viernes, 20 de mayo de 2011

Se abre una brecha en el régimen socialista andaluz

UGT y CCOO, esos apéndices políticos disfrazados de sindicatos, han sido las primeras víctimas de este intento del PSOE andaluz de forzar la máquina.

Mientras el foco informativo se mantiene en la Puerta del Sol, en Andalucía ha tenido lugar un suceso importante: UGT y CCOO, sindicatos oficiales del régimen en que vivimos, se han quedado sin representantes en las elecciones de delegados de los funcionarios de la Junta de Andalucía. La región gobernada por el PSOE desde hace treinta años es la culminación del proyecto que tienen los socialistas para España: una sociedad aborregada, empobrecida, caciquil y completamente sometida al sector público. Pero esta derrota muestra una grieta en el control casi perfecto que permitió a Chaves gobernar casi veinte años.

A primera vista, la razón es la ley que permite convertir en funcionarios con todos sus derechos al numerosísimo personal laboral contratado a dedo por la Junta a lo largo de los años. Se consideren o no razonables los privilegios con que cuentan los funcionarios en comparación con el resto de los trabajadores, lo que resulta inadmisible es que se extiendan a quienes no han demostrado más mérito que el de llevar bien agarrado el carnet del PSOE en la boca. Quienes más han protestado contra la medida han sido precisamente los mismos funcionarios, que han demostrado su indignación en las calles y, después, en las elecciones sindicales.


Ante ese asalto al funcionariado andaluz, UGT y CCOO han preferido apoyar a la Junta, como buenos representantes del régimen que han sido siempre. Los resultados de las elecciones sindicales de este jueves los colocan completamente fuera, cuando en España el principal y casi único lugar donde ejercen es precisamente el sector público.

El Gobierno de Griñán ha querido perpetuar el control socialista de la Junta de Andalucía aun en el caso de que pierdan alguna vez las elecciones, asegurándose de tener a los suyos ahí colocados hasta la jubilación. UGT y CCOO, esos apéndices políticos disfrazados de sindicatos, han sido las primeras víctimas de este intento de forzar la máquina. Pero que se haya abierto esta brecha en el sistema implantado por Chaves para garantizar que el PSOE se eternice en el poder no significa que se vaya a romper. Para eso hace falta que pierdan unas elecciones, y el ganador se esfuerce en desmontarlo. Y ambas cosas parecen aún algo lejanas.


MEDIO - Opinión

jueves, 19 de mayo de 2011

Agitación y propaganda

La recta final de la campaña se encuentra bajo los efectos de una inesperada movilización cuyo epicentro está en la Puerta del Sol de Madrid, pero que se repite en las principales capitales de la nación. El denominado Movimiento 15 de Mayo ha recogido, según sus convocantes, el malestar y la angustia de una ciudadanía que no se siente ni representada ni defendida por la clase política. Esas miles de personas reclaman cambios políticos y sociales y, de acuerdo a su discurso, no tienen vinculación ni dependencia políticas. ¿Es creíble esta versión idealista y modélica? Hay indicios y circunstancias que alimentan la desconfianza sobre el origen, el desarrollo y el propósito final de este fenómeno. La reacción de la izquierda, especialmente del PSOE, es una de ellas. La empatía socialista con esos manifestantes tiene bastante de impostura al ser ellos los responsables de que casi la mitad de los jóvenes de este país no tenga trabajo. Desde el PSOE se les ha puesto una alfombra roja, se ha elogiado su lucha y se los ha calificado de «amigos». La instrumentalización ha sido evidente con la complicidad aparente de los acampados.El Gobierno se siente a gusto con un escenario en el que la principal expresión del hartazgo social se produce ante la sede del Ejecutivo de Esperanza Aguirre y no frente a La Moncloa o el Congreso.

Aunque es más que probable que para una parte de los movilizados la desesperación y el deseo del cambio sean razones reales, la protesta apunta directamente a la izquierda, a grupos anarquistas y antisistema. Las agresiones a periodistas y las trabas al derecho a la información que han marcado estas primeras horas son actitudes de esos colectivos totalitarios que no quieren luz y taquígrafos salvo para su propaganda. Quien no tiene nada que esconder no aplica la censura. Pensar que un movimiento de miles de personas con dimensión nacional ha surgido de forma espontánea es pecar de ingenuos o desconocer la realidad. Necesariamente, alguien debe mover los hilos de una algarada que ha saltado sobre la campaña electoral para distorsionar y confundir. La realidad del país es crítica. Pero lo ha sido durante los últimos años y nada se ha sabido del Movimiento 15 de Mayo. No creemos en las casualidades.

La clase política española no es perfecta y no ha estado a la altura, pero la democracia representativa tiene sus reglas y sus tiempos. La alternancia es la solución para sustituir a los gobiernos, y no las «democracias» asamblearias. Votamos para elegir a nuestros representantes y los españoles no han elegido a los acampados en la Puerta del Sol, por lo que no están legitimados para arrogarse el descontento o la indignación de la ciudadanía. La izquierda extrema sabe mucho de agitación y propaganda y de subvertir el orden. En esta ocasión, se ha hecho con la lamentable colaboración de la Delegación del Gobierno de Madrid, que se ha cruzado de brazos mientras el centro de la capital era tomado. Al menos, la decisión de distintas juntas electorales provinciales de prohibir las concentraciones demuestra que algunos no están dispuestos a mirar para otro lado.


La Razón - Editorial

Movimiento 15-M. El Cacao Party. Por Cristina Losada

A los acampados les preocupa, básicamente, ser personas y no mercancías. Hay quien les ha colgado la medalla de "inconformistas". Yo los veo muy conformes con los tópicos de la izquierda común y corriente.

Más intrigante que esa acampada de jóvenes airados es el enorme interés y el especial respeto que ha concitado. Cierto que venía a ser el aspecto yang de estoloarreglamosentretodos. Unos optimistas y otros indignados, los hermanaba la amplia y cálida cobertura ofrecida por TVE, empresa muy selectiva con su tiempo, como se sabe. Pero estaba, por supuesto, el factor twitter, el excitante fetichismo de las redes sociales. Y se sumaba el efecto copycat. Era una combinación irresistible para la prensa, que veía venir algo grande. ¡Una primavera árabe en vísperas electorales y una plaza Tahrir ante la sede del Gobierno regional de Madrid! Para relamerse. Si agreden a periodistas políticamente incorrectos, la perfección se toca con los dedos. Y si se oye la sintonía del bestseller de la temporada, el panfleto fraude del resistente francés, entonces, bingo.

Un posible portavoz de los improbables árabes congregados en la Puerta del Sol declaraba, al parecer, que "los medios no se enteran de nada". Bien. Leído el manifiesto del asunto tengo para mí que sus autores aún se enteran de menos. Vaya empanada. Dos décadas logsianas y una larga tradición de desinterés por la res publica –aunque se vote en masse– han de traer consecuencias. El analfabetismo político es una de ellas. Pero esta empanada desprende un aroma conocido. Es anticapitalista y estatista. Unos ingredientes que gustan tanto a izquierda como a derecha y, en concreto, en los extremos de cada una de ellas. En esas zonas fronterizas siempre se le ponen apellidos a la democracia y fraguan movimientos antisistema, cual fueron el fascismo y el comunismo. Hoy, Sistema es sinónimo de economía de libre mercado. Y antisistema, un modo de externalizar la frustración: la cuenta de las expectativas incumplidas se le carga a la entelequia. Qué bonita irresponsabilidad, sentirse simple engranaje de una maquinaria pérfida.

Estamos ante un ejercicio de "democracia real", por lo que nada se sabe realmente, pero, de acuerdo a la prensa ignorante, a los indignados les molesta el bipartidismo. He ahí otro lugar común de la listas de males que corren por el extrarradio. ¡Otro mito! Tan débil es el bipartidismo en España, por contraste, pongamos, con EEUU, que los Gobiernos han de pactar una y otra vez con pequeños partidos como los nacionalistas. Y ceden de manera injustificable. Pero a los acampados les preocupa, básicamente, ser personas y no mercancías. Hay quien les ha colgado la medalla de "inconformistas". Yo los veo muy conformes con los tópicos de la izquierda común y corriente.


Libertad Digital - Opinión

“¿Es esto otro 11-M contra el PP? ¿Está detrás Rubalcaba?” Por Federico Quevedo

Ayer por la mañana estuve en Sol. Resultaba urgente acudir al lugar que se ha convertido en el epicentro informativo de estos últimos días -con perdón a los lorquinos-, para recabar información y, sobre todo, impresiones. A la hora de escribir estas líneas, en una decisión desde mi punto de vista absolutamente equivocada, la Junta Electoral Central había desautorizado la concentración convocada para las ocho de la tarde de ayer, y escribo por lo tanto sin conocer el resto de los acontecimientos consecuencia de esa prohibición. Lo que sé es que a partir de que se conociera el dictamen de la JEC, en las redes sociales creció la indignación y eso no pronosticaba nada positivo. El caso es que por la mañana en Sol el ambiente era bastante tranquilo después de que la Policía permitiera a los que hemos dado en llamar #indignados acampar a sus anchas. Como llevo mucho tiempo, mucho, exigiendo una reacción social ante lo que me parece que es una crisis de orden político-social-económico sin precedentes, en principio lo que está pasando en Sol y todo lo que se mueve alrededor de este movimiento de protesta y de manifestación del desencanto, me atrae y me convence.

