miércoles, 11 de agosto de 2010

Zapatero en descomposición. Por Edurne Uriarte

La supina torpeza cometida por Zapatero con Tomás Gómez es propia de un liderazgo en descomposición, el de Zapatero.

La supina torpeza cometida por Zapatero con Tomás Gómez es propia de un liderazgo en descomposición, el de Zapatero. Descomposición que, como en otros casos antes que el suyo, tiene como primer rasgo que el último en enterarse del mismo es el propio líder. Incapaz de entender, primer elemento de su torpeza, que él ya no está para imponer candidatos en ningún sitio. Por la sencilla razón de que la gente tiende a rebelarse contra los jefes sentenciados a un próximo e inevitable final político, que ni dan miedo ni tienen ya nada con qué recompensar.

Incapaz de entender, segundo elemento de la torpeza, que el nombre del líder, Jiménez o Gómez, influye poco o nada en la dirección del voto en nuestro sistema de partidos. Pues los españoles votan a los partidos y no a los líderes, cosa que un político como Zapatero, pendiente hasta la obsesión de las encuestas, debería saber, sin necesitar dos tardes adicionales de Ciencia Política, además de las de Economía.

Incapaz de entender que la ventaja de imagen de Jiménez en las encuestas no va a producir ninguna alteración en la intención de voto. Sobre todo, porque es la trayectoria del socialismo nacional la que ha dañado irremediablemente las posibilidades del socialismo madrileño, que puede traerse al mismísimo Obama y ni así llega al Gobierno regional.

E incapaz de concluir de todo lo anterior, y este es el tercer y más llamativo elemento de su torpeza, que su capricho de Madrid va a costarle unos cuantos jirones más de su ya maltrecho liderazgo. Entre los militantes, especialmente, que asistirán al navajeo interno propio de unas primarias sin haber entendido para qué hacía falta este destrozo adicional.

Y que pueden concluir, a falta de mejores respuestas, que para el propio ego de Zapatero. Para demostrarse a sí mismo y a los demás que aún puede imponer un candidato y echar al que le ha salido respondón.


ABC - Opinión

De tal palo... Por José María Carrascal

Trinidad Jiménez ha comenzado su campaña electoral con tres mentiras de campeonato.

PRIMERA mentira: «Llevo bastante tiempo pensando en esta decisión que he tomado hoy». Durante las últimas semanas e incluso meses, Trinidad Jiménez no ha dado la menor señal de estar interesada en la presidencia de la Comunidad de Madrid. Al revés, daba muestras de que lo estaba pasando bomba como ministra de Sanidad. Dado su carácter expansivo, resulta impensable tal ocultación.

Segunda mentira: «Me lo han pedido muchos dirigentes y muchos militantes». No existe constancia de que un solo dirigente o militante socialista se lo haya solicitado de forma directa o indirecta. Y miren ustedes que hablan los tíos.
Tercera mentira: «El presidente no me lo ha pedido». Una de dos, o no considera a José Luis Rodríguez Zapatero dirigente o militante del PSOE o no ve la tele, no escucha la radio y no lee los periódicos, pues todos esos medios han dejado constancia de la clara preferencia del presidente por ella, «buenísima», sobre Tomás Gómez, meramente «bueno» para el cargo. ¿Y no se enteró tampoco de que pidió a su rival que se retirase?


Resultado: no sabemos si Trinidad Jiménez es buena, mala, regular o buenísima candidata a la presidencia madrileña, pero sabemos que miente como su jefe, habiendo comenzado su campaña electoral con tres mentiras de campeonato. Siendo de esperar que siga por ese camino, pues mentir, como comer y cantar, todo es empezar. Aparte de que el mentiroso se ve obligado a seguir mintiendo para ocultar sus previas mentiras.

Ya verán ustedes cómo se nos explica que Trinidad cambió los duros bancos de la oposición en el ayuntamiento de la capital tras perder su envite a la alcaldía por los cómodos sillones de la Secretaría de Estado para Iberoamérica y del Ministerio de Sanidad para hacer un favor a los madrileños. Lo que puede ser en el fondo cierto, pues su superficialidad es lo que menos conviene hoy a Madrid y a su partido.

Más me preocupa si esa campaña pro Jiménez viene acompañada de otra anti Gómez, que incluya todo tipo de insidias, para acabar con el candidato natural del partido como sea, golpes bajos incluidos. Pues no es ya Trinidad Jiménez la que se la juega. Es el propio Zapatero quien se juega su autoridad y su prestigio en la apuesta. Una derrota de su candidata sería una derrota suya, por mucho que intente camuflarse, aparte que no puede camuflarlo mucho, ya que tiene que emplearse a fondo para atraer a la mayor cantidad de socialistas madrileños hacia ella. El partido, o más exactamente, la corte de clónicos que le rodea, lo sabe y va a lanzarse sobre el «bueno» de Tomás Gómez como si fuera el mísmísimo Rajoy. Y es que la política hace no sólo extraños compañeros de cama, sino enemigos de lid.


ABC - Opinión

Electoralismo y corrupción. Por M. Martín Ferrand

La situación no es, todavía, desesperada, pero Zapatero puede conseguir, sin esfuerzo, que llegue a serlo.

ACOSTUMBRO desayunarme con una taza de té negro, pan tostado, aceite de oliva y una pizquita de sal; pero, desde ayer, a la vista de la previsiones económicas del BBVA y de los augurios del sabio profesor Juan Velarde, he suprimido la sal y el aceite. Hay que ahorrar y ponerse al pairo, más en la meditación que en el consumo, para prevenir la que se nos viene encima. La situación no es, todavía, desesperada; pero, a juzgar por sus indecisiones y dichos contradictorios, Zapatero puede conseguir, sin esfuerzo, que llegue a serlo. Según el servicio de estudios del banco que preside Francisco González, sería imprescindible, para que la realidad se acercara a las previsiones de crecimiento que maneja el Ejecutivo, una más rigurosa consolidación del sector financiero, profundizar en la reforma laboral, la drástica reforma de las pensiones, recortar el gasto corriente en las Administraciones, disminuir los impuestos directos, subir los indirectos y reducir el déficit energético. Pregunto: ¿alguien es capaz de imaginar a José Luis Rodríguez Zapatero al frente de un programa como el que reclaman los estudiosos bancarios? Vuelvo a preguntar para que no broten falsas esperanzas: ¿se atrevería Mariano Rajoy con un plan que, a cambio de la salud económica nacional, requiera el suicidio político de quien lo promueva y ejecute?

El electoralismo, la peor de las corrupciones de la democracia en tanto que antepone el interés particular de los partidos al general de la Nación, tiende a impedir que las grandes soluciones remedien los problemas grandes. Quizá por eso, Velarde, en quien se juntan el conocimiento profundo y la experiencia larga, anuncia que nuestra crisis puede convertirse en decadencia «si no se toman medidas más enérgicas» y no descarta, «a la vuelta de la esquina», un corralito como el que, ya va para veinte años, instauró en Argentina el Gobierno de Fernando de la Rúa. Entre otras restricciones institucionales y ciudadanas, los particulares no podían retirar de sus cuentas bancarias más de 250 dólares semanales.

Lejos de abundar en estas cuestiones, en las que nos va el pan de cada día, el Gobierno se entrega a unas raras maniobras electorales en Madrid y la Oposición, a opinar sobre ellas. Más parece que ambos estén entregados a la defensa y conservación de su propio empleo que a la búsqueda de remedios útiles. Algo exigible, pero incompatible con la realidad partitocrática en la que nos hemos instalado. Trinidad Jiménez es muy maja; Tomás Gómez, muy valiente; Esteban González Pons, muy ingenioso; pero, ¿hay alguien dispuesto a concentrarse en lo fundamental?


