sábado, 3 de abril de 2010

Crucificando a una nación. Por Alberto Acereda

Obama pone así en un cargo clave a un aliado sindicalista que odia a los empresarios y al capitalismo, pagando así su deuda con los sindicatos que tanto le ayudaron en su elección.

En fechas espiritualmente entrañables como estas que ahora vivimos cerrando la Semana Santa uno quisiera olvidar, al menos por unas horas, la política. Pero ni siquiera en estos días de descanso religioso uno puede mirar para otro lado ante lo que está ocurriendo política y socialmente en Estados Unidos. Por mera y acaso atrevida asociación mental, la conmemoración de la pasión, crucifixión y muerte de Cristo me lleva, sin pretender exagerar y con los debidos respetos, a una suerte de pagana comparación de los mismos hechos pero aplicados ahora sobre el cuerpo social y político de Estados Unidos.

El paralelismo radica en que hay aquí un paulatino intento de la actual administración de crucificar los valores y principios que hicieron grande la nación norteamericana, hasta ahora la más próspera y libre del planeta. No se trata ya de una obsesión semanal de querer ver tan turbio el panorama político estadounidense, sino de la constatación misma que muestran los hechos y las acciones legislativas y ejecutivas que se van tomando unilateralmente desde Washington y bajo el consciente impulso de la Casa Blanca.


Tras aprobarse unilateralmente por los demócratas una de las peores leyes en los últimos cuarenta años, Obama aprovecha ahora el tiempo de descanso del Congreso para colar –como el que no quiere– quince nombramientos de personas allegadas al presidente y que no contaban, ni cuentan, con el apoyo del Senado. Cierto es que este uso no es propio de Obama y tanto los presidentes republicanos como los demócratas han utilizado este método de nominación ante la imposibilidad de obtener la aprobación del Congreso. En sus respectivos ocho años de presidencia, George W. Bush y Bill Clinton lo usaron. Sin embargo, al emplear ese subterfugio, Obama rompe así otra más de sus promesas porque en estos nombramientos no ha habido ni transparencia ni honestidad. Obama fue quien se presentó como el candidato que iba a cambiar las prácticas políticas de Washington y quien, además, criticó este uso de nombramientos en 2005.

Jim Geraghty exponía el otro día en las páginas de National Review las treinta y tres promesas rotas por Obama en apenas quince meses en la Casa Blanca. Recordé entonces lo del "bendecido" y lo del número 33. Y me acordé también del adorado Baltasar Espinosa del célebre cuento El evangelio según Marcos, de Borges. Porque el problema aquí es que los nombramientos anteriores de Clinton o Bush no incluyeron el nivel de sectarismo del que hace ahora gala Obama aprovechando el vacío legislativo y el tiempo espiritual de la Semana Santa cristiana y la Pascua judía, vivida con devoción por millones de norteamericanos.

Los puestos nombrados a dedo por Obama incluyen a miembros claves y entre los designados aparece el polémico abogado Craig Becker, otro amiguete personal del presidente en sus años por Chicago, colocado ahora en la Junta Nacional de Relaciones Laborales. Obama pone así en un cargo clave a un aliado sindicalista que odia a los empresarios y al capitalismo, pagando así su deuda con los sindicatos que tanto le ayudaron en su elección. Con Becker, Obama busca su anhelado deseo de controlar a las masas suprimiendo el voto privado de los obreros dentro de los sindicatos con la mal llamada "card check", o sea negar la libertad y confidencialidad de la elección.

Este nombramiento no viene solo, ni resulta una excepción. Forma parte de la paulatina crucifixión de la libertad de la nación estadounidense por parte de Obama a través de nombramientos de los llamados "zares" en su administración, cargos que no pasan por ninguna votación en el Congreso y que Obama ha empleado con mucha mayor frecuencia que otros presidentes. Y otra vez aquí, colocando en esos puestos a radicales ideólogos de la izquierda más abyecta. La lista de esos "zares" ronda la cuarentena y hace oídos sordos a la segunda sección del artículo II de la Constitución y a la necesaria revisión de los nominados. Obama tiene zares para todo: desde el zar de la "diversidad" hasta el zar de las escuelas "seguras", pasando por el zar de los "empleos verdes". Cuando uno examina los "zares" nombrados por Obama para esos puestos, vuelve otra vez a la mente lo de la crucifixión de esta nación. Como el Baltasar Espinosa del cuento de Borges, Obama cree que trata con un pueblo analfabeto.

El zar de las escuelas "seguras" es Kevin Jennings, un activista obsesionado con la promoción de la homosexualidad entre niños y jóvenes. El zar de la "diversidad" en las telecomunicaciones es Mark Lloyd, quien no cree en la libertad de expresión y reclamó que a los blancos había que quitarlos de puestos de importancia y favorecer a las minorías étnicas y sexuales. Eso, aparte de apoyar el antiamericanismo y las políticas de Hugo Chávez. El zar de los "empleos verdes", también elegido por Obama, era Van Jones: un confeso marxista que tuvo que dimitir tras saberse que había firmado un manifiesto culpando a Bush del 11-S y haber insultado a los republicanos. El zar de la "ciencia", John Holdren, cree que la esterilización es una medida legítima para el control de la población. Y, por dar sólo un ejemplo más, el zar de la "salud", Ezekiel Emanuel, apoya el racionamiento de la atención médica dando prioridad a quienes participen plenamente en la sociedad y dejando fuera si hace falta a los ancianos.

Estos son sólo algunos de los asesores de Obama, como el citado Craig Becker, nombrado a dedo en el descanso legislativo del Congreso y cuando los ciudadanos se disponían a conmemorar sus religiones en estas fechas. Con estos centuriones, Obama sigue intentando poner clavos en el cuerpo de Estados Unidos. Por fortuna, los norteamericanos no se duermen y el galpón de América ya está sin techo. Muchos, como los Gutres del cuento de Borges, han empezado ya, con conocimiento, a arrancar las vigas para iniciar el rescate de América este noviembre...


Libertad Digital - Opinión

A pagar los daños

La tasa que gravará a la banca europea debe dar paso a una mayor coordinación económica

Por muy escarmentados que hayan quedado los bancos que causaron y amplificaron la crisis financiera global que emergió hace casi tres años, ésta no será la última que sufra la economía mundial. La inestabilidad financiera es consustancial al sistema económico. Pero lo que sí puede hacerse es prevenir y, sobre todo, disponer de los medios para que quienes generen las crisis sufraguen al menos la mayor parte de sus costes. Eso es lo que pretenden los Gobiernos alemán y francés con la decisión de imponer una prima de seguro a los bancos para financiar posibles rescates bancarios en el futuro. Con este fondo, calculado en Alemania en 1.200 millones de euros anuales, se aliviará la perversa paradoja de que sean los contribuyentes los que corran con los costes de salvar aquellos bancos que han actuado al margen del rigor técnico en la gestión de riesgos o que han vulnerado la propia regulación.

El paso tomado el pasado miércoles responde al compromiso tomado por los gobiernos del G-20. Además de imponer el principio de que pague quien destroce, es necesario regular de forma muy estricta las actuaciones de los agentes financieros que pueden conducir a pérdidas de bienestar como las que ahora sufren las poblaciones de buen número de países. La Administración americana ya propuso hace un par de meses una tasa similar, pero destinada a recuperar durante los próximos 10 años la financiación pública empleada en los salvamentos ya realizados.

Que la decisión franco-alemana se haya adoptado en un Consejo de Ministros alemán al que ha acudió la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, transmite el mensaje de que las políticas económicas europeas necesitan una coordinación mínima que hasta ahora no se ha producido, ni siquiera sugerido. Coordinación que ojalá se extienda al resto de políticas económicas y a las demás economías de Europa y de la OCDE. Llega además cuando persisten las secuelas del pánico provocado por la crisis griega y en un momento político oportuno, cuando en Europa se han desatado las reticencias y los celos por el permanente superávit comercial alemán.

Esta nueva modalidad de la tasa Tobin no debería ser el último paso. En un entorno de movilidad internacional total de los capitales, el arbitraje regulador inducido por diferentes normas nacionales es pernicioso para la asignación de recursos financieros y acaba generando tensiones proteccionistas nada convenientes.

España, además de tomar buena nota del mecanismo propuesto, debería aprovechar su periodo de presidencia española para europeizarlo. Cierto es que el predicamento español en la resolución de problemas con las entidades de crédito no está en su mejor momento, como prueba la indecisión en las recapitalizaciones de bancos y cajas. Pero esta iniciativa franco-alemana merece trasladarse al próximo encuentro del G-20 al que España podrá seguir accediendo en su calidad de presidente de la UE.


