martes, 30 de junio de 2009

Listas Robinson de exclusión publicitaria

El Servicio de Lista Robinson es un servicio de exclusión publicitaria gestionado por la Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo, creado conforme a lo previsto en la normativa sobre Protección de Datos.

Este servicio se enmarca en el ámbito de la publicidad dirigida a nombre de una persona y a una dirección de correo postal, a una dirección de correo electrónico o a un número de teléfono concreto.

La Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo (FECEDM) y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) han presentado la Lista Robinson www.listarobinson.es , un servicio en el que pueden apuntarse los ciudadanos para dejar de recibir publicidad de una vez por todas.

El Reglamento de la ley aprobado en diciembre de 2007 obliga a las empresas, instituciones y organizaciones a consultar este tipo de "ficheros de exclusión" antes de lanzar una campaña publicitaria para cuyo desarrollo utilicen datos personales que figuren en fuentes públicas o ficheros de los que no sean responsables.

Los inscritos en el fichero no recibirán publicidad por correo, Internet, teléfono -fijo y móvil-, SMS, MMS o "cualquier otro medio de comunicación electrónica equivalente", salvo de las empresas con las que mantengan algún tipo de relación.

Los sartenazos de González y Zapatero dividen al PSOE en dos. Por Miguel Angel Orellana

La colisión entre el ex mandatario y el presidente del Gobierno ha dado paso a la inquietud en el socialismo. Y es que la sombra que proyectan sus sonadas diferencias es alargada.

En el PSOE ha surgido un pulso entre su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, y su mayor referente, Felipe González. El primero tiene el Poder del partido y del Gobierno; el segundo tiene detrás su aureola de tótem, así como importantes apoyos mediáticos. El choque ha sido tal que el partido se muestra dividido.


Zapatero y González hace tiempo que no se hablan, aunque –cortesía obliga– compartieron mesa y mantel antes de las elecciones europeas del 7 de junio. El primero, erre que erre, sigue empecinado en dar una respuesta ideológica a la crisis. El segundo echa pestes de su sucesor y añora reformas estructurales y un acuerdo con el Partido Popular que exigiría un cambio en el rumbo de la política económica.

Felipe González arrancó la pasada campaña electoral propinando un tirón de orejas a José Luis Rodríguez Zapatero: "Podría hacer más contra la crisis". Tras la derrota del 7-J, el ex presidente siguió lanzando dardos envenenados contra el jefe del Ejecutivo, cuestionando su liderazgo pero, sobre todo, reclamando un plan anticrisis y un diálogo con el PP en busca de consenso para afrontar el duro calvario que queda por delante.

Es impensable que un líder de la dilatada experiencia y trayectoria de González afirme cosas así porque se le escapen, sin medir las consecuencias que tienen sus palabras para el presidente del Gobierno. Si hasta quien sigue siendo un importante referente político en el PSOE asegura que Zapatero está perdiendo un "tiempo precioso" incumpliendo con su obligación de gobernar, para qué quieren más sus adversarios políticos.

El interpelado tampoco se calló y le aplicó a su antecesor un código de señales fácil de descifrar. En síntesis, José Luis Rodríguez Zapatero le propinó un "nunca se ven las cosas igual cuando se está en el Gobierno que fuera" que sonó a muchos dirigentes socialistas a "despliegue de un certificado de defunción del felipismo", según ha podido constatar El Semanal Digital en fuentes del PSOE.

Dicho lo cual, destacados miembros del socialismo se han lanzado a especular sobre las consecuencias del rifirrafe entre González y Zapatero. Dada su extrema debilidad, el ex presidente puede hacer más daño al actual inquilino de La Moncloa si se lo propone y, de hecho, la marejada interna provocada por su choque ha llevado oficialmente a un intento de rebajar tensiones entre ambos líderes y a intentar explicar sus diferencias en términos generacionales.

Sin embargo, entre los zapateristas se reprocha en privado a Felipe González su "falta de generosidad" para con José Luis Rodríguez Zapatero. Incluso extienden la idea de que el otrora presidente "lleva el cesarismo en la sangre y experimenta el deseo de marcar el rumbo al partido". Entre la llamada "vieja guardia" hay opiniones para todos los gustos. Una de las más extendidas es que las palabras de González deben ser entendidas como un "aviso". Pero los felipistas no ocultan sus críticas por lo que estiman una creciente altivez de Zapatero.

el semanal digital

Cuando la ley no zanja la discursión. Por Guillerno Dupuy

Estatut

«Esperemos que el Tribunal Constitucional, en su absurda pretensión de contentar a todos, no se dedique a jugar con el lenguaje y con nuestra nación. Porque, como dijo Confucio, "cuando las palabras pierden su significado, los hombres pierden su libertad".»

A tenor de sus declaraciones al diario La Razón, se podría pensar que la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, desconoce la sociedad en la que vive y la opinión de sus conciudadanos. Creer que la sentencia sobre el Estatuto "debería satisfacer a todos" porque "será la sentencia que demanda la Constitución" y ésta "es la norma que nos hemos dado libremente", son ganas de hacerse pasar por ingenua y pretender ignorar el hecho de que en este asunto existen básicamente dos posiciones encontradas e irreconciliables entre los que consideran que España es una nación y los que consideran que se trata de un contenedor de naciones


Para empezar, y al margen de su contenido, una sentencia como la que nos ocupa –la más decisiva de cuantas haya dictado este Tribunal en toda su historia– no debería satisfacer a nadie con más de tres años de retraso. Pero es que además, la presidenta del Tribunal Constitucional no puede fingir ignorar que los promotores de este "Estatuto" han pretendido con él un cambio encubierto de nuestra Carta Magna. Fue uno de sus principales promotores, el presidente de la Generalidad catalana, Pasqual Maragall, quien, el 29 de marzo de 2004, con las Cortes Generales surgidas del 14-M todavía por constituir y la formación del nuevo Gobierno en fase inicial, hizo un solemne llamamiento a Zapatero desde el Consejo Nacional del PSC en el que instaba al recién elegido presidente del Gobierno español a que "no se limitara a administrar la continuidad constitucional" y llevara a cabo, por el contrario, "una nueva lectura de los textos fundamentales" y decidir "qué sigue vigente, qué estorba y qué hay que añadir a lo aprobado hace 25 años". Lo "aprobado hace 25 años" no era, ni es otra cosa que nuestra –se supone– vigente Ley de leyes , pero que el presidente socialista de la Generalidad quería dejar atrás, 25 años después, en pro de una "gran transformación política" que, según dijo entonces, "requiere el Estado español". En esta línea, Maragall animó aquel día a Zapatero a emprender, "libre de las hipotecas del PP", una "construcción política y jurídica de lo que desde el principio de la democracia estaba en la mente del PSC y de la mayoría de los españoles".

La alegría por la inesperada victoria del PSOE en esas elecciones ocultaba a Maragall el hecho de que, si bien a partir de entonces, los socialistas y sus aliados nacionalistas tenían mayoría en el parlamento para aprobar lo que a su vez aprobara el parlamento autonómico, no tenían sin embargo las mayorías cualificadas para cambiar la Constitución. Eso por no hablar del referéndum nacional que también exige la reforma. Fue este hecho el que llevó a los impulsores del Estatut a cambiar de estrategia y a fingir que el estatuto estaba "limpio como una patena" y era perfectamente compatible con la Constitución sin tener que "añadirle" ni "quitarle" nada.

Una vez redactado y aprobado ese estatuto soberanista, Maragall tuvo la honestidad intelectual –dicho sea en su descargo– de reconocer que el Estatut era "inviable" sin "una reforma previa" de la Constitución.

La pretensión de Casas, en cualquier caso, de que la sentencia "debería satisfacer a todos" es insostenible y no hace más que alimentar la generalizada sospecha de que se va a tratar de una "sentencia explicativa", de esas según las cuales cada uno puede deducir lo que quiera, lo cual en realidad no debería satisfacer a nadie.

A mí esto de las "sentencias explicativas" y de las "lecturas flexibles" de nuestra Carta Magna me recuerda una de las lúcidas reflexiones que hizo el filosofo Fernando Savater en el acto inaugural de UPyD. La ley en las democracias –vino a decir el filósofo– aparece para zanjar las discusiones, no para darles comienzo. Es decir, la gente tiene sus ideas, sus opiniones y precisamente por eso hace falta una ley para que todo el mundo sepa a qué atenerse. Si la ley se convierte en el comienzo de interminables discusiones, entonces estamos en las manos de quienes quieren atropellar nuestros derechos.

Esperemos que el Tribunal Constitucional, en su absurda pretensión de contentar a todos, no se dedique a jugar con el lenguaje y con nuestra nación. Porque, como dijo otro filósofo –en este caso, Confucio– "cuando las palabras pierden su significado, los hombres pierden su libertad".

Libertad Digital - Opinión

De nuevo las repúblicas bananeras. Por Joaquín Villalobos

Centroamérica es la región más frágil de Latinoamérica; en ella conviven Guatemala, que fue la dictadura más sanguinaria, El Salvador, el país más violento, dos de los tres más pobres, Honduras y Nicaragua, y, paradójicamente, la más estable de las democracias, Costa Rica. En los 80, Centroamérica sufrió el más sangriento conflicto del continente desde la Revolución Mexicana. Casi medio millón de muertos y varios millones de desplazados en una guerra que duró más de una década. Durante esa guerra se enfrentaron 300.000 hombres entre regulares e irregulares en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. En aquellos años Estados Unidos toleró un genocidio en Guatemala, ocupó militarmente Honduras, gobernó El Salvador, hizo la guerra a Nicaragua y terminó invadiendo Panamá con sus tropas en 1989.

Centroamérica fue conocida siempre como tierra de fraudes, cuartelazos, caudillos, dictadores militares, oligarquías voraces, magnicidios y guerrillas. La pacificación de los 90 abrió la esperanza de una institucionalidad democrática duradera, pero el fraude electoral de Nicaragua el año pasado y el reciente golpe en Honduras hacen pensar que las repúblicas bananeras están de vuelta.

Estados muy débiles están recibiendo la embestida simultánea de narco-dólares criminales procedentes de EE UU y de petrodólares ideológicos procedentes de Venezuela. Los primeros compran voluntades para obtener complicidades con el narcotráfico y los segundos compran alineamientos políticos que están rompiendo la unidad de los países: y ambos destruyen a las instituciones. Luego del fraude electoral el Gobierno del presidente Ortega en Nicaragua luce cada vez más como una resurrección del dictador Somoza. Recientemente en Guatemala una víctima acusó al presidente Colom de su asesinato mediante un vídeo grabado previamente. El hecho luce como una perversa conspiración del narcotráfico para derrocar a un Gobierno extremadamente débil.

