martes, 7 de junio de 2011

Lo difícil viene ahora

A los victoriosos conservadores portugueses les toca ejecutar un drástico ajuste económico.

Ganar las elecciones portuguesas parece haber sido lo fácil para el primer ministro electo, Pedro Passos Coelho, a juzgar por los 10 puntos de ventaja de su partido conservador (PSD) sobre los socialistas de José Sócrates, última víctima de la crisis de la deuda en la eurozona, que ha tirado la toalla al frente del partido y quizá de la política. Las elecciones anticipadas del domingo -con una abstención histórica y a solo año y medio del comienzo de la legislatura- han laminado a los socialistas en 17 de los 20 distritos del país vecino, tras seis años de Gobierno. El vuelco al centro-derecha, que ha obtenido sus mejores resultados en 20 años, se ha producido tanto en comarcas rurales como en zonas urbanas donde la izquierda era tradicionalmente relevante.

Tampoco debería ser difícil para el victorioso líder opositor poner en pie un Gobierno de coalición con sus aliados tradicionales democristianos del Centro Democrático Social. Ambos partidos, PSD y CDS, suman 129 escaños, lo que les otorgará el control holgado del Parlamento de Lisboa, con 230 asientos. Passos Coelho ha anunciado que estará en condiciones de formar Gabinete rápidamente, quizá esta misma semana, en cuanto obtenga el plácet del presidente Aníbal Cavaco.


Portugal, inmerso en una formidable crisis económica, es un país intervenido por sus prestamistas europeos y del FMI. Si las elecciones parlamentarias han puesto un rotundo final a meses de incertidumbre política, tras el colapso del Gobierno minoritario socialista en marzo pasado, incapaz de hacer aprobar su último paquete de austeridad, al nuevo Ejecutivo conservador le toca la ingente tarea de poner en marcha las drásticas medidas exigidas por la Unión Europea y el Fondo Monetario el mes pasado, como acompañamiento de su fondo de rescate de 78.000 millones de euros.

La receta impone a Lisboa condiciones tajantes para reducir su enorme déficit y deuda, como son el aumento de impuestos y grandes recortes del gasto. Y no solo. El acuerdo de tres años incluye reformas profundas en ámbitos como la sanidad, la educación o la justicia. La ejecución de alguno de esos compromisos toca la Constitución, para cuyo cambio se necesitan dos tercios del Parlamento y, por tanto, la colaboración opositora. Sería un signo de clarividencia que el próximo Gabinete incluyera a algún miembro del Partido Socialista, que negoció el plan de rescate.

Pedro Passos Coelho, sin experiencia de Gobierno, se dijo ayer absolutamente comprometido con los términos del préstamo a Portugal. Ha sugerido incluso que podría ir más allá para sanear definitivamente la economía. No será fácil, sin embargo, aplicar cirugía radical a un país en recesión y con el mayor nivel de paro en tres décadas. El éxito de las reformas políticas o económicas se calibra a posteriori. Y está por verse con qué decisión y rapidez se adoptan las medidas más impopulares; y, sobre todo, cuál es la reacción de un cuerpo social ya maltrecho.


El País - Editorial

Luz y taquígrafos sobre el despilfarro

Ahora que volverá a circular el oxígeno en el sobrecargado ambiente de una Junta de Comunidades que los socialistas creyeron de su propiedad, el PP no puede ni debe mirar hacia otro lado.

Hace bien el Partido Popular de Castilla-La Mancha al denunciar las turbias maniobras de José María Barreda en estos sus últimos días al frente del poder autonómico. María Dolores de Cospedal no puede permitirse el lujo de ceder ni un solo milímetro si pretende llevar al terreno de la práctica sus promesas regeneracionistas. Castilla-La Mancha no ha conocido más Gobierno que el socialista, primero con José Bono y luego con José María Barreda. A lo largo de los últimos 28 años, casi tres décadas de mayorías absolutas encadenadas, el PSOE de Castilla-La Mancha ha forjado un régimen de partido único en el que, según los indicios y la propia denuncia del PP, todo desafuero ha encontrado acomodo.

Ahora que ha llegado el momento del cambio, ahora que volverá a circular el oxígeno en el sobrecargado ambiente de una Junta de Comunidades que los socialistas creyeron de su propiedad, el PP no puede ni debe mirar hacia otro lado. Y no por una cuestión de venganza, sino de simple y llana higiene democrática. Sería, además, la mejor de las credenciales que el Partido Popular puede ofrecer a la ciudadanía de cara a las próximas elecciones generales.

Una vez denunciado el despilfarro, las irregularidades y los disparates en la gestión de la cosa pública, la nueva presidenta de la comunidad debería poner todo su empeño en reflotar la maltrecha economía local, devastada por los sucesivos Gobiernos socialistas. El desempeño económico de Castilla-La Mancha no es precisamente un ejemplo. El gabinete Cospedal tiene por delante una tarea titánica de saneamiento que debiera empezar por reducir drásticamente un desbocado gasto público que imposibilita de raíz cualquier tentativa de recuperación.

Ganar las elecciones era sólo el principio y acaso lo más sencillo. Ahora viene lo difícil. Cospedal, que es también secretaria general del PP, no puede fallar a sus electores y confiarse a un falso consenso que los votantes no terminarían de entender.


Libertad Digital - Editorial

El nacionalismo exporta problemas

La conflictividad provocada por la Generalitat empeora la percepción sobre la capacidad del Estado para enderezar el rumbo del déficit.

EL desafiante conflicto fiscal que el Gobierno catalán tiene planteado al Estado con su déficit público para no rebajarlo sin ayudas —con el objetivo de un concierto similar al vasco— ha llevado a la agencia Moody's a describir un sombrío panorama para la economía catalana y, por extensión, la española. Tampoco sería prudente tomarse los criterios de Moody's como un dogma de fe, porque estas agencias de calificación no siempre han acertado en sus pronósticos. Pero sus evaluaciones marcan el mercado financiero y la advertencia sirve como medidor de la imagen que transmite al extranjero el desajuste autonómico, en general, y el enfrentamiento del Ejecutivo catalán con el Estado, en particular.

Junto a una más que comprensible y necesaria política de restricción y ajuste, el Gobierno de Artur Mas ha emprendido una dinámica de conflictos que fuera ya no se interpreta sólo como un problema del Estado autonómico, sino como un problema de Cataluña consigo misma. En un tiempo de crisis que exige homogeneidad fiscal, soluciones comunes y decisiones colectivas, la conflictividad provocada por el nacionalismo mueve a la perplejidad y empeora la percepción sobre la capacidad del Estado para enderezar el rumbo del déficit de las administraciones. No es gratuito que Moody's dude de que el Ejecutivo central tenga «instrumentos eficaces para garantizar el cumplimiento fiscal en los gobiernos regionales» y que pida «techos de gasto obligatorios». La puesta de este mensaje en circulación por los mercados financieros es una pésima noticia para la economía española, y peor aún para la catalana, porque previene de falta de liquidez y retrasos en los pagos a proveedores por parte de la Generalitat. Claramente, no es el momento para estrategias nacionalistas de corto alcance, sino para políticas nacionales de Estado.

Este toque de atención es coherente con la suma de actitudes insolidarias del Ejecutivo de Mas. Negarse a cumplir las sentencias del Supremo sobre bilingüismo o cuestionar la llegada del AVE a Extremadura son torpes y graves síntomas de desafección con la realidad española. Poco sentido tiene pedir la solidaridad de Bruselas con sus multimillonarios fondos de rescate si la organización autonómica del Estado es una excusa para promover la insolidaridad entre territorios y gobiernos autonómicos.


ABC - Editorial

lunes, 6 de junio de 2011

Evita Rubalcaba. Por Fernándo Sánchez Dragó

ENCABEZAMIENTO

Hace tiempo que el peronismo dejó de ser un sustantivo argentino para convertirse en un adjetivo iberoamericano. Dada la asombrosa, casi inhumana capacidad de fascinación verbal de los rioplatenses occidentales, las cuatro generaciones que lleva Argentina bajo la ruinosa bota de los peronistas han alumbrado, paradójicamente, uno de los dos modelos retóricos del subdesarrollo inducido. El otro es el castrismo, que tuvo en otro argentino, Ernesto Guevara, el modelo estético de una dictadura más larga y sanguinaria que ninguna otra. Pero ambos, Cuba y Argentina, son la prueba de que los países más prósperos del mundo pueden convertirse en los más miserables y fallidos si padecen un socialismo pertrechado de demagogia o una demagogia adobada de socialismo.

Desde que Evita se convirtió en musical de Broadway, los aspectos más genuinamente demagógicos del peronismo se sentimentalizaron hasta extremos delirantes y, por ende, universales. La ridícula mixtura de Evita y el Che sobre el escenario -un ídolo pronazi y un ídolo postcomunista- fue más allá del Pacto Hitler-Stalin o Molotov-Von Ribbentrop. Tal vez porque, para llegar vivo al siglo XXI, al socialismo totalitario del siglo XX le sobraron muertos y le faltó cursilería, le sobró un plan de dominación mundial pero le faltó guerracivilismo. Los Castro caerán, pero los peronistas siempre logran que caigan los demás. Por eso, el PSOE erró al tomar como modelo el PRI. El Justicialismo le pega más.

