viernes, 27 de mayo de 2011

Tiempo convulso: Rubalcaba for president y caso Chacón. Por Antonio Casado

En el minuto y resultado aparece el caso Chacón. La ministra renuncia pública y oficialmente a lo que pública y oficialmente nunca ostentó. Pero era un secreto a voces que, animada de forma más o menos explícita por Zapatero, contaba las horas que faltaban hasta el sábado para anunciar su deseo de medirse con Rubalcaba en las urnas.

La espantada evita el careo político y generacional con su compañero de Gobierno aunque el careo ya se percibía. Y se percibe. Véanse las reacciones del aparato central del partido, más próximo al vicepresidente, donde reina un visible malestar por el papel de víctima adoptado ayer por la ministra. Así, mientras ella dice que renuncia para no poner en riesgo la unidad del PSOE, la autoridad de Zapatero y la estabilidad del Gobierno, los del otro bando atribuyen su decisión a la falta de apoyos para seguir adelante.


Son los despropósitos del tiempo convulso que está viviendo el PSOE. Suma y sigue. La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso. En su comparecencia de ayer presentó un esbozo de programa: recuperar identidad socialdemócrata, aplicar valores de igualdad en un contexto de crisis, reafirmar la política frente a los poderes económicos, devolver la dignidad al oficio político, por una España unida y plural, etc. Y sus adversarios, que creen haber visto un cierto narcisismo en su discurso, se preguntan si acaso ella tiene el copyright de esos objetivos.
«La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso.»
Así de revueltas bajan las aguas del PSOE. Decíamos ayer (a sus pies, fray Luis) que habría primarias internas siempre que Chacón diese un paso adelante y Rubalcaba no diese un paso atrás. Y ha ocurrido algo absurdo: sin haber dado el paso adelante, Chacón lo dio hacia atrás. Y cuando Rubacaba amagó con dar un paso hacia atrás -los resultados del 22-M y la revuelta de los indignados arruinaron su hoja de ruta-, la espantada de Chacón le dejó sólo en la posición de delantero centro.

Ahora quedamos a la espera de que alguien dé el pasito y quiera disputarle esa posición al vicepresidente del Gobierno al amparo de las elecciones primarias que mañana convocará el Comité Federal. Lo más probable es que no se celebren. Por incomparencia de un segundo candidato socialista a la Moncloa. O un tercero, o un cuarto.

Solo es lo más probable, pero en un PSOE en ebullición nada se puede descartar. Ni un congreso extraordinario, aunque la convocatoria de primarias aleja esa posibilidad que, de todos modos, ya había perdido fuerza en las últimas horas. Patxi López y otros acabaron entendiendo que un congreso exraordinario para sustituir a Zapatero equivale a hacerle el trabajo a Mariano Rajoy con una moción de censura. No ya contra el líder socialista sino contra el presidente del Gobierno, que hubiera tenido que adelantar las elecciones generales, al gusto del PP, antes de verse abocado a gobernar con un partido que acaba de repudiarle. Absurdo.


El Confidencial - Opinión

Casas de tolerancia. Por M. Martín Ferrand

¿Es tolerable que los espacios públicos se conviertan en campamentos para la asamblea y el dislate?

ME gustaría saber quién fue el mago del lenguaje que, en brillante alarde de eufemismo, bautizó como casas de tolerancia a las que lo son de lenocinio. Esa es la magia del idioma, su elasticidad. Una casa de camas, o de citas, como muchos le siguen llamando a esos escondites urbanos, más antiguos que el mismísimo urbanismo, no ennoblece a quien las usa; pero lo de la tolerancia, la palabra máxima de la convivencia, les presta un aspecto respetable. Algo parecido ocurre con la Puerta del Sol de Madrid, la Plaza de Cataluña en Barcelona y demás espacios públicos españoles en los que, por su cuenta y sin riesgo alguno, han decidido acampar los «indignados» que quieren cambiar el mundo sin dedicarle demasiado esfuerzo a tan quimérico proyecto. Un curioso fenómeno que, sin ser gracioso, ha caído en gracia a gentes biempensantes, como Eduardo Punset, que, puesto a buscar antecedentes razonables a la sinrazón del caos ha comparado a los okupas ovetenses de la Plaza de la Escandalera con los esforzados viajeros que hace centenas de siglos inauguraron la ruta de la seda.

El progresismo de salón, como el toreo de la misma especie, cursa sin cornadas y no suele ser peligroso para quien lo luce y practica; pero puede producir daños a terceros, a gentes buenas y escasas de criterio a quienes se les induce a confundir el culo con las témporas. En aras de la libertad y la democracia, ¿es tolerable que los espacios públicos se conviertan en campamentos para la asamblea y el dislate? Se entiende que los jóvenes, y quienes hemos dejado de serlo, nos hayamos instalado en la indignación. Cinco millones de parados, una crisis inabordable, un gobierno inútil y una oposición más prudente que activa son una gran catapulta para el enfado individual y colectivo; pero, ¿el cauce adecuado para su expresión son los campamentos callejeros con olores desagradables, sospechosos y ciertos, y exhibición de zafiedad?

Mal hizo el ministro de Interior, aunque se le haya aplaudido la astucia, cuando no cumplió el mandato de la Junta Electoral Central y amparó el flagrante incumplimiento de la ley por parte de estas tribus indignadas que no coinciden en forma y tiempo con el verdadero cabreo de la mayoría cívica; pero ahora, en evitación de males mayores —que es como se le dice a la indecisión en la práctica administrativa—, el mal se perpetúa. Indefinidamente. Sé que predico contra corriente, que parecen mayoría quienes contemplan el fenómeno del desorden como muestra de salud social; pero, en puridad democrática, la pasividad de Interior es irresponsable. La casa es de putas aunque se le diga de tolerancia.


