miércoles, 21 de septiembre de 2011

La condena a Otegui. Por Cayetano González

Las reacciones que se han producido en algunos ámbitos políticos tras la sentencia de la Audiencia Nacional por la que se condena a diez años de cárcel, por el delito de colaboración con banda armada, al ex dirigente de la ilegal Batasuna, Arnaldo Otegui, y al ex secretario general del sindicato LAB, Rafael Díez Usabiaga, ha puesto una vez más de manifiesto la distinta vara de medir que tienen algunos dirigentes públicos respecto a las decisiones de la justicia.

Que a la gente de este mundo próximo a ETA le haya parecido mal la sentencia, es lógico y normal. Que el PNV haya seguido ese mismo camino, no es nada nuevo, porque es lo que llevan haciendo siempre. Pero lo que pueda resultar chocante, hasta cierto punto, es que haya sido el lehendakari socialista Patxi López quien haya puesto un punto de insatisfacción o de contrariedad por la citada condena, diciendo que entiende la "frustración" de una parte de la sociedad vasca por la misma, aunque es verdad que también ha matizado que se lo tienen bien ganado por no haber aprovechado el juicio para pedir a ETA que se disolviera.


Decía antes que hasta cierto punto puede resultar chocante esta reacción de Patxi López. Desde que Zapatero calificó -allá por el 2006, cuando puso en marcha su proceso de negociación política con ETA- como "hombre de paz" a Otegui, todo es posible. También convendría recordar que López fue uno de los dirigentes institucionales y políticos que con sus declaraciones públicas más presionó a los Tribunales para que la nueva marca de ETA, la coalición Bildu, pudiera estar en las elecciones municipales del pasado 22 de mayo. Y encima ahora pide que no se le haga la campaña a Bildu de cara a las elecciones generales del 20-N temeroso, como así va a suceder, que el PSE tenga un resultado desastroso en el País Vasco, peor incluso que el del 22-M, y que por el contrario, Bildu obtenga grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados.

Hay un cierto grado de indecencia en todo esto. Otegui, como Díaz Usabiaga, como tantos otros ex dirigentes de Batasuna, son gente que se ha pasado toda la vida no solamente sin condenar ningún atentado de ETA, sino justificándolos en muchas ocasiones. Todavía hoy es el día en que no han pedido públicamente a la banda terrorista su disolución; todavía hoy es el día en que no han perdido perdón a las víctimas del terrorismo. Y cuando un tribunal de justicia les condena por colaboración con banda armada, quienes deberían alegrarse de esta decisión, siembran un manto de duda sobre la bondad de la misma, argumentando que eso entorpece el proceso de paz en el País Vasco. Que falta de respeto a las víctimas y que pocas convicciones democráticas demuestran quienes así se expresan. El único camino para ganar la batalla a ETA es la aplicación de la ley, de toda la ley y solo la ley. Un camino que los diferentes Gobiernos del PSOE no siempre han seguido.


Periodista Digital – Opinión

La mano de Rubalcaba. Por José Antonio Vera

Una maniobra a tiempo de Rubalcaba, a través de su amigo el juez Bermúdez, coloca al «caso Faisán» en un momento impreciso. La maniobra consiste en que el chivatazo a ETA deje de ser competencia de la Audiencia Nacional y pase a un juzgado de Irún. La cuestión no es baladí porque de una cosa u otra depende que el caso se considere mayor o menor. El envío a Irún equivale en realidad al carpetazo, y significará que habrá ganado Rubalcaba, con el inestimable apoyo de Bermúdez y de la Fiscalía, cuya escandalosa actuación ha ido encaminada a enterrar el caso, primero pidiendo su archivo y después argumentando que no hay delito porque no se puede determinar quién informó a ETA.
De suceder así, el ex ministro y candidato del PSOE habrá logrado su objetivo de estos últimos cinco años: que no le salpique el escándalo del chivatazo, quitándose de en medio al incómodo juez Ruz, que ha sostenido que tres mandos policiales incurrieron en colaboración con los terroristas.

Rubalcaba tiene la mano larga y estamos a punto de comprobar hasta dónde llega. Ahora pide que se respete la decisión de los jueces en este caso y en el de Bildu, pero no tiene reparo en criticar la resolución del TC sobre el Estatut. Lo que no sabemos es si su mano llega también a un colectivo como Anonymous, que dice tener en su poder comprometedores documentos sobre el «Faisán».


La Razón – Opinión

Chivatazo. Los 'amedos' del Faisán. Por Pablo Molina

Los gobiernos socialistas han elegido tradicionalmente distintas vías para tratar el asunto de la amenaza del terrorismo pero con un elemento común: todas han estado siempre fuera de la ley.

La información del periódico El Mundo, según la cual uno los tres acusados en el caso Faisán ha amenazado con "tirar de la manta" revelando al Míster X del chivatazo a la ETA, es perfectamente coherente con la tradición socialista en el manejo de asuntos que tienen que ver con la lucha contra el terrorismo y la seguridad del estado.

Los gobiernos socialistas han elegido tradicionalmente distintas vías para tratar el asunto de la amenaza del terrorismo pero con un elemento común: todas han estado siempre fuera de la ley. Ese es el argumento transversal de la política antiterrorista del PSOE y lo único que cambia, según el momento y los protagonistas, es la calificación penal de los delitos cometidos precisamente por los que tienen el mandato constitucional de perseguirlos para garantizar la seguridad de todos.

El PSOE ha seguido una trayectoria en la lucha antiterrorista que va desde el GAL hasta el Faisán sin dejar nunca de perseverar en las negociaciones con el mundo etarra, otra característica que esmalta la forma en que los gobiernos socialistas interpretan su deber de perseguir el crimen organizado con pretensiones políticas.

Ahora estamos en la fase en la que los guripas encargados del trabajo sucio amenazan con revelar a quién pertenece la X de la ecuación del Faisán, como Amedo y Domínguez hicieron en su día a cuenta del GAL con desigual resultado. En aquella ocasión los dirigentes socialistas intentaron callarlos llevándoles sacos de dinero negro a Suiza. Ahora la estrategia es maniobrar en la Audiencia Nacional para que, en vez de tomar el "caminito de Jerez", los imputados puedan defenderse de acusaciones menores en un foro judicial distinto del especializado en delitos terroristas.

Es posible que la operación para evitar la "estigmatización" de los dirigentes socialistas, en la más estricta doctrina bacigalupiana, les salga bien a sus muñidores y Rubalcaba no tenga que penar durante la próxima campaña electoral con un caso que le afecta directísimamente. Es posible, claro que sí, pero los antecedentes no son precisamente alentadores, porque en el caso GAL un ministro del Interior y un secretario de estado de Seguridad fueron a la cárcel. Yo de sus sucesores no estaría demasiado tranquilo.


Libertad Digital – Opinión

Rubalcaba paga por Zapatero. Por Fermín Bocos

El candidato Rubalcaba está comprobando estos días que en el mundo de la política el cartero también llama dos veces. La ominosa sombra del "caso Faisán" se proyecta sobre él en razón de su pasada ejecutoria como ministro del Interior. Llegó al Ministerio en un mal momento, con un Zapatero empecinado en pasar a la historia y predispuesto a una política de barra libre en el proceso de negociación con la banda terrorista ETA. Por aquellos días trascendió la renuencia de Rubalcaba a la forma como se estaban llevando los contactos, pero lo cierto es que no por eso resignó la encomienda ministerial así que, en términos políticos, es lícito que la oposición le recuerde y exija responsabilidades por el infamante chivatazo policial que permitió escapar a los correos etarras que se dedicaban a extorsionar a los empresarios vascos. Máxime estando como están encausados un ex director general de la Policía y otros dos mandos de este Cuerpo.

Decía que el cartero de la política siempre llama dos veces porque, esta semana, a dos meses de las elecciones, los jueces de la Audiencia Nacional deciden si mantienen la calificación del chivatazo como un delito de colaboración con banda armada o si revocan esa etiqueta para dejarlo en revelación de secretos oficiales y remiten el sumario a los juzgados de Irún. No es una cuestión baladí. Si optan por lo primero, el caso le puede complicar políticamente las cosas al candidato en un registro, además, claramente impopular porque más allá de las fantasías de Zapatero -alentadas todavía, a estas alturas, por su círculo de corifeos mediáticos-, son pocos los ciudadanos dispuestos a mirar hacia otra parte dejando pasar sin sanción moral y penal un hecho de naturaleza tan infamante como fue el mencionado chivatazo.

Tengo para mí que más de una vez, en su fuero interno, el candidato socialista habrá lamentado no haber sido capaz de disuadir a Zapatero de aquella irreflexiva pulsión que le llevó a mantener abiertos los contactos con la banda terrorista incluso después del atentado en la T4 en Barajas, pero no lo consiguió y por eso debe pechar con las consecuencias mientras ve como el responsable de todo aquel desastre se dispone tranquilamente a volver a León dónde le aguardan la hamaca y la libreta de supervisor de nubes. La política es así. No siempre paga quien ha hecho el gasto. En el caso del "Faisán", Rubalcaba paga por Zapatero.


