viernes, 4 de febrero de 2011

Aprobado condicional. Por José María Carrascal

Sólo si los demás países de la UE aceptan sus principios, Alemania estará dispuesta a aceptar el «pacto de competitividad».

¿HA venido Ángela Mekel a felicitar a Zapatero por haber dado la vuelta a su política económica o a advertirle que tiene que hacer más, mucho más, para que Europa en general y ella en particular se sientan tranquilos?

Pues ha venido a ambas cosas, ya que se complementan. Palmadas en la espalda y espuelazo en las ijadas. Pues la canciller conoce a nuestro hombre y del mismo modo que ha dejado plantado a la izquierda, puede dejar plantada cualquier día a la derecha. Modesto en el tono, su política es errática cual piuma al vento, y tan pronto la llama fracasada como la rinde pleitesía. Hay, por tanto, que atarle corto y vigilarle de cerca. En otras palabras: que si los primeros pasos que ha dado en la nueva dirección son correctos, no son ni mucho menos suficientes. Tendrá que seguir avanzando en esa línea para que desaparezca el temor de tener que rescatar a España, como ya se ha hecho con Grecia e Irlanda, algo que sería mucho más difícil dado el tamaño de su economía.


¿Y cuáles son esos nuevos pasos que tiene que dar para que todos respiremos tranquilos? Por lo pronto, que se cristalicen en hechos los ya dados. Ese pacto sobre las pensiones que tanto se festeja y esa consolidación de las Cajas de Ahorro, que hasta ahora es sólo sobre el papel, que incluso con fórceps cuesta sacar. Luego: —Desconectar la subida de los salarios a la subida de la inflación, como aquí alegremente se hace. Los salarios, dice la canciller, deben subir según las ganancias de cada empresa, no sólo por justicia, sino porque en otro caso, pondrían en peligro las existencia de algunas de ellas.

— Hay que poner un tope legal al déficit público, tanto del gobierno central como de las autonomías, si no queremos que se produzcan los desequilibrios presupuestarios actuales.

— Establecer el principio de que al euro se le defiende, no a base de «rescatar» los países comunitarios en quiebra, sino a base de aumentar su competitividad, tanto interna como interna.

— Por ello, «la solidaridad va en ambas direcciones». Es decir, no sólo ayudando los países ricos a los pobres, sino también procurando los pobres en convertirse en ricos, a base de esfuerzo, voluntad y sacrificio si es necesario.

Es, como ven, aplicar la «fórmula alemana» a la entera Comunidad Europea y es lo que frau Merkel va a sostener hoy en la cumbre de Bruselas, al tiempo que advierte que sólo si los demás países de la comunidad aceptan esos principios, Alemania estará dispuesta aceptar el «pacto de estabilidad y competitividad» propuesto y a aumentar el «fondo de reserva» para un posible rescate de otros miembros en apuros. Antes, ha querido pasarse por Madrid para decírselo a Zapatero en persona, por ser el socio más afectado. Dándole, de paso, un aprobado condicional, como a esos alumnos listos, pero vaguetes.


Libertad Digital - Opinión

El 5 a las 5. Sólo para no silenciar las voces de las víctimas. Por Guillermo Dupuy

Sólo por el hecho de que el Gobierno se siga negando a reconocer y a denunciar el evidente y criminal chantaje que conlleva y han conllevado todas las treguas de ETA, incluida la más reciente, las víctimas merecen nuestro apoyo.

Sólo por el hecho de que el Gobierno se haya negado y se siga negando a derogar una resolución parlamentaria que, tras casi un millar de asesinados, insiste en dialogar con los terroristas como medio de poner fin a su violencia justifica que estemos con las víctimas el 5 a las 5.

Sólo por el hecho de que el Gobierno se haya negado permanentemente a aplicar la Ley de Bases del Régimen Local para disolver los ayuntamientos en los que siguen instalados los proetarras se justifica esta convocatoria.

Sólo por el hecho de que se mantenga intacto el monopolio que tiene la gubernativa Fiscalía General del Estado para instar el proceso de ilegalización de las nuevas marcas electorales de ETA, tenemos el derecho y el deber de temer, junto a las víctimas, que el Gobierno vuelva a utilizarlo como coladero.


Sólo por los bochornosos privilegios y permisos que el Gobierno está concediendo a criminales irredentos por un falso arrepentimiento que les encamina a la impunidad debemos protestar.

Sólo por el hecho de que el Gobierno se siga negando a reconocer y a denunciar el evidente y criminal chantaje que conlleva y han conllevado todas las treguas de ETA, incluida la más reciente, las víctimas merecen nuestro apoyo.

Sólo por el hecho de que la abogada de un vocero de la banda terrorista como Arnaldo Otegi haya podido utilizar en favor de su defendido las loables palabras que le ha dirigido el presidente del Gobierno, tenemos que gritar basta ya.

Sólo por el hecho de que el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, después de humillar a las víctimas en TV, haya acudido como testigo de la defensa del proetarra, las víctimas merecen nuestra solidaridad.

Sólo por el hecho de que los gobernantes se hayan negado y se sigan negando a cumplir su deber legal de detener a criminales prófugos de la Justicia como Josu Ternera, tenemos que estar con las víctimas. Sólo por el hecho de que no se esté dilucidando en sede judicial si los "informes de verificación" con los que el Ejecutivo negó la existencia de la extorsión constituye un delito de encubrimiento debemos alzar la voz. Sólo por el hecho de que un delito de colaboración con banda armada tan fragrante como el chivatazo a ETA no ha tenido todavía consecuencias ni políticas ni penales, debemos hacer nuestra la indignación contra los que quieren pasar página.

Sólo para advertir que la justicia es el primero de los precios políticos que no estamos dispuestos a pagar a ETA; sólo para recordar que nuestra defensa de la integridad de nuestra nación no conlleva una renuncia a las fronteras que la deben preservar también como Estado de Derecho; sólo para gritar que no queremos ser víctimas de una paz alquilada, tenemos que sumar nuestra voz a la de las víctimas el 5 a las 5.


Libertad Digital - Opinión

Lovna y el orgullo. Por Hermann Tertsch

Las torturas a presos, el aparato policial corrupto, el desprecio y la represión, todo entra dentro de la lucha por el poder.

«MI hija no sabe ya qué pensar. No entiende que miles de personas se pegan y golpean salvajemente en la televisión en sitios del centro de El Cairo que reconoce y que, cuando se pone a llorar, yo le diga que es para que vivamos en un Egipto más feliz». No entiende y pregunta, ¿pero son todos egipcios? La pequeña Lovna, a sus ocho años, que no sabe si creer a su joven padre, Hani, es uno de los muchos millones de egipcios compungidos por unas imágenes que jamás pensaron habrían de ver. Una guerra contra el enemigo íntimo nacional, que es Israel más allá de todos los Tratados de Camp David posibles, era pensable. También lo era una guerra con cualquiera de los vecinos, países fracasados y siempre celosos de la grandeza y el liderazgo histórico natural de Egipto en el mundo árabe. Pero la mera idea de un enfrentamiento civil entre egipcios era inimaginable. Egipto tiene el orgullo patriótico profundo de nación antigua que muchas creen poder improvisar o impostar y que otras han olvidado o dejado morir. Saben de sus raíces en triunfos y adversidades, conocen a sus ancestros y los honran y se sienten parte de un cuerpo continuo en su territorio y en la historia, con cuyo presente y destino mantienen un compromiso íntimo. Habrá quien sonría si se habla del Egipto de los faraones y el actual. Lo cierto es que desde hace cinco mil años apenas ha cambiado de fronteras. Es difícil explicar esto en España donde la historia se reinventa de una legislatura a otra, los hechos son opinables y la nación «negociable y negociada» por quien jura defenderla. Hay naciones que se respetan y la egipcia es una de ellas.

Es posible que el pecado de Hosni Mubarak de provocar el asalto de sus partidarios contra sus adversarios, sea el único que jamás le perdonen sus conciudadanos. Las torturas a los presos, el aparato policial corrupto y cruel, el desprecio y la represión, todo entra dentro de lo que puede considerarse la lucha por el poder que, especialmente en esta región del mundo, siempre se ha dirimido por parecidos cauces. Hasta la represión pura y dura por parte de la policía uniformada se habría incluido en el capítulo de pecados lógicos del gobernante. No así lo sucedido. Desde ayer, millones de egipcios, muchos en principio en nada hostiles a Mubarak ni defensores irredentos de la democracia, le responsabilizarán ya para siempre de la «profunda herida» en la nación que ayer lamentaba el primer ministro Ahmed Shafik. El pobre jefe del gobierno recién nombrado puede ser sincero cuando asegura que no fue él quien envió a los matones a atacar a los manifestantes pacíficos. Pero no puede ser tan iluso como para creer que detendrá a los culpables, como prometió. Algunos mandan más que él. Mubarak, llamó a manifestarse a quienes creen más segura una transición con él. Pero abrió a un tiempo las alcantarillas del régimen para lanzar a lo peor de la sociedad egipcia contra quienes osan desafiarle. El padre de Lovna, Hani, como muchos millones, pedía prudencia y paciencia antes. Decía que no valía la pena arriesgar una matanza por siete meses más de Mubarak, después de haberlo aguantado toda la vida. Pero ahora el dictador ha herido a la nación egipcia. Su orgullo estalla ante esta afrenta como ante la preocupación occidental de que una democracia pueda favorecer a los integristas. ¿Qué derecho tienen a sacrificar nuestra libertad por su tranquilidad? Cierto. Se acaban los tiempos para ese pensamiento colonial. Ellos tampoco ponen en duda la democracia en países occidentales cuando estas eligen líderes nefastos.

