lunes, 1 de junio de 2009

¿FIN DE LA POLITICA?. Por Agapito Maestre

Europeas

«Europa no entusiasma, pero dejarla abandonada a la suerte de un relativismo que todo lo equipara es aún una perspectiva más negra. O sea es menester optar por uno u otro candidato, aunque en el fondo de nuestras almas nos parezcan equiparables en maldad.»


Los políticos han reducido esta campaña electoral a una pelea interna. Así, Europa no entusiasma sino que produce desafección política. Los políticos son los encargados de oficiar este triste ritual. Si tienes un abuelo, dicen los políticos alemanes, y nos sabes qué hacer con él, por favor, no lo dudes, mándalo a Europa. A eso han dejado los alemanes reducido la idea de Europa: un cementerio de elefantes. El chiste funciona con más o menos éxito por toda Europa. Aquí, en España, se podrían decir cosas peores. No quiero ni pensar los chistes que podrían hacerse con Magdalena Álvarez y similares políticos que pueblan las listas socialistas y populares.


En ese contexto, resulta normal que estas elecciones sean utilizadas antes en clave nacional que Europea o supranacional. De la idea de Europa como un Estado supranacional, capaz de entusiasmarnos a los europeos con sus instituciones democráticas, hemos pasado a una máscara, un disfraz, para ocultar el verdadero rostro de unos políticos que nos hurtan la posibilidad de construir bienes en común. Europa hoy es el antifaz que utilizan las elites de los partidos políticos para ocultar la terrible crisis política y moral que atraviesan las políticas nacionales.

Por otro lado, el cinismo de los políticos es equiparable a la corrupción de la sociedad ante las elecciones europeas. Unos y otra están acabando con la idea de Europa como algo común y capaz de vertebrar una sociedad con principios democráticos; pues que sin dejar de ser cierto que la abstención, la alta abstención que todas las encuestas han previsto para las elecciones del 7-J, es una respuesta ciudadana a la baja calidad del discurso político, no es menos cierto que esa abstención puede ser perfectamente manipulable por minorías populistas que impiden la posibilidad de formulaciones políticas e ideológicas de un mundo común, o sea democrático.

En otras palabras, la abstención, que es en principio una práctica de control, de obstrucción e incluso de enjuiciamiento de una casta política deleznable, podría ser perfectamente manipulable por quienes creen que la política es sólo un negocio para sus intereses privados. Europa, pues, no entusiasma, pero dejarla abandonada a la suerte de un relativismo que todo lo equipara es aún una perspectiva más negra. O sea es menester, dirán los más entusiastas, optar por uno u otro candidato, aunque en el fondo de nuestras almas nos parezcan equiparables en maldad. Nunca puede ser lo mismo votar a Durán que a Sosa Wagner y menos aún es equiparable decidirse por Mayor Oreja o López Aguilar.

En fin, la desconfianza hacia los políticos siempre será grande, pero al menos nos quedará una esperanza en Europa, a saber, su burocracia aún es infinitamente inferior a la de cualquier comunidad autónoma española. ¿O acaso no es esperanzador que sólo 12.000 funcionarios gestionen asuntos que interesan a cientos de millones? Por contra, para que nadie diga que me hago ilusiones, los sueldos de los parlamentarios europeos son algo más que exagerados... Ni siquiera son sueldos. Son motines de piratas.

Libertad Digital - Opinión

¡QUE NIVEL, MARIBEL!. Por Félix Madero

DISTANCIA de la política y de los políticos es ver la portada de ABC de ayer y quedarte frío ante la encuesta que dice que el PP ganará las elecciones. Debe ser leer que el PP saca dos puntos al PSOE e irte de inmediato a leer, por ejemplo, la crónica taurina de Zabala de la Serna. El derrumbe de la ganadería de Victorino contado por el revistero de este periódico es premonitorio de lo que viene en lo político. Es verdad que el nivel de nuestra clase dirigente nunca estuvo a la altura de los Albaserrada que Victorino criaba hace años. ¿Cómo ha llegado el astuto ganadero a esta poquedad? No lo sé, pero es posible que la bravura de sus toros sea proporcional al nivel de exigencia del público. En los toros y en la vida.

Admito que los políticos tengan de nosotros, los periodistas, la peor de las opiniones. Cuanto peor, mejor para este oficio disperso y sospechoso. Yo les escucho con alguna frecuencia dedicarnos algunas lindezas: vendido, juntaletras... cuando no el expeditivo: Fulanito... ¡Un hijoputa! Ahora, dicho esto, a uno le dan ganas de escribir que tenemos la peor clase dirigente de la democracia, la más volátil y mediocre. Sale Felipe González en la televisión, explica la crisis y piensas: ¿Este por qué se fue? Defiende Aznar el espacio político del centro derecha, y reparas: ¿Este por qué no se lo cuenta a Rajoy? Pienso en Fraga, Carrillo, Roca, Pujol, Tierno Galván, Herrero de Miñón, Leguina, Gabriel Cisneros... ¿Cómo hemos llegado a esto? Al discurso hueco, previsible y ordinario donde conviven la mala baba con la mediocridad. Esto, más lo que hace de la política española algo muy nuestro: la soberbia.

Zapatero con la historia del avioncito: soberbia y distancia. Ignoro quién le asesora en este asunto, pero lamento que nadie le diga: presidente a quien más duele esto del avión es a los nuestros, son ellos los que se distancian, los que en la barra del bar no pueden defender este disparate. ¿Le da igual? Claramente sí.

Gane quien gane el domingo, seguiremos como estábamos, y esperemos que no sea peor. Con los años, es verdad, uno se hace descreído, pero siempre se aferra a algo que evite caer en ese estado tan orteguiano de la melancolía. Distancia de la política es este estado de ánimo: me da igual que llegue el día de los votos. Escucho a Rajoy en Punto Radio decir eso de menos ceja y más oreja y no puedo contener las ganas de votar. ¡Qué nivel, Maribel!

ABC - Opinión

LOS AVIONES DE LA REINA. Por Alfonso Ussía

Unos aviones de una compañía aérea llamada «Iberia» en los que compartió su trayecto con doscientas personas.

Se habla estos días de aviones. Muchos aviones en las charlas, las tertulias y los papeles. Aviones de las Fuerzas Armadas y de Aviación Civil en los que se desplazan la Familia Real, el Presidente del Gobierno y algunos de sus ministros. Para eso están. Esos aviones -«Phantom» creo que se llaman-, sirven para que el Rey y el Presidente del Gobierno acudan a sus compromisos. No tienen la obligación de dar explicaciones. Sí los ministros, que deben acompañar a su solicitud un documento presupuestario supeditado a su aprobación. Esos aviones están para usarlos, no para abusarlos. La defenestrada ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, abusó de ese privilegio. Le gustan los aviones más que a un tonto una tiza. Siendo consejera de «Aviaco» viajaba de gorra con toda la familia y el servicio doméstico. Alfonso Guerra usó de un «Mystére» para llegar a tiempo a una corrida de la Feria de Sevilla.


Eso no es uso, sino abuso. Y no me parece justo que se establezca una diferencia entre los viajes que efectúa el Presidente del Gobierno como tal o como no se sabe qué, porque el Presidente del Gobierno lo es en todas las circunstancias. Todo es cuestión de sensibilidad, de sentido de la prudencia y de comedimiento en el gasto del dinero público. Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar y Zapatero se han desplazado en esos aviones porque tenían y tienen pleno derecho para hacerlo. Y además, porque los aviones no pueden permanecer en un hangar a la espera de una llamada. Si no hay llamada, tienen que volar obligatoriamente, para mantener su seguridad y prestaciones. Pero esa sensibilidad y comedimiento hay que valorarlos.
La Reina también utiliza aviones, y mucho más grandes que los «Phantom». El pasado viernes, operaban del corazón al Rey Constantino de Grecia, en Londres. Y se le ofreció, como es natural, un «Phantom» para que estuviera al lado de su hermano. El sábado, la Reina voló a Madrid para acompañar al Rey al acto del Día de las Fuerzas Armadas en Santander. Y lo hizo en otro avión bastante grande. Finalizado el acto del domingo en la capital de La Montaña, el Rey volvió a Madrid, y la Reina, en otro avión grandísimo, se desplazó desde el aeropuerto santanderino de Parayas hasta Londres, para estar junto a su hermano en momentos tan difíciles. Le ofrecieron para todos los vuelos, como es de cortesía, el uso de los «Phantom», pero la Reina consideró que sus desplazamientos entraban en el ámbito de lo privado, y que en tiempos de crisis económica, no era conveniente tirar de derechos y privilegios. Por otra parte, de haberlo hecho, nadie se hubiera enterado, y de saberlo, a nadie le habría parecido una extralimitación o un abuso. La Reina voló en aviones muy grandes. De Madrid a Londres y de Londres a Madrid, en unos aparatos en los que caben centenares de personas y muchos paquetes con zumo de naranja que terminan con el hígado de cuantos los consumen. Unos aviones de una compañía aérea llamada «Iberia» en los que compartió su trayecto con doscientas personas. Y para volar de Santander a Londres, eligió otro avión, aún más grande que los de «Iberia» de una compañía irlandesa de bajo coste que responde al nombre de «Ryanair». En esa compañía, pides agua y la cobran. No lo sé, sensibilidad, comedimiento, oportunidad o como quieran llamarlo. Pero me gusta contarlo. Y me enorgullezco al hacerlo.

