martes, 22 de junio de 2010

Cambio de Gobierno. Ministros 'kleenex'. Por Emilio J. González

Da igual quién pueda ser el próximo ministro de Economía, porque mientras Zapatero no cambie, todo serán operaciones de marketing al servicio de su ego y nada más.

El final del turno de presidencia española de la Unión Europea ha desencadenado toda una oleada de rumores, comentarios y especulaciones acerca de una nueva crisis de Gobierno, con las consiguientes quinielas acerca de quién sale, quién entra y en qué puesto, quién sigue en el suyo y quién cambia. Dado el alto grado de deterioro de la situación económica y política en nuestro país, y ante la rotunda negativa de Zapatero a convocar elecciones, es lógico pensar que se decante por un cambio en su equipo, aunque con él, la verdad, nunca se sabe. Entre quienes, según parece, tiene muchas papeletas para tener que abandonar la poltrona ministerial se encuentra la vicepresidenta económica, Elena Salgado. Por lo visto, Zapatero la culpa de la mala gestión de la situación económica (habría que ver qué entiende el presidente por ‘mala gestión’). Sin embargo, sospecho que la razón es muy distinta.

Zapatero colocó a Salgado al frente de la economía porque quería una persona que siguiera sus órdenes y deseos a rajatabla, que no se enfrentase a él ni discutiera sus ideas y ocurrencias, ni tampoco criticara sus planes de gasto público porque, en realidad, lo que quería el presidente del Gobierno era gestionar la crisis de acuerdo con sus puntos de vista y no necesitaba nada más que ejecutores de sus ocurrencias. En este sentido, Elena Salgado ha desempeñado perfectamente su papel porque ha dejado hacer a ZP a su antojo, sin discutir sus propuestas lo más mínimo y sin ni siquiera advertirle de las consecuencias de sus acciones. Y aunque objetivamente es una de las peores ministras de Economía de la democracia, lo cierto también es que su posible cese resultaría injusto si lo contemplamos desde la perspectiva de qué es lo que Zapatero quería y esperaba de ella, algo que ha cumplido a la perfección.

A ZP, sin embargo, eso le da lo mismo. A él lo único que le importa es su ego, el culto a su personalidad (y todo lo demás: personas, instituciones, dineros públicos, etc.) y no está al servicio más que de una sola causa, que es el zapaterismo. No son más que piezas sobre el tablero de ajedrez que despliega y sacrifica a su antojo, sin importarle nada ni nadie. Así decidió nombrar a Solbes vicepresidente económico en 2004, para transmitir a todo el mundo la idea de continuidad en la seriedad de la política económica, cuando los planes presidenciales ya iban por otros derroteros. Solbes no fue más que un instrumento de Zapatero, como lo ha sido Salgado, a la que ahora parece dispuesta a dejar caer para que asuma todas las culpas de la nefasta gestión de la crisis, las que le corresponden a ella y las que le tocan a él, que son muchas (pues en 2007 decidió investirse a sí mismo del liderazgo de la lucha contra la crisis, siguiendo ese modelo tan desastroso pero tan querido para los socialistas como fue el Roosvelt de la Gran Depresión, aunque aquí se adoptó una versión cañí del mismo).

Por tanto, el problema del Gobierno en relación con la crisis económica no es Salgado, sino el propio Zapatero. Desde esta perspectiva, da lo mismo a quién pueda o quiera nombrar ministro de Economía, porque mientras ZP no cambie, va a dar lo mismo. Si algo se ha hecho en la buena dirección en los últimos meses no es por convicción personal del presidente del Gobierno, sino todo lo contrario. Lo que ha ocurrido es que las medidas de ajuste empiezan a venirle impuestas por la Unión Europea y por el Fondo Monetario Internacional a cambio de un multimillonario paquete de ayudas económicas que eviten la suspensión de pagos de España. Todo esto lo ha aceptado Zapatero a regañadientes y sin la menor intención de cambiar lo más mínimo la columna vertebral de su política. ¿Que hay que reducir drásticamente el gasto público? Pues ahí está él enviando millones de euros a los sindicatos latinoamericanos, manteniendo los ministerios de Vivienda e Igualdad, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Qué hay que hacer una reforma laboral? Pues se aprueba un decreto en unos puntos genérico y en otros regresivo y que sean los demás partidos con representación parlamentaria los que asuman el coste político de proponer y aprobar lo que verdaderamente hay que hacer. Por eso da igual quién pueda ser el próximo ministro de Economía. Porque mientras Zapatero no cambie, todo serán operaciones de marketing al servicio de su ego y nada más.


Libertad Digital - Opinión

EA-Batasuna. Algo peor que un matrimonio de conveniencia. Por Guillermo Dupuy

La Fiscalía ya debería haber manifestado su oposición a ese matrimonio de conveniencia entre los proetarras y EA abriendo diligencias contra quienes al alimón ya ensalzan a los criminales encarcelados llamándolos "presos políticos".

No sería la primera vez que los proetarras utilizan las siglas de una formación escindida del PNV para bular la Ley de Partidos y poder volver a presentarse a las elecciones. Lo hicieron antes con Acción Nacionalista Vasca (ANV) y están en pasos de hacerlo con la ya casi extinta Eusko Alkartasuna. La propia ETA hunde sus raíces en las juventudes del partido fundado por Sabino Arana, regadas –eso sí– con el marxismo-leninismo. Desde ese punto de vista, nada nuevo bajo el sol.

Por eso me resulta tan sorprendente la aparente candidez con la que algunos analizan ese pacto de bases que este domingo firmaran la llamada "izquierda abertzale" con el partido fundado por Carlos Garaicoetxea. Si los firmantes de ese documento hubieran querido convencernos de que por "vías pacíficas y democráticas" se refieren a algo completamente distinto a lo que con esa misma envilecida expresión ha venido reclamando la banda terrorista como vía de solución al llamado "conflicto vasco", cabría esperar que en ese documento hubiera un expreso acatamiento a la Ley de Partidos, una condena expresa a ETA, y un claro reconocimiento a las victimas y a su derecho de recibir justicia. Entonces, sí tendríamos derecho a pensar si será verdad o sólo una trampa para que "los tontos útiles vuelvan a dejar que nos colemos".


No cabe, sin embargo, plantearnos esa disyuntiva o pensar en si ese documento es un "caballo de Troya" cuando lo que sus firmantes demuestran con él a las claras es que su concepción de la "paz" y de la "democracia" es la misma que la de los etarras. Así, ni condenan a los terroristas ni se solidarizan con sus víctimas, tildan de "represión" al ordenamiento jurídico vigente o piden la excarcelación de los criminales, a los que se refieren como "presos políticos".

Si finalmente EA cede, en favor de los voceros de ETA, los derechos y prerrogativas que el ordenamiento jurídico, y concretamente la legislación electoral, concede a los partidos políticos, los únicos "tontos útiles" de la jugada serán, lamentable y nuevamente, los que se la consientan, los de siempre, los representantes político y judiciales del Estado español. Luego dirán, también como siempre, que les han hecho "trampas".

Espero que esta vez no suceda lo mismo. Pero para ello, desde la Fiscalía ya se debería haber enviado un serio aviso a navegantes, dejando claro a Eusko Alkartasuna que, lejos de poder nutrirse de los proetarras, lo que se juega es su comparecencia en las elecciones. Así podría haberlo hecho ya la Fiscalía abriendo diligencias por un posible delito de apología del terrorismo contra quienes al alimón ensalzan a unos criminales llamándolos "presos políticos". Pero claro, los "tontos útiles" verían esta firmeza tan exagerada como durante décadas se lo pareció cualquier medida destinada a impedir la subvención y representación política de los proetarras. Y así nos va y en esas estamos. Sin lograr que pierdan toda esperanza y sin tener siquiera que disfrazarlas apenas.


Libertad Digital - Opiniión

Nuevo grito soberanista, 857 asesinatos después. Por Antonio Casado

No se puede expresar con más crudeza ni con mayor lucidez: “Quieren tener razón 857 asesinatos después”. El líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, encierra en esa descarga verbal, puramente descriptiva, el significado del último grito del segregacionismo vasco con piel de cordero. Acaba de presentarse en sociedad y se hace llamar Polo Soberanista. Un título nuevo para la misma obra y la misma compañía de actores (la ilegalizada Batasuna), a la que se incorpora la escisión del PNV conocida como Eusko Alkartasuna.

