martes, 5 de julio de 2011

Una ilusión compartida. Tul ilusión para la izquierda. Por Cristina Losada

Creyeron, ilusos, en el todo-es-gratis del presidente, le prestaron su nada-es-gratis respaldo y a la vista del engaño no le piden ni se piden cuentas. Y mira que el tono de su cuartilla propiciaba la confesión y el remordimiento.

De ilusión también se vive fue el título que le endosaron en España a una bonita película navideña del año 1947, en la que un Santa Claus, contratado por unos grandes almacenes, era Santa Claus realmente y con la que Natalie Wood logró, como actriz infantil, su salto a la fama. Una ilusión compartida, en cambio, es el nuevo título de la cargante película que hemos tenido que visionar, sin apenas intermedios para salir al bar a reponerse, durante las dos legislaturas de Zapatero y parte de la del malvado Aznar. Por supuesto, Zapatero es Santa Claus, o lo era hasta que dejó de hacer regalos a siniestra, ¡nunca a diestra!, y se puso a regalarle el oído a los mercados; y Pilar Bardem, lo siento, no es Natalie Wood, sino una de las firmantes del manifiesto de los desilusionados que quieren "crear una ilusión ante lo que se nos avecina". No, no es el título de la serie televisiva: son los términos que empleó la veterana actriz para definir las coordenadas de una reconstrucción de la izquierda.

Las celebridades que combinan con arte envidiable el fulgor del candelabro y el glamour del compromiso, necesitaban una nueva dirección a la que remitir sus fantasías políticas. La precisaban con urgencia después de que Zapatero, tras la enésima llamada, le entreabriera la puerta al cartero de la crisis. Uy, qué desencanto. Nada pudo el bueno de Papa Noel contra los poderes financieros y un sistema avaricioso, soberbio y egoísta, de ahí que aparte del lamento, no asome en esa hojilla lacrimógena y confusa un atisbo de introspección crítica. Creyeron, ilusos, en el todo-es-gratis del presidente, le prestaron su nada-es-gratis respaldo y a la vista del engaño no le piden ni se piden cuentas. Y mira que el tono de su cuartilla propiciaba la confesión y el remordimiento, compuesta como está de ingredientes de homilías mal oídas en la iglesia y de clichés mal leídos de la vulgata marxista. Unas fuentes similares, en fin, a aquellas de las que beben los niños de sus ojos, los "indignados" indignantes, que son esa gran promesa de jaleo en la calle para recibir, cuando toque, a los verdaderos agentes del neoliberalismo.

Me parece bien que la vieja guardia farandulera del presidente quiera reconstruir la izquierda y espero con ilusión las aportaciones de intelectuales como Almodóvar, Ríos, Rivas, Coixet, Grandes, Millás, Sabina y el clásico Ramonet. Una reconstrucción con los materiales que la han hecho naufragar, siempre merece aliento.


Libertad Digital - Opinión

El bienestar del Estado. Por M. Martín Ferrand

Nos hemos instalado en el bienestar de los fragmentos en que se va deconstruyendo el Estado.

José Luis Rodríguez Zapatero, pobrecito, puede y no quiere adelantar las elecciones legislativas y Alfredo Pérez Rubalcaba, llamadle Alfredo, quiere y no puede. Entre los dos integrarían un hombre completito aunque, en la práctica, se anulan mutuamente. Al menos a estos efectos en los que se entrecruzan sus intereses respectivos. El presidente aspira a un mutis solemne, como de triunfador, y el todavía vicepresidente parece tener mucha prisa en estrellarse contra una realidad que él mismo ha contribuido a construir y de la que no conocemos el balance final. De momento, el Ministerio de Trabajo, suma y sigue, acaba de reconocer que, en un año, el número de afiliados a la Seguridad Social, el más preciso de todos los indicadores de empleo, ha descendido en doscientos mil paisanos.

En ese ambiente, los intelectuales próximos al PSOE y todavía fieles al Gobierno, aunque solo sea por razones de cargo, empleo o sinecura, tratan de justificar la situación. Algo que tiene los visos del imposible metafísico, resulta elegante y les amerita para funciones venideras. Saben por experiencia que la derecha, cuando está en el poder, es menos restrictiva que la izquierda y que una oposición subvencionada, como las que nos gastamos por estos pagos, también da para canonjías y bicocas. El rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo —la única que, con la UNED, le queda a Educación—, el ilustre perito en piedras Salvador Ordóñez, ha dicho que la austeridad debe imponerse; pero, ahí está el detalle, «respetando el Estado de Bienestar». Una contradicción síntesis y señal de la confusión socialista al respecto y, también, de los prudentes silencios que, sobre el particular, guarda el PP.

Aparte de que aquí nos hemos instalado, como Nación discutible y discutida, en el bienestar de los fragmentos en que se va deconstruyendo el Estado, sin reparar en los quebrantos que las partes generan en el todo, el Estado de Bienestar no es un sentimiento platónico, sino una consecuencia presupuestaria. El límite de su respeto, de su mantenimiento en las dimensiones vigentes, está antes que nada en su posibilidad económica. Ese bienestar del Estado es, además, un manantial de injusticias cuando confunde la igualdad de derechos y oportunidades con grandes dificultades y diferentes cargas en razón de las ideologías e, incluso, del territorio. De tanto defender lo indefendible, alcanzamos la gran paradoja de que el progreso que nos ha llevado a una mejor situación de la que tuvieron nuestros padres sea, por el abuso en su uso, el cimiento de una peor que la nuestra para nuestros hijos.


ABC - Opinión

La frase del año. Por Alfonso Ussía

Ha superado a todas. «Sé lo que tenemos que hacer para crear empleo». La reflexión merece la pena y abre las ventanas de la esperanza. El barón de Faubourg de Polignac había contraído nupcias con la más bella mujer de Biarritz, Heléne de Savry. El barón había superado el medio siglo de edad y Heléne no tenía previsto, por el momento, cumplir los veinticinco años. Muy pronto al barón le asomaron protuberancias frontales dignas de una cierta y lógica atención. Durante el verano de 1987, el barón fue corneado por su jardinero, Louis Miremont, el camarero de «Dodin» Jacques Delabre, el veraneante español Daniel Muguerzagorría, el visitante eventual Piero Farsi, su chófer zulú Mangosotu Gabelesi, el crupier del Casino Ange Balotte, el botones del «Hotel Du Palais» Casimire Noulon y el jugador argentino de Polo Ernesto Jurasso. Enterado del último acontecimiento, el barón se lo comentó a sus amigos y compañeros de tertulia: «Sé perfectamente lo que tengo que hacer para que Heléne no me ponga los cuernos». El arrojado cazador de Texas, Andrew Jameson, propietario de algunas decenas de pozos de petróleo, se organizaba todos los años un safari en Kenya. Ningún problema con los elefantes, búfalos, leopardos, facocheros y antílopes varios. Tremendos problemas con los leones. Fue atacado por seis de ellos y salvó la vida milagrosamente en las seis ocasiones. Reunió a sus directivos en la sala de consejos de «Jameson Company» y les brindó la formidable noticia. «Sé lo que hacer para que no me ataquen los leones». Asombrados, sus colaboradores le rogaron una exposición más amplia de su descubrimiento, y Jameson se la proporcionó: «No volveré a cazar en Kenya». Años más tarde, visitando un «Safari Park» en Orlando, Jameson abandonó el coche para fotografiar a un león y éste se lo merendó. «Sé lo que tenemos que hacer para crear empleo». Inteligente, profunda y oportuna reflexión. Frase redonda. Oración supina. Palabras encadenadas que forman un texto tan breve como merecedor del elogio más sincero. El príncipe Ahmed Abdalah Al Fasiri aborrecía a los dromedarios. En su pequeño principado, los dromedarios abundaban y eran fundamentales para sus habitantes. El príncipe no salía de su palacio porque mirara hacia donde mirara se topaba con decenas de dromedarios sentados, incorporados, en movimiento o en caravana. Pensó dictar una ley exterminadora de dromedarios, pero sus gentes le advirtieron que si mataba a un solo dromedario lo colgaban en la plaza principal. Reunió a sus familiares y les hizo partícipes de su decisión: «Sé lo que tengo que hacer para no volver a ver en mi vida a un dromedario». Abdicó y se instaló en Helsinki. Falleció de un episodio vascular cuando reparó que al lado de su palacio finlandés se inauguraba un puticlub árabe con una razón social insoportable. «Puticlub y Piano Bar el Dromedario». «Sé lo que tenemos que hacer para crear empleo». El autor de la frase es Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora transformado en «llamadme Alfredo» o «Alfredo P.». Pérez Rubalcaba ha sido ministro y vicepresidente de los Gobiernos de Zapatero en las dos legislaturas. El saldo es de cinco millones de parados, tres más de los que se encontraron. Me parece un egoísta. Si sabe lo que hay que hacer para crear empleo, ¿por qué no ha hecho lo que tenía que hacer un poquito antes? Como frase queda muy bien. Como noticia, suena a insulto.

La Razón - Opinión

Una ilusión compartida. El Manifiesto. Por José García Domínguez

Nadie se extrañe, pues, de que Sabina y Ramoncín okupen el hueco de Marx y Engels en la formación del imaginario progresista.