Pero no ocurre lo mismo con todo el mundo. De hecho, ayer en Sol mucha gente se acercó a preguntarme por lo que estaba pasando con una doble cuestión que intranquilizaba a la inmensa mayoría: “¿Es esto otro 11M contra el PP? ¿Está detrás Rubalcaba?”. La sospecha de que el ministro de Interior pudiera estar en la génesis de este movimiento no es baladí, de hecho parece ser que puede haber algún militante socialista conocido detrás de alguna de las plataformas y eso ha llevado a determinada gente a concluir que, en efecto, el PSOE está detrás de esto. Pero después de haber seguido durante muchos tiempo la génesis de este movimiento, de haber compartido análisis y comentarios con algunos de sus organizadores a través de twitter y de comprobar ayer in situ lo que realmente hay detrás de todo esto, me atrevo a segurar que no, que esto no es un nuevo 11M contra el PP ni está detrás Rubalcaba. No, esto es una expresión ciudadana de desencanto, de desesperanza, de malestar, de pérdida de fe en la democracia y en sus instituciones que hoy todavía está en una fase embrionaria, pero que puede acabar afectando al sistema si quienes de verdad tienen en su mano afrontar los cambios no hacen nada por evitarlo.


“Un Gobierno del Partido Popular será la última barrera de defensa del sistema, pero para ello tendrá también que afrontar importantes decisiones de regeneración democrática, y no podrá hacerlo solo sino que tendrá que contar con el apoyo del PSOE y de los nacionalismos”, me decía ayer por la tarde un buen amigo y mejor analista. Lo que se está viviendo en Sol es una expresión social de rechazo, de rechazo global… Su lema, “lo queremos todo, lo queremos ahora”, no deja de ser casi una amenaza. Están hartos, y esa expresión de hartazgo no beneficia a nadie, ni al PP que será quien tenga que gobernar y administrar las consecuencias de lo que estamos viviendo, ni al PSOE porque en el fondo esta imagen del desencanto social le va a pasar todavía más factura de la que ya de por sí le iba a pasar la crisis económica, porque buena parte de la culpa de todo esto la tiene un Gobierno que empezó a gobernar haciendo lo peor que podía hacer: dar al traste con todos los consensos de la Transición y poniendo en cuestión la naturaleza misma del sistema.
«Cuando crece el desencanto son muchos los movimientos radicales de uno u otro signo que intentan capitalizarlo para ir en contra del statu quo, y eso es lo que hay que evitar.»
Pero limitar la culpa al Gobierno sería injusto. Toda la clase política es responsable de haber permitido que un sistema joven sin embargo se anquilosara hasta parecer hoy en día un sistema viejo y caduco cuyos resortes y engranajes chirrían de puro óxido. Lo que nació como una democracia de ciudadanos se convirtió pronto en una democracia de partidos a medio camino de la oligarquía. Y no es eso lo que quieren los ciudadanos, solo que hasta ahora estaban dormidos, resignados y parecía que nunca nadie iba a levantar la mano y recordar que esto no era así cuando nació. Lo cierto es que lo que hemos conocido hasta ahora está condenado a cambiar, pero el cambio ha de producirse desde dentro del sistema, que es lo que traté de explicarles ayer a muchos de los chicos acampados en Sol, porque desde fuera van a conseguir muy poco, por no decir nada. Pero sí que es verdad que la inoperancia política puede hacer que en un momento dado el propio sistema esté en riesgo, porque cuando crece el desencanto son muchos los movimientos radicales de uno u otro signo que intentan capitalizarlo para ir en contra del statu quo, y eso es lo que hay que evitar. Cambios, sí. Todos los posibles. Pero siempre respetando los principios básicos que conforman un sistema democrático, que no son otros que el cumplimiento de la Ley, la defensa de la libertad, la división de poderes y la tolerancia.

Por una democracia real ya: decálogo contra la desesperanza

Sobre esa base, ¿es posible plantear reformas que supongan un proceso de regeneración democrática profundo y aceptable por todas las partes, que dé satisfacción a esa demanda de más y mejor democracia, o de democracia real ya como dice la página web de la plataforma que lidera todo este movimiento tuiteado como #15M? Ellos mismos en su Manifiesto ponen las bases, pero no son capaces de establecer los objetivos:

“-Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.

-Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.

-El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.

-La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.

-El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.

-La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.

-Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.

-Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.

-Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro”.

Con algunos matices, esto es suscribible por cualquiera que de verdad se preocupe por la defensa de los derechos fundamentales de las personas y sufra en carne propia o ajena los excesos de una sociedad de consumo. Pero, ¿cómo corregimos los defectos del sistema? Es aquí donde ayer pude percibir una absoluta anarquía en los planteamientos. Los modelos asamblearios se han demostrado ineficaces, y solo desde una dirección política con principios asumibles es posible liderar ese movimiento y llevarlo a buen término. Principios que podrían resumirse en este decálogo que ayer, amablemente, me proponía uno de los manifestantes:

1- Reforma de la ley electoral para evitar el castigo a las formaciones políticas minoritarias en beneficio de las mayoritarias o los nacionalismos periféricos.

2- Imposición por ley de las listas abiertas en la elección de concejales, diputados autonómicos y diputados y senadores nacionales.

3- Elección directa de alcaldes y presidentes de comunidades autónomas.

4- Establecimiento por ley de un sistema de primarias en la selección de candidatos en los partidos, proceso en el que no solo participen los militantes sino también los votantes.

5- Limitación a ocho años en el ejercicio de cualquier cargo publico electo.

6- Reforma de los reglamentos de las Cámaras para consagrar el principio de respeto a las minorías y la pérdida del poder de las mayorías en las Juntas de Portavoces.

7- Aceptación obligada de las iniciativas populares que conlleven un número de firmas suficiente para ser tomadas en cuenta.

8- Desaparición de todo organismo superfluo de la Administración del Estado (diputaciones, cabildos, mancomunidades, etcétera) y reducción del número de ayuntamientos.

9- Modificar el método de elección de los órganos del Poder Judicial para evitar su politización y garantizar la división de poderes.

10- Inhabilitación por ley de todo cargo público imputado en un proceso de corrupción y prohibición por ley del uso partidario de las demandas judiciales.

En mi opinión, francamente, creo que si un partido político fuera capaz de asumir un decálogo de reformas como este, se llevaría, como se dice popularmente, el gato al agua, pero para eso hace falta audacia y, hoy por hoy, de eso nuestra clase política adolece de manera casi sintomática. Pero para salvar el sistema hace falta arriesgar, y siendo conscientes de que los cambios son inevitables, más pronto o más tarde alguien tendrá que asumir estos retos.


El Confidencial - Opinión

Movimiento 15-M. Los indignados. Por José García Domínguez

Qué le vamos a hacer, se nos han amotinado los hijos del zapping, monarcas absolutos del mando a distancia. De ahí esa esquizoide menestra de querencias contradictorias, reflejo de la soberana empanada mental que arrastran sus redactores.

Por no leer, ni siquiera han leído al tal Hessel. Indignaos, apenas treinta tristes folios a doble espacio. Acaso demasiada letra para la generación mejor formada –dicen– de la historia de España. Ni a Hessel, ni a Marx, ni a Bakunin, ni a Trotsky, ni a nadie. Y se nota. Lo peor es que se nota. Tal vez sea eso lo más deprimente. Porque basta echarles una ojeada somera a las que pretenden sus "propuestas" a fin de dar con el genuino autor intelectual: la tele. Ni una sola idea original, por quimérica o descabellada que se antojase. Pero, eso sí, todos los tópicos, lugares comunes y perogrulladas aprendidos en los púlpitos digitales.

Todos, sin excepción. Desde la prohibición de los rescates bancarios permitiendo la quiebra del sistema financiero, fantasía suicida tan cara a los charlistas del género apocalíptico, hasta la manida reducción de los asesores en las administraciones, otro clásico de los arbitristas mediáticos. Amén, naturalmente, del alegre llamamiento a incrementar el gasto "social" y a bajar el sueldo a los políticos, irrenunciables mantras de cualquier demagogo audiovisual que se precie. Una abigarrada sopa de ganso, vaya. Y es que puestos a ocupar la calle, uno esperaría que, al menos, los indignados cargasen con El Manifiesto Comunista en la mochila; subrayado en rojo, a ser posible. Pero resulta que a lo sumo llevan el Teleprograma.

Qué le vamos a hacer, se nos han amotinado los hijos del zapping, monarcas absolutos del mando a distancia. De ahí esa esquizoide menestra de querencias contradictorias, reflejo de la soberana empanada mental que arrastran sus redactores. Por lo demás, igual que ellos se han hecho en la televisión, la televisión los ha hecho a ellos. La televisión, magnificando su ruidosa nada, que no ese juguete, Twitter creo que le llaman. En fin, mayo del sesenta y ocho se acabó justo el día que comenzaban las vacaciones de verano. Al punto, los papás dejaron de remitir el preceptivo talón mensual a París. Así las cosas, a los insobornables revolucionarios de La Sorbona, súbitamente insolventes, no les quedó más remedio que volver a casa. Y algo parecido ocurrirá aquí. Cuando emitan el próximo capítulo de Física o Química, no queda un alma en la Puerta del Sol. Y si no, al tiempo.


Libertad Digital - Opinión

La pequeña cárcel de CiU. Por Alvaro Robles Cartes

<-- Escudo de Pedro IV de Aragón
Con boina o con Blackberry no es fácil ser nacionalista en el siglo XXI. Una cosa es preservar el paisaje propio con la boina calada, renunciar a la Alta Velocidad y conseguir que las centrales nucleares estén en casa del vecino. Añorar el pasado y pretender no necesitar más cosas que las que el lenguaje ancestral era capaz de nombrar: el buen salvaje disfrutando del estado de Bienestar con la frontera electrificada. Un buen sueño.

