lunes, 16 de agosto de 2010

Engañabobos. Por César Alonso delos Ríos

El PP ha caído en la trampa de entrar en la polémica sobre las primarias del PSM.

El PP ha caído en la trampa de entrar en la polémica sobre las primarias del PSM. Ha picado en el anzuelo de una polémica engañabobos. Consiste ésta en desplazar los grandes problemas con cuestiones menores. Se deja de hablar de la crisis económica y del paro; se relega el debate sobre los derechos de los niños a estudiar en castellano: se pasa del proceso soberanista de Cataluña y el País Vasco…

Así que mientras discutimos sobre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez… el PNV no sólo pide una serie de nuevas transferencias para el País Vasco sino un nuevo modelo de Estado a cambio de su apoyo al Gobierno en los Presupuestos Generales. Mientras hacemos elucubraciones sobre la retirada de Gregorio Peces Barba ante la presentación de Lissavetsky a la Alcaldía de Madrid, aceptamos la respuesta de ZP al Departamento de Estado norteamericano en relación con el informe de este sobre la prohibición del castellano… Mientras el PP se pierde en los debates internos de las agrupaciones socialistas, pasa a segundo plano el debate sobre la reforma laboral.

Algunos esperan que la batalla de las primarias de Madrid afecte a Zapatero como líder nacional y como candidato a la Presidencia. Ingenuos. Se hacen ilusiones con el hecho de que la rebelión de Tomás Gómez sea el comienzo de la pérdida de prestigio del presidente y que eso suponga un adelanto de su derrota en el 2012. Llama la atención que los líderes del PP se agarren a estas cuestiones cuando han tenido y tienen tantas posibilidades de demostrar la vulnerabilidad del Gobierno. Y los hay que confían en que el comienzo de la caída del PSOE se dé en las elecciones autonómicas catalanas. Cifran sus esperanzas en que sea CiU con su victoria sobre el PSC la que marque el comienzo de la derrota del PSOE. En definitiva, se agarran al engañabobos de las primarias en vez de hacer una política sería de oposición.


ABC - Opinión

Libertad religiosa. Córdoba en Manhattan. Por José Carlos Rodríguez

No sé si la construcción de Casa Córdoba será buena o mala para la ciudad de Nueva York, que tanto aprecio. Lo que sí sé es que su prohibición será un paso atrás en las libertades de aquél país y lo acabará siendo también en nuestras libertades.

ESe va a construir una mezquita en la zona cero de Nueva York, un recinto en cuya valla se apuestan los visitantes para dejar el enorme hueco que dejó el atentado islamista de 2001. Es una provocación intolerable y, como tal, no se debe tolerar. Esa es la queja de una mayoría de estadounidenses y de no pocos de los españoles que han visto la noticia. Adórnese como se quiera, con la voz de las víctimas, con artículos de muslimes arrogándose la provocación, con el vaivén de los políticos... Esta queja, esta llamada a que se prohíba la mezquita donde cayeron las torres gemelas, es humanamente comprensible pero no tiene razón suficiente para sostener esa pretensión.

Para empezar, no es una mezquita, sino un centro cultural, y no se construye en la zona cero, sino a dos o tres manzanas de distancia. Si la principal razón para prohibirla es que constituye una provocación, dejemos claras sus circunstancias, porque las circunstancias son las que le otorgan valor. Se erigen mezquitas en muchos sitios y a ninguna de ellas se le da esta carga simbólica. Esta no es una mezquita y no ocupará el terreno del world trade center. Es un centro cultural vecino. Estará destinado a "promover la integración y la tolerancia hacia las diferencias y la cohesión de la comunidad por medio de las artes y la cultura". Claro que podría ser falso, pero si de veras fuera una provocación estaría formalmente dedicado a promover la yihad contra el infiel.


Se le ha sugerido a sus promotores que elijan una ubicación distinta. Dos manzanas, al parecer, no son suficiente distancia. ¿Lo serían cuatro? ¿Cuál es el número de calles suficiente para una provocación tolerable? Es un problema moral harto difícil. Porque la provocación está siempre en el provocado. El que la ejecuta lo hace sabiendo, o no, los razonamientos del ofendido. Debería ser evidente, con sólo plantearse la cuestión, que no podemos conocer las mentes de todos los demás para hacer un cálculo exacto, ni siquiera aproximado, del fine tunning de la provocación. ¿Cuántas indignaciones desata una mezquita y cuántas un centro cultural? ¿Cuántos dejarían de ofenderse con cada calle que se alejase de la zona cero? Una mezquita en el Pentágono, ¿sería mayor motivo de escándalo? Hay una y, por el momento, no ha producido mayor problema.

Mucha derecha está indignada. Pero derecha y liberalismo no son la misma cosa. Es cierto que es en la derecha donde mejor se ha acogido a la libertad, pero no siempre el recibimiento es acogedor, como es evidente. Hay cosas que un buen liberal sabe por instinto, o porque lo ha estudiado, o por cualquier otra razón, pero que no le permitirán traicionarse. Como, por ejemplo, que en cualquier parte del mundo, pero más en los Estados Unidos, debería prevalecer la libertad religiosa. O, más precisamente, que esa libertad, como todas las demás, emana del derecho de propiedad. Y la propiedad del terreno ha decidido vendérsela a los promotores de Casa Córdoba, que así se llama el lugar. Debiera saber que nuestra ignorancia sobre todas las circunstancias que puedan derivarse de un curso de acción u otro nos aconseja que confiemos en el libre ejercicio de cada uno con lo suyo, para que vayamos descubriendo qué es beneficioso y qué no lo es. Y que debiéramos desconfiar de que el poder se arrogue el derecho a prohibir tal o cual acción legítima sólo porque la mayoría de la población le respalde.

No sé si la construcción de Casa Córdoba será buena o mala para la ciudad de Nueva York, que tanto aprecio. Lo que sí sé es que su prohibición será un paso atrás en las libertades de aquél país y lo acabará siendo también en nuestras libertades.


Libertad Digital - Opinión

Ministro, ¿de dónde?. Por José María Carrascal

¿Qué puede esperarse de un gobierno que ha venido dando todo tipo de facilidades a Gibraltar para que alcance su sueño de miembro de pleno derecho en la CE?

INDEPENDIENTEMENTE de los derechos seculares de España sobre Melilla, siento envidia de la actitud marroquí en el contencioso. Ellos creen que la ciudad les pertenece y buscan por todos los medios anexionársela. Sin que haya la menor fisura en su actitud. Rey y pueblo, Gobierno y oposición respaldan esa postura y avanzan sus peones por todas las vías a su alcance, incluidas las ilegales. Podrá tachárseles de transgresores, pero no de antipatriotas.

¡Qué diferencia con nuestra actitud ante Gibraltar! En Gibraltar, quienes vienen transgrediendo la legalidad desde el momento mismo de su ocupación son los ingleses y los gibraltareños. Durante dos siglos y medio, España utilizó todas las armas a su alcance para recuperar la Roca, logrando que la ONU reconociese sus derechos sobre ella. Pero en el último medio siglo no ha hecho más que ceder posiciones, hasta convertirse hoy en la principal defensora de los intereses de los colonialistas, esto es, en enemiga de los suyos, pese a las injurias, escarnios y expolios que continúa sufriendo por parte de aquéllos.

Fíjense en lo que está ocurriendo en La Línea. El alcalde, para compensar las pérdidas que le supuso el bloqueo de la carta económica de 2003, intenta establecer un peaje al paso por la ciudad de los vehículos camino del Peñón. Eso, naturalmente, dañaría la economía gibraltareña, por lo que sus autoridades han puesto el grito en el cielo. Lógico. Lo ilógico es que el Gobierno español les apoye y trate de impedir el peaje. Aunque ¿qué puede esperarse de un Gobierno que ha venido dando todo tipo de facilidades a Gibraltar para que empiece a vivir por su cuenta y alcance su sueño de miembro de pleno derecho en la Comunidad Europea? Un Gobierno que ha reconocido de facto a sus autoridades, al aceptarlas en la mesa de negociaciones sobre la Roca, aunque la ONU sólo señala como interlocutores a Londres y Madrid. Un Gobierno que ha enviado a su ministro de Exteriores en viaje oficial a la colonia y viene cerrado los ojos ante el expansionismo de la misma por tierra, mar y aire, a nuestra costa, naturalmente. Pues ¿saben ustedes qué transportan esos camiones que cruzan La Línea, que el alcalde intenta gravar? Pues no sólo los alimentos que alimentan la colonia, sino también escombros con los que se está ampliando el Peñón hacia el Este, para construir un gran centro turístico en aguas nunca cedidas por España. O sea que están ampliando un Gibraltar no español con tierra y piedras españolas. A veces me pregunto de dónde es ministro de Exteriores Moratinos, de Cuba, de Venezuela, de Marruecos o de España.
Ahora comprenderán mi envidia de Marruecos al respecto.


