miércoles, 25 de mayo de 2011

Frases históricas. Por Alfonso Ussía

La abrumadora y demoledora derrota electoral del socialismo ha llevado a sus principales dirigentes a pronunciar frases de relevancia histórica. Han perdido el poder pero han ganado en literatura. No alcanzan la cota de las sentencias de Churchill, Metternich, Fouché o Silvela, pero por algo se empieza. La de José Blanco, uno de los diseñadores de la campaña electoral, me ha impresionado sobremanera. «Nos damos por enterados de la seria advertencia de nuestros votantes». Muy inteligente y serena conclusión. El jinete alemán Hans Winkler, que fue campeón del mundo de hípica en varias ocasiones, participó en la Olimpiada de Roma de 1960. Era el favorito. Pero ante un obstáculo desagradable para el caballo, éste rehusó y Winkler superó sin dificultad la valla, pero sin caballo debajo. Voló con extrema elegancia. Y cayó de culo. Un periodista alemán le formuló una pregunta capciosa: –¿Qué se siente en estos momentos?–. Y Winkler respondió: –Se siente que me duele el culo–. Sentido común. Como el de José Blanco cuando afirma que se han dado por enterados de la advertencia de sus votantes. Reunión de lógica y belleza lingüística. Podría haber dicho «nos sentimos literalmente jodidos», pero esa frase, que aprobarían Quevedo, Góngora, Pérez-Galdós, Manuel del Palacio y don Camilo José, habría resultado excesivamente sincera en quien tiene a la sinceridad castigada en el rincón desde que se adentró en los espacios de la política. Y la de Antich, el derrotado socialista pancatalanista de Baleares. «No me esperaba un resultado así». Este pensamiento en voz alta conlleva el emotivo mensaje de la decepción. Antich, que con sus gobiernos compartidos por las fuerzas políticas más exóticas de las islas, a las que ha dejado hechas unos zorros, no se espere un resultado así dice mucho de su sagaz inteligencia y su sentido de la previsión. También Zapatero se ha unido al desparpajo de las sentencias históricas. «No podemos negar que hemos sufrido un retroceso». Califica de retroceso a lo que ha sido una demolición en toda la regla. Pero hay placer literario en la oración. Y como siempre, la palma se la lleva Tomás Gómez: «Es el momento de abrir una reflexión colectiva». Usa de la metáfora. Abrir reflexiones. Gómez considera que la reflexión es como una puerta. Y colectiva. Desea que todos sus compañeros compartan la derrota humillante de «Invictus». Simancas, con mejores resultados, dimitió la misma noche de las elecciones. Y Almunia, en las elecciones generales del año 2000 que ganó el PP de Aznar con mayoría absoluta, en su primera aparición ante la Prensa adelantó su dimisión. Gómez, que ha batido el récord del ridículo, se propone «abrir reflexiones colectivas» en lugar de irse a su casa de Carranque. Como siempre, sólo José María Barreda y José Bono, los dirigentes más cercanos a la moderna socialdemocracia que impera en Europa, se han dejado de frases históricas y han asumido el batacazo con absoluta naturalidad: «Una derrota del PSOE en toda regla», ha dicho Barreda, poco amigo de los disfraces, las metáforas y las cursilerías como «abrir reflexiones colectivas». Y ahora, ¿qué? ¿Van a apoyar a Zapatero para que culmine su legal e ilegítimo ciclo? ¿Se van a tirar los trastos a la cabeza? ¿Van a entronizar a Rubalcaba? ¿Permanecerá quieto Barroso? ¿Harán oídos sordos a las directas e indirectas que están recibiendo de todos los agentes sociales –sindicatos y cejeros excluidos–? En pocos días tendremos la solución. Mientras llega, sigamos disfrutando de las frases históricas de tan agudos mártires incomprendidos. Más no se puede pedir.

La Razón - Opinión

Bildu. Repugnante. Por Regina Otaola

Todos han querido que la zorra estuviera presente y ahora se escandalizan o hacen que se escandalizan porque se va a comer a las gallinas. Repugnante.

En primer lugar y antes de entrar en harina quiero dar mi enhorabuena al PP por los resultados obtenidos en prácticamente toda España. Dicho lo cual, me voy a centrar en los resultados municipales de la comunidad autónoma vasca.

Lo primero que debo decir es que siento una gran repugnancia por los resultados que ha obtenido Bildu. Porque estos resultados no han llovido del cielo –mejor dicho, del infierno–, sino que se deben a la acción de personas de carne y hueso que han depositado su voto conscientes de lo que hacían. En otras palabras, sabemos fehacientemente que una parte considerable de esta sociedad considera que es bueno premiar al que ha apoyado el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión y el chantaje. Y que no digan lo contrario: Permach celebró el triunfo de y con Bildu al grito de "independencia" y "presos a casa". Son los mismos con distinto nombre. Y una gran parte de esta sociedad los apoya. Esa parte que va de "buenista" por la vida y a la que le dan pavor los enfrentamientos verbales entre los representantes de los partidos. Esa parte de la sociedad que considera que hacer política consiste en ir todos de la mano sin saber a dónde pero, eso sí, de la mano. Todos al precipicio de la mano. La argumentación y el debate estremecen y cansan a estos buenistas. La comodidad y el pacifismo de pacotilla es lo que les gusta.

Siento también repugnancia por un Gobierno que ha permitido que Bildu esté en las instituciones y por unos miembros del Tribunal Constitucional que han seguido las órdenes dadas por un Ejecutivo que es una vergüenza nacional. Un Gobierno que, paradojas de la vida, está a favor del aborto, de la eutanasia y sin embargo reanima y da oxígeno a una banda de terroristas, porque eso significa el hecho de abrir las puertas a una coalición con "independientes" dependientes de las órdenes que dictan los de siempre, los de las pistolas.


Todos –el PSE, el PNV, Aralar, EB– han defendido la legalización de Bildu, incluso con chantajes al Gobierno en caso de que el Tribunal Constitucional no diera el visto bueno. Todos han querido que la zorra estuviera presente y ahora se escandalizan o hacen que se escandalizan porque se va a comer a las gallinas. También es repugnante.

El panorama es desolador se mire por donde se mire. Política, social y económicamente. Empresarios, comerciantes, autónomos y demás emprendedores están aterrorizados porque lo anunciado por esta coalición es que quiere subir el impuesto de sociedades, el de la renta, rescatar el impuesto de Patrimonio y gobernar al son de la txalaparta y el que no esté conforme u ose protestar, que se ande con ojo. Tienen un programa muy conciso: freír a impuestos a quien crea riqueza, repartir la pobreza entre todos y a por la "independentzia" cueste lo que cueste.

¿Ahora qué va a hacer el PNV? Se ha quedado prácticamente como único opositor independentista frente a Bildu. Aralar ha pasado a ser una anécdota y EA-Alternatiba terminarán o ya han terminado por desaparecer fagocitados por los "independientes" que luego, si el TC lo permite también, pasarán a militar en Sortu. ¿Puede el PNV colaborar con los proetarras? ¿Van a permitir los nacionalistas "moderados" que gobiernen la Diputación de Guipúzcoa llevándonos a todos al caos más absoluto? ¿Se va a atrever a desbancar a Bildu y pactar con el PSE, o con el PSE y el PP? En principio parece que toca de nuevo el PNV pragmático. Ya veremos si es así y a cambio de qué. El PNV jamás da nada a cambio de nada.

El futuro es incierto y nada esperanzador para quien no sea nacionalista. ETA ni se ha rendido, ni ha entregado las armas. Por perdonarnos la vida un ratito está recibiendo una gran cantidad de regalos envueltos en papel negociador. Los presos a la calle, Bildu a las instituciones y los ciudadanos ofrecidos como víctimas propiciatorias en pos de una claudicación disfrazada de paz; pero, eso sí, todos de la mano al son de la txalaparta.

Los que no estemos de acuerdo con ese futuro deberemos trabajar para que dure lo menos posible. Para ello es necesario un Gobierno central con una idea clara: al terrorismo no se le convence, se le vence. El PP tiene que ser ese Gobierno. Economía, sí; derrotar a ETA, también.


Libertad Digital - Opinión

Censuras. Por Ignacio Camacho

La moción de censura ya tuvo lugar el domingo, tan clara que al presidente lo van a acabar echando los suyos.

TODO es pura cháchara, retórica de tira y afloja, palabrería poselectoral: no habrá moción de confianza ni de censura. Zapatero no puede pedir confianza a nadie, aunque es lo que corresponde tras un varapalo como el que acaba de sufrir, porque ha quedado claro que eso es precisamente, la confianza del pueblo, lo que ha perdido. Los ciudadanos se la han retirado de golpe y con estrépito y ya empieza a faltarle incluso la de sus propias filas, que se remueven inquietas por la comezón de la toma de posiciones sucesorias. Rajoy no presentará una censura por dos razones: primero porque carece de apoyos para ganarla y segundo, aunque más importante, porque si lo hiciese tendría que colocar su programa en el centro del debate, permitiendo que el Gobierno aliviase la presión tras el contundente castigo electoral. Si el presidente pretende seguir agarrado a su cada vez más precario sillón es lógico y consecuente que se enfrente al desgaste de esa resistencia; para su adversario, sin embargo, resultaría suicida entrometerse a cambio de nada. Lo único que podría sacar de esa maniobra es convertirse en la diana de un fuego cruzado. El PP no necesita siquiera apretar las tuercas; la situación gubernamental se va a volver insostenible por sí sola y desde dentro. La verdadera moción de censura se sometió a votación popular el domingo y tuvo un veredicto implacable.