Periodista Digital – Opinión

Esto ofrece Rubalcaba: el senador putero vuelve a Madrid. Por Federico Quevedo

Siempre creí que Alfredo Pérez Rubalcaba valía más como segundo, como hombre para estar detrás del telón, entre bambalinas, influyendo pero sin estar en el escaparate, que como líder en primera fila… Pero lo que no pensé es que él mismo lo iba a hacer tan evidente y que de manera clara iba a aflorar en el candidato socialista el peor de sus estilos, esa mezcla de autoritarismo con política barriobajera y chavismo. No exagero. Verán, en pocos días Rubalcaba ha desplegado toda una auténtica artillería de demagogia, medias verdades y mentiras como pocas veces se ha visto en un candidato a la Presidencia del Gobierno. Si desde luego tiene intención de gobernar bajo esas premisas, aviados estamos.

Empezó obligando al Gobierno a asumir contra su voluntad la reimposición del Impuesto del Patrimonio y cada día que pasa se hace más evidente que se trata de una medida claramente orientada a satisfacer las aspiraciones del movimiento de los indignados ahora que éste ha perdido por completo el espíritu transversal y apartidista con el que nació. Pero es que, además, Rubalcaba ha mentido de manera sistemática sobre el asunto, primero sobre la propia medida y después sobre sus efectos: el candidato afirma que con el dinero que recaude creará empleo para los jóvenes. Primero, ya veremos si lo recauda y, segundo, si es así, ese dinero lo van a gestionar las CCAA y harán con él lo que les parezca más oportuno, no lo que se le ponga en las narices al candidato socialista que, sin embargo, parece empeñado en seguir engañando a la ciudadanía.


Ha mentido, también, sobre la posición del PP respecto del catalán –fue el PSOE el que recurrió la Ley de Inmersión Lingüística y el PP el que, sin embargo, votó a favor de la Ley de Normalización que hizo Pujol- y ha buscado de nuevo calentar la campaña con el tema de la lengua. Ha hecho una propuesta que parece propia de las repúblicas bananeras al decir que nunca un tribunal podrá estar por encima de lo que los ciudadanos digan en referéndum, lo cual supone llevarse por delante el Estado de Derecho y poner la gobernabilidad del país en manos de una especie de sistema asambleario… Y no estoy en contra de las consultas populares, al contrario, pero habría que recordarle a Rubalcaba el pequeño detalle de que la Constitución fue aprobada en referéndum, y de que él ha votado a favor de una reforma de la Carta Magna que se ha hecho sin consultar al pueblo soberano… Y que, en cualquier caso, lo que no puede ser es que un referéndum en una parte del territorio pueda modificar una Constitución que se ha aprobado en referéndum en todo el territorio, porque eso sería como condenarnos a la más absoluta de as anarquías.

El esperpento Curbelo

Luego ha venido lo de las listas, lo de poner a Camacho de cunero por la lista de Zamora en contra de la opinión de su partido, un modo muy democrático y muy respetuoso con las voluntad de los militantes y simpatizantes de su partido de hacer las cosas, ¿verdad? Pero el colmo, lo que verdaderamente resulta indignante y ofensivo, es que el candidato no diga ni ‘mú’, que mire para otro lado, cuando sus compañero canarios vuelven a proponer al ex senador Curbelo como candidato de su partido a la Cámara Alta.

Curbelo fue aquel personaje al que detuvieron por negarse a pagar los servicios que había contratado en una sauna-casa de putas en Madrid a la que había acudido con su hijo, y que le vino a decir a un policía aquello de “no sabe usted con quién está hablando” y, sin pudor alguno, se atrevió a sacar de la cama a altas horas de la madrugada nada menos que al presidente del Senado, Javier Rojo. En fin, una joya, uno de esos personajes de película de Santiago Segura que hacen palidecer con ese estilo faccioso y prepotente, que debería de estar no ya lejos, sino a miles de kilómetros de distancia de la política porque es una vergüenza para sus compañeros, para los canarios y para el país en general. Y, sin embargo, lo vuelven a presentar y estará de nuevo sentado en un escaño en la Cámara Alta si, por desgracia, los canarios lo eligen para ese cargo. Es de estas cosas que, de verdad, indignan a cualquiera, y hacen que la ciudadanía esté cada vez más desencantada con su clase política.

Pero esto es lo que ofrece Rubalcaba, la vuelta de Curbelo, y todo lo que eso conlleva de banalización del poder, de rechazo a cualquier clase de compromiso de regeneración ética. Pero ya se ve que lo contrario es como pedirle peras a un olmo.


El Confidencial – Opinión

La presentación. Por Alfonso Ussía

Estuve en la presentación del libro de Mariano Rajoy, editado por Planeta, en el Hotel Intercontinental de Madrid. Han cambiado las circunstancias y acudió una multitud en socorro del vencedor. El Partido Popular en pleno, y muchos más periodistas que los habituales. Se hacían quinielas de los escaños socialistas. No subían de 115 escaños, pero por lo bajini muchos aventuraban una catástrofe rubalcabiana. Desde que el candidato socialista se ha convertido en el enemigo del español en Cataluña, el optimismo es aún más expresivo en el Partido Popular, aunque Rajoy llama a la cautela, la prudencia y serenidad. Mucha seguridad. A pesar de ello se colaron seis miembros de la «Banda de la croqueta», seis croquétez, que saludaban con campechana efusión a los políticos presentes. En una mesa del salón, Yolanda Barcina, la valiente, inteligente y bellísima Presidenta de Navarra, que había ido por otro compromiso. Con ella será más sencillo recomponer el pacto navarro entre UPN y el PP, pero todo requiere su tiempo y su oportunidad. Una señora entrada en años y en exceso ferviente seguidora de don Mariano, protestaba porque no veía nada. Se subió a una silla. Y como suele suceder a las señoras que se suben a las sillas, se cayó.

Tres chicas jóvenes presentaron el libro. Lo hicieron bien y con brevedad, como si presentaran libros todos los días. Y también estuvo breve, afilado e irónico Mariano Rajoy, que ha atravesado muchos desiertos sin cantimplora, y ya divisa el oasis. Tengo para mí, y lo he repetido en diferentes ocasiones, que Rajoy será mucho mejor gobernante que líder de la Oposición.


No creo en las campañas electorales. Haría muy bien el PP en reducir la suya hasta extremos chocantes. La mejor campaña para el partido Popular es la que le está haciendo Rubalcaba. Por el ambiente que se respira, se puede asegurar que don Mariano no tiene que besar a demasiados niños para triunfar en las elecciones. Se presiente una victoria contundente, a pesar del hedor áspero y callejero que arropará a su promotor socialista.

También favorece a Rajoy el enfado de los cejeros, que soltarán más de una tontería en las próximas semanas en nombre de lo que ellos llaman «cultura». No obstante, el optimismo electoral nada tiene que ver con el social. Rajoy se va a encontrar con una caja vacía, miles de millones de euros de deuda, y un porvenir espeluznante. Los sindicatos mansos se volverán fieros, y más si Rajoy cumple con su compromiso de limitar hasta la legalidad sus constantes subvenciones chulescas. Me decía un ilustre economista allí presente, que si el futuro Gobierno ahorra lo que ha despilfarrado en chorradas y amistades el socialismo gobernante, una considerable parte de nuestra deuda vería aliviada su situación. El dinero público no está para imbecilidades. Con lo que se llevan los pesebristas de la llamada «cultura» se construyen dos hospitales y muchos kilómetros de carretera. Y se aseguran las pensiones de centenares de jubilados. Es de esperar que Rajoy se atreva con ello y con ellos, ajeno a demagogias baratas y berrinches estalinistas. La sociedad lo que busca es trabajo y llegar a fin de mes. Y no es imposible alcanzar el objetivo.

Mientras Rajoy hablaba, Rubalcaba le proporcionaba más votos.


La Razón – Opinión

La semana "D". Por Julia Navarro

Saben, creo que de las pocas cosas que en política exterior va a hacer bien el Gobierno Zapatero es la de reconocer el Estado palestino. Y es que la política exterior española bajo el mando de Zapatero ha estado distraída en cuestiones como la Alianza de Civilizaciones que es como un brindis al sol que encima nos viene costando dinero. Pero volviendo a lo sustancial, esta semana puede ser la definitiva para las aspiraciones de los palestinos de tener ¡por fin! un Estado propio. El presidente de la Autoridad Palestina Abu Abbas ha decidido no esperar ni un día más para colocar al mundo en la disyuntiva de "retratarse" con el problema de Oriente Medio. Y en ese "retratarse" está el apoyar que los palestinos tengan un Estado.

Lo cierto es que Benjamín Netanyahu ha paralizado las negociaciones con los palestinos y continua con la política de asentamientos, aumentando el hartazgo y la desesperación de los palestinos. Hasta el momento, Netanyahu no ha dado muestras de tener madera de estadista y en lo que se refiere al problema entre israelíes y los palestinos menos aún.


Lo cierto es que todo el mundo está de acuerdo en lo esencial: no habrá paz en Oriente Medio hasta que no haya dos estados, Israel y Palestina. Naturalmente, eso conlleva renuncias por ambas partes. Israel tiene que volver a las fronteras del 67, y los líderes palestinos, incluidos los de Hamas, tienen que aceptar plenamente la existencia de Israel y dar garantías de seguridad. Luego están los otros problemas que deberían de ser discutidos con más calma, como es el del retorno de los refugiados o la situación de Jerusalén. Pero lo que no se debería posponer ni un día más es la creación del Estado palestino, insisto, con el previo reconocimiento de los palestinos del derecho de Israel a existir.

