lunes, 8 de noviembre de 2010

La crisis que viene. Por José maría Carrascal

De todas las advertencias del ex presidente, la más inquietante es la que alude a «la siguiente crisis que se está incubando».

EXCELENTE entrevista la que Juan José Millás ha hecho a Felipe González para El País. Las preguntas van al grano y las respuestas no las esquivan. ¿Quién puede discrepar de que «la democracia se ha convertido en una mediocracia, en los dos sentidos: mediático y mediocre»? ¿O con «falta la cultura emprendedora, ligada al riesgo»? El único brindis a la galería es el «tuve que decidir si se volaba la cúpula de ETA. Dije que no», que suena a exculpación, aparte de que a ETA se le ha contado muchas veces la cabeza, y ahí sigue. El resto es de un realismo y claridad impresionantes. «En Occidente, con excepciones, estamos endeudados hasta los ojos, mientras Oriente ha ahorrado hasta las cachas». «Empezamos a discutir sobre un futuro que ya pasó». «Estamos encubando la siguiente crisis financiera y la diferencia con ésta es que los ciudadanos no tolerarán que se rescate a los bancos». Si a ello se une que en toda la entrevista no hay un solo ataque a la oposición, comprenderán mi adjetivo de «excelente». Algún lector puede echar de menos una crítica al Gobierno. Pero ¿no está implícita a lo largo de toda la entrevista?

Es la diferencia entre un político y un estadista. El político sólo piensa en las elecciones. El estadista tiene en cuenta el pasado y el futuro, para sortear los escollos del presente. En España tenemos demasiados políticos y demasiados pocos estadistas. Todo gira en torno a las próximas elecciones —Rajoy no hace más que pedirlas y el último reajuste gubernamental se ha hecho pensando en ellas—, por lo que no es extraño que vayamos de mal en peor. Cuanto se hace es demasiado frágil, demasiado contingente, demasiado poco para una crisis como la que tenemos encima y no somos capaces de sacudirnos. Pues de todas las advertencias del ex presidente del Gobierno, la más inquietante es la que alude a «la siguiente crisis que se está encubando». Que es lo que muchos expertos temen y de lo que casi nadie habla como los niños que cierran los ojos ante un peligro. Pues está visto que, con excepciones, lo único que hemos conseguido hasta ahora en evitar lo peor, pero no superarlo. Lo que de continuar, nos condenaría a un largo periodo de postración económica. ¿Por qué? Tal vez porque no hay líderes con la imaginación y coraje suficientes para afrontar la crisis en sus verdaderas proporciones y tomar las medidas apropiadas. O porque los occidentales ya no tenemos estómago para ellas. Felipe Gonzalez lo dice de otra forma: «No se premia el mérito». Podía incluso haber ido más lejos: en nuestra llamada cultura, el mérito se castiga. Puede que ahí esté la clave de nuestras miserias.

ABC - Opinión

6-N. Miseria política. Por Agapito Maestre

La convocatoria de Francisco J. Alcaraz deslegitima, una vez más, la negociación emprendida por el Gobierno con ETA.

Aunque indirecta y casualmente puedan caer extranjeros, ETA atenta sólo y exclusivamente contra españoles. ETA sólo tiene un objetivo: matar españoles. No importa que el crimen sea selectivo o al azar. Lo decisivo para esa banda criminal es que mueran españoles. Detrás de cada víctima del terrorismo de ETA está, pues, España. Los españoles. Por eso, precisamente, cuando las víctimas convocan una manifestación contra ETA, y por supuesto contra los negocios sucios que el Gobierno de Zapatero se trae con ETA, nos dan la oportunidad a todos los españoles de ejercer, en primer lugar, nuestra ciudadanía en el sentido más inmediato y judicial, o sea, por ser de un territorio tenemos ya el derecho de defenderlo y de que nadie intente robárnoslo.

Pero, además, con la organización de este tipo de actos, manifestaciones, protestas, luchas por que se les reconozca a los muertos su "memoria, dignidad y justicia", las víctimas del terrorismo nos crean el marco adecuado para ejercer la ciudadanía como un asunto moral, o sea, un esfuerzo por dignificar nuestra vida ciudadana. Ser ciudadano es algo más que un asunto jurídico. Es una lucha moral y política.


Por todo eso, porque las víctimas nos dan generosamente la oportunidad de ser mejores ciudadanos, mi pregunta es: ¿si alguien no se manifiesta contra quienes quieren sustraerle su más inmediata identidad, ser español, entonces cuál será la causa que los saque a la calle? Sospecho que no existe tal causa, o peor, ese tipo de gente forma parte de un gentío, pero nunca podrá disfrutar del gozo de ser ciudadano. Han renunciado de antemano a la posibilidad y capacidad que tienen todos los seres humanos de dignificar su vida.

En pocas palabras, quien no participara con su asistencia real o presencia espiritual de la oportunidad que el sábado nos ofrecieron las víctimas del terrorismo, de ser genuinos ciudadanos, es parte del rebaño de Zapatero y Rajoy y, por supuesto, del rebaño que le precede hacia el matadero, o sea, todos los partidos y medios de comunicación que prefieren antes una sociedad lanar que una sociedad abierta y democrática.

He ahí lo que puso de manifiesto el éxito de la manifestación de Colón contra la política antiterrorista del Gobierno: la miseria política de quienes no quieren ver lo evidente. Miseria es, en efecto, crear un sistema ideológico de mentiras y discursos "moralizantes" que ocultan lo real: las victimas del terrorismo son la fuerza más importante para desarrollar la democracia. El resto es filfa. Basura imposible de reciclar que nos lanza la casta política para abonar una "sociedad" sin patria y sin bandera. Una "comunidad" primitiva al servicio de políticos impresentables.

Zapatero, el principal irresponsable de toda esta miseria política, no hará comentario alguno del éxito del acontecimiento de la Plaza de Colón, o peor, dirá cualquier barbaridad contra las víctimas del terrorismo para exhibir músculo "político". Pero lo cierto es que la convocatoria de Francisco J. Alcaraz deslegitima, una vez más, la negociación emprendida por el Gobierno con ETA. La sociedad española en general, y la más desarrollada civil y políticamente en particular, no sólo defienden las justas reivindicaciones de las víctimas del terrorismo, sino que sencillamente defiende la democracia. Por eso, precisamente, por defender la democracia, podrían multar al bueno de Alcaraz hasta con 350.000 euros. Naturalmente, serán 350.000 razones que yo tendré para llamarles a los políticos, si llegara el caso, por su verdadero nombre: ¡Hijos de puta!


Libertad Digital - Opinión

La duda de FG. Por Félix Madero

Cuando la sinceridad es sólo un añadido de la vacilación, la que pervive es esta última.

FELIPE González es el hombre de las preguntas y las respuestas. Su sobreactuación es tan descomunal que hace que sea el dueño de la entrevista. Ahora sabemos que pudo acabar con la cúpula de ETA, volarla más bien, pero dijo que no, y no sabe si hizo lo correcto. ¿Pretende que se lo digan ahora los españoles? Que alguien que no se quita la «X» de su espalda salga un domingo diciendo a los que llevan escolta, a los familiares que tienen víctimas, a las víctimas, a los asustados, a los que no han vuelto a encontrar la paz, que tuvo la oportunidad de acabar con ETA, pero que se echó atrás, es algo que retrata al personaje. Sorprende que nos traslade sus dudas tantos años después. Los votamos para que no duden, para que resuelvan. Dudó en acabar con los jefes de ETA, pero a continuación le torturó la idea de saber cuántos asesinatos de inocentes podría haber ahorrado. Pregunta y respuesta.

La confesión del ex presidente tantos años después parece haberle acompañado con la pesadez y la angustia de un dolor de cabeza que no tiene fin. Sólo le alivia la confesión, y sobre todo le relaja trasladar a los demás lo que pudo hacer y no hizo. Esa duda estaría resuelta si alguien le pasara la lista de los asesinados a partir del día en que pudo hacer lo que no hizo. Podría despejarla imaginando, por ejemplo, a una madre con un hijo asesinado por ETA y leyendo la entrevista de ayer en El País. El ex presidente podría haber callado, irse con su secreto; es más, podría haber evitado plantear un problema que sólo él pudo resolver. Él, que dijo aquello de «gato blanco o gato negro, lo que importa es que cace ratones». Él, que nos aseguró que a la democracia también se la defiende en las alcantarillas. Él, que aún no ha despejado los interrogantes que le señalan como el Señor X de los GAL, nos cuenta lo que pudo ser y no fue.

