jueves, 30 de junio de 2011

La penúltima fechoría de ZP. Por Ignacio Ruiz Quintano

Frente a Córdoba, San Sebastián tiene mejor cocina y un presente más «thriller».

AL enterarse de que la elegida para Capital Europea de la Cultural era San Sebastián, la ministra cordobesa Rosa Joaquina hizo pucheros. No por la piñata perdida, sino por la evidencia encontrada: Zapatero es Freddy Krueger, cuya penúltima fechoría para hacerse un hueco en la historia, entre Gandhi y Lanza del Vasto, es esta kermesse por la paz.

—El gran compromiso en contra de la violencia y la idea de usar la cultura para ello.

Ahí tienen el motivo que ha dado un jurado de pacifistas para votar lo que ha votado. Tienen una pinta de «indignados» profesionales que inspira confianza, aunque no quiero pensar lo que diría de ellos el Thomas Bernhard de «Mis premios»:

—El universo mismo no es ya un cuento de hadas: Europa, el más bonito, ha muerto, ésa es la verdad y la realidad. La realidad, como la verdad, no es un cuento, y la verdad nunca fue un cuento de hadas.


Bueno, eso decía aquel Bernhard, antes de describirnos cómo roncaba la ministra de cultura austríaca (paisana de Gaulhofer, el jefe de los «indignados» que han votado por la paz de España):

—Porque la ministra roncaba. Aunque muy suavemente, roncaba; roncaba con el suave ronquido de los ministros, conocido en el mundo entero.

La ministra Sinde y sus jurados se mueven en ese ambiente a lo «Spain… on the road again», donde Gwyneth Paltron y un tipo que se presenta como crítico gastronómico del NYT se codean con Arzac y con Adriá, y al llegar a Córdoba hacen parada en la mezquita, y suelta el crítico gastronómico:

—Desde aquí Felipe II dirigió el mundo.

Entre el Kursaal de Moneo y la Mezquita de Abderramán, ¿qué diferencias pueden advertir esos jurados? Vale que el Kursaal de Moneo no deja ver el mar, pero, con tanta columna, ¿qué deja ver la Mezquita de Abderramán? José-Miguel Ullán la comparaba con la sala Cleofás de Madrid. Cuando un artista estaba mal en Cleofás, Ullán, en vez de decir eso, decía que las columnas le habían impedido verlo.

Quiero decir que, frente a Córdoba, San Sebastián tiene mejor cocina y un presente más «thriller», que ha sido lo decisivo.

Comprendo los pucheros de la ministra cordobesa Rosa Joaquina, aunque uno, que es de Burgos, podría decir: «¿Y Burgos?» Pero en Burgos, desde el Cid, no ha habido una palabra más alta que otra. En Guipúzcoa, sin embargo, tienen un diputado general que asumió el cargo con el pin del preso Otegui (fecha de su ingreso en prisión, 19 de junio de 1987, día, por cierto, de lo de Hipercor) en la solapa. Antes fue periodista: redactor-jefe de «Egin» el día del «Ortega Lara vuelve a la cárcel», que el humor negro y el ansia infinita de paz no tienen por qué estar reñidos. Ortega Lara (mi vecino de barrio y mi compañero de Instituto) es de Burgos.

Gaulhofer y sus pacifistas lo tenían a huevo.


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Crisis. ¿Avalar la deuda catalana? Ni locos. Por Emilio J. González

La Generalitat y CiU llevan tiempo dando muestra tras muestra de deslealtad institucional; ¿por qué los demás españoles les tienen que avalar un endeudamiento que luego una Cataluña independiente puede repudiar?

En el pasado, CiU solía ser un partido razonablemente serio en cuestiones de política macroeconómica. De hecho, su labor de apoyo al Gobierno Aznar fue importante para que España pudiera ser socio fundador del euro. Sin embargo, ahora que el partido se ha quitado la careta para exhibir su verdadero rostro independentista; hasta en ese terreno ha perdido el Norte. Resulta que el Gobierno de la Generalitat está asfixiado por el calamitoso estado de las finanzas catalanas, el cual, todo hay que decirlo, empezó a gestarse y consolidarse en los largos años de mandato de Jordi Pujol. Pues bien, ¿qué se les ha ocurrido a los convergentes para resolver la cuestión? Pues, ni más ni menos, que el Estado avale las emisiones de deuda pública de las autonomías, todas ellas. Así, el Ejecutivo de Artur Mas, que, a pesar de andar tan sumamente corto de dinero se niega a cerrar las embajadas catalanas en el exterior y a poner fin a la más que carísima política de inmersión lingüística, entre otras cosas, podría seguir haciendo de las suyas con el aval de todos los españoles. El Gobierno de Zapatero debería negarse con toda rotundidad a semejante propuesta.

La razón para ello es doble. Desde la perspectiva de la política macroeconómica general, el aval del Estado a las autonomías equivale a darles carta blanca para que sigan haciendo de su capa un sayo en vez de ajustar sus presupuestos. Es abrirles de par en par las puertas a que sigan gastando sin medida alguna y cargando todas las responsabilidades financieras del mismo sobre los hombros del Estado, ya que si una o varias de ellas no responden a los compromisos de pago relacionados con esas emisiones, el Estado tendría que salir en su socorro. Con ello no sólo se impediría el necesario ajuste presupuestario para salir de la crisis sino que se relegaría al Estado a un mero papel de subordinación a las autonomías, en vez de reconocerle la capacidad que tiene y debe tener de ordenar la actividad económica, tal y como recoge la Constitución. Una capacidad necesaria ahora más que nunca para superar nuestra crisis fiscal. Pero como la visión que tiene CiU de España es la de un pacto entre naciones, descomponer todavía más lo poco que queda del Estado le da lo mismo. Ellos van a lo suyo, lo cual nos lleva a la segunda razón.

Tal y como están las cosas en términos institucionales en nuestro país, que el Estado avale la deuda catalana sería un error. La Generalitat y CiU llevan tiempo dando muestra tras muestra de deslealtad institucional y como, además, su vocación última es la independencia de Cataluña, ¿por qué los demás españoles les tienen que avalar un endeudamiento que luego una Cataluña independiente puede repudiar, pasando la responsabilidad del pago a lo que quede de España? Si Cataluña tiene problemas financieros, que deje de tirar el dinero y se las apañe con lo que tiene, que es, por cierto, lo que deben hacer todas las autonomías.


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Todos ganan seis meses. Por Fernando González Urbaneja

El Gobierno griego sacó adelante el plan de ajuste pactado con sus acreedores con sus propios votos.

El Gobierno griego sacó adelante el plan de ajuste pactado con sus acreedores con sus propios votos; la oposición, la derecha y la izquierda más extrema, votaron NO, por distintas razones y en sintonía aparente con esos airados que ocupan la calle, entre los que hay enfadados, indignados, víctimas, provocadores... El plan supone un alivio para casi todos. También para la mayoría de los que están en contra, porque podrán mantener el «statu quo»; para los acreedores que evitan o retrasan contabilizar pérdidas; para Grecia en su conjunto, que gana unos meses de cierta estabilidad. Y para los que viven en el euro, que también compran unos meses para crear una «gobernanza» de la zona capaz de afrontar instabilidades monetarias y fiscales como esta y otras por llegar.

Pierden algunos especuladores, agazapados detrás de sus pantallas, que apostaron por la quiebra de Grecia e invirtieron en esos seguros tóxicos que denominan CDS, vendidos como seguros contra bancarrotas y que han resultado aceleradores de la crisis por opacidad y oportunismo. Un conocido financiero las llamó «armas financieras de destrucción masiva».

La votación del Parlamento griego puede resultar pírrica (una victoria que se convierte en derrota) si no aprovechan el tiempo para reestructurar la deuda, limpiar esas adherencias confusas que complican las salidas y, sobre todo, para que los griegos se pongan a trabajar en un proyecto viable, que pasa por vender cosas que otros quieran comprar y gastar menos de lo que ingresan. Los ajustes necesitan ser entendidos y asumidos, y eso requiere explicaciones, autoridad y crédito y mucha pedagogía. De todo eso en Grecia hay muy poco y en el resto de la Europa del euro no sobra ni un gramo, más bien falta. Y así vamos. De momento, ufff, salvaron un punto de partido.


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¿Elecciones generales ya?: Pregunten al PNV y a Rubalcaba. Por Antonio Casado

En la síntesis del día después del extraño debate sobre el estado de la Nación, dos referentes fijos del análisis. Uno es la despedida parlamentaria de Zapatero. El otro es un ingrediente ideal en el caldo de cerebro: apuestas sobre la fecha de las próximas elecciones generales. Y por eso no se habla de otra cosa, como diría aquel. Dediquémosle un turno. Adelanto que la llave la tiene el PNV. O Rubalcaba, en su caso.

Como luz de posición, atención al cruce del casi ex presidente del Gobierno con el portavoz del PNV, Josu Erkoreka. En versión reducida: “¿Para cuándo las elecciones?”, preguntó el diputado nacionalista. “Usted mismo, oiga, no lo pregunte como si no tuviera nada que ver”, respondió Zapatero. Excelente pasaje para atenerse a la cuestión. Sin el apoyo del PNV, elecciones en noviembre. Con apoyo del PNV, elecciones en marzo, cuando toca. Erkoreka añadió: “el PNV atenderá las iniciativas del Gobierno con la responsabilidad de siempre”.
«De modo que, mientras los nacionalistas vascos no decidan otra cosa cuando llegue la votación del techo de gasto no apuesten ustedes por elecciones anticipadas.»
El estupor de Erkoreka por estar jugando sin saber “cuánto queda de partido” era instrumental. Nos preguntamos, entonces, si el PNV está por la labor de prolongar lo que Rajoy llamaría “este calvario”. No parece tener prisa en hacerle el pasillo a un PP con probable mayoría absoluta si las elecciones se convocasen ya. Lo demostraron en la reciente votación sobre la negociación colectiva y lo volverán a demostrar –silencio, se negocia- con el techo de gasto presupuestario que, por cierto, el Gobierno aún no ha remitido al Congreso. Otra buena razón de los nacionalistas de Iñigo Urkullu para no provocar el adelanto: Bildu les haría perder su grupo parlamentario en el Congreso.