ABC - Opinión

Faisán. Jipíos en ca’ Polanco. Por Emilio Campmany

Ninguna pirueta que pueda hacer Freddy sería ya capaz de salvarle. Podrá dar mil volatines y atravesar todo el despacho del ministerio en media docena de flic flacs, pero esta vez le va a ser muy difícil caer de pie.

Pasear por la noche por la calle Miguel Yuste es hoy como visitar el castillo de Drácula de madrugada. Desde las sombras nos asaltan lamentos amargos, gritos desgarradores, llantos desconsolados. Todo es sombría pena. Desde las ventanas del edificio que alberga la redacción de El País alguien grita al silencio de la oscuridad "y ahora ¿qué hacemos?". El fantasma del embargo asoma desde detrás de la butaca del consejero delegado ululando. Su bramido hiela la sangre de quienes en la redacción se afanan en ver el modo de hacer irrelevante la noticia. Pero, la nueva, como un mazazo, como un latigazo está ahí: el juez Ruz ya ha mordido uno de los calcañares del secretario de estado de Interior y en la mano sostiene el hilo de un teléfono móvil del que tirar y que podría conducirle hasta el mismísimo ministro y vicepresidente.

"Rubalcaba está muerto, muerto, definitivamente muerto", barrita uno preso por la histeria. El que conserva el control de sus actos le recrimina: "Calla, insensato; Rubalcaba estará políticamente muerto el día que lo publique El País y para eso todavía falta".

Con todo lo que fue, ha sido y todavía es Prisa, esta es la hora en que, ausente ya el gran patrón, todo ha sido fiado a que Rubalcaba suceda a Zapatero. "Maldita sea –se queja otro–; nunca debimos permitir que cayera Garzón". El más entero vuelve a ordenar silencio, cada vez más enojado. Una tercera voz desesperada se pregunta: "Sobrevivimos al GAL, pero ¿lo haremos al Faisán?". "Callaos todos de una vez. Que no cunda el pánico. El Faisánno es nada, una peripecia de la negociación, un error nimio y seguro que Rubalcaba no se deja atrapar". Uno más veterano y algo impertinente recuerda: "Eso mismo dijiste cuando pillaron a Sancristóbal y no empitonaron al gran jefe de milagro". "Que os calléis, he dicho".

Hasta ahora sólo dos machos alfa se han atrevido a postularse para la difícil sucesión de Zapatero, Bono y Rubalcaba. Y los dos van a acabar mal. Es más, lo de los áticos de Bono parece peccata minuta comparado con lo del Faisán. Avisarle a un etarra de que no acuda a una cita para que no sea detenido es algo muy grave. Que el asunto salpique al director general de la Policía debería ya haber sido motivo suficiente para que dimitiera el titular de Interior. Pero que esté implicado el secretario de estado deja completamente knock out al ministro. Fue Rubalcaba quien lo nombró, fue él quien lo sostuvo y es él quien todavía hoy no lo ha cesado a pesar de ser abrumadoras las sospechas de estar implicado en el caso.

Ninguna pirueta que pueda hacer Freddy sería ya capaz de salvarle. Podrá dar mil volatines y atravesar todo el despacho del ministerio en media docena de flic flacs, pero esta vez le va a ser muy difícil caer de pie.

"Y lo peor no es que se vaya nuestro protector –dice el que primero habló con el ánimo cada vez más decaído–; lo peor es que venga la Chacón; entonces sí que estamos apañados". "Ni una palabra más del asunto", termina ordenando el jefe, perdida toda confianza en su propia autoridad, pero seguro de que habrá que cargar las baterías y dirigirlas nuevamente contra la catalana.

Desde la primavera pasada sabíamos que este curso iba a ser movidito, pero nadie pronosticó que lo fuera a ser tanto. No se levanten de las butacas que todavía habrá más.


Libertad Digital - Opinión

Don de lenguas. Por Ignacio Camacho

El mercado internacional de trabajo señala con pragmatismo la pequeñez de nuestro debate lingüístico autóctono.

HA venido doña Angela Dorothea, la nueva Dama de Hierro, con su oferta de empleos cualificados para universitarios de alta especialización y nos ha sorprendido, cagüenlossietemares, con el pie cambiado en materia de idiomas. De golpe se han llenado las academias; tantos años creyendo que el inglés servía para todo, el esperanto de los negocios, y resulta que los alemanes tienen la mala costumbre de hablar entre ellos en alemán. Y como los puestos ofrecidos son de ingeniería, informática y tecnología, no aceptan el chapurreo oral que hablaban los emigrantes de los sesenta, los de la maleta con cuerdas en la estación de Colonia. Todo el trabajoso aprendizaje lingüístico de los españoles ha quedado en solfa, y eso que últimamente proliferaban los estudios de chino, japonés, árabe y ruso, que se suponían estratégicos para las economías emergentes. Pero nadie esperaba que el milagro teutón volviera a repetirse tan deprisa; para llegar a tiempo de optar a ese mercado va a hacer falta un verdadero pentecostés intelectual.

La verdad es que en España, quizá debido a la introvertida melancolía histórica del imperio, nunca hemos tenido una política educativa acertada en punto a las lenguas extranjeras. Ni siquiera en la contemporaneidad. La generación del baby boom, la que estudió en los sesenta y a la que pertenece la mayoría de la clase política actual, fue absurdamente instruida en francés, que sólo le sirvió para leer Le Mondeen la Transición. Y el inglés sigue siendo nuestra gran laguna cultural incluso en el ámbito universitario, donde se tiende a considerarla lengua instrumental y se enseña aparte con carácter optativo. Ése es un déficit colectivo global tan grave o más que el presupuestario porque afecta a la competitividad del país, pero los planes de aprendizaje oficial siguen enredados en la cuestión de los idiomas vernáculos, fruto del desenfocado debate nacionalista y su afán de utilizar el lenguaje como herramienta de construcción política. Tenemos organizada una gran bronca civil a cuenta del catalán, el gallego o el euskera, con ribetes sainetescos como el de los pinganillos del Senado, y he aquí que el mercado de trabajo internacional irrumpe de pronto con todo su pragmatismo a señalar la pequeñez de esa controversia estéril. Cuando ya ni siquiera el dominio del inglés garantiza una ventaja competitiva, algunos territorios españoles están llenos de parados en dos idiomas.

Lo de Alemania era difícil de prever, por la velocidad de su estirón económico, pero nos ha dejado una lección transparente sobre la errónea orientación del sistema educativo. Simplemente, estamos apuntando en dirección equivocada. Y va a ser complicado corregir el problema cuando además de la carencia de idiomas extranjeros, nuestros escolares tienen —informe PISA al canto— severos problemas de comprensión… del castellano.


ABC - Opinión

Merkel-Zapatero. Hacer la pelota no basta. Por Cristina Losada

No faltan, desde luego, las voces disonantes. Desde CCOO, Fernández Toxo ha instado a la canciller a hacer las reformas en "su casa". Qué manía han cogido los sindicatos de mandar a la gente a su "puta casa".

El presidente Ronald Reagan contaba de su época de actor en films de serie B que las productoras "no querían que (las películas) fueran buenas, las querían para el jueves" ("they didn’t want them good, they wanted them Thursday"). Tal que así ha querido el Gobierno socialista ese pacto social que celebra con trompetería y redoble de tambores. No importaba que fuera bueno, profundo y riguroso. Importaba que estuviera listo el jueves, igual que las malas películas de las que hablaba Reagan. El jueves, esto es, a fin de llevarlo como certificado de buena conducta a la cumbre con la canciller Merkel.

Aún creerán Zapatero y sus asesores que los alemanes –y de la CDU y el FPD, para más– se dejan impresionar, como aquellos aborígenes de otrora, por el simpático brillo de unos abalorios. Y, en realidad, por un envoltorio, muy de diálogo sosiá, no cabe duda, pero que sólo encierra la reforma de las pensiones que el Gobierno ya se había comprometido a realizar a instancias de unos inquietos líderes de la eurozona. El resto del florido paquete lo componen, a lo sumo, buenas intenciones, la especialidad de la casa, formuladas en una lengua de madera que, traducida al alemán, no mejorará.


Al vicepresidente Chaves le dio la risa cuando le preguntaron si Merkel venía a someter a España a un examen. "No estamos de examen", respondió risueño un político al que la idea de que se controle su gestión, debe de resultarle cómica. De eso no tiene experiencia. Pero ha sido su Gobierno el que ha rodeado una cumbre hispano-alemana más, de la fanfarria, la expectación y los nervios que preceden a una prueba. Y el que ha pasado de fustigar a la fracasada Merkel a hacer la pelota a la liebe Frau Merkel con un recibimiento de "Bienvenido Mr. Marshall". Siempre en los extremos.

No faltan, desde luego, las voces disonantes. Desde CCOO, Fernández Toxo ha instado a la canciller a hacer las reformas en "su casa". Qué manía han cogido los sindicatos de mandar a la gente a su "puta casa". Y no me refiero a los parados. Aunque una de las causas del paro, la rigidez de nuestro mercado laboral, preocupa naturalmente en Berlín y en cualquier lugar donde gobiernen personas razonables. No es el caso de la secretaria de Estado Consuelo Rumí, partidaria de que no aprendamos de aquellos a quienes les va bien, sino de que ellos aprendan de nosotros, que nos va mal. En cuanto al partido de la oposición, o está lost in translation o llorando por los recortes sociales. Pues esos pucheros, también ante Merkel.


