viernes, 2 de abril de 2010

Las miserables palabras de Cayo Lara

La única doble vara de medir es la que la izquierda de este país demuestra cada vez que habla de derechos humanos, que para ella sólo pueden ser violados por dictaduras de derechas, o democracias como la estadounidense.

La autoproclamada intelectualidad progresista de España dejó claro su doble rasero con las miserables declaraciones del actor Willy Toledo, despreciando al preso político cubano Orlando Zapata poco después de su muerte, hechas en un acto en solidaridad con el Sáhara Occidental. No hacía mucho tiempo, todo la izquierda –y la derecha– había apoyado las reivindicaciones de Aminetu Haidar, en huelga de hambre como Zapata, pero por una causa distinta. Sus reivindicaciones, por lo que se ve, le parecían a nuestra izquierda mucho más justas que la lucha que llevan librando desde hace más de medio siglo quienes se rebelan contra la tiranía cubana.

Sin embargo, es cierto que el actor no representa a nadie, al menos oficialmente, de ahí que hubiera quien creyera algo exagerado darle tanta importancia a lo que pudiera decir. Pero desgraciadamente, la repulsa tenía no sólo razones morales para elevar el tono, sino también políticas, ya que sus ideas totalitarias son compartidas por demasiados españoles. No ha tardado demasiado el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, en darnos la razón.

El coordinador federal de IU ha defendido a Toledo, a quien ha definido como una persona comprometida con los derechos humanos y la causa cubana; es decir, castrista. Ha defendido también al Gobierno de Hugo Chávez, responsable no sólo de cobijar a fugitivos etarras sino de colocarlos en su Ejecutivo. Y, por supuesto, ha defendido a la tiranía cubana, echándole la culpa de todo lo malo que acontece en la isla-cárcel a Estados Unidos.

Pero Cayo Lara ha ido aún más lejos, burlándose del sacrificio de Guillermo Fariñas, dispuesto a morir por la misma libertad que desprecia el dirigente comunista. Y ha vuelto a recurrir a la consigna de echar balones fuera, afirmando que existen tanto otras injusticias y violaciones de derechos humanos en el mundo como una supuesta "doble vara de medir" que perjudicaría a Cuba, que sería poco menos que una víctima inocente del imperialismo yanqui.

En realidad, la única doble vara de medir es la que la izquierda de este país demuestra cada vez que habla de derechos humanos, que para ella sólo pueden ser violados por dictaduras de derechas, o democracias como la estadounidense, principal responsable de la caída de su añorada Unión Soviética. Con ello demuestran que la libertad no tiene en su visión más que un valor meramente instrumental: es buena mientras sirva a sus fines y un mero obstáculo a retirar cuando no es así.

No cabe duda de que todos los Estados del mundo han cometido violaciones de los derechos humanos en alguna ocasión. Pero, por más que nos quieran enredar con ese argumento, lo cierto es que no es lo mismo una mancha en un traje blanco que ir completamente vestido de negro.

Mas, en algo sí debemos darle la razón a Cayo Lara. El problema, ciertamente, es que existe una doble vara de medir. La que califica de "derecha extrema" al PP cuando la extrema derecha realmente existente cuenta con una presencia meramente testimonial, tanto en las urnas como en la vida política española. La que, al mismo tiempo, beatifica a una extrema izquierda que rozó el millón de votos en las elecciones generales de 2008 y se muestra siempre dispuesta a perdonar los crímenes de los dictadores de su cuerda y justificar sus tropelías. Una hemiplejía moral a la que ningún demócrata de verdad debería dejar pasar ni una.


Libertad Digital - Opinión

Radiografía del pesimismo

LA última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que la preocupación de los españoles por el paro ha llegado a un nivel histórico, al situarlo el 82,9 por ciento de los encuestados como el mayor problema actual de España.

Hace un año, la misma encuesta reflejaba que los españoles que consideraban el desempleo de esta manera alcanzaban el 76,1 por ciento. Pero el dato que más radiografía el pesimismo ciudadano sobre la situación, y que más concierne a Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, es que en marzo de 2004, cuando aún gobernaba el PP y ya se habían celebrado las elecciones generales, los encuestados que señalaban el paro como el principal problema eran el 51,7 por ciento. Este balance de los dos mandatos socialistas -y aun cuando falten dos años para los próximos comicios generales- pesa como una losa sobre las expectativas a medio plazo, porque si el 76,8 por ciento de los encuestados piensan que la situación económica es hoy mala o muy mala -en marzo de 2004 sólo el 14,3 por ciento tenía esta opinión -, el 37,4 por ciento cree, frente al 21,1 por ciento, que las cosas irán a peor en los próximos meses.

Este pesimismo se retroalimenta por la desconfianza en la clase política, tercer problema nacional, según los encuestados, por detrás del paro y la crisis económica. El dato es nefasto para una sociedad que necesita ilusión y liderazgo para afrontar los sacrificios que exigirá la recuperación de la economía. Si el sistema de partidos y el Gobierno no inspiran confianza, es imposible que los ciudadanos vean en el horizonte motivos de optimismo. Y lo peor de todo es que la realidad explica esta actitud sombría de los ciudadanos, a la vista de las nuevas previsiones a la baja del Banco de España sobre la evolución del empleo y el crecimiento económico.

La percepción de ineficacia del Gobierno se contagia al sistema político en su conjunto y contamina la regla de la alternancia porque la oposición es vista, injustamente, como coprotagonista de la falta de soluciones a la crisis. Este efecto perverso de la gestión del Ejecutivo -sin ideas, sin ofertas- amenaza con separar a los ciudadanos de sus instituciones. La respuesta puede ser la abstención, por lo que la encuesta también es una advertencia al PP para que su estrategia de oposición se diferencie claramente de la imagen obstruccionista que presenta el Gobierno. El barómetro del CIS retrata a una sociedad que necesita imperiosamente una alternativa política.


AbC - Editorial

jueves, 1 de abril de 2010

La mediocridad moral contra Jesús Neira. Por Cristina Losada

Resultó que el héroe no se ajustaba al molde. ¡Parecía de derechas! Ello arrojaba nueva luz sobre su acción. Había sido el típico acto de un machista. De un hombre patriarcal y protector. No había salvado a una mujer movido por convicciones feministas.

En un principio, se le tomó por un héroe. Rescatar a una mujer de la agresión de su pareja, recibir golpes que a punto estuvieron de matarle y pagar por tal coraje cívico con más de ocho meses de hospitalización, parecía digno de encomio, de premio y de obtener la consideración de ejemplar ciudadano. Oh, ingenuidad de ingenuidades. Las cosas ya no van así en España.

Mientras aún estaba en coma, la telebasura encumbró a la desagradecida mujer por la que había arriesgado la vida. Su defensa cerrada del agresor y su rencor hacia Neira sembraron las primeras dudas. Las dudas mutaron en sospechas en cuanto el profesor salió del grave trance y comenzó a hacer declaraciones. Resultó que el héroe no se ajustaba al molde. ¡Parecía de derechas! Ello arrojaba nueva luz sobre su acción. Había sido el típico acto de un machista. De un hombre patriarcal y protector. No había salvado a una mujer movido por convicciones feministas. Mal asunto.


Pronto cruzaría Neira esa frontera sutil que separa la condición de sospechoso de la de culpable. El Partido Socialista de Madrid ha pedido su cabeza. Alega razones curiosas. Como escribir un libro. Los socialistas piensan que los libros son peligrosos. Su dirigente cree incompatible criticar la Constitución en letra impresa y ocupar cargos públicos. Dígaselo a Zapatero, a ver si, de una vez, expulsa a los proetarras de los ayuntamientos. Y a los de ERC y del BNG y a cuantos rechazan y hasta desacatan la Carta Magna, al tiempo que son grandes amigos y aliados de su partido.

Todo ello hace ruido, pero no es más que la espuma. La ruindad de costumbre. El proceso de la destrucción civil de Neira no hubiera tenido lugar sin la existencia de una ruindad más profunda. No se le condena sumariamente por no ser de izquierdas ni feminista ni por criticar al PSOE. El pecado capital de Neira consiste en haber sobresalido en el piélago de la mediocridad moral como un raro islote. Eso sí que es mal asunto. La supervivencia del mediocre moral exige eliminar a quien deje en evidencia su falta de virtudes ciudadanas. Como en la esfera profesional y en la política, el rebaño castiga a los que rompen la grupal atonía. Los héroes no son bienvenidos. Nadie puede ser mejor que nadie.


Libertad Digital - Opinión

Moratinos y su desodorante. Por M. Martín Ferrand

NO recuerdo la marca del desodorante que, según los anuncios de la tele, era capaz de abandonar a sus usuarios en los momentos más comprometedores e inoportunos; pero debe de ser el que utiliza nuestro singular y pintoresco ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Al hilo de la más cacareada que ponedora presidencia semestral española de la UE estaba prevista para la semana próxima una cumbre madrileña entre Cuba y los ministros y cargos del Viejo Continente más atentos a la situación del castrismo y, sin más, el Moratinos de La Habana, Bruno Rodríguez, la ha cancelado sin exposición de motivo alguno. Ya ni en el tercer mundo, en los restos del totalitarismo que tanto aprecian José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro especializado, se toman en serio a nuestro canciller y le ningunean. ¿Será cierto lo del desodorante?

