martes, 20 de septiembre de 2011

Gasto público. El despilfarro como delito. Por Guillermo Dupuy

Me llama la atención que los tribunales puedan declarar pródigo e incapacitar a un ciudadano cuando despilfarra su dinero y, sin embargo, no se pueda hacer lo mismo con los adictos al endeudamiento que nos gobiernan y que lo que dilapidan es dinero ajeno.

La Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava del Llano, ha propuesto hace unos días en el Congreso la inclusión del despilfarro público como delito en el código penal. Ciertamente, destaca la responsabilidad penal a la que están sujetos los administradores de empresas privadas frente a la absoluta impunidad que gozan nuestros políticos o los administradores de las empresas públicas. Es más, a mí siempre me ha llamado la atención el hecho de que el ordenamiento jurídico contemple la posibilidad de declarar pródigo e incapacitar a un ciudadano cuando clamorosamente despilfarra su propio dinero y, sin embargo, no se pueda hacer lo mismo con los adictos al endeudamiento que nos gobiernan y que lo que dilapidan es dinero ajeno.

Con todo, y por mucho que comparta la indignación ciudadana de la que se ha hecho eco la Defensora del Pueblo, el problema que encierra su propuesta de proceder penalmente contra los gobernantes manirrotos es delimitar y concretar qué entendemos por "despilfarro público". Somos muchos, por ejemplo, los que hemos considerado como un despilfarro del dinero del contribuyente, no una determinada actuación, sino la existencia misma del ministerio de Igual da, o el ministerio de la Vivienda. La existencia misma de la institución del Defensor del Pueblo -no digamos ya nada si tenemos en cuenta que hay además uno por cada autonomía- o la existencia de televisiones estatales y autonómicas a cargo del contribuyente, es vista por muchos como ejemplo de despilfarro del dinero del contribuyente. Como liberal veo pocas cosas en el Estado y en la administración pública que no me lo parezcan.


Cosa distinta, y mucho menos discutible, debería ser la existencia de déficits ocultos, que sí debería estar tipificado como delito, así como debería existir una legislación que, al margen de las mayorías transitorias, estableciera la obligación constitucional del equilibrio presupuestario y limitaciones muy severas al endeudamiento público. Como ya he indicado en otras ocasiones, el déficit público no es sólo una rémora para la recuperación económica sino una apropiación indebida de recursos de legislaturas venideras que burla las limitaciones temporales que la democracia impone a los gobernantes de turno.

Desgraciadamente, la reciente reforma constitucional que supuestamente pretende imponer límites al déficit y endeudamiento público es, en realidad, una monumental estafa política que refuerza la ya indeseable cobertura legal que tenían los gobernantes para gastar más de lo que recaudan. Y es que, al no concretar esa supuesta limitación, al adelantar que se cuantificará mediante una legislación que no requerirá para su aprobación y derogación de mayorías cualificadas y al admitir excepciones cuando el gobierno de turno así lo considere justificado, la citada reforma, lejos de ser un imperativo constitucional con pretensión de permanencia y de obligado cumplimiento para las mayorías transitorias, constituye un auténtico acto de hipocresía política. Los gobernantes podrán considerar justificado incurrir en déficit con la misma discrecionalidad con la que han considerado justificado cualquiera de sus despilfarros. Me temo que esta estafa y este "homenaje que el vicio rinde a la virtud" –tal y como definía La Rochefoucauld a la hipocresía- tampoco pueda ser, como el despilfarro, tipificado como delito. Lo que me preocupa es que ni siquiera sea visto como hipocresía.


Libertad Digital – Opinión

Faisán versus faisán. Por Ely del Valle

Hoy la Audiencia Nacional decidirá si las plumas del Faisán colorean hacia la revelación de secretos o si su tonalidad apunta a la colaboración con banda armada, que es incluso peor siendo muy malo lo anterior. Lo que determine la Sala de lo Penal no es tontería y de ello va a depender que los procesados pasen a dar explicaciones ante un tribunal ordinario o que tengan que comparecer ante esa misma Audiencia Nacional por la que pasearon Usabiaga y su «pandi» la semana pasada, a costa de dejar a la madre del primero huérfana de los cuidados filiales que tanta elasticidad de movimientos han permitido al cuerpo «borroka» de su retoño.

El «chivatazo» al aparato de extorsión de ETA irrumpe así de pleno en una precampaña electoral copada por la crisis y sus apreturas. Es precisamente esto lo que va a restarle brillo a un proceso que en otras circunstancias centraría la atención de unos ciudadanos a los que hoy les preocupa mucho más saber si la Navidad les sorprenderá con la cartilla del paro en el bolsillo del delantal.

Lo que decida la Justicia sobre el «caso Faisán» es vital porque revelará si nuestra salud democrática es esclava de la maquiavélica confusión entre fines y medios o si, por el contrario, se rige, como sería deseable, por el axioma de que quien la hace la paga.

Lástima que por culpa de la crisis el único faisán que ahora interesa a la mayoría de los votantes sea el que se rellena de pasas; ese que se ha convertido para muchos en algo tan fuera de sus posibilidades como un diamante de Bond Street.


La Razón – Opinión

Obama-ZP. Volvemos a la lucha de clases. Por Emilio J. González

En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

La izquierda de los países desarrollados se ha obsesionado con los ricos o, mejor dicho, con que los ricos paguen más y más impuestos, al menos sobre el papel, porque cuando llega la hora de la verdad quien tiene que asumir la carga de esa mayor presión fiscal es la clase media, que carece de medios, asesores y vehículos legales como las sicavs para eludir el pago de impuestos. En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

Todo esto resulta muy revelador. En primer lugar, porque demuestra que la izquierda no tiene ideas para resolver esta crisis económica, que también es de naturaleza fiscal. Obama y Zapatero se han empeñado en tirar de la chequera para tratar de relanzar la economía a golpe de gasto público. Los resultados de semejante política ya los estamos viendo: después de un primer impulso artificial a la actividad productiva, tanto Estados Unidos como España se encaminan a una nueva recesión. El gasto público, por tanto, no es la solución. Ahora, sin embargo, llega la hora de pagar las facturas de tanta alegría presupuestaria como hubo a comienzos de la crisis en los dos países, pero no hay dinero para ello. En estas circunstancias, lo que se impone es una redefinición profunda del papel del sector público en ambas naciones y acabar con todo aquel gasto que no sea estrictamente necesario, con el fin de que las cuentas vuelvan a cuadrar y la financiación del déficit no deje a las empresas sin esos recursos financieros que necesitan para sobrevivir y crear empleo. Pero como, por razones ideológicas, esta izquierda occidental ni cree en la empresa, ni está dispuesta a someter al Estado a la cura de adelgazamiento que necesita, ni tiene la menor idea de cómo sacarnos de la crisis, pues actúa conforme a su naturaleza y no se le ocurre otra cosa que freír a impuestos a todo el mundo, sin querer entender que así nos hunde más y más en la crisis.

En este contexto, tanto a Zapatero-Rubalcaba como a Obama se les ha venido a la cabeza lo de gravar más a los ricos, no porque con ello vayan a resolver los problemas presupuestarios, que no lo van a hacer, sino porque eso de alimentar la lucha de clases es bien recibido por ciertos sectores radicales de la sociedad. No es casualidad, además, que ambos mandatarios hayan puesto el punto de mira fiscal en los ricos. La popularidad y las perspectivas electorales del PSOE son tan malas como las posibilidades de que Obama pueda salir reelegido en las presidenciales de noviembre de 2012. Así es que, como la necesidad de votos aprieta, lo poco que pudieran saber de economía estos personajes lo han dejado arrinconado para caer en la más burda de las demagogias. Todo vale con tal de ganar las elecciones. Lo malo es que, en materia fiscal, el ciudadano estadounidense es muy sensible y, por estos pagos, el españolito de a pie ya sabe que cuanto más dure el PSOE en el poder, peor lo va a pasar él.


Libertad Digital – Opinión

Un político previsible. Por José Antonio Vera

Mariano Rajoy es un político previsible, de esos que pocas veces sorprenden porque intenta mantener una línea de coherencia. Justo lo contrario que Zapatero, hombre de vaivenes que nunca sabe uno por dónde puede salir. Por eso en su libro «En confianza» aporta bastante sobre su vida pretérita, pero poco sobre el imprevisible futuro, siempre sujeto a especulación.

Anoche Rajoy se dio un auténtico baño de masas en el Intercontinental durante la presentación del libro que le edita Planeta. Arropado por Aznar y el núcleo duro de su partido, se respiró como nunca el ambiente de victoria y optimismo para una situación general que es tremendamente pesimista. Aclamado como presidente, Rajoy va desgranando las líneas de lo que deberá ser su modus operandi en Moncloa. En política, recuperación del consenso y disposición a implicar a los nacionalistas en la gobernación de España. En economía, rebajar cinco puntos los impuestos a las pymes, cambiar la legislación para que no se pague el IVA hasta que no se cobre la factura y reforma fiscal para incentivar al empleo. En lo institucional, regeneración democrática sobre la base de un compromiso anticorrupción.