Leer Una ilusión compartida, el último manifiesto de los abajofirmantes de guardia, es como comerse un melocotón: al acabar, uno siente la necesidad imperiosa de lavarse las manos para liberarse de ese pringue dulzón y pegajoso que se aferra a los dedos con apenas rozarlo. Y es que, ya puestos a reconstruir la izquierda, al menos, que recuperen a Stalin. A fin de cuentas, con los viejos comunistas podríamos entendernos, pero con ¡Federico Mayor Zaragoza! Mary Poppins dirigiendo el asalto al Palacio de Invierno, ¿se puede caer más bajo por la pendiente del kitsch? Acaso sí. Repárese al respecto en que entre esos ilusionistas desilusionados con el PSOE figura cierto Antonio Gutiérrez, por más señas parlamentario... del PSOE.

Ocurre que el desolado Gutiérrez ha renunciado a la ilusión, pero no al acta de diputado. Eso nunca. Al parecer, el hondo abatimiento doctrinal que abruma al compañero se desvanece cada primero de mes, al serle transferida la soldada a su cuenta bancaria. Terapia ocupacional le dicen los sanitarios a lo suyo. Por lo demás, comienza a resultar algo cargante la afición que le ha entrado a la Cofradía de los Tabiques Nasales Perjudicados por darnos lecciones de moralina. Sin duda, la más grotesca de las consecuencias tras la rotación de las jerarquías entre los ingenieros de almas. Así las cosas, primero, se postergó a los curas en beneficio de los nuevos clérigos, los intelectuales; santones laicos que, a su vez, habrían de acabar desplazados por los roqueros ágrafos y artistillas comprometidos que pastan en el Olimpo mediático.

Nadie se extrañe, pues, de que Sabina y Ramoncín okupen el hueco de Marx y Engels en la formación del imaginario progresista. Que quieren compartir una ilusión, proclaman ahora. Ah, las ilusiones. Nunca el cerebro. Siempre el corazón, que por algo es la víscera que cae más cerca de la cartera. Aunque frente a quien en verdad parecen sublevados es ante la sintaxis. Degústese, si no, la siguiente perla: "La corrupción democrática se ha mostrado como la mejor aliada de la especulación, separando los destinos políticos de la soberanía cívica". ¡Átenme esa mosca por el rabo! Si Sokal, el de Las imposturas, supiera de los airados anacolutos de Manolito Rivas & Cía. Qué best seller nos estamos perdiendo.


Libertad Digital - Opinión

La panacea. Por Ignacio Camacho

Si Rubalcaba tuviese el remedio del paro habría que llevarlo a hombros a Moncloa. El problema es que ya está allí.

ENTRE todo lo mucho que Rubalcaba sabe y maneja quizá no esté todavía el control de su propia campaña electoral. El patinazo de Compostela sobre el paro —«sé como arreglar esto»—muestra que aún no le ha tomado la medida al personaje que quiere construir de sí mismo; está demasiado cerca de Zapatero para postularse como un candidato adanista que viene a reinventar la socialdemocracia tras su fracaso. Ése es su principal problema estratégico: el de aparecer ante los electores distanciado de una política de la que no sólo ha formado parte, sino en la que ha constituido una pieza más que significativa. El zapaterismo ha naufragado con él a bordo, y en el puente de mando.

Su papel en el Gobierno no era el de uno que pasaba por allí. Durante cinco años su influencia en Zapatero ha sido constante y creciente, al punto de convertirse en algo más que su valido. Desde que ascendió al número dos del Gabinete ha actuado como un copresidenteque a menudo suplantaba en el poder a un titular en desplome. Eso lo ha visto todo el mundo y no le va a valer presentarse como una víctima más del autismo presidencial ni desentenderse de la política económica, la compartiese o no. Si discrepaba no se le ha visto un gesto de desagrado o de disentimiento; siempre ha presumido de cohesión y de disciplina. Y aunque abandone sus cargos seguirá atado por una evidencia palmaria que la opinión pública no va a pasar por alto: está en el mismo bando que el presidente, forma parte del mismo partido y no sólo hereda su candidatura sino su legado.

Esa herencia tiene una hipoteca catastrófica, un demoledor peso muerto que son los casi cinco millones de parados. Rubalcaba puede tratar de soslayarlos fabricando excusas difíciles o descargándolos en culpas más o menos ajenas, pero presumir ahora de que tiene recetas para enderezar el desempleo es un sarcasmo hiriente, un regalo que los adversarios no han desperdiciado. Ayer cargaron en tromba por ese inesperado resquicio que el aspirante abrió en su propio flanco. El veterano con fama de infalible ha cometido un desliz de novicio. Se ha puesto la zancadilla a sí mismo; uno de sus argumentos recurrentes contra Rajoy es la acusación de falta de compromiso, de no aportar soluciones. Y de repente proclama, como si acabase de surgir de la nada, que él conoce el modo de salir del abismo y lo guarda en silencio para mejor ocasión. A la oposición le ha faltado tiempo para sugerirle que aplique de inmediato sus remedios de demiurgo o al menos que se los cuente a su jefe, en quien todo el mundo aprecia severas dificultades para corregir el rumbo.

Desde luego, si fuese cierto que este hombre tiene la panacea del empleo habría que llevarlo entre todos a hombros hasta la Moncloa. El problema es que ya está allí, desde hace bastante tiempo y sin que se le haya ocurrido nada.


ABC - Opinión

Aborto libre, año uno

Un año hace hoy que entró en vigor la ley del aborto en virtud de la cual se pasó de una normativa que despenalizaba la interrupción del embarazo en unos casos muy concretos a su legalización sin restricciones durante las 14 primeras semanas. Otra novedad introducida fue que las chicas menores de 16 y 17 años no requerían permiso paterno para abortar. A falta de datos oficiales, ha surgido estos días la polémica en torno al impacto de la ley y, mientras los representantes de las clínicas abortistas aseguran que ha descendido el número de intervenciones, otras asociaciones, como Red Madre, sostienen lo contrario y que se ha disparado el volumen de embarazos no deseados. Sería muy conveniente que el Ministerio de Sanidad, tras recabar la información pertinente de las comunidades autónomas, avanzara datos contrastados y depurados. En este punto, será de gran utilidad saber cómo ha afectado a las estadísticas la disminución de la inmigración y la dispensación sin receta de la píldora del día después. También es imprescindible saber cuántas adolescentes han abortado sin conocimiento de los padres y qué volumen económico se ha generado, tanto a favor de las clínicas privadas como a cuenta de los centros sanitarios públicos. Por otro lado, el primer aniversario de la ley nos recuerda que el Tribunal Constitucional sigue sin resolver el recurso interpuesto por el Partido Popular. Dada la especial naturaleza de esta ley, que afecta directamente a la vida de seres humanos no nacidos, los magistrados del TC tienen la obligación de actuar con celeridad, pues si son capaces de sustanciar en pocas horas una legalización como la de Bildu, que al Tribunal Supremo le llevó mucho más tiempo, bien podrían haber sentenciado en todo un año una ley sobre la que ya existe jurisprudencia en el propio tribunal. De no haberse suprimido el llamado recurso previo, mecanismo que permitía suspender la entrada en vigor de una ley recurrida por afectar a derechos fundamentales, se entendería la pachorra del TC, pero no es el caso, y deberían ser esos tres magistrados que hicieron amago de dimitir hace algunas semanas los primeros interesados en juzgar una ley que afecta a la vida y la muerte de miles de seres humanos. También está sin resolver de modo satisfactorio el alcance de la objección de conciencia, pues mientras las feministas radicales y el Gobierno sostienen que ese derecho está limitado a los médicos y personal sanitario que interviene directamente en la operación abortiva, diversas asociaciones médicas, ONG sanitarias y movimientos pro vida aseguran que es extensible a toda la cadena, desde el médico de atención primaria hasta el cirujano. Hasta ahora, los tribunales han emitido sentencias contradictorias y es de suponer que no habrá una doctrina fijada en tanto el contencioso no llegue al Supremo y el Constitucional resuelva. Por lo demás, que esta ley cumpla un año sólo puede satisfacer a quienes han hecho del aborto un lucrativo negocio y han logrado que un gobierno socialista se lo facilitara eliminando restricciones legales y aumentando el espectro de la clientela potencial.

La Razón - Editorial

Temores de recaída

La lenta reducción del paro revela la dificultad de la economía para consolidar la recuperación.

La evolución del paro confirma plenamente la tesis de que la actividad económica española es todavía insuficiente para sostener una creación sustancial de empleo que vaya mejorando progresivamente el mercado laboral. En junio, el paro registrado bajó en 67.858 personas, una buena noticia si se tiene en cuenta que es el tercer descenso consecutivo del año y un mensaje menos alentador si se compara con las 83.834 personas en que cayó en junio de 2010. El paro contabilizado por el Ministerio de Trabajo ha descendido hasta los 4,1 millones, pero (un motivo más para la inquietud) la afiliación a la Seguridad Social perdió 5.612 afiliados, circunstancia que rompe las esperanzas de que esta magnitud entre en la senda de la recuperación.

