sábado, 28 de mayo de 2011

PSOE. Funeraria Ferraz, dígame. Por Pablo Molina

Nada mejor para el país que este PSOE se convierta en un elemento exótico en el decorado político, a caballo entre una presencia testimonial en las cortes y la marginalidad extraparlamentaria.

Es bueno que el socialismo se bata en retirada. En la situación actual, además, cuantas menos parcelas de poder ocupe más fácil resultará salir de la crisis, porque la presencia de socialistas en cualquier órgano de gobierno sólo sirve para garantizar el agravamiento de la depresión económica y el aumento de la corrupción social. Desde esta perspectiva, la derrota severísima del PSOE en las autonómicas y municipales del pasado domingo ha sido lo mejor que podía ocurrirle a España en términos de higiene política. Sólo cabe esperar que este trompazo monumental sea el preludio del desastre todavía mayor que espera a ZP –o quien le sustituya en la funeraria socialista– en las elecciones generales que presumiblemente tendrán lugar este otoño.

Nada mejor para el país que este PSOE se convierta en un elemento exótico en el decorado político, a caballo entre una presencia testimonial en las cortes y la marginalidad extraparlamentaria, con dos décadas por delante para hacer congresos, regenerarse y jubilar aunque sólo sea por imperativos biológicos a los Rubalcabas, los Bonos y los Solanas, rostros crepusculares de un socialismo desvencijado que –cómo será el desastre zapateril–, amenazan con convertirse en la gran esperanza para su regeneración política.


La mayoría de analistas opina que el desplome total del PSOE sería muy malo para la democracia, que es tanto como decir que la desaparición de la contaminación atmosférica resulta perjudicial para las vías respiratorias. Al contrario. Sin la polución socialista, el medio ambiente democrático mejoraría de forma espectacular, como han comprobado suficientemente los ciudadanos que han estado bajo el yugo del PSOE durante más de un lustro.

En esta línea, la decisión de Carmen Chacón de ordenar a su corneta, con perdón, que toque a retirada carece de relevancia respecto al objetivo fundamental que debe preocupar a los ciudadanos conscientes, que no es otro que el PSOE se hunda en las simas electorales cuanto más abajo mejor, pues por muy profundo que llegue a embarrancar y por más tiempo que permanezca en ese abismo no pagará suficientemente todo el daño que ha hecho a la nación española y a sus ciudadanos.

Ni la naturaleza ni la política permiten la existencia de espacios vacíos, es cierto, pero hay partidos de obediencia socialista más que suficientes para ocupar el lugar que el PSOE mantiene todavía en el espectro ideológico. Una desbandada general de los socialistas facilitaría mucho esta regeneración de las siglas, que tanta falta viene haciendo en la izquierda española desde hace varias décadas.

Y el PSOE "auténtico" que lo herede Chacón, que para eso es la única que todavía se declara en público ferviente admiradora de ZP. No se rían. Hay funerarias que se mantienen dignísimamente y dando beneficios con mucha menos clientela.


Libertad Digital - Opinión

Cara de presidente. Por Ignacio Camacho

Tras siete años de ser, como Al Gore, el «ex próximo presidente», Rajoy está en condiciones de soltar la preposición.

EL arrebato de pasión autodestructiva del PSOE le ha permitido a Mariano Rajoy, que tiene injusta fama de vago —es el único éxito reciente de la propaganda socialista—, tomarse una verdadera semana de vacaciones. Las elecciones del domingo las perdió Zapatero, pero el vencedor es él; no hay más que ver cómo le merodean los pelotas —«Mariano, cuenta conmigo para lo que quieras, tú sabes que siempre te he apoyado»— que hasta hace diez días lo acusaban de remolón, de mingafría y de blandengue y ahora elogian rendidos su estrategia de cambio sereno. Va a tener tarea en frenar la euforia e impedir que los suyos bajen los brazos: lleva demasiado tiempo en política para desconocer la volatilidad del éxito. Sin ir más lejos, ya se le escapó una vez la victoria por el sumidero en aquellos trágicos tres días de marzo. Desde entonces ha pasado siete años siendo lo que Al Gore decía con amargo sarcasmo de sí mismo: el «ex próximo presidente» del Gobierno. Ahora está por primera vez en condiciones reales de sacudirse la preposición.

Con los resultados del 22-M, al Partido Popular no habría modo de arrebatarle el triunfo en unas generales. A la ventaja que le otorga la extrapolación bruta de los datos habría que añadirle la ponderación del voto de las candidaturas independientes, que en su mayoría tiende a volcar sobre el centro-derecha cuando se ventila el poder del Estado. La cosecha de Andalucía y Cataluña pone a Rajoy en la puerta de la Moncloa. Pero un análisis más detallado revela indicios que no puede descuidar. El principal, un apunte de desgaste en Madrid y Valencia, y en general en los territorios donde ya gobernaba, que han empezado a dar muestras de cansancio bien por la escasez de inversiones o por la gestión negligente de los casos de corrupción. Luego está la UPyD, que aunque muerde a derecha e izquierda es una fuerza en ascenso a tener en cuenta sin arrogancia ni menosprecio. Puede ser decisiva en futuras alianzas.

Pero además, aunque estando Zapatero por medio nunca se puede descartar incluso un cataclismo mayor, hay que contar con que el PSOE haya tocado fondo, aliviada la decepción de sus electores en esta furiosa catarsis de castigo. Rubalcaba no cometerá torpezas y puede organizar alguna de sus barrocas maniobras estratégicas. Y resulta previsible que la izquierda trabaje a fondo para convertir el vago malestar de los «indignados» en un movimiento de protesta explícitamente antiliberal. Pero más allá de todo eso, el peligro para el PP consiste en la sensación psicológica colectiva de que ya ha ganado, agrandada por la hegemonía de un poder territorial que le va a obligar a anticipar medidas antipáticas. La estrategia de los socialistas apunta a convertirse en oposición antes de tiempo. Expertos como son en transformismo, quizá no pasen muchas semanas sin que veamos el primer Gobierno antigubernamental de la Historia.


ABC - Opinión

La democracia debe caminar con dos pies, izquierdo y derecho. Por Federico Quevedo

La frase se la he tomado prestada al presidente del Foro de la Sociedad Civil, Ignacio Camuñas, porque creo que tiene mucho sentido común, y viene a cuento de todo lo que estamos viviendo estos días y la crisis en la que se ha sumido el Partido Socialista. Una democracia se sostiene por la certeza de que puede haber alternancia en el poder, y para ello hace falta partidos que reúnan condiciones suficientes para poder gobernar y ocupar el espacio de la oposición. Una de las grandes críticas que desde posiciones no de izquierda se ha hecho a estos más de siete años de Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido a los intentos de anular a la oposición, léase Pacto del Tinell, cordón sanitario y políticas que en lugar de buscar el consenso han buscado la confrontación. Pero eso es agua pasada, entre otras cosas porque tal estrategia no ha tenido éxito, y ahora lo verdaderamente preocupante es comprobar como el que amenaza con ver reducido su espacio político no es el PP, sino el PSOE, y no como consecuencia de una estrategia de la derecha sino de sus propios errores. El resultado de las elecciones del pasado domingo deja un panorama desolador para el PSOE, que se agravará si además pierde Andalucía en las próximas autonómicas, mientras que el PP puede acumular una cantidad de poder como nunca haya tenido ningún partido político en nuestro país.

¿Es eso bueno para la democracia? El PP, desde luego, no tiene la culpa. Son los ciudadanos quienes, ante la opción de votar a un partido que ha llevado al país a una situación insostenible o a otro que puede tener en sus manos la capacidad de sacarlo adelante –cosa que el PP tendrá que demostrar cuando gobierne-, optan por lo segundo. Y no estoy haciendo juicios de valor, sino constatando un hecho. Como además en este país el sistema electoral favorece el bipartidismo, se producen resultados como el del pasado domingo y el que vendrá en las próximas elecciones generales. La victoria del PP parece ya inevitable como consecuencia, insisto, de los numerosos errores cometidos por el socialismo y la confianza que hoy por hoy parece despertar el PP en una parte muy importante de la ciudadanía. Y ahora podemos optar por una doble dirección: seguir tirándonos los trastos a la cabeza unos a otros como hemos venido haciendo hasta ahora –y asumo la culpa en la parte proporcional que me toca-, o comenzar a trabajar para buscar una salida a la crisis política y económica que vive este país y que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no ha sabido gestionar. Si optamos por lo primero, a mí lo que pase en el PSOE me dará igual: que se despellejen entre ellos que ya acudirán los buitres a alimentarse de los restos… Pero si optamos por lo segundo, y yo creo que es lo razonable, lo que pase en el PSOE va a tener una vital importancia en el futuro para garantizar el mecanismo de contrapesos en que se fundamenta el equilibrio de poderes de una democracia parlamentaria.
«Los próximos años van a ser claves para que nuestro sistema democrático y el modelo que heredamos de la Constitución de 1978 permanezca vivo, aunque sometido a una profunda reforma, o perezca víctima de su anquilosamiento.»
La acusación hecha por la ministra Carmen Chacón el jueves a mediodía sobre los intentos de desestabilizar al PSOE, al Gobierno y a su presidente, me parece gravísima, pero pone de manifiesto la profundidad de la crisis que atraviesa el socialismo patrio. Se equivoca el PSOE si ya de buenas a primeras y como consecuencia de esa crisis prescinde de quienes pueden competir por el liderazgo del partido. Si resulta que lo único bueno que tiene el modelo de elección del candidato en el PSOE, las primarias, se cuestionan sólo por los miedos de unos y otros a dejar ese proceso en manos de los militantes, lo que de verdad nos está transmitiendo ese partido es que nunca ha creído en los procesos democráticos de elección y que solo los pone en práctica cuando le convienen o cuando le interesa contraponerlos al modelo interno de elección de candidatos en el PP. Perece obvio que el Partido Socialista tiene que hacer una reflexión profunda sobre sí mismo, sobre sus fundamentos ideológicos y sobre sus apuestas programáticas, más allá de personas –en eso tiene razón Patxi López-, pero también es verdad que para que esa reflexión se produzca es importante que haya quien la lidere, y está claro que Rodríguez Zapatero ya no sirve para ese papel, bajo ninguna circunstancia.