Entre los bastidores del mutis cubano, previo a su aparición en la escena madrileña, quizás influya el que la Alta Representante de Política Exterior de la UE, la laborista británica Catherine Ashton, advirtiera previamente sobre su ausencia a tan esperpéntico encuentro entre un Continente democrático y una isla totalitaria y feroz en la represión de sus díscolos. Muerto Orlando Zapata, en situación límite Guillermo Fariñas y dada la difícil posición de un largo número de cubanos opositores a la dictadura, ¿qué sentido tiene una ceremonia de confraternización, de esas que tanto cultiva Moratinos, con los recalcitrantes líderes comunistas cubanos sino disimular la distancia que mantenemos con los que nos corresponden y convienen?
El semestre europeo de Zapatero, el que según Leire Pajín le convertirá en líder cósmico, va de chapuza en fracaso y de desprecio en desdén. Entre Van Rompuy y Durao Barroso, que tampoco son Spaak o Adenauer, le han comido la merienda -¿y la moral?- a nuestro leonés de cabecera. Primero fue Barack Obama quien declinó el «honor» de copresidir con el socialista español una cumbre EE.UU.-UE y ahora, degenerando, son los cubanos quienes no acuden a la cita española. Algo que no vislumbramos, pero de enérgicos efectos, tiene que envolver a Moratinos -tan sonriente, tan laborioso, tan tercermundista- para que no le sean propicios ni los vientos del este ni los del oeste. ¿Qué tendrá Moratinos, además de un primer ministro, que tanto le aleja de los escenarios internacionales que tan patrullados tiene?


ABC - Opinión

La Dolorosa de Moncloa. Por Jesús Cacho

“No hay una sola reunión de gente del partido a la que asistas y en la que oigas hablar bien de Zapatero…”

Curiosa situación la de un país acosado por una crisis política y económica de gran envergadura y atrapado al tiempo en la paradoja de dos líderes cuestionados, cuando no sencillamente vituperados, dentro de los partidos que dirigen y que deberían ser los llamados a sacar a la nación del atolladero. Como decía The Economist esta semana, “la mayor parte de los españoles no ven que la economía vaya a mejorar en el corto plazo. La fe en la clase política está tocando fondo. Los españoles ven ahora a los políticos como un problema mayor que su vieja pesadilla, el terrorismo”. Los nervios en el PSOE están a flor de piel. “El PSC tiene unas encuestas muy malas, con una abstención del voto socialista brutal. Las catalanas están perdidas, y el único activo que tiene ahora Zapatero en Barcelona es precisamente Montilla…”

Una situación semejante debería obligar al presidente a prescindir cuanto antes de alguno de los miembros del PSC que tiene en su Gobierno, para enviarlo a Cataluña. No son muchos. Como la situación es igualmente comprometida en Andalucía, con tendencia a empeorar, sobran voces cualificadas en el PSOE que hablan de la conveniencia de un adelanto de las generales, un movimiento, sin embargo, tan lleno de peligros para la carrera de ZP que en su entorno lo descartan de plano. Más cerca está la crisis de Gobierno. Algunos han jugado con la posibilidad de que ZP sorprenda esta Semana Santa a los cofrades con la pasión y muerte de Fernández de la Vega, la Dolorosa de Moncloa, que abandonaría la vicepresidencia primera. “Es verdad que dentro del engranaje de Presidencia, la vice es una rueda que ya no hace girar la máquina. Su relación es también pésima con la mayoría del Gabinete, excepción quizá de Chacón y Moratinos, y ello porque ha pisado demasiados callos. Pero yo no creo que haga crisis ahora, sino después de la presidencia de la UE, antes del verano en todo caso. Entre otras cosas porque el presi no sabría qué hacer con María Teresa… ¿Dónde la colocamos?”

El abanderado de la necesidad de hacer crisis se llama José Blanco, el hombre llamado a heredar la vicepresidencia primera, con permiso de nuestro incombustible Pérez Fouché Rubalcaba, presto a disputarle el honor, a pesar de no tener equipo ni haberlo tenido nunca. “La sensación generalizada es que el país está a la deriva”, asegura The Economist, y ello tanto en lo político como en lo económico, con un presidente que, cual náufrago aferrado a un tonel, necesita tiempo y algunos milagros. Su última gran operación mediática orquestada para dar sensación de actividad, los llamados Pactos de Zurbano, se han saldado con un mini paquete de medidas que están muy lejos de las grandes reformas de fondo que un líder consciente de su responsabilidad histórica debería haber adoptado ya hace muchos meses, y probablemente hace ya dos años. Para más INRI, ahora resulta que PP, CiU, IU y UPyD le niegan la foto, asunto de vital importancia para nuestro hombre.

La deuda de Zapatero con Florentino

“Zapatero no va a hacer el ajuste fiscal que necesita este país”, asegura un reputado economista madrileño, “y en estas circunstancias no es descartable cualquier desgracia a la griega. Mira, lo más grave de lo ocurrido aquí en las últimas fechas ha sido la decisión de Santander de pagar el 4% por los depósitos. ¿Qué significa eso? Que los mercados de capitales se pueden cerrar a cal y canto para el sistema financiero español, y que hay que acumular liquidez como sea…” En medio de la galerna que nos aflige, sin embargo, el señor Rodríguez tiene tiempo para ocuparse de pagar letras como la que tiene contraída con Florentino Pérez, presidente de ACS, nadie sabe a cuenta de qué, aunque todos lo sospechan. Años atrás, en la borrachera de dinero abundante y barato, tres grandes constructoras entraron de la mano del Gobierno en otras tantas empresas energéticas. Una de ellas pudo escapar de la aventura con grandes plusvalías, pero otras dos siguen atrapadas en la ratonera con grandes pérdidas, ¡oye, que tú me dijiste que invirtiera…! Y como hay que arreglar ese entuerto, el Parlamento, a iniciativa del PSOE, ha puesto manos a la obra para modificar una ley que permita a Pérez y Del Rivero hacerse con el control de Iberdrola y Repsol y sacar tajada. Fue ZP quien pactó directamente con Pérez la enmienda que lleva su nombre, destinada a acabar con las limitaciones al voto en la sociedades cotizadas, y ha sido Zapatero quien esta semana ha negociado con la muy acreditada Gestoría Durán i Lleida un aplazamiento del asunto. ¿Legislación con nombre y apellido? Más que eso: el presidente del Gobierno cuidando de la cartera de un grupo de menesterosos tan notorio como el citado Floro, los hermanos March y los primos Albertos, sus socios todos. Y en Sacyr, otro pobre de postín como Don Juan Abelló. La vieja y apestosa España de la corrupción perennemente renovada.

Lo que a ZP sí le ha empezado a funcionar es la comunicación. Se nota la llegada a la secretaria de Estado de Félix Monteira, el ex director de Público. La explotación por el Ejecutivo de la última mina que le ha estallado a Mariano Rajoy en su propia casa, Mayor Oreja, así lo acredita. Da la impresión de que en Génova y alrededores hay gente muy principal que no quiere que el gallego alcance La Moncloa y, en consecuencia, se dedica a poner palos en las ruedas de ese tren lento y parsimonioso y frustrante, pusilánime incluso, que pilota a la galaica manera el de Pontevedra. “Algo está pasando en el PP que desconocemos”, sostiene la fuente socialista, igualmente crítica con ZP, “pero dudo incluso que Rajoy llegue a ser cabeza de lista del PP, a menos que dé un golpe de autoridad”. Dos líderes más que discutidos al frente de los dos grandes partidos españoles, o la guinda de infortunio que acompaña a este país en una de sus horas más difíciles: un presidente rebasado por la importancia del reto que le ha tocado vivir y un líder de la oposición que no acaba de emerger como alternativa clara, privando así a tantos ciudadanos del confort que supondría saber que contamos con un relevo fiable a mano.

En Génova siguen aferrados a la vieja estrategia de “no ahondar en las heridas, no entrar de frente a las provocaciones. Aguantar, templar y, si es preciso, mirar hacia otro lado. Lo importante es volver a ese discurso centrado que da las mayorías porque, llegado el día, Mariano presentará su programa rodeado de un equipo a su medida”. Será el momento de ajustar cuentas, incluso con José María Aznar, un tipo que ahora utiliza su ascendiente en el partido como tarjeta de visita para sus negocios particulares, asunto que provoca la irritación de un Rajoy que, sin codearse con Florentinos, March o Abellós, sin ser un hombre del establishment madrileño, se ve obligado, de momento, a callar. Muy complicada tarea la suya: la derecha más rancia le exige que se exhiba cada día pica en ristre, cual caballero templario dispuesto a alancear sin piedad los desmanes del moro Muza leonés, mientras la más templada, esa derecha que aspira a hincarle el diente a las reformas de fondo que el país necesita, para hacer realidad esa España abierta y moderna tantas veces soñada, le pide claridad a la hora de desmarcarse de los Orejas de turno, al tiempo que le exige un discurso contundente en la denuncia de los casos de corrupción.

Y el silencio del PP en el caso Matas

Si la respuesta al primer asunto ha sido tibia, incluso en lo que Cospedal respecta, el silencio que el PP ha mantenido hasta hoy en el caso Matas está siendo francamente decepcionante. No es suficiente, señor Rajoy. A estas alturas no puede usted pedir a la gente que interprete sus silencios, esa ausencia de apoyo a un listo como Jaume Matas. Tiene usted que mojarse y enviar un mensaje claro de regeneración, de compromiso militante de lucha contra una corrupción convertida en la gran plaga de la España de nuestro tiempo. Ya no es tiempo para las componendas: tolerancia cero con los chorizos. Todo ello, naturalmente, en caso de que usted aspire a lograr el respaldo de los españoles. Son muchos los que quieren votarle, pero no están dispuestos a hacerlo en tanto en cuanto usted permanezca agazapado en su hura, rehuyendo salir a la calle a pregonar el discurso de regeneración que una buena mayoría está pidiendo a gritos. Porque para seguir como hasta ahora, para eso ya vale Zapatero.

