lunes, 29 de junio de 2009

El FROB o el rescate de la casta política. Por Roberto Centeno

Cuando en agosto 2007, Trichet convocó a los banqueros centrales de la eurozona para ver cómo se afrontaba la paralización del crédito interbancario, Fernández Ordóñez, pese a la gravedad de la situación, no interrumpió sus vacaciones. Convertido en el gran negacionista de la crisis junto con Solbes y Zapatero, jugaría un papel esencial en la reelección del presidente falseando las cifras de crecimiento del cuarto trimestre 2007, publicadas dos semanas antes de las elecciones generales, para demostrar que la economía española iba viento en popa y que no había ninguna crisis. Pero esta cadena de despropósitos, que aún no ha terminado, y que está llevando a un despilfarro gigantesco de recursos públicos, asignados a ciegas sin orden ni concierto, y puede acabar en un desastre financiero sin precedentes, empezaría mucho antes.

En 2007, el Banco de España, aparte del lamentable incidente de la venta a Rusia de 133 toneladas de oro de nuestras reservas cuando sus precios se encontraban en plena subida, lo que provocaría el pitorreo generalizado en los mercados, pudo haber evitado lo peor de la crisis con solo haber cumplido con sus obligaciones y, en concreto, con la exigencia del cumplimiento estricto de la normativa derivada de Basilea II en las operaciones de crédito, obligando a adaptar préstamos e hipotecas a los recursos propios disponibles, en lugar permitir a las entidades financieras endeudarse en la mayor cifra del planeta en términos de PIB, y además, en el colmo del dislate, permitiendo endeudarse a corto para prestar a largo sin garantías medianamente sólidas. Si el Banco de España hubiera cumplido con su obligación, la burbuja inmobiliaria se habría desinflado gradualmente y la crisis nunca habría alcanzado ni la velocidad de deterioro ni la profundidad actual, y cuyo fondo estamos muy lejos de haber tocado.

Pero el problema que nos amenaza ahora es la situación del sistema financiero, del que lo único que sabemos con certeza es que, de estar obligado a funcionar con las mismas reglas de transparencia y rigor que en los países anglosajones, estaría quebrado en más de un 50%, con sólo tres entidades sobre cuya solvencia existe certeza plena, y que mientras no se restablezca el flujo de crédito al sector real, la salida de la crisis es imposible. Con un año más, 2009, perdido ya a todos los efectos, tenemos por delante un verdadero annus horribilis 2010, en el que confluirán el fin de los planes de reactivación, un déficit y una deuda publicas inasumibles, un paro de más de cinco millones de personas, dos millones de las cuales estarán tiradas en la cuneta, sin prestación ni subvención alguna, una subida brutal de impuestos y de tarifas de servicios esenciales, y una crisis de más de la mitad del sistema financiero, que hará imposible la recuperación del crédito en un futuro previsible.

Dentro del cúmulo de consecuencias, entre negativas y desastrosas, derivadas del retraso del Gobierno en el reconocimiento de la crisis, y de la adopción después, de “las medidas de reactivación más ineficaces del mundo desarrollado” en palabras del FMI, destaca el comportamiento del gobernador del Banco de España, que durante más de dos años, en lugar de acometer el saneamiento del sector financiero, gravemente afectado por la crisis en todos sus parámetros, ha supeditado toda su actuación a las necesidades políticas cortoplacistas de un Zapatero cada día más enloquecido. El BdE ha hecho todo lo posible por ocultar la realidad, y cuando empieza a actuar, ante una situación insostenible, lo hace en forma tan chapucera y oscurantista, que el único efecto útil es el despilfarro masivo de recursos públicos sin efecto apreciable alguno.

Se empezó con la manipulación masiva del valor de los activos, donde ante la caída vertical del valor de los mismos, que estaba produciendo la quiebras en cadena de innumerables entidades financieras a lo largo y a lo ancho del mundo, en lugar de proceder a un saneamiento de los balances, el gobernador optó por lo increíble: permitir a nuestras entidades el mantenimiento de su valor contable. Todo ello pese a que su valor de mercado era sustancialmente inferior, es decir, se oculta la enfermedad en espera de que el enfermo se cure solo. Después está la morosidad, donde gracias a lo anterior, se está ocultando una morosidad real a base de compra o aceptación masiva en dación de pago de activos inmobiliarios, que en muchos casos dobla o incluso triplica la oficial.

La intervención tardía de CCM

Y luego CCM, la primera intervención, un modelo de eficacia y previsión, el asombro de occidente, que trata, en vano, de imitarnos. Por dos veces, y por razones no explicadas, el gobernador se negó a intervenir una entidad manifiestamente inviable, como le pedían sus servicios, y cuando al final fue inevitable, todo se realizó en la forma mas opaca y chapucera posible, donde van despilfarrados ya más de 3000 millones de euros, y nadie nos ha explicado todavía que es lo que se ha conseguido, aparte de mantener abiertas una amplia red de oficinas sin actividad ni justificación alguna. Y para rematarlo, como la morosidad sigue imparable, y el cumplimiento de la obligación de provisionar, 25% el primer año y 75% el siguiente, llevaría a la quiebra a innumerables entidades, el gobernador, en el colmo de la insensatez, parece decidido cambiar las reglas para no tener que provisionar a ese ritmo.

Y sin embargo, en España hay una experiencia no desdeñable en la resolución de crisis bancarias. A finales de los 70 y principios de los 80, más de 50 entidades se encontraron con graves problemas de solvencia, y el tema no solo se solucionó perfectamente, es que además el sector saldría considerablemente reforzado y, lo más importante, dotado de unos mecanismos y unas normas de actuación perfectamente válidas para abordar una crisis, y que estos irresponsables han ignorado olímpicamente. Pero había una diferencia, había un Banco de España independiente y había un gobernador expeditivo y capaz, Mariano Rubio, a quien no le temblaba el pulso para mantenérselas tiesas a quien hiciera falta. Nada que ver con lo que ocurre hoy.

El pasado mes de octubre, un jefe de gobierno sin la menor idea del problema, de espaldas al vicepresidente Económico y al gobernador, se reunió con los grandes banqueros del país, y en base a un papel que le había redactado uno de ellos, decidió poner en marcha un gigantesco plan de rescate bancario, el mayor del mundo en términos de PIB, una forma de actuar inimaginable en una democracia.

Según dicho papel – “mira Pedro, esto es lo que hay que hacer”-, el Tesoro adquiriría activos de “alta calidad”, en realidad activos fuertemente sobrevalorados, por valor de 30.000 millones de euros ampliables a 50.000. Este dinero debería permitir que la banca volviera a prestar, pero ¡oh casualidad, casualidad!, esta cifra coincidía con los vencimientos de deuda que la banca tenía que cubrir en los meses siguientes, por lo que nadie se sorprendería cuando ni un solo céntimo de los 19.000 millones adjudicados hasta ahora, haya sido destinado ni a familias ni a Pymes.

Más aún, si esa era la finalidad ¿por qué no prestar directamente ese dinero a familias, PYMES y autónomos, como hace la FED en Estados Unidos adquiriendo papel comercial? Muy fácil, porque era una estafa más, aunque gigantesca, de Zapatero, y donde el PP, tras protestar de boquilla, votaría a favor de este expolio. Si lo habían preparado los grandes banqueros no iban a decir que no. Como dirían entonces varios medios, una foto de 30.000 millones.

Avales a go-gó

Y luego avales a go-gó, 100.000 millones ampliables a 200.000, de los que a fin de abril se habían concedido unos 38.000 millones, y que han sido utilizado para fines justamente contrarios a los previstos, una burla -¿o era lo que ponía el papel?- al Estado, al Banco de España, y a los ciudadanos, ya que han sido utilizados “no para que las entidades puedan colocar sus emisiones en el exterior, y captar así el imprescindible dinero exterior” que España necesita desesperadamente, sino para especular, comprándose y vendiéndose deuda unas a otras, que es mucho más rentable, y luego con esas emisiones ir al BCE y obtener un dinero al 1 %, que después prestan a la gente solvente al 17% de interés real. Una estafa en toda regla, pero como el gobernador ni siquiera estaba invitado a la fiesta, y lo único que le preocupa era no intervenir ninguna entidad, pues no ha dicho ni pío.

Entretanto, y como era previsible, la situación del sistema financiero ha continuado deteriorándose vertiginosamente, y se saca ahora un nuevo Fondo de Rescate Bancario, un nuevo expolio sin contemplaciones a los ciudadanos y a las generaciones futuras, pues todo se hará con el dinero de nuestros hijos y nietos, o sea, vía deuda, y donde el gobierno no pretende arreglar una situación de insolvencia manifiesta, consecuencia del aluvión de morosidad, directa e indirecta, y de la imposibilidad de atender a los vencimientos de la deuda, sino el realizar una serie de fusiones, para mantener en el poder tanto tiempo como sea posible, a la casta política parasitaria y a los sindicalistas de pesebre que controlan las cajas, para que todos puedan seguir chupando del bote. Hay que estar locos de remate para poner en marcha un Plan que solo en una tercera fase, cuando todo se derrumbe, y no desde el principio, el dinero entregado dará poder político al Banco de España para actuar. Claro que si la actuación va a ser como la de CCM, pues casi mejor dejarlo.

No hace falta ser Premio Nobel de economía para darse cuenta que después de dos años de manipulaciones y mentiras sobre el deterioro imparable del sistema, después de las actuaciones más chapuceras del planeta, politizadas hasta la médula, con una irresponsabilidad tal que ni siquiera se han analizado previamente quien puede y quien no puede ser salvado, estamos a las doce menos cinco de una crisis de solvencia generalizada, y todo ello después de haber despilfarrado a ciegas decenas de miles de millones para tratar de salvar los privilegios de una casta política indigna y miserable. Y en este sentido, el broche de la obscenidad y la miseria moral lo pone la inepta ministra Salgado afirmando que “no tenemos previsto que haya gasto para los contribuyentes”. Mal está que nos expolien, pero al menos no nos insulte Sra. Ministra.

Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.

el confidencial - Opinión

Ganar o perder, ganar o aprender. Por Juan Carlos Rodríguez Ibarra

Pasaron las elecciones europeas y se sigue hablando del resultado de las mismas, y de la forma en que esos resultados han incidido en los dos principales partidos que conforman el Gobierno y la oposición en España. Mientras el debate político tenga más que ver con saber quién mete más y más veces el dedo en el ojo del adversario, no resultará extraño que la abstención crezca por temporada. Los españoles, como indican los sondeos de opinión, estamos preocupados por la crisis e indignados por los trajes de algunos políticos o por los espías de alguna comunidad autónoma. Cuando lo segundo aporta más información y comentarios que lo primero, la política pierde su grandeza para convertirse en espectáculo. Sin embargo, los responsables de articular respuestas a la grave situación en que nos encontramos, desvelan sus posiciones y sus deseos para salir adelante. Repasando las declaraciones de los últimos tiempos sobre la inestable época en la que vivimos, resulta esclarecedor recapitular y recordar la de los empresarios, la de los sindicatos y la del Gobierno.

Los empresarios, por boca de algunos portavoces cualificados, culpan a todo el mundo, menos a ellos, de las causas de la crisis. Algo de razón llevan, pero ¿están seguros de que ellos no tienen ninguna responsabilidad en lo que está pasando? Los empresarios, en su inmensa mayoría, siguen pensando que estamos ante un momento pasajero y que las cosas volverán a su sitio tarde o temprano. Que se trata de aguantar y que, de igual forma que otras crisis han pasado, ésta pasará y se seguirá haciendo lo mismo que siempre, pero mejor. Seguramente muchos de ellos ignoran que no se va a salir de esta crisis para hacer lo mismo que se hacía antes, por la sencilla razón de que lo de antes sólo contemplaba una realidad, la física, mientras que ahora, en estos momentos, la realidad está formada por lo real y lo virtual. No tener en cuenta esa nueva realidad es despreciar una parte del funcionamiento y oportunidades de la nueva sociedad. Cuando hace 12 años se empezó a hablar sobre la sociedad del conocimiento, de la información, de la imaginación, muy pocos fueron capaces de entender de qué y por qué se hablaba. Hoy, una década después de que Internet se pusiera al alcance de todos y de que las TICs hayan desarrollado parte de sus potencialidades, ese discurso ¿está más vigente que antes o no? Si está más vigente que nunca, y así es, habrá que actuar en consecuencia.

Los sindicatos, que andan preparando un gran acuerdo con el Gobierno y con la patronal, exclaman: "¡Cuidado con adoptar medidas irreversibles para cosas que son reversibles!". De esa expresión se deduce quelos sindicatos más representativos de los trabajadores piensan que estamos viviendo un sarampión y no un cambio de modelo. Los sindicatos no pueden aspirar a una política de tómbola, donde los regalos tocan de vez en cuando en función de la suerte. Nos estamos jugando el futuro y la suerte aquí cuenta poco. Lo que cuenta es ser progresista, es decir, intentar ir a la velocidad que marca la sociedad.

El Gobierno, en el debate del estado de la nación aventuró, por boca de su presidente, el inicio de una política que aborde seriamente los retos que se nos plantean con la nueva economía. Es la decisión más acertada de todas cuanto se han oído en los últimos meses. Muchos no han entendido el mensaje e inmediatamente han preguntado a José Luis Rodríguez Zapatero por las claves de esa nueva economía. Pregunta inútil, porque la nueva economía se basa en la incertidumbre. ¿En qué consiste la nueva economía? Si hay que dar la respuesta, habría que decir: "No lo sé". Ésa es la primera condición para enfrentarse a la nueva economía. ¡No lo sé! ¿Qué va a pasar? Nadie está seguro de nada. Por ahí andan los editores de libros, preguntando: ¿qué va a pasar con los libros? Por ahí andan los editores de periódicos con la misma duda: ¿qué va a pasar con los periódicos? Por ahí andan los productores de cine: ¿qué va a pasar con el cine? Por ahí andan los expertos en educación desconcertados ante la información en Internet que supera a la de cualquier profesor, ¿qué va a pasar con los alumnos digitalizados?

La primera condición para enfrentarse a ese nuevo modelo que el presidente del Gobierno quiere poner en marcha, es aceptar que no sabemos qué es lo que va a pasar, que estamos llenos de incertidumbres. Las certidumbres eran del siglo XX y, ahora, casi todas se han demostrado falsas, como se ha puesto de manifiesto en el último gran fracaso industrial de la General Motors. Durante un siglo estuvimos llenos de certidumbres. Hoy estamos inmersos en las dudas. En el siglo XX, el lema de la sociedad industrial era ganar o perder; en el siglo XXI, el lema es ganar o aprender, porque lo que caracteriza a la nueva sociedad es la acumulación de conocimientos. Ahora no se pierde nada. Si Obama va a insuflar dinero público en General Motors para que hagan lo mismo que antes, será perder, será dinero tirado a la calle y embargado a los que quieren arriesgarse en la nueva sociedad, en las nuevas tecnologías, en el nuevo conocimiento. No se puede invertir dinero para seguir haciendo lo mismo que siempre, porque lo mismo que siempre ha fracasado. Por eso parece tan desalentador que algunos exijan al presidente Zapatero que desvele los secretos de la nueva economía. La nueva economía consiste en experimentar, en ayudar a la gente joven para que arriesgue en este mundo nuevo, en esta nueva sociedad.

Ése fue el atrevimiento del modelo extremeño hace más de 10 años. Se gastaron 60 millones de euros en poner ordenadores en los pupitres de cada aula de todos los centros de Secundaria y Bachillerato, y la gente preguntaba: ¿para qué? Y hubo que cargar con la incomprensión de una parte de la sociedad y de la comunidad educativa, que seguían pensando con criterios de certidumbres que ahora se demuestran obsoletos.

Diez años después, el presidente del Gobierno, dice: "Vamos a proporcionar un ordenador personal a los alumnos de 5º de Primaria". Ése es el riesgo, aventurarse por un camino desconocido lleno de incertidumbres, pero que la gente joven conoce perfectamente. Ése es el debate que hay que hacer en Europa y cuando alguien pregunte "¿de qué va esto?", la respuesta es "no lo sabemos, pero no se pueden seguir haciendo las mismas cosas, porque las mismas cosas han fracasado".

No es que los extremeños fueran más listos que nadie, sencillamente fueron más atrevidos. Atrevimiento es la segunda característica de la nueva economía. Incertidumbre y atrevimiento. Por eso, si el Gobierno quiere apostar, seriamente, por la nueva economía, éstas son las claves:

1. Incertidumbre: no se sabe exactamente adónde vamos, pero no hay otro camino.

2. Se trata de ganar o aprender, porque el conocimiento, al contrario que las materias primas clásicas de la era industrial, no se pierde, sino que se acumula.

3. Los apoyos que el Gobierno piense destinar para el impulso de la nueva economía deben destinarse a aquellos ciudadanos que estén imbuidos de ese espíritu de riesgo, de emprendimiento, de los que saben que lo que se premia es la acción y no la inactividad. Darle el dinero a los de siempre para que hagan lo de siempre es apostar firmemente por el fracaso.

El País - Opinión

El Gobierno debe poner fin a la agonía de Saiz

La larga cadena de hechos llevan a concluir que el CNI se le ha escapado de las manos a su director, Alberto Saiz, cuya controvertida gestión compromete al Gobierno.

LA REVELACIÓN de que el CNI tiene en nómina a dos de los tres policías que en 2005 participaron en la polémica detención de unos militantes del PP por su inexistente agresión a José Bono en el transcurso de una manifestación representa un nuevo pasaje turbio en la más que controvertida gestión de Alberto Saiz.


Hoy desvelamos que el director de los servicios de inteligencia, amigo personal del presidente del Congreso, abona con fondos reservados en torno a 2.000 euros al mes al ex comisario Rodolfo Ruiz, mientras que otro de los agentes del caso Bono también recibe una cantidad sin determinar, según denuncian fuentes del propio CNI. Estos policías fueron absueltos por el Supremo del delito de detención ilegal de los militantes del PP en una de las páginas más bochornosas de nuestra historia judicial. En primera instancia habían sido condenados por la Audiencia de Madrid. Resulta revelador comprobar el trato de privilegio que estos agentes han venido recibiendo de las autoridades, particularmente en el caso de Rodolfo Ruiz, ascendido después de que en la comisaría de Vallecas que él dirigía apareciera la sospechosa mochila que sirvió para vincular a Zougam y al grupo de El Chino con la autoría de los atentados del 11-M.

El director del CNI atribuye la contestación y las críticas internas a la resistencia de la «vieja guardia» a sus planteamientos de modernizar el centro. Pero si esa vieja guardia se caracterizó en otro tiempo por usar los fondos reservados para la guerra sucia y el enriquecimiento ilícito, los pagos a los policías del caso Bono y los gastos para reformar la vivienda propia o para ir de pesca a lugares exóticos no mejoran precisamente la imagen del centro. Saiz tiene en sus manos la responsabilidad añadida de manejar el mayor presupuesto del que haya gozado jamás en su historia el CNI: 255 millones. Por indicación de Zapatero, en esta legislatura se han venido aumentando los fondos del centro un 17% de media anual.

Si la ministra de Defensa ya se encargó la semana pasada de exponer sus dudas sobre Saiz al anunciar la apertura de una investigación interna, hoy descubrimos que el ministro del Interior tampoco está satisfecho. Rubalcaba se plantea eliminar la Brigada de Apoyo, puente entre la Comisaría general de Información y el CNI, por falta de colaboración en la lucha antiterrorista. Incluso el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, califica hoy de «preocupantes» las noticias que surgen del CNI y critica por «denigrante» el uso del polígrafo, que Saiz aplicó a los agentes para averiguar quién filtra las denuncias contra él.