En El Salvador el primer Gobierno de izquierda de su historia apunta a ser igualmente débil como resultado del conflicto entre un presidente que quiere mantenerse en un centroizquierda, como Lula, mientras su partido, el FMLN, hará todo lo posible por alinearse con Chávez. Pero lo más explosivo ha ocurrido en Honduras, allí la influencia de Venezuela logró polarizar a un sistema de partidos de más de un siglo de existencia, dividiendo como nunca a los hondureños. El resultado ha sido el derrocamiento del presidente Zelaya mediante una acción ejecutada por las Fuerzas Armadas con la aprobación unánime del Congreso, de la Corte Suprema de Justicia y de todos los partidos políticos, incluido el del propio presidente.

En Honduras se ha roto la cuerda de un conflicto geopolítico que viene creciendo en toda Latinoamérica, cuando Chávez se mete lo mismo en Colombia, que en Perú, Argentina o Bolivia. Honduras, una sociedad conservadora, de cultura política provinciana y primaria, de larga tradición golpista y con una izquierda también conservadora y pacifista, fue sometida a los debates del modelo bolivariano de reforma constitucional, reelección y socialismo del siglo XXI. El miedo es el motor de todos los conflictos y Honduras no es la excepción. El miedo que generó el acercamiento del derrocado presidente Zelaya al coronel Chávez condujo a que la clase política hondureña hiciera lo que sabe hacer en esos casos. Enjuiciar al presidente era demasiado sofisticado para Honduras. Ahora el problema se ha vuelto mucho más grave, ya que ningún presidente latinoamericano quiere llegar en pijama a otro país.

Sin duda hay que rechazar el golpe, pero la comunidad internacional debe tener en cuenta que las políticas autoritarias en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela se han convertido en una seria provocación para las fuerzas conservadoras y centristas de toda la región. Las expropiaciones de empresas, los cierres de medios de comunicación, la intimidación callejera, las arbitrariedades judiciales, las reelecciones perpetuas y los fraudes son como golpes de Estado graduales. La polarización ideológica chavista está debilitando sociedades amenazadas por miles de pandilleros y poderosos carteles. Centroamérica puede convertirse en un bastión del crimen organizado que dé refugio a mafiosos y terroristas en medio de un caos y una inseguridad endémica que genere millones de emigrantes.

La comunidad internacional es determinante para salvar a la región, pero el problema es más complicado de lo que parece. No es sólo de instituciones violentadas, sino de provocaciones, miedos y reacciones ya desatadas. La región necesita un plan de despolarización ideológica y otro de defensa integrada de su seguridad. En Centroamérica ya hubo guerras y revoluciones y la desmilitarización acelerada de Guatemala entregó ese país al narcotráfico. En el fondo está la viabilidad de pequeños Estados con economías de juguete manejados como fincas por sus caudillos. Centroamérica hubiese sido mejor como una sola república, pero británicos y estadounidenses se empeñaron hace dos siglos en dejarlas como repúblicas bananeras para poder controlar el Estrecho. Ahora, estos Estados son tan débiles que no pueden defenderse por sí mismos e igual los puede comprar un narcotraficante como el Chapo Guzmán o un dictador petrolero como Chávez.

Joaquín Villalobos, ex guerrillero salvadoreño, es consultor para la resolución de conflictos internacionales.

El País - Opinión

Zapatero y la cocinera de Lenin. Por Cristina Losada

«En el reino de la mediocridad ha de mandar un mediocre que asegure a sus iguales que no manda. Es posible que con el líder del PSOE haya llegado, por fin, la hora siempre aplazada de la cocinera de Lenin.»

Se reclama de los políticos que se acerquen a los ciudadanos. El diario El País, pervirtiendo el ejercicio, decidió acercar a unos pocos ciudadanos al presidente. A la montaña, o sea, a La Moncloa, llevó a los cuatro seleccionados, a los que no calificaría de privilegiados, pues fueron sencillamente utilizados. ¿Para qué? Negocios aparte, que eso es asunto del periódico, para ofrecer de Zapatero la imagen de un señor que en nada se diferencia del que viaja en metro. Él mismo se regodeó en esa percepción al decir que todos los días recuerda que es un "ciudadano normal". Como aquel "eres mortal", que le susurraban al emperador romano. El pequeño detalle es que José Luis puede ser –y es– más o menos como cualquiera, pero su cargo incluye responsabilidades que no tiene todo el mundo.


Es un fraude presentar al presidente de un Gobierno como uno más y que él se presente así puede ser treta o autoengaño, pero el caso es que en consonancia con tal simulación estuvieron sus comentarios. Reiteró Zapatero que no había podido prever la hondura de la crisis, lo que significa que el presidente dispone de la misma información que el vecino que sólo lee la prensa deportiva. ¡Y cómo reprochárselo! No sería un "ciudadano normal" si tuviera más conocimientos. Tan normalito es que no encontró mejor expresión para describir el impacto de la recesión que "aterriza como puedas". Una confesión de impotencia y de incapacidad previsora y decisoria, insólita en quien ocupa la jefatura del Ejecutivo. Aunque cabe una hipótesis peor: ése es el único lenguaje que cree que entienden y celebran los electores. No las explicaciones serias, sino la muletilla populachera. Algo a la altura de "cualquiera".

Estremecedor es el relato que hacía Zapatero de cómo resolvió "el lío del AVE a Barcelona". Se arremangó y se puso a hacer de ingeniero por intuición, como si se tratara de ayudar al del piso contiguo a arreglar una avería doméstica. Pero ése es el presidente que muchos quieren. Uno al que nadie pueda echar en cara que sabe más que cualquiera que ande por la calle. Uno que no sea mejor que ningún otro. En el reino de la mediocridad ha de mandar un mediocre que asegure a sus iguales que no manda. Es posible que con el líder del PSOE haya llegado, por fin, la hora siempre aplazada de la cocinera de Lenin. Aquélla que, según el bolchevique, podría dirigir sin dificultad alguna el Estado en la fase superior del socialismo. No en vano, de acuerdo a su biógrafo oficial, Zapatero le dice a su esposa: no sabes, Sonsoles, cuantos españoles podrían ser presidentes del Gobierno. Así van las cosas.

Libertad Digital - Opinión

Arenas contra Chaves. Por M. Martín Ferrand

MANUEL Chaves, padre ejemplar, hermano generoso y político mediocre, es el arquetipo de los profesionales con los que el socialismo español suele cubrir los cargos de representación y responsabilidad. Su función principal es impedir que, en sus territorios, pueda crecer la hierba del PP. Lo de servir a los ciudadanos y pretender su prosperidad es, en el actual esquema rector del PSOE, asunto de orden menor y sustituible por una dosis de populismo barato y dos o tres de propaganda desvergonzada.

Durante casi veinte años, Chaves ha cumplido en Andalucía con la misión de frenar a un PP que tiene presencia en la mayoría de las grandes ciudades de la región y apenas alcanza notoriedad en las pequeñas y puramente agrarias. En ese tiempo, Andalucía ha crecido por debajo de la media española y ha cosechado unas cifras de paro que duplican el total nacional. Chaves fue más provechoso para el PSOE -quizá también para su familia- que para los andaluces y, por ello, José Luis Rodríguez Zapatero, el de las ocurrencias, le ha llevado a su vera madrileña y presidencial.

El líder de la oposición a Chaves en Andalucía fue, como él, ministro de Trabajo y le precedió, junto a José María Aznar, en los asuntos vicepresidenciales. Ahora, Javier Arenas anuncia que el PP, «en los próximos días», le pedirá al ex presidente de Andalucía «responsabilidades jurídicas» por las subvenciones de la Junta a la empresa Minas de Aguas Teñidas, en la que trabaja la ya famosa hija del ahora vicepresidente. Ya nos dirán los tribunales, cuando nadie recuerde la esencia de este feo conflicto de intereses, el alcance de las responsabilidades de Chaves y su Gobierno andaluz; pero, ¿no resulta grosero un anuncio de esa categoría? La información sobre las denuncias, demandas y querellas, según los casos, que haya podido presentar un partido político contra su oponente es algo exigible; pero el alarde, incluso con redobles mediáticos, de lo que se pretende hacer en «los próximos días» tiene algo de inelegante y pendenciero y no dice mucho de la sutileza política, la finura jurídica y el talento comunicador de quien así procede.

En lugar de jugar a los profetas y anunciarnos lo que vendrá, Arenas debiera habernos dicho que acababa de presentar una querella contra Chaves. La política debe referirse a los hechos. Las intenciones sólo funcionan en los territorios del amor y la poesía.

ABC - Opinión

La normalidad democrática en Honduras pasa por inhabilitar a Zelaya

EL EJÉRCITO hondureño ha tratado de solucionar una ilegalidad manifiesta con un golpe de Estado que sitúa al país al borde del abismo. El cierre de filas de la comunidad internacional exigiendo el regreso del depuesto Manuel Zelaya se revela imprescindible para evitar una espiral violenta que podría desestabilizar una región aún cautiva de los fantasmas golpistas del siglo pasado. Desde que en el año 2000 una asonada derrocara al ecuatoriano Jorge Jamil Mahuad, ninguna intentona golpista ha prosperado en Latinoamérica. En este sentido, cabe felicitarse por la rápida y contundente reacción de España y toda la UE, así como de EEUU y el resto de miembros de la Organización de Estados Americanos exigiendo el respeto de una normalidad democrática que pasaría, paradójicamente, por continuar con el proceso de inhabilitación iniciado contra el propio Zelaya. Siguiendo una estela muy frecuente en toda Latinoamérica -desde la Venezuela chavista a la Bolivia de Evo Morales-, el presidente hondureño violentó la legalidad para perpetuarse en el poder más allá de 2010, cuando expira su mandato. Zelaya debe rendir cuentas, pues, ante su país por saltarse la Constitución a la torera, pero la intervención del Ejército es inadmisible y sólo ha servido para estimular las bravatas belicistas de Chaves, Ortega y Correa.

El Mundo - Editorial

Francisco Franco. Por José García Domínguez

Antifranquismo

«Curioso sarampión ese del antifranquismo retrospectivo que aqueja a la heroica sociedad española. Y es que apenas hemos necesitado esperar treinta y cuatro prudentes años desde su deceso antes de lanzarnos, incontenibles, a derrocar la dictadura.»