ABC - Opinión

Impuestos. Juan de Mariana contra Zapatero. Por Gabriel Calzada

Seguir estableciendo nuevos impuestos, como bien explicaba Juan de Mariana, reduciría "poco a poco a la miseria a quienes hasta hace poco eran ricos y felices". "Proceder así", concluía el sabio autor, "sería obrar como un tirano".

Charlatanes, aduladores y tiranos

Hace ahora cuatro siglos España estaba en una situación financiera muy parecida a la actual. Durante la primera década del siglo XVII, Felipe III y el Duque de Lerma expandieron el gasto público y desequilibraron las cuentas incurriendo en un déficit que puso en jaque a toda la economía española. Al igual que ocurrió el pasado mes de mayo, la hacienda pública del hijo de Felipe II entro en quiebra técnica y los españoles sufrieron las consecuencias de las políticas irresponsables y manirrotas de sus gobernantes. Todo igualito que ahora.

A lo que no llegaron nuestros gobernantes hace 400 años es a tener la desfachatez de decirnos que nuestros impuestos "son muy bajos" cuando nuestra renta disponible –a los que por fortuna seguimos disponiendo de ella– a duras penas nos dan para llegar a fin de mes. Pues eso, ni más ni menos, es lo que ha hecho José Blanco este fin de semana y lo que llevan repitiendo Zapatero y Salgado desde el debate del estado de la nación para ir preparando la enésima subida de impuestos. Claro que Felipe III aprendió economía de su preceptor, García de Loaysa, un hombre culto y prudente que dedicó años a la formación de su alumno, mientras Zapatero aprendió en dos tardes de Jordi Sevilla, un preparado economista keynesiano que como todos los de su escuela carece de la más mínima prudencia.


Loaysa explicó a su pupilo que no tenía derecho alguno sobre los bienes y la renta de sus súbditos de tal forma que pudiera tomarlos para él o transferirlos a otros. También le enseñó que si realmente la hacienda real estaba en apuros debía esforzarse en recortar los gastos y si aun así era necesario recaudar más, debía explicar el motivo a la ciudadanía para que esta decidiera voluntariamente si estaba dispuesta a pagar más impuestos o no. Juan de Mariana, quien a su vez aconsejaba a Loaysa sobre los contenidos de las instrucciones al príncipe, añadió que quienes sostienen lo contrario "son los charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios."

Zapatero no necesita estar rodeado de charlatanes y aduladores para darnos otra vuelta de tuerca impositiva y sin embargo cuenta con una legión de fieles que nos repiten una y otra vez que si queremos servicios públicos decentes debemos pagar mucho más. Es la misma cantinela de siempre. La verdad es que si queremos mejores servicios públicos lo que necesitamos es recortar el gasto público de modo que el Estado deje de abarcar tantos aspectos de la vida de los ciudadanos y así fomentar que los servicios públicos los desarrolle y los ofrezca la sociedad civil. Esta crisis requiere adelgazar el Estado, como bien explicaba Mariana hace cuatro siglos. Tratar de salir de esta crisis cebando el leviatán conllevaría estrangular las posibilidades futuras de crecimiento de este país y requeriría seguir estableciendo nuevos impuestos que, como bien explicaba Juan de Mariana, irían "reduciendo poco a poco a la miseria a quienes hasta hace poco eran ricos y felices". "Proceder así", concluía el sabio autor, "sería obrar como un tirano, que todo lo mide por su codicia y se arroga todos los poderes".


Libertad Digital - Opinión

El muestrario de ZP. Por Félix Madero

El obsequioso Moratinos, silente. Eso qué es, ¿prudencia, diplomacia o sentido de la oportunidad?

UNA de las habilidades del Gobierno es su amplio muestrario para encontrar soluciones. Cuando yo era niño se prodigaba por los pueblos un hombre vestido con traje oscuro que viajaba en un coche pequeñito que tenía cegadas las ventanillas traseras donde llevaba su mercancía. Era el viajante, una profesión que se ha perdido, pero que conectaba al pueblo con el exterior. No sólo traía un muestrario con las telas a vender, traía noticias, sucedidos. Y si no los tenía, quizá los inventaba, que nadie en aquellos tiempos le iba a contradecir, y la mercancía había que colocarla con decisión y desparpajo. Enfrente de mi casa había tres comercios de telas, y en todos tenía yo paso franco porque sus dueños, Ginés sobre todo, conocían mi afición a quedarme con el canuto de cartón en el que iban, y van, enrolladas las telas. Los ojos de un niño vieron a ese hombre oscuro vendiendo el género con decisión y sabiduría: Es que este color no lo vendo, decía el dueño. Será porque no lo pones en el escaparate, replicaba el viajante. Es que esta tela resulta ordinaria. Será que no has dicho que Lola Flores la gasta. Es que esta otra resulta demasiado moderna. Pero bueno, exclamaba el viajante, di a tus clientas que compren el Hola y verán lo que lleva la hija de Franco. El viajante hacia su faena, se marchaba, y allí quedaba el momio, a ver quién era la guapa que quería ir vestida como en las revistas.

Esto recordaba en estos días veloces de verano cuando el viajante se me ha aparecido con la mismísima cara de Zapatero. No quiero ser irrespetuoso con el presidente que es, quiéralo o no, también el mío, pero menos querría ser descortés con los viajantes, cuyo oficio rememoro en un acto de justicia y modernidad. Vamos a ver: ¿Que cree que el Gobierno de España no es claro con el caprichoso y chocarrero Rey de Marruecos? Entonces es que ignora cómo se hace la política exterior, tan delicada y sutil. ¿Que cree que Moratinos debería estar presente cuando Marruecos provoca a nuestra Policía? Bueno, es que entonces usted no sabe para qué sirve el Rey de España. ¿Que nos quejamos porque vemos al presidente incapaz de decir que Melilla y Ceuta son España, incluso antes de que Marruecos existiera? Pues sale el errabundo Manuel Chaves y dice que estamos confundiendo prudencia con diplomacia.

El problema no es la calidad de la mercancía, la cuestión es que el vendedor y su red de agentes colegiados creen que el dueño del comercio, o sea usted amigo lector, es gilipollas y no distingue el lino del tergal. O sea, la prudencia de la diplomacia. Y el obsequioso Moratinos, silente. Eso qué es, ¿prudencia, diplomacia o sentido de la oportunidad? El viajante de mi infancia inventaba historias mientras salían del muestrario las telas que no quería nadie. Siempre estaba al quite y no descansaba, sobre todo cuando había mercancías que colocar. ¿Han visto a Mohamed VI con qué arte las despacha?


ABC - Opinión

PSOE. Tomás: ¿quién tienes detrás?. Por Emilio Campmany

Parece más probable que alguien, con aspiraciones a suceder a un Zapatero que empieza ya a oler a chamusquina, haya pensado que Tomás Gómez y su victoria en las primarias puede ser un buen estímulo para que ZP prefiera no ser candidato en 2012.

Ya es oficial. Las primarias en el PSOE de Madrid para elegir candidato a la Comunidad Autónoma serán un plebiscito para Zapatero. Quiere esto decir que su futuro como candidato del PSOE en las generales de 2012 depende en buena medida de lo que pase aquí.

El País recuerda este domingo que Madrid siempre ha sido el termómetro de lo que ocurriría en las generales siguientes. En 1979, el PSOE arrebató la capital a la UCD y ganó en 1982 las generales. En 1995, Gallardón se impuso en la comunidad y al año siguiente González sucumbió ante Aznar. Y en 2003, la derrota de Esperanza Aguirre hubiera presagiado la de Rajoy si no fuera porque el tamayazo obligó a repetir unas elecciones que el PSOE ya no fue capaz de ganar. Total, que vencer en Madrid en las autonómicas es tanto como garantizarse hacerlo en España en las generales posteriores.


Ferraz dice que Trini tiene muchas más posibilidades que Tomás y es fácil que sea así si se tiene en cuenta que la primera es mucho más conocida que el segundo y que la sobrina de Jiménez Villarejo estorba menos que el más radical ex alcalde de Parla al electorado del PP. No obstante, a pesar de todas las presiones recibidas, que han tenido que ser muchas y poderosas, Tomás Gómez ha insistido en celebrar primarias y enfrentarse al aparato del partido. Todos los analistas de izquierda coinciden que eso es lo que cabía esperar de su carácter, aunque ninguno se atrevió a adelantar esta actitud numantina cuando se conocieron las primeras presiones, de las que estuvo encargado el "hábil" Manuel Chaves.

