domingo, 30 de mayo de 2010

Recurso oportuno y necesario

EL Partido Popular va a presentar de forma inmediata su recurso de inconstitucionalidad contra la ley de ampliación del aborto, que entrará en vigor el próximo 5 de julio.

Mariano Rajoy cumple así su compromiso de impugnar esta ley ante el Tribunal Constitucional y de defender hasta sus últimas consecuencias el respeto a la vida humana, que es un principio fundamental de toda ideología liberal-conservadora. La libertad, como bien supremo del hombre, es una utopía si no se defiende el derecho a vivir para poder ejercerla. El aborto libre es una negación radical del sistema de Derechos Humanos sobre el que se han construido las democracias y los ordenamientos jurídicos. Por eso, la privación de la vida de un ser humano en su fase gestacional es incompatible con el reconocimiento de Derechos Humanos absolutos. Ninguno de tales derechos puede serlo si se niega la premisa de todos ellos, que es el derecho a vivir.

Si políticamente Mariano Rajoy ha demostrado la coherencia de su partido en oponerse a una reforma letal para la sociedad española, jurídicamente esta ley se enfrenta a una doctrina constitucional consolidada que desde 1985 está declarando que no es aceptable la eliminación del «nasciturus» por la sola voluntad de la madre, porque el ser humano, concebido y no nacido, es en sí mismo un bien jurídico digno de protección.

El salto que da la nueva ley del aborto llega a ese aborto libre, incondicional, puramente voluntarista, que permite a la mujer -en muchas ocasiones bajo presión e intimidación de su entorno- decidir sobre la vida o la muerte de quien ya es, aparezca o no esta palabra en el diccionario abortista del Ministerio de Igualdad, un ser humano. Su hijo, para ser más precisos. En este aborto libre, el feto no provoca ningún conflicto específico, no causa daño comprobable. Simplemente molesta. El recurso del PP propone una medida que no está prevista en la ley. Pide la suspensión cautelar de la ley para que no se aplique hasta que haya sentencia. Los fundamentos de esta petición son claros, de sentido común y, sobre todo, de una justicia material inapelable. Por un lado, la nueva ley contradice abiertamente la doctrina del TC, por lo que no tiene esa «presunción de constitucionalidad» con la que cuenta de partida toda ley del Parlamento. Por otro, si esta ley injusta se aplica, una posible sentencia de inconstitucionalidad llegaría demasiado tarde para evitar los miles de abortos que ya se habrían cometido en virtud de una norma ilegal. Nunca antes se le había planteado al TC una disyuntiva tan dramática y necesaria.


ABC - Editorial

sábado, 29 de mayo de 2010

Duran y la responsabilidad. Por Eduardo San Martín

Y ahora, ¿qué? Los sinuosos nacionalistas catalanes han levantado de la lona al Gobierno cuando sonaba la campana pero le han puesto fecha de caducidad.

Sin su apoyo, negado solemnemente en el propio Congreso, no habrá presupuestos. Y entonces... Usted está finiquitado, le dijo Duran Lleida al presidente del Gobierno, y la única salida que le queda es convocar elecciones. Pero si Zapatero está acabado y la llamada a las urnas es la única salida, ¿por qué prolongar la agonía?

El portavoz de CiU, unos de los políticos mejor valorados en el páramo desolador del parlamentarismo español, incurría con su discurso en una manifiesta incoherencia entre palabras y hechos. ¿Responsabilidad o cínico cálculo de conveniencia propia? Duran apeló a una temida reacción de los mercados si el Gobierno caía derrotado. Era una probabilidad no desdeñable, pero existía la posibilidad de ofrecer al Gobierno, junto con el resto de la oposición, una alternativa inmediata que cumpliese con las exigencias de esos mercados y de la UE en vez de tragarse el injusto sapo de sacrificar a los pensionistas para salvar a Zapatero. Es sabido que los nacionalistas catalanes no desean que el alboroto de unas elecciones generales perturbe las autonómicas de noviembre de las que se consideran seguros ganadores. Así pues, un sentido de la responsabilidad muy matizado, en el mejor de los casos.

El argumento en contra de unas elecciones anticipadas apela al coste y a la incertidumbre políticas que generaría una campaña en medio de la tempestad. Vale, pero no mayores que la de no sustituir al patrón que dirigió el barco a esas aguas. El Reino Unido, con un déficit fiscal superior al nuestro y con unos enormes recortes pendientes, que también le exigen los mercados, celebró elecciones hace tres semanas y cambió de Gobierno. Y el país, y los mercados, respiran más aliviados.


ABC - Opinión

Plan de ajuste. Para una vez que el PP hace lo correcto.... Por Pablo Molina

A Zapatero hay que votarle en contra aunque someta a escrutinio que el sol sale por la mañana y se pone al anochecer, y dejar el argumento del patriotismo para cuando se localice a un solo socialista en el Gobierno que no se avergüence de España.

El Partido Popular, en contra de su caótica trayectoria anterior, hizo en la votación de ayer sobre el decreto de recortes del Gobierno exactamente lo que tenía que hacer: Votar un "no" como una catedral. Las apelaciones a que estamos en una situación de emergencia nacional y que su obligación era haberse abstenido, no tienen en cuenta que el origen de la tragedia actual es la presencia en La Moncloa de José Luis Rodríguez Zapatero, por lo que cualquier acción parlamentaria que lo debilite y acelere su caída será siempre un acierto.

Estas llamadas a la sensatez y al sentido de estado de Rajoy vienen curiosamente desde ambos lados del espectro político y mediático, aunque lógicamente por intereses distintos. La izquierda no quiere perder el poder y la derecha no quiere que se destruya España, que es la constante dialéctica de ambas fuerzas desde que se instauró el actual régimen de partidos. Los hay también que esgrimen argumentos de coherencia técnica para justificar su deseo de que Rajoy se hubiera abstenido, como el hecho de que no se puede dar el consentimiento expreso o tácito a medidas más lesivas como el FROB o el Plan E, y negarse a convalidad otras como las incluidas en este decreto que van, aunque tímidamente, en una dirección más acertada que las anteriores.

En todo caso, hay una razón más importante para que el Partido Popular negara su voto al decreto presentado por el Gobierno, que tiene que ver con el momento actual que atraviesa la nación, incapaz de aguantar mucho más tiempo esta sangría de la riqueza futura de los ciudadanos a base de deuda y déficit públicos. Cada minuto que Zapatero siga en el Gobierno va a suponer un paso más hacia un desastre que probablemente sea irreversible llegado el caso. Las medidas que propone no es que supongan un "recorte social", por utilizar la jerga progre a la que con tanto entusiasmo acaba siempre apuntándose el PP, es que no van a servir absolutamente para nada pues el núcleo duro del gasto que sí podría revertir la situación es una caja fuerte que el Gobierno de Zapatero no va abrir jamás. La reforma del Estado de las autonomías, la del mercado laboral, la supresión de ministerios inútiles, la cancelación de la ayuda a los tiranos del tercer mundo, la reestructuración del sistema financiero dejando caer a las entidades insolventes o la transformación profunda de nuestro sector energético, eliminando subvenciones a iniciativas absurdas y carísima y dando entrada a energías limpias como la nuclear, son cuestiones, estas sí, sustanciales que Zapatero no va a abordar porque son contrarias a su visión sectaria de la política.

A Zapatero hay que votarle en contra aunque someta a escrutinio parlamentario que el sol sale por la mañana y se pone al anochecer, y dejar el argumento del patriotismo para cuando se localice a un solo socialista en el Gobierno que no se avergüence de España o de su Historia.

Si el jueves se hubiera rechazado el decreto propuesto por el Gobierno como intentó el PP, es probable que la bolsa hubiera tenido que suspender su sesión ante las fuertes pérdidas y que el diferencial de la deuda soberana del Reino de España se hubiera disparado. Pero es que estas, y otras peores, son cosas que van a ocurrir indefectiblemente a medio plazo mientras Zapatero esté en La Moncloa. La única diferencia con la situación actual tras la aprobación por la mínima del decreto económico es que la agonía será más larga y las víctimas más numerosas.

Cuando la gangrena amenaza irremediablemente una pierna los médicos la amputan sin dudarlo, aunque sean conscientes de que el shock inicial para el paciente va a ser muy doloroso, porque lo importante es salvar la vida al enfermo conservándole sanas el resto de extremidades.

Zapatero es capaz de arruinarnos como país para varias generaciones dejándonos un Estado desestructurado, con las arcas vacías y una constitución invalidada por la propia dinámica de los hechos, por lo que estar en su contra es y será siempre un acto de honor y patriotismo. El PP ayer lo hizo muy bien. A ver si con suerte tarda un poco más de lo normal en volver a las andadas.


Libertad Digital - Opinión

El palique social. Por M. Martín Ferrand

Amitad de camino entre el diálogo de sordos y el de besugos, los llamados «agentes sociales», una de las coartadas del Gobierno para no enfrentarse a su responsabilidad, vienen estirando en demasía un hipotético diálogo social que, por la enjundia que transparenta, tiene mucho más de palique y cotorreo que de conversación responsable y conducente a sentar las bases de un marco de relaciones laborales capaz de, en pie de igualdad con las potencias económicas de la UE, favorecer el desarrollo y el verdadero progreso de la Nación. En ese ambiente, ayer se produjo un cruce de insultos, algo poco edificante, entre Cándido Méndez, secretario general de UGT y heredero directo de las doctrinas de José Antonio Girón y José Solís, y José Luis Feito, presidente de la Comisión de Economía de la CEOE y economista de reconocido prestigio en instituciones como el Fondo Monetario Internacional o la OCDE.

