martes, 21 de septiembre de 2010

Las ‘muñequitas de ZP’ y el cargo de conciencia progre. Por Federico Quevedo

Como en este país la religión de Estado, es decir, el Dogma de la Igualdad, nos tiene a todos acongojados no vaya a ser que te excomulguen y te condenen al destierro por discrepar del Pensamiento Único, ha tenido que ser un periódico alemán el que venga a poner los puntos sobre la íes y a decir lo que todos pensamos y casi nadie se atreve a poner negro sobre blanco: que las ministras de Rodríguez son unas pijo-progres más preocupadas por la moda que por el interés general y las cuestiones propias de su cargo.

Ya en su día al portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, le montaron la de San Quintín porque se le ocurrió criticar a la vice De la Vega por dedicarse a la danza tribal africana disfrazada de tutsi, o de hitu, o algo así. Y cuando la primera remesa de ministras-florero apareció en la portada de Vogue y algunos levantamos la voz sobre lo poco coherente del asunto en un Gobierno de izquierdas que además presumía –y presume- de serlo, nos pusieron de vuelta y media por machistas y misóginos. Pues miren ustedes, ya está bien de tonterías, a ver si no vamos a tener derecho a decir lo que pensamos sobre la manera en que la cuota paritaria del Ejecutivo de Rodríguez se comporta y atiende sus deberes, y eso incluye también la atención que ponen o dejan de poner a su atuendo, sobre todo cuando ésta se manifiesta en exceso.


Hace ya tiempo que critiqué, y lo he repetido alguna vez más, lo que me parece un exagerado fondo de armario acumulado por la vicepresidenta De la Vega, que cada día que pasa nos sorprende con un modelito pret a porter de los mejores diseñadores. Pero como en éste país hay que guardar las apariencias y la corrección política impera hasta el punto de la exageración, nadie se ha atrevido a preguntarle en el Congreso de los Diputados de donde sale tanto modelito, si se los regalan o los paga con su sueldo, y en cualquiera de los dos casos que explique si la naturaleza de su cargo implica necesariamente una atención por la moda fuera de lo normal para el común de los mortales.

Miren, ahora en serio, la cuestión no es si se visten de una u otra manera, que lógicamente nos debe dar igual. La cuestión es que tratándose de un Gobierno que presume de socialista, de ‘rojo’, de estar al lado de los más humildes y que aparentemente rechaza y descalifica todo lo que suene, entre comillas, a ‘derecha capitalista’, sorprende que al mismo tiempo su parte femenina manifieste una obsesión casi enfermiza por el estilismo y por la moda, por las portadas de las revistas, y por lo glamuroso y lo fashion. ¿Qué ocurre? Que cuando alguien, en este caso un periódico alemán, destapa las vergüenzas o, dicho de otro modo, resalta esa contradicción, entonces salta como impulsada por un resorte lenguaviperinadelavega a insultar y decir que eso es machismo, conservadurismo y no se cuantas cosas más.

Pero, en el fondo, lo que ocurre es que se sienten molestas, incomodas en lo más profundo de su conciencia ‘progre’, porque se haya descubierto la farsa que tienen montada, la carga de demagogia y de cinismo con la que este Gobierno impregna todo lo que hace y todo lo que dice. Y es que, además, incluso habiendo traicionado su propia ideología y la demagogia barata de la que han hecho gala durante todo este tiempo, sería perdonable si por encima de su comportamiento inadecuadamente progresista pudiéramos poner el resultado de una gestión eficaz.

Pero es que ni siquiera eso. El problema es que las cosas son como parecen, es decir, que nuestras ministras están más preocupadas por su estilismo –no todas, tengo que decir- que por el interés general y las cuestiones propias de sus cargos. ¿Decir eso es machista? Pues bien, que me llamen lo que quieran, pero lo cierto es que el periódico alemán ha dado en el clavo señalando a esas ministras que no pasarán a la historia por su gestión, y sí por los modelitos que atesoran. ¿O es que no podría dedicar De la Vega un poco más de tiempo, por ejemplo, a preparar sus respuestas parlamentarias para no decir todas las semanas lo mismo, que a elegir el modelo que va estrenar cada mañana de entre todos los que le llevan a la puerta de su casa? Ahora, con casi cinco millones de parados y cientos de miles de familias que no llegan a fin de mes, les molesta que alguien les recuerde cómo viven ellas y su obsesión por la moda, pero está bien que a mucha gente se le caiga la venda de los ojos y sepa de que pasta está hecho este Gobierno.


El Confidencial - Opinión

Estado de Derecho. El proyecto "rubalcaamaño". Por Guillermo Dupuy

Aquí no nos jugamos ya que Humpty Dumpty Zapatero nos diga que tenemos que entender con la palabra "guerra" o "paz", "empleado" o "parado". Nos jugamos que sea el Gobierno, y solo él, el que pueda determinar lo que es "delito".

Aunque no sea nuevo el desprecio de los socialistas hacia las bases del Estado de Derecho, pocas veces se ha lanzado un ataque tan directo, grave e indisimulado contra la división de poderes como el que pretende llevar a cabo este Gobierno mediante lo que me he permitido denominar como el proyecto Rubalcaamaño, y que consiste, en última instancia, en que sea el Gobierno el que controle las investigaciones en las que estén implicados cargos políticos, por un lado, y que sea también el Ejecutivo, a través de su dependiente Fiscalía, el que tenga el monopolio de poder someter a instancia judicial la comisión de un posible delito penal.

De lo primero ya hemos tenido –y seguiremos teniendo– una elocuente muestra con esa bochornosa cacería política contra el principal partido de la oposición que conocemos como "caso Gürtel", y a la que muchos le han hecho el juego desde los sitios más insospechados.


A este respecto no sabemos que hará el diario El Mundo cuando vengan nuevas y sesgadas filtraciones del caso, después de ser este diario el que haya descubierto ahora, de forma mucho más concreta, la intención del ministro Rubalcaba, posiblemente ya consumada, de designar a un comisario de su máxima confianza –el mismo que coordinó las pesquisas en el caso Gürtel y que acompañaba a Garzón y Bermejo en sus actividades cinegéticas– para que controle todas aquellas investigaciones que afecten a cargos públicos o personas de relevancia. Como prueba de ello, este diario hace referencia a la circular que ha dirigido este comisario general de la policía judicial a todos los jefes superiores de policía, en las que les exige que le informen de todas estas investigaciones, al tiempo que se reserva el derecho de declararlas secretas.

Aunque este último asunto pueda eclipsarla, no menos gravedad tiene la segunda parte del proyecto gubernamental, consistente, por una parte, en suprimir la acusación popular en aquellos delitos que no tengan víctimas concretas, dándole en este terreno el monopolio a la Fiscalía, como, por otra, delegar también a los fiscales la instrucción de todo proceso penal, que hasta la fecha estaba en manos de los magistrados.

Con lo primero, el Gobierno no pretende más que extender el bochornoso monopolio que actualmente concede la ley de partidos a la Fiscalía General del Estado para que sea la única que pueda denunciar –o no– sus posibles vulneraciones a todo posible delito que no tenga víctimas concretas, tal y como ocurre también, por ejemplo, en el caso de la corrupción de un político o en la prevaricación que hubiese podido cometer un juez.

Asimismo, y aunque permanezca la figura de la acusación particular para aquellos delitos con víctimas concretas, la intención gubernamental de que sean los fiscales, y no los magistrados, los que instruyan la causa, extiende también el poder de influencia del Gobierno a la hora de perseguir –o no– este tipo de delitos. Y eso es así porque a diferencia de la teórica imparcialidad e independencia que gozan los magistrados, especialmente en instancias inferiores, la Fiscalía esta sujeta siempre a la jerarquía y a las órdenes de sus superiores.

A diferencia de la primera, esta segunda parte del proyecto no se desprende de ninguna circular interna, sino que se evidencia sin tapujos en la nueva ley de enjuciamiento criminal que ya ha recibido tan numerosas como silenciadas criticas provenientes de organizaciones judiciales.