En estos momentos, la pregunta pertinente es si la economía española ha entrado en otro periodo corto de estancamiento, que se prolongaría durante los siguientes dos o tres meses, y que podría evitar incluso la probabilidad de una tasa de crecimiento durante 2011 situada entre un 0,7% y un 0,8%. La respuesta no es fácil, pero sí es evidente que por unas causas u otras (ahora se arguye la crisis del pepino para explicar esa posible desaceleración coyuntural) la actividad se mantiene en ritmos bajos. Es posible que estas dificultades de despegue se deban al estado semicomatoso del mercado inmobiliario, que resta demasiado a la estructura sectorial del crecimiento. La construcción no ha ejecutado con la rapidez y profundidad debidas el ajuste de los precios y la primera consecuencia es que el mercado del ladrillo sigue sin expectativas de reanimación.


El análisis del mercado de trabajo durante los últimos meses muestra además una evidencia descorazonadora: la reforma laboral puesta en pie con tantas dificultades políticas y sociales no ha servido para cumplir ninguno de los objetivos propuestos. Por supuesto, no ha generado empleo, aunque esta afirmación debería entenderse más como la aclaración de un malentendido que como una acusación. Los cambios en las leyes laborales no crean puestos de trabajo por sí mismos; contribuyen a crearlos en mejores condiciones y en mayor número cuando las empresas disponen de motivos objetivos (aumento de la demanda) para contratar. El efecto principal de las reformas laborales es reducir la explosión inflacionista que se produce en los momentos en que se dispara el crecimiento de la economía. Ese momento todavía no ha llegado.

La reforma tampoco ha conseguido reducir la dualidad del mercado de trabajo; y esa era su finalidad política declarada. La contratación indefinida bajó casi el 8% en junio y el 4% en el último año, mientras que la contratación temporal progresa adecuadamente (crece el 2,7% en junio y el 1,6% en lo que va de año). El contrato fijo con despido de 33 días por año, pilar de la reforma que entró en vigor en junio de 2010, apenas representa el 15% de los contratos fijos de junio. En resumen, el elevado nivel de paro es consecuencia de la baja actividad económica.


El País - Editorial

Las peores cifras de paro de toda la democracia

Si las elecciones de 2008 las ganaron negando la crisis, las próximas pretenden afrontarlas inventándose una ficticia prosperidad.

Es sabido que el PSOE está tratando de reconstruir su muy damnificada imagen vendiendo como éxito cualquier hecho aparentemente positivo que acaezca en el catastrófico panorama patrio. Llegar a las elecciones con cinco millones de parados, con el país al borde de la intervención y con las instituciones dinamitadas no parece que sea lo más recomendable para las aspiraciones presidenciales de Alfredo P.

Por eso, aparte de prometernos que el PSOE posee la receta mágica para minorar el desempleo, el Gobierno tiene que vendernos que ya estamos inmersos en una imparable recuperación. Si las elecciones de 2008 las ganaron negando la crisis, las próximas pretenden afrontarlas inventándose una ficticia prosperidad.

Y así, nos encontramos con que ayer desde el Ministerio de Trabajo se felicitaban por el hecho de que la reducción del paro en el segundo trimestre de este año haya sido la mayor de toda la serie histórica. El dato es sin duda llamativo y, de manera aislada, bien podría ser el síntoma de que las cosas están yendo a mejor. Sin embargo, colocado en su contexto, el optimismo gubernamental resulta bastante menos justificado.


Para empezar, el segundo trimestre de 2010, el año de los cinco millones de parados, también fue hasta entonces el mejor de la serie. Si, entre abril y junio de 2011, el paro registrado se ha reducido en 210.000 personas, en el mismo período del año anterior lo hizo en más de 180.000. Lo que nos viene a indicar esta tendencia es no que estemos saliendo del hoyo sino, más bien, que la volatilidad de los niveles de empleo durante la crisis es mucho mayor que en otras etapas. De hecho, el resto de cifras que conocimos ayer parecen ir en consonancia con esta interpretación: el paro desestacionalizado de junio subió en 31.000 personas y la afiliación a la Seguridad Social se redujo en 50.000.

En definitiva, por ningún lado se observa ese dinamismo de nuestra economía que quiere vendernos el PSOE. Sin embargo, ello no les detendrá a la hora de intentar engañar a los españoles como ya lo hicieron hace cuatro años... aunque para ello se tengan que agarrar al clavo ardiendo que suponen las peores cifras del paro de toda la democracia.


Libertad Digital - Editorial

Acierto en Pamplona

Donde con más eficacia se logran las adhesiones de los etarras al cese de la violencia es en la cárcel, no en las instituciones.

LA mayoría no nacionalista del Ayuntamiento de Pamplona —formada por UPN, PSOE y PP— decidió ayer no incluir a los concejales de Bildu en algunas de las sociedades municipales de gestión. En otras, su entrada ha sido inevitable porque lo imponían sus estatutos. Allí donde la decisión quedaba en manos del pleno, la unidad democrática ha puesto límites a la presencia de Bildu. Los dirigentes de esta formación han criticado la decisión por antidemocrática y, como era previsible, han invocado su legalidad. Sin embargo, hacen bien los partidos de la mayoría en no secundar la ingenuidad del Tribunal Constitucional con Bildu y no darle más margen que el estrictamente legal. El acuerdo de foralistas, socialistas y populares es un ejemplo para otras instituciones en las que puede ser necesario un consenso democrático, como en la Diputación Foral de Álava, donde la mayoría formada por populares y socialistas puede dar el gobierno del territorio histórico al candidato del PP, dependiendo de la decisión que tomen los dos junteros de IU.

Es conveniente que Bildu compruebe que su legalidad formal no condona su vinculación objetiva con el entramado de Batasuna, es decir, con ETA, por mucho que se insista en las diferencias tácticas entre esa coalición y la organización terrorista. Se trata de diferencias basadas en el puro oportunismo y nada sinceras, cuyo objetivo es agravar la confusión de ciertos demócratas para seguir ganando terreno político para ETA. Confusión que consiguen claramente cuando autoridades del Estado tan destacadas como el presidente del Senado, Javier Rojo, afirma que a Bildu «no le viene mal una vuelta por las Cortes», en referencia a las encuestas que dan a esta coalición integrada en la estrategia de ETA, según Rubalcaba, representación en el Congreso. Aun dando a Rojo el beneficio de la duda y de la buena fe, su análisis es de una puerilidad asombrosa, como si la contemplación del salón de Plenos del Congreso fuera a provocar en Bildu una conversión milagrosa a las virtudes de la democracia. Durante las legislaturas en las que ETA estuvo presente en el Congreso a través de sus testaferros batasunos, ni uno solo de sus dirigentes apostató del terrorismo. Donde con más eficacia se logran las adhesiones de los etarras al cese de la violencia es en la cárcel, no en las instituciones. Por eso es mejor el acuerdo alcanzado en el Ayuntamiento de Pamplona que el bienintencionado y peligroso comentario de Rojo.


ABC - Editorial

lunes, 4 de julio de 2011

PSOE. ¿Qué esperamos de Rubalcaba?. Por Agapito Maestre

Si de aquí a las elecciones logra el Gobierno rebajar en torno a los ochocientos mil el número de parados, P. Rubalcaba y Prisa lo venderán como su gran programa, incluso podrían llegar a decir que hay un millón y medio menos de parados.

¿Qué podemos esperar de P. Rubalcaba? Lo peor; por eso, no acabo de entender la reacción de la oposición del PP pidiéndole coherencia. O es martillo de los banqueros o es amigo de los banqueros, pero no puede jugar a las dos cosas a la vez sin caer en gravísima falta a los electores, al sistema político y a la inteligencia. Así, más o menos, se ha expresado González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, contra Rubalcaba. Se equivoca el representante del PP al decir que no puede; debería de haber dicho que no debe, pero poder claro que puede. Es más, en mi opinión, será lo único que haga: decir una cosa y la contraria. La racionalidad, la moralidad, en fin, la coherencia entre lo que se dice y se hace es algo que no tiene que ver con P. Rubalcaba.

Saltarse permanentemente cualquier noción plausible de verdad es el programa de Rubalcaba. Todo se sacrificará para "persuadir", léase engañar, a sus votantes de que "al cielo sólo se va por la izquierda". P. Rubalcaba no ha contestado ni contestará a sus adversarios, sencillamente porque desprecia cualquier debate político basado en la coherencia lógica. De hecho, este político es el prototipo de socialista que se levanta desayunándose un sapo y se acuesta cenando una rata. No le importa otra cosa que no sea el mantenimiento y conquista del poder a cualquier precio. Es el Fouché, sí, del PSOE, o sea, el político-basura de nuestro tiempo que cambiará de tradición, bando o línea política permanentemente y, por supuesto, utilizará todos los resortes y alcantarillas del Estado para seguir en el poder. No hay escrúpulo alguno en este personaje.


No será, pues, esa contradicción sobre los banqueros la primera ni la última de P. Rubalcaba. Toda la larga precampaña electoral será así un continúo despropósito a la inteligencia democrática. La acusación permanente del adversario, o peor, atribuir todas las maldades propias a la acción de la oposición, será la base del programa de P. Rubalcaba. Naturalmente, el candidato socialista jamás contestará a sus adversarios situándose en el mismo plano, sencillamente, porque desprecia cualquier debate político basado en la coherencia lógica. Por otro lado, y este es el gran problema, no creo que Alfredo P. Rubalcaba, conociendo su trayectoria, pudiera jugar otra baza electoral que no sea la demagógica, es decir, comparar lo incomparable y, sobre todo, romper permanentemente cualquier lógica medianamente sensata a la hora de encarar los problemas políticos clave de España.

