miércoles, 6 de enero de 2010
Turismo: La Plaza Mayor de Chinchón (Madrid)
La Plaza Mayor de Chinchón es uno de los mejores ejemplos de plaza porticada castellana y su origen se remonta al siglo XV.
Mr. Bean y el XSS. Por Daniel Rodríguez Herrera
Ha sido una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla.
Al final, ¿han atacado o no la web de la presidencia española de la UE? ¿Ha sido hackeada? ¿Qué ha pasado exactamente? Resulta difícil de entender para un lego, incluso para alguien que sabe algo de ordenadores pero no de seguridad informática, saber qué ha sucedido en realidad. Porque por mucho que el Gobierno insista en hablar de un "fotomontaje" son demasiados los que han visto directamente en su navegador la foto de Mr. Bean sustituyendo a la del presidente del Gobierno. Y sin embargo, es cierto que la seguridad de los servidores que alojan la web no ha sido comprometida. Pero ¿cómo se traduce este galimatías?
Al final, ¿han atacado o no la web de la presidencia española de la UE? ¿Ha sido hackeada? ¿Qué ha pasado exactamente? Resulta difícil de entender para un lego, incluso para alguien que sabe algo de ordenadores pero no de seguridad informática, saber qué ha sucedido en realidad. Porque por mucho que el Gobierno insista en hablar de un "fotomontaje" son demasiados los que han visto directamente en su navegador la foto de Mr. Bean sustituyendo a la del presidente del Gobierno. Y sin embargo, es cierto que la seguridad de los servidores que alojan la web no ha sido comprometida. Pero ¿cómo se traduce este galimatías?
Normalmente se entiende como un ataque el uso de alguna técnica que permite a los malos entrar en el ordenador de otro como si fuera el propio o inutilizarlo de alguna forma. No es eso lo que ha pasado. Lo que se ha producido es un ataque empleando una técnica llamada cross-site scripting o XSS, información que imagino les habrá dejado igual de fríos. Mediante esta técnica pueden lograrse muchas cosas, entre ellas alterar un sitio web sin entrar en él, que es lo que han hecho en este caso.
Muchas veces, por ejemplo, haciendo una búsqueda en Google (por ejemplo, "ld"), podrán ver cómo la dirección de la web es un galimatías un poco incomprensible ("http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=ld&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=ld&fp=cd373de720a5339") en el cual se le envía al buscador un montón de información, entre la que destaca el texto que queremos encontrar en la web. En muchas páginas puede suceder que si en lugar de enviar un texto, digamos, normal, se envía código escrito en algún lenguaje de programación se consigue que éste se ejecute, lo que nos puede permitir, entre otros resultados, alterar el contenido que ven los usuarios.
Cuando ustedes accedían a la web por la dirección habitual, www.eu2010.es, veían la web en su estado normal. Sin embargo, el hacker en cuestión hizo circular una dirección similar a esos prodigios de arte abstracto que son a veces las direcciones de las páginas de los buscadores que hacía que la web de la presidencia española de la UE mostrara la imagen de Mr. Bean. No era un fotomontaje, no, pero tampoco fue un ataque clásico, de los que permiten a los malos hacerse con el control de la página. La web, vamos, no fue "hackeada", tal y como se suele emplear ese término.
Pero el problema es que da lo mismo si a esto se le llama técnicamente un ataque o no, porque el resultado que han visto los internautas ha sido equivalente a si lo hubieran hecho. Se trata de una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla. No es que no se lo merezca, claro.
Muchas veces, por ejemplo, haciendo una búsqueda en Google (por ejemplo, "ld"), podrán ver cómo la dirección de la web es un galimatías un poco incomprensible ("http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=ld&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=ld&fp=cd373de720a5339") en el cual se le envía al buscador un montón de información, entre la que destaca el texto que queremos encontrar en la web. En muchas páginas puede suceder que si en lugar de enviar un texto, digamos, normal, se envía código escrito en algún lenguaje de programación se consigue que éste se ejecute, lo que nos puede permitir, entre otros resultados, alterar el contenido que ven los usuarios.
Cuando ustedes accedían a la web por la dirección habitual, www.eu2010.es, veían la web en su estado normal. Sin embargo, el hacker en cuestión hizo circular una dirección similar a esos prodigios de arte abstracto que son a veces las direcciones de las páginas de los buscadores que hacía que la web de la presidencia española de la UE mostrara la imagen de Mr. Bean. No era un fotomontaje, no, pero tampoco fue un ataque clásico, de los que permiten a los malos hacerse con el control de la página. La web, vamos, no fue "hackeada", tal y como se suele emplear ese término.
Pero el problema es que da lo mismo si a esto se le llama técnicamente un ataque o no, porque el resultado que han visto los internautas ha sido equivalente a si lo hubieran hecho. Se trata de una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla. No es que no se lo merezca, claro.
Libertad Digital - Opinión
Sin soluciones contra el paro
POR más que el Gobierno quiera presentar favorablemente los datos del desempleo en diciembre de 2009 mediante su comparación con los del mismo mes de 2008, la realidad del paro en España es dramática y certifica el fracaso del Ejecutivo en la política de creación de puestos de trabajo. La medida de ese fracaso la da el conformismo del Gobierno al complacerse con empeorar menos que hace un año. Ahí se acaba la ambición del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Lo que calla el Gobierno es que los 54.657 nuevos parados son el segundo peor dato de un mes de diciembre y que la tendencia desde agosto hasta finales de 2009 es de caída constante del empleo después de tres meses -mayo, junio y julio- de subida, gracias al apogeo del plan de financiación de obras locales. La cifra oficial de parados inscritos en el INEM es de 4.373.788 personas, según el informe mensual del Ministerio de Trabajo. Cualquier otra lectura de las estadísticas es pura manipulación, como la que oculta a casi millón y medio de desempleados inmersos en cursos de formación. A estos datos se une la caída de cotizantes a la Seguridad Social, que terminó diciembre de 2009 con una afiliación media de 17.803.839, pero con sólo 17.640.018 el día 30 de ese mes. En resumen, en 2009 se fueron al paro 794.640 personas -con 3.923.603 personas concluyó el año, según el Gobierno- y la Seguridad Social perdió 727.473 cotizantes. La traducción en gasto público es estremecedora.
Con estos datos, resulta injustificable que el Gobierno haya comenzado 2010 sin medidas concretas de lucha contra el paro, de recorte generalizado del gasto público no productivo y de rebaja de impuestos para relanzar el consumo. La ausencia de estas decisiones estratégicas hace que 2010, apenas comenzado, pueda darse por perdido en buena medida para la recuperación económica. El Gobierno se contenta con una política de resignación, que es la que reflejan los presupuestos generales del Estado. Mientras Alemania recorta el paro por noveno mes consecutivo y baja impuestos, y la prensa internacional recibe la presidencia española de Europa con diagnósticos demoledores sobre España, el Gobierno permanece apalancado en el inmovilismo, temeroso de los sindicatos, seco de ideas y sin fuerza para emprender las reformas que necesitan el mercado de trabajo, el sistema tributario y las administraciones. Ahora ya no es momento de empezar a pensar en soluciones, sino de aplicar las que ya se hubieran decidido. Pero no hay ninguna audaz ni positiva. Sólo una subida de impuestos. 2010 puede estar perdido.
ABC - Editorial
Triste récord de parados con foto en La Moncloa
Resulta sarcástico que Zapatero, el rey del paro en Europa, con 3.923.603 desempleados (y otros 500.000 que no cuenta como tales) se haga la foto con otro campeón, Felipe González, que atesoró también cifras de récord.
ESPAÑA CERRÓ 2009 al borde mismo de los cuatro millones de parados. Concretamente, 3.923.603 desempleados registraron los servicios públicos de empleo el pasado mes de diciembre, lo cual sitúa el aumento del paro a lo largo del año en 794.640 personas, un 25,4% más que en 2008. Aunque el dato oficial del Gobierno ya resulta terrible, la realidad es aún peor, ya que en esas cifras de paro registrado no se incluyen como desempleados los temporeros del campo ni las personas en periodo de formación, que ascienden a 251.830. Y hay que recordar que la última EPA conocida, correspondiente al tercer trimestre de 2009, contabilizaba los 4.123.000 desempleados. No es, por tanto, una exageración decir que ya en este momento podemos estar cerca de los 4.500.000 de parados. Por ello resulta no sólo inútil sino contraproducente para la propia credibilidad del Gobierno hacer cualquier lectura complaciente o restar dramatismo a la situación, que es precisamente lo que hicieron ayer los responsables del Ministerio de Trabajo, al señalar que en 2009 «el desempleo aumentó mucho menos» por lo que «continúa frenándose la destrucción de empleo». Es verdad que en 2008 hubo casi un millón más de parados y que en 2009 fueron 794.640. No parece que la desaceleración sea tan significativa como sostiene el Gobierno. Y aunque habrá que confiar en que se frene la destrucción de empleo con la misma rapidez con la que se han perdido puestos de trabajo, no existe consuelo posible cuando estamos a la cabeza del paro en la UE. Alemania, por ejemplo, creó empleo neto en el mes de diciembre.
En este contexto, la reunión que mantuvo el presidente Zapatero con Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes para intercambiar ideas sobre la Presidencia española de la UE sólo puede ser analizada desde la ironía, puesto que tampoco de la cumbre salió ningún resultado concreto para el gran problema español. No deja de ser sarcástico que Zapatero -actual campeón de Europa del paro- se reúna para tratar la crisis con González, que ostentó idéntico título como presidente del Gobierno en 1994, cuando la tasa de desempleo se situó en España en un 24,55%, cifra récord en términos relativos, ya que el número de parados era menor debido a que también había menos población activa.
Al margen de las fotos más o menos oportunas, lo verdaderamente importante es que las dramáticas cifras del paro en España no parecen ser suficientes para que el Gobierno reaccione y el presidente deje de guiarse por los cantos de sirena sindicales en su política económica.
Las medidas que se han tomado hasta la fecha no han cambiado la tendencia. El Plan E creó puestos de trabajo temporal y en sectores poco cualificados. Tal vez la situación sería distinta si esos miles de millones que se utilizaron para crear un empleo tan efímero se hubieran destinado a ayudas a las empresas para la contratación de trabajadores.
Lo que resulta increíble es que habiéndose destruido nada menos que casi dos millones de empleos en España desde que comenzó la crisis en julio de 2007, el presidente del Gobierno siga negándose a impulsar una reforma del mercado laboral que por una parte facilite la creación de puestos de trabajo fijos y acabe con la exagerada temporalidad que perjudica a los trabajadores, y por otra, favorezca la contratación flexibilizando las condiciones de los despidos.
En este contexto, la reunión que mantuvo el presidente Zapatero con Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes para intercambiar ideas sobre la Presidencia española de la UE sólo puede ser analizada desde la ironía, puesto que tampoco de la cumbre salió ningún resultado concreto para el gran problema español. No deja de ser sarcástico que Zapatero -actual campeón de Europa del paro- se reúna para tratar la crisis con González, que ostentó idéntico título como presidente del Gobierno en 1994, cuando la tasa de desempleo se situó en España en un 24,55%, cifra récord en términos relativos, ya que el número de parados era menor debido a que también había menos población activa.
Al margen de las fotos más o menos oportunas, lo verdaderamente importante es que las dramáticas cifras del paro en España no parecen ser suficientes para que el Gobierno reaccione y el presidente deje de guiarse por los cantos de sirena sindicales en su política económica.
Las medidas que se han tomado hasta la fecha no han cambiado la tendencia. El Plan E creó puestos de trabajo temporal y en sectores poco cualificados. Tal vez la situación sería distinta si esos miles de millones que se utilizaron para crear un empleo tan efímero se hubieran destinado a ayudas a las empresas para la contratación de trabajadores.
Lo que resulta increíble es que habiéndose destruido nada menos que casi dos millones de empleos en España desde que comenzó la crisis en julio de 2007, el presidente del Gobierno siga negándose a impulsar una reforma del mercado laboral que por una parte facilite la creación de puestos de trabajo fijos y acabe con la exagerada temporalidad que perjudica a los trabajadores, y por otra, favorezca la contratación flexibilizando las condiciones de los despidos.
REl Mundo - Opinión
La cumbre de los "sabios del paro"

Ver a reputados expertos en la generación de paro como Solbes, Delors, Gonzalez, Salgado o Zapatero reunidos para tomar medidas ante la crisis en la UE resulta tan poco serio como ver a Mr. Bean en la web española de la presidencia europea.
Con casi 55.000 desempleados más en diciembre, el volumen total de parados alcanzado en 2009 roza los cuatro millones, cifra oficial esta que, a pesar de ser la más alta de toda la serie histórica comparable, oculta 400.000 parados más –los llamados Demandantes de Empleo no Ocupados y los Demandantes de Empleo Especiales con disponibilidad habitual– que, como es habitual, el Ministerio de Corbacho arteramente contabiliza aparte.
Con casi 55.000 desempleados más en diciembre, el volumen total de parados alcanzado en 2009 roza los cuatro millones, cifra oficial esta que, a pesar de ser la más alta de toda la serie histórica comparable, oculta 400.000 parados más –los llamados Demandantes de Empleo no Ocupados y los Demandantes de Empleo Especiales con disponibilidad habitual– que, como es habitual, el Ministerio de Corbacho arteramente contabiliza aparte.
Poco quedaría por decir a estas alturas de la desastrosa política económica de este Gobierno si no fuera porque este último y escalofriante dato sobre el desempleo ha venido a coincidir con una "cumbre de sabios" que, con ocasión de la presidencia de turno española de la UE, Zapatero ha celebrado en La Moncloa con el objetivo de estudiar medidas contra la crisis en Europa. Si ya resulta un sarcasmo que Zapatero impulse una cumbre para atajar la crisis en Europa, cuando España, lamentablemente, lidera la destrucción de empleo en la Unión, más bochornoso es que los "sabios" invitados hayan sido, junto a la actual ministra de Economía española, Elena Salgado, el ex presidente del Gobierno Felipe González, el ex ministro de Economía, Pedro Solbes y el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors.
Si los políticos socialistas europeos no se caracterizan precisamente por su impulso a la economía y la creación de empleo, Zapatero ha ido a escoger a sus "sabios" entre los peores de todos ellos. Tal es el caso de Delors, quien, a pesar de la aureola de su presidencia de la Comisión Europea –bastante mediocre, dicho sea de paso– fue, bajo la presidencia de Mitterrand, uno de los peores ministros de Economía que haya tenido Francia. En cuanto a González y Solbes, ¿pretende Zapatero acaso conmemorar con ellos que el paro es ahora tan preocupante –si no más– que en tiempos de los primeros gobiernos socialistas?
