martes, 17 de noviembre de 2009

El melonar constitucional. Por M. Martín Ferrand

EN los mentideros próximos al Tribunal Constitucional se habla más de los posibles sustitutos de su presidenta, María Emilia Casas, que sobre las deliberaciones en torno al Estatuto de Cataluña que, desde hace tres años, es fuente principal de los desvelos de tan innecesaria como polémica institución. La ponente del caso, Elisa Pérez Vera, lleva ya redactados cinco borradores de resolución, pero ninguno de ellos consigue un número de adhesiones y rechazos lo suficientemente equilibrados para evitar el escándalo de la goleada y alcanzar una prudente mayoría con la mínima distancia, sin humillaciones ni tremendismos. ¿Un imposible metafísico?

La semana pasada los diez magistrados que participan en el asunto, ya que uno de los doce titulares está recusado y el otro no ha sido sustituido tras su fallecimiento, hicieron una valoración prospectiva del proyecto de la ponente y el resultado no les satisfizo. Una mayoría entiende que Cataluña no es una Nación y que, según la Constitución, no puede ser obligatorio el uso del catalán. Esa práctica, según leo y escucho en diversos medios informativos, ha escandalizado a gran número de personas y, por igual, a partidarios y contrarios al Estatut que, en su día, elaboró el Parlamento de Cataluña y sancionó el Congreso de los Diputados. No hay razón para el escándalo. La técnica fue de uso común en la escuela de Villaconejos.

Villaconejos es una pequeña localidad madrileña que, desde principios del XIX, alcanzó fama por la calidad de los melones que allí se producían. Tan grande fue su éxito que multitud de cuadrillas de conejeros se contrataron en tierras de las dos Castillas para el cultivo de los melones. Llegaban en la época de la siembra, se instalaban en una cabaña de fortuna y allí permanecían atentos a su función hasta la recogida de los melones. Incluso los volteaban en la mata para alcanzar una mejor exposición solar. De ahí los trasladaban a los mercados y, especialmente en Madrid, los dispensaban en tinglados provisionales instalados en la vía pública. Alcanzaron prestigio y precio porque introdujeron para el consumidor el derecho a cala y cata, de modo que se garantizase la satisfacción de los melonadictos. Las deliberaciones prospectivas del TC, la cala y cata previos a la aportación de una resolución, entronca con la tradición. No necesariamente con la constitucional, pero las costumbres también hacen leyes.

ABC - Opinión

LAS CUENTAS B DE ANDALUCÍA. Por PEDRO DE TENA

Gif de e-pesimo

La Junta dispone de 5.300 millones en su tela de araña de empresas públicas ruinosas. Hay una Junta A, conocida, presupuestada y controlada y hay una Junta B que no es conocida, que no es presupuestada parlamentariamente y que no está controlada. Cómo será el descontrol que ni siquiera hay acuerdo entre la Cámara de Cuentas de Andalucía y la Junta acerca de su número y carácter.

Pues bien, cuenta este lunes el ABC que la Junta ha inyectado en 2008 casi un billón de las antiguas pesetas, 5.300 millones de euros en este tipo de entidades que albergan gran cantidad de irregularidades en contratación de personal, en adjudicación de contratos y en control interno -además de otras muchas cosas -, sin que nadie si esta cifra es la verdadera y sin control de nadie.

Lo único que se sabe es que este tinglado en B ha servido a los intereses partidistas del PSOE y que el Parlamento andaluz no ha logrado tener información precisa a pesar de las peticiones de IU y PP y de las denuncias de ambos.

Tras haber estado años colocando a dedo a decenas de miles de empleados en la Junta de Andalucía por el método de contratación de interinos y otros más o menos sofisticados, llegó un momento en que el PSOE y la Junta apenas tenían ya libertad de movimientos porque la Administración andaluza, mal que a su pesar, se iba consolidando y reglando.

Los sindicatos, a pesar de sus connivencias con el régimen, también querían participar en el control de las pruebas de acceso, lo que dejó a la Junta maniatada respecto a la colocación sin control practicada hasta entonces. Por eso fue con la llegada de Manuel Chaves a la Junta en 1990 cuando el mecanismo "B", de las empresas y organismos públicos paralelos a la Junta, comenzó a desarrollarse con toda su amplitud.

Por eso tiene sentido la pregunta que se hace ABC: "¿Para qué sirven en Andalucía las 15 consejerías que integran el organigrama de la Junta, con sus correspondientes plantillas de personal, que suman más de 250.000 funcionarios, y con un presupuesto de 31.961.796.132 euros en 2008?

Al parecer, para poco, porque la Administración socialista, que presidió durante veinte años el hoy vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, ha tejido durante todos estos años una Administración paralela de 54 empresas —según denuncia el PP— que escapa de cualquier control del Parlamento, que le permite realizar contrataciones a dedo de unas 20.000 personas (19.751 era su plantilla de trabajadores en 2007), sin ajustarse a la normativa que se aplica en las Administraciones públicas y cuyo funcionamiento es una auténtica incógnita. Además, el trabajo que realizan es el mismo que pueden llevar a cabo esas 15 consejerías, insiste la denuncia del PP."

En 2008, la tela de araña de empresas ha tenido un coste de 5.282.639.111, 13 euros, según los datos de la Cuenta General de 2008 de la Junta de Andalucía, a los que ha tenido acceso ABC, que todavía no se han hecho públicos y que están pendientes de fiscalización.

La cifra se obtiene mediante la suma de las obligaciones de pago reconocidas por la Administración socialista en 2008 y de las cantidades que, por ese mismo concepto, quedaron pendientes en los ejercicios de 2006 y 2007. De este montante global de más de cinco mil millones, la cantidad pagada ha sido de 3.835.453.282,60, por lo que la diferencia se acumulará a las cantidades pendientes a lo largo del ejercicio de 2009.

La Junta financia a estas empresas directamente mediante subvenciones de explotación, encomiendas de gestión. ampliaciones de capital o solicitudes de servicios. Hay empresas, como el caso de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional o el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, que no han recibido en 2008 ni un euro de la Junta.

Hay empresas, como es el caso de Cetursa Sierra Nevada, Infraestructura Turística de Andalucía o Promonev, en los que a final de 2008 la Junta le pagó el cien por cien de los compromisos adquiridos; hay otras, como la Agencia Andaluza de la Energía, a la que tan sólo le ha pagado un 19 por ciento, la Empresa Pública de Puertos de Andalucía a la que le ha abonado un 18 por ciento o Verificaciones Industriales de Andalucía que tan sólo ha ingresado el 12 por ciento.

La Cámara de Cuentas ha denunciado sistemáticamente el funcionamiento de estas empresas, la última, Sandetel, dirigida por el primo de Zarrías, José Carlos Alarcón Arévalo y el amigo íntimo de Manuel Chaves, Rafael Camacho Ordóñez, además de otros gerifaltes de la Junta andaluza. Y los tribunales de justicia, sobre todo el TSJA, ha rechazado sus sistemas de funcionamiento por duplicar el costo de la Administración andaluza sin sentido del interés general.

Lo que podrían hacer los funcionarios no lo hacen y sin embargo, se contratan a miles de personas para hacer lo que hay que hacer. Es en síntesis lo que dice la sentencia del caso Sadesi, gran victoria del Sindicato Andaluz de Funcionarios de la Junta de Andalucía. Sadesi ha sido una de las auditadas por la Cámara de Cuentas y donde se encontraron muchas irregularidades. Esta empresa subcontrataba servicios que la Consejería de Innovación podría hacer directamente con sus propios funcionarios.


Libertad Digital

Los piratas del 'Alakrana' ponen en solfa al Estado. Por Antonio Casado

Ingeniería judicial en el auto del juez Pedraz para procesar y juzgar a toda prisa a los dos piratas encarcelados en España. La situación reclama encontrar la forma de combinar el hecho con el derecho. Es decir, la ilegalidad propuesta por los secuestradores del “Alakrana” con la legalidad que no puede ser ignorada por el juez. Ni por el Ejecutivo, por supuesto. Pero la propia secuencia de los hechos pone en evidencia la inconsistente posición del Gobierno. Si había de negociar con unos facinerosos no tenía sentido envolverse en la bandera de la ley desde el primer momento. Si iba a pisar el barro de la ilegalidad, ¿por qué quiso empacharse de legalidad con aquel apresurado traslado a Madrid de los detenidos?

Aparte del desbarajuste posterior, en una cosa tenía razón la vicepresidenta Fernández de la Vega cuando el viernes pasado negó la descoordinación gubernamental: se hizo lo que se tenía que hacer. Lo que tocaba. Lo que se hizo, quien lo hiciere, fue detener a unos delincuentes y ponerlos a disposición judicial. La derivada posterior es una polémica perversa. Discutimos para identificar al que decidió hacer lo correcto con el fin de echarle una bronca, una vez aceptado el terreno propuesto por los piratas, que es el de la ilegalidad. Nada casa tan mal con el imperio de la ley y el Estado de Derecho como ponerse al nivel de unos facinerosos.

Y una vez consumado, o a punto de consumarse, el despropósito de aceptar una negociación del Gobierno con los piratas, es cuando advertimos que la presencia en España de los dos piratas detenidos en Somalia perjudica objetivamente la negociación y pone en riesgo la posibilidad de un final feliz en el caso del “Alakrana”. Entonces y sólo entonces nos da por buscar a los responsables de haber trasladado a España a dos de los piratas. Para echárselo en cara. Y para ponernos estupendos a toro pasado respecto a lo que se debía haber hecho. Dejarlos en Kenia, por ejemplo, en cumplimiento del convenio europeo pensado precisamente para estos casos. Correcto. Hubiera sido perfectamente legal. Pero lo que finalmente se hizo, ojo, también es legal. Y por haber hecho algo que es legal, quien tomó la decisión está siendo ahora política y mediáticamente apaleado.

