jueves, 2 de septiembre de 2010

Aznar y sus odiadores. Por Hermann Tertsch

Hace bastante que Aznar dejó el poder, pero pocos días hay en los que no surja alguno de esos odiadores que tanto le necesitan.

CARLOS Herrera ha institucionalizado en su programa una figura que cunde mucho y suele superar con creces en interés, y desde luego en efecto radiofónico, a los críticos morigerados o pedantes, a los aduladores y a los fósforos que es como llama el periodista a sus hinchas incondicionales. Se trata del odiador. Los odiadores, está comprobado, invierten mucho más interés y esfuerzo en una intervención que cualquier otro participante que se esfuerza por llamar al programa. Su motivación es extrema. Pena es que Herrera no tenga demasiados odiadores y que, especialmente sus odiadoras —¡qué entusiasmo; qué fidelidad!— acaben repitiéndose. Quien no tiene problema de escasez de odiadores es el ex presidente, José María Aznar. Por supuesto que en gran parte es mérito suyo. Probablemente haya sido el presidente del Gobierno más antipático de Europa desde la jubilación de Helmut Schmidt. Y le pasa mucho lo que a Duque de Edimburgo. Que como no es simpático ni lo pretende, cuando se le ocurre ser gracioso la arma. Todo ello ha facilitado la generación de toda una tropa de odiadores profesionales de Aznar, obsesionados con él, y dedicados en cuerpo y alma a demonizar al ex presidente. Pasará aún algún tiempo antes de que se pueda estudiar en profundidad y con detalle esa capacidad de Aznar para generar odio. Sus éxitos políticos indudables, su reconocimiento en el exterior, el hecho de que sus enemigos —que no adversarios, digamos las cosas claras— jamás pudieran derrotarle en las urnas, son sin duda factores contribuyentes. Pero no explican toda esa animadversión que despierta, incluso entre quienes han sido sus votantes y comparten su terreno ideológico. Hace bastante más de seis años que Aznar dejó el poder pero pocos días hay en los que no surja alguno de esos odiadores que tanto le necesitan. A veces parece que Aznar se apiada de ellos y les da algo de carnaza. Eso sí, ignorándolos siempre. Y ellos saltan felices. Estremecedor fue el entusiasmo de estos odiadores cuando Aznar decidió ir a Melilla a mostrar su solidaridad con esta ciudad acosada por Marruecos e ignorada por nuestro Gobierno. Ahora muestran su odio de grandes ocasiones porque Aznar interviene ante el Congreso Mundial Judío en Jerusalén. Y porque defiende a Israel como parte imprescindible de nuestro mundo occidental hoy amenazado. Y porque expresa serias dudas sobre una política norteamericana marcada por el diletantismo y la falta de lealtad. Toda una fiesta para los odiadores que pueden volcar sobre Aznar también su odio a Israel y su antisemitismo semicrudo. Algunos, sin embargo, estamos muy contentos de que Aznar prosiga desde su retiro en la batalla de las ideas, eso que los administrativos y vendedores de camisas que tenemos por políticos no se atreven a librar. Recuerdan aquello de «cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro». Pues eso, cuanto más conoce uno a la clase política española actual más necesario parece que Aznar entretenga a sus odiadores.

ABC - Opinión

Entre el «Jet Lag» Y «Forrest Gump». Por M. Martín Ferrand

El instinto de conservación en el cargo es la espoleta que provoca una explosión de disparates en los líderes.

LOS pedantes le dicen disritmia circadiana a lo que la mayoría conocemos, con bárbaro nombre, como jet lag. Es un trastorno frecuente entre quienes viajan en avión a largas distancias y suele manifestarse con problemas digestivos, cansancio, apatía, falta de memoria y, frecuentemente, se hace acompañar con dificultades expresivas. Algo de eso debe haberle ocurrido a José Luis Rodríguez Zapatero en el transcurso de su viaje a China y Japón porque ayer, en el equivalente nipón a nuestra Asociación de la Prensa, el presidente del Gobierno, sin inmutarse, comparó las economías de Japón y España y afirmó que «son dos historias de éxito». Si no se trata del efecto pasajero y común que producen los viajes, podría concluirse que el de León tiene serias dificultades para la percepción de la realidad. Eso explicaría algunas rarezas presidenciales que impulsan extravagancias y dislates en nuestro acontecer político.

Sin necesidad de salir de casa y después de la rotunda negativa de CiU a sus propuestas, con el único fin de conseguir el apoyo del PNV para la aprobación de los Presupuestos de 2011 —que los tiene en el alero—, Zapatero está negociando posibles nuevas transferencias al País Vasco con el principal grupo de la oposición en el Parlamento Vasco y no, como mandan los supuestos de la salud democrática y de la decencia, con el titular del Gobierno de Vitoria que, a mayor abundamiento, es Patxi López, un socialista de pro que, con la inteligente colaboración de Antonio Basagoiti, del PP, está haciendo un magnífico trabajo político con benéficos efectos sociales y económicos.


El instinto de conservación en el cargo es, muchas veces, la espoleta que provoca una explosión de disparates en los líderes que, como náufragos solitarios, navegan sin mayorías y sin horizontes claros; pero, en el caso vasco, el despropósito va más allá de la mínima decencia exigible a un gobernante. Antepone unos intereses estrictamente personales a los de su propio partido y, además, con daño a los intereses generales del Estado y de sus políticas sociales unitarias. Eso no le cuadra a quien gobierna un país «equivalente» a Japón y presume de un sentido nacional tan grande y generoso que ha querido convertirlo en retrospectivo y con efectos anteriores a la Guerra Civil. Si todavía guardan ustedes en sus casas el ejemplar del ABC de ayer, ábranlo por la página 6 y contemplen la fotografía de Associated Press en la que, frente al primer ministro chino, Wen Jiabao, traductor y adorno floral por medio, se observa a Zapatero como un remedo gráfico de Forrest Gump, pero con los calcetines caídos.

ABC - Opinión

Trini se la va a pegar y los barones socialistas se frotan las manos. Por Federico Quevedo

El presidente Rodríguez es un muerto que, sin embargo, todavía puede parecer un poco vivo. Cierto que para ello necesita de la respiración asistida que le ofrece el PNV, pero si consigue salvar los presupuestos con los votos del nacionalismo vasco, Rodríguez habrá conseguido una prórroga a su agonía y a la nuestra. Que el presidente es un cadáver, eso ya prácticamente no lo discute nadie, y lo único que a los españoles nos queda por saber es cuanto va a durar esta agonía que amenaza con llevarse por delante lo poco que queda ya de la España que heredamos de la Transición. Esto es un caos: Rodríguez ha puesto en la puerta de La Moncloa el cartel de “se vende al mejor postor”, sin importarle nada. La venta alcanza hasta sus propios calzoncillos en aras de su supervivencia política, pero hasta llegar a su ropa interior va a ir deshaciéndose del ropaje de las pocas competencias que ya le quedan al Estado y, lo que es peor, de la única caja que a modo de fondo de armario compartíamos todos, la de la Seguridad Social. Es el derrumbe del Estado de Derecho, su aniquilación definitiva a manos de un descerebrado, y ahora por fin parece que en su propio partido empiezan a darse cuenta del alcance de esta bomba atómica en la que se ha convertido el presidente.

Pero la disciplina interna manda, Y el miedo también. Fíjense en como desde las baronías socialistas se apuntan algunos síntomas de rebelión que, sin embargo, suelen quedarse en poca cosa, por no decir ninguna. El malestar existe, es innegable, entre otras cosas porque los que tienen cerca un próximo compromiso electoral están viendo como el poder se les escapa de las manos por culpa del prócer que nos gobierna. Hay, sin embargo, un hecho futuro, pero próximo, que puede dar un vuelco a esta situación: las primarias de Madrid el próximo 3 de octubre. Eso si es que llegan a celebrarse, porque ya hay quienes hacen apuestas sobre cual va a ser el momento en el que Trini va a abandonar la carrera porque no puede ni con Tomás Gómez ni con las huestes del socialismo madrileño que le han hecho frente a Rodríguez. Y he ahí la clave del asunto y la razón por la que desde el oficialismo zapateril se acusa a Gómez de ser el candidato de la derecha –que lo es, como bien decía ayer Zarzalejos, por simpatía hacia su rebelión interna- para evitar lo inevitable: su victoria en las primarias. Una victoria que, visto desde la otra órbita, supone una derrota en toda regla, no de Trini –que de esta no se levanta ni con muletas-, sino del propio Rodríguez.

Pero si la derecha, es verdad, puede estar esperando esa derrota, no es menos cierto que también la está esperando buena parte de la izquierda y del Partido Socialista, y he ahí la cuestión: los ‘barones’ que hasta ahora mantenían un prudente silencio no fuera a ser que también a ellos les montaran unas repentinas primarias, están esperando a la derrota de Trini para saltar sobre el cuello de un Rodríguez que quedaría tan tocado que ya no tendría fuerzas para provocar nuevos enfrentamientos y tensiones con sus ‘barones’, los cuales hoy por hoy, empezando por Patxi López, se identifican al cien por cien con Tomás Gómez. Ya nadie quiere a Rodríguez, ni siquiera en su propio partido, y se hacen apuestas sobre cual a va ser su siguiente derrota. El problema es que de derrota en derrota hasta el cataclismo final, nos estamos dejando jirones que afectan gravemente a la continuidad del Estado de Derecho y de la democracia española tal cual la concebimos en 1978. Pero claro, eso a los nacionalistas les importa un rábano, y no será esa la razón por la que le dejen caer definitivamente, sino porque ya no puedan exprimirle más.


