martes, 2 de agosto de 2011

Déficit autonómico. ZP no es excusa para el despilfarro del PP. Por Guillermo Dupuy

Los del PP fueron igualmente irresponsables si, considerando infladas esas previsiones de recaudación, no sólo se pulieron esos anticipos "a todas luces excesivos".

Tras la esperpéntica reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera de la semana pasada, no han faltado quienes han buscado excusas para los manirrotos gobernantes autonómicos del PP que, simplemente, no son de recibo: me refiero a los déficits ocultos que ha dejado el PSOE en las autonomías que los populares pasan ahora a gobernar, así como al hecho de que haya sido el Ejecutivo de Zapatero el que infló las previsiones de ingresos de 2008 y 2009 que permitieron abonar a las autonomías unos anticipos a cuenta que eran a todas luces excesivos.

Evidentemente, los populares no son responsables de las facturas que el PSOE ha dejado impagadas, tanto encima de la mesa como debajo de las alfombras; pero este es un hecho con el que el partido de Rajoy tendrá, no obstante, que lidiar y que, desde luego, no excusa el enorme déficit y endeudamiento de otras regiones que ya estaban en manos del PP antes de las últimas elecciones autonómicas, como Castilla y León, Murcia o la Comunidad Valenciana. Precisamente han sido a estas tres comunidades gobernadas desde hace muchos años por el PP a las que la agencia Moody's acaba de bajar nuevamente su rating de solvencia, junto a Castilla-La Mancha, Cataluña y Andalucía.


Más absurda es aun la excusa que pone de relieve el hecho de que fue el Gobierno de Zapatero el que hizo la fantástica previsión de ingresos por la que se abonaron a las autonomías unos anticipos de 23.000 millones de euros de más y que ahora los gobiernos regionales no pueden devolver. Pues bien: si los gobernantes del PP consideraban realistas esas fantásticas previsiones de Zapatero es que eran tan irresponsables como él. Cosa que también ocurre si, considerando infladas esas previsiones de recaudación, no sólo se pulieron esos anticipos "a todas luces excesivos" sin dejar por ello, además, de incurrir, todos ellos, en déficits presupuestarios. No se olvide, por otra parte, que esos 23.000 millones que tan urgentemente reclama Salgado son pecata minuta comparado con los más de 120.000 millones a los que asciende el endeudamiento autonómico total.

A nadie se le oculta –a mí tampoco– que la rigidez con la que el Gobierno pide que le devuelvan lo que ha entregado de más sólo busca forzar en época preelectoral impopulares medidas de austeridad en unos Ejecutivos regionales mayoritariamente gobernados por el PP. Pero es que el PP debía haber llevado a cabo esas medidas de austeridad desde hace años en todas las autonomías en las que ha estado gobernando. Y eso, por no hablar de los ayuntamientos –con el de Madrid a la cabeza–, ante cuyo despilfarro la dirección nacional del partido respaldó la desvergonzada protesta liderada por la manirrota Rita Barberá ante los timidísimos topes de endeudamiento que les había impuesto el Ejecutivo socialista.

Entiéndaseme bien. No pretendo rebajar un ápice la responsabilidad que Zapatero tiene en el desbarajuste de las cuentas, ni pedírselas anticipadamente a Rajoy. Se trata, simplemente, de señalar corresponsabilidades que los gobernantes autonómicos y municipales del PP tienen desde hace años en este desbarajuste y de advertir que no son ejemplo de la "revolución en el recorte del gasto público" que tiene que acometerse para que el cambio de Gobierno no sea un mero cambio de siglas. Y es que, en esto del exigible equilibrio presupuestario, no debe existir en el PP ningún "verso suelto", y el hecho es que hay bastantes.


Libertad Digital - Opinión

20N: han perdido la cabeza, o están desesperados... O las dos cosas Por Federico Quevedo

La verdad es que cuando el pasado viernes el presidente del Gobierno, Alfre..., perdón, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció que en septiembre disolvería las Cortes para celebrar elecciones generales el 20 de noviembre, o sea, el 20N, en un primer momento me pareció tan burda la maniobra de querer vincular esa fecha con el voto al Partido Popular que, francamente, no creí que hubiera otra intencionalidad en la elección que no fuera la mera coincidencia en el calendario de factores ajenos a la misma. Pero lo cierto es que movimientos posteriores de distintos dirigentes del Partido Socialista me han hecho recapacitar y, la verdad, empiezo a pensar que verdaderamente en Ferraz han perdido la cabeza. O están desesperados. O las dos cosas.

A estas alturas de la película, la sociedad española tiene una suficiente madurez democrática como para no vincular a la derecha liberal y centro-reformista con el franquismo, y no creo que esa jugada le salga bien al Partido Socialista. Es más, puede salirle bastante mal, porque es tan evidente que puede tener un efecto boomerang y volvérsele en contra.


«Los españoles no se merecen una campaña de crispación, de insultos, de desprecio al adversario, porque la situación del país es lo suficientemente grave como para que los dos partido se tomen en serio lo que verdaderamente piden los españoles: una campaña en la que se contrasten programas, se aporten soluciones...»
Hubo un tiempo en el que a la izquierda le iba bien la estrategia del miedo, pero creo que ese tiempo ha pasado ya, aunque todavía haya en nuestra sociedad gente, cada vez menos, que siga teniendo muy presente en su memoria lo que significó la dictadura... Pero de esa gente hay ya en todas las formaciones políticas, incluido el Partido Popular. Con todo, tal y como están las cosas en el PSOE y tal y como se
le presentan en el futuro, es hasta cierto punto comprensible que se agarren a la estrategia del miedo a la derecha como último recurso.

Rubalcaba ha dicho que él va a hacer una campaña tranquila y moderada, pero eso no hay quien se lo crea... Otra cosa es que no sea él directamente quien busque aquella famosa "tensión" de la que ya habló otra vez Rodríguez Zapatero, y sean otros en su lugar los que la provoquen con sus declaraciones y con una campaña dura con la que el PSOE va a intentar salvar los muebles de una derrota sin precedentes. Pero en democracia no vale todo, aunque casi todo sea legítimo...

Nadie debería recurrir ya al miedo para condicionar el voto de los españoles, porque los españoles ya pasaron miedo en otros tiempos, y no solo en los tiempos de la dictadura, sino antes incluso. Izquierda y derecha se han repartido las épocas más oscuras de nuestra Historia reciente, y por eso en la Transición se pasó página y se buscó el consenso y la concordia, y se vio que era posible convivir sin necesidad de
estarse permanentemente tirando los trastos a la cabeza, media España contra la otra media.

Volver a las andadas implica eso, que los socialistas han perdido la cabeza, o están desesperados, o las dos cosas a la vez, pero los españoles no se merecen una campaña de crispación, de insultos, de desprecio al adversario, porque la situación del país es lo suficientemente grave como para que los dos partido se tomen en serio lo que verdaderamente piden los españoles: una campaña en la que se contrasten programas, se aporten soluciones, se den respuestas a los problemas desde el sentido común y la cordura.


El Confidencial - Opinión

Techo de deuda. El día en que el mundo no terminó. Por Juan Ramón Rallo

¿Qué disciplina le impone a un Gobierno un techo de deuda que sabe que se elevará siempre que lo requiera? ¿Acaso el techo de deuda no debería actuar como límite insuperable y preventivo a su irresponsabilidad y prodigalidad?

Acaso sea la cercanía de 2012 la que lleva a muchos a pronosticar el fin de los tiempos de tanto en tanto. Sabido es que el alarmismo vende y no otra cosa recibimos como moneda de cambio. Tras varias semanas acongojados de que el mundo tal y como lo conocemos iba a concluir, de que corríamos el riesgo de caer en un cataclismo peor que el de Lehman Brothers, al final todo se ha arreglado de la manera en que cualquiera podía esperar que se arreglara desde el comienzo: con un pacto de última hora y a regañadientes que permitiera a los dos partidos aparentar que se han mantenido firmes en sus convicciones, que han cedido un poquito por responsabilidad institucional e interplanetaria y que, en todo caso, los derrotados han sido los otros.