La otra variable es el vicepresidente y ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, que dentro de unos días, en el Comité Federal del 9 de julio, será proclamado oficialmente candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. Si, como parece, el PNV está dispuesto a ser el costalero parlamentario de Zapatero, ya sólo quedaría el aspirante socialista a la Moncloa como el que tiene de hecho el poder de determinar una disolución anticipada de las Cortes en función de sus intereses o los de su partido.

Al servicio de esos intereses ya se ha puesto Zapatero, como es lógico. Solo adelantaría las elecciones –en caso de no estar forzado por la pérdida de apoyo parlamentario- si se lo pidiera el todavía número dos del Gobierno ¿Y qué le interesa a Rubalcaba? Ganar tiempo. Tiempo para completar su ronda por las organizaciones territoriales del PSOE, presentarse en sociedad, forjar su propia causa electoral (entre el cambio y la continuidad, difícil lo tiene) y hacerse el encontradizo con Rajoy, al que gana de calle en las encuestas de valoración de líderes.

De modo que, mientras los nacionalistas vascos no decidan otra cosa cuando llegue la votación del techo de gasto (pleno del 12 de julio o del 19 de julio, los dos únicos que quedan antes de las vacaciones, con probable rebote en el Senado y vuelta al Congreso) no apuesten ustedes por elecciones anticipadas. Y menos después del alivio griego y la caída de nuestra prima de riesgo por tercer día consecutivo.


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Plan de ajuste. Grecia sigue en el filo de la navaja. Por Juan Ramón Rallo

Los políticos se niegan a privatizar: prefieren exprimir tributariamente a la población para, pasado un tiempo, volver a estar, como hasta hoy, al borde del abismo.

Los 12.000 millones que la UE extenderá a Grecia apenas sirven para cubrir el servicio de su deuda para este año. Con el draconiano plan de ajuste, el país ha comprado tiempo a la espera de que, si todos los vientos soplan a favor –crecimiento moderado, paro estancado, ingresos fiscales estabilizados a niveles de 2008, gastos públicos en retroceso, ausencia de turbulencias y temores en los mercados financieros que no disparen la prima de riesgo...–, Grecia pueda ir haciendo frente a su deuda.

El plan de ajuste tiene dos partes: privatizaciones y reequilibrio presupuestario. La idea de las privatizaciones es reducir en cinco años la deuda pública total desde los 330.000 millones de euros a los 280.000 (del 150% del PIB al 120%). Con el reequilibrio presupuestario, se busca minorar el déficit en alrededor de 6.000 millones anuales: tomando el último dato oficial de 2010, eso significaría pasar de un déficit de 22.000 millones (9,5% del PIB) a otro de 16.000 millones (7% del PIB).

Pero, como decíamos al principio, alrededor de 12.000 millones se corresponden con el servicio de la deuda, esto es, con la devolución de principal e intereses. Así pues, tras el plan de ajuste, el déficit primario de Grecia (antes de pagar la deuda) caería a alrededor de 4.000 millones (1,5% del PIB). Cualquier evolución positiva de los ingresos fiscales significaría entrar en superávit primario y, a partir de ahí, se podría ir amortizando año a año una parte de la deuda (la otra se iría refinanciando), reconduciéndola a largo plazo a ratios sobre el PIB más razonables.


Ese es, grosso modo, el plan de Bruselas. ¿Puede salir bien? Sobre el papel, podría. A la hora de la verdad, es dudoso. De entrada porque, en el mejor escenario concebible, el país se encontrará permanentemente en el filo de la navaja y, con semejante incertidumbre sobre su solvencia, es dudoso que los tipos de interés vuelvan a caer a unos niveles que hagan posible refinanciar sus pasivos sin incrementar el endeudamiento total del país. Y de salida porque la mitad del plan de ajuste se construye sobre duros aumentos fiscales que lastrarán el crecimiento económico: un nuevo impuesto sobre grandes fortunas, un nuevo tributo de solidaridad de entre el 1% y el 5% de la renta familiar, un incremento del IVA (del 19% al 23%) y de los impuestos especiales, y la eliminación de numerosas exenciones y de un tercio del mínimo vital exento.

Lo peor de todo esto es que Grecia es un Estado solvente, pero que no puede intervenirse concursalmente como cualquier empresa privada para proceder a la liquidación y al repago de sus deudas. Para unos pasivos totales de 330.000 millones de euros, el Estado griego posee unos activos valorados en 300.000 (en concepto de suelo, edificios, empresas públicas, etc.), de los cuales sólo ha accedido a privatizar 50.000. En caso de haberse desprendido de todas estas propiedades públicas –algo deseable per se, al margen de la situación financiero del Estado–, el monto de deuda se reduciría a niveles muchísimo más manejables que devolverían la credibilidad exterior al país.

Pero los políticos se niegan a privatizar (apenas han accedido, por ejemplo, a vender una décima parte de la compañía de telefonía nacional griega). Prefieren exprimir tributariamente a la población para, pasado un tiempo, volver a estar, como hasta hoy, al borde del abismo. Un sufrimiento en gran parte necesario –se acabó la era del crédito barato y hay que apretarse el cinturón– pero que se convertirá, por la obstinación socialista de los políticos helenos, en estéril. Lástima que España, en eso, tampoco se diferencie de Grecia.


Libertad Digital - Opinión

A fuego lento. Por Fernando Fernández

El resultado del tiempo de Zapatero es que España ha perdido soberanía: soberanía económica, fiscal y política.

EL presidente Zapatero se ha despedido del Congreso sin grandeza alguna. El balance de su gestión no permitía otra cosa —los datos son apabullantes— y tampoco se esmeró en intentarlo. Tres han sido los pilares de su mandato: la solución definitiva del problema de Cataluña, la negociación con ETA para poner fin al «conflicto vasco» y la ampliación de derechos sociales en una España próspera. Y los tres se han saldado con un estrepitoso fracaso. El Estatut ha ampliado la brecha emocional catalana hasta límites peligrosos, ha conducido a la insostenibilidad fiscal del Estado de las Autonomías, obligando a imponer un techo de gasto autonómico que está muy lejos del proyecto confederal inicial, y ha llevado al PSC a su peor resultado histórico. El retorno de Bildu-Batasuna a las instituciones vascas, sin asomo de arrepentimiento ni petición de perdón, supone un insulto a los demócratas y el triunfo de la estrategia de la socialización del terror de la que tan orgulloso se mostraba Otegui en la Audiencia Nacional, visiblemente aliviado de que el Estado haya abandonado el camino de la victoria política y policial que tan buenos resultados estaba dando. Pero ha sido el derrumbe económico la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de los españoles. Que un presidente que prometía entre risitas superar a Francia en renta per cápita se despida rogando a los mercados que no nos confundan con Grecia lo dice todo. No hacen falta más cifras, jugar con segundas derivadas o perderse en discusiones técnicas. El resultado del tiempo de Rodriguez Zapatero es sencillamente que España ha perdido soberanía: soberanía económica, fiscal y política. Es un país dependiente que se ha convertido en un problema.

Salvo que sus correligionarios nos ahorren el sufrimiento, el presidente parece decidido a consumirse y consumirnos a fuego lento confiando ahora en un chamán que le predice que España volverá a crecer al 1,5 por ciento a finales de año. Desconozco a tan ilustre augur, pero deberíamos haberlo presentado a director del Fondo Monetario Internacional. Tal es su capacidad de previsión que resulta poco solidario hurtarle su disfrute a la comunidad internacional. Claro que Zapatero siempre se ha movido mejor en las promesas huecas que en las soluciones concretas. Quedó patente en el debate del Congreso que no hay más programa económico que lo ya aprobado. Un bagaje insuficiente en condiciones normales y extraordinariamente preocupante en las actuales. Las dudas sobre la voluntad y capacidad de España para mantenerse en el euro van a continuar con independencia del resultado del drama griego. Mercados y analistas solo miran ya al nuevo Gobierno y sus primeros cien días. Razón para que el candidato popular empiece a mojarse. Lo que queda hasta entonces son solo minutos basura en los que estaremos a merced de la volatilidad del sentimiento de los acreedores y a expensas del Gobierno griego. Triste momento para una nación que podía haber sido un gran país europeo y haber servido de cierto contrapeso al eje franco-alemán, si hubiera mantenido el rumbo y consolidado alianzas inteligentes. Hoy solo nos queda confiar en que la masiva llegada de turistas nos alivie el tránsito. Pero llegará el otoño, el diferencial de deuda no habrá bajado, la liquidez no habrá retornado al sistema financiero ni a las pymes, el desempleo volverá a acercarse a los cinco millones y muchos de los presuntos apoyos con los que cuenta el Gobierno se evanescerán como los amores de verano de un adolescente. Las reformas pendientes seguirán pendientes y la opinión pública unánime: no merecía la pena este calvario.

ABC - Opinión

Aído. De la costilla de Zapatero. Por Cristina Losada

Hay que ser patriotas, nos objetan, y alegrarse siempre que un español ocupa un alto cargo internacional. Vale. De ese concepto de patriotismo ya mostró el Doctor Johnson la trampa. ¡Y cómo va a redundar en prestigio la colocación de indocumentados!

Vaya como advertencia que cuanto se va a decir aquí es machista e impúdicamente conservador. Si interrogarse sobre el ascenso de Aído a los cielos onusinos constituye delito de machismo, me declaro delincuente. Y respecto de la segunda tara, huelga decir que sólo desde el conservadurismo más feroz se pueden considerar el mérito, la capacidad y la valía como únicos requisitos para subir peldaños en la vida profesional. El resto de la vida ya sabemos cómo va, pero ahí, insistimos los carcas, al menos ahí, un poquito de rigor. Y no estamos tan solos. Hay carcundia en todas partes, hasta en la izquierda, hasta el punto de que la socialista Bachelet se resistió a acoger en su ONU-Mujeres a la ahijada de Chaves por deficiencias en el currículo y el inglés. Minucias, al cabo, que una buena aportación de fondos españoles permitió pasar por alto.

