lunes, 19 de septiembre de 2011

La calma no llega. Por Carmen Tomás

La situación económica de la Unión Europea está tan enfangada que las reuniones y más reuniones que se han celebrado o que se anuncia que se van a celebrar no consiguen apagar el pesimismo. Es cierto que la bolsa española ha logrado cerrar una semana en positivo. EL IBEX subió un 6 por ciento, pero muy pocos se atreven a ver en ello un cambio de rumbo. La ayuda a Grecia sigue bloqueada hasta que este país de signos de ir por el camino correcto, aunque pocos descartan que no se liberen con urgencia los 8.000 millones de euros que al menos recibiría en las próximas semanas para hacer frente a los pagos más urgentes de nóminas y pensiones y servicio de la deuda. Pero, no se acaba de ver el plan muy claro. La reunión que los ministros de Economía tuvieron en Varsovia con la presencia del secretario de estado del Tesoro norteamericano no fue muy clarificadora, al margen de que no le hicieran caso sobre el abandono de la política europea de rigidez con el déficit público y la petición expresa de que se ampliara el fondo de rescate. Vamos a ver lo que ocurre en la que mantendrán los líderes europeos con el propio Obama esta semana en Nueva York en la sede de Naciones Unidas con motivo de la reunión de la Asamblea General.

El mundo se interesa por la marcha futura de la eurozona. China quiere comprar deuda, aunque ya tenga un volumen que podría empezar a preocupar. La realidad es muy dolorosa. Por ejemplo, estos días hemos sabido que España es el cuarto país del mundo más endeudado y que las comunidades autónomas han seguido aumentado su deuda que ya se eleva a 133.000 millones de euros. Muy probablemente, España no pueda cumplir con sus compromisos de cerrar el año con un déficit en torno al 6 por ciento del PIB. Y, lo peor, ningún dato conocido hace pensar que al menos en el corto plazo vayamos a generar recursos suficientes para calmar a los deudores. No se ve desde luego con este gobierno que aprueba más medidas laborales que sin embargo anuncia que piensa cambiar si gana las elecciones del 20-N. O que recupera el impuesto sobre el patrimonio en plan electoralista.

Esta semana vamos a conocer las intenciones del PP, su programa electoral. Vamos a ver si logra dar a los ciudadanos algo más de confianza en que con ellos sí las cosas pueden cambiar. En el PSOE ni Felipe González tiene claro que si ganan los socialistas sepan qué hacer. El panorama es un tanto desolador y ya sólo queda esperar a las elecciones y que su resultado permita abordar las reformas que den confianza a los españoles y a los extranjeros de que hay un futuro que no pasa por estar a las órdenes de Merkel y Sarkozy.


Periodista Digital – Opinión

Mi Maleni. Eso es una señora. Por Emilio Campmany

Estas cosas no pasarían si en España los políticos tuvieran una profesión conocida. Como la mayoría no la tiene, hay que pagarles de por vida alguna clase de sueldo por los meses en que les hayamos permitido destrozar el país, cuando no esquilmarlo.

Es costumbre entre nuestros políticos el disfrutar, cuando salen, de un retiro dorado durante al menos unos años. Naturalmente, la bicoca es temporal. Cuando una nueva hornada de políticos recibe la carta de jubilación, los que disfrutan de sus sillas tienen que dejar hueco a los que ahora se retiran. La mayoría se queda ya sin pisar moqueta. Unos pocos afortunados encuentran un segundo acomodo en las empresas privadas, allí donde la cuenta de resultados depende de las relaciones con el Poder. Son los que conservan buenas aldabas. No se valora la inteligencia ni la capacidad, sino tan sólo la facultad de que quienes en cada momento manden se le pongan al teléfono.

Sin embargo, esta selva de puestos y cargos para políticos jubilados, a veces a muy temprana edad, es cada vez más inhóspita. Por un lado, hemos vendido la mayoría de las empresas públicas. Por otro, cada vez hay más ministros a los que agradecer cada vez más breves servicios prestados. Así que, los que tienen la suerte de lograr una buena colocación al retirarse, se ven obligados al muy poco tiempo a tener que dejar el puesto a un nuevo exministro al que hay que dar alguna bicoca.


Es el caso de Magdalena Álvarez, quien en junio de 2010 marchó a un exilio dorado a una de las vicepresidencias del Banco Europeo de Inversiones, una canonjía de veintitantos mil euros al mes libres de impuestos. Ha pasado poco más de un año y resulta que la pobre Magdalena, sin haber tenido apenas tiempo de aprenderse la fórmula del interés compuesto, se ve obligada a dimitir porque a Elena Salgado, que está a punto de llegarle la jubilación forzosa, hay que hacerla presidenta de ese Banco público y estaría mal visto que dos españolas estuvieran a la vez mamando de la misma ubre.

Pero, ¡buena es mi Maleni! La mujer no se arredra ante nada ni ante nadie y ha dicho que nanay de la China y que todavía no ha nacido el guapo que sea capaz de echarla a ella de un sitio en contra de su voluntad y que van de ala si esperan que dimita y que si hay que buscarle acomodo a la Salgado que se lo busquen en otro lar que ella ha puesto en ese Banco sus reales y no está dispuesta a marcharse así como así.

Estas cosas no pasarían si en España los políticos tuvieran una profesión conocida. Como la mayoría no la tiene, hay que pagarles de por vida alguna clase de sueldo por los meses en que les hayamos permitido destrozar el país, cuando no esquilmarlo. Siempre nos cabrá la recompensa de poder admirar tan edificantes espectáculos como éste de dos grandes señoras tirándose del moño por unos miles de euros al mes, por supuesto libres de impuestos. Con un atrezo de mercado de barrio y unas cuantas lechugas y coles volando por los aires, la escena estaría completa.


Libertad Digital – Opinión

Felipe y la socialdemocracia. Por José Luis Gómez

La izquierda ha ganado a la derecha en Dinamarca y ya ha anunciado que aspira a combatir la crisis con inversiones públicas. Nada muy distinto de lo que vienen escribiendo los premios Nobel Krugman y Stiglitz. Algo parecido a lo que pregona Obama. Más o menos lo mismo que siempre hizo la socialdemocracia europea, la genuina, la de Palme, Brandt, Kreisky, González, Soares o Mitterrand.

Pocas horas después de la victoria de Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, que a sus 44 años será la primera mujer al frente del Gobierno de su país, el ex presidente Felipe González proclamó que quiere recuperar el impulso socialdemócrata en España y que le da pena que su partido tenga los brazos caídos. Sus palabras evocan un pasado glorioso pero colocan al PSOE ante una pregunta clave: ¿puede Rubalcaba decir algo tan sencillo como lo que dijo Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, es decir, que va a combatir la crisis y el desempleo con inversiones públicas?

Dinamarca tiene un déficit público que no llega al 5% del producto interior bruto y un paro juvenil del 10%, ratios que aun siendo altos para un país nórdico representan un sueño para España. Claro que España admite más políticas públicas y no al revés, al menos si quiere parecerse a los países avanzados de Europa, pero el problema no es si debe, sino si puede hacerlo. España está en manos de Alemania y Francia, se ha convertido en una "autonomía" de Europa sin que Europa sea un Estado federal, y ya sabemos que en las autonomías se deciden muchas cosas, pero no la política macroeconómica. Para que España vuelva a disfrutar de las políticas socialdemócratas quizá habrá que aguardar a que el SPD gobierne en Alemania, que todo llegará. Las derrotas conservadoras en algunos länder y en Dinamarca anticipan un ciclo contrario al que parece impregnar España.


Periodista Digital – Opinión

En el candelero. Por Carmen Gurruchaga

Los 15 magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia, presididos por Gómez Bermúdez, decidirán si este tribunal es competente para juzgar el chivatazo del «Faisán», en el que tres altos cargos policiales se hallan imputados por un delito de colaboración con ETA. Obviamente, los acusados y el Ministerio del Interior desean que la Sala dictamine a su favor y que, con el argumento de que no existe delito terrorista, el juez Ruz se vea obligado a inhibirse a favor de un juzgado de Irún en el que la causa dormiría el sueño de los justos. Los magistrados están divididos y, aunque sería un escándalo que venciera la tesis de los magistrados «progresistas», partidarios de no considerar el «chivatazo» delito terrorista, prefieren pasar un mal rato que librar a Interior de semejante estigma. Por otro lado, la sentencia de la Audiencia que condena a Otegi y Usabiaga no debe tener una interpretación diferente a la que hace el presidente del Supremo. Dívar asegura que el sitio del terrorista es la cárcel. Y dice bien, pues cualquier otra consideración de carácter político-oportunista-partidista puede favorecer a los terroristas. Por ejemplo, cuando el lendakari López menciona que el fallo convierte a los condenados en victimas, sólo cabe preguntarle si para que ambos no aparezcan como tales ante sus acólitos prefiere que gocen de impunidad.