ABC - Opinión

Coche eléctrico. Zapatero S.A.. Por Manuel Llamas

En el mercado libre cuando un empresario fracasa es únicamente su capital el que se resiente. Zapatero es un nefasto empresario, pero sus proyectos perduran en el tiempo porque preside una S.A. muy especial llamada Estado.

¿Se imaginan a Zapatero dirigiendo una empresa? Pese a tratarse de una utopía, la verdad es que los ejemplos sobre la valía emprendedora del presidente no faltan. De hecho, abundan por doquier. Si algo caracteriza a un empresario de éxito es, sin duda, su capacidad para descubrir una oportunidad de ganancia mediante la satisfacción de las necesidades del consumidor. Para ello ha de prever parcialmente el futuro, ya que arriesgará su capital para producir un bien o servicio con la expectativa de que éste sea demandado a un precio siempre superior al de su coste de producción.

Bajo esta premisa, Zapatero no tiene precio como empresario por ser éste, simplemente, nulo. Sus iniciativas emprendedoras han obtenido un rotundo fracaso. Y no me estoy refiriendo al desastroso conglomerado de empresas públicas (estatales, autonómicas y locales) que arrojan pérdidas mil millonarias año tras año a costa del sufrido contribuyente sino a la innata capacidad del presidente para orientar, a golpe de talonario público, la producción de determinados sectores hacia proyectos ruinosos.


Por poner tres ejemplos, cabe destacar el fiasco de las energías renovables, el desastre de la vivienda pública (VPO) y el ridículo del coche eléctrico. La política energética verde impulsada por el Gobierno supone más de 6.000 millones de euros anuales en subvenciones y ha terminado por configurar un sistema eléctrico enormemente costoso, caro e improductivo. No obstante, el déficit tarifario sigue creciendo al tiempo que la factura que paga la industria española es un 17% superior a la media europea. Hasta el ministro de Industria entona ya el mea culpa. El problema es que el daño ya está hecho y se materializará en nuevas subidas de luz e impuestos.

Por otro lado, el Ejecutivo insiste en invertir dinero público en la construcción y alquiler de viviendas en un momento en el que España cuenta con cerca de 1,5 millones de pisos nuevos a la venta. Lejos de dar marcha atrás, la ministra del ramo, Beatriz Corredor, señala que "ahora el Ministerio de Vivienda tiene más sentido que nunca". El Estado sigue destinando miles de millones a levantar pisos y a financiar promotores, es decir, a despilfarrar los escasos recursos de los españoles. Además, Corredor afirma que "la Sociedad Pública de Alquiler (SPA) ofrece un servicio único". ¡Y tan único! El Gobierno mantiene en pie una inmobiliaria técnicamente quebrada desde 2008.

Pero algunos no aprenden. El coche eléctrico es la última gran visión de Zapatero. El Gobierno prevé la matriculación de 250.000 vehículos de este tipo hasta 2014. Mucho van a tener que crecer las ventas, ya que en lo que va de año apenas se han cerrado 16. ¿El coste para el contribuyente? 8.400 euros por unidad.

Todo ello pone en evidencia la nula visión emprendedora de Zapatero. El Gobierno invierte cantidades ingentes de dinero público en proyectos empresariales (energéticos, inmobiliarios, automovilísticos y un largo etcétera) que el mercado o bien no demanda o bien no está dispuesto a asumir a ese precio. Estas particulares empresas no existirían sin la inyección de dinero público, muestra inequívoca de que no son necesarias. Lo grave, sin embargo, es que siguen en marcha, ya que su éxito o fracaso no depende, en última instancia, de la soberana voluntad del consumidor sino del político de turno.

Y ello gracias a que el coste de sus errores lo asume íntegramente el contribuyente (con su dinero) y el consumidor (con un servicio deficiente y un precio elevado). En el mercado libre sucede justo lo contrario: cuando un empresario fracasa es únicamente su capital el que se resiente. Zapatero es un nefasto empresario, pero sus proyectos perduran en el tiempo porque preside una S.A. muy especial llamada Estado, en la que todos los que pagan impuestos son accionistas de forma obligatoria y coactiva.


Libertad Digital - Opinión

Superbibiana. Por Ignacio Camacho

Cuadra con el principio de Peter que rige en el Gobierno. Y con el modo que ZP tiene de salir de sus propios líos.

«DIME que no es verdad lo de Bibiana. Lo del superministerio de Sanidad, Igualdad y Trabajo. Dime que no es verdad, que os lo habéis inventado. Dime que es una maldad conspirativa de Madrid. Dime que es un bulo para perjudicarnos».

Mi amigo no ha perdido tiempo ni en saludarme, apenas un gesto en el ala de su sombrero panamá. Ha sido encontrarnos en la calle, bajo la canícula, y dispararse como una ametralladora desde varios pasos de distancia. Como siempre que lo veo, le pregunto si sigue siendo socialista.

—Yo seré socialista hasta que me muera, lo que con noticias como ésta puede sucederme pronto. Lo que no soy es gilipollas, como algunos y algunas, que se dice ahora. Ni pienso perder mi capacidad de asombro.


—¿Entonces no te gusta la idea que Bibiana sea superministra?

—No me pinches. Sería una estupenda concejala de cultura en su pueblo. Supongo que ese asunto será una especulación capitalina, pero lo peor es que cuadra con todo lo que está pasando.

—¿?

—Sí, el principio de Peter que rige en este Gobierno. Todo el mundo en su máximo nivel de incompetencia. Y cuadra también con el modo enrevesado que Zapatero tiene de salir de los líos que él mismo monta. Lo de Madrid acabará en una crisis de Gobierno, ya lo verás.

—Eso se dice. Con Blanco o Rubalcaba de vicepresidente primero y Chacón de vice tercera, para manejar las relaciones con Cataluña. Y con Chaves jubilado.

—Si fuese así habría algo de sensatez. Temo cosas peores. Temo ver a Leire con una cartera. Y si yo fuese Griñán temería también que me acabasen sustituyendo por Mar Moreno como candidata en 2012. Aunque esto quizá se lo esté ganando a pulso él solito…

—¿Y lo de las primarias de Madrid cómo lo ves?

—A mí me gustan las primarias, como a ti, pero todo el mundo sabe que Zapatero no las quería. De momento ya ha fracasado al no lograr que Tomás Gómez se retire; ahora tiene que ganar Trini sí o sí. Después de haberse implicado, el presidente no puede perder ante un segundón: lo tienen que arrasar. Si ganase Gómez algunos barones no tardarían un minuto en plantear el relevo al máximo nivel. Pero no, no sueñes, no será Gómez el que acabe con el zapaterismo. Mi teoría es que si tiene posibilidades de vencer no llegará vivo a las primarias. Si no lo pueden comprar lo tumbarán como a Borrell. Si se llega a votar es porque esté derrotado de antemano.

—Lo podrían hacer ministro…

—Quizá debían de haber empezado por ahí. O lo han intentado y él no ha tragado el anzuelo. Pero mira, quizá fuese mejor ministro que la mitad de los que están. Por lo menos de sanidad entiende algo… y es socialista, ¿sabes? A lo mejor hacía falta en el Gobierno alguna gente que sepa relacionarse con la calle, que haya pisado un poco las agrupaciones…como antes.

—Un nostálgico, es lo que eres.

