martes, 7 de julio de 2009

Benamejí, Iznájar y el Estatuto de Cataluña que viene. Por Yauma

Mi vecino del cuarto primera, el señor José, es natural de Benamejí pueblo cordobés cercano a Iznájar , lugar de nacimiento de nuestro amado president Montilla. Ambos pueblos están bañados por el río Genil y comparten en muchos aspectos el famoso pantano del sur peninsular. El señor José, mi vecino del cuarto primera, me habla a menudo de su pueblo de origen. Está jubilado y cuando me engancha en la escalera, en el portal o en el kiosco donde ambos compramos el periódico, aprovecha para pegar la hebra y explicarme vivencias lejanas de sus primeras correrías por tierras cordobesas. Dejó Benamejí a los doce años, nació en 1944 por lo que lleva viviendo en Cataluña 53 años, casi toda una vida. El señor José raro es el año que no visita su pueblo, tiene familiares cercanos allí y el hombre, con la excusa de verles, siempre está a punto para darse una vuelta por el terruño. Ahora con la jubilación se está planteando volver definitivamente al lugar que le vio nacer. No obstante ese proyecto lo contempla poco realizable, la mujer y los hijos han nacido en Cataluña y ello le ata definitivamente a esta tierra.

Según mi vecino José, Benamejí es un pueblo con señorío, desde que allá por 1549 Don Diego de Bernuy eligiese este espectacular enclave natural, ante disfrutado por romanos y árabes, y se trajese al mejor arquitecto, Hernan Ruiz II, para que hiciera el magnífico puente Renacentista sobre el río Genil.
Benamejí es literatura de Calderón con la Niña de Gómez Arias, de Lorca con su Romancero Gitano, y de los Machado con La Duquesa de Benamejí (de nobles y bandoleros 1932 Manuel y Antonio Machado). Ruta del Tempranillo, pueblo bandolero.
La literatura histórica sobre bandolerismo ha utilizado a Benamejí como un punto importante de actuación en el siglo XIX. El paso por el puente para vadear el río, en el camino de Córdoba a Málaga, y su entorno entre colinas facilitaban las cosas para tender emboscadas. En la guerra de la independencia contra los franceses numerosas cuadrillas operaron por los contornos de Benamejí. Son históricos los nombres de Pedro Pena, apodado el Sotana, Juan de Campo, Pedro Alcal Heredia y Francisco Lozano el Bolsero. Entre otros.

El Estatut pasa por Aragón (tranquilo Six se trata de otro Aragón). Con este titular aparecía la Vanguardia el 22 de Junio pasado. “La mayoría a favor del texto es ahora de seis votos contra cuatro, un apoyo en el que está siendo clave la postura del catedrático de Derecho Constitucional Manuel Aragón Reyes”
“El catedrático de Derecho Constitucional está teniendo un papel fundamental en la deliberación de la sentencia sobre el Estatut, que ha entrado en su fase final. La resolución que está elaborando el TC es el resultado de un complejo sistema de equilibrios, al que Aragón ha hecho algunas aportaciones decisivas, después de una etapa de fuertes tensiones internas en la que la precaria mayoría favorable a la reforma estatuaria catalana estuvo a punto de venirse abajo.”
Parece ser que la actuación de Aragón hará posible una estrategia con la que se conseguirá una mayoría favorable al Estatut por seis votos a cuatro.
Este Magistrado del Tribunal Constitucional fue nombrado por el gobierno de Zapatero el 4 de junio de 2004, junto a Pablo Peréz Tremps, en sustitución de Manuel Jiménez de Parga y Tomás Vives, es de los considerados progresistas, línea zapateril, dentro del alto tribunal.
Manuel Aragón Reyes fue director del Centro de Estudios Constitucionales y miembro del Consejo de Estado. Presidente del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid, Discípulo de Francisco Rubio Llorente, es heredero de esa escuela de constitucionalistas. Participó activamente en la formación académica del príncipe Felipe de quien fue preceptor cuando este estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid.
Manuel Aragón Reyes Nació en Benamejí en el año 1944

Comento la noticia periodística con mi vecino del cuarto primera el señor José, él también nació en ese pueblo de Córdoba en el mismo año y parece que en idéntico mes que Aragón. ¡Caray, Caray! Con Manolito fue lo primero que me comentó? Quién lo iba a decir? Después me explicó que Aragón Reyes Procedía de una familia adinerada del pueblo, cuando José era un niño poseían fabrica de harina, diversas fincas rusticas y casas varias. Recuerda con simpatía a un tío por vía materna de Manuel Aragón, Pepe Reyes, dueño de un importante comercio de ultramarinos situado en la calle José Marrón, donde la familia Aragón Reyes tenía parte de sus negocios.
Que de alguna manera había compartido juegos infantiles con el Magistrado, “Manolito”, dentro de un orden, ya se sabe las clases sociales en un pueblo de unos escasos 5000 habitantes estaban muy bien definidas y claras en esos tiempos. A partir de aquí poco más le pude sacar a mi vecino del cuarto primera el señor José. Él es muy despierto y se daba cuenta que yo buscaba que se mojara y opinara claramente sobre la actuación de sus dos celebres paisanos, Montilla y Aragón en el asunto del Estatut de Cataluña. Pero no hubo manera.

Pues bien, yo sí, voy a opinar. Curioso mundo político el nuestro. El Estatuto que viene, que se nos echa encima, sobre todo a muchos de nosotros que padeceremos su aplicación con puntos y comas, tiene sus principales impulsores en dos personas originarias de Córdoba, de dos pueblos vecinos de Córdoba, un hijo del proletariado emigrado a Barcelona y otro hijo de la burguesía franquista andaluza con tintes de progresista.
El señor José, mi vecino del cuarto primera, subió hacia su casa pensativo y concentrado, algo le estaba carcomiendo por dentro que le tenía preocupado. Nuestras pequeñas terrazas son contiguas y separadas en la galería por un simple cristal opaco, estas colmenas del extrarradio son como cajas de cerillas y en días calurosos el pequeño balcón o galería es un refugio ventilado y agradecido. El señor José, mi vecino del cuarto primera, me lo imagino sentado en su galería, yo por educación desde la mía, contigua, no moví ni un musculo para observarle, empezó a pensar, hablar, en voz alta y si la memoria no me hace ninguna mala pasada esto es lo que pude oírle:
“Manolito cabroncete, menuda putada nos estás haciendo a muchos de tus paisanos, tú no lo necesitas como es el caso de Montilla, tú eres un profesional brillante y de categoría, no como el sin oficio del mudito, tu no vives aquí y no tienes que congraciarte con ningún fanático cuatribarrado. Recuerdo ,cuando niños, tu bicicleta orbea envidia de todos los desarrapados hijos de jornaleros que te mirábamos embelesados, así como los juguetes de niño rico que con frecuencia mostrabas. Te acuerdas de Rosario aquella morenita trigueña de pechos pujantes que me pisaste por el sólo merito de ser rico, muchas mujeres desde niñas sienten una atracción irresistible ante el poder, y Rosario cumplía esa regla, no sé qué habrá sido de ella. Yo tuve que abandonar nuestro pueblo a los doce años por pura supervivencia, parte de culpa atribuible a familias como la tuya, también por culpa nuestra evidentemente por no habernos espabilado suficientemente, yo no creo en máximas como “Quien nace pobre en la periferia de Barcelona tiene muchas probabilidades de serlo toda su vida y de que lo sea su descendencia”. Hay que espabilarse, por ese motivo nos vinimos para aquí. Pero a lo que vamos, Manolito por tus muertos, que están enterrados cerca de los míos, no le pongas fácil al imbécil de la Moncloa tema tan importante como la inconstitucionalidad del Estatut. Y sobre todo Manolito ¡Coño! No nos jodas”.

En honor de mi vecino del cuarto primera, el señor José, un detalle que le gustará:

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde lun luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

Con un clavel grana temblando en la boca, con una varita de mimbre en la mano, por una "verea" que llega hasta el río, iba Antonio Vargas Heredia el gitano. Entre los naranjos la Luna lunera, ponía en su frente la luz de azahar. Y cuando apuntaban las claras del día, llevaba reflejos del verde olivar, del verde olivar. Antonio Vargas Heredia, flor de la raza calé. Cayó el mimbre de tu mano y de la boca, el clavel, y de la boca, el clavel. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. Las mocitas de Sierra Morena se mueren de pena llorando por ti. Antonio Vargas Heredia, se mueren de pena llorando por ti. Era Antonio Vargas Heredia el gitano, el más arrogante y el mejor plantao. Y por los contornos de Sierra Morena no lo hubo más bueno, más guapo, ni "honrao". Pero por "curpita" de una hembra gitana, su faca en el pecho de un hombre se hundió. Los celos malditos nublaron sus ojos y preso en la trena, de rabia lloró, de rabia lloró. Antonio Vargas Heredia, flor de la raza calé. Cayó el mimbre de tu mano y de la boca, el clavel, y de la boca, el clavel. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. Las mocitas de Sierra Morena se mueren de pena llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia, se mueren de pena llorando por ti.

