lunes, 30 de agosto de 2010

Rajoy apuesta sobre seguro

Sólo cabe esperar que, de confirmarse la noticia, Cascos, antiguo secretario general de los populares, lleve a Asturias los principios que de la mano de Aznar insufló con tanto éxito en el PP: la defensa de España y de la libertad.

Una de las estrategias que más daño ha hecho al PP en los últimos dos años fue esa todavía inexplicada decisión de Rajoy de cortar relaciones con "la vieja guardia aznarista" y abrir de par en par la puerta a conservadores y liberales. Con esta pose, Rajoy no sólo dio a entender que abandonaba los tradicionales principios que habían hecho grande al PP y que lo distinguían como un buen partido de gobierno, sino que además renunciaba a colaborar con un equipo de gestores de avalada experiencia en unos momentos en los que la sociedad española demandaba como agua de mayo un gabinete de profesionales y no de sectarios ideólogos.

Sin embargo, la propuesta de Rajoy durante estos últimos meses ha consistido en un grupo de políticos sin experiencia de gestión previa y con unas ideas y principios poco claros. Por este motivo, el PP no ha empezado a distanciarse moderadamente del PSOE en las encuestas hasta que el Reino de España se halló al borde de la suspensión de pagos y Zapatero hubo de enmendar parte de su irresponsable demagogia previa a través del tijeretazo y la reforma laboral.


No cabe más que considerar una noticia positiva que Rajoy haya rescatado a alguno de los miembros de la vieja guardia de la que él fue parte integrante de cara a las próximas elecciones autonómicas. Aunque no deja de tener un cierto aire caciquil que siga siendo Rajoy –y no los militantes– quien ponga o quite a candidatos locales o autonómicos, de entre todas las opciones que tenía delante el gallego la de Álvarez-Cascos era la más razonable. Se trataba del candidato natural para la presidencia del Principado de Asturias, que sólo podía desestimarse haciendo gala de un furibundo sectarismo rupturista con la mejor historia del PP.

Pero es dudoso que Rajoy pueda permitirse hoy esta serie de lujos. Si Zapatero está desgastado ante la sociedad española, el gallego no lo está menos. Todos los sondeos son unánimes en el desencanto que siente el electorado hacia ambas figuras, y algún prestigioso semanario inglés incluso ha pronosticado que la victoria en las generales se la llevará aquella formación lo suficientemente audaz como para jubilar a su líder.

De ahí que, ya dando por imposible cualquier resultado mínimamente decente en Cataluña, Rajoy necesite de una noche electoral perfecta en las elecciones autonómicas y municipales de 2011. No hay margen para el error: el PP debe arrasar en toda España o Rajoy puede ver cuestionado su liderazgo justo en los meses anteriores a las generales.

Como ya sucediera con las europeas, cuando Rajoy se la juega, recurre a valores seguros de la "vieja guardia". Mayor Oreja o Álvarez-Cascos cuentan con la garantía de haber formado parte de alguno de los mejores gabinetes de nuestra historia y eso, inmersos como estamos en una crisis nacional, institucional y económica sin precedentes, es un mérito muy a tener en cuenta. Pero, además, para Rajoy este tipo de candidatos tienen una ventaja añadida: si por cualquier razón pierden los comicios, siempre se les podría atribuir la derrota a su filiación aznarista de la que el gallego quiere distanciarse.

En cualquier caso, tretas políticas al margen, si se confirma la candidatura de Francisco Álvarez-Cascos, sólo cabe esperar que el antiguo secretario general de los populares lleve a Asturias los principios que de la mano de Aznar insufló con tanto éxito en el PP: la defensa de España y de la libertad. Asturianos y españoles los necesitamos con bastante urgencia.


Libertad Digital - Editorial

Otro «tijeretazo» en ciernes

El nuevo recorte es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones.

LAS cuentas siguen sin cuadrar al Gobierno. La exigencia hecha meses atrás por la Unión Europea y por Estados Unidos al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero para acometer una urgente y drástica reducción del déficit público, y evitar así el drama de un rescate de la economía española similar al decidido con Grecia, está obligando al Ejecutivo español a hacer mucho más que esfuerzos más o menos bien intencionados. En realidad, le está empujando a recurrir a artimañas más típicas de la letra pequeña de un contrato que a una gestión transparente y sincera con el ciudadano. Según adelanta hoy ABC, el Gobierno está estudiando la posibilidad de dar a medio plazo un nuevo «tijeretazo» a las prestaciones por desempleo, rebajando la cuantía de los subsidios de paro. Hasta el momento, un desempleado con derecho a subsidio percibe el 70 por ciento de su base reguladora durante los primeros seis meses y el 60 por ciento de esa base hasta el final de la prestación. La idea que maneja Moncloa para los próximos meses pasa por reducir esos porcentajes hasta el 60 por ciento en la primera fase, y al 50 por ciento para el resto del periodo con derecho a subsidio, de modo que un parado con una base reguladora de mil euros y dos años de paro pasaría de cobrar 15.000 euros a 12.600; un recorte del 16 por ciento. Si a ello se unen la posibilidad de que el Gobierno decida recortar también los días que se tienen derecho a la prestación por desempleo y la prórroga con restricciones que impedirá a más de 70.000 actuales desempleados el acceso a la ayuda de 426 euros cuando agoten sus prestaciones, el puzle completo ofrecería la imagen de un Gobierno que, de nuevo, asesta un severo varapalo a su maltrecho icono de las «políticas sociales».

Es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones y por la más errónea de las estrategias para luchar contra una profunda crisis económica: la de la incoherencia de dar bandazos constantes. Sin más recortes impopulares no parece que vayan a cuadrar las cuentas. Los excesos del pasado de un Gobierno manirroto, su imprevisión y su afán por negar la realidad durante más de un año se están pagando hoy con un desempleo desbocado, con una economía incapaz de crecer a ritmo constante, con una reducción drástica en la inversión de obras públicas y con subidas de impuestos generalizadas cuyo tope el Ejecutivo mantiene deliberadamente abierto. Cuando la necesidad obliga, la incapacidad ahoga.

ABC - Editorial

domingo, 29 de agosto de 2010

Recortar los recortes. Por José María Carrascal

Ante un otoño políticamente dramático, el Gobierno recorta los recortes y reaviva las dudas sobre su plan de ajuste.

LA mejor receta para superar la crisis se la he oído a Carlos Ocaña, subsecretario de Estado de Hacienda: «Vivir de acuerdo con nuestras posibilidades». Lo malo es que el gobierno del que forma parte sigue gastando en obra pública, pese a tener ya más autovías que ningún otro país de Europa tras Alemania y ser el primero en líneas de alta velocidad.

Que los españoles hemos venido viviendo por encima de nuestras posibilidades es ya un lugar común en los medios financieros. Yo lo he constatado en cada viaje a Alemania y Estados Unidos, dos países con mucho más desarrollo, tecnología y recursos que el nuestro. Sin embargo, el alemán y el norteamericano medio se permiten menos lujos que nosotros. No comen tantas veces en los restaurantes, ni pasan tantas horas en el bar, ni tienen tantos días libres, ni están tan protegidos contra el despido. Me refiero, naturalmente, a los españoles con empleo fijo. Los demás, tienen que apañarse con el subsidio, el apoyo familiar y el trabajo negro. Pero eso no incrementa la riqueza general. La disminuye.


Nada de extraño que nuestra crisis sea más difícil de atajar que la de los países de nuestro entorno. Pues lo más grave es que si los españoles venimos viviendo por encima de nuestras posibilidades, nuestras tres Administraciones, a nivel municipal, autonómico y nacional, han sobrepasado hace mucho las suyas.

Si queremos superar la crisis, esas ínfulas de nuevo rico deberán acabarse. Tanto a nivel personal como gubernamental, tendremos que empezar a vivir de acuerdo con nuestras posibilidades, y lo primero que hay que preguntarse es si un país como el nuestro puede permitirse tantos funcionarios, festejos, autovías, aeropuertos, pabellones de deportes, palacios de congresos, filarmónicas, subvenciones, premios, concursos y trenes de altísima velocidad. ¿Saben ustedes lo que cuesta no ya el tendido, que es astronómico, sino el mantenimiento de la vía del AVE? Pues 100.000 euros por kilómetro al año, que se convierten en 180.000 si es en túnel. ¿Puede España permitirse tales lujos? Yo pienso que no y sospecho que el señor Ocaña tampoco. De ahí su advertencia. Que no ha servido, al parecer, de mucho.

En la primavera, Europa obligó al Gobierno español a recortar drásticamente sus gastos, ya que estaba poniendo en peligro el propio euro. Ante un otoño que se presenta políticamente dramático, sin embargo, el Gobierno ha recortado los recortes, con lo que reaviva las dudas sobre su plan de ajuste. Pero a Zapatero sólo le importan las elecciones. El resto es «intendencia», algo que no preocupa a quienes, como él, nunca han tenido el problema de cómo llegar a fin de mes.