Hay que ser patriotas, nos objetan, y alegrarse siempre que un español ocupa un alto cargo internacional. Vale. De ese concepto de patriotismo ya mostró el Doctor Johnson la trampa. ¡Y cómo va a redundar en prestigio la colocación de indocumentados! Del currículo de Aído y su tuneado se escribió en su día de bautismo ministerial. No vamos a repetirnos, cuando se trata, además, de un fenómeno repetido, efecto predecible de la arribada de una generación de políticos ni-ni: ni preparación ni experiencia. Mírese por el lado positivo. Si adornan sus bios y agregan peso fraudulento, es que aún reconocen el prestigio de los rancios valores. Ese afán suyo por hinchar el currículo es homenaje que el vicio rinde a la virtud. Y aún hay países, crueles, donde les obligarían a retirarse.

Cuando a la escritora Dorothy Sayers le pidieron que analizara la novela policíaca desde la óptica de la mujer, respondió con un "lárgate y no seas idiota". Y es que era como preguntarle por "el punto de vista femenino sobre el triángulo equilátero". Pues estamos en la época en que a tales elucubraciones se consagran ministerios y organismos, más presupuestos, que sirven de trampolín a mujeres astutas. Lo reconozco. Cuán ingenuas las que por instinto, por educación, por carácter, hemos dado por sentada la igualdad. Repudiamos las clásicas armas de mujer y ni nos dimos cuenta de que la Igualdad, o sea la discriminación, venía a sumarse a ellas. Desde aquella foto del Vogue no hay misterio sobre el papel y el perfil de las mujeres elegidas por el Feminista.


Libertad Digital - Opinión

Atenas, Roma y Córdoba. Por M. Martín Ferrand

Entre nosotros, ha producido un generalizado disgusto el que sea San Sebastián, y no Córdoba, la merecedora de tan vacuo honor.

COMO la mancha de una mora con otra verde se quita, antes de que se apague el rescoldo del Debate sobre el estado de la Nación —otra victoria pírrica de Mariano Rajoy—, ya está viva la llama que enciende la designación de San Sebastián, ex aequocon la Breslavia del «Barón Rojo», como Capital Europea de la Cultura para 2016, después de que lo sean, en 2015, la ciudad holandesa de Mons, donde sentó sus reales el Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, y la checa de Pilsen, mucho más conocida y venerable por su magnífica cerveza que por sus ignotos pensadores.

Entre nosotros, ha producido un generalizado disgusto el que sea San Sebastián, y no Córdoba, la merecedora de tan vacuo honor. En puridad, Europa —culturalmente hablando—, tiene tres capitales indiscutibles: Atenas, Roma y Córdoba que, al final del primer milenio, tenía una Mezquita verdaderamente única en torno a la que convivían un millón de personas y tres culturas junto a una biblioteca de 400.000 rollos y volúmenes. No hay razón para sentir agravio. San Sebastián no existía en esa época y, además, ¿quién tiene la autoridad y el culturómetro precisos para establecer esas ridículas comparaciones?


Lo sorprendente es que las gentes se irriten, más o menos, porque se distinga con un título tan hueco a una ciudad o a otra; pero no, como debieran, por el hecho de que se conceda el título. Son cosas de la mandanga burocrática europea, ese monstruo creciente que, sumado a los domésticos, nos cuesta un Congo y da de comer a varias docenas de miles de paniaguados. La «inventora» de la capitalidad cultural turnante fue la griega Melina Mercuri, ministra de Cultura después de gran actriz y cantante curiosa, y, desde entonces, cada año la designación de la venidera es pretexto para un grueso capitulo de gasto público comunitario que incluye, a mas de la preparación de las candidaturas, viajes y visitas de funcionarios, políticos y ganapanes anexos.

Estos acuñadores de capitales, como tantos otros monstruos intercontinentales, continentales, nacionales, autonómicos y locales, a la vista del precio al que se está poniendo el pescado, debieran ir reduciendo su actividad. Este 2011 las capitales titulares de la cultura son Turko, la ciudad más antigua de Finlandia —¡siglo XIII!— y Tallín, en Estonia. Se entiende que los donostiarras, especialmente los de Bildu, estén felices por igualar la gloria de ambas capitales —yo mismo lo estaría si no fuera financiador forzoso de la majadería—; pero cabe sospechar que Séneca, Averroes, Maimónides, Góngora e, incluso, Antonio Gala no quepan en sí de tanto gozo.


ABC - Opinión

El todo-a-cien de ZP cierra por falta de stock. Por Federico Queveo

Esto se ha acabado. Adiós, muy buenas. Punto y final. Van a quedar dos o tres meses escoba para tocarle un poco más las pelotas al personal, pero la conclusión del #DEN2011 es que esto ha tocado a su fin y que habrá elecciones a la vuelta de verano porque la cosa ya no da más de sí y al dueño de la tienda de ideas se le ha acabado el stock.

¿Se imaginan un chino-todo-a-cien al que se le agotaran las existencias de pelotas de playa y gafas de sol marca Dray Ban? Tendría que cerrar, aunque es verdad que los chinos son el único negocio de este país que nunca cierra, pero como Zapatero no es más que un aprendiz en la venta de ideas todo-a-cien, en cuanto se le ha acabado el stock no ha tenido más remedio que echar el cierre, que ponerle el candado a la fábrica a la espera de que venga el nuevo administrador elegido por los accionistas que somos todos los españoles.


Esta ha sido la doble legislatura de las ideas, malas casi todas -el casi es por no parecer demasiado exigente-, y casi todas inútiles y de corto recorrido. Zapatero gobernó a base de ocurrencias hasta mayo del año pasado, cuando sonó varias veces el teléfono de su despacho y, primero Merkel, luego Sarkozy y, finalmente, Obama, le dijeron aquello de “oye, chaval, esto no puede seguir así porque lo que tienes entre manos es un juguete demasiado peligroso como para que pongas en riesgo la estabilidad económica mundial”. Y no le quedó más remedio que ponerse a gobernar. Es verdad que lo hizo, a medias, como casi todo lo que ha hecho, pero después de seis años de coña marinera y viva la madre que nos parió, llegaron doce meses de gestión y de digestión de la realidad. Tarde, claro.
«Atrás quedaron los momentos de chulería barata, aquellas presunciones comparativas según las cuales Berlusconi y Sarkozy se corroían de envidia al mirar a España, a ‘su’ España, y tocó bajarse del guindo y poner los pies en el suelo.»
Atrás quedaron los momentos de chulería barata, aquellas presunciones comparativas según las cuales Berlusconi y Sarkozy se corroían de envidia al mirar a España, a ‘su’ España, y tocó bajarse del guindo y poner los pies en el suelo, aunque declarativamente nuestro querido Zapatero siguiera en las nubes y haya seguido hasta el último momento.

En el fondo, le vamos a echar de menos, a él y a los que como él han buscado su fuente de inspiración en la fraseología de calendario, porque ya no escucharemos esas grandes aportaciones a los diccionarios de citas como aquellas de “la tierra no es de nadie, es del viento”, o “en los próximos meses vamos a asistir a una conjunción planetaria espectacular” que tan famosa a hecho a Leire Pajín a un lado y al otro del Atlántico. Es más, creo que cuando deje el Gobierno ya tiene una oferta sobre la mesa de Hugo Chávez para protagonizar una sección de frases estúpidas en su programa Alo Presidente.

Las verdades de Rosa Díez

Ayer, segunda sesión del #DEN2011, tocó llorera colectiva, besos y abrazos y simplezas varias, mención especial para la canaria Ana María Oramás cuyo edulcorado discurso provocó el sonrojo de la mayoría de la Cámara por la inmensidad de las chorradas que le dedicó al presidente al que solo le faltó ofrecerle un fin de semana juntos en Bahía Sol Tenerife para olvidar las penas.

No sé que hubiera pensado Sonsoles, la verdad… Menos mal que ahí estuvo presta Rosa Díez para ponernos a todos de nuevo ante la verdad de la buena, o sea, que éste ha sido el peor presidente de la democracia y que menos mal que se ha despedido… Ahora solo falta que se vaya, de una vez por todas, y nos deje en paz que buena falta nos hace. Dicen aquellos que, como él, son optimistas antropológicos, que dentro de unos años la historia le hará justicia… Yo, la verdad, creo que la Historia está deseando olvidarlo, por siempre jamás, amén.


El Confidencial - Opinión

San Sebastián. La Capital Europea de la Infamia. Por José García Domínguez

Chulescas violaciones de la Ley que seguro han de excitar a la Leni Riefenstahl de Zapatero. Por algo, ha corrido rauda a celebrar su desprecio a nuestro Rey y a nuestra Constitución, otorgándoles su propia Olimpiada de Berlín.

Apenas hace falta un único requisito para sostener que la cultura encarna lo opuesto al mal, la vileza, el fanatismo y la miseria humana: ser profundamente inculto. He ahí Céline, del que ahora se cumple el cincuentenario. Acaso el mejor novelista francés del siglo XX y, a la vez, una basura humana. Devoto de Hitler, racista, confidente de la Gestapo, apologista del genocidio, el mejor retrato de su persona acaba de ofrecerlo el alcalde de París, Bertrand Delanoë: "Céline es un excelente escritor, pero un perfecto cabrón". Como Quevedo, como Ezra Pound, como Baroja, como Drieu La Rochelle, como Cioran, como Brecht, como Pirandello, como Heidegger, como tantas... cumbres de la alta cultura.