Con la desaparición de casi 800.000 puestos de trabajo en 2009, este año se ha cerrado con poco más de 17,8 millones de afiliados, prácticamente los mismos que habían en 2004, con el agravante –claro está– de la diferencia de población activa, que hace que a finales de 2004 la tasa de paro fuera del 10,56 por ciento mientras que ahora sobrepasa el 18 por ciento. Si esto hace de los gobiernos de Zapatero –en los que Solbes ha participado hasta el pasado abril– algo peor que un "lustro perdido", recordemos que bajo los mandatos de González hubo momentos en los que la tasa de paro sobrepasó el 20 por ciento.
Aunque Solbes no haya sido el peor ministro de Economía que hayamos padecido, tengamos presente que su supuesta "sensatez" es sólo relativa comparada con el resto de los integrantes del Gobierno de Zapatero. Solbes, dentro del Ejecutivo de Zapatero, se limitó a vivir de la herencia de las reformas aprobadas por los gobiernos del PP y de la burbuja que irresponsablemente había generado la expansión crediticia alentada por las autoridades monetarias y su política de "dinero barato". Cuando todo eso llegó a su fin, Solbes protagonizó conocidas discrepancias con Zapatero sobre el rumbo a seguir, pero a la hora de la verdad se limitó a seguir las directrices de su jefe, hasta que hace meses decidió marcharse.
En cualquier caso ni él, ni mucho menos Delors, Gonzalez, Salgado o Zapatero son expertos o sabios de nada, salvo en la creación de paro. Verlos ahora reunidos para discutir las medidas que se han de tomar a favor del crecimiento económico y del empleo en Europa resulta tan poco serio como ver a Mr. Bean en la web española de la presidencia europea.
Si los políticos socialistas europeos no se caracterizan precisamente por su impulso a la economía y la creación de empleo, Zapatero ha ido a escoger a sus "sabios" entre los peores de todos ellos. Tal es el caso de Delors, quien, a pesar de la aureola de su presidencia de la Comisión Europea –bastante mediocre, dicho sea de paso– fue, bajo la presidencia de Mitterrand, uno de los peores ministros de Economía que haya tenido Francia. En cuanto a González y Solbes, ¿pretende Zapatero acaso conmemorar con ellos que el paro es ahora tan preocupante –si no más– que en tiempos de los primeros gobiernos socialistas?
Con la desaparición de casi 800.000 puestos de trabajo en 2009, este año se ha cerrado con poco más de 17,8 millones de afiliados, prácticamente los mismos que habían en 2004, con el agravante –claro está– de la diferencia de población activa, que hace que a finales de 2004 la tasa de paro fuera del 10,56 por ciento mientras que ahora sobrepasa el 18 por ciento. Si esto hace de los gobiernos de Zapatero –en los que Solbes ha participado hasta el pasado abril– algo peor que un "lustro perdido", recordemos que bajo los mandatos de González hubo momentos en los que la tasa de paro sobrepasó el 20 por ciento.
Aunque Solbes no haya sido el peor ministro de Economía que hayamos padecido, tengamos presente que su supuesta "sensatez" es sólo relativa comparada con el resto de los integrantes del Gobierno de Zapatero. Solbes, dentro del Ejecutivo de Zapatero, se limitó a vivir de la herencia de las reformas aprobadas por los gobiernos del PP y de la burbuja que irresponsablemente había generado la expansión crediticia alentada por las autoridades monetarias y su política de "dinero barato". Cuando todo eso llegó a su fin, Solbes protagonizó conocidas discrepancias con Zapatero sobre el rumbo a seguir, pero a la hora de la verdad se limitó a seguir las directrices de su jefe, hasta que hace meses decidió marcharse.
En cualquier caso ni él, ni mucho menos Delors, Gonzalez, Salgado o Zapatero son expertos o sabios de nada, salvo en la creación de paro. Verlos ahora reunidos para discutir las medidas que se han de tomar a favor del crecimiento económico y del empleo en Europa resulta tan poco serio como ver a Mr. Bean en la web española de la presidencia europea.
Libertad Digital - Opinión
Vuelta a las andadas. Por José María Carrascal
ACABA de tomar posesión y ya empieza a hacer de las suyas. ¿A qué viene ese convocar en la Moncloa a «tres viejos sabios», Delors, González, Solbes, para consultarles sobre las directrices a tomar durante la presidencia española de la Comunidad Europea? Con cámaras, naturalmente. O no se siente preparado para la tarea o estamos ante otro de esos espectáculos de luz y sonido, que tanto gustan a nuestro presidente. Si no se siente preparado, esa consulta tendría que haberla hecho antes de tomar posesión y en el más riguroso sigilo, por aquello del pundonor. Y si se siente preparado y todo es un buñuelo de viento, empieza a hacer en Bruselas lo que viene haciendo en Madrid: hacer que hace. Este hombre no tiene remedio.
Tomemos a Solbes. Le tuvo durante años como principal asesor económico y se sirvió de él mientras decía sí a sus disparates, como negar la crisis -¿recuerdan el debate con Pizarro?-, pero cuando, visto como se estaba poniendo el panorama, el ministro empezó a torcer el gesto ante la tozudez del presidente, éste le dejó marchar y se buscó una vicepresidenta más acomodaticia a su forma de ver el mundo, la política y la economía. Y ahora le llama como asesor áulico. ¿Le va a hacer tanto caso como entonces?
Y de Felipe González, ¿qué podemos decir?¿Cuántas veces le ha consultado sobre cuestiones trascendentales, como la negociación con ETA? Que sepamos, ninguna. Pero ahora, sí, ahora que las cosas se han puesto realmente mal, le llama y le oye. Pero ¿le escucha? Que sepamos, no escucha a nadie. En cuanto a Delors, ¿qué puede decirle de la Comisión Europea, cuando la que él presidió nada tiene que ver con la actual, como nada tienen que ver sus problemas? Nada de extraño que de esta primera reunión lo único que haya salido es que los problemas de Europa se resuelven «con más Europa». Más que un parto de sabios, parece un parto de los montes.
Comprendo los llamamientos que se hacen para unir fuerzas en torno a la presidencia española de la UE. Pero el primero que está haciendo de ella un uso partidista es el presidente -vean la costosísima carnavalada montada al respecto-, y eso no puede consentirse, aunque sólo sea por sentido del ridículo. La prueba del algodón de que ese comité asesor no es un mero despliegue publicitario será si se nos informa de lo que los «tres sabios» recomiendan a Zapatero, y ver si éste lo sigue. En otro caso, no tendrán mucha más importancia que los tres Reyes Magos que se presentaron ayer en la Moncloa, llevando al inquilino un enorme pedazo de pan, tan falso como ellos. Cuando lo que tendrían que haberle llevado era carbón, como ocurría antes a los niños que no se habían portado bien durante el año. Pero a ver quién es el guapo que regala carbón en la España aterida de frío y llena de parados de nuestros días.
Y de Felipe González, ¿qué podemos decir?¿Cuántas veces le ha consultado sobre cuestiones trascendentales, como la negociación con ETA? Que sepamos, ninguna. Pero ahora, sí, ahora que las cosas se han puesto realmente mal, le llama y le oye. Pero ¿le escucha? Que sepamos, no escucha a nadie. En cuanto a Delors, ¿qué puede decirle de la Comisión Europea, cuando la que él presidió nada tiene que ver con la actual, como nada tienen que ver sus problemas? Nada de extraño que de esta primera reunión lo único que haya salido es que los problemas de Europa se resuelven «con más Europa». Más que un parto de sabios, parece un parto de los montes.
Comprendo los llamamientos que se hacen para unir fuerzas en torno a la presidencia española de la UE. Pero el primero que está haciendo de ella un uso partidista es el presidente -vean la costosísima carnavalada montada al respecto-, y eso no puede consentirse, aunque sólo sea por sentido del ridículo. La prueba del algodón de que ese comité asesor no es un mero despliegue publicitario será si se nos informa de lo que los «tres sabios» recomiendan a Zapatero, y ver si éste lo sigue. En otro caso, no tendrán mucha más importancia que los tres Reyes Magos que se presentaron ayer en la Moncloa, llevando al inquilino un enorme pedazo de pan, tan falso como ellos. Cuando lo que tendrían que haberle llevado era carbón, como ocurría antes a los niños que no se habían portado bien durante el año. Pero a ver quién es el guapo que regala carbón en la España aterida de frío y llena de parados de nuestros días.
ABC - Opinión
martes, 5 de enero de 2010
Feijóo, un viaje de vuelta. Por Cristina Losada
La montaña parió un ratón. Un ratón complejo y, sobre todo, acomplejado. Aunque su pequeñez no lo ha salvado ni salvará del estallido histérico de la inquisición lingüística.
Núñez Feijóo asumió en su día una gran responsabilidad. Tanto en campaña como tras alzarse con el Gobierno autónomico, prometió libertad de elección entre las dos lenguas oficiales en la enseñanza. Con límites, eso sí. La posibilidad de escoger idioma, siquiera en parte, no se había dado nunca en las regiones bilingües. El modelo vasco fue pervertido por el nacionalismo hasta que nada quedó. Fue la suya, por ello, una apuesta fuerte, de esas que marcan, como suele decirse, un antes y un después. De ahí que si hubiera que examinarla a la luz del opúsculo satírico El arte de la mentira política, del Dr. Arbuthnot, amigo de Jonathan Swift, tendría su lugar entre las que "anuncian prodigios". Pues prodigio sería, al fin y al cabo, que tal libertad se instaurara en España.
Núñez Feijóo asumió en su día una gran responsabilidad. Tanto en campaña como tras alzarse con el Gobierno autónomico, prometió libertad de elección entre las dos lenguas oficiales en la enseñanza. Con límites, eso sí. La posibilidad de escoger idioma, siquiera en parte, no se había dado nunca en las regiones bilingües. El modelo vasco fue pervertido por el nacionalismo hasta que nada quedó. Fue la suya, por ello, una apuesta fuerte, de esas que marcan, como suele decirse, un antes y un después. De ahí que si hubiera que examinarla a la luz del opúsculo satírico El arte de la mentira política, del Dr. Arbuthnot, amigo de Jonathan Swift, tendría su lugar entre las que "anuncian prodigios". Pues prodigio sería, al fin y al cabo, que tal libertad se instaurara en España.
A la vista de sus Bases para a elaboración do decreto do plurilingüismo no ensino no universitario de Galicia, hay que decir que es un título largo para un cumplimiento tan corto de los compromisos que adquirió. En el punto 13 de su "contrato con los ciudadanos" se puede leer: "Debe garantizarse la libertad para escoger lengua en todos los ámbitos". La hemeroteca guarda los detalles de cómo pensaba aplicar ese desiderátum. Baste recordar que ofreció la elección de idioma en las asignaturas troncales. La noche antes de tomar las uvas, presentó un borrador que reduce la capacidad de elegir a una o dos materias. Sólo ha mantenido su palabra en un punto: los alumnos podrán usar la lengua oficial de su preferencia en clase y en los exámenes. La montaña parió un ratón. Un ratón complejo y, sobre todo, acomplejado. Aunque su pequeñez no lo ha salvado ni salvará del estallido histérico de la inquisición lingüística.
No era difícil de cumplir. Así lo demostró Galicia Bilingüe con una propuesta equilibrada que combinaba la elección con horas lectivas en la otra lengua. Pero Feijóo ha decidido volver por dónde el PP gallego solía. Hizo ver que rectificaría el rumbo adoptado en la época de Fraga, al que, por cierto, nada opuso la Génova de Aznar, para regresar después a los viejos malos hábitos con una corrección mínima. Más le habría valido ahorrarse ese viaje de retorno y, con él, la indignada decepción de quienes confiaron en sus promesas. La invención de prodigios está al alcance de cualquier Zapatero.
No era difícil de cumplir. Así lo demostró Galicia Bilingüe con una propuesta equilibrada que combinaba la elección con horas lectivas en la otra lengua. Pero Feijóo ha decidido volver por dónde el PP gallego solía. Hizo ver que rectificaría el rumbo adoptado en la época de Fraga, al que, por cierto, nada opuso la Génova de Aznar, para regresar después a los viejos malos hábitos con una corrección mínima. Más le habría valido ahorrarse ese viaje de retorno y, con él, la indignada decepción de quienes confiaron en sus promesas. La invención de prodigios está al alcance de cualquier Zapatero.
Libertad Digital - Opinión
Empezar con mal pie
LA presidencia española de la Unión Europea empieza con mal pie. El entusiasmo procubano de Miguel Ángel Moratinos suscita lógicos recelos en algunos países, haciendo imposible la unanimidad comunitaria para suprimir la «posición común» ante el régimen de los Castro. Incluso desde la Moncloa han tenido que frenar el ímpetu de Exteriores, porque Rodríguez Zapatero no parece dispuesto a que las maniobras del ministro dificulten las relaciones con Alemania o los apoyos necesarios en otros asuntos. Cuba es una dictadura implacable sustentada por una ideología totalitaria y es absurdo mantener hacia ese régimen una actitud débil y comprensiva, que sólo sirve para reforzar la represión contra los disidentes y para alejar la inevitable transición hacia la democracia en la isla. Muestra de ello es también la nueva bofetada que el régimen castrista ha propinado al Gobierno y al PSOE al impedir la entrada en Cuba del eurodiputado socialista Luis Yáñez. De poco o nada sirve mantener una actitud condescendiente, y hasta humillada, con un régimen como el cubano. Pero el Ejecutivo continúa sin aprender la lección y, lo que es peor, quedando en evidencia ante toda la UE.
A mayor abundamiento, se anuncia para hoy una reunión de «sabios» -más bien veteranos, como Felipe González, Jaques Delors e incluso Pedro Solbes- con el presidente de turno de la Unión. El pretexto es la puesta en marcha de un grupo que aporte ideas para el presente y el futuro, lo cual -si fuera necesario- tendría que haberse planteado hace tiempo para que pudieran servir de algo a la presidencia española. Por tanto, una vez más la única pretensión es reforzar la deteriorada imagen del líder del PSOE, que pretende contrarrestar las malas encuestas a base de fotos y maquillaje. Y para completar un mal día en el terreno de la imagen europeísta que se intenta cultivar desde la Moncloa -por ahora con enorme torpeza, por cierto-, ayer se produjo también un boicot a la página web oficial cuando unos «piratas» informáticos crearon una página similar con la imagen de un famoso actor cómico en sustitución de Zapatero, alentando así en internet mofas contra el presidente del Gobierno. Si el Ejecutivo quiere que esta presidencia sea realmente útil para España y para los 27, tiene que trabajar a fondo, con objetivos concretos y acciones eficaces. De lo contrario, nadie se tomará en serio las sonrisas y los abrazos que el presidente está dispuesto a prodigar, vengan o no vengan a cuento.
