martes, 5 de octubre de 2010

Dos calvos y un peine. Por Tomás Cuesta

El partido socialista aborda ahora las elecciones en posición de perdedor ridículo. Nada hay más letal en la arena política.

LO que ha ocurrido en Madrid es que dos calvos se han peleado por un peine y la trifulca ha puesto en evidencia a unos cuantos pelanas y a un pelón verbenero. Tal cual: ahí queda eso. Cosa distinta es que, para vestir la mona, se quiera transformar un sainete cómico en un cantar de gesta. Que a un jaquetón grosero le pinten como un héroe del noble pueblo trabajador. Que le den tanto hilo a una cometa que se ha movido siempre a ras de suelo. Pretender que el compañero Tomás Gómez haga el papel de Bruto (con perdón) en los idus de mayo del César Zapatero es un empeño estéril. Convertirle en el líder de la revolución pendiente, un crimen de lesa inteligencia.

Si el envalentado campeón del zipizape madrileño ha conseguido hacer de la necesidad virtud es porque a la fuerza ahorcan y porque no le quedaba otro remedio. Si le plantó cara a Blanco fue para no abismarse en un agujero negro. Si no imploró clemencia al ver a Rubalcaba amartillar el dedo fue porque, a fin de cuentas, nadie muere dos veces. Y porque, ya puestos a ejercer de muertos, tanto el omnisciente responsable de Interior, Intrigas y Entretelas como su nesciente Jefe son dos cadáveres políticos que se ha de comer la tierra.


Gómez, en cualquier caso, se ha ganado el derecho a estrellarse en «prime-time», en crudo y en directo. Podrá lucir su estampa de majo de arrabal en la alta madrugada de la teleindigencia. Se jactará de ser un tipo del montón, un «hombre corriente», e intentará ocultar el rictus de la vulgaridad flagrante tras una veladura de presunta llaneza. Echará pestes, claro, de la señora Aguirre escupiendo el desdén por el colmillo izquierdo. Perderá los comicios cuando toque, pero antes, genio y figura, perderá los papeles y extraviará el oremus.

La lección de esta historia estrafalaria puesta en escena por el dizque marxista Zapatero parece resumirse en una versión cazurra de aquel «dictum» que Groucho nos dejó en herencia: «Es preciso alcanzar, partiendo de la nada, la cumbre de la miseria». El PSM partía, hace un par de meses, en posición de perdedor penoso, lo cual podía mover a esa compasión estética que absuelve a los «outsiders» sistemáticamente y les exime de dar explicaciones sobre los disparates que les llevaron a ese extremo.

El partido socialista aborda ahora las elecciones en posición de perdedor ridículo. Nada hay más letal en la arena política, ni aprovecha tan poco a los que en ella medran. Trinidad Jiménez ha interpretado un desairado papelón de sumisa impenitente; ha sido, sin regodeo, por supuesto, la Gracita Morales de la disponibilidad a ciegas: «¡A mandar, señorito!». (Y ni se lo agradecerán, siquiera). Tomás Gómez, por contra, ha exhibido maneras de levantador de pesas y solventado a bajonazos la rebatiña de taberna.

Ya sólo faltaría, para redondear la juerga, que acabara creyendo que es lo que parece. Que quiera ser el títere y el titiritero. Que los dioses le concedieran lo que pide y se empeñe en medirse, de igual a igual, con Zapatero. Más almas —nos advirtió Santa Teresa— se pierden por las plegarias atendidas que por las no escuchadas. Agucen el oído, que el asunto promete.


ABC - Opinión

Comunidad de vecinos. Por Alfonso Ussía

Las masas son tontorronas. Los colaboradores y partidarios de doña Trini recibieron a la derrotada ministra en las primarias madrileñas al grito de «¡Presidenta, presidenta!». Divertida ronca, peculiar berrea en el ulular unánime. ¿Presidenta de qué? A lo sumo, de su comunidad de vecinos. Gómez y los suyos le habían propinado en su trasero respingón, aquel que fuera en su juventud como un melocotón temprano, una patada dirigida a Zapatero. Y el consuelo se resumió en decirle «Presidenta», que es igual que dirigirse al señor párroco de Tubilla del Agua (Burgos) con el tratamiento de «Su Santidad».

Su llegada al Ministerio de Sanidad puede resultar mortificante para ella. A los perdedores recalcitrantes se les pierde el respeto. Su culpa no ha sido otra que obedecer al gran derrotado de este proceso primario, que no es otro que Zapatero. Pero cuando se pone el trasero por el antifonario de otro, suceden estas cosas. De la atalaya al barranco de la indiferencia hay pocos segundos de precipitación. Lo decía el inolvidable don Camilo, maestro en desaires recibidos y en cosas de culeríos. «Al amigo, el culo; al enemigo, por el culo; y al indiferente, la legislación vigente». Doña Trini es hoy un cuerpo abandonado que incita el codeo de los viandantes. «Ahí va Trini, la perdedora». De vivir el gran Rafael de León ya le habría dedicado el romance que se convertiría en copla popular. «La Perdeora», así, con sintaxis andalucera y agitanada, que ya lo dijo días atrás un reputado cantaor de flamenco: «El flamenco y la copla se cantan con faltas de ortografía». Pues ya está: «Triniá la perdeora».


Haría bien Zapatero, para los pocos meses que le quedan, llevarse a doña Trini de nuevo a un enchufe exterior. Una ministra que pierde unas primarias con un Gómez desafortunado, no puede pedir ni que le traigan un café. Lo pide y no se lo llevan. Las derrotas no son justas o injustas. La injusticia es la soledad que toda derrota conlleva. Están con ella Zerolo, Lucas y Lissavetsky, y Rubalcaba y Blanco, y Zapatero detrás, pero muy pronto se sentirá abandonada, incluso por quien le ha metido en este tinglado tan conmovedor.

«¡Presidenta, presidenta!». Bello alarido, singular mensaje. El único que no abrió la boca fue Lissavetsky, que es más soso que el arroz blanco sin sal. Se sentía dignamente hundido. Y también por precipitado. ¿Qué necesidad tenía de mojarse el pompidú a favor de Trini? Para mojarse el pompidú siempre está Zerolo, superviviente nato de reveses y contratiempos. Doña Trini ya no es candidata a nada, y me temo, que en pocas semanas, dejará también de ser ministra.

No ha demostrado nada y se ha dejado vencer, en contra de la potente maquinaria del PSOE, por un elemento que poco tiene de particular. Gómez es un invento de Zapatero. Trini es otro invento de Zapatero. Y Zapatero se ha cargado a los dos. A Gómez por desinventarlo, y a Trini por reinventarla. Zapatero ha luchado contra sí mismo, y ha claudicado ante Gómez, que durará poco, pero quizá algo más que su devastado inventor.Trini ya no es nadie.

Y todo, por agradar a una piedra que se precipita por el acantilado. Resumamos. Presidenta de la Comunidad de Vecinos. Y eso tampoco lo tiene seguro.


La Razón - Opinión



Recurso para texto en color azul

Siete de un golpe. Por Martín Ferrand

En las autonómicas catalanas, Montilla puede ocupar el sexto lugar entre las siete víctimas del golpe de Gómez.

AUNQUE fueran moscas, el sastrecillo valiente de los Hermanos Grimm mató siete de un golpe. Como Tomás Gómez. Siete, cuando menos, son las víctimas directas de su victoria en las primarias socialistas para la Comunidad de Madrid. Rodríguez Zapatero es el más notable de todos. Quiso, en su constante confusión entre deseos y realidades, invertir los valores del juego y ha salido trasquilado en un momento en el que el PSOE acumula una expectativa de voto menor que la que tuvo en 2000, cuando Aznar obtuvo la mayoría absoluta.