ABC - Opinión

Anímese, señor Rajoy. Por M. Martín Ferrand

Una alternativa sin definición y contenido, puramente platónica, no es una alternativa política solvente.

CUANTO más excluyente sea el bipartidismo en que, no necesariamente para bien, estamos inmersos, más indispensable resulta examinar, en cada caso, el anverso y el reverso de la realidad política. La cara y la cruz de la moneda con la que nos jugamos el futuro individual y colectivo. Algunos, los devotos incondicionales, quienes están dispuestos a votar al PP o al PSOE sea cual fuere su programa y aunque encabezara la lista de las legislativas por Madrid un auténtico chimpancé, no necesitan esos matices; pero los cuatro millones de españoles que «no saben, no contestan», porque queremos saber para contestar, debemos ser exigentes en la demanda y rigurosos en la observación de los matices diferenciales para no caer en el españolísimo vicio del «quítate tu que me pongo yo».

Este fin de semana, mientras en Génova se mantiene la indecisión sobre algunos candidatos indispensables y Francisco Camps, de hecho, se autoproclamaba para su propia sucesión, Mariano Rajoy apareció en Torrox, Malaga, un lugar que, alegóricamente, fue en los tiempos de la España romana la primera factoría sedera del Mediterráneo occidental. Los gusanos de seda reúnen las condiciones precisas de calma y sosiego para ser los idóneos animales de compañía del líder popular y alternativa teórica para el muy urgente y necesario relevo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Rajoy, con buen sentido, cogió el toro por los cuernos de Afganistán y, tras pedirle al presidente del Gobierno que «dé la cara», actitud a la que Zapatero es poco proclive, reclamó el reconocimiento de que la misión de nuestras tropas allí destacadas «no es humanitaria», que se trata de una auténtico «conflicto bélico». Cualquier demócrata sensato podría hacer suyas las demandas que Rajoy le hizo a Zapatero; pero, quienes esperamos de nuestros gobernantes, presentes o futuros, un punto más de mérito y excelencia, quisiéramos saber algo más. Dado que, según la denuncia del PP, no es buena la política gubernamental en el imperio de las amapolas viciosas, ¿cuál es la alternativa que se propone? Rajoy no dijo, y debiera hacerlo para que sepamos a qué atenernos por ambos lados, si es partidario de que nuestras tropas, humanitarias o beligerantes, abandonen el escenario afgano y, por ampliación, cuál es el modelo de política exterior que nos propone. Anímese, señor Rajoy, háganos partícipes de sus proyectos. Usted, de haber sido inquilino de La Moncloa, ¿hubiera pagado rescate por los secuestrados de Al Qaeda en el Magreb Islámico? Una alternativa sin definición y contenido, puramente platónica, no es una alternativa política solvente.


ABC - Opinión

Tricornio y chapiri. Por Alfonso Ussía

En un magnífico artículo publicado en estas páginas de LA RAZÓN, Luis E. Togores nos informa de la obsesión del ministerio de Defensa por eliminar de la uniformidad legionaria el chapiri, el clásico gorrillo del Tercio. Significaría una estupidez más. La modernidad, eso tan discutible en instituciones honradas por la tradición. También quisieron fulminar los socialistas el tricornio de la Guardia Civil. Cuando se apercibieron de que la Guardia Civil era la misma con o sin tricornio, abandonaron la estúpida idea. Días atrás lo demostraron de nuevo. Dos héroes más, caídos en la lejanía, en una guerra que el Gobierno no quiere reconocer. Le llegan los cuerpos sin vida de los valientes y ellos siguen en su buenismo de ONG. Los «marines» americanos conservan el uniforme de gala desde su fundación. De ser los responsables de la Guardia Real inglesa Chacón, Méndez y compañía, ya habrían, en beneficio de la modernidad, intentado cambiar los morriones de los guardias reales por cómodas gorras modelo ciclista. Más cómodo y moderno. Y los «beefeater’s» vestirían de no se sabe qué, para pasear con más holgura y modernidad por los vericuetos de la Torre de Londres.

El chapiri es una seña de identidad de los legionarios. Lo que molesta a estos bobalicones horteras no es el chapiri, sino la Legión. Y todo lo que ayude a rebajar la histórica y heroica personalidad de los legionarios sirve para culminar sus planes. Repárese en la uniformidad de la única creación militar de Zapatero, la UME. Su uniformidad es más hortera que un Quijote de ámbar sobre base de lapislázuli. Si hay que cambiar, mejor hacerlo en la UME, que apenas cuenta con cinco años de existencia, que en la Legión, con noventa años a sus espaldas de patriotismo, sufrimiento, sacrificio, lealtad, dolor, heroicidad y muerte. Todo por España, y eso es lo malo.

Además, el chapiri es airoso, chulo y macho. Lo lleva una legionaria y también resulta macho sin que la portadora pierda un gramo de feminidad. La Real Academia Española ignora su voz. Si se mantiene sobre las cabezas de los legionarios cuando sea editada la vigésima tercera edición de su Diccionario, sería justo y conveniente que incluyeran esta palabra centenaria. No es seguro, porque moviéndose Juan Luis Cebrián por ahí, tiene más posibilidades de instalarse en el cuerpo de nuestro idioma «clítoris» que chapiri. Cosas de los sabios.

En los Ejércitos, las tradiciones se respetan con celo y orgullo. La Dirección General de Innovaciones Horteras del Ministerio de Defensa –quizá, la más activa de todas–, ignora que la modernidad en las Fuerzas Armadas se ciñe exclusivamente a la calidad del armamento y el material. No es moderno eliminar el chapiri, sino contar con carros de combate cuyo blindaje soporte una bomba terrorista y tenga capacidad de reacción inmediata y precisa. Pero la obsesión no es otra que oscurecer la personalidad del Tercio, como lo fue, hasta que fracasó, la de robarle los símbolos a la Guardia Civil.

En mi caso, van a pinchar. En 1992 tuve la honra de ser nombrado «Legionario de Honor» en Monte Jaque, en plena serranía de Ronda. Mi compadre en aquella ocasión fue el gran escritor y poeta Manuel Alcántara. Nos entregaron un diploma y un chapiri. Me sienta de dulce y lo guardo como oro en paño. Y como «legionario de honor» no hay ministra ni Constantino que se atreva a quitarme mi chapiri. Y si no se atreven conmigo, que soy tan poquita cosa, menos se atreverán en los legionarios que día tras día, sin darse importancia, demuestran estar dispuestos a morir por España y los españoles. Con su chapiri, claro.


La Razón - Opinión

Elecciones anticipadas. Por Germán Yanke

Se suelen esgrimir dos motivos en defensa de la convocatoria de elecciones anticipadas: el interés o la desesperación.

Se suelen esgrimir dos motivos en defensa de la convocatoria de elecciones anticipadas: el interés o la desesperación. En el PP, aunque no todos abiertamente, se han pedido porque, a todas luces, las circunstancias les son propicias. Si se trata de que el presidente Rodríguez Zapatero pierda, que les parece más eficaz que cualquier programa alternativo, éste es el momento. O cuanto antes. Otros las reclaman porque, a la vista de la incoherencia e improvisación gubernamentales que no presagian nada bueno, se sienten angustiados. Incluso sin entusiasmo por el relevo, piensan que más vale ir a las urnas y dar paso a un mal menor.

No son argumentos sin importancia pero palidecen ante el obstáculo de la aprobación de los Presupuestos para el próximo año y no precisamente porque el presidente y sus negociadores no puedan sacarlos adelante, lo que colocaría su supervivencia política en un grave aprieto, sino porque este objetivo, la supervivencia, se convierta, aprobándolos, en la más seria y lamentable prueba de que es preciso el adelanto electoral. En el último Debate sobre el Estado de la Nación se explicitó que el socio elegido por el presidente era el PNV y este partido es consciente de que su baza negociadora no es ya la tranquilidad parlamentaria sino, llanamente, la subsistencia de Rodríguez Zapatero. Ante la alarma de Patxi López sobre lo que los nacionalistas puedan reclamar, un dirigente del PNV le reprocha una actitud incomprensible «si quiere que el Gobierno central se mantenga».

El PNV asegura querer, incluso para que lo administren los socialistas en Vitoria, añade con indisimulado cinismo, «pleno autogobierno» entendiendo éste a su particular manera y con el añadido deseo de dar de paso una patada en el trasero de los acuerdos entre socialistas y populares que les llevaron a la oposición. Las políticas activas de empleo, por ejemplo, no están transferidas por una inquina que no existe con otras comunidades autónomas, sino porque el PNV, en el poder o no, las reclama de un modo que rompe la unidad de caja de la Seguridad Social y no puede considerarse acorde a la Constitución. Si Rodríguez Zapatero, que ya paralizó por idénticas presiones la transferencia razonable negociada por López, tiene que pasar ese fielato es mejor, sencillamente, que convoque elecciones. No por falta de apoyos, que en este mercadeo podría conseguir, sino por seriedad y solvencia. Incluso los que no las quieren hoy se lo agradecerían. Y los que las desean deberían saber qué va a hacer quien las gane con los nacionalistas.