Rajoy lleva toda la vida en política sin que se le haya podido hacer el más mínimo reproche en ese sentido. Nadie mejor que él para encarar el esfuerzo regenerador que ahora se exige y sobre el que se ha de construir la recuperación.

El todo Madrid reconoció ayer a Rajoy como futuro presidente. Él agradece los elogios, incluso de los que otrora le criticaban, aunque sabe que su peor aliado en este momento de adulaciones es la euforia.


La Razón – Opinión

Otegi. Los publicistas de Bildu. Por Cristina Losada

“La condena a Otegi complica el proceso para un futuro sin ETA”. Y los jueces, insensibles al benéfico objetivo, deciden frustrar el happy end. Ya se asombraba el estadista González de que nadie les dijera lo que tienen que hacer..

¡Tan bien como nos iba y vienen unos jueces a cortar el rollo! El tribunal cortante ha sido una sala de la Audiencia Nacional. Su impertinencia ha consistido en condenar a Otegi y a Díez Usabiaga a diez años de cárcel. La idílica situación que esa sentencia "complica" es un proceso en el cual los terroristas se abstienen de matar mientras les parezca conveniente y reintroducen a sus peones, tras somero lavado de cara, en instituciones que dotan de poder y presupuesto. Ah, no, exclaman buenistas y oportunistas, aquello que la condena pone en peligro es la feliz conversión a la democracia del entorno terrorista y la ansiada desaparición de la banda. En titular de periódico: "La condena a Otegi complica el proceso para un futuro sin ETA". Y los jueces, insensibles al benéfico objetivo, deciden frustrar el happy end. Ya se asombraba el estadista González de que nadie les dijera lo que tienen que hacer.

Siempre a vueltas con las sentencias y siempre idéntica confusión. Criticar un fallo es legítimo. Pero no estamos en el caso. Nadie sostiene que los acusados fueran inocentes. Se censura a los magistrados por juzgar sus actos en lugar de juzgar el contexto: "la realidad que vive Euskadi". Por interferir en la política, dueña y señora a la que han de consultar antes de pronunciarse. Su yerro imperdonable ha sido establecer que Otegi y el resto seguían una estrategia urdida por la banda. A quién se le ocurre. Atenerse a los hechos es una obsesión malsana. Lo que tenían que hacer -¡y nadie se lo dijo!- era arrojar las pruebas a la papelera, celebrar la ausencia de atentados y agradecer a los procesados su contribución a la paz antes de hacer la suya, que era absolverlos. Díganlo de una vez: la independencia judicial está de sobra.

El lendakari López entiende a quienes se sientan molestos por la condena a los pacifistas, pero su comprensión tiene límites: no quiere regalarles la aureola de víctimas. Barrunta que eso aumentaría el caudal de votos de Bildu. El problema de López y de su partido reside en que los agentes publicitarios del avatar batasuno han sido ellos. Los socialistas le han hecho la campaña desde el instante en que vincularon el fin de ETA al éxito de su nueva franquicia. Sólo desde el doblepensar orwelliano se puede coronar a Bildu como reina de la paz y lamentar después los efectos electorales de tal política.


Libertad Digital – Opinión

Otro día de la madre. Por Alfonso Ussía

Repito lo que nos dijo, en su día, a sus diez hijos, nuestra madre. «Soy vuestra madre menos el Día de la Madre». El Día de la Madre se lo trajo de los almacenes «El Encanto» de La Habana Pepín Fernández, fundador de «Galerías Preciados», y su idea la desarrolló con enorme éxito su principal competidor, Ramón Areces, desde «El Corte Inglés». Hoy es una costumbre establecida y celebrada, y podría darse que en el futuro fuera declarada Fiesta Nacional. Ignoro la fecha actual de celebración del Día de la Madre, pero propongo que el 19 de septiembre se designe, a partir del presente año, «El Otro Día de la Madre», en homenaje a la de Rafael Díez Usabiaga.

Escribo con antelación a la comparecencia ante el juez del mencionado dirigente proetarra. Disfrutaba de unas maternales, o filiales, vacaciones en libertad gracias a la bondad infinita del juez Baltasar Garzón, que lo puso en la calle para que atendiera a su madre, que a decir verdad, ya estaba atendidísima. Pero ha sido condenado a otros diez años de prisión y, por lógica, su destino inmediato es la cárcel. Se me desgarra el corazón y ahoga el ánimo.


La verdad es que Usabiaga no le ha hecho excesivo caso a su madre, coartada de su libertad, desde que abandonó la prisión de la mano de don Baltasar. Vive al cuidado de dos hijas, y pasea todas las mañanas y tardes por las calles de su localidad. El propio Usabiaga ha reconocido que no visitaba en demasía a su hacedora porque estaba en otras cosas, nada recomendables para los hijos. Usabiaga, como Otegui, y previamente De Juana Chaos, Urruticoechea o «Ternera» y demás delincuentes comunes de probada afición terrorista, recibió un trato amable y político por parte de determinados jueces y magistrados proclives a obedecer las órdenes del Gobierno de Zapatero. Eso, «el ambiente propicio para alcanzar la paz», que dicen los idiotas, cuando el único ambiente propicio para alcanzar la paz es el que podrá disfrutarse cuando la ETA sea definitivamente derrotada. Y aquí sale la santa figura de la madre, que no tiene culpa de nada, aunque sí una elevada responsabilidad en la educación y formación de su hijo, que le ha salido rana total. Se suponía que, aprovechando su puesta en libertad, Usabiaga atendería con más cuidado y asiduidad a su madre, pero éste no se ha portado como un hijo modélico. Se ha reunido más veces con la ETA que con la madre, y la pobre mujer lo ha tenido que pasar fatal. Para la atención que precisa la madre, que ingrese Usabiaga en prisión o permanezca en libertad carece de importancia porque el caso que le hará será el mismo, es decir, ninguno. El daño es más moral que práctico. La sociedad vasca se fortalece desde el matriarcado, y un vasco que no se preocupe de su madre merece ser expulsado inmediatamente del espacio de influencia de Sabino Arana, el inventor de la farsa. Me satisface saber que el ingreso en prisión de Usabiaga no le va a afectar en absoluto a su madre. Me satisface y me consuela. Y propongo a las firmas de grandes superficies del País Vasco la creación del «Otro Día de la Madre», con la sola finalidad de que los proetarras, batasunos, bateragunos, las feas, los sortus y los bildus puedan celebrar algo cercano a la sensibilidad humana y familiar. Pero con el niño en la cárcel, que es su sitio.

La Razón – Opinión

Crisis. Travesía del desierto. Por Jaime de Piniés

¿Qué pasará si nos sorprende una nueva tormenta financiera con una España inmersa en un proceso electoral e inhabilitada para tomar decisiones acordes? Pronto lo veremos porque el panorama apunta directamente en esa dirección.

La pasada semana dos acontecimientos internacionales contrapuestos tuvieron lugar, afectando la capacidad de respuesta a cualquier nueva ronda de crisis financiera en la zona euro. El primer acontecimiento ha sido la reunión entre los bancos centrales más importantes de occidente que vienen a respaldar la actuación del BCE en su defensa de los bonos italianos y españoles. Esta es una medida positiva. El segundo acontecimiento es el encuentro entre las autoridades financieras europeas en Wroclaw, Polonia, con la presencia de Geithner, Secretario del Tesoro estadounidense, acontecimiento que debe verse netamente negativo pues deja en evidencia lo distantes y divididos que están los europeos.

La primera medida fue un bálsamo para los mercados que vieron en la coordinación de las autoridades monetarias un baluarte importante para sosegar el creciente escepticismo sobre Grecia. Pero el segundo evento nos muestra que las posiciones oficiales europeas siguen muy divididas y que la estabilización de la zona euro mediante la cesión de soberanía fiscal a cambio del establecimiento de eurobonos, es todavía un lejano objetivo.


En esta tesitura, es bueno que otros bancos centrales estén dispuestos a poner dólares al servicio de la estabilidad financiera en Europa. Pero como hemos tenido ocasión de observar en las últimas semanas, la capacidad de los bancos centrales para apaciguar los mercados tiene límites pues, a la postre, son los fundamentales los que rigen el mercado y, en lo que afecta a España, los fundamentales siguen siendo preocupantes: crecimiento casi nulo y sin reformas para mejorar el tejido competitivo del país. En estas circunstancias, los mercados están plenamente justificados para alentar dudas sobre la capacidad de pago de España.