Libertad Digital - Opinión

El futuro de Cataluña. Por Antonio Garrigues Walker

«Durante la larga época de crecimiento económico se produjeron muchos excesos que estamos empezando a corregir con una lentitud exasperante. Entre esos excesos —y de manera destacable— figura el del gasto autonómico».

LAS relaciones entre España y Cataluña se han ido empobreciendo y deteriorando de forma progresiva en los últimos tiempos. Se puede y se debe revertir ese proceso, pero no va a ser tarea fácil. Se trata de unas relaciones que siempre han sido y siempre serán complejas y cambiantes. Unas relaciones que requieren esa «larga paciencia» de la que hablaba Ortega y Gasset. Es inútil, en todo caso, tratar de simplificarlas acumulando tópicos y lugares comunes; y peligroso, muy peligroso, encararlas con dogmatismos o prejuicios de cualquier género. Es este uno de esos temas en los que los ignorantes y los fanáticos suelen tener mucho más protagonismo del que merecen. Reducir ese protagonismo al máximo sería, por lo tanto, un primer objetivo.

La democracia es el único sistema que permite convivir en desacuerdo, y el instrumento básico de esa convivencia es el diálogo honesto y civilizado, un género de diálogo que por muchas razones está en grave peligro de extinción en nuestro país y que en el tema que nos ocupa lleva sin practicarse demasiado tiempo. No es esta una actitud responsable. Un buen entendimiento entre Cataluña y España no es tema menor. Ese entendimiento va a ser estrictamente necesario, y especialmente positivo, en la evolución del modelo territorial, en el crecimiento económico, en la estabilidad política y en otros muchos aspectos. Veamos en síntesis como aproximarnos a ese objetivo.


Un primer tema. El diálogo entre España y Cataluña no puede limitarse exclusivamente a cuestiones relacionadas con el nacionalismo. La radicalización progresiva que se ha ido desarrollando como consecuencia del estatuto y otros debates no solo ha bloqueado el diálogo político. Ha logrado reducir a un mínimo y a veces secar enteramente otra serie de relaciones culturales, sociales e incluso económicas y empresariales, hasta crear una sensación de aislamiento y de distancia sumamente inconfortable y negativa. Hay que recuperar todas las relaciones en su plenitud y esta tarea corresponde a las sociedades civiles respectivas. Nuestras universidades, fundaciones y asociaciones —ya existen algunos proyectos en marcha— tienen que volver a establecer fuentes de diálogo activo que logren normalizar y enriquecer la relación entre las dos ciudadanías y que sirvan de contrapeso natural al extremismo político y al de los medios de comunicación.

Es la hora de la sociedad civil. Tenemos que ser conscientes de que vivimos en un país en el que más del 80 por ciento de la población demanda sin el menor éxito acuerdos políticos en temas esenciales, como la educación, la justicia y la superación de la crisis económica; un país en el que el estamento político es el peor valorado de todas nuestras instituciones y además el tercer factor de preocupación nacional, después del paro y la situación económica; un país envuelto en una crisis que facilita tensiones, radicalizaciones y situaciones límite; un país muchísimo más serio y responsable que el que emana de las apariencias mediáticas, pero con escasa capacidad para expresar su voluntad auténtica.

A pesar de todo lo anterior, siempre hay un margen para la esperanza. La nueva situación política en Cataluña puede ayudar a cambiar el signo de las cosas. Convergencia y Unió ha sido hasta el momento un partido político que ha aportado seriedad, rigor y pragmatismo tanto a la estabilidad política como al desarrollo económico, donde, entre otras cosas, ayudó a salvar un plan de ajuste cuyo rechazo nos hubiera colocado en una situación delicadísima. Ha demostrado, además, una alta capacidad para el encuentro y el consenso tanto con los partidos nacionales mayoritarios como con los nacionalistas, incluso durante un largo desierto en el que ha sabido mantener, con paciencia positiva, la cohesión interna y la capacidad de acción.

Tiene ahora una ocasión histórica excepcional para demostrar su grandeza de miras y también su realismo político, que no son, en absoluto, valores contradictorios, y que van a ser indispensables para definir con finura —aun aceptando una dosis inevitable de ambigüedad— su posición ideológica. No tiene que renunciar a ningún objetivo, pero debe cuidarse de entrar en debates permanentes sobre intensidades soberanistas e independentistas, que es el gran problema que tiene Cataluña con la acumulación de partidos nacionalistas, incluyendo ahora entre ellos al propio PSC. La obsesión por ser más radical que nadie en estas materias se puede convertir —hemos vivido ya la escena— en un espectáculo absurdo y tragicómico cada vez más distante y más rechazado por una ciudadanía que no tolera —aunque algunos políticos no quieran darse cuenta— ni excesos demagógicos ni oportunismos y ambiciones personales.

El debate actual sobre el modelo autonómico —a pesar de que ha comenzado con todos los excesos habituales— debería ser la ocasión para estrenar un nuevo estilo de diálogo. No podemos desaprovechar la oportunidad, y aun menos convertir este tema en un arma electoral pura y dura, porque se dañaría gravemente la convivencia en España y se retrasaría en exceso la solución de muchos problemas. Aceptemos en primer término que no estamos en condiciones políticas ni sociológicas para afrontar cambios radicales en el modelo autonómico a corto plazo, y aceptemos también que la actual crisis económica no puede condicionar, en forma alguna, decisiones políticas que afecten a la esencia y a la evolución de ese modelo. Durante la larga época de crecimiento económico se produjeron muchos excesos en todos los ámbitos y en todos los sectores, que estamos empezando a corregir con una lentitud exasperante. Entre esos excesos —y de manera destacable— figura el del gasto autonómico, pero ello no justifica en modo alguno cuestionar o condicionar la viabilidad de un modelo que ha sido y será claramente positivo para España. Necesitamos un período —por mínimo que sea— de calma y sosiego. No vamos a poder con todos los problemas al mismo tiempo.

Pero eso no implica que demos la espalda a una realidad inquietante. Existe en España —y muy especialmente en Madrid— una ola recentralizadora profunda que no se limita a grupos conservadores, y existe en Cataluña —y muy especialmente en Barcelona— una ola independentista que ha alcanzado una magnitud desconocida hace pocos años. Si no controlamos, desde ahora, el movimiento de esas olas con prudencia y habilidad, nos encontraremos súbitamente en una mar arbolada sin líderes expertos en navegación azarosa en la que, para reducir el riesgo, la norma básica será la de poner proa a las olas sin vacilación ni contemplaciones.

Mucho más útil que abrir sin pausa capítulos de agravios y deslealtades, será aceptar que todos los temas que se han puesto sobre la mesa son perfectamente debatibles y consensuables. A los modelos territoriales les sucede lo mismo que a los sistemas democráticos: son y serán siempre perfectibles. Nuestro modelo autonómico —que es una de las formas de ser federal— admite desde luego crecimientos asimétricos que respondan a las distintas sensibilidades históricas; admite, también, conciertos fiscales y otras medidas que profundicen y garanticen el autogobierno; y admite finalmente normas y controles que eviten procesos de desintegración y aseguren una solidaridad eficaz que aumente y no empobrezca los niveles de exigencia. Es una cuestión de tacto, equilibrio y sensatez política que ya hemos demostrado en otras ocasiones y en otras materias.

Cataluña merece, en cualquier caso, un amplísimo margen de confianza, una confianza sin reservas. El buen futuro de España y el de Cataluña están vinculados indisolublemente.


Antonio Garrigues Walker es Jurista.

ABC - Opinión

El aval de Merkel

ENCABEZAMIENTO

La expectación generada por la visita de Angela Merkel a nuestro país se concretó en una breve jornada de trabajo de las delegaciones de ambos gobiernos y en una comparecencia de apenas 20 minutos de la canciller alemana y el presidente español. Como no podía ser de otra manera entre líderes aliados, el encuentro estuvo marcado por un clima de consenso y por las buenas palabras de Merkel a las reformas emprendidas por Rodríguez Zapatero. No se podía esperar otra cosa que el respaldo de la canciller alemana al rumbo marcado por la propia locomotora europea para nuestro país, por mucho que existan dudas sobre el alcance y la eficacia de algunas de esas iniciativas. Zapatero recibió el balón de oxígeno que esperaba con el refrendo de Merkel a las nuevas políticas, incluido el reciente pacto social. La canciller no escatimó en parabienes, aseguró que «las reformas permiten cambiar el rumbo de España» y consideró que las medidas contarán con la aprobación de los mercados y que generarán confianza en el futuro del país. De cara a la opinión pública nacional e internacional, el balance de las palabras de la canciller fue positivo para el presidente del Gobierno. Pero el mensaje de Merkel fue también el de que Europa y, por ende, España tienen mucho que hacer para sentar las bases de una recuperación sostenida. En sus propias palabras, «cada uno tiene que hacer los deberes en su casa» y, para ello, «hay que hacer reformas constantemente». Alemania está decidida a embridar a la Unión Europea, porque se juegan demasiado como para dejar que cada uno haga la guerra por su cuenta. Además de fortalecer el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, Merkel defendió que es necesario un «pacto de competitividad», que contemple avanzar hacia unos costes laborales unitarios –eliminando las cláusulas que ligan salarios e inflación–, la armonización de la base imponible del Impuesto de Sociedades y el retraso progresivo de la edad de jubilación, como ya han hecho Alemania, Francia y España. Zapatero eludió el complicado debate de la vinculación del salario a la productividad, como defiende Alemania, y se lo endosó a los agentes sociales, pero sabe que, más tarde o más temprano, habrá que afrontarlo, porque hay razones para ello. El apoyo del presidente a la esencia de ese Pacto de Estabilidad es un acierto. España debe apostar por el acuerdo, pues nuestra economía tiene en la competitividad un terreno en el que debemos mejorar, y mucho, y nos convendría aprender de quien nos puede enseñar. La propuesta alemana de prohibir por ley los déficit excesivos es relevante. El presidente destacó que ya hay leyes de estabilidad presupuestaria, y apostó por trasladarlas a las comunidades autónomas. Nos queda la duda de la eficacia real de esas barreras legales, a la vista de las experiencias con el incumplimiento sostenido del Pacto de Estabilidad y el derroche del dinero público, aunque siempre es positivo endurecer y restringir el gasto. Merkel habló de años para comprobar el efecto de las reformas en España, y fue su mayor censura al Gobierno. Precisamente, los años perdidos en una política económica equivocada con el balance conocido.