ABC - Opinión

Seguridad Social. Inversión versus especulación. Por Juan Ramón Rallo

El auténtico objetivo de Zapatero no es revalorizar los ahorros de la Seguridad Social en beneficio de los pensionistas futuros, sino financiar sus múltiples dispendios presentes a costa de esos pensionistas futuros.

En su gran libro sobre inversión bursátil, Benjamin Graham, el maestro de Warren Buffett y de todos aquellos individuos que de manera sistemática han obtenido rentabilidades extraordinarias en el mercado de valores, sostenía que era de primera importancia diferenciar entre "inversión" y "especulación": "Una inversión es aquella operación que, tras un cuidadoso análisis de la misma, nos asegura recuperar el principal y obtener una rentabilidad adecuada. Las operaciones que no cumplan estos requisitos son especulativas".

La persona que niegue esa crucial distinción no sólo estará engañando a las demás, sino que se estará confundiendo a sí misma a la hora de tomar (horribles) decisiones financieras. No se trata de adoptar una pueril retórica izquierdista, loando la inversión y deplorando la especulación; pues ésta última cumple funciones muy importantes en un mercado. Se trata, más bien, de que no estemos especulando cuando creamos estar invirtiendo, es decir, que no nos expongamos a perder todos nuestros ahorros en operaciones que no garantizaban con una elevada probabilidad su recuperación.


En esto, sin embargo, la gente tiende a pecar de reduccionista. Ya en 1934, Graham se quejaba de que para el saber popular el término inversión resulta equivalente a colocar nuestro dinero en bonos de renta fija y el término especulación se asimilaba con adquirir acciones bursátiles. Pero esto no es más que un prejuicio muy poco científico que puede condenarnos de por vida a la pobreza.

Adquirir una acción de una empresa es una forma de convertirse en propietario de esa empresa; es decir, es una forma de comprar un derecho sobre una parte del conjunto de activos de esa compañía y sobre los beneficios futuros que generará.

Por ejemplo, imaginemos que heredamos un millón de kilos de trigo, de modo que tenemos dos opciones: o guardar ese trigo en el almacén (o venderlo y meter las resultas debajo del colchón) o comprar un campo de trigo (valorado en un millón de kg. de trigo) que cada año produce 100.000 kg., los que a su vez reinvertimos en adquirir nuevos campos de trigo. Si seguimos la primera opción, al cabo de 30 años disfrutaremos de ese millón de kilos de trigo, ni más ni menos. En cambio, si siguiéramos la segunda, al cabo de 30 años gozaríamos de alrededor de 180 campos de trigo que nos proporcionarían una renta anual de 18 millones de kg. de trigo.

Sustituyan los campos de trigo por empresas con sus bienes de capital, trabajadores, relaciones comerciales, know how... y ya podrán entender qué es invertir en bolsa: comprar una participación en una compañía que no sólo genera una renta anual incremental (en términos reales), sino que incluso crece orgánicamente a través de la reinversión de esa renta. Un proceso que además no conoce límites (pues el número y la capitalización de las empresas no están dados, sino que aumentan en función del ahorro disponible en una sociedad) y que no ha de acarrear grandes riesgos: si resultaría absurdo concluir que todas las empresas son igual de malas o que todas se ven abocadas a una quiebra muy probable, también resulta absurdo pensar que todas las acciones son igual de malas o arriesgadas.

Zapatero, con su Seguridad Social (SS), sin embargo, no sólo nos impide capitalizar en la bolsa ese tercio de nuestro salario que mes a mes nos arrebata, sino que además, ahora, destina los ahorros de la SS a adquirir una deuda pública española que proporciona un rendimiento mucho menor que la media histórica de la bolsa (4% frente a 10%) e implica un riesgo mucho mayor (pues existe un riesgo cierto de que el Estado español entre en suspensión de pagos). Una decisión totalmente absurda desde el punto de vista financiero; como decía Graham: "[Dado que el bono es una inversión con una rentabilidad limitada] nuestra principal preocupación debe ser la de evitar perder dinero: la selección de bonos es sobre todo un arte negativo. Es un proceso que consiste en excluir y rechazar más que uno de buscar y aceptar".

Graham nunca hubiese considerado la deuda pública española como una inversión, sino como una insensata forma de especulación. Zapatero, sin haber leído a Graham, probablemente también lo haga: en realidad, su auténtico objetivo no es revalorizar los ahorros de la SS en beneficio de los pensionistas futuros, sino financiar sus múltiples dispendios presentes a costa de esos pensionistas futuros.

Con esta operación, el Estado español se funde los ahorros de la SS a cambio de prometer reponerlos en el futuro (¿podemos confiar en semejante promesa de Zapatero?). Los Kirchner tuvieron que nacionalizar los fondos privados de pensiones argentinos para apropiarse de su ahorro voluntario; los Zapateros lo han tenido más fácil: para apropiarse del ahorro coactivo de los españoles sólo han tenido que alargar la mano. Al cabo, fue Franco quien se lo nacionalizó hace décadas.


Libertad Digital - Opinión

Jirones de Gobierno. Por Ignacio Camacho

El Gabinete ha dejado de existir como órgano colegiado. Está hecho jirones, sin cohesión ni iniciativa ni fiabilidad.

EL Gobierno se fue de vacaciones deshilachado y ha vuelto hecho jirones. Como equipo no funciona porque carece de cohesión y como órgano colegiado simplemente ha dejado de existir, es una mera entelequia jurídica. Las escasas decisiones las toma un núcleo pretoriano cada vez más reducido —apenas Blanco y Rubalcaba— en torno al núcleo duro de Moncloa. Los ministros se contradicen unos a otros y más que falta de coordinación dejan ya traslucir la sensación de que están empezando a pasarse facturas y a darse puñaladitas de pícaro. Fernández De la Vega se ha esfumado, volatilizada a la espera de que Zapatero la envíe a sentarse en el Consejo de Estado. Moratinos ha desaparecido —su ausencia en la crisis de Melilla ha sido clamorosa— y ya es el candidato virtual a la Alcaldía de Córdoba. Chacón y Corbacho tienen un pie en la política catalana; la primera no ha dado la cara ante los asesinatos de Afganistán y el segundo anda en un pulso sordo con Elena Salgado por la reforma laboral y la de las pensiones. Trinidad Jiménez se ha enfrascado en las primarias de Madrid. Chaves está en la pendiente de la jubilación y carece de competencia(s). El resto ha desaparecido: ni están ni se les espera. El Gabinete ha perdido toda fiabilidad porque no sólo no decide sino que lo que dicen sus miembros no dura o sufre continuas rectificaciones. La falta de fortaleza que ha denunciado Patxi López, expresando tal vez un malestar del partido, constituye una evidencia clamorosa.

Si Zapatero pretende agotar la legislatura necesita una remodelación urgente de este equipo abrasado, y si piensa adelantar las elecciones también precisa de un Gobierno fuerte que adopte las medidas más urgentes sin armar un descalzaperros en la frágil economía nacional. Con lo que tiene no tira de ninguna forma. El problema es que su forma de gobernar (?) es tan personalista y está tan desgastado que le va a costar un mundo incorporar a gente con peso específico propio; se ha acostumbrado a manejarse con ministros livianos conformes con hacer de secretarios y chiquichancas. A estas alturas ya sólo se entiende con Blanco, que actúa de vicepresidente sin nombramiento; también respeta el criterio de Rubalcaba, eslabón perdido de conexión con el tardofelipismo, pero lo tiene centrado en el encargo con que confía salvar el mandato: el final de ETA. Y más vale que siga ahí porque es el único que puede ponerle cierta cordura a un empeño tan resbaladizo e inquietante.

Así las cosas, el curso va a empezar sin ninguna pujanza en la dirección política del Estado, cuyos responsables han perdido la capacidad de iniciativa y ya sólo pueden componer chapuzas. Los propios socialistas están desconcertados porque el presidente no mueve pieza. La precampaña autonómica y municipal acabará forzando la crisis, pero hasta que eso ocurra el país va a seguir en manos de un Gobierno exánime. Un guiñapo político.


ABC - Opinión

¿Qué vale La Moncloa?

Si Zapatero aspira a llegar a enero en La Moncloa debe cambiar el vigente equilibrio del poder en el País Vasco.