La sinceridad te hace más completo, pero no más grande como político. Sobre todo porque cuando la sinceridad es sólo un añadido de la vacilación la que pervive es esta última. Y la vacilación muchas veces sólo te lleva a la cobardía, un territorio en el que un político de la talla de González no debería transitar. Hubiera preferido leerlo así: pude matarlos pero no lo hice porque eso no se hace. Pero nos traslada su incertidumbre. Nos invita a probar sus recelos. A favor de González sólo encuentro que tenía los datos, el lugar y el momento en que pudo acabar con los etarras. Siempre supo lo que hacían y dónde estaban. Nunca anunció tiempos mejores que luego fueron peores. A su lado, los políticos que anuncian buenos tiempos en la lucha contra ETA y al día siguiente les destrozan la T4 son estatuas. Anécdotas de la política. Y en eso estamos peor.


ABC - Opinión

Adiós, Obama. Por José Carlos Rodríguez

Se acabó el Obama que conocíamos. No creo que él acabe de entender lo que ha pasado. Y no creo que un hombre brillante, pero que no ha cumplido ni una legislatura en el Senado, tenga la capacidad de manejarse políticamente en este contexto complicado.

Cada cita electoral en Estados Unidos viene con su catálogo de viejas y nuevas enseñanzas. De ellas, una no debiera pasarnos por alto, y es que los estadounidenses han rechazado la política de Obama. El resultado tiene algo de profecía autocumplida, pues Obama, con Harry Reid y Nancy Pelosi en el Senado y la Cámara de Representantes, impulsó un cambio político acelerado en un sistema político poco proclive a los golpes de timón. Todo porque temía que lo que no consiguiese en los dos primeros años le sería complicado colocárselo al Congreso en los dos siguientes. Pero esa prisa ha precipitado, precisamente, esa derrota.

Han cambiado de signo 60 escaños de Representantes. ¿Son muchos o pocos? La media de los trasvases está en la veintena. Afinando un poco más, un politólogo ha creado un modelo para apreciar qué trasvase de escaños es previsible, en función del tipo de elección que sea (en este caso unas elecciones de mitad de mandato de primera legislatura), la ventaja del partido mayoritario (ya que cuanto mayor sea, más fácil es que pierda escaños) y la evolución económica (medida con la marcha de los ingresos semanales). Con esos datos en la mano, lo previsible es que los demócratas perdiesen 45 representantes, que pasarían a manos republicanas. Sí, ha sido una victoria histórica del Grand Old Party.


Nada más tomar posesión llegué a la convicción de que Obama no iba a ganar en 2012, y sigo aferrado a esa idea, ahora más que nunca. Y eso que en los últimos 100 años, siempre que un presidente ha perdido el Congreso a los dos años de estrenarse ha salido reelegido. El último, por cierto, Bill Clinton, después del vuelco electoral liderado por Newt Gingrich con el "Contrato con América" de 1994 y que quedó en nada dos años más tarde, lo que debe hacer pensar a los republicanos sobre qué errores cometieron entonces y no deben repetir. Según el propio Gingrich se resumen en prometer mucho y cumplir poco. Así funciona la democracia estadounidense.

Las perspectivas para los demócratas son francamente malas. En estos dos años, Obama no va a poder sacar adelante su programa, con una Casa en su contra y con el Senado con una mayoría tan exigua. Es más, los votantes han hablado contra el gasto y el déficit excesivo, y 23 senadores demócratas que se juegan su puesto en 2012 lo habrán de tener en cuenta si quieren seguir. Más a largo plazo, los republicanos han ganado 9 estados y controlan 29. El año que viene los estados tendrán que rehacer los distritos electorales, cuando tengan los datos del censo, que se renueva decenalmente. Y cada estado lo hace a mayor beneficio de su propio partido.

Hay cambios más profundos y preocupantes para los demócratas, como que las mujeres, los independientes, los católicos y los suburbios se están decantando por el partido rojo. Obama, con ese gusto de la izquierda por crear nuevas Pyongyang, ha fomentado la concentración en grandes urbes sometidas al diseño de planificadores urbanos. Pero los estadounidenses prefieren vivir en los suburbios, en casas con jardín antes de en pisos en grandes urbes. Ahí es donde está el sustrato social del Tea Party, donde se tiene más apego a los valores tradicionales, junto con quienes viven en el campo.

Pero aquí hay lecciones para todos. También para el Tea Party, que ha obtenido un resonante éxito en estas elecciones, pero que también se ha llevado unos cuantos reveses. Su discurso le ha permitido llevar al Partido Republicano a muchos votantes que se habrían quedado en casa. Pero las ideas no son suficientes; tienen que defenderlas candidatos solventes. Y toda la frescura y la espontaneidad del movimiento Tea Party ha llevado al apoyo a candidatos francamente malos, como Christine O'Donnell, Sharron Angle o Ken Buck.

Bien es cierto que no es fácil encontrar nuevos Ronald Reagan. Pero estas elecciones han llevado al Senado a Rand Paul, hijo del congresista Ron Paul, el más identificado con el Tea Party (se siente más parte del movimiento que del aparato republicano) de los nuevos senadores del GOP. No tiene la capacidad de comunicar del ex presidente, pero al menos sí tiene buenas ideas que compartir. Va a proponer una enmienda a la Constitución que obligaría a que el presupuesto no incurriese en déficit. Y propondrá que se les dé a los legisladores un día por cada 20 páginas que tengan las nuevas leyes propuestas. No es una tontería. La mayoría de las leyes que se votan, incluso las más importantes, no las leen por falta material de tiempo.

Se acabó el Obama que conocíamos. No creo que él acabe de entender lo que ha pasado. Y no creo que un hombre brillante, pero que no ha cumplido ni una legislatura en el Senado, tenga la capacidad de manejarse políticamente en un contexto complicado, como es el que le espera en los dos próximos años. Ya tiene título para su próximo libro, publicado en 2013: Yes, we could.


Libertad Digital - Opinión

La herida del felipismo. Por Gabriel Albiac

Felipe González corrompió el alma de este país. No conozco nada igual en el siglo que fue el mío.

EL tiempo, dice Ovidio que con su paso todo lo amansa y todo lo hace estéril. Leo la larga entrevista en la cual Felipe González confiesa cosas que cualquier ex gobernante europeo juzgaría demasiado horripilantes para ni siquiera pensarlas, no digo ya para pronunciarlas en voz alta. Y no me irrita siquiera. Pobre diablo, que no es más que un muerto en vida. No muy distinto de cualquiera de los de nuestra edad. «Todo lo puede mitigar el tiempo que escapa con paso silencioso».

Felipe González corrompió el alma de este país. No conozco nada igual en el siglo que fue el mío. Pero eso sucedió cuando aún no era este viejo penoso, al cual leo enunciar necedades como puños, pero que es ya inofensivo. Me da pena. Tal vez solo porque tampoco tengo yo muchos menos años que él, y porque puede ser que dentro de muy poco mis neuronas anden tan reblandecidas como las suyas.


Cuando corrompió el país, debía de andar por la segunda mitad de la treintena. Nada había tenido que ver con la resistencia clandestina contra el franquismo, que fue cosa que hicimos cuatro gatos comunistas condenados a estrellarnos contra todos los muros: yo me acuerdo, sin embargo, de aquellas gentes con invulnerable cariño. Los del PSOE, reinventado por la banda de González, vinieron a embolsarse cuanto los servicios de inteligencia americanos y alemanes les iban colocando amablemente en el bolsillo a cambio de evitar una segunda revolución portuguesa en la Península. Les salió bien. Enhorabuena. No estaban obligados a haber secuestrado, asesinado, ni robado luego. No era necesario que se enfangaran en el GAL ni en Filesa. Si le hicieron, sería porque les gustaba. Así es la condición de los hombres.

Ayer, el provecto Presidente se despachó de un modo asombroso. La edad, bien es cierto, nos hace desbarrar a todos. Pero, contar delitos de tal envergadura, que un ex presidente los cuente con tal cinismo, al calor solo de la certeza de que han prescrito, es algo que hiela el alma. Si es que algo de alma nos queda todavía, que lo dudo.

Porque es delito eso que cuenta con deleite vanidoso: haber desplegado en Francia un operativo de policía española con la misión de volar mediante bomba a la dirección de ETA, ya que Francia no la detenía. Se puede consumar eso, claro está. Si uno está dispuesto a declarar la guerra a Francia. No se hizo, lamenta hoy el anciano González. No parece, sin embargo, dar mayor atención al hecho de que el despliegue mismo, sin autorización francesa, del operativo fuese ya delictivo.