Rubalcaba ha empezado su campaña presidencial en plan Evita con barbas, atacando la «especulación» en el mundo financiero. Tiene bemoles, ver atacando a la Banca al vicepresidente de un Gobierno que ha presumido de tener «el mejor sistema financiero del mundo», que luego ha organizado el rescate bancario más caro de la Historia y que ha eternizado el despilfarro y la corrupción política en las Cajas de Ahorro. Pero si se trata de cortejar a la extrema izquierda, ese discurso que mezcla los Protocolos de los sabios de Sión y el Libro Verde de Gadafi, la lucha obamiana contra la Codicia y la peronista contra la Sinarquía Internacional, podría funcionar. De momento, las encuestas anuncian que el fracaso en el 2000 del PSOE de Almunia, cuando se echó a la izquierda con la IU de Frutos y facilitó la mayoría absoluta de Aznar, se repetiría. Pero si Rubalcaba se afeita y se pone una peluca rubia, a saber. Sería la caraba, Evita Rubalcaba.


e-pésimo (El Mundo) - Opinión

Rajoy. El PP necesita ganar. Por Agapito Maestre

Rajoy, en mi modesta opinión, tendría que decir algo nuevo, más allá de las críticas generales a la falta de credibilidad del PSOE, para alcanzar la mayoría absoluta.

Las encuestas siguen dando una ventaja de 14 puntos al PP con respecto al PSOE. Creo que ratifican lo sucedido el 22-M. Los resultados de este proceso electoral siguen dando lugar a cientos de interpretaciones. La más elemental extrapola los datos de esas elecciones a unas generales y, sin parar mientes en la diferencias entre esos procesos electorales, concluye que el PP ganará al PSOE. Puede ser. Sin embargo, son muchos los estudios demoscópicos y políticos que cuestionan tales conclusiones. La cosa es compleja, porque en política siempre se empieza de cero; algo que le cuesta comprender a Rajoy, porque él sigue diciendo lo mismo que antes del 22-M, aunque la gente pide algo más.

Naturalmente, no seré yo quien cuestione dos grandes lecciones del 22-M: en primer lugar, nadie puede negar que los españoles, incluido el millón y medios de ciudadanos que ha dejado de votar a los socialistas, han querido expulsar a Zapatero del sistema. La segunda gran lección, en mi opinión, ha sido darle la palabra a Rajoy para que nos cuente pormenorizadamente su proyecto. Rajoy, sí, tiene la palabra de aquí a las generales para convencer a millones de votantes de sus propuestas y alternativas, es decir, Rajoy tiene que generar más confianza en su persona y su proyecto, porque nadie le asegura que los 14 puntos de diferencia que le sigue sacando al PSOE puedan traducirse en una mayoría absoluta.


Porque el PP necesita ganar las próximas elecciones generales, su presidente debería dar un salto cualitativo que le llevará a forzar unas elecciones anticipadas y, sobre todo, a dar un nuevo ánimo a sus seguidores. Rajoy, en mi modesta opinión, tendría que decir algo nuevo, más allá de las críticas generales a la falta de credibilidad del PSOE, para alcanzar la mayoría absoluta. No se trata de cambiar el carácter de Rajoy, sino de la necesidad de un nuevo discurso del PP para ilusionar a sus votantes y sumar a los abstencionistas e indecisos. Harían bien cientos de cuadros del partido, cientos de periodistas y otros miles de afiliados, que necesitan que gane el PP, recordárselo a su líder: es menester dar el salto. Decir algo nuevo. El consejo no sólo serviría para mejorar los gobiernos personales de esos actores políticos, sino para dar otro ánimo a millones, casi mayoría, de ciudadanos que contemplan el triunfo del PP como una necesidad para el mantenimiento de este débil tejido democrático.

Digo esto no tanto porque yo desconfíe personalmente de Rajoy, creo que lo haría naturalmente mejor que Zapatero, sino porque el "espíritu colectivo" sobre el liderazgo del PP no ha cambiado demasiado. No es demasiado ilusionante. En fin, puede que gane Rajoy, pero la gente sigue viéndolo con cierta desgana o desanimo, a pesar de que en los últimos días trata de concretar sus propuestas especialmente en el ámbito de la educación y la sanidad pública.


Libertad Digital - Opinión

“Creo saber qué hacer los próximos cuatro años”. Por Roberto Centeno

La frase pronunciada por el nuevo jefe de gobierno “de facto” no tiene desperdicio. Sabe lo que tiene que hacer para salir de la crisis y, además, con más moral que el Alcoyano, piensa ganar las elecciones Es decir, un grado de cinismo y fantasía, que superan lo imaginable. Hombre, D. Alfredo, si sabía lo que había que hacer, ¿por qué no lo puso en práctica en los últimos tres años en los que ha cogobernado España junto a Zapatero? Claro que D. Alfredo piensa que los españoles somos tontos, y que la mentira, la demagogia y la ironía descalificadora es lo que más les va. Además, es que no sabe hacer otra cosa. De economía no tiene ni la menor idea y no quiere más medidas que le perjudiquen electoralmente; la reforma del mercado de trabajo, que aprobarán el viernes, será una chapuza infecta redactada por Méndez y Toxo

Pero, ojo con el personaje, no sólo no es un descerebrado como Zapatero, es además el jefe la Policía, donde 7.000 incondicionales nombrados a dedo le garantizan un grado de control y lealtad absolutas, nada que ver con el pardillo de Acebes, a quien destruyeron 90 toneladas de pruebas del 11-M delante de sus narices y ni se enteró. Pero sobre todo, es jefe de los servicios de inteligencia, sabe todo de todos, y no sólo lo sabe, es que también está dispuesto a utilizarlo sin contemplaciones, y en un país lleno de chorizos, mangantes y ladrones de guante blanco, tanto en la política, como en las empresas o los medios, eso tiene enorme valor. Muchos piensan que ha cometido un error y las encuestas así lo atestiguan con rotundidad, pero el cree poder darles la vuelta.


Rubalcaba es un hombre contradictorio. Para los que no le conocen y para los amigos, es una persona amoral, pero temible, capaz de cualquier cosa para llegar al poder. Para los que le conocen, sobre todo ex compañeros de Gobierno, es un enredador de corto recorrido, incapaz de diseñar una estrategia de futuro coherente, y con mucha menos solidez de la que se le atribuye. Felipe González, cuando era portavoz, ni se le ponía al teléfono. Recuerdan también que o él o sus apadrinados han perdido siempre las elecciones. En todo caso, lo indiscutible es que Rubalcaba, representa la vuelta al pasado, carece de propuesta de futuro alguna, pero tiene un plan diabólico que podría funcionar, basado en dos líneas de acción: la primera, movilizar al electorado socialista que no les votó el 22-M, y hacerse a la vez con el control de la calle aliado con el 15-M; la segunda reeditar el Frente Popular con comunistas, nacionalistas mercenarios, separatistas y filoterroristas, que para eso ha legalizado a esa banda de asesinos.

Para lo primero, piensa ir al enfrentamiento radical contra el PP, y movilizar la calle con el 15-M, cuyos líderes controla, como fuerza de choque contra el sistema, es decir, contra el PP y los banqueros, culpables de todos nuestros males, aplastar a los moderados y repetir el 13 y 14-M a gran escala. En lo segundo, cederá a separatistas y filoterroristas lo que haga falta, aunque destruya España, y con los mercenarios de CiU ya ha pactado que les dará los 1.500 millones que exigen porque sí, y si hay que parar el AVE a Extremadura se para, y que ahora no, pero en cuanto gane las elecciones (sic) les concederá el tributar por un cupo como el País Vasco, un saqueo de España tan brutal, que sería infinitamente mejor desde un punto de vista económico, conceder la independencia a Cataluña y vetar totalmente sus productos y sus empresas. Fiscalmente, las compras a las multinacionales de farmacia y alimentación radicadas en Cataluña no se sostendrían, sería mucho más rentable comprar directamente a las filiales europeas.

“Aznar es el culpable de la crisis con la Ley del Suelo, ¡decídselo a todos!”.

En línea con lo anterior, su primer acto como aspirante el pasado miércoles en Sevilla, ante cientos de militantes, afirmó con toda la mendacidad y el cinismo del mundo, “esta crisis no la ha fabricado el PSOE, nosotros solo nos la hemos comido, lo que vamos a hacer es demostrar que esto viene de Aznar con la Ley del Suelo, eso es lo que le tenéis que explicar a la gente”, y cuando los alcaldes le pedían dinero porque ya no podían pagar a los proveedores y pronto no podrán pagar las nóminas, les decía: “Os pido que aguantéis, ya llegará más dinero, pero quedan dos añitos duros”.