Leo por ahí que el yernísimo del camarada José Utrera Molina, a la sazón ex secretario general del Movimiento, ha desposeído de algún apolillado honor municipal al difunto promotor de dicha movida, el general Francisco Franco. Curioso sarampión ese del antifranquismo retrospectivo que aqueja a la heroica sociedad española. Y es que apenas hemos necesitado esperar treinta y cuatro prudentes años desde su deceso antes de lanzarnos, incontenibles, a derrocar la dictadura.


A mí, la sobrevenida furia iconoclasta de tantos ministros, alcaldes, tribunos, plumillas y demás toreros de salón del Ruedo Ibérico me recuerda cierto pasaje del Dietario de Francesc Cambó. Aquel donde describe el fervor revolucionario con que Barcelona rindió póstumo homenaje al anarquista Durruti. Según el de la Lliga, su funeral laico constituyó la mayor concentración de masas de toda la historia de la ciudad, algo únicamente comparable al eufórico recibimiento con que similar cifra de catalanes festejaría la toma de la plaza por los nacionales, apenas meses después. Un asunto, el de esa desconcertante coincidencia numérica, que, a decir de Cambó, no encerraba ningún misterio aritmético, pues unos y otros, en realidad, serían los mismos.

Es lástima que al viejo Cambó no lo lee nadie, y menos que nadie sus hijos putativos, los catalanistas, que en eso de la alergia a la letra impresa se acreditan tan españoles y tan castizos como el resto de sus compatriotas. De ahí la cómica peripecia de cierto joven doctorando en Historia Contemporánea. El que permanecería encerrado durante más medio año en la Filmoteca de la Generalidad rodeado de extraños artilugios ópticos, cachivaches de ignota utilidad que desafiaban la imaginación de todos los funcionarios de la casa.

El que por todo comentario se limitaba a pedir que le proyectasen una y otra vez todas aquellas viejas cintas, las que contenían el testimonio gráfico de las visitas de Franco a Cataluña. El mismo que una mañana anunció que no volvería nunca más, ya que había renunciado a continuar con su tesis. ¿El motivo? No acertó a descubrir ni un sólo trucaje técnico en las películas del No-Do. Él juraba no entenderlo, pero todo, las panorámicas de masas, aquellos fotogramas intolerables plagados de decenas de miles de catalanes aclamando entregados al dictador, todo era auténtico. Desoladoramente auténtico.

Libertad Digital - Opinión

Determinismo y calidad humana. Por Hermann Tertsch

ACABABA de morir Francisco Franco en la cama casi de aburrimiento, ese dictador al que ahora, en actos heroicos, los más fieros resistentes antifranquistas privan de honores y galones. Han tardado tres décadas y media en asegurarse de que había muerto para mostrar toda su rebeldía. Es lo que se llama no correr riesgos innecesarios. En aquella época, cuando los resistentes eran muchos menos que los enlutados, andaba yo por Viena de visita en la caótica casa de mi hermano junto al Prater, cuando decidí que había llegado la hora de ir a visitar el paraíso de los obreros y campesinos que tan cerca me pillaba. Había llegado a Viena en auto-stop desde Bilbao pero desde allí me recomendaron dejarme de líos, cogerme mi visado y el tren. En el vagón trabé amistad con Ferenc Rako, un obrero que con su mujer y su hija Mariza, regresaba del primer viaje que le habían permitido en su vida a ver a su hermano, que vivía en Suecia. Estuve quince días viviendo a cuerpo de rey en casa de aquel matrimonio trabajador y su hija. Cuando me despedí de ellos, eternamente agradecido, con un busto de Lenin que me habían regalado sus compañeros de fábrica, les invité a visitarme en España. Rako miró al cielo y respondió: «eso sólo será posible cuando España también sea comunista». El pobre Ferenc murió en los años ochenta, cuando apenas quedaba un comunista en Hungría y España no era comunista. Pero nunca pude devolverle a aquel magnífico hombre la hospitalidad que me había brindado.

Este fin de semana he asistido en Budapest al vigésimo aniversario de la ruptura del telón de acero por la frontera austro-húngara. He escuchado a los grandes artífices de aquel encaje de bolillos que hizo posible el inmenso triunfo de la libertad sin apenas derramamiento de sangre. Que no hubiera matanzas como Tiananmen en las ciudades de Europa central y oriental y en Moscú se debió a una constelación bendita en la historia. De las que pocas se producen. En muchas oficinas se estuvieron preparando operaciones inmensamente sangrientas para restaurar la normalidad socialista. Lo pidieron Berlín este, Praga y Bucarest, se negaron Budapest y Varsovia, pero ante todo Moscú. Durante décadas existió una fe ciega en el determinismo histórico de que allá donde llegaba el comunismo permanecería para siempre. Ejemplo era mi amigo Rakó. Durante dos décadas ahora, desde 1989, ha existido la fe contraria de que la historia se había terminado y la libertad individual y el libre mercado eran el futuro definitivo y garantizado. Ni lo uno ni lo otro. En Budapest se ha podido celebrar esta conmemoración de un acto de coraje y voluntad de libertad porque existió. La calidad humana no ha aumentado un ápice. Alcanza excelencias y se sume en las peores miserias. Los patéticos impostores de hoy son de la misma calidad humana que aquellos que nutrieron los peores excesos del poder total. Nadie en 1909 podía imaginar en su peor pesadilla el siglo que cinco años después abría una inmensa carnicería y nos llevaría a la maldad total del Holocausto. En 2009 sabemos igual de poco sobre nuestro futuro. No es difícil que no sea tan terrible. Pero quien lo jure, jura en vano.

ABC - Opinión

Final de época

La sentencia contra Bernard Madoff cierra la era de la desregulación neoconservadora.

Un juez federal impuso ayer al financiero Bernard Madoff la máxima sentencia solicitada por el fiscal: 150 años de cárcel, que garantizan su estancia entre rejas a perpetuidad. Esta resolución judicial marca un hito. Rubrica el fin de la época de la desregulación financiera neo-conservadora, causante de una inmensa burbuja financiera, y se erige en baremo ejemplificador para el mundo de las finanzas. No sólo porque responde con contundencia a la evaporación de la escalofriante cifra (mínima) de 50.000 millones de dólares (la segunda mayor estafa mundial, tras la de Enron), sino porque se dicta contra una persona que fue el presidente de la Bolsa de valores tecnológicos (el Nasdaq), un gurú prestigioso e incontestado de Wall Street, el hombre en el que confiaron entidades de prestigio y personajes de relumbre.


La sentencia considera probado que Madoff realizó una estafa piramidal, un tipo de fraude de lo más primitivo, que consiste en pagar los intereses de los inversores iniciales con el capital aportado por los llegados en el último minuto. Para describir la zafiedad del procedimiento baste recordar algunas de las miniestafas postales más obtusas descubiertas en los últimos tiempos, o las que arruinaron a un país como Albania en los años noventa. El exquisito Madoff usaba como arma de mercadotecnia un gancho secretista, selectivo y glamuroso (la dificultad de acceso a su propio circuito); garantizaba rentabilidades mínimas sostenidas en el entorno del 12% (un anzuelo de por sí sospechoso, pero que logró engatusar a más de 1.300 clientes de alto nivel, entre ellos prestigiosos bancos europeos y alguno español) y al fin, no los invertía en nada, o casi. Constituye un misterio de novela psicológica la pregunta de si pensaba que este sistema podría resultar eterno. Bastó que el revés de la crisis incitase a algunos de sus selectos clientes a intentar recuperar su capital para que se descubriese la monumental chapuza.

El responsable penal de un delito es siempre una persona individual, nunca un contexto ni una circunstancia. Pero es cierto que determinados contextos favorecen las prácticas delictivas. De forma que las responsabilidades jurídicas y penales del financiero derrumbado, que confesó su crimen desde casi el inicio de ser descubierto, no se agotan en su caso judicial: se extienden a responsabilidades políticas y morales de cuantos abonaron el capitalismo de casino, sin ley ni límite regulador, de la era iniciada bajo los mandatos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y felizmente concluida con George W. Bush.

Bajo los auspicios del G-20 de la era Obama, todas las compañías financieras, todos los países y todos los activos requerirán de una supervisión adecuada. Si este objetivo acaba cumpliéndose, quizá el escándalo Madoff haya servido finalmente para algo, aparte de arruinar a unas centenas de ricos incautos. De lo contrario, será sólo un nuevo y lamentable precedente.

El País - Opinión

Chávez, Obama, Zapatero y Rajoy, en dulce montón contra el cuartelazo de Honduras. Por Antonio Casado

El presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, detenido con nocturnidad y expulsado a Costa Rica por el Ejército de su país, está recibiendo el general e inequívoco apoyo de los dirigentes democráticos del mundo, en una inédita convergencia de posiciones a escala internacional. No recibió tanto apoyo Hugo Chávez cuando fue destituido por los militares en abril de 2002. El cuartelazo, disfrazado de movimiento cívico-militar, apenas duró cuarenta y ocho horas, pero la violación de la legitimidad democrática, al menos la de origen, fue tan flagrante como la que acaba de perpetrarse en Honduras.

En España, sin ir más lejos, ciertos líderes políticos no supieron o no quisieron distinguir entonces entre la aversión al personaje –perfectamente entendible, lo reconozco-, y la defensa universal de los principios democráticos. No ha ocurrido eso en esta ocasión. Pasen y vean haciendo piña contra la asonada hondureña a Chávez y Obama, Zapatero y Rajoy, González y Aznar. Y, por supuesto, a los grandes cuidadores de la legalidad internacional, con la ONU al frente.

Atribuyen los analistas al efecto Obama la causa de este dulce amontonamiento en defensa de la democracia. Puede ser. En todo caso, mejor el efecto Obama que el efecto Reagan (años 80), cuando Estados Unidos convirtió a Honduras en una base de lucha contra la revolución nicaragüense. Saludemos, pues, el resultado con independencia de sus inductores.

En un continente asolado durante el siglo pasado por los golpes militares, el populismo y el intervencionismo norteamericano, ya es noticia que hayan pasado nueve años desde el último cuartelazo contra un presidente elegido en las urnas (Ecuador, 2000, destitución de Mahuad). Y saludemos aún con mayor entusiasmo el hecho de que las notables diferencias políticas e ideológicas entre los líderes de la región pasen a segundo plano cuando la defensa de la democracia exige la sindicación de los países que creen en ella.

Ahora esperemos que también el pueblo hondureño se sume a este clamor universal que reclama la vuelta de Manuel Zelaya como legítimo titular del poder. Lo digo porque a última hora de la noche de ayer las noticias procedentes de una Tegucigalpa discretamente ocupada por las tanquetas, más allá de algunos choques aislados con manifestantes, hablaban de cierta indolencia de la ciudadanía y otras instituciones claves, como el Congreso y la Judicatura, incluso del propio partido de Zelaya (PLH) en el propósito de revertir la situación.