El País - Opinión

El PSOE, otro riesgo para la libertad religiosa

Los socialistas siempre han utilizado la cortina de humo de la "ampliación de derechos sociales" para conculcar las libertades más básicas de los ciudadanos. En el caso de la libertad religiosa, tampoco cabe esperar otra cosa.

Suele decirse que podemos concebir la libertad desde perspectiva positiva o negativa. Según la primera, el ser humano es libre sólo cuando alcanza sus fines y según la segunda, cuando nadie le impide alcanzarlos. Aunque en apariencia ambas concepciones no se diferencian demasiado, la libertad en un sentido positivo, tal y como han destacado numerosos filósofos liberales, conduce a la anulación de la libertad en un sentido negativo.

Por ejemplo, la libertad de expresión, entendida como un derecho absoluto a expresar opiniones en cualquier ámbito provocaría en la práctica la obligación de los propietarios de los medios de comunicación de dar publicidad a todas las opiniones que llegaran a su redacción. Es decir, supondría la anulación de su libertad para gestionar su propiedad y para marcar la línea editorial de su grupo. En realidad, pues, sólo cuando entendemos esta libertad en su sentido negativo –esto es, que a ninguna persona se le pueda impedir crear su propio medio de comunicación y expresar desde allí sus opiniones– adquiere verdadero significado.


Lo mismo cabría decir con respecto a la llamada libertad religiosa. Desde antaño, esta libertad venía significando que el Estado no debía inmiscuirse en la vida interna de ningún credo, pudiendo los ciudadanos vincularse y desvincularse de cualquier confesión sin injerencias políticas o de otros ciudadanos. En otras palabras, la función del Estado no es ni la de servir de instrumento para el proselitismo de una determinada religión, ni la de facilitar su implantación, ni la de imponerla al resto de los ciudadanos. La auténtica libertad religiosa se alcanza cuando las religiones pueden desarrollarse de manera autónoma sin interferencias externas que pueden venir tanto de las autoridades como de otros fanáticos.

El Gobierno socialista lleva desde hace varios meses preparando una nueva Ley de Libertad Religiosa bajo el pretexto de dar mayor cabida al "pluralismo religioso". Así, según se especula, el Ejecutivo podría obligar a las escuelas públicas a retirar todos los crucifijos o a los ayuntamientos a ceder suelo público de manera gratuita para construir los templos de las distintas confesiones. O dicho de otra manera, el Estado tratará de distribuir discrecionalmente el espacio público entre las distintas confesiones, reprimiendo cuando lo desee a algunas de ellas (por ejemplo impidiendo que los padres decidan mantener los crucifijos en una determinada escuela) y promoviendo a otras (por ejemplo, regalando suelo público para la construcción de mezquitas).

Es evidente que los ideales del PSOE nunca se han visto influidos por una concepción negativa de la libertad. Más bien al contrario, los socialistas siempre han utilizado la cortina de humo de la "ampliación de derechos sociales" para conculcar las libertades más básicas de los ciudadanos. En este caso tampoco cabe esperar otra cosa. La Ley de Libertad Religiosa se nos venderá con la excusa de que hay que racionalizar el uso de los espacios públicos por parte de las religiones y lo que en realidad nos ofrecerá será un mayor control por parte del Estado de esos espacios públicos para promover la visión multiculturalista y relativista que inspira todas las acciones de este Gobierno (y cuyo paradigma es precisamente la llamada "Alianza de Civilizaciones").

Nadie niega que los espacios públicos deban racionalizarse en tanto son susceptibles de usos múltiples y conflictivos. Pero para ello existen distintas herramientas que van desde gestionarlos según la tradición a cederlos progresivamente no a las Administraciones Públicas, sino a las comunidades y a los vecindarios; todo lo cual sería mucho más respetuoso con las libertades individuales que ceder el ejercicio de la libertad religiosa al Estado.

Si el PSOE quisiera de verdad garantizar la libertad religiosa de los españoles se dedicaría a combatir los auténticos riesgos que existen para la misma, como la proliferación de un islamismo radical que no tolera fe distinta a la suya. Pero dado que no le interesa que a los ciudadanos no se les impida seguir su credo, sino que quiere imponerles el propio, lo más probable es que convierta la reforma de la Ley de Libertad Religiosa en un nuevo y enorme peligro para la misma.


Libertad Digital - Opinión

El nazareno de León. Por Carlos Herrera

AUNQUE ahí no haya nacido, El Nazareno es leonés; leonés como Ordoño III, como Doña Urraca, como Sancho I, como Rodolfo Gaona o como San Isidoro, que, aunque sevillano de nación, descansa la noche de los siglos en la monumental colegiata románica que lleva su nombre.

Cualquier leonés sabe quién es El Nazareno, imagen de Jesús reconstruida tras un incendio en tiempos de la Guerra de Independencia, de origen desconocido, sin que hasta ahora nadie se explique cómo unas manos pudieron hacer de su cabeza la forma de un hombre sin pasado documental, muy alto para su época. Cualquier leonés sabe que El Nazareno produce a todos un sentimiento inexplicable, difícil de definir. Esta mañana de Viernes Santo, cuando vuelve a las calles con su cortejo procesional, El Nazareno de León encarna el destino maldito que la vida dispone para los que se sacrifican en revoluciones sólo comprendidas con el paso de los siglos: se le ve pasar, encorvado, cansado, camino del Calvario. Y con él vamos todos. Pero todos, todos. Sólo unos días atrás, la muchedumbre le recibía abrumándole con palmas y hoy, ya ven, Viernes Santo, le escupen, le pegan, le flagelan, le humillan, se ríen de Él. De Santa Nonia está saliendo ahora mismo, camino del Parque de San Francisco, y aunque discurra por fuera, la Procesión también va por dentro. Lo llevan braceros sobre los hombros y, aunque el capillo impide que veamos su rostro, se adivina el cansancio por tan pesada carga a través sólo de sus ojos. El Nazareno pesa, y cada paso que se da, el peso se multiplica.

Al Nazareno de León, en su cortejo procesional, le acompaña, entre otros pasos, La Flagelación: atado a la columna, este hombre es azotado y, después, coronado de espinas, y en su rostro se adivina el dolor estoicamente soportado de quien viviera durante unos años predicando la buena nueva y reinterpretando la Palabra de Dios en un mensaje repleto de un ansia infinita de paz. Paz en la Alianza nueva y eterna que la civilización se debía a sí misma. Que se debían todas las civilizaciones. Impresiona verlo sentado en un sitial del pretorio entre sayones y sanedritas. Aquellos eran tiempos para pocas líricas, en los que los poetas visionarios, los profetas iluminados, los augures confiados y pajareros que abarrotaban los púlpitos de calle sabían que serían carne de Cruz y Gólgota. El Ecce Homo, paso que prosigue, evidencia en su sangre inagotable el padecimiento que la Historia le tenía deparado. He aquí el hombre, y se preguntaba Pilatos: «¿Creéis que es el culpable?». Y la caterva, el gentío bramaba que sí.

Viernes Santo en León: La Oración en el Huerto, El Prendimiento, La Verónica... y El Expolio. Acompañados por dos mil quinientos «papones», los pasos sobrecogen a la multitud. El Expolio simboliza a un Nazareno desnudo al que le han quitado lo poco que le quedaba, y todos aquellos que se sienten víctimas de cualquier expolio a cuenta de los vaivenes de la vida, de cualquier robo de ilusiones o de bienes, ven en la figura de ese «torero» -parece que vaya a dar un lance- el símbolo de su hacienda recortada, moral o material. Después de esa certeza, después de que el populacho le haga responsable de todo el mal que pueda caer sobre la tierra, al Nazareno sólo le espera La Crucifixión, la máxima soledad, el máximo abandono de sus incondicionales, sólo roto por los últimos cuatro fieles, su Magdalena, su Nicodemo, su Madre, su José de Arimatea. Nadie, de todos aquellos que escuchaban sus sermones fervientemente, ha quedado en la cima del Calvario soportando el aguacero tormentoso. Dicho en román paladino, la que está cayendo.

Y, finalmente, La Agonía. El paso que más evidencia el estertor de un sueño. Una larga, cruel Agonía para un hombre solo. Una cruel metáfora de los tiempos, dos mil años después.


ABC - Opinión

viernes, 2 de abril de 2010

Potemkin en España. Por José María Carrascal

Y para Haití, 346 millones de euros. Es lo que ha prometido España para la reconstrucción del devastado país caribeño.

La tercera aportación, tras la de Estados Unidos y Canadá. La mayor de Europa, más que la de la rica Alemania, casi el doble que la de Francia (180 millones), que tantos lazos tiene con Haití. Y ante tanta generosidad me pregunto: ¿Estamos en condiciones de prestar esa ayuda? Pues con la mayor tasa de paro en la Comunidad Europea después de Letonia y el Banco de España advirtiendo que no sólo este año, sino también el que viene serán malos, ya me dirán ustedes si estamos para tales dispendios. Bien está la caridad, pero tiene que empezar por casa, y con millones de españoles que han perdido el empleo y otros a punto de perderlo, estos alardes no es que sobren, es que resultan escandalosos.