Interesante ópera bufa para quien se la haya creído y la haya disfrutado con una canasta de palomitas en la mano. Pero poco más. Desde el principio, elefantes y burros se arrojaban los tratos a la cabeza por ver quién le dejaba la calderilla al camarero. No otra cosa se dilucidaba. Los planes de republicanos y demócratas eran prácticamente calcados: los primeros pretendían aprobar una reducción del gasto de 1,2 billones de dólares durante los próximos 10 años, crear una comisión que acordara la reducción adicional de de 1,8 billones y elevar el techo de deuda en dos fases, 0,9 billones de inmediato y 1,6 después de reunida la comisión; los segundos, minorar el gasto 1,2 billones durante 10 años, especialmente en las partidas de Defensa (partidas en las que, por cierto, las reducciones vendrán por sí solas, por el progresivo abandono de las contiendas de Irak y Afganistán), reunirse en comisión sin demasiado compromiso para estudiar la viabilidad de los déficits futuros e incrementar de inmediato el techo de deuda en 2,7 billones.


El acuerdo final ha sido una fusión de estos dos mellizos: el gasto se reduce de inmediato en 0,9 billones (un tercio de los cuales proviene del menor gasto en Defensa); antes del 23 de diciembre de este año se votará una reducción consensuada de 1,5 billones; si, como es previsible, la comisión bipartidista no llega a un acuerdo, se procederá automáticamente a reducir 1,2 billones a diez años vista; y el techo de deuda se eleva en 0,9 billones ahora y en 1,5 ó 1,2 billones según lo que suceda el 23 de diciembre. En cualquier caso, como querían los demócratas, se garantiza un incremento suficiente como para que Obama no tenga que responder de sus despilfarros antes de las próximas elecciones.

Pues la cuestión de fondo es: ¿cuándo el Leviatán estadounidense abandonó los últimos resortes de autocontención que le quedaban? El mal no viene de ahora, ciertamente, pero la frivolización del techo de deuda lo ilustra de nuevo. ¿Qué disciplina le impone a un Gobierno un techo de deuda que sabe que se elevará siempre que lo requiera? ¿Acaso el techo de deuda no debería actuar como límite insuperable y preventivo a su irresponsabilidad y prodigalidad? Por lo visto no: un simple maquillaje para hacernos creer que el Estado se encuentra realmente sometido a límite alguno.

Y no, la pataleta de los republicanos ni siquiera puede considerarse una chinita en el camino de Obama hacia el Enorme Gobierno. Tras el acuerdo, en el mejor de los casos, el gasto público se reducirá en 0,24 billones al año... sobre un gasto total de 3,69 billones: apenas un 6,5% (aunque para 2011, no nos asustemos, el comprometido recorte apenas alcanzará los 0,1 billones). O, para que nos entendamos, una magnitud similar a la que el poco o nada derechista Zapatero osó aprobar con el tijeretazo. Pero mientras, el déficit anual sigue disparado en 1,4 billones anuales y el nuevo techo de deuda de 16,5 billones de dólares (el 110% del PIB de EEUU) erosiona cada vez más la solvencia del país.

¿Eso es todo amigos? Sí, eso es todo. Ni demócratas, ni republicanos ni un Tea Party que tiene mucho menos poder del que se le reputa. Al cabo, por lo visto la suspensión de pagos de EEUU iba a hundir a la economía mundial en la mayor depresión que conocieron los tiempos. Será que EEUU no había suspendido previamente pagos en 1971 y 1973, cuando se comprometió a entregarles a los bancos centrales europeos unas ingentes cantidades de oro que jamás llegaron a ver; será que esta suspensión de pagos, resultado de una mera insuficiencia transitoria de liquidez, iba a ser más grave que aquélla, resultado de una irremediable insolvencia; será, en fin, que el establishment ha jugado inteligentemente sus cartas metiéndoles a todos el miedo en el cuerpo. Ah, el miedo: crisis y Leviatán. Han vuelto a ganar, pero ¿en algún momento estuvieron a riesgo de perder?


Libertad Digital - Opinión

Democracia sin fantasmas. Por Ignacio Villa

El reciente anuncio sobre el adelanto de las elecciones generales para el próximo mes de noviembre nos sitúa ya ante la vorágine de la campaña electoral, que previsiblemente nos llevará a un cambio de ciclo político después de más de siete años de gobiernos socialistas.

Por eso quizá, éste es un buen momento para hacer algunas consideraciones sobre algo a lo que los españoles somos bastante propicios. Quizá por historia, quizá por carácter, quizá por distintos antecedentes. Lo cierto es que creo que no es demasiado pedir exigirnos a nosotros mismos que ante los próximos meses de intensa campaña política no seamos tremendistas. El mundo no se acaba. Es verdad que la situación en la que estamos inmersos se encuentra aliñada por el hartazgo, por el cansancio, por la crisis económica y por los nervios propios de unas elecciones. Todo eso es cierto; pero ya va siendo hora de que los españoles vivamos con naturalidad las citas electorales. Sabiendo que son la parte fundamental de nuestro sistema político y que además son imprescindibles para alimentar algo básico en la higiene democrática: la alternancia en el poder.


Puede parecer paradójico, pero tendría que ser así. Unas elecciones, sean del carácter que sean, deberían unir a la sociedad, más que separar o enfrentar. Una cosa es que los políticos escenifiquen la controversia sobre modelos diferentes de sociedad, los resultados efectivos ante unas medidas concretas o las posibilidades reales para salir de la crisis económica. Los políticos están en lo suyo, de acuerdo; pero los ciudadanos tendríamos que estar en lo nuestro. Y lo nuestro es saber que lo más grande que tenemos en nuestra sociedad es el tesoro de la democracia y de la libertad. Y que no podemos estar tirándonos los trastos a la cabeza de forma indefinida.

El día en que los españoles nos quitemos de encima las etiquetas despectivas que nos arrojamos para descalificar al que no piensa como nosotros, habremos entrado ya en la madurez democrática sin posible retorno. Cuando saquemos de nuestro vocabulario coloquial los conceptos de facha o de rojo para criticar a los demás estaremos ya en un escalón superior de madurez.

Una cuestión es la gestión política, que como es lógico tiene que admitir todo tipo de críticas y de valoraciones. Pero los ciudadanos no podemos caer en esa dinámica que no va con nosotros. Y unas elecciones generales como las que tenemos a la vuelta de la esquina se convierten –de nuevo– en una ocasión maravillosa para traspasar ese Rubicón de madurez. La democracia se fundamenta en la alternancia, pero por encima de todo se fundamenta en eliminar de la convivencia diaria los fantasmas de buenos y malos. Los ciudadanos somos todos iguales; eso sí, tenemos la capacidad de elegir a los que pensamos que lo pueden hacer mejor. Y si esa elección supone un cambio, nadie se debe rasgar las vestiduras. Ahí está la maravilla de la democracia y todavía a algunos les cuesta entenderlo.


La Razón - Opinión

Breivik. Maldad patológica y maldad ideológica. Por Carlos Alberto Montaner

No hay que dejarse confundir con los malvados ideológicos. Hay que castigarlos con la severidad que permita la ley y con el desprecio público por sus actos.

La defensa del noruego Andres Breivik girará en torno a su presunta locura. El abogado defensor intentará persuadir a los jueces con un razonamiento muy extendido: ¿quién, que no esté absolutamente loco, es capaz de organizar semejante carnicería entre un grupo de inocentes? A lo que tal vez agregue un elemento adicional que reforzaría su tesis: el señor Breivik tomó alguna droga antes de cometer sus asesinatos. Esos psicotrópicos afectaron su conducta.

Ignoro si la justicia noruega aceptará esos argumentos. Espero que no los tomen en cuenta. Son producto de la interesada confusión entre la maldad patológica y la maldad ideológica. La maldad patológica deriva, en efecto, de un trastorno de la racionalidad. El loco oye voces, a veces acompañadas de visiones, que le piden que mate. Él se limita a obedecer esas órdenes. Usualmente, a ese tipo de demente lo clasifican como esquizofrénico. Es posible, incluso, que las voces y las visiones tengan un componente positivo: Juana de Arco, entre otros muchos "visionarios", probablemente era una esquizofrénica que militó en una causa noble.


El malvado ideológico es otra cosa. Es alguien que puede hacer daño sin ningún freno moral porque sus creencias y valores lo autorizan para ello. Hitler no era un loco. Era un malvado ideológico convencido de que debía exterminar a los judíos, a los gitanos, a los Testigos de Jehová o a los homosexuales porque eran seres dañinos para la especie. Lenin, Stalin o Mao eran también malvados ideológicos. Para ellos el asesinato en masa de los "enemigos de clase" no constituía un crimen sino una necesaria obra de limpieza revolucionaria que se ajustaba al catecismo marxista y a la dictadura del proletariado.