La Razón – Opinión

Socialismo y pobreza. Por Carlos Rodríguez Braun

Los socialistas conspiran efectivamente contra la riqueza, en particular contra la riqueza ajena. Pero los líderes del socialismo han sido gentes de buen pasar, en ocasiones millonarios y casi siempre señoritos.

David Alandete ironiza en El País sobre el llamamiento de Warren Buffet para que los ricos como él paguen más impuestos. Apunta que esto "le ha valido que desde Fox News se le haya acusado reiteradamente de socialista. A él, cuya fortuna se estima en 28.200 millones de euros".

Venerable fantasía es esta que postula la incompatibilidad entre socialismo y riqueza, con posibles ecos religiosos: ya se sabe que el socialismo no sólo quiere acabar con la Iglesia, sino sustituirla. Sólo en un sentido esa fantasía es verdad: los socialistas conspiran efectivamente contra la riqueza, en particular contra la riqueza ajena. Pero los líderes del socialismo han sido gentes de buen pasar, en ocasiones millonarios y casi siempre señoritos, desde Marx y Engels hasta Zapatero, pasando por Pol Pot y el Che Guevara, Lenin y Mao, y muchos más. No es la pobreza la condición sine qua non de los socialistas, sino el apego a la coacción. Y este apego es independiente de la cartera.

Ser rico no exime de cometer errores, y Warren Buffet los comete, como cuando dice que subir los impuestos ayuda a reducir el déficit: si esto fuera verdad los déficits habrían desaparecido hace muchos años. Sostiene que los impuestos no acaban con la inversión: "los inversores buscan hacer dinero y los altos impuestos nunca les han asustado", pero él no sabe si les asustan o no: para saberlo los impuestos deberían ser optativos. Y alega que con más impuestos se crea empleo, pero no aclara cuánto se crea con menos.


Libertad Digital – Opinión

El silencio de Chacón y el paso atrás de Bono. Por Charo Zarzalejos

Desde el pasado 2 de Abril, fecha en la que el Presidente anunció que no volvería a ser candidato, los acontecimientos se suceden sin parar en el PSOE. Ahora, después de la reforma express de la Constitución que hizo que empalideciera el rostro del candidato Rubalcaba y de haberse cobrado la "deuda" en forma de impuesto sobre el Patrimonio, se inicia el nada fácil período de elaboración de listas. Nunca es un trance fácil pero se convierte en un via crucis cuando hay más aspirantes que plazas. El primer lance se ha librado en la pacifica Zamora y el PSM de Tomás Gómez se ha tranquilizado al comprobar que Enrique Torres Mora encabezará la lista por Málaga.

Quien se ha retirado de toda liza es José Bono. No quiere ir en lista alguna, pero nada ha dicho de retirarse a sus posesiones. Lo suyo es y será la política. Bono se ha colocado en posición de espera. Cree, como el resto de sus compañeros, que el 20N "tendremos una noche difícil". La cuestión está en saber cuánto de difícil. Si las urnas superan los pésimos presagios no es difícil pensar que Rubalcaba, después de este camino de hielo que está recorriendo, no tire la toalla y acuda al Congreso son pretensiones de llegar a la secretaria general del mismo. De lo contrario, se retira.


Para un supuesto u otro, ahí está Bono probablemente dispuesto a una nueva competición por el cargo que en su momento le arrebató el hoy Presidente por nueve votos. Pero en esta aventura no estaría solo. Esto es al menos lo que se prevé en buena parte del PSOE. Y no estará solo porque Carmen Chacón, que renunció a una candidatura que no había formalizado, tiene tiempo y ganas. Se retiró porque estaba convencida de que si finalmente se hubieran celebrado primarias al Presidente le hubieran masacrado. Pero con Zapatero con un pie en León, Chacón, candidata por Barcelona, ya se ve libre de especiales lealtades . Al igual que hace unos meses, guarda silencio. A nadie ha dicho que aspire a la secretaria general, pero pocos, muy pocos, descartan que lo vaya a intentar y además auguran que si entrara en la liza "ganaría sin dificultad. Va haciendo falta cambio de caras y de actitudes".

Todo esto pertenece al futuro aún por escribir pero no pocos socialistas, agobiados por el presente más inmediato, creen que hay que comenzar en el día después. "Si ganamos_que no vamos a ganar_sobra todo porque nada hay más balsámico que el poder, pero si la derrota que nos auguran se cumplen hay que agarrar el futuro al día siguiente". Intuyen que Chacón y Bono ya se han colocado en él, en el futuro.


Periodista Digital – Opinión

Primaveras árabes. Por José María Marco

Después de unos meses de revueltas árabes, y en particular a raíz del asalto a la embajada de Israel en El Cairo, cunden dos clases de reflexiones. Las de los desengañados por una parte, es decir, aquellos que de buena fe creyeron en una primavera árabe al estilo de los cambios producidos en los antiguos países del Este europeo. Y por otra las de los pesimistas, los que nunca se dejaron engañar y nos avisaron de que todo esto iba a desembocar en una situación aún peor. Los dos puntos de vista son interesantes, claro está, porque muchas veces proceden de personas que conocen bien un asunto del que hasta hace poco creíamos poder desentendernos.

Es posible, sin embargo, intentar establecer un marco de reflexión un poco diferente, que nos lleve a graduar con prudencia nuestra actuación ante este fenómeno. Un primer punto consiste, evidentemente, en dar por irrenunciables los derechos humanos, que son de por sí universales. Occidente –en su acepción actual, es decir, los países en los que rigen democracias liberales– no siempre los ha promovido, al revés. Nuestros aliados en los países musulmanes se han llamado hasta hace escasos meses Mubarak, Gadafi o Assad… Habría que instaurar una política que no vuelva a perder de vista ese principio clave.


También habría que tener en cuenta que las revueltas en los países musulmanes no reflejan, como ocurrió en Europa hace veinte años, el agotamiento de un modelo social y político. Lo que se ha puesto en marcha viene de muy lejos, reivindica y pone en juego toda una cultura o una civilización, y ha abierto un proceso de gran complejidad, que durará decenas de años. Nuestros gobiernos habrán de seguir apoyando la libertad de información, como está haciendo Estados Unidos con internet, la libertad de religión, el respeto a los derechos de las mujeres… En cambio, pedir que se instaure de buenas a primeras una democracia liberal es soñar despierto.

Como es bien sabido, la religión juega en estos movimientos un papel central. Después de décadas de regímenes modernizadores –tan laicos como corruptos, ineficaces y brutales–, nadie debería extrañarse de esto. El derecho a la libertad religiosa es irrenunciable, pero no lo es el modelo de Estado laico. Nosotros mismos tenemos modelos de Estados no laicos en los que existe libertad religiosa. Aunque no sean situaciones comparables, ¿tenemos que negar a los demás lo que nosotros mismos practicamos?

Finalmente, sería conveniente tener en cuenta la inmensa variedad de situaciones que existe en los países musulmanes. El universo islámico está sometido a tensiones difíciles de imaginar para muchos de nosotros, que van desde la crisis –pero no el fin– del terrorismo islamista, hasta las contradicciones entre la vida cotidiana y la moral deducida de los preceptos religiosos, y la colisión entre la sharia y el desarrollo económico. No deberíamos empeñarnos en formular un problema tan serio, uno de los más graves de nuestro tiempo, de tal forma que haga imposible cualquier vía de solución.


La Razón – Opinión

Chacón. Los politiquillos. Por José García Domínguez

A Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra.

Tengo observado que con el catalanismo tan fervoroso de la señora Chacón Piqueras viene a ocurrir lo mismo que con el del pobre José Montilla: por mucho que la mujer se esfuerce en sus rendidas soflamas identitarias, la cosa siempre suena igual que un japonés soltándose por bulerías. Así, al modo de lo que sucede con esos exóticos cuadros flamencos de Tokio o de Osaka que, de tarde en tarde, se dejan caer por aquí, la puesta en escena de Chacón resulta impecable. Como fiel a los cánones nacionalistas su interpretación, reproducción fidelísima del original convergente. No obstante, y a pesar del meritorio voluntarismo de la imitadora, algo indefinible, acaso la propia extravagancia del empeño, llama a la ternura del espectador, cuando no a un vago sentimiento de vergüenza ajena. Y es que ya lo dijo el clásico: "Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible".

Gozosamente ajena a esa estridencia digamos plástica, a Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra. Una repugnancia por el Estado de derecho que la ministra de Defensa ha querido hacer extensiva a "los politiquillos" que propiciaron la poda del Estatut en el Constitucional. Purga, por cierto, que jamás se hubiera producido de no ser por la genial clarividencia de los grandes estadistas del PSC, empezando por la de la propia Chacón. Y es que, considerando aún insuficiente la cantinela de la "lengua propia", se empecinaron en prescribir el "uso preferente del catalán" dentro del articulado del nuevo texto.