Técnicamente la situación es la de un golpe de Estado. Pero se da la perturbadora circunstancia de que el amigo venezolano, Hugo Chávez, entre cuyos defectos no figura el de la indolencia, ya ha advertido que no dudaría en utilizar a las Fuerzas Armadas de su país para restablecer el orden democrático en Honduras. Y si eso ocurriese, en nombre de la legitimidad vulnerada, ¿seguirían Obama, Zapatero, Rajoy, Aznar y González haciendo causa común, como ahora, con Hugo Chávez?

También puede ocurrir que gane terreno la discutible fe del presidente derrocado, de momento, en los principios cuya aplicación otros reclaman para él. Alguien también podría poner sobre la mesa la vulneración de la legalidad democrática que estaba a punto de cometer Zelaya, cada vez más próximo al “populismo” chavista, mediante la convocatoria de una consulta anticonstitucional que había sido rechazada por las principales instituciones del país, incluido el Tribunal Supremo. Y entonces se rompería la actual sindicación internacional que le apoya en nombre de la formalidad democrática. No lo descarten.

el confidencial - Opinión

Un castigo ejemplar a un fraude inmoral

El financiero neoyorquino Bernard Madoff, de 71 años, fue condenado a 150 años de cárcel, la máxima pena impuesta por delitos económicos en EEUU.

NO HUBO CLEMENCIA. El financiero neoyorquino Bernard Madoff, de 71 años, morirá seguramente en la cárcel tras la condena a 150 años de prisión que dictó ayer un juez federal de Manhattan. Es la pena más dura jamás impuesta por delitos económicos en EEUU.

Decenas de víctimas que habían logrado entrar a la sala donde se celebraba la vista, abuchearon a Madoff cuando pidió perdón por su conducta y aplaudieron cuando el juez anunció el veredicto. «Que tu celda sea tu ataúd», gritó uno de los afectados con la más lapidaria de las expresiones.


La semana pasada, el abogado de Madoff había solicitado al juez una pena no superior a 12 años, invocando razones humanitarias y subrayando que su cliente reconocía su culpabilidad sin atenuantes. El juez desestimó la petición por «la extraordinaria malignidad de los delitos», que, según sus palabras, exigen mandar «el mensaje más duro posible» para que los hechos no se repitan.

En la práctica, hubiera sido igual una sentencia de 50 años, como había recomendado un representante del estado de Nueva York, pero el juez optó por superar todo lo que le solicitaban las partes y dictó una condena que, de hecho, equivale a una cadena perpetua.

Además de la extraordinaria gravedad de la pena, llama también la atención la celeridad con la que se ha desarrollado el proceso. Madoff fue detenido el pasado 11 de diciembre en su oficina de Nueva York cuando estalló el escándalo y luego permaneció arrestado en su lujoso apartamento hasta que fue trasladado a la cárcel el pasado 12 de marzo.

En los seis meses y medio transcurridos, el tribunal ha desarrollado una intensa actividad, ya que no sólo ha incautado todos los bienes a Madoff -un castillo en la Riviera, su mansión de Palm Beach, sus cuentas y su yate, entre otros- sino que ha forzado a los bancos que colocaban sus productos a pactar con los clientes que habían invertido en Madoff.

Ello va a permitir recuperar parte de los 65.000 millones de dólares a los que asciende el fraude, el mayor de la historia, ya que, como reconoció Madoff, su empresa carecía de activos para respaldar las enormes sumas captadas a través de sus fondos de inversión.

La rapidez con la que ha actuado la Justicia estadounidense contrasta con la lentitud del sistema judicial español, en el que pasan muchos años desde que se denuncian los delitos hasta que se obtiene una sentencia judicial. El fraude de Gescartera salió a la luz en 2001 y la Audiencia Nacional condenó a los principales imputados en marzo de 2008. Forum Filatélico y Afinsa fueron intervenidas judicialmente en 2006 y todavía no está clara la dimensión del agujero que dejaron sus gestores, que se encuentran en libertad bajo fianza.

El paso del tiempo penaliza a los miles de inversores de estas dos sociedades, que se desesperan al constatar que la investigación judicial se alarga sin visos de que nadie pueda recuperar ni una pequeña parte de su dinero. Lo sucedido en el caso Madoff debería servir para impulsar una reforma procesal de los delitos económicos cuando hay afectados que han sido estafados por gestores sin escrúpulos, que se benefician del garantismo de nuestro sistema judicial.

Pero lo más importante de esta sentencia es su carácter ejemplarizante que, como el propio juez resaltó, servirá para transmitir ese «mensaje» de que estos delitos de guante blanco pueden ser sancionados tan duramente como los que producen derramamiento de sangre. Quien quiera seguir el camino de Madoff en EEUU, ya sabe a lo que se expone.

El Mundo - Opinión

Honduras: ni Zelaya ni el Ejército

«La reforma constitucional ni era legal, ni popular, ni era necesaria. En este aspecto Zelaya se ha comportado como el primer enemigo del sistema que dice ahora defender desde su exilio nicaragüense.»

Los acontecimientos recientes en Honduras pueden llevar fácilmente a equívocos si se trata de saldar la cuestión de un modo simplista dando por hecho que el golpe militar de este fin de semana responde al patrón clásico de los cuartelazos hispanoamericanos. Las circunstancias son otras y ponen de manifiesto dos asuntos esenciales que no deben pasarse por alto. El primero, que ni Honduras ni gran parte de la comunidad de naciones hispanas han aprendido todavía a vivir en democracia. Y por democracia no ha de entenderse el modelo demagógico-plebiscitario del chavismo, sino el respeto a la minoría y, sobre todo, a las instituciones. El segundo, que en Hispanoamérica se está librando una feroz batalla contra un nuevo totalitarismo de corte muy distinto al que asoló la región entre los años 60 y 80.


Manuel Zelaya, hoy ya ex presidente de Honduras, no ha jugado limpio: ni con la Constitución ni con la democracia hondureña. Convocó una consulta popular para reformar a fondo la Constitución. La reforma incluía, entre otros puntos, ampliar el mandato presidencial. Esta consulta era ilegal a todas luces; a las de la Corte Suprema de Justicia, a la del Órgano Superior Electoral y a la de todo el arco parlamentario, incluyendo el partido al que pertenece Zelaya, que ha mostrado su oposición al plebiscito en repetidas ocasiones. No es casualidad que el sucesor de Zelaya, Roberto Micheletti, sea de su mismo partido y era hasta este lunes presidente del Congreso Nacional de Honduras. La reforma constitucional ni era legal, ni popular, ni era necesaria. En este aspecto Zelaya se ha comportado como el primer enemigo del sistema que dice ahora defender desde su exilio nicaragüense.

La democracia en Honduras es joven. La Constitución que Zelaya pretendía reformar a través de una consulta data de 1982 y durante estos 27 años ha permitido el turno pacífico en el poder entre los dos partidos mayoritarios, el Partido Nacional y el Partido Liberal. El fantasma de la intervención militar y de la dictadura queda lejos y Honduras, a pesar de sus dificultades económicas, ha conseguido cierta estabilidad política de la que careció durante buena parte del siglo XX. Es por ello que, a estas alturas, un golpe militar carece por completo de sentido y más cuando el rechazo a la reforma de Zelaya es muy amplio. Es una vía desestabilizadora con un incierto destino y de la que incluso podrían beneficiarse quienes a uno y otro lado pretenden acabar con la democracia.

Con todo, y sobrevolando los detalles de la política interior hondureña, el panorama en Hispanoamérica es desolador. Chávez y sus repúblicas satélites de Bolivia, Ecuador y Nicaragua –Cuba no orbita en torno a Venezuela sino al contrario– están desestabilizando todo el área mediante una táctica sencilla pero altamente efectiva. Utilizan los recursos propios de las democracias liberales para desnaturalizarlas primero y subvertirlas después. Es el mismo modelo que funciona a toda marcha en Venezuela o en Bolivia. Aunque muchos no quieran verlo y se apliquen a Chávez toda suerte de paños calientes, supone el renacimiento de facto de las de las denostadas dictaduras latinoamericanas disfrazadas ahora de revoluciones bolivarianas.

Libertad Digital - Opinión

Sudoku imposible

LO de menos son los plazos que pone y quita Rodríguez Zapatero, las «giras» de Manuel Chaves en las horas más bajas de su larga carrera política o las permanentes rondas de contactos a cargo de Elena Salgado. En rigor, el problema de la financiación autonómica obedece a la falta de modelo territorial por parte de un Gobierno oportunista que negocia día a día para salir del paso a costa de los principios básicos de unidad, autonomía y solidaridad que vertebran el sistema autonómico de acuerdo con la Constitución. A estas alturas, ni siquiera los más ingenuos hacen caso a las promesas del presidente ni a las buenas palabras del vicepresidente de Política Territorial, cuya capacidad de decisión en esta materia es muy reducida puesto que se limita a ejercer como telonero de su colega de Economía y Hacienda. Como siempre, llegan las prisas de última hora para llevar una propuesta aceptable al Consejo de Política Fiscal y Financiera previsto para el 15 de julio. El Estado está dispuesto a poner sobre la mesa 9.000 millones de euros adicionales para contentar a casi todos, pero las cuentas no terminan de cuadrar y así no sale el sudoku por mucha voluntad de negociar que pongan unos y otros.

Estas maniobras partidistas pretenden alcanzar varios objetivos incompatibles entre sí. Por una parte, hay que resolver el caso de Cataluña, no sólo para evitar la previsible rebelión del PSC, sino también para buscar acuerdos en el Congreso con otras fuerzas políticas que permitan salvar la cara a un Ejecutivo sin apoyos parlamentarios. Al mismo tiempo hay que atraer a Madrid y a la Comunidad Valenciana con una oferta suficiente para desactivar la posible oposición del PP, cuyo rechazo haría inviable cualquier solución. También hay que contar con Extremadura, Castilla-La Macha o Andalucía, feudos tradicionales del voto socialista, que no están dispuestos a salir perdiendo. Así las cosas, Rodríguez Zapatero se hace fotos con sus visitantes en La Moncloa y, a continuación, encarga a sus subordinados una tarea imposible ya que tienen que conjugar al mismo tiempo criterios de población, nivel de vida, inmigración, escolaridad o incluso segundas lenguas cooficiales.