De regeneración es el mensaje que el Tribunal Supremo ha enviado esta semana en el caso de Baltasar Querido Emilio Garzón, un juez cada día más cerca del banquillo, a pesar de la impresionante movilización en su favor urdida por el Gobierno y el grupo Prisa, un asunto que habla a las claras de la gravedad de la enfermedad moral española. Porque todo el mundo sabe de qué pie/s cojea el Campeador, pero como nos viene bien que siga, nos sirve con diligencia y es uno de los nuestros, hay que evitar a toda costa que lo juzguen, por graves que sean las causas que pesan sobre un hombre acostumbrado a ejercer la investigación penal a su antojo, en las antípodas de lo que Montesquieu definió como “un pouvoir en quelque façon nul”, es decir, un “no poder”, en tanto en cuanto la Justicia está sometida a la estricta aplicación de la Ley. Patética, por eso, la arenga el jueves, en el periódico habitual, de Araceli Manjón-Cabeza, la más estrecha colaboradora de Garzón y a quien Garzón utilizó con profusión en su día para captar información extrasumarial en el caso GAL, relatando el “clamor nacional e internacional sin precedentes que, aglutinando a juristas y no juristas, reclama que se vuelva a la cordura y que se aborte esta persecución, dirigida contra una persona, pero que tendrá demoledores efectos colaterales en la independencia judicial”. Justamente lo contrario, señora, de lo que piensan muchos españoles, para quienes la posibilidad de una Justicia independiente pasa de forma ineludible por la expulsión de la carrera de su querido Rey Baltasar.


El Confidencial - Opinión

España, la mas generosa con Haití. Por Miguel Higueras

Aunque los españoles deben el equivalente a todo lo que produzcan en los próximos cuatro años, se han comprometido a dar a Haití 346 millones de euros y a perdonarle los 27 que ya adeuda.

La promesa de ayuda a Haití que María Teresa Fernández de la Vega ha hecho en Nueva York se asemeja más a la fanfarronada de un pordiosero que a la generosidad de un administrador prudente.

Los españoles, entre ellos los cinco millones que buscan y no encuentran empleo, necesitan que su gobierno sea más lo segundo que lo primero.
Lo que España ha ofrecido en la ONU para Haití representa más del 30 por ciento de lo que los países de la Unión Europea aportarán para remediar los daños que causó el terremoto en Haití.


España, junto a Grecia, Portugal e Irlanda son países europeos que necesitan ayuda para resolver la crisis económica que ha empobrecido a sus habitantes.
Ahora y en el futuro previsible, los españoles parecen más necesitados de ayuda de otros que en disposición de ayudar a los demás.

La población española representa apenas el diez por ciento de toda la población de la Unión Europea, en ingresos por habitante ocupa el decimoquinto lugar y el penúltimo en porcentaje de desempleados.
Con una población siete veces mayor que la de España y un ingreso por habitante que supera en un 50 al de los españoles, el gobierno de los Estados Unidos ha prometido 2.900 millones de euros para ayudar a Haití.

Comparativamente, los españoles son los ciudadanos más generosos del mundo, lo que contradice el dogma de que todos los hombres somos iguales.
El factor que hace diferentes a los españoles de los otros pueblos de la tierra es, evidentemente, el gobierno.

El de España, para bien o para mal de quienes lo han elegido, es mucho más desprendido siempre, naturalmente, que la solidaridad la practiquen con dineros que no son suyos.


Periodista Digital - Opinión

Deberes para el Gobierno

El Consejo de Ministros prevacacional, celebrado este martes, tomó la decisión de recortar drásticamente la oferta de empleo público, de modo que ésta pasa de las 15.084 plazas ofertadas en 2009 a sólo 1.989 para este año; en términos porcentuales, el recorte es del 86,8% y el Gobierno espera ahorrar 280 millones de euros.

No es una medida para presumir, ni agradable, sobre todo porque afecta muy directamente al reforzamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero es necesaria e imprescindible para alcanzar el objetivo de reducir el déficit. Sería absurdo, por tanto, reprocharle al Gobierno esta decisión, la primera que toma de manera palpable desde que envió a Bruselas su plan de estabilidad financiera. Al equipo de Zapatero no le queda otro remedio que seguir esta senda, por más que desagrade a los sindicalistas o no goce del favor popular. Sobre todo después de que el Banco de España le pusiera deberes para que los medite en esta Semana Santa. Los pronósticos del gobernador Fernández Ordóñez para el año 2011 suponen un rectificación en toda regla a las previsiones de la vicepresidenta Salgado, excesivamente optimistas e hinchadas.

Así, mientras el Gobierno estima que el PIB crecerá un 1,8%, el paro descenderá al 18,4% y el déficit se reducirá hasta el 7,5%, el Banco de España augura que el PIB sólo repuntará un 0,8%, el paro subirá al 19,7% y el déficit no bajará del 8,9%. Como puede apreciarse, las diferencias son notables. Ni que decir tiene que las proyecciones del Banco de España coinciden sustancialmente con las del Fondo Monetario Internacional y de la Comisión Europea. Con estos mimbres macroeconómicos no parece que el Gobierno pueda trenzar esa política de recuperación que promete a quien quiere escucharle, ni reducir el déficit en 2013 al 3%, como ha prometido a Bruselas. Con más paro, menos ingresos y un consumo atemorizado, las cuentas no cuadran ni por casualidad. Ésa es la razón por la que Fernández Ordóñez, que no es sospechoso de militar en la oposición, insta al Gobierno a profundizar en su plan de recorte de 50.000 millones de euros. Los meses pasan y el equipo de Zapatero sigue paralizado, sin tomar decisiones de fondo, jugando a crear comisiones para ganar tiempo en espera de no se sabe qué feliz acontecimiento que le evite usar el bisturí del ahorro y de las reformas profundas. Entre ellas la del mercado laboral. El gobernador del Banco de España lo dijo con deslumbrante nitidez este martes, lo cual es de agradecer puesto que ningún dirigente político, ya sea del Gobierno o de la oposición, se atreve a formularlo así de claro: para crear empleo es necesario adoptar un nuevo tipo de contrato único con un despido más barato. La andanada de insultos y groseras amenazas que han llovido sobre Fernández Ordóñez desde el PSOE y los sindicalistas revela que, aun habiendo dado en el clavo, la recuperación económica será imposible mientras los agentes sociales y la izquierda no abandonen la retórica populista. Baste añadir que, según los datos difundidos ayer por Eurostat, España sigue siendo el segundo país con más paro de Europa.

La Razón - Opinión

El consenso de la nada

Mientras el Gobierno pierde un tiempo precioso con maniobras propagandísticas y consensos vacíos, lo que sigue creciendo de manera muy justificada es la preocupación de los españoles por el paro, tal y como muestra el último sondeo del CIS.

Cuando un partido no tiene mayoría suficiente para gobernar resulta forzoso llegar a algún tipo de transacción o acuerdo con alguna formación de la oposición que permita al Ejecutivo sacar adelante la mayor parte de su proyecto. Lo que ha pretendido, sin embargo, el Gobierno de Zapatero con el denominado e inalcanzado Pacto de Zurbano es llegar a un consenso con el mayor número posible de formaciones con el objetivo, no de sacar adelante un plan anti-crisis propiamente dicho, sino más bien de disimular la ausencia del mismo y, sobre todo, blindarse de la crítica haciendo a la oposición corresponsable de la acción del Ejecutivo.

Zapatero convocó, con esa finalidad, a los distintos partidos políticos a los que ofreció un "guión" absolutamente vacío de contenido que provocó la perplejidad y el malestar no sólo del principal partido de la oposición, sino también de las formaciones minoritarias. De hecho, fue el representante de CiU, Duran i Lleida, el que describió de forma más acertada esas reuniones en el Palacio de Zurbano como una "coartada para ganar tiempo". Pese a ello, el Gobierno remitió la semana pasada a las distintas formaciones un documento con 54 medidas contra la crisis que no tenían mayor enjundia que el guión inicial con el se iniciaron las conversaciones, y que, desde luego, no aborda una sola de las reformas estructurales que pide a gritos nuestra economía. La intención del Gobierno era que el resto de partidos firmaran ese documento esta misma semana, pero se ha encontrado con reticencias no ya sólo del PP, sino incluso de las minorías con las que había acordado buena parte de esas medidas.

Ante este descuelgue, el Ejecutivo se plantea ahora la redacción de un documento todavía más genérico, un elemental denominador común, que, al margen de su utilidad para afronta la crisis, le permita al menos hacerse la foto con las fuerzas minoritarias, ganar tiempo y, de paso, acusar al principal partido de la oposición con la absurda y delirante cantinela de "no arrimar el hombro".

Mientras el Gobierno sigue derrochando tiempo en estas maniobras propagandísticas, lo que sigue creciendo, de manera muy justificada, es la preocupación de los españoles por el paro, tal y como muestra el último sondeo del CIS. Precisamente, la ausencia del ministro de Trabajo en la comisión negociadora del Gobierno y, sobre todo, la ausencia de reforma alguna de nuestro rígido mercado laboral en el documento de marras, es una de las características más vergonzosas de este pretendido consenso.

El gobernador del Banco de España, de hecho se ha vuelto a pronunciar recientemente sobre el mercado laboral para volver a reivindicar un abaratamiento del coste del despido a través de un "contrato único" que permita reducir la dualidad entre fijos y temporales de cara a aumentar la productividad. Aunque más le valdría a Fernández Ordóñez dedicarse a poner orden y concierto en el mercado financiero, lo cierto es que las recomendaciones del gobernador, aunque insuficientes, están bien encaminadas. Lo malo es que el Gobierno ha aparcado un asunto tan decisivo como este en la mesa del diálogo social, debido a que los sindicatos no quieren ni oír ni hablar de reforma alguna.