Unas elecciones anticipadas serían la alternativa más razonable para que el PSOE pudiera después hacer el análisis que necesita sobre hacia donde quiere ir, entre otras cosas porque del resultado de esas elecciones va a depender muchas cosas, entre ellas pactos imprescindibles para llevar adelante las reformas que este país necesita para salir, no ya de la crisis económica, sino de la crisis político-institucional en la que está inmerso. Más allá de lo anecdótico de las acampadas que se han venido produciendo por todo el país –por cierto, desde aquí mi más enérgica condena y rechazo al modo violento con el que los Mossos desalojaron el viernes la acampada de la Plaza de Cataluña, en Barcelona-, lo cierto es que ese movimiento no va a diluirse, sino que tiene vida propia y por mucho tiempo, y al final los partidos políticos no tendrán más remedio que escuchar esas voces y asumir la necesidad de llevar a cabo cambios importantes en el sistema y en el modelo de Estado que tenemos, y eso no lo puede hacer solo el PP porque requiere de mayorías cualificadas para hacer cambios en la Constitución. Ustedes pueden pensar lo que quieran, pero los próximos años van a ser claves para que nuestro sistema democrático y el modelo que heredamos de la Constitución de 1978 permanezca vivo, aunque sometido a una profunda reforma, o perezca víctima de su anquilosamiento.

Las cosas no van a ser igual en el futuro, nos guste o no, y seguramente nos tendremos que ir acostumbrando a ver cosas, a asimilar cambios que hoy nos parecen imposibles. Lo que tenemos que pedir, que exigir, es que nada de eso se produzca sin el debido consenso que requiere una reforma tan profunda, y para eso es necesario que la democracia siga caminando con sus dos pies, el derecho y el izquierdo, y que no cojee de ninguno de los dos como ha venido ocurriendo hasta ahora. Y supongo que será fácil estar de acuerdo en que Rodríguez Zapatero no es la persona, el líder adecuado a esa circunstancia, porque las elecciones del domingo y la crisis interna de su partido lo han dejado completamente fuera de juego y sin capacidad de liderazgo de ninguna clase. La idea de que se mantenga en el poder hasta marzo de 2012 es casi una pesadilla obsesiva que nos conduce a un escenario cada vez más angustioso. Solo una elecciones anticipadas pueden suponer un punto de inflexión en esta locura, y garantizar que el Partido Socialista asuma de verdad la responsabilidad de buscar el “qué” y el “quién” con los que quiere volver a conseguir la confianza de, al menos, sus votantes.


El Confidencial - Opinión

«Okupas». Por Alfonso Ussía

Ramón Mendoza vivía sus últimas semanas en la presidencia del Real Madrid. Me convidó a comer un arroz en «Casa Benigna». Y me ofreció la vicepresidencia para contrarrestar el poder creciente de los «okupas». Resigné el ofrecimiento porque, habiendo conocido el fútbol como candidato a la presidencia, precisamente frente a Ramón, tenía decidido seguir el consejo que don Santiago Bernabéu me dio de niño: «Para ser un buen aficionado al fútbol hay que tener un abono de primer anfiteatro. Cuanto más pequeñitos veas a los jugadores, mejor». Ramón Mendoza, que a pesar de ser mi rival contaba con toda mi simpatía, respeto y cariño, me confesó su preocupación. «Lorenzo Sanz no sería nadie sin la ayuda que siempre le he prestado. Y ahora que me presiente débil, va a dar un golpe de Estado en el club. De los que crees que son los mejores amigos siempre surge el traidor, el «okupa»». Y no se equivocó. En el mundo del poder hay más «okupas» que los que se tienen como tales ocupando pisos y locales en nombre de no se sabe qué. Son más peligrosos los «okupas» con corbata que los uniformados de antisistema, que es uniforme pensadísimo. Camiseta negra con la imagen en carmesí del señorito argentino Guevara –revolucionario desde que se arruinó–, pantalones vaqueros concienzudamente rajados o envejecidos y zapas que huelen mal incluso desde el televisor. Algunos añaden al atractivo desaliño indumentario un pañuelo palestino a pesar de que muchos de los que lo llevan confunden Palestina con Yemen. Pero no es cosa de perder el tiempo con lecciones que no agradecerán nunca.

Zapatero renegó del felipismo. Se creyó el fundador de un nuevo socialismo. Para ello, eligió el túnel del tiempo y retrocedió hasta los albores del siglo XX. La socialdemocracia de Felipe González se le antojaba excesivamente moderada. Pero salvó a un protagonista destacado de aquella época. Alfredo Pérez Rubalcaba, el más inteligente de todos. Pudo haber prescindido de él, pero no lo hizo. Y poco a poco, Rubalcaba fue creciendo en su ánimo. Llegó a creer que era su amigo, y lo elevó a la máxima altura de su Gobierno. Se apercibió de que don Alfredo era un «okupa» demasiado tarde. Ese gesto de desconcierto de Zapatero en los últimos meses le viene de ahí. Adviertan un detalle en su gesto. Cuando supo que Rubalcaba le estaba haciendo el juego por retambufa, a Zapatero se le abrió la boca. Antaño, en los momentos de distracción, Zapatero mantenía la boca cerrada con un dibujo de sonrisa. Ahora abre el buzón y no lo cierra ni con poleas.

Carmen Chacón no es «okupa». Todo lo contrario. Se ha retirado de la pugna sucesoria para que Rubalcaba no pulverice definitivamente a Zapatero. Ahí hay que reconocer grandeza y sentido de la gratitud en la ministra de Defensa, a la que Rubalcaba y los suyos llaman «la niña». Lo peor de Carmen Chacón es la influencia que pueda ejercer sobre ella su marido, Miguel Barroso, tan listo y peligroso como Rubalcaba, y que jamás olvida. El «okupa» cuenta con todo el apoyo de Prisa. Pero no tendrá el soporte de ese extraño grupo diseñado por Barroso en el que están unidos los trotskistas con Ferrari, los cejeros fundamentalistas de la izquierda Visa Platino, los tostones políticamente correctos y los médicos de familia con obsesión de batuta. Grupo enemigo para el «okupa», que será implacable con él cuando pierda –ya las tiene perdidas– las elecciones de octubre, que serán en octubre. La renuncia de Chacón no supone la victoria del «okupa» Rubalcaba. El odio sobrevuela al partido.


La Razón - Opinión

Movimiento 15-M. Jardiland extremo. Por Maite Nolla

Ya no hay que escuchar las propuestas de los indignados, como dijo antes de compungirse toda ella la señora Chacón; ahora, los socialistas requieren a la policía para que utilice la porra con los acampados, como forma de comunicación no verbal.

Al menos en Lérida –supongo que en la Puerta del Sol la situación debe ser parecida–, el movimiento revolucionario había derivado en una especie de Jardiland extremo o en una versión hardcore de Leroy Merlin. Es como si unos okupas hubieran tomado al asalto la zona de jardín del Ikea de Zaragoza con todas sus consecuencias. Digo había, porque aquí se ha procedido ya al desahucio exprés. Visto que aquello no ha servido de nada, que el tratamiento desproporcionado e inmerecido del fenómeno a lo mejor lo que hizo es acabar de convencer a los que ya estaban hasta el píloro de Zapatero, los alcaldes empiezan a ver un problema de suciedad en lo que era un movimiento político heterogéneo y al que había que estar atentos. Y en esto, tengo que decirles que mi alcalde encabeza el ránking de los hipócritas que dieron cuerda al tema hasta que dejó de hacerles gracia.