Oportunísima necedad que forzaría a los magistrados a entrar en el fondo del asunto. De ahí, demoledor, el veredicto final. Ése que reza inapelable: "las Administraciones públicas [...] no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas". Pues ello rompería el "equilibrio inexcusable entre dos lenguas igualmente oficiales y que, en ningún caso, deben tener un trato privilegiado [...] Solo los particulares pueden preferir una u otra de ambas. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones, lo que excluye que quienes prefieran el castellano hayan de pedirlo expresamente". Ah, los politiquillos de campanario de aldea y su torpeza providencial. ¿Qué haríamos sin ellos?


Libertad Digital – Opinión

El éxito del cambio

La iniciativa editorial de La Razón para convertirse en foro de debate e impulsar el cambio político en nuestro país se transformó en pocas horas en un éxito. La abrumadora respuesta ciudadana demostró que la campaña de nuestro periódico en la búsqueda de alternativas reales y en el fomento de un nuevo modelo de gestión pública conectó rápidamente con un estado de opinión mayoritario en la sociedad española a favor de dar carpetazo a la etapa socialista y emprender un nuevo rumbo que recupere la confianza y la esperanza en el potencial de nuestro país.

Las redes sociales son un adecuado laboratorio demoscópico para canalizar, pero también para calibrar, ese deseo de la gente por participar en un proyecto colectivo de regeneración nacional y contribuir al debate con sus aportaciones sobre los más diversos aspectos de la vida pública. Ayer, la iniciativa de La Razón del cambio fue lo más comentado en Twitter y se convirtió en «trending topic». Este grado de participación resultó un sondeo concluyente del ánimo de una sociedad dispuesta a comprometerse cuando se le pone encima de la mesa las herramientas adecuadas y los medios necesarios.


Hablar de un clamor por el cambio no es una exageración y no sólo por las encuestas de intención de voto que han recogido una notable mayoría del PP durante los últimos meses. Hay otros elementos que han testado esa voluntad de superación de las dificultades. Y es que al «trending topic» de La Razón se sumó ayer otro dato sintomático. El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, alcanzó los 30.000 seguidores en cuatro días de presencia en Twitter y superó el número del candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se estrenó en la red social el pasado mes de julio. Ese volumen de adhesiones a quien representa la alternativa en tan breve periodo de tiempo no puede ser valorado como algo anecdótico. Además del número de aportaciones de los lectores, queremos también poner en valor la calidad y el interés de sus planteamientos. El tono de las propuestas en la red social y de las llegadas a nuestro periódico conforman un abanico de asuntos más que interesante y clarificador sobre el alcance de ese proyecto reformista que el país necesita. Estado autonómico, ley electoral, transparencia en la gestión, austeridad, mercado de trabajo, lucha antiterrorista, el futuro de los jóvenes, la Justicia, la lealtad institucional, la universidad, el fracaso escolar, las listas de espera, los autónomos y la clase política, entre otros asuntos, fueron ayer una constante entre las inquietudes de los lectores. Todos ellos y otros muchos describen la magnitud del desafío nacional que el nuevo Gobierno que salga de las urnas y el país tienen por delante para recuperar el terreno perdido en estos ocho años de hegemonía socialista. Toca trabajar y trabajar. El cambio es una necesidad de interés general. La alternativa a ese proyecto de exigencia, rigor e ilusión es lo que ha empujado a España a uno de los momentos más críticos de su historia democrática.

La Razón – Editorial

Demoras peligrosas

La eurozona parece incapaz de resolver la crisis griega y descubre tarde su debilidad bancaria.

Sea por la presencia de Timothy Geithner, el secretario del Tesoro estadounidense, sea porque la evolución de los parámetros económicos y financieros de Europa no invita al optimismo, la reunión de los ministros de Economía europeos en Wroclaw (Polonia) aceptó algunas premisas novedosas (que no originales) sobre la crisis de la deuda y la recesión económica. La primera y más importante, ha consistido en seguir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en la idea de que la banca europea necesita un programa intensivo de recapitalización que le permita hacer frente no solo a la pesada carga de las deudas públicas de Grecia, Portugal e Irlanda, sino también cumplir con la obligación de canalizar un flujo de préstamos que mantenga las posibilidades de recuperación en países como Francia, Italia o España.

Aceptar, a estas alturas y después de los continuos fiascos de las pruebas de resistencia, que la banca europea necesita una inyección de capital fresco para cubrir los boquetes abiertos por la crisis (ya crónica) de la deuda parece un retraso inaceptable, incluso para la burocracia europea. Pero el retraso es la norma en esta eurozona azotada por los huracanes financieros. No es precisamente tranquilizador que en medio de una crisis persistente de las deudas nacionales de varios países importantes de la zona euro se convoquen reuniones informales que se limitan a trasladar la resolución de los graves problemas del euro a meses venideros. Los remedios para la situación angustiosa de Grecia, una de las causas de las convulsiones periódicas que sufren los mercados de deuda y las Bolsas, se anunciaron en mayo del año pasado, se ratificaron en julio, se dejaron para concretar en septiembre (con las cotizaciones bursátiles en caída sistemática en todos los parqués europeos y las primas de riesgo en récords) y ahora se vuelven a dejar para octubre. Las estrictas condiciones que impone la ortodoxia alemana hacen temer que las ayudas europeas, imprescindibles para que Atenas supere una crisis literal de supervivencia, se eternizará en un inacabable trámite de supervisiones y burocracia, mientras los hospitales del país empiezan ya a sufrir dificultades de suministro. Esta política de demoras e indecisiones es peligrosa y frustrante.


La presencia de Geithner en Polonia no es un episodio trivial. Geithner ha captado la urgencia de resolver de una vez por todas la quiebra griega (urgencia que no comparten, al parecer, ni Berlín, ni París ni Bruselas) y la necesidad de dotar a Europa de un Tesoro único, un organismo de intervención rápida, por así decirlo, capaz de tomar decisiones en los momentos de mayor presión especulativa. Los numerosos Consejos de Ministros de Finanzas ordinarios, extraordinarios e informales celebrados desde 2008 tendrían que haber servido precisamente para planificar una mayor coordinación fiscal en la eurozona y, al mismo tiempo, articular esa homogeneización presupuestaria con un Tesoro único, de funciones más amplias que el actual Banco Central Europeo (BCE).

Pero el tiempo se ha perdido y se sigue perdiendo. La salvación de la unidad monetaria sigue subordinada a los intereses electorales en Alemania o a las ocurrencias discontinuas de Francia. En Polonia tampoco se han debatido otras evidencias preocupantes. Por ejemplo, dicho sea a propósito de Geithner, el que las políticas de contracción fiscal son necesarias para reducir los déficits desbocados, pero su aplicación drástica no está surtiendo los resultados apetecidos. No convencen a los acreedores, lo cual no deja de ser irónico si se tiene en cuenta que se aplican para tranquilizarlos. ¿Tienen Francia y Alemania un plan para permitir estímulos a la inversión en los países periféricos del área o consideran que solo las políticas de ajuste acabarán con el déficit y la deuda y, al mismo tiempo, impulsarán la recuperación?


El País – Editorial

Rubalcaba y el ejemplo del éxito

El PSOE es el principal responsable de lo lejos que ha llegado el nacionalismo catalán en su lucha por separar esta región del resto de España. Sin duda el PP peca de falta de firmeza, cuando no de complicidad.

La lucha contra la inmersión no tiene nada que ver con la calidad del método para lograr que se hable y escriba un idioma correctamente. Pocos dudan de que es la mejor manera de aprender una lengua. Se trata de libertad, la de poder elegir la lengua materna de la mayoría de los españoles, y de los catalanes, en las escuelas pagadas con nuestros impuestos. En igualdad de condiciones. Y si así la mayoría escoge una escuela monolingüe en catalán –o en castellano– poco habrá que decir, al menos en el terreno político: será el resultado de elecciones individuales de los padres, los únicos legitimados para tomar esa decisión.

De ahí que la defensa de Rubalcaba de la inmersión esté viciada de raíz, como lo están muchos argumentos que lo defienden. Ahora, no se puede negar que poner como escaparate de los éxitos de esta política a Montilla, uno de los personajes con más dificultades de expresión en ambos idiomas que hemos tenido que soportar los españoles, tiene su gracia. Como tantas otras declaraciones de Rubalcaba desde que es candidato del PSOE, incluye su propia refutación.


Pero la verdadera cuestión no es educativa sino política, y de política está hablando el exvicepresidente del Gobierno de España. Cuando Rubalcaba defiende la inmersión y pone como ejemplos de su éxito a Montilla y Chacón lo que está realmente defendiendo es el nacionalismo catalán, exponiendo como frutos de la apuesta del PSOE por el mismo a Montilla, expresidente de la Generalidad, y Chacón, su principal contendiente por el control del partido y candidata a presidir el PSC.