El blog de Yauma

El cedro del faraón. Por M. Martín Ferrand

JAIME Vera, uno de los padres fundadores del PSOE, murió hace cerca de noventa años después de haberse consagrado como psiquiatra y de alcanzar el respeto de los intelectuales de su época. Ahora le presta su nombre a una fundación que, con sede en Galapagar, sirve de escenario a las escuelas de verano en las que los notables del socialismo se enfrentan a sus bases y sus alevines. José Luis Rodríguez Zapatero es un habitual de esos encuentros. A diferencia con Vera no es un nombre destacado en el ejercicio de ninguna profesión, no habla en latín con sus amigos y/o antagonistas del clero ni escribe en El Socialista algunos de los más sesudos artículos que conservan las páginas del órgano del partido. Zapatero es, sencillamente, la encarnación del poder y, en tiempos de sequía intelectual, esa es condición suficiente para llamar la atención y fijar el interés, especialmente de quienes prefieren medrar que saber y conocer.

Los diarios han difundido una fotografía de Zapatero impartiendo doctrina a la sombra de un cedro. Ignoro hasta dónde llega la riqueza botánica de los jardines de la Fundación Vera; pero, si había donde elegir, el cedro señala la vocación faraónica del líder. La madera de cedro -del Líbano, del Himalaya o del Atlas- es quebradiza y de escaso valor, pero no se pudre nunca. Por eso, en Egipto, la utilizaban para fabricar sarcófagos y otras piezas funerarias. Con todo, a pesar de que todas las variedades de tan hermosa conífera tienden a centenarias, yo no le aconsejaría al presidente insistir en el uso de tan hermoso palio para sus sermones veraniegos. Su piña es de buen tamaño y la inesperada, pero posible, caída de una de ellas sobre su cabeza, en plena disertación magistral, podría hacerle perder la compostura y el respeto de quienes mañana, o pasado mañana si el zapaterismo se perpetúa, serán sus sucesores en la cúspide del partido.

En esta ocasión, a la sombra de un cedro, el marco resulta coincidente con el cuadro. Quien está imbuido de que es la ley, y no la ciencia y la técnica, lo que debe determinar la vida útil de una central nuclear es, como los faraones, dueño de la verdad y la vida. Por ello mismo insiste en que España «puede ser líder en energías renovables». ¿No sería más provechoso tratar de ser autosuficientes en las energías que nos podamos permitir? Lo eólico y lo fotovoltaico pueden arruinarnos.

ABC - Opinión

Zapatero, un liberal de cintura. Por Cristina Losada

«Cuando se premia la irresponsabilidad, sucede que aumentan las conductas irresponsables. En lo sexual, lo educativo, lo económico y lo demás. Pero tal es el mensaje liberal de Zapatero: sed irresponsables, que os cubrimos.»

El presidente fue a impartir magisterio a una escuela de verano, pero sus enseñanzas indican que en la de invierno hizo pellas (no peyas, como se leía en una pancarta del Orgullo Gay). O eso, o en sintonía con el carnaval del Día en cuestión, quería demostrar que le pone el travestismo. Pues para pasmo de extraños, que los propios reciben sus lecciones con la debida reverencia, proclamó que el PSOE es el gran partido liberal de España. ¿Sabrá Zapatero del imperio de la ley? ¿De la ausencia de coacción? ¿Del respeto a la libertad individual? Ni papa. En su escuela no se aprenden tales conceptos, sino los contrarios. Y en eso hay que reconocer que salió bien enseñado.


El misterio del nuevo ¿neo? liberalismo de Zapatero se agranda al recordar que hace nada señalaba a los liberales como causantes del hundimiento de la economía planetaria, que diría Pajín, ahora liberalísima. Y que la derecha neoliberal fue el coco de su campaña en las elecciones europeas, que fracasó, dicho sea de paso. Pero el enigma de la empanada ideológica del presidente –de izquierdas, rojo, socialdemócrata y liberal al mismo tiempo– se empequeñece al considerar a qué se refería el hombre. Más que empequeñecer, desciende. Zapatero peroraba sobre el aborto cuando se puso la vitola liberal. Será, como en el chiste, un liberal de cintura para abajo y ni un centímetro más arriba. Imposible tomar en serio a quien carece de todo rigor en su pensamiento.

Zapatero achacó la oposición a su ley del aborto a una derecha retrasada en valores y al tiempo que politizaba así la cuestión, reclamó que no se politizara. Solemne. Dijo que la legislación que prepara es normal en Europa desde hace décadas, pero no explicó por qué extraño motivo entonces, si los países europeos gozan de normas tan liberales, venían desde allí a abortar a clínicas radicadas en España. Culpó de la alta tasa de embarazos no deseados a un tabú histórico sobre la educación sexual, cuando la historia incluye el póntelo, pónselo y el corona el rollo con coco, que no han servido –ni servirán– para nada. Pruebe ZP a visionar series de televisión y cine español para enterarse de cómo está el tabú. A estas alturas, no hay sobre el sexo una falta de información. Hay una oceánica falta de formación.

Cuando se premia la irresponsabilidad, sucede que aumentan las conductas irresponsables. En lo sexual, lo educativo, lo económico y lo demás. Pero tal es el mensaje liberal de Zapatero: sed irresponsables, que os cubrimos. En definitiva, una libertad entendida como haz lo que quieras sin pensar en las consecuencias, vinculada a la dependencia del Estado que te sacará las castañas del fuego. Los padres sobran en ese esquema.

Libertad Digital - Opinión

Un juez ‘acojonado’ por el Imperio Prisa. Por Federico Quevedo

El juez instructor del Tribunal Superior de Justicia de Valencia José Flors ha dictado un auto por el que se rechaza el sobreseimiento de la causa abierta contra Francisco Camps y otros en lo que se ha dado a conocer como "la trama valenciana del Caso Gürtel". Líbreme Dios de cuestionar la decisión del juez porque, entre otras cosas, él tiene más datos que yo, y por supuesto unos conocimientos jurídicos a los que ni me asomo, para adoptar con fundamento sus decisiones.

Pero dicho esto, no deja de ser sorprendente este auto a la vista de los hechos que en el mismo se relatan, ya que lo único que pone en duda a lo largo de 18 páginas es que Francisco Camps pagara sus trajes en la medida en que éste afirma haberlo hecho en metálico y esas entregas no parecen figurar como tales en los libros de contabilidad de las empresas afectadas. En ningún momento dice que Camps aceptara regalos a cambio de contratos para Orange Market, ni siquiera plantea la posibilidad de que este pueda ser un hecho probable, y sin embargo sí que obvia, no sé si voluntariamente, el hecho de que Camps y el tal Álvaro Pérez eran amigos.


Es decir, que lo que hace el juez es poner la lupa de la Justicia sobre un hecho difícilmente comprobable: el llamado cohecho impropio, la percepción de regalos que se hacen en función del cargo público que ostenta el homenajeado.

Bien. Es cierto que esa figura ‘penal’ existe. También lo es que, de ser un delito, lo es en un grado menor, es decir, no pasa de falta castigada con una multa, más o menos como saltarse un semáforo en rojo. No es, en ningún caso, razón suficiente para inhabilitar a un político. Pero es que, además, hay que demostrarlo, y de la lectura del auto no se aprecian vínculos lo suficientemente fuertes como para poder afirmar que tales trajes le fueron regalados por su condición de Presidente de la Generalitat, entre otras cosas porque si bien es verdad que el auto parece incidir en el hecho de que las cuantías de esos trajes corresponden a pagos efectuados por empresas de la trama de Correa a las sastrerías, también lo es –y eso también lo obvia el auto- que sobre esas empresas de la trama de Correa pesa una investigación de Hacienda por blanqueo de capitales y facturas falsas que, curiosamente, corresponden también con las facturas supuestamente pagadas por estas a las sastrerías.

Todo esto, obviamente, se dilucidará en el juicio si es que llega a haberlo, pero todo hace pensar que la presión ejercida sobre el juez por parte de los más interesados en que todo esto siga adelante, es decir, el Gobierno y el Grupo Prisa, va a conducir a sentar a Camps en el banquillo en un juicio que nace viciado de origen por tratarse de un juicio político.

