sábado, 21 de agosto de 2010

Mezquitas. La sociedad abierta y el caballo de Troya. Por Guillermo Dupuy

Si creyese que todos los musulmanes son iguales en ese sentido, no limitaría la critica a determinada ubicación, sino que pediría abiertamente que se prohibiera la construcción de cualquier centro islámico en cualquier punto del territorio del mundo libre.

Recuerda estos días Barak Obama que "los musulmanes, al igual que cualquier otro estadounidense, tienen todo el derecho a practicar su religión en cualquier punto del territorio de Estados Unidos". Comparto esta opinión, siempre y cuando, claro está, la práctica de esta religión –como la de cualquier otra– no suponga un peligro ni para la libertad ni para la vida de quienes abjuran de ella o de quienes profesan otras religiones o ninguna de ellas.

En el caso de la polémica desatada a propósito de la construcción de la llamada Córdoba House, considero que no se podría hacer peor homenaje a las víctimas del 11-S, a la ciudad de Nueva York y a los principios sobre los que se fundamenta los Estados Unidos de América que conculcando la libertad de culto y los derechos de propiedad privada como medio para impedir la construcción de un mezquita o un centro cultural islámico en las proximidades de la zona cero. Los fundamentalistas islámicos del 11-S no sólo pretendían derribar unas torres sino destruir esa avanzada civilización, libre, tolerante y mestiza, donde personas de diferentes razas, credos religiosos e ideas políticas cooperan y conviven en paz.


Ahora bien, no por ello dejo de considerar absolutamente criticable ni dejo de percibir como una provocación la construcción de un centro islámico en las proximidades de donde, en nombre de Alá, se asesinaron a 3000 personas. Si de verdad lo que quieren promover estos musulmanes es "la integración y la tolerancia hacia las diferencias y la cohesión de la comunidad por medio de las artes y la cultura", que renuncien al derecho que les asiste, que yo no les niego y que debe estar regulado, no por lo que opine Obama sino por lo que diga la ley, y que edifiquen ese centro en otras zonas donde, al igual que ocurre con las alrededor de cien mezquitas que hay en Nueva York, no hieran la sensibilidad de los ciudadanos. Así lo han pedido, algunos destacados miembros de la comunidad musulmana.

Algunos dirán, en cualquier caso, que los promotores de la Cordoba House no son fundamentalistas ni tienen la misma noción de Alá y del Islam que los asesinos integristas. No tengan ustedes dudas de que si yo creyese que todos los musulmanes son iguales en ese sentido, no me limitaría a criticar determinada ubicación, sino que pediría abiertamente que se prohibiera la construcción de cualquier centro islámico, no ya en las proximidades de la zona cero, sino en cualquier punto del territorio del mundo libre. La libertad religiosa, como la libertad política, no debe dar cobertura a la prédica de su destrucción; no debe ofrecer tolerancia a la intolerancia o a la justificación de la violencia contra el homosexual, contra la mujer o contra el infiel, como tampoco amparar la vulneración de los derechos humanos por razones "culturales".

Vigilemos, pues, no tanto donde se ubican esas mezquitas o centros culturales como qué es lo que se hace y se predica en ellos. El caso de la recientemente clausurada mezquita Taiba de Hamburgo, donde se reunieron los autores del 11-S, y de su también ilegalizado "centro cultural" asociado, desde donde se seguía reclutando y ayudando a los yihadistas, demuestra que el auténtico problema no es a cuantas manzanas de distancia de la zona cero se deben construir los centros islámicos.


Libertad Digital - Opinión

La lealtad de Mohamed. Por Eduardo San Martín

Casi nadie ha hablado de la lealtad de Marruecos hacia España, que es lo que realmente estaba en juego en esta crisis.

La crisis de Melilla como paradigma de la altura del debate político en España. Y el empeño de la Generalitat por ponerles puertas al mar de una lengua que se ha convertido en la segunda de uso más extendido en Internet, como ejemplo de la cercanía a las preocupaciones de los ciudadanos de algunos gobernantes, nuevos conversos a una ideología de la que siempre aborrecieron los padres de la socialdemocracia.

No parece que la inmensa mayoría de los catalanes comparta con su gobierno la ineludible necesidad de integrar a sus emigrantes sólo en catalán, ni que el recurso de la Defensora del Pueblo («al servicio del PP», según Montilla) ponga en peligro la identidad lingüística catalana. Si la subsistencia de un legado cultural depende de que se imponga por decreto, sus días estarán contando. No es ese el caso de la lengua catalana, que sobrevivirá gracias al sentido común de sus hablantes y no a las torpezas de sus representantes políticos.


En cuanto a Melilla, el debate político debería haber indagado en las razones por las que un gobierno «amigo» desata una campaña desaforada contra nuestras fuerzas de seguridad so pretexto de unos incidentes menores que, como hemos visto, han desaparecido en cuanto la gendarmería marroquí ha tocado el silbato, aleccionada por quien está detrás de todo este barullo.

En su lugar, la bronca ha producido perlas que da pudor reproducir, desde las proclamas sobre el patriotismo de Aznar hasta sus abdominales; lo que nos deja aún más expuestos a una autocracia que sabe bien como sacar partido a las peleas estériles de nuestros partidos. Se ha hablado hasta la saciedad de la lealtad de Aznar o de la de Zapatero en 2001. Casi nadie lo ha hecho de la lealtad de Marruecos hacia España, que es lo que realmente estaba en juego en esta crisis.


ABC - Opinión

Aznar y Melilla. Permiso para aterrizar. Por Maite Nolla

El tiempo y las circunstancias le han permitido a Aznar vengarse y dejarle un recordatorio. Utilicen ustedes el dicho que quieran: el de la venganza se sirve fría, el de los renglones torcidos o el de a cada marranillo.

Aznar se la tenía guardada a Zapatero y se la ha devuelto. Tenía guardada ésta y diez o doce más. Aznar pensó en su momento que Zapatero podía ser una alternativa más o menos civilizada, hasta que la realidad y el personaje le demostraron otra cosa. Con el tiempo hemos sabido que la política de Zapatero para el País Vasco no era la de Nicolás Redondo Terreros, que no creía en el Pacto por las Libertades, que mentía cuando decía que bajar impuestos era de izquierdas y que su política se basaba en enfrentar a los españoles y sacarles lo peor. Y el tiempo y las circunstancias le han permitido a Aznar vengarse y dejarle un recordatorio. Utilicen ustedes el dicho que quieran: el de la venganza se sirve fría, el de los renglones torcidos o el de a cada marranillo. Un ajuste de cuentas, en definitiva, por los dos años de Zapatero pancartero, por los seis en el Gobierno y por darle la vuelta a España como a un calcetín.

La verdad es que las visitas de Zapatero a Marruecos en su día y la de Aznar a Melilla del otro día no son comparables. No son comparables porque uno se fue a Marruecos a rendir honores al sultán y el otro visitó una ciudad española; ubicada en África, sí, pero española. Y por más que una lo intenta, les tengo que reconocer que soy incapaz de comprender por qué la visita de un político español a una ciudad de España se considera una provocación. Es más, al margen de los titulares de Cuatro o de La Sexta, del tipo "El PP y Aznar aumentan la tensión en Melilla", he repasado las declaraciones de los miembros del Gobierno y del partido socialista para intentar profundizar en el tema. He buscado en Google las obras completas de Gaspar Zarrías, a ver si había escrito algo previamente sobre la cuestión y la geoestrategia, y nada. Considerar la visita de Aznar a Melilla como una provocación es aceptar el lenguaje de la dictadura marroquí. O el de los batasunos cuando hablan de la selección española en Vitoria. Igual al señor Zarrías o a la vicepresidenta del Gobierno les ha poseído el PSC, poseído a su vez por el nacionalismo. Les digo esto porque hace un tiempo un dirigente del PSC llegó a decir que después de la sentencia del estatuto Zapatero no era bienvenido en Cataluña, que no deja de ser una versión de lo mismo.

