miércoles 11 de noviembre de 2009

Tras la inoperancia, el desconcierto

Esta supuesta "solución" pasa por dar apariencia de legalidad a lo que no la tiene y, para colmo, consiste en expulsar ahora a unos piratas que están en España porque la Fiscalía, el abogado del Estado y el juez Garzón se empeñaron en ello.

El desconcierto y la inoperancia que está mostrando el Gobierno ante el secuestro del pesquero Alakrana está alcanzando cotas difícilmente superables. Para empezar, la vicepresidenta Fernández de la Vega ha reconocido este martes que el Ejecutivo todavía busca la "formula más adecuada" para liberar a los marineros, horas después de que el presidente del Gobierno asegurara que la situación ya estaba "encauzada". Así mismo, el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha reconocido que nuestro ordenamiento jurídico no permite pagar rescates en un secuestro, al tiempo que constataba "excepciones según las circunstancias". A este respecto, el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos se ha limitado a decir que el nuevo embajador británico en Madrid "acaba de llegar" como único y displicente comentario a las declaraciones en las que este afirmaba que la política británica ante los secuestros de sus ciudadanos es "no ceder" a las exigencias de los raptores porque hacer concesiones puede animarles a cometer nuevos secuestros.


Por otra parte, Francisco Javier Díaz Aparicio, el letrado que ha sustituido al abogado de oficio de uno de los piratas encarcelados en España, ha insinuado la posibilidad de que pudiera estar cobrando de los Fondos Reservados. Aunque este extremo ha sido desmentido posteriormente por el ministro Moratinos, lo cierto es que Díaz Aparicio no ha querido decir ni quien lo ha contratado ni desmentir que le estuviera pagando el Gobierno.

La "solución jurídica" del caso a la que sí ha apuntado este abogado, al parecer con el visto bueno de la Fiscalía, no dejaría de ser también absolutamente desconcertante. Se trataría de que abogado y fiscal acordasen que los detenidos se declarasen culpables de un delito que esté castigado con menos de seis años de cárcel y, tras un juicio rápido, fuesen expulsados de España en aplicación de la Ley de Extranjería.

Aunque el artículo 57.7 de esta ley abre, efectivamente, esa posibilidad para las penas menores de seis años, es harto dudoso que los detenidos, aun declarándose "cómplices" y no "autores" del secuestro, pudiesen ser castigados a una pena tan baja afectando el secuestro a tantas personas. En cualquier caso, no deja de ser vergonzoso que la supuesta "solución" pase por dar apariencia de legalidad a algo que no la tiene y que, sobre todo, consista en expulsar ahora a unos piratas que están en España porque la Fiscalía, el abogado del Estado y el juez Garzón se empeñaron en trasladarlos a nuestro país.

Si desde el primer momento el secuestro del pesquero español hubiera sido tratado como acción bélica y los detenidos como prisioneros de guerra, nada hubiera impedido ni la respuesta militar que desincentive los nuevos secuestros ni la salida negociada que, maquillen como la maquillen, no admite la escrupulosa y fiel aplicación del Estado de Derecho. Y es que, salvo que la expulsión a Somalia de los piratas encarcelados en España (por cuya labor no están las propias autoridades somalíes) sea en realidad la devolución de los piratas a sus compinches con dinero bajo el brazo, está por ver además que esta "solución" de tan dudosa legalidad vaya a satisfacer a los secuestradores.

Por otra parte, también hay que reconocer que lo que empieza mal difícilmente puede terminar de otra manera. La inoperancia del Gobierno ha sido de tal calibre que ahora la "solución" en términos jurídicos no va a poder ser más que una monumental chapuza. Esperemos que al menos cumpla su objetivo de traer sanos y salvos a nuestros compatriotas, sin olvidarnos –una vez logrado esto– de empezar a parecernos un poco más a los ingleses.

Libertad Digital - Editorial

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Si no valen estos principios, no se preocupe, tengo más. Por Carlos Sánchez

La Comisión Europea ha decidido convertir en papel mojado el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Ya saben, aquel acuerdo suscrito por los fundadores del euro para hacer sostenible el área monetaria única. La noticia, en términos económicos, es intrascendente. Ninguna de las grandes economías europeas -ahora acuciadas por cuantiosos déficit públicos- está en condiciones de llegar al año 2012 con un desequilibrio fiscal por debajo del 3% (ahora tendrán un año más). Una retirada prematura de los estímulos públicos sólo hubiera alimentado la recesión, y Bruselas, por lo tanto, se ha plegado a una realidad innegable.

Veamos, por ejemplo, el caso de España. Este país tenía en 1995 un déficit presupuestario del 6,5% del Producto Interior Bruto, pero hasta el año 2005 no logró un superávit fiscal equivalente a un punto del PIB. Es decir, que tuvieron que pasar 10 años, con un crecimiento superior al 3% en media anual, para que España rebajara su desequilibrio fiscal en 7,5 puntos del PIB.

Con sólo repetirse lo que ocurrió en el ciclo expansivo anterior, hasta 2015 ó 2016, en el mejor de los casos, España tendrá que malvivir con un déficit superior al 3% del PIB

Pues bien, teniendo en cuenta que este año 2009 el desequilibrio fiscal se situará entre el 11% y el 12% del PIB, parece irreal pensar que España estaba en condiciones de llegar a 2012 con un déficit inferior al 3%, como de una manera un tanto cínica admitía hasta ayer mismo la ministra Salgado. Ni que decir tiene que ese recorte del déficit fiscal se produjo en un contexto irrepetible: tipos de interés extremadamente bajos, llegada masiva de fondos de la UE, ingresos extraordinarios por privatizaciones, boom del ladrillo o entrada intensa de inmigrantes que favoreció el empleo y ensanchó el potencial de crecimiento de la economía española. Un marco, como se ve, que difícilmente tendrá segunda parte en un futuro más o menos próximo. Con tan sólo repetirse lo que ocurrió en el ciclo expansivo anterior, se estaría hablando, por lo tanto, de que hasta 2015 ó 2016, en el mejor de los casos, España tendrá que malvivir con un déficit superior al 3% del PIB.

Ciclo expansivo

Pero no sólo eso. No hay razones para creer que España esté en condiciones de reducir su stock de deuda de forma significativa en los próximos años. Tampoco estará de más recordar, en este sentido, que en el pasado ciclo expansivo tuvieron que pasar nada menos que trece años para rebajar la deuda del 63,3% del PIB en 1995 al 39,7% en 2008, y todo ello, como se ha dicho, en un contexto extremadamente favorable.

Ahora, sin embargo, la Comisión Europea viene a decir que España está en condiciones de situar el déficit público por debajo del 3% del PIB en 2013. Simplemente falso.

No estaría de más que alguien le hiciera llegar al comisario Almunia el último informe de coyuntura elaborado por el Servicio de Estudios del BBVA, en el que se estima que de cerrar las administraciones públicas 2009 con un déficit del 11,4% (algo que asume hasta el propio Banco de España), las políticas discrecionales y el ajuste no coyuntural habrían elevado el saldo estructural hasta el -10% del PIB. Sí han leído bien.

Si tenemos en cuenta que el componente cíclico del saldo presupuestario es del -1,4% del PIB, esto quiere decir que el deterioro del déficit estructural entre 2007 y 2009 se habrá situado ligeramente por encima de los 9 puntos porcentuales. Es decir, que este país -y a los precios actuales- ha acumulado un gigantesco déficit estructural de 90.000 millones de euros al margen del ciclo económico.

Quiere decir esto que no estamos sólo ante una cuestión que se resuelve reasignando o recortando el gasto, sino también ante un grave problema de ingresos públicos, lo cual es mucho más difícil de resolver. Básicamente por una razón. La recaudación va a estar determinada por el nivel de empleo, y nada indica que hasta 2012 la economía vaya a estar en condiciones de crear puestos de trabajo suficientes como para provocar que los ingresos vuelvan a crecer por encima del PIB nominal (en torno al 6%-7% del PIB). Los felices tiempos del ladrillo tardarán en llegar en forma de maná para las administraciones públicas.

La Comisión Europea, por lo tanto, no se ha basado en el análisis económico para dar ese año de gracia, al menos en el caso español. Se ha comportado como un Ejecutivo débil que se ha plegado a los intereses de los gobiernos. Probablemente como consecuencia de que se trata de un colegio de comisarios saliente que quiere hacer el último favor a sus jefes políticos.

El problema es, por lo tanto, de naturaleza política. ¿Tiene sentido mantener vivo un Pacto de Estabilidad cuando todo el mundo sabe que es papel mojado? Esa es la respuesta que debe dar el comisario Almunia antes de abandonar el cargo. Y lo mismo cabe preguntarse en el caso español. ¿Tiene sentido mantener viva una Ley de Estabilidad Presupuestaria que es simplemente un brindis al sol? La respuesta, al revés que en la canción de Bob Dylan, no está en el viento. Está en sus señorías que son quienes deben transmitir credibilidad a las cuentas públicas. Y eso pasa necesariamete por hacer cumplir las leyes, y si no pueden hacerlo, como es el caso, derogarlas o cambiarlas.

El confidencial

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Rayos y Centellas. Por Francisco Muro de Iscar

El veinte aniversario del final del Muro de la vergüenza que separaba las dos Alemanias y condenaba a los ciudadanos de muchos países a vivir sin libertad, bajo una de las dictaduras más terribles y crueles de la historia, ha coincidido con el XXVIII Congreso, en libertad, del Partido Comunista de España. Y, curiosamente, la mayoría de los periódicos y de las televisiones y de las radios, ha dado más espacio al aniversario de la caída del muro de Berlín que al Congreso del PCE. Seguramente es por la falta de criterio que tenemos los periodistas.

Pero aún así, con mis cortas entenderas, le han dado demasiado aire porque es un partido que lleva veintiocho años perdiendo presencia, afiliación, diputados, prestigio y poder. Y si no fuera porque en algunos lugares se ha subido al carro de otros partidos, estaría a punto de desaparecer igual que desaparecieron las dictaduras comunistas y el Muro de Berlín. Pero en el Congreso han elegido a un nuevo secretario general, José Luis Centella, el que más apoyos ha obtenido en las últimas décadas, aunque si ustedes preguntan a los españoles de a pie, el noventa y nueve por ciento no le conocerían de nada. Tal vez por eso haya tenido que hacer méritos para, en una inteligente operación de marketing, darse a conocer.

No se entiende de otra manera que no sólo hayan dicho que "el comunismo no ha muerto" y haya hecho apología de esa ideología -que ha demostrado sobradamente dónde conduce a los países donde se implanta y dónde queda la libertad de los ciudadanos que lo sufren- sino que ha asegurado ufano que "no tenemos que avergonzarnos ni que pedir perdón por nada". Sólo ha admitido "luces y sombras". Manda carallo.

Vaya por delante mi respeto para los comunistas que un día creyeron honestamente que esa revolución iba a conducir a los hombres hacia la igualdad y la libertad, pero que ha dejado una historia de dictaduras y de opresión sin límite. Que a estas alturas el PCE exija que pidan perdón los franquistas, la Iglesia, los curas y quien sea y que ellos se ufanen de lo que se ha hecho el nombre del comunismo y de la ciega obediencia, es para salir corriendo. Lo diga Francisco Frutos o José Luis Centellas, su nuevo líder. Afortunadamente, fuera de algunos románticos, algunos nostálgicos y pocos más, el futuro del comunismo en España y en el mundo -Cuba al margen, Venezuela en todo su poderío y China al traspiés- es el que es. El que han decidido los ciudadanos libres cuando han podido serlo. Es decir cuando se acabó con la dictadura comunista, con el poder en nombre del pueblo pero sin el pueblo. Y lo demás, disculpen ustedes, son zarandajas. Nadie saltó el Muro de Berlín para irse a la Alemania "Democrática", pero muchos murieron por buscar la libertad. A ellos les deben respeto.

Periodista Digital - Opinión

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Los extremeños se tocan. Por José García Domínguez

Puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados.

Parece que, a falta de otros asuntos con que entretener el ocio de sus funcionarios, la PSOE de Badajoz ha dado en promover una adaptación rigorista de "Los extremeños se tocan", aquella célebre astracanada de don Pedro Muñoz Seca. Así, puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados. "El placer está en tus manos", anuncia con sutil agudeza el lema de ese gran esfuerzo pedagógico que ahora consume las energías de la las autoridades regionales. De tal guisa, un deporte privado que en todo el universo mundo se practica bajo la premisa del más estricto autodidactismo, en Extremadura ha pasado a engrosar la nómina de obligaciones de los poderes públicos.


A la izquierda de antes, la ilustrada, esa fijación por los menesteres de la entrepierna le vino cuando los barandas de la Escuela de Frankfurt mezclaron las churras del marxismo con las merinas del psicoanálisis. Delirante promiscuidad epistemológica que, con el tiempo y el declive de la letra impresa, nos llevaría de la Sexpol de Wilhelm Reich a las bolitas chinas de Cándido Méndez. Y es que los liberados de la UGT también andan ahora por la promoción institucional del onanismo vindicativo. De ahí que hayan premiado con una reproducción de ese adminículo erótico asiático a todos los partícipes en el Congreso de la Federación de Limpieza. Bolas, por lo visto, tienen de sobras. Cosa muy distinta es el empleo que han decidido hacer de ellas en estos tiempos de crisis.

Por lo demás, al observador atento no se le escapa lo que hay de impostado tras tanto alarde de modernísima desinhibición; ésa de la que igual presume Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, propalando en público su íntima afición a los solitarios. Y no porque traten de banalizar el sexo, de por sí algo bastante banal. Sino porque dejan traslucir su conformismo borreguil de toda la vida. Contra lo que ellos pretenden, ya no hay heterodoxia ni provocación alguna detrás de esa pueril alharaca, sino justo lo contrario: sumisa obediencia a los más prosaicos convencionalismos de la época. Como hicieron antes. Como ahora hacen. Como siempre harán, por mucho que nos hablen a humo de pajas.