El caso es que el alcalde de Lérida dice ahora que en las plazas no se puede vivir ni acampar; desde el pasado domingo, claro, y con una mayoría absoluta debajo del brazo. Ahora al señor alcalde le molesta que una plaza recién inaugurada esté hecha unos zorros; hasta el domingo le dio igual. El alcalde hizo la vista gorda con el movimiento, hasta el punto de que el cierre de campaña socialista se celebró apenas a cien metros de donde estaban los indignados, bajo la sospecha de una entente. ¿Imaginan que el cierre de campaña del PP en Madrid se hubiera hecho en Callao? Les hubieran tirado hasta las papeleras. El problema es que los comerciantes y hosteleros de la zona están ya hasta el gorro del asunto y aquí los mossos han entrado haciendo pocas preguntas. Ya no hay que escuchar las propuestas de los indignados, como dijo antes de compungirse toda ella la señora Chacón; ahora, los socialistas requieren a la policía para que utilice la porra con los acampados, como forma de comunicación no verbal.

El señor alcalde tiene toda la razón, por mucho que hasta ahora haya sido presunto cómplice, en el sentido técnico-jurídico del término. La invasión de las Quechuay de las 2seconds se ha convertido en una agresión permanente y en una forma de hacer daño a personas que no tienen ninguna obligación de soportar el cierre de sus negocios por la estupidez de los políticos. Cierto que hasta el domingo fue maldad y silencio. Por eso, desde el primer día, desde el famoso 15-M, el Estado y los ayuntamientos cómplices, como el de Lérida o el de Madrid, son responsables de cada céntimo que hayan perdido y que pierdan los señores que tienen un bar, una tienda o un hotel, ahora ocultos bajo una capa de carteles, toldos e indignados. Y vale ya.


Libertad Digital - Opinión

El general iluminado. Por Hermann Tertsch

En Europa, en las cancillerías y en las redacciones aún se reían mucho cuando alguien les anunciaba la primera guerra en el continente desde la caída del nazismo.

Fue en la primavera de 1991. Sonaban ya muy fuertes los tambores de guerra en aquel país llamado Yugoslavia. Pero en Europa, en las cancillerías y en las redacciones aún se reían mucho cuando alguien les anunciaba la primera guerra en el continente desde la caída del nazismo. El corresponsal de la BBC, Misha Glenny, y yo habíamos tardado cerca de seis horas en recorrer los menos de 200 km que separan Zagreb de Knin. Ya en Karlovac, otrora elegante ciudad y guarnición del Imperio austro-húngaro, habían comenzado los controles de carretera. Primero eran de la policía croata, después de campesinos asustados ya en armas, después del ejército yugoslavo para entonces ya bajo firme control serbio. Y finalmente, unos cincuenta kilómetros de agotadores controles de milicianos serbios, paramilitares, plenamente uniformados ya al estilo Cetnik, de los implacables guerreros monárquicos que en la Segunda Guerra Mundial combatieron al mismo tiempo a los partisanos comunistas de Josip Broz «Tito» y a los ustachas filonazis croatas de Ante Pavelic. Llegamos a Knin escoltados por un grupo de estos, paramilitares que obedecían las ordenes de un caudillo local de la Krajina, Martic. Eran los temidos «marticevski», que ya habían comenzado su larga e intensa carrera sangrienta y sembrarían de terror la región durante años. No podíamos llevar mejor salvoconducto en aquel territorio, parte de Croacia pero ya fuera del control de Zagreb después de que su policía huyera tras continuos ataques a sus comisarías. Porque Misha Glenny tenía apalabrada una entrevista. El nombre de su interlocutor en aquella cita era un santo y seña milagroso. General Ratko Mladic. Los serbios de la Krajina tenían muchos héroes en la historia. Entonaban cánticos que evocaban al Rey Lazar, muerto en la batalla de Kosovo Polje en 1389 frente a los turcos. Pero tenían dos grandes héroes en esta nueva prueba que Dios les ponía para demostrar que los serbios nunca más serían derrotados. Y eran Slobodan Milosevic y Ratko Mladic. Este era un brillante general yugoslavo, que ya no pensaba en Yugoslavia. Sino en la Gran Serbia que Milosevic había convertido en mito y bandera para que el aparato comunista de Belgrado no se hundiera como les había sucedido a los comunistas en Centroeuropa dos años antes. El ultranacionalismo pararreligioso había sustituido con eficacia al comunismo como ideología. Las reglas eran claras. Los serbios habrían de imponerse a los demás pueblos y ser amos de toda tierra sagrada donde haya una sola tumba serbia. Si el odio a los católicos croatas era inmenso, mayor era el desprecio a los musulmanes de Kosovo, albaneses, y de Bosnia, por eslavos que estos fueran. Allí, en Knin, estaba Mladic esperando a Glenny. A mí no me dejaron pasar. Allí Mladic preparaba la gran guerra para la Gran Serbia que solo dejaría a los demás pueblos lo que no quisieran ellos.

La Gran Serbia sería un país idílico, de serbios viviendo con serbios en armonía. Y quien se pusiera en el camino de este sueño moriría. Salimos de allí convencidos de que la guerra sería terrible. Y en nuestras redacciones se reían de nuestra insistencia de que el nacionalismo de este general era garantía de guerra en Europa. Cinco años y doscientos mil muertos habrían de pasar antes de que las cancillerías europeas supieran con quienes estaban tratando.


MEDIO - Opinión

Tiempo convulso: Rubalcaba for president y caso Chacón. Por Antonio Casado

En el minuto y resultado aparece el caso Chacón. La ministra renuncia pública y oficialmente a lo que pública y oficialmente nunca ostentó. Pero era un secreto a voces que, animada de forma más o menos explícita por Zapatero, contaba las horas que faltaban hasta el sábado para anunciar su deseo de medirse con Rubalcaba en las urnas.

La espantada evita el careo político y generacional con su compañero de Gobierno aunque el careo ya se percibía. Y se percibe. Véanse las reacciones del aparato central del partido, más próximo al vicepresidente, donde reina un visible malestar por el papel de víctima adoptado ayer por la ministra. Así, mientras ella dice que renuncia para no poner en riesgo la unidad del PSOE, la autoridad de Zapatero y la estabilidad del Gobierno, los del otro bando atribuyen su decisión a la falta de apoyos para seguir adelante.


Son los despropósitos del tiempo convulso que está viviendo el PSOE. Suma y sigue. La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso. En su comparecencia de ayer presentó un esbozo de programa: recuperar identidad socialdemócrata, aplicar valores de igualdad en un contexto de crisis, reafirmar la política frente a los poderes económicos, devolver la dignidad al oficio político, por una España unida y plural, etc. Y sus adversarios, que creen haber visto un cierto narcisismo en su discurso, se preguntan si acaso ella tiene el copyright de esos objetivos.
«La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso.»
Así de revueltas bajan las aguas del PSOE. Decíamos ayer (a sus pies, fray Luis) que habría primarias internas siempre que Chacón diese un paso adelante y Rubalcaba no diese un paso atrás. Y ha ocurrido algo absurdo: sin haber dado el paso adelante, Chacón lo dio hacia atrás. Y cuando Rubacaba amagó con dar un paso hacia atrás -los resultados del 22-M y la revuelta de los indignados arruinaron su hoja de ruta-, la espantada de Chacón le dejó sólo en la posición de delantero centro.

Ahora quedamos a la espera de que alguien dé el pasito y quiera disputarle esa posición al vicepresidente del Gobierno al amparo de las elecciones primarias que mañana convocará el Comité Federal. Lo más probable es que no se celebren. Por incomparencia de un segundo candidato socialista a la Moncloa. O un tercero, o un cuarto.

Solo es lo más probable, pero en un PSOE en ebullición nada se puede descartar. Ni un congreso extraordinario, aunque la convocatoria de primarias aleja esa posibilidad que, de todos modos, ya había perdido fuerza en las últimas horas. Patxi López y otros acabaron entendiendo que un congreso exraordinario para sustituir a Zapatero equivale a hacerle el trabajo a Mariano Rajoy con una moción de censura. No ya contra el líder socialista sino contra el presidente del Gobierno, que hubiera tenido que adelantar las elecciones generales, al gusto del PP, antes de verse abocado a gobernar con un partido que acaba de repudiarle. Absurdo.


El Confidencial - Opinión

Justicia y desalojos

Los incidentes de la Plaza de Cataluña de Barcelona –escenario ayer de una auténtica batalla campal entre los Mossos y la Guardia Urbana y los acampados del movimiento 15-M– nos han recordado que las capitales del país tienen un serio problema de abierta desobediencia, de orden público y ahora también de salubridad sin resolver. Hay responsabilidades delimitadas en un contencioso alimentado por el Gobierno, que ha consentido una movilización ilegal que ha conculcado no sólo resoluciones de la Junta Electoral Central, sino un catálogo de ordenanzas urbanas y, lo que es peor, ha pasado por encima de los derechos de decenas de miles de ciudadanos.

