lunes, 9 de noviembre de 2009

El cazapiratas sin complejos. Por Arturo Pérez Reverte

Me dicen los amigos hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.

Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación ­­–sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.

XL Semanal

'Alakrana': una historia de piratas, jueces y políticos. Por Antonio Casado

Nuestro hombre en Kenia, el embajador Martin Cinto, se entrevistó ayer en Nairobi con el primer ministro de Somalia, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, en relación con el secuestro del Alakrana y sus 36 tripulantes (16 españoles). Desconocemos el resultado del encuentro, cuyo objeto era lograr que el Gobierno somalí se implique al máximo en la liberación de los secuestrados y, en cualquier caso, se comprometa a garantizar su seguridad. Ojalá esta vía diplomática impulsada por el ministro Moratinos sirva para acabar con la pesadilla pero es difícil librarse del estupor que produce la situación.


Le estamos pidiendo al Gobierno somalí que ejerza sobre unos delincuentes la autoridad que no ha ejercido para impedir la comisión de un delito. Me explico. Si no se tiene para lo uno no se tendrá para lo otro ¿Cómo va a influir en los piratas el mismo Gobierno que permite su existencia? La respuesta nos conduce inevitablemente a la situación de hecho. Es a la que hay que atenerse para alcanzar el objetivo común: liberar el barco y traerse a los marineros sanos y salvos. De las situaciones de derecho ya hablaremos después.

Objetivo común, decimos. El de todos: familiares, armadores, políticos y periodistas. No puede volver a ocurrir lo de la semana pasada, a raíz del traslado a tierra de tres de los secuestrados -luego volverían al barco- cuando algunos familiares y algunos dirigentes del PP arremetieron públicamente contra el Gobierno. Unos, por un inesperado subidón de la angustia. Otros, otros por su acreditada falta de finura a la hora de elegir los temas de confrontación política. Fue como si los familiares del enfermo hubieran irrumpido en el quirófano para poner a parir al cirujano mientras el ser querido está siendo operado.

En ese sentido, hemos aprendido. Las declaraciones de Basagoiti y Núñez Feijóo, dirigentes territoriales del PP en el País Vasco y Galicia, las dos Comunidades más afectadas por el secuestro del atunero Alakrana, pusieron las cosas en su sitio y tranquilizaron a los familiares con la misma posición: apoyo al Gobierno mientras la operación esté abierta y ya habrá tiempo para las críticas sobre posibles errores cometidos.

Aparte de la situación de hecho, respecto a la que esperamos novedades de un momento a otro, hemos seguido polemizando sobre las cuestiones de derecho. Especialmente las relacionadas con la causa judicial abierta contra los dos piratas encarcelados en España y cuya puesta en libertad, sin más, es imposible a la luz del principio de legalidad. Lo último es la posibilidad de aplicar una recientísima reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (entró en vigor la semana pasada) sobre cesiones de jurisdicción. Podría utilizarse para transferir la jurisdicción española a Somalia por un convenio previo -político, por supuesto- entre los Gobiernos. O mediante la firma del convenio internacional sobre cesión de jurisdicción.

Eso no atentaría contra la independencia de la Justicia española. Y abriría un camino para desbloquear la negociación en términos favorables para los intereses de nuestros compatriotas secuestrados en Somalia. Se supone que este asunto ha estado ayer sobre la mesa en el encuentro del embajador Martin Cinto con el premier somalí.

Aún queda la vía de Kenia, donde también podrían ser juzgados los dos piratas detenidos en España en virtud de un convenio de la Unión Europea con este país africano para este tipo de casos. Es probablemente lo que se debió haber hecho en un principio. Pero no se hizo. Y no por una actuación unilateral del juez Garzón, sino por denuncia previa del abogado del Estado. Garzón se limitó a tramitar la denuncia y, una vez apreciada la jurisdicción española sobre “delitos cometidos a bordo de buques o aeronaves españolas” (artículo 23 de la LOPJ), ordenó el traslado a España.

El confidencial

Obama y el liderato blando. Por José María Carrascal

PRIMERA buena noticia para Obama después de muchas malas y primer logro concreto desde que es presidente. La Cámara Baja ha aprobado la reforma sanitaria, una de sus prioridades políticas. Por sólo cinco votos y faltando todavía que el Senado apruebe su versión de la misma, así como que ambas cámaras se pongan de acuerdo sobre la versión definitiva. Pero lo importante es que se haya salvado este primer escollo, en el que se estrellaron todos los intentos anteriores.

Nadie vaya a creer que la reforma convierte a la sanidad norteamericana en algo parecido a la europea. Nada de sanidad pública ni de médicos y hospitales estatales. Seguirán siendo privados, como la cobertura, a cargo de compañías aseguradoras. En realidad, se trata de una extensión del actual sistema a los que están fuera de él: se ofrece y obliga a los 36 millones de norteamericanos sin cobertura sanitaria por falta de medios o de ganas, ayuda estatal para procurársela en el mercado privado, a través de un complejo sistema de baremos, según el cual, los ingresos y el número de miembros de cada familia determinan la ayuda estatal. El coste se cifra en 1,1 billones de dólares en los próximos diez años, que posiblemente serán más, como ocurre en todas las cuentas públicas. Pero al menos no habrá norteamericanos que se mueran por carecer de asistencia médica.

El programa tiene enemigos por ambos lados. Para unos, va demasiado lejos. Para otros, se queda corto. Suele ocurrir cuando se quiere contentar a todos, que ha venido siendo el gran problema de Obama como presidente, como fue su gran ventaja como candidato. Intenta situarse en el punto medio de todas las cuestiones, incluso de aquellas que no lo tienen, lo que le roba tiempo y le hace aparecer indeciso. Pero es su forma de actuar e incluso de ser, al estar en medio de las razas, las religiones y las culturas. Vamos a ver en qué termina esta reforma sanitaria, que es semirreforma, y qué decide ante Afganistán -¿se queda, se va?-, ante las ambiciones nucleares iraníes -¿se las tolera, se las corta?-, ante la reforma financiera -¿se establecen controles más estrictos, se sigue con los actuales?-, y ante todos los problemas que tiene ante él.

Sin duda, Obama representa un nuevo tipo de liderato, más suave, más compartido, más amable que el tradicional. El problema es que el mundo todavía no está preparado para él y que incluso para imponer ese nuevo liderato, tendrá que echar mano del anterior, el de ordeno y mando, pues hay montones de gentes a las que no se convence de otra forma. Empezando por sus propios congresistas, treinta y nueve de los cuales han votado contra su reforma sanitaria. Y es que lo del poder blando está muy bien en la campaña electoral, pero en la Casa Blanca hay que tener siempre a mano la estaca. ¿Podrá, querrá, sabrá?

ABC - Opinión

Rendición preventiva. Por José García Domínguez

La opinión pública presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.

La peor tara moral de la sociedad española, ese estar siempre pronta a renunciar a su dignidad por efecto del miedo, algo que se exteriorizó con vergonzosa crudeza entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, y poco después con aquella huida atropellada de Irak, ha vuelto a emerger a la luz tras el rapto del "Alakrana". Así, la doctrina de la rendición preventiva, una forma de dimisión ética y estética que en un principio caracterizaba sólo al zapaterismo germinal, ha acabado por contagiar al grueso de la población.


De ahí la inopinada paradoja que ha suscitado ese atunero de conveniencia. Por un lado, el Gobierno que, irreconocible, por una vez se conduce con escrupuloso respeto hacia sí mismo y hacia los principios de legalidad y división de poderes, indicios ambos tan útiles con tal de distinguir a un Estado de Derecho de una banda de gangsters. Por el otro, y espoleada por algunos medios, la opinión pública, que presiona a fin de que el Ejecutivo viole las leyes, induzca a los jueces a incurrir en prevaricación y se pliegue a dialogar en plano de igualdad con unos criminales.

Diríase que lo habíamos entendido gracias al precedente de ETA, pero no. Hasta seis horas sin interrupción ha empleado alguna cadena de radio en obedecer la estrategia de comunicación prescrita por los secuestradores. Seis. Al tiempo, los mismos que se rasgaron las vestiduras ante la inaudita excarcelación de un pirata aéreo libio por parte del Reino Unido, exigen, airados, que sus dos colegas presos en España sean puestos en la calle sin mayor dilación. O en Kenia sin mayor miramiento. Como si Somalia no existiese, pero Kenia sí. Como si el precedente de los trece bucaneros allí extraditados por la Audiencia Nacional en junio no fuera ya sarcasmo bastante.