A la larga cadena de hechos e indicios que llevan a concluir que el CNI se le ha escapado de las manos a su director, le han añadido ahora un eslabón las autoridades cubanas. Tal y como publicábamos ayer, la destitución de varios dirigentes del régimen estuvo motivada por sus confidencias a un ingeniero industrial cubano reclutado por el CNI, descubierto y detenido en la isla para desprestigio de nuestros servicios de inteligencia.

Tras el escándalo de las destituciones y las dimisiones en bloque, tras las acusaciones de nepotismo, tras las denuncias por el abuso de recursos públicos, tras la caza de brujas para perseguir a quienes han contado lo que estaba pasando, tras la pérdida de confianza del Gobierno, tras los fallos y la falta de coordinación, tras los sospechosos pagos a policías, cabe preguntarse cuánto tiempo va a poder aguantar el director del CNI. Zapatero debería acabar de una vez por todas con la larga agonía de Alberto Saiz, bien respaldándole y justificando con argumentos sólidos su continuidad, bien apartándole del cargo. El CNI no puede seguir así.

El Mundo - Editorial

Satisfaciendo a todos, incluida ETA

«Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el Tribunal Constitucional ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal.»

El terrorismo es uno de los mayores problemas a los que puede enfrentarse una sociedad. Su objetivo declarado es generar el terror, esto es, sumir a los individuos en un estado permanente de excepcionalidad que haga imposible su convivencia pacífica. Por eso mismo, por atacar el fundamento de cualquier civilización, el Estado debe encargarse de combatir su ofensiva en todas las formas que ésta adopte, incluida la de partido político pantalla cuyo objetivo sea captar fondos y hacer proselitismo desde las instituciones.


Ésta era la finalidad que se encontraba en el fondo de la Ley de Partidos y no, como hábilmente distorsionan los nacionalistas, ilegalizar ideas. Dicho de otra manera, la Ley de Partidos pretende simplemente que las ideas, adopten la forma que adopten, no sirvan de protección a los terroristas para continuar desempeñando su actividad criminal.

El problema con el terrorismo etarra es que su violencia florece en un caldo ideológico muy determinado y, por ese motivo, cuesta distinguir la proximidad de los fines (propia de partidos como el PNV o Aralar) de la proximidad de los medios. En más de una ocasión, de hecho, el nacionalismo mal llamado moderado se ha encargado de confundirlo todo aún más rebajando la gravedad de los medios de los terroristas por considerar que eran útiles para agitar tales o cuales árboles.

En este sentido, las decisiones de los magistrados, encargados de delimitar cuando una determinada organización política integra el entramado de un grupo terrorista, pueden resultar impopulares y molestas para una parte significativa de la población (los nacionalistas y la izquierda más contraria a la Constitución) que no dudarán en manipular la sentencia para maltratar al tribunal. Es más, incluso puede que una determinada decisión moleste a la familia política que colocó al magistrado en su puesto. Pero aún así, los jueces no deben prevaricar (dictar una resolución a sabiendas de su injusticia), sino que han de hacer valer su independencia frente a todas las presiones que puedan recibir para alcanzar la sentencia más ajustada a derecho posible.

María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, defiende que la sentencia que permitió a Iniciativa Internacionalista, el partido del proetarra Alfonso Sastre, concurrir a las elecciones europeas fue la correcta porque los indicios contra esta formación "no eran sólidos".

Curiosamente, el propio Alfonso Sastre se encargó –pocos días después del último atentado de ETA que terminó con la vida de Eduardo Puelles– de mostrarle a María Emilia la falta de solidez de la sentencia al pronosticar "tiempos de mucho dolor" si el Gobierno vasco no se plegaba a las exigencias de los terroristas.

No parece que los indicios hayan sido el elemento que inclinara la balanza del Tribunal Constitucional a favor de Iniciativa Internacionalista. Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el tribunal ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal; a todos, claro, salvo a las víctimas de esos terroristas y, en general, a quienes todavía creen en la necesidad de combatir a ETA y defender los derechos individuales.

Es lo que desgraciadamente sucede cuando la justicia se politiza hasta la obscenidad: que el Estado de Derecho se resquebraja y la impunidad se cuela entre las grietas.

Libertad Digital - Opinión

Fatiga de materiales. Por Ignacio Camacho

NO hace ni tres meses desde que Zapatero remodeló el Gobierno y ya tiene de nuevo varias piezas averiadas. Algunas van a aguantar porque no es de recibo una crisis al trimestre, pero otras están a punto de fundirse. La más importante es Chaves, que lleva en el ala el plomo de una perdigonada seria. El escándalo de la subvención a su hija le va a costar, más pronto que tarde, la retirada de la política. El asunto tiene una traza tan indefendible que fuera de Andalucía no hay un solo socialista de relieve capaz de justificar en privado al vicepresidente. Y no es que en público estén dando la cara; más bien lo han dejado solo con sus pláticas de familia. Chaves está en las horas más bajas de su larga carrera. Se ha dado cuenta de que su cartera está vacía, su influencia es irrelevante y en las autonomías que se supone debe coordinar no le hablan ni las máquinas de tabaco. En la patética comparecencia del Senado, la de los siete intérpretes, se le vio el cartón cuando anunció como telonero una gira territorial de Elena Salgado; la que él efectuó al estrenar el cargo no sirvió ni siquiera para vestir el muñeco roto de su inoperancia.

Zapatero lo va a sostener el tiempo que pueda porque ya tuvo que entregar la cabeza de Bermejo, aunque alguna carnaza les va a tener que echar a los leones de la oposición para que se entretengan royéndola. La que tiene más papeletas es la de Alberto Saiz, el jefe de los espías, que no está en la primera línea. No ha caído ya porque un tipo con su información es un bidón de nitroglicerina con patas y hay que moverlo con muchísima delicadeza. Pero la forma en que el presidente le respaldó -«tiene mi apoyo mientras esté en el cargo»- es la modalidad más gélida del distanciamiento. Tardará en salir lo que dure el trabajo de la trituradora de papeles secretos.

A estas alturas, con la crisis descargando aguaceros, el PP crecido, los nacionalismos rebotados y el presidente ensimismado en sus horas más bajas, el puesto de ministro es tan inestable como el de comercial inmobiliario. A Bibiana Aído la mantiene el apoyo de los tardochavistas andaluces y el propio descalzaperros que ha organizado con la ley del aborto; le han encargado que saque la pata que ha metido. Cristina Garmendia es una zombie a la que ZP no se priva de hacerle feos. Carmen Chacón ha perdido el encanto gaseoso de sus primeras puestas en escena y anda tropezando por los pasillos de la milicia. Fuera del Gobierno, Leire Pajín siente en la nuca el aliento de Pepe Blanco. En Madrid brillan cuchillos en torno a Tomás Gómez, y en La Mancha ha comenzado el cerco a Barreda, que ha perdido las europeas después de haber discrepado públicamente de algunas ocurrencias del zapaterismo.

A sólo quince meses de su última victoria, la socialdemocracia está afectada por la fatiga de los materiales y se sostiene apuntalada por los sindicatos.

ABC - Opinión

domingo, 28 de junio de 2009

El Príncipe Gitano. Por Arturo Pérez Reverte

Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares. Lo tengo controlado desde hace mucho, e incluso más. La versión del Presley, y la que hizo un poco antes del Delilah de Tom Jones, ésta cantada en español y con estética vídeo años sesenta, que también anda disponible en los ciberespacios infinitos entre algunas otras, como Obladí obladá, por ejemplo, que la borda. Meterse eso en vena ya es droga dura. Pero te diré más, colega. Lo mío con ese jambo es historia vieja. Viene de cuando el Piloto –que se le parecía un poco, ojos azules incluidos, aunque de joven era todavía más guapo–, cuando volvíamos de alguna incursión marítima por fuera de la isla de Escombreras, lastrado su barquito con Winston y Johnnie Walker, me ponía en un chisme de música que había en una taberna del puerto, entre caña y caña, Tani, Cortijo de los Mimbrales y la que para mí siempre fue cúspide del Príncipe: Cariño de legionario, con una letra que empieza, nada menos: «Le di a una morita mora / morita mora / morita de mi alma / cariño... de legionario». Tela.

Pero es que hay más, chaval. A ver si te enteras. Enrique Castellón Vargas, de nombre artístico el suprascrito Príncipe, nacido en Valencia en 1928, hijo de gitanos dedicados a la venta ambulante, tenía una planta soberbia: alto y delgado, elegante –cuidaba mucho los trajes y el vestir–, mirada azul, pelo rizado. Para entendernos: se comía a las pavas sin pelar. Quiso ser torero de joven; pero tenía canguelo, y los cuernos se le daba mejor ponerlos él. También tenía buena voz, así que se dedicó al cante flamenco, del que tocó muchos palos, sobre todo zambras y rumbas. Hizo de torero en el cine –Brindis al cielo, se llamaba la peli–, y actuó con grandes compañías, incluida la de Carmen Morell y Pepe Blanco, y también una propia, con su hermana Dolores Vargas La Terremoto, en la que acogió a jóvenes artistas como Manolo Escobar, Rocío Jurado y Toni Leblanc, que era galán cómico. Con La Terremoto, por cierto, hizo el Príncipe en 1956 otra película, Veraneo en España, que está entre mis mitos del cine hispano por varias razones, lo cutre aparte. Una es cuando canta eso que dice: Un negro vestío / y una mujer sin marío. La otra, que para mí es lo máximo del megatop frikilandio, es cuando, en mitad de la peli, aparece cantando lo de la morita mora, morita de mi alma, vestido de lejía de arriba abajo, con chapiri de borla, despechugada la camisa y fusil al hombro. Sin complejos.

Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final –y absolutamente cuesta abajo– de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J’Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida. Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable –entallados, con patas y solapas anchas–, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco. Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas –en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas– le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!… ¡Canta otra, Príncipe!… ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla.



XL Semanal

«Crémer contra Crémer». Por M. Martín Ferrand

HACE un montón de años, en una cena con premios en el Hotel Fernán González, en Burgos, me contó Victoriano Crémer que de jovencito se ganó la vida, en León y tras renegar del oficio de mancebo de botica, acudiendo a fondas y hoteles para servir de amanuense a los huéspedes analfabetos que disponían de las cinco pesetas -¡un duro!- en que cifraba sus honorarios. Escuchaba con atención la letra de los mensajes de aquellos viajeros y luego, pluma en mano, les ponía la música epistolar más conveniente para cada caso. Después amplió el negocio y pasó de las cartas a los discursos, a cincuenta duros la pieza, con los que se lucieron algunos próceres de la región en actos que, por su solemnidad, reclamaban el lujo de la oratoria. El ejercicio de negro literario siempre tuvo un inmenso valor formativo y sirvió de escuela de humildad a los novicios de las letras.

No creo en los horóscopos ni en los efectos fulminantes de los astros sobre nuestras vidas, pero llevamos unas cuantas fechas de notables coincidencias mortuorias. Ayer, amaneciendo, le llegó la hora a Victoriano Crémer, aceptable novelista, gran poeta y maestro indiscutible en la última forma de esclavitud que queda en Occidente, el artículo diario. Con el título que hoy, en su homenaje, encabeza esta columna mantuvo hasta hace muy poco una colaboración diaria, cáustica y brillante en Diario de León. Algo excepcional por su calidad literaria, su ejemplar seguimiento del ritmo de los días y la edad de su autor, que llegó a cumplir los 102 años.

Aunque suelen ser los bilbaínos quienes presumen de nacer donde se les antoja, Crámer era un leonés nacido en Burgos. En plena Guerra Civil, en el diario Proa, de Falange Española, simultaneó el trabajo de linotipista con el de articulista de postín e hizo notorios los pseudónimos de «Asterisco» y «Vick». Luego se desmarcó del ámbito del poder naciente y contra los jóvenes del Régimen que centraban su juventud creadora en la revista Escorial, se unió a los discordantes de Espadaña. Historias que ya no le interesan a nadie porque la memoria decretada por el nuevo régimen se centra en el odio y el revisionismo y no en el reconocimiento del talento, plural y diverso, que despilfarraron los años de esta evocación. La concordia crítica que predicó Crémer. También en la radio, en la Ser, con sus famosas «Cartas a la tía Federica». Mañana será su funeral.

ABC - Opinión

«Gorbeako Gurutzea». Por Alfonso Ussía

«Enfadarse porque el Ejército español haga ondear la Bandera de España en la cumbre de un monte español se me antoja una majadería»

Los del PNV se enfadan últimamente por cosas rarísimas. Se enfadan tanto que formulan preguntas razonablemente cretinas en el Congreso de los Diputados. No les han explicado bien la Historia ni la Geografía.


Han tenido profesores muy poco aplicados. Y a primer golpe de vista, parecen cultos. Prefiero escribir «culto» que «cultivado». Leí semanas atrás una entrevista en la que se decía que determinada actriz del Sindicato de la Ceja es una «mujer muy cultivada». Desde aquella lectura no puedo despegarme de su nueva imagen. Me la figuro con rábanos, pepinos, zanahorias y coles de Bruselas naciéndole de las orejas. Cultivadísima. Lo que decía. Dan el pego y parecen cultos, pero no lo son. Y tienen reacciones de niños tontos, porque hay niños que reaccionan divinamente. El último enfado ha sido consecuencia de unas maniobras del Ejército desarrolladas en las provincias vascas. En lo alto de la gran peña del Monte Gorbea, en la cruz que culmina su dominio, los militares colocaron la Bandera de España. Nada hubiera pasado si el Ejército español, en un arranque de buen humor, hubiese plantado un mástil con la bandera de Mauritania, pero no se dio el caso. Los militares son lógicos, y su Bandera y la de todos los españoles es la que izaron junto a la cruz del Gorbea al finalizar las maniobras. Un insulto para el Partido Nacionalista Vasco. Existe una bella canción, «Gorbeako Gurutzea», la «Cruz del Gorbea», que acostumbro a canturrear cuando no hago nada. Es un precioso y sosegado zorcico. Cuando los días resplandecen de sol y aire limpio, la cumbre del Gorbea, y la gran cruz que la corona, se pueden ver desde muchos puntos de Álava y Vizcaya. El Gorbea es un monte serio, que divide a vizcaínos y alaveses. Entre sus peñas cimeras nacen los ríos Arnauri y Berganza, afluentes del Nervión, y el Bayas y Undebe, que al término de su curso enriquecen al Ebro, el Íbero, el gran río de España. La Geografía es así. Sencilla, pero hay que estudiarla. Preocupado por el enfado de los nacionalistas vascos he acudido a mis fuentes asesoras en montes, ríos y provincias, y todas me han confirmado lo que, en principio, ya sabía pero no me atrevía a escribirlo por si los frenéticos cambios que nuestro planeta protagoniza habían desviado o trasladado el monte Gorbea a oro país. Pero no. Me dice mi principal asesor que las provincias de Vizcaya y de Álava, como la de Guipúzcoa, son tres provincias españolas que conforman la autonomía vasca. Y que el Monte Gorbea, con su cruz y todo, se halla entre las de Vizcaya y Álava, dato que confirma la españolidad de la referida elevación natural. De lo que se deduce que enfadarse porque el Ejército español, para celebrar el final de unas maniobras militares, haga ondear la Bandera de España en la cumbre de un monte tan español como la morena de Romero de Torres o las regatas de traineras, se me antoja una majadería, y más aún, una bobada carente de fundamento para protestarla en el Congreso de los Diputados. De ahí, que recomiende a los enfadados que entonen como quien firma, el armónico zorcico «Gorbeako Gurutzea» y dejen de hacer el chimpancé.

La Razón - Opinión

Lo que está cambiando

Patxi López lidera la respuesta a ETA pese a las reticencias del PNV, que rompen la unidad.

A dos meses de la investidura de Patxi López comienza a verse en qué consiste el cambio sin revancha prometido. Tres fueron las prioridades entonces proclamadas: eficacia policial y deslegitimación de ETA, medidas frente a la crisis, igualdad de derechos. La semana pasada ETA puso a prueba a López en relación al primer asunto con el atentado de Arrigorriaga. La respuesta ha sido generalmente considerada acertada, pero los elogios han sentado mal al PNV, introduciendo un factor de división nada conveniente.


El viernes, el líder de ese partido, Urkullu, compareció con los que fueron titulares de Interior con gobiernos nacionalistas para refutar la acusación de pasividad frente al terrorismo. Todo viene de la aparición en una cadena de televisión de dos ertzainas encapuchados que declararon que sus jefes políticos les ordenaban no detener etarras. Nadie ha avalado esa acusación desde el nuevo Gobierno, pero el PNV se ha dado por ofendido por las menciones de Patxi López al "fin de los espacios de impunidad de los violentos", en referencia a la retirada de fotografías de presos de ETA y otros signos ofensivos para las víctimas que han sido considerados durante años parte del paisaje.

La policía vasca ha detenido etarras, aunque con una efectividad decreciente. En los ocho años en que Atutxa fue consejero de Interior (1991-1998) detuvo a 108 activistas; desde 1999, a 59, si bien en este periodo ha habido dos treguas. En cualquier caso, sería absurdo dar a ETA el gusto de asistir a una pelea sobre la eficacia antiterrorista de la Ertzaintza, cuerpo colocado hace años en su punto de mira. La deslegitimación de ETA es también la legitimación de las instituciones que denigran y atacan los terroristas, incluyendo todas las fuerzas de seguridad.

E incluyendo también al Gobierno vasco nacido de las elecciones. En el debate de investidura, Ibarretxe replicó al que iba a ser su sucesor diciéndole que no lo sería "por los votos de los vascos y vascas" (como había dicho López) "sino gracias al apoyo de esos señores" (señalando al grupo del PP). Como si esos votos fueran menos válidos que los suyos. El PNV no ha dejado de insistir en esa línea de deslegitimación de la nueva mayoría y del nuevo Gobierno, unas veces por la ausencia de Batasuna y otras por lo que considera pacto contra natura con los de Basagoiti.

Pero esa insistencia obsesiva, unida el contraste entre la actitud de López estos días y la habitual de Ibarretxe en el pasado, ha tenido el efecto de convencer a muchos de que el cambio era necesario. No porque el PNV no condenase los asesinatos sino porque tras 30 años en el poder, era cautivo de una serie de tópicos e inercias que le hacían considerar normal cosas que no lo son en absoluto, como que los carteles etarras presidieran las fiestas patronales, se aplicase o dejase de aplicar la ley de símbolos a voluntad, se financiasen las visitas a los presos o se diera por bueno que el fin de ETA requería desbordar la Constitución.

El País - Editorial

La «nueva etapa» del PP, entre Valencia y Bárcenas

EL MITIN de Mariano Rajoy para conmemorar el aniversario de su reelección en el congreso de Valencia revela que el presidente del PP está decidido a hacer valer su triunfo en las europeas con dos objetivos claros: restañar las heridas internas que se abrieron en aquel cónclave y poner a trabajar al partido para derrotar a Zapatero en las próximas elecciones generales.