Se ofrece como un nuevo intento de lograr la independencia de Euskadi por las buenas, pero 857 asesinatos después de haberlo intentado por las malas. Y nadie da por cerrada aún esa siniestra cuenta. Empezando por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, convencido de que la banda terrorista se está reorganizando, lo cual actualiza su famosa ecuación, “urnas o bombas”, frente al apresurado blanqueo de los amigos de ETA. Es lo que empezó a escenificarse el pasado fin de semana en el Palacio Euskalduna de Bilbao: hacia la patria vasca como unidad de destino en lo universal mediante el “uso exclusivo de vías exclusivamente pacíficas y democráticas”.


Ni una palabra, ni media, ni cuarto y mitad, de condena o de distanciamiento respecto a quienes llevan intentando lo mismo desde hace 857 asesinatos. Ninguna sorpresa tratándose como se trata de la llamada izquierda abertzale, donde siempre habitaron y aún habitan los amigos de ETA. Decepcionante y revelador, por lo que se refiere a sus aliados de Eusko Alkartasuna. De condenar siempre la violencia etarra han pasado a hacerse de nuevas. Como si quisiera empezar de cero y mostrar su disposición a volver a condenar el terrorismo a partir de ahora. “La izquierda abertzale, y desde luego Eusko Alkartasuna, respondería claramente de una manera firme si hubiera algún acto de este tipo”, decía ayer el secretario general de E.A., Pello Urizar.

Elecciones municipales

Quieren convencernos de que el Polo Soberanista presionará a ETA para que deje las armas este mismo verano, so pena de pedirle el divorcio. El movimiento es tan descaradamente oportunista que nos excusa de entrar en detalles. Se trata de pasar la ITV lo antes posible y estar en condiciones de participar en las elecciones municipales de la primavera de 2011. Se ponen muy dignos si se relaciona su operación de blanqueo con la necesidad de competir en esas elecciones, solos o en compañía de otros. Niegan estar movidos por criterios tácticos y se reafirman en la prioridad de hacer política sin violencia. Puede ser. O puede no ser. En todo caso, si es como ellos dicen, no tendrán mayor inconveniente en esperar cuatro años más si ETA no se ha dado por vencida o ha sido derrotada con todas las consecuencias.

A ver si son consecuentes y, por salvar lo que es prioritario (hacer política) son capaces de seguir esperando en el caso de que la banda no formalice la entrega de las armas y su total desaparición. De momento se limitan a constatar que ETA se ha convertido en un obstáculo para caminar hacia las metas del nacionalismo. Pero eso no basta para que el ordenamiento jurídico vigente permita presentarse a las elecciones a los amigos de ETA o sus continuadores.


El Confidencial - Opinión

Crisis. El doble rasero de Obama. Por Juan Ramón Rallo

Su receta económica es esquizofrénica, pero la política es única: más Estado y menos mercado. Si el estadounidense de verdad quisiera contribuir a la recuperación global, empezarían por retirar de inmediato todos esos nefastos "planes de estímulo".

Que Merkel le exija a Zapatero que baje el gasto público tiene su sentido económico y estético. Si Alemania, con un déficit inferior al 4%, va a aplicar un recorte de 80.000 millones de euros en cuatro años, qué menos que pedirle ajustes a España, un Estado que incrementó su endeudamiento en casi 120.000 millones durante el último ejercicio, el 11,3% de su PIB.

Peor imagen transmite, sin embargo, que Obama, presidente de una nación cuyo déficit público supera todo el PIB de España (más de un billón de euros o 12% del PIB), llame a Zapatero para apoyar las medidas "difíciles y necesarias" (sic) que el PSOE está aprobando. No es que haya dejado de creer en que debemos reducir drásticamente el gasto público y liberalizar de arriba abajo todos los mercados –incluyendo el laboral, pero también el energético, el minorista, el de comunicaciones, etc.– mucho más, por supuesto, de lo que hecho hasta el momento por nuestro torpe Ejecutivo.


Es sólo que no es de recibo que mientras Obama lastra la economía mundial gastando aquello que no tiene y que ya veremos si alguna vez puede devolver –nota para despistados: no es cierto que Estados Unidos nunca haya entrado en default, lo hizo y se llamó Bretton Woods–, se nos diga a nosotros que es muy necesario que consolidemos el déficit lo antes posible. Tan necesario para la prosperidad de todos es que lo haga España como, sobre todo, EEUU; la diferencia reside en que si bien los estadounidenses aún pueden seguir malbaratando su riqueza (aún no han dilapidado todo el crédito de su economía), nosotros ya no tenemos alternativa.

Sobre todo, la llamada de Obama resulta obscena cuando él mismo envió hace menos de una semana una carta a los miembros del G-20 en la que les urgía a mantener los planes de estímulo hasta que el sector privado diera señales de recuperación:
Una recuperación global, sólida y sostenible de la economía necesita edificarse sobre una demanda global equilibrada. Todavía existen debilidades importantes en las economías del G-20. En particular, me preocupa la débil demanda del sector privado (...) Es de importancia crítica que la consolidación de nuestros déficits públicos se lleve a un ritmo adecuado atendiendo a la situación global, a la situación de la demanda privada y a las circunstancias nacionales. Debemos ser flexibles a la hora de acelerar el ajuste y recordar los enormes errores del pasado cuando los estímulos se retiraron demasiado rápido.
¿A qué se debe este doble rasero de Obama, quien pide para Europa lo contrario que exige a España? Es fácil de entender sin siquiera mentar el fracaso universal que ha supuesto el keynesianismo. Primero, Obama quiere restaurar en su país el Gran Gobierno que Reagan mal que bien contribuyó a contener; para ello no ha dudado en aprobar los mayores déficits públicos de la historia del país para, de aquí a unos años, subir los impuestos con la excusa de cuadrar las cuentas y así asentar una socialdemocracia europea en EEUU. Segundo, Obama quiere que los europeos se sigan endeudando masivamente para que financien indirectamente las exportaciones estadounidenses (el gasto público nunca se queda dentro de un país, sino que obviamente se filtra el exterior), que para algo EEUU sigue teniendo uno de los desequilibrios externos más grandes del mundo. Y, por último, Obama teme que países como España quiebren si siguen endeudándose; un desastre cuyas consecuencias no sólo se llevarían por delante a franceses y alemanes, sino que podrían en serios apuros a la banca estadounidense a la que debemos más de 100.000 millones de euros.

Por eso su receta económica es esquizofrénica –depende de los distintos intereses de Obama–, pero la receta política es única: más Estado y menos mercado. Si el estadounidense de verdad quisiera contribuir a la recuperación global, empezarían por retirar de inmediato todos esos nefastos "planes de estímulo". Entonces comenzaríamos a ver cómo esa debilitada demanda privada que los políticos están aplastando puede comenzar a renacer conforme las economías se reestructuren. Pero es de prever que Obama no quiera eso; no, al menos, que no lo quiera hasta que consiga sacarle todo el jugo socialdemócrata a la crisis.


Libertad Digital - Opinión

Dos políticas económicas. Por Fernando Fernández

Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas.

Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal y en la reforma del sistema financiero y se oponen al impuesto a la banca. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas y no son muy partidarios de la reforma financiera más allá de la retórica populista. ¿Realmente estamos ante dos formas de ver el mundo? No lo creo. Todo es mucho más prosaico. Estamos ante dos realidades económicas diferentes, dos momentos cíclicos distintos y dos necesidades coyunturales opuestas. En Estados Unidos han saneado ya su sistema financiero. Les ha costado mucho dinero pero no tienen más cadáveres en el armario, quizás algún banco pequeñito pero irrelevante en términos macro. Por eso se atreven a seguir tirando del gasto público. Por eso y porque el indiscutible liderazgo del dólar como moneda de reserva les permite despreocuparse de la financiación. Han demostrado además que son capaces de revertir drásticamente el déficit cuando es necesario, porque tienen un presupuesto mucho más flexible y porque responde a medidas coyunturales no repetibles, one-off en la terminología de los economistas.

En Europa, la situación es otra. El salvamento del sector financiero apenas ha comenzado. Solo la semana pasada se decidió que las pruebas de estrés de los bancos se publicarían en julio. Exigirá nuevas necesidades de recapitalización y sin duda la aportación de fondos públicos. La deuda pública aumentará y si le añadimos las incertidumbres institucionales que van a seguir amenazando el futuro del área euro y la resistencia política a ajustar déficit que son esencialmente estructurales, la financiación no está garantizada. Esa es la realidad que explica la urgencia de la consolidación fiscal y la voracidad de los gobiernos europeos que buscan simular los nuevos impuestos —a la banca, a las nucleares, a los ricos— como estrategias anti crisis cuando no son más que el producto de la inercia mental de los europeos.