Otra cosa diferente es el nacionalismo de blackberry, traje oscuro y gafas de pasta, discurso cuajado de anglicismos y estética globalizada que se contradice a cada paso con su razón de ser identitaria. Asumir la globalización y su inherente permeabilidad económica y cultural es aceptar que una creciente parte de la realidad carece de declinación local. Cuando son cada vez más los españoles que respiran aliviados al ver decrecer las competencias estatales a manos de un directorio europeo, los partidos nacionalistas, en bicicleta y dirección contraria, continúan reclamando más competencias. Ignorantes de que han devenido en partidos temáticos, como el de los jubilados o el sexo libre, cada vez tienen ideas propias sobre menos cosas y más discurso prestado sobre el resto. Tal vez por ello, en Quebec están a punto de claudicar, aunque en Cataluña, con boina o blackberry, muchos perseveran todavía en el intento.


El presidente Mas ha presentado sus objetivos para la legislatura: el Pla de Govern 2011-14. Una fulla de ruta razonable, centrada en lo que toca hacer y estructurada en 64 ámbitos de actuación. Sorprende en positivo, para alguien no nacionalista, el escaso peso que un Gobierno soberanista concede al apartado “Nación, lengua y cultura”. Si excluimos de él la empecinada reclamación del Pacto Fiscal, que debería ir en el apartado de economía -si se deseara alcanzarlo y no protestar por su fracaso-, el rubro quedaría limitado a estos cuatro objetivos:

I. Conseguir nuevas cotas de soberanía. Toda una píldora de frescura.

II. Lograr una política lingüística de prestigio. Loable objetivo y contrario, por cierto, a la imposición.

III. Buscar la máxima centralidad de la cultura en la dinámica social. Pretenciosa y sibilina aspiración, pues no se trata de leer masivamente a Kierkegaard ni de enseñar logaritmos a los catalanes, sino de reforzar la frontera con el rotulador cultural.

IV. Situar a Cataluña en el mundo como actor global. Aquí mejoraremos. Aunque el enunciado global, Cataluña y actor nos condujera a Nacho Vidal en cueros (Mataró, 1973), sería imposible rebasar las cotas alcanzadas por el ex embajador Carod Rovira.
«CIU tiene hoy un reto metafísico no pequeño si quiere tomar la iniciativa política. Reservado ad eternum el papel de malos catalanes para los populares, ha de explicar a los ciudadanos de Cataluña desde su posición soberanista que no ha sido Madrid, sino el nacionalismo catalán elevado al cubo del tripartito.»
Ironías al margen, incluso con su potente carga identitaria, se trata de 4 disposiciones de 64. Apenas un 6% del programa. Si en esta legislatura Cataluña dedicara solo una de cada dieciséis horas de trabajo parlamentario a cuestiones identitarias daría tal salto cuántico la productividad de sus diputados que todo sería posible. La recuperación de la economía, la creación de prosperidad y la liberación de la frustración social. TV3 hablaría de cuestiones nacionales solo una hora de cada dieciséis, los diarios dedicarían a los agravios del centralismo solo una página de cada dos cuadernillos y en la calle sólo una sobremesa cada dos semanas largas se dedicaría a discusiones estériles. Un paraíso.

Pero la cabra (acaban de recuperarse en Lleida 40 ejemplares de cabra catalana, que se creía extinguida desde 2005) tira al monte. Ésta en su naturaleza. Ejemplo: el Govern se define como bussines friendly. En los países que usan ese idioma, ello implica no multar a los comerciantes que rotulan sus comercios en lengua oficial, no perjudicar a los empresarios de otra región subvencionando a los locales o no fraccionar el mercado dificultando el acceso a las licitaciones publicas a las empresas no residentes, encareciendo en el camino el coste de los servicios para los catalanes.

Sigamos monte arriba. El Gobierno catalán se ha enfrentado con decisión a un presupuesto descontrolado e insostenible con la sana intención de equilibrar las cuentas. Descartados los recortes en presupuesto militar (fue Samuelson el que sintetizo la elección publica entre el gasto en “cañones o mantequilla”), la propuesta también deja a salvo la manteca identitaria de TV3, corporaciones catalanas de medios, embajadas, selecciones deportivas y política lingüística, para rebañar en las grandes partidas, Sanidad y Educación, provocando un descontento que los verdaderos causantes del desaguisado, los que gobernaron antes, espolean irresponsablemente ante los colectivos indignados. Pero lo hacen, a conciencia y con indecente impunidad, porque el Govern está maniatado, y aún más por la ideología que por la penuria presupuestaria.

Atrapada en la cárcel de su planteamiento nacionalista integral, victimista y reivindicativo, CIU está pagando su renuncia a una dialéctica política occidental: socialdemocracia vs. liberalismo; sustituida hace lustros por un único eje de tensión: centralismo español vs. soberanía, aderezado con efluvios democristianos.

CIU tiene hoy un reto metafísico no pequeño si quiere tomar la iniciativa política. Reservado ad eternum el papel de malos catalanes para los populares, ha de explicar a los ciudadanos de Cataluña desde su posición soberanista que no ha sido Madrid, sino el nacionalismo catalán elevado al cubo del tripartito, el que, democráticamente y con más recursos que nunca, ha quebrado el país. Los culpables son de casa, siguieron el manual del victimista expoliado y quien no llevaba barretina tenía una blackberry. Complicado explicarlo.


El Confidencial - Opinión

La privilegiada "indignación" mediática de la extrema izquierda

Disfrutando de la privilegiada atención que le brinda la clase política y mediática de nuestro país, este movimiento liderado por la ultraizquierda viola impunemente con sus acampadas la legislación municipal y electoral.

Los "indignados" que ilegalmente acampan en la vía pública madrileña y que, según las Juntas Electorales, están violando también la campaña electoral, siguen recibiendo la visita de multimillonarios artistas y la indebida atención de los medios de comunicación.

A este respecto, parece claro que el llamado movimiento del 15-M –un circo destinado a encauzar en favor de la izquierda el justificado malestar social que provoca la lamentable situación política y económica que padecemos– ha logrado eclipsar todas las otras cuestiones que deberían haber centrado la campaña electoral. Así las cosas, los medios de comunicación y la clase política les están otorgando una importancia que, por ejemplo, han denegado sistemáticamente a las manifestaciones de víctimas del terrorismo en su finalmente frustrada pretensión de que los proetarras fueran expulsados de las instituciones democráticas.


Poco importa el extendido y auténtico malestar social que ha provocado la legalización de Bildu, facilitada por la lamentable falta de separación de poderes que impera en nuestro país: si a nuestras élites políticas y mediáticas les importa bien poco esta adulteración de nuestra democracia y de nuestro Estado de Derecho, mucho menos aún le importa a este movimiento, falsamente cívico y transversal, que dice reivindicar una "democracia real".

Ni qué decir tiene que nuestros indignados de extrema izquierda tampoco denuncian, sino que reivindican, la rémora que para el bienestar social y nuestras posibilidades de recuperación constituyen el gasto y el elefantiásico tamaño de nuestras administraciones públicas; ni tampoco protestan contra las redes clientelares tejidas por nuestros políticos que, además de vampirizar a la sociedad civil, adulteran el funcionamiento de nuestra democracia.

Disfrutando de la privilegiada atención que le brinda la clase política y mediática de nuestro país, este movimiento liderado por la ultraizquierda viola impunemente con sus acampadas la legislación municipal y electoral, ante la pasividad de la delegación del Gobierno y del Ayuntamiento de Madrid. Dicen estar dispuestos a violar incluso la jornada de reflexión. No nos extrañaría que también lo hicieran con impunidad. No hay privilegio que no se conceda o abuso que no se permita a un grupo de "indignados"... siempre y cuando, claro está, se identifiquen con la izquierda.


Libertad Digital - Editorial

Materia inflamable. Por Ignacio Camacho

El movimiento de protesta ha eclipsado el protagonismo de los políticos y se ha plantado en el centro de la escena.

LA protesta, heterogénea y confusa, de los «indignados» se ha vuelto combustible y amenaza con desestabilizar el final de la campaña. El movimiento de rebeldía social le ha robado el protagonismo a partidos y candidatos y se ha plantado en el centro de la escena a cuatro días de las elecciones ante el desconcierto general. Su carácter difuso, asambleario, lo convierte en material inflamable al alcance de cualquier maniobra o de cualquier torpeza de las que tanto abundan en nuestro establishmentpolítico, poco preparado para desafíos no convencionales. El delicado equilibrio entre libertad y seguridad plantea un reto que sobrevuela la atmósfera de la jornada electoral.

La tentación de reducir el problema a una cuestión de orden público altera la naturaleza del conflicto, que parte de una crisis de representación, de una esclerosis institucional agravada por el estancamiento económico. En un sistema democrático sano, cuyos mecanismos representativos funcionasen de modo vigoroso, el descontento ante la recesión cristalizaría en una respuesta electoral de alternativa de gobierno. Pero muchos ciudadanos desconfían también de la oposición porque la asimilan con los vicios de una clase dirigente embalsamada que se ha afianzado a sí misma mediante la apropiación de la actividad pública. Las listas cerradas, el control de la justicia, la corrupción o la insensata exhibición de privilegios corporativos han creado una clima de irritación y desapego que se manifiesta desde hace tiempo en los sondeos en forma de descrédito creciente de los agentes políticos.