Ahí seguimos, con un Gobierno que no asume sus propias responsabilidades y que pierde un tiempo precioso en pro de un vacío consenso político y social.


Libertad Digital - Editorial

La imposible normalidad con Cuba

LA suspensión de la reunión política entre Cuba y la Unión Europea, que debería haberse celebrado bajo presidencia española, es una consecuencia lógica de la grave situación que ha desencadenado la muerte del disidente Orlando Zapata y la sucesión de huelgas de hambre que otros opositores están llevando a cabo en defensa de los derechos humanos.

El Gobierno cubano está visiblemente molesto con la UE y con los grupos que apoyaron la durísima moción del Parlamento Europeo -incluyendo al PSOE- condenando la represión de los demócratas. Y, por parte europea, no se habría entendido que el ministro español de Asuntos Exteriores se sentase en Madrid como si tal cosa a hablar con el representante de la dictadura cubana, mientras hay personas que están jugándose la vida en La Habana para defender las libertades más elementales. Extraoficialmente al menos, hace tiempo que el Gobierno socialista ha renunciado a su idea de forzar el cambio de la posición común de la UE hacia Cuba porque la mayoría de socios comunitarios no le apoyaría. Ha llegado el momento en que es necesario que lo reconozca públicamente y que renuncie también a proseguir por su cuenta una normalización de las relaciones de España con una dictadura agonizante, tal como ha dicho reiteradamente el ministro Miguel Ángel Moratinos que era su intención.

A la dictadura cubana no se le puede reprochar ninguna falta de coherencia. Los Castro no han engañado nunca a nadie sobre sus verdaderas intenciones de hacer todo lo posible para mantener la integridad del régimen a todos los efectos. Hay que estar cegado por una candidez irresponsable o, en su defecto, por las simpatías hacia una revolución fracasada, para seguir esperando que se produzca el menor indicio de apertura democrática real desde el interior del castrismo. Los síntomas de cambio que algunos creyeron ver en la política de Barack Obama no han sido tales, y todos los elementos en los que se basó el ignominioso abandono de la defensa de los disidentes pacíficos han resultado ser un espejismo de mal gusto. Tal vez a Guillermo Fariñas no le de tiempo a asitir, si el régimen se empeña en dejarlo morir también, pero el próximo 12 de octubre la Embajada de España en La Habana debería volver a invitar con todos los honores a los luchadores cubanos por la libertad, que son a quienes un país democrático debería apoyar. Entre los carceleros y los demócratas, un país decente no puede dudar.

ABC - Opinión

miércoles, 31 de marzo de 2010

El euro, entre la espada y la pared. Por Emilio J. González

Detrás de Grecia puede venir el verdadero gran problema: la España de Zapatero, que se niega a hacer los ajustes económicos y presupuestarios que exige su situación.

La Unión Europea pretende hacer tortilla sin romper huevos y eso es imposible. Después de mucho darle vueltas al asunto, los líderes comunitarios han llegado a la conclusión de que si no salvan a Grecia, el euro, y sus economías, van a sufrir las consecuencias, pero nadie, empezando por Alemania, quiere rascarse el bolsillo para ayudar a unos helenos que han mentido como bellacos en lo referente a la situación financiera del país y pretenden que sean otros, concretamente el FMI, el que ponga sobre la mesa la mayor parte de los recursos necesarios pero sin dictarle a Grecia condición alguna para obtener la ayuda. Por el contrario, pretenden que sea Bruselas quien dicte a los griegos lo que tienen que hacer y, como es lógico, el organismo financiero multinacional ha dicho que naranjas de la China y que quien paga la factura pide la música. Lo cual abre un nuevo periodo de incertidumbre acerca del futuro de Grecia y de la propia unión monetaria europea.

Todo viene porque los alemanes, como es lógico, dicen que sus contribuyentes no tienen por qué pagar la factura de los desmanes de otros Estados, que han querido estar en el euro sin aceptar sus normas de funcionamiento –Grecia– o sin estar preparados para ello –España y Portugal. Tienen toda la razón. Los problemas griegos se los han creado ellos solitos por no hacer sus deberes y, además, engañar a los demás miembros del club del euro. En estas circunstancias, lo lógico sería expulsarles de la moneda única. Lo malo es que los tratados europeos no contemplan semejante posibilidad y para que fuera posible hacerlo, habría que modificarlos, lo que requiere el voto afirmativo de todos los países para hacerlo, incluida la propia Grecia. Pero no parece posible que los griegos vayan a estar de acuerdo con ello y voten a favor de algo así como su suicidio económico, a pesar de que se han dedicado a jugar a la ruleta rusa con sus finanzas.

Esto lleva a una segunda cuestión: si no se puede echar a Grecia del euro, entonces o la Unión Europea la salva, o decimos adiós al euro, lo cual no es tan sencillo. La unión monetaria europea tendrá todos los defectos que se quiera pero si ahora se rompe, lo único que se conseguirá es que los desordenes monetarios reinen en una economía mundial que aún no se ha recuperado de la crisis financiera. Vamos, una situación similar a la que produjo y explica la Gran Depresión. Y todos tienen que perder, y mucho, con semejante escenario, incluidos los propios alemanes. Por tanto, la salida más lógica, guste o no, sería salvar a los helenos. El problema es cómo se explica esto a unos alemanes que, desde el primer momento, vieron con recelo al euro, temiendo que pudiera llegar a suceder lo que ahora está pasando con Grecia, España, Portugal e Irlanda y que tuvieran que ser ellos nuevamente quienes, con sus impuestos, arreglaran las cosas. La canciller Angela Merkel, desde luego, no quiere hacerlo pero, por desgracia para ella, se encuentra entre la espada y la pared: o Alemania acepta que se ayude a Grecia, o se prepara para que los mercados castiguen muy duramente a todos los países del euro y acaben por largo tiempo con los primeros brotes verdes que empiezan a aparecer al otro lado de los Pirineos. Porque si ahora se deja caer al euro, los mercados van a empezar a especular rápidamente contra los países más débiles y a apostar por la ruptura de la unión monetaria, como hicieron en 1992 con la ruptura del sistema monetario europeo que costo a Europa la peor crisis económica desde la del petróleo de 1973. Ahora las cosas en la economía están mucho peor y el golpe, no cabe duda, sería mucho más duro.

A la Unión Europea, por tanto, puede que no le quede más opción que salvar a Grecia. Pero debe hacerlo aprendiendo la lección, esto es, creando verdaderos mecanismos para afrontar este tipo de situaciones y procediendo a una reforma institucional que abarque, incluso, forzar a un país a tomar las medidas que su Gobierno rechaza o la posibilidad de expulsarle del euro si no hace lo que debe. Y la UE debe hacer esto cuanto antes porque detrás de Grecia puede venir el verdadero gran problema: la España de Zapatero, que se niega a hacer los ajustes económicos y presupuestarios que exige su situación.


Libertad Digital - Opinión

No puede. Por Ignacio Camacho

SI Jaume Matas hubiese reunido en 2007 los escasos miles de votos que le separaron de la mayoría absoluta en Baleares, o si la también procesada Antonia Munar no hubiese encontrado mejores socios a los que alquilar su apoyo mercenario, la reputación del PP estaría hoy triturada bajo un escándalo capaz de invalidarlo como alternativa.

La presunción de inocencia del ex presidente balear había quedado pulverizada el lunes con el gélido «si puede» de Rajoy, pero el combativo -y quizá poco objetivo- auto del juez instructor ha acabado reduciéndola a escombros con la contundencia de un martillo de demoliciones. Es tal la cascada de acusaciones y reproches que se diría que de todos delitos de corrupción que puede cometer un gobernante, Matas no ha logrado evitar ninguno. Su arrogancia defensiva sólo ha servido para ponerle cara de presidiario: si evita la cárcel pagando la fianza-trampa de tres millones, habrá confesado la posesión encubierta de un patrimonio ilícito. Ése es quizá el punto moralmente más débil de todo su andamiaje de excusas; ha encontrado alambicadas justificaciones teóricas para los extraños indicios de operaciones irregulares, pero su suntuoso tren de vida plantea preguntas incontestables para quien sólo vivía de un cargo público. En ese sentido, aunque el cruel despecho de Rajoy obedezca a la repugnancia de quien se siente engañado, resulta necesario interrogarse también sobre la perezosa ceguera del Partido Popular ante las manifiestas evidencias de enriquecimiento que rodeaban a uno de sus más destacados dirigentes regionales.

Cómo mínimo, falló la responsabilidad «in vigilando». Durante varios años, la dirección nacional soslayó las sospechas clamorosas de comportamientos deshonestos y abusos de poder en las islas. Había contratas confusas y sobreprecios clamorosos; el presidente se mudaba a un inmueble de superlujo y su mujer pagaba en metálico en las joyerías de la calle Jaume I. Llovía sobre mojado; en los años noventa, Aznar tuvo que cortar la cabeza de Gabriel Cañellas para evitar que su carrera hacia la Presidencia del Gobierno embarrancase en la oscuridad del túnel de Sóller. Lo fulminó en una sobremesa sin dejar caer la ceniza del puro. El liderazgo marianista, en cambio, era tras la derrota de 2004 una confusa amalgama de virreinatos regionales, sin fuerza para imponer soluciones expeditivas. Incluso con Matas fuera de la política, el partido se ha resistido a convencerse de lo que en Mallorca era un secreto a voces, zanjado ahora por Rajoy con la glacial distancia de un desengaño.
Los americanos dicen que si algo anda como un pato, grazna como un pato y tiene pico y plumas, conviene fiarse de las apariencias: lo más probable es que se trate de un pato. El PP ha desperdiciado un tiempo sustancial en agarrarse a la posibilidad de que Matas acabase resultando un cisne. Pero en la vida real los cuentos casi nunca acaban como nos merecemos.