Pero representan el paradigma de la política de Zapatero. Una política basada en los deseos más que en los hechos, en el talante más que en las cifras, en las fantasías más que en las realidades. «Castillos en España» llaman los ingleses a este tipo de figuraciones. Hay otra expresión sacada de la historia que las define mejor: «Poblados Potemkin», las falsas villas que Grigori Alexandrovich Potemkin, favorito y primer ministro de Catalina de Rusia, iba montando en las riberas del Volga al paso de la zarina. Zapatero, sus potemkines y potemkinas levantan a diario una economía de bambalinas ante nuestros ojos maravillados. Los españoles hacemos que nos lo creemos, por no confiar ya en nuestros políticos, pero mientras el Gobierno siga gastando el dinero a chorros, iremos tirando. Pero los extranjeros, no. En el extranjero, estos alardes de un Gobierno y de un país que todos saben en apurada situación económica producen una impresión penosa. Y no me refiero sólo a ayudas como la de Haití. Me refiero al boato que estamos desplegando en conferencias de todo tipo a la sombra de la presidencia de turno europea.

Ningún país de la comunidad, y menos en tiempos de crisis como los que corren, se ha gastado más en reuniones de este tipo durante su presidencia rotativa, tan efímera como precaria. Son encuentros de rutina, y así se celebran. Como ninguno se ha mostrado tan espléndido a la hora de aportar ayuda a cualquier iniciativa internacional, con tal de que suene bien y luzca mucho. Si sirve para otra cosa que para figurar en el club de los ricos y poderosos no parecen preguntárselo. Les importa la apariencia, no la sustancia. Recuerdan aquellos hidalgos arruinados que repartían con énfasis limosnas entre los pobres a la salida de la iglesia, aunque luego tuvieran que prescindir del almuerzo. Con una importante diferencia: aquellos hidalgos daban su dinero a los pobres. El Gobierno de Zapatero les da el nuestro.


ABC - Opinión

El problema principal. Por Agapito Maestre

Los políticos españoles son la principal carga del sistema democrático. Los ciudadanos no confían, sencillamente, en sus políticos, porque ocupan las instituciones en beneficio propio.

Salvo raras excepciones, los políticos españoles conforman una casta que está acabando con la política y, por supuesto, tiene secuestrado el sistema democrático. Nadie más entusiasta de la política que este cronista, pero pocos serán más críticos que yo con la casta política que tiene secuestradas todas las instituciones. Por fortuna, empiezan a ser reiterativas las encuestas del CIS en un asunto que confirman mi diagnóstico político. El CIS lleva tiempo interpelando a los políticos con los resultados de sus investigaciones, pero la mayoría de ellos no quiere tomarse en serio el asunto, o peor, ocultan con engaños, mentiras y falsificaciones el "espíritu profético" de esta institución. He ahí otra prueba, por si no fueran suficientes los datos aportados por Instituto Oficial sobre la "maldad" que perciben los españoles en los políticos.

Pocos son los profesionales del poder que se sienten concernidos por esos resultados y, por desgracia, abundan los que se ocultan lo obvio con un cínico: "Los políticos son un reflejo de la sociedad". Mentira. La sociedad ha descubierto ya esa mentira como indican estas encuestas que tienen poderes proféticos. En efecto, estoy de acuerdo con Maquiavelo cuando mantiene que todo gran acontecimiento ha sido siempre, de un modo u otro, anunciado. Y si en verdad el espíritu profético es natural al hombre, entonces ninguna encuesta que se precie renunciará jamás a penetrar en el porvenir. El gran acontecimiento de nuestro sistema político es que los políticos tienen bloqueado el sistema democrático.

Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas son paradigmáticas, e incluso reiterativas, en esa predicción, a saber, la "clase" política es un problema. Es la principal conclusión del último barómetro del CIS. La mayoría de los encuestados consideran que la situación política general de España es mala. Por quinta vez consecutiva, en efecto, los políticos aparecen como uno de los principales problemas de los españoles, según el barómetro de marzo. Y, junto con el "movimiento ocupa", los partidos políticos son estimados, o mejor, desestimados por los encuestados hasta ocupar los últimos lugares en una escala de 0 a 10.

Pero, por favor, nadie se engañe con datos y más datos, quédense con lo fundamental: los políticos son un problema. Ojo que no se trata de que los ciudadanos responsabilicen o culpen a los políticos de muchos de sus problemas, sino de que la casta política es percibida como un problema. He ahí el asunto central de la encuesta, pero la hipócrita casta política tergiversa el asunto. El paro, el terrorismo y los políticos son, repitamos las veces que haga falta, los tres grandes problemas.

En fin, los políticos españoles son la principal carga del sistema democrático. Los ciudadanos no confían, sencillamente, en sus políticos, porque ocupan las instituciones en beneficio propio y están lejos de cualquier proyecto sensato para regenerar el falso tejido democrático.


Libertad Digital - Opinión

El retorno de Cascos. Por M. Martín Ferrand

NI sus más encarnizados adversarios políticos, que los tiene dentro y fuera del PP, podrían decir que Francisco Álvarez Cascos sea un personaje vaporoso, inconsistente.

El que fue secretario general del partido que refundó José María Aznar, es un hombre sólido y nada vanilocuente. Es decir, lejano de la fauna militante y rectora de la que, con pocas excepciones, se ha rodeado Mariano Rajoy en su larga carrera hacia ninguna parte. La compañía de los fuertes y cabales es incómoda para los líderes sin hambre de victoria y, quizás por eso, Cascos pudo ser un perfecto lugarteniente de Aznar, el hombre que estructuró el gran partido del centro derecha español, y difícilmente podría dormitar en el balneario político en que se han instalado quienes parecen preferir el sosiego de la oposición a la abrupta dureza del ejercicio del poder.

Escondidas en la paz más vacacional que procesional de la Semana Santa, suenan voces que anuncian el retorno de Álvarez Cascos a la política activa. En Asturias ya dan por hecho que será la cabeza del PP en la próximas elecciones autonómicas. Según sus íntimos, no anda escaso de ánimo y, militante disciplinado, sólo aguarda el modo y las formas oportunos para volver por donde solía.


No seré yo quien se entrometa en asuntos de familia, que estas gentes del PP son díscolas con los próximos, lejanas con los cercanos y especialmente arisca con quienes les recuerdan que representan a más de diez millones de votantes y constituyen la alternativa que sustenta la democracia en la que estamos instalados.

La vuelta de Cascos sería una buena noticia en nuestra lánguida vida política en la que cada cual, como en el juego de Antón Perulero, atiende a su juego. A Rajoy, como se comprueba en sus seis largos años de jefe de la oposición, no le gustan las compañías bravas y enérgicas, capaces y tozudas. De hecho, las ha ido apartando y neutralizando como principal constante en su quehacer partidista; pero la guerra necesita combatientes y la Nación, líderes capaces de ilusionar a los ciudadanos y pretender metas de progreso y bienestar. Supongo que, en la calle Génova de Madrid, el aparato funcionarial de la gaviota estará temblando, pero no tiene por que inquietarse. Cascos, si es que vuelve, lo hará para ser presidente del Principado y culminar una larga historia familiar de presencia astur. En Génova podrán seguir sesteando.


ABC - Opinión

La debacle española. Por Florentino Portero

El proyecto Zapatero-Moratinos está definitivamente muerto porque, aunque sigue contando con un apoyo interior importante, fuera de nuestras fronteras ha perdido todo crédito y autoridad.

Nos hicieron vivir con ansiedad la llegada de la presidencia española de turno de la Unión Europea. Iba a ser la gran tapadera que ocultaría el desastre de la gestión económica del Gobierno, al tiempo que daría la oportunidad a Rodríguez Zapatero de, por fin, demostrar en sede europea su innato liderazgo. Cuando todavía no ha concluido el semestre español no sólo no se ha producido aquél fenómeno astrofísico que nos adelantó –ella sí que es un fenómeno– la señora Pajín, es que hemos dejado de hablar del tema. Nuestro presidente ha sido apartado de la alta magistratura a la que había accedido por mérito temporal en una discreta maniobra de los estados que mandan, Francia y Alemania, y los personajes que tratan de asentar sus reales, Van Rompuy y Lady Ashton. La liviandad intelectual de nuestro insigne líder, las ocurrencias de nuestro canciller y el currículo económico presentado nos ha llevado al rincón de los torpes, donde quedan relegados los que carecen de la autoridad requerida para participar en la dirección de los asuntos de común interés.