La Razón - Editorial

Merkel en Madrid

La canciller acierta al pedir más control del gasto; y su apoyo a Zapatero no es simple protocolo

La canciller alemana Angela Merkel ha llegado a Madrid con un abanico de propósitos cuya importancia sería imprudente trivializar. En primer lugar, es una visita que pretende certificar sobre el terreno el estado de las reformas económicas del Gobierno español, el quicio fundamental para la estabilidad del euro en estos tiempos de agitación financiera, la última de las cuales, la de las pensiones, se firmó en La Moncloa el miércoles. El resultado de la ronda comprobatoria, algo más que un examen de rutina habida cuenta de que la canciller aterrizó con un amplio repertorio de su equipo ministerial, parece haber sido satisfactorio. Merkel ha hecho públicas sus felicitaciones (de las que cabe esperar que tomen nota los mercados) por "las importantes reformas" españolas; felicitación que, sumada a la de Sarkozy y a la de Van Rompuy, se parecen a los bondadosos estímulos que suelen prodigar los profesores a los alumnos menos aplicados.

Pero hay más. No hay que olvidar que una parte del sistema financiero, las cajas, está a la espera de capital para sanear de una vez por todas sus balances. Y, además, la canciller tiene un esquema fijo (algunos dicen que obsesivo) sobre la estabilidad financiera europea y quiere sondear cuáles son las posibilidades de que Europa adopte ese plan. Parte de ese esquema es correcto, porque impone cambios y planes de austeridad que convienen para combatir la recesión. Por ejemplo, limitar los déficits de los Estados (y de las comunidades autónomas allá donde las haya) es una propuesta que cualquier Gobierno sensato adoptaría, con mayor razón si está ligado a una moneda común; reformar el sistema financiero es imprescindible, para evitar perturbaciones en la eurozona y para que las empresas españolas sobrevivan; y la reforma laboral limitará los efectos inflacionistas durante la recuperación. Hasta aquí, el esquema Merkel solo merece aprobación; que se convertiría en entusiasmo si abandonase la terca oposición a los eurobonos.

Pero otras propuestas de Merkel, que rebasan los límites de la coordinación económica y la homogeneidad fiscal, pueden resultar más discutibles. Es el caso de su proyecto, descartado cortésmente por el Gobierno español, los empresarios y los sindicatos, de desligar los aumentos salariales de la inflación como una de las condiciones para aprobar la ampliación del Fondo de Rescate europeo. La economía española necesita cambiar su patrón de crecimiento; ahorrar más y aumentar la productividad. Para ello se necesitan muchos cambios, y también discutir lo que Merkel propone. Pero al final, cada país debe elegir su propia fórmula para mejorar la productividad. España ha elegido subir la productividad mejorando la educación, aumentando el capital tecnológico y las infraestructuras. Algo que Alemania hizo en la década de los sesenta. De momento, aunque indexados al IPC, los salarios en España han crecido durante 2010 por debajo de la inflación. Pero no ha sido siempre así. Ni nadie asegura que siga así siempre.


El País - Editorial

Zapatero, fracasado e intervenido

Atendiendo a las declaraciones públicas de políticos y sindicatos parece que el viaje de Merkel ha sido del todo estéril. Esperemos, no obstante, que entre bastidores la cosa haya sido distinta, pues al final habrá que aplicar el sentido común económico.

Hace cuatro años Zapatero soltó una de esas vaciedades que tan bien caracterizan al personaje. Según el optimista antropológico que es nuestro presidente del Gobierno, en 2010 España superaría en renta per capita a Alemania. Apenas un mes después de que tuviera que haberse consumado semejante vaticinio, no sólo no hemos superado a los germanos en prosperidad, sino que el caos económico que ha impuesto al país uno de los gobernantes más nefastos de toda su historia ha hecho necesario que nuestro principal acreedor, Alemania, nos haya tenido que intervenir de facto. Sólo así, al parecer, conservan alguna esperanza de que podamos devolverles todo o gran parte del dinero que les adeudamos.

La auditoría relámpago de Merkel y sus seis ministros no ha dado, no obstante, para grandes titulares. De cara al público, es evidente que los alemanes no tienen el más mínimo interés en exacerbar las dudas a propósito de nuestra solvencia; al cabo, si el resto de nuestros acreedores dejaran de refinanciar nuestra deuda, entraríamos en suspensión de pagos y los bancos teutones serían quienes más lo sufrirían.


En privado, sin embargo, cabe esperar que las cosas hayan sido distintas. Y es que las pocas y sensatísimas recomendaciones que los alemanes nos han lanzado –no gastar más de lo que ingresamos y ligar la evolución de los salarios a la productividad–, rápidamente han sido despreciadas por nuestros gobernantes y por nuestros mal llamados "agentes sociales".

Así, por ejemplo, Consuelo Rumí, secretaria de estado de la Función Pública, ha reprochado que Merkel nos dé consejos de austeridad, sugiriéndole a la mandataria alemana que emule algunas de las valientes medidas adoptadas en nuestro país, tales como la rebaja del sueldo de los funcionarios. Por supuesto, Rumí ha olvidado mencionar que España soporta un déficit estructural del 10% del PIB y que el alemán apenas llega al 3% (pese a lo cual Merkel anunció hace un año un plan de austeridad de 80.000 millones).

No menos fatuos han estado el ministro de Trabajo, los sindicatos o la patronal ante las recomendaciones de que nuestros salarios no crezcan por encima de la productividad. Valeriano Gómez se ha apresurado a descartar la propuesta, pues debe de ser que nada tiene el mercado laboral español que aprender del alemán. Asimismo, UGT ha manifestado que sin indexar los salarios al IPC, nuestros trabajadores perderían poder adquisitivo, como si los casi cinco millones de parados que la rigidez laboral que las centrales sindicales introducen a través de mediadas como ésta no estuviera erosionando por entero su poder adquisitivo. Por no hablar de la CEOE, para quien la productividad es "un tema más alemán que español"; tan alemán y tan poco español como debe de serlo la creación de empleo, cabría añadir.

En definitiva, atendiendo a las declaraciones públicas de políticos, sindicatos y patronal parece que el viaje de Merkel ha sido del todo estéril. Esperemos, no obstante, que entre bastidores la cosa haya sido distinta, pues, al final, tendremos que aplicar, voluntaria o forzosamente, el sentido común económico: más nos valdría no perder el tiempo y no seguir endeudándonos innecesariamente hasta entonces.


Libertad Digital - Editorial

Puño de hierro en guante de seda

España, con su nivel de endeudamiento exterior y su tasa de paro, no tiene mucho margen para escapar a las directrices de Alemania.

LA canciller alemana, Angela Merkel, llegó, vio y cumplió el guión previsto para su visita a España. Alabó las reformas aprobadas hasta el momento —no es para menos, porque están alentadas por su Gobierno— y expresó su confianza en el futuro de nuestro país. «España ha hecho sus deberes», sentenció Merkel con una fórmula que es la más adecuada a las relaciones de tutela que mantiene la Unión Europea con el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero desde el 12 de mayo de 2010. Ahora bien, Merkel dejó anotadas nuevas tareas que demuestran que, tras los elogios rituales y previsibles al Gobierno español, Alemania y Francia han decidido marcar el paso de la nueva Unión Europea. Porque de esto se trata, en realidad, para los Gobiernos de París y Berlín: reconfigurar la estructura financiera de la Unión Europea para que la superación de esta crisis sea un punto de partida de una etapa en la que se eviten recaídas. Por eso, Merkel llegó con un mensaje punzante para el Gobierno y los sindicatos: los incrementos de salarios deben vincularse a la productividad y no a la inflación.