Mientras, nuestro Gobierno ha gastado su último cartucho restaurando el impuesto sobre el patrimonio, una medida que no resuelve nada pero que si complica aún más la delicada credibilidad de la política económica de España (véase mi última columna). Luego ¿qué pasará si nos sorprende una nueva tormenta financiera con una España inmersa en un proceso electoral e inhabilitada para tomar decisiones acordes? Pronto lo veremos porque el panorama apunta directamente en esa dirección. La situación internacional sin lugar a dudas es peliaguda, pero la gestión de la crisis a nivel español es, si cabe palabra, una auténtica irresponsabilidad. El daño infligido al esfuerzo acumulado de todos los españoles no debería quedar impune, se está jugando gratuitamente con nuestro futuro inmediato y, lo que es peor, con el futuro de nuestras generaciones futuras.


Libertad Digital – Opinión

En confianza con Rajoy

La presentación del libro de Mariano Rajoy «En confianza», una obra que recoge sus memorias personales y profesionales y en la que expone también sus principales ideas políticas, se convirtió ayer en un acontecimiento social de gran repercusión. Con la presencia de José María Aznar y toda la plana mayor del PP, así como de numerosas personalidades de la vida nacional, Rajoy trazó una obra intensa y reflexiva que abarca desde los recuerdos de su infancia hasta su trayectoria política, pasando por instantes más desconocidos de su biografía, como el servicio militar. Las cualidades del libro son notables y concitan un interés muy especial por encima de otros acercamientos a la figura del presidente del PP, en la medida en que nos muestra un Rajoy en primera persona que se manifiesta no sólo sobre sus posiciones políticas de presente y de futuro, sino también sobre las claves de una personalidad importante. Goza además del valor añadido de la sinceridad y la credibilidad en sus reflexiones. Que resuma su filosofía personal en «tener sensatez, razonar, pensar las cosas con calma e intentar entender al otro, hablarle de lo que nos une más de lo que nos separa», es algo que encaja con su trayectoria pública tanto en el Gobierno como en la oposición.

A dos meses del epílogo de estos ocho años de Gobierno socialista en España, alivia que quien está llamado a pilotar el cambio que el país necesita sostenga en sus memorias que «gobernar es un conjunto de actitudes: responsabilidad, seriedad en el cumplimiento de los compromisos adquiridos con los que nos rodean, los ciudadanos y el mundo exterior, realismo». Una filosofía que España ha perdido en estos años y que debe recuperar.


Rajoy dedica una parte sustancial de la obra a sus proyectos para España. Habla de un «esfuerzo de regeneración democrática» que compartimos plenamente. En esa idea se resumen las razones del cambio que hemos defendido como proyecto prioritario para el país con la campaña puesta en marcha desde este fin de semana. Proclama su probada disposición para el diálogo y el consenso, que no deben ser un fin, sino un medio. Ni los cordones sanitarios ni la opacidad política son propios de la democracia ni de Rajoy.

La lucha contra ETA cuenta con un espacio especial en el libro, como era lógico. Como ministro del Interior combatió el terrorismo y mantuvo esa política de acoso y de derrota que tantos resultados aportó. Su defensa de «una aplicación más rigurosa de la Ley de Partidos, que faculta a expulsar a Bildu de las instituciones», es una garantía de que ETA tendrá enfrente al Estado de Derecho.

Para llegar a este instante de su vida política, a pocas semanas de unos comicios determinantes para la nación, Rajoy ha vencido no pocas dificultades. Su biografía es la de un político sólido, un excelente gestor, un dirigente capaz y serio, con criterios claros que no cede a presiones ni se deja mediatizar. Ayer, durante la presentación de la obra, apostó por la concordia, la unión, la independencia y la convivencia como valores esenciales de presente y de futuro. Por eso, Rajoy genera confianza y encarna el cambio desde la certidumbre del que sabe qué hacer y la seguridad de quien piensa llevarlo a cabo al servicio de España y los españoles.


La Razón – Editorial

Tributos de Rajoy

El líder del PP avanza algunas medidas fiscales que no responden a la envergadura de la crisis.

El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, explicó ayer algunas de las medidas fiscales que adoptaría en caso de llegar al Gobierno, completando las ideas que ya había adelantado anteriormente. Su línea básica de acción es el mantenimiento sin cambios de la tributación de las personas físicas, al menos en un primer momento, y la reducción hasta cinco puntos del impuesto de sociedades. Aunque se mostró crítico con el impuesto de patrimonio que acaba de recuperar el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, argumentando que penalizaba el ahorro, no desveló si lo mantendría o no. Aprovechó la ocasión para descalificar al candidato socialista, Pérez Rubalcaba, por sugerir que dedicaría la recaudación a la creación de empleo, cuando, según dijo Rajoy, son ingresos que corresponderían a las autonomías.

El líder popular se mostró convencido de que la situación que atraviesa la economía española podría paliarse mediante recortes en el gasto público, sin necesidad de procurar un incremento sustancial de los ingresos. El modelo al que se ajustarían sus primeras decisiones económicas sería el de las comunidades autónomas que cambiaron de mayoría en las últimas elecciones, pasando a manos del Partido Popular. Los recortes que estas han emprendido resultan a todas luces insuficientes para reducir el déficit, transmitiendo la impresión de que, a la espera de las elecciones generales, los populares buscan disipar los temores de que limitarán el Estado de bienestar y no tanto equilibrar las cuentas públicas.


La política fiscal apenas esbozada por Rajoy no se define por su ambición. Quizá dejándose llevar por la cautela, el líder popular no dejó traslucir que su intención sea emprender una reforma fiscal; a lo sumo, parecía conformarse con revisar los tipos de los tributos existentes. El anuncio de que bajaría cinco puntos el de sociedades obedece a la idea de que reducir la presión fiscal sobre las empresas se traduce automáticamente en creación de empleo. La experiencia no avala la esperanza de Rajoy, sobre todo cuando, como sucede en España, la principal causa del paro no es la carga impositiva que soportan las sociedades, sino el descenso del consumo.

Pese a la generalidad de su política fiscal, Rajoy fue mucho más lejos de lo que acostumbraba hasta fecha reciente. El motivo no habría que buscarlo tanto en que el Partido Popular haya decidido explicar, por fin, el programa que desarrollaría desde el Gobierno, como en el hecho de que se siente suficientemente seguro de su victoria como para intentar cerrar el flanco en el que se había convertido su silencio. La escasa influencia en las encuestas de las constantes iniciativas que lanza el candidato socialista parece haber animado a Rajoy a empezar a ir desvelando algunas de las suyas. Pero, o guarda en la manga otras que no desea mostrar o, si no, se diría que ignora la dimensión de la crisis que tendría que gestionar de llegar a La Moncloa.


El País – Editorial

La vía griega del PSOE

El mejor escenario para sus intereses es el de una nación quebrada, una economía sin solución y un sistema intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno permanece en la carrera electoral pese a las graves implicaciones que se infieren de un asunto como el chivatazo a ETA, más conocido como "caso Faisán", que se produjo bajo su mandato al frente del ministerio de Interior. Si ya las crónicas de su singular designación como sucesor de Zapatero en el PSOE aludieron al político cántabro como un "faisán cojo", dadas las circunstancias judiciales, no parecía que un candidato en precario, con más pasado que futuro y con mucho más que ocultar que de lo que presumir, pretendiera liderar una carrera de despropósitos en la que, por fortuna, sólo compite con los nacionalistas e Izquierda Unida. Pero Rubalcaba ha salido disparado, como un auténtico torbellino, haciendo honor a su pasado de velocista de la pista y prestidigitador de la política.

Sin freno, el candidato del PSOE está obsesionado con aunar las voluntades y el voto útil de los independentistas catalanes (con un apoyo más que manifiesto y absolutamente gratuito al disparate ilegal e irracional de la inmersión lingüística en las escuelas), de los "bildutarras", con ese nuevo Bilbao en el que según Rubalcaba se está como en Cádiz, y de los indignados, con promesas acolmilladas de un tributo contra ricos mucho más fetén que el improvisado de urgencia para satisfacer el guión de su campaña. Y ahora dice que no le gusta, que lo habría hecho de otro modo y que si gobierna, lo mejorará y endurecerá. Despropósito tras desafuero, Rubalcaba, más que el aspirante socialista en un país en crisis, parece el candidato antisistema de un país sin futuro, hasta el punto de que se puede afirmar, dadas sus declaraciones y contradicciones, que el mejor escenario para sus intereses es el de una nación quebrada, una economía sin solución y un sistema intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

En ese contexto, y si es que la movilización entre independentistas y el voto del miedo a la derecha no es suficiente, siempre podrá abanderar el descontento social que a buen seguro detectarán el PSOE y Rubalcaba a partir del 21 de noviembre. Es la vía griega del PSOE, la vieja fórmula del cuanto peor, mejor, el camino de siempre para recuperar el poder.