Por tanto, a mí me parece que la diplomacia estadounidense y la europea, más que intentar frenar el debate sobre el reconocimiento de Palestina, lo que deberían hacer es sentar a las dos partes, colocándoles frente a sus propias contradicciones y presentándoles un plan claro del que no habría vuelta atrás y que conllevara todas las garantías para la seguridad y existencia de Israel que es lo que Hamas pone en cuestión.

Lo que Netanyahu no podrá gestionar es la frustración de los palestinos si una vez más no se les da una salida. Sobre todo ahora que la "primavera árabe" es un espejo en el que se miran.

Esta es la semana "D" para los palestinos, la semana en que en Naciones Unidas pueden cosechar, ¡ojalá! un éxito diplomático que suponga el principio para que tengan un Estado. Es la hora de la diplomacia y de la inteligencia, y también de que las dos partes entiendan de una vez por todas que no tienen otra opción que entenderse y vivir juntos y en paz.


Periodista Digital – Opinión

Rubalcaba. El antisistema. Por José García Domínguez

Diríase que allí donde estén los enemigos confesos de la democracia representativa, o sea de la democracia, allí estará Rubalcaba.

Ni siquiera ahora, ya en la última vuelta del camino, el emérito Rubalcaba concede renunciar al modus operandi de todos los demagogos que en el mundo han sido: predicar doctrinas que saben falaces a un público que saben idiota. Empeño, ése de embaucar con retórica huera a las capas más acéfalas del censo, en el que al parecer no le importa compartir discurso con la flor y nata de los antisistema. Igual con los energúmenos de la extrema derecha que con sus pares del 15-M. Diríase que allí donde estén los enemigos confesos de la democracia representativa, o sea, de la democracia, allí estará Rubalcaba. Razón acaso de que en su visita a la provincia de Barcelona le haya faltado tiempo para lanzarse a deslegitimar no al Tribunal Constitucional, sino a la Constitución misma.

Aunque no termine de quedar claro a quién desprecia más el postulante, si a la masa catalanista, su oscuro objeto de deseo, o a la inteligencia. Que "un tribunal no debe corregir la soberanía de un pueblo", ha sentenciado a modo de única pista. Soberbia cogitación que apenas admite dos interpretaciones con arreglo a los principios de la lógica cartesiana. A saber. O Cataluña es una nación soberana y nadie en los últimos quinientos años había reparado en el detalle. O la organización de la Fiesta de la Rosa incurrió en un exceso manifiesto con la generosa ración de ponche que le fue servida a su ilustre invitado.

En cualquier caso, como la Esquerra, como Batasuna, como Otegi, como Usabiaga, como Ternera, como Txeroki, quien manda en el PSOE también semeja empecinado en ignorar que la Carta Magna fue refrendada en su día tanto por catalanes y vascos como por el resto de los españoles. En el capítulo catalán, por cierto, con muchísimos más votos populares que el tan cacareado Estatut. Una evidencia de Perogrullo que, siguiendo el sutil razonamiento del candidato, llevaría a que el TC no pudiese enjuiciar ninguna ley emanada del Congreso de los Diputados. En fin, tras una existencia volcada en la vida pública, muchos políticos comienzan a mirar hacia la Historia. Él, sin embargo, prefiere continuar con la vista fija en el vulgo. Ora para adularlo. Ora para engañarlo. Triste, sórdido final el suyo.


Periodista Digital – Opinión

De una envidia admisible a unos cambios peligrosos. Por Andrés Aberasturi

"Que envidia me dais, que suerte ser bilingüe y poder cambiar del catalán al castellano". Y la verdad es que esto de entender otras lenguas es siempre bueno y positivo, que el saber no ocupa lugar y que todas esas cosas, pero de ahí a sentir nada menos que envidia por el bilingüismo de los catalanes, hay un cierto trecho difícilmente explicable para alguien que, de entrada, ni vive en Cataluña. Pero Rubalcaba está en campaña sentimental y para competir en dirección contraria con aquella tontería de Aznar de que él hablaba catalán en la intimidad, el candidato socialista suelta esta otra tontería de sentir envidia (pecado capital/nacional) de los que pueden cambiar del catalán al castellano. Se puede -y se debe- sentir respeto por cualquier lengua, pero envidia, lo que se dice envidia, la verdad es que yo sólo la siento -y en todo caso- por los que hablan inglés correctísimamente que es, nos guste o no, el esperanto de nuestro tiempo. Pero en fin, todo vale en campaña y empezar una reunión con una frase tan rotunda como la que encabeza esta columna, imagino que provoca el entusiasmo de los escuchantes catalanes aunque si la mantiene en Extremadura, por ejemplo, seguramente puede herir muchas sensibilidades. Pero Cataluña es un gran caladero de votos para el PSOE y eso justifica cualquier envidia, pero de ninguna manera afirmaciones difícilmente sostenibles como la de cambiar la Ley si es necesario para mantener el Estatut diga lo que diga el Constitucional.

A Rubalcaba no le parece razonable y no tiene "lógica política" que el Alto Tribunal se pronuncie después de que los ciudadanos hayan votado en referéndum, y añade una frase algo barroca y tal vez por eso algo inquietante: "Hay que cambiar las cosas para que el proceso sea natural y culmine con el aval ciudadano". ¿Qué cosas hay que cambiar? ¿Puede un referéndum convertir en constitucional lo que el TC considera inconstitucional? Y aun más ¿puede hacerlo avalado tan sólo por el 36 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto? Se pueden cambiar muchas cosas, pero devaluar una de las patas del Estado de Derecho, resulta siempre peligroso porque al final siempre hay alguien que quiere convocar, por ejemplo, un referéndum sobre la pena de muerte después de un crimen horrendo o de una masacre. Y no. Por otra parte, la voluntad de una parte del pueblo -y más aun la voluntad de 36 por ciento del pueblo- no puede pasar por encima de la Ley cuando afecta a todo el resto del colectivo. Con este razonamiento, Rubalcaba está ofreciendo todos los triunfos a Bildu en particular y a los independentistas en general. Hay afirmaciones que se vuelven contra uno y si lo de la envida no deja de ser un guiño emocional admisible, lo de "cambiar las cosas" puede resultar muy peligroso; tan peligroso que no se debería decir ni para ganar un puñado de votos.

Periodista Digital – Opinión

Docentes en armas

Las declaraciones políticas y la sobreactuación sindical avivan la convulsión por los recortes.

Las protestas por los recortes presupuestarios en la educación pública, que han suscitado un amplio seguimiento, están marcando el inicio del curso escolar. Los primeros tijeretazos que se aplican en 30 años alarman a los docentes y padres de alumnos. Es evidente que el aumento de horas lectivas y la consiguiente reducción del número de profesores interinos en 10 comunidades autónomas puede afectar a la calidad de la enseñanza. Afirmar lo contrario solo sería posible si las consejerías de Educación que han aplicado los recortes hubieran presentado un proyecto paralelo para aumentar la eficiencia del sistema. Que no lo hayan hecho, que no hayan sopesado recortes en partidas menos cruciales y solo apelen a la necesidad de reducir gastos, es un indicador demasiado explícito sobre la importancia que esas comunidades -en manos del PP en su mayoría- otorgan a la educación pública.

Lejos de ello, los políticos se han lanzado a un cruce de sonrojantes declaraciones que han caldeado el ambiente. Entre ellas destacan de nuevo las de la presidenta de la Comunidad de Madrid y exministra de Educación, Esperanza Aguirre, que explicó primero que los profesores solo trabajaban 20 horas a la semana, confundiendo las horas lectivas con las laborales, y ahora plantea analizar el fin de la gratuidad de la educación no obligatoria, entre la que se encuentra la formación profesional y el bachillerato. A estas declaraciones, siempre respaldadas por su partido, se ha sumado la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, culpando de todos los males a la ley socialista, la LOGSE. De modo que es esperable que el PP, en la misma línea argumental que le permite afirmar que un cambio de Gobierno resolverá la crisis económica, confíe en una derogación normativa para mejorar la educación.

Claro que había sobradas razones para la inquietud sobre la calidad de la enseñanza pública. Pero los recortes llegan cuando se percibían los primeros síntomas de mejora en un sistema que sufre déficits endémicos. Ello no justifica, sin embargo, sobreactuación alguna de los sindicatos, que deberían medir la proporcionalidad de sus protestas y evitar interferir en la campaña electoral. Tal actitud solo da alas a políticos como Aguirre, daña su propio crédito y hace un flaco favor al ya maltrecho sistema educativo.


