LOS resultados de la encuesta publicada ayer por el Centro de Investigaciones Sociológicas son, como mínimo, extraños, visto el contexto económico y social en el que fue elaborada, durante el mes de abril, en plena ebullición del dato del paro de marzo, que superaba ya los 4.000.000 de desempleados. Son extraños porque, así como hay sondeos que coinciden con el ambiente que se percibe en la calle, este sondeo refleja unas expectativas electorales poco coherentes con la realidad de la crisis y del desgaste del Gobierno. Además, el sesgo de los encuestados muestra un desequilibrio absoluto a favor del PSOE respecto de los votantes que participaron en las elecciones generales de 2008, porque sólo el 26 por ciento declara haber votado al PP, cuando en realidad lo hizo más del 40 por ciento. Esta selección de los encuestados vicia de origen el resultado final del estudio. Según el CIS, el PSOE recibe un voto estimado del 40,8 por ciento, es decir, un punto porcentual más que en enero de este año; y el PP, el 40 por ciento, medio punto porcentual más que hace cuatro meses. Técnicamente es un empate, pero políticamente es un respiro para los socialistas, oportunamente situado a una semana del debate sobre el Estado de la Nación y a un mes de las elecciones europeas. El PP sigue mejorando sus expectativas y, por primera vez desde la encuesta de enero de 2004, el CIS le concede el 40 por ciento de voto estimado. Pero el dato principal y más dudoso del sondeo es que aún sigue estando por detrás del PSOE, pese a que la opinión de los ciudadanos sobre la situación económica es absolutamente negativa y pesimista. El 71,3 por ciento considera que es mala o muy mala; el 67,8 cree que ha empeorado en el último año, y sólo un 20,8 cree que mejorará en los próximos doce meses. Además, la gestión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sólo es apoyada por el 15,9 por ciento. Parece inverosímil que con estos datos -y sin una ponderación fiable de la abstención- los socialistas aún estén por delante, como también lo parece que apenas se refleje en la encuesta el éxito electoral del Partido Popular en Galicia, o el acierto general de los populares en sus críticas al Gobierno y el esfuerzo de Mariano Rajoy en ofrecer una oposición constructiva, generalmente desdeñada por Rodríguez Zapatero.
En todo caso, parece evidente que en España se ha consolidado un fuerte bipartidismo, pero que no permite a ninguno de los grandes partidos albergar esperanzas de mayorías absolutas, porque sus suelos electorales son muy altos y parejos, lo que los abocará a políticas de pactos con partidos minoritarios. La otra lección de esta encuesta es que el PP sigue teniendo que hacer un esfuerzo de pedagogía y comunicación con los ciudadanos. Quizás haga bien el PP en recordar que una mayor dosis de continuidad y firmeza en sus mensajes a la sociedad gallega fue decisiva para que Alberto Núñez Feijóo ganara por mayoría absoluta. La crisis económica protagoniza el desánimo de la opinión pública, pero no es el único problema, algo que el PP debería considerar a la hora de dirigirse a unos ciudadanos que también se preocupan por la educación, la seguridad ciudadana, la inmigración o la falta de austeridad.
La historia de siempre: al final los ciudadanos acaban pagando la falta de previsión y los intereses de unos pocos. Ahora ha tocado el turno con el asunto de la nueva financiación de RTVE. Las privadas, que inicialmente advirtieron que no iban a soportar más cargas -pagan un 11% de sus presupuestos en derechos de autor e inversión al cine-, han hecho cuentas y no dicen ni pío. Y es que a cambio podrían repartirse casi 600 millones de euros más en el nuevo pastel publicitario. Las 'telecos', en cambio, advierten que con este impuesto subirán las tarifas. Lo dicho, otra vez toca rascarse el bolsillo. En este conflicto de intereses, nadie quiere hacerse cargo de la abuela pero sí recibir su parte de la herencia. Con la supresión de la publicidad en RTVE, las cadenas privadas se están frotando las manos pensando en el nuevo reparto publicitario. Concretamente podrían ganar entre 480 y 600 millones de euros por aportar un 3% de sus presupuestos brutos para la Corporación.
Sorprende el nuevo cambio de disposición de las privadas. Hace sólo unos días, Uteca mostraba su rechazo a la posible implantación de este modelo de financiación alegando que las cadenas estaban sometidas a muchas cargas en relación con las tasa que deben pagar por los derechos de autor y la inversión para el Cine. Ahora callan, quizá con la promesa de que en la próxima Ley General Audiovisual -que se debería aprobarse antes de acabar el año- se incluya una rebaja de los actuales cánones porque, como han reconocido fuentes de la asociación, "otra cosa es que cambie el reparto pero no la cantidad".
Las telecos, por su parte, no han mostrado tanta complacencia. Tendrán que aportar el 0,9% de sus presupuestos, una cantidad que asciende a los 290 millones de euros y que representará el 40% de los ingresos de RTVE. Ante esta situación, han tomado medidas. Durante un encuentro con la prensa, el presidente de AETIC, Jesús Banegas, ha advertido que subirán la factura del teléfono e Internet para compensar.
Banegas ha revelado que están estudiando la posibilidad de especificar en color rojo en las facturas el porcentaje que pagan sus clientes por mantener la televisión pública. Además ha explicado que las telecos son el quinto sector en España con más cargas sólo superada por el tabaco, el alcohol, los carburantes y el juego, sectores que pagan más porque su actividad perjudica la salud y provoca, según Sanidad, costes extra al Estado. "Las TIC, en cambio, son necesarias para mejorar la competitividad del país", ha señalado el presidente de AETIC.
¿Conclusión? Con el nuevo sistema de financiación de RTVE, los españoles acabaremos resintiendo un poco más el bolsillo. Además de los 550 millones que recibirá la Corporación -cerca del 45% de su presupuesto- procedente de los PGE, los españoles nos veremos sometidos a la subida de las operadoras. De nada sirve que las empresas de un sector que el pasado año facturaron 102.668 millones de euros digan en los recibos que el Ejecutivo es el culpable del aumento. Al final, acaban pagando los mismos.
Suele definirse el éxtasis como el estado en que una persona se encuentra místicamente unida a Dios, con suspensión de los sentidos. Sin embargo, a nivel terreno, caben otras interpretaciones espiritualmente menos elevadas: un estado de exaltación causada por una alegría o admiración extrema, que anula cualquier otro sentimiento, un estado de plenitud máxima como experiencia de unidad de los sentidos, en las que pensar, sentir, entender e incluso hacer, entre otras cosas, están armónicamente integrados. Bajando en la escala definitoria. El propio orgasmo tanto de mujeres como de hombres se le llama a veces éxtasis. Un escalón todavía más bajo, una droga psicoactiva (spicotrópica) de origen sintético perteneciente al grupo de las fenetilaminas (feniletilaminas) el MDNA (3,4-metilendioximetanfetamina) de fórmula molecular C11H15NO2 con propiedades estimulantes. También responde al nombre de éxtasis. Droga qué según cuentan los entendidos, produce un prolongado estado de tranquilidad, alegría y euforia sexual. "Un mini córner. Partido empatado. Buena ocasión para poner en práctica una jugada ensayada. Xavi se colocó para chutar. Cualquier rechace sería peligroso. Pero el de Terrassa centró al segundo palo, donde entró Puyol, en carrera, con potencia, libre de marca para rematar de cabeza. ! Gol!,!Gol!....!Gooool! de Puyol". Éxtasis futbolístico, varios escalones por debajo de los anteriores en nuestra escala definitoria del éxtasis. "Lo del Bernarbéu ha sido un orgasmo futbolístico" Dice Luis Enrique, asturiano antiguo jugador del Madrid y del Barça, hoy pertenece al cuerpo de entrenadores del Barcelona. Después vino el beso a la senyera por parte de Puyol, tras marcar se quitó el brazalete y besó la senyera. Éxtasis futbolístico- patriótico. Situación relativa en las cloacas de la escala de éxtasis. Comenta Puyol : "Estaba convencido de que marcaría algún día en el Bernabéu: Y tenía preparado ese gesto para cuando marcara", dijo "Lo decidí no de pequeño, porque nunca me hubiese imaginado esto, pero va dedicado a una persona". Si un jugador madridista besa una bandera de España después de marcarle un gol al Barcelona en su campo no sale del terreno de juego por su propio pie.
Después del gol y el beso, una rosa y un libro, se produjo entre los seguidores televisivos de la tribu un instante mágico de éxtasis colectivo intensísimo y breve.Éxtasis constatados por la prueba del fuego, marchas y caídas extáticas. El algunos ambientes concretos se dieron un sinfín de fenómenos propios de la historia de la mística como se ha mencionado antes, éxtasis constastados por la prueba del fuego, marchas y caídas extáticas, levitaciones y otros fenómenos paranormales. El gesto político de Puyol (se ruega no confundir con El Gran Honorable) arrancó, como es natural innumerables respuestas entre los patriotas cuatribarrados, y en muchos pardillos seguidores del Barça que consideran a la entidad un simple equipo de futbol. Centrandonos en los primeros, entre petardos y música de charanga, lo que más se ha escuchado es el clásico !Visca Catalunya Lliure! !Visca el Barça i Visca Catalunya!. La unión entre el barcelonismo y el catalanismo político.