Libertad Digital - Opinión

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De derrota en derrota. Por Gebriel Albiac

LA batalla del Alakrana está perdida. No hay misterio: cuando un Estado renuncia al ejercicio de la fuerza para defender su potestad, es que está ya por completo muerto y sólo queda esperar el desagradable espectáculo de su podredumbre. Sería menos trágico, si los Estados se agusanaran ellos solos. Pero esa gangrena suya acaba siempre por pagarse con la vida de los otros: de los pobres, incautos ciudadanos, presos en las fatales redes que todo Estado despliega. No pagan con su vida los políticos. Nunca. Los desbarres del Estado se pagan siempre con sangre inocente.

No hay sorpresa. Cuando un ministro del ejército proclama -lo hizo con asombrosa petulancia el primero de los de Zapatero- su disposición a ser matado antes que matar, todos sabíamos, sin un asomo de duda, lo que estaba diciendo: que prefería que nos matasen a nosotros antes que asumir el coste moral que va incluido en el cargo por el cual él cobraba. Un ciudadano pacifista es un ciudadano éticamente impecable: tanto cuanto el que no lo es. Un ministro de la guerra pacifista es un perfecto canalla, un tahúr de sangre ajena. Desde que el pacifista José Luis Rodríguez Zapatero llegó por sorpresa al poder tras aquel 11 de marzo de hace casi seis años, España no ha tenido más que ministros pacifistas de la guerra. Ninguno ha muerto, que yo sepa, en el altar de sus humanitarias convicciones. Murieron, eso sí, soldados a los cuales se había privado del privilegio primordial que define el oficio: el uso profesional de las armas. Murieron, sin que ni siquiera les cupiera el honor -que es base de la condición castrense- de morir en combate. ¿Cómo iban a morir como soldados, si estaban sólo en misiones de paz humanitarias? Ahora son indefensos pescadores los que pagan el precio de un país que ha trocado a su ejército en ONG uniformada. Tampoco esta vez morirá ningún ministro. Pacifista. De la guerra.

Da asco toda esta farsa. Con vidas de abandonados ciudadanos de por medio. Hablemos claro. Por más que hablar claro nos avergüence. Cuando un ejército no está dispuesto -o autorizado- a hacer uso de sus armas, es mejor que se rinda y se disuelva. La ambigüedad militar sólo puede acumular muerte. En lo de la piratería en Somalia, Francia -que sí tiene un ejército sin vocación misionera- fijó el único canon, el de siempre desde que la piratería existe: perseguir a los navíos corsarios hasta sus últimos refugios, atacarlos, hundirlos. Todos los dispositivos, estratégicos y tácticos, con los cuales cuenta una fuerza armada deben ser puestos al servicio de eso. Y, si es preciso entregar un rescate para quitar de la línea de fuego a los civiles, se entrega. E inmediatamente después se procede a lo irrenunciable: la cacería, a cualquier coste, de los delincuentes. Pero, de no aceptar el precio material y moral que esa apuesta necesariamente implica -y esa es la humillada realidad española hoy-, sólo quedan dos opciones: a) pagar el impuesto revolucionario que los «hermanos de la costa» juzguen justo embolsarse para ser benévolos con nuestros barcos; b) abandonar esa zona de pesca para siempre.

En los primeros momentos del secuestro del Alakrana, una acción fulminante de comandos hubiera podido liberar a los secuestrados y escarmentar a futuros secuestradores. No se hizo. Ya no es posible. Los piratas han humillado a la Armada española. Han humillado al gobierno de España. Y nos han puesto a todos ante el espejo: no somos nadie; hasta el último zarrapastroso con un viejo kalashnikov en bandolera puede ponernos de rodillas. No hay ninguna sorpresa: es la herencia corruptora de aquel 11 de marzo.

ABC - Opinión

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martes 10 de noviembre de 2009

Un partido contumaz. Por M. Martín Ferrand

MUY probablemente, la memoria de Chindasvinto, el rey de la España visigoda de quien dijo San Eugenio de Toledo que fue «impío, injusto e inmoral», está más viva en la Historia de España que la de Francisco Frutos, el secretario general del Partido Comunista de España al que acaba de sustituir José Luis Centella, un cordobés cincuentón, republicano fervoroso y que sostiene que Cuba y Vietnam son dos claros ejemplos de que «se puede derrotar al capitalismo». No deja de ser chocante que el PCE, siempre de espaldas a la realidad, haya celebrado su décimo octavo Congreso en coincidencia con el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la ceremonia litúrgica con la que el mundo celebra el olvido del estalinismo; pero, con excepción de su oposición al franquismo, esa viene siendo su nota dominante desde que se desgajó del PSOE en 1921.

Centella, tan veterano como difuso en la nomenclatura de su partido, entiende que el socialismo del siglo XXI tiene como referentes a Venezuela y Bolivia. Esa contumacia comunista resulta enternecedora. Dicen luchar contra la explotación del hombre por el hombre y propugnan la explotación de la Sociedad por el Partido en radical y tenebroso olvido de que el individuo, la persona, es la unidad que sirve para medir la realidad de los derechos y las libertades. ¿Qué sentido, más allá de la nostalgia, puede tener aquí y ahora un modelo comunista que Rusia trata de olvidar y que en China se disfraza de consumismo?

Puestos al disparate, a falta de ideas y proyectos que ofrecer al respetable, el nuevo baranda del PCE, núcleo fundamental de IU y valor integrado en el tripartito que gobierna en Cataluña, dice tener «mucho trabajo por delante». «Tenemos que trabajar -concreta- para acelerar la jubilación de Juan Carlos de Borbón y buscar una salida laboral acorde con sus habilidades para Felipe». Aclarémosnos: ¿Centella pretende actuar como monologuista en el Club de la Comedia o, verdaderamente, quiere regir un partido que en las últimas legislativas consiguió cerca de un millón de votos? La falta de respeto constitucional que denotan manifestaciones dizque republicanas, como la aquí reseñada, sólo sería admisible si el PCE renunciara a la subvención reglamentaria que los Presupuestos Generales del Estado reservan para los partidos. ¿Existiría el PCE en un caldo de libertad sin la mamandurria pública?

ABC - Opinión

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La hora de la sociedad civil. Por Ignacio Camacho

EN tiempos de crisis intelectual o moral, que con frecuencia coinciden con recesiones económicas, la democracia se vuelve hacia la sociedad civil en busca de una respuesta capaz de generar nuevas esperanzas. El simple hecho de llamar sociedad civil a la que se organiza al margen de los partidos e instituciones denota una sensible desconfianza respecto de la clase política profesional, contemplada como una secta estamental que reproduce el papel de las antiguas dominancias militares o religiosas. Y no poco de sectario hay, en efecto, en su comportamiento colectivo, enfermo de corrupción y de ensimismamiento. Hace unos dias Joaquín Leguina reflexionaba con escepticismo sobre el tópico de que todos los políticos son iguales; para demostrar que no lo son, venía a decir, convendría que evitasen comportarse de forma sospechosamente similar en la defensa de sus vicios de casta.

El creciente proceso de desgaste o desprestigio de la política convencional que se viene observando en la sociología española debería propiciar un resurgimiento del protagonismo civil que activase la participación democrática; sin embargo, la articulación social al margen de las estructuras institucionales no pasa del estado abstracto porque los partidos y el poder han invadido el territorio político con una vocación excluyente. Incluso la eclosión de una emergente fuerza tercerista como la UpyD de Rosa Díez, que ilusiona a sectores urbanos desencantados de la partitocracia bipolar, se basa en la popularidad y el liderazgo de una figura del establishment fuertemente connotada de profesionalidad política. Las plataformas sociales, culturales o deportivas, los sindicatos y otras esferas asociativas están intervenidas por los poderes públicos a través de potentes redes clientelares y subvenciones diversas que coartan la independencia de su funcionamiento. De alguna manera, a lo largo de treinta años de democracia el poder tradicional se ha asegurado su hegemonía mediante la anulación de cualquier forma de autonomía civil y la subordinación a sus intereses de toda modalidad participativa.

Pero las encuestas son tercas: está creciendo el hastío ante la falta de respuestas. La versión más inane de la socialdemocracia coincide con el momento más lánguido de la derecha liberal, y en esa encrucijada de incapacidades la democracia necesita una válvula de escape para no caer en las tentaciones del populismo. La única vía posible es la de la llamada sociedad civil: foros, plataformas o tribunas de reflexión que escapen del sectarismo y propicien un rearme político y moral de la exigencia ciudadana. Para las clases urbanas, para los cuadros profesionales o intelectuales refugiados en el individualismo, es la hora de volver al debate público y rescatarlo de la esclerosis si no queremos que esa queja creciente languidezca en una pasiva renuncia conformista.

ABC - Opinión

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Chávez amenaza de nuevo

Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.

Es habitual que los dictadores belicosos busquen cualquier excusa para rearmarse y, llegado el momento, tapar las vergüenzas propias emprendiendo una guerra contra el vecino. Chávez, que, antes de presidente de Venezuela, fue coronel del Ejército con un golpe de Estado en su haber no iba a ser una excepción. El odio que profesa por los Estados Unidos y por el Gobierno colombiano es conocido por todos y el propio Chávez lo renueva periódicamente a modo de inyección patriótica.


Las coordenadas del nuevo conflicto, por ahora, afortunadamente, sólo verbal, que maquina Chávez en su programa televisivo donde se entrega a un obsceno culto a la personalidad digno de un tirano, no hay que buscarlas en sus fobias personales, sino en los problemas que padece Venezuela y en la permanente necesidad de propaganda del régimen. A pesar de la riqueza petrolífera del país, que le proporciona jugosos ingresos en divisas, Venezuela es cada año más pobre. El descontrolado gasto público del Gobierno, la ya crónica ineficiencia administrativa y la socialización a marchas forzadas de grandes sectores de la economía han metido a Venezuela en una crisis estructural de gran calado.

Eso en la parte que toca a una economía esclava del monoproducto nacional, el petróleo, y sujeta a los vaivenes de éste en los mercados internacionales, que se encuentran muy debilitados tras la crisis financiera internacional. El petróleo no ha vuelto a acercarse a los 100 dólares/barril que es, aproximadamente, el precio sobre el que Chávez hace sus cuentas de gasto. Con el pueblo empobrecido, descontento y privado de libertades políticas y económicas, al heredero de Castro sólo le queda la propaganda, materia en la que Hugo Chávez ha demostrado ser un consumado artista.

Para que cualquier maquinaria propagandística funcione es imprescindible la invención de un enemigo mortal que amenaza la existencia de la comunidad. Si para Münzenberg fue la burguesía y para Goebbels los judíos, Chávez ha encontrado en Uribe y sus relaciones con Washington el villano perfecto. Uribe es la antítesis de Chávez. Donde uno es histriónico y faltón, el otro es contenido y cortés. Donde uno trabaja para forjar una clase media en su país, el otro la ha laminado concienzudamente en el suyo. Donde uno cree en la democracia, las instituciones y la división de poderes, el otro hace lo propio con la autocracia, los círculos bolivarianos y el Estado omnipotente.

El tiempo está poniendo a cada uno en su sitio hasta el punto que Colombia ya no admite comparaciones con la desdichada Venezuela. Eso no pasa desapercibido para un aprendiz de tirano como Chávez. Necesita la confrontación para motivar a los suyos y para ocultar el fracaso sin paliativos de su revolución. Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.

Libertad Digital - Opinión

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La Europa de la vergüenza. Por Andrés Aberasturi


Es bueno celebrar, veinte años después, la caída del muro de Berlín y felicitarnos todos por lo demócratas que somos, por lo bien que nos llevamos y hasta por cómo nos emocionamos en aquel momento histórico -fue realmente el fin del Siglo XX- al que llegaron tarde incluso los fotógrafos y las teles. Pero sería injusto no recordar también la Europa de la vergüenza, aquellos políticos que mantenían cínicamente un doble lenguaje: clamaban por la libertad en sus discursos oficiales pero ninguno daba un solo paso al frente por conseguir la reunificación de Alemania, la caída de esa monstruosidad política, pero sobre todo humana, que fue el maldito muro. Esa Europa de la vergüenza es la misma que miró hacia otro lado cuando la invasión de Hungría, la misma que en la primavera de Praga permitió sin apenas pestañear que los jóvenes checos se enfrentaran con piedras a los inmensos tanques rusos.

Esta Europa que hoy se felicita en el aniversario de la caía del muro, tuvo un comportamiento bien diferente veinte años atrás. No hablo de los europeos sino de sus políticos, de los tres grandes nombres que dejaron completamente solo al enorme Helmut Kohl que aquella noche mágica recibió una única llamada de de apoyo y solidaridad de un joven socialista, presidente del Gobierno de una joven democracia llamada España: Felipe González. El resto fue silencio en el mejor de los casos, hipocresía y hasta cinismo: Giulio Andreotti no dudaba en afirmar que quería tanto a Alemania, que prefería que hubiera dos en vez de una. La dama de hierro desde la Gran Bretaña desengañaba a sus colegas: una cosa es lo que se decía en público y otra la realidad y la realidad era que el Reino Unido prefería claramente dos estados alemanes a uno solo mientras Mitterrand ponía toda suerte de dificultades temeroso de una gran Alemania llamada a liderar la futura Europa marginando de alguna forma el papel protagonista de Francia.

Desde la óptica política se pueden entender estas posturas; desde la ética democrática lo que los líderes de Londres, Paris y Roma defendían era la continuidad en el corazón de Europa de 155 kilómetros de muro, 302 torres de vigilancia, 14.000 guardias fronterizos, 600 perros guardianes y quien sabe cuántos muertos: se calculan entre 239 y 800 que nunca llegaron a la libertad. Es difícil entender desde la conciencia que los intereses político/económicos de quienes se proclamaban líderes democráticos alcanzaran cotas de tanta mezquindad.