Sorprende la franqueza con la que Rajoy abordó ayer la siempre delicada cuestión de la división interna, más aún en un acto de autohomenaje y eminente carácter festivo. Lo cierto es que hizo un llamamiento para «superar» lo que denominó «viejas historias» y reclamó a los dirigentes «un esfuerzo para olvidar lo que merece ser olvidado». Incluso se comprometió a «buscar el tiempo necesario para fortalecer la cohesión» y para «cultivar los lazos de lealtad» en el PP. Dicho y hecho, quiso acertadamente ser el primero en dar ejemplo y reivindicó expresamente la herencia de Aznar. Su autocrítica restaña las heridas del pasado y viene a enmendar aquella desafortunada frase dirigida a sus discrepantes: «Si alguien se quiere ir al partido liberal o conservador, que se vaya».

La franqueza de Rajoy para exponer en público la falta de sintonía interna hizo todavía más llamativo su mutismo respecto del asunto que más desgasta hoy a los populares: el caso Gürtel. Ni un solo comentario le dedicó a ese episodio. Hoy publicamos la síntesis de un documento de 25 folios de la Fiscalía del Tribunal Supremo con los indicios que incriminan al tesorero del PP, Luis Bárcenas. El documento incluye entrecomillados de grabaciones hechas a personas implicadas en la trama, declaraciones judiciales comprometedoras, anotaciones de pagos millonarios y datos de un informe de la Agencia Tributaria que dejan en una situación muy complicada a Bárcenas y, de rebote, al PP, que le mantiene en el cargo.

Rajoy presumió ayer de haber recuperado parte del terreno perdido en 2004 y reivindicó su trabajo, que ha permitido al PP imponerse «a la política del aislamiento y el cordón sanitario». Pero por ser ello cierto resulta más desconcertante el cierre de filas en torno a Bárcenas.

Sin embargo, es indudable que el viento sopla a favor de Rajoy. La crisis económica ha dejado grogui a Zapatero, que sigue empeñado en hacer sonar los violines de la ideología pese a que el barco se hunde. Mientras el PSOE se envuelve en la bandera antinuclear, apadrina la nueva ley del aborto y se enroca del brazo de Llamazares para cerrar el paso a una reforma del mercado laboral, el PP sigue creciendo como alternativa.

Ayer los populares conmemoraron un congreso, el de Valencia, que no fue precisamente como para sentirse orgullosos, ya que estuvo condicionado por la falta de democracia interna. Con todo, el presidente del PP eligió desde entonces el camino correcto al apostar por un discurso centrado y un tono conciliador. Eso le ha reportado tranquilidad interna y éxito en las elecciones gallegas y europeas. Ahora bien, Rajoy no debería permitir que la luz que el PP atisba a la salida del túnel la ensombrezcan las personas implicadas en casos de corrupción. Más aún cuando, como ha dicho esta semana González Pons, muchos piensan en su partido como el diputado Martínez Pujalte, que ha cuestionado la continuidad del tesorero. Ayer Rajoy anunció en Valencia una «nueva etapa» para el PP en la que «no sobra nadie». Sólo le faltó decir que será inflexible con lo que realmente sobra: Gürtel.

El Mundo - Editorial

Papá, échame una firmita. Por Pablo Molina

«No hay persona más querida ni apoyada en este mundo que el familiar de un alto cargo socialista, especialmente si no sabe hacer la o con un canuto, en cuyo caso toda protección se antoja insuficiente.»

Manuel Chaves es un padre excelente, casi podríamos decir "un padrazo", que actúa con sus hijos como usted y yo con los nuestros. La única diferencia es que nosotros firmamos a nuestros hijos una autorización para ir de acampada con los profesores y él le firma a su hija una subvención de diez millones de euros. Salvando esa nimiedad, todos actuamos igual cuando nuestros niños nos piden algo. ¡Qué no hará un padre por sus criaturas! (y las madres no digamos).


El fortalecimiento de los lazos familiares es el marchamo de los socialistas cuando están en el poder. Al tiempo que promueven una legislación dirigida a destruir la familia como institución, es enternecedor comprobar cómo, en lo que respecta a la suya propia, siguen perviviendo los valores cristianos de unidad y amor. Y es que no hay persona más querida ni apoyada en este mundo que el familiar de un alto cargo socialista, especialmente si no sabe hacer la o con un canuto, en cuyo caso toda protección se antoja insuficiente.

Por eso resulta hiriente ver al vicepresidente tercero del Gobierno de ZP negar en el Parlamento que haya hecho todo lo que estuvo en su mano para ayudar a su hija Paula, ejemplo de cariño paternofilial del que debería jactarse en lugar de traicionarlo con absurdas declaraciones de inocencia administrativa.

La hija de Chaves no sólo tiene derecho a trabajar, como defendió su padre con gran racanería, sino a trincar subvenciones de la junta de Andalucía en las mismas condiciones que cualquier alcalde o diputado socialista con una empresa a nombre de su cónyuge. Y si hay que cambiar la legislación se modifica con urgencia y a otra cosa. Lo importante es que la familia permanezca unida, como ha entendido perfectamente el ciudadano medio andaluz a juzgar por la reacción general ante el supuesto escandalazo de Chaves. Y dado que los andaluces siguen votando mayoritariamente al partido de D. Manuel desde hace tres décadas, los socialistas no sólo deberán abstenerse de regalar dinero público a sus familiares sino incidir en esa línea que es, al parecer, lo que sus votantes les exigen.

La familia, amigos, es lo primero, también, y muy especialmente, para la Iglesia Católica. Con muchos menos méritos que los Chaves hay quien forma parte del Consejo Pontificio instituido por el Vaticano, organismo romano en el que el vicepresidente tercero haría un gran papel (sus hermanos y demás parentela ni les cuento). Si la nueva COPE decide promover su candidatura, mi firma irá entre las primeras.

Libertad Digital - Opinión

Viejas historias. Por Ignacio Camacho

DESPUÉS de una victoria electoral, y no digamos de dos, cualquier político se siente más importante y hasta más guapo. Los enemigos se difuminan y empiezan a aparecer amigos impensados que de repente han recordado su número de teléfono. Los medios que antes no encontraban hueco para publicar entrevistas convocan foros para agasajar al vencedor, y los grandes empresarios que siempre orbitan en torno al poder sienten inesperado interés por escuchar su programa en almuerzos privados. Todo esto le empieza a pasar a Rajoy, aunque la mayoría de los que le acarician el lomo aún descreen de sus posibilidades reales; pero al menos cuando le echan la mano por la espalda ya es para darle muestras preventivas de afecto en vez de para atizarle una puñalada.

Entre los defectos del líder del PP no está -por ahora- el de la soberbia, de modo que resulta improbable que haya llegado a verse las sienes orladas por un aura de súbito carisma. Pero es cierto que se siente más seguro y se le nota. Le ha aumentado el grado de autoconvicción y empieza a verle la punta a su esfuerzo de resistencia. Con las debidas precauciones de todo buen gallego ha dado por relativamente pacificado el partido y ha decretado el estado de alternativa. Ayer se fue a Valencia a proclamarlo, y ni el lugar ni la fecha eran casuales: quería conmemorar el aniversario del congreso en que decidió volver a darse otra oportunidad a sí mismo.

Rajoy celebra esa efemérides porque sabe que es el punto de inflexión de su peculiar liderazgo. En Valencia ejecutó el mandato freudiano de liquidar al padre, que se despidió con un discurso brutal y bastante rencoroso y enterró el aznarismo sin contemplaciones; pero sobre todo se desprendió de la herencia que hasta entonces había respetado con el catastrófico resultado de una amarga derrota. A su manera suavona ejecutó sin piedad una purga, esquivó conspiraciones de candilejas y tiró, como Hamlet, estocadas a las cortinas. A eso se refería cuando habló ayer de «superar viejas historias»; ahora se siente en condiciones de organizar a su modo el asalto a la Moncloa. Lo hará desde el centrismo, ese indeciso territorio de ambigüedad política que consiste sobre todo en no irritar a la gente. Él lo llama «sentido común», una expresión de la que abusa, pero se le ha oído en privado una declaración algo -sólo algo- más precisa: no meterse en batallas que los españoles no están dispuestos a dar. El resto, cree, lo va a hacer Zapatero, al que se le está yendo de las manos no ya el timón del país, sino el de su propio equipo. El riesgo de esta estrategia (?) está en confiar en que el poder caiga en sus manos por una especie de oleada natural; si algo tiene demostrado el presidente del Gobierno es capacidad para reinventarse.

Y luego están las «viejas historias» de rencor y ambiciones; puede que no sean tan viejas para desaparecer a golpe de voluntarismos.

ABC - Opinión

sábado, 27 de junio de 2009

El techo del gasto. Por José Cavero

Con el debate y aprobación de la propuesta del Gobierno de techo de gasto para 2010, han dado comienzo las negociaciones de cara a la discusión, y en su caso aprobación, de los Presupuestos Generales del Estado, una tarea que en los últimos años se ha hecho más y más difícil por la falta de un socio estable que le otorgue los votos que le faltan para conseguir la mayoría absoluta en el Congreso. El año pasado lo logró merced al apoyo de BNG y PNV, pero este último grupo se pasó a la oposición más radical tras verse desplazado del Gobierno en Euskadi por la coincidencia de Patxi López (PSE) y Antonio Basagoiti (PP).