Pero como Zapatero no se quiere dar por enterado no habrá más remedio que esperar a que se decanten las evidencias. Hay una solución de emergencia que consistiría en una moción de censura pactada con un único punto: la convocatoria inmediata de elecciones. Demasiado complejo y arriesgado. Rajoy no la podría encabezar y sería necesario acudir a los límites de la Constitución para encontrar un mirlo blanco, prestigioso y neutral. Es una fórmula de excepción para un escenario excepcional —una quiebra y/o un rescate financiero, y aún así con muchas dudas— que no se ha producido todavía. Por desgracia, los gobiernos incompetentes no son excepcionales en España, pero el país los resiste con estoica resignación o admirable fortaleza. No queda otra salida, pues, que el tiempo y la paciencia. El PSOE, que está en situación crítica, se va a meter en un embrollo fenomenal para tratar de escapar del zapaterismo, y en medio de ese lío le resultará imposible gobernar. Después de la hecatombe electoral al presidente lo van a acabar echando los suyos o las circunstancias; su empeño por salir sin oprobio está condenado también al fracaso.

Es cierto que el país va a perder un tiempo precioso en medio de una inestabilidad turbulenta y con un Gobierno provisional de facto. Pero el único que puede cambiar las cosas no quiere hacerlo. Abocado a un final poco honorable, parece dispuesto a concluir su borrosa hoja de servicios derramando sobre ella el tintero.


ABC - Opinión

Cuestión de confianza

El Gobierno manifestó, desde el mismo instante de conocer la debacle electoral, que su intención era agotar la Legislatura. Para los dirigentes socialistas, el contundente veredicto del 22 de mayo no conlleva obligatoriamente el adelanto de las elecciones generales porque cuentan con los apoyos parlamentarios suficientes para aprobar los próximos Presupuestos y llegar a marzo de 2012. El reto lanzado ayer por el portavoz socialista en el Congreso al PP de que plantee una moción de censura es elocuente del enrocamiento en que se ha refugiado el PSOE tras la debacle. Desde el Partido Popular se reclama la convocatoria de elecciones generales porque entiende que el Gobierno ha sido censurado por la mayoría de los españoles. Sus argumentos son comprensibles y están fundamentados, de ahí que Soraya Sáenz de Santamaría reclamara ayer con acierto que el Ejecutivo se someta a una cuestión de confianza y verifique los apoyos parlamentarios con los que cuenta para terminarla Legislatura. Nada más congruente porque un Gobierno censurado en las urnas no es el más adecuado para devolver la confianza a los inversores, reactivar la economía y alejar las amenazas que se ciernen insistentemente sobre nuestra deuda soberana. Desde hace ya meses, venimos defendiendo la necesidad de un adelanto electoral, pues estamos persuadidos de que sólo un cambio radical de gestores permitirá abordar con garantías las reformas económicas, dinamizar el crecimiento y rescatar el prestigio internacional. Hoy esa certeza es aún más fuerte, porque nada es tan lesivo para el interés general que esa sensación de interinidad que vive el país. Si a ello sumamos que el PSOE se enfrenta a una guerra intestina de incierto desenlace, parece claro que lo más conveniente es el adelanto electoral y que el PP se encargue de la ingente tarea de reconstruir la economía, como ya hizo a finales de los años 90. El gran éxito electoral cosechado por el partido de Mariano Rajoy le faculta y le legitima para asumir sin demora la responsabilidad de gobernar la nación. Pero si el Gobierno socialista se encastilla ante la evidencia, está obligado a seguir cumplir sus responsabilidades inaplazables. Hay diez meses vitales por delante que pueden ayudar a sentar las bases de la recuperación o complicarla todavía más. Los socialistas no pueden ni deben equivocarse porque hay demasiado en juego. Si pretenden permanecer al frente de la gestión, su única prioridad debe ser la culminación del proceso de reformas en la línea de lo planteado por nuestros socios comunitarios. Con cinco millones de parados, un tímido e insuficiente crecimiento, el frenazo del crédito y el estancamiento en el consumo, lo inaplazable es acelerar y culminar las medidas estructurales pendientes, que son la mayoría, y actuar con decisión y profundidad sobre el mercado laboral y el sistema financiero. España no puede perder diez meses, ni siquiera uno, y ello está únicamente en manos del Gobierno socialista, de su capacidad para primar de forma exclusiva el interés general y olvidarse del partidista. No se entendería que malgastara un año, y que, en vez de consolidar las reformas que necesitamos, utilizara el poder para ponerlo al servicio del partido y promocionar su nueva cabeza de cartel.

La Razón - Editorial

El PSOE necesita algo más que un cambio de líder

Será difícil que el PSOE, al margen de su nuevo director de orquesta, vaya a encontrar algo mucho más importante: una nueva partitura.

Aunque Zapatero y la actual dirección del PSOE parecen decididos a agotar la legislatura haciendo caso omiso a la demanda de cambio que reclaman tanto las urnas como la crítica situación del país, lo cierto es que cada vez son más numerosas y más altas las voces que piden desde dentro del Partido Socialista la urgente celebración de unas primarias o de un congreso que designe cuanto antes a su nuevo líder.

Aunque algunos diputados socialistas no se atrevan a salir de su anonimato para pedir a Zapatero "que se vaya de una puta vez", lo cierto es que desde dentro del PSOE crece el malestar contra la actual dirección que sigue autista ante el varapalo electoral. La muestra más clara del malestar y de las prisas por darle el finiquito a Zapatero la ha protagonizado el lehendakari Patxi López, quien, en nombre del PSE, ha reclamado la celebración de un congreso que exigiría la dimisión de toda la actual dirección socialista. De celebrarse este cónclave socialista, se aparcaría también el proceso de primarias, pues lo lógico es que quien salga elegido secretario general del PSOE sea también su candidato a la Presidencia del Gobierno.


En cualquier caso, no le falta razón a López cuando señala que "la respuesta a lo sucedido este domingo no pueden ser sólo unas primarias sin proyecto. Lo primero que hay que decidir es qué queremos ofrecer y luego decir quién abandera el proyecto". Ciertamente, el PSOE necesita algo mucho más prioritario e importante que un cambio de líder, como también lo necesita España. El PSOE debe abandonar el radicalismo ideológico y la deriva nacionalista de la era Zapatero. Debe volver a ser un partido auténticamente nacional, con sentido del Estado y para el que la nación no sea un "concepto discutido y discutible"; un partido que abandone su sectarismo y su guerracivilismo para ser capaz de llegar a acuerdos con el otro gran partido nacional para hacer frente a la crisis económica y al nuevo envite nacionalista que se nos viene encima en el País Vasco. Ni Carme Chacón, que no deja de ser una inconsistente criatura de Zapatero, ni Rubalcaba, que aúna en él lo peor del felipismo y del zapaterismo, son ejemplos de la profunda transformación que requiere el PSOE por su propio bien y por el de España.

Será difícil que los socialistas, al margen del nuevo director de orquesta, vayan a encontrar algo mucho más importante: una nueva partitura. Pero, desde luego, si de algún modo no lo van a encontrar es haciendo como si aquí no hubiera sucedido ni siguiera sucediendo nada.


Libertad Digital - Editorial

El PSOE se rompe

La sucesión de Zapatero se va a convertir en un proceso acelerado de defenestración del actual secretario general del PSOE.

A medida que pasan los días, el PSOE va midiendo con precisión el alcance de su derrota electoral y, al mismo tiempo, se va inhabilitando para mantener el Gobierno de la nación. Las tensiones internas se manifestan de manera creciente y notoria, principalmente porque no hay un liderazgo que las controle. De la misma manera que España no tiene un gobierno real, el PSOE tampoco tiene líder. Por eso, la sucesión de Zapatero se va a convertir en un proceso acelerado de defenestración del actual secretario general del PSOE. Nadie en el PSOE tiene ahora mismo autoridad suficiente para silenciar los reproches internos por la derrota, ni para imponer el nombramiento a dedo de un único candidato, ni para condicionar la celebración de primarias. Ni siquiera para evitar que abiertamente se hable, como hizo ayer mismo Patxi López, de la celebración de un congreso. Es evidente que la convivencia de Zapatero, como secretario general, y un nuevo candidato para 2012 sería una fuente de problemas para el PSOE, porque Zapatero no inspira los valores de confianza y autoridad necesarios para tutelar un proceso de sucesión pacífica. Ningún candidato socialista a la Moncloa, con un mínimo de autoestima, soportaría la carga de Rodríguez Zapatero al frente del PSOE, porque sería una forma de arruinar definitivamente sus opciones en 2012.

Un partido en estas condiciones es un partido incapaz de gobernar, y su propia crisis lo mantendrá en un estado de confusión, que se suma al que sufre el propio Gobierno. Las reglas democráticas ofrecen soluciones para estas situaciones de bloqueo, como la moción de confianza pedida ayer por el Partido Popular, a la que Zapatero debería someterse si fuera consciente de que la derrota del 22-M lo ha desahuciado como gobernante. La soberbia con la que los socialistas se aferran al poder se hace hiriente cuando se justifican apelando a los ciudadanos y a las reformas pendientes. Si de reformas se trata, poco puede ya influir Zapatero en los agentes sociales para que pacten la negociación colectiva; con poco margen podrá presentarse ante los mercados internacionales y los socios europeos como interlocutor fiable; con escasa autoridad política podrá encabezar la negociación con las comunidades autónomas para reducir el déficit público. Unas elecciones generales anticipadas no suponen, tal y como está el grado de deterioro de nuestra economía, un perjuicio añadido. Mucho peor que un adelanto electoral es tener un Gobierno en quiebra y apoyado por un partido abierto en canal.