Repasando estas cifras y por mucho eurocomunismo que se inventara en su momento, duelen las declaraciones de Frutos diciendo que demagogias las justas en referencia al Muro de Berlín o las del recién elegido secretario general del PCE, José Luis Centella, cuando afirmaba que "El partido reivindica su pasado heroico, y no tenemos que avergonzarnos ni pedir perdón por nada, sino que hay que luchar para que no nos quiten la memoria" y lamentaba que algunos quieran hacer pasar por "verdugos" a los comunistas, cuando han sido las "víctimas" de la historia. Pues me temo que va a ser que no, señor Centella.

Periodista Digital

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El muro. Por Alfonso Ussía

Cuando un sistema se ve obligado a levantar un muro para impedir que la gente huya hacia otro sistema, es que todo falla. Había llegado al Papado un hombre de la Iglesia perseguida, ajeno y lejano a la Curia. Lo decía su Secretario de Estado, monseñor Casaroli. «El problema de Juan Pablo II es que cree demasiado en Dios». Un actor mediocre que irritaba mucho a la Izquierda, Ronald Reagan, gran Presidente de los Estados Unidos, demostró la vejez y chatarrería militar soviética. Y un comunista pragmático, Mihail Gorbachov, lo entendió todo. «Esto no tiene sentido y ha llegado el final». A muchos kilómetros de Berlín, en su insultante palacio de Bucarest, el eterno anfitrión de Santiago Carrillo, el asesino Ceacescu, mostraba con un gesto de extrañeza su incredulidad ante lo que oía. El pueblo rumano le gritaba «Muera Drácula». Con su mujer Elena, se fugó en un helicóptero, pero de nada le sirvió. No pudo disfrutar de los miles de millones de dólares que guardaba en Suiza y otros paraísos nada comunistas, por cierto. Ceacescu y Elena fueron fusilados por quienes ellos creían sus soldados después de un juicio extravagante, en el que su abogado defensor le acusaba más que el fiscal. Y en Berlín, ante la pasividad de los centinelas de la Alemania comunista, de un lado y del otro del muro, decenas de miles de jóvenes derribaron el hormigón ignominioso que separaba la libertad de la prisión.

Veinte años han pasado. La URSS staliniana y leninista se desgajó. Y Rusia es una gran nación que poco a poco recupera la normalidad. Alemania es una. Las naciones sometidas a la bota comunista, unas mejor que otras, han emergido y forman parte de la Unión Europea. El Pacto de Varsovia es memoria. En China, las autoridades comunistas llevan a cabo sorprendentes experimentos capitalistas. Una isla, amadísima por los españoles, queda por ahí aislada del futuro y sometida a la miseria de su llamada «Revolución», con el ochenta por ciento de su presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y policiales. En breve caerá el invisible muro de su vergüenza desde el malecón a las aguas caribes. Todo el mundo se ha citado en Berlín para celebrar la reunificación alemana y el fin de la ruina comunista en Europa. Es la gran noticia de hoy.

En España, simultáneamente, ha tenido lugar un suceso bastante divertido. El PCE, Partido Comunista de España, ha organizado su decimoctavo Congreso. Leo que ha sido designado nuevo líder del comunismo español un chico llamado José Luis Centella. Allí muros caídos, y aquí, antiguos, viejísimos, artríticos puños en alto. No se han enterado de nada. Ha dicho Centella que el comunismo no tiene que pedir perdón ni sentirse avergonzado. Son centenares de millones de personas en el mundo las que han muerto asesinadas por el comunismo por buscar su libertad. Pero Centella no se avergüenza. Importa un bledo lo que Centella diga y lo que Centella haga. Cada día son menos. Pero el contraste resulta estremecedor. En Alemania, el mundo reunido para celebrar la luz de la libertad. En España, un grupete de exaltados, empeñados en permanecer en su pequeño campo de concentración. Centella, alegra esa cara, tío, y documéntate.

La Razón - Opinión

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La profecía incumplida. Por Cristina Losada

El "nosotros también tuvimos Muro" de Zapatero no es el mero balbuceo de la ignorancia. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista.

El 9 de noviembre de 1989, la crítica situación de Alemania oriental no figuraba en el orden del día de los dirigentes de la Unión Soviética. A Gorbachov y sus camaradas les preocupaban mucho más los problemas internos. Veinte años después, la caída del Muro y el fulminante hundimiento del comunismo, tampoco están, en realidad, en nuestra agenda. Bastantes enredos tenemos como para ocuparnos de un acontecimiento histórico. He ahí un error. Considerar que aquello pasó y hoy sólo es carne de reportaje. Resulta difícil traer al presente el enorme poder que tuvo el comunismo. Y no donde era doctrina del Estado, que allí no albergaban ilusiones, sino donde no lo era. Hablo de su poder sobre las conciencias. Incluso cuando la luz del Kremlin había declinado y el paraíso andaba de mudanza constante. Incluso ahora.


Los fieles del comunismo componen una nota marginal y folklórica. Sin embargo, cuántos siguen juzgando aquella ideología no por sus resultados, sino por sus intenciones. Y cuántos permanecen aferrados a algún salvavidas similar al que lanzó en su día el filósofo marxista George Lukacs: "Aún el peor socialismo es preferible al mejor capitalismo". El anti-comunismo todavía es anatema en nuestra izquierda. La efeméride berlinesa se reduce, así, a la demolición de una tapia que separaba a los alemanes o a la señal del fin de la Guerra Fría. Nada le pasó al comunismo, pues, como se ocuparon de redefinir tras su colapso, no era tal lo que había en la URSS y sus satélites. Desde el diario El País advierten que el mal no radicaba en la búsqueda de la "justicia social", sino en los medios empleados. ¡Justicia social! Cómo se hubieran tronchado Lenin, Stalin, Ceaucescu o Pol Pot de haber visto expresados sus propósitos con un concepto tan próximo a la doctrina social católica.

Nadie predijo la rápida caída del imperio comunista, pero hay que recordar cuál era la profecía que venían actualizando varias generaciones de intelectuales desde el confort de la democracia: la debacle del capitalismo. Qué terrible disgusto que ocurriera lo imprevisto. Pasado el sofoco, eludidas las lecciones, entregados a los subterfugios, regresa la profecía incumplida al imaginario ya no progresista, sino progre. La miseria, la injusticia y las masacres impiden absolver al comunismo, pero, ah, nada de eso vindica al liberalismo, sino todo lo contrario. Aún hay, sin embargo, cogitaciones más sonrojantes. Zapatero, de visita en Polonia, equipara el comunismo a la dictadura de Franco. Su "nosotros también tuvimos Muro" no es el mero balbuceo de la ignorancia. Muestra algo más que la descomposición intelectual de la izquierda postcomunista. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista. Por la utopía, en fin, de una sociedad perfecta.

Libertad Digital - Opinión

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La lección jamás aprendida. Por Hermann Tertsch

PRECIOSA ceremonia en Berlín con motivo del veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín. Todos los dirigentes europeos, jubilados y en ejercicio, reunidos junto a la Puerta de Brandenburgo para recordar una de las triquiñuelas de la historia más gamberras de las que tenemos noticia. Porque aquel día, el régimen criminal comunista de la República Democrática Alemana no tenía la menor intención de abrir la frontera con Berlín occidental ni de concederles la libertad a sus ciudadanos. Ni el señor Mijail Gorbachov, pese a todos sus méritos en reconocer la ruina del proyecto del socialismo real soviético e intentar infundir algo de sentido común al régimen, tenía la mínima idea de que aquel día se avenía la libertad para millones de alemanes. Aunque hoy el señor Gorbachov sea alabado con muchísima justicia en Berlín. Sin él como jefe máximo del Kremlin es muy posible que todos los cambios que ya se habían producido en Centroeuropa no hubieran sido tan pacíficos. Polonia ya había celebrado elecciones y Hungría ya había proclamado abiertamente su decisión de desplegar su vocación nacional occidental milenaria. Solo una operación militar masiva con muchos miles de muertos habrían retrasado, que no evitado, lo que estaba sucediendo. Pero la descomposición del régimen de la RDA había llegado, después del cese de Erich Honecker a un punto tal entre sus camaradas dirigentes que a nadie puede extrañar que el señor Günther Schabowski, jefe del partido socialista unificado (SED) en Berlín no tuviera ni la más remota idea de qué significaba la disposición del máximo órgano del régimen cuando tuvo que interpretarlo en público en la célebre conferencia de prensa en la que dijo que las medidas se aplicaban de inmediato. Y todos entendieron que podían viajar desde ese mismo minuto. Nada más lejos de la intención real del régimen. Pero ese malentendido puso en marcha unos acontecimientos ya absolutamente imparables. En realidad el régimen totalitario y criminal soviético impuesto en toda Europa Central después de la caída del nazismo había llegado a un nivel de inviabilidad que sólo una represión masiva de tipo asiático podía haberlo mantenido durante un tiempo muy limitado.

Fueron muy emocionantes los actos de ayer, conmovedores para quienes conocimos bien los sufrimientos de la población y los abusos del poder de los peores, producto de la selección negativa en el movimiento comunista. Hubo palabras bellas de algunos de los principales líderes europeos, todas evocadoras de aquella frase en la que Don Quijote le habla de la libertad a Sancho y le dice que por ella hay que ser capaz de darlo todo incluso la vida. Quienes no valoran la libertad lo suficiente como para arriesgar la vida por ella gozan de la misma de prestado, gracias a aquellos que sí saben que vivir sin libertad no es vivir plenamente. Y que durante setenta años en la URSS y cincuenta en sus estados vasallos se jugaron libertad y vida y muchas veces perdieron ambas. Millones de cadáveres y muchas decenas de millones de seres humanos enterrados en vida en regímenes opresores son el único legado de la aventura criminal que en principio creímos enterrada aquel nueve de noviembre. Un nueve de noviembre en el que también se conmemora la entrada en plena actuación de la otra gran maquinaria del terror del siglo XX que fue la noche de los Cristales Rotos en el propio Berlín, cuando el régimen nazi se quita definitivamente la máscara y comienza la política de exterminio de los judíos europeos en 1938. Que el puñado sectario de comunistas españoles digan en su Congreso que no tienen nada de que arrepentirse es un miserable alarde de lo peor del nazismo y el comunismo. Son los irreductibles para los que su propia miserable idea vale más que la vida y los sufrimientos de millones de seres humanos. Serían capaces de repetir todo lo hecho. Y que nuestro presidente del Gobierno dijera ayer que el hundimiento del comunismo era equiparable a la muerte del dictador Franco supone un insulto y una trivialización de los crímenes comunistas en Europa que produce náuseas.

ABC - Opinión

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Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal: ¿cuándo expedientáis a Fraga?. Por Federico Jiménez Losantos

Vaya por delante que decir lo que uno piensa sobre la dirección del partido, sea cual sea el partido y sea cual sea la dirección, me parece saludable, democrático y lo manda la Constitución. Pero ya que el marianismo en pleno, incluido el Álvaro de Luna de Rajoy, que es Camps, ha decretado la Ley del Silencio dentro del PP, tras la embestida de Fraga contra los presidentes del PP y la Comunidad de Madrid y Valencia –a Camps le imputa los delitos de trajeo y trajineo, como el dizque espiado Cobordón hizo con Aguirre, aunque no a satisfacción de Fraga– el Politburó del PP debe demostrar que la amenaza iba en serio. Y, naturalmente, abrirle expediente al Presidente Fundador, Veterano o Terry.

Arenas, al que se le está desmandando el rebaño, acaso porque no se atreve a pastorearlo con todas sus consecuencias, ha vuelto a decir, casi al tiempo del exabrupto de Fraga, que "los micrófonos no están para criticar a los compañeros de partido". Bien es verdad que dentro del partido tampoco se puede criticar a Rajoy y sus Marianos Automáticos, así que lo que Arenas predica realmente es que en el PP todo el mundo chitón y mucho cuidadito.

Todavía resuena la crítica de la Fatal Cospedal a su "madrina" Aguirre por no haberse presentado ante el gangbang de Génova 13, Rue del Percebe, donde habría sido maltratada por los siempre derrotados caudillitos del PP. Todavía resuena el ensordecedor silencio de la pandilla genovesa sobre el respaldo inmediato e incondicional de Gallardón a las mentiras de Cobo, cuya suspensión de pagar las cuotas, siendo tan escandalosamente ridícula, bien podría haber compartido su amo moral, ese enemigo de la libertad, amante del amor y amigo del déficit y la deuda ruina, sito en Ambiciones. Y todavía, al escribir esto, no tengo noticias de que Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal le hayan abierto expediente a Fraga, gran protector de Gallardón, al que hizo sustituir a Verstrynge tras su hazaña como abogado del líder de AP al secuestrar por dos veces la revista Cambio 16, que había publicado que Almirón, escolta de Fraga, era o había sido de la Triple A. Ya se sabe que el respeto a la libertad de expresión, sobre todo si la ejerce la derecha liberal, es una de las características más acusadas de Gallardón.

Si no expedientan a Fraga, como no expedientaron a Gallardón ni exigieron dejar el cargo de portacoz del Ayuntamiento al expedientadito Cobo, los del Politburó del PP ya no tendrán excusa ni siquiera cuando los atropellen a ellos. Que los atropellarán.

El blog de Federico

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lunes 9 de noviembre de 2009

Un error histórico: cien años de dinero de curso legal . Por Anta E. Fekete

Muy probablemente concluirá el año 2009 sin que se haya conmemorado el centenario de un evento de gran importancia en la historia, que figura en forma destacada como la causa principal de la Gran Crisis Financiera del siglo. Este evento fue aquel al cual se le dio el falso nombre de “Legislación de Curso Legal” de 1909. Los billetes de banco, tanto de la Banque de France, así como del Reichsbank de Alemania, se convirtieron en moneda de curso legal, primero en Francia y muy poco después, también en la Alemania Imperial. El resto del mundo siguió el ejemplo.

De esta forma se eliminaron todos los obstáculos a la financiación, por medio de créditos, de la Guerra Mundial que se avecinaba y a la monetización de la deuda que resultaría por medio de billetes de banco.