ABC - Opinión

El timonel. Por Alfonso Ussía

«Barco sin timonel, al fondo con él», dice el refranero. No lo dice el refranero, pero lo podría decir. En el refranero español se pueden encontrar incomensurables tonterías elevadas a sabiduría popular. No es obra tonta, pero si acogedora de sandeces. El libro de los tontos por excelencia es el «Guiness de los récords», que reúne en sus páginas todas las metas majaderas que el hombre se ha propuesto, como crear el bocadillo de mortadela más grande del mundo –cien metros de bocadillo, por ejemplo–, ensalzar al tío que se traga más salchichas en una hora o elevar al rango de héroe al individuo que ingiere más huevos cocidos en quince minutos. «Barco sin timonel, al fondo con él», y vuelvo a mi falso refranero. El PSOE es un gran barco, un trasanlántico. ¡Qué facil el ejemplo manido del «Titanic»! No. El «Titanic» se hundió por las causas que todos sabemos. El inmenso barco del PSOE se ha vuelto tarumba y no tiene timonel. Busca al sustituto, pero dos bandos muy diferentes de tripulantes desean imponer al suyo y con distintos métodos. Y el timonel ha perdido el rumbo hacia el norte, el sur, el este y el oeste. Incluidos los puntos del nordeste, el noroeste, el sureste y el suroeste. Al timonel oficial del PSOE le dicen que ponga rumbo a Cádiz y al cabo de los días entra en chapucera arribada al puerto de Keflavik. Porque el timonel obedece a ciegas al capitán, y el capitán no quiere salir de su cámara para evitar las miradas de sus marineros, que no son de aprecio, precisamente. El timonel, José Blanco, está a un paso de mandar al capitán a freir gárgaras, y no lo hace porque aún le recuerda su conciencia que sin el capitán, jamás habría conseguido el mando del timón. A estribor, esperando el golpe de mano, el segundo oficial Rubalcaba. A babor, la tercera oficial Chacón, siempre asesorada por un señor muy sinuoso con rima consonante, Barroso, que es su marido e íntimo amigo del capitán que no sale del camarote. Y en la popa, cobijado de todos los vientos, y a sabiendas de que el barco se va a empotrar contra la primera isla que encuentre a su paso, el comodoro Bono, el más listo de todos ellos, que aguarda con paciencia el momento en el que el capitán, el timonel, el segundo oficial, la tercera oficial y el planificador poderoso con rima consonante –Barroso– se lancen al agua para compartir su futuro con los pingüinos y los besugos. A los primeros les extrañará su presencia, pero los segundos los recibirán como si fueran de la familia. Un capitán que no manda, un timonel que ha perdido el rumbo, un segundo oficial que no se sale con la suya, una tercera oficial que merece entre los suyos el apodo de «la niña», y un instigador ambicioso con rima consonante –Barroso–, a media milla están de hacer naufragar el inmenso barco socialista. Más de dos millones de marineros se han tirado por la borda. Y entre todos, el único que sonríe y se guarda de chismes, navajazos, zancadillas, rumores y demás delicias, es el comodoro Bono, que ha decidido mantenerse al margen para llegar a ser lo que siempre deseó, el capitán. Puede conseguirlo, pero sería capitanía de barco de partido, que no de nación, porque la segunda, según van las cosas y según fueron el pasado domingo, parece tenerla asegurada un marino gallego tranquilo y barbado, que, tantas veces incomprendido y criticado, ha sabido mandar el otro gran barco de partido con tacto y eficacia. Y así están las cosas. Un barco tranquilo y seguro, otro con vías de agua por todas partes y un solo tripulante sonriente, y los besugos esperando la llegada de sus familiares.

La Razón - Opinión

Un partido a la deriva. Por José María Carrascal

Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política. ¿Quién va a confiar en ellos?

¿QUÉ fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué celebrar antes, el congreso federal o las primarias? El PSOE está perdiendo el tiempo, las energías y el poco prestigio que le queda en tal acertijo. Sin querer darse cuenta, como los boxeadores sonados, de que se trata de la misma cosa: cómo librarse de Zapatero. En un congreso, le desposeerían de su cargo de secretario general, en unas primarias, elegirían al hombre o mujer que le sustituiría. En cualquiera de los dos casos, quitárselo de encima. ¡Quién iba a decírselo a él, que acaba de firmar lo que puede ser el broche de oro de su labor legislativa: la muerte sin dolor! Aparte del hecho de que Zapatero está ya políticamente muerto.

Pero si el PSOE cree resolver sus problemas con el anuncio de Carme Chacón de no presentarse a las primarias, se equivoca más que de costumbre. Congreso o primarias, Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Tanto el vicepresidente Primero con la ministra de Defensa son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política suicida, no vieron que nos llevaba al desastre, y si lo vieron, no han tenido la entereza de oponerse o de dimitir. Es más, oigan a la autosacrificada: «Me pongo a disposición del próximo candidato socialista». Nunca se ha hecho una oferta de aceptar el segundo puesto en el ticket tan plúmbeamente. ¿Cómo va a confiar en ellos el pueblo español? ¿Cómo van a representar la renovación que necesita su partido? ¿Cómo van a ejercer el liderato que necesita España? No hay más que verles y oírles para darse cuenta de que son ya tan pasado como su jefe. Mejor dicho: no hace falta verles ni oírles, pues desde el batacazo del domingo, tanto Rubalcaba como Chacón están tan ansiosos de aparecer políticamente correctos que no transmiten nada, como figuras de un museo de cera.


Y ahora, vamos a dejarnos de funambulismos y hablar de la realidad. Vean lo que publicaba ayer el New York Times: «Una suspensión de pagos griega puede desencadenar una reacción en cadena que alcance a otros países mayores, como España, lo que causaría una catástrofe económica global. De ocurrir una quiebra española, ni un solo banco del mundo dejaría de estar afectado. Los bancos norteamericanos tienen invertidos 187.000 millones de dólares en España según los últimos datos. Y lo que advierte la OCDE: España tardará 15 años en recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis.

Esto es lo que se dice fuera. Dentro, nos queda todavía el lamentable espectáculo de oír a la progresía: «Yo sostuve siempre que Zapatero se equivocaba», «se veía que iba derecho a estrellarse», «está agotado» y cosas por el estilo. Empiezan ya a decirlo en radios, periódicos y televisiones. Eran los mismos que hasta el domingo nos llamaban antipatriotas a quienes veníamos advirtiéndolo. Aunque no hay que tomárselo a mal: caen chuzos y buscan conservar su puesto bajo el PP. Puede incluso que algunos lo conserven.


ABC - Opinión

Chacón. El final de los mindundis. Por Cristina Losada

Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa.

La ministra de la Guerra se ha rendido y no seré yo quien lo lamente. Los políticos profesionales llevan ahora mala fama, pero hay instantes en los que sólo se puede exclamar: ¡ya está bien de aficionados! Así, celebraré cada ocasión en que uno de los imberbes dé un paso atrás y tengo por gran noticia que Chacón se retire de la carrera, o la hayan retirado. Cuando un partido se encuentra con sus cuotas de poder en vías de extinción, arriesgarse a que cojan el volante quienes aún circulan con la L es de una temeridad demente. En una emergencia, el auténtico profesional percibe el peligro, igual que el amateur se percata de la oportunidad que tiene. Sólo aquí y ahora, en la confusión y el marasmo, desde el Gobierno, con la protección y la bendición del todavía secretario general y presidente, podía llegar Chacón a la cima.

¿Y con qué méritos?, preguntarán. El proyecto político que acaba de presentar y de retirar, al mismo tiempo, impresiona por su simpleza, pero carece de importancia. Las bazas de Chacón, como ella se encargó de destacar, eran su condición de mujer y de catalana. Dos señoras virtudes para alcanzar La Moncloa y dos raras cualidades que España, a tenor de sus palabras, estaba preparaba para asumir y premiar. Pero la cuestión, claro, nunca fue si España estaba preparada; la cuestión era si lo estaba Chacón. Y sus compañeros dirigentes no lo creen. Quizá han tenido bastante con la película experimental de Zapatero y no quieren ver una secuela ni en pintura. Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa. Y triunfaron.