El estupor nos bloquea. En el debate de estos días hemos visto cómo se estigmatiza el cumplimiento de la ley. Algo insólito. Nadie quiere quedarse con el honor de haber hecho lo justo: detener a unos delincuentes y ponerlos a disposición judicial. Lo nuevo es bailar al son de los piratas. Tal cual. Los piratas nos arrastran a un escenario anómalo, por no calificarlo de otro modo. A todos, también al Gobierno que, obviamente, ha tenido que aceptarlo por la causa de los 36 secuestrados, 16 de los cuales son españoles.

Pero uno no puede dejar de preguntarse sobre la extraordinaria implicación del Estado en el secuestro de un barco español y dieciséis conciudadanos secuestrados. Nunca hemos visto un grado de implicación semejante en los casos de empresarios españoles secuestrados en Bogotá, en Caracas, o donde se estén ganando la vida como los atuneros se la ganan en Somalia o en aguas internacionales ¿Alguien puede decir cuál es la diferencia? No parece de principio, sino de tamaño. Por lo visto, el tamaño es determinante para que un Estado se siente o no se siente a negociar con unos delincuentes.

El confidencial - Opinión

Abusos. Por Alfonso Ussía

Amnistía Internacional es una organización que domina como ninguna la tortura semántica. Su perversión del lenguaje es sencillamente magistral. Y sus responsables, al menos en España, responden con celeridad a las críticas. La pasada semana, en LA RAZÓN nos lamentábamos de la terminología que Amnistía Internacional usa para referirse a la ETA: «Grupo armado». Su Director en España, don Esteban Beltrán, raudo como centella, envió una carta de réplica a nuestro periódico que me ha preocupado aún más que el motivo original del desacuerdo. Para nuestro periódico no es de recibo que una banda terrorista que lleva cuarenta años asesinando, secuestrando, chantajeando, hiriendo y destrozando a miles de familias, reciba el masaje conceptual de «grupo armado». Mil asesinados acreditan nuestro derecho al estupor.

Pero don Esteban Beltrán, en su amable carta de réplica nos alecciona y nutre de sabiduría. Escribe don Esteban: «Amnistía Internacional ha condenado sistemáticamente los atentados de ETA contra amplios sectores de la población, y durante años le ha pedido que ponga fin de forma inmediata y permanente a su campaña de homicidios, secuestros, toma de rehenes y otros abusos graves contra los derechos humanos». Ruego al Director de Amnistía Internacional que me conceda la consiguiente amnistía para analizar su escabroso texto. El homicidio es un delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento. Para don Esteban, los terroristas de la ETA son homicidas, no asesinos. En la aplicación de las leyes, existe una gran diferencia entre el homicidio y el asesinato, en beneficio del primero. Para Amnistía Internacional los terroristas no son asesinos, es decir, los que matan a alguien con premeditación, ensañamiento y alevosía. Preparar un atentado no es premeditación ni alevosía para don Esteban. Asesinar a un rehén o secuestrado al que se le ha puesto precio, no es premeditación ni alevosía para Don Esteban. Repugnante lenguaje políticamente correcto y emponzoñado de cínico «buenismo». Pero hay más. Don Esteban ha «pedido» a la ETA que ponga fin a su campaña de «homicidios», secuestros, toma de rehenes y «otros abusos graves contra los derechos humanos». Me preocupa, y mucho, que para el Director de Amnistía Internacional, el «homicidio», el secuestro o la toma de rehenes, no merezca más que la simple calificación de «abuso». En tal caso, por lógica y consecuencia, según su lenguaje, los que matan y los que secuestran se convierten en «abusones», lo que nos abre los ojos y nos ayuda a entender que en España existan asesinos –perdón, señor Beltrán, homicidas–, que cumplen menos de un año de prisión por cada uno de sus asesinatos, que son homicidios para el señor Beltrán.

Amnistía Internacional, en tantas ocasiones complaciente y olvidadiza con regímenes totalitarios, pierde toda su credibilidad con la perversión medida y gélida de su lenguaje. Si Amnistía Internacional no considera a los etarras ni asesinos ni terroristas, el señor Beltrán no puede enfadarse si para LA RAZÓN –al menos, para este articulista de LA RAZÓN–, su lenguaje se nos antoje, no ya perverso y cobarde, sino simplemente asqueroso.

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La enfermedad de Rajoy. Por José García Domínguez

Esa afección crónica del alma progre, la impostada impostura biográfica, ya se ha contagiado a sus iguales de la derecha. Sin ir más lejos, he ahí, paradigmático, el caso clínico del paciente Rajoy Brey.

En España, la obsesión por labrarse a toda costa un pasado solía ser patología exclusiva de esa izquierda vergonzante que nunca movió un dedo contra Franco, entre otras poderosas razones, porque durante los malos tiempos para la lírica tuvo la prudencia de no existir. Tanto lo ansiaba que las legiones de heroicos antifascistas alumbradas por la Transición acabaron creyéndose en serio la memoria postiza que ellas mismas fabricaron.


Así, esa generación consiguió implantarse falsos recuerdos en el cerebro con la misma naturalidad que las marujas se inyectan Botox en la frente. De ahí, entre otras célebres fantasías, la de los miles de españoles que levantaron con sus propias manos las barricadas del mayo francés; el relato canónico de esos diecinueve o veinte millones de compatriotas que juran haber corrido delante de "los grises"; o la novela negra de las masas innumeras que, beodas, se dieron al público jolgorio en calles y plazas tras acusar recibo de la muerte del dictador. La prosaica realidad, que nadie aquí pugnó jamás por la democracia, resulta ociosa a esos efectos balsámicos. Los cuatro gatos contados que incordiaron un poco al Régimen fueron comunistas. No luchaban, pues, por la democracia, sino contra ella. Por algo la retrataron siempre adornada con una ristra infinita de apellidos ignominiosos: burguesa, formal, falsa, capitalista, indirecta..., todos ellos, huelga decirlo, sinónimos de "asquerosa". ¿Mas a quién importa la realidad?

Todo se pega, por lo demás. Y es que esa afección crónica del alma progre, la impostada impostura biográfica, ya se ha contagiado a sus iguales de la derecha. Sin ir más lejos, he ahí, paradigmático, el caso clínico del paciente Rajoy Brey, afectado que anda pregonando a los cuatro vientos: "Yo cogí un partido en la oposición que perdió las elecciones". Descartados tanto los estimulantes artificiales como la teoría freudiana del recuerdo reprimido, sólo cabe ese diagnóstico: el hombre vive persuadido de estar recordando lo que en verdad cree que ocurrió al ser designado por Aznar con tal de que heredara la Presidencia del Gobierno. La psiquiatría clínica ha documentado miles de casos similares al suyo. Adultos seguros de haber sido víctimas de abusos en la infancia, personas programadas para creer que protagonizaron acontecimientos con los que nada tuvieron que ver, implantadores de recuerdos travestidos de psicoanalistas... En fin, confiemos en la ciencia. Quizá dé con alguna cura.

Libertad Digital - Opinión

Sitel, la máquina del miedo. Por Hermann Tertsch

BUENO, pues parece que de algo ha servido la Convención Nacional de Bienaventuranza del Partido Popular en Barcelona si más allá de loas al líder, algunos de sus dirigentes se han decidido a hablar del espionaje telefónico al que pueden estar sometidos todos y cada uno de los españoles por parte del Gobierno. Eso al fin y al cabo es hablar de la defensa de la libertad en uno de sus elementos básicos que son la privacidad y el derecho a la intimidad. Aunque en otros asuntos claros para la libertad de la ciudadanía el PP de Mariano Rajoy parece tener tan interiorizado el discurso de la hegemonía socialista que es incapaz de poner pie en pared, algo es algo. Muchos querríamos que la energía que pone Rajoy en dejar claro que en su partido se hace sólo lo que él quiere porque «las listas las hago yo», se utilizara para denunciar y hacer frente a los constantes abusos y desmanes del Gobierno socialista. Que no pasara un día sin que se denunciaran otras 24 horas sin explicaciones del Gobierno sobre el chivatazo de miembros de la policía a ETA para evitar las detenciones en la operación del bar Faisán. Que es sólo un ejemplo. O que los populares hubieran sabido celebrar el 20 aniversario de la caída del Muro como una conmemoración de las ideas de libertad frente a una izquierda enormemente incómoda con aquella miseria del socialismo real con el que tantas cosas tiene en común el radicalismo adanista e izquierdista del Gobierno Zapatero. Que los socialistas se quisieran olvidar de este acontecimiento clave en la historia del siglo XX y un hito de la victoria de la democracia liberal era lógico. Que en el PP sólo se acordara de la fecha Esperanza Aguirre es una tristeza y demuestra que en Génova la lucha por la victoria de las ideas que dice representar cuenta al parecer menos que la búsqueda de una especie de continuo apaciguamiento del adversario político que claramente tiene por objetivo su liquidación o neutralización como fuerza alternativa en la democracia española.

El sistema de interceptación de comunicaciones SITEL es un aparatito que puede ser muy útil para la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo. Por eso se compró en su día durante la última legislatura de José María Aznar. Pero entonces se pidieron unos informes jurídicos y se vio que la fórmula hace prácticamente imposible un control judicial real y efectivo sobre su utilización. Y que las posibilidades de abuso y manipulación de las escuchas lo convertían en muy dudosamente constitucional. Pues imagínense este aparatito SITEL en manos de unos policías socialistas como los que mantiene como cargos de confianza el señor Fouché Pérez Rubalcaba que son capaces de colaborar con ETA para no fastidiarle un poco a Zapatero su plan de paz infinita con los terroristas que desarrollaba cuando se produjo el chivatazo. Esos no son solo capaces de espiar conversaciones de Dolores de Cospedal o de Esteban Gonzalez Pons para utilizarlas como les venga en ganas, en estado puro o con adulteraciones que crean necesarias. Para su filtración a medios amigos o para cualquier otro uso inconfesable. A partir de una sola persona pueden controlar conversaciones y movimientos de todo su círculo por amplio que sea y ejercer sobre ellos presión, chantaje y sobre todo intimidación. Porque está claro de que de un tiempo a esta parte son muchos, políticos, empresarios o periodistas que tienen la certeza de que sus conversaciones están controladas. Y hay algunos que han visto como su entorno recibe llamadas amenazantes destinadas a perjudicarles profesional o personalmente como personas adversarias o especialmente incómodas para este Gobierno y su lucha por ocultar a toda costa su incompetencia y sus fracasos. Pero el efecto fundamental de esta opacidad del uso del SITEL está en la generación de miedo. En la parálisis que genera en muchos ciudadanos descontentos la convicción de que, siendo permanentemente vigilados, quedan a merced de políticos, policías y jueces socialistas. Es un salto cualitativo en la lucha contra la discrepancia que da miedo. Y con razón.