Desde el mismo momento en que se supo que Flors iba a ser el magistrado instructor de la causa, el diario El País se puso manos a la obra para sacarle lo colores y demostrarle hasta dónde podían llegar si se lo proponían, vinculándole, incluso, con uno de los imputados, Álvaro Pérez alías El Bigotes, a través del marido de la abogada que representó a éste ante el Juez Garzón, ya que Flors es director de la Revista Jurídica de la Comunidad Valenciana editada por éste personaje. De Flors ha dicho a El País que es un conservador, que como tal accedió al TSJV -es decir, en representación del PP-, y que es amigo de los jueces ‘amigos’ de Camps, Juan Luis de la Rúa –su ‘jefe’ en el TSJV- y Francisco de Rosa –miembro del CGPJ-. En fin, demasiado para un juez poco acostumbrado a salir en los papeles.

¿Y cómo ha respondido Flors? Con un auto que lleva a cabo una de las mayores tropelías jurídicas que puedan imaginarse. A nadie se le escapa que este es un juicio político, porque es un político el que se sentará en el banquillo, después de una campaña de acoso y persecución propia de un régimen y no de un sistema democrático.

Pues bien, siendo un juicio político, no cabe en la cabeza que ya en el auto proponga una vista con jurado. Que van a hacer, ¿preguntar a cada uno de ellos a qué partido vota? Es inevitable, porque todos somos seres humanos –a pesar de Bibiana Aído- que los miembros del jurado tengan preferencias políticas, a favor o en contra, y en cualquiera de los dos casos aunque cada uno de los miembros del jurado actuara de buena fe, su decisión estaría siempre bajo sospecha.

Pero esta es la justicia que tenemos, una justicia que actúa no por motivos profesionales, sino por miedo o adscripción a los brazos armados mediáticos, que no es independiente, y que lejos de actuar sobre la base de la presunción de inocencia y con el máximo respeto a los derechos de las personas, lo hace desde la presunción de culpabilidad y sin ningún respeto a las garantías constitucionales de los presuntos acusados cuando estos son políticos y, sobre todo, cuando son políticos del PP.

el confidencial - Opinión

Camps se acerca al juez

Rajoy sigue mirando hacia otro lado mientras avanza la incriminación del presidente valenciano.

El Tribunal Superior de Justicia de Valencia estima que existen suficientes indicios racionales para pensar que el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, pudo haber cometido un delito de cohecho al aceptar regalos de la trama corrupta dirigida por Francisco Correa y Álvaro Pérez, los dos principales encausados en el caso Gürtel que comenzó investigando el juez Garzón desde la Audiencia Nacional. En un nuevo capítulo del procedimiento judicial, Camps deberá comparecer el próximo 15 de julio como imputado ante el instructor José Flors para recibir comunicación de los cargos que pesan contra él. Otros dirigentes del Partido Popular en Valencia, entre los que se encuentra su número dos, Ricardo Costa, también han sido citados.


En contra de lo que habían solicitado las defensas y de lo que esperaba la dirección nacional del PP, no ha habido sobreseimiento ni tampoco archivo de las diversas causas en las que se ha transformado el caso Gürtel, y que se instruyen en los Tribunales Superiores de Valencia y Madrid y en el Supremo. En el punto en el que se encuentran los sumarios, la estrategia de esconder la cabeza bajo el ala adoptada por Rajoy ya no resulta tolerable: no es la imagen del PP lo que está en juego, sino el correcto funcionamiento del Estado de derecho y la salud del sistema democrático. No exigir responsabilidades a Camps y al resto de los imputados cuando el instructor ha apreciado sólidos indicios de delito y, en consecuencia, ha activado los mecanismos para juzgarlos, es tanto como poner en duda la competencia técnica del tribunal, cuando no su imparcialidad. Y, por descontado, Camps no es una marioneta sin voluntad, sino un cargo electo que, por respeto a quienes le votaron y a quienes representa, debería interrogarse sobre su continuidad al frente de la Generalitat.

La dirección nacional del PP parece convencida de que sus consignas en defensa de los dirigentes encausados valen tanto, si no más, que una instrucción judicial que ha transitado por las máximas instancias de la justicia y siempre con igual resultado incriminatorio. Además de un error político, que desacredita al principal partido de la oposición, se trata de un intolerable desafío al funcionamiento de las instituciones. Ninguna excusa es ya bastante para que el PP siga reiterando la letanía del apoyo a Camps cuando se está acercando el día en que tendrá que responder ante la justicia por los delitos de los que se le acusa, y que son suficientes para inhabilitarlo como presidente del Gobierno de una de las mayores autonomías españolas.

La decisión sobre la culpabilidad de Camps y el resto de los dirigentes populares estará en breve en manos de los jueces. En las del PP sólo está el que Camps y los demás sigan siendo o no miembros del partido cuando se sienten en el banquillo. Por simple indecisión, si no por algo más grave, el PP parece resignado a no desmarcarse de estos presuntos delincuentes.

El País - Editorial

Atrapado en una absurda ratonera

La causa abierta por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia contra Francisco Camps coloca al presidente de la comunidad valenciana en el abismo político.

LA CAUSA abierta por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia contra Francisco Camps dio ayer un importante salto cualitativo. El juez que instruye el caso dictó un auto en el que considera que existen serios indicios del llamado cohecho impropio y que, por ello, debe celebrarse una vista previa el próximo día 15 de julio para decidir si Camps y el resto de los imputados tienen que sentarse en el banquillo.

Ello coloca a Camps al borde del abismo político, ya que se vería abocado al penoso calvario de someterse a un juicio con jurado popular si, como es muy probable, el instructor decide seguir adelante con el proceso. Algo muy difícilmente compatible con el cargo público que ocupa. No resulta extraño, pues, que Camps se sienta atrapado en una absurda ratonera, como el roedor que mira en la fotografía que publicamos en nuestra portada.


El juez explica en el auto que todo apunta a que Camps no pagó cuatro trajes y unos zapatos, pero subraya también que no hay ningún indicio de que el presidente de la Generalitat Valenciana favoreciera a Orange Market, la empresa de Álvaro Pérez. Por tanto, acusa a Camps de haber vulnerado el artículo 426 del Código Penal, que tipifica el cohecho impropio, que consiste en «aceptar regalos en función del cargo para la consecución de un acto no prohibido legalmente».

El delito de cohecho impropio está castigado con una multa de tres a seis meses -unos dos o tres mil euros, según se calcula-, una de las sanciones más benévolas del Código Penal. Y, además, se da la paradoja de que sólo considera delictiva la conducta del funcionario que acepta el regalo pero no la del particular que lo entrega. Por ello, el juez instructor no ha imputado a Álvaro Pérez y su socio Pablo Crespo, que ordenaron el pago de esas prendas, según el auto.

Ello plantea la cuestión de si tiene sentido este artículo del Código Penal que exime de responsabilidad al que busca un trato de favor de la Administración y castiga al funcionario aunque no exista ese trato de favor. La redacción del artículo 426 roza lo surrealista, pero nada cabe reprocharle al juez que se ha limitado en este caso a aplicar la norma vigente, por absurda que pueda parecer.

A este respecto, el instructor señala en su auto que «no es posible llegar a la conclusión de que los hechos no hayan existido» y que la acusación encierra «una verosimilitud» que le impide archivar la causa.

Este párrafo sugiere que el juez cree que Camps no ha pagado los trajes. Y de hecho esa es la tesis que sustenta en base a la documentación incautada, a los testimonios que obran en el sumario y a los tickets de caja del establecimiento. Camps estaba convencido de que el juez archivaría la causa tras escuchar su versión, pero ha sucedido lo contrario. Ello le coloca en una difícil situación, ya que empeñó además su palabra públicamente en que había pagado sus trajes. Le queda, sin embargo, el recurso ante la Sala de lo Penal, que podría archivar la causa si Camps logra desmontar la tesis acusatoria. No es imposible, por lo que conviene aplazar cualquier valoración a ese desenlace.

Dolores de Cospedal y otros dirigentes del PP insistieron ayer en la presunción de inocencia de Camps, pero el asunto se les ha escapado de las manos, ya que si no gana ese recurso, el presidente de una institución como el Gobierno valenciano tendrá que sentarse seguramente en el banquillo y ser juzgado por los ciudadanos. ¿Cómo va a reclutar el tribunal esos nueve hombres justos y sin prejuicios que van a decidir sobre el futuro de quien lidera el principal partido de la Comunidad?