El mindundi puede ganar, por supuesto. Nadie le discute habilidades, emotividad, empatía y artimañas de apparatchik. Ahí está la carrera del chico de León como prueba. Pero como prueba tanto del éxito como del desastre; desastre para la nación y, a la postre, desastre para el partido. El telón está a punto de caer. La capitulación de "la niña de González", de la petite soeur de Zapatero, aboca a suponer que las primarias se cancelan y con ellas, la presidencia. Un presidente así desautorizado, al que se le despoja incluso de la capacidad de elegir la forma y el plazo de su muerte política, está para recoger sus cosas y marcharse. Sic transit.


Libertad Digital - Opinión

El motín de los pretorianos. Por Ignacio Camacho

Zapatero queda secuestrado por los barones, sin autoridad ni poder, rehén de una conjura de pretorianos.

LA revuelta de los coroneles socialistas ha terminado, por ahora, con el secuestro del poder y la desautorización de Zapatero mediante el sacrificio expiatorio de su presunta favorita, victimada por el líder para salvar provisionalmente su propio pellejo. Los conspiradores se han conformado con la cabeza de Carmen Chacón a cambio de no escenificar en el comité federal la muy shakespereana tragedia del apuñalamiento del César. Siguen sin fiarse de él pero le han dado una salida porque todos saben que el psicodrama en público hubiese destrozado lo que queda de la marca PSOE; si consideran peligroso el espectáculo de las primarias, por lo que tiene de desgaste fratricida, mucho más grave sería el golpe cruento con ejecución sumarísima del tribuno a la vista de la plebe.

Han sido las horas más tensas del partido desde aquel ya lejano congreso en que Felipe dio el portazo haciéndose la víctima. Un paroxismo de reuniones, llamadas y contactos a la desesperada en un delirio de intrigas. Todavía un poco antes de su abatida comparecencia de prensa, Chacón estaba recabando apoyos de dirigentes de una corriente crítica. Sitiado en Moncloa por los conjurados, Zapatero ha fundido varias baterías de su teléfono móvil. Y Rubalcaba, si te mueves te la clava, ha temido hasta el último momento que se la fuesen a clavar a él; despechado por el silencio hermético del presidente, ha apretado tuercas y movido hilos —los últimos, los de Bono— entre amagos de renuncia y protestas de traición. En ese crescendo límite de tirantez y presión se estaba jugando el futuro inmediato del PSOE, tambaleante tras el descalabro electoral: la herencia de un postzapaterismo genuino, líquido y juvenil, o el retorno al prezapaterismo de la vieja guardia. Ha ganado el socialismo con barba pero la solución de compromiso, forzada para mantener apuntalada la apariencia del liderazgo presidencial, deja muchos recelos, muchas heridas y, sobre todo, muchas cuentas pendientes.

El comité federal ya se ha celebrado entre las bambalinas del poder. Lo del sábado será una puesta en escena de la proclamación rubalcabiana, quizá con algún desahogo retórico de los perdedores del pulso. Las nomenclaturas de los partidos le tienen pánico a los ejercicios de democracia interna, en los que casi siempre salen malparadas. Chacón, posible o potencial beneficiaria del descontento de la militancia —«¡¡cosas maravillosas!!»—, se equivocó el domingo al escaquearse de la foto de la derrota y el martes al pedir amparo al presidente cuando éste ya no tiene poder efectivo para protegerla. Pero en este golpe de mano no sólo ha perdido ella; Zapatero queda prisionero de los barones, sin auctoritas ni potestas, y tendrá que agotar, o quizá abreviar, su mandato como indisimulado rehén de un motín de pretorianos.


ABC - Opinión

«Dedazo» en el PSOE

El aparato del PSOE ha presionado desde el 22-M, e incluso antes, para conseguir por todos los medios que el sucesor de Zapatero no saliera de unas genuinas elecciones primarias. Era un secreto a voces que esa presión estaba destinada a que Rubalcaba resultara ungido como candidato único sin necesidad de rivalizar con otro aspirante. Hasta el propio interesado, como informó LA RAZÓN, amagó con retirarse si no se le dejaba el camino expedito. La maquinaria de Ferraz ha sido implacable, y ayer consiguió su objetivo: Carme Chacón anunció por sorpresa su renuncia a concurrir en el proceso de primarias. Pero la retirada de Chacón no ha sido inocua y, si bien acorta el trámite sucesorio, aplaza el debate de fondo en el PSOE y abre una guerra soterrada, tan cruenta como impredecible, por el control del partido. De hecho, la ministra de Defensa disparó ayer varias cargas de profundidad contra el discurso oficial del aparato y de los barones. Sus palabras fueron una suerte de alegato contra la adulteración de la democracia interna y una crítica directa a la presunta madurez de la organización para acometer la transición entre un liderazgo y otro. Al justificar que con su retirada pretendía preservar la unidad del partido, la autoridad del secretario general y la estabilidad del Gobierno, Chacón estaba acusando a sus adversarios de extremar las presiones hasta límites inaceptables. Nada más y nada menos. La ministra acusó a quienes se movilizaron para evitar las primarias previstas en los estatutos –entre ellos, obviamente, Rubalcaba y el resto de barones que le respaldan, aunque no los citó– de «poner en riesgo» esos pilares centrales del PSOE y de cualquier organización política. A partir de ahí, ¿cómo podrá presumir el PSOE de democracia interna si el hecho de que alguien ose presentar su candidatura pone en peligro «la unidad del partido, la autoridad del presidente e incluso la estabilidad del Gobierno»? De la confesión de la ministra se deduce que la libertad no ha sido tal y que el aparato del partido se ha encargado de encauzar y controlar un proceso teledirigido con una única salida. Hasta tal punto ha sido así, que Chacón reconoció que hace 48 horas tenía decidido presentarse a las primarias y que así se lo trasladó a Zapatero en una reunión, en la que se interesó por distintos aspectos logísticos del procedimiento. En todo caso, el «dedazo» más o menos encubierto del aparato para colocar a Rubalcaba como sucesor de Zapatero es un cierre en falso de la profunda crisis del PSOE, y anticipa una guerra intestina entre las diferentes federaciones. El «paso atrás» de Chacón sólo es un capítulo y preludia un impulso para, una vez celebradas las elecciones generales con la previsible victoria de un PP en ascenso imparable, exigir responsabilidades a Rubalcaba y plantar la batalla final con todos sus apoyos. Sea como fuere, el trámite sucesorio en el PSOE se ha abreviado y su culminación será cuestión de horas, tal vez en el mismo comité federal de mañana sábado. Y ya no habrá excusa para que Zapatero no convoque elecciones generales de inmediato. Resuelto el futuro a corto plazo del PSOE, ahora urge que los españoles decidan el suyo.