La Razón - Opinión

DESPUES DEL DOMINGO. Por Ignacio Camacho

OCURRA lo que ocurra el domingo, y parece que lo que va a ocurrir es una victoria más o menos amplia del PP, nadie debe esperar vuelcos sustanciales ni saltos cualitativos en el rumbo de nuestra política. Por clara que sea su derrota Zapatero no va a caer de rodillas preso de un ataque de arrepentimiento, ni va a convocar elecciones generales ni va a llamar a Rajoy para consensuar con sinceridad reformas en la estructura socioeconómica. Más bien es probable que trate de ahondar en su estrategia de repudio de la derecha, refugiándose en el peronismo sindical, la ingeniería social y la retórica de radicalismo izquierdista; los diputados de las inmensas minorías, ERC, IU, el Bloque gallego y Aralar ya se están frotando las manos ante la factura que van a preparar en los próximos presupuestos si el presidente sale revolcado del 7-J. Y la oposición se puede ir haciendo el cuerpo para resistir un acoso feroz por tierra, mar y aire, con la Fiscalía en primera línea de combate rebuscando munición de artillería en cualquier atisbo de corrupción municipal o autonómica. Pero...

Pero por mucho que vaya a tratar de agarrarse al poder como si nada hubiera pasado, si el PSOE pierde el domingo no podrá de ningún modo evitar la sensación de un cambio de ciclo. Serían dos derrotas en tres meses, y a tan sólo un año de las últimas generales: el mensaje inequívoco de una rápida pérdida de crédito del Gobierno como gestor de una crisis que empezó negando y ha acabado sin saber cómo hacerle frente. Es verdad que no será lo mismo para Rajoy un triunfo claro que una victoria mínima, pero lo importante en estos casos es el acumulado del balance. Con dos éxitos consecutivos su cartel de eterno perdedor podría comenzar a diluirse, y esta clase de dinámicas generan un efecto inmediato de confianza. A los vencedores en seguida les empiezan a surgir amigos, gente que de la noche a la mañana les ve más seguros, más inteligentes, más capaces y hasta más guapos. Todo lo contrario que a los vencidos, que de repente se quedan sin glamour y topan con buzones de voz en las llamadas que antes eran inmediatamente atendidas. Ley de vida... política.

Zapatero sabe que lo va a pasar mal si sufre un nuevo revolcón en las europeas. A su favor está el horizonte electoral, despejado de citas hasta las catalanas de finales de 2010, y con el semestre de presidencia europea por delante. Un período en el que confía encontrar el alivio de la recesión y que el PP, sin desafíos en los que cumplir sus propias expectativas, sufra el desgaste de la espera. Pero al presidente también se le puede hacer largo, muy largo ese año y medio de más que probable soledad. Su probada capacidad de reinventarse parece cada vez más fatigada; sus trucos, más vistos y menos sorprendentes, y su célebre sonrisa cada vez más impostada y más hueca.

Claro que... todavía nadie ha ganado, ni perdido, nada.

ABC - Opinión

DESORDEN ELECTRICO

El Gobierno siembra la confusión en las tarifas y renuncia a una liberalización real del mercado.

La tímida liberalización del mercado eléctrico que prepara el Ministerio de Industria tiene muchas probabilidades de convertirse en un nuevo foco de desorden. A través de un real decreto aprobado en abril, el Gobierno plantea mantener una tarifa eléctrica similar a la actual, llamada Tarifa de Último Recurso (TUR), para casi 25 millones de usuarios que tienen contratados menos de 10 kilovatios, quienes, si lo desean, podrán cambiar de comercializadora eléctrica, y obligar a los contratos de más de 10 kilovatios a negociar el suministro en el mercado libre, con la amenaza de que, si no lo hacen, sufrirán un recargo trimestral del 5% sobre la tarifa hasta abril de 2010. En resumen, el grueso de los consumidores seguirá como hasta ahora, mientras que casi un millón de pymes tendrán que buscar deprisa y corriendo un comercializador si no quieren que su factura eléctrica se encarezca en un 15% durante el próximo año.


La liberalización es paupérrima. A partir del 1 de julio no va a aumentar la competencia para captar clientes porque aunque a los consumidores nada les impedirá cambiar de comercializadora, tampoco nada les empujará a ello; y las comercializadoras independientes -apenas dos sobre 10- carecen de margen para competir en precios. El desconcierto que provoca el decreto surge de la escasa información sobre el cambio de normas. A pesar de que se sabía desde el año pasado que el 1 de julio de 2009 se aplicarán las nuevas normas, los consumidores eléctricos concernidos que tienen contratados más de 10 kilovatios han sido poco y mal informados. Casi toda la información se va a difundir prácticamente durante el mes de junio y todavía no se conocen aspectos básicos de la regulación, como cuál será la famosa TUR.

El desorden se agravará con otra decisión discutiblemente concebida. El Gobierno se ha propuesto beneficiar a los clientes de menos ingresos con un bono social eléctrico que equivale a no subir la electricidad a los beneficiarios hasta 2012. En primer lugar, los precios de los bienes y servicios no son el mejor instrumento para ejecutar políticas de renta; para eso están los impuestos y las subvenciones. En este caso, se trata de una gestión enrevesada y sujeta a errores o abusos. Las empresas van a tener que discriminar entre los peticionarios del bono eléctrico convirtiendo sus oficinas en un examen de la renta del cliente, de su condición o no de parado o pensionista. Lo más probable es que el bono se convierta en un instrumento irregular de competencia para captar clientes con independencia de su renta.

Las dos propuestas bastan para confirmar que el Gobierno carece de una política energética coherente. Ni parece tener ideas para liberalizar el mercado ni entender el valor de los precios como instrumento de ahorro y orientación de la demanda. Además, hay demasiada confusión. Ya fue un lío con la tarificación mensual del recibo de la luz y ahora es muy probable que se emborronen las tarifas con un alud de peticiones de subsidio.

El País - Editorial

LA LIBERTAD PIDE PASO. Por Emilio Campmany

Palma

«Miles de ciudadanos soportan en silencio que sus impuestos sirvan para pagar subvenciones millonarias, que la Administración le envíe papeles en un idioma que no es el suyo y que a sus hijos los adoctrinen con unas ideas de las que no participan.»

La terrible experiencia de los primeros cuarenta años del siglo XX hicieron de nosotros un pueblo acomodaticio, sin ganas de líos ni de meterse en políticas. Después de fracasar en su intento de que el pueblo derrocara el régimen de Franco, la izquierda aprendió a extraer renta de este defecto nuestro de ir dejando que pasen las cosas en la convicción de que la sangre nunca llegará al río, que no hay mal que cien años dure y que todo quedará en agua de borrajas.


Toda la Transición estuvo encaminada a la reconciliación. La derecha entendió que la izquierda y los nacionalistas no colaborarían nunca con un régimen que no fuera federalizador y socializante. Por eso, la Constitución inventó "las nacionalidades", como un escalón por debajo de la nación, pero sin fijar con precisión sus límites. Por eso, también dice cosas como que los sindicatos contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos o que la función social de la propiedad delimita su contenido o deja abierta la posibilidad a que un Gobierno imponga una economía planificada. A cambio, la derecha sólo exigió que España siguiera siendo España y que fuera una Monarquía, creyendo que ésta garantizaría la unidad de aquélla.

Y hoy lo que tenemos son unas "nacionalidades" donde, sean o no mayoría quienes allí lo sienten, apenas se soporta ser parte de España y se desprecian sus símbolos y la persona que los encarna. Hasta el punto de que en Barcelona o Bilbao no puede celebrarse el Día de las Fuerzas Armadas, como si sus habitantes no disfrutaran también de su protección. Por su parte, la izquierda no sólo ampara a sus sindicatos –a pesar de ser hoy obvio que constituyen una rémora– y levanta proyectos de economía planificada para salir de la crisis, sino que se alía con los nacionalismos para impedir que la derecha, que apenas le gusta ya llamarse nacional, pueda volver al poder.

El electorado tan sólo quiere que le dejen en paz, que no le cuenten problemas y que se los resuelvan, mientras huyen de defender, no ya en público, sino en su pequeño círculo de amigos, cualquier idea que, por muy suya que sea, quepa ser tildada de fascista, insolidaria, reaccionaria o, simplemente, pasada de moda. Así, miles de ciudadanos soportan en silencio sin decir ni pío que sus impuestos sirvan para pagar subvenciones millonarias, que la Administración le envíe papeles y haga comunicaciones en un idioma que no es el suyo y que a sus hijos los adoctrinen con unas ideas de las que no participan, viendo como su libertad se recorta un giro de tuerca tras otro.

Todos ellos debieran recordar las palabras de don Quijote: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".

Cuán reconfortante es ver que en las conciencias de unos miles de españoles todavía retumban estas sabias palabras para darles el valor de manifestarse por esa libertad (y esa honra) de la que cada día tenemos menos. Estos miles pueden enorgullecerse de habernos devuelto a los demás la esperanza.

Libertad Digital - Opinión

ELECCIONES EN TIEMPO DE CRISIS

Las elecciones al Parlamento Europeo se celebran en las circunstancias más dramáticas de su corta historia. En medio de la crisis institucional, crisis económica y desencanto de grandes sectores de la ciudadanía, el proyecto europeo se vuelve a poner a prueba después de una legislatura que ha conocido tres graves desencuentros entre el electorado y sus instituciones. El rechazo por parte de países como Francia, Holanda e Irlanda del proyecto de reforma institucional ha sentado el convencimiento de que tendrían que pasar muchas cosas para que cualquier acuerdo europeo pueda ser ratificado por sufragio universal y muchos líderes políticos temen -con razón- que ese malestar social se dirija hacia las instituciones europeas en general.