A Camps no se le acusa de corrupción, pero sí de un comportamiento impropio, más censurable probablemente desde el punto de vista ético que jurídico. Pero hoy por hoy se trata de un delito y, por kafkiana que parezca su situación, a nadie se le escapa la erosión que para el prestigio de la clase política supondría ver al presidente de la Generalitat juzgado por sus conciudadanos a cuenta de si pagó o no los trajes.

Camps siempre ha demostrado su sentido institucional, por lo que estamos convencidos de que renunciaría al cargo si los jueces decidieran que tiene que afrontar una vista oral de esas características.

El Mundo - Editorial

Francisco Camps. Por José García Domínguez

«Apelando a la inocencia presunta, el setenta por ciento de los presos encerrados en las cárceles patrias, reclusos preventivos todos ellos, ergo presuntos inocentes, debieran reclamar un puesto de honor en las listas electorales del PP.»

Del difunto Francisco Camps cabría suscribir dos certezas sin mayor riesgo de errar en la disección moral del personaje, a saber, que no pasará a la Historia por haber sido el político más corrupto de España, ni tampoco, ¡ay!, por revelarse el de mente más despejada. Y es que la suya fue una tragedia volumétrica, un drama diríase que arquitectónico, un eterno calvario siempre marcado por fatales asimetrías espaciales. Así, igual que todos los trajes le quedaban un poco anchos, tampoco hubo manera de conseguir que el cargo dejara de venirle algo grande.


Por eso, como Oscar Wilde en la más atinada de sus boutades, también Camps podría haber hecho mutis por el foro, sentenciando ufano: "Muero como he vivido, por encima de mis posibilidades". Al tiempo, merced a una aciaga mata de tomates de invernadero y cuatro inoportunos cachelos de Orense, acaba de caer el jefe supremo de los anacletos con grande alborozo de Rajoy y sus palmeros. El mismo Rajoy que semeja dispuesto a llevarse por delante, enterita, la huerta de Valencia antes que administrar cristiana extremaunción al cadáver insepulto de los siete trajes de baratillo con ajustador. Cosas veredes, amigo José Mari.

¿O acaso ya nadie recuerda qué se hizo de un tal Gabriel Cañellas, de profesión sus túneles, cuando la incierta sombra de Sóller dio en proyectarse sobre las portadas de la prensa nacional? El todopoderoso muñidor Cañellas, que ni siquiera estaba enfilado por la justicia cuando, fulminante, la conciencia ética que por entonces regía en Génova dio con sus forrados huesos en el ostracismo. Qué tiempos aquellos: aún se percibía, inequívoca, la olvidada línea que un día marcó la frontera entre el territorio moral del PSOE felipista y el de la decencia.

Imposible imaginar por aquel entonces a la Cospedal de turno aferrándose, patética, falaz, risible, a la presunción de inocencia del cuate encausado. Glorioso razonamiento, por lo demás. Tal que así, apelando a esa mera garantía procesal, la inocencia presunta, el setenta por ciento de los presos encerrados en las cárceles patrias, reclusos preventivos todos ellos, ergo presuntos inocentes, debieran reclamar un puesto de honor en las listas electorales del PP tanto en las del Congreso como en las del Senado. Qué lejos, aquellos tiempos.

Libertad Digital - Opinión

Honorable en aprietos. Por Ignacio camacho

UN político delante de un jurado es carne de cañón. Para bien o para mal, quedará a merced de inevitables prejuicios de convicción o de emotividad que van adheridos como una piel inmaterial al ser humano. Si está acusado de corrupción, difícilmente podrá aspirar a que los integrantes del tribunal popular lo juzguen en la estricta individualidad de su caso, al margen de las simpatías o enojos que su ideología les suscite y de los criterios que cada uno de ellos albergue sobre la honestidad genérica de la clase dirigente. Quizá por eso hasta ahora ningún gobernante ha pasado por ese trance que incluso para los delitos más comunes sigue bajo debate en España, donde el juradismo dista mucho de alcanzar el consenso jurídico necesario para consagrarse en el ordenamiento penal.

Dada su negativa experiencia ante los magistrados del sumario Gürtel y su paralelo éxito político en los avatares electorales, quizá Francisco Camps albergue alguna esperanza de salir indemne si es un grupo de ciudadanos el que acaba examinando los motivos de su imputación por cohecho (pasivo, precisa el auto), pero tanto si beneficia su situación como si la agrava -y precisamente por esa doble posibilidad- no parece la fórmula más idónea, ni siquiera la procesalmente correcta, para decidir un caso en el que además concurre su condición de aforado. En el recorrido judicial de la trama de Correa, el Bigotes y demás «selectos espíritus de esta época», que decía el Marco Antonio de Shakespeare, han abundado actuaciones prejuiciosas de los togados, pero el magistrado Flors parece venir actuando con una escrupulosidad refractaria al ruido político y mediático. Su extraño quiebro tendente a pasar el expediente a un jurado equivaldría a contaminarlo de más apriorismos, y eso es exactamente lo que ha sobrado hasta ahora en este embrollo.

Claro que los problemas del presidente valenciano no vienen de la índole de sus juzgadores, sino de la de algunas de sus amistades. A día de hoy sigo creyendo que el Molt Honorable Camps no sólo no es hombre propicio a corromperse por unos trajes, sino que posee en efecto una honradez acrisolada, y es a los acusadores a quienes corresponde demostrar lo contrario. Pero llegados a este punto del sumario también él va a tener que poner algo de su parte para dar las explicaciones que políticamente le obligaban y que ha preferido obviar para centrarse en la defensa procesal. Es una opción, pero tiene sus costes y le pone en aprietos, le guste o no admitirlo. Porque hasta el momento presente no se ha cumplido ninguno de los pronósticos que sus arúspices aventaban al pronosticar en cada fase sumarial un archivo inmediato. Y la cuestión está llegando a la temperatura de fusión de los materiales. Ese momento en que sólo la honorabilidad completa resiste la prueba de la combustión extrema... que también va a acreditar a los que pongan la mano en el fuego.

ABC - Opinión

La miseria avanza. Por Hermann Tertsch

ERA inevitable que llegáramos a ello. En algunos países con un poquito más de memoria y de vergüenza que el nuestro algunos agitadores antisemitas y odiadores profesionales de la Iglesia u otras organizaciones comunitarias habrían ido ya varias veces al banquillo de los acusados. Yo eso no se lo deseo a nadie. Pero tampoco deseo que cierta basura se publique impunemente en periódicos y revistas que se pretenden ya no serias sino mínimamente decentes. Está claro que hay derivas que una vez comenzadas y toleradas cuando no auspiciadas se convierten primero en una bola de nieve sucia y después en un alud de basura. Cuando surgen grupúsculos pequeños como los neonazis de CEDADE u otras organizaciones paracriminales de extrema izquierda o extrema derecha es muy grave y hay que levantar de inmediato la guardia. Cuando la basura publicada llega de periódicos semioficiales o habituales portavoces del poder hay que dar la voz de alarma. Y la subcultura de la descalificación bajo esta nueva generación del sectarismo izquierdista que hoy parece manejar las riendas está llegando en España a unos niveles de vómito. Aquí ya no se debate nada que no quiera el poder. Aquí se difama directamente ya al discrepante y después es éste quien tiene que demostrar que no es lo que el poder y sus palanganeros pretenden. Dice el embajador israelí que las caricaturas antisemitas que publica el diario El País no le habrían sorprendido en un órgano neonazi. Pero no dice el embajador que esas caricaturas publicadas en un órgano neonazi hubieran tenido serias consecuencias para los responsables de la publicación en la mayoría de los países de nuestro entorno.

Pese a todas las esperanzas de los buenistas buenos, de los indolentes y de los pardillos, está claro que existe la voluntad organizada de liquidar política o socialmente al que se oponga al tsunami de mentiras cotidianas del poder. Y que te convierten en fascista o franquista en cuanto les dices que sus mentiras nada tienen que ver con la realidad. Antes eran unos cuantos sectarios perdidos por las páginas del izquierdismo más o menos civilizado. Hoy son una secta muy organizada que crea realidades paralelas desde el poder y sus aledaños. Si se rezuma tanto odio ideológico y se exhibe tanta falta de sofisticación para entender el mundo, la historia y las relaciones humanas, tarde o temprano, el poder mediocre, acosado por su incompetencias y las fatales consecuencias de la misma acaba recurriendo siempre a los mismos recursos de autodefensa. Porque el poder mediocre siempre está compuesto por malas personas y cuando se adhieren al mismo personas honestas dejan pronto de serlo si no huyen del mismo. Para distraer de la hecatombe de puestos de trabajo, la pira en la que arden la seguridad, el bienestar y la ilusión de millones de españoles, de toda España puede decirse, han surgido, procaz, el dedo acusador de un poder que no se hace responsable de nada, nunca y siempre tiene chivos expiatorios entre sus enemigos. Son los ricos o los judíos, los americanos o los fascistas que al parecer se ocultan en la oposición. El embajador israelí en España hace bien en levantar la voz, pero mientras no quiebre la indolencia en este país y se levanten las voces de la gente decente, la miseria seguirá avanzando.