ABC - Opinión

lunes, 16 de noviembre de 2009

Ni unidad, ni limpieza, ni proyecto

Las fotos de unidad no representan la confianza en torno a un líder y a un proyecto, sino la certeza de que quienes no comulguen con sus ruedas de molino ya habrán sido expulsados de la misma.

Que durante los últimos meses los problemas internos del Partido Popular han ocupado la agenda mediática con preferencia sobre la deplorable gestión gubernamental desarrollada por el PSOE, es un hecho tragicómico que ni siquiera los propios cuadros populares se han atrevido a negar. Los socialistas saben manejar mucho mejor los tiempos, las cámaras y las portadas que sus rivales políticos. En un país que se hunde, paradójicamente, sólo se habla de una oposición descompuesta incapaz de presentar una alternativa mínimamente ilusionante a un Ejecutivo caótico.


Era de esperar, pues, que el PP tratara de dar un golpe de timón lo suficientemente fuerte como para zanjar las suspicacias del electorado en cuanto a su unidad, honradez y proyecto político. Un golpe que consistiera, por un lado, en la corrección de unos problemas internos que distan mucho de ser meras invenciones de la prensa y, por otro lado, en una adecuada divulgación del giro emprendido por el partido. Lo primero sin lo segundo daría lugar a un proyecto político más sólido en plena oscuridad mediática y lo segundo sin lo primero a un mero ejercicio cosmético que difícilmente camuflaría la desintegración interna.

Las convenciones políticas de los grandes partidos estadounidenses, en las que se proclama a los candidatos presidenciales pocos meses antes de las elecciones, son todo un ejemplo de lo anterior: se fija el programa y las líneas maestras de una futurible acción de gobierno en medio de un gran espectáculo mediático que consigue propagar el mensaje de fondo a todos los rincones del país. Como consecuencia, durante los días posteriores a las convenciones, no es inhabitual que un partido escale en las encuestas de estimación de voto en varios puntos porcentuales hasta incluso desbancar a su rival.

En Barcelona, sin embargo, el Partido Popular no ha querido o no ha podido emprender un proceso de catarsis interna que sentara las bases para una alternativa política. Como viene siendo habitual en el nuevo PP de Rajoy, las ideas se han sustituido por consignas y eslóganes sin contenido y la labor comunicativa ha fracasado a la hora de transmitir cualquier ilusión.

Unidad, limpieza y proyecto, ha proclamado Rajoy al clausurar la convención. Pero ninguno de estos tres objetivos –que sintetizan los auténticos problemasde fondo del PP– puede decirse que se haya logrado, salvo para frenar de momento y filas adentro la caída libre de un liderazgo cada vez más discutible y discutido.

Los abrazos, las sonrisas y las buenas palabras han reemplazado la consecución de una auténtica unidad (ahí está el distanciamiento cada vez menos disimulado con muchos de los dirigentes de la etapa Aznar), las sombras de corrupción siguen sin despejarse a la espera de que se siga levantando el secreto de sumario de Gürtel y el decálogo de valores del PP es tan vago e inespecífico que prácticamente cualquier formación política podría suscribirlos y reinterpretarlos a su gusto.

Y si la operación quirúrgica del PP ha sido un fiasco, la de maquillaje tampoco ha prosperado. Si hasta la fecha alrededor del 80% del electorado desconfía de las palabras del jefe de la oposición, difícilmente la imagen de un cónclave que se sabe atado de antemano a la búlgara logrará transmitir un mensaje distinto al de que la dirección popular no dudará en purgar cualquier alternativa interna a su vacuidad. Las fotos de unidad no representan la confianza en torno a un líder y a un proyecto, sino la certeza de que quienes no comulguen con sus ruedas de molino ya habrán sido expulsados de la misma.

Mucha pompa, pero ningún cambio. El objetivo fue desde un inicio, no el de renovar un barco lleno de agujeros, sino el de aferrarse otra temporada al sillón de la presidencia del PP. Claro que mientras los populares continúen desnortados, el zapaterismo seguirá también aposentándose en España.

Libertad Digital - Editorial

Cataluña en fase menor. Por Valentí Puig

EN sus horas bajas el nacionalismo catalán siempre recurre a mitificar el pasado o urde un futuro ilusorio antes que afrontar el presente cuando sea lábil y espinoso. Sus transiciones son endógenas, con lo que pierde ósmosis con la nueva configuración social de Cataluña. Por contraste con momentos creativos y tan permeables como fueron la «Renaixença» o el «Noucentisme», el catalanismo se repliega, particulariza aún más sus instintos, simplifica y reduce. Aplíquese el test del punto ciego. Esta es la fase menguante que arrancó en los peldaños finales del pujolismo, tuvo su exótico clímax en el maragallismo y anda ahora en período de requerimientos neurotóxicos.

El grado de sobresaturación es tan elevado y tan acusados los efectos específicos de la recesión económica en Cataluña y las penumbras crecientes de la corrupción que la pasividad y el desapego general son ya apolíticos y próximos a ese rellano ambiguo que algunas veces da pie a la antipolítica. Por ejemplo: Josep Anglada, promotor de las candidaturas municipales antiinmigración en la zona de Vic, está tanteando sus posibilidades autonómicas en el Bajo Llobregat.


Las múltiples dilaciones en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el «Estatut» tienen un aire premonitorio. Ahora quizás no haya sentencia hasta más allá de las elecciones autonómicas catalanas, previstas para el año que viene y sujetas en estos momentos a un sinfín de especulaciones sobre su posible convocatoria anticipada. El paisaje de fondo es de fatiga, de desgana muscular y de avitaminosis histórico-política.

Sentencia interpretativa o sentencia asertiva: para el caso, será propagada en auditorios con muy escaso público y aprovechada con sesgos de todo tipo por una clase política que no tiene la energía moral suficiente como para anular distancias entre lo que piensa y lo que dice, entre lo que hay que hacer y lo que es impura conveniencia. Ciertamente, muy pocos creyeron de verdad en aquel segundo estatuto. Al final, muy pocos serán también los que para algo confíen en el Tribunal Constitucional. Esas fueron las hechuras del maragallismo que fascinó a Rodríguez Zapatero. Nada menos: reformar la Constitución de 1978 con el conjuro de un segundo estatuto de autonomía veteado de inconstitucionalidad.

Suele ser de tan baja calidad la novela negra escrita en Barcelona que por eso ha sido más aparatoso el contraste con las acusaciones a Félix Millet o las detenciones en la trama de Santa Coloma de Gramenet. Millet constituía un elemento dinástico del catalanismo, como eslabón con la coralidad fundacional que arranca en 1891 al instituirse el «Orfeo Català» por iniciativa de Lluís Millet y Amadeu Vives. Acabado de construir en 1908, el modernista «Palau de la Música Catalana» sería su sede. De Amadeu Vives, personalidad fascinante que retrató Josep Pla, quedan zarzuelas espléndidas como «Bohemios», «Maruja» y «Doña Francisquita». En la memoria popular y sentimental catalana permanece sobre todo, con versos de Verdaguer, la canción «L´emigrant».

En el caso de Santa Coloma de Gramenet han sido llamativas las detenciones de Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, personalidades con notable protagonismo directo en los años-clave del pujolismo aunque los ejes del entramado investigado por la justicia implican de mucho más cerca al entorno del PSC, el gran poder municipal en la Cataluña de hoy. En realidad, poder municipal, autonómico, provincial y mediático, a gran escala y sin mucho espíritu de fineza.

La desnaturalización del capital simbólico del catalanismo cultural y político se inició hace ya tiempo y tanto el caso «Palau de la Música» como la trama de Santa Coloma de Gramenet tienen algo de postrimería, según lo ratifica el intento más bien exangüe de contrarrestarlo una vez más con una reacción victimista. Como se ve de nuevo, el caso es que las élites barcelonesas operan en torno a una especie de «omertá» y no con el fundamento del mérito, lo que facilita las exclusiones sistémicas. Por eso las connotaciones de la corrupción son más densas y nucleares. Unas corrientes subliminales de mucha peculiaridad lo conectan todo con el declive cultural. Como protagonista social, hace tiempo que la burguesía de Pedralbes tan solo es un mito.

Para el socialismo, la complicidad inicial de Rodríguez Zapatero con el pacto del Tinell y el segundo estatuto autonómico ya no es la misma y la tirantez entre PSOE y PSC ha llegado a extremos de confrontación interna. La impresión es que José Montilla ejerce el poder pero sin saber para qué, salvo controlar los desmanes continuos de sus socios del tripartito, autorreproducirse en una política patrimonial y pretender el control mediático omnímodo.

Artur Mas tiene un liderato a medio plazo, con el contrapeso de Duran Lleida en «Unió». CiU está queriendo recuperar o asimilar voto soberanista incluso a costa de incitar oposición drástica a una sentencia que recorte un «Estatut» que la propia CiU nunca quiso. Las encuestas electorales favorecen a CiU, mientras que ERC acumula errores tácticos que de tan rudimentarios y pedestres solo se equiparan a su arcaísmo genético y a sus irresponsabilidades históricas. Ahí asoman las exploraciones de Joan Laporta, presidente del Barça, calcadas de una conjunción populista entre Berlusconi y la Liga Norte. Para el PP, su intrahistoria catalana tan accidentada como contradictoria lo hace depender todo de su empuje en toda España, sin atractivos territoriales propios, salvo que, para bien y para mal, su capital político en Cataluña son las siglas, su naturaleza de partido nacional y los éxitos económicos cuando estuvo en el Gobierno, como por ejemplo quedó ratificado en los pactos del Majestic. En el mejor de los casos, a Mariano Rajoy puede corresponderle una tarea pactista de bordadura ímproba, casi ya en la hora veinticinco.