La reacción sindical ha sido oponerse a esta nueva idea, pero el poder político y económico que se ha concentrado en Alemania no va a permitir grandes disidencias. Además, Francia secunda a su socio alemán, y ambos quieren un nuevo plan europeo, basado en esa política salarial asociada a la productividad, la armonización de políticas fiscales y la prohibición de llegar a determinados niveles de déficits. Merkel comprobó en Madrid que Zapatero había empezado a hacerle caso en el aumento de la edad de jubilación y en la reforma de las cajas de ahorro, que tanto interesa al sistema financiero alemán. Ahora llega una segunda fase de reformas, tanto o más drásticas que las tomadas hasta el momento. Y España, con su nivel de endeudamiento exterior y su tasa de paro de más del 20 por ciento, no tiene mucho margen para escapar a las directrices de las principales economías europeas. El alarde de propaganda oficial sobre el acuerdo de las pensiones y el respaldo de Merkel a las reformas tienen una eficacia efímera ante la perseverancia de los problemas sociales provocados por el paro, la falta de crédito y la morosidad. Este es el ámbito de la crisis en el que se deben notar cuanto antes los resultados de todas estas reformas. Pero el brutal ascenso del desempleo en enero resume la ineficacia de la política económica del Gobierno.

ABC - Editorial

jueves, 3 de febrero de 2011

Sucesión. Zapatero como chivo expiatorio. Por Cristina Losada

Los aires de fronda que corren en las baronías socialistas tienen más visos de ser un intento de desviar la culpa que un motín para derrocar al líder absoluto antes del día del Juicio.

Concentrar la culpa en un solo individuo es un buen negocio, que ofrece el sólido beneficio de exonerar al resto de los implicados. Desde ese humano aunque amoral principio, se entienden los movimientos contra Zapatero que surgen en el seno del PSOE. El proceso de luchas internas para designar a un sucesor es, en realidad, el proceso para designar a una víctima propiciatoria. Por si hubiera que instalar la guillotina, como parece, se elige y señala con tiempo al chivo expiatorio. Una cabeza deberá rodar para que otras se salven. Todas son responsables del desastre, pero basta que una caiga en el cesto, para que las demás queden libres de tacha.

Los aires de fronda que corren en las baronías socialistas tienen más visos de ser un intento de desviar la culpa que un motín para derrocar al líder absoluto antes del día del Juicio. Si en mayo pierden los feudos que han regido tan ricamente, podrán entonar el "pío, pío, que yo no he sido". Destronar a Zapatero con anterioridad a esa prueba de fuego, no sólo parece imposible, dado el blindaje que protege a las cúpulas partidarias. Supondría añadir desconcierto al que ya padecen sus bases y privaría a los barones del parapeto perfecto, la causa exógena de la debacle: recibimos en nuestro trasero la patada dirigida a ZP. El caso es sobrevivir a la derrota, aunque sea a la intemperie.

Una sería partidaria de una transición ordenada, como le aconsejan las cancillerías occidentales a Mubarak. Incruenta, si fuera posible. Y completa, si no fuera fantasía. Pero atraídos por el olor a sangre, especulamos con ardor sobre quién y no sobre qué. Cuando, bien mirado, el gran interrogante no es tanto si Zapatero será o no será, como si el Partido Socialista rectificará o no su política. Y ahí, hay que decir, los incentivos para lanzarse a esa revolución son escasísimos. La popularidad de la marca y del propio presidente ha caído en picado sólo desde que empezó a sonar la marcha fúnebre de los recortes. Hasta entonces, todo iba sobre ruedas. Y el éxito santifica cualquier cosa. ¿Para qué cambiar aquello que ha gozado del favor del público? De modo que los socialistas podrán sacrificar a Zapatero con el ritual correspondiente y mantener, al mismo tiempo, lo sustancial de su política. El zapaterismo, en fin, puede sobrevivir a Zapatero.


Libertad Digital - Opinión

Recuerdos y fantasmas. Por M. Martín Ferrand

Este pacto que ahora tanto alegra a Zapatero, sería aceptable si el paro no siguiera creciendo.

Una noche, en El Cairo, en el arranque de los sesenta, compartíamos té y dátiles, en torno a Victoriano Fernández Asís, unos cuantos jóvenes y nacientes periodistas, José Sotomayor —que ya se fue—, Alfredo Amestoy, Carmen Eulate —de la que no he vuelto a saber—, Florentino López Negrín, Dolores Alonso, Basilio Rogado, Pedro Crespo —que hizo aquí durante mucho tiempo la crítica de cine—, José Luis Blanco y otros tantos que tengo en el corazón y no caben en la columna. Alguien planteó el asunto constante de aquellos años: ¿es posible una democracia en España? Fernández Asís, maestro en la cara y la cruz de la guerra, sabio prudente y espadachín dialéctico respondió con prontitud y precisión: «Es muy sencillo. Solo hacen falta 30 millones de demócratas». naturalmente la conversación cambió de signo y nos concentramos en Nefertiti y otros talentos locales de las más viejas dinastías.

Pasado el tiempo, el que va de un triunfal Gamal Abbdel Nasser a un decaído Hosni Mubarak, reemplazado el té con menta y azúcar por el gin-tonic que marca la moda, Egipto sigue siendo una incógnita y España un problema. ¿Tendremos ya los treinta millones de demócratas que el maestro Fernández Asís consideraba imprescindibles?. Somos más, cuarenta y siete; pero, ¿habrá dos devotos de la democracia por cada tres empadronados? No lo parece. La democracia es todavía una ensoñación, una meta. No se observa en el ánimo cotidiano de los ciudadanos que no se sienten representados por quienes votaron en los últimos comicios y tampoco fructifica en las renuncias que cabría esperar de las autonomías para que, mientras dure la crisis, sea abordable la búsqueda de una solución nacional española, válida para las diecisiete piezas del puzzle territorial.Ayer, en el acto pretendidamente solemne que, en La Moncloa, firmaron los sindicatos y el Gobierno para rematar el pomposamente llamado pacto para las pensiones, volví a sentir la sensación de hace medio siglo junto al Nilo, pero cabe el Manzanares. ¡Qué lejos seguimos estando de una España cierta, rotunda y eficaz! Los pactos no son, por ser pactos, ni buenos ni malos y este que ahora tanto alegra a José Luis Rodríguez Zapatero, sería aceptable si el paro no siguiera creciendo y la Seguridad Social adelgazando. Tan espiritista resultó el cuento que Zapatero, en trance, escuchó las voces de un banquero continental y los coros de ángeles que suelen acompañar a los buenos socialistas que se entregan al bien de su pueblo. No. Todavía no debemos tener los treinta millones de demócratas que el viejo y desaparecido maestro consideraba imprescindibles para empezar la tarea.


ABC - Opinión

Crisis. Los Apaños de La Moncloa. Por José García Domínguez

Así las cosas, la elefantiasis pública habrá de seguir constituyendo la madre de todas las ineficiencias de la sociedad española. Asunto en el que, por cierto, algo se podría aprender del federalismo alemán.

Quintaesencia del zapaterismo, a la forma sin fondo de esa liturgia escénica que ahora pretende un revival camp de los Pactos de la Moncloa le falla la premisa mayor. A saber, aquélla fue una entente igual económica que política, extremo que siempre se tiende a olvidar. Sin ir más lejos, la reforma fiscal, urdimbre material del ulterior Estado del bienestar, sería condición sine qua non con tal de que los sindicatos, entonces aún extramuros del erario, asintieran a muy crudos sacrificios salariales. Nada que ver, pues, con la cosmética declaración de buenas intenciones que vienen de concelebrar Toxo, Méndez y Rosell en los telediarios innúmeros del Gobierno. Oropeles retóricos al margen, puro humo, la afamada especialidad de la casa.

Así las cosas, la elefantiasis pública habrá de seguir constituyendo la madre de todas las ineficiencias de la sociedad española. Asunto en el que, por cierto, algo se podría aprender del federalismo alemán. Y es que en Berlín no solo producen aspirinas, ascensores y delanteros centro, también se dan alguna maña fabricando estados de las autonomías sostenibles, baratos y hasta útiles. Pericia a la que no resulta ajeno el que se tomen en serio a sí mismos y a sus instituciones. Imposible, por ejemplo, tratar de explicarles que el voto senatorial de un castellano-leonés vale exactamente lo mismo que los de ocho madrileños. Grotesca extravagancia censal que únicamente se tolera por la absoluta inanidad de esa cámara gastronómica.

Un pabellón de reposo en las antípodas del Bundesrat, asamblea integrada por miembros de los gobiernos regionales que, entre otros efectos balsámicos, los fuerza a distraer la atención de sus respectivos ombligos domésticos por un instante. A esos menesteres, y descartada –por quimérica– la lealtad de los catalanistas, con un consejo federal parejo al menos los tendríamos dentro meando hacia fuera, y no fuera meando hacia dentro. Añádase, en fin, lo estéril de nuestro eterno debate bizantino a cuenta de las competencias exclusivas, ora del Estado, ora de las Comunidades. Olvidando que las compartidas, de las que nadie habla, resultan ser las más importantes. De ahí esos órganos de concertación horizontal, aquí insólitos, que integran a los Länder en el efectivo Gobierno de Alemania. Ah, la fracasada Merkel, tenemos tanto que aprender de ella.


Libertad Digital - Opinión

La risa congelada. Por Edurne Uriarte

La reactivación del caso Faisán por el juez Ruz tiene el gran valor ético y democrático de congelar las risas de los socialistas.

Las últimas ocasiones en que el diputado Ignacio Gil Lázaro ha preguntado a Rubalcaba por el Faisán, los socialistas han bromeado y reído alborozados en sus escaños. Con la estrategia de presentar al diputado popular y, de paso, a sus compañeros de bancada, como un tipo extravagante, alejado de la realidad y, sobre todo, incapaz de aceptar la irrelevancia de la cuestión. Pues ya se sabe, y éste es el fondo que explica las risas, que en la lucha contra ETA el Estado se ha permitido algunas licencias, algunos olvidos de la ley, algunos enredos con los terroristas, que no tienen mayor importancia.