ABC - Opinión

Un puñetazo.... Por Alfonso Ussía

Un puñetazo en la mesa a tiempo arregla muchos problemas. Pero hay que darlo.

No es una acción agresiva ni violenta. El roble, el pino y el castaño soportan el golpe sin pestañear. Hubo un ministro malhumorado y de temperamento volcánico que lanzaba a la cabeza de su subsecretario la Guía Telefónica. No hay que llegar a tanto. Mariano Rajoy es la síntesis de la cordialidad y las buenas maneras. Inteligente, preparado, con un sentido del humor socarrón y gallego, además de tolerante. Pero de cuando en cuando se echan de menos sus puñetazos en la mesa. Un partido político es un lío. El PP funcionó a la perfección como partido cuando su Secretario General golpeaba las mesas y no se casaba con nadie, a pesar de su afición a los matrimonios. Me refiero a Francisco Álvarez-Cascos, al que tanto se añora. Con Álvarez-Cascos, Jaume Matas habría causado baja en el Partido Popular al ser público el menor indicio de posible corrupción.

No se hubiera producido el desfase argumental de los trasvases. Como ha dicho con acierto el Presidente de Murcia, el trasvase Tajo-Segura no es de Castilla-La Mancha a Murcia, sino de España a España. Pero están los intereses electorales y mi apreciada María Dolores de Cospedal combate en dos trincheras enfrentadas, lo cual es un despropósito amén de una extravagancia. A Rajoy le ha fallado el puñetazo en la mesa ante la clamorosa incoherencia de Gallardón y Cobo. Dice Ana Mato que, a pesar de su suspensión de militancia, Cobo puede seguir siendo el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid. Pues no, lo sentimos. Mientras Cobo se encuentre en suspensión de militancia no puede representar al partido en el que no milita. El mantenimiento de su cargo se lo debe a la chulería institucional del Alcalde y al pasotismo de Rajoy. Puñetazo en la mesa, don Mariano. Un asunto, a primeras luces de menor importancia, pero que ha dañado la estética y la ética del PP ha sido el protagonizado por Nacho Uriarte y su control de alcoholemia. Mala suerte. Uriarte es un buen chico y lo que le sucedió puede ocurrirle a cualquiera. Una inoportunidad del destino. Pero tendría que haber dimitido, y de no hacerlo, invitado a abandonar su escaño y su Comisión en el Congreso. Con la única persona que Mariano Rajoy ha dado puñetazos en la mesa es con Esperanza Aguirre, que representa mejor que nadie los valores liberales del partido conservador. Creo que el problema del Partido Popular está en su estrategia de vestimenta. Ese camino hacia el centro es un camino que no lleva a ninguna parte. El complejo de siempre. Un partido de derechas es tan democrático –o más–, que un partido de izquierdas. El PCE no puede dar lecciones de democracia al PP, entre otras razones, porque la Historia demuestra que el comunismo y la democracia, que el comunismo y la libertad y que el comunismo y los derechos humanos jamás han coincidido. El partido Conservador inglés no se define de centro, sino de derechas. Y nos estamos haciendo un lío. El Partido Popular cuenta con el apoyo de más de diez millones de votantes, número que ha aumentado considerablemente, no por los aciertos de sus dirigentes, sino por las gamberradas del PSOE en el poder. Puede ganar las próximas elecciones, pero tiene la obligación de mantener una disciplina y un criterio objetivo y frío en sus adentros. Una cosa es la tolerancia y otra una casa de putas. Rajoy tiene que dar puñetazos en la mesa. La cordialidad, hacia fuera. La firmeza y la contundencia hacia fuera. Los complejos, a la basura. Y en el partido, disciplina, coherencia y aunque resulte desagradable, inflexibilidad con quienes se saltan las normas y reglamentos. Eso, un puñetazo en la mesa.

La Razón - Opinión

Matas que hay que cortar de raíz

Ante imputaciones como las que nos ocupan, la dirección del PP no puede limitarse a animar a sus miembros a defender su inocencia "si pueden", tal y como ha hecho Rajoy en el caso de Matas. Debe cortar de raíz con aquellos de cuya inocencia se dude.

La verdad es que el juez instructor del caso Palma Arena, José Castro, no se ha andado con contemplaciones en su demoledor auto de más de cien páginas en el que imputa al ex presidente balear Jaume Matas doce delitos de corrupción penados con 64 años de cárcel y para el que decreta prisión provisional bajo fianza de tres millones de euros.

Con independencia, no obstante, de si es o no el momento procesal oportuno para que el juez sea tan extremadamente explícito en sus acusaciones, y al margen también de la astronómica cuantía de la fianza –la más alta de las interpuestas a un político por un caso de corrupción–, lo cierto es que el ex dirigente del PP no ha podido hacer la menor refutación, mínimamente seria, a los múltiples indicios que le señalan como presunto autor de siete delitos de malversación de caudales públicos, falsedad en documento oficial, prevaricación administrativa, fraude a la Administración, blanqueo de capitales y un delito electoral.

Ante estos hechos, no podemos más que afirmar, una vez más, que la corrupción no conoce de siglas y que ante esta lacra no sólo es exigible el coraje moral sino reformas que sometan a quienes detentan el poder público al menor número posible de tentaciones. La falta de fiscalización del gasto público y su amplio grado de discrecionalidad es terreno abonado para que los políticos incurran en delitos como de los que se acusa al ex presidente balear y ex ministro de Medio Ambiente.

No menos lamentable es el hecho de que, a pesar de los múltiples y graves indicios contra Matas, la dirección del PP haya esperado a que sea el propio imputado quien este mismo lunes se diera de baja en el partido. Así mismo, resulta impresentable que en la nueva dirección del PP balear, presentada este martes por su presidente, José Ramón Bauzá, figuren cinco ex consejeros de Matas, dos de ellos imputados, como el ex presidente, en casos de corrupción. Se trata de Jaume Font, imputado en el caso del Plan Territorial de Mallorca, que continuará como portavoz en el Consell insular de Mallorca, y el ex consejero de Industria y Energía, Josep Joan Cardona, que será el coordinador sectorial en esta materia a pesar de estar imputado por corrupción en el Consorcio de Desarrollo Económico de Baleares.

Y es que ante indicios e imputaciones como las que nos ocupan, la dirección del PP no puede limitarse a animar a sus miembros a defender su inocencia "si pueden", tal y como ha hecho Rajoy en el caso de Matas. Por el contrario, debe cortar de raíz con aquellos de cuya inocencia se dude.


Libertad Digital - Opinión

Ojalá me equivoque. Por José María Carrascal

OJALÁ me equivoque porque, si no me equivoco, la crisis económica va a ser un catarro comparado con el cáncer que puede llegarnos desde el nuevo Estatuto catalán.

Una crisis económica gira en torno al dinero, poderoso e importante caballero, pero que puede recuperarse si se pierde. O sea, algo ajeno al sujeto, que no lo define ni determina. Una constitución, en cambio, define lo que es una nación, y si la constitución se licua o gasifica, tras ella va la nación. Es lo que tememos ante las noticias que corren sobre la sentencia cocida y recocida del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. Que no nos diga claramente si es constitucional o no. Peor incluso: que nos diga que es y no es constitucional al mismo tiempo, convirtiendo la Constitución española en plastilina, al dejar sus más controvertidos artículos al albur de eso que llaman «interpretación conforme», pura camelancia, pues hay tantas interpretaciones como pareceres, con lo que nos quedaríamos como estábamos, sólo que peor. Es lo que me temo: que se salve el conjunto del estatuto con parches aquí y apaños allá. Un enjuague, una componenda, un chanchullo con la «carta magna» nada menos.

No se puede aceptar el término «nación» en un preámbulo y añadir luego que la constitución no admite otra nación que la española. No se puede aceptar el uso del catalán en todos los ámbitos de la vida pública catalana y aceptar al mismo tiempo que el español es la lengua del Estado, teniendo derecho todo español a usarla y conocerla en todo el ámbito estatal. Dejar puntos como estos al arbitrio interpretativo es puro sofisma e instalarse en el campo opuesto a la razón y al Derecho. O sea, en el de la sinrazón y en el del derecho torcido. Que de ser ciertas las habladurías, es lo que nos espera.

El Tribunal Constitucional tiene sólo una función: decirnos si la conducta de un ciudadano o lo legislado por algún organismo del Estado es constitucional. Pero si nos dice que esa conducta o esa legislación puede ser constitucional o no según se interprete, no nos servirá de nada, ni lo necesitamos a él para nada. Al revés, nos servirá tan sólo para crear más confusión, más frustración, más controversia de la que ya tenemos, y este país tiene ya demasiado de las tres cosas para permitirse el lujo de aumentarlas. Ocurriría lo mismo en un tribunal ordinario, si el juez sentenciase que el inculpado es culpable, pero al mismo tiempo, inocente. Quedando al criterio de cada cual el decidirlo. ¿Se lo imaginan?

Es la consecuencia de haber puesto en la cima de la Justicia española un tribunal político, que mira de reojo al gobierno en vez de tener una venda sobre los ojos para no dejarse influir por las circunstancias. El desprestigio que ha acumulado desde aquella primeriza sentencia sobre Rumasa es inmenso. Pero nada comparable a lo que pudiera ocurrir si decidiese que la Constitución es vasalla de un estatuto. Ojalá me equivoque.