El País – Editorial

Ministros huelguistas

Los sindicatos de la enseñanza prestaron ayer un flaco favor a los estudiantes, sus familias y al propio sistema escolar. Más allá de la guerra de cifras sobre el seguimiento de los paros en los institutos de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid, lo relevante de la jornada de ayer es la instrumentalización política de la escuela pública por parte de la izquierda. No existía razón académica para promover un conflicto en un sector estratégico en estos momentos. La decisión de la Consejería de Educación de ampliar en dos –hasta 20– el número de horas lectivas, dentro del rango establecido por la Ley, y de reducir por consiguiente el número de interinos, no suponía recorte presupuestario alguno en la partida destinada a Educación, pues los fondos ahorrados se destinarán a centros bilingües o a becas. Por tanto, estamos ante una huelga política para desgastar a una administración del PP a dos meses de unas decisivas elecciones generales. El carácter de la movilización se encargó de remarcarlo no sólo el activismo del candidato socialista a la Presidencia, sino, lo que es todavía más grave, el de los ministros. Fue especialmente significativo que el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, aprovechara ayer el acto de apertura del curso académico para alinearse con los paros y asegurar ante Esperanza Aguirre y la Reina Doña Sofía que no se debe «debilitar» la educación pública, reproche que adquiere tintes partidistas cuando hay una huelga en marcha. En esa misma línea, Elena Salgado y José Blanco prestaron argumentos a los sindicalistas al criticar los supuestos recortes mientras la Comunidad de Madrid rechaza el Impuesto de Patrimonio. Que un Gobierno aliente una movilización contra otra administración conlleva no sólo alterar las reglas del juego democrático, sino también trasladar a la sociedad el orden de sus prioridades. A estas alturas el Ejecutivo está más interesado en desestabilizar a los gobiernos populares que en combatir el fracaso escolar. La consigna de los huelguistas de evitar la destrucción de la escuela pública es pura demagogia. Si su preocupación fuera real, se habrían movilizado también contra la Junta de Andalucía del socialista Griñán, que ha impuesto una jornada lectiva de 21 horas «si la distribución horaria del instituto lo exige». Si alguien no ha respetado ni ha cuidado esta enseñanza ha sido la izquierda, con leyes que han generado un empobrecimiento paulatino en formación y una desnaturalización del sistema, incluidos los recortes en los sueldos de los docentes. Frente a ello, es conveniente recordar hoy que la Comunidad de Madrid se encuentra al nivel de los mejores en el último informe PISA. No hay duda de que cualquier sacrificio es doloroso y que es de justicia reconocer el trabajo de esa mayoría de profesores comprometida con un servicio público esencial. Pero todos estamos obligados a realizar un esfuerzo y arrimar el hombro en este escenario de crisis, más todavía aquellos que tienen mayor seguridad en el trabajo, a los que, al fin y al cabo, sólo se les pide que acerquen su contribución a la que realizan desde hace años sus compañeros de la escuela concertada, que imparten 25 horas lectivas.

La Razón – Editorial

El paro y los impuestos

Obama pretende conseguir un reequilibrio de los costes sociales derivados de la crisis.

Barack Obama encara la última fase de su mandato con una apuesta de reequilibrio económico-social que entraña una enorme dificultad política, por el obstruccionismo republicano en las Cámaras, y sin embargo denota bastante sensatez y equilibrio en sus concretas apuestas económicas.

Hace algo más de una semana logró con cierta holgura cuadrar el círculo de lo deseable y lo posible en su plan por el empleo. Lo deseable, desde su posición progresista, era devolver el drama del paro a la categoría de primera prioridad de su mandato, en detrimento del aparentemente más tecnocrático debate del déficit público que tanto le perjudicó en julio y agosto: la pretensión era teñir su legislatura de social y de sensible a los sectores más desfavorecidos, no solo los trabajadores, sino también de amplias clases medias. El secreto del éxito del plan recayó en que era más ambicioso de lo que nadie preveía, y al mismo tiempo contenía medidas (como algunas reducciones selectivas de impuestos a la economía productiva) aceptables por el conservadurismo inteligente.


La segunda ronda del envite se plasmó el lunes con su propuesta para reducir el déficit presupuestario en 10 años por una cuantía de cuatro billones de dólares: con un doble objetivo, cumplir los compromisos de saneamiento de las finanzas públicas que permitieron en agosto la formalización de un pacto para liberar el endeudamiento, y encajar las previsiones del nuevo gasto (325.000 millones) incluido en su plan para la creación de empleo.

A nadie se le oculta que la posibilidad de que este esquema se abra paso es extraordinariamente difícil, a tenor de la retórica desplegada por los republicanos, especialmente los del ala más ultra. Pero si alguna posibilidad tiene la propuesta es que encierra un equilibrio similar al de la anterior: de los cuatro billones, uno sería ahorrado por los menores gastos militares en Irak y Afganistán; algo más de uno y medio por la reducción de gasto social, y una cantidad algo inferior por un aumento de los impuestos a los más pudientes, eliminando las ventajas que George Bush concedió a las rentas superiores a 250.000 dólares. Y, desde luego, la posibilidad de abrirse camino radica en el apoyo ciudadano que pueda suscitar, que se cifra, según los primeros sondeos, en el 63%.

La nueva fiscalidad para los más ricos se apoya además en la complicidad de buena parte de ellos mismos, como simbolizó en un artículo el multimillonario Warren Buffet. Aunque la propuesta es vituperada como si fuera lanzada por un bolchevique, es en realidad una propuesta centrista, como las que permitieron a Clinton recuperar la desventaja cosechada en su primera legislatura y conseguir así apoyos pluripartidistas para ganar un segundo mandato. Si parece mucho más izquierdista es porque trata de contrarrestar décadas de contrarreforma social, en las que los salarios han disminuido sustancialmente su peso en el PIB y en las que las rentas altas han logrado reducir notablemente su exposición a la fiscalidad.


El País – Editorial

El fracaso de una huelga política

La impostura de los sindicatos a la hora de cuantificar el seguimiento de la huelga palidece ante la nula justificación a la hora de convocarla.

Mucho se podría hablar de la desfachatez de los sindicatos al elevar nada menos que al 80% el seguimiento de la huelga en los Institutos de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid que la Consejería de Educación y Empleo ha cifrado en el 43%. Pero ya habrá tiempo de desinflar la cifra cuando se tenga que descontar el salario del día a los huelguistas. Mayor aún es su impostura al intentar justificar su convocatoria. Por mucho que los sindicatos vociferen contra un supuesto "recorte" y una supuesta "agresión a la educación pública", lo que el Gobierno autonómico madrileño ha llevado a cabo no es más que una tímida reordenación en la actividad del profesorado que básicamente se limita a elevar de 18 a 20 horas las horas lectivas que los profesores dedican a la semana.

Cuando cinco millones de trabajadores han perdido el empleo entre la incompetencia del gobierno socialista y la muda condescendencia sindical, el que haya profesores que decidan no ir a su puesto de trabajo como forma de protesta ante lo que no es más que un limitado ajuste en sus privilegios resulta un pésimo ejemplo para cualquier ciudadano, incluidos los alumnos. Más aun cuando este aumento de horas lectivas a la semana entra dentro de lo establecido en el reglamento derivado de la LOE, que establece la jornada lectiva de los profesores hasta 21 horas, y que no produjo rechazo sindical alguno cuando el gobierno socialista y sus aliados parlamentarios la aprobaron.


A todo lo anterior hay que sumar la ausencia de protestas similares ante recortes de verdad como los de la Junta de Andalucía, que incluyen, entre otros, un gasto no ejecutado de 347,2 millones de euros en materia educativa en el presupuesto de 2011 que, a su vez, era inferior en 219 millones al aprobado para 2010. Eso, por no hablar del recorte del salario aprobado por el Gobierno socialista que los profesores madrileños han tenido que sufrir, como todos los funcionarios de España, por culpa de un Gobierno que, al igual que los sindicatos, primero negó la existencia de la crisis y después defendió que la forma de salir de ella era que el Estado gastará mucho más de lo que ingresa.

De aquellos polvos vienen ahora estos lodos; sólo que en el caso de la Comunidad de Madrid el ajuste ha tenido que ser menor gracias a que ha contado con un Gobierno que, a diferencia del andaluz, ha mantenido durante estos años mucho más equilibrados sus presupuestos, no derrochando el dinero en cosas menos importantes que la educación. Sin embargo, la protesta sindical se dirige contra Esperanza Aguirre, dejando en evidencia que se trata de una huelga política en beneficio del PSOE, auténtico compañero de viaje de UGT y CCOO, corresponsables todos ellos de la situación ruinosa que padecemos.

Ya podrán los huelguistas llenarse la boca con proclamas como la de la "escuela pública de todos, para todos", pero lo que están defendiendo, en realidad, son ilegítimos e insostenibles intereses particulares espoleados por el interés electoral de la izquierda política.


Libertad Digital – Editorial

martes, 20 de septiembre de 2011

Como albinos en Tanzania. Por César Molinas

160.000 personas pagarán por su patrimonio. No son los más ricos: son los pecheros del siglo XXI.

El impuesto sobre el patrimonio se suspendió en 2008 tras un ágape en La Moncloa en el que Zapatero reunió a algunos de los principales empresarios del país. El presidente del Gobierno preguntó a sus invitados, uno a uno, si pagaban dicho impuesto y, uno a uno, le respondieron que no (esta anécdota me la relató uno de los asistentes). En uno de sus característicos prontos, Zapatero decidió suspender el impuesto sobre el patrimonio por su falta de equidad, puesto que los más ricos del país no lo pagaban. Y no es que hicieran fraude: no lo pagaban cumpliendo la legalidad vigente.