La irrupción de ese legítimo malestar se ha producido de manera abrupta, improvisada y legalmente dudosa en su ocupación de la calle o en la interferencia de la campaña, pero el fondo irritado de la sacudida sólo necesita un chispazo para prender como hojarasca seca. El ventajista intento de aproximación que están haciendo los socialistas para usufructuar en su beneficio el frente de rechazo da una idea de su cortedad de miras y de su concepto espurio de la confrontación democrática. Es precisamente esa inquina arrojadiza y oportunista de la mayoría de ciertos dirigentes la que motiva a muchos manifestantes en su repudio genérico, que ha empezado por cuestionar la política pero puede terminar impugnando el sistema.

En estas condiciones de extrema sensibilidad la dirigencia pública, por perpleja que esté, debe moverse con máxima cautela. Una escalada de tensión puede poner en peligro la serenidad democrática que necesitan las elecciones. Cortarle cauces a la protesta, siempre que se mantenga pacífica y respete la convivencia, sería del todo contraproducente. El escenario apunta a una jornada de reflexión en vilo, pero lo peor que podría ocurrir es que esta revuelta anticonvencional encontrase las prosaicas respuestas habituales.


ABC - Opinión

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tanto Twitter para esto. Por Daniel Rodríguez Herrera

Tanto rollo dospuntocero, tanta cosa de que con internet no hacían falta medios de masas, y al final lo que quieren los revolucionarios de las redes sociales es salir en la tele, que si no parece que nadie les hace caso.

En la concentración de este martes en Sol se gritaba como consigna "Queremos salir en Telemadrid". Tanto rollo dospuntocero, tanta cosa de que con internet no hacían falta medios de masas, y al final lo que quieren los revolucionarios de las redes sociales es salir en la tele, que si no parece que nadie les hace caso.

Discúlpenme que no se me levante el entusiasmo, pero la primera revuelta de Twitter en España se parece mucho a las manifas antifas de toda la vida, sólo que con un montón de despistados que se han unido creyendo que eso es otra cosa, gracias a lo cual hay más de dos gatos. Ha sido lo mismo de siempre, consignas anticapitalistas y piedras contras las lunas. Sólo que con gente de corbata y vaqueros de moda haciendo bulto.


En Twitter se puede poner #15m todas las veces que se quiera, pero cuando llega el día D y la hora H alguien ha tenido que organizar el cotarro, poner las pancartas, preparar las consignas, ejercer de equipo de seguridad y hasta pedir permisos a la delegación del Gobierno. ¿Creen que eso lo han hecho los internautas que empezaron repitiendo el #nolesvotes como unos posesos y ahora están en la puerta del Sol? No, claro. Lo han hecho quienes tienen la experiencia, capacidad e iniciativa de hacerlo y, gracias a ello, se han hecho con el liderazgo del movimiento.

Así, la organización de todo este sarao ha corrido a cargo de la extrema izquierda de siempre, de los okupas de toda la vida. La voz cantante ha corrido a cargo no del "pueblo" en general, sino de unos personajes muy en concreto. Allí se presentó Willy Toledo, uno de los principales apoyos de la tiranía castrista en España, sin que nadie lo echara a gorrazos, pese a que los organizadores se autodenominan "Democracia real ya", que debe ser el nuevo pseudónimo de las democracias populares de antaño. Antes lo hizo Carlos Taibo, uno de los más conocidos soportes dizqueteóricos de los antiglobalización españoles. El manifiesto es un recorrido por los tópicos de la izquierda más rancia, esa que lo pide todo del Estado y se cree que al mismo tiempo puede haber empleo y prosperidad y que los políticos no se conviertan en una casta.

Las manifestaciones contra la guerra de Irak fueron multitudinarias porque acudió gente de todo el espectro político. A una escala infinitamente menor, algo similar está ocurriendo ahora. Sin embargo, entonces mucha gente se fue descolgando según se dio cuenta de que aquella protesta teóricamente apartidista no era más que una pantalla para promocionar a la izquierda. Quizá el punto de inflexión fue aquel vándalo barcelonés que aprovechó el ambiente para asaltar El Corte Inglés y llevarse un jamón.

Cuando los del Twitter se den cuenta de que alguien quiere llevarse el jamón, abandonarán a la extrema izquierda. Y entonces acabará la #spanishrevolution.


Libertad Digital - Opinión

Movimiento 15-M: Títeres de la izquierda

La izquierda es experta en el agitprop y en valerse electoralmente de la crispación, como bien quedó demostrado con los movimientos, también falsamente espontáneos, del "Nunca mais", el "Hay motivo" o el "No a la guerra".

Basta echar un vistazo a las propuestas de Democracia Real YA –la plataforma ciudadana que promovió las manifestaciones del pasado domingo en más de 60 ciudades de España– para darse cuenta de que, lejos de ser un legítimo, espontáneo y transversal movimiento de protesta contra la falta de alternativas y de soluciones que ofrece nuestra clase política, se trata de un movimiento muy bien organizado por parte de la izquierda para apropiarse del justificado malestar social y proponer políticas aún peores que los problema que ya padecemos.

Más que a un mayor grado de democracia, a lo que parecería que aspiran los miembros de Democracia Real YA es a una adulteración de la misma. No en vano, la democracia no entiende de adjetivos, sean éstos real, orgánica o social. Siempre que se quiere matizar su clarísimo significado original asociándolo a diversos calificativos, sólo cabe descubrir un subyacente deseo por socavarla.


No es de extrañar, por tanto, que partidos como IU o el PSOE hayan querido sacar rédito de esta protesta ciudadana –por ejemplo, vinculándose a través de su página web con el manifiesto de la plataforma–, como si estos partidos no formaran parte de esa clase política que es legítimamente percibida por los ciudadanos como el tercer principal problema de nuestro país, o como si esta plataforma ciudadana de izquierdas no promoviera las ideas que en gran parte son responsables de la crisis que padecemos.

La izquierda es experta en el agitprop y en valerse electoralmente de la crispación, como bien quedó demostrado con los movimientos, también falsamente espontáneos, del "Nunca mais", el "Hay motivo" o el "No a la guerra". Ahora, con casi cinco millones de parados, y ante la nula iniciativa del principal partido de la oposición para liderar el malestar ciudadano, es evidente que esa izquierda quiere ocupar semejante vacío, aunque ello suponga convertir una protesta a favor de la democracia en una destinada a pervertir sus bases y a mejorar las perspectivas electorales del PSOE.


Libertad Digital - Editorial

martes, 17 de mayo de 2011

Strauss-Kahn y la doble moral de la izquierda

Un ejemplo palmario de esta escandalosa doble vara de medir es la deslegitimación sistemática del Gobierno de Silvio Berlusconi.

Si algún mensaje ha creído extraer la izquierda de la actual crisis económica, es que resulta necesario incrementar los poderes de los supervisores y de los reguladores nacionales y foráneos. Por eso siempre es sano desconfiar de la acumulación de poder: no sólo porque cuanto más concentrado esté éste, más complicado será tomar decisiones correctas, sino por los riesgos que existen para la libertad derivados de su corrupción y abuso.

La reciente detención de Dominique Strauss-Kahn por intento de violación muestra, de nuevo, los problemas intrínsecos de acopiar demasiado poder en demasiadas pocas manos. Más allá de la opinión que nos merezca el rescate indiscriminado de países potencialmente insolventes como Grecia, Irlanda o Portugal, lo cierto es que no tiene mucho sentido que una operación de tamaña envergadura dependa en gran medida de que el presidente del FMI prosiga en su cargo. Al cabo, desde que el domingo se conoció la noticia hasta que ayer la Unión Europea y el Fondo ratificaron el rescate luso, el temor, compartido por numerosos analistas y medios de comunicación internacionales, era que éste peligrara, al ser Strauss-Kahn uno de sus más firmes defensores.


Por supuesto, la izquierda nunca admitirá la conveniencia no de concentrar el poder, sino de dispersarlo entre numerosos agentes económicos: familias, empresas, administraciones de menor tamaño... Y es que su agenda no tiene demasiado que ver con lograr la estabilización y la prosperidad de nuestras sociedades, sino con expandir el poder del Estado.

Claro que nada de esto debería sorprendernos. Salvando las distancias, se trata de una hipocresía muy parecida a la que esa misma izquierda exhibe en materia de moral. Mientras que al republicano Paul Wolfowitz lo forzó a dimitir de la presidencia del Banco Mundial por contratar a su novia y subirle el sueldo, con Strauss-Kahn rápidamente ha blandido la importancia de la presunción de inocencia para evitar su cese. Parece que el nepotismo es asunto menos grave que una violación o, más bien, parece que a la izquierda debe tolerársele todo aquello que se censura de la derecha.

Un ejemplo palmario de esta escandalosa doble vara de medir es la deslegitimación sistemática del Gobierno de Silvio Berlusconi que, al cabo, ha sido elegido directamente por los ciudadanos italianos y cuyas conductas privadas, nada edificantes desde luego, no alcanzan la gravedad de un delito de intento de violación, como el que se imputa al todavía presidente del FMI.

En cualquier caso, es obvio que Strauss-Kahn debería dimitir lo antes posible para que otra persona con un historial mucho más intachable y con una cabeza mejor amueblada inicie la siempre pendiente reforma del FMI. A la postre, desde la suspensión de Bretton Woods a principios de los 70, esta institución sigue sin haber encontrado su lugar y su cometido en la arquitectura del sistema financiero internacional. Sólo le falta que este tipo de escándalos terminen por mancillar aún más su cuestionado nombre.