El PSOE es el principal responsable de lo lejos que ha llegado el nacionalismo catalán en su lucha por separar esta región del resto de España. Sin duda el PP peca de falta de firmeza, cuando no de complicidad, como la mostrada por Jorge Fernández Díaz aplaudiendo hace unos días la inmersión, pero los socialistas han apostado por la vía nacionalista sin ningún rubor. Las palabras de Rubalcaba demuestran que no tiene ninguna intención de reformar el PSOE y recuperarlo como partido nacional. Que su principal alternativa sea Chacón no deja muchas esperanzas de que la deriva independentista no haga otra cosa que acelerarse durante los próximos años.


Libertad Digital – Editorial

domingo, 18 de septiembre de 2011

Tirachinas para el nene. Por Arturo Pérez-Reverte

Hoy vamos a jugar, si les parece, al bonito juego de imaginar absurdos. Imaginemos, por ejemplo, que usted lleva a sus niños a las fiestas del cole, o al recinto infantil de las de su pueblo; y allí, presidiendo el despliegue de globos, chuches, cuentacuentos, columpios y colchonetas de gomaespuma, ve un cartelón enorme en el que, junto a la imagen de un muchacho con rostro oculto por pasamontañas, que tensa en las manos un tirachinas con tornillo gordo o bola de acero dentro, figuran las palabras «Prepárate para luchar». Sé que suena a barbaridad, en efecto. La estúpida posibilidad. En el sentido, además, literal de la palabra bárbaro. Pero, en fin. Una vez imaginado eso, imagine también cuál sería su reacción. O permítamelo a mí, si le da pereza. Como cualquier padre normal, se llevaría –nos llevaríamos– de allí a las criaturas con una rapidez que pulverizaría varios récords olímpicos. Y acto seguido, tras poner a los niños a buen recaudo, y en unión de otros padres a los que supongo tan indignados como usted o yo, montaría un pifostio de aquí te espero. Exigiendo, como mínimo, la cabeza del director del colegio o del alcalde responsables de tolerar semejante atrocidad.

Parece lógico, ¿verdad? Pues se equivoca usted y me equivoco yo. Valga como prueba una foto que, hecho curioso, apenas ha merecido comentarios en este país delirante donde cualquier disparate se considera lo más natural del mundo. Se tomó durante las fiestas del pueblo navarro de Leiza, y sobre ella podrían escribirse varias tesis doctorales. Muestra una carpa municipal, la del recinto infantil, presidida por un cartelón enorme cuyo centro está ocupado por la imagen amenazadora –estéticamente muy lograda, estilo Banksy– de un joven con gorro de lana y rostro cubierto por un pañuelo, que tensa su tirachinas junto a una estrella roja y solitaria que también decora el pañuelo. Y la imagen, situada dentro de un círculo negro, está flanqueada por dos frases en letra mayúscula y con signos de exclamación: «Independetzia eta sozialismoa», que no necesita traducción, y «Borrokatu Antolatu»; que, si mi limitadísimo euskera no me engaña –aunque todo puede ocurrir–, significa prepárate para luchar, asume la lucha o algo parecido.

Pero oigan. Lo estremecedor no es el cartel, que a fin de cuentas puede verse pintado en cualquier pared del País Vasco o la Navarra irredenta, sino las mamás. Porque la escena, tirachinas y borrokatu aparte, está llena de niños y mamás. Los enanos, de ambos sexos y sexas, tienen entre tres y siete años, y andan por allí con globos y chupando caramelos pringosos. Las madres atienden a sus retoños en compañía de monitoras –deliciosa estética Nekane– con absoluta naturalidad, inflándole el globito a uno, limpiándole los mocos a otra y cosas así. Incluso hay una mamá, a la izquierda, que sostiene lo que a primera vista parece una pistolita amarilla monísima, perteneciente a su criatura de tres años, pero que tras una observación detenida resulta ser una bolsa de patatas fritas apretada en la mano. Y todas esas mamás, como digo, están ahí con sus tiernos infantes, dejándolos impregnarse bien del espíritu festivo del pueblo leizatarra, o como se diga. Esperanzadas y orgullosas, supongo –ante ese cartelón descomunal, indiferentes o distraídas sería imposible–, de que sus vástagos tomen buena nota de cuáles son las urgencias del pueblo y de la patria. Y así, el día de mañana, cada vez que esos niños, para entonces hombres y mujeres hechos y derechos y hechas y derechas, vean un tirachinas y un pasamontañas, les pasará lo que a los trianeros les ocurre en Semana Santa cuando pasa el Cachorro; que lloran como magdalenas, y a quienes los miran asombrados les comentan: «Es que para entender esto, que por la gloria de mi madre es lo más grande del mundo, hay que haber nacido en Sevilla».

Y es que ciertas cosas hay que verlas en su contexto. En Leiza –tres asesinados por ETA en su limpio historial–, las madres, los niños y el resto de la sociedad, privados por la cara de independencia y socialismo, gimen bajo la bota de España, cuyos txakurras y cipayos encarcelan a heroicos gudaris mientras el Estado fascista construye carreteras y trenes de alta velocidad que destruirán el paisaje de una Euskadi utópica y feliz, parecida a la Irlanda postiza de El hombre tranquilo: vacas pastando, humo de caseríos entre la foresta y fornidos aizkolaris socios del Atlético de Bilbao. De ahí la necesidad de formar, desde la cuna, a pequeños gudaritos que el día de mañana, cada vez que vean un pasamontañas y un tirachinas, lloren emocionados recordando los festejos entrañables de su tierna infancia. Diciendo, como en Sevilla, que para entender eso –por la gloria de sus madres– hay que tener el orgullo de haber nacido en Leiza.


XL Semanal

El tricornio. Por Rafael Torres

Justo lo peor del tradicional uniforme de la Guardia Civil es lo único que no desaparece: el tricornio. Y no digo "peor" por las connotaciones simbólicas que esa prenda de cabeza, charolada y dura, pueda tener, que las tiene, sino porque siempre fue lo menos indicado del mundo para que una persona se lo pusiera en la cabeza: produce alopecia, se clava en la frente y en las sienes, provoca dolores de cabeza, es calcinante en verano y helador en invierno, y, encima, es feo. Es verdad que a lo mejor una gorra de guardia no tiene por qué ser necesariamente bonita, que la nueva, la de béisbol, es más fea si cabe, pero cierta sujeción natural a la forma de la cabeza humana, a lo ergonómico, nunca produciría un tocado que más que un sombrero parece un artefacto. Y duro. Y con aristas.

La Guardia Civil ya no es, ciertamente, aquella que velaba por los intereses de la plutocracia, ni la que actuaba con métodos demasiado expeditivos, sino una fuerza cada vez más "civil", o por primera vez civil, que obra, en general, en beneficio de la gente. Se ocupa del tráfico, de salvamentos diversos, de la protección de la Naturaleza... en fin, que sus agentes ya no merecen esa tortura portátil del tricornio, que si bien últimamente se usaba poco, no debería seguir proyectando su silueta inquietante. Queda, se dice, para los actos oficiales, pero hay actos de esos que duran horas, y ahí va a seguir necrosando el cráneo de los guardias el tricornio.

Respecto al nuevo uniforme, lo único que cabe decir es que es como todos los que se hacen ahora, que, salvo por las insignias, no se distingue un médico del Samur de un barrendero, aunque probablemente sea cómodo. Ahora bien; el destino parece empeñado en infligir a los agentes de la meretérica (¿dónde estás, gran Chiquito?) terribles daños en la cabeza: ayer, con el tricornio, físicos; y hoy, con la gorra yanqui esa, estéticos. Sea como fuere, hago votos porque algún día desaparezca el tricornio y quede como rareza de museo, sin hacer daño a nadie ni dar miedo, particularmente a los guardias civiles.


Periodista Digital – Opinión

Sed de justicia. Por Irene Villa

Resulta cuando menos sorprendente que alguien pueda decir, y se quede tan ancho, que la justa condena hacia dos personas que, según sentencia, actuaron como dirigentes de ETA al intentar resucitar Batasuna a través del proyecto «Bateragune», responde a la falta de sensibilidad de la Audiencia Nacional hacia el nuevo escenario que se está viviendo en el País Vasco. Hay quien cree incluso que es una noticia «nefasta que en nada ayuda a consolidar la paz y la normalización política». Precisamente lo único capaz de alentar a una sociedad vapuleada por el terrorismo, es el respeto a nuestro Estado de Derecho. Y la Justicia es uno de los pilares fundamentales. Voces Contra el Terrorismo, única asociación que se personó en el procedimiento abierto a Otegi y Usabiaga como acusación popular, y tantas otras asociaciones y colectivos que luchan por la dignidad, la memoria y la justicia, han demostrado su satisfacción por las condenas. Por fin una noticia de justicia frente a realidades poco alentadoras. Y ha coincidido con el VII Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo. Una oportunidad maravillosa para expresarse en libertad en el que volvieron a salir nuevas ideas para ayudar a víctimas de todo el mundo, denunciar el mal empleo de términos en los medios de comunicación a favor de los terroristas y crear un nuevo organismo que nos llena de fuerza y esperanza: la Federación Internacional de Víctimas.