Las consecuencias de esta política pasiva no han sido menores ni limitadas. Una de ellas, como se comprobó ayer en la Plaza de Cataluña, afectó a la seguridad pública de forma grave. Los agentes intentaron desalojar temporalmente la zona para permitir que las brigadas de limpieza actuasen y se retiraran los objetos contundentes que podían ser utilizados en caso de que se produzcan disturbios tras la final de la Liga de Campeones. La respuesta de la mayoría de los jóvenes fue la de resistirse con violencia a la operación de limpieza, lo que provocó las cargas de los mossos y decenas de heridos. Aunque habrá que analizar la planificación y el desarrollo de la operación policial, lo incomprensible es que los agentes se retiraran después de la intervención y dejaran que la plaza fuera tomada de nuevo. Que los responsables gubernativos aceptaran de nuevo la ocupación del espacio público fue una cesión que no se puede comprender.


La «fiesta» de los «indignados» ha deparado efectos negativos para pequeñas y medianas empresas de los distritos afectados por los asentamientos. Los comerciantes de la Puerta del Sol, por ejemplo, han denunciado que sus ventas han caído entre el 70 y el 80 por ciento, y que ese bajón ha evitado que 1.500 personas fueran contratadas para la temporada de primavera. ¿Quién resarcirá a estos ciudadanos de esas pérdidas? Probablemente, nadie. Decíamos días atrás que las protestas no eran inocuas y el perjuicio económico y social lo ha confirmado. Ante la falta de respuesta del Ejecutivo es lógico que los empresarios madrileños hayan anunciado acciones legales si las autoridades del Ministerio del Interior no acaban con la «ocupación». Están en su derecho y cumplen con la obligación de velar por sus intereses y los de sus trabajadores. Existe además un impacto desfavorable sobre la imagen de Madrid y de España en el mundo. Que los centros neurálgicos de las ciudades se hayan transformado en poblados chabolistas, casi en vertederos, sin que la autoridad haya intervenido, ha sido una pésima campaña que ni las ciudades ni su gente se merecen.

Cuando la autoridad desiste de cumplir con sus deberes y consiente complaciente la quiebra de principios básicos de la convivencia y de la libertad, se quiebra el necesario estado de confianza de la ciudadanía en la Justicia y, por ende, la democracia se resiente. El desalojo y el restablecimiento de la normalidad no pueden esperar.


La Razón - Editorial

15-M de ida y vuelta

El consejero de Interior debe dar explicaciones de la desmesura del desalojo de la plaza de Catalunya.

La actuación de los Mossos d'Esquadra ayer en la plaza de Catalunya de Barcelona pasará a los anales de la desproporción y de la torpeza. La operación de reminiscencias robespierranas -el consejero de Interior habló de razones de "higiene y seguridad"- fue un fiasco desde su principio. El objetivo era desmantelar el campamento de los indignados del Movimiento del 15-M. Pero lo cierto es que seis horas después de tan brillante operación el panorama de la plaza era completamente idéntico -con más éxito de público todavía- al de seis horas antes.

Alrededor de las siete de la mañana, efectivos de los mossos y de la Policía Municipal rompieron el sueño del centenar de concentrados en la céntrica plaza. Los indignados que en aquellas horas se desperezaban tuvieron que desmontar las jaimas y entregar todo el material a la autoridad, con el fin de que las brigadas de limpieza pudieran higienizar la plaza y los agentes se incautaran el material peligroso (botes de conserva o bombonas de butano). El objetivo era evitar, según la Generalitat, que todo ello se convirtiera en un inesperado arsenal para los más exaltados si el Barça gana hoy la Liga de Campeones y sus seguidores invaden el centro de la ciudad.


Pero la resistencia pasiva de los concentrados y sus gritos de socorro a través de las redes sociales provocaron un efecto llamada. Al poco rato, la plaza era un hervidero de indignados a los que los 350 policías se enfrentaron con inusitada contundencia. La actuación, efectuada bajo las órdenes del consejero de Interior, Felip Puig, se saldó con 121 heridos leves. Puig dijo que la contundencia de los mossos la motivó la actitud agresiva de algunos manifestantes. Las imágenes de jóvenes sentados y pasivos mientras eran brutalmente golpeados desmienten esta argumentación y exigen una explicación más convincente. Puig se disculpó ante quienes se hubieran sentido ofendidos, no por las cargas, sino por las imágenes donde se puede certificar la desmesura de los porrazos.

La actuación de los mossos se produce una semana después de que la Junta Electoral Central vetase las concentraciones del Movimiento 15-M en la jornada de reflexión y el día de las elecciones municipales y autonómicas. En aquella ocasión las autoridades hicieron buen uso del sentido común y decidieron no desalojar, aun a riesgo de ser blanco de críticas por parte de los fanáticos de la contundencia.

Es evidente que las concentraciones no pueden eternizarse y que las autoridades deben tomar cartas en el asunto. También el Gobierno regional de Madrid y los comerciantes exigen el desalojo de Sol. Y hoy la situación puede complicarse en Barcelona por la final de Londres. Pero elegir el momento y hacerlo con inteligencia es el deber de todo responsable político. Ayer hubo desmesura, contundencia excesiva e ineficacia, además de unas explicaciones insatisfactorias y en algunos puntos ridículas. No es extraño que los grupos parlamentarios hayan pedido la comparecencia de Puig ante el Parlamento catalán.


El País - Editorial

Hora de desalojar la Puerta del Sol

Es imprescindible desalojar todas las plazas de España, pero también lo es hacerlo con inteligencia y proporcionalidad. De momento, ni en Madrid ni en Barcelona se ha actuado con la diligencia debida.

Las protestas de Sol nunca tuvieron un carácter pacífico, por el simple motivo de que se basaban en una ilegalidad: ocupar los espacios públicos privándolos del uso para el que fueron concebidos; de hecho, la violación de la jornada de reflexión del pasado sábado sólo fue la guinda de un proceso de permanente afrenta a nuestro Estado de derecho. De ahí que resulte absurdo afirmar que las actuaciones policiales contra el Movimiento 15-M no resultan procedentes: los hurtos o las ocupaciones de inmuebles también pueden efectuarse sin mediar violencia y ello no significa, ni mucho menos, que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado deban quedarse con los brazos cruzados. Es más, la violencia policial puede llegar a ser imprescindible para restituir a la víctima, que no es el ladrón sino la persona desposeída de su propiedad.

Lo mismo sucede con Sol o con la ocupación de todos los restantes espacios públicos de España. Las plazas y las calles son patrimonio de todos los españoles y no de quienes opten por erigir sus tenderetes sobre ellas: la finalidad de la vía pública es facilitar la circulación y el tránsito, no imposibilitarlo. No es de extrañar, pues, que los comerciantes de Sol estén profundamente indignados, no ya con los ocupantes ilegales, sino con un Ministerio del Interior que hace completa dejación de sus funciones. Es urgente que la policía, tras casi dos semanas de impunidad, comience a restituirles las plazas a todos los españoles. Para eso están y para eso les pagamos.

Sin embargo, que haya que desalojar las plazas no significa que se deba hacer de cualquier forma. Es preferible realizarlo de noche y con lluvia, cuando el número de ocupantes es mínimo, que a plena luz del día, cuando se les unen un elevado número de espontáneos; es preferible emplear la menor violencia posible para lograr el objetivo marcado que utilizar de inmediato e indiscriminadamente las porras contra los manifestantes. Por eso, la actuación de los Mossos d’Esquadra en Barcelona resulta del todo desproporcionada. El propósito de la carga no fue desalojar Plaza Cataluña, sino limpiarla para que luego se pudiese volver a ocupar; y para tan desnortado objetivo, se han empleado medios tan inadecuados como para ocasionar decenas de heridos entre los ocupantes ilegales y entre los mossos.

Es imprescindible desalojar todas las plazas de España, pero también lo es hacerlo con inteligencia y proporcionalidad. De momento, ni en Madrid ni en Barcelona se ha actuado con la diligencia debida. Y mientras tanto, los "indignados" siguen ocupando la vía pública, perjudicando a todos los españoles y ocasionando cuantiosas pérdidas a los comerciantes.


Libertad Digital - Editorial

De la indignación a la sinrazón

Pasada la novedad de la «indignación», el movimiento de protesta se está agotando por su falta de contenido.

EL desalojo policial de los «indignados» en la Plaza de Cataluña demuestra que este movimiento ya ha pasado el límite de la tolerancia con la ocupación permanente de los espacios públicos. La situación en la Puerta del Sol es igualmente insostenible. No puede mantenerse bajo bloqueo un lugar emblemático de la capital de España, zona de paso de miles de peatones, nudo de medios de transporte y área principal de atracción turística. La queja de los comerciantes madrileños está más que justificada. Sus ventas han caído un 70 por ciento, lo que en tiempo de crisis de consumo es, sencillamente, ruinoso. Hasta aquí, suficiente. La simpatía que generó inicialmente el «Movimiento del 15-M» tenía mucho que ver con el desencanto de una buena parte de la juventud, la mitad de la cual está en paro, y con los efectos de la crisis en decenas de miles de familias, jubilados y trabajadores. El desprestigio de la clase política se hizo más patente aún en plena campaña electoral, y la opinión pública, sin reparar en los discursos de izquierda añeja que decoraban la acampada, asumió que había motivos para protestar. Pero el desarrollo de los acontecimientos ha llevado la protesta a una escenificación en la que se mezcla el populismo chavista, tan propio de las «asambleas de barrio» que se van a impulsar, con la pura agitación antisistema.

