jueves, 16 de septiembre de 2010

Guerra en Afganistán

Al presidente del Gobierno le viene grande la política internacional porque sigue aplicando doctrinas «buenistas» y términos grandilocuentes que nadie admite.

DESPUÉS de cinco años, con un balance de 94 bajas y casi 1.600 soldados desplegados, Rodríguez Zapatero se dignó ayer a comparecer ante el Congreso de los Diputados para explicar el punto de vista del Gobierno sobre la misión de las Fuerzas Armadas en Afganistán. El presidente mantuvo ante la Cámara una postura ambigua, apelando a una genérica lucha contra el terrorismo global y asegurando que España seguirá allí hasta que la operación de la OTAN agote sus objetivos. La opinión pública merece explicaciones rigurosas en una cuestión de Estado que Mariano Rajoy abordó una vez más con realismo y sentido de la responsabilidad. A pesar del apoyo de una oposición capaz de situarse al margen del partidismo, el jefe del Ejecutivo mostró su faceta más oportunista, cuyo único objetivo es salir del paso «como sea». Las disquisiciones lingüísticas del propio Rodríguez Zapatero y del portavoz socialista para no utilizar la palabra «guerra» son fiel reflejo de un planteamiento absurdo que supone una falta de respeto a la inteligencia de los ciudadanos. El presidente utilizó todo tipo de circunloquios, como «escenario bélico» o «escenario caracterizado por la violencia y el conflicto», y José Antonio Alonso rozó el despropósito con la imaginaria distinción entre el uso de los términos «war» en inglés y «guerra» en español. Nuestros soldados sufren agresiones continuas y corren cada día serios peligros en un territorio hostil. Merecen por ello un apoyo político al más alto nivel, sin convertir esa genuina misión de guerra —elogiada recientemente por el general Petraeus— en una supuesta acción humanitaria y solidaria, al gusto de la retórica gubernamental.

A estas alturas, la dialéctica del contraste entre Irak y Afganistán demuestra un sectarismo ideológico y una preocupante falta de madurez en materias muy delicadas. Las democracias occidentales luchan contra un desafío a gran escala, y para afrontarlo con garantías de éxito es preciso tener las ideas claras y llamar a las cosas por su nombre. Al presidente del Gobierno le viene grande la política internacional porque sigue aplicando doctrinas «buenistas» y términos grandilocuentes que nadie admite en la situación actual. España y sus aliados luchan en Afganistán a favor de la libertad y en contra del fundamentalismo que sirve de coartada ideológica al terrorismo universal. El sacrificio heroico de los soldados españoles merece que el Gobierno reconozca esa realidad, y no pretenda ocultar la evidencia a base de falacias sin sentido.

ABC - Editorial

Las vacaciones de Toxo

Hoy publica La Gaceta en portada, una foto del Secretario General de Comisiones Obreras mientras preparaba la Huelga General en un crucero de lujo por el Báltico. «Ciudadanos en la Prensa», está en condiciones de confirmar la noticia (la conocía desde el 20 de Agosto) y para ello aporta su propio documento gráfico (foto de la derecha), conseguido por uno de sus corresponsales a bordo en el citado crucero. (¡Menudo nivel que nos gastamos!).

Nuestra corresponsal escribió:
«Si, reaparece con una barbita canosa típica de intelectual, es él. Ya os digo que no era fácil confirmarlo porque se escondía detrás de las columnas en los sitios donde había más posibilidad de encontrarlo. Pues, allí estaba, y por el lugar que ocupaba en las mesas con las vistas más privilegiadas, iba en una suite fetén. Seguro que estuvo todo el tiempo pensando en los cuatro millones y medio de parados, sufriendo muchísimo y sintiéndose solidario con ellos según entraba por el puerto de San Petersburgo, aspirando los aromas revolucionarios que se pudieran esconder entre grúa y grúa y saltándosele las lágrimas al ver las letras gigantes en las que, todavía hoy, se identifica el nombre de LENINGRAD».
Nuestra corresponsal es entrevistada por «esRadio».



Portada de La Gaceta

La noticia en Libertad Digital

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un ejemplo para todos. Por José María Carrascal

Nadal nos advierte que el único camino para la excelencia es la humildad, la perseverancia y el trabajo.

ES la segunda vez este año que escribo sobre Rafael Nadal. Pero Rafael Nadal escapa ya del marco deportivo para instalarse en el mucho más amplio del social. No es que gane torneos y trofeos como ningún otro atleta español de la historia. Es cómo los gana. No a base de unas facultades físicas portentosas, ni de unas condiciones naturales privilegiadas para el tenis, aunque posee suficientes para destacar. Pero hay tenistas, como Djokovic, que parecen haber nacido con una raqueta en la mano, y otros, como Federer, con un hada madrina aficionada a ese deporte. Mientras Nadal ha tenido que ganarse todo eso a pulso. Diestro de nacimiento, aprendió a jugar con la izquierda para adquirir la ligera ventaja de los zurdos. Acostumbrado a la tierra batida, no ha parado hasta dominar también la hierba y el cemento. Su saque no era nada del otro mundo, pero consciente de la importancia del primer golpe, hoy saca a más de 200 kilómetros por hora. Todo ello a base de esfuerzo, trabajo, dedicación y lesiones, que han causado estragos en su cuerpo y le han tenido meses apartado de las pistas. Pero ha valido la pena. Rafael Nadal es hoy un jugador completo, en todas las superficies y contra todo tipo de rivales. Un día, naturalmente, dejará de ser el número uno. Pero no porque él haya abandonado el camino que se trazó bajo la dirección de su tío Tony: los triunfos hay que ganarlos luchando por cada punto como si fuera el decisivo y considerando a cada rival como si fuera el más peligroso. Aparte de un ansia enorme de crecer, de ampliar tu juego, de no conformarte nunca con el que vienes practicando, por éxitos que le haya reportado, sino perfeccionándolo todo lo posible.

Rafael Nadal se ha convertido en motivo de orgullo para todos los españoles. Pero debiera también convertirse en ejemplo para un país que desprecia el esfuerzo, rinde culto a la holganza, se ríe del mérito, busca los atajos y echa siempre a los demás la culpa si las cosas salen mal, mientras se tumba a la bartola si van bien.

Tras el primer descalabro de la selección nacional de fútbol, campeona del mundo, y haber perdido el título la de baloncesto, Rafael Nadal nos advierte, no con palabras, sino con hechos, que el único camino para la excelencia es la humildad, la perseverancia, el trabajo diario y la firme voluntad. Si gana partidos contra tenistas con más facultades que él es porque tiene más voluntad de ganar que ellos. Porque el tenis no se juega sólo con los brazos y las piernas, se juega también con la mente y el corazón. Como todo en esta vida. Oigo por ahí decir a muchos: «Menos mal que nos queda Nadal». Mi pregunta es. ¿Nos lo merecemos?