La epidemia de consultas independentistas iniciada en Arenys de Munt llega en diciembre a unos ciento cincuenta municipios, aunque es un conjunto de escasa dimensión demográfica. El ayuntamiento de Gerona también ha aprobado la consulta, con la abstención del PSC, en el poder desde hace tiempo infinito. Son consultas que no aportarán racionalidad alguna a lo que es la vida pública catalana, sino más bien sensaciones de un desvencijamiento ya antiguo que se suman al adanismo abrupto de esas nuevas generaciones que han crecido en las aulas de la inmersión lingüística y de unos manuales de historia ajenos a la realidad de España.

Para usar un símil pictórico, la política en Cataluña ha perdido mucha perspectiva. Jordi Pujol habla de desencanto, de desprestigio, de pérdida de autoestima. Sí, todo eso y más. Perspectiva y forma simbólica: llegaron a ser lo mismo. Los personajes andan como perdidos en el espacio figurativo de la política catalana. Lo grave es el desconcierto de la ciudadanía, una ciudadanía multidimensional, tan mal representada por una política que sólo existe en dos dimensiones. Ya se sabe que, en el estudio de la perspectiva, las líneas rectas resultaron ser curvas.

ABC - Opinión

domingo, 15 de noviembre de 2009

Los niños de Casterlsardo. Por Arturo Pérez Reverte

Amarro en Castelsardo, en el norte de Cerdeña, y bajo a tierra a estirar las piernas, relamiéndome de antemano por los espaguetis con bogavante y la botella de tinto local que voy a calzarme en cuanto me siente en la terraza del restaurante Fofó. Me gusta mucho este pueblecito costero por varias razones. Una es que al amanecer impresiona verlo desde el mar, en la distancia, encaramado en su montaña fortificada que hasta hace sólo un par de siglos lo mantenía a salvo de los piratas. La otra es que el recuerdo de la antigua monarquía aragonesa –Cerdeña fue española en otro tiempo, como gracias a los sucesivos ministros de Educación saben perfectamente todos ustedes– sigue presente en sus viejas piedras, en las costumbres y en el habla de sus habitantes, y todo aquí tiene un aire familiar.

Hay una tercera razón, que convierte Castelsardo en uno de mis favoritos de esta parte de la isla: no está saturado de visitantes como Alghero, o Cagliari; y la Costa Esmeralda, con Porto Cervo y los megapijopuertos caros de diseño frecuentados por Flavio Briatore y esas pavas que lo acompañan por amor, Alejandro Agag, Fefé, los honrados Albertos y compañía, queda lejos, más allá de las bocas de Bonifacio. Esta otra parte de Cerdeña es más de andar por casa: señoras mayores sentadas cosiendo o charlando con las vecinas, pescadores con pinta de rufianes que todavía miran las piernas a las turistas que pasan por delante, tiendas modestas, bares humildes y cosas así. La vieja Cerdeña sigue presente aquí, dejándose reconocer –aunque no sé por cuánto tiempo– sin demasiado esfuerzo. Con Castelsardo me pasa lo que con Porto Torres, otro lugar más feo y cutre que está cerca, unas millas a poniente, junto al golfo de Asinara. Bajas a tierra, allí como aquí, y parece que estés, para lo bueno y lo malo, en la España mediterránea de los años sesenta, antes de que el ladrillo y la poca vergüenza lo destrozaran todo. Sólo falta, para creerte en la costa de Murcia o Almería, una pareja de la Guardia Civil, de esas que iban por la costa con el máuser al hombro y la cogotera verde en el tricornio.

También la gente parece más decente. Y no me refiero a honradez y cosas así, porque la condición humana en todas partes cuece las mismas habas. Hablo del modo en que se relacionan y se comportan. Los sardos, quizá por su condición de isleños, son serios de talante, respetuosos consigo mismos y con los demás; y esa manera de comportarse enlaza con muchos de mis recuerdos. Una escena a la que asisto en una de las empinadas calles del pueblo me lleva de modo asombroso al pasado: en una acera, una señora de edad amonesta a dos niños que iban en bicicleta y estuvieron a punto de atropellar a otro niño que jugaba. La señora los reprende con gravedad; y los niños, apoyados en el manillar de sus bicis, la miran muy serios, sin abrir la boca, hasta que al fin asienten respetuosamente y siguen su camino con más atención. La escena me impresiona, pues yo fui, en otro tiempo, uno de esos niños. Recuerdo perfectamente el respeto, temor incluso, con el que los pequeños aceptábamos la autoridad de cualquier persona mayor. Hasta un cachete o palo en el culo, aplicados con oportunidad, moderación y justicia por alguien que no era familiar tuyo, resultaban inobjetables. Era normal que, a menudo, vistas las circunstancias, tus padres diesen la razón a la persona mayor que te reconvenía del modo adecuado. En otros tiempos, a un niño no lo educaban sólo sus padres o maestros. Lo hacían entre todos. Y no era extraño que gente humilde, de modesta condición, tuviera hijos mejor formados en dignidad y maneras que los de clases más acomodadas. En otro tiempo, la urbanidad no era un lujo esnob, sino una forma de relacionarse con respeto. De vivir.

Sigo camino en busca de mis espaguetis con bogavante mientras veo a la señora caminar delante de mí –bata de botones estampada de toda la vida, bastón con el que se ayuda a subir la empinada cuesta–, e imagino cómo se habría desarrollado esa escena en otros lugares de Italia y, por supuesto, en nuestra España cañí. Es como si lo viera. «Hay que portarse bien, criaturas, y no atropellar a la gente», diría la señora. Por ejemplo. Y los niños, dos enanos cabrones de diez u once años, rebotándose con el descaro hoy habitual en la pequeña chusma: «Vete a mamarla a Parla, vieja pelleja. Anda y que te folle un pato loco». Quedando ahí la cosa, claro, mientras el padre o la madre de las tiernas criaturas no anduviesen cerca para amenizar el episodio. «A ver quién te manda echarle broncas a los niños, tía. Con qué autoridad te atreves. Métete en tus asuntos, tontalculo, porque a mis hijos no les riñe ni Dios. Que yo por ellos mato, cacho guarra.» Eso, en el mejor de los casos. Cabe, también, la posibilidad de que a la señora la inflaran a hostias entre toda la familia. No sería la primera vez. Ni la última.

XL Semanal

¿Barcos sin bandera?. PoJosé María Carrascal

DEJEMOS aparte a un gobierno que gobierna a base de crear problemas para tratar luego de solucionarlos, y fijémonos en nosotros, los españoles, si todavía podemos llamarnos así. Los españoles llevamos demasiado tiempo jugando con las cosas, no de comer, sino de existir, como niños que juegan con las bombas encontradas en un descampado. Todo está aquí permitido, nada está vedado, y así nos va. Si puede violarse impunemente no ya la ley, sino la Constitución, ¿por qué no puede meter la mano en la caja un alcalde o un secretario de Estado, cuando el Estado es un pitorreo? ¡Ah! Pero si las cosas vienen mal dadas, en economía, en sanidad, en el océano Índico, al primero que acudimos es al Estado para que nos saque de apuros. ¡Que no somos listos los españoles! ¿Para qué vamos a imitar a los alemanes, como quiere la ministra de Hacienda, si tenemos la fórmula para vivir como Dios? Pedir siempre, no dar nunca, y quejarnos. Sobre todo, quejarnos de esa mala madre que es España.

Ahí tienen al PNV rechazando la bandera española en todo el territorio vasco, pero pidiendo soldados españoles para defender a sus atuneros. Por cierto, ¿llevaba bandera española el Alakrana cuando fue apresado por los piratas, como asegura el abogado de los dos de ellos detenidos? No lo sabemos, pero en las imágenes televisadas que nos llegan de las islas Seychelles, otros atuneros no la llevan, llevan la ikurriña, que no está reconocida como pabellón nacional. O sea que son «barcos sin bandera», sin derechos reconocidos internacionalmente. En España se puede quemar sin el menor riesgo la bandera española, pero por ahí fuera resulta peligroso salir sin su cobijo. Son cosas que no caben en la mente estrecha de los políticos nacionalistas, pero que pasan. Y me gustaría preguntar a toda esa gente que se manifiesta para pedir la vuelta a casa de los 36 tripulantes del Alakrana, víctimas inocentes en este juego de ambiciones e irresponsabilidades, si un Estado Vasco tendría los medios para defender a sus pescadores, a sus empresarios, a sus técnicos, a sus simples turistas por esos mundos de Dios y del diablo. O, más sencillo todavía: si creen que los chicos que queman contenedores, extorsionan y pegan tiros en la nuca se embarcarían en los atuneros para defenderlos de los piratas somalíes. Porque una cosa es jugar a Estado y otra muy distinta, asumir sus funciones. Algo que no han hecho ni harán nunca nuestros nacionalistas, no porque España se lo impida, la pobre ya no puede impedir nada, sino porque la necesitan aún más que el resto de los españoles, para sacarle todo lo que puedan y denigrarla el máximo posible, que a la postre viene a ser lo mismo. Pujol recordaba el otro día la fábula del escorpión y la rana. Don Jordi siempre tan oportuno. El escorpión es un alacrán.