Nadie sabe muy bien cuál ha sido el origen de la crisis, ni de qué iba esto, ni cómo se ha solucionado, pero si las relaciones diplomáticas españolas exigen que el ex presidente del Gobierno no pueda visitar Melilla y que necesite poco menos que un permiso del Gobierno para aterrizar, es que estamos incluso peor de lo que pensábamos.


Libertad Digital - Opinión

Shakira y Laura. Por Ignacio Camacho

Bañarse en las fuentes no es una costumbre cívica, pero en todo caso resulta menos ofensiva que homenajear a etarras.

EN Barcelona, como en otras muchas ciudades, la gente suele bañarse en las fuentes públicas para aliviar el calor del verano. No se trata desde luego de una costumbre cívica ni encomiable, pero en todo caso es menos ofensiva que la de rendir públicos honores a terroristas culpables de complicidad en delitos de sangre. El Ayuntamiento barcelonés, sin embargo, tiene un criterio diferente para medir el incivismo: se cruzó de brazos ante el previsto homenaje a la etarra Laura Riera —finalmente prohibido por la Audiencia Nacional—mientras pretende sancionar a la cantante Shakira por haber sumergido sus curvas en una fuente urbana durante la grabación de un vídeo. Se trata, sostiene el muy cumplido y diligente Consistorio, de un mal ejemplo para la juventud empeorado con el agravante de circular sin casco en una motocicleta. Se refiere por supuesto al baño de la sugerente estrella; sobre la convocatoria del acto filoetarra no consta ninguna opinión municipal.

La preocupación del equipo del alcalde Jordi Hereu por la observancia de una adecuada conducta en las calles de su ciudad resultaría conmovedora si no se hubiese convertido en habitual la presencia de masas de turistas desharrapados en La Rambla y sus alrededores, que ha generado todo un debate local en torno a la indumentaria mínima imprescindible para sentarse en las terrazas o entrar en los restaurantes. (Nadie reclama etiqueta sino el uso de una simple camiseta sobre el bañador). Bajo el impulso oficial, el modelo urbano de Barcelona ha evolucionado desde el rutilante y eficaz esplendor del 92 a una especie de sucursal cutre de Porto Alegre en la que toda presunta expresión alternativa goza de acogida favorable hasta el punto de haberse convertido en referencia del movimiento okupa y otros colectivos de la antiglobalización. El resultado es una frecuente y consentida ocupación desaprensiva, incluso vandálica, del espacio público y un visible deterioro del ambiente social que contrasta con la ordenada elegancia del bellísimo paisaje ciudadano. En ese contexto progresivamente degradado, Shakira y su trivial hapenning de transgresión pija vienen a ser una excepción de un glamour casi aristocrático. Y siempre merecerán mejor bienvenida y trato que la morralla antisistema capaz de incluir, ante la pasividad oficial, un acto de exaltación terrorista en el programa de unas fiestas de barrio.

Pero para que el Ayuntamiento barcelonés, tan repentinamente sensible a la urbanidad callejera, se hubiese mostrado menos permisivo con el homenaje a Laura Riera habría necesitado la constancia, o al menos el indicio razonable, de que tras la prevista exaltación de la heroína etarra el acto fuese a acabar con un baño masivo en las fuentes de Gracia. En esa hipótesis —puede que el festejo, aun sin permiso, acabe en algo peor: hay precedentes— acaso el estatuario Hereu se hubiera dignado enarcar una ceja.


ABC - Opinión

El veraneo de Moratinos

El Gobierno se jactó en los primeros días del verano de que la situación del país recomendaba un estío atípico, con pocas vacaciones y mucho trabajo. Los ministros estarían al pie del cañón y la agenda de trabajo continuaría con cierta normalidad para aprovechar unos meses clave y avanzar en los frentes que mantiene abiertos el país. Pues algo de esto no ha funcionado en el conflicto diplomático con Marruecos. Desde el comienzo, chirrió especialmente, y así nos encargamos de denunciarlo en LA RAZÓN, no sólo por el vacío diplomático existente por la ausencia del embajador en Rabat y de los cónsules en el país vecino, sino también por la extraña y sorprendente desaparición del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en toda la crisis. El mutis político fue de tal calibre que hasta fue sustituido en las labores propias de su departamento por el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. El silencio del Gobierno sobre el destino de Moratinos en los primeros días de las fricciones en la frontera de Melilla resultó sintomático en cuanto al grado de desatención en un asunto complejo.

Ayer se confirmó que el jefe de la diplomacia disfrutaba de unos días de vacaciones en el suroeste francés junto a su familia. Una entrevista en un diario galo de un Moratinos muy relajado y en pantalón corto ha certificado el nivel de inquietud del jefe de nuestra diplomacia. Mientras las provocaciones se sucedían en los pasos melillenses, se insultaba y difamaba a las mujeres policía y los activistas del reino alauita bloqueaban los suministros a la ciudad autónoma, el ministro del ramo paseaba por Francia, realizaba un crucero por el río galo Dordoña y recordaba cómo vio la final del Mundial de Suráfrica junto a un personaje tan poco recomendable como el dictador Raúl Castro.


Las circunstancias retratan la disposición de un ministro con responsabilidades tan relevantes. En cualquier democracia de nuestro entorno cuesta pensar que el jefe de la diplomacia seguiría en su puesto después de un dislate que demuestra una falta de responsabilidad y de rigor que le incapacitan. No parece que el Gobierno socialista pretenda el relevo, sino casi todo lo contrario.

Lejos de cualquier actitud de autocrítica o de al menos un cierto reconocimiento de errores, Moratinos ha regresado de Francia con un tono desafiante, prepotente y provocador. Hablar, por ejemplo, de que no existió crisis diplomática alguna, porque un verdadero conflicto es el hundimiento de un barco en Corea, es abusar de la inteligencia de la opinión pública. El ministro no desconoce las cinco notas de protesta de Rabat, las gestiones del Rey con Mohamed VI, las negociaciones directas del director de la Policía en el país vecino o el viaje de Pérez Rubalcaba. Ni tampoco el próximo encuentro entre ambos monarcas adelantado por LA RAZÓN o la entrevista con su homólogo marroquí en septiembre. Para ser sólo un incidente, la actividad parece frenética, a la altura, sin duda, del desencuentro diplomático.

Hace tiempo que Moratinos, responsable de una política exterior desprestigiada, que ha contribuido a la grave pérdida de imagen que sufre España, debía haber sido destituido. Costará demasiado tiempo y esfuerzo recuperarse de la gestión desastrosa de este ministro.


La Razón - Editorial

Mesa para dos

Israelíes y palestinos vuelven a negociar gracias a las conversaciones previas alentadas por EE UU.