ABC - Opinión

Parados. La crueldad semántica de ZP. Por Pablo Molina

El relativismo intelectual sólo funciona con el estómago lleno y las facturas pagadas. Por eso el optimismo de Zapatero resulta cada vez más un alarde grotesco para disimular unas carencias insalvables a estas alturas del metraje.

A José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España mientras Rubalcaba y Blanco no decidan lo contrario, cabe atribuirle el mérito de ser el personaje más desvergonzado políticamente que ha dado nuestro país, lo que ya es mucho tratándose de una tierra que nos ha regalado personajes como esos mismos que usted tiene ahora mismo en mente.

Incapaz de hacer nada útil para solucionar los gravísimos problemas que él mismo ha creado, Zapatero no tiene inconveniente en pervertir el lenguaje para adaptar la realidad a sus designios. Los parados no están en el paro sino trabajando por el país, los nacionalistas no quieren someter al resto de los españoles a un régimen de vasallaje bajo la amenaza de independizarse sino contribuir al desarrollo de la España plural, Cuba no es una dictadura siniestra sino un país que avanza en las reformas democráticas y Moratinos es un excelente ministro de Asuntos Exteriores. Esos son sólo algunos ejemplos de la manera en que se conduce intelectualmente nuestro optimista antropológico.


Ocurre sin embargo que los parados no quieren "trabajar por el país" sino hacerlo para sus familias cobrando un salario decente, a los nacionalistas periféricos les importa un carajo la España plural, en Cuba se sigue persiguiendo la libertad como hace cincuenta años y Moratinos tiene el mismo prestigio fuera de nuestras fronteras que dentro de ellas.

Los trabajadores que han perdido su empleo y las familias que se están viendo sin hogar van a encontrar escaso consuelo en la forma en que ZP ha definido su situación, porque "trabajar por el país" sin cobrar nada más que un triste subsidio no soluciona los problemas a los que deben hacer frente de forma cotidiana.

Y es que el relativismo intelectual sólo funciona con el estómago lleno y las facturas pagadas. Por eso el optimismo de Zapatero resulta cada vez más un alarde grotesco para disimular unas carencias insalvables a estas alturas del metraje, con el insulto añadido a sus víctimas en lo que constituye un gesto de crueldad innecesario. Eso en el código penal constituye "ensañamiento", y es un agravante.


Libertad Digtal - Opinión

Rumbo a la Moncloa. Por M. Martín Ferrand

La clave del nacionalismo catalán, su esencia, es el afán diferencial frente a los distintos pueblos españoles.

LA obsesión electoral que tiene secuestrada la inteligencia operativa de los partidos políticos españoles, grandes y pequeños, convierte al próximo 28 de noviembre en el máximo foco de atención política en el curso que ahora empezamos. Es cierto que las autonómicas catalanas, con el presumible fracaso de PSC, marcarán un punto de inflexión en la política general del Estado, pero hay otras urgentes y relevantes cuestiones que debieran ser prioritarias para el partido del Gobierno y para los de la oposición. José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy estarán en Cataluña el próximo fin de semana; el primero en la Fiesta de la Rosa que, en Gavá, es un clásico del socialismo catalán y el segundo tiene en su agenda la visita a unas cuantas casas regionales en Barcelona. Si la humildad es una virtud, Rajoy resulta canonizable, pero no es ese el camino que puede incrementar sustancialmente la presencia del PP en el Parlament.

Tampoco parece un buen camino para merecer la confianza del electorado catalán anteponer la descalificación del adversario a la propuesta de las iniciativas propias. Alicia Sánchez-Camacho, máxima sacerdotisa del PP en Cataluña y personaje propicio a los dichos inconsistentes y provocativos, ha dicho que Artur Mas «pretende convertirse en el Ibarretxe catalán». ¿Es así como diseñan los estrategas de la gaviota un plan de acercamiento a CiU por si las circunstancias resultaran propicias y, por primera vez en su historia, el PP llegara a ser una fuerza determinante para la gobernación de Cataluña? Sánchez-Camacho es una señora muy rara que no solo cambia de cara en cada una de sus apariciones públicas, sino que emite mensajes que, en principio, no parecen concordantes con lo que puede suponerse que sería su interés personal y partidista.

La clave del nacionalismo catalán, su esencia, es el afán diferencial frente a los distintos pueblos españoles. Incluso a los muy soberanistas les interesa más ser diferentes que independientes. De ahí el error del «café para todos» con que se cerró el Título VIII de la Constitución. Si algo puede ofenderle a Mas es una comparación con Ibarretxe que, además, no fue lendakari en una dimensión distinta de lo que lo es hoy Patxi López. Si Antonio Basagoiti hubiera jugado sus cartas como hoy lo hace Sánchez-Camacho, el resultado vasco hubiera sido diferente. Como diferentes son los líderes del PP en ambas autonomías. Uno es un político sólido, con idea de España y del servicio a sus votantes, y la otra parece una estrella mediática a la busca de un titular. Mal asunto para un PP que inicia en Cataluña su reconquista de La Moncloa.


ABC - Opinión

Imposición lingüística. Lágrimas de cocodrilo nacionalista. Por José García Domínguez

Así, sin consideración ni deferencia alguna a su rango y posición, deberán pagar la bula lingüística hasta ahora reservada en exclusiva a dependientes, subalternos, oficinistas y demás ralea del tercer estado. Como si ya no hubiera clases. ¡Intolerable!

Me cuentan que algunos ilustres catalanistas, fervientes patriotas de esos que sólo conceden hablar en castellano con la chacha, andan ahogados en un mar de lágrimas de cocodrilo a cuenta del nivel C. Y es que, en un insólito alarde de grosería, al Tripartito se le ha ocurrido exigirles también a ellos, los dueños y señores de la finca, un salvoconducto gramático con tal de poder ejercer la docencia universitaria. Sin ir más lejos, y como si de un vulgar emigrante andaluz se tratase, al ínclito Xavier Sala i Martín, entre otras lumbreras domésticas, le quieren hacer pasar por el tubo de San Pompeu Fabra. Así, sin consideración ni deferencia alguna a su rango y posición, deberán pagar la bula lingüística hasta ahora reservada en exclusiva a dependientes, subalternos, oficinistas y demás ralea del tercer estado. Como si ya no hubiera clases. ¡Intolerable!

No es de extrañar, pues, que la indignación entre las fuerzas vivas de Liliput resulte colosal a estas horas. ¿A quién se le ocurre, por lo demás, pretender que el catalán, lengua propia de la Universidad merced al voto tan unánime como entusiasta del los claustros, se convierta en la lengua propia de los universitarios? Socializados en el jocoso compadreo con el tartufismo, han tardado exactamente treinta años en descubrir que la broma, para su asombro, iba en serio. Tan en serio que afamados doctores en física nuclear, innúmeros microbiólogos marinos y una legión de ingenieros de telecomunicaciones, amén de algún payaso de Micolor amamantado en las ubres pujolistas, deberán volcarse desde ya en el estudio de la ortografía y sintaxis vernácula.