ABC - Editorial
Zapatero, principal obstáculo para la recuperación
Zapatero y sus hordas de pródigos ministros, por haberse gastado 230.000 euros por minuto durante el ejercicio pasado, no sólo han lastrado la riqueza de las generaciones futuras, sino que han apuntalado la crisis y retrasado la recuperación.
Suele decirse que las crisis son épocas de oportunidades para aquellos ciudadanos y sociedades que se adapten a los nuevos tiempos. En realidad, la expresión no es del todo exacta. La crisis son períodos en los que las economías deben ajustar sus excesos pasados derivados de la inflación crediticia que impulsaron los bancos centrales. No representan oportunidades, sino una imprescindible catarsis que hay que realizar para volver a crecer de manera sostenible.
Suele decirse que las crisis son épocas de oportunidades para aquellos ciudadanos y sociedades que se adapten a los nuevos tiempos. En realidad, la expresión no es del todo exacta. La crisis son períodos en los que las economías deben ajustar sus excesos pasados derivados de la inflación crediticia que impulsaron los bancos centrales. No representan oportunidades, sino una imprescindible catarsis que hay que realizar para volver a crecer de manera sostenible.
El ajuste que necesita una economía que ha entrado en crisis abarca múltiples facetas, pero pueden resumirse en dos: reequilibrio de los precios relativos de los factores de producción y reequilibrio de las diferencias entre ahorro e inversión. Al fin y al cabo, el sistema bancario provocó durante la época del boom que el crédito barato empujara la inversión muy por encima del volumen de ahorros reales y que algunos precios (por ejemplo los de la vivienda) se incrementaran desproporcionadamente y falsearan la rentabilidad de sectores enteros (como el de la construcción). Mientras esos dos ajustes no se lleven a cabo, la economía se encontrará prostrada y paralizada esperando que llegue la requerida liquidación.
Los agentes privados –las familias, las empresas y los bancos– tienen poderosos incentivos para realizar todos estos cambios, esto es, para incrementar sus ahorros hasta niveles compatibles con la inversión y para reducir los precios inflados hasta cifras compatibles con la realidad.
El problema es que los Estados intervencionistas tienen incentivos precisamente para lo contrario: sólo es necesario ver cómo Zapatero está retrasando la reforma laboral para no reducir los costes laborales ("derechos sociales", lo llama) y cómo ayuda a bancos, a los promotores y a las constructoras para contener la caída de los precios de la vivienda.
Claro que para lograr sostener todo este entramado de precios artificialmente altos, las Administraciones Públicas tienen que incurrir en un gasto y en un endeudamiento de tal calibre que en la práctica hacen imposible también corregir el otro desajuste: el fuerte desequilibrio entre el ahorro y la inversión.
Basta con observar las preocupantes cifras que conocimos ayer sobre la contabilidad de nuestras familias, empresas, entidades de crédito y administraciones públicas para darnos cuenta del precipicio por el que el Gobierno está arrojando a la sociedad española. Mientras el sector privado ha realizado un fortísimo ajuste en los últimos años que prácticamente viene a eliminar toda la enorme diferencia que existía entre nuestro ahorro y nuestra inversión interna, un manirroto sector público ha venido a emponzoñar la situación.
Las familias incrementaron su ahorro neto hasta los casi 9.500 millones de euros en el tercer trimestre de 2009 frente al desahorro de 4.550 en 2008 o de 15.600 de 2007. Por su parte, las empresas redujeron sus necesidades de financiación desde los 21.800 millones de euros en 2008 a apenas 5.200. Y, finalmente, las entidades financieras como los bancos o las cajas mantuvieron un aceptable ahorro neto de casi 4.500 millones de euros. Sólo las Administraciones Públicas optaron por no apretarse el cinturón y comenzar a despilfarrar el escaso ahorro que tras varios años los españoles han comenzado a acumular.
Así, entre julio y septiembre la deuda del sector público aumentó en casi 18.000 millones de euros frente al déficit de 3.000 millones que exhibieron en el mismo período de 2008 o al superávit de 20.000 millones de 2007.
En otras palabras, es esencialmente por culpa del Gobierno por lo que el conjunto de la sociedad española ha incrementad su endeudamiento en más de 9.000 millones durante el tercer trimestre de 2009 en lugar de haberlo reducido en 9.000, tal y como habría sucedido si el Ejecutivo se hubiese mantenido en el muy sano equilibrio presupuestario.
El resultado, pues, es que Zapatero y sus hordas de pródigos ministros, por haberse gastado 230.000 euros por minuto durante el ejercicio pasado, no sólo han lastrado la riqueza de las generaciones futuras, sino que han apuntalado la crisis y retrasado la recuperación. Sin los pertinentes ajustes, España nunca saldrá de la crisis y hoy el principal obstáculo para que esos ajustes se produzcan es sin lugar a dudas Rodríguez Zapatero.
Los agentes privados –las familias, las empresas y los bancos– tienen poderosos incentivos para realizar todos estos cambios, esto es, para incrementar sus ahorros hasta niveles compatibles con la inversión y para reducir los precios inflados hasta cifras compatibles con la realidad.
El problema es que los Estados intervencionistas tienen incentivos precisamente para lo contrario: sólo es necesario ver cómo Zapatero está retrasando la reforma laboral para no reducir los costes laborales ("derechos sociales", lo llama) y cómo ayuda a bancos, a los promotores y a las constructoras para contener la caída de los precios de la vivienda.
Claro que para lograr sostener todo este entramado de precios artificialmente altos, las Administraciones Públicas tienen que incurrir en un gasto y en un endeudamiento de tal calibre que en la práctica hacen imposible también corregir el otro desajuste: el fuerte desequilibrio entre el ahorro y la inversión.
Basta con observar las preocupantes cifras que conocimos ayer sobre la contabilidad de nuestras familias, empresas, entidades de crédito y administraciones públicas para darnos cuenta del precipicio por el que el Gobierno está arrojando a la sociedad española. Mientras el sector privado ha realizado un fortísimo ajuste en los últimos años que prácticamente viene a eliminar toda la enorme diferencia que existía entre nuestro ahorro y nuestra inversión interna, un manirroto sector público ha venido a emponzoñar la situación.
Las familias incrementaron su ahorro neto hasta los casi 9.500 millones de euros en el tercer trimestre de 2009 frente al desahorro de 4.550 en 2008 o de 15.600 de 2007. Por su parte, las empresas redujeron sus necesidades de financiación desde los 21.800 millones de euros en 2008 a apenas 5.200. Y, finalmente, las entidades financieras como los bancos o las cajas mantuvieron un aceptable ahorro neto de casi 4.500 millones de euros. Sólo las Administraciones Públicas optaron por no apretarse el cinturón y comenzar a despilfarrar el escaso ahorro que tras varios años los españoles han comenzado a acumular.
Así, entre julio y septiembre la deuda del sector público aumentó en casi 18.000 millones de euros frente al déficit de 3.000 millones que exhibieron en el mismo período de 2008 o al superávit de 20.000 millones de 2007.
En otras palabras, es esencialmente por culpa del Gobierno por lo que el conjunto de la sociedad española ha incrementad su endeudamiento en más de 9.000 millones durante el tercer trimestre de 2009 en lugar de haberlo reducido en 9.000, tal y como habría sucedido si el Ejecutivo se hubiese mantenido en el muy sano equilibrio presupuestario.
El resultado, pues, es que Zapatero y sus hordas de pródigos ministros, por haberse gastado 230.000 euros por minuto durante el ejercicio pasado, no sólo han lastrado la riqueza de las generaciones futuras, sino que han apuntalado la crisis y retrasado la recuperación. Sin los pertinentes ajustes, España nunca saldrá de la crisis y hoy el principal obstáculo para que esos ajustes se produzcan es sin lugar a dudas Rodríguez Zapatero.
Libertad Digital - Editorial
¡Qué década!. Por José María Carrascal
PARECE que fue ayer cuando brindábamos por la llegada del nuevo siglo, y ya hemos dejado atrás su primera década. Una década de infarto, con sorpresa tras sorpresa, la mayoría desagradables. Como en esos cuentos de Chejov en los que todo sale al revés de lo previsto por los personajes, llegamos a 2010 con un mundo totalmente distinto al que nos habíamos imaginado. Un mundo más pobre, más dividido, más peligroso. Nada de extraño que la idea latente en los balances obligatorios de estos días venga a decir: «Contra la Unión Soviética vivíamos mejor».
Terminó el siglo XX en el clima de euforia creado por la victoria del Oeste en la Guerra Fría. Llegó incluso a proclamarse «el fin de la historia», eslogan tan atractivo como falso, con el que un norteamericano de origen japonés proclamaba a todos los vientos que los dos grandes problemas de la humanidad -el político y el económico- se habían resuelto para siempre con la aceptación universal de la democracia y del mercado. La una nos garantizaba la paz eterna. El otro, el crecimiento ininterrumpido. Con lo que se acababan las guerras y la miseria. La historia iba a hacerse tan aburrida que ni siquiera merecería la pena reseñarse.
Pronto nos despertaron de ese sueño, ¡y de qué forma! El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, nos advirtió que habíamos hecho las cuentas de la lechera a escala universal. Podíamos haber derrotado al comunismo y ganado el pulso al gigante soviético. Pero surgía un enemigo mucho más amplio, granítico y peligroso, pues usaba nuestros aviones como misiles, haciendo inútiles nuestros sistemas defensivos. El fundamentalismo islámico nos había declarado la guerra e inflingido la primera derrota en casa.
Posiblemente el primer error fue considerar el fundamentalismo islámico como un enemigo a batir militarmente. Confundir a Saddam Hussein con Osama Bin Laden, cuando eran muy distintos. Bin Laden personifica el islamismo antioccidental. Sadam era un dictador brutal, interesado sólo en el poder, que metía en la cárcel a quien se lo disputase, clérigos incluidos. Podía derrotársele, y de hecho se hizo. Pero al precio de convertir Irak en una olla de extremistas y en un rompecabezas aún no resuelto, por lo que conviene dejar que se la rompan entre sí, antes de que nos rompan la nuestra.
Lo de Afganistán fue aún peor. Es verdad que Bin Laden lo tomó como refugio. Pero no es menos cierto que aquel país ha resistido todo tipo de invasiones. Puede ocupársele, pueden ensayarse todas las estrategias políticas y militares, pueden gastarse allí miles de millones de dólares, pero lo único cierto tras ocho años de combatir aquella guerra, es que el Oeste no la está ganando, sino más bien perdiendo.
Todo, como les decía, por confundir el fundamentalismo islámico con el comunismo y por querer aplicar al nuevo desafío la estrategia de la Guerra Fría. El comunismo, a fin de cuentas, es una invención occidental, una utopía de la filosofía idealista alemana, un producto del capitalismo inglés, al que quiere librar de sus lacras. Sus fundadores, Marx y Engels, no hicieron más que recoger la tradición platónico-judeo-cristiana, empeñada en hacer a todos los hombres iguales y establecer la República perfecta. Quiero decir que, por conocernos y coincidir en ciertas normas, la batalla era menos cruenta, y la victoria, más fácil.
El fundamentalismo islámico es completamente distinto. De entrada, como ala radical de una religión, rechaza cualquier pacto. Pero es que incluso con el islamismo en general, es muy difícil pactar. Se trata de otra civilización, no ya distinta, sino opuesta a la nuestra. Sólo a un hombre con tan poca cultura como nuestro presidente podía ocurrírsele lo de la «Alianza de Civilizaciones». Las civilizaciones son formas de vida y escalas de valores, que cuando entran en contacto chocan como galaxias, imponiéndose la más fuerte a la más débil. Ha ocurrido y ocurrirá siempre. Pueden convivir, pero siempre con una superior a la otra. Aliarse, en cambio, nunca, al ser enemigas naturales.
Hoy, el islamismo se siente amenazado donde nunca se había sentido desde las Cruzadas: en su propio terreno. El intento de Bush de «llevar la democracia a Irak» y, luego, a Afganistán, era un jaque mate al islamismo, al atentar nuestra democracia contra una serie de principios suyos, tanto en el terreno estatal, como en el familiar, como en el individual. De pasarse ambos países al «bando occidental», el islamismo empezaría a resquebrajarse. Únanse los millones de musulmanes que viven hoy en Europa y Estados Unidos, expuestos a las tentaciones que ofrece el estilo de vida occidental, y se tendrá la furiosa respuesta de sus fundamentalistas. Una respuesta en la que usan el arma de los débiles en toda confrontación con los más fuertes: el terrorismo. Contra el que Occidente no ha encontrado aún la forma eficaz de defenderse.
Por si ello fuera poco, el segundo de los pilares en que se basaban nuestras optimistas previsiones también se ha desplomado. El mercado, en vez de ser la fórmula para el enriquecimiento ininterrumpido de naciones e individuos, se convirtió en promotor de su ruina, al dejársele sin freno ni control. La crisis económica, el crash de 2008, fue producto de un mercado desbocado, que convirtió la bolsa en un casino, las entidades financieras, en vendedoras de décimos falsos de lotería, las agencias de calificación, en cómplices del engaño y los gobiernos, en espectadores de una estafa a escala global. Movido todo por la codicia humana, que no tiene límites y ciega mentes. Todo el mundo quería hacerse rico en poco tiempo, y aunque algunos lo consiguieron, la inmensa mayoría perdió proporcionalmente a su avidez. Ha sido una tremenda lección para todos, gobiernos, instituciones financieras, ciudadanos en general, que nos ha recordado algo tan viejo como que en este mundo no se atan los perros con longanizas.
¿Hemos aprendido la lección? Aunque parezca mentira, no del todo. La primera consecuencia de lo ocurrido debería de ser que el mercado necesita controles más estrictos de los que tenía. Pero incluso después del batacazo hay quien se resiste a ellos. Siendo como son imprescindibles para su buen funcionamiento.
Pues la alternativa, pasar a una economía dirigida por el Estado, es aún peor, vista la casi total ineficacia de tales experimentos. Las últimas elecciones europeas muestran que los pueblos siguen confiando más en la derecha que en la izquierda para salir de la crisis, pese a ser aquélla la culpable de la misma. Y es que si la democracia es la menos mala de los sistemas políticos, el mercado es el menos malo de los sistemas económicos. Ahora bien, que nadie se engañe: para salir del foso en que hemos caído, para absorber las enormes pérdidas acumuladas, para recuperar los niveles en que vivíamos antes del tsumani financiero, van a necesitarse bastantes años, y aún así, nada volverá a ser lo que era. Los países que hayan hecho sus deberes subirán, y los que no los han hecho retrocederán. Mucho me temo que el nuestro esté entre los segundos. Pero éste es un análisis global de la situación y de analizar sus distintas partes, perderíamos la perspectiva. Tiempo tendremos de hablar de España.