Como si la instantánea de cuatro facinerosos desarrapados derogase ipso facto el artículo 23.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, ése que reza:"En el orden penal corresponderá a la jurisdicción española el conocimiento de las causas por delitos y faltas cometidos en territorio español o cometidos a bordo de buques o aeronaves españoles, sin perjuicio de lo previsto en los tratados internacionales en que España sea parte". Como si nadie, en fin, fuese capaz de pronunciar la palabra "Entebbe".

Libertad Digital - Opinión

La mentira según Pujol. Por Félix Madero

ALGO pasa cuando las páginas que los periódicos dedican a la corrupción se leen con la indolencia con que se hace un crucigrama o se miran las esquelas. Se ven con tedio y aburrimiento, a fin de cuentas siempre se corrompen y mueren otros. Forman parte del escenario, las asumimos como algo consustancial a la democracia, o mejor dicho, a la democracia que nos venden los que no creen en ella y viven del escaño, de la mamandurria del ayuntamiento, la diputación o la autonomía. Y, dicho esto, no caeré en la tontería de decir ahora eso de que no todos los políticos son iguales. Que lo digan los desiguales, que denuncien los limpios, que sean ellos los que echen a los podridos. ¿Ocurre esto? Nunca. Casos de políticos inmaculados que saben y no cuentan, que han visto y no recuerdan, que han oído y han olvidado hay en toda España. La mayor corrupción es aquella que nace y se desarrolla ante la mirada supuestamente inocente del que sabe lo que está pasando. Que tengan la gallardía de discrepar, que dejen de incubar las horas en los escaños y se atrevan a denunciar.

En este país en el que el pillo siempre gozó de un cierto prestigio popular, las versiones que la corrupción ofrece son tantas que merecen un catálogo. El que roba es un corrupto. El que recalifica el suelo y se lleva una pasta, los del tres por ciento, el del cafelito, las filesas y los ternos de Milano, «Bigotes», «Vitos» y «Luigis»... Para qué seguir. Hay, sin embargo, otra corrupción que es la del silencio. No hablar para no complicarse la vida en una lista electoral. Se guarda silencio, no vaya a ser que lo que se diga no guste al jefe. Silencio para sobrevivir. Todo lo ampara el silencio. Omertá a la española: siento, veo y sé, pero conviene callar.

Anda Jordi Pujol por los platós de televisión vendiendo su último libro, prescindible de cabo a rabo. Pujol se ha hecho un homenaje en el que su memoria siempre le es favorable. Adereza su presentación con algunas reflexiones que, por lo que se ve, no irritan a nadie. Se declara amigo de Prenafeta y Alavedra, que están en la cárcel: son mis amigos y lo seguirán siendo. Silencio. Pujol dice: Puede que se les haya ido la mano, pero si algo han hecho es por Cataluña. Silencio.

Fue en TVE donde el ex president atacó a Zapatero llamándolo mentiroso. Dijo que puede entender la mentira antes de las elecciones, pero luego no. Silencio. Complacencia. Hastío. Estoy esperando a que uno de esos ofendidos políticos que sostiene eso de que no todos somos iguales diga algo. Por ejemplo: Que la mentira es la peor corrupción. Pero solo hay silencio.

ABC - Opinión

domingo, 8 de noviembre de 2009

Espíritu de servicio. Por Yauma

Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César.
Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio.

Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechosa de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo.


La expresión, con el tiempo, comenzó a aplicarse en todo caso en el que alguien es sospechoso de haber cometido alguna ilicitud, aun cuando no hubiera dudas respecto de su inocencia.

La mujer del César, como su marido, tiene derecho a ejercer de política y a ocupar cargos públicos, remunerados o no, importantes o insignificantes, carguillos, cargos y cargazos. Según situación y circunstancias, personales, espirituales, sociales y comanditarias. La mujer de nuestro cesar cuatribarrado, el pequeño honorable, ocupa en la actualidad once cargos,”puntualiza la Diputación de Barcelona, que la esposa del president sólo ocupa once cargos” ni uno más ni uno menos, once.

Injustamente el diario ABC había informado que el número de cargos públicos ocupados por esta dama del socialismo cuatribarrado era de catorce. Grave error intencionado del diario madrileño, vocero nacional del españolismo más grosero del Estado español.
Funcionaria de carrera en excedencia es teniente de alcalde y concejal de urbanismo y vivienda en Sanst Just, feudo duro y tradicional del independentismo cuatribarrado pijo, presidenta de dos empresas constructoras municipales,…..etc….etc.

En esencia la mayoría de los cargos están relacionados con el ladrillo y con los servicios municipales como los servicios hidráulicos y tratamiento de residuos. Uno de los cargos estrella es el de consejera general de la Caixa. Fuentes de la diputación de Barcelona aseguran que sólo recibe un sueldo como miembro de este órgano provincial, presidido por el príncipe consorte de la reina Madre del ducado de Santa Coloma de Gramanet, estando previsto que ocupe el puesto vacante de alcalde abandonado recientemente de manera injusta por el gran Bartomeu y así, como Celestino el Mayor, poder compaginar Ayuntamiento y Diputación, cargo este último de remuneración chapada en oro con incrustaciones de diamantes.

Visto lo visto, y lo que aún veremos, pensamos que la regeneración política, tan de moda en estos últimos días, debe tener su base en el ejercicio plural de diferentes cargos simultáneos por una misma persona, las ventajas pueden ser infinitas. Primero y fundamental, en estos tiempos de crisis asesina, el ahorro público que representa, figúrense once sueldos resumidos en uno y modesto, ni el misterio de la Santísima Trinidad, tres personas divinas en una sola. El sentido común nos dice que once cargos, llevados con decoro, elegancia y tronío, son muy pocos para un político honesto. Cincuenta, sería el número idóneo según mi modesto punto de vista. Cuarenta y nueve sueldos de ahorro de una sola tacada.

Otro aspecto importante es el relativo a la corrupción. Si un político honesto ejerce un cargo público con entera y rotunda pulcritud incorrupta, también puede ejercer dos cargos públicos en las mismas condiciones, análogamente podrá hacerlo con tres, y así sucesivamente lo hará con n-cargos, siguiendo el importante principio de la inducción matemática, con la exactitud y precisión que esta ciencia del pensamiento siempre evoca.

Cada cargo público, asociado a un mismo político, representa una inyección de moral para el ciudadano de a pie, le incita inconscientemente a cumplir de manera radical con sus deberes fiscales, mucho más que esa propaganda ñoña que se traga en cada campaña de la Agencia Tributaria. Cada gramo de pluricargo ajeno y partidista actúa sobre el subconsciente colectivo induciendo unas pequeñas corrientes neuronales que se acumulan en las profundidades del hipocampo como energía vital reutilizable en situaciones electorales cercanas.

Otra razón importante a favor del multicargo político entronca directamente con el centro geométrico del concepto de corrupción. Si un político, con un sólo cargo, es corrupto y se aprovecha del cargo extrayendo y succionando del mismo con el mayor rendimiento posible, cabe pensar que con (n) cargos a su entera disposición no deberá exprimirlos tanto como sería el caso de (n) políticos diferentes cada uno con cargo único. Me explico, el rendimiento de la corrupción por unidad de cargo y unidad de político siempre será mayor en una correspondencia uno a uno. Cuando un político corrupto tiene, por ejemplo, cincuenta cargos bajo su amparo, con tal de dar un pequeño mordisco (mordida dicen los mexicanos) a cada uno de los cargos ya cumple el cupo de corrupción que habitualmente tolera el sistema. Y, así, con esta metodología, simple pero efectiva, todos saldremos ganando principal mente el héroe o la heroína protagonista de la corrupción.

El príncipe consorte de la Reina Madre del gran ducado de Santa Coloma, como otros príncipes consortes, es de profesión aviador, entiéndase individuo que realiza la acción de aviar en el hogar conyugal, disponer arreglar o componer siguiendo el arte supremo del bien hacer domestico. Estos aviadores siempre están en disposición de sacrificarse por el bien de la causa y capricho de su regia esposa. No existe sacrificio que no estén dispuestos a realizar si con ello el poder real aumenta en proporción directa al sacrificio realizado. Ser presidente de una importante Diputación y al mismo tiempo alcalde de la capital del reino, junto con otros cargos menores, no está al alcance de cualquiera.

Volviendo a la señora esposa de nuestro cesar cuatribarrado, el pequeño honorable, hay que reconocer que tanto cargo público sin cobrar un euro, cobrando sólo en uno de los once, seguramente el peor remunerado, requiere un grado de sacrificio de dimensiones infrahumanas. Además cada cargo ejercido sin cobrar lleva asociado un gasto adicional, aparte del trabajo, y la insatisfacción de sentirse poco valorado por el entorno mediático y social donde se ejerce. También el sufrimiento moral de observar que no se puede dar todo lo que uno quisiera en beneficio de la sociedad y la clase trabajadora a la que, por definición se pertenece. Aguantando incomodidades económicas, viviendo en un piso modestísimo de ochenta metros cuadrados, en un barrio obrero, llevando a estudiar a los hijos a un colegio público…..etc…..etc. Todo ello por el bien del socialismo nacional y viceversa, todo por la patria cuatribarrada.