Perentorio cometido que los llevará, entre otros gozosos empeños, a un exhaustivo análisis de su riqueza dialectal, desde las variantes propias de los arrozales del Delta del Ebro hasta las peculiaridades fonéticas del menorquín. Instrucción de la que, naturalmente, deberán rendir cuenta ante el preceptivo tribunal evaluador. ¿A qué vendrá, sin embargo, tanto crujir de dientes? ¿Qué se fizo de aquellos apóstoles de la normalización del prójimo? ¿Qué fue de tan eufóricos inmersores de la plebe? ¿Tal vez no recuerdan que la proscripción del español garantiza el preciado tesoro de la cohesión social? ¿Acaso no les place su propia medicina? En fin, menos lloriqueo y a hincar los codos.


Libertad Digital - Opinión

El español ideal. Por Ignacio Camacho

Nadal es el epítome del español moderno en el que nos gustaría reflejarnos, la imagen de cómo quisiéramos ser.

LO mejor del deporte es su utilidad como pedagogía del esfuerzo. En una época de políticas indoloras, ideologías fáciles, principios cómodos y pensamiento débil, enseña que el éxito no tiene atajos y pone en valor el esfuerzo, la constancia y el mérito. No hay campeones casuales ni héroes improvisados; en la alta competición no existe la especulación de capitales ni prevalece el enchufismo. Detrás de cada medalla, de cada título, de cada trofeo, hay años de entrega y entrenamiento, una larga lucha en soledad contra el tiempo, la rutina y el desánimo. En la sociedad del triunfo rápido y las plusvalías inmediatas, el deporte es una metáfora del sacrificio, del trabajo, de la energía y del coraje.

Rafael Nadal cae bien porque representa ese espíritu de superación, entereza y compromiso. Sin la arrogancia malhumorada y excéntrica de otros triunfadores, es un campeón humilde y generoso que se ha ganado el respeto de sus rivales y la admiración de un público para el que nunca tiene el mal gesto de los divos caprichosos. En el imaginario popular Nadal es el hijo ideal, el novio ideal, el yerno ideal, el amigo ideal, el tipo del que todo el mundo quisiera presumir de tener cerca. Y lo tenemos cerca, en realidad, porque hace una sencilla profesión de españolidad sin aspavientos y pasea por el mundo su identidad nacional con una naturalidad desacomplejada y anticonflictiva que refuerza ese perfil de simpatía cercana que lo ha convertido en una figura sin rechazo, capaz de un logro tan difícil como hacerse perdonar el éxito en un país donde la envidia es el pecado capital de más arraigo.

Este Nadal es el epítome del español moderno en el que a todos nos gustaría reflejarnos, el que proyecta una imagen colectiva de cómo quisiéramos ser. Pero ese reflejo resulta más aspiracional que objetivo porque detrás de su formidable carrera entre cumbres hay una trayectoria de esfuerzo y voluntad, de empeño callado y perfeccionamiento afanoso que no identifica exactamente a esa cierta España real del ventajismo y el arrime, del amiguismo y la picardía, de la subvención y la prebenda. Nadal es un campeón hecho a sí mismo a base de sudor y dolores, sin favoritismo ni ayudas, sin escaqueos ni excusas. Nadal es una obsesión de progreso dominada por el impulso unívoco de ser el mejor, ajena al desistimiento y al conformismo, a la uniformidad mediocre que caracteriza nuestro sistema educativo, nuestra escena pública y nuestro paisaje social. Nadal es un ejemplo de los valores individuales que a menudo abandonamos en la inercia complaciente, acomodaticia y pasiva de los privilegios de casta, de secta o de grupo. Quizá por eso le admiramos y le queremos: porque significa aquello que acaso podríamos ser como país si nos atreviésemos.


ABC - Opinión

Demasiados liberados

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunció ayer en su discurso sobre el estado de la Región que realizará un ajuste de los liberados sindicales al mínimo que marca la Ley, como una más de las medidas de austeridad que se ha propuesto aplicar para reducir los gastos en un 10% adicional. De este modo, la plantilla sindical liberada en la Administración madrileña se recortaría en dos mil miembros, lo que supondrá un ahorro anual superior a los 70 millones de euros. A falta de una información más detallada por parte de la presidenta regional, la iniciativa es perfectamente plausible, parece ajustada a la Ley y, en consecuencia, de ningún modo cabe acusarla de cercenar los derechos de los trabajadores. Más aún, deberían ser los propios sindicatos los que se adelantaran al Gobierno madrileño con una propuesta de austeridad y de ahorro en este terreno. El prestigio de los sindicatos no atraviesa precisamente por sus mejores momentos, sobre todo en la capital española, que aún no se ha recuperado de las huelgas salvajes del Metro perpetradas en julio pasado. La ciudadanía tiene la impresión de que las centrales UGT y CC OO, que han devenido en maquinarias burocráticas engrasadas por subsidios, subvenciones y otras sinecuras pagados con dinero público, se han dedicado a defender sus propios intereses corporativos, y mientras casi todos los sectores laborales han sufrido fuertes ajustes salariales, ellas no han tenido a bien reducir sus ingentes presupuestos. Si los que se erigen como representantes de los trabajadores no dan ejemplo de austeridad y no se ajustan el cinturón, es comprensible que su credibilidad esté en mínimos históricos. Ese esfuerzo ahorrador es especialmente necesario en las Administraciones y Empresas Públicas. No se entiende que los funcionarios estén soportando una rigurosa reducción de sus salarios impuesta por el Gobierno de la nación y los dirigentes sindicales no hayan arrimado el hombro recortando razonablemente los efectivos y las horas dedicados a las labores representativas. El número de liberados y delegados, así como los horarios que se han reservado, son a todas luces excesivos, hipertrofiados y reiterativos. El coste de todo ello es desmesurado, pues si sólo en la región madrileña sobran dos mil liberados y se pueden ahorrar más de 70 millones de euros, ¿qué no sucederá en comunidades autónomas donde gobierna la izquierda desde hace décadas, como Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura? Lo mismo vale, por supuesto, para el resto de las regiones, gobierne quien gobierne. No sería descabellado afirmar que el ahorro total superaría los mil millones de euros anuales. En todo caso, hay que reconocerle a Esperanza Aguirre el coraje y la determinación que ha demostrado al abordar una reforma que solivianta a los «intocables» sindicatos y que será aprovechada por el PSOE para atacarla y congraciarse con los dirigentes sindicales. Ni que decir tiene que otros gobiernos autonómicos están pendientes de la evolución de la inciativa madrileña, pero mientras tanto deberían realizar sus propios cálculos domésticos y comprobar si, como sucede en Madrid, el número de liberados sindicales es el doble del que exigen las leyes y si el ahorro merece la pena de enfrentarse a una casta de privilegiados e insolidarios.