La Razón - Editorial

Encrucijada socialista

El Comité Federal debe cerrar con urgencia la crisis del PSOE tras la renuncia de Carme Chacón.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, renunció ayer a competir en unas primarias para suceder a Zapatero como candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. Es una renuncia singular, no por el hecho de que la ministra haya decidido tirar la toalla en medio de maniobras y presiones internas, según denunció, sino porque las primarias a las que renuncia no están ni siquiera convocadas. También es singular porque, por las razones que sean, Chacón, que llevaba semanas preparando en secreto su candidatura, anunció su retirada con graves acusaciones sobre un supuesto compló urdido por quienes, con absoluta transparencia, han apostado por la celebración de un congreso.

El Comité Federal del PSOE de mañana tiene que decidir entre convocar a los militantes para elegir a un candidato o anunciar un congreso del que, además del candidato, saldría un secretario general. Desde el momento en que Chacón ha renunciado, el Comité Federal se ve obligado a reflexionar sobre cuál de los dos caminos es el más conveniente para evitar una derrota como la del 22 de mayo.


Los partidarios de Chacón, y por tanto de la convocatoria de elecciones primarias, argumentaban que la celebración de un congreso favorecía a su rival, quien, como ella, tampoco confirmó expresamente sus intenciones en ningún momento. Parecería, en principio, que la renuncia de Chacón abre las puertas a unas primarias con un único aspirante, que sería proclamado por el Comité Federal. A partir de este momento, todo depende, entonces, de si el secretario general, Rodríguez Zapatero, logra imponer sus planes, y si los partidarios de forzar un congreso aceptan sustituir este por otro formato que permita de forma efectiva un debate a fondo que no se limite al nombre del candidato. En caso de que se cierre el proceso este mismo sábado con la proclamación del cabeza de lista para 2012 sin necesidad de votaciones, sería más que conveniente que fuese seguido de un profundo debate sobre el futuro del socialismo en España. Tampoco la celebración de un congreso garantiza de forma automática la resolución de todos los intereses, si bien transmitiría a los ciudadanos el mensaje de que el Partido Socialista ha interiorizado la gravedad de los resultados del 22 de mayo.

Nada garantiza que, en caso de celebrarse un congreso, Pérez Rubalcaba sea el único candidato a la secretaría general. Podrían aparecer otros sobre la base de que lo que está en juego no es quién debe concurrir a unas elecciones que se dan por perdidas, sino quién se hará con la dirección del partido a partir del día siguiente. Pero con un candidato recién elegido, ese debería ser un riesgo menor. Suceda lo que suceda entre hoy y mañana, el objetivo debería ser cerrar esta grave crisis de inmediato, la elección del nuevo aspirante con el pleno respaldo del Comité Federal y centrar todas las energías, en el partido y en el Gobierno, en asegurar las reformas emprendidas hace un año.


El País - Editorial

Lo importante es el PSOE, no España

Si hay algo que está quedando claro tras las luchas intestinas en el seno del Gobierno es que a los principales implicados el porvenir del país les importa más bien poco.

Al anunciar su renuncia a presentarse a las futuras primarias para escoger al candidato del PSOE en las próximas elecciones generales, Chacón ha dicho defender así la unidad y la imagen del PSOE, la autoridad de Zapatero y la estabilidad del Gobierno. Una larga retahíla en la que, como suele suceder con los líderes socialistas, se hace notar una clara ausencia: el bien de España. No es raro en quien se ha preocupado sólo de cuidar su imagen antes que de ocuparse de los problemas de los militares a su cargo.

Resulta curioso que un partido que siempre presume de su democracia interna, que efectivamente es mayor que en otros partidos, evita las primarias en cuanto tiene la oportunidad. Lo intentaron con Tomás Gómez y lo han conseguido con Chacón. Parece que estas elecciones internas siguen ahí no porque crean en ellas, sino porque han hecho tanta propaganda que les resulta muy difícil justificar su eliminación, que es lo que en realidad querrían. Será difícil que Rubalcaba, si como parece es finalmente el candidato único, pueda emplear ese argumento como reclamo electoral.

No hay duda de que Chacón podría haberse colocado en una muy buena posición de salida en el caso, probable pero no seguro, de que el candidato del PSOE, léase Rubalcaba, fracase en las próximas elecciones generales. De ahí que haya querido dar esa apariencia de sacrificarse por el bien del PSOE que otros han puesto en riesgo. Pero la política, a estos niveles, es un juego cruel y para cuando llegue ese momento podría ya haber desaparecido como opción para dirigir los destinos del partido.

Pero si hay algo que está quedando claro tras las luchas intestinas en el seno del Gobierno es que a los principales implicados el porvenir del país les importa más bien poco. Su única preocupación son ellos mismos y, de vez en cuando, el partido sin el cual no serían nadie. Empezando por el mismo Zapatero, que anunció que no se presentaría de nuevo a las elecciones para que el PSOE tuviera mejores resultados, pero nunca se le ha pasado por la cabeza dimitir como presidente para que el país pase a estar gobernado por alguien más capaz de afrontar la crisis.


Libertad Digital - Editorial

Otra pirueta

La renuncia de Chacón es un parche para la reunión de mañana en Ferraz, pero también un catalizador de los enfrentamientos del PSOE.

LA renuncia de la ministra de Defensa, Carme Chacón, a optar a la candidatura socialista para las elecciones generales de 2012 demuestra la falta de sinceridad con la que la dirección del PSOE, empezando por su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, está dirigiendo este proceso de quiebra poselectoral. Las proclamas del presidente del Gobierno sobre la ejemplaridad de la democracia interna del PSOE se convierten en una farsa ante la satisfacción que ha provocado la renuncia de Chacón. Dicen unos socialistas que quieren primarias, pero al mismo tiempo no quieren más de un candidato, degradando así el concepto electoral. También dicen que asumen la derrota, pero no quieren un congreso de renovación, que es lo propio tras una debacle como la sufrida. Esta sucesión de acontecimientos parece encubrir una designación del candidato a dedo tras una parodia de democracia interna, de tal manera que no ponga a Zapatero fuera de la Secretaría General, ni al PSOE fuera del poder, al menos hasta marzo de 2012. El PSOE está dejándose en esta resaca poselectoral el escaso crédito que le quedaba como partido gobernante, revelando una absoluta falta de criterio para saber qué rumbo tomar tras el veredicto de las urnas. El afán por eliminar candidatos y la ansiedad por la pérdida del poder descubren un PSOE carente de fortaleza ideológica y expuesto a la debilidad de estos años de zapaterismo, es decir, de gestión oportunista de la bonanza económica, de agitación radical de la sociedad y de falta de consistencia en los principios. En definitiva, el PSOE paga la factura de haber cambiado sus siglas por las de ZP.