A lo mejor es verdad que Tomás Gómez es una especie de don Erre que erre, pero parece más probable que alguien, con aspiraciones a suceder a un Zapatero que empieza ya a oler a chamusquina, haya pensado que Tomás Gómez y su victoria en las primarias puede ser un buen estímulo para que el inquilino de la Moncloa prefiera no ser candidato en 2012.

Al respecto, hay tres posibles responsabilidades a las que atribuir el ardor guerrero de Gómez. La primera es Bono, pero al manchego no se le conocen contactos leales en el PSM y políticamente huele a muerto desde hace meses. La segunda es el supuesto sucesor natural de Zapatero, don José Blanco, pero es tradición inveterada que el número dos no pueda suceder al número uno, como Guerra nunca pudo suceder a González ni Cascos a Aznar. La tercera es el felipismo prisaico, que hoy representa Rubalcaba.

Al principio, esta tercera posibilidad parecía tan improbable como las otras dos al ver a El País acudir a apoyar a Trini cuando ésta bajó a la arena de Madrid. Sin embargo, en muy pocos días, el entusiasmo prisaico se ha enfriado y ahora les da por alabar el arrojo del parleño de adopción, mientras los muy felipistas Sotillos y Peces-Barba se dan con los talones en el trasero para cantar las muchas virtudes del indómito.

De forma que habrá que leer con atención los editoriales que salgan de ca’ Janli para saber si, como empiezo a sospechar, es el conglomerado felipista el que ha insuflado al david Tomás el valor para enfrentarse al goliat Zapatero. Si así fuera, acomódense en sus butacas y hagan acopio de palomitas porque desde que Dino de Laurentis produjo Waterloo no habrán visto una batalla más espectacular.


Libertad Digital - Opinión

Córdoba house. Por Ignacio Camacho

De todos los solares de todas las ciudades de América, la Zona Cero es acaso el más inoportuno para una mezquita.

DE todos los cafés de todas las ciudades del mundo, se quejaba Rick Blaine-Bogart en «Casablanca», Ilsa-Ingrid Bergman había tenido que aparecer precisamente en el suyo para resucitar un viejo dolor enterrado. Algo así ha tenido que decir Barack (Hussein) Obama para rectificar su notable patinazo al defender el derecho de los musulmanes a construir una mezquita en la Zona Cero del 11-S: de todos los solares de todas las ciudades de todos los Estados Unidos, ése es probablemente el más inoportuno porque revive heridas mal cerradas en la conciencia de un pueblo atacado. Presa de un ataque de zapaterismo—síndrome que se manifiesta en decirle a todo el mundo lo que quiere oír—, el presidente americano sucumbió a la tentación de granjearse las simpatías islámicas durante una cena conmemorativa del Ramadán, pero la reacción irritada de sus compatriotas le ha forzado a recular ante una lógica corriente adversa de opinión pública. Al final ha dejado las cosas, acaso un poco tarde, en su justo término: el derecho a levantar mezquitas no se discute en una sociedad abierta, pero quizás en ese sitio no se trate de una buena idea.

Al fondo de toda esta polémica, que nos resulta familiar en un país también golpeado por el fundamentalismo islámico, no late tanto el problema de la tolerancia como el de la reciprocidad. El Estado liberal consagra la libertad de culto y la hace efectiva sin mayores problemas, como prueba la celebración masiva del Ramadán en Europa y América, pero esa pacífica coexistencia no debe enturbiarse con gestos interpretables como provocación innecesaria. La alianza de civilizaciones funciona de hecho en la realidad cotidiana —en España los trabajadores musulmanes gozan incluso del derecho a adaptar su jornada a la práctica del ayuno— sin trabas significativas al ejercicio de la oración ni de la prédica. Se trata de una cuestión asumida con naturalidad en el seno de las sociedades democráticas, que sin embargo no cuenta con un tratamiento recíproco en la mayoría de las naciones islámicas, donde no suelen concederse permisos para erigir iglesias cristianas ni para conmemorar la Navidad o la Semana Santa. Es esa falta de correlato lo que causa recelos y da lugar a sentimientos de agravio.

El debate de Nueva York no por eso un asunto de libertades sino de sensibilidad. Esa Córdoba House —vaya por Dios, el mito andalusí— que algún imán quiere edificar en el lugar donde más duele la tragedia no va a cicatrizar heridas, sino a reabrirlas. Y aunque queda claro que el Islam no es responsable de lo que allí ocurrió, también lo está que el impacto ambiental de una iniciativa así no acerca voluntades sino que las separa. La tolerancia es recíproca o no es tolerancia; el error de Obama sugiere que en caso de susceptibilidad al menos es menester atenerse al sentido común de la coexistencia.


ABC - Opinión

¿Impuestazo el 15 de agosto?

En la agenda del Gobierno para el próximo ejercicio figura señalado en rojo la subida de los impuestos como un instrumento esencial de las políticas de ajuste fiscal. Hasta ahora el Gobierno ha sido más bien opaco a la hora de trasladar detalles sobre el alcance de la propuesta en un intento de contener el debate y diluir en lo posible el desgaste social y político de la iniciativa. José Blanco aportó ayer algunas matizaciones y reflexiones que alteran sustancialmente el discurso oficial mantenido sobre este asunto hasta la fecha. Blanco aseguró que los impuestos españoles son «muy bajos» y apuntó que hay que «homologarlos» a la media de la Unión Europea, con el objetivo de lograr servicios e infraestructuras «de primera». Y planteó una reflexión a los españoles para sostener su juicio: «La pregunta que siempre se tienen que hacer los ciudadanos es si queremos unos servicios públicos de primera o unas infraestructuras de primera, tendremos que tener también impuestos homologables a los de los países europeos». Hasta esta aparición de José Blanco en plena festividad de agosto, el Gobierno había limitado con insistencia el incremento fiscal a las rentas más altas, algo que tras escuchar al ministro hay que dejar como mínimo en suspenso.

Sea o no otro globo sonda de los habituales del Ejecutivo, o sea, otro paso para desbrozar el camino en la liturgia previa a una decisión que evidentemente será impopular, el argumento de José Blanco resulta muy poco convincente y creíble para justificar nuevos impuestos. Lo prioritario en la reforma fiscal que está por llegar es si ayudará a la economía española en su imprescindible recuperación, en definitiva, si incentivará la actividad o no. Hablar de impuestos de primera para infraestructuras y servicios de primera en un país con cuatro millones y medio de parados casi parece una frivolidad y, desde luego, parece poco acertado. Habría también mucho que discutir sobre los juicios de valor del ministro y sobre sus verdades dogmáticas. Decir que los españoles y las empresas pagan muy pocos impuestos, sin entrar a evaluar otros parámetros económicos y circunstancias sociales de este país, es un análisis simplista que únicamente responde a la consabida habilidad política de José Blanco.

Existe una opinión mayoritaria entre los expertos y los servicios de estudios más prestigiosos en que las subidas de impuestos en general, y en épocas de crisis en particular, agostan la actividad y el consumo, y ralentizan la economía. El Gobierno tiene como principal objetivo el de aumentar rápidamente los ingresos públicos para hacer frente a las exigencias de un déficit y una deuda disparados como consecuencia de una falta de austeridad pública irresponsable. En todo caso, las políticas de ajustes impuestas por Europa serán insuficientes para corregir los desequilibrios si Gobierno y comunidades autónomas no cierran el grifo de una vez por todas. El Gobierno se equivocará si apuesta por un impuestazo que retraerá y no alentará el flujo de los capitales. Será otra muesca más en una extensa relación de decisiones erradas.


La Razón - Editorial

Libertad y respeto en la Zona Cero

Es un problema de respeto a las víctimas, no de libertad de establecimiento o de religión.

En parte tapado por muchos otros asuntos de mayor actualidad y urgencia, el debate sobre la construcción de un centro religioso, cultural y comunitario musulmán a pocos metros de la Zona Cero, llamado Casa Córdoba, ha alcanzado la primera plana tras un discurso con motivo del Ramadán en el que Obama entró en el debate reafirmando el derecho de los musulmanes a rezar donde quieran, como no podía ser de otro modo. No obstante, el presidente de los Estados Unidos rebajó al día siguiente las expectativas de quienes defienden la mezquita afirmando que eso no significaba que apoyase su construcción o dejara de hacerlo. Y es esa, en apariencia, pequeña diferencia la que marca un mundo de diferencia.