El origen de esta batalla sin sentido de todos contra todos está en el Estatuto catalán, impulsado directamente por el presidente del Gobierno. Mientras el TC sigue eternizándose ante una sentencia trascendental, la norma estatutaria produce ya sus efectos prácticos y, en este caso, abre un proceso general de reivindicaciones particularistas que ponen en cuestión la solidaridad territorial e incluso el sistema de bienestar. Según la Constitución, el Gobierno tiene la obligación de garantizar que todos los españoles tengan los mismos derechos y deberes en todas las partes del territorio nacional, pero no parece posible cumplir esta regla elemental por mucho que se establezca un Fondo de Suficiencia para financiar servicios públicos básicos o que el Ejecutivo mantenga -por ahora- al menos el 51 por ciento de los recursos financieros. La sabiduría popular dice, con razón, que: «Una cosa es predicar y otra dar trigo». A Rodríguez Zapatero le ha llegado la hora de hacer frente a sus promesas y es fácil suponer que no puede quedar bien con todos a la vez.

ABC - Editorial

Electric Light Orchestra - Calling America

lunes, 29 de junio de 2009

La hora de Honduras. Por José Carlos Rodríguez

«La detención de Zelaya por el Ejército no es la típica intromisión del Ejército en los asuntos políticos, sino que fue ordenada por el propio Tribunal Supremo, que comprobaba cómo el presidente estaba dispuesto a saltarse la ley.»

La democracia de Honduras se juega su futuro en unas pocas horas. En apariencia toda la razón está del lado del presidente Manuel Zelaya, elegido democráticamente, y que ha sido relevado del poder tras un golpe militar. En apariencia, otro espadón que acaba con un dirigente de izquierdas en plena transformación de su país.


Pero la situación no es tan clara. La detención y deportación de Zelaya por el Ejército se produce en un contexto político muy concreto. Zelaya veía próximo el fin de su mandato que coincidía, necesariamente, con el fin de su presidencia, ya que la Constitución impide en ese país, como en otros, la reelección. Zelaya, un satélite de Hugo Chávez en el país, no estaba dispuesto a aceptar su destino, de modo que convocó un referéndum para saltarse ese mandato constitucional y presentarse una segunda vez a las elecciones presidenciales.

Es aquí donde se genera el conflicto, porque su referéndum fue declarado ilegal tanto por el Tribunal Supremo como por el Congreso, pero ello no le paró. Estaba dispuesto a convocarlo, aunque fuera nulo de origen, al no contar con base legal. Si estaba dispuesto a cambiar la Constitución con un referéndum ilegal, y a despreciar a instituciones fundamentales del Estado como el Tribunal Supremo o el Congreso, ¿tendría escrúpulos para falsear el resultado de esa consulta pública? No lo creo.

Es más, la detención de Zelaya por el Ejército no es la típica intromisión del Ejército en los asuntos políticos, sino que fue ordenada por el propio Tribunal Supremo, que comprobaba cómo el presidente estaba dispuesto a saltarse la ley. El Ejército tiene como una misión primordial en una democracia mantener el orden constitucional cuando el Ejecutivo lo ponga en riesgo, y en este caso no ha tenido que ser el propio Ejército quien interprete que ésa es precisamente la situación, sino que la decisión estaba ordenada por el máximo órgano judicial. La democracia no son sólo una sucesión de elecciones y plebiscitos, sino sobre todo, y ante todo, el mantenimiento del orden constitucional. Y aquí quien actuó contra las normas fue Zelaya, y el encargado de defenderlas, el Ejército.

Tiene gracia que el presidente, depuesto por el Congreso, haya hecho un llamamiento a la desobediencia civil, un derecho que nos asiste a los ciudadanos frente a cualquier forma de poder. Zelaya, llegado el caso, sería el primero en aplastar el derecho de los hondureños a ignorar sus medidas políticas, si las considerasen injustas.

Libertad Digital - Opinión

Los negocios privados de la ministra "Sindescargas"

Dos meses y medio después de ser nombrada ministra por Zapatero, y ser denunciada ante la Oficina de Conflicto de Intereses, por incompatibilidad, Angeles González Sinde continúa figurando como administrador único de la empresa Alcalá Producciones S.L., tal como consta en el Registro Mercantil de Madrid.

La actividad de Alcalá Producciones es la distribución de películas y videos.

Hace sólo cinco días, la Oficina de Conflicto de Intereses admitió la denuncia por incompatibilidad contra Sinde, presentada por la Asociación de Internautas. Invocaban la Ley 5/2006 de 10 de abril, (la ley de incompatibilidades) y alegaban que la ministra ha concedido ayudas a empresas y sociedades de la industria del cine en las que la ministra o sus familiares "tienen intereses", según informa lanacion.es.

El artículo 7.1 de la Ley de Incompatibilidades es bastante explícito:
"Quienes desempeñen un alto cargo vienen obligados a inhibirse del conocimiento de los asuntos en cuyo despacho hubieran intervenido o que interesen a empresas o sociedades en cuya dirección, asesoramiento o administración hubieran tenido alguna parte".
El alto cargo no se ha inhibido: ha concedido ayudas por valor de 8 millones de euros a la industria del cine y, como demuestra ahora lanacion.es sigue figurando como administrador de una empresa del sector. González Sinde vulnera, por lo tanto, el artículo 7 de la Ley de Incompatibilidades.

Para incurrir en incompatibilidad bastaría con que González Sinde hubiera tenido intereses en empresas en el pasado ("hasta dos años antes a su toma de posesión como cargo público" según reza el artículo 7 de la Ley). Pero lo que demuestra el dato que aportamos es que la ministra ni siquiera se ha tomado la molestia de abandonar el cargo de administrador de una empresa cinematográfica.

CUALQUIER AYUDA IMPLICA PREVARICACION

Alcalá Producciones no es la única firma del ramo con la que ha estado vinculada González Sinde. Apareció en el Registro como administrador solidario de otra compañía del sector, Qwerty Global Media S.L. hasta el pasado 21 de mayo, es decir que siguió ostentando el cargo siendo ya miembro del Gobierno.

Técnicamente, cualquier resolución que adopte respecto a la industria del cine (como aprobación de ayudas) supone incurrir en prevaricación, ya que contravendría la norma que establece el mencionado artículo 7.

Y eso es lo que ha hecho ya al menos en dos ocasiones.

Por un lado aprobó diversas ayudas por valor de 8 millones de euros a la industria del cine; y por otro concedió ayudas de la Dirección General de Política e Industrias Culturales, por valor de 2.140.000 euros.

Tal como reveló en exclusiva lanacion,es, una parte de ese dinero (20.000 euros) fue destinada a la Academia del Cine, de la que Sinde fue presidenta hasta que hace dos meses fue nombrada ministra.

Es decir que la misma persona que solicitó subvención al Gobierno, como presidenta de la Academia del Cine, se la concedió después siendo ya ministra.

La Oficina de Conflictos de Intereses, órgano competente para la gestión de incompatibilidades de los altos cargos, tendrá en cuenta las alegaciones que pueda presentar la ministra y posteriormente deberá tomar una decisión.

Periodista Digital

Maldito sea Zapatero. Por Pedro de Tena

Libertad

«Zapatero te maldigo. Me estás obligando a dejar lo que la libertad me señaló y me calcino en el empeño de recuperarlo. Me distraes. Me apartas. Me obligas profesionalmente a la política, a contribuir a tu defenestración.»

Leo el poema inédito, el poema 60, de Juan Ramón, inmenso hallazgo publicado este domingo por ABC y caigo en la cuenta, más que nunca, del desastre nacional que significa Zapatero y sus secuaces. Fíjense, Juan Ramón, buscando a Dios, con minúscula, al deseante y al deseado, al que encuentra desde la libertad y en ella – "cada vez más libre, más ¡y más! ¡y más! A una libertad de puertas de Dios. Y entonces la puerta se abre... y ¡más libertad!". Libertad, libertad, más, siempre más, nunca menos, nunca para después, nunca aplazada ni negada ni vendida ni sumida en los razonamientos del autócrata. Y es precisamente eso, la libertad, lo que nos impide desarrollar, ejercer, protagonizar Zapatero y compañía. Maldito.


No se trata de nos la arrebate, nos la impida, nos la coarte o nos la cuele en el río del olvido. No tiene talla ni arrestos para eso. Se trata de que la distrae y distrayéndola, la mortifica. La libertad decide, ejerce, afirma y pone encima de la mesa. Pero cuando la libertad se dispone al servicio del combate por sí misma, porque se ve en peligro, porque se sabe en riesgo, entonces la libertad propia, la personal y concreta de cada cual, se sacrifica en el altar de la causa, no el de la casa, los lares, en el ara de las condiciones de una libertad abstracta y general, colectiva y de todos. Pero ya no es libertad pura, sino libertad comprometida, reglada por la ética o la filosofía, desviada, torcida, incluso cuando mana de la autonomía.

Libertad, la de Juan Ramón, por ejemplo, dedicado a lo que su libertad le encomendaba, acceder, diciendo, a lo indecible. Cantando, no contando, como tan bien vio Stevenson y siguieron haciendo los pájaros cuando él se fue. Cada mochuelo en su olivo, cada rata en su cloaca, haciendo, diciendo, cantando lo que procede de su libertad, algo tan plural, tan diverso y, por ello, tan hermoso. Por ello, el clásico pudo rugir: "Sé hombre, libre, no me sigas". El hombre libre no sigue a nadie, crea su camino. Puede mirar a un lado o al otro, pensar otros caminos, pero no puede seguir huellas de nadie porque no sabe seguirlas.

Por eso maldigo a Zapatero. Nos distrae de la libertad del camino que conduce a una puerta deseada y deseante, y nos desvía por el camino que conduce a la puerta de su salida, de su fin, de su extinción política. Mientras hacemos tal cosa, sufrimos la maldición de la libertad humana. Podemos hacer sólo una cosa al mismo tiempo. No podemos estar en la procesión y repicar. Si emprendemos el viaje a ultramar, no podemos simultáneamente viajar a ultracielo. Si elegimos el camino de la urgencia histórica de poner término a su locura, altivo caligulón de pacotilla, no escribimos los libros que debemos, no nos enamoramos, no apreciamos los atardeceres rojizos del verano, no leemos las cartas de los amigos...

Los liberales son conscientes de que la política no es, no puede ser profesional. Es un tiempo donado a la libertad y al bienestar de los demás, pero, luego, nos espera la ciencia, la poesía, la carpintería, el derecho, la medicina, la pintura, los paisajes, los hijos, los amigos, esos pocos buenos con los que uno ni habla porque les basta estar... Nos espera lo que elegimos para significarnos en el mundo. Por eso, Zapatero te maldigo. Me estás obligando a dejar lo que la libertad me señaló y me calcino en el empeño de recuperarlo. Me distraes. Me apartas. Me obligas profesionalmente a la política, a contribuir a tu defenestración y mientras tanto, mi tiempo se va por las alcantarillas camino de algún río que va a dar a la mar, que es el morir.