El Confidencial - Opinión

Más madera. Por Ignacio Camacho

LA negociación de los presupuestos suele acabar en todas partes convertida en un mercadeo de chalanes, un tira y afloja de buhoneros, porque al fin y al cabo la política no consiste más que en el reparto de la pasta; en España además se da la circunstancia de que toda esa chamarilería se practica con cierta impunidad ante una opinión pública que suele permanecer más atenta a la superficie de los gestos, a la democracia declarativa y al imperio de las imágenes. Como casi todo el mundo vota con las tripas los gobiernos manejan el dinero a su antojo porque la sonrisa de un dirigente tiene más influencia en las elecciones que su forma de administrar las inversiones públicas. El debate presupuestario, que es lo que decide de veras la gobernanza de un país, se considera un coñazo que ni siquiera merece la atención de los líderes principales, acostumbrados a delegar en sus ministros y portavoces de Economía y Hacienda. En esa indiferencia general pescan ganancia abundante los nacionalistas, que son expertos en clientelismo y siempre están atentos a rebañar las mejores tajadas para su territorio y su gente. Favorecidos por la aritmética electoral no dan puntada sin hilo y cada voto lo alquilan con plusvalías de estraperlo.

Este año, como los catalanes de CiU están eufóricos ante la perspectiva de su victoria y no desean estropearla dando la imagen de costaleros de un Gabinete en descomposición, le ha tocado al PNV la bonoloto de la bisagra. El respaldo mercenario les va a salir un negocio redondo porque además de lo que arrimen para su tribu cada concesión que arranquen será un guantazo en la cara de su adversario Patxi López, el hombre que se atrevió a echarlos de un poder que consideraban hereditario. Zapatero está tan asfixiado y tiene tan pocos principios que ha efectuado una pirueta histórica: negocia los presupuestos con la oposición vasca en vez de que con el Gobierno autónomo, que encima es de su propio partido. Su tacticismo está llegando a extremos enfermizos, se ha vuelto capaz de cualquier cosa por arrendar un año más de mandato.

En ese afán de contratar una dosis de oxígeno, el presidente está dispuesto a romper la caja única de la Seguridad Social, que es de las pocas cosas con las que no debería jugar un socialista, para entregarle un trozo al nacionalismo vasco. En materia de competencias la autonomía de Euskadi ya no tiene mucho más recorrido sin entrar en el terreno soberanista que reclamaba Ibarretxe, aquel marciano, pero eso a ZP le da igual: lleva seis años desguazando el Estado para mantener encendida su propia caldera de poder, como los hermanos Marx en el tren del Oeste. Y si le piden más madera la dará, como se la ha venido dando a los socios catalanes, aunque acabe el mandato pilotando una locomotora vacía.


ABC - Opinión

'Paracaidistas': memoria amarga del socialismo madrileño. Por Antonio Casado

La mala noticia para la ministra Trinidad Jiménez y sus costaleros (Blanco, Rubalcaba, Hernando, Pedro Castro…) es que deciden los militantes. Y los militantes de Madrid tienen memoria amarga del paracaidismo político (estrellas invitadas), asociado a nombres tan ilustres como Fernando Morán, Cristina Almeida, Miguel Sebastián…

O la propia Trinidad Jiménez, que ya se estrelló una vez en la Alcaldía (municipales de 2003, frente a Gallardón) y ahora intenta repetir el salto en la Comunidad, previo paso por las primarias del PSM (Partido Socialista de Madrid), por encargo del estado mayor de Rodríguez Zapatero.

El líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, candidato por escalafón frente a la candidata por encargo, sólo contempla la hipótesis de la doble victoria. En las primarias del 3 de octubre sobre Trinidad Jiménez, con el apoyo mayoritario de una militancia que se despierta al ruido de urnas, y en las municipales de 2011 sobre Esperanza Aguirre, por recuperación del poder para el PSOE, que en realidad no consistiría en una derrota del PP sino en la pérdida de su mayoría absoluta.


Pueden ser las cuentas de la lechera. También los equipos de Trinidad Jiménez, con Miguel Barroso en la trastienda (Barroso es, recuerden, ex secretario de Estado de Comunicación y esposo de la ministra Carmen Chacón), hacen las suyas. Con el mismo o parecido convencimiento de que los socialistas madrileños optarán por la ministra.

Lealtad a Zapatero

Después de lo ocurrido en abril de 1998, con la inesperada desafección de la militancia respecto al candidato del aparato central (Borrell ganó a Almunia contra todo pronóstico), es un misterio inescrutable saber como van a reaccionar los casi 20.000 afiliados con derecho a voto. Más de la mitad de los mismos militan en el pasotismo y el desistimiento, a raíz del caso Tamayo, aquel gol en propia meta del PSM en 2003, a mayor gloria de Esperanza Aguirre. Ojo al dato: han estado pasotas pero no dejarán de votar el 3 de octubre ¿Al candidato del escalafón, que se lo ha currado durante estos tres últimos años, o a la candidata de las encuestas de Blanco?

Demasiado pronto para hacer conjeturas cuando aún se está cubriendo el trámite de la presentación de avales. Un elemento nuevo de fácil verificación: durante las últimas semanas se ha disparado el índice de conocimiento de Tomás Gómez. El propio Gómez me contaba ayer en la distancia corta que hace dos meses nunca hubiera soñado que The Economist o Washington Post se ocuparan de él como figura política emergente. Por haberle plantado cara a Zapatero.

Es doctrina Rubalcaba: “El único activo de Tomás Gómez es haberle dicho no a Zapatero” ¿Y le parece poco? Sin embargo, Gómez no quiere cargar con ese sambenito, absolutamente alejado de su confesadísima lealtad al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE. Y si alguien desde dentro insiste en colgárselo, él lo considerará juego sucio. Eso me dice.


El Confidencial - Opinión

¿Otro Vietnam? Peor. Por José María Carrascal

«El mundo islámico nos ve como enemigos e invasores, por más empeño y medios que movilicemos para instaurar allí una sociedad como la nuestra. Algo que no podrán alcanzar mientras sigan atrapados por una ley, un orden y una forma de vida que frena su desarrollo».

Se van los norteamericanos de Irak. Pero se quedan. Se van las tropas de combate, pero se quedan 50.000 soldados para adiestrar al ejército iraquí contra «la insurgencia». ¿Acaso no es ésa también una misión de combate?, se preguntarán algunos. A fin de cuentas, los dos guardias civiles asesinados en Afganistán cumplían idéntica tarea. Es una de las muchas preguntas sin respuesta en la guerra que Occidente libra con el fundamentalismo islámico, sin muchas posibilidades de ganarla. ¿Estamos ante otro Vietnam?, es otra. Junto a algunas diferencias, hay inquietantes semejanzas.

La primera, que Estados Unidos ha vuelto a caer en el error de creer que la democracia soluciona todos los problemas de este mundo. Cuando la cosa no es tan simple. Funcionó en Alemania y Japón. No funciona en África. Funciona en parte de Asia, a trancas y barrancas en Hispanoamérica y, curiosamente, funciona mejor de lo esperado en los países ex comunistas. La razón es muy simple: el comunismo es una invención occidental. Marx y Engels no eran sino pensadores alemanes que intentaban llevar el idealismo hegeliano a la práctica. No lo consiguieron, pues lo ideal no es de este mundo, pero dejaron la semilla para que el Este de Europa se incorpore al Oeste.


Cosa muy distinta es el mundo islámico. El islamismo viene enfrentándose con el cristianismo occidental desde que nació. A la rivalidad religiosa se une la social. Ambos han creado sociedades tan opuestas que hacen difícil la ósmosis. El gran error norteamericano en esta Tercera Guerra Mundial que se está librando es creer que el musulmán desea nuestro way of life. No, el musulmán desea nuestra tecnología. Como estilo de vida, prefiere el suyo. La mejor prueba es que los musulmanes que vienen a occidente conservan su estilo de vida y quieren que sus hijos los conserven. Del mismo modo, no sienten respeto por la democracia occidental, que consideran sinónimo de corrupción y decadencia. Consideran la suya mucho más sencilla, ordenada y directa. Partiendo del Corán como Constitución y de los intérpretes del mismo, los ulemás y ayatolás, como jueces y líderes, la democracia islámica no establece diferencia entre los distintos poderes del Estado, desapareciendo por tanto la sociedad civil, base de la democracia occidental. Si le añadimos los enormes privilegios que otorga a los hombres sobre las mujeres, se entiende el poco interés de la mayoría de los musulmanes por cambiar su democracia por cualquier otra. El último factor de esta incompatibilidad es el histórico. Estamos hablando de pueblos orgullosos, con culturas tanto o más antiguas que la nuestra y periodos de esplendor incluso superiores. Para verse luego sometidos a la humillación del colonialismo occidental y tratados como ciudadanos de segunda en sus propios países. ¿Tiene algo de extraño que miren con sospecha cuanto les llega de Occidente, empezando por su democracia, en la que ven un caballo de Troya neocolonialista? Todo ello sin contar con el «caso Israel», que el Oeste incrustó entre los musulmanes, para hacerles pagar los pecados que él había cometido contra los judíos. Algo que nunca nos perdonarán.