"Puyol orgull català" (Puyol orgullo catalán) Es lo que queda. El sabía perfectamente que ese gesto daría lugar a discusiones de carácter político. Que estaba provocando a mucha gente. Guardiola y C.Rovira dicen que no buscó la provocación, intentan quitarle hierro al asunto, ambos son políticos, Guardiola también, y saben cuando conviene empujar y cuando mantenerse a la defensiva. Ambos como otra mucha gente piensan que un Madrid-Barcelona es como un España-Cataluña pero en un plano casi bélico, guerra de países. Guardiola le dijo un día a un colegiado que no jugase con los sentimientos de una nación. Y ya se sabe cuando los sentimientos están de por medio, y la federación, de quien dependen los árbitros, en manos amigas, lo que menos se debe hacer es jugar con el pan del colegiado de turno y la sensibilidad sentimental de un país está por encima de todo. Incluidos los resultados futbolísticos. Guardiola es originario de Sampedor (situado al norte de Manresa, comarca del Bages en la provincia de Barcelona zona dura del catalanismo), a medida que pase el tiempo se irá definiendo más como patriota cuatribarrado-estelado, la radicalización irá en proporción inversa a sus éxitos como entrenador, mientras esté en la cumbre deportiva, hará esfuerzos para moderarse. Los aficionados del Barça no cuatribarrados, que hay muchos en toda España, podrían soliviantarse y eso no interesa a la entidad.Algunos amigos íntimos del noi de Sampedor, como el cantautor Lluís Llach ya se han definido políticamente. En el caso del cantautor incluso ha salido del armario del sexo.
Algún alma cándida, en uno de los numerosos foros que a veces se visitan. dice: "No entiendo porqué !Viva España! se considera una expresión de fachas y !Visca Catalunya ! No ". Pobre criatura, existe un vector histórico cuyas componentes cartesianas son, el franquismo y el falangismo, definidas en el espacio desolado de una cruenta guerra civil, donde los vencidos se arrogan todos los derechos y a los ganadores se les condena al ostracismo social.
!Ah! en los próximos e importantes compromisos del Barça. Si tiene la desgracia de perder algún partido decisivo, la copa de Europa por ejemplo. Yo no pienso alegrarme, lo juro, !Que barbaridad! Hasta ahí podíamos llegar.
El lehendakari, Patxi López, asumió hoy el cargo como lehendakari en el interior de la Casa de Juntas de Guernica sobre un ejemplar del Estatuto . Momentos después, el lehendakari saliente, Juán José Ibarretxe, le entregó la makila (vara de mando) entre los aplausos de los invitados al acto puestos en pie.
Sobre un ejemplar del Estatuto de Gernika fabricado a este efecto, López, primero en euskera, y después en castellano, pronunció las siguientes palabras: "Tomo posesión y asumo el cargo de lehendakari del Gobierno del País Vasco, así como de la condición de representante ordinario del Estado en su territorio y prometo cumplir las obligaciones de mi cargo con lealtad a la Corona, al Estatuto de Autonomía de Guernica y demás leyes vigentes". El lehendakari designado, Patxi López, llegó hacia las once de la mañana acompañado de su esposa, Begoña Gil, a la casa de Juntas de Gernika (Vizcaya).
El primer lehendakari socialista accedió al recinto foral entre fuertes medidas de seguridad y la expectación de medios, invitados y público, a los que ha saludado mientras era aclamado.
Antes de dirigirse al interior de la Casa de Juntas, López y la presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga, han esperado la llegada, unos minutos después, del lehendakari saliente, Juan José Ibarretxe.
Previamente, Quiroga había recibido a los vicepresidentes del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega y Manuel Chaves, la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, y el presidente del Senado, Javier Rojo.
También han acudido los ex lehendakaris Carlos Garaikoetxea y José Antonio Ardanza, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Mikel Cabieces, presidentes de varias comunidades autónomas, los diputados generales de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.
La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el número dos del PSOE a las elecciones europeas, Ramón Jáuregui, formaban parte, igualmente, de la numerosa lista de políticos y representantes institucionales, sindicales, sociales y del Gobierno vasco en funciones.
López, a diferencia de sus predecesores, no juró el cargo, sino que lo prometió, y tampoco pronunció la expresión "ante Dios humillado" que han utilizado los lehendakaris nacionalistas. En coherencia con su laicismo sustituyó esta frase por una expresión de respeto hacia la sociedad vasca.
Exigió dinero por adelantado a los padres para consentir el evento
Dado que la cuenta de ayuda al niño está blindada, exigieron avales
La ama de casa Toñi sabía perfectamente lo que era un astrocito y hasta una proteína alfabetacristalina –enfermedad de Juanma obliga–, pero hete aquí que no tenía ni idea de lo que anidaba bajo las inextricables siglas de la SGAE.
Lo descubrió con una llamada de teléfono bien reveladora, más aún que esas revistas de ciencia que ahora se atreve a hojear. –Pero, oiga, déjeme contarle. ¿Cómo voy a tener que pagar? Es que el concierto es por mi hijo Juanma...
–Señora, es lo que dice la ley.
"Me llamaron dos semanas antes de la fecha y me dijeron que me iban a cobrar. Traté de explicarles para qué era el concierto benéfico, pero les dio igual. El delegado de la SGAE estaba en la clínica con el niño delante. Cuando se fue, me quedé llorando. Los empleados de rehabilitación me preguntaban: '¿Pero no les has dicho lo de la enfermedad?'. Yo les decía que sí, pero que les daba lo mismo".
Damos con Toñi, Juan Manuel y el pequeño Juanma en el aeropuerto de Barajas, de visita en Madrid para cumplir con un requerimiento televisivo, un día después de que la Sociedad General de Autores haya dicho 'diego donde antes dijo digo'. Los famosos 5.629 euros de ida y vuelta.
"Todo el dinero recaudado para tratar de salvar la vida del niño se ha hecho sumando euro a euro. Es dinero de personas con nóminas bajas, de parados, de inmigrantes... Por eso lo miramos tanto y damos las gracias a la SGAE por este gesto... Nuestra lucha y nuestro esfuerzo es por nuestro hijo, para salvarle la vida, pero el resto de enfermos también puede beneficiarse de esto".
Se deslía la madeja y cada vez vamos sabiendo más y entendiendo menos. Dado que la cuenta de ayuda a Juanma está bloqueada y la SGAE pedía un adelanto antes del concierto, el delegado provincial llegó a exigir incluso un aval bancario a la familia para dar su consentimiento al evento.
Según 'La Voz de Almería', la SGAE ha dicho que recibió el listado de las canciones que se interpretarían en el concierto de David Bisbal tras la actuación, lo que impedía que hubiera tiempo material para acordar, con los autores de las mismas, la gratuidad de los derechos de autor.
El equipo del cantante señala, en cambio, que informó de las canciones "con suficiente tiempo para negociar". De hecho, José María Bisbal, asistente y hermano del cantante, viajó a la sede de la SGAE en persona semanas antes del evento para tratar, sin éxito, de que la entidad no metiera la cuchara.
Ajeno al lío desatado, trastea por la T-4 Juanma con su andar de marioneta rota. "Juanma, que te la das". "Juanma, ven acá". Camina de puntillas agarrado a un Mickey. Una mujer para a Toñi: "Mucho ánimo, señora". Toñi se ha metido ahora a estudiar inglés para leer revistas científicas y saber más del síndrome de Alexander. Nos cuenta de qué va eso de la alfabetacristalina.
«El nacionalismo no se propone convencer, sino vencer. Si el nuevo Gobierno, como ya apunta, da pasos atrás por temor a sus protestas, las redoblará. Quiere la dictadura lingüística y no en fase tardía, sino en la fetén.»
El último período del franquismo ha sido descrito de diversas formas por historiadores y sociólogos, pero el nacionalismo galaico les está dando sopas con honda a los estudiosos. De acuerdo a sus representantes, esa etapa se define en Galicia por una ausencia: la del decreto de "galleguización" de la enseñanza promulgado por el anterior gobierno autonómico. Adelantó la tesis el escritor Manuel Rivas al declarar que su derogación nos llevará a una situación preconstitucional. Con similar claridad se ha expresado la Mesa pola Normalización Lingüística, conocida por coaccionar a comerciantes y empresarios en imitación enxebre de la Cosa Nostra. Suprimir el decreto, dice, sumirá a Galicia en el tardofranquismo. En definitiva, con anterioridad a esa norma infausta que le costó el poder al bipartito, vivíamos en los postreros años de la dictadura. Y nosotros –como ellos– sin enterarnos. Las organizaciones pantalla y los hombres sándwich del nacionalismo gallego profetizan el retorno del mal a la tierra en el caso de que a Feijóo se le ocurra cumplir su promesa electoral de introducir cierta libertad lingüística. Una miríada de asociaciones, más los tres principales sindicatos, claman contra la posibilidad de que se respeten los derechos civiles en el ámbito del idioma. Sus fatwas se publican a diario y los talibanes adoctrinan a la infancia en las Correlinguas, carreras que plagian el modelo implantado en el País Vasco por los satélites del terrorismo. Cuarenta y cinco mil escolares están destinados a recibir sesiones de agitación y propaganda con el apoyo de los ayuntamientos durante el mes en curso. La apoteosis de ese movimiento contra el anterior régimen tendrá lugar el Día de las Letras Gallegas, 17 de mayo.
El tardofranquismo que acaba de descubrir la Mesa era un extraño período, en el cual ella pedía y recibía sustanciosas subvenciones de la Xunta y adquiría un poder injustificado. Pero también fue raro el tardofranquismo auténtico. La Real Academia de la Lengua Gallega instituyó el Día de las Letras Gallegas en plena dictadura. En 1963, para ser exactos, centenario de la publicación de los Cantares gallegos de Rosalía de Castro. La Academia cuenta que entonces se encontraba en la "semiclandestinidad". Otros estaban peor. Pero, y de ahí la rareza de la época, entre sus académicos no numerarios figura, oh, sorpresa, Francisco Franco. Aún no ha llegado a ese rincón el gran borrado de la "memoria histórica".
El nacionalismo no se propone convencer, sino vencer. Si el nuevo Gobierno, como ya apunta, da pasos atrás por temor a sus protestas, las redoblará. Quiere la dictadura lingüística y no en fase tardía, sino en la fetén.