Una de las causas de ese alejamiento es que nos hemos acostumbrado a depositar demasiadas expectativas en la palabra Europa, cuando ni el proyecto ni las instituciones tienen todavía todo el poder que se les atribuye. La Unión Europea es un club de Estados soberanos, no es una entidad confederal y existen fuerzas muy poderosas que impedirán que pudiera llegar a serlo. Sin embargo, al hablar de ella como si lo fuera, los dirigentes nacionales enmarañan las esperanzas de los ciudadanos y demasiadas veces arrojan a la cuenta europea responsabilidades que son exclusivamente suyas, lo que provoca una sensación de frustración. Y aunque también es cierto que Europa tiene ya mucho poder, los ciudadanos no perciben al mismo tiempo una capacidad democrática de control, a no ser a través de un pequeño gesto el día de las elecciones, en el que frecuentemente se sienten más tentados a expresar su descontento o, simplemente, a no votar.

Las responsabilidades son múltiples, pero hay que reconocer que una de las más evidentes es la falta de impulso de los partidos tradicionales. La derecha liberal-conservadora está tratando de mantener su hegemonía escapando de las acusaciones de ser la responsable de la crisis financiera internacional, mientras que los socialistas europeos incomprensiblemente no son capaces de encontrar una referencia ideológica que no sea negativa. Con la situación económica en la que se están desarrollando las elecciones, los socialistas de la UE no han sabido ni siquiera presentar un candidato propio para la presidencia de la Comisión y es la primera vez que la izquierda no saca provecho electoral de una época de recesión económica, sino todo lo contrario.

ABC - Editorial

ENERGIA NUCLEAR, LA OPCION MAS RAZONABLE

Si el Gobierno quiere limitar la factura de las importaciones y reducir la dependencia del exterior, no tiene otra solución a largo plazo que apostar por la energía nuclear.

EL GOBIERNO tiene que decidir antes del 5 de julio si mantiene en funcionamiento la central nuclear de Garoña (Burgos), que opera desde 1971, o la cierra definitivamente. El Consejo de Seguridad Nuclear presentará el próximo viernes un informe técnico al Ministerio de Industria, que probablemente recomendará que la instalación siga produciendo electricidad.


La resolución que adopte el Ejecutivo sobre Garoña, la nuclear en activo más antigua de nuestro país, es muy importante porque en los próximos tres años habrá que tomar decisiones parecidas sobre las centrales de Almaraz, Ascó, Cofrentes y Vandellós.

El programa del PSOE recogía el compromiso de «sustituir de forma gradual la energía nuclear por energías seguras, limpias y menos costosas, cerrando las nucleares de forma ordenada al final de su vida útil».

Cuando el PSOE elaboró su programa no había crisis económica ni el petróleo había sobrepasado los 100 dólares por barril, por lo que Zapatero tiene que decidir ahora en una situación completamente distinta. El Gobierno está dividido, mientras que el sector eléctrico amenaza con recortar sus inversiones y acudir a los tribunales si el presidente opta por el cierre paulatino de las centrales nucleares.

Diferentes informes técnicos coinciden en que Garoña podría continuar abierta 10 años más, como pide el sector, sin riesgo alguno, ya que hay en el mundo un centenar de instalaciones que están funcionando con la misma tecnología.

Por otro lado, las centrales nucleares suministran en estos momentos un 18% de la energía eléctrica que se produce en España frente al 30% que generan las de ciclo combinado, que operan con gas importado de Argelia. Si el Gobierno decidiera eliminar la energía nuclear, España tendría necesariamente que construir más centrales de ciclo combinado y aumentar su parque eólico, que hoy proporciona el 17% de la energía eléctrica.

La energía nuclear es hoy la más barata, por lo que su desaparición provocaría en todo caso un incremento del coste de la producción de electricidad, factor básico de competitividad, como recogía ayer nuestro suplemento Mercados.

Países como Gran Bretaña y Alemania han tomado la decisión de construir nuevas centrales nucleares o alargar la vida de las que ya existen, aunque también es cierto que otros como Italia y Austria carecen de este tipo de instalaciones. Francia, en cambio, produce el 90% de su energía -la más barata de Europa- mediante una extensa red de nucleares, a la que españa recurre cuando lo necesita.

Zapatero propone como alternativa las energías renovables, pero éstas son demasiado costosas, dependen de factores climáticos y no pueden satisfacer la demanda a gran escala de una ciudad o una planta industrial.

El hecho es que la dependencia energética de España del exterior -el 81% de nuestras necesidades- ha ido creciendo a lo largo de las últimas décadas, especialmente por el fuerte aumento del parque automovilístico, que ha provocado un alza en las importaciones de petróleo.

Si el Gobierno quiere limitar la astronómica factura de las importaciones y reducir la dependencia del exterior, no tiene otra solución a largo plazo que apostar por la energía nuclear, que es ilimitada, barata y no contaminante. Parece la única alternativa realista para mantener ese modelo de crecimiento sostenible por el que apuesta Zapatero, que no será viable si España no dispone de una energía abundante y a precios competitivos.

El Mundo - Editorial

PONGA UN RICO EN SU MESA. Por José García Domínguez

Generalitat

«Los parados que anden pensando estos días en comprarse un deportivo descapotable de cincuenta mil euros han de saber que contarán con la solidaridad financiera de la Administración catalana si finalmente optan por adquirirlo.»


Como bien sabe el lector, en nombre de la izquierda transformadora, el ecologismo militante, la identidad nacional de Cataluña y la gloriosa memoria de Groucho Marx, el tripartito acaba de fijar un ambicioso programa doméstico en auxilio de las multinacionales. Así, el Socorro Rojo de los contribuyentes catalanes hacia las principales corporaciones planetarias del motor –quinientos euros por cada coche que coloquen en España– incorpora dos sabrosas cláusulas locales, muy particular homenaje mediterráneo al protagonista de Sopa de ganso.


La primera de esas premisas fijadas por socialistas, neocomunistas y la Esquerra exige que los compradores de vehículos de lujo no resulten marginados de la lluvia de dinero público gratis total. Por tanto, en aras de la deseable cohesión social y merced a los auspicios del compañero Montilla, todos los distinguidos conductores de, por ejemplo, el modelo X-Type de Jaguar, utilitario obrero donde los haya, recibirán el correspondiente talón de la Generalidad en reconocimiento a su muy exclusivo gusto. O sea, lo de Ponga un pobre en su mesa de Berlanga y Azcona, pero al revés.

Es más, los parados que anden pensando estos días en comprarse un deportivo descapotable de cincuenta mil euros han de saber que contarán con la solidaridad financiera de la Administración catalana si finalmente optan por adquirirlo. Al respecto, se rumorea en Barcelona que, a instancias de la Generalidad, por la megafonía de todos los concesionarios de Audi comenzarán a sonar los compases de la Internacional cada vez que un cliente exhiba la cartilla del INEM ante el vendedor.

Al tiempo, los rabanitos –rojos por fuera, blancos por dentro y siempre al lado de la mantequilla– del Govern desean que las emisiones de CO2 causadas por los nuevos vehículos resulten ser las máximas posibles. Consecuentes, los eco-socialistas del Joan y la Imma premiarán a los compradores de los coches más potentes, es decir, los que más destrozos inflingen al medio ambiente. "Cuanta más contaminación, más subvención", parece ser el prometeico lema del nuevo modelo productivo catalán.

Y todo, ante el asentimiento bobalicón del Partido Popular, demasiado ocupado en rodar vídeos de patio de colegio como para prestar atención a asuntos menores. Frente a la demagogia populista más grosera que quepa imaginar, el silencio medroso de los corderos. Así les va.

Libertad Digital - Opinión

DIAGNOSTICO NEGATIVO

SI socialistas y populares discrepan en las recetas para salir de la crisis, sus votantes, en cambio, comparten percepciones sobre la gravedad de sus consecuencias. Según el sondeo de DYM, unos y otros consideran que los problemas más graves son, por este orden, el paro y la situación económica. La crisis se ha puesto de manifiesto de manera tan evidente que su aceptación trasciende ideologías. El miedo a perder el puesto de trabajo domina la opinión ciudadana y explica el freno de las familias al consumo, pese a la caída de los precios. La crisis de confianza se refleja como el telón de fondo de las crisis financiera, inmobiliaria y laboral, cuya gravedad pone a España en una órbita diferente de aquella en la que se mueven los principales países de la Unión Europea. Y si el presente preocupa, el futuro no ofrece alternativas a medio plazo. Más de la mitad de los encuestados considera que en 2010 aumentará el desempleo y bajará el poder adquisitivo de las familias. En este contexto, adquiere una gravedad cualificada la impresión que tiene una gran parte de los encuestados, acerca de que la crisis económica empeorará la convivencia con la población inmigrante. Ahí tiene el Gobierno expuesta una gama de síntomas sobre la opinión real de la sociedad, que oscila entre la preocupación y el pesimismo, pasando por el temor a un estallido social provocado por la crisis. Ahora bien, los ciudadanos tampoco quieren experimentos políticos que no tengan un beneficio claro y, por esta razón, la mayoría cree que la moción de censura no estaría ahora justificada. Incluso entre los votantes del PP, un 22 por ciento mantiene este criterio, frente al 56 por ciento.

El punto de partida de este diagnóstico es la opinión general sobre la economía española. Baste un dato: en octubre de 2007, sólo el 16 por ciento de los encuestados consideraba que la economía estaba mal o muy mal. El sondeo DYM de mayo de 2009 eleva ese porcentaje hasta el 67 por ciento, frente al 4 que juzga el estado económico como bueno o muy bueno. Muchos de los errores del Gobierno se basan en no aceptar que la visión política de los españoles está filtrada por la crisis económica y que ésta representa su principal interés, aunque no el único. El descrédito del Gobierno como gestor de la crisis se está haciendo estructural, porque está entrampado por una estrategia de propaganda y no de acción política y legislativa. No es extraño que los españoles nieguen claramente al Gobierno apoyo en otra medida de política «social», el aborto libre por jóvenes de 16 años. La ampliación del aborto debería estar sirviendo para galvanizar el voto de izquierda y, al mismo tiempo, poner al PP en aprietos, pero resulta que el principal debate sobre este asunto se está produciendo dentro del propio PSOE y se proyecta en sus votantes, siendo más los que están en contra de este aborto adolescente al margen de los padres que los que están a favor.