La secretaria de Estado Hillary Clinton ha confirmado que el 2 de septiembre se reanudarán las negociaciones entre palestinos e israelíes suspendidas desde diciembre de 2008. El encuentro previsto es resultado de las conversaciones indirectas auspiciadas por Estados Unidos y desarrolladas a lo largo de los tres últimos meses. Pese al anuncio estadounidense, aún se perciben diferencias de aproximación entre ambas partes. Mientras que Israel habla de negociación sin condiciones previas, la Autoridad Palestina reclama un acuerdo sobre la agenda a tratar.

Son tantas las negociaciones fracasadas que la expresión "proceso de paz" se ha convertido en un eufemismo incapaz de suscitar demasiadas esperanzas. Tampoco en esta ocasión, por más que la simple expectativa de sentar a ambas partes en torno a una mesa sea siempre una buena noticia. Entre las razones que avalarían un más que tibio optimismo, habría que subrayar el renovado compromiso de Estados Unidos en el hallazgo de una solución al conflicto. La implicación directa de Washington sigue siendo la condición necesaria para alcanzar la paz en Oriente Próximo, por más que no resulte en absoluto suficiente.


Entre las razones para el pesimismo se encuentra el hecho de que el interlocutor en el lado palestino es Mahmud Abbas, obviando la dificultad de que es Hamás quien gobierna en Gaza. Es posible que los artífices de las negociaciones confíen en que la Autoridad Palestina, que solo gobierna en Cisjordania, salga reforzada si obtiene acuerdos ventajosos para todos los territorios ocupados. Pero puede producirse lo contrario: que un sentimiento de abandono por parte de la población de Gaza haga inviable cualquier avance. Sobre todo cuando las elecciones palestinas, que tenían que haberse celebrado a principios de año, siguen pospuestas.

Netanyahu, por su parte, llega a estas conversaciones en sus horas más bajas debido al ataque contra la flotilla humanitaria que trataba de romper el bloqueo israelí de Gaza y que costó la vida a nueve de sus integrantes. El Gobierno israelí no podía en estos momentos negarse a negociar con los palestinos, pero tampoco desea sentarse a la mesa obligado por los avances comprometidos en otras negociaciones. Su exigencia de que las conversaciones se inicien sin condiciones previas alude, en opinión de los palestinos, a una voluntad de partir de cero y, por tanto, de consolidar situaciones de hecho.

Una vez en la mesa para dos que ha preparado Washington, y a la que acompañarán Egipto y Jordania, israelíes y palestinos tendrán enfrente sus numerosos contenciosos, desde la delimitación de las fronteras hasta la suerte de los refugiados, pasando por el futuro de Jerusalén, los asentamientos en Cisjordania o el reparto del agua. Por descontado, la única manera de resolverlos es empezando a hacerlo. Pero siempre y cuando la voluntad de los negociadores sea alcanzar un acuerdo y no responsabilizar a la otra parte del fracaso.


El País - Editorial

Plan E rural, el enésimo derroche

El Plan E, en definitiva, ha debilitado a la economía española y al propio Estado, que ahora se las ve y se las desea, no ya para el inalcanzable objetivo de cuadrar las cuentas, sino para bajar el déficit por debajo del 10%.

Uno de los desagües por los que se ha ido el antiguo superávit fiscal del Estado ha sido el llamado Plan E. Casi 14.000 millones de euros dilapidados en proyectos municipales de poca o nula utilidad social y económica que serían ahora extremadamente útiles para no tener que pedir prestado en el extranjero, o para no tener que subir los impuestos tal y como ya ha anunciado el Gobierno.

Pues bien, no contentos con semejante derroche, al equipo de Zapatero no se le ha ocurrido mejor idea que dotar de presupuesto –millonario, naturalmente– a un nuevo programa estatal de gasto. Se trata del Programa de Desarrollo Rural Sostenible que volcará sobre el agro español 1.810 millones de euros en los próximos cuatro años. Todo este dinero irá destinado a cubrir un centenar de actuaciones repartidas entre el Gobierno central y los autonómicos. Se pretende, como en el caso del Plan E municipal, desarrollar nuevas infraestructuras y mejorar las existentes, extender nuevos subsidios a agricultores y ganaderos y fomentar el turismo ecológico.


Hasta aquí nada malo, nada que llame especialmente la atención, sino estuviésemos inmersos en una profundísima crisis de la que aún tardaremos varios años en salir. Destinar 1.800 millones a obras totalmente innecesarias cuando el Gobierno no hace más que emitir títulos de deuda en los mercados internacionales –van dos emisiones en lo que llevamos de mes– es más que arriesgado, es suicida, propio de un Gobierno sonámbulo que actúa por inercia y gasta como si el dinero manase de debajo de las piedras.

Como esto no es así, como el Gobierno no ha encontrado un Dorado del que surtirse de riqueza cuando y como crea necesario, todo lo que gasta tiene que salir previamente de algún sitio. Puede ser de los bolsillos de los contribuyentes o del endeudamiento exterior. Ambas fuentes tienen un fondo y explotarlas hasta el límite de sus posibilidades entraña serios riesgos. Si se suben demasiado los impuestos la base fiscal se contraerá de modo que, llegado un punto, se recaudará menos de lo esperado. Es una vieja ley de la economía que el equipo económico de Zapatero parece ignorar. Si se recurre continuamente al mercado de deuda los acreedores terminan por no fiarse y cierran el grifo. La deuda, además, tiene la contrapartida de que el dinero que se pide ha de devolverse con los intereses correspondientes.

Así las cosas, en una coyuntura como la actual lo peor que puede hacer el Gobierno es seguir incrementando el gasto, ya que éste actúa como una soga que, poco a poco, va estrangulando la economía hasta asfixiarla por completo. La austeridad es el único camino tal y como están poniendo de manifiesto los países que, como Irlanda o Alemania, han apostado por ella. La lección que Zapatero debería de tener ya aprendida a estas alturas es doble. Por un lado, no se puede gastar lo que no se tiene, y por otro, las políticas de estímulo no funcionan en el medio y el largo plazo. Las dos entregas multimillonarias del Plan E no han servido para relanzar la economía tal y como preveían los economistas de cabecera del Gobierno.

Lo único que se relanzó fue el déficit fiscal, la deuda soberana y el alcance de la crisis. El Plan E, en definitiva, ha debilitado a la economía española y al propio Estado, que ahora se las ve y se las desea, no ya para el inalcanzable objetivo de cuadrar las cuentas, sino para bajar el déficit por debajo del 10%. Estos son los números, el resto es pura charlatanería keynesiana, método infalible para seguir en crisis por los siglos de los siglos.


Libertad Digital - Editorial

Prohibición y sentido común

No es creíble que a Montilla no le constase el homenaje a Riera. Su conducta permisiva contrasta con la cruzada impulsada por el socialismo vasco contra todo símbolo proetarra.