Son todos ellos factores de enorme peso, que, sin embargo, no han sido tenidos en cuenta por Estados Unidos al diseñar su política hacia el mundo islámico en general y hacia su terrorismo en particular. Creer que enarbolando la bandera de nuestra democracia, gastándose allí miles de millones de dólares y enviando centenares de miles de soldados podía ganarse esa guerra es, sencillamente, de una ingenuidad que asusta. La «liberación» del mundo islámico sólo podrá venir desde dentro de él. Tiene que surgir de su Lutero que proclame la relación directa del individuo con Dios, que separe Iglesia y Estado, y que acabe con el sometimiento de la mujer al hombre, con la excusa de protegerla. Pero ese Lutero, esa reforma, no se ha visto ni se ve. Es más, las reformas islámicas han venido siempre en sentido contrario: cuando la sociedad se relajaba, surgen los integristas, los «puros», los almohades o los talibanes, para imponer de nuevo la norma estricta del Corán. Hasta hoy.

Nada de esto ha sido tenido en cuenta por el Oeste, y especialmente por su líder, los Estados Unidos, en su estrategia hacia el Islam, que se mueve a bandazos entre la línea dura y la blanda, la militar y la política. O bien insiste en la panacea de las elecciones como remedio de todos los males, con el resultado de que ganan los radicales allí donde se celebran por las razones expuestas, con lo que el problema es doble, o bien despacha ejércitos contra esos radicales bajo la excusa de la ayuda humanitaria y de desarrollo, para encontrarse combatiendo a buena parte de la población. Que es lo que está ocurriendo en Irak y en Afganistán.

¿Qué remedio tiene, si tiene alguno? El único que le veo es atenerse a la realidad, en vez de a nuestros deseos. El mundo islámico nos ve como enemigos y como invasores, por más empeño y medios que movilicemos para instaurar una sociedad como la nuestra. Algo que no podrán alcanzar mientras sigan atrapados por una ley, un orden y una forma de vida que frena su desarrollo. Pero que tampoco podremos imponérselo desde fuera. Ese es el dilema en que estamos atrapados ellos y nosotros. Si usted pregunta hoy a un egipcio, a un sirio, a un afgano, a un indonesio qué es lo que más desea, no le contestará «la democracia», sino «la bomba atómica». Es su forma de reafirmar su personalidad, su autoestima. Y lo que menos necesita el mundo.

La reforma del mundo islámico, repito, sólo podrá venir desde dentro de él y sólo hay dos vías para ello: el ejército y el «autócrata benevolente». El ejército turco, bajo Mustafá Kemal, fue el único que lanzó una laicización real del Estado, como el ejército argelino fue quien impidió que el radicalismo islámico ocupase el poder en el suyo, tras ganar unas elecciones. No muy democrático, desde luego, pero menos democracia tendrían bajo los integristas. Conviene recordar que Saddam Hussein, aparte de un brutal dictador, era un militar que encarcelaba ayatolás y se enfrentaba a un Irán regido por ellos. Tenía también afanes expansionistas en una zona neurálgica del planeta, que fueron cortados en seco tras su invasión de Kuwait. Pero Bush padre se libró muy bien de invadir Irak tras ellos, para no romper el frágil equilibrio político-religioso de aquel país. Su hijo, en cambio, cometió el enorme error de invadirlo, y ahí tienen ustedes los resultados: una guerra más larga que las mundiales y abandonado a su suerte sin haberla ganado.

La «aproximación blanda», a la que pertenece la «alianza de civilizaciones», consiste en tratarles como amigos, y esperar que ellos se porten como tales. Se ensayó en el Irán del Sha, con la esperanza de que los islamistas nos lo agradeciesen. Reza Pahlevi no era, desde luego, un demócrata, pero era un déspota ilustrado que trataba de que su país alcanzase un nivel social y de desarrollo parecido al de occidente. Carter, en nombre de la democracia, se empeñó en deponerlo, y, ahora, nuestra principal preocupación es que los islamistas que le sucedieron no alcancen la bomba atómica.

En cuanto a Afganistán, los norteamericanos ayudaron a los talibanes a echar a los rusos, y ahora se encuentran luchando con los talibanes y con Al Qaeda, los primeros atacando con gases tóxicos escuelas de niñas.

¿Cómo van a acabar todos esos conflictos? Se habla mucho de un nuevo Vietnam. ¡Ojalá! En Vietnam, los vencedores fueron los comunistas. Y, como hoy sabemos, los comunistas son sólo capitalistas potenciales.


ABC - Opinión

Seguridad para Israel

Los terroristas palestinos repitieron su estrategia habitual para dinamitar cualquier posibilidad de paz en Oriente Medio. El asesinato de cuatro judíos en Hebrón en la víspera de que ambas partes reanudaran una negociación directa por primera vez en veinte meses retrata de forma trágica la nula disposición a un entendimiento con el Estado hebreo de una parte importante del pueblo palestino. Es verdad que las posibilidades creadas por la Cumbre de Washington están fundamentadas en algunas realidades. La cita, al más alto nivel, con presencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, y del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, y auspiciada por el anfitrión Barack Obama, es la consecuencia de un complejo proceso curtido a lo largo de siete rondas de diálogo indirecto. La sola recuperación del cara a cara es un paso que conviene valorar en un escenario inmóvil. Y muy especialmente también la voluntad de las delegaciones de no ceder ante la provocación terrorista, especialmente con la determinación del Gobierno israelí de sentarse a la mesa después de que cuatro de sus compatriotas fueran víctimas de Hamas, que controla buena parte de Palestina.

Pese a esos signos positivos, las posibilidades de éxito del encuentro no son ni más ni menos que las de otros similares en estos 19 años de cumbres desde la de Madrid. El escepticismo está más que justificado cuando en una parte se sienta una democracia, y en la otra un gobierno que ha dejado gran parte de su territorio bajo control terrorista. Para quienes depositan la esperanza en el factor Obama, los hechos y las decisiones de su política exterior son decepcionantes. La capacidad del presidente norteamericano para inhibirse de las crisis internacionales y abandonar los escenarios conflictivos comienza a ser escalofriante. José María Aznar, que participó en Jerusalén en la asamblea anual del Congreso Mundial Judío, abundó en esa reflexión cuando dijo que Obama parece «escapar de los problemas del mundo» y criticó su acercamiento al mundo musulmán en detrimento de Israel. Bajo esos parámetros, el pesimismo de Aznar sobre las conversaciones de Washington nos parece justificado.

La realidad es que el concepto de dos naciones, dos estados, puede estar asumido por las partes. Incluso se pueden contemplar progresos en aspectos cruciales del conflicto como la delimitación de las fronteras del Estado palestino, los refugiados, el agua, los asentamientos y lo que para muchos expertos supone el nudo gordiano de la disputa: la capitalidad, con la voluntad israelí, anunciada por el ministro de Defensa, de que Jerusalén Este sea la capital del Estado palestino. Pero nada de ello tendrá valor mientras persista la flagrante carencia de unas garantías de seguridad para Israel. Sin ellas el camino hacia un acuerdo es y debe ser inaccesible para una democracia acosada y rodeada por países enemigos, que se debe a sus ciudadanos por encima de todo. Si los palestinos quieren la paz, deben demostrarlo con hechos, y ésos sólo pueden partir de un combate sin tregua contra los terroristas. Lo que hoy parece una quimera.


La Razón - Editorial

Frenazo al consumo

LA realidad social y económica deja al descubierto el falso optimismo que transmite la propaganda gubernamental. Ayer se conocieron los datos de venta de vehículos en el mes de agosto, un indicador particularmente significativo sobre el consumo tanto desde el punto de vista objetivo como subjetivo. Los resultados son demoledores. En efecto, las ventas se desplomaron, con una caída del 23,8 por ciento, el peor dato desde 1989. Ello demuestra que muchos consumidores adelantaron sus compras ante la anunciada subida del IVA el día 1 de julio, a lo que se suman los efectos negativos de la supresión de las ayudas públicas en este sector especialmente sensible. Está claro que el Ejecutivo no consigue crear el clima de confianza imprescindible para que funcione la economía con el dinamismo necesario en una sociedad desarrollada. Muy al contrario, todo depende de ocurrencias para salir del paso y de circunstancias coyunturales que no dejan huella más allá de la permanente huida hacia adelante en la que está instalado un Gobierno incapaz e incoherente.

En este contexto, hay que manejar con precaución los datos sobre reducción del déficit en julio. El superávit de casi 4.000 millones de euros no se debe al supuesto rigor del equipo económico de Rodríguez Zapatero ni a los sucesivos «tijeretazos» en la inversión pública y las prestaciones sociales. Las subidas de impuestos y otras medidas que enmascaran las cuentas del día a día no sirven para generar un estado de ánimo positivo entre los consumidores. Así lo demuestra con la contundencia implacable de las cifras este «frenazo» en el sector del automóvil. El Gobierno mantiene los datos a base de respiración asistida, pero el pesimismo sigue instalado en una sociedad que afronta el regreso de vacaciones con perspectivas muy negativas.