Cándido Azpiazu, el asesino de Ramón Baglietto, tiene un derecho legal a montar una cristalería enfrente de la casa en la que vive su viuda, Pilar Elías. Pero sólo una sabandija apoyaría semejante decisión. Es un problema de respeto a las víctimas, no de libertad de establecimiento. Del mismo modo, los promotores de la mezquita tienen derecho a construirla al lado de la Zona Cero, derribando para ello un edificio dañado por fragmentos de unos de los aviones del 11-S. Pero no es precisamente una idea que respete la sensibilidad del prójimo ni facilita el objetivo de "tender puentes", que es la razón que públicamente se ha dado para su construcción.


Es por eso que una mayoría de los estadounidenses y los neoyorquinos se opone a la Casa Córdoba. Cerca de un centenar de mezquitas funcionaban antes del 11-S en Manhattan y lo siguieron haciendo después con plena normalidad y sin provocar ninguna protesta. Pero este proyecto en particular ha levantado ampollas entre las víctimas y sus compatriotas. "Nadie que haya vivido la historia del 11-S y sentido el aguijón de la pérdida para nuestro país de aquel día puede creer sinceramente que someter a nuestras familias a más dolor pueda suponer un acto de paz", ha declarado Debra Burlingame, víctima del 11-S, mujer del piloto del avión que estrellaron contra el Pentágono.

Burlingame saltó a la fama como portavoz de la oposición de las víctimas a la construcción de un museo en la Zona Cero, financiado entre otros por George Soros, en el que se "contextualizaba" el ataque con referencias a la política exterior norteamericana y el viejo y falso eslogan progresista de enlazar pobreza y terrorismo. Como la responsabilidad sobre el antiguo emplazamiento de las Torres Gemelas era pública, el gobernador del estado pudo prohibir el museo. No es el caso, y aunque ha habido peticiones de convertir el edificio que se derruirá en un monumento público han fracasado, y con razón, porque no lo es.

Muchos temen que edificar la Casa Córdoba tan cerca de la Zona Cero se convierta en un símbolo para los islamistas, un acicate para seguir con su lucha. Pero es un peligro hipotético, y quizá no muy realista. Sin embargo, lo que sí es una realidad innegable es que para las víctimas esta mezquita supone un sacrilegio que viola el suelo sagrado en el que mataron a los suyos. Y que tienen la sensación de que en Estados Unidos se respeta más el derecho de los musulmanes a rezar donde quieran que el suyo a honrar a sus muertos ahí donde cayeron.

Es probable que las palabras de Obama sobre este asunto no sean más que política de la mala, la de quien dice sin decir y se niega a tomar postura. Pero sirven para recordarnos la gran diferencia entre ley y moral; que no todo lo que está permitido es bueno, y que tener derecho a algo no significa que debamos hacerlo. Si el imán Feisal Abdul Rauf, promotor de Casa Córdoba, logra entender esta diferencia y acepta la oferta de trasladarla, habrá cumplido de verdad con su publicitado objetivo de tender puentes.


Libertad Digital - Editorial

Diplomacia de brazos cruzados

La táctica de huir de los conflictos para negar su existencia no es admisible para los intereses nacionales, aunque este Gobierno la practique con excesiva asiduidad.

EL crecimiento territorial de Gibraltar —sobre aguas de soberanía española— sigue adelante gracias a la pasividad del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que parece haber optado por cerrar los ojos ante el problema que sigue representando la colonia británica. Los trabajos que se llevan a cabo en la Roca para la futura ejecución de proyectos urbanísticos generan grandes cantidades de escombros con los que las autoridades de Gibraltar ganan terreno al mar. De esta forma, no solo se siguen vulnerando los términos del Tratado de Utrech sobre los concretos límites territoriales de las cesiones que se hicieron a las autoridades británicas, sino que se consolida un statu quoque fortalece la posición británica y debilita las opciones del Gobierno español en cualquier mesa de negociación. Es evidente que un problema histórico como el del Peñón de Gibraltar no tiene soluciones inmediatas, ni responde a diplomacias improvisadas y sincopadas. Pero sí exigen planteamientos claros y un establecimiento nítido de las prioridades, algo que a todas luces no se ha hecho en las dos legislaturas socialistas.

El criterio británico sobre la colonia está definido y es conocido, pero no se sabe cuál es el del Gobierno español ante la expansión territorial del Peñón. En los conflictos diplomáticos tan importante es hallar una solución como evitar que empeoren; y, en el caso de Gibraltar, no se está consiguiendo una cosa ni otra. A mayor abundamiento, el crecimiento territorial del Peñón a costa de aguas españolas —y con un alto impacto medioambiental en la zona— se mantiene en paralelo a una constante actitud de obstrucción por parte de sus autoridades a las labores de control del tráfico marítimo que lleva a cabo la Guardia Civil. Es decir, la cuestión gibraltareña, lejos de estar estancada, aumenta su dimensión en perjuicio de los intereses españoles. El Gobierno socialista debe establecer una estrategia diplomática que sea coherente con el desafío que supone la evolución de los acontecimientos en el Peñón. La táctica de huir de los conflictos para negar su existencia no es admisible para los intereses nacionales, aunque Zapatero la practique con excesiva asiduidad. El telón de fondo de esta «normalidad» con la que se perjudica a España en Gibraltar —lo mismo que en la frontera de Melilla, con la súbita y planificada campaña de nacionalismo marroquí que está saboteando el tráfico de mercancías hacia la ciudad autónoma— es el empequeñecimiento diplomático de nuestro país y su falta de iniciativas sólidas y estratégicas en sus principales áreas de interés internacional.

ABC - Editorial

domingo, 15 de agosto de 2010

Frivolidad veraniega. Por Germán Yanke

Zapatero inició la legislatura con un Gobierno elegido para que estuviera a gusto y no tanto para desarrollar un proyecto que, como se ha visto, no existía. Se mueven los ministros un tanto mustios, temerosos de decir algo y encontrarse horas después con unas declaraciones del líder que desbaraten lo que les parecía de sentido común. Con alguna excepción, ni tienen conexión con la sociedad ni con el partido al que representan, cada día más diluido y desconcertado. Sin embargo, si su único vínculo serio es haber sido señalados por el dedo del líder, algunos han descubierto este verano una misión tan razonable como imposible: corregir su relato, interpretarle de modo que logre que las cosas no sean aún peores.

Es difícil entender, salvo acudiendo a la irresponsabilidad o a la necesidad psicológica de autojustificar una política que hasta mayo nos llevaba al desastre, que el presidente, de pronto, sin análisis serio, asegurara que se va a corregir el ajuste de gasto en obras públicas. Cuando las consecuencias de anuncio tan «positivo» en el coste de nuestra deuda se iban haciendo palpables, algo previsible para todos salvo para Zapatero, han tenido que ser algunos ministros los que, sin éxito, expliquen que ni va a ser el gasto y que se compensará con otros ahorros hasta ahora desconocidos.

El daño de esta frivolidad del presidente es múltiple. Subraya la improvisación y de falta de convicción en el programa iniciado. Anima la desconfianza sobre lo que pueda hacerse en el futuro y, así, nuestra deuda se ha encarecido. Afianza la sospecha de que el gasto público es moneda de cambio para los apoyos al Gobierno (esta vez los Presupuestos) en vez de la negociación de un plan coherente. Y se aleja de la exigencia europea, que era algo, aunque pese al presidente, bueno para España: el coste de la deuda, que él acaba de incrementar, es más pernicioso para nuestra recuperación que el descenso de la inversión pública. Demasiado daño para que la matización de los ministros sirva de algo.


ABC - Opinión

Palabras que matan. Por José María Carrascal

No es sólo que nuestra recuperación sea debilísima y nuestro presidente, poco fiable.

HAY frases suyas que merecen entrar en la antología del disparate político. Como aquella de «Catalanes, os daré lo que salga de vuestro parlamento». O aquella otra: «El accidente de ayer en Barajas», referido al atentado terrorista que costó dos vidas. El tiempo nos dirá si hay que incluir también en ellas la de «Tomás Gómez es bueno. Trinidad Jiménez, buenísima». Frases que resumen su insensatez e ignorancia, su improvisación y falta de principios. Para él, las palabras son meras pegatinas que se ponen a los problemas, sin otro valor que el de las hojas secas que se lleva el viento.

