sábado, 2 de mayo de 2009

DECLIVE SINDICAL

CON más de cuatro millones de parados, de los que varios cientos de miles no cobran subsidio alguno, una demoledora tasa de desempleo superior al 17 por ciento -más del doble de la media europea-, una reducción preocupante del superávit de la seguridad social y un decrecimiento cercano al 3 por ciento en el PIB del último período internanual, el 1º de mayo de este año era el más indicado desde 1978 para que los sindicatos asumieran su responsabilidad con la clase trabajadora. Sus antecedentes inmediatos de huelgas generales, especialmente la que organizaron contra el Gobierno de Aznar, apuntaban a que CC.OO. y UGT exhibirían una sensibilidad reforzada. Sin embargo, el sindicalismo español está dando muestras de una extravagante forma de entender su función social, comportándose como filiales de la propaganda del Gobierno y asumiendo el papel de arietes contra los iconos favoritos de la izquierda en tiempo de crisis, como el mercado, la clase empresarial y el liberalismo.

La confusión de personalidad que atenaza a los sindicatos españoles es una de las características más notables de la actual crisis económica, porque si con los datos que día a día se acumulan son incapaces de armar un discurso de reivindicación que tenga como destinatario al Gobierno, acabarán suicidándose socialmente. Está clara la razón por la que Rodríguez Zapatero es hoy el único presidente europeo capaz de pedir «cariño» a un sindicato socialista. Los mensajes que ayer lanzaron los líderes sindicales podían haberse oído en el Consejo de Europa durante la comparecencia de Zapatero. Lejos de ser una mera coincidencia, la utilización de los mismos dardos verbales contra las empresas y el mercado demuestra que la izquierda anda necesitada de chivos expiatorios que expliquen por qué España, cuya economía está intervenida o condicionada administrativamente por los cuatro costados, es la que aporta dos tercios del desempleo generado en Europa. Y esta explicación es inaplazable porque las acusaciones de codicia, especulación e insolidaridad se dirigen contra sectores económicos sometidos al control de agencias o entidades públicas reguladoras con capacidad de inspección, fiscalización y sanción, a las que nadie pide cuentas por los resultados de su gestión. Que la única entidad financiera intervenida hasta hoy haya sido una caja de ahorros representa un fallo clamoroso en el diagnóstico antiliberal.

El problema de descrédito que sufren los sindicatos tiene su origen en el seguidismo que practican con el Gobierno, a sabiendas de que su limitada implantación entre los trabajadores no les permitiría desenvolverse con autonomía frente a los poderes políticos. A Aznar le montaron una huelga por un decreto que ponía coto a los abusos del subsidio y propiciaba la movilidad laboral, recetas que hoy están defendidas por los más cualificados expertos, esos a los que el Gobierno y los sindicatos mandan callar, como si la realidad a la que se refieren fuera ocultable. Las circunstancias son hoy mucho más perjudiciales para los trabajadores, pero los sindicatos han elegido jugar como peones de la estrategia del Gobierno de echar la culpa a los demás, pasando por alto que no hay Gobierno más antisocial que aquel que no frena la pérdida de miles de puestos de trabajo al día.

ABC - Opinión

viernes, 1 de mayo de 2009

EL VIEJO SUEÑO DE CAZADOR. Por Carlos Herrera

Garzón quiere investigar Guantánamo. En realidad, Garzón quiere investigar a Bush, pero necesita una percha que le permita ir trepando por las arborescencias sumariales con las que deleita a la afición hasta llegar al antiguo emperador norteamericano. Poder convertir la Audiencia Nacional en la Audiencia Mundial es un viejo sueño del cazador: ver subir los peldaños del tribunal a varios pelajes de líderes de la Tierra para dar cuenta de lo que Garzón «El Incansable» considera delitos contra la Humanidad, es un sueño que acaricia amanecer tras amanecer. Con especial predilección por unos más que por otros, evidentemente. Es altamente improbable que en los próximos meses instruya diligencia alguna con el fin de investigar la criminalidad de gobiernos como el chino o el coreano del norte.