La Razón – Opinión

EEUU. Candidatos republicanos. Por Alberto Acereda

Hay varios casos en la historia electoral norteamericana que prueban cómo políticos casi ignorados, o desbancados de uno u otro partido por los medios a estas mismas alturas de la campaña, acabaron ganando la nominación.

Vale la pena seguir los debates políticos para las elecciones presidenciales de noviembre de 2012. En este ciclo electoral no parece que vayamos a tener pugna en el lado del Partido Demócrata. Barack Obama será el candidato de su partido y todo apunta a que cambiará de vicepresidente: Hillary Clinton sustituirá a Joe Biden. Sin mejora económica en el horizonte, no creo que esto le sirva de mucho a Obama.

A día de hoy, de haber elecciones presidenciales no tengo duda de que cualquiera de los aspirantes punteros del GOP derrotaría fácilmente a Obama. Pero falta todavía más de un año y, según vaya la economía, los votantes tomarán sus decisiones. Los debates suelen ser buenos indicadores de dónde estamos. El debate de la semana pasada (MSNBC-Politico) en la Biblioteca Presidencial Reagan sirvió de telón para abrir oficialmente la temporada en el GOP. Esta semana, en el importante estado de Florida, vimos de nuevo a los ocho candidatos republicanos debatir ante las cámaras de la CNN. Otra vez, los dos protagonistas fueron Mitt Romney y Rick Perry, adelantados en el apoyo de los votantes, a decir de las encuestas. Pero éstas no son más que fotografías instantáneas y reducidas de un momento y que no siempre reflejan ni el pensar ni la naturaleza de todo el electorado.


Faltan casi cuatro meses para iniciar las elecciones primarias, desde Iowa y New Hampshire a Carolina del Sur y de ahí a otros estados durante la primera mitad del año 2012. Además de los favoritos y la lucha personal entre Perry y Romney, ahí están candidatos como Michele Bachmann, que ha perdido algo de fuelle pero atrae a un sector del Tea Party. Está Ron Paul, con buenas ideas en materia económica pero abucheado –y con razón– este lunes noche por sus posiciones sobre política exterior y, particularmente, sobre el 11-S. Está Herman Cain, con gran gestión como empresario. Está Jon Huntsman, cuyo último debate no le ayudó mucho entre los votantes liberal-conservadores. Está Rick Santorum, un católico de principios. Y está Newt Gingrich, que a mi juicio es el mejor candidato, lo que no significa que vaya a ganar.

Desde mis años en Georgia, estado al que Gingrich representó como congresista en Washington, he seguido con interés su carrera política. Aunque los medios lo descartan como el candidato final del GOP, si uno mira con detalle los debates se observa que tiene ideas muy claras y la experiencia necesaria para derrotar a Obama y buscar encauzar el país. Gingrich ganó, a juicio de algunos analistas, los dos debates en estas dos últimas semanas, además de otro foro presidencial en Carolina del Sur. Si por aplausos fuera, Gingrich iría el primero en las encuestas. Está ya tercero y no deberían darle por muerto porque la carrera es larga.

Hay varios casos en la historia electoral norteamericana que prueban cómo políticos casi ignorados, o desbancados de uno u otro partido por los medios a estas mismas alturas de la campaña, acabaron ganando la nominación. En 1972 nadie daba un duro por George McGovern y éste acabó obteniendo la candidatura por el Partido Demócrata. Lo mismo pasó en 1976 con Jimmy Carter, que terminó siendo el candidato demócrata y ganó la presidencia. Igual ocurrió con Bill Clinton en 1992 y también con John Kerry en 2004, aunque luego perdiera las presidenciales. En el bando republicano, hace cuatro años John McCain no era considerado el favorito dentro del GOP pero acabó ganando la nominación. A falta de varias semanas para empezar a aclarar todo esto, lo mejor es seguir atentos a cada candidato. Cualquier de ellos, quede claro, será siempre mejor que lo que ahora hay en la Casa Blanca.


Libertad Digital – Opinión

Poder en la sombra. Por Fermín Bocos

España tiene más de cuatro millones de parados y este drama, que coloca a las puertas de la exclusión social a cientos de miles de ciudadanos a quienes sus familias ya no pueden ayudar, tiene escaso reflejo en la campaña electoral del candidato socialista.

A dos meses vista de la cita con las urnas del 20-N, Pérez Rubalcaba habla poco del problema. Ha preferido desviar el foco desempolvando el Impuesto de Patrimonio, una tasa que hace tres años suprimió el Ejecutivo del que formaba parte por considerarla injusta ya que grava dos veces el mismo bien. La propuesta del candidato ha sorprendido a quienes confiaban hallar menos demagogia y más inteligencia en sus compromisos electorales.

Está claro que surge de la desesperación de quien, conociendo los resultados de las encuestas, observa el hundimiento de las expectativas electorales del PSOE y aspira a reclutar votantes entre los sectores situados a la izquierda de la izquierda. En España, los "ricos" tienen mala prensa. Amén de la tradicional envidia, en un país en el que tanta gente lo está pasando mal, el rencor de clase es algo más que un rescoldo. Si concluimos que Rubalcaba más que por el techo del PSOE lo que persigue es que no se hunda su suelo electoral, ya tenemos el cuadro sociológico de supuestos votantes capaces de aplaudir el mencionado impuesto.


"¡Qué se fastidien! los ricos", debe haber dicho alguno de los miembros del equipo de campaña del candidato -olvidando el "pequeño" detalle de que en nuestro país los dueños de fortunas verdaderamente copiosas se zafan del Impuesto de Patrimonio mediante la llamada "exención de la empresa familiar" o colocando sus dineros en una Sicav o, como hemos conocido estos días en el caso de una gran multinacional dedicada a la industria textil, tienen su domicilio fiscal en Irlanda, donde tributa muy por debajo de lo que le correspondería en España. ¿Por qué Rubalcaba no lleva en su programa electoral una propuesta para acabar con estos coladeros? Serían miles de millones de euros para Hacienda... Pues porque se echaría encima a los plutócratas del país, el restringido club de financieros, grandes empresarios y constructores que son el verdadero poder en la sombra.

Con ellos no se atreve. Por eso se mete con las clases medias, porque sabe que su capacidad de reacción frente al Gobierno es muy limitado. Olvida, claro está, que aunque sólo sea una vez cada cuatro años la gente suele hablar alto el día de las elecciones. Ese día, el poder lo tiene la gente, no las sombras.


Periodista Digital – Opinión

Demasiado incapaces. Por Pilar FERRER

La imagen de este Gobierno, a propósito del demagogo, electoralista y falaz Impuesto del Patrimonio, no tiene precedentes. Un escenario inédito revela las múltiples fisuras en su seno. Un candidato ordena al Ejecutivo aprobar la tasa de marras, antaño derogada, mientras el todavía presidente guarda silencio. La responsable de Economía es ninguneada por estar en desacuerdo, y el portavoz no sabe ni por donde van sus efectos. Zapatero, Rubalcaba, Salgado y Blanco son como cuatro muñecos de madera, cada uno a su aire. Sobre ellos, el polémico gravamen recaudará lo que, en tiempos de crisis, se llama el «chocolate del loro». Son las consecuencias de un decreto improvisado, merced al capricho de Rubalcaba, aferrado al anacrónico discurso entre ricos y pobres. Nadie en el Gobierno, ni en el PSOE, se aclara con las consecuencias del tributo patrimonial. Por si fuera poco, la amenaza de Blanco para no compensar a las Autonomías que rechacen el impuesto, demuestra su ignorancia. La propia Salgado hubo de recordar que esta compensación quedó recogida en el nuevo sistema de financiación, con rango de ley orgánica. Un texto rubricado por el mismo Gobierno que ahora hace aguas por todas partes.

La hemeroteca es implacable. Hace unos años, Rodríguez Zapatero afirmó con solemnidad que el Impuesto era ineficaz y procedió a su inmediata retirada. Ahora, el presidente anda desnortado, ante el torrente de contradicciones de sus ministros. Unos dirigentes que gobiernan y legislan con las vísceras, no con la razón. Ante el negro horizonte del 20-N, las disensiones se agudizan. Demasiados discursos encontrados. En dos palabras: demasiado incapaces.


La Razón – Opinión

PSOE. Hasta en los últimos estertores. Por José T. Raga

Algún español esperaba que quienes promovieron la llamada “muerte digna” –es decir, eutanasia– se aplicaran la receta llegados los últimos estertores.