La Razón - Editorial

Aguirre planta cara a los caraduras

Que existan tres veces más liberados que los que marca una legislación ya de por si laxa no sólo es una rémora para la creación de puestos de trabajo productivos y para el desarrollo económico del país, sino que constituye una auténtica injusticia social.

Esperanza Aguirre no se ha dejado amedrentar por los improperios que le han dirigido los sindicatos y los partidos de izquierda desde que se supiera su intención de reducir drásticamente el escandaloso número de liberados sindicales que, con la excusa de representar y defender a los trabajadores, se dedican, en realidad, a vivir de ellos.

Si desde UGT Cándido Méndez ha comparado la pretensión de Aguirre nada menos que con la del pastor Terry Jones de quemar el Corán, desde el Gobierno socialista la vicepresidenta Fernández de la Vega la ha considerado como "un ataque directo a los trabajadores". El líder del PSM, Tomás Gómez, ha aludido incluso al origen familiar de la presidenta madrileña al afirmar que "si fuese hija de dos trabajadores de Bosch o de Peugeot, seguro que entendería que los sindicatos son importantes".


Lo cierto es que la pretensión de Aguirre no es más que un ataque a supuestos "trabajadores" que, en realidad, no trabajan, y que cobran no por hacer aquello para lo que fueron contratados, sino para vivir como representantes sindicales sin que sean los propios sindicatos los que les paguen su salario. Ya sabemos que para este Gobierno hay que considerar trabajadores en activo tanto a los parados que están llevando a cabo cursos de formación como a esta privilegiada aristocracia sindical que sólo parece movilizarse para llamar a los trabajadores a la huelga. Sin embargo, por mucha que sea la desfachatez de este Gobierno, y por mucho que los sindicatos consideren los privilegios de sus liberados algo tan sagrado como el Corán para los musulmanes, lo cierto es que constituyen una rémora y un insulto a lo que de plausible y legítimo pudo tener y podría seguir teniendo el movimiento sindical.

Por otra parte, y al tratar, no de suprimir, sino de reducir en alrededor de 2.000 los 3.200 liberados con los que cuenta la Administración de la Comunidad de Madrid, Aguirre no se propone más que aplicar de manera estricta los mínimos que fija la ley y controlar de manera más eficiente las "horas sindicales" de las que disponen los miembros de los casi trescientos comités de empresa con los que cuenta la administración autonómica madrileña. De este modo, cuando todos ellos se reincorporen en sus puestos la Administración ahorrará más de 70 millones de euros dado que ya no tendría que contratar interinos para cubrir los turnos de estos liberados.

Que existan tres veces más liberados que los que marca una legislación ya de por si laxa en este terreno no sólo es una rémora para la creación de puestos de trabajo productivos y para el desarrollo económico del país, sino que constituye una auténtica injusticia social, especialmente en unos tiempos de crisis en los que todos, incluidos naturalmente, los sindicatos, deberían apretarse el cinturón. Pero está visto que no faltan caraduras que confunden la legítima defensa de los derechos del trabajador con el abuso que puede suponer vivir del cuento sindical y a costa del que paga el salario que, en este caso, no es otro que el contribuyente.


Libertad Digital - Editorial

Compromisos contra ETA

Sería un error que este golpe a los sicarios políticos de ETA pretendiera proteger a los mal llamados «posibilistas» del mundo batasuno, es decir, a los que ahora abogan por «vías políticas».

LA detención de la nueva dirección de EKIN, trama etarra que asume el comisariado político de la banda en la izquierda abertzale, es un golpe policial de extraordinaria importancia, tanto por la dimensión de la operación como por el momento en que se produce. Hace poco más de una semana, ETA anunció un alto el fuego con el que quería descargar sobre el Gobierno la responsabilidad de evitar nuevos atentados mediante una negociación política. La detención de la cúpula de EKIN es la respuesta que merecían los terroristas, porque desmiente que haya tentaciones de aprovechar esta nueva farsa de tregua para iniciar otro diálogo político. Al menos, esto es lo que debería ser, porque el descabezamiento de EKIN no ha de servir a otro propósito que la derrota incondicional de ETA y, más en concreto, a la erradicación de su entramado político. Dicho con otras palabras: detener para derrotar, no para negociar. También sería un error que este golpe a los sicarios políticos de ETA pretendiera proteger a los mal llamados «posibilistas» del mundo batasuno, es decir, a los que ahora abogan por «vías exclusivamente políticas». A estas alturas, de la misma manera que se sabe que ETA no ofrece treguas de buena fe, tampoco hay razón para creer que existe una Batasuna «moderada» con capacidad para disuadir a los pistoleros.

Por otro lado, es evidente que ETA quiere reconstituir sus frentes desmantelados por la Justicia. Por eso ahora es imprescindible que esta lucha policial se vea complementada con un apuntalamiento del Gobierno vasco, que debería quedar preservado de cualquier negociación entre el Ejecutivo central y el PNV, porque sólo el afianzamiento a largo plazo de una alternativa no nacionalista permitirá las reformas necesarias para deslegitimar definitivamente a ETA. Igualmente es irrenunciable la aplicación de la Ley de Partidos Políticos a las listas, blancas o de color, que estén contaminadas por ETA, aunque las presente un partido legal, como Eusko Alkartasuna. Hace cuatro años, la Fiscalía General del Estado solicitó la nulidad de candidaturas de ANV, sin necesidad de instar previamente la ilegalización de este partido. Por tanto, la legalidad en la que se encuentra EA es compatible, según la doctrina de Conde-Pumpido, con la actuación judicial contra sus listas contaminadas. Si hay determinación política, es posible cercar a ETA y llevarla hasta su derrota, pero con compromisos y estrategias para las que el Gobierno necesariamente debe contar con el Partido Popular, incluyendo la estabilidad del Ejecutivo de Patxi López.

ABC - Editorial

martes, 14 de septiembre de 2010

Sindicatos retrógrados. Por Valentí Puig

La imaginación empresarial dará a las pymes un dinamismo específico en la creación de empleo.

NADIE mejor que el pequeño empresario sabe lo que cuesta reconstruir el tejido económico después de una gran crisis, aunque solo fuera porque en España el 99 por ciento de las empresas son pymes que representan un 75 por ciento del empleo y dos tercios del valor añadido. Concretamente en España, es una red de redes con una capacidad productiva que acabará por renovar la economía al irse saliendo de una recesión en la que le han sido cegadas nada menos que las fuentes del crédito. Todo lo contrario de un sindicalismo obtuso y arcaico, incapaz de ver más allá de la supervivencia a corto plazo de sus intereses corporativos. La supresión de dos tercios de los «liberados» sindicales que operan en la administración autonómica madrileña: esa será la batalla de Madrid y no el enfrentamiento insustancial y politiquero entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez.