Porque llamar «detención de Segundo Marey» a lo que hizo el ministerio del Interior es mucho más que un insulto, cuando se habla de un hecho juzgado, condenado y con sentencia firme ratificada en Estrasburgo: el secuestro de un ciudadano por orden de un ministro de Interior del Gobierno socialista presidido por Don Felipe González.

Hablé demasiado de él en otro tiempo. Ahora preferiría soñar que ni él ni lo que él hizo de nosotros existió nunca. Este país había salido de la dictadura cargado de esperanzas. No fueron los involucionistas del franquismo quienes le quebraron el espinazo. Se lo quebraron aquellos de quienes se esperaba todo. Y que sólo supieron delinquir en beneficio propio.


ABC - Opinión

Felipe González. Más tontiastuto que nunca. Por Emilio Campmany

Esto lo dice el tío bajo cuyo mandato se torturó y asesinó a Lasa y Zabala, se secuestró, perdón, se detuvo a Segundo Marey, se montó una organización terrorista y se saquearon los fondos reservados. Y la culpa será de quienes le precedieron.

Desde que, a finales de la primavera pasada, Zapatero entró en barrena, saltan a los medios, como pop-ups en la pantalla del ordenador, miembros de la vieja guardia socialista. Uno trata de encontrar las mejores fotos de la última modelo puesta de moda y zas, le aparece a uno el careto de Javier Solana mal afeitado contando sus batallitas de antiguo míster PESC. Que uno anda buscando información del mejor hotel de Florencia mientras fantasea con un idílico viaje a la Toscana y pumba, se te aparece la sonrisa gatuna de Felipe González que te mira sonriente como si fueras un ratón debatiéndote entre sus garras un instante antes de ser engullido. Y los dos se te presentan con sendos libros recién impresos atiborrando las mesas de novedades de las pocas librerías que van quedando. Dos libros, por lo demás, escritos para explicarnos, por si todavía no nos habíamos enterado, lo listos que son, lo grandes estadistas que fueron y lo mucho que todavía pueden dar de sí.

Mientras, otro socialista viejo (capullo viejo podríamos llamarlo aludiendo al símbolo del PSOE), maese Rubalcaba, se hace con todo el poder sin que terminemos de saber si es Zapatero quien se lo ha dado o ha sido él quien lo ha tomado.


Todo eso sin contar con Eduardo Sotillos, que vuelve a sentar sus reales en el PSM, que pronto volverá a llamarse Federación Socialista Madrileña, ni con Txiki Bengas, que apareció en un acto, que lo estoy escribiendo y no acabo de creérmelo, en el que a Aznar le dieron un premio por su lucha contra el terrorismo. Y además está lo de Ramón Jáuregui, nombrado por alguien ministro de la Presidencia.

Pero lo mejor es lo de González. El publirreportaje que le hace El País no tiene desperdicio y es de lectura obligada para todos, especialmente para los adictos a la ficción. Yo me voy a fijar sólo (me niego a escribirlo sin acento cuando es adverbio) en la recriminación que le hace a Bush por haber combatido el terrorismo con medios ilegales. Así habló el gran hombre: "Ponte en la piel de Obama, con el aparato de seguridad que recibió de Bush... Ese hombre creía que podía resolver Guantánamo en 10 meses. Desde fuera diríamos que no ha cumplido. El asunto es que le va a costar toda la legislatura recuperar el control de los servicios de seguridad como él los querría. Ha habido demasiados vuelos clandestinos, demasiadas cárceles secretas y muchas de las personas que estuvieron en eso forman parte ahora de sus servicios de inteligencia. Incluso en las democracias más consolidadas ha habido siempre una lucha subterránea entre el poder civil y el militar, o el de los servicios". Esto lo dice el tío bajo cuyo mandato se torturó y asesinó a Lasa y Zabala, se secuestró, perdón, se detuvo a Segundo Marey, se montó una organización terrorista y se saquearon los fondos reservados. Y la culpa será de quienes le precedieron. Granítica.

Sólo hay una cosa que hizo bien y que no hicieron sus sucesores: dejar a los ministros ser ellos quienes nombraran a sus secretarios de Estado. Algo bueno tenía que tener.

Quienes a la vista de la incompetencia de Zapatero, añoren a Felipe, que lean la entrevista y luego me digan qué prefieren, si la sartén o las brasas.

En cualquier caso, algo querrá decir tanto felipista en el candelero. Ya nos lo explicará Pedro J. cuando se le pase el cabreo.


Libertad Digital - Opinión

Chaleco anti-Papa. Por Ignacio Camacho

El presidente pacifista prefirió largarse a un escenario de guerra antes que recibir al mensajero universal de la paz.

LA última metáfora del sedicente progresismo zapaterista se llama kevlar y es un polímero resistente de fibra sintética. En vez de taparse los oídos para no oír las admoniciones del Papa contra el aborto, la laicidad y el relativismo, Zapatero se ha puesto un chaleco de kevlar para que le reboten en la pechera las palabras del Santo Padre. El presidente pacifista prefirió largarse a un escenario de guerra antes que recibir al mensajero universal de la paz; acaso porque sus paces son conceptos distintos. Benedicto XVI pronuncia passsssss con muchas eses, en vez de las zetas —la Academia obliga ahora a escribir «cetas», pero paso— con que nuestro líder posmoderno adorna su prosodia leonesa. La passsssss del Pontífice alude a un estado del espíritu, a la armonía ideal de un mundo iluminado por la bondad, y la pazzzzzzz del zapaterismo es una máscara retórica con la que disimular la misión bélica de nuestras tropas en el infierno desértico de Afganistán, tan beatífica que por si acaso es menester protegerse el torso con varias capas de material blindado.

Zapatero ha inventado el chaleco antiPapa. Una coraza simbólica con la que parapetarse del peligrosísimo mensaje del Vaticano, un escudo contra los sermones de destrucción masiva de largo alcance, tan largo que hay que irse hasta el Transcáucaso para quedar fuera de su radio de acción. El presidente del Gobierno español considera más leve el riesgo de un balazo perdido de los talibanes que la exposición directa a la homilía de una misa pontifical. Puede que en el fondo tenga razón: no hay arma de convicción más poderosa que la palabra de la gente de corazón limpio. Con su sola prédica y su ejemplo moral el antecesor de Ratzinger derribó el Telón de Acero, pese a que le pegaron dos tiros por no llevar el oportuno chaleco bajo la sotana.

El nuevo atuendo presidencial, este estilo war wear, puede marcar tendencia y volverse susceptible de propiedades multiusos en una política sobrecargada de conflictos. Tal vez podría servir en los desfiles del 12 de Octubre para refractar los abucheos, o en los mítines de Rodiezmo como defensa de la cólera desencantada de los sindicalistas mineros. Zapatero se ha convertido en un político impopular obligado a vestir de kevlar simbólico para resguardarse del descontento social que ha provocado en la calle. Rubalcaba es su chaleco viviente, la adarga que intenta protegerlo del desgaste electoral. El copresidente sí estuvo con el Papa en Santiago, habló con él a corta distancia y no parece que haya vuelto contaminado de radiactividad. Por si acaso, Zapatero sólo saludó durante cinco minutos al Pontífice en el aeropuerto de Barcelona, donde acudió a despedirlo como si pretendiera asegurarse de que se iba de verdad. Igual para tan embarazoso contacto conservaba puesto el blindaje bajo la americana.