Que el gobierno del PSOE lleva tiempo en fase agónica es algo que está fuera de discusión. La imagen de cada uno de sus miembros –también de quien fue y pasó a candidato– es la viva representación del zombi. Deambulan sin ton ni son marchando hacia ninguna parte, articulan sonidos aparentando que hablan, cuando nada tienen que decir y, aún así, no pierden ocasión de sembrar la confusión porque su locuacidad la usan para la contradicción y la mentira.

De nada sirve que todos los españoles, aunque algunos no quieran admitirlo, hayamos visto adónde conduce el socialismo: pobreza, corrupción –no sólo económica– sectarismo, confrontación, persecución, autoritarismo... Algún español esperaba que quienes promovieron la llamada "muerte digna" –es decir, eutanasia– se aplicaran la receta llegados los últimos estertores.

No recordaba yo que los dictadores, aunque lo sean de andar por casa, tratan de mandar después de muertos. Se trata de dejar todo atado y bien atado. Aunque la historia reciente muestra lo pronto que se desata lo que estaba bien atado. Lo que no puede orillarse es la consideración que para el pueblo merece el artífice del atillo; pues, dado que tratar de condicionar la vida de los que vengan, es un acto vil de soberbia y de desprecio, sólo quienes desprecien a los gobernados condicionarán sus vidas.


Que después de casi ocho años de gobierno, a dos meses de las elecciones generales, se le ocurra al gobierno poner sus caudales a buen recaudo, es un acto antidemocrático –bien es verdad que la izquierda nunca fue democrática–, de desprecio a la voluntad popular próxima a expresarse, y de deshonestidad política, social y, en definitiva, humana. Sólo la extrema urgencia podría justificar tales actitudes.

La recuperación demagógica del Impuesto sobre el Patrimonio, es un acto condicionante para quienes vengan detrás, izquierdas o derechas. Se engaña a la sociedad dando cifras de la recaudación que se obtendrá para mejorar las prestaciones –en la caja única, nunca se sabe para qué es cada impuesto–, pero nada se dice de cuál será el coste de su gestión. Su anterior vigencia no permite optimismo –costaba casi lo que se obtenía por él–, siendo su utilidad la de controlar las rentas a efectos del IRPF. Hoy, esa misión parece innecesaria.

Pero no acaba ahí el desprecio democrático. Educación está preparando un Decreto en aplicación –en el PSOE significa reforma– de la Ley Orgánica de Universidades. Reformas mediocres, o inexistentes, en el mercado de los servicios, en el de la energía, en el mercado de trabajo, están condicionando la vida futura de la nación. Se está colocando a los amigos y a los que, sin serlo, participaron en las tareas que hay que esconder, en todas las Comisiones y Órganos posibles: Competencia, Mercado de las Telecomunicaciones, Energía, Mercado de Valores, Poder Judicial, etc. incluso en organismos internacionales, como la señora Aído.

Se trata de un estilo propio del actual PSOE: morir matando.


Libertad Digital – Opinión

¿Para qué sirve el Defensor del Pueblo? Por Andrés Aberasturi

A los políticos les importa un bledo las preocupaciones del pueblo; viven de representarlo, pero la realidad es muy otra. Y esta no es una afirmación frívola sino que surge de lo ocurrido en la comparecencia de la Defensora del Pueblo (en funciones) ante el "pleno" del Congreso. Y lo primero es explicar por qué resulta necesario entrecomillar "pleno": las señorías presentes eran tan escasas, que daba pena y rabia el desolador paisaje que se presentaba frente a la oradora que llegaba -nada menos- que a informar a los representantes sobre la quejas de los representados, de todos nosotros, del pueblo. Ese vacío que llenaba casi el hemiciclo, era ya una bofetada a la institución que representa doña María Luisa Cava de Llanos. Nunca la figura constitucional del Defensor del Pueblo les ha preocupado mucho a sus señorías y le oyen -los pocos que le oyen, insisto- porque hay que oírle, pero no parece que tomen nota ni tengan la más mínima vocación de buscar soluciones a los problemas que allí se exponen.

Pero en esta última comparecencia, la defensora en funciones traía una sorpresa: pedir al ministerio de Justicia que estudiara la posibilidad de contemplar como delito el despilfarro del dinero público, o sea, de nuestro dinero, del dinero de todos. Esta petición cayó como un jarro de agua fría entre las adormiladas señorías que, en lugar de agachar la cabeza avergonzados porque en todas partes cuecen habas, reaccionaron de la peor de las formas posibles.


Así, directamente sólo habló del tema la representante de CiU que se mostró "asombrada" de lo dicho por la defensora y pidió que aportara "datos y más rigor". Parece ser que la diputada de CiU no lee los periódicos porque el despilfarro es el pan nuestro de cada día. Pero al menos Montserrat Surroca, se refirió directamente al asunto. El resto aprovechó, una vez más, para su particular guerra al margen por completo del despilfarro y así Tardá (de ERC) fue tan educado de acusar a la institución que representa la compareciente de actuar "como el brazo armado de la catalanofobia" y estar "al servicio de la derecha nacionalista española" ¡Toma ya!, eso para que vuelva el año próximo con su informe el pobre defensor del pueblo que le toque. Y ya puestos, el PSOE, aprovechando el hecho de que las quejas del pueblo aumentan de año en año, mostró su preocupación por "las señales que emiten las comunidades autónomas que han pasado a ser gobernadas por el PP".

¿Para qué sirve realmente el Defensor del Pueblo si en el Congreso o no le hacen ni caso o le acusan de partidista? Recuerdo con pena las esperanzas que en la transición se tenían con esta figura y en lo que ha quedado.


Periodista Digital – Opinión

La institución rosada. Por Alfonso Ussía

Soy antiguo y creo en las instituciones. También en la libertad de cada uno para elegir el rumbo de su vida, y disfrutarlo o padecerlo. Mi padre fue un gran amigo del primer marido de la duquesa de Alba, Luis Martínez de Irujo. Se distanciaron algo cuando el duque de Alba –que lo fue como la copa de un pino–, decidió apoyar la «operación Príncipe» en perjuicio de Don Juan. De aquella amistad nació la mía con sus hijos, en especial con Carlos y Alfonso, los dos mayores. Cuando Luis Martínez de Irujo falleció en plena juventud como consecuencia de una leucemia, esa gran Casa, esa institución, experimentó un gran vacío. Años más tarde, la duquesa se casó con Jesús Aguirre, sacerdote secularizado, inteligente, culto, editor, traductor, irónico y poco dado a lo habitual. Se sentó en la Real Academia Española. Creo que encajó con la mayor parte de los hijos de la duquesa. También falleció en pleno esplendor intelectual. Y ahora se avecina el tercer marido de Cayetana, al que no conozco y del que me está por lo tanto, vedada la opinión. Sucede que una cosa es la opinión y otra la intuición, y esta segunda me alarma.

La duquesa de Alba ha superado con creces los ochenta años de vida, y su futuro marido tiene más o menos los mismos que Carlos, su hijo mayor. La prensa rosa está encantada con la boda, porque su objetivo no es otro que el chisme efímero y el cotilleo barato. No ahonda en las integridades institucionales de una Casa que es parte importante de la Historia de España. He leído que la boda será en Sevilla, donde Cayetana tiene instalada su cortesanía. Vuelvo a la institución y el respeto que me merece. La duquesa de Alba no es una noble cualquiera y del montón. Es la representante de una de las Casas más históricas de España. La Casa está por encima de las personas. Se respeta, por supuesto su libertad, pero también se duda de su oportunidad. Si lo hacen sus hijos, no nos queda otra salida a quienes no lo somos. El chismorreo quiere boda y hay alborozo general, pero a mí, tan antiguo y retrógrado, me apena el espectáculo. No le veo un porvenir claro. Ella es dueña de su vida, de su ánimo, de su cuerpo y de su libertad, pero sinceramente esta boda se me antoja rarísima. Extraña en todos sus aspectos. Los grandes modistas sevillanos Victorio y Lucchino, que además de dos artistas consumados son simpáticos y abiertos, han colaborado con la extrañeza. De su taller saldrá el vestido de novia de la duquesa de Alba, y han adelantado que encajará a la perfección con la juventud de Cayetana. Con toda cortesía soy libre de pensar que si Carlos tiene mis años, y yo me considero un individuo en el melancólico otoño que avanza hacia su invierno, la madre de Carlos no puede formar parte de eso que se llama la juventud, por mucho que se sienta partícipe de sus ventajas. La duquesa de Alba es una mujer extraordinaria que ha ayudado a miles de personas a lo largo de su vida desde el silencio y la discreción. De ser irremediable la boda, podría haberla organizado en familia y por sorpresa, cerrando las ventanas a la insaciable perversidad de los chismosos. No por ella, sino por la institución que representa, que quiérase o no, con tanto batiburrillo, chisme, adulación interesada, y curiosidad popular comprensible, un algo se quiebra. El amor es respetable. Pero también confuso, y no siempre conveniente.