Cuando Hugo Chávez, en 1992, ataca la mansión presidencial y provoca centenares de muertos en las calles de Caracas, o cuando le escribe una carta de solidaridad a Carlos Ilich Ramírez, el despiadado "Chacal" autor de innumerables crímenes, no es víctima de una distorsión de la realidad, sino de un juicio ético pervertido por la ideología. La muerte violenta de sus adversarios, simplemente, le parece justificable. Por eso no tiene inconveniente en abrazar a Ahmadineyad, el tirano iraní que afila la espada nuclear para acabar con los israelíes.

Incluso los matarifes de las bandas de narcotraficantes son malvados ideológicos. Sus abominables acciones no derivan de creencias políticas, sino de intereses y valores tribales que generan sus códigos de comportamiento: para ellos decapitar inmigrantes o extorsionar a los trabajadores es legítimo porque les genera dinero y les gana el respeto de la banda a la que pertenecen y el terror de la sociedad sobre la que imperan.

En realidad, los malvados patológicos son muy pocos. La fauna que abunda es la de los malvados ideológicos. Como nos reveló el Premio Nobel Konrad Lorenz en Sobre la agresión, los seres humanos carecen de frenos instintivos que les impiden hacerles daño a sus congéneres, horrible descubrimiento al que acaso no fue ajena su propia y lamentable militancia en el partido nazi, hecho del que se arrepintió en su momento.

Prácticamente, cualquier ser humano "normal" puede torturar cruelmente o asesinar a otra persona si sus ideas, creencias, intereses, valores y atmósfera social así lo demandan. Siempre recuerdo la sorpresa que me causó saber que cerca de mi casa en La Habana vieja, hace ya muchas décadas, existía una siniestra edificación del siglo XIX, "el azotadero", a donde las personas honorables llevaban a sus esclavos desobedientes para que los desollaran a palos. Generalmente, acudían a ese sitio tras escuchar misa en la hermosa Iglesia del Ángel.

No hay que dejarse confundir con los malvados ideológicos. Hay que castigarlos con la severidad que permita la ley y con el desprecio público por sus actos. Y hay que comprender que la única correa capaz de sujetar al feroz animal que duerme en el corazón de nuestra especie son las instituciones surgidas de la Ilustración para proteger los derechos individuales y para limitar y fragmentar la autoridad de quienes ejercen el poder. Sólo estamos a salvo del zarpazo de los otros cuando nos contenemos todos con la camisa de fuerza de la institucionalidad proporcionada por la democracia liberal. Fuera de ese marco comienza la selva.


Libertad Digital - Editorial

Hay que desactivar a Bildu

El comportamiento ayer de Martin Garitano, en calidad de diputado general de Guipúzcoa y en el marco de la festividad de San Ignacio, no sorprende. Sin embargo, justo por ello debe provocar la indignación de todos los demócratas, ante una actitud sectaria, claramente alineada con la violencia ejercida por ETA, y en la que demostró un absoluto desprecio a la institución y a los guipuzcoanos que representa. No puede utilizar el altavoz que le facilita su condición de diputado general de Guipúzcoa, es decir, de representante de todos los guipuzcoanos, para pedir en su nombre la derogación de la «doctrina Parot», que supone la «cadena perpetua» para los presos de ETA, el fin de la dispersión de los presos etarras y la legalización de Sortu, es decir, el mismo discurso que repite la banda terrorista persistentemente. ¿Hasta cuándo vamos a soportar las burlas de Garitano y de Bildu? Desde los sindicatos policiales se espera que, tras las elecciones, se actúe. Ya hay suficientes argumentos legales para hacerlo. Desde que se les abrió las puertas de las instituciones, se ha comprobado hasta qué punto están instrumentalizando los ayuntamientos y las instituciones en las que están presentes para volver a plantear un escenario que ya creíamos desterrado: la retirada de la fotografía del Rey del ayuntamiento de San Sebastián, el manifiesto desprecio a la bandera española, y el acoso a los constitucionalistas. Con todos estos hechos, la Fiscalía y la Abogacía del Estado pueden reunir las pruebas que permitan evitar tanto escarnio y aportarlas a los tribunales. Tan cierto es que ETA no comete atentados como que el brazo político de los etarras, con su presencia cada vez más activa en las calles, está violentando de nuevo la convivencia en la sociedad vasca, con sus estrategias del miedo y la intimidación que tan bien le funcionaron en el pasado.

En este contexto, es pertinente recordar la posición activa del Partido Popular, cuyos dirigentes en el País Vasco han presentado varias iniciativas para acotar los movimientos de Bildu, como las mociones en distintos ayuntamientos para que los proetarras condenen a ETA, las cuales, por cierto, han sido objeto de críticas por parte de los socialistas vascos, que mantienen una posición más condescendiente. Y en LA RAZÓN, María Dolores de Cospedal ya anunció que el PP incluiría en su programa echar a Bildu de las instituciones. Ése es el camino para aislarles y desactivarles, una vez consumada su presencia en las instituciones. Lástima que no encuentren la complicidad del resto de fuerzas políticas, que mantienen unas posiciones mucho más tibias, esperando algo que sólo los más ingenuos creen que puede pasar: que Bildu condene los pretéritos atentados de ETA.

Lástima que Martin Garitano, en su penúltimo desprecio a la institución que representa, no asistiese ayer a la misa celebrada en la basílica de San Ignacio de Loyola, en Azpeitia. Si hubiese estado presente en representación de todos los guipuzcoanos, podría haber tomado nota de las palabras del obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, que afirmó que «la verdadera paz no puede nacer de meros cálculos políticos, sino de un auténtico arrepentimiento». Evidentemente, Garitano no contempla esa posibilidad, como demuestra con insistencia.


La Razón - Editorial

Acuerdo peligroso

El pacto para ampliar la deuda evita el impago en Estados Unidos, pero compromete la recuperación.

El acuerdo in extremis en Estados Unidos entre demócratas y republicanos para elevar el techo de la deuda, pendiente de la aprobación la pasada madrugada por las Cámaras, salva el normal funcionamiento de la economía estadounidense hasta 2013, durante la legislatura de Barack Obama, pero transmite el mensaje de que la política radical que propone el núcleo del partido republicano, el Tea Party, será un obstáculo para la gestión anticrisis de Washington. El acuerdo salva el presente, puesto que evita la suspensión de pagos del país, pero compromete el futuro.

Obama ha perdido contra los republicanos. Él mismo lo admite cuando proclama que "este no es el acuerdo que hubiera preferido". El techo de deuda se amplía en unos dos billones de dólares; pero la condición republicana es que el recorte del déficit presupuestario ha de ser superior al margen de endeudamiento. Por añadidura, los republicanos (más exactamente, el Tea Party, su núcleo más activo en esta negociación) se niegan a que la contención del déficit incluya un aumento de impuestos a las rentas más altas. El pacto evita el impago hasta 2013, pero compromete la política económica del presidente.


Porque las condiciones impuestas por los republicanos debilitan gravemente los fundamentos del país para iniciar una recuperación fuerte y sostenida. Las restricciones fiscales evitarán la reactivación económica y ralentizarán el crecimiento (la previsión para 2011 es apenas del 2,5%) y el empleo (la tasa de paro difícilmente bajará del 9%). Si la expansión monetaria de Ben Bernanke ya había sido puesta en entredicho por el Fondo Monetario Internacional (FMI), las horcas caudinas por las que se ha visto obligado a pasar Barack Obama bajo la mirada triunfal de los republicanos acabarán por arruinar la efectividad de la política fiscal.

Los mercados percibieron esta contradicción. Si bien al empezar la jornada reaccionaron con una cierta euforia al anuncio del acuerdo, después advirtieron que la economía estadounidense no reacciona y que las drásticas limitaciones presupuestarias que implica el pacto de la deuda lastrarán el crecimiento (por tanto, la capacidad para devolver la deuda), y enfriaron el entusiasmo. En los puntos más débiles del sistema financiero las pérdidas fueron importantes. En España, el Ibex se hundió el 3,24% y la prima de riesgo alcanzó los 370 puntos básicos.