Un impuesto sobre el patrimonio es una anomalía en las economías occidentales. Solo existe en España y, en cierta medida, en Francia. No existe en otros países por una razón de tipo económico y otra de tipo técnico. El patrimonio es un conjunto de rentas acumuladas en el tiempo que, cuando se generaron, pagaron los impuestos correspondientes. Gravar el patrimonio es volver a gravar esas rentas, algo que la ortodoxia tributaria considera rechazable porque desincentiva el ahorro. La razón técnica es que los más ricos no son personas físicas, sino jurídicas, con lo que eluden con facilidad los impuestos cuyo sujeto pasivo son las personas físicas. En España este impuesto existe desde 1978, cuando se instauró con carácter excepcional y transitorio, conscientes los legisladores de entonces de la anomalía que representaba, porque al no pagarlo los ricos era un impuesto sobre las clases medias. En 1991 se le dio un carácter permanente, pero los ricos siguieron sin pagar porque el impuesto no cambió. Este fue el impuesto que se suspendió en 2008, por su falta de equidad, y el que el Gobierno ha decidido restaurar en 2011. ¿Significa esta restauración que los comensales del banquete de Zapatero van a comenzar a pagar el impuesto sobre el patrimonio? ¡Por supuesto que no, faltaría más! El impuesto no ha cambiado, solo se ha elevado el mínimo exento: sigue siendo un impuesto sobre las clases medias. ¿Por qué los ricos españoles no lo pagan? A la razón técnica expuesta más arriba hay que añadir otra de carácter alimenticio. Todo político en activo es un futuro expolítico. Y tendrá que comer de algo. Los verdaderamente ricos de este país dan una solución a este problema. Basta consultar la lista de consejos de administración, asesorías y consultorías de las principales empresas y sociedades patrimoniales de este país -y también algunas del extranjero- para que sea inevitable exclamar: ¡Ah, claro! Como dicen en mi tierra, "una mano lava la otra y las dos lavan la cara".


Dice el catecismo que mentir es decir lo contrario de lo que se piensa o cree, con intención de engañar. ¿Mienten Rubalcaba y Blanco cuando dicen que "el PP intenta ahorrar esfuerzos a los patrimonios más grandes", o que "no es justo recortar la educación sin pedir un esfuerzo a los que más tienen"? Si se les supone un cociente de inteligencia superior a la temperatura ambiente, y creo que eso hay que hacerlo, hay que concluir que sí. Mienten bellacamente. Yo no sé qué extraña ofuscación ha llevado al PSOE a diseñar su campaña electoral alrededor de una mentira tan palmaria. No sé por qué creen los socialistas que el tirón electoral de sus mentirosos (Rubalcaba y Blanco, por ejemplo) será similar al de los del PP (por ejemplo, Camps). Lo que sí sé es que el tema central de la campaña es un insulto a la inteligencia. Cuando Rubalcaba y Blanco dicen que hay que reinstaurar el impuesto sobre el patrimonio (menos de 1.000 millones de euros anuales) para no tener que recortar la educación o la sanidad, ¿por qué no proponen, para cuadrar el déficit y como alternativa al impuesto, cerrar instituciones inútiles que solo sirven para dar de comer a políticos y a sus enchufados? Ejemplos: las televisiones públicas (1.300 millones de euros), las Diputaciones (5.000 millones de euros) y -¿por qué no?- el Senado (¡Oiga, que se tendría que cambiar la Constitución! ¡Anda ya!).

Alrededor de 160.000 personas, según cálculos de no se sabe quién del Gobierno, pagarán el impuesto restaurado. No son, ni de lejos, los más ricos: son los pecheros del siglo XXI. No les bastará con pagar. Han sido tomados como rehenes de una estrategia electoral que, a la desesperada, les está acusando ya de insolidaridad y les acabará acusando de ser los últimos responsables de la crisis que asuela el país. Pueden acabar siendo el chivo expiatorio que oculte la enorme responsabilidad del Gobierno saliente por su frívola gestión de la crisis. Como albinos en Tanzania se van a tener que esconder, o pintarse la cara de otro color. La restauración del impuesto sobre el patrimonio responde, en mi opinión, a mucho más que a un intento de colocar al PP en una posición incómoda cuando se vote el decreto ley en el Congreso. En 2004, el PSOE ganó unas elecciones que parecían perdidas de antemano por un movimiento súbito de la opinión pública contrario a la gestión que el PP había hecho de los atentados de Madrid. ¿Podría un movimiento similar -espontáneo, por supuesto- contrario a los pobres ricos albinos y a quienes les protegen, provocar un resultado similar en las elecciones de 2011? Yo creo que no, pero bien pudiera haber quien opinara que sí.


El País – Opinión

Keynesianos. Una economía desangrada. Por Ignacio Moncada

Los keynesianos actúan como esas viejas tribus en las que, cuando la enfermedad asolaba el poblado, no recurrían al médico, sino al brujo. En lugar de analizar la causa de la afección y tratar de corregirla, se conforman con la danza tribal de un chaman.

Siento debilidad por los humoristas involuntarios, esas voluntariosas voces públicas que se esfuerzan en defender con una argumentación sólida sus ideas, pero que terminan cayendo en el absurdo. Uno de mis favoritos es Paul Krugman, el paladín del pensamiento keynesiano que dijo que un ataque alienígena nos sacaría de la crisis. No sólo representa a la perfección tan dañina ideología, sino que además no duda en rozar el ridículo cuando la realidad invalida sus tesis. Krugman afirma esta semana en The New York Times que moderar el gasto público en estos momentos es tan absurdo como la antigua práctica médica de la sangría, que consistía en sacarle sangre al paciente para así eliminarle los "malos humores". Tiene su gracia, porque yo mismo propuse un paralelismo semejante en una columna anterior, aunque en sentido contrario. Afirmé que los keynesianos actúan como esas viejas tribus en las que, cuando la enfermedad asolaba el poblado, no recurrían al médico, sino al brujo. En lugar de analizar la causa de la afección y tratar de corregirla, se conforman con la danza tribal de un chaman. En nuestro caso, la de un banquero central.

Ambas metáforas se apoyan en la misma base: no conocer las causas de los problemas. Tanto las sangrías como las danzas de chamanes como método curativo no se basaban en el análisis de las causas de la enfermedad, sino en creencias infundadas, en teorías populares. Lo mismo sucede en economía. Los fieles seguidores de Lord Keynes, como Krugman, jamás hablan de las causas de la crisis, sino que se lían con las consecuencias. Escriben sobre la sequía crediticia, sobre la caída de la demanda, sobre Lehman Brothers o sobre grandes bancos, pero son incapaces de detectar el origen de los problemas. Y tiene lógica, porque la crisis es un monstruo que los keynesianos alimentaron. Ahí está, como expuesto en un escaparate de la infamia, aquel artículo en el que el propio Paul Krugman exigía a la Reserva Federal la creación de una gigantesca burbuja inmobiliaria para solucionar la recesión anterior.

Las crisis económicas, aunque los keynesianos las consideren inexplicables maldiciones que vienen del cielo, tienen una causa real y perfectamente solucionable. Suceden porque, tras un periodo de expansión monetaria en la que se han inoculado burbujas económicas, la estructura productiva queda distorsionada. Muchas inversiones en factores productivos y empresas en funcionamiento están orientadas a producir una serie de productos que la sociedad realmente no necesita, pero que durante la burbuja encontraban una demanda artificial. En la crisis actual, tenemos una estructura productiva destinada a producir demasiadas casas, edificios e infraestructuras, y teníamos un sistema financiero que había comprometido mucho dinero en préstamos a este tipo de inversiones.

Los keynesianos dicen que, por algún motivo desconocido, el problema es que falta demanda y que hay que estimularla. Pero eso es absurdo. No hay que tratar de mantener inflada la burbuja de la construcción, como se hizo con los diversos planes E, sino permitir que la estructura productiva se reconvierta para producir los bienes realmente demandados por la sociedad. El problema es que la medicina ritual keynesiana, basada en gasto público, inyecciones monetarias y bajos tipos de interés, trata de impedir esta reestructuración. Al igual que en el caso de las sangrías, el desconocimiento de las causas que originan el problema lleva a aplicar la terapia inadecuada. Al final se termina con un paciente cada vez más débil cubierto de incisiones y sanguijuelas que le chupan la sangre. Y si se insiste en el método, el paciente, que en nuestro caso es la economía, se desangrará hasta la muerte.