Lo que sería inconcebible en cualquier otro tipo de delitos, baste imaginar las risas que habría en una pregunta sobre un posible aviso desde Interior a un jefe mafioso o, simplemente, al asesino de su pareja, ocurre, sin embargo, con el terrorismo. Sobre todo, si el terrorismo es de ETA. Pues tampoco cuesta imaginar las nulas risas si el chivatazo tuviera que ver con un grupo terrorista de extrema derecha.


En este ambiente moral, que es, al fin y al cabo, el de la negociación con ETA, el ministro Rubalcaba se ha permitido un arrogante desdén en sus respuestas a las más de 30 preguntas de Ignacio Cosidó e Ignacio Gil Lázaro. Lo de que cómo se atreven a insinuar tal cosa, o, a ustedes les ocurre que les molesta lo bien que va la lucha contra ETA, o, nosotros colaboraremos con la Justicia. Todo lo anterior en la convicción de que la Justicia, Garzón mediante, era extremadamente torpe en esta investigación.

Por eso la reactivación del caso por el juez Ruz tiene el gran valor ético y democrático de congelar las risas. Incluso en el supuesto de que el juez no pueda desvelar toda la verdad, la posible colaboración del Estado con los terroristas volverá, al menos, al lugar que le corresponde. Al de un enorme escándalo democrático. Sin resquicios para la risa.


ABC - Opinión

Aferrados a Merkel

Todo estaba preparado para que Angela Merkel fuera recibida hoy en España con el acuerdo social alcanzado por el Gobierno, los empresarios y los sindicatos. Esa fotografía en color se tornó en tonos grises después de conocerse las dramáticas cifras del paro registradas en enero, con casi 131.000 parados más, lo que supuso un récord histórico de desempleo, con más de 4,2 millones de españoles sin un puesto de trabajo. El efecto positivo para la confianza del compromiso se diluyó cuando irrumpió la realidad descarnada del paro. Que la presencia de la canciller alemana tenga un efecto balsámico y regenerador del crédito perdido ante los mercados y ante la propia Unión Europea está por verse. De momento, el Gobierno no está en las mejores condiciones de pasar con nota la auditoría de la locomotora germana, aunque también es cierto que el Ejecutivo, forzado por la propia Alemania, ha puesto en marcha una política de reformas cuyo alcance y resultado son una incógnita.

Para Alemania, España no es un país cualquiera, y en el sentido inverso, obviamente, nuestra dependencia de la locomotora europea es estratégica. Alemania es el segundo socio comercial de España en volumen total (importaciones más exportaciones), si bien es el primer proveedor, con el 14,4% del total de las importaciones españolas. Alemania es también el segundo destino de las ventas españolas con un 11%. Otro dato relevante es que el país de Merkel es con el que España mantiene un mayor déficit comercial, que suele oscilar entre el 20% y el 30% del total, según los años. A ese cóctel le falta un ingrediente esencial como es que la banca alemana es la segunda más expuesta a España y concentra el 55% de la deuda pública de nuestro país. Hay pues razones para que Merkel marque estrechamente lo que ocurre aquí, aliente las reformas e, incluso, ofrezca trabajo a jóvenes españoles cualificados.

Como es natural, la mano tendida de Merkel está sujeta a condiciones, por mucho que la propaganda del Gobierno haya vendido que la canciller aterriza para dar un espaldarazo a la política de Zapatero. De puertas para afuera, no sorprenderá que sea generosa y comprensiva con el Gobierno; de puertas para adentro, Merkel pondrá encima de la mesa exigencias espinosas para el Ejecutivo. Alemania está dispuesta a tirar de Europa, incluida España, pero lo hará bajo sus condiciones. Si se quiere un nuevo fondo de rescate, o incluso los eurobonos, habrá que dejar de ligar los salarios al IPC y establecer por ley un techo al endeudamiento, además de armonizar el impuesto de sociedades y facilitar la entrada del sector financiero alemán en nuestras cajas de ahorros. Es evidente que los deberes no serán fáciles de hacer. En todo caso, conviene no perder la perspectiva y ser conscientes de nuestra fragilidad y vulnerabilidad financieras. España está obligada a fortalecer sus vínculos con Alemania y favorecer una relación de privilegio. Jugar a la contra en la actual coyuntura o ir por libre sería temerario. Lo inteligente es corregir los desequilibrios y aprender de los aciertos de una economía que creció un 3,6% en 2010.


La Razón - Editorial

Pompas para ocultar una miseria

Este acuerdo, tan pomposo como vacío de contenido, de nada va a servir para crear empleo, impulsar el crecimiento o restablecer sanamente el crédito para las empresas. Y sin eso, el parche no dejará de ser parche, por mucho que se cubra de tapices.

Salón de Tapices del Palacio de la Moncloa. Paneles estampados con el nombre de un acuerdo que pretende ser histórico. Banderas de España y de la Unión Europea: este es, a grandes rasgos, el solemne escenario donde el principal responsable político de la crisis que estamos padeciendo y sus subvencionadas comparsas –léase Gobierno y "agentes sociales"– han estampado su firma a un no menos pomposo "Acuerdo Económico y Social para el Crecimiento, el Empleo y la Garantía de las Pensiones".

La pretenciosa imagen cae, sien embargo, en el más merecido de los ridículos cuando la realidad nos informa al mismo tiempo de que hemos terminado enero con 130.930 parados más; un dato aun peor que el sufrido en enero del pasado año, y que sitúa el total de desempleados en la friolera cifra de los 4.689.596.


No hay que extrañarse, pues, de que todos los partidos hayan dado plantón a Zapatero, contribuyendo así aun más al deslucimiento del circo con el que el Gobierno pretendía evocar nada menos que los Pactos de la Moncloa firmados durante la Transición. Con todo, nada debería dejar más en evidencia la farsa que el contenido de este acuerdo, que no afronta una sola de las reformas estructurales que serían necesarias precisamente para impulsar el empleo, el crecimiento y la confianza en nuestras pensiones.

Sin abordar la esencial reforma liberalizadora que requiere nuestro mercado de trabajo o la drástica reducción del gasto que deberían llevar a cabo las administraciones públicas, este acuerdo básicamente se centra en garantizar que los ciudadanos van a tener que jubilarse más tarde para cobrar la pensión. De hecho, el perjuicio ocasionado al ciudadano al retrasar coactivamente a los 67 años la edad de la jubilación no va a ser más que un parche de cara a preservar un demencial sistema publico de reparto que no puede sostenerse más que mediante paulatinos y más severos perjuicios de sus supuestos beneficiarios.

Tal vez el ahorro público que provoque este fraude institucionalizado sirva para aplacar temporalmente a nuestros socios comunitarios, especialmente a Angela Merkel, que este jueves pasará revista a nuestras cuentas. Pero lo que es evidente es que este acuerdo, tan vacío de contenido, de nada va servir para crear empleo, para impulsar el crecimiento o restablecer responsable y sanamente el crédito para las empresas. Y sin eso, el parche no dejará de ser parche, por mucho que se cubra de tapices.


Libertad Digital - Editorial

Moncloa, la foto de un país en paro

Sea cual sea el discurso público de Merkel en España, confirmará el análisis de que son necesarias nuevas reformas, urgentes y profundas.

TODAS las ilusiones del Gobierno puestas en la foto de la firma del Acuerdo Social y Económico con sindicatos y empresarios quedaron deshechas a primera hora de ayer, en cuanto se conoció que el desempleo registrado en enero había aumentado en más de 130.000 personas. Esta cifra, sumada a la Encuesta de Población Activa del pasado año, describe el peor escenario de desempleo en la historia reciente de España. Y es, además, un dato que desarma los argumentos del Gobierno a favor de las medidas económicas y laborales de 2010. Sin paliativos ni eufemismos, la situación del paro es catastrófica y no admite los bálsamos habituales del Gobierno, con comparaciones retrospectivas o estacionalidades. Se están combinando los peores factores posibles: inflación, desempleo, incertidumbre; y el Gobierno todavía pronostica que a final de año se habrán creado entre 50.000 y 100.000 empleos. En este contexto, el Gobierno arrancó la foto de la firma a un acuerdo social que solo tiene compromisos concretos y plazos precisos en materia de pensiones, pero que es una mera declaración de intenciones en los demás capítulos de políticas activas de empleo o de política industrial, energética y de innovación.

Sin duda, nada de pacto histórico ni de imagen de los Pactos de la Moncloa, porque faltaban los representantes de los grupos parlamentarios. Evidentemente, la reforma de las pensiones era el núcleo de este pacto y hay que considerarlo necesario y oportuno, al margen de que haya extremos claramente mejorables. En lo demás, el acuerdo es una puesta en escena sin contenido, incapaz de compensar el brutal ascenso del desempleo, que es el principal problema para empezar a recuperar la economía. Además, la Seguridad Social sigue perdiendo cotizantes. Más de dos millones ha perdido entre 2008 y 2010, hasta situarse en poco más de 17.300.000 afiliados. Por mucha reforma de las pensiones que se pacte, si el sistema de financiación no genera ingresos, seguirá en situación de riesgo. La canciller alemana, Angela Merkel, se encontrará hoy cuando llegue a España con el país más castigado por el desempleo en la Unión Europea. Sea cual sea su discurso público —de confianza y apoyo a nuestro país, con toda seguridad—, confirmará el análisis generalizado de que son necesarias nuevas reformas, urgentes y profundas, en la estructura fiscal, económica, laboral y administrativa de España.