La primera y casi única conclusión que sacamos de él es que el siglo que empieza está resultando muy distinto al que habíamos imaginado. No sólo hay nuevos actores en escena. También los problemas son distintos, lo que nos obliga a buscar nuevas soluciones. Si las hay. Así que mi único deseo es que el siglo XXI no haga bueno al XX.
Para lo que tampoco debería de necesitarse demasiado.
Pronto nos despertaron de ese sueño, ¡y de qué forma! El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, nos advirtió que habíamos hecho las cuentas de la lechera a escala universal. Podíamos haber derrotado al comunismo y ganado el pulso al gigante soviético. Pero surgía un enemigo mucho más amplio, granítico y peligroso, pues usaba nuestros aviones como misiles, haciendo inútiles nuestros sistemas defensivos. El fundamentalismo islámico nos había declarado la guerra e inflingido la primera derrota en casa.
Posiblemente el primer error fue considerar el fundamentalismo islámico como un enemigo a batir militarmente. Confundir a Saddam Hussein con Osama Bin Laden, cuando eran muy distintos. Bin Laden personifica el islamismo antioccidental. Sadam era un dictador brutal, interesado sólo en el poder, que metía en la cárcel a quien se lo disputase, clérigos incluidos. Podía derrotársele, y de hecho se hizo. Pero al precio de convertir Irak en una olla de extremistas y en un rompecabezas aún no resuelto, por lo que conviene dejar que se la rompan entre sí, antes de que nos rompan la nuestra.
Lo de Afganistán fue aún peor. Es verdad que Bin Laden lo tomó como refugio. Pero no es menos cierto que aquel país ha resistido todo tipo de invasiones. Puede ocupársele, pueden ensayarse todas las estrategias políticas y militares, pueden gastarse allí miles de millones de dólares, pero lo único cierto tras ocho años de combatir aquella guerra, es que el Oeste no la está ganando, sino más bien perdiendo.
Todo, como les decía, por confundir el fundamentalismo islámico con el comunismo y por querer aplicar al nuevo desafío la estrategia de la Guerra Fría. El comunismo, a fin de cuentas, es una invención occidental, una utopía de la filosofía idealista alemana, un producto del capitalismo inglés, al que quiere librar de sus lacras. Sus fundadores, Marx y Engels, no hicieron más que recoger la tradición platónico-judeo-cristiana, empeñada en hacer a todos los hombres iguales y establecer la República perfecta. Quiero decir que, por conocernos y coincidir en ciertas normas, la batalla era menos cruenta, y la victoria, más fácil.
El fundamentalismo islámico es completamente distinto. De entrada, como ala radical de una religión, rechaza cualquier pacto. Pero es que incluso con el islamismo en general, es muy difícil pactar. Se trata de otra civilización, no ya distinta, sino opuesta a la nuestra. Sólo a un hombre con tan poca cultura como nuestro presidente podía ocurrírsele lo de la «Alianza de Civilizaciones». Las civilizaciones son formas de vida y escalas de valores, que cuando entran en contacto chocan como galaxias, imponiéndose la más fuerte a la más débil. Ha ocurrido y ocurrirá siempre. Pueden convivir, pero siempre con una superior a la otra. Aliarse, en cambio, nunca, al ser enemigas naturales.
Hoy, el islamismo se siente amenazado donde nunca se había sentido desde las Cruzadas: en su propio terreno. El intento de Bush de «llevar la democracia a Irak» y, luego, a Afganistán, era un jaque mate al islamismo, al atentar nuestra democracia contra una serie de principios suyos, tanto en el terreno estatal, como en el familiar, como en el individual. De pasarse ambos países al «bando occidental», el islamismo empezaría a resquebrajarse. Únanse los millones de musulmanes que viven hoy en Europa y Estados Unidos, expuestos a las tentaciones que ofrece el estilo de vida occidental, y se tendrá la furiosa respuesta de sus fundamentalistas. Una respuesta en la que usan el arma de los débiles en toda confrontación con los más fuertes: el terrorismo. Contra el que Occidente no ha encontrado aún la forma eficaz de defenderse.
Por si ello fuera poco, el segundo de los pilares en que se basaban nuestras optimistas previsiones también se ha desplomado. El mercado, en vez de ser la fórmula para el enriquecimiento ininterrumpido de naciones e individuos, se convirtió en promotor de su ruina, al dejársele sin freno ni control. La crisis económica, el crash de 2008, fue producto de un mercado desbocado, que convirtió la bolsa en un casino, las entidades financieras, en vendedoras de décimos falsos de lotería, las agencias de calificación, en cómplices del engaño y los gobiernos, en espectadores de una estafa a escala global. Movido todo por la codicia humana, que no tiene límites y ciega mentes. Todo el mundo quería hacerse rico en poco tiempo, y aunque algunos lo consiguieron, la inmensa mayoría perdió proporcionalmente a su avidez. Ha sido una tremenda lección para todos, gobiernos, instituciones financieras, ciudadanos en general, que nos ha recordado algo tan viejo como que en este mundo no se atan los perros con longanizas.
¿Hemos aprendido la lección? Aunque parezca mentira, no del todo. La primera consecuencia de lo ocurrido debería de ser que el mercado necesita controles más estrictos de los que tenía. Pero incluso después del batacazo hay quien se resiste a ellos. Siendo como son imprescindibles para su buen funcionamiento.
Pues la alternativa, pasar a una economía dirigida por el Estado, es aún peor, vista la casi total ineficacia de tales experimentos. Las últimas elecciones europeas muestran que los pueblos siguen confiando más en la derecha que en la izquierda para salir de la crisis, pese a ser aquélla la culpable de la misma. Y es que si la democracia es la menos mala de los sistemas políticos, el mercado es el menos malo de los sistemas económicos. Ahora bien, que nadie se engañe: para salir del foso en que hemos caído, para absorber las enormes pérdidas acumuladas, para recuperar los niveles en que vivíamos antes del tsumani financiero, van a necesitarse bastantes años, y aún así, nada volverá a ser lo que era. Los países que hayan hecho sus deberes subirán, y los que no los han hecho retrocederán. Mucho me temo que el nuestro esté entre los segundos. Pero éste es un análisis global de la situación y de analizar sus distintas partes, perderíamos la perspectiva. Tiempo tendremos de hablar de España.
La primera y casi única conclusión que sacamos de él es que el siglo que empieza está resultando muy distinto al que habíamos imaginado. No sólo hay nuevos actores en escena. También los problemas son distintos, lo que nos obliga a buscar nuevas soluciones. Si las hay. Así que mi único deseo es que el siglo XXI no haga bueno al XX.
Para lo que tampoco debería de necesitarse demasiado.
ABC - Opinión
Mr. Bean se cuela en la web oficial de la presidencia española
Una imagen del mismísimo Mr. Bean se asomó ayer a la página oficial de la presidencia española de la UE («www.eu2010.es») para saludar con un coloquial «Hi there!» que lo mismo puede significar «hola a todos» o «¿qué tal?». Pero no se trataba de un «fichaje» de última hora de Moncloa para dar más lustre a la presidencia española de la Unión Europea, ni siquiera de eso tan sano como es reírse de uno mismo y bromear con el parecido que el cómico británico Rowan Atkinson tiene con José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo cuando arquea mucho las cejas y desorbita los ojos. Era lo que en principio parecía el ataque de un «hacker» que había puesto de manifiesto la vulnerabilidad de una página que va a costar casi 12 millones de euros en mantenimiento y seguridad a lo largo de los seis meses de presidencia.
Anoche, sin embargo, Moncloa informaba de que «el supuesto ataque ha consistido en que se ha empleado una captura de una página de búsqueda del sitio para hacer un fotomontaje al que se ha asignado una dirección (url o enlace) que luego se ha distribuido en Internet, a través de redes sociales y blogs».
Para Moncloa, el revoltoso ha aprovechado «una vulnerabilidad del código fuente denominada XSS (cross site scripting) dirigida a los usuarios de la web y no a la web en sí misma. Este tipo de ataques, para resultar efectivos, deben combinarse con alguna técnica adicional que engañe al usuario de la web para que pinche en un enlace modificado malintencionadamente, por ejemplo, con ingeniería social». Pues eso. Todo está ya clarísimo. O no...
Para Moncloa, el revoltoso ha aprovechado «una vulnerabilidad del código fuente denominada XSS (cross site scripting) dirigida a los usuarios de la web y no a la web en sí misma. Este tipo de ataques, para resultar efectivos, deben combinarse con alguna técnica adicional que engañe al usuario de la web para que pinche en un enlace modificado malintencionadamente, por ejemplo, con ingeniería social». Pues eso. Todo está ya clarísimo. O no...
ABC
lunes, 4 de enero de 2010
Zapatero dobla el gasto en misiones en el exterior, que en 2010 llegará a 800 millones
El Gobierno lleva invertidos en la guerra de Afganistán 1.550 millones y multiplica por tres el número de soldados en la zona.
El año que empieza marcará un hito en la política exterior del Gobierno de Zapatero. Después de llegar al poder como adalid del pacifismo en 2004 y estrenarse en el cargo con la orden inmediata, y sin consultar a los aliados, de retirar las tropas españolas de la guerra de Irak, el jefe del Ejecutivo alcanzará el ecuador de su segundo mandato multiplicando por tres la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en la guerra de Afganistán y duplicando el gasto en el conjunto de misiones en el exterior que desempeñaba España el último año del gobierno de Aznar. De los 380 millones invertidos hace seis años, pasamos en 2009 a 713 y para este ejercicio la cifra alcanzará o puede superar los 800, según evolucionen los conflictos.
El año que empieza marcará un hito en la política exterior del Gobierno de Zapatero. Después de llegar al poder como adalid del pacifismo en 2004 y estrenarse en el cargo con la orden inmediata, y sin consultar a los aliados, de retirar las tropas españolas de la guerra de Irak, el jefe del Ejecutivo alcanzará el ecuador de su segundo mandato multiplicando por tres la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en la guerra de Afganistán y duplicando el gasto en el conjunto de misiones en el exterior que desempeñaba España el último año del gobierno de Aznar. De los 380 millones invertidos hace seis años, pasamos en 2009 a 713 y para este ejercicio la cifra alcanzará o puede superar los 800, según evolucionen los conflictos.
Las variables fijas que amenazan con disparar el gasto son: el aumento comprometido ya, a requerimiento de Barack Obama, de un 50 por ciento de las fuerzas desplegadas en Afganistán; el incremento de otro 20 o 25 por ciento de los militares destinados en El Líbano -donde Zapatero aspira a adquirir más protagonismo con el contingente de la ONU mandado por un general español en frontera árabe-israelí-, y el coste añadido de la «Operación Atalanta» contra la piratería en aguas del Océano Indico que supondrá la decisión del Gobierno de enviar unidades militares y de la Guardia Civil a formar fuerzas de seguridad en Somalia, aunque sea un «Estado fallido».
En ese panorama de escalada de gastos, el único alivio económico con respecto al último ejercicio viene dado por el fin de la misión en Kosovo, de donde salieron este otoño los últimos militares españoles. En 2009 la operación todavía costó 65 millones de euros y, después de 10 años de presencia, el Estado se dejó en la hoy autoproclamada república independiente un total de 852 millones.
Pero donde el Gobierno hace el mayor esfuerzo militar y económico es en Afganistán. A partir de julio de 2004, Zapatero tuvo que compensar la salida de Irak con el envío a Afganistán de continuos refuerzos, el último hace dos meses. La factura total se eleva hasta los 1.550 millones de euros en los 8 años de presencia española en el país asiático. La misión de nuestras Fuerzas Armadas en Irak después de la guerra había costado 94 millones.
El objetivo en Afganistán sigue siendo combatir a los talibanes en sus bases y poner en pie un Estado que se haga cargo de la seguridad de la población y, al tiempo, evite que en su territorio se preparen los ataques del terrorismo islamista sobre occidente.
Sólo en el último año, el gasto en Afganistán fue de 365 millones, según los datos aportados por la ministra de Defensa, Carme Chacón, en la Comisión de Defensa del Congreso al hacer balance en diciembre pasado. Es la mitad de la suma total invertida en las distintas misiones en el exterior y a esa cifra se añaden los 210 millones de euros aportados para la Conferencia de Donantes como aportación civil para el sostenimiento y estabilización del Estado que gobierna Karzai.
La misión favorita
La misión favorita de Zapatero es la de ONU en El Líbano, a la que se presentó de los primeros y a la que contribuyó hace tres años como primera potencia: 1.100 militares. Es una clara misión de interposición de la paz entre bandos y se corresponde con su imagen más pacifista. De hecho, el jefe del Ejecutivo visita al contingente español sin problemas una vez al año -la última en octubre pasado-, mientras que por el Afganistán en guerra no pisa desde diciembre de 2005, cuando estuvo acompañado por su primer ministro de Defensa, José Bono.
La contribución española a la Fuerza Interina de la ONU en El Líbano suma ya un gasto para las arcas públicas de 618 millones de euros.
La Operación Atalanta de lucha contra la piratería en aguas del Índico ha costado ya 57 millones de euros en menos de un año de vigencia y para el ejercicio que empieza el Gobierno español propone entrenar a unos dos mil soldados somalíes para que puedan trabajar desde tierra en la prevención de la delincuencia, e incluso «sirvan para crear un embrión de seguridad naval somalí». Bosnia, con un gasto de 40 millones, es ya una misión menor pero que lleva acumulados unos gastos de 1.860 millones en sus 18 años de existencia.
En ese panorama de escalada de gastos, el único alivio económico con respecto al último ejercicio viene dado por el fin de la misión en Kosovo, de donde salieron este otoño los últimos militares españoles. En 2009 la operación todavía costó 65 millones de euros y, después de 10 años de presencia, el Estado se dejó en la hoy autoproclamada república independiente un total de 852 millones.
Pero donde el Gobierno hace el mayor esfuerzo militar y económico es en Afganistán. A partir de julio de 2004, Zapatero tuvo que compensar la salida de Irak con el envío a Afganistán de continuos refuerzos, el último hace dos meses. La factura total se eleva hasta los 1.550 millones de euros en los 8 años de presencia española en el país asiático. La misión de nuestras Fuerzas Armadas en Irak después de la guerra había costado 94 millones.
El objetivo en Afganistán sigue siendo combatir a los talibanes en sus bases y poner en pie un Estado que se haga cargo de la seguridad de la población y, al tiempo, evite que en su territorio se preparen los ataques del terrorismo islamista sobre occidente.
Sólo en el último año, el gasto en Afganistán fue de 365 millones, según los datos aportados por la ministra de Defensa, Carme Chacón, en la Comisión de Defensa del Congreso al hacer balance en diciembre pasado. Es la mitad de la suma total invertida en las distintas misiones en el exterior y a esa cifra se añaden los 210 millones de euros aportados para la Conferencia de Donantes como aportación civil para el sostenimiento y estabilización del Estado que gobierna Karzai.