Por todo esto, Zapatero ni tiene perdón. Ni siquiera de Dios.

Libertad Digital - Opinión

La buena educación. Por Emilio Campmany

ZP y Blanco

«Retirar vergonzosamente las tropas de Irak, bajarnos los pantalones ante el moro, mendigar una silla en el G-20, hacerle la pelota a Obama es todo ignominioso, pero soportable. Ahora, lo que no hay quien aguante es la mala educación.»

Quienes hayan visto la edición madrileña de El Mundo este domingo se habrán topado con una magnífica foto de Alberto di Lolli que recoge un momento revelador. El instante inmortalizado por la cámara muestra como Esperanza Aguirre se ve obligada a agacharse a recoger las gafas de cerca que se le han caído al suelo. Está sentada, viste traje de chaqueta gris, discretamente estampado, y calza zapatos a juego. Entorpecida por la falda y los altos tacones, necesitada de guardar cierta compostura, la imagen capta en toda su extensión el esfuerzo que se ve obligada a hacer para rescatar las gafas que necesitará para leer su discurso.


A su lado, dos hombres. El más próximo es José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de Gobierno, tan feminista que reconoce sin empacho la a su parecer obvia inferioridad del género masculino. Debe tener tal sentido de la igualdad que no experimenta ningún impulso de ayudar a su vecina a recoger sus gafas. No sólo, sino que además aprovecha que la mujer se ha visto obligada a inclinarse para escudriñar el fin de su espalda. La foto da a entender que su escrutadora mirada no obtuvo recompensa por ser la falda suficientemente alta y la chaqueta suficientemente baja, pero ¿quién sabe? Lo que Zapatero está mirando, está oculto al ojo de la cámara. Un poco más allá, junto al presidente Zapatero, en una inmaculada silla blanca, como los otros dos, se ve a José Blanco. Está sentado, con las piernas recatadamente cruzadas, como su compañero, pero, a diferencia de él, mira al frente, con una sonrisa helada, forzada, de cartón piedra, una sonrisa de perra gorda. Tampoco puede descubrirse en él la más remota intención de ayudar a la mujer a recoger las gafas. Más bien parece que tan sólo está ocupado en sonreír. Cualquiera diría que lleva así horas, piernas cruzadas, mirada perdida y sonrisa eterna.

Antes, algunas mujeres se divertían dejando caer cosas, pañuelos, sobre todo, para obligar a sus admiradores a recogerlos y entregárselos, dándoles así la oportunidad de acariciar durante unos instantes la tibia piel del dorso de sus manos. A veces, ni eso regalaban, pues recogían la pertenencia intencionadamente perdida sin prescindir del guante con el que protegían sus delicadas manos. Ahora, casi ninguna mujer hace ya eso. Los hombres creemos que se debe a que son tan feministas todas que se niegan a ser ayudadas por un hombre. Es posible. De lo que no hay duda es que, si todos los hombres son como estos dos, ya pueden dejar caer pañuelos, guantes, toquillas y prendas aun más íntimas que no obtendrán más recompensa que una torpe mirada interesada sólo en ver cómo se las apaña la otra para recoger lo que ha perdido.

Me debo estar haciendo viejo. Ver como dos de nuestros gobernantes, nada menos que un presidente de Gobierno y un ministro de Fomento, aguantan impávidos viendo como una señora pierde las gafas y se agacha a recogerlas como si no fuera con ellos, me parece el símbolo sumo de nuestra decadencia. Retirar vergonzosamente las tropas de Irak, bajarnos los pantalones ante el moro, mendigar una silla en el G-20, hacerle la pelota a Obama es todo ignominioso, pero soportable. Ahora, lo que no hay quien aguante es la mala educación. Que venga Almodóvar y lo cuente. O Garci, que es mejor.

Libertad Digital - Opinión

De caudillo en caudillo. Por Gabriel Albiac

HA vuelto a suceder. ¿Qué maldición asola América Latina y la condena a repetir siempre lo mismo? De caudillo en caudillo.

A las 14,59 de ayer, la noticia emergía en la pantalla de mi ordenador: el Presidente hondureño, Manuel Zelaya, acababa de ser arrestado por fuerzas militares, que consumaban un golpe larvado desde hace varios días. Ni siquiera me sorprendió. Es la intemporal historia de la América hispana. Su más fiel retrato sigue siendo, hasta hoy, el Tirano Banderas de Valle Inclán, que tantos, después, han reescrito. O plagiado, en distintas versiones: en la literatura como en los hechos.


A la misma hora, los esposos Kirchner afrontaban un momento decisivo de su reinado: porque el Estado, en la Argentina peronista, no es más que sucesión de domésticas monarquías transitorias. Y siempre, en lo más hondo, matrimoniales: Perón y Evita, primero; al cabo, Perón, de nuevo y ya senil, junto a su Isabelita; y el clan Ménem, después, con su tremenda señora; hasta llegar a la regocijante caricatura de sí mismos que son los actuales presidentes por conyugal relevo. ¿«Izquierda», «derecha»...? ¿Qué tomadura de pelo es ésta, a la hora de entender un subcontinente cada vez más empeñado en ser extensión hispanohablante del África devastada? Boutade de Borges: «Los peronistas no son ni de derechas ni de izquierdas. Son incorregibles». Por extensión, puede decirse, con escasísimas excepciones, de toda Hispanoamérica.

Poca cosa sabíamos de Manuel Zelaya, hasta hace casi nada. Que llegó a la presidencia como candidato de un partido de lo más conservador, el Liberal. Que se benefició de un trato muy comprensivo por parte del Banco Interamericano de Desarrollo, al condonarle, en 2007, su deuda de casi quince mil millones de dólares. Que, cosas del petróleo, fue poco a poco siendo absorbido en la órbita de un Hugo Chávez cada vez más empeñado en ser el Fidel Castro de verdad, ahora que el otro es una terminal cochambre. De Chávez debió venirle la tentación de lo perenne. Incompatible con una Constitución, la hondureña, que permite, saludablemente, un único mandato presidencial no renovable. El golpe militar se produce tras el fracaso del propio golpe institucional mediante el cual Zelaya buscó trocar las elecciones de ayer en un plebiscito constituyente condenado por el Tribunal Supremo. Como siempre en esas tierras, toda confrontación política se reduce al duelo de un caudillismo contra otro caudillismo. Gana, como siempre, el más bestia. O sea, aquel que más deprisa desenfunda.

Espadones contra populistas, en una Tegucigalpa dejada de la mano de Dios y de la racionalidad política desde tiempos inmemoriales. En Buenos Aires, peronistas contra peronistas: y el peronismo no es ya siquiera aquella forma americana del fascismo que soñó Perón importar de la Italia mussoliniana; lo de Mussolini fue un gangsterismo político; lo de Perón, un gangsterismo sin política, entre cuyas pandillas se sigue jugando el reparto de poder y el saqueo de un país que estuvo -parece un chiste- entre los más ricos del mundo.

Los tres últimos decenios han visto modernizaciones sorprendentes en países asiáticos, hasta hace nada tercermundistas. Y han sido letales para un centro y sur de América cada vez más náufragos de caudillismos populistas y de incompetencia: de ruina, en suma. Al cadavérico magisterio de Castro sucedió el de Chávez. Vendrán otros. Y será siempre igual. El marasmo tiene allí tinte de fatalidad. ¿Qué maldición asola América Latina y la condena a repetir siempre lo mismo? Ha vuelto a suceder ayer. Seguirá sucediendo. Siempre. De caudillo en caudillo.

ABC - Opinión

El FROB o el rescate de la casta política. Por Roberto Centeno

Cuando en agosto 2007, Trichet convocó a los banqueros centrales de la eurozona para ver cómo se afrontaba la paralización del crédito interbancario, Fernández Ordóñez, pese a la gravedad de la situación, no interrumpió sus vacaciones. Convertido en el gran negacionista de la crisis junto con Solbes y Zapatero, jugaría un papel esencial en la reelección del presidente falseando las cifras de crecimiento del cuarto trimestre 2007, publicadas dos semanas antes de las elecciones generales, para demostrar que la economía española iba viento en popa y que no había ninguna crisis. Pero esta cadena de despropósitos, que aún no ha terminado, y que está llevando a un despilfarro gigantesco de recursos públicos, asignados a ciegas sin orden ni concierto, y puede acabar en un desastre financiero sin precedentes, empezaría mucho antes.

En 2007, el Banco de España, aparte del lamentable incidente de la venta a Rusia de 133 toneladas de oro de nuestras reservas cuando sus precios se encontraban en plena subida, lo que provocaría el pitorreo generalizado en los mercados, pudo haber evitado lo peor de la crisis con solo haber cumplido con sus obligaciones y, en concreto, con la exigencia del cumplimiento estricto de la normativa derivada de Basilea II en las operaciones de crédito, obligando a adaptar préstamos e hipotecas a los recursos propios disponibles, en lugar permitir a las entidades financieras endeudarse en la mayor cifra del planeta en términos de PIB, y además, en el colmo del dislate, permitiendo endeudarse a corto para prestar a largo sin garantías medianamente sólidas. Si el Banco de España hubiera cumplido con su obligación, la burbuja inmobiliaria se habría desinflado gradualmente y la crisis nunca habría alcanzado ni la velocidad de deterioro ni la profundidad actual, y cuyo fondo estamos muy lejos de haber tocado.

Pero el problema que nos amenaza ahora es la situación del sistema financiero, del que lo único que sabemos con certeza es que, de estar obligado a funcionar con las mismas reglas de transparencia y rigor que en los países anglosajones, estaría quebrado en más de un 50%, con sólo tres entidades sobre cuya solvencia existe certeza plena, y que mientras no se restablezca el flujo de crédito al sector real, la salida de la crisis es imposible. Con un año más, 2009, perdido ya a todos los efectos, tenemos por delante un verdadero annus horribilis 2010, en el que confluirán el fin de los planes de reactivación, un déficit y una deuda publicas inasumibles, un paro de más de cinco millones de personas, dos millones de las cuales estarán tiradas en la cuneta, sin prestación ni subvención alguna, una subida brutal de impuestos y de tarifas de servicios esenciales, y una crisis de más de la mitad del sistema financiero, que hará imposible la recuperación del crédito en un futuro previsible.