Dada la clamorosa inconstitucionalidad de todo el proyecto, bien está que Cospedal haya comparecido en rueda de prensa para exigir inmediatas explicaciones en el Congreso, tanto a Rubalcaba como a Caamaño. De hecho, creo que debía haberlo hecho el propio Rajoy. Aquí no nos jugamos ya que Humpty Dumpty Zapatero nos diga que tenemos que entender con la palabra "guerra" o "paz", "empleado" o "parado". Nos jugamos que sea el Gobierno, y solo él, el que, para satisfacción de propios y temor de extraños, pueda determinar lo que es "delito".


Libertad Digital - Opinión

¡Fíense ustedes!. Por Hermann Tertsch

No sabemos cuántos son los españoles que alguna vez han pensado que Rubalcaba no es de fiar. Pero sí sería muy interesante preguntarles.

LA secretaria general del Partido Popular, María Dolores De Cospedal, está preocupada porque no parece fiarse del todo del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Parece tratarse de una cuestión personal. Todo hace suponer que tampoco se fiaría de él si fuera director general de Transporte Marítimo o subsecretario de Deportes. No es muy original la dirigente del PP con esta desconfianza. No sabemos cuántos son los españoles que alguna vez han pensado que Rubalcaba no es de fiar. Pero sí sería muy interesante preguntarles. Más interesante aún sería hacer esta encuesta durante una sesión del Consejo de Ministros o en una reunión de la Ejecutiva socialista en Ferraz. En todo caso la falta de confianza de De Cospedal, que le preocupa a ella y a nosotros, sí se debe a que además de otras muchas cosas es el ministro del Interior, el Gran jefe de la Policía. Nuestro Fouché-para-todo es tremendo. Sirve para detener a etarras y para negociar con ellos, para hacer las dos cosas simultáneamente, para erigirse en superministro de Hacienda cuando hay que apañar los presupuestos con el PNV y para transformarse en megaministro de Asuntos Exteriores cuando hay que recomponer las por lo demás siempre idílicas relaciones con el Sultán de Marruecos. Además mantiene firmes a todos en el partido menos a don Tomás, que ya rima con «te acordarás». Y además le da tiempo para ir al fútbol y recibir un día sí y otro también a sus periodistas de cámara. Pero lo enumerado no sería alarmante si no fuera por es lo que es: ministro del Interior. Hay quien dice que ni siquiera eso le es necesario, porque hubo momentos en los que, sin serlo, estaba mejor informado sobre lo que cocían comisarías y servicios de información que el pobre ministro en ejercicio. En todo caso lo es y, lo dicho, manda mucho.

A De Cospedal le preocupa que Rubalcaba haya nombrado al comisario socialista Juan Antonio González como controlador de todas las investigaciones que afecten a cargos públicos, políticos y personas de relevancia. Este comisario, el amigo de caza del aún juez Garzón y del entonces ministro Bermejo, es lo que se llama un policía político pura raza. Muy policía y muy político. Y él sí se fía de Rubalcaba y Rubalcaba de él, que es lo que importa. El policía amigo ya ha comunicado a la Jefaturas Superiores que quiere saber todo lo que se cocina en España susceptible de aderezarse. Pero hay más, el Gobierno quiere que sean los fiscales, bajo órdenes de Conde Pumpido, los que instruyan en vez de los jueces. Le parece más moderno. Así no hay que irse ni siquiera a cazar muflones. Que Rubalcaba es poco de campo. Así las cosas casi no importa si estamos o no en un estado policial incipiente como sugiere De Cospedal. Porque como no nos fiamos, el miedo es el mismo y el resultado otro tanto.

ABC - Opinión

La pradera. Por Alfonso Ussía

Juan Carlos Rodríguez Ibarra me cae bien. Sirva esa caricia en el preludio. Pero es peligroso con un micrófono delante de sus barbas. Dice mucho y hace poco. Al menos cuando gobernaba Extremadura, dónde fue motejado de «Bellotakari» por sus salidas de tono. Por lo demás, es una persona cordial, amable y sectaria. Lo primero y lo segundo le viene de cuna, y lo tercero, del socialismo. Me recuerda un poco, no en su físico, a Solís Ruiz, el ministro sempiterno de Franco. «Al Caudillo, con mano izquierda, hay que pararle los pies», le confesó a Emilio Romero en plena conspiración sucesoria. «Tu tienes mano izquierda», le respondió Romero. «Pero no cojones», remachó Solís poniendo punto final a la brevísima charla discordante. Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha sido mucho más de decir que de hacer, más bravucón que arrojado, siempre original, pero de cuento archiconocido.

Ahora se ha envalentonado en Madrid para apoyar a Gómez. Pero no ha apoyado a Gómez, al que apenas ha mencionado. Su obsesión es Esperanza Aguirre, y ese «Madrid cañí y cutre que va a la pradera de San Isidro», que según el peculiar extremeño es el que vota a Esperanza Aguirre. Recurro a los números y no me encaja la realidad. Si a Esperanza Aguirre le votan los que van a la pradera de San Isidro a festejar el día de nuestro patrono, Esperanza no obtendría ni un escaño, a no ser que la pradera tuviera la extensión de Cáceres, Badajoz, Mérida, Almendralejo y Villanueva de la Serena en ella reunida. Lo cutre y paleto consiste en establecer diferencias insalvables entre la tradición y la modernidad. Madrid no es más moderno por darle la espalda a la pradera de San Isidro. Él mismo reconoce su error y se contradice cuando afirma: «Barcelona parece, pero Madrid es. El crecimiento de Madrid va más lejos». ¿Y quiénes son los mayores responsables de ese crecimiento? Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, que también se asoma por la pradera algún 15 de mayo.

Gómez y Trini, para su desgracia, poco tienen que ver en ello. Y además, que si en Madrid resulta cutre, antiguo, cañí y de derechas acudir a la pradera, en Barcelona bailan la sardana en las Fiestas de la Mercé, que manda narices. Y en Cáceres y Badajoz, ni les cuento.

Además, y lo siento por Rodríguez Ibarra, su crítica denota áspera incultura y muy descriptible sensibilidad, además de escaso conocimiento de los madrileños. Nací en Madrid y llevo sesenta y dos años viviendo en Madrid. Jamás he ido a la pradera de San Isidro. ¿Soy por ello un madrileño moderno que se propone votar a Gómez o a Trini? Ni por todo el oro del mundo.

Y la incultura áspera se ubica en su desprecio a Goya. Es pradera cutre, cañí, antigua y merecedora de la distancia, esa pradera tan desafecta a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, fue inspiración y culminación de una de las pinturas más prodigiosas de don Francisco de Goya y Lucientes, y el señor Rodríguez Ibarra tiene ocasión, cuando a Madrid viene, de contemplar la maravilla en el Museo del Prado. Pero claro, no se lo han contado, y el hombre dice lo que dice.


La Razón - Opinión

El incierto futuro del PSOE. Por M. Martín Ferrand

Rubalcaba y Blanco corren que se las pelan tratando de anticiparse al futuro y a una sorpresa electoral.

A la vista del vestuario que utiliza Angela Merkel no es raro que el Frankfurter Allgemeine, el diario más serio de Alemania, se sorprenda y escandalice con el atuendo que lucen «las muñequitas de Zapatero», las miembras de su Gobierno que, de María Teresa Fernández de la Vega hacia abajo, parecen más inquietas por su glamour personal que por los muchos problemas que afectan a la Nación y comprometen su futuro. Quizá para compensar, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco, ignoro quién en la condición de galgo y cuál en la de conejo, corren que se las pelan tratando de anticiparse al futuro y, en lo posible, a una sorpresa electoral. Saben que la Huelga General les dejará dañados y no ignoran que las autonómicas catalanas, con la que hoy parece inevitable caída de José Montilla y merma del PSC en el Parlament, también afectarán a la imagen del PSOE.