Libertad Digital – Editorial

lunes, 19 de septiembre de 2011

Indignados. O recortes o privatización. Por Juan Ramón Rallo

Digámoslo con claridad: la degradación de los servicios públicos no se debe a los mercados, sino a los Estados; a su inherente incapacidad para usar eficientemente los recursos, para conseguir más con menos.

Los estatistas –es decir, indignados, quinceemes y alborotadores helenos varios– confunden deliberadamente la progresiva degradación de la calidad de los servicios públicos con su privatización. Y lo hacen para estigmatizar aquello que sería muy provechoso social y económicamente: que los llamados servicios sociales, precisamente por ser fundamentales para todos los individuos, tuvieran un carácter privado y compitieran entre sí para prestar las mejores prestaciones posibles a los consumidores. Ya se sabe: las bromas y los despilfarros socialistas nos los podemos permitir en aquello que es accesorio, no en aquello que resulta esencial para una comunidad. Amén de que la sacrosanta "protección de los más débiles" no justifica que toda la sanidad o toda la educación sean públicas, sino, en todo caso, que el Estado ayude subsidiariamente a los más pobres.

Los recortes que están experimentando la educación o la sanidad en toda España –y que van a seguir produciéndose, sobre todo en aquellas comunidades tan irresponsables e imprevisoras como para no acometer desde ya mismo esos recortes, hipotecando todavía más su futuro– no se deben en absoluto a que estos servicios se estén privatizando. Al contrario, se deben a que su proveedor –el sector público– se ha quedado sin un duro y no puede continuar sufragando unos gastos consolidados tan desproporcionados. Digámoslo con claridad: la degradación de los servicios públicos no se debe a los mercados, sino a los Estados; a su inherente incapacidad para usar eficientemente los recursos, para conseguir más con menos.


Cuando un gestor es ineficiente, pasan estas cosas: o los precios que cobra por sus servicios tienden a subir o que la calidad de esos servicios tiende a caer (o ambas cosas a la vez). Si los ciudadanos no fueran consumidores cautivos de ese gestor, los proveedores menos eficientes quebrarían y los más diligentes, aquellos que supieran generar modelos de negocio que ahorraran costes sin mermas en sus servicios, prosperarían. Pero ah, los ciudadanos sólo dejarían de ser consumidores cautivos si privatizáramos los servicios sociales, a saber, si cada cual pudiera escoger qué hacer o qué no hacer con su dinero.

Los estatistas, pues, incurren en una flagrante contradicción (otra de tantas) cuando braman que no quieren ni recortes ni privatizaciones: si no tenemos privatizaciones, tendremos recortes, por el simple motivo de que el productor cuasi monopolístico de servicios sociales, el Estado, se ha quedado sin blanca. Tan ideologizados se encuentran que no cavilan que si los servicios sociales fueran privados, no tendrían que salir a la calle para rebelarse contra los recortes que los políticos efectivamente les imponen: bastarían con que llevaran su dinero a otra parte. La ecuación "ni recortes ni privatizaciones" quiebra precisamente por el lado de la carestía de dinero con el que seguir sufragando la carísima bacanal de un Estado de Bienestar harto despilfarrador.

"Ni recortes ni privatizaciones: suspensión de pagos", parecen gritar nuestros indignados. Los helenos ya lo corean sin tapujos: "esa deuda no la vais a cobrar". Pobrecitos, y entonces, ¿¿quién sufragará esos servicios sociales que no quieren ni recortar ni privatizar? ¿O acaso han visto alguna vez a alguna empresa privada que haya quebrado y no haya desparecido o se haya reestructurado recortando todo lo recortable? Ah, que se trata de que los alemanes nos paguen la juerga sin contrapartida alguna. Sí, encima de amenazarles con que no van a cobrar, les queremos desplumar. Mas piensen sólo una cosa: los indignados alemanes se reúnen frente al Banco Central Europeo para exigir que su país salga del euro y deje de costear los agujeros negros de los periféricos. Tensad la cuerda por aquí que ellos la tensarán por allá, y nos quedaremos directamente sin dinero. El chiringuito estatista ya no aguanta más, así que elijan: o recortes o privatización. Yo lo tengo bastante claro.


Libertad Digital – Opinión

La España desigual. Por Victoria Lafora

La crisis y los recortes han multiplicado las diferencias en las prestaciones sociales y los deberes a los que tienen derecho y obligación por igual todos los españoles. Según la comunidad donde hayas nacido tu escuela pública tendrá menos dinero y menos profesores, o las listas de espera en la sanidad de todos serán asumibles o interminables.

Dependiendo de tu lugar de residencia tendrás, o no, que pagar impuesto de sucesiones al heredar de tus padres. Ahora, si por fin se aclaran entre los propios socialistas, que se desmienten los unos a los otros, y Rajoy y los suyos dicen lo que van a hacer, puede que el impuesto de patrimonio se pague aquí sí, pero allá no.

O sea, depende del puro azar el que te toque vivir como un ciudadano con derechos o como un pringado. Y eso, compartiendo pasaporte, constitución y nacionalidad.

Para ilustrar la teoría baste saber que en Cataluña sigue vigente un impuesto de sucesiones que desapareció en Madrid hace ya tiempo. Así que para heredar, aunque sea un erial, más vale vivir en la capital (esto sin afán de hacer un pareado). Por el contrario, Esperanza Aguirre ha privatizado la sanidad pública madrileña hasta tal punto que las listas de espera se solucionan mandando a los pacientes a operarse a la privada; cosa a la que, indefectiblemente y en pura lógica , se niegan los enfermos.


En Castilla la Mancha, María Dolores de Cospedal no solo ha dejado de pagar a las farmacias sino también a las clínicas que realizaban interrupciones de embarazos amparadas por la ley vigente. Total, las mujeres que quieran abortar tendrán que pagarlo de su bolsillo.

En cuanto a la educación, baste recordar las jornadas de huelga convocadas por enseñantes y sindicatos en Madrid y Galicia contra los recortes de interinos. A contrario sensu, Andalucía, no va a reducir ni un euro su partida para la enseñanza pública, por lo que los niños andaluces parten con ventaja.

Por si algo faltaba para crear más agravios el Gobierno recupera, sin hacer una verdadera reforma fiscal (porque no puede), el impuesto sobre el patrimonio. Comunidades tan endeudadas como Murcia y Valencia ya han dicho que no lo van a aplicar. Las demás callan y hacen cuentas. ¿Quiere eso decir que van a pagar unos si y otros no?

Mientras, Rubalcaba, Blanco y Salgado se contradicen entre sí. El portavoz defiende que el que no cobre el nuevo impuesto se quedará sin la compensación del Estado y el candidato socialista y la vicepresidenta aseguran que la Ley de Financiación Autonómica, que no puede modificarse por un Decreto, garantiza que los "insumisos" cobrarán de todas formas.

Rajoy, como siempre, es un misterio. Masculla que retirara el impuesto "siempre que no genere conflicto" ¿Conflicto con quién, donde, cuando, como?


Periodista Digital – Opinión

Faisán. Con dureza y chulería. Por Agapito Maestre

El ministro del Interior, Antonio Camacho, y antiguo número dos de ese ministerio cuando se produjo el chivatazo, niega con vehemencia y rotundidad que el hecho del chivatazo esté probado. Eso se llama chulería.

El ministro del Interior pone en duda que se produjera el chivatazo a la ETA en el bar Faisán. Resulta muy sintomático de la deriva socialista. Mientras que algunos analistas políticos ven en el caso Faisán el cierre, e incluso la explicación final de las complejas y perversas relaciones entre algunos jueces y el Gobierno socialista, vinculaciones que además podrían conducirnos a la clarificación del mayor atentado político contra nuestra democracia, el 11-M, el ministro del Interior, Antonio Camacho, y antiguo número dos de ese ministerio cuando se produjo el chivatazo, niega con vehemencia y rotundidad que el hecho del chivatazo esté probado. Eso se llama chulería.

Hay una distancia tan abismal entre la posición de los periodistas y, sobre todo, del juez instructor, Pablo Ruz, por un lado, que considera los hechos del Faisán como un caso flagrante de colaboración con banda armada, y la actitud del actual ministro del Interior, por otro lado, que no acepta en modo alguno que esté probado el chivatazo, que uno no puede dejar de eludir la pregunta: ¿o mienten todos los que están investigando el caso Faisán o la posición de Camacho es una huida hacia delante, o sea, un intento de defenderse antes de haber sido juzgado? Más aún, no creo que quepa una pregunta más dramática para la democracia que la siguiente: ¿el caso Faisán podría quedar en nada si lo que dice Camacho es verdad: "La base probatoria del Faisán es lo que dice un presunto miembro de la banda"?