ABC - Opinión

La familia es lo primero

El Papa se despidió ayer de España con un canto a la vida, a la dignidad de la persona y a la defensa de los más débiles. Una reivindicación, en suma, de la familia natural como el núcleo de la sociedad que es necesario cuidar y fortalecer. No se trata de un mensaje novedoso o excepcional, pues forma parte de la doctrina y del magisterio central de la Iglesia. Lo que lo hace oportuno y relevante es tanto el marco en el que lo lanza Benedicto XVI como a quién va dirigido: a los gobernantes y dirigentes políticos de una nación que en los últimos años ha aprobado varias leyes que fragmentan la familia y elevan el aborto libre a simple método anticonceptivo. Entre el auditorio que llenaba la espléndida basílica de Gaudí había parlamentarios que en su día no dudaron en votar a favor de esas leyes, tanto estatales como autonómicas. A ellos iba destinada de modo especial la interpelación para que las políticas sociales de los gobiernos apoyen a la familia, su desarrollo y su estabilidad. En contra de los ideólogos que preteden equiparar la institución familiar natural a otros modelos de convivencia asimétricos, la salud y la estabilidad de la sociedad se resienten cuando se cuartea la familia. Detrás de cada aborto, divorcio, maltrato o discriminación se encierra un grave fracaso no sólo personal, sino también social. Por el contrario, la familia que acoge en su seno el milagro de la vida, que vela por la formación de las nuevas generaciones y que afronta cohesionada los embates cotidianos es la base de las sociedades más libres, prósperas y justas. No sin razón, todos los sondeos sociológicos coinciden en que para los españoles la familia es lo más importante. De ahí que los poderes públicos tengan la obligación de legislar pensando en los beneficios que conlleva una realidad familiar robusta. Del mismo modo que se subvenciona con dinero público y se protege legalmente instituciones que se consideran últiles para la convivencia democrática, como los sindicatos, los partidos o las asociaciones de vecinos, con mayor motivo se debe cuidar a la primera institución de todas: la familia. A esto se ha referido Benedicto XVI en su homilía en la Sagrada Familia, mensaje que es inseparable del que horas después transmitió en el centro Nen Deu para niños y adultos discapacitados. En medio de estos «renglones torcidos de Dios», el Papa se erigió en su abogado defensor al advertir de que los avances tecnológicos en el campo médico no puede ir en detrimento de la vida y la dignidad humana, y que quienes padecen enfermedades o minusvalías deben ser tratados como personas. A decir todo esto ha venido Benedicto XVI a España por segunda vez. Volverá una tercera el año próximo para presidir la Jornada Mundial de la Juventud. El cariño y la simpatía de los miles de españoles han reconfortado al Papa, expresión cabal de una sociedad mucho más sensata, afectuosa y hospitalaria que esos inapreciables grupúsculos empeñados en hacer el ridículo para salir en la foto. Tampoco han tenido mayor fortuna los que suelen exacerbar la lectura política. La ausencia del presidente del Gobierno en algunos actos, decidida por su nuevo equipo, puede gustar más o menos, pero no resta eficacia a una visita que ha sido preparada y realizada con excepcional acierto.

La Razón - Editorial

El "laicismo agresivo" de la izquierda

Lo que el laicismo agresivo propone no es que cada cual ejerza su libertad para formar parte de una confesión religiosa o para no hacerlo, sino que se margine y se "reeduque" a quienes eligen la "inconveniente" opción de ser católicos.

Que el Gobierno de Zapatero es el más sectario y frentista de cuantos hayamos padecido en nuestra reciente historia es algo que nadie niega, ni siquiera sus más radicales seguidores que precisamente siguen otorgándole su apoyo en virtud de ese sectarismo en el fondo y en las formas. Tampoco debería de haber demasiadas dudas sobre el hecho de que uno de los grupos sociales a los que este Gobierno socialista ha tratado de perseguir, despreciar y marginar con más saña han sido los católicos. No por casualidad, a Zapatero le agrada definirse como laicista, que en su lenguaje no equivale a demandar la muy liberal –y muy cristiana– separación entre la Iglesia y el Estado, sino a erradicar cualquier manifestación pública de la fe católica.

A buen seguro, en todo esto estaría pensando Benedicto XVI cuando en su visita a España ha alertado contra el "laicismo agresivo" que se vive en nuestro país; laicismo agresivo que habrá podido comprobar en su propia piel con las muestras de odio de los grupúsculos y lobbies afines al socialismo radical y con el desprecio del mismo Zapatero, quien sólo se ha dignado a dedicarle diez minutos en una visita que ha durado dos días.


Por supuesto Zapatero es muy libre de sentir a título particular cualquier tipo de alergia hacia la Iglesia Católica, pero no convendría olvidar que como presidente del Gobierno de España es el representante de todos los españoles y está sometido a nuestra Carta Magna. Teniendo en cuenta que una mayoría de españoles se sigue calificando como católica y que nuestra Constitución, en su artículo 16.3, les exige a las autoridades que tengan en cuenta "las creencias mayoritarias" de los españoles (con especial mención a la Iglesia Católica), el desplante de Zapatero al líder religioso de esa gran mayoría de españoles tiene escasa justificación más allá de su genética predisposición a gobernar contra la mitad del país.

Todo lo cual, huelga decirlo, no tiene nada que ver con concederle a la Iglesia un papel legislativo que efectivamente no le corresponde. Una cosa es que el Estado no deba otorgarle privilegios a ninguna confesión y otra que el Estado emplee sus recursos para combatir activamente toda manifestación religiosa. Quienes conozcan mínimamente la producción intelectual de Joseph Ratzinger tendrán bien clara esta distinción y serán conscientes de que el actual Papa ha sido desde siempre uno de los principales defensores de que el Estado deba estar completamente separado de la Iglesia –tanto en beneficio del Estado como, sobre todo, en beneficio de la Iglesia–, sin que ello signifique que los políticos deban dedicarse a perseguir o a asfixiar la inviolable libertad religiosa de los individuos y de sus asociaciones, o que se le daba imponer a la Iglesia una mordaza a la hora de opinar sobre cuestiones políticas.


Libertad Digital - Editorial

Certero diagnóstico papal

Es la izquierda la que siente nostalgia republicana y utiliza la legislación para darle cauce. ¿No es Zapatero el primer nostálgico republicano?

EL Gobierno dice haberse sorprendido por los mensajes de Benedicto XVI sobre la tensión entre laicismo y fe que se vive en España y la comparación que hizo entre la situación actual y la de los años treinta. Lo que sorprende es que sea este Gobierno el que se sorprenda por las palabras del Papa, cuando su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dedicado al Santo Padre el mínimo tiempo imprescindible en este viaje, pero sin embargo le faltó tiempo para ir a rezar con Barack Obama o a celebrar el final del Ramadán con el Gobierno turco. La hostilidad laicista y la obsesión contra la Iglesia Católica están presentes como señas de identidad de la política del Gobierno socialista, que siempre ha hecho ostentación de estos prejuicios para legitimar su sedicente «agenda social», en la que se incluyen el matrimonio homosexual, el aborto libre, la educación para la ciudadanía y la expulsión del hecho religioso en los ámbitos públicos. Ahí está el proyecto de ley de libertad religiosa, con el que el Gobierno juega al escondite caprichosamente y con irresponsabilidad. El Papa ha retratado fielmente la situación de enfrentamiento que Zapatero ha buscado con el catolicismo como un apartado más de esa estrategia de tensión que, según confesión propia, le viene bien. Nada hay en las palabras de Benedicto XVI que no se ajuste a la realidad política que ha configurado escrupulosamente el Gobierno socialista, especialmente activo en responder a las críticas de la Iglesia hacia determinadas leyes con amenazas a su financiación o con imposiciones de silencio.

Si el Gobierno está sorprendido y molesto con los mensajes papales se debe a que ignora lo que Benedicto XVI representa universalmente. Su legitimación es histórica y espiritual para cientos de millones de hombres y mujeres en todo el mundo; y, precisamente, esa historia es la que permite al Santo Padre recordar la agresividad laicista de los años treinta en España. Pero tampoco debería sentirse molesto el Gobierno por esta referencia histórica. Es la izquierda la que siente nostalgia republicana y utiliza la legislación para darle cauce. ¿No es Zapatero el primer nostálgico republicano? Tanto lo es que ha sido el promotor de las grandes quiebras del espíritu de la Transición y de los consensos constitucionales de 1978. En todo caso, el recuerdo de los años 30 debería mover a la izquierda a la humildad, porque para la Iglesia Católica representó en España la persecución más cruel de su historia.