ABC - Editorial

Historia del 15M

Líderes del ‘mayo español’ recuerdan que las primeras llamadas a la movilización se hicieron en Alerta Digital.

Protagonistas de las movilizaciones que tienen lugar estos días en diversas capitales españoles han agradecido a AD el hecho de haber sido el primer medio español que informó de las movilizaciones en ciernes ya desde principios de 2011, así como de los objetivos y reivindicaciones de los convocantes. Concretamente, el 15 de enero nos hacíamos eco por primera vez del descontento en algunas organizaciones juveniles y que han desembocado estos días en las movilizaciones de protesta en toda España. Ese día, AD ofreció a sus lectores la primera referencia del movimiento preparatorio de las actuales movilizaciones.

El hasta entonces desconocido grupo ‘Jóvenes Contra la Hipocresía’ convocaba a los ciudadanos a una concentración frente a la sede nacional socialista, ese mismo día. “España, situación límite: Miles de jóvenes se manifiestan hoy ante la sede nacional del PSOE para pedir la disolución del Gobierno”, fue el titular empleado por AD para ilustrar la noticia.
España, situación límite: Miles de jóvenes se manifiestan hoy ante la sede nacional del PSOE para pedir la disolución del Gobierno

El 17 de enero nos hacíamos eco de una nota remitida por la Asociación Catalana de Padres Separados (ACAPASE), donde expresaba su apoyo a los jóvenes y se adhería a sus iniciativas futuras.

Durante la concentración frente a la sede socialista, que concentró a varios cientos de jóvenes pese al silencio de los medios informativos, la Policía practicó numerosas identificaciones y cacheos, en contraste con la actitud pasiva de la Policía durante las concentraciones frente a la sede del PP el 13 de marzo de 2004.

También la plataforma ‘ZP VETE YA’ ha destacado hoy las primeras informaciones aparecidas en AD sobre un movimiento que abre los informativos de medio mundo. El día 10 de febrero, AD ofrecía a sus lectores la primera referencia de este movimiento, con el título: “Jóvenes españoles salen de la masa aborregada y crean la plataforma ‘ZP VETE YA’ para “promover la lucha pacífica contra el Gobierno”. Jóvenes españoles salen de la masa aborregada y crean la plataforma ‘ZP VETE YA’ para “promover la lucha pacífica contra el Gobierno” socialista

La plataforma ‘ZP VETE YA’ se presentaba entonces como una entidad civil, “totalmente particular e independiente”, cuyo objetivo era promover “la lucha pacífica contra el actual gobierno de España, incapaz, débil, mentiroso e ineficiente, para superar la crisis económica con sus constantes mentiras, negaciones y maniobras”.

Se informaba asimismo de otro de los objetivos capitales de la plataforma: “Matricular” a todos los ciudadanos descontentos con los engaños, mentiras, falsedades, manipulaciones y una larga lista de despropósitos del actual presidente del Gobierno de España”. Nuestras fuentes informativas decían ya “estar hartas” de la situación económica y de la tasa de paro más elevada de todos los tiempos” y apelaban ya a las primeras protestas en la calle contra ese estado de cosas.

Por otra parte, el 15 de abril, AD reprodujo la carta enviada a su editor por el presidente de la Asociación Jóvenes contra la Hipocresía, Juan Escolar Lozano, bajo el titular: “Jóvenes contra la Hipocresía llama a tomar pacíficamente las calles españolas el 15 de mayo contra la partitocracia corrupta”. Jóvenes contra la Hipocresía llama a tomar pacíficamente las calles españolas el 15 de mayo contra la partitocracia corrupta
Era esta la primera vez en la que se explicitaba en un medio de comunicación la jornada del 15 de mayo como antesala de lo que hoy es un clamor en las principales ciudades españolas y que tuvo en AD uno de sus más remotos prólogos.

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Alerta Digital

martes, 24 de mayo de 2011

Efectos deseables. Por M. Martín Ferrand

El PSOE, como partido más que centenario, no debiera consentir la continuidad de tan nocivo secretario general.

ESPAÑA, en donde tiene más prestigio el sable que el florete, el resultado de cualquier confrontación tiende a contemplarse con más gusto en perjuicio del perdedor que a mayor gloria del vencedor. La mayoría de los analistas, al margen de sus respectivos puntos de partida, hablan y escriben de cómo el PP aplastó, arrasó, machacó, noqueó o descalabró al PSOE en la doble ocasión, municipal y autonómica, del 22-M. En puridad habría que matizar que la incuestionable victoria del partido de Mariano Rajoy se debe, en un cuarto, a los méritos y el trabajo propios y, en sus otras tres cuartas partes, al desplome de José Luis Rodríguez Zapatero, sus rencores y revisionismos históricos y su equipo de Gobierno de gentes de menor cuantía y mérito desconocido. Ahora, tras el 22-M conviene sacar algunas lecciones que nos brindan los acontecimientos:

—Los acampados del 15-M no deben seguir ocupando la vía pública un minuto más.

—Zapatero ha llevado España a la ruina y a su partido a la debacle. Debe retirarse cuanto antes de ambas responsabilidades.

—El PSOE, como partido más que centenario, no debiera consentir la continuidad de tan nocivo secretario general, ni el Grupo Parlamentario Socialista seguir respaldando su condición presidencial.

—El Gobierno actual, adelántase o no las elecciones, habría de acometer, en función de la responsabilidad contraída, las reformas económicas anunciadas y no ejecutadas y las ni tan siquiera aprobadas.

—Los medios afines al socialismo tienen responsabilidad en el juego democrático. A ellos corresponde la severa exigencia en el mutis del presidente.

—El caso protagonizado por Francisco Álvarez Cascos en Asturias evidencia que, sin televisión y sin medios, un candidato sólido pude dejar en la cuneta a las figuritas de barro cocido con urgencia y desatino en los hornos de Génova.

—La irrupción de UPyD en las tablas representativas, especialmente en Madrid, agrietan los cimientos del bipartidismo con el que, con la anacrónica postura de IU, venimos apañándonoslas.

—Es el momento de la regeneración democrática pendiente desde que la ofreciera, en 1993, el PP. Urge y no debiera ser excluida de la cabecera del programa de Rajoy para las legislativas.

—La reforma electoral, entre otras, no es aplazable por mucho que disguste a los dos grandes y limite el hoy omnímodo poder de sus nomenclaturas. Debemos elegir un presidente del Gobierno, de la Autonomía o del Consistorio. Una sigla no basta.

Asegura Zapatero que él y su partido saben perder. Eso es algo menos que nada si tal sabiduría no va acompañada de dimisiones y conductas muy concretas. Aún arrasados, están ahí.


ABC - Opinión

Ruido de primarias en un PSOE noqueado en las urnas del 22-M. Por Antonio Casado

Primarias como revulsivo. Siempre que no se quede en un concurso de caras sino en confrontación de proyectos. Es la idea del estado mayor de Zapatero: que la disputa entre dos o más aspirantes alumbre un proyecto nuevo y un liderazgo diferente que pueda motivar a la desalentada clientela socialista y a un partido noqueado en las urnas sin pasar por un congreso federal antes de las elecciones generales de 2012. Es decir, sin retirarle al todavía presidente del Gobierno la capacidad de controlar el proceso desde la Secretaría General del PSOE.

El número dos del partido, José Blanco, lo dijo ayer con toda claridad al término de una Ejecutiva de caras largas. Habrá convocatoria de elecciones primarias para elegir al cabeza de lista en las próximas elecciones generales. Y no habrá convocatoria de congreso federal (ordinario, si se convoca a partir de primeros de julio) para sustituir a Zapatero antes de las elecciones generales que éste, según dijo el domingo por la noche, no tiene la menor intención de convocar antes de tiempo.


Convocar elecciones primarias no equivale a celebrarlas porque dos no se pelean si uno no quiere, como dice el viejo refrán. Lo sabremos a partir del sábado, cuando el Comité Electoral declare abierto el proceso de elecciones internas para elegir al aspirante del PSOE a la Moncloa. Pero la expectativa ya está creada en torno al vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la ministra de Defensa, Carme Chacón, los dos miembros del Gobierno mejor valorados por la ciudadanía.
«Lo de Carme Chacón está por ver, sobre todo cuando en las últimas horas han vuelto a escucharse voces contrarias a la celebración de primarias en momentos de tribulación.»
El primero lleva cosida la condición de aspirante desde que fue nombrado vicepresidente. Para eso lo colocó Zapatero en el número dos del escalafón gubernamental. Y aunque quisiera, que no es el caso, ya no puede apearse de esa condición. De modo que no tengan ustedes ninguna duda sobre sus intenciones de legitimarse como aspirante ante la militancia. Ya tenemos un candidato seguro. Lo de Carme Chacón está por ver, sobre todo cuando en las últimas horas han vuelto a escucharse voces contrarias a la celebración de primarias en momentos de tribulación.