El reciente informe de La Caixa sobre las pymes subraya que el formato pyme no solo es el más idóneo en determinados sectores y circunstancias, sino que, además, aporta dinamismo y flexibilidad, sobre todo en tiempos de crisis. Claro, al despuntar el sol después de una recesión, el paisaje con menos obstáculos regulatorios será el más fructífero, el más competitivo. En esos momentos, la iniciativa creativa y la imaginación empresarial darán a las pymes un dinamismo específico en la creación de empleo después de una fase aciaga de destrucción de puestos de trabajo.

El choque ha sido angustioso para cientos de miles de familias, que sostenían alguna pequeña empresa que a duras penas ha podido mantener un puñado de puestos de trabajo, si no es que ha cesado en su actividad. Ese es el panorama de una mortandad económica de la que una sociedad no se rehace en dos días. No pocos jóvenes añoran aquellos días en los que podían quejarse de ser mileuristas, y la familia española bracea a contracorriente para mantener sus vínculos de cohesión, el poder extraordinario de proteger a los suyos. Aumenta inevitablemente el descrédito de la política a corto plazo. No se puede hacer política banal con las cosas de comer.

Pero, por fin, esas pymes —dice el informe de La Caixa— están logrando superar los obstáculos que las alejaban de la internacionalización, que las «enclaustraban». Es el portento de las nuevas tecnologías, el potencial de las telecomunicaciones. Cambian los sistemas de ventas y de distribución. Adquirimos la gorra de béisbol, los libros y los anoraks por internet. Por contraste, el sindicalismo es proteccionista, aunque lleve camisetas «made in Taiwan».

En el mundo, un 90 por ciento de empresas son pymes que emplean un 60 por ciento de trabajadores y generan un 50 por ciento de servicios. Olvidemos la viñeta del pequeño empresario refunfuñándole al contable y sus obreros con guardapolvo. Las diferencias en el acceso a la innovación entre la grande y la pequeña empresa se están reduciendo de modo fascinante. Es otra de las virtudes evolutivas de un sistema de empresa capitalista que los sindicatos todavía vituperan. La pequeña empresa busca nichos de mercado y a los sindicatos se les descuelga la gente convocada a la huelga. Es otra diferencia.


ABC - Opinión

Houdini en el paro. Por Hermann Tertsch

Creerán que parado significa un trabajador que tiene la desgracia de no tener trabajo. Pues nos dice el presidente que no.

NUESTRO bienamado presidente Zapatero es un mago de las palabras. Siempre ha dicho que las palabras han de estar al servicio de la política. Y si ha sido fiel a algo este hombre tan cambiante es a esta máxima. Por eso una palabra significa en cada momento lo que a su política conviene. Ustedes probablemente creerán que la palabra «parado» significa lo de siempre, es decir, un trabajador que tiene la desgracia de no tener trabajo. Bueno, pues nos dice el presidente que no. Que ya no. Que quienes seguimos creyendo eso somos unos antiguos. Y que deberíamos aprender de él que con dedicación y esfuerzo aprovecha esta crisis para modernizar su entendimiento de las cosas. Zapatero nos dijo ayer textualmente que «debemos tener una visión distinta de lo que es desempleo y empleo». ¡Ajá!, dirán ustedes, quizás algo faltos de entendederas porque no siguen de cerca como debieran la evolución de la vista y el intelecto de nuestro líder. Él, consciente de que no todos nosotros —casi ninguno— tenemos su pensamiento grácil y agudo, pensó que nos tenía que dar al menos un par de pistas. Entonces habló: «Tenemos que pasar de proteger a los desempleados a proteger a quienes estén en formación. Y tener claro», dijo, «que una persona cuando se está formando está trabajando, está trabajando para su país». Y lo vimos claro. Porque Zarathustra no es tonto. Es así: Se recortan las prestaciones a los parados. Se condicionan las prestaciones al ingreso en cursos de formación. Los parados van al curso. Una vez allí, y como «están trabajando para su país», ya no son parados. Ya ven que fácil. Adiós para siempre al paro ese, que al parecer tanto molesta y deprime a la gente. Es un auténtico virguerías nuestro jefe, reconocerán. Ante todo para las estadísticas, su nueva idea creativa es un auténtico chollo. Si hasta ahora a las engorrosas y traidoras estadísticas se les hacía un maquillaje, ahora se les hará un traje, cuando no un alicatado. Todo parado que comience un curso para seguir cobrando el paro, desaparecerá como el mago Houdini. Nada por aquí, nada por allá.

Tenía Zapatero que llevar algo brillante ayer a Oslo porque ante gente tan principal hay que presumir. Y en esta Cumbre sobre crecimiento y empleo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Zapatero era ayer algo así como la estrella invitada. Por algo gobierna el país europeo que más desempleados tiene. También comparecía como campeón imbatible en la categoría de «puenting» o caída libre en la Lista de Competitividad Internacional. En tan sólo un año ha logrado bajar a España en nueve puestos hasta el número 42, junto a Barbados. Desde que llegó el poder caímos 19 puestos. ¿Pasa algo? ¿Que más nos dará que anuncie recortes de pensiones y aumento de la edad de jubilación? Si la cosa es presumir. Nosotros de líder y él de intelectual prestidigitador. Lo dicho, Zapatero fue ayer el hombre del día en Oslo.

ABC - Opinión

Primarias. Simulacro con Trini y Tomás. Por Cristina Losada

Cuando el criterio que rige de forma exclusiva la elección de candidatos es su tirón en las encuestas, sobra la arcaica estructura que todavía se mantiene en pie. Y, bien mirado, no estamos tan lejos de ese modelo.

La pugna de Gómez y Jiménez por la candidatura socialista a la Comunidad de Madrid es un cúmulo de paradojas. La rivalidad entre los dos aspirantes es intensa, pero no hay ningún debate político que la acompañe. A la pregunta sobre si divergen sus programas, si difieren sus proyectos, si hay, en fin, alguna cuestión de fondo en liza, la respuesta es negativa. La única razón que justifica la pelea se acaba de presentar, con descarnado laconismo telegráfico, en forma de sms: "Sólo Trini puede ganar Madrid". Y, como prueba incontestable, los datos de un sondeo. Tal es y será el argumento más contundente en favor de Jiménez y en detrimento de Gómez.

De llevar a sus últimas consecuencias la lógica de los fans de la ministra, un partido podía consistir en un pequeño aparato y un gabinete sociológico. Ni congresos ni primarias ni militantes, ¿para qué? Cuando el criterio que rige de forma exclusiva la elección de candidatos es su tirón en las encuestas, sobra la arcaica estructura que todavía se mantiene en pie. Y, bien mirado, no estamos tan lejos de ese modelo. Aunque el viejo formato sigue ahí, los partidos tienden a reducirse a una marca y a un icono –la imagen del líder– cuya selección y fabricación se someten a los dictados propios de la era audiovisual.


La realidad desmiente cada día que los partidos sean centros de discusión y elaboración política en los que participan sus miembros. Por no discutir, no se discute ni en esos órganos de dirección que se reúnen para escuchar al líder en el respetuoso silencio del temor reverencial. El grueso de sus integrantes, con prudencia instintiva, prefiere "no meterse en políticas" por lo que pueda pasar.