Pasada la novedad de la «indignación», el movimiento de protesta se está agotando por su falta de contenido. La utopía fue descubierta hace mucho tiempo, y la realidad enseña que los cambios políticos, al final, tienen que articularse por los cauces del sistema democrático y del juego de las mayorías que surgen de los procesos electorales. Fuera de estas reglas, no hay utopía, sino antidemocracia. Lo que no debería suceder es que el fin de las expresiones callejeras de indignación suponga el fin de un debate necesario sobre los fallos del sistema de partidos, de los valores de la sociedad moderna, del futuro de la juventud. Porque sí hay razones para reclamar de la clase política no solo su propia regeneración, tan difícil por la endogamia partitocrática, sino también una mucho mayor receptividad de lo que reclama la opinión pública. El movimiento de los «indignados» ha degenerado en una expresión radical de postulados de izquierda, pero en su gestación había una amalgama de sentimientos sociales de frustración y decepción que sería injusto y temerario despreciar.

ABC - Editorial

viernes, 27 de mayo de 2011

Chacón. Asesinato en el hipódromo. Por Emilio Campmany

El único aspirante capaz de derrotar a Rubalcaba en unas primarias es José Bono. Quizá él sea el asesino.

La joven estaba tendida en la hierba, justo en el centro de la pista central del hipódromo. Allí yacía "La Niña de González", inevitablemente sin vida, boca abajo, herida por una única y certera puñalada. La Policía deduce un suicido por la carta que ha dejado la interfecta. "Hoy considero que mi mejor aportación es esta decisión en pro de la unidad de mi partido" se lee en ella. Sin embargo, ha sido un asesinato. Uno de los más difíciles porque el problema no es que no hay sospechoso, es que hay muchos.

Si se abriera una investigación, las primeras pesquisas se dirigirían contra Rubalcaba, el obvio beneficiario de la muerte de la finada. Ahora no hace falta un congreso que ganar porque, aunque haya primarias, será el único candidato.

Pero Rubalcaba quizá no haya sido. No necesitaba mancharse las manos de sangre. Le hubiera bastado forzar la mano de Zapatero e imponer en el Comité Federal la convocatoria de un congreso extraordinario en el que no sólo se le habría elegido candidato, sino que también saldría de él como secretario general.


El crimen podría haberlo cometido Zapatero. Empeñado en seguir siendo presidente de Gobierno hasta marzo, prefiere unas primarias porque no cuestionan su jefatura del partido ni del Gobierno hasta que toquen las elecciones. Algunos creyeron que su empeño se debe a que apoya a Chacón. Pero no. Zapatero quiere primarias y no congreso por disimular la evidencia de que lo echan. Puesto ante la amenaza de un congreso que podría obligarle a dimitir o a convocar elecciones anticipadas, ha preferido eliminar a la joven promesa para que ya no tenga sentido insistir en un congreso y Rubalcaba se conforme con unas primarias a las que ahora sólo se presentará él.

No obstante, antes de descartar a Rubalcaba y acusar al presidente por el asesinato de Carme Chacón, no estaría de más asegurarse de que el culpable no ha sido un tercero. Es posible que quien tenga interés en que Rubalcaba acepte unas primarias y se olvide de lo del congreso sea alguien que quiere presentarse a ellas, que sólo tiene una oportunidad razonable de vencer si no se presenta Chacón, y que sólo dirá que va a estar en la carrera cuando haya sido convocada. El único aspirante capaz de derrotar a Rubalcaba en unas primarias es José Bono. Quizá él sea el asesino.

O puede que Rubalcaba haya obrado por cuenta de otro, alguien que, oculto en la maleza, espera saltar a la yugular de Zapatero en un congreso o tras unas primarias. Tendría que ser un nombre con un prestigio tan abrumador que fuera capaz de intimidar a cualquier competidor. A cualquiera, menos a Chacón, quien parecía estar dispuesta a presentarse en cualquier caso. Por eso yace hoy inerte en la yerba.

En fin, un asesinato, desde luego, pero ¿quién es el asesino?


Libertad Digital - Opinión

Mladic, enemigo íntimo. Por Hermann Tertsch

Dicen que 300.000 votos legitiman una opción criminal. Mladic y Hitler tenían muchos más votos que Bildu.

VAMOS hoy a olvidar por un momento la farsa en tres actos de «los Borgia en la Casa del Pueblo» por mucho que ya tengamos la primera víctima servidita. Resistiendo a la tentación de narrar crónica de las patéticas piruetas del cadáver aún ambulante que es don José Luis, el eterno adolescente y ya presidente de la nada. No deja de haber cierta poesía de justicia histórica en el hecho de que va a dejar su partido hecho unos perfectos zorros. Hubiera sido intolerable que con la capacidad destructiva demostrada en convertir España en una escombrera, quienes han sido sus jaleadores y cómplices en mil tropelías heredaran un partido indemne. Está ya claro que no será así. Déjenme por tanto olvidar por un rato esa triste astracanada y comentarles un hecho feliz que me alegró ayer el día. Que es la detención del general Ratko Mladic en Serbia. Siempre es bueno que detengan a un asesino fugado y más cuando se trata del mayor criminal de guerra en las listas de busca y captura. Pero esta detención va más allá. El hecho de que fuera detenido en Serbia, en una sociedad donde todavía contaba con una vasta red de colaboradores y admiradores, revela los avances en la calidad democrática de Serbia, que con todas sus dificultades da un paso importantísimo hacia su normalización y confirma el compromiso europeísta de sus autoridades, con el presidente Boris Tadic a la cabeza. Sólo hay que recordar a su antecesor, el presidente Vojislav Kostunica, que hizo lo imposible por cultivar el recelo hacia el Tribunal de La Haya y protegió así a todos los fugitivos. Tras la detención de Mladic, quedan por capturar algunos criminales de aquella guerra. Pero ningún miembro del triunvirato del crimen formado por Milosevic, Karadzic y Mladic queda ya impune. Y ese es el principal mensaje que ayudará a la sociedad serbia a cerrar aquella negra página de su historia.

Ahora con todos contentos con su detención convendría recordar algunos hechos del comienzo de la carrera criminal de Mladic. Yo pasé los primeros años de la guerra en el escenario de sus crímenes. Sus atrocidades nos cambiaron a muchos. Él fue nuestro enemigo más íntimo. Recuerdo bien la devoción que le tenían las tropas serbias, desde los reclutas más ingenuos a los paramilitares más feroces. Presencié muchas de sus hazañas. Conté cadáveres destrozados por metralla o mutilados a cuchillo en ciudades y aldeas. Y asistí al drama de las víctimas. Fue en los años previos a la matanza de Srebrenica. Allí Mladic liquidó más de 7.000 hombres, ancianos y adolescentes musulmanes. Hasta entonces, la UE había hecho el permanente ridículo en negociaciones con un Mladic al que elogiaba como interlocutor fiable. También confiaban en Milosevic. Muchas veces comparé aquello con la vergüenza del Tratado de las democracias europeas con Hitler en Múnich en 1938. Se cedía continuamente a las pretensiones del criminal en la esperanza de aplacarlo. Lo único que se conseguía era aumentar su voracidad y su desprecio a nuestra ceguera y cobardía. Quienes denunciamos las matanzas de Mladic fuimos acusados de demonizar a «la nación serbia». No condenábamos a los serbios sino la política criminal que se hacía en su nombre. Lo cierto es que Milosevic y Mladic gozaron del mismo apoyo popular en su aventura genocida que medio siglo antes había tenido Hitler en Alemania. Sólo la fuerza y determinación de EE.UU., una vez más, lograron parar aquello. Después de Srebrenica. Es bueno recordarlo ahora aquí en España cuando algunos dicen que 300.000 votos en una región española legitiman una opción criminal. Mladic, y por supuesto Hitler, tenían muchos más votos que Bildu.

ABC - Opinión

Tiempo convulso: Rubalcaba for president y caso Chacón. Por Antonio Casado

En el minuto y resultado aparece el caso Chacón. La ministra renuncia pública y oficialmente a lo que pública y oficialmente nunca ostentó. Pero era un secreto a voces que, animada de forma más o menos explícita por Zapatero, contaba las horas que faltaban hasta el sábado para anunciar su deseo de medirse con Rubalcaba en las urnas.

La espantada evita el careo político y generacional con su compañero de Gobierno aunque el careo ya se percibía. Y se percibe. Véanse las reacciones del aparato central del partido, más próximo al vicepresidente, donde reina un visible malestar por el papel de víctima adoptado ayer por la ministra. Así, mientras ella dice que renuncia para no poner en riesgo la unidad del PSOE, la autoridad de Zapatero y la estabilidad del Gobierno, los del otro bando atribuyen su decisión a la falta de apoyos para seguir adelante.