CON las declaraciones del portavoz del PNV en el Congreso a la agencia Europa Press se dio un paso más en la estrategia nacionalista de asfixiar al Ejecutivo de Patxi López. En ellas Josu Erkoreka sostiene que sin los apoyos necesarios para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2011 «sería inconcebible y una irresponsabilidad que el Gobierno pretendiera agotar la legislatura». Lo que sólo puede ser calificado como una obviedad. Pero a ello añadió Erkoreka que se está «poniendo de manifiesto la interferencia» de Patxi López en la transferencia de las políticas de empleo y le describió como «muy condicionado por el control que sobre él ejerce el PP». Aquí tenemos las dos claves del nuevo curso político a día de hoy: el PNV está dispuesto a vender caro su apoyo a los Presupuestos Generales de 2011 y a la supervivencia de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno. Y no tiene inconveniente en señalar al Partido Popular como un obstáculo para ese apoyo.

Afortunadamente, el PNV es cada vez menos sutil en sus planteamientos. Y de las declaraciones de ayer de Erkoreka queda claro que los nacionalistas no reconocen al lendakari del Gobierno vasco poder de decisión para promover las políticas de empleo que estime oportunas —no porque no les gusten éstas, sino porque siguen sin reconocer su legitimidad como lendakari— y continúan rechazando el ejercicio democrático que representa la mayoría que respalda al actual Gobierno vasco. Todo ello sumado, el resultado es cada vez más evidente: si Zapatero aspira a llegar a enero en La Moncloa debe cambiar el vigente equilibrio del poder en el País Vasco, de mayoría constitucionalista. ¿Cuánto vale la continuidad de Zapatero en Moncloa?


ABC - Editorial

El fantasma de la recesión

El último dato de crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre ha enfriado los ánimos más esperanzadores y ha agitado fantasmas que parecían superados. La que aún es la mayor locomotora mundial se quedó ocho décimas por debajo de las previsiones, hasta el 1,6% del PIB de subida. La cifra es tres veces menor de la registrada a finales de 2009, lo que revela un preocupante estado de ralentización. Pero además la fragilidad del crecimiento ha estado flanqueada por comportamientos muy decepcionantes del empleo, el mercado inmobiliario y la industria. Hay abierto un periodo de incertidumbre y vacilaciones que arroja nuevas dudas sobre una economía imprescindible para consolidar la recuperación global. Esa corriente de recelos se ha plasmado en una encuesta de Reuters, en la que uno de cada cuatro economistas (25%) cree posible que la economía de Estados Unidos regrese a valores negativos en el tercer trimestre del año frente al 15% que lo hacía en julio. Entre un número creciente de expertos, como el Nobel Krugman, se extiende la teoría de que la principal potencia del planeta no ha entrado todavía en una fase de recuperación.

Cada vez son más los empresarios y sectores profesionales que cuestionan la política económica de Barack Obama, demasiado intervencionista y con un exceso de ataduras normativas que están encorsetando el tradicional dinamismo norteamericano. El importante déficit público de sus propuestas está generando escepticismo y preocupación entre las empresas, que no sintonizan con la agenda económica del presidente, lo que redunda en la no recuperación del empleo. Se quiera o no reconocer, la realidad es que las recetas del inquilino de la Casa Blanca no han generado la confianza necesaria para fortalecer una reactivación titubeante, sino más bien todo lo contrario.

El papel de las economías emergentes no es ajeno tampoco a esos nubarrones sobre la recuperación de la economía global. Los voluminosos crecimientos de China –segunda economía del mundo– Brasil o India están configurando un orden mundial que acapara recursos, comercio y capitales mientras las potencias occidentales se quedan descolgadas en el reparto. Esa reorganización ha multiplicado las dificultades para Estados Unidos y Europa, que se intenta aferrar en lo posible a esos mercados potentes. Ya lo hizo Angela Merkel con bastante éxito y ahora lo intenta José Luis Rodríguez Zapatero, que viajó ayer a China y Japón, acompañado de empresarios, para vender la marca España.

En ese contexto de inquietud, el comportamiento de las principales economías europeas, con cifras de actividad por encima de lo previsto en Alemania, Reino Unido o Francia, supone un respiro con matices. Porque no se puede ignorar el efecto contagio de EEUU sobre Europa ni que si Wall Street estornuda en el viejo continente nos acosa la neumonía. Si se confirman los presagios para Estados Unidos, España será una gran perjudicada por su fragilidad estructural. Nuestro país cerrará el año en tasas negativas de PIB, y un estado de parálisis mundial nos llegaría de nuevo con los deberes por hacer, con tibias y desacertadas reformas, y sin la catarsis que el país necesita desde hace años.


La Razón - Editorial

Comienzo sin Rodiezmo

Zapatero debe enfrentarse a graves problemas que no debería sortear con políticas de imagen.

El curso político que se inicia no será fácil para el presidente del Gobierno. Con el trasfondo de una situación económica que no da signos concluyentes de remontar, Zapatero se enfrenta al resultado de una forma de hacer política para la que no ha contado tanto la visión de conjunto, ni la anticipación de los problemas, como la búsqueda de respuestas caso por caso y su inmediata explotación en términos de imagen. La ausencia de Zapatero en los actos sindicales de Rodiezmo, que intentó convertir en tradición lo mismo que Aznar las comidas en silencio en Santo Domingo de Silos y las partidas de dominó en Quintanilla de Onésimo, es una significativa ilustración de los riesgos que esta estrategia generaba y que la crisis ha materializado: cunde la sensación de que ha defraudado a todos. Tal vez el aspecto positivo de la cancelación de la visita a Rodiezmo sea la posibilidad de que acaben estos inanes espectáculos presidencialistas para marcar el comienzo del curso, gobierne quien gobierne.

Las dificultades a las que se enfrenta Zapatero no derivan solo de la gravedad de los asuntos que le aguardan, por lo demás de tanta trascendencia como una huelga general, unas decisivas elecciones catalanas, la negociación de los Presupuestos en minoría y las primarias de Madrid, en las que está en juego su liderazgo. Como resultado de su forma de hacer política, las respuestas a unos asuntos se solapan o entran en colisión con las de otros, de tal manera que el presidente parece preso de un laberinto que él mismo ha creado. Para salvar las cuentas del Estado, Zapatero necesita el apoyo de los nacionalistas catalanes o de los vascos. Pero esta salida parte de la derrota electoral de los socialistas en el caso del Cataluña y, en el del País Vasco, exige un eventual debilitamiento del Gobierno de Patxi López. Con el agravante de que la gestión de López, con el apoyo del PP vasco, se trata de una de las pocas experiencias esperanzadoras de los últimos años.

La pugna entre Tomás Gómez y la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, para encabezar el cartel de las elecciones autonómicas en Madrid no es un episodio aislado; es un síntoma. Lejos de reprochar a Gómez el haber dicho no a Zapatero, no pocos militantes, y muchos más ciudadanos, estiman que es lo que los dirigentes socialistas tendrían que haber hecho al menos desde que comenzó la crisis y el Gobierno dio signos de afrontarla con frivolidad. Si hoy se enfrenta a una huelga general es, en buena medida, porque ninguno lo hizo, conformándose con secundar una retórica más destinada a contentar emocionalmente a los sindicatos que a promover las reformas económicas que hubieran podido sostener las promesas. La gran baza de Zapatero desde que llegó a La Moncloa ha sido Rajoy. Sigue siéndolo, y quizá de manera acrecentada. Solo que el principio de realidad impuesto por la crisis económica ha mostrado con insólita crudeza los problemas que atraviesa el país, y todavía corresponde a Zapatero darles respuesta.


El País - Editorial

De la crisis económica al chantaje político

Las elecciones anticipadas no sólo son urgentes para salvaguardar lo poco que queda de nuestra economía, sino que, a la luz de la servil actitud del PSOE, resulta cada vez más apremiante para conservar lo todavía más escaso de nuestro sistema político.

No cabe duda de que la economía española padece problemas gravísimos que tardaremos años (o incluso décadas) en resolver plenamente. Gran parte de esos problemas han sido causados por la irresponsable política económica del Gobierno de Zapatero y constituyen una enorme hipoteca que se trasladará a los Ejecutivos futuros. Sin embargo, precisamente por esa innata tendencia del PSOE a agravar los problemas, hay una cosa que en principio podríamos solucionar rápidamente y que reforzaría nuestra credibilidad frente al exterior: cambiar al Gobierno que ha causado buena parte del desaguisado actual al negarse a adoptar las reformas presupuestarias y estructurales que requiere nuestro aparato productivo.

Los prejuicios ideológicos y el sectarismo del PSOE han terminado por deslegitimarlo por completo ante sus tradicionales socios parlamentarios, más izquierdistas y sectarios que él mismo si cabe. El país sobrevive en un impasse porque el Gobierno ni quiere ni puede hacer lo correcto. Su soledad en el Congreso apenas le permite sacar adelante las tímidas reformas que le imponen desde Bruselas y, lo que puede resultarles más vergonzoso, los presupuestos de 2011.


Así las cosas, este es un contexto propicio para el mercadeo político. El Gobierno no quiere renunciar al poder, de modo que se muestra favorable a entregarlo casi todo a aquel partido que le dé la llave para tan decisiva votación. Parece que en esta ocasión el apoyo deseado es el del PNV, quien no ha tardado un instante en exigirle todo lo confensable e inconfensable al Ejecutivo: desde reivindicaciones territoriales como el enclave cántabro del Valle de Villaverde a exigencias políticas como el gobierno vasco, pasando a buen seguro por condicionar los términos de la "negociación" con ETA.