Sea cual sea el resultado del caso Faisán, e independientemente de que el pleno de la Audiencia Nacional el próximo martes le dé la razón a Gómez Bermúdez remitiendo el caso a un juez ordinario, que de este modo le restaría importancia a este terrible asunto sobre la posible colaboración de un gobierno de Zapatero con ETA, parece claro que el actual ministro del Interior ha querido sacar pecho en las declaraciones a El País. Ha cuestionado los hechos, a pesar de que los propios periodistas le han insistido en que "parece que hay pocas dudas sobre que hubo un chivatazo sobre la operación contra el aparato de extorsión de ETA, aunque cuestión distinta es la autoría." Creo que Camacho ha querido sacar músculo político y hacer una exhibición de fuerza; aunque por si acaso, por si alguien se atreve a procesarlo, el PSOE ya le ha reservado un puesto en las listas al Congreso de los Diputados. En fin, en mi opinión, estas declaraciones le hacen más daño que a nadie al propio Camacho.


Libertad Digital – Opinión

La calma no llega. Por Carmen Tomás

La situación económica de la Unión Europea está tan enfangada que las reuniones y más reuniones que se han celebrado o que se anuncia que se van a celebrar no consiguen apagar el pesimismo. Es cierto que la bolsa española ha logrado cerrar una semana en positivo. EL IBEX subió un 6 por ciento, pero muy pocos se atreven a ver en ello un cambio de rumbo. La ayuda a Grecia sigue bloqueada hasta que este país de signos de ir por el camino correcto, aunque pocos descartan que no se liberen con urgencia los 8.000 millones de euros que al menos recibiría en las próximas semanas para hacer frente a los pagos más urgentes de nóminas y pensiones y servicio de la deuda. Pero, no se acaba de ver el plan muy claro. La reunión que los ministros de Economía tuvieron en Varsovia con la presencia del secretario de estado del Tesoro norteamericano no fue muy clarificadora, al margen de que no le hicieran caso sobre el abandono de la política europea de rigidez con el déficit público y la petición expresa de que se ampliara el fondo de rescate. Vamos a ver lo que ocurre en la que mantendrán los líderes europeos con el propio Obama esta semana en Nueva York en la sede de Naciones Unidas con motivo de la reunión de la Asamblea General.

El mundo se interesa por la marcha futura de la eurozona. China quiere comprar deuda, aunque ya tenga un volumen que podría empezar a preocupar. La realidad es muy dolorosa. Por ejemplo, estos días hemos sabido que España es el cuarto país del mundo más endeudado y que las comunidades autónomas han seguido aumentado su deuda que ya se eleva a 133.000 millones de euros. Muy probablemente, España no pueda cumplir con sus compromisos de cerrar el año con un déficit en torno al 6 por ciento del PIB. Y, lo peor, ningún dato conocido hace pensar que al menos en el corto plazo vayamos a generar recursos suficientes para calmar a los deudores. No se ve desde luego con este gobierno que aprueba más medidas laborales que sin embargo anuncia que piensa cambiar si gana las elecciones del 20-N. O que recupera el impuesto sobre el patrimonio en plan electoralista.

Esta semana vamos a conocer las intenciones del PP, su programa electoral. Vamos a ver si logra dar a los ciudadanos algo más de confianza en que con ellos sí las cosas pueden cambiar. En el PSOE ni Felipe González tiene claro que si ganan los socialistas sepan qué hacer. El panorama es un tanto desolador y ya sólo queda esperar a las elecciones y que su resultado permita abordar las reformas que den confianza a los españoles y a los extranjeros de que hay un futuro que no pasa por estar a las órdenes de Merkel y Sarkozy.


Periodista Digital – Opinión

Mi Maleni. Eso es una señora. Por Emilio Campmany

Estas cosas no pasarían si en España los políticos tuvieran una profesión conocida. Como la mayoría no la tiene, hay que pagarles de por vida alguna clase de sueldo por los meses en que les hayamos permitido destrozar el país, cuando no esquilmarlo.

Es costumbre entre nuestros políticos el disfrutar, cuando salen, de un retiro dorado durante al menos unos años. Naturalmente, la bicoca es temporal. Cuando una nueva hornada de políticos recibe la carta de jubilación, los que disfrutan de sus sillas tienen que dejar hueco a los que ahora se retiran. La mayoría se queda ya sin pisar moqueta. Unos pocos afortunados encuentran un segundo acomodo en las empresas privadas, allí donde la cuenta de resultados depende de las relaciones con el Poder. Son los que conservan buenas aldabas. No se valora la inteligencia ni la capacidad, sino tan sólo la facultad de que quienes en cada momento manden se le pongan al teléfono.

Sin embargo, esta selva de puestos y cargos para políticos jubilados, a veces a muy temprana edad, es cada vez más inhóspita. Por un lado, hemos vendido la mayoría de las empresas públicas. Por otro, cada vez hay más ministros a los que agradecer cada vez más breves servicios prestados. Así que, los que tienen la suerte de lograr una buena colocación al retirarse, se ven obligados al muy poco tiempo a tener que dejar el puesto a un nuevo exministro al que hay que dar alguna bicoca.


Es el caso de Magdalena Álvarez, quien en junio de 2010 marchó a un exilio dorado a una de las vicepresidencias del Banco Europeo de Inversiones, una canonjía de veintitantos mil euros al mes libres de impuestos. Ha pasado poco más de un año y resulta que la pobre Magdalena, sin haber tenido apenas tiempo de aprenderse la fórmula del interés compuesto, se ve obligada a dimitir porque a Elena Salgado, que está a punto de llegarle la jubilación forzosa, hay que hacerla presidenta de ese Banco público y estaría mal visto que dos españolas estuvieran a la vez mamando de la misma ubre.

Pero, ¡buena es mi Maleni! La mujer no se arredra ante nada ni ante nadie y ha dicho que nanay de la China y que todavía no ha nacido el guapo que sea capaz de echarla a ella de un sitio en contra de su voluntad y que van de ala si esperan que dimita y que si hay que buscarle acomodo a la Salgado que se lo busquen en otro lar que ella ha puesto en ese Banco sus reales y no está dispuesta a marcharse así como así.

Estas cosas no pasarían si en España los políticos tuvieran una profesión conocida. Como la mayoría no la tiene, hay que pagarles de por vida alguna clase de sueldo por los meses en que les hayamos permitido destrozar el país, cuando no esquilmarlo. Siempre nos cabrá la recompensa de poder admirar tan edificantes espectáculos como éste de dos grandes señoras tirándose del moño por unos miles de euros al mes, por supuesto libres de impuestos. Con un atrezo de mercado de barrio y unas cuantas lechugas y coles volando por los aires, la escena estaría completa.


Libertad Digital – Opinión

Felipe y la socialdemocracia. Por José Luis Gómez

La izquierda ha ganado a la derecha en Dinamarca y ya ha anunciado que aspira a combatir la crisis con inversiones públicas. Nada muy distinto de lo que vienen escribiendo los premios Nobel Krugman y Stiglitz. Algo parecido a lo que pregona Obama. Más o menos lo mismo que siempre hizo la socialdemocracia europea, la genuina, la de Palme, Brandt, Kreisky, González, Soares o Mitterrand.

Pocas horas después de la victoria de Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, que a sus 44 años será la primera mujer al frente del Gobierno de su país, el ex presidente Felipe González proclamó que quiere recuperar el impulso socialdemócrata en España y que le da pena que su partido tenga los brazos caídos. Sus palabras evocan un pasado glorioso pero colocan al PSOE ante una pregunta clave: ¿puede Rubalcaba decir algo tan sencillo como lo que dijo Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, es decir, que va a combatir la crisis y el desempleo con inversiones públicas?

Dinamarca tiene un déficit público que no llega al 5% del producto interior bruto y un paro juvenil del 10%, ratios que aun siendo altos para un país nórdico representan un sueño para España. Claro que España admite más políticas públicas y no al revés, al menos si quiere parecerse a los países avanzados de Europa, pero el problema no es si debe, sino si puede hacerlo. España está en manos de Alemania y Francia, se ha convertido en una "autonomía" de Europa sin que Europa sea un Estado federal, y ya sabemos que en las autonomías se deciden muchas cosas, pero no la política macroeconómica. Para que España vuelva a disfrutar de las políticas socialdemócratas quizá habrá que aguardar a que el SPD gobierne en Alemania, que todo llegará. Las derrotas conservadoras en algunos länder y en Dinamarca anticipan un ciclo contrario al que parece impregnar España.