ABC - Opinión

Historia caprichosa. Por Alfonso Ussía

Hay que rebajar el tono y no afilar los puñales. Escribir como se habla en una tertulia educada compuesta por personas de ideas diferentes. El asunto a comentar, entre café y café, sería hoy el de la desaparición de la División Azul en el nuevo Museo del Ejército. Se me antoja una tontería. Es más fácil inventar la Historia que borrarla. Igual de idiota me parecería que un ministro de Defensa, por razones de antipatía ideológica, decidiera esfumar de nuestra Guerra Civil a las Brigadas Internacionales. La División Azul combatió en Rusia del lado de la Alemania de Hitler frente a la Unión Soviética de Stalin. Un perverso aliado contra un perverso enemigo. Aquellos tiempos. Tampoco las Brigadas Internacionales pueden dar ejemplo de nada. Muchos de los brigadistas –así lo han reconocido–, lucharon engañados o inducidos por sesgados alicientes, y otros lo hicieron en apoyo de la implantación del comunismo en España. Pero estuvieron, y olvidarlos, además de una grosería, es una injusticia.

La División Azul hay que analizarla con la frialdad del tiempo pasado y la comprensión del momento. Para muchos fue una aventura. Para otros un motivo de combatir por unos ideales. Centenares de españoles quedaron allí, enterrados en Rusia. Hubo en la División Azul heroísmo, firmeza, desolación, duda y muerte. Era una guerra. Muchos españoles entregaron su vida. Otros tantos permanecieron once años en los campos de concentración de Stalin. «Embajador en el Infierno» se titula el ensayo que Torcuato Luca de Tena escribió con el capitán Teodoro Palacios Cueto de protagonista. El capitán Palacios, con el teniente Castillo y otros oficiales, mantuvieron durante once años el espíritu y la esperanza de los prisioneros españoles, muchos de los cuales fueron torturados y aniquilados por el sistema de terror impuesto por Stalin. Es decir, que estuvieron. Y olvidarlos, además de una grosería, es una injusticia.

Y en la División Azul también hubo desorganización. Más administrativa que militar. Algo de eso cuenta Dionisio Ridruejo, divisionario, en sus «Cuadernos de Rusia». Un cercano familiar de quien escribe, se alistó en la División Azul. Partió de Madrid en tren con su batallón. En Burgos se les permitió airearse en el andén. Hacía un frío polar. Esas noches invernales de Burgos. Y mi pariente, poco dado al heroísmo, reflexionó. «Si en Burgos hace este frío ¿cómo será el de Rusia?». Y se fue. Nadie lo reclamó, y al cabo de los años, fue recompensado con una mención especial. Mi familia supo de su deserción dos décadas más tarde, porque también era una familia desorganizada y variopinta, en la que hay de todo. Hasta un soldado de la División Azul que no pasó de Burgos.

Pero los que combatieron por unos ideales, los que cayeron en los frentes rusos, los que quedaron allí para siempre enterrados bajo las nieves o al amparo de los abedules, esos árboles tan gélidos, merecen ser recordados. Y también los que sobrevivieron, que no dudaron en alistarse voluntariamente para luchar por lo que ellos creían, en aquellos días, conveniente y justo. Eran soldados españoles que escribieron una página de la Historia de España y de sus milicias. Reunir todas sus memorias en un almacén como si fueran morralla, es de tontos. La Historia no se borra, aunque se invente. Y no merecen el trato que se les dispensa. Así hay que decirlo, como en una tertulia civilizada, sin caer en la grosería moral de los que ahora mandan.


La Razón - Opinión

Montse Nebrera. Exhibicionismo con burka. Por Cristina Losada

Su carnavalada no obedece a la necesidad de conocer, sino de que la conozcan a ella. Es el exhibicionismo narcisista del político haciendo de algo serio una astracanada.

En España nadie está en su sitio. Los actores quieren hacer de políticos y los políticos de actores y, si se tercia, de payasos. Al género de la payasada pertenece el viaje iniciático que una ex diputada del PP realizó en Barcelona embutida en un burka a fin de contarlo en un periódico. Montserrat Nebrera, aquel gran fichaje de Piqué, nos ha brindado en El Mundo un apunte de sus sensaciones, pero una cosa es ponerse el burka como quien se calza un disfraz, que es lo que ella hizo, y otra llevar la vida de una musulmana sometida a las normas integristas. Pretender que con lo primero se aporta algún conocimiento sobre lo segundo es un fraude de tomo y lomo.

Hay un fenómeno de frivolización del burka del que forman parte episodios chuscos como éste. Nebrera asocia la prenda, en su texto, a "los dictados de la moda fundamentalista" y se pregunta qué diferencia hay entre ese manto y "las extravagancias de la moda occidental". La tiranía de la moda, pues. A unas le impone el burka y a otras, la minifalda. Una equiparación demasiado extendida que conviene enfriar con las palabras de Sarkozy: "(El burka) es un problema de libertad y dignidad de la mujer. No es un signo religioso. Es un signo de servidumbre". Y a esas nociones, que definen lo esencial, no se les añade nada por pasearse bajo la túnica un par de tardes; al contrario, se trivializan.

Lo único que se añade es publicidad y hay políticos dispuestos a cualquier bufonada para hacerse con un bocado de esa tarta. Son las reglas de una sociedad del espectáculo donde reinan la telebasura y sus códigos. Nada averiguamos, nada descubrimos sobre la realidad a través del burka postizo de Nebrera. Su carnavalada no obedece a la necesidad de conocer, sino de que la conozcan a ella. Es el exhibicionismo narcisista del político haciendo de algo serio una astracanada. Ya puestos en experimentos de esa clase, me parecerían más interesantes las sensaciones de una inmigrante musulmana, trabajadora de fábrica, si vestida con un modelo de Dolce&Gabbana, tacones de Jimmy Choo y bolso de Prada, pasara una noche de copas, tal como haría una pija, sea progre, sea Nebrera.


Libertad Digital - Opinión

Lampedusa de león. Por M. Martín Ferrand

Zapatero necesita una crisis y mucho ruido para tapar sus abundantes y recientes fracasos.

CUANDO, después de pasar el ecuador de una legislatura, al ministro de Exteriores le da por organizar un gran zafarrancho de cambio entre los titulares de las embajadas no es, necesariamente, señal de que se prepara un giro notable en la política internacional de España. Suele tratarse, y así ha sido siempre, de que el titular se siente inseguro y trata de revitalizarse, como hacía Samuel Bronston para incrementar la recaudación de sus películas, con grandes movimientos de masas. A Francisco Vázquez, representante de España ante la Santa Sede, se le está poniendo cara de Defensor del Pueblo, no hay más que verle. Joan Clos, a quien por hacerlo mal como alcalde de Barcelona Zapatero —no olvidemos la catástrofe del Foro— convirtió en ministro de Industria y es ahora, por idéntica razón, embajador en Turquía ya anuncia a sus amistades un próximo traslado. También a Carlos Bastarreche, representante permanente de España ante la UE se le da por cesado. Su cooperación al frustrado semestre planetario y glorioso del líder socialista no se valora como suficiente y circula por los corrillos especializados y corporativistas el nombre de su sustituto.

Quiero decir que se anuncian muchos y notables relevos en la cumbre del poder. Zapatero necesita una crisis y mucho ruido para tapar sus abundantes y recientes fracasos y, mientras dilucida sobre sus alfiles vicepresidenciales y sus torres económicas, va sacando del tablero algunos peones para premiar a los buenos, a los más adictos, y castigar a los malos, los más díscolos. Los mentideros capitalinos no cesan en el susurro y el rumor y en ello estaremos, con intensidad variable, hasta que en vísperas de la Virgen del Carmen Zapatero desembarque en el Congreso para cantar, y no le canten, las diez de últimas frente a un Mariano Rajoy que también anda, por bien que le pinte en las encuestas, muy necesitado de cariño y adhesiones.

Zapatero, como el duque de Palma di Montediaro, necesita muchas transformaciones. Tantas como para fijarse a sí mismo en La Moncloa en los años siguientes al 2012 y, entre ellas, bien pudiera figurar el traslado de Carme Chacón a Barcelona, tras su salida de Defensa, para ir preparando y protagonizando el inevitable mutis de José Montilla. Así, además y de paso, se encubrirá el disparate que supone el aplazamiento sine die de la inauguración en Toledo del Museo del Ejército, con presencia prevista de la Casa Real, para que la de Esplugas de Llobregat pueda asistir mañana al Congreso para votar la reformita laboral de su jefe y mentor. Y así sucesivamente, hasta donde sea necesario, para continuar en el machito.