ABC - Editorial

Reinventar Irak

Obama deja a las fuerzas políticas del país el reto de gobernarse sin tutelas extranjeras

El presidente Obama cerró el martes la Operación Libertad Iraquí e inauguró la así llamada Nuevo Amanecer, que sustituye la presencia militar por la formación de las fuerzas iraquíes y la acción diplomática. "No voy a cantar victoria", dijo Obama. Tiene razón: la insurgencia ha mostrado ya su fuerza una vez iniciada la retirada hace unos días y no sería descabellado ver a los 50.000 soldados que se han quedado complicados en nuevos conflictos. Pero el paso esencial que Obama había prometido se ha cumplido: la guerra ha terminado y ha llegado el momento de pasar página. Una guerra con la que fue muy crítico y a la que se opuso. En el momento solemne de la despedida, sin embargo, supo ser elegante y cuando se refirió a George W. Bush habló de su apoyo a los soldados, de su amor a la patria y de su compromiso con la seguridad del país. Esa es la batalla que queda pendiente y Obama aseguró que Estados Unidos terminará desmantelando y derrotando a Al Qaeda.

También el jefe provisional del Gobierno de Irak, Nuri al Maliki, se dirigió a sus compatriotas para decirles que el Ejército y la policía nacionales podían garantizar la seguridad del país. La violencia que campa por doquier no va a arreglarse con el despliegue de unas tropas, por bien pertrechadas y preparadas que estén. El problema más grave de Irak es de legitimidad política, y Maliki no explicó por qué no se ha formado aún el nuevo Gobierno que debía de haber salido de las elecciones del pasado marzo.


Después de siete años de ocupación, el futuro vuelve a manos de los iraquíes, pero el país se encuentra devastado por una guerra que no solo se llevó por delante la dictadura de Sadam Husein sino que acabó también con los cuadros militares y políticos que la sostenían, destrozó los engranajes sociales que mal que bien funcionaban y destapó los conflictos que dividen a chiíes y suníes, amén de avivar la antigua tensión de estos con los kurdos. Por frágiles que sean, son ahora los mecanismos de la democracia los que pueden hacer viable el nuevo Irak; pero, para que funcionen, los partidos deben conquistar su legitimidad más allá de tutelas extranjeras.

La diferencia entre el ganador de las últimas elecciones y el segundo es minúscula: 91 escaños del partido laico del chií Iyad Alaui, al que apoyan amplios sectores suníes, frente a los 89 de las fuerzas chiíes moderadas de Maliki. Unos y otros no han sabido durante más de cinco meses llegar a ningún acuerdo, ni han conseguido alianza alguna con la tercera fuerza más votada (70 escaños), el Consejo Supremo Islámico Iraquí. Este es el partido preferido de Teherán, acaso porque forman parte de él los chiíes más radicales, como Múqtada al Sáder, líder de la corriente sadrista dentro de esa coalición (40 escaños) y jefe del Ejército de Mahdi. "Solo los iraquíes pueden construir la democracia dentro de sus fronteras", ha dicho Obama. Es, pues, la hora de la política y de desterrar la tentación de cualquiera de las milicias de recurrir a las armas.


El País - Editorial

Una apuesta para Oriente Próximo

Pronto se sabrá si Obama está pensando solo en llegar a las elecciones de noviembre con cierto aliento en política exterior o si tiene una estrategia genuina para Oriente Próximo.

BARACK Obama está tratando de intervenir simultáneamente en tres de los escenarios más conflictivos del mundo: Palestina, Irak e Irán —por no mencionar a Afganistán—, con el aparente objetivo de crear una dinámica nueva contra la espiral destructiva en la que toda la región de Oriente Próximo lleva décadas sumida. La apuesta es extremadamente arriesgada, porque en los tres focos de tensión existen componentes impredecibles y nada garantiza que el avance en cualquiera de ellos, por ejemplo en las negociaciones entre israelíes y palestinos, signifique que vaya a tener efectos beneficiosos correspondientes para detener el proceso de nuclearización del régimen iraní, o el cese de la inestabilidad en Irak después de la retirada de las tropas estadounidenses. Desde hace décadas, todos los presidentes norteamericanos han intentado poner en marcha un proceso de paz en Oriente Próximo pensando que la convivencia entre israelíes y palestinos tendría un efecto benéfico para toda la región, pero ninguno se había atrevido a poner como Obama a todos los elementos sobre la mesa al mismo tiempo.

Es posible que los analistas de la Casa Blanca tengan la certeza de que se dan algunas circunstancias propicias para volver a reunir a los representantes israelíes y de la Autoridad Nacional Palestina, aunque es difícil apreciar cuáles pueden ser esos elementos nuevos que pudieran ofrecer expectativas de avance. El asesinato de cuatro israelíes por parte del brazo armado de los terroristas de Hamás —realizado con el objetivo expreso de boicotear las negociaciones— ilustra la dificultad de cualquier acuerdo. Teniendo en cuenta que una parte de los palestinos desprecia las negociaciones, no es fácil ser optimista respecto a las posibilidades de que cualquier avance diplomático pudiera tener su reflejo sobre el terreno, sin contribuir a profundizar las divisiones entre los propios palestinos. Tampoco han cambiado las cosas significativamente del lado israelí. El primer ministro Netanyahu no es el más ferviente partidario de hacer concesiones en materia estratégica y, en todo caso, para que éste aceptase ceder a las presiones de Obama sería necesario que Estados Unidos le diera un tipo de garantías contra la creciente amenaza nuclear iraní que el actual inquilino de la Casa Blanca está lejos de tener entre sus planes. La cuestión de saber si Obama está pensando solamente en llegar a las elecciones de noviembre con cierto aliento en su política exterior o si tiene una estrategia genuina para Oriente Próximo no tardará en despejarse.

ABC - Editorial

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sueño de una noche de verano. Por Jesús Cacho

Dicen quienes le han visto esta semana que Rodríguez Zapatero está de nuevo eufórico. La criatura es como un niño: en cuanto le baja unas décimas la fiebre, canta y baila con la alegría del inconsciente, la espontaneidad del justo sin falta que reprocharse. El político que hace unas semanas estuvo en un tris de acabar de forma abrupta con la Unión Europea a causa de la crisis de deuda española que se hubiera llevado por delante el sistema financiero del continente, cree hoy que la tormenta ha pasado, que lo peor de la crisis está superado, que la prima de riesgo va a seguir bajando y que a finales de año vamos a estar creciendo ya de forma imparable. Casi como la República Popular China. Una fiesta. “Estamos mucho mejor de lo que parece y lo vais a vivir”. El estudiante incapaz de aprobar en junio, tres años repitiendo curso, ha descubierto alborozado los mecanismos por los que se rige la prima de riesgo de un país, y cual aprendiz de brujo se dedica ahora a hacer pronósticos a trote y moche, porque “la prima va a seguir cayendo, lo vais a ver”.

Por suerte, la presión de los mercados sobre España se ha relajado notablemente, en buena parte como consecuencia de los resultados de las pruebas de esfuerzo a que han sido sometidos bancos y cajas, y que han demostrado, con todas las incógnitas intactas en cuanto a la metodología empleada, que la mitad del sistema está fundamentalmente sana, y que la otra mitad está básicamente podrida pero como no cotiza en Bolsa pues no pasa nada o eso parece. Los resultados de esas pruebas, con todo, están permitiendo ya a la banca y al propio Tesoro financiarse más barato. La presión sobre España se ha relajado abriendo una ventana de oportunidad que, bien aprovechada, debería permitir a nuestro país pasar página de las angustias pasadas y poder enfrentarse sin sobresaltos a la tarea inaplazable de ajustar, reformar, liberalizar y, en definitiva, sentar las bases de un crecimiento capaz de crear empleo. Todo depende de que nuestro aprendiz de brujo sepa aprovechar aquella ventana para hacer el homework que tiene planteado y hacerlo sin demoras, sin tapujos y sin esas vueltas atrás a que nos tiene acostumbrados. Porque si el mago se confía, si, como está diciendo estos días a quienes le visitan, cree de verdad que todo ha pasado ya y baja los brazos, volveremos a la andadas y en septiembre el relajo actual bien podría parecernos el sueño de una noche de verano.


Prolongar en el tiempo el paréntesis que se acaba de abrir significa cerrar adecuadamente la reforma laboral. Las sospechas de que Cándido Méndez andaba de nuevo husmeando por los fogones de la ley parecen haberse disipado este jueves. Con todo, las lecturas favorables al texto aprobado por el PSOE, con la abstención de CiU y PNV, que se han prodigado este fin de semana parecen un tanto precipitadas. Es cierto que las empresas podrán despedir con solo justificar “la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo”, pero sigue dejando al albur de la interpretación de los jueces la valoración final de las pruebas que presenten las empresas. Es decir, que, en la mejor tradición franquista, seguiremos teniendo a la Magistratura en el centro del guiso laboral español. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no estoy por eso de acuerdo con mi admirado Carlos Sánchez, que, en este mismo diario (“El PSOE se quita los complejos y da barra libre a los despidos”) hacía una interpretación demasiado optimista del texto aprobado.