ABC - Opinión

Allí, para siempre. Por Alfonso Ussía

«Miré al cielo y todo estaba negro. El negro del cielo se unía con el negro de los tejados de las casas. Eran las doce del mediodía y la luz, o la falta de luz, era de noche negra. Busqué refugio en una taberna, y la cerveza que bebían los clientes, era cerveza negra. Estaba en Belfast». Esta agradable y generosa descripción se debe al talento de Robert Linley, un modesto escritor ingles de historias de viajes domésticos. Nuestros cielos cantábricos, desde los vascos a los gallegos de la cornisa norteña, aún en días de galernas, vientos noroestes locos y panzas de burro estáticas y lluviosas, son luminosos si los comparamos con los de Irlanda del Norte. Se trata de que Iñaki De Juana Chaos sea extraditado a España o no. José Antonio Vera escribió días pasados en este periódico un sagaz artículo titulado «Mejor que no vuelva». Un juez irlandés tiene en sus manos la decisión. Los abogados del criminal que ha penado en España menos de un año de cárcel por cada uno de sus crímenes, han comunicado al juez que, de volver a España, De Juana Chaos podría caer en una profunda depresión que le llevaría a la muerte. Otro chantaje más. Curiosa depresión en quien ha asesinado a veinticinco inocentes. Pero aún así, me uno a la opción de Vera. Mejor que no vuelva. En Belfast para siempre.

Si De Juana volviera a España, cumpliría o no, una breve pena de prisión. Y en unos pocos meses estaría libre. Sería el héroe de las «herriko-tabernas». Le invitarían a pinchos y chacolí, al menos durante unas semanas. De Juana y su chica, Irati Aranzábal, no podrán vivir nunca como una pareja normal. Estarían en tensión y agobio hasta en su propia casa de San Sebastián. Pero mejor el agobio en San Sebastián que la tranquilidad en Belfast. Iñaki De Juana, el asesino, ha sido tratado en las cárceles españolas como un pachá. Chantajeó al Gobierno con unas alimentadísimas huelgas de hambre. Fue vergonzosa moneda de cambio del «proceso de paz» montado por Zapatero y Batasuna. Las autoridades penitenciarias le permitían, de acuerdo con sus antojos y apetencias, compartir con Irati toda suerte de quiquis y sucedáneos, con el mérito de que ni uno ni la otra asistieron nunca a los talleres de masturbación de la Junta de Extremadura. De Juana comenzó a sentirse preso con su libertad. Y a experimentar la inseguridad en sus largos y chulescos paseos donostiarras. Sus amigos terroristas del IRA le encontraron en Belfast el nidito de amor que exigía su nueva condición de casado. Y tanto ella como él, están hasta las narices de Belfast. La depresión le ha sobrevenido por amanecer en Belfast un día sí y otro también. La recuperación del asesino será un engorro para todos. Mejor que no vuelva. Para un español, y el canalla de De Juana lo es aunque no quiera serlo, la libertad en Belfast es más cárcel que la prisión en cualquiera de los centros penitenciarios de España. No he conocido a nadie que prepare con ilusión un viaje a Belfast. Sabino Arana eligió Lourdes para su viaje de novios. Sabino buscaba un milagro que no se produjo. Poder consumar su matrimonio. De Juana creyó encontrar en Belfast su libertad inmerecida. Que la disfrute, si es que en Belfast se disfruta la libertad. Y que no vuelva. Que se muera allí.

La Razón - Opinión

Tomar nota. Por Maite Nolla

Leo en un periódico digital que los dirigentes del PP tomarán nota de quienes no acudan a la campus party de Barcelona. Los votantes deberían tomar nota de los que vayan.

Leo en un periódico digital que los dirigentes del PP tomarán nota de quienes no acudan a la campus party de Barcelona. Los votantes deberían tomar nota de los que vayan. Y es que para que no digan, me he tomado la molestia de leerme el programa de la convención y para sorpresa del personal, no existe ni una sola referencia a nada que tenga que ver con los motivos que llevaron al PP a recurrir el estatuto de Cataluña. Se va a hablar de educación (Ana Mato), de vivencias sociales ante la crisis, de empleo estable y con futuro (Javier Arenas, eterno líder de la oposición en Andalucía –debe ser por eso–), de reformas para una sociedad competitiva (Montoro), del espacio, de cultura, de ser emprendedor no significa estar sólo (con Alicia Sánchez Camacho), de los libros digitales, de instituciones para una sociedad libre (con Federico Trillo), de investigación, de deporte (con Rajoy –y no es broma, que está colgado en internet–), del cambio climático, de austeridad (con Soraya), de la sociedad del bienestar, de igualdad de oportunidades para las mujeres y de tres o cuatro vacuidades más. Léanselo, si no tienen nada más que hacer.


Es cierto que yo soy amiga de Daniel Sirera y me fastidia que le humillen, pero no busquen ustedes entre los ponentes y deponentes a Pizarro, a Esperanza Aguirre, a Paco Caja, a Carmelo González o a Xurde Rocamundi. Eso sí, mucho apellido Fernández, Montserrat o Mato, que también son una dinastía. Vamos, lo que es un partido familiar. Y no busquen una ponencia sobre el estatut, la financiación autonómica, ni una medio idea sobre que el Estado vuelva a ejercer competencias que hoy son autonómicas y que se utilizan en perjuicio de la gente. En cambio, podrán encontrar a Josep Miró i Ardèvol, seguramente como puente colgante de lo que el PP quiere hacer en el futuro y, claro, la cosa cambia, que diría Diego El Cigala.

La presidenta del PP de Cataluña y Soraya anuncian que aprovecharán el momento para pedir un pacto contra la corrupción y la reforma del Código Penal, y parece que el Gobierno les está haciendo caso. Repasemos pues, cuál fue la actividad del PP en materia de persecución de la corrupción entre 1996 y 2004. ¿Saben cuántos artículos se reformaron o introdujeron en el código en ese periodo? Uno. El 445 bis, en enero de 2000. Y, ¿saben de qué iba? Pues de la corrupción en los organismos internacionales y del tráfico de influencias como el del dúo Kofi-Koho o el que permanentemente afecta al Comité Olímpico Internacional, en el que España y los madrileños se dejan cada cuatro años unos cuantos millones de euros.

No se cambió ni una coma de los artículos relacionados con el cohecho, la prevaricación, la malversación de caudales públicos o el tráfico de influencias. Está bien que la señora Camacho proponga ahora “medidas activas” de lucha contra la corrupción, como lo llama ella. Ocho años de pasividad lo requieren.

Por cierto, antes de acabar, quiero agradecer a don José Manuel Lara que inserte publicidad gratuita de esRadio en el periódico que sostenemos a medias los contribuyentes y él. Y además, hay anuncios día sí y día también. De verdad, señor Lara, muchas gracias. Ya sabe que la empresa con la que colaboro es pequeña y que cualquier publicidad es bienvenida. No sabemos si de los dos negocios ruinosos que apoyó, el estatuto de Cataluña y un periódico en quiebra, se arrepiente más de uno que de otro, pero que se arrepiente de ambos, seguro. Pero que este detalle no emborrone mi más sincero agradecimiento.

Libertad Digital - Opinión

El pírrico Rajoy. Por M. Martín Ferrand

PIRRO, rey de Epiro, al frente de un ejército de 20.000 infantes, 3.000 jinetes, 2.000 arqueros y 500 honderos experimentados consiguió, en el siglo III antes de Cristo, una rotunda victoria sobre los romanos; pero su número de bajas fue tan alto que, mientras contemplaba el campo de batalla, en las orillas del golfo de Tarento, les dijo a sus escasos capitanes sobrevivientes: «Otra victoria como esta y vuelvo solo a casa». La ventaja que tiene Mariano Rajoy, a la vista de la Convención del PP que se celebra en Barcelona, es que ya viajó solo al territorio que pastorea Alicia Sánchez-Camacho. Se trataba, tras las turbulencias que tienen hecho unos zorros al gran partido de la oposición, de proyectar una imagen de unión y fortaleza. Ni lo uno ni lo otro.

La número dos de la formación, María Dolores de Cospedal, antes de que los acontecimientos y los gestos pudieran contradecirla, se apresuró a decir, como respuesta al significativamente ausente José María Aznar: «Tenemos un proyecto, un partido, un gran presidente y un gran líder». Lo dijo sin inmutarse, sin agitar el rímel, con la firmeza de quien no tiene dudas, pero quienes saboreamos los acontecimientos sabemos que, siendo verdad lo del partido, lo demás está en veremos. El proyecto es ignoto y el presidente transcurre envuelto en nubes de ambigüedad, nieblas de pereza, brumas de irresoluta autoridad y una calima de indecisiones que invisibilizan esa grandeza que le atribuye la secretaria general del partido.

La larga crisis que viene padeciendo el PP desde las legislativas de 2.004, en las que nos sobrevino Zapatero, tiene multitud de componentes y los más son de naturaleza autonómica. No es fácil la unidad en una España disgregada. La desafección fáctica de Esperanza Aguirre y la no menor, aunque menos ostentosa, de Francisco Camps son el paradigma que mejor resume la situación para quienes preferimos no menudear en lo morboso. La Convención de Barcelona trataba, al modo de las viejas celestinas, de recomponer las apariencias de unión y concordia; pero Rajoy volverá a Madrid como el rey Pirro después de su campaña italiana. Más solo que la una. Cuando hoy pronuncie su gran discurso, la pieza nuclear de la reunión de rabadanes -todo lo demás es campaña catalana-, Aguirre y Camps no estarán presentes. Los presidentes son fruto de la organicidad; los líderes, de la adhesión.

ABC - Opinión

Descomposición. Por José María Marco

¿Por qué hay que solidarizarse con quien ha hecho de la voluntad de distinguirse de uno el eje de casi toda su vida?

Baroja se solía burlar de los nombres de los barcos españoles y más en particular –creo recordar– de los de su tierra vasca. Apuntaba que en Francia se llaman Ma poule o Ma Belle y aquí en España Begoña y Javier, o Ave María. Lo lógico, siguiendo esta línea, es que hoy se llamaran Asier eta Itziar, o Gorka eta Patxi, pero ha debido de haber varios saltos de los que antes se llamaban cualitativos y ahora los barcos, en particular los pesqueros, llevan nombres tan sugestivos como Alakrana. Sólo el nombre merecería un tratado etno-antropológico que estudiara lo que va del matriarcado ancien régime al matriarcado alternativo, secesionista y socializado.


