Aparte de preguntas como: ¿de qué va a servirles un ordenador a unos escolares que no saben leer ni escribir bien? ¿Qué necesitan los parados, matrículas y subsidios o puestos de trabajo? Y este nuevo plan de Zapatero no tiene más aspecto de crearlos que todos los anteriores. Al revés, se trata de una edición corregida y aumentada de ellos. Su discurso sobre el estado de la nación fue un discurso para ocultar la verdadera situación en que se encuentra España, una cháchara para mantener entretenido al personal hasta que el esfuerzo de los demás nos saque del bache. Pero de esta crisis no saldrá nadie que no se esfuerce en salir por sí mismo. Y Zapatero no pide esfuerzos, pide paciencia; no contempla sacrificios, contempla subsidios. Y quedó claro que no está dispuesto a rectificar, como mostró en sus réplicas a los portavoces que le criticaron. Este hombre se ha instalado en la mentira, y no hay quien le saque de ella. Es posible que haya quien le crea, a fin de cuentas, ¿a quién le amarga un dulce? Y las palabras de Zapatero son tan dulces como las de Don Juan a la oreja de Doña Elvira. Y tan falsas. Pero, en fin, entre los derechos democráticos, está el de equivocarse.
Me quedan sólo unas líneas que quiero dedicar a Rajoy. Comprendo su indignación al oír al presidente repetir sus trapacerías. Pero a mentir y a navajazos le ganará siempre. Con esta gente lo único que cabe es la ironía. Por ejemplo, felicitarle por haberse puesto finalmente a perseguir a ETA en vez de negociar con ella, por haber reconocido finalmente que existe una crisis económica y por haberse decidido finalmente a ayudar a las pymes y a los autónomos. Esperando que siga adoptando otras propuestas del PP.
Y prepararse para lo peor.
ABC - Opinión





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