Un hecho reciente no sólo prueba esta triste situación, sino que además nos sirve de adecuado marco para escenificar la debacle de la diplomacia española ensayada por Moratinos y auspiciada por Rodríguez Zapatero. El primero se propuso dirigir a la Unión por el camino de la modernidad, levantando la Posición Común sobre Cuba y facilitando al régimen comunista, dirigido por los hermanos Castro, unas cómodas relaciones con Europa. Otra cosa, como señaló en sede parlamentaria, sería un anacronismo, un ejemplo de formas superadas de ejercicio diplomático. No sé si tamaño enunciado llevará a nuestra izquierda a una revisión de sus posiciones historiográficas hasta el punto de agradecer al Vaticano y a Estados Unidos el giro dado en 1953 con la aprobación del Concordato y los Convenios, que según parece eran avanzadillas de una nueva diplomacia que nuestros progres no supieron entender a tiempo. Lo que sí parece bastante claro es que nuestros socios europeos prefieren acogerse a las viejas fórmulas, lo que implica dejar como está la Posición Común y esperar a que los comunistas cubanos muevan ficha antes de realizar cambio alguno.

El ridículo ha sido de dimensiones históricas. Moratinos convocó una cumbre Unión Europea-Cuba en su calidad de jefe temporal de la diplomacia europea. El pobre no se había enterado que de la presidencia europea no quedaban ya ni las raspas. Ni Lady Ashton ni los dirigentes cubanos han mostrado intención de asistir. Eso sí que es capacidad de convocatoria. No sé si la señora Pajín lo calificaría de ridículo galáctico, pero nadie le puede negar sus repercusiones globales. Desde la Transición hasta hoy nunca habíamos tocado tan bajo y lo malo es que no se intuye cuándo saldremos de este túnel.

El proyecto Zapatero-Moratinos está definitivamente muerto porque, aunque sigue contando con un apoyo interior importante, fuera de nuestras fronteras ha perdido todo crédito y autoridad. Y falta lo peor, la bronca económica que nos espera a la vuelta de la esquina. Atrás queda el abandono de una visión sólida de los intereses de España en el mundo y la implantación de una política alternativa asentada en prejuicios progres. En el mejor de los casos tardaremos décadas en recuperar el prestigio perdido. Lo malo es que ese caso no se va a dar.


Libertad Digital - Opinión

Cuba y el terrorismo

LA posición de Estados Unidos sobre la relación del régimen castrista con diferentes grupos terroristas y las consecuencias políticas que ello ocasiona constituyen un marco de referencia extraordinariamente valioso.

España debe estar agradecida por esa posición inconfundible de Washington en lo que nos afecta más directamente y ha de extraer las consecuencias de lo que significa que Cuba siga en la lista de los países que apoyan el terrorismo. Por un lado, el intercambio de cartas entre la Casa Blanca y el congresista McGovern demuestra que la Administración Obama no ha tenido ningún plan para allanar el camino de las relaciones con Cuba más allá de los intentos de resolver problemas migratorios que se conocen, y en segundo lugar, que en Washington sí que se toman en serio el hecho de que haya miembros de la banda terrorista ETA fuera de control en territorio cubano. Es por lo menos sorprendente que Estados Unidos se tome más interés que el actual Gobierno español en un asunto que nos afecta directamente. Y si el argumento para intentar normalizar las relaciones de la UE con Cuba era que Obama podría tomarnos la delantera, ya se ha visto que no hay nada que temer.

Por extensión de este principio, se puede deducir que lo que está pasando en Venezuela puede acabar teniendo los mismos efectos. Es decir, que lo que hace el Ministerio de Asuntos Exteriores buscando todos los pretextos para dilatar la reclamación del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, es lo contrario de lo que hace Washington con Cuba. Venezuela no está en la lista de países que apoyan el terrorismo, pero las pruebas que se acumulan sobre la relación entre el régimen chavista y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) -incluyendo las que provienen de la Audiencia Nacional- pueden obligar a la Casa Blanca a cambiar las cosas, a pesar de las implicaciones económicas que podrían desencadenarse. La cuestión para el Gobierno español es si está dispuesto a apoyar a Estados Unidos, si llega el caso, o preferirá seguir ignorando el daño que causan a la estabilidad de toda Iberoamérica sus atrevidas relaciones con Hugo Chávez y todos sus satélites.

ABC - Editorial

El caso Neira. Por Rafael Torres

Nada de lo que diga Jesús Neira, ni siquiera que va a pedir una licencia de armas, empañará el valor del acto cívico que casi le costó la vida.

Sin embargo, muchos de quienes admiraron su conciencia y su valentía el oponerse de palabra al maltrato que un tipo infligía en la calle a su novia, lamentan la deriva del profesor, al que un micrófono, ciertamente, le sienta como a un cura dos pistolas.

La popularidad buena que se granjeó por su acción, por la cobarde agresión de que fue objeto y por su largo tormento hospitalario, se va desdibujando con las cosas que dice y, sobre todo, por cómo las dice, con un desabrimiento innecesario aunque pudiera ser comprensible, de suerte que a la mayoría le es difícil reconocer en éste Neira aquél otro que dió una lección de ciudadanía. O dicho de otro modo: éste Neira cae tan mal como bien cayó cuando la gente supo, en circunstancias tan dramáticas, de su existencia.


Jesús Neira, en efecto, cae fatal, e incluso en ciertos sectores del PP, ese partido que practica un peligroso populismo fichando política y sectariamente a toda clase de víctimas, incomoda su tono un punto arrogante y dos histriónico. Sin embargo, convendría conjurar el riesgo de demonización del personaje no sólo por lo inicuo que es de suyo demonizar a las personas, sino porque podría darse la circunstancia de que el señor Neira dijera algo interesante.

Es más; ya la ha dicho, concretamente que la Constitución del 78 fue "una anomalía democrática" pues no se eligieron Cortes Constituyentes para elaborarla, como debe hacerse en democracia. El hombre, que es profesor de Derecho Constitucional, sabe técnicamente de lo que habla, pero hete aquí que alguien del PSOE ha pedido su destitución del cargo que le regaló Esperanza Aguirre por decir cosas feas. Podría darse el caso, incluso, de que Neira, desagradable y todo, haya dicho otra cosa puesta en razón: que sus debeladores son, en el caso que nos ocupa, una pandilla de ignorantes.


Periodista Digital - Opinión

Estado -generalizado y doblemente preocupante- de corrupción. Por Federico Quevedo

Algunos lectores de este diario se empeñaron el otro día en no entender mis razonamientos sobre el caso Matas, a pesar del empeño que puse en reiterar que en ningún caso pretendía exculpar su comportamiento que deberá ser objeto de atención judicial. Pero el caso Matas y las circunstancias que le rodean ponen de manifiesto que no se trata de un hecho aislado -ojalá lo fuera-, sino una evidencia más de que nuestra democracia sufre de una grave enfermedad llamada corrupción, corrupción generalizada e insertada en prácticamente todas las esferas de poder del país.

Hay corrupción en la política, sin lugar a dudas, y es probablemente ahí donde se percibe en mayor medida y donde convergen todas las formas de corrupción, desde la económica hasta la sistémica. Hay corrupción en la justicia, donde se vulneran de manera sistemática las reglas de juego del Estado de Derecho y se ha enterrado la división de poderes. Hay corrupción en los medios de comunicación, entregados a causas impropias de su deber para con la sociedad y dedicados a tapar la corrupción de unos para resaltar la del contrario. Hay corrupción institucional, de la cabeza a los pies del sistema, desde la Corona hasta el último ayuntamiento perdido en lo más inhóspito de nuestros parajes.


Hay corrupción pequeña y grande. Hay quien se vende por un plato de lentejas y quien lo hace por ciento y miles de millones de euros, hay quienes abandonan el poder y se dejan seducir por empresas que les utilizan como lobistas de lujo, hay quienes se escudan en su poder institucional para actuar contra los principios y las reglas del juego democráticos, hay quienes se amparan en sus cargos como funcionarios públicos para creerse por encima de la misma ley que dicen aplicar y defender. Hay quienes obvian el mandato de las urnas para hacer lo que les viene en gana, hay quienes desoyen a los parlamentos y a los ciudadanos porque creen que una vez elegidos están ahí por méritos propios y no por delegación de la soberanía nacional, hay quienes retuercen las leyes y las normas para aplicarlas a su antojo, hay quienes piensan que el dinero público no es de nadie y pueden hacer con él lo que quieran...