Supongo que Feito irrita a los sindicatos por su anacrónico bigotito, su currículum brillante -antítesis de las biografías de nuestros grandes defensores del proletariado- y su autoría de un libro de especial actualidad y valor divulgativo, En defensa del capitalismo. Como se sabe, defender el capitalismo es algo indigno y perverso mientras que la apología del socialismo -el gran fracaso europeo del siglo XX- es tanto como hacerlo del progreso y la equidad. Feito calificó de «infantil, inmadura y absurda» la postura de los sindicatos mayoritarios por su reciente amenaza al Ejecutivo con una huelga general. Méndez, que tiene la finura del esmeril y la sutileza del granito, le replicó llamándole «sicario». Es decir, asesino a sueldo. Ni tan siquiera le permite al capitalista establecerse por cuenta propia.

Puestos a entender como deseable, como fórmula para la solución de un problema nacional, el diálogo entre los agentes sociales, partes interesadas, debiera establecerse un reglamento mínimo. Al igual que en boxeo no se tolera que un peso pesado, con sus más de 90 kilos, cruce los guantes con un mosca, menos de 50, el Ministerio de Trabajo, que así tendrá alguna función de provecho, debiera estar atento para evitar que un uppercut del púgil de mejor preparación y forma física pueda ser evitado por el más débil y peor formado con un rodillazo en sus partes más íntimas. Méndez ha jugado sucio. ¿Sabe hacerlo de otro modo? El diálogo, como el boxeo, tiene sus normas.


ABC - Opinión

Austeridad. El centro descolocado. Por José María Marco

Desde el jueves no se sabe muy bien cuál es el programa del PP para salir de la crisis. Respaldó las inyecciones de dinero y no rechazó la expansión del gasto público. Ahora rechaza las medidas de austeridad…

En 1986 Felipe González cambió de opinión sobre la pertenencia de España en la OTAN. Así que para rectificar la posición de su partido, salimos de la OTAN y celebramos un referéndum sobre si debíamos entrar o no –cuando ya estábamos dentro–, y al final acabamos ingresando donde ya habíamos estado. Aquel episodio lamentable dio la medida de la consideración que los dirigentes socialistas tenían de la democracia. Hubo incluso quien lo elogió, como si aquello hubiera sido un ejercicio supremo de responsabilidad y, sobre todo, de habilidad.

Tuvo, en cuanto a esto último, una virtud: la derecha, que siguiendo su programa había metido a España en la OTAN, no supo cómo reaccionar... y no llegó al Gobierno hasta 1996. Ante una maniobra del PSOE, la derecha española se quedó sin discurso, sin habla, podría decirse, y no lo recuperó hasta muchos años después.


Las circunstancias de lo que ocurrido esta semana en el Congreso de Diputados no son las mismas, claro está. En 1986 se trataba de la posición de España en la escena internacional. Aquí se trata de la ruina de nuestro país, causada, en buena parte, por quien ahora se ofrece como salvador. Se entiende, por tanto, que el único partido de la oposición votara en contra de unas medidas que parecen garantizar la supervivencia de Rodríguez Zapatero en el Gobierno.

Dicho esto, conviene observar que en la mañana del jueves el Partido Popular, al votar NO a las medidas de ajuste del Gobierno, nos puso a todos al borde del abismo. Todos sabemos lo que habría pasado de haber salido adelante el NO. Pues bien, el Partido Popular prefirió arriesgarse a colocar a España en situación de quiebra y colapso económico en vez de dejar pasar, aunque fuera críticamente, unas medidas que sabe imprescindibles, por muy improvisadas, tardías, contradictorias e insuficientes que sean. Convengamos en que el centrismo radical presenta rostros sorprendentemente variados.

No quedó ahí la cosa. Al votar NO, el PP también se quedó, como ocurrió en 1986, sin discurso. Se veía venir desde hace semanas, cuando ante la ola de recortes de Rodríguez Zapatero, el PP ha ido poniendo el acento, más y más, en la defensa de la política social, por no decir en la de los sufridos, oprimidos y explotados empleados públicos, el nuevo sujeto revolucionario del centro derecha. El jueves todo quedó escenificado con claridad, aunque hay que reconocer que en su intervención Rajoy salvó la trampa de la demagogia, en la que han incurrido bastantes de sus barones. Otros, en cambio, han comprendido muy bien lo ocurrido y en vez de hablar –por lo menos hasta ver qué se debe decir– han pasado a los hechos. Así en el Ayuntamiento de Madrid, con un recorte serio, y la Comunidad de Madrid, donde ya se venían tomando medidas de este tipo, insuficientes también, de todos modos.

En cualquier caso, desde el jueves no se sabe muy bien cuál es el programa del PP para salir de la crisis. Respaldó las inyecciones de dinero y no rechazó la expansión del gasto público. Ahora rechaza las medidas de austeridad... Llegará al poder porque el esperpento de Rodríguez Zapatero es ya desorbitado, incluso para lo que se estila estos días. No es seguro, de todos modos, como muestra lo ocurrido después de 1986...


Libertad Digital - Opinión

El mundo según Obama

EL nuevo concepto estratégico de seguridad que acaba de aprobar el presidente Barack Obama ha sido diseñado según el estilo más tradicional del Partido Demócrata, que esencialmente consiste en minimizar el papel en el mundo de unos Estados Unidos que se repliegan sobre sí mismos.

Para Obama, el país más poderoso del planeta ha alcanzado el límite de sus fuerzas al llevar a cabo dos guerras simultáneas -Irak y Afganistán-, y su mayor interés ahora no pasa por considerar las alternativas para superar esos límites, sino por evitar una nueva prueba de este calibre. En efecto, al abandonar el principio genérico de lucha contra el terrorismo, Estados Unidos se resigna a constreñir su espacio esencial a sus propios límites geográficos, dando por hecho que ciertos elementos de la influencia norteamericana en el mundo se van a difuminar. El planteamiento podría resultar positivo si en el escenario internacional no hubiera fuerzas indeseables, dispuestas a apresurarse a ocupar los espacios que Estados Unidos acepta abandonar.

Las invocaciones a la diplomacia y el multilateralismo son necesarias, pero no representan un camino infalible para resolver conflictos con fuerzas que no tienen la menor intención de utilizar estos medios civilizados para imponer sus intereses. Aceptar el mundo como es representa también aceptar que existan dictaduras inmorales y fuerzas que tratan de imponer principios intolerables y no hacer nada para derrotarlas.

Los redactores de este informe se han dejado convencer por los viejos estereotipos del antinorteamericanismo de salón, porque nadie quiere que Estados Unidos se convierta en la única superpotencia dominante sobre el mundo. Su papel debe ser, sin embargo, el del núcleo duro de la coalición universal de valores que el mundo libre debe defender para garantizar su supervivencia. Y en este objetivo Barack Obama no puede considerar que los norteamericanos están solos, porque en la defensa de la libertad tendrán siempre aliados, ni que es aceptable abandonar a los millones de personas que en cualquier parte del mundo confían en los ideales que representan y defienden los Estados Unidos.


ABC - Opinión

Una espiral perversa

La debilidad del crecimiento y la ausencia de un pacto político explican la nueva rebaja de la deuda

Casi al mismo tiempo que el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz pedía liquidar la autoridad de las agencias de calificación, por haber sido incapaces de prever los fraudes en los mercados y por su descarado comportamiento procíclico, que agrava las crisis e intensifica la euforia financiera, la agencia Fitch rebajaba la calificación de la deuda española desde AAA hasta AA+ con perspectivas de estabilidad. Es la segunda rebaja en la calificación producida este año, después de la de Standard's & Poors, y tendrá consecuencias para la economía española. Por una parte, resta eficacia al plan de recorte de gastos aprobado por el Gobierno, puesto que puede encarecer el servicio de la deuda y, además, augura nuevos deterioros bursátiles de los activos españoles a partir del lunes.

El dictamen de Fitch entiende que la tasa de crecimiento del PIB es insuficiente para atender el endeudamiento agregado (privado y público) y apunta inequívocamente a la contradicción, aparentemente insalvable, en la que se encuentra la economía española, una de las que los inversores señalan como más débiles del área euro. Para mantener la solvencia de su deuda, España tiene que aplicar un ajuste de su gasto público; ese recorte merma las posibilidades de recuperación, y esa debilidad se convierte en motivo de más desconfianza en los mercados. La propia rebaja en la calificación lastrará un poco más las posibilidades de reactivación.

Ayer mismo, el Gobierno, en un ejercicio de realismo encomiable, acompasó su cuadro macroeconómico al impacto del ajuste del gasto público y de la subida de impuestos. Rebajó las proyecciones de crecimiento en cinco décimas en 2011 y cuatro décimas en 2012 y 2013 y elevó las tasas de paro previstas para estos años, de forma que este año será cinco décimas superior a lo previsto (hasta el 19,4%) y el próximo aumentará en cuatro décimas sobre las previsiones, hasta el 18,9%. Son proyecciones que confirman un periodo prolongado de crecimiento insuficiente antes de llegar a la recuperación.