Libertad Digital - Editorial

El tocador de señoras. Por Ignacio Camacho

No hay pasión política que tenga la expectativa truculenta y el alcance morboso de un escándalo sexual.

NINGUNA pasión política, la codicia, el tráfico de influencias, el abuso de poder, tiene el alcance morboso de un escándalo sexual. Nada fascina más al gran público que la lujuria de los poderosos, la concupiscencia que decían los curas antiguos llenándose la boca con la sonoridad del palabro. El sur del ombligo sigue siendo el territorio prohibido que desata la expectativa truculenta del cotilleo planetario. Pese a esa evidencia, hay políticos capaces de esquivar responsabilidades en crímenes de Estado, enriquecimientos espurios, fraudes electorales, para acabar enredados en la zona oscura del sexo ilícito. Más allá del escabroso escrutinio moral, a veces tan ilegítimo como puritano, que abre en canal flaquezas íntimas ante la opinión pública —caso de Clinton y la becaria—, algunos gobernantes liquidan sus carreras bajo el impulso irracional de una falsa impunidad que se precipita en el simple delito. Lo hemos visto en las orgías bunga-bunga de Berlusconi, o ahora en el asalto trempante de Strauss-Kahn en la suite del Sofitel de Manhattan. Es curioso que Kennedy, tan promiscuo, se librase de ese debate que hoy lo habría echado a patadas de la Casa Blanca. Claro que no consta que violase a nadie.

Aún no sabemos si el director gerente del FMI es la improbable víctima de una compleja operación Mata-Hari o un rijoso pichabrava que salta, como Harpo Marx, sobre la primera falda que se le pone delante. Juega contra él algún antecedente dudoso, su currículum de mujeriego y su origen francés, que ya le presupone en el imaginario popular una reputación genética de tocador de señoras. Tiene un perfil antipático en tiempos de crisis: un socialista millonario, un intelectual de la gauche caviar aficionado a los coches de lujo, las casas fastuosas, los viajes caros... y a jugar a las damas. Esta vez puede haberse equivocado de tablero.

Si el episodio de la camarera es cierto se le va a caer su elegante pelo cano: tiene toda la pinta de una agresión sexual y en USA gastan pocas bromas con eso. Y en todo caso ya está políticamente acabado. Pero esa peripecia tan rocambolesca, esa detención express a bordo de un avión que parece sacada de una novela de Tom Wolfe o de un thriller de intriga política, es demasiado sugestiva para que la verdad, sea cual sea, no quede sepultada bajo una escombrera de morbo, especulaciones, teorías conspirativas y efectos colaterales. Que si la Presidencia francesa, que si los rescates europeos del Fondo Monetario, que si la geoestrategia financiera global. Tal vea sea todo más sencillo y más sórdido: un satirillo libidinoso acostumbrado por su alta posición a que nadie le diga que no a sus urgencias. El problema es que ya da igual; no habrá realidad más apasionante que el relato torrencial de estas horas convulsas. Apasionante viene de pasión y este veterano galán tan pasional ha acabado la suya crucificado.


ABC - Opinión

lunes, 16 de mayo de 2011

Por qué votar socialista garantiza la propia ruina. Por Roberto Centeno

Vamos de mal en peor, el deterioro económico y social crece día a día. La OCDE acaba de afirmar que las reformas de Zapatero no han mejorado sino que han empeorado la economía española, un agravamiento que se ceba especialmente en los pensionistas y la clase trabajadora, que ven cada día hundirse más y más su renta disponible. Los socialistas no tienen piedad para los más débiles, porque están convencidos de que les seguirán votando. Sin embargo, votar socialista el próximo día 22, o en cualquier otro momento, es garantizar la propia ruina. Siempre ha sido así cuando han gobernado, aunque esta vez han deteriorado de forma irreversible la economía y el bienestar de los españoles: nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos.

Los desastres del socialismo: la crisis del 33 y la del 96

La primera vez fue la crisis de 1933, que los “historiadores” izquierdistas cuentan fue debida a “la traición de empresarios y banqueros para sabotear la República”, cuando la realidad fue que el Gobierno de la República actuó con una incompetencia económica absoluta, su única preocupación, al igual que Zapatero con Aznar, fue como nos recuerda el profesor Velarde (1), la destrucción de los logros económicos de Primo de Rivera, los mayores de la primera mitad del siglo XX. Ortega y Gasset, en su discurso ante las Cortes Constituyentes en julio de 1931 afirmaría que “si el régimen hoy naciente no triunfa en la economía, no tiene porvenir”, y espantado por la ineptitud del Gobierno clamaría “es menester que encarguéis (la economía) a las personas más autorizadas que en España haya, y si no hay bastantes traedlas del extranjero”.


Marcelino Domingo, Ministro de Agricultura, del que Alcalá-Zamora decía que “estaba tan ayuno de preparación, que era incapaz de distinguir el maíz de las algarrobas”, con el mito republicano del “pan barato” decidió importar grandes cantidades trigo a finales de 1931 y cuando en 1932 este trigo estaba llegando se recogió la mayor cosecha en años, el exceso de oferta hundió los precios y sumió a los campesinos en el hambre y la miseria. El otro mito republicano, la “peseta fuerte”, sosteniendo un cambio artificial, dio la puntilla. En 1933 la izquierda perdió el poder, que recuperó tres años después en un clima prebélico latente, como adelantó en campaña el socialista Largo Caballero, espetando que “si no ganamos, iremos a la guerra civil”, con una caída de la renta per capita del 13% hasta julio tras las ocupaciones de tierras y fábricas.

La era González, después de una etapa expansiva entre 1986 y 1990, consecuencia de nuestra incorporación a la UE, desastrosamente negociada por las prisas de entrar, algo que hubiera sucedido en cualquier caso y a coste cero, “concluyó en catástrofe a causa de un considerable déficit del sector público, de una política monetaria restrictiva y, por ello, con altos tipos de interés, y de una peseta fuertemente sobrevalorada, y de las rigideces estructurales (1)”. Al término de esa época, la Seguridad Social bordeaba la quiebra, la industria quedó aniquilada por el desastre de la reestructuración siderúrgica, naval y textil, el paro superó el 23 % y los monopolios públicos fueron privatizados a precio de saldo… un expolio de dos billones de pesetas a los españoles.

“Una España arruinada, dividida y con ETA en las instituciones”

Pero este desastre quedaría empalidecido por Zapatero. No se me ocurre mejor resumen del mandato del presidente que el realizado por Esperanza Aguirre, que no solo nos ha llevado a una ruina económica sin precedentes, que tardará varias generaciones en superarse, también ha dividido España y ha sentado las bases de su destrucción, además de legalizar a una banda terrorista porque los socialistas buscan gobernar el País Vasco y Navarra donde la izquierda abertzale puede jugar un papel bisagra importante.
«Pues si tanto le dolía ¿por qué en vez de recortar gasto social no recortó despilfarro autonómico y local, seis veces mayor que los 15.000 millones que cercenaría a los mas desfavorecidos?.»
Cuando Zapatero ganó las elecciones de marzo 2004 era evidente que el modelo de crecimiento era insostenible. Zapatero encargó a un indolente Pedro Solbes, que había completado el hundimiento económico de la era González y que logró sillón de Comisario de cuota en la UE, la cuadratura de un círculo imposible. Ya desde el principio, Zapatero se desentendió de la economía, mientras Solbes dormitaba, porque el crecimiento continuaba, aunque ni el uno ni el otro supieran por qué. Zapatero se dedicó a lo realmente le gustaba, a destruir toda la obra de Aznar, empezando por paralizar el Plan Hidrológico Nacional -un disparate histórico-, a reescribir la Guerra Civil -“durante el franquismo los españoles no éramos españoles, éramos apátridas”- y a negar a la nación mas vieja de Europa su condición de tal -“España es una realidad discutida y discutible”, sentenciaría-.

Los primeros avisos

Y como no podía ser de otra manera, los desequilibrios se agravaron hasta unos límites tales que han llevado al hundimiento irreversible de la nación. El primer aviso institucional del desastre que se avecinaba lo realizaron los inspectores del BdE a mediados del 96, alertando al Gobernador sobre los riesgos suicidas que estaban corriendo bancos y cajas inflando irresponsablemente la burbuja inmobiliaria. Solbes y Mafo no solo ignoraron la advertencia, en la primavera del 2007 animaron a las familias a seguir endeudándose, pues “cuanto más se endeuden mas ricos son, ya que los pisos solo pueden subir de precio”. Solo por esto, en cualquier país civilizado ambos habrían sido procesados. Zapatero derogaría también el modelo de financiación autonómica consensuado en 2002, realizando transferencias y cesiones absolutamente disparatadas, algo que ya por si solo nos llevará a la ruina, pero además destruyendo la cohesión nacional con un reparto inaceptable de las inversiones del Estado, Cataluña y Andalucía se apropiarían de más del 40% de las mismas.