Las batallas se libran entre bastidores y la militancia sólo entra en escena para sellar al resultado: aclamar al vencedor y darle puerta al vencido. De ahí ese aroma retro, ese aire anacrónico, que rodea a Gómez y Jiménez cuando cortejan a las bases, convidadas de piedra a las que, de pronto, hay que devolver a la vida. No a la vida política, desde luego, sino a la vida del figurante. Así, todo el "discurso político" de Tomás es ofrecer a los militantes el protagonismo que no tienen y el de Trini, prometerles la victoria que no tendrán. Otro simulacro de democracia interna.


Libertad Digital - Opinión

El paro creativo. Por Ignacio Camacho

Magia potagia: donde había desempleados ahora hay «trabajadores en proceso de formación». Riqueza para el país

UN artista, eso es lo que es. Este presidente ha resultado un genio incomprendido, un prestidigitador de la política, un mago de la semántica. Un demiurgo que transforma la realidad con el simple trámite de relatarla de un modo diferente. El único gobernante del mundo capaz de disminuir el paro en varios cientos de miles de personas de un solo golpe por el elemental procedimiento de cambiarlos de nombre, esa virtud que los escolásticos reservaban a la Causa Primera. Nomina nuda tenemus. Magia potagia: donde había desempleados ahora hay «trabajadores en proceso de formación». Donde había un drama social ahora hay riqueza potencial para el país. Donde había una cifra de desempleo sonrojante ahora hay una prometedora bolsa de innovación y aprendizaje. Donde había millones de empleos destruidos ahora hay una masa crítica de transformación económica. Donde había una economía devastada ahora hay un «laboratorio» de políticas laborales. Donde había un problema ahora hay una solución. Cráneo privilegiado, que decía Valle.

Hay que tenerlos bien cuadrados para plantarse en una cumbre internacional sobre (des)empleo con la segunda mayor tasa de paro de Europa y sacar pecho sin inmutarse para blasonar de la cantidad de gente que tiene tiempo libre para completar su formación laboral. Con un par. Desde que Chaves denominó «parados con horizonte» a los despedidos de Delphi —que por cierto siguen dos años después formándosea cargo de los fondos asistenciales; se conoce que su horizonte estaba muy despejado— no se había visto un gesto semejante de osadía y arrojo. De todo se aprende. Y lo que Zapatero ha aprendido de la crisis es que «una persona cuando está formándose está trabajando para un país». Sic. Literal. Por tanto, es menester adoptar «una nueva mirada»: los parados lo que hacen, una vez apuntados a cursos formativos en los que a un albañil le enseñan informática y a una camarera punto de cruz, es incrementar el capital de innovación y generar plusvalías de futuro. Y de paso aliviar la estadística, pero eso sólo son efectillos colaterales de esa perspectiva visionaria.

Cómo no lo habíamos pensado antes. La crisis es una bendición. Si los parados están en realidad trabajando, las empresas cerradas vienen a redimensionar un mercado sobresaturado de oferta, los bancos que no dan crédito refuerzan su acumulación de capital y los consumidores que no gastan elevan la tasa de ahorro. Es cuestión de mirarlo con «una visión distinta» (de nuevo sic), una luz optimista, creativa, regeneradora. Vamos a tener el mayor ejército de desempleados cualificados de Europa. Brillantes, capacitados, preparados para cualquier cosa… salvo para encontrar un trabajo. No se puede alcanzar todo en la vida ni siquiera en el paraíso socialdemócrata.


ABC - Opinión

A trabajar, vaguetes. Por Alfonso Ussía

Esperanza Aguirre está a un paso de obligar a dos mil liberados sindicales a trabajar para quien les paga, que es la Comunidad de Madrid. Nos ahorraríamos los madrileños setenta millones de euros al año, que es lo que cuestan los sustitutos de los que cobran por no trabajar. La ciudadanía está harta de la holganza y vagancia de los sindicalistas liberados, y últimamente se les ha visto demasiado el plumero. Con el plumero escondido, pasaban desapercibidos. Pero lo han sacado y expuesto con desmedida arrogancia a ojos de la sufrida ciudadanía, y junto a la indignación, se ha destapado el desprecio.

En las grandes empresas, a los liberados sindicales se les dice de todo. A sus espaldas. No se les puede decir a la cara porque no van. Hace años, al menos, acudían a cobrar el día del pago. Ahora todo se hace por los bancos y hay liberados que no han pisado ni una sola vez el suelo de sus empresas. En la Comunidad de Madrid hay más liberados sindicales que gorriones, y hay que enseñarles el camino de sus puestos de trabajo. Curiosa la mínima diferencia entre las voces «gorrión» y «gorrón», casualidad que dejo en manos de los expertos para que sea analizada adecuadamente.


El ambiente no está para bromas ni abusos. O cambian las estructuras de los sindicatos, o los sindicatos pueden estar viviendo sus últimos años de incompetencia y holgazanería. Al genial Enrique García Álvarez, el autor teatral más vago del siglo XX, le habría hecho feliz ser liberado sindical, aunque su sentido de la libertad y la independencia le hubiera apartado de ese camino. «Confieso con harto afán / y sentimiento profundo,/ que soy el más holgazán/ que Dios ha puesto en el mundo». Que se apliquen el epigrama.

No se trata de una discusión o diferencia entre las llamadas derechas e izquierdas. En el mundo laboral, y en la izquierda trabajadora, la distancia que se ha establecido entre los que dan el callo y los que se tocan el bolo es de muy difícil reparación. Ahí no hay ideología ni militancia, sino sentido común y agravio comparativo. No creo que a los trabajadores de Sanidad y Educación de la Comunidad de Madrid les parezca desproporcionada la pretensión de Esperanza Aguirre. Que trabajen los liberados que superan el cupo de vagos admitidos y ahorren a los madrileños setenta millones de euros. Si Esperanza Aguirre culmina su valiente y lógico propósito nuestros sindicatos ya pueden ponerse las pilas, porque la valentía, tan escasa, cuando se produce resulta contagiosa, y muchas administraciones y empresas seguirán su camino. Y al referirme a «nuestros» sindicatos, no lo hago con intención de afecto y cercanía, sino de propiedad. Son nuestros sindicatos porque mantienen sus gigantescas e inútiles estructuras gracias a los impuestos que pagamos los españoles.

La mediocridad y la vagancia no van a sacarnos de la crisis económica. Se dice ahora que el Gobierno tiene pensado aumentar los impuestos alcanzando el 45% del IRPF. A eso se le llama cometer un legal robo a mano armada. Seamos todos los atracados. Y los liberados, que trabajen. Si es que se acuerdan de ello.


La Razón - Opinión

Reforma. El pensionazo. Por José García Domínguez

Ante semejante democratización del narcisismo, no hay pirámide demográfica que pague a escote la pensión del prójimo, ni aquí, ni en la China.