—Sí, un nostálgico de cuando hacíamos las cosas bien…


ABC - Opinión

Pinocha. Por Alfonso Ussía

Me cae bien, hasta simpática, Trinidad Jiménez. Es lista y trabajadora. Aunque sea socialista, se mueve fuera de los tópicos y los lugares comunes de esa estimada menestra de verduras. En muy contadas ocasiones hemos coincidido, y nuestro mutuo trato ha sobrevolado al correcto y protocolario. Su mayor defecto no es suyo propio. Es sobrina de Jiménez Villarejo. Yo también lo soy y lo he sido de algunos majaderos, y he superado la desagradable situación. Por todo ello, no siento alegría por su mal principio en la nueva aventura que le ha inventado Zapatero. Siempre se puede mentir, pero no tan pronto. Trinidad ha dicho que ella no es la candidata de Zapatero a la Comunidad de Madrid y que el presidente no le ha pedido nada. Se trata de una mentira tan gorda como innecesaria. Es la candidata de Zapatero y el presidente se lo ha pedido en público y en privado. Nariz larga y aguileña que le ha crecido. Y está quedando mal para perder. No escribo que contra Esperanza Aguirre en las próximas elecciones, sino frente a Tomás Gómez en las primarias del Partido Socialista de Madrid. Y una gran mentira siempre viene de la mano de otra. Ha declarado la actual ministra de Sanidad que ella no es de las que se van. Tururú. Tararí que te vi. Es de las que se van. Años atrás, su lejano pariente Alberto Ruiz-Gallardón le dio un repaso electoral de padre y muy señor mío. Trinidad no aguantó ni dos meses al frente de la Oposición, que fue el lugar que eligieron para ella los ciudadanos y la libertad de voto. Le inventaron un chiringuito en Exteriores y dejó a los suyos en lamentable situación de calzonas rajadas. Estas mentiras de Trinidad Jiménez nada dicen a su favor. Antaño no las hubiera emitido. Sucede que es ministra del Gobierno presidido por el político más mentiroso y frívolo de nuestra Historia, y todo se contagia.

Madrid y Valencia son las obsesiones socialistas. Son plazas fundamentales que ellos perdieron, y en cada cita electoral, la distancia para recuperarlas se agiganta. Esperanza Aguirre es un hueso dificilísimo de roer, entre otros motivos, porque lo ha hecho y lo está haciendo muy bien. Es intocable, a pesar de la poca simpatía que siente por ella el máximo dirigente del Partido Popular. No me refiero a Mariano Rajoy, sino a Pedro Arriola, el marido de Celia Villalobos. La verdad es que, durante un tiempo, Rafael Simancas nos inspiró a más de uno la risa, pero la lección del calendario nos obliga a reconocerlo como el más digno y directo competidor socialista contra el muro de Esperanza Aguirre. Un candidato no se inventa de la noche a la mañana, y Trinidad es un nuevo y torpe invento del perenne alucinado. Aquí el único que ha ganado ha sido Gómez, que al fin se ha dado a conocer. Ya lo conocen más de cuatro. Me parece que el diálogo es de Tono: –Si eso sucede, se van a enfadar más de cuatro–; –¿Y para usted que son más de cuatro?–; –para mí, son cinco–.

Cuando Zapatero se pone a inventar el lío está asegurado. Le ha salido mal lo de Trinidad Jiménez, y bien haría esta simpática y atractiva mujer en no empecinarse. No está mal quedarse como ministra de Sanidad mientras dure el empleo. Una ministra puede mentir, porque de ser descubierta, le endosa la mentira a cualquiera de sus más allegados colaboradores, que para eso cobran. Pero en una precandidata, las mentiras son de ella, y ya le han pillado en dos. Mal principio. No se puede caer en la elementalidad primaria de Pinocho. Esas cosas no se perdonan en las urnas aunque diviertan a la ciudadanía. Trini, quédate en donde estás, que no es moco de pavo ni cuesco de colibrí.


La Razón - Opinión

Aído. Porque ella lo vale. Por Pablo Molina

Es el momento de los niños de papá criados a los pechos del partido que no conocen otra realidad fuera de sus estructuras.

Todo es susceptible de empeorar. Con Zapatero, además, la simple posibilidad se convierte en un imperativo, porque el vallisoletano criado en León no ha llegado a la política para gestionar eficazmente los asuntos públicos aplicando la técnica administrativa, sino para llevar a la práctica una revolución social que perdure a lo largo de varias generaciones.

Él mismo lo ha dicho. A diferencia del guerrista, el socialismo de ZP no aspira sólo a dejar España irreconocible para su progenitor B. Su objetivo es convertir al país en un centro experimental del "progresismo" aunque la factura de su empeño perdure en el tiempo con consecuencias irremediables. Zapatero quiere poner en práctica un orden social que, hasta que llegó al poder, sólo figuraba en las páginas de los experimentos fracasados de la Historia, pero a él le da exactamente igual. Como buen adolescente intelectual, las consecuencias de sus acciones le traen sin cuidado.


Su decisión de sustituir a Trinidad Jiménez por Bibiana Aído (Aídolf, según los lectores de este periódico, siempre tan incisivos), cediéndole la parte mollar de las competencias del llamado "estado del bienestar", sólo se explica en función de criterios ideológicos y, en esa tesitura, la elección de la ex directora de la oficina andaluza de flamenco es plenamente consecuente.

Zapatero no quiere a su lado gestores eficientes sino fanáticos ideológicos y Bibiana Aídolf es el ser vivo que mejor se amolda a las exigencias presidenciales. Sin la menor idea de cuáles son las instituciones espontáneas que permiten a las sociedades avanzar en el proceso interminable de la civilización, Aídolf es la elección perfecta para el plan de Zapatero. Si hay alguien capaz de convertir a los españoles en votantes mayoritarios de un extremista como su jefe, esa es Bibiana.

Bibiana Aídolf no podría ser ministra de ningún país medianamente serio, pero es la superministra perfecta para la España de Zapatero. Ella, como su jefe, asume toda la basura doctrinal emergente tras la caída del muro de Berlín, en la convicción de que es la mejor manera de que el socialismo siga dirigiendo la existencia del mayor número posible de víctimas potenciales.

Su tarjeta de presentación, a estos efectos, es difícilmente mejorable, porque convertir un delito con atenuantes como el aborto en un derecho "humano" no está al alcance de cualquiera. Aídolf lo ha conseguido, y de ahí a perfeccionar la técnica del doctor Montes para convertir la eutanasia en una obligación respecto a los octogenarios con problemas de próstata sólo hay un paso que la chiquilla es muy capaz de recorrer.

Si Zapatero lleva a cabo la remodelación ministerial con que amenazan los fontaneros de Moncloa habrá hecho una elección inmejorable. Bibiana es una creyente practicante de la ortodoxia zapateril y, en tiempos difíciles, los líderes tienen que rodearse de servidores tan fanáticos como ellos mismos. Es el momento de los niños de papá criados a los pechos del partido que no conocen otra realidad fuera de sus estructuras. Como Bibiana Aído o Aídolf. Porque ella lo vale. Vaya que sí.


Libertad Digital - Opinión

Cielos despejados

SE despejó la incógnita: no habrá huelga de controladores aéreos ya que —en el último momento— el sentido de la responsabilidad se ha impuesto sobre las posturas radicales que tenían en jaque al sector turístico y a miles de ciudadanos, no sólo españoles. El sindicato de controladores ha mantenido un pulso con AENA y, en último término, con el ministro de Fomento, a quien atribuye todas las culpas de una confrontación que tenía en vilo a miles de pasajeros y que ha causado ya un grave perjuicio a la economía. En efecto, las reservas de hotel anuladas o los planes familiares alterados no podrán ser compensados, aunque haya que alabar el gesto de cordura que supone la renuncia a la huelga por parte de un colectivo que, al apostar por la amenaza, no ha sabido transmitir las razones de su postura a la opinión pública. Nadie pone en duda el derecho de estos profesionales a defender sus reivindicaciones, pero en esta crisis se han superado con demasiada frecuencia los límites que imponen el sentido común y la solidaridad en tiempos de dificultad.