TRAJANO, el emperador romano que nació en Itálica, conquistó la Dacia cuando nacía el siglo II. A Itálica, hoy, le decimos Sevilla y Dacia se corresponde con Rumania. Celestino Corbacho es pacense. Nació a un paso de Olivenza y, quizás estimulado por la pugna bilingüista de su entorno infantil se hizo mocito en Hospitalet de Llobregat. Ahora, como ministro de Trabajo en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero -lo es, lo juro-, también pretende conquistar Rumanía y, como para merecer el aplauso de los rumanos, perpetra que el Estado Español, socio de Rumania, la séptima Nación más poblada de la Unión Europea, estimule el regreso a su país de los rumanos que padecen el mal del paro en el dramático lote humano que ya supera los cuatro millones de víctimas. Darle el subsidio de paro a un rumano que, por ejemplo, retorna su residencia a Bucarest tras su fracaso laboral en Madrid es, además de una temeridad presupuestaria -de gran calado social, eso sí- un gran manantial de corrupción y fraude. ¿Cómo piensa el ministerio de Corbacho controlar en el Este de Europa el potencial desmadre que permite barruntar su proyecto si, hoy por hoy, no es capaz de ajustar el problema en el Sur de España? Conviene, frente a tan voluntarioso plan, añadirle a la reflexión el dato de que los rumanos son ciudadanos europeos de pleno derecho y que cualquier norma o reglamento que quiera limitar su libre desplazamiento por la Unión, España incluida, sería rotundamente ilegal.
No creo, ni hay bases para hacerlo, que Corbacho sea ni más ni mejor socialista que Joaquín Almunia. Lo señalo para que conste que la torpeza que, aquí y ahora, acompaña los espasmos gubernamentales que tratan de enfrentarse con el paro no son de naturaleza ideológica. Buena parte de ellos residen en la insuficiencia intelectual, técnica y política de Zapatero y de quienes le acompañan en tal responsabilidad. Almunia, que fue ministro de Trabajo con Felipe González y es comisario de Economía de la UE, viene predicando que necesitamos una revisión profunda de nuestro ordenamiento laboral y que, en cualquier caso, España sería el último país de la Unión, ¡de los 27!, en salir de la crisis. Hoy, con más del 17 por ciento de tasa de paro -el doble de la media europea- y camino de superar el 20 antes de un año, no caben cataplasmas tan mínimas, y seguramente inútiles, como el plan Corbacho para convencer rumanos.
«La Esquerra, la misma que impide gobernar a CiU, de largo la candidatura más votada en Cataluña, considera un intolerable atentado contra la voluntad popular que PP y PSOE hayan procedido de idéntico modo en Vitoria.»
La Comunión Nacionalista, toda, tanto la adscrita a la parroquia vasca como la feligresía del rebaño identitario catalán, se ha apresurado a denunciar por usurpador a Patxi López. Así, la Esquerra, la misma que impide gobernar a CiU, de largo la candidatura más votada en Cataluña, considera un intolerable atentado contra la voluntad popular que PP y PSOE hayan procedido de idéntico modo en Vitoria. Compungidas lágrimas de cocodrilo que comparte con la propia CiU. Y es que Artur Mas entiende muy tonificante para la salud del parlamentarismo que siete partiditos de lo más heterogéneo sumen sus respectivas debilidades en Baleares con tal de expulsar del poder a los conservadores; sin embargo, se le antoja afrenta inadmisible contra el sufragio universal que las dos grandes fuerzas nacionales establezcan un acuerdo similar en el País Vasco. Como suelen, algo toscos en las formas aunque cristalinamente transparentes en el fondo, sus iguales del PNV ya andan apelando al racismo braquicéfalo de Arana con tal de denunciar la traición de los vascos y las vascas a las vascas y los vascos. Pura sinécdoque irreconciliable con la democracia liberal, su tribalismo ontológico acaba de confesarse por boca de Joseba Eguibar. En su línea, o sea sin dejar que lo sutil riña con lo elegante, Eguibar ha regurgitado que PP y PSOE se disputan el "trofeo" de Ibarretxe, ya que "la cabeza de vasco todavía se aprecia en España". Pues, como es fama, su sucesor, el esquimal Patxi López, pasó toda su infancia en Egipto y, aunque por costumbres y dieta se sienta australiano, posee la nacionalidad tibetana.
Eso se nota, sobre todo, en la forma de la cabeza, como bien denuncia Joseba. Que por algo ya Telesforo de Aranzadi demostró, entre txiquito y txiquito, que "la postura de la cabeza y la forma general de la quijada es en el vasco la menos animal de las existentes". Hallazgo pionero al que un bilbaíno coetáneo suyo, el sarcástico liberal Aranaz Castellanos, añadiría el siguiente corolario inmortal: "Quitéis las boinas y tocarvos un poco por la parte de arriba. Aplastao tenemos el cerebro igual que un plato, de la costumbre que nuestros antepasaos tenían de llevarse piedras grandes de un lao pa otro cuando vivían en las cavernas (...) Toquéisvos también el cogote. Como salido pa fuera tenemos y más desarrollao que los españoles".
La Audiencia Nacional mantiene abiertas 14 causas de jurisdicción universal que afectan a ocho países. No sólo el número, sino también las dificultades para hacer valer sus resoluciones obligarían a considerar el papel de los tribunales españoles en casos que trascienden nuestras fronteras. El presidente del Consejo General del Poder Judicial ha solicitado una reforma legal que limite los casos de jurisdicción universal, argumentando la sobrecarga de trabajo que padece la justicia en España. Es el único argumento al que no cabe apelar: ningún sistema judicial puede renunciar de entrada a perseguir delitos, contribuyendo a su impunidad. La reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial a la que parece apuntar Carlos Dívar, apoyada por sectores del Ejecutivo, no tiene en cuenta que la posibilidad de invocar la jurisdicción universal no deriva sólo de la legislación interna española, sino de su aplicación en conjunción con algunas convenciones internacionales, como la de la tortura. La proliferación de causas de jurisdicción universal en los tribunales españoles no sería, así, el resultado inevitable de una deficiencia -o de una ventaja, según se mire- de las leyes internas y de los tratados internacionales, sino de una concreta interpretación que empezó a desarrollarse desde el caso Pinochet. Los beneficios de esa interpretación son evidentes: ha obligado a hacer justicia en casos que parecían perdidos para las víctimas. Pero conviene prestar atención a sus dificultades: el poder judicial español, y en particular la Audiencia Nacional, parece estar perdiendo su condición de poder del Estado para convertirse en el brazo ejecutor de la justicia material en cualquier lugar del mundo.
Intervenciones de la Audiencia Nacional como la que afecta a ciudadanos españoles torturados en Guantánamo han hecho perder de vista que es obligación del Estado apoyar a esos ciudadanos, a través de mecanismos consulares, para que presenten su demanda donde corresponde en primer término, que son los tribunales estadounidenses. Sólo si esa vía quedase judicialmente cerrada, que es algo distinto de que el presidente Obama pretenda desde el Ejecutivo evitar esos juicios, tendría sentido que intervinieran los tribunales españoles. Y cuando se trata de países en los que la justicia no es independiente, la intervención de la Audiencia puede ocultar que, una vez más, es el Ejecutivo el que está obligado a responder de la seguridad de sus nacionales en su trato con terceros Estados. Si incumple esa obligación puede haber una actuación de la justicia española, no ya contra el Estado extranjero, sino contra el propio Ejecutivo.
El fundamento de la jurisdicción universal cuando no hay españoles entre las víctimas presenta otros problemas. Si no se acepta, se podría contribuir a la impunidad. Pero si se acepta, se estaría implícitamente admitiendo que la legitimidad de los tribunales españoles deriva de la justicia material, no de la Constitución de 1978 que los estableció como poder del Estado.
«Tras saber que el paro ha crecido como nunca lo ha hecho en un mes de abril, y tras la apertura de un expdiente sancionador por nuestro déficit excesivo, el Gobierno dedica su loa al despilfarro de 50.000 millones de euros que ha supuesto el Plan E.»
Aun de manera involuntaria, y gracias a un micrófono abierto, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, nos ha hecho saber, durante la Asamblea de la Confederación Empresarial de Madrid, que "el problema que tenemos no es la grave crisis (...), son los años de Zapatero". La casualidad ha querido también que, durante su intervención en esa misma asamblea, la presidenta de la Comunidad de Madrid advirtiera a los sindicatos que no es el momento de una "huelga general" sino de "sumar esfuerzos y profundizar en un diálogo constructivo para buscar soluciones". En esa misma línea de corrección política, Aguirre ha pedido a los agentes sociales que asuman su responsabilidad, tal como –dijo– lo han hecho los empresarios que durante muchos meses no han caído "en la tentación de culpar o amenazar a nadie por la crisis". Al margen del contraste de ambas declaraciones, una cosa es que una huelga general no sea la solución de la crisis, y otra cosa que no sea necesaria por ello una critica, todo lo diplomática y constructiva que se quiera, de los agentes sociales a la errática política de este Gobierno. Naturalmente las palabras de Díaz Ferrán, involuntariamente interceptadas gracias a un descuido, no son muestra de esa crítica constructiva, pero tampoco lo es la oficial condescendencia que la CEOE y, sobre todo, los sindicatos, están dedicando a la devastadora política de Zapatero. Más aun cuando hay visibles y válidas alternativas de gobierno, como la que protagonizó Aznar o la que protagoniza Esperanza Aguirre.
La critica al Ejecutivo es necesaria, más aun si tenemos en cuenta que, dos días después de saber que el paro ha crecido como nunca lo ha hecho en un mes de abril, y de que la Comisión Europea nos ha abierto un expediente sancionador por nuestro déficit excesivo, se ha celebrado un Consejo de Ministros extraordinario para mayor loa del despilfarro de más de 50.000 millones de euros que ha supuesto el Plan E. A pesar de sus nulos resultados, María Teresa Fernández de La Vega se ha jactado de que España sea el país de la UE que más ha gastado, mientras que Elena Salgado ha rechazado, entre risas, la posibilidad de emprender una de las reformas que tanto requiere nuestra economía, la del mercado laboral.