La Razón – Opinión

Crisis. El chantaje de Grecia. Por Emilio J. González

El problema real no es que Grecia no tenga capacidad para reembolsar a sus acreedores el dinero que les debe; el problema real es que no tiene la menor voluntad de hacerlo.

La tragedia griega se amplía hasta octubre. Finlandia ha vuelto a vetar el desembolso del siguiente tramo de ayuda a los helenos si éstos no aportan garantías de pago. Los fineses han vuelto a quedarse solos en su negativa, pero tienen toda la razón del mundo.

El problema real no es que Grecia no tenga capacidad para reembolsar a sus acreedores el dinero que les debe; el problema real es que no tiene la menor voluntad de hacerlo. El pago implicaría subir los más que bajos impuestos que pagan los griegos y ni los socialistas en el Gobierno ni el partido Nueva Democracia como principal formación política de la oposición quieren incrementar la presión fiscal por temor a las protestas de los ciudadanos. Pero es que, además, la política del país se encuentra inmersa en una ola de populismo frente a la crisis fiscal helena protagonizada tanto por la Nueva Democracia de Karamanlis, que con ello quiere ocultar que fue esta formación la que contrató a Goldman Sachs para ocultar los problemas financieros de Grecia en su anterior etapa en el Gobierno, como por los socialistas de Papandreu que, conociendo el engaño, optaron por mantenerlo en vez de enderezar las cosas. Así, los mensajes que ambos líderes y sus equipos están enviando al pueblo griego son del tipo de no pasa nada por repudiar la deuda, como hizo Argentina hace unos años, o los bancos europeos sabían perfectamente cómo estaban las cosas cuando prestaron su dinero a Grecia -¿para qué contrataron entonces a Goldman Sachs?- y, por tanto, ahora tienen que asumir las consecuencias. En el fondo, lo que están haciendo es un chantaje en toda regla, es jugar con los temores de los demás socios de la Unión Monetaria Europea a las consecuencias de una posible ruptura del euro y, más en concreto, con los de Francia y, en menor medida, Alemania, en relación con la exposición de sus respectivos sistemas bancarios a Grecia, todo ello con tal de no pagar lo que se han gastado tan alegremente para financiar un Estado del bienestar insostenible desde el momento en que los griegos le piden prestaciones como las de Alemania financiadas con los impuestos de Tanzania.

Teniendo en cuenta que la Unión Europea carece de un sistema institucional y de gobierno económico que pueda obligar a los griegos a pagar y a enderezar sus cuentas públicas, es lógico que haya países, como Finlandia, que digan que, ante la actitud de Grecia, este país tiene que aportar garantías de pago antes de que los contribuyentes de los demás miembros del euro sigan rascándose el bolsillo para salvar a quien rechaza de plano hacer algo por ayudarse a sí mismo. Dadas las circunstancias, lo que tendrían que hacer los demás países de la Unión Monetaria Europea es empezar a asumir la idea de la quiebra de Grecia, preparar sus sistemas financieros para ello y buscar la forma de echar a los griegos del euro, porque me parece que nada vaya a cambiar en aquel país en relación con sus deudas si los demás no se ponen serios de una vez por todas y le enseñan de verdad los dientes.


RESTO del ARTICULO

Libertad Digital – Opinión

El viraje danés

Para la primera ministra electa de Dinamarca, lograr un pacto sólido entre partidos que dure una legislatura va a ser una tarea ardua. Los socialdemócratas de Helle Thorning-Schmidt, pese a sus malos resultados, han conseguido, en unas elecciones básicamente económicas, acabar con 10 años de Gobiernos centroderechistas en el país nórdico. Pero cosa diferente será trasladar esa victoria sobre los liberales de Lars Rasmussen a una mayoría política estable. No solo porque la futura coalición danesa dispondrá de una exigua ventaja de cinco escaños en el Parlamento, sino también porque el triunfo del bloque rojo encabezado por los socialdemócratas ha sido posible gracias al enorme ascenso electoral de sus dos dispares extremos: los centristas social liberales por la derecha, y los rojiverdes por la izquierda dura.

La alianza tripartita que pretende la primera jefa de Gobierno danesa está llamada, pues, a mantener divergencias serias sobre algunos aspectos cruciales, desde la conomía (desempleo, impuestos, pensiones) hasta la política inmigratoria del país de escasos seis millones de habitantes. Dinamarca no pertenece a la zona euro (algo que continúa descartando la líder socialdemócrata), lo que le ha permitido ahorrarse los traumas que sacuden a sus miembros, pero sus otrora boyantes finanzas sufren la peor crisis en una década.

El lado más positivo de las elecciones es que han acabado con la decisiva influencia de la ultraderecha, el DF danés, que se mantiene como tercera fuerza política, aunque con tres diputados menos. El partido populista y xenófobo no ha formado parte de los sucesivos Gobiernos de Rasmussen, pero su apoyo al centro-derecha desde 2001 ha condicionado algunas de las más desdichadas decisiones adoptadas por Copenhague, como la draconiana legislación inmigratoria (de cambio improbable, dado el giro derechista socialdemócrata en este ámbito) o el restablecimiento de los controles fronterizos con Alemania.


El País – Editorial

El cambio, proyecto nacional

A dos meses de las elecciones generales, el país afronta la recta final de una etapa marcada por el fracaso de un proyecto socialista que recibió la mejor herencia de la democracia española por parte de los gobiernos de Aznar y entregará una nación sumida en una profunda crisis económica, política, de valores y, sobre todo, de confianza y credibilidad. Cuesta encontrar en esta Europa democrática un Estado con el potencial del nuestro que se enfrente a un horizonte tan complejo y exigente que requerirá de todos esfuerzos y sacrificios importantes. Los estertores de este tiempo dominado por la izquierda retratan también a una formación descompuesta y desnortada, liderada por el corresponsable del fracaso como Pérez Rubalcaba, y a un PP, dirigido por Mariano Rajoy, que ha asumido ya su condición de partido de Gobierno.

En los últimos meses hemos insistido en la necesidad de un cambio político en España que suponga un giro de 180 grados sobre el trayecto recorrido en las últimas dos legislaturas. Hay motivos sobrados y razonados para apelar a esa catarsis nacional como un deber. Sólo hay que repasar los distintos sectores de nuestra vida pública, como hace hoy LA RAZÓN en un trabajo extenso y detallado, para entender que el país demanda el proyecto reformista más ambicioso e intenso de la historia democrática. Por supuesto, con prioridades como la economía, pues sin crecimiento, como acertadamente entendió desde hace años Mariano Rajoy, no habrá empleo ni recursos para afrontar otros cambios. Un plan global de reformas estructurales que afecte desde el mercado laboral, al sector financiero, pasando por la fiscalidad y los autónomos, pero también una política de disciplina presupuestaria, ajuste fiscal y equilibrio. Todo ello con el propósito de poner en marcha un país colapsado, y generar confianza dentro y fuera de España.


Sanidad, Educación, Justicia, Estado autonómico, administración pública son otros frentes en los que el nuevo Gobierno tendrá que promover cambios que, por ejemplo, garanticen el futuro de un sistema de salud y una enseñanza públicos de calidad y sostenibles financieramente. España necesita también una administración de justicia despolitizada que acabe con la imagen lacerante de dependencia que ha calado en la opinión. La reestructuración del marco autonómico, que establezca una racionalización de los servicios y las competencias, y una adecuación a un proyecto leal con el Estado que sirva a los ciudadanos, es otro argumento para el cambio.

Rajoy deberá liderar una suerte de refundación nacional. Tras más de tres décadas de democracia, y unos últimos ocho años de desgobierno, el Estado de Derecho se ha resentido y es preciso rehabilitarlo para evitar su ruina y prepararlo para el futuro. Es un proyecto nacional para un político y un partido que han demostrado en otros escenarios extremos inteligencia y solvencia para superarlos. España necesita un tiempo fiable que genere certidumbre y seguridad desde la moderación que plantea Rajoy y con su capacidad de generar consensos en asuntos de Estado. Es un trabajo hercúleo repleto de obstáculos, pero también una misión irrenunciable.


La Razón – Editorial

Una nueva fiscalidad

El impuesto sobre el patrimonio debería ser el primer paso de una tributación más progresiva.

Dos meses antes de que se celebren las elecciones generales, el Gobierno ha decidido despertar la figura tributaria del impuesto sobre el patrimonio. Lo ha hecho eliminando la exención completa del tributo que existía desde el ejercicio de 2008 y elevando el mínimo exento hasta 700.000 euros. En consecuencia, ha reducido a unos 160.000 los contribuyentes que tendrán que soportar el impuesto. Según las estimaciones oficiales, en el próximo ejercicio se recaudarán unos 1.080 millones de euros, frente a los 2.100 que recaudó el último año de su vigencia, en 2007. Aunque solo se examinen las previsiones de recaudación, se llega a la conclusión de que la resurrección del tributo es una decisión que responde más a necesidades de ajuste presupuestario que a la voluntad de componer una estructura fiscal sólida.