Los controladores aéreos no tenían derecho a convertir a los ciudadanos en rehenes de un chantaje que, una vez concluido, debería llevar a AENA a completar un acuerdo que hace unos días estaba prácticamente cerrado. José Blanco, por su parte, no debería tomar el asunto como una operación de imagen política si no quiere malgastar el apoyo que le ha brindado la opinión pública por su firmeza en esta crisis. Una vez alejado el fantasma de la huelga, llega la hora de celebrar nuevas reuniones en busca de acuerdos, siempre en el marco de la ley y al margen, en todo caso, de personalismos y posturas de fuerzas. El precio a pagar por la huelga fantasma de los controladores ha sido ya demasiado elevado.

ABC - Editorial

La hora de la negociación

La sociedad española ha estado en vilo ante la convocatoria o no de la huelga de los controladores aéreos. El comité ejecutivo de Usca decidió no convocarla en agosto, aunque deja en el aire que pueda ser en septiembre, y ha interpretado acertadamente que las palabras de Zapatero eran una garantía de que Aena se sentará en la mesa de negociaciones. Es difícil encontrar una huelga que hubiera sido más impopular e inoportuna. En primer lugar porque la percepción generalizada es que era una medida de fuerza de un colectivo minoritario que defiende unos privilegios desmesurados que resultan, además, muy ofensivos en estos tiempos de crisis. A esto hay que añadir que las fechas eran demoledoras para los usuarios, el sector turístico y las líneas aéreas. Era posible que coincidiera con el regreso de las vacaciones. El coste para el sector era inconmensurable y hubiera significado un enorme perjuicio para la imagen de España. Es cierto que una huelga de los controladores es siempre negativa, pero hay fechas que la hacen todavía más dañina. Una vez concluida esta incertidumbre, que angustiaba a los afectados por una paralización del espacio aéreo, ha llegado la hora de una negociación seria y responsable. Es cierto que el aspecto más llamativo se centra en los sueldos que han estado recibiendo los controladores gracias a las horas extras, pero no es el único punto de una negociación que es muy importante para la economía española. Unas cuestiones están en manos del Ministerio de Fomento y el organismo público Aena, en otras corresponde ceder a los controladores y, finalmente, está ese gran objetivo colectivo que es conseguir un auténtico cielo único europeo. La diversidad de la Unión Europea, que es muy positiva en el terreno cultural, es un desastre en otras materias. En Estados Unidos, que es la primera potencia mundial y tiene un espacio territorial similar al europeo, no hay tantos controladores y cobran menos. La razón es la eficacia de controlar un espacio aéreo sin tantos países en su interior. A partir de ahora corresponde acabar con la incertidumbre de una huelga y hacerlo en la mesa de negociación para alcanzar un acuerdo que sea justo y razonable. Los controladores tienen que equiparse a lo que sucede en el resto de países, tanto en salarios como en sus condiciones laborales y en su número. Cualquier otra salida sería inaceptable. Por tanto, resulta imprescindible convocar plazas de controladores, aunque esto signifique que los actuales deberán cobrar menos al restringirse las horas extra. Sus horarios deberían ajustarse a unas jornadas razonables que les permitan conciliar la vida laboral y familiar. Este aspecto es impecable y sin lugar a dudas será asumido por ambas partes, ya que el Gobierno ha hecho siempre bandera de la necesidad de conciliar. Es cierto que la posible privatización de Aena es un tema fundamental. Los responsables del Ministerio de Fomento son los primeros interesados en ampliar las plantillas, hasta el número que nos equipare con Europa, y esto nada tiene que ver o influir en la posible privatización. Por tanto, es fundamental acabar con este conflicto y la clave será la capacidad de diálogo de las partes.

La Razón - Editorial

No habrá huelga

El temor a la irritación de los usuarios ha neutralizado la presión de los controladores

Los controladores aéreos no irán a la huelga, según decidió ayer el comité ejecutivo de su sindicato. Nadie renuncia a sus privilegios, si puede evitarlo, y el dilema de los controladores era de qué forma podían mantener los suyos. Que no lo lograrían haciendo una huelga en agosto y en una situación económica como la actual era algo que ya sabían, pero ciertas inercias de la negociación llevaron a sus representantes a aprobar hace una semana, como elemento de presión, la convocatoria de un paro. Lo hicieron con la cautela de no cortarse la retirada: delegando en la dirección de su sindicato la fijación de la fecha, lo que en la práctica equivalía a aplazarla indefinidamente mientras seguían las negociaciones.

Era evidente que AENA no quería asumir la responsabilidad de la ruptura, pero mucho menos lo deseaban los controladores, que han negado haber sido ellos quienes se levantaron de la mesa el viernes pasado. Alegan que propusieron seguir negociando durante el fin de semana, pero AENA ponía como condición la retirada de la amenaza de huelga, a lo que no accedieron. Sin embargo, sí aceptaron luego adelantar en dos días la reunión en la que debía tomarse la decisión, en respuesta a las demandas del sector turístico que ha venido argumentando que la incertidumbre sobre la fecha de la huelga estaba provocando un aumento de las cancelaciones preventivas para todos los últimos días del mes; no solo de viajes sino de reservas hoteleras.


Finalmente, ha sido ese el argumento esgrimido para cancelar la convocatoria: no perjudicar al turismo. Ha sido una decisión inteligente. La capacidad intimidatoria de un sector formado por poco más de 2.000 personas pero capaz de condicionar la de millones de viajeros ha sido determinante en las concesiones que han ido arrancando durante años; pero esa capacidad se ve ahora neutralizada por la irritación de la opinión pública que, con más de cuatro millones de parados, no toleraría que la Administración pública de la que finalmente dependen los aeropuertos volviera a ceder para evitar la huelga.

En una situación menos aguda seguramente también habría habido irritación ante una o dos jornadas de huelga, pero es posible que a la tercera aparecieran voces de usuarios (y políticos) reclamando al Gobierno que solucionase el problema "como sea"; es decir, cediendo. El ministro de Fomento ha hecho bien en mantener su postura ante el conflicto, pero también en dejar abierta la posibilidad de un arbitraje laboral para zanjar los puntos de la tabla de 12 reivindicaciones sobre los que no ha habido acuerdo en la mesa.

Los controladores rechazaron el viernes pasado esa posibilidad con argumentos confusos, como que de nada serviría cuando lo que el Gobierno pretende es privatizar los aeropuertos. No consta, pero si así fuera, un argumento poderoso a favor sería la dinámica impuesta por esos empleados privilegiados que han convertido a España en el país con más altos costes laborales en tráfico aéreo. También por eso ha sido inteligente su decisión.


El País - Editorial

A Zapatero le crecen los enanos

Estas primarias no obedecen a lo que debería ser el normal funcionamiento democrático de los partidos, sino a algo tan excepcional como que un político con muy relativo peso específico no ha querido doblegarse al dedazo del máximo dirigente de su partido.

Nada menos que 106 responsables y secretarios generales del Partido Socialista Madrileño –un 73% del total– ya han firmado un manifiesto en el que muestran su apoyo a Tomás Gómez de cara a las elecciones primarias, que se celebrarán en octubre y dirimirán quien será el candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Es evidente que el objetivo de este manifiesto no es otro que mostrar el amplio apoyo con el Gómez cuenta en el seno del PSOE en Madrid frente a las maniobras con las que la dirección nacional del partido, con Zapatero a la cabeza, ha tratado de vetar las legítimas aspiraciones del ex alcalde de Parla y colocar en su lugar a la actual ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez.