El Gobierno sigue dando gato por liebre con las reformas

Con la crisis más terrible ocurrida en nuestra historia reciente, plasmada, de momento, en esos más de 4,64 millones de parados, es decir, en las circunstancias más favorables para meter de verdad la navaja en una legislación laboral heredera directa del franquismo, el socialismo español recula, amaga pero no da, con gran aspaviento -realzado por el sedicente enfado de los sindicatos mayoritarios- parece que va a entrar a fondo en el problema, pero se queda a mitad de camino, no hace su trabajo, no cumple con su deber, seguramente porque se lo impide “la ideología” que decía ZP. Gato por liebre. Y si esto ocurre con la reforma laboral, otro tanto podría suceder con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2011, el segundo gran test al que después de verano deberá someterse el Gobierno para ganarse la credibilidad de los mercados. De que el Ejecutivo sea capaz de presentar unos PGE creíbles dependerá en buena medida la velocidad de salida de la crisis y la capacidad para empezar a crecer de forma perceptible. Ser creíbles implica meterle un recorte sustancial al gasto corriente. El sector privado ha hecho ya su ajuste, o lo está haciendo, por la vía dolorosa de los despidos. También las familias se han apretado el cinturón, como demuestra el comportamiento de la tasa de ahorro. Quien no ha hecho los deberes es el sector público (40% del PIB). En este contexto, el error de un Gobierno aferrado al dogma de “lo social” podría consistir en meterle mano al gasto productivo, lo que solo serviría para deprimir más la actividad, un riesgo acrecentado por la eventual subida de impuestos. Las señales que envía Moncloa no pueden ser peores: seis meses más para los 428 euros a los parados. Seguimos en la demagogia de las limosnas. ¡Viva lo social!

Además de mercado de trabajo y PGE, el Ejecutivo tendrá que llevar a cabo la anunciada reforma de las pensiones, algo que inevitablemente supondrá una considerable pérdida de derechos adquiridos en tanto en cuanto implicará prolongar la edad de jubilación. Presupuestos, reforma laboral y pensiones, tres pilares capaces de colocar a España a resguardo de tormentas como la que se abatió sobre ella aquella dramática primera semana de mayo en que el default (la noche del domingo 9 al lunes 10 en la que, según declaración propia, ZP no pudo dormir del susto, porque una agobiada Salgado le llamaba cada media hora de Bruselas para presentarle las nuevas exigencias de los ministros de Finanzas, particularmente de la delegación alemana “que dicen que quieren más, José Luis, que eso no es suficiente”) parecía inevitable. Con la prima de riesgo por debajo de los 200 puntos básicos parece claro que no habrá lugar a la intervención, es decir, no será necesario recurrir al mecanismo de rescate de los 750.000 millones acordado aquella tenebrosa noche. Zapatero ha ganado un tiempo precioso, pero el inmediato futuro depende de que no se confíe y crea que ya está todo hecho; que no baje la guardia y se tumbe a la bartola, porque, como intente engañar a los mercados tal que en ocasiones anteriores, en septiembre volverán las presiones sobre la deuda española.

España ha bajado los brazos y ha dejado de luchar

De momento, la presencia de las vacaciones cubre el paisaje con el manto de un conformismo que por todos los medios intenta olvidar los problemas por un tiempo, o al menos aplazarlos hasta septiembre. La pura verdad es que no se oye una sola opinión optimista en el mundo empresarial o financiero para la vuelta de la playa. Es posible que el derrotismo apabullante de meses atrás haya pasado a mejor vida, tal vez porque los éxitos deportivos del país han extendido un barniz de felicidad al por menor y en cómodos plazos, y porque el relajo del verano invita al sesteo, pero aquel fatalismo ha sido apenas sustituido por una resignación rayana en el conformismo. Dice Chaves Nogales en la celebrada reedición de “La agonía de Francia” (Libros del Asteroide) que “Francia no quiso hacer la guerra [a Hitler] porque se consideraba íntimamente perdida. Toda la tragedia de Francia radica en eso. No tenía fe en sí misma, ni en su régimen, ni en sus hombres”. Da la impresión de que España ha bajado los brazos y ha dejado también de luchar: en la economía como en la política. Curiosa paradoja a la Argentina: compiten sus deportistas, y con enorme éxito, mientras la sociedad civil, si es que existe, navega cual barca a la deriva, limitándose a echar pestes de su clase política.

Aun confiando en que no regresen en septiembre las presiones sobre la deuda española si, como se ha dicho antes, el Gobierno hace su trabajo, el panorama desde el punto de vista de la actividad económica sigue siendo lúgubre, con varios trimestres por delante de crecimiento negativo del PIB, más paro y ausencia de crédito para consumidores y empresas, porque la pequeña farsa de las pruebas de esfuerzo está muy bien para tranquilizar incautos, pero mientras banca y cajas no saneen de verdad sus balances (y eso cuesta, según opiniones autorizadas, entre 180.000 y 200.000 millones) no empezará de verdad a fluir el crédito. Y si esto es así en lo económico, no son mejores las perspectivas en lo que a la política concierne. La prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha resultado ser bastante más que una decisión administrativa en contra del maltrato animal, para convertirse en una nueva muesca en la herida de esos desencuentros que parecen haberse apoderado de un país entregado de nuevo a la orgía del ¡Viva Cartagena! Los españoles de bien asisten impotentes al espectáculo obsceno de unas elites políticas decididas a blindar cada día un poco más su particular corralito de poder. También aquí parecen haber bajado los brazos, entregados al conformista “que sea lo que Dios quiera”. Quiera la diosa Fortuna que todos volvamos en septiembre imbuidos de nueva esperanza tras las vacaciones.


El Confidencial - Opinión

Patxi López, humillado. Por Edurne Uriarte

La evidencia —ahora también entre los propios socialistas— es que no tiene escrúpulos políticos ni morales cuando el objetivo es salvarse a sí mismo.

La humillación de Patxi López es la primera consecuencia del pacto de Zapatero con el PNV para salvar los Presupuestos. La segunda, el mensaje de deslegitimación del pacto PSOE-PP en el País Vasco lanzado desde el Gobierno de la nación. Hay una tercera consecuencia aún más importante, que es el deterioro del liderazgo del propio Zapatero, quien salvará momentáneamente su cabeza este otoño pero llegará en condiciones penosas a las elecciones autonómicas y locales de la próxima primavera.

Una cosa es engañar a la oposición y a los nacionalistas catalanes, o pactar cada semana con un grupo distinto para sobrevivir en el Parlamento; y otra, ningunear a un barón socialista para hacer un pacto cuyo objetivo central es, en las intenciones del PNV, el debilitamiento de López, el ridículo del Gobierno vasco y el bloqueo de los posibles pactos PSE-PP tras las elecciones municipales y forales. Lo que no ven con buenos ojos ni los propios socialistas, que no van a montarle una rebelión a Zapatero pero sí le van a hacer un agujero aún mayor en su autoridad moral y política.


Lo que Zapatero calcula como mal menor —sacrificar a López para evitar las elecciones anticipadas y ganar unos meses para recuperar su imagen y liderazgo— puede ser su mal mayor. La evidencia —ahora también entre los propios socialistas— es que no tiene escrúpulos políticos ni morales cuando el objetivo es salvarse a sí mismo. Ni tampoco principios ideológicos, los que llevan a un auténtico líder al establecimento de unas líneas rojas que no se pueden traspasar, aun a costa de su propio sacrificio político.

O el mal mayor de llegar a las elecciones de primavera con su credibilidad deteriorada también en su propio partido. Con una salvación momentánea que hará más profunda su caída.


ABC - Opinión

Primarias en el PSM. ¿Un éxito para el PSOE?. Por Carmelo Jordá

La torpeza de Zapatero y Blanco (o la inesperada gallardía de Gómez) les ha colocado en un callejón sin salida del que sus rivales, dentro y fuera del PSOE, seguramente podrán aprovecharse.

Probablemente habrá quien piense que las primarias que se van a celebrar en Madrid para elegir candidato socialista a la Comunidad pueden ser la plataforma de lanzamiento de un inesperado, al menos hasta ahora, éxito del PSOE. La dinámica positiva que suelen generar estos procesos (el ejemplo más claro es Obama) y la presencia mediática que están consiguiendo ambos candidatos a candidatos podrían apuntar en ese sentido.

Sin embargo, si analizamos el proceso un poco más detalladamente quizá descubramos que no es exactamente así y que no sólo se trata de un proceso sumamente peligroso para el actual "stablishment" de Ferraz, sino que incluso podría dejarle la campaña prácticamente hecha a una Esperanza Aguirre que, dada su agudeza política, seguramente verá en esta batalla lo que realmente es: una excelente oportunidad.


Les expongo mi teoría al respecto: si la representante de Ferraz resulta la vencedora final, el PP (y otros partidos como IU o UPyD) se encontrarán frente a una auténtica bicoca electoral, ya que por un lado Trinidad Jiménez es una candidata con un perfil más bien mediocre que sólo ha tenido responsabilidades similares en una única ocasión, en la que logró un éxito tan perfectamente descriptible que sólo cabe calificarlo de rotundo fracaso.