Pero no conviene engañarse. Fitch recoge en su decisión el rechazo de los inversores hacia el desorden de la política española y la incapacidad del Gobierno y la oposición para ponerse de acuerdo en las líneas básicas de actuación para superar la fase recesiva. Parece inconcebible que el primer partido de la oposición no acepte que España ha perdido una parte importante de su riqueza en la crisis que estalló en 2007, que esa pérdida obliga a un ajuste general de rentas y que la gravedad del momento exige dejar en segundo plano los intentos de llegar al Gobierno pasando por encima de cualquier otra consideración; parece insensato que los Gobiernos autónomos se opongan sistemáticamente a este ajuste de rentas, se nieguen a apoyar políticamente la posición del Gobierno y arrastren los pies para obstaculizar la reforma de las cajas de ahorros en nombre de reivindicaciones de campanario; y parece disparatado que se atice la amenaza de una huelga general, si se aprueba una reforma laboral por decreto si los agentes sociales no son capaces de pactarla por su cuenta y responsabilidad.

La situación de la economía española empeora, cierto, pero la insolvencia política también cotiza en los mercados. PP, CiU o PNV son tan responsables del deterioro de la credibilidad de las finanzas públicas como el Gobierno. La trayectoria de esta espiral perversa solo puede romperse si se mantienen los planes de ajuste del gasto, se aprueba (con pacto o sin él) una reforma laboral que cimiente la recuperación económica en el empleo estable y no en los contratos precarios, se procura a medio plazo un reforzamiento de la estructura de ingresos del Estado y se cuenta, de una vez, con el respaldo político de la oposición política a la austeridad.


El País - Editorial

Se nos acaba el crédito

ZP continúa mareando la perdiz delegando la que tal vez sea la reforma prioritaria de nuestra economía a unos sectarios sindicatos que no vacilan en tildar de "sicario" a quien rechaza una huelga general en esta situación de emergencia nacional.

La palabra crédito viene del verbo latino credere (creer). El crédito, si bien suele tener una manifestación monetaria, es una cualidad económica que va más allá de la mera transferencia de dinero. Conceder crédito a un individuo, a una empresa o a un país significa tener confianza en su capacidad para cumplir con las obligaciones que ha contraído.

Zapatero, en una de esas expresiones de fingida indignación que quedan como registro de su hipocresía e ineptitud, señalaba que "no daba crédito". Aunque probablemente no quisiera significar lo que una interpretación estricta de sus palabras daba a entender, el presidente del Gobierno estaba describiendo con triste precisión su situación personal y, por extensión, la de la economía española: cada vez menos gente confía en nosotros y en nuestra capacidad para pagar toda la deuda, pública y privada.


Es indudable que la causa inicial de nuestra crisis debe buscarse en el pinchazo de la enorme burbuja que fue cebada por el sistema bancario nacional y por el Banco Central Europeo. Hasta el momento del estallido –finales de 2007– no habría por qué asignarle una especial responsabilidad al Gobierno de Zapatero, salvo por el hecho nada desdeñable de mentir a la población con su reiterada negación de la crisis.

Sin embargo, aproximadamente desde que volvió a ganar las elecciones gracias a su refinada labor de propaganda, la magnitud y el ritmo de degeneración de nuestra economía debe imputarse especialmente a la política intervencionista desplegada por el PSOE. Si algo necesitaba España era, como solía repetirse hace años, "cambiar su modelo productivo", es decir, lograr un reajuste de sus factores productivos –concentrados en la construcción y sectores anexos– para que volvieran a generar riqueza.

Ello exigía una política de estricta austeridad del sector público y, sobre todo, no entorpecer a los mercados. Pero Zapatero optó por todo lo contrario: "La salida de la crisis será social o no será", decía. Para ello, incurrió en un déficit público con escasos parangones internacionales e históricos y se cerró en banda a liberalizar un mercado de trabajo más rígido que el de Zimbabue. La consecuencia ya la sabemos: más de un 20% de paro, estancamiento total de la economía y un ritmo de endeudamiento que ya no podemos sostener.

Primero fue la agencia de calificación Standard & Poor’s la que vino a rebajar el rating de nuestra deuda pública –algo que los inversores ya hacían de facto al exigirnos rendimientos mucho mayores que los de la deuda alemana– y ayer fue Fitch. El motivo principal por el que esta agencia ha tomado semejante decisión ha sido su preocupación por que el mercado laboral español es demasiado inflexible, lo que retrasará enormemente la recuperación económica y la consolidación del déficit (pues una de sus mayores partidas son los subsidios de desempleo).

Todo el mundo que sepa algo de economía coincide en la imperiosa necesidad de liberalizar nuestro mercado de trabajo para reducir el coste de la contratación y, a partir de ahí, reajustar la economía creando empleo en nuevos sectores económicos que empiecen a ser rentables a esos minorados costes.

Zapatero probablemente sea consciente de ello después del rapapolvo que recibió de manos de Merkel, Sarkozy y Obama. Y, pese a ello, continúa mareando la perdiz delegando la que tal vez sea la reforma prioritaria de nuestra economía a unos sectarios sindicatos que no vacilan en tildar de "sicario" a quien considera poco aconsejable convocar una huelga general en esta situación de emergencia nacional. Si bien el Ejecutivo había prometido que el próximo lunes se produciría una reforma laboral con o sin diálogo social, ayer aclaró que no se trataba de una fecha límite y que podría retrasarse todavía más. En realidad, llevamos como mínimo tres años de retraso, tal y como hemos venido denunciando en estas páginas desde el comienzo de la sangría laboral. Ahora se están dando cuenta las casas de análisis, las instituciones oficiales y las agencias de calificación. Se nos acaba el tiempo y el crédito: sin reformas inmediatas, ni Bruselas ni el FMI podrán rescatarnos. Pocos ejemplos más claros hay de que Zapatero o actúa ya o debe marcharse a su casa para que otro pueda tomar las decisiones que todos sabemos que necesitamos.


Libertad Digital - Editorial

El calvario del Gobierno

LA traumática victoria conseguida por el Gobierno para las medidas de reducción del déficit público no ha sido su última batalla parlamentaria, sino la primera de otras muchas en las que se va a jugar su estabilidad.

Bien es cierto que ayer el PSOE descartó el adelanto electoral, como no podía ser de otra manera, porque los socialistas no van a dar cuartel a las críticas que está recibiendo el Gobierno. Sin embargo, el PSOE tampoco va a ser quien decida en última instancia, sino que lo será la deriva de la situación a corto plazo, porque el Ejecutivo no tiene autonomía política. En esas previsiones inmediatas que penden sobre el Gobierno hay dos que volverán a actuar como banco de pruebas para su estabilidad. Por un lado, el llamado «techo de gasto», que ayer el Consejo de Ministros cifró para 2011 en un 7,7 por ciento menos que en 2010. Ahora bien, la última palabra estará en el acuerdo con las demás administraciones públicas -comunidades autónomas y ayuntamientos- y los demás grupos en el Congreso y el Senado, donde el PSOE sabe que se han formado unas mayorías negativas contra la política económica del Gobierno. Si el techo de gasto público, al que se llega después de que se fije por el Parlamento el objetivo de déficit para 2011, es la antesala de los Presupuestos Generales, la oposición del PP y de Convergencia i Unió, más la previsible del PNV, deja con pocas esperanzas al Ejecutivo. Y sin Presupuestos, se acabó la legislatura. La duda de Zapatero en este momento es saber con quién puede pactar su política presupuestaria, consciente de que ya no es posible conciliar posiciones antagónicas. A su derecha y a su izquierda hay desconfianza y rechazo. Este es el fruto de no haber asumido unas directrices de gobierno reconocibles en una política económica bien planificada y con objetivos concretos.

La segunda encrucijada es la reforma laboral, a la baja si se pretende que sea consensuada, visto el cruce de descalificaciones entre sindicatos y empresarios. Comisiones Obreras y UGT anuncian una huelga general si la reforma les es impuesta por el Gobierno, lo cual es la única opción que queda ante la falta de acuerdo social. Y además tendrá que ser una reforma muy profunda del mercado laboral, porque el Gobierno no quiso hacerla cuando pudo haber sido menos traumática. Ahora lo será, pues las previsiones del Gobierno, anunciadas ayer, confirman más paro y menos crecimiento en los próximos años.

ABC - Editorial

viernes, 28 de mayo de 2010

Crisis de Estado. Por José maría Carrascal

LA crisis económica española es ya una crisis de Estado.