Un efecto imprevisto fue que se truncaron todos los esfuerzos diplomáticos por evitar la guerra y la gran derrama de sangre y destrucción de propiedad que traería consigo. En ambos países, los partidos que favorecían la guerra se habían anotado una gran victoria. La causa de la paz sufrió una derrota decisiva.

Quiero subrayar que he dicho que la legislación que llevó el nombre de “Legislación de Curso Legal” no fue tal, porque “curso legal” en este contexto fue una maligna distorsión del sentido aceptado de la frase. No había ningún aspecto de coacción en el curso legal, anteriormente a 1909. Los billetes de banco circulaban como dinero, pero su aceptación era enteramente voluntaria. La gente tenía el derecho incondicional de cambiarlos por moneda del país, o sea, por monedas de oro. Si un banco no podía entregar moneda de oro a cambio de un billete estaba en mora técnica y tenía que atenerse a las consecuencias.

En su sentido original el término “curso legal” se refería sencillamente a un estándar de tolerancia aplicable al desgaste de las monedas de oro. Las monedas de oro que estaban dentro del estándar de tolerancia circulaban por número, o sea, que su “valor de curso legal” se establecía por conteo de las mismas – una gran conveniencia. Otras circulaban por peso: todas y cada una de las monedas tenía que ser pesada – una gran inconveniencia. No había coacción alguna establecida en esta discriminación.

La salida de la crisis y el camino para evitar otra Gran Depresión es por vía de la restauración de la libertad en el ámbito de la moneda: por medio de una hábil revocación de las leyes de curso legal

La Casa de Moneda cambiaba monedas de oro dentro del estándar de tolerancia a cambio de nuevas monedas recién acuñadas, sin cargo para el propietario. El gobierno absorbía la pérdida y la cubría con cargo a los fondos generales de ingresos. Al costo se daba el mismo trato que el costo de mantener en buen estado las carreteras del país. No sólo no había coacción alguna en las leyes de curso legal, sino que en efecto, el gobierno proporcionaba un servicio público sin cobrar una cuota por el mismo. Ese era el significado de “curso legal” anteriormente a 1909.

Coacción contra el público

Nótese el cambio disimulado en su significado, como resultado de las leyes de curso legal de 1909. En el lugar de una conveniencia pública se sustituyó una coacción contra el público. Los dos gobiernos con la mayor capacidad bélica del mundo introdujeron la coacción al forzar a sus súbditos a aceptar y usar deuda como dinero. Esto constituyó un acto nunca antes visto en las historia. En particular, los gobiernos estaban obligando a los militares, así como a los empleados del gobierno, a recibir promesas de papel a manera de pago con finiquito por servicios rendidos.

Desde luego, el uso de la frase “curso legal” en esta forma constituye una contradicción. Una promesa de pago que es al mismo tiempo, un finiquito, no es una promesa. Es un edicto arbitrario. Este fue un paso reaccionario, diseñado para facilitar el aumento ilimitado de la circulación monetaria, sin tomar en cuenta la reserva de oro. Permitió la financiación con crédito de la guerra que se avecinaba, gran parte del cual era libre de intereses y sin fecha de vencimiento. La carga financiera de la guerra se le impuso al pueblo sin su consentimiento.

La medida se representó como un simple cambio, conveniente por razones de eficiencia. No hubo debate público respecto a sus implicaciones. En aquel tiempo, nadie podía adivinar las consecuencias ominosas. Nadie sospechaba mala fe de parte del gobierno. Como prueba de buena fe, se permitió que el oro continuara en circulación por otros cinco años. Los bancos entregaban las monedas de oro sin mayor problema. No hubo un notable incremento en la acumulación de monedas de oro por el público, señal que éste albergaba una confianza implícita en su gobierno. Cuando la guerra finalmente estalló en 1914, “los cañones de agosto” anunciaron el efecto demorado de las leyes de curso legal. De inmediato, todas las monedas de oro se escondieron. Los bancos se rehusaron a entregar oro a cambio de billetes. La Legislatura, incluso todos los diputados socialistas, votó a favor de los créditos bélicos que solicitaba el gobierno, sin demora.

El origen de la Gran Depresión

El primer autor que desenmascaró la conexión entre las Leyes de Curso Legal de 1909 y el inicio repentino de la guerra, cinco años más tarde, en 1914, fue el economista alemán Heinrich Rittershausen (1898-1984). También pronosticó la Gran Depresión y mostró la relación que existió entre la subsecuente ola de desempleo sin precedente y estas Leyes, como explicaré en mayor detalle más adelante.

No nos queda más que especular sobre caminos distintos que pudiera haber seguido la historia. ¿Hubiera terminado en breve la matanza insensata y la destrucción de propiedad si no se hubiesen promulgado las Leyes de Curso Legal, tan pronto como los gobiernos en guerra hubiesen agotado el oro necesario para financiarla? La mayoría de los observadores contemporáneos pensaba que así hubiera sido. No había forma de financiar un conflicto de esta magnitud por medio de impuestos. La gente no comprendía que el curso legal era una forma invisible de impuesto, para pagar por la guerra más grande que hubiera visto el mundo hasta ese punto en la historia. No comprendía el poder del crédito que permitiría que los gobiernos gastasen sangre y tesoro con toda libertad, sin limitaciones. La gente no percibió al Moloch detrás de la fachada de Curso Legal – el dios que se preparaba para devorar a sus propios hijos.

Sin embargo, las leyes de curso legal tuvieron otra nefasta consecuencia, que no se reconoció en aquel tiempo. Anteriormente a 1909, el comercio mundial se financiaba por medio de letras de cambio (“real bills” o “bills of exchange”) giradas sobre Londres. Una letra de cambio era papel comercial con vencimiento a corto plazo, pagadero en moneda de oro a su vencimiento. Representaba crédito auto-liquidable para financiar la aparición de mercancía nueva, demandada con mayor urgencia por los consumidores, en los mercados. Como su creación estaba limitada a la cantidad de mercancía nueva en camino al mercado, no era inflacionaria.

El crédito era liquidado por la moneda de oro entregada por el consumidor final de la mercancía subyacente. Una letra de cambio la podríamos entender como un crédito en proceso de “madurar en monedas de oro” en fecha próxima. Como medio de cambio, la letra de cambio era lo que seguía a la moneda de oro misma, en calidad. Su tenencia era virtualmente libre de riesgo, ya que la mercancía subyacente tenía un mercado bien dispuesto a su adquisición, en cuanto llegara a su destino.

El confidencial

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Jubilados sin techo. Por Luis del Pino


Esta semana saltaba a los medios una noticia particularmente estremecedora. La directora de Cáritas Diocesana de Valencia, Concha Guillén, denunciaba cómo se están multiplicando en los últimos meses las solicitudes de ayudas para alquiler por parte de viudas y parejas de edad avanzada.

El motivo es que la crisis económica está arrojando a familias enteras al paro. Y al no poder muchas parejas jóvenes hacer frente a sus créditos hipotecarios, los bancos no sólo les están quitando la casa a ellos, sino también a sus padres, que figuraban como avalistas de esos créditos.



De ese modo, personas ya jubiladas, que habían conseguido pagar su casa después de toda una vida de trabajo, y que viven de una escueta pensión, se encuentran de la noche a la mañana literalmente en la calle, arrojadas de su vivienda y forzadas a recurrir a la caridad para pagar un alquiler que su pensión tampoco alcanza a cubrir.

¿Es mínimamente moral esto que está pasando?

En Estados Unidos, al comprar una casa, el crédito hipotecario está respaldado exclusivamente por el bien que has adquirido, es decir, por la propia casa hipotecada. Si no tienes con qué pagar la hipoteca, entregas al banco las llaves de la casa y asunto resuelto. No pierdes nada más. Ni tu familia tampoco.

En España, por el contrario, los bancos obligan a avalar los créditos hipotecarios con otras propiedades, de modo que si no puedes pagar la hipoteca no sólo te quitan la casa, sino que pueden quitarte también cualquier otro activo con el que tú o tu familia hayáis avalado la compra.

Se trata de una situación abusiva, en donde los bancos jamás arriesgan nada. Cuando acudes a una oficina bancaria a mendigar un crédito, invariablemente te responden que el Departamento de Riesgos tendrá que estudiar tu solicitud. ¿Departamento de Riesgos? ¿De qué riesgos hablan, si el banco nunca corre ninguno? Para que te den el dinero tienes que demostrar, prácticamente, que no lo necesitas. Y si no lo puedes demostrar, tendrás que encontrar un familiar que responda por ti.

Eso sí, si quien va a pedir el crédito es un gran constructor, todo son facilidades para darle los centenares de millones de euros que necesite. Y si estalla la burbuja inmobiliaria, como ahora ha sucedido, entonces se recurre al dinero público, al dinero de todos, para tapar ese agujero que los grandes constructores le han creado a los bancos. Porque claro, no podemos dejar que se hunda el sistema financiero, ¿verdad? Lo cual es una forma muy elegante de decir que no podemos permitir que los bancos pierdan dinero. Y mientras tanto, jubilados a quienes han pillado como avalistas se tienen que ir a vivir a la mismísima calle.

Con la crisis, las peticiones de ayuda a Cáritas - ayuda de todos los tipos - se han disparado. Y los destinatarios de esas ayudas ya no son sólo, como antes, las personas desarraigadas, sino personas y familias perfectamente integradas en la sociedad que, de la noche a la mañana, lo pierden todo. Absolutamente todo. La portavoz de Cáritas Diocesana de Valencia lo resumía con una frase muy elocuente: "Hemos pasado de atender a los pobres a ayudar a nuestros vecinos". El perfil del demandante de ayuda ha cambiado radicalmente en el último año. Al lado de esos jubilados que han perdido su vivienda, cada vez hay más hombres solteros, más parejas jóvenes, más madres solteras con hijos a su cargo. Dos tercios de los demandantes de ayuda son inmigrantes; el tercio restante, españoles.

Una vez más es la Iglesia, esa Iglesia tan denostada por los progres, la única que está haciendo algo para aliviar la debacle asistencial que nos ha caído encima. Y mientras la Iglesia se afana en atender a tanta persona necesitada de ayuda, y mientras el presupuesto de Cáritas y de las restantes organizaciones asistenciales de la Iglesia se ve desbordado por la avalancha de nuevos pobres, ese gobierno que se autotitula progresista a lo que se dedica es a cubrir los agujeros creados por golfos de todo pelaje en las instituciones financieras y en las administraciones públicas, sin que ninguno de esos golfos, por supuesto, devuelva nunca un duro.

El robo de alimentos en los grandes centros comerciales o el robo de ganado en el campo andaluz se generalizan. Y mientras tanto, los miembros del Congreso pagan impuestos irrisorios y discuten sobre si los futbolistas tiene que pagar más o menos que ellos. Medio millón de familias españolas no tienen, en estos momentos, ninguna fuente de ingresos. Y mientras tanto, hay quienes, por ser esposas de un presidente autonómico, disfrutan de 16 cargos diferentes. Las mujeres españolas, que habían desaparecido de los circuitos de la prostitución hace quince años, vuelven a aparecer en los clubes de alterne o en los barrios chinos de las ciudades, empujadas por la necesidad. Y, mientras tanto, el gobierno sigue regalando subvenciones a un cine español que nadie ve e imponiendo cánones digitales que nadie controla, porque de algún modo hay que pagar al sindicato de millonarios de la ceja. Vuelve la mendicidad casa por casa, personas que tocan a tu puerta pidiendo dinero o comida, y que es algo que no veíamos hace treinta años. Y mientras tanto, no hay día que no nos desayunemos con un nuevo responsable político acusado de embolsarse el dinero de todos nosotros a manos llenas. Sin que nadie, por supuesto, devuelva nunca un duro.

Estamos gobernados por golfos, que se enriquecen a espuertas, convirtiendo la vida pública en un auténtico lodazal. Estamos gobernados por hipócritas, que simulan defender a los desfavorecidos cuando no hacen otra cosa que chanchullear con gente bien, de esa que se las arregla siempre para prosperar, sea quien sea el que esté en el gobierno.

Pero lo peor no es eso. ¿Saben ustedes que es lo peor? Lo peor de todo es que quienes nos gobiernan no perderán ni una sola noche de sueño pensando en un jubilado al que el banco le ha puesto en la mismísima calle o en ese número creciente de familias que tienen que vivir de la caridad. Porque están inmersos en sus chanchullos y los dramas de la gente de la calle les importan una higa.

Lo peor, como les digo, no es que quienes nos gobiernan sean golfos o hipócritas. Lo terrible, lo verdaderamente terrible, es que además carecen de corazón.


Liberta Digital

Oir esradio

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Observatorio de la corrupción (XII)

Ofrecemos a nuestros lectores un resumen con los enlaces que les darán una somera idea del clima de corrupción que nos hace la atmósfera política irrespirable.


«Operación Pretoria»
ABC: El segundo de Mas ingresó en 2008 casi cien mil euros por informes urbanísticos

e-notícies: Puig ingresó cien mil euros en informes, según ABC


Caso «Gurtel»
La Vanguardia: El PSPV presenta una querella contra Camps por cohecho y financiación irregular

El País: La trama corrupta de Correa ingresó 3 millones y medio a la caja B en dos años

El País: Los socialistas se querellan contra Camps y toda la cúpula de la trama corrupta

El confidencial: El PSOE de Valencia presenta una querella contra Camps por cohecho y financiación irregular

El País: Los socialistas denuncian al juez la financiación ilegal del PP valenciano


Caso «Palau»
La Vanguardia: La Generalitat investigará los 20 últimos años de gestión de Millet en el Palau de la Música


«Corrupciones Varias»
ABC: La Junta andaluza se gastará 13 millones en reuniones y conferencias en 2010

Libertad Digital: El número dos de Mas acumuló 41 cargos cuando era consejero con Pujol

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La candidatura alternativa de UPyD critica la falta de democracia interna

La candidatura alternativa a Rosa Díez que se ha presentado para liderar Unión, Progreso y Democracia (UPyD), y que está encabezada por el madrileño Valia Merino, asegura que cuenta cada día con el apoyo de más militantes que están descontentos con la falta de democracia interna y que quieren que la formación recupere su espíritu fundacional.