Periodista Digital – Opinión

En el candelero. Por Carmen Gurruchaga

Los 15 magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia, presididos por Gómez Bermúdez, decidirán si este tribunal es competente para juzgar el chivatazo del «Faisán», en el que tres altos cargos policiales se hallan imputados por un delito de colaboración con ETA. Obviamente, los acusados y el Ministerio del Interior desean que la Sala dictamine a su favor y que, con el argumento de que no existe delito terrorista, el juez Ruz se vea obligado a inhibirse a favor de un juzgado de Irún en el que la causa dormiría el sueño de los justos. Los magistrados están divididos y, aunque sería un escándalo que venciera la tesis de los magistrados «progresistas», partidarios de no considerar el «chivatazo» delito terrorista, prefieren pasar un mal rato que librar a Interior de semejante estigma. Por otro lado, la sentencia de la Audiencia que condena a Otegi y Usabiaga no debe tener una interpretación diferente a la que hace el presidente del Supremo. Dívar asegura que el sitio del terrorista es la cárcel. Y dice bien, pues cualquier otra consideración de carácter político-oportunista-partidista puede favorecer a los terroristas. Por ejemplo, cuando el lendakari López menciona que el fallo convierte a los condenados en victimas, sólo cabe preguntarle si para que ambos no aparezcan como tales ante sus acólitos prefiere que gocen de impunidad.

La Razón – Opinión

Socialismo y pobreza. Por Carlos Rodríguez Braun

Los socialistas conspiran efectivamente contra la riqueza, en particular contra la riqueza ajena. Pero los líderes del socialismo han sido gentes de buen pasar, en ocasiones millonarios y casi siempre señoritos.

David Alandete ironiza en El País sobre el llamamiento de Warren Buffet para que los ricos como él paguen más impuestos. Apunta que esto "le ha valido que desde Fox News se le haya acusado reiteradamente de socialista. A él, cuya fortuna se estima en 28.200 millones de euros".

Venerable fantasía es esta que postula la incompatibilidad entre socialismo y riqueza, con posibles ecos religiosos: ya se sabe que el socialismo no sólo quiere acabar con la Iglesia, sino sustituirla. Sólo en un sentido esa fantasía es verdad: los socialistas conspiran efectivamente contra la riqueza, en particular contra la riqueza ajena. Pero los líderes del socialismo han sido gentes de buen pasar, en ocasiones millonarios y casi siempre señoritos, desde Marx y Engels hasta Zapatero, pasando por Pol Pot y el Che Guevara, Lenin y Mao, y muchos más. No es la pobreza la condición sine qua non de los socialistas, sino el apego a la coacción. Y este apego es independiente de la cartera.

Ser rico no exime de cometer errores, y Warren Buffet los comete, como cuando dice que subir los impuestos ayuda a reducir el déficit: si esto fuera verdad los déficits habrían desaparecido hace muchos años. Sostiene que los impuestos no acaban con la inversión: "los inversores buscan hacer dinero y los altos impuestos nunca les han asustado", pero él no sabe si les asustan o no: para saberlo los impuestos deberían ser optativos. Y alega que con más impuestos se crea empleo, pero no aclara cuánto se crea con menos.


Libertad Digital – Opinión

El silencio de Chacón y el paso atrás de Bono. Por Charo Zarzalejos

Desde el pasado 2 de Abril, fecha en la que el Presidente anunció que no volvería a ser candidato, los acontecimientos se suceden sin parar en el PSOE. Ahora, después de la reforma express de la Constitución que hizo que empalideciera el rostro del candidato Rubalcaba y de haberse cobrado la "deuda" en forma de impuesto sobre el Patrimonio, se inicia el nada fácil período de elaboración de listas. Nunca es un trance fácil pero se convierte en un via crucis cuando hay más aspirantes que plazas. El primer lance se ha librado en la pacifica Zamora y el PSM de Tomás Gómez se ha tranquilizado al comprobar que Enrique Torres Mora encabezará la lista por Málaga.

Quien se ha retirado de toda liza es José Bono. No quiere ir en lista alguna, pero nada ha dicho de retirarse a sus posesiones. Lo suyo es y será la política. Bono se ha colocado en posición de espera. Cree, como el resto de sus compañeros, que el 20N "tendremos una noche difícil". La cuestión está en saber cuánto de difícil. Si las urnas superan los pésimos presagios no es difícil pensar que Rubalcaba, después de este camino de hielo que está recorriendo, no tire la toalla y acuda al Congreso son pretensiones de llegar a la secretaria general del mismo. De lo contrario, se retira.


Para un supuesto u otro, ahí está Bono probablemente dispuesto a una nueva competición por el cargo que en su momento le arrebató el hoy Presidente por nueve votos. Pero en esta aventura no estaría solo. Esto es al menos lo que se prevé en buena parte del PSOE. Y no estará solo porque Carmen Chacón, que renunció a una candidatura que no había formalizado, tiene tiempo y ganas. Se retiró porque estaba convencida de que si finalmente se hubieran celebrado primarias al Presidente le hubieran masacrado. Pero con Zapatero con un pie en León, Chacón, candidata por Barcelona, ya se ve libre de especiales lealtades . Al igual que hace unos meses, guarda silencio. A nadie ha dicho que aspire a la secretaria general, pero pocos, muy pocos, descartan que lo vaya a intentar y además auguran que si entrara en la liza "ganaría sin dificultad. Va haciendo falta cambio de caras y de actitudes".

Todo esto pertenece al futuro aún por escribir pero no pocos socialistas, agobiados por el presente más inmediato, creen que hay que comenzar en el día después. "Si ganamos_que no vamos a ganar_sobra todo porque nada hay más balsámico que el poder, pero si la derrota que nos auguran se cumplen hay que agarrar el futuro al día siguiente". Intuyen que Chacón y Bono ya se han colocado en él, en el futuro.


Periodista Digital – Opinión

Primaveras árabes. Por José María Marco

Después de unos meses de revueltas árabes, y en particular a raíz del asalto a la embajada de Israel en El Cairo, cunden dos clases de reflexiones. Las de los desengañados por una parte, es decir, aquellos que de buena fe creyeron en una primavera árabe al estilo de los cambios producidos en los antiguos países del Este europeo. Y por otra las de los pesimistas, los que nunca se dejaron engañar y nos avisaron de que todo esto iba a desembocar en una situación aún peor. Los dos puntos de vista son interesantes, claro está, porque muchas veces proceden de personas que conocen bien un asunto del que hasta hace poco creíamos poder desentendernos.

Es posible, sin embargo, intentar establecer un marco de reflexión un poco diferente, que nos lleve a graduar con prudencia nuestra actuación ante este fenómeno. Un primer punto consiste, evidentemente, en dar por irrenunciables los derechos humanos, que son de por sí universales. Occidente –en su acepción actual, es decir, los países en los que rigen democracias liberales– no siempre los ha promovido, al revés. Nuestros aliados en los países musulmanes se han llamado hasta hace escasos meses Mubarak, Gadafi o Assad… Habría que instaurar una política que no vuelva a perder de vista ese principio clave.


También habría que tener en cuenta que las revueltas en los países musulmanes no reflejan, como ocurrió en Europa hace veinte años, el agotamiento de un modelo social y político. Lo que se ha puesto en marcha viene de muy lejos, reivindica y pone en juego toda una cultura o una civilización, y ha abierto un proceso de gran complejidad, que durará decenas de años. Nuestros gobiernos habrán de seguir apoyando la libertad de información, como está haciendo Estados Unidos con internet, la libertad de religión, el respeto a los derechos de las mujeres… En cambio, pedir que se instaure de buenas a primeras una democracia liberal es soñar despierto.

Como es bien sabido, la religión juega en estos movimientos un papel central. Después de décadas de regímenes modernizadores –tan laicos como corruptos, ineficaces y brutales–, nadie debería extrañarse de esto. El derecho a la libertad religiosa es irrenunciable, pero no lo es el modelo de Estado laico. Nosotros mismos tenemos modelos de Estados no laicos en los que existe libertad religiosa. Aunque no sean situaciones comparables, ¿tenemos que negar a los demás lo que nosotros mismos practicamos?

Finalmente, sería conveniente tener en cuenta la inmensa variedad de situaciones que existe en los países musulmanes. El universo islámico está sometido a tensiones difíciles de imaginar para muchos de nosotros, que van desde la crisis –pero no el fin– del terrorismo islamista, hasta las contradicciones entre la vida cotidiana y la moral deducida de los preceptos religiosos, y la colisión entre la sharia y el desarrollo económico. No deberíamos empeñarnos en formular un problema tan serio, uno de los más graves de nuestro tiempo, de tal forma que haga imposible cualquier vía de solución.


La Razón – Opinión

Chacón. Los politiquillos. Por José García Domínguez

A Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra.

Tengo observado que con el catalanismo tan fervoroso de la señora Chacón Piqueras viene a ocurrir lo mismo que con el del pobre José Montilla: por mucho que la mujer se esfuerce en sus rendidas soflamas identitarias, la cosa siempre suena igual que un japonés soltándose por bulerías. Así, al modo de lo que sucede con esos exóticos cuadros flamencos de Tokio o de Osaka que, de tarde en tarde, se dejan caer por aquí, la puesta en escena de Chacón resulta impecable. Como fiel a los cánones nacionalistas su interpretación, reproducción fidelísima del original convergente. No obstante, y a pesar del meritorio voluntarismo de la imitadora, algo indefinible, acaso la propia extravagancia del empeño, llama a la ternura del espectador, cuando no a un vago sentimiento de vergüenza ajena. Y es que ya lo dijo el clásico: "Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible".