De manera que, ya desde esta primera aproximación al "techo" del gasto, había gran expectación sobre el eventual socio coyuntural que pudiera sumar el PSOE. Y ya hemos visto lo complicado que le ha resultado: primero, con un acuerdo de IU-ICV, que duró apenas media docena de horas, que hubiera significado la elevación de impuestos para las rentas más altas, y que fue sustituido por el compromiso de CiU de abstenerse para permitir que la cuestión saliera adelante, hacia su siguiente punto de debate, que será el Senado. Los convergentes se abstuvieron y también lo hicieron IU-ICV, además de ERC y BNG. Sólo Coalición canaria y UPN dieron su apoyo a la propuesta del Gobierno de reducir en un 4,6 por 100 el gasto aprobado el año precedente y situarlo en 182.000 millones de euros para 2010. Precisamente, ese acuerdo inicial con IU-ICV y la rectificación inmediata, originaron una gran parte de las críticas que tuvo que escuchar el Gobierno de Zapatero y Elena Salgado, sobre todo en las intervenciones del PP. Pero también desde la izquierda se dirigieron críticas mordaces al PSOE gobernante. Joan Ridao, por ejemplo, señaló lo paradójico que resulta que, en estos tiempos de crisis, no paguen más aquellos que tienen mucho más, y reclamó una reforma fiscal que mejore la progresividad del sistema, distribuya de manera más justa el esfuerzo fiscal y permita captar más recursos. Todo un programa que le brinda la izquierda.

En el bando opositor, fue Cristóbal Montoro el encargado de vapulear al Gobierno: culpa a los socialistas gobernantes, y en particular a Elena Salgado, de llevar a España a su mayor ruina. "Nos trae penuria, recesión, paro y subida de impuestos"... Pero, finalmente, la propuesta sobre el techo del gasto salió adelante, incluso con mayor margen del que se esperaba, aunque en medio de críticas muy generalizadas.

Elena Salgado anticipó la política que se aplicará el año que viene: una política de austeridad, en la gestión del gasto público, salvo en gasto social y productivo. Salgado volvió a mostrarse levemente optimista sobre la evolución de la crisis. Dijo que la enérgica respuesta de los gobiernos y los bancos centrales parece que empieza a surtir efecto y el deterioro de la economía mundial pudiera estar tocando fondo. Pero no se salvó de críticas, ni siquiera de quienes, con su abstención, daban el visto bueno a la propuesta de techo de gasto.

Sánchez Llibre, de CiU, además de anunciar que su grupo estaría en contra de cualquier subida de impuestos que graben las rentas salariales medias y el tejido empresarial español, se refería a la gestión del Gobierno frente a la crisis calificándola "de una pasividad tremenda, y de una falta de reacción ante los problemas que ha dado como resultado un preocupante incremento del paro".

Periodista Digital - Opinión

¿Los ricos?. Por Yolada Gómez

No ganamos para sustos. Llevamos semanas, por no decir meses, temiéndonos que antes o después el Gobierno apruebe una subida generalizada de impuestos. Los excesos hay que pagarlos y el déficit público no puede crecer sin límites y mucho menos al ritmo al que lo ha hecho en el último año. No podemos dar más y más subvenciones a los parados; subir los sueldos a los funcionarios; rescatar al sistema bancario; ayudar al sector del automóvil; disparar la inversión en obra pública; satisfacer las demandas sin límites de los gobiernos autonómicos; mantener tres niveles de administraciones públicas, con sus ejecutivos, parlamentos y empleados; y un sin fin más de compromisos que, lejos de ir recortándose, crecen y crecen cada vez que el presidente del Gobierno abre la boca.

Esto hay que pagarlo y el ala más ¿progresista? del parlamento español, IU y el PSOE, tuvieron una gran idea: subamos los impuestos a los ricos. Y no solo tuvieron la idea sino que, incluso, llegaron a cerrar un acuerdo que plasmaron en un documento y que el Parlamento español estuvo a punto de aprobar. ¡Qué insensatos! Por una vez me alegré de la poca palabra del Partido Socialista. Poner en marcha lo que IU y el PSOE pactaron supondría un grave daño a la clase media y trabajadora. ¡Cómo se nota que los que han redactado ese papel conocen muy poco el funcionamiento de nuestro sistema impositivo! Que no se equivoquen, los ricos, por mucho que nos duela, pagan muy poco aquí y en cualquier parte del mundo.

En un mercado libre de capitales subir los impuestos al ahorro solo puede provocar una huida de la inversón hacia otros países y subir los tipos del IRPF incentivaría el fraude y castigaría a los que tenemos nómina ¿Les parece poco a los señores del PSOE y de IU que Hacienda se lleve hasta el 43% de lo que ganamos? Lo que deben hacer es gastar menos, no se equivoquen.

ABC - Opinión

Un homenaje a Mariano Rajoy. Por Fernando Jáuregui

Valencia, ciudad que conoció el primer "salto de valla" con que los suyos propios querían poner obstáculos al liderazgo de Rajoy en el PP, alberga ahora, este sábado, lo que podríamos considerar como un homenaje al Mariano Rajoy triunfante. No es mala idea, porque todo lo que hagan los suyos ahora para empujarle hacia La Moncloa será, incluso, poco. Rajoy es, ante todo, una persona de probada honradez, con grandes dosis de sentido común y con virtudes innegables, algunas de las cuales se contrarrestan con serias carencias. No es carismático, pero ¿lo era Aznar cuando accedió al máximo poder? No tiene demasiados amigos, pero ¿es esto inconveniente o ventaja para quien tanto puede hacer por sus allegados? Yo diría que su mayor defecto podría ser la que algunos considerarían su mayor virtud: piensa demasiado en las consecuencias de lo que va a hacer... y al final, a veces, no lo hace. Es el reverso de la moneda respecto del intuitivo, a veces excesivamente imprudente, Zapatero.

Ahora, a Rajoy se le ha encasquillado el tiro de la regeneración imprescindible en su partido. Lo digo fundamentalmente, desde luego, por el tesorero, Luis Bárcenas, cuya dimisión pide, en voz baja pero audible, una inmensa mayoría del PP. Cuando escribo este comentario, los rumores acerca de una pronta salida de Bárcenas de su cargo son insistentes: puede que le quede poco en el despacho, pero también puede que siga en su resistencia numantina y acaso algo amenazante, provocando un inmenso boquete en sus propias filas.

A la hora de ilustrar el carácter algo indeciso de Rajoy, podría encontrar otros varios ejemplos. El líder del PP combate mejor contra los errores de Zapatero y su Gobierno que contra los desmanes en su propio partido; no ha puesto el suficiente orden en el PP, las relaciones con los responsables del partido en Madrid, comenzando por Esperanza Aguirre, son siempre inestables, y la cosa no funciona demasiado bien entre algunos de los dirigentes del actual "núcleo central" de los "populares". No es Rajoy persona de puñetazos en la mesa; sus cabreos son más bien sordos y rara vez los exterioriza, cosa que algunos, erróneamente, confunden con que se le puede tomar impunemente el pelo. Pero alguna vez debería dar ese puñetazo, intensificar la navegación por el mundo de la comunicación -que, como la política internacional, no le gusta- y convencerse de que, para hacer una tortilla, hay que cascar huevos.

No es, en fin, misión de los periodistas, ni siquiera de los comentaristas, dar consejos, sino analizar realidades. Mal político sería quien siguiera a pie juntillas los avisos de los muchachos de la prensa. Mi análisis de lo ocurrido en este año de Rajoy, desde aquel congreso valenciano que lo proclamó presidente del partido, es que no ha sido tan, tan "horribilis" para él: ha sabido liberarse de ataduras ultras, ha virado hacia el centro, ha participado muy activamente en dos campañas victoriosas. Eso sí: su partido le sigue dando disgustos, pero ya se sabe que, en política, hay amigos, enemigos, enemigos mortales y correligionarios. Rajoy lo sabe perfectamente, y apenas tiene, como decía, amigos; sus enemigos son sus adversarios políticos, y a esos sí sabe cómo tratarlos. Es con los correligionarios con los que continuamente tropieza.

Tengo para mí que, en este día para él festivo y triunfal, el "affaire Bárcenas", pongamos por caso, es para Rajoy un reto más importante que el resultado de unas elecciones autonómicas o europeas. ¿Sabrá, al fin, saltar una valla que hasta ahora se le ha resistido?

Periodista Digital - Opinión

El fracaso del éxito. Por M. Martín Ferrand

VICTORIANO Fernández Asís, una de las más luminosas -y maltratadas- cabezas del periodismo español del siglo XX, solía decirnos a sus pupilos de la televisión, envuelto en el vaho del misterio que marcaban la época y la prudencia, que venimos de un mundo de certezas radicales y avanzamos hacia otro alarmantemente embolismático. Ahí está, envuelto en la sutil pedantería que marcaba la genialidad del maestro, un diagnóstico certero, breve como un sms, de la Historia de España del siglo XX y, como si se tratara de un estrambote, su proyección en este inane y atribulado siglo XXI. Aquí, quien no está instalado en una torre de certezas indiscutibles y perpetuas, vive en la más absoluta confusión. Lo primero radicaliza, cosa poco deseable, y lo segundo relativiza, lo que tampoco mejora el ambiente ético y liberal y convierte en fofos la inteligencia y el carácter.

En la política española de hoy se ven nítidamente los efectos de las nieblas instaladas y la indeterminación que nos pierde. El PSOE, por ejemplo, dispone de un buen número de militantes capaces y curtidos por la experiencia. Sin embargo, los mecanismos de la oscuridad determinan que cuando el veterano partido tuvo que buscar un líder resultó elegido José Luis Rodríguez Zapatero y, lo que es más significativo, pudieron serlo José Bono o Rosa Díez. Es la abdicación en la pretensión de la excelencia y, para mayor desesperación, algo parecido puede señalarse en el PP, CiU, PNV y cualquier otro partido que no sea monoparental. Es el éxito del fracaso: un conjunto de inteligencias medianas propone y consigue la consagración de la más escasa de todas ellas.

La muerte de Michael Jackson confirma que la confusión dominante no es una característica española. Se expande por todas partes y sirve de cimiento y sostén para muchos de los males, especialmente los de raíz ética, que nos afligen. El que fue estrella precoz de los Jackson Five y se convirtió -junto con los Beatles y Elvis Presley- en la banda sonora de una etapa de la Historia, en uno de los máximos vendedores de discos -muchos más que Bing Crosby y Frank Sinatra-, es la muestra inversa y complementaria de lo que señalaba más arriba: el fracaso del éxito, algo tan social y políticamente demoledor como el éxito del fracaso. El guirigay establecido, el enredo que suscita el salto apuntado por Fernández Asís, es inevitablemente demoledor, el germen de un embrollo cósmico.