Por ello también queremos destacar, en forma y fondo, la oportuna descripción que ha hecho Manuel Pizarro de los miembros de este Gobierno como "aquellos que creen que gobernar es gastar". Y es que, como también ha destacado el diputado nacional del PP, gobernar es fundamentalmente "aplicar bien los recursos públicos, aplicar con moderación en época de crisis los recursos a su disposición, y aplicar medidas de competitividad en la economía española". En esta línea, Pizarro ha resaltado que "el problema de la economía española es un problema de competitividad", al tiempo que ha puesto de manifiesto que "esto ya no es una crisis internacional, sino un problema de una crisis que aparece como internacional pero que tiene un componente específico español, que es la generación de desempleo".
No hay que extrañarse, por otra parte, de que España siga a la cola de Europa en libertad económica, tal y como refleja el Indice de Libertad Económica que elabora The Heritage Foundation, The Wall Street Journal y la Fundación FAES. Gracias a este prestigioso y riguroso estudio académico, sabemos que España no sólo no avanza sino que retrocede en términos relativos, siendo los ámbitos más restrictivos para la libertad económica precisamente el fiscal, el laboral y el derivado del enorme gasto público. Pero, a la vista está, quienes nos gobiernan no sólo no solucionan estos problemas, sino que, como Fernández de la Vega o Salgado, se jactan y se ríen de los mismos.
Esperemos, pues, que la crítica que merecen "quienes creen que gobernar es gastar" siga encontrando más cauces que el que otorga el descuido de un micrófono abierto.
UNA ley no escrita de la democracia obliga a todo partido gobernante que pierde el poder a abrir un proceso de revisión de su estrategia y de sus líderes. El Partido Nacionalista Vasco se verá obligado, antes o después, a pasar por este proceso. La marcha de Ibarretxe y la pérdida del poder autonómico son factores que el PNV no puede eludir para dejar las cosas como están. Los nacionalistas han mitificado siempre la figura del lendakari y han utilizado los resortes del poder como andamio de su hegemonía. Sin uno y otro, el PNV entra en una fase histórica sin precedentes, por más que sus líderes apelen al recuerdo del exilio para exhibir credenciales de resistencia. El PNV, sin duda, es un partido fuerte, como ha demostrado de forma reiterada, pero no es invulnerable a los cambios de ciclo. Ningún partido lo es. Hay dos circunstancias que, además, juegan en contra de la estrategia de crispación y sabotaje con la que han recibido al nuevo lendakari, Patxi López. Por un lado, el debilitamiento progresivo de ETA deja sin argumentos al «conflicto vasco» y merma las coartadas del nacionalismo. La causa del conflicto es ETA y no al revés. Por otro lado, el asentamiento del gobierno de López, el funcionamiento de la mayoría parlamentaria no nacionalista y la asimilación del cambio por la sociedad vasca, sin traumas ni revanchas, harán paulatinamente inútil el empeño del PNV de presentar la alternancia como una invasión bárbara. El primer éxito del gobierno de Patxi López será conseguir que ningún no nacionalista tenga que hacer apología de su vasquidad para ser aceptado. El PNV ha abandonado el poder después de haber gobernado sin escrúpulos: pasó de la coalición con los socialistas hasta 1998 al pacto de Estella con ETA, ese mismo año. Los ahora denunciantes del frentismo españolista apostaron por el frentismo soberanista, una asociación de intereses recíprocos con el entramado proetarra y la agitación constante del enfrentamiento con el Estado. Esta estrategia ha fracasado, por la ley y por las urnas, y volverá a fracasar si el PNV pretende mantenerla como guión de su oposición. Quieran o no, los líderes de Sabin Etxea tendrán que decidir cómo afrontar este mandato en la oposición y qué hacer para recuperar el gobierno autonómico, aunque incurrirían en un exceso de confianza si piensan que la sociedad vasca será dentro de cuatro años la misma que ahora. Un mandato de gobierno eficaz, integrador, firme en la defensa de las libertades y contra ETA, reformador de los medios de comunicación, la educación y la política lingüística, puede convencer a muchos vascos de que el nacionalismo es prescindible y que su nivel de vida y su tranquilidad personal -ese bienestar con el que el PNV traficaba adhesiones- se mantiene con otros gobiernos, y sin el coste del silencio ante ETA o ante la marginación de los no nacionalistas.
Desde el lado del nuevo gobierno vasco y de la mayoría que lo apoya hay una lección histórica importante para aprender. El PNV dio paso al moderado Josu Jon Imaz cuando tenía enfrente a un gobierno, el de Aznar, que no cedió. Imaz tuvo que irse cuando el gobierno de Zapatero frivolizó con el radicalismo nacionalista. Sin nuevas concesiones al PNV radical y desquiciado será más fácil que este partido entre en la sensatez democrática.
En el tercer Congreso Internacional por las Víctimas del Terroristmo se llevó el 10% de los 12.820 euros recaudados.
El rodillo implacable de la Sociedad General de Autores y Editores aplasta a cualquiera. Cobra por todo tipo de actos –ya sean benéficos o no– donde suene música de autores registrados en su censo. Da lo mismo que el acto sea para luchar contra la enfermedad de un niño o para recaudar fondos para construir un hospital en Ghana. El caso es cobrar, que esa es la razón de ser de la principal entidad de gestión de España, aunque tenga que recurrir a los tribunales –el pan de cada día– y convertirse en el malo de la película. Ya lo dijo hace una semana Teddy Bautista, presidente del consejo de dirección de la SGAE: «No estamos para ser simpáticos». Y como la SGAE no quiere ser simpática ni hacer distingos, también ha pasado factura en varias ocasiones a la Fundación Víctimas del Terrorismo en los conciertos de homenaje que ha venido celebrando en los últimos años. Según fuentes de esta organización, la entidad dirigida por Teddy Bautista les cobró por derecho de comunicación pública un porcentaje en varios conciertos que ha organizado los 11 de marzo en el Auditorio Nacional, los mismos recitales en los que tanto directores como orquestas han renunciado a sus honorarios.
En los conciertos gratuitos, en los que por su naturaleza no se obtienen ingresos, como es el caso de los que organiza por la Fundación Víctimas del Terrorismo, la SGAE factura sobre los gastos que se derivan de la organización del mismo. La cantidad es siempre igual. Se cobra un 10 por ciento del coste de la organización del evento, explica un portavoz de la entidad de gestión, donde se incluyen el caché del artista, el montaje, la publicidad y cualquier otro gasto que conlleva la celebración de un acto semejante.
En los conciertos benéficos la SGAE también se queda con el 10 por ciento de la taquilla, como sucedió el 13 de febrero de 2006 en el concierto extraordinario en solidaridad con las víctimas del terrorismo organizado por el Ayuntamiento de Valencia, con la colaboración de la Fundación de la Universidad San Pablo CEU. La organización del acto que se celebró dentro del tercer Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo anunció que la recaudación se destinaría íntegra a sufragar actividades que mantengan viva la memoria de quienes sufren la lacra del terror. Y así fue, menos un 10 por ciento de lo obtenido en la taquilla, que fue a parar a las arcas de la SGAE.
Un repertorio grande
El Consistorio valenciano puso a disposición de la solidaridad las 1.798 butacas de su Palau de la Música (se usó la sala José Iturbi, la de mayor capacidad). El precio de las entradas que se pusieron a la venta osciló entre los 10 y los 20 euros. En total, se recaudaron 12.820 euros, explicaron a este periódico fuentes del Ayuntamiento de Valencia. El hecho de que la mayoría de piezas fueran de compositores españoles hizo que la Sociedad de Autores pasará su pertinente recibo por derechos de autor.
La larga lista de conciertos benéficos de los que la SGAE saca tajada afecta a actividades solidarias tan dispares como un proyecto para construir un hospital en Ghana, el pueblo saharaui, talleres de radio sin ánimo de lucro o el «Prestige.
El que será futuro hospital de Binde, en Ghana, contará con 2.249 euros menos por la intervención de la sociedad de autores. El barítono Joan Pons y su hija Joana ofrecieron un recital benéfico en Ciutadella, Menorca, para apoyar la construcción de un centro médico en el país africano. Tampoco aquí hubo ejercicio solidario por parte de la SGAE, que se apoderó, en este caso, de un 12,5% de lo recaudado en taquilla. Tampoco le fueron mejor las cosas a los refugiados saharauis exiliados en Tinduf, Argelia. En este caso de los 30.150 euros obtenidos en taquilla por la venta de entradas del festival benéfico «Entresures», la SGAE se quedó con 3.268,60 euros.
A los tribunales
El caso del taller Radio Libre del Consejo de la Juventud de Segovia es otra muestra de la voracidad recaudatoria de la sociedad de Teddy Bautista. Sin embargo, la reclamación de 1.800 euros efectuada en los tribunales a una radio taller que no tiene ningún ánimo de lucro fue paralizada por el Juzgado. Se desestimó la recaudación al entender que «no realiza ninguna actividad con fines económicos».
Los niños discapacitados que acudían durante 15 días al taller cultural de Fuentepelayo, en Segovia, a punto estuvieron de ver cómo la factura de los autores clausuraba su actividad extraescolar. La SGAE llevó al taller cultural a los tribunales exigiendo derechos de autor por los textos que se interpretaban. No tuvo en cuenta que al tratarse de niños discapacitados, los libretos originales no formaban parte íntegra del reparto (algunos de los chicos no sabían hablar), ni tampoco los enormes esfuerzos económicos realizados por entidades para llevarlo a cabo, ni que no se cobraba entrada. Eso sí, la denuncia que apareció en los medios de comunicación les hizo rectificar.
Por último, la limpieza de chapapote de las costas gallegas tras el hundimiento del Prestige no se libró tampoco de pasar por caja. El amplio movimiento cultural que se manifestó aquellos meses por la catástrofe ecológica quedó para la SGAE retratado en una factura cuando se realizó el «Chapapote Rock». El 10 por ciento de lo allí recaudado se desvió petinentemente para las lustrosas oficinas de la Sociedad General de Autores y Editores.