El estado actual de la opinión pública es heterogéneo y ya no responde claramente a clichés ideológicos. Votantes de PP y PSOE coinciden a partes iguales o parecidas en las prioridades de la crisis y, con diferencias no abismales, comparten críticas al Gobierno en asuntos como el aborto. Es una situación idónea para los liderazgos fuertes y bien definidos, esos que permiten a los ciudadanos sobrellevar con esperanza los tiempos difíciles.

ABC - Editorial

EL HOMBRE MAS HONESTO DE ANDALUCIA

«Este no es ni mucho meno el primer caso de nepotismo familiar protagonizado por Chaves, pero sí es el primero cuyos datos se conocen fuera de sus círculos de influencia. He ahí la importancia de una prensa libre.»

No hace falta ser el hombre más honesto del mundo para no corromperse. Sobra con ser simplemente honesto: respetar la legalidad y poseer unos ciertos valores que excluyan el nepotismo. No es necesario ningún plus de honestidad al que dicta el sentido común.


Aún así, los dirigentes del Partido Socialista parecen empeñados en despejar más allá de cualquier duda razonable las cada vez mayores sombras que giran en torno a la integridad moral de Manuel Chaves. Declaraciones como las de José Antonio Griñán y María Teresa Fernández de la Vega colocando al ex presidente del Gobierno del primero y al vicepresidente del Ejecutivo de la segunda en la posición de andaluz honesto del siglo no dejan de provocar un cierto sonrojo.

La defensa parece más destinada a aburrir por hiperbólica y a frivolizar el caso para restarle gravedad, que a ofrecer una descripción rigurosa del político socialista. Si ya cuesta creer en la integridad y el comportamiento intachable de una persona que haya ocupado durante casi 20 años la presidencia de una administración pública tan importante como la andaluza, conforme se han ido conociendo más datos sobre la subvención a Matsa, creer en su honestidad se convierte más bien en un acto de fe ciega, de admiración y sometimiento al líder.

Recordemos sucintamente los escandalosos hechos: la Junta de Andalucía, presidida por Manuel Chaves, concedió a la empresa Minas de Agua Teñidas SA (Matsa) una subvención de 10,1 millones de euros el 20 de enero de este año. La subvención se aprobó y se incrementó apenas dos meses después de que la compañía nombrara apoderada a Paula Chaves, hija del presidente de la Junta que concedió la inyección pública. El monto de la subvención es aproximadamente 200 veces superior a las ventas (que no los beneficios) de los últimos tres años de la compañía y se entregó a pesar de que diversos informes advertían de que presentaba un "elevado riesgo de impago" y de que hubo que cambiar la normativa para adaptarla a las condiciones de la empresa. De hecho, la conexión entre la Junta y Matsa llegó al extremo de que, dado que el volumen de ingresos de esta última era tan reducido (apenas 53.000 euros en tres años), la Junta le sufragó los 48.000 euros que costaba el estudio de viabilidad preceptivo para conceder la subvención.

Y para terminar de emponzoñar el asunto, el propio Chaves firmó el acta que concedía la subvención a Matsa. Aun en el supuesto de que toda la tramitación de la misma hubiese seguido un proceso cristalino y se ajustara perfectamente a derecho, el presidente andaluz debería haberse inhibido según el artículo 7 de la Ley de Incompatibilidades de Altos Cargos. Pero ni la tramitación fue cristalina ni ajustada a derecho ni, por supuesto, éste se inhibió.

Desde luego cuesta calificar a nadie que se haya visto implicado en este caso de "hombre más honesto de Andalucía". Como mínimo, habría que reconocer algunos problemas estéticos en la operación. Sin embargo, la táctica de los socialistas es otra: hacerse las víctimas y acusar a determinados medios de comunicación de conspirar contra los intereses electorales del PSOE y de ejecutar su particular vendetta contra Chaves por no haberlo podido derrotar en las urnas.

Más bien, lo que sucede es que por primera vez en 20 años Chaves ha abandonado la cobertura de su círculo mediático, al amparo del cual ha ido tejiendo toda la "tela de araña andaluza" (tal y como semanalmente viene denunciando nuestro colaborador Pedro de Tena). Los medios de comunicación nacionales, por muchos problemas que puedan tener, son mucho más autónomos que la mayoría de los andaluces y, precisamente por ello, no van a dejarle pasar una al hombre más honesto de aquella región. Éste no es ni mucho menos el primer caso de nepotismo familiar protagonizado por Chaves, pero sí es el primero cuyos datos se han conocido fuera de sus círculos de influencia. He ahí la importancia de una prensa libre y he ahí el motivo de por qué todos los políticos la quieren domesticar y someter.

Libertad Digital - Editorial

Se precisa sindicato moderno con buena presencia. Por Miquel Porta Serrano

UNA tarea inaplazable: la necesidad de replantear el sentido, representatividad y práctica del llamado sindicato de clase trabajadora. Para empezar, el sentido. ¿Qué sentido tiene hoy el sindicato de clase trabajadora en una España en que más de las dos terceras partes del empresariado es autónomo o se inscribe en una pequeña y mediana empresa que emplea pocos trabajadores? ¿Qué sentido tiene hoy el sindicato de clase trabajadora en un mundo globalizado que sobrepasa fronteras e intereses regionales a velocidad de vértigo? ¿Qué sentido tiene hoy el sindicato de clase trabajadora en España, así como en el mundo desarrollado, cuando la industria cede el paso a la producción de mercancías de creciente valor añadido que incorporan alta tecnología y cualificación profesional y técnica? Unas preguntas que tienen su respuesta: cuando el empresario es el trabajador, cuando los trabajadores están empleados en pequeñas unidades de producción y tienen unos intereses que generalmente difieren de los de la clase a la que se dice que pertenecen, cuando las decisiones empresariales se toman en función de otras decisiones tomadas por empresarios emplazados más allá de las fronteras regionales, cuando la clase trabajadora se ha segmentado en función de la habilidad profesional y la cualificación técnica, cuando eso ocurre, el sindicato de clase trabajadora pierde el sentido.

En el mejor de los casos, sólo tiene sentido para un número cada vez más reducido de trabajadores empleados en industrias de tecnología y cualificación discretas. En general, dicho sindicato deviene una organización corporativa y gremial -vertical, podríamos añadir- que defiende unos intereses personales e intransferibles que no son los de una clase trabajadora que, por lo demás, no existe como tal. ¿Quién es capaz de asegurar qué trabajadores pertenecen o no a la clase trabajadora y en función de qué criterio? ¿Quién es capaz de señalar cuáles son los intereses de la -en singular- clase trabajadora? ¿Por qué los intereses que dicta el sindicato de clase trabajadora han de corresponder necesariamente con los intereses de los -en plural- trabajadores? En definitiva, el sindicato entendido al modo tradicional pierde el sentido que tuvo en el XIX y primera mitad del XX.

La pérdida del sentido conduce a la representatividad. ¿A quién representa un sindicato de clase trabajadora que se caracteriza por el bajo número de afiliados, que en las elecciones sindicales moviliza a un escaso número de trabajadores y, en consecuencia, resulta ajeno a la mayoría de quienes dice representar? ¿Cómo es posible que este sindicato tenga la pretensión de enmendar, bajo presión, la política de un gobierno -por ejemplo: el salario mínimo, el gasto público y otras variables que influyen poderosamente en la marcha de la economía- que ha sido elegido democráticamente por la ciudadanía? El sindicato, sin legitimación política real, intenta apropiarse de un derecho y un poder que nadie le ha otorgado. A lo sumo, como señala la Constitución, «los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que le son propios». Y ya que hablamos de representatividad y democracia, me van a permitir que me meta en camisa de once varas. Si la representatividad del sindicato de clase trabajadora es un asunto que replantear y revisar -con lo que ello conlleva-, también lo es la cuestión de la democracia interna de dicho sindicato. Y es que el corporativismo y el gremialismo subrayados se traducen en una organización de rasgos frecuentemente autoritarios en que la elite dirigente no sólo determina la táctica y estrategia que seguir -cosa lógica en toda organización-, sino que tiene a su alcance y disposición los métodos necesarios para cooptarse en el poder. En este sentido, el sindicato de clase trabajadora es, con toda probabilidad, una de las organizaciones civiles modernas que más se aleja -más, incluso, que los partidos políticos- del funcionamiento democrático. No es exagerado afirmar que, como señalara George Bernard Shaw, «ningún rey tiene tan seguro el lugar de trabajo como un dirigente sindical». Dirigente -todo un detalle- que durante décadas -perdonen la demagogia de los hechos- ejerce el cargo sin bregar en fábrica o departamento. Y, por tirar del hilo, los sindicalistas liberados, es decir, quienes en teoría representan más directamente a los trabajadores, también se pasan décadas -más demagogia de los hechos- sin bregar en fábrica o departamento. Por cierto -sigue la demagogia de los hechos-, dichos liberados nunca pierden el lugar de trabajo cuando la empresa solicita, por ejemplo, un expediente de regulación de empleo. La realidad supera la ironía del comediógrafo irlandés George Bernard Shaw.