ABC - Opinión

Colombia como referente

La arrolladora victoria de Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales de Colombia no deja lugar a dudas sobre la decidida voluntad de los colombianos de culminar la etapa de su predecesor, Álvaro Uribe, seguramente la más brillante y beneficiosa que ha vivido el país desde hace décadas. El resultado electoral es también muy beneficioso para España y para la Unión Europea en la medida en que afianza la gobernabilidad, consolida la alternativa democrática en Iberoamérica e impulsa al país hacia un mayor intercambio económico, mercantil y cultural. Son numerosos y muy serios los retos a los que se enfrenta Santos, entre ellos un desempleo muy elevado, la pobreza que afecta a amplios sectores de la población y la lucha contra el narcoterrorismo. Pero también es cierto que Colombia es, junto a Brasil, el país iberoamericano mejor colocado para el despegue económico, para mejorar sustancialmente el bienestar social y para convertirse en una gran potencia. Si a ello se añade que los terroristas de las FARC están mucho más cerca de la derrota gracias a la férrea política de Uribe, el horizonte que se le abre al pueblo colombiano es el más esperanzador de la zona. No hay más que comparar las cotas de progreso en todos los órdenes alcanzadas por el país en la última década con el derrumbre democrático, económico, social y de prestigio internacional que ha sufrido la vecina Venezuela bajo la bota de Hugo Chávez, caricatura exacta de un Tirano Banderas al que apoyan las izquierdas americana y europea. Mientras Colombia ha crecido estos años por encima del 3%, Venezuela se ha hundido en cotas del -5,8% en el primer trimestre de 2010. Y otra diferencia sustancial: mientras Uribe no pudo presentarse a una tercera reelección porque el Tribunal Constitucional vetó la reforma legal necesaria, Chávez ha perseguido, liquidado y encarcelado a cuantos jueces se han opuesto a su deseo de perpetuarse en el poder. Es la misma diferencia que separa una democracia de una dictadura. Otro país fronterizo, el Ecuador de Rafael Correa, tampoco resiste la comparación. Sería muy deseable, no obstante, que el nuevo Gobierno de Santos hiciera todo lo razonable para restablecer los buenos lazos de vecindad con ambos regímenes populistas, dando por sentado que tanto Caracas como Quito dejarán de ayudar y proteger a los terroristas de las FARC. En cuanto a España, también convendría a los intereses de la nación y de los ideales democráticos que el Gobierno socialista apreciara las diferencias y actuara en consecuencia. Es decir, que deje de bailarles el agua a los sátrapas caribeños y bolivarianos, desde los Castro hasta Chávez, pasando por el nicaragüense Ortega y el boliviano Evo Morales, y que apueste por países serios, respetuosos con los derechos humanos y fiables jurídicamente. Colombia está llamada a jugar un papel fundamental en Iberoamérica como dique de contención a las dictaduras populistas y España tiene el deber de situarse inequívocamente a su lado. El camino del progreso y de la libertad en el continente hispano lo marcan naciones como la colombiana y dirigentes como Uribe y Santos.

La Razón - Editorial

PNV. Pidamos perdón a Anasagasti. Por José García Domínguez

Puestos a suplantar cadáveres, a don Iñaki también le cabría suplicar perdón por la traición de Santoña; la más célebre hazaña bélica de los gudaris, cuando se rilaron ante las tropas de Mussolini regalando el frente del Norte al ejército de Franco.

Prueba de la definitiva hegemonía del cretinismo en nuestro foro público es la creciente subordinación de la razón y la lógica a los sentimientos. Así, para devenir eficaz, un argumento ya no debe incitar al pensamiento sino al llanto, cuanto más incontenible y torrencial mejor. Por algo, no hay negocio más rentable ahora mismo que el de la victimización. De ahí que, poco a poco, el escenario del debate de ideas se haya ido repoblando con una nueva recua de estafadores intelectuales: los estraperlistas de emociones que con ademán compungido dicen apelar "al corazón" del auditorio a fin de hacerle partícipe de su particular contrariedad. He de admitirlo, cada vez que me tropiezo con alguno de esos virtuosos trileros –y trileras– sufro el mismo impulso que Goebbels cuando oía pronunciar la palabra "cultura".

Por lo demás, tal tara contemporánea, la de suplantar el razonamiento abstracto por la conmoción sensitiva, es lo que yace tras la moda de exigir penitencia a los coetáneos por desafueros acontecidos en otras épocas, siglos atrás incluso. Ahora, es sabido, cualquier cantamañanas criollo puede decirse agraviado por Carlos V o Felipe II y reclamar la correspondiente compensación moral, cuando no pecuniaria. Igual que el ínclito Anasagasti, que acaba de demandar excusas formales a Zapatero a cuenta del bombardeo de Guernica. Como si Sonsoles y las niñas hubieran pilotado personalmente los aviones de la Legión Cóndor aquella mañana de abril de1937.

Mejor haría, no obstante, instando a su propio partido, el PNV, a algún acto de pública enmienda por haberse adherido a los sublevados en Álava y Navarra con el ecléctico oportunismo que siempre ha sido marca de la casa. Y, puestos a suplantar cadáveres, a don Iñaki también le cabría suplicar perdón por la traición de Santoña; la más célebre hazaña bélica de los gudaris, cuando se rilaron ante las tropas de Mussolini regalando el frente del Norte al ejército de Franco. Sin embargo, y a diferencia de la estulticia, el fanatismo, la mala fe o la alopecia, ningún hombre puede heredar la responsabilidad moral por los crímenes pretéritos de su ADN; ninguno, ni siquiera el airado Anasagasti. Sosiéguese, pues, el tribuno: nunca los civilizados lo señalaremos a él por los mil cadáveres de ETA. Ésa, infinita, es su suerte.


Libertad Digital - Opinión

Cábalas de crisis. Por Ignacio Camacho

El partido quiere un cierre de filas, una especie de gobierno de concentración socialista con «pesos pesados».

EN el verano incipiente y aún tibio, casi fresco, de Madrid, la capital del rumor arde en una cábala sobre la crisis de Gobierno. Treinta años de autonomismo casi federal no han mermado la pasión cortesana por las remodelaciones del Gabinete. En los bares la gente le hace a Del Bosque alineaciones de barra y en los cenáculos de conspiración los enterados le diseñan a Zapatero el equipo del ajuste duro. No es probable que haya novedades antes del debate sobre el estado de la nación, que el presidente quiere convertir en un Jordán purificador de sus pecados de frivolidad proteccionista, un punto de inflexión a partir del que reconvertirse a sí mismo. Pero las quinielas se suceden alimentadas por el patente marasmo de un poder cataléptico que necesita un revulsivo.

En el Consejo de Estado está pendiente la renovación de Miguel Vizcaíno, el último consejero de Franco, cuyo sillón espera, según los consejeros en la pomada, a María Teresa Fernández de la Vega. Los otros dos vicepresidentes, Elena Salgado y Chaves, parecen fantasmas amortizados en expectativa de destino mientras Pepe Blanco asume cada vez más funciones de facto. Al aragonés Marcelino Iglesias y a Bernardino León, la perla de la fontanería monclovita, se les está poniendo cara de hombres de Estado. El futuro ministerial de Beatriz Corredor se ha licuado junto a su inexistente departamento de Vivienda y las conjeturas en ebullición versan sobre el alcance del recorte en un organigrama sobredimensionado. Hay especulaciones sobre Industria, Ciencia y Tecnología, Cultura y hasta Trabajo, aunque será la supervivencia de Igualdad y de su titular, Bibiana Aído, el verdadero listón que muestre la intensidad reformadora del reajuste. Si el presidente renuncia a su más emblemático guiño de posmodernidad estaremos ante un vuelco sustantivo, una sacudida conceptual del estilo y la esencia del zapaterismo.

El otro núcleo de la inminente restructuración afecta a la probable presencia del tardofelipismo. Solana es la apuesta de la vieja guardia; Boyer, frecuente visitador áulico de la Moncloa, se ha autodescartado, y el elegante y sensato Guillermo de la Dehesa goza del beneplácito de los poderes fácticos de las finanzas. El partido quiere un cierre de filas, una especie de gobierno de concentración socialista con «pesos pesados» que escenifiquen el reagrupamiento en la dificultad. Pero habrá que buscarlos con la linterna de Diógenes porque todo el mundo sabe que Zapatero está acostumbrado a ministros-secretarios, a livianos adláteres capaces de hacerle de recaderos, sin admitir otro peso específico que el de su volátil, tornadizo criterio de piruetas perpetuas. Y no va a renunciar a la prerrogativa con la que más disfruta un gobernante: la administración del silencio y el ejercicio del factor sorpresa.