JUAN José Ibarretxe, en su día, fue investido lehendakari con menos votos de los que ayer respaldaron para el cargo a Patxi López. A pesar de ello, y en uso de la condición excluyente que caracteriza a los nacionalismos, tan díscolo personaje se ha permitido afirmar que el nuevo Gobierno no representa a la mayoría de la sociedad vasca. Es un buen síntoma de un modo escasamente democrático, de cercanías, de entender la democracia y, al tiempo, un aviso de las dificultades que le aguardan al nuevo Ejecutivo de Vitoria. Dos décadas sin alternancia de poder deben de haber esclerotizado las instituciones vascas. Otra señal de lo que nos espera se evidencia en el discurso de investidura del lehendakari López. Todos tenemos el almario lleno de complejos y prejuicios y uno de los más comunes entre la grey socialista es un sentimiento de inferioridad frente a los supuesto de libertad y progreso que definen a la derecha en su conducta histórica y que tratan de anular con una postura de superioridad. En esa línea, López, bilingüe y vizcaitarra, cuajó su discurso de recuerdos y agradecimientos a grandes socialistas del pasado, a su padre, a sus abuelos... pero olvidó el detalle de agradecerle al PP que Antonio Basagoiti lidera en el País Vasco el apoyo sin el que no hubiera pronunciado tan poco generosas palabras.
«Mi primer empeño -dijo- será poner fin al terrorismo de ETA».
Incluso, con un pie apoyado en el buenismo y el otro puesto en el olvido, López expresó su deseo de ser «digno heredero» de los lehendakaris que le han precedido. Ibarretxe entre ellos. La cortesía parlamentaria es exigible, pero también lo son el respeto a los electores y el compromiso con la verdad. El olvido del PP, y de sus electores, puede justificarse, aunque difícilmente, por el complejo socialista frente a la derecha, pero proclamarse «heredero» de Ibarretxe va más allá. Es el quítate tu que me pongo yo que permite dudar de un cambio auténtico en la política vasca. El frentismo no es el de la nueva mayoría. Lo fue el de las precedentes y de ello y sus excesos no es preciso poner ejemplos.
Por lo demás, el discurso de López fue impecable. «Mi primer empeño -dijo- será poner fin al terrorismo de ETA». Así debe de ser, aunque en función de la experiencia habida no hubiera estado de más la exclusión rotunda de la hipótesis de las negociaciones con tales asesinos; pero tampoco se le puede pedir a nadie lo que no puede dar: generosidad y sutileza.
«Mientras que el PSOE y el PP hacen genuina política, o sea, postulan, dicho con lenguaje de Ortega, la unidad de los contrarios, el PNV no quiere ya negociar con nadie y estigmatiza a sus adversarios.»
La claridad, transparencia y precisión de los discursos de Patxi López y Antonio Basagoiti no son adornos de una retórica falsa. Son la principal muestra para evaluar un pacto político que trasciende no sólo el sectarismo nacionalista sino también el partidismo antinacional. Hoy la nación española ha vuelto a ser la carne y el espíritu de un Estado estrictamente instrumental. El pacto político de PSOE y PP no excluye a nadie. Es un pacto de inclusión de todos los vascos de España. De la nación española. Es un pacto para traer libertad "desde el Estado en una nación". Es un pacto de alta política. Un modelo para el resto de España. Quien traicione este pacto, sepa que no sólo estará traicionando al País Vasco sino al resto de España. Hacía tiempo que no asistíamos a un acto político de esta envergadura. La política no es otra cosa que tener una idea clara, transparente y precisa a la disposición de todos los ciudadanos. Esa idea se ha puesto en acción en el debate de investidura del próximo lehendakari. El Estado ha sido considerado en su sentido estrictamente instrumental. Lo decisivo no era el Estado sino que éste no ahogue a la nación española. No hay pueblo vasco, por un lado, y ciudadanos españoles, por otro, sino ciudadanos libres e iguales ante la ley. Ahí estaba la grandeza del discurso de Patxi López. Ahí residía la seriedad, la prudencia y la magnanimidad del discurso de Patxi López. Ese era el lugar común que compartían socialistas y populares.
Por otro lado, los discursos de López y Basagoiti se han hecho aún más grandes al lado de la faramalla nacionalista, pusilánime y vil de Ibarretxe. Su intervención ha sido una síntesis de su "pequeña" política: exclusión del adversario político e integración a palos, es decir, usando los medios del Estado como fines de un partido, el PNV. Ibarretxe se ha retratado otra vez. Más aún, el epílogo puesto por Ibarretxe a su desalmada política de exclusión le ha llevado a no reconocer "legitimidad" a la nueva mayoría alcanzada por López. Aquí hay algo más que torpeza. Hay maldad. Además, pone definitivamente en cuestión el realismo que, alguna vez, acompañó la historia del PNV. Ese empecinamiento, o mejor, esa "patrimonialización" del País Vasco convierte al PNV en un partido casi asilvestrado. Salvaje y secesionista.
En fin, mientras que el PSOE y el PP hacen genuina política, o sea, postulan, dicho con lenguaje de Ortega, la unidad de los contrarios, el PNV no quiere ya negociar con nadie y estigmatiza a sus adversarios.
NO nos viene el error de enrevesados laberintos lógicos. Nos engaña el entusiasmo. Casi siempre. La dulzura de dar sentido a lo que pasa, el resignado empeño en fingir que todo sirvió de algo. Raras veces la equivocación nos viene de la ausencia de datos que permitan componer un cuadro de la vida, este trivial rompecabezas del deseo. Es nuestro tenaz anhelo de imponer que todo cuadre y que todo conduzca a alguna final meta el que nos lleva a perdernos en tantas deslumbrantes fantasías, que acaban siempre por hacer imposible la seca tarea de vivir. Fingimos épica a aquello -lo real- que no la tiene. Porque, por ser real, no puede tenerla. Épica es el recurso artístico, mediante cuyo rodeo alcanza su dosis de consuelo esta pobre alma humana, yonki de finalidades últimas, de grandiosos destinos, de progreso o sentido; yonki de la Providencia aquella que ejercieron ciertos Dioses benévolos, a los cuales vio Hölderlin desertar nuestro áspero territorio en los inicios del siglo diecinueve: «Y la gran voz del destino, ¿dónde suena?... Llegamos tarde, amigo». Me viene a la memoria ahora, cuando quizá termina, aquel fingido monstruo que el soñar epopeyas proyectó, desde el final de los años sesenta, sobre la pobre tierra vasca. Constato la agotadora devastación que vino de ello. Me pregunto si será aún tiempo de poner cura a aquel delirio que fue nuestro. Pero, para el dolor ya sucedido, no hay remedio. Yeats, poeta de la devastación que sigue al entusiasmo, da la cristalina imagen de esa irremediable culpa: «El largo sacrificio,/ trueca en piedra el corazón». Es preciso entender la tragedia del País Vasco. Y el corazón es demasiado piedra ya para poder conmoverse.
En el último decenio del franquismo -el que coincide con mis años jóvenes-, un vendaval de sueños arrancaba a Europa del dormitar convaleciente que vino tras la gran tragedia de los años treinta y cuarenta. Era irreal y hermoso, aquel vendaval. Y nadie pudo pensar -o nadie supo- que, en todo aquel exceso de lo mejor, germinaba la semilla de lo más terrible. Floreció deprisa. Y casi nadie de los de mi edad supo entender, cuando resquebrajó nuestros espejos, que era criatura nuestra. Que, de aquel soñar la consumación de la historia a esta infernal pesadilla del terror envileciendo todo, no existe siquiera un paso. Que el terror es la épica activa del progreso, la imposición del deber ser sobre aquel que se resiste a su medida. A precio sin límite monstruoso. Porque nada limita a aquel que sacrifica ante el altar del absoluto.
¿Será posible alzar un País Vasco exento de esa larga tentación épica; una aburrida sociedad común, que sepa desplazar -como hacen todas- sus excesos de anhelo sobre la sabia escena de pintura, cine, música, literatura..., todo aquello en lo cual la epopeya no paga su conmoción a precio inaceptable; que se avenga a vivir sin dioses como si hubiera dioses (los hay, en nuestros libros, en el quebrarse asesino de un solo de Miles Davis, en el minúsculo encaje de un haiku de Jiménez Lozano, en el grave desarraigo de la voz de Faithfull...)? Ser libre es vivir sin dioses como si los hubiera. Y sin héroes, sus huérfanas criaturas. Y saber, sin embargo, que no habrá día en el cual el alma no se nos estrelle en una nebulosa de infinitos, cada vez que evocamos en Homero las pesadas lágrimas ardientes que caballos inmortales dejan caer sobre el polvo ante el joven cadáver de Patroclo. Vale vivir por esos tenues calambres de teología. Por lo que no es real. Sólo por eso. La épica salva en los libros. Y en el arte. Condena a quienes la hacen materia de la historia: se llama entonces muerte.
«El miembro del Comité Federal José Montilla, alopécica belle de jour, ha acuñado todas las boñigas retóricas que lanzan incansables Arzalluz e Ibarretche contra el lehendakari López ahora mismo.»
Quien quiera comprender la almendra ideológica del Partido Socialista no debería perder el tiempo con tediosos tratados de ciencia política que nada le aclararán. Olvide el curioso al ya de por sí obviable Pettit. Adéntrese, por el contrario, en la escatología cristiana de Tomás de Aquino, Agustín de Hipona o Anselmo de Canterbury. Y es que, a imagen y semejanza de la Divinidad, el PSOE actual se quiere uno y trino a la vez. De ahí, entre otros prodigios lógicos, que el Partido Socialista de Euskadi haya accedido al poder prometiendo acabar con el mismo tribalismo identirario que promueve a diario el Partido Socialista de Cataluña. Un exceso sólo imaginario a decir del tercero en discordia, el Partido Socialista Obrero Español propiamente nominado, razón de que jamás lo haya denunciado. O sea, la esquizofrenia clínica elevada a suprema virtud política. Exhaustivos, los síntomas todos del trastorno bipolar convertidos en solemne declaración de principios doctrinales. Las tres cabezas del perro de Hades devorando furiosas al puño y la rosa.