El hecho de que Gómez no haya querido doblegarse servilmente a las imposiciones de Zapatero ya es síntoma de la pérdida de peso y liderazgo del actual presidente del Gobierno, que aun podría quedar más de manifiesto si Gómez sale vencedor de estas primarias. Precisamente para evitar ese riesgo de que estas elecciones internas se conviertan en un termómetro para medir el liderazgo de Zapatero, lo primero que la ministra de Sanidad ha querido dejar de manifiesto tras anunciar su candidatura es que esta no obedece a ninguna petición del presidente del Gobierno. La ministra arranca así su carrera como candidata faltando a la verdad, pues de todos es sabido que hasta la fecha no había mostrado el más mínimo deseo o intención de ser cabeza de lista en las autonómicas, ni siquiera durante las últimas semanas en las que se desató la polémica sobre la conveniencia de Gómez como rival de Esperanza Aguirre.

Aunque el pulso entre Zapatero y Gómez haya tenido como resultado algo tan positivo como la celebración de unas elecciones primarias, en las que las bases podrán elegir democráticamente a su candidato, que nadie se llame a engaño: estas primarias no obedecen a lo que debería ser el normal funcionamiento interno de los partidos políticos para designar a sus representantes, tal y como dictamina nuestra Constitución. Obedece, por el contrario, a algo tan excepcional como que un político con un muy relativo peso específico –dicho sea con el máximo respeto– no ha querido doblegarse al dedazo que pretendía llevar a cabo el máximo dirigente de su partido. Por mucho que ahora Zapatero sea capaz de hacer de la necesidad virtud, este saludable ejercicio de democracia interna no ha venido para quedarse. Claro que aún es más patética su nula presencia en el resto de los partidos.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es que Zapatero se juega mucho en estas primarias, por mucho que Jiménez lo haya dejado al margen de su subordinada decisión de presentarse.


Libertad Digital - Editorial

Las pistas falsas del gobierno

Rodríguez Zapatero perdió ayer otra oportunidad de ganarse la confianza de quienes consideran ya sus palabras como un síntoma más de la crisis que tratan de conjurar.

TRAS despachar con Su Majestad el Rey en el palacio de Marivent, el presidente del Gobierno compareció ayer ante los medios para celebrar el tímido signo positivo de unos indicadores económicos que en los últimos días han coincidido en avanzar —al menos de forma superficial, si no provisional— el comienzo de la recuperación económica. Rodríguez Zapatero volvió por sus fueros en una lectura muy personal e interesada de las grandes variables analizadas por el Banco de España y, por otra parte, registradas por los servicios públicos de empleo, sobre los que sostuvo un discurso engañoso y de nuevo interesado. El ligero repunte del PIB durante el segundo trimestre quizá sea una realidad, pero también las contundentes advertencias del Banco de España sobre una recaída en el último tramo de 2010 y las aún peores previsiones del BBVA, publicadas el pasado lunes y que sitúan en el 0,6 por ciento el hundimiento de la economía española a lo largo de este ejercicio. De igual manera, y sin abandonar el tono triunfalista que desde hace años utiliza para rechazar el impacto de la crisis o darla por zanjada, Rodríguez Zapatero se hizo eco del descenso del desempleo en julio, pero sin reconocer que el 93 por ciento de los nuevos contratos firmados es de carácter temporal.

Cogido con alfileres y construido con el fin de hacer públicas las presuntas virtudes de su tímido y errático programa de reformas y recortes, el discurso del presidente del Gobierno representa la enésima huida de la realidad de quien ha hecho de la impostura, cada vez más evidente y contraproducente, la primera seña de identidad de su irresponsable gestión en materia económica. La alarmante falta de confianza de la sociedad española hacia Rodríguez Zapatero, del que casi un 80 por ciento de los encuestados en el último barómetro del CIS aseguraba desconfiar en mayor o menor medida, está en la base de la parálisis económica de un país que necesita rigor y al que le sobran anuncios ya inverosímiles sobre la recuperación. Aunque más moderado en sus previsiones que de costumbre, quizá serenado por el carácter institucional de su encuentro con el Rey, el presidente del Gobierno perdió ayer otra oportunidad de ganarse la complicidad de quienes consideran ya sus palabras como un síntoma más de la misma crisis que tratan de conjurar. La salida del bache económico es tarea de todos, pero quien está obligado a marcar el camino no puede seguir dando pistas falsas sobre la distancia restante, los accidentes del terreno y la dirección a tomar. La confianza es clave.

ABC - Editorial

martes, 10 de agosto de 2010

Hospitalidad gusanera. Por Hermann Tertsch

Es un escándalo mayúsculo el trato dispensado a unos hombres que han estado en prisiones de espanto por defender los derechos de su pueblo y su dignidad.

EN esta época del año, ya saben, es difícil localizar a la gente. Nuestros políticos, incluso los que han jurado que este año se embarcan en el verano estajanovista del esfuerzo permanente por la ciudadanía, son difíciles de ubicar. Sólo sabemos a ciencia cierta dónde están Trini y Tomi. Pero tranquilos todos, que no les daré la murga con Jiménez y Gómez. Hablemos del ministro Moratinos. Debe de andar por alguna de esas maravillosas esquinas francesas, cultas, frescas y umbrosas, por las que tanto le gusta perderse. Tanto debe de estar gozando este ministro de Asuntos Exteriores de Cuba —perdón, de España— que no ha debido de enterarse de que la policía castrista está otra vez en plena campaña de detenciones e intimidación. Son decenas los opositores detenidos y puestos en libertad después de ser amenazados con represalias peores. El régimen deja claro que puede llenar sus cárceles cuando le venga en gana. Tiene relevo para los presos desterrados a España. Y para quienes debieran estar libres ya y siguen en la cárcel porque se niegan a abandonar su patria. Lo que no extraña visto cómo les va en nuestro país.

Las relaciones de los gobiernos de Zapatero con la dictadura son en sí una vergüenza nacional. Ahora con náusea añadida. Porque es un escándalo mayúsculo el trato dispensado a unos hombres que han pasado los últimos siete años en prisiones de espanto por defender los derechos de su pueblo y su dignidad. Aquí los tenemos, acogidos en un hostal en un polígono industrial, en condiciones quizás impropias para jóvenes inmigrantes ilegales del Tercer Mundo, pero inaceptables para unos profesionales en edades avanzadas, víctimas de una dictadura cuya estancia en Madrid en condiciones dignas era garantizada por el Estado español. Además se les ha negado el estatuto de refugiado político e intentado convencer de que son «inmigrantes». Para no herir la susceptibilidad de Fidel y Raúl. Y se anuncia su dispersión por España, no vaya a ser insuficiente para hacerles callar ese destierro añadido lejos del centro de la capital.

Quienes nada de dignidad saben no entienden que quienes han ido a la cárcel en Cuba precisamente por dignidad no va a callar aquí si ésta se les cuestiona. Pero se intenta. Y se lanza a tristes personajes a difamarlos ante la opinión pública española, a acusarlos de «quejarse de vicio». ¿Cómo es posible semejante infamia? Es explicable. Nuestro Gobierno tiene una alianza sentimental y política con el castrismo. Intenta evitarle a éste las consecuencias peores de sus «errores», pero se nutre de sus mensajes. Para el castrismo los compatriotas en el exilio son «gusanos» que «se quejan de vicio». Para la izquierda española, también. Imagínense el recibimiento que habrían otorgado a unos presos sacados directamente de la cárcel en una dictadura de derechas. Coros, danzas y programas especiales en las televisiones propias o amigas. E ingresos mil. Pena que no existan ya dictaduras de derechas y cada vez más de izquierdas. Y que éstas las tengan que buscar en el pasado.