CON tantos argumentos jurídicos como de sentido común, el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz prohibió ayer los actos de homenaje a la colaboradora de ETA Laura Riera, convocados para hoy por varias organizaciones de ultraizquierda en el barrio barcelonés de Gracia. Riera fue condenada en 2004 a nueve años de cárcel —no cumplidos en su integridad— por un delito de colaboración con el sanguinario «comando Barcelona» de ETA, y a su salida de prisión, que tendrá lugar hoy, iba a ser recibida con una «concentración de bienvenida» a las puertas de la cárcel de Wad-Ras y en una plaza barcelonesa, y con una marcha nocturna de antorchas para pedir la libertad de otras dos etarras, Dolores López Resina y Marina Bernadó. De acuerdo con los argumentos de Dignidad y Justicia y de la Fiscalía, el juez considera que la celebración de estos actos supondría un enaltecimiento del curriculum delictivo de la etarra, una justificación de sus actividades y una exaltación del terrorismo inadmisible en un Estado democrático. Sencillamente, la autorización del homenaje habría sido una hiriente humillación para las víctimas del terrorismo y un aval para convertir las llamadas «fiestas alternativas» del barrio de Gracia en un espacio público para el fomento de la propaganda proetarra y para la legitimación del terrorismo.

Por ello, resulta incomprensible la indolencia demostrada por las autoridades catalanas. Ni la Delegación del Gobierno en Cataluña, ni el alcalde de la ciudad, el socialista Jordi Hereu, que permanece pasivo ante la celebración de las polémicas «fiestas alternativas», ni la propia Generalitat, han instado ante la Audiencia la prohibición del homenaje. Es cierto que ninguna entidad convocante solicitó autorización oficial y que, precisamente para evitar responsabilidades penales, optaron por una organización clandestina y opaca de los actos. Pero también lo es que la aparición de carteles anunciando los homenajes, y las propias denuncias periodísticas sobre la vergonzante cita, eran argumentos más que suficientes para que José Montilla y Jordi Hereu se diesen por enterados y no mirasen hacia otro lado. No es creíble que a Montilla no le constase nada. Su conducta permisiva contrasta con la cruzada impulsada por el socialismo vasco contra todo tipo de homenajes y símbolos proetarras en las calles del País Vasco y, sin ir más lejos, con la decisión adoptada por el Ayuntamiento de Bilbao de impedir la instalación este año de dos «txoznas» (casetas) proetarras en las fiestas de la ciudad. El socialismo catalán, desnortado y sin reflejos, ha perdido una nueva ocasión para resarcirse de su interminable sucesión de errores políticos.

ABC - Editorial

viernes, 20 de agosto de 2010

La marcha de las verduras. Por José María Carrascal

Pese a todas sus idas, venidas, Zapatero es un cadáver político. Todo le ha salido mal y todo apunta que irá a peor.

HACE 35 años, Hassán II ordenó una «marcha verde» hacia el Sahara llamado español, que desde entonces forma parte de Marruecos. Hoy, hacia Melilla y posiblemente Ceuta, se ha ordenado una «marcha de las verduras y otros alimentos», aunque a la inversa: impidiendo el abastecimiento de las dos ciudades españolas en el Norte de África.

Si los marroquíes son los primeros en saber que rendirlas por hambre es imposible, al ser fácilmente abastecidas por mar, ¿por qué lo hacen? Pues por reinar las mismas circunstancias que en el otoño de 1975 les empujó a lanzar la «marcha verde»: por saber de la extrema debilidad de España. Entonces, Franco agonizaba y aunque decía haberlo dejado todo atado y bien atado, nadie estaba seguro de cómo iba a ser el futuro. Sólo, que iba a ser diferente, muy diferente, como resultó. En cualquier caso, lo que urgía era concentrarse en la escena nacional, no en un territorio a muchos cientos de kilómetros, que sólo ocupábamos desde 1884. En cuanto a los soldados españoles que lo custodiaban, ¿qué iban a hacer ante aquella invasión pacífica? ¿Ponerse a disparar contra los hombres, mujeres y niños desarmados que llegaban? Así se perdió el Sahara, más para los saharauis que para España.


Lo de Melilla y Ceuta, ciudades españolas desde hace siglos, es distinto en cuanto a derechos, pero no en cuanto a estrategia. Los marroquíes las consideran suyas y harán cuanto esté en su mano para anexionárselas. Si la marcha les dio resultado en el Sahara, nada de extraño que la utilicen de nuevo, ahora en dirección contraria, no con personas, sino con mercancías. Aunque de momento haya quedado suspendida, preparémonos para este tipo de bloqueos, acusaciones, maniobras y alarmas. Su estrategia es ésa. Lo que no está claro es la nuestra, si es que existe alguna.

Pues el mayor paralelismo entre 1975 y 2010 es la extrema debilidad del Gobierno español, que se extiende a España. Pese a todas sus idas, venidas, planes, contraplanes, declaraciones, desmentidos, avances y retrocesos, Zapatero es un cadáver político. Todo le ha salido mal y todo apunta que irá a peor. Ni la remodelación territorial de España, ni la negociación con ETA, ni los remedios anticrisis le están dando resultado y por no controlar, empieza a no controlar su propio partido, como ha puesto en evidencia el enfrentamiento interno desencadenado en Madrid.

Nadie lo sabe mejor que Rabat, consciente de que en igualdad de condiciones, pierde frente a España, pero que en una de sus recurrentes crisis políticas, puede ganarle. Parece creer que se encuentra en una de ellas. Quiero decir que ésta no es una crisis con Marruecos. Es una crisis española.


ABC - Opinión

Espiritismo y propaganda. Por M. Martín Ferrand

Los problemas que asfixian la vida y el futuro nacionales son de mayor envergadura que los viajes de Aznar.

A juzgar por las primeras páginas que publicaron ayer los grandes diarios españoles, y también los más pequeños, el asunto fundamental del momento, el eje de nuestra vida política, se centra en el viaje de José María Aznar a Melilla. Si los periódicos no se equivocan en su valoración, esto es Jauja. Aznar, con toda la grandeza que quiera reconocérsele o negarle, es una pieza del pasado histórico. Es como si Francisco Silvela hubiera visitado a los melillenses, puro espiritismo. De ahí que, una vez más, el mascarón de proa del Gobierno y del PSOE, José Blanco, se haya extralimitado en su ambiciosa carrera de méritos vicepresidenciales al tildar de «desleal» el proceder del ex presidente del Gobierno.

Desgraciadamente, el cúmulo de problemas que asfixian la vida y el futuro nacionales son de mayor envergadura que los viajes de Aznar, quien, dicho sea de paso, es muy dueño de ir a donde le plazca. Centrar el debate en su figura, como ha pretendido con su astucia ratonera el titular de Fomento y suplente de Propaganda, es una forma de marear la perdiz, confundir a la muy confundida y respetable, aunque no respetada, ciudadanía y trasladar apariencias de responsabilidad lejos de donde pudieran perjudicar los intereses, crecientemente descarados, del zapaterismo.


Aznar, vestido con una versión estilizada y contemporánea del uniforme del Afrika Korps, se fue a Melilla e hizo allí lo que ya debieran haber hecho José Luis Rodríguez Zapatero, o por lo menos algunos de sus ministros, y Mariano Rajoy. El conflicto de Melilla, su asedio, ya dura un mes y, aunque atenuado por el Ramadán, ese es mucho tiempo. La presencia de notables españoles, de la política o de cualquier otra actividad, tiene el doble valor de reforzar la moral de nuestros compatriotas residentes en la hermosa ciudad mediterránea y la de proclamar, para ayudar a disipar las brumas de la duda, la españolidad de España, algo que no es un retruécano, sino una idea que merece recordación.