En ese entendimiento resultaría lógico, incluso exigible, que quienes, en el partido del Gobierno y en el Gobierno mismo, mantienen la cabeza fría y no han perdido el oremus, estudien las opciones que puedan aliviar los daños predecibles y, en lo posible, invertir las tendencias que apuntan al PP como inevitable relevo del PSOE en las próximas legislativas. En realidad el PSOE solo tiene una vía que, con el riesgo de reducir en un año el tiempo de mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, puede minimizar los daños: hacer coincidir en mayo de 2011 las elecciones municipales con las autonómicas —excepto en Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, que juegan con otros calendarios— y las legislativas.

En el peor de los casos, susurran los estrategas socialistas, el PP tendrá que tragar el final de la crisis, enfrentarse a ella y perder el beneficio que, de cara al calendario previsto —2012— podría aportarles la continuidad del desgaste socialista. A la vista de la posición excéntrica que lucen los antes citados Rubalcaba y Blanco, cabe preguntarse: ¿con Zapatero o sin él? Cualquier respuesta sería prematura, que será mucho el peso de la huelga y el lastre de las catalanas; pero no es un asunto que pueda descartarse sin más, sin tener en cuenta el distanciamiento de las viejas glorias socialistas y el desgaste que, dentro de unos días, puede producirle al todavía líder socialista el resultado de las primarias en el PSM. Los grandes males exigen remedios inmensos. Lo normal es que, en esas circunstancias, los pastores se coman un cordero, pero también pudiera ser en este caso que los (supuestos) corderos se zampen a su (teórico) pastor. «Las muñequitas», como las llama el Frankfurter, estarán vestidas para la ocasión, sea cual fuere.


ABC - Opinión

Cospedal. Fashion victims. Por José García Domínguez

Que un periódico extranjero glose en tono jocoso la misma escena que aquí llamó al sarcasmo general en su día, al parecer, supone un inadmisible agravio a la nación, una afrenta intolerable contra nuestra dignidad colectiva.

Sólo una tara vergonzante de la mentalidad española, el íntimo sentimiento de inferioridad ante el resto de Europa, puede explicar ese iracundo arrebato patriotero de, entre otros, la señora Cospedal, a cuenta de un artículo humorístico de cierto diario alemán. Así, que un periódico extranjero glose en tono jocoso la misma escena que aquí llamó al sarcasmo general en su día, al parecer, supone un inadmisible agravio a la nación, una afrenta intolerable contra nuestra dignidad colectiva, poco menos que un supuesto tipificado de casus belli. Al punto de que la señora Cospedal hasta se ha olvidado ya de que vivimos bajo un temible "Estado policíaco", la antesala misma del Gulag. Y todo con tal de amparar en su maternal regazo a las pobres fashion victims del Gobierno y su muy notoria querencia por los trapitos. ¡Válgame un santo de palo!, que clamaría el maestro Valle.

Al respecto, y contra lo que sostiene alguna derecha tremendista, el único proyecto de ingeniería social surgido de la cabeza de Zapatero fue su cambio de peinado justo tras recalar en La Moncloa. Una genuina obra maestra de la arquitectura capilar masculina, procede conceder. No por casualidad cuando los contenidos se desvanecen, las formas siempre se aprestan a monopolizar el escenario social. Es lo que le ha ocurrido a la socialdemocracia flácida con mucho rimel, más carmín y ninguna idea que gastan en Ferraz. De ahí, por cierto, la fulminante eclosión de las y los horteras, inevitable correlato plástico del ocaso de las ideología, en el actual PSOE.

Recuérdese al respecto que el vocablo "hortera" se acuñó en el Madrid de principios del siglo XX, respondiendo a la necesidad de designar a los mancebos de botica recién llegados de provincias que trataban de imitaban los modos de su adinerada clientela. Desde entonces, hortera es aquél –y aquélla– que concentra sus energías todas en mimetizar las maneras del grupo que considera superior, y en el que sueña ser aceptado. Sin embargo, fracasar constituye el sino fatal del y la hortera. Forzada hasta el linde de la comicidad, la sobreactuación en la impostura siempre los delata. Razón primera y última de que la Cospedal nunca haya de correr en auxilio de Angela Merkel para salvarla de algún ridículo ecuménico. Por ejemplo.


Libertad Digital - Opinión

Postzapaterismo (y III): los candidatos. Por Ignacio Camacho

Después de Zapatero, probablemente, un Zapaterito… o una Zapaterita. Alguien clonado.

EN medio del indisimulado ruido que agita el debate socialista sobre el posible relevo del presidente, la identidad de los aspirantes permanece como un tema tabú a la espera de que el proceso se decante. Lógico: los primeros que asomen la cabeza con pretensiones sucesorias serán los candidatos preferentes a la decapitación. Pero estar están, y soñar sueñan.

—Oiga, déjese ya de rodeos. Lleva usted tres días hablando del postzapaterismo y todavía no nos ha dicho lo esencial. Después de Zapatero, ¿qué? ¿O quién? Mójese.

—Pues después de Zapatero, probablemente, un Zapaterito… o una Zapaterita. Un dirigente de nueva hornada clonado a imagen y semejanza de su liderazgo, que es el biotipo dominante en la dirigencia actual del PSOE. La vieja guardia ya está en minoría.


—¿Un ni-nicomo los de Griñán, sin estudios ni trabajos conocidos fuera de la política?

—No exactamente. Eso puede llegar, pero aún es pronto. Pensaba más bien en alguien de la actual nomenclatura dirigente, y con muchas posibilidades de que se trate de una mujer. ¿Leire, Bibiana? No, alguien más bien del corte de Carme Chacón o Trinidad Jiménez… si no pierde las primarias de Madrid. Pero eso podría ocurrir en caso de que el relevo se produjera tras una derrota electoral, con el actual mandato agotado, cuando el partido se plantease una renovación a cuatro años vista. Si el presidente no se presenta el abanico se abriría.

—Y entonces tendríamos a Blanco y Rubalcaba en danza.

—Es muy verosímil. Resulta evidente que ellos están trabajando pensando en esa hipótesis, quizá no tanto en ser ellos mismos los elegidos como en la de controlar los mecanismos de elección. Si el PSOE tiene que elegir un nuevo candidato para 2012 la figura de Rubalcaba ganaría muchos enteros. Sin descartar a Blanco, por supuesto… ni a Patxi López. Bono quizá quisiera estar, pero no tiene la avenencia del partido.

—¿Y algún otro barón autonómico?

—Salvo López, que es un valor creciente y seguro, no hay mucho donde elegir. Acaso Fernández Vara, en un escenario ya de franco big-bang, pero aun así tiene que ganar antes en Extremadura, y no le va a ser fácil. El big-bang, el proceso a tumba abierta, sería más probable tras una victoria del PP en las generales y entonces podría pasar cualquier cosa, como ocurrió en 2000 con el propio Zapatero.
Pero si es él el que pilota el proceso, los datos de su propia lógica apuntan hacia una mujer, un reflejo femenino y posmoderno del zapaterato, con buena imagen y experiencia en la política gestual. Claro, en el caso de que con un hombre tan poco previsible como Zapatero exista una cierta lógica…