José Blanco es, jerárquicamente, la segunda de las víctimas del éxito del que fue el más votado de los alcaldes españoles. De poco le va a servir al gallego su nueva imagen de chico bien. Ha evidenciado su descontrol del partido y eso, que era su fuerza, le deja para el arrastre. Lo mismo le ocurre a la tercera víctima del golpe de Gómez, Alfredo Pérez Rubalcaba. Junto con Blanco, uno de perro y otro de liebre, corrían la carrera sucesoria del líder desmoronado por los acontecimientos y los genios tenebrosos pierden su fuerza cuando se les nota que lo son.


Trinidad Jiménez no puede faltar entre las víctimas de las primarias. Fue de lista, como acudió a las municipales en que quiso arrebatarse la vara a Alberto Ruiz-Gallardón, y salió perjudicada. Ahora seguirá al frente de Sanidad como para demostrar que los héroes de Zapatero no corren riesgos. Después de treinta años de empleo socialista haría bien en reconsiderar su propia biografía y entregarse a labores de provecho. Con menor cuantía, debe incluirse en la lista de afectados a Leire Pajín que, aunque intentó ponerse de perfil cuando las vio venir, no deja de ser secretaria de Organización del PSOE y, por acción u omisión, cocinera de este guiso.

Dada la proximidad de las elecciones autonómicas catalanas, José Montilla puede ocupar el sexto lugar entre las siete víctimas del golpe de Gómez. Sus potenciales votantes de cariz nacionalista le afearán con mayor fuerza su dependencia de un líder español tan enclenque y los otros, los auténticamente socialistas, acusarán el peso de una derrota que se sustenta básicamente en los modos caprichosos, huecos y erráticos con que gobierna Zapatero.

Al final, pero no el último de los siete, hay que apuntar a Íñigo Urkullu, el presidente del PNV que, después de su censurable —y censurada— presencia en la manifestación abertzaledel sábado en Bilbao, se presenta como único avalista de Zapatero para sacar adelante un Presupuesto que no tiene más interés que el precio que el País Vasco recibirá por ello. Se queda de náufrago en la balsa del de León. Grandes estrategas.


ABC - Opinión

PSC. La uelga cosecha un aprovado. Por José García Domínguez

A nadie debe sorprender que un varón tan dotado para las letras alcanzara el supremo liderazgo de la rama pueril del PSC. Pues no otro más que el gramático Moreno fue quien acaudilló las Jubentudes Montillistas hasta fecha bien reciente.

Con creciente interés, leo en el blog de un Raúl Moreno, a saber si hunibersitario, que la "mobilización" de los sindicatos ha cosechado un "aprovado"; algo raspado por lo que se ve, pero aprovado a fin de cuentas. Así, a decir del mentado Moreno, más que en la cifra de huelguistas debiéramos reparar en los aspectos cualitativos de la protesta. Y es que, según le dicta su entender, lo en verdad trascendente sería discernir si cuanto "rehivindican" Toxo y Méndez "ha calado". Sépase, por lo demás, que este Moreno, un JASP socialista recién entrado en la treintena, eligió el oficio de edil apenas alcanzada la mayoría de edad. Muy precoz vocación laboral a la que ya nunca renunciaría.

"Mi dedicación profesional se centra en ser concejal", confiesa con velado orgullo gremial en su curriculum vitae. Una ocupación, ésa suya, que a no dudar le ha procurado una especial sensibilidad hacia la conservación del patrimonio público. De ahí lo airado de su testimonio contra los piquetes que, tal como denuncia, dejaron múltiples cerraduras "asiliconadas" en los centros escolares de Santa Coloma de Gramanet, población donde Moreno ejercita los saberes de su empleo concejil. Aunque, se apresura a matizar, "estos [los asiliconadores] no son representativos del conjunto de piquetes". No criminalicemos, entonces, al grueso del honorable colectivo piquetero por los asiliconamientos puntuales de alguna que otra oveja negra.

En fin, a nadie debe sorprender que un varón tan dotado para las letras alcanzara el supremo liderazgo de la rama pueril del PSC. Pues no otro más que el gramático Moreno fue quien acaudilló las Jubentudes Montillistas hasta fecha bien reciente. Y con puño de yerro, es de suponer. A la vera de otra reencarnación de Nebrija, don José, le cupo a Moreno el honor de rehivindicar los espectaculares logros pedagógicos de la LOGSE en Cataluña. Es sabido, en todas las clasificaciones educativas de la OCDE España ocupaba los últimos lugares. ¿Cómo terminar con esos porcentajes que tanto afeaban la imagen del Gobierno en los escaparates internacionales? Muy sencillo: el fracaso crónico en el bachillerato desaparecería de golpe suprimiendo también de golpe el propio bachillerato. Dicho y hecho. He ahí el compañero Moreno, la prueva del nuebe de que bamos por vuen camino.


Libertad Digital - Opinión

La puntería del líder. Por Ignacio Camacho

Las primarias de Madrid han reventado por dentro el proyecto zapaterista, víctima de un fallo de puntería escandaloso.
SUELE considerarse una habilidad objetiva de Zapatero, y ciertamente lo es, su capacidad para la reinvención, para la finta in extremis, para la pirueta política. Pero tal supuesta virtud es hija de un defecto anterior, nada irrelevante en un líder con responsabilidad de gobierno, que es su tenacidad para equivocarse. El presidente presume de ser un político que arriesga, líquida cualidad que debe de considerar excelente sin tener en cuenta que los riesgos en que se aventura suelen acarrear consecuencias perniciosas para el Estado que dirige; su doble mandato es de hecho una sucesión de apuestas insolventes —el Estatuto catalán, la negociación con ETA, la presidencia europea, la gestión inicial de la crisis económica— que a menudo le obligan a rectificaciones apresuradas, contorsiones forzadas y volantazos extremos para evitar la catástrofe. En cada uno de ellos se ha ido dejando jirones de credibilidad hasta alcanzar un serio grado de desgaste que hoy por hoy casi le garantiza la derrota en las próximas elecciones. Si se presenta.

En los últimos tiempos, esa tendencia al envite impremeditado se ha extendido a las providencias que mejor controlaba, que son las relacionadas con su propio partido. En las primarias de Madrid ha cometido un error de diagnóstico similar al que le llevó a considerar «hombres de paz» a los batasunos, a evaluar como fracaso el resultado electoral de Angela Merkel, a dar por segura la victoria de Kerry frente a Bush o a minimizar la escala de la recesión. La puntería le ha fallado de modo escandaloso, y aunque sus arúspices se empeñan en culpar a Blanco de la fallida apuesta por Trinidad Jiménez es al líder a quien corresponde la carga de la decisión final. Su equivocación al minusvalorar a Tomás Gómez conlleva además el agravante de que se trataba ya de una autorrectificación: fue él, personalmente, quien designó al entonces alcalde de Parla como sustituto del achicharrado Simancas, en un envite improvisado que en aquel momento debió de considerar una genialidad política.

Su facilidad para revocarse a sí mismo le llevó a encelarse con una nueva cabriola, que ha terminado en un batacazo indisimulable a la vista de todo el mundo. El fracaso —del que ahora trata de zafarse con la retórica de exaltación democrática de las primarias— le ha alcanzado de lleno y con estrépito de unánime repercusión, y compromete a fondo su autoridad, su imagen y su futuro político; ni siquiera una victoria de Gómez frente a Esperanza Aguirre podrá apartar de la opinión pública la idea de que oponerse al designio presidencial constituye un notable activo político. Las primarias de Madrid han puesto de manifiesto, de forma descarnada y en un momento crítico, la completa falta de solidez en que ha derivado el proyecto zapaterista. Lo han reventado por dentro, que es donde los daños resultan más dolorosos e irreversibles.