El segundo acto fue el viernes, su primer Consejo de Ministros como Jefe de Gobierno “in pectore”, donde lanzó un insólito ataque a los banqueros, a los que tilda de especuladores que juegan con el dinero de los ciudadanos, y se muestra dispuesto a meter en vereda a estos malvados capitalistas, algo realmente grandioso, ya que España había sido apercibida por Bruselas por ser el único país que no limitaba los escandalosos sueldos de algunos banqueros, ahora se hace y Rubalcaba se arroga el papel de defensor de los ciudadanos, con toda su cara. Y el tercer acto es culpar del crecimiento exponencial de la deuda, a las CCAA y Ayuntamientos del PP. El País explicaba el viernes que el 25 % de la deuda sanitaria es culpa de la Comunidad Valenciana, y ejemplos de despilfarro no le van a faltar.
«Lo indiscutible es que Rubalcaba, representa la vuelta al pasado, carece de propuesta de futuro alguna, pero tiene un plan diabólico que podría funcionar.»
Y entre demagogia y promesas vanas, sin buscar solución de nada, España se encuentra de nuevo en manos de los dioses. Zapatero está prácticamente desaparecido, y cuando aparece como si fuera un zombie, vive en otra dimensión, ha perdido completamente, si es que alguna vez lo tuvo, el sentido de la realidad. “Dicen que mentí negando la crisis, engañando a los españoles, es completamente falso”, “la crisis del pepino se ha gestionado magníficamente”. Rubalcaba está de campaña buscando “amor y cariño”, pues como dijo Blanco, “todo el mundo le quiere”, hasta el Pato Donald ama a Rubalcaba. Y el resto del gobierno se encuentra ocupado a tiempo completo, en tratar de salvarse de la gran purga que se avecina.

Mientras tanto, los ingresos del Estado han caído un 11,9 %, y porcentajes muy superiores los de CCAA y Ayuntamientos donde el pago de las nóminas se hace cada vez más difícil. Pero eso no es nada comparado con lo que van a caer en los próximos meses, cuando las comparaciones se realicen con las enormes subidas de la recaudación por IVA del pasado año, el desplome de ingresos puede acercarse al 20 %. Y luego los gastos, eliminando el efecto de las transferencias por el nuevo modelo de financiación autonómica, que reduce las mismas a la mitad mientras aumenta la participación en los ingresos, han bajado solo un 6 %, y los de CCAA y Ayuntamientos no han parado de subir. La supuesta bajada de los déficit en la mitad de las grandes capitales es un puro camelo, en la mayoría es consecuencia de no reconocimiento de deudas – facturas al cajón- y ocultación del déficit en empresas públicas, consorcios y fundaciones, y en las CCAA donde los gastos reconocidos crecen un 5 % cuando deberían haber bajado un 7 % tal como habían presupuestado.

Recordaba Carlos Sánchez el miércoles que la variable clave de las cuentas publicas, es “la suma del déficit de caja y la variación neta de activos financieros, 32.000 millones de euros”, hoy son ya 36.000 millones, seis veces mas que el déficit en contabilidad nacional con el que Sra. Salgado pretende engañar una vez mas a los españoles, a los mercados y a los agentes económicos. Cuando lo comprometido con Bruselas era de 24.000 millones para todo el año, dicen en Economía sin que les tiemble la voz, que esto es solo por precaución, que han demandado más dinero del necesario para tener un colchón. Si fuera así solo sería una mala gestión de la tesorería, ¿a quién se le ocurre endeudarse para meter el dinero en un cajón?, pero no lo es, es incluso menos de lo necesario, se han transferido 18.000 millones del colchón al BdE que los necesita desesperadamente para evitar la debacle, y no solo eso sino muchísimo más. A lo que se añade el desplome de la balanza de pagos, cuya necesidad de financiación ha subido en el primer trimestre un 14,9 % más, hasta los 16.000 millones de euros.

Mariano propone un plan austeridad y Alfredo ‘se chotea’

D. Mariano llevaba seis meses sin nada importante que decir, pero el miércoles reunió a sus barones y baronesas, y después de una larga reunión con ellos, planteó un documento de siete hojas con recortes de casi todo, un buen comienzo aunque ahora hay que aplicarlo. Durante el almuerzo preguntaría, “¿es verdad que se paga a 600 días en la Sanidad?, ¡si lo sabrá Camps que estuvo todo el tiempo callado como un muerto! Feijóo diría: “Es verdad, se paga a 600 días”, y lo peor, cifraría en 15.000 millones la deuda sanitaria oculta. Ramón Bauzá el nuevo presidente de Baleares que es farmacéutico, explicó que a partir de septiembre ya no se podrá pagar a las farmacias, y ante los periodistas afirmaría que habrá graves dificultades para pagar los sueldos.

Pero Cospedal fue mucho más allá, al afirmar que “Castilla- La Mancha está en quiebra total, no puede pagarse la nómina a los 76.000 funcionarios y adeuda 2.000 millones”, mientras los socialistas no paran de destruir pruebas en los feudos perdidos, escondiendo y quemando papeles, como cuando los aliados entraron en la Alemania nazi en 1945. Y mientras tanto, Rubalcaba, el rey de la gracieta, ridiculiza el plan de austeridad de Rajoy, y afirma con toda su cara que “todas las autonomías cumplirán con el déficit”. Pero hombre, D. Alfredo, cómo puede tener usted tanta cara, se suponía que era más serio, ¿no le dijeron sus mercenarios aliados Mas y Lleida en la cena, que ellos no van a cumplir y que su déficit será al menos el doble del previsto?, y el camarada Griñán ¿no le dijo en Sevilla lo mismo?

Además, vuestro cuate MAFO, que ha cometido todas las tropelías imaginables por vosotros, acaba de afirmar que 9 de 17 autonomías no han cumplido los objetivos de déficit, y que o reducen drásticamente el gasto, eso que pretende Mariano y de lo que usted se chotea, o estamos acabados. Este va a ser el gran campo de batalla en las próximas semanas, afloramiento de deudas ocultas, posibilidad de no poder pagar las nominas en infinidad de lugares y lo más importante, ¿qué van a hacer los mercados cuando tomen conciencia?


Cotizalia - Opinión

Rubalcaba. Más te valoro, menos te voto. Por Emilio Campmany

Zapatero está desatado, y no para de hacer y de decir zapateradas, y Rubalcaba se cree que puede ganar unas elecciones rubalcabeando, que es lo único que sabe hacer.

El efecto Rubalcaba ha durado lo que una comisión en un pleno municipal, un suspiro. El PP está trece puntos por delante del PSOE. Sin embargo, a los socialistas les cabe el orgullo de haber acertado a poner al frente de sus filas al político más valorado. ¿Es realmente un acierto? La experiencia enseña que en España, si eres político y te valoran, no te votan. El electorado español hace con los políticos lo que se hace con los amantes a los que se quiere dejar, decirles que se les quiere mucho y darles puerta

Adolfo Suárez, durante su estancia en el CDS, en tránsito hacia su retiro, lo dijo muy gráficamente: "Queredme menos y votadme más". Y el españolito de a pie no hacía ni caso. Cada vez quería más a Adolfo Suárez y cada vez lo votaba menos. Con Julio Anguita pasaba algo parecido. A Anguita se le valoraba muchísimo, pero el electorado de izquierdas insistía en preferir a Felipe González, al que no querían nada, pero al que seguían votando con mascarilla. Es verdad que los que ganan sus primeras elecciones, al poco de hacerlo, son también muy bien valorados. Pero eso es porque a todos nos gusta sentirnos partícipes del éxito. Y, en cualquier caso, el sarampión pasa pronto y el vencedor pierde enseguida el cariño de los electores, aunque el voto tarda mucho más en desertar.


Así que, lo primero a lo que hay que aspirar en este país mágico, si quieres ganar elecciones, es que los electores no te valoren mucho. Si se entusiasman contigo, es que ni por un momento te quieren ver en el puente de mando. Pasa un poco lo mismo con los del 15-M, que a la gente le encanta sentirse tan indignada como ellos y mostrarle su simpatía, incluso darle su apoyo de boquilla, pero que se presenten a unas elecciones y verán en qué queda tanto amor, no les votarán ni sus madres.

La alta valoración que logra Rubalcaba en las encuestas deriva directamente de su puesto de ministro del Interior. Tener que brear con la ETA o lo que sea hace que, en España, el ministro de la Policía sea siempre muy valorado. Y, sin embargo, no parece Interior el ministerio ideal para saltar a la presidencia del Gobierno. A Corcuera lo valoraban muchísimo y a nadie en el PSOE se le ocurrió jamás hacerle candidato a La Moncloa.

El caso es que todo apunta a que, en 2012, si insisten en agotar la legislatura, los socialistas se van a dar un batacazo de muerte. Zapatero está desatado, y no para de hacer y de decir zapateradas, y Rubalcaba se cree que puede ganar unas elecciones rubalcabeando, que es lo único que sabe hacer. Como lo sigan valorando tanto, se va a dar un trastazo de los que hacen época. Al tiempo.


Libertad Digital - Opinión

El triunfo del corazón. Por José María Carrascal

Frente a la filosofía imperante en España de que las cosas nos vienen regaladas, Nadal nos mostró que hay que ganarlas.