La misión favorita
La misión favorita de Zapatero es la de ONU en El Líbano, a la que se presentó de los primeros y a la que contribuyó hace tres años como primera potencia: 1.100 militares. Es una clara misión de interposición de la paz entre bandos y se corresponde con su imagen más pacifista. De hecho, el jefe del Ejecutivo visita al contingente español sin problemas una vez al año -la última en octubre pasado-, mientras que por el Afganistán en guerra no pisa desde diciembre de 2005, cuando estuvo acompañado por su primer ministro de Defensa, José Bono.
La contribución española a la Fuerza Interina de la ONU en El Líbano suma ya un gasto para las arcas públicas de 618 millones de euros.
La Operación Atalanta de lucha contra la piratería en aguas del Índico ha costado ya 57 millones de euros en menos de un año de vigencia y para el ejercicio que empieza el Gobierno español propone entrenar a unos dos mil soldados somalíes para que puedan trabajar desde tierra en la prevención de la delincuencia, e incluso «sirvan para crear un embrión de seguridad naval somalí». Bosnia, con un gasto de 40 millones, es ya una misión menor pero que lleva acumulados unos gastos de 1.860 millones en sus 18 años de existencia.
ABC - Nacional
Zapatero no se juega nada. Por Agapito Maestre

Si España fuera, pues, un país más o menos normal, o sea, con un sistema político asentado sobre valores democráticos, quizá tendría alguna lógica pensar que la crisis económica le pasará factura a Zapatero.
Es opinión generalizada que este año 2010 será decisivo para el futuro político de España. Zapatero, mantienen la mayoría de los medios de comunicación, puede hundirse definitivamente. Las últimas encuestas de intención de voto, las críticas con las que ha sido recibido en Europa la presidencia de Zapatero y, en fin, el escepticismo creciente que Zapatero produce en los sectores más avanzados de la sociedad española, vendrían a reforzar los riesgos que corren los socialistas en el nuevo año. Zapatero se la juega, dicen los optimistas, cuando estamos en el ecuador de la legislatura.
Es opinión generalizada que este año 2010 será decisivo para el futuro político de España. Zapatero, mantienen la mayoría de los medios de comunicación, puede hundirse definitivamente. Las últimas encuestas de intención de voto, las críticas con las que ha sido recibido en Europa la presidencia de Zapatero y, en fin, el escepticismo creciente que Zapatero produce en los sectores más avanzados de la sociedad española, vendrían a reforzar los riesgos que corren los socialistas en el nuevo año. Zapatero se la juega, dicen los optimistas, cuando estamos en el ecuador de la legislatura.
Yo, sin embargo, no comparto ese optimista parecer. En verdad, quien se la está jugando es la oposición. Cinco o seis puntos de diferencia entre el PP y el PSOE, como vienen resaltando las encuestas, no son apenas nada cuando hablamos de España, que tiene la sociedad civil más débil de Europa o, lo que es lo mismo, cuenta con un electorado fanatizado y dependiente de la propagada "pararreligiosa" de Zapatero. La izquierda más reaccionaria de Europa está entre los votantes socialistas. Si España fuera, pues, un país más o menos normal, o sea, con un sistema político asentado sobre valores democráticos, quizá tendría alguna lógica pensar que la crisis económica le pasará factura a Zapatero.
No es el caso. Nadie se engañe. Para Zapatero el año 2010, especialmente este semestre, será una forma de tomar aire; de hecho, y a pesar del general cachondeo que este hombre provoca en toda Europa, la presidencia de la UE ya está siendo utilizado para sacar pecho. Sin duda alguna, en cualquier país de Europa, la acentuación de la recesión económica, el aumento del paro y la ineptitud de un Gobierno cualquiera para adoptar medidas que frenen el deterioro de la economía, podrían ser causas suficientes para prever un cambio de Gobierno. Pero, por desgracia, España es diferente. Zapatero ha hecho de la crisis un asunto electoral. Populista.
De momento, Zapatero cuenta con un aparato de agitación y propaganda a su favor del que carecen el resto de gobiernos de Europa. Ningún político europeo ostenta tanto poder sobre los medios de comunicación como el de Zapatero. Cadenas de radio y televisiones, periódicos y mil órganos de agitación y propaganda laboran día y noche para tapar su mediocridad como gobernante y su maldad como político. Tanto poder de propaganda acumula este individuo que incluso muchos de los medios de comunicación, que predicen su batacazo, son incapaces de plantearse tres sencillas preguntas: ¿Por qué en las encuestas de estimación de voto baja tan poco quien nos está engañando desde que comenzó la crisis económica? ¿Por qué es tan lento el descenso de alguien que ha roto el consenso básico de la nación, a saber, la Constitución, con el Estatuto de Cataluña? ¿Por qué no se ha producido aún movimiento cívico contra alguien que ha puesto en cuestión las bases de convivencia nacional?
No seamos estúpidos con los cuentos de la lechera de los sondeos electorales. Los próximos seis meses son enteramente de Zapatero. Hará y dispondrá a su antojo. La oposición bastante hará con aguantar a rebufo. Zapatero no se juega nada. Son todo ganancias. La plebe lo seguirá aplaudiendo con fruición. Su base electoral sigue siendo inmensa. Un desatino.
No es el caso. Nadie se engañe. Para Zapatero el año 2010, especialmente este semestre, será una forma de tomar aire; de hecho, y a pesar del general cachondeo que este hombre provoca en toda Europa, la presidencia de la UE ya está siendo utilizado para sacar pecho. Sin duda alguna, en cualquier país de Europa, la acentuación de la recesión económica, el aumento del paro y la ineptitud de un Gobierno cualquiera para adoptar medidas que frenen el deterioro de la economía, podrían ser causas suficientes para prever un cambio de Gobierno. Pero, por desgracia, España es diferente. Zapatero ha hecho de la crisis un asunto electoral. Populista.
De momento, Zapatero cuenta con un aparato de agitación y propaganda a su favor del que carecen el resto de gobiernos de Europa. Ningún político europeo ostenta tanto poder sobre los medios de comunicación como el de Zapatero. Cadenas de radio y televisiones, periódicos y mil órganos de agitación y propaganda laboran día y noche para tapar su mediocridad como gobernante y su maldad como político. Tanto poder de propaganda acumula este individuo que incluso muchos de los medios de comunicación, que predicen su batacazo, son incapaces de plantearse tres sencillas preguntas: ¿Por qué en las encuestas de estimación de voto baja tan poco quien nos está engañando desde que comenzó la crisis económica? ¿Por qué es tan lento el descenso de alguien que ha roto el consenso básico de la nación, a saber, la Constitución, con el Estatuto de Cataluña? ¿Por qué no se ha producido aún movimiento cívico contra alguien que ha puesto en cuestión las bases de convivencia nacional?
No seamos estúpidos con los cuentos de la lechera de los sondeos electorales. Los próximos seis meses son enteramente de Zapatero. Hará y dispondrá a su antojo. La oposición bastante hará con aguantar a rebufo. Zapatero no se juega nada. Son todo ganancias. La plebe lo seguirá aplaudiendo con fruición. Su base electoral sigue siendo inmensa. Un desatino.
Libertad Digital - Opinión
¿Qué tiene que pasar?. Por Pedro González Trevijano
¿Qué tiene que pasar? Esta es la pregunta que se hacen muchos ciudadanos que asisten diariamente, unos atónitos, otros disgustados, y los más decepcionados, a una desafortunada concepción cainita de la Política, a una hipertrofiada partitocracia que ha asaltado las instituciones, a un insensato desprecio a los principios y valores sobre los que se erigió la Transición Política, a la frívola puesta en entredicho de nuestros intangibles principios político-constitucionales -destacando la Carta Magna de 1978- y al absurdo revisionismo histórico de casi todo sin importar su coste. Por más que los mismos ciudadanos atónitos, disgustados y decepcionados, no estén exentos también, ni muchísimo menos, de una correlativa responsabilidad. Una ciudadanía antes tan admirable en tantas cosas a lo largo de estos treinta años de régimen constitucional: unos españoles capaces de cerrar las heridas de una cruenta Guerra Civil, auspiciar el firme desmantelamiento de las estructuras franquistas, impulsar una ejemplar Transición Política, sancionar entusiásticamente una Constitución democrática e incorporarse activamente al proceso de construcción europea. Pero ahora, mala tempora currunt, malos tiempos corren. Las cosas son tristemente bien distintas.
El diletantismo, la indiferencia, el acomodamiento, la ausencia de compromiso y la falta de coraje son hoy, para nuestro infortunio, los perfiles de una desvertebrada, débil y acobardada, cuando no inexistente, sociedad civil. Me preguntaba un alumno de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, quien controlaba a los poderes públicos en el amplio periodo que comprende el tiempo entre elecciones. Lamentablemente le tuve que responder que, salvo lo que resta de control parlamentario, nadie o casi nadie ejerce tal supervisión en una sociedad inane y perezosa, que prefiere mirar para otra parte. Por no hablar de la clamorosa falta de compromiso de tantos intelectuales que parecen, hoy llamativamente silentes, haberse perdido, cuando no desaparecer definitivamente. Así las cosas, y tras dicha contestación, no puede sino hacerme otra interrogación: ¿tendría razón Roussseau, al señalar que los ingleses -referencia que extenderíamos ahora al pueblo español-, se transforman, tras el puntual momento de ejercer el voto, en esclavos?
El diagnóstico, no me negarán, es preocupante. Los círculos abismales y oscuros de nuestro nacional infierno dantiano son explícitos en nuestro último devenir político y constitucional. Desvelemos sus tres personajes más frustrantes.
Primero: La puesta en entredicho de la mismísima existencia de España. Una palabra maldita de pronunciar y de escribir en demasiadas partes del territorio nacional. Es ridículo, cuando no patético, asistir a toda clase de esfuerzos lingüísticos -con expresiones eufemísticas como Estado, país, administración...-, con tal de evitar su simple mención. A toda esa intolerante clase política, que hace de su desprecio su principal estandarte, habría que recordarle las palabras de Don Juan Carlos en el discurso de Navidad: España es «una gran nación europea de larga historia e inmenso patrimonio.» Un nacionalismo excluyente y trasnochado que salmodia cansinamente imposibles derechos de independencia y de autodeterminación secesionistas. De aquí la necesidad de fortalecer nuestra cohesión interna, aminorar las tensiones centrífugas y avanzar en la solidaridad interterritorial. Y es que detrás de tanta perorata victimista, no se esconde, tras la perenne invocación de anacrónicos derechos históricos, sino la indisimulada apetencia por el privilegio, el anhelado tratamiento desigual y el reconocimiento preferencial. No está de más recordar el inicio del artículo 2 de la Constitución de 1978: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española». España es, por tanto, un prius a la Constitución, que no crea la Carta Magna, sino que la reconoce. De aquí la trascendencia del juego interdependiente de nuestros tres grandes principios constitucionales en materia de ordenación territorial: unidad, autonomía y solidaridad. Una autonomía que no es soberanía y que sólo se entiende desde el fundamento de la unidad y con la mirada puesta en la satisfacción de la solidaridad.
Segundo: Una interpretación schmittiana de la Política, asentada en la inacabable bronca y en la agria gresca, que no perdona a nadie, que no transige en nada, que ha olvidado el sentido del diálogo fructífero. Una acción política construida sobre la marginación, el menosprecio y la persecución de los otros. Los tiempos de consenso, de acuerdo, de compromiso, en aras a forjar un aggiornamento común, no se recuerdan. En este estado de cosas, algunos habrían resuelto además, de manera frívola, desmantelar los logros arduamente alcanzados entre todos: los de aquí y los de allí, los de acá y los de allá. Los demás no son nunca, ¡faltaría más!, los suyos. Nos quieren transformar en sartrianos. Como Sartre, parte de la clase política, y me preocupa que el virus pueda propagarse irresponsablemente a la ciudadanía, entiende que «no es necesaria la Parrilla; el infierno, son los Otros.» (Huis Clos V). ¿Será cierto -¡espero que no!- que los dioses modernos, como antes los griegos, hayan resuelto cegar a los habitantes y dirigentes de este viejo y gran país?
En este contexto, somos muchos, sino la práctica mayoría de ciudadanos, los más allegados a los de aquí, como los más próximos a los de allá, incluyendo los que de forma natural no se sienten de acá, ni de ninguna parte, los decididos a conservar lo conquistado, a fortalecer la integración, a incidir -desde el respeto a la singularidad- en los elementos comunes, a que se gobierne para todos y cada uno de los españoles en cualquier parte del territorio nacional, a finalizar con tanta división y antagonismo, a mitigar la crispación, a poner término al enfrentamiento de todos contra y frente a todos. ¿Es tan difícil actuar y accionar para con todos, para los unos y para los otros, sin sectarismos, banderías, grupos, partidismos y facciones? ¿No se puede hacer Política desde la generosidad, con altura moral y grandeza de miras? De nuevo Don Juan Carlos, haciendo seguramente más hincapié que en ocasiones anteriores, ha solicitado una política participada entre las diferentes fuerzas políticas: «No nos podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los consensos que piden nuestros ciudadanos.» Los españoles pedimos así a la clase política, al Gobierno y a la Oposición, un inequívoco respaldo a nuestro régimen constitucional de 1978, y un acuerdo en las grandes políticas de Estado -modelo territorial, educación, inmigración, sanidad, política, exterior...- Unas políticas que no pueden venir definidas por el cortoplacismo, el egoísmo y la improvisación. Que han de ser, por el contrario, codecididas, firmes y perdurables. La coparticipación en tan esenciales menesteres es sinónima también de eficiencia política y de modernidad constitucional.
Tercero: El inexcusable sometimiento a la Constitución y la obediencia a la ley. Una Constitución y una ley que en una España constitucional no son, de nuevo el ginebrino, sino la expresión de la voluntad popular manifestada a través de unos representantes democráticamente elegidos. Una sumisión a la que no pueden escapar los propios actores políticos. Las leyes, esgrimía Montesquieu, «son relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas... el hombre tiene leyes.» (De l ´esprit de lois, i, 1). Y, de manera paralela asimismo, el reclamable cuidado que exigen nuestras instituciones; unas instituciones demasiado criticadas, ninguneadas y vapuleadas. Un respeto, en todo caso, al que estas han de saber hacerse recíprocamente acreedoras.