ABC - Opinión

Quien mal anda.... Por Josefina Albert Galera

El libro titulado La lengua del tercer Reich,que tengo delante, me ha recordado un artículo que apareció en septiembre del 2007 en Siglo XXI,reproducido en otros medios, en el que yo misma establecía el paralelismo entre el lenguaje de Hitler y el de los nacionalistas. Es sabido que la apropiación de la lengua desempeñó un papel fundamental en la configuración del pensamiento nazi y en el nacionalsocialismo.

De la manipulación de las palabras se encargó, mediante la comunicación social y política, Goebbels, designado por el propio Führer para llevar a cabo tal función. El ministro de Propaganda del Tercer Reich actuaba por delegación de Hitler, pero en el caso de los políticos, que ayer aprobaron en el Parlament de Catalunya la exclusión definitiva del castellano en la enseñanza, han actuado por su cuenta, con una prepotencia que no les corresponde, al imponer a todos los ciudadanos de Catalunya sus reglas particulares, vulnerando así derechos fundamentales.

Pero lo asombroso del caso es que el presidente del Gobierno de España, nación a la que pertenece Catalunya, apruebe, y hasta justifique en cierta manera, el resultado de la votación en el Parlamento catalán. Resulta inaudito y hasta escandaloso que el señor Rodríguez, al referirse a ello, hable de "amplio respaldo" y de dos "grandes partidos", que a mi juicio han perpetrado, es decir, han cometido un delito, al aprobar esa ley de educación. Habrá que recordarle al señor presidente que también Hitler contó con un amplio respaldo en el plebiscito en 1933, lo que le permitió acceder al poder como líder supremo y pasar a la historia como un monstruo. La palabra Sprachregelung (uso del idioma para fines del régimen), inventada por los nazis, cumplía la misma función que el nacionalismo catalán pretende al prohibir el castellano. Cada vez más estos se parecen a aquellos. Acabarán fundiéndose en una sola cosa, porque, como se dice, "quien mal anda mal acaba".

Josefina Albert Galera, Doctora en Filología Románica

La Vanguardia

lunes, 6 de julio de 2009

El japonés. Por Atsushi Fukazawa

Imagínese que se traslada a mi país, a Japón, con sus hijos en edad escolar. Y escolariza a sus hijos con la ilusión de darles la oportunidad de aprender japonés. Y al escolarizar a sus hijos encuentra que todos los colegios imparten clase en una lengua regional japonesa (también tenemos lenguas regionales, como en casi todos los países). Y que no encuentra ningún colegio con el japonés como lengua vehicular.

Supongo que usted, atónito, preguntaría por qué no existen colegios con la lengua oficial común del Estado. Y le cuentan algo sobre que hay que proteger no sé qué y que es una especie de revancha contra no sé quién que hizo que hace más de 50 años esa lengua regional estuviera perseguida. Y usted sigue sin entender por qué no puede elegir en Japón una educación en la lengua oficial común del Japón, el japonés.

Pues bien, esto me ha ocurrido en Barcelona, donde actualmente no hay ningún colegio con español como lengua vehicular. Ni público, ni concertado, ni privado.

En mi país, todo el mundo entendería que usted no tuviera ningún interés en que sus hijos aprendieran una lengua regional de mi país, pero sí japonés. Y aquí en España, ¿entienden que nosotros queramos aprender español y no catalán.

El País

Ramón Tamames: "La crisis es profunda y el presidente del Gobierno vive en un mundo de fantasías"


Ramón Tamames publica "Para salir de la crisis global" (Ed. Edaf ) donde sostiene que el Gobierno de Zapatero no ha tenido ningún acierto en la gestión de la crisis. El economista explica que es desde la Unión Europea donde se están llevando medidas económicas importantes como, por ejemplo, subir la garantía de los depósitos de los bancos (de 20.000 hasta 10.000 euros). España sigue en Babia.
"Si no se detecta a tiempo tiene graves consecuencias. Y con 10 meses sin afrontar la crisis es cómo se ha dado la situación que hoy vivimos".
NUEVO MODELO ECONÓMICO ESPAÑOL

Tamames cree que estamos en un momento de "tardofranquismo" porque el sistema laboral de nuestro país es un modelo creado en la dictadura que no ha evolucionado. Así, confía en la instauración de otros modelos que están teniendo buenos resultados (como el danés) en donde hay indemnizaciones para los trabajadores despedidos y no altas liquidaciones.
"No sólo hay que pensar en los despidos sino también en la pervivencia de las empresas"
Con la "lamentable" situación económica no sólo los trabajadores están preocupados. Para Ramón Tamames, los empresarios también están "deprimidos" y les cuesta crear empleos si no saben las nuevas condiciones a las que se enfrentan. Por eso subraya que, una reforma laboral es muy necesaria.
"En Alemania hay menos paro porque ha subido el empleo a tiempo parcial y en España eso no es aceptado. Prefieren estar dos años en el paro sin dar ni golpe".
Ramón Tamames reconoce cómo, afortunadamente, nuestro país no sólo depende de la construcción y que otros sectores tienen capacidad para salir de esta situación económica.
"Tenemos cuatro millones de parados pero otros 19 millones siguen trabajando"

Periodista Digital

Tontería izquierdista de la semana. Por Emilio Campmany

Goytisolo no se dan cuenta, o no quieren dársela, de que el enemigo del fundamentalismo musulmán es Occidente entero, sin distinciones.

Carlos Rodríguez Braun nos deleita todos los lunes aquí, en Libertad Digital, con la tontería económica de la semana. Algún día debería empezar a escribir la tontería izquierdista de la semana, aunque es muy probable que no dé abasto y tenga que convertirla en la tontería izquierdista de cada día o de cada hora.


Juan Goytisolo es uno de nuestros más ilustres escritores. Rabiosamente izquierdista, ha sido tan alabado como premiado. Lo cual no es óbice para que con recurrente frecuencia diga alguna tontería. Este domingo ha escrito una muy gorda en un artículo en El País dedicado a explicarnos lo bien que conoce Irán. Ya se sabe que Goytisolo es experto en mundo islámico. Con el artículo demuestra que el campo de su saber no se limita al mundo árabe, sino que se extiende también a otros países musulmanes. Pues bien, dice Goytisolo tras una larga exposición de cuáles son las claves de lo que ocurre en Irán: "la obstinación de Ahmedineyad contra el Gran Satán carece de credibilidad frente al cambio representado por Obama". La gente de El País, criada a los pechos de Juan Luis Cebrián, destila tanta mala leche que, para que la necedad no pase desapercibida, la han destacado en un recuadro no vaya a ser que a los que nos aburre Goytisolo se nos escape.

Total, que es muy natural que los iraníes y los demás musulmanes vieran a los Estados Unidos como el Gran Satán hasta Bush. Sobre todo, cuando mandaba Bush. Pero, ahora que está Obama, no hay razón para ser tan descortés. La bobada se las trae. Goytisolo se cree que el radicalismo islámico es como un izquierdismo de raíz religiosa, una especie de socialismo utópico, que debería saber que en Occidente tiene enemigos, los demonios de la derechas, pero también amigos, la buena gente de la izquierda. No se dan cuenta, o no quieren dársela, de que el enemigo del fundamentalismo musulmán es Occidente entero, sin distinciones. Ni tampoco que, para ellos, no importa que se llamen Ahmadineyad, Jameini, Bin Laden o Ismail Haniya, cuanto más laico y desacralizado esté Occidente, más satánico se les figura.

Y luego, ¿qué significa que "la obstinación de Ahmadineyad carece de credibilidad"? Goytisolo habla del presidente iraní como si se refiriera a Llamazares o a Ignacio Ramonet, un correligionario al que, tras pecar de excesivamente extremista, hay que conminar para que vuelva a la ortodoxia pragmática. A Ahmadineyad le importa un bledo la credibilidad que pueda tener ante Goytisolo y el resto de la izquierda española, europea y norteamericana.