¡VAYA lección de pundonor ha vuelto a darnos Rafael Nadal a los españoles! Tras el «partido del siglo» que Federer y Djokovic libraron el viernes, con el triunfo del primero exhibiendo un tenis como los ángeles, caso de que los ángeles jueguen al tenis, Nadal, aun reconociendo que el suizo es «el mejor jugador de la historia», no se amilanó, le plantó cara y terminó derrotándole contra todo pronóstico y un público abiertamente en contra. Lo hizo a base tesón, de voluntad, de sudor, de no dar ningún punto por perdido y recorriendo esa «milla extra» que según los norteamericanos es la que proporciona las victorias. Cuando ya todos los analistas deportivos daban por perdido su número uno mundial y bastantes incluso le colocaban ya en el tercer puesto del ranking, Rafael Nadal volvió a sus fueros, demostrándonos que en el tenis, como en todo en la vida, lo más importante es el corazón, la entrega, la confianza en uno mismo y la perseverancia inquebrantable.

Ningún discurso de un político, ningún eslogan electoral ni artículo periodístico es tan elocuente como la lección que Nadal dio nos ayer sobre la arcilla roja parisina. El gobernador del Banco de España acaba de advertirnos muy seriamente que el imperativo del día es la frugalidad y la laboriosidad, únicos caminos para salir del agujero en que nos encontramos. Y no sólo por nosotros, como han señalado otras autoridades económicas mundiales, Paul Volcke entre ellas, sino también por Europa, por el euro, ya que España es «la línea roja» que no puede traspasarse, pues, en efecto, no somos Grecia, ni Portugal, ni Irlanda, somos mucho más grandes, y si caemos nosotros, se cae viene abajo todo el tinglado europeo.

Tal vez suena enfático e incluso exagerado, aludir al ejemplo del Nadal en estas circunstancias, pero no lo creo en absoluto. El tenista mallorquín llegó a Roland Garros desahuciado como número uno del mundo y dado como seguro perdedor ante un Djokovic, «que lo ganaba todo», y ante un Federer que había recobrado su forma mágica. Pero Rafael Nadal se dispuso, sin alardes ni falsas expectativas, más bien humildemente, a hacer el recorrido, que resultó un víacrucis para él, pues ya de entrada estuvo a punto de caer ante un gigantón norteamericano en su día de gracia. Tampoco lo tuvo fácil en los siguientes encuentros, que le costó ganar. Pero en cada uno de ellos jugó mejor que en anterior y así, paso a paso, callada y esforzadamente, llegó a la final, y la ganó. Esto es no suerte. Esto es conquistar la suerte. Frente a la filosofía imperante en España durante los últimos años de que las cosas nos vienen regaladas, Rafael Nadal nos mostró que hay que ganarlas. Y que si se quieren de verdad, se ganan. Gracias de nuevo, Rafael.


ABC - Opinión

Rubalcaba, los sondeos, la izquierda y los acampados. Por Antonio Casado

Con la misma muestra (1.000), las mismas fechas del trabajo de campo (1-2 de junio) y el mismo margen de error (+ - 3,1 %) el periódico de tirios coincide con el de troyanos: 13,8 puntos de ventaja del PP sobre el PSOE. La irrupción de Rubalcaba como competidor “in péctore” de Rajoy en la lucha por la Moncloa ha tenido sobre los electores, según los sondeos publicados ayer, el mismo efecto que tuvo la evasión de Zapatero anunciada con diez meses de adelanto: cero.

Mal presagio anida en unos sondeos que ignoran totalmente el cambio de montura en el PSOE. Ni siquiera unas décimas, aunque sólo fuera a cuenta del efecto psicológico en un electorado que, por estar tan hundido, debería reaccionar al alza ante cualquier estímulo. Por endeble que sea el estímulo y por prematuro que sea la medición de su impacto en la opinión pública.

No es precisamente endeble el estímulo: colocar en el lugar de un Zapatero políticamente arrollado por los acontecimientos a un Rubalcaba que encabeza las escalas de valoración ciudadana de líderes y, por supuesto, las preferencias de la militancia socialista. Pero es posible que sea prematuro el cálculo de sus efectos cuando aún no había empezado su gira de aproximación a la desalentada militancia socialista (El trabajo de campo de estos sondeos coincide con el su primer desplazamiento, Andalucía, aún no reflejado en los medios de comunicación).


La militancia como correa de transmisión al no menos desalentado votante del PSOE. Talento, inteligencia, experiencia y capacidad de comunicación le sobran al vicepresidente del Gobierno y candidato socialista a la Moncloa pero se enfrenta a un potente intangible: la percepción generalizada de una irremediable barrida del PP en las próximas elecciones generales. La idea es despertar primero y fidelizar después al millón de votantes socialistas, más o menos, que militan en el pasotismo electoral o en la revuelta de los indignados.
«Talento, inteligencia, experiencia y capacidad de comunicación le sobran al candidato a la Moncloa pero se enfrenta a un potente intangible: la percepción generalizada de una irremediable barrida del PP.»
Para ese viaje no basta la capacidad de comunicación de Rubalcaba. Necesitará echar a las alforjas proyecto, ideas y programa. Con una doble mira. Por un lado, redefinir el socialismo español y actualizar la Socialdemocracia ¿Qué sentido tiene eso cuando ha desaparecido el irreconciliable y clásico enfrentamiento entre capital y trabajo? Y por otro lado, ha de ser generoso en compromisos y respuestas frente a los millones de españoles que comulgan con los acampados en las glorietas de nuestra geografía urbana.

Si Rubalcaba no conecta con ese malestar y sus causas, mal va a funcionar el despertador en la oreja de los militantes socialistas y, por contagio, los once millones de votantes logrados en 2008. Ese malestar denunciado ya hace quince años por Victoria Camps, catedrática de Ética y ex senadora socialista. Camps predicó entonces en el desierto (El malestar de la Vida Pública, 1996) sobre la desmoralización de la ciudadanía y lo que significa ser de izquierdas a estas alturas de la película. Ahora tiene el PSOE la oportunidad de recuperar su pensamiento sin necesidad de recurrir a Stephane Hessel (Indignaos).


El Confidencial - Opinión

Rubalcaba. La importancia de llamarse Alfredo. Por José García Domínguez

Desengañémonos, es lo que demandan las democracias dizque maduras: un Jimmy o un Tony –o un José Luis–, tipos vulgares con cierto aire juvenil y una expresión que no recuerde precisamente a Sócrates.

Alfredo, quiere que le digan Alfredo. En la última página de su magna Teoría General, sostenía Keynes que los hombres prácticos, esos sensatos burgueses que tanto desprecian a los intelectuales y se creen libres de toda influencia externa en sus ideas, suelen ser esclavos de un economista muerto. Aunque, como el propio Keynes, también eso comienza a ser historia. Y es que, ahora, acaso porque nada hay que no sea definitivamente empeorable, los gobernantes han devenido reos de un amo mucho más plebeyo: el asesor de imagen. En general, algún politoxicómano ágrafo extraído de los bajos fondos del mundo de la publicidad. Que no otro ha de ser quien le haya ordenado: "Tú serás Alfredo, y sobre esa piedra edificarás mi estrategia de proximidad emocional con el consumidor".

Por lo demás, igual que los castillos se construyeron para defender al individuo frente al Estado, los apellidos fueron creados con el afán de dignificar a los Alfredos que en el mundo han sido. Gracias a acceder un nombre doble –triple en España por mor de la pureza de sangre–, el siervo de la gleba se acercaba al noble, que disponía de una ristra completa, amén del escudo de armas. Justo lo contrario de cuanto el vulgo contemporáneo más desea: retornar al igualitarismo primigenio de la tribu. De ahí que los estadistas insistan en hacerse pasar por Tony o Jimmy al modo de cualquier gañancete. Como de ahí los incrementos de popularidad que experimentan si se revelan incapaces de manejar los rudimentos de la sintaxis.

Desengañémonos, es lo que demandan las democracias dizque maduras: un Jimmy o un Tony –o un José Luis–, tipos vulgares con cierto aire juvenil y una expresión que no recuerde precisamente a Sócrates. En el fondo, no solo se ansía borrar el menor rastro de grandeza o misterio en el Leviatán, también se aspira a desposeerlo de la más elemental dignidad. Tiempo de eunucos el que nos ha tocado vivir. A fin de cuentas, lo que Ortega creyó rasgo exclusivo de la miseria moral hispana, el resentimiento de la masa, constituye epidemia universal: nadie que levante alguna sospecha de inteligencia superior es tolerado ya. Por eso, Carme podía y Rubalcaba, por muy Alfredo que lo pinten, no.


Libertad Digital - Opinión

Los minutos basura. Por Ignacio Camacho

Encuestas inmóviles, Gobierno latente y economía estancada; los minutos basura del mandato huelen a otoño electoral.

HUELE a otoño electoral. Por más que Ru-balcaba, en flagrante ejercicio de presidente de hecho, se haya metido en prospecciones con los nacionalistas para sondear las posibilidades de agotar la legislatura, los socialistas hablan ya con naturalidad en privado de elecciones en octubre o noviembre. El Gobierno está en estado de vida latente, sin actividad ni pulso. Los presupuestos de 2012 ya no importan porque todo el mundo sabe que Rajoy los modificará si gana con un decreto urgente de congelaciones de gasto, y el deseo de Zapatero no cuenta porque la derrota de mayo y la proclamación del nuevo candidato lo han convertido en figura decorativa. Su poder se ha vuelto nominal en estos minutos-basurade un mandato que acabará, simplemente, cuando lo decida Don Alfredo.