Estados Unidos se encuentra en estos momentos dentro de la misma trampa básica que el Viejo Continente. Como en tantos países europeos, para evitar la suspensión de pagos, es necesario aplicar ajustes fiscales (en este caso producto de un pacto político interno) cuya consecuencia es limitar el crecimiento. Estados Unidos no es Europa, por supuesto. Su estructura financiera interior y exterior le permite un margen de maniobra mayor. Pero el acuerdo compromete su crecimiento y su empleo. Está fundado, pues, el temor a que las agencias de calificación degraden la deuda norteamericana.


El País - Editorial

Zapatero y Obama: atándoles las manos a los derrochadores

Si algo nos han demostrado los casi tres años de Gobierno de Obama es que los planes de estímulo del sector público, responsables en gran medida de la deficitaria situación del presupuesto, han sido del todo inútiles para reanimar la economía.

Aunque el acuerdo sobre el techo de deuda alcanzado entre republicanos y demócratas suene a poco y no solucione los problemas financieros del país, es muy probable que los republicanos no hubiesen podido conseguir mucho más de un Partido Demócrata y de un Obama que llevan en su ADN la obsesión por el gasto público. El timorato programa de austeridad que se ha aprobado no supone ninguna panacea para un país cuya deuda pública está a punto de alcanzar el 100% del PIB, pero al menos sí ralentiza el ritmo al que se estaba aproximando a una situación realmente insostenible. Aun así, y precisamente por lo parco del ajuste, resulta bastante probable que las agencias de rating acaben degradando la calificación de la deuda soberana estadounidense.

Si algo nos han demostrado los casi tres años de Gobierno de Obama es que los planes de estímulo del sector público y la renuencia a adoptar medidas de contención del gasto, responsables en gran medida de la deficitaria situación del presupuesto, han sido del todo inútiles para reanimar la economía. Ayer mismo conocimos que la actividad fabril del país volvió al nivel más bajo de los dos últimos años; un negativo dato que llega una semana después de que conociéramos que el crecimiento de la economía durante el segundo trimestre del año también fue sustancialmente menor del esperado.


Esta fragilidad del gigante estadounidense y el riesgo de que su deuda fuera degradada reforzaron los temores sobre un estancamiento de la economía internacional, lo que tendría una pésima influencia sobre los eslabones más débiles de la misma: por ejemplo, España. Nuestro país, ayuno de reformas y de auténticas medidas de austeridad, necesita desesperadamente que la demanda externa lo saque del atolladero, pero esta demanda externa depende críticamente de la buena salud del resto de países.

Es lo que tiene habernos jugado el futuro de nuestro crecimiento, de nuestro empleo y de nuestras finanzas públicas a la sola carta de la recuperación internacional. Deberíamos tomar nota de lo que ha sucedido en Estados Unidos: tampoco a ellos, con una economía infinitamente más flexible y libre que la nuestra, les ha servido de nada gastar más de lo que ingresan. Y aunque aquí no tengamos a ningún Tea Party, los inversores extranjeros sí vigilan de cerca nuestra situación y restringen las ansias derrochadoras de Zapatero: ayer, sin ir más lejos, le confirieron la peor nota, en forma de prima de riesgo, desde la creación de la zona del euro. El tiempo de descuento hasta las próximas generales no debería frenar ni un minuto las cada vez más inaplazables reformas que necesitamos.


Libertad Digital - Editorial

lunes, 1 de agosto de 2011

Paro, Déficit, Deuda, Prima de riesgo,... 2003-2011: Las cifras del desastre. Por B. García / D. Soriano

El presidente socialista deja un panorama económico muy distinto del que se encontró en 2004. España todavía está muy lejos de su recuperación.

El desgaste de la economía española ha obligado a Rodríguez Zapatero a adelantar las elecciones. El 20 de noviembre, una fecha que cuanto menos es curiosa, ha sido la elegida por el todavía presidente del Gobierno para llevar a los españoles a las urnas.

La presión sobre la deuda española, con la prima de riesgo persistentemente por encima de los 300 puntos desde comienzos de julio, ha tirado por tierra la idea inicial de alargar aun más la agonía agotando la legislatura. Ahora llega el momento de hacer balance. Evaluar los 7 años y 4 meses que lleva Zapatero al frente del Ejecutivo implica hacer un recorrido por una etapa marcada por las graves consecuencias que ha generado una crisis económica que, en un principio, se negó y que aún mantiene a España al borde del colapso.


Contra todo pronóstico el PSOE ganó las elecciones en marzo de 2004 y su líder se encontró con una economía en pleno auge. España atravesaba por un periodo expansivo con las principales magnitudes económicas (producción, empleo y inversión) a su favor. Pero el modelo de crecimiento económico se agotó y la crisis económica hizo que España volviese sobre sus pasos. Estos son los resultados económicos de siete años de zapaterismo, resumidos en ocho apartados.

- Más paro: La destrucción de empleo ha sido el principal problema de Zapatero en los últimos años. Este viernes la Encuesta de Población Activa (EPA) situaba en junio la tasa de paro en el 20,89%. Esto significa que España tiene 4.833.000 parados, un dato escandaloso si se tiene en cuenta que cuando Zapatero entró en el Gobierno apenas se superaban los dos millones.


- Menos crecimiento: Entre 2001 y 2004, España crecía alrededor del 3% y ahora casi no es capaz de llegar al 0%. En 2007 comenzó una recesión a la que Zapatero no supo enfrentarse (no reconoció la crisis hasta el verano del 2008). En el año 2009, la economía española perdió un 3,7%, la mayor caída en dos décadas. En los últimos dos años ha conseguido recuperar algo, pero todavía no ha logrado salir del pozo, algo que sí han conseguido sus socios de la UE.


- Más déficit: Uno de los objetivos más ambiciosos del Gobierno es reducir el déficit público por debajo del 6% en 2011, después de haber cerrado los dos últimos ejercicios con unos números rojos del 11% y el 9%. Cuando el político castellano-leonés llegó a la Moncloa, el déficit para el conjunto de sus Administraciones Públicas era tan solo del 0,28% del PIB, una cifra imposible de imaginar a día de hoy.


- La deuda, disparada: La afición de Zapatero por financiar al Estado mediante deuda es otra causa de la debilidad económica nacional. Mientras en el primer trimestre de 2004 España registraba un crecimiento de la deuda del 1,7% del PIB, el cuarto trimestre de 2010 se saldó con un 13,8%. De este modo, España debía a finales de 2010 casi 640.000 millones de euros, el 60% del PIB. Y todo indica que a lo largo de 2012 se llegará al 80%, incluso si se cumplen las optimistas previsiones del Gobierno.


- Prima de riesgo: Hace dos semanas el rescate financiero de España estuvo más cerca que nunca en los mercados cuando la prima de riesgo española rozaba los 400 puntos básicos. Este escenario contrasta con el de 2004, cuando el diferencial entre el bono español y el alemán era de 0 (inexistente), y el coste de financiación era dos puntos menor incluso, aunque los tipos de interés eran algo más altos.


- Número de empresas concursadas: A través del concurso de acreedores las empresas ponen fin a su actividad. Al carecer de liquidez muchos empresarios se han declarado en una situación muy poco común hace siete años, la insolvencia. España ha descendido en todos los índices de libertad económica, entre otros motivos por el poco cariño que el Gobierno ha demostrado hacia los empresarios. En el primer trimestre de 2004 tan solo 72 se declararon en concurso, mientras que el mismo periodo de este año lo han hecho 1.552, un panorama empresarial bien diferente. También la creación de empresas se ha resentido: mientras que entre enero y marzo de 2004 se constituyeron casi 40.000 sociedades mercantiles, en el mismo período de 2011 apenas se llegó a las 24.000.


- Confianza del consumidor: Los propios consumidores han juzgado el trabajo del Gobierno en los últimos años. El índice de confianza que elabora el ICO es la mejor prueba de la falta de perspectivas de la economía espñaola. La percepción que los hogares tienen acerca del estado de su situación financiera personal y de España en general ha caído en más de 30 puntos desde 2004 y las expectativas sobre el futuro también están peor que hace siete años.