Pero lo más importante en este supuesto es que todos los demás partidos podrán echar en cara a Jiménez ser lo que es: la auténtica y genuina representante de un Zapatero que, en Madrid más que en ningún otro lado, atraviesa un momento de absoluto desprestigio que de aquí a mayo lo más probable es que no haga sino seguir profundizándose (ni la situación económica ni los previsibles pactos con el PNV ayudarán a mejorar la imagen del presidente, eso si no hay antes un cataclismo que lo hunda definitivamente).

Así, Aguirre, el candidato comunista de turno y UPyD pueden hacer una campaña contra Zapatero que seguramente calará en un votante que a estas alturas está francamente cabreado y que en la Comunidad de Madrid suele votar en una clave muy nacional.

¿Y si gana Tomás Gómez? En este caso, aunque él también fue en su día tan elegido por Zapatero como lo ha sido ahora Jiménez, la campaña de sus rivales no podría centrarse del mismo modo en un castigo al presidente, pero probablemente podrán descansar con tranquilidad a la espera de que sean los verdaderos enemigos del secretario general del PSM los que les hagan el trabajo sucio. ¿Que quienes son esos enemigos? Obvio: sus propios compañeros de Ferraz.

Y es que la victoria de Gómez podría tener un efecto letal sobre Zapatero y su control del partido, que es lo que realmente se está jugando en estas primarias y la onda expansiva de esa bomba sólo podría mitigarse con un resultado realmente desastroso en las elecciones de mayo. Eso permitiría a Ferraz controlar futuras rebeliones, justificar su más que discutible estrategia y, finalmente, recuperar el control del importante aparato madrileño.

Así las cosas, ¿alguien tiene dudas del entusiasmo con el que Blanco, Rubalcaba y otros esbirros varios de Ferraz colaborarán con entusiasmo en la campaña de Tomás Gómez... colocándole palos en las ruedas?

En definitiva, la torpeza de Zapatero y Blanco (o la inesperada gallardía de Gómez) les ha colocado en un callejón sin salida del que sus rivales, dentro y fuera del PSOE, seguramente podrán aprovecharse pero que de uno u otro modo beneficia a todos los que concurran a las elecciones en la Comunidad de Madrid y, muy especialmente, a Esperanza Aguirre.


Libertad Digital - Opinión

Presupuestos primados. Por José María Carrascal

Ojo a los próximos presupuestos, que pueden salirnos por un ojo de la cara. O por los dos.

¿CUÁNTO van a costarnos los próximos presupuestos generales del Estado? Pues los presupuestos españoles añaden a los gastos de la Administración en un ejercicio la tasa a pagar por los votos nacionalistas que faltan al Gobierno de turno para poder aprobarlos. Y no se crean ustedes que se trata de calderilla. Esos votos se pagan a precio de oro. El año pasado, el Gobierno tuvo que soltar 240 millones de euros a PNV y CC por los suyos. Así funciona nuestro Estado de las Autonomías, convertido en Autonomías del Estado.

A Zapatero le faltan siete votos para sacar los próximos presupuestos. Los nacionalistas catalanes, todavía con el berrinche del Estatut, ya le han dicho que nones. Le quedan los vascos, dispuestos a «negociar», pero advirtiendo que su precio ha subido a 480 millones, en transferencias de políticas de empleo, inspecciones laborales, formación profesional, fondos europeos, Seguridad Social, Instituto Social de la Marina, más selecciones nacionales vascas en todos los deportes y referendos en los enclaves de Treviño, Burgos, y Valle de Villaverde, Cantabria, que los vascos reivindican.


Pero si eso es ya exorbitante, las demandas políticas resultan insólitas. Piden el «reconocimiento del carácter e identidad del Pueblo Vasco», así como «de las decisiones que adopte sobre su futuro» y «su incorporación al ordenamiento jurídico». En otras palabras, el derecho a la autodeterminación, que sería refrendado por «una consulta en el País Vasco para definir un nuevo marco jurídico-político en Euskal Herria». La música de fondo es aún más siniestra: el PNV está diciendo con ello a los vascos que él puede sacar al Gobierno central más que socialistas y populares juntos, para que se chinche Patxi López.

Pero eso no es lo peor. Sabemos de sobra que los nacionalistas piden la separación de España al mismo tiempo que le sacan todo lo que pueden. Lo han hecho siempre y lo seguirán haciendo mientras les dejemos. Lo peor es la respuesta de Zapatero. Desde Shanghái, donde ha ido a ver si los chinos nos sacan de la crisis —hace falta tener fantasía o estar desesperado para imaginar tal cosa—, el presidente anuncia estar dispuesto a negociar con el PNV. Nada que objetar siempre que se limite a temas económicos dentro del marco constitucional. Pero conociéndole como ya le conocemos, las alternativas son dos: o se dispone a engañar a los vascos como engañó a los catalanes o a quien va a engañar es al lehendakari socialista que gobierna del brazo del PP. Lo que no debe extrañar a nadie pues este hombre traiciona incluso a los suyos. Así que ojo a los próximos presupuestos, que pueden salirnos por un ojo de la cara. O por los dos.


ABC - >Opinión

Dos hombres y un destino: el año crucial de Rajoy y ZP. Por Federico Quevedo

Los nacionalistas vascos y catalanes han decidido amargarle el inicio del nuevo curso político al presidente del Gobierno. Tanto CiU como el PNV anuncian dura oposición y muchas probabilidades de no aprobar los Presupuestos Generales del Estado. El diario El País, tabloide oficial de la progresía y portavoz autorizado de Moncloa -o sea, algo así como el Izvestia soviético-, publicaba ayer que el Gobierno da por hecho que si no hay Presupuestos, toca elecciones al inicio del nuevo año, entre enero y marzo, porque luego vienen las autonómicas y municipales de mayo. Yo, que quieren que les diga, no termino de creerme lo del PNV -un poco más lo de CiU- y sospecho que al final acabarán prestándole esos votos a Rodríguez para que aguante un poco más, entre otras cosas porque en su necesidad de estrujar a quien habite La Moncloa es más cómodo hacerlo con un inquilino débil que con otro fuerte. Pero nunca se sabe. En cualquier caso, tanto si hay elecciones anticipadas como si no las hay, este curso de 2010-2011 va a ser crucial para los dos líderes políticos llamados a dirigir o seguir dirigiendo nuestros destinos, Rodríguez y Rajoy, y en el no solo se van a jugar su futuro sino lo que aún es más importante: el nuestro.

Rodríguez, una vez cruzado el ecuador de su segunda legislatura, se muestra como un político acabado, sin fuelle, incapaz… Pero conserva un cierto instinto animal que le hace levantarse incluso en los momentos más difíciles, y empujado por una sobredosis de autoestima y un impenitente narcisismo, sigue creyéndose en posesión de la verdad y de la argucia necesaria para superar sus momentos más bajos. Solo necesita, según cree él, que el país supere la crisis a tiempo de poder vender a la opinión pública esa superación como éxito personal antes de las elecciones generales. Es difícil, sin embargo, que eso ocurra. Más bien al contrario, los analistas y expertos son de la opinión de que este otoño van a volver a reproducirse algunas de las tensiones que se vivieron en la pasada primavera, incluso con más virulencia si se descubre, como parece que está ocurriendo, que el Gobierno ha echado mano del fondo de reserva de las pensiones para comprar deuda pública y bajar la prima de riesgo. Sea o no así, lo cierto es que la crisis no ha terminado de pasar, nos esperan todavía meses de crecimiento negativo y paro, sin que el Gobierno ofrezca solución alguna según se está pudiendo comprobar en el Parlamento.


Al atosigamiento económico hay que añadir una exasperante situación política, con un Gobierno que prácticamente ha desaparecido y que este mismo mes de agosto ha demostrado su debilidad de un modo clamoroso, volviendo a ponernos en una situación de vergüenza ante nuestros socios y aliados, primero con el pago del rescate de nuestros dos cooperantes secuestrados en el Magreb, y después con una crisis diplomática con Marruecos que se reproduce cada vez que Rabat observa síntomas de debilidad en la diplomacia española. Hemos hecho el primo, dicho de otro modo. Nos han tomado por el pito del sereno y encima estamos contribuyendo a poner la cosas muy difíciles en ese entorno ayudando a fortalecer la infraestructura de Al Qaeda en la región. Eso fuera, porque dentro de nuestras fronteras el Gobierno de Rodríguez muestra esa misma debilidad en su relación con sus supuestos socios y amigos, y se muestra capaz de vulnerar la ley y retorcer el Estado de Derecho con tal de satisfacer las demandas de Montilla.

«Todo apunta a una debacle socialista en el feudo catalán, que le dio a Rodríguez la victoria en 2004 y, sobre todo, en 2008».

Un Gobierno débil, por tanto, y un presidente en sus horas más bajas que va a poder calibrar el alcance de su deterioro en las elecciones catalanas de finales de octubre. Ese será, para todos, el primer termómetro de la situación y si los sondeos no se equivocan, todo apunta a una debacle socialista en aquel feudo que fue el que le dio a Rodríguez la victoria en 2004 y, sobre todo, en 2008. El resultado de Cataluña servirá, por tanto, para adivinar lo que pueda pasar en las elecciones generales si se adelantan. En caso contrario, Rodríguez tendrá unos meses escasos para intentar remontar en algo las encuestas de cara a las municipales de mayo de 2011. Para eso necesita reconducir la crisis y ofrecer una imagen de Gobierno fuerte y sólido que, francamente, hoy por hoy parece imposible.