La decisión del co-presidente va a depender, en esencia, de tres factores. Uno, la evolución de la economía y del empleo a la vuelta del verano. Dos, la posibilidad de consumar el llamado «final de ETA», el regalo de despedida con que sueña Zapatero. Y tres, el signo de las encuestas. El primero pinta pesimista. El segundo es una incógnita tan cerrada como todo lo que se esconde en el oscuro mundo del terrorismo. Y el tercero aún tendrá que decantarse; hasta dentro de tres meses no habrá indicios mínimamente estables sobre el impacto del candidato en la opinión pública. Por ahora no se detecta «efecto Rubalcaba» alguno, ni siquiera como novedad efervescente; la ventaja del PP permanece inalterable y con tendencia a agrandar la brecha. El electorado de la izquierda parece preso de una fuerte crisis de desencanto.


El punto clave es el panorama socioeconómico. Para aguantar diez meses el Gobierno necesita emprender más reformas, siquiera cosméticas, que eviten la presión de los mercados financieros. Cualquier avance por ese camino, por ligero que sea, chocará con los intereses electorales del PSOE. La intención dominante es no volver a apretar ninguna tuerca que duela a los ciudadanos, y eso puede ser imposible si la situación financiera europea se vuelve crítica o hipersensible por culpa del fiasco griego. El verano garantiza un alivio del paro tanto como el otoño un nuevo desplome por cese de los contratos temporales. En los niveles intermedios del Gobierno crece la sensación de que el nuevo curso empezará mal, con agobios de dinero público, y hay poca confianza en el crecimiento. Mientras más tiempo, más problemas.

Queda el asunto de ETA. Para Zapatero es la única posibilidad de salir con algo en las manos que no sea un doloroso fracaso, y para Rubalcaba una baza personal importante aunque su efecto electoral resulte bastante limitado. Ambos saben que no pueden esperar a la banda y tendrán que evaluar sus propios tiempos con el reloj en contra. La legislatura, en todo caso, está agotada; ya no habrá movimientos significativos. Si hay que apostar, apuesten por elecciones en otoño. Pero, como diría Rajoy, no se jueguen más de un euro.


ABC - Opinión

Portugal vota el cambio

Las elecciones legislativas de Portugal han sido uno de los últimos episodios de la lenta agonía de los gobiernos socialistas en Europa y, sobre todo, de sus fracasadas políticas contra la crisis. España y Grecia se quedarán como representantes de un socialismo europeo mayoritariamente censurado y reprobado por la ciudadanía. Después del colapso financiero del país heleno, Portugal ha sido el paradigma más cercano a España de las consecuencias de una gestión cimentada en el gasto y el déficit hasta extremos insoportables. Los adelantados comicios de ayer fueron el desenlace ineludible de un deterioro agudo de las finanzas lusas y de la debilidad política de una administración socialista en minoría que no pudo o no supo afrontar los compromisos de ajuste con Bruselas, que debía alejar al país del rescate. Tras el paso por las urnas, nuestros vecinos se enfrentan a uno de sus periodos más críticos, con un alto nivel de exigencia. Los grandes partidos portugueses respaldaron un compromiso con la «troika», formada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, para desarrollar el programa económico más duro que se recuerda en Portugal como condición indispensable para librar el socorro financiero de 78.000 millones de euros. El plan acordado establece severas medidas de saneamiento financiero, privatizaciones y ajustes del sector público. La más polémica es la reforma laboral, en la que la «troika» exigió reducir las indemnizaciones por rescisión de nuevos contratos indefinidos de 30 días a 10 por año trabajado. Las recetas socialistas son responsables directas de este colapso en las cuentas públicas, que presentan hoy un déficit del 9,1% del PIB y una deuda del 92,4% del PIB. Con una economía en recesión como está previsto para los dos próximos años, el desempleo del 12,4% no mejorará, como tampoco la quiebra de las empresas (1.700 en lo que va de año) o el endeudamiento doméstico, por no hablar de la situación de los dos millones de pobres con que cuenta el país. Lo que se viene encima de la sociedad lusa se traducirá en un ajuste dramático en los ingresos anuales de los hogares. Es un hecho ineludible. La izquierda portuguesa ha pretendido pasar por esta situación como si la responsabilidad fuera ajena, en una estrategia que nos recuerda milimétricamente a la actitud de los socialistas en nuestro país. Para el primer ministro, José Sócrates, después de seis años en el poder, fueron otros los que condujeron a Portugal a la intervención, y en ese discurso ha cimentado buena parte de su campaña electoral. El candidato del principal partido de la oposición de centro-derecha, Pedro Passos Coelho, junto al conservador Paulo Portas, del CDS, está comprometido con el proceso de reformas intensas que los socialistas no fueron capaces de llevar adelante. Tras los comicios, el reto es exigente y urgente. El segundo tramo del rescate del FMI y la UE, que debe llegar en agosto, está condicionado a una serie de medidas que no se podrán demorar. Portugal es un espejo en el que mirarse para entender que la alternancia política en España no debería esperar diez meses más como desean el Gobierno y el PSOE.

La Razón - Editorial

La Primavera Árabe se cobra su tercera cabeza

El peor escenario posible sería que el conflicto se siguiera enconando, se pasara a una guerra civil abierta y se sentaran las bases para la somalización del territorio, esto es, para que Al Qaeda pudiera campar y desarrollarse a sus anchas.

Hasta la fecha, la nota común que caracterizaba la Primavera Árabe en Túnez y Egipto había sido la no violencia, las revueltas pacíficas contra sus autocracias. Ben Alí y Mubarak habían abandonado el poder no porque fueran derrotados militarmente, sino porque las protestas ciudadanas, a las que no pudieron reprimir con el ejército, los doblegaron.

Por el contrario, en el caso de Ali Abdalá Saleh, el presidente yemení, ha sido la violencia de la facción opositora la que ha forzado su marcha. El pasado viernes, un ataque contra la mezquita presidencial dejó varios muertos y diversos heridos, entre ellos el propio Saleh. Tan deteriorado quedó su estado, que la televisión no se atrevió a emitir imágenes suyas tras el atentado, limitándose a lanzar una alocución presidencial en la que incluso su voz resultaba irreconocible. Así, este domingo a Saleh no le quedó más remedio que aceptar la oferta saudí de ser operado en sus centros hospitalarios: la violencia logró en Yemen lo que, hasta el momento, había conseguido la protesta pacífica en Túnez y Egipto.


Se trata, por desgracia, del enésimo episodio de la guerra civil de baja intensidad entre los diversos líderes tribales de Yemen. A diferencia de las vanguardias intelectuales de Túnez y Egipto, aquí nadie está reclamando más democracia, sino que solamente se persigue establecer unos nuevos equilibrios de poder en la región. Mal haríamos, pues, en preferir a unos sobre los otros, pues todos ellos persiguen sus propios intereses a costa de los del resto.

En este sentido, el peor escenario posible sería que, tras la salida de Saleh, el conflicto se siguiera enconando, se pasara a una guerra civil abierta y se sentaran las bases para la somalización del territorio, esto es, para que Al Qaeda pudiera campar y desarrollarse a sus anchas (la presencia de la organización terrorista ya es actualmente muy destacada dentro del inestable territorio yemení).

De momento, el vicepresidente del país, Abderabu Mansur Hadi, siguiendo el plan de pacificación diseñado por Arabia Saudí, parece haber alcanzado una tregua con el principal jefe tribal opositor, Sadeq al Ahmar, pero los enfrentamiento entre ambos bandos están lejos de haber cesado por entero. De momento, el país se encuentra en una situación de impass que puede evolucionar en cualquier dirección.

Será en las próximas semanas, una vez se hayan clarificado las intenciones de Saleh de regresar al Yemen y el desarrollo de la tregua entre Gobierno y Oposición, cuando se decidirá no sólo el futuro del país y de la zona (no cabe descartar que Arabia Saudí, al igual que sucedió con Bahrein, decida al final intervenir militarmente), sino también de la llamada Primavera Árabe, la cual, tras los casos de Libia, Siria, Bahrein y ahora Yemen, parece definitivamente abocada al conflicto militar abierto.


Libertad Digital - Editorial

El PSOE manchego rompe las reglas

En Castilla-La Mancha se están superando todos los límites de la mala fe, hasta tal punto que la política puede dejar paso a los jueces.

LA acusación del Partido Popular de que el Gobierno socialista en funciones de Castilla-La Mancha está destruyendo masivamente documentos existentes en dependencias oficiales se vio reflejada en las inequívocas fotografías que ayer publicó ABC. Esta denuncia coincide con la revelación, también por el PP, de la ruinosa situación económica de la administración castellano-manchega, que acumula mil millones de euros de pagos pendientes a ayuntamientos y decenas de millones en facturas a proveedores. La respuesta del Gobierno socialista en funciones ha sido lanzar una cortina de humo, con la suspensión del primer encuentro previsto para hoy con el PP para iniciar el traspaso de poderes. El presidente castellano-manchego, José María Barreda, va a poner fin a su mandato con una cadena de despropósitos que demuestra algo peor que un mal perder. Demuestra aparentemente lo mucho que tiene que ocultar el PSOE tras décadas de hegemonía absoluta y sin control en Castilla-La Mancha. Si ya había motivos de sobra para auditar las cuentas de esta comunidad, ese trajín con los documentos las multiplica, aparte de extender una sospecha de conducta ilícita que podría ser constitutiva de un delito de infidelidad en la custodia de documentos públicos, previsto por el artículo 413 del Código Penal y castigado con severas penas. Por tanto, no sería necesario que el PP llevara a los tribunales de Justicia su denuncia, recogida por ABC. El Ministerio Fiscal debería actuar de oficio e instar las acciones judiciales necesarias para evitar que continúe ese trasiego de documentos en bolsas de basura y, en todo caso, investigar la posible destrucción de documentos que denuncia el PP tras el 22-M.