ABC - Opinión

Blanco y el pulpo «á feira». Por M.Martín Ferrand

Anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias, se abre el melón de la crisis.

BUENA parte del pulpo que comemos en España, incluso el que los gallegos consumen en sus fiestas, procede de las costas de Mauritania. El pulpo local, como tantas otras buenas cosas, se extingue. Entre que se reproduce poco, como ajustándose a las costumbres de quienes han de comérselo, y se pesca en demasía no faltará ya mucho para que desaparezca de las barras de los bares buenos y de las pescaderías solventes. En Carballino, Orense, para demostrar que el pulpo, más que marinero, es un producto de interior y de feria, el segundo domingo de agosto se celebra, desde siempre, una fiesta consagrada a tan sabroso octópodo. Ya no es necesario apalearle, y con saña, antes de su cocción porque los congeladores rompen su fibra y le dan ternura con menos esfuerzo del que antes aportaban las paisanas. Lo que se conserva es la costumbre de hervirlos en ollas de cobre y tras una de ellas se fotografió el domingo José Blanco y pudimos verle ayer los lectores de todos los periódicos de España.

Blanco es, entre los de su partido, quien mejor utiliza los argumentos y gestos de naturaleza antropológica para la acción propagandística y, llegado el caso, para el disimulo y el escondite. Aun siendo el número dos del PSOE ha sabido zafarse del desgaste que afecta a Tomás Gómez, alcanza a su jefe y compromete a su compañera de Gobierno, Trinidad Jiménez, con el gesto nimio, pero oportuno, de enseñar un pulpo ya cocido en el momento de salir del fuego y trasladarse a los platos de madera en los que, cortado en rodajas de un centímetro y cubierto de aceite, sal y pimentón consumirán á feira quienes, sabios ellos, llevan la cuenta de los pulpos dominicales que marcan las fiestas del verano en toda Galicia. Lo folclórico no fracasa entre nosotros y Leire Pajín, pardilla con pretensiones cosmopolitas, pagará la cuenta del desafecto de la vieja federación de Madrid.

Póngansele o no cachelos al pulpo que luce Blanco, la suerte está echada. Quiero decir que, anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias socialistas para las autonómicas de Madrid, se abre el melón de la crisis. En ello debe estar ya el presidente del Gobierno, que, antes mártir que confesor, no debe ignorar la liviandad dolosa de muchos de los miembros y miembras que le acompañan. El relevo de Jiménez es un buen pretexto para recolocar las piezas en el tablero monclovita y, si encuentra voluntarios para ello cuando queda poco más de año y medio para cumplir la legislatura, incorporar al Gabinete personalidades de mayor talla y enjundia que la de muchos de los enanitos que hoy se integran en él.


ABC - Opinión

Gómez vs. Jiménez. Zapatero apuesta por Esperanza. Por Humberto Vadillo

Un Tomás Gómez crítico con el zapaterismo podría encontrarse en inmejorable situación para cuando se produzca el "hecho sucesorio": joven, aseado y libre de las servidumbres de Zapatero. El PSOE no puede aspirar a más.

La mayoría de los análisis sobre la pospuesta defenestración de Tomás Gómez parten del error fundamental de asumir que Zapatero quiere ganar las elecciones en Madrid. De hecho, lo que pretende Zapatero es justamente perder las elecciones en Madrid, de ahí que quiera presentar a la Alcaldía a uno de los más grises covachuelistas de Moncloa y a la Comunidad a una persona cuyo único mérito es que ya perdió, con cierto estrépito, unas elecciones en Madrid y ya abandonó, presurosa, la labor de oposición.

Pese a lo bravo del gesto poco es lo que le cabe esperar de las primarias a Tomás Gómez, aparte de encontrarse, pour encourager les autres, vendados los ojos ante un pelotón de ejecución en el que coincidirán la abismal ambición de Blanco y los viles vasallajes de Zapatero. Un peligroso cruce de caminos del que Gómez saldrá, con suerte, rumbo a una Jefatura de Negociado en la Embajada Española ante el Principado de Sealand.


Zapatero ni necesita ganar en Madrid ni puede permitirse que el PSOE gane en Madrid. Una victoria de Tomás Gómez o incluso una digna derrota consolidaría el liderazgo de éste sobre el PSOE madrileño y seguida de una mínimamente eficaz labor de oposición desde la Asamblea en lugar de las habituales espantadas de los cabezas de listas del PSOE reviviría a la tradicionalmente díscola Federación Socialista Madrileña, con un líder legitimado por las urnas, que además habría llegado a este puesto enfrentándose con Zapatero.

Zapatero prefiere, y con mucho, que gane Esperanza Aguirre.

El Zapatero del "aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña" basa su poder político no en los votos madrileños sino en los votos catalanes y lo último que necesita en estas sus horas bajas es la aparición de un PSOE madrileño fuerte que pueda galvanizar las tímidas quejas que contra el líder máximo han comenzado a oírse desde Castilla-La Mancha, Extremadura o Andalucía.

Súmesele a esto que un Tomás Gómez crítico con el zapaterismo podría encontrarse en inmejorable situación para cuando se produzca el "hecho sucesorio": joven, aseado y libre de las servidumbres de Zapatero. El PSOE no puede aspirar a más. Gómez ya ha insultado gravemente la omnisciencia todopoderosa del líder máximo. De aquí a las primarias deberá además enfrentarse a Trinidad Jiménez, guardarse las espaldas de Blanco, temer a la policía de Rubalcaba, desafiar las esperanzas que PRISA tiene permanentemente depositadas en Trini y en Rubalcaba. Muchas bofetadas parecen para Kriptonita Gómez.


Libertad Digital - Opinión

El padrino. Por Eduardo San Martín

Hace bien Tomás Gómez en no fiarse del ojo de Rodríguez Zapatero para escoger candidatos, ni de las encuestas de Ferraz

Hace bien Tomás Gómez en no fiarse del ojo de Rodríguez Zapatero para escoger candidatos, ni de las encuestas de Ferraz. Septiembre de 2006. Unos periodistas desayunábamos en La Moncloa con el presidente. El PSOE seguía sin candidato para la alcaldía de Madrid. Fernández de la Vega había dicho nones y Solana debió haberse partido de la risa. Qué importaba. Zapatero estaba seguro, así se lo decían sus encuestas, de que «ganaremos en Madrid, pongamos el candidato que pongamos», porque, también según esos sondeos, las obras de la M-30 iban a acabar con Ruiz-Gallardón. El elegido para recoger las cenizas del alcalde del PP fue finalmente Miguel Sebastián.

En el resto de la historia debe haber pensado mucho Gómez estos días: la deserción de Sebastián después de una derrota cantada le fue recompensada con una cartera ministerial mientras que él, Gómez, fue llamado para enderezar un partido hecho añicos, entre otras razones, por las intromisiones de la dirección federal. Y ahora le piden que deje paso a una nueva ungida que le aventaja, según esas encuestas que fallan más que la escopeta de El Gañote, unos cuántos puntos en las preferencias de los votantes socialistas. La recompensa a Gómez por haber cumplido más o menos bien con su trabajo es la puerta. Así es Rodríguez Zapatero.

En el PSOE alardean de primarias pero nadie las quiere. Y hacen lo imposible por evitarlas, como se ha visto. Pero, como en El Padrino, un líder autoritario no se puede permitir un no por respuesta: está en juego el meollo mismo de su liderazgo. Con Gómez, Zapatero erró el cálculo y es ahora él, y no Jiménez, otra desertora premiada con un ministerio, quien se faja en la primarias. Y cualquier resultado será malo: si gana, lo habrá hecho con ventaja; y si no, habrá perdido mucho más que un candidato.