ABC - Opinión

Debate por la dignidad

El Congreso de los Diputados debate hoy martes una proposición no de ley de UPN en la que se insta al Gobierno a eliminar toda publicidad dependiente de la Administración General del Estado en los medios de comunicación generalistas que incluyan publicidad de contactos. Las pruebas policiales han confirmado lo que desde hace tiempo viene denunciando LA RAZÓN, que gran parte de los anuncios de prostitución que se publican a diario en la Prensa forman parte de un gran negocio controlado por mafias que se dedican a la trata y explotación sexual de mujeres y hombres. No es de recibo que se justifiquen los anuncios de prostitución como si fueran una actividad mercantil más entre personas iguales y libres. No nos podemos acostumbrar a leer acertados editoriales y trabajos de investigación sobre las actividades de las mafias de la prostitución para, varias páginas más atrás, toparnos con esas mismas mafias que anuncian sus «mercancías». La credibilidad de la Prensa se ve dañada cuando permite estas contradicciones que afectan a la libertad y dignidad de las personas.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, defendió, a principios del verano en el Debate del Estado de la Nación, que los «anuncios de publicidad de prostitución» debían eliminarse, porque, mientras existan, «se estará contribuyendo a la normalización de esta actividad». Desde LA RAZÓN celebramos aquel espaldarazo político a una lucha por la dignidad de las personas que siempre hemos animado en este periódico. Sin embargo, a pesar de que la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y el Plan Integral de Lucha contra la Trata han reseñado la necesidad de eliminar este tipo de publicidad, la actividad del Gobierno no ha producido los efectos deseados de renuncia a este tipo de publicidad. Hoy el Congreso de los Diputados tiene ocasión de dar un impulso definitivo para respaldar la dignidad de la mujer. El grupo socialista no puede quedarse sólo –como parece su intención– en apostar por la «autoregulación» de los medios. Debe ir más allá. Las administraciones públicas deben establecer las medidas oportunas para «animar» a esos periódicos a cumplir con lo que se decide en sede parlamentaria. La Prensa internacional de mayor prestigio no alberga entre sus páginas estos anuncios mafiosos; de la misma manera, no es de recibo argumentar que los editores de esos diarios, en los actuales tiempos de crisis, necesitan el dinero de esa publicidad. Esas cabeceras no pueden ser cómplices de un sórdido mundo de explotación sexual, abuso y mafias.

Sería deseable además que el cálculo político no animara a los distintos grupos parlamentarios, ya que nos encontramos ante un asunto que afecta, con claridad meridiana, a la dignidad de las personas, esa misma dignidad por la que muchos afirman trabajar. El Gobierno y los grupos parlamentarios tienen hoy oportunidad de mostrar determinación en un asunto en el que la razón moral está de su parte. No caben soluciones de compromiso ni medias tintas.


La Razón - Editorial

Suecia, modelo en crisis

El nuevo triunfo conservador, la caída socialista y la pujanza ultra abren un nuevo escenario.

La reelección en Suecia del centro-derecha, votado de nuevo tras cuatro años en el poder, aunque esta vez sin mayoría, confirma un giro copernicano en la evolucion política de un país que durante tres cuartos de siglo pareció indisolublemente anclado en la socialdemocracia. Un idilio este, desde los años treinta del siglo pasado, que hizo de rigor el modelo sueco, el de un país envidiable que combinaba altísimos niveles de vida con elevadísimos impuestos pero que no cometía los errores nacionalizadores de otros.

Mucho parece haber cambiado con la repetida victoria de la coalición centroderechista encabezada por el Partido Moderado del primer ministro Fredrik Reinfeldt. Y contra pronóstico, porque cuando la crisis económica estalló en 2008 en toda su magnitud, nadie daba un céntimo por la supervivencia del Gobierno; asumiendo equivocadamente, como en otros muchos lugares, que la crisis serviría para afianzar a la izquierda, supuesto refugio de los excesos del neoliberalismo económico. Si Reinfeldt repite es porque su Gobierno ha dado muestra en estos cuatro años de competencia suficiente y ha conseguido sacar al país de la recesión y lanzarlo hasta el mayor crecimiento en Europa occidental en 2010. Los suecos han primado la eficacia sobre la ideología al aprobar de nuevo en las urnas las correcciones del que pareció inmutable modelo socialdemócrata.


La abultada derrota del centroizquierda, la peor desde hace casi un siglo, viene a confirmar el declive de los partidos socialistas en la mayor parte de Europa, sobrepasados por un acelerado cambio social, la crisis y la emergencia de nuevas agendas políticas y tecnológicas. Como en Suecia, en Francia, Alemania, Holanda o Dinamarca, los partidos de este signo han perdido votos en todas direcciones, incluida la derecha extrema.

También en este aspecto las elecciones suecas marcan un hito. En un país considerado el paraíso de la tolerancia, la emergencia parlamentaria de la extrema derecha ha privado al ganador de la mayoría absoluta. Precisamente en la semana en que los temas de inmigración y xenofobia han ocupado el centro del debate político en Europa, Suecia se suma a la larga lista de naciones progresivas en las que una formación hostil al islam y a la inmigración se convierte en fuerza política relevante. Por más que ninguno de los grandes partidos esté dispuesto a contemporizar, resulta evidente que los 20 escaños de los xenófobos Demócratas les otorgan vara alta en la gobernación.

El escenario sueco no es el ideal, con un Gobierno sin mayoría, una socialdemocracia en ruinas y un partido ultra como árbitro. Es más que probable que si el primer ministro Reinfeldt no consigue sacar a los Verdes de la alianza opositora para integrarlos en su proyecto, el próximo Ejecutivo gobierne en minoría. Pero no debería ser un gran obstáculo en un país que, como otros nórdicos, ha utilizado esa fórmula durante muchos años.


El País - Editorial

El comisario total de Rubalcaba

La amenaza que se cierne sobre las libertades y, especialmente, sobre el principal partido de la oposición es de tal calibre que cualquier movimiento en esa dirección debe de ser denunciado en el acto y en sede parlamentaria a ser posible.

Que las elecciones se acercan es algo puramente atado al calendario. Que estas elecciones –las municipales y autonómicas de 2011–, van a ser una prueba de fuego para el peor PSOE en muchos años, es algo que desde el Gobierno se encargan de recordarnos a diario. La última ocurrencia del ministro Rubalcaba es la creación de un comisariado especial, dependiente exclusivamente de él, que atienda casos de corrupción que afecten a cargos públicos y personas de relevancia política.

La idea, que no por perversa deja de estar bien pensada dentro de la lógica maquiavélica, consiste en que el ministro a través de su hombre de confianza monopolice toda la información y toda la capacidad de actuación procesal relativa a la corrupción dentro de la política. Desde el punto de vista estrictamente jurídico es un disparate con mayúsculas: implicaría que fuesen los fiscales y no los magistrados los encargados de instruir las causas o que la siempre obediente Fiscalía General del Estado sería la única facultada para emprender acciones legales contra todo indicio de delito en el que no existan víctimas con nombres y apellidos.


El Gobierno se quedaría de este modo con la exclusiva procesal y llevaría la iniciativa siempre, ya fuese por acción o por omisión. Teniendo en cuenta que este comisario es un cargo político de confianza, no es muy difícil imaginarse por dónde irán los tiros, las demandas y, sobre todo, las portadas de los periódicos, que, en última instancia, es lo que el Gobierno quiere controlar mediante esta reorganización abiertamente inconstitucional. Como muestra, un botón. El hombre que vendría a ocupar ese cargo de nueva creación, el comisario total al servicio de Rubalcaba, sería Juan Antonio González, un viejo conocido en la prensa tras su aparición estelar en la cacería de Bermejo y sus continuas maniobras durante la operación Gürtel.

De alguien como González sólo cabe esperar que sea, cuando menos, muy "casero" en sus pesquisas. Es decir, que se cebe con los casos que, hipotéticamente, podrían aparecer en el entorno del Partido Popular y silencie los que lo hagan en el del PSOE. Asistiríamos a renovadas entregas de Gürtel y los bochornosos espectáculos televisivos como los que ciertas filtraciones hicieron posible. Del otro lado no habría nada que temer, ya que el comisario sería total pero perfectamente parcial en sus líneas de investigación y sus averiguaciones.

Habida cuenta de la afición que se le ha tomado a hacer desfilar concejales del PP delante de las cámaras debidamente esposados entrando en un coche patrulla, todo lo que podemos pronosticar es que la labor principal de este comisariado será evitar que el caudal de detenciones se seque, o que, al menos, dure hasta pasadas las elecciones del mes de mayo. Estaríamos, por lo tanto, ante lo más parecido a un Estado policial en toda regla. Una situación anómala e indeseable en la que, como ha recordado María Dolores de Cospedal, la policía judicial trabaje al servicio de los intereses del Gobierno.