La crisis económica ha sembrado el terreno para el chantaje político al Gobierno. Un chantaje que de manera previsible puede terminar en cesión claramente perjudicial para todos los españoles. Pues no se trata sólo de que los presupuestos para el año próximo a buen seguro consolidarán un volumen de gasto muy superior al que cabalmente nos podemos permitir, sino que, además, la moneda de cambio para sacar adelante este expolio será la enésima claudicación política, institucional y moral de nuestra nación. Si ya es grave que nuestros políticos trafiquen con nuestra prosperidad y la de nuestros hijos, más aún lo es que para poder hacerlo estén dispuestos a añadir un clavo más en el ataúd de nuestra democracia.

La celebración inmediata de elecciones anticipadas no sólo es urgente para salvaguardar lo poco que queda de nuestra economía, sino que, a la luz de la servil actitud del socialismo patrio, resulta cada vez más apremiante para conservar lo todavía más escaso de nuestro sistema político.

Un precio que sería demasiado alto para aprobar cualesquiera presupuestos, pero que, desde luego, será insoportablemente oneroso para sancionar unas cuentas públicas que, si nos atenemos a la experiencia, sólo servirán para terminar de sesgar los pocos brotes verdes que puedan haber surgido a la sombra de Zapatero.


Libertad Digital - Editorial

El Estado fantasma de Al Qaida

La guerra de Afganistán se está perdiendo, Pakistán es un aliado cada día más equívoco y Al Qaida se expande por un territorio abonado para su ideario integrista.

LA liberación de los cooperantes españoles secuestrados por Al Qaida en el Magreb Islámico es un punto y seguido en el proceso de implantación de esta red terrorista en el desierto del Sahel, a las espaldas del norte de África y con la mirada puesta en Europa. Lamentablemente, Al Qaida está ganando territorio y fuerza tras la fusión de grupos locales, principalmente salafistas argelinos, que actuaban autónomamente contra los gobiernos nativos. Ahora, esta red, que opera a sus anchas en el Sahel, ha incorporado su violencia terrorista a la estrategia general de Al Qaida, cuyos objetivos siguen siendo la restauración del califato en todo el territorio que los integristas reclaman para el islam. La preocupación de los países occidentales frente a Al Qaida ha sido durante años, especialmente desde el 11-S, que pudiera hacerse con el control de más estados fallidos, como Afganistán. Sin embargo, Al Qaida ha conseguido crear algo parecido en el inhóspito Sahel, donde el poder de los Estados de la región es escaso o nulo, y se debilita aún más cuando se convierten en intermediarios para el pago de lucrativos secuestros. No tiene mucho sentido exigir a estos gobiernos de la zona que actúen contra los terroristas si, cuando lo hacen, se les pide que cedan al chantaje y liberen a uno de ellos, como sucedió con el organizador de los secuestros de los cooperantes españoles.

La situación al sur del Magreb es crítica y Al Qaida tiene todas la de ganar porque sigue reclutando adeptos, aumentando el territorio bajo su control, debilitando a los gobiernos locales e intimidando a los países europeos, dispuestos a desarmar ante un secuestro todo su aparatoso y aparente discurso de firmeza y cooperación. La guerra de Afganistán se está perdiendo, Pakistán es un aliado cada día más equívoco y Al Qaida se expande ante la impotencia occidental por un territorio abonado para su ideario integrista (gobiernos corruptos, pobreza generalizada, falta de autoridad). En medio de este panorama, la lucha sin cuartel del Gobierno iraquí contra Al Qaida es una referencia sobre las posibilidades de que un país musulmán pueda combatir a los sicarios de Bin Laden.

La ofensiva del terrorismo islamista juega sus bazas según sus prioridades. Por eso sería un error pensar que el Sahel queda muy lejos de España. Más lo estaba Afganistán de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Los escenarios del conflicto contra el integrismo islamistas son más amplios que Afganistán e Irak y están acercándose a una Europa que sigue con la cabeza debajo del ala.


ABC - Editorial

sábado, 28 de agosto de 2010

Todos rehenes. Por Hermann Tertsch

Para los españoles lo evidente es que Zapatero ha logrado convertirnos en el eslabón más débil de la defensa occidental.

¡Cuántos lamentos ahora que los talibanes son ya quienes establecen la agenda en Afganistán! ¡Cuando las tropas occidentales no saben ya por qué, cómo y hasta cuándo combaten! Ya nos contará que va a pasar ahora Obama, que cambia de planes y jefes militares en Afganistán según conviene a sus asesores electorales. Llegó a la Casa Blanca diciendo que esta guerra no se podía perder. Menos de dos años después parece claro que, tal como la dirige, no se puede ganar. Resulta terrorífico pensar que quizás decía la verdad —por una vez— nuestro Zapatero cuando hablaba de sus similitudes con Obama. Queda como esperanza el probado funcionamiento del sistema norteamericano. Han tenido presidentes incapaces. Pero nunca les han dado tiempo ni margen para hacer tanto daño a su país como Zapatero ha hecho al suyo. De ahí que las elecciones en noviembre en EE.UU. puedan obrar serios cambios.

Para los españoles lo evidente es que Zapatero ha logrado convertirnos en el eslabón más débil de la defensa occidental. Y como tal, en objetivo lógico de los esfuerzos del enemigo por romper dicha defensa. Somos un enemigo ideal. Desmotivado por su dirección política, inerme por falta de tropas y medios, y confundido por falta de órdenes y objetivos. Débil, fácil de chantajear e intimidar, con una retaguardia lejana dividida y desmoralizada. Ahora pagamos el precio de tantas mentiras y tanto pensamiento débil para embotar conciencias. Zapatero ya no puede asistir a un funeral ni a Rodiezmo. Vano consuelo con tanto daño irremediable. Con nuestros guardias civiles, soldados, turistas y cooperantes, españoles en general, convertidos en los rehenes que todo terrorista aspira a tener. Ahora quisiera yo ver al anterior ministro de Defensa —o a la actual— diciéndole a las madres y mujeres de nuestros guardias aquello de que es mejor morir que matar.

ABC - Opinión

Las cuentas de interior. Por M. Martín Ferrand

De no ser porque Blanco cursa y obra con cargo al Presupuesto habría que darle la medalla de las Bellas Artes.

DE José Blanco podría decirse lo que el muy divertido Jorge Llopis afirmaba de una tal Margarita en uno de sus poemarios:

«Margarita no dice más que cosas vacías,
y al que coge por banda la mitad de los días
o le da la tabarra o le atiza un tostón».

Se advierte que el titular de Fomento hace todo cuanto está en su mano por parecer un hombre serio y cabal, consecuente con su responsabilidad; pero hay algo en su fondo que termina por romperle la apariencia y presentarle como uno de los grandes cómicos de nuestro tiempo. De no ser porque Blanco cursa y obra con cargo al Presupuesto habría que darle la medalla de las Bellas Artes. Nadie, nunca, con tan escaso guión y tan corto repertorio consiguió que sus actuaciones públicas merecieran, casi a diario, los honores de las primeras páginas de los diarios y los clarines de apertura de los noticieros audiovisuales.


«Su boquita chiquita se marchita contrita
con bostezos de torpe e infeliz boquerón».

Sale al escenario y, con gran facilidad y ante el pasmo de los españoles lo mismo recorta en 6.400 millones el Presupuesto del Ministerio de Fomento que, una vez reducido, lo engorda en 700. Maneja las cifras como Astor Piazolla o Aníbal Troilo manejaban el bandoneón: las alarga, las achica, las engrandece y reduce, las infla y las desinfla y, cuando parece que ya no da más de sí, vuelve a la andadas y, con desparpajo, lo mismo le adjudica a Miguel Ángel Revilla un AVE que llegue, despacito, hasta Reinosa que le incrementa a José Antonio Griñán su cupo de obras públicas para la presente legislatura.

Blanco ya nos tenía demostradas sus mañas polifacéticas. Su capacidad para organizar un partido centenario con la exclusión de cualquier vestigio de talento, su talento para dirigir un Ministerio necesariamente deficitario y gastador o su imaginación a la hora de lanzar improperios contra sus adversarios políticos; pero ahora, cuando la necesidad aprieta, saca fuerzas de flaqueza y convierte en elásticas las cuentas que maneja su mayor en edad, dignidad y gobierno Elena Salgado. Sería extraordinario que lo que así parece pudiera ser real y palpable, que los euros que el Gobierno nos ordeña fueran tan elásticos como para hacer más kilómetros de carreteras y ferrocarriles con menos déficit y menor deuda; pero la realidad insiste en que dos y dos son cuatro y nunca dieciséis. Por mucho que la fiebre electorera caliente el ánimo de Blanco y sus colegas de Gobierno y chapuza. Si las de Gonzalo Fernández de Córdoba fueron las «Cuentas del Gran Capitán», las de Blanco en Fomento parecen las de un pequeño educando de banda. Tararí.