ABC - Opinión

Más firmeza con Venezuela

Por primera vez en la historia de la banda, dos etarras, Xabier Atristain y Juan Carlos Besance –miembros del «Comando Imanol»– declararon ayer en la Audiencia Nacional que, en 2008, viajaron a Venezuela para recibir un cursillo de formación de desmontaje de armas y posiciones de tiro. Su contacto en el país caribeño fue el etarra Arturo Cubillas. Este asesino está bajo el amparo de Hugo Chávez, ya que en 2005 fue nombrado director adscrito a la Oficina de Administración y Servicios del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela, además de ocupar otros cargos públicos. Éstos, como se confirmó ayer por boca de dos miembros de la banda, le servían de pantalla para seguir vinculado a ETA, circunstancia que no paso inadvertida a la Justicia española. Prueba de ello es que, en marzo de este año la Fiscalía de la Audiencia Nacional presentó una querella contra Cubillas y otros miembros de ETA y las FARC y se solicitó su detención y extradición como presunto autor de tres asesinatos y responsable de la organización terrorista en Venezuela. Esta orden de detención se quedó en agua de borrajas gracias a la impunidad que goza Cubillas bajo el manto protector del régimen de Chávez.

La confesión de los dos etarras, recogida en el auto del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, viene a corroborar los indicios de que Venezuela se había convertido en los últimos años en el santuario de la banda, después de la «tolerancia cero» que se ha ejercido en los últimos años contra los etarras en Francia. Hasta ahora las únicas pruebas eran la documentación intervenida a la banda en Francia y los correos electrónicos que contenía el disco duro del ordenador del jefe de las FARC, Raúl Reyes. El testimonio de Atristain y Besance obliga al Gobierno a dar un paso más allá, puesto que de las conjeturas se ha pasado a las certezas. Le corresponde al Gobierno y al Ministerio de Exteriores mover ficha. Ya no es suficiente con pedir explicaciones al régimen de Chávez sobre su connivencia con los etarras en su país, donde tienen libertad de movimientos para seguir participando en la dinámica asesina de la banda. El Ejecutivo tiene que exigir al Gobierno venezolano la máxima colaboración para facilitar la extradición de los etarras que considere la Justicia, al tiempo que debe dejar de ser cómplice indirecto de sus actividades ilícitas en su país. Porque es intolerable que personajes con presuntos delitos de sangre como Cubillas tengan una relación tan privilegiada con el Gobierno bolivariano, hasta el punto de ser un interlocutor privilegiado con los mandos de la Guardia Nacional y de la Dirección de Inteligencia Militar.

Las relaciones con Venezuela, y más aún si está ETA por medio, deben desarrollarse desde la firmeza y la contundencia. Porque a la vista está que la cooperación en materia terrorista entre España y Venezuela es insuficiente, por más que el pasado 6 de marzo ambos gobiernos ratificasen su más enérgica condena al terrorismo. Es hora de que Chávez abandone su retórica baldía contra ETA y pase a los hechos, que pasan por ejercer todo el arsenal diplomático, político y judicial para que Venezuela deje de ser un exilio de lujo para los asesinos.


La Razón - Editorial

La asocial política "social" del zapaterismo

Su gestión de la crisis ha sido peor que mala, constituye el modelo práctico de cómo arruinar un país tomando todas las decisiones equivocadas posibles, una tras otra.

El desempleo parece no tocar fondo en España. Los datos de septiembre, en los que vuelve a sobrepasarse la plusmarca de los 4,5 millones de parados, invitan a cualquier cosa menos al optimismo por más que desde el Gobierno quieran vender que la recuperación está ya en marcha. No hay nada de eso. Nuestro país se encuentra metido de lleno en una depresión económica de la que nadie sabe cuándo ni cómo vamos a salir, especialmente mientras sigamos aplicando desastrosas políticas de intervención pública. Esta es la cruda realidad y el resto simples ensoñaciones a las que los políticos son muy dados.

Nos encontramos ante una situación doblemente complicada. Por un lado se destruye empleo sin pausa y a toda velocidad, por otro no se genera prácticamente nada, es decir, la economía española es totalmente incapaz de remontar el vuelo y empezar a crear riqueza tras el severo ajuste que ha padecido. El Gobierno, el mismo que se llena la boca con la palabra "social" y que hasta hace bien poco decía disponer de la varita mágica para devolvernos al crecimiento, se muestra inoperante, da palos de ciego y asiste impávido a cómo el castillo de arena que ha construido con toneladas de dinero público se viene irremisiblemente abajo.


Porque he ahí la clave de la cuestión. La política de gasto sin límite, de grifo abierto a cargo de las arcas públicas se agosta por momentos. Con los mercados internacionales entornados y a punto de cerrarse, la deuda en máximos y la economía real en mínimos nadie puede mantener la fiesta "social" que Zapatero ha montado a cuento de la crisis. El contribuyente no da más de sí, las empresas sobreviven de milagro haciendo malabarismos para cuadrar el balance, pero el Estado se niega a apretarse el cinturón. Ni lo hizo cuando tocaba, hace ya tres años, momento en que la crisis estaba encima y aún había tiempo de reaccionar, ni lo hace ahora, hundidos como estamos en la sima del desempleo y el desencanto generalizado.

Esta es, en breve, la asocial política "social" que ha llevado por bandera el zapaterismo. Gastó lo que no tenía en programas estatales ruinosos como los planes E confiando en supercherías teóricas que nunca y en ningún lugar han funcionado. Cuando éstas se demostraron falsas pidió dinero prestado para mantener la máquina de gastar encendida todo el tiempo posible con la ilusión puesta en una recuperación que nunca llega. Ahora, con todos los indicadores por los suelos y el drama del paro de larga duración castigando a la sociedad, su única receta es saquear a los ciudadanos productivos vía impuestos y seguir, mientras el cuerpo los permita, gastando a manos llenas hasta la próxima cita electoral.

Por este camino vamos directos al abismo. Nos lo recuerdan desde fuera, pero Zapatero actúa ya como un boxeador noqueado que no quiere bajo ningún concepto caer a la lona. Su gestión de la crisis ha sido peor que mala, constituye el modelo práctico de cómo arruinar un país tomando todas las decisiones equivocadas posibles, una tras otra. El resultado lo tenemos a la vista y no estamos todavía en el peor de los escenarios, ahora bien, si esto sigue así lo alcanzaremos más pronto que tarde.


Libertad Digital - Editorial

Zapatero, lastre para el PSOE

Los que animaron a Zapatero a apoyar a Jiménez tienen su cuota de responsabilidad. La debilidad de Zapatero es contagiosa para el PSOE.