Son los despropósitos del tiempo convulso que está viviendo el PSOE. Suma y sigue. La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso. En su comparecencia de ayer presentó un esbozo de programa: recuperar identidad socialdemócrata, aplicar valores de igualdad en un contexto de crisis, reafirmar la política frente a los poderes económicos, devolver la dignidad al oficio político, por una España unida y plural, etc. Y sus adversarios, que creen haber visto un cierto narcisismo en su discurso, se preguntan si acaso ella tiene el copyright de esos objetivos.
«La joven dirigente “catalana y española” retira su candidatura a la Moncloa en unas primarias internas y la presenta a la secretaría general del partido en un futuro congreso.»
Así de revueltas bajan las aguas del PSOE. Decíamos ayer (a sus pies, fray Luis) que habría primarias internas siempre que Chacón diese un paso adelante y Rubalcaba no diese un paso atrás. Y ha ocurrido algo absurdo: sin haber dado el paso adelante, Chacón lo dio hacia atrás. Y cuando Rubacaba amagó con dar un paso hacia atrás -los resultados del 22-M y la revuelta de los indignados arruinaron su hoja de ruta-, la espantada de Chacón le dejó sólo en la posición de delantero centro.

Ahora quedamos a la espera de que alguien dé el pasito y quiera disputarle esa posición al vicepresidente del Gobierno al amparo de las elecciones primarias que mañana convocará el Comité Federal. Lo más probable es que no se celebren. Por incomparencia de un segundo candidato socialista a la Moncloa. O un tercero, o un cuarto.

Solo es lo más probable, pero en un PSOE en ebullición nada se puede descartar. Ni un congreso extraordinario, aunque la convocatoria de primarias aleja esa posibilidad que, de todos modos, ya había perdido fuerza en las últimas horas. Patxi López y otros acabaron entendiendo que un congreso exraordinario para sustituir a Zapatero equivale a hacerle el trabajo a Mariano Rajoy con una moción de censura. No ya contra el líder socialista sino contra el presidente del Gobierno, que hubiera tenido que adelantar las elecciones generales, al gusto del PP, antes de verse abocado a gobernar con un partido que acaba de repudiarle. Absurdo.


El Confidencial - Opinión

Casas de tolerancia. Por M. Martín Ferrand

¿Es tolerable que los espacios públicos se conviertan en campamentos para la asamblea y el dislate?

ME gustaría saber quién fue el mago del lenguaje que, en brillante alarde de eufemismo, bautizó como casas de tolerancia a las que lo son de lenocinio. Esa es la magia del idioma, su elasticidad. Una casa de camas, o de citas, como muchos le siguen llamando a esos escondites urbanos, más antiguos que el mismísimo urbanismo, no ennoblece a quien las usa; pero lo de la tolerancia, la palabra máxima de la convivencia, les presta un aspecto respetable. Algo parecido ocurre con la Puerta del Sol de Madrid, la Plaza de Cataluña en Barcelona y demás espacios públicos españoles en los que, por su cuenta y sin riesgo alguno, han decidido acampar los «indignados» que quieren cambiar el mundo sin dedicarle demasiado esfuerzo a tan quimérico proyecto. Un curioso fenómeno que, sin ser gracioso, ha caído en gracia a gentes biempensantes, como Eduardo Punset, que, puesto a buscar antecedentes razonables a la sinrazón del caos ha comparado a los okupas ovetenses de la Plaza de la Escandalera con los esforzados viajeros que hace centenas de siglos inauguraron la ruta de la seda.

El progresismo de salón, como el toreo de la misma especie, cursa sin cornadas y no suele ser peligroso para quien lo luce y practica; pero puede producir daños a terceros, a gentes buenas y escasas de criterio a quienes se les induce a confundir el culo con las témporas. En aras de la libertad y la democracia, ¿es tolerable que los espacios públicos se conviertan en campamentos para la asamblea y el dislate? Se entiende que los jóvenes, y quienes hemos dejado de serlo, nos hayamos instalado en la indignación. Cinco millones de parados, una crisis inabordable, un gobierno inútil y una oposición más prudente que activa son una gran catapulta para el enfado individual y colectivo; pero, ¿el cauce adecuado para su expresión son los campamentos callejeros con olores desagradables, sospechosos y ciertos, y exhibición de zafiedad?

Mal hizo el ministro de Interior, aunque se le haya aplaudido la astucia, cuando no cumplió el mandato de la Junta Electoral Central y amparó el flagrante incumplimiento de la ley por parte de estas tribus indignadas que no coinciden en forma y tiempo con el verdadero cabreo de la mayoría cívica; pero ahora, en evitación de males mayores —que es como se le dice a la indecisión en la práctica administrativa—, el mal se perpetúa. Indefinidamente. Sé que predico contra corriente, que parecen mayoría quienes contemplan el fenómeno del desorden como muestra de salud social; pero, en puridad democrática, la pasividad de Interior es irresponsable. La casa es de putas aunque se le diga de tolerancia.


ABC - Opinión

El timonel. Por Alfonso Ussía

«Barco sin timonel, al fondo con él», dice el refranero. No lo dice el refranero, pero lo podría decir. En el refranero español se pueden encontrar incomensurables tonterías elevadas a sabiduría popular. No es obra tonta, pero si acogedora de sandeces. El libro de los tontos por excelencia es el «Guiness de los récords», que reúne en sus páginas todas las metas majaderas que el hombre se ha propuesto, como crear el bocadillo de mortadela más grande del mundo –cien metros de bocadillo, por ejemplo–, ensalzar al tío que se traga más salchichas en una hora o elevar al rango de héroe al individuo que ingiere más huevos cocidos en quince minutos. «Barco sin timonel, al fondo con él», y vuelvo a mi falso refranero. El PSOE es un gran barco, un trasanlántico. ¡Qué facil el ejemplo manido del «Titanic»! No. El «Titanic» se hundió por las causas que todos sabemos. El inmenso barco del PSOE se ha vuelto tarumba y no tiene timonel. Busca al sustituto, pero dos bandos muy diferentes de tripulantes desean imponer al suyo y con distintos métodos. Y el timonel ha perdido el rumbo hacia el norte, el sur, el este y el oeste. Incluidos los puntos del nordeste, el noroeste, el sureste y el suroeste. Al timonel oficial del PSOE le dicen que ponga rumbo a Cádiz y al cabo de los días entra en chapucera arribada al puerto de Keflavik. Porque el timonel obedece a ciegas al capitán, y el capitán no quiere salir de su cámara para evitar las miradas de sus marineros, que no son de aprecio, precisamente. El timonel, José Blanco, está a un paso de mandar al capitán a freir gárgaras, y no lo hace porque aún le recuerda su conciencia que sin el capitán, jamás habría conseguido el mando del timón. A estribor, esperando el golpe de mano, el segundo oficial Rubalcaba. A babor, la tercera oficial Chacón, siempre asesorada por un señor muy sinuoso con rima consonante, Barroso, que es su marido e íntimo amigo del capitán que no sale del camarote. Y en la popa, cobijado de todos los vientos, y a sabiendas de que el barco se va a empotrar contra la primera isla que encuentre a su paso, el comodoro Bono, el más listo de todos ellos, que aguarda con paciencia el momento en el que el capitán, el timonel, el segundo oficial, la tercera oficial y el planificador poderoso con rima consonante –Barroso– se lancen al agua para compartir su futuro con los pingüinos y los besugos. A los primeros les extrañará su presencia, pero los segundos los recibirán como si fueran de la familia. Un capitán que no manda, un timonel que ha perdido el rumbo, un segundo oficial que no se sale con la suya, una tercera oficial que merece entre los suyos el apodo de «la niña», y un instigador ambicioso con rima consonante –Barroso–, a media milla están de hacer naufragar el inmenso barco socialista. Más de dos millones de marineros se han tirado por la borda. Y entre todos, el único que sonríe y se guarda de chismes, navajazos, zancadillas, rumores y demás delicias, es el comodoro Bono, que ha decidido mantenerse al margen para llegar a ser lo que siempre deseó, el capitán. Puede conseguirlo, pero sería capitanía de barco de partido, que no de nación, porque la segunda, según van las cosas y según fueron el pasado domingo, parece tenerla asegurada un marino gallego tranquilo y barbado, que, tantas veces incomprendido y criticado, ha sabido mandar el otro gran barco de partido con tacto y eficacia. Y así están las cosas. Un barco tranquilo y seguro, otro con vías de agua por todas partes y un solo tripulante sonriente, y los besugos esperando la llegada de sus familiares.

La Razón - Opinión

Un partido a la deriva. Por José María Carrascal

Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política. ¿Quién va a confiar en ellos?

¿QUÉ fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué celebrar antes, el congreso federal o las primarias? El PSOE está perdiendo el tiempo, las energías y el poco prestigio que le queda en tal acertijo. Sin querer darse cuenta, como los boxeadores sonados, de que se trata de la misma cosa: cómo librarse de Zapatero. En un congreso, le desposeerían de su cargo de secretario general, en unas primarias, elegirían al hombre o mujer que le sustituiría. En cualquiera de los dos casos, quitárselo de encima. ¡Quién iba a decírselo a él, que acaba de firmar lo que puede ser el broche de oro de su labor legislativa: la muerte sin dolor! Aparte del hecho de que Zapatero está ya políticamente muerto.