ABC - Opinión

PSOE. Tomás en el Tutuky Splash. Por Maite Nolla

Gómez se subió a La Noria y sólo dos preguntas bastaron para comprobar que su pensamiento político es semejante al de Leire Pajín y que ya le podían preguntar por Zapatero, que él repetía incansable las cuatro consignas contra Esperanza Aguirre.

Hace un tiempo se supo que la consejera de Familia de la Generalitat había encargado un estudio para mejorar su imagen. Aquello trascendió porque el informe en cuestión costó unos cuantos miles de euros, en plena crisis y en un departamento que, en teoría, debe destinar su dinero a otras cosas. Y aunque la polémica vino por el gasto, lo interesante fue que el estudio concluía que la interfecta de ERC podía mejorar su imagen, sí, pero limitando al máximo sus intervenciones públicas. Es decir, los expertos asesores consideran que lo mejor de un político es que esté callado. Y es que realmente es así. Algún día se estudiará el caso de Elena Espinosa, que lleva más de seis años de ministra, mérito atribuible a que no ha abierto la boca en el tiempo que dura una legislatura y media. Dirige un ministerio sin competencias en agricultura, sin competencias en medio ambiente, ni en medio rural, ni en medio marítimo. No molesta porque no dice nada ni hace nada. El PP tiene la misma política que el PSOE o que Izquierda Unida en la materia, una especie de estatalismo megasubvencionado, y no ha incluido entre sus críticas a la señora Espinosa. Además, ni siquiera es un ministerio con el que se pueda hacer demagogia, como sucedió con el de Vivienda, en el que se colocó a la señora Chacón para hacerle la campaña de las elecciones de 2008 a costa del dinero público. Ponderando lo que se gana y lo que se pierde por dar o no dar una rueda de prensa que te puede hundir, Beatriz Corredor, la señora Garmendia, Miguel Sebastián o la misma Chacón han desaparecido de la vida pública, siguiendo el ejemplo de la señora Espinosa.

El último caso de político que ha perdido abriendo la boca el poco crédito que pudiera haber conseguido es el de Tomás Gómez. El candidato socialista había despertado simpatía por su actitud contra Zapatero. Es cierto que seguramente su rebeldía tiene que ver con algún tipo de traición zapateril o con haber tenido que dejar la alcaldía de Parla para nada, pero que le haya fastidiado a Zapatero sus planes de quitarse de en medio a Trini es de admirar. Así, Gómez se subió a La Noria y sólo dos preguntas bastaron para comprobar que el pensamiento político del candidato es semejante al de Leire Pajín y que ya le podían preguntar por Zapatero, que él repetía incansable las cuatro consignas contra Esperanza Aguirre. Que si ha enfrentado a Madrid con Cataluña y con el País Vasco, que si en Madrid hay "poca calidad democrática", que si éste es el proyecto de miles de compañeros y compañeras, y así hasta que decidieron despedirle, a la vista del espectáculo. Ni las humillaciones públicas de Lissavetzky ni de Rubalcaba ni de Zapatero, ni las supuestas encuestas: la entrevista con el candidato Gómez demostró que seguramente tienen razón en el partido y que puestos a presentar a un candidato para perder, mejor presentar a una cara conocida. Y es que si Gómez gana las primarias, lo que le espera no es La Noria, sino un bañito en el Tutuky Splash.

Libertad Digital - Editorial

FARC y ETA: otra vez

Los documentos de las FARC difundidos ayer relatan un plan para un ataque con la colaboración de «los instructores que nos envió ETA» y cuyo objetivo era el acto de toma de posesión presidencial de Juan Manuel Santos.

EN mayo de 2008 salieron del ordenador del caudillo de las FARC Raúl Reyes las pruebas incontestables de que existía una cooperación entre este grupo terrorista y sus pares españoles de ETA y que buena parte de los contactos encaminados a poner en marcha esa cooperación se habían producido en territorio venezolano. Una amplia mayoría del buenismo internacional negó la mayor. Era más fácil hacer eso que enfrentarse a hechos tan graves como los intentos en 2003 de asesinar en España al ex presidente Andrés Pastrana Arango y al entonces vicepresidente Francisco Santos Calderón.

Fue precisamente el hoy presidente Juan Manuel Santos Calderón, entonces ministro de Defensa, quien divulgó los contenidos de esos ordenadores intervenidos en una incursión en territorio ecuatoriano dirigida por él. Y fue el presidente venezolano Hugo Chávez quien negó toda actuación de las FARC en su territorio nacional, ya fuese para reunirse con ETA como para recibir cualquier apoyo logístico, venezolano o de cualquier otro origen. Los documentos de las FARC difundidos ayer relatan un plan para un ataque con la colaboración de «los instructores que nos envió ETA» y en el que «un ingeniero enviado por la República hermana» se ocuparía del acoplamiento al suelo de las bases giratorias de los cinco cañones que se emplearían para los disparos secuenciales y a control remoto. Y cuyo objetivo era el acto de toma de posesión presidencial del hombre que más duros golpes ha asestado a las FARC. Acto al que asistían, entre otros, Álvaro Uribe, el hombre que mandató a Santos en Defensa, los frustrados objetivos de ETA y las FARC, Andrés Pastrana y Francisco Santos, y el Príncipe de Asturias. Qué más podían pedir...


ABC - Editorial

No más errores con ETA

ETA tiene fijado como objetivo prioritario de su estrategia criminal más inmediata la posibilidad de que una de sus marcas blancas pueda presentarse a las elecciones municipales y forales del próximo año y asegurarse de este modo no sólo la presencia política en las instituciones, sino también las jugosas partidas presupuestarias correspondientes. La banda ha vuelto a poner en práctica la estrategia del señuelo para que algún incauto, irresponsable o desalmado la persiga. LA RAZÓN informó hace unos días de que ETA prepara otra tregua-trampa para colarse en unos comicios en los que se juega parte de su futuro. La realidad, sin embargo, demuestra que la inactividad etarra es sólo aparente y que su debilidad, aunque cierta gracias a los éxitos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no es un estado definitivo e irreversible. A pesar de que la capacidad de regeneración de la banda ha quedado muy mermada con el transcurso de los años por los distintos golpes policiales y la creciente contestación ciudadana, sería un error caer en un exceso de confianza o bajar la guardia. Afortunadamente, la experiencia de los mandos antiterroristas suele servir como un baño de realismo para rebajar las expectativas de algunos políticos.

Que ETA no haya cometido un asesinato en meses puede también contribuir a un análisis precipitado e inexacto. Los datos de los que disponen los expertos no son precisamente los de una organización al borde del colapso o que tiene pensado abandonar la violencia, sino más bien al contrario. Lo cierto es que la banda mantiene su actividad delictiva, ya que continúa con el chantaje del «impuesto revolucionario», mediante el envío de cartas a empresarios del País Vasco y Navarra en las que se les exigen grandes cantidades de dinero, y con el robo de numerosos coches en Francia, síntomas inequívocos de un grado preocupante de operatividad.

Para despejar todas las dudas, ayer se conoció también que miembros de ETA ayudaron a los terroristas de las FARC a preparar un atentado con morteros artesanales contra el lugar donde iba a tomar posesión el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, el pasado día 7 de agosto. Los etarras participaron como instructores y suministraron el diseño de los morteros en unos preparativos que se iniciaron en abril. Afortunadamente, las Fuerzas de Seguridad colombianas descubrieron el plan tres días antes de la fecha.

Muy probablemente, ETA se reserve para las próximas semanas ese cebo de la tregua verificable, a la espera de que alguien pique y se provoque una espiral de enfrentamiento político. El objetivo sería también crear distracción y un escenario propicio para su participación en las elecciones y para una reorganización de la banda que ya está en marcha. El Gobierno, el PP y el resto de los partidos democráticos deben estar preparados para ese momento con una respuesta sin fisuras en torno a la estrategia antiterrorista que ha funcionado y alejada de tacticismos alicortos. La ETA que extorsiona, roba coches y colabora en el intento de asesinato del presidente colombiano no es una banda a punto de rendirse ni autodisolverse. Sería imperdonable que alguien se volviera a equivocar de nuevo.


La Razón - Editorial

Sota, caballo y rey

Las alternativas económicas son pocas, pero la elegida debe aplicarse sin vacilaciones

Muchos Gobiernos llevan meses buscando la combinación óptima entre las medidas de ajuste que reduzcan el déficit y las de estímulo de la demanda interna y de las exportaciones que favorezcan el crecimiento y contengan el paro. En España confluyen dos rasgos diferenciales que hacen más dramática esa opción: un desempleo que dobla la media de la UE; y un elevado endeudamiento privado con un sector bancario que sigue lejos de su normal actividad crediticia. El efecto es una recuperación más lenta (y más vulnerable) que la de nuestros principales socios.

