miércoles, 10 de agosto de 2011

Londres, a sangre y fuego

Con estupor e indignación asiste la sociedad británica al estallido de violencia, pillajes e incendios que tuvo su origen en Londres el pasado sábado, que se cobró ayer una segunda víctima y que se ha propagado a otras ciudades como Birmingham, Leeds, Liverpool, Bristol, Nottingham o Manchester. La gravedad de los disturbios ha obligado al primer ministro a cancelar sus vacaciones, a convocar de urgencia el gabinete de crisis y a decretar una movilización sin precedentes de las Fuerzas de Seguridad, con un despliegue de más de 16.000 policías. Prácticamente todos los ámbitos sociales se han visto afectados, desde la suspensión de un partido de fútbol de la selección inglesa, hasta la actividad del Parlamento. Nada semejante se recuerda en Londres desde hace 30 años. Y tal vez por eso nadie sabe a ciencia cierta, ni siquiera la Policía, a qué obedece esta llamarada de furia y vandalismo, mezcla de supuesta ira social y delincuencia pura y dura. Tampoco los políticos han sabido explicar hasta ahora lo que está sucediendo y lo único que ha diagnosticado la oposición laborista es que «no son disturbios políticos, sino pillaje». De la misma opinión es David Cameron: «Lo que está ocurriendo es pura y simple criminalidad a la que hay que enfrentarse y derrotar». Sin embargo, tales afirmaciones no explican por qué unos simples delincuentes han podido poner en jaque a toda una ciudad como Londres ni cómo es posible que hayan actuado coordinados a través de mensajería móvil y saltando como una plaga de langostas por diferentes barrios y ciudades. Aunque es prematuro sacar conclusiones y sería ridículo aplicar a los vándalos una presunción de inocencia que ellos mismos se han encargado de desmentir, sí existen ya algunos datos contrastados sobre los que conviene reflexionar. En primer lugar, sorprende la masiva presencia de adolescentes entre los alborotadores. También es muy relevante el protagonismo de nuevas redes sociales cuyo uso escapa al control policial. Otro dato irrebatible es la tardía reacción de los gobiernos municipal y nacional, que fueron incapaces de calibrar, primero, el alcance de los disturbios, y de proteger, después, a la población. En este punto, es digno de subrayar que la mayoría de los afectados son pequeños comerciantes de origen inmigrante, lo que sin duda elimina el supuesto agravio racista o xenófobo que algunos se apresuraron a entrever a raíz de la muerte a manos de la Policía de un delincuente de raza negra. Asistimos, por tanto, a unos sucesos complejos y si bien no es la primera vez que Londres sufre la violenta agitación de sus barrios más marginales (en las décadas de los 80 se registraron hasta media docena de grandes batallas campales), ahora han entrado en juego elementos novedosos que no encajan en los esquemas tópicos. Lo que sí es cierto es que el modelo multiculturalista, del que hacen gala los británicos como el más adecuado para la integración de los inmigrantes, también presenta graves carencias, y lejos de asimilar a las segundas y terceras generaciones, el tejido social se rasga y crea guetos y submundos paralelos que se convierten en ollas a presión.

La Razón - Editorial

Mensaje realista

La Reserva Federal reconoce que la recuperación será lenta y sugiere más estímulos en septiembre.

La Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) tenía ayer poco margen para actuar sobre las malas perspectivas de crecimiento económico. El Comité de Mercado Abierto decidió ayer mantener los tipos de interés en el rango objetivo entre el 0 y el 0,25%, y abrió la puerta a reanudar en septiembre una nueva ronda de estímulos monetarios (quantitative easing) con el fin incentivar el crecimiento económico y aumentar el empleo. La baja tasa de crecimiento y la incapacidad de la economía estadounidense para reducir el paro es la razón fundamental que explica el desplome de Wall Street durante la jornada del lunes y el contagio en cadena de las grandes Bolsas europeas. Es importante señalar que estas decisiones, en particular la sugerencia de nuevas facilidades monetarias, cuenta con oposición, minoritaria pero significativa, dentro de la Fed.

El mensaje de la Reserva Federal se distancia de algunos hábitos de la institución. Ben Bernanke, su presidente y buen conocedor de las causas de la Gran Depresión de 1929, sabe que la abundancia de liquidez es el marco necesario (complementado con otras medidas, desde luego) para salir del estancamiento económico. Pero el comunicado de la Fed pone fecha (mediados de 2013) al periodo de tipos "excepcionalmente bajos". Además, el análisis de la institución es muy pesimista. El crecimiento es "más lento de lo esperado", la situación laboral se ha deteriorado y el consumo no reacciona. Bernanke y sus colegas han tomado conciencia de la gravedad de la situación y también del conflicto político en Estados Unidos, que complica la corrección del estancamiento. De ahí esa discreta afirmación de que la Fed estudia las herramientas económicas que debe aplicar.


La economía mundial está cayendo velozmente en la contradicción que solo unos meses antes atenazaba a las economías del euro. Durante 2011 y probablemente durante el año próximo, Estados Unidos y Europa atravesarán por una etapa de bajo crecimiento; puesto que en Washington la extrema derecha republicana (liderada por el Tea Party) ha impuesto un ajuste presupuestario como contrapartida para aprobar un aumento del techo de la deuda y en Europa se aplican varios programas de austeridad y recorte de gasto para estabilizar la solvencia de la deuda, no hay margen de maniobra para estimular el crecimiento económico. El efecto probable de esta contradicción será una prolongación del estancamiento hasta al menos mediados de 2013.

Durante la última semana, las Bolsas han reaccionado con graves pérdidas ante esta desconcertante ola de ajustes presupuestarios. El tenedor de acciones requiere crecimiento y rentabilidad. Si las expectativas de negocio se arruinan, la Bolsa se hunde. La tendencia depresiva de la renta variable no acaba de disiparse, aunque las pérdidas del Ibex se moderaron ayer y varias Bolsas europeas cerraron con leves ganancias. En la fase actual de esta crisis, lo que es bueno para los compradores de deuda resulta tóxico para los accionistas.


El País - Editorial

Barrer un vandalismo injustificable

Ninguna actuación policial de supuesto índole racista, ni la pobreza ni la crisis económica son excusa para esta ola de violencia, una intolerable falta de respeto al Estado de Derecho que debe ser barrida y no justificada.

Miles de londinenses han comenzado a organizarse a través de las redes sociales para hacer frente y protestar, con escobas en la mano, contra los vándalos que en los últimos días han quemado coches y viviendas, destrozado y saqueado innumerables comercios, en los peores actos de violencia callejera que la capital británica ha sufrido en el último cuarto de siglo.

Aunque se haya detenido a más de 500 personas y las autoridades –empezando por el primer ministro– hayan renunciado a sus vacaciones para hacer frente a la situación, los ciudadanos denuncian la escasa contundencia con las que las fuerzas de orden público reprimieron en un primer momento estos injustificables actos de barbarie que se han extendido a otras ciudades y que han dado una imagen de Londres como si de una ciudad devastada por la guerra se tratara.


El tiempo y los tribunales juzgarán la proporcionalidad con la que actuó el agente de policía que el pasado jueves abatió a tiros al joven Mark Duggan, cuya muerte ha sido utilizada por los organizadores de estos actos de violencia como excusa de su barbarie. Pero lo que no es de recibo es que, no sólo los vándalos, sino también numerosos medios de comunicación, incluidos los españoles, se limiten a decir del joven abatido que era negro, mientras silencian que estaba vinculado con el mundo de las drogas y las bandas criminales y que, en el momento de su enfrentamiento con la policía, portaba un arma de fuego.

Si ninguna actuación policial de índole racista excusa la violencia de estos días, tampoco la justifica la pobreza, ni la crisis económica ni una falta de política de integración de los inmigrantes, como también han querido dar a entender esos mismos medios de comunicación. Se trata tan sólo de una intolerable falta de respeto a la propiedad ajena, al imperio de la ley y al Estado de Derecho que debe ser barrida y no justificada.

Esperemos que esa sensación de impunidad sea de una vez erradicada por acciones policiales "más robustas", tal y como han prometido los mandos de Scotland Yard, pues estos falsos "indignados", que no son, en realidad, más que simples delincuentes, deben sentir toda la fuerza de la ley. A la postre, tal y como ha afirmado, aun tardíamente, el primer ministro Cameron, "si estos jóvenes son los suficientemente adultos para cometer delitos, también los son para asumir las consecuencias".


Libertad Digital - Editorial

martes, 9 de agosto de 2011

Memoria económica. Por José Luis Requero

Un proyecto de ley o de reglamento exige lo que se llama «memoria económica». Sirve para saber cómo se financiará la futura norma. Esto se exige para proyectos de ley y de reglamento pero no para una Constitución. Así cuando se elaboró la Constitución no hubo memoria económica alguna, como tampoco cuando se trata de un estatuto de autonomía. Ahora bien, es aconsejable reflexionar sobre tales extremos porque el pueblo soberano que se dota de esas normas básicas debe saber si tiene capacidad económica para sostenerlas, luego para que se apliquen.

Probablemente de haberse elaborado una memoria económica de lo que en su momento era el proyecto de Constitución, los españoles nos habríamos dado cuenta de que nos iba a regir un texto bastante caro; nos dimos un sistema constitucional que iba a exigir a todos un importante esfuerzo económico para que buena parte de sus previsiones se hiciesen realidad, lo que se acentúa en los últimos estatutos de autonomía que tiran la casa por la ventana.