Pero si en España estas frases del presidente del Gobierno se toleran, en el extranjero se toman muy en serio, y la última: «Hay margen para recuperar algunos de los recortes en obras públicas», ha tenido el efecto de uno de esos tornados que no dejan títere con cabeza a su paso. La Bolsa se ha pegado un batacazo mayúsculo y la prima de riesgo del bono español se disparó hasta los 187 puntos, con lo que todo lo que habíamos adelantado con las pruebas de riesgo de nuestros bancos se perdió de golpe. ¿Por qué lo dijo? Posiblemente, pensó que la caída de los intereses de nuestra deuda conseguida con el duro plan de ajuste le permitiría suavizarlo, y se apresuró a anunciarlo. Pero, como todo el que vende la piel del oso antes de haberlo cazado, lo que consiguió fue justo lo contrario: la vuelta de las dudas hacia España y hacia su deuda. Con lo que se queda sin margen para inversiones en obras públicas y regresamos al furgón de cola europeos donde estábamos hace un mes.


No es sólo que nuestra recuperación sea debilísima y nuestro presidente, poco fiable. Es que está haciendo lo que hace de mala gana, que es la peor forma de hacer las cosas. Como en su negociación con ETA o con la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto catalán, en la crisis económica ha tenido que aceptar los hechos porque no le quedaba otro remedio y tomar las medidas de ajuste porque se las han impuesto. Pero a la menor, vuelve a las andadas. En el fondo y en la forma, todo apunta que sigue convencido de que sus planes son los correctos, mientras todos los demás están equivocados. Y es que las personas como él no tienen remedio. Desasociados de la realidad al no haber tenido nunca que lidiar con ella, con cuatro ideas fijas en la cabeza que no han removido ni remozado desde su primera juventud, navegan por el mundo como sonámbulos, convencidos de su superioridad e impávidos ante sus fracasos, por grandes y evidentes que sean. Por lo general, son inofensivos e incluso divertidos por la magnitud de sus dislates. Excepto cuando llegan a una Presidencia de Gobierno.

ABC - Opinión

Economía para principiantes. Por Angela Vallvey

Según mi amigo economista, el capitalismo tradicional sostenía que si tú tienes dos vacas y vendes una por un poco más de lo que había costado, compras un toro con las ganancias y se lo presentas a la vaca que te queda que, tras haber leído un folleto de educación sexual para adolescentes, decide compensarte con un embarazo no deseado –el ser vivo ternerita–, entonces ganarás un poco más de dinero que podrás invertir en más vacas… El ciclo sin fin. Pero este método, que precisaba de trabajo, buena suerte, paciencia y honradez, es cosa del pasado y ya nadie lo practica. Economía rusa: tú tienes dos vacas pero lo que te gustaría es tener cinco vacas porque crees que te lo mereces y porque el estado te exige tener cinco vacas. Cuentas tus dos vacas y te salen cinco vacas. Para asegurarte vuelves a contar y te salen trescientas cuarenta y siete vacas. Cuentas de nuevo y te sale una vaca. Miras la botella de vodka Stolichnaya y suspiras.

Economía italiana: tú tienes dos vacas. Te parece que las vacas no están bien diseñadas. Dios tiene su delegación terrenal al lado de Roma, y piensas que hasta Él se hizo ayudar por grandes estilistas como Miguel Ángel para exportar correctamente Su producto, de modo que contratas a una modista, un delineante, un diseñador y un arquitecto milanés. Pintan, pelan, asean y decoran a tus dos vacas. Su leche es lo de menos. Convierten a las vacas en unas piezas de sugerentes líneas redondeadas que transmiten perfectamente los valores de lujo y calidez además de lucir una línea vanguardista, funcionalidad y conexión con la naturaleza. Te asocias con una firma holandesa que se encarga de exportar a China cientos de miles de vacas en diferentes acabados y gran variedad de coloridos. Tus dos vacas mueren de estrés sobre unas láminas de espuma técnica fonoabsorbente, pero para entonces tu marca, Vacasace, ya es famosa en el mundo entero y tú reconoces, en una cena en Mónaco con lo mejorcito de las casas reales europeas, que a ti las vacas siempre te han importado un bledo. Economía española: tú tienes dos vacas porque te las dejó en herencia tu tío Arsenio, que era funcionario. Sabes que tienes dos vacas porque lo leíste en el testamento, pero no sabes dónde se meten las vacas. A veces oyes un cencerro al atardecer, pero cuando acaba el partido de fútbol que están retransmitiendo gratis por la tele y te decides a asomarte a la puerta de la calle, ya han desaparecido otra vez las puñeteras vacas. Tu cuñado dice que, en realidad, las vacas son una entelequia inventada por el director de la caja de ahorros del pueblo, un especulador, y que deberías denunciar al ayuntamiento por permitir que las vacas anden sueltas por la calle y que así presionas al poder y a lo mejor consigues un crédito del ICO y te puedes comprar dos vacas. Pero te cuesta creerlo y, además, mañana es puente.

La Razón - Opinión

Crecer para empeorar. Por M. Martín Ferrand

España, en el último trimestre, ha crecido cinco veces menos que la zona euro en la que nos incluimos.

NO todos los huevos son iguales. Un huevo de avestruz equivale a dos docenas de huevos de gallina. Conviene recordarlo, aunque resulte obvio, para entender que el crecimiento económico español que cacarea la poderosa máquina propagandística del Gobierno no es para tanto. Se trata de un retroceso real y notable con respecto al cuadro de los crecimientos experimentados, en lucha contra la crisis, por los diferentes países europeos. España, en el último trimestre, ha crecido cinco veces menos que la zona euro en la que nos incluimos y eso, véndase como se quiera, es otra prueba más del fracaso y la torpeza con la que el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero, más corto en ideas que largo en decisiones, se enfrenta al complejo y grave problema que incluye, entre otros, el drama social y humano de más de cuatro millones y medio de parados.

Incluso quienes, para nuestra desgracia, no sabemos alemán entendemos mejor las explicaciones que le da al fenómeno el ministro de Economía de Angela Merkel, Rainer Brüderle —liberal, por supuesto—, que las que nos proporcionan el silencio de nuestra Elena Salgado y el triunfal clamor de los medios que, por devoción o por interés, siempre están dispuestos a cantar las grandezas socialdemócratas del zapaterismo. Aquí seguimos obstinados en hacer la tortilla sin romper los huevos, en abordar con tímidos retoques la drástica transformación laboral y financiera que requieren las circunstancias y ahí está el resultado: Alemania, que redujo impuestos y cortó por lo sano en lo que a prestaciones sociales y gasto público respecta, ha experimentado en estos últimos meses el mayor crecimiento desde su difícil, y económicamente muy costosa, reunificación nacional, y España, por delante de Grecia, Hungría y Letonia, se coloca en la cola, no ya de la eurozona, sino del total de la Unión Europea. Sin entrar en matices, que aquí hablamos de política y no de economía, mientras Alemania experimenta un crecimiento del PIB que su ministro del ramo califica de talla XL, nuestro desarrollo no llega a small, se queda en XS. Solo falta que cualquiera de los predicadores de guardia en el equipo gubernamental —más diligentes, por cierto, que los de la oposición— salga a la palestra para recordarnos las paradojas de Zenón y nos explique que Aquiles no podrá alcanzar nunca a la tortuga. Aquí la tortuga, nosotros, va tan despacio que hasta la Italia de Silvio Berlusconi duplica nuestra velocidad de reacción frente a un problema común que, en alarde de insensatez colectiva, hemos engordado con otros específicamente nacionales y de naturaleza autonómica.

ABC - Opinión

Bajarse al moro. Por Martín Prieto

Tras la iniquidad ventajista perpetrada por Marruecos en 1975 sobre los territorios de Seguia el Hamra y Río de Oro, el rey Hassan II dejó entender a los interlocutores gubernamentales españoles que el contencioso de Ceuta y Melilla quedaba «aplazado» para las próximas generaciones y sujeto a la solución del diferendo hispano-británico sobre Gibraltar. Miel sobre hojuelas de no ser por lo taimado que es la diplomacia alauita. Felipe González me dijo un día que si abría conversaciones con Marruecos sobre las plazas africanas cara a una cosoberanía o a la izada de las dos banderas, al día siguiente le ponían sobre la mesa las Islas Canarias.