La incompetencia absoluta del BdE han hecho que al menos un tercio del sistema financiero esté quebrado y que la falta de crédito este aniquilando al tejido productivo del país. El endeudamiento de España llega al 300% del PIB, el mayor del mundo desarrollado, el déficit por cuenta corriente en términos de PIB es aún el mas alto de los 42 países más importantes. La deuda pública total, no sólo la computable, llega al 100% del PIB, y sigue creciendo sin freno. El reparto de la riqueza es el más antisocial de Europa: un 90 % de las familias ha perdido renta real, un 60 % tiene problemas para llegar a fin de mes y un 23 % vive por debajo del umbral de la pobreza. La parte del trabajo en el PIB se ha hundido hasta el 46%, la cifra más baja desde que existen series estadísticas y la menor de toda Europa, frente al 57 % del PIB en 1970. El paro real asciende a 6 millones y Zapatero ha destruido a la generación más preparada de nuestra historia. Y el pasado abril, por primera vez en la historia, el paro y la inflación han hecho descender el gasto en alimentos, convirtiendo la cesta de la compra en una cesta de supervivencia.

El martes pasado con una desvergüenza sin precedentes, Zapatero afirmó que “miente como un bellaco quien diga que he recortado ayudas sociales”. ¡Patético! Solo hace un año anunció en el Congreso el mayor recorte de derechos sociales de la Democracia, afirmando con toda su cara que “era al que más le dolía hacerlo, pero era necesario”. Pues si tanto le dolía ¿por qué en vez de recortar gasto social no recortó despilfarro autonómico y local, seis veces mayor que los 15.000 millones que cercenaría a los mas desfavorecidos? ¿Por qué no eliminó los pagos millonarios a UGT y CCOO por trabajos que pueden hacer mejor los funcionarios públicos, de los que sobran más de dos millones? Incluso ahora, ante este escenario, la ministra de Defensa y aspirante a liderar el PSOE se atreve a decir que pronto “pasaran cosas maravillosas”. Realmente, están convencidos que estamos alelados y no les falta razón, porque el 22 muchos votaran socialista.

Y así las cosas, el Gobernador del BdE falta a la verdad por segunda vez con las cifras de PIB justo antes de unas elecciones, para ayudar a los socialistas, como hizo en febrero 2008 diciendo que España, al contrario que el resto del mundo, estaba creciendo y no había ninguna crisis, engaño que sería clave en la victoria de Zapatero. Con todas las grandes empresas y entidades financieras, el corazón de nuestro sistema económico, con resultados mucho peores en España que hace un año -los ingresos cayeron entre un 5-15% y el Ebitda (resultado bruto operativo) entre un 10-20% en el primer trimestre-, cómo se puede tener la desvergüenza de afirmar que el crecimiento ha sido positivo. Si fuera cierto es que muchas otras habrían tenido resultados excelentes. Entonces, Sr. Gobernador, por qué no nos las presenta, quiénes son las afortunadas. Con todos los indicadores de actividad y demanda experimentado caídas generalizados, con la tasa de inflación haciendo estragos en la renta real disponible de las familias y, por tanto, en el consumo, cómo puede subir el PIB. No estamos creciendo al 0,3 ni al 0,2 %, estamos cayendo al 4% o más y el Gobernador miente de nuevo para ayudar electoralmente a los socialistas.

Y termino, la situación de España es un sistema piramidal, donde con menos riqueza se incrementa el peso de las deudas. Pero ningún esquema Ponzi se mantiene mucho tiempo, el BCE acaba de advertirnos que los mercados están a punto de perder la paciencia. “Después del 22-M se desatará el infierno sobre España; recortes de gastos inimaginables hoy, aumento de impuestos y de precios de los servicios, un empobrecimiento brutal de las familias para que pueda pagarse la deuda pública y la de las entidades financieras” (2). Por ello, parafraseando a Machado y al profesor Niño-Becerra, creo que el mejor resumen es: españolito que vienes al mundo, te guarde Dios; deuda, paro y socialismo van a helarte el corazón.


Cotizalia - Opinión

Campaña. Antigallardonismo. Por Emilio Campmany

Sí hay un resultado que podría, si no matar, al menos herir al gallardonismo. Así ocurriría si Esperanza Aguirre, la candidata del PP a presidir la Comunidad y antigallardonita en estado puro, saca a Alberto Ruiz Gallardón, cuantos más votos, mejor.

El gallardonismo parte de la base de que España es de izquierdas. Ergo, es imposible ganar elecciones en España desde la derecha. Por tanto, es necesario hacer política de izquierdas y dorarle la píldora a los nacionalistas para, contando con los votos de la derecha, arañar aquí y allá votos de electores de izquierda y de nacionalistas y configurar así una mayoría victoriosa. Se llama gallardonismo porque es Alberto Ruiz Gallardón quien ha elevado esta estrategia al estado de arte. Para los electores del PP la cuestión es: y si es para hacer política de izquierdas, ¿para qué queremos que gane el PP?

Rajoy se ha gallardonizado. Luego, el PP que pudiera vencer en las elecciones de 2012 lo hará para gallardonear en el Gobierno. A principios de 2009, pedí a los electores gallegos del PP que no votaran a Feijóo para desprestigiar al gallardonismo. No me hicieron caso ante la tesitura de tener que soportar cuatro años más a Touriño. Así que será el Rajoy gallardonado quien encabece el PP en 2012 sin que nada que razonablemente pudiera ocurrir en las elecciones del día 22 pueda impedirlo.


No obstante, sí hay un resultado que podría, si no matar, al menos herir al gallardonismo. Así ocurriría si, en Madrid capital, Esperanza Aguirre, la candidata del PP a presidir la Comunidad y antigallardonita en estado puro, saca a Alberto Ruiz Gallardón, el candidato al Ayuntamiento, cuantos más votos, mejor. Tal hecho demostraría que el gallardoneo no es tan rentable electoralmente como su inventor preconiza y obligaría a Rajoy a revisar su gallardonizada estrategia.

Pero, aunque no valiera para eso, serviría para algo mucho más importante en el caso de que se produjeran en 2012 alguno de estos escenarios. Imaginen que Rajoy pierde o, aun ganando, quien forma Gobierno es el PSOE aliándose con los nacionalistas. Habría que buscar a otro líder que lo sea de la oposición y Gallardón será el primer nombre en venir a la boca, sobre todo si logra su propósito de ser el número dos de la lista de Madrid. Sus posibilidades para tal caso quedarían francamente disminuidas si se hubiera demostrado tener mucho menos tirón electoral que Esperanza Aguirre.

Cabe un segundo escenario aun más atemorizador. Que un Rajoy ganador por mayoría simple sea incapaz de forjar una alianza con los nacionalistas y éstos se muestren dispuestos a apoyar, en cambio, un Gobierno presidido por Gallardón. La única forma de evitar semejante desastre es dando a los gerifaltes del PP dispuestos a oponerse el argumento de que Gallardón no tiene tirón electoral.


Libertad Digital- Opinión

domingo, 15 de mayo de 2011

Lluvia, derrota. Por David Gistau

El dios de la lluvia lloró sobre las víctimas. Mejor dicho, sobre los despojos de una causa civil que antaño colmó avenidas y sacudió la sociedad con descargas morales, como un cable de alta tensión suelto. Pero que ayer apenas logró que un puñado largo de irreductibles, bien apelmazados para resistir el viento, ocupara una plaza madrileña sobre la cual aún gravita el recuerdo de uno de los más crueles atentados etarras. La integración de Bildu en el sistema fue narrada con tal dominio del tempo, que para cuando ocurrió la sociedad española ya la tenía aceptada.

Por ello, la concentración de ayer, primera de las de esta serie de la que no podía decirse que fuera preventiva, que constituyera una profecía de Casandra, no sólo no fue el aguijonazo que alentara una «rebelión cívica» de largo aliento. Sino que tuvo cierta impronta de soledad, casi de desconexión, como si los presentes estuvieran abocados a recordar a esos soldados japoneses que permanecían emboscados en una isla porque no sabían que su bando ya se había rendido. Las asociaciones de víctimas están en El Álamo, barridas por los engranajes del Estado, por la eficacia en la intriga del PSOE y por la deserción de Rajoy, ese koala abrazado a la rama del reproche económico.


Salvo por algunas presencias de miembros del partido que no están en el núcleo de Rajoy, el PP, a diferencia de la primera legislatura, ha desistido de levantar un dique de contención. Se ha dejado abducir por la reanudación del «Proceso», concediendo al Gobierno un terreno casi despejado, aparte de la voluntad inquebrantable de las víctimas.

Pero éstas no tienen la fuerza de antes, ni irradian el mismo poder de convocatoria. De hecho, personas que deberían estar arropadas por un respeto estatuario parecen ahora personajes de extramuros, regurgitados. Bastaba escuchar a oradores como Ortega Lara, Salvador Ulayar o Regina Otaola para comprender que se sienten abandonados por el ente que debería tutelar sus derechos y defenderles de sus enemigos: el mismísimo Estado, que ha renunciado a su estatura hobessiana para hacerse flexible al cálculo político, y por ello ha defraudado principios fundacionales, aventando una desconfianza definitiva. Era mencionar alguien el Tribunal Constitucional e, igual que en el guiñol cuando sale el malo de la porra, del público emergía un abucheo.

Cuando se pierde la confianza en el Estado y además desertan los líderes profesionales, queda un vacío que pronto llenan otros líderes naturales, emanados de la propia muchedumbre huérfana. En ese hombre estuvo a punto de convertirse Ortega Lara, tan reticente siempre a pronunciarse en público, y que por ello dio un barniz de excepcionalidad a su intervención de ayer. Y lo que hizo fue sembrar un mensaje muy disolvente con las instituciones, con las representaciones del Estado, como si todas ellas merecieran ser perseguidas por una reputación de traidoras que no arreglará un posible gobierno de Rajoy, enajenado de esa parte de su electorado a la que complació que en algún momento el PP fuera el abanderado de las víctimas.