ABC - Opinión

¿Lealtad u obediencia?. Por Andrés Aberasturi

Dice Trinidad Jiménez que no es la candidata de ZP en las primarias de Madrid. Dice que si se presenta es porque ella así lo ha decidido después de una larga y profunda reflexión. Dice que siente un gran respeto por Tomás Gómez. Dice de él que ahora es el candidato al que las encuestas dan como vencedor. Dice y dice Trinidad Jiménez porque tiene que quedar bien con todos y eso, naturalmente, es imposible. No sé muy bien si ha sido la lealtad (esa cosa tan casi siempre mal entendida) al líder lo la ciega obediencia la que ha llevado a "Trini" a aceptar semejante marrón.

Quizás me equivoque y de verdad la aún ministra de Sanidad quiera ser presidenta de la Comunidad, pero se me hace duro aceptarlo. No es normal que después de haber fracasado como candidata a la alcaldía, quiera ahora -ella, personalmente- repetir la experiencia frente a Aguirre. No es normal que después de ocupar plaza en la mesa del Consejo de Ministros, donde aun tiene su sitio, y tener su puesto en la banco azul de las Congreso, le entre este arrebato de madrileñismo que resulta casi evangélico: deja todo cuanto tienes, ven y arriésgate o bien a perder frente a Gómez o bien a perder frente a Aguirre. Demasiadas apuestas y demasiado arriesgadas para una ministra bien valorada por la gente pero que se las va a tener que ver, en primer lugar, con sus propios compañeros.


Porque eso pueda que sea lo más duro. Leire Pajín, en su dulce inocencia, aseguraba el otro día que el PSOE siempre había salido fortalecido de las primarias. Que se lo pregunten a Borrell. De las primarias siempre se sale mal, el partido pierde y los candidatos también. Pierde el partido porque hay que hacer campaña y todos sabemos que las cosas que se pueden decir en una pugna electoral. Cuando de quien se dicen es del otro partido, del PP en este caso, ningún problema; lo malo es cuando Gómez y Jiménez se tenga que tirar los trastos a la cabeza por mucho respeto y cariño que se tengan. Todo eso desprestigia al partido y muy especialmente cuando, como en este caso, hay un candidato natural que es Gómez y una impuesta -diga lo que diga- por los mandamases de Ferraz/Moncloa que en este PSOE tanto da.

El partido queda mal, da muestras públicas de sus cuitas y a la luz del ciudadano solo permanece la sensación de que cada uno tira por su lado y lo que todos quieren es poder (que, por otra parte, es la gran verdad). Y si acercamos un poco la lente, veremos que ZP corre también el peligro del fracaso porque su nombre va unido al de su ministra y si fracasa en la primarias Trinidad Jiménez, fracasará con ella ZP al menos en el socialismo madrileño que no es moco de pavo.

Pero el riesgo de fracaso de los candidatos también es evidente y más aun después de todo lo ocurrido estos últimos días. Si gana Gómez ¿que va a ser de Jiménez? No parece fácil su vuelta al Gobierno y hasta resultará complicado buscarla un acomodo fuera del banco azul. Uno o una es minisitro/a y después sólo queda la empresa privada o puestos honoríficos. Pero el panorama de doña Trinidad es aun más complicado porque si gana las primarias a Gómez pero pierde frente a Aguirre, ya habrá acumulado dos fracasos en elecciones que dejan muy difícil su continuidad en política. La decisión que le han tomado a Trinidad Jiménez no tiene mas provenir que ganar, si o si, las dos pruebas.

Para Gómez, un poco de lo mismo. Su obligación ahora es mantener su independencia frente al aparato de Ferraz y ganar el pulso de la primarias porque de otra forma, su carrera habrá terminado antes de empezar. Pero para ganar hay que enfrentarse al gran paquidermo que es el Partido y su diabólica trama de intereses. Tiene razones sobradas para sentirse dolido sino traicionado y sólo le queda encomendarse a los socialistas madrileños que siempre fueron muy suyos y que un desplante como el de ZP puede despertarles de ese letargo dialéctico al que nos tenían acostumbrados en tiempos sin duda más felices por más libres. En ellos está el futuro y los decidirán. Pero que quede claro que una cosa es la lealtad y otra bien distinta la obediencia ciega. Y creo, sinceramente, que Trinidad se ha equivocado.


Periodista Digital - Opinión

ETA. Savater y la confianza en Rubalcaba. Por Guillermo Dupuy

Yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza".

El filósofo Fernando Savater pidió la semana pasada un "margen de confianza" para el ministro del Interior y para su "eficaz" política de acercamientos de presos etarras que, supuestamente, se desmarcan de la banda terrorista a cárceles próximas al País Vasco. No obstante, también ha demandado "transparencia y explicaciones" para que los ciudadanos puedan entender el porqué de todos estos movimientos "para evitar malentendidos y manipulaciones".

Vaya por delante que las aproximaciones de etarras a cárceles del País Vasco que se están llevando a cabo ahora no me parecerían, en principio, menos criticables que los acercamientos que llevó a cabo Aznar –por presión del PSOE de Almunia– durante el también mal llamado, aunque mucho menos infame, "proceso de paz".

Aunque lo que haya demostrado su eficacia sea la política de dispersión, si verdaderamente se ha conseguido con ella que algunos etarras rompan de verdad con la banda, pidan de verdad perdón a sus víctimas y presten su colaboración a una política auténticamente antiterrorista, no tengo objeción a que cumplan íntegramente el resto de su condena en el País Vasco. En este sentido, he de decir que estoy mucho más conforme con que la política de aproximación de los presos –no digamos ya nada de las medidas de reinserción que desgraciadamente contempla la ley– se aplique en función de la evolución individual del preso que no en función de lo que hagan o dejen de hacer en forma de tregua los terroristas que aun siguen en libertad. El problema, sin embargo, es que ni los ciudadanos ni las víctimas tenemos constancia de que esa plausible evolución de los presos se haya producido en esos términos y que tenemos todo el derecho a sospechar en que estamos ante una contraproducente política de gestos que ponen nuevamente en duda la certeza del cumplimiento de la pena y nos ponen en la antesala de la oferta de impunidad.


Es por ello por lo que yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza". De hecho, considero que Rubalcaba debía haber cesado hace tiempo como responsable político del chivatazo policial al aparato de extorsión a ETA, o estar procesado penalmente, en el caso de haber sido él quien dio o transmitió la orden de cometer semejante delito de colaboración con banda armada. Esa desconfianza la hago extensiva a todo gobierno que presida José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que prenegoció una tregua con ETA, adquiriendo con la banda terrorista una serie de compromisos políticos y penitenciarios; el mismo que prolongó dicha negociación con la banda aun después del atentado de Barajas; el mismo que, hace unos días, aun tenía la desfachatez de alabar la negociación con ETA al afirmar que "el proceso de paz fue un instrumento que aceleró las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia, debilitando de una manera clara a ETA".

Aunque Savater reconozca "estar un poco 'quemao' con las cosas que han pasado otros años", el caso es que vuelve a pedir un margen de confianza para un Gobierno que ya la traicionó clamorosamente en el pasado. Así, recordemos que este filósofo ya concedió en mayo de 2005 un ya entonces inmerecido voto de confianza a Zapatero al negarse a secundar una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo que empezaba a movilizarse contra las apenas veladas intenciones del gobierno de dialogar con ETA. Savater trató entonces de justificar su postura contraria a esta manifestación asegurando que en "casa de unos amigos comunes", el presidente del Gobierno le había asegurado unos días antes que había recibido una oferta de ETA para dejar las armas "sin letra pequeña y sin contrapartidas políticas, con la única condición de que se dé salida a los terroristas presos".