Gozosamente ajena a esa estridencia digamos plástica, a Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra. Una repugnancia por el Estado de derecho que la ministra de Defensa ha querido hacer extensiva a "los politiquillos" que propiciaron la poda del Estatut en el Constitucional. Purga, por cierto, que jamás se hubiera producido de no ser por la genial clarividencia de los grandes estadistas del PSC, empezando por la de la propia Chacón. Y es que, considerando aún insuficiente la cantinela de la "lengua propia", se empecinaron en prescribir el "uso preferente del catalán" dentro del articulado del nuevo texto.

Oportunísima necedad que forzaría a los magistrados a entrar en el fondo del asunto. De ahí, demoledor, el veredicto final. Ése que reza inapelable: "las Administraciones públicas [...] no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas". Pues ello rompería el "equilibrio inexcusable entre dos lenguas igualmente oficiales y que, en ningún caso, deben tener un trato privilegiado [...] Solo los particulares pueden preferir una u otra de ambas. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones, lo que excluye que quienes prefieran el castellano hayan de pedirlo expresamente". Ah, los politiquillos de campanario de aldea y su torpeza providencial. ¿Qué haríamos sin ellos?


Libertad Digital – Opinión

El éxito del cambio

La iniciativa editorial de La Razón para convertirse en foro de debate e impulsar el cambio político en nuestro país se transformó en pocas horas en un éxito. La abrumadora respuesta ciudadana demostró que la campaña de nuestro periódico en la búsqueda de alternativas reales y en el fomento de un nuevo modelo de gestión pública conectó rápidamente con un estado de opinión mayoritario en la sociedad española a favor de dar carpetazo a la etapa socialista y emprender un nuevo rumbo que recupere la confianza y la esperanza en el potencial de nuestro país.

Las redes sociales son un adecuado laboratorio demoscópico para canalizar, pero también para calibrar, ese deseo de la gente por participar en un proyecto colectivo de regeneración nacional y contribuir al debate con sus aportaciones sobre los más diversos aspectos de la vida pública. Ayer, la iniciativa de La Razón del cambio fue lo más comentado en Twitter y se convirtió en «trending topic». Este grado de participación resultó un sondeo concluyente del ánimo de una sociedad dispuesta a comprometerse cuando se le pone encima de la mesa las herramientas adecuadas y los medios necesarios.


Hablar de un clamor por el cambio no es una exageración y no sólo por las encuestas de intención de voto que han recogido una notable mayoría del PP durante los últimos meses. Hay otros elementos que han testado esa voluntad de superación de las dificultades. Y es que al «trending topic» de La Razón se sumó ayer otro dato sintomático. El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, alcanzó los 30.000 seguidores en cuatro días de presencia en Twitter y superó el número del candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se estrenó en la red social el pasado mes de julio. Ese volumen de adhesiones a quien representa la alternativa en tan breve periodo de tiempo no puede ser valorado como algo anecdótico. Además del número de aportaciones de los lectores, queremos también poner en valor la calidad y el interés de sus planteamientos. El tono de las propuestas en la red social y de las llegadas a nuestro periódico conforman un abanico de asuntos más que interesante y clarificador sobre el alcance de ese proyecto reformista que el país necesita. Estado autonómico, ley electoral, transparencia en la gestión, austeridad, mercado de trabajo, lucha antiterrorista, el futuro de los jóvenes, la Justicia, la lealtad institucional, la universidad, el fracaso escolar, las listas de espera, los autónomos y la clase política, entre otros asuntos, fueron ayer una constante entre las inquietudes de los lectores. Todos ellos y otros muchos describen la magnitud del desafío nacional que el nuevo Gobierno que salga de las urnas y el país tienen por delante para recuperar el terreno perdido en estos ocho años de hegemonía socialista. Toca trabajar y trabajar. El cambio es una necesidad de interés general. La alternativa a ese proyecto de exigencia, rigor e ilusión es lo que ha empujado a España a uno de los momentos más críticos de su historia democrática.

La Razón – Editorial

Demoras peligrosas

La eurozona parece incapaz de resolver la crisis griega y descubre tarde su debilidad bancaria.

Sea por la presencia de Timothy Geithner, el secretario del Tesoro estadounidense, sea porque la evolución de los parámetros económicos y financieros de Europa no invita al optimismo, la reunión de los ministros de Economía europeos en Wroclaw (Polonia) aceptó algunas premisas novedosas (que no originales) sobre la crisis de la deuda y la recesión económica. La primera y más importante, ha consistido en seguir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en la idea de que la banca europea necesita un programa intensivo de recapitalización que le permita hacer frente no solo a la pesada carga de las deudas públicas de Grecia, Portugal e Irlanda, sino también cumplir con la obligación de canalizar un flujo de préstamos que mantenga las posibilidades de recuperación en países como Francia, Italia o España.

Aceptar, a estas alturas y después de los continuos fiascos de las pruebas de resistencia, que la banca europea necesita una inyección de capital fresco para cubrir los boquetes abiertos por la crisis (ya crónica) de la deuda parece un retraso inaceptable, incluso para la burocracia europea. Pero el retraso es la norma en esta eurozona azotada por los huracanes financieros. No es precisamente tranquilizador que en medio de una crisis persistente de las deudas nacionales de varios países importantes de la zona euro se convoquen reuniones informales que se limitan a trasladar la resolución de los graves problemas del euro a meses venideros. Los remedios para la situación angustiosa de Grecia, una de las causas de las convulsiones periódicas que sufren los mercados de deuda y las Bolsas, se anunciaron en mayo del año pasado, se ratificaron en julio, se dejaron para concretar en septiembre (con las cotizaciones bursátiles en caída sistemática en todos los parqués europeos y las primas de riesgo en récords) y ahora se vuelven a dejar para octubre. Las estrictas condiciones que impone la ortodoxia alemana hacen temer que las ayudas europeas, imprescindibles para que Atenas supere una crisis literal de supervivencia, se eternizará en un inacabable trámite de supervisiones y burocracia, mientras los hospitales del país empiezan ya a sufrir dificultades de suministro. Esta política de demoras e indecisiones es peligrosa y frustrante.


La presencia de Geithner en Polonia no es un episodio trivial. Geithner ha captado la urgencia de resolver de una vez por todas la quiebra griega (urgencia que no comparten, al parecer, ni Berlín, ni París ni Bruselas) y la necesidad de dotar a Europa de un Tesoro único, un organismo de intervención rápida, por así decirlo, capaz de tomar decisiones en los momentos de mayor presión especulativa. Los numerosos Consejos de Ministros de Finanzas ordinarios, extraordinarios e informales celebrados desde 2008 tendrían que haber servido precisamente para planificar una mayor coordinación fiscal en la eurozona y, al mismo tiempo, articular esa homogeneización presupuestaria con un Tesoro único, de funciones más amplias que el actual Banco Central Europeo (BCE).

Pero el tiempo se ha perdido y se sigue perdiendo. La salvación de la unidad monetaria sigue subordinada a los intereses electorales en Alemania o a las ocurrencias discontinuas de Francia. En Polonia tampoco se han debatido otras evidencias preocupantes. Por ejemplo, dicho sea a propósito de Geithner, el que las políticas de contracción fiscal son necesarias para reducir los déficits desbocados, pero su aplicación drástica no está surtiendo los resultados apetecidos. No convencen a los acreedores, lo cual no deja de ser irónico si se tiene en cuenta que se aplican para tranquilizarlos. ¿Tienen Francia y Alemania un plan para permitir estímulos a la inversión en los países periféricos del área o consideran que solo las políticas de ajuste acabarán con el déficit y la deuda y, al mismo tiempo, impulsarán la recuperación?


El País – Editorial

Rubalcaba y el ejemplo del éxito

El PSOE es el principal responsable de lo lejos que ha llegado el nacionalismo catalán en su lucha por separar esta región del resto de España. Sin duda el PP peca de falta de firmeza, cuando no de complicidad.

La lucha contra la inmersión no tiene nada que ver con la calidad del método para lograr que se hable y escriba un idioma correctamente. Pocos dudan de que es la mejor manera de aprender una lengua. Se trata de libertad, la de poder elegir la lengua materna de la mayoría de los españoles, y de los catalanes, en las escuelas pagadas con nuestros impuestos. En igualdad de condiciones. Y si así la mayoría escoge una escuela monolingüe en catalán –o en castellano– poco habrá que decir, al menos en el terreno político: será el resultado de elecciones individuales de los padres, los únicos legitimados para tomar esa decisión.