¿La prueba? Lo ocurrido en las últimas sesiones de ambas Cámaras, donde los partidos, en vez de aunar esfuerzos para sacar al país del agujero en que se encuentra, como ocurre en todas las Cámaras del continente, se lanzan acusaciones como venablos y gritos como guijarros. Una situación que no va a mejorar porque Zapatero haya logrado salvar por la mínima sus medidas de ajuste. Al revés, va a empeorar, ante el desconcierto angustioso de la ciudadanía y la desconfianza creciente de los mercados internacionales. Todo por su forma de gobernar. O, mejor dicho, de no gobernar, ya que su Gobierno consiste en ignorar los problemas importantes y dedicarse a los superfluos, en gastarse el dinero en bagatelas mientras descuida las necesidades, en librar viejas batallas en vez de afrontar los nuevos desafíos, en sembrar el rencor entre los españoles en vez de buscar lo que les une. La talla de un gobernante se mide por su capacidad de unir a los gobernados por encima de las diferencias que pueda haber entre ellos. El debate de ayer en el Congreso nos ofreció la imagen más exacta del fracaso de Zapatero: incluso quienes se abstuvieron, permitiéndole sobrevivir por la mínima, criticaron con tanta o más dureza su gestión que quienes la rechazaron categóricamente. Si los discursos en las Cortes fueran un referéndum sobre el presidente, su derrota hubiese sido aplastante, al obtener tan sólo el endoso de los suyos. Si sobrevive es gracias a algún grupo parlamentario que, temiendo las consecuencias de que España se quede sin gobierno en situación tan crítica, han preferido mantenerle, como esas vigas externas que sostienen las casas que se derrumban.

Los demás han preferido correr ese riesgo y rechazado las medidas propuestas. No como castigo al Gobierno, sino por tres razones igualmente legítimas. La primera, porque esas medidas son improvisadas e injustas, al cargar sobre los más débiles. La segunda, porque no han sido consensuadas con la oposición, sino impuestas desde fuera, sin tener en cuenta las características especiales de nuestro país. La tercera, porque no hay garantías de que las cumplirá un Gobierno que cambia de opinión de un día para otro. Un presidente que, con la que está cayendo, tenía previsto irse a Brasil a reflotar algo tan gaseoso como la Alianza de Civilizaciones y sólo ha cancelado el viaje cuando alguien le ha advertido que a lo mejor ni necesitaba regresar, es un peligro público.

Cuando, a estas alturas, Zapatero se pone a dar lecciones de responsabilidad, de valentía, de patriotismo, se vuelve patético. Si fuese responsable, tomaría las medidas que le señala la oposición. Si fuese valiente, reconocería sus errores. Si fuese patriota, se iría. Pero pueden estar seguros de que no hará ninguna de esas cosas.


ABC - Opinión

Plan de ajuste. ZP y la política del niño enrabietado. Por Emilio J. González

Esa es la cuestión: qué va a pasar la próxima vez. Porque ahora hay que hablar de la reforma laboral, del próximo incremento de la fiscalidad o de los presupuestos para 2011, por poner tan sólo tres ejemplos.

El presidente del Gobierno se ha salido con la suya y ha conseguido que el Congreso de los Diputados refrende el decreto de recorte del gasto público, pero por la mínima, tan sólo por un voto de diferencia y con el único apoyo de los socialistas. ZP, por tanto, ha evitado la catástrofe pero ha demostrado ser un verdadero irresponsable al dedicarse a jugar con fuego, con lo que ha podido provocar en nuestra economía un incendio de dimensiones catastróficas.

En unas circunstancias de la economía española como las actuales, en las que el país está al borde de la suspensión de pagos y con los mercados escrutando hasta el más mínimo detalle de la economía y la política, el Gobierno no podía presentarse a la desesperada en el Congreso sin haberse garantizado previamente una mayoría suficiente para aprobar el decreto. Pero lo ha hecho, llevando las cosas a límites insostenibles y se ha salvado por los pelos. Un solo voto más en contra y el Ejecutivo hubiera salido derrotado, provocándose de esta forma una verdadera debacle de la bolsa y la deuda española. Y es que a Zapatero le ha molestado profundamente que la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional hayan intervenido nuestra economía y le estén dictando la política de saneamiento. Sin embargo, él solito se lo ha ganado, primero por negar la realidad de la crisis, después por minusvalorar su impacto y luego por negarse una y otra vez a hacer lo que hay que hacer por una mezcla de populismo mal entendido e ideología rancia. Ese ZP irritado, en lugar de querer pactar todo un programa de medidas con los principales partidos de la oposición, el cual le hubiera obligado a poner el punto final a la columna vertebral de su estrategia política –o sea, a cerrar los ministerios de Igualdad y Vivienda, así como la vicepresidencia de Chaves; a poner el punto final a todo lo relacionado con la ley de economía sostenible y las energías renovables; a dejar de tirar el dinero en las sucesivas versiones del Plan E, en las subvenciones a los sindicatos, los artistas de la ceja y demás grupos amigos; o a dejar de malgastarlo en proyectos tan ridículos como el apoyo a los gays y lesbianas de Zimbabue–, algo, por lo que estamos viendo, a lo que no está dispuesto a renunciar. Así, su reacción ha sido, al final, la del niño caprichoso y enrabietado porque no le dejan hacer de las suyas y ha optado por decir: me criticáis y queréis ajuste, pues ahí os va y os lo tragáis os guste o no.

Algo tan serio en estos momentos como un plan de saneamiento de las cuentas públicas debería haber sido el fruto de un acuerdo con los principales partidos de la oposición. Pero el Zapatero enrabietado no ha querido ni sentarse a discutir el más mínimo punto con sus rivales políticos y ha estado a punto de encontrarse con un muy grave revés parlamentario. ZP ha querido forzar que el decreto saliera adelante por el simple sentido de la responsabilidad de los demás partidos políticos y a punto ha estado de estrellarse. Ha salvado la situación por los pelos; sin embargo, y aunque ya tiene su plan de recorte del gasto público aprobado, ha sembrado muchas dudas innecesarias y muy negativas para la economía española de cara al medio plazo porque lo que hay que hacer no se agota con congelar las pensiones o bajarle el sueldo a los funcionarios. Zapatero se puede encontrar, por ejemplo, con que el Parlamento le eche por tierra la subida de impuestos que prepara. De darse esta circunstancia, lo normal es que cayera el Gobierno y se convocaran elecciones anticipadas, pero suponerle alguna normalidad a ZP, que se comporta como un verdadero irresponsable, es mucho suponer y, por tanto, cabría esperar que quisiera seguir aferrado al poder como una lapa, con lo cual la situación económica sería ingobernable tanto en términos políticos como por la reacción de los mercados. Esa es la cuestión: qué va a pasar la próxima vez. Porque ahora hay que hablar de la reforma laboral, del próximo incremento de la fiscalidad o de los presupuestos para 2011, por poner tan sólo tres ejemplos; y visto lo visto en el Congreso de los Diputados, no está para nada garantizado que se vayan a aprobar, sobre todo porque el presidente del Gobierno va a seguir en sus trece y no va a querer pactar nada con nadie, sino que va a seguir con su política de si no quieres caldo, toma tres tazas. Así no hay quien gobierne nada.

Dadas las circunstancias, lo mejor que podría hacer Zapatero es coger la puerta, marcharse a su casa y ceder el sitio a otro político con una personalidad distinta, que no esté desgastado y que tenga una actitud dialogante con los demás partidos para alcanzar el consenso necesario y tomar las medidas adecuadas. Y para ello nada mejor que sean los ciudadanos quienes decidan quién debe asumir esa responsabilidad, porque lo que hace falta en estos momentos es un verdadero líder que sepa combinar el inevitable discurso de sangre, sudor y lágrimas con la claridad de ideas imprescindible para hacer lo necesario, el carácter preciso para llevarlo a cabo por muy doloroso que sea y el talante abierto para poder involucrar en ello a todos los partidos que sea posible. Ese líder, en estos momentos, sólo puede salir de las urnas. Por desgracia, a ZP no se le han quitado las ganas de querer seguir jugando a Roosevelt en versión cañí y así nos va.


Libertad Digital - Opinión

Tres alternativas para un gobierno. Por Fernando Fernández

EL Gobierno está muerto. No ha conseguido ni un solo voto para su plan de ajuste y los que lo han hecho posible con su abstención se han sentido obligados a aclarar que no le apoyarán en los presupuestos.

La situación económica está podrida y aumentan las dudas sobre la capacidad para encontrar financiación en los mercados internacionales. Se necesita con urgencia un programa económico creíble, ambicioso y duro. Y nadie cree, ni en España ni fuera, ni en el propio PSOE, por mucho que lo quieran disimular con gestos infantiles, que el presidente Zapatero pueda liderar la situación. La misma persona que ha sido capaz de negar la crisis, de ocultar el ajuste a sus propios alcaldes y de sostener luego el ridículo de la corrección de erratas para tapar su debilidad e improvisación, de saltarse el Pacto de Toledo con premeditación y alevosía -el único consenso que permanecía de la Transición- no puede inspirar confianza a nadie. Si Zapatero es el problema no puede ser parte de la solución. Hay, pues, que buscar urgentemente alternativas y existen al menos tres.

La primera, la que sería normal en un país democrático en el que los partidos no fueran simples maquinarias electorales al servicio de su presidente, sería que los diputados socialistas que encarnan la soberanía popular, aunque no se lo crean, eligieran a su sustituto. Esta persona tendría luego que pedir la confianza de la Cámara, lo que le obligaría a negociar un programa de gobierno que en lo económico habría de buscar un acuerdo amplio. Tan amplio, en mi opinión, que debería llevar a una gran coalición a la alemana. Un gobierno de crisis para la situación económica más crítica que ha vivido la democracia española, porque, no nos engañemos, lo que está en juego es la pertenencia de España al euro y, con ella, la prosperidad de los españoles durante muchos años. Un gobierno de gran coalición con dos únicos puntos en el programa. El primero, realizar los profundos ajustes estructurales en el sistema fiscal, financiero, laboral y de distribución del poder territorial que están pendientes y que impiden el crecimiento en un área monetaria común. El segundo, convocar elecciones generales una vez terminada la fase de excepcionalidad. Sería lo más aconsejable, pero sólo depende de Zapatero, desgraciadamente en eso ha quedado la democracia presidencialista española.