Y muy poco amigo de los españoles, obviamente. De las cuestiones más interesantes del secuestro del barco pesquero en el Índico es ver salir a flote, pidiendo la intervención del Gobierno español, a personas que, por lo que se ve, no han demostrado nunca mucha solidaridad ni mucha compasión con otros que han sufrido problemas de violencia parecidos, o incluso peores, a los que ellos están sufriendo ahora.

Hay quien ha argumentado que estos pescadores deberían ir a buscar la protección del Gobierno vasco. Yo no estoy de acuerdo con esta propuesta, si es que se puede llamar así. Por si sirve de consuelo a quienes la formulan, se puede argumentar, muy justificadamente, que el Gobierno español no lo va a hacer mejor que el vasco, por mucho cuerpo diplomático, judicatura, abogacía del Estado y fuerzas armadas de las que disponga.

El Gobierno central (o español según la neolengua hispanosocialista), ha tratado a los familiares, o a las esposas, de los pescadores, con la misma desenvoltura con la que ha tratado a los familiares de las víctimas de los terroristas. Según lo que esos familiares dijeron hasta que se callaron y sugirieron que todo el mundo hiciera lo mismo, han sido tratados sin el menor interés, sin la menor simpatía, sin la menor compasión. Ya sabrán cómo se las gasta el Gobierno con quienes no son de su agrado, aunque no sabemos si la lección les habrá hecho más compasivos con el dolor ajeno.

La actitud que ha tenido el Gobierno hacia las familias de los marineros es, en realidad, la consecuencia de una política. El Gobierno socialista se ha empeñado en destruir cualquier rastro de solidaridad nacional. La empresa viene de mucho antes, claro está, pero culmina en estos últimos seis años. La consecuencia es que en la sociedad española aparecen fracturas que hacen cada vez más difícil que alguien se ponga en el lugar del otro, sobre todo si sufre. Los catalanes no quieren ser españoles, muchos vascos tampoco y los españoles, por su parte, también los consideran ya extranjeros. Así todo.

¿Por qué hay que solidarizarse con quien ha hecho de la voluntad de distinguirse de uno el eje de casi toda su vida? Las concentraciones de apoyo, por ejemplo, han sido notablemente reducidas y el interés del asunto se centra mucho más en la increíble gestión gubernamental que en la suerte de los secuestrados. Al final, las familias o las mujeres de los marineros se encuentran solas ante un Gobierno que les trata como si fueran súbditos molestos. Y no les queda nadie a quien recurrir, como no sea algún sindicato que las utilizará para sus enjuagues de cursos, subvenciones y liberados.

Para cumplir su plan de darle la puntilla final a cualquier solidaridad nacional, el Gobierno ha seguido toda una línea de conducta: poner al frente de las fuerzas armadas a una pacifista ignorante del abecedario del ejército; anular la capacidad ofensiva –e incluso defensiva– de las fuerzas armadas; incluir la defensa de los barcos españoles en una operación europea que no cubre el espacio en el que trabajan estos barcos y que lleva, por cierto, un nombre de sabor poético y aspiraciones feministas.

Si a este programa se añade la incompetencia del Gobierno, su incapacidad para prever nada, la descoordinación y el general sálvese quien pueda, se encontrará escrita la minuta de una descomposición.

Libertad Digital - Opinión

Paroxismo surrealista. Por Ignacio Camacho

EL contraste más claro de la incompetencia de este Gobierno se produce cada vez que ha de hacer frente a una crisis, sea estructural como la económica o puntual como la del «Alakrana». Diseñado para la política gestual, para elaborar marcos superficiales de debate ideológico o para urdir operaciones de ingeniería social, se enreda en graves dificultades cuando se halla ante cualquier situación de emergencia que requiera decisiones tajantes u ofrezca variantes inesperadas o fuera de control. La falta de proyecto y de experiencia -pese a que ya son cinco años en el poder- provoca una acusada tendencia a la improvisación de soluciones desorientadas que a su vez van generando nuevos problemas en una desquiciada espiral de zozobra; esa manera repentista de gobernar se ha convertido en la característica más acusada del zapaterismo, al que las coyunturas críticas sitúan en un bloqueo caótico.

Ese colapso que suele atenazar al Gabinete en circunstancias de apuro ha alcanzado un punto paroxístico con el secuestro del «Alakrana»; a los habituales errores de precipitación, falta de perspectiva e incluso desconocimiento de los protocolos elementales de respuesta se ha unido en esta ocasión la evidencia de una profunda descoordinación de los resortes de poder ante la clamorosa inhibición del presidente. El azacaneo de varios ministros inclinados a actuar por su cuenta sin un mínimo de cohesión ha derivado en un choque frontal entre la titular de Defensa y la vicepresidenta del Gobierno, cuya disparidad de criterios se ha hecho visible en medio de un vertiginoso embrollo de competencias agravado por la intervención del poder judicial. La sensación de desconcierto y de desorden se ha apoderado de una opinión pública atónita por el espectáculo de un Estado en jaque ante el desafío de unos vulgares piratas asaltabarcos. Atrapado por la escandalosa confusión de sus colaboradores directos, Zapatero no ha encontrado mejor salida que la de culpar a los medios de comunicación de incrementar el embrollo y tratar de imponerles un silencio que no ha logrado establecer en su propio equipo, junto al que el ejército de Pancho Villa parecería un modelo de jerarquía, discreción, precisión funcional y disciplina de ajuste.

Sólo el riesgo objetivo que corre la vida de treinta y seis rehenes impide que este descalzaperros se convierta en el risible esperpento de un Gobierno a la deriva, enredado en su propio desbarajuste, y de una Justicia tan deteriorada en sus principios que ha llegado a plantearse el modo de burlarse a sí misma. Pero ni siquiera el siniestro suspense del rescate puede aplazar ya el asombro social ante esta exhibición de surrealismo político, que está haciendo trizas el Estado de Derecho y ha arrasado ya los últimos jirones de confianza en un Gobierno tan inoperante que ni siquiera necesita oposición para llevarse la contraria.

ABC - Opinión

sábado, 14 de noviembre de 2009

El paro extenderá "la pobreza en España durante los próximos años" PorEuropa Express

BRUSELAS AVISA A SALGADO.
La CE reitera que España será el último país de la eurozona que se recupere de la crisis. Además, avisa de que la pobreza aumentará si no se frena la subida del paro. Considera "dramática" la tasa de paro juvenil, que se sitúa en el 41,7% de la población activa. La zona euro sale de la recesión.


La Comisión Europea (CE) celebró este viernes que los últimos datos de crecimiento confirmen que tanto la UE como la eurozona salieron de la recesión durante el tercer trimestre del año, pero avisó de que el impacto de la crisis económica seguirá durante los próximos meses y se manifestará sobre todo en el aumento del paro. También reiteró que España será el último país de la eurozona que se recupere de la crisis.

La economía de la eurozona registró un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,4% en tasa intertrimestral, frente a un descenso del 0,2% registrado en el trimestre anterior, según las cifras preliminares publicadas este viernes por la oficina de estadística comunitaria, Eurostat. En la Europa de los 27, el PIB también salió de terreno negativo y aumentó dos décimas en tasa intertrimestral.

Pese a que tanto la eurozona como la UE salieron de la recesión, España siguió en territorio negativo durante el tercer trimestre del año, con una contracción del 0,3%. Esta cifra es algo mejor que lo que había previsto Bruselas (-0,4%). Para el conjunto del año, la Comisión pronostica que la economía española se contraerá un 3,7% y experimentará una caída adicional del 0,8% en 2010, seguida de una moderada recuperación del 1% en 2011.

De acuerdo con estas previsiones, la economía española saldrá de la recesión en el tercer trimestre de 2010, un año más tarde que la eurozona y la UE. "Se prevé que España sea el último miembro de la eurozona que entre en la recuperación económica", resalta el informe mensual sobre empleo del Ejecutivo comunitario publicado este viernes.

La amenaza social de la pobreza

La CE avisó también al Gobierno español de que la pobreza se extenderá durante los próximos años si no logra frenar la subida del paro, que afecta ya al 19,3% de la población activa, una tasa que duplica la media comunitaria y es la segunda más alta de la UE, sólo superada por Letonia. El Ejecutivo comunitario calificó además de "dramática" la tasa de paro juvenil, que se sitúa ya en el 41,7% de la población activa.

"El desempleo es un impulsor clave de la pobreza en España, por lo que poner freno a la destrucción de más puestos de trabajo será vital para evitar que la pobreza se extienda durante los próximos años", resalta el informe mensual sobre empleo hecho público hoy por la Comisión.

Casi el 50% de los hogares sin empleo en España son relativamente pobres, frente al 37% de media en los países de la OCDE, según los datos de esta organización citados por el Ejecutivo comunitario. Además, el 90% de los españoles tiene dificultades para obtener una hipoteca, y el 78% ve problemas para lograr un crédito, los porcentajes más altos de la UE, según los datos del Eurobarómetro.

Bruselas destaca que, tras impactar inicialmente en el sector de la construcción, la contracción económica "se siente ahora con fuerza en la mayoría de los sectores, especialmente servicios, agricultura, construcción e industria manufacturera". Y avisa que el fuerte aumento tanto del desempleo como del déficit público "puede traducirse en un elevado paro de larga duración y un grave empeoramiento de la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas".

Hacia el 20% de paro

El paro seguirá subiendo en España en 2010 (hasta alcanzar el 20% de la población activa) e incluso en 2011 (20,5%), aunque la recuperación ya se haya iniciado, según las previsiones de la Comisión. Además, "se prevé que España sea el último país de la eurozona que entre en la recuperación económica", ya que mientras que los países que comparten la moneda única crecerán un 0,7% en 2010, la economía española se contraerá un 0,8% antes de experimentar en 2011 una moderada recuperación del 1%.