ABC - Opinión

Zapatero nos lleva a la ruina. Por Emilio J. González

«Zapatero debe de pensar que por ahí se ata a los perros con longanizas y que va a poder obtener en los mercados internacionales todos los recursos que necesite a través de ingentes emisiones de bonos que van a dejar a España endeudada hasta las zejas.»

Zapatero se ha convertido, por méritos propios, en el principal y más serio problema de la economía española, a pesar de la gravedad intrínseca del estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, la internacional y la propia. El presidente del Gobierno se ha ganado a pulso tan dudoso título honorífico no tanto porque no tiene ni idea de economía sino, lo que es peor, porque no quiere tenerla para que nada ni nadie se interponga en sus planes de ser el más socialista de entre los socialistas y dar a nuestro país toda una auténtica pasada por la izquierda. Resulta que, con la que está cayendo y con unos presupuestos públicos con más agujeros que un queso de gruyere, a ZP no se le ha ocurrido nada mejor que incrementar el gasto del Estado en el próximo ejercicio ni más ni menos que un tan sorprendente como escandaloso 15% (lo que le permitirá seguir interpretando ese personaje del Roosevelt español del siglo XXI que él mismo se ha creado). La cuestión es de dónde va a sacar el dinero.


Nuevamente, el Gobierno sustenta su fuerte expansión del gasto público en unas previsiones económicas que no se van a cumplir ni de lejos. Frente a la caída de la economía del 3,5% este año y una ligera recuperación el próximo, la OCDE, siempre muy prudente a la hora de decir estas cosas, estima que el desplome en este ejercicio superará con creces el 4% y que el próximo continuará la recesión porque, diga lo que diga la vicepresidenta económica, Elena Salgado, la crisis dista mucho de haber tocado fondo. Un diagnóstico este en el que coincide la OCDE con todos los análisis de coyuntura serios que se llevan a cabo en nuestro país. Por tanto, la actividad productiva, lejos de producir parte de esos ingresos que Zapatero quisiera conseguir para seguir financiando su política de populismo a golpe de ocurrencia, va a continuar reduciendo sus ingresos a las arcas del Estado, al tiempo que incrementará aún más los pagos con cargo a las mismas a través de las prestaciones por desempleo. Bajo otras circunstancias, esta situación podría ser manejable y, desde luego, permitir que en 2012 el déficit público se redujera hasta el 5% del PIB (como dice el Gobierno, siempre según sus cuentas de la lechera, que va a suceder). Lo malo es que el punto de partida es el de un agujero fiscal que se posicionará este año entorno al 10% del PIB. ¿Hasta dónde se va a disparar con los planes de gasto de Zapatero? Mejor no pensarlo porque a uno se le ponen los pelos como escarpias.

En este contexto, lo que tenían que haber hecho el Gobierno es meter drásticamente la tijera al gasto público y forzar a las autonomías y ayuntamientos a hacer lo mismo. Pero como eso implica tener que abandonar el terreno de la mal llamada política social, que beneficia a unos pocos a costa del empleo y el bienestar de todos los demás, Zapatero no quiere oír ni hablar del tema. Él pretende seguir despilfarrando en supuestos planes para impulsar la actividad económica y en más políticas sociales, cueste lo que cueste, que va a ser mucho. Con ello, y como pasa siempre en estos casos, lo único que va a conseguir, empero, es agravar y prolongar una crisis económica ya de por sí larga y profunda.

Zapatero debe de pensar que por ahí se ata a los perros con longanizas y que va a poder obtener en los mercados internacionales todos los recursos que necesite a través de ingentes emisiones de bonos que van a dejar a España endeudada hasta las zejas. Nada más lejos de la realidad. Ni por el mundo hay tanto dinero como cree nuestro presidente, ni él es el único que acude a los mercados en su busca. Otros muchos países avanzados, mucho más serios y fiables que la España de ZP, también demandan esos recursos escasos, con muchas más posibilidades de obtenerlos que el Tesoro español. Lo que va a implicar dos cosas: nuevas rebajas de la calificación crediticia de nuestro país, y, por tanto, más problemas aún para financiar nuestra economía: inevitables subidas de tipos de interés, que no van a ser, precisamente, de uno o dos puntos, ni mucho menos. Y así piensa que se recuperen el crédito, el consumo y la inversión cuando lo único que va a conseguir es hundirlos todavía más y provocar aún más paro si cabe.

Lo mismo sucederá con lo que pretende hacer con los ingresos. Ya lo ha dicho Elena Salgado, se van a revisar todos los impuestos, o sea, que van a meter a la economía española una dosis de caballo de nueva presión fiscal y a saquear todavía más los ya de por sí esquilmados bolsillos de los españoles; y ello sólo para financiar el electoralismo populista y la política de ocurrencias de nuestro bien amado y nunca bien ponderado presidente del Gobierno. Pues con esto pasa lo mismo que con lo anterior, que al consumo y a la inversión les espera una larga etapa de depresión mientras se condena a muchos trabajadores a un muy prolongado período de alistamiento en las filas del Servicio Nacional de Empleo. Y, para más inri, encima no se va a contener el crecimiento del endeudamiento público, que amenaza con llegar a tales niveles que va a impedir durante años desarrollar otras políticas tributarias y de gasto que no sean las de pagar más y más intereses de la deuda.

Hace unas semanas me preguntaba en esta misma columna cuánto nos iba a costar Zapatero. Hoy esa cuestión empieza a parecer irrelevante porque ya no se trata de la magnitud de la factura que vamos a tener que afrontar los españoles durante años y años. Ahora de lo que se trata, simple y llanamente, es de que ZP nos lleva directamente a la ruina. A las economías domésticas y al país

Libertad Digital - Opinión

Energías integradas

EL proceso de unión entre Gas Natural y Unión Fenosa es una noticia muy relevante para la economía española. Más de veinte millones de clientes en 23 países avalan la realidad de la primera empresa que consolida un modelo integrado de gas y electricidad que repercute en una estructura vertical y ofrece una mayor solidez a los usuarios. En tiempos de crisis es imprescindible desarrollar sinergias y planteamientos empresariales que superen los compartimentos estancos. De este modo, se favorecen el servicio al cliente y la rentabilidad para los accionistas en el marco de un sector muy competitivo que arrastra todavía algunas inercias incompatibles con la dinámica contemporánea de la economía mundial. La empresa gasista anunció ayer de cara a la junta general de accionistas nuevos planes de inversión centrados en el crecimiento orgánico, así como la elevación del dividendo de los accionistas en un diez por ciento anual, todo ello en el marco de un proceso de racionalización cuyo objetivo es adaptar la actividad empresarial a la compleja situación actual. A su vez, Unión Fenosa aprueba la integración con el firme convencimiento de que la evolución del mercado energético exige cambios en un sector que funciona en base a hábitos muy arraigados pero ya superados por las circunstancias.

El Gobierno ha sido incapaz desde el comienzo de la legislatura de plantear una política energética coherente, porque el presidente está empeñado en recuperar un discurso antinuclear obsoleto. Mientras tanto, las empresas privadas mueven ficha en el terreno de la adaptación a un mercado global donde la única regla es la competencia y no se entienden ciertos conflictos artificiales ajenos al libre juego de la oferta y la demanda. En definitiva, las decisiones empresariales deben tener como única justificación el análisis de costes y beneficios al servicio del interés de los accionistas. El modelo integral que refleja el acuerdo entre Gas Natural y Unión Fenosa puede ser pionero a efecto de un nuevo sistema que sirva para racionalizar la gestión y beneficiar a los consumidores y usuarios. También es destacable la búsqueda de un tamaño adecuado para competir en mercados abiertos y multinacionales. La adopción de los acuerdos exigidos por la normativa mercantil por parte de las correspondientes juntas de una y otra sociedad supone así el paso definitivo para una integración empresarial que será analizada con lupa por partidarios y detractores.

ABC - Editorial

El falso esfuerzo del Gobierno. Por Andrés Aberasturi

El lenguaje de los políticos resulta siempre fascinante porque nunca sabes a qué carta quedarte, dicen una cosa y su contraria y al final consiguen lo que realmente parecen pretender: que uno no se entere de nada. En esta línea se expresaba la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, cuando anunciaba la aprobación del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (que vaya usted a saber lo que es exactamente) durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros: a pesar de que el sistema financiero español tiene una "probada solvencia", algunas entidades podrían "tener dificultades en los próximos meses". O sea, que si aun teniendo nuestro sistema financiero esa "probada solvencia" algunas entidades podrían tener dificultades, imagínense lo que sería sin la solvencia estuviera menos probada.

Total: nueve mil millones más por ahora pero con un techo de endeudamiento que puede alcanzar los noventa mil millones. Y eso, hay que insistir, en un sistema de probada solvencia. ¿Y qué dice la oposición? Pues lo de siempre: que no es más que un parche y que no va a servir para nada; lo que no dice -al menos públicamente- es lo que habría que hacer, que solución proponen, su receta.

Y el problema, me temo, va a seguir siendo el mismo: que le dinero que están haciendo bancos y cajas con tanta inyección, allí se queda durmiendo el sueño de los injustos y no llega ni por casualidad a las pymes, a los autónomos o a las familias; sigue, por tanto, siendo un dinero especulativo y no productivo y quiero imaginar que al menos alguien controla con criterio e independencia. Eso es lo más preocupante porque la tendencia de los que ostentan el poder es la de creer que son ellos los poseedores del dinero y no sus administradores.