Finalmente, resta hablar de la práctica del sindicato de clase trabajadora. El sindicalismo corporativo y gremial, que con frecuencia suele ser una rémora para el desarrollo económico y el trabajador que dice representar, debería ceder el paso a un sindicalismo, por así decirlo, liberal. ¿De qué se trata? En primer lugar, dicho sindicalismo no debería oponerse a la globalización económica liberal ni al incremento de la productividad y la competitividad. Y ello, porque eso beneficia a los intereses, no sólo de empresarios, sino también de trabajadores y ciudadanos. El nuevo sindicalismo -que a buen seguro necesita de nuevos sindicalistas- debería impulsar otras prácticas. Por ejemplo: la liberalización del mercado laboral, que implicaría más posibilidades de encontrar trabajo para los desempleados; la flexibilización de plantillas, que abriría la posibilidad de nuevas contrataciones ahora casi imposibles por el miedo de las empresas a un empleo casi vitalicio que puede llegar a hipotecar su futuro; la reestructuración de las plantillas de las empresas en crisis, que daría la oportunidad de encontrar un nuevo empleo a los trabajadores amenazados por la inminente pérdida del puesto de trabajo; la moderación salarial, que repercutiría en la generación de empleo; la lucha contra el absentismo laboral y la generalización de contratos laborales individuales -sueldos incluidos- entre trabajador y empresa en función de la cualificación profesional y el rendimiento de cada trabajador, que distinguiría el trabajador productivo del improductivo; la supresión de la cultura de la subvención, que permitiría recolocar a trabajadores en otros sectores y liberar recursos públicos para dedicarlos a diferentes menesteres; la limitación del derecho de huelga en algunos sectores, que respetaría determinados derechos fundamentales como el acceso a la salud o la educación y la libre circulación de personas y mercancías.

Hay que replantear la naturaleza y rumbo del sindicato de clase trabajadora. Hay que revisar el corporativismo y gremialismo de una institución, en buena medida a cargo del presupuesto público, que disfraza el interés particular de general. Se objetará que el sindicato de clase trabajadora español ha dado pruebas de moderación y cooperación desde los años de la Transición. Cierto. Pero, ello no basta. Y es que dicho sindicato, prisionero de su discurso, limitado por afectos y lealtades, seducido y abandonado por una historia que le niega el papel de sujeto privilegiado, e insertado en una realidad en donde compiten los más diversos y plurales intereses, no es el más adecuado para nuestro tiempo. El sindicato de clase trabajadora debe reconsiderar su manera de ser y actuar por el bien de todos. Como si de un anuncio clasificado se tratara, se precisa sindicato moderno con buena presencia.

ABC - Opinión

domingo, 31 de mayo de 2009

Las Fuerzas Armadas homenajean a la Bandera y a los Caídos en Santander



El Mundo

EL TRIPLETE DEL NO PASSSSA NADA. Por Antonio Burgos

LES importa el mundo un rábano. Pero un rábano sin IVA. Se ponen el mundo por montera. Pero no una montera cualquiera, sino la montera de Padilla el de las patillas, ésa que parece el gorro de Miquimaus que les dan a los chavales en Disneylandia de París. En política hay legitimidades de origen, legitimidades de ejercicio y legitimidades de que hagan lo que hagan, está muy bien hecho, óle sus colones y sus pinzones, que para eso son de los nuestros y pueden hacer lo que les dé la gana, y no como los otros, unos fachas que tienen la culpa de la crisis y de los 4 millones de parados.

Es público y notorio que ZP es del Barsa. ¿Quiere ello decir que los madridistas no le votan ni quemado? En absoluto. Como es de los nuestros, puede ser del equipo que quiera. Y como el Barsa (y olé), ZP ha hecho Triplete en esta semana. El Triplete del No Passssa Nada. Esta semana se ha demostrado que están legitimados para todo, que todo vale, que les importa una higa lo que digan la oposición, los periódicos, el sentido común, la ética, el código del buen gobierno y la vergüenza.

El Triplete de ZP se plantea así:

1.- La Liga ha sido la Gripe A.

2.- La Copa, los 10 millones de euros dados por Chaves a la niña de Chaves, qué lástima de hija.

3.- La Chámpion, el Falcon.

La Liga de la Gripe A ha ligado la incompetencia de Carmen Chacón con la incompetencia de La Trini. Usted puede contaminar de gripe cuarteles enteros y meter luego allí no digo ya una escuela, sino a la Escuela Española de Arte Ecuestre de Viena con todos sus caballos si hace falta, que tendrá la explicación del protocolo. Estamos en la dictadura del protocolo. No el protocolo que les gustaba antes a los sociatas, eso de exigir sitio y honores como si fueran príncipes de Mónaco, sino el protocolo como hoja de ruta para callar la boca a los hijos de lo que rima que protesten. Si usted mete la pata, dice que se ha limitado a aplicar el protocolo y No Passssa Nada. El protocolo dice barbaridades como que cuando un enfermo no es rentable para un hospital hay que aplicarle el matarile de los cuidados paliativos caiga quien caiga, usted me entiende, pero da igual. El protocolo, como el Jefe en el Fascismo, siempre tiene razón. Y si no tiene razón, pues tampoco Passsa Nada.

La Copa del Triplete ha sido lo de Chaves, que ha puesto hasta la corcha de subvenciones a la empresa de su niña. No Passsa Nada. Apliquemos el protocolo. El protocolo de la poca vergüenza que hay en España dice, como afirmaba Beni de Cádiz cuando lo de Mienmano, que a quién le vamos a dar mejor el dinerito que a los de nuestra sangre. El consejero de Innovación de la Junta no ha innovado nada lo que piensan los votantes de todas estas sinvergonzonerías: «Todo padre quiere lo mejor para sus hijos». Y se han quedado vaheando. Y No Passsa Nada. Los millones que ha dado Chaves a su niña, ¿son acaso trajes del sastre José Tomás o algo? ¡Pues entonces!

Y al final, limpiarse en las cortinas con el Falcon, que es la Chámpion del Triplete de la Poca Vergüenza. Les importa un bledo que les digan que meten la mano en el cajón público para sus asuntos privados. No a ellos, que es normal. No les importa a sus votantes, que es lo más preocupante. ¿Que no quieres que vaya en el Falcon a Dos Hermanas? ¡Toma, pues voy también a Asturias! ¿Pasa algo?

En rojo y azul, los colores del Barsa, dicen sus carteles sembradores de odio y resucitadores de las dos Españas: «Este partido se juega en Europa». En el lema falta una palabra: «Este partido se "la" juega en Europa». Pero ZP, de momento, ya ha ganado esta semana el Triplete del No Passsa Nada.

ABC - Opinión

SOL Y SANGRE. Por Alfonso Ussía

Lucía el viernes el sol sobre los valles vascos. Día de viento sur, que en la bóveda verde del norte de España calcina los prados con sus calores tórridos. El viento sur, si permanece unos días, provoca el nortazo, la galerna y la lluvia, y los prados, brañas y alcores recuperan el agua que tanto necesitan. Lucía el viernes el sol sobre Azpeitia. La basílica de Loyola, la casa de Ignacio, se alza a un centenar de metros del lugar donde Ignacio Uría, último asesinado por la ETA, se topó de golpe con la muerte. Donde corrió su sangre, la gente buena renueva ramos de flores y velas encendidas. También, a pocos metros de ahí, los compañeros de la partida de tute siguen reuniéndose para jugar a las cartas. Sustituyeron a Ignacio Uría el mismo día de su muerte, y se lo pasan muy bien. El viernes apareció por allí Arnaldo Otegui, que acompañaba a Doris Benegas. Iban de campaña electoral. También el etarra «Antxon», que se mantiene en forma y parece que los años no han pasado por su piel de serpiente. Para mitigar los altos calores, Otegui llevaba un polo y Doris un liviano vestido, como su conciencia. Se instalaron frente a la basílica, y hablaron, y pidieron el voto para «Iniciativa Internacionalista» en las elecciones europeas, la formación que puede ser la voz del terrorismo en el Parlamento europeo. A cien metros de las flores que recuerdan el último paso en la vida de Ignacio Uría, y ninguno tuvo el detalle de pronunciar su nombre.

No estuvo Alfonso Sastre. El dramaturgo se esconde cuando el calor aprieta en su casa de Fuenterrabía, repleta de fotografías de su difunta esposa, Genoveva Forest, Eva, «Julen Aguirre», escritora y etarra, mala escritora y eficiente etarra, como demostró en el atentado de la calle del correo, el de la cafetería «Rolando», con decenas de muertos. También, entre libros, destaca alguna imagen de José Bergamín, el poeta madrileño y malagueño, el más flojito de su generación, combatiente de la República sin haber pisado el frente de guerra, atraído al final de su vida por la simbología siniestra de Batasuna y enterrado en una tierra que apenas conocía entre hachas y serpientes. Le cantaron el «Euzko Gudariak», el himno del «Soldado vasco», a él, precisamente a él, que lo más cerca que estuvo de las trincheras fue en los bares de la Gran Vía. Allí se refugia Alfonso Sastre cuando el sur recala, el calor aprieta y Otegui le sustituye para pedir el voto a los amantes de la sangre.

No se concentró una gran multitud en Azpeitia. Los desocupados eligieron las playas, aunque el agua del Cantábrico, a estas alturas de mayo, aún no está para bromas. Poca gente en Azpeitia, a cien metros de las flores que otros renuevan para no olvidar a Ignacio Uría. Se echó de menos a doce personas. No acudieron al mitin de Otegui porque están avergonzados. Esas doce personas no se refugian del calor en sus casas de Fuenterrabía. Viven en Madrid. Gracias a ellas, Otegui, Benegas, «Antxon» y compañía, pueden hacer campaña, y de conseguir los votos necesarios, representar al terrorismo en el Parlamento de Europa. Podrían haberse esforzado para ver en persona la consecuencia directa de su terrible error. A los doce miembros del Tribunal Constitucional se les echó de menos en Azpeitia, a cien metros del sitio de la muerte de Ignacio Uría.