¡Qué quieren que les diga! Como ciudadano me resisto en dar la razón a Rousseau sobre la situación de esclavitud en que caen los pueblos una vez celebrados sus comicios. Deseo abrazar otra visión diferente: la optimista opinión del filósofo ginebrino sobre las bondades del mantenimiento de nuestro Pacto social, que de esto hablamos: «cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo» (Du contract social, I, 6). Ni tampoco creo, como el referido Jean Paul Sartre, que «la historia de una vida cualquiera que sea, es la historia de un fracaso» (L´ Étre et le Néant). No al menos en esta España mía y nuestra; una España de todos. Una España de ciudadanos libres e iguales, que impele urgentemente a su clase política, y a su ciudadanía, a un brusco cambio de hoja de ruta. ¿Qué más ha de pasar para ello?
Pedro González-Trevijano, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos
El diagnóstico, no me negarán, es preocupante. Los círculos abismales y oscuros de nuestro nacional infierno dantiano son explícitos en nuestro último devenir político y constitucional. Desvelemos sus tres personajes más frustrantes.
Primero: La puesta en entredicho de la mismísima existencia de España. Una palabra maldita de pronunciar y de escribir en demasiadas partes del territorio nacional. Es ridículo, cuando no patético, asistir a toda clase de esfuerzos lingüísticos -con expresiones eufemísticas como Estado, país, administración...-, con tal de evitar su simple mención. A toda esa intolerante clase política, que hace de su desprecio su principal estandarte, habría que recordarle las palabras de Don Juan Carlos en el discurso de Navidad: España es «una gran nación europea de larga historia e inmenso patrimonio.» Un nacionalismo excluyente y trasnochado que salmodia cansinamente imposibles derechos de independencia y de autodeterminación secesionistas. De aquí la necesidad de fortalecer nuestra cohesión interna, aminorar las tensiones centrífugas y avanzar en la solidaridad interterritorial. Y es que detrás de tanta perorata victimista, no se esconde, tras la perenne invocación de anacrónicos derechos históricos, sino la indisimulada apetencia por el privilegio, el anhelado tratamiento desigual y el reconocimiento preferencial. No está de más recordar el inicio del artículo 2 de la Constitución de 1978: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española». España es, por tanto, un prius a la Constitución, que no crea la Carta Magna, sino que la reconoce. De aquí la trascendencia del juego interdependiente de nuestros tres grandes principios constitucionales en materia de ordenación territorial: unidad, autonomía y solidaridad. Una autonomía que no es soberanía y que sólo se entiende desde el fundamento de la unidad y con la mirada puesta en la satisfacción de la solidaridad.
Segundo: Una interpretación schmittiana de la Política, asentada en la inacabable bronca y en la agria gresca, que no perdona a nadie, que no transige en nada, que ha olvidado el sentido del diálogo fructífero. Una acción política construida sobre la marginación, el menosprecio y la persecución de los otros. Los tiempos de consenso, de acuerdo, de compromiso, en aras a forjar un aggiornamento común, no se recuerdan. En este estado de cosas, algunos habrían resuelto además, de manera frívola, desmantelar los logros arduamente alcanzados entre todos: los de aquí y los de allí, los de acá y los de allá. Los demás no son nunca, ¡faltaría más!, los suyos. Nos quieren transformar en sartrianos. Como Sartre, parte de la clase política, y me preocupa que el virus pueda propagarse irresponsablemente a la ciudadanía, entiende que «no es necesaria la Parrilla; el infierno, son los Otros.» (Huis Clos V). ¿Será cierto -¡espero que no!- que los dioses modernos, como antes los griegos, hayan resuelto cegar a los habitantes y dirigentes de este viejo y gran país?
En este contexto, somos muchos, sino la práctica mayoría de ciudadanos, los más allegados a los de aquí, como los más próximos a los de allá, incluyendo los que de forma natural no se sienten de acá, ni de ninguna parte, los decididos a conservar lo conquistado, a fortalecer la integración, a incidir -desde el respeto a la singularidad- en los elementos comunes, a que se gobierne para todos y cada uno de los españoles en cualquier parte del territorio nacional, a finalizar con tanta división y antagonismo, a mitigar la crispación, a poner término al enfrentamiento de todos contra y frente a todos. ¿Es tan difícil actuar y accionar para con todos, para los unos y para los otros, sin sectarismos, banderías, grupos, partidismos y facciones? ¿No se puede hacer Política desde la generosidad, con altura moral y grandeza de miras? De nuevo Don Juan Carlos, haciendo seguramente más hincapié que en ocasiones anteriores, ha solicitado una política participada entre las diferentes fuerzas políticas: «No nos podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los consensos que piden nuestros ciudadanos.» Los españoles pedimos así a la clase política, al Gobierno y a la Oposición, un inequívoco respaldo a nuestro régimen constitucional de 1978, y un acuerdo en las grandes políticas de Estado -modelo territorial, educación, inmigración, sanidad, política, exterior...- Unas políticas que no pueden venir definidas por el cortoplacismo, el egoísmo y la improvisación. Que han de ser, por el contrario, codecididas, firmes y perdurables. La coparticipación en tan esenciales menesteres es sinónima también de eficiencia política y de modernidad constitucional.
Tercero: El inexcusable sometimiento a la Constitución y la obediencia a la ley. Una Constitución y una ley que en una España constitucional no son, de nuevo el ginebrino, sino la expresión de la voluntad popular manifestada a través de unos representantes democráticamente elegidos. Una sumisión a la que no pueden escapar los propios actores políticos. Las leyes, esgrimía Montesquieu, «son relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas... el hombre tiene leyes.» (De l ´esprit de lois, i, 1). Y, de manera paralela asimismo, el reclamable cuidado que exigen nuestras instituciones; unas instituciones demasiado criticadas, ninguneadas y vapuleadas. Un respeto, en todo caso, al que estas han de saber hacerse recíprocamente acreedoras.
¡Qué quieren que les diga! Como ciudadano me resisto en dar la razón a Rousseau sobre la situación de esclavitud en que caen los pueblos una vez celebrados sus comicios. Deseo abrazar otra visión diferente: la optimista opinión del filósofo ginebrino sobre las bondades del mantenimiento de nuestro Pacto social, que de esto hablamos: «cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo» (Du contract social, I, 6). Ni tampoco creo, como el referido Jean Paul Sartre, que «la historia de una vida cualquiera que sea, es la historia de un fracaso» (L´ Étre et le Néant). No al menos en esta España mía y nuestra; una España de todos. Una España de ciudadanos libres e iguales, que impele urgentemente a su clase política, y a su ciudadanía, a un brusco cambio de hoja de ruta. ¿Qué más ha de pasar para ello?
Pedro González-Trevijano, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos
ABC - Opinión
De curas y banqueros. Por Carlos Rodríguez Braun

Los sindicatos no intentan proteger a los trabajadores de la voracidad fiscal sino castigar fiscalmente a aquellos grupos que no les gustan. No quieren limitar el poder del Estado sino utilizarlo sólo contra algunos.
En la notable galería de fotos de Fernando Díaz Villanueva en Libertad Digital sobre la reciente manifestación sindical podían verse las siguientes pancartas: "A curas y banqueros, de mis impuestos, cero"; "A banqueros y clero, de mis impuestos, cero"; "Cada Papa o Califa se pague sus visitas".
Esto tiene mucho interés porque se trata de consignas liberales. Sospecho que es más que probable que un número significativo de quienes amablemente hayan leído esta columna en la última década compartan la idea de que las iglesias deben autofinanciarse, y muchos seguramente piensen que el mejor sistema bancario es uno que no descargue el pago de sus contratiempos sobre los contribuyentes. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es que nuestros sindicalistas han pasado de ser liberados a ser liberales?
En la notable galería de fotos de Fernando Díaz Villanueva en Libertad Digital sobre la reciente manifestación sindical podían verse las siguientes pancartas: "A curas y banqueros, de mis impuestos, cero"; "A banqueros y clero, de mis impuestos, cero"; "Cada Papa o Califa se pague sus visitas".
Esto tiene mucho interés porque se trata de consignas liberales. Sospecho que es más que probable que un número significativo de quienes amablemente hayan leído esta columna en la última década compartan la idea de que las iglesias deben autofinanciarse, y muchos seguramente piensen que el mejor sistema bancario es uno que no descargue el pago de sus contratiempos sobre los contribuyentes. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es que nuestros sindicalistas han pasado de ser liberados a ser liberales?
Por desgracia, tal mutación no ha tenido lugar. Si así fuera, los sindicatos deberían empezar por reclamar su propia autofinanciación y a continuación extender ese criterio protector de los ciudadanos al ilimitado campo de la financiación pública. No lo hacen, ni lo harán, claro, con lo cual debemos concluir que no intentan proteger a los trabajadores de la voracidad fiscal sino castigar fiscalmente a aquellos grupos que no les gustan. No quieren limitar el poder del Estado sino utilizarlo sólo contra algunos.
Por si hubiera alguna duda, Fernando Díaz Villanueva fotografió una pancarta abandonada en el Paseo del Prado donde se leía: "Liberal el robar". Está claro que quien cree que dejar al prójimo en paz equivale a asaltarlo es capaz de creer cualquier cosa, y así lo demostraron los líderes de UGT y CCOO al reprocharles a los empresarios por "dirigir sus miradas sólo al beneficio y no a las personas", al reclamar al Gobierno "anteponer la protección social a combatir el déficit público", y al fantasear con que quien ha prevalecido en el mundo es "el capitalismo neoliberal".
Por si hubiera alguna duda, Fernando Díaz Villanueva fotografió una pancarta abandonada en el Paseo del Prado donde se leía: "Liberal el robar". Está claro que quien cree que dejar al prójimo en paz equivale a asaltarlo es capaz de creer cualquier cosa, y así lo demostraron los líderes de UGT y CCOO al reprocharles a los empresarios por "dirigir sus miradas sólo al beneficio y no a las personas", al reclamar al Gobierno "anteponer la protección social a combatir el déficit público", y al fantasear con que quien ha prevalecido en el mundo es "el capitalismo neoliberal".
Libertad Digital - Opinión
Moratinos y las alucinaciones. Por José María Carrascal

«El Gobierno no negocia con terroristas ni paga rescates» Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores español, dixit. Primera mentira: que no negocian con terroristas. ¿Qué hubo entonces con ETA? ¿O no son terroristas? Son capaces de decirlo. Segunda mentira: que no pagan rescates. ¿quién pagó entonces el del Alakrana? ¿Quién se dispone a pagar el de los cooperantes apresados en Mauritania? ¿No dicen que han movilizado todos los recursos para liberarles? ¿O también eso es mentira? Tampoco nos extrañaría. Aunque Moratinos dejó la traca para el final: «Este Ministerio ha demostrado que tiene instrumentos, capacidad e influencia que ofrecen resultados».
Lo que ha demostrado ese Ministerio es que no tiene instrumentos, ni capacidad ni influencia para resolver los problemas que se plantean a España y a los españoles en tierra, mar y aire, en África, Asia, Europa, América y no digo Oceanía porque, afortunadamente, no se nos plantean allí, pues de planteársenos, los perderíamos. Resolver los problemas no es pagar el rescate a los piratas, ni aceptar los expulsados de otros países, ni firmar las declaraciones que nos exigen otros gobiernos, ni permitir que detengan a nuestros barcos, ni disculparnos porque nuestras patrulleras persiguen a contrabandistas, como ha hecho nuestro Gobierno en los casos de los piratas somalíes, del petrolero en Guinea Bissau, de la señora Haidar y de Gibraltar. Por no hablar ya de los infinitos desplantes que se han hecho a nuestro ciudadanos y empresas en países «hermanos», como Argentina, Bolivia o Venezuela, donde el Gobierno español lo único que sabe es ofrecer un pañuelo a los damnificados para que se sequen las lágrimas.
La única realidad es que el peso de España en la escena internacional no ha hecho más que disminuir desde que Moratinos se hizo cargo de su política exterior. Sus colegas europeos desconfían de él por considerarle antiisraelí y procastrista. Mientras en Gaza, la Habana y Caracas, le desdeñan por considerar que la política exterior española está sometida, hoy más que nunca, a la de Washington. Por si ello fuera poco, acaba de sufrir dos señaladas derrotas. En Honduras, su apoyo incondicional al ex presidente Zelaya nos deja sin representante en aquel país y con un nuevo presidente resentido con España. Mientras en Chile, la más que probable llegada al poder de un conservador que pone fin a la era post Pinochet, deja al Gobierno español, como vulgarmente se dice, colgado de la brocha.
En resumen, que la España democrática alcanza con Moratinos su nivel más vulnerable y menos influyente en la arena internacional, situación por cierto que coincide con la de su escena interior.
Y no les digo nada cuando conozcan de cerca a Zapatero en Bruselas.
La única realidad es que el peso de España en la escena internacional no ha hecho más que disminuir desde que Moratinos se hizo cargo de su política exterior. Sus colegas europeos desconfían de él por considerarle antiisraelí y procastrista. Mientras en Gaza, la Habana y Caracas, le desdeñan por considerar que la política exterior española está sometida, hoy más que nunca, a la de Washington. Por si ello fuera poco, acaba de sufrir dos señaladas derrotas. En Honduras, su apoyo incondicional al ex presidente Zelaya nos deja sin representante en aquel país y con un nuevo presidente resentido con España. Mientras en Chile, la más que probable llegada al poder de un conservador que pone fin a la era post Pinochet, deja al Gobierno español, como vulgarmente se dice, colgado de la brocha.
En resumen, que la España democrática alcanza con Moratinos su nivel más vulnerable y menos influyente en la arena internacional, situación por cierto que coincide con la de su escena interior.
Y no les digo nada cuando conozcan de cerca a Zapatero en Bruselas.
ABC - Opinión
La paz de Rodríguez y Gobierno ilegítimo Por Pio Moa
LA PAZ DE RODRÍGUEZ.
Dije en otra ocasión que el "rojo" presidente del gobierno actual tiene bastantes cosas en común con Hitler. Por los años 20 y 30, los rojos trataban de asaltar las democracias "burguesas" para instaurar dictaduras de izquierda.
Lo intentaron en muchos países, entre ellos España, en 1934. Los nacionalsocialistas o nazis, al contrario, utilizaron el sistema de libertades para alcanzar el poder y, una vez en él, demoler la democracia. En 1934, el PSOE combinó el asalto armado a la república con algunas tácticas nazis, y lo hizo deliberadamente, como sabrá quien haya leído Los orígenes de la guerra civil. Pero es evidente que el ensayo más completo ha sido el actual. Desde el poder, Rodríguez y los suyos se han aplicado a liquidar la legalidad, vaciando de toda sustancia las instituciones, hundiendo el espíritu de reconciliación que caracterizó el comienzo de la actual democracia y poniendo en riesgo creciente la unidad de España. Proceso cuyos frutos envenenados percibe cada día todo aquel que no quiera cerrar los ojos y sobre el que he hablado abundantemente, por lo que no voy a extenderme ahora. Esta forma de ejercer el poder ilegitima tanto a Hitler como a Rodríguez, pese a haber llegado al gobierno de modo formalmente legal.