Y, sin embargo, P. Rubalcaba mostrará una "lógica" aplastante con respecto al desempleo. Su cinismo no tendrá límite: conseguirá vender, especialmente si las elecciones generales se distancia de la fecha del 22-M pasado, que el desempleo está bajando considerablemente de los cinco millones de parados gracias a las medidas tomadas por los socialistas. Si de aquí a las elecciones logra el Gobierno rebajar en torno a los ochocientos mil el número de parados, P. Rubalcaba y Prisa lo venderán como su gran programa, incluso podrían llegar a decir, faltando a la verdad, que hay un millón y medio menos de parados. Al tanto.


Libertad Digital - Opinión

De error en error. Por César Alonso de los Ríos

La reciente derrota electoral está llevando a la autocrítica a algunos socialistas.

La reciente derrota electoral está llevando a la autocrítica a algunos socialistas. Se acusan de no haber sido coherentes con su ideología. Patéticos, aún desconocen que la «utilidad» de la socialdemocracia consistió en ofrecer una alternativa al comunismo. El mal menor. Con la desaparición de la Unión Soviética, la globalización posterior y el actual desplazamiento del centro mundial a Oriente, su evocación es un perfume del pasado que podría convertirse en hedor insoportable si las amputaciones de esta mal construida Europa no consiguen evitar la putrefacción.

Dejando a un lado el aspecto ideológico, los socialistas no quieren reconocer que antes de la burbuja inmobiliaria y la crisis en España se cometió un error que por sí solo iba a llevarnos al abismo. Me refiero al «error» autonómico. ¿Qué podía esperarse de una sociedad que, además de no tener un sistema económico productivo y competitivo, se permitía la experiencia de defender un Estado «compuesto» por diecisiete? El inicial «café para todos» había sido el comienzo de una «burbuja autonómica» cuyos efectos disparatados iban a quedar disimulados por la «burbuja inmobiliaria».


Con los dineros de esta iban a pagarse las réplicas de los poderes, la duplicación de los servicios, los trenes sin viajeros y los aeropuertos no inaugurados… En una explosión de inmoralidad pública los partidos nacionales se fragmentaban para crear clientelas y, por si fuera poco, pudieron gozar de un poder financiero local…

La corrección impuesta por la crisis permitirá pensar de nuevo en la viabilidad de la España autonómica. En todo caso va a ser interpretada por los nacionalismos de un modo distinto. Bildu anuncia el salto a la soberanía. Para consolarse o consolarnos algunos analistas interpretan el ascenso de ETA al poder como una derrota. ¿Y en Cataluña? Cuando cicatricen las desgarraduras de la crisis económica, volveremos al Estatut. Todo en su momento.


ABC - Opinión

PSOE. El calendario de Freddy. Por Emilio Campmany

A principios de octubre, Zapatero, en contra de su voluntad, firmará el decreto de disolución de las Cámaras y convocará elecciones para 54 días después, tal y como exige la ley, es decir, para el 27 de noviembre.

Freddy, además de un plan, tiene un calendario. Es sencillo. El 9 de julio lo proclamarán candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. Poco después, Rubalcaba dimitirá de todos los cargos que tiene en el Gobierno, lo que abrirá una mini crisis que resolverá el propio Freddy dictándole a Zapatero quién tiene que poner al frente de Interior y de la vicepresidencia primera del Gobierno. Me juego un Cohiba de los gordos a que el agraciado es Ramón Jáuregui. Quien sustituya a éste en Presidencia es poco relevante.

Luego, se celebrará la conferencia ideológica del PSOE el fin de semana que va del 30 de septiembre al 2 de octubre. Esta conferencia es lo que se inventaron en el Comité Federal para disimular que el Congreso Extraordinario que habían reclamado los barones con el pretexto de hacer un repaso a la ideología del PSOE tenía como fin encumbrar a Rubalcaba a la candidatura sin pasar por unas primarias. Liquidada Chacón, y siendo Freddy candidato único, ya no había inconveniente en celebrarlas. Pero, teóricamente no se le había dado gusto a los barones en su exigencia de repasar la ideología del partido. De forma que se inventaron lo de la conferencia para representar la comedia de la revisión ideológica.


Inmediatamente, a principios de octubre, Zapatero, en contra de su voluntad, firmará el decreto de disolución de las Cámaras y convocará elecciones para 54 días después, tal y como exige la ley, es decir, para el 27 de noviembre. Se hará así porque, de no convocarse, la presencia de Rubalcaba en los medios, una vez fuera del Gobierno, disminuiría al ser sólo un candidato a unas elecciones que no están convocadas. Tampoco podría Freddy en tal caso desgranar propuestas sin el riesgo de que le contesten que, si esas medidas que propone son tan buenas, por qué el Gobierno de su partido no las aplica ya sin esperar a las elecciones de marzo. Además, en esta ocasión, no se pueden hacer coincidir las andaluzas y las generales, pues la debacle socialista en toda España condenaría al PSOE al desastre en Andalucía, donde todavía no las tienen del todo perdidas. Lo mejor para intentar ganarlas es darle a Rajoy la oportunidad a partir de diciembre de que encabrone a los españoles con las medidas laborales y económicas que inevitablemente tendrá que tomar y esperar a que la irritación sea tanta como para que el electorado andaluz vuelva en marzo a confiar en los socialistas. No les resultará fácil, pero no es imposible.

Sólo queda por saber cuándo se hará Rubalcaba con la secretaría general del partido. Tiene que ser antes de las elecciones, porque después corre el riesgo de que no quieran dársela si los resultados son muy malos, que tiene toda la pinta de que lo serán. La última puñalada que Freddy le clavará a Zapatero será esa. Veremos la fecha que escoge para darla.


Libertad Digital - Opinión

Hillary Clinton: Hola y adiós. Por José María Carrascal

El paralelismo Obama-Zapatero que ha tratado de venderse es más aparente que real, más externo que interno.

NO hemos tenido visita de Obama, pero hemos tenido la de quien pudo ser primera presidenta norteamericana, Hillary Clinton, una especie de premio de consolación en unas relaciones casi idílicas. Todo lo que fueron conflictos con la administración Bush, se convirtió en «seguidismo» de la política USA al llegar Obama a la Casa Blanca. Zapatero ha hecho todo lo posible para traerle a España y lograr lo que Leire Pajín llamó una «acontecimiento planetario». Pero los muchos y enormes problemas externos e internos que esperaban al nuevo presidente norteamericano, fueron posponiendo la visita hasta llegarse a este final agónico de Zapatero, sin que tuviera lugar. De hecho, la única «cumbre» que sostuvieron fue telefónica, cuando, en mayo de 2010, Angela Merkel llamó a Obama para decirle que la resistencia española a adoptar recortes drásticos podía hacer descarrilar la Unión Europea. Ante lo que Obama llamó a Zapatero pidiéndole que las tomase. Bastó para que éste diera un giro copernicano a su política económica y social.

Un eco de aquella llamada ha habido en esta visita de Hillary, cuando tras alabar las reformas hechas por el Gobierno español, le pidió firmeza en completarlas. Pues pese a todas sus promesas, no las ha completado.

La visita, por lo demás, transcurrió apacible, con un cierto aire de despedida. La secretaria de Estado norteamericana se entrevistó con el Rey, con Zapatero, con Rajoy, y prefirió reservarse la primera noche en vez de la cena oficial que le había preparado su colega española. A Hillary le encanta Madrid y recordarán que en una anterior visita se compró una capa española. No es la única Clinton que le gusta saltarse el protocolo, aunque, eso sí, dentro de un orden.

Se cierra así una etapa de las relaciones hispano-norteamericanas marcadas por la sintonía, excepto en algunos arranques impetuosos de la ministra de Defensa, Carme Chacón, resueltos de inmediato por Zapatero. No hay duda de que su entorno ha tratado vender un paralelismo entre ambos presidentes: ambos son jóvenes, atractivos, gustan del baloncesto, tienen hijas pequeñas. Pero las diferencias son mucho mayores y profundas, Obama tuvo que sudar para llegar adonde llegó, mientras a Zapatero se lo regalaron. Más importante: el norteamericano llegó a la presidencia con un enorme afán conciliador, que le hizo retener algún miembro del gabinete Bush, dispuesto a resolver los problemas más urgentes de su país sin cambiar su línea de siempre. Mientras el español vino dispuesto a dar la vuelta a España, reescribir su historia y encerrar a la oposición en un lazareto. En otras palabras: Obama es un hombre de centro. Zapatero, un radical, aunque lo oculte tras una sonrisa. El resultado es que Estados Unidos va resolviendo sus problemas, mientras los nuestros aumentan.


ABC - Opinión

El vuelo de Rubalcaba: el del águila o el de la codorniz. Por Antonio Casado

Quedamos en que la fecha de las próximas elecciones generales es una clave a la que sólo tienen acceso el PNV, por un lado, y el candidato socialista a la Moncloa, por otro, como condicionantes de la voluntad de Rodríguez Zapatero, el único habilitado para llevar la decisión al BOE con 54 días de antelación.