El número dos de la candidatura, Ángel Gadea, explicó a Europa Press que los integrantes de la lista se unieron ante la sensación de "recorte de derechos y garantías" en la formación, que camina hacia un modelo en el que se otorga "un protagonismo muy alto" al Consejo de Dirección frente al resto de órganos.


Con este planteamiento, decidieron presentar una candidatura alternativa a la de Rosa Díez para presentarse al I Congreso que el partido celebrará los próximos días 20, 21 y 22. Gadea afirmó que tienen la confianza de conseguir el apoyo suficiente de los militantes, y en este sentido aseguró que cada día reciben más apoyos desde todos los puntos de España.

Según explicó, tienen "plena confianza" en UPyD y en la necesidad de que exista en España un partido que se convierta en una "alternativa real" a los dos grandes partidos nacionales. Por ello, quieren que la formación recupere el espíritu con el que nació hace más de dos años.

A su juicio, a lo largo de este periodo se ha llegado a una situación en la que los afiliados "no tienen libertad" para expresar sus opiniones. "Queremos que la igualdad no sea sólo de los ciudadanos, también de los afiliados", reivindicó el número dos de la candidatura.

Rosa Díez como cabeza visible

Sin embargo, aclaró que su opinión de Rosa Díez y de su trabajo al frente del partido es "muy buena", por lo que quieren que siga siendo la cabeza visible de la formación "sea quien sea quien gane en el Congreso". "La labor que está haciendo es magnífica", reconoció. Pese a ello, lamentó que Merino no ha conseguido mantener en un encuentro con ella pese a haberlo solicitado en reiteradas ocasiones.

Además, respecto a sus propuestas a los afiliados, explicó que se presentan con la promesa de convocar un nuevo congreso constituyente en el plazo de un año y elecciones a los demás órganos en seis meses, ya que "el partido debe ser un ejemplo del modelo de sociedad que predica y persigue".

Europa Press

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El cazapiratas sin complejos. Por Arturo Pérez Reverte

Me dicen los amigos hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.

Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación ­­–sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.

XL Semanal

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'Alakrana': una historia de piratas, jueces y políticos. Por Antonio Casado

Nuestro hombre en Kenia, el embajador Martin Cinto, se entrevistó ayer en Nairobi con el primer ministro de Somalia, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, en relación con el secuestro del Alakrana y sus 36 tripulantes (16 españoles). Desconocemos el resultado del encuentro, cuyo objeto era lograr que el Gobierno somalí se implique al máximo en la liberación de los secuestrados y, en cualquier caso, se comprometa a garantizar su seguridad. Ojalá esta vía diplomática impulsada por el ministro Moratinos sirva para acabar con la pesadilla pero es difícil librarse del estupor que produce la situación.


Le estamos pidiendo al Gobierno somalí que ejerza sobre unos delincuentes la autoridad que no ha ejercido para impedir la comisión de un delito. Me explico. Si no se tiene para lo uno no se tendrá para lo otro ¿Cómo va a influir en los piratas el mismo Gobierno que permite su existencia? La respuesta nos conduce inevitablemente a la situación de hecho. Es a la que hay que atenerse para alcanzar el objetivo común: liberar el barco y traerse a los marineros sanos y salvos. De las situaciones de derecho ya hablaremos después.

Objetivo común, decimos. El de todos: familiares, armadores, políticos y periodistas. No puede volver a ocurrir lo de la semana pasada, a raíz del traslado a tierra de tres de los secuestrados -luego volverían al barco- cuando algunos familiares y algunos dirigentes del PP arremetieron públicamente contra el Gobierno. Unos, por un inesperado subidón de la angustia. Otros, otros por su acreditada falta de finura a la hora de elegir los temas de confrontación política. Fue como si los familiares del enfermo hubieran irrumpido en el quirófano para poner a parir al cirujano mientras el ser querido está siendo operado.

En ese sentido, hemos aprendido. Las declaraciones de Basagoiti y Núñez Feijóo, dirigentes territoriales del PP en el País Vasco y Galicia, las dos Comunidades más afectadas por el secuestro del atunero Alakrana, pusieron las cosas en su sitio y tranquilizaron a los familiares con la misma posición: apoyo al Gobierno mientras la operación esté abierta y ya habrá tiempo para las críticas sobre posibles errores cometidos.

Aparte de la situación de hecho, respecto a la que esperamos novedades de un momento a otro, hemos seguido polemizando sobre las cuestiones de derecho. Especialmente las relacionadas con la causa judicial abierta contra los dos piratas encarcelados en España y cuya puesta en libertad, sin más, es imposible a la luz del principio de legalidad. Lo último es la posibilidad de aplicar una recientísima reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (entró en vigor la semana pasada) sobre cesiones de jurisdicción. Podría utilizarse para transferir la jurisdicción española a Somalia por un convenio previo -político, por supuesto- entre los Gobiernos. O mediante la firma del convenio internacional sobre cesión de jurisdicción.

Eso no atentaría contra la independencia de la Justicia española. Y abriría un camino para desbloquear la negociación en términos favorables para los intereses de nuestros compatriotas secuestrados en Somalia. Se supone que este asunto ha estado ayer sobre la mesa en el encuentro del embajador Martin Cinto con el premier somalí.

Aún queda la vía de Kenia, donde también podrían ser juzgados los dos piratas detenidos en España en virtud de un convenio de la Unión Europea con este país africano para este tipo de casos. Es probablemente lo que se debió haber hecho en un principio. Pero no se hizo. Y no por una actuación unilateral del juez Garzón, sino por denuncia previa del abogado del Estado. Garzón se limitó a tramitar la denuncia y, una vez apreciada la jurisdicción española sobre “delitos cometidos a bordo de buques o aeronaves españolas” (artículo 23 de la LOPJ), ordenó el traslado a España.

El confidencial

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Obama y el liderato blando. Por José María Carrascal

PRIMERA buena noticia para Obama después de muchas malas y primer logro concreto desde que es presidente. La Cámara Baja ha aprobado la reforma sanitaria, una de sus prioridades políticas. Por sólo cinco votos y faltando todavía que el Senado apruebe su versión de la misma, así como que ambas cámaras se pongan de acuerdo sobre la versión definitiva. Pero lo importante es que se haya salvado este primer escollo, en el que se estrellaron todos los intentos anteriores.

Nadie vaya a creer que la reforma convierte a la sanidad norteamericana en algo parecido a la europea. Nada de sanidad pública ni de médicos y hospitales estatales. Seguirán siendo privados, como la cobertura, a cargo de compañías aseguradoras. En realidad, se trata de una extensión del actual sistema a los que están fuera de él: se ofrece y obliga a los 36 millones de norteamericanos sin cobertura sanitaria por falta de medios o de ganas, ayuda estatal para procurársela en el mercado privado, a través de un complejo sistema de baremos, según el cual, los ingresos y el número de miembros de cada familia determinan la ayuda estatal. El coste se cifra en 1,1 billones de dólares en los próximos diez años, que posiblemente serán más, como ocurre en todas las cuentas públicas. Pero al menos no habrá norteamericanos que se mueran por carecer de asistencia médica.

El programa tiene enemigos por ambos lados. Para unos, va demasiado lejos. Para otros, se queda corto. Suele ocurrir cuando se quiere contentar a todos, que ha venido siendo el gran problema de Obama como presidente, como fue su gran ventaja como candidato. Intenta situarse en el punto medio de todas las cuestiones, incluso de aquellas que no lo tienen, lo que le roba tiempo y le hace aparecer indeciso. Pero es su forma de actuar e incluso de ser, al estar en medio de las razas, las religiones y las culturas. Vamos a ver en qué termina esta reforma sanitaria, que es semirreforma, y qué decide ante Afganistán -¿se queda, se va?-, ante las ambiciones nucleares iraníes -¿se las tolera, se las corta?-, ante la reforma financiera -¿se establecen controles más estrictos, se sigue con los actuales?-, y ante todos los problemas que tiene ante él.

Sin duda, Obama representa un nuevo tipo de liderato, más suave, más compartido, más amable que el tradicional. El problema es que el mundo todavía no está preparado para él y que incluso para imponer ese nuevo liderato, tendrá que echar mano del anterior, el de ordeno y mando, pues hay montones de gentes a las que no se convence de otra forma. Empezando por sus propios congresistas, treinta y nueve de los cuales han votado contra su reforma sanitaria. Y es que lo del poder blando está muy bien en la campaña electoral, pero en la Casa Blanca hay que tener siempre a mano la estaca. ¿Podrá, querrá, sabrá?

ABC - Opinión

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Rendición preventiva. Por José García Domínguez

La opinión pública presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.

La peor tara moral de la sociedad española, ese estar siempre pronta a renunciar a su dignidad por efecto del miedo, algo que se exteriorizó con vergonzosa crudeza entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, y poco después con aquella huida atropellada de Irak, ha vuelto a emerger a la luz tras el rapto del "Alakrana". Así, la doctrina de la rendición preventiva, una forma de dimisión ética y estética que en un principio caracterizaba sólo al zapaterismo germinal, ha acabado por contagiar al grueso de la población.


De ahí la inopinada paradoja que ha suscitado ese atunero de conveniencia. Por un lado, el Gobierno que, irreconocible, por una vez se conduce con escrupuloso respeto hacia sí mismo y hacia los principios de legalidad y división de poderes, indicios ambos tan útiles con tal de distinguir a un Estado de Derecho de una banda de gangsters. Por el otro, y espoleada por algunos medios, la opinión pública, que presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.

Diríase que lo habíamos entendido gracias al precedente de ETA, pero no. Hasta seis horas sin interrupción ha empleado alguna cadena de radio en obedecer la estrategia de comunicación prescrita por los secuestradores. Seis. Al tiempo, los mismos que se rasgaron las vestiduras ante la inaudita excarcelación de un pirata aéreo libio por parte del Reino Unido, exigen, airados, que sus dos colegas presos en España sean puestos en la calle sin mayor dilación. O en Kenia sin mayor miramiento. Como si Somalia no existiese, pero Kenia sí. Como si el precedente de los trece bucaneros allí extraditados por la Audiencia Nacional en junio no fuera ya sarcasmo bastante.

Como si la instantánea de cuatro facinerosos desarrapados derogase ipso facto el artículo 23.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, ése que reza:"En el orden penal corresponderá a la jurisdicción española el conocimiento de las causas por delitos y faltas cometidos en territorio español o cometidos a bordo de buques o aeronaves españoles, sin perjuicio de lo previsto en los tratados internacionales en que España sea parte". Como si nadie, en fin, fuese capaz de pronunciar la palabra "Entebbe".

Libertad Digital - Opinión

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La mentira según Pujol. Por Félix Madero

ALGO pasa cuando las páginas que los periódicos dedican a la corrupción se leen con la indolencia con que se hace un crucigrama o se miran las esquelas. Se ven con tedio y aburrimiento, a fin de cuentas siempre se corrompen y mueren otros. Forman parte del escenario, las asumimos como algo consustancial a la democracia, o mejor dicho, a la democracia que nos venden los que no creen en ella y viven del escaño, de la mamandurria del ayuntamiento, la diputación o la autonomía. Y, dicho esto, no caeré en la tontería de decir ahora eso de que no todos los políticos son iguales. Que lo digan los desiguales, que denuncien los limpios, que sean ellos los que echen a los podridos. ¿Ocurre esto? Nunca. Casos de políticos inmaculados que saben y no cuentan, que han visto y no recuerdan, que han oído y han olvidado hay en toda España. La mayor corrupción es aquella que nace y se desarrolla ante la mirada supuestamente inocente del que sabe lo que está pasando. Que tengan la gallardía de discrepar, que dejen de incubar las horas en los escaños y se atrevan a denunciar.

En este país en el que el pillo siempre gozó de un cierto prestigio popular, las versiones que la corrupción ofrece son tantas que merecen un catálogo. El que roba es un corrupto. El que recalifica el suelo y se lleva una pasta, los del tres por ciento, el del cafelito, las filesas y los ternos de Milano, «Bigotes», «Vitos» y «Luigis»... Para qué seguir. Hay, sin embargo, otra corrupción que es la del silencio. No hablar para no complicarse la vida en una lista electoral. Se guarda silencio, no vaya a ser que lo que se diga no guste al jefe. Silencio para sobrevivir. Todo lo ampara el silencio. Omertá a la española: siento, veo y sé, pero conviene callar.

Anda Jordi Pujol por los platós de televisión vendiendo su último libro, prescindible de cabo a rabo. Pujol se ha hecho un homenaje en el que su memoria siempre le es favorable. Adereza su presentación con algunas reflexiones que, por lo que se ve, no irritan a nadie. Se declara amigo de Prenafeta y Alavedra, que están en la cárcel: son mis amigos y lo seguirán siendo. Silencio. Pujol dice: Puede que se les haya ido la mano, pero si algo han hecho es por Cataluña. Silencio.

Fue en TVE donde el ex president atacó a Zapatero llamándolo mentiroso. Dijo que puede entender la mentira antes de las elecciones, pero luego no. Silencio. Complacencia. Hastío. Estoy esperando a que uno de esos ofendidos políticos que sostiene eso de que no todos somos iguales diga algo. Por ejemplo: Que la mentira es la peor corrupción. Pero solo hay silencio.

ABC - Opinión

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domingo 8 de noviembre de 2009

Espíritu de servicio. Por Yauma

Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César.
Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio.

Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechosa de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo.


La expresión, con el tiempo, comenzó a aplicarse en todo caso en el que alguien es sospechoso de haber cometido alguna ilicitud, aun cuando no hubiera dudas respecto de su inocencia.

La mujer del César, como su marido, tiene derecho a ejercer de política y a ocupar cargos públicos, remunerados o no, importantes o insignificantes, carguillos, cargos y cargazos. Según situación y circunstancias, personales, espirituales, sociales y comanditarias. La mujer de nuestro cesar cuatribarrado, el pequeño honorable, ocupa en la actualidad once cargos,”puntualiza la Diputación de Barcelona, que la esposa del president sólo ocupa once cargos” ni uno más ni uno menos, once.