La Razón - Opinión

SOLO SE PUEDE COMPETIR EN EL MERCADO. Por José T. Raga

Impuestos

«Que la competencia entre Comunidades Autónomas de que se está hablando sea del gasto sin necesidad de ponerse coloradas ante los ciudadanos exigiendo más impuestos, no es eficiencia competitiva sino despilfarro de recursos.»

A fuerza de manosear, sin pudor alguno, los términos que más indubitado significado han tenido a través de los tiempos, se llega a la situación en la que, hasta los más rigurosos, acaban aceptando como válido el híbrido decir de los maltrechos vocablos. Algo de eso viene ocurriendo con el término "mercado", el cual ha pasado de considerarse el mal en el que la humanidad se encuentra inserta, a ser el referente de la conducta de los seres eficientes, si bien la usan con más profusión los que no lo son, incluso aquellos que ni siquiera se mueven en un mercado libre.


Porque quede bien claro y para siempre que el término mercado, cuando no lleva ningún complemento que lo determine, restringiendo en algún sentido su significado, –así, cuando decimos, mercado monopolista o monopolístico, o bien, mercado de oligopolio, o simplemente mercado regulado– se está refiriendo, por antonomasia, al mercado competitivo, a eso que algunos autores han denominado arena competitiva, para distinguirlo de lo que como referente teórico recibe el apelativo de competencia perfecta. Somos conscientes, los que a esto nos dedicamos, que la situación real del mercado estará más próxima o más alejada de la competencia perfecta, sin que por ello deje de merecer ser llamado por su nombre que, sin embargo, exigirá de manera ineludible que, cualquiera que sea su dimensión en el espacio y su ámbito de actuación en la actividad económica, esté ausente de interferencias del poder político, social o económico.

El mercado, además, para que sea muestra de eficiencia, requiere, por parte de los demandantes, que el sacrificio que experimentan al pagar el precio se vea compensado por la utilidad –si quieren ustedes, satisfacción– que van a obtener por el consumo o utilización del bien. Por otro lado, los oferentes esperan obtener un precio al vender el bien o el servicio que vendrá a compensar el coste de producción de ese bien o servicio. Cuando todo esto falla, cuando hay interferencias, cuando el coste de producción –subvención, en este caso– no lo experimenta quien ofrece el producto, cuando el precio que se percibe a cambio de dicho coste no es evidente porque está representado en un posible beneficio en términos de voto en unas elecciones, y cuando para el consumidor el bien que recibe es una subvención que disminuye su sacrificio en términos de precio del automóvil, hay que decir que, simplemente, el mercado no existe.

Pese a ello, estamos todos los días oyendo, quizá como ejemplo del fraccionamiento del mercado nacional en mercados autonómicos, que las Comunidades Autónomas, como entidades políticas, compiten entre ellas para la consecución de los objetivos que se proponen; un ejemplo que está sobre la mesa es el de las ayudas directas al sector de la automoción. El despropósito del discurso no puede alcanzar niveles más altos y ello porque el sacrificio que las autonomías deberían de experimentar al dedicar sus recursos públicos a unos fines en lugar de a otros, lo trasladan al Estado. Y éste, por mor de los intereses políticos del Gobierno de la Nación, representados por los apoyos que se esperan de los beneficiarios a las iniciativas parlamentarias, asume con gusto el sacrificio de unos recursos adicionales (concedidos con arbitrariedad ya que este sacrificio, en definitiva, se trasladará a los ciudadanos en general), los cuales ya no tendrán posibilidad de traslación sino de sufrimiento.

Me resulta difícil situarme en este escenario, no por lo que un rasgo de competencia pudiera añadir a cualquier sistema, sino por cómo se está utilizando tal concepto. Y que conste que me he pronunciado hasta la saciedad contra el modelo fiscal europeo que en su bautismo recibió el patronímico de armonización fiscal. He atacado siempre la armonización y defendido siempre la competencia fiscal, creándome en estas tesis enemigos entre los que nos reconocíamos como profesos de una amistad profunda.

Siempre he creído que una competencia fiscal derivaría necesariamente en una mayor felicidad de los ciudadanos pues, en el límite, reduciría la carga tributaria y con ella el esfuerzo fiscal de los sujetos. Para los maliciosos, que siempre los hay, anticiparé que no estoy hablando de reducir los gastos sociales, salvo aquellos que actúan como desincentivadores del esfuerzo productivo. Estoy simplemente estimando que, en un modelo competitivo de exacción impositiva, el sector público racionalizará sus actividades y su dimensión hacia aquellos gastos que transfieren un bienestar a los individuos igual o superior al sacrificio que tienen que realizar al pagar los impuestos. Racionalidad, que buena falta hace a un sector público tan burocratizado, tan de espaldas a la realidad de los ciudadanos y tan estéril en el uso de unos recursos que, para su desgracia, son escasos.

Ahora bien, que la competencia entre Comunidades Autónomas de que se está hablando sea del gasto, entendiendo que es más competitivo quien gasta más, cuando la captación de ingresos se obtiene benévolamente del Estado –al menos para algunas de ellas– sin necesidad de ponerse coloradas ante los ciudadanos exigiendo más impuestos, no es eficiencia competitiva sino despilfarro de recursos. Y éste se transmite por el Estado a los ciudadanos en forma de latrocinio de rentas que llega a privarles de lo más esencial para sus vidas.

Y aún aparece de vez en cuando un ministro de Industria, caracterizado por el fracaso de sus medidas, a explicar el proceso para que nadie llegue a entenderlo.

Libertad Digital - Opinión

FUERZAS ARMADAS. Por M. Martín Ferrand

MI carrera militar, forzada y tardía, culminó como cabo apuntador de Artillería. Juré bandera el día en que vino al mundo la segunda de mis hijos, Rosalía. Es decir, que el militarismo no forma parte de mis esencias y que, a pesar de ello, le debo al servicio militar obligatorio, al que tanto maldije, una parte importante de mi formación como persona. El Ejército es una pieza fundamental en un Estado en el que los ciudadanos aspiren a ejercer su libertad y, aunque mucho años de mal uso de su poder hayan distorsionado la imagen de su realidad más honda, en las Fuerzas Armadas descansa el fundamento de la seguridad y la independencia nacionales.

La supresión del servicio militar obligatorio se hizo en España, como casi todo, tarde y mal. Era algo ineludible, pero debió producirse con otros modos y distintos ritmos. Hoy disponemos de una tropa profesional y, dicho sea de paso, sus cuadros de mando -jefes, oficiales y suboficiales- son los de más capacitación y mejor formación técnica e intelectual de los que ha dispuesto nuestro país a lo largo del tiempo. Sin olvidar el mérito y la gloria que la milicia le ha dado a la Nación en las muchas y difíciles peripecias en que la ha servido.

Una suerte de complejo antimilitarista, seguramente efecto de la dramática ley del péndulo que rige nuestra convivencia, se ha instalado en los usos y las costumbres. Nuestra pertenencia a la OTAN, junto con los pactos bilaterales con los EE.UU, alivian la responsabilidad gubernamental en materia de Defensa. Se olvida que nuestro flanco sur, el mayor problema estratégico nacional, no está suficientemente cubierto por esos tratados y que un Ejército bien dotado, equilibrado dentro de la dimensión económica y política del Estado, es tan indispensable como la Educación o la Justicia, algo de lo que tampoco disponemos en los niveles deseables y convenientes. Es tal nuestro desapego por los asuntos de Defensa que puede hablarse, sin consecuencias, de la supresión de la Infantería de Marina, la primera del mundo, que fundo nuestro Carlos I y que tuvo servidores tan notables como Miguel de Cervantes.

Ojalá que la celebración, en Santander, de un día de las Fuerzas Armadas invite a la reflexión colectiva y responsable que merece una institución que, por lo que llevamos visto, en los últimos tiempos no tiene suerte con los ministros/as que le tocan en el reparto.

ABC - Opinión

UNAS ELECCIONES PARA QUE TODO SIGA IGUAL

LAS ELECCIONES europeas del próximo domingo no van a suponer ningún cambio relevante en el actual escenario político. Según la encuesta de Sigma Dos que publica hoy EL MUNDO, el PP ganaría con una ventaja de dos puntos sobre el PSOE, un resultado que permitiría a Mariano Rajoy consolidar su liderazgo en el PP sin poner en demasiados aprietos a Zapatero.

Todas las encuestas coinciden en que habrá un resultado bastante ajustado entre las dos grandes formaciones políticas e igualmente todas las predicciones señalan que la participación será baja, en torno al 40%, como también refleja nuestro sondeo.


No hay un clima de movilización en el electorado, que ha podido constatar como los debates y la propaganda electoral se han centrado en temas de política interna. Sin exagerar, podría decirse que Europa ha sido la gran ausente de esta campaña.

En principio, el líder del PP se juega más que Zapatero en estas elecciones en las que tradicionalmente se produce un fuerte voto de castigo contra los Gobiernos que sufren problemas de desgaste. Según refleja nuestra encuesta, Rajoy se va a beneficiar del creciente descrédito del Ejecutivo que preside Zapatero y va a superar probablemente en uno o dos diputados al PSOE.

La derrota no tiene por qué afectar demasiado a Zapatero, que siempre puede alegar que perder por un par de puntos es un buen resultado en medio de una crisis económica tan brutal como la actual, a la espera de una reactivación que le permitiría recuperar apoyos.

Como se demostró en el reciente debate sobre el estado de la Nación, el Gobierno tiene un respaldo suficiente en el Congreso para seguir gobernando, aunque sea a través de pactos puntuales. El PP carece de posibilidades de dar la vuelta a esta situación.