La complicidad del PSOE con el PNV se puso de manifiesto la semana pasada en las propuestas derivadas del debate sobre el estado de la Nación. Nos dice que a Zapatero no le faltará apoyo para superar las próximas “mociones de censura”. Básicamente, techo de gasto, reforma de las pensiones y Presupuestos Generales del Estado para 2012. “El PNV atenderá las iniciativas del Gobierno con la responsabilidad de siempre”, ha dicho el portavoz nacionalista, Josu Erkoreka.


Y en cuanto a Pérez Rubalcaba, el candidato socialista no tiene prisa. Necesita tiempo para diferenciarse de Zapatero y ser reconocido como el rival de Mariano Rajoy. Forjar su propia causa electoral, entre el cambio y la continuidad, como él ha dicho, va a ser muy complicado. “Hemos trabajado juntos pero somos distintos, naturalmente. Tampoco pienso hacer caso a los sociólogos que me dicen que me separe de ZP. No pienso buscar rupturas artificiales”, decía ayer Rubalcaba en el periódico adicto (El País), mientras que el periódico de acreditada aversión a su figura (El Mundo) afirma que el intento de desmarcarse de Zapatero es sencillamente “increíble”.
«El candidato socialista no tiene prisa. Necesita tiempo para diferenciarse de Zapatero y ser reconocido como el rival de Mariano Rajoy.»
Hacerlo creíble será su empeño. En su mano izquierda queda la tarea de diferenciarse de Zapatero. En su mano derecha, la de hacerse el encontradizo con Rajoy. “Esta vez la disputa no va a estar entre el PSOE y el PP. Los ciudadanos tendrán que elegir entre Rajoy y Rubalcaba”, dice el candidato socialista, pensando seguramente en la ventaja sobre el candidato del PP que le otorgan las encuestas de valoración de líderes, a diferencia de lo que ocurre con el cruce de las siglas, donde el PSOE aparece como una marca prácticamente desahuciada.

Elegido ya el modelo de mochila, queda el equipaje. Sus retos programáticos: redefinir la izquierda y ofrecer respuestas a los acampados del 15-M. Imprescindible conectar con los indignados, entre los que figuran los propios del “No nos falles” de 2004, y ofrecerles respuestas. Además, redefinir la Socialdemocracia y explicar en qué consiste ser de izquierdas a estas alturas del siglo XXI. Son las tareas de la Conferencia Política que el PSOE llevará a cabo en septiembre ¿Y todo esto con visión de futuro o sólo para minimizar daños? Es lo que se preguntan dentro y fuera de la pirámide socialista.

El propio Rubalcaba salía ayer al paso de quienes le auguran el vuelo corto y apresurado de una codorniz: “Mi proyecto político es de largo recorrido y tiene vocación de continuidad para toda la Legislatura” ¿El vuelo del águila? Por los manuales sabemos que es el ave de mayor longevidad de su especie, aunque en una avanzada etapa ha de acometer un doloroso proceso de renovación que le dará 30 años más de vida, una vez que le vuelve a crecer el pico después de habérselo arrancado a golpes contra las rocas.


El Confidencial - Opinión

PSOE. ¿Dónde se metió Alfredo en el 69?. Por José García Domínguez

Asunto en verdad notable, sobre todo si se toma en consideración que Rubalcaba no consta como afiliado al PSOE hasta ciertas vísperas de 1975, cuando lo poco que quedaba del dictador ya se enfilaba hacia la lápida del Valle de los Caídos.

Hay un algo patológico en la necesidad compulsiva de fantasear que arrostra Alfredo. ¿A qué si no esa obsesión, tan recurrente por lo demás entre los de su generación, la de labrarse a toda costa un pasado? Chico bien de Madrid; vástago ejemplar de una familia devota del Régimen; aplicado alumno del Colegio del Pilar, donde habría de compartir aulas, recreos y guateques con la mitad de los presidentes de la banca española, entre otros peligrosos revolucionarios; pío católico presto a conjurar las tentaciones de la carne con el flagelo mortificante del deporte, Alfredo Pérez se quiere, sin embargo, Federico Sánchez.

Así, ayer domingo le dejaría caer a un embelesado plumilla de El País que, tan pronto como en 1969, "se metió en política". A diferencia, pues, de tantos progres medrosos que, como mucho, concedían acudir silentes a alguna que otra asamblea de facultad, Alfredo "se metió". Aunque, en su modestia, considera ocioso ofrecer más detalles al respecto. Llegada esa añada, simplemente, "se metió". Asunto en verdad notable, sobre todo si se toma en consideración que Rubalcaba no consta como afiliado al PSOE hasta ciertas vísperas de 1975, cuando lo poco que quedaba del dictador ya se enfilaba hacia la lápida de mil quinientos kilos que le aguardaba en el Valle de los Caídos.

En idéntico orden de perplejidades, es universalmente sabido que por aquellos tiempos, a finales de los sesenta, el partido socialista ni estaba ni se le esperaba. Heroica vacación que aún invita más a la intriga. Y es que, si por razones obvias no pudo ser en el PSOE, ¿dónde se metió Alfredo? El propio interesado ofrece una única pista al respecto. Su "meterse" fue motivado, asegura, por el asesinato de Enrique Ruano a manos de la Brigada Político Social. Ocurre, no obstante, que entre los viejos militantes del Frente de Liberación Popular, grupo clandestino en el que militara Ruano, nadie recuerda a ningún Rubalcaba. En el FLP de Julio Cerón y César Alonso de los Ríos no anduvo metido nunca, aseguran. Al tiempo, en los archivos del partido comunista tampoco resta constancia de Alfredo P. alguno. Con buen criterio, parece que igual se abstuvo de meterse en el PCE. ¿Mas dónde entonces, si trotskistas y maoístas asimismo lo desconocían? ¿En la OJE? Misterio. Alfredo se metió. Y punto.


Libertad Digital - Opinión

Los antipáticos. Por Ignacio Camacho

Teddy Bautista se había convertido, en gran parte por su culpa, en uno de los personajes más odiosos de España.

VISTO el reciente giro del affaire Strauss-Kahn y comprobada la dolorosa experiencia sufrida no hace mucho por la atleta Marta Domínguez, conviene tentarse un poco la ropa antes de emitir juicios contundentes de valor sobre ciertos blietzkriegs judiciales que a menudo acaban sin imponer a los reos otra pena que la del telediario. En el caso de Teddy Bautista y sus mariachis de la SGAE ha caído ya sobre ellos además el linchamiento moral de las redes sociales, donde la ira popular los ha lapidado con pedradas muy ingeniosas pero con frecuencia respaldadas en la impunidad del anonimato. El carácter antipático de ciertos personajes, forjado en su reiteración del abuso y la arrogancia, no los convierte en culpables de nada que no sea su propia mala fama; los delitos hay que probarlos y mientras eso no ocurra tienen derecho a que la fobia social no desemboque en una condena anticipada. Resulta preocupante que el avance de la libertad tecnológica propicie retrocesos democráticos que actualizan en pleno siglo XXI los rituales del sambenito y otros castigos inquisitoriales.

Bautista se había convertido, en gran parte por su culpa, en uno de los personajes más odiosos de España. Su exagerada voracidad recaudatoria ha malbaratado la legitimidad de su empeño por defender los derechos de autor, y su gestión opaca y clientelista del oligopolio de la SGAE lo ha envuelto en un halo de caciquismo jactancioso, típico de los personajes encumbrados que desdeñan todo atisbo de humanidad en el poder. Parecía un jerarca del sindicalismo vertical. Habrá que ver hasta qué punto ha sucumbido a la tentación de desviar parte de los fondos que con tan excesivo celo recolectaba. Pero la animadversión, la tirria que suscita tiene que ver sobre todo con el que quizá sea el más razonable de sus esfuerzos, aunque él mismo lo haya malversado a base de arbitrariedades, atropellos y prepotencia: la lucha contra la piratería intelectual, la copia ilícita y la generalizada mentalidad de gratuidad completa que al amparo de internet amenaza el trabajo de los creadores. Y esa sensación de justicia poética que ha ocasionado su arresto es una especie de desahogo rencoroso que tiene mucho de ejecución populista.

Es tan imposible sentir simpatía por un tipo así como imprescindible distinguir entre la justicia y el ajusticiamiento. Sumarse al apedreo indiscriminado constituye un acto de cobardía social que deberíamos desterrar de nuestra conducta colectiva. En una época de aprietos es fácil que se ponga de moda la hostilidad hacia esa clase de personajes célebres y poderosos —banqueros, constructores, ejecutivos, políticos— sobre los que resulta tentador construir un perfil detestable que cargue con las culpas de las desgracias generales. Esa animosidad elemental, mezclada con resentimiento, forma un cóctel peligroso y sencillo de inflamar por motivos espurios. Se llama demagogia.


ABC - Opinión

Bildu, también en el Congreso.