La amenaza que se cierne sobre las libertades y, especialmente, sobre el principal partido de la oposición es de tal calibre que cualquier movimiento en esa dirección debe de ser denunciado en el acto y en sede parlamentaria a ser posible. Para luchar contra la corrupción política no es necesario un comisario total que filtre información y dirija los esfuerzos judiciales, sino la llana aplicación de una ley que es para todos igual.


Libertad Digital - Editorial

Suecia como síntoma

A pesar de la crisis financiera, los votantes han dado claramente la espalda a la socialdemocracia, que recibe un castigo aún mayor que en las pasadas elecciones.

A pesar de no haber obtenido una mayoría absoluta, la segunda victoria electoral del líder conservador sueco Fredrik Reinfeldt puede considerarse como un resultado histórico, teniendo en cuenta la tradicional hegemonía socialdemócrata en este país. La gestión de la coalición de centro-derecha está liberando a la sociedad sueca de más de medio siglo de lastre acumulado por el Estado, y ese es el rumbo que una mayoría de electores ha ratificado. A pesar de la crisis financiera, los votantes han dado claramente la espalda a la socialdemocracia, que recibe un castigo aún mayor que en las pasadas elecciones. Sin embargo, la entrada en el Parlamento del Partido de los Demócratas Suecos (SD) constituye un elemento preocupante tanto por algunos de los fundamentos xenófobos de la política que defiende como por confirmar una tendencia que se refleja en muchos países de Europa. La clave del éxito del SD —su propuesta de limitar la llegada de inmigrantes, y específicamente de musulmanes— puede analizarse de varias maneras, pero después de lo ocurrido en Francia con el polémico caso de los gitanos rumanos, no debería seguir siendo ignorado. Los electores que en Suecia o en otros lugares de la UE escuchan los cantos de sirena de los extremistas lo hacen porque los partidos tradicionales no son capaces de salir del espeso campo de lo políticamente correcto y se niegan a plantear un análisis serio de los problemas que genera una sociedad en la que una parte relevante no logra integrarse. Muchos se extrañarán de que también en la tolerante Suecia haya hecho su aparición una fuerza política de estas características, pero lo cierto es que si eso sucede es porque, hasta ahora, otras fuerzas se han negado a afrontar el problema con el necesario realismo.

ABC - Editorial

lunes, 20 de septiembre de 2010

PSOE. Los despojos de Zapatero. Por Agapito Maestre

Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios.

¿Conseguirá Zapatero detener el deterioro de su imagen en el interior de su partido? Imposible. Zapatero es ya un cadáver político. Los despojos del líder socialista se lo están repartiendo entre los buitres de las agrupaciones más importantes de su partido. Blanco y Pérez Rubalcaba están muy entretenidos en el reparto del botín. Pero, antes de contar lo que viene, levantemos acta de lo que hay, de la rabiosa actualidad, porque es más rica que nuestra propia imaginación. En otras palabras, la muerte política de Zapatero se puede contar de muchas maneras, pero ninguna contemplará su resurrección. Así es de cruel y terrible la "política", o mejor, el tipo de política que ha creado alguien que ha despreciado a millones de ciudadanos sin importarle su nación.

Hay dos formas de contar su muerte, que tienen, aquí y ahora, una fuerte presencia en los medios de comunicación. Unos, sus más tiernos amiguitos, cuentan el triste final del Maquiavelo vallisoletano cual plañideras contratadas para el evento; lloran, lloran y lloran sin ver salida alguna "a la cosa" después del sepelio. Otros, más realistas y previsores, repiten con frialdad de sondeo electoral el siguiente diagnóstico: Zapatero, sí, está muerto; pero, y aquí viene el pronóstico, además puede conseguir que el PSOE pierda todo su poder territorial; exigen cambios rápidos, limpios y volver a empezar, pero también dudan de cómo hacerlo y a quién recurrir.


En cualquier caso, basta que Zapatero esté dispuesto a aguantar hasta el final, o sea, hasta pudrirse en La Moncloa durante otros casi dos largos años, para que el debate del postzapeterismo pase a llamarse "cómo reconstruir el socialismo en las autonomías". Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios. El poszapaterismo socialista se nutre de esas mesnadas regionales anti ZP. El caso más relevante, y acaso modélico para sustituir a Zapatero, ha sido el ofrecido por Tomás Gómez en Madrid.

Independientemente de que gane o no el rollo ese de las primarias, que seguramente las ganará, Tomás Gómez ha demostrado a todo el PSOE que Zapatero está más que débil, yace en su catafalco monclovita, y puede que su putrefacción infecte a todo el cuerpo socialista. A cualquier jefe con un poco de poder en el PSOE, excepto Zapatero, le hubiera bastado con nombrar una comisión gestora en Madrid para acabar con cualquier atisbo de "rebelión" de un absoluto desconocido, como Gómez, ante el jefe. He ahí la prueba de que en la sala de máquinas del PSOE ya no se discute sobre el poszapaterismo, sino sobre el daño menor que puede causar un cuerpo muerto en La Moncloa.

En esta situación, por qué no decirlo, cuánto se echa de menos una oposición con un poco más de coraje moral y diligencia democrática.


Libertad Digital - Opinión

Deuda con la Guardia Civil. Por José María Carrascal

Justicia para la Guardia Civil, y que Méndez, Toxo y Lara se queden en su manifestación, rodeados de sus «liberados».

POCOS abucheos más merecidos que el que recibieron los dirigentes de CCOO, UGT e IU al incorporarse a la manifestación de los guardias civiles reclamando sus derechos laborales. Merecida, primero, porque las suspicacias de nuestra izquierda hacia la Guardia Civil viene de lejos. Segundo, porque nunca se ha preocupado de sus reivindicaciones y, tercero, porque asomar en esa manifestación pocos días antes de su huelga general es un acto de oportunismo tan grosero que repugna. Podrían haberse ocupado hace muchos años de la discriminación que sufren los miembros del Instituto Armado y sus familias, en vez de aparecer ahora que necesitan su apoyo. Menos mal que no dejaron hablar a Toxo ni a Méndez como intentaban. Pero tampoco debe extrañarnos, conociendo los sindicatos que tenemos, «de clase», pero de clase privilegiada, sobre todo en sus dirigentes, y una izquierda que hace mucho tiempo perdió el contacto con el mundo en que vivimos.

Dicho esto, tengo que añadir algo que he dicho tantas veces y seguiré diciendo hasta que no vea respuesta: que es una vergüenza que un guardia civil gane menos que un guardia urbano, que un policía nacional y no digamos ya de un mosso d'escuadra o un ertzaina, corriendo infinitamente más riesgo en su labor, trabajando mucho más, siendo mucho más eficaz y viviendo en condiciones mucho más humildes en sus casas-cuartel. Últimamente, incluso se les despacha a misiones militares en el exterior, como Afganistán, donde ya han muerto varios de ellos. ¿Cuándo van a equipararse, por lo menos, a las policías autonómicas? ¿No le da vergüenza al ministro de Interior tenerles en estas condiciones? Ya sé que corren tiempos de apretarse el cinturón y de reducir gastos. Pero hay montones de partidas en el presupuesto donde puede recortarse sin mayores daños excepto a los directamente afectados, mientras en otras se impone establecer la paridad, y no sólo por justicia, sino también por interés nacional. Estando la Guardia Civil a la cabeza de ellas.

La desvergüenza llega a su límite cuando se quiere utilizar el carácter militar del Instituto Armado para impedir que exponga públicamente sus reivindicaciones. ¿No era la izquierda la primera en pedir se quitase esa característica al Cuerpo? ¿O va a resultar que el gobierno Zapatero no es de izquierdas? Pero noto que me estoy metiendo en terrenos escabrosos: el de fijar la naturaleza política de nuestro gobierno, algo que trae de cabeza a los politicólogos. Así que vamos a dejarlo en lo dicho: justicia para la Guardia Civil, y que Méndez, Toxo y Lara se queden en su manifestación, rodeados de sus «liberados» del tajo, más que suficientes para llenar las calles.