ABC - Opinión

EA, caballo de Troya de Batasuna

Si la lista que el Polo Soberanista presenta a los comicios está "contaminada" por personajes llegados desde Batasuna, es necesario denunciarla sin más demora e ilegalizarla.

Con las elecciones municipales a menos de un año vista, las terminales políticas de la ETA están buscando ya el modo de revalidar legalmente su presencia en los ayuntamientos. Es más que posible que la jugada que tan buenos resultados les rindió hace tres años –la operación de esconderse tras las viejas siglas de ANV– no pueda repetirse en el futuro, así que los líderes de Batasuna tratan por todos los medios de encontrar una franquicia en la que esconderse para conseguir concejalías y acceso a los presupuestos.

Esta franquicia podría ser la moribunda Eusko Alkartasuna (EA), partido fundado por el ex lehendakari Carlos Garaikoetxea tras su salida del PNV hace ya un cuarto de siglo. Sería una simbiosis de la que ambos partidos se beneficiarían. Batasuna pondría el puñado de votos de sus incondicionales, suficientes para alcanzar algunas alcaldías y varios centenares de concejales. EA, por su parte, contribuiría con unas siglas sólo en apariencia moderadas y, sobre todo, con el pasaporte a la legalidad plena, que el aparato político de la ETA necesita para amamantarse. Se colarían, por lo tanto, toda la antigua Batasuna por este resquicio sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo.

Hasta aquí todo bien, la renovada estrategia electoral de la ETA, su penúltima treta para colarse en las instituciones, parece imposible de neutralizar. Pero no, no debería ser así. Si el Polo Soberanista que ambas formaciones formaron el pasado domingo tiene la intención de concurrir a las elecciones presentando candidatos de Batasuna –o de cualquiera de sus marcas blancas– la Fiscalía General del Estado tendría que intervenir de inmediato. No quedaría otro remedio, pues bastante ridículo se hizo ya en el año 2007 permitiendo que muchos de los candidatos de ANV se metiesen de lleno en las corporacioneso.

Las circunstancias, además, han cambiado, (o eso proclama el PSOE) desde los tiempos de la negociación en los que todo estaba permitido para el entorno etarra. El Gobierno dice mantener una postura firme frente al terrorismo y no estar tentado lo más mínimo a negociar con la banda. Pero, por desgracia, los hechos hacen pensar más bien lo contrario. El PSOE vasco se ha atrevido a actuar por su cuenta y muchos son los indicios que llevan a pensar que, al menos su presidente Jesús Eguiguren, mantiene conversaciones con líderes de Batasuna en vista a resucitar la mesa de negociación con la que la propia ETA acabó suspendiendo unilateralmente la tregua-trampa.

Tal y como ha señalado el popular Antonio Basagoiti, si la lista que el Polo Soberanista presenta a los comicios está “contaminada” por personajes llegados desde Batasuna, es necesario denunciarla sin más demora e ilegalizarla. Si perseveran en esa actitud, la única defensa que le queda al Estado de Derecho sería aplicar la Ley, en este caso la de Partidos, y hacer caer todos su peso sobre EA, que se habría convertido en un caballo de Troya dentro del cual se escondería el brazo político de los terroristas. No hay, en definitiva, muchas más opciones a este nuevo desafío que ha presentado la banda a través de sus organizaciones interpuestas. Ahora sólo resta saber si, por este orden, el PSOE, la Fiscalía y el propio Zapatero están a la altura de que la circunstancia exige.


Libertad Digital - Editorial

Última prórroga para el TC

Hay algo incuestionable: el Estatuto catalán tiene preceptos inconstitucionales, y lo que discuten los magistrados del Tribunal Constitucional es cuántos deben ser anulados.

EL Tribunal Constitucional continuará hoy, y durante los próximos días, sus deliberaciones sobre la propuesta de sentencia que ha preparado su presidenta, María Emilia Casas, para la resolución del recurso del PP contra el Estatuto de Cataluña. La principal novedad frente a otros intentos fallidos de aprobar una decisión mayoritaria es que ahora es probable que se vote la constitucionalidad del Estatuto artículo por artículo, y no el borrador de sentencia en bloque. Este método de decisión es el único que puede desatascar la situación del TC porque no hay otro que permita formar mayorías definidas. Esta posibilidad disgusta al tripartito catalán, empeñado en torpedear las deliberaciones del TC con recursos dilatorios, que se suman a la campaña de presión política y de denigración de sus magistrados, configurando todos estos ataques una agresión sin precedentes al pilar del Estado constitucional, que es la supremacía de la Constitución. En gran medida se ha llegado a esta situación por la falta de determinación de la presidencia del TC para abordar las medidas necesarias para resolver pronto y sin más desgaste del necesario. El procedimiento de votar cada artículo por separado debió utilizarse antes, porque desde hace muchos meses era patente la división interna del TC.

En todo caso, hay algo incuestionable a estas alturas: el Estatuto tiene preceptos inconstitucionales, y lo que discuten los magistrados es cuántos deben ser anulados. Por tanto, la Constitución va a ser el parámetro de validez del Estatuto, no la voluntad «soberana» del Parlamento ni de los ciudadanos catalanes. Las reglas del Estado constitucional se basan en que toda norma debe respetar la Constitución, sin excepciones, y que solo existe una soberanía nacional, que es la del pueblo español. Sea votando en bloque el borrador de sentencia, sea votando artículo por artículo, el deber del TC es preservar la superioridad de la Constitución sobre cualquier ley, incluido un Estatuto aprobado por referéndum. El riesgo que han de evitar los magistrados al dictaminar la constitucionalidad de cada artículo es el de crear una sentencia internamente contradictoria e inaplicable, lo que podría suceder si se formaran distintas mayorías, a favor o en contra, para preceptos relacionados entre sí, de manera que unos fueran declarados inconstitucionales y otros no. Habrá que confiar en el sentido de la responsabilidad de los magistrados para actuar en consonancia con la trascendencia de la decisión que tienen que tomar. No es su prestigio profesional lo que está en juego, sino la continuidad de España como el Estado definido constitucionalmente por los españoles en 1978.

ABC - Editorial

lunes, 21 de junio de 2010

La Noria. Declaración de Bono. Por Agapito Maestre

Bono no podía visitar mejor programa que La Noria. Es su lugar natural. Bono y La Noria forman una "totalidad concreta", diría un marxista de los setenta.

Huyamos de lo inane y dejémonos evaluar por la maldad. Entre la Declaración de Cartagena del PP y las declaraciones enlatadas de Bono al programa estrella de Tele 5, voto por el señor de la Hípica Almenara; entre la inanidad "cultureta" de Rajoy y los rastros diabólicos que esparció por la tele de Berlusconi el presidente del Congreso no me cabe duda. Me quedo con la segunda. Es más divertida. Ahí hallamos las bases de una nueva crítica de la razón cínica. El cínico ya no dice lo contrario de lo que piensa. El cínico contemporáneo dice lo que piensa y hace lo contrario de lo que dice.

Bono siempre es un espectáculo de la cultura socialista española. Es un curioso reaccionario-progresista y, por supuesto, un refinado catador de las esencias populares. Populistas. Él es un arquetipo de la filosofía del arrabal. Cita siempre que le viene bien las Escrituras, se confiesa católico aunque hace objeciones a la Resurrección y, por supuesto, proclama a los cuatros vientos su orgullo de venir del pueblo. Quizá sea esta última faceta de su existencia la que más le gusta. Él, Bono, es un hombre del pueblo y para el pueblo. No es un aristócrata ni un gentilhombre. Él es sólo Bono. Hijo de un tendero y nieto de un arriero y un labrador. Grandioso. Majestuoso. Una joyita neoclásica. Alguien que se ha hecho a sí mismo. Un porvenir inalterable: Hípica Almenara.



Bono no podía visitar mejor programa que La Noria. Es su lugar natural. Bono y La Noria forman una "totalidad concreta", diría un marxista de los setenta. Bono en La Noria ya es un icono de la cultura popular española. Es una simbiosis de buen gusto y cultura popular. He ahí la mejor Weltanschauung del socialismo hispánico para el resto del mundo. Toda una concepción del mundo y de la vida. Bono: Pan y Circo. Bono ya es La Noria. Una rueda. Un ritual del caos cotidiano del socialismo transgresor de la nada.