Las elecciones del domingo próximo van a poner en evidencia de nuevo la hegemonía de los dos grandes partidos, PP y PSOE, que cosecharían más del 83% de los votos y se repartirían el 90% de los escaños.

Coalición por Europa, formada por CiU, PNV y los nacionalistas moderados, puede lograr dos eurodiputados, mientras que la Europa de los Pueblos, integrada por ERC, BNG y el nacionalismo radical, sacará seguramente sólo un escaño de los 50 que están en juego.

UPyD, el partido de Rosa Díez, puede alcanzar el 2,6% de los votos, lo que permitiría a Sosa Wagner estar en el Parlamento Europeo, un resultado que no está mal pero que no consolidaría a esta formación como la tercera fuerza política a nivel nacional.

Por último, IU se quedaría con un escaño de los dos que ahora tiene, sin poder frenar el declive electoral iniciado con Gaspar Llamazares y que está a punto de convertir a este partido en una formación marginal.

Todavía queda una semana para que los partidos puedan movilizar a sus electores, aunque no parece que lo vayan a conseguir si la campaña se sigue desarrollando en los mismos términos. Todo apunta, pues, a una elevada abstención y a una victoria apretada del PP, que dejaría las cosas como están.

El Mundo - Editorial

LAS VOCES QUE NO OYE ZP. Por Ignacio Camacho

FELIPE González, Javier Solana y Joaquín Almunia, esos peligrosos neoliberales, se han manifestado contra el cierre de la central de Garoña y a favor de la reapertura del debate nuclear. Su opinión tiene importancia porque son -o eran- gente de criterio en el PSOE, porque su voz se escucha con respeto en Europa y porque formaron parte del Gobierno que decidió la moratoria sobre energía atómica. A estos tipos se les pueden reprochar muchas cosas, pero no falta de pragmatismo ni de experiencia. Su indiscutible alineamiento con la causa socialista no les ha impedido formular críticas -de manera más ácida en privado que en público- sobre el adanismo fundamentalista que impregna la política de Zapatero en torno a ciertos mantras y tabúes de la vieja izquierda.

También el citado Almunia, junto con el gobernador del Banco de España -nombrado por este Gobierno- Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el ex ministro -de Zapatero- Jordi Sevilla y el antiguo director de la Oficina Económica del presidente -del presidente Zapatero-, David Taguas, se han pronunciado recientemente sobre la necesidad de una reforma del mercado laboral que, sin apelar ni de lejos al despido libre, unifique los contratos y regule las indemnizaciones según el tiempo de trabajo. Reforma propuesta en abril por un centenar de economistas entre los que figuraba José Manuel Campa, actual secretario de Estado de Economía... del Gobierno de Zapatero. Todos estos ciudadanos son militantes o simpatizantes del PSOE y han recibido nombramientos directos de la Presidencia; ninguno de ellos forma parte del círculo del PP ni ha coqueteado jamás con esa derecha «rancia», «especuladora» y «neocon» denostada hasta la demonización en los vídeos de campaña del PSOE.

Todos ellos, sin embargo, son voces roncas que predican en el desierto de un zapaterismo enrocado sobre la fuerza peronista de los sindicatos, que preparan un contramanifiesto de apoyo a la política social del Gobierno, cuyo principal resultado son siete mil nuevos parados al día. El documento será remitido para su suscripción a la plataforma de artistas -mal conocida como el Clan de la Zeja-que ha prestado respaldo al presidente en pasadas campañas electorales. En dicha declaración, los firmantes darán su aprobación al indefinido nuevo modelo productivo sostenible y expresarán su veto a cualquier modo o fórmula que reforme el actual mercado de trabajo, en quiebra por efecto de la crisis.

Los sindicatos mayoritarios, CC.OO y UGT, así como buena parte de los actores, cineastas y cantantes de la mencionada plataforma se declaran ideológicamente herederos del marxismo. Del marxismo de Carlos Marx. Porque fue otro Marx, apodado Groucho, el que definió la política como el arte de buscar problemas, encontrarlos, formular un diagnóstico falso y aplicar remedios equivocados.

ABC - Opinión

EL MEDIO JUEZ. Por José María Marco

«La actuación de Garzón culminaba la falacia de la "memoria histórica", reescritura legislativa de la historia, como ésta a su vez venía a culminar la mendaz, calumniosa y desacreditada historia progre dominante durante la segunda mitad del siglo XX.»

En otros tiempos, la plaza de París de Madrid, donde tienen sus respectivas sedes el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y el Consejo General del Poder Judicial, era uno de los lugares más plácidos y deleitables de Madrid. Hoy los contados paseantes deben ir deprisa, bordear las paredes y refugiarse detrás de los árboles para evitar que le alcance alguna bala perdida, de las muchas que se lanzan estas instituciones entre ellas (hay que añadir el Tribunal Constitucional, que utiliza misiles tierra aire).


Probablemente el último episodio de esta guerra, muestra de la fragilidad del llamado poder judicial, es la imputación de Baltasar Garzón por prevaricación por parte del Tribunal Supremo. Pero en fin, allá se las compongan los jueces con sus envidias y sus guerras civiles. Como los políticos, no parecen darse cuenta del descrédito en que han caído por sus negligencias, sus arbitrariedades –traducidas en injusticias brutales– y también por hacer de los tribunales, no el ámbito de la justicia ni de la legalidad, sino una esfera independiente, ajena por completo al resto del mundo, de la que son los únicos y soberanos dueños.

Aun así, el caso Garzón tiene una envergadura algo mayor que los habituales rifirrafes entre jueces. Cuando inició su peculiar causa general contra el franquismo, Garzón debía saber que los posibles imputados habían fallecido, que la ley de Amnistía había acabado con la consideración de delitos para los hechos que quería juzgar, y que estos, en cualquier caso, habían prescrito.

Es obvio que Garzón no aspiraba a hacer justicia. Dejando de lado la petición del certificado de defunción de Francisco Franco, un rasgo de humor negro que no parece suyo, toda su actuación en este asunto está destinada a reescribir oficialmente, es decir judicialmente, la historia de España en los últimos setenta años. Su actuación culminaba la falacia de la "memoria histórica", reescritura legislativa de la historia, como ésta a su vez venía a culminar la mendaz, calumniosa y desacreditada historia progre dominante durante la segunda mitad del siglo XX.

El caso es que la guinda que iba a coronar el pastel, la que iba a poner Baltasar Garzón, el juez metido a cronista histórico, ha sufrido un percance. Tal vez sea momentáneo, pero por ahora la sombra de la prevaricación se extiende sobre el mitómano que quiso aprovechar los tribunales para algo que no les corresponde, como es promocionar una determinada visión de la historia. Los ingleses llaman a un gran hombre "un hombre y medio". Por ahora, Garzón se ha quedado en medio juez.

Libertad Digital - Opinión

NUCLEARES EN SERIO

LA postura de sectores importantes del PSOE, incluido el presidente Gobierno, en contra de la energía nuclear es fiel reflejo de una inmadurez que resulta inaceptable en quienes ejercen altas responsabilidades políticas. El debate sobre el cierre de la central de Garoña ha puesto de relieve las diferencias insalvables que separan a Rodríguez Zapatero de otros líderes como Felipe González o Javier Solana, capaces de tomar en serio la política energética. Bajo la retórica de la economía sostenible y las energías renovables, el Ejecutivo y la fundación que preside Jesús Caldera lanzan mensajes poco convincentes sobre un nuevo modelo siempre impreciso, cuyo objetivo sería al parecer superar la economía del cemento y el petróleo. Es evidente que estas ocurrencias sin fundamento no alivian la suerte de los cuatro millones largos de parados ni generan la confianza necesaria para que España salga de la crisis. Peor todavía, si se tiene en cuenta que -según cálculos solventes- el modelo energético del PSOE multiplicará por diez el recibo de la luz y el coste de la electricidad podría dispararse hasta más del veinte por ciento de la renta per cápita.

La opinión antinuclear se moviliza al amparo de viejos resabios falsamente ecologistas, mientras sigue pendiente el informe preceptivo del Consejo de Seguridad Nuclear sobre la central burgalesa que sólo sería vinculante para el Gobierno en el caso de que aconsejara el cierre de Garoña. Esto deja un amplio margen de discrecionalidad política al Ejecutivo, que tal vez está dispuesto a dar un golpe de efecto en plena campaña electoral con el anuncio de la clausura de ésta y quizá de otras instalaciones. Sería lamentable que Rodríguez Zapatero utilizara un asunto de largo alcance para la búsqueda oportunista de votos de cara al 7-J, pero lo cierto es que los ciudadanos están ya acostumbrados a las maniobras típicas de un presidente que antepone las conveniencias partidistas a corto plazo sobre el interés general. Es realmente absurdo plantear el cierre de nuestras centrales nucleares y pretender luego que esta energía sea adquirida en Francia o que el supuesto desarrollo sostenible se realice a costa del bolsillo de los contribuyentes. Según muchos expertos, la energía nuclear es más limpia y más barata que otras opciones alternativas. En todo caso, un asunto de tanta trascendencia merece un debate serio y riguroso al margen de las urgencias electoralistas de un partido que teme sufrir un varapalo en las urnas europeas.

ABC - Editorial

LAS FUERZAS ARMADAS NO SON UN JUGUETE PROGRE

«En los últimos años asistimos a una cursi y ridícula táctica de deconstrucción de la esencia de la carrera militar.»