LAS dimensiones del revés sufrido por Zapatero en el Partido Socialista Madrileño son suficientes para calificarlo como una crisis política fuera de su control. Lo relevante no es el hecho de que su candidata haya perdido en las primarias madrileñas, sino la cadena de síntomas que se asocian a esta derrota, producida en este concreto momento político. A un dirigente con autoridad y proyectos suficientes, no le hubiera sucedido esto. La derrota de Zapatero tiene una gravedad cualificada porque carece de recursos políticos mínimos para revertirla a corto plazo, que es la única agenda que puede manejar el presidente del Gobierno. Zapatero no tiene un gobierno sólido y creíble que lo proteja con una gestión eficaz. Tampoco tiene una opinión pública dispuesta a disculparle los tropiezos que cometa. Por el contrario, la sociedad española exhibe un claro hartazgo del zapaterismo. Ya no cuenta con un partido y con unas bases receptivas a una llamada de cierre de filas en torno a su persona. Lo intentó su equipo más cercano para que Trinidad Jiménez ganara las primarias y falló. Un equipo que también está directamente tachado por la derrota de Jiménez, al haber implicado de forma personal al presidente del Gobierno en una disputa interna muy condicionada por las escasas posibilidades del PSOE de ganar en Madrid. No había proporcionalidad entre el riesgo que corría Zapatero y el beneficio que pudiera derivarse de la victoria de Trinidad Jiménez. Los que le animaron a apoyar a Jiménez tienen su cuota de responsabilidad. Por eso, la debilidad de Zapatero es contagiosa para el PSOE. El silencio alrededor del presidente se está espesando porque su partido tiene algo más que la intuición de que el camino por el que va Zapatero conduce a una debacle electoral. Baste comprobar que, después de seis años de Gobierno, el de Zapatero se sostiene solo por voluntad de Íñigo Urkullu y Josu Erkoreka.

La cuestión política que debe resolver Zapatero es hasta cuándo antepondrá su voluntad de permanecer en el poder a la necesidad nacional de acudir a las urnas para regenerar políticamente la situación de España. Afirmó que seguiría «cueste lo que cueste» y está haciendo buena su declaración, aunque el resultado de las primarias en Madrid ha introducido un factor novedoso que rompe completamente la pacífica perspectiva de un pacto de legislatura encubierto con el PNV hasta 2012. Zapatero ha hecho de su continuidad un asunto meramente personal.


ABC - Editorial

lunes, 4 de octubre de 2010

PSOE. El proceso de primarias. Por Agapito Maestre

Ni siquiera esta pelea entre gallitos del PSOE de Madrid me hubiera llamado la atención, en verdad, si no hubiera sido porque sólo tenía un objetivo: buscar un candidato perdedor (sic) para enfrentarse a Esperanza Aguirre.

La versión socialista de las elecciones primarias norteamericanas es ridícula. Nada tiene que ver el sistema de partidos políticos de España con EEUU. Nada de esto mueve el interés de los ciudadanos españoles asqueados del actual Estado de partidos. Tampoco termina con la desafección ciudadana hacia unas instituciones políticas, cada vez más vacías de sentido democrático, como los actuales partidos al servicio de un único jefe. En verdad, pocas veces entusiasma a nadie el conocimiento de la vida interna de los partidos políticos. Al margen de los militantes socialistas, no creo que sean muchas las personas que se interesen por la maraña de luchas internas entre renovadores de la base y socialistas de la nada, entre zapateristas y barones regionales, en fin, Zapateros contra Zapateros.

Si los engaños y trampas entre los conmilitones de todos los partidos son constantes, en el caso del PSOE son la base de su existencia. Trasladar al cuerpo electoral sus miserias ha sido casi siempre otra de sus señas de identidad de su accidentada historia; Julián Besteiro no es el único ejemplo de gran político socialista abandonado y, aún peor, perseguido por sus correligionarios. Pareciera que el resentimiento es la sangre que corre por ese partido. Las mentiras y navajazos son las principales armas entre los compañeros socialistas para conseguir un puesto en la cúpula dirigente. La vida del político profesional socialista es dura y, sobre todo, ingrata; se diría que, después de casi siete años de engaños y mentiras de Zapatero, nadie respeta al político socialista en particular ni por su trabajo ni por su eficacia. Ese desprecio al socialista se extiende al resto de la casta política; más aún, se diría que al político nadie le quiere. Sólo se le teme. Provoca miedo, a veces, por su planteamiento ridículo y ajeno a la realidad.


Por eso, sin duda alguna, no hay en España líderes políticos genuinos. Ni siquiera esta pelea entre gallitos del PSOE de Madrid me hubiera llamado la atención, en verdad, si no hubiera sido porque sólo tenía un objetivo: buscar un candidato perdedor (sic) para enfrentarse a Esperanza Aguirre. No se trata de que las primarias del PSOE de Madrid hayan creado ruido y un alevoso debate democrático, que sin duda alguna lo han ocasionado, sino que están montadas para estigmatizar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Curioso. Todo un montaje para cuestionar la excelencia, pues que a nadie se le ocurre cuestionar que Aguirre es una las pocas políticas, en España, con capacidad de liderazgo y carisma democrático.

Cosas peores, desde luego, se han visto en la historia del PSOE, pero esta jugada para deslegitimar a una de las políticas más coherentes y sensatas que ha dado España, en las últimas décadas, mueve tanto a la hilaridad como al desprecio de quien ha organizado este aquelarre de primarias, que no es otro que Zapatero. Risa, sí, provoca Zapatero, porque, independientemente del ganador de Madrid, él sale debilitado de este proceso. Se han hecho primarias en Madrid, en efecto, porque Zapatero quiere sacar fuera del tablero político a Aguirre, pero, al final, el principal deslegitimado es el presidente del Gobierno. Que gana Trinidad Jiménez, dirán los de Tomás Gómez, será porque se ha impuesto toda la maquinaria del partido a su servicio; que gana Tomás Gómez, pues que nadie lo dude, Zapatero tendría que poner pronto su cabeza a buen recaudo. ¡Es de risa o no!


Libertad Digital - Opinión

La gran coalición. Por César Alonso de los Ríos

La temible envergadura de la crisis, la cesión de la política económica a las autoridades de la UE, la incapacidad para tomar medidas mínimamente coherentes con el propio programa cuando no abiertamente contradictorias con él —como la congelación de las pensiones— deberían haber llevado a Zapatero a proponerle al PP un gobierno de coalición. Podría haber justificado esta decisión de forma sobrada, ante sus propios votantes, por dos razones: en primer lugar, por tratarse del modo más respetuoso con las definiciones de cada uno de los dos partidos; en segundo lugar, porque la causa que originó la crisis habría sido la explosión de la burbuja inmobiliaria permitida por los dos partidos y originada, a su vez, por la explosión de la burbuja en Norteamérica. Así que, a mi entender el error de Zapatero no consistió únicamente en el tardío reconocimiento de la crisis y de las obligadas previsiones sino en que se negó a reconocer que, en tales circunstancias, el partidismo debe ceder a las exigencias de la sociedad.

Al no ver la necesidad de un gobierno de coalición con el PP, Zapatero ha tenido que tomar medidas inexplicables para sus seguidores, tan repugnantes e innecesarias como la congelación de las pensiones. En realidad justificación de Tomás Gómez a las primarias se ha debido a esta necesidad de responder en nombre de las bases . En definitiva, Zapatero no habría tenido que emplearse en políticas tan contradictorias con los principios del propio partido.

Las causas de la imposibilidad de una «gran coalición» en España hay que encontrarlas en la incapacidad para la reconciliación que siguen manteniendo los españoles, encastillados en la derecha y en la izquierda como en trincheras… Un odio a muerte que Goya quiso representar con la terrible escena de la pareja que se condena a morir a garrotazos al haberse agarrotado previamente las piernas.


ABC - Opinión

Primarias. Ya es oficial: Zapatero se hunde. Por Emilio Campmany

Más seguro, sin embargo, parece que alguien dentro del propio aparato haya animado a Tomás Gómez a resistir garantizándole que, con su respaldo, ganaría. La cuestión es ¿quién?