Libertad Digital – Opinión

Carma sin Karma. Por Martin Prieto

Sus jefes de Prensa aburrían a las redacciones exigiendo que escribiéramos Carma. Casi lo logró y, además, cada uno se llama como quiere. En el velorio de Gabriel Cisneros, áquel chico de la derecha que llegó a padre de la Constitución, vagaba por el Congreso sorbiendo mocos como una María de Magdala y más que una socialista en la cucaña parecía un ser humano normal. En Vivienda no pudo hacer nada y sólo se publicitó presentando un plan de irás y no volverás en la puerta de La Moncloa y con ZP haciendo de palmero de su ahijada. En Defensa no ha roto nada porque el elefante no se deja, pero tiene todas las carpetas abiertas por falta de ideas o dinero. Redactó un código de conducta muy celebrado para que los soldados españoles no asesinen a civiles. Se quedó en My Lay. Pero ese toque femenino de Cyrano de Bergerac, esas ojeras desvalidas, la llevaron a verse con posibilidades de gobernar España. Es bueno que su currículo tenga estudios en Quebec, suponiendo que comprobó que la cultura francesa no quiere independizarse de Canadá. Debió ir con una beca «Orgasmus», de ésas para folgar, y no entendió la vacuidad del grito de De Gaulle. La damita, cuyo logro en la legislatura fue casarse con Miguel Barroso, monje negro de Zapatero, se ha puesto a gritar en Cataluña de la mano de su verdugo Rubalcaba, ofendiendo a togas y políticos, recurriendo a los socorridos anticatalanes, embromando con mal gusto a Cospedal y su dieta o ignorando tonante la quiebra en Toledo. La muchachita revestida de grosera, de furia, de petrolera en la Comuna, de verdulera airada. De aquella vocecita a arengar la Legión. Necesita la India inmersión en sánscrito y regenerar karma. ¡¿Y ésta era nuestra yegua blanca!?

La Razón – Opinión

Gasto público. El despilfarro como delito. Por Guillermo Dupuy

Me llama la atención que los tribunales puedan declarar pródigo e incapacitar a un ciudadano cuando despilfarra su dinero y, sin embargo, no se pueda hacer lo mismo con los adictos al endeudamiento que nos gobiernan y que lo que dilapidan es dinero ajeno.

La Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava del Llano, ha propuesto hace unos días en el Congreso la inclusión del despilfarro público como delito en el código penal. Ciertamente, destaca la responsabilidad penal a la que están sujetos los administradores de empresas privadas frente a la absoluta impunidad que gozan nuestros políticos o los administradores de las empresas públicas. Es más, a mí siempre me ha llamado la atención el hecho de que el ordenamiento jurídico contemple la posibilidad de declarar pródigo e incapacitar a un ciudadano cuando clamorosamente despilfarra su propio dinero y, sin embargo, no se pueda hacer lo mismo con los adictos al endeudamiento que nos gobiernan y que lo que dilapidan es dinero ajeno.

Con todo, y por mucho que comparta la indignación ciudadana de la que se ha hecho eco la Defensora del Pueblo, el problema que encierra su propuesta de proceder penalmente contra los gobernantes manirrotos es delimitar y concretar qué entendemos por "despilfarro público". Somos muchos, por ejemplo, los que hemos considerado como un despilfarro del dinero del contribuyente, no una determinada actuación, sino la existencia misma del ministerio de Igual da, o el ministerio de la Vivienda. La existencia misma de la institución del Defensor del Pueblo -no digamos ya nada si tenemos en cuenta que hay además uno por cada autonomía- o la existencia de televisiones estatales y autonómicas a cargo del contribuyente, es vista por muchos como ejemplo de despilfarro del dinero del contribuyente. Como liberal veo pocas cosas en el Estado y en la administración pública que no me lo parezcan.


Cosa distinta, y mucho menos discutible, debería ser la existencia de déficits ocultos, que sí debería estar tipificado como delito, así como debería existir una legislación que, al margen de las mayorías transitorias, estableciera la obligación constitucional del equilibrio presupuestario y limitaciones muy severas al endeudamiento público. Como ya he indicado en otras ocasiones, el déficit público no es sólo una rémora para la recuperación económica sino una apropiación indebida de recursos de legislaturas venideras que burla las limitaciones temporales que la democracia impone a los gobernantes de turno.

Desgraciadamente, la reciente reforma constitucional que supuestamente pretende imponer límites al déficit y endeudamiento público es, en realidad, una monumental estafa política que refuerza la ya indeseable cobertura legal que tenían los gobernantes para gastar más de lo que recaudan. Y es que, al no concretar esa supuesta limitación, al adelantar que se cuantificará mediante una legislación que no requerirá para su aprobación y derogación de mayorías cualificadas y al admitir excepciones cuando el gobierno de turno así lo considere justificado, la citada reforma, lejos de ser un imperativo constitucional con pretensión de permanencia y de obligado cumplimiento para las mayorías transitorias, constituye un auténtico acto de hipocresía política. Los gobernantes podrán considerar justificado incurrir en déficit con la misma discrecionalidad con la que han considerado justificado cualquiera de sus despilfarros. Me temo que esta estafa y este "homenaje que el vicio rinde a la virtud" –tal y como definía La Rochefoucauld a la hipocresía- tampoco pueda ser, como el despilfarro, tipificado como delito. Lo que me preocupa es que ni siquiera sea visto como hipocresía.


Libertad Digital – Opinión

Faisán versus faisán. Por Ely del Valle

Hoy la Audiencia Nacional decidirá si las plumas del Faisán colorean hacia la revelación de secretos o si su tonalidad apunta a la colaboración con banda armada, que es incluso peor siendo muy malo lo anterior. Lo que determine la Sala de lo Penal no es tontería y de ello va a depender que los procesados pasen a dar explicaciones ante un tribunal ordinario o que tengan que comparecer ante esa misma Audiencia Nacional por la que pasearon Usabiaga y su «pandi» la semana pasada, a costa de dejar a la madre del primero huérfana de los cuidados filiales que tanta elasticidad de movimientos han permitido al cuerpo «borroka» de su retoño.

El «chivatazo» al aparato de extorsión de ETA irrumpe así de pleno en una precampaña electoral copada por la crisis y sus apreturas. Es precisamente esto lo que va a restarle brillo a un proceso que en otras circunstancias centraría la atención de unos ciudadanos a los que hoy les preocupa mucho más saber si la Navidad les sorprenderá con la cartilla del paro en el bolsillo del delantal.

Lo que decida la Justicia sobre el «caso Faisán» es vital porque revelará si nuestra salud democrática es esclava de la maquiavélica confusión entre fines y medios o si, por el contrario, se rige, como sería deseable, por el axioma de que quien la hace la paga.

Lástima que por culpa de la crisis el único faisán que ahora interesa a la mayoría de los votantes sea el que se rellena de pasas; ese que se ha convertido para muchos en algo tan fuera de sus posibilidades como un diamante de Bond Street.


La Razón – Opinión

Obama-ZP. Volvemos a la lucha de clases. Por Emilio J. González

En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

La izquierda de los países desarrollados se ha obsesionado con los ricos o, mejor dicho, con que los ricos paguen más y más impuestos, al menos sobre el papel, porque cuando llega la hora de la verdad quien tiene que asumir la carga de esa mayor presión fiscal es la clase media, que carece de medios, asesores y vehículos legales como las sicavs para eludir el pago de impuestos. En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

Todo esto resulta muy revelador. En primer lugar, porque demuestra que la izquierda no tiene ideas para resolver esta crisis económica, que también es de naturaleza fiscal. Obama y Zapatero se han empeñado en tirar de la chequera para tratar de relanzar la economía a golpe de gasto público. Los resultados de semejante política ya los estamos viendo: después de un primer impulso artificial a la actividad productiva, tanto Estados Unidos como España se encaminan a una nueva recesión. El gasto público, por tanto, no es la solución. Ahora, sin embargo, llega la hora de pagar las facturas de tanta alegría presupuestaria como hubo a comienzos de la crisis en los dos países, pero no hay dinero para ello. En estas circunstancias, lo que se impone es una redefinición profunda del papel del sector público en ambas naciones y acabar con todo aquel gasto que no sea estrictamente necesario, con el fin de que las cuentas vuelvan a cuadrar y la financiación del déficit no deje a las empresas sin esos recursos financieros que necesitan para sobrevivir y crear empleo. Pero como, por razones ideológicas, esta izquierda occidental ni cree en la empresa, ni está dispuesta a someter al Estado a la cura de adelgazamiento que necesita, ni tiene la menor idea de cómo sacarnos de la crisis, pues actúa conforme a su naturaleza y no se le ocurre otra cosa que freír a impuestos a todo el mundo, sin querer entender que así nos hunde más y más en la crisis.

En este contexto, tanto a Zapatero-Rubalcaba como a Obama se les ha venido a la cabeza lo de gravar más a los ricos, no porque con ello vayan a resolver los problemas presupuestarios, que no lo van a hacer, sino porque eso de alimentar la lucha de clases es bien recibido por ciertos sectores radicales de la sociedad. No es casualidad, además, que ambos mandatarios hayan puesto el punto de mira fiscal en los ricos. La popularidad y las perspectivas electorales del PSOE son tan malas como las posibilidades de que Obama pueda salir reelegido en las presidenciales de noviembre de 2012. Así es que, como la necesidad de votos aprieta, lo poco que pudieran saber de economía estos personajes lo han dejado arrinconado para caer en la más burda de las demagogias. Todo vale con tal de ganar las elecciones. Lo malo es que, en materia fiscal, el ciudadano estadounidense es muy sensible y, por estos pagos, el españolito de a pie ya sabe que cuanto más dure el PSOE en el poder, peor lo va a pasar él.