Mohamed VI afirmó que el desalojo militar del islote de Perejil ordenado por el presidente José María Aznar le había sentado como una bofetada pero con la mediación del Secretario de Estado Colin Powell no hubo más secuelas que la llamada al embajador a consulta. Zapatero fue a Rabat a templar gaitas y lo sentaron frente a un mapa oficial marroquí que incluía al Archipiélago atlántico. Bajarse al moro para practicar el buenismo . En Marruecos no se abre una flor sin que la ordene el Mazén, que es el entorno ejecutivo del Comendador de los Creyentes, y supuesto descendiente de la estirpe de Mahoma.

Los recientes incidentes con Melilla no son, por lo tanto, espontáneos y lo que falta saber cuál es la intención de nuestro vecino al calentar una frontera que tanto les beneficia. Ambos monarcas se tratan de «hermanos mayor y menor» pero tanta fraternidad no ha servido para evitar un ridículo bloqueo dado que Melilla está abierta a Andalucía. Las plazas de soberanía ya eran españolas cuando lo que hoy es Marruecos éste sólo era un tablero tribal. España es bicontinental como Turquía y EEUU. Y el irredentismo marroquí nos acompará siempre.


La Razón - Opinión

Jiménez, Gómez... y Rodríguez. Por Ignacio Camacho

Con su proclividad al enredo, Zapatero ha convertido las primarias en un plebiscito sobre su propio liderazgo.

NI siquiera con seis años de experiencia en el poder ha logrado Rodríguez Zapatero modificar su tendencia compulsiva a convertir cualquier solución en un nuevo problema. No parece haber lío que le disguste ni sencillez que no pueda complicar. Este hombre gobierna a base de enredos, de los que luego acaba saliendo a trompicones que dejan el paisaje sembrado de conflictos colaterales, como sucedió —a escala paroxística— con el Estatuto de Cataluña. El (pen)último embrollo lo acaba de montar con las primarias de Madrid: ha transformado un sencillo expediente interno, uno de los aspectos en que el PSOE puede exhibir con orgullo su superioridad respecto a los demás partidos, en un plebiscito sobre su propio liderazgo.

Al fracasar en la presión sobre Tomás Gómez para que retirase su candidatura y apostar de manera inequívoca por Trinidad Jiménez —«buenísima» frente a «bueno» a secas—, el presidente se ha involucrado de tal modo en las primarias madrileñas que las ha convertido en un duelo que ya sólo puede ganar si no quiere resultar cuestionado por los suyos a la vista de toda España. Sin esa implicación personal y directa, que ha incluido el aterrizaje forzoso de la ministra de Sanidad en una pugna que no le apetecía en absoluto, una eventual victoria de Gómez serviría para reforzar su cuestionado perfil de candidato frente a Esperanza Aguirre. Ahora eso ya es una cuestión menor: lo que está en juego es la autoridad y el crédito de Zapatero como líder del Partido Socialista frente a un dirigente regional de escasa relevancia. Y todo lo que no sea aplastarlo va a quedar ante la opinión pública como una derrota zapateril a manos de su propia militancia y en un momento especialmente crítico.


La proclamada neutralidad de la dirección del PSOE llega tarde, después de las visibles maniobras para descarrilar al aspirante legítimo de la FSM. Zapatero ha perdido una primera batalla al tener que plegarse a unas primarias que no deseaba —¿por qué, si él mismo llegó a la cúpula socialista en una elección reñida y abierta?—, y ahora se expone a un revés inapelable. Si vence Gómez no sólo habrá surgido un inesperado referente alternativo, sino que las voces críticas de algunos barones autonómicos, que ya se escuchan en voz baja ante la alarma de las encuestas preelectorales, no tardarán un minuto en hacerse oír para cuestionar el liderazgo nacional del partido. Para Zapatero, la salida más airosa sería la retirada del dirigente de Parla antes de la votación; un simple escrutinio apretado ya constituiría un desgaste manifiesto de su prestigio. Todo ese lío se lo ha buscado él solo por no dar cauce natural a un procedimiento de rutina. Pero no puede evitar la complicación. En un escenario tan simbólico como la capital del Estado, se las ha apañado para que entre Jiménez y Gómez todo el mundo vea sólo la mano de Rodríguez.

ABC - Opinión

A casa. Por Alfonso Ussía

Mi distancia de los partidos políticos y su funcionamiento interior me impide conocer los secretos de sus reglamentos internos. Me figuro que existirá alguna comisión encargada de analizar actuaciones oscuras y poco edificantes. He leído que en el Partido Popular hay una comisión de disciplina, pero me temo que muy sosegada y proclive a la inactividad. De lo contrario, ya hubiera sido enviada a su casa la señora alcaldesa de Elda, doña Adela Pedrosa, por haber denegado mediante un largo silencio administrativo bautizar una calle de su ciudad con el nombre de un guardia civil asesinado por la ETA.

En 1983, febrero negro y frío, el guardia civil y vecino de Elda don Miguel Mateo Pastor fue asesinado por los terroristas cuando patrullaba por las cercanías de Villafranca de Ordicia. La idea, feliz y justa idea, de recordar con una calle a su nombre a don Miguel Mateo Pastor ha sido de UPyD, motivo fundamental para que los «populares» de Elda se hayan pasado la gloriosa memoria del guardia civil por los aledaños de sus entrepiernas, tanto los de ellos como los de ellas, que no hay que hacer distinciones al respecto. Es decir, que el PP de Elda se ha comportado con una víctima del terrorismo etarra de la misma manera que el PNV, Izquierda Unida, EA, ANV, ERC, o los esbirros de Batasuna. Ejemplar y edificante.


La señora Alcaldesa, que fue elegida por sus ciudadanos por encabezar la lista del Partido Popular no admite lecciones de UPy D, y ha respondido con el silencio a la petición de un acto de justicia obligado. Esta señora se tiene que ir a su casa, y si no encuentra el camino, señalárselo desde la estancia donde se supone que se reúne la comisión de disciplina interna del Partido Popular. Y si los componentes de la referida comisión disfrutan de vacaciones, el señor Rajoy, o el señor Arenas, o la señora Cospedal, harían muy bien en convocarlos de urgencia para que juntos analizaran el inadmisible desprecio que una alcaldesa del Partido Popular ha demostrado hacia una víctima del terrorismo. En el Partido Popular, esa señora no cabe ni sirve. Y si sirve y cabe, el Partido Popular habrá perdido uno de sus principales y más firmes fundamentos. Apoyar a quienes han muerto por España a manos del terrorismo separatista y comunista de la ETA, honrar su memoria y velar por sus familias.

Si el hecho de que otro partido, en el caso que nos ocupa, la UPyD, haya sido la impulsora del homenaje al guardia civil de Elda asesinado, es motivo razonable para no bautizar una calle con su nombre, todo se hace añicos y el respeto desaparece por completo. No se trata de un asunto menor. Es una cuestión de principios y de valores. Esto no se arregla con una sanción o una regañina a la gallega, a la andaluza o a lo castellano-manchego. Esto no tiene otra salida que la inmediata expulsión de quienes han cometido semejante tropelía. Y si el PP de Elda pierde el control del Ayuntamiento, que lo pierda. Y si los ediles cobardes deciden formar un grupo municipal siguiendo el cercano modelo de la mamá de Leire Pejín o Pajín, que lo formen bajo el paraguas de la ignominia. Mucho más que el Ayuntamiento de Elda vale la memoria de un guardia civil asesinado. Dudo mucho de que haya un solo votante del PP en Elda que aplauda el silencio de su alcaldesa. Y los ciudadanos son los que mandan. Todos, uno del otro en pos, y en fila india, a su casa.


La Razón - Opinión

Zapatero. No va a ser tan bueno. Por José T. Raga

La frasecita, por el momento ya está costando dinero. Por eso, mi pregunta, que no espera respuesta: ¿por qué no se calla?

Tal como lo han oído. Esas han sido las palabras del presidente Rodríguez Zapatero el pasado lunes, y que cada uno interpretará como Dios le dé a entender. Es verdad que podríamos pedirle que nos lo repita, a fin de descubrir si en la repetición descubrimos algún paradigma oculto o alguna clave secreta para su total comprensión. Porque ¿qué quiere decir el presidente al advertir que el tercer trimestre "no va a ser tan bueno" como lo ha sido el segundo? Para los que somos de entendimiento escaso, la expresión la hacemos nuestra con un léxico más sencillo. Suponemos que lo que está queriendo decir es que el próximo va a ser peor que el anterior, o con menor elegancia, aunque no tan enrevesado como el decir del señor ZP, que el tercero va a ser más malo que el anterior.