Injustamente el diario ABC había informado que el número de cargos públicos ocupados por esta dama del socialismo cuatribarrado era de catorce. Grave error intencionado del diario madrileño, vocero nacional del españolismo más grosero del Estado español.
Funcionaria de carrera en excedencia es teniente de alcalde y concejal de urbanismo y vivienda en Sanst Just, feudo duro y tradicional del independentismo cuatribarrado pijo, presidenta de dos empresas constructoras municipales,…..etc….etc.

En esencia la mayoría de los cargos están relacionados con el ladrillo y con los servicios municipales como los servicios hidráulicos y tratamiento de residuos. Uno de los cargos estrella es el de consejera general de la Caixa. Fuentes de la diputación de Barcelona aseguran que sólo recibe un sueldo como miembro de este órgano provincial, presidido por el príncipe consorte de la reina Madre del ducado de Santa Coloma de Gramanet, estando previsto que ocupe el puesto vacante de alcalde abandonado recientemente de manera injusta por el gran Bartomeu y así, como Celestino el Mayor, poder compaginar Ayuntamiento y Diputación, cargo este último de remuneración chapada en oro con incrustaciones de diamantes.

Visto lo visto, y lo que aún veremos, pensamos que la regeneración política, tan de moda en estos últimos días, debe tener su base en el ejercicio plural de diferentes cargos simultáneos por una misma persona, las ventajas pueden ser infinitas. Primero y fundamental, en estos tiempos de crisis asesina, el ahorro público que representa, figúrense once sueldos resumidos en uno y modesto, ni el misterio de la Santísima Trinidad, tres personas divinas en una sola. El sentido común nos dice que once cargos, llevados con decoro, elegancia y tronío, son muy pocos para un político honesto. Cincuenta, sería el número idóneo según mi modesto punto de vista. Cuarenta y nueve sueldos de ahorro de una sola tacada.

Otro aspecto importante es el relativo a la corrupción. Si un político honesto ejerce un cargo público con entera y rotunda pulcritud incorrupta, también puede ejercer dos cargos públicos en las mismas condiciones, análogamente podrá hacerlo con tres, y así sucesivamente lo hará con n-cargos, siguiendo el importante principio de la inducción matemática, con la exactitud y precisión que esta ciencia del pensamiento siempre evoca.

Cada cargo público, asociado a un mismo político, representa una inyección de moral para el ciudadano de a pie, le incita inconscientemente a cumplir de manera radical con sus deberes fiscales, mucho más que esa propaganda ñoña que se traga en cada campaña de la Agencia Tributaria. Cada gramo de pluricargo ajeno y partidista actúa sobre el subconsciente colectivo induciendo unas pequeñas corrientes neuronales que se acumulan en las profundidades del hipocampo como energía vital reutilizable en situaciones electorales cercanas.

Otra razón importante a favor del multicargo político entronca directamente con el centro geométrico del concepto de corrupción. Si un político, con un sólo cargo, es corrupto y se aprovecha del cargo extrayendo y succionando del mismo con el mayor rendimiento posible, cabe pensar que con (n) cargos a su entera disposición no deberá exprimirlos tanto como sería el caso de (n) políticos diferentes cada uno con cargo único. Me explico, el rendimiento de la corrupción por unidad de cargo y unidad de político siempre será mayor en una correspondencia uno a uno. Cuando un político corrupto tiene, por ejemplo, cincuenta cargos bajo su amparo, con tal de dar un pequeño mordisco (mordida dicen los mexicanos) a cada uno de los cargos ya cumple el cupo de corrupción que habitualmente tolera el sistema. Y, así, con esta metodología, simple pero efectiva, todos saldremos ganando principal mente el héroe o la heroína protagonista de la corrupción.

El príncipe consorte de la Reina Madre del gran ducado de Santa Coloma, como otros príncipes consortes, es de profesión aviador, entiéndase individuo que realiza la acción de aviar en el hogar conyugal, disponer arreglar o componer siguiendo el arte supremo del bien hacer domestico. Estos aviadores siempre están en disposición de sacrificarse por el bien de la causa y capricho de su regia esposa. No existe sacrificio que no estén dispuestos a realizar si con ello el poder real aumenta en proporción directa al sacrificio realizado. Ser presidente de una importante Diputación y al mismo tiempo alcalde de la capital del reino, junto con otros cargos menores, no está al alcance de cualquiera.

Volviendo a la señora esposa de nuestro cesar cuatribarrado, el pequeño honorable, hay que reconocer que tanto cargo público sin cobrar un euro, cobrando sólo en uno de los once, seguramente el peor remunerado, requiere un grado de sacrificio de dimensiones infrahumanas. Además cada cargo ejercido sin cobrar lleva asociado un gasto adicional, aparte del trabajo, y la insatisfacción de sentirse poco valorado por el entorno mediático y social donde se ejerce. También el sufrimiento moral de observar que no se puede dar todo lo que uno quisiera en beneficio de la sociedad y la clase trabajadora a la que, por definición se pertenece. Aguantando incomodidades económicas, viviendo en un piso modestísimo de ochenta metros cuadrados, en un barrio obrero, llevando a estudiar a los hijos a un colegio público…..etc…..etc. Todo ello por el bien del socialismo nacional y viceversa, todo por la patria cuatribarrada.

Hay que reconocer que en estas cuestiones de cargos ejercidos por conyugues de mandatarios políticos, El Gran Honorable fue mucho más cuidadoso que el actual cesar. Su santa esposa, jamás ostentó cargo público alguno, ella actuaba en la sombra, a la sombra del Gran Honorable, hizo honradamente una considerable fortuna económica, con su industria de jardinería y proyectos municipales varios.

El Blog de Jauma

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Observatorio de la corrupción (XI)

Ofrecemos a nuestros lectores un resumen con los enlaces que les darán una somera idea del clima de corrupción que nos hace la atmósfera política irrespirable.


«Operación Pretoria»
El confidencial: Montilla pide perdón e impone un contrato de transparencia a los candidatos del PSC

El confidencial: Campaña nacionalista para “liberar” a Prenafeta y Alavedra

ABC: El «conseguidor» de Santa Coloma «lavó» millones de euros con 256 obras de arte

e-notícies: Tura pide "transparencia" con el sueldo de los políticos


«Corrupción en el Tribunal Constitucional»
La Gaceta: María Emilia Casas y su marido son íntimos del etarra Karmelo Landa


Caso «Palma Arena»
Europa Press: Jaume Matas se siente "molesto" por los registros de la Policía en sus propiedades

La Vanguardia: Jaume Matas se siente "molesto" por los registros que la Policía ha realizado a viviendas de su propiedad


«Corrupciones Varias»
La Vanguardia: Radiografía de la corrupción

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Horas bajas de Chacón y su ‘padrino’. Por Federico Quevedo

Fue Alfredo Pérez Rubalcaba quien, en una de esas operaciones de estrategia política calculada y con visión a largo plazo, descubrió al mundo las cualidades políticas y el porte sencillo y elegante de Carmen Chacón. Rubalcaba la apadrinó ya desde sus primeros pasos en la política nacional en la última legislatura del Gobierno Aznar, y tuvo su papel protagonista cuando la famosa Comisión Gescartera, junto a Juan Fernando López Aguilar. De aquella experiencia obtuvo buena nota y Rodríguez la empezó a incluir en su ‘círculo de confianza’, aunque la almeriense regionalizada catalana -cambió su Carmen por Carme, aunque el apellido paterno era imposible de traducir a la lengua de Jaume I- seguía siendo fiel a su mentor. Rodríguez, sin embargo, debió pensar que aún estaba muy verde para incorporarse al Gobierno, y en su primer Gabinete la dejó fuera, aunque la premió con un buen puesto en la Mesa del Congreso de los Diputados. Sin embargo, acabaría la primera legislatura sentada en el Consejo de Ministros como sustituta de María Antonia Trujillo, y hay que decir que, al menos desde el punto de vista mediático –y de algo tenía que servirle el matrimonio con Miguel Barroso-, lo hizo bastante bien.

Pero una cosa es gestionar alquileres y políticas del suelo transferidas a las Comunidades Autónomas, y otra bien distinta mandar a los Ejércitos y planificar la Defensa Nacional. Es verdad que entró en el Ministerio con paso firme, no se dejo achantar por las críticas y supo hacer frente a los recelos que despertaba el hecho de ser la primera mujer ministra de Defensa, pero poco a poco se ha ido viendo que el cargo le viene demasiado grande. Lo ha hecho mal en Afganistán, donde nuestros soldados han muerto, entre otras cosas, por culpa de su incompetencia; se tuvo que ‘comer’ el escándalo del director del CNI -de quien todavía esperamos una investigación de la Fiscalía-; casi provoca una crisis en nuestra relación con la OTAN; demostró una absoluta incapacidad para gestionar la información de los brotes de gripe A en los cuarteles; y ahora se ha visto superada por los acontecimientos en el secuestro del Alakrana, hasta el punto de haber caído en la misma torpeza política que el PSOE tanto le echó en cara a Trillo cuando el Yak-42: ha pasado olímpicamente de los familiares de los pescadores secuestrados. Es más, les ha mentido y les ha censurado sus declaraciones.

Nadie sabe lo que va a ocurrir con el secuestro del Alakrana, y ojalá no sea lo peor, pero lo cierto es que sea cual sea el desenlace, la ministra no tendrá más remedio que dar explicaciones en el Parlamento, y en el peor de los casos asumir su responsabilidad política, es decir, dimitir. ¿Por qué? Pues porque no solo no ha sabido gestionar la respuesta a este suceso, sino que además en las últimas horas la política de su ministerio ha puesto en grave riesgo la vida de los secuestrados. Con la inestimable colaboración del siempre solícito juez Garzón, que a veces va mucho más allá de lo que se le pide, y a buenas horas se le ocurrió mandar el traslado a España de los dos piratas detenidos, cuando se les podía haber dejado en Kenia -país que la comunidad internacional reconoce como sede judicial- sin crearnos un problema nosotros solitos. Y ahora, ¿qué hacemos, además de anunciarles a los piratas que les vamos a atacar? (También podríamos haberles dicho el día, la hora y el número de efectivos a utilizar en el asalto).

Ni Chacón ni Rubalcaba, la casa sin barrer

Lo malo para Chacón es que, esta vez, no puede echar mano de los buenos oficios de su padrino y mentor, porque tampoco Rubalcaba atraviesa su mejor momento político, acosado por el ‘caso Faisán’, primero, y por el asunto Sitel, después. Alguien próximo al Gobierno me dijo el otro día que el ‘caso Faisán’ se llevaría por delante a Rubalcaba, y tiene toda la pinta de que va a ser así. El PP, Caja Madrid mediante, ha encontrado en este asunto un arma muy efectiva para desgastar al Gobierno, pues pocas cosas puede haber más graves en una democracia que el hecho de que la policía, cumpliendo órdenes políticas, se chive a los malos cuando los van a detener dando al traste con una operación clave para desmontar el entramado financiero terrorista. El hecho en sí es de una gravedad comparable a la del Golpe de Estado del 23-F, entre otras cosas porque implica la total aniquilación de la naturaleza garantista del Estado de Derecho. Y detrás de ese enorme caso de corrupción del sistema policial y judicial se encuentra Rubalcaba.

Como se encuentra detrás, también, del segundo asunto grave que afecta, también, a la naturaleza garantista del Estado de Derecho hasta hacerlo absolutamente vulnerable a la arbitrariedad del poder político: la utilización del sistema de escuchas Sitel. Esto, si me apuran, conlleva un elemento terrible de miedo, porque es para estar aterrorizados al pensar que de un modo absolutamente arbitrario y absolutamente fuera del cualquier tipo de control, el Gobierno no solo nos escucha, sino que además sabe en cada momento dónde estamos, lo que hacemos, lo que hablamos, lo que escribimos y hasta lo que compramos en una tienda o pedimos en un restaurante e, incluso, el dinero que sacamos de un cajero, hasta poder llegar a hacer un perfil psicológico de cada uno de nosotros que puede ser utilizado sin que haya nadie que lo impida. El otro día en la COPE, en un tono absolutamente insultante y sectario a más no poder, el portavoz del PSOE -y responsable de poner esto en marcha siendo ministro del Interior-, José Antonio Alonso, puso el grito en el cielo por el simple hecho de plantear esa sospecha, pero en ningún caso nos dijo qué garantías jurídicas había para evitarla, salvo la de la ‘fe ciega’ en un Gobierno que no pocas veces ha demostrado su obsesión por controlar las instituciones y utilizarlas a su antojo.

Si además resulta que detrás de estos asuntos, de las escuchas, sino ilegales, sí al menos al margen de la legalidad, del ‘caso Faisán’, de la utilización de la policía contra el principal partido de la oposición, etcétera, se encuentra el mismo ministro que en tiempos de Felipe González negaba la existencia de los GAL en rueda de prensa, cuando aquel Gobierno amparaba y daba cobertura al crimen de Estado, el asunto es para ponerle a cualquiera los pelos de punta. Porque lo cierto es que detrás de todos estos asuntos se encuentra la misma estructura de información, control y manejo policial que dio nombre a los GAL con todo lo que aquello conllevaba. Pero esta vez parece que a Rubalcaba se le ha pillado con las manos en la masa, y su habilidad para sortear el acoso de la oposición empieza a flaquear. Tanto él como Chacón se están jugando su futuro político, y esto se puede sustanciar en un corto espacio de tiempo: llegaron juntos al Gobierno de Rodríguez, y juntos parecen destinados a abandonarlo.