La segunda alternativa es que Mariano Rajoy presentara una moción de censura con ese mismo objetivo. Le daría la oportunidad de ofrecer ese mismo gobierno de coalición con un mapa de ruta público y negociado con nacionalistas vascos y catalanes. Es muy probable que no prosperara, porque los nacionalistas tendrían que elegir entre su sentido de Estado y sus reclamaciones estatutarias, otro favor que le debemos a Zapatero con su suicida estrategia en Cataluña y su empecinamiento torticero en cambiar la Constitución por la puerta trasera. Pero tendría al menos la ventaja de que obligaría a los nacionalistas a desnudarse y sabríamos por experiencia si existe uno de los mimbres necesarios para un Estado federal, la lealtad constitucional imprescindible en momentos críticos.

Sólo nos quedan, pues, las elecciones anticipadas. Es un argumento mentiroso que serían una irresponsabilidad. Lo acabamos de ver en el Reino Unido, donde en plena crisis de la libra y colapso de la city ha habido elecciones, las urnas han arrojado un resultado sorprendente y los políticos han sabido estar a la altura con un gobierno fuerte. Aparte de lo cínico que resulta ver a quienes acusan a los especuladores de cebarse con España, acudir luego presurosos a estos mismos especuladores para evitar tener que concurrir ante el electorado, e impedir el ejercicio de la política con mayúsculas a los defensores de la política frente al mercado, una de las frases más estúpidas y queridas del presidente Zapatero.


ABC - Opinión

Plan de ajuste. ¿Tongo?. Por Emilio Campmany

Ahora, cuando el PSOE empieza a hacer lo que debe, aunque de forma incompleta, Rajoy ha querido aprovechar la oportunidad de ponerse del lado de los doce millones de votantes represaliados por el tijeretazo.

Con independencia de lo que convenga a España, que es cosa más que discutible, el caso es que en la votación de este jueves y por un solo voto, el PSOE ha ganado y el PP ha perdido. ¿Tongo? Es verdad que el PP ya no controla el voto de UPN y que éste ha podido venderlo por vaya usted a saber qué o cuánto. Tampoco cabe duda de que a CiU no le interesa que la grave crisis que se avecina se adelante y dé lugar a que se forme un Gobierno de coalición resuelto a embridar el desmadre autonómico. Y tampoco le conviene que se adelanten las elecciones tanto como para coincidir con las catalanas de este otoño, porque la abstención que padecen sus autonómicas es sobre todo de votantes socialistas que en las generales sí acuden a las urnas. Si forzaran tal coincidencia, quien sólo vota al PSOE en las generales podría verse tentado de hacerlo también en la urna de al lado, la de las regionales. Por eso propone Durán i Lleida que se adelanten a dentro de un año. Pero, ¿por qué se abstiene Coalición Canaria si gobierna su región en coalición con el PP?

Rajoy no podía permitirse que Zapatero perdiera la votación de este jueves. De haber sucedido, le habrían llovido críticas de todo el mundo, sobre todo de Francia y Alemania, gobernados por partidos afines al PP. Por otro lado, la crisis política desencadenada por la derrota del Decreto-Ley podría haber desembocado en un gobierno de coalición preñado de vacas sagradas, lo que hubiera podido devolver al Gobierno a un Rato, o peor, a un Aznar muy capaces ambos de quedarse a vivir en la Moncloa para una larga temporada. Tampoco le convenía obligar al PSOE a sustituir al presidente por uno que, menos desgastado, fuera más difícil de derrotar. Rajoy necesita que Zapatero todavía respire cuando se celebren las próximas elecciones porque es el único contra quien se siente seguro de vencer.

Entonces ¿por qué se ha arriesgado a que el PSOE perdiera ordenando a su grupo votar "no" al decreto? Rajoy ha criticado todas las medidas económicas del Gobierno, pero ha apoyado las que beneficiaban a amplios sectores del electorado, desde la rebaja de los 400 euros hasta el cheque bebé. También ordenó a sus presidentes autonómicos aceptar el reparto de 11.000 millones de euros regalados por Zapatero a las comunidades autónomas. Ahora, cuando el PSOE empieza a hacer lo que debe, aunque de forma incompleta, Rajoy ha querido aprovechar la oportunidad de ponerse del lado de los doce millones de votantes represaliados por el tijeretazo. Estaba seguro de que tal decisión no entrañaba riesgos de que el PSOE perdiera la votación porque contaba con la abstención de CiU y del PNV. Sin embargo, estando ya decidido a votar "no", va y viene el PNV y dice que ellos también se opondrán. Probablemente, Urkullu ha visto en la crisis que la derrota del PSOE desencadenaría la oportunidad de romper la alianza con el PP que permite a los socialistas gobernar en el País Vasco. Al verse que ya no bastaría la abstención de CiU, ha sido necesaria la de los dos diputados de Coalición Canaria para darle oxígeno a Zapatero. O sea, que quien salva al presidente del Gobierno es un partido nacionalista aliado del PP en el Gobierno de su región. Y lo hace por un voto. Tanta emoción no la hay ni en los combates de lucha libre. Ni tanta simulación.


Libertad Digital - Opinión

El mutis del marciano. Por M. Martín Ferrand)

NOS tiene dicho Stephen Hawking, cosmólogo de guardia, que es muy posible que existan los extraterrestres aunque no resulte prudente establecer contacto con ellos. Los representantes de CiU, CC y UPN en el Congreso no deben tener en mucha consideración al sabio británico porque, sabiendo a lo que se exponen -sobredosis de zapaterismo-, se entregaron ayer en brazos del más marciano de todos los jefes del Ejecutivo que ha conocido España desde tiempos de Witiza. Sus abstenciones le permitieron al Gobierno salvar la cara y sacar adelante el recortazo con el que espera aliviar el déficit sin paliar la crisis. Se entiende lo de UPN que sobrevive en Navarra con la ayuda de los socialistas de lugar; pero lo de CC, ese heterogéneo cóctel del nacionalismo canario, es de más difícil comprensión, ya que es el PP el armazón que le da la mayoría para el gobierno insular. Mariano Rajoy siempre termina por resultar incomprensible.

La abstención de CiU es de otra naturaleza. Los nacionalistas catalanes saben que la legislatura está agotada, que Zapatero ya no da más de sí y que las medidas que conlleva el decreto ley que se aprueba con su abstención van en contra de los intereses de quienes les votan en su territorio natural. Aun así, en desacato a sus funcionarios autonómicos y locales, con desprecio a sus pensionistas e ignorando la subida de impuestos «a los ricos» que perpetra Zapatero y que afecta especialmente a sus votantes, han propiciado la continuidad -nada menos que la continuidad- del presidente en La Moncloa. ¿Todo por evitar que un anticipo de las legislativas pueda ensombrecer este otoño el brillo que Artur Mas espera lucir en las autonómicas catalanas? Es útil, pero no cabal.

Lo que sí permite augurar ese único voto que les ha salvado el tipo a los socialistas es que sus días en el Gobierno ya están contados. No parece posible que puedan sacar adelante los próximos Presupuestos y ese puede ser, y seguramente será, el principio del mutis del marciano. Al PSOE le traería más cuenta anticiparse a los acontecimientos y establecer un relevo que les permita, además de alargar la legislatura, poder ganar las legislativas de 2012 -Javier Solana o Alfredo Pérez Rubalcaba están ahí-; pero, como suele suceder en las partitocracias, el aparato instalado es más importante que el partido y éste que la Nación y el Estado. Si supieran inglés escucharían a Hawking.


ABC - Opinión

Plan de ajuste. Rajoy, como Zapatero. Por Juan Ramón Rallo

Mal futuro tendremos como país si los políticos siguen enardeciendo a las masas para que se opongan a unas reformas que todos saben imprescindibles. No sé si Rajoy es más socialista que Zapatero o viceversa, pero sí sé que los dos son igual de peronistas.

Que el partido que blasonó el "sentido de estado" para votar a favor del FROB, del Pacto de Zurbano y de la ayuda de 420 euros para los parados de larga duración y para abstenerse –sí, abstenerse– a la hora de convalidar el Fondo Estatal de Inversión Local (los 8.000 millones de euros del Plan E para que los ayuntamientos pusieran patas arriba sus respectivas ciudades) descubra ahora, en una de las coyunturas más críticas que vive nuestra economía, que existe el botón del ‘No’ en los asientos del Congreso resulta cuando menos inconsecuente y peligroso.

No sé si el PP tenía en mente ridiculizar a Zapatero con una derrota parlamentaria a fin de que éste abandone lo antes posible La Moncloa, si pretende ondear la irresponsable bandera de "lo social" junto a Izquierda Unida y demás grupúsculos anticapitalistas o si realmente cree innecesario este recorte de gasto propuesto por el Gobierno y piensa que otros muchos son posibles. Estaría bien que lo aclarara, especialmente cuando su responsable de política económica se llena la boca con la necesidad de prohibir el déficit público y cuando llevamos varios días con una loable rebelión cívica contra la subida del IVA.