A pesar de su aparente generosidad, la renuncia de Chacón no soluciona el problema socialista. Es un parche para la reunión del Comité Federal de mañana, pero también un catalizador de las contradicciones y los enfrentamientos internos. La encrucijada socialista no era la candidatura de Carme Chacón, sino continuar o no con Rodríguez Zapatero como secretario general. La encrucijada socialista no es simular primarias o abrirse en canal en un congreso extraordinario u ordinario, sino abandonar o no la banalidad ideológica del zapaterismo. En este momento, el PSOE se está comportando como un partido de perdedores que no asumen que lo son, y esa ignorancia la paga España con una inestabilidad mucho mayor que la que podría generar una convocatoria anticipada de elecciones generales. Zapatero le está haciendo al PSOE lo mismo que le ha hecho a España en siete años.


ABC - Editorial

jueves, 26 de mayo de 2011

Chacón. Lo peor del futuro. Por Cristina Losada

Chacón, una criatura del zapaterismo, en cualquier caso, y la heredera intelectual de esa corrosiva inconsistencia. Su elección significaría la continuidad de la política de Zapatero. Es su sucesora natural. En suma, lo peor del futuro.

El filósofo William James, tras pasar una semana con un grupo de metodistas, dijo que echaba de menos "el destello de una pistola, una daga o una mirada diabólica". Se divertiría, entonces, con el drama de capa y espada que se vivirá en los inminentes sanedrines socialistas, donde no ha de faltar de nada, salvo, quizás, el arma reglamentaria para el haraquiri. Con razón, la razón emanada de las urnas, los defenestrados quieren sacar los puñales y proceder al ajuste de cuentas. Pues hecho el recuento de cadáveres, lo suyo, en cualquier partido y en toda democracia, es arrojar al vertedero al responsable. Aunque aquí conviene el plural. No en vano los socialistas han marchado al albañal sin rechistar ni una vez por el camino. Cuanto Zapatero ha hecho y ha deshecho gozó de su asentimiento y de su aplauso. ¡A buenas horas! Pero igual que cuando un régimen totalitario cae, sus secuaces eran disidentes, ahora va a resultar que la cúpula del PSOE era antizapatero avant la lettre.

La dimisión en bloque y la designación de una gestora, sería la decisión justa y necesaria, junto a la convocatoria de elecciones generales. Pero el mundo partidario gira únicamente sobre la sucesión y ésta condiciona el proceso mismo de liquidación del líder. Porque, según vaticinan, si la operación se hace mediante un congreso, el sucesor sale con barba, pero si va por primarias, sale con melenita. De manera que la elección está entre lo peor del pasado y lo peor del futuro, que eso representan los dos candidatos en competencia abierta. Claro que Rubalcaba no es sólo el pasado ni mera reliquia del felipismo. Se ha sentado, como el que más, a la vera del zar y ha sido su brazo ejecutivo y ejecutor. Piensan en él como tapón para la hemorragia, como el veterano capaz de conducir a la manada de vuelta a los corrales, pero se halla tan indisolublemente unido a los años de Zapatero como a la turbiedad de los anteriores.

En los viejos buenos tiempos circulaba, como elogio, que el presidente había feminizado la política. Pues si él es su lado femenino, tal vez Chacón sea su lado masculino. Una criatura del zapaterismo, en cualquier caso, y la heredera intelectual de esa corrosiva inconsistencia. Su elección significaría la continuidad de la política de Zapatero. Es su sucesora natural. En suma, lo peor del futuro.


Libertad Digital - Opinión

La piedra filosofal. Por M. Martín Ferrand

Carme Chacón tiene la entereza de la calcita, que se erosiona con una simple moneda de cobre.

DEL mismo modo que Friedrich Mohs, hace cerca de doscientos años, estableció una escala con la que seguimos midiendo la dureza de los minerales, desde la blandura del talco a la firmeza del diamante, alguien debiera abordar hoy, por ver si conseguimos entendernos, la escala de la enjundia de los líderes socialistas en presencia. Si Felipe González estuviera en activo, que no lo está, a él le correspondería el lugar que Mohs le atribuye al diamante, algo tan duro que solo puede ser rayado por otro de su misma condición. Posiblemente, otro cesante —aunque instalado en el balneario de la Carrera de San Jerónimo—, Alfonso Guerra, sería el corindón, al que solo le hacen mella las herramientas templadas con carburo de silicio.

De lo que ahora se trata, cuando José Luis Rodríguez Zapatero, no contento con haber destrozado una Nación se dispone a intentar la demolición del partido que —¡todavía!— le sostiene y obedece, es de afinar los puestos más mórbidos de esa tabla. Colocando al todavía presidente del Gobierno en el lugar geológico del cuarzo, algo capaz de rayar el vidrio, puede aceptarse, sin forzar el entendimiento, que Alfredo Pérez Rubalcaba está un poco más arriba que su líder y un poco más abajo de quien también fue vicepresidente del Gobierno, en donde el topacio más o menos. Los demás posibles, o pretendientes, sustitutos de Zapatero como próximo candidato socialista a la presidencia del Gobierno son, en más o en menos, auténticos zorollos. Son, de más a menos blanduchos, el talco, el yeso, la calcita o la fluorita de la tabla mejor memorizada, supongo, de las que, cuando cotizaba la memoria como valor, se estudiaban en el bachillerato. Entre los más duros y los más blandos, como marca su talante y justifica su carrera, está José Bono, el apatito que se puede rayar con una navaja de Albacete.

Lo verdaderamente singular, lo nunca visto y al margen de otros nombres que puedan brotar antes de que suene el pistoletazo inaugural de las primarias, es que la candidata más cantada, Carme Chacón, tiene, en atención especial a los méritos de su marido, guionista, promotor y estratega, Miguel Barroso, la entereza de la calcita, que, según los manuales, se erosiona con una simple moneda de cobre. Quien ha consagrado a la vida partidaria veintidós de los cuarenta años que tiene y quien ya lució su escasez como titular de Vivienda no ha abordado en su biografía labores de mayor provecho y puede optar al éxito sucesorio para demostrar que la imagen mediática y los muñidores propagandísticos pueden transformar la nada en apariencia. Lo que pretendían en la Edad Media con la piedra filosofal.


ABC - Opinión

Reproche a Zapatero: “Presidente, nos has llevado a la ruina”. Por Federico Quevedo

Fue en el Comité Ejecutivo del lunes por la tarde, según me cuentan. Entre todas las voces que se levantaron para hacer una reflexión de lo ocurrido el domingo 22, una se dirigió directamente al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y en voz alta expresó lo que casi todos pensaban y no se atrevían a manifestar: “Presidente, nos has llevado a la ruina”.

La herencia que Rodríguez Zapatero va a dejar tras su paso por la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del Gobierno no puede ser peor: un partido que va a ver reducido prácticamente a cenizas su poder municipal-autonómico-nacional y que va a quedar roto por sus cuatro costado y necesitado de respiración asistida ideológica, y un país que cuando Rodríguez Zapatero se vaya seguirá sumido en la peor crisis económica-política-social-institucional que hayamos podido imaginar. Ese es el panorama, la herencia de Rodríguez Zapatero a los socialistas y a los españoles, y razones hay para que los socialistas, por una parte, y los españoles, por otra, no quieran verle ni en pintura.