ABC - Editorial

domingo, 7 de noviembre de 2010

Un charrán. Por Alfonso Ussía

gnoro el origen de la mala fama del charrán, ave marina grácil y picuda, que nada tiene de sinvergüenza. Pero al tunante, al pillo de poco donaire, al aprovechado sin tino, se le dice charrán como al ave. En la España de hoy vuelan muchos charranes, pero ninguno como Albert Vilalta, el pijoprogre barcelonés que ha pedido ser considerado víctima del terrorismo con su correspondiente indemnización. Vilalta, como sus dos compañeros, no es otra cosa que un esnob de la solidaridad, un rico que juega a tercermundista de chacota. Se metieron ellos mismos en la boca del lobo, y cayeron en manos de Al Qaeda. El Gobierno se humilló, por rescatarlos, a negociar con los terroristas. Y terminó pagando a cambio de sus vidas, y en contra de la opinión del resto de los gobiernos europeos, una cantidad aproximada a los diez millones de euros. Se movilizaron toda suerte de enlaces, intermediarios y agentes para salvar la vida de los tres frívolos «cooperantes», que ya me dirán en qué cooperan y para quién lo hacen. Además de los millones de euros del rescate, los costes de la movilización masiva de intermediarios y comisionistas, España, los españoles, nosotros, los contribuyentes, pagamos el combustible de los aviones «Phantom» que volaron cuarenta veces –creo que fueron treinta y nueve–, llevando y trayendo negociadores a distintos destinos africanos para rescatar a los tres buenistas juguetones. Nos ha salido la broma de los llamados «cooperantes» por un ojo de la cara, y pretenden arrancarnos el otro. Y lo que es más grave, más allá de las perversas intenciones económicas, pretende que su caso sea comparable al de las Víctimas del Terrorismo, al de los asesinados, secuestrados y mutilados por la ETA o Al Qaeda. Pretende el ridículo Vilalta que su dolor sea equiparable al de las familias de los asesinados, secuestrados o mutilados por la ETA, el GRAPO, Al Qaeda o cualquier otra banda terrorista que ha sembrado de sangre inocente España. Este señorito de la nueva «gauche divine» de Barcelona nos ha salido demasiado rana. A pesar de que ellos, Vilalta y sus compis, fueran los culpables de su desdicha, y por encima del dineral que le costó a España traerlos con vida humillando a un Estado de Derecho ante una banda de terroristas del siglo XI, todos nos alegramos de verlos con vida y de vuelta a casa. En el caso de Vilalta, con una cierta decepción cuando no tuvo el detalle, en el aeropuerto del Prat, de agradecer en español lo que los españoles habían hecho por él. Sus compañeros de fechoría bondadosa al menos se acordaron de que fue España la que los sacó de la guarida de los asesinos islámicos. Pero esos gestos aldeanos se olvidan y hasta se disculpan. No hay que pedir peras al olmo. Como decía el gran Antonio de Lara «Tono», no se puede pedir peras al olmo porque debe de estar prohibido. Pero hasta aquí podíamos llegar.

Vilalta, si aún le queda una resolana de pudor en su piel, una brizna de dignidad, está obligado a renunciar inmediatamente a su escandalosa solicitud. De no hacerlo, irá por la vida marcado por la ignominia. Vilalta y sus compis hicieron oídos sordos a continuas advertencias y, por hacerse los buenos, montaron el lío. España pagó por sus vidas muchos millones de euros. Si Vilalta fuera honesto, y dado que no parece tener problemas económicos, los devolvería. No es el caso. Pero que encima pida más dinero y una consideración social, es de charrán sin plumas.


La Razón - Opinión

Desayunar con té. Por Germán Yanke

El duro golpe recibido por los demócratas en las elecciones tiene paradójicas interpretaciones caseras.

El duro golpe recibido por los demócratas en las elecciones tiene paradójicas interpretaciones caseras. Para unos, la «paliza» que reconoció Obama parece recibida por Zapatero al que sorprendentemente se identifica con el americano haciéndole un honor poco justificado. Otros pretenden identificar el Tea Party, presentado como quintaesencia de la extrema derecha, con el PP para caricaturizarlo negativamente. Y hay quienes echan de menos un movimiento similar en la estela de los que piden al PP que haga «algo más».

El Tea Party, manifestación de un populismo que surge en EE.UU. periódicamente, tanto a la derecha como a la izquierda, tampoco debería ser el modelo para dar fuerza razonable a la alternativa de la derecha en España. Algunos populares insisten en que el mensaje del Tea Party es válido aquí: menos impuestos, menos Gobierno, más patriotismo. Si sólo fuese eso no se habría dado la convulsión que ha supuesto en el Partido Republicano. Los dos primeros objetivos están imbricados con una posición radical contra el Gobierno federal, que ahora no es de los suyos. Pallin es el ejemplo paradigmático de defenderlos para Washington y vulnerarnos en Alaska, donde fue una gobernadora promotora de un intervencionismo escandaloso. Aquí se da una lamentable incoherencia entre la posición ante la Administración central y ante las autonómicas cuyo poder se detenta. El patriotismo se basa en el Tea Party en la concepción de que sólo sus particulares valores lo encarnan, hasta el punto de convertir a quienes no los aceptan, no en discrepantes, sino en enemigos. De ellos y de la patria. La acción política implicaría el empeño por «liberar» al pueblo de los conflictos entre valores irreconciliables, cuya aceptación está en la base del respeto a las opciones plurales, imponiendo los propios. Espero que, cuando Rajoy dice que en el PP no hay Tea Party, no se refiera sólo a una suerte de partido dentro del partido, sino a que no se quiere imponer una utopía peligrosa para la sociedad liberal. Desayunar con té, decía Berkeley, es como interpretar a Stravinsky con la armónica.


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ABC - Opinión

Cataluña. Algo pasa con Mariano. Por Maite Nolla

El PP va a presentar recursos, no porque los dichosos reglamentos sean contrarios a la Constitución o a sentencias precedentes, sino dependiendo de si causan o no problemas. Un criterio jurídico de narices.

Qué extraño efecto producen en los dirigentes del PP las entrevistas en TV3, sobre todo si les hacen madrugar. Les debe pillar en frío o con Arriola de puente, pero es que es sentarse ante el presentador estrella de la tevetrés y empezar a bailar la deliranza como el Sombrerero Loco. Pasó con la actual candidata del PP a las elecciones catalanas, que en un arranque de sinceridad absurda, presumió de preferir la televisión pública catalana para celebrar su primer aniversario en los múltiples cargos que ocupa a un acto de FAES en Navacerrada. Pueden decirme, "no seas así, mujer, debe ser una cosa de lucha entre Aznar y Génova"; no, no, si es que ella preside la FAES en Cataluña.

Lo mismo le ha pasado a Rajoy esta semana, aunque él empezó dejándose encerrar por sus medios favoritos. ¿Rajoy una agenda oculta? Mi píloro no soporta tanto humor. El caso es que aturdido después de la entrevista en El País, nos dejó la cita célebre inolvidable sobre el favor que le va a hacer el Papa al catalán. En realidad, la frase es el final de una pregunta nada inocente y de una respuesta lamentable. El presentador le espetó que el PP intenta ganar en los juzgados lo que no puede ganar en el Parlament, porque no tiene votos para ello, y que algunos lo consideran como un ataque al catalán y a Cataluña. Y ante eso Rajoy pasó palabra. En lugar de recordar que los recursos están para defender la legalidad y para protegernos de la arbitrariedad, por muy mayoritaria que ésta pueda ser, va y suelta que el recurso contra el reglamento lingüístico del Ayuntamiento de Barcelona lo ha presentado Alberto Fernández y que él "lo respeta mucho", como si no fuera con él, aunque en este caso sea verdad. Mis compañeros de Barcelona, dijo. Y luego vino lo del Papa.

Lo que se pudiera tomar como la típica entrevista a Rajoy en la que no dice nada y que sólo habla de las Pymes y de "tomar medidas", ha tenido un efecto perverso en la actuación de los populares. Cuando la presión de Ciudadanos, Paco Caja, Pepe Domingo o la defensora del Pueblo les estaba encarrilando, más o menos, González Pons, desubicado de su atril del Club de la Comedia, donde se pega esos abrazotes, va y dice que el PP no recurrirá más reglamentos como el de Barcelona o como el que recurrió Paco Caja en Lérida, "si no causan problemas". Como los que aparcan en doble fila: "aquí no molesto a nadie". Con una súper población de abogados del Estado y otros funcionarios licenciados en Derecho, el PP va a presentar recursos, no porque los dichosos reglamentos sean contrarios a la Constitución o a sentencias precedentes, sino dependiendo de si causan o no problemas. Un criterio jurídico de narices. Y todo ello en presencia de la candidata del PPC, que hasta ese momento había dicho todo lo contrario y que se ha visto obligada, desde la fecha, a cambiar el criterio.

¿Para qué le han servido a Mariano sus continuas visitas a Cataluña?


Libertad Digital - Opinión

Cultura y contracultura. Por José María Carrascal

Estamos ante algo más allá de un cambio político, para entrar en los valores, más amplios y profundos.

EL gran debate hoy en Estados Unidos no es si Obama cambia o no de política tras el descalabro electoral. Es si lo ocurrido el martes fue lo usual en las elecciones intermedias —retroceso del partido gobernante— o un vuelco en la escena norteamericana, al estilo de los que experimenta el país cada cuatro o cinco décadas. Y la opinión mayoritaria es que sí, que ese vuelco se ha producido, cerrándose el periodo «liberal» iniciado en los años sesenta del pasado siglo, para iniciarse otro conservador. Les paso los argumentos:

1. El cambio del mapa político es mucho mayor de lo que se ha dicho. Se habla de «ambas costas frente al centro». En realidad, ha sido la esquina noreste, en torno a Nueva York, y la esquina suroeste, en torno a California, frente al resto del país. El Sur —demócrata desde la guerra civil—, el oeste agrícola y centro industrial —demócratas ambos tradicionalmente— se han pasado a los republicanos.