ABC - Editorial

miércoles, 2 de febrero de 2011

Renegar de las autonomías. Por Edurne Uriarte

Al PSOE de Zapatero le pasa con el sistema autonómico algo parecido a lo ocurrido con la economía. Que no se ha enterado o que no se ha querido enterar de la crisis, que ha mirado hacia otro lado, que se ha instalado en un mundo imaginario. Y cuando los hechos, el despilfarro autonómico, la desigualdad, la insolidaridad, el permanente conflicto nacionalista, se han instalado en la percepción social y el debate es inevitable, el PSOE ha respondido con tres movimientos de impotencia en el Manifiesto Autonómico del fin de semana.

El primero, la defenestración de la crítica. Con la identificación de los críticos con opositores al sistema autonómico, con centralistas, con renegados. «No es hora de renegar del Estado de las Autonomías», dice el Manifiesto, en un argumento que equivale a colocar en el bando de los renegados de la democracia a quienes pidan, por ejemplo, una reforma del sistema electoral, una reforma constitucional, o, simplemente, un recorte de gastos de los políticos.


El segundo, la grosera confusión entre sistema autonómico y democracia, como si el primero fuera condición esencial del segundo, enviando así a la hoguera de los autoritarismos o de las democracias imperfectas a todos los países centralizados.

El tercero, la entonación de loas al sistema autonómico completamente aisladas de los hechos y de los datos. Sobre todo, cuando el Manifiesto destaca que tal sistema ha garantizado la cohesión social y territorial de España y ha contribuido a la igualdad de los ciudadanos.

Y todo lo anterior en un momento agónico del socialismo de Zapatero en el que la supuesta magnífica salud del sistema autonómico va a tener su reflejo en una escalada de nuevas reivindicaciones de CIU a las que Zapatero va a decir que sí. Porque fortalecen la «cohesión social y territorial de España» y la «igualdad de los ciudadanos» que diría el Manifiesto socialista.


ABC - Opinión

Autonomías. La verdad siempre duele. Por Pablo Molina

Que somos un país pobre y pequeño que no puede permitirse la existencia de diecisiete bandas de derrochadores es tan evidente que incluso el político español medio, tan proclive a la pereza intelectual, podría entenderlo a poco que se esforzara.

Resulta divertido asistir a los esfuerzos de los políticos profesionales del PP situados en sus mandarinatos territoriales por aparentar que el Estado autonómico no es ningún problema para el conjunto de España. De sobra saben que las autonomías son la losa más pesada para el progreso común y el pecio institucional que lastra nuestras posibilidades de prosperar siendo competitivos con el resto del mundo, pero ante la posibilidad de perder sueldos, regalías y cargos oficiales, todos prefieren cantar la palinodia a la Nicolasa por el acierto de su Título VIII, gracias al cual todos ellos, con sus familias y allegados, evitan los rigores de la crisis que azota a los demás.

El documento de la FAES y el discurso de Aznar sobre este grave problema han sido determinantes para que en las autonomías controladas por el PP, el partido al que supuestamente nutre de ideas esa misma fundación, se haya producido un cierto seísmo institucional tras el cual la valiente infantería del partido ha decidido salir a la palestra a defender sus privilegios.


Con Feijóo de abanderado, los mismos políticos del PP que ayer mostraban orgullosos a las visitas su nacioncitas y apoyaban su reconocimiento como tales en los respectivos estatutos de autonomía, dicen ahora que ha sido todo un malentendido y que las autonomías son muy útiles para preservar la unidad de España (sic). La secretaria general del PP, una voluntariosa María Dolores de Cospedal, no ha perdido tampoco la ocasión de cantar las alabanzas autonómicas exigibles al cargo que desempeña, porque, al parecer, las autonomías vertebran muy bien al país. Es una pena que muchos recordemos, por ejemplo, su insistencia en acabar con el trasvase Tajo-Segura, que permite a las regiones limítrofes sobrevivir con el agua que sobra en Castilla-La Mancha, ejemplo escasamente vertebrador y de una dimensión solidaria ciertamente exigua, a pesar del ataque de homogeneidad territorial que parece haberle sobrevenido al leer los primeros párrafos del discurso de su ex jefe.

Que somos un país pobre y pequeño que no puede permitirse la existencia de diecisiete bandas de derrochadores es tan evidente que incluso el político español medio, tan proclive a la pereza intelectual, podría entenderlo a poco que se esforzara. Con un territorio superior a España y un PIB ligeramente mayor que Canadá, el estado de Texas funciona con una cámara compuesta por 31 senadores que se reúne en pleno el tiempo justo para aprobar las leyes de cada legislatura. En España no tenemos exactamente 31 políticos para que gestionen nuestros miniestados sino 2.985 entre parlamentarios autonómicos, diputados provinciales, miembros de cabildos y consejos insulares, sin olvidar a los imprescindibles 13 consejeros del Valle de Arán, a los que hay que sumar las varias decenas de miles de altos cargos con que cuentan en su conjunto las diecisiete autonomías. Si sólo tuviéramos que pagar su sueldo, dietas y jubilación el problema sería relativo, pero resulta que todos ellos manejan presupuestos elefantiásicos, tanto para nuestra capacidad financiera como para sus merecimientos personales, lo que hace insostenible este estado de cosas por mucho más tiempo.

Los políticos profesionales no van a admitir jamás que el invento autonómico es el motivo de que seamos un país miserable y bastante asquerosito en términos políticos. Los de izquierdas porque no creen en la unidad de España, los nacionalistas porque odian al país al que pertenecen y los centro-reformistas porque tienen miles de ociosos a los que mantener. ¿La solución? Pues naturalmente emigrar a Texas. Antes de que no nos quede ni para pagar el billete de avión.


Libertad Digital - Opinión

El retablo de las maravillas. Por José María Carrascal

De lo que se trata, a fin de cuentas, es de engañar al personal, que asiste resignado al espectáculo.

PRIMERO, lo estropea. Luego, intenta arreglarlo, sin conseguirlo del todo. Lo que no le impide vendérnoslo como un gran triunfo. Esa es la forma de gobernar de José Luís Rodríguez Zapatero, el socialista más brillante de la historia, según José Blanco. Cuanto toca, sea político, económico o social, lo hace polvo. Pero se las arreglará para convertirlo en foto apoteósica, como la que nos venderá hoy en la Moncloa. Así, una y otra vez, repitiendo siempre el mismo truco, incluso con su propia persona. Le habíamos dado por muerto en Zaragoza, con todos los honores de los funerales de Estado, y se nos apareció en TVE, anunciando lo de siempre: que empezará a crearse empleo en la segunda mitad de este año, para aumentar el siguiente. Olvidando que no se crea empleo hasta que la economía no crece más del 2,5 por ciento, lejos de las previsiones para España, a lo que se añaden factores tan negativos como la subida de la inflación, el dispararse de los precios del petróleo y la inestabilidad del mundo árabe, que restarán dinero a los españoles, frenarán las inversiones y aumentarán las desconfianza. Pero ¿qué importa eso a un hombre que nos dice un día que ha comunicado sus planes sucesorios a dos personas, y el siguiente, que ni se plantea la cosa? ¿Qué importa a unos autodenominados «agentes sociales» cuyo principal interés es no perder los privilegios que vienen disfrutando? Lo importante, como dijo Zapatero a Mohamed VI en la entrevista fantasma que tuvieron en la ONU, «es la foto», como la que hoy va a hacerse con todos ellos en Moncloa, y, mañana con Frau Merkel, la ayer perdedora, hoy agasajada.

De lo que se trata, a fin de cuentas, es de engañar al personal, que asiste resignado al espectáculo, mientras discute si la Liga está o no sentenciada, lo único real en este retablo de las maravillas en que maese José Luis ha convertido España, donde todo es farsa.

Para decidir si reeligen a su presidente, los norteamericanos suelen hacerse la pregunta: «¿Estoy mejor o peor que cuando llegó a la Casa Blanca?» Si los españoles nos hiciéramos esa pregunta, la respuesta sería apabullante a favor de jubilar al nuestro, no importa la cuantiosa e inmerecida pensión que le espera. Pero, o no nos la hacemos o nos ha convencido de que con fotos se arreglan nuestros problemas. De ahí que prefiera otra pregunta, aquella de «¿Compraría usted el coche usado de este hombre?», que aparecía en un cartel con la foto de Richard Nixon. Hay españoles, como José Blanco, Manuel Chaves y Alfredo Pérez Rubalcaba, que comprarían un coche usado a Zapatero, por ser el suyo. El resto se expone no ya a que el coche no arranque, sino que ni siquiera exista.


ABC - Opinión

Magreb. Vísperas egipcias. Por José García Domínguez

Compete al intervencionismo decidido de Occidente, supremo tabú de nuestras plañideras antiimperialistas, evitar la matanza que se cierne en el ambiente: es el único camino, soslayar el respeto hipócrita a las soberanías nacionales.

Inane con tal de explicar ese furor iconoclasta que se ha instalado de la calle árabe, Europa ha dado en echar mano del arsenal de lugares comunes, mentiras piadosas y fantasías quiméricas que siempre guarda en el botiquín para urgencias como ésta, en las que no tiene nada que decir. De ahí que a estas horas atisbemos a los expertos de guardia aferrándose como a clavo ardiente al pretendido efecto insurreccional de Twitter, Facebook y demás juguetes virtuales, al modo de una pandilla de imberbes adictos a las videoconsolas. Así, según nos cuentan, el motor de la Historia ya no es la lucha de clases, sino cualquier chat de internet administrado con el brío pertinente por un quinceañero con el rostro poblado de acné.