Libertad Digital – Opinión

Un político previsible. Por José Antonio Vera

Mariano Rajoy es un político previsible, de esos que pocas veces sorprenden porque intenta mantener una línea de coherencia. Justo lo contrario que Zapatero, hombre de vaivenes que nunca sabe uno por dónde puede salir. Por eso en su libro «En confianza» aporta bastante sobre su vida pretérita, pero poco sobre el imprevisible futuro, siempre sujeto a especulación.

Anoche Rajoy se dio un auténtico baño de masas en el Intercontinental durante la presentación del libro que le edita Planeta. Arropado por Aznar y el núcleo duro de su partido, se respiró como nunca el ambiente de victoria y optimismo para una situación general que es tremendamente pesimista. Aclamado como presidente, Rajoy va desgranando las líneas de lo que deberá ser su modus operandi en Moncloa. En política, recuperación del consenso y disposición a implicar a los nacionalistas en la gobernación de España. En economía, rebajar cinco puntos los impuestos a las pymes, cambiar la legislación para que no se pague el IVA hasta que no se cobre la factura y reforma fiscal para incentivar al empleo. En lo institucional, regeneración democrática sobre la base de un compromiso anticorrupción.

Rajoy lleva toda la vida en política sin que se le haya podido hacer el más mínimo reproche en ese sentido. Nadie mejor que él para encarar el esfuerzo regenerador que ahora se exige y sobre el que se ha de construir la recuperación.

El todo Madrid reconoció ayer a Rajoy como futuro presidente. Él agradece los elogios, incluso de los que otrora le criticaban, aunque sabe que su peor aliado en este momento de adulaciones es la euforia.


La Razón – Opinión

Otegi. Los publicistas de Bildu. Por Cristina Losada

“La condena a Otegi complica el proceso para un futuro sin ETA”. Y los jueces, insensibles al benéfico objetivo, deciden frustrar el happy end. Ya se asombraba el estadista González de que nadie les dijera lo que tienen que hacer..

¡Tan bien como nos iba y vienen unos jueces a cortar el rollo! El tribunal cortante ha sido una sala de la Audiencia Nacional. Su impertinencia ha consistido en condenar a Otegi y a Díez Usabiaga a diez años de cárcel. La idílica situación que esa sentencia "complica" es un proceso en el cual los terroristas se abstienen de matar mientras les parezca conveniente y reintroducen a sus peones, tras somero lavado de cara, en instituciones que dotan de poder y presupuesto. Ah, no, exclaman buenistas y oportunistas, aquello que la condena pone en peligro es la feliz conversión a la democracia del entorno terrorista y la ansiada desaparición de la banda. En titular de periódico: "La condena a Otegi complica el proceso para un futuro sin ETA". Y los jueces, insensibles al benéfico objetivo, deciden frustrar el happy end. Ya se asombraba el estadista González de que nadie les dijera lo que tienen que hacer.

Siempre a vueltas con las sentencias y siempre idéntica confusión. Criticar un fallo es legítimo. Pero no estamos en el caso. Nadie sostiene que los acusados fueran inocentes. Se censura a los magistrados por juzgar sus actos en lugar de juzgar el contexto: "la realidad que vive Euskadi". Por interferir en la política, dueña y señora a la que han de consultar antes de pronunciarse. Su yerro imperdonable ha sido establecer que Otegi y el resto seguían una estrategia urdida por la banda. A quién se le ocurre. Atenerse a los hechos es una obsesión malsana. Lo que tenían que hacer -¡y nadie se lo dijo!- era arrojar las pruebas a la papelera, celebrar la ausencia de atentados y agradecer a los procesados su contribución a la paz antes de hacer la suya, que era absolverlos. Díganlo de una vez: la independencia judicial está de sobra.

El lendakari López entiende a quienes se sientan molestos por la condena a los pacifistas, pero su comprensión tiene límites: no quiere regalarles la aureola de víctimas. Barrunta que eso aumentaría el caudal de votos de Bildu. El problema de López y de su partido reside en que los agentes publicitarios del avatar batasuno han sido ellos. Los socialistas le han hecho la campaña desde el instante en que vincularon el fin de ETA al éxito de su nueva franquicia. Sólo desde el doblepensar orwelliano se puede coronar a Bildu como reina de la paz y lamentar después los efectos electorales de tal política.


Libertad Digital – Opinión

Otro día de la madre. Por Alfonso Ussía

Repito lo que nos dijo, en su día, a sus diez hijos, nuestra madre. «Soy vuestra madre menos el Día de la Madre». El Día de la Madre se lo trajo de los almacenes «El Encanto» de La Habana Pepín Fernández, fundador de «Galerías Preciados», y su idea la desarrolló con enorme éxito su principal competidor, Ramón Areces, desde «El Corte Inglés». Hoy es una costumbre establecida y celebrada, y podría darse que en el futuro fuera declarada Fiesta Nacional. Ignoro la fecha actual de celebración del Día de la Madre, pero propongo que el 19 de septiembre se designe, a partir del presente año, «El Otro Día de la Madre», en homenaje a la de Rafael Díez Usabiaga.

Escribo con antelación a la comparecencia ante el juez del mencionado dirigente proetarra. Disfrutaba de unas maternales, o filiales, vacaciones en libertad gracias a la bondad infinita del juez Baltasar Garzón, que lo puso en la calle para que atendiera a su madre, que a decir verdad, ya estaba atendidísima. Pero ha sido condenado a otros diez años de prisión y, por lógica, su destino inmediato es la cárcel. Se me desgarra el corazón y ahoga el ánimo.


La verdad es que Usabiaga no le ha hecho excesivo caso a su madre, coartada de su libertad, desde que abandonó la prisión de la mano de don Baltasar. Vive al cuidado de dos hijas, y pasea todas las mañanas y tardes por las calles de su localidad. El propio Usabiaga ha reconocido que no visitaba en demasía a su hacedora porque estaba en otras cosas, nada recomendables para los hijos. Usabiaga, como Otegui, y previamente De Juana Chaos, Urruticoechea o «Ternera» y demás delincuentes comunes de probada afición terrorista, recibió un trato amable y político por parte de determinados jueces y magistrados proclives a obedecer las órdenes del Gobierno de Zapatero. Eso, «el ambiente propicio para alcanzar la paz», que dicen los idiotas, cuando el único ambiente propicio para alcanzar la paz es el que podrá disfrutarse cuando la ETA sea definitivamente derrotada. Y aquí sale la santa figura de la madre, que no tiene culpa de nada, aunque sí una elevada responsabilidad en la educación y formación de su hijo, que le ha salido rana total. Se suponía que, aprovechando su puesta en libertad, Usabiaga atendería con más cuidado y asiduidad a su madre, pero éste no se ha portado como un hijo modélico. Se ha reunido más veces con la ETA que con la madre, y la pobre mujer lo ha tenido que pasar fatal. Para la atención que precisa la madre, que ingrese Usabiaga en prisión o permanezca en libertad carece de importancia porque el caso que le hará será el mismo, es decir, ninguno. El daño es más moral que práctico. La sociedad vasca se fortalece desde el matriarcado, y un vasco que no se preocupe de su madre merece ser expulsado inmediatamente del espacio de influencia de Sabino Arana, el inventor de la farsa. Me satisface saber que el ingreso en prisión de Usabiaga no le va a afectar en absoluto a su madre. Me satisface y me consuela. Y propongo a las firmas de grandes superficies del País Vasco la creación del «Otro Día de la Madre», con la sola finalidad de que los proetarras, batasunos, bateragunos, las feas, los sortus y los bildus puedan celebrar algo cercano a la sensibilidad humana y familiar. Pero con el niño en la cárcel, que es su sitio.

La Razón – Opinión

Crisis. Travesía del desierto. Por Jaime de Piniés

¿Qué pasará si nos sorprende una nueva tormenta financiera con una España inmersa en un proceso electoral e inhabilitada para tomar decisiones acordes? Pronto lo veremos porque el panorama apunta directamente en esa dirección.

La pasada semana dos acontecimientos internacionales contrapuestos tuvieron lugar, afectando la capacidad de respuesta a cualquier nueva ronda de crisis financiera en la zona euro. El primer acontecimiento ha sido la reunión entre los bancos centrales más importantes de occidente que vienen a respaldar la actuación del BCE en su defensa de los bonos italianos y españoles. Esta es una medida positiva. El segundo acontecimiento es el encuentro entre las autoridades financieras europeas en Wroclaw, Polonia, con la presencia de Geithner, Secretario del Tesoro estadounidense, acontecimiento que debe verse netamente negativo pues deja en evidencia lo distantes y divididos que están los europeos.

La primera medida fue un bálsamo para los mercados que vieron en la coordinación de las autoridades monetarias un baluarte importante para sosegar el creciente escepticismo sobre Grecia. Pero el segundo evento nos muestra que las posiciones oficiales europeas siguen muy divididas y que la estabilización de la zona euro mediante la cesión de soberanía fiscal a cambio del establecimiento de eurobonos, es todavía un lejano objetivo.