Dentro del cúmulo de consecuencias, entre negativas y desastrosas, derivadas del retraso del Gobierno en el reconocimiento de la crisis, y de la adopción después, de “las medidas de reactivación más ineficaces del mundo desarrollado” en palabras del FMI, destaca el comportamiento del gobernador del Banco de España, que durante más de dos años, en lugar de acometer el saneamiento del sector financiero, gravemente afectado por la crisis en todos sus parámetros, ha supeditado toda su actuación a las necesidades políticas cortoplacistas de un Zapatero cada día más enloquecido. El BdE ha hecho todo lo posible por ocultar la realidad, y cuando empieza a actuar, ante una situación insostenible, lo hace en forma tan chapucera y oscurantista, que el único efecto útil es el despilfarro masivo de recursos públicos sin efecto apreciable alguno.

Se empezó con la manipulación masiva del valor de los activos, donde ante la caída vertical del valor de los mismos, que estaba produciendo la quiebras en cadena de innumerables entidades financieras a lo largo y a lo ancho del mundo, en lugar de proceder a un saneamiento de los balances, el gobernador optó por lo increíble: permitir a nuestras entidades el mantenimiento de su valor contable. Todo ello pese a que su valor de mercado era sustancialmente inferior, es decir, se oculta la enfermedad en espera de que el enfermo se cure solo. Después está la morosidad, donde gracias a lo anterior, se está ocultando una morosidad real a base de compra o aceptación masiva en dación de pago de activos inmobiliarios, que en muchos casos dobla o incluso triplica la oficial.

La intervención tardía de CCM

Y luego CCM, la primera intervención, un modelo de eficacia y previsión, el asombro de occidente, que trata, en vano, de imitarnos. Por dos veces, y por razones no explicadas, el gobernador se negó a intervenir una entidad manifiestamente inviable, como le pedían sus servicios, y cuando al final fue inevitable, todo se realizó en la forma mas opaca y chapucera posible, donde van despilfarrados ya más de 3000 millones de euros, y nadie nos ha explicado todavía que es lo que se ha conseguido, aparte de mantener abiertas una amplia red de oficinas sin actividad ni justificación alguna. Y para rematarlo, como la morosidad sigue imparable, y el cumplimiento de la obligación de provisionar, 25% el primer año y 75% el siguiente, llevaría a la quiebra a innumerables entidades, el gobernador, en el colmo de la insensatez, parece decidido cambiar las reglas para no tener que provisionar a ese ritmo.

Y sin embargo, en España hay una experiencia no desdeñable en la resolución de crisis bancarias. A finales de los 70 y principios de los 80, más de 50 entidades se encontraron con graves problemas de solvencia, y el tema no solo se solucionó perfectamente, es que además el sector saldría considerablemente reforzado y, lo más importante, dotado de unos mecanismos y unas normas de actuación perfectamente válidas para abordar una crisis, y que estos irresponsables han ignorado olímpicamente. Pero había una diferencia, había un Banco de España independiente y había un gobernador expeditivo y capaz, Mariano Rubio, a quien no le temblaba el pulso para mantenérselas tiesas a quien hiciera falta. Nada que ver con lo que ocurre hoy.

El pasado mes de octubre, un jefe de gobierno sin la menor idea del problema, de espaldas al vicepresidente Económico y al gobernador, se reunió con los grandes banqueros del país, y en base a un papel que le había redactado uno de ellos, decidió poner en marcha un gigantesco plan de rescate bancario, el mayor del mundo en términos de PIB, una forma de actuar inimaginable en una democracia.

Según dicho papel – “mira Pedro, esto es lo que hay que hacer”-, el Tesoro adquiriría activos de “alta calidad”, en realidad activos fuertemente sobrevalorados, por valor de 30.000 millones de euros ampliables a 50.000. Este dinero debería permitir que la banca volviera a prestar, pero ¡oh casualidad, casualidad!, esta cifra coincidía con los vencimientos de deuda que la banca tenía que cubrir en los meses siguientes, por lo que nadie se sorprendería cuando ni un solo céntimo de los 19.000 millones adjudicados hasta ahora, haya sido destinado ni a familias ni a Pymes.

Más aún, si esa era la finalidad ¿por qué no prestar directamente ese dinero a familias, PYMES y autónomos, como hace la FED en Estados Unidos adquiriendo papel comercial? Muy fácil, porque era una estafa más, aunque gigantesca, de Zapatero, y donde el PP, tras protestar de boquilla, votaría a favor de este expolio. Si lo habían preparado los grandes banqueros no iban a decir que no. Como dirían entonces varios medios, una foto de 30.000 millones.

Avales a go-gó

Y luego avales a go-gó, 100.000 millones ampliables a 200.000, de los que a fin de abril se habían concedido unos 38.000 millones, y que han sido utilizado para fines justamente contrarios a los previstos, una burla -¿o era lo que ponía el papel?- al Estado, al Banco de España, y a los ciudadanos, ya que han sido utilizados “no para que las entidades puedan colocar sus emisiones en el exterior, y captar así el imprescindible dinero exterior” que España necesita desesperadamente, sino para especular, comprándose y vendiéndose deuda unas a otras, que es mucho más rentable, y luego con esas emisiones ir al BCE y obtener un dinero al 1 %, que después prestan a la gente solvente al 17% de interés real. Una estafa en toda regla, pero como el gobernador ni siquiera estaba invitado a la fiesta, y lo único que le preocupa era no intervenir ninguna entidad, pues no ha dicho ni pío.

Entretanto, y como era previsible, la situación del sistema financiero ha continuado deteriorándose vertiginosamente, y se saca ahora un nuevo Fondo de Rescate Bancario, un nuevo expolio sin contemplaciones a los ciudadanos y a las generaciones futuras, pues todo se hará con el dinero de nuestros hijos y nietos, o sea, vía deuda, y donde el gobierno no pretende arreglar una situación de insolvencia manifiesta, consecuencia del aluvión de morosidad, directa e indirecta, y de la imposibilidad de atender a los vencimientos de la deuda, sino el realizar una serie de fusiones, para mantener en el poder tanto tiempo como sea posible, a la casta política parasitaria y a los sindicalistas de pesebre que controlan las cajas, para que todos puedan seguir chupando del bote. Hay que estar locos de remate para poner en marcha un Plan que solo en una tercera fase, cuando todo se derrumbe, y no desde el principio, el dinero entregado dará poder político al Banco de España para actuar. Claro que si la actuación va a ser como la de CCM, pues casi mejor dejarlo.

No hace falta ser Premio Nobel de economía para darse cuenta que después de dos años de manipulaciones y mentiras sobre el deterioro imparable del sistema, después de las actuaciones más chapuceras del planeta, politizadas hasta la médula, con una irresponsabilidad tal que ni siquiera se han analizado previamente quien puede y quien no puede ser salvado, estamos a las doce menos cinco de una crisis de solvencia generalizada, y todo ello después de haber despilfarrado a ciegas decenas de miles de millones para tratar de salvar los privilegios de una casta política indigna y miserable. Y en este sentido, el broche de la obscenidad y la miseria moral lo pone la inepta ministra Salgado afirmando que “no tenemos previsto que haya gasto para los contribuyentes”. Mal está que nos expolien, pero al menos no nos insulte Sra. Ministra.

Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.

el confidencial - Opinión

Ganar o perder, ganar o aprender. Por Juan Carlos Rodríguez Ibarra

Pasaron las elecciones europeas y se sigue hablando del resultado de las mismas, y de la forma en que esos resultados han incidido en los dos principales partidos que conforman el Gobierno y la oposición en España. Mientras el debate político tenga más que ver con saber quién mete más y más veces el dedo en el ojo del adversario, no resultará extraño que la abstención crezca por temporada. Los españoles, como indican los sondeos de opinión, estamos preocupados por la crisis e indignados por los trajes de algunos políticos o por los espías de alguna comunidad autónoma. Cuando lo segundo aporta más información y comentarios que lo primero, la política pierde su grandeza para convertirse en espectáculo. Sin embargo, los responsables de articular respuestas a la grave situación en que nos encontramos, desvelan sus posiciones y sus deseos para salir adelante. Repasando las declaraciones de los últimos tiempos sobre la inestable época en la que vivimos, resulta esclarecedor recapitular y recordar la de los empresarios, la de los sindicatos y la del Gobierno.

Los empresarios, por boca de algunos portavoces cualificados, culpan a todo el mundo, menos a ellos, de las causas de la crisis. Algo de razón llevan, pero ¿están seguros de que ellos no tienen ninguna responsabilidad en lo que está pasando? Los empresarios, en su inmensa mayoría, siguen pensando que estamos ante un momento pasajero y que las cosas volverán a su sitio tarde o temprano. Que se trata de aguantar y que, de igual forma que otras crisis han pasado, ésta pasará y se seguirá haciendo lo mismo que siempre, pero mejor. Seguramente muchos de ellos ignoran que no se va a salir de esta crisis para hacer lo mismo que se hacía antes, por la sencilla razón de que lo de antes sólo contemplaba una realidad, la física, mientras que ahora, en estos momentos, la realidad está formada por lo real y lo virtual. No tener en cuenta esa nueva realidad es despreciar una parte del funcionamiento y oportunidades de la nueva sociedad. Cuando hace 12 años se empezó a hablar sobre la sociedad del conocimiento, de la información, de la imaginación, muy pocos fueron capaces de entender de qué y por qué se hablaba. Hoy, una década después de que Internet se pusiera al alcance de todos y de que las TICs hayan desarrollado parte de sus potencialidades, ese discurso ¿está más vigente que antes o no? Si está más vigente que nunca, y así es, habrá que actuar en consecuencia.

Los sindicatos, que andan preparando un gran acuerdo con el Gobierno y con la patronal, exclaman: "¡Cuidado con adoptar medidas irreversibles para cosas que son reversibles!". De esa expresión se deduce quelos sindicatos más representativos de los trabajadores piensan que estamos viviendo un sarampión y no un cambio de modelo. Los sindicatos no pueden aspirar a una política de tómbola, donde los regalos tocan de vez en cuando en función de la suerte. Nos estamos jugando el futuro y la suerte aquí cuenta poco. Lo que cuenta es ser progresista, es decir, intentar ir a la velocidad que marca la sociedad.

El Gobierno, en el debate del estado de la nación aventuró, por boca de su presidente, el inicio de una política que aborde seriamente los retos que se nos plantean con la nueva economía. Es la decisión más acertada de todas cuanto se han oído en los últimos meses. Muchos no han entendido el mensaje e inmediatamente han preguntado a José Luis Rodríguez Zapatero por las claves de esa nueva economía. Pregunta inútil, porque la nueva economía se basa en la incertidumbre. ¿En qué consiste la nueva economía? Si hay que dar la respuesta, habría que decir: "No lo sé". Ésa es la primera condición para enfrentarse a la nueva economía. ¡No lo sé! ¿Qué va a pasar? Nadie está seguro de nada. Por ahí andan los editores de libros, preguntando: ¿qué va a pasar con los libros? Por ahí andan los editores de periódicos con la misma duda: ¿qué va a pasar con los periódicos? Por ahí andan los productores de cine: ¿qué va a pasar con el cine? Por ahí andan los expertos en educación desconcertados ante la información en Internet que supera a la de cualquier profesor, ¿qué va a pasar con los alumnos digitalizados?