Por lo que se refiere a las medidas adoptadas por el Gobierno para frenar el aumento del paro, especialmente el Fondo de Inversión Local, el informe señala que los aproximadamente 400.000 empleos creados "son temporales y se han utilizado para preservar puestos de trabajo existentes". La dualidad del mercado laboral español se visto acentuada por la recesión. Los empleos temporales representan el 90% de toda la destrucción de puestos de trabajo entre junio de 2008 y junio de 2009, según los datos de la OCDE citados por el informe.

Libertad Digital

Paripé sindical. Por Emilio J. González

La medida alemana es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

¿Alguien esperaba algo de una nueva ronda del diálogo social? Francamente, yo no. Todo esto no es más que parte del paripé que se han montado el Gobierno y los sindicatos para dar la sensación de que hacen algo para combatir la crisis económica y la destrucción de empleo, cuando la realidad es muy distinta. Y si hoy los sindicatos se tienen que sentar a hablar con las empresas van a tener que empezar a debatir cuestiones que pueden sacarles los colores y prefieren seguir haciendo como hasta ahora: lanzar ideas para que un Corbacho siempre dispuesto a plegarse a sus deseos las recoja y trate de convertirlas en medidas gubernamentales.


El caso más reciente es la propuesta de Comisiones Obreras de que España haga como Alemania, donde los trabajadores han aceptado reducir su jornada laboral para mantener los puestos de trabajo y el Estado les cubre la diferencia entre el sueldo que perciben por menos horas de trabajo y el que obtenían antes de la reducción. Con ello, Alemania por ahora ha evitado que se disparen las cifras del paro, pero la realidad de la economía alemana es muy distinta a la española, donde resulta del todo punto imposible aplicar semejante política. ¿Por qué? En primer lugar, porque España, con un déficit y un endeudamiento públicos galopantes ya no tiene margen presupuestario alguno para hacer nada, después de que el Gobierno haya tirado el dinero como lo viene haciendo desde antes incluso de la crisis. En segundo término, porque Alemania ya empieza a poner rumbo hacia la recuperación económica, con lo que dicha medida tiene un horizonte temporal corto, mientras que en España, en el mejor de los casos, los primeros atisbos de recuperación no se producirán hasta 2012 y, desde luego, no bastarán ni para crear empleo ni, tan siquiera, para poner coto a la sangría del paro. Dos años es mucho tiempo para que el Estado pueda financiar semejante política cuando, además, no tiene un solo euro en sus arcas.

Por último, Alemania es un país de grandes empresas, que tiene capacidad para mantener sus plantillas con menos horas de trabajo y se recuperarán tras la crisis y volverán a ser capaces de mantener altos niveles de empleo, mientras que España es un país de pequeñas y medianas empresas que carecen de la capacidad de conservar el empleo y se ven amenazadas por la posibilidad de quebrar porque carecen de potencia financiera para aguantar el tipo y porque no tienen acceso alguno a una financiación que está devorando el Estado con ansiedad. Así es que la medida es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

A los sindicatos empieza a preocuparles la situación socioeconómica española, básicamente porque como ya se han destruido todos los empleos temporales, ahora el paro ya está afectando a los trabajadores con contrato fijo que son quienes, en última instancia, los sostienen con sus afiliaciones, escasas y decrecientes, y con su participación en las elecciones a comités de empresa, en las cuales muchos delegados se presentan bajo las siglas de UGT y CCOO sin ser afiliados de las mismas, lo que permite a ambas centrales mantener la ficción de que son representativas. Estos trabajadores con contrato fijo son los que ahora, ante la pasividad de Méndez y Toxo y su connivencia con un Gobierno que no hace más que empeorar la situación económica día a día, pueden volverse contra los sindicatos. De ahí su preocupación por dar la idea de que hacen algo cuando no es así. Por ello hablan de reducción de jornada a la alemana y por ello, también, han dejado que se extienda la idea de que se puede retomar el diálogo social, como si eso fuera a resolver algo.

Por desgracia, y tal y como están las cosas, a estas alturas ya no vale con decir que los sindicatos van a sentarse con la patronal a la mesa de negociaciones y no hacer nada más, porque la sociedad española ya está cansada de palabras huecas, sin contenido, y reclama soluciones. Unas soluciones que los sindicatos se niegan a debatir porque su posición no es pragmática, sino ideológica, y lo que hay que hacer en este país va en contra de las ideas equivocadas que defienden. Por ejemplo, hoy por hoy, con el 47% de los jóvenes en paro, es más necesario que nunca el acabar con el salario mínimo interprofesional para que puedan tener una oportunidad de ingresar en el mercado de trabajo, algo que nuestros sindicatos jamás van a aceptar. De la misma forma, es preciso abaratar el coste del despido en los nuevos contratos, que no en los ya existentes, para facilitar que las empresas puedan incorporar nuevos trabajadores en sus plantillas, a lo cual la respuesta sindical es un "no" más que amenazador. Y eso por no hablar ya, por ejemplo, de todo lo que tiene que ver con la movilidad laboral; ¿cómo se explica que, con los actuales niveles de paro, haya miles de puestos de trabajo sin cubrir en la agricultura?

Todas estas cuestiones, junto con la congelación e, incluso, reducción de los salarios, son las que tienen que tratarse en el diálogo social. Pero diálogo implica disposición a conversar y los sindicatos no la tienen cuando se trata de estas materias. Con lo cual no es de extrañar que Toxo haya enfriado las expectativas en torno al diálogo social. Mientras el Gobierno siga siendo prisionero de su temor a que los sindicatos le convoquen una huelga general y éstos persistan en su actitud de negarse a defender de verdad a los trabajadores y sus derechos, mientras perciben millones y millones de euros del Gobierno para tener la boca callada, aquí jamás podrá haber diálogo social. Y el tiempo de hacer el paripé por parte de las centrales ya ha pasado, porque no se pueden seguir creando falsas expectativas en una sociedad que pide a gritos soluciones contra el paro, porque las cosas pueden estar a punto de volverse contra UGT y CCOO.

Libertad Digital - Opinión

¿Y qué ha sido de nuestras instituciones?. Por Angel Expósito

Asistimos a una patética «desinstitucionalización» en España que parece no tener fin. Podemos poner sobre el tapete varios ejemplos y seguro que olvidamos algunos:

El Tribunal Constitucional ni está ni se le espera, y en la memoria ciudadana permanece como foto fija su presidenta abroncada por Fernández de la Vega; el Estado Mayor de la Defensa es ninguneado por una decisión política en contra de cualquier estrategia militar; la reforma de RTVE se plantea sin que su presidente sepa ni «mu» y la Audiencia Nacional emite un insólito comunicado contra el Gobierno, por no hablar del Consejo de la Energía o del Consejo de las Telecomunicaciones. Y para colmo, en otro plano, Laporta dejará al Barça sin un solo socio fuera de Cataluña; y del Real Madrid, mejor me callo.

Algo está pasando, y muy grave, cuando un Estado hace que sus instituciones pierdan su honor poco a poco. Esta «desinstitucionalización» paulatina resulta peor que su propia desaparición.


ABC - Opinión

viernes, 13 de noviembre de 2009

Gran inversión. Por Alfonso Ussía

La directora general del Instituto de la Mujer de Extremadura –título larguísimo–, doña María José Pulido, ha invertido14.000 euros en el fomento de las pajas. Ha presentado el proyecto en compañía de la presidenta del Consejo de la Juventud, doña Laura Garrido. Talleres de masturbación femeninos. Una «demanda social basada en el derecho de los adolescentes a ser informados sobre este tema». También «actividad lúdica y formativa», y «desarrollo e interiorización de hábitos saludables». Desde que el mundo es mundo ha existido la masturbación, pero esto de Extremadura, además de un despilfarro es una cursilería cerdita. ¡Qué lenguaje! Y además, nada originales las señoras Pulido y Garrido. En el socialismo se fomenta el autogozo desde muchos años atrás. También copionas. De doña Matilde Fernández cuando era ministra con Felipe González.

Corría el año 1992, y doña Matilde había negado una ayuda de 40 millones de pesetas a las Víctimas del Terrorismo. Simultáneamente, su Ministerio subvencionaba una publicación, «La Boletina», también centrada en el pajerío femenino. Una cochinada más cursi aún que la de Extremadura. «La Boletina» cerraba su publicación con un poema de la poetisa mejicana Rosa María Roffiel que no tiene desperdicio, por ser un desperdicio total. Pero antes, se informaba a las jóvenes españolas con ganas de autogozarse el chichamen de cosas tan interesantes como la que sigue: «Hay que aprender a examinar nuestros pechos y nuestra genitalia». Si Alitalia es la compañía aérea italiana, la genitalia será el conjunto de chichis de las italianas. Pero no. Se refería a las españolas, que a partir de aquel momento se examinaron más los pechos y la genitalia para progresar adecuadamente en la modernidad. A las señoras Pulido y Garrido se les ha olvidado referirse a la genitalia, y se conforman con las conocidas pajas de toda la vida, objetivo social de los 14.000 euros que han volado entre grititos y suspirillos que se hubieran producido igualmente sin necesidad de invertir los 14.000 euros. O no, que en esto de las pajitas femeninas saben más doña María José y doña Laura que este servidor de ustedes, que después de examinarse concienzudamente sus pechos y su genitalia ha llegado a la conclusión de que no tiene cómodo acceso a los 14.000 euros pajilleros. Y les ha fallado también el poemario de Rosa María Roffiel, seguramente por culpa de la incultura poética de doña María José y doña Laura, a las que recomiendo desde aquí la urgente adquisición de cualquiera de sus libros. Versos elegantes, limpios y sencillos, como los de su escalofriante poema «Gioconda»:
«Mi vulva es una flor,
es una concha,
un higo,
un terciopelo,
es color rosa,
suave, intima, carnosa.
A mis doce años le brotó la pelusa,
una nube de algodón entre mis muslos.
Es mi segunda boca,
mis cuatro labios,
y siente, vibra, sangra, se enoja, se moja, palpita y me habla».