Bono, en verdad, no se compenetró con el presentador de La Noria. Fue algo más íntimo. Bono y el director de La Noria se confesaban mutuamente sus afinidades. Sus sentimientos eran más que compartidos. Se penetraron, sí, mutuamente sus sentimientos. Las declaraciones de Bono en La Noria han rebasado todas mis expectativas. El presidente del Congreso ha conseguido el más difícil todavía. Los espectadores, los millones y millones de seres educados en los valores más altos del socialismo de Zapatero, verían con suma satisfacción una nueva aparición de Bono en el canal de Berlusconi. El pueblo entero se postra ante La Noria y pide asistir al ritual de Bono: Pan y Circo.

Todos quieren más, más y más. Todos quieren ver en directo, en cuerpo y alma, a Bono: Pan y Circo. Su verbo es una vuelta a la arcanos miserables de los setenta. Bono es único. Es el emblema de la política española. Un espejo de la profunda España. Vean, sí, otra vez la entrevista enlatada del programa estrella de Tele 5 y sabrán el significado de los términos impostura, populismo y socialismo. Los tres están sintetizados en la expresión de Bono, Pan y Circo: "Mi palabra es más torpe que mis sentimientos".


Libertad Digital - Opinión

Crisis. Volatilidad en el ojo del huracán. Por Jaime de Piniés

Mucho esfuerzo y dedicación van a tener que dedicar las autoridades de Washington y Berlín para dotar a España de credibilidad. Con reformas como las propuestas por nuestro Gobierno, los mercados simplemente analizan y actúan; si dudan, por algo será.

Otra semana de máxima volatilidad en los mercados de renta fija. El diferencial del bono español a diez años con el alemán superó 250 puntos básicos aunque a finales de semana retrocedió a 190. La escalada es fruto de la reforma laboral, a todas luces corta e insuficiente; en contraposición, el descenso se debe al aluvión de buenas palabras dirigidas hacia nuestro país desde el FMI y nuestros socios europeos, así como la oportuna filtración de que tanto el Santander como el BBVA son los dos bancos mas solventes de Europa según un stress test oficial aun no publicado.

Veamos primero los factores que desencadenaron el ascenso del riesgo país: la reforma laboral propuesta por el Gobierno a través de un decreto ley que será tramitada como ley en las Cortes.


La reforma del mercado de trabajo propuesta por Rodriguez Zapatero generaliza el contrato de fomento de empleo con una compensación de 33 días por año trabajado en caso de despido improcedente, en lugar a los 45 días para los contratos fijos ordinarios. Además, la reforma incluye un abaratamiento aun mayor de 8 días haciendo uso del Fondo de Garantía Salarial, el denominado Fogasa. Pero cómo se dota recursos Fogasa no se ha explicado y esto es fundamental. Si son los propios empresarios, flaco favor se les hace, pero es que cabe incluso la posibilidad de que una empresa sana podría acabar subsidiando los despidos de otra, aun dándose el caso de que fuera su competencia directa.

La reforma del mercado de trabajo también pretende aumentar el coste para el despido de los trabajadores temporales, pasando de 8 a 12 días de compensación al año. Esta medida no elimina la temporalidad y por ende, la dualidad del mercado de trabajo en España, más bien lo perpetúa. Pero es que el Gobierno, no sólo contento con esto, parece decidido a aplazar la entrada en vigor de este aspecto posponiéndolo hasta el año 2012.

Por otro lado, el proyecto incluye para las empresas en serios problemas económicos que los despidos objetivos se puedan llevar a cabo con una compensación de tan solo 20 días por año. Ahora bien, el Gobierno se niega a especificar las condiciones objetivas y lo deja en manos de los jueces. Es decir, judicializa el problema y esto es más que probable sinónimo de que no se abaratará el despido.

Otras lagunas en que incurre la reforma podrían ser la negociación colectiva que se mantiene igual, o cómo se va a financiar el fondo de capitalización para que cada trabajador "porte su seguridad social" de una empresa a otra (el llamado modelo austriaco). Aspectos, ambos, importantes para flexibilizar el mercado de trabajo español.

En definitiva, los mercados internacionales son fríos, calculadores y si los datos objetivamente son aceptables, reaccionan; por el contrario, si los datos no son aceptables, también reaccionan. La reforma presentada por el Gobierno, y pendiente del trámite en las Cortes que alargará aun más la incertidumbre sobre la reforma final, se queda muy cortita. Por lo tanto, la subida en el riesgo país estaba más que justificada.

Como contrapartida, el FMI y nuestros socios comunitarios han reaccionado cumpliendo el papel oficial que les corresponde: indican que el paso dado por el Gobierno de Rodriguez Zapatero se encuentra en la buena dirección. Tras años de inmovilismo, finalmente el Gobierno ha dado un paso de gobierno. Eso es positivo y así se lo han hecho saber. Por otro lado, la oportuna filtración de que España cuenta con algunos de los bancos mas solventes del mundo es también cierto y un importante puntal entre los contados puestos de competitividad que disfrutamos los españoles.

Sin embargo, mucho esfuerzo y dedicación van a tener que dedicar las autoridades de Washington y Berlín para dotar a España de credibilidad. Con reformas como las propuestas por nuestro Gobierno, los mercados simplemente analizan y actúan; si dudan, por algo será.


Libertad Digital - Opinión

La reforma laboral retrata a los actores del drama. Por Antonio Casado

Acometer una reforma laboral con el objetivo declarado de crear empleo, en estos momentos, en plena crisis económica, es como montar una escuela de surf en la Albufera de Valencia. Si no hay olas no puedes cabalgar sobre ellas. Y si no hay crecimiento no hay trabajo. A partir de esa verdad incontestable las discusiones de estos días sobre los contenidos de la reforma laboral fletada por el Gobierno nos conducen a la melancolía.

Es la perspectiva patronal. Veo a los empresarios muy escépticos sobre el supuesto valor de esa reforma como resorte para crear puestos de trabajo o, según el ministro Corbacho, para evitar que se destruyan. No reprueban, evidentemente, la revisión de una normativa que se ha quedado obsoleta y es demasiado rígida, aunque advierten de que lo prioritario aquí y ahora no es la reforma laboral sino la recuperación del crédito para devolverle la vida a las empresas.


Esa es la verdadera palanca de creación de puestos de trabajo. Y mientras no se den las condiciones para que vuelva a fluir el crédito, al empresario le parece extemporánea la controversia sobre el coste y las causas del despido, por ejemplo. Y no digamos la teológica discusión sobre la medida del retroceso en los derechos de los trabajadores, cuyos esforzados paladines, los sindicatos, ya lo han convertido en un casus belli contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero, al que va dedicada la huelga general del 29 de septiembre.

Trato de resumir. Puertas adentro, escepticismo empresarial y sindicalismo a la búsqueda de la identidad perdida. Puertas afuera, los vagos parabienes de la UE y el FMI. Hasta ahora eso son los efectos visibles de la reforma laboral enviada por el Gobierno al BOE, en puertas de su convalidación parlamentaria y pendiente de su posterior tramitación como proyecto de ley. Sólo me falta una desganada aproximación al uso de la reforma como baza política en el juego de los partidos. Mañana se retratan en el Congreso, al votar si otorgan o no cobertura parlamentaria al decreto-ley.

De nuevo, todas las miradas están puestas en el PP, la alternativa de poder a un Gobierno seriamente averiado. A Mariano Rajoy esta reforma laboral le parece tardía, insuficiente y confusa. “Tendrían que cambiar muchas cosas para apoyarla”, ha dicho este fin de semana. Pero votarla negativamente equivaldría a renunciar de antemano al intento de cambiarla, que es la posibilidad ofrecida por la posterior conversión parlamentaria del decreto-ley en ley. Así que un “no” del PP, mañana, en el Congreso, desmentiría su voluntad de modificar el texto, salvo que quisiera reventar este nuevo mensaje de la economía española a los mercados y los organismos internacionales, como ya intentó, y a punto estuvo de conseguirlo, con los severos recortes del gasto público decididos por el Gobierno Zapatero.

Por tanto, y en coherencia con las declaraciones de Rajoy, solo le queda el sí o la abstención. El sí es absolutamente descartable, por razones obvias. Esta vez al PP no le va a quedar más remedio que abstenerse. Aunque solo sea para evitar luego las comparaciones odiosas con CiU y el sentido de Estado que le sobra a Durán y Lleida y le falta a Rajoy, como diría Leire Pajin. Por su parte CiU, que es la esperanza blanca del PSOE para remontar políticamente a partir de las elecciones catalanes, duda en estos momentos entre el sí y la abstención. “Sería una mala noticia para España que no se aprobase la reforma”, declaraba ayer Durán i Lleida en un periódico de ámbito nacional.