Si algo caracteriza la buena fe y la lealtad democrática es la transparencia en los cambios de gobierno, la colaboración de los equipos salientes con el partido ganador. La destrucción de documentos oficiales —no de papeles sin relevancia administrativa o financiera— es un hecho sumamente grave, que pone al Gobierno socialista en funciones de Castilla-La Mancha bajo una sospecha que debe ser despejada conforme a los procedimientos del Estado de Derecho. Era previsible que la salida del poder iba a ser traumática para los socialistas y que no la harían fácil. Pero en Castilla-La Mancha se están superando los límites de la mala fe, hasta tal punto que la política puede que tenga que dejar paso a los jueces.


ABC - Editorial

domingo, 5 de junio de 2011

La hora de la verdad. Por José María Carrascal

¿Va el Gobierno a hacer una reforma del sistema de contratación auténtica o va a quedarse a medio camino?

DE la verdad o de la mentira, pues va a descubrirnos si el Gobierno es sincero o falso cuando asegura que su primer objetivo es reducir el paro. Nos lo va a decir la reforma que haga de la negociación colectiva, una vez que sindicatos y patronal han sido incapaces de llegar a un acuerdo sobre ella. ¿Va a contentarse con una mini reforma, con ciertos retoques aquí y allá, pero dejando más o menos las cosas como están, o va a hacer una reforma de verdad, cambiando aspectos fundamentales de las normas que hoy rigen las relaciones contractuales de patronos y obreros? Porque si hace lo primero, habríamos adelantado tan poco como con la reforma laboral, que ha tenido escaso, por no decir nulo efecto en el paro; mientras si hace lo segundo, es probable que el mercado laboral se anime. La razón es muy sencilla: los empresarios sienten auténtico terror a contratar, incluso si la coyuntura lo aconseja, por miedo a las dificultades que tendrían caso de tener que deshacerse de esos empleados si las circunstancias cambiasen, algo que nadie puede garantizarles no ocurra. Mientras si las condiciones de contrato fueran otras, posiblemente se animarían a contratar. Pero para que ese cambio se realice tiene que haber una reforma del sistema de contratación auténtica, a fondo, empezando por negociarse, no por sectores, sino por empresas, ya que no pueden regir las mismas condiciones en una empresa que va bien que en otra que va mal, en una con beneficios que en otra con el agua al cuello. Esto, que ve y entiende todo el mundo, no ha entrado todavía en el foso donde se encuentra la legislación laboral española, donde conceptos como productividad, flexibilidad, competitividad siguen considerándose anatemas, cuando son los que rigen hoy las relaciones laborales en el mundo desarrollado. Con ésta y otras parecidas «conquistas sociales irrenunciables» hemos llegado al 20 por ciento de paro, que se dobla en el sector juvenil. Eso sí, podemos presumir de tener los sindicatos más potentes, más anacrónicos y más subvencionados del mundo. Se merecen otro artículo para ellos solos, que les prometo.

¿Qué va a hacer el Gobierno? Habrá que esperar al próximo viernes para saberlo, pero los indicios apuntan a otra semi reforma —pseudo reforma más bien— para no disgustar a los sindicatos y tratar de venderla en Bruselas como una reforma auténtica. Puede que consigan apaciguar a aquéllos y despistar a ésta, absorta en la crisis griega. A los que no va a convencer es a los empresarios españoles, que son quienes tienen que contratar. O sea que, parados, perded toda esperanza. Demostrándose de paso que el primer objetivo del Gobierno no es el empleo, sino no perder las próximas elecciones. Aunque las pierda España.


ABC - Opinión

Edimburgo. Por Alfonso Ussía

Me ha divertido mucho el reportaje de Begoña Pérez publicado en la Otra Crónica del diario «El Mundo» acerca del duque de Edimburgo. Hoy es domingo y los lectores merecen otra cosa que no sea política. A Edimburgo lo conocen en Inglaterra como el «Duque del Peligro», porque sus salidas y entradas nunca se ajustan al protocolo. Días atrás, por un simple chorreo del Rey a un grupo de periodistas se armó la marimorena en España. Si hace lo mismo que el duque ya estaría Almudena Grandes y sus huestes cejeras preparando el asalto a la Zarzuela. Una reja separaba a los informadores de la comitiva Real. La Reina Isabel II marchaba en cabeza, y su marido, como siempre, a dos pasos medidos. Cuando nadie lo esperaba, Edimburgo se sacó de la manga una bolsa de cacahuetes y se los tiró a los periodistas como hacen los niños con los monos de los zoológicos. Allí tienen más sentido del humor y la sangre no llegó al Támesis.

El duque de Edimburgo – «no soy nada, sólo un maldito parásito»– siempre ha destacado por su ironía y sentido del humor. El Presidente de Nigeria visitó a la Reina y su marido en el Palacio de Buckingham. Iba vestido con el traje tradicional nigeriano. «Parece que está usted listo para irse a la cama», le comentó el duque. La Reina se interesó por un ciudadano con problemas visuales. «¿Le queda algo de vista?»; el ciudadano se disponía a responder cuando se oyó la voz de Edimburgo: «No mucha, a juzgar por su corbata». Eran tiempos de la Guerra Fría. El Muro aún no había sido derribado. Se programó un viaje oficial de la Reina Isabel y el duque de Edimburgo a la URSS. Un comentario de Edimburgo echó por los suelos todos los planes: «Me encantaría visitar Rusia, aunque esos bastardos asesinaron a la mitad de mi familia». Lo malo, o lo bueno, es que era verdad.


Mi inolvidable e inolvidado Santiago Amón acostumbraba a reconocer su admiración por el duque porque nadie como él sabía mantenerse erguido cuando se ponía todas sus condecoraciones. «Me las pongo para que vean que todavía soy alguien». En sus viajes oficiales a los países de la «Commonwealth» Edimburgo es un constante peligro. Al Gobernador de las Islas Caimán: «¿No son ustedes descendientes de los piratas?». A un jefe aborigen en una visita a Australia: «¿Todavía arregláis vuestros problemas a lanzazos, flechazos y cachiporrazos?». Al saludar a una mujer en Kenia, ataviada a la usanza de aquel precioso país: «¿Es usted una mujer, verdad?». A una deportista que consiguió atravesar de norte a sur la isla de Papua: «¿Cómo has conseguido que no te coman?». En una reunión de amigos, respondió así a uno de ellos que se interesó por la Reina Isabel. «Es leal, estricta y ordenada. Y manda mucho. Como siga así, voy a tener que decirle que se vaya de casa». Eso se lo adjudicó como autor, años más tarde, Jesús Aguirre para referirse a la duquesa de Alba: «Cayetana está últimamente muy nerviosa y le he dicho que, o cambia, o se tendrá que ir de casa».

A sus noventa años asiste a todo lo que el protocolo le exige, aunque se pase el protocolo por las medias en las que luce su Jarretera.No puede dominar sus deseos de divertirse y hacer más difícil la fría armonía de la Corona británica. Aquí en España, le pondrían en la boca un esparadrapo. No aguantamos ni una. Eso, nuestro dogmatismo, siempre reñido con el sentido del humor.


La Razón - Opinión

Proyecto piloto. Por Ignacio Camacho

El plan de austeridad del PP es un ejercicio de rigor necesario, pero impreciso como proyecto piloto de recuperación.

EL triunfo del 22 de mayo ha colocado a Rajoy en la escalinata de acceso a La Moncloa, pero también le ha traído el regalo envenenado de unas instituciones en bancarrota, anticipo de lo que puede encontrar en los cajones del Estado. Con el mapa del poder territorial teñido de azul, con un dominio abrumador en autonomías y municipios, el Partido Popular va a tener que descubrir algunas cartas antipáticas en materia de ajuste y someterse al escrutinio amplificado de unos adversarios que lo quieren presentar como una suerte de terminator del bienestar social. Cada recorte de gasto, por leve o imprescindible que sea, va a ser interpretado por la izquierda como un anticipo del desmantelamiento asistencial que espera tras el triunfo vaticinado en las encuestas. De hecho, Rubalcaba y sus terminales mediáticas ya han apuntado esa línea argumental, soslayando con desahogo la sospecha de que la quiebra que deja el PSOE en sus autonomías puede ser sólo calderilla si se confirman los temores que los populares alientan sobre la tesorería de la Seguridad Social y otras estructuras financieras nacionales.