La primera condición para enfrentarse a ese nuevo modelo que el presidente del Gobierno quiere poner en marcha, es aceptar que no sabemos qué es lo que va a pasar, que estamos llenos de incertidumbres. Las certidumbres eran del siglo XX y, ahora, casi todas se han demostrado falsas, como se ha puesto de manifiesto en el último gran fracaso industrial de la General Motors. Durante un siglo estuvimos llenos de certidumbres. Hoy estamos inmersos en las dudas. En el siglo XX, el lema de la sociedad industrial era ganar o perder; en el siglo XXI, el lema es ganar o aprender, porque lo que caracteriza a la nueva sociedad es la acumulación de conocimientos. Ahora no se pierde nada. Si Obama va a insuflar dinero público en General Motors para que hagan lo mismo que antes, será perder, será dinero tirado a la calle y embargado a los que quieren arriesgarse en la nueva sociedad, en las nuevas tecnologías, en el nuevo conocimiento. No se puede invertir dinero para seguir haciendo lo mismo que siempre, porque lo mismo que siempre ha fracasado. Por eso parece tan desalentador que algunos exijan al presidente Zapatero que desvele los secretos de la nueva economía. La nueva economía consiste en experimentar, en ayudar a la gente joven para que arriesgue en este mundo nuevo, en esta nueva sociedad.

Ése fue el atrevimiento del modelo extremeño hace más de 10 años. Se gastaron 60 millones de euros en poner ordenadores en los pupitres de cada aula de todos los centros de Secundaria y Bachillerato, y la gente preguntaba: ¿para qué? Y hubo que cargar con la incomprensión de una parte de la sociedad y de la comunidad educativa, que seguían pensando con criterios de certidumbres que ahora se demuestran obsoletos.

Diez años después, el presidente del Gobierno, dice: "Vamos a proporcionar un ordenador personal a los alumnos de 5º de Primaria". Ése es el riesgo, aventurarse por un camino desconocido lleno de incertidumbres, pero que la gente joven conoce perfectamente. Ése es el debate que hay que hacer en Europa y cuando alguien pregunte "¿de qué va esto?", la respuesta es "no lo sabemos, pero no se pueden seguir haciendo las mismas cosas, porque las mismas cosas han fracasado".

No es que los extremeños fueran más listos que nadie, sencillamente fueron más atrevidos. Atrevimiento es la segunda característica de la nueva economía. Incertidumbre y atrevimiento. Por eso, si el Gobierno quiere apostar, seriamente, por la nueva economía, éstas son las claves:

1. Incertidumbre: no se sabe exactamente adónde vamos, pero no hay otro camino.

2. Se trata de ganar o aprender, porque el conocimiento, al contrario que las materias primas clásicas de la era industrial, no se pierde, sino que se acumula.

3. Los apoyos que el Gobierno piense destinar para el impulso de la nueva economía deben destinarse a aquellos ciudadanos que estén imbuidos de ese espíritu de riesgo, de emprendimiento, de los que saben que lo que se premia es la acción y no la inactividad. Darle el dinero a los de siempre para que hagan lo de siempre es apostar firmemente por el fracaso.

El País - Opinión

El Gobierno debe poner fin a la agonía de Saiz

La larga cadena de hechos llevan a concluir que el CNI se le ha escapado de las manos a su director, Alberto Saiz, cuya controvertida gestión compromete al Gobierno.

LA REVELACIÓN de que el CNI tiene en nómina a dos de los tres policías que en 2005 participaron en la polémica detención de unos militantes del PP por su inexistente agresión a José Bono en el transcurso de una manifestación representa un nuevo pasaje turbio en la más que controvertida gestión de Alberto Saiz.


Hoy desvelamos que el director de los servicios de inteligencia, amigo personal del presidente del Congreso, abona con fondos reservados en torno a 2.000 euros al mes al ex comisario Rodolfo Ruiz, mientras que otro de los agentes del caso Bono también recibe una cantidad sin determinar, según denuncian fuentes del propio CNI. Estos policías fueron absueltos por el Supremo del delito de detención ilegal de los militantes del PP en una de las páginas más bochornosas de nuestra historia judicial. En primera instancia habían sido condenados por la Audiencia de Madrid. Resulta revelador comprobar el trato de privilegio que estos agentes han venido recibiendo de las autoridades, particularmente en el caso de Rodolfo Ruiz, ascendido después de que en la comisaría de Vallecas que él dirigía apareciera la sospechosa mochila que sirvió para vincular a Zougam y al grupo de El Chino con la autoría de los atentados del 11-M.

El director del CNI atribuye la contestación y las críticas internas a la resistencia de la «vieja guardia» a sus planteamientos de modernizar el centro. Pero si esa vieja guardia se caracterizó en otro tiempo por usar los fondos reservados para la guerra sucia y el enriquecimiento ilícito, los pagos a los policías del caso Bono y los gastos para reformar la vivienda propia o para ir de pesca a lugares exóticos no mejoran precisamente la imagen del centro. Saiz tiene en sus manos la responsabilidad añadida de manejar el mayor presupuesto del que haya gozado jamás en su historia el CNI: 255 millones. Por indicación de Zapatero, en esta legislatura se han venido aumentando los fondos del centro un 17% de media anual.

Si la ministra de Defensa ya se encargó la semana pasada de exponer sus dudas sobre Saiz al anunciar la apertura de una investigación interna, hoy descubrimos que el ministro del Interior tampoco está satisfecho. Rubalcaba se plantea eliminar la Brigada de Apoyo, puente entre la Comisaría general de Información y el CNI, por falta de colaboración en la lucha antiterrorista. Incluso el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, califica hoy de «preocupantes» las noticias que surgen del CNI y critica por «denigrante» el uso del polígrafo, que Saiz aplicó a los agentes para averiguar quién filtra las denuncias contra él.

A la larga cadena de hechos e indicios que llevan a concluir que el CNI se le ha escapado de las manos a su director, le han añadido ahora un eslabón las autoridades cubanas. Tal y como publicábamos ayer, la destitución de varios dirigentes del régimen estuvo motivada por sus confidencias a un ingeniero industrial cubano reclutado por el CNI, descubierto y detenido en la isla para desprestigio de nuestros servicios de inteligencia.

Tras el escándalo de las destituciones y las dimisiones en bloque, tras las acusaciones de nepotismo, tras las denuncias por el abuso de recursos públicos, tras la caza de brujas para perseguir a quienes han contado lo que estaba pasando, tras la pérdida de confianza del Gobierno, tras los fallos y la falta de coordinación, tras los sospechosos pagos a policías, cabe preguntarse cuánto tiempo va a poder aguantar el director del CNI. Zapatero debería acabar de una vez por todas con la larga agonía de Alberto Saiz, bien respaldándole y justificando con argumentos sólidos su continuidad, bien apartándole del cargo. El CNI no puede seguir así.

El Mundo - Editorial

Satisfaciendo a todos, incluida ETA

«Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el Tribunal Constitucional ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal.»

El terrorismo es uno de los mayores problemas a los que puede enfrentarse una sociedad. Su objetivo declarado es generar el terror, esto es, sumir a los individuos en un estado permanente de excepcionalidad que haga imposible su convivencia pacífica. Por eso mismo, por atacar el fundamento de cualquier civilización, el Estado debe encargarse de combatir su ofensiva en todas las formas que ésta adopte, incluida la de partido político pantalla cuyo objetivo sea captar fondos y hacer proselitismo desde las instituciones.


Ésta era la finalidad que se encontraba en el fondo de la Ley de Partidos y no, como hábilmente distorsionan los nacionalistas, ilegalizar ideas. Dicho de otra manera, la Ley de Partidos pretende simplemente que las ideas, adopten la forma que adopten, no sirvan de protección a los terroristas para continuar desempeñando su actividad criminal.

El problema con el terrorismo etarra es que su violencia florece en un caldo ideológico muy determinado y, por ese motivo, cuesta distinguir la proximidad de los fines (propia de partidos como el PNV o Aralar) de la proximidad de los medios. En más de una ocasión, de hecho, el nacionalismo mal llamado moderado se ha encargado de confundirlo todo aún más rebajando la gravedad de los medios de los terroristas por considerar que eran útiles para agitar tales o cuales árboles.

En este sentido, las decisiones de los magistrados, encargados de delimitar cuando una determinada organización política integra el entramado de un grupo terrorista, pueden resultar impopulares y molestas para una parte significativa de la población (los nacionalistas y la izquierda más contraria a la Constitución) que no dudarán en manipular la sentencia para maltratar al tribunal. Es más, incluso puede que una determinada decisión moleste a la familia política que colocó al magistrado en su puesto. Pero aún así, los jueces no deben prevaricar (dictar una resolución a sabiendas de su injusticia), sino que han de hacer valer su independencia frente a todas las presiones que puedan recibir para alcanzar la sentencia más ajustada a derecho posible.

María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, defiende que la sentencia que permitió a Iniciativa Internacionalista, el partido del proetarra Alfonso Sastre, concurrir a las elecciones europeas fue la correcta porque los indicios contra esta formación "no eran sólidos".

Curiosamente, el propio Alfonso Sastre se encargó –pocos días después del último atentado de ETA que terminó con la vida de Eduardo Puelles– de mostrarle a María Emilia la falta de solidez de la sentencia al pronosticar "tiempos de mucho dolor" si el Gobierno vasco no se plegaba a las exigencias de los terroristas.

No parece que los indicios hayan sido el elemento que inclinara la balanza del Tribunal Constitucional a favor de Iniciativa Internacionalista. Al igual que con el Estatuto catalán, todo apunta a que el tribunal ha optado por "satisfacer a todos" y no remover las aguas, aun cuando ello socave la supremacía del ordenamiento jurídico en beneficio de una organización criminal; a todos, claro, salvo a las víctimas de esos terroristas y, en general, a quienes todavía creen en la necesidad de combatir a ETA y defender los derechos individuales.

Es lo que desgraciadamente sucede cuando la justicia se politiza hasta la obscenidad: que el Estado de Derecho se resquebraja y la impunidad se cuela entre las grietas.

Libertad Digital - Opinión