Al respecto, solo los muy ignaros, los muy cínicos, o quienes sufren de ambas taras a un tiempo, pueden pretender que cultura y barbarie son voces antónimas. Así la ministra Sinde, que ha dado en parapetarse tras las falaces virtudes balsámicas de ese vocablo fetiche a fin de justificar su regalo a Bildu. Y es que, San Sebastián, villa frente a la que competidor alguno dispondría del currículum suficiente para poder robarle el título de Capital Europea de la Infamia y la Vileza, va a serlo , sin embargo, de la Cultura. Todo merced a los desvelos de Sinde, ansiosa por honrar a ese filoetarra, el tal Juan Karlos, tan ducho él en descolgar óleos de Juan Carlos y proscribir banderas de España.

Chulescas violaciones de la Ley que seguro han de excitar a la Leni Riefenstahl de Zapatero. Por algo, ha corrido rauda a celebrar su desprecio a nuestro Rey y a nuestra Constitución, otorgándoles su propia Olimpiada de Berlín. Como la del tío Adolfo en el 36. El escenario, grandioso en su magnificencia continental, lo pone, gratis et amore, el Gobierno de España. Por su parte, los hijos putativos de Txeroki únicamente habrán de dar con el Goebbels que ilustre al mundo sobre la superioridad moral de la justa causa de ETA y su sopa de letras satélite. Los cómplices intelectuales –si no materiales– de los asesinos de Gregorio Ordóñez, transmutados en sumos sacerdotes de la civilización, la concordia y los valores de Occidente. "Harás cosas que nos helarán la sangre", auguró con desolada lucidez la madre de Joseba Pagaza. No lo sabía bien.


Libertad Digital - Opinión

Catarsis griega. Por Ignacio Camacho

En Grecia crece la idea de la «deuda odiosa», que por su teórica ilegitimidad no conlleva obligación moral de pago.

EL segundo rescate griego, que tanto alivio ha provocado en Europa como incendiario malestar en Grecia, acaso no sea más que un piadoso autoengaño con el que deudores y acreedores se dan una tregua a sí mismos. La quiebra helénica podía —puede aún—tumbar la estabilidad financiera europea y arrastrar a su sistema bancario al abismo del que mal que bien se ha ido librando desde que comenzó la crisis, a veces con dramáticos coqueteos al borde de la sima. Al poner más dinero en ese agujero sin fondo que son las cuentas griegas, los prestamistas no han hecho otra cosa que prorrogar los plazos de una deuda que saben incobrable, a la espera de que las circunstancias o la propia UE puedan absorber el pasivo sin provocar una catástrofe. Grecia no va a pagar aunque quiera; lleva años haciendo trampas para esconder la evidencia de que su ínfima economía productiva no da para un desafío tan grande.

Como se trataba de evitar una contagiosa tragedia a lo Lehman Brothers, pero con una nación entera en bancarrota, todo el mundo ha preferido olvidar el timo de un país que ha edificado un insostenible Estado del bienestar a cuenta de capital ajeno. Grecia ha creado medio millón de funcionarios superfluos, ha dilapidado en salvas los fondos de cohesión, ha pagado pensiones a miles de familiares de muertos y ha construido un gigantesco sector público de clientelismo fraudulento a base de emitir deuda que no pagaba y de falsear cuentas que no cuadraban ni a martillazos. Descubierta la estafa, su nuevo Gobierno no ha tenido más remedio que hacerse el harakiri mientras la gente, indignada por los recortes, le prende fuego a todo lo que encuentra a mano. Los pirómanos son los beneficiarios de un fraude que nunca cuestionaron, acostumbrados a un sistema corrupto que no podían permitirse con lo poco que producían. Ahora la culpa es de los políticos egoístas, claro, y de los bancos codiciosos —les suena la milonga?— a los que nadie reprochó antes que pusieran dinero para ese caprichoso despilfarro. Ha crecido entre los ciudadanos, ojo al parche, la teoría de la deuda odiosa, compromiso que por su teórica ilegitimidad no conlleva obligación moral de pago.

Para eludir el crack, a falta de un eficaz gobierno europeo que pilote la moneda común, el directorio francoalemán de Merkel y Sarkozy ha convencido a sus bancos de pelotear a largo plazo el débito a cambio de un brutal sacrificio —impuestos, despidos, ajustes, privatizaciones— que bloqueará cualquier posibilidad de crecimiento en Grecia. Un piadoso embuste mutuo a la espera de mejores tiempos. El acuerdo consiste en que ambas partes, el Estado griego y sus prestamistas, juegan a tragedia o catarsis, a susto o muerte y eligen, como es natural, catarsis y susto. Probablemente, al final será también palmatoria.


ABC - Opinión

La cirugía griega y España

Europa y los mercados financieros respiraron ayer tranquilos después de que el Gobierno griego lograra el apoyo del Parlamento a su draconiano plan de ajuste. España también se sintió aliviada, pues era la siguiente presa sobre la que se habrían lanzado sin piedad los especuladores si hubiera fracasado el primer ministro griego. Pero Papandreu superó el trance con más holgura de la que se vaticinaba, las bolsas reaccionaron muy positivamente desde primera hora, la prima de riesgo española se moderó notablemente y los líderes europeos se felicitaron. Grecia podrá contar de manera inmediata con 12.000 millones para hacer frente a sus vencimientos inminentes de deuda y se garantiza la viabilidad financiera a largo plazo al ponerse en marcha el segundo plan de rescate. Al mismo tiempo, los bancos privados franceses y alemanes, principales tenedores de deuda griega, contribuirán con su refinanciación a 30 años. Sin embargo, la agónica situación de Grecia dista de haber terminado y mucho habrán de esforzarse sus dirigentes con hechos palpables para que los mercados financieros y las instituciones comunitarias recuperen la confianza en el país. El plan aprobado ayer es, en verdad, una cirugía de hierro: subida de impuestos, tasas e IVA; privatizaciones por importe de 50.000 millones de euros; poda del funcionariado público, y recortes sociales de más de 5.000 millones. En total, un tijeretazo de 78.000 millones en los próximos cuatro años. ¿Será capaz el Gobierno griego de cumplir sus promesas sin triquiñuelas ni falsedades? En esta ocasión, seguramente no le quede otro remedio que actuar con transparencia porque mil ojos estarán vigilando. Es cierto que el pueblo griego, al que sus gobernantes han hipotecado para las próximas décadas, es la víctima inocente de esta tragedia, así que tal vez nos sirva de lección a los demás países para no incurrir en los mismos errores. La irresponsabilidad y estulticia de un gobernante, sobre todo de aquel que recurre a la demagogia y al populismo para aferrarse al poder halagando a los votantes, se acaban pagando antes o después, empezando por los propios embaucados. En España, el Gobierno socialista tardó en admitir la gravedad de la crisis económica y no puso los medios precisos para amortiguar sus efectos. Por el contrario, tomó una serie de decisiones electoralistas, como multiplicar los subsidios, que vaciaron la caja y multiplicaron el déficit. Y el paro siguió en vertiginoso ascenso hasta convertirse, como ayer reiteró el Banco de España, en el lastre principal para recuperar la confianza y el vigor económicos. Darle la vuelta a esta inercia ruinosa ya no está en manos de un Ejecutivo con fecha de caducidad, como ha quedado claro en el Debate del Estado de la Nación. Le corresponde al partido de Mariano Rajoy tomar el relevo para demostrar, como hizo ayer, que es posible salir del túnel con un programa valiente, ambicioso y viable. Las 15 propuestas presentadas al Congreso son impecables y se resumen en: racionalizar el gasto, apoyar a los emprendores, incentivar la creación de empleo y la competitividad, apostar por la calidad educativa y devolver el prestigio a nuestro país. Sólo así España no será nunca Grecia.

La Razón - Editorial

Un paso decisivo

Aprobado el plan de ajuste para Grecia, Europa y el FMI deben revisar los criterios de los rescates.

En su tormentoso camino para evitar la quiebra nacional y salvar la estabilidad del euro, el Gobierno griego dio ayer un paso decisivo al conseguir que el Parlamento aprobara el plan de ajuste 2012-2015, que es la moneda de cambio para que Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) liberen el quinto tramo de las ayudas (unos 12.000 millones de euros) del primer plan de rescate. El paso es tan importante como la ruina que evita. Si el plan se hubiera rechazado, el sistema financiero europeo al completo hubiera sufrido una profunda crisis y el euro hubiese entrado en dinámica de disolución. Pero el acuerdo del Parlamento ha conjurado el riesgo de catástrofe en Europa, permite a la economía griega eludir el riesgo de impago al menos durante 2011 y abre el camino a un nuevo plan de rescate que, esta vez sí, debería ser un factor de crecimiento para Grecia y no un rosario de préstamos punitivos.

El esfuerzo político del Gobierno socialista de Yorgos Papandreu para aprobar el plan de austeridad debe ser valorado no solo por la cuantía del ajuste que se va a ejecutar (unos 78.000 millones de euros entre recortes de gasto público, subidas de impuestos y privatizaciones hasta 2015) sino también por la atmósfera de hostilidad social exacerbada contra los recortes del gasto que ha enrarecido la negociación política y la propia votación parlamentaria. Ayer, la sesión del Parlamento se celebró con una huelga general en las calles de Atenas. Papandreu se enfrenta a tareas que son extremadamente complejas en cualquier país, como reducir el tamaño de la Administración y desmantelar un rosario de empresas públicas extremadamente onerosas y poco rentables o eficaces.


Una vez que Atenas ha aceptado un doloroso recorte de las rentas, un empobrecimiento equivalente a un descenso de la riqueza de un 15% del PIB, las instituciones europeas (la Comisión, el Banco Central Europeo) y el propio FMI deberían someter a una profunda revisión todos los criterios aplicados hasta ahora para rescatar a un país. Uno de los pilares de las ayudas futuras debe ser el diferimiento voluntario de los plazos de la deuda, en línea con el plan aceptado por los bancos franceses y alemanes la semana pasada. El cumplimiento del objetivo de déficit, en cuantía y plazos, no puede convertirse en un hándicap para el crecimiento económico, sin el cual no hay devolución de la deuda y sume al país en una espiral de endeudamiento y depresión.