Es algo difícil de cuestionar que, al igual que en otros países de nuestro entorno, el ajuste presupuestario que exige el saneamiento de las finanzas públicas requerirá elevaciones significativas de impuestos. Para cumplir con los compromisos de reducción del déficit, este y sucesivos Gobiernos tendrán que recurrir a un aumento de la presión fiscal. Por ello, lo más importante es localizar las debilidades del sistema fiscal y actuar en consecuencia. Hay margen para subidas en impuestos especiales y, por supuesto, en la imposición sobre el capital. Pero, además de tomar decisiones de urgencia (y la de recuperar el impuesto sobre el patrimonio lo es), la economía española necesita una reforma seria de la estructura fiscal.


Una parte de esa reforma es acentuar la progresividad perdida durante las legislaturas del PP y olvidada durante las del PSOE. La condición de partida es no penalizar más a los contribuyentes con menor capacidad defensiva ante la crisis económica y financiera. Pero tratar de hacerlo exclusivamente con ese impuesto no es de recibo. Además del impuesto sobre el patrimonio, la fiscalidad española necesita reconsiderar la actual tribu-tación de las rentas del capital. Una estructura fiscal más progresiva, con mayor eficacia en la persecución del fraude, permitiría ganar margen de actuación para ofrecer estímulos a la inversión al mismo tiempo que se racionaliza el gasto y se reducen el déficit y la deuda.

Es comprensible, en todo caso, que el Gobierno socialista, aunque sea al término de dos legislaturas, caiga en la cuenta de que entre las señas de identidad socialdemócrata y, en todo caso, de mínima justicia, está el tratar de que aporten más al saneamiento de las finanzas públicas aquellos con mayor capacidad de generación de renta y con mayor fortuna. A diferencia de lo observado en otros países, las grandes fortunas españolas no han hecho gesto alguno para reclamar una contribución mayor a los obligados ajustes de rentas. La resurrección del impuesto sobre el patrimonio, en ese sentido, es una señal para una parte de su electorado.

Como contrapartida, la decisión acentuará la diferencia de la fiscalidad española frente al resto de los países de la UE donde esa figura no existe, con la excepción apenas relevante del mantenimiento en Francia de un impuesto para las grandes fortunas. Adicionalmente, se habrá creado un contencioso más con algunas comunidades autónomas. No deja de llamar la atención que sean las gobernadas por el Partido Popular las que han amenazado con no aplicar el impuesto. Bueno sería que su líder nacional aclarara si en el caso de que llegue al Gobierno volverá a la situación existente antes del pasado Consejo de Ministros. Esta debería ser la campaña electoral en la que el debate impositivo, la necesaria reforma fiscal en la dirección de una mayor progresividad, fuera objeto de discusión por unos y otros. Lo demás será despistar una vez más a los ciudadanos, a los contribuyentes.


El País – Editorial

Una sentencia que retrata a ETA, Bildu y PSOE

Resulta obsceno que, junto a la natural frustración de los cómplices y simpatizantes de la ETA, Pachi López se haya sumado al coro de plañideras manifestando su comprensión hacia las protestas del mundo etarra y su sorpresa por una sentencia ejemplar.

La sentencia de la Audiencia Nacional que condena a diez años de prisión a los batasunos Otegi y Díaz Usabiaga, junto con diversas penas menores para otros tres acusados, ha suscitado una serie de reacciones entre los sectores políticos implicados en el proceso de rendición a la banda terrorista ETA que los retrata en toda su vileza.

Los dos líderes proetarras han sido condenados, con toda justicia, por pertenecer a la banda terrorista ETA, a cuyas órdenes se encargaron de ejecutar la estrategia terrorista destinada a tener presencia en las instituciones públicas. Ambos se reunieron con dirigentes de ETA en el sur de Francia –en el caso de Otegi, además, pesando sobre él la prohibición de abandonar el territorio nacional– y ambos también, junto con el resto de encausados en el caso "Bateragune", trabajaron directamente a las órdenes de la ETA desde finales de 2007 para formar un frente político vinculado a la organización terrorista que, fracasada la intentona con Sortu, finalmente ha fructificado con la presencia de la coalición Bildu en las instituciones vascas.


Es lógico que la sentencia haya caído como un jarro de agua fría entre las organizaciones que apoyan los postulados etarras, porque la absolución de los implicados en esta causa contra el brazo político de la banda terrorista hubiera sido interpretado como el refrendo judicial a la presencia de Bildu en la política vasca.

Lo realmente obsceno es que, junto a la natural frustración de los cómplices y simpatizantes de la banda terrorista, el PSE de Pachi López se haya sumado a este coro de plañideras manifestando su comprensión hacia las protestas del mundo etarra y su sorpresa por una sentencia ejemplar, sin que, hasta el momento, ninguna voz autorizada del PSOE lo haya desautorizado con la severidad que la villanía de sus declaraciones merecen.

Otegi y Díez Usabiaga van a entrar en prisión, que es el sitio en el que deben estar, por mucho que le moleste al gobierno y al PSOE. Los que creemos en el Estado de Derecho, en cambio, nos felicitamos de que la ley se cumpla, aunque para ello sea necesario superar los obstáculos de un gobierno sin escrúpulos y un partido socialista que llevan años escarneciendo a las víctimas del terrorismo y avergonzando a todos los españoles.


Libertad Digital – Editorial

sábado, 17 de septiembre de 2011

Del relativismo social a la podredumbre moral. Por Inmaculada Sánchez Ramos

El relativismo es propio de las sociedades postmodernas, aunque es un pensamiento que ya existía en Grecia, partiendo de la tesis filosófica, según la cual, existen tantas verdades como personas crean estar en la verdad. Con lo que la verdad según esta hipótesis dependería de factores físicos, psicológicos o culturales que influyen en los juicios que las personas se hacen sobre la realidad. Por tanto, el relativismo mantiene que, no hay una verdad única e inmutable, sino que existen tantas verdades como personas creen tener un conocimiento de ellas.

En nuestra sociedad el relativismo se formula normalmente para quitar valor a un hecho determinado y justificarlo. Si la verdad depende de cada uno no habría cosas buenas ni malas y no habría necesidad de pedir explicaciones a nadie por sus hechos. Si nuestros actos, pensamientos y opiniones no son correctos ni incorrectos, sino que sólo dependen del juicio de cada uno ¿habría necesidad de pedir perdón?

Si no existe ningún acto bueno, en qué se basan nuestros derechos y la justicia que mana de los mismos. Debido a que no existe ni el bien ni el mal no existe la necesidad de pedir perdón, en virtud de lo cual podríamos afirmar que el nazismo es bueno, es decir, si no hay actos malos por qué afirmamos que el nacismo es malo.

Desde un tiempo a esta parte vivimos en España un relativismo moral que pretende alzarse como valor dominante. Este relativismo moral con su podredumbre lo que pretende es crear confusión frente a dichos valores dominantes, más aún, quiere erigirse como norma moral.
Finalmente, si todo es relativo esta afirmación relativa también lo sería.


Periodista Digital – Opinión

Demagogia pura y dura. Por Carmen Gurruchaga

Un gobierno agónico, sustentado por un partido que se dice socialista, resucita el Impuesto del Patrimonio con la pretensión de recuperar a parte de su electorado que no le ha abandonado por las medidas liberales que se ha visto obligado a tomar, sino por el camino errático y contradictorio de los últimos tiempos.

Sin buscar otro ejemplo distinto, el propio Partido Socialista eliminó este impuesto por obsoleto, injusto e inapropiado y ahora, ante unas elecciones, el «candidato» pide a su gobierno que lo vuelva a poner en marcha con el demagógico argumento de que quiere que paguen los ricos para con ese dinero crear empleo juvenil.

El paro entre los jóvenes españoles llega casi al 50 por ciento, por lo que no es posible que la cantidad «irrisoria» que se a va recaudar con ese impuesto sirva para tan loable fin. Así pues, resulta evidente que se trata de una medida populista de corte electoralista. ¿Por qué no se anuncia que se emplearán todos los medios para encontrar el mucho dinero oculto en la inmensa bolsa de fraude existente? ¿Por qué no se presta a hacer demagogia? Y vaya por delante que lo sensato es hacer pagar más a quien más tiene, pero una medida como la adoptada ayer, en caso de perdurar, sólo lograría desincentivar el ahorro, favorecer la elusión y agredir al contribuyente, pues supone una doble imposición con otros impuestos como el IBI y el Impuesto de circulación.

Además, el patrimonio procede de una renta que ya ha sido gravada en el IRPF y que cuando dedica parte de la misma al ahorro en inmuebles –el principal ahorro de los españoles–, también tributa en el IVA así como en otras tasas e impuestos.


La Razón – Opinión