Las municipales de 2011 pueden plantearse, de hecho, como un plebiscito a su gestión y el PSOE podría perder ciudades y Comunidades Autónomas en las que gobierna y en las que, en otra situación, seguiría contando con el respaldo ciudadano. Si esa anunciada debacle se produce, será muy difícil que el PSOE pueda recuperar terreno e, incluso, es cuando cabría plantearse si Rodríguez serviría como candidato o su cartel electoral se ha convertido en una rémora.

¿Y en el PP? Lejos de sentarse a ver pasar el cadáver de su enemigo, o dejar que este te cueza en su propio caldo, Rajoy debería aprovechar el inicio de este curso político para sentar las bases de una seria alternativa de Gobierno. La distancia que le separa del PSOE debe de afianzarse, y eso hay que hacerlo con gestos hacia el electorado. La oferta de Plan Global contra la crisis hecha este verano es un avance, pero la crisis de este país requiere de un mayor compromiso que se extienda a otras facetas. El daño que ha hecho el Gobierno socialista de Rodríguez es mucho y volver a recomponer todo lo que se ha roto va a llevar tiempo y esfuerzo, y sería bueno que los ciudadanos lo supieran y fueran conscientes de que, como ya ocurriera en la Transición, va a ser necesario un nuevo capítulo de consensos y generosidades, si es que ambos partidos están dispuestos a marchar por ese camino. Me consta que el PP sí, pero tengo mis dudas respecto del PSOE, al menos de este PSOE. Pero no basta con eso: Rajoy tiene que hacer gestos. Gestos que clarifiquen su postura respecto de ciertos comportamientos que la sociedad no aprueba, y aunque las encuestas sean las que son, es necesario que el líder del PP despeje de una vez la duda de la candidatura de Valencia en el único sentido posible: su partido necesita otro candidato que debe elegirse de inmediato después de agradecer a Camps los servicios prestados, que han sido muchos y muy generosos, y garantizarle un futuro prometedor cuando acabe su calvario judicial y siempre que lo haga de modo absolutorio.

Rajoy y Rodríguez se enfrentan, por tanto, a un año crucial. Lejos de darle la razón al Financial Times, no creo que las elecciones las vaya a ganar el partido que cambie de candidato. Ni creo que el PSOE gane si Rodríguez no se presenta, ni creo que el PP pierda por llevar a Rajoy de cabeza de cartel. Más bien al contrario, estoy absolutamente seguro de que ganará, y de que además lo hará por una mayoría suficiente para gobernar y llevar a delante ese proyecto reformista que el país necesita. Como creo que, además, es Rajoy el modelo de político que en este momento requiere la situación en que nos encontramos: un político dialogante y abierto al consenso. Pero también es verdad que en política nada es como parece, y que el PP ni puede ni debe dormirse en los laureles porque nunca se sabe hasta donde llega la capacidad de recuperación del adversario. Y si hay algo que en este momento no le conviene nada a este país sería un tercer mandato de Rodríguez. Para echarse a temblar.


El Confidencial - Opinión

Miguelín y otros muñecos. Por M. Martín Ferrand

Artur Mas, en su condición de macho alfa del nacionalismo catalán, ya está en plena berrea electoral.

ZAPATERO, el presidente que pronostica el pasado, dice ahora que «el futuro de España es del tamaño de Miguelín». Cabía temerlo. Miguelín es un niño sin alma, de seis metros y medio de altura que, diseñado por Isabel Coixet y fabricado por el mismo taller hollywoodense que construyó Alien, sirve de muñeco de feria, de atracción, en el Pabellón español de la Expo de Shangai. Una vez más, José Luis Rodríguez Zapatero confunde peso con volumen y olvida la sustancia, la fuerza y la inteligencia. Para entendernos: Miguelín es idéntico en formas y proporciones al muñeco gigante y forzudo de Toy Story III y carece de la fuerza protagónica del vaquero Woody, de la capacidad tecnológica del astronauta Buzz Lightyear y de la elasticidad del perro Slinky.

¿No podríamos hacer algo para que el futuro de España, más que grande, fuera bueno, grato para los españoles, repleto de progreso real, no de progresismo impostor, e inmerso en una democracia en la que no cupiera el calificativo de «provisional» que tiene la que ahora nos asiste?


Artur Mas, en su condición de macho alfa del nacionalismo catalán, ya está en plena berrea electoral, a la espera de una fecha para los comicios. Obligado por ello, lanza voces de confusa interpretación. Dice el líder de CiU que Cataluña será «interdependiente» de España. Eso concuerda con la inteligencia y la responsabilidad que se le suponen a Miguelín. Cataluña es España. Tanto como Castilla y León o Andalucía. Podría, en un extravagante desarrollo estatutario y constitucional, dejar de serlo, independizarse. En ese perverso supuesto, ¿quién es Mas para suponer la voluntad del resto de España de mantenerse «interdependiente» con Cataluña? Quiere Mas, en alarde de fervor electorero y calentura independentista, que el día en que Cataluña disponga de un Estado propio, pueda «seguir teniendo un grado de entendimiento y convivencia con el Estado español». Mal está que quien puede ser, antes de fin de año, el nuevo president se manifieste con tal deslealtad constitucional y estatuaria contra el pedestal sobre el que puede levantar su ambición política; pero peor está, todavía, que nos suponga a los demás contentos y participativos ante su desprecio.

No es por contradecir al presidente del Gobierno; pero, si Mas se nos presenta como un trasunto de Chucky, el muñeco diabólico, lo mejor que debiera hacer el Ejecutivo es guardar a Miguelín en una caja y dejarse de fantasías elefantiásicas para tratar de recomponer, con diligencia y rigor constitucional, las condiciones de unidad y solvencia que cabe exigir a un Estado miembro de la UE.


ABC - Editorial

Sindicatos y nacionalistas: la soga aprieta pero no ahoga. Por Antonio Casado

Huelga general, elecciones catalanas y Presupuestos Generales del Estado para 2011. Por ese orden. Material informativo de recurso para reeditar la vuelta al cole en la misma clave de siempre: nos espera un otoño caliente. Un clásico del síndrome post-vacacional. Y luego nunca pasa nada.

Volvemos a estar en las mismas, un año más. La agobiante pauta de una situación económica que no acaba de remontar y amenaza de muerte súbita -política, se entiende- a Zapatero si los sindicatos hurgan en la herida del gobernante reñido con sus electores y los nacionalistas se niegan a ser sus costaleros parlamentarios.

Pero nada de eso ocurrirá. Ocurriría si los líderes de las dos grandes centrales sindicales, Fernández Toxo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT), hubieran descubierto de repente la vocación social del PP como el único partido que defiende realmente a los trabajadores, los pensionistas y los españolitos apaleados en el Sahara por la policía marroquí. Pero no es el caso.


El supuesto estado terminal de Zapatero tampoco acaba de dar el peso en los análisis políticos y mediáticos. Al menos en los términos propuestos a la vuelta de las vacaciones. Me refiero a la capacidad del PNV para provocar un adelanto de las elecciones generales si en el debate de totalidad del 20 de octubre no prestan al Gobierno sus votos (seis) para sacar adelante los Presupuestos del Estado.

Fumata blanca

Procede el mismo razonamiento que para el caso de la huelga general convocada por los sindicatos como reprobación a la política del Gobierno. Desgaste para Zapatero, claro. Pero nada de muerte súbita. O sea, nada de elecciones anticipadas. Eso no va a pasar. Pasaría si los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, hubieran decidido apostar por Mariano Rajoy como gozosa alternativa de poder en la gobernación del Estado.

Porque ese, el previsible triunfo de Rajoy en las urnas, sería el desenlace lógico ante una situación de bloqueo presupuestario (la prórroga de los Presupuestos de 2010 está descartada hasta por el propio Gobierno). Háganse ustedes la pregunta del millón pero me parece que el sueño de los nacionalistas no consiste precisamente en alfombrar el camino a la Moncloa de quienes, un día sí y otro también, les acusan de romper España y condenar al ostracismo a la lengua castellana.

Asunto distinto es el precio a pagar por el Gobierno como garantía de supervivencia política en al menos un año más. En eso están los ministros Blanco y Rubalcaba con los dirigentes parlamentario y político del PNV, Erkoreka y Urkullu respectivamente.

Apuesten ustedes por la fumata blanca. Sin pensar solamente en lo que se juega Zapatero en estas negociaciones. También la otra parte tiene sus flancos débiles y mucho que perder. Por ejemplo, el poder de las tres Diputaciones Forales, que podría resentirse muy seriamente si los socialistas de Patxi López y los populares de Basagoiti se concertasen como ya se han concertado en el proceso de desintoxicación nacionalista apadrinado por el actual Gobierno del País Vasco.


El Confidencial - Opinión

Las vidas de Zapatero. Por Ignacio Camacho

Nadie sabe cuántas vidas políticas tiene Zapatero, pero de momento ya ha resucitado de dos presuntas defunciones.