2. Lo que hay detrás de ese vuelco es algo más que el desencanto con un presidente y las estrecheces de una crisis. Es el miedo y la ansiedad de las clases media y trabajadora norteamericana ante su futuro y el de sus hijos, ante la pérdida de competitividad en el mundo y la frustración de depender cada vez más de subsidios.


3. El Tea Party no es ninguna novedad ideológica lanzada por cuatro radicales que engatusan a los incautos. Bien al contrario, sus consignas —menos gobierno, más individualismo; menos regulaciones, más iniciativa privada— son las que han hecho Estados Unidos y las que suscriben tanto los republicanos, como la mayoría de los demócratas.

4. Dos ejemplos: en la archiliberal California la propuesta de legalizar la marihuana ha sido rechazada, y en Iowa, los tres magistrados que habían legalizado el matrimonio homosexual no fueron reelegidos. Marihuana y homosexualidad, dos iconos de los años 60, apartados de la corriente general. Es como si la vieja cultura viniera a reemplazar a la contracultura de moda.

O sea, que estamos ante algo más allá de un cambio político, para entrar en los valores, más amplios y profundos, al no quedarse en el gobierno y alcanzar a las personas. La mayoría de los norteamericanos parecen haberse dicho que lo que les ha llevado a la situación actual, lo que les ha hecho perder riqueza, prestigio, confianza y seguridad es haber abandonado sus viejos valores, para adoptar otros importados, de Europa en general y del socialismo en particular.

Son éstas palabras mayores, por lo que habrá que esperar que el futuro las confirme o las rechace. De momento, Obama tendrá que adaptarse más al Tea Party que el Tea Party a Obama, según el último dictado de las urnas.


ABC - Opinión

La tropa de Sistach. Entre la herejía y el humor involuntario. Por Pablo Molina

Dejamos lo mejor para el final; la carta que un grupo muy sistachense de católicos ha enviado al pintoresco "cardenal arquebisbe" solicitando al Papa, válgame Dios, ¡la beatificación de Lluís Companys!

Lo que ocurre en Cataluña no es normal. No es ya que por gracia de treinta años de nacionalismo rampante con la charlotada tripartita de colofón, la realidad virtual de Cataluña, antes de cierta sofisticación, haya devenido un proyecto sedicentemente independentista de tintes grotescos abanderado por personajes de tan escaso fuste como el presidente-bachiller. Es que, aunque lo intentaran, las instituciones catalanas y sus responsables son ya incapaces de ofrecer una mínima sensación de seriedad en cualquiera de los órdenes.

El ejemplo de la Iglesia catalana no puede ser más ilustrativo del estado de desfonde ético y estético que atenaza a las instituciones controladas por el nacionalismo separatista, valga la redundancia. Martínez Sistasch es, a estos efectos, el paradigma del nacionalista esquizofrénico que debe compatibilizar su fe en dos religiones contrapuestas: la inmanentista que busca sus frutos en la independencia del terruño, y la trascendente, cuyo jefe rinde visita a la zona este fin de semana, con un "libro de estilo" corporativo que condena el totalitarismo nacionalista por ir contra la libertad del ser humano y el espíritu universal de la catolicidad.


El cardenal nacionalista tiene el dudoso honor de ser el prelado que con más intensidad y en menos tiempo ha destrozado a la Iglesia católica en las diócesis bajo su mando. Aupado a los altos escalones de la curia gracias al apoyo de ciertos sectores muy influyentes en la Iglesia, nacionalistas en lo político y heréticos en lo doctrinal, el rebaño pastoreado por Sistasch ha superado ampliamente los disparates más lamentables protagonizados por los progres meapilas desde el Concilio Vaticano II. Gracias a la gestión de este Príncipe de la Iglesia, prácticamente todos seminarios, cenobios y claustros catalanes pueden ser cerrados porque andan vacíos desde hace varios años, al igual que decenas de parroquias desangeladas a cuyas misas ya no acude ni Dios, probablemente porque prefiere el latín al catalán.

El asunto es tan delirante que los protegidos del cardenal arzobispo de Barcelona organizan un boicot a la visita del jefe de la Iglesia a la cual supuestamente pertenecen. Martínez Sistasch calla, tal vez porque ha estado enormemente preocupado intentando convencer a unas centenas de católicos nacionalistas para que actúen como voluntarios durante la visita de Benedicto XVI. Cómo serán de feraces las viñas sistachenses, que el líder espiritual de la Iglesia Catalana (Don Lluís afirma sin que el solideo le salga disparado que esta Iglesia existe, aparentemente independiente de la romana), tuvo que remangarse el ropaje talar y salir disparado a la academia de los Mossos de Esquadra para reclutar a mil agentes del comunista Saura con el fin de cubrir las plazas previstas desde un principio, tan desiertas como una Iglesia barcelonesa al mediodía de un domingo cualquiera.

Y dejamos lo mejor para el final; la carta que un grupo muy sistachense de católicos ha enviado al pintoresco "cardenal arquebisbe" solicitando al Papa, válgame Dios, ¡la beatificación de Lluís Companys!, súplica que se formula en atención a su defensa heroica de la fe y los desvelos del líder de la izquierda republicana en el cuidado del rebaño católico en momentos convulsos durante los que, incluso, tuvo que proclamar la República Catalana dando un golpecito de estado para evitar males mayores. Companys, sí, el sicópata que se jactaba de no poder detener a ningún cura o monja a finales de la guerra porque en Cataluña no había dejado ni uno vivo, que los sistachitos más desnortados quieren elevar a los altares. Sólo espero que Montilla se sume a la petición y ofrezca para su buen fin el sacrificio de caminar de rodillas detrás de Ratzhinger mientras dure su visita a Cataluña. San Lluís Companys merece contemplar esa escena. Nosotros también.


Libertad Digital - Opinión

Zapatero, el laico. Por M. Martín Ferrand

Tiene poco sentido el afán confrontador entre laicismo y cristianismo que denotan los gestos del presidente.

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero, despatarrado entre sus complejos y sus limitaciones, tiende a no estar donde se le espera y, menos aún, donde debiera. Suele fabricarse una realidad que, por artificial, no coincide con la que viven los ciudadanos sometidos a su Gobierno. Eso le aporta un aire diferente que, a sus ideológicamente cercanos, les produce ternura y, a los distantes, una innecesaria irritación. Ayer no estuvo en Santiago de Compostela para, en su condición de jefe del Ejecutivo, dar la bienvenida al jefe del Estado Vaticano. Es algo que entra en su complicada obsesión frente a los símbolos y que se sustenta en una constante confusión entre el laicismo y la confesionalidad, sin entender plenamente que lo primero le conviene al Estado y lo segundo afecta a las personas. El anticlericalismo rabioso conduce a ese tipo de ofuscaciones.

En ocasiones como esta, similar al desfile en el que, en arrebato de grosería cívica, no se levantó al paso de la bandera de un país amigo y aliado, se evidencia, mejor que en otras, la radicalidad casi fanática del líder socialista, que, en simultánea paradoja, propugna la discutible y, por lo menos, quimérica Alianza de Civilizaciones. ¿Todos revueltos mejor que cada uno en su casa y en profundo respeto para con el vecindario?


Los coleccionistas de autógrafos que operan en Internet —¡hay de todo en el mundo virtual!— cotizan siete a uno los del Papa Benedicto XVI con referencia a los del presidente Barack Obama y, sin embargo, Zapatero, siempre hambriento y buscador de imágenes planetarias, ha renunciado en aras del laicismo a su presencia compostelana. Aristide Briand, premio Nobel, socialista, francés, laico y pionero, en los años veinte, de la unidad europea en la que, ya en los cuarenta, se inspiro Jean Monnet para el diseño de la UE, decía que el camino que conduce a Santiago, como los que llevan a Roma, son el sistema circulatorio que le da vida a un Continente imposible sin la filosofía griega, el derecho romano y la ética cristiana.

Ayer en Santiago y hoy en Barcelona tiene poco sentido, si es que pudiera tener alguno, el afán confrontador entre laicismo y cristianismo que denotan los gestos del presidente del Gobierno. Dado que la Iglesia de Roma es, por definición, una, santa, católica y apostólica, los muy puristas de la distancia podrían objetar en la nota apostólica una intención expansiva incompatible con el laicismo; pero, un Estado como el nuestro, y una Historia como la que transcurre en su territorio, ¿tienen sentido sin el cristianismo como fundamento? Nos estamos quedando sin fe, ¿también sin cultura?