Elena Salgado, mayor en edad, dignidad y gobierno que Blanco, ya le dio un palmetazo al de Palas de Rei por sus extralimitaciones hacendísticas y fiscales. Ignoro, en la desordenada organización del trabajo gubernamental, quién debe castigarle ahora por hablar de deslealtad a un ciudadano que ejerce unos derechos de los que no ha sido desposeído; pero mejor sería, por el bien de todos, que, lejos de desviar la atención ciudadana con maniobras de distracción, se entregaran al trabajo serio de gobernar y hacer lo que deben. Por el momento se han dedicado a dejar a deber lo poco que han hecho en seis años y pico de Gobierno.


ABC - Opinión

Misión incumplida. Por Ignacio Camacho

La gestión de la posguerra de Irak ha sido tan desastrosa que sólo la puede empeorar una retirada a destiempo.

ES curiosa la política exterior de los Estados Unidos: cuando el mundo entero se opone a la invasión de un país (Vietnam, Irak, etcétera), lo invaden velis nolis, y cuando más perjuicio puede causar que lo abandonen, se marchan por el mismo procedimiento. El supuesto guardián del planeta maneja sus intereses internacionales a tenor de los bandazos de su opinión pública. Como todos, claro, pero las demás naciones carecen de su abrumador poderío militar y no se arrogan el papel de policía universal de la democracia. La derrota de Vietnam enseñó que sólo hay algo peor que una invasión imprudente, y es una retirada precipitada. En Irak al menos ganaron la guerra —sólo faltaría, con esos medios— pero la gestión de la posguerra ha sido tan desastrosa que únicamente la pueden empeorar marchándose antes de tiempo. Y parece que eso es justo lo que van a hacer.
Con una popularidad actual casi tan baja o más que la del peor Bush, Obama está ahora más atento al cumplimiento de sus promesas electorales que a las consecuencias externas de sus decisiones. Irak le importa lo preciso: él no empezó ese lío y además no logra éxitos en Afganistán, el conflicto que eligió para diferenciar la guerra justa de la injusta. Ha ordenado recoger los bártulos en Mesopotamia a sabiendas de que América no ha cumplido el objetivo de estabilizar la zona, y desoyendo las súplicas de los propios partidos iraquíes que temen un descalzaperros cuando se larguen los marines. La prioridad es ahora calmar el descontento popular en vísperas de un otoño electoral muy comprometido, en el que los demócratas pueden perder la mayoría parlamentaria y varios gobernadores. Con todo, no se van a ir por las bravas (como otros, y perdón por la manera de señalar): dejarán cincuenta mil efectivos para cubrir las mínimas responsabilidades que adquirieron cuando se metieron donde no les llamaban. Pero en Irak aún no se pueden celebrar elecciones normales, y si las que se pueden no sirven para nada: el país lleva siete meses sin Gobierno, todo un síntoma de estabilidad y normalidaddemocrática.

Obama no un pacifista, o al menos es un pacifista pragmático y responsable, como demostró en su discurso del Nobel: si tiene «un ansia infinita de paz» sabe que una potencia como la que dirige no está en condiciones de elegir siempre la bandera blanca. Le queda Afganistán para demostrar que el liderazgo de Estados Unidos no está en entredicho, y esa guerra no la puede perder, pero no la está ganando. Al asumirla como un conflicto necesario está obligado a rechazar la hipótesis del fracaso. Si Irak vuelve al caos (supuesto que alguna vez haya salido de él) le alcanzará una cierta responsabilidad, aunque no fuese él quien se metió en el embrollo. Dos misiones fracasadas contra el mismo enemigo, sin embargo, no se las puede permitir. Tampoco el mundo libre que, guste o no, él representa aunque sus propios intereses políticos le fuercen en ocasiones a olvidarlo.


ABC - Opinión

Aznar en Melilla. Por Alfonso Ussía

Corría el año 2003. Las tensiones con Marruecos provocaron la eventual retirada de embajadores. El entonces líder de la Oposición, Rodríguez Zapatero, dio la espalda a los intereses de España y voló a Rabat a entrevistarse con el caprichoso Sultán Mohamed VI. Hablaban y sonreían con un gran cartel de fondo en el que las islas Canarias formaban parte del territorio marroquí. Hasta la isla de San Borondón, que es alucinación, sueño y prodigio de entreluces, pertenecía a Marruecos. Aquello sí supuso una grave deslealtad con España. Establecer comparaciones entre el viaje rastrero de Zapatero y el paso por Melilla de Aznar sólo es factible mediante el cinismo.

Aznar ha estado en Melilla, y ha hecho muy bien. Melilla ha sido abandonada por nuestro Gobierno, el ministro de Asuntos Exteriores se ha comportado como un gamberro, Zapatero ha demostrado que le importa un bledo el presente y futuro de la ciudad española y la sensación de desamparo se ha extendido por todos los melillenses. Y Aznar ha viajado a Melilla. No a entrometerse en nada. Lo ha hecho como un español. Es innegable que Aznar no es un ciudadano del montón, y que su condición de ex presidente del Gobierno le concede unos matices diferentes. Para lo bueno y para lo malo. En el presente caso, el primer apartado. La indignación socialista es consecuencia de su humillación ante el Sultán, y cualquier excusa le sirve al Gobierno para disfrazar su inacción, su sometimiento y su política de cuclillas permanentes. Un español no tiene que pedir permiso a nadie para visitar una ciudad española. Y si esa ciudad española está siendo objeto de toda suerte de provocaciones, menos aún.


Aznar ha pisado y paseado las calles que ha rechazado Moratinos. Aznar ha saludado a los españoles a los que Moratinos ha negado el saludo y la cordialidad. Aznar ha recordado que Melilla es España mientras Moratinos no ha movido un dedo de los pies para salir de su escondite veraniego. El compromiso de Aznar ha sido con su presencia, que no con su voz, porque se ha limitado a pronunciar unas pocas palabras que no pueden considerarse aprovechadas o inoportunas. El problema de Melilla es el Gobierno de Zapatero, no Aznar. Y si el Gobierno de Zapatero no hace nada por remediarlo, habría de comprometerse a mantener su humillante silencio y no a reaccionar con celos histéricos por una actuación individual absolutamente normal. Dice Blanco que Aznar no visitó Melilla en sus ocho años de presidente del Gobierno. Y no le falta razón. Pero no ha acudido a rendir pleitesía al Sultán en contra de los intereses de España con unas islas Canarias marroquíes como telón de fondo.

La tragedia es que el Gobierno de España ha perdido su autoestima. No se tolera a sí mismo. Y esa grieta en la estimación propia la aprovechan los de siempre. No sirve, para esta ocasión, el pase de modelos de la vicepresidenta Fernández de la Vega. A Mohamed VI, los modelos de la vicepresidenta le importan la mitad de un dátil. Él no habla con mujeres, que por algo es más que un aliado de civilizaciones. Mucho y bueno tiene Marruecos. Es el tapón del islamismo sangriento. Y nuestras relaciones, siempre a caballo del amor y del odio, necesitan de una inteligencia diplomática que hoy nos resulta inalcanzable. Zapatero es un torpe y Moratinos un vago. Aznar ha estado en Melilla y su presencia hay que interpretarla con sosiego y normalidad. Un español por España nunca es una provocación. Y más vale tarde que nunca.