Hay que reconocer que en estas cuestiones de cargos ejercidos por conyugues de mandatarios políticos, El Gran Honorable fue mucho más cuidadoso que el actual cesar. Su santa esposa, jamás ostentó cargo público alguno, ella actuaba en la sombra, a la sombra del Gran Honorable, hizo honradamente una considerable fortuna económica, con su industria de jardinería y proyectos municipales varios.

El Blog de Jauma

Observatorio de la corrupción (XI)

Ofrecemos a nuestros lectores un resumen con los enlaces que les darán una somera idea del clima de corrupción que nos hace la atmósfera política irrespirable.


«Operación Pretoria»
El confidencial: Montilla pide perdón e impone un contrato de transparencia a los candidatos del PSC

El confidencial: Campaña nacionalista para “liberar” a Prenafeta y Alavedra

ABC: El «conseguidor» de Santa Coloma «lavó» millones de euros con 256 obras de arte

e-notícies: Tura pide "transparencia" con el sueldo de los políticos


«Corrupción en el Tribunal Constitucional»
La Gaceta: María Emilia Casas y su marido son íntimos del etarra Karmelo Landa


Caso «Palma Arena»
Europa Press: Jaume Matas se siente "molesto" por los registros de la Policía en sus propiedades

La Vanguardia: Jaume Matas se siente "molesto" por los registros que la Policía ha realizado a viviendas de su propiedad


«Corrupciones Varias»
La Vanguardia: Radiografía de la corrupción

Horas bajas de Chacón y su ‘padrino’. Por Federico Quevedo

Fue Alfredo Pérez Rubalcaba quien, en una de esas operaciones de estrategia política calculada y con visión a largo plazo, descubrió al mundo las cualidades políticas y el porte sencillo y elegante de Carmen Chacón. Rubalcaba la apadrinó ya desde sus primeros pasos en la política nacional en la última legislatura del Gobierno Aznar, y tuvo su papel protagonista cuando la famosa Comisión Gescartera, junto a Juan Fernando López Aguilar. De aquella experiencia obtuvo buena nota y Rodríguez la empezó a incluir en su ‘círculo de confianza’, aunque la almeriense regionalizada catalana -cambió su Carmen por Carme, aunque el apellido paterno era imposible de traducir a la lengua de Jaume I- seguía siendo fiel a su mentor. Rodríguez, sin embargo, debió pensar que aún estaba muy verde para incorporarse al Gobierno, y en su primer Gabinete la dejó fuera, aunque la premió con un buen puesto en la Mesa del Congreso de los Diputados. Sin embargo, acabaría la primera legislatura sentada en el Consejo de Ministros como sustituta de María Antonia Trujillo, y hay que decir que, al menos desde el punto de vista mediático –y de algo tenía que servirle el matrimonio con Miguel Barroso-, lo hizo bastante bien.

Pero una cosa es gestionar alquileres y políticas del suelo transferidas a las Comunidades Autónomas, y otra bien distinta mandar a los Ejércitos y planificar la Defensa Nacional. Es verdad que entró en el Ministerio con paso firme, no se dejo achantar por las críticas y supo hacer frente a los recelos que despertaba el hecho de ser la primera mujer ministra de Defensa, pero poco a poco se ha ido viendo que el cargo le viene demasiado grande. Lo ha hecho mal en Afganistán, donde nuestros soldados han muerto, entre otras cosas, por culpa de su incompetencia; se tuvo que ‘comer’ el escándalo del director del CNI -de quien todavía esperamos una investigación de la Fiscalía-; casi provoca una crisis en nuestra relación con la OTAN; demostró una absoluta incapacidad para gestionar la información de los brotes de gripe A en los cuarteles; y ahora se ha visto superada por los acontecimientos en el secuestro del Alakrana, hasta el punto de haber caído en la misma torpeza política que el PSOE tanto le echó en cara a Trillo cuando el Yak-42: ha pasado olímpicamente de los familiares de los pescadores secuestrados. Es más, les ha mentido y les ha censurado sus declaraciones.

Nadie sabe lo que va a ocurrir con el secuestro del Alakrana, y ojalá no sea lo peor, pero lo cierto es que sea cual sea el desenlace, la ministra no tendrá más remedio que dar explicaciones en el Parlamento, y en el peor de los casos asumir su responsabilidad política, es decir, dimitir. ¿Por qué? Pues porque no solo no ha sabido gestionar la respuesta a este suceso, sino que además en las últimas horas la política de su ministerio ha puesto en grave riesgo la vida de los secuestrados. Con la inestimable colaboración del siempre solícito juez Garzón, que a veces va mucho más allá de lo que se le pide, y a buenas horas se le ocurrió mandar el traslado a España de los dos piratas detenidos, cuando se les podía haber dejado en Kenia -país que la comunidad internacional reconoce como sede judicial- sin crearnos un problema nosotros solitos. Y ahora, ¿qué hacemos, además de anunciarles a los piratas que les vamos a atacar? (También podríamos haberles dicho el día, la hora y el número de efectivos a utilizar en el asalto).

Ni Chacón ni Rubalcaba, la casa sin barrer

Lo malo para Chacón es que, esta vez, no puede echar mano de los buenos oficios de su padrino y mentor, porque tampoco Rubalcaba atraviesa su mejor momento político, acosado por el ‘caso Faisán’, primero, y por el asunto Sitel, después. Alguien próximo al Gobierno me dijo el otro día que el ‘caso Faisán’ se llevaría por delante a Rubalcaba, y tiene toda la pinta de que va a ser así. El PP, Caja Madrid mediante, ha encontrado en este asunto un arma muy efectiva para desgastar al Gobierno, pues pocas cosas puede haber más graves en una democracia que el hecho de que la policía, cumpliendo órdenes políticas, se chive a los malos cuando los van a detener dando al traste con una operación clave para desmontar el entramado financiero terrorista. El hecho en sí es de una gravedad comparable a la del Golpe de Estado del 23-F, entre otras cosas porque implica la total aniquilación de la naturaleza garantista del Estado de Derecho. Y detrás de ese enorme caso de corrupción del sistema policial y judicial se encuentra Rubalcaba.

Como se encuentra detrás, también, del segundo asunto grave que afecta, también, a la naturaleza garantista del Estado de Derecho hasta hacerlo absolutamente vulnerable a la arbitrariedad del poder político: la utilización del sistema de escuchas Sitel. Esto, si me apuran, conlleva un elemento terrible de miedo, porque es para estar aterrorizados al pensar que de un modo absolutamente arbitrario y absolutamente fuera del cualquier tipo de control, el Gobierno no solo nos escucha, sino que además sabe en cada momento dónde estamos, lo que hacemos, lo que hablamos, lo que escribimos y hasta lo que compramos en una tienda o pedimos en un restaurante e, incluso, el dinero que sacamos de un cajero, hasta poder llegar a hacer un perfil psicológico de cada uno de nosotros que puede ser utilizado sin que haya nadie que lo impida. El otro día en la COPE, en un tono absolutamente insultante y sectario a más no poder, el portavoz del PSOE -y responsable de poner esto en marcha siendo ministro del Interior-, José Antonio Alonso, puso el grito en el cielo por el simple hecho de plantear esa sospecha, pero en ningún caso nos dijo qué garantías jurídicas había para evitarla, salvo la de la ‘fe ciega’ en un Gobierno que no pocas veces ha demostrado su obsesión por controlar las instituciones y utilizarlas a su antojo.

Si además resulta que detrás de estos asuntos, de las escuchas, sino ilegales, sí al menos al margen de la legalidad, del ‘caso Faisán’, de la utilización de la policía contra el principal partido de la oposición, etcétera, se encuentra el mismo ministro que en tiempos de Felipe González negaba la existencia de los GAL en rueda de prensa, cuando aquel Gobierno amparaba y daba cobertura al crimen de Estado, el asunto es para ponerle a cualquiera los pelos de punta. Porque lo cierto es que detrás de todos estos asuntos se encuentra la misma estructura de información, control y manejo policial que dio nombre a los GAL con todo lo que aquello conllevaba. Pero esta vez parece que a Rubalcaba se le ha pillado con las manos en la masa, y su habilidad para sortear el acoso de la oposición empieza a flaquear. Tanto él como Chacón se están jugando su futuro político, y esto se puede sustanciar en un corto espacio de tiempo: llegaron juntos al Gobierno de Rodríguez, y juntos parecen destinados a abandonarlo.