La misma rabia contuvo el apasionado discurso de Ulayar, hijo de un asesinado por ETA, que dio a entender que el Gobierno pretende disolver a todos los muertos por terrorismo en un compartimento moral donde la impunidad se hace olvido.

Otaola fue más testimonial, y por lo tanto más concreta. Esbozó, refiriéndose a su propia vida cotidiana, un futuro del que tenemos todos el recuerdo. El del matonismo institucionalizado. El del achique de espacios a todo antagonista de la izquierda abertzale. El del asalto terrorista de los fondos públicos y los censos. El «silencio de los corderos», como lo llamó, que impone un canon unitario que aún encomienda todo su poder de disuasión a una mafia con coartada política.

La gente se desperdigó y se metió en bares o en el Metro para huir de la lluvia. Eran pocos. Han perdido y sienten que no les ha derrotado el terrorismo, sino la encarnación jurídica y política de la misma nación por la que se creían prolongados. Extraños tiempos, en los que las víctimas son antisistema y Bildu da lecciones de integración democrática.


ORBYT - El Mundo

sábado, 14 de mayo de 2011

Ortega Lara, al TC:¿Qué arriesgan ustedes más allá de su sillón?

José Antonio Ortega Lara el 14 de Mayo de 2.011 en la concentración de Voces Contra el Terrorismo.

¡Mientes, Gómez, y tus compañeros ni te cuento! Por Federico Quevedo

El candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, es un mentiroso. Lo es por muchas razones, una de ellas, por ejemplo, insistir de manera machacona en que el PP va a privatizar la Sanidad e instalar el copago, algo que bajo ninguna circunstancia piensa hacer el Gobierno de Esperanza Aguirre que, todo lo contrario, hasta ahora lo que ha hecho es fomentar la universalidad del servicio público de salud y mejorar el acceso de los ciudadanos al mismo. Miente, además, porque oculta su verdadero programa electoral, que no es otro que un programa de nacionalizaciones y expropiaciones al más puro estilo del leninismo pro-soviético.

Una de las áreas que quiere nacionalizar Tomás Gómez es la enseñanza privada, y puede que en el fondo lo haga, no tanto por convicción, como por despecho: le da una rabia tremenda que le hayan pillado habiendo sido alumno de uno de esos colegios privados que ahora quiere nacionalizar -pero no va a poder, porque no gana ni pagando a los ciudadanos-, y ha dicho que tuvo que estudiar ahí porque entonces no había colegios públicos, que fueron creados por la política educativa de Felipe González.


Hace falta ser embustero para decir eso sin que se le caiga la cara de vergüenza. Los colegios públicos existen desde hace décadas. Ya existían en tiempos del franquismo, y antes. De hecho, él tenía donde elegir: nueve alrededor de su casa. Lo que, eso si es verdad, fue consecuencia de la política educativa de Felipe González son los colegios concertados. Gómez fue a un colegio privado porque en aquel entonces era un niño de familia bien, pudiente, clase media con posibles, probablemente satisfecha con el franquismo y con el nivel de vida que les permitió la política económica llevada a cabo por la tecnocracia de la época.

Y ya que estamos, permítanme que abandone a Gómez, que ya no da más de si porque todo su programa político se fundamenta en la mentira constante sobre su adversaria, y me centre en otros ilustres socialistas que también van por la vida dando lecciones de empatía con los pobres y sacándole los colores a la derecha por ricos, cuando la realidad es que los que se comportan como nuevos ricos son ellos, la mayoría además muy vinculados a la oligarquía franquista o a la aristocracia de la época. Porque, en eso hay que ser sinceros, los únicos que pueden dar lecciones en este país de coherencia son los comunistas, en todos los sentidos: ellos si van de lo que creen, y lucharon contra la dictadura en las calles y en las cárceles.

Los que presumen de rojos

«Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-.»
Pero en esa lucha no estaba Manuel Chaves, por ejemplo, que ahora presume de rojo y exige que pierda la “derecha de la derecha” en memoria de los padres y los abuelos de los socialistas que lucharon contra Franco… Como su padre, ¿no?, un coronel franquista, y su madre, militante de la Falange Española y de las JONS. En casa de Chaves sí que se llevaban correajes. Como en la Bono, en incluso en la de Felipe González -bueno, en este caso los correajes los llevaba él-.

El jueves, leyendo la noticia de la hija de López Garrido en El Confidencial -ver noticia-, se me ocurrió buscarla en Google, y me encontré, ¡oh, casualidad!, con este divertido documento del ABC, del 13 de julio de 1975, en el que se da cuenta de la boda de don Diego López Garrido y la señorita doña Carmen Moreno de Cala y Bernabéu en la capilla del Castillo de Batres. Solo el relato de los invitados y testigos no tiene desperdicio -ver documento adjunto- y sirve de ejemplo de lo progre que resultaba tal enlace. ¿Y éstos son lo que vienen a darnos lecciones de progresía?

Cómo José Blanco, que le echa en cara a la derecha que lleven a sus hijos a colegios privados y oculta que el lleva a los suyos al British Council Somosaguas, donde comparten clase, mesa y recreo con los nietos de la Duquesa de Alba y lo más granado de La Finca y las urbanizaciones de lujo de Pozuelo de Alarcón. El mismo José Blanco que se construye un ático de lujo en la Isla de Arosa incumpliendo todas las normativas medioambientales y ahora se ha hecho un carril bici y una carretera ‘casi particular’ que le lleva directamente a la urbanización sin pasar por el medio del pueblo.

Qué voy a decirles de José Bono que no se haya contado ya, o de la casa de veraneo de Felipe González en Marruecos, más la que tiene en pleno centro de Madrid que vale un potosí. O de Carmen Chacón, que presume de haber trabajado en un Corte Inglés, pero oculta que lo hizo como otras muchas compañeras suyas porque era lo que se llevaba entre la clase media-alta de la época, porque en realidad no lo necesitaba perteneciendo como pertenecía a una familia muy bien posicionada de Almería, como cuenta todo aquel que la conoce en la zona. ¿Y nos dan lecciones a los demás sobre ética y estética? Pues hombre, hasta aquí podríamos llegar. Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-, pero éstos mienten y nos ocultan la realidad para presentar una distinta que poco o nada tiene que ver con lo mucho que les gusta ser iguales que ésos a los que critican.


El Confidencial - Opinión

Con las víctimas, ahora más que nunca

Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.

La posibilidad de que el Gobierno permitiese a ETA presentarse a las elecciones, como le había permitido mantenerse en decenas de ayuntamientos vascos mal disfrazada de ANV, ha sido uno de los motivos por los que se ha reactivado la rebelión cívica de las víctimas del terrorismo en los últimos meses. Un temor que fue confirmado por la vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional, votada por cinco jueces de estricta obediencia socialista y otro al servicio del nacionalismo. Seis jueces que han demostrado una vez más que en nuestro sistema político no rige la separación de poderes, marca de fábrica de toda democracia que merezca tal nombre.

El PSOE será el principal responsable de que ETA permanezca en los ayuntamientos, disponga del censo para sus fines y reciba subvenciones del Gobierno por los resultados políticos que consiga. La agonía de la banda terrorista comenzó cuando por fin comenzaron a emplearse todos los instrumentos de los que podía servirse un Estado de Derecho para acabar con esta lacra. Sus brazos políticos empezaron a quedar fuera de las instituciones públicas, perdiendo el dinero que perciben por ello, en forma tanto de sueldos como de ayudas directas a los partidos políticos.

A cada paso de este camino se dijo que una gran parte de la sociedad vasca lo encontraría injusto, que ganarían simpatías y apoyos. Lo cierto es que no han hecho sino perder relevancia. Y ahora, cuando más cerca estamos del final, el Gobierno vuelve a insuflar oxígeno a una ETA cuyo único destino debiera ser el de desaparecer sin haber logrado ni una sola de sus reivindicaciones.

¿Qué camino puede quedar a las víctimas del terrorismo sino el de protestar ante la evidencia de que el Gobierno los considera ciudadanos de segunda? Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.




Libertad Digital - Editorial

viernes, 13 de mayo de 2011

#llamamebellaco o cómo (casi) todo se vuelve contra ZP. Por Federico Quevedo

Ha sido decir Rodríguez en un mitin de campaña, con el rostro indignado y el puño golpeando con estudiada cadencia el atril, que “miente como un bellaco” quien diga que él ha hecho alguna clase de recorte social -pero, por Dios, ¿cómo se nos puede ocurrir semejante cosa?-, y la red de moda, o sea, Twitter, ardía por los cuatro costados bajo la etiqueta de #llamamebellaco: “#llamamebellaco pero 120.000 jóvenes emigran en busca de trabajo”, “#llamamebellaco por el pleno empleo, a eso lo llamo yo cumplir promesas”, “#llamamebellaco pero solo tus nombrados en el TC colaboran con ETA legalizando a Bildu”, “#graciasZP por la subida de la luz pero, si quieres, #llamamebellaco”, “#llamamebellaco si quieres, pero a mí sí me bajaron el sueldo el año pasado”, “#llamamebellaco por el recorte de los sueldos de los funcionarios y las pensiones”, #llamamebellaco pero me compré un piso que costó una pasta y hoy vale una m….”, “#llamamebellaco va camino del #plenoparo”… Y así hasta un infinito que se convirtió en uno de los trending topics del día. Y es que, en fin, hace falta tener la cara muy dura para negar hasta ese punto las evidencias, y lo de Rodríguez empieza a ser ya un poco preocupante.