Al parecer, los socialistas madrileños tienen un sentido de la supervivencia tan acusado como cualquier otra especie. Darle el voto a Tomás Gómez significaba dos cosas, garantizarse la derrota frente a Esperanza Aguirre y abrazarse a la posibilidad de que Zapatero entienda el mensaje y abandone la dirección del partido y la presidencia del Gobierno antes de la debacle de las municipales y autonómicas. Es verdad que lo más probable es que el leonés nacido en Valladolid aguante en la presidencia hasta ese momento y los socialistas tengan que recibir entonces el justo castigo a la perversidad de haberlo elevado a secretario general en aquel Congreso de 2000 de aciaga memoria. Pero fueron ellos los que lo eligieron y le dieron la victoria manipulando el terrible atentado del 11-M y no estaría de más que, antes de que haga más estropicios, fueran los mismos socialistas los que nos hicieran la caridad de quitárnoslo de encima. Los de Madrid ya han puesto su granito de arena haciendo el sacrificio de elegir como candidato para sus autonómicas a un seguro perdedor a ver si entregando lo accesorio logran salvar lo principal. Ya sólo falta que el resto tome ejemplo y, señalándolo con el dedo, griten todos a una "el rey está desnudo".

Esta es la versión bisoña, la que parte de la premisa de que los militantes se han rebelado contra el aparato votando al candidato que valientemente se opuso a él. ¿Es eso creíble? Por qué no. Es improbable, pero no imposible. Más seguro, sin embargo, parece que alguien dentro del propio aparato haya animado a Tomás Gómez a resistir garantizándole que, con su respaldo, ganaría. La cuestión es ¿quién? Pueden adelantarse hipótesis rebuscadas, maquiavélicas y enrevesadas, pero son retorcidas y, por serlo, según la navaja de Ockham, también son improbables.

Atengámonos a los hechos más notables. A Trini Jiménez le ha apoyado el aparato zapateril en el Gobierno, desde Rubalcaba hasta Pedro Castro, pasando por José Blanco. Y a Tomás Gómez quien lo ha hecho es la vieja guardia felipista, desde Eduardo Sotillos hasta Gregorio Peces-Barba, pasando por José Barrionuevo, que quizá no fuera el respaldo más recomendable. ¿Y quién puede ser el tapado de esta vieja guardia? A mí sólo me sale Javier Solana. Y debe de serlo cuando en internet ya han empezado a circular acusaciones que recuerdan que fue el secretario general de la OTAN que ordenó el bombardeo "ilegal" de Kosovo, un planteamiento muy buenista y, por lo tanto, muy zapateril. No es el momento de ponerse a discutir qué fue aquel bombardeo desde el punto de vista jurídico, pero baste decir que aquello no tuvo otra finalidad que proteger a los musulmanes de la región de sus en aquel momento compatriotas serbios empeñados en exterminarlos. Dicho de otro modo, la acusación de lo de Kosovo es una chorrada.

Javier Solana tiene, por otra parte, dos ventajas incontrovertibles, es muy conocido y valorado en el exterior, lo que su llegada a La Moncloa haría que los mercados recuperaran rápidamente la confianza que un día tuvieron en nosotros, y no está mal visto en la derecha. El único inconveniente grave de que lograra apartar a Zapatero de la presidencia de Gobierno para ponerse él lo tiene Rajoy, que se quedaría sin muñeco al que derrotar en 2012. Pero, francamente querida, en estos momentos, eso me importa un bledo.


Libertad Digital - Opinión

La segunda derrota. Por José María Carrascal

La «batalla de Madrid» ha sido la batalla inspirada y dirigida por Zapatero, como lo fue la huelga del 29-S.

ES el segundo golpe que recibe en una semana. El miércoles, sus aliados y cómplices en la deriva que ha impuesto a España le decretaron una huelga general. El domingo, los socialistas madrileños se enzarzaron en una batalla cainita para decidir su candidato en las próximas elecciones autonómicas. Una batalla promovida desde las alturas, entre el secretario general de dicha asociación, su candidato natural, y la ministra de Sanidad, parachutada desde la Moncloa, que ni siquiera pensaba intervenir, pero que no tuvo más remedio que aceptar. ¿Quién dio la orden? Los dedos apuntan a Blanco y a Rubalcaba, quienes, fundados en encuestas reservadas, decidieron que Trinidad Jiménez tenía mayores posibilidades que Tomás Gómez de arrebatar el sillón a Esperanza Aguirre y convencieron a Zapatero de que apoyase su candidatura. Como si no supiéramos como funciona este gabinete, como si no estuviese comprobado que no se mueve ni una pluma en él sin el visto bueno del presidente. Los ministros y ministras de Zapatero no tienen autonomía, se limitan a adivinar cuáles son sus deseos para servírselos en bandeja. Aquellos que llegan con ideas propias o que no coincidan con su esquema mental, son dejados al lado. ¿Por qué se creen ustedes que elige hombres y mujeres de plastilina, sin criterio propio? Porque no aguanta a ningún otro tipo de personas. La «batalla de Madrid» ha sido la batalla inspirada y dirigida por Zapatero, como lo fue la huelga del 29-S. Dos batallas que ha perdido, que incluso tenía perdidas antes de librarse, porque si se imponía Trinidad Jiménez, iba a contender con Esperanza Aguirre marcada como la «candidata de Zapatero», elegida a dedo por el aparato contra las bases del partido. Y si se imponía Tomás Gómez, el hombre que había tenido la osadía de enfrentarse al aparato y a la mismísima Moncloa, el derrotado sería ésta y su inquilino. Se trataba, por tanto, de una derrota anunciada.

Ha terminado imponiéndose Gómez, un desconocido al que Blanco y Rubalcaba han convertido en David con su honda, figura que encanta al pueblo, frente al fantoche ridículo del gigante. ¿Qué ocurrirá ahora? Por lo pronto, hay que alejar lo más posible a Zapatero de la catástrofe. Ni la idea ni el endose eran suyos, pese a ser claros. Luego, se intentará presentarlo como «una muestra de la democracia interna del partido socialista» y se llenará a Gómez de alabanzas. Mientras se prepara el «ya lo decíamos» para cuando pierda frente a Esperanza Aguirre. Porque este hombre no admite ni siquiera la realidad. Es la que nos dice que, tras perder a sus últimos aliados, los sindicatos, ha perdido algo así como la mitad de su propio partido.


ABC - Opinión

Gana Tomás Gómez y gana el PSOE a pesar de Zapatero. Por Antonio Casado

Ganaron el escalafón y la cantera, gracias al apoyo mayoritario de una militancia que estaba desmotivada y despertó al ruido de las urnas. Perdió la estrella invitada y quienes la metieron en el lío. Por la mañana, en Gandía (Valencia), el presidente del Congreso, José Bono, ya había dicho que esto de los nombramientos a dedo no trae más que desgracias. Lo denuncia la memoria de los socialistas escamados con el dedazo de Felipe González sobre Joaquín Almunia. Y lo denunciaron ayer los 18.000 militantes del PSM, que guardan memoria amarga de los paracaidistas: Miguel Sebastián, Fernando Morán, Cristina Almeida, la propia Trinidad Jiménez, amén de los que no quisieron prestarse, como Solana, Bono, Fernández de la Vega y otros.

Una moraleja de estricta aplicación a Rodríguez Zapatero y sus aprendices de brujo, Rubalcaba y Blanco, que ahora solo tienen un burladero: la vieja relación entre la necesidad y la virtud. O mejor, el famoso mal que por bien no venga. Es decir, habérselas arreglado para poner en la rampa de lanzamiento a Tomás Gómez y quedar en deuda con la ministra de Sanidad, que ha sido la víctima de una maniobra palaciega apadrinada por el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE.