Porque claro, si el PP reconoce la urgente necesidad de reducir el déficit y no piensa subir impuestos para lograrlo, ¿qué nos queda salvo darle un fuerte tijeretazo al gasto público? Parecería lógico o al menos resultado de la más elemental aritmética; pero hete aquí que cuando el Gobierno más manirroto de nuestra historia presenta un insuficiente plan para consolidar el déficit por el lado del gasto, el PP se subleva contra semejante posibilidad. ¿Y qué ofrece como alternativa esta formación política que pretende ser una inminente alternativa de Gobierno? Nada, apenas un discurso populista mal hilvanado: que si Chaves y Aído sobran, que si hay que acabar con las subvenciones para los sindicatos o que si debemos rebajar el sueldo sólo a los altos cargos.

Todo esto está muy bien, no por su contribución a la reducción del déficit, sino por simple justicia. Es absurdo que quienes nos han arrastrado a esta situación de pobreza –el dogma intervencionista de nuestra clase política y la cerrilidad de nuestros sindicatos– no vayan a padecer en primera persona las consecuencias pecuniarias y políticas de sus disparates. Pero no nos confundamos: con esto no conseguimos ni mucho menos eliminar nuestro déficit, son simples medidas cosméticas.

Y por eso el PP nunca debería haber votado en contra de la reducción del gasto propuesta por el Gobierno sin antes presentar un recorte alternativo que incida sobre partidas realmente cuantiosas. Aquí tienen un ejemplo, pero podría haber muchos más. Puede haber tijeretazos alternativos que no recaigan sobre los pensionistas y ni siquiera, si me apuran, sobre los funcionarios; pero la escandalera cortoplacista no debería hacernos olvidar dos cosas. Una, que España necesita rebajar los costes laborales (salarios) para volver a crear empleo, tal y como refleja la llamativa cifra de cinco millones de parados. Me costaría entender, y supongo que también a mucha otra gente, que todo el esfuerzo salarial se exija a los trabajadores del sector privado y que, en cambio, quienes tienen su puesto garantizado por vida no experimenten ningún recorte. Dos, nuestro sistema público de pensiones es un fraude que más pronto que tarde estallará y en ese momento habrá, no que congelar las pensiones, sino rebajarlas de manera sustancial –agradézcanselo a quienes defienden que la Seguridad Social sea pública–, ya sea alargando la edad de jubilación o extendiendo el período de cálculo. ¿De verdad tiene sentido que sigamos incrementando las pensiones para, en unos años, haber de recortarlas con especial intensidad (justo, por cierto, lo que cabía reprocharle a Zapatero durante años)?

Ya dije hace meses que ni Zapatero ni Rajoy servían para solventar los problemas económicos de España. Tras la votación de este jueves en el Congreso, sólo puedo reafirmarme y confiar en que un eventual Ejecutivo de Rajoy haga justamente lo contrario a lo que votó el jueves; es decir, que practique justo el mismo ejercicio de incoherencia con el que el PP ahora azota a Zapatero.

Mal futuro tendremos como país si los políticos siguen enardeciendo a las masas para que se opongan a unas reformas que todos saben imprescindibles para evitar la quiebra. No sé si Rajoy es más socialista que Zapatero o viceversa, pero sí sé que los dos son igual de peronistas y que, como continúen así, todos nosotros seremos Argentina.


Libertad Digital - Opinión

El caos o el caos. Por Ignacio Camacho

UN mal ajuste es mejor que ningún ajuste. El que ha pergeñado el Gobierno con su impronta de improvisación e incompetencia es injusto, desequilibrado, negligente y hasta cobarde, y en condiciones menos dramáticas merecía ser devuelto a sus ineptos autores forzándolos a convocar elecciones anticipadas; pero si el Congreso lo hubiese rechazado ayer estaríamos ante un cataclismo económico, un crack de los mercados y hasta una posible desestabilización del euro. El Partido Popular tenía que elegir entre lo malo y lo peor, entre permitir con la nariz tapada la aprobación de este recorte-bodrio, con su atropello a los pensionistas y sus tijeretazos ciegos, para que el país salga siquiera provisionalmente del bloqueo financiero, o atender a su instinto de oposición y situar a Zapatero ante el fracaso político que se ha empeñado en cosechar. Se trataba de una cuestión de tacto y de responsabilidad, una de esas decisiones esenciales que pueden marcar el curso de un liderazgo, y Rajoy eligió la opción más antipática y también la que le descubre el flanco más vulnerable a la crítica. Es lo que tiene la democracia, que cada uno es libre de equivocarse como prefiera.

El voto negativo del PP lo expone al fuego graneado de una acusación de oportunismo irresponsable, más interesado en el derribo del Gobierno que en el apuntalamiento de la estabilidad económica, pero no fue el único ejercicio de conveniencia que deparó ayer la tensa sesión del Congreso. Si la responsabilidad política consiste en declinar los intereses propios ante los generales, nadie estuvo ayer a la altura. El nacionalismo catalán se vistió con ropajes de Estado para disfrazar su egoísmo partidista: por nada del mundo desea que la caída de Zapatero se atraviese en su favorable horizonte de las elecciones autonómicas de otoño. Y el propio presidente careció de coraje para defender en primera persona un ajuste en el que no cree; su absentismo del debate constituye una estrepitosa demostración de liderazgo pusilánime.

El dilema de fondo consiste en determinar si es más urgente resolver, aunque sea con parches, la emergencia sociofinanciera o si la prioridad nacional pasa por la salida inmediata de la crisis política que ha desatado el desgobierno zapaterista. A esa cuestión no hubo respuestas porque todos decidieron desde el prisma de su propio provecho. Las grandes palabras, como responsabilidad, designan conceptos profundos que sólo tienen sentido en una política noble, y la nuestra hace tiempo que perdió todo atisbo de grandeza. Quizá si hubiese habido alguna probabilidad real de que el decretazo encallase, unos cuantos diputados de la derecha habrían sufrido un repentino ataque de próstata. Pero CiU, en el borde del abismo de una moción de censura de facto, despejó el vértigo de elegir entre el Gobierno o el caos, como si no fuesen la misma cosa.


ABC - Opinión

El Gobierno toca fondo y Zapatero se esconde. Por Antonio Casado

Lo ocurrido ayer en el Congreso se parece mucho al comienzo de la cuenta atrás para Zapatero. El PP ya no fue el único en embestir. La izquierda y los nacionalistas se sumaron a la cacería.

Por distintas razones, evidentemente. Nadie en su sano juicio entendería los ataques al tijeretazo de Zapatero como un inesperado alistamiento de CiU, PNV, ERC, BNG e IU en la causa política de Mariano Rajoy.

Lo importante era aprobar el decreto-ley para apuntalar la imagen de la economía española ante las instituciones y los mercados. Y eso se consiguió, gracias a la abstención de los diez diputados de CiU. Su portavoz, Duran i Lleida, se despachó a gusto en un discurso durísimo contra Zapatero y su Gobierno. Sin embargo, un voto negativo de su grupo hubiera hundido a la economía española en “un pozo todavía peor”, dijo Duran, cuya abstención, “por responsabilidad”, sirvió para evitar la derrota del decreto-ley, convalidado por un voto de diferencia y sólo con los votos socialistas.


i lo miramos en clave doméstica la sesión de ayer equivale al primer tiempo de una moción de censura contra Zapatero. La segunda se llevaría a cabo en la tramitación de los próximos Presupuestos Generales del Estado. Eso toca en el último trimestre de este año y, a la vista de lo ocurrido, es dudoso que el Gobierno cuente entonces con los siete escaños que le faltan para garantizarse el respaldo a las cuentas públicas de 2011, que en materia de gastos serán tan restrictivas como el decreto convalidado en la Cámara Baja.

Puede que la geometría variable de Zapatero no le saque del apuro en esta ocasión. Eso dio pie a Duran i Lleida para considerar inevitable la convocatoria de elecciones generales. Pero entonces, en el primer tramo de 2011, y no ahora, como quiere el PP, porque a CiU no le interesa esa sacudida electoral antes que las autonómicas catalanas, previstas para el 24 de octubre o el 28 de noviembre (las dos fechas alejarían la jornada de votación de la visita del Papa, prevista para el 7 de noviembre).

A la abstención de CiU se sumó la de CC (2) y UPN(1). Los demás se fueron al “no”, donde se tocaron los extremos. Llamazares y Rajoy, junto al resto de los nacionalismos, unidos contra al plan de ajuste suplementario improvisado por el Gobierno. Si ese frente de rechazo no fuese tan coyuntural, ya estaría dictado el ajusticiamiento político de Zapatero. La sentencia se cumpliría ya en la votación de los próximos Presupuestos del Estado.

Mal cálculo del PP

Pero en Europa nos miran y a los mercados les trae sin cuidado nuestra reyerta política. Por encima de todo, les importa que haya quedado aprobado el ajuste, aunque haya sido por pelos. Claro que si entran en detalles no entenderán la ausencia de Zapatero en la tribuna. Mala señal. Confirma temores sobre la calidad de su liderazgo si se esconde cuando vienen mal dadas. Los tiros van contra él pero pone a Elena Salgado a recibir las tortas. Mal, fatal, indefendible.