Los modelos de rescate basados en el rigor presupuestario no funcionan por sí solos. En situación de asfixia económica, el rescatado suele volver a reclamar nuevas ayudas, mientras los mercados entran en una fase oscilante de euforia y depresión, según se vayan parcheando los problemas coyunturales. El segundo plan de financiación para Grecia será un buen laboratorio para experimentar con fórmulas más flexibles que afiancen los factores del crecimiento, no solo de Grecia, sino de Portugal e Irlanda; y, además, consoliden la estabilidad de España o Italia.


El País - Editorial

Grecia obtiene respiración asistida

El plan de ajuste es digno de consideración, pero no garantiza su suficiencia si tenemos presente hasta qué delirante extremo el elefantiásico Estado griego ha estado viviendo durante lustros por encima de sus posibilidades.

Con la aprobación de un nuevo plan de ajuste hasta 2015, el Gobierno griego acaba de desbloquear los 12.000 millones del quinto tramo del préstamo del FMI y la UE sin el cual el Estado heleno no hubiera podido, simplemente, afrontar sus pagos este mismo mes de julio. El tiempo dirá si este nuevo paquete de medidas de austeridad ahuyenta decididamente el fantasma de la bancarrota o, por el contrario, se trata tan solo de una nueva huida hacia adelante.

Por de pronto, el plan aprobado incluye un recorte de los gastos del Estado en unos 14.300 millones de euros, al que se suma la pretensión de recaudar otros 14.100 millones hasta 2015, con el fin de pasar de un déficit del 9,5% por ciento a uno debajo del 3% del PIB. A todo ello hay que sumar un plan de privatizaciones con el que se pretende reducir en cinco años el total de la deuda pública en unos 50.000 millones de euros, lo que supondría reducirla del 150% al 120% del PIB.


Se trata, sin duda, de un plan de ajuste digno de consideración, pero que no consigue su suficiencia si tenemos presente hasta qué delirante extremo el elefantiásico Estado griego ha estado viviendo durante lustros por encima de sus posibilidades. A este respecto cabe señalar que el Estado griego podría haber afrontado más eficazmente su monumental crisis de deuda deshaciéndose de muchos más activos de los que va a poner a la venta con su plan de privatizaciones, evitando de esta forma una mayor presión fiscal que, para colmo, no garantiza un proporcional aumento de recaudación.

El nuevo impuesto sobre grandes fortunas, el nuevo tributo de solidaridad de entre el 1% y el 5% de la renta familiar, el incremento del IVA (del 19% al 23%) y el de los impuestos especiales, así como la eliminación de numerosas exenciones y de un tercio del mínimo vital exento son todas ellas medidas que lastrarán el crecimiento económico y que no garantizan la totalidad de la recaudación con la que el Gobierno pretende aminorar el déficit. Bien es cierto que para esa tarea el Estado también cuenta con un plausible y ambicioso plan de reducción del gasto que incluye medidas tales como la supresión de 150.000 empleos públicos, el 25% del total, recortes en subvenciones o la reducción del gasto militar (el más alto porcentualmente de los países europeos de la OTAN).

Con todo, no olvidemos que los 12.000 millones que, gracias a la aprobación de este plan, el Gobierno griego va a obtener del FMI y de la UE no suponen más que lo que ha de pagar el Estado griego anualmente en concepto de devolución de principal e intereses. Por todo ello, que nadie lance campanas al vuelo ni se deje engañar por esporádicas subidas de la bolsa. No es la primera vez que Grecia ha estado al borde de la suspensión de pagos y nada garantiza que sea la última.


Libertad Digital - Editorial

Un respiro para la crisis griega

Era un paso necesario, pero por sí solo no resuelve el problema esencial, que es la situación de profunda insolvencia en la que se encuentra el país.

SERÍA aconsejable no dejarse llevar por la euforia desatada en las Bolsas después de que el Parlamento griego aprobase ayer el plan de austeridad que le reclamaban la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, porque, aun siendo una buena noticia, se trata solamente de un remedio temporal para que el país pueda hacer frente a los pagos de deuda más inmediatos, ya que no resuelve el problema esencial, que es la situación de insolvencia en la que se encuentra Grecia. Era un paso necesario, pero no la panacea. Y la prueba más evidente de que las dificultades no han hecho más que empezar la tenían los diputados a las mismas puertas del legislativo, con unas protestas —que han adquirido un inaceptable sesgo violento— que son la prueba evidente del malestar creciente entre la sociedad. Es posible que el Gobierno de Atenas haya llegado al límite de lo que puede ser una política de austeridad aceptable —físicamente, si se quiere— para un país como Grecia, pero todavía estamos muy lejos de vislumbrar cualquier efecto benéfico de tanto sacrificio.

Lo más importante es la forma con la que este plan de recortes y privatizaciones va a ser aplicado, que es lo que marcará el destino del país. Los griegos pueden aprovechar este periodo de grandes dificultades para reconstruir una economía nueva que les permita anclarse en el mundo del futuro, o desperdiciar la oportunidad, empeñándose en reconstruir el modelo que desde hace mucho tiempo les ha llevado a este callejón sin salida. El primer ministro socialista, Yorgos Papandreu, ha perdido más de un año retrasando las decisiones que sabía que le serían impuestas, lo que no ha hecho sino complicar su aplicación, y ha desdeñado los consejos de la oposición conservadora, que ahora le ha negado su voto. Conviene recordar que en las últimas tres décadas Grecia ha estado gestionada por el Partido Socialista —la mayor parte de este tiempo por los Papandreu, padre e hijo—, y menos de ocho años por los conservadores de Nueva Democracia. Unos y otros han contribuido a arruinar a Grecia a base de cargar todas las facturas del clientelismo y la corrupción en la cuenta del Estado. No servirá de mucho que los dos partidos se pongan de acuerdo si antes no han logrado convencer a la sociedad de que el futuro amargo que les espera es el único camino para reconstruir una nueva Grecia.

ABC - Editorial

miércoles, 29 de junio de 2011

Zapatero. Un presidente más que amortizado. Por Emilio J. González

Lo mejor que podría hacer el presidente es concluir el debate con el anuncio de la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones.

El contenido económico del discurso de ZP en el debate sobre el estado de la Nación constituye una nueva prueba de que Zapatero es ya un presidente más que amortizado que debe dar paso cuanto antes a un nuevo Gobierno salido de las urnas. En sus palabras, como cabía esperar, no había el menor atisbo de autocrítica sino las manidas excusas de siempre: que si la globalización, que si la crisis internacional, que si las turbulencias en los mercados de deuda a causa de Grecia... Vamos, que el Ejecutivo no tiene nada que ver en todo lo que le pasa a la economía española ni tampoco tiene que dar una nueva vuelta de tuerca, aunque sea tan solo una, a las reformas estructurales que necesita este país porque, según el presidente, la recuperación ya está en marcha y el Gabinete ya ha hecho todo cuanto está en su mano para que así sea, por lo que no hacen falta más reformas.

La realidad, sin embargo, dista mucho de ser tan idílica como nos la quiere hacer ver ZP. La reforma del sistema financiero dista mucho de haber concluido y todavía puede haber muchas sorpresas desagradables, el ajuste en el sector inmobiliario aún está pendiente y cuando se produzca, que tendrá que producirse tarde o temprano, nuestros bancos y cajas van a sufrir de lo lindo; aquí no se crea un puesto de trabajo ni por equivocación porque todo lo hecho en el terreno laboral no sirve apenas para nada; en materia de competitividad tenemos aún muchas asignaturas pendientes, empezando por una tan importante como la de la energía y así podríamos seguir llenando páginas y páginas con todo lo que aún hay que hacer. Además, no está nada clara esa consolidación de la recuperación de la que habló Zapatero, con el petróleo otra vez al alza, lo mismo que los alimentos y los tipos de interés, y con los salarios a la baja. Y, encima, los mercados, más allá del efecto contagio de Grecia, siguen dudando de la capacidad de España para embridar el déficit presupuestario, entre otras cosas porque se temen tanto que la magnitud de los agujeros que encuentren los del PP en las autonomías y ayuntamientos que acaban de conquistar sea de tal calibre que resulten inmanejables como que este Gobierno, que ya está en tiempo de descuento, sea incapaz de llegar a los necesarios acuerdos institucionales para que cada parte de la Administración Pública asuma su cuota en el necesario ajuste presupuestario.

Todo ello requiere, además, de la petición de colaboración que ha hecho Zapatero, medidas enérgicas y de amplio calado. ZP, sin embargo, no ha presentado ninguna, como si las cosas se fueran a arreglar por sí solas, lo que no es el caso. No hay más que ver lo que ocurre en Japón, que va camino de la tercera década pérdida después del estallido de la burbuja inmobiliaria, para entender que no es así. Por ello, lo mejor que podría hacer el presidente es concluir el debate con el anuncio de la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones. No podemos seguir paralizados por más tiempo a causa de un presidente ya más que amortizado.


Libertad Digital - Opinión

No es de este mundo. Por Pilar Cernuda

«José Luis no es de este mundo», comentaba un diputado socialista al salir del hemiciclo tras escuchar el discurso sobre el Estado de la Nación.

«José Luis no es de este mundo», comentaba un diputado socialista al salir del hemiciclo tras escuchar el discurso sobre el Estado de la Nación.

Queda la duda del sentido de su frase lapidaria: no es de este mundo porque no se entera de lo que ocurre a su alrededor, o no es de este mundo porque está por encima del bien y del mal, es dios. Desde luego Zapatero no se dirigió a la Cámara como se dirige un jefe de gobierno al que le queda un cuarto de hora, incluso anunció iniciativas que él no podrá impulsar porque ya no estará en Moncloa. Planteó el discurso sobre el estado de la nación como si se tratara de un discurso de investidura, con proyectos que provocaron perplejidad reconocida entre la oposición y asombro no reconocido en sus propias filas, porque no era el momento de presentarlas sino de hacer balance de cómo está el país, la nación.