La Razón - Opinión

Crisis con Marruecos. Intereses nacionales. Por Emilio Campmany

Con Aznar se acabó el ser amigo de dictaduras, por buenas que fueran las propinas que pagasen. Se acabó el depender de las limosnas francesas y alemanas para tener voz propia en Europa y se pasó a votar sólo en función de nuestros intereses.

La visita de Aznar a Melilla ha sido un revulsivo. No han dejado de tener su gracia las reacciones del Gobierno y la oposición, de los medios de derechas y de izquierdas. Ahora bien, más allá de la hilaridad que todo ello ha producido, no estaría de más preguntarse por qué en España, a diferencia de la mayoría de las democracias occidentales, Gobierno y oposición no son capaces de acordar una política exterior y de seguridad común. Se supone que, en estos ámbitos, el acuerdo es fácil, porque los intereses nacionales y el modo de defenderlos son los que son y se pueden identificar con facilidad.

El PSOE vende hoy que el PP, en materia de política exterior y seguridad, no arrima el hombro. Y es desde luego lamentable que Gobierno y oposición no compartan el núcleo de ambas políticas. Pero hay que recordar que el culpable de todo ello es en esencia el PSOE.


Fueron los socialistas los que trataron de torpedear nuestra entrada en la OTAN, y con ella toda la política exterior de la UCD, aunque luego, una vez alcanzado el poder, renunciaron a convertirnos en un no alineado. Fueron ellos quienes se empeñaron en que España continuara la tradicional política exterior de Franco, algo antiamericana, pero no mucho, además de proárabe, antijudía y protectora de Fidel Castro. Fue González quien se sometió a los dictados de Francia a cambio de que nos dejaran entrar como primos pobres en la Unión Europea. Fue el PSOE quien reventó la política antiterrorista dejando crecer el GAL y que algunos de sus militantes saquearan los fondos reservados. Fue en Ferraz donde se decidió que Marruecos era nuestro amigo. Y hay que añadir que, en lo que a la amistad con Marruecos y demás teodictaduras musulmanas se refiere, ésta es la política exterior que le gustaba y que seguramente le sigue gustando al Rey.

La llegada de Aznar al poder significó una revolución. Era natural que fuera así, porque la joven democracia española, ya integrada en el concierto internacional, no tenía ni podía tener ya los mismos intereses que una vieja dictadura de inclinaciones autárquicas aliada de casi nadie y despreciada por todos. Con Aznar se acabó el ser amigo de dictaduras, por buenas que fueran las propinas que pagasen. Se acabó el depender de las limosnas francesas y alemanas para tener voz propia en Europa y se pasó a votar sólo en función de nuestros intereses. Se acabó combatir el terrorismo al margen de la ley. Y desde luego se acabó tener por amigo a un Marruecos que sólo nos quiere para despojarnos de lo nuestro.

Puede que Aznar tenga algo de responsabilidad en no lograr la adhesión del PSOE a estas políticas creadas a la vista de cuáles son nuestros intereses nacionales. Pero parece más probable que sean los socialistas los que no tienen la más mínima intención de defender esos intereses. Zapatero, desde la oposición, torpedeó nuestra amistad con Estados Unidos, entorpeció la política de firmeza con Marruecos e incluso debilitó la lucha antiterrorista iniciando negociaciones con la ETA. Todavía no ha explicado por qué lo hizo. Luego, vino el 11-M y los socialistas volvieron al poder y revirtieron todo lo que Aznar había conseguido.

Y ahora pretenden que el PP apoye las viejas políticas que, si defienden algún interés, ya no es el nacional. Y encima Rajoy a veces parece dispuesto a hacerles caso. Menos mal que está Aznar interpretando el papel de Pepito Grillo.


Libertad Digital - Opinión

ETA en Barcelona

La actitud de lavarse las manos ofende a las víctimas porque el Ayuntamiento debería tomar la iniciativa de prohibir el homenaje.

EL Ministerio Público ha expresado al juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz su criterio favorable a la suspensión del acto de homenaje de una colaboradora de ETA convocado para mañana en Barcelona. Tiene toda la razón el fiscal cuando estima que dicho acto reúne todos los requisitos para que se produzca un delito de enaltecimiento del terrorismo, y es de esperar que el órgano jurisdiccional sea sensible a los argumentos que avalan la suspensión. A mayor abundamiento, los radicales anuncian su intención de utilizar las fiestas del barrio de Gracia para celebrar una marcha de antorchas exigiendo la liberación de dos supuestas «presas políticas» catalanas. Resulta particularmente sangriento el currículum delictivo de una de las integrantes del «comando Barcelona», con varios asesinatos y acciones con coche bomba en su historial, a pesar de lo cual la propaganda distribuida por los convocantes presenta una imagen juvenil e inofensiva de la etarra.

El alcalde de Barcelona se equivoca gravemente con su actitud pasiva y supuestamente «neutral», que deja toda la responsabilidad en manos de la Audiencia Nacional. Jordi Hereu está al frente de una ciudad que ha sufrido reiteradamente los zarpazos del terrorismo. Esta actitud de lavarse las manos ofende a las víctimas y a una gran mayoría social porque el Ayuntamiento debería tomar la iniciativa de prohibir el homenaje, cumpliendo así un deber elemental desde el punto de vista moral y político. Hay múltiples razones jurídicas en virtud de las cuales el juez Ruz debe impedir con su decisión ya inminente la celebración de estos actos intolerables en un Estado democrático de Derecho.

ABC - Editorial

Obama se retira de Irak

Las últimas tropas de combate de Estados Unidos abandonaron Irak el miércoles, dos semanas antes de lo previsto. Se cumple así el compromiso adquirido por Barack Obama de poner fin a las misiones en el país y completar la retirada de miles de militares estadounidenses. Como reconoció la Casa Blanca, estamos ante un momento histórico, en el que se ha dado por finalizada una guerra sangrienta de manera oficial. Atrás quedan siete años de conflicto, que arrancó en 2003 con la denominada «operación Libertad Iraquí», que acabó con el derrocamiento del dictador Sadam Hussein y que salpicó intensamente la política española.

En la hora del balance, la Administración Bush ganó una guerra arrolladoramente, pero se desfondó en una postguerra brutal en la que faltó planificación y sobró improvisación. Se acabó con un régimen criminal, responsable de un auténtico genocidio, para dar paso a un escenario fuera de control que ha costado miles de víctimas hasta contener a un terrorismo islamista que intentó ocupar el vacío institucional y político derivado del desmantelamiento de la burocracia y las élites iraquíes y de la desaparición de las Fuerzas Armadas, sin duda grandes errores de la gestión norteamericana.


Las preguntas hoy sobre la guerra de Irak son si aquel país está mejor o peor que en 2003, si la intervención estuvo justificada o no, o si el mundo es un lugar más seguro. Y las respuestas no son del todo concluyentes como para sostener con fundamento una retirada. Sin duda, para Irak y el resto de países implicados, la intervención ha conllevado enormes sacrificios, pero ha significado el final de un régimen de terror. Debemos pensar en cuáles habrían sido las consecuencias de no haber hecho nada, de haber apostado por una política de brazos cruzados. Pero más allá de esas razones de fondo, lo cierto es que el horizonte aparece marcado por incertidumbres, complejidades y amenazas. Cabe dudar de si Obama no se ha replegado prematuramente forzado por una opinión pública crítica en Estados Unidos, especialmente con la guerra de Afganistán. El tiempo dirá si el presidente norteamericano no ha tomado un atajo para desgracia de los iraquíes en un escenario en el que el pasado martes un atentado suicida causó al menos 61 muertos entre los reclutas que esperaban para alistarse en el Ejército. Es lógico también que el repliegue de los norteamericanos genere decepción y hasta indignación entre los iraquíes, que pueden sentirse justamente abandonados cuando sus propias Fuerzas Armadas reconocen que no están ni estarán preparadas para proteger el país hasta 2020.