Así, el miembro del Comité Federal José Montilla, alopécica belle de jour, ha acuñado todas las boñigas retóricas que lanzan incansables Arzalluz e Ibarretche contra el lehendakari López ahora mismo. Todas. Empezando por tildar de "anticalanes" a los dirigentes de ese Partido Popular que ya preside la Cámara vasca. Continuando por las nada veladas amenazas a quien se desvíe un milímetro de la pequeña y maloliente ortodoxia nacionalista, trátese de un magistrado del Tribunal Constitucional o del más modesto tendero que ose rotular en español.
Y terminando por el párrafo sobre la lengua a proscribir en los colegios vascos que Ibarretche le acaba de robar al propio Montilla: "El euskera es la lengua propia y singular de Euskadi y constituye el elemento más distintivo y sobresaliente de la identidad vasca en el concierto cultural mundial (...) Apostamos por un modelo educativo que tenga al euskera como lengua vehicular en el ámbito escolar". Clamoroso corta y pega con remite en Barcelona. Así, basta escribir "Cataluña" allí donde esos desolados gudaris cesantes gimen "Euskadi" e idéntico surtido de coces contra la democracia liberal retumba en la sede del PSC. El mismo, sin necesidad de mover ni una coma.
Por algo, ni al mismísimo Doctor Jekyll se le ocurrió jamás firmar el Pacto del Tinell con los separatistas y los comunistas con tal de expulsar de las instituciones a Mister Hyde.
HAY un negro en la Casa Blanca y un López en Ajuriaenea: la democracia a veces se mueve despacio, pero no se para nunca. En el País Vasco la Transición ha tardado treinta años en cerrarse, y todavía no existe completa libertad, ni la habrá hasta que los no nacionalistas puedan salir sin escolta a bajar la basura o comprar el periódico. Pero ayer se ha acabado la discriminación efectiva que había convertido el poder político en una reserva de exclusión donde la mitad de los ciudadanos tenían prohibida la entrada. La falta de normalidad queda testimoniada aún por dos detalles nada insignificantes: la dificultad del nuevo presidente para encontrar a ciudadanos relevantes dispuestos a afrontar el riesgo de entrar en su Gobierno y la fatal, forzosa ausencia de tanta gente asesinada por haber simplemente soñado con un momento como éste. Incluso es perceptible una cierta autolimitación moral de los propios protagonistas del vuelco histórico, una cautela que acota su legítimo orgullo de hacerse cargo de la victoria que han merecido, una voluntad como de pasar inadvertidos para no levantar sospechas. Ésa es aún la herencia de la coacción y del chantaje: una atmósfera de intimidación que intenta levantar un sentimiento de culpa, un remordimiento usurpador sobre lo que no es más que un simple, natural relevo democrático. Es sólo el principio: ahora vendrá una pesada estrategia de presión soterrada, una venenosa zapa obstructiva, una corrosiva y persistente resistencia destinada a forzar un pacto que mantenga el statu quo de la hegemonía social del nacionalismo.
López es un vasco libre, un español libre: sin culpa primigenia ni vicio de origen
Ése es el verdadero desafío de Patxi López, el hijo del sindicalista de la Naval que organizaba huelgas cuando muchos nacionalistas trataban de acomodarse a la dictadura. Gobernar sin pedir perdón, sin acomplejarse por no pertenecer a una casta que se autoconsidera investida de la esencia de la tribu. Ser el presidente de todos los vascos sin sentirse en deuda con ninguno. Evitar la tentación de competir en nacionalismo con los nacionalistas para borrar un pecado original inexistente. López es un vasco libre, un español libre: sin culpa primigenia ni vicio de origen. Y su triunfo es el de quienes se han negado a aceptar la dominancia de un ficticio privilegio de la identidad o de la sangre.
Por eso el de ayer fue un día de esperanza. Tiene la política vasca unas características tan excepcionales que ha hecho posible el pacto que tantos españoles añoran por encima de ideologías y banderismos. Una alianza que obliga a no fallar a los principios que la han hecho posible: los de la unión fundacional para ensanchar una libertad restringida. Ahora es al nuevo lendakari al que le toca olvidar aquel triste presagio de la madre de Joseba Pagazaurtundúa: ojalá no haga nunca nada que vuelva a helar la sangre derramada.
Tantos meses de trabajo para que, sólo unas horas después de su estreno, unos hackers agüen la fiesta a los populares. El PP celebró el pasado lunes por todo lo alto la puesta de largo de su nueva página web (que mantiene la dirección antigua, www.pp.es) y de su red social (www.popular.es). Los populares estaban orgullosos de haber abierto esta última a cualquier persona que deseara formar parte de su familia virtual. Bastaba con introducir una dirección de correo electrónico. Y no como la que inauguró hace un par de semanas el PSOE (www.activistaspse.net), reservada exclusivamente a los militantes. De hecho, para registrarse en ella es necesario el DNI como forma de que los administradores comprueben que efectivamente el solicitante está afiliado al PSOE, según informa El Semanal Digital.
Cara le ha salido al PP su manga ancha, que ha pecado de ingenuo. Los piratas informáticos le han dado la primera en la frente. Este martes por la mañana, varios hackers asaltaron www.popular.es e hicieron un buen estropicio: un error de seguridad permitió que cualquiera pudiera entrar en el perfil de otro y modificar los datos de la víctima sin ningún pudor.
Los intrusos se cebaron con los de Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja e incluso pusieron al descubierto la dirección de correo con la que el candidato del PP a las elecciones europeas se había registrado. Los responsables de la red social del PP explicaron este martes a El País que los hechos se produjeron el lunes y que el contratiempo ya está solventado. Pero las fechas no coinciden, puesto que varios pantallazos de las fechorías que circulan por Internet muestran claramente que se efectuaron el martes.
La sangría de parados era a borbotones. Y de pronto, frenazo. El dato del paro de abril muestra una relentización en el número de parados, y el Gobierno lo ha aprovechado para hablar de "luz al final del túnel". Los 39.478 nuevos parados suponen una destrucción de empleo inferior a lo que ya estamos acostumbrados. ¿Pero es ésto un indicador de cambio de ritmo o es un espejismo? Aunque ZP y su Ejecutivo no quieran de nuevo ver la verdad, es simplemente una ilusión de realidad. Por desgracia, los casi 40.000 puestos de trabajo han sido generados con dinero público, proveniente del PlanE. No es algo para frotarse las manos, ya que se trata de una menor destrucción de empleo debida a que Zapatero ha comprado puestos de trabajo. Ha puesto dinero para que se recoloque la gente, pero el empleo real nace de la creación de riqueza, no del subsidio. "Esta situación no es sostenible en absoluto", sostiene el diario económico Negocio.
"Cuando se deje de aportar capital público, adiós puestos de trabajo".
Con dinero público no se van a arreglar los problemas, ya que con tasas de paro que apuntan al 20% sólo el sector privado puede revitalizar al país. Por desgracia, este no es el discurso oficial imperante.
Para el diario Expansión, "un fiable termómetro para pulsar la capacidad de generar empleo de una economía es la afiliación a la Seguridad Social, y ésta ha perdido 24.000 cotizantes en abril, lo cual no es muy esperanzador. ¿Cuántos Planes E serían necesarios para lograr una recuperación laboral real e intensa?"
"Estamos ante un parche, muy caro y de limitados beneficios, que testimonia la inconveniencia de volver a intentar adecentar las cifras del paro a golpe de gasto público, más aún cuando al presupuesto le han saltado todas las costuras, con un déficit público que tiende peligrosamente al 10%".
El intento de combatir la crisis con prejuicios y desde una óptica ideologizada es infructuoso y contraproducente. Al Gobierno le queda por explorar el camino de las reformas, pero es rehén de tantos compromisos y tiene pendientes tantas facturas que es improbable se atreva a transitarlo.
Concluye Expansión, pesimista: "Así, que España sea el último país de la UE en salir de la crisis, con cinco millones de parados, no será una “opinión” de la Comisión Europea, como relativiza Salgado, sino una dramática realidad".
CON el telón de fondo del previsible adiós político de Juan José Ibarretxe, el discurso de investidura del nuevo lendakari marcó ayer las directrices de su gobierno y, si se cumplen lealmente, darán lugar a una transformación radical del País Vasco. Los mensajes de López no eran nuevos en su contenido, porque son los que el PP vasco y el Partido Socialista de Euskadi -éste de forma discontinua e incompatible en más ocasiones de las disculpables- ya defendieron en 2001 y alimentaron el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de diciembre de 2000. En este sentido, el homenaje que ayer rindió José María Aznar a Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros no era en vano. La gran novedad de ese discurso es que no fue el de la resistencia al nacionalismo y a ETA, sino el programa de gobierno para los próximos cuatro años. No fue pronunciado por un nacionalista resignado fatalmente a permanecer en la oposición, sino por quien hoy es el primer lendakari no nacionalista, aupado al cargo, además, por un pacto político de alto nivel con el PP. Por tanto, no puede haber continuidad tras casi treinta años de hegemonía nacionalista, porque no es políticamente posible, ni éticamente admisible. El lendakari López pronunció el discurso que muchos vascos querían oír como advenimiento de una nueva etapa y por el que tantas víctimas perdieron su vida a manos de ETA. PP y PSE ofrecieron ayer al unísono una alternativa moral a una sociedad alienada por la imposición nacionalista y por el terror de la violencia. Ahora también los vascos tienen la responsabilidad de demostrar que la indiferencia ante ETA, la insolidaridad con las víctimas y el silencio cómplice son cosa del pasado. López hizo un discurso en sí mismo histórico, pero que debe ser plasmado en acciones políticas concretas. En todo caso, Patxi López demostró lealtad con los compromisos adquiridos con el PP, a quien agradeció el acuerdo de investidura, e inauguró su mandato con una declaración de principios inéditos en la Cámara vasca. Se habló de España sin resentimiento; no hubo mención alguna al «conflicto con el Estado»; de ETA sólo se dijo que es una banda de asesinos y que la paz no tendrá precio político; se proclamó la libertad y los derechos de los vascos como prioridad frente a la violencia y la exclusión identitaria; y defendió la Constitución y el Estatuto de Guernica como únicas fuentes de legitimación del autogobierno. También para el PSE el discurso de ayer canceló sus aventuras filosoberanistas fracasadas. Lo importante es que nunca antes un lendakari, desde 1981, había situado al País Vasco ante un futuro tan esperanzador y digno. La democracia española será desde hoy distinta si sus instituciones vascas realmente se ponen al servicio de la derrota de ETA, el honor de las víctimas y la convivencia entre vascos. La alianza entre PP y PSE ha de superar cualquier adversidad mientras estos objetivos -verdadera transición constitucional en el País Vasco- sean la prioridad del nuevo Gobierno.