Como era previsible, los efectos de la legalización de Bildu por seis magistrados del Tribunal Constitucional no se detienen en sus conquistas electorales del 22 de mayo. Según el sondeo de intención de voto que hoy publicamos, de celebrarse ahora elecciones generales la formación batasuna lograría colocar cuatro diputados en el Congreso. Es decir, se convertiría en un actor parlamentario de indudable envergadura que no sólo llevaría la voz de la banda terrorista al hemiciclo, sino que además legitimaría plenamente que no se haya disuelto y desaparecido. De ahí que sea tan importante y trascendente la próxima sentencia constitucional sobre si Sortu se puede presentar o no a las generales. Lo de menos en este asunto, como en el de Bildu, es el ideario independentista que defienda o sus sueños mesiánicos. Otros partidos, como ERC, también predican la independencia y a nadie se le ha ocurrido que pueda ser un partido ilegal. Incluso en el País Vasco existen formaciones, como Aralar y EA, que desde hace años defienden la secesión, y no por ello se le ha ocurrido a nadie instar su ilegalización. La diferencia es que Bildu-Sortu-Batasuna ha vuelto a la pugna política con el permiso de ETA, mientras que los pistoleros se reservan el papel de vigilantes activos, como el mafioso que espía en la trastienda si se paga o no la extorsión. Al no haber desaparecido la banda terrorista, sus representantes políticos en las instituciones se convierten en la correa de transmisión de sus tácticas y estrategias, en portavoces de sus amenazas y en comisarios políticos que toman buena nota de sus adversarios. Desde que Bildu ha recuperado el estatus que Batasuna perdió (aunque fuera a medias) gracias al pacto antiterrorista, la sombra de ETA se cierne de manera muy palpable en cada decisión que adoptan sus alcaldes y altos cargos forales. Detrás de las manifestaciones exigiendo la libertad de los terroristas presos, de actos ilegales como retirar el retrato del Rey y la bandera nacional de los consistorios o impedir el trabajo de los escoltas está la mano de la banda etarra. Hoy mismo publicamos cómo en varios municipios gobernados por los batasunos se están obstaculizando las acciones antiterroristas de la Guardia Civil, como la instalación de controles, y ya han planteado iniciativas legales para que no pueda operar en sus demarcaciones. Bildu está cada día más envalentonada y se siente legitimada para aplicar el ideario político de ETA, que sigue activa, porque así se lo ha permitido el Tribunal Constitucional. Su objetivo siguiente será entrar en el Congreso y, dos años después, convertirse en fuerza de gobierno en el País Vasco. Salvo, naturalmente, que el Gobierno de la nación ponga verdadero empeño en evitarlo con la Ley en la mano. En este sentido, es oportuno subrayar que nuestra encuesta electoral de hoy ratifica la mayoría absoluta del PP, partido que incrementa hasta el millón el número de votantes fugados del PSOE, lo que demuestra su clara victoria en el Debate sobre el Estado de la Nación. Casi el 60% de los encuestados insisten en que se adelanten las elecciones.

La Razón - Editorial

Dilema socialista

El PSOE no tiene claro hasta cuándo Pérez Rubalcaba debe permanecer en el Gobierno.

El debate del estado de la nación fue el último gran acto político en el que previsiblemente participará Rodríguez Zapatero antes de ceder todo el protagonismo al inminente candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. El vicepresidente primero ha ofrecido algunos indicios de la estrategia para conjurar los inevitables riesgos que conlleva la situación de bicefalia, multiplicados por los malos resultados que pronostican las encuestas. Tras el último Consejo de Ministros, Rubalcaba expresó su voluntad de que el Gobierno agote la legislatura, para lo que contaría con el apoyo del PNV, UPN y Coalición Canaria. Además, quiso mostrar que el Ejecutivo tiene planes para justificar su permanencia hasta marzo del próximo año. Y subrayó el componente social de esos planes, trazando la línea de confrontación con el PP.

La duda principal sobre los pasos a seguir en los próximos meses reside, sin embargo, en la posición desde la que Rubalcaba debería desarrollar la estrategia esbozada. Aunque el candidato no se ha pronunciado sobre lo inmediato, el Partido Socialista se encuentra dividido entre quienes consideran que debería abandonar cuanto antes el Gobierno y quienes piensan que aún es pronto para que renuncie a la proyección política que le ofrece, sobre todo, su papel de portavoz. Estas dudas son posibles porque, desde el punto de vista institucional, no parece congruente que se exija la renuncia de un vicepresidente cuando se convierte en candidato, mientras que, tratándose del presidente, se da por descontada la compatibilidad de ambas tareas. Otra cosa es que Mariano Rajoy renunciase al ser designado candidato de los populares en 2004.


El dilema al que se enfrenta el PSOE es que el intento de prolongar el protagonismo político de Rubalcaba en el Ejecutivo acabe obligándole a asumir, en contrapartida, mayores cotas de responsabilidad en una gestión que los ciudadanos valoran con dureza, y de ahí que el momento de su dimisión se haya convertido en una pieza esencial del rompecabezas. Es probable que el giro social que quiso imprimir el Gobierno en el último Consejo de Ministros se profundice con ocasión de la conferencia política prevista para septiembre, pero subsisten muchas dudas acerca de si el electorado será sensible a este cambio de última hora. En cualquier caso, ese es el único margen de maniobra, junto a una eventual mejora estacional de los datos económicos tras el verano, del que dispone el candidato para evitar el hundimiento que auguran los sondeos.

Al mismo tiempo que esta carrera contra reloj de las elecciones generales, el Partido Socialista se enfrenta a la necesidad de decidir el liderazgo para los próximos años, que podrían ser los de una dura travesía del desierto, y que requerirán, por tanto, de talento y de capacidad de resistencia. No es por ello cuestión menor cuándo y de qué forma se resuelvan estos interrogantes, para el bien del proyecto del centro-izquierda en España.


El País - Editorial

El candidato Rubalcaba, un mentiroso compulsivo

Si por algo se ha caracterizado el ministro Rubalcaba ha sido por ser un mentiroso compulsivo. No parece que el candidato Rubalcaba vaya a comportarse de un modo muy distinto.

La subordinación del Gobierno, y por tanto del interés general, a los dogmas de la izquierda y a las necesidades electorales del PSOE ha sido una constante dentro del Ejecutivo de Zapatero. Se ha violentado la legalidad, se ha mentido una y otra vez a los españoles, se ha dinamitado la división de poderes, se ha hecho quebrar la economía y se ha condenado a cinco millones de españoles al desempleo.

Obviamente, la estrategia de Rubalcaba de cara a las próximas generales pasa inexorablemente por distanciarse de la desastrosa gestión del Gobierno del que ha formado parte durante los últimos cinco años. Absurdo empeño, sobre todo desde octubre del año pasado, cuando Rubalcaba fue nombrado vicepresidente plenipotenciario del Ejecutivo y líder de facto del PSOE. De hecho, si algo caracteriza a Rubalcaba es el haber estado relacionado con los episodios más funestos del felipismo y del zapaterismo.


Empero, el todavía ministro del Interior está, sin duda, haciendo denodados esfuerzos por construirse una nueva imagen y aparentar que cuenta con un renovado y esperanzador programa. En su intento, sin embargo, está exhibiendo los mismos rasgos que no en vano han caracterizado al que también ha sido su Gobierno: improvisación permanente, ausencia completa de ideas, demagogia a raudales e irrefrenable impulso a engañar a los votantes.

Así, por ejemplo, el vicepresidente del Gobierno de los cinco millones de parados ha prometido conocer las recetas para acabar con el paro y ha vuelto a guiñarles el ojo a la extrema izquierda de los indignados arremetiendo contra la banca. Por supuesto, Rubalcaba carece de cualquier programa –o, al menos, de cualquier programa eficaz–, porque en tal caso sólo cabría concluir que el candidato socialista es un sádico que ha disfrutado viendo cómo las cifras de desempleo se han multiplicado por dos. Si sabe cómo hacerlo, ¿por qué no ha atajado hasta ahora semejante sangría?

Lo mismo sucede con su populista discurso contra la banca, del que ya ha venido echando mano en otras ocasiones. Rubalcaba sabe, o debería saber, que toda su radical palabrería no puede llegar a traducirse en medidas concretas, a menos que quiera condenar el sector financiero, y por tanto al país, a atravesar muy serias dificultades. Lo único cierto hasta el momento es que su Gobierno, lejos de poner en jaque a los bancos, los ha recapitalizado con dinero público (aunque de manera mucho más lenta y torpe que el resto de países occidentales).

En definitiva, si por algo se ha caracterizado el ministro Rubalcaba ha sido por ser un mentiroso compulsivo. No parece que el candidato Rubalcaba vaya a comportarse de un modo muy distinto.


Libertad Digital - Editorial

El vicepresidente Zapatero

El Gobierno se conforma con golpes de efecto, como el discurso populista del candidato contra la banca, a la que su propio Gobierno ha refinanciado.

EL candidato socialista y vicepresidente primero del Gobierno —a la vez que ministro del Interior y portavoz— insistió ayer en que va a explicar a los ciudadanos que sabe lo que hay que hacer para crear empleo. Adornó su inmejorable autoestima con la sentencia de que España está mejor que hace dos años. Pues mejor será que explique por qué el Gobierno al que pertenece y del que es corresponsable no lo está haciendo ya, porque la tasa de más del 20% de paro no permite jugar a los mensajes crípticos. No es la primera vez que Rubalcaba se presenta como depositario de fórmulas inéditas para sacar a España de la crisis. Y no es la primera vez que el intento de exponerse como oferta diferenciada de Zapatero no sólo no le ha funcionado, sino que está reforzando su imagen de mera prolongación del jefe del Ejecutivo y del fracaso que el gabinete socialista representa.