El plan de austeridad que ha presentado esta semana Rajoy trata de desactivar ese clima de suspicacia con un ejercicio de rigor presupuestario, pero como proyecto piloto de regeneración económica resulta impreciso, insuficiente e indeterminado. Y es una broma centrar el problema en la deuda de las instituciones recién conquistadas eludiendo la de las comunidades y ayuntamientos donde lleva tiempo gobernando el PP. Aunque la música suena bien, a la letra le falta contenido. Da la impresión de que, ante la posibilidad de encontrar sorpresas muy desagradables, la única política posible a corto plazo consiste en denunciar la ruina heredada, dar ejemplo con una severa limitación de gastos y acometer una poda del sobredimensionado aparato administrativo. No es poco para empezar, pero alguien tiene que decir cuanto antes cómo piensan pagar a los proveedores.

Los meses que quedan de legislatura van a convertirse en un pulso entre autonomías y Gobierno. Los socialistas no están dispuestos a favorecer en modo alguno al entramado de poder de sus adversarios; antes al contrario es probable que intenten complicarles la vida. Su objetivo táctico consiste en hacerle oposición al PP aprovechando la amplia cuota de responsabilidad pública que acaba de obtener; bien a base de amplificar los presumibles recortes o bien tratando de demostrar que no existe programa alternativo de recuperación. O ambas cosas al tiempo. Sin embargo, para el centroderecha se presenta la oportunidad de desplegar ante la opinión pública la evidencia de que sí hay otra política posible. Mientras la articulan no están de más, auditorías aparte, los gestos de sobriedad y contención que indiquen que al menos sí hay una moral pública diferente.


ABC - Opinión

Rubalcaba. El candidato de la demagogia. Por Emilio J. González

Si el nuevo candidato socialista cree que con enarbolar bien alto la bandera de la demagogia va a cambiar las cosas, se equivoca de plano. Zapatero ya lo intentó y ahí están las últimas elecciones municipales y autonómicas para comprobar con qué resultado.

Rubalcaba se ha estrenado como candidato socialista a la presidencia del Gobierno con un discurso tan demagógico como casposo contra la banca, con la retórica habitual de palabras como "especulación" o "incentivos perversos" sobre los salarios de los directivos. Teniendo en cuenta que esto lo ha dicho durante la presentación de las medidas para acabar con la guerra de depósitos en que se han embarcado las cajas de ahorros, ofreciendo remuneraciones de alto interés después de recibir ayudas del FROB –o gracias a ellas–, lo que hay que entender es que en el PSOE todo ha cambiado para que todo siga igual, es decir, el candidato ya no será ZP sino Rubalcaba, pero el discurso continuará siendo el mismo. Y este no es otro que el de echar balones fuera respecto a la responsabilidad de los socialistas en la gestación de la crisis, para colocar el foco sobre el chivo expiatorio más fácil, que no es otro que la banca.

Lo malo para el nuevo cabeza de cartel electoral del PSOE es que los españoles tenemos memoria, y muy buena, y sabemos perfectamente que las entidades financieras que más responsabilidad tienen en la crisis no son los bancos, sino las cajas de ahorros, esos entes instrumentales que los políticos manejan como quieren. También sabemos que aquí no ha habido especulación, sino dejadez de funciones. Y que la crisis no habría tenido lugar si el Banco de España, con el socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez al frente, hubiera hecho lo que tenía que hacer, que no es otra cosa que supervisar. Pero Mafo, propuesto para el cargo por Solbes y ratificado por Zapatero, no ha estado ni de lejos a la altura de las circunstancias. Es más, su antecesor, Jaime Caruana, fue poniendo más y más exigencias a las entidades crediticias en relación con los préstamos hipotecarios y los créditos a promotores, para frenar su crecimiento y desinflar, de esta forma, la burbuja inmobiliaria, pero fue llegar Mafo al banco y todo esto se acabó, permitiendo a bancos y cajas que hicieran lo que quisieran. Teniendo en cuenta que, en materia de supervisión, el Banco de España depende del Gobierno, a través del Ministerio de Economía, la cuestión es si lo hizo motu proprio, y entonces el Ejecutivo es culpable por dejarle hacer, o si fue forzado a ello y entonces el Gabinete es culpable por no dejarle hacer. En cualquier caso, la responsabilidad es nada más que de los socialistas.

Por supuesto, el PSOE no lo va a admitir y Rubalcaba menos aún. De ahí que ahora asuma los discursos más demagógicos y casposos acerca de la crisis, con el fin de tratar de eludir las responsabilidades que sólo le corresponden al Gobierno y al partido que lo sustenta en el poder. Si el nuevo candidato socialista cree que con enarbolar bien alto la bandera de la demagogia va a cambiar las cosas, se equivoca de plano. Zapatero ya lo intentó y ahí están las últimas elecciones municipales y autonómicas para comprobar con qué resultado.


Libertad Digital - Opinión

Simplemente Alfredo. Por M. Martín Ferrand

Rubalcaba parece el Príncipe de Metternich en el Congreso de Viena cuando se le contempla junto a Rodríguez Zapatero.

ALFREDO el Grande, rey de Wessex, luchó contra los vikingos y sus virtudes, que debieron de ser tan grandes como su arrojo, le valieron un lugar en el santoral del Vaticano. Sin embargo, cuando Gaetano Donizetti llevó su historia al teatro San Carlo de Nápoles tuvo con ella el mayor fracaso de toda su exitosa carrera operística. No es lo mismo encasquetar una corona y manejar la espada en el siglo IX que ejercer como tenor, y con peluca, en el XIX. A nuestro Alfredo, al Pérez Rubalcaba que parece el Príncipe de Metternich en el Congreso de Viena cuando se le contempla junto a José Luis Rodríguez Zapatero con su corte de los milagros en el Consejo de Ministros, le puede pasar lo mismo que al remoto y más barbudo Alfredo anglosajón. Bien estuvo para un pasado próximo en el que la intriga fue más útil que el talento y en el que, entre manipular la Historia y hacer del laicismo feroz una doctrina política, fuimos tirando; pero ahora, como primer actor de la representación, puede parecer menos galán y más malvado.

Por el momento, en lo que se nos alcanza, al personaje le pintan bastos. Quiso cambiar de look—«llamadme Alfredo»— para pasar la página en que aparece como gran corresponsable de lo peor del zapaterismo y, alcanzada la condición populista de simplemente Alfredo, pasado de entrenamiento astuto y maniobrero, puede quedar en Alfredo, simplemente. El fracaso en las negociaciones entre la patronal de la Señorita Pepis y los sindicatos de Pepe Solís —en sus ediciones renovadas pero no mejoradas— le aporta uno de mayor cuantía al catálogo de los problemas que debe lidiar, todavía en su función vicepresidencial, el señalado como «candidato natural».

La pugna entre los mal llamados «agentes sociales» no lo es en función de los intereses de sus supuestos representados, sino en términos de poder y financiación. Ese vestigio vivo e inútil, perturbador, del sindicalismo vertical del Régimen de Franco es una máquina de empleo endogámico e influencias de relevancia superior a la que suele atribuírsele. Arma a la izquierda, le sirve de instrumento a la derecha y, en su conjunto, supone otro elemento de anacronismo y excentricidad en nuestra paródica democracia en la que unos «indignados» en Sol o, más en la sombra, unos comisionistas del conflicto pueden desautorizar, de hecho, al mismísimo Parlamento. Antes de que termine la legislatura, el fracaso negociador, en razón de las medidas que ha de tomar el Gobierno, le complicarán la vida a Rubalcaba en su triple función asistencial del presidente y ello perjudicará el futuro y las posibilidades de Alfredo, simplemente.


ABC - Opinión

Levantar las alfombras

El cambio político en Cataluña, que tras dos legislaturas gobernadas por socialistas e independentistas permitió aflorar irregularidades contables y financieras, tal vez sea el antecedente de lo que puede ocurrir en el resto de las comunidades autónomas y en los ayuntamientos. CiU descubrió un agujero oculto del tripartito; en concreto, heredó un déficit real de unos 7.000 millones de euros, casi el doble de lo que había reconocido el anterior Gobierno. Las sospechas sobre una astronómica deuda oculta en las administraciones después de tres años de crisis se han acrecentado en los últimos meses. Esa situación de opacidad financiera ha sido una de las principales preocupaciones del Partido Popular tras el vuelco del 22-M. De hecho, Mariano Rajoy estableció como un compromiso principal tras la victoria el de incrementar la transparencia de las cuentas públicas con un procedimiento de auditoría incluido. La verificación de la situación real de la tesorería en un proceso de traspaso de poderes es un acto de responsabilidad, pero, sobre todo, de prudencia. Como era de temer, comprobado el precedente catalán, han comenzado a aflorar los primeros indicios inquietantes. Los populares han denunciado que la Junta de Castilla-La Mancha acumula 7.000 millones de euros en deudas y que no hay fondos para sufragar la nómina de 70.000 empleados públicos. Se habla de una situación de «quiebra total» de la Administración regional, que no paga ni la luz ni el teléfono ni a los proveedores, a los que debe 2.000 millones de euros. Aunque generalizar sería notoriamente injusto, no hay motivos para creer que Castilla-La Mancha sea la excepción, sino más bien que otras comunidades se encuentren en circunstancias muy poco nada saneadas. Según los datos de distintas consultoras, las administraciones regionales y locales de España tienen una deuda no incluida en las cuentas oficiales de 26.400 millones de euros, que suele estar relacionada con sociedades o unidades institucionales que no se consideran públicas, porque no tienen una mayoría de capital público aunque son controladas por las administraciones. Otro método utilizado para camuflar los números rojos durante estos años ha sido directamente no pagar las facturas. La situación es una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento. El Gobierno ha censurado la actitud exigente de Mariano Rajoy porque supuestamente siembra dudas en los mercados sobre la salud financiera del país. Pero no es así, sino justamente lo contrario. Lo que perjudica más a España no es la verdad, sino el engaño; no es lo diáfano, sino lo borroso; no son los números reales, sino los rojos guardados en un cajón. Ese mismo discurso del secretario de Estado Gaspar Zarrías fue utilizado por las autoridades griegas con el desenlace bien conocido. Salvo para estrategias políticas cortoplacistas, la transparencia nunca es un problema. Genera credibilidad y confianza, que es lo que más necesita la economía española. Por el contrario, la opacidad es una práctica indeseable en la gestión de los fondos públicos y Rajoy ha acertado con su decisión de levantar las alfombras y ventilar las estancias.