Y es que, si todo se produce según parece que se va a producir, el PSOE no va a conservar más allá de diez capitales de provincia, y eso después de tener que pactar con partidos nacionalistas y regionalistas. Y si llega a diez. Pero peor es el descalabro autonómico, porque si finalmente pierde Extremadura –que puede ser posible-, y en las próximas autonómicas andaluzas también gana el PP, los socialistas sólo mantendrán viva la llama del País Vasco, y todo apunta que por muy poco tiempo. Nunca antes se había producido una pérdida semejante de poder, porque incluso en 1983 cuando el PSOE obtuvo el mayor resultado de su historia en municipales y autonómicas, la derecha –entonces AP- conseguía mantenerse fuerte en algunas comunidades
«Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país.»
Es lógico, por tanto, que en el Partido Socialista no quieran ver a Zapatero ni en pintura, aunque tendrán que aguantarle hasta el último día, como el resto de los españoles. Unos españoles a los que Zapatero ha sumido en una crisis profunda y de difícil salida, una crisis que va más allá de lo económico y que como estos días se ha puesto de manifiesto afecta a las raíces mismas del sistema.
Ahora el PSOE se ha enzarzado en un debate interno, que si Congreso, que si Primarias, que si antes de las elecciones, que si después… Pero, a los españoles, ¿qué nos importa eso? Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país, sin visos reales de que algo vaya a cambiar a mejor en el medio plazo, por mucho que Zapatero siga intentando vendernos la burra de que va a ser así.

Los organismos internacionales ya han empezado a corregir a peor sus previsiones para 2012 en España, porque es tan evidente que la crisis sigue instalada en nuestro país que sólo un ciego como el propio Zapatero no puede verlo. Pero esa es la prioridad, no puede haber otra, y si Zapatero no es capaz de ponerse manos a la obra porque su Gobierno ha perdido ya definitivamente toda credibilidad y cualquier posibilidad de transmitir una imagen de estabilidad al exterior, lo que debe hacer es convocar elecciones anticipadas y dejar que sean otros, en este caso el PP, los que asuman el reto de las reformas que este país necesita y que, sin lugar a dudas, van a ser duras y difíciles.

De verdad, hace falta que venga alguien que nos diga lo que Zapatero nos oculta: que para salir de esta situación va a ser necesario “sangre, sudor y lágrimas” como decía Churchill, pero Zapatero sigue empeñado en hacernos creer en ese fantasma que el llama “lo mejor está por llegar”. Es comprensible que el PSOE se haya metido de lleno en su debate interno, después de lo que ha pasado tiene que hacer ese partido una profunda reflexión de hacia donde les ha llevado Zapatero y por qué, y si de verdad le ha servido de algo al Partido Socialista esa estrategia constante de la radicalización y el enfrentamiento en la que Zapatero ha basado toda su política durante estos años.

Pero antes de empezar a dar respuesta a sus propios problemas, lo que debería hacer el Partido Socialista, si de verdad tiene el más mínimo sentido de Estado, es buscar la respuesta a los problemas de los ciudadanos, y eso hoy solo cabe hacerlo con una convocatoria anticipada de elecciones porque el PSOE ya no puede dar esa respuesta por sí mismo. Decía Patxi López el martes que no se trata del “quién”, sino del “qué”, y no le falta razón, pero antes de volver a reinventarse el PSOE debería hacer un servicio a este país apartándose definitivamente y dejando que sean otros los que pongan en orden el caos que nos ha dejado como herencia Rodríguez Zapatero.


El Confidencial - Opinión

Rajoy. Censura. Por José García Domínguez

Si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción.

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.


Libertad Digital - Opinión

La segunda catarsis. Por Ignacio Camacho

Frenesí conspirativo en el PSOE. Entre ataques de cuernos y ajustes de cuentas se fragua una asonada de coroneles.

Era de esperar: tras la catarsis de los ciudadanos, al zapaterismo le toca ahora sufrir la del partido. El fracaso en las urnas ha evaporado el liderazgo y plantea con toda su crudeza la lucha por el poder interno, que tal vez pronto sea casi el único que les quede a los socialistas. Tras el desalojo de las autonomías y los grandes municipios el horizonte perfila una nueva derrota y el Gobierno no sirve de mucho consuelo porque es un barco a la deriva con un timonel fantasma, al que algunos están pensando ya en tirar por la borda. Zapatero es como un personaje de «Los otros»: está políticamente muerto pero aún no lo sabe porque nunca ha sido un intérprete atinado de la realidad. Para hacérselo ver, y por si acaso al zombi le queda alguna capacidad ejecutiva, se está formando una cola de gente dispuesta a rematarlo.

Lo de la refundación programática e ideológica es un rollo macabeo; eso se dice siempre en todos los partidos cuando sufren un varapalo. A la nomenclatura socialista le importa ahora sobre todo el control de la operación sucesoria y consideran que el presidente, por mucho que se encastille en su mando nominal, ya no está legitimado para dirigir la hoja de ruta. El cainismo se ha apoderado del ambiente y planea sobre la organización como una ola de ceniza volcánica. Los barones autonómicos y la vieja guardia recelan de las primarias porque saben que, tras un descalabro como el sufrido, el estado de ánimo de la militancia es propicio para cualquier sorpresa. Rubalcaba teme que sean el instrumento de una maniobra contra él, y harto de evasivas empieza a sospechar que Zapatero quiere jugársela después de haberlo utilizado para apuntalarse. Entre ataques de cuernos y de nervios, rencores cruzados y amagos de ajustes de cuentas está creciendo la idea de que la candidata real del líder es Carmen Chacón, y hay prisa por cerrarle el paso. Pero la petición de un congreso no es solamente una cuestión de procedimiento: implica la renuncia de la dirección actual, la liquidación efectiva del zapaterato. Si eso ocurre equivaldría a una suerte de pustchpor cooptación, a una asonada de coroneles.

El problema consiste en que si el presidente no es capaz de sostener su posición en el partido no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir al frente del Gobierno, y su deseo de culminar mandato quedaría sepultado por la afrenta de una destitución interna. Estos días hay un frenesí de llamadas y reuniones, un trajín conspirativo que mueve el propósito de llegar al comité federal en posición de ventaja. En esa reunión va a haber tantas navajas que los asistentes deberían pasar bajo el arco de metales. Pero algunos son capaces hasta de apuñalar al líder con un abrecartas. De cartas de dimisión, claro.


ABC - Opinión

Crónica del tiempo convulso que está viviendo el PSOE. Por Antonio Casado

Zapatero lo dejó claro ayer en los pasillos del Congreso. Habrá primarias internas. Conviene añadir: siempre que Chacón dé un paso adelante y Rubalcaba no dé un paso atrás. No parece. Las dos incógnitas se despejarán este fin de semana. Sin descartar que haya otros candidatos, por supuesto, y descartando la celebración de un congreso extraordinario expresamente convocado para la elección de una nueva Ejecutiva Federal, como propone el líder socialista vasco, Patxi López.