Tampoco parece que vaya a tener mejor futuro el enésimo plan de actividad legislativa con el que el Gobierno pretende dar apariencia de iniciativa y fuerza parlamentaria. El pasado año, a la vuelta del verano, cuando el PSOE buscó el «efecto Rubalcaba» con su acceso a la Vicepresidencia Primera, el Gobierno anunció un calendario de leyes que no se está cumpliendo. La reincidencia en el error de vender como novedad lo que es un discurso de segunda mano demuestra hasta qué punto el Ejecutivo está empantanado y no funciona el plan socialista de encumbrar a Rubalcaba como candidato de nuevo cuño. La falta de una verdadera estabilidad parlamentaria ha roto su calendario legislativo, que, en el mejor de los casos, lleva entre tres y seis meses de retraso, lo que supone que la mayoría de los proyectos no será aprobada. Por ejemplo, el Gobierno anunció para diciembre de 2010 el proyecto de la reforma concursal, necesaria para mejorar la respuesta judicial frente a las crisis de empresas, pero aún sigue en trámite de enmiendas. En cambio, otros proyectos anunciados como esenciales para la reactivación económica parecen descartados, como el de Servicios Profesionales, comprometido personalmente por Zapatero ante Bruselas.

Son sólo ejemplos de que el Gobierno gesticula movimiento, pero no avanza, y se conforma con golpes de efecto, como el discurso populista del candidato Rubalcaba contra la banca a la que su propio Gobierno ha refinanciado y apoyado sin exigir a cambio esas responsabilidades que ahora reclama por oportunismo.


ABC - Editorial

domingo, 3 de julio de 2011

Déficit. El círculo vicioso autonómico y local. Por Emilio J. González

En cuanto a los ayuntamientos, lo que tiene que hacer el Gobierno es diseñar de una vez por todas un plan de financiación de las corporaciones locales, que involucre también a las autonomías en un proceso de descentralización hacia abajo.

La gestión de la crisis que está haciendo el Gobierno de Zapatero constituye todo un catálogo de errores de política económica al que el Ejecutivo de ZP va a añadir uno más: la operación de salvamento de ayuntamientos y comunidades autónomas, que va a ser algo parecido a lo que antes se hacía cada cierto tiempo con los clubes de fútbol. Estos se endeudaban hasta las cejas y cuando estaban al borde de la quiebra el Estado tenía que salvarlos. Una vez saneadas sus cuentas, volvían a las andadas y el ciclo comenzaba de nuevo. Pues éste círculo vicioso se va a repetir con las autonomías y las corporaciones locales, lo cual no solo debe impedirse por lo pernicioso que resulta en sí mismo, sino porque existen otras soluciones.

No debemos olvidar que el sistema de financiación autonómica se basa en el principio de corresponsabilidad fiscal, es decir, que quien quiera gastar más tiene que subir los impuestos. Pues bien, los dirigentes autonómicos todavía no comprenden que nunca más podrán contar con ingresos tributarios tan importantes como en el pasado para financiar su inmenso derroche porque ni los impuestos ligados a la vivienda van a volver a ser lo que eran, ni su recaudación por los tramos cedidos del IRPF y del IVA, ya que tenemos desempleo para rato y estamos abocados a un proceso de congelación y/o disminución de los salarios para salir del pozo en el que estamos hundidos. Lo lógico, por tanto, es que ajusten sus pagos a esta realidad y si quieren gastar más, entonces que suban impuestos y den la cara ante sus ciudadanos de una vez por todas, explicándoles de verdad qué es lo que hacen con los dineros que sacan de sus bolsillos. Porque el Estado da muchas explicaciones, pero las autonomías pocas o ninguna. En consecuencia, el Gobierno central debería olvidarse del plan de rescate de las autonomías y obligarlas a recortar gastos o a subir impuestos para cuadrar sus cuentas. Así no volverán a las andadas. Lo que ocurre es que como Zapatero quiere salvar de la quiebra a la Andalucía socialista y es prisionero de la Cataluña insolidaria y egoísta que presiona en el mismo sentido, no tiene más remedio que acometer esa operación de salvamento que, para que no cante, se va a convertir en una especie de café para todos.

En cuanto a los ayuntamientos, lo que tiene que hacer el Gobierno es diseñar de una vez por todas un plan de financiación de las corporaciones locales, que involucre también a las autonomías en un proceso de descentralización hacia abajo, y que permita que los ayuntamientos dejen de especular con el suelo para poder financiarse. El régimen de financiación local es una de las grandes asignaturas pendientes de nuestra democracia y este es un momento inmejorable para aprobarla. Lo que no se puede hacer es seguir con este sistema de incentivos perversos al gasto que, en el caso municipal, resulta además en una intervención perniciosa sobre el suelo que explica los disparatados precios de la vivienda en España.


Libertad Digital - Opinión

Capital del agravio. Por Ignacio Camacho

La lucha antiterrorista no contemplaba incentivos ni contrapartidas. Mucho menos, premios por adelantado.

SI siguen acumulando premios y prebendas por adelantado, los etarras no van a encontrar ninguna razón para dejar las armas cuando tan bien les va sin hacerlo; no sólo han conseguido un poder institucional sin precedentes para sus representantes políticos sino que el Gobierno se desvive por hacer que se sientan cómodos. Les permite con alegre tolerancia que incumplan la ley de banderas y retiren los símbolos del Estado, los colma de buenas palabras esperanzadoras y encima les regala sinecuras como la capitalidad cultural europea para que enseñen al mundo cómo el terrorismo puede lograr sus objetivos sin arrepentirse ni disolverse. Que no les falte de .

Eso no es una vía de pacificación, sino una rendición entreguista que humilla al Estado y vilipendia la memoria de las víctimas. Las bases de la lucha antiterrorista consensuadas en treinta años de resistencia y sufrimiento no contemplaban incentivos ni contrapartidas. La simple existencia de ETA debería haber obrado como elemento de inhabilitación de la candidatura donostiarra; basta recordar la mala uva con que el recién casado Alberto de Mónaco utilizó la amenaza del terror para boicotear las aspiraciones de Madrid ante el Comité Olímpico. Sin embargo, el Gobierno ha mostrado con prístina claridad su simpatía con el experimento de Bildu al otorgar a San Sebastián una prima decisiva de compromiso y legitimación que sella la alianza del Estado con sus enemigos bajo la advocación exhibicionista de una pazzzzzzz ficticia. La capitalidad cultural refuerza la condición de parque temático del independentismo violento que el zapaterismo y los batasunos reconvertidos han diseñado para el territorio guipuzcoano. Un grave agravio para las demás ciudades candidatas que no sólo no necesitaban apostar verbalmente por una paz que jamás han cuestionado, sino que a menudo han puesto algunos de los muertos sobre los que se cimenta el triunfo del brazo político de ETA.

Este perverso legado moral de Zapatero es mucho más negativo que el fracaso económico, la quiebra social y los cinco millones de parados. Representa una alianza de facto con los continuadores del terrorismo que insiste en los perniciosos errores de la negociación de la primera legislatura, con el agravante de los estímulos expresos a su conquista del poder. La estrategia gubernamental ha destrozado la principal premisa de la unidad antiterrorista, que consistía en no permitir que ETA obtenga por dejar de matar lo que jamás había podido obtener matando. Ha resultado aún peor: lo está obteniendo sin renunciar siquiera a la amenaza, erigida en garante tutelar de su propio éxito. Por este camino incluso puede resultar probable que en 2016 se haya disuelto —ojalá— tan siniestra custodia, pero será por haber alcanzado sus aspiraciones. Quién sabe si esa orgullosa capitalidad no la inaugurará un lendakari llamado Otegi con Txeroki como consejero de Cultura.


ABC - Opinión

ONU Mujeres. Por M. Martín Ferrand

Ni la ligereza con que Zapatero y su equipo se enfrentan al gasto público sirve para justificar este despilfarro.

YA es difícil de explicar, además de imposible de entender, que una personita del perfil y la experiencia de Bibiana Aído llegara a ser ministra en el Gobierno de España. Ni la partitocracia numantina que practican con tanto entusiasmo, al alimón, el PSOE y el PP sirve para razonar una ascensión tan vertiginosa de alguien cuyos méritos políticos, académicos, cívicos o de cualquier otra naturaleza están por debajo de la media de los de millones de españoles beneficiados por los estudios de rango superior. Tampoco entra en el capítulo de lo fácilmente asimilable que la tal Aído, designada como ministra, mermara, de la noche a la mañana y sin amago alguno de protesta o dimisión, a la también excesiva condición de secretaria de Estado; pero así son, y así brillan, las mañas políticas de José Luis Rodríguez Zapatero y su cómplice principal y mejor cualificado Alfredo Pérez Rubalcaba.

El Gobierno se empeñó en que Aído tuviera cargo y sueldo en la entidad de nueva planta y crecido presupuesto, obra querida de Ban Ki-moon, ONU Mujeres y, no sin esfuerzo y gasto, consiguió para ella un puesto de asesora, canonjía dotada con cien mil euros anuales. El ABC de ayer —véase— pormenorizaba los detalles de tan poco sutil designación y tan burda entronización. También hay que anotar en la lista de lo inexplicable la falta de crítica del PP, y de los demás partidos del espectro, ante tan caprichosa decisión; pero, sobre todo, habría que conocer el argumento por el que España respaldó, el año pasado, la creación de esta nueva entidad de las Naciones Unidas que, desde septiembre, preside la que fue presidenta de Chile, Michelle Bachellet. Más todavía, por qué nuestro país, tieso como la mojama, se permite dotar a tan innecesaria entidad, con cargo al Presupuesto de 2011, y de momento, con más de 25 millones de euros. Noruega, en donde atan los perros con bacalao, es con 15 millones el segundo contribuyente para el sostenimiento de tan inútil oficina.