El confidencial - Opinión

Cursi amazónico. Por Alfonso Ussía

Hortera de cerbatana o cursi amazónico. En mi caso, las dos cosas. Adquiere la condición de hortera de cerbatana todo aquel occidental que en viaje por la Guayana, el Orinoco venezolano o el Amazonas peruano, ecuatoriano o brasileño, compra una cerbatana de recuerdo. Más hortera aún si suma al objeto un carcaj con flechas. Quien escribe tiene en su casa montañesa una cerbatana con carcaj. Las flechas las he perdido en mis largas sesiones de prácticas. Y el cursi amazónico es todo aquel que, en parajes similares, obtiene una lanza de tribu nativa. Lo soy también. Me costó en torno a las diez mil pesetas del año 92 del pasado siglo. Y la compré en un lugar llamado Alter Do Chao, en el Estado amazónico de Pará, Brasil. Me considero, pues, tan cursi amazónico como Carod-Rovira, pero con una notable diferencia. Mi lanza es un bien adquirido con mi dinero, mientras que la de Carod-Rovira, una lanza de los indios Shuar del Ecuador vegetal y selvático, le fue entregada al libertador catalán por el jefe de la tribu a cambio de un millón de euros.

Un millón de euros, por otra parte, no extraídos de la cuenta corriente de Carod, sino del dinero público. Una lanza, por ello, carísima, que ha costado a los catalanes un millón de euros, y que por ende, debe ser expuesta en cualquier institución política o museística de Cataluña –Millet la deseaba para el «Palau» de la Música– con la siguiente inscripción en placa o cartulina enmarcada: «Lanza de los indios Shuar, entregada al noble pueblo de Cataluña y recibida por su libertador Carod-Rovira, en señal de gratitud por el millón de euros que Cataluña donó a los Shuar con objeto de extender su lengua y costumbres nacionales por toda la ribera del Amazonas».

Pero no. La lanza se la ha quedado Carod-Rovira, y la tiene en su despacho, apoyada en una pared. A eso se le llama apropiación indebida, porque la lancita en cuestión ha costado un millón de euros, más los gastos del viaje de Carod y su séquito. Y todo eso lo han pagado los catalanes y el resto de los españoles. Se trata, pues, de una lanza valiosísima. Por la misma cantidad de dinero, podría haber comprado Carod-Rovira un original de Miró y decenas de dibujos de Ramón Casas, Mir, Cusachs o Dalí. Si esa inversión artística, la hurtara de la exposición pública manteniéndola en su casa, a Carod-Rovira ya le habrían visitado los guardias para llevarlo ante el juez. Pero a la lanza nadie, excepto Daniel Sierra, parlamentario autonómico del Partido Popular, le ha concedido importancia de bien público en la casi siempre callada sociedad catalana. Y es un bien público porque ha costado un millón de euros de los impuestos de la ciudadanía. Y lo que descansa en la pared del despacho del cursi amazónico de Carod-Rovira es de todos los catalanes, y Carod-Rovira tiene el inmediato y urgente deber de depositarlo o bien en los almacenes de la Generalidad, o bien en el vestuario del «Barça», aunque la segunda opción podría ser jurídicamente contestada. Pero en su despacho, esa lanza lo único que manifiesta es el nivel de jeta y caradura de su propietario, propietario del despacho, que no de la lanza, la lanza más cara de la historia de la humanidad, un millón de euros, que joé con la lancita.

Así que ya saben lo que tienen que hacer los «Mossos de Esquadra». Recuperar la lanza y decirle a Carod que quedarse con lo ajeno es muy feo. Como él.

La Razón - Opinión

20 años del fin del Muro

Hay problemas nuevos, pero ningún motivo para añorar aquel sistema; y aquel mundo.

Mañana se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín, un acontecimiento que simbolizó el final de una época no sólo para Alemania, sino para todo el mundo. Los kilómetros de cemento y alambre de espino que dividieron Berlín desde poco después de la II Guerra Mundial, y donde tantos fugitivos del régimen comunista se dejaron la vida, encarnaron la radical línea de fractura internacional que marcó gran parte de la historia del siglo XX. En las calles de Berlín acababa un universo humano y comenzaba otro, tanto en lo que respecta a la organización económica como a las libertades individuales, pasando por el antagonismo diplomático y la amenaza militar.


Fueron tantas las expectativas que despertó la caída del Muro que su contraste con los problemas a los que siguió enfrentándose la realidad internacional hacen perder de vista el extraordinario avance que aquel acontecimiento simboliza. Es cierto que, en contra de lo que se creyó entonces, no hubo dividendos de la paz, y que la carrera armamentística se prolongó más allá del final de la guerra fría, hasta el punto de que, todavía hoy, constituye una de las principales amenazas a la seguridad y a la estabilidad mundiales. Pero, aun así, no existe la más mínima razón para añorar un orden que condenaba a la tiranía a la mitad de la humanidad a cambio de mantener bajo un precario control la posibilidad de un holocausto nuclear.

La utopía de la economía planificada fue sustituida muy pronto por la utopía de la desregulación de los mercados, que es la que ha entrado en crisis en vísperas de este vigésimo aniversario de la caída del Muro. A un extremo en materia económica le sucedió el contrario, como si, en la vorágine de las transformaciones que tuvieron lugar en 1989, se hubiesen olvidado las lecciones que aconsejan actuar con pragmatismo y no bajo el impulso de imperativos ideológicos. De algún modo, la crisis de entonces contemplada a la luz de la de hoy exige alcanzar consensos políticos que permitan a las sociedades avanzar tanto en justicia como en libertad, sin sacrificar una a la otra.

A la reunificación de Alemania le siguió la del resto del viejo continente, hasta entonces dividido en virtud de una aberrante geografía que durante medio siglo convirtió lo que siempre fue la Europa Central en una artificial Europa del Este. El regreso al punto de partida no se llevó a cabo sin dificultades, como demuestran los titubeos y las incertidumbres en el desarrollo de la Unión Europea. Pero, una vez más, no existe razón alguna para la nostalgia: Europa no llegaría jamás a estar unida prescindiendo de la mitad de los países y ciudadanos que forman parte de ella.

La caída del Muro refutó en la práctica el experimento comunista; pero el mayor error que podría cometerse, y que estuvo a punto de cometerse hasta la crisis actual, sería considerar que la equivocación radicaba en la búsqueda de justicia social, no en la monstruosa respuesta que ofreció ese experimento.

El País - Editorial

La realidad abofetea a Obama

Lo ocurrido en noviembre de 2008, lejos de constituir el otorgamiento de una carta blanca a Obama para transformar radicalmente la sociedad norteamericana, ha resultado ser una anomalía histórica que sus ciudadanos están decididos a corregir.

El resultado de las elecciones estatales y locales realizadas esta semana en zonas muy sensibles de los Estados Unidos de América, ha sido todo un jarro de agua fría para la izquierda norteamericana en general y para el Partido Demócrata en particular. Si con la elección de Obama en 2008 los referentes mediáticos del progresismo norteamericano dieron por muerto al Partido Conservador, las victorias republicanas en Virginia y Nueva Jersey han devuelto a la realidad a los que pensaron que la “nueva refundación de América”, impulsada por el nuevo presidente en clave socialista, era un camino sin retorno.


Los estadounidenses han despertado del estado de somnolencia política provocado por un candidato que llegó al poder sin otro bagaje que sus apelaciones a conceptos metafísicos y un lenguaje grandilocuente al que los votantes, desencantados con Bush, hartos de la guerra y en medio de una grave recesión económica, dieron su apoyo, y más cuando la alternativa era un candidato republicano tan poco atractivo como John McCain.

Una vez en el Gobierno, Obama ha mostrado al pueblo norteamericano que, por debajo de esa hojarasca verbal aparentemente inocua, existe una agenda política radical y una disposición firme a llevarla a cabo para transformar la sociedad según el patrón clásico del socialismo. El resultado, en un país que, en líneas generales se mantiene apegado a los viejos principios liberal-conservadores, no podía ser otro que un descenso de popularidad del presidente en tan sólo un año. Mayor incluso que el que experimentó Jimmy Carter en su día, plusmarca no batida durante décadas hasta la llegada de Obama.

El estado de Virginia, en manos de los demócratas desde hace ocho años, vuelve a ser republicano, al igual que Nueva Jersey, esta vez un estado profundamente demócrata, donde también ha sido derrotado su candidato por una amplia diferencia. El resultado de estas dos elecciones es más significativo si se tienen en cuenta los esfuerzos del propio Obama, que no ha dudado en hacer campaña directamente, mientras los candidatos demócratas intentaban zafarse de la imagen presidencial para no dañar sus expectativas electorales en un esfuerzo que finalmente se ha revelado inútil.