Podría repetir mi comentario del martes sin quitar una coma (“Ruido de primarias en un PSOE noqueado en las urnas”) sobre las voces más o menos desorientadas que especularon respecto a la posibilidad de celebrar un congreso federal antes de las elecciones generales, un cierre de filas en torno a Rubalcaba o un pacto de éste con Carmen Chacón que evitase las primarias en momentos de tribulación interna.


Tres días después del batacazo electoral de los socialistas, éstos proyectan la imagen de un partido en descomposición. Con valiosas aportaciones de sus propios dirigentes. Empezando por la ministra Carme Chacón, que aprovechó la Ejecutiva del lunes pasado para presentar de hecho su candidatura a las primarias con una intervención escasamente zapaterista. Y siguiendo por quien le afeó la conducta desde los medios de comunicación, la también ministra Trinidad Jiménez.
«Las elecciones primarias se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato.»
Menciones especiales para los barones regionales. Desde José Luis Barreda (su desmarque preventivo de Zapatero no le sirvió de nada en Castilla-La Mancha pero le retrató), a Patxi López (el más razonable, a mi juicio, en la formulación de su propuesta), pasando por Fernández Vara (su imposible tándem Rubalcaba-Chacón) y su inefable antecesor, Rodríguez Ibarra, que se mofa del eventual careo político entre el “ministro de los guardias” y la “ministra de los soldados” como vía más adecuada para despertar a los militantes y frenar a Mariano Rajoy.

Adecuada o no, el responsable será un Zapatero en retirada. Me explico. Las elecciones primarias que se convocarán en el Comité Federal del PSOE de pasado mañana, de las que saldrá el o la cabeza de lista para las elecciones de 2012, se han convertido en un empeño personal de Rodríguez Zapatero. Así que se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato. Para bien o para mal.

En su no resignada condición de secretario general, Zapatero será el culpable ideal en el que los demás descarguen los reproches si el proceso de primarias acaba generando males mayores. Nadie lo descarta en las actuales circunstancias. Males mayores, se entiende, que los que podría generar la celebración de un congreso donde se visualizase la asunción de responsabilidad política por el batacazo del 22-M. Pero esa va a ser la opción perdedora en el debate interno del sábado que viene (salvo que Patxi López movilizara a la mitad más uno de los militantes), previo paso de los barones, mañana por la tarde, por el confesionario del todavía líder del PSOE.


El Confidencial - Opinión

Guerra civil en el PSOE

La digestión de una derrota electoral como la del 22 de mayo nunca es sencilla ni rápida. Las complicaciones pueden ser tantas que conduzcan a un desenlace fatal, a una crisis de liderazgo y de proyecto que desemboque en una contienda fratricida por el poder de la que cuesta recuperarse varios procesos electorales. El partido de la democracia interna, de las elecciones primarias, se enfrenta estos días a sus fantasmas familiares, porque el PSOE no se ha especializado precisamente en tránsitos maduros y templados entre liderazgos. Hoy, la organización se encuentra atascada, perdida en disputas y sumida en un enredo de empujones y zancadillas para tomar posiciones ante la lucha por el poder que recorre sus pasillos y estancias. Cuando Zapatero anunció su retirada trazó una hoja de ruta que ha sido arrollada por la contundencia de los acontecimientos. Apenas tres días después de que el PSOE perdiera prácticamente todo su poder autonómico y la mayoría del local, el partido aparece fraccionado al menos en dos bloques: los que apuestan por las primarias y el guión establecido por la dirección federal, y aquellos que prefieren un congreso extraordinario para acabar con la era Zapatero y elegir al nuevo líder y candidato a la presidencia del Gobierno en 2012. Patxi López ha puesto cara y voz a los barones que apuestan por el cónclave extraordinario y por pasar la página del zapaterismo con rapidez. No parece que vaya a prosperar la tesis del congreso, que sería una auténtica moción de censura interna al secretario general, pero su sola formulación indica el grado de división y despiste que reina. En esa pugna, en la que el vicepresidente parece contar con un respaldo mayoritario incluso para salir ungido en el próximo comité federal como candidato, Zapatero irrumpió ayer en favor de las primarias y ha emplazado a los barones territoriales a una reunión el viernes para evitar sospresas. En el fondo, la cuestión reside en que Rubalcaba no parece dispuesto a participar en un concurso de méritos con Chacón, pues ni su currículum ni su paciencia se lo permiten. No será fácil que el proceso sea incruento y que no deje cicatrices; ni siquiera que no se cierre en falso o que una tercera opción irrumpa por sorpresa, como Zapatero en su día. Porque no se puede pasar por alto que los aspirantes a la sucesión son copartícipes de una política censurada por los ciudadanos y representan un pasado que los españoles quieren dejar atrás. Demasiadas aristas e incertidumbres. Y mientras el PSOE se desgasta en luchas internas, ¿quién presta atención a los problemas reales de los españoles? Ayer, los socialistas debatían entre congreso y primarias al mismo tiempo que la OCDE empeoraba sus previsiones para España en crecimiento y desempleo y la prima de riesgo estaba en los 250 puntos básicos. El país necesita que se culmine el proceso de reformas y ajustes para dinamizar la recuperación económica, y está demostrado que los dirigentes socialistas, enzarzados en poner orden en su casa, no están en condiciones de acometer esa exigente tarea . Sólo el PP, claro vencedor del 22-M, está capacitado y legitimado para ello.

La Razón - Editorial

Primarias o congreso

El PSOE debe cerrar con el menor coste para el país la recomposición de su discutido liderazgo.

La crisis interna desencadenada en el Partido Socialista por la severa derrota en las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo no es la de una fuerza política cualquiera; es la del partido que sustenta al Gobierno en uno de los momentos económicos más difíciles por los que ha pasado España. Las decisiones que adopten sus dirigentes para resolver su principal problema, que no es tanto la elección de un candidato para las elecciones generales como la recomposición de un liderazgo en entredicho, afecta, por eso, a la totalidad del país y a su inmediato futuro. Un paso en falso y no solo perderán unas elecciones que ya parecen perdidas, sino que pueden arrastrar mucho más en su desplome.

En estos momentos, no es la presidencia del Gobierno lo que está en discusión. Por adversos que hayan sido los resultados del domingo, y por mucho que quepa interpretarlos como un signo político de desaprobación ciudadana, los socialistas siguen siendo el grupo mayoritario en la Cámara y, en la lógica parlamentaria, esa es la única condición para que un Gobierno siga ejerciendo sus funciones. Si faltase a ellas, bien porque no logre conformar una mayoría para aprobar sus iniciativas, bien porque se enroque en la inmovilidad para continuar en el poder, habrá sonado la hora de reclamar al presidente un adelanto electoral, que es de su exclusiva competencia. Ninguna de estas circunstancias se ha producido hasta ahora.