¿Criterios políticos o argumentos militares? Más parecen los primeros que los segundos. Los mismos que mantienen a la Administración norteamericana enfrentada con sus mandos castrenses sobre el futuro de la guerra de Afganistán y el calendario de salida del otro avispero bélico. Una retirada a destiempo, y de eso sabemos algo en España, supone a la larga una derrota que convierte en baldíos los sacrificios realizados y que agrava el conflicto en lugar de apagarlo. A la vista de la realidad iraquí, los objetivos de la misión internacional están muy lejos de haberse alcanzado con el éxito necesario.


La Razón - Editorial

El miedo de Batasuna

La izquierda radical 'abertzale' evita condenar la violencia callejera por temor a ETA.

Los incidentes violentos protagonizados por enmascarados con ocasión de las fiestas patronales en media docena de localidades vascas han alertado sobre un posible rebrote de la violencia callejera y suscitado un debate sobre su significado en este momento. Quemar en una noche 33 contenedores en lugares dispersos de Zarautz corresponde sin duda a un plan organizado y no a una manifestación de gamberrismo etílico, como insinuó inicialmente la Consejería de Interior vasca. Su repetición en otros municipios ha dejado sin sentido esa cautela oficial: sí, hay un rebrote de la kale borroka, como cada año por estas fechas.

Un rebrote que queda muy lejos, sin embargo, de la importancia que llegó a tener la violencia callejera en la estrategia de intimidación dirigida por ETA. En 1997 se produjeron 1.100 actuaciones de ese tipo; el año pasado fueron 130, un 40% menos que el año anterior y un 70% menos que en 2007. Ese retroceso, que se ha mantenido hasta este verano, es consecuencia del desmantelamiento policial de los grupos juveniles especializados en los ataques, pero también de su creciente falta de absurdo sentido. Durante años fueron un factor de acoso e intimidación, y el efecto buscado era que la población en general (y no solo los policías y políticos amenazados) se sintiera concernida y reclamase al Gobierno "soluciones, ya"; es decir, una negociación con ETA. Ahora lo que suscitan los ataques es una creciente irritación contra los encapuchados y la exigencia de que los detengan ya.

También suscitan un emplazamiento a Batasuna para que condene claramente ese vandalismo. Sin embargo, su respuesta, en forma de comunicado difundido anteayer, llama la atención por su oscuridad. Reitera con pies de plomo su apuesta por las "vías políticas y democráticas", pero solo tras decir que los actos violentos se enmarcan en la defensa de los derechos conculcados a los vascos, etcétera. Es significativo que se hayan sentido obligados a decir algo, frente al silencio tradicional, pero aún lo es más la resistencia a dar un paso tan elemental pero que pudiera ser interpretado como de desacato a ETA.

Porque lo que Batasuna no ha hecho es exigir a ETA lo mismo que hace dos días le planteaba Aralar, "el levantamiento inmediato de las amenazas" a los cargos públicos y otras personas bajo coacción; y el abandono de la violencia "de forma unilateral y sin contraprestaciones políticas". Esto último está lejos de ser aceptado por ETA, y también por Batasuna.


El País - Editorial

La crisis con Marruecos

Curiosamente, cuando estaba en la oposición, Zapatero consideraba una crisis tan enorme el que Marruecos no tuviera embajador en España que decidió viajar a rendirle pleitesía al sultán Mohammed VI.

Al margen de lo que opinen partidarios y detractores del ex presidente José María Aznar, de estupideces sobre deslealtades y abdominales como las que ha proferido el cuadrumano Zarrías, lo que no cabe duda es de que la visita a Melilla ha tenido un éxito abrumador. Quería llamar la atención sobre la crisis con Marruecos y lo ha conseguido, vaya si lo ha conseguido.

Si los socialistas han saltado como fieras sobre el presidente de FAES es porque su presencia en la ciudad africana y española garantizaba que el foco de la actualidad, hicieran lo que hicieran, recaería sobre nuestras relaciones con Marruecos. Y en pocas materias como en las relaciones exteriores su ineptitud reluce con tanta intensidad. Disfrutan de la ventaja de que, en general, la atención de la opinión pública a los asuntos internacionales es escasa y poco informada. Pero la bancarrota de nuestras relaciones exteriores es aún mayor que la de nuestra economía, y garantizaría un desastre electoral si los votantes les concedieran más importancia.


En la escasa artillería política y diplomática demostrada a lo largo de los años por Miguel Ángel Moratinos destaca por la frecuencia en su uso la costumbre de negar cualquier problema y restar importancia a una crisis. De creernos al titular de la cartera de Exteriores, España no ha tenido en los últimos seis años ningún problema con ningún otro país, y su labor por tanto sería completamente prescindible. Así que no resulta sorprendente que ahora defienda el "excelente estado de las relaciones con Marruecos" y asegure que no ha existido ni conflicto ni crisis bilateral.

Curiosamente, cuando estaba en la oposición, Zapatero consideraba una crisis tan enorme el que Marruecos no tuviera embajador en España que decidió viajar a rendirle pleitesía al sultán Mohammed VI, reuniéndose en una sala adornada con un mapa en el que el Sáhara, Ceuta, Melilla y las Canarias formaban parte de reino alauí. Pocos meses después de aquella deslealtad –pues lo es dar aliento al enemigo, y no a los tuyos–, Marruecos decidió invadir Perejil.

Ahora, en cambio, de creer a Moratinos, los meses que llevamos sin embajador español en Marruecos ni marroquí en España no serían ninguna crisis; tampoco sería un conflicto los incidentes en Melilla, una clara provocación de las que suele acometer la diplomacia alauí con cierta frecuencia. Las ambiciones del sultán están claras. Las formas de presionar también. Las nuestras, gracias en buena medida a la incapacidad de Zapatero y Moratinos, están bastante disminuidas.

Aznar intentó durante su etapa de gobierno dejar atrás la política exterior heredada de la dictadura y tener voz propia en el concierto internacional. El PSOE no sólo se resistió a un cambio natural, que correspondía a una sociedad más madura y próspera, sino que prefirió volver a la vieja y falsa amistad de España con el mundo musulmán, además de amigarse con todas las dictaduras que fue capaz de encontrar en el mapa. Una política que no sólo es inmoral, sino profundamente contraria a los intereses de España. Pero claro, ¿qué otra política podría defender un Gobierno que no cree en nuestro país y ha hecho todo lo posible por perjudicarlo?


Libertad Digital - Editorial

Obama se retira de Irak

A la Casa Blanca solo le interesa dar cuanto antes el carpetazo a los dos escenarios bélicos que tiene abiertos, ahora en Irak y, en cuestión de meses, en Afganistán.