Todo esto ocurre todos los días a nuestro alrededor, en nuestros ayuntamientos, en nuestros parlamentos, en nuestros gobiernos autonómicos y central, en nuestros juzgados, en nuestra policía, en nuestros altos tribunales, en nuestra función pública, en nuestro sistema financiero, en nuestras empresas, en nuestros organismos de control y de regulación, en nuestros medios de comunicación... Prácticamente no se salva nadie.

Hartazgo ciudadano con el sistema

¿Qué hacemos? Aparentemente esta sociedad aborregada y aletargada parece limitarse a observar y mirar para otro lado ante tanta evidencia de abuso de poder y corrupción, pero en los últimos meses los sondeos de opinión empiezan a reflejar un cierto hartazgo social de nuestra clase política, y creo que los ciudadanos cuando sitúan a los políticos como el tercero de sus problemas, por detrás del paro y la situación económica, lo que están haciendo es personificar en nuestros parlamentarios, ministros, concejales, alcaldes y presidentes de gobiernos su malestar y su desencanto generalizado con el sistema.

Con todo el sistema, desde el Rey hasta el último concejal de nuestro país, desde el sistema parlamentario hasta el judicial, desde la prensa hasta los bancos y las cajas, desde los sindicatos hasta los empresarios, porque todos ellos parecen haberse instalado en una especie de dolce farniente del sistema en el que es muy fácil recibir sin dar nada a cambio, y en ese nada a cambio se incluyen las obligaciones propias de los cargos para los que son elegidos.

El caso Matas es un paradigma de todo esto, no solo en lo que afecta al propio ex presidente del Govern Balear, sino por todo lo que le rodea, desde el juez que instruye el caso, hasta la clase política de las islas, pasando por los medios de comunicación, los empresarios, los mecanismos de control, los partidos políticos... Lo que hagamos para superar esta crisis del sistema democrático va a depender de nosotros mismos, no de los políticos y sus pactos imposibles. No puede atacar la corrupción del sistema quien la ha favorecido y potenciado, de ahí que esa exigencia deba partir de la propia sociedad y de mecanismos alternativos a la política para ponerla en práctica.


El Confidencial - Opinión

Los delirios de Gómez. Por Alfonso Ussía

Tomás Gómez, ese ser anodino que se mueve por Madrid en nombre del socialismo, no sabe qué hacer para arremeter contra Esperanza Aguirre.

Ahora ha tenido la ocurrencia de hacerlo utilizando al profesor Neira, lo que da idea de su poca clase y peor gusto. Gómez va de un lado al otro despotricando mientras la ciudadanía no se interesa por la identidad del despotricador. Lo primero que tendría que hacer Gómez para que sus despreciables exabruptos tuvieran impacto y acogida es colgarse del cuello un cartel en el que pudiera leerse sin faltas de ortografía el siguiente y fundamental mensaje: «Soy Tomás Gómez». De esa manera, la buena gente de la calle, o al menos, una parte de ella, tendría opción de preguntar a la persona más cercana en ese preciso y circunstancial momento. «¿Quién es Tomás Gómez?».

Así, poco a poco, llegaría a los aledaños de las elecciones con un mediano porcentaje de conocimiento popular, que en estos momentos es bajo. Claro, que una cosa es el conocimiento y otra la popularidad y la aceptación social, insignificantes ambas en la persona de Gómez. Preocupados andan en el PSOE con el candidato que eligieron para Madrid. Tan preocupados que todavía no es ni candidato oficial. Para mí, que no voy a votar a las listas socialistas ni con una pistola besándome una oreja, que es mejor candidata Maru Menéndez, la rellenita. Tiene algo de pechugona y castiza que gusta al pueblo. Es arrabalera y faltona, muy del agrado de las viejas corralas y rincones de mentideros. Sucede que entre las corralas y los rincones de los mentideros de Madrid no se alcanzan ni quinientos votos, y de esos quinientos, cuatrocientos son para el Partido Popular. Madrid se le ha atragantado al PSOE, y el PSOE se atraganta aún más con sus precipitaciones en busca de la persona adecuada para combatir a la mujer liberal del Partido Popular. Un tipo que insulta y da lecciones a un ciudadano ejemplar como el profesor Jesús Neira para herir el prestigio de Esperanza Aguirre no tiene nada que hacer.

Por lógica, cuando un «progresista» intenta envilecer la figura de un hombre que ha defendido a una mujer de una agresión machista, y por defenderla bordea durante meses la muerte, sufre innumerables intervenciones quirúrgicas, vegeta en una Unidad de Vigilancia Intensiva y combate diariamente por una recuperación total casi imposible, los colectivos feministas «progresistas» tendrían la obligación de salir en su defensa. Pero no. A las feministas profesionales les parece muy bien –de acuerdo con su silencio estremecedor–, que al profesor Neira le hayan dado una paliza por defender a una mujer maltratada –que salió batracia, pero es mujer–, y que Gómez se ría del defensor. Estas feministas son muy raras, y tengo para mí que antes que feministas son mujeres sometidas y humilladas por las dependencias y las mamandurrias. Para una feminista de verdad, el profesor Neira habría de ser un icono intocable, porque pocos hombres exponen su vida para salvar la de una mujer –salió batracia, pero es mujer– desconocida.

Y Gómez, el que no se pone el cartel, además del desprecio le da lecciones de constitucionalismo al profesor Neira. «Veo clarísimo que Jesús Neira no está de acuerdo con la Constitución». ¿Quién es Gómez para ver clarísima semejante tontería? ¿Quién es Gómez para, en caso de verla, hacerla pública con tan descarada indecencia social? ¿Quién es Gómez para poner en duda la calidad ciudadana de un ciudadano admirable? Y sobre todo y ante todo: ¿Quién coños es Gómez?
Urge el cartel.


La Razón - Opinión

Las miserables palabras de Cayo Lara

La única doble vara de medir es la que la izquierda de este país demuestra cada vez que habla de derechos humanos, que para ella sólo pueden ser violados por dictaduras de derechas, o democracias como la estadounidense.

La autoproclamada intelectualidad progresista de España dejó claro su doble rasero con las miserables declaraciones del actor Willy Toledo, despreciando al preso político cubano Orlando Zapata poco después de su muerte, hechas en un acto en solidaridad con el Sáhara Occidental. No hacía mucho tiempo, todo la izquierda –y la derecha– había apoyado las reivindicaciones de Aminetu Haidar, en huelga de hambre como Zapata, pero por una causa distinta. Sus reivindicaciones, por lo que se ve, le parecían a nuestra izquierda mucho más justas que la lucha que llevan librando desde hace más de medio siglo quienes se rebelan contra la tiranía cubana.

Sin embargo, es cierto que el actor no representa a nadie, al menos oficialmente, de ahí que hubiera quien creyera algo exagerado darle tanta importancia a lo que pudiera decir. Pero desgraciadamente, la repulsa tenía no sólo razones morales para elevar el tono, sino también políticas, ya que sus ideas totalitarias son compartidas por demasiados españoles. No ha tardado demasiado el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, en darnos la razón.

El coordinador federal de IU ha defendido a Toledo, a quien ha definido como una persona comprometida con los derechos humanos y la causa cubana; es decir, castrista. Ha defendido también al Gobierno de Hugo Chávez, responsable no sólo de cobijar a fugitivos etarras sino de colocarlos en su Ejecutivo. Y, por supuesto, ha defendido a la tiranía cubana, echándole la culpa de todo lo malo que acontece en la isla-cárcel a Estados Unidos.

Pero Cayo Lara ha ido aún más lejos, burlándose del sacrificio de Guillermo Fariñas, dispuesto a morir por la misma libertad que desprecia el dirigente comunista. Y ha vuelto a recurrir a la consigna de echar balones fuera, afirmando que existen tanto otras injusticias y violaciones de derechos humanos en el mundo como una supuesta "doble vara de medir" que perjudicaría a Cuba, que sería poco menos que una víctima inocente del imperialismo yanqui.

En realidad, la única doble vara de medir es la que la izquierda de este país demuestra cada vez que habla de derechos humanos, que para ella sólo pueden ser violados por dictaduras de derechas, o democracias como la estadounidense, principal responsable de la caída de su añorada Unión Soviética. Con ello demuestran que la libertad no tiene en su visión más que un valor meramente instrumental: es buena mientras sirva a sus fines y un mero obstáculo a retirar cuando no es así.

No cabe duda de que todos los Estados del mundo han cometido violaciones de los derechos humanos en alguna ocasión. Pero, por más que nos quieran enredar con ese argumento, lo cierto es que no es lo mismo una mancha en un traje blanco que ir completamente vestido de negro.