Voces más o menos desorientadas que, como la de Fernández Vara, presidente de Extremadura (parece que lo seguirá siendo, gracias a IU) abogan por un cierre de filas en torno a Rubalcaba como la mejor opción para frenar a Mariano Rajoy. O las de otros que propugnan un pacto entre Rubalcaba y Chacón que evite la imagen de un PSOE dividido entre dos formas de ponerle el despertador al alicaído electorado socialista. Creo que se equivocan unos y otros. Es precisamente la dinámica de la confrontación entre dos formas diferenciadas de remontar el vuelo lo que puede reanimar al PSOE después del revolcón sufrido en las urnas del domingo.

Esas son las cuentas que se están echando en estos momentos los máximos dirigentes socialistas. En ese sentido sería un ejercicio de responsabilidad y, sobre todo, de compromiso con su partido, que la ministra de Defensa diera el paso al frente que política y generacionalmente le toca dar. Y creo que lo hará aunque hasta este momento no ha dicho esta boca es mía.


El Confidencial - Opinión

22-M. Los padres de la derrota. Por Cristina Losada

La victoria del PP no se funda en una alternativa global, en un proyecto de reforma política y económica merecedor de tal nombre. Rajoy se ha refugiado en el apoliticismo y este triunfo incentiva que permanezca en el limbo tecnocrático de su gusto.

Como tantas veces, la derrota ofrece más facetas que la victoria. Las dimensiones de la que ha sufrido el PSOE son tan gigantescas que anoche la prensa andaba a la busca de verbos y adjetivos que estuvieran a la altura, tan baja e insondable. Había bromeado Blanco que dado el mal cariz de los pronósticos, sería digno casi cualquier resultado. No gozaron de ese margen. Ni la comparecencia preventiva de la portavoz Valenciano –"no será una buena noche para los socialistas"– menguaría el asombro ante la fría plenitud del hundimiento. Las fichas se derrumbaron una tras otra y no hubo siquiera un premio de consolación. Pagaron la factura en todas partes, sin que la carta que jugaron in extremis les concediera un respiro.

La retirada de Zapatero, que fue anticipo del fracaso y talismán destinado a conjurarlo, no ha librado de la defenestración a los barones ni prácticamente a nadie. Ello tiene una consecuencia práctica y dolorosa: en el abrevadero presupuestario de la empresa no hay agua pá tanta gente. Y, en lo político, corrobora que el votante no premia las espantadas. Se debatía, al final, sobre el efecto de la movida "indignada" y, cuando asomó la debacle, hasta se le echó alguna culpa en la desmovilización de la izquierda. Pero cuánto más desmoviliza que el presidente a quien se votó haya eludido la responsabilidad de contrastar su gestión en las urnas, a fin de evitarse el castigo en sus propias carnes, ése que acaba de recibir su partido. Salió, ayer, Zapatero a dar la cara, pero sólo después de haber dado la espalda. No se puede ser, a la vez, el padre de la derrota y el invicto.

Se vaticina por doquier un cambio de ciclo, sea lo que sea tal cosa. El fin del zapaterismo, esa época de alegría macarena bajo el cielo protector y maniobras orquestales en la oscuridad, dependerá del PSOE, pero la apertura de un nuevo ciclo compete a la oposición. Y la victoria del PP no se funda en una alternativa global, en un proyecto de reforma política, institucional y económica merecedor de tal nombre. Rajoy se ha refugiado en el apoliticismo y este triunfo incentiva que permanezca en el limbo tecnocrático de su gusto. Si no afronta los desafíos políticos incesantes y crecientes, la marea azul no inaugurará ciclo nuevo alguno. Será "plus ça change, plus c’est la même chose".


Libertad Digital - Opinión

El legado siniestro. Por Hermann Tertsch

La labor es ingente porqueel daño infligido a este país por Zapatero y su tropa sectaria es indescriptible.

ESTÁ muy bien eso de que tantos españoles hayan disfrutado de una buena noticia con la apabullante derrota del partido de Zapatero. Andamos muy escasos de nuevas agradables. La principal virtud del resultado del 22 de mayo es que inocula esperanza en nuestra sociedad. Esperanza que rompe ese fatalismo resignado que paraliza por igual la ilusión y la inversión, las ideas y las ganas de llevarlas a cabo. La necesitan millones de ciudadanos que llevan años asistiendo a esta pesadilla colectiva que es la segunda legislatura del eterno adolescente. Un siniestro espectáculo que otros comenzamos a ver mucho antes, nada más proclamar su muy rara victoria el 14 de marzo del 2004. Pocos creían entonces que habrían de llevarnos a los umbrales de la ruina, a la angustia y la depresión, con su aventurerismo inane, su ineptitud, su resentimiento y su odio a la libertad. Pero ya estaban entonces presentes todos esos ingredientes en su actitud, su catadura y su mensaje.

Hay por fin esperanza porque en muchos rincones de España se van a abrir por primera vez las ventanas para que entre el aire fresco y la luz en ambientes putrefactos desde hace décadas. Y puede que así demos un paso imprescindible hacia esa regeneración tan necesaria para toda esta sociedad embarrancada. Un resultado como el del domingo ha de convertirse en un punto de inflexión para la vida nacional. Y ahora sí es el momento para que Mariano Rajoy abandone al menos por unos momentos su laconismo y prepare y proclame un manifiesto para esa regeneración moral y política en todo el país. Para decir que no se tolerarán desmanes por triviales que sean en ningún rincón de nuestra geografía, se llame Valencia, Sevilla o Toledo. Y que se instaura la cultura, la ética de la responsabilidad, abolida por estos gañanes. Al mismo tiempo ha de ser una llamada al ejercicio pleno de la libertad y desmantelamiento de la asfixiante red regulativa y coactiva que impide a los ciudadanos convertir sus deseos, ideas e iniciativas en actividad. Rajoy y su partido tienen una oportunidad única de convertir la lucha política contra el socialismo en retroceso, en un proyecto de modernización global de España. Para eso hace falta coraje. Y un llamamiento a la movilización de lo mejor de esta sociedad para hacer frente a la emergencia nacional en la que nos ha hundido una secta de mequetrefes endiosados. Hacen falta coraje y grandeza. Las dificultades son inmensas. Y como siempre intentarán imponerse las mezquindades de los aparatos tristes y las almas de buhonero, pero los resultados del domingo revelan que el momento es propicio. Que podemos enterrar definitivamente esos fantasmas del pasado, el culto al resentimiento, la vileza como forma de vida pública. Que esta profunda crisis puede acabar siendo la catarsis para que la sociedad española se libere de los terribles lastres del pasado, reactivados con miserable eficacia por los actuales gobernantes.

No tendrían perdón quienes ahora pueden liberar a este país de la pesadilla y presentar ese gran proyecto nacional si sucumben a sus propios miedos y cicaterías. La labor es ingente porque el daño infligido a este país por Zapatero y su tropa sectaria es indescriptible. Producen estupor sus dimensiones en tan breve plazo. Y en tiempos de paz, porque la destrucción parece diseñada por un enemigo. Generaciones van a recordar a Zapatero por su siniestro legado. El peor es sin duda el triunfo de ETA en el País Vasco. Es la historia de una infamia como no la merece nación alguna. Pero tiempo habrá de hablar de esta gran traición, sus artífices y sus muchos cómplices.


ABC - Opinión

Bildu paga el favor a ZP robándole la cartera al PSE. Por Federico Quevedo

La coalición proetarra Bildu ha arrasado en las elecciones municipales en el País Vasco. Esta es, sin lugar a dudas, la peor de todas las noticias surgidas de la jornada electoral del 22M, pero al mismo tiempo invita a una reflexión: ¿Qué ha llevado a 300.000 vascos a votar a la nueva marca de Batasuna?

Empecemos por lo primero, dado que probablemente sea no solo una mala noticia, sino una triste noticia de consecuencias inimaginables a día de hoy en todos los frentes. Primero el judicial, porque la brecha abierta en nuestro sistema jurídico por el vivo enfrentamiento entre los jueces del Tribunal Supremo y los del Tribunal Constitucional sigue ahí y no tiene pinta de que vaya a cerrarse, sino más bien todo lo contrario. Segundo, en el de la lucha contra el terrorismo, en la medida que la cuota de poder alcanzada por la coalición proetarra pone a su disposición muchos millones de euros en financiación directa del erario público e información sensible que puede ser utilizada en un momento dado contra políticos del resto de los partidos, e incluso ciudadanos de bien.

Y tercero en el político, porque es evidente que quienes con más fervor defendieron la presencia de Bildu en las elecciones, es decir, el PSE y el Gobierno vasco, son los que más castigo han sufrido en las urnas precisamente a manos de la coalición proetarra. La cuarta, derivada de la posibilidad de que ETA vuelva a las andadas, no quiero ni pensarla porque de ocurrir sí que tendría unas consecuencias catastróficas para el propio PSOE.


No he oído a Patxi López decir nada de lo ocurrido en la jornada del domingo, salvo un apunte suyo en twitter respecto de la necesidad de abrir una reflexión sobre el asunto. Pero no hay mucho que reflexionar: Bildu ha recogido el voto abertzale y una parte importante del voto de castigo a los socialistas que se ha ido a la coalición en lugar de irse a EB o a Aralar, partidos que han sufrido una dura caída en estas elecciones. Dicho de otro modo: los socialistas le han abierto la puerta de las instituciones a Bildu, y Bildu se lo ha pagado robándoles la cartera.