Dirán ustedes que qué más da, o que no me empeñe en hilar tan fino buscando tres pies al gato. Yo, personalmente, acepto lo que ustedes consideren que es más fiel a la realidad, pero, lo que ocurre es que estoy convencido de que esta gente –sí, los que mandan presumiendo de una izquierda ya caducada–, no dan puntada sin hilo, lo que significa que, cualquier manifestación que realizan está estudiada en toda su dimensión para transmitir lo que realmente quieren decir, o sea, hasta dónde quieren confundir y hasta cuándo mantener el engaño.


Frente a las expresiones más sencillas que propongo, cuyas diferencias con la del señor Rodríguez Zapatero, al menos en apariencia, son mínimas e inocentes, la diferencia real entre ellas, lleva implícita una carga de profundidad. Mi propuesta parte de valorar la situación actual de la economía española, en el segundo trimestre ya concluido, como una situación mala, por lo que el anuncio del Presidente supone la afirmación de que el tercer trimestre será peor o, si quieren, más malo.

La expresión del señor ZP, parte de considerar que la situación en el segundo trimestre del año, ha sido una situación buena –vayan ustedes a saber si, incluso, muy buena– y que el anuncio se limita a anticipar que el tercer trimestre no será tan bueno como lo fue el segundo del año. El Presidente, lo que no se atreve a decir claramente es que el segundo trimestre ha sido bueno –menos aún muy bueno–, porque ello justificaría una revuelta social, a la que él no está dispuesto a hacer frente. Pero, por otro lado, es difícil interpretar otra cosa a la luz de la forma empleada en su admonición.

Son ustedes, los únicos titulares de la soberanía nacional y, por ello, los que tienen derecho a interpretar las palabras del presidente. Asimismo, sólo ustedes tienen derecho, en cuanto que sufridores, a determinar si el segundo trimestre del año 2010 ha sido un trimestre bueno o malo, para concluir en si lo que estoy diciendo tiene algún sentido o es, simplemente, una tontería. Mentir, engañar y confundir no sólo es gratis en nuestro país, sino que se ha convertido en un deporte que solo mejoraría dando premios al engaño más audaz, a la mentira más voluminosa o a la confusión más sofisticada; bien es verdad que la acumulación de premios en manos de ciertos personajes despertaría la envidia más insana entre sus correligionarios. Mientras eso se produce, y como estadio intermedio, merece que el mentiroso compulsivo vea su gloria inscrita en su propio curriculum vitae, para testimonio ante propios y extraños.

Hasta que esta información esté disponible en el mercado, solicitaría de los políticos en general y del señor presidente en particular –no en balde los engaños de éste son los que pueden provocar mayores males– que guarden sepulcral silencio, como mal menor; mejor aún sería que se marcharan, pero eso, ni siquiera en momentos de intensa alucinación lo veo probable. Y, ¿por qué pido reverencialmente silencio? Porque cada cosa que dicen o sobre cada asunto que opinan se convierte en un boomerang que corta cabezas en su vía de regreso.

Ese personaje ZP que nos ha tocado en suerte, sin haber comprado números para la rifa, se le ocurrió también, el pasado martes, y desde ese nirvana en el que vive, declarar a los cuatro vientos que las medidas contra crisis anunciadas, que entre nosotros sabemos que dejan mucho que desear, las va a aplicar con cierta relajación. ¡Y eso que el trimestre no va a ser tan bueno!

Tiempo ha faltado a los mercados financieros para que, antes de haber transcurrido veinticuatro horas desde la mencionada declaración, hayan ampliado el diferencial de interés que tendrán que pagar los bonos españoles frente al bono alemán de referencia. Y es que lo que dice el presidente no tiene gracia; yo al menos no se la encuentro. La frasecita, por el momento ya está costando dinero. Por eso, mi pregunta, que no espera respuesta: ¿por qué no se calla? Ya sé que no tengo la capacidad que mostró S. M. el Rey de España para hacer callar repentinamente al presidente bolivariano de Venezuela, pero, hombre, si no por capacidad mía, ¡hágalo por caridad!

Otra alternativa sería que los medios de comunicación no reprodujeran frases tan económicamente obscenas, que producen daños tan apreciables; al fin y al cabo, entre nosotros ya nos conocemos, pero de lo que se trata es de que no nos conozcan fuera y, en este caso, que no se enteren los mercados financieros. Mientras tanto, señor presidente, podría encerrarse a trabajar –le aseguro que no pasa nada por eso– y preparar, de una vez por todas, una política económica omnicomprensiva y coherente para salir de la crisis. Se trata de renunciar a los parches, a las improvisaciones, a desdecirse hoy de lo que dijo ayer. Una vez diseñado el plan, llevarlo a las Cortes para su aprobación y para conocimiento de los agentes económicos, porque ellos, también toman decisiones que pueden ayudar mucho a iniciar el camino de la recuperación.

Venga, ¡hágase el ánimo y trate de reducir el sufrimiento de los españoles! Es un trabajo que le aseguro que merece la pena. El momento vacacional, es un buen momento para la reflexión y para el trabajo silencioso y fructífero. ¡Inténtelo!


Libertad Digital - Opinión

La infinita tolerancia del infiel. Por Hermann Tertsch

«La mezquita de Manhattan es una prueba más de que a los occidentales se nos exige la tolerancia absoluta, incluso el mayor dolor a nuestra sensibilidad, para permitir la autoafirmación de una cultura hostil a nuestros principios».

Suele hacernos mucha gracia a los europeos el concepto de «lo antiguo» que tienen en Estados Unidos. En muchos pueblos y ciudades tienen allí en alta estima y veneran como antigüedades, o incluso monumentos históricos, unas casas viejas, chamizos o ruinas del siglo XIX, que, en nuestro continente, tan repleto de monumentos centenarios cuando no milenarios, serían demolidos sin el menor atisbo de mala conciencia urbanística. En un país con historia propia tan corta como EE.UU. todo lo que ha cumplido cien años se antoja venerable. Por eso llamará a muchos la atención la facilidad con que la Comisión de Protección de Monumentos de Nueva York se pronunció a principios de mes a favor de la demolición de una antigua fábrica de tejidos de 1858 en pleno centro de Manhattan. La razón está clara. La vieja fábrica, cuya protección como monumento histórico habría frenado otro proyecto urbanístico en cualquier lugar de Estados Unidos, estorbaba para la construcción de una gigantesca mezquita en el corazón de Manhattan. Tendrá la altura de más de quince pisos, tendrá salas de oración, aulas, cines, gimnasios y polideportivos, y será el centro islámico urbano mayor en territorio norteamericano. La polémica en torno a esta mezquita ha desatado pasiones y hace correr ríos de tinta. Pero no por la demolición de la fábrica, sino por el hecho de que se ubicará en parte en la «zona cero», el inmenso solar abierto el 7 de noviembre de 2001 con la demolición de las Torres Gemelas, provocada por el mayor ataque terrorista jamás habido en el mundo. En aquel lugar murieron asesinados cerca de 3.000 seres humanos, ciudadanos de más de cien países y todas las creencias. Y murieron a causa de un acto terrorista perpetrado por fanáticos suicidas. Que explicaron su acción con creencias aprendidas en mezquitas de todo el mundo. Y que decían actuar en nombre del Islam.

En este punto de la exposición de este complejo caso hay que dejar claro y subrayar bien la absoluta evidencia de que el hecho de que esta salvajada fuera cometida en nombre del Islam no hace en lo más mínimo culpable a esta religión ni a los más de mil millones de fieles a esta religión. Se siente uno ridículo al tener que repetir esta obviedad una y otra vez, pero es imprescindible hacerlo para evitar lecturas tramposas de la argumentación posterior. Porque también es un hecho incontestable que los terroristas surgieron de un movimiento islamista mucho más amplio y extendido por todo el mundo islámico cuyo objetivo declarado es la destrucción de nuestra civilización y sistema de vida. Como es también un hecho lamentable pero inolvidado —especialmente por las víctimas— que aquel terrible atentado fue celebrado como un fantástico triunfo, no sólo por islamistas radicales de Hamás en Gaza, sino por enardecidas multitudes en muchos países islámicos. Dicho esto, se plantea una pregunta sencilla que es la que han hecho gran parte de los familiares de víctimas y los adversarios del proyecto: ¿Por qué es necesario que la mezquita esté precisamente allí? Hay decenas de ubicaciones alternativas posibles en Manhattan, cientos en Nueva York y miles en Estados Unidos. ¿Por qué hay que construir una mezquita precisamente en el epicentro de un infinito dolor causado en nombre de la religión que allí se propagará? Precisamente por eso, dice el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. Para crear puentes entre oriente y occidente y entre las religiones, asegura. Y añade que los derechos constitucionales y la libertad religiosa abogan por este proyecto, pese a que más de la mitad de los neoyorquinos y bastante más de la mitad de los norteamericanos rechazan el mismo. En realidad nadie ha dicho que sea inconstitucional —solo faltaría—, sino que es inadecuado, hiriente para millones y que está, nunca mejor dicho, fuera de lugar. Que muchas víctimas lo consideren ofensivo debería bastar para replantearse este proyecto. El anuncio de la construcción de un monasterio carmelita en el terreno del campo de concentración de Auschwitz en los años ochenta del pasado siglo generó tal rechazo en la comunidad judía internacional que Juan Pablo II ordenó su suspensión precisamente para no herir susceptibilidades, para evitar un dolor gratuito. Bloomberg, judío él, seguramente consideraría adecuado dicho gesto en aquel entonces. Ahora, sin embargo, con el Islam implicado, parece decidido a utilizar otro baremo.