Y el PP, peor. Ha hecho un mal cálculo. Los ciudadanos no entenderán fácilmente que, en momentos tan delicados, trabaje por el adelanto de las elecciones y no por recuperar la solvencia de la economía española. Apoyar el decreto-ley hubiera tenido algún coste político para la causa de Rajoy, pero la abstención le hubiera permitido mantener su discurso. Prefirió el “no” y cedió a Duran, un nacionalista, el ejercicio de la sensatez en nombre del interés nacional. Y no podrá decirse que Duran no ha sabido conciliar sus intereses de partido (evitar unas elecciones generales antes del otoño electoral en Cataluña) con lo que en estos momentos es más beneficioso para España.

Rajoy pudo haber logrado lo mismo con la abstención: contribuir a evitar el hundimiento de una economía nacional puesta en cuestión por los mercados y las instituciones internacionales. Y todo ello sin abandonar su discurso hipercrítico con la política económica del Gobierno y el averiado liderazgo de Zapatero. Pero no lo hizo y, en mi opinión, se equivocó. Tiempo al tiempo.


El Confidencial - Opinión

El principio del fin

Decíamos ayer que, salvo que el Gobierno rectificara al menos en el tijeretazo a los pensionistas, los grupos de la oposición no podían respaldar un decretazo injusto ni prestar un aval político a un gabinete que ha fracasado y cuyo tiempo ha expirado. El debate para la convalidación de las medidas de ajuste del gasto y la reducción del déficit público en el Congreso evidenció ayer la soledad del Ejecutivo y la extrema debilidad política de un equipo sin pulso, resignado y sobrepasado por los acontecimientos. El decreto salió adelante por un solo voto de diferencia y únicamente contó con el lógico apoyo de los diputados socialistas, frente al «no» del PP, PNV, IU y otros minoritarios. La abstención de CiU, como la de Coalición Canaria y UPN, impidió el escenario de ruptura y quiebra que suponía la derrota del Ejecutivo en una sesión clave, y que hubiera abocado a un desenlace electoral. En la posición de CiU confluyó tanto el interés de Artur Mas de no provocar la caída del Gobierno a pocos meses de las elecciones catalanas como el temor de Duran Lleida a unos posibles efectos negativos que pudieran tener para la economía española su rechazo. Cabe señalar que el portavoz de CiU, Duran Lleida, realizó un discurso brillante y contundente. Una vez más estuvo a la altura de las circunstancias cuando dirigió su ataque al presidente – «El problema es usted y su Gobierno»– y exigió elecciones anticipadas como la única salida a la encrucijada actual.

El PP rechazó el decretazo porque tenía suficientes argumentos para ello. En palabras de Mariano Rajoy, las medidas eran «improvisadas, insuficientes e injustas» y no reactivarán la economía. «¿De verdad no había 1.500 millones de euros en los presupuestos que reducir antes que recortárselos a los pensionistas?», sentenció Rajoy en una pregunta que resume las carencias del plan. El líder de la oposición respondió a las expectativas y demostró de nuevo su sentido de Estado para no refrendar un castigo «a los más débiles». La reducción del déficit es necesaria, pero no la planteada. La puesta en escena del Gobierno resultó también decepcionante. Que Zapatero rehuyera la responsabilidad de defender el decretazo en la Cámara y la dejara en manos de la vicepresidenta Salgado, desautorizada repetidamente e imagen pública del fracaso y la impotencia del Ejecutivo, fue una decisión errónea e inexplicable. El presidente debió dar la cara, porque la cita era trascendente y el Gobierno y el país se jugaban lo suficiente para no delegar funciones.

Si uno de los objetivos principales de la sesión era calibrar la fortaleza del Gobierno para dirigir la etapa de sacrificios que se avecina y el respaldo social a los ajustes, el balance fue desolador para los socialistas. Soledad y fragilidad. No cuenta ni con apoyos parlamentarios ni con la adhesión de la sociedad ni con el respaldo de los sindicatos, que amagan con una huelga general si se impone la reforma laboral. La jornada retrató a un Gobierno que agoniza entre bandazos, cuando la situación del país demanda un equipo fuerte, unido y que genere confianza. Los socialistas han fracasado y cuanto antes lo asuman, mejor para todos. Hay que convocar a los ciudadanos a las urnas para que decidan en quién depositan su crédito. Es una necesidad democrática.


La Razón - Editorial

Ajuste. El plan "i". Por Cristina Losada

El cortoplacismo de Zapatero se contagia. Nadie quiere encarar unas elecciones con la mácula de haberles apretado el cinturón a los "más débiles". La unánime oposición es ful: está nadando a favor de la corriente.

Una democracia necesita, si quiere sobrevivir, cierta dosis de verdad. En España han venido triunfando dos formas de mentira: la simple y la más sofistificada, que es la ideología. Con Zapatero nunca se sabe, además, donde termina el autoengaño y empieza lo siguiente. Estábamos, pues, en el mejor de los mundos posibles. Es fácil de imaginar la conmoción de los que creyeron –y los que quisieron creer– cuando, de la noche a la mañana, el Gobierno los expulsó de la ubérrima Jauja a la yerma Antártida. ¡A congelarse tocan! De la nada a las más altas cotas de miseria, que diría Marx (Groucho), en horas veinticuatro.

A tal extremo de necesidad se ha llegado no por un complot universal contra Zapatero ni sólo por efecto de una crisis global. Nada hizo el presidente de cuanto era preciso hacer y cuanto hizo sirvió para empeorar. Cuando aceptó in extremis un parcial ajuste, aceptó de facto una rectificación de su extravagante, pero muy socialista, querencia por el gasto. Tarde, mal y a rastro. Y tarde significa: más duro será el tratamiento. Pero a la voz de ajuste, ha surgido en España una oposición que, salvo por el PP, y a ratos, había brillado por su ausencia. Todos tachan los recortes de injustos. Algunos añaden indignos. El PP, con más razón, los califica de insuficientes. Muchas íes parecen. Pero, ¿son necesarios?

Tal cuestión, por lo visto, no cuenta. El cortoplacismo de Zapatero se contagia. Nadie quiere encarar unas elecciones con la mácula de haberles apretado el cinturón a los "más débiles". La unánime oposición es ful: está nadando a favor de la corriente. Sin duda, el castigo al Gobierno produce una satisfacción inmediata. Merecido lo tiene. Su irresponsabilidad y su incompetencia forman parte capital del problema. Y tiene delito que reclame ahora a los demás que sean responsables, un Gobierno que se ha distinguido por corromper el sentido de la responsabilidad. Una virtud carca, ya se sabe. Lo que una no sabe es si los partidos de la nueva y la vieja oposición son conscientes del mensaje que están transmitiendo. Se asemeja peligrosamente al anterior espejismo: no hay que hacer sacrificios. Y España necesita una dosis de verdad.


Libertad Digital - Opinión

Despilfarro de civilizaciones

UNO de los capítulos del gasto público en los que el Gobierno debería cortar por lo sano es el de las acciones puramente propagandísticas.

En tiempos de restricciones se entiende mal el despilfarro del dinero público en iniciativas como la llamada Alianza de Civilizaciones, que no es más que un empeño personal de Rodríguez Zapatero, pagado a cargo del presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores. El hecho de que el presidente del Gobierno haya tenido que renunciar a asistir a una cumbre que él mismo había convocado en Brasil, precisamente porque las urgencias de la situación económica le requieren en Madrid, ilustra perfectamente la situación: los españoles tendrán que seguir pagando por algo que hasta su principal promotor considera menos importante que las premuras de la situación del país. Se entiende que si el Gobierno insiste en no desvelar las cifras concretas dedicadas a este capítulo es porque es consciente de que la exhibición de esa información sería mal comprendida. El recuerdo del derroche monumental de la bóveda de Barceló en la sede ginebrina de las Naciones Unidas tiene que ser especialmente amargo para los funcionarios y pensionistas en estos momentos.

En la acción exterior de un país con voluntad de proyección mundial, como debería ser España, a veces es necesario sembrar con decisiones que se toman hoy, confiando en que los frutos se verán en el futuro. La Alianza de Civilizaciones no fue bien enfocada desde el principio, y ni el hecho de que recientemente Estados Unidos haya mostrado su interés -muy discretamente, por cierto- llegará a mejorar sus perspectivas. Es más, si hubiera de ser juzgada por sus resultados tangibles, no cabe duda de que sería una de las más ineficaces de todas las que han salpicado la gestión de Zapatero. El mismo Gobierno que ha tenido que aceptar el aplazamiento de la cumbre euro-mediterránea de Barcelona a causa de las diferencias insalvables entre los países de la región no puede seguir pensando que hay problemas que se resolverán sólo envolviéndolos con un buen lema y la mejor de las intenciones. La Alianza de Civilizaciones no es más que un juguete perfectamente prescindible.