En esta tesitura, es bueno que otros bancos centrales estén dispuestos a poner dólares al servicio de la estabilidad financiera en Europa. Pero como hemos tenido ocasión de observar en las últimas semanas, la capacidad de los bancos centrales para apaciguar los mercados tiene límites pues, a la postre, son los fundamentales los que rigen el mercado y, en lo que afecta a España, los fundamentales siguen siendo preocupantes: crecimiento casi nulo y sin reformas para mejorar el tejido competitivo del país. En estas circunstancias, los mercados están plenamente justificados para alentar dudas sobre la capacidad de pago de España.

Mientras, nuestro Gobierno ha gastado su último cartucho restaurando el impuesto sobre el patrimonio, una medida que no resuelve nada pero que si complica aún más la delicada credibilidad de la política económica de España (véase mi última columna). Luego ¿qué pasará si nos sorprende una nueva tormenta financiera con una España inmersa en un proceso electoral e inhabilitada para tomar decisiones acordes? Pronto lo veremos porque el panorama apunta directamente en esa dirección. La situación internacional sin lugar a dudas es peliaguda, pero la gestión de la crisis a nivel español es, si cabe palabra, una auténtica irresponsabilidad. El daño infligido al esfuerzo acumulado de todos los españoles no debería quedar impune, se está jugando gratuitamente con nuestro futuro inmediato y, lo que es peor, con el futuro de nuestras generaciones futuras.


Libertad Digital – Opinión

En confianza con Rajoy

La presentación del libro de Mariano Rajoy «En confianza», una obra que recoge sus memorias personales y profesionales y en la que expone también sus principales ideas políticas, se convirtió ayer en un acontecimiento social de gran repercusión. Con la presencia de José María Aznar y toda la plana mayor del PP, así como de numerosas personalidades de la vida nacional, Rajoy trazó una obra intensa y reflexiva que abarca desde los recuerdos de su infancia hasta su trayectoria política, pasando por instantes más desconocidos de su biografía, como el servicio militar. Las cualidades del libro son notables y concitan un interés muy especial por encima de otros acercamientos a la figura del presidente del PP, en la medida en que nos muestra un Rajoy en primera persona que se manifiesta no sólo sobre sus posiciones políticas de presente y de futuro, sino también sobre las claves de una personalidad importante. Goza además del valor añadido de la sinceridad y la credibilidad en sus reflexiones. Que resuma su filosofía personal en «tener sensatez, razonar, pensar las cosas con calma e intentar entender al otro, hablarle de lo que nos une más de lo que nos separa», es algo que encaja con su trayectoria pública tanto en el Gobierno como en la oposición.

A dos meses del epílogo de estos ocho años de Gobierno socialista en España, alivia que quien está llamado a pilotar el cambio que el país necesita sostenga en sus memorias que «gobernar es un conjunto de actitudes: responsabilidad, seriedad en el cumplimiento de los compromisos adquiridos con los que nos rodean, los ciudadanos y el mundo exterior, realismo». Una filosofía que España ha perdido en estos años y que debe recuperar.


Rajoy dedica una parte sustancial de la obra a sus proyectos para España. Habla de un «esfuerzo de regeneración democrática» que compartimos plenamente. En esa idea se resumen las razones del cambio que hemos defendido como proyecto prioritario para el país con la campaña puesta en marcha desde este fin de semana. Proclama su probada disposición para el diálogo y el consenso, que no deben ser un fin, sino un medio. Ni los cordones sanitarios ni la opacidad política son propios de la democracia ni de Rajoy.

La lucha contra ETA cuenta con un espacio especial en el libro, como era lógico. Como ministro del Interior combatió el terrorismo y mantuvo esa política de acoso y de derrota que tantos resultados aportó. Su defensa de «una aplicación más rigurosa de la Ley de Partidos, que faculta a expulsar a Bildu de las instituciones», es una garantía de que ETA tendrá enfrente al Estado de Derecho.

Para llegar a este instante de su vida política, a pocas semanas de unos comicios determinantes para la nación, Rajoy ha vencido no pocas dificultades. Su biografía es la de un político sólido, un excelente gestor, un dirigente capaz y serio, con criterios claros que no cede a presiones ni se deja mediatizar. Ayer, durante la presentación de la obra, apostó por la concordia, la unión, la independencia y la convivencia como valores esenciales de presente y de futuro. Por eso, Rajoy genera confianza y encarna el cambio desde la certidumbre del que sabe qué hacer y la seguridad de quien piensa llevarlo a cabo al servicio de España y los españoles.


La Razón – Editorial

Tributos de Rajoy

El líder del PP avanza algunas medidas fiscales que no responden a la envergadura de la crisis.

El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, explicó ayer algunas de las medidas fiscales que adoptaría en caso de llegar al Gobierno, completando las ideas que ya había adelantado anteriormente. Su línea básica de acción es el mantenimiento sin cambios de la tributación de las personas físicas, al menos en un primer momento, y la reducción hasta cinco puntos del impuesto de sociedades. Aunque se mostró crítico con el impuesto de patrimonio que acaba de recuperar el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, argumentando que penalizaba el ahorro, no desveló si lo mantendría o no. Aprovechó la ocasión para descalificar al candidato socialista, Pérez Rubalcaba, por sugerir que dedicaría la recaudación a la creación de empleo, cuando, según dijo Rajoy, son ingresos que corresponderían a las autonomías.

El líder popular se mostró convencido de que la situación que atraviesa la economía española podría paliarse mediante recortes en el gasto público, sin necesidad de procurar un incremento sustancial de los ingresos. El modelo al que se ajustarían sus primeras decisiones económicas sería el de las comunidades autónomas que cambiaron de mayoría en las últimas elecciones, pasando a manos del Partido Popular. Los recortes que estas han emprendido resultan a todas luces insuficientes para reducir el déficit, transmitiendo la impresión de que, a la espera de las elecciones generales, los populares buscan disipar los temores de que limitarán el Estado de bienestar y no tanto equilibrar las cuentas públicas.


La política fiscal apenas esbozada por Rajoy no se define por su ambición. Quizá dejándose llevar por la cautela, el líder popular no dejó traslucir que su intención sea emprender una reforma fiscal; a lo sumo, parecía conformarse con revisar los tipos de los tributos existentes. El anuncio de que bajaría cinco puntos el de sociedades obedece a la idea de que reducir la presión fiscal sobre las empresas se traduce automáticamente en creación de empleo. La experiencia no avala la esperanza de Rajoy, sobre todo cuando, como sucede en España, la principal causa del paro no es la carga impositiva que soportan las sociedades, sino el descenso del consumo.

Pese a la generalidad de su política fiscal, Rajoy fue mucho más lejos de lo que acostumbraba hasta fecha reciente. El motivo no habría que buscarlo tanto en que el Partido Popular haya decidido explicar, por fin, el programa que desarrollaría desde el Gobierno, como en el hecho de que se siente suficientemente seguro de su victoria como para intentar cerrar el flanco en el que se había convertido su silencio. La escasa influencia en las encuestas de las constantes iniciativas que lanza el candidato socialista parece haber animado a Rajoy a empezar a ir desvelando algunas de las suyas. Pero, o guarda en la manga otras que no desea mostrar o, si no, se diría que ignora la dimensión de la crisis que tendría que gestionar de llegar a La Moncloa.


El País – Editorial

La vía griega del PSOE

El mejor escenario para sus intereses es el de una nación quebrada, una economía sin solución y un sistema intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno permanece en la carrera electoral pese a las graves implicaciones que se infieren de un asunto como el chivatazo a ETA, más conocido como "caso Faisán", que se produjo bajo su mandato al frente del ministerio de Interior. Si ya las crónicas de su singular designación como sucesor de Zapatero en el PSOE aludieron al político cántabro como un "faisán cojo", dadas las circunstancias judiciales, no parecía que un candidato en precario, con más pasado que futuro y con mucho más que ocultar que de lo que presumir, pretendiera liderar una carrera de despropósitos en la que, por fortuna, sólo compite con los nacionalistas e Izquierda Unida. Pero Rubalcaba ha salido disparado, como un auténtico torbellino, haciendo honor a su pasado de velocista de la pista y prestidigitador de la política.

Sin freno, el candidato del PSOE está obsesionado con aunar las voluntades y el voto útil de los independentistas catalanes (con un apoyo más que manifiesto y absolutamente gratuito al disparate ilegal e irracional de la inmersión lingüística en las escuelas), de los "bildutarras", con ese nuevo Bilbao en el que según Rubalcaba se está como en Cádiz, y de los indignados, con promesas acolmilladas de un tributo contra ricos mucho más fetén que el improvisado de urgencia para satisfacer el guión de su campaña. Y ahora dice que no le gusta, que lo habría hecho de otro modo y que si gobierna, lo mejorará y endurecerá. Despropósito tras desafuero, Rubalcaba, más que el aspirante socialista en un país en crisis, parece el candidato antisistema de un país sin futuro, hasta el punto de que se puede afirmar, dadas sus declaraciones y contradicciones, que el mejor escenario para sus intereses es el de una nación quebrada, una economía sin solución y un sistema intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

En ese contexto, y si es que la movilización entre independentistas y el voto del miedo a la derecha no es suficiente, siempre podrá abanderar el descontento social que a buen seguro detectarán el PSOE y Rubalcaba a partir del 21 de noviembre. Es la vía griega del PSOE, la vieja fórmula del cuanto peor, mejor, el camino de siempre para recuperar el poder.


Libertad Digital – Editorial