Las manifestaciones que han recorrido todo el país en contra de las nuevas medidas socialistas de Obama, motejadas como algaradas minoritarias organizadas por ultraconservadores, no eran, pues, más que la epidermis de una crisis de confianza en el nuevo presidente que los resultados de las primeras elecciones llevadas a cabo bajo su mandato han situado en su justo término.

Lo ocurrido en noviembre de 2008, lejos de constituir el otorgamiento de una carta blanca a Obama para transformar radicalmente la sociedad norteamericana, ha resultado ser una anomalía histórica que sus ciudadanos están decididos a corregir antes de que sea demasiado tarde. Es muy pronto para valorar las consecuencias políticas de este fuerte varapalo electoral a Obama, pero todo parece indicar que Norteamérica no está dispuesta a convertirse en otro laboratorio de experimentos socialistas. Para eso ya está Europa y debería ser más que suficiente.

Libertad Digital - Editorial

El burladero cuatribarrado. Por M. Martín Ferrand

JOSÉ Montilla, cordobés de cuna, se ha adaptado de tal manera a lo condición que marca su residencia que bien pudiera ser uno de los personajes de Mariona Rebull, el retrato literario que le hizo Ignacio Agustí a la burguesía catalana. Montilla domina el arte del disimulo, elemento esencial de eso que llaman seny, algo más típico que la barretina y mucho más cercano a la cautela táctica que a la sabiduría estratégica.

Ahora, cuando Cataluña vive la vergüenza de un alud de episodios de corrupción que salpica a todos los partidos catalanes, tanto más cuanto mayor sea su grado de independentismo, el president de la Generalitat les pide colaboración a los empresarios del lugar para que la transparencia sea el eje de las relaciones ente el poder político y el económico. «Ni personas corruptas, ni personas que corrompan», ha dicho en alarde de mandanga y con cínico desparpajo el líder del PSC.


Tiene razón el también cordobés Gervasio Sánchez, el colega curtido en mil guerras -de Angola a Irak pasando por Bosnia o Camboya- que acaba de merecer el Premio Nacional de Fotografía del año 2009, cuando asegura que «es más peligroso el periodismo local» que el que entendemos por aventurero.

Los líderes autonómicos y municipales manejan armas que pueden agostar la cuenta de explotación de los medios próximos y condenar al ostracismo a sus redactores más díscolos o menos integrados y complacientes. Algunas de esas armas son imbatibles y demoledoras.

En Cataluña, a un líder catalanista le basta con envolverse en la senyera para resultar invulnerable, por certeros, precisos y veraces que sean, a los dardos críticos que se le puedan lanzar. Lo descubrió Jordi Pujol cuando fue acusado de falsedad y apropiación indebida como gestor de Banca Catalana y el método sigue en vigor.

Es como si un pacto entre los partidos, de espaldas a la sociedad, hubiera dispuesto la instalación de una red de burladeros cuatribarrados por todo el territorio para que se puedan refugiar en ellos los notables en apuros. Un hijo de Lluis Prenafeta, el ex secretario general de la Presidencia de la Generalitat ahora detenido con Macià Alavedra, ya ha salido al redondel para gritar que la actuación judicial que ha encarcelado a su padre es un ataque a Cataluña. Ya están las «víctimas» tras el burladero. Sólo falta señalar, en la línea marcada por Montilla, a sus presuntos corruptores.


ABC - Opinión

sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Sociedad vigilada?. Por Antonio Casado

El PP hace olas para tapar sus problemas internos. Un legítimo y viejo truco político que tiene sus límites. ¿Los está desbordando? Puede desbordarlos si, al crear una alarma infundada, la táctica acaba dañando el prestigio del Estado de Derecho. Es muy grave acusar sin pruebas al Gobierno de estar forjando una especie de Estado policial o "sociedad vigilada". Pero también debe quedar muy claro que si ha detectado indicios sobre un uso indebido de las nuevas tecnologías en el control de las comunicaciones, tiene la obligación de dar la batalla política en defensa de derechos fundamentales. En este caso, la privacidad y el secreto de las comunicaciones.

La polémica se desató la semana pasada a raíz de una iniciativa parlamentaria del PP reclamando del Gobierno el envío a las Cortes de un proyecto de ley orgánica que refuerce el control judicial sobre el uso policial de la mencionada tecnología (SITEL). Se trataría de habilitar una protección específica, por ley orgánica, de los derechos fundamentales mencionados. La nueva regulación contemplaría la anulación "como medio de prueba" de las causas judiciales que se hayan instruido en base a la utilización de ese sistema.


Reparemos en el último punto: invalidación de causas judiciales basados en el uso de escuchas telefónicas. Podría ocurrir si en el futuro se llegara a establecer la inconstitucionalidad de SITEL. Por ejemplo, en el caso Gürtel, que afecta de lleno al partido más interesado en demostrar la falta de cobertura legal de este sistema de intervención de comunicaciones telefónicas y de Internet. Por tanto, tampoco podemos dejar de detectar el oportunismo que planea sobre esta iniciativa parlamentaria del PP respecto a un sistema muy eficiente en la lucha contra la delincuencia (crimen organizado, terrorismo, narcotráfico).

En resumen. Distingamos dos planos diferentes en la discusión. Uno, el ya expuesto de la presunta falta de cobertura legal para el sistema. Incluso, falta de encaje constitucional, según el PP. Un segundo plano es el mal uso del sistema que puedan estar haciendo las Fuerzas de Seguridad del Estado si acaso estuvieran practicando escuchas o interceptaciones sin contar con el juez. O si acaso estuvieran utilizando para fines políticos, u otros, el material sobrante, una vez descontado el que se ajusta a la autorización judicial. El PP debería llevar las pruebas a los tribunales porque esas conductas son delictivas. Y si lo que quiere es dejar las cosas en un terreno estrictamente político, debe ser más explicito a la hora de justificar su ofensiva, porque SITEL es perfectamente legal. Cuestión distinta es el intento de mejorar la cobertura legal del sistema o reforzar las garantías en defensa de derechos fundamentales. Pero esa justa pretensión del PP no invalidaría el uso de SITEL en la lucha contra el delito. Con la consabida autorización judicial, por supuesto.

Periodista Digital - Opinión

Irlanda, con él. Por Alfonso Ussía

La «Black Mountain», cercana a Belfast, no puede considerarse una gran elevación natural de terreno. Por los metros que se alza sobre el nivel del mar, es más «black» que «mountain». Apenas 390 metros. Calculando con el ojo, más o menos como el monte Igueldo de San Sebastián, pero sin funiculares ni montaña rusa. Más que montaña para la ascensión, lo es para una romería. Pero su cumbre, su nada elevada cumbre, cimita o portechuelo, ha sido la elegida por la organización «Don’ t extradite the Basques» (no extraditar a los vascos), para organizar un multitudinario acto en apoyo del terrorista De Juana Chaos. Está claro que De Juana Chaos y su esposa, Irati Aranzábal, la de los «chupachús» en la cárcel, han hecho una gran cantidad de amigos en Belfast. Simpáticos que son.

La marcha, paseo o lo que sea, se celebró el pasado 17 de octubre. La encabezaban los protagonistas, De Juana Chaos, Irati Aranzábal y el también etarra Beñat Villanueva, pendiente asimismo de una orden de extradición a España. También daban zancadas en la cabeza de la magna manifestación los organizadores del multitudinario evento. Día de sol y buena temperatura, muy importante para contribuir al éxito de la convocatoria. Ver el sol en Belfast es más difícil que encontrar un chiringuito en una playa de Islandia. Todo a su favor. Irlanda del Norte, dispuesta a todo para impedir que De Juana sea extraditado a España.

Pero algo tuvo que fallar. Quizá la comunicación. Porque la mayoría de los norirlandeses no pudieron asistir al reivindicativo paseo hacia la cumbre de «Black Mountain». Según los periodistas allí reunidos, contaron 35 manifestantes. De ellos, 33 mayores de edad y dos niños. Un dato emocionante. Dos de los adultos aprovecharon para sacar de paseo a sus perros. El apoyo a De Juana Chaos se resume en estas cifras gozosas e impresionantes. Treinta y tres mayores, dos niños y dos perros. Si contamos a los perros como personas, treinta y siete. Si los restamos, sólo treinta y cinco. Interesante debate. Claro, que también hay que contar, entre esos 35 o 37 a Irati, De Juana, Beñat y los miembros de la organización convocante, que serían, más o menos, diez personas entre todos. Restadas del censo manifestante, nos encontramos con una cifra de irlandeses favorables a De Juana no tan brillante como la anterior. Veinticinco personas y dos perros. Según un malvado reportero presente en la gran ascensión, de los veinticinco irlandeses que subieron al «Black Mountain», más de quince hablaban en vascuence entre ellos. Nos quedan ocho o nueve irlandeses dispuestos a darlo todo porque De Juana se quede a vivir en Belfast el resto de sus días. Los demás eran amigos de los terroristas recién llegados de Hernani y Villafranca de Ordicia. Bueno, tampoco hay que ponerse así. Conseguir un apoyo natural y voluntario de ocho irlandeses no está al alcance de cualquier persona. Y de dos perros, que se me olvidaba el precioso detalle. Después de ascender, descendieron. Y ya en Belfast, celebraron el éxito. Irlanda está con ellos, indudablemente.