El confidencial - Opinión

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Cursi amazónico. Por Alfonso Ussía)

Hortera de cerbatana o cursi amazónico. En mi caso, las dos cosas. Adquiere la condición de hortera de cerbatana todo aquel occidental que en viaje por la Guayana, el Orinoco venezolano o el Amazonas peruano, ecuatoriano o brasileño, compra una cerbatana de recuerdo. Más hortera aún si suma al objeto un carcaj con flechas. Quien escribe tiene en su casa montañesa una cerbatana con carcaj. Las flechas las he perdido en mis largas sesiones de prácticas. Y el cursi amazónico es todo aquel que, en parajes similares, obtiene una lanza de tribu nativa. Lo soy también. Me costó en torno a las diez mil pesetas del año 92 del pasado siglo. Y la compré en un lugar llamado Alter Do Chao, en el Estado amazónico de Pará, Brasil. Me considero, pues, tan cursi amazónico como Carod-Rovira, pero con una notable diferencia. Mi lanza es un bien adquirido con mi dinero, mientras que la de Carod-Rovira, una lanza de los indios Shuar del Ecuador vegetal y selvático, le fue entregada al libertador catalán por el jefe de la tribu a cambio de un millón de euros.

Un millón de euros, por otra parte, no extraídos de la cuenta corriente de Carod, sino del dinero público. Una lanza, por ello, carísima, que ha costado a los catalanes un millón de euros, y que por ende, debe ser expuesta en cualquier institución política o museística de Cataluña –Millet la deseaba para el «Palau» de la Música– con la siguiente inscripción en placa o cartulina enmarcada: «Lanza de los indios Shuar, entregada al noble pueblo de Cataluña y recibida por su libertador Carod-Rovira, en señal de gratitud por el millón de euros que Cataluña donó a los Shuar con objeto de extender su lengua y costumbres nacionales por toda la ribera del Amazonas».

Pero no. La lanza se la ha quedado Carod-Rovira, y la tiene en su despacho, apoyada en una pared. A eso se le llama apropiación indebida, porque la lancita en cuestión ha costado un millón de euros, más los gastos del viaje de Carod y su séquito. Y todo eso lo han pagado los catalanes y el resto de los españoles. Se trata, pues, de una lanza valiosísima. Por la misma cantidad de dinero, podría haber comprado Carod-Rovira un original de Miró y decenas de dibujos de Ramón Casas, Mir, Cusachs o Dalí. Si esa inversión artística, la hurtara de la exposición pública manteniéndola en su casa, a Carod-Rovira ya le habrían visitado los guardias para llevarlo ante el juez. Pero a la lanza nadie, excepto Daniel Sierra, parlamentario autonómico del Partido Popular, le ha concedido importancia de bien público en la casi siempre callada sociedad catalana. Y es un bien público porque ha costado un millón de euros de los impuestos de la ciudadanía. Y lo que descansa en la pared del despacho del cursi amazónico de Carod-Rovira es de todos los catalanes, y Carod-Rovira tiene el inmediato y urgente deber de depositarlo o bien en los almacenes de la Generalidad, o bien en el vestuario del «Barça», aunque la segunda opción podría ser jurídicamente contestada. Pero en su despacho, esa lanza lo único que manifiesta es el nivel de jeta y caradura de su propietario, propietario del despacho, que no de la lanza, la lanza más cara de la historia de la humanidad, un millón de euros, que joé con la lancita.

Así que ya saben lo que tienen que hacer los «Mossos de Esquadra». Recuperar la lanza y decirle a Carod que quedarse con lo ajeno es muy feo. Como él.

La Razón - Opinión

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20 años del fin del Muro

Hay problemas nuevos, pero ningún motivo para añorar aquel sistema; y aquel mundo.

Mañana se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín, un acontecimiento que simbolizó el final de una época no sólo para Alemania, sino para todo el mundo. Los kilómetros de cemento y alambre de espino que dividieron Berlín desde poco después de la II Guerra Mundial, y donde tantos fugitivos del régimen comunista se dejaron la vida, encarnaron la radical línea de fractura internacional que marcó gran parte de la historia del siglo XX. En las calles de Berlín acababa un universo humano y comenzaba otro, tanto en lo que respecta a la organización económica como a las libertades individuales, pasando por el antagonismo diplomático y la amenaza militar.


Fueron tantas las expectativas que despertó la caída del Muro que su contraste con los problemas a los que siguió enfrentándose la realidad internacional hacen perder de vista el extraordinario avance que aquel acontecimiento simboliza. Es cierto que, en contra de lo que se creyó entonces, no hubo dividendos de la paz, y que la carrera armamentística se prolongó más allá del final de la guerra fría, hasta el punto de que, todavía hoy, constituye una de las principales amenazas a la seguridad y a la estabilidad mundiales. Pero, aun así, no existe la más mínima razón para añorar un orden que condenaba a la tiranía a la mitad de la humanidad a cambio de mantener bajo un precario control la posibilidad de un holocausto nuclear.

La utopía de la economía planificada fue sustituida muy pronto por la utopía de la desregulación de los mercados, que es la que ha entrado en crisis en vísperas de este vigésimo aniversario de la caída del Muro. A un extremo en materia económica le sucedió el contrario, como si, en la vorágine de las transformaciones que tuvieron lugar en 1989, se hubiesen olvidado las lecciones que aconsejan actuar con pragmatismo y no bajo el impulso de imperativos ideológicos. De algún modo, la crisis de entonces contemplada a la luz de la de hoy exige alcanzar consensos políticos que permitan a las sociedades avanzar tanto en justicia como en libertad, sin sacrificar una a la otra.

A la reunificación de Alemania le siguió la del resto del viejo continente, hasta entonces dividido en virtud de una aberrante geografía que durante medio siglo convirtió lo que siempre fue la Europa Central en una artificial Europa del Este. El regreso al punto de partida no se llevó a cabo sin dificultades, como demuestran los titubeos y las incertidumbres en el desarrollo de la Unión Europea. Pero, una vez más, no existe razón alguna para la nostalgia: Europa no llegaría jamás a estar unida prescindiendo de la mitad de los países y ciudadanos que forman parte de ella.

La caída del Muro refutó en la práctica el experimento comunista; pero el mayor error que podría cometerse, y que estuvo a punto de cometerse hasta la crisis actual, sería considerar que la equivocación radicaba en la búsqueda de justicia social, no en la monstruosa respuesta que ofreció ese experimento.

El País - Editorial

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La realidad abofetea a Obama

Lo ocurrido en noviembre de 2008, lejos de constituir el otorgamiento de una carta blanca a Obama para transformar radicalmente la sociedad norteamericana, ha resultado ser una anomalía histórica que sus ciudadanos están decididos a corregir.

El resultado de las elecciones estatales y locales realizadas esta semana en zonas muy sensibles de los Estados Unidos de América, ha sido todo un jarro de agua fría para la izquierda norteamericana en general y para el Partido Demócrata en particular. Si con la elección de Obama en 2008 los referentes mediáticos del progresismo norteamericano dieron por muerto al Partido Conservador, las victorias republicanas en Virginia y Nueva Jersey han devuelto a la realidad a los que pensaron que la “nueva refundación de América”, impulsada por el nuevo presidente en clave socialista, era un camino sin retorno.


Los estadounidenses han despertado del estado de somnolencia política provocado por un candidato que llegó al poder sin otro bagaje que sus apelaciones a conceptos metafísicos y un lenguaje grandilocuente al que los votantes, desencantados con Bush, hartos de la guerra y en medio de una grave recesión económica, dieron su apoyo, y más cuando la alternativa era un candidato republicano tan poco atractivo como John McCain.

Una vez en el Gobierno, Obama ha mostrado al pueblo norteamericano que, por debajo de esa hojarasca verbal aparentemente inocua, existe una agenda política radical y una disposición firme a llevarla a cabo para transformar la sociedad según el patrón clásico del socialismo. El resultado, en un país que, en líneas generales se mantiene apegado a los viejos principios liberal-conservadores, no podía ser otro que un descenso de popularidad del presidente en tan sólo un año. Mayor incluso que el que experimentó Jimmy Carter en su día, plusmarca no batida durante décadas hasta la llegada de Obama.

El estado de Virginia, en manos de los demócratas desde hace ocho años, vuelve a ser republicano, al igual que Nueva Jersey, esta vez un estado profundamente demócrata, donde también ha sido derrotado su candidato por una amplia diferencia. El resultado de estas dos elecciones es más significativo si se tienen en cuenta los esfuerzos del propio Obama, que no ha dudado en hacer campaña directamente, mientras los candidatos demócratas intentaban zafarse de la imagen presidencial para no dañar sus expectativas electorales en un esfuerzo que finalmente se ha revelado inútil.

Las manifestaciones que han recorrido todo el país en contra de las nuevas medidas socialistas de Obama, motejadas como algaradas minoritarias organizadas por ultraconservadores, no eran, pues, más que la epidermis de una crisis de confianza en el nuevo presidente que los resultados de las primeras elecciones llevadas a cabo bajo su mandato han situado en su justo término.

Lo ocurrido en noviembre de 2008, lejos de constituir el otorgamiento de una carta blanca a Obama para transformar radicalmente la sociedad norteamericana, ha resultado ser una anomalía histórica que sus ciudadanos están decididos a corregir antes de que sea demasiado tarde. Es muy pronto para valorar las consecuencias políticas de este fuerte varapalo electoral a Obama, pero todo parece indicar que Norteamérica no está dispuesta a convertirse en otro laboratorio de experimentos socialistas. Para eso ya está Europa y debería ser más que suficiente.

Libertad Digital - Editorial

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El burladero cuatribarrado. Por M. Martín Ferrand

JOSÉ Montilla, cordobés de cuna, se ha adaptado de tal manera a lo condición que marca su residencia que bien pudiera ser uno de los personajes de Mariona Rebull, el retrato literario que le hizo Ignacio Agustí a la burguesía catalana. Montilla domina el arte del disimulo, elemento esencial de eso que llaman seny, algo más típico que la barretina y mucho más cercano a la cautela táctica que a la sabiduría estratégica.

Ahora, cuando Cataluña vive la vergüenza de un alud de episodios de corrupción que salpica a todos los partidos catalanes, tanto más cuanto mayor sea su grado de independentismo, el president de la Generalitat les pide colaboración a los empresarios del lugar para que la transparencia sea el eje de las relaciones ente el poder político y el económico. «Ni personas corruptas, ni personas que corrompan», ha dicho en alarde de mandanga y con cínico desparpajo el líder del PSC.
Tiene razón el también cordobés Gervasio Sánchez, el colega curtido en mil guerras -de Angola a Irak pasando por Bosnia o Camboya- que acaba de merecer el Premio Nacional de Fotografía del año 2009, cuando asegura que «es más peligroso el periodismo local» que el que entendemos por aventurero.

Los líderes autonómicos y municipales manejan armas que pueden agostar la cuenta de explotación de los medios próximos y condenar al ostracismo a sus redactores más díscolos o menos integrados y complacientes. Algunas de esas armas son imbatibles y demoledoras.

En Cataluña, a un líder catalanista le basta con envolverse en la senyera para resultar invulnerable, por certeros, precisos y veraces que sean, a los dardos críticos que se le puedan lanzar. Lo descubrió Jordi Pujol cuando fue acusado de falsedad y apropiación indebida como gestor de Banca Catalana y el método sigue en vigor.

Es como si un pacto entre los partidos, de espaldas a la sociedad, hubiera dispuesto la instalación de una red de burladeros cuatribarrados por todo el territorio para que se puedan refugiar en ellos los notables en apuros. Un hijo de Lluis Prenafeta, el ex secretario general de la Presidencia de la Generalitat ahora detenido con Macià Alavedra, ya ha salido al redondel para gritar que la actuación judicial que ha encarcelado a su padre es un ataque a Cataluña. Ya están las «víctimas» tras el burladero. Sólo falta señalar, en la línea marcada por Montilla, a sus presuntos corruptores.

ABC - Opinión

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sábado 7 de noviembre de 2009

¿Sociedad vigilada?. Por Antonio Casado

El PP hace olas para tapar sus problemas internos. Un legítimo y viejo truco político que tiene sus límites. ¿Los está desbordando? Puede desbordarlos si, al crear una alarma infundada, la táctica acaba dañando el prestigio del Estado de Derecho. Es muy grave acusar sin pruebas al Gobierno de estar forjando una especie de Estado policial o "sociedad vigilada". Pero también debe quedar muy claro que si ha detectado indicios sobre un uso indebido de las nuevas tecnologías en el control de las comunicaciones, tiene la obligación de dar la batalla política en defensa de derechos fundamentales. En este caso, la privacidad y el secreto de las comunicaciones.

La polémica se desató la semana pasada a raíz de una iniciativa parlamentaria del PP reclamando del Gobierno el envío a las Cortes de un proyecto de ley orgánica que refuerce el control judicial sobre el uso policial de la mencionada tecnología (SITEL). Se trataría de habilitar una protección específica, por ley orgánica, de los derechos fundamentales mencionados. La nueva regulación contemplaría la anulación "como medio de prueba" de las causas judiciales que se hayan instruido en base a la utilización de ese sistema.


Reparemos en el último punto: invalidación de causas judiciales basados en el uso de escuchas telefónicas. Podría ocurrir si en el futuro se llegara a establecer la inconstitucionalidad de SITEL. Por ejemplo, en el caso Gürtel, que afecta de lleno al partido más interesado en demostrar la falta de cobertura legal de este sistema de intervención de comunicaciones telefónicas y de Internet. Por tanto, tampoco podemos dejar de detectar el oportunismo que planea sobre esta iniciativa parlamentaria del PP respecto a un sistema muy eficiente en la lucha contra la delincuencia (crimen organizado, terrorismo, narcotráfico).

En resumen. Distingamos dos planos diferentes en la discusión. Uno, el ya expuesto de la presunta falta de cobertura legal para el sistema. Incluso, falta de encaje constitucional, según el PP. Un segundo plano es el mal uso del sistema que puedan estar haciendo las Fuerzas de Seguridad del Estado si acaso estuvieran practicando escuchas o interceptaciones sin contar con el juez. O si acaso estuvieran utilizando para fines políticos, u otros, el material sobrante, una vez descontado el que se ajusta a la autorización judicial. El PP debería llevar las pruebas a los tribunales porque esas conductas son delictivas. Y si lo que quiere es dejar las cosas en un terreno estrictamente político, debe ser más explicito a la hora de justificar su ofensiva, porque SITEL es perfectamente legal. Cuestión distinta es el intento de mejorar la cobertura legal del sistema o reforzar las garantías en defensa de derechos fundamentales. Pero esa justa pretensión del PP no invalidaría el uso de SITEL en la lucha contra el delito. Con la consabida autorización judicial, por supuesto.