- Número de funcionarios: A pesar de la crisis, el número de funcionarios del Estado no ha parado de incrementarse, obviando así un principio básico en toda política de austeridad: reducir gastos. Si en 2004 la plantilla de la Administración Pública registraba a 2.868.000 de trabajadores en 2010 y en 2011 los empleados públicos llegan a los 3.218.000. Aunque en este incremento las CCAA tienen una buena parte de la responsabilidad, la política de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido de constante incremento del gasto público y de la intervención de las administraciones públicas en la economía del país.



Libre Mercado - Opinión

Elecciones. Una decisión que llega tarde. Por Jaime de Piniés

La clave política parece ir por derroteros distintos a los económicos, porque todo tipo de estrategia política-electoral puede verse desbordada por un tsunami financiero y éste acecha en el horizonte.

Llevamos varias columnas y muchos meses insistiendo en la necesidad de que el Gobierno de Rodríguez Zapatero convocara elecciones anticipadas ante la manifiesta incapacidad de su Gobierno de introducir las reformas que precisa España. Por fin, nuestro Presidente ha entrado en razón y las ha convocado para el día 20 de noviembre. En mi opinión hemos perdido muchísimo tiempo para llegar a este punto y es difícil razonar por qué no se apuran las fechas y se emplazan las elecciones para un mes antes, en octubre.

La razón de clamar por esta premura radica en la presión que ya se ejerce y que se seguirá ejecutado de forma brutal sobre España. La decisión de Moody’s de bajar la calificación de seis comunidades autónomas y de poner al Reino en perspectiva negativa es una invitación a los mercados financieros para seguir castigando a España. El diferencial con el bono alemán está en cifras escandalosas por encima de los 350 puntos básicos tras el anuncio de Rodríguez Zapatero.


Moody’s tiene razón cuando se preocupa por las finanzas de nuestro sistema autonómico. El espectáculo de la pasada semana con las comunidades autónomas resistiéndose a devolver cantidades que nunca debieron recibir, cantidades que suman unos 20.000 millones de euros, cifra, por cierto, igual a la que desde UPyD se viene insistiendo representa el gasto superfluo e ineficiente anual generado por las duplicidades entre el Estado y las comunidades autónoma, y que tienen que compensarse para alcanzar los objetivos de déficit público para el país. A tal desmán solo le ha superado la nefasta intervención de la CAM. Cómo no va a tener razón Moody’s.

Hay quienes ven en la fecha del 20 de noviembre el plazo necesario para que la maquinaria electoralista del PSOE sitúe y capitalice al nuevo candidato mientras irrumpen en escena importantes anuncios de la banda terrorista para la cita electoral. La clave política parece ir por derroteros distintos a los económicos, porque todo tipo de estrategia política-electoral puede verse desbordada por un tsunami financiero y éste acecha en el horizonte. A ver qué medidas de choque se toman el próximo 19 de agosto para contener la inundación. Si bien el futuro es impredecible, de algo si podemos estar seguros: cómo funcionan los mercados.


Libertad Digital - Opinión

Campaña «low cost». Por Iñaki Ezkerra

Rubalcaba se ha tomado en serio lo de ahorrar dinero en la campaña electoral. Él quería que su lema lo hiciera el equipo publicitario que le dio el éxito a Obama, pero, como no le llegaba la pasta, los americanos le han dicho que puede usar el mismo si quiere y así se lo dejan a mitad de precio.
Es lo que ha hecho el hombre: darle al famoso «yes, we can» una manita de pintura, o sea dejarlo en «we can do it» y ¡hala, a correr! El presupuesto de Rubalcaba debía de ser tan corto que no le llegaba ni para traducírselo al castellano. Al parecer, el que cobró bien fue el de la idea del «pizarrín» y no me extraña. Realmente, a cualquiera no se le ocurre una cosa así: una pizarra roja (fíjese el lector en la sutil cuña ideológico-subliminal del color encarnado) con tres palabras que son la pera limonera: «escuchar, hacer, explicar…». Yo comprendo que el votante español medio ve un anzuelo semejante y no tiene más remedio que picar. Yo mismo, si voy por la calle y me topo con el pizarrín de Rubalcaba, con esas tres palabritas mágicas, sucumbo a la primera. ¡Y es que uno no es de piedra!

La verdad es que la idea del lema usado es muy buena. Yo creo que Rajoy debería seguir el ejemplo rubalcábico de la segunda mano y comprarles a los socialistas el que usó Zapatero en su día: «Queremos un Gobierno que no mienta». No hay peligro de que éstos lo usen ahora porque sería tirar piedras contra su propio tejado. La verdad es que al PSOE se le han quedado inservibles todos los antiguos eslóganes. Sacar ahora los «Cien años de honradez» o el «No a la guerra» sería un poco temerario.


La Razón - Opinión

Rajoy. El gran problema del PP. Por Agapito Maestre

Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación.

El PP lo tiene todo a su favor para alcanzar la mayoría absoluta. Su principal factor para ganar, como todo el mundo sabe, no es su forma de hacer oposición ni de presentar propuestas ni, mucho menos, explicar con amor y pedagogía política un programa para ilusionar a los españoles. No, no, por desgracia su principal baza es que está ante el Gobierno más incompetente que ha dado España desde 1975. Es difícil hacer las cosas peor que Zapatero, que ha llegado a avergonzar a los suyos con unas políticas alejadas, cuando no en las antípodas, de la mejor socialdemocracia. Millones de sensatos votantes socialistas sienten vergüenza ajena tanto del personaje que se marcha como del candidato que deja. Millones de socialistas dejarán de votar al PSOE. Punto.

Nadie, pues, se engañe sacando pecho con liderazgos fingidos de última hora. El desastre de Zapatero es el mejor aval para que triunfe el PP de Rajoy. Al final, aquí como en otras democracias más avanzadas del mundo, no se vota a favor de un partido sino contra los líderes de un Gobierno. Las elecciones abren, no obstante, un proceso de indeterminación que sólo las leyes de la aritmética resuelven periódicamente. El PP tendrá que enfrentarse, en cualquier caso, a determinados asuntos si no quieren que se conviertan en problemas peligrosos para alcanzar la mayoría absoluta.


Aparte del excesivo triunfalismo que puede observarse en los dirigentes políticos del PP, por otro lado, muy propio de gente que apenas sabe nada de la dureza de la vida política y, a veces, de la propia vida, al margen de las instituciones, hay un problema que, desde aquí hasta las elecciones, pueden jugarle una mala pasada a las mesnadas del PP, incluso podría hacer peligrar su mayoría absoluta. Presentarse y actuar ante el respetable público español, cuya composición es mitad populacho y mitad ciudadanía desarrollada, con tanta delicadeza "centrista" que de no querer molestar a nadie podría pasar a enfadar a muchos. Pasar de puntillas, sin hacer ruido y dando la impresión de que aquí no pasa nada, y que todo se resolverá cuando venga el PP, es mala política, porque la ciudadanía, es decir, los votantes preocupados por la calidad de la democracia, necesitan palabras, discursos y propuestas concretas para salir del estado de postración moral y política en que los ha dejado Zapatero.

La desilusión, el desencanto y, en fin, la desmoralización de este final de ciclo socialista no sólo se extiende por los ámbitos del electorado socialista, sino también por todo el país. Es algo que afecta, por lo tanto, no sólo al candidato socialista, que no podrá superar la desmovilización y el derrotismo de los suyos, sino a toda la nación. El esperpento de la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera ha puesto en evidencia que es, en efecto, la quiebra del Estado-nación el principal problema para salir de la crisis económica, social y, sobre todo, moral y política de este país. Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación. O lo hace o tendremos que pensar que también él, como su principal impulsor Zapatero, está de acuerdo en que se marchen, de una vez, Cataluña y País Vasco.


Libertad Digital - Opinión

Tras la batalla. Por José María Marco

Para comprender, por lo menos en parte, lo ocurrido con la deuda norteamericana, así como los efectos políticos que todo el asunto tendrá el próximo año, cuando se celebren elecciones presidenciales, conviene tener en cuenta algunos elementos.

El primero es el poco lucido papel que ha jugado Obama. Como inquilino de la Casa Blanca, le tocaba liderar el camino hacia un gran compromiso que hubiera tenido en cuenta las fuerzas en juego y los límites del desacuerdo. Es el papel ideal, el soñado por todos los presidentes: aquel en el que revelan su carácter y por el que dejan una impronta indeleble en la historia norteamericana. Requiere una gran visión estratégica, capacidad de diálogo, generosidad. Pues bien, Obama optó por dirigirse a sus conciudadanos en actitud amenazante y alentándolos a tomar posiciones en contra de los republicanos. Es la táctica lamentable, que aquí conocemos bien, de gobernar contra la oposición.