La Razón - Opinión

Aquí está la Alianza de Civilizaciones

Mientras los musulmanes no acepten someter su moral privada a la Justicia y sus costumbres a las libertades de todos los seres humanos, difícilmente tendrán encaje –con o sin diálogo de civilizaciones– dentro de nuestras sociedades.

La visión relativista del mundo que sostiene Zapatero parte de la base de que no hay comportamientos buenos y malos y, por tanto, valores mejores o peores. El bien y el mal, lejos de ser un absoluto que se encuentra presente en todas las sociedades humanas en cualquier momento del tiempo, son contingencias culturales e históricas que no pueden ser juzgadas por alguien ajeno a ese contexto. Por consiguiente, los valores sobre los que se ha desarrollado y ha ido evolucionando Occidente –la libertad, la propiedad privada, el respeto a los contratos– serían tan válidos o inválidos como los de cualquier otro grupo humano.


Sobre esta falsedad demostrable –no todo conjunto de normas éticas favorece la prosperidad y la armonía de intereses entre los seres humanos– se edifican conceptos y estrategias políticas tan desorientados y perniciosos como la célebre Alianza de Civilizaciones apadrinada por Zapatero. Según esta descabellada idea, basta con que los gobiernos occidentales dialoguen con sus falsos homólogos orientales (¿acaso los regímenes democráticos son asimilables a las dictaduras?) para que se resuelvan todos los conflictos políticos, sociales y culturales que puedan emerger entre dos concepciones distintas del mundo: una, la occidental, basada en la libertad y en la dignidad de todos los seres humanos; las otras, las no occidentalizadas, asentadas sobre distintas concepciones colectivistas y de sumisión.

Por supuesto, esta estrategia encaja perfectamente con el buenismo antropológico de Zapatero, con la negativa socialista a defenderse –"prefiero morir a matar"–, con la cesión permanente del Gobierno ante las exigencias de terceros y, sobre todo, con su antioccidentalismo militante que encarna ese movimiento reaccionario contra la razón y la prosperidad que se llama "izquierda".

Sin embargo, difícilmente puede haber una transacción como la que pretende efectuar Zapatero entre un régimen liberal y uno antiliberal. Dos comunidades no pueden convivir si la una pretende aniquilar a la otra o si los valores de la primera pasan necesariamente por cercenar los de la segunda.

Es lo que sucede precisamente con el "choque de civilizaciones" entre el islamismo y Occidente. No es que los occidentales no puedan convivir con las intolerantes comunidades islámicas, es que no deben aceptar convivir mientras el programa de esas comunidades consista en destruir el régimen jurídico sobre el que funciona Occidente.

No se trata de que nuestros Estados impongan una moralidad de carácter privado a los musulmanes, sino de que su moral privada no atente contra los derechos de los ciudadanos de Occidente. O, dicho de otra manera, nadie por ninguna razón –tampoco religiosa– puede poseer el privilegio de sustraerse de nuestro sistema de derechos y libertades.

De ahí que hoy, buena parte del islamismo tal y como lo conciben numerosos musulmanes sea simplemente incompatible con nuestros Estados de Derecho. Mientras no acepten someter su moral privada a la Justicia y sus costumbres a las libertades de todos los seres humanos, difícilmente tendrán encaje –con o sin diálogo de civilizaciones– dentro de nuestras sociedades.

Y, sin embargo, un gran número de gente, incluyendo a los medios de comunicación, se muestra reticente a admitir esa incompatibilidad y a denunciarla. Por ello, exhiben un comportamiento absolutamente hipócrita al silenciar aquellas noticias que, de la manera más escandalosa y lamentable, la ponen de relieve. Es el caso de la mujer musulmana que abortó ayer como consecuencia de la paliza que le dieron dos marroquíes por no llevar el velo.

La cobertura mediática y política de este crimen ha sido mínima, como ejemplifica el hecho de que incluso la ministra de Igualdad –un cargo creado supuestamente para denunciar este tipo de sucesos– ha preferido guardar silencio. Nuestra sociedad es capaz de denunciar diariamente los más diversos casos de violencia de género y, en cambio, ocultar este tipo de sucesos en aras del diálogo intercultural. Pero, ¿qué diálogo intercultural cabe con quienes quieren imponer su liberticida modo de vida a toda la sociedad?

O pensemos simplemente en qué importancia le habrían concedido los medios de comunicación si, en lugar de haber recibido la paliza por no llevar el velo, la hubiese recibido por llevarlo. En realidad, ambos casos suponen una vulneración de una libertad: la primera con contenido negativo (no llevar el velo) y la segunda con contenido positivo (sí llevarlo). Sin embargo, los medios de comunicación parecen asignarle a la mujer en el primer supuesto una especie de responsabilidad por no subyugarse a su opresiva cultura y, con ello, favorecer el diálogo entre civilizaciones.

Lo cual, dicho sea de paso, debería llevar a más de uno a plantearse hasta qué punto muchas mujeres que aparentemente portan el velo de manera "voluntaria" no lo están haciendo como consecuencia de una coacción explícita o tácita por parte de otros musulmanes nada "sensibles" con sus libertades.

Al final, pues, lo que casos tan desagradables como este dejan entrever es, primero, una radical incompatibilidad entre las posiciones islamistas más reaccionarias y nuestras sociedades abiertas; segundo, un preocupante doble pensar en ciertos estratos de la sociedad occidental que parecen actuar más como avanzadillas del totalitarismo que como defensores del Estado de derecho; y tercero, una creciente ingenuidad entre muchas personas bienintencionadas sobre el caldo de cultivo en el que se desarrollan las liberticidas posiciones del islamismo radical.

Ante este tipo de situaciones no sólo es indispensable que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado actúen con contundencia para detener a los delincuentes y proteger a las víctimas, también es necesario librar una batalla intelectual en la que se denuncie el auténtico significado de estas agresiones. Si bien la víctima sólo es la mujer que ha padecido la lesión y el aborto, las víctimas potenciales somos ciertamente todos los que creemos en un régimen de libertades.

Libertad Digital - Opinión

El alacrán les va a picar. Por Ignacio Camacho

LLEGADOS al punto crítico del problema del «Alakrana» cualquier solución significará el ridículo de un Gobierno que se ha equivocado en todas las decisiones posibles; se trata, pues, de escoger ahora la que mejor garantice la vida de los rehenes y posponer la discusión hasta que estén a salvo. La mejor de las salidas es mala, porque significa pagar el rescate y dejar que los piratas chuleen a un Estado democrático, pero ya nos podríamos dar con un canto en los dientes si aceptan trincar la pasta y darse el piro. Para poner en libertad a los dos detenidos se necesitaría un cínico ejercicio de justicia creativa que burlase nuestras propias leyes; intervenir con un comando de asalto puede desencadenar un desastre irreparable. La prioridad es el salvo retorno de los marineros, pero cuando vuelvan el Gobierno tendrá que asumir la responsabilidad de su cadena de errores y de su incompetencia superlativa. Le espera un ajuste político de cuentas del que no va a salir indemne.

No se puede actuar peor ante una crisis. Primero por la negativa de Defensa a embarcar soldados en los pesqueros del Índico, como Francia, y la tardanza en autorizar la alternativa de mercenarios armados. Después por la arrogante decisión de hacer pública la detención de dos piratas y dar pie a que Garzón tratara de lucirse reclamándolos sin lograr otra cosa que un sainete judicial y el agravamiento de las condiciones de rescate. Luego ha venido el trato displicente a los familiares de los secuestrados, denunciado por ellos mismos, y el empantanamiento de las negociaciones. Y por último, hasta ahora, la sensación de caos y apocamiento en un apuro que ya no tiene salida política honrosa salvo la de apresar a posteriori a los asaltantes.

Capítulo aparte merece ese juez cuya intervención jactanciosa y precipitada ha bloqueado el problema. Un Garzón incapaz de resistir, pese a que estaba de suplente, la tentación de reclamar su cuota de protagonismo. No le han ido a la zaga su compañero Pedraz y el resto de la Audiencia con el vodevil sobre la edad de ese piratita al que le han hecho más radiografías que a Cristiano Ronaldo. Pero si Garzón reclamó a los detenidos fue porque el Gobierno anunció que los había apresado para sacar pecho y mostrar tardía energía sin calcular que, dispuesto como estaba a negociar, disponía de una eficaz moneda de canje.