La Razón - Editorial

Evitar la epidemia

Se impone la coordinación y la investigación para hallar el origen de la nueva 'E. coli'.

La crisis desatada por la nueva bacteria E. coli está teniendo unas consecuencias que superan con creces a las producidas por esa primera y errónea alerta sanitaria lanzada por las autoridades alemanas que desembocó en cuantiosas pérdidas para el sector hortofrutícola español. El letal microorganismo ha saltado ya a Estados Unidos, se ha extendido a 12 países y se ha cobrado 17 muertos (todos en Alemania). El número de afectados se empieza a contar por miles y, según los datos disponibles, todos viven cerca del foco infeccioso de Hamburgo o han tenido algún contacto con esa zona en los últimos días. La OMS, la UE y la propia Alemania se hallan ante un importante desafío sanitario: encontrar el origen de la infección y evitar el peor y más temido de los escenarios: una epidemia en toda regla.

Los acontecimientos están demostrando las dificultades que la nueva bacteria presenta a las autoridades sanitarias; dificultades que a duras penas se podían solventar, como intentó en un primer momento la consejera de salud de la ciudad-Estado de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, señalando fáciles culpables en el origen andaluz de dos de los pepinos analizados. Cuatro semanas después de los primeros casos diagnosticados y ocho días después del cierre de fronteras para los productos españoles de la huerta (ya reabiertas el miércoles pasado), la investigación sobre este peligroso brote parece haber vuelto al punto de partida entre el desconcierto de los expertos.


La coordinación sanitaria y la investigación de la infección son ahora prioritarios. Se imponen igualmente las recomendaciones sanitarias y la sensatez en la comunicación. De lo sucedido hasta el momento cabe extraer algunas lecciones de lo que nunca se debe hacer en caso de alerta alimentaria. Tenía razón la consejera Prüfer-Storcks cuando alegaba que frente a la defensa de la salud pública los intereses de una industria deben pasar a segundo plano. Así se actuó en la crisis de las vacas locas o de los pollos con dioxinas. Pero tal jerarquía de valores e intereses debe sustentarse en hechos probados y no en unos análisis inconsistentes que produjeron daños económicos cuantiosos y cierres de fronteras en cadena; el último de ellos, el más incomprensible, dado que ahora se tienen datos más completos del problema, el de Rusia.

Esta crisis ha puesto al descubierto los flancos débiles de los controles alimentarios europeos, insuficientes en el examen de los productos en el tramo final de la cadena de distribución y evidencia la escasa aportación en su papel de árbitro de la Comisión Europea ante un conflicto que ha enfrentado comercialmente a dos importantes socios europeos. Su función se limitará a adjudicar las debidas indemnizaciones, que Alemania, tal como ya ha anunciado la canciller Merkel, apoyará e impulsará en vez de mantener la oposición a la que nos está acostumbrando en los últimos tiempos.


El País - Editorial

La política de tierra quemada del PSOE

La sospecha de una abultada deuda oculta en la mayoría de los organismos hasta ahora controlados por el PSOE, exige la mayor transparencia en la presentación de unas cuentas públicas que van a ser gestionadas por otro partido político.

El varapalo monumental recibido por los socialistas en las recientes elecciones autonómicas y municipales les obligará a desalojar centenares de departamentos oficiales con sus prebendas correspondientes. Para muchísimos personajes sin méritos conocidos que llevan décadas viviendo de la política y que, por tanto, van a tener graves dificultades para ganarse la vida honradamente ofreciendo sus servicios en el mercado, es evidente que la catástrofe electoral del pasado 22 de mayo va a tener efectos traumáticos. Lo que se espera de ellos es que, al menos en las postrimerías de sus respectivos mandatos, tengan un mínimo gesto de patriotismo transmitiendo ordenadamente el poder a sus legítimos depositarios por voluntad popular. Por desgracia para todos los españoles el PSOE nunca defrauda cuando se trata de perjudicar los intereses generales, y el traspaso de poderes al PP tras su muy justa derrota electoral no iba a ser una excepción.

A pocos días de que se produzca la toma de posesión de los nuevos alcaldes, diputados autonómicos y autoridades provinciales, los núcleos duros del poder socialista no parecen muy dispuestos a facilitar la transición de los nuevos mandatarios ofreciéndoles la información financiera, jurídica y presupuestaria a que están obligados, aunque sólo sea por respeto a los ciudadanos que democráticamente les han indicado el camino a la puerta.


La sospecha de la existencia de una abultada deuda oculta en la mayoría de los organismos controlados por el PSOE que ahora han de pasar a manos populares, exige la mayor transparencia en la presentación de unas cuentas públicas para ahora van a ser gestionadas por otro partido político. No por cortesía con el rival vencedor, que también, sino por lealtad hacia unos ciudadanos a los que los socialistas todavía pueden perjudicar notablemente falseando los estados financieros de los organismos que han gobernado, en algunos casos durante demasiado tiempo.

En este sentido resulta asombroso que el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, y de él hacia abajo todos los responsables socialistas, salden sus responsabilidades postreras acusando al PP de magnificar el desastre financiero provocado por el socialismo autonómico y municipal con el fin de justificar unas duras medidas de ajuste. Por supuesto que la situación heredada va a exigir nuevos sacrificios, pero eso es un problema de los nuevos responsables políticos, no de los ya felizmente amortizados.

Los socialistas no suelen encajar bien las derrotas electorales porque ello significa perder las prebendas y gabelas que ellos mismos se han adjudicado pro domo sua, pero es lo que ha dictado una vez más la voluntad popular y su único deber es obedecer ese mandato. La situación actual, además, exige un gesto de lealtad institucional al que los altos cargos del PSOE están obligados por sus graves responsabilidades en el desastre que padecemos. Si el caso de Castilla – La Mancha es representativo, y nada parece indicar lo contrario, la opacidad intencionada sobre las finanzas públicas sería una traición en toda regla a los españoles. No sería la primera vez en la ya larga Historia del PSOE.


Libertad Digital - Editorial

Ideas (reales) para salir de la crisis

Es lamentable que algunos dirigentes lancen guiños de complicidad a los ocupantes de Sol, pero no escuchen estas rigurosas propuestas.

ALGO se mueve en la sociedad española, sin necesidad de ocupar al margen de la ley los espacios públicos ni de permitir que se aprovechen los pescadores en río revuelto. En los últimos meses, diversas asociaciones y fundaciones han sacado a la luz informes y documentos que merecen una seria reflexión porque plantean la necesidad de un nuevo impulso social y político. Hoy reúne ABC a los representantes de la Fundación Everis, el Foro de la Sociedad Civil, el Colegio Libre de Eméritos y la Fundación Ortega, que suman sus reflexiones a los debates que nuestro periódico viene realizando con una llamada a la «regeneración» de España. Reformar la nación, conseguir pactos de Estado duraderos y estables, luchar contra la corrupción o recuperar una genuina división de poderes son objetivos que comparte cualquier ciudadano sensato, preocupado ante la deriva partitocrática de ciertas instituciones y ante el desafío permanente hacia la vertebración territorial. La preocupación por la reforma del sistema educativo es también un clamor social, porque la sociedad del conocimiento pasará una factura muy alta a los países que se queden rezagados en este decisivo terreno. En fin, la crisis económica acelera las demandas de austeridad en el gasto público, innovación y competitividad que resultan imprescindibles para atisbar esa luz al final del túnel que el Ejecutivo siempre anuncia, pero que nunca aparece.

Otras demandas, como una eventual reforma de la ley electoral y la exigencia de apertura de los partidos, coinciden en apariencia con las demandas —confusas y a veces incoherentes— que plantean los «indignados». No obstante, es imprescindible distinguir entre las propuestas rigurosas y bien fundadas y los eslóganes sin contenido. Por otra parte, estas prestigiosas entidades —que expresan sus puntos de vista con moderación, pero con firmeza— coinciden en denunciar la actual crisis de valores, ya que es urgente recuperar el sentido de la responsabilidad, la cultura del mérito y el reconocimiento de la excelencia. Resulta lamentable que algunos dirigentes políticos lancen guiños de complicidad a los ocupantes de Sol y de otras plazas españolas, pero no quieran escuchar estas rigurosas propuestas de regeneración.


ABC - Editorial