Además, ¿qué ha cambiado Obama? Lo único que ha hecho es largar en El Cairo un pestiño que sólo ha servido para demostrar lo poco que sabe sobre la Inquisición, la Ilustración y el Renacimiento. Lo que sí ha hecho Obama es ordenar una ofensiva militar en Afganistán en la que se están aplicando ce por be las exitosas tácticas empleadas por Bush en Irak al final de su mandato.

A Goytisolo le pasa que no sabe a qué bando apuntarse en Irán. Por un lado, le caen simpáticos los ayatolás por habérselas tenido tiesas con los norteamericanos. Por otro, no deja de conmoverle ver masas de gente protestando en las calles contra un Gobierno, siempre que el Gobierno no sea de izquierdas. ¿Con quién quedarse? Goytisolo vacila y acaba diciendo tonterías. ¡Jesús, qué izquierda!

Libertad Digital

Triste, solitario y final. Por Gabriel Albiac

NO le digo ahora adiós. Lo dije entonces, cuando, hace menos de dos años, Mikel Buesa inició la derrota que cierra dignamente ahora. Fue el síntoma de que todo iba a venirse abajo. Los partidos recuperaban el control total de lo político, que parecían haber perdido, y que quizá ciertamente perdieron, entre la primavera de 2004 y el invierno de 2007; cuando, por primera vez desde que España es democracia, la gente tomó en las calles el relevo de una casta por la cual se juzgaban estafados. En 2007, Buesa anunciaba su ingreso en el partido nuevo de una vieja aparatchiki del PSOE a punto de perder el sueldo del cual vivió en los últimos treinta años. Vi en aquello un error, entonces. Ahora, cuando Buesa decide volverse a casa, es ya tarde. No hay remedio. Los partidos recuperaron el control. De todo. Y el ciudadano entró en el tibio redil tras sus pastores. Lo peor sucede siempre: es una ley de la materia.

Por eso fascinaba tanto el movimiento ciudadano hace cuatro años. Por eso era preciso aniquilarlo. Los partidos políticos son una maldición inseparable de la democracia: quizá su precio más oneroso y su perversión moral más repulsiva. Pero algo hay que pagar por este, que es, pese a todo, el menos doloroso de los sistemas políticos hasta hoy conocidos: el único en el cual, por lo menos, el pago de brutales impuestos compra el primordial derecho a atrincherarse en lo privado y mandar, desde allí, al Estado a hacer puñetas. Los que hemos visto otros tiempos y otros sitios, sabemos hasta qué punto esta minucia es el mayor lujo. No dan para mucho más las sociedades humanas. Y allá donde un mundo es bastante inteligente -y suficientemente rico- para pagarse una vida mínimamente agradable, no persigue ya siquiera librarse de la parásita casta de sus políticos. Acota sólo lo que es conveniente pagarles para que no molesten. Y fija, en paralelo, las redes de comunidad que permitan al ciudadano relacionarse con sus iguales y despreciar con sosiego a aquella mala gente necesaria, a la cual mantenemos para que carguen con el trabajo moralmente más sucio. La libertad real de un país se mide por el índice de autonomía de la sociedad respecto de lo político; y por la intensidad de su hastío hacia partidos y Estado.

Aquí nunca existió eso. Ni antes, ni durante, ni después de la dictadura. El Estado, en la España del siglo veinte, absorbe todo. Y los partidos tienen, como objetivo primero, quebrar alma y libertad de quienes pagan sus cuentas. Es el mundo al revés. Pero viene de tan largo, que ni siquiera ya percibimos la amputación anímica que toma aquí nombre de democracia. Y es cierto que es menos malo eso que una dictadura. Pero, ¿puede llamarse democracia? Sólo muy analógicamente. Por eso, cuando el Foro Ermua sacó a la gente a la calle con objetivos y lemas que eran abiertamente odiosos a los partidos, cosechó un éxito tan inesperado. Fue una fiesta. Al fin la ciudadanía, pensamos algunos. Lo pensaron también los dirigentes políticos. Y entendieron que había que aniquilarlo. La más inteligente fue, desde luego, Rosa Díez: hacer de aquel grito de rechazo contra los partidos matriz para otro partido más, revela un cinismo político sin duda brillante. Buesa fue rehén de aquel proyecto. Se equivocó. ¡Tantas veces nos equivocamos todos! Le honra haberlo constatado ahora. Y haber tenido el vigor de abandonar. Y a mí me pasa como al protagonista de cierta novela negra, que no acierta a formular su despedida, porque eso sucedió hace mucho: «No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final».

ABC - Opinión

Del Estado raquítico al Estado anoréxico. Por José García Domínguez

«Motu propio nada tenía que decir el estadista presunto sobre la prohibición del español en un rincón –teórico– de España. En eso, don Mariano nos ha salido a Franco: él tampoco se mete en política. Jamás.»

Es tradición. La derecha, tan gallarda cuando toca perorar sobre la patria acodada en las trincheras de Madrid, se rila en cuanto pisa Barcelona. Apenas atisban El Prat, feroces leones indómitos y temibles legionarios de la causa hispana, de súbito, se transmutan en inofensivos conejitos de peluche. Y no digamos al llegar a la Plaza de Cataluña (Catalunya para los creyentes).


Tanto da entonces que se trate de políticos, rutilantes estrellas del periodismo o intelectuales más o menos orgánicos: se arrugan todos con una diligencia que haría las delicias de Adolfo Domínguez. Así, Rajoy, que ha aprendido a conducirse por territorio comanche aplicando aquella máxima de supervivencia tan cara a los quintos de provincias en la mili: pasar lo más inadvertido posible, en todo momento, bajo cualquier circunstancia, siempre. De ahí su heroico "No me han preguntado" a cuenta de la Ley de Educación de Cataluña . Y es que motu proprio nada tenía que decir el estadista presunto sobre la prohibición del español en un rincón –teórico– de España. En eso, don Mariano nos ha salido a Franco: él tampoco se mete en política. Jamás.

Así las cosas, sólo resta que hagan pública de una vez la inapelable sentencia del Constitucional contra la Constitución. Atajo vergonzante por medio del cual habrá de cerrarse el largo ciclo que diseñaron los dos gobernantes más sobrevalorados de la Historia de España, Cánovas y Adolfo Suárez. Muy loado fundador del Estado raquítico, el uno; no menos nefasto precursor del Estado anoréxico, el otro. Y en medio de ambos promotores de la nada, del poder reducido a mera ausencia, el catalanismo ocupando ese inmenso espacio libre regalado a su cotidiana labor de zapa.

Las naciones, todas, sin excepción, han sido creaciones de los Estados, no viceversa como presumen los simples. Por eso, consumada la secesión sentimental, la expulsión del castellano se antojaba imprescindible al Estado catalán en gestación con tal de apuntalar la nació en las mentes bajo su soberanía. Y al fin, lo han conseguido. Cuentan los cronistas del Desastre del 98 que el honrado pueblo, indiferente, lo celebró en los toros. Hoy, apenas un siglo y pico después, las portadas de la prensa patria las monopoliza Barcelona. No es para menos: José Tomás, soberbio, ha triunfado en La Monumental.

Libertad Digital - Opinión

El juego de la bandera. Por Félix Madero

HEMOS dado por bueno que a político puede llegar cualquiera, que quien viva del presupuesto no incordie y cree problemas. Ocurre que los que mandan desarrollan autoridad y destreza para complicarnos la vida. Veamos: el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, se ha parado en el peor tiempo posible, el del perdedor. Desde esa visión se dedica a organizar excursiones al monte Gorbea porque antes unos militares colocaron una bandera española. Olvidémonos de que la ikurriña es la bandera del PNV, y que la hizo bandera de la patria vasca, que es una forma de confundir lo público con lo privado. O no lo olvidemos, mejor, repararemos en el disparate de la bandera que tan entretenido tiene a Urkullu. Cuando sólo queda eso no hay otra cosa que sentimientos. Y con eso no se gobierna, ni se hace oposición, ni se puede trabajar. Y menos ganar.

El despiste le lleva a decir tonterías como que el País Vasco no es Perejil. Y miren ustedes, con la ley en la mano, es lo mismo. Son territorios de España, como lo son Madrid, Sevilla o La Puebla de Almoradiel, que está en Toledo. En esto gasta el tiempo, en lo innecesario, en lo evidente, y no precisa de explicación. Otra cosa es que entre sus huestes haya quien tire de bandera, llene la hortera con una tortilla española -¿perdón?- y se vaya de excursión. En este mundo de disparates, en el que acaso el mayor sea dar marchamo de democrático a una parte del nacionalismo que no lo es, lo excepcional es que el PNV convocara una marcha en contra del terrorismo de ETA. Estaría bien el flamear de ikurriñas para una causa como esa. Y ya ven, es tan imposible como necesario.