Poema digno de ser recitado durante los talleres de masturbación femenina que tanto emocionan a doña María José y doña Laura. Extremadura ha alcanzado el progreso.

La Razón - Opinión

Un tapado en el armario. Por Emilio Campmany

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem capaz de regenerar las instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía (Rato).

Supongamos que Esperanza Aguirre se convenció hace unos meses de estas cosas: primero, que Rajoy no llegará vivo a 2012 y si llega, será para perder; que su caída abrirá la lucha entre ella y Gallardón; y que vencerá quien de los dos tenga más apoyos en el partido. Supongamos que entonces reflexionó sobre cómo asegurarse esos respaldos. Supongamos que pensó que las adhesiones, en los partidos, provienen sobre todo de las lealtades personales, de la capacidad de obtener financiación para las elecciones y del predicamento que se tenga entre el electorado. Supongamos que entonces la presidenta de la Comunidad de Madrid calculó que cuenta con muchos leales entre los cuadros medios del partido, pero que éstos podrían estar dispuestos a traicionarla si perciben, con razón o sin ella, que Gallardón tiene más respaldo económico y más carisma entre el electorado.


Supongamos que entonces Esperanza Aguirre se preguntó qué hacer. Supongamos que decidió que necesitaba vencer en Caja Madrid para tener casi tanto poder económico como Gallardón. Sin embargo, esto podía no ser suficiente si Gallardón convencía al partido de ser más atractivo para el electorado. Supongamos que Aguirre pensó entonces que la crisis económica ofrecía la oportunidad de ser mucho más carismática que el alcalde manirroto si, junto a su atestiguada costumbre de ser comedida en el gasto, era capaz de presentarse con un aliado que ofreciera garantías de ser capaz de reanimar la economía española. Quién mejor que Rodrigo Rato, que ya la había recuperado antes. El que Gallardón, en su soberbia, no perciba que en este momento necesita a un aliado que ofrezca solvencia en la gestión de las cuentas públicas y crea que con Cobo tiene bastante no hizo más que añadir ventajas a la decisión de buscar la alianza de Rato.

Supongamos que Esperanza Aguirre negoció con Rato y ambos decidieron unir los dos elementos de la estrategia colocando a Rato en Caja Madrid. Desde allí, Rato podría ofrecer tanta financiación electoral al partido como la que pueda proporcionar Gallardón y, a la vez, hacer propuestas económicas con las que ir empezando la campaña contra Zapatero. Supongamos que el primer intento de colocar a Rato salió mal porque Rajoy no aceptó a uno que podría utilizar la plataforma para hacerle sombra. Y supongamos que entonces Aguirre decidió proponer a quien suscitara la airada oposición de Gallardón, esto es, a alguien de su absoluta confianza, Ignacio González, con el fin de que su obstinación en el veto allanara el camino a Rato. Supongamos que entonces Rato acertó a conseguir que desde Moncloa y otros núcleos de poder se susurrara al oído de Rajoy su nombre. Y supongamos, finalmente, que Gallardón, convencido de la neutralidad del ex vicepresidente del Gobierno y a la vista de que Aguirre lo acepta sólo a regañadientes, resolvió ofrecer su nihil obstat.

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem con visos de ser capaz de regenerar las maltrechas instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía española (Rato). Y supongamos, para terminar, que este tándem, tras desbancar a Rajoy y derrotar a Gallardón en la lucha interna del PP, es capaz de vencer a Zapatero o a quien en el PSOE le suceda en 2012.
Ya sé que es mucho suponer, pero ¿a que suena bien?

Libertad Digital - Opinión

A masturbarse tocan. Por José María Carrascal

DEBERÍA de hablarles de los presupuestos y de la financiación autonómica, pero ¿qué voy a decir de unos presupuestos que hasta quienes los apoyan los critican -el PNV- y de una financiación que privilegia a los ricos en detrimento de los pobres? Así que voy a hablarles de esa disposición de la Junta de Extremadura para enseñar a los jóvenes extremeños a masturbarse. No por afán humorístico o pornográfico, sino como reflejo de nuestro flamante socialismo.

Rodríguez Ibarra quería que todos los niños extremeños se convirtieran en informáticos. Su sucesor se contenta con que manejen sus dedos para darse gusto a sí mismos, que es una actividad bastante más placentera y mucho más barata. Productiva ya es otra cosa, pero no sólo de productividad vive el hombre, nos contestará el señor Fernández Vara con toda razón.


No crean que está solo en esta interpretación de la política. Se limita a seguir la línea de toda la izquierda europea durante las últimas décadas. Desplomado el muro de Berlín, desmoronada la Unión Soviética y enviado al trastero el mito de la revolución, ¿qué le queda a la izquierda? Viene intentándolo todo, sin conseguir nada. La «tercera vía» fueron unos bonitos fuegos artificiales que duraron lo que duraron. La vuelta al socialismo militante ha terminado en rotundos fracasos electorales en Alemania y Francia. La alianza con los Verdes, en viaje a ninguna parte, y el abrazo con los ex comunistas, en receta para el suicidio. Así que la izquierda se ha refugiado en la llamada «revolución cultural», que tiene de revolución lo que un «yuppie» tiene de revolucionario, y de cultural, lo que un «hippy» tiene de erudito. La revolución cultural no ha sido más que el epílogo de la revolución burguesa, la traca final de la misma, manteniendo su estructura económica, pero ofreciendo barra libre en materia de costumbres, es decir, saltándose todos los convencionalismos que venían sirviendo de freno a la sociedad burguesa. No trajo la nacionalización de la banca, de las empresas, ni de los latifundios; al revés, privatizó muchas empresas estatales, lo que desde un punto de vista marxista es más antirrevolucionario que revolucionario. Trajo, en cambio, el divorcio exprés, el aborto a la carta, los matrimonios homosexuales y cosas por el estilo, mucho más relacionadas con el individuo en particular que con la sociedad en su conjunto, que supuestamente es la primera preocupación del socialismo.

Eso ocurrió hace 40 años en el mundo y, algo después, en España. Zapatero quiere darnos ahora otra ración de ello, a falta de otra cosa que ofrecernos: más abortos, más divorcios, más píldoras anticonceptivas, mezclado con la «memoria histórica», condimento antifranquista de todas sus salsas, a modo de bálsamo de Fierabrás. Fernández Vara le añade la asignatura de la masturbación. Eso si es elevar el nivel educativo.

ABC - Opinión

La errática estrategia del Gobierno contra los piratas

El Ejecutivo carece de una estrategia definida para liberar a la tripulación y va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Aunque, siguiendo el criterio de la Navaja de Ockham, lo más probable en el caso de los piratas somalíes detenidos era que Garzón hubiese vuelto a meter la pata anteponiendo su afán mediático a cualquier otra consideración, parece ser que, en esta ocasión, la responsabilidad no le corresponde al "juez estrella", sino al Gobierno y, en concreto, a su vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega.


Señala la Audiencia Nacional en una nota de prensa que "ningún juez de la Audiencia Nacional reclamó la competencia del caso Alakrana", sino que "una vez presentada la denuncia por la Abogacía del Estado, se resolvió sobre la competencia previo informe del Ministerio Fiscal". Dicho de otra manera, fue el Gobierno quien requirió el traslado urgente a España de los dos piratas detenidos, Abdu Wiilly y Raageggesey Adji Haman.

Debería haber parecido evidente desde un comienzo que una decisión de tamaña trascendencia iba a tener rápidas consecuencias sobre el proceso negociador y el Ejecutivo debería haberse planteado si estaba dispuesto a digerirlas desde su tradicional postura de parálisis e indefinición. La propia célula de crisis que decidió detener a los piratas y traerlos a España, presidida por De la Vega, contó de hecho con un informe del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas donde ya se advertía con claridad de que ante semejante decisión los piratas podrían reaccionar elevando la tensión y las amenazas.

Ignorando el informe técnico, el Gobierno no vaciló demasiado en tomar por unanimidad una rápida y delicada decisión que cerraba numerosas opciones dentro de un proceso de negociación ya inevitable como consecuencia de las reticencias socialistas a rescatar militarmente a los pescadores secuestrados.

Lo grave del asunto, con todo, no ha sido ya la precipitación y la ausencia de perfil técnico de una decisión más política que táctica, sino la incapacidad del Ejecutivo para ser consecuente con las decisiones adoptadas. Una vez trasladados los piratas a España, habría sido de esperar que nuestros mandatarios estuvieran dispuestos a resistir cualquier previsible represalia de los piratas. No ya porque no tiene mucho sentido dar un golpe sobre la mesa negociadora sabiendo de antemano que a la mínima nos volveremos a sentar acobardados en ella y casi pidiendo disculpas.

El Gobierno debería haber tenido en cuenta, sobre todo, que nuestro sistema judicial es formalmente independiente, de modo que una vez llevados a disposición judicial los detenidos, la decisión tendría una muy complicada marcha atrás; a menos, claro está, que se pretenda forzar una vez más las instituciones democráticas y debilitar el Estado de Derecho.

Al final, por consiguiente, resulta que el negociador en el que se ha convertido el Ejecutivo por voluntad propia carece de una estrategia definida y clara para alcanzar el resultado supuestamente pretendido –la liberación de la tripulación– y que va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Muy mal han de estar haciéndose las cosas cuando en unos pocos días se siguen criterios prácticamente contradictorios sobre asuntos esenciales dentro del proceso negociador y cuando esa contradicción no es fruto de un cambio inesperado de las circunstancias concurrentes, sino del efecto previsible que esas decisiones iban a tener. Y mientras prosigue esta caótica estrategia, los pescadores españoles ya llevan más de 40 días apresados.

Libertad Digital - Editorial