Otra semejanza entre los dos personajes es su afición a llenarse la boca con la palabra "paz". Pues las agresiones de Hitler se perpetraron bajo el lema y cobertura de la paz, la autodeterminación y similares, y los desmanes del actual presidente siguen la misma tónica.
Hay una tendencia inconsciente a creer que las palabras invocadas por los políticos reflejan la verdad de sus creencias y prácticas, pero en muchos casos la verdad es la contraria. Ya en la oposición patrocinó Rodríguez el Rojo la toma, a menudo violenta, de la calle, con destrozos de mobiliario urbano, asalto a supermercados y a sedes del PP, etc. Su llegada al poder vino inmediatamente precedida de una explotación indecente, violenta, embustera y golpista de la matanza del 11-m. Y seguida de la recompensa a los presuntos autores de la masacre mediante la retirada de tropas que en Irak ayudaban a los irakíes contra asesinos parecidos a los de Madrid, fueran estos islamistas o no.
Con motivo de los chanchullos del gobierno en el caso del Alakrana, Rodríguez ha acusado a sus críticos de querer resolver los conflictos por medio de la fuerza y no de la negociación. Pero hay formas legítimas e ilegítimas de emplear la fuerza, y negociaciones legítimas y otras que pueden ser criminales. Así, por ejemplo, la negociación con los asesinos de la ETA a costa de la legalidad, de las víctimas, de la unidad de España, es solo una criminal colaboración con el terrorismo que justifica y premia el asesinato como forma de hacer política. ¿Dónde está ahí el carácter pacífico de la política del Rojo? Y sin embargo, en el colmo de la infamia, ha bautizado esa colaboración como "proceso de paz".
Así, la política de subvencionar generosamente el desenterramiento de viejos odios a base de falsificar la historia, ¿qué tiene que ver con la paz? Tanto como el propio gobierno con la honestidad o la libertad. Nada de pacífica tiene, asimismo, su "alianza de civilizaciones", como bautiza su apoyo a tiranías como la de Castro y muchas otras de izquierdas. Y nada de pacífica, sino de muy alarmante para el futuro, tiene su apoyo tácito a las infracciones legales de los nacionalistas catalanes, que, como en verano de 1934, se han situado ya al margen de la ley, o del residuo de ella.
Una sociedad, compuesta de tendencias, intereses e ideas contradictorias, se mantiene en pie gracias a la ley. En 1934 y 1936, las izquierdas destruyeron la legalidad de la república y ello ocasionó la guerra civil. Hoy asistimos a un proceso similar, cuyo desenlace ignoramos, pero que solo puede ser desastroso. Si no es detenido a tiempo, algo que el PP ha renunciado a hacer.
ANTE UN GOBIERNO ILEGÍTIMO
Recordaré los puntos que hacen ilegítimo al gobierno español actual. Para empezar, su origen está estrechamente ligado a la mayor matanza terrorista perpetrada en Europa. Y no porque ella aumentase la votación a su favor (Rajoy había perdido gran parte de la ventaja con que había emprendido la campaña electoral), sino por la explotación violenta, calumniosa y demagógica que hizo el PSOE de la matanza y el premio que a continuación dio al terrorismo islámico, supuesto perpetrador de la misma. Pero en el ejercicio del gobierno, Rodríguez y los suyos han ido mucho más allá. Su llamado "diálogo" con los asesinos etarras ya era de por sí ilegal, y aumentaba su ilegalidad al convertirse en franca colaboración con la ETA, a la cual entregó reconocimiento nacional e internacional, dinero, sabotaje a la persecución judicial, reducción drástica de la persecución policial, silenciamiento de las víctimas y, sobre todo, el estatuto catalán, clamorosamente contrario a la Constitución.
Solo estas fechorías –coherentes con el nefasto historial del PSOE, causante principal de la Guerra Civil– muestran la clase de partido que está en el poder, y lo deslegitiman. Pero ha ido aún más allá con su ley llamada de memoria histórica, en realidad de exaltación de la cheka. Dicha ley tiene un doble objeto: por una parte, legitima a los asesinos del terror izquierdista antes y durante la guerra civil, y también, cómo no, a los etarras, presentando a unos y otros como "víctimas", igualándolos a los inocentes que también cayeron en la represión de derechas. Es difícil imaginar una ley más infame, amparadora del crimen, una ley contra el más elemental sentido de la justicia, que califica plenamente a sus promotores.
El segundo objetivo de la ley es la deslegitimación radical del franquismo, y por ello de cuanto procede de él, es decir, la democracia y la monarquía. Esa ley anula el espíritu y la letra de la transición, así como la reconciliación alcanzada bajo aquel régimen, que permitió, precisamente, la evolución relativamente tranquila a una relativa democracia. Esa ley pesa como la mayor amenaza involutiva sobre nuestra convivencia en libertad, unida a la corrosión de la independencia judicial y al arruinamiento de la Constitución por medio de hechos consumados. Ruina en la que colabora el PP de Rajoy.
Durante años, la mayor parte de la gente ha preferido cerrar los ojos ante estos desmanes o buscarles atenuantes. Pero admitirlos es admitir la bananización de la democracia alcanzada en la transición, democracia defectuosa pero en vías de enmendarse por el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Es admitir que la política se convierta en una especie de patio de Monipodio, en el que la ley solo sirva como motivo de irrisión.
¿Qué puede hacer el ciudadano? Un gobierno ilegítimo, en vías de transformarse en régimen gracias a una seudo oposición, puede y debe ser resistido por aquellos para quienes la libertad política significa algo. José Alcaraz, presidente de la AVT antes de que el PP de Rajoy la redujera a la impotencia, habla a menudo de "rebelión cívica". Esbozos de tal rebelión fueron las masivas manifestaciones de hace unos años, que Rajoy, una vez más, se encargó de anular. Los ciudadanos tienen dos vías: o someterse quejumbrosamente u organizarse a distintos niveles y con objetivos parciales. Pero además es preciso pasar de la mera crítica y elaborar un programa de regeneración democrática que oponga a la demagogia y confusionismo hoy reinantes un análisis preciso de la situación y unas medidas claras y sencillas para corregir las derivas de estos años. Como dije, el mayor delito del actual gobierno fue transformar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en pacto con el terrorismo y los separatismos contra las libertades y la integridad nacional. Aquel Pacto marca la orientación general, y debe desarrollarse.
Libertad Digital
Dije en otra ocasión que el "rojo" presidente del gobierno actual tiene bastantes cosas en común con Hitler. Por los años 20 y 30, los rojos trataban de asaltar las democracias "burguesas" para instaurar dictaduras de izquierda.
Otra semejanza entre los dos personajes es su afición a llenarse la boca con la palabra "paz". Pues las agresiones de Hitler se perpetraron bajo el lema y cobertura de la paz, la autodeterminación y similares, y los desmanes del actual presidente siguen la misma tónica.
Hay una tendencia inconsciente a creer que las palabras invocadas por los políticos reflejan la verdad de sus creencias y prácticas, pero en muchos casos la verdad es la contraria. Ya en la oposición patrocinó Rodríguez el Rojo la toma, a menudo violenta, de la calle, con destrozos de mobiliario urbano, asalto a supermercados y a sedes del PP, etc. Su llegada al poder vino inmediatamente precedida de una explotación indecente, violenta, embustera y golpista de la matanza del 11-m. Y seguida de la recompensa a los presuntos autores de la masacre mediante la retirada de tropas que en Irak ayudaban a los irakíes contra asesinos parecidos a los de Madrid, fueran estos islamistas o no.
Con motivo de los chanchullos del gobierno en el caso del Alakrana, Rodríguez ha acusado a sus críticos de querer resolver los conflictos por medio de la fuerza y no de la negociación. Pero hay formas legítimas e ilegítimas de emplear la fuerza, y negociaciones legítimas y otras que pueden ser criminales. Así, por ejemplo, la negociación con los asesinos de la ETA a costa de la legalidad, de las víctimas, de la unidad de España, es solo una criminal colaboración con el terrorismo que justifica y premia el asesinato como forma de hacer política. ¿Dónde está ahí el carácter pacífico de la política del Rojo? Y sin embargo, en el colmo de la infamia, ha bautizado esa colaboración como "proceso de paz".
Así, la política de subvencionar generosamente el desenterramiento de viejos odios a base de falsificar la historia, ¿qué tiene que ver con la paz? Tanto como el propio gobierno con la honestidad o la libertad. Nada de pacífica tiene, asimismo, su "alianza de civilizaciones", como bautiza su apoyo a tiranías como la de Castro y muchas otras de izquierdas. Y nada de pacífica, sino de muy alarmante para el futuro, tiene su apoyo tácito a las infracciones legales de los nacionalistas catalanes, que, como en verano de 1934, se han situado ya al margen de la ley, o del residuo de ella.
Una sociedad, compuesta de tendencias, intereses e ideas contradictorias, se mantiene en pie gracias a la ley. En 1934 y 1936, las izquierdas destruyeron la legalidad de la república y ello ocasionó la guerra civil. Hoy asistimos a un proceso similar, cuyo desenlace ignoramos, pero que solo puede ser desastroso. Si no es detenido a tiempo, algo que el PP ha renunciado a hacer.
ANTE UN GOBIERNO ILEGÍTIMO
Recordaré los puntos que hacen ilegítimo al gobierno español actual. Para empezar, su origen está estrechamente ligado a la mayor matanza terrorista perpetrada en Europa. Y no porque ella aumentase la votación a su favor (Rajoy había perdido gran parte de la ventaja con que había emprendido la campaña electoral), sino por la explotación violenta, calumniosa y demagógica que hizo el PSOE de la matanza y el premio que a continuación dio al terrorismo islámico, supuesto perpetrador de la misma. Pero en el ejercicio del gobierno, Rodríguez y los suyos han ido mucho más allá. Su llamado "diálogo" con los asesinos etarras ya era de por sí ilegal, y aumentaba su ilegalidad al convertirse en franca colaboración con la ETA, a la cual entregó reconocimiento nacional e internacional, dinero, sabotaje a la persecución judicial, reducción drástica de la persecución policial, silenciamiento de las víctimas y, sobre todo, el estatuto catalán, clamorosamente contrario a la Constitución.
Solo estas fechorías –coherentes con el nefasto historial del PSOE, causante principal de la Guerra Civil– muestran la clase de partido que está en el poder, y lo deslegitiman. Pero ha ido aún más allá con su ley llamada de memoria histórica, en realidad de exaltación de la cheka. Dicha ley tiene un doble objeto: por una parte, legitima a los asesinos del terror izquierdista antes y durante la guerra civil, y también, cómo no, a los etarras, presentando a unos y otros como "víctimas", igualándolos a los inocentes que también cayeron en la represión de derechas. Es difícil imaginar una ley más infame, amparadora del crimen, una ley contra el más elemental sentido de la justicia, que califica plenamente a sus promotores.
El segundo objetivo de la ley es la deslegitimación radical del franquismo, y por ello de cuanto procede de él, es decir, la democracia y la monarquía. Esa ley anula el espíritu y la letra de la transición, así como la reconciliación alcanzada bajo aquel régimen, que permitió, precisamente, la evolución relativamente tranquila a una relativa democracia. Esa ley pesa como la mayor amenaza involutiva sobre nuestra convivencia en libertad, unida a la corrosión de la independencia judicial y al arruinamiento de la Constitución por medio de hechos consumados. Ruina en la que colabora el PP de Rajoy.
Durante años, la mayor parte de la gente ha preferido cerrar los ojos ante estos desmanes o buscarles atenuantes. Pero admitirlos es admitir la bananización de la democracia alcanzada en la transición, democracia defectuosa pero en vías de enmendarse por el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Es admitir que la política se convierta en una especie de patio de Monipodio, en el que la ley solo sirva como motivo de irrisión.
¿Qué puede hacer el ciudadano? Un gobierno ilegítimo, en vías de transformarse en régimen gracias a una seudo oposición, puede y debe ser resistido por aquellos para quienes la libertad política significa algo. José Alcaraz, presidente de la AVT antes de que el PP de Rajoy la redujera a la impotencia, habla a menudo de "rebelión cívica". Esbozos de tal rebelión fueron las masivas manifestaciones de hace unos años, que Rajoy, una vez más, se encargó de anular. Los ciudadanos tienen dos vías: o someterse quejumbrosamente u organizarse a distintos niveles y con objetivos parciales. Pero además es preciso pasar de la mera crítica y elaborar un programa de regeneración democrática que oponga a la demagogia y confusionismo hoy reinantes un análisis preciso de la situación y unas medidas claras y sencillas para corregir las derivas de estos años. Como dije, el mayor delito del actual gobierno fue transformar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en pacto con el terrorismo y los separatismos contra las libertades y la integridad nacional. Aquel Pacto marca la orientación general, y debe desarrollarse.
domingo, 3 de enero de 2010
Temblor en Europa. Por Alfonso Ussía

Tiembla Europa, nieve aparte. El turno semestral ha llegado a La Moncloa. Lo intuí cuando veía el Concierto de la Filarmónica de Viena. Aparente alegría pero hondas miradas de preocupación en los miembros de la orquesta. Los del oboe tenían la mirada perdida. No es fácil ser austriaco, alemán o luxemburgués y amanecer de golpe presididos por Zapatero. Menos mal que le han puesto dos ejecutivos, presumiblemente competentes, y que la presidencia de España nace devaluada. Dicen que lo más divertido que puede suceder en un dormitorio noruego es que se caiga el edredón.
Todos cayeron en la noche de entreaños, pero no de diversión, sino de susto. Y nadie sabía aún de las intenciones del desajustado español. Hoy las ha confirmado: «Acepto el reto de sacar a Europa de la crisis». No es capaz de sacar a España y acepta el reto de sacar a Europa, que es reto sencillo, por cuanto la mayoría de las naciones ya están en plena recuperación. Europa es muy suya, pero de ahí a maltratarla, resta un largo trecho. He pensado en lo que habrán experimentado al leer las manifestaciones de Zapatero las familias de la potente clase media europea.
Todos cayeron en la noche de entreaños, pero no de diversión, sino de susto. Y nadie sabía aún de las intenciones del desajustado español. Hoy las ha confirmado: «Acepto el reto de sacar a Europa de la crisis». No es capaz de sacar a España y acepta el reto de sacar a Europa, que es reto sencillo, por cuanto la mayoría de las naciones ya están en plena recuperación. Europa es muy suya, pero de ahí a maltratarla, resta un largo trecho. He pensado en lo que habrán experimentado al leer las manifestaciones de Zapatero las familias de la potente clase media europea.