Era lógico que el candidato del PNV, Juan José Ibarretxe, no entendiera nada de lo que dijo el lendakari López, porque el lenguaje y la ética nacionalistas llevan décadas adaptado a la ambigüedad moral y el aprovechamiento del terrorismo, a la deslealtad con el Estado. Pero ya importa poco lo que diga Ibarretxe en su adiós a la vida política, porque el lendakari se llama López y no es nacionalista.
La investidura escenifica que Ibarretxe carece de la mayoría para gobernar que sí tiene Patxi López
La sesión de investidura de un lehendakari socialista, tras tres décadas de Gobiernos presididos por candidatos del PNV, transcurrió ayer con plena normalidad democrática: de acuerdo con los procedimientos establecidos y con respeto a las reglas del sistema parlamentario. Una jornada que fue histórica en un sentido no banal del término, fue también excepcional por esa normalidad. Sólo es de lamentar que el lehendakari saliente, Ibarretxe, no estuviera a la altura de su significación institucional en el que, según reveló luego, sería su último discurso antes de su retirada. Su empeño en presentar su candidatura tuvo, sin embargo, la virtud de escenificar las razones por las que deberá desalojar Ajuria Enea: gobernará Patxi López porque el partido más votado, el PNV, fracasó en su intento de conformar una mayoría; mientras que el candidato socialista sí lo consiguió. Legitimado por esa mayoría, Patxi López hizo un discurso tranquilo basado en unas ideas sencillas y hasta obvias, pero que sonaron a agua fresca en comparación con la estancada del reiterativo discurso de Ibarretxe. Iniciativas que unan y no que dividan, mano tendida, especialmente al PNV, diálogo social, reconocimiento del otro sin asimilacionismos, pluralidad, gobernar para todos... Y tres prioridades: deslegitimar al terrorismo para acabar con ETA; crisis y empleo; igualdad de derechos de los ciudadanos.
El nuevo lehendakari expresó su reconocimiento a quienes le precedieron, incluyendo a Ramón Rubial, que presidió un Gobierno de concentración en la preautonomía, y a quien los nacionalistas omiten sistemáticamente; hizo también López una respetuosa mención a Ibarretxe, que sin embargo respondió acusando a los socialistas de "falta de consideración" hacia su persona, y que de nuevo olvidó referirse a la expresa amenaza de ETA al nuevo Gobierno.
Quien ha sido lehendakari desde 1999 presentó un relato en clave conspiratoria del proceso por el que ha dejado de serlo: los españolistas habrían utilizado la Ley de Partidos para intentar sacarle a él de Ajuria Enea: en 2005, dejando participar a EHAK para evitar que el tripartito más Aralar sumaran mayoría absoluta; y en 2009, evitando que participara, para que sí la alcanzaran PSE y PP. Con lo que, se haga una cosa o la contraria, siempre será por un interés político. Cuando lo que tuvo una motivación más claramente política fue mantener en la legalidad hasta 2003 a HB, pese a las evidencias de su dependencia de ETA, con la esperanza de que ello permitiera repetir un proceso de disolución como el de ETA (p-m) por influencia de Euskadiko Ezkerra.
Según Ibarretxe, la frase de Zapatero de que el acuerdo PSE-PP responde al "interés general de España" significa la "anulación de nuestra propia identidad nacional". Contraposición sumarísima que prescinde de la amplia mayoría, más del 60%, según cientos de encuestas, que considera compatible su identidad vasca y española. Tampoco fue afortunada la identificación que hizo de la mayoría que suman PSE y PP como "votos para destruir", con el argumento de que "no están de acuerdo en nada". ¿Acaso es menor la distancia entre el PP y el PNV, lo que no impidió al segundo ofrecer un pacto al primero para seguir gobernando?
La insistencia de Ibarretxe en contraponer a la mayoría parlamentaria una "mayoría sociológica abertzale" da por supuesta una homogeneidad inexistente. Pues es muy posible que muchos votantes del PNV se consideren más próximos del PSE (o del PP) que de Batasuna. Ahí reside una de las causas de la retirada anunciada ayer por Ibarretxe: condujo a su partido a tres victorias electorales pero también a un callejón sin salida: porque, en contra de lo que le dice Otegi, en Euskadi no hay una mayoría soberanista.
El pleno del Parlamento vasco celebrado ayer es trascendental por la histórica elección de Patxi López, que pone fin a 30 años de gobiernos nacionalistas, y la marcha de Ibarretxe.
EL PLENO del Parlamento vasco celebrado ayer fue trascendental y hasta emocionante por partida doble. A la histórica elección de Patxi López lehendakari con 39 votos del PSOE, PP y UPyD, poniendo fin así a 30 años de poder nacionalista, se unió el adiós de Ibarretxe, que deja la política después de más de 10 años liderando sucesivos desafíos al Estado desde Ajuria Enea. El lehendakari saliente se despidió con la misma teatralidad presuntamente solemne que ha utilizado para defender sus planes. Esperó al último segundo de su última intervención, lo cual significó el final efectivo del debate. Cabe subrayar, como primera consecuencia de la sesión, la satisfacción que nos produce esta doble carambola democrática: un socialista gobernará por primera vez el País Vasco, al tiempo que se va el dirigente que más ha contribuido a la división de la sociedad vasca y al fortalecimiento político y moral del entorno de la banda terrorista ETA. Y con él, se van también sus planes. Antes de que el anuncio de Ibarretxe rompiera la sesión, el debate había alcanzado una gran altura desde el punto de vista de la dialéctica parlamentaria, tanto por la intervención de Patxi López como por los discursos de Basagoiti y José Antonio Pastor, así como por la confrontación de ideas con las fuerzas nacionalistas que ahora van a pasar a la oposición. La excepción la puso Ibarretxe, que no quiso despedirse con un discurso generoso, sino con amargura y frustración, aunque sí hay que reconocerle que facilita las cosas a su partido. Su renuncia permite al PNV hacer la transición de forma más cómoda que si él se hubiera aferrado al sillón. El gran protagonista de la sesión, sin embargo, fue Patxi López, que en tono a la vez firme y conciliador hizo un buen discurso, en el que estableció como prioridad el combate diario contra ETA y la búsqueda de una paz «con generosidad, pero sin precio político», utilizando las palabras del asesinado Fernando Buesa. Especialmente intenso y brillante resultó el pasaje en el que se comprometió a la rehumanización de la sociedad vasca para que las víctimas sean reconocidas y los terroristas no consigan «petrificar los corazones» de los vascos que no se conmueven con los asesinatos.
Frente a la grandeza y la altura de miras tanto del candidato a lehendakari como del portavoz del PP, que ofreció a López la máxima lealtad con el Gobierno vasco, se situó la bajeza del portavoz nacionalista, Joseba Egibar, que sacó toda su artillería de barra de batzoki contra el pacto PSOE-PP, presentando a López como el político que quiere «dar la vuelta al ruedo de la Plaza de Las Ventas de Madrid llevando la cabeza del vasco que tanto aprecia España». Las duras descalificaciones de Egibar fueron respondidas con implacable contundencia por Patxi López: «Somos tan vascos como ustedes, pero buscamos el entendimiento y renunciamos a imponer nuestras posiciones». Tanto López como Basagoiti rechazaron las críticas del PNV sobre «el oportunismo» del pacto de gobierno -«la antorcha la lleva Mayor Oreja», dijo Egibar- y, como señalaron algunos de los intervinientes, el discurso del PNV demostró por sí mismo que el acuerdo PSOE-PP era imprescindible. Es indudable que el PNV tiene que hacer su reflexión interna sobre hasta dónde les ha llevado la deriva soberanista iniciada en Lizarra.
Más allá de la comprensible euforia con la que fue recibida la elección del lehendakari López por parte de socialistas y populares -Rajoy y Blanco asistieron a la sesión para subrayar su trascendencia-, al Gobierno vasco le espera la tarea de desmontar sin revanchismos 30 años de régimen nacionalista. Y no será fácil, sobre todo si los pactos de Vitoria no se contagian a Madrid.
«La salida del PNV es condición necesaria, pero no garantía suficiente de que se vayan acometer las profundas y numerosas reformas que son necesarias para desmantelar el régimen que durante treinta años ha implantado el nacionalismo en el País Vasco.»