El tesoro más preciado de los socialistas vascos –después, lógicamente, de la Lehendakaritza-, es decir, el Ayuntamiento de San Sebastián, puede caer en manos de la coalición proetarra si un pacto a tres bandas PP-PNV-PSE no lo evita, y aunque no es imposible no me atrevería yo a apostar mucho dinero por que se consiga. Es verdad que ayer por la tarde había rumores importantes en ese sentido, y es posible que a los tres partidos mencionados les intereses por razones bien distintas a cada uno. Si es así, el PSOE tendrá que explicar por qué por un lado se congratulaba de la presencia de Bildu en las instituciones y ahora, sin embargo, los trata como si fueran apestados.

El PSE esconde la cabeza

Porque, sorprendentemente, una de las poquísimas reacciones que pudimos obtener del PSE la noche del domingo en la que Patxi López se escondió de las cámaras y de las preguntas de los periodistas, fue precisamente ésa, la de afirmar con rotundidad que el PSE no pactaría nunca con Bildu. Si tan malos son, ¿por qué les han dejado volver a las instituciones? Para que, además, la propia Bildu se haya convertido en el reclamo del voto de castigo al PSOE por la crisis. Esa es, sin lugar a dudas, una explicación del importante número de votos obtenido por la coalición, pero aún así resulta más que sorprendente que se haya convertido en segunda fuerza política en el País Vasco, y alguna reflexión deberíamos hacer al respecto.
«Bildu sigue manteniendo esa calculada e irritante ambigüedad respecto de ETA.»
No, no se asusten, no voy a defender su presencia en las elecciones, no al menos mientras siga existiendo ETA. Ayer escuche por la radio a uno de sus portavoces, y Bildu sigue manteniendo esa calculada e irritante ambigüedad respecto de ETA, una ambigüedad que claramente responde a lo que en su momento dijo el Tribunal Supremo sobre la coalición proetarra: que es eso, una coalición proetarra y no debería acudir a las urnas.

Pero sí parece evidente que en el País Vasco, a pesar de los cambios observados en este corto espacio de tiempo en el que lleva gobernando López con la ayuda de Basagoiti, hace falta hacer mucha más pedagogía sobre lo que realmente es la democracia y por qué no podíamos permitir que sus enemigos estuvieran presentes en sus instituciones. Trescientos mil votos son muchos, demasiados, como para cerrar los ojos a esa realidad, una realidad con la que conviven cientos de concejales constitucionalistas en el País Vasco atemorizados por el poder que la coalición proetarra ha conseguido acumular en estas elecciones.

¿Y ahora, qué? López y los suyos tendrán que hacer una profunda reflexión sobre las razones que les han llevado a echar a su electorado en brazos de Bildu, porque eso es exactamente lo que han hecho dándole a la coalición carta de naturaleza democrática. Y no les va a quedar más remedio que llegar a toda clase de pactos para mantener el poco poder que pueda y repartirlo con el PP y con el PNV. Pero lo cierto es que después de la esperanza que para buena parte del mundo constitucionalista en el País Vasco supuso el acuerdo PSE-PP, los socialistas han tirado por la borda el trabajo de estos dos años, y ya veremos si en las próximas autonómicas, con Bildu y con Sortu en el Parlamento Vasco, es posible reeditar un Gobierno como el actual.


El Confidencial - Opinión

Se tiene que ir. Por Alfonso Ussía

A Zapatero le han dado una patada en el culo de sus candidatos. Pero la patada –siempre en el sentido figurado–, se la han dado a él. Las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo han tenido que resultar dolorosísimas para los socialistas. Zapatero dio la cara, pero no el paso. El paso es irse. Tiene un año para seguir hundiendo a España. Permanecer es legal, pero no legítimo. Los resultados del domingo deslegitiman cualquier legalidad previa. Reconoció el desastre pero no abrió su puerta de salida. No se puede gobernar con los resultados electorales del 22 de mayo sobre la mesa. Sólo mantienen Extremadura, donde han perdido. Y por un escaño prestado. Esperanza Aguirre ha machacado a «Invictus». A partir de ahora es «Victus». Gallardón ha obtenido una nueva mayoría absoluta, aunque ha perdido tres escaños. Madrid se ha convertido en el motor de España, a pesar de haber sido maltratada por el Gobierno de Zapatero. El mapa de España, exceptuando Cataluña y las tierras vascas entregadas por el Tribunal Constitucional a los esbirros de la ETA, hoy se ha tintado de un solo color. Contra eso no se puede seguir gobernando. Tiempo tiene para dimitir, convocar elecciones generales y organizar sus primarias, que van a ser de órdago a la grande.

Más de dos millones de votos de diferencia entre el PP y el PSOE. Veinticuatro estadios Bernabéu abarrotados de público. Muchos estadios y demasiado público. Sorprendente la aparición de UPyD. Izquierda Unida ha cosechado algunos votos de más, y ha perdido Córdoba. En Barcelona, el PP se ha convertido en la llave de la alcaldía. Cascos ha ganado. Se veía venir. El apoyo del PP es lógico. Pero bien haría Rajoy en pedirle cuentas a los que han montado el tinglado en Asturias. Camps y Rita Barberá han arrasado en Valencia. Los trajes que no se sabe si existieron han importado menos que los ERE andaluces que sí se cobraron. Castilla-La Mancha supone el gran triunfo de María Dolores de Cospedal. Y ha ganado con una diferencia notable. Bauzá en Baleares. Soria en Canarias. Los de siempre, aumentando la ventaja. Herrera en Castilla-León. Valcárcel en Murcia, Vivas en Ceuta, Imbroda en Melilla, Sanz en La Rioja. Navarra, con UPN necesitada de pactar para no ceder el Reino a los facinerosos. Los facinerosos están ahí porque Zapatero lo pactó y manejó a seis magistrados del Constitucional. Ya no escribo sus nombres. Allá ellos y sus conciencias. Cantabria de nuevo para el PP. Ignacio Diego ha roto la alianza de Revilla y Gorostiaga. El PSOE se ha pegado en la vieja Montaña un morrón como el de «Victus» en Madrid. Zoido, alcalde de Sevilla. Sevilla es mucha Sevilla. Y las autonómicas andaluzas ahí esperan. Rudi en Aragón. No ha tenido tanta fuerza el mensaje del cartel de doña Eva que tanto entusiasmó a Zapatero. «Eva, presidenta». Pues no.

Y vuelvo a Madrid. Aguirre ha sido la gran triunfadora. También Rajoy, que ha demostrado que la tranquilidad –tuvo mis críticas– da buenos resultados en una sociedad intranquila. Lissavetzky ha perdido con señorío, y su amigo Rubalcaba no parece tener excesivas ganas de estar en las primarias. No tienen gente. Además, ahora toca colocar a los que se han quedado a dos velas, y en ese menester se pierde mucho tiempo. El PP ha borrado del mapa al PSOE, y el Gobierno de un partido borrado del mapa no puede seguir gobernando el mapa. Hay que saber hacer las maletas a tiempo. Los españoles se lo han dicho alto y claro. Y «Victus» al traumatólogo. ¡Vaya morrón!


La Razón - Opinión

22-M. Los restos del naufragio. Por José García Domínguez

Si algún elemental instinto de supervivencia conservan aún en el partido socialista, el compañero Marco Junio Bruto ha de estar maquinando la conjura contra César antes de que lleguen los idus de marzo.

Parece que aquellas siete llaves con que Joaquín Costa mandó cerrar el sepulcro del Campeador no fueron suficientes. Así, con alguna consternación, en Ferraz acaban de descubrir que los lidera el espectro invertido del Cid, uno que pierde las batallas después de muerto. Insólita, inaudita habilidad, la del difunto José Luis, que podría elevar la magnitud de la tragedia socialdemócrata a dimensiones apocalípticas de aquí a un año. Al respecto, con el Adolescente atrincherado en La Moncloa y perdida ya toda esperanza, el interludio hasta principios de 2012 aboca al partido a un trance agónico. Disparidades al margen, una situación próxima al clima de sálvese quien pueda que marcó el suicidio ritual de la UCD en 1982.

Cuando la España liberal-conservadora se condenó a casi tres lustros de ostracismo, el tiempo que llevaría transformar la caspa de Alianza Popular en alternativa real de Gobierno. Con pareja intensidad se desangra el PSOE por su flanco zurdo y por la derecha. Sí, también por la derecha. Novedad que, por fin, deja de situar el destino de cualquier proceso electoral en manos de la célebre izquierda volátil, esa progresía difusa que solo concede votar a los socialistas tras protegerse la nariz con pinzas. La de los campistas de Sol y sus apéndices sociológicos, para entendernos. Algo que augura aún más inevitable el desastre al imposibilitar una huida hacia delante por la senda de la demagogia garbancera, la manida pose ful del radicalismo retórico.

Y para acabar de arreglarlo, unasprimarias. La organización toda apelada a demostrar su acreditada pericia en los viejos usos del navajeo fratricida. Una reyerta de muleros en la antesala del Infierno de Dante. En términos políticos, pura demencia. De ahí que si algún elemental instinto de supervivencia conservan aún en el partido socialista, el compañero Marco Junio Bruto ha de estar maquinando la conjura contra César antes de que lleguen los idus de marzo. Un golpe palaciego al estilo de aquél con que los tories, siempre tan pragmáticos, se quitaron de encima a la Thatcher. Acaso un coronel Casado que irrumpa en el Comité Federal para poner fin de una vez a ese numantinismo estéril del presidente. Y que trate de salvar los restos del naufragio. Si alguno quedara por entonces, claro.


Libertad Digital - Opinión

La demolición de un liderazgo. Por Ignacio Camacho

«El desplome terminante del zapaterismo es el epitafio de un modelo de liderazgo demolido a conciencia por un estado fóbico de la opinión pública. Una catarsis torrencial, inclemente, avasalladora».