Tal día como hoy se cumple un año desde que Rodríguez se subiera a la Tribuna del Congreso de los Diputados para anunciar el que ya ha sido el mayor recorte social que se haya llevado a cabo nunca en nuestra historia democrática. Lo cierto es que afirmar esto resulta enormemente doloroso, y me consta que cada vez que se dice en el Partido Socialista chirrían los goznes de las puertas de la vergüenza, pero qué le vamos a hacer, es así les guste o no les guste. Fue el propio Rodríguez quien dijo aquello de que “mientras haya una mayoría socialista en el Parlamento que no aspiren a recortes sociales, de ninguna manera, no va a pasar”.


Pero en mayo del año pasado ocurrió, obligado por las circunstancias y por las presiones de nuestros socios europeos y del presidente norteamericano, Barack Obama. Entonces teníamos nuestra prima de riesgo en 97 puntos básicos. Hoy la tenemos en 230 y nuestra economía vuelve a estar en el punto de mira a cuenta de la más que posible reestructuración de la deuda de los países periféricos, lo cual nos lleva a pensar que probablemente lo hecho entonces no acaba ahí y que cuando Salgado dice que no habrá más recortes hay que echarse a temblar, porque eso significa que los va a haber.

Dice Rodríguez, en sus mítines -que es en el único sitio en el que encuentra a alguien que le haga caso, y cada vez menos y a menos gente-, que eso es mentira, que él ha traído los mayores logros sociales a este país. Es verdad que la herencia dejada por Aznar le permitió, durante su primera legislatura, tirar de chequera y mejorar algunas de las prestaciones sociales e, incluso, aprobar algunas nuevas como el cheque-bebé. Pero realmente lo único que hizo Rodríguez fue eso, gastar más y como suele ocurrir casi siempre cuando las cosas se hacen así, mal, sin pensar, sin políticas de ajuste añadidas que permitan aplicar políticas sociales y al mismo tiempo evitar incurrir en déficit, cuando se tira la casa por la ventana y se derogan leyes de estabilidad presupuestaria permitiendo a las administraciones públicas hacer lo mismo, también hay que saber asumir las consecuencias de esos errores.
«Finalmente no ha tenido más remedio que aceptar los hechos: esta es la crisis más profunda que ha padecido este país, y su incompetencia la ha hecho todavía más grave..»
Este Gobierno ha gestionado mal, muy mal, y cuando han venido las vacas flacas primero se dedicó -él sí- a mentir y engañar negando la evidencia, después a menospreciar el alcance de la crisis, más tarde a presumir ante el resto de los socios riéndose de algunos de ellos, a continuación a intentar convencernos de que había brotes verdes en el desierto, hasta que finalmente no ha tenido más remedio que aceptar los hechos: esta es la crisis más profunda que ha padecido este país, y su incompetencia la ha hecho todavía más grave.

Gastar y gastar

Durante los primeros compases de la crisis el Gobierno de Rodríguez se dedicó a hacer justo lo contrario de lo que había que hacer: gastar, gastar y gastar. Fue la época de los Planes E, A, B, C… Cada día un plan, una reunión, un comité, un pacto sin pacto, una mesa… Pero de medidas reales, de verdadero programa económico, nada de nada. Y a medida que la inoperancia crecía, lo hacía proporcionalmente la intensidad de la crisis, y hace un año por estar fechas el asunto estalló en las manos del Gobierno, justo cuando España presidía la UE y estábamos en el escaparate a los ojos del mundo entero, y el mundo entero se dio cuenta de que tenía un problema que se llamaba España. Porque podían hundirse Grecia, Irlanda e incluso Portugal, pero si se hundía un país que significa más del 10% del PIB de la Unión, en el que buena parte de los inversores europeos y americanos tenían invertidos muchos billones de dólares, podía llevarse por delante la incipiente recuperación de esos mismos países.

Y fue cuando Obama, Merkel y Sarkozy levantaron el teléfono y le dijeron a Rodríguez: “Muchacho, hasta aquí hemos llegado, ya no puedes seguir haciendo el idiota, ahora te tienes que poner las pilas y tomar decisiones, aunque eso suponga que vayas a perder las elecciones”. Y el resto de la historia la conocen ustedes igual que yo: dos días después Rodríguez comparecía ante el Parlamento y se hacía lo que los periodistas hemos llamado una enmienda a la totalidad de toda su política.

Ayer lo resumía, en el transcurso de la sesión de control, Mariano Rajoy quien, lejos de escuchar los cantos de sirena de quienes le piden más agresividad en su particular campaña, está acertando con un mensaje directo al ciudadano más preocupado hoy por su situación económica que por cualquier otra cosa. Hace un año Rodríguez anunció un plan muy duro de recortes sociales como la eliminación del cheque bebé, la deducción de 400 euros por IRPF o la deducción por compra de vivienda habitual, la congelación de la pensiones y la reducción del salario de los funcionarios, entre otras cosas.

Con todo, la más antisocial de las políticas de Rodríguez se llama PARO: "En España hay 264.700 parados más, el paro juvenil ha aumentado del 42% al 45%, 43.728 autónomos ha cesado su actividad y los españoles siguen perdiendo poder adquisitivo", enumeró ayer Rajoy. "Todo esto sin crecimiento económico, con la prima de riesgo por encima de 200 puntos básicos y sin crédito en España. Con casi 5 millones de personas que quieren trabajar y no pueden, es evidente que se pierde poder adquisitivo”, y eso, aunque se nos llame bellacos, solo tiene un nombre: recorte social, el peor de todos los recortes sociales. "Tiene usted el dudoso honor de ser el presidente de ese gobierno que más ha empobrecido a los españoles y que más recortes de derechos sociales ha hecho nunca", le dijo ayer Rajoy a Rodríguez. Y tiene toda la razón, aunque el presidente se empeñe en llamarle “bellaco”.


El Confidencial - Opinión

Cómplices en la infamia. Por Hermann Tertsch

El Gobierno español es el mayor defensor del régimen cubano en el mundo. A los cubanos sin miedo los desprecian e ignoran.

NO les voy a hablar de Bildu y el Tribunal Constitucional, aunque no culpo a nadie que lo haya pensado al leer el título. No les voy a hablar de los cerca de novecientos muertos españoles, cuyos asesinos han sido legitimados en su trayectoria por nuestro Gobierno. Erigidos en adalides de un largo proceso de cincuenta años que entra en su nueva fase triunfal con las camadas de nazis legalizadas para su proyecto de liquidar las libertades en el País Vasco y en Navarra. Algunos de los responsables de esta tropelía histórica se prometen de ello el título de “pacificadores” en nuestra historia. A mí se me ocurren otros. En todo caso, que no pidan respeto, por favor. Cuando lo que deberían pedir es perdón. Respeto no, por favor.

Vamos a hablar de otro muerto que aquí han olvidado antes de que lo enterraran el pasado domingo en un cementerio de La Habana. Juan Wilfredo Soto, de 46 años, era un cubano que llevaba más de la mitad de su corta vida pidiendo, precisamente, respeto. Nada menos que al poder. Juan Wilfredo pedía que le dejaran decir lo que pensaba. Y pedía que no le pegaran ni le encarcelaran por algo tan sencillo e inocente como decir la verdad, su verdad, en voz alta. Que no es otra verdad que la de millones de cubanos que no se atreven a pronunciarla. Él era uno de esos pocos que no tenía miedo. O que lo vencía a diario por un compromiso consigo mismo, un respeto y una exigencia a un tiempo. Eso que se llama dignidad. La mayoría de los cubanos tiene miedo. Es lógico porque el régimen que los oprime desde hace medio siglo es una inmensa maquinaria de producción de miedo. Todas las demás fuentes de producción, fábricas, ingenios, talleres y granjas, se han hundido en Cuba podridas por la desidia, el desamor, la ineficacia, la corrupción y la mentira. Solo funciona la producción y la administración del miedo, esa mercancía que se reparte muy equitativamente, según las reglas comunistas, entre toda la población. Mayores y menores, hombres y mujeres, obreros y burócratas, policías y campesinos, miembros del partido de arriba y abajo, todos tienen miedo por igual. Como debe ser para el funcionamiento armonioso de un sistema que, desprovisto de espíritu y alma, no funciona. Juan Wilfredo, sin miedo, era una pieza estropeada. Como tantos cientos de cubanos que, por alzar la voz con su verdad, con su dignidad y la exigencia de libertad para defenderlas ambas, sufren las represalias de uno de los regímenes más viles y putrefactos del mundo. Tras el Congreso del Partido Comunista, nuestras gentes sin miedo pasan una vez más una dura prueba. Resuena con virulencia la consigna del hostigamiento contra esos impertinentes que osan no tener miedo. Los registros, las detenciones, los

insultos, los asaltos vandálicos a sus viviendas, vuelven a ser deber patriótico para la soldadesca del miedo. Y así le han matado a Juan Wilfredo. De una paliza. Sabía que lo harían. Se lo habían dicho. Cumplieron. Para que sus amigos no se obstinen en no tener miedo. Y reconozcan que sólo con miedo se puede vivir con seguridad.

El Gobierno español es el mayor defensor del régimen cubano en el mundo. Lo han elogiado en Bruselas, en Washington y aquí. Jiménez alaba sus «reformas». Pajín en La Habana canta al hermanamiento entre PCC y PSOE. A los cubanos sin miedo los desprecian e ignoran. El régimen es su amigo, los disidentes «gusanos». Por eso aun no han dicho una palabra sobre Juan Wilfredo. Porque son cómplices. Del crimen y la infamia.


ABC - Opinión