Debido tanto a su misión, que no es otra que la defensa del territorio y soberanía nacionales contra las agresiones, como a su funcionamiento, en el que orden, al disciplina y la jerarquía se imponen a otras consideraciones, las Fuerzas Armadas son una institución del Estado especialmente refractaria a los experimentos buenistas a los que el Gobierno de España viene sometiéndola desde la llegada al poder del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero.


Desde la década de los años 90 del siglo pasado, las Fuerzas Armadas han sufrido cambios importantes, algunos positivos, mientras que otros desvirtúan peligrosamente sus objetivos e incluso su razón de ser. Entre las reformas beneficiosas están la incorporación de las mujeres, un hecho que como demuestran los casos estadounidense e israelí no influye negativamente en su nivel de desempeño, la profesionalización de sus cuerpos y su participación en diversas misiones internacionales.

Sin embargo, en los últimos años asistimos a una cursi y ridícula táctica de deconstrucción de la esencia de la carrera militar. En primer lugar, el papel de las Fuerzas Armadas como garantes de la unidad nacional ha quedado desdibujado, cuando no simplemente eliminado, por la retirada en algunas de sus instalaciones de los símbolos y lemas alusivos a esta función fundamental. Además, el Gobierno pretende enmarcar a los ejércitos en una serie de labores de caridad internacional que, lejos que ser su tarea primordial, son en realidad trabajos secundarios. Por último, el ocultamiento del carácter bélico de la institución ha llegado al extremo de suprimir el tradicional desfile del Día de las Fuerzas Armadas con la excusa de un recorte presupuestario, curiosamente el único que el Ejecutivo ha realizado desde que admitió la crisis económica.

Al desprecio que los socialistas han demostrado a las Fuerzas Armadas y a sus efectivos, pendientes de unas mejoras salariales que todavía no se han cumplido, se ha unido la nefasta gestión de la ministra Carmen Chacón, quien no ha dudado en convertir su puesto en un trampolín para su proyección personal. Sin embargo, el resultado hasta la fecha no podría haber sido peor no sólo para sus ambiciones políticas, sino para la imagen y el prestigio y el bienestar de nuestros soldados. Desde el lío de la retirada de las tropas españolas de Kosovo al escándalo de los casos de gripe en el cuartel de Hoyo de Manzanares, el paso de Chacón por el Ministerio de Defensa está siendo un rotundo fracaso.

Más preocupada por los reporteros gráficos que por las vidas de los efectivos bajo su mando, Carmen Chacón todavía no ha llevado a cabo la prometida mejora del sistema de formación de los miembros de las Fuerzas Armadas ni el necesario refuerzo tecnológico de sus operaciones. Mientras tanto, nuestras tropas continúan afrontando riesgos innecesarios en lugares como Afganistán debido a la falta de elementos básicos como los inhibidores. Así las cosas, cualquier comparación entre nuestra ministra de Defensa y otras mujeres que desde hace más de treinta años han ocupado puestos similares en sus respectivos países resultaría humillante para Chacón. Mucho nos tememos que eso le importe tanto como la celebración del Día de las Fuerzas Armadas.

Libertad Digital - Editorial

La asignatura pendiente de la cultura de la Defensa. Por Angel Expósito Mora

SI hay una asignatura que permanece suspendida desde hace más de treinta años en el conjunto de la sociedad española es la Cultura de la Defensa. Reconozcámoslo. Y lo que es peor, las perspectivas pueden no resultar del todo halagüeñas porque, aunque la consideración general hacia las Fuerzas Armadas ha evolucionado mucho y para bien en estos años, no es menos cierto que el distanciamiento de las nuevas generaciones de españoles con nuestros militares resulta preocupante.

De entrada es muy difícil cambiar una tendencia si no se afronta el problema con la firmeza necesaria, o lo que es lo mismo, advertir que de cara a pasado mañana esa relación entre jóvenes y militares será más clave aún, si cabe, que la existente hoy mismo entre la sociedad en general y esos mismos militares. No hay mejor jornada que hoy, día de la Fuerzas Armadas, para pensar sobre la cuestión.

La manera más eficaz de apreciar su trabajo y formación es compenetrarse no ya sobre el terreno de los distintos teatros de operaciones por cualquier lugar del mundo, que también, sino permitiendo la imbricación de la sociedad civil con los profesionales y viceversa. Los colegios e institutos han de abrirse a los soldados, porque si no, la relación a medio y largo plazo de la sociedad española con sus militares será imposible.

¿Nos hemos planteado en algún momento el nivel de capacitación y, por lo tanto, de formación de los protagonistas de un día como hoy? ¿Nos atreveríamos, por ejemplo, a comparar la cualificación de los oficiales de las Fuerzas Armadas con los miembros de los distintos «staffs» periodísticos, incluyéndome yo mismo, por supuesto? No existe un colectivo profesional en España con similar volumen de idiomas, preparación técnica y cultural y capacidad de prospectiva y análisis. Prueben, si no, a tratar con cualquier oficial cuestiones de política exterior, análisis político, geografía o historia. Y comparemos esas calificaciones con las nuestras o las de cualquier otra carrera.

En Estados Unidos, en Reino Unido o en Francia, la interconexión entre milicia y universidades, por ejemplo, es fundamental no sólo para los primeros, sino especialmente para los centros de investigación y de formación de las principales universidades de estos países. ¿Por qué aquí nos cuesta tanto ese proceso si nuestros vecinos lo llevan a cabo con toda normalidad? ¿Nos podemos imaginar la cantidad de avances científicos que encajan en las políticas de I+D+I que han nacido en instalaciones militares? Una vez más, seamos sinceros: el motivo es un complejo atávico que no hemos sabido arrancar de nuestras entrañas. Porque yendo un poco más allá en el razonamiento, y salvo honrosas excepciones, la entrada de militares en determinadas universidades provocaría en sus rectores y responsables la estigmatización absurda de tiempos predemocráticos olvidados, en primer lugar, y sobre todo, por los propios soldados.

Algo se ha conseguido ya con la inclusión de aspectos específicos de esta materia en los temarios de Educación para la Ciudadanía. Y el caso es que en España existen instrumentos y experiencias muy positivas al respecto. Desde centros de enseñanzas medias como el instituto «Al Qadir» de Alcorcón (Madrid), donde se ha logrado una interesantísima experiencia de intercambio entre soldados, profesores y alumnos, hasta universidades concretas o agrupaciones como la Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la Defensa Nacional. Desde la otra vertiente, se trata de empujar a que instituciones como el CESEDEN se abran más aún a los civiles porque multiplicaría su influencia y amplificaría el efecto de sus informes y estudios más allá de los uniformados. Ningún «think tank» en España es capaz de fabricar los estudios y ensayos que elabora el CESEDEN ni, por supuesto, tiene organización para desarrollar los cursos y visitas que se llevan a cabo en este edificio del Paseo de la Castellana.

Pero para afrontar todo lo anterior, nos encontramos con otro bastión fundamental, cual es la politización de la Defensa que comienza, por el propio Ministerio y termina con el tratamiento que los medios de comunicación aplicamos al tema. ¿Por qué los ministros mejor recordados en su paso por el Ministerio han sido los menos politizados, más allá del que fuera su color partidista? ¿No debería ser este departamento el menos politizado de todos los sillones del Gabinete, o, dicho de otro modo, el más transversal del Consejo de Ministros? Por supuesto que la Defensa es pieza clave de la política de un país, faltaría más, pero también se debe dar por supuesto que esa alta política habría de estar por encima de una legislatura, y, ni qué decir tiene, mucho más allá de unos comicios electorales. Y es que, yendo a lo que nos ocupa, nada más contraproducente para una auténtica Cultura de la Defensa que la contaminación partidista de esa misma Defensa. Porque Educación, Asuntos Exteriores y nuestro tema no deberían ser transversales -por cierto, qué poco me gusta esta palabra-, sino claves y de larguísimo plazo.

No obstante, y aunque suene a conformarse con poco, la situación puede empeorar si seguimos erre que erre por la linde de un proceso autonómico, cuando no nacionalista, que separa más todavía a sus futuras generaciones de todo lo que suponga un cordón umbilical con el Estado. Y las Fuerzas Armadas son, muy particularmente, un nexo entre los españoles. Quien no quiera verlo se equivoca.

En cuanto a los medios de comunicación, y teniendo en cuenta la mediatización social a la que contribuimos, a la que pertenecemos y de la que vivimos, se debe desarrollar un ejercicio a la vez de autocrítica y de difusión. Porque si hay un colectivo en el que el complejo atávico persiste es en el periodístico, y, por lo mismo, si desde algún vértice del polígono se tendría que acometer el cambio de percepciones hacia los Ejércitos y la Armada, es desde el periodístico. O nosotros, los informadores y opinantes, nos creemos y constatamos que las Fuerzas Armadas han cambiado, o será imposible que la sociedad española se sume a un proyecto verdadero tendente a su reconocimiento.

Hace falta que los militares sepan «venderse». Las Fuerzas Armadas tienen que abrirse más a la sociedad. Los políticos deben facilitar con inteligencia y sin prejuicios esa apertura, su conocimiento y el intercambio. Desde el periodismo hemos de aportar los medios, la crítica y el acceso a su mundo.

Si en primer lugar consiguiéramos avanzar en los colegios con los niños; en segundo término accediéramos a los institutos con los chavales; y, como tercer paso, lográramos penetrar en el corazón universitario, el futuro de esa interrelación entre militares y sociedad civil estaría garantizado y la Cultura de la Defensa se escribiría así, con mayúsculas, en la formación de los españoles.

Seguro que por los militares no va a quedar, porque ellos mismos serían los más agradecidos y beneficiados. Pero somos el resto quienes hemos de dar el paso para permitirles el acceso y, a partir de ahí, aprender con espíritu crítico, conocimiento de la historia y perspectiva internacional.

ABC - Opinión