Pero si el PSOE cree resolver sus problemas con el anuncio de Carme Chacón de no presentarse a las primarias, se equivoca más que de costumbre. Congreso o primarias, Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Tanto el vicepresidente Primero con la ministra de Defensa son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política suicida, no vieron que nos llevaba al desastre, y si lo vieron, no han tenido la entereza de oponerse o de dimitir. Es más, oigan a la autosacrificada: «Me pongo a disposición del próximo candidato socialista». Nunca se ha hecho una oferta de aceptar el segundo puesto en el ticket tan plúmbeamente. ¿Cómo va a confiar en ellos el pueblo español? ¿Cómo van a representar la renovación que necesita su partido? ¿Cómo van a ejercer el liderato que necesita España? No hay más que verles y oírles para darse cuenta de que son ya tan pasado como su jefe. Mejor dicho: no hace falta verles ni oírles, pues desde el batacazo del domingo, tanto Rubalcaba como Chacón están tan ansiosos de aparecer políticamente correctos que no transmiten nada, como figuras de un museo de cera.


Y ahora, vamos a dejarnos de funambulismos y hablar de la realidad. Vean lo que publicaba ayer el New York Times: «Una suspensión de pagos griega puede desencadenar una reacción en cadena que alcance a otros países mayores, como España, lo que causaría una catástrofe económica global. De ocurrir una quiebra española, ni un solo banco del mundo dejaría de estar afectado. Los bancos norteamericanos tienen invertidos 187.000 millones de dólares en España según los últimos datos. Y lo que advierte la OCDE: España tardará 15 años en recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis.

Esto es lo que se dice fuera. Dentro, nos queda todavía el lamentable espectáculo de oír a la progresía: «Yo sostuve siempre que Zapatero se equivocaba», «se veía que iba derecho a estrellarse», «está agotado» y cosas por el estilo. Empiezan ya a decirlo en radios, periódicos y televisiones. Eran los mismos que hasta el domingo nos llamaban antipatriotas a quienes veníamos advirtiéndolo. Aunque no hay que tomárselo a mal: caen chuzos y buscan conservar su puesto bajo el PP. Puede incluso que algunos lo conserven.


ABC - Opinión

Chacón. El final de los mindundis. Por Cristina Losada

Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa.

La ministra de la Guerra se ha rendido y no seré yo quien lo lamente. Los políticos profesionales llevan ahora mala fama, pero hay instantes en los que sólo se puede exclamar: ¡ya está bien de aficionados! Así, celebraré cada ocasión en que uno de los imberbes dé un paso atrás y tengo por gran noticia que Chacón se retire de la carrera, o la hayan retirado. Cuando un partido se encuentra con sus cuotas de poder en vías de extinción, arriesgarse a que cojan el volante quienes aún circulan con la L es de una temeridad demente. En una emergencia, el auténtico profesional percibe el peligro, igual que el amateur se percata de la oportunidad que tiene. Sólo aquí y ahora, en la confusión y el marasmo, desde el Gobierno, con la protección y la bendición del todavía secretario general y presidente, podía llegar Chacón a la cima.

¿Y con qué méritos?, preguntarán. El proyecto político que acaba de presentar y de retirar, al mismo tiempo, impresiona por su simpleza, pero carece de importancia. Las bazas de Chacón, como ella se encargó de destacar, eran su condición de mujer y de catalana. Dos señoras virtudes para alcanzar La Moncloa y dos raras cualidades que España, a tenor de sus palabras, estaba preparaba para asumir y premiar. Pero la cuestión, claro, nunca fue si España estaba preparada; la cuestión era si lo estaba Chacón. Y sus compañeros dirigentes no lo creen. Quizá han tenido bastante con la película experimental de Zapatero y no quieren ver una secuela ni en pintura. Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa. Y triunfaron.

El mindundi puede ganar, por supuesto. Nadie le discute habilidades, emotividad, empatía y artimañas de apparatchik. Ahí está la carrera del chico de León como prueba. Pero como prueba tanto del éxito como del desastre; desastre para la nación y, a la postre, desastre para el partido. El telón está a punto de caer. La capitulación de "la niña de González", de la petite soeur de Zapatero, aboca a suponer que las primarias se cancelan y con ellas, la presidencia. Un presidente así desautorizado, al que se le despoja incluso de la capacidad de elegir la forma y el plazo de su muerte política, está para recoger sus cosas y marcharse. Sic transit.


Libertad Digital - Opinión

El motín de los pretorianos. Por Ignacio Camacho

Zapatero queda secuestrado por los barones, sin autoridad ni poder, rehén de una conjura de pretorianos.

LA revuelta de los coroneles socialistas ha terminado, por ahora, con el secuestro del poder y la desautorización de Zapatero mediante el sacrificio expiatorio de su presunta favorita, victimada por el líder para salvar provisionalmente su propio pellejo. Los conspiradores se han conformado con la cabeza de Carmen Chacón a cambio de no escenificar en el comité federal la muy shakespereana tragedia del apuñalamiento del César. Siguen sin fiarse de él pero le han dado una salida porque todos saben que el psicodrama en público hubiese destrozado lo que queda de la marca PSOE; si consideran peligroso el espectáculo de las primarias, por lo que tiene de desgaste fratricida, mucho más grave sería el golpe cruento con ejecución sumarísima del tribuno a la vista de la plebe.

Han sido las horas más tensas del partido desde aquel ya lejano congreso en que Felipe dio el portazo haciéndose la víctima. Un paroxismo de reuniones, llamadas y contactos a la desesperada en un delirio de intrigas. Todavía un poco antes de su abatida comparecencia de prensa, Chacón estaba recabando apoyos de dirigentes de una corriente crítica. Sitiado en Moncloa por los conjurados, Zapatero ha fundido varias baterías de su teléfono móvil. Y Rubalcaba, si te mueves te la clava, ha temido hasta el último momento que se la fuesen a clavar a él; despechado por el silencio hermético del presidente, ha apretado tuercas y movido hilos —los últimos, los de Bono— entre amagos de renuncia y protestas de traición. En ese crescendo límite de tirantez y presión se estaba jugando el futuro inmediato del PSOE, tambaleante tras el descalabro electoral: la herencia de un postzapaterismo genuino, líquido y juvenil, o el retorno al prezapaterismo de la vieja guardia. Ha ganado el socialismo con barba pero la solución de compromiso, forzada para mantener apuntalada la apariencia del liderazgo presidencial, deja muchos recelos, muchas heridas y, sobre todo, muchas cuentas pendientes.

El comité federal ya se ha celebrado entre las bambalinas del poder. Lo del sábado será una puesta en escena de la proclamación rubalcabiana, quizá con algún desahogo retórico de los perdedores del pulso. Las nomenclaturas de los partidos le tienen pánico a los ejercicios de democracia interna, en los que casi siempre salen malparadas. Chacón, posible o potencial beneficiaria del descontento de la militancia —«¡¡cosas maravillosas!!»—, se equivocó el domingo al escaquearse de la foto de la derrota y el martes al pedir amparo al presidente cuando éste ya no tiene poder efectivo para protegerla. Pero en este golpe de mano no sólo ha perdido ella; Zapatero queda prisionero de los barones, sin auctoritas ni potestas, y tendrá que agotar, o quizá abreviar, su mandato como indisimulado rehén de un motín de pretorianos.


ABC - Opinión

«Dedazo» en el PSOE

El aparato del PSOE ha presionado desde el 22-M, e incluso antes, para conseguir por todos los medios que el sucesor de Zapatero no saliera de unas genuinas elecciones primarias. Era un secreto a voces que esa presión estaba destinada a que Rubalcaba resultara ungido como candidato único sin necesidad de rivalizar con otro aspirante. Hasta el propio interesado, como informó LA RAZÓN, amagó con retirarse si no se le dejaba el camino expedito. La maquinaria de Ferraz ha sido implacable, y ayer consiguió su objetivo: Carme Chacón anunció por sorpresa su renuncia a concurrir en el proceso de primarias. Pero la retirada de Chacón no ha sido inocua y, si bien acorta el trámite sucesorio, aplaza el debate de fondo en el PSOE y abre una guerra soterrada, tan cruenta como impredecible, por el control del partido. De hecho, la ministra de Defensa disparó ayer varias cargas de profundidad contra el discurso oficial del aparato y de los barones. Sus palabras fueron una suerte de alegato contra la adulteración de la democracia interna y una crítica directa a la presunta madurez de la organización para acometer la transición entre un liderazgo y otro. Al justificar que con su retirada pretendía preservar la unidad del partido, la autoridad del secretario general y la estabilidad del Gobierno, Chacón estaba acusando a sus adversarios de extremar las presiones hasta límites inaceptables. Nada más y nada menos. La ministra acusó a quienes se movilizaron para evitar las primarias previstas en los estatutos –entre ellos, obviamente, Rubalcaba y el resto de barones que le respaldan, aunque no los citó– de «poner en riesgo» esos pilares centrales del PSOE y de cualquier organización política. A partir de ahí, ¿cómo podrá presumir el PSOE de democracia interna si el hecho de que alguien ose presentar su candidatura pone en peligro «la unidad del partido, la autoridad del presidente e incluso la estabilidad del Gobierno»? De la confesión de la ministra se deduce que la libertad no ha sido tal y que el aparato del partido se ha encargado de encauzar y controlar un proceso teledirigido con una única salida. Hasta tal punto ha sido así, que Chacón reconoció que hace 48 horas tenía decidido presentarse a las primarias y que así se lo trasladó a Zapatero en una reunión, en la que se interesó por distintos aspectos logísticos del procedimiento. En todo caso, el «dedazo» más o menos encubierto del aparato para colocar a Rubalcaba como sucesor de Zapatero es un cierre en falso de la profunda crisis del PSOE, y anticipa una guerra intestina entre las diferentes federaciones. El «paso atrás» de Chacón sólo es un capítulo y preludia un impulso para, una vez celebradas las elecciones generales con la previsible victoria de un PP en ascenso imparable, exigir responsabilidades a Rubalcaba y plantar la batalla final con todos sus apoyos. Sea como fuere, el trámite sucesorio en el PSOE se ha abreviado y su culminación será cuestión de horas, tal vez en el mismo comité federal de mañana sábado. Y ya no habrá excusa para que Zapatero no convoque elecciones generales de inmediato. Resuelto el futuro a corto plazo del PSOE, ahora urge que los españoles decidan el suyo.