ABC - Opinión

ZP se hunde, el país amenaza ruina y el Rey, ¿dónde está el Rey?. Por Federico Quevedo

Miércoles, primera hora de la mañana. En los pasillos de un concido centro comercial me encuentro con el director gerente del mismo que me saluda afectuoso. Tras las cuatro frases de rigor -el verano, el tiempo, etc-, le entro sin compasión: “¿Cómo va la vuelta de las vacaciones?”. Y él responde sin dudar: “Horrible, peor que nunca. El consumo se ha hundido. La gente solo compra productos básicos, y a ser posible marcas blancas. No habíamos tenido un mes de septiembre peor que éste, ni siquiera en lo que llevamos de crisis, y nuestros competidores están todavía peor que nosotros”. Me deja de piedra, porque le veo realmente preocupado.

Si uno hace caso -yo hace tiempo que me de di de baja- de lo que dice el Gobierno, aparentemente las cosas habrían empezado a mejorar. Pero la realidad es justo la contraria y nos estamos enfrentando a lo que probablemente sea algo más que una simple recaída, como quieren hacernos ver las estadísticas oficiales, algo parecido a lo que ya les anuncié una vez, no recuerdo cuando: hemos atravesado el ojo del huracán, un espacio de calma, incluso de cierta recuperación, y ahora viene lo peor de la tormenta, lo peor porque, además, ha cogido fuerza y nos embiste con una virulencia desconocida. No lo digo yo, son, no diré muchos pero si unos cuantos, expertos que analizan los indicadores y, sobre todo, hacen un trabajo de prospectiva, los que se están asustando por la intensidad de la crisis que se nos viene encima.


De hecho, se están empezando a producir situaciones propias de un estado de conflicto o catástrofe, es decir, gente que acude a las grandes superficies a hacer acopio de productos básicos no perecederos y guardarlos, no por que nadie piense que vaya a haber escasez de los mismos, sino porque lo que teme quien lo hace es quedarse sin trabajo y no disponer de dinero para alimentar a su familia. Si les digo que la situación está empezando a ser dramática, no les exagero nada. No voy a negar que, aparentemente, hemos conseguido superar la fase de desconfianza hacia nuestra deuda, pero también es cierto que eso ha sido posible gracias a que la UE y el FMI han cuantificado en más de 700.000 millones de euros el fondo de rescate que estarían dispuestos a aportar si España quiebra.

«La gente no llega a fin de mes, no puede pagar los colegios, y el malestar social empieza a ser muy preocupante»

Mientras exista ese aval los mercados van a seguir estando encantados comprando deuda del Reino de España a unos tipos de interés de lo más suculentos. Y nadie nos asegura que el riesgo de quiebra haya desaparecido, entre otras cosas porque existe una sospecha cada vez más creciente de que el Ejecutivo está maquillando las cifras de déficit, es decir, cayendo en el mismo error en el que cayó Grecia. Pero volvamos a la economía real, la de la calle: el grifo de los bancos está más cerrado que nunca, al tiempo que la morosidad crece como la espuma. La gente no llega a fin de mes, no puede pagar los colegios -las bajas en centros privados derivadas a concertados y públicos ha batido records este curso-, y el malestar social empieza a ser muy preocupante.

Pruebas de esto la estamos teniendo en cada una de las concentraciones con las que las centrales sindicales calientan la jornada de huelga general del próximo día 29. A Méndez y Toxo se les ha ido de las manos, y lo que iba a ser una huelga general de compromiso, medio pactada con el Gobierno, se está convirtiendo en una expresión del cabreo colectivo. “¡Zapatero, dimisión!” es el grito más coreado, y con una intensidad desconocida hasta ahora por la rabia que acumulan las gargantas que lo gritan. Rodríguez se hunde en las encuestas, su popularidad está bajo mínimos y ya son mayoría en los sondeos los que quieren elecciones anticipadas y que este presidente se largue de una vez. La huelga general puede acabar siendo lo que nadie, ni Gobierno ni sindicatos, querían que fuera: una manifestación multitudinaria de malestar y cabreo contra Rodríguez e, incluso, contra quienes han convocado la misma por su compadreo hasta hace dos días con él. La situación es tan grave que la amenaza de conflictividad social empieza a ser cierta y, me consta, que el Ejecutivo lo sabe y está sometiendo a una vigilancia muy estrecha las zonas menos favorecidas, los casi guetos de las grandes ciudades para evitar reacciones violentas. ¿A dónde nos conduce todo esto? ¿A dónde nos ha llevado Rodríguez?

El país amenaza ruina. Y no solo económica, ya lo saben ustedes. Todo está en entredicho, no hay ni una sola institución del Estado que se salve de la sospecha de corrupción o de sometimiento al poder Ejecutivo. El edificio que levantamos en la Transición se desmorona como si un terremoto hubiera sacudido sus cimientos, los cimientos del consenso, la concordia, el esfuerzo, la fe en nosotros mismos y en la Nación, y la Monarquía. Sí, la Monarquía es, probablemente, la institución que estos días acumula más ansiedad y mayores sospechas. Nadie sabe qué se piensa en la Casa real de lo que ocurre en este país, entre otras cosas porque desde hace días nadie sabe donde está el Rey, y cual es el verdadero alcance de la situación personal que lo mantiene alejado de la actividad pública, aunque hay bastantes sospechas, yo diría que certezas, de que se trata de algo grave. Se diga lo que se diga, e independientemente de las ideologías de unos y de otros y del aprecio o no que se le tenga a la Monarquía, hay un hecho evidente y es que, hasta ahora, ha actuado de nexo de unión para todos y es el único asidero que nos queda si queremos mantener vivo el espíritu de la Transición. Ahora bien, ¿es posible que la Monarquía siga ejerciendo ese papel más allá de Don Juan Carlos? Ahí es donde surgen las dudas, y esa es una de las razones que hacen de este momento uno de los más graves de nuestra historia reciente, y que al mismo tiempo exige mayores dosis de responsabilidad y sentido común. Dos virtudes de las que carece, sin lugar a dudas, Rodríguez Zapatero, razón por la que se hace imprescindible su salida del Gobierno para poder afrontar con el acuerdo de todos el camino que, inevitablemente, ya hemos iniciado hacia una II Transición.


El Confidencial - Opinión

Tea Party. La derecha mira con los ojos de la izquierda. Por Emilio Campmany

La solución no sólo ha de consistir en rechazar la terminología que impone la izquierda sino también las lentes, ultradeformadas, a través de las cuales pretende ésta que todos veamos la realidad para que sea "su" realidad.

Más de una vez los lectores de Libertad Digital me han recriminado hablar de los jueces próximos al PSOE y de los afines al PP refiriéndome a ellos con las expresiones "progresistas" y "conservadores". La regañina se funda en que es una terminología impuesta desde la izquierda que ve el término "progresista" como algo positivo y la expresión "conservador" como negativa. Yo la empleo porque es la generalmente admitida, pero por qué haga yo las cosas carece de importancia. La cuestión es que en esto y en muchas otras, la derecha se ha acostumbrado a observar los fenómenos políticos con las palabras de la izquierda. Y lo terrible es que, al emplear sus palabras para denominar las cosas, acepta igualmente verlas a través de sus ojos, que deforman la realidad tanto cuanto sea necesario hasta conformarla a sus intereses. El domingo teníamos un buen ejemplo en los periódicos.

Titula El País: "El Tea Party asedia Washington. La victoria de los extremistas en Estados Unidos convierte las elecciones legislativas de noviembre en una lucha entre la civilización y la caverna". Lo de "una lucha entre la civilización y la caverna" se figura un pelín exagerado, pero siendo El País un periódico de izquierdas parece normal lo que en verdad es una flagrante deformación de la realidad. Menos choca que Público califique el movimiento de "ultraconservador". En realidad, a los dos les pasa que todo lo que es de derechas les parece ultra algo, lo que a veces les hace parecer algo ultraestúpidos.