EL presidente norteamericano, Barack Obama, ha preferido que los últimos soldados de combate saliesen de Irak de forma tan discreta que ha parecido casi clandestina. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que a la Casa Blanca solo le interesa dar cuanto antes el carpetazo a los dos escenarios bélicos que tiene abiertos, ahora en Irak y, en cuestión de meses, en Afganistán. Atrás quedan más de siete años y 4.415 soldados caídos, en una de las guerras más complejas y polémicas de la historia. En 2003, el entonces presidente, George Bush, invadió el país con el apoyo prácticamente unánime de la sociedad norteamericana y Obama fue elegido en gran medida a causa del agotamiento anímico y moral de los estadounidenses. Desde el punto de vista militar, Estados Unidos y los aliados aplastaron al ejército de Saddam, pero la victoria se jugó en los múltiples errores de los primeros meses de la ocupación, en los que toda la alegría con la que los iraquíes habían recibido a los marines se transformó en amargura, rencor y finalmente desprecio. La gran lección para una potencia militar tan poderosa como Estados Unidos está clara: no basta con aplastar al enemigo; hay que ser capaz de ayudarle eficazmente a levantarse de nuevo.

El debate sobre las armas de destrucción masiva jamás encontradas no puede enturbiar eternamente el auténtico perfil de un conflicto en el que se jugaba mucho más que la caída de un siniestro dictador con ambiciones de imponerse como una potencia regional destinada a desestabilizar a sus vecinos. Saddam Husein era un gobernante que mantenía sometida a la mayoría chií de la población, que gaseaba inmisericordemente a aldeas enteras de kurdos y que castigaba a todos sin distinción, a cuenta de sus estados de ánimo. Que el Irak que conocemos hoy no sea todavía un país estable y seguro no quiere decir que lo fuera en tiempos en que era gobernado por la mano de hierro de Sadam. La diferencia es que ahora el camino hacia la libertad y la prosperidad es posible, aunque todavía lejano. Al final, el balance de la guerra estará en manos de los propios iraquíes. Obama quiere lavarse las manos con la esperanza de que sea lo mejor para la seguridad de Occidente, pero él tampoco sabe si después de esta retirada de las tropas de combate la situación empeorará a causa de los ataques terroristas. Su opción es clara: unos Estados Unidos retraídos sobre sí mismos, con poca voluntad de ejercer ningún papel dominante en el mundo. Otras fuerzas con voluntad global se alegran de ello.

ABC - Editorial

jueves, 19 de agosto de 2010

La mentira inverosímil. Por Hermann Tertsch

Sólo la pretensión de presentar al PP como fuerza traidora y antiespañola mantiene vivo el ánimo de los socialistas.

ESTÁN de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones. E inventarse teorías peregrinas que producen hilaridad. Se trata de un arma arrojadiza que ni siquiera alberga pretensiones de engañar, por lo absurdo de sus postulados. Si nunca existió la veracidad en el discurso socialista ante la crisis —la económica, la institucional, la política y todas las que sufrimos tras seis años de zapaterismo—, ahora llega despojado de toda verosimilitud. Sus soflamas ni son verdad ni pretenden serlo. Quizás el ejemplo más claro de esa impotencia agresiva se dio cuando De la Vega acusó al PP de querer que España perdiera en el Mundial de Fútbol. Todos los españoles saben que tal afirmación es mentira. Y la vicepresidenta sabe que lo saben. Da igual. Porque el titular es el ataque no el argumento. Ante el deterioro de la situación en todos los frentes del Gobierno, la proximidad de diversas elecciones y el cada vez más probable hundimiento del inmenso chiringuito clientelar socialista —tanto en Madrid como en varias autonomías—, se extiende el pánico de todo un aparato que tiene miedo. Pero no ya al futuro de sus astracanadas ideológicas y su experimentación social, sino al de sus lentejas o su Audi A8, su sueldo y la lealtad de benefactores y beneficiados. ¿Dónde buscarán cobijo cuando se les eche encima la precariedad y la angustia que tanto han ayudado a generar? ¿En la iniciativa privada? Habrán de tener mucha suerte en lo que para la mayoría de los socialistas con cargo, empezando por el presidente, es territorio ignoto.

Ante semejantes perspectivas muchos de los damnificados se muestran dispuestos a todo. Y es casi lógico que los titulares de los boletines de la feligresía socialista también hayan renunciado a la verosimilitud. No les ruborizaba denunciar una conspiración del PP contra la selección o su supuesta satisfacción ante la penuria económica. Ahora intentan presentar la crisis melillense, provocada por el régimen marroquí con el que tan íntimas y excelentes relaciones dicen tener, como resultado de insidias de la oposición. Y presentan las visitas a Melilla de dirigentes del PP como generadoras de la tensión. Saben que es mentira. Saben que todos saben que es mentira. Pero da lo mismo. Sólo la pretensión de presentar a la oposición como fuerza traidora y antiespañola mantiene vivo el ánimo de quienes han fracasado en todos sus objetivos políticos. Algo se le puede criticar al PP. Que no hayan estado ya todos sus dirigentes, Rajoy a la cabeza, en una Melilla que sufre un nuevo ensayo general de sitio. Para compensar la infinita vergüenza de que aún no haya puesto allí pie ningún ministro español. Parecen ya tan exhaustos que no tienen fuerzas ni para su especialidad del engaño.

ABC - Opinión

Estupidez y maldad. Por Edurne Uriarte

Cuando un problema fronterizo estalla públicamente, Melilla, la izquierda gobernante se esconde. Algunos ministros, Moratinos, desaparecen, los otros, Rubalcaba, retrasan las reuniones.

Con esas dos palabras, estupidez y maldad, calificaba este martes al sarkozysmo el líder de Europa Ecología Daniel Cohn-Bendit en entrevista de gran despliegue en «Le Monde». ¿Motivos de la durísima descalificación? Las políticas contra la inmigración ilegal de Sarkozy, la expulsión de los sin papeles, los gitanos asentados en poblados ilegales, en este caso, y la propuesta de retirada de la nacionalidad a los delincuentes.

La entrevista y el debate francés son una buena referencia para lo que está ocurriendo en España, ahora en Melilla. Con una sola diferencia, que en España manda la izquierda y que en Francia lo hace la derecha. Pero resulta que aquí la izquierda aplica políticas semejantes a las francesas, Rubalcaba expulsa a todos los sin papeles que puede. Ahora bien, nuestra izquierda lo hace en secreto o, al menos, en silencio. Y cuando un problema fronterizo le estalla públicamente, caso de Melilla, la izquierda gobernante se esconde. Algunos ministros, Moratinos, desaparecen, los otros, Rubalcaba, retrasan las reuniones para dar a entender que no pasa nada, y las otras, Aído, hablan sólo cuando la presión pública se les hace insoportable.


Y se esconden porque tienen miedo a los Cohn-Bendit de turno, a esa izquierda radical o alternativa que les acusa de hacer las mismas políticas que la derecha en fronteras e inmigración. Y aún tienen más miedo a sus propias contradicciones. A las derivadas de unos cuantos años de discursos sobre la xenofobia de la derecha que han acabado en la aplicación de exactamente las mismas políticas, cuando a la izquierda le ha tocado gobernar. Controlan con dureza la frontera en Ceuta y Melilla, como no podía ser de otra manera, mientras descalifican la política de Sarkozy o la nueva ley contra la antiinmigración ilegal de Arizona. Y cuando quedan en evidencia… resulta que la tensión es obra del PP.

ABC - Opinión