Otra cuestión que se plantea en Manhattan, como en la construcción de centenares de mezquitas en todo el mundo occidental, es el de la financiación y la consiguiente obediencia religiosa y política de sus responsables. En Manhattan los promotores son oscuros personajes relacionados en su día a grupos radicales islamistas, y nadie duda de que el dinero, nada menos que cien millones de dólares, llegará de los países que promueven un Islam radical y nada dispuesto a compromisos en la enseñanza doctrinaria que impartirán a los jóvenes musulmanes norteamericanos. La cabeza visible del proyecto, el imam Feisal Abdul Rauf, es uno de esos personajes tan característicos entre los islamistas llamados moderados y formación occidental que utilizan hábilmente un doble lenguaje dependiendo de la audiencia del momento. Y más allá de la polémica localización, se plantean serios interrogantes sobre la utilización posterior del complejo que albergará la mezquita. ¿Se respetará en los gimnasios, piscinas y los centros culturales la igualdad de géneros, esa sí precepto constitucional? ¿Se permitirán arengas a favor de la destrucción de Israel en la mezquita y las aulas anejas? ¿Y habrá sitio para reuniones de jóvenes en las que se promueve el alistamiento para grupos terroristas en Pakistán o Cachemira, como ha sucedido una vez más en la mezquita cerrada en Hamburgo la pasada semana? ¿Quién vigilará las clases y oraciones para que no se haga allí apología de quienes son innegablemente los que hicieron posible la existencia de esa mezquita, que no son otros que los terroristas del 11-S?

Nadie podrá evitar que muchos norteamericanos, pero también muchos musulmanes en todo el mundo, radicales o no, vean en la mezquita de Manhattan un símbolo del avance del Islam por Occidente. Este avance, se quiera ver o no, lo hicieron posible unos jóvenes islamistas que estrellaron los aviones y sacrificaron sus vidas y las de casi tres mil inocentes. Y nadie podrá evitar que muchos entiendan la mezquita como un monumento en el campo de batalla mismo a los terroristas islámicos que humillaron allí a Estados Unidos y a todo Occidente. Será para ellos un monumento de conquista, una simbólica «pica en Flandes» que hicieron posible unos asesinos o unos mártires. Porque en el vínculo inevitablemente imperecedero entre el ataque terrorista del 11 de septiembre y la gran mezquita se verá, quiera Bloomberg y los biempensantes o no, el triunfo póstumo de los pilotos de los aviones asesinos. Nadie podrá evitar que esta inmensa mezquita en aquel lugar sea para muchos occidentales más un símbolo de avasallamiento que de encuentro.

Hasta la Liga Antidifamación, que lucha desde hace muchas décadas contra todo tipo de discriminación religiosa, ha advertido de que el proyecto puede romper más puentes de los que pretende construir. Pero la corrección política se ha impuesto de nuevo y el proyecto ha sido definitivamente aceptado. Como no podía ser de otra forma, el presidente Barack Obama se adhirió a esta causa. Los que se sientan ofendidos han sido condenados a mostrar esa inmensa tolerancia que siempre se les exige a los ciudadanos occidentales cuando han de aceptar en su entorno la práctica y la promulgación de mensajes muy lejanos a su concepto de tolerancia. Mientras algunas sensibilidades son intocables y merecen toda protección, otras —siempre las mismas— han de sacrificarse en aras de una tolerancia que nunca goza de reciprocidad cuando del Islam se trata. En todos los países de Occidente reclaman los musulmanes un trato especial, y en todos acaban recibiéndolo. En todos plantean retos a los límites de nuestras leyes, y en todos arrancan concesiones de los poderes públicos. En una dinámica general de expansión geográfica y cultural que es, con la supremacía total como objetivo final, el deber de todo musulmán comprometido con su fe y su libro sagrado. No es sólo un problema de la sensibilidad de los neoyorquinos. Lo es de todos los que cada vez se sienten más preocupados ante el aún larvado pero inevitable conflicto entre el mensaje islámico y los sistemas constitucionales occidentales y los valores y principios que éstos reflejan. También es muy nuestro el problema. Porque, se me olvidaba, ¿saben cómo se llamará la mezquita de Manhattan, todo el inmenso complejo proyectado en corazón de la península más tolerante del mundo que es «la gran manzana»? La mezquita, construida como todas para la mayor gloria del Islam y su triunfo final sobre los infieles como fe única en el único dios, que se erigirá en lo que el radicalismo islamista considera el campo de batalla más glorioso de su guerra santa contra Occidente, se llamará, no puede extrañar a nadie, Córdoba.


ABC - Opinión

Al servicio de los lectores

Los profesionales de los medios de comunicación tienen como una obligación ineludible, como el deber principal de su actividad profesional, la de suministrar la mejor y más completa información posible a los ciudadanos de los asuntos que preocupan o interesan a la sociedad. Por encima de circunstancias o coyunturas más o menos adversas, más o menos arriesgadas, los periodistas permanecen fieles a sus lectores desde un compromiso social y un código deontológico que están por encima de otros intereses. Los redactores de LA RAZÓN Macarena Gutiérrez y Luis Díaz viajaron hasta Marruecos para cumplir con esa misión profesional y con el propósito de poner al servicio de los lectores de nuestro periódico la evolución de los acontecimientos que se están sucediendo en esa frontera y la situación actual de la crisis. El fin era tan nítido como escrupulosos fueron los pasos y las actuaciones que protagonizaron en el cruce de Beni Enzar, el paso más importante de Melilla con el país vecino. Ambos periodistas son profesionales curtidos en mil batallas, con una amplia experiencia a sus espaldas, e insobornables en el desarrollo de su labor profesional. No estamos, por tanto, ante dos jóvenes aventureros que desconocen la forma de trabajar en un escenario como el de la raya fronteriza con Marruecos. Los dos ejercían el derecho a la libertad de Prensa que ampara a cualquier ciudadano de un Estado de Derecho y, desde luego, de la Unión Europea. Y en virtud de ese derecho nuestros compañeros recogieron la información del clima de tensión que se respira en la zona y realizaron las fotografías de las pancartas contra España que cuelgan en la denominada «tierra de nadie», zona de seguridad que debería estar desierta por un acuerdo tácito entre Madrid y Rabat, pero que está tomada en las últimas semanas por ciudadanos marroquíes. Se trataba de verificar el panorama a ambos lados de una frontera compleja y de nada más. Para los agentes del reino alauita, sin embargo, la libertad de movimientos y el ejercicio de la profesión periodística están supeditados a la arbitrariedad y discrecionalidad de un régimen censor. Durante más de cinco horas, la Policía de Rabat retuvo a los periodistas españoles, les retiró sus pasaportes y sus acreditaciones de Prensa, y borró todas las fotografías captadas por nuestro reportero gráfico. Fueron sometidos a un interrogatorio durante un tiempo en el que incluso la seguridad marroquí negó que ambos estuvieran retenidos, lo que generó horas de inquietud por la suerte que hubieran podido correr. Después, sin mayores ni mejores explicaciones, fueron puestos en libertad y devueltos a Melilla. Más allá del trato arbitrario e injustificado de los funcionarios marroquíes y del escaso respeto que les inspira los derechos a la libre información, queremos dejar sentado que los redactores de LA RAZÓN se limitaron a cumplir con el deber de lograr la mejor información al servicio de nuestros lectores, porque la libertad de Prensa tiene precisamente al ciudadano como beneficiario principal. El ejercicio de ese derecho y la prestación de ese servicio sirven también para calibrar la calidad democrática de los países y sus gobiernos.

La Razón - Editorial