Puesto que por aquel entonces Zapatero negaba haber mantenido contacto alguno con la banda, el filósofo se vio en la necesidad de puntualizar sus embarazosas declaraciones, también para evitar "manipulaciones y malentendidos". Así quiso "dejar claro que en ningún momento el presidente del Gobierno se refirió a la existencia de una carta u oferta concreta, sino que hizo referencia a los diversos mensajes que por distintos conductos proceden del entorno etarra". Con esta "aclaración", Savater aun dejó en peor lugar a Zapatero y a sí mismo, puesto que, si el presidente no le estaba hablando de ninguna oferta concreta y confidencial de la banda terrorista, los conocidos mensajes que desde hacía más de un año procedían del entorno etarra decían otra cosa. Tanto en zutabes como en documentación incautada a ETA, así como en las propias declaraciones de los proetarras, de lo que se hablaba es de la resolución de un "conflicto político" cuya "solución exige medidas políticas". Vamos, igual que ahora.

Espero que a estas alturas Savater no considere aun que "dar salida a los presos" puede ser considerado una "solución" ética y eficaz, o que, en sí misma, no conlleve una contrapartida política tan esencial como es el derecho a la Justicia. Así lo han considerado, desgraciadamente, por no tener mayor "contrapartida política", nuestras elites políticas y mediáticas desde la transición. Sé que desde entonces Savater ha aprendido muy sabiamente de muchos de sus errores, en lo que a nacionalismo y política antiterrorista se refiere. Lo que lamento es que aun pida confianza para un Gobierno que ha demostrado –más que ninguno– que no se la merece.


Libertad Digital - Opinión

Primarias para todos. Por Ignacio Camacho

Si las primarias son buenas, han de serlo en todas partes. No vale organizarlas en Madrid y prohibirlas en Andalucía.

PRIMARIAS debería haber en todas partes y en todos los partidos, porque representan la forma más democrática de elegir candidatos y la más respetuosa con la participación ciudadana. El carácter simbólico de Madrid otorga especial relevancia a las que van a disputar los socialistas por más que Zapatero haya intentado evitarlas, o precisamente por eso; fracasada su intentona de calzar a Trinidad Jiménez mediante un gesto cesáreo, el presidente no va a tener más remedio que someterse a reválida a través de persona interpuesta. Otra cosa es que para imponer su capricho haya tenido que violentar dos voluntades: la del irreductible Tomás Gómez, decidido a hacerse valer en su autonomía, y la de la propia Trini, claramente forzada a dar un paso que no le hace maldita la gracia. Ser amigo del líder —como Caldera, López Aguilar o Jordi Sevilla— y contar con su confianza parece la forma más rápida de deshacer en el PSOE una brillante carrera política.

Pero si las primarias son buenas, y lo son, han de serlo en todas partes. No vale organizarlas en Madrid y prohibirlas en Andalucía, como ha hecho Griñán en Málaga, Cádiz, Granada y hasta en Lepe, para imponer candidatos y candidatas de su gusto a despecho de que también lo sean de la militancia. El duelo madrileño ha dejado al presidente andaluz a contrapié: el liderazgo no se impone con gestos autoritarios cuando se puede demostrar con procedimientos participativos. Y si el propio Zapatero ha tenido que avenirse al mandato estatutario nadie tiene ya en el partido coartada para saltarse una norma que es intrínsecamente virtuosa por mucho que los jerarcas del aparato le profesen una aversión desconfiada. O acaso con más razón por ello.

En cuanto al tal Tomás Gómez, inesperado y correoso paladín de la rebeldía orgánica, hay que reconocerle unos bemoles infrecuentes en una nomenclatura pública dominada por el sometimiento mediocre y la obediencia debida. Débil opositor frente a Esperanza Aguirre, se ha crecido cuando los suyos le han querido apartar a empujones y mandarlo a Parla, pese a que su horizonte político se ha vuelto oscuro como la tumba en que yacía el amigo de Malcolm Lowry: o lo liquida Trinidad Jiménez o, si sale vivo del envite, le da la puntilla Aguirre. Más le vale contar con alguna salida profesional digna porque en ninguno de los dos casos puede esperar clemencia de una jerarquía a la que ha desafiado; el presidente del Gobierno es un asesino frío que te ejecuta con la mejor de sus sonrisas y una proclama de buen talante en los labios. Pero al menos si mantiene el órdago se va a poder mirar con dignidad en el espejo de su orgullo, lo que quizá no puedan hacer muchos de sus compañeros. Y aunque hasta ahora se haya mostrado francamente endeble como adversario, quién sabe si no acaba pasando a la Historia como el primero que le ganó unas elecciones a Zapatero.


ABC - Opinión

En defensa de Tomás Gómez. Por Gregorio Peces-Barba

Parece que no existe acuerdo sobre el candidato a la presidencia para las elecciones en la Comunidad de Madrid. Se trata de que la presidenta Aguirre pierda al menos la mayoría absoluta, lo que no parece imposible. Perdimos una gran ocasión cuando se produjo el llamado tamayazo, por la traición de dos diputados que habían sido elegidos en las listas socialistas. El secretario general, compañero Rodríguez Zapatero, vino a Ribadesella a ofrecerme la candidatura y acepté. Sin embargo, los compañeros que entonces dirigían Madrid rechazaron la propuesta y el secretario general no se atrevió a mantener su oferta. Perdimos las elecciones con Simancas de candidato y desde entonces la señora Aguirre ha ido aumentando la diferencia a su favor en sucesivas elecciones. Después de aquella ocasión perdida, la presidenta reconoció que conmigo de candidato ella no hubiera ganado.

Ahora parece posible, aunque no seguro, que pueda perder esa mayoría absoluta. Escribí hace ya varios días al presidente del Gobierno y secretario general expresándole mi opinión para que Tomás Gómez fuese el candidato y que no hubiera más desembarcos de otros terceros. Me consta que otros compañeros le comunicaron que eran de la misma opinión. No tuve ni siquiera acuse de recibo y hemos sabido por la prensa que tiene la pretensión de presentar a la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, que ya fue candidata a la alcaldía de Madrid frente a Ruiz- Gallardón, desgraciadamente sin éxito.


Conozco desde hace muchos años a Trini y a su familia, la admiro y creo que es una excelente ministra. De casta le viene al galgo porque su padre ha sido un magnífico magistrado del Tribunal Supremo, honra de su importante profesión. Sin embargo, no soy partidario de aterrizajes que han sido siempre infructuosos en Madrid. Por otra parte Tomás Gómez ha reconstruido la unidad del PSOE y ha realizado una muy buena labor después de haber sido quizás el mejor y más votado alcalde de Parla. Creo que merece ser candidato y quiere serlo, como ha manifestado al compañero Rodríguez Zapatero. No merece la desconsideración de proponer una candidata alternativa, pero el presidente sigue en su empeño y Tomás Gómez no desiste. Creo que tiene razón el secretario general de Madrid, apoyado por la gran mayoría de las agrupaciones y también por muchos alcaldes como Enrique Cascallana, el buen alcalde de Alcorcón, aunque algún otro ha dicho una cosa y su contraria con pocas horas de diferencia. Al final, la solución mejor ante la tozudez del presidente son las elecciones primarias, si Trinidad Jiménez o cualquier otro compañero o compañera presentan su candidatura aparte de la de Tomás Gómez. Estoy seguro de que, como siempre en el partido, será una competición limpia y no se presionará desde el aparato de Ferraz. Por mi parte, sabe Tomás Gómez que cuenta con mi apoyo en lo que pueda valer y estoy seguro de que también cuenta con la mayoría de los militantes de nuestra querida comunidad.

El País - Tribuna