ABC - Opinión

martes, 30 de marzo de 2010

El pastel. Por Ignacio Camacho

DESPUÉS de tres años y medio de injustificables dilaciones en el pleito del Estatuto catalán, el Tribunal Constitucional parece tener casi a punto un veredicto para servirlo sobre la mesa del Estado.

Se trata de un pastel descomunal cocinado con tres requisitos: que no contente a nadie, que no descontente a nadie y, sobre todo, que en su calculada ambigüedad no se entienda demasiado. Lo llaman sentencia interpretativa porque va a subordinar la legalidad del texto estatutario a una especie de sobreescritura redactada por los magistrados, que aceptarán la mayoría de los artículos imponiéndoles cláusulas condicionales. De este modo, su posible colisión con el marco constitucional dependerá del futuro desarrollo en leyes autonómicas, lo que augura una nueva cascada de recursos que a los miembros de este Tribunal ya les pillarán jubilados. El fallo propiamente dicho promete prestarse a todas las variantes polisémicas del término, y puede constituir un monumento jurídico a la plasticidad del Derecho y su adaptación a los hechos consumados de la política.


Esta sofisticada resolución, inspirada por la necesidad de no formar un lío de proporciones cósmicas, pretende dejar las cosas como están y salvaguardar el trámite de la dignidad jurídica mediante un procedimiento de medias ponderadas. Rechazará algunos principios del Estatuto, convalidará otros y dejará los más polémicos -la nación y la lengua, sobre todo- en el limbo de las exégesis de expertos, con la imposible intención de que todo el mundo se sienta al tiempo levemente satisfecho y suavemente decepcionado. Unos hablarán de inconstitucionalidad selectiva y otros de constitucionalidad condicionada, pero al fondo de tanto alambicamiento subyace la evidencia de un enjuague forzado a la medida de los intereses políticos. Al cabo de tanto tiempo de parálisis y de bloqueo el TC ha alcanzado un nivel de desprestigio que a sus componentes ya no les van a afectar en demasía las protestas de amaño.

El acuerdo en ciernes va a contemplar el Estatuto como un edificio en construcción sobre planos deficientes, y su solución consistirá en aceptar con más o menos reparos la parte que ya está edificada según la tesis del mal menor, que es una teoría pragmática y por tanto política. Del resto del proyecto eliminará algunos aspectos vistosos -sobre todo los que afectan a la soberanía judicial, que toca la médula corporativa de sus señorías- y propondrá algunos retoques que no afecten a la estructura. Será inevitable una cierta polémica, un alboroto político y mediático en el que abundarán los reproches de conveniencia, tan cargados de retórica como exentos de rigor jurídico, y luego el expediente languidecerá hasta decaer como se consumen casi todos los debates de una política superficial y volátil. Despejado el horizonte hasta las próximas elecciones, la presidenta del Tribunal podrá rendir cuentas ante quien la nombró con la satisfacción tardía del encargo cumplido.


ABC - Opinión

Cuatro años de Estatut. Por José García Domínguez

El supremo interés del Estado, o sea, la más que prosaica conveniencia inmediata de los socialistas, aconseja que María Emilia Casas continúe bostezando en el limbo.

Sin duda, la consecuencia más demoledora de la aprobación del Estatut en el Parlamento hace hoy cuatro clamorosos años es su absoluta, radical, definitiva inanidad. Y es que de nada ha servido que Zapatero, Guerra, Bono y el resto de sus iguales se prestasen, diligentes, a horadar los cimientos del edificio constitucional con tal de complacer a los catalanistas. Al revés, la virulencia del irredentismo identitario, el insulso plato único que se degusta en la plaza, no ha hecho más que avivarse desde entonces. Algo previsible si se concede que todo nacionalismo romántico, y no a otra calaña obedece el catalán, requiere de la constante tensión dialéctica con el enemigo externo para sobrevivir.

La siempre doliente imaginería victimista, ese permanente desgarro retórico a cuenta de no menos permanentes agravios imaginarios, se le antoja tan imprescindible como el aire que respirar. Así, por paradójico que semeje, el corolario fáctico de aquella renuncia de las Cortes a la soberanía nacional fue la final eclosión del independentismo en las filas de CiU. Esas vistosas performances domingueras del secesionismo rústico, las "consultas" que maquina el folclórico López Tena por orden directa de Artur Mas, constituyen la mejor expresión plástica del fenómeno.

Un sesgo, ése de la radicalización sentimental del catalanismo canónico, que cualquier sentencia del Constitucional no hará más que atizar. Así las cosas, el supremo interés del Estado, o sea, la más que prosaica conveniencia inmediata de los socialistas, aconseja que María Emilia Casas continúe bostezando en el limbo. A fin de cuentas, dirimir la cuestión ahora, es decir, en vísperas de las elecciones domésticas, implicaría desplazar los términos de la disputa partidaria hacía el terreno en el CiU siempre habría de ganar.

Salvo en la muy inverosímil hipótesis de que el Tribunal asintiera ciego y mudo a la literalidad del texto, toda enmienda suya abocaría el debate hacía el campo semántico de la confrontación con esa entelequia metafísica llamada "Madrit"; el peor escenario posible para el PSC; el que lo empujaría a un callejón sin salida, forzado a la parálisis escénica entre la espada de Convergencia y la pared de Zapatero. La única sentencia inminente que les sirve, pues, es que no haya sentencia. Por eso, no la habrá. Y si no, al tiempo.


Libertad Digital - Opinión

Los asesinos buenos. Por Hermann Tertsch

TODAVÍA habrá quien diga que Jaime Mayor Oreja no tiene razón cuando advierte a los españoles que este Gobierno está preparando otra negociación con ETA.

Y desde luego hay demasiados en su propio partido que se han precipitado en criticarle o descalificarle diciendo que no entiende ya lo que pasa en el País Vasco. Lo entiende muy bien. Tan bien que a ellos les molesta. Porque da la impresión de que algunos en el Partido Popular han interiorizado tanto el discurso del Partido Socialista y sus tesis de la eterna armonía que a veces parecen ya Eguiguren u Odón Elorza. La noticia tiene guasa. Pero va en serio. Resulta que ahora -¡¡o qué casualidad!!-, nos salen unos llamados «profesionales internacionales de la negociación», políticos jubilados y necesitados de ingresos para alimentar su pensión, que piden al Gobierno español la legalización de Batasuna. Y lo hacen en el Parlamento Europeo. Los dirigen los surafricanos Brian Curry, Frederick De Klerk y el arzobispo Desmond Tutu. Pero son más por lo que la posible nómina amenaza con subir aún más el déficit público español. Piden por supuesto también el acercamiento de los presos al País Vasco. En realidad demandan a medio plazo -sin decirlo- que todos los criminales que han causado casi mil muertos españoles vayan preparándose para la libertad. Miles de años de prisión en condena quedarían así en cuestión de meses. A eso llaman reconciliación.

Piden también generosamente a ETA que declare un alto el fuego. «Plenamente supervisado dicen». Se supone que como el anterior, en el que los zulos, según el ministro Rubalcaba, no eran zulos. Y los etarras, según decían, eran ya gentes de paz. Y ETA sería incapaz de volver a matar «porque el coste sería demasiado alto», como decían los portavoces de los diarios oficiales del zapaterismo. Y las pistolas robadas por ETA y que después han matado a manos de ETA las había robado algún chorizo, insistía Rubalcaba Fouché.

Y a partir de ahí, de la nueva tregua, todos amigos y dentro de un par de años, para las elecciones generales, aquí se declara la paz y el olvido, el fin de ETA, la legalización de Batasuna y la salida escalonada de prisión de todos los asesinos. Ni «ley Parot» ni niño muerto. Se hace una ley retroactiva y todos a la calle. Ya nos quieren hacer una ley para el señor Garzón para que quede sin vigencia el delito de intervenir las entrevistas de acusados y abogados defensores. Se hace otra. Y las que hagan falta.

Los que recomiendan al Gobierno español y a ETA tan bondadosas medidas para la eterna armonía no son otros que gente en parte implicada en la anterior negociación. Y son gente que no actúa gratis. ¿Por qué de repente, cuando se le cae encima al Gobierno español toda su ineptitud y su mentira sobre nuestra economía, cuando el país ha entrado en una deriva hacia la pobreza que parece imparable, estamos otra vez hablando de una paz con los terroristas de ETA ? ¿Por qué si la lucha contra el terrorismo va bien? Y promete ir mejor con el compromiso de Sarkozy tras la muerte del gendarme francés de acabar con todas sus guaridas. Pues porque el Gobierno Zapatero necesita tanta árnica como la organización terrorista. Y todo indica que ha acudido solícito a estos mediadores interesados -digamos que recaudadores-, para irse preparando esta especie de carta falsa en una partida, la electoral, que temen perder. Los españoles con dignidad tienen la obligación de rebelarse contra esta nueva infamia cuyo fin último es legitimar los crímenes de ETA y dejar en libertad a los criminales. Como dice Mayor Oreja, el Gobierno y ETA tienen hoy intereses comunes. Y con ellos los negociadores que pasarán por caja.

Y hablando de asesinos, da gusto ver como Santiago Carrillo, en su día héroe de la transición y hoy héroe del zapaterismo guerracivilista, se lanza al cuello de la oposición y defiende a quienes lo han erigido en adalid de la mentira histórica, auténtico caballo de batalla del caudillo vallisoletano que se creía leonés. Dice Carrillo que Rajoy es Le Pen. Mala comparación. Con lo fácil que sería decir que él es Laurenti Beria.