ABC - Opinión

Una bofetada cívica al Gobierno... y a la Oposición

Los políticos que huyeron para no enfrentarse a la mirada de aquellos a los que tienen decidido traicionar deberían tener presente una cosa: todos nosotros votamos. Y somos multitud.

El relativismo de los partidos políticos, cuya principal consecuencia es el sometimiento de los principios al mero cálculo electoral, había topado siempre con un dique moral en lo referente a las víctimas del terrorismo. Ayer, sábado seis de noviembre de 2010, también esa barrera ética fue franqueada por la clase política española, toda ella sin excepción. De la izquierda lo suponíamos, dada su absoluta falta de escrúpulos cuando está en el poder; del centrismo simplemente lo sospechábamos. En ambos casos los políticos españoles se encargaron ayer de confirmar que toda desconfianza hacia ellos siempre resultará insuficiente.

La soledad institucional de las víctimas en la concentración convocada por la asociación cívica "Voces contra el terrorismo" debería interpelar a los dirigentes políticos sobre su cada vez más acusada falta de legitimidad. Si los partidos son los representantes de la voluntad popular, no se explica su ausencia en una manifestación popular convocada para oponerse a la negociación con los terroristas, asunto que concita más del 70 por ciento de aprobación en todas las encuestas realizadas al efecto. Que lo haga el PSOE de Rubalcaba y Zapatero, por ese orden, es vergonzoso pero entendible. Que se sume a ese desprecio el partido de Miguel Angel Blanco y Ortega Lara es la amarga demostración de que en el PP se ha perdido cualquier atisbo de vergüenza política.


Afortunadamente, frente a esta traición de la casta política los ciudadanos españoles han sabido responder de forma ejemplar, yendo más allá de lo que podría esperarse dadas las dificultades que entrañaba una convocatoria en un día tan complicado por varias circunstancias. No caeremos en la trampa de la dictadura "del número" porque la dignidad de nuestros compatriotas asesinados está muy por encima de la aritmética sociológica, pero forzoso es reconocer la emoción que todos sentimos cuando la céntrica Plaza de Colón y sus alrededores aparecieron repletos de ciudadanos libres; hombres y mujeres venidos de todos los rincones de nuestra querida patria que no se resignan a ver cómo un Gobierno sin escrúpulos y una Oposición desleal trafican con el dolor de una nación por motivos electorales.

Nosotros también estuvimos allí, para dar voz a las víctimas, para apoyarlas y para que decenas de miles de ustedes que no pudieron acudir físicamente a la cita madrileña pudieran sentirse como si estuvieran entre ellas. Fuimos el único medio presente en ka concentración con un despliegue adecuado a la importancia del acto, pero al igual que los convocantes, no nos sentimos solos. El afecto de todos ustedes y la convicción de haber cumplido con el deber de todo medio de comunicación honorable es pago más que suficiente.

Enhorabuena a los convocantes, a los asistentes y a los que siguieron nuestra retransmisión por radio o televisión. Y a los políticos que huyeron para no enfrentarse a la mirada de aquellos a los que tienen decidido traicionar, recuerden: todos nosotros votamos. Y somos multitud.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 6 de noviembre de 2010

Ni pórtico ni gloria. Por Ignacio Camacho

La ausencia de ZP en Santiago es clamorosa. No hay que ser católico para entender el universal simbolismo jacobeo.

EL camino de Santiago no sólo es el itinerario espiritual más importante de la historia de Europa, sino un universo de encuentro simbólico y cultural que durante siglos ha vinculado a España con las ideas, tradiciones, arte y costumbres de un continente al que de otro modo habría permanecido impermeable. No hace falta ser católico, ni siquiera religioso, para comprender la importancia y el significado de la ruta Jacobea, a cuyo año jubilar ha dado la espalda un presidente del Gobierno que por haber crecido en León debería ser consciente de la dimensión humanística, social y hasta económica de la celebración compostelana.

Esa ausencia clamorosa es bastante más grave que la cicatería de la agenda presidencial en el viaje del Papa, confeccionada con voluntad de marcar distancias y limitada a una escueta despedida en Barcelona. Se puede entender que el agnóstico Zapatero no desee hacer el paripé postizo en una misa —aunque contraste con su satisfecha presencia en alguna ceremonia musulmana—, pero ignorar de forma continuada el Año Jacobeo es un gesto de desprecio hacia uno de los símbolos de espiritualidad más notables de Occidente. Benedicto XVI, que es un intelectual de intensa formación filosófica, ha elegido el escenario de Santiago con aguda perspicacia, y cualquier gobernante con sentido histórico, por agnóstico que fuese, acudiría a encontrarse allí con el Santo Padre en un gesto de respetuoso diálogo si no religioso, sí cultural y hasta político. Con su encogimiento, el presidente español demuestra cortedad de miras y un concepto restringido de su célebre talante de apertura. La Alianza de Civilizaciones carece de sentido si empieza excluyendo a la civilización propia.

Sucede que Zapatero, además de sentir un prejuicio hemipléjico contra el hecho católico, está en los últimos tiempos dominado por el temor a la calle. La impopularidad y los abucheos le tienen cercado en un reducto de mala conciencia y sin el blindaje de la intimidad oficial no se atreve a dar la cara en actos de masas donde pueda sentirse mal recibido. Por ese apocamiento se va a perder incluso un momento escenográfico de gran valía estratégica. El hombre que fue a rezar con Obama no es capaz de sentarse un rato junto a un Papa que no le iba a hacer ningún reproche porque tiene un sagaz sentido de la política. La idea de abrazar al Apóstol le puede producir urticaria moral —como si pudiera ser el único agnóstico que lo hiciese— pero recorrer con el jefe de la Iglesia la monumentalidad compostelana no le iba a contagiar el sarampión de la púrpura y en cambio le otorgaría una cierta pátina de respeto. Salvo que tema hacer un ridículo cultural ante un Pontífice que probablemente sepa más que él de nuestra propia historia. Es él, en todo caso, el que desperdicia la oportunidad; con su balance de Gobierno no puede aspirar a que lo paseen bajo el Pórtico de la Gloria.


ABC - Opinión

¿Y a esto se atreven a llamarlo democracia?. Por Federico Quevedo

Y este Rodríguez es el tío del talante, aquel que dijo que haría del Parlamento el centro de la vida pública… ¡Pero si solo le falta cerrarlo!

Yo ya le había calado a Rodríguez hace tiempo, pero esta semana se ha manifestado el presidente con un comportamiento absolutamente totalitario, propio de un régimen caudillista. Vamos, que Pinochet a su lado era un santo de la democracia, un paladín de las libertades. Este Rodríguez empieza a tener maneras de sátrapa, y encima tiene a su lado a Rasputín ejerciendo de eficaz gregario dispuesto a eliminar cualquier sombra de discrepancia. Lo que ha hecho este Gobierno esta semana es absolutamente indignante, y una demostración más de que su respeto por la democracia, por la soberanía nacional, por la libertad, está a la altura de un estercolero y podría revolcarse en el lodo del autoritarismo. De todos los gobiernos de la democracia, éste es el que está demostrando el comportamiento más despótico y arbitrario, y eso que Rodríguez llegó al poder subido al carro del talante y de la tolerancia… Ya saben lo que dice el refrán: dime de que presumes… Y así ha sido, y esta semana hemos vuelto a tener un ejemplo de esa actitud prepotente, con el agravante de que en el camino son millones de pensionistas los que se quedan con una mano delante y otra detrás.

Ya saben de que les hablo, pero por si no se han enterado le recordaré que esta semana el Gobierno ha hecho un uso fraudulento del derecho de veto que le concede la Constitución para evitar el debate y la votación de diversas mociones presentadas por la oposición para que el Gobierno de marcha atrás en la congelación de las pensiones. En efecto, ese derecho existe, y dice que el Gobierno podrá vetar aquellas enmiendas que supongan una alteración sustancial del Presupuesto cuando no vayan acompañadas de la minoración respectiva. Pero éste no era el caso, ya que el PP había acompañado sus enmiendas de la consiguiente minoración para evitar que la supresión de la congelación de las pensiones supusiera un descalabro en las cuentas del Ejecutivo, y aún así el Gobierno, cometiendo, a mi entender, un fraude de ley, ha vetado el debate y la posterior votación de estas enmiendas. ¿Qué había detrás de todo esto? La advertencia del PNV de que, en ese aspecto concreto, se iba a ver obligado a votar contra el Gobierno, y el Ejecutivo ha abusado de un arma de la que ya viene abusando desde el principio para evitarse semejante derrota.