Deje Perejil en paz, que de sobra sabe que hace trampas con la comparación. Díganos, Urkullu, qué le parece la detención del aparato militar (?) de ETA en Francia que ayer conocimos. Diga qué piensa del jefe de este grupo, Asier Borrero. Diga qué va a hacer para recuperar el poder, qué para contener a aquellos de los suyos que piden lógica y modernidad a un partido que todavía se desenvuelve entre el mito y la leyenda.

Ahora la bandera entretiene a unos cuantos. Hoy lunes vuelvo al Eclesiastés: Stultorum infinitus est numerus, el número de los tontos es infinito. Lo dice la Biblia.

PD. En el momento de enviar esta colaboración a ABC salta la noticia: Zapatero asegura que prorrogar Garoña fue decisión autónoma y al margen de grupos económicos. Les remito de nuevo al Eclesiastés. Y les recuerdo otra vez que es la Biblia quien lo dice. ¡Por favor, no disparen contra el pianista!

ABC - Opinión

Euskadi, más que Perejil, es un trébol de cuatro hojas. Por Javier Ybarra

El presidente del PNV ha encabezado una romería nacionalista hasta la cruz del monte Gorbea para desagraviar a la ikurriña, una bandera que más que convivir en armonía, compite con la bandera española en soberanía y en afectos populares y corre el peligro de padecer algún tipo de psicopatía según sea quien la acarree sobre los hombros: Patxi, Urkullu, Basagoiti o Arnaldo. Euskadi no será Perejil pero parece un trébol de cuatro hojas muy mal avenidas.

La ikurriña de Arnaldo, por ejemplo, sueña con que un día ondeará en solitario y , como les ocurre a sus simpatizantes de Aralar, EA y Batasuna, vive en trance permanente, en ese estado irreal que alcanzan los fumadores de opio cuando experimentan visiones. La ikurriña que enarbolan los abertzales sueña con que llegará el día en que los soldados del Ejército de España no podrán pasear sus uniformes invasores por la tierra vascongada porque, en lo alto de sus cumbres y edificios oficiales, solo será la ikurriña la que ondee bajo una lluvia de sidra y txakolí, el nuevo sirimiri.


En cambio, la ikurriña que enarbolan Urkullu y sus correligionarios del PNV es bastante más realista por mucho que juegue el papel que desempeñan la picardía y la teatralidad a la hora de captar simpatizantes para la causa sabiniana. La ikurriña del PNV cumple su papel pero sabiendo que Antón Irala, el que fuera brazo derecho del lehendakari Aguirre y padre del actual presidente de la BBK, tenía razón cuando decía que “no hay nada más españolista que pedir la independencia de Euskadi”.

Cuando los peregrinos del PNV alcanzaron la cumbre del Gorbea, su líder, Urkullu, recordó a sus muertos. “Estas colinas”, dijo, “están regadas con la sangre de los gudaris”. No quiso recordar que, en ese mismo monte, también perecieron muchos vascos que se sentían españoles y pelearon contra sus hermanos nacionalistas para impedir que prosperase la independencia. En las estribaciones del Gorbea, por ejemplo, los terroristas de ETA mataron a mi padre, tras haberlo tenido secuestrado en una cueva durante treinta días.

Desde que Francisco Javier López Álvarez, Patxi para los amigos, se encumbrase a la lendakaritza, la ikurriña oficial, la que ondea en los organismos públicos, se ha naturalizado española y se le ha visto vibrando de emoción con la selección española de fútbol y ahora, desde las carreteras francesas, anima a Alberto Contador en su carrera hacia el pódium de París. Si la ikurriña fue una bandera inventada por Sabino Arana, ahora nos pertenece a todos los vascos. Algo parecido ocurre con la palabra Euskadi.

Euskadi es un término inventado por Sabino Arana. Hasta que él introdujo esa palabra nueva, el País Vasco se llamaba en vascuence Euskalerría, tierra de los euskaldunes. Pero a Sabino la palabra Euskalerría no le gustaba porque los euskalerriakos fueron unos románticos que, tras el final de la segunda Guerra Carlista, aunque acataban la Constitución, clamaban por la restauración foral.

Cómo se inventó el término Euskadi

Fue tras la muerte de su fundador, Miguel Sagarmínaga, cuando la Sociedad Euskalerría se deslizó hacia el nacionalismo. Y así, para no tener que emular a los euskalerriakos, Arana inventó la palabra Euskadi a la que Adolfo Suárez le otorgó rango constitucional creyendo ingenuamente que sería ella la que, desde los aires revueltos del polvorín vascongado, obraría el milagro de la reconciliación. Y así, a la raíz euskaldún de Euskalerría, Sabino Arana le incorporó la desinencia adi que significa reunión. De ese modo, la palabra Euskadi nació con el germen de la animadversión hacia España, lo mismo que la ikurriña.

Pero, ahora, tanto esa palabra nueva de raíz euskaldún como la bandera que le representa asisten con normalidad al cambio generacional y político, y ven en Patxi López al Unamuno y al Baroja del siglo XXI, los mantenedores de la conciencia nacional española en el País Vasco, mientras Urkullu va pareciéndose cada vez más a él mismo e incluso a Cambó y su Lliga Regionalista; cada vez menos independentista y algo más Irala.

Menos mal que la mamba verde, la serpiente más mortífera del País Vasco, la víbora de ETA, va desapareciendo de las cuevas pirenaicas gracias al increíble acoso policial. Y menos mal también que la bandera que exhiben los terroristas cuando salen de sus guaridas, no es siempre la ikurriña. Pobre ikurriña. Posee tantas personalidades diferentes que no sería de extrañar que acabase internada en un manicomio, preguntándose con ansiedad y desorientación cuál de ellas será en realidad: la de Patxi, la de Urkullu, la de Basagoiti o la de Arnaldo.

el confidencial - Opinión

Aún quedan relevos necesarios. Por Fernando Jaúregui

Cuando las cosas no van bien, se impone un relevo. Más allá de que quien empieza a constituir una carga tenga o no una conducta moralmente idónea. Es lo que decidieron de común acuerdo el Gobierno y el interesado a la hora de buscar un nuevo director para el Centro Nacional de Inteligencia. Es lo que ocurrirá con los "segundos escalones" del CNI, a partir de esta semana. Y es lo que debería ocurrir en otros niveles del Gobierno y en algunos partidos de la oposición, comenzando por el PP. Hacen falta algunos cambios de caras, lo que, en el caso del Ejecutivo comandado por Zapatero, no deja de resultar curioso, porque la remodelación gubernamental se produjo la pasada semana santa, hace apenas tres meses; pero ya se constata que hay piezas en el Gobierno que no encajan.

Ha habido más de un suspiro de alivio tras la sustitución de Alberto Saiz por el general Sanz Roldán al frente de los servicios de Inteligencia españoles. Ahora, dicen todas las fuentes, toca acometer relevos secundarios en personajes tan poderosos en el Centro como el director operativo, coronel Francisco Montes, o la directora de Inteligencia, la filóloga Raquel González, entre otros. Yo diría que "la Casa" se va a ver sacudida, porque entre los planes de Sanz Roldán también figura, se asegura, la sustitución de la secretaria general, Elena Sánchez, con lo que toda la cúpula del "albertismo", incluyendo su jefa de Gabinete, una periodista toledana llamada Mercedes Pérez, será relevada en breve.

Fin de ese capítulo, porque lo cierto es que la llegada del general Félix Sanz Roldán se ha visto acompañada de numerosas muestras de satisfacción, incluido el PP, pese a que Zapatero desdeñó consensuar con este partido el nombre del nuevo jefe de los espías. A Rajoy, si ganase las próximas elecciones y fuese investido presidente, le tocaría gobernar con Sanz Roldán en el CNI durante dos años, salvo sobresaltos.

Otra cosa es cómo anda el Gobierno. Lo peor de la crisis del CNI es que ha evidenciado algo que hasta ahora apenas se susurraba: que hay divergencias entre algunos de los personajes que se sientan en el Consejo de Ministros, como la vicepresidenta primera y la influyente ministra de Defensa, por ejemplo. Además, en el Gobierno hay zonas que marchan mejor (Economía pese a todo, Exteriores, Interior, Sanidad) y otras que lo hacen bastante peor; a estas alturas, Zapatero, y el propio afectado, deben de estar muy arrepentidos de haber propiciado la ida de Manuel Chaves a Madrid para encarnar una inoperante vicepresidencia tercera. De la misma manera que no funcionan ni el Ministerio de Cultura ni otros que, como el de Igualdad, vienen de tiempos anteriores.