Por supuesto que Rodríguez Zapatero sale mal parado en esta comedia de enredos. Hace tres o cuatro días, en vísperas de las primarias madrileñas, insistió en recordarnos que su preferencia era Trinidad Jiménez. Mal hecho. Por un lado, rompía la neutralidad. Y por otro, habida cuenta de que su crédito político está por los suelos, no le hacía ningún favor a su preferida. Tal vez si hubiera apoyado a Gómez, la causa de Jiménez hubiera tenido mejor suerte. No sé si me explico.


ESCRIBE EL RESTO

Así que ahora tendrá que echar mano de su proverbial camuflaje semántico para convertirse, como es su obligación de líder del partido, en el primer fan de un candidato por el que no apostó. Pero no podrá librarse de que todo el mundo le acuse de haberse equivocado, una vez más.

Fracaso personal de Zapatero, pues, que pierde, pero que se enganchará al subidón de la militancia socialista, que gana en motivación y autoestima. En su condición de líder del partido, sólo podrá interpretar estas primarias como la escenificación de dos formas distintas de intentar desalojar a Esperanza Aguirre del poder autonómico. Tanto Gómez como Jiménez se han prodigado durante la campaña en reiteradas muestras de adhesión política y lealtad personal a Zapatero, con expresas declaraciones de apoyo al que resultase ganador, en aras del objetivo común: acabar con el reinado de Aguirre. Y así lo reiteraron anoche, al conocerse los resultados.

Por lo tanto, bien puede decirse que el PSM ha vuelto a dar espectáculo. No ha dejado de hacerlo, desde los tiempos del golpe de Besteiro hasta el sórdido caso de Tamayo y Sáinz, sin olvidar los ásperos enfrentamientos entre renovadores de Leguina y guerristas de Acosta de los años noventa. Pero esta vez para bien. Así que nadie puede negar que, objetivamente, las primarias madrileñas han sido de lo más rentable para el PSOE, que sueña con el día de la recuperación del poder institucional en la Comunidad. Lo del Ayuntamiento, lo siento por Lissavetzky, está mucho más crudo.


El Confidencial - Opinión

Zapatero frente al espejo. Por Félix Madero

Presidente, ¿le pongo al teléfono antes a Tomás o a Trinidad? Mañana, mañana, dice.

ACABA de cumplir 50 años, y cree que cuando amanece en su casa aún es poco. La vida le ha dado lo que pidió siendo niño: sorpresas que nadie creería, aluviones de novedades que los suyos no esperaban. Anduvo siempre rezagado, pero sin perder la mirada del líder; no dejó que le marcaran su ritmo; él, solo él, decidiría el momento. Pensó cada paso como si fuera el fino movimiento del caballo sobre un tablero de ajedrez; vivió y vive lejos de la humildad de un alfil, pero maneja esa apariencia con esmero. Nunca le agobió el engaño porque sabía que tendría un momento para responder, y ese momento solía decir, llega siempre para el que sabe esperar. Aquel hombre, con 50 años cumplidos, y más de seis viviendo en un palacio que termina por desequilibrar a todos sus inquilinos, ha dado a su trabajo la impronta del constructor de catedrales: el tiempo no importa, la obra quedará terminada. Pero esta mañana de lunes comprueba con desesperación que no. Que muy probablemente la catedral quedará a medias, y él ha de ir preparando sus trastos para facilitar que otros continúen o, como él hizo, empezar de nuevo.

Ahora tiene menos dudas que entonces, pero las inquietudes han crecido. Le agobia mirarse al espejo, le molesta ver cómo su pelo cambia y mengua, cómo su cara empieza a parecerse a un familiar fallecido; cada vez soy más el pasado, se dice. Se queda embobado ante el espejo y pasan los minutos antes de meter la cuchilla en su cara. Anoche, cuando supo el resultado de las primarias en Madrid, recordó al pintor Francis Bacon frente al espejo: mira cómo trabaja la muerte en mi cara. ¡Ah, la muerte!, se dijo para sí: no pasa nada, es un cambio de misión, aquí tengo una, allá tendré otra.

Se entretuvo dibujando figuras geométricas en un papel timbrado con el escudo de España y abajo la leyenda de: El Presidente. Terminaba de perfilar la figura de un tetraedro cuando un asistente llamó: ya hay resultado, los socialistas madrileños han elegido, dijo casi en silencio. Le dejó un papel en la mesa y se marchó. Y ahí se quedó, sólo, observando el folio, la tinta y las letras deseando no saber leer.
Pero el ritmo de la lectura era el mismo con que notaba un frío cada vez más intenso en la sangre. Se me va a helar, pensó. Se levantó, encendió el primer cigarrillo rubio del tercer paquete del día. Recordó que había repasado con una de sus hijas un texto de Valle Inclán, ese en el que Max Estrella está en la cárcel y un preso que sabe que va a morir exclama: ¡qué dirá mañana la Prensa canallesca! Lo que le manden, responde el poeta ciego. En esas estaba cuando el asistente vuelve a entrar: presidente, ¿le pongo al teléfono antes a Tomás o a Trinidad? Mañana, mañana, dice. Y se perdió por los pasillos del palacio mientras adivinaba las portadas de los periódicos de este lunes.


ABC - Opinión

Crisis PSOE. José Luis no puede. Por José García Domínguez

Definitivamente, no. Y es que quince puntos de desventaja en los vitriólicos humores del telespectador soberano suponen un certificado de defunción extendido a nombre del sanedrín dirigente del PSOE. Tan simple como eso.

Dicen que hubo un momento en la Historia, cuando los antiguos dioses habían muerto y los nuevos aún estaban por llegar, en el que, apenas durante un instante, los hombres fueron libres. Y aunque en el prosaico cenagal del pequeño politiqueo doméstico, quizá esté ocurriendo algo parecido delante de nuestras muy escépticas narices. Repárese en ese Gómez, el Prometeo de Parla. Sin darnos plena cuenta, acaso asistamos al crepúsculo de la rebelión de los mindundis, feliz hallazgo retórico con el que Florentino Portero inmortalizara para la eternidad la irrupción de Zetapé y sus iguales en la escena pública nacional.

Así, entre inopinadas bambalinas acaba de estallar otro motín de Esquilache en la prensa oficiosa. ¿Cómo interpretar, si no, que en pleno aquelarre electoral madrileño El País le asestase una encuesta por la espalda al Gobierno? Un sondeo demoledor, por lo demás, ése que sentencia que José Luis, a diferencia de Trini, no puede. Ya no. Definitivamente, no. Y es que quince puntos de desventaja en los vitriólicos humores del telespectador soberano suponen un certificado de defunción extendido a nombre del sanedrín dirigente del PSOE. Tan simple como eso. Por cierto, otra prueba, el test demoscópico de Prisa, de la irracionalidad crónica que informa a la llamada opinión pública.


Véase. La izquierda sociológica, en grado sumo refractaria a secundar la insubordinación de los sindicatos contra sus padrinos políticos, rehúsa seguir la huelga general. Errática consecuencia: el apoyo electoral al Gobierno por parte de su base social... se desploma al súbito, fulminante modo. En fin, cuenta Enrique Krauze que en cierta ocasión le espetó Hugh Thomas: "Quien sólo conoce España no conoce España". Tal vez por ello no resulte del todo impertinente traer a colación el Caracazo.

Ya saben, cuando aquel demócrata ejemplar, Carlos Andrés Pérez, ordenó ametrallar a varios miles de paisanos suyos en las calles de Venezuela. Igual que aquí y ahora, allí y entonces el Ejecutivo acababa de emprender un plan de ajuste tan urgente como necesario. Tampoco supieron explicarlo. Y también fue su tumba política. Al respecto, Petkoff, el viejo líder comunista hoy enfrentado a Chávez, suele decir que a los tecnócratas que rodeaban a Pérez les faltaba burdel. Como a Zapatero. El burdel, he ahí su talón de Aquiles.