Proclamar derechos y libertades está muy bien, pero se necesita una Justicia ágil y eficaz para hacerlos realidad, como también tiene su coste crear un Tribunal Constitucional o el sistema parlamentario bicameral o la Casa Real o que haya un Defensor del Pueblo, etc. Y no digamos que se dote de autonomía a provincias y municipios o surjan de la nada las Comunidades Autónomas, órganos en los que se descentraliza la acción política, clonando la organización estatal.


Pero lo que encarece la Constitución es atribuir a los poderes públicos el deber de crear y mantener un abanico de servicios y competencias que concretan el Estado del Bienestar. Se prevé así que «los poderes públicos» procurarán la tutela de la salud, del medioambiente, una vivienda digna y adecuada, la gratuidad de la enseñanza, unas pensiones dignas y así un largísimo etcétera al que se añaden los aún más largos etcéteras de las leyes que desarrollan la Constitución. Repito: todo esto exige gran capacidad financiera.

En 1978 tiramos la casa por la ventana y aprobamos una Constitución de lujo: nos compramos un deportivo, un yate, un chalet en la playa y reformamos la casa. Todo a la vez y gracias al préstamo que nos dio la Historia. ¿Podíamos mantener ese tren de vida? Afortunadamente, al poco vino la Unión Europea y luego los Fondos de Cohesión, lo que nos permitió mantener ese tren de vida al que nos subíamos: las infraestructuras se modernizaron, los pueblos y ciudades se embellecían y se hacían «sostenibles»; el medioambiente se empezaba a cuidar, etc. lo que permitió destinar recursos para colegios, pensiones, etc.

Pero hay dos actitudes para tener ese tren de vida. O la responsable y consciente de que se precisa una economía fuerte y saneada o la inconsciente del que gasta sin medida; no le basta el yate o el deportivo, encima los llenan de accesorios y monta una televisión autonómica, su propia policía, clona órganos estatales, etc. El médico es gratis y somos tan buenos que invitamos a otros y surge la España del turismo sanitario; se dan subvenciones a propios y extraños y los abuelos viven cada vez más años a costa de una menguante población de nietos hechos a la buena vida de sus padres.

Mientras la economía iba bien esto tenía un pase, pero se estropea; la financiación europea mengua, pero la frivolidad gubernativa lo ignora, suprime los topes de gasto y en el país del Lazarillo se dice que lo progre es el déficit; los hijos, acostumbrados al tren de vida de sus padres, se indignan: ni pueden llevarlo ni, quizás, el que tenían esos padres cuando eran más modestos pero sensatos. Se indignan, se autodenominan «indignados», pero no se les censura y unos políticos frívolos y descerebrados les adulan asegurándoles más vida fácil.

El Estado del Bienestar es caro, exige esfuerzo, disciplina y un sistema económico capaz de sostenerlo, que genere riqueza, lo que depende de un empresario incentivado, no demonizado ni machacado. En vez de perder el tiempo en memorias históricas, aunque tarde, quizás sea hora de hacer la memoria económica de nuestro sistema constitucional. Así sabremos lo que cuesta, si podemos financiarlo y si estamos dispuestos a esforzarnos para hacerlo viable.


La Razón - Opinión

Crisis de deuda. Solucionar el déficit en cinco minutos. Por Ignacio Moncada

En el mundo real la magia no existe. Es decir, que ese agujero tendrá que ser pagado por alguien. No tenga ninguna duda al respecto: será usted.

Hace unos días, en una entrevista a la CNBC, Warren Buffett afirmó que podía acabar con el déficit público en cinco minutos: "sólo hay que aprobar una ley por la que, si el déficit público supera el 3% del PIB, todos los miembros del Congreso quedan automáticamente inhabilitados para la reelección". El exitoso inversor estadounidense puso el dedo en la llaga respecto a la crisis de deuda que se vive a ambos lados del Atlántico: nos recuerda que el problema es puramente político. Pese a que nuestros gobernantes insistan en culpar a los mercados, una crisis de deuda soberana se genera cuando los políticos gastan tanto dinero que no sólo hay que pedir prestado, sino que comienza a sospecharse que ni siquiera podrán devolverse esas deudas si no hay rescate de por medio. Y para llegar a ese punto hay que gastar mucho.

En la antigüedad, cuando sucedía algo que no era posible explicar, se solía recurrir al brujo de la tribu. Cuando una enfermedad, por ejemplo, asolaba el poblado, como no se sabía que las causas procedían de un determinado tipo de germen, se buscaba el remedio al problema con una exótica danza del chamán, implorando al cielo la solución. Es razonable, porque la explicación a los sucesos no estaba a su alcance. Lo absurdo es que, hoy en día, nuestros gobernantes sigan recurriendo a los chamanes cuando no comprenden lo que sucede en materia económica. Y es que, después de que se disparara la prima de riesgo española e italiana a cotas desconocidas, el Gobierno ha descargado toda la responsabilidad sobre Jean-Claude Trichet, el presidente del BCE. El banquero central de la eurozona es, para Zapatero, el brujo de la tribu, pues con darle un botón es capaz de solucionar el problema de la deuda. Es lo que sucede cuando quien gobierna no conoce las consecuencias de sus acciones. Porque, aunque lo niegue, en este caso el germen que ha engendrado la enfermedad es el propio Gobierno.

El Gobierno, al pedir públicamente al Banco Central Europeo que compre deuda pública española, lo que está haciendo es solicitar el más deshonroso de los rescates. No estoy seguro de que Zapatero lo sepa. Este mecanismo de salvamento está envuelto en múltiples capas que le dan apariencia de ser extremadamente complejo, tal vez para ahorrarse las explicaciones. Pero su esencia es muy sencilla: consiste en imprimir dinero e intercambiarlo por deuda pública. O sea, darle a los gobiernos billetes recién sacados de la impresora para que no tengan que responsabilizarse de sus gastos. Es evidente que en el mundo real la magia no existe. Es decir, que ese agujero tendrá que ser pagado por alguien. No tenga ninguna duda al respecto: será usted. Verá como la moneda se deteriora, y su poder adquisitivo se desploma. Cuando vea que su bolsillo sigue menguando, recuerde que los problemas están donde señalaba Warren Buffett: sentados en el Congreso de los Diputados.


Libertad Digital - Opinión

La bipolaridad de Bildu. Por Carmen Gurruchaga

Bildu tiene más de un 50% de Batasuna en su composición, por lo que como coalición puede llegar a comportarse de manera bipolar e, incluso, tripolar. Ayer por ejemplo, la parte de EA y Alternatiba sí asistió al acto que se celebró en Zumaia, en memoria del ex presidente de la patronal guipuzcoana, Joxe Mari Korta, asesinado por ETA hace 11 años.

Pero no lo hizo el diputado general de la provincia, Martín Garitano, vinculado a la izquierrda abertzale de toda la vida y que prefirió dejar su representación en manos de dos diputadas de EA. Sin embargo, sí acudió la alcaldesa en funciones del municipio, del sector independiente de Bildu. Y es que Garitano está más preocupado por la vuelta a casa de los presos de ETA que por las víctimas de la banda; y por la negociación de los terroristas con el Gobierno que por las necesidades de los guipuzcoanos.

Sin embargo, sabe que si se le ve el plumero exigiendo las reivindicaciones perennes de la banda y sólo muestra su apoyo a los reclusos etarras y a sus familiares, la coalición que posibilita a la izquierda abertzale el acceso a las instituciones puede ser finalmente ilegalizada. Por ello, a Batasuna le viene bien la bipolaridad pues aunque la verdad sea vox populi y ya no engaña a nadie, ¿cómo se demuestra jurídicamente que no condenan la violencia cuando una parte de Bildu acude al homenaje de una víctima?


La Razón - Opinión

Despilfarro. ¿Seguirá Fabra el mal ejemplo de Camps? Por Guillermo Dupuy

La verdad es que el asunto de los trajes ha eclipsado en los medios de comunicación muchas cosas de la Comunidad Valenciana, tal y como afirmaba Camps; pero no sólo elogiables sino también censurables de la gestión del PP valenciano.

Aseguraba Francisco Camps en su discurso de dimisión estar "harto" de que el caso Gürtel hubiera ocultado en los medios de comunicación muchas cosas positivas de la Comunidad Valenciana. La verdad es que el asunto de los trajes ha eclipsado muchas cosas, no sólo elogiables sino también censurables de la gestión del PP valenciano. Cosas como el insaciable centralismo autonómico, que ha seguido vampirizado a las provincias de Alicante y Castellón en beneficio exclusivo de la ciudad de Valencia; cosas como la politización de las cajas de ahorros que ha terminado por arruinar a una de las otrora más prosperas entidades financieras de nuestro país, como era la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Sólo dos días antes de su intervención por parte del Banco de España, la entidad financiera alicantina tuvo que renovar un préstamo de 200 millones al Gobierno valenciano, que, desde 2006, ya era el destinatario de tres de cada cuatro euros de las operaciones de crédito, aval o garantía que la entidad había realizado con las instituciones públicas de la Comunidad.

Está por ver que el asunto de los trajes haya acabado definitivamente con la carrera política de Francisco Camps. Pero, desde luego, si queremos que la victoria electoral del PP sirva para establecer las bases de la recuperación económica, lo que ya ningún representante popular con responsabilidad de gobierno debería poder hacer es seguir el mal ejemplo de Camps en lo que a gasto y endeudamiento público se refiere. La Comunidad Valenciana –por no hablar del Ayuntamiento de Valencia– es una de las instituciones públicas de nuestro país que más y a mayor velocidad se ha endeudado y una de las principales corresponsables de las elevadísimas primas de riesgo que está pagando la deuda española.