EL último de los falsos mitos del zapaterismo, el de la reputación del presidente como un consumado estratega del manejo de los tiempos, se derrumbó en la noche del domingo con el mismo estrépito de escombros que el poder territorial y local del Partido Socialista. Su tardío anuncio de retirada funcionó tan mal como su atropellado llamamiento preelectoral a frenar la emergencia de una derecha caricaturizada de extremista. El intenso mapa azul que lucían las infografías de los telediarios, testimonio de la incontestable crecida hegemónica del Partido Popular, era el epitafio de un modelo de liderazgo demolido a conciencia por un estado fóbico de la opinión pública que sólo podía expresarse a través de la válvula purificadora de una catarsis. Si acaso Rodríguez Zapatero llegó a creer de veras que con una renuncia aplazada podría evitar el castigo que incubaban de manera inequívoca los sondeos es porque en su precipitado proceso de autodestrucción también ha terminado por desconocer los mecanismos de la conducta colectiva. El ajuste de cuentas con el fracaso de su política estaba pendiente y se ha producido a la primera oportunidad de un modo torrencial, inclemente, avasallador.

El desplome generalizado, histórico, en todas las autonomías y grandes ciudades no sólo representa el jubileo anticipado del proyecto zapaterista, hundido un año antes de rendir mandato, y de un Gobierno inerte y desasistido que queda ya en un insostenible estado agónico. Supone también un severísimo, concluyente retroceso de la implantación institucional del PSOE, arrastrado al abismo por el desprestigio de su cabeza visible y reducido en la práctica y por primera vez desde la Transición a la condición de partido rural y abandonado por las clases medias urbanas, cuyo trasvase de votos hacia el moderantismo del centro-derecha y hacia otras fuerzas terceristas ha sido patente. Se le han escapado dos de cada diez votos que recibía. Ha perdido en todas partes, incluidas las comunidades tradicionalmente más enfeudadas como Extremadura y Castilla-La Mancha, y ha recibido un terminante correctivo en los territorios claves donde Zapatero cimentó sus dos victoriales electorales: Cataluña y Andalucía. Los resultados globales andaluces, con una diferencia de 300.000 votos a favor del PP, suponen un auténtico corrimiento de tierras que vaticina sucesos mayores y sacude los cimientos de un poder acostumbrado a disfrutar del estatus de régimen virreinal.


Ninguna de estas señales catastróficas, sin embargo, han merecido una asunción de responsabilidades al uso democrático. Nadie ha dimitido aún, salvo un par de alcaldes de ciudades medias, y nadie se ha declarado implicado personalmente en la devastadora debâcle. Menos que nadie el líder del partido y del Gobierno, cuyo análisis inmediato estuvo impregnado del inmaduro infantilismo que le define. Incapaz de una autocrítica responsable, descargó sobre la crisis socioeconómica la explicación de la derrota y se agarró al calendario preestablecido para tratar de ganar un tiempo del que hace mucho que dejó de ser dueño. Su apocada reacción, su anquilosamiento sin reflejos, ha generado una oleada de preocupación en medios económicos y una inmediata respuesta de los mercados financieros en forma de incremento de la desconfianza. La perspectiva de diez meses de insostenible deriva, con un Ejecutivo desautorizado y cataléptico a merced de la exigencia de aliados de coyuntura y un partido inmerso en un proceso alborotado de restructuración interna, siembra la inquietud generalizada en un país estancado que necesita de revulsivos perentorios para salir de la quiebra social y recuperar un cierto rumbo de crecimiento.

Tampoco se le ha oído al presidente una palabra sobre la intranquilizadora situación desencadenada en el País Vasco por su penúltima maniobra aventurerista: la legalización de Bildu. Los herederos de Batasuna constituyen de hecho un partido antisistema al que las elecciones han otorgado una cuota de poder municipal y foral que amenaza con desestabilizar el statu quode Euskadi. Los arúspices gubernamentales tratan de presentar la emergencia de los continuadores de ETA como un síntoma esperanzador de aislamiento democrático de la banda, pero los hechos son tercos: la coalición apoyada por Batasuna, y compuesta por muchos de sus miembros, ha entrado con fuerza en las instituciones sin que se produzca el desistimiento de las armas y sin condenar el terrorismo; un hecho que, además de una falta de respeto a las víctimas, supone un premio por adelantado, deja al Gobierno constitucionalista de Patxi López a los pies de sus adversarios, retrocede una década en la resistencia democrática contra el terror y constituye quizá el más infame y peligroso legado del buenismo socialdemócrata que ha caracterizado el mandato presidencial de Zapatero.

La teoría de los vasos comunicantes relaciona el descalabro socialista con la consolidación efectiva de una alternativa de Gobierno que se ha impuesto en todas las vertientes. Ni la revuelta de los jóvenes «indignados» con el establishmentpolítico ni el avance de las vías terceristas representadas por Izquierda Unida y UPyD —receptoras de gran parte del voto del desencanto— han mermado la arrasadora victoria del Partido Popular, superior incluso a sus propias expectativas como consecuencia del hartazgo ciudadano. Un triunfo sin precedentes que consagra la estrategia moderada de Mariano Rajoy, capaz de atravesar la campaña y la precampaña con un discurso impermeable a influencias y provocaciones para imponer la evidencia de sus credenciales al relevo. Rajoy sale de estas elecciones investido de «presidente a la espera», en condiciones de apretar con firmeza la presión de una disolución anticipada de la legislatura y respaldado por la confianza masiva de muchos españoles que, sin ser votantes tradicionales del centro-derecha, parecen dispuestos a prestarle su apoyo.

El PP tiene derecho a la euforia, aunque haría mal sin embargo en proclamarse vencedor anticipado de las próximas generales. En primer lugar porque sus resultados objetivos muestran, a pesar de lo abultado de las diferencias, cierta fatiga electoral en territorios hegemónicos como Madrid o Valencia, donde el obligado encogimiento de los recursos públicos o la insuficiente respuesta a la corrupción han empezado a pasarle una incipiente factura de desgaste. Y en segunda instancia porque los populares no deben olvidar que la catarsis socialista ya se ha producido. El descontento con el zapaterismo ha hecho crisis aguda en esta convocatoria y la penitencia ha sido impuesta en sus máximos términos. Será difícil que el PSOE vuelva a recibir un castigo similar; Zapatero desfila hacia la salida y es probable que parte de sus electores habituales consideren cumplida la pena y retornen a la llamada de un nuevo candidato para cerrar el paso al adversario. El socialismo puede haber tocado fondo y, aunque el destrozo ha sido enorme, es necesario contar con la resistencia del músculo orgánico que siempre ha demostrado tener. Un factor que dependerá de cómo el presidente gestione sus «minutos de la basura», en paralelo con el futuro sucesor, hasta el final del mandato que parece empeñado en agotar contra todo atisbo de sensatez. Teniendo en cuenta su desastrosa impericia en el manejo de los tiempos y su contrastada ausencia de rigor analítico, no puede descartarse que el curso de los acontecimientos, impulsado por su propia debilidad, pueda resultar determinante a la hora de transformar la inevitable recomposición de su desencuadernado partido en una hoja de ruta hacia la hecatombe.


ABC - Opinión

La irrupción de Bildu

Aunque no haya sido una sorpresa, sólo se puede recibir con lógica inquietud el resultado de las elecciones municipales y forales en el País Vasco, que han convertido a la marca blanca de ETA, Bildu, en la primera fuerza política de esta comunidad por su número de concejales, 953 (con Navarra suma 1.134 ediles), y la segunda por el volumen de votos, sólo superada por el PNV. Esta cifra se traduce en que gobernará en 88 municipios vascos y navarros, algunos de tanta importancia como Hernani y Azpeitia, y otros más pequeños, pero de gran simbolismo, como Lizarza. Además, tiene la mayoría relativa en otros 25, entre ellos una capital de provincia como San Sebastián. Su fuerte irrupción le ha convertido en la sexta fuerza política de España y, si extrapolamos estos datos a las generales, podría formar grupo político propio en el Congreso de los Diputados. En fin, que el brazo político de ETA sale robustecido en su regreso a las urnas es tan evidente como que ha obtenido un gran respaldo popular al votarle la nada despreciable cifra de 313.231 electores. Pocos gestos son tan ilustrativos como los protagonizados en la noche electoral por destacados dirigentes de Batasuna, que saludaron los resultados puño en alto. Dicho de otro modo, el éxito de Bildu supone un respaldo a los objetivos políticos de ETA, que sigue en activo y se siente más legitimada para supervisar la acción política e institucional de sus peones. Si ya de por sí es preocupante que el independentismo radical cope amplias parcelas de poder institucional, lo es aún más en la medida en que su matriz, ETA, no ha desaparecido, mantiene las pistolas cargadas y dependerá de su grado de reorganización que vuelva a matar antes o después. Es cierto que está más debilitada que nunca, pero acaba de recibir un resucitador balón de oxígeno de efectos intimidatorios. Nos gustaría creer, como hacen los dirigentes socialistas y nacionalistas, que la apuesta de los batasunos es genuinamente democrática, y que con ella se arrinconará a ETA hasta la disolución. Pero la experiencia histórica nos dice que los terroristas sólo desaparecen cuando son vencidos, nunca por voluntad propia. Por lo demás, Bildu ha dado una patada en el tablero político vasco y los partidos más perjudicados han sido el PNV y el PSE. Paradójicamente, los nacionalistas y los socialistas fueron los que más insistieron en que los batasunos concurrieran a las elecciones. En qué medida se alterarán los pactos y las alianzas de las distintas fuerzas democráticas será cosa de observar en los próximos días, pero sería todavía más desastroso para la salud constitucional del País Vasco que el PSE malbaratara el pacto de Gobierno con el PP que tantos buenos frutos ha dado a toda la sociedad vasca. Con Bildu irrumpe un nuevo foco de tensión y desestabilización que los demócratas deben combatir con inteligencia política y las herramientas legales. Les corresponde a los servidores del Estado de Derecho vigilar los movimientos de Bildu, de modo que ante cualquier indicio de ilegalidad o de que benefician a la banda terrorista, insten la intervención de la Justicia. En este cometido, tendrá especial responsabilidad el Gobierno de la nación.

