precio que hay que pagar por los intereses de la deuda.


Así lo ha entendido Berlusconi, que habiendo aprobado medidas de austeridad y liberalización de bastante mayor calado que las españolas ha visto cómo fuera de sus fronteras pocos se han fiado de sus promesas. De modo que ha suspendido las vacaciones parlamentarias y acelerado la implementación de los recortes, porque cuando nadie se fía de tu palabra lo único que puedes ofrecer son hechos contantes y sonantes. Puede que no le funcione, pero ha demostrado que le preocupa la situación de su país y está dispuesto a coger el toro por los cuernos y tomar las medidas necesarias para resolver la crisis en la que está inmerso.

En España no hemos tenido ningún plan serio. La única decisión que se ha tomado ha sido la de acortar, pero no mucho, la agonía de Zapatero. Cuando un presidente convoca las elecciones han de pasar 52 días hasta que se celebren; demasiados sin duda para la situación en la que estamos, especialmente cuando hay que sumar el tiempo que seguirá luego el Gobierno en funciones. Pero con esta convocatoria adelantada aún hay que esperar más del doble de ese tiempo, a todas luces excesivo cuando Zapatero ha demostrado ser incapaz de tomar ninguna medida mientras tanto, como reclama la propia Unión Europea.

Con Zapatero amortizado y sabiendo que España perderá unos meses preciosos, cobra especial importancia. Sin embargo, Rajoy parece temer –y no sin buenas razones– que reconocer el duro ajuste al que deberá ser sometido el gasto público le pasaría factura en las urnas, de modo que se limita a adoptar una pose solemne propia de un presidente ya electo mientras dice generalidades que no lo comprometan demasiado. Es difícil no reconocer que en una España que ha votado dos veces a Zapatero los temores del PP tienen cierta justificación, pero su falta de compromiso público por las reformas empieza a ser visto con cierta prevención por los mismos a quienes debería infundir confianza.

España e Italia lo están pasando mal. Sin embargo, la reacción de unos y otros está siendo bien distinta. Si usted fuera inversor y tuviera que decidir de quienes se fía más para prestarles dinero, no parece muy difícil elegir. Desgraciadamente.


Libertad Digital - Editorial

Del 15M al 15M, historia de una desilusión colectiva. Por Federico Quevedo

Cuando el pasado 15 de mayo decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes 'tomaron' Madrid bajo un grito colectivo de indignación, parecía que realmente algo estaba empezando a cambiar en una sociedad hasta ese momento excesivamente resignada y adormecida por la anestesia de un sistema político encapsulado que acota a la clase dirigente para evitar el contacto con el pueblo soberano. Luego vino lo de Sol, y aquello se convirtió en un síntoma de reacción ante los abusos del poder y las injusticias de un sistema que se ceba sobre los ciudadanos a los que dice servir. Pero tras las elecciones del 22 de mayo las cosas empezaron a cambiar, y lo que en un principio había sido un movimiento heterogéneo, transversal, apolítico y de una aparente fuerte raigambre en la pluralidad social, poco a poco fue cayendo en manos de los 'expertos' en manejar este tipo de situaciones: anarquistas, antisistema, radicales de toda condición.

Las manifestaciones del 19-J que confluyeron en el centro de Madrid quisieron retomar la esencia del movimiento, a pesar de la escenografía típica de izquierdas, pero ha pasado el tiempo y se puede decir que queda bastante poco de 'acampadasol' y el Movimiento 15M, aunque las razones que lo motivaron y buena parte de sus exigencias siguen vivas y continúan siendo necesarias, y de hecho una buena parte de la sociedad española simpatiza con el trasfondo del movimiento, razón por la que es incomprensible que éste se haya desviado de su impulso inicial hasta el extremo de empezar a convertirse en un factor de distorsión para la ciudadanía, en lugar de ser un elemento de cohesión. Si hace un par de meses una gran mayoría de la sociedad veía con agrado la protesta de estos jóvenes 'indignados', hoy esa misma gran mayoría les ve como un grupo de inconsecuentes inmaduros que solo buscan diversión.
«Si hace un par de meses una gran mayoría de la sociedad veía con agrado la protesta de estos jóvenes 'indignados', hoy esa misma gran mayoría les ve como un grupo de inconsecuentes inmaduros que solo buscan diversión.»
Esa sensación y la deriva radical de algunas de sus exigencias hacen que hoy el 15M se vea con recelo. Es más, cunde la sensación de que sus últimas acciones en Madrid tienen más que ver con una forma de boicot a la visita del Papa que con una auténtica reacción social ante la crisis político-económica que vive este país. ¿Es que para propiciar cambios en nuestro sistema, como desde un principio propusieron los indignados, hay que llevarse por delante la Jornada Mundial de la Juventud? ¿O es que el verdadero problema radica en que el Movimiento no quiere verse comparado con el poder de atracción de la JMJ? Si es así, se trata de un error de estrategia completamente absurdo. Lo que debería intentar el Movimiento es hacerse también eco de muchas de las demandas que esa inmensa cantidad de jóvenes que se va a dar cita en Madrid tiene y que coinciden con muchas de las del propio 15M.

15-M, un fallo de estrategia

Esta es la crisis de una generación perdida, de una generación a la que sus mayores les ha robado su futuro, y en esa reflexión no hay ideología ni religión que valga: es un hecho incontestable, y necesita respuestas desde muchas perspectivas, desde muchas visiones distintas pero confluyentes en un mismo fin.

Si el 15M quiere mantener vivo el sentido heterogéneo y transversal que le vio nacer, debe aceptar en su seno toda clase de identidades y admitir diferentes puntos de vista sobre los mismos problemas, o de lo contrario acabará convirtiéndose en aquello que sus enemigos siempre dijeron que era: un movimiento capitalizado por la izquierda, al servicio del poder. Sería una pena que el 15M se quedara finalmente en una serie de tentativas de ocupar plazas provocando enfrentamientos inútiles con la policía, cuando podría haberse convertido en un referente de reacción social. Lo cierto es que sus impulsores no han sabido dirigir los pasos del Movimiento, y éste hoy ha caído en una decadente estrategia de tensión que solo consigue generar más rechazos que adhesiones. A tiempo de corregir ese rumbo están, y de provocar un debate serio y sereno sobre los cambios que requiere este país, también, pero ojalá no echen por la borda tanto esfuerzo colectivo por alcanzar aquellos fines tan nobles y que conciliaron a tanta gente: una democracia mejor y una sociedad más justa.


El Confidencial - Opinión