RABC - Opinión

Algo chiquitito, algo pequeñito, en lugar de pacto ZP tiene ‘pactito’ . Por Federico Quevedo

¿Lo ven? Al final los hechos nos dan la razón a quienes denunciamos desde el primer momento que esto era una milonga, una broma de mal gusto, una farsa, pura escenografía, parafernalia y una colosal mentira. No hay pacto.

Hay pactito. Algo chiquitito, algo pequeñito, como dice la canción esa tan soberanamente cursi y ñoña con la que nos vamos a presentar a Eurovisión a ver si ya por fin quedamos los últimos pero, qué quieren, en tiempos de ZP hasta el tema de Eurovisión es para echarse a llorar o para salir corriendo.

Compuesto y sin novias, si lo que pretendía Rodríguez era dejar constancia de la soledad del PP, se ha quedado con las ganas. No sólo el PP le ha dado calabazas, sino que también lo ha hecho IU, Rosa Díez, ERC, el BNG, Coalición Canaria y es más que probable que haya alguna baja más. De entrada, el documento que el viernes hizo circular CiU es bastante elocuente: sí, hay algunos avances, pero en lo sustancial el Gobierno se queda, más que corto, paralizado, viene a decir el grupo catalán, que sólo estará en la foto si Moncloa se aviene a recoger el grueso de sus propuestas. Pero Moncloa ya ha dicho que sólo va a retratarse sobre la base de las 54 tiritas que le quiere poner a la brecha abierta en el corazón de nuestra economía, y que no son del agrado de ninguno de los grupos.

Y es que ésa es la realidad: lejos de la ambición que debería tener un Gobierno verdaderamente dispuesto a afrontar la complejidad de esta situación, adoptando medidas de calado por impopulares que estas pudieran ser, Rodríguez ha optado por el cortoplacismo y la nulidad. Por otra parte es lo que hace siempre, para qué vamos a engañarnos.


Hagamos un poco de memoria, que nunca viene mal. Rodríguez propuso en el último debate sobre la situación económica -al que acudió obligado por la presión de los demás grupos parlamentarios- la búsqueda de un Pacto de Estado contra la crisis, después -eso sí- de que todos los grupos, incluido el PP, se lo hubieran reclamando por activa, pasiva y perifrástica hasta la saciedad. Bien, para ello dispuso de un lugar, el Palacio de Zurbano, y de una ‘troika’ negociadora encabezada por la vicepresidenta Salgado y los ministros de Industria, Sebastián, y Fomento, Blanco. No estaban ni De la Vega ni Corbacho y todavía hoy cabe preguntarse qué hacen que no se han largado con viento fresco, pero ése es otro cantar.

Establecido el marco, faltaba lo más importante, es decir, los temas de negociación, y es aquí donde el Gobierno, fiel a sí mismo, demostró desde el primer momento que esto del pacto le importaba una… En fin, les voy a decir yo lo que le importaba. Un día antes de la primera reunión, a las ocho de la tarde, el Ejecutivo envió a los grupos, no un documento, sino papel y medio plagado de absurdas obviedades. Por supuesto, ni una sola medida de fondo, ni reforma laboral, ni reforma fiscal, ni plan de ajuste, ni nada que se le pareciera, sino la apuesta por el coche eléctrico como medida estrella.

Llegó la reunión del Palacio de Zurbano, como si aquello fuera la Cumbre de Postdam y de ella dependiera el futuro de la Humanidad, y lo único que salió de allí fue la promesa gubernamental de un documento un poco más elaborado. En el siguiente encuentro, esta vez de modo bilateral con cada grupo, la ‘troika’ presentó, ya no un papelillo, sino un documentillo que recogía una serie de medidas deslabazadas, casi todas ellas anunciadas ya, y alguna que otra propuesta realizada anteriormente por los grupos parlamentarios y rechazada por la mayoría socialista, como la rebaja del IVA en operaciones domésticas presentada por el PP en octubre pasado.

Sin interés por el Pacto

El desencuentro fue absoluto, sobre todo en el caso del PP, pero el Gobierno todavía confiaba en poder reconducir esta cosa que yo desde luego no me atrevo a llamar pacto, sobre todo porque siempre quedaba en la guantera la llamada de Rodríguez a Rajoy. Llamada que nunca se ha producido, entre otras cosas porque por más veces que el indocumentado del presidente ha dicho que le llamaría, luego le entra la pereza y lo va dejando para más adelante: ya saben, Rodríguez es un miembro aventajado del club de los que dejan para mañana lo que podrían hacer hoy. No tiene el más mínimo interés, y eso demuestra que más allá de las llamadas a la responsabilidad y a arrimar el hombro quien de verdad nunca ha querido un acuerdo es Rodríguez Zapatero. Solo quería una foto, porque desde lo de Las Azores, Rodríguez es el hombre de las fotos. No se si por envidia cochina o por oportunismo, pero sólo quiere fotos, y se va a quedar con las ganas.

¿Por qué? Es bien sencillo, porque un verdadero acuerdo, un verdadero Pacto de Estado contra la crisis implicaría necesariamente el reconocimiento de los muchos errores que ha cometido este Gobierno y, sobre todo, la toma en consideración de medidas impopulares y ambiciosas, medidas que prácticamente solo podría poner en marcha con el acuerdo del PP y, si acaso, de CiU y a lo mejor el PNV y CC, pero paren ustedes de contar. Y Rodríguez no esta dispuesto a hacer ese ejercicio de humildad y, mucho menos, darle al PP la satisfacción de reconocer, aunque sea implícitamente, que siempre ha llevado razón. ¿Conclusión? Se ha quedado sin pacto. Bueno, tiene un ‘pactito’, probablemente –y ya veremos- con el PNV y poco más.

Digo ya veremos porque, a lo mejor, al PNV tampoco le interesa aparecer ante la opinión pública como el único aval de una política profundamente equivocada y antisocial. La cuestión ahora es: ¿se puede aguantar así hasta 2012? La prerrogativa de convocar elecciones generales está única y exclusivamente en manos de Rodríguez, pero como ya dije en cierta ocasión, si el patrón de la nave se vuelve tarumba, siempre cabe el motín a bordo y hoy, de nuevo, vuelve a ponerse en valor aquel llamamiento de Rajoy a las filas socialistas. Oigan, esto no hay Dios que lo aguante porque no es que vayamos a la ruina, es que no van a quedar de este país ni las aceras como siga en manos del personaje, luego, hagamos algo, por favor. Es ya una cuestión de piedad, de compasión, pero que alguien consiga que se vaya, por favor…


El Confidencial - Opinión

Terror islamista en Moscú

La predilección del terrorismo de inspiración islamista por los transportes públicos es una de las señas que identifican sus actos de barbarie.

Así se vio en el atentado a las Torres Gemelas, en la masacre de los trenes de Madrid o en las bombas en el Metro de Londres. Ayer fue el suburbano de Moscú el que sufrió el zarpazo terrorista e indiscriminado. Según las informaciones oficiales, dos mujeres independentistas de Chechenia habrían hecho estallar en hora punta los cinturones explosivos que portaban, causando la matanza de casi cuarenta moscovitas y malhiriendo a otros sesenta y cinco. Para los españoles, las imágenes difundidas por la televisión resultaron dramáticamente familiares, con vagones desventrados y personas ensangrentadas pidiendo auxilio. Y es muy probable que, al margen del modus operandi de las dos terroristas chechenas, también este atentado tenga relación más o menos directa con Al Qaida, cuyos esfuerzos por instalarse en las repúblicas musulmanas del Cáucaso Norte son conocidos por los servicios de inteligencia occidentales. Es cierto que el metro de Moscú y sus edificios públicos han sufrido numerosos atentados perpetrados en la última década por independentistas de Chechenia, Osetia, Ingushetia y Daguestán. En los últimos seis años, unas setenta personas han muerto en atentados cometidos en transportes públicos, y al menos doscientas fallecieron a consecuencia de un secuestro masivo en un teatro moscovita.

El norte caucásico es un hervidero de grupos radicales que pretenden independizarse del Kremlim, como han hecho las repúblicas del sur. Pero lo que podría considerarse un conflicto político de orden territorial ha encontrado en el islamismo el combustible ideológico y religioso para justificar sus atrocidades. Para Al Qaida, la guerra santa decretada por Ben Laden es global y abarca todas las ensoñaciones territoriales posibles. Moscú es un viejo rival del líder islamista, al que ya combatió en Afganistán cuando los tanques de la Unión Soviética intentaron controlar el país. Y no parece que la Rusia de Putin le merezca mejor opinión, sobre todo por los métodos expeditivos que utiliza el Ejército ruso para combatir a los islamistas chechenos y osetios. Todos estos datos confirman que el terrorismo islámico se mueve en un vasto frente internacional sin distinción de bloques estratégicos, de regímenes o de formas de gobierno. Allí donde entran en conflicto comunidades islámicas con otras de diferente fe religiosa, allí está Al Qaida operando o capitalizando el conflicto, ya sea de modo directo o mediante grupos afines con los que comparten objetivos. No sólo en el Magreb, donde secuestran europeos para financiarse, o en Egipto, Irak, Líbano o Moscú. También en Palestina, donde los vínculos terroristas de Hamas con la gran red islamista son notorios; el enemigo en este caso es el «gran Satán» de Ben Laden: Israel. No en vano, es el único país democrático y no musulmán de la zona. Por eso resulta sorprendente la ceguera de quienes deploran sinceramente atentados como el de ayer y no ven el sustento ideológico que los justifica y la mano común que los perpetra.