La Razón - Editorial

El día después: Bildu y la economía

Hace bien su líder, Mariano Rajoy, al exigir austeridad y rigor a los nuevos presidentes autonómicos, alcaldes y concejales. El mismo rigor que debería aplicarse él para hacer frente a la amenaza que supone Bildu en los ayuntamientos vascos.

El clamor del cambio político en España ha topado con la agenda del presidente del Gobierno, perfectamente capaz de asimilar las reivindicaciones de la puerta del Sol y, al tiempo, de obviar las consecuencias y conclusiones de un resultado como el registrado el 22-M. Entre la "democracia real ya" que se resiste a dejar de hacer el ridículo y la democracia sin adjetivos (los votos, las urnas y la alternancia en el poder), Zapatero se aferra a la demagogia y el asamblearismo más primitivo. Ensimismado y obsesionado con agotar la legislatura a la espera de un improbable milagro económico y una foto con ETA, ha dejado claro que por su cabeza no pasa la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones, pese a que los principales indicadores económicos reflejan su encastillamiento como otro palo en la rueda de la recuperación.

Tal vez no haya tenido tiempo de digerir la abrumadora moción de censura de las urnas, el inapelable rechazo electoral que suscita su figura, el suspenso sin paliativos a una gestión lamentable, el final de un ciclo y una herencia catastrófica, con cinco millones de parados (de momento) y el asalto a las instituciones vascas por parte de los proetarras. El descrédito económico, político y judicial de España es de tales dimensiones que Zapatero será el primer presidente de la democracia que entregará a su sucesor un país mucho peor de como lo encontró y definitivamente tocado respecto a su integridad territorial merced a dos de sus grandes operaciones: el Estatuto de Cataluña y la legalización de la última marca batasuna.


Zapatero no debería permanecer más tiempo en la Moncloa que el necesario para que su partido sustancie el relevo en un proceso de primarias que promete emociones fuertes, por lo que en otoño tendría que haber elecciones anticipadas en España. En cuanto al PP, hace bien su líder, Mariano Rajoy, al exigir austeridad y rigor a los nuevos presidentes autonómicos, alcaldes y concejales. El mismo rigor que debería aplicarse él para hacer frente a la amenaza que supone Bildu en los ayuntamientos vascos, al reto que plantea la agrupación de fuerzas nacionalistas y socialistas en el País Vasco y en menor medida en Cataluña. Rigor también a la hora de mostrar, de una vez, el programa económico con el que el PP pretende tomar las riendas de España y desatascar la salida de la crisis. Y austeridad para gestionar una victoria que no es un voto en blanco para ejercer una oposición tranquila, demasiado tranquila para muchos. Es la hora de aportar soluciones y afrontar los problemas al margen de plazos, agendas y calendarios; de aprovechar la oportunidad que presenta un apoyo electoral masivo.

Como primera providencia, la auditoría sobre las comunidades autónomas y los ayuntamientos que a partir de ahora gobernará el PP presenta ya algunos indicios muy ilustrativos, como la quema de documentación municipal que obligó a intervenir a la Guardia Civil en el Ayuntamiento onubense de Valverde del Camino. Es más que probable que los cajones de estas administraciones estén plagados de impagados y pufos de todo tipo y condición y sería más que conveniente que el PP asuma medidas como un ajuste radical de la dimensión y número de las administraciones locales y autonómicas. Y eso, sólo para empezar.


Libertad Digital - Editorial

El PSOE rompe con los ciudadanos

El problema ha dejado de ser Zapatero. El PSOE es el problema. Los socialistas han perdido el rumbo ante la opinión pública y sólo desean ganar tiempo para remendar sus rotos internos.

EL PSOE ha seguido la pauta marcada por Rodríguez Zapatero en su declaración a los medios tras conocerse la derrota socialista. Uno y otro han procesado los datos electorales como un problema de partido que requiere sólo respuestas partidistas. Para el PSOE, la derrota del 22-M únicamente merece abrir un proceso de primarias para elegir candidato, descartar un congreso extraordinario para designar secretario general y negarse por completo a disolver el Parlamento. Esta actitud enfermizamente partidista del PSOE es también una de las causas de su derrota. Los electores no se han creído que el respaldo a sus siglas fuera necesario para apuntalar unas reformas que no cuajan. Dicho de otro modo, los votantes quieren al PSOE fuera del Gobierno.

El problema, por tanto, ha dejado de ser Zapatero, aunque sea Zapatero el que encarna el problema. El PSOE es el problema. Los socialistas han perdido el rumbo ante la opinión pública y sólo desean ganar tiempo para remendar sus rotos internos, aun a costa de dañar más a España. Porque esto —más daño, más desconfianza— es lo que supone mantener al frente del país a un Gobierno sin autoridad política alguna, obligado a gestionar, entre otros retos, un recorte del déficit público, del que participa ahora una mayoría aplastante de comunidades gobernadas por el PP.

Las reformas pendientes son un sarcasmo cuando se utilizan como excusa para no convocar anticipadamente elecciones generales. Precisamente, lo que han dichos los ciudadanos es que no quieren que el PSOE gestione la crisis, ni confían en el Gobierno para hacer reformas. Por eso, la reacción del PSOE de responder a su desahucio con medidas de consumo interno sólo ratifica la ruptura de este partido con la sociedad española. El camino a derrotas aún más severas se ensancha. Esta expectativa es la que hizo que ayer, de nuevo, Guillermo Fernández Vara y José María Barreda, arrastrados —más el segundo que el primero— por la caída de Zapatero, plantearan, respectivamente, la posibilidad de un adelanto electoral y la necesidad de una profunda revisión en el PSOE. Plantearon, en definitiva, qué es lo que representa en este momento Rodríguez Zapatero para el socialismo español y qué pretende el PSOE al aislarse aún más con discursos endogámicos. Ambos saben bien que el problema ya no es el presidente del Ejecutivo y que, agotados los recursos políticos de una nueva crisis de gobierno y de la renuncia del presidente, al PSOE sólo le queda pasar por las urnas y vivir a fondo la crisis legada por Zapatero.


ABC - Editorial

lunes, 23 de mayo de 2011

Zapatero lleva la marca PSOE al borde de la bancarrota. Por Antonio Casado

Barrió el PP. Sin paliativos. La debacle socialista estaba cantada y se confirmó. La macroencuesta real, sobre una muestra de 35 millones de españoles consultados en más de 8.000 ayuntamientos, coloca al PP a casi 10 puntos de ventaja sobre el PSOE, lo que supone doblar la mayor diferencia obtenida hasta ahora en unas elecciones municipales y colocarse de claro favorito en las próximas elecciones generales.

El desaliento de los votantes socialistas también se confirma en las urnas. La ruptura del pacto electoral de Rodríguez Zapatero con su clientela política, que se perpetró en mayo de 2010, le pasó ayer la factura. Sin embargo, en su comparecencia de anoche no existió la autocrítica. La que intentó sólo estaba dirigida a los ciudadanos, como presidente del Gobierno, por la crisis económica como imponderable.


Pero ayer se suponía que hablaba como secretario general del partido. Así que estando en Ferraz y no en Moncloa, debió ejercer una autocrítica especial ante la militancia. Aunque solo fuera por haber arrastrado en su caída a la marca PSOE. No lo hizo, cuando él sabe perfectamente que los militantes que en la noche triunfal del 14 de marzo de 2004 le rogaron “No nos falles” hoy acampan en la Puerta del Sol.
«Muchas son las esquinas que presenta el recuento de anoche, que nos deja un mapa político casi totalmente azul y un PSOE al borde de la bancarrota que se lo tiene que hacer mirar.»
Otra de las noticias de la noche de ayer es el impacto de la masiva protesta popular de jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho de la geografía nacional. Lo tuvo negativamente en el PSOE porque hurgó en la herida. Sus indecisos se acabaron de decidir y votaron en blanco o se quedaron en casa siguiendo las consignas del “No les votes”, lo cual no afectó a unos votantes tan motivados como los del PP. El impacto en cambio fue muy positivo para otros partidos. Concretamente, Izquierda Unida y UPyD, el partido de Rosa Díez, fueron los grandes beneficiados de la causa general abierta por los “indignados” contra el bipartidismo y la clase política en general.

Tratamiento aparte merece la enorme cosecha de votos logrados por la izquierda abertzale empotrada en la coalición Bildu. Casi 300.000 votos. Frente a quienes siguen rasgándose las vestiduras por lo que consideran un salto de ETA a las instituciones, a mí me parece que este cosechón de votos supone reforzar la apuesta del pensamiento radical vasco por las vías democráticas. A la vista de todo lo que ha ocurrido hasta el polémico blanqueo de los amigos de la banda por el Tribunal Constitucional y que la eficacia policial tiene a ETA contra las cuerdas, es preferible que sus amigos estén en las instituciones sin que ETA mate a que se les expulse del sistema y la banda tenga una excusa para volver a las andadas.