La evidencia empírica, ese invitado siempre incómodo que rehúyen los escolásticos de todas las iglesias, lo acredita: en materia de jubilación únicamente existen dos sistemas insostenibles, el de reparto y el de capitalización. Realidades contrastadas que añaden un plus de inquietud ante ese súbito propósito reformador que acaba de revelar Zapatero. Aunque sólo fuera porque todavía no se ha ingeniado ningún otro. Así, nadie ignora que, de un tiempo a esta parte, el de reparto viene llamado a la quiebra cierta.

Y es que la primera cohorte generacional de la historia de Occidente que se negó a crecer, la tan glorificada de los Peter Pan que ansiaron vivir de los padres hasta que pudiesen vivir de los hijos, se olvidó de engendrarlos. Y ante semejante democratización del narcisismo, no hay pirámide demográfica que pague a escote la pensión del prójimo, ni aquí, ni en la China. En cuanto al otro, el de capitalización, ya oigo a esos jóvenes lectores que, algo inquietos con la deriva que va tomando el párrafo, me gritan: "¡Piñera, Piñera!". No me quedará más remedio, pues, que replicarles: ¡Barea, Barea! Porque, como bien saben los advertidos, el profesor Barea, ciudadano que algo parece entender de finanzas públicas, ha demostrado con números –no con saliva– que el célebre modelo chileno resultaría de imposible aplicación en España.


Y ello por la muy prosaica razón de que, al clausurarse el régimen público, éste se quedaría sin ningún ingreso pero mantendría las obligaciones en curso, amén de cargar con las futuras ya contraídas. Un pozo financiero sin fondo que el Estado se vería forzado a drenar durante décadas y décadas. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, procedería descontar que el presidente solidario de turno no se resistiese a emular el afamado tocomocho de los Kirchner en Argentina. O sea, a clonar la variante porteña del timo de la estampita, hipotecando la vejez de los futuros pensionistas con basura de ingesta preceptiva. Léase, montañas de deuda pública incolocable en el mercado, colándose a la fuerza en las carteras de los fondos "privados" de pensiones. De Guatemala a guatepeor. Un gran momento escénico, en fin, para que los sindicatos y su pudorosa pareja de baile, la derecha política, sigan del bracete clamando contra la reforma de las pensiones.

Libertad Digital - Opinión

Petraeus sí cree

Los soldados y guardias civiles destinados en Afganistán están demostrando que nuestras Fuerzas Armadas vuelven a estar entre las más poderosas y flexibles del mundo.

AUNQUE la misión que desempeñan los militares españoles en Afganistán pueda estar más o menos delimitada por las instrucciones políticas del Gobierno, este condicionamiento no puede poner en cuestión su preparación y profesionalidad. Desde que participan en misiones internacionales en el marco de la OTAN, los soldados y guardias civiles destacados en Afganistán están llevando a cabo su tarea más compleja en mucho tiempo y, de algún modo, están demostrando que nuestras Fuerzas Armadas vuelven a estar entre las más poderosas y flexibles del mundo, como han reconocido nuestros aliados norteamericanos. La carta del general Petraeus alabando su modo de actuación en la zona donde ejercen su responsabilidad lo reafirma claramente.

La guerra en aquel escenario remoto es también especialmente compleja, y probablemente deje una herencia imborrable entre las filas de los militares españoles. Hasta ahora se ha demostrado que no será fácil llevar a cabo el objetivo de dejar un Afganistán estable, en el que los extremistas islámicos no puedan volver a tener su guarida para hostigar a Occidente. Los soldados españoles que están en la primera línea y que han compartido con ABC su tarea son los primeros en darse cuenta de que es necesario actuar con la mirada puesta en el respeto a la población, cuya estabilidad han venido a garantizar, pero con mano dura contra unos terroristas que van a hacer todo lo posible por destruirla. El secretario general de la OTAN decía en estas mismas páginas que la Alianza no se retirará hasta que no haya cumplido su misión. Entonces podremos sentirnos orgullosos de que los militares españoles han contribuido eficazmente a la consecución de esa victoria.


ABC - Editorial

Diga lo que diga Blanco, empieza la estampida en las filas del PSOE. Por Federico Quevedo

Y por otra parte es lógico. Las encuestas dicen que el PP está a diez puntos del PSOE y que si hoy se celebraran elecciones, estaría al borde de la mayoría absoluta. No es sorprendente. Cuando un líder político gobierna desde el sectarismo, la mentira, la inoperancia y la decadencia, lo normal es que todo el mundo tome las de Villadiego. El PSOE pierde casi tres millones de votos en la calle. De esos, muchos se van a quedar en su casa, pero otros cuantos van a ir a depositar la papeleta del PP en cuanta llamada a las urnas haya de aquí a las generales, incluidas estas, por supuesto.

A partir de ahora se va a votar en clave nacional, y por eso la estampida no se produce solo en el electorado, sino que también en las filas de la militancia y de buena parte de los dirigentes localistas empieza a resquebrajarse la famosa unidad y disciplina de la izquierda. Ayer fue Carmen Alborch la que puso pies en polvorosa, pero vendrán otros. Nadie quiere recibir en su trasero la patada que el electorado le va a dar a Rodríguez en mayo si el presidente no adelanta las elecciones antes de esa fecha. Nadie, ni candidatos a las alcaldías, ni barones regionales, algunos de los cuales como Barreda, conspiran día sí y día también para conseguir que el presidente adelante los comicios.


En Ferraz están de los nervios. Una derrota de Trini en las primarias de Madrid, como ya les dije hace unos días, pondría a Rodríguez contra las cuerdas, y por eso están haciendo todo lo legal e ilegalmente posible por manipular el resultado… Como, en definitiva, se trata de una cuestión interna del PSOE, nadie va a acudir a los tribunales a denunciar el comportamiento autárquico y totalitario de la Dirección socialista, pero el caso es que está demostrando abiertamente el desprecio que ese partido siente por la democracia y por los sistemas de elección abierta. Hasta el punto de utilizar mecanismos que habitualmente se ponen en marcha contra el PP, pero esta vez para evitar la victoria de Tomás Gómez.

No me refiero a los sms enviados desde Ferraz este fin de semana, que por supuesto –la ya famosa estrategia del ¡pásalo!-, sino también a que al líder de los socialistas madrileños le están investigando hasta los calzoncillos para ver qué pueden utilizar contra él. Y medios para hacerlo tienen, y en manos del mismo que le amenazó recientemente y que no ha dudado en poner las cloacas del Estado al servicio del poder para intentar eliminar al PP. No sería la primera vez: seguro que Josep Borrell o Joan Ignasi Pla tienen muchas cosas que contarle. Estos chicos, cuando se trata de dirimir cuestiones internas, sacan enseguida los machetes. Muy democrático todo.