El resultado ha sido que en el último tramo Obama no ha contado en la negociación. El hombre más poderoso del mundo se ha limitado a contemplar cómo la negociación pasó a los grupos políticos del Congreso que han monopolizado el debate. En el último momento, habrá vuelto a intervenir de urgencia e intentará rentabilizar esta vuelta a la escena como una victoria personal. La maniobra, si ha sido tal, dice poco de su liderazgo. En el país del pragmatismo, Obama ha quedado como un sectario.


El papel del presidente era particularmente relevante porque la evolución política norteamericana ha llevado a la práctica desaparición del centro en la vida partidista. Hace veinte años había todavía republicanos que votaban con los demócratas, y demócratas que votaban con los republicanos. Hoy esas dos especies están prácticamente extinguidas. Han acabado con ellas la hiperideologización de la política, creciente desde las «guerras culturales» de los setenta, y una peculiaridad del sistema norteamericano, que permite rediseñar los distritos electorales en función de los intereses de los candidatos. En este sentido, el espectáculo ha sido poco edificante. Ha llegado el momento de volver a pensar la política en términos nacionales, patrióticos y no sólo partidistas.

En España, como en toda Europa, existe una gran afición a simplificar y a jugar al pim pam pum con algunas grandes corrientes de la política norteamericana. La última es el Tea Party, elemento fundamental para la victoria republicana en las últimas elecciones. Los nuevos representantes republicanos surgidos de este movimiento no han sido particularmente proclives al acuerdo, pero representan algo que en los últimos tres años, con independencia de la radicalización de los partidos, ha ido cobrando más y más fuerza. Es la convicción de que los gobiernos y los Estados no pueden seguir viviendo por encima de sus medios y arrasando la prosperidad y el horizonte de progreso de la gente, de sus propios ciudadanos. Es un elemento surgido con la crisis, pero ha llegado para quedarse, y defiende virtudes que alguna vez, no hace demasiado tiempo, hicieron grandes a los países occidentales: iniciativa, esfuerzo, responsabilidad… ¿Se acuerda usted?


La Razón - Opinión

Alternancia. Aznar en La Moncloa. Por Emilio Campmany

¿Y si todo se debiera a la existencia de un pacto de alternancia cuya existencia y garantías de cumplimiento ha de conocer necesariamente Aznar, pero que es posible que Rajoy ignore?

Nos ha revelado Pedro Jota en su sábana semanal una noticia sorprendente. Aznar ha visitado a Zapatero en la residencia oficial de nuestro presidente del Gobierno. La noticia es tan inverosímil que no puede habérsela inventado, no digo el periodista, de quien no puede creerse tal cosa, sino su fuente.

Demos pues por cierto el hecho. Zapatero se ha entrevistado mano a mano con Aznar en La Moncloa. A pesar de que al riojano no le gusta ahorrar papel ni palabras, no nos cuenta de quién partió la iniciativa, quizá porque ni su fuente ni él lo sepan. Pero, aunque es inimaginable a un Zapatero pidiendo a Aznar que le visite, más imposible parece que fuera el ex presidente quien solicitara ser recibido. De forma que habrá que concluir que Zapatero ha sentido, por las razones que fueran, la necesidad de hablar con el presidente honorario del PP. La cuestión es ¿por qué? O mejor dicho, ¿para qué?


La pieza sólo cuenta que hablaron de Europa, de la Unión Europea y del modo en que España puede aprovechar su integración en ella para resolver sus problemas económicos. No niego que parte de la conversación versara sobre este asunto, pero es difícil creer que fuera éste el principal motivo de la entrevista. Es verdad que también dice que hablaron del País Vasco, pero sólo para constatar sus profundas discrepancias. No tiene sentido que Zapatero llame a Aznar para que éste le explique cuánto desaprueba la política de Zapatero en relación a la ETA, Bildu, el independentismo vasco y todo lo demás. ¿Entonces?

Lo más probable es que el encuentro estuviera motivado por la evidentemente próxima transmisión de poderes que Zapatero tendrá que hacer a Rajoy en diciembre. Claro que, para eso, con quien tendría que haberse visto es con el gallego, no con Aznar.

¿Y si todo se debiera a la existencia de un pacto de alternancia cuya existencia y garantías de cumplimiento ha de conocer necesariamente Aznar, pero que es posible que Rajoy ignore? ¿Y si Zapatero quisiera asegurarse que el PP respeta las cláusulas de ese pacto, sean las que sean? No extrañaría que éstas incluyeran una especie de borrón y cuenta nueva. Eso es lo que hizo Aznar en 1996 cuando, entre otras cosas, negó la desclasificación de los papeles del Cesid, que podía haber llevado a la cárcel a Felipe González. Si se tratara de hacer llegar a Rajoy la idea de que el pacto existe y está vigente, la persona más indicada para transmitírsela es Aznar.

Vaya usted a saber. Lo que es obvio es que hay entendidos, cuando no acuerdos, que no nos cuentan. Los hechos son que ocho años estuvo Aznar y casi otros ocho ha estado Zapatero y, si no los ha completado, es porque a su partido no le ha convenido. ¿Estará también ocho años Rajoy y luego llegará nuevamente el turno del PSOE? Bonita democracia, la nuestra.


Libertad Digital - Opinión

Una campaña más austera

En política tan importante es el fondo como las formas. En este escenario de crisis económica, una de las prioridades de los partidos políticos ante la cita electoral del próximo 20 de noviembre es dar una imagen de austeridad al ciudadano y evitar el despilfarro de anteriores campañas electorales, en las que los partidos manejaban unos presupuestos más que generosos sin que el ciudadano entendiese muy bien su trascendencia en la cita electoral. Sólo un dato: en las anteriores generales, que se celebraron en 2008 –con la crisis ya gestándose–, los partidos políticos se gastaron en los quince días que duró la campaña más de 50 millones de euros en partidas como publicidad exterior (vallas o banderolas), inserción de anuncios en los medios de comunicación, «mailing» electoral y los distintos actos públicos que celebraron. En esta cita, esta cifra debe mermar considerablemente. En ese sentido, en la reforma de la Ley Electoral que se publicó en el Boletín Oficial del Estado del pasado mes de enero, en relación a las campañas electorales se buscaba que la contratación de la publicidad en los distintos soportes publicitarios sólo podría realizarse en los quince días estrictos de campaña. También se redujo el límite máximo que pueden asumir las candidaturas y se congelaron las subvenciones por voto/escaño y el «mailing» a lo largo de este año.

El Partido Popular no ha sido ajeno a esta medida de ajuste y fuentes de la formación ya han anunciado recortes en varias partidas, como las campañas de marketing y comunicación, así como buscar locales más económicos para celebrar sus actos electorales. Estas medidas serán recibidas con satisfacción por los votantes, que en ningún caso serían cómplices de unos dispendios que ahora mismo la sociedad española no se puede permitir. Es de desear que el resto de los partidos políticos anuncien también medidas concretas con el fin de que sus presupuestos para la campaña electoral sean lo más ajustados posibles a los objetivos a conseguir.

En esa línea de austeridad, los partidos políticos deberían ser más imaginativos. Las fórmulas tradicionales siguen funcionando pero cada vez tienen menos alcance. Frente a la pugna por llenar los grandes escenarios como se ha visto en otras citas electorales, los candidatos y sus equipos deberían ser muy responsables para rentabilizar al máximo los recursos con los que cuentan. Si son un valor importante las siglas, aún lo es más el candidato y que éste tenga un discurso claro, con mensajes directos y que transmita cercanía y empatía por la situación que están viviendo los votantes.

Lo único cierto es que la ciudadanía va a estar muy pendiente de que esta campaña electoral no sea muy gravosa para el bolsillo de todos los españoles. Debe significar un antes y un después, un cambio de modelo de campaña electoral que actualmente es muy costoso y a veces ineficaz. También tiene que ser algo más que un indicio de que los partidos políticos están mentalizados en aplicar unas medidas económicas más rigurosas, en las que la filosofía principal sea la austeridad.


La Razón - Editorial

Oscuro dictamen

El FMI enjuicia la situación española y sugiere un difícil consenso político para más reformas.

El informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre España correspondiente a 2011 ratifica el diagnóstico de la economía española. Con fecha de 7 de julio, el documento da la impresión de haber sido redactado hace meses. Si esta renovada institución desea que sus dictámenes sean útiles, deberá hacer un mayor esfuerzo por penetrar en la realidad económica y financiera de los países y producir sus análisis con la suficiente celeridad, además de hacer hincapié en las dificultades específicas para concretar las decisiones fáciles de identificar.

El informe destaca favorablemente que el Gobierno haya asumido en los últimos 12 meses decisiones destinadas a fortalecer la confianza de los mercados financieros. No comenta, sin embargo, la constatación de que, al igual que ha ocurrido en otras economías, esa confianza no solo no ha llegado, sino que, a tenor de las primas de riesgo que está soportando en estos días, los mercados parecen exigir algo más que el simple adelgazamiento de los presupuestos públicos.


El crecimiento económico español, necesario para el definitivo saneamiento financiero, es anémico. Destaca su único sustento en las exportaciones, insuficiente para compensar el desplome de la demanda interior y para eludir el contagio de la inestabilidad dominante en los mercados de deuda soberana de la eurozona. En la identificación de los retos que afronta la economía española el Fondo tampoco es muy original. La débil productividad y un mercado de trabajo disfuncional son los más destacados. Y aunque comparte la agenda política de reformas definida por el Gobierno, los expertos de la institución reclaman mayor determinación en la consecución de la sostenibilidad fiscal, en la reestructuración del sistema financiero y en las reformas del mercado de trabajo. Para todo ello, sugieren la consecución de un amplio respaldo político y social. Ahí es nada.

Es en este punto en el que hubiera merecido la pena hacer hincapié. La situación de extrema gravedad que desde hace más de un año sufre la economía no ha encontrado amparo suficiente en el entendimiento de una clase política, más pendiente de las encuestas electorales que en arrimar el hombro para evitar el ascenso del paro y las pérdidas de bienestar de los ciudadanos. La reforma del sistema financiero o la disposición de un marco clarificador del saneamiento del conjunto de las Administraciones públicas son ámbitos que hubieran justificado un acuerdo básico. Pero el juicio del Fondo no alcanza a la calidad de las instituciones, a la capacidad de las organizaciones políticas para fortalecer la confianza, aspectos que, cada vez en mayor medida, la evidencia revela como esenciales en la asunción de retos tan complejos como los suscitados por esta crisis. Al Fondo tampoco le fue posible sugerir acciones en esta tortuosa transición hasta la constitución del Gobierno que surja de las próximas elecciones generales.


El País - Editorial

La alargada sombra del Faisán

Si en economía Rubalcaba no viene a traer nada nuevo con respecto a la ruina que supuso Zapatero, en política antiterrorista ni siquiera hay sucesión formal. Zapatero simplemente se subrogó en la infame estrategia diseñada por el verificador Rubalcaba.

En efecto, el chivatazo del Bar Faisán es un ataque contra el sentido común, tal como ha afirmado el socialista Joaquín Leguina. Pero sólo un ataque contra el sentido común de quienes anteponen el Estado de Derecho a las componendas con los terroristas. Para aquellos otros que, en cambio, están dispuestos a violentar las normas con tal de lograr sus maquiavélicos objetivos políticos, la colaboración con ETA –el "todo tendrá cabida, tenga el alcance que tenga"– constituye un paso del todo lógico con tal de alcanzar su ansiada paz sucia.

Por desgracia, el chivatazo del Faisán, a diferencia de lo que le gustaría creer a Elena Valenciano, no es una campaña montada por la derecha, sino una gravísima ilegalidad que impidió desarticular el aparato de extorsión de la banda terrorista y por el que ya se encuentra procesada la cúpula del Ministerio del Interior en tiempos de Rubalcaba: Víctor García Hidalgo, Enrique Pamiés y José María Ballesteros.

Al ministro del Faisán, sin embargo, no parece importarle demasiado que sus hombres de confianza, en lugar de estar combatiendo a ETA, estuvieran presuntamente colaborando con ella para defenderla de la acción de nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad. Rubalcaba ya se ha apresurado a aclarar que no ve ninguna incompatibilidad entre su candidatura a la presidencia del Gobierno y el procesamiento de sus altos mandos. Será que para el socialista la lucha contra el terrorismo, lejos de ser una prioridad, supone un obstáculo; un obstáculo para la rendición del Estado de Derecho a las pretensiones de los criminales. No otra cosa cabe colegir de tan ultrajantes declaraciones y del hecho de que pretenda seguir aspirando a la Jefatura del Gobierno como si no tuviera mácula alguna.

Si en economía Rubalcaba no viene a traer nada nuevo con respecto a la ruina que ha supuesto Zapatero, en política antiterrorista ni siquiera hay sucesión formal. Zapatero simplemente se subrogó en la infame estrategia diseñada por el verificador Rubalcaba. Cada día se encarga de recordárnoslo.


Libertad Digital - Editorial

domingo, 31 de julio de 2011

Elecciones. Con la ceja, contra internet. Por Daniel Rodríguez Herrera

Durante estos siete años, internet ha sido para el Gobierno y el PSOE una vía más para hacer propaganda, que siempre ha sido su especialidad. Pero cuando ha tenido que mojarse, ha preferido alinearse con los lobbys afines ya establecidos.

Han sido siete años, siete años marcados por el enfrentamiento con los internautas. Algunos tuvieron miedo de que la amenaza del terrorismo sirviera para coartar las libertades que disfrutábamos en la red, pero en España nunca han hecho falta tantas excusas. Ha bastado que los profesionales del artisteo apoyaran a Zapatero, incluso algunos de los que tradicionalmente se habían colocado más a la izquierda, para que el Gobierno se volcara a legislar para proteger, nos aseguró, los derechos de propiedad intelectual. En la práctica, para intentar sostener con respiración artificial unos modelos de negocio caducos.

Primero vino el canon. Se había empezado a aplicar en los CD y DVD en 2003, tras un acuerdo privado entre los mayoristas de tecnología y las entidades de gestión, obligado por algunas sentencias judiciales. Pero fue el PSOE quien se encargó de consagrarlo en una Ley de Propiedad Intelectual cuya principal innovación fue extender el canon a prácticamente todos los dispositivos imaginables, obligando a pagar no sólo a los consumidores sino también a las empresas e incluso a la propia administración.


Pero aquello no era suficiente y, de hecho, llevó a muchos españoles a razonar que, ya que se les obligaba a pagar copiaran o no películas y música, estaban incluso moralmente legitimados para hacerlo. Así que la presión de quienes hicieron campaña por Zapatero en las elecciones de 2008 tuvo sus frutos al año siguiente con la designación de una representante del gremio, Ángeles González-Sinde, como ministra de Cultura. En la fiesta de celebración de su nombramiento, a la hasta entonces presidenta de la Academia de Cine se les escapó que lo primero de lo que le habían hablado era del problema de las descargas.

Dicho y hecho. Además de repartir pródigamente subvenciones a sus compañeros del gremio, su principal labor ha sido buscar la manera de luchar contra las descargas y el P2P, que cristalizó en la conocida como Ley Sinde. La norma propugna una forma de cerrar por vía administrativa sitios web que enlacen, ojo, no que posean, contenidos protegidos. Ayudados por Lassalle, que consiguió así cerrar a su partido una fuente de voto joven tremendamente sencilla de conquistar, la norma fue el germen del que nacería más tarde el movimiento de los indignados, que sin duda hará la vida imposible al PP si, como parece, termina ganando las elecciones.

Además, será finalmente el PP quien aplique esta ley. Aún no está publicado el reglamento, y aunque se hiciera ya, como cabe prever, sin duda se retrasará su puesta en marcha hasta después del 20 de noviembre. Otro caramelo envenenado, de importancia menor sin duda al lado de la situación económica, que seguramente Rajoy y los suyos se traguen sin rechistar.

Durante estos siete años, internet ha sido para el Gobierno y el PSOE una vía más para hacer propaganda, que siempre ha sido su especialidad. Pero cuando ha tenido que mojarse, ha preferido alinearse con los lobbys afines ya establecidos. Merced en buena medida a la regulación del sector, las conexiones a internet son en España mucho más caras que en otros países europeos. Pero los únicos cambios legislativos que ha promovido el Gobierno han sido para favorecer a los suyos. Como en tantas otras cosas, lo único que hemos recibido los internautas de Zapatero y los suyos ha sido sectarismo y desprecio.