Todo parte de unos escrúpulos prejuiciosos sobre el ejercicio de la legítima violencia defensiva, que han bloqueado durante meses la protección de los pesqueros y convertido a la Armada en espectadora de un delito flagrante. El resultado de este cúmulo de desatinos es la humillación de un Estado democrático de hinojos ante un grupo de filibusteros desharrapados. A estas alturas será mal menor si los rehenes salen ilesos, pero ese alacrán le va a picar al Gobierno y a su presidente. Vaya si les va a picar.

ABC - Opinión

Observatorio de la corrupción (X)

Ofrecemos a nuestros lectores un resumen con los enlaces que les darán una somera idea del clima de corrupción que nos hace la atmósfera política irrespirable.



«Operación Pretoria»
La Vanguardia: Montilla requiere a las empresas que batallen contra la corrupción

El confidencial: Campaña nacionalista para “liberar” a Prenafeta y Alavedra

e-notícies: "La corrupción es un cáncer para la democracia"

La Vanguardia: El PSC aprueba una declaración contra la corrupción

La Vanguardia: Montilla pide perdón a los catalanes por los casos de corrupción

e-notícies: Montilla pide perdón

Europa Press: Los candidatos del PSC deberán hacer públicos sus ingresos, patrimonio y gastos

La Razón: Incorruptibles por contrato

La Razón: «No puedo poner la mano en el fuego por Alavedra y Prenafeta»


Caso «Palau»
La Vanguardia: El Palau de la Música pedirá cuentas al auditor el próximo día 13


Caso «Palma Arena»
La Vanguardia: Finaliza el registro en el domicilio del ex presidente balear Jaume Matas

El confidencial: Registran el 'palacete' del ex-presidente del gobierno balear, Jaume Matas

El confidencial: El abogado de Jaume Matas dice que los registros "no fueron una sorpresa"

La Razón: Los investigadores tasan en más de dos millones los bienes del palacete de Matas


«Corrupciones Varias»
e-notícies: 'El Periódico' reprocha a Puig los 41 cargos cuando era consejero

El Periódico: Puig ostentó 41 cargos como ‘conseller’ del 2001 al 2003

e-notícies: Anna Hernández no da la cara

Libertad Digital: Suspenden a una concejala socialista por renegar de un "partido de corruptos"

viernes, 6 de noviembre de 2009

Nunca se debió enredar tanto el 'caso Alakrana'


Los familiares de los secuestrados en el atunero 'Alakrana' viven sus momentos más desesperados. El escenario es dramático por la espera y las negociaciones

LOS FAMILIARES del Alakrana viven sus horas más angustiosas desde que el atunero vasco fue secuestrado en el Índico el pasado 2 de octubre. No es exagerado decir que toda España está en vilo desde que ayer los captores desembarcaron a tres tripulantes españoles en territorio somalí con la amenaza de matarlos. Es una terrible medida de presión al Gobierno para que acate las exigencias de los piratas a cambio de la liberación de los rehenes. Y, según relataron estremecidos algunos familiares que hablaron unos instantes con ellos, los secuestradores no están dispuestos a negociar nada mientras no se libere a los dos piratas encarcelados en nuestro país.


Nos encontramos, por tanto, ante un escenario de extraordinario dramatismo, si bien hay razones para mantener un moderado optimismo sobre el desenlace. El propio Gobierno cree que los secuestradores sólo tratan de hacer valer su fuerza para exigir un botín mucho mayor. Y es cierto que los piratas somalíes no han asesinado nunca a ningún rehén en los abordajes que han protagonizado en el Cuerno de África desde hace años, y que situaciones análogas a la del Alakrana ya las han vivido antes embarcaciones de otras nacionalidades.

Pero ello no resta gravedad al asunto, máxime cuando es obvio que estamos en un verdadero laberinto, en buena medida por la actuación temeraria de Garzón. El juez de la Audiencia Nacional, guiado una vez más por sus ansias de notoriedad, fue quien reclamó el inmediato traslado a España de los dos piratas apresados por la Marina, sin realizar siquiera las mínimas indagaciones -lo que tuvo como consecuencia el posterior vodevil judicial para determinar la edad de uno de ellos- y sin estudiar alternativas como la de llevar a los detenidos a Kenia -tal como han hecho siempre nuestros socios de la UE o EEUU en casos similares y como anoche propuso el lehendakari Patxi López-, para que fueran juzgados allí. Igual de frívolo ha sido el comportamiento del fiscal, secundando la petición de traslado.

Tampoco es fácil entender algunas actuaciones del Gobierno, cuando lo que corre peligro es la vida de 36 personas -16 españoles-. En especial, su falta de sensibilidad y apoyo hacia los familiares de la tripulación del Alakrana. Éstos denunciaron ayer que se les ha mentido «desde el minuto cero» y que la ministra de Defensa no se ha puesto en contacto en todo este mes de agonía.

La prioridad del Estado debe ser lograr la liberación de los pescadores y garantizar su integridad, anteponiendo su seguridad a cualquier otra consideración. Estamos seguros de que así se está actuando. Pero no es menos cierto que minimizar y hasta descartar las amenazas de los piratas, como está haciendo Defensa, es correr demasiados riesgos. Por ello, cabe exigir al Gobierno que tenga muy presente la senda marcada en su día por el presidente Zapatero, cuando enarbolando «el valor supremo de la vida», fue capaz de hacer algo tan poco edificante como permitir que el etarra De Juana Chaos saliera temporalmente de la cárcel tras echar éste un pulso al Estado poniéndose en huelga de hambre.

Con infinita más razón ahora, ni se pueden dar pasos en falso, ni cabe rasgarse las vestiduras por explorar cualquier vía para liberar el Alakrana. Incluida, si fuera necesario en último término, la búsqueda de un camino legal para trasladar a los dos piratas de la Audiencia Nacional a Somalia o Kenia, si con ello se evita que la vida de los 36 tripulantes corra el más mínimo peligro. Y es deseable que la Justicia, que tan bochornoso espectáculo ha ofrecido en este asunto, trabaje junto a los demás poderes del Estado para lograrlo. Después habrá tiempo, y será obligación del Gobierno hacer lo imposible para que sobre los piratas recaiga todo el peso de la ley.

El Mundo - Editorial

¿Está forjando el Gobierno un estado policial?. Por Antonio Casado

Uno. El PP denuncia el uso ilegal o abusivo que, según su portavoz nacional, González Pons, estaría haciendo el Gobierno Zapatero de los medios técnicos disponibles en el control de las comunicaciones. Ha precisado más. Señala sin disimulo al ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, como el instigador de un modelo de “sociedad vigilada”. Algún otro dirigente y medios próximos al PP prefieren hablar de “Estado policial”, como consecuencia del mal uso de la tecnología S.I.T.E.L (Sistema Integrado de Interceptación de Telecomunicaciones), contratada con una empresa nórdica de telecomunicaciones por el Gobierno Aznar en su segunda Legislatura, pero sin tiempo de aplicarla por la derrota electoral de 2004.

Dos. Rubalcaba responde que nada de Estado policial. Judicial, en todo caso, si se trata de investigar, perseguir, detener y juzgar a los delincuentes. Terrorismo, narcotráfico y crimen organizado, básicamente. Generales de la ley. El ministro asegura que la intervención de las comunicaciones por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado sólo se practica con autorización judicial. Precisa que el material intervenido no interesado por el objeto de la investigación policial, tal y como viene descrito en la autorización del juez, se destruye.

Y tres. En medios judiciales, casi de forma unívoca, y como no podía ser de otro modo, se emplaza a denunciar ante los tribunales cualquier supuesto de intervención ilegal de las comunicaciones. Incluso ante el Tribunal Constitucional, si se presume la inconstitucionalidad de SITEL. Por si la propia herramienta, al margen del uso policial que se haga de la misma, estuviese reñida con derechos fundamentales. En este caso, la intimidad y el secreto de las comunicaciones, están especialmente protegidos en la Constitución y leyes orgánicas que los desarrollan.

"Nuestro espacio es la política"

Hasta aquí, los términos objetivos de la polémica desencadenada por el PP. El subsiguiente comentario descansa sobre la duda: ¿Hay razones para temer que el Gobierno, a través del Ministerio del Interior, esté interviniendo la navegación por internet o las conversaciones telefónicas de determinados ciudadanos sin la correspondiente autorización de un juez? Cuando se trata del poder, se agranda la tentación y escasea la virtud. Así que, a estas alturas de la película, mejor no arriesgar en la apuesta. Pero sí conviene apuntar algunas consideraciones.