Periodista Digital - Opinión

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Irlanda, con él. Por Alfonso Ussía

La «Black Mountain», cercana a Belfast, no puede considerarse una gran elevación natural de terreno. Por los metros que se alza sobre el nivel del mar, es más «black» que «mountain». Apenas 390 metros. Calculando con el ojo, más o menos como el monte Igueldo de San Sebastián, pero sin funiculares ni montaña rusa. Más que montaña para la ascensión, lo es para una romería. Pero su cumbre, su nada elevada cumbre, cimita o portechuelo, ha sido la elegida por la organización «Don’ t extradite the Basques» (no extraditar a los vascos), para organizar un multitudinario acto en apoyo del terrorista De Juana Chaos. Está claro que De Juana Chaos y su esposa, Irati Aranzábal, la de los «chupachús» en la cárcel, han hecho una gran cantidad de amigos en Belfast. Simpáticos que son.

La marcha, paseo o lo que sea, se celebró el pasado 17 de octubre. La encabezaban los protagonistas, De Juana Chaos, Irati Aranzábal y el también etarra Beñat Villanueva, pendiente asimismo de una orden de extradición a España. También daban zancadas en la cabeza de la magna manifestación los organizadores del multitudinario evento. Día de sol y buena temperatura, muy importante para contribuir al éxito de la convocatoria. Ver el sol en Belfast es más difícil que encontrar un chiringuito en una playa de Islandia. Todo a su favor. Irlanda del Norte, dispuesta a todo para impedir que De Juana sea extraditado a España.

Pero algo tuvo que fallar. Quizá la comunicación. Porque la mayoría de los norirlandeses no pudieron asistir al reivindicativo paseo hacia la cumbre de «Black Mountain». Según los periodistas allí reunidos, contaron 35 manifestantes. De ellos, 33 mayores de edad y dos niños. Un dato emocionante. Dos de los adultos aprovecharon para sacar de paseo a sus perros. El apoyo a De Juana Chaos se resume en estas cifras gozosas e impresionantes. Treinta y tres mayores, dos niños y dos perros. Si contamos a los perros como personas, treinta y siete. Si los restamos, sólo treinta y cinco. Interesante debate. Claro, que también hay que contar, entre esos 35 o 37 a Irati, De Juana, Beñat y los miembros de la organización convocante, que serían, más o menos, diez personas entre todos. Restadas del censo manifestante, nos encontramos con una cifra de irlandeses favorables a De Juana no tan brillante como la anterior. Veinticinco personas y dos perros. Según un malvado reportero presente en la gran ascensión, de los veinticinco irlandeses que subieron al «Black Mountain», más de quince hablaban en vascuence entre ellos. Nos quedan ocho o nueve irlandeses dispuestos a darlo todo porque De Juana se quede a vivir en Belfast el resto de sus días. Los demás eran amigos de los terroristas recién llegados de Hernani y Villafranca de Ordicia. Bueno, tampoco hay que ponerse así. Conseguir un apoyo natural y voluntario de ocho irlandeses no está al alcance de cualquier persona. Y de dos perros, que se me olvidaba el precioso detalle. Después de ascender, descendieron. Y ya en Belfast, celebraron el éxito. Irlanda está con ellos, indudablemente.

La Razón - Opinión

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Aquí está la Alianza de Civilizaciones

Mientras los musulmanes no acepten someter su moral privada a la Justicia y sus costumbres a las libertades de todos los seres humanos, difícilmente tendrán encaje –con o sin diálogo de civilizaciones– dentro de nuestras sociedades.

La visión relativista del mundo que sostiene Zapatero parte de la base de que no hay comportamientos buenos y malos y, por tanto, valores mejores o peores. El bien y el mal, lejos de ser un absoluto que se encuentra presente en todas las sociedades humanas en cualquier momento del tiempo, son contingencias culturales e históricas que no pueden ser juzgadas por alguien ajeno a ese contexto. Por consiguiente, los valores sobre los que se ha desarrollado y ha ido evolucionando Occidente –la libertad, la propiedad privada, el respeto a los contratos– serían tan válidos o inválidos como los de cualquier otro grupo humano.


Sobre esta falsedad demostrable –no todo conjunto de normas éticas favorece la prosperidad y la armonía de intereses entre los seres humanos– se edifican conceptos y estrategias políticas tan desorientados y perniciosos como la célebre Alianza de Civilizaciones apadrinada por Zapatero. Según esta descabellada idea, basta con que los gobiernos occidentales dialoguen con sus falsos homólogos orientales (¿acaso los regímenes democráticos son asimilables a las dictaduras?) para que se resuelvan todos los conflictos políticos, sociales y culturales que puedan emerger entre dos concepciones distintas del mundo: una, la occidental, basada en la libertad y en la dignidad de todos los seres humanos; las otras, las no occidentalizadas, asentadas sobre distintas concepciones colectivistas y de sumisión.

Por supuesto, esta estrategia encaja perfectamente con el buenismo antropológico de Zapatero, con la negativa socialista a defenderse –"prefiero morir a matar"–, con la cesión permanente del Gobierno ante las exigencias de terceros y, sobre todo, con su antioccidentalismo militante que encarna ese movimiento reaccionario contra la razón y la prosperidad que se llama "izquierda".

Sin embargo, difícilmente puede haber una transacción como la que pretende efectuar Zapatero entre un régimen liberal y uno antiliberal. Dos comunidades no pueden convivir si la una pretende aniquilar a la otra o si los valores de la primera pasan necesariamente por cercenar los de la segunda.

Es lo que sucede precisamente con el "choque de civilizaciones" entre el islamismo y Occidente. No es que los occidentales no puedan convivir con las intolerantes comunidades islámicas, es que no deben aceptar convivir mientras el programa de esas comunidades consista en destruir el régimen jurídico sobre el que funciona Occidente.

No se trata de que nuestros Estados impongan una moralidad de carácter privado a los musulmanes, sino de que su moral privada no atente contra los derechos de los ciudadanos de Occidente. O, dicho de otra manera, nadie por ninguna razón –tampoco religiosa– puede poseer el privilegio de sustraerse de nuestro sistema de derechos y libertades.

De ahí que hoy, buena parte del islamismo tal y como lo conciben numerosos musulmanes sea simplemente incompatible con nuestros Estados de Derecho. Mientras no acepten someter su moral privada a la Justicia y sus costumbres a las libertades de todos los seres humanos, difícilmente tendrán encaje –con o sin diálogo de civilizaciones– dentro de nuestras sociedades.

Y, sin embargo, un gran número de gente, incluyendo a los medios de comunicación, se muestra reticente a admitir esa incompatibilidad y a denunciarla. Por ello, exhiben un comportamiento absolutamente hipócrita al silenciar aquellas noticias que, de la manera más escandalosa y lamentable, la ponen de relieve. Es el caso de la mujer musulmana que abortó ayer como consecuencia de la paliza que le dieron dos marroquíes por no llevar el velo.

La cobertura mediática y política de este crimen ha sido mínima, como ejemplifica el hecho de que incluso la ministra de Igualdad –un cargo creado supuestamente para denunciar este tipo de sucesos– ha preferido guardar silencio. Nuestra sociedad es capaz de denunciar diariamente los más diversos casos de violencia de género y, en cambio, ocultar este tipo de sucesos en aras del diálogo intercultural. Pero, ¿qué diálogo intercultural cabe con quienes quieren imponer su liberticida modo de vida a toda la sociedad?

O pensemos simplemente en qué importancia le habrían concedido los medios de comunicación si, en lugar de haber recibido la paliza por no llevar el velo, la hubiese recibido por llevarlo. En realidad, ambos casos suponen una vulneración de una libertad: la primera con contenido negativo (no llevar el velo) y la segunda con contenido positivo (sí llevarlo). Sin embargo, los medios de comunicación parecen asignarle a la mujer en el primer supuesto una especie de responsabilidad por no subyugarse a su opresiva cultura y, con ello, favorecer el diálogo entre civilizaciones.

Lo cual, dicho sea de paso, debería llevar a más de uno a plantearse hasta qué punto muchas mujeres que aparentemente portan el velo de manera "voluntaria" no lo están haciendo como consecuencia de una coacción explícita o tácita por parte de otros musulmanes nada "sensibles" con sus libertades.

Al final, pues, lo que casos tan desagradables como este dejan entrever es, primero, una radical incompatibilidad entre las posiciones islamistas más reaccionarias y nuestras sociedades abiertas; segundo, un preocupante doble pensar en ciertos estratos de la sociedad occidental que parecen actuar más como avanzadillas del totalitarismo que como defensores del Estado de derecho; y tercero, una creciente ingenuidad entre muchas personas bienintencionadas sobre el caldo de cultivo en el que se desarrollan las liberticidas posiciones del islamismo radical.

Ante este tipo de situaciones no sólo es indispensable que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado actúen con contundencia para detener a los delincuentes y proteger a las víctimas, también es necesario librar una batalla intelectual en la que se denuncie el auténtico significado de estas agresiones. Si bien la víctima sólo es la mujer que ha padecido la lesión y el aborto, las víctimas potenciales somos ciertamente todos los que creemos en un régimen de libertades.

Libertad Digital - Opinión

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El alacrán les va a picar. Por Ignacio Camacho

LLEGADOS al punto crítico del problema del «Alakrana» cualquier solución significará el ridículo de un Gobierno que se ha equivocado en todas las decisiones posibles; se trata, pues, de escoger ahora la que mejor garantice la vida de los rehenes y posponer la discusión hasta que estén a salvo. La mejor de las salidas es mala, porque significa pagar el rescate y dejar que los piratas chuleen a un Estado democrático, pero ya nos podríamos dar con un canto en los dientes si aceptan trincar la pasta y darse el piro. Para poner en libertad a los dos detenidos se necesitaría un cínico ejercicio de justicia creativa que burlase nuestras propias leyes; intervenir con un comando de asalto puede desencadenar un desastre irreparable. La prioridad es el salvo retorno de los marineros, pero cuando vuelvan el Gobierno tendrá que asumir la responsabilidad de su cadena de errores y de su incompetencia superlativa. Le espera un ajuste político de cuentas del que no va a salir indemne.

No se puede actuar peor ante una crisis. Primero por la negativa de Defensa a embarcar soldados en los pesqueros del Índico, como Francia, y la tardanza en autorizar la alternativa de mercenarios armados. Después por la arrogante decisión de hacer pública la detención de dos piratas y dar pie a que Garzón tratara de lucirse reclamándolos sin lograr otra cosa que un sainete judicial y el agravamiento de las condiciones de rescate. Luego ha venido el trato displicente a los familiares de los secuestrados, denunciado por ellos mismos, y el empantanamiento de las negociaciones. Y por último, hasta ahora, la sensación de caos y apocamiento en un apuro que ya no tiene salida política honrosa salvo la de apresar a posteriori a los asaltantes.

Capítulo aparte merece ese juez cuya intervención jactanciosa y precipitada ha bloqueado el problema. Un Garzón incapaz de resistir, pese a que estaba de suplente, la tentación de reclamar su cuota de protagonismo. No le han ido a la zaga su compañero Pedraz y el resto de la Audiencia con el vodevil sobre la edad de ese piratita al que le han hecho más radiografías que a Cristiano Ronaldo. Pero si Garzón reclamó a los detenidos fue porque el Gobierno anunció que los había apresado para sacar pecho y mostrar tardía energía sin calcular que, dispuesto como estaba a negociar, disponía de una eficaz moneda de canje.

Todo parte de unos escrúpulos prejuiciosos sobre el ejercicio de la legítima violencia defensiva, que han bloqueado durante meses la protección de los pesqueros y convertido a la Armada en espectadora de un delito flagrante. El resultado de este cúmulo de desatinos es la humillación de un Estado democrático de hinojos ante un grupo de filibusteros desharrapados. A estas alturas será mal menor si los rehenes salen ilesos, pero ese alacrán le va a picar al Gobierno y a su presidente. Vaya si les va a picar.

ABC - Opinión

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Observatorio de la corrupción (X)

Ofrecemos a nuestros lectores un resumen con los enlaces que les darán una somera idea del clima de corrupción que nos hace la atmósfera política irrespirable.



«Operación Pretoria»
La Vanguardia: Montilla requiere a las empresas que batallen contra la corrupción

El confidencial: Campaña nacionalista para “liberar” a Prenafeta y Alavedra

e-notícies: "La corrupción es un cáncer para la democracia"

La Vanguardia: El PSC aprueba una declaración contra la corrupción

La Vanguardia: Montilla pide perdón a los catalanes por los casos de corrupción

e-notícies: Montilla pide perdón

Europa Press: Los candidatos del PSC deberán hacer públicos sus ingresos, patrimonio y gastos

La Razón: Incorruptibles por contrato

La Razón: «No puedo poner la mano en el fuego por Alavedra y Prenafeta»


Caso «Palau»
La Vanguardia: El Palau de la Música pedirá cuentas al auditor el próximo día 13


Caso «Palma Arena»
La Vanguardia: Finaliza el registro en el domicilio del ex presidente balear Jaume Matas

El confidencial: Registran el 'palacete' del ex-presidente del gobierno balear, Jaume Matas

El confidencial: El abogado de Jaume Matas dice que los registros "no fueron una sorpresa"

La Razón: Los investigadores tasan en más de dos millones los bienes del palacete de Matas


«Corrupciones Varias»
e-notícies: 'El Periódico' reprocha a Puig los 41 cargos cuando era consejero

El Periódico: Puig ostentó 41 cargos como ‘conseller’ del 2001 al 2003

e-notícies: Anna Hernández no da la cara

Libertad Digital: Suspenden a una concejala socialista por renegar de un "partido de corruptos"

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