De la comparecencia de la vicepresidenta económica tras la reunión, el jueves, del sanedrín económico del Gobierno se deduce que Zapatero ha optado por dar prioridad a lo urgente sobre lo necesario. Lo urgente: la reducción del déficit mediante una política presupuestaria muy severa. Lo necesario: impulsar el crecimiento, sin el que no se creará empleo.


La crisis de mayo, cuando los mercados (y los Gobiernos que tenían detrás) exigieron un saneamiento drástico de las finanzas españolas bajo amenaza de provocar un insoportable encarecimiento de la deuda, convenció al presidente de lo inaplazable de resolver en primer lugar y de forma rápida ese saneamiento. De forma rápida significa: tocando las principales partidas del gasto, las inversiones en infraestructuras, los salarios públicos y el gasto social. Aunque la vicepresidenta relativizó ayer el criterio adelantado por el ministro de Trabajo respecto a la reforma de las pensiones, dio seguridades de que el ajuste presupuestario se aplicará a rajatabla, con una reducción media del 15% en los Ministerios, excepto en Ciencia e Innovación. El resultado será un nivel de gasto similar al de hace cinco años, con una reducción respecto a 2009 del 7,7%.

Una solución teóricamente posible sería la de buscar la reducción del déficit no tanto mediante el recorte del gasto como del aumento de los ingresos. Es lo que varias veces ha insinuado el ministro de Fomento. Muchos economistas están de acuerdo en que será necesario subir los impuestos directos, pero no ahora: la retirada de renta disponible tendría un efecto más que proporcional en la demanda interna justo en el momento en que por primera vez en dos años se perciben síntomas de despegue: entre abril y junio, según el INE, el gasto de los hogares y las inversiones en bienes de equipo han crecido lo suficiente como para que el PIB subiera el 0,2% en el trimestre y para rebajar el retroceso previsto para el conjunto del año al -0,1%.

Puede tratarse de un dato coyuntural (motivado por ventas anticipadas ante la subida del IVA), pero unido a la reciente colocación de deuda a tipos de interés más bajos y a la mejora de la confianza en el sistema bancario español derivada de las pruebas de resistencia, no deja de ser un síntoma moderadamente esperanzador. Que lo sería más claramente si fuera acompañado de una mayor firmeza y coherencia en las apuestas esenciales del Gobierno en su política económica.


El País - Editorial

Ocultar nuestros problemas no los solucionará

Nuestro irresponsable Gobierno sólo está cerrando en falso todas aquellas medidas que en mayo prometió aprobar para que nuestros acreedores internacionales no nos cerraran por completo los flujos de crédito.

Pese a que cada vez hay más evidencias de que la moderación de la crisis económica internacional que hemos experimentado en los últimos meses ha sido el resultado artificial e insostenible de todos los planes de estímulo que vienen desplegándose desde 2009, en España parece que sólo estamos aprovechando estos meses de calma para hacer que suba el pan. Los riesgos de que se produzca una recaída, especialmente en las economías más endeudadas como la nuestra, van siendo cada vez mayores y, en este contexto, resulta urgente que terminen de aprobarse todas las reformas que los economistas califican de imprescindibles.

En cambio, nuestro irresponsable Gobierno sólo está cerrando en falso todas aquellas medidas que en mayo prometió aprobar para que nuestros acreedores internacionales no nos cerraran por completo los flujos de crédito.


La reforma laboral ha sido finalmente aprobada por el Senado sin ninguna modificación significativa que permita abaratar el coste del despido al margen del poder judicial o flexibilizar las condiciones laborales al margen del poder sindical; las anunciadas reducciones del gasto público están comenzando a descafeinarse, tal y como ilustra la revisión a la baja del recorte que supuestamente iba a experimentar Fomento; y la muy tímida reforma del sistema público de pensiones apenas permitirá prolongar su viabilidad durante unos años más.

Es decir, no se ha abordado ninguna de las tres grandes reformas económicas que la mayoría de analistas considera indispensables –mercado laboral, déficit público y sistema de pensiones. Al contrario, el Ejecutivo sigue empeñado en ese error que tan caro nos ha costado a todos los españoles: pensar que ocultando la existencia de problemas, éstos se solucionan.

Lo ha vuelto a hacer con la enmienda del Senado a la reforma laboral, donde se compele a los parados a que participen en inútiles cursos de formación simplemente para sacarlos de las estadísticas de desempleado, pudiendo así aparentar que las mojigatas medidas laboral del Gobierno están logrando los resultados esperados. Y lo vuelve a hacer, y en este caso con consecuencias mucho más inquietantes, utilizando el dinero del fondo de reserva de la Seguridad Social para seguir sufragando los derroches que Zapatero se niega a recortar.

Así, si en 2009 más del 70% de los activos de ese fondo ya estaban concentrados en la muy insegura deuda pública española, se espera que a lo largo de 2010 el 90% esté copado por la misma. En otras palabras, el Ejecutivo está quedándose con el dinero supuestamente destinado a garantizar la viabilidad de nuestras pensiones a cambio de la promesa de que en el futuro lo repondrá.

Es cierto que con esta especulativa política, Zapatero podrá colocar con un poco más de facilidad esas milmillonarias emisiones de deuda que mes a mes está realizando para cubrir nuestro agujero presupuestario. Pero ocultar durante unas semanas las dificultades reales que tenemos para colocar nuestros bonos no solucionará los problemas que tendremos en el futuro cercano para seguir lográndolo. Es más, lo único que se logra de este modo es que, por un lado, Zapatero no sienta presión alguna para reducir el déficit público y, por otro, se agrave la ya de por sí mala salud de nuestro sistema de pensiones.

Por eso la convocatoria de nuevas elecciones resulta imprescindible. De hecho, resultaba imprescindible desde el 10 de marzo de 2008, cuando se comenzó a constatar que el PSOE había edificado su victoria sobre una mentira. Otra más.


Libertad Digital - Editorial

Crisis de gobierno

Moncloa se ha abonado a la confusión como lema exclusivo de su gestión, con el riesgo añadido de que los divorcios políticos en el seno del Ejecutivo neutralicen, más si cabe, la acción de gobierno.

COMO es lógico, el presidente del Gobierno tiene la competencia exclusiva sobre su gabinete ministerial y es libre de manejar los tiempos para afrontar hipotéticos cambios en su composición. Prácticamente descartados para lo que resta la legislatura el sometimiento del jefe del Ejecutivo a una cuestión de confianza en las Cortes, una moción de censura instada desde la oposición o un adelanto electoral, la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero está ofreciendo síntomas inequívocos de agotamiento e impotencia que aconsejan una urgente y profunda remodelación del Gobierno. El Ejecutivo está compuesto por una mayoría de ministros desaparecidos, con nula autonomía y capacidad de decisión; por ministros obligados a compaginar su labor ministerial con campañas personales de imagen para su futuro político como candidatos de las elecciones autonómicas y municipales; por ministros que ante la opinión pública asumen responsabilidades y lanzan mensajes propios de departamentos que les son ajenos, anulándose unos a otros sin rubor; o por ministros cuya labor más visible consiste en enmendar la plana a otros compañeros de gabinete. El resultado de la ecuación es el desconcierto. Las rectificaciones, las improvisaciones, los mensajes transversales y equívocos retratan a un Gobierno en descomposición.

No es creíble que, tras una reunión de más de tres horas en La Moncloa, se deba a un simple fallo de coordinación interna la nueva rectificación que la vicepresidenta económica, Elena Salgado, hizo ayer al titular de Trabajo, Celestino Corbacho, al asegurar que la idea de calcular las pensiones conforme a los últimos veinte años de vida laboral, en lugar de quince, responde sólo a una «sugerencia» y no a una «propuesta formal». Este tipo de desautorizaciones ya no son episodios aislados. No son los errores comprensibles, incluso disculpables, que en un momento determinado cometen todos los gobernantes del mundo. El Gobierno profundiza en su crisis. Transmite la sensación de estar inmerso en una batalla interna en la que la jerarquía, la autoridad, la planificación de estrategias comunes y la coordinación, más que estar en entredicho, sencillamente no existen. Moncloa se ha abonado a la confusión como lema exclusivo de su gestión, con el riesgo añadido de que los divorcios políticos en el seno del Ejecutivo, la convivencia forzada entre equipos ministeriales desautorizados constantemente y los desencuentros personales neutralicen, más si cabe, la acción de gobierno. Incapaz de transmitir a la ciudadanía mensajes coherentes y creíbles, Zapatero está manteniendo a su Ejecutivo en una prórroga inútil y alentando la certeza de que el ciclo de muchos ministros hace tiempo que llegó a su fin.

ABC - Editorial

viernes, 27 de agosto de 2010

PSOE. Obediencia al jefe. Por Agapito Maestre

Nadie mejor que Rubalcaba con estas declaraciones ha definido jamás el tipo de partido que es, hoy por hoy, el PSOE. Estamos ante un partido de marcado cuño leninista, es decir, de orientación totalitaria y autoritaria.