Lo curioso es que la prensa de derechas les hace el juego. El Mundo, ABC, y La Razón dan la misma información, la intención de Sarah Palin de presentarse a las elecciones presidenciales de 2012, calificando el movimiento al que pertenece, el "Tea Party", de "ultraconservador". Lo de El Mundo tiene un pase porque ya sabemos que no le gusta parecer de derechas. Lo de ABC y La Razón tiene menos justificación. Mucho más cuando nunca hablan de Obama como "ultraizquierdista" o "radical de izquierdas", que es como lo describe la derecha norteamericana. La cosa llega a preocupar cuando uno se asoma a las páginas de La Gaceta y encuentra el mismo adjetivo, "ultraconservador", para referirse al mismo movimiento.

Evidentemente, el "Tea Party" hay que encuadrarlo dentro de la derecha del Partido Republicano. Pero eso no lo convierte en ultra ni en cavernícola. Son gente de derechas, ni más ni menos. Y eso no las hace peores, ni mucho menos, a las de izquierda de allí o de aquí. Sí son bastante mejores de las de extrema izquierda que hemos de soportar en Europa, en general, y en España en particular. Porque la extrema izquierda existe. Son de ideología radical, de inspiración marxista y tendencia antidemocrática, que encuentran amplia protección y eco en los medios de la izquierda y que nunca se ven denunciados, ni siquiera en los medios conservadores, porque hacerlo conlleva el riesgo de ser tildados de ultras o simplemente de derechas, que es hoy tanto como un insulto.

La solución, por lo tanto, no sólo ha de consistir en rechazar la terminología que impone la izquierda sino también las lentes, ultradeformadas, a través de las cuales pretende ésta que todos veamos la realidad para que sea "su" realidad. Empecemos a poner algunas cosas en su sitio. El "Tea Party" no es más que un movimiento conservador y el corresponsal de El País en Washington un ultraizquierdista.


Libertad Digital - Opinión

Zapaterismo (II): Las primarias. Por Ignacio Camacho

En torno a Tomás Gómez se está aglutinando un sector de disidencia con el valor de forjar por primera vez un polo crítico.

AL involucrarse en las primarias de Madrid, aunque luego haya intentado aparentar que se mantiene al margen, Zapatero las ha convertido en un test sobre su propio liderazgo. Por un mal cálculo ha permitido que el pulso socialista en la capital del Estado plantee con toda crudeza el debate no sólo sobre el postzapaterismo sino sobre el propio zapaterismo en su declinante estado actual, que es ya en buena medida una carrera presucesoria. La resistencia de Tomás Gómez compromete en primer lugar al presidente, en segundo a una posible aspirante al relevo —Trinidad Jiménez— y en tercero a los factótums del Gobierno que sostienen el precario andamiaje del líder —Blanco y Rubalcaba— y que se han comprometido de manera explícita en auxilio de la candidatura patrocinada por la dirección nacional del partido. Una victoria de Gómez supondría un vuelco brutal del statu quo y abriría de modo explícito la batalla de la sucesión. Cuando Rubalcaba le acusó de no poseer otro capital que el de haber dicho no a Zapatero lo estaba invistiendo de alternativa; eso no es sólo un capitalazo, sino todo un patrimonio acumulado cuyo valor puede sobrevivir incluso a una derrota.

Gómez no deja de ser un político de trayectoria mediocre, pero a su alrededor se están reuniendo las fuerzas críticas del zapaterato con la mira puesta en un relevo a medio plazo. En ese sentido le bastará con obtener un resultado digno para dejar patente la existencia de un foco alternativo que puede ir creciendo cuanto mayor resulte el desgaste de la actual dirigencia. Las primarias valencianas constituyen también una prueba de fuerza para el papel de Blanco y Rubalcaba en el entramado sucesorio; ambos apoyan, por razones diferentes, a Antoni Asunción, y convergen en el desafío interno al poder orgánico de Leire Pajín a través de su protegido Alarte. Ninguno de los candidatos parece en condiciones de comprometer la victoria de Camps, como en Madrid es difícil que Jiménez o Gómez puedan desequilibrar la hegemonía de Esperanza Aguirre; se trata en ambos casos de una confrontación que mide apoyos de cara al control del partido en la verdadera batalla de los próximos meses. La batalla del postzapaterismo.

Pase lo que pase, en torno al inesperado Tomás Gómez se está aglutinando un sector de disidencia, por ahora heterogéneo, pero con el valor intrínseco de forjar por primera vez en el mandato zapaterista un polo crítico. Muchos de los apoyos del candidato rebelde permanecen en la sombra, y la mayoría son de conveniencia, como los que han llamado en las últimas semanas a Patxi López para animarlo a no dejarse avasallar en la negociación presupuestaria del presidente con el PNV… muñida también por Blanco y Rubalcaba. Los movimientos son cada vez más explicítos, y todos tienen un denominador común: ponen en valor la importancia de decir no a Zapatero como capital de inversión a futuro.


ABC- Opinión

Ni huelga ni estos sindicatos

Si los sindicatos hubieran tenido un mínimo de olfato o interés sobre el estado de ánimo de la opinión pública, hace años que se habrían movilizado contra el Gobierno. El descontento de la sociedad española con las políticas socialistas no ha surgido espontáneamente en estas semanas, sino que la desafección era ya mayoritaria en el arranque de la Legislatura, cuando las centrales sindicales compartían, e incluso alumbraban, las medidas económicas y sociales del gabinete. Si UGT y Comisiones Obreras se detuvieran mínimamente ahora en los análisis demoscópicos, entenderían también que los españoles no secundan la convocatoria de huelga general del 29-S y muestran un desapego mayoritario a lo que representan los dos sindicatos mayoritarios. La encuesta de NC Report para LA RAZÓN es concluyente sobre el estado de ánimo de la sociedad. Más del 63% de los españoles no se suma a la huelga, frente a sólo el 24% que manifiesta su voluntad de seguir a Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. Los ciudadanos que creen que la movilización será minoritaria doblan a los que confían en la protesta mayoritaria, y constituyen también una mayoría (47,6%) los que están convencidos de que la jornada del 29-S será un fracaso de las centrales.

Los abrumadores resultados constatan que este país no está para paros masivos ni parece dispuesto a movilizarse tras unas organizaciones discutidas y en una deriva de pérdida de prestigio social muy preocupante para su futuro. Quieran o no los convocantes, la realidad es que la huelga se ha convertido en una reválida para UGT y Comisiones Obreras, para el futuro de ese sindicalismo político que representan estas organizaciones y para los liderazgos de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. En este punto, el sondeo de LA RAZÓN concluye que más de la mitad de los españoles cree que el actual modelo sindical debe ser rectificado.

O lo que es igual, que el sindicalismo de UGT y CCOO pertenece a un pasado que no tiene encaje en este siglo XXI. Por eso, a estas alturas no se comprendería que los sindicatos no se dieran por enterados en caso de un revés en la jornada de paro. Que se pretendiera continuar como si nada hubiera pasado sería la mejor constatación de que las castas sindicales supeditan la defensa de los derechos de los trabajadores a que su estatus no peligre.

La situación de un país con más de cuatro millones y medio de parados ha exigido de todos los agentes sociales un ejercicio de responsabilidad y de reflexión. Lejos de esa actitud de compromiso, los sindicatos han sido un freno permanente de las reformas imprescindibles que la economía española necesita. Aferrados a anacrónicos discursos y a recetas económicas vencidas, han servido de soporte al fracaso frente a la crisis del Gobierno. Es difícil esperar ya una reflexión seria por parte de Méndez o Toxo, cuando han sido incapaces de reconocer siquiera su cuota de culpa en las consecuencias de una política económica fracasada. El día después de la huelga será el momento de evaluar lo sucedido y de exigir responsabilidades.