Nadie ajeno al PSOE está legítimamente autorizado para interferir en la elección de sus cargos de responsabilidad. Otra cosa es el marco interno en el que debe realizarse esa elección, puesto que la adopción de uno u otro puede afectar a la gobernabilidad del país en circunstancias graves y, también, a la tarea de oposición que, previsiblemente, aguarda al PSOE. El secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, ha avanzado una propuesta para celebrar un congreso en lugar de unas primarias. Esta es una buena fórmula para responder a la demanda de un debate de fondo sobre los resultados electorales y para la reformulación de un proyecto agotado por la crisis económica, aunque no está exenta de riesgos. Los dirigentes que aspiren a competir en unas primarias también podrían hacerlo en un congreso, aunque finalmente el mejor método será el que permita cerrar con el menor coste para el país la recomposición del liderazgo que necesita el socialismo.

Quedarse en la mera selección de un candidato para unas elecciones generales que parecen perdidas conduce al Partido Socialista a regresar al mismo punto que hoy, solo que con una nueva derrota a sus espaldas y sin esfuerzo alguno de renovación ideológica por medio. La persona que quede al frente del partido tiene como principal misión, salvo muy improbables sorpresas, disponer las cosas para una travesía del desierto. Está en juego el futuro y el peso del principal partido de la izquierda, pero también que el próximo Gobierno cuente con suficientes contrapesos.


El País - Editorial

Un partido en crisis al frente de un país en crisis

Si hasta las elecciones del pasado domingo estábamos gobernados por un partido de incompetentes, desde ahora y hasta que se celebren las generales vamos a estar gobernados por un partido de incompetentes furibundamente enfrentados entre sí.

Si hasta las elecciones del pasado domingo estábamos gobernados por un partido de incompetentes, desde ahora y hasta que se celebren las elecciones generales parece que vamos a estar gobernados por un partido de incompetentes furibundamente enfrentados entre sí. El debate abierto en el PSOE entre los partidarios de unas primarias donde se elija nuevo candidato a la presidencia del Gobierno y los que prefieren la celebración de un congreso que designe una nueva cúpula del partido (incluido un nuevo secretario general que haría las veces de candidato a la presidencia) está dejando en evidencia que los socialistas siguen dando prioridad a sus propios intereses antes que a la grave situación por la que atraviesa España.

El adelanto electoral que pedían y piden a gritos tanto la crisis que padecemos como el duro castigo electoral sufrido por el PSOE ha quedado en un segundo plano, tanto por la bochornosa determinación de Zapatero de agotar la legislatura, como por el hecho, ya conocido, de que el PSOE no tiene designado sustituto, algo que no puede hacerse de la noche a la mañana. Si a eso le sumamos el hecho de que las elecciones generales no están previstas para dentro de dos o tres años sino para dentro de nueve meses, poco margen queda para adelantar nada. Y es que, por mucho que cada día que pase de más Zapatero en el Gobierno sea un día perdido para nuestras posibilidades de recuperación, no merece la pena insistir en algo que ya sabíamos: el presidente del Gobierno y su partido anteponen sus intereses a los de España.


Teniendo, pues, que afrontar y valorar el dilema entre un congreso o unas primarias al que nos aboca el enfrentamiento interno que está sufriendo el PSOE, hemos de empezar señalando que ambas supuestas alternativas pueden ser tanto una solución como una farsa de cara al cambio que requiere el PSOE por el bien de España.

Ya hemos dicho que el PSOE necesita no sólo un cambio de líder sino una auténtica transformación que le haga un auténtico partido nacional asimilable a lo que son los partidos socialdemócratas europeos. Desde este punto de vista, el PSOE necesita un congreso que le sirva de catarsis; lo cual no significa, evidentemente, que tenga que celebrarlo mientras siga gobernando. Menos aún significa un respaldo a un congreso que meramente sea una forma de evitar la competencia a Alfredo Pérez Rubalcaba como "nuevo" líder del PSOE, tal y como parece que pretenden algunos barones territoriales, con un insistente Patxi López a la cabeza.

Por su parte, las primarias son, naturalmente, un proceso de selección mucho más democrático y más permeable a que se cuelen corrientes regeneracionistas ajenas al actual aparato del partido. Sin embargo, también serían una farsa si en esas primarias sólo compiten irrelevantes variantes de lo que ha significado el zapaterismo, tal y como son el propio Rubalcaba o la ministra Chacón.

Sea como fuere la fórmula que termine imponiéndose, lo que parece evidente es que, hasta en la forma de marcharse, Zapatero está brindando un pésimo servicio a España.


Libertad Digital

Octubre en el horizonte

La situación ha llegado a un punto de no retorno que va más allá de la alternancia política. Está en juego España como proyecto de futuro.

LAS diferencias entre los dirigentes socialistas sobre si la crisis poselectoral del 22-M debe empezar por un congreso o por un proceso de primarias no es solo una cuestión de táctica o de oportunidad. Supone directamente el cuestionamiento de la trayectoria del PSOE en los últimos años y la constatación de la vulnerabilidad de Zapatero como secretario general. Esta diversidad de enfoques explica el grado de confrontación existente en el seno del partido y la urgencia con que el lendakari Patxi López ha lanzado, e insistido en ella, la idea de un congreso. El PSOE se enfrenta a decisiones de las que depende mucho más que prepararse para una derrota digerible. Realmente el PSOE está ante la encrucijada de desprenderse de la herencia del zapaterismo, para lo que es imprescindible que encuentre una solución, porque su inestabilidad política provoca inestabilidad económica y sitúa a nuestro país en un endiablado cruce de caminos. Sea cual sea la fórmula elegida —primarias o congreso—, España y sus intereses no pueden depender de la estrategia de un partido obligado a una profunda reforma de sus estructuras. En este escenario son cada vez más las voces que coinciden en dar por hecho que las urnas se abrirán en octubre como fecha tope, porque la situación ha llegado a un punto de no retorno en el que está en juego mucho más que la alternancia política: España como proyecto de futuro. La situación de guerra abierta en el PSOE no es tampoco fruto solo del 22-M. Los socialistas estaban avisados de su debacle, pero se fiaron de Zapatero.

Sus opciones ahora son solo de carácter interno, únicamente partidistas —congreso, primarias—, porque el Gobierno carece ya de recursos políticos para invertir la dinámica que apunta a una nueva derrota. No hubo «efecto Rubalcaba» ni hubo remontada por la renuncia de Zapatero a ser candidato. Perdido el poder autonómico y municipal, los socialistas están privados de acción política inmediata sobre los ciudadanos y sometidos a las consecuencias que este desalojo institucional supone para miles de militantes y dirigentes, sin más opción laboral que los presupuestos públicos. El PSOE se encuentra en la situación de tener que elegir cómo vive su fin de ciclo. La dimensión de la derrota electoral es tan grande que no cabe en los protocolos habituales de los partidos. La convocatoria anticipada de elecciones y la salida del PSOE del Gobierno acabarán siendo la quiebra inevitable de esta situación.

ABC - Editorial