Libertad Digital - Opinión

El hombre que venció a Zapatero. Por Ignacio Camacho

Tomás Gómez se ha convertido en el primer político español capaz de derrotar a Zapatero.

HAY silogismos tan simples como terminantes más allá de la lógica formal. Por ejemplo éste: Si Zapatero apoyaba a Trinidad Jiménez y Tomás Gómez ha derrotado a Trinidad, Tomás Gómez ha derrotado a Zapatero. Y lo ha derrotado dos veces, la primera negándose a retirar su candidatura y la segunda tumbando a su forzada rival y a todo el aparato federal del Partido Socialista. Esto lo entienden hasta en el parvulario y no vale que el presidente del Gobierno lleve un mes escondiendo su responsabilidad en el proceso que ha desencadenado lo que de hecho es su doble fracaso. Trini no sólo no ha podido, sino que tampoco quería, y la obligó a presentarse quien estaba en condiciones de obligarla. El mismo que no consiguió doblar la resistencia de Gómez; el mismo que consintió que los pesos pesados de su Gabinete —Blanco y Rubalcaba, los verdaderos inductores de la fallida operación «Trini puede»— se involucrasen a fondo en la batalla interna de Madrid para tratar de controlar las consecuencias de esas primarias en el cada vez más previsible debate sobre el postzapaterismo.

Tomás Gómez se ha convertido así en el primer político español capaz de vencer a Zapatero, aunque sea por persona interpuesta. Lo ha logrado a base de un estilo genuinamente zapaterista, como un espejo de la emergencia del actual presidente en el 2000: con un discurso de manos tendidas, fresco, desenvuelto y entusiasta que ha agrandado su figura desde un inicial apocamiento. Oírlo es oír al Zapatero de diez años atrás, pero con más preparación, más experiencia y más estudios; un curioso ejercicio de reencarnación de liderazgo propiciado por la evidente decadencia del líder. Gómez ha aglutinado un polo de descontento heterogéneo que va cuajando en el seno del PSOE ante la perspectiva de perder las elecciones, y que agrupa a supervivientes del guerrismo, tardofelipistas recrecidos por los vaivenes presidenciales, barones territoriales preocupados por su futuro inmediato y dirigentes damnificados por la implacable depuración ejecutada en la década zapaterista. A ellos se han sumado miles de militantes madrileños alarmados ante el desgaste del Gobierno que con su voto desean acelerar el relevo de la candidatura que más les importa: no la de la lista por Madrid a las autonómicas, sino la de las generales.

El postzapaterismo está en marcha de modo irreversible. Blanco y Rubalcaba han quedado seriamente tocados como albaceas por su implicación en la intentona fracasada, y queda por ver si Gómez podrá defender ante la rocosa Esperanza Aguirre el crédito que acaba de ganar entre los suyos. Su victoria ha abierto el melón sucesorio, pero a la tierra prometida casi nunca llegan los que empezaron el camino.


ABC - Opinión

Zapatero pierde en Madrid

El presidente del Gobierno fue el gran perdedor de las primarias socialistas de Madrid. Zapatero ha visto cómo su candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Trinidad Jiménez, fracasaba ante un Tomás Gómez que ha logrado el 51 por ciento de los votos de los afiliados socialistas. La trifulca entre ambos contendientes deja un partido tan dividido internamente como debilitado frente al PP de Esperanza Aguirre. Los ciudadanos continúan sin saber qué ofrecían, los dos candidatos de las primarias, de novedoso en el plano económico o social, de lucha contra la crisis o en favor del empleo, la sanidad o la educación. La pelea en el PSOE madrileño, provocada por el presidente del Gobierno al querer imponer a su candidata, y el consiguiente y sorprendente rechazo de Tomás Gómez a abandonar la pugna, en una clara y desleal postura, ya que fue el propio Zapatero el que le puso en ese cargo, ha traído un baile de navajas en el que se han implicado –con mayor o menor destreza dialéctica– pesos pesados del socialismo nacional. Con la derrota ayer de Jiménez, Zapatero sufre su primer revés como líder del PSOE en un momento de clara debilidad política y con unas encuestas que le son muy desfavorables. Lo sucedido es, también, una muy buena noticia para Rajoy que tiene enfrente a un rival cada vez más debilitado. Para el Partido Socialista se ha evaporado la posibilidad de ganar en Madrid, ya que Jiménez estaba mucho mejor posicionada que Gómez en todas las encuestas realizadas entre los madrileños. El buen trabajo realizado por Esperanza Aguirre durante estos años no se lo pondría fácil a Trinidad Jiménez, pero con Gómez, la posibilidad de ganar en Madrid se aleja sin remedio. Si desde el PSOE siempre se ha insistido en que sin Cataluña o Andalucía el PP no alcanzaría el pleno control de la política española, sin Madrid el PSOE también se encuentra incompleto. Y así sigue. El PSM, a día de hoy, está roto, partido en dos y desilusionado ante la fractura provocada desde arriba. Es el inicio del «postzapaterismo», la batalla de Madrid ha desgastado aún más al partido y lo ha dejado en una posición de mayor debilidad frente a una candidata, como Esperanza Aguirre, que no ha dejado de hacer sus deberes en estos años.

En otro apartado de cosas, el fracaso de Jiménez también ahoga las intenciones del PSOE de alcanzar el Ayuntamiento de la capital. El candidato Jaime Lissavetzky, que ha apoyado a Trinidad en todo este proceso en el que ambos se han vendido como «tándem ganador», se ha quedado solo. En el círculo próximo a Gómez no sentó nada bien que el secretario de Estado para el Deporte expresara su apoyo a la ministra en una rueda de prensa en Callao en la que estaba el propio secretario general tragando saliva. La alegría y las celebraciones del domingo por la noche en el PSOE madrileño llevan a una mañana, como la de hoy, en la que el candidato socialista, a pesar del presidente del Gobierno, puede ver la realidad que se abre ante sus ojos: un trabajo inmenso para volver a cohesionar un partido roto y el desafío, enorme, de medirse a Esperanza Aguirre. La verdadera lucha, comienza ahora.


El Mundo - Editorial

Y ganó Tomás Gómez

El desenlace definitivo se jugará en las elecciones autonómicas; pero Zapatero queda muy tocado.

La victoria de Tomás Gómez en las primarias de los socialistas de Madrid supone un enorme tropiezo del presidente Zapatero, que primero fracasó en su intento de convencer al líder del PSM, Tomás Gómez, de que dejara paso a Trinidad Jiménez como candidata, y luego calculó mal los efectos de un apoyo tan directo a una candidatura alternativa a la del secretario general madrileño en las elecciones internas. Pero será una derrota provisional, hasta las elecciones autonómicas de mayo, en la medida que su apuesta lo era por una candidatura capaz de derrotar a Esperanza Aguirre. Si Gómez no gana el 22 de mayo, tanto Ferraz como La Moncloa podrán alegar que con Jiménez el desenlace habría sido diferente, como advirtieron en su momento.

Pero de momento es una derrota que afecta al liderazgo de Zapatero e interpela también a aquellos en la cúpula socialista que públicamente más apostaron por la ministra de Sanidad. Ganó "el candidato que dijo no a Zapatero". Esa definición, ideada por Alfredo Pérez Rubalcaba con ánimo descalificatorio, ha ido cambiando de significado a medida que avanzaba la campaña de las primarias, en paralelo a un deterioro del Gobierno y su presidente que ayer mismo reflejaba la encuesta de EL PAÍS. Lo más significativo de ella es que solo el 62% de los anteriores votantes del PSOE dicen desear que ese partido gane las elecciones de 2012. Otro dato significativo es que si bien Jiménez sigue siendo uno de los miembros del Gobierno mejor considerados, la valoración de su gestión ha retrocedido 11 puntos en las semanas transcurridas desde que oficializó su candidatura para las primarias. El deterioro de la imagen de Zapatero estaría arrastrando a todo el partido; y si es cierto que solo es una encuesta, los resultados de otra fueron el argumento para invitar a Gómez a hacerse a un lado.