Libertad Digital - Opinión

Tiempos modernos, tiempos antiguos en la sede socialista. Por Melchor Miralles

Tras acreditar José Luis Rodríguez Zapatero que tampoco era verdad su palabra respecto a que iba a agotar la legislatura, consumado el fracaso, político y personal del presidente, las huestes socialistas andan despistadas. Las versiones oficiales hablan de nuevos tiempos en el socialismo patrio, tiempos modernos "para construir un país nuevo adaptado a las nuevas necesidades". Las versiones reales y realistas se refieren a los viejos tiempos, "tiempos antiguos que habíamos olvidado, que algunos incluso jamás habíamos vivido, oscuros, plenos de dificultades, con un partido deshecho, y teniendo que empezar de cero con las fuerzas limitadas".

La realidad es que el PSOE afronta tiempos al menos, siendo benévolo en el calificativo, convulsos. Con unas elecciones que ya se sabe que van a ser el 20-N, en coincidencia con una Conferencia Política para diseñar el programa electoral con que se presentará Alfredo Pérez Rubalcaba, con un candidato que no es secretario general del partido y que no controla todos los resortes de poder internos y con una oposición que, pese a estar preparada para una herencia envenenada, no termina de generar entusiasmo entre los ciudadanos.


Cuando uno habla con dirigentes y militantes del PSOE que trabajan en la sede de Ferraz o en presidencia, te encuentras, sobre todo, "preocupación y temor" ante la que se avecina. Lejos del entusiasmo rubalcabesco de escaparate hay un aparato "dispuesto a dejarse la piel por nuestro cabeza de cartel", pero a la vez consciente de que "las cosas no van a ser fáciles. No es sencillo construir un líder en tan poco tiempo y es muy complicado articular un discurso regeneracionista con un hombre que ha sido vicepresidente del Gobierno al que todos responsabilizan, como es lógico, de la situación crítica que atraviesa España. No es justo, o al menos no nos lo parece a nosotros, pero es la realidad a la que nos enfrentamos".

Los empleados de la sede central ya tienen despejado el horizonte de sus vacaciones. No más de quince días, veinte a lo sumo, en turnos perfectamente organizados, de modo que los equipos se relevan ordenadamente: "Hacía tiempo que la factoría del PSOE no generaba tanto documento. El equipo de lidera Elena Valenciano no para un segundo, es exigente, tiene al resto del partido a la orden y trabajan en la elaboración de un programa que pueda presentarse como el del nuevo socialismo del siglo XXI".
«Las versiones oficiales hablan de nuevos tiempos en el socialismo patrio, tiempos modernos "para construir un país nuevo adaptado a las nuevas necesidades". Las versiones reales y realistas se refieren a los viejos tiempos, "oscuros, plenos de dificultades, con un partido deshecho, y teniendo que empezar de cero con las fuerzas limitadas"..»
Las fuentes consultadas aseguran que el jueves por la tarde, Rubalcaba y Blanco terminaron de convencer al presidente para que disolviera: "Él no deseaba hacerlo, pero la presión de los grandes empresarios la semana anterior iba muy en serio; la presión de los mercados financieros y el argumento de que para el candidato habría sido nefasto asumir unos presupuestos especialmente duros y restrictivos, con concesiones importantísimas al PNV, como habrían tenido que ser de no convocarse elecciones terminaron por convencer a Zapatero. Quizá no sea bueno afrontar cuatro meses de interinidad, de provisionalidad, pero peor para todos sería haber agotado la legislatura".

Ahora, el candidato Rubalcaba, obsesionado con hacerle guiños a los indignados, convencido pese al escepticismo de algunos de sus más próximos, de que ese es el camino para recuperar el voto de muchos, trabaja en presionar al Ejecutivo para que el 19 de agosto, en pleno verano, con la opinión pública más desconectada, aprobar en Consejo de Ministros unas medidas duras retocando al alza el régimen fiscal de las sociedades, una medida populista con la que pretende pasar factura a alguno de los grandes empresarios que tanto han presionado para adelantar las elecciones, decisión que va a levantar más de una ampolla.

Nadie te habla en las filas socialistas de mayorías absolutas, algunos pocos se atreven a vaticinar una victoria con la boca pequeña, muchos dicen que una derrota dulce no sería un mal resultado y los más pronostican tiempos duros: "Veremos que dicen las urnas. En función del resultado, el partido puede afrontar un Congreso en paz que entrone a Rubalcaba en la secretaría general o puede que vayamos a una confrontación en la que habría muchas facturas preparadas para pasar al cobro. Y este escenario es el más peligroso, el que más daño haría al partido y a sus militantes".

PS.-20 de noviembre, aniversario de Primo de Rivera, Franco, Durruti y desde el próximo, del final político de Rodríguez Zapatero. Pero sobre todo, aniversario del día que terminó el horror del franquismo y comenzamos a escribir nuestra historia y nuestro futuro en libertad y desde el siguiente, del día en que dejó la presidencia un demócrata elegido por sufragio universal que pasará a la historia por su gestión peor que mala.


El Confidencial - Opinión

Elecciones. Con tres años y medio de retraso. Por Juan Ramón Rallo

Bueno, pues ya está. En tres meses se habrá acabado lo que nunca debió empezar. Ahora sólo falta que Rajoy no desee zapatear y que Rubalcaba no apueste por convertir la calle española en el tumulto griego.

Siendo rigurosos, no es cierto que Zapatero haya adelantado las elecciones cuatro meses. Al contrario, las ha retrasado tres años y medio. Porque sí, un candidato que ganó los comicios de 2008 con un programa dirigido no a combatir la mayor crisis de nuestra historia, sino a seguir gestionando, a imagen y semejanza de la anterior legislatura, los envenenados frutos de la burbuja inmobiliaria, debería haber cesado de inmediato, elaborado otro programa más despegado de los Mundos de Yupi y convocado de nuevo a los españoles a las urnas.

Pero no, está visto que lo mismo da que un partido prometa el pleno empleo cuando su misión debería haber consistido en evitar el pleno desempleo o que augure que superaremos en renta per cápita a Alemania cuando su cometido iba a ser el de convertirse en los palanganeros de nuestros acreedores teutones.


El resultado de esta legislatura agónica, de esta continua batalla contra lo evidente, de este pegarse de tortas contra el sentido común, de esta apoteosis del común sinsentido de la izquierda, es de sobras conocido. Con cinco millones de parados y unas finanzas públicas y privadas al borde de la suspensión de pagos, huelga explicarle a nadie cómo está el país. Si acaso, ahora mismo, toca repetir qué necesitamos para minimizar los destrozos. Lo mismo que muchos pedíamos ya en 2007 y seguimos reclamando cuatro años después: menos gasto público, menos impuestos y menos regulaciones.

Todo lo opuesto, por cierto, de lo que nos ha ofrecido ZP. Porque, en contra de la indignada retórica populista, los mercados no han doblegado a Zapatero; más bien, de la mano de Merkel y Trichet, han continuado prestándole respiración asistida. Señores, en esta legislatura los mercados le han prestado al cesante más de 350.000 millones de euros para que continuara haciendo de las suyas: es decir, para que continuara despilfarrando nuestro dinero, para que siguiera sin cargarse la negociación colectiva, para que no interrumpiera las amplísimas subvenciones a las muy ineficientes renovables o para que no dejara de torpedear la iniciativa empresarial con toda suerte de absurdos obstáculos burocráticos. ¿Les parece eso una ofensiva en toda regla de los mercados? ¿O más bien una completa bajada de pantalones a la espera de que escampe el temporal?

Bueno, pues ya está. En tres meses se habrá acabado lo que nunca debió empezar. Ahora sólo falta que Rajoy no desee zapatear y que Rubalcaba, de la mano de unos dormitados indignados que en breve despertarán, no apueste por convertir la calle española en el tumulto griego. Quizá demasiada represión de sus instintos primarios, de los suyos y de los nuestros. Al cabo, Zapatero sólo era la exteriorización, ahora estratégicamente repudiada, de una parte muy significativa de la sociedad española. Y, por desgracia, no parece que esa parte haya aprendido la lección. Más bien, todo lo contrario.


Libertad Digital - Opinión