Mas, en algo sí debemos darle la razón a Cayo Lara. El problema, ciertamente, es que existe una doble vara de medir. La que califica de "derecha extrema" al PP cuando la extrema derecha realmente existente cuenta con una presencia meramente testimonial, tanto en las urnas como en la vida política española. La que, al mismo tiempo, beatifica a una extrema izquierda que rozó el millón de votos en las elecciones generales de 2008 y se muestra siempre dispuesta a perdonar los crímenes de los dictadores de su cuerda y justificar sus tropelías. Una hemiplejía moral a la que ningún demócrata de verdad debería dejar pasar ni una.


Libertad Digital - Opinión

Radiografía del pesimismo

LA última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que la preocupación de los españoles por el paro ha llegado a un nivel histórico, al situarlo el 82,9 por ciento de los encuestados como el mayor problema actual de España.

Hace un año, la misma encuesta reflejaba que los españoles que consideraban el desempleo de esta manera alcanzaban el 76,1 por ciento. Pero el dato que más radiografía el pesimismo ciudadano sobre la situación, y que más concierne a Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, es que en marzo de 2004, cuando aún gobernaba el PP y ya se habían celebrado las elecciones generales, los encuestados que señalaban el paro como el principal problema eran el 51,7 por ciento. Este balance de los dos mandatos socialistas -y aun cuando falten dos años para los próximos comicios generales- pesa como una losa sobre las expectativas a medio plazo, porque si el 76,8 por ciento de los encuestados piensan que la situación económica es hoy mala o muy mala -en marzo de 2004 sólo el 14,3 por ciento tenía esta opinión -, el 37,4 por ciento cree, frente al 21,1 por ciento, que las cosas irán a peor en los próximos meses.

Este pesimismo se retroalimenta por la desconfianza en la clase política, tercer problema nacional, según los encuestados, por detrás del paro y la crisis económica. El dato es nefasto para una sociedad que necesita ilusión y liderazgo para afrontar los sacrificios que exigirá la recuperación de la economía. Si el sistema de partidos y el Gobierno no inspiran confianza, es imposible que los ciudadanos vean en el horizonte motivos de optimismo. Y lo peor de todo es que la realidad explica esta actitud sombría de los ciudadanos, a la vista de las nuevas previsiones a la baja del Banco de España sobre la evolución del empleo y el crecimiento económico.

La percepción de ineficacia del Gobierno se contagia al sistema político en su conjunto y contamina la regla de la alternancia porque la oposición es vista, injustamente, como coprotagonista de la falta de soluciones a la crisis. Este efecto perverso de la gestión del Ejecutivo -sin ideas, sin ofertas- amenaza con separar a los ciudadanos de sus instituciones. La respuesta puede ser la abstención, por lo que la encuesta también es una advertencia al PP para que su estrategia de oposición se diferencie claramente de la imagen obstruccionista que presenta el Gobierno. El barómetro del CIS retrata a una sociedad que necesita imperiosamente una alternativa política.


AbC - Editorial

jueves, 1 de abril de 2010

La mediocridad moral contra Jesús Neira. Por Cristina Losada

Resultó que el héroe no se ajustaba al molde. ¡Parecía de derechas! Ello arrojaba nueva luz sobre su acción. Había sido el típico acto de un machista. De un hombre patriarcal y protector. No había salvado a una mujer movido por convicciones feministas.

En un principio, se le tomó por un héroe. Rescatar a una mujer de la agresión de su pareja, recibir golpes que a punto estuvieron de matarle y pagar por tal coraje cívico con más de ocho meses de hospitalización, parecía digno de encomio, de premio y de obtener la consideración de ejemplar ciudadano. Oh, ingenuidad de ingenuidades. Las cosas ya no van así en España.

Mientras aún estaba en coma, la telebasura encumbró a la desagradecida mujer por la que había arriesgado la vida. Su defensa cerrada del agresor y su rencor hacia Neira sembraron las primeras dudas. Las dudas mutaron en sospechas en cuanto el profesor salió del grave trance y comenzó a hacer declaraciones. Resultó que el héroe no se ajustaba al molde. ¡Parecía de derechas! Ello arrojaba nueva luz sobre su acción. Había sido el típico acto de un machista. De un hombre patriarcal y protector. No había salvado a una mujer movido por convicciones feministas. Mal asunto.


Pronto cruzaría Neira esa frontera sutil que separa la condición de sospechoso de la de culpable. El Partido Socialista de Madrid ha pedido su cabeza. Alega razones curiosas. Como escribir un libro. Los socialistas piensan que los libros son peligrosos. Su dirigente cree incompatible criticar la Constitución en letra impresa y ocupar cargos públicos. Dígaselo a Zapatero, a ver si, de una vez, expulsa a los proetarras de los ayuntamientos. Y a los de ERC y del BNG y a cuantos rechazan y hasta desacatan la Carta Magna, al tiempo que son grandes amigos y aliados de su partido.

Todo ello hace ruido, pero no es más que la espuma. La ruindad de costumbre. El proceso de la destrucción civil de Neira no hubiera tenido lugar sin la existencia de una ruindad más profunda. No se le condena sumariamente por no ser de izquierdas ni feminista ni por criticar al PSOE. El pecado capital de Neira consiste en haber sobresalido en el piélago de la mediocridad moral como un raro islote. Eso sí que es mal asunto. La supervivencia del mediocre moral exige eliminar a quien deje en evidencia su falta de virtudes ciudadanas. Como en la esfera profesional y en la política, el rebaño castiga a los que rompen la grupal atonía. Los héroes no son bienvenidos. Nadie puede ser mejor que nadie.


Libertad Digital - Opinión

Moratinos y su desodorante. Por M. Martín Ferrand

NO recuerdo la marca del desodorante que, según los anuncios de la tele, era capaz de abandonar a sus usuarios en los momentos más comprometedores e inoportunos; pero debe de ser el que utiliza nuestro singular y pintoresco ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Al hilo de la más cacareada que ponedora presidencia semestral española de la UE estaba prevista para la semana próxima una cumbre madrileña entre Cuba y los ministros y cargos del Viejo Continente más atentos a la situación del castrismo y, sin más, el Moratinos de La Habana, Bruno Rodríguez, la ha cancelado sin exposición de motivo alguno. Ya ni en el tercer mundo, en los restos del totalitarismo que tanto aprecian José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro especializado, se toman en serio a nuestro canciller y le ningunean. ¿Será cierto lo del desodorante?

Entre los bastidores del mutis cubano, previo a su aparición en la escena madrileña, quizás influya el que la Alta Representante de Política Exterior de la UE, la laborista británica Catherine Ashton, advirtiera previamente sobre su ausencia a tan esperpéntico encuentro entre un Continente democrático y una isla totalitaria y feroz en la represión de sus díscolos. Muerto Orlando Zapata, en situación límite Guillermo Fariñas y dada la difícil posición de un largo número de cubanos opositores a la dictadura, ¿qué sentido tiene una ceremonia de confraternización, de esas que tanto cultiva Moratinos, con los recalcitrantes líderes comunistas cubanos sino disimular la distancia que mantenemos con los que nos corresponden y convienen?
El semestre europeo de Zapatero, el que según Leire Pajín le convertirá en líder cósmico, va de chapuza en fracaso y de desprecio en desdén. Entre Van Rompuy y Durao Barroso, que tampoco son Spaak o Adenauer, le han comido la merienda -¿y la moral?- a nuestro leonés de cabecera. Primero fue Barack Obama quien declinó el «honor» de copresidir con el socialista español una cumbre EE.UU.-UE y ahora, degenerando, son los cubanos quienes no acuden a la cita española. Algo que no vislumbramos, pero de enérgicos efectos, tiene que envolver a Moratinos -tan sonriente, tan laborioso, tan tercermundista- para que no le sean propicios ni los vientos del este ni los del oeste. ¿Qué tendrá Moratinos, además de un primer ministro, que tanto le aleja de los escenarios internacionales que tan patrullados tiene?