Por cierto, papanatismo tecnológico, el suyo, idéntico al que quiso atribuir el triunfo de la Reforma de Lutero a Gutenberg y su imprenta de tipos móviles. Como si aquel fraile díscolo hubiese sido algo más que carne de hoguera sin el amparo del Gran Elector de Sajonia. Simultáneo, el otro mito que condimenta el relato de los enterados es un clásico, el de la revolución. Como si tal leyenda en verdad hubiera acontecido alguna vez. Como si a estas alturas del fin de las ideologías aún no supiéramos que eso que llaman "pueblo" apenas supone mero decorado ornamental en los juegos de poder. Y es que la revolución, aquel viejo sueño decimonónico, ni existe ni jamás ha existido.

Al respecto, en Egipto, igual que en todo tiempo y lugar, las masas son como un ciego con una pistola; huérfanas de una elite dirigente que las conduzca y domine con temple férreo, solo aciertan a provocar desastres. No hace falta haber sido bolchevique para dar fe de ello. Por lo demás, en el carrusel de cleptocracias coronadas por el carnicero de turno que infesta el Mediterráneo oriental únicamente se atisban dos fuerzas organizadas: el ejército y la embajada de los Estados Unidos. Razón última de que competa al intervencionismo decidido de Occidente, supremo tabú de nuestras plañideras antiimperialistas, evitar la matanza que se cierne en el ambiente. Es el único camino, soslayar el respeto hipócrita a las soberanías nacionales y convenir desde el exterior una transición pacífica con los centuriones. Ojalá.


Libertad Digital - Opinión

Sueldo en riesgo. Por Gabriel Albiac

La elecciones autonómicas son la mayor agencia de colocación de este país. Con enorme diferencia.

ARRUINADOS. A la espera de la ayuda de una Europa casi en ruina. Humildes ante el fugaz paso de una Angela Merkel que bastante tiene con convencer a sus conciudadanos de que no suelten a plomo el lastre de esa Europa en la cual España es el mayor peligro. Un endeudamiento imposible, una irregularidad financiera (la de las Cajas) mastodóntica y la ausencia de un Estado moderno al cual suplen diecisiete cosas casi feudales y carísimas, hacen hoy a España inviable. Dentro, como fuera de la UE.

Arruinados, y sin mover un dedo. Las sucesivas directrices dictadas desde Bruselas al gobierno español han ido siendo pospuestas. Apenas si algo de su retórica se fue filtrando en el angélico discurso del mejor de los mundos posibles, que es el de Zapatero. Pero esas duras medidas quirúrgicas, sin las cuales la gangrena devorará por completo la economía y la sociedad española, siguen sin haber sido ni siquiera planificadas. En lugar de eso, el gobernante (es un decir) partido socialista sólo exhibe una preocupación: quién será su candidato en las elecciones generales de dentro de algo más de un año. Como si al común de los ciudadanos, con un pie en el abismo de la pérdida de su vivienda por impago de hipoteca y otro en la desesperación de no saber qué va ser de su fuente de ingresos el mes que viene, la historia del reparto de prebendas entre caciques del PSOE le importara una higa.


Marcando una sanitaria distancia, el partido de la oposición hace todo para volverse invisible. Está bien, probablemente, si de lo que se tratara fuera sólo de ganar unas elecciones. Pero quien quiera que vaya a gobernar en España durante los durísimos años que vienen, tiene que ser muy claro ante sus electores; no prometer lo imposible, no repetir la burla del futuro luminoso con la cual los socialistas han llevado a España a su peor atolladero de medio siglo. Quien quiera que sea ese que aspire a gobernar en el páramo que dejará tras su salida Rodríguez Zapatero debe explicar ya el amargo coste a pagar por estos ocho años de utopía iletrada. De la ruina no se sale con el cambio de gobierno. De la ruina se sale, en todo caso, a condición de que un gobierno sepa aplicar las medidas más antipáticas: barrido de sectores no productivos, clausura de las ruinosas comunidades autónomas, control de las finanzas de los partidos.

Lo triste es que todos perdamos el tiempo en enigmas de risa. ¿Tiene hoy relevancia saber cuál será el sujeto que haga el papelón de encabezar las listas del PSOE en las elecciones generales? No, ninguna. Lo que se juega, en realidad, en la charada que estos días representan los feudales señores socialistas, es mucho más inmediato. Ni a Griñán, ni a Fernández Vara, ni a Álvarez Areces se les da un ardite el desastre electoral de 2012. Lo suyo —su sueldo y el de su nutrida clientela— se juega dentro de tres meses. La elecciones autonómicas son la mayor agencia de colocación de este país. Con enorme diferencia. Una contabilidad que diera el número exacto de políticos locales que no vivieron nunca más que de eso, dibujaría el mejor retrato de nuestra democracia: empleo. Arbitrario, estable empleo de los peores, de los más sumisos. Empleo suculento, que pagamos todos.


ABC - Opinión

Rubalcaba. El sumario Faisán. Por Ignacio Gil Lázaro

España no se merece un vicepresidente primero y ministro del Interior cercado por la sospecha. El caso Faisán pende sobre su cabeza porque un juez marca ya el camino a recorrer.

La decisión del juez Ruz de incoar sumario por presuntos delitos de colaboración con organización terrorista y revelación de secretos por parte de autoridad o funcionarios públicos en el llamado "caso Faisán" supone un triunfo del Estado de Derecho frente a las turbias maniobras de Rubalcaba. El vicepresidente primero y ministro del Interior ha tratado de conseguir por todos los medios que quedara oculta la verdad de lo que sucedió aquel 4 de mayo de 2006 cuando la operación prevista para ejecutar ese día contra la red de extorsión etarra se vio frustrada como consecuencia de un chivatazo dado al recaudador de los terroristas.

Un vil chivatazo por el cual están judicialmente imputados el entonces director general de la Policía, el jefe superior de Policía del País Vasco y un inspector. No obstante, es lógico deducir que estas tres personas no pudieron meterse en ese berenjenal sin recibir órdenes superiores. Corrían los tiempos de la negociación del Gobierno con ETA en el marco de aquel entuerto detestable que dieron tramposamente en denominar "proceso de paz". Un engendro vergonzoso que supuso una gravísima marcha atrás en la lucha democrática contra los asesinos, una ofensa sangrante a la memoria de las víctimas y un insulto a la dignidad colectiva de la sociedad española.

Así las cosas, la apertura del sumario coloca a Rubalcaba en una posición muy difícil porque ya no puede controlar los acontecimientos procesales subsiguientes ni tiene margen tampoco para seguir diciendo en sede parlamentaria que el chivatazo nunca existió y que hacer referencia a él constituye un insulto a la Policía. Por el contrario, la instrucción sumarial ha de permitir averiguar quién decidió en última instancia que se ejecutara la acción, por qué y hasta si –más allá de los actuales imputados– hubo o no otros funcionarios policiales que jugaron en todo esto un doble papel para servir espurios intereses políticos. Basta pensar en el heroico esfuerzo permanente de miles de hombres y mujeres de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su lucha contra el terrorismo etarra para entender que es preciso que penal y políticamente se sustancien todas las responsabilidades de este escándalo.


La apertura de sumario refuerza esa exigencia y esa esperanza. Por ello todos los sindicatos del CNP han respaldado unánimemente la decisión del juez. Que la Fiscalía modifique su criterio y apoye la práctica de nuevas diligencias orientadas a averiguar quiénes eran los usuarios de tres teléfonos adscritos a la Subsecretaría del Ministerio del Interior pone en entredicho a quienes protagonizaron la investigación inicial, dado que ni siquiera mencionaron la existencia de los mismos en su informe. Un extraño olvido que requiere su esclarecimiento absoluto en tanto en cuanto resulta tan inexplicable como inaudito.

En definitiva la mentira tiene siempre un recorrido muy corto y termina por actuarse contra aquél que la promueve. Desde el 14 de octubre de 2009 –casi semana tras semana– Rubalcaba ha intentado desvirtuar los hechos para engañar al Congreso de los Diputados y a la opinión pública. Hasta el momento no ha querido dar explicaciones haciendo gala de una desfachatez sin límite. Sin embargo finalmente el Diario de Sesiones le delata.

España no se merece un vicepresidente primero y ministro del Interior –supuesto aspirante a más dentro del escalafón socialista– cercado por la sospecha. El caso Faisán pende sobre su cabeza porque un juez marca ya el camino a recorrer. En estos momentos el Gobierno no puede dar carpetazo al chivatazo tal y como ha intentado hacer durante los últimos cuatro años. Hoy cabe recordar de qué forma el juez Garzón entretuvo dormido el asunto durante un trienio o cómo el Ministerio Público demostró muy poco celo inquisitivo en ese periodo de tiempo en el que algunos pensaron que todo quedaría sepultado en el olvido. El castillo de naipes se viene abajo. Quizá muy pronto determinados "olvidadizos" comiencen a recuperar la memoria de todo lo que ocurrió. Los imputados en la causa es lo mejor que podrían hacer en su propio beneficio y ante su posible procesamiento. Sería también una manera de saldar la deuda que tienen pendiente con sus compañeros y con España. Ese es el escenario que cada vez más inquieta a Rubalcaba.


Libertad Digital - Opinión