De ahí que la defensa de Rubalcaba de la inmersión esté viciada de raíz, como lo están muchos argumentos que lo defienden. Ahora, no se puede negar que poner como escaparate de los éxitos de esta política a Montilla, uno de los personajes con más dificultades de expresión en ambos idiomas que hemos tenido que soportar los españoles, tiene su gracia. Como tantas otras declaraciones de Rubalcaba desde que es candidato del PSOE, incluye su propia refutación.


Pero la verdadera cuestión no es educativa sino política, y de política está hablando el exvicepresidente del Gobierno de España. Cuando Rubalcaba defiende la inmersión y pone como ejemplos de su éxito a Montilla y Chacón lo que está realmente defendiendo es el nacionalismo catalán, exponiendo como frutos de la apuesta del PSOE por el mismo a Montilla, expresidente de la Generalidad, y Chacón, su principal contendiente por el control del partido y candidata a presidir el PSC.

El PSOE es el principal responsable de lo lejos que ha llegado el nacionalismo catalán en su lucha por separar esta región del resto de España. Sin duda el PP peca de falta de firmeza, cuando no de complicidad, como la mostrada por Jorge Fernández Díaz aplaudiendo hace unos días la inmersión, pero los socialistas han apostado por la vía nacionalista sin ningún rubor. Las palabras de Rubalcaba demuestran que no tiene ninguna intención de reformar el PSOE y recuperarlo como partido nacional. Que su principal alternativa sea Chacón no deja muchas esperanzas de que la deriva independentista no haga otra cosa que acelerarse durante los próximos años.


Libertad Digital – Editorial

domingo, 18 de septiembre de 2011

Tirachinas para el nene. Por Arturo Pérez-Reverte

Hoy vamos a jugar, si les parece, al bonito juego de imaginar absurdos. Imaginemos, por ejemplo, que usted lleva a sus niños a las fiestas del cole, o al recinto infantil de las de su pueblo; y allí, presidiendo el despliegue de globos, chuches, cuentacuentos, columpios y colchonetas de gomaespuma, ve un cartelón enorme en el que, junto a la imagen de un muchacho con rostro oculto por pasamontañas, que tensa en las manos un tirachinas con tornillo gordo o bola de acero dentro, figuran las palabras «Prepárate para luchar». Sé que suena a barbaridad, en efecto. La estúpida posibilidad. En el sentido, además, literal de la palabra bárbaro. Pero, en fin. Una vez imaginado eso, imagine también cuál sería su reacción. O permítamelo a mí, si le da pereza. Como cualquier padre normal, se llevaría –nos llevaríamos– de allí a las criaturas con una rapidez que pulverizaría varios récords olímpicos. Y acto seguido, tras poner a los niños a buen recaudo, y en unión de otros padres a los que supongo tan indignados como usted o yo, montaría un pifostio de aquí te espero. Exigiendo, como mínimo, la cabeza del director del colegio o del alcalde responsables de tolerar semejante atrocidad.

Parece lógico, ¿verdad? Pues se equivoca usted y me equivoco yo. Valga como prueba una foto que, hecho curioso, apenas ha merecido comentarios en este país delirante donde cualquier disparate se considera lo más natural del mundo. Se tomó durante las fiestas del pueblo navarro de Leiza, y sobre ella podrían escribirse varias tesis doctorales. Muestra una carpa municipal, la del recinto infantil, presidida por un cartelón enorme cuyo centro está ocupado por la imagen amenazadora –estéticamente muy lograda, estilo Banksy– de un joven con gorro de lana y rostro cubierto por un pañuelo, que tensa su tirachinas junto a una estrella roja y solitaria que también decora el pañuelo. Y la imagen, situada dentro de un círculo negro, está flanqueada por dos frases en letra mayúscula y con signos de exclamación: «Independetzia eta sozialismoa», que no necesita traducción, y «Borrokatu Antolatu»; que, si mi limitadísimo euskera no me engaña –aunque todo puede ocurrir–, significa prepárate para luchar, asume la lucha o algo parecido.

Pero oigan. Lo estremecedor no es el cartel, que a fin de cuentas puede verse pintado en cualquier pared del País Vasco o la Navarra irredenta, sino las mamás. Porque la escena, tirachinas y borrokatu aparte, está llena de niños y mamás. Los enanos, de ambos sexos y sexas, tienen entre tres y siete años, y andan por allí con globos y chupando caramelos pringosos. Las madres atienden a sus retoños en compañía de monitoras –deliciosa estética Nekane– con absoluta naturalidad, inflándole el globito a uno, limpiándole los mocos a otra y cosas así. Incluso hay una mamá, a la izquierda, que sostiene lo que a primera vista parece una pistolita amarilla monísima, perteneciente a su criatura de tres años, pero que tras una observación detenida resulta ser una bolsa de patatas fritas apretada en la mano. Y todas esas mamás, como digo, están ahí con sus tiernos infantes, dejándolos impregnarse bien del espíritu festivo del pueblo leizatarra, o como se diga. Esperanzadas y orgullosas, supongo –ante ese cartelón descomunal, indiferentes o distraídas sería imposible–, de que sus vástagos tomen buena nota de cuáles son las urgencias del pueblo y de la patria. Y así, el día de mañana, cada vez que esos niños, para entonces hombres y mujeres hechos y derechos y hechas y derechas, vean un tirachinas y un pasamontañas, les pasará lo que a los trianeros les ocurre en Semana Santa cuando pasa el Cachorro; que lloran como magdalenas, y a quienes los miran asombrados les comentan: «Es que para entender esto, que por la gloria de mi madre es lo más grande del mundo, hay que haber nacido en Sevilla».

Y es que ciertas cosas hay que verlas en su contexto. En Leiza –tres asesinados por ETA en su limpio historial–, las madres, los niños y el resto de la sociedad, privados por la cara de independencia y socialismo, gimen bajo la bota de España, cuyos txakurras y cipayos encarcelan a heroicos gudaris mientras el Estado fascista construye carreteras y trenes de alta velocidad que destruirán el paisaje de una Euskadi utópica y feliz, parecida a la Irlanda postiza de El hombre tranquilo: vacas pastando, humo de caseríos entre la foresta y fornidos aizkolaris socios del Atlético de Bilbao. De ahí la necesidad de formar, desde la cuna, a pequeños gudaritos que el día de mañana, cada vez que vean un pasamontañas y un tirachinas, lloren emocionados recordando los festejos entrañables de su tierna infancia. Diciendo, como en Sevilla, que para entender eso –por la gloria de sus madres– hay que tener el orgullo de haber nacido en Leiza.


XL Semanal

El tricornio. Por Rafael Torres

Justo lo peor del tradicional uniforme de la Guardia Civil es lo único que no desaparece: el tricornio. Y no digo "peor" por las connotaciones simbólicas que esa prenda de cabeza, charolada y dura, pueda tener, que las tiene, sino porque siempre fue lo menos indicado del mundo para que una persona se lo pusiera en la cabeza: produce alopecia, se clava en la frente y en las sienes, provoca dolores de cabeza, es calcinante en verano y helador en invierno, y, encima, es feo. Es verdad que a lo mejor una gorra de guardia no tiene por qué ser necesariamente bonita, que la nueva, la de béisbol, es más fea si cabe, pero cierta sujeción natural a la forma de la cabeza humana, a lo ergonómico, nunca produciría un tocado que más que un sombrero parece un artefacto. Y duro. Y con aristas.

La Guardia Civil ya no es, ciertamente, aquella que velaba por los intereses de la plutocracia, ni la que actuaba con métodos demasiado expeditivos, sino una fuerza cada vez más "civil", o por primera vez civil, que obra, en general, en beneficio de la gente. Se ocupa del tráfico, de salvamentos diversos, de la protección de la Naturaleza... en fin, que sus agentes ya no merecen esa tortura portátil del tricornio, que si bien últimamente se usaba poco, no debería seguir proyectando su silueta inquietante. Queda, se dice, para los actos oficiales, pero hay actos de esos que duran horas, y ahí va a seguir necrosando el cráneo de los guardias el tricornio.

Respecto al nuevo uniforme, lo único que cabe decir es que es como todos los que se hacen ahora, que, salvo por las insignias, no se distingue un médico del Samur de un barrendero, aunque probablemente sea cómodo. Ahora bien; el destino parece empeñado en infligir a los agentes de la meretérica (¿dónde estás, gran Chiquito?) terribles daños en la cabeza: ayer, con el tricornio, físicos; y hoy, con la gorra yanqui esa, estéticos. Sea como fuere, hago votos porque algún día desaparezca el tricornio y quede como rareza de museo, sin hacer daño a nadie ni dar miedo, particularmente a los guardias civiles.


Periodista Digital – Opinión