Así se va escribiendo la Historia, sin mucho alboroto para evitar la excitación colectiva que merecen el desmán y el despilfarro de quienes gobiernan o les socorren con sus silencios desde las trincheras dizque la oposición. España contribuye a ONU Mujeres —UN Woman— con una cantidad anual que es cuatro veces mayor que la aportada por EE.UU., doce veces más elevada que la de Alemania y setenta y cinco veces la de Francia. Ni la ligereza con que Zapatero y su equipo se enfrentan al gasto público sirve para justificar este capítulo del despilfarro nacional; pero, sobre todo, ¿qué puñetera falta le hace al mundo un engendro semejante?


ABC - Opinión

Las propuestas de Rajoy

Aunque la propaganda socialista esté volcada en repetir como un mantra que Mariano Rajoy no tiene un programa de gobierno de cara a las próximas elecciones generales, la verdad se impone y lo cierto es que el PP ya ha concretado el corpus programático que presentará a los españoles. La austeridad, los ajustes del gasto público y la preservación y potenciación de las políticas sociales serán los ejes vertebradores de este programa. Uno de los objetivos primordiales será invertir los recortes con los que el Gobierno socialista ha castigado a las familias, a los pensionistas, a los dependientes y a todos los trabajadores. Para ello, pondrá en marcha un ambicioso Plan Social para combatir la pobreza y se restablecerían las prestaciones por hijo a cargo para menores de tres años con una cuantía de 500 euros anuales. También se abordará la dependencia con medidas realistas y sensatas, ya que se prevé que la Administración General del Estado garantice la financiación del 50% del gasto realizado en función de la prestación y el servicio. Rajoy también recoge una demanda de miles de españoles que no es otra que la recuperación de la deducción por adquisición de vivienda habitual en el IRPF con el fin de dinamizar el mercado inmobiliario. En el programa del líder del PP la reactivación de la economía pasa por un apoyo decidido a los emprendedores, pymes y autónomos con distintas actuaciones como la simplificación administrativa, la unificación de la normativa autonómica –que es uno de los grandes lastres que sufren estos colectivos– e incentivos fiscales, como que pymes y autónomos no tengan que pagar el IVA de las facturas no cobradas o la aplicación de una deducción de 3.000 para la contratación del primer trabajador que lo sea por contrato indefinido y por tiempo de dos años. Porque una de las obsesiones de los populares y del propio Rajoy es articular una batería de fórmulas para potenciar la contratación indefinida. La estabilidad presupuestaria será otra de sus prioridades y ésta pasa por la austeridad. A Rajoy no le temblará el pulso para reducir al menos un 25% de los altos cargos, un 50% del personal eventual y un plan de ahorro del gasto corriente. En definitiva su programa es realista, consecuente con la situación económica que vive España y, sobre todo, perfectamente ejecutable. No hay cantos de sirena ni fuegos de artificio con medidas estrella que luego no se puedan llevar a cabo. El espíritu del programa responde al gran conocimiento que tiene el líder del PP sobre los problemas del país y sus iniciativas para abordarlos. Muchas de estas propuestas ya han sido presentadas en el Congreso y no han sido puestas en práctica porque el PP esta en minoría y el resto de los partidos no las han apoyado. Pero la mejor prueba de que son perfectamente aplicables la encontramos en la gestión de los gobiernos económicos del PP. Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid o la Generalitat Valenciana son ejemplos precisos de la buena gobernabilidad, con severas medidas de austeridad institucional y programas de eficiencia que deducen costes y plazos. Lo deseable es que, más pronto que tarde, se puedan aplicar al conjunto del Estado.

La Razón - Editorial

Tormenta en la SGAE.

La entrada de la Guardia Civil en la sede de la SGAE y la detención de nueve personas, entre ellas sus principales directivos, en una investigación sobre apropiación indebida y delitos societarios, reabre de manera dramática el debate sobre la transparencia de esta entidad. La presunción de inocencia protege por ahora a los sospechosos de estas supuestas conductas, pero la misma existencia de la investigación plantea interrogantes que, lamentablemente, no son nuevos.

Este grueso episodio alimenta nuevamente la necesidad de una reflexión urgente sobre el oligopolio de las sociedades de gestión en España, que ya fue denunciado el año pasado y no precisamente desde los márgenes de la sociedad. La Comisión Nacional de la Competencia defendió en un documento la necesidad de corregir el marco legal que ampara a estas sociedades para "evitar abusos e ineficiencias". La Comisión no suponía la comisión de delitos, pero mostraba preocupación por su opacidad.


La Ley de Propiedad Intelectual atribuye al Ministerio de Cultura la facultad de autorizar la creación de estas entidades -en un sentido que "favorezca los intereses generales"-, de fiscalizar sus conductas y, en su caso, retirar la autorización de gestionar los derechos de los creadores. La primera reacción de Cultura ha sido recordar que una sentencia del Constitucional, a raíz de un recurso de los Gobiernos vasco y catalán, consagró que la fiscalización era competencia autonómica. Ya es chocante que se reclamen competencias para luego no ejercerlas, pero el Gobierno español, en 2008 y 2009, encargó dos informes sobre las sociedades de gestión a la Agencia de Evaluación que no detectaron nada sospechoso. El mismo viernes, un ejecutivo de la SGAE recurría a estos informes para defender que "siempre hemos salido limpios" y apuntar a una tesis conspirativa sobre la investigación en marcha.

El registro se produjo el día en que se conocían los resultados de las elecciones a la entidad. La mecánica electoral se basa en un insólito sufragio censitario. La candidatura que obtuvo el 43% de los votos no tendrá ningún representante en la directiva. Una sociedad que administra 365 millones de euros al año y lo hace sin ánimo de lucro, debe ser particularmente escrupulosa. Sobre todo cuando una fuente de sus ingresos se basa en la recaudación del canon digital, discutido por internautas e industria del sector y cuyo carácter abusivo obligará al Gobierno a cambiar su normativa tras una sentencia del Tribunal Europeo.

El origen del caso está en una denuncia, de 2007, de organizaciones opuestas al canon, que pedía esclarecer presuntas y graves irregularidades de la SGAE. Lo solicitaron aquí y en Bruselas. Ahora, no bastará con castigar, si así ha ocurrido, a administradores fraudulentos. Han de cambiar tanto personas como un trasnochado statu quo sobre la gestión de los derechos de autor.


El País - Editorial
Libertad Digital

El fracaso de la política exterior

La reconstrucción de una política exterior anclada en los intereses estratégicos de España es una de las tareas urgentes para el próximo gobierno, que heredará una situación lamentable.

LA visita a Madrid de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, debería considerarse un acontecimiento habitual dentro de las relaciones de España con uno de sus más importantes aliados, pero actualmente se convierte en un hecho extraordinario, hasta el punto de que, en términos políticos, se puede decir que se trata de uno de los gestos más relevantes intercambiados entre el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y la Administración Obama. El mismo dirigente que se negó a ponerse en pie al paso de la bandera norteamericana ha dedicado sus dos mandatos a gestionar un simple guiño de simpatía por parte de la Casa Blanca, pero el célebre «acontecimiento planetario» no sucederá y la política exterior socialista pasará a la historia como uno de los periodos más deslucidos de la democracia, que está terminando con secuelas que rayan el ridículo, como la compra de prebendas en el organigrama de la ONU para políticos de la talla de Bibiana Aído.

La reconstrucción de una política exterior seria y anclada en los intereses estratégicos de España es una de las tareas urgentes para el próximo gobierno, que heredará una situación lamentable. ¿Quién se acuerda ahora de todo el esfuerzo invertido para lograr que España fuera invitada —aunque fuera por la puerta de atrás— a las reuniones del G-20, cuando con la otra mano el mismo Gobierno ha puesto a nuestro país en la lista de los que pueden amenazar la estabilidad de la zona euro? ¿Para qué ha servido todo el dinero y los recursos invertidos en esa fantasía llamada Alianza de Civilizaciones, incluyendo la cúpula de Barceló regalada a la sede de la ONU en Ginebra? El barco de la política exterior española ha navegado sin rumbo ni principios, y uno de los pocos componentes que ha escapado de esa sensación general de improvisación ha sido la complacencia estéril con la dictadura castrista, que no es algo de lo que un país democrático pueda enorgullecerse.

La imagen que transmiten los altos funcionarios que dejan el Gobierno y se apresuran a buscar un acomodo en las instituciones internacionales forma parte de esa sensación de final de ciclo, sólo que en este caso sirve de termómetro para medir la irrelevancia en la que ha dejado a España esta política exterior insensata. Bernardino León, tal vez el mejor de los funcionarios y con cierta influencia —sobre todo para apagar incendios—, va a tener un cargo relevante en la UE que, sin embargo, en otros tiempos sería equivalente al de un subordinado de Javier Solana. Y no de los más importantes.


ABC - Editorial