La Razón - Editorial

José Antonio Labordeta, descanse en paz

Pocos españoles habrá hoy que no lamenten en diverso grado su pérdida. Nuestras más sinceras condolencias para todos aquellos que lo leyeron, lo siguieron, lo admiraron y sobre todo lo quisieron.

En la madrugada del pasado sábado murió a los 75 años José Antonio Labordeta. En estos casos, suele ser habitual que los medios de comunicación respetemos durante un tiempo la memoria de los difuntos y dejemos las críticas para más adelante, cuando los ánimos estén más calmados y se haya cogido una cierta perspectiva histórica.

Nosotros no vamos a omitir las críticas a Labordeta sólo por el respeto que su persona y sus familiares, amigos y admiradores nos merezcan, sino también por el hecho mucho más simple de que no tenemos gran cosa que reprocharle. Es notorio que como periódico nos encontramos muy alejados de muchas de sus ideas políticas, pero mal haríamos si redujéramos toda su figura y su trascendencia pública a aquella parte de su ideología que nos desagrada y que, dicho sea de paso, defendía mucho más cabalmente que la inmensa mayoría de políticos actuales.


Porque, conviene recordarlo en estos momentos, Labordeta fue uno de los intelectuales más polifacéticos y completos que ha tenido España en el último medio siglo: poeta, cantautor, novelista, profesor, guionista, director, político e incluso presentador de televisión; actividades que siempre desempeñó con gran dedicación, entusiasmo y simpatía hasta el punto de convertirse en un maestro en varias de ellas.

Un hombre de letras de lo que por desgracia ya no quedan en España, con más de 20 discos y otros tantos libros en su haber, el último de ellos publicado hace apenas unos meses en el que reflexionaba emotivamente sobre la enfermedad que finalmente se lo ha llevado; un modelo intelectual para multitud de jóvenes idealistas que en los 60 y los 70 buscaban referentes en la defensa de la libertad y de la democracia; y también un personaje público conocido y querido en todas las partes de España por sus frecuentes apariciones televisivas y políticas durante los últimos quince años en las que exhibía campechanía, ingenio e incluso humanas muestras de mal humor.

Pocos españoles habrá hoy que no lamenten en diverso grado su pérdida. Nuestras más sinceras condolencias para todos aquellos que lo leyeron, lo siguieron, lo admiraron y sobre todo lo quisieron. Descanse en paz José Antonio Labordeta.


Libertad Digital - Editorial

El problema catalán de Zapatero

Los socialistas no tienen argumentos nuevos para Cataluña. Han quemado las bazas de la reforma estatutaria, de la alternancia al nacionalismo de CiU y del frente de izquierdas.

EL presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció ayer en la «fiesta de la rosa» organizada por el Partido de los Socialistas de Cataluña, un discurso por el que parecía no haber pasado el tiempo. Utilizó los mismos argumentos que empleaba en 2003, cuando avaló personalmente el Pacto del Tinell, el tripartito con los independentistas de Esquerra Republicana y el proyecto soberanista de la reforma estatutaria. Pero Zapatero siempre habla de Cataluña como si acabara de llegar y fuera a inaugurar una época inédita de autonomía y paz territorial. Sin embargo, Zapatero lleva en sus espaldas siete años de decisiones personales sobre Cataluña que han desestabilizado la dinámica del Estado de las Autonomías y han sembrado una tensión soberanista que no existió siquiera durante los gobiernos nacionalistas de Convergencia i Unió. Aun así, Zapatero sigue trufando sus discursos hacia los catalanes con promesas sobre la identidad y el autogobierno y con ya manidos juegos de palabras sobre las relaciones recíprocas entre España y Cataluña, pero no hay rastro de autocrítica. Suya fue la temeraria idea de incorporar el independentismo republicano al gobierno autonómico, para crear un frente de izquierdas que, a la postre, ha desplazado al PSC al puro soberanismo nacionalista. Suya fue la idea de utilizar la vía estatutaria para travestir el Estado autonómico en Estado confederal, operación frustrada en buena medida por el Tribunal Constitucional. Y suya es la responsabilidad de haber decidido premiar con cuotas de poder o influencia a quienes defienden proyectos de segregación. Sus críticas a Rajoy por no querer hablar de identidad y sí de trabajo son una coartada para esquivar que sus proyectos para esa identidad y ese autogobierno por los que ayer abogaba —el Estatuto de 2006, la alianza con ERC— han hecho más difícil y conflictiva la relación de Cataluña consigo misma y con el resto de España.

Zapatero vuelve a necesitar electoralmente que el PP sea la bestia negra de los catalanes y ésta va a ser una de las constantes de la campaña para los comicios autonómicos de noviembre, porque el presidente del Gobierno se ha quedado sin discurso propio para Cataluña, de la misma manera que se quedó sin discurso «social» para Rodiezmo. Después del fallido intento confederal del Estatuto de 2006, los socialistas no tienen argumentos nuevos para Cataluña. Han quemado las bazas de la reforma estatutaria, de la alternancia al nacionalismo de CiU y del frente de izquierdas.


ABC - Editorial

domingo, 19 de septiembre de 2010

Sana envidia. Por José Maria Carrascal

Los gibraltareños construyen un complejo que competirá con la Costa del Sol. Sin que el Gobierno haya dicho ni pío.

Tengo que reconocer que siento envidia de los marroquíes en un punto: en la firmeza que defienden sus intereses, incluidos los más discutibles. Melilla, por ejemplo. No sólo reclaman la ciudad española desde hace 513 años, sino que movilizan todas sus fuerzas políticas y sociales para hacerse con ella. Ahí tienen las manifestaciones, provocaciones, protestas que escenifican continuamente ante las puertas de la ciudad. Y no hablemos ya de cuando el derecho les asiste. Los guardacostas marroquíes están expulsando de las aguas frente a sus costas a las embarcaciones melillenses que se acercan. «¡A bañarse a otro sitio!» les dicen.

¡Qué diferencia con nuestra actitud hacia Gibraltar! Los gibraltareños no sólo se bañan en las playas españolas, sino que están construyendo instalaciones en la ladera este de la Roca, para montar un complejo que pronto competirá con los de la Costa del Sol. Sin que el Gobierno español haya dicho ni pío. ¿Cómo va a decirlo si el propio Ministro de Exteriores negocia con los líderes gibraltareños y les ha hecho una visita oficial? ¿Cómo no van a creer que tienen luz verde para cuanto les apetezca en España, tanto si es para bañarse en sus aguas como para ampliar su perímetro en ellas o para entrar sin permiso judicial en una vivienda de San Roque, como ha hecho su policía, en busca de objetos robados en la Roca, mientras se ordena a las patrulleras españolas que no se acerquen al puerto gibraltareño en la persecución de contrabandistas y narcotraficantes, «para no crear incidentes»?

Posiblemente estemos ante el segundo mayor vicio del Gobierno Zapatero (el primero es mentirnos cada lunes y cada martes): la poca entereza que tiene para defender nuestros intereses, sea ante nuestros socios comunitarios, sea ante los piratas somalíes, sea ante los secuestradores saharianos, sea ante los ingleses y gibraltareños, sea ante los matones hispanoamericanos. Debilidad que se traduce al interior, sobre todo con los nacionalistas periféricos, a los que igual promete el estatuto que le pidan, que les compra a peso de oro sus votos en el Congreso, como va a ocurrir al debatirse los próximos presupuestos generales del Estado. Nada de extraño que nuestro déficit alcance ya más de la mitad de nuestro PIB. ¿Cómo vamos a salir de la crisis endeudándonos de esta forma? ¿Cómo van a respetarnos aquellos que sólo buscan esquilmarnos? ¿Cómo vamos a salir del pozo en que nos encontramos con un presidente sólo interesado en mantenerse él, aunque sea al precio de hundir, no ya el país, sino su propio partido, como le está ocurriendo PSOE?
Ahora comprenderán ustedes mi sana envidia hacia Marruecos en este punto.


ABC - Opinión