Es verdad que, en una reciente entrevista concedida a El Mundo, el nuevo presidente de la Generalidad, Alberto Fabra, hacía público un compromiso con la austeridad que parecía un punto de inflexión frente a la rienda suelta que el gasto publico ha gozado en Valencia. Sin embargo, ya entonces ese compromiso del nuevo presidente me pareció demasiado vago y no suficientemente consciente del radical cambio de mentalidad que es exigible en los políticos en lo que a privatizaciones y recorte de gastos se refiere. Así, que Fabra se limitara a decir respecto a Canal 9 –uno de los cuatro canales de televisión pública que hay en la Comunidad Valenciana, cuya deuda asciende a los 1.500 millones de euros–, que lo que pretende es "garantizar el pluralismo", debe resultar hasta ofensivo para cualquier persona mínimamente consciente de la realidad financiera que los políticos deben de una puñetera vez de afrontar. Y es que la solución no pasa ni siquiera por reducir los déficits de las televisiones públicas, sino proceder a su inmediata puesta en venta y reducir con lo que se obtenga con ella la deuda que han generado estos pozos sin fondo.

No le echaré en cara al recién llegado presidente algo que ahora se ha sabido como es el hecho de que durante 2010 cada diputado valenciano gastara una media de 650 euros al mes en teléfono, pero desde luego sí que haya nombrado 83 asesores –entre 6 y 8 por consejería- con un coste de 4,45 millones de euros anuales.

Espero, no obstante, poder equivocarme con Fabra. Si es así, gustoso haría una recolecta para regalarle dos o tres trajes.


Libertad Digital - Opinión

Campus estéril. Por José Antonio Álvarez Gundín

Sorprende que entre las reivindicaciones de los «indignados» no haya una sola alusión, siquiera de pasada, a la Universidad, estando como están muchos de ellos en plenos estudios superiores. Es más, se diría que están satisfechos con el sistema académico, con la gestión de los rectores y con el profesorado, lo cual resulta asombroso si se tiene en cuenta que ninguna universidad española figura entre las 150 primeras del mundo por su calidad y prestigio. De la duodécima potencia mundial cabía esperar que su enseñanza universitaria no desmereciera del ranking, pero la realidad es que se disputa los puestos del pelotón con países del Tercer Mundo. De hecho, la Universidad pública española es una fábrica de frustración a pleno rendimiento y un título suyo no tiene más utilidad para encontrar trabajo que un diploma de la asociación de vecinos. Y lo peor es que aún no ha tocado fondo. Hace algunas semanas, un centenar largo de catedráticos difundió un manifiesto contra la reforma del personal docente que proyecta el Gobierno, con denuncias tan vigorosas que dejan pasmado al más escéptico. Según los firmantes, en su mayoría de centroizquierda, la Universidad se dirige a toda máquina hacia la perfecta burocratización, sindicalización y endogamia, donde se puntúa más el papeleo de despacho y la militancia sindical que la investigación, las publicaciones o el currículum en el extranjero. Se alimenta así una casta parasitaria cuyo objetivo es controlar los resortes del claustro para fines ideológicos. Eso es lo que explica por qué el campus se ha convertido en el patio de recreo de los grupúsculos radicales, una minoría que impone sus reglas y decide quién puede pronunciar una conferencia y quién no, a quién se le abre el aula magna y a quién se le cierra. Es muy loable que los «indignados» quieran cambiar el mundo, pero ¿qué tal si empiezan por su raídos pupitres? La Universidad no puede convertirse en refugio de mediocres ni fonda de fracasados, sino en el principal motor intelectual, científico y de renovación social, donde se prime el mérito y el esfuerzo, donde no se malverse el dinero público impunemente y se impida su utilización política, que por depender de las autonomías suele ser cateta y de vuelo gallináceo. Si el título universitario no recupera su utilidad laboral y su prestigio, sobra tanta universidad inútil y estéril.

La Razón - Opinión

Acuerdo con C's. ¿El gran error de Rosa Díez? Por Carmelo Jordá

Para los que hasta ahora han confiado en Rosa Díez o están pensando en hacerlo esta negativa inopinada y en redondo puede ser difícil de tragar y en el rapidísimo no de algunos dirigentes de UPyD se adivinan razones no muy presentables.

Puede que la fórmula elegida por Albert Rivera para hacer su propuesta de pacto, hablar de ello en los medios antes de comunicarse con la propia dirección de UPyD, no haya sido la más acertada; puede que el de C's esté simplemente buscando un espacio en los medios que no le es fácil conseguir; incluso es probable que la apuesta de Rivera, ese extraño todo o nada que plantea al decir que si no lo hace con UPyD no se presentará, sea un flaco favor a su electorado.

Sin embargo, aún así Rosa Díez y su partido pueden estar cometiendo uno de los grandes errores de su todavía corta vida si desprecian sin más el ofrecimiento que les plantea el líder de C’s. Y en un partido pequeño como UPyD los errores se pagan muy caros: pueden marcar la diferencia entre el ser o no ser.

Digo esto porque creo que, aunque pueda parecer lo contrario, en este tema la formación de la valiente Díez tiene más que perder que la de Rivera. En primer lugar porque por suerte o por desgracia C’s se ha acabado configurando como una alternativa netamente autonómica, que no espera ni necesita un gran resultado fuera de Cataluña.


Por el contrario, UPyD mantiene una vocación de partido nacional, pero tiene una implantación poco menos que testimonial en Cataluña y sus diferentes resultados electorales han rozado el ridículo, y eso siendo benévolos. C’s sí podría dar esos votos que los de Díez no logran tener en aquella región y tiene también la estructura de partido necesaria para, por primera vez, hacer una campaña digna de tal nombre.

No sé si todo ello serviría para que algún diputado catalán acompañase a Rosa Díez en el Congreso, pero de la mano de C’s está claro que ésta sería una empresa difícil pero no imposible. En solitario, por el contrario, resulta absolutamente descabellado pensar que se puede pasar de los 5.000 votos en las autonómicas a los 150.000 necesarios, más o menos, para obtener un diputado en Barcelona.

Por otro lado, tiendo a pensar de que el electorado de partidos como UPyD o C’s es más crítico y exigente que el de PSOE y PP, que han tenido tiempo de convertirse en una costumbre que es difícil romper y que arrastran a muchos votantes por pura entraña.

Así, para los que hasta ahora han confiado en Rosa Díez o están pensando en hacerlo esta negativa inopinada y en redondo puede ser difícil de tragar y en el rapidísimo no de algunos dirigentes de UPyD se adivinan razones no muy presentables y todavía menos comprensibles para un elector que, dando su voto a partidos pequeños, está claro que no piensa en la defensa de intereses o privilegios particulares sino en el bien común.

Y está claro que buena parte de ese bien común pasaría, en las próximas elecciones, por contar con una alternativa de izquierda moderada, españolista y racional que puede dar respuesta a las demandas de un electorado, sobre todo del PSOE pero también del PP, que ha dejado de creer que los grandes partidos son capaces por sí mismos de arreglar la situación.

Si esa alternativa no llega a configurarse con el formato más amplio posible puede defraudar muchas de estas expectativas y ver frustrado un crecimiento para el que va a tener pocas oportunidades como estas elecciones, especialmente si ese elector exigente percibe que los culpables han sido los personalismos, los egoísmos y las ansias de un protagonismo banal.

Al fin y al cabo, la U de UPyD es de Unión, ¿no?


Libertad Digital - Opinión

Un liderazgo sin dueño. Por Ignacio Villa

Después de una semana de infarto para la economía mundial; de días de desasosiego para la Unión Europea y para los Estados Unidos; de jornadas maltrechas para el euro, el dólar, el yen y las bolsas de medio mundo; de idas y de venidas con todo tipo de acusaciones, de reproches y de críticas podemos decir que esta primera semana de agosto ha sido una de las más críticas de estas últimas décadas. Son desde luego muchas las sugerencias y muy variados los análisis; pero no hay que dar muchas vueltas a la cuestión. Echarnos las culpas unos a otros no sirve absolutamente para nada. La cuestión tiene mucho mayor alcance y además tiene el agravante de no saber si hemos tocado suelo. Es más, todo apunta a que todavía no ha llegado lo peor.

Quizá lo más fácil en un momento como éste, sería repartir culpas a diestro y siniestro. Y además posiblemente hay motivo para ello. Pero en esta ocasión me gustaría poner el acento en una cuestión distinta y diferente. Lejos de medidas más o menos acertadas, y de decisiones más o menos correctas; ahora mismo lo que está quedando en evidencia es que cuando más lo necesitamos no tenemos un liderazgo internacional que marque las pautas, que señale el recorrido y que sea capaz de aunar voluntades ahora que la economía mundial está al borde de la bancarrota.


No son estas afirmaciones más o menos genéricas. Es simplemente la confirmación de algo que ya conocemos en nuestra historia reciente. Ejemplos no faltan. Desde la caída del Muro de Berlín, hasta la paz entre Egipto e Israel, desde la puesta en marcha de la moneda única europea hasta una solución en la complicada zona de los Balcanes. Para situaciones sin solución, hacen falta líderes con capacidad de respuesta, con decisiones arriesgadas y con apuestas impensables. Pero por encima de todo, lo que en estos momentos es de obligado cumplimiento es un liderazgo, sin egoísmos partidistas e ideológicos. Un liderazgo que sepa también sacarnos de este pozo negro en el que nos estamos introduciendo a una velocidad de vértigo.