Pero son muchas las esquinas del recuento de anoche, que nos deja un mapa político casi totalmente azul y un PSOE al borde de la bancarrota que se lo tiene que hacer mirar. Las primarias internas, donde se van a enfrentar dos proyectos muy diferenciados (Chacón y Rubalcaba), ya lo verán ustedes, puede ser el comienzo de una constructiva travesía del desierto.


El Confidencial - Opinión

Elecciones. Waterloo. Por José García Domínguez

Ah, y la gran noticia de la noche: se acabaron por fin los comunicados de ETA; a partir de ahora emitirá bandos de obligado cumplimiento.

El rebuzno libertario del honrado pueblo, que diría don Ramón, ese motín de Esquilache con su inconfundible aroma a pachulí rancio y a naftalina del sesenta y ocho –el todo twitter a la espera de un Forrest Gump doméstico para echarse a correr tras él–, algo eclipsará el Waterloo del PSOE. Aunque, pese al batacazo, la impresión no es que la socialdemocracia naíf que todavía encarna el zapaterismo vaya a desplomarse al modo de la monarquía de Alfonso XIII. Tal que así, se antoja improbable el adelanto electoral que ahorraría al país el calvario de los minutos de la basura hasta marzo de 2012. Y será ésa una derrota no del PP, asunto que carecería de mayor importancia, sino de España, cuestión bien distinta. Ocurre, por lo demás, que el fervor por las jaimas de la plaza Tharir no es la exclusiva seña de identidad africana que arrastra la Península.

También la adhesión ciega, devota, incondicional, a "los nuestros", hagan lo que hagan, nos emparenta con la cultura política de las cavilas rifeñas y las tribus subsaharianas. Aquí, el tráfico de lealtades, el alegre trasvase de votos de una a otra sigla, resulta algo exótico; muy desusada extravagancia. Roben, hurten, prevariquen, mientan, piensen con faltas de ortografía o apesten a ajo, se está con los nuestros. Siempre. Pase lo que pase. Un atavismo que limita la posibilidad de alternancia a la abstención de la feligresía del contrario; que no otro ha sido el caso ahora. Y eso donde hay alguna querencia por el sufragio universal. Que si no es tradición de la plaza, como sin ir más lejos sucede en Cataluña, poco importarán los resultados.

La sociovergencia, o sea el Tinell tácito vigente desde la Transición, volverá a excluir a los no nacionalistas de la menor expectativa de pisar moqueta. Pierda toda esperanza, pues, Alberto Fernández en Barcelona. E igual hubiese ocurrido en Asturias, otro burgo podrido bajo custodia del caciquismo pedáneo, de no ser por Francisco Álvarez Cascos. En fin, constatada la más arrolladora de las victorias populares, ésa de Aguirre en la CAM, irrumpe con fuerza UPyD, acaso para conjurar el riesgo separatista en Madrid. Ah, y la gran noticia de la noche: se acabaron por fin los comunicados de ETA; a partir de ahora emitirá bandos de obligado cumplimiento.


Libertad Digital - Opinión

La agonía. Por Gabriel Albiac

Zapatero es el cerebro de un adolescente, injertado sobre una ignorancia más allá de lo descriptible.

«ASÍ es como acaba el mundo. No con un estallido, sino con un sollozo». T. S. Elliot da clave poética a lo que todo hombre sospecha: que sucede el fin de un mundo cada vez que un sistema de convenciones se desmorona, cada vez que eso a lo cual llamamos lo más evidente hace quiebra y aparece como grotesco tejido de convenciones tras del cual se parapeta un poder al cual no rozan jamás ni honradez ni inteligencia. El fin del mundo es siempre. Pero hay días en los cuales su simbólica emerge con la cegadora intensidad de lo insoportable.

Se acabó. El septenato necio terminó ayer. En la hecatombe electoral que hubiera debido consumarse hace tres años. La perpendicular da ahora sobre el vacío en el cual naufraga la máquina de acuñar votos que fue el Partido Socialista desde su reinvención en 1975 mediante aquella envidiable amalgama del dinero de la socialdemocracia alemana y del Departamento de Estado. Los inacabables años de corrupción y crímenes de Estado bajo González habían de mostrar hasta dónde puede llegar gente sin más objetivo político que el de enriquecerse deprisa y eternizarse en el Gobierno. Ocho años de normalidad gris bajo Aznar daban a pensar que, al fin, comenzábamos a sospechar lo que es la democracia: el aburrido sistema político en el quienes asesinan o roban en nombre del Estado van aburridamente a la cárcel. Luego, en el estupor que siguió al asesinato en masa del once de marzo de 2004, el poder cayó en manos de la gente más mortífera para un país civilizado: Zapatero es el cerebro de un adolescente no demasiado agudo, injertado sobre una ignorancia más allá de lo descriptible. Lo espantoso es que, tras la exhibición de eso a tumba abierta durante sus cuatro primeros años, el voto de 2008 volviera a darle en la urnas la presidencia, condenándonos ya irremisiblemente a la ruina en la cual hemos desembocado y que no hay manera de camuflar bajo retóricas de humanitarismo angelical, cantarín y faldicorto.


Lo de ayer tiene valor de referéndum. Nadie era tan estúpido como para fantasear que votaba a su particular alcalde o presidente autónomo. No es imaginable la unanimidad antisocialista del voto, si así fuera. Cada uno de los caciques locales que fueron desalojados de feudos considerados hasta hace muy poco tiempo inexpugnables, era una bofetada en el rostro de un presidente al cual el ciudadano medio ha constatado como el más funesto desde la democracia. No me apiadaré de esos caciques: son parte de un sistema de corrupción sistemática que ha alzado a los peores; y que ha despedazado cualquier fe del ciudadano decente en la políca.

Una última calderilla de vergüenza debiera bastar a quien no sea un simple ganapán a cargo de la hacienda pública para que constatase cómo todo se ha acabado, cómo prolongar esta agonía ocho meses más es un suicidio en toda regla, cómo hay que cerrar el ciclo, adelantar las elecciones generales, poner todo al servicio de una nueva administración que intente arreglar algo de lo destrozado. Una última calderilla de vergüenza. El drama es que nos las vemos con gente que carece de eso. Y así se nos acaba el mundo. Sin que el sollozo acabe en estallido.


ABC - Opinión

Zapatero. Que lo echen. Por Emilio Campmany

Ya que el destrozo infligido a la nación les importa una higa, que lo hagan al menos por los muchos sueldos y chollos que hoy han perdido y por los que este tío puede hacerles perder en el futuro.

Nunca el PSOE había obtenido tan mal resultado en unas elecciones municipales. Nunca. Ni siquiera en 1979, recién estrenada la democracia, cuando sacó un 28% raspado. Son tantos los varapalos y el bofetón ha sido tan brutal que los socialistas ni siquiera pueden recurrir a enarbolar el triunfo relativo en Extremadura para camuflar la derrota. Los mapas que publican los medios en sus páginas web son demoledores. El azul campea sea cual sea el criterio escogido, municipal o autonómico.

Encima, el triunfo aterrador de Bildu en el País Vasco y Navarra obligará a los socialistas a dar constantes explicaciones a los españoles. A los de allí, del envalentonamiento de los proetarras, y a los del resto de la nación, del retroceso de más de diez años en la lucha antiterrorista.


Y, por si todo esto fuera poco, se acabó el respiro que nos dieron en Europa hasta que pasaran las elecciones. Ahora Merkel y compañía golpean la puerta con impaciencia para exigir que se hagan las terribles reformas que llevan un año pidiendo y que apenas han empezado a adoptarse.

Y el tío dice que ni convoca elecciones ni dimite.

Antes, podía tener algún sentido para aquellos socialistas a quienes les importa su partido por encima de España aconsejar a Zapatero aguantar hasta que escampe. Pero ahora que el sujeto les lleva al desastre también a ellos, después de haber arrojado por la pendiente a toda la nación ¿qué sentido tiene sostenerle?

Hay que recordar que el presidente de Gobierno no es elegido en España para que ocupe la poltrona durante cuatro años. Lo vota el Congreso de los Diputados por el tiempo que éste le mantenga la confianza. Por lo tanto, no es el empecinamiento de Zapatero quien lo apuntala en La Moncloa, es la ceguera del PSOE y, más concretamente, la de su grupo parlamentario.

Ahora que pueden ver cuánto daño es capaz de hacer, no sólo a España, sino también a ellos, ha llegado el momento de que los socialistas lo echen. Si quieren hacerlo con buenas palabras y no de un puntapié, da igual, pero que lo echen. Si el que nos ponen no quiere convocar elecciones anticipadas, que no lo haga. Y, si creen ingenuamente que Rubalcaba es su salvador, que lo traigan a él, aunque es obvio que hay, para todos, mejores opciones. El caso es que quiten de una vez a Zapatero. Cualquier cosa que alojen en La Moncloa será mejor. Ya que el destrozo infligido a la nación les importa una higa, que lo hagan al menos por los muchos sueldos y chollos que hoy han perdido y por los que este tío puede hacerles perder en el futuro si insisten en ser dirigidos por él. ¿Es que es mucho pedir que nos hagan, y se hagan a ellos mismos, la caridad de librarnos de él?


Libertad Digital - Opinión