La Razón - Editorial

Encrucijada socialista

El Comité Federal debe cerrar con urgencia la crisis del PSOE tras la renuncia de Carme Chacón.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, renunció ayer a competir en unas primarias para suceder a Zapatero como candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. Es una renuncia singular, no por el hecho de que la ministra haya decidido tirar la toalla en medio de maniobras y presiones internas, según denunció, sino porque las primarias a las que renuncia no están ni siquiera convocadas. También es singular porque, por las razones que sean, Chacón, que llevaba semanas preparando en secreto su candidatura, anunció su retirada con graves acusaciones sobre un supuesto compló urdido por quienes, con absoluta transparencia, han apostado por la celebración de un congreso.

El Comité Federal del PSOE de mañana tiene que decidir entre convocar a los militantes para elegir a un candidato o anunciar un congreso del que, además del candidato, saldría un secretario general. Desde el momento en que Chacón ha renunciado, el Comité Federal se ve obligado a reflexionar sobre cuál de los dos caminos es el más conveniente para evitar una derrota como la del 22 de mayo.


Los partidarios de Chacón, y por tanto de la convocatoria de elecciones primarias, argumentaban que la celebración de un congreso favorecía a su rival, quien, como ella, tampoco confirmó expresamente sus intenciones en ningún momento. Parecería, en principio, que la renuncia de Chacón abre las puertas a unas primarias con un único aspirante, que sería proclamado por el Comité Federal. A partir de este momento, todo depende, entonces, de si el secretario general, Rodríguez Zapatero, logra imponer sus planes, y si los partidarios de forzar un congreso aceptan sustituir este por otro formato que permita de forma efectiva un debate a fondo que no se limite al nombre del candidato. En caso de que se cierre el proceso este mismo sábado con la proclamación del cabeza de lista para 2012 sin necesidad de votaciones, sería más que conveniente que fuese seguido de un profundo debate sobre el futuro del socialismo en España. Tampoco la celebración de un congreso garantiza de forma automática la resolución de todos los intereses, si bien transmitiría a los ciudadanos el mensaje de que el Partido Socialista ha interiorizado la gravedad de los resultados del 22 de mayo.

Nada garantiza que, en caso de celebrarse un congreso, Pérez Rubalcaba sea el único candidato a la secretaría general. Podrían aparecer otros sobre la base de que lo que está en juego no es quién debe concurrir a unas elecciones que se dan por perdidas, sino quién se hará con la dirección del partido a partir del día siguiente. Pero con un candidato recién elegido, ese debería ser un riesgo menor. Suceda lo que suceda entre hoy y mañana, el objetivo debería ser cerrar esta grave crisis de inmediato, la elección del nuevo aspirante con el pleno respaldo del Comité Federal y centrar todas las energías, en el partido y en el Gobierno, en asegurar las reformas emprendidas hace un año.


El País - Editorial

Lo importante es el PSOE, no España

Si hay algo que está quedando claro tras las luchas intestinas en el seno del Gobierno es que a los principales implicados el porvenir del país les importa más bien poco.

Al anunciar su renuncia a presentarse a las futuras primarias para escoger al candidato del PSOE en las próximas elecciones generales, Chacón ha dicho defender así la unidad y la imagen del PSOE, la autoridad de Zapatero y la estabilidad del Gobierno. Una larga retahíla en la que, como suele suceder con los líderes socialistas, se hace notar una clara ausencia: el bien de España. No es raro en quien se ha preocupado sólo de cuidar su imagen antes que de ocuparse de los problemas de los militares a su cargo.

Resulta curioso que un partido que siempre presume de su democracia interna, que efectivamente es mayor que en otros partidos, evita las primarias en cuanto tiene la oportunidad. Lo intentaron con Tomás Gómez y lo han conseguido con Chacón. Parece que estas elecciones internas siguen ahí no porque crean en ellas, sino porque han hecho tanta propaganda que les resulta muy difícil justificar su eliminación, que es lo que en realidad querrían. Será difícil que Rubalcaba, si como parece es finalmente el candidato único, pueda emplear ese argumento como reclamo electoral.

No hay duda de que Chacón podría haberse colocado en una muy buena posición de salida en el caso, probable pero no seguro, de que el candidato del PSOE, léase Rubalcaba, fracase en las próximas elecciones generales. De ahí que haya querido dar esa apariencia de sacrificarse por el bien del PSOE que otros han puesto en riesgo. Pero la política, a estos niveles, es un juego cruel y para cuando llegue ese momento podría ya haber desaparecido como opción para dirigir los destinos del partido.

Pero si hay algo que está quedando claro tras las luchas intestinas en el seno del Gobierno es que a los principales implicados el porvenir del país les importa más bien poco. Su única preocupación son ellos mismos y, de vez en cuando, el partido sin el cual no serían nadie. Empezando por el mismo Zapatero, que anunció que no se presentaría de nuevo a las elecciones para que el PSOE tuviera mejores resultados, pero nunca se le ha pasado por la cabeza dimitir como presidente para que el país pase a estar gobernado por alguien más capaz de afrontar la crisis.


Libertad Digital - Editorial

Otra pirueta

La renuncia de Chacón es un parche para la reunión de mañana en Ferraz, pero también un catalizador de los enfrentamientos del PSOE.

LA renuncia de la ministra de Defensa, Carme Chacón, a optar a la candidatura socialista para las elecciones generales de 2012 demuestra la falta de sinceridad con la que la dirección del PSOE, empezando por su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, está dirigiendo este proceso de quiebra poselectoral. Las proclamas del presidente del Gobierno sobre la ejemplaridad de la democracia interna del PSOE se convierten en una farsa ante la satisfacción que ha provocado la renuncia de Chacón. Dicen unos socialistas que quieren primarias, pero al mismo tiempo no quieren más de un candidato, degradando así el concepto electoral. También dicen que asumen la derrota, pero no quieren un congreso de renovación, que es lo propio tras una debacle como la sufrida. Esta sucesión de acontecimientos parece encubrir una designación del candidato a dedo tras una parodia de democracia interna, de tal manera que no ponga a Zapatero fuera de la Secretaría General, ni al PSOE fuera del poder, al menos hasta marzo de 2012. El PSOE está dejándose en esta resaca poselectoral el escaso crédito que le quedaba como partido gobernante, revelando una absoluta falta de criterio para saber qué rumbo tomar tras el veredicto de las urnas. El afán por eliminar candidatos y la ansiedad por la pérdida del poder descubren un PSOE carente de fortaleza ideológica y expuesto a la debilidad de estos años de zapaterismo, es decir, de gestión oportunista de la bonanza económica, de agitación radical de la sociedad y de falta de consistencia en los principios. En definitiva, el PSOE paga la factura de haber cambiado sus siglas por las de ZP.

A pesar de su aparente generosidad, la renuncia de Chacón no soluciona el problema socialista. Es un parche para la reunión del Comité Federal de mañana, pero también un catalizador de las contradicciones y los enfrentamientos internos. La encrucijada socialista no era la candidatura de Carme Chacón, sino continuar o no con Rodríguez Zapatero como secretario general. La encrucijada socialista no es simular primarias o abrirse en canal en un congreso extraordinario u ordinario, sino abandonar o no la banalidad ideológica del zapaterismo. En este momento, el PSOE se está comportando como un partido de perdedores que no asumen que lo son, y esa ignorancia la paga España con una inestabilidad mucho mayor que la que podría generar una convocatoria anticipada de elecciones generales. Zapatero le está haciendo al PSOE lo mismo que le ha hecho a España en siete años.


ABC - Editorial