Estamos huérfanos. No tenemos un asidero que nos sirva de apoyo en esta situación de incertidumbre. Ni en los Estados Unidos, ni en el Reino Unido, ni en Alemania, ni en Francia, ni en Japón. Todos se miran al ombligo, pendientes y calculadores de sus políticas internas. Vivimos sin orden, ni concierto. Todos hacen, gesticulan y pontifican. Pero nadie asume ese liderazgo por encima del bien y del mal, que necesitamos para salir del precipicio. En todas las grandes cancillerías se acicalan para la fiesta que nunca llegará, inconscientes de que el «Titanic» se hunde. Ajenos a que el barco se va a pique por mucho que la orquesta siga tocando. No hay liderazgo internacional, ni nadie que quiera asumirlo. Todos se miran y se contemplan; nadie quiere riesgos. Y ahí esta nuestro problema, lo demás son pamplinas.


La Razón - Opinión

El balance. Game over. Por Manuel Llamas

La crisis de deuda no se debe a la especulación, ni a los avariciosos mercados, ni a una conspiración internacional ni mucho menos a las agencias de rating.

La degradación crediticia de Estados Unidos era una mera cuestión de tiempo. De hecho, si por algo ha de recibir críticas S&P es por su descarada tardanza y alarmante falta de rigor a la hora de rebajar el rating a la primera potencia mundial. Pero la realidad, para desgracia de muchos políticos, se acaba imponiendo tarde o temprano, tal y como acontece desde hace casi año y medio en el seno de la zona euro.

Para entender la crisis de deuda pública no es preciso irse a las grandes cifras sino tomar como ejemplo lo que acontece en una empresa o familia que atraviesa graves dificultades financieras. Si un hogar cuenta con una deuda de 100.000 euros y unos ingresos anuales de 40.000 podrá amortizar con facilidad dicho crédito a medio plazo destinando una porción de sus recursos. Claro que si el matrimonio en cuestión se queda en paro y sus ingresos descienden a 10.000 euros anuales dicha situación cambia radicalmente.


Además, si la pareja mantiene su anterior nivel de vida (gasto) a base de ampliar crédito, sin intención de liquidar activos (piso, coche, acciones...) ni atisbo alguno de recolocarse en el mercado laboral por la negativa de cambiar de sector o aceptar salarios más bajos, resulta evidente que, llegado un punto no muy lejano, el banco le acabará exigiendo tipos de interés mucho más altos o bien le cerrará el grifo de la financiación. Es entonces cuando la familia tendrá que declararse en quiebra e incumplir sus compromisos financieros, a no ser que alguien distinto a ese banco le conceda más avales o le preste dinero para salvar la situación.

Algo similar es lo que acontece desde hace meses con algunos países. Ante la negativa de reestructurar sus finanzas públicas (reducir gastos) y acometer las reformas necesarias para impulsar el crecimiento (generar más ingresos), el mercado (banco) comenzó a exigir un mayor coste para prestar dinero a determinados estados. Sin embargo, éstos han continuado con su deriva, culpando a la malvada especulación de todos los males e ignorando por completo que la raíz de todos los problemas radica en mantener su sobredimensionado tamaño. La imposibilidad de financiarse a precios asequibles ha situado a varios de estos países al borde de la quiebra. El impago tan sólo se ha evitado, de momento, gracias a que otros socios –léase bancos centrales y Gobiernos– han intervenido in extremis prestándoles el dinero preciso.

Sin embargo, esta particular transferencia de recursos no es gratuita. Para que los países díscolos se mantengan en pie, los solventes deben incrementar su ya abultado nivel de deuda (es el caso de Alemania), deteriorando así su posición crediticia, en una especie de huida hacia adelante que tarde o temprano llegará a su fin. Game over, el tiempo se agota.

Y es que, la crisis de deuda no se debe a la especulación, ni a los avariciosos mercados, ni a una conspiración internacional ni mucho menos a las agencias de rating. Los verdaderos culpables son los Gobiernos de cada país, obstinados en ocultar la realidad y retrasar todas las medidas precisas para recuperar el crédito de los inversores.


Libertad Digital - Opinión

Concurso de recetas

Los mercados financieros internacionales vivieron ayer otra jornada de agitación e incertidumbre con caídas generalizadas. Pese al efecto sedante que tuvo el anuncio de que el Banco Central Europeo comprará deuda española e italiana, lo que situó nuestra prima de riesgo por debajo de los 300 puntos, la tormenta desatada en Estados Unidos por las agencias de calificación golpeó a Wall Street y arrastró al resto de las bolsas mundiales. La comparecencia ante la Prensa de Barack Obama fue muy elocuente de los problemas de credibilidad entre los inversores que padece la política fiscal del país. No está claro que el presidente norteamericano haya logrado con su mensaje de optimismo relajar las tensiones y todo apunta a que en los próximos días asistiremos a nuevos sobresaltos. Tampoco España está a salvo, por más que la vicepresidenta Salgado haya tratado de infundir confianza a los inversores con el anuncio de una serie de decisiones muy heterogéneas para recaudar unos 5.000 millones adicionales y cumplir así el objetivo de déficit del 6% en este año. Pendientes de ser aprobadas en un próximo Consejo de Ministros, estas medidas van desde un recorte del gasto farmacéutico, más voluntarista que viable, hasta una flexibilización del contrato a tiempo parcial, pasando por acelerar la entrada en vigor de las normas de control del déficit autonómico. Pero la más sorprendente ha sido otra: las grandes empresas deberán adelantar a cuenta el pago del impuesto de sociedades, capítulo por el que Salgado espera disponer de 2.500 millones. Como es natural, la CEOE ya ha manifestado su oposición a lo que considera una arbitrariedad, pues a las empresas les merma aún más su liquidez y capacidad de financiación. Además, adelantar el pago del tributo es pan para hoy y hambre para un mañana que seguramente no tendrá que gestionar el Gobierno socialista, sino uno del PP, lo que viene a engrosar esa pesada herencia que recibirá Rajoy a partir de noviembre. Lamentablemente, las nuevas medidas de Salgado siguen la estela de la improvisación y la ocurrencia que ha marcado la política económica desde mayo del pasado año. Todas las reformas, recortes y restructuraciones se han hecho a regañadientes, sin verdadera convicción, a remolque de las exigencias europeas y con limitada credibilidad. Lo que se llama vulgarmente ir trampeando la situación. En este contexto, la propuesta realizada ayer por un Rubalcaba hiperactivo para que empresarios y trabajadores firmen un pacto por la moderación tanto de los salarios como de los beneficios ha caído como un meteorito. Desde luego, parece extraterrestre que, en plena tormenta financiera internacional, el candidato del PSOE se despache con una iniciativa de diálogo social que como vicepresidente del Gobierno ni impulsó ni le pareció relevante. Por el contrario, aprobó una reforma laboral insuficiente e ineficaz que no ha contentado a nadie, no ha estimulado la creación de empleo y no ha incrementado la competitividad de la economía española. No es nada tranquilizador que desde el Gobierno y desde Ferraz compitan por dar nuevas recetas económicas como si se tratara de un concurso de ocurrencias.

La Razón - Editorial

El miedo crece


Las Bolsas siguen en caída libre pese al BCE y al dramático mensaje de Obama a los mercados.

La caída de las Bolsas mundiales parece no tener fin. Ni la intervención del BCE ni el dramático mensaje de Obama para intentar disipar las dudas sobre la economía estadounidense pudieron evitar otra jornada desastrosa. Los mercados de deuda y de renta variable respondieron ayer de forma dispar a los recientes acontecimientos económicos, es decir, la rebaja de la calificación de la deuda estadounidense por parte de Standard & Poor's y la compra de deuda de España e Italia por parte del Banco Central Europeo (BCE) para estabilizar los diferenciales de ambos países y evitar el riesgo de intervención. Las Bolsas mundiales, incluyendo el Ibex 35, sufrieron grandes caídas porque los inversores descuentan que los ajustes presupuestarios a uno y otro lado del Atlántico (en especial en EE UU) causarán una ralentización del crecimiento económico. La OCDE es de la misma opinión; sostiene que durante 2011 el crecimiento mundial será más lento. La contradicción entre ajuste y crecimiento, cada vez más importante para los inversores, cuestiona, al menos a corto plazo, las expectativas de recuperación mundial.

Los mercados de deuda, al contrario, reaccionaron bien al anuncio del BCE. La prima de riesgo española cayó de golpe en 100 puntos básicos (80 al cierre de la jornada) y mejoró la solvencia de la deuda. Algo tendría que ver además el anuncio de un nuevo recorte presupuestario en preparación que, por supuesto, reducirá un poco más la expectativa de crecimiento español en 2012. La deuda italiana sufrió igual suerte, aunque el BCE ha recordado que Italia tiene que aplicar planes de austeridad y un programa de privatizaciones.


Pero si era un clamor en Europa que el BCE tenía que actuar comprando deuda española e italiana para evitar la quiebra de la solvencia en ambos países, ¿por qué Trichet no lo anunció el jueves? La explicación es que el BCE está aplicando la táctica de la intervención menos costosa. El jueves pasado intentó transmitir a los mercados que el banco está dispuesto a intervenir; pero la comunicación fracasó porque amagó comprando deuda irlandesa y portuguesa (la opción más barata) y los inversores requerían conocer con exactitud la línea roja a partir de la cual entraría en liza el BCE. Desde el domingo por la noche ya conocen esa línea roja.