Lo mejor, sin duda, las frases últimas, que no llevaba escritas. Frases de despedida, sentidas, sinceras, respetuosas y que sonaron bien. Pena que esos sentimientos no los haya transmitido suficientemente en sus años de gobierno, las cosas se habrían desarrollado de forma muy distinta. A su lado, Rubalcaba se mantenía en silencio, en su papel de diputado que no pronunciaría palabra en el importante debate, pero que centraba la atención en el importante debate. Todo eran cábalas sobre su futuro. Más que sobre el futuro de Zapatero, que ya es conocido.


ABC - Opinión

¿Qué Estado? ¿Qué nación?. Por Gabriel Albiac

Daba vergüenza oírle farfullar ayer tonterías económicas que no entendía. Pero no, vergüenza daba al principio.

ENVUELTO en la armadura de su estolidez, deliró ayer el presidente. No es nuevo. Hablamos de alguien que llegó al cargo merced a una rara carambola: su partido daba por perdidas las elecciones en 2004, buscó sacrificar a un desechable don nadie; no había otro más adecuado a ese desairado papel que el tal Rodríguez Zapatero. Y llegó lo no previsto: el 11M. Gobernó. Trajo la ruina.

Daba vergüenza oírle farfullar ayer tonterías económicas que no entendía. Pero no, vergüenza daba al principio. Ahora concita el aburrimiento y el enfado. ¿Cómo ha podido permitir el Parlamento que una nulidad así dispusiera de siete años para completar su política de tierra quemada? Es terrible la responsabilidad de quienes no han sabido —más allá de las siglas de partido— negociar juntos la destitución de un sujeto fuera de sus cabales y, por tanto, perjudicial en igual medida para todos. Un insensato no tiene ni color ni ideología. Tiene sólo peligro.


Tampoco es un azar que este desastre sucediera. Es el síntoma final de una serie de fatales carencias de la España contemporánea. No hay Estado ya. No hay nación siquiera. No hay nada más que un turbio tejido de intereses, de los cuales da muestra poco equívoca el afán con que las gentes que gobiernan batallan por buscarse un buen empleo internacional antes del definitivo desastre. Lo más lejos posible. Allá donde poco se sepa de sus habilidades.

No hay Estado. Democrático. Si es que lo que define a un Estado democrático sigue siendo aquella contraposición de poderes que teorizara Montesquieu: la que imponía que, por la fuerza de las cosas, el poder refrenara al poder. Viene de atrás la destrucción: de la felipista ley orgánica del poder judicial, que enterró la hipótesis constitucionalista de 1978. Es lo que llega ahora al paroxismo en esa horrible farsa, que trueca algo que no es poder judicial, el Tribunal Constitucional, en irregular instancia de casación de la última instancia jurisdiccional: el Tribunal Supremo. El modo en el cual Zapatero garantizó al PNV la anulación de la sentencia del Supremo sobre Bildu, a manos de la institución partidista que preside el señor Sala, hubiera provocado una crisis de Estado en otros sitios. Aquí no.

No hay Gobierno. Ni un átomo de eso quedó, desde el día mismo de hace más de un año en el cual la UE dictó —bajo amenaza de intervención— a Zapatero el viraje de su política económica. Hay ministerios descoordinados, que no saben a qué juegan. Y hay uno que suplanta a la Presidencia: el ministerio a cargo del control policial. Que su titular sea el próximo candidato socialista es lo único serio —¿o preocupante?— en esta farsa.

No hay nación. La «cuestión discutible y discutida», de la cual partió la era Zapatero, ha acabado por construir realidad a su medida. Zapatero creó, primero, el disparate de aceptar dos sujetos constituyentes distintos en el estatuto —Constitución, de hecho— de Cataluña. Lo remató, finalmente, cuando obtuvo del Constitucional una sentencia encaminada a encarrilar la mayoría independentista en el próximo parlamento vasco. ¿Nación? Ni discutible, ni discutida. Dinamitada. Es la histórica herencia del hombre que soñaba con pasar a la historia. Puede dormir tranquilo: ya ha pasado.


ABC - Opinión

Duro discurso de Rajoy que se convirtió en una moción de censura. Por Federico Quevedo

Si este país tuviera una legislación como Dios manda -en frase típica de Mariano Rajoy- el discurso que hizo ayer el líder del PP en el Parlamento sería propio de una moción de censura. En España las mociones de censura son 'constructivas', es decir, no se examina a quien en ese momento detenta el Gobierno, sino a quien aspira a él, razón por la que resulta casi imposible que un líder de la oposición esté dispuesto a presentarla, incluso en una situación tan extrema como la que hoy vive nuestro país.

Pero si la moción de censura fuera lo que su propio nombre dice, es decir, una censura al Gobierno de la nación, el discurso que habría hecho Rajoy coincidiría con el que ayer mismo hizo en el Pleno de las Cortes durante el debate del estado de la Nación. Este país, España -que luego siempre hay algún listo que piensa que no quiero decir el nombre-, necesita unas elecciones generales anticipadas, es lo que reclama la gente de la calle. Si fuera cierto eso que dice Peces Barba de que "la voz del pueblo es la voz de Dios", habría que decir que hoy Dios implora a Zapatero que se vaya.


Este es un Gobierno acabado, sometido al marcapasos de la deuda, una deuda que, como recordó ayer Rajoy, cuando llegó Zapatero al poder estaba sometida a una prima de riesgo de coste cero y hoy se encuentra al borde de los 300 puntos básicos con el bono alemán, lo que supone un encarecimiento brutal del coste de nuestra deuda. Ese dato, y el de los casi cinco millones de parados, es el que hoy identifica el fracaso de este Gobierno y hacen necesario un cambio político inmediato.
«La realidad es que cada vez que el PP presenta alternativas, el Gobierno las rechaza. Y cada vez que le ha tendido la mano, le ha respondido con el desprecio.»
No vale esperar a noviembre, ni mucho menos a marzo. Tiene que ser ya, a la vuelta de verano, en septiembre a ser posible o principios de octubre como muy tarde, para que el nuevo Gobierno esté a tiempo de presentar en el Congreso unos Presupuestos Generales del Estado que cuenten con un amplio apoyo político para llevar a cabo el proceso de reformas que necesita este país. Zapatero nunca ha sido un gobernante con altura de miras, con sentido de Estado, pero alguna vez debería ser la primera para que Rodríguez Zapatero asumiera su responsabilidad.

"Una hoja de calendario es lo que separa a los españoles que claman 'ya está bien', de un señor Rodríguez Zapatero que responde 'todavía no'", le dijo ayer Rajoy a un presidente que por la mañana había dado una muestra evidente de su agotamiento y de su incapacidad para sumir el reto del liderazgo de un país en crisis. España necesita un cambio, le urge un cambio, en todos los sentidos.

Hace falta un cambio de Gobierno, pero también un cambio de actitud. La tozudez, la obcecación de Rodríguez Zapatero, no hace más que ahondar en la desesperanza y el desánimo de los españoles, porque ni es creíble, ni genera confianza. Para Zapatero cuatro meses no van a ninguna parte, pero, primero, son más de cuatro meses, y cualquier tiempo es necesario ganarlo en una situación como esta. Elecciones ya, es la única salida a este enquistamiento, a esta agonía lenta a la que nos tiene sometidos Zapatero, como si creyera con somos los propios españoles los culpables de su fatal destino.

Es verdad que, como luego le diría Zapatero, Rajoy no aportó al debate una alternativa a la política del Gobierno... Pero también lo es que, en este momento, lo que necesita el país no es un debate sobre las propuestas del PP, sino, una vez constatada la incapacidad del Ejecutivo para dotar las medidas oportunas y liderar el programa de reformas que urge a la economía, votar y cambiar las cosas.

Zapatero siguió insistiendo ayer en su cortedad de miras, siguió empeñado en querer demostrar que las cosas no están tan mal, que hay brotes verdes, que nuestros sistema financiero sigue siendo el mejor del mundo, que la culpa de la crisis la tiene la construcción y el PP y que él, Zapatero, ha sido el campeón de las políticas sociales... Y en reprocharle al PP que ni ofrezca alternativas ni apoye las reformas del Gobierno. Pero la realidad es que cada vez que el PP presenta alternativas, el Gobierno las rechaza. Y cada vez que le ha tendido la mano, le ha respondido con el desprecio.

"Es muy difícil presentarse aquí con un balance como el suyo", dijo Rajoy. Y así es, porque Rodríguez Zapatero heredó la mejor situación económica, y va a dejar de herencia la peor que hayamos conocido. Si alguien demostró ayer que está profundamente alejado de la realidad, que vive ajeno a ella, a lo que de verdad están sufriendo cientos de miles de familias españolas, ese es Rodríguez Zapatero. Rajoy, al menos, hizo de altavoz de lo que los ciudadanos dejaron muy claro el pasado 22 de mayo: que quieren elecciones generales, y las quieren ya.


El Confidencial - Opinión

Zapatero. Debate sin consenso. Por Agapito Maestre

Zapatero ganó el debate, sobre todo, en el principal apartado: el económico, y consiguió que apenas le rozase la gran tragedia de España: ETA está en las instituciones.

Tengo la sensación de que Rajoy no ha sabido aprovechar la ocasión del debate de la Nación. Salió como ganador, pero no creo que haya conseguido empatar el partido. Lejos de desmontar uno por uno los proyectos y designios del Gobierno de Zapatero, se limitó a una descalificación general de la figura del presidente. He ahí la manera más insensata de erosionar el concepto de alternativa política. Por el contrario, Zapatero ha sabido correr todas las bandas, ha ganado tiempo a través de un descenso a los mismos talleres donde se fabrican esas soluciones; más aún, ha conseguido no sólo dar un diagnóstico de la crisis más acertado que el de Rajoy, sino que también ha explicado todas y cada una de las medidas que su Gobierno ha tomado para salir de la crisis.