El Confidencial

Corbacho. Una reforma que no es "para crear empleo". Por Gabriel Calzada

Pero si una reforma laboral en un país con cuatro millones y medio de parados no es para ayudar a generar empleo y nadie en su sano juicio puede esperar que evite destruirlo, ¿para qué es?

El ministro de desempleo, Celestino Corbacho, ha afirmado este fin de semana que una reforma laboral que se hubiese aprobado allá cuando el Gobierno decía que no hacía falta y que mucho menos resultaba urgente, hubiese evitado parte de la destrucción de empleo que se ha producido en los pasados meses. A juzgar por lo que cuenta, el Gobierno hizo dejación de sus funciones porque "identificó que había que hacer esa reforma en el marco del diálogo social". No queda claro si el Ejecutivo nunca contó con que el diálogo social no fuera a llegar a buen puerto o si, teniendo presente esa posibilidad, realmente pensaban que la reforma no era importante. En cualquier caso, el desastre que han provocado con sus erróneos cálculos políticos es monumental.

Pero lo mejor de la entrevista llega cuando el periodista le pregunta al ministro si la reforma evitará que lleguemos a cinco millones de parados oficiales. Corbacho, ni corto ni perezoso, le responde que la "reforma no es para crear empleo". Usted, con toda la razón, se preguntará para qué demonios es entonces una reforma laboral que se aprueba en un momento en que el país tiene un 20% de desempleo. Corbacho sabe que esa pregunta es la que le haría cualquier español que escuchara su asombrosa afirmación y decide responderla antes de que se la formulen: "Es para evitar que se destruya". Esto ya es la repera. Si el objetivo de la reforma es realmente evitar la destrucción de empleo, resulta que llega con dos millones y medio de parados de retraso.

Aparte del sinsentido temporal de su contestación, la lógica de su argumento brilla por su ausencia. Según él, la generalización del despido a 33 días y los inciertos –y en todo caso modestos– resultados de los tímidos retoques en materia de convenios colectivos y despidos objetivos podrían ayudar a detener la destrucción de empleo. Lo cierto es que ninguna de estas tres medidas va a evitar más destrucción de empleo y, como él mismo reconoce, la reforma no contiene ninguna otra característica que permita albergar mucha esperanza para la creación de puestos de trabajo netos.

Pero si una reforma laboral en un país con cuatro millones y medio de parados no es para ayudar a generar empleo y nadie en su sano juicio puede esperar que evite destruirlo, ¿para qué es? Pues está claro: para decirle a los acreedores, esos que desde Alemania, Francia y EEUU le agobian a toda hora con llamadas exigiendo soluciones, que están haciendo algo y que el problema ya se encuentra en vías de ser solucionado. Se trata de aplicar internacionalmente la política pirotécnica que tan buenos resultados le dio en España. Claro que el cuento de que el nuevo mercado de trabajo será capaz de detener la destrucción de empleo se lo contará otro miembro del Gobierno a los socios europeos porque, tal y como viene a reconocer Corbacho, una cosa es lo que escribe el Gobierno en España y otra bien distinta la que cuenta el "ministro que habla con Bruselas". ¿Alguien se asombra todavía de que a España se le acabe el crédito?


Libertad Digital - Opinión

Economía. La contienda sobre la rigidez laboral. Por Juan Velarde Fuentes

La necesidad de una reforma muy a fondo del mercado laboral español ha sido puesta de manifiesto, de modo reiterado, por los especialistas españoles.

La necesidad de una reforma muy a fondo del mercado laboral español ha sido puesta de manifiesto, de modo reiterado, por los especialistas españoles. Hace años ya el benemérito Servicio de Estudios del Banco de España estimó la Nairu española, o sea la tasa de desempleo que no acelera la inflación. Ahora, acaban de actualizar esta estimación, y desde luego la han ratificado, los profesores de la Universidad Pablo de Olavide, Diego Romeo-Avila y Carlos Usabiaga Ibáñez, en su aportación «Presente y futuro del mercado de trabajo español» al volumen «El futuro de la economía española» (Cajamar, diciembre 2009). Encuentran que «para el conjunto del periodo analizado (1980-2008), la tasa de desempleo correspondiente a una tasa de inflación estable es del 12%. Si la tasa de desempleo fuese inferior a esa cifra se observaría una elevación de la inflación». Para comprender lo serio de esto, conviene tener en cuenta que, por ejemplo, la Nairu norteamericana «se suele situar en torno al 5-6%». De aquí surge una noticia muy grave sobre la constitución de nuestra economía. Si pretendemos acercarnos al pleno empleo crearemos una inflación tal que no podremos competir con el exterior, a no ser que nos salgamos del euro. Si así lo hacemos, la catástrofe caería sobre nosotros. Pero si permanecemos dentro, la falta de competitividad crea un déficit comercial que, por sí mismo frena el desarrollo y con ello, el empleo. Nos hemos metido en un callejón sin salida.

Y ello es así, porque la ley de Okun, que señala la vinculación entre la creación de empleo y el incremento del PIB, obliga, según los mismos investigadores, a un crecimiento anual en el PIB del 2,88%, y esto de modo continuo. Pero lograr esas tasas de crecimiento exige, en el caso de España tener una alta competitividad, lo que obliga a una alta productividad y una carencia de inflación. Para que se comprenda lo difícil de ese reto del incremento del PIB al 2,822 o más, conviene señalar que, desde 1850 a 2000, la economía española lo consiguió únicamente de modo discontinuo, salvo en cuatro periodos de más de tres años consecutivos. El primero, transcurre de 1954 a 1958, el basado en una política de sustitución de importaciones, que produjo lo que el profesor Torres llamaba una autofagia, o sea, una crisis exportadora que hizo necesario cambiar el modelo. El segundo, va de 1961 a 1974, año en el que lo liquida el choque petrolífero, porque uno de sus puntos de apoyo era una energía barata. El tercero es el que se inicia en 1985 y concluye en 1991. Recoge el impacto favorable de nuestra incorporación comunitaria, combinado con un fuerte y expansivo déficit presupuestario, altas tensiones inflacionistas y una notable llegada de capitales extranjeros a corto plazo, que al retirarse hacia Alemania, al finalizar la Guerra Fría, provocaron una fuerte crisis. Finalmente, a partir de 1997 se inicia la expansión que concluye en 2007 y que como llevaba, con claridad desde el año 2004, el plomo en el ala de un fuerte endeudamiento exterior, cuando en julio de 2007 se inicia una crisis financiera internacional, se hundió. En total, pues, desde 1850 a 2010 transcurren 160 años, y de manera continua sólo tenemos estos cuatro periodos y, por ello, un total de 37 años de clara creación de empleo, un 23% de toda esta etapa.

La raíz se encuentra en la existencia de un mercado laboral radicalmente diferente al de otros países. Lo malo es que esto se ha ido consolidando poco a poco. Primero con las decisiones de Largo Caballero. Luego con las de Girón. Recordemos el enlace básico de la Ley de Contratos de Trabajo de 1931 con la de 1944. Es algo que ha ido cristalizándose y en su consecuencia pasó a formar parte de nuestra cultura, como antaño para los empresarios formaba parte de ella el proteccionismo. Y como sucedió con éste, que ante una crisis muy grave, la de 1958, se inició su cambio radical, es posible que con la actual se origine algo parecido para el mercado de trabajo heredado. Como ocurrió con el citado proteccionismo, los economistas insisten en que o se cambia su rigidez, o los problemas de nuestra economía se agravarán más aún. Es el momento de pensar que ésta es una ocasión especialmente favorable porque es cierto lo que nos recordó en su conferencia «Las finanzas en la encrucijada» promovida el 25 de mayo de 2009 por José Manuel González-Páramo que había dicho Jean Monnet: «Los hombres no aceptan el cambio sino en la necesidad, y no ven la necesidad más que en la crisis». Y ésta es la mayor crisis económica que nunca ha sufrido España. Sin embargo, da la impresión, si no se modifica el proyecto actual, que será una oportunidad perdida.


ABC - Opinión

Reforma laboral: ni buena ni mala, simplemente irrelevante. Por Carlos Sánchez

Lo peor que le puede pasar a cualquier reforma económica -incluida la reforma laboral- es intentar contentar a todos. Al final sale un pastiche indigerible sin coherencia ni unidad de criterio. Y lo que es todavía peor, este tipo de ungüentos no suelen servir para nada. Cumplen la función de una especie de efecto placebo útiles para calmar momentáneamente a los mercados. Pero sólo eso. Es muy probable que la todavía non nata reforma laboral de 2010 pase a la historia como un documento sin valor alguno. Al menos en los términos que refleja el último documento del Gobierno.