El único patrimonio político de Tomás Gómez, según su compañero de partido Alfredo Pérez Rubalcaba, es haber desobedecido a Rodríguez Zapatero. Por eso, precisamente por ese acto de desobediencia moral y de rebelión política hecho público por Gómez, el ministro del Interior votará a la candidata impuesta por el jefe del partido. Nadie mejor que Rubalcaba con estas declaraciones ha definido jamás el tipo de partido que es, hoy por hoy, el PSOE. Estamos ante un partido de marcado cuño leninista, es decir, de orientación totalitaria y autoritaria. Así fue en el pasado. Así es ahora.

El debate de las primarias en Madrid es puramente retórico, pues que es imposible que haya debate allí donde rige la obediencia ciega al jefe, comité o, sencillamente, camarilla oligárquica socialista. En este punto la propia candidata de Zapatero, la señora Trinidad Jiménez, ha sido explícita: "Yo no debato con Gómez", hasta ahí podíamos llegar, porque nada hay que debatir: "Tenemos el mismo proyecto, las mismas ideas y somos del mismo partido".


A Trinidad Jiménez sólo le ha faltado decir lo explicitado por Rubalbaca: lo decisivo en este partido es obedecer al jefe. Rubalcaba sabe bien que Felipe González, el antiguo jefe de la organización, renunció al marxismo, pero nunca dijo nada del leninismo; más aún, si González no hubiera renunciado de modo autoritario y leninista al marxismo, seguramente los estatutos de ese partido seguirían todavía presididos por los principios marxistas de la lucha de clases interpretados con rabia y resentimiento. La insubordinación, en fin, mantiene el antiguo ministro de González tiene que pagarse con la derrota.

Por lo tanto, entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez no hay nada que decidir ni que discutir, según Rubalcaba, porque la decisión y la discusión han sido llevadas a cabo por parte de Rodríguez Zapatero y sus consejeros. Sólo cabe esperar al día de la votación, un acto que ha quedado reducido a una "imagen" para el exterior, o sea a un vulgar protocolo de cara a la galería. La realidad es la expresada por Rubalcaba: "Aquí se hace lo que dice el jefe"; incluso el "rebelde", que podría haber dado lugar a un cierto debate con su "rebeldía", ha dicho que él no se enfrenta a Zapatero sino que trata de reforzar su autoridad. Patético.


Libertad Digital - Opinión

¿Morir por Afganistán?. Por José María Carrascal

Seguimos sin debate sobre nuestra participación en Afganistán, sin saber si los costes compensan los beneficios.

LA única diferencia entre Irak y Afganistán son los actores, Bush y Aznar por un lado, Obama y Zapatero por el otro. En el resto, estamos ante el mismo conflicto: el Oeste batiéndose con el radicalismo islámico, con el propósito de establecer la democracia en ambos países, desde hace ya más tiempo que se batió con la Alemania nazi. Y con peores perspectivas. Podría alegarse que la intervención en Afganistán se hizo bajo el paraguas de la ONU, y la de Irak, no. Pero a estas alturas ambas tienen igual cobertura, aunque de poco les sirve.

Para el Gobierno español, sin embargo, se trata de situaciones totalmente distintas. Estamos ante otro de esos espejismos con los que nuestro presidente intenta sustituir la realidad por la ficción, como fue traer la paz al País Vasco negociando con ETA, articular territorialmente España con nuevos estatutos de autonomía o resolver la crisis económica negando su existencia. En Afganistán, se trata de llamar a aquella guerra «misión humanitaria». Las víctimas vienen a ser algo así como accidentados de tráfico, las condecoraciones, cruces de beneficencia. La guinda la puso el anterior ministro de Defensa: «Nuestro soldados sólo dispararán si son agredidos». Mientras la ministra actual, calla.


El caso es demostrar que no estamos en una guerra y ahí tienen al ministro de Interior anunciándonos, de riguroso luto, las dos últimas bajas, como horas antes daba por cerrada la crisis con Marruecos por Melilla. Si lo cree, es un ingenuo. Si no lo cree, un cínico.

Seguimos sin debate sobre nuestra participación en Afganistán, que es lo menos que puede pedirse en una democracia, sin saber por tanto si los costes compensan los beneficios. Todo por el maniqueísmo de un gobierno que hace la misma guerra que el anterior, y al que criticó hasta la saciedad por ello.

Lo de Afganistán, como el resto de las crisis en que anda metido, no hará más que empeorar. Es aquél un conflicto demasiado complejo para abarcarlo en una «postal», por lo que lo dejo para una próxima «Tercera». Pero adelanto tres cosas: que aquello es una guerra. Que se está perdiendo. Y que el Gobierno español seguirá mintiendo hasta el final, por más que los hechos le contradigan, como está haciendo con la crisis económica. Y es que ya no sabe hacer otra cosa. El mundo ficticio donde se ha instalado se lo impide e incluso tiene que mentir en aquello que debiera enorgullecerle, como es defender la democracia en la otra esquina del mundo. A tal extremo le ha llevado la ignorancia, el sectarismo y la obstinación.

Mientras a los españoles sólo parece preocuparnos la Liga que empieza. Claro que puede ser más real que nuestra política. Y menos peligrosa.


ABC - Opinión

La Legión. Chacón y su defensa de la Estética. Por Guillermo Dupuy

El caso es que la estética importa, y esos rasgos distintivos que la ministra pretende erradicar de la Legión son señas de identidad que contribuyen a formar el llamado espíritu de cuerpo.

No tiene ni tiempo ni capacidad para dar la cara en rueda de prensa junto a Rubalcaba para dar explicaciones sobre los últimos caídos en la silenciada guerra de Afganistán. Tampoco informa del papel de su Ministerio en la lucha contra los terroristas que secuestran a españoles fuera de nuestras fronteras, seguramente porque este se limite al de hacer llegar a los raptores el dinero por el que secuestran y seguirán secuestrando. No comparece para dar explicaciones sobre las vicisitudes, el sentido y el futuro de nuestra presencia militar en todas y cada una de las misiones internacionales en las que estamos inmersos. No informa del contenido de sus reuniones con sus homólogos aliados (ni siquiera sabemos si las mantiene), aun tras conocerse decisiones tan trascendentales, y que tanto nos afectan, como el anuncio de retirada a plazo fijo de Afganistán hecho por Obama. Como ministra de cuota que es, parecería que le basta haber pasado revista embarazada a nuestras tropas para ya equipararse al elogiable grupo de mujeres que pertenecen a nuestras Fuerzas Armadas, algunas de las cuales ya han dado su vida por España o han destacado por ser números uno de su promoción.

En lo que ha destacado la incompetente ministra de Defensa, en cambio, es en el tiempo y la capacidad que ha dedicado a soliviantar a los militares con normativas tales como limitar su presencia en actos religiosos o poner coto a las camisas descubiertas y las características patillas y barbas que siempre han podido lucir los legionarios. Ahora, también en pos de "la estética", pretende suprimir el gorro con borla, el tradicional chapiri legionario, y cambiarlo por una boina granate.

A lo mejor a la ministra le parece más "estética" la camiseta que lucían sus compañeros del PSC en solidaridad con Pepe Rubianes, con el que ella misma también se solidarizó después de que este proclamase su "puta España". O ese esmoquin, con camiseta y pseudo corbata estampada, con la que la ministra se saltó el protocolo de la Casa Real durante una celebración de la Pascua Militar. El caso es que la estética importa, y esos rasgos distintivos que la ministra pretende erradicar de la Legión son señas de identidad que contribuyen a formar el llamado espíritu de cuerpo. Ese orgullo de pertenencia suple las bajísimas retribuciones económicas que perciben nuestros soldados, por lo que hace aun más ofensivas y mezquinas las pretensiones de la ministra.

Y es que, carente tanto de formación como de espíritu castrense, Chacón parece no tener ni siquiera la sensibilidad elemental para entender el orgullo que pueden sentir los soldados con ese protagonismo que adquieren durante algunas ceremonias religiosas, o la emoción de los legionarios que cantan y lloran mientras sostienen al Cristo de la Buena Muerte. Parece no comprender el valor que tienen, especialmente en el Ejército, la tradición y las señas de identidad, aunque estas se plasmen en cosas aparentemente sin importancia como un gorro, unas patillas, una forma de desfilar o una cabra.

Para Chacón, como también para muchos otros, todo esto constituye una antigualla irracional, vestigios de una España casposa, muy poco moderna y estética, que hay que erradicar. Y es que, como dijera Chesterton en su formidable ensayo sobre "los derechos del ritual", hay quienes "no son lo bastante sutiles para comprender lo simple, ni tienen la perspicacia o la inteligencia necesarias para comprender las cosas sencillas y populares". Eso, o meras ganas de incordiar.


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