Los Williams en Londres, los Mc Intosh en Edimburgo, los Lambert en París, los Moronesi en Roma, los Rodrigues en Lisboa y los Braun en Berlín, por no seguir con todos. Estupor. «Zapatero nos quiere sacar de la crisis. Que Dios nos ampare». Hasta los Braun de Berlín, nada religiosos, se han amparado en Dios al leer las palabras de Zapatero.
Para mí, que nada entiendo de política europea y menos si la economía anda de por medio, que el principal objetivo de Zapatero tendría que ser sacar a España de la crisis. Imposible consecución mientras se dedique a despilfarrar el dinero público y endeudar a España hasta las orejas. Zapatero, por lo que está demostrando, no está dotado ni para presidir una comunidad de propietarios. Y no lo escribo con desprecio, porque quien firma este artículo, de presidir una comunidad de propietarios acabaría con todo, con la comunidad y los propietarios. Zapatero es una calamidad pública, y sólo cuando la calamidad ha invadido los hogares de millones de españoles, sus votantes se han apercibido del error de sus votos. Zapatero y una mayoría abrumadora de los miembros de su Gobierno, no son una broma. Ni una mala broma. Constituyen una tragedia, un despropósito y un sonriente camino hacia la quiebra total, no sólo la económica, sino la moral, la ética y la social. Zapatero no puede sacar a Europa de crisis alguna, porque ha metido a España en un áspero pozo de desesperanza y resentimiento. Zapatero no puede representar internacionalmente a Europa, porque Zapatero es partidario de sostener tiranías y dictaduras insoportables para cualquier amante de la libertad. Zapatero no puede moverse por Europa porque para decir «yes» necesita tres intérpretes. Zapatero es un desconsuelo encadenado, una ristra de improvisaciones y frivolidades, un barco a la deriva siempre a babor. Aquí estamos obligados por respeto democrático a soportarlo. Europa no se merece esta amenaza. Menos mal que le han puesto dos ejecutivos para restarle poder. De no ser así, ay de la vieja y puta Europa, pobrecita ella.
Para mí, que nada entiendo de política europea y menos si la economía anda de por medio, que el principal objetivo de Zapatero tendría que ser sacar a España de la crisis. Imposible consecución mientras se dedique a despilfarrar el dinero público y endeudar a España hasta las orejas. Zapatero, por lo que está demostrando, no está dotado ni para presidir una comunidad de propietarios. Y no lo escribo con desprecio, porque quien firma este artículo, de presidir una comunidad de propietarios acabaría con todo, con la comunidad y los propietarios. Zapatero es una calamidad pública, y sólo cuando la calamidad ha invadido los hogares de millones de españoles, sus votantes se han apercibido del error de sus votos. Zapatero y una mayoría abrumadora de los miembros de su Gobierno, no son una broma. Ni una mala broma. Constituyen una tragedia, un despropósito y un sonriente camino hacia la quiebra total, no sólo la económica, sino la moral, la ética y la social. Zapatero no puede sacar a Europa de crisis alguna, porque ha metido a España en un áspero pozo de desesperanza y resentimiento. Zapatero no puede representar internacionalmente a Europa, porque Zapatero es partidario de sostener tiranías y dictaduras insoportables para cualquier amante de la libertad. Zapatero no puede moverse por Europa porque para decir «yes» necesita tres intérpretes. Zapatero es un desconsuelo encadenado, una ristra de improvisaciones y frivolidades, un barco a la deriva siempre a babor. Aquí estamos obligados por respeto democrático a soportarlo. Europa no se merece esta amenaza. Menos mal que le han puesto dos ejecutivos para restarle poder. De no ser así, ay de la vieja y puta Europa, pobrecita ella.
La Razón - Opinión
Cada uno en su sitio. Por Maite Nolla

Tarradellas pasará a la historia por haber dicho que los que vivimos en Cataluña somos ciudadanos de Cataluña, seamos o no catalanes, y Prenafeta será recordado por haber tenido que pagar un millón de euros de fianza para salir de la cárcel.
Este año se celebran elecciones autonómicas en Cataluña para que nada cambie. Les ahorraré un análisis pormenorizado, pero vayan haciéndose a la idea de que se va a tripitir el tripartit. CiU y PP no van a sumar sesenta y ocho, y aunque el PP pierda votos, ganará algún escaño si Rosa Díez o Ciudadanos no suman lo suficiente para repetir lo de 2006 y si los votos que pierda el PP van directamente a la abstención y no a estos partidos, que es posible, aunque parezca una contradicción. Tengo casi acabado un estudio en el que concluyo que lo mejor para el PP de Cataluña es no presentarse a estas elecciones y que les iré exponiendo en próximas entregas, como hace Recarte. Sólo un avance, ahora que aún están a tiempo de rectificar: nadie va a pactar con el PP ni que pueda. Únicamente una nanominoría en CiU estaría dispuesta a ello, eso sí, a cambio de nada; y cuando digo nada, digo ni un jefe de servicio en el Alt Pirineu. Pero como hacer pronósticos no se me da muy bien y ustedes ya saben que en Cataluña no se mueve una hoja, les hablaré de otra cosa.
Este año se celebran elecciones autonómicas en Cataluña para que nada cambie. Les ahorraré un análisis pormenorizado, pero vayan haciéndose a la idea de que se va a tripitir el tripartit. CiU y PP no van a sumar sesenta y ocho, y aunque el PP pierda votos, ganará algún escaño si Rosa Díez o Ciudadanos no suman lo suficiente para repetir lo de 2006 y si los votos que pierda el PP van directamente a la abstención y no a estos partidos, que es posible, aunque parezca una contradicción. Tengo casi acabado un estudio en el que concluyo que lo mejor para el PP de Cataluña es no presentarse a estas elecciones y que les iré exponiendo en próximas entregas, como hace Recarte. Sólo un avance, ahora que aún están a tiempo de rectificar: nadie va a pactar con el PP ni que pueda. Únicamente una nanominoría en CiU estaría dispuesta a ello, eso sí, a cambio de nada; y cuando digo nada, digo ni un jefe de servicio en el Alt Pirineu. Pero como hacer pronósticos no se me da muy bien y ustedes ya saben que en Cataluña no se mueve una hoja, les hablaré de otra cosa.
La sociovergencia bajo fianza ha hecho que algunos periódicos remuevan en la biografía de los imputados. Yo lo he leído en e-notícies, y esque hace unos años se publicaron las memorias de Prenafeta, en las que se arrojaba sobre Josep Tarradellas una cantidad de odio similar a la que ha tenido que pagar en euros para salir de la cárcel. Le acusaba, entre otras cosas, de vendedor de azafrán, de manipulador, de enfrentar a las personas y de hacer todo lo posible para que no se aprobara el estatuto de 1979.
El pujolismo se encargó de hacer de Tarradellas una figura decorativa, a la que sólo se recordaba por su frase en el balcón de la plaza de Sant Jaume, desprovista de cualquier contenido político. Tarradellas no existe en el sistema educativo catalán. Ni en el periodismo ni para los historiadores. Yo no tengo autoridad para hablar de Tarradellas, así que para los que aún no lo tengan, les recomiendo el libro de Federico La ciudad que fue; un libro que explica lo que pudo ser y acabó siendo Cataluña, y el significado y la importancia de la expresión "ciudadanos de Cataluña".
El pujolismo no tuvo bastante con ignorar a Tarradellas, sino que se le tenía que difamar y humillar, y es que también se ha recordado estos días el sórdido episodio de la expulsión de Tarradellas de la residencia oficial, ejecutada por el pretoriano Prenafeta. El caso es que CiU arrasó con lo poco moderado del catalanismo que podía existir y el PSC asumió encantado esa herencia. Por ello, se quejaba igualmente el hijo de Jordi Solé Tura de que el nacionalismo –PSC incluido– no había tenido con su padre un reconocimiento público antes de su enfermedad; también recordaba que su padre intentó hacer ver a todos que sin la Constitución, Cataluña no sería ni una comunidad autónoma. El problema es que en su partido y en su propia familia –la consejera Tura es su sobrina– no han recibido esa herencia constitucional, sino que son profundamente anticonstitucionales. Y para ejemplo, el último ridículo discurso de Montilla.
Por extraño que parezca, el liberalismo español reivindica a Tarradellas y el nacionalismo catalán crea grupos de apoyo a Prenafeta en Facebook. Pero como el tiempo pone a cada uno en su sitio, Tarradellas pasará a la historia por haber dicho que los que vivimos en Cataluña somos ciudadanos de Cataluña, seamos o no catalanes, y Prenafeta será recordado por haber tenido que pagar un millón de euros de fianza para salir de la cárcel imputado por corrupción y por asociación para delinquir con un dirigente del PSC. Mejor vender azafrán.
El pujolismo se encargó de hacer de Tarradellas una figura decorativa, a la que sólo se recordaba por su frase en el balcón de la plaza de Sant Jaume, desprovista de cualquier contenido político. Tarradellas no existe en el sistema educativo catalán. Ni en el periodismo ni para los historiadores. Yo no tengo autoridad para hablar de Tarradellas, así que para los que aún no lo tengan, les recomiendo el libro de Federico La ciudad que fue; un libro que explica lo que pudo ser y acabó siendo Cataluña, y el significado y la importancia de la expresión "ciudadanos de Cataluña".
El pujolismo no tuvo bastante con ignorar a Tarradellas, sino que se le tenía que difamar y humillar, y es que también se ha recordado estos días el sórdido episodio de la expulsión de Tarradellas de la residencia oficial, ejecutada por el pretoriano Prenafeta. El caso es que CiU arrasó con lo poco moderado del catalanismo que podía existir y el PSC asumió encantado esa herencia. Por ello, se quejaba igualmente el hijo de Jordi Solé Tura de que el nacionalismo –PSC incluido– no había tenido con su padre un reconocimiento público antes de su enfermedad; también recordaba que su padre intentó hacer ver a todos que sin la Constitución, Cataluña no sería ni una comunidad autónoma. El problema es que en su partido y en su propia familia –la consejera Tura es su sobrina– no han recibido esa herencia constitucional, sino que son profundamente anticonstitucionales. Y para ejemplo, el último ridículo discurso de Montilla.
Por extraño que parezca, el liberalismo español reivindica a Tarradellas y el nacionalismo catalán crea grupos de apoyo a Prenafeta en Facebook. Pero como el tiempo pone a cada uno en su sitio, Tarradellas pasará a la historia por haber dicho que los que vivimos en Cataluña somos ciudadanos de Cataluña, seamos o no catalanes, y Prenafeta será recordado por haber tenido que pagar un millón de euros de fianza para salir de la cárcel imputado por corrupción y por asociación para delinquir con un dirigente del PSC. Mejor vender azafrán.
Libertad Digital - Opinión
Zapatero se va a Bruselas. Por José María Carrascal
EL año empieza con dos buenas noticias. Zapatero asume la presidencia europea «decidido a impulsar la salida de la crisis» y el PSOE abandona el color rojo por el azul, mucho más europeo. Lo malo es que ninguna de las dos son del todo ciertas.
El azulado es publicidad televisiva, la presidencia, espejismo político. El verdadero presidente es el belga Herman Van Rompuy, nombrado al frente del Consejo Europeo, con la británica Catherine Asthon, como Alta Representante en política exterior. Zapatero es sólo el presidente de turno, cargo rotativo y provisional. Pero es que ni siquiera lo ejercerá en solitario. Debe compartirlo con sus dos sucesores, los jefes de gobierno de Bélgica y Hungría, a fin de coordinar sus políticas. Y por si ello fuera poco, todos sabemos que la política europea es cosa de dos, Francia y Alemania, con los ingleses a su aire y el resto a obedecer órdenes, que para eso reciben dinero. Incluso los italianos, siempre tan individualistas e imaginativos, no osan interpretar el papel de «prima donna» por saber que harían el ridículo. Algo que nunca ha asustado a nuestro presidente. Un buen ejemplo es que «va a impulsar la salida de la crisis». Si no ha sacado a España de la crisis, ya me dirán ustedes cómo va a sacar a Europa. Menos mal que hay allí mecanismos más estrictos que los nuestros, pues a la que se descuiden, se carga la Comunidad. Con que sonría, abra los brazos y afirme con la cabeza, como suele hacer por esos mundos, basta. Y para España, cuanto más tiempo esté fuera, mejor.
Ha debido costarle bastante hacerlo, dada su alergia al exterior, que le llevó a renunciar a una visita programada a Polonia «por estar cansado». Pero algún sacrificio tiene que hacer por nosotros. Y por él. La política exterior es el clavo ardiendo que le queda, tras fallarle cuanto ha hecho hasta ahora: la negociación con ETA, los nuevos estatutos de autonomía, lograr el pleno empleo -una de sus promesas electorales-, por no hablar ya de una crisis económica que empezó negando y ha manejado de forma tan desastrosa que nos ha precipitado al último lugar en todas las listas de recuperación, con algunos países del Este de Europa incluso superándonos. Pero con la visita de Obama, la presidencia europea y los parches que vayan poniendo Salgado y Sebastíán, planea resistir el primer semestre. ¿Luego? Luego, tras haber salvado Europa, espera que Europa nos salve a nosotros.
Hace justo un siglo, Ortega y Gasset decía en una conferencia pronunciada en la sociedad bilbaína El Sitio «España es el problema. Europa, la solución». Ese megalómano político, resentido histórico y mentiroso compulsivo que nos gobierna se atreve a decir hoy: Europa es el problema. Yo, la solución.
El primer chiste del año. Aprovéchenlo para reírse. Puede ser también el último.
Ha debido costarle bastante hacerlo, dada su alergia al exterior, que le llevó a renunciar a una visita programada a Polonia «por estar cansado». Pero algún sacrificio tiene que hacer por nosotros. Y por él. La política exterior es el clavo ardiendo que le queda, tras fallarle cuanto ha hecho hasta ahora: la negociación con ETA, los nuevos estatutos de autonomía, lograr el pleno empleo -una de sus promesas electorales-, por no hablar ya de una crisis económica que empezó negando y ha manejado de forma tan desastrosa que nos ha precipitado al último lugar en todas las listas de recuperación, con algunos países del Este de Europa incluso superándonos. Pero con la visita de Obama, la presidencia europea y los parches que vayan poniendo Salgado y Sebastíán, planea resistir el primer semestre. ¿Luego? Luego, tras haber salvado Europa, espera que Europa nos salve a nosotros.
Hace justo un siglo, Ortega y Gasset decía en una conferencia pronunciada en la sociedad bilbaína El Sitio «España es el problema. Europa, la solución». Ese megalómano político, resentido histórico y mentiroso compulsivo que nos gobierna se atreve a decir hoy: Europa es el problema. Yo, la solución.
El primer chiste del año. Aprovéchenlo para reírse. Puede ser también el último.
ABC - Opinión
Suscribirse a:
Entradas (Atom)