A partir de su nombramiento como primer lehendakari no nacionalista de nuestra democracia, Patxi López se enfrenta a una responsabilidad histórica de cara a lograr que el País Vasco consume una transición a la libertad que, en buena parte, ha sido secuestrada por el nacionalismo vasco. El propio López ha asegurado que comparecía ante la cámara, "no sólo para ser elegido lehendakari, no sólo para formar un nuevo gobierno y presidirlo, sino para abrir un nuevo tiempo político". Hacer una referencia a un "nuevo tiempo político", dadas las circunstancias, es obligado pero no es garantía suficiente, como no lo ha sido parte de su discurso de que se vayan acometer las profundas y numerosas reformas que son necesarias para desmantelar el régimen que, durante treinta años, ha implantado el nacionalismo en el País Vasco. Patxi López debe repudiar un pasado de diálogo con ETA y con su entorno, que no se disipa con una voluntad de lograr "una paz con generosidad, pero sin precio político". Patxi López debe lograr también que el euskera deje de ser una imposición en la escuela, pero no ya porque ese imperativo "no respeta la Ley de la Escuela Pública" o "por haber surgido fuera de los consensos necesarios para hacer avanzar la política lingüística", sino porque es un atentado a la libertad individual de los vascos. Asimismo, la posibilidad de que los vascos puedan educarse en castellano no es tampoco suficiente para acabar con las falsificaciones nacionalistas que imperan en la enseñanza.
Ofrecer "un amplio consenso con todos los grupos para llevar a cabo reformas en la radiotelevisión pública en orden a hacer de EiTB un servicio público plural y de calidad, y de convertir a ETB 1 en instrumento útil y eficaz de desarrollo de una cultura en euskera moderna y plural", puede ser, pero no parece, una muestra suficientemente decidida de querer acabar con una televisión política ocupada por los nacionalistas y dedicada a la "construcción nacional".
Por el contrario, la clara reivindicación hecha por López de la vigencia y potencialidad del actual estatuto de autonomía reduce, ciertamente, la posibilidad de aventuras de ruptura constitucional vía reforma estatutaria que entrañaba el olvidado "Plan López". Sin embargo, no estaría de más que el nuevo lehendakari, además de agradecer el apoyo recibido, hubiera hecho referencia al acuerdo político con el PP que ha hecho posible su investidura. Eso, por no decir que su principal oferta de consenso hubiera sido con este partido y no "especialmente con el que ahora va a ser principal partido de la oposición".
Aunque tampoco habría estado de más una reivindicación expresa a los miles de exiliados vascos, la intervención de López ha tenido también muy esperanzadores pasajes como el de que "si queremos que el terrorismo desaparezca no sólo tendremos que detener a terroristas; también deberemos reaccionar ante sus expresiones públicas y conseguir su deslegitimación social, especialmente en los ámbitos de la enseñanza, el asociacionismo y los medios de comunicación".
Mucho se podría criticar también de su oferta de política económica, caracterizada por el recurso al endeudamiento y que incluye medidas tan disparatadas como un "plan vasco de lucha contra el cambio climático". Pero ni es el momento de hacerlo ni, desgraciadamente, suponen una "anormalidad" con lo que ocurre en el resto de España.
Sólo queda confiar en que la acción del Gobierno de López, que tampoco puede vislumbrarse en su totalidad en un discurso de investidura, sirva para llevar de manera estimulante al País Vasco la libertad, la igualdad y el respeto al imperio de la Ley que ha abortado el nacionalismo en estas tres décadas. La salida del PNV es para ello condición necesaria, pero no suficiente. Esperemos, pues, que la bienvenida de López se base en algo más que en el adiós de Ibarretxe.
Treinta largos años después que los demás... Nacionalismo como religión política; secta homogénea (al menos, la clase dominante); distinción identitaria entre «nosotros» y «ellos»; irrendentismo, intolerancia, «totalismo» como versión suave del terror totalitario. De acuerdo en que Patxi Lopez no era la fórmula soñada para salir del agujero, pero la política -espejo de la vida- nos enseña una y otra vez que los mejores no siempre tienen éxito. Los recuerdos se agolpan. Primero, las víctimas. Hablo de personas de carne y hueso, de (casi) todos los partidos y de (casi) todas las profesiones, valedores de la causa cívica o ajenos a la disputa interminable. No pienso en organizaciones, ni en estrategias partidistas o maniobras tácticas. Es el homenaje uno por uno a los seres humanos cuyo proyecto de vida, único e irrepetible, fue truncado por los asesinos. Basagoiti los puso ayer en el primer plano de la memoria de la gente decente. Homenaje también a tantos héroes de la libertad en el País Vasco (socialistas, populares, indiferentes al partidismo) dispuestos a vivir en estado de sitio para dar testimonio de la razón frente a la barbarie. Reconocimiento también a los amigos del exilio y su añoranza legítima y a los políticos sacrificados en el camino: ¿cómo no recordar a Jaime Mayor y a Nicolás Redondo? Fueron las imágenes de una utopía que ahora nos exige que aceptemos simplemente lo posible. Un par de generaciones de españoles hemos dejado lo mejor de nosotros mismos (con el discurso, con la pluma, con el ejemplo diario) para que la Transición, orgullo legítimo de la España contemporánea, llegara también al País Vasco. Llega, claro, de forma imperfecta, pero la realidad no admite dudas. Una joven dirigente del PP preside el Parlamento de Vitoria, un soplo de aire fresco cuando se abre la ventana de la libertad. Un candidato del PSE que dice sociedad plural, lucha contra ETA sin precio político, inserción en España y en Europa... ¿Sospechas? Quizá. Pero no lean ustedes la letra pequeña para encontrar apoyo a ciertos prejuicios arraigados. Vamos a ser generosos, por ahora. También exigentes, muy exigentes. Patxi Lopez tiene ante sí una inmensa responsabilidad y ojala esté preparado para asumir una tarea que sólo está al alcance de los grandes políticos. No puede fallar, por complejos y por oportunismos. Sea como fuere, hoy tenemos que ser optimistas en nombre de la libertad, de muchos años de lucha por el derecho, de tantas veces como hemos dicho y sentido que somos más y somos mejores. ¿Problemas? Infinitos. ¿Suspicacias? Unas cuantas. En todo caso, un éxito colectivo que por una vez los españoles de bien tenemos que celebrar juntos y sin sectarismo. Hoy empiezan los trabajos de Hércules para desmontar una red de complicidades y servidumbres. Con algún objetivo directo: policía autonómica, televisión vasca, sistema educativo desde la escuela a la facultad universitaria. Desactivar el mito nacionalista en nombre de una democracia de ciudadanos. Lo principal: vencer el miedo y ayudar a que la gente lo venza. Se vive bien en el País Vasco cuando no toca ejercer el papel de víctima. Está, claro, la infamia terrorista. Ahí sigue y -por desgracia- ahí seguirá, ojalá que sea a la baja. Los culpables son ETA y sus secuaces. La democracia tiene que acabar con ellos, lejos de la política de apaciguamiento y la perversión del lenguaje. No sé si Zapatero ha aprendido la lección moral o sólo le mueve, como es frecuente, el posibilismo electoral. La verdad es que apenas importa. Los hechos están ahí: los terroristas y su disfraz político ya no están en el lugar reservado a las personas honorables, aunque la tarea está incompleta en el ámbito municipal. Parece difícil para el PSOE recuperar el apoyo del PNV en el Congreso: rebus sic stantibus, esto es, si se mantienen las circunstancias actuales. La tentación es oficio natural del diablo y nada es descartable en asuntos tan complejos. Pero seamos justos aquí y ahora para valorar los datos reales. El PP sale muy bien parado de una estrategia limpia en la negociación y la investidura. La excepción vasca justifica un modelo singular de relación con los socialistas y exige también limitar los efectos favorables del eventual apoyo nacionalista a las iniciativas contra Zapatero a escala nacional. Es lo más justo de acuerdo con el contexto. Si cambia, ya se verá. Usted, querido lector, ha escuchado como yo que el nuevo lendakari tiende la mano al PNV. Si es una pieza retórica para facilitar un cambio digno, bien está. Si es un anuncio de componendas, habrá que replantear muchas cosas. El Estado constitucional es fruto de la Ilustración, hijo de las revoluciones atlánticas enriquecidas por la democracia y los derechos fundamentales. No hay lugar para las pasiones irracionales traducidas en ideologías orgánicas o historicistas, que tienden a sumergirse en el mito y la sinrazón. La «tenebrosa fragua» del Espíritu del Pueblo, refugio de tribus y de clanes, ha causado estragos y crueldades sin fin. El PNV tiene a día de hoy una posibilidad única para enviar el delirio sabiniano al desván de los malos sueños. Hay un lugar en el País Vasco para un nacionalismo sensato y moderado. ¿Existe tal cosa? Si no es por convicción, sea por utilidad. Si no es por virtud, nos vale la hipocresía. Si pierden la oportunidad, tal vez será la última, porque la era global ha venido para quedarse. ¿Pronóstico? Reservado, tirando a mal... Patético ayer Ibarretxe con su «frentismo» y su «cruzada», refugiado en un discurso aldeano y perverso. Menos mal que se despide para siempre. Decía Montesquieu que el absolutismo causa un daño irreversible a la constitución social de manera que la libertad se hace imposible para siempre. Espero que se equivoque, y ejemplos hay al respecto. ¿Será capaz de reaccionar la sociedad vasca? Miedo, disimulo, mediocridad y perfidia conviven allí con dignidad, valentía, honor y sacrificio. Ha llegado la hora de recuperar a ciertas mayorías amorfas. Recuerdo las palabras de Martin Luther King, un referente para Barack Obama, entonces desconocido. Con ellas terminaba hace años una Tercera, con motivo -¡qué asco!- de algún asesinato de ETA. Decía el líder de los derechos civiles que «lo peor de nuestro tiempo no es la crueldad de los malvados sino la fría indiferencia de los buenos». Sabemos por experiencia que la Transición supone sufrimiento e incertidumbre. La experiencia de todos los españoles está a disposición de nuestros compatriotas vascos. El esfuerzo merece la pena. Ha llegado la hora de construir una democracia para los ciudadanos y no una cárcel para la libertad envuelta en un equívoco ropaje. El PSOE y el PSE no pueden fallar. Tampoco el PP. Sería imperdonable. Un poco tarde, pero todavía a tiempo, también los vascos -como los demás españoles- serán ciudadanos y no simples súbditos.