Ahora bien, la acción de Europa no puede quedarse en la intervención del BCE. Los inversores empezarán a preguntarse rápidamente si el banco se va a limitar a intervenir una sola vez o si lo hará de forma continuada para cortar la especulación. Más prudente sería acelerar la reforma anunciada del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), la que le permite intervenir en el mercado y actuar como un mecanismo de estabilidad de la eurozona. Es mala política que, con los riesgos que implica la permanente convulsión financiera, la reforma del Fondo empiece a discutirse en septiembre. El coste de la ausencia de una autoridad económica europea puede ser insoportable; y no solo para España o Italia, sino para toda Europa.


El País - Editorial

Rubalcaba se viste de Zapatero


Si ya ni siquiera comparece como presidente ante una crisis como ésta, delegando en el candidato de su partido la búsqueda de soluciones, ¿por qué esperar al 20 de noviembre?

Al contemplar la rueda de prensa que ha ofrecido Alfredo Pérez Rubalcaba en la mañana de este lunes, resultaba inevitable pensar que la máquina del tiempo nos había trasladado un mes atrás, cuando el entonces vicepresidente ejercía de portavoz del Gobierno. Con su tono institucional con el que esquivaba las preguntas difíciles los viernes tras el Consejo de Ministros, el candidato del PSOE exigió que representantes de empresas y trabajadores se reunieran para alcanzar un gran pacto.

El contenido de la comparecencia es casi lo de menos. Una vuelta más de tuerca a las malas costumbres que hemos alimentado durante los últimos treinta años y que nos han llevado a donde estamos: pactos de chichinabo entre las fuerzas sociales que hace mucho que dejaron de representar a nadie, cambios cosméticos y palabras, muchas palabras. España necesita darle la vuelta como un calcetín a su modelo productivo, liberalizando una economía encorsetada, en buena medida, por soluciones como las que busca Rubalcaba, que pretende dirigirla desde arriba abajo en lugar de facilitar el proceso contrario.


Lo realmente notable es el descaro con el que el exvicepresidente actúa como si Zapatero no estuviera al mando y fuera él quien gobernara el país. Asegura haber hablado ya con miembros del Gobierno y aprovechar sus reuniones como candidato con los representantes de empresarios y sindicatos para avanzar. Cierto es que quienes "tienen que estar al frente tampoco se pueden ir de vacaciones", en crítica nada velada a Zapatero, pero eso no conlleva su sustitución de facto por alguien que no ha sido elegido ni por las urnas ni por el Congreso.

Pero si esta comparecencia deja en mal lugar a Rubalcaba, a quien no debería dejar indiferente es al propio Zapatero. Si ya ni siquiera comparece como presidente ante una crisis como ésta, delegando en el candidato de su partido la búsqueda de soluciones, ¿por qué esperar al 20 de noviembre? Parece claro que se ha tomado muy a pecho su papel de líder amortizado que nada puede ni debe hacer hasta su marcha. Pero en tal caso, y dada la dramática situación económica en que nos encontramos, no tienen ningún sentido seguir alargando la agonía. Que convoque ya, sin perder más un tiempo que para España es precioso.


Libertad Digital - Editorial

lunes, 8 de agosto de 2011

Economía paso a paso. ¿Cómo crean dinero los bancos?. Por Juan Ramón Rallo

Tal vez ahora entienda por qué a lo largo del s. XX se ha ido privilegiando a la banca permitiéndole que no pague sus deudas y proporcionándole un acceso privilegiado al banco central.

Una de las críticas más habituales contra el sistema bancario es que crean "dinero de la nada". La expresión puede ser pegadiza por su simplicidad, pero es incorrecta. Y lo es por dos motivos: el primero, que los bancos no crean dinero, sino medios de pago alternativos al dinero; el segundo, que no lo crean de la nada. Con ello no quiero negar, ni mucho menos, que en ciertos contextos la actividad bancaria sea profundamente distorsionadora, pero para poder criticar con fundamento a la banca, antes es imprescindible saber de verdad cómo funciona.

Que los bancos no crean dinero debería ser algo evidente desde el momento en que pueden quebrar: si el banco generara dinero, en cuanto estuviera en dificultades no tendría más que pintarlo. ¿Para qué ampliar capital y salir a bolsa si pueden manufacturarlo por sí mismos? No, repito: los bancos no crean dinero, crean promesas por las que ellos mismos se obligan a entregar dinero, es decir, crean deudas propias (y eso es algo muy distinto al dinero, pues la manera por excelencia de extinguir las deudas es pagando con dinero). Un depósito a la vista o un billete al portador –los dos pasivos por excelencia de la banca comercial– son justamente eso: una promesa del banco, exigible por su acreedor en cualquier momento, de entregar dinero a su acreedor.

Pero que los bancos no creen dinero no significa que sus promesas de pago no sean utilizadas como medios de pago o incluso como depósitos de valor, dos de las funciones básicas del dinero (aunque, fijémonos, que no serán empleadas como unidades de cuenta, pues precisamente las deudas de los bancos se contabilizarán en dinero). Son, como decíamos, medios de pago alternativos o, como les gusta denominarlas a muchos economistas, sustitutos del dinero.


¿Y por qué la gente las utiliza como sustitutos del dinero? Pues básicamente porque son más cómodas y baratas de emplear que el dinero propiamente dicho. Y lo son no tanto por ese cuasi chascarrillo popular de que es más fácil llevar en el bolsillo un talonario o un fajo de billetes que varios kilos o toneladas de oro, sino sobre todo porque gracias a los bancos el dinero puede cambiar rápidamente de manos sin necesidad de desplazarlo físicamente.

Imagine que tengo 100 onzas de oro depositadas en el banco BUEN DINERO y que utilizo 75 en comprarme un automóvil. Si el dueño del concesionario tiene abierta una cuenta corriente en BUEN DINERO, podré pagarle el coche sin mover mi oro ni un solo milímetro; nuestro banco sólo tendrá que efectuar un sencillo apunte contable: si bien hasta el momento me debía a mí 100 onzas, a partir de ahora me deberá 25 a mí y 75 al dueño del concesionario. El oro, sin moverse, ha cambiado de titularidad.

Suponga ahora, en cambio, que el dueño del concesionario no es cliente del banco BUEN DINERO, sino del banco COBRE PRONTO. En tal caso, una vez le haya pagado (en billetes o con un cheque) al dueño del concesionario, COBRE PRONTO le reclamará a BUEN DINERO 75 onzas de oro... a menos que COBRE PRONTO también le adeude oro a BUEN DINERO (por ejemplo, porque un cliente de aquél le haya comprado alguna mercancía a otro cliente de éste). Si le debiera, verbigracia, 77 onzas de oro, los saldos acreedores de uno y otro se cancelarían con la simple entrega de dos onzas de oro de COBRE PRONTO a BUEN DINERO. Imagine: gracias a la compensación de las deudas entre los bancos (lo que se conoce como cámara de compensación interbancaria), hemos realizado transacciones por importe de 152 onzas simplemente movilizando dos de ellas. ¿Empieza a entender por qué son tan útiles los bancos?

Pero la historia no termina aquí. Para entender la otra función fundamental de la banca debemos comprender por qué es falso que generen medios de pago "de la nada". Seguramente piense que la forma más habitual por la que la banca crea promesas de pago es a cambio de dinero (en nuestro ejemplo, el oro), pero no es así. Piense en la banca como un negocio que vende sus deudas a cambio de otras cosas. Una posibilidad, sin duda, es que las venda a cambio de oro, mas no tiene por qué ser la única. El banco también puede vender sus promesas de pago a cambio de las promesas de pago de sus clientes (o, mejor dicho, el banco compra las deudas de sus clientes pagando con sus propias deudas). Por ejemplo, yo puedo comprometerme a entregarle dentro de un mes 1.005 onzas de oro al banco BUEN DINERO si él me entrega hoy promesas de pago de 1.000 onzas (lo que equivale a un préstamo de 1.000 onzas a un tipo de interés mensual del 0,5%): aunque hoy no dispongo de las 1.005 onzas de oro, el banco me permite utilizar desde ya 1.000 de ellas.

Pero esto no supone crear medios de pago de la nada: más bien se crea medios de pago a cambio de nuestra promesa de que en un mes le pagaremos al banco 1.000 onzas de oro. ¿Cree usted que una deuda con el banco no es "nada"? Si tiene una hipoteca, dudo que mantenga por mucho tiempo esa opinión: el derecho a recibir dinero es un activo tremendamente valioso (sobre todo si se termina pagando).

En definitiva, la banca se dedica a convertir en medios de pago (a monetizar) todo un amplio elenco de bienes presentes y bienes futuros: las deudas que monetiza no son más que el compromiso a entregarle en el futuro al banco un dinero que obtendremos de la venta de bienes que ya existen o que existirán. El banco monetizará, pues, no sólo el oro que depositamos en sus reservas, sino cualquier cosa que hoy tenga valor y que el banco crea ventajoso comprar a cambio de sus deudas (de sus promesas de pago). En contra de lo que suele pensarse, el banco no necesita captar depósitos para prestar; al contrario, suele crear nuevos depósitos (nuevas promesas de pago) cuando presta. Para el público, esto tiene ventajas muy grandes: la gente que carezca de dinero, pero que disponga o vaya a disponer de bienes con valor monetario, podrá acudir al banco para vestir como medios de pago esas propiedades a cambio de un módico precio (justamente, el pago del intereses).