Ironías de la historia, en tiempos de tribulaciones en los mercados de deuda, la reforma laboral propuesta por Moncloa comienza a parecerse a aquellas cédulas -billetes- que emitía a finales del siglo XVIII el Banco de San Carlos (antecedente del Banco de España) y que no era capaz de colocar entre los inversores.


Algo parecido le sucede a la reforma laboral. La reforma no tiene quien la quiera. Ni gusta a los sindicatos ni a los empresarios ni a los especialistas. Y no es por ser equilibrada. Todo lo contrario. Simplemente es incoherente. En palabras de Iñigo Sagardoy, estamos ante un documento ‘fetiche’ que no sirve para crear empleo, ya que tiene más de cosmético que de real. Y lo mismo opina el profesor Daniel Toscani, de la Universidad de Valencia, para quien estamos ante un Gobierno que intenta hacer juegos malabares con la reforma laboral para contentar a unos y a otros.

O sea, ante una especie de encaje de bolillos que pretende abaratar el coste de despido sin decir cómo en términos reales. Y que presenta como una rebaja de las indemnizaciones el hecho de que el Fogasa vaya a pagar ocho días del despido, cuando el Fondo de Garantía Salarial se nutre únicamente de cuotas de la patronal (que tendrán que subir para financiar el modelo austríaco). O ante un modelo que intenta reducir la tasa de temporalidad de la economía española sin poner medios para controlar la causalidad de los contratos temporales, lo cual hace inviable la intención del legislador. Si la reforma sale adelante, la contratación temporal seguirá siendo la norma para un tercio de los asalariados. O estamos ante un texto que se inclina (Corbacho dixit) por permitir que una empresa con seis meses en pérdidas pueda despedir por causas económicas, pero que no tiene en cuenta que la contabilidad tiene carácter anual para el 99% de las empresas.

«La reforma es tan incoherente que en lugar de simplificar el mercado de trabajo lo fragmenta todavía más.»

La reforma es tan incoherente que en lugar de simplificar el mercado de trabajo lo fragmenta todavía más. Hasta el punto de que al menos hasta 2014 convivirán contratos temporales con ocho, diez o doce días de indemnización (según el año de firma del contrato); contratos indefinidos con 33 días y contratos fijos con 45 días de coste de despido. O con cero pelotero, que decía Nicolás Redondo, en caso de contratos de interinidad o formación.

Y todos ellos conviviendo con una legión de trabajadores -la mayoría inmigrantes- sin ninguna relación laboral de carácter contractual que viven como pez en el agua en el universo de la economía ‘golfa’ por el mal funcionamiento de la inspección de trabajo. Como sostiene un experto laboral, se ha pasado de un mercado laboral dual a otro multilateral, en el que la complejidad es el perejil de todas las salsas.

Laudos y más laudos

Hay arbitraje obligatorio para resolver la litigiosidad en las empresas, pero también control jurisdiccional a posteriori. Hay -es verdad- más facilidades para que una empresa pueda descolgarse del convenio, pero si con la legislación actual el recurso de los trabajadores se plantea directamente antes los tribunales de justicia, ahora se interpone un laudo arbitral que tendrá la misma eficacia que un convenio colectivo.

Estamos, por lo tanto, ante la irrupción de una vieja figura en el derecho del trabajo, los laudos obligatorios, que ahora se convierten en el núcleo central de la reforma. Ponga un laudo en su vida, debería subtitularse la reforma si en lugar de tramitarse como proyecto de ley se tramita editorialmente.

Es lo que tiene un Gobierno ‘adolescente’, que diría el economista José Luis Feito refiriéndose a los sindicatos. Que legisla mirando lo que dice el profesor (el mercado), y eso explica que se quiera obligar a estar tres meses en el paro para tener derecho a celebrar un contrato de fomento de la contratación indefinida (el de los 33 días) ¿Por qué tres meses y no uno o cuatro?, cabe preguntarse. ¿No sería más razonable abrir a todos los colectivos este contrato dejando intactos los derechos de los trabajadores con contrato indefinido ordinario?

No todo es negativo. Hay coincidencia en que lo más positivo es que, como diría Felipe González, el Gobierno se ha dado un baño de realidad. Pero el agua está tan templada que difícilmente podrá sacar del sopor a un país con más de 4,6 millones de parados y que cada vez que le cae un una crisis encima ve como la tasa de desempleo supera el 20% de la población activa.

Es, por decirlo en palabras de Sagardoy, “una reforma estéticamente positiva y necesaria para nuestro país pero de contenido limitado y con alcance corto, sin ninguna ambición política o económica para afrontar los graves problemas que tiene nuestro mercado laboral”. Más claro el agua.


El Confidencial - Opinión

Crisis de Gobierno. Conservar el poder. Por Emilio Campmany

Intentarán una amplia crisis de Gobierno donde los nuevos miembros aporten imagen de seriedad. Para ese fin, un Javier Solana en cualquier ministerio importante puede ser muy eficaz.

El PSOE es una máquina de poder. Como tal lucha por alcanzarlo allí donde no lo ocupa, se esfuerza por expulsar a sus socios en los sitios en que lo comparte, y se aferra a él como una lapa donde lo detenta. Cualesquiera otras consideraciones son secundarias.

Esto es una perogrullada, pero hay que tenerlo bien presente para interpretar la al parecer segura e inminente crisis de Gobierno. El felipismo, desde Felipe González a Prisa, aborrece a Zapatero y desean ver su ruina. Pero no tanto como para cruzarse de brazos mientras arrastra con ella al PSOE. También Zapatero y su cuadrilla odian a la vieja guardia felipista, pero no tanto como para no compartir el poder con ella si se convencen de que es necesario para conservarlo..


La crisis ha puesto a Zapatero contra las cuerdas y, al hacerlo, ha hecho que sea probable que el PSOE pierda cinco elecciones muy importantes que tendrán lugar en los próximos meses, catalanas, municipales, autonómicas, generales y andaluzas. Las catalanas no importan demasiado porque el PSC es demasiado autónomo y desde que llegaron a la Generalidad no han hecho más que importunar al electorado socialista de fuera de Cataluña. Donde se la juega el PSOE es en las otras cuatro. Es probable que pierda bastiones de la importancia de Castilla-La Mancha y Extremadura junto con alguna capital importante. Y luego, también las generales. Esto es ya un gran revés. Si llegan a perder Andalucía, cosa improbable, pero más fácil que nunca, el resultado podría ser fácilmente tildado de catástrofe. Naturalmente, harán cualquier cosa que crean necesaria para evitarlo.

Entre ellas, en principio no está la de prescindir de Zapatero. El presidente conserva cierto ascendiente sobre el electorado de izquierda y la desilusión infligida a los más radicales puede tener el beneficioso efecto de empujar al PSOE nuevamente al centro, donde se encuentran los caladeros de votos que hacen ganar elecciones. Durante estas últimas semanas han intentado convencer a esta parte del electorado, inclinada por naturaleza a votar a la izquierda, de que Zapatero no puede ser acusado de nada que no sea el haber sido algo ingenuo. Y que, sin dejar de ser la buena gente que siempre fue, ahora está decidido a hacer lo que hay que hacer y a prescindir de las patochadas. El Zapatero ojeroso y preocupado que vemos estos días puede ayudar a cementar esta imagen.

Sin embargo, no parece suficiente. El producto ZP carecerá de credibilidad mientras sus ministros sigan siendo la viva imagen de esa falta de consistencia que el Gabinete ha lucido durante seis años y que amenaza con hacerle perder al PSOE las importantes elecciones que se avecinan. Intentarán por tanto una amplia crisis de Gobierno donde los nuevos miembros aporten imagen de seriedad. Para ese fin, un Javier Solana en cualquier ministerio importante puede ser muy eficaz.

Sólo en el caso de que esta solución intermedia no fuera capaz de lograr que el PSOE remontara en las encuestas, se intentaría descabalgar a Zapatero con un Solana que habría tenido mientras tanto tiempo y ocasiones de ocupar unas cuantas portadas de periódicos y telediarios.

Si, por último, tampoco la operación Solana acabara de ofrecer garantías de recuperación, quizá Prisa fuera capaz de imponer su candidato, Rubalcaba, de quien El País nos promete para el próximo domingo un retrato íntimo pintado por Juan José Millás. Ya cuento las horas que faltan para poder leerlo.


Libertad Digital - Opinión