Si el partido de Rajoy tiene sospechas fundadas sobre el uso indebido de esta herramienta policial debería ser más explícito. Incluso sin acudir a los tribunales porque, como ayer nos decía González Pons en la tele, “nuestro espacio es la política”. En ese terreno, pocas batallas merecen tanto la pena como la defensa de los derechos fundamentales. De modo que es oportuna y perfectamente legítima su reclamación de que se garantice el respeto a esos derechos en una ley orgánica específica, amén de las leyes de Enjuiciamiento Criminal y Control Judicial Previo, que se limitan a regular el mecanismo de la autorización judicial previa.

Si además el PP dispone de pruebas para demostrar que se ha violado el secreto de las comunicaciones o la intimidad de un ciudadano, tiene la obligación de denunciarlo ante los tribunales. Si no, se arriesga a que los ciudadanos tomen la ambigüedad de sus acusaciones como una ligereza impropia de un partido que ha gobernado y que, antes o después, volverá a gobernar, como le recordaron ayer los representantes de las asociaciones judiciales. También ha topado con la acusación de “malsana frivolidad”, que ayer le asignó el presidente de la Unión Progresista de Fiscales, Emilio Sánchez Ulled.

El confidencial

Avergonzado. Por Alfonso Ussía

Durísimo castigo a Cobo por parte de la dirección del Partido Popular. Son tremendos. Atila a su lado, un pastor de ovejas. Férreos y ejemplares. Manuel Cobo insultó gravemente a Esperanza Aguirre. En la reunión en la cumbre, Manuel Cobo se ratificó en los insultos y acusó a Esperanza Aguirre de delincuente por la chorrada del espionaje. «Mis hijos y yo nos sentimos amenazados». Cobo, antes de asistir a la reunión de Génova, tendría que haberse presentado ante el Juez de Guardia para denunciar la amenaza. Y Rajoy, al oír las palabras de Cobo en la reunión, podría haberlo expulsado de la sala. No lo hizo, porque Cobo es Gallardón y Gallardón es Rajoy. Es decir que ninguno de los tres sabe lo que es y quién es.

Mano de hierro. Cobo ha sido suspendido cautelarmente de militancia. El Alcalde le ha ratificado como Vicealcalde y portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento. A eso se le llama llevar bien las riendas de una diligencia, señor Rajoy. De haberle conocido John Ford, prescinde de John Wayne y le ofrece a usted el papel, por duro. Es decir, que insultar a la Presidenta de Madrid, ratificarse en los insultos y añadirle a ellos una velada acusación de comisión de un delito, lo zanjan en el PP con una suspensión de militancia y el mantenimiento del militante suspendido en sus cargos públicos. En resumen, que el Partido Popular lo único que ha hecho es ahorrarle al señor Cobo las cuotas mensuales mientras dure la escalofriante suspensión. Han hecho, una vez más, el ridículo. Mucho Santo Job y una ausencia de rigor insultante. Las declaraciones, es decir, las groserías de Cobo salieron por la boca de Cobo dictadas por Alberto Ruiz Gallardón. Y los dictados de Alberto Ruiz Gallardón los revisa previamente el Alcalde de Madrid con Mariano Rajoy. Suspéndanse de militancia don Mariano y don Alberto, que también se ahorrarán las cuotas. A este paso, y siguiendo la estela de la durísima sanción, todos suspendidos de militancia y las arcas vacías.

Que el señor Cobo haya sido respaldado y ratificado en sus cargos por el Alcalde de Madrid es más que una grosería. Es una chulería desproporcionada. Y que el señor Rajoy no intervenga al respecto es más que una cobardía. Es una resignación envilecida e indigna. Si Cobo se ha equivocado con tanta gravedad, Cobo tiene que ser expulsado del partido y abandonar en dos minutos su despacho del Ayuntamiento de Madrid. Lo que no es pasable es que su ineducada conducta le reporte, para más inri, el importe de las cuotas. Ustedes no sólo han perdido mi consideración. Eso se arregla. Han perdido mucho más. Lo más importante para un ciudadano libre en una democracia auténtica. Ustedes han perdido mi voto. Me han obligado a incumplir mis derechos. No he fallado, hasta la fecha, a ninguna cita electoral desde que España se abrazó a la libertad. He votado en los refrendos, las elecciones municipales, europeas y generales. Voté a la Constitución. Y mi voto, no es difícil adivinarlo, no es de izquierdas. Pero se ha acabado. Con esa tropa al frente del PP mi obligación es abstenerme. Me siento defraudado y profundamente avergonzado.

La Razón - Opinión

Alakrana: un problema demasiado real para Zapatero

Nunca se había puesto tan poco empeño en defender los intereses españoles allí donde estos puedan verse afectados, desde la Unión Europea hasta Afganistán. España no da miedo a nadie, porque Zapatero no quiere que lo dé.

Para un Gobierno radical y sectario como el que soportamos, en el que la imagen lo es todo, no hay nada peor que enfrentarse a problemas reales en los que no existe salida fácil ni solución perfecta. Que nuestros barcos faenen en aguas internacionales en el Índico es malo para el Ejecutivo, pues le obliga a intentar defenderlos mediante el uso de la fuerza, lo que debilita ese lema de "antes morir que matar" que tan caro es a Zapatero y los suyos, o a pagar los sucesivos rescates, que cada vez serían mayores y más frecuentes, con el consiguiente escándalo entre la opinión pública.


Carme Chacón no fue colocada al frente de nuestros ejércitos por sus conocimientos militares, por otra parte inexistentes, sino porque a Zapatero le gustaba la idea de tener a una mujer, y además embarazada, al frente del Ministerio de Defensa. Su papel en la crisis de los piratas ha dejado claro su incapacidad para el puesto. Ha cambiado la ley para permitir a los transexuales ingresar en el Ejército, pero al tiempo la ha puesto como excusa para impedir el embarco de militares en los atuneros amenazados por los piratas. Rápida para tomar medidas que queden bien ante su electorado; incapaz de actuar cuando se enfrenta a un problema real: ese es el resumen de cinco años y medio de Gobierno Zapatero. Pero lo que resulta ya grave en otras carteras, en Defensa es peligrosísimo. Porque el precio se paga en vidas humanas.

El Gobierno no tiene la culpa de que los piratas secuestren nuestros barcos, pero indudablemente tiene bastante responsabilidad en lo que está sucediendo. Es obligación de las Fuerzas Armadas defender a nuestros compatriotas de los ataques que puedan recibir. Chacón, sin embargo, ha impedido que lo hagan de forma efectiva escudándose en la ley y sin mostrar intención alguna de cambiarla. A cambio, ha dado permiso para que mercenarios civiles cumplan este papel, aunque sin dejarles usar el armamento que necesitan para la tarea. Como el perro del Hortelano, ni come ni deja comer.

Además, ha incentivado que los piratas escojan barcos españoles. Pero no sólo por el pago del rescate del Playa de Bakio. El Gobierno de Zapatero lleva mostrando su debilidad y haciendo dejadez de sus obligaciones internacionales desde la retirada de Irak de 2004. Nunca se había puesto tan poco empeño en defender los intereses españoles allí donde estos puedan verse afectados, desde la Unión Europea hasta Afganistán. España no da miedo a nadie, porque Zapatero no quiere que lo dé.

Sarkozy dejó claro cómo se comporta una nación orgullosa de serlo, con carácter, prestigio y fuerza. Pagó el rescate para recuperar sanos y salvos a los suyos, pero después persiguió a los piratas, los capturó y recuperó el dinero. Tiempo después, rescató a una pareja de turistas, matando a uno de sus captores. Nadie duda de que Francia actuará si los piratas vuelven a intentarlo, lo cual es razón suficiente para que no hayan vuelto a intentarlo.

Las amenazas de los piratas dejan claro también que el ridículo de capturar dos piratas, traerlos a España y ponerlos en manos de los jueces tiene un precio. Sin duda, el Gobierno podrá poner más dinero sobre la mesa para no atender las exigencias de que regresen a Somalia. Pero ya ha afectado a nuestra capacidad negociadora, debilitándola. Sin duda, los piratas juegan con el miedo de los marineros y sus familias para ponerse en una posición de mayor fuerza. Pero eso no se evita amenazando a los familiares para que no hablen, ni mintiéndoles ni ocultándoles información. Al contrario, debía haber procurado ganarse su confianza para poder tener su apoyo.

El PSOE, claro, ya está calificando de "irresponsabilidad" que se esté criticando la incapacidad del Gobierno para tratar con un problema tan serio. Sin embargo, lo único responsable que puede hacerse es denunciar sus errores, con la esperanza de que sean corregidos y los secuestrados regresen a casa, sin pagar ningún precio que incentive futuros secuestros. ¿Será capaz? Desgraciadamente, resulta muy difícil creer que sí.

Libertad Digital - Editorial