Uso y abuso

Porque no se crean que esta es la primera vez, que va. Van sesenta las ocasiones en las que este Gobierno ha utilizado el derecho de veto para no tener ni que debatir ni que votar enmiendas de la oposición. ¿Saben cuántas veces utilizó ese derecho el Gobierno de Felipe González? Una. ¿Y el de Aznar? Ninguna. Trece años el primero y ocho el segundo. Y este tío en menos de siete años ha recurrido al veto sesenta veces. ¿Es o no es un ejemplo de despotismo? ¿Es así como entiende la democracia el señor Rodríguez, silenciando a la oposición? ¿Saben ustedes cuantas enmiendas de las más de 500 que ha presentado el PP a los Presupuestos, ha aceptado el Gobierno? ¡UNA! Una mísera enmienda sobre una inversión en la provincia de Soria… ¡Manda huevos! Hay que ser canallas, ni Felipe se atrevió a tanto. Estos tíos tienen un desprecio por la democracia que raya en la enfermedad y deberían hacérselo mirar. Nunca ha tenido este país un gobierno tan déspota, tan sectario y tan arbitrario, y cuando digo nunca, es nunca, y deberían aplicarse a sí mismos la Ley de Memoria Histórica y abrirse un proceso judicial por fascistas.
«Y este Rodríguez es el tío del talante, aquel que dijo que haría del Parlamento el centro de la vida pública… ¡Pero si solo le falta cerrarlo!»
Y este Rodríguez es el tío del talante, aquel que dijo que haría del Parlamento el centro de la vida pública… ¡Pero si solo le falta cerrarlo! ¿Cómo se puede mentir tanto, engañar tanto, ser tan embustero y tan falso, señor Rodríguez? ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza, señor Rodríguez? Y encima van presumiendo por ahí de ser el Gobierno de los débiles, de los que más lo necesitan, y es el Gobierno que ha llevado a cabo el mayor recorte del gasto social de la historia, el Gobierno que ha dejado tirados a millones de pensionistas, el Gobierno que ha conducido al paro a tres millones de trabajadores… Hay que ser cínicos e hipócritas, y malas personas cuando encima les hurtan a los jubilados el derecho a saber porqué lo han hecho en un debate parlamentario, y la oportunidad de recuperar lo que les han hecho perder, en una votación. Eso sí, para convocar al Pravda a mentir y manipular sobre las intenciones del PP, para eso si que están prestos, y ellos a hacer el servicio.

La ‘agenda oculta’ del PP

Pues yo les voy a contar la ‘agenda oculta’ del PP, el ‘programa de recortes sociales’ que ha propuesto el principal partido de la oposición. Vean, vean: reducción del tipo aplicable en el Impuesto sobre Sociedades a las PYMES al 20% y consideración de sociedades como empresas de reducida dimensión a partir de 12 millones de euros de cifra de negocio, en vez de 8 millones; establecimiento del IVA reducido del 4% a la prestación de servicios del sector turístico y a los servicios sociales; reducción del tipo de interés de demora para pymes y autónomos del 5% al 3,75% y reducción a la mitad de los plazos de reclamaciones económico administrativas, eximiendo del mantenimiento de avales por los contribuyentes superados dichos plazos; recuperación de la deducción por I+D+i y por internacionalización de las empresas en el Impuesto de Sociedades; permitir que las pymes y los autónomos no tributen por el IVA de las facturas no cobradas; poner en marcha la “cuenta tributaria” para permitir a las pymes y los autónomos que puedan compensar sus deudas tributarias con cualquier Administración Pública; crear una nueva deducción al ahorro en el IRPF por el 10% de las cantidades destinadas a ahorro a largo plazo; mantener la tributación del ahorro en el IRPF en el 18%, en vez del 21%.

Esto es solo parte. Si quieren verlo entero, pueden hacerlo aquí, y se llevarán una sorpresa, porque por mucho que lo busquen no van a encontrar ninguna medida de privatización de la sanidad, ni de la educación, ni de servicios sociales básicos. Lo que sí se van a encontrar son más medidas de apoyo a las familias y más compromiso serio con los débiles y con quienes están sufriendo las consecuencias de la crisis. Es decir, lo que Rodríguez dijo que iba a hacer y no hizo, y sin embargo sí hizo lo que dijo que iba a hacer el PP, es decir, acabar con los derechos sociales y hundir a este país cada día un poco más en la miseria. Pero todo este debate se ha hurtado al Parlamento, como se le ha hurtado la oportunidad de corregir algunos de los errores que ha cometido Rodríguez. ¿Lo entienden ahora? Es puro despotismo, una concepción totalitaria y patrimonialista del poder, la misma concepción totalitaria y patrimonialista que ha llevado la indecencia al Consejo de Estado favoreciendo el cargo vitalicio en esa institución de la mujer más sectaria y menos preparada para cargo alguno que haya habido en este país, María Teresa Fernández de la Vega, un insulto a la inteligencia pues solo ha sabido llegar a los sitios a los que ha llegado lamiendo las posaderas de sus superiores, nunca por méritos propios. Perdonen, pero si no lo decía, estallaba.

El Confidencial - Opinión

No más mentiras

Los ciudadanos de bien, los que nos preocupamos por la nación, los que no vacilamos a la hora de expresar nuestra infinita gratitud a las víctimas, debemos estar hoy, a las 12, en la Plaza Colón.

Cualquier ocasión debería de ser buena para acompañar a las víctimas del terrorismo. Ellas han dado demasiado por la nación española –y por lo que es lo mismo: por su Estado de Derecho y nuestras libertades– como para que seamos cicateros a la hora de arroparlas cuándo y dónde nos lo pidan. Por desgracia, pese a haberse convertido en un eje de la democracia española y de nuestra historia, el reconocimiento de su sufrida y silente labor es demasiado reciente y parcial. Sólo lo mejor del mejor PP de Aznar se atrevió a colocar a las víctimas en el lugar que les correspondía.

Y si cualquier ocasión debería de ser propicia para estar con ellas, en la actual coyuntura constituye un imperativo moral. El proceso de rendición ante ETA que están dirigiendo Zapatero y Rubalcaba supone no sólo una traición a la Constitución y a nuestras instituciones, sino también una infamia para las víctimas. Pues ha sido su sangre la que los mismos asesinos con los que ahora departe el Gobierno derramaron por defender la libertad de los españoles; nuestra libertad.

En este sentido, del Gobierno y del PSOE sólo cabía esperar vileza, como ya se constató durante la anterior legislatura. Incluso después de la voladura de la T4, los socialistas trataron de recomponer relaciones con los criminales y sólo la continua presión de las víctimas en los medios de comunicación y, sobre todo, en la calle consiguió pararle los pies a Zapatero. También en esto debemos estarles agradecidos.


Pero del Partido Popular, esa formación política que se enorgullecía de oponerse al terrorismo y de arropar a las víctimas siempre que lo reclamaran, sí esperábamos más. Durante la presente legislatura, no sabemos si por creer que las víctimas les proporcionaban réditos electorales demasiado escasos o por pensar que la marginación de las mismas les permitiría pescar algún voto en las bolsas del nacionalismo radical, el PP anestesió toda su oposición al proceso de rendición ante ETA. Aún hoy, cuando los indicios del entente entre el PSOE y ETA –empezando por Rubalcaba y terminando por Eguiguren– son tan ingentes y rotundos que sólo un fanático podría negarlos, Rajoy insiste en que está perfectamente informado sobre la política antiterrorista del Gobierno.

Así, este cese de oposición a los enjuagues entre el Gobierno y la banda terrorista se completará este sábado, cuando las víctimas se manifesten una vez más por su dignidad y la de toda la nación, con la sonada ausencia del PP.

Podrá ser un final decepcionante para su honroso historial de lucha contra el terrorismo, pero en todo caso será un epitafio consecuente para toda una clase política que, como la española, concibe su labor pública como la combinación óptima de falsedades, manipulaciones y traiciones necesarias para alcanzar y permanecer en el poder.

Pero precisamente por ello, los ciudadanos de bien, los que nos preocupamos por la nación, los que no vacilamos a la hora de expresar nuestra infinita gratitud a las víctimas, debemos estar hoy, a las 12, en la Plaza Colón. Por fortuna, para gritar bien alto "no más mentiras" no necesitamos a ningún político; precisamente ellos deben ser los objetivos de ese clamor popular.


Libertad Digital - Editorial