ABC - Opinión

La Dolorosa de Moncloa. Por Jesús Cacho

“No hay una sola reunión de gente del partido a la que asistas y en la que oigas hablar bien de Zapatero…”

Curiosa situación la de un país acosado por una crisis política y económica de gran envergadura y atrapado al tiempo en la paradoja de dos líderes cuestionados, cuando no sencillamente vituperados, dentro de los partidos que dirigen y que deberían ser los llamados a sacar a la nación del atolladero. Como decía The Economist esta semana, “la mayor parte de los españoles no ven que la economía vaya a mejorar en el corto plazo. La fe en la clase política está tocando fondo. Los españoles ven ahora a los políticos como un problema mayor que su vieja pesadilla, el terrorismo”. Los nervios en el PSOE están a flor de piel. “El PSC tiene unas encuestas muy malas, con una abstención del voto socialista brutal. Las catalanas están perdidas, y el único activo que tiene ahora Zapatero en Barcelona es precisamente Montilla…”

Una situación semejante debería obligar al presidente a prescindir cuanto antes de alguno de los miembros del PSC que tiene en su Gobierno, para enviarlo a Cataluña. No son muchos. Como la situación es igualmente comprometida en Andalucía, con tendencia a empeorar, sobran voces cualificadas en el PSOE que hablan de la conveniencia de un adelanto de las generales, un movimiento, sin embargo, tan lleno de peligros para la carrera de ZP que en su entorno lo descartan de plano. Más cerca está la crisis de Gobierno. Algunos han jugado con la posibilidad de que ZP sorprenda esta Semana Santa a los cofrades con la pasión y muerte de Fernández de la Vega, la Dolorosa de Moncloa, que abandonaría la vicepresidencia primera. “Es verdad que dentro del engranaje de Presidencia, la vice es una rueda que ya no hace girar la máquina. Su relación es también pésima con la mayoría del Gabinete, excepción quizá de Chacón y Moratinos, y ello porque ha pisado demasiados callos. Pero yo no creo que haga crisis ahora, sino después de la presidencia de la UE, antes del verano en todo caso. Entre otras cosas porque el presi no sabría qué hacer con María Teresa… ¿Dónde la colocamos?”

El abanderado de la necesidad de hacer crisis se llama José Blanco, el hombre llamado a heredar la vicepresidencia primera, con permiso de nuestro incombustible Pérez Fouché Rubalcaba, presto a disputarle el honor, a pesar de no tener equipo ni haberlo tenido nunca. “La sensación generalizada es que el país está a la deriva”, asegura The Economist, y ello tanto en lo político como en lo económico, con un presidente que, cual náufrago aferrado a un tonel, necesita tiempo y algunos milagros. Su última gran operación mediática orquestada para dar sensación de actividad, los llamados Pactos de Zurbano, se han saldado con un mini paquete de medidas que están muy lejos de las grandes reformas de fondo que un líder consciente de su responsabilidad histórica debería haber adoptado ya hace muchos meses, y probablemente hace ya dos años. Para más INRI, ahora resulta que PP, CiU, IU y UPyD le niegan la foto, asunto de vital importancia para nuestro hombre.

La deuda de Zapatero con Florentino

“Zapatero no va a hacer el ajuste fiscal que necesita este país”, asegura un reputado economista madrileño, “y en estas circunstancias no es descartable cualquier desgracia a la griega. Mira, lo más grave de lo ocurrido aquí en las últimas fechas ha sido la decisión de Santander de pagar el 4% por los depósitos. ¿Qué significa eso? Que los mercados de capitales se pueden cerrar a cal y canto para el sistema financiero español, y que hay que acumular liquidez como sea…” En medio de la galerna que nos aflige, sin embargo, el señor Rodríguez tiene tiempo para ocuparse de pagar letras como la que tiene contraída con Florentino Pérez, presidente de ACS, nadie sabe a cuenta de qué, aunque todos lo sospechan. Años atrás, en la borrachera de dinero abundante y barato, tres grandes constructoras entraron de la mano del Gobierno en otras tantas empresas energéticas. Una de ellas pudo escapar de la aventura con grandes plusvalías, pero otras dos siguen atrapadas en la ratonera con grandes pérdidas, ¡oye, que tú me dijiste que invirtiera…! Y como hay que arreglar ese entuerto, el Parlamento, a iniciativa del PSOE, ha puesto manos a la obra para modificar una ley que permita a Pérez y Del Rivero hacerse con el control de Iberdrola y Repsol y sacar tajada. Fue ZP quien pactó directamente con Pérez la enmienda que lleva su nombre, destinada a acabar con las limitaciones al voto en la sociedades cotizadas, y ha sido Zapatero quien esta semana ha negociado con la muy acreditada Gestoría Durán i Lleida un aplazamiento del asunto. ¿Legislación con nombre y apellido? Más que eso: el presidente del Gobierno cuidando de la cartera de un grupo de menesterosos tan notorio como el citado Floro, los hermanos March y los primos Albertos, sus socios todos. Y en Sacyr, otro pobre de postín como Don Juan Abelló. La vieja y apestosa España de la corrupción perennemente renovada.

Lo que a ZP sí le ha empezado a funcionar es la comunicación. Se nota la llegada a la secretaria de Estado de Félix Monteira, el ex director de Público. La explotación por el Ejecutivo de la última mina que le ha estallado a Mariano Rajoy en su propia casa, Mayor Oreja, así lo acredita. Da la impresión de que en Génova y alrededores hay gente muy principal que no quiere que el gallego alcance La Moncloa y, en consecuencia, se dedica a poner palos en las ruedas de ese tren lento y parsimonioso y frustrante, pusilánime incluso, que pilota a la galaica manera el de Pontevedra. “Algo está pasando en el PP que desconocemos”, sostiene la fuente socialista, igualmente crítica con ZP, “pero dudo incluso que Rajoy llegue a ser cabeza de lista del PP, a menos que dé un golpe de autoridad”. Dos líderes más que discutidos al frente de los dos grandes partidos españoles, o la guinda de infortunio que acompaña a este país en una de sus horas más difíciles: un presidente rebasado por la importancia del reto que le ha tocado vivir y un líder de la oposición que no acaba de emerger como alternativa clara, privando así a tantos ciudadanos del confort que supondría saber que contamos con un relevo fiable a mano.

En Génova siguen aferrados a la vieja estrategia de “no ahondar en las heridas, no entrar de frente a las provocaciones. Aguantar, templar y, si es preciso, mirar hacia otro lado. Lo importante es volver a ese discurso centrado que da las mayorías porque, llegado el día, Mariano presentará su programa rodeado de un equipo a su medida”. Será el momento de ajustar cuentas, incluso con José María Aznar, un tipo que ahora utiliza su ascendiente en el partido como tarjeta de visita para sus negocios particulares, asunto que provoca la irritación de un Rajoy que, sin codearse con Florentinos, March o Abellós, sin ser un hombre del establishment madrileño, se ve obligado, de momento, a callar. Muy complicada tarea la suya: la derecha más rancia le exige que se exhiba cada día pica en ristre, cual caballero templario dispuesto a alancear sin piedad los desmanes del moro Muza leonés, mientras la más templada, esa derecha que aspira a hincarle el diente a las reformas de fondo que el país necesita, para hacer realidad esa España abierta y moderna tantas veces soñada, le pide claridad a la hora de desmarcarse de los Orejas de turno, al tiempo que le exige un discurso contundente en la denuncia de los casos de corrupción.

Y el silencio del PP en el caso Matas

Si la respuesta al primer asunto ha sido tibia, incluso en lo que Cospedal respecta, el silencio que el PP ha mantenido hasta hoy en el caso Matas está siendo francamente decepcionante. No es suficiente, señor Rajoy. A estas alturas no puede usted pedir a la gente que interprete sus silencios, esa ausencia de apoyo a un listo como Jaume Matas. Tiene usted que mojarse y enviar un mensaje claro de regeneración, de compromiso militante de lucha contra una corrupción convertida en la gran plaga de la España de nuestro tiempo. Ya no es tiempo para las componendas: tolerancia cero con los chorizos. Todo ello, naturalmente, en caso de que usted aspire a lograr el respaldo de los españoles. Son muchos los que quieren votarle, pero no están dispuestos a hacerlo en tanto en cuanto usted permanezca agazapado en su hura, rehuyendo salir a la calle a pregonar el discurso de regeneración que una buena mayoría está pidiendo a gritos. Porque para seguir como hasta ahora, para eso ya vale Zapatero.

De regeneración es el mensaje que el Tribunal Supremo ha enviado esta semana en el caso de Baltasar Querido Emilio Garzón, un juez cada día más cerca del banquillo, a pesar de la impresionante movilización en su favor urdida por el Gobierno y el grupo Prisa, un asunto que habla a las claras de la gravedad de la enfermedad moral española. Porque todo el mundo sabe de qué pie/s cojea el Campeador, pero como nos viene bien que siga, nos sirve con diligencia y es uno de los nuestros, hay que evitar a toda costa que lo juzguen, por graves que sean las causas que pesan sobre un hombre acostumbrado a ejercer la investigación penal a su antojo, en las antípodas de lo que Montesquieu definió como “un pouvoir en quelque façon nul”, es decir, un “no poder”, en tanto en cuanto la Justicia está sometida a la estricta aplicación de la Ley. Patética, por eso, la arenga el jueves, en el periódico habitual, de Araceli Manjón-Cabeza, la más estrecha colaboradora de Garzón y a quien Garzón utilizó con profusión en su día para captar información extrasumarial en el caso GAL, relatando el “clamor nacional e internacional sin precedentes que, aglutinando a juristas y no juristas, reclama que se vuelva a la cordura y que se aborte esta persecución, dirigida contra una persona, pero que tendrá demoledores efectos colaterales en la independencia judicial”. Justamente lo contrario, señora, de lo que piensan muchos españoles, para quienes la posibilidad de una Justicia independiente pasa de forma ineludible por la expulsión de la carrera de su querido Rey Baltasar.