¿Significa lo anterior que los bancos pueden monetizar sin consecuencias cualquier cantidad de bienes presentes o futuros? No. Tengamos en cuenta que el banco siempre que crea nuevos medios de pago se está endeudando: su manera de monetizar bienes presentes o futuros es comprándolos mediante la emisión de nuevas deudas propias. Al fin y al cabo, los billetes de banco o los depósitos que crea para comprar los bienes presentes o futuro son compromisos suyos a entregar oro... y a entregarlo a la vista: cualquier acreedor del banco puede exigirle en cualquier momento que le proporcione unas cantidades de oro que, obviamente, el banco no tiene en reserva y que tendría que conseguir liquidando los bienes presentes o futuros que ha monetizado previamente.

Por consiguiente, el banco debería ser extremadamente prudente a la hora de monetizar bienes distintos del oro: si esos bienes ya existen (bienes presentes), lo ha de ser porque su precio en términos de oro puede fluctuar enormemente en el momento de la liquidación, de modo que el banco recuperaría con la ejecución del bien presente menos oro del que ha adelantado con sus promesas de pago; y si esos bienes todavía no existen (bienes futuros), porque estaría incrementando la cantidad de medios de pago sin que lo haya hecho la de bienes disponibles para ser adquiridos (generando con ello inflación), de modo que, en caso de necesidad, no podría vender hoy los bienes futuros para convertirlos en oro y pagar sus deudas.

Por ejemplo, si el banco adelanta al dueño de un concesionario 1.995 onzas de oro a cambio de que en tres meses le devuelva 2.000 onzas después de haber enajenado todos los coches que tiene a la venta, lo que está monetizando el banco es el valor monetario de los vehículos. ¿Qué sucederá si en tres meses el dueño del concesionario sólo ha podido liquidarlos por 1.500 onzas? Pues que el banco tendrá un agujero de 500 onzas que tratará de rellenar liquidando otros bienes presentes del dueño del concesionario (si es que prestó una garantía personal), y si éste carece de bienes presentes, deberá atacar sus bienes futuros según vayan creándose (pero, mientras tanto, se quedará corto de oro, con el consiguiente riesgo de suspender pagos).

La enorme flexibilidad de los medios de pago de la banca ha llevado a diversos economistas a proponer que el banco sólo pueda vender sus deudas a la vista para comprar dinero (coeficiente de caja del 100%). La cautela es comprensible pero innecesariamente rígida. A la postre, los acreedores del banco pueden cobrar de dos maneras: o recibiendo oro o recibiendo aquellos bienes que comprarían inmediatamente si dispusieran de oro. El banco puede, por tanto, mantenerse razonablemente líquido y funcionar sin problemas siempre que se limite a monetizar oro y aquellos bienes de consumo sobre los que no quepa ninguna duda que van a ser adquiridos a muy corto plazo por los consumidores y al precio por el que se han monetizado (esto es, que se van a transformar a corto plazo y con seguridad en oro o sean susceptibles de saldar la deuda de los bancos entregándoselos a sus acreedores directos o indirectos). O dicho de otra manera, un banco que siguiera estas directrices podría hacer frente a todas sus deudas aun cuando no tuviese suficiente oro en sus reservas y todos sus acreedores fueran a la vez a reclamárselo.

Más allá de eso, la monetización de bienes presentes con escasa demanda o de bienes futuros traerá consecuencias inflacionistas, tenderá a generar ciclos económicos y pondrá en jaque la liquidez y la solvencia de los bancos: estos se endeudarán a corto plazo (emitirán billetes o depósitos) para invertir a largo (sólo recuperan el oro merced a la venta de una mercancía futura que todavía no existe). La concesión de préstamos contra bienes futuros no debería hacerse mediante la creación de deudas a la vista por parte de la banca, sino mediante ahorro y préstamos a la banca (renuncia por parte de un tercero a los bienes presentes que el deudor de la banca quiere adquirir hasta que fabrique los bienes futuros con cuya venta se amortizará el préstamo). Uno de los casos más extremos y devastadores de comportamiento imprudente de la banca es la concesión de hipotecas mediante la creación de depósitos a la vista: en esos supuestos, lo que se monetiza no es la vivienda, sino los sueldos del hipotecado durante los próximos 20, 30 ó 40 años (las mercancías que irá produciendo y vendiendo durante esas décadas). La casa es sólo un bien presente que actúa como garantía adicional y cuyo precio de ejecución fluctúa enormemente.

Tal vez ahora entienda por qué a lo largo del s. XX se ha ido privilegiando a la banca permitiéndole que no pague sus deudas (que no las pague en oro, sino en un "dinero especial" que crea a discreción el Estado) y proporcionándole un acceso privilegiado a una banca central dispuesta a refinanciarla siempre que se encuentre al borde de la suspensión de pagos. Pero todo esto lo explicaremos en otros artículos.


Libertad Digital - Opinión

The Economist retrata a Rajoy. Por José Luis Gómez

Mariano Rajoy quiere ganar las elecciones generales, a ser posible con mayoría absoluta, y por esa misma razón trata de presentarse como un líder de centro, que dice que no hará recortes sociales. Los medios españoles de derechas y sus propias bases saben que eso equivale a la cuadratura del círculo pero nadie se atreve a decirle nada a su candidato a presidente; unos y otros están concentrados en machacar al PSOE. Sin embargo, no toda la derecha actúa de esta manera en un mundo globalizado. Así, la revista conservadora The Economist pone en evidencia a Rajoy, cuestiona su discurso económico y le emplaza a mojarse, tras presentarlo como el hombre con nada que decir: "Rajoy, the man with nothing to say".

The Economist no sólo cuestiona la credibilidad de Rajoy como firme aspirante a presidente, sino que pone en cuestión el modelo de gestión del Partido Popular allí donde gobierna. Tiene toda su lógica que lo haga, ya que en un país tan descentralizado como España carece de rigor atribuir al Ejecutivo central todos los males. Las autonomías también son Estado -así lo reconoce la Constitución- y hay ayuntamientos como el de Madrid cuya dimensión financiera es más propia de un pequeño país que de un municipio. Pues bien, los poderes del PP en autonomías y ayuntamientos son hoy por hoy casi absolutos y, sin embargo, su discurso elude la autocrítica y se centra exclusivamente en derribar al Gobierno socialista, como si esto sirviera para algo.

Si el PP, como dicen todas las encuestas, gana las elecciones y gobierna a sus anchas tendrá que empezar por resolver la primera gran incógnita: o hace recortes o sube los impuestos. Tal y como están los problemas de la deuda y dados los compromisos de reducción del déficit -un 4% del PIB en 2014-, lo que no vale es hablar de otra cosa o disfrazar la realidad. Tanto para los electores como para los mercados financieros sería positivo saber qué quiere hacer el PP. Pero de verdad, sin obviedades ni pócimas milagrosas que solo distraen, como el adelanto del adelanto electoral.


Periodista Digital - Opinión

Zapatero ante la Historia. Por José Carlos Rodríguez

Hay que ser muy optimista para creerse en la posición de conformar el juicio que merecerá de la Historia. El optimismo tiene mala prensa, otro de los errores de Zapatero. A veces se confunde con la tontería.

En una ocasión tuve una breve conversación con José Luis Rodríguez Zapatero. Le hice una pregunta aprovechando que pasaba a mi lado mientras caminaba para salir de la sala de prensa del complejo de La Moncloa. No me interesaba la respuesta sino cómo me la daría él en primera persona. Mira como si fuera de su interlocutor no hubiese nada más importante en ese momento. Imagino que es a eso a lo que se refieren cuando dicen que tiene magnetismo personal. Zapatero reunió recientemente a varios periodistas para desplegar todo su encanto y convencerles de que él no es tan malo, de que con la perspectiva histórica se le reconocerá como un buen presidente.

Por eso tienen gracia las palabras del ministro Jáuregui, según las cuales a ZP "le hará más justicia la Historia que la prensa". No sé si ha pronunciado la "h" mayúscula, pero al final, para seducir a la Historia ha acabado recurriendo a los periodistas. Forma parte de su concepción de las cosas. La realidad no cuenta. Sólo el modo en que ésta se mire. El color del cristal; como si no hubiese difracción. Es, también, toda su teoría económica. La crisis no existe y cuando no puede evitar reconocerla, es todo una cuestión de "confianza". Desasido de la realidad es fácil caer en el optimismo, antropológico o el que sea.


Hay otro elemento llamativo. La urgencia. Los historiadores del minuto, en lugar de los que historian regímenes, eras, espacios que van más allá del titular de un periódico. Es una vuelta al concepto de memoria histórica. La historia mientras él tiene memoria. Hay que ser muy optimista para creerse en la posición de conformar el juicio que merecerá de la Historia. El optimismo tiene mala prensa, otro de los errores de Zapatero. A veces se confunde con la tontería.

Como mucho reconocerán al Zapatero que le estalló en las manos una crisis que ni previó ni entendió ni supo cómo manejar. Manco, dirán, no pudo manipular a España para convertirla en otra cosa. Pero, como ha señalado Arcadi Espada, hay personajes que han merecido la condena prácticamente unánime. Zapatero, que ha querido barrer el pasado ("durante el franquismo no había españoles") y transformar el presente, quiere mediatizar el juicio de la historia. Pero una vez más, el peso de lo real acabará por arruinar sus pretensiones.