La razón - Editorial

Ceaucescu. Por Alfonso Ussía

De la noche a la mañana, como consecuencia de una brutal actuación policial contra una manifestación pacífica, decenas de miles de rumanos se presentaron ante el Palacio de los Ceaucescu.

El tirano y su mujer, acostumbrados a las grandes concentraciones aclamatorias, salieron a saludar a los suyos, y nunca mejor dicho los suyos, porque eran los dueños de sus vidas, de sus muertes, de sus haciendas y de sus destinos. Una palabra coreada por todos los asistentes nubló los rostros de Nicolás y Elena Ceaucescu. Les gritaban «¡Drácula!». Pocos minutos más tarde, Drácula y señora huían en un helicóptero presumiblemente salvador. Pero lo hicieron hacia su fin. Ya no eran nada. Fueron detenidos, ridículamente juzgados por un tribunal militar de los suyos y fusilados inmediatamente. Ella no podía creer que «sus hijos» –así llamaba a los soldados rumanos– se atrevieran a disparar. Lo hicieron con entusiasmo. Decenios de sufrimiento, privaciones, cárceles, miseria, falta de libertad y enriquecimiento de los poderosos apretaron los gatillos. Su gesto de pasmo y asombro se detuvo en sus cadáveres. Murieron asombrados de que tal cosa pudiera ocurrir.

Drácula, aunque rumano, es sinónimo universal de perversidad. Se alimenta de la sangre de su gente, incluida la más allegada. Y su nombre ya se susurra por las calles arruinadas de La Habana. Si muere Guillermo Fariñas, se alzarán más voces. Ya está dispuesta una veintena de presos políticos a seguir la cadena hacia la muerte por la libertad de Cuba. Cuidado con la ira acumulada, el dolor acumulado y la acumulación de horrores. Los hermanos Castro no tienen complicada su seguridad. Un avión los llevará a Venezuela, donde podrán disfrutar, mientras se mantenga el régimen de Chávez, de los millones de dólares que han robado a su pueblo. Pero no lo tendrán tan fácil las decenas de miles de colaboradores del castrismo, comisarios políticos, torturadores de prisiones, agentes del régimen y chivatos del partido comunista. Tienen cara y todos los conocen. El tiempo de la posible transición a la democracia ha pasado. El castrismo ha endurecido su sistema, y la pobreza en Cuba se ha adueñado de la gran isla. ¿Cuántos conseguirán huir de la venganza? Ceaucescu nunca se figuró que su Estado policial y asesino se volviera contra él. Los Castro no son más poderosos que los Ceaucescu. Y sus colaboradores, tampoco. Los aviones que pueda enviar Chávez tienen un número limitado. En Cuba, los dráculas no son sólo el asesino jubilado y el asesino en activo. Hablan de «la gusanera» de Miami. Los cubanos exiliados en Florida no van a mover ni un dedo. Los que llevan padeciendo el castrismo durante décadas serán los protagonistas de la nunca aceptable venganza. Cuidado con las reacciones de una población harta y aparentemente asustada y mansa. Una chispa provoca el desastre. Y en Cuba se ha iniciado el proceso de desaparición del miedo. La vida cuesta dejarla cuando se vive en libertad. Una vida sin libertad es lo más parecido a la muerte. Guillermo Fariñas, como otros muchos, está alegremente dispuesto a morir por la libertad de Cuba. Y contra esa voluntad no hay poder político, ni tortura física, ni pelotón de fusilamiento capaces de contrarrestar el sacrificio. Un día, cualquiera, el más inesperado, el pueblo cubano se levantará. Los dráculas escaparán a Venezuela. Pero otros, menos poderosos, emularán sobre la tierra cubana, víctimas del odio, el gesto quieto de pasmo de los Ceaucescu.

La Razón - Opinión

Moscú, enésima matanza islamista

Su motivación es precisa y no cejará hasta conseguir su objetivo final: rendir a Occidente mediante el miedo que nace del terror que los yihadistas administran sobre la indefensa población civil.

A primera hora de la mañana de ayer el terrorismo islámico sembró de dolor y muerte el metro de Moscú. A falta de que concluya la investigación que está llevando a cabo la policía moscovita, un total de 38 personas han perecido en el atentado, 25 en la estación de Lubyanka y 13 en la de Park Kultury. Una matanza sin nombre perpetrada, según han revelado las autoridades rusas, por dos terroristas suicidas de origen checheno, dos viudas de terroristas abatidos por el ejército que han hecho explotar dentro de los vagones sendos cinturones forrados de explosivos. Y todo en plena hora punta con el metro atestado de gente.

El atentado de Moscú es la enésima matanza que se apunta el yihadismo islamista. Aunque el número de muertos sea menor al de otros atentados, la planificación, el método y los objetivos son los mismos que en ocasiones anteriores. Una vez más, los terroristas se aprovechan de las facilidades que ofrece la sociedad abierta para desangrarla desde dentro mediante espectaculares acciones en lugares muy concurridos. Matar en un autobús, un tren de cercanías o un convoy del metro tiene la ventaja de que magnifica el efecto del atentado con un baño de sangre difícil de asimilar para la sociedad, que suele quedar en estado de shock tras el atentado. Sucedió en Nueva York o en Londres y ya está sucediendo en Moscú, silente y conmocionada ante el horror.


Casi nueve años después del 11-S, el terrorismo islámico sigue siendo la principal amenaza para la seguridad internacional. Nada lo ha frenado y se continúa alimentando de las mismas fuentes teóricas y financieras que hace una década. Su motivación es precisa y no cejará hasta conseguir su objetivo final de rendir a Occidente mediante el miedo que nace del terror que los yihadistas administran sobre la indefensa población civil. Su naturaleza no es ya a estas alturas un misterio. El islámico es una variante de terrorismo perfectamente estudiado y al que se puede combatir si los Gobiernos adoptan las medidas adecuadas.

Los Estados Unidos han conseguido mantener al islamismo a raya dentro de sus fronteras convencidos de que es el enemigo y tiene que ser derrotado cueste lo que cueste. Gracias a esa visión, el 11-S ha sido el último atentado islámico en Estados Unidos. En España el Gobierno que sucedió al 11-M se rendió preventivamente ante un islamismo que consideró culpable; escogió un atajo, el de la rendición para, acto seguido, poner en marcha la “Alianza de civilizaciones”, un camelo buenista para mentes simples plenamente inoperante desde el principio y que no ha conseguido más adhesión que la puramente retórica de algunos líderes del Tercer Mundo. Zapatero, a diferencia de Bush, de Blair o de Vladimir Putin, no se toma el terrorismo en serio porque, en su trastornada cosmovisión, los terroristas lo son porque no les han dejado ser otra cosa.

Los muertos aun calientes de Moscú nos despiertan del opiáceo zapaterino y nos devuelven a la realidad. Las asesinas del metro moscovita sabían muy bien lo que hacían y por qué lo hacían. Sabían que con su execrable decisión de inmolarse iba a morir de un modo espantoso muchísima gente inocente. Eran, en definitiva, muy conscientes de la razón y el alcance de su aborrecible crimen. Esto es el terrorismo, con la diferencia de que el de corte islamista parte de unos presupuestos muy definidos que a nosotros, sus víctimas del mundo libre, nos corresponde cortar de cuajo al coste que haga falta.


Libertad Digital - Editorial

La siniestra sombra de Chechenia

TODOS los indicios apuntan a que las mujeres que han asesinado a casi cuarenta personas en el metro de Moscú pertenecían a un grupo llamado «viudas negras», que han sido entrenadas por activistas musulmanes chechenos, cuyo máximo responsable ha sido recientemente abatido en una operación policial.

Asesinar a inocentes ciudadanos en el transporte público es un siniestro método que utilizan organizaciones terroristas de medio mundo, porque es relativamente fácil aprovecharse de que se concentran muchas personas, como por desgracia sabemos bien en España. Cualesquiera que pudieran ser las razones invocadas por los criminales que han adiestrado a esas mujeres suicidas del metro de Moscú, jamás podrán sobreponerse al hecho de que lo que han cometido ha sido un crimen y ante esta constatación no puede haber ningún matiz. Los terroristas se ponen a sí mismos al margen de la sociedad y ésta está obligada a defenderse.

Ahora bien, en esa defensa legítima, las autoridades de un país civilizado deben actuar en el marco de la ley y el respeto a los derechos humanos. Las invocaciones de los máximos dirigentes rusos sobre la «guerra sin cuartel» contra el terrorismo recuerdan que en anteriores ocasiones eso tuvo un reflejo trágico e incluso claramente contraproducente para la legitimidad de las posiciones de Rusia en el Cáucaso. Si cuando dicen «guerra sin cuartel» se imaginan que puedan aplicarlo al pie de la letra, con operaciones militares, no ayudarán a sus propios intereses.

Rusia no es un país irrelevante: su influencia militar y económica es tan importante que todo lo que pudiera suceder en su interior tendría forzosamente repercusiones importantes en muchas partes del mundo, para empezar en su vecindario europeo. En un país democrático, con instituciones fuertes y leyes inteligentes, los terroristas pueden ser perseguidos eficazmente y la experiencia demuestra que tarde o temprano llegan a ser vencidos, sin que por ello haya habido que aplastar las libertades de la sociedad a la que dicen representar. Sin embargo, en Rusia la sociedad civil es todavía débil y el poder, poco respetuoso con las prácticas que son comunes en las sociedades occidentales. Pero mientras Rusia se mantenga dentro de los usos democráticos, deberá ser ayudada en su lucha contra el terrorismo criminal.


ABC - Editorial