El Confidencial - Opinión

España, la mas generosa con Haití. Por Miguel Higueras

Aunque los españoles deben el equivalente a todo lo que produzcan en los próximos cuatro años, se han comprometido a dar a Haití 346 millones de euros y a perdonarle los 27 que ya adeuda.

La promesa de ayuda a Haití que María Teresa Fernández de la Vega ha hecho en Nueva York se asemeja más a la fanfarronada de un pordiosero que a la generosidad de un administrador prudente.

Los españoles, entre ellos los cinco millones que buscan y no encuentran empleo, necesitan que su gobierno sea más lo segundo que lo primero.
Lo que España ha ofrecido en la ONU para Haití representa más del 30 por ciento de lo que los países de la Unión Europea aportarán para remediar los daños que causó el terremoto en Haití.


España, junto a Grecia, Portugal e Irlanda son países europeos que necesitan ayuda para resolver la crisis económica que ha empobrecido a sus habitantes.
Ahora y en el futuro previsible, los españoles parecen más necesitados de ayuda de otros que en disposición de ayudar a los demás.

La población española representa apenas el diez por ciento de toda la población de la Unión Europea, en ingresos por habitante ocupa el decimoquinto lugar y el penúltimo en porcentaje de desempleados.
Con una población siete veces mayor que la de España y un ingreso por habitante que supera en un 50 al de los españoles, el gobierno de los Estados Unidos ha prometido 2.900 millones de euros para ayudar a Haití.

Comparativamente, los españoles son los ciudadanos más generosos del mundo, lo que contradice el dogma de que todos los hombres somos iguales.
El factor que hace diferentes a los españoles de los otros pueblos de la tierra es, evidentemente, el gobierno.

El de España, para bien o para mal de quienes lo han elegido, es mucho más desprendido siempre, naturalmente, que la solidaridad la practiquen con dineros que no son suyos.


Periodista Digital - Opinión

Deberes para el Gobierno

El Consejo de Ministros prevacacional, celebrado este martes, tomó la decisión de recortar drásticamente la oferta de empleo público, de modo que ésta pasa de las 15.084 plazas ofertadas en 2009 a sólo 1.989 para este año; en términos porcentuales, el recorte es del 86,8% y el Gobierno espera ahorrar 280 millones de euros.

No es una medida para presumir, ni agradable, sobre todo porque afecta muy directamente al reforzamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero es necesaria e imprescindible para alcanzar el objetivo de reducir el déficit. Sería absurdo, por tanto, reprocharle al Gobierno esta decisión, la primera que toma de manera palpable desde que envió a Bruselas su plan de estabilidad financiera. Al equipo de Zapatero no le queda otro remedio que seguir esta senda, por más que desagrade a los sindicalistas o no goce del favor popular. Sobre todo después de que el Banco de España le pusiera deberes para que los medite en esta Semana Santa. Los pronósticos del gobernador Fernández Ordóñez para el año 2011 suponen un rectificación en toda regla a las previsiones de la vicepresidenta Salgado, excesivamente optimistas e hinchadas.

Así, mientras el Gobierno estima que el PIB crecerá un 1,8%, el paro descenderá al 18,4% y el déficit se reducirá hasta el 7,5%, el Banco de España augura que el PIB sólo repuntará un 0,8%, el paro subirá al 19,7% y el déficit no bajará del 8,9%. Como puede apreciarse, las diferencias son notables. Ni que decir tiene que las proyecciones del Banco de España coinciden sustancialmente con las del Fondo Monetario Internacional y de la Comisión Europea. Con estos mimbres macroeconómicos no parece que el Gobierno pueda trenzar esa política de recuperación que promete a quien quiere escucharle, ni reducir el déficit en 2013 al 3%, como ha prometido a Bruselas. Con más paro, menos ingresos y un consumo atemorizado, las cuentas no cuadran ni por casualidad. Ésa es la razón por la que Fernández Ordóñez, que no es sospechoso de militar en la oposición, insta al Gobierno a profundizar en su plan de recorte de 50.000 millones de euros. Los meses pasan y el equipo de Zapatero sigue paralizado, sin tomar decisiones de fondo, jugando a crear comisiones para ganar tiempo en espera de no se sabe qué feliz acontecimiento que le evite usar el bisturí del ahorro y de las reformas profundas. Entre ellas la del mercado laboral. El gobernador del Banco de España lo dijo con deslumbrante nitidez este martes, lo cual es de agradecer puesto que ningún dirigente político, ya sea del Gobierno o de la oposición, se atreve a formularlo así de claro: para crear empleo es necesario adoptar un nuevo tipo de contrato único con un despido más barato. La andanada de insultos y groseras amenazas que han llovido sobre Fernández Ordóñez desde el PSOE y los sindicalistas revela que, aun habiendo dado en el clavo, la recuperación económica será imposible mientras los agentes sociales y la izquierda no abandonen la retórica populista. Baste añadir que, según los datos difundidos ayer por Eurostat, España sigue siendo el segundo país con más paro de Europa.

La Razón - Opinión

El consenso de la nada

Mientras el Gobierno pierde un tiempo precioso con maniobras propagandísticas y consensos vacíos, lo que sigue creciendo de manera muy justificada es la preocupación de los españoles por el paro, tal y como muestra el último sondeo del CIS.

Cuando un partido no tiene mayoría suficiente para gobernar resulta forzoso llegar a algún tipo de transacción o acuerdo con alguna formación de la oposición que permita al Ejecutivo sacar adelante la mayor parte de su proyecto. Lo que ha pretendido, sin embargo, el Gobierno de Zapatero con el denominado e inalcanzado Pacto de Zurbano es llegar a un consenso con el mayor número posible de formaciones con el objetivo, no de sacar adelante un plan anti-crisis propiamente dicho, sino más bien de disimular la ausencia del mismo y, sobre todo, blindarse de la crítica haciendo a la oposición corresponsable de la acción del Ejecutivo.

Zapatero convocó, con esa finalidad, a los distintos partidos políticos a los que ofreció un "guión" absolutamente vacío de contenido que provocó la perplejidad y el malestar no sólo del principal partido de la oposición, sino también de las formaciones minoritarias. De hecho, fue el representante de CiU, Duran i Lleida, el que describió de forma más acertada esas reuniones en el Palacio de Zurbano como una "coartada para ganar tiempo". Pese a ello, el Gobierno remitió la semana pasada a las distintas formaciones un documento con 54 medidas contra la crisis que no tenían mayor enjundia que el guión inicial con el se iniciaron las conversaciones, y que, desde luego, no aborda una sola de las reformas estructurales que pide a gritos nuestra economía. La intención del Gobierno era que el resto de partidos firmaran ese documento esta misma semana, pero se ha encontrado con reticencias no ya sólo del PP, sino incluso de las minorías con las que había acordado buena parte de esas medidas.

Ante este descuelgue, el Ejecutivo se plantea ahora la redacción de un documento todavía más genérico, un elemental denominador común, que, al margen de su utilidad para afronta la crisis, le permita al menos hacerse la foto con las fuerzas minoritarias, ganar tiempo y, de paso, acusar al principal partido de la oposición con la absurda y delirante cantinela de "no arrimar el hombro".

Mientras el Gobierno sigue derrochando tiempo en estas maniobras propagandísticas, lo que sigue creciendo, de manera muy justificada, es la preocupación de los españoles por el paro, tal y como muestra el último sondeo del CIS. Precisamente, la ausencia del ministro de Trabajo en la comisión negociadora del Gobierno y, sobre todo, la ausencia de reforma alguna de nuestro rígido mercado laboral en el documento de marras, es una de las características más vergonzosas de este pretendido consenso.

El gobernador del Banco de España, de hecho se ha vuelto a pronunciar recientemente sobre el mercado laboral para volver a reivindicar un abaratamiento del coste del despido a través de un "contrato único" que permita reducir la dualidad entre fijos y temporales de cara a aumentar la productividad. Aunque más le valdría a Fernández Ordóñez dedicarse a poner orden y concierto en el mercado financiero, lo cierto es que las recomendaciones del gobernador, aunque insuficientes, están bien encaminadas. Lo malo es que el Gobierno ha aparcado un asunto tan decisivo como este en la mesa del diálogo social, debido a que los sindicatos no quieren ni oír ni hablar de reforma alguna.

Ahí seguimos, con un Gobierno que no asume sus propias responsabilidades y que pierde un tiempo precioso en pro de un vacío consenso político y social.


Libertad Digital - Editorial