Libertad Digital - Opinión

La persiana de ETA. Por Iñaki Ezkerra

Cada vez que alguien nos quiere vender la inminente disolución de ETA, nos topamos con la chusca paradoja de que es ETA la primera que se encarga de darnos la razón a los que denunciamos la pantomima. Si no se le ha podido arrancar a Bildu una triste condena del terrorismo; si el sector más político y «presuntamente civilizado» de ese colectivo bestial no cree que los crímenes de ETA merecen la reprobación, y no se esfuerza ni en mentir siquiera, ¿qué podemos esperar de los activistas de la propia banda? Antes que hacer el menor amago en esa dirección, lo que está haciendo Bildu es legitimar la historia de sangre de ETA. Este hecho es el realmente grave, y ante el que no se está sabiendo reaccionar, entre otras cosas porque hay quienes, quizá con buena voluntad pero con la cabeza confusa, mezclan en su denuncia del carácter criminal de Bildu otras provocaciones de menor contenido penal. Que Bildu se pronuncie contra la Vuelta Ciclista o contra la Guardia Civil; que mueva el retrato del Rey o la bandera española de un ayuntamiento, son hechos hasta «previsibles» que tendrán su gravedad, y en determinados casos hasta su carácter delictivo, pero que no tocan el asunto que nos ocupa, el que justifica y demanda su inmediata ilegalización. Lo grave es la ausencia de esa condena. Lo grave es que no han desperdiciado un minuto para ponerse a reivindicar y homenajear a los presos de ETA, o sea, a quienes cumplen condena por el delito de terrorismo. Lo grave es que uno de sus portavoces, Pello Urizar, acaba de explicitar públicamente el chantaje al Estado democrático al plantear que «ETA necesita unos mínimos argumentos para cerrar la persiana terrorista». ¿Qué más argumentos necesitamos nosotros para cerrarle a ETA la persiana política?

La Razón - Opinión

Crisis. Las diferencias entre el PP y el PSOE. Por Agapito Maestre

Para salir de la crisis tenemos que pensar los límites del actual Estado de Bienestar. No hablo de desmontaje sino de limitaciones. Y en ese asunto, por motivos electoralistas, no entra Rajoy ni tampoco el PP.

Si fuera verdad que Rajoy no dice nada, como ha intentado demostrar The Economist, entonces sería verdad que no se vota a favor de un candidato sino contra otro. La gente estaría harta de Zapatero y su gente, incluido el candidato Pérez Rubalcaba, y para castigarlo votaría a Rajoy. Hasta aquí podríamos decir que todo es más o menos claro, el odio al actual Gobierno sería la base del voto al PP, pero imaginen qué sucedería si los votantes de Rajoy, esos que han entregado su voto al PP en las autonómicas y municipales, estudiasen las medidas expuestas por el propio Rajoy a la agencia Europa Press.

En esa entrevista, lejos de guardar silencio sobre qué hará cuando llegue al poder, como mantiene The Economist, Rajoy ha dicho cosas serias e importantes para saber por dónde irá el PP; en mi opinión, ha dicho algunas cosas que si las pensasen detenidamente sus votantes, tendrían más de un problema para diferenciarlo del Gobierno socialista. No entro en el anuncio de leyes generales, como la de Estabilidad Presupuestaria, Emprendedores y Transparencia, cuya aprobación en el Parlamento llevaría tanto tiempo que no servirían para atajar la actual crisis, sino que me refiero a las medidas concretas y de carácter inmediato que pudieran sacarnos del actual marasmo económico y financiero.


Dos medidas propone Rajoy que pudieran servir para diferenciarse del PSOE: bajada de impuestos a las pequeñas y las medianas empresas y, sobre todo, reforma inmediata de la actual ley de reforma laboral que, obviamente, no ha servido para que aumente el empleo. Por cierto, González Pons, en la entrevista que ayer le hacía Fernando Garea en El País volvía a incidir sobre esta medida. Menester es resaltar la coherencia del portavoz del PP, especialmente en política económica, con lo expresado por Rajoy en Europa Press. Dice González Pons, ampliando lo declarado por Rajoy, que la política económica tienen que hacerla los expertos en economía y, por eso, ellos proponen una nueva ley de reforma laboral que se enfrentará a los sindicatos.

Quizá sea esa medida la diferencia más singular entre el PP y el PSOE. No es poco para algunos, pero para mí es insuficiente, incluso diría que pacata, ante la envergadura de la actual crisis económica que ha puesto en cuestión el entero Estado del Bienestar en Europa. No niego que es posible que, a un plazo corto, la reforma del mercado laboral sirviese para algo; pero, en mi opinión, a medio y largo plazo apenas pasarían de ser un parche. Esta medida es de todo punto insuficiente. Po otro lado, Rajoy, por desgracia, parece estar de acuerdo con Zapatero en lo sustancial, pues que al igual que este Gobierno quiere reducir el déficit público sin subir los impuestos por un lado y sin tocar aspectos sensibles del Estado de Bienestar, como sanidad, educación y pensiones por otro. La cuadratura del círculo. Un imposible.

Ya sé, ya sé que Rajoy, a diferencia de Zapatero, "cree" que conseguirá este fin de la reducción del "gasto corriente y del gasto superfluo" a la par que mantendrá el "Estado de Bienestar". Yo, sin embargo, no creo que eso se pueda conseguir con una buena gestión de los actuales recursos y cerrando organismos públicos sin utilidad. Hoy por hoy, desgraciadamente, para salir de la crisis tenemos que pensar los límites del actual Estado de Bienestar. No hablo de desmontaje sino de limitaciones. Y en ese asunto, por motivos electoralistas, no entra Rajoy ni tampoco el PP. Es, no obstante, la cuestión determinante, una vez que se ha reconocido, como empiezan ya a expresar las agencias de socialización políticas cercanas al PP, que los actuales problemas económicos de España no sólo los ha creado el Gobierno socialista, sino que son también de toda Europa.


Libertad Digital - Opinión

Lecciones de Italia. Por José María Marco

Hasta hace poco tiempo, aparte de los países con economías más pequeñas, como Irlanda, Portugal y Grecia, éramos nosotros, los españoles, el modelo de economía en trance de fracasar. Desde hace unos cuantos días, el puesto nos lo ha arrebatado Italia.

Desde hace mucho tiempo, Italia venía figurando en la escogida lista de los países problemáticos, en lo económico, de la Unión Europea. Era la pesadilla a la que nadie quería enfrentarse, como un mal sueño que los europeos se esforzaban por olvidar sabiendo que habría que enfrentarse a él en algún momento. Ese momento ha llegado, según los analistas, por varias razones. Una es la propia situación económica italiana. Es un país muy rico, sin duda, con un PIB un 50 por ciento superior al español.

El problema es que, a diferencia de España, Italia lleva muchos años sin crecer, por lo que para pagar el Estado de bienestar a la europea (y no para invertir en infraestructuras: cualquiera que conozca Italia sabe lo decrépito que está el país) la deuda alcanza ya más del 120% del PIB. (Hace dos años, la deuda norteamericana, hoy del 100% del PIB, era del 60%; la nuestra estará en el 64%.) Como el crecimiento de Italia va a ser muy débil, y las perspectivas han empeorado en estas últimas semanas, con menos exportaciones y sin demanda interna, la posibilidad de que los italianos puedan pagar su deuda es sumamente remota, por decirlo en términos suaves.


En vista de lo cual, siempre según los analistas, quienes financian la deuda pública, los mercados como se dice, se han retraído. Prefieren la deuda alemana, más segura. Habrá quien apueste contra la deuda italiana. Los fondos de pensiones y las compañías de seguros, que tienen que garantizar una estabilidad a quienes les confían el dinero, apuestan por lo seguro, aunque sea menos rentable. Además, después del acuerdo sobre la deuda en Estados Unidos (hoy mismo se verá el efecto de la reducción de la nota de la deuda norteamericana), el foco volvió a los países problemáticos… el primero de los cuales es Italia.

Y al ponerse el foco en Italia, también ha quedado colocado en la Unión Europea. Por el momento, si algo está claro es que sus responsables no saben lo que hacer, ni se ponen de acuerdo en los mecanismos que permitan salvar una zona económica con una sola moneda y fortísimas divergencias en sus políticas de gasto. Sean cuales sean las medidas que se acaben tomando a escala europea, la crisis italiana nos deja al menos una lección. España no debe seguir endeudándose para pagar el gasto corriente. La deuda es un instrumento financiero que sirve para pagar gastos extraordinarios. Utilizarla para otra cosa, como se está haciendo en España, como en Italia, es un suicidio. Hundirá las posibilidades de recuperación y, a no mucho tardar, obligará a un ajuste mucho más duro de los servicios sociales del Estado de bienestar. Éste no se salvará, si es que se salva, acudiendo a los mercados.


La Razón - Opinión

Pactos. Responsabilidad y deber. Por Emilio Campmany

Si Arenas está seguro de que son necesarias, lo que tiene que hacer es emprenderlas. Eso no es algo que pueda elegir hacer o no hacer. Es su deber y su responsabilidad.

En una entrevista concedida a El Mundo, Javier Arenas, presidente del PP andaluz, ha declarado que "Rajoy propondrá grandes pactos nacionales cuando gobierne" y José Bono, el viernes pasado, propuso la formación de un Gobierno de coalición después de las elecciones apelando al patriotismo. Naturalmente, Iñigo Urkullu y Josep Duran i Lleida se han ofrecido inmediatamente a colaborar en la formación de esos pactos nacionales para revitalizar a la nación cuyo futuro tanto les preocupa. Sería una manera de hacerle caso al Rey y "dejarse de batallitas". Qué bonito, qué edificante, al fin nuestros políticos demuestran altura de miras, sensibilidad para hacer frente a las cuitas de los ciudadanos. Será que han oído los aldabonazos que a sus conciencias ha dado el movimiento 15-M.