También se ha revelado como un error la salida de Ramón Jáuregui del grupo parlamentario: por muchas cualidades políticas que tengan Alonso y el delfín Madina, que las tienen, aún les falta recorrer un trecho para llegar a la veteranía política del hoy ya eurodiputado. Así, el funcionamiento de las dos principales ruedas del engranaje político del poder sería mejorable, como lo sería el de la "tercera pata", el partido, el PSOE, que, aun con una persona de la valía de Leire Pajín al frente, se resiente del alejamiento del imaginativo y correoso José Blanco, que parece estar contentando a todos con su labor en el decisivo Ministerio de Fomento.

No creo, por supuesto, que Zapatero se atreva a forzar ahora otros cambios en el Gobierno, en el partido o en el grupo; no de manera inmediata, al menos, aunque sí es más que probable que lo haga el año que viene, para reforzar a su equipo ante las importantes elecciones locales y autonómicas de mayo de 2011. Ahí se lo juega todo, y tiene que mover peones, incluyendo candidatos a las presidencias autonómicas (Rosa Aguilar "suena" para Andalucía, por ejemplo).

Sin ánimo de repetir lo que es ya un tópico, pienso que en el principal partido rival, el Popular, Mariano Rajoy, que ya no puede ni enfrentarse a los periodistas que le preguntan por el tesorero Bárcenas, tendrá que tomar una determinación ya, sin esperar a la tregua vacacional. Sus dilemas son menores que los de Zapatero, pero también menor es su capacidad de resolución, y Bárcenas sigue enseñando papeles que teóricamente le liberan de responsabilidades dolosas. Lo malo es que el daño, para el PP, ya está hecho, y aumenta cada día que Bárcenas pasa en su despacho de la desde de la calle Génova.

Periodista Digital

Comienza la purga

Los halcones iraníes han ganado el pulso a la calle. Pero el régimen ha perdido la legitimidad.

La calma dinamitada por unas elecciones fraudulentas ha vuelto a las calles de Teherán. La represión del régimen teocrático adopta ahora formas más específicas, de purga. Se detiene a centenares de activistas, a ciudadanos corrientes, a periodistas o defensores de los derechos humanos, se intimida, se cortan las comunicaciones. Los medios al servicio del poder viran hacia registros tan burdos como supuestas confesiones de agentes extranjeros.

Los ultraconservadores presentan sin ningún pudor la revuelta que siguió al 12 de junio, que llegó a sacar la calle a dos millones de personas y se cobró una veintena de vidas, como un compló de Occidente para imponer en Irán una revolución de terciopelo. Por ese camino fue la detención de miembros de la Embajada británica y la amenaza de juzgarlos, que motivó la llamada a consultas de los embajadores iraníes ante la UE.


Mahmud Ahmadineyad, el extremista abrumadoramente reelegido, mantiene el cargo después de que el Consejo de los Guardianes, a las órdenes del sumo sacerdote Alí Jamenei, decretara finalmente que la votación fue transparente. Pero no cuenta con todas las bendiciones: una de las principales asociaciones de ulemas, la de Qom, ha cuestionado el resultado de las elecciones, y en las calles ha perdido la legitimidad, que es la del régimen que le ampara, a los ojos de millones de iraníes.

El Irán de hoy ya no es el de hace tres semanas, aunque las consecuencias de ese cambio afloren con ritmo diferente del vértigo occidental. El 12 de junio no sólo ha liquidado el mito de un poder revolucionario y teocrático por consenso. Ha abierto también un foso, que tiene mucho de generacional, entre quienes se sienten engañados -y arriesgaron o perdieron sus vidas en las protestas- y sus gobernantes. La grieta se extiende a la propia vieja guardia de la revolución jomeinista.

Algunos de sus notables adscritos al campo reformista, caso de los ex presidentes Jatamí o Rafsanyani, proclaman su lealtad a la República Islámica y desaconsejan la continuación de las protestas mientras intentan negociar un compromiso. En la medida en que la votación fue una lucha por el poder entre facciones, han sido los halcones del régimen, no los acusados de reformistas, los auténticos instigadores de la gran crisis.

El argumento central en torno al que gira el proceso iraní es la normalización con EE UU, un paso decisivo por sus consecuencias de toda índole para un régimen que se mantiene desde hace treinta años en la autarquía política. Ni Jamenei, ni Ahmadineyad, ni el aparato que los cobija estaban dispuestos a que las urnas encargaran a un moderado, aunque fuera un tibio como Musaví, romper el gran tabú.

Barack Obama necesitará ahora un cuidado exquisito para que su planeada apertura a Teherán no sea vista como una traición a quienes tanto arriesgaron en nombre del más elemental mandato democrático y a su reivindicación de que sus votos fueran contados limpiamente.

El País - Editorial

Ofensiva clave en la guerra contra los talibán

La muerte del oficial británico de mayor graduación y la ofensiva de Obama con 10.000 marines al asalto de Helmad, confirman que Al Qaeda no es un enemigo fácil.

TAN SÓLO tres días después de que cayera en Helmad el oficial británico de mayor graduación muerto en combate desde la guerra de las Malvinas, otros dos soldados de Reino Unido perdieron ayer la vida en esta provincia del sur de Afganistán. Por otro lado, 16 empleados de una empresa de remoción de minas han sido secuestrados. Todo indica que el incremento de bajas en la lucha contra los talibán no ha hecho más que comenzar, lo que pone de manifiesto el alto precio que están dispuestos a pagar los aliados para culminar con éxito la mayor ofensiva militar terrestre en este país asiático desde que comenzaron las operaciones en 2001.


El pasado jueves Obama lanzó a 10.000 marines al asalto del bastión talibán de Helmad, una zona en la que ya hay desplegados cerca de 8.000 soldados británicos. Esta operación de gran alcance responde al cambio de estrategia en Afganistán prometido por el presidente de EEUU. Los aliados toman la iniciativa tras ocho años que sólo han servido para constatar que Al Qaeda no es un enemigo fácil, así como el hartazgo de la opinión pública occidental ante lo que parece un conflicto sin solución. Washington y Londres saben que del éxito o fracaso de esta ofensiva puede depender el curso de la guerra y han optado por la estrategia más eficaz para acabar con los talibán, pero tal vez por la más arriesgada a corto plazo.

Obama prometió una mayor implicación en Afganistán y la combinación de las acciones militares con la reconstrucción del país. En este sentido, la ofensiva de Helmad responde a varios objetivos. Por un lado se trata de limpiar la región para dirigir los ataques hacia la provincia de Baluchistán (Pakistán), donde la inteligencia aliada sitúa a la cúpula de Al Qaeda. Por otro, estadounidenses y británicos tratan de complementar las acciones del ejército de Pakistán, que hace dos meses inició su propia ofensiva en su frontera con Afganistán, con el objetivo común de dificultar la principal baza de la insurgencia: su continua movilidad en un terreno muy dificultoso, una táctica que les ha permitido resistir los embates de una organización tan poderosa como la OTAN. Además, Helmad es la principal región productora de amapola de Afganistán y los aliados quieren dejar a los rebeldes sin su principal fuente de financiación: el tráfico de heroína. Los mandos han decidido reducir al máximo los ataques aéreos, que tantas bajas inocentes producen y tanta animadversión crea hacia las tropas internacionales, y apuestan por llevar a cabo ocupaciones de larga duración para ganarse la confianza de la población civil. De ahí que la ofensiva de Helmad podría convertirse en la primera de una serie de operaciones sucesivas en distintas zonas del país de aquí a las elecciones del próximo 20 de agosto. La OTAN necesita consolidar la influencia de las autoridades de Kabul, así como su implicación en la estabilización del país, siguiendo un modelo muy similar al de Irak. Más allá de las objeciones que merece el Gobierno de Hamid Karzai por su corrupción y alianzas con los señores de la guerra, conseguir una alta participación en el proceso electoral es un objetivo importante para articular un Estado que se haga cargo del control de las zonas rebeldes.

La ofensiva de Helmad responde pues a una estrategia audaz para golpear a Al Qaeda en su feudo talibán, por más que el compromiso de la mayoría de los países de la UE -a excepción de Reino Unido y Polonia- sea testimonial. España sólo contribuirá con un contingente de 450 soldados, para garantizar el proceso. Así las cosas, la cuestión es ponderar hasta qué punto EEUU y el Reino Unido podrán sostener una ofensiva de largo alcance para ocupar y pacificar un país en el que históricamente todas las potencias han fracasado.

El Mundo - Editorial