Que el edificio levantado por Rodríguez se resquebraja, es un hecho; que su autoridad se cuestiona, una evidencia. Por eso Blanco y Rubalcaba se han puesto manos a la obra para trabajar sobre el post-zapaterismo. Ayer, Blanco daba una noticia importante: nadie en el PSOE quiere recoger los escombros que deja Rodríguez, y va a tener que ser él quien se enfrente a la debacle en las próximas elecciones. Fíjense que en las palabras de Blanco no hay una constatación de la preferencia del líder, sino una advertencia al mismo: que no piense en dejarlo, porque el partido le va a pedir, le va a exigir, que se presente, aun sabiendo que va a perder. Así se las gastan en la izquierda, con ese espíritu cuasi espartano que obliga a un hombre a afrontar la muerte por decisión de la colectividad, en este caso de la colectividad socialista.

Pero, mientras tanto, el resto se embarca en una huida casi a la desesperada, intentando agarrarse a los pocos maderos de salvación que flotan sobre las aguas mientras el barco naufraga irremediablemente y se lleva con él las expectativas de voto de muchos dirigentes socialistas. Rodríguez es un cáncer que se extiende imparable por todo el cuerpo electoral de su partido, y días como el de ayer con frase tan desafortunadas como las que dijo en Oslo sobre los parados, además de demostrar que necesita acudir a un especialista, contribuyen a aumentar la desafección. Seguro que después de afirmar que los parados en formación trabajan por el bien del país la distancia del PP ha aumentado un par de puntos más.


El Confidencial - Opinión

Y ahora, las pensiones

El presidente del Gobierno desveló ayer oficialmente en Oslo que entre sus planes inmediatos figura el envío al Congreso de la reforma del sistema público de pensiones. Antes de que termine el año, empezará el trámite parlamentario y el contenido de la propuesta se basará en el informe elaborado por la Comisión del Pacto de Toledo, instancia en la que están representadas las principales fuerzas políticas. Aunque Zapatero no quiso ser más explícito en su comparecencia, tras participar en el Foro del FMI y la OIT sobre crecimiento y empleo, sí aseveró que «si un gobernante sabe, con los datos de que dispone, que dentro de diez o quince años nuestro sistema de pensiones, que es la columna de la cohesión social, puede tener problemas, hay que actuar. Y vamos a actuar». Todo apunta, por tanto, a que siguiendo las recomendaciones de los organismos internacionales, el Gobierno propondrá un retraso de dos años de la edad de jubilación, que pasará de 65 a 67 años a partir de 2020-2025. Al mismo tiempo, el cálculo de la prestación se hará no sólo con los últimos quince años de vida laboral, sino que se ampliará a veinte o más. En suma, los españoles se jubilarán más tarde y cobrarán menos pensión. No es, desde luego, una reforma popular ni estimulante, pero sí necesaria. Las estimaciones demográficas, que prevén una progresiva disminución de los cotizantes y un envejecimiento mayor de la población, aconsejan introducir medidas correctoras con antelación so pena de que el sistema quiebre y se colapse uno de los pilares básicos del Estado de bienestar. Además, si se tiene en cuenta que los tiempos de bonanza para la caja de la Seguridad Social tardarán bastantes años en volver y que el altísimo paro causa una incesante hemorragia a todo el sistema, sería temerario oponerse a una reforma que haga viables las pensiones del futuro. Es comprensible que disguste a los sindicatos y que suscite fuertes protestas, como se vio la semana pasada en Francia. Incluso es pertinente que se abra un debate sobre las alternativas razonables que pudieran existir a las medidas rigoristas, como por ejemplo dando paso a fórmulas de capitalización a medida, mayores incentivos a los planes privados y unos programas a la carta que aliviaran la carga sobre el sistema público y, al mismo tiempo, favorecieran las expectativas del futuro jubilado. En este sentido, sería conveniente impulsar de manera efectiva el aplazamiento voluntario del retiro mediante estímulos salariales, y al mismo tiempo penalizar las prejubilaciones sin causas suficientemente justificadas. En una sociedad y un mercado laboral tan versátiles es posible darle alternativas al cotizante para que elija entre una gama de opciones. Al igual que en la legislación laboral, también aquí es posible y deseable una mayor flexibilidad que redunde en beneficio de las partes. En todo caso, es muy necesaria la reforma anunciada por Zapatero, que, unida a la del sistema financiero y a la del mercado de trabajo, otorga a España un marco regulatorio fiable y tranquilizador para el inversor extranjero. Lo que no es poca cosa para un país con 4,5 millones de parados y que todavía sigue en recesión, según afirmó ayer la Comisión Europea.

La Razón - Editorial

Zapatero, teórico del desempleo

El desempleado que recibe cursos de formación no está trabajando para su país, y decir lo contrario resulta ofensivo para miles de parados.

EL presidente del Gobierno se despachó ayer en Oslo con un análisis chocante sobre el desempleo y la formación de los desempleados. Según Zapatero, el desempleado que está formándose «está trabajando para un país». La frase es inverosímil en boca del jefe de un Gobierno que tiene sobre sus espaldas la tasa de paro más alta de la Unión Europea, el 20,3 por ciento de su población activa. No es de recibo un análisis de estas hechuras ante un foro internacional —una conferencia sobre crecimiento y empleo organizada por el FMI y la OIT—, salvo que responda al empeño incansable de Zapatero por desvincularse de la realidad de España y dedicarse a la exportación de la imagen de un país que no existe, esfuerzo vano porque la situación de España no se puede ocultar a los organismos internacionales, que conocen bien la gravedad de nuestra crisis y, en particular, de nuestro mercado de trabajo. La prueba de que es así la tuvo ayer Zapatero, porque su visión optimista de las bondades de la formación de los parados coincidió con la previsión de Bruselas, que anuncia que la economía española se contraerá en el tercer trimestre de esta año una décima, en contra de lo que pronostica el Gobierno.

Con estas valoraciones sobre el desempleo en España, Zapatero siembra aún más dudas sobre la capacidad de su Ejecutivo para tomar las medidas adecuadas frente a la crisis. El desempleado que recibe cursos de formación no está trabajando para su país, y decir lo contrario resulta ofensivo para los miles de parados que con gusto cambiarían esos cursos por un empleo. Otra cosa es que el Estado tenga la obligación de ofrecer posibilidades de reciclaje y adaptación a los parados —y que la formación sea una excusa para reducir las listas del paro—, pero la eficacia de esta política de formación está muy limitada por la estructura del desempleo, con muchos jóvenes ya formados y parados demasiado mayores; y también por la falta de alternativas de la economía española para recolocar parados.

En su día, el Gobierno prometió una ley llamada de «economía sostenible» para, entre otras cosas, modernizar el empleo en España. A día de hoy, esa ley es un simple proyecto en fase de enmiendas. Esta incoherencia del Gobierno ante la situación de España, que lleva a su presidente a defender la formación del parado para un mercado de trabajo que se mantiene anclado en el ladrillo, el turismo y el automóvil, explica también por qué estamos como estamos.


ABC - Opinión