Y, además, ha reconocido, cosa extraña en un tipo como Zapatero tan dado al voluntarismo, al adanismo y al escapismo de la realidad, que las medidas producirán efectos positivos lentos y a largo plazo. Ha sido realista y pegado al guión que le han dictado en la UE para contentar a los mercados internacionales. Zapatero ha tenido en este debate el mérito de remontar su reputación: salió a hablar como un perdedor, alguien sin ninguna credibilidad, y acabó como un tipo más curtido, batallador y razonador que Rajoy.


Zapatero ganó el debate, sobre todo, en el principal apartado: el económico, y consiguió que apenas le rozase la gran tragedia de España: ETA está en las instituciones, porque así lo ha querido él y la mayoría de su Tribunal Constitucional. ¿Por qué no quiso extenderse Rajoy en el asunto de Bildu? Es inexplicable esa indolencia a no ser que, en el fondo, sea una simulación para preparar el "trágala" futuro.

No nos engañemos, aunque Rajoy gane las futuras elecciones generales y yo así lo creo, Zapatero ayer, en el Congreso de los Diputados, supo explicar mejor, mucho mejor, que en anteriores ocasiones, las medidas económicas que se habían tomado para salir de la crisis. No cabe la menor duda de que este político, al final de su mandato, parece haber rectificado algunos de sus principales errores en materia económica. También Zapatero, como algunos otros socialistas sensatos, tiene una cierta capacidad de autocrítica. Ayer lo demostró con creces, sobre todo, a la hora de diagnosticar que nuestra crisis procede de nuestro modelo productivo.


Libertad Digital - Opinión

El último patriota. Por José María Carrascal

Su último discurso sobre el estado de la nación fue tan falso como lo que ha venido haciendo al frente de ella.

HACER leña del árbol caído no es agradable ni elegante, pero el presidente del Gobierno no nos deja otra opción con su discurso de ayer, engañoso, inoperante y vacío, como si quisiera cerrar su mandato con una muestra de lo que ha sido todo él. Ni una sola palabra de arrepentimiento por la cadena de errores cometidos desde que negó la existencia de una crisis hasta que se vio obligado a renunciar a la reelección debido a ella. Ni la más ligera admisión de responsabilidades por la calamitosa situación en que deja España. Ni una sola verdad sobre el pasado, el presente o el futuro. Solo las viejas y trilladas mentiras sobre el posible inicio de la recuperación en la segunda mitad del año, los obligados guiños a la izquierda —incluidos los «indignados» del 15-M— y las puñaladas arteras al PP, dando a entender que es el culpable de nuestras desgracias por no apoyarle en sus reformas. Olvidando, primero, que esas reformas no son suyas, sino le han venido impuestas desde fuera. De por sí nunca las hubiera hecho. Y segundo, que ni siquiera las está llevando a cabo con la diligencia y profundidad que requieren, razón de que sigan apremiándole desde las instancias internacionales. En resumen, el Zapatero de siempre, traicionando a todo el mundo, empezando por él mismo.

Pero lo más obsceno en este discurso sobre el estado de la nación, que lo único que tuvo bueno fue ser el último, estuvo en el aroma patriótico —¿o patriotero más bien?— que le insufló. El mismo personaje que cuando le preguntaron si España era una nación contestó que «ese es un concepto discutido y discutible»; el que se lanzó a una negociación con Eta sin saber dónde se metía; el que prometió a los nacionalistas catalanes darles lo que le pidieran y ha rebajado el nivel de nuestro país en todas las clasificaciones internacionales, se nos presenta ahora como un cruzado de los de «¡Santiago y cierra España!», atreviéndose incluso a acusar de falta de patriotismo a quienes le critican. Y eso, no, señor Zapatero, eso es ya demasiado. Usted puede revisar toda la memoria histórica que quiera, tener sus ideas sobre qué se hizo bien o mal en el pasado y dar sus opiniones al respecto, faltaría más. Pero darnos lecciones de patriotismo, no. No, porque para eso hay que creer en el propio país, cosa que usted, lo siento, ha demostrado creer muy poco. Ahora dice que «es necesario un esfuerzo colectivo para superar la crisis». No era lo que decía cuando, aliado con los que no se sienten españoles, trataba se establecer un cordón sanitario en torno a los que no pensaban como usted, es decir, a media España por lo menos. Lo mínimo que pudo usted hacer ayer, fue disculparse por ello. No lo hizo, sino continuar con sus insidias. Lo que quiere decir que su último discurso sobre el estado de la nación fue tan falso como lo que ha venido haciendo al frente de ella.

ABC - Opinión

Canto del cisne de Zapatero y ocasión perdida de Rajoy. Por Atonio Casado

Aires de despedida del casi ex presidente por la mañana y subidón por la tarde, cuando protagonizó un vivo debate con el casi presidente. Entonces se reanimaron las tribunas y sus señorías se levantaron de los asientos, como en los toros, ora a favor, ora en contra, según las preferencias, la faena o el diestro en cuestión. Contra todo pronóstico, la mejor parte de crítica y público se la lleva el que se despide de los ruedos, no el que está a punto de confirmar su alternativa en la Moncloa.

Sólo en la sesión de la mañana caló la sensación irremediable de Legislatura terminada. El cuerpo a cuerpo Zapatero-Rajoy de la tarde, sin embargo, fue tan intenso que el partido parecía estar en lo mejor, aún lejos del pitido final. Una apariencia que Zapatero quiso reforzar al hilo de los caballerosos deseos de Rajoy por un futuro mejor en lo personal y en lo familiar. Aquél le devolvió el cumplido para que también a Rajoy le vaya bien en lo personal y en lo familiar, “pero no en lo político”. Un minuto antes le había reprochado que su programa económico, como líder de la oposición, continúa siendo “tan inédito como sus victorias electorales”.
«Sólo en la sesión de la mañana caló la sensación irremediable de Legislatura terminada. El cuerpo a cuerpo Zapatero-Rajoy de la tarde, sin embargo, fue tan intenso que el partido parecía estar en lo mejor, aún lejos del pitido final.»
Ya entonces, en el tercero de los cruces, había cundido la impresión de que Mariano Rajoy estaba perdiendo la oportunidad de proyectarse hacia el futuro como un casi presidente y pasar por encima de un casi ex presidente cargado de pasado. No ocurrió. Por la agresividad de la esgrima practicada por Zapatero y la escasa frescura de las réplicas de Rajoy, daba la impresión de que los papeles estaban cambiados. No obstante, y aunque Zapatero mostrase un mayor dominio de la situación, los problemas de credibilidad que aquejan, irreversibles a mi juicio, sólo permiten hablar de canto del cisne. Aún así ayer dio la impresión de estar más pendiente del futuro que Rajoy.

En lo argumental, ninguna sorpresa. Enésimo despliegue del mismo discurso. Por ambos lados. Zapatero, en positivo, como es lógico en quien todavía tiene la responsabilidad de gestionar los intereses generales. Rajoy, en negativo, con más soflamas que propuestas concretas. Y más centrado en explicar lo mal que hace las cosas el Gobierno socialista que en lo bien que podría hacerlo un Gobierno del PP. Algo que, por desgracia se suele considerar lógico en un jefe de oposición que asienta su ventaja electoral en los dramáticos datos de la situación económica.

Enésima petición de elecciones anticipadas por parte de Rajoy porque cada día más de “agonía”, según él, significa también “más deuda, más paro, más desconfianza”. Y enésima reprobación de Zapatero a la incapacidad del PP para arrimar el hombro en los planes anticrisis. El casi ex presidente acusó al casi presidente de optar por lo fácil, que es reclamar elecciones, y renunciar a lo más esforzado, que es presentar propuestas. Y la eterna excusa de Rajoy: “No nos puede pedir que, como oposición, nos sumemos a sus errores”.

Y así sucesivamente.


El Confidencial - Opinión

Debate. El estado de la Nada. Por José García Domínguez

Y es que, otra vez, cayó el gallego en la trampa para elefantes de la economía. Uno de los pocos terrenos, acaso el único, donde cesante y aspirante andan en igualdad de condiciones.

No adelantará las elecciones. Lo quiso ratificar, y por escrito, en el discurso. De ahí que, sin venir a cuento, diese en anunciar ante la Cámara el solemne propósito presidencial de defender no recuerdo qué futilidad "en la cumbre del G-20, que tendrá lugar en el mes de noviembre". La fecha, noviembre, era el mensaje. Nada más tenía que decir. Así que nada más dijo. Y como el otro tampoco nada traía que contar, salvo su revival del "márchese, señor González", asistimos, tan cansino, al déjà vu habitual. Al rutinario modo, don Mariano caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada. Y es que, otra vez, cayó el gallego en la trampa para elefantes de la economía. Uno de los pocos terrenos, acaso el único, donde cesante y aspirante andan en igualdad de condiciones.

Adentrados en esos zarzales, ninguno de los dos, en el fondo, sabe de lo que habla. Y, para desdoro de Rajoy, se le nota. Mucho, además. Zapatero enmascara su ignorancia como suele, enrocado en una retahíla arbitraria de cifras, porcentajes y estadísticas que en sí nada explican, pero impresionan a los simples, que es de lo que se trata. Desbordado por el caos, Rajoy se descubre entonces atrapado en una enredadera numérica de la que ya no logra liberarse. La historia de siempre. Eso sí, tras los muy manidos lugares comunes de ambos, un prejuicio compartido: suponer que el aceite de ricino de los recortes presupuestarios va a curar –y no a agravar – la situación del enfermo.

Como si la austeridad fiscal, sin más, hubiese servido alguna vez para superar una crisis económica. Igual que la cantinela de la "confianza", tan cara al de Pontevedra, puro pensamiento mágico. Con Rajoy, pues, cautivo y desarmado en el jardín de la inflación subyacente y otras hierbas, Bildu se quedó en nota a pie de página. "No les pase ni una vulneración de la Ley", exigió en su primera –y última– referencia al asunto. Rigor que, según parece, no debe hacerse extensivo a sus socios de CiU, los mismos que han retirado la bandera de España en decenas y decenas de Ayuntamientos. En fin, ¿que quién ganó? A la espera del share, me atrevo con un pronóstico: Terelu y la Esteban.