DESPUÉS de su enésima ejecución política a manos de sus correligionarios, el socialista sevillano José Caballos —veterano recurrente de todas las batallas internas del partido desde los años ochenta, que siempre pasaban de un modo u otro por su apartamiento y/o su vuelta— se retiró a la fuerza del primer plano con una amenazadora definición de sí mismo: «Me voy, pero como los gatos tengo siete vidas y según mis cuentas aún me quedan cuatro». Lo habían defenestrado tres veces, en efecto, y en ninguna de las tres habían logrado rematarlo.

Zapatero no corre por ahora peligro de sufrir un ajuste de cuentas en sus propias filas —todo llegará cuando pierda el poder, y llegado el caso los ejecutores no van a ser piadosos— pero afronta el nuevo curso bajo la sensación general de estar políticamente liquidado. El mandato zozobra sacudido por la crisis, el Gabinete agoniza en estado cataléptico, la legislatura pende del hilo presupuestario y respira gracias al racionado oxígeno de los nacionalistas, y el propio presidente ofrece en las encuestas un encefalograma de moribundo. Rajoy ya se atreve a sugerir que está jugando a formar equipos de gobierno en el tablero invisible de su enigmática cabeza: pese a su prudencia gallega se ve con el capitoné de mudanzas en la puerta de La Moncloa. Sin embargo, es prematuro dar por deshauciado a un hombre que si algo ha demostrado en su errático manejo del poder es una asombrosa capacidad para desdoblarse a sí mismo.


Nadie sabe cuántas vidas políticas tiene Zapatero, pero de momento ya ha resucitado de dos presuntas defunciones. La primera fue tras el fracaso de la negociación con ETA, momento en que todo el mundo dio por finiquitado su mandato bajo los escombros de la terminal de Barajas, y la segunda cuando en el último mayo los célebres «mercados» de la deuda bombardearon como en Pearl Harbour su contumaz optimismo socialdemócrata. Ahora la Presidencia sufre un cuadro crítico agravado: la huelga general, los recortes sociales, el paro en estancamiento casi estructural, la inminente caída del tripartito catalán y el desencanto de un electorado que no parece dispuesto a creer en más piruetas ni más trucos. Pero la legislatura aguantará si el Gobierno logra —que logrará— el respaldo mercenario del PNV a los presupuestos, y luego aún pueden pasar muchas cosas, desde el presentido final de ETA a una posible aunque difícil recuperación económica. El presidente es un desastre en la estrategia, pero ganaría del tirón un Premio Nobel de la resistencia y de la táctica. Y aunque se vaya dejando vidas en cada huida hacia adelante, todavía es imposible adivinar cuántas reinvenciones le quedan a su elástico avatar de camaleón político. Al fin y al cabo tampoco Rajoy, dos veces perdedor, tiene su capital de oportunidades intacto.

ABC - Opinión

Tostones y Sahara. Por Alfonso Ussía

José Luis Martín Prieto, el gran gordo emboinado, les dice «buenudos». Son los turistas solidarios, los pelmazos de las caravanas asistenciales que se bastan y sobran con asistirse a ellos mismos. No falta la buena voluntad en algunos de sus componentes, y sobra la vanidad y soberbia de los que quieren demostrar que son buenísimos y arrojados. En el fondo, como tantas actitudes sujetas al ridículo, son piedrecillas sueltas del derribado muro de Berlín. Piedrecillas, ripios, cascotes que se pintaron de ecologistas «sandía», de feministas fundamentalistas y de «buenudos» solidarios. Otros están en el cine y en los grandes negocios «de izquierdas».

La trifulca del Aaiún. Cuando aún el Sahara español era colonia, y posteriormente provincia, mi corazón estaba con los saharauis. Pero con reservas. El Frente Polisario, apoyado por la URSS y armado por Argelia, no colaboró con España para fortalecer su libertad de elección en la descolonización. Murieron soldados españoles en el desierto. Marruecos reclamaba los territorios del Sahara y España optó por el abandono. La ONU, como era de esperar, se mostró incapaz, y todavía sigue pomposa y solemne proclamando su incompetencia. Hay saharauis partidarios de Marruecos y otros de la independencia. Pero no hay malos y buenos.


Eso habrían de saberlo los «buenudos», los solidarios calentados en las ardientes arenas del Aaiún. Los saharauis independentistas del Polisario hicieron lo que estaba en sus manos para imposibilitar una transición normal. Incluso la celebración de un referendo en los meses posteriores a la deserción española. No era de recibo el apoyo de España a quien nos trataba a tiros con proyectiles soviéticos. Y el mundo occidental, es decir, los Estados Unidos de América, que no España, respaldaron al Reino de Marruecos en su afán de expansión. Aquella Marcha Verde, tan bien organizada por los americanos con Franco en plena agonía, le hizo ver a España que su voluntad era un asunto de importancia cuestionable. El Polisario ya se había equivocado. Se movían sus representantes en Madrid a las órdenes de Sergio Bogomolov, embajador de la URSS, y de Khaled Kheladi, embajador de Argelia. Tomaron posición en el tablero de ajedrez y perdieron la partida.

Si el Frente Polisario, con el que no estaba de acuerdo una buena parte del pueblo saharaui, no hubiese centrado su agresividad revolucionaria contra esa España que ya se iba, podrían haber cambiado algunas posiciones en el mundo occidental. Pero se alineó erróneamente con quienes principiaban su desmoronamiento. Y perdieron. No es así porque así parezca, juego de Pirandello; así es porque así sucedió, y una buena parte de la culpa la tienen los que hicieron ver a los polisarios que su enemistad con la libertad de Occidente les llevaría a conquistar la suya. El Sahara español es actualmente Marruecos porque los saharauis no supieron encontrar su sitio. Y cuando se pierde el sitio, recuperarlo es complicado.

El Frente Polisario, enemigo irreconciliable de Marruecos, actuó como el mejor aliado del Rey Hassán. Y éste, inteligente y sin escrúpulos, se merendó el Sahara y sus riquezas en menos tiempo de lo que dura una puesta de sol en el Atlántico. Ahora, los «buenudos» se apasionan por lo que no defendieron en su día, los «buenudos» son hijos desperdigados, piedrecillas sueltas del Muro que la libertad derrumbó. Y cuando se han apercibido de ello, ya es tarde. El Sahara que España pudo dejarles es ya territorio marroquí. Y ni Aminatu ni vainas. En el Aaiún lo han comprobado.


La Razón - Opinión

Doble rasero. Lecciones para activistas. Por Cristina Losada

El Gobierno socialista se ha distinguido por hacer causa común con activistas que se han dedicado a provocar incidentes y recibieron lo previsible. Nada le ha importado, hasta ahora, que la tal acción fuera ilegal.

El maltrato a unos españoles que fueron a manifestarse contra Marruecos en El Aaiún nos lleva, de nuevo, a las aguas del activismo sin fronteras. Del antiguo peregrino político hemos pasado, circunstancias obligan, al nuevo activista global. El primero, tal como documenta Paul Hollander en su clásico Peregrinos políticos, iba a confirmar y celebrar la existencia del Paraíso; el socialista, naturalmente. El activista viajero de hoy va a demostrar la existencia del Infierno. Le resulta muy fácil. Se expone, por no decir que se dirige, a que le expulsen, le detengan y, en algunos casos, le zurren. Una vez que le han arrestado o pegado ya tiene el trabajo hecho. Es víctima y la víctima siempre tiene razón. Siempre que esté, huelga decir, del lado políticamente correcto. Sin embargo, ese lado tiene sus zonas oscuras y en una de ellas han caído los prosaharauis en cuestión. Así, se ha dado la paradoja de que un grupo en la órbita de la extrema izquierda haya contado con el entusiasta apoyo de la derecha, y no con el de su Gobierno.

Mi simpatía por este turismo político en boga es, desde luego, muy limitada. Y entiendo que, si uno va a montar bronca, no ha de quejarse de los resultados: son exactamente los que se buscaban. Pero mi tolerancia con la doble vara de medir es todavía más reducida. El Gobierno socialista se ha distinguido por hacer causa común con activistas que se han dedicado a provocar incidentes y recibieron lo previsible. Nada le ha importado, hasta ahora, que la tal acción fuera ilegal. Cuando un directivo de Greenpeace España fue detenido en Copenhague por irrumpir en un banquete oficial, el PSOE mantuvo que los hechos no eran "estrictamente delictivos"; Moratinos presionó cuanto pudo para torcer la decisión de la Justicia danesa; y el Gobierno estaba indignado porque el ecologista hubiera de codearse con los "presos comunes", ¡uf!, como si López de Uralde fuera un preso ¿político?

Claro que Dinamarca no es Marruecos. No comparemos. Como tampoco lo es Israel. De ahí que, en el caso de los agredidos en el Sahara, no tengamos enérgicas condenas, exigencia de responsabilidades y convocatorias al embajador, tal como ocurrió tras la operación israelí contra la flotilla –de activistas– que quiso romper el embargo de Gaza. Tomen nota, pues, los interesados. El Gobierno les respaldará incondicionalmente siempre y cuando hostiguen a un Estado de Derecho y en él se salten la ley.


Libertad Digital - Opinión