Hace muy poco días no recuerdo qué ministro/a volvía a repetir una expresión que me saca de quicio: "el gobierno esta haciendo un gran esfuerzo*" A ver; el Gobierno no hace el menor esfuerzo porque el esfuerzo lo hacemos todos y cada uno de los españoles -y más que vamos a hacer- pagando impuestos dentro de poco hasta por respirar. El Gobierno administra nuestro dinero, el de todos, de forma que si ahorra en una partida o aumenta el gasto en otra, ni se esfuerza en la primera ni es generoso en la segunda porque tira con pólvora ajena, con euros que no son sus euros sino los de todos. Aquí no hay más dinero que el de los españoles que por mil caminos, directos o indirectos, llega al Gobierno y este administra de una forma u otra. El problema grave ahora es que este Gobierno está gastando incluso el dinero que no tiene, el dinero que le llegará, se supone en su momento y hace exactamente lo mismo de lo que nos acusan a los ciudadanos: vive -y gasta- por encima de sus posibilidades -que son las nuestras- y por tanto está apostando no ya con nuestro dinero sino con el que se supone tendrá de nuestros hijos. Que toda una generación llegue la vida social ya con deudas, es duro y debería ser evitable en la medida de lo posible. Pero una vez más, decir estas cosas es hablar en el desierto. Y eso que aun no se ha comenzado a financiar todo el sistema autonómico, que esa va a ser otra.

Periodista Digital - Opinión

El Gobierno, a por la banca

«Las cláusulas del plan de rescate del Gobierno son suficientemente claras como para perfilar cuáles son las intenciones del mismo: reestructurar el sistema bancario español a gusto del Gobierno para luego nacionalizarlo parcialmente.»

Pese a que la crisis ha venido achacándose al sistema de libre mercado, a la desregulación y a la retirada del Estado de la vida social, lo cierto es que el origen de la misma se encuentra en un sector tan poco "libre" y "desregulado" como es el financiero. Cualquiera que conozca mínimamente las normas y las supervisiones a los que se somete la banca, sabe perfectamente que se encuentran entre las más intervencionistas de la economía.


Ahora bien, no toda intervención se plasma a través de mandatos escritos y públicos. El Estado, como monopolio de la violencia en una sociedad, tiene un enorme poder para presionar a sectores económicos enteros. Muchas veces no hace falta ni que los políticos se dirijan a un empresario en concreto para leerla la cartilla; basta con que éste se preocupe de no molestar a los cargos públicos y se comporte como cree que ellos esperan que lo haga.

En el ámbito bancario, estas fuentes informales de intervención son bastante habituales. Pensemos que estamos hablando de un mundo donde los relativamente pocos empresarios se conocen todos entre sí y donde, para más inri, todos ellos mantienen una fluida y habitual relación con dos importantes instituciones públicas: el banco central (encargado de proporcionar casi diariamente liquidez a los bancos) y el Tesoro (que emplea a los bancos ya sea como colocadores de su deuda o como prestamistas directos).

No es de extrañar, por consiguiente, que política y banca hayan mantenido históricamente una relación demasiado estrecha como para poderla tildar de libre o desregulada. Los empleados y directivos de la banca entran y salen de los gobiernos (Henry Paulson, el anterior secretario del Tesoro de Estados Unidos, llegó a su cargo desde la dirección del banco Goldman Sachs, como también lo hizo Robert Rubin, el secretario del Tesoro de Clinton; en España el caso más reciente y conocido es obviamente el de Miguel Sebastián, director del Servicio de Estadios del BBVA) y los gobiernos intentan en todo momento orientar la estrategia de los bancos, "sugiriendo" a sus accionistas que nombren a directivos afines (como ocurrió en nuestro país con la operación de acoso y derribo de Francisco González) o directamente nombrándolos a dedo (caso de las cajas de ahorro).

Toda esta camaradería tan poco competitiva y libre –ya que las barreras legales de entrada al sector son muy elevadas– se vino produciendo sin interrupción desde antes de que estallara la crisis actual, pese a lo cual la izquierda no ha dejado de vender la imagen de una cada vez mayor desregulación de los mercados. Sin embargo, la situación de alarmismo generada por el casi completo colapso financiero que se produjo en septiembre del año pasado, ha dado alas a los Estados para iniciar el asalto definitivo sobre la banca.

Las decisiones políticas que se han tomado desde septiembre de 2008 han sido todo un ejemplo de abuso de poder, arbitrariedad gubernamental y derroche de miles de millones de euros. Por muy necesarios que pudieran ser ciertos rescates a la banca, no deberían haber servido como plataforma para la expansión del poder del Estado y el manejo político de los ahorros de centenares de millones de ciudadanos.

Este exagerado dirigismo prácticamente no ha conocido excepciones a ambos lados del Atlático. Ayer supimos con certeza que la Reserva Federal obligó en septiembre a Bank of America a adquirir al banco de inversión Merrill Lynch so pena de no poder participar en el inminentes plan de rescate público. Dicho de otra manera, Bernanke no sólo obligó a los accionistas y depositantes de Bank of America a que soportaran el riesgo y las pérdidas de Merrill Lynch, sino que hizo gala de un comportamiento totalmente errático, contradictorio y arbitrario al dejar quebrar a Lehman Brothers el mismo día en que se consumó la anterior transacción. ¿Por qué Merrill Lynch bien valía una ofensiva contra Bank of America y en cambio Lehman Brothers –por quien también mostró su interés esta última entidad– no? Tras el descubrimiento de los emails de la Fed hemos comprobado que las fusiones de bancos en Estados Unidos se guiaron por criterios puramente políticos y no económicos. ¿Desde cuándo esto es un ejemplo de libre mercado?

Y como parece que en España sólo somos capaces de importar lo malo de Estados Unidos, este modelo dirigista es el que ha inspirado al Gobierno de Zapatero a la hora de crear el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria. Después de que se nos hablara por activa y por pasiva de que contábamos con el sistema financiero más sólido del mundo, el Ejecutivo ha tenido que constituir un fondo dotado con 90.000 millones de euros para proporcionar financiación a bancos y cajas.

Sus cláusulas son lo suficientemente claras –el Gobierno podrá sustituir a los administradores y decidir sobre los procesos de fusión de las entidades y convertirá en acciones los fondos que bancos y cajas no devuelvan antes de siete años– como para perfilar cuáles son sus intenciones: reestructurar el sistema bancario español a gusto del Gobierno para luego nacionalizarlo total o parcialmente.
Si el intervencionismo estatal en sus distintas formas –desde las expansiones de crédito del banco central hasta los préstamos teledirigidos de los bancos por parte de los políticos– ha sido una de las causas más importantes de esta crisis, no parece que la solución vaya a consistir en incrementarlo aún más. Estos planes de rescate diseñados a la medida de los burócratas no nos harán ni más prósperos ni más libres, sino todo lo contrario: más pobres y, especialmente, más sumisos.

Libertad Digital - Editorial

Reestructuración bancaria

TRAS muchas incertidumbres, el Gobierno aprobó el Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB). Un proyecto tan ambiguo como su nombre y con el que el Ejecutivo ha desaprovechado una buena crisis para acabar con un riesgo diferencial del sistema financiero español. No se ha atrevido a tocar la ley de Cajas de Ahorros como no quiere oír ni hablar de la reforma laboral. El proyecto busca incentivar con dinero público la restructuración del sistema financiero, es decir, que los contribuyentes paguemos parte del coste de las fusiones bancarias con la excusa de ordenar el proceso. Pero el FROB nace de un diagnóstico discutible, que el sistema financiero español es básicamente solvente y solo necesita pequeños retoques; no hay un problema serio, solo la posibilidad de que algunas entidades sufran más de la cuenta poniendo en peligro el conjunto del sistema. Un diagnóstico que no coincide con el de la mayor parte de analistas internacionales que subrayan la existencia de un riesgo diferencial por la especial naturaleza de la mitad del sistema financiero ajeno a la disciplina de mercado, la excesiva concentración de riesgo inmobiliario y el sobredimensionamiento experimentado en un ciclo alcista inusualmente largo.

El proyecto diseña un mecanismo con tres categorías de actuación. En la primera, entidades sin problemas acuerdan soluciones privadas para ganar tamaño y acuden a los incentivos del FROB. En una segunda, entidades básicamente solventes pero que atraviesan dificultades temporales de liquidez, acuden al Fondo de Garantía de Depósitos y emprenden una restructuración consensuada con el FROB; es en estos casos cuando las Comunidades Autónomas mantienen sus prerrogativas. Y un tercer caso, de entidades básicamente insolventes que serán intervenidas por el Banco de España. El problema está en que no acaba de entenderse muy bien por qué si las entidades no tienen problemas necesitan fondos del contribuyente. Y si los tienen, parece lógico que se impongan condiciones. Más aún si parte del problema lo han causado los propios políticos con su ocupación de las Cajas. Tampoco se entiende cómo se va a hacer la distinción entre las diferentes categorías de entidades. En la América de Obama que tanto gusta al Gobierno, el plan Geitner ha sido mucho más claro, solo se consideran solventes aquellas entidades por las que algún privado está dispuesto a arriesgar su dinero. Es entonces cuando el sector público interviene completando los fondos necesarios.

Estamos ante un Gobierno débil y que ha agotado el margen de endeudamiento. No puede permitirse el lujo de enfrentarse a los partidos nacionalistas, ni siquiera a sus propios barones territoriales, pues corre el riesgo de ver rechazados los presupuestos. Tampoco dispone del dinero prometido, porque se lo ha gastado en ocurrencias innecesarias. Cabe preguntarse si en estas condiciones el Fondo era necesario, si no bastaba con utilizar decididamente los mecanismos existentes: el Fondo de Garantía de Depósitos y la ley de disciplina financiera que autoriza al Banco de España a intervenir, vender o liquidar entidades y, con autorización específica del Consejo de Ministros, a imponer un plan de recapitalización con fondos públicos.

ABC - Editorial

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