El resultado de ayer confirma lo adelantado por el recuento de avales del pasado fin de semana, que ya favorecía a Gómez por escaso margen (52% frente a 48%). Pero si esa coincidencia confirma cuál es la opinión mayoritaria entre los militantes, eso no significa que sea un reflejo de la dominante en el electorado socialista. Las personas convocadas ayer a votar eran 18.000, y el PSOE obtuvo en las anteriores autonómicas 1,2 millones de votos. Es posible que los electores favorables al PSOE hubieran preferido a Jiménez, cuya buena imagen deriva sobre todo de su disposición al consenso con la oposición. Mientras que Gómez cultivó la imagen contraria.

En todo caso quedan ocho meses para las autonómicas, y pueden pasar muchas cosas. Si Gómez es capaz de compaginar su imagen de candidato que resistió a Zapatero con la de político moderado podría acabar siendo un aspirante verosímil. Con Jiménez se sabía que podía ganar por poco o perder también por poco, mientras que con Gómez puede pasar cualquier cosa. Incluso que aglutine ese descontento múltiple y transversal que recogen las encuestas y le gane a Aguirre.


El País - Editorial

No a Zapatero

Confrontados con dos candidatos que ideológicamente no se diferenciaban en nada, los militantes madrileños han preferido a aquel que no venía avalado por Zapatero y el resto de la nueva guardia socialista: más que por Gómez, han votado contra Zapatero.

Tiene razón Zapatero en que tras las primarias del PSM "ha ganado el partido". Porque tanto Trinidad Jiménez como Tomás Gómez tienen las mismas ideas y los mismos modos que Zapatero: el populismo socialista cuya consistente aplicación está llevando a la ruina a España. En este sentido, ambos defienden inequívocamente el mismo programa: más despilfarro público, mayores impuestos a las clases medias, más endeudamiento para las generaciones venideras, más regulaciones, más complicidad con la aristocracia sindical y, en definitiva, menos libertades.

Un ideario político que en pocos sitios de España podrá observarse con más inquietud y distancia que en Madrid, la región donde justamente han triunfado las políticas de signo contrario a las propugnadas por Zapatero, Jiménez y, también, Gómez. El votante madrileño sigue teniendo tan pocos motivos para apoyar al PSM como los tenía antes de este domingo.


De puertas hacia adentro, sin embargo, el resultado de las primarias sí adquiere una mayor relevancia de la que previsiblemente tendrá para los comicios autonómicos. Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad y candidata oficial de Zapatero, Blanco y todo el aparato del PSOE, ha perdido las primarias contra el ex alcalde de Parla. Confrontados con dos candidatos que ideológicamente no se diferenciaban en nada, los militantes madrileños han preferido a aquel que no venía avalado por Zapatero y el resto de la nueva guardia socialista: más que por Gómez, han votado contra Zapatero. Al fin y al cabo ya lo sentenció Rubalcaba: el único mérito del secretario general del PSM ha sido decirle ‘no’ a Zapatero, y sólo eso ya le ha bastado para erigirse vencedor.

No es algo que, por otro lado, debiera extrañarnos: incluso los periódicos más afines al PSOE señalan que un Rajoy sin prácticamente ejercer de oposición está sacándole 14 puntos de ventaja a Zapatero. Contar con su respaldo es un claro demérito, especialmente en la Comunidad de Madrid, donde además de su calamitosa gestión nacional se ha sufrido su particular inquina hacia la región.

Pero si empieza a ser indudable que Zapatero no cuenta ni con el apoyo de los militantes socialistas, ni con el de los ciudadanos madrileños, ni con el del conjunto de los españoles, ¿a qué espera para someterse a similar proceso de reválida al que forzó a someterse a Gómez? Porque lo realmente relevante de las primarias de ayer no fue el haber seleccionado qué cabeza de cartel defendería en Madrid la ideología del socialpopulismo zapateril, sino si el presidente del Gobierno seguía contando con algún ascendiente dentro de su partido. Y no, ni siquiera los suyos confían en él. Todavía falta mucho hasta 2012 como para que un político totalmente deslegitimado entre sus bases y entre la ciudadanía siga ocupando La Moncloa y arruinando a los españoles. Si Tomás Gómez y los militantes socialistas pueden gritar ‘no’ a Zapatero, con más motivo deberíamos de poder hacerlo todos los españoles.


Libertad Digital - Editorial

Zapatero se estrella

Había en disputa dos visiones sobre el corto y medio plazo socialista: con Zapatero y sin Zapatero. Quieran o no asumirlo desde La Moncloa y Ferraz, ha ganado la segunda.

Las primarias en la Federación Socialista Madrileña se han saldado con una victoria, la de Tomás Gómez, el «candidato de la derecha» según algunos de sus compañeros de partido, que puede considerarse una precipitación del debate sobre el poszapaterismo. Es evidente que la derrota de Trinidad Jiménez abre una grieta en la dirección nacional del PSOE, que ni previó la determinación de Gómez ni supo dar a su candidata el discurso necesario para derrotarlo. El desgaste de Jiménez es suficiente para cuestionar incluso su continuidad en el Gobierno, porque agrava y extiende la imagen derrotista que transmite el equipo ministerial de Zapatero. Por eso, al presidente del Gobierno se le plantean dos problemas: como jefe de un Ejecutivo con evidentes síntomas de ruina y como secretario general de un partido cuyas bases madrileñas le han dado la espalda. Lo primero se llama crisis de gobierno, y lo segundo, a este paso, congreso extraordinario. Por supuesto, la derrota de Jiménez es otra más de las derrotas de Zapatero en Madrid, con la diferencia de que hasta ahora se las infligían los candidatos del Partido Popular.

La altísima participación de los militantes de la FSM, que han dado un ejemplo de democracia interna, refuerza el valor de los resultados e inhabilita cualquier intento de rebajarlos. Ha sido un plebiscito interno para dirimir un pulso que tenía más trascendencia para el futuro del PSOE que para el gobierno de la Comunidad de Madrid, sólidamente sostenido por una mayoría de votantes del PP. De hecho, a los militantes socialistas no les han persuadido las milagrosas encuestas de Ferraz con Jiménez de candidata. La cuestión era otra. Había en disputa dos visiones sobre el corto y medio plazo socialista: con Zapatero y sin Zapatero. Quieran o no asumirlo desde La Moncloa y Ferraz, ha ganado la segunda. Por eso, con Zapatero en caída libre en las encuestas, Tomás Gómez puede capitalizar a su favor la hostilidad del aparato nacional y las distancias que ha sabido marcar, con muy buenas maneras, pero muy claramente, frente al presidente del Gobierno. Y puede también animar a otros candidatos a buscar sus votos sin Zapatero.

La victoria de Tomás Gómez sí afecta al presidente del Gobierno. Si su candidato no gana ni en las elecciones internas, muchos pensarán que menos aún en los comicios autonómicos o generales. Tanto le afecta, que la maquinaria de la sucesión puede empezar a funcionar anticipadamente si los núcleos de poder internos ven a Zapatero como el principal obstáculo para mantener el Gobierno en 2012. Y, visto lo que le ha sucedido a Trinidad Jiménez, tienen razones para temerlo.


ABC - Editorial