ABC - Editorial

Santa Bótox. Por Alfonso Ussía

Lo he leído en LA RAZÓN, en una crónica firmada por Ángel Sastre, y me siento consternado por el silencio de la Iglesia Católica. Un milagro como ése, y ningún comentario al respecto. Esto desmoraliza a cualquier creyente. En Buenos Aires, la Virgen se ha aparecido a doña Bótox, la Presidenta de la República Argentina. La narración del prodigio, por boca de la propia doña Bótox, es tan espeluznante que aún mantengo, horas más tarde de su lectura, lo pelos en punta, y la carne de gallina y los dídimos por corbata. Doña Bótox Kirchner se hallaba en un salón de la Casa Rosada con su madre y su hermana, cuando apareció su esposo, Néstor Kirchner, el ex Presidente, en la sonrosada estancia. Con motivo del bicentenario de la independencia argentina, doña Bótox Kirchner, que no se lleva bien con el arzobispo metropolitano, había ideado celebrar un Tedeum paralelo en la basílica de Luján, menospreciando el tradicional que tiene lugar en la catedral porteña. Doña Bótox no sólo se lleva mal con el arzobispo metropolitano. Tampoco hace migas con las Fuerzas Armadas y menos aún con los jueces, que están investigando las razones de su enriquecimiento súbito. O no tan súbito, porque el patrimonio de los Kirchner comenzó a inflarse durante el mandato de su marido, y ella ha continuado en el empeño, hasta que la Justicia ha decidido meter las narices en las cuentas de doña Bótox. Y en esas estamos.

Pero retornemos al milagro. Recuerden la escena. Doña Bótox, su madre y su hermana en un salón. Ingresa en el mismo su esposo, Néstor Kirchner. Se sienta y le pregunta a su dulce esposa: «¿Estás segura de que haces bien eligiendo la basílica de Luján y no la catedral?». En ese instante, el sillón en el que se sienta Kirchner da la vuelta por decisión propia y el ex Presidente cae sobre la alfombra. Fue entonces cuando la hermana de doña Bótox exclamó: «¡Milagro, es la Virgen!». Y sigue el relato doña Bótox: «Tras la ‘‘señal mariana” no tuve dudas de que había acertado eligiendo la basílica de Luján». Y nadie habla del milagro de la Casa Rosada.

Recuerdo que en mi primer día de trabajo en una empresa de Juan Garrigues Walker, y ante mis dos compañeros de despacho, Manuel Fernández Valverde y Antón Martiarena, fui protagonista de un milagro parecido. Me hizo ilusión que el sillón que me habían adjudicado fuera giratorio. Y probé con entusiasmo su capacidad de giro, de tal modo, que en una vuelta mal medida, excesivamente impulsada, caí con sillón y todo sobre la alfombra del despacho, dándome un jardazo morrocotudo. Aquel principio laboral tan humillante me impidió ascender en la empresa adecuadamente. Y lo entendí. Un tío que lo primero que hace en su primer día de trabajo es caerse de su sillón, no es un individuo con un brillante futuro empresarial. Ahora, después de saber del milagro de doña Bótox, me siento muchísimo más bueno, y sólo lamento no haber interpretado bien, como la fresca de doña Bótox, la señal mariana.

Esperaba de don Antonio Cañizares un comentario al respecto en estas páginas, pero ya se sabe que la Iglesia es prudente y sabia cuando de milagros se trata. Por si acaso, y sin que sirva de precedente, doña Bótox será para mí, a partir de ahora, Santa Bótox. Santa Bótox de la Pampa, que queda más impactante.


La Razón - Opinión

Y ahora, ¿qué?

Rajoy ha optado por que el voto de su partido siga a su discurso, y que su oposición a la política de Zapatero se traduzca en un "no" a sus propuestas. Políticamente era lo mejor, puesto que lo adecuado para España es que Zapatero se vaya lo antes posible

Caben hoy dos posturas entre españoles responsables, apoyen o no al PP. Por un lado, se puede pensar que las medidas de hoy eran necesarias y que la oposición, por sentido de estado, no debería haber votado en contra. Al fin y al cabo, ¿qué cabía esperar que sucediera si el decreto no hubiera sido convalidado en el Congreso? ¿Qué hubieran pensado los inversores extranjeros, que ya desconfían de nuestra capacidad para devolver la deuda, si todos los partidos del arco parlamentario excepto el que gobierna se opusieran a recortar el déficit? No sería de extrañar que se repitieran episodios como los del 7 de mayo, que forzaron a la Unión Europea a elaborar un plan de rescate y obligar al Gobierno español a tomar medidas duras.

Por otro lado, es cierto que no se le puede exigir a la oposición que sea más responsable que el Gobierno más irresponsable que ha tenido la España democrática. Si estos recortes eran necesarios, que lo son, Zapatero tenía que haber llamado a Mariano Rajoy al minuto siguiente de que Bruselas le obligara a tomarlos y debería haberse sometido a las exigencias del PP, que tampoco son muchas ni muy duras, para consensuar qué recortes debían hacerse. Incluso le hubiera sido más rentable al PSOE, electoralmente hablando, compartir el coste de los recortes con los populares. Pero le ha podido más el sectarismo o la seguridad de que, una vez más, el PP haría un discurso y votaría otra cosa, como ya hizo con el Plan E o el FROB.

En cualquier caso, el problema económico más grave que tiene España se llama José Luis Rodríguez Zapatero, no Mariano Rajoy. La razón la ha dejado clara una escena lamentable protagonizada por quien supuestamente está al frente de la economía, Elena Salgado, que se "ha asustado" cuando ha entendido a una periodista que Zapatero había anunciado que habría una fuga de capitales. Estamos ante un Gobierno en el que la vicepresidenta económica parece enterarse de la política económica de su país por lo que le cuentan los periodistas y a quien asusta (es decir, no le no parece imposible), que su presidente diga auténticas barbaridades. Razones para votar no, por tanto, había de sobra.

Así, por una vez, Rajoy ha optado por que el voto de su partido siga a su discurso, y que su oposición a la política de Zapatero se traduzca en un "no" a sus propuestas. Políticamente era lo mejor, puesto que lo adecuado para España es que Zapatero se vaya lo antes posible, y esta negativa se traduce en un mayor desgaste del Gobierno. Económicamente no ha tenido consecuencias negativas a corto plazo, pues aun por la mínima, el Gobierno ha sacado adelante su decreto.

En cualquier caso, lo que no es de recibo es el discurso populista y mentiroso del que ha hecho gala no Rajoy, pero sí otros pesos pesados del nuevo PP, hablando del mayor recorte de derechos sociales de la democracia y otras mamarrachadas similares. Los derechos sólo pueden ser individuales; "derecho social" es el término publicitario inventado por el socialismo para hacer intocables sus incrementos del gasto estatal. Nadie que pretenda convertirse en una alternativa al populismo izquierdista de Zapatero debería hablar de derechos sociales.

Es una buena noticia que se hayan aprobado estos recortes, y lo sería mejor si se añadieran muchos otros, entre ellos los propuestos por el PP. Rajoy ha dejado noqueado a Zapatero en el Congreso, pero no ha ofrecido alternativa. Habiendo quedado ya claro que la única vía para España es que Zapatero se vaya, ha llegado la hora de que el PP actúe para conseguir ese objetivo prioritario para nuestro país.


Libertad Digital - Editorial

Un Gobierno en prórroga

UN solo voto de diferencia ha permitido a Rodríguez Zapatero salvar la legislatura, pero sólo por el momento y con un coste personal y político inasumible.

La votación del «decretazo» ha hecho que dé la cara su falta de apoyos parlamentarios y sólo la alambicada abstención de Convergencia i Unió permitió que el Ejecutivo no diera ayer por cerrado, formalmente, el mandato. Sí está cerrado políticamente, porque, como afirmó Mariano Rajoy, el real decreto-ley que ayer convalidó el grupo socialista sólo con sus votos es un desmantelamiento de la política de Rodríguez Zapatero desde 2004. Ganar por un voto refleja la espantada de los antiguos socios de izquierda y nacionalistas, es el ocaso de aquella capacidad seductora en la que tanto confió Zapatero para construir un muro de aislamiento frente al PP y es la prueba de que no hay Gobierno con entidad suficiente para dirigir España.

El voto negativo del Partido Popular era la opción más coherente, no sin riesgos de incomprensión, dentro y fuera de nuestro país. Pero Rajoy ha sido consciente de que el recorte social era un límite infranqueable para un partido que consolidó por ley el sistema de pensiones y sus revalorizaciones. Para la Historia queda que el único partido que ha mermado las pensiones en España ha sido el PSOE. El eslogan de que la derecha es antisocial se arruinó ayer en el Congreso de los Diputados. Rajoy hizo bien en pensar más en los españoles que en Merkel o Sarkozy, aunque es muy probable que estas medidas acaben defraudando también a los socios europeos, quienes pedían recortes del déficit, no que se asaltara a los pensionistas.

Convergencia i Unió asumió ayer una grave responsabilidad. Abstenerse era cooperar con un recorte social injusto e ineficaz para la reducción del déficit. Pocos dudan de que agravará el desempleo y reducirá el consumo, lo que hará inviable un aumento significativo de la recaudación. Duran i Lleida hizo un discurso correcto y patriarcal, pero incongruente en su planteamiento, porque, si a su juicio tan negativas son las medidas aprobadas, no se entiende que facilitara su convalidación. El electorado de CiU, formado principalmente por clases medias, sabe bien la incongruencia cometida por la coalición nacionalista. Pensar que Zapatero interiorizará la reflexión que le propuso Duran i Lleida, quien le advirtió de que esta legislatura no pasa del 31 de diciembre, es ignorar el estado de supervivencia en que se encuentra el Gobierno socialista, para el que la victoria pírrica de ayer es un poco de oxígeno para unos días. No aspira más que a ganar tiempo, aunque sea una prórroga.


ABC - Editorial