Habría que mandarlos a todos a paseo. Lo de Bono es para llamar a la Policía. Podría haber concretado su propuesta y pedir que la Constitución incluya un nuevo artículo que diga: "Cuando gane el PSOE, gobernará el PSOE. Cuando gane otro, gobernará en coalición con el PSOE". Nos ha merengao el manchego, lo espabilado que es.


Lo de Urkullu y Duran i Lleida tampoco está mal. Los dos están dispuestos a prestar su colaboración en bien del futuro de la nación que quieren destruir y desmembrar. No estaría de más recordar que muchos de los males a los que ahora hay que atender son consecuencia directa de haber tenido que satisfacer las exigencias de los dos partidos a los que ambos representan para comprar, nunca obtener, su apoyo parlamentario.

Lo de Arenas no puede ser peor, pero no deja de ser desalentador. El PP, al menos el PP de Javier Arenas, se cree que las acusaciones de las que es objeto son ciertas, que es un partido que no es capaz de llegar a acuerdos con nadie porque tiene tintes autoritarios derivados de que su base electoral y sus cuadros son franquistas. Y entonces siente el denodado impulso de demostrar que no es así, que el PP es dialogante, moderado, centrista, abierto y qué sé yo qué más cosas.

Si lo que Arenas quisiera fuera embridar el Estado Autonómico, reformar el sistema electoral e implantar de una vez la división de poderes, sería normal la necesidad de un acuerdo. Un solo partido no debe, por mucho respaldo que tenga, imponer a sus rivales reformas de ese calado. Ahora, si de lo que se trata, como se deduce de la entrevista, es de acordar reformas económicas, Arenas se equivoca. El Gobierno que sea, del PSOE o del PP, puede o no estar convencido de que hacen falta reformas. Pero si está seguro de que son necesarias, lo que tiene que hacer es emprenderlas. Eso no es algo que pueda elegir hacer o no hacer. Es su deber y su responsabilidad. Es lo que tiene gobernar, que si crees que hay que hacer algo, tu obligación es hacerlo y pechar con las consecuencias. A ver si se enteran.


Libertad Digital - Opinión

Miedo a un lunes negro

El temor a que un dominó de pérdidas económicas se instale en las bolsas de todo el mundo toma fuerza. La caída ayer de la Bolsa de Tel Aviv –casi un 7 por ciento– y la de Dubái, casi un 4%, ha sido contemplada por los analistas como el inicio de un tsunami financiero que alcanzaría hoy a Europa y Estados Unidos.

Después de los acontecimientos de la pasada semana en la zona euro, con el hundimiento del bono italiano y el español a manos de los especuladores, la noticia de la rebaja de la deuda norteamericana por parte de la agencia de calificación Standard & Poor’s ha acabado por romperle los nervios a más de uno. Y no ha hecho más que empezar, ya que ayer mismo, S&P advirtió de la posibilidad de una segunda rebaja de la deuda soberana de EE UU en el futuro si empeoran las condiciones fiscales del país.Por todo ello, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo mantuvo ayer una conferencia telefónica. Sobre la mesa ésta la posibilidad de que el BCE compre bonos españoles e italianos hoy lunes para intentar reducir la presión de los mercados sobre la prima de riesgo ambos países, a lo que ayer se sumó la petición de Sarkozy y Merkel de que se cumplan «antes de finales de septiembre» los acuerdos de la UE de julio. Las conferencias telefónicas tuvieron también como protagonistas a los países del G7 y del G20, ante el temor de la apertura de las bolsas de Europa y EE UU. En esta situación, lo peor que puede suceder es que se repita la situación vivida la semana pasada, con un Banco Central Europeo que se movía en la ambigüedad y la duda a la hora de tomar medidas. Esa indecisión fue lo que dejó al euro al albur de los especuladores, que vieron la posibilidad de hacer dinero fácil ante la falta de un plan claro para plantarles cara por parte del BCE. Ayer, al parecer, el Consejo del BCE se encontraba igualmente dividido entre los partidarios y detractores de la compra de deuda italiana. Incluso quienes apoyan la adquisición de bonos están divididos entre los que exigirían al Gobierno italiano medidas adicionales de ajuste antes de la intervención y los que transigirían con esperar. De ahí el anuncio del viernes de Berlusconi de nuevas medidas de ajuste para el inmediato septiembre en un intento de animar a los indecisos. En un plano español, como hoy publica LA RAZÓN, y pese a que nuestro país tiene un panorama de liquidez más holgado que la república transalpina, son mayoría los que apuestan por tomar medidas de mayor calado. En este sentido, y tras los últimos acontecimientos, los encuestados exigen a los gobiernos europeos un mayor control sobre las llamadas agencias de rating y no dudan de que esos organismos son meras empresas, con sus propios intereses y clientes, a quienes se deben. En un plano político, los encuestados suspenden a los políticos europeos a la hora de hacer frente a la crisis y están seguros de que ésta empeorará. Quizá por eso una amplia mayoría apuesta por un adelanto electoral sobre el ya anunciado del 20 de noviembre. El país no puede perder unos meses preciosos para poner a punto un plan de choque ante el nuevo ejercicio, 2012, en el que España deberá desarrollar una cirugía fiscal y laboral de hierro para luchar contra el paro e instalarse en la senda del crecimiento.


La Razón - Editorial

Bildu se desentiende

ETA calla mientras la coalición se abstiene de exigir su fin y reconocer el mal causado.

Presos de ETA creen saber que la decisión de abandonar definitivamente la violencia ya está tomada, según se desprende de conversaciones interceptadas por la policía que hoy publica EL PAÍS. Pero la dirección de la banda se resiste a dar ese paso, tal vez porque desde la euforia del 22-M, que ETA celebró como éxito propio, Bildu se niega a asumir cualquier responsabilidad en el fin de la violencia. Incluso parece contar con ella como amenaza latente para sacar ventaja política en una eventual negociación, que vuelve a situar como programa de un frente soberanista, al que invita a sumarse al PNV.

Los portavoces de Bildu se hartaron de manifestar, antes de su legalización, que la apuesta de la izquierda abertzale por las vías pacíficas era irreversible, y su convencimiento de que también lo era el alto el fuego de ETA. Sin embargo, siguen sin hacer lo que se deduce de esas afirmaciones: exigir a ETA su disolución, como le emplazan a hacer los demás partidos; y expresar su reconocimiento de las víctimas y del dolor causado. Hay en esto un retroceso porque electos procedentes de EA, que nunca había tenido dudas al respecto, dicen ahora que es prematuro participar en actos de recuerdo a las víctimas. Y el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, convertido en principal referencia institucional de la izquierda abertzale, dice que aún no es tiempo de "reflexionar sobre el dolor causado".


Es un retroceso, porque hace cinco años, en una entrevista, Arnaldo Otegi reconoció que uno de los mayores errores cometidos por su partido había sido "dar a entender que el sufrimiento de los otros nos daba igual, y que el fin lo justificaba todo". El argumento de Bildu para no dar los pasos que se le reclaman es el "inmovilismo" de la otra parte. Pero es una falacia sostener que para que cese la violencia deben moverse de sus posiciones tanto los que la han apoyado durante más de 30 años como quienes la han padecido. Bildu tantea la resistencia del Gobierno condicionando cualquier nuevo paso hacia el fin de ETA a la adopción de medidas favorables para sus presos. Aralar ya ha respondido recordando que ese fin debe ser "unilateral" y "sin ningún condicionamiento".

Pero algunas respuestas a las provocaciones de Bildu están siendo confusas. No tiene sentido decir que reclamar la derogación de la doctrina Parot (como defienden bastantes juristas) es una prueba para pedir ya su ilegalización. No a todo lo que haga o diga esa coalición puede responderse con la petición de prohibición, con el efecto de permitirles esquivar la crítica política y el rechazo moral a sus comportamientos fanáticos, sectarios o antidemocráticos, pero no necesariamente ilegales. Es inaceptable, por ejemplo, que consideren un derecho de los presos etarras su acercamiento a Euskadi y, a la vez, que no ha llegado el momento de reconocer el dolor causado por esos presos y justificado por ellos, y del que ahora se desentienden.

Su última iniciativa ha sido emplazar al PNV (y a Aralar) a conformar una candidatura unitaria tanto en Euskadi como en Navarra en torno a su programa soberanista de siempre: negociación política que culmine con el reconocimiento de la autodeterminación. Planteamiento que es incompatible con la existencia de atentados, pero que, a juzgar por sus últimos movimientos, Bildu cree compatible con una presencia silenciosa e intimidatoria de la banda.

El objetivo obvio es poner a prueba al PNV, internamente dividido respecto al alcance del soberanismo que había vuelto a invocar como respuesta al crecimiento de Bildu. La oferta puede tener eco en las bases de su partido, especialmente en Gipuzkoa; pero Iñigo Urkullu ya debe saber que entrar en ella supondría reforzar una política que solo puede liderar la izquierda abertzale. Y que hacerlo favorecería el objetivo más inmediato de esa corriente: arrebatar al PNV su hegemonía en el nacionalismo.


El País - Editorial