Libertad Digital - Opinión

El patético. Por M. Martín Ferrand

La Nación no tiene por qué someterse al trago amargo de un líder derrotado por los acontecimientos.

SOLO faltó que los dos leones que flanquean el pórtico del Palacio de Congresos, fundidos con el bronce moro de Wad-Ras por Ponciano Ponzano, agitaran sendos pañuelos blancos en señal de despedida a José Luis Rodríguez Zapatero para que el patetismo de la primera jornada del Debate sobre el estado de la Nación fuera completo. El presidente, lacrimógeno y ucrónico, recitó la sarta de naderías de su discurso y lo remató despidiéndose de la Cámara, de la oposición, de su propio grupo parlamentario y de cuantos por allí pasaban o se amontonaban en sus desordenados recuerdos. De hecho, cerró su perorata como debiera concluir, si llega a pronunciarla, la del final del Debate de Presupuestos que es lo que nos tiene anunciado; pero, como aconseja la experiencia, no es cosa de sacar conclusiones de sus gestos ni de tomarle demasiado en serio. Tampoco a la ligera, que el poder, como los toros, tiende a resultar imprevisible y siempre es susceptible de una derrota que haga pupa.

Tan hueco y desaconsejado se presentó ayer el todavía líder socialista y ya declinante jefe del Ejecutivo que, en puridad, solo tuvo dos apuntes pretendidamente sustanciosos en su salmodia parlamentaria: el apunte de un servicio de socorro a quienes viven la tribulación de la deuda hipotecaría, algo que se escapa de sus posibilidades presupuestarias, y la proclama de una regla de gasto para las Autonomías que, sensu contrario, ya está en los Presupuestos. Nada de nada. Incluso menos que eso. Es lo inevitable en quien ya ha acabado su repertorio y, por evitar el mutis, insiste en el concierto.

Aunque algunos melómanos le llaman «Patética» a la sexta, y última, sinfonía de Chaikovski, la mayoría tenemos por la auténtica «Pathétique» la sonata para piano nº 8 de Beethoven. En el territorio de la política española no hay confusión posible. Nadie osaría disputarle a Zapatero el título exclusivo de «el patético». Se le han acentuado, en contradictoria simultaneidad, las ojeras y la sonrisa y, asincrónico en el gesto, transpira melancolía. No supo ponerse en pie, en la solemnidad de un desfile, ante la bandera norteamericana y ahora tiene que arrodillarse ante una realidad que no quiso ver venir y, peor todavía, a la que no ha podido enfrentarse. Es otro signo de su tremenda irresponsabilidad. Aunque, para él, sea algo discutido y discutible, la Nación no tiene por qué someterse al trago amargo de un líder derrotado por los acontecimientos y tan aferrado a su propio poder que, con su actitud, impide la labor de su relevo socialista y, lo que es más grave, la de su sucesor en el Ejecutivo. Patético. Y me quedo corto.


ABC - Opinión

Despedida y cierre

Si tras las elecciones de mayo quedaba todavía alguna duda de que el Gobierno socialista es el pasado y Mariano Rajoy encarna el futuro, el debate del Estado de la Nación la despejó ayer de manera contundente. Frente a un combativo Zapatero, que se aferra a un futuro mejor que nunca acaba de llegar, el líder del PP desplegó un solvente argumentario para demostrar que es imprescindible convocar ya elecciones generales como única forma de que España salga del túnel y recupere la confianza de los mercados. El propio Zapatero, con su mensaje de despedida un punto emocionado, vino a corroborar que su Gobierno tiene fecha de caducidad y que su única razón para no adelantar los comicios es culminar las reformas pendientes, entre ellas fijar un techo de gasto, modificar la ley hipotecaria y favorecer el crédito a los emprendores, amén de completar el trámite de pensiones y negociación colectiva. ¿Justifica esta minuta de tareas pendientes que se agote la Legislatura o es una mera excusa? Ésta es la pregunta que desde hace meses se hacen políticos, empresarios, sindicalistas y hasta los mercados internacionales. Pues bien, Mariano Rajoy la contestó ayer de forma cumplida y convincente: son excusas de un Gobierno que ha sido incapaz de enderezar el rumbo y que ha despilfarrado la mejor herencia de la democracia. Desde luego, la cifras cantan: estamos peor que hace un año, hay más paro, la deuda es más cara y nuestra renta per cápita ha caído en el ranking europeo. Incluso el proceso reformista emprendido en mayo de 2010 a raíz de las presiones de Merkel, Sarkozy y Obama ha resultado insuficiente e ineficaz. La tibia reforma laboral no ha impedido que haya 300.000 nuevos parados; los retoques del sistema financiero no han servido para activar el crédito; los cambios en pensiones y en negociación colectiva han sufrido un trámite parlamentario agónico y sin el apoyo explícito de la mayoría... De poco o nada sirvió que el presidente socialista se enzarzara en una disputa sobre los datos o las causas de la crisis: cuando la situación es peor que la de hace un año, no hay discurso que la maquille. Todo ello ha desembocado en una grave falta de confianza en España, como lo demuestra el constante acoso de los especuladores. Entonces, ¿a qué esperar para convocar elecciones, tal vez a que se produzca un «milagro»? Para Rajoy el tiempo cuenta y cuanto más se dilate el cambio tanto más tardará en llegar la recuperación. «España se merece un Gobierno que genere confianza», concluyó el presidente del PP. Aunque con los matices que le son propios, el portavoz de CiU también coincidió en el diagnóstico de Rajoy al señalar que el tiempo del PSOE ha pasado porque sus propuestas de futuro ni son creibles ni tienen contenido. Con su moderación y espíritu constructivo habituales, Duran Lleida no ahorró críticas fundadas a la gestión del Gobierno para llegar a la misma conclusión que el PP: es necesario ir a las urnas para que un nuevo equipo enderece el rumbo. Por más que la bancada socialista sobreactuara ayer para proteger a su líder en retirada, un intenso aroma a despedida y fin de ciclo político impregnó ayer el Congreso.

La Razón - Editorial

Debate de despedida

Zapatero defiende su gestión pero no despeja las dudas sobre la viabilidad de agotar la legislatura.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció ayer el único discurso que le permitían las actuales circunstancias económicas y políticas, incluyendo las de su propio liderazgo. El jefe de la oposición, Mariano Rajoy, se atuvo, por su parte, al mismo que ha venido repitiendo durante el último año. El resultado fue un debate sobre el estado de la nación en el que, de nuevo, se reafirmó la divergencia entre los aspectos marginales en los que se suele enredar la política institucional y las decisiones que reclama cada vez con mayor urgencia la realidad del país. En esta ocasión, sin embargo, la previsibilidad de los discursos dentro del Congreso no pudo ocultar la radical transformación del contexto fuera de él: la crisis griega está acarreando profundas consecuencias para la economía española y, por primera vez desde que comenzaron las dificultades, empieza a aflorar la contestación social.

En su último discurso como presidente en este género de debates, Zapatero estaba obligado a enumerar las reformas emprendidas por el Gobierno a lo largo de los últimos meses y, al mismo tiempo, a describir sus efectos, todavía tímidos o inexistentes, bajo la perspectiva del optimismo. El objetivo no era solo justificar el trabajo realizado, sino también, y sobre todo, legitimar su propósito de agotar la legislatura. Salvo los anuncios de una regla de gasto para que las comunidades autónomas contribuyan a la reducción del déficit, y de una iniciativa legislativa para mejorar la protección de las familias que pierden sus casas por desahucio, Zapatero se limitó a glosar el pasado inmediato, intentando establecer una relación causal entre los escasos datos positivos que ofrece el panorama económico y la gestión de su Gobierno. El estado de las cuentas públicas no concedía margen para iniciativas sorprendentes y, consciente de ello, Zapatero no trató de forzarlo.


Rajoy disponía de una excusa formal para seguir escamoteando -solo hizo propuestas sobre leyes poco esenciales- el programa que aplicará si, como auguran las encuestas, llega a La Moncloa: ayer se examinaba la gestión del Gobierno, no los planes de la oposición. Pero su margen para pronunciar un discurso distinto del que realizó era tan estrecho como el de Zapatero para anunciar nuevas medidas: el líder de los populares sabe que su política no puede ser radicalmente distinta de la que está desarrollando el Gobierno, y de ahí que se vea obligado a centrar sus críticas en la credibilidad. En este terreno juega con una ventaja relativa, puesto que él no se la ha ganado en las dos legislaturas que ha ejercido la oposición, pero es cierto que el Gobierno la ha perdido y no parece en situación de poder recuperarla de aquí a las próximas elecciones generales.

El debate de ayer dejó sin despejar las dos incógnitas mayores que siguen pesando sobre la situación política. Aunque Zapatero anunció un crecimiento del 1,5% para el último trimestre del año, no resulta fácil predecir cuál será el comportamiento de la economía española en el caso de que la crisis griega continúe agravándose, y más si en las próximas horas el Parlamento de aquel país no aprueba el duro plan de ajuste propuesto por el Gobierno de Papandreu. Tampoco se despejaron las dudas acerca de un adelanto electoral. Una cosa es que Zapatero desee agotar la legislatura y otra que cuente con los apoyos suficientes para hacerlo. El grupo catalán no parece dispuesto a pagar coste alguno para aprobar los próximos Presupuestos. Y, aunque falta por conocer la posición oficial de vascos y canarios, las contrapartidas que podrían exigir a cambio de sus votos podrían resultar tan excesivas para un Partido Socialista que atraviesa las horas más bajas de su historia, como para ellos mismos, obligados a entenderse con un Partido Popular asomándose a la cima de su poder.


El País - Editorial