No se contempla la posibilidad de que pida explicaciones al hirsuto presidente iraní acerca de la lapidación de mujeres o mutilación de homosexuales. No está en su agenda estudiar los gulags cubanos en los que los hermanos Castro han sacrificado vidas humanas por doquier. Garzón no va a investigar Boniato ni el Combinado del Este; va a investigar Guantánamo, donde cierto es que se ha practicado la tortura y se han violado elementales códigos humanitarios, donde se ha sometido a sospechosos de terrorismo a tratos degradantes e inhumanos, pero donde poco debe tener que decir un juez ajeno al sistema judicial norteamericano. El Fiscal General del Estado dijo atinadamente que no iba a apoyar una investigación como esa porque sería convertir a la Audiencia en un «juguete en manos de personas que buscan determinados protagonismos o intentan acciones políticas». Poniendo en práctica una de sus estrategias favoritas, el juez ha despertado una causa dormida que tenía en sus cajones y ha incoado diligencias informativas para identificar a todos los guardianes de la cárcel. Con ello reabre el caso que tuvo que aparcar y consigue reactivar su intención de llevar a los tribunales a la Administración norteamericana. La felicidad completa. Un sistema judicial colapsado, con presupuestos insuficientes, con estructuras administrativas anticuadas, activa procesos para meterse en camisas de once varas, de imposible desarrollo más allá de las posturas procesales, y crear el deleite de un juez justiciero con ensoñaciones de vedette. Ya se imagina a sí mismo la mañana en la que podrá ver su nombre en los titulares de los principales diarios españoles y norteamericanos: «Garzón vs. Bush», «Garzón, el juez que procesó a Bush», «Garzón logra lo que no pudo el Supremo de los EE.UU». Dios mío, qué bien sabe el croissant de primera hora con lecturas de este tipo.

Conoce bien, además, la clase de estrategias que hay que poner en marcha en casos como el presente: se deja dormir un sumario y se espera con paciencia de cazador a que alguna pieza se mueva y así se pueda relanzar el legajo y obtener dividendos de imagen con él. Sin ir más lejos, casos como el del «Bar Faisán», que no convenía en ese momento a su Gobierno amigo, ha sido anestesiado hasta mejor ocasión. Si algún día se enfada el juez con Rubalcaba -como se enfadó con Felipe después de su mala experiencia política en la última Administración González, desencadenando ello las consecuencias que todos recordamos- no tenga duda el ministro de que entonces sí se investigará el chivatazo que alertó a los etarras que utilizaban aquél bar de Irún como centro de operaciones de extorsión. Una providencial llamada de teléfono les puso en alerta y les permitió la huida, desbaratando una importante operación policial. Eran los tiempos del proceso de paz, que tan fervorosamente apoyó nuestro hombre. ¿Cuándo lo investigará Garzón? Cuando le convenga. Mientras tanto le parece más urgente empurar a Bush y dedicar tiempo, dinero y esfuerzos administrativos a una causa perfectamente inútil. Diga lo que diga la Fiscalía, por supuesto.


ABC - Opinión

DEFICIT PUBLICO, DEFICIT DEMOCRATICO. Por Guillermo Dupuy

Crisis

«Esta política no sólo supone una vulneración encubierta de los límites temporales que la democracia impone a cualquier gobierno, sino que también distorsiona profundamente el enjuiciamiento democrático de la acción del Ejecutivo por parte del ciudadano.»

El Banco de España nos anuncia que el PIB se ha derrumbado a niveles que no conocíamos desde 1970. El paro ya se sitúa en España por encima del doble de la media europea. España se sitúa a la cola de los países desarrollados en I+D y productividad laboral. La tasa española de inflación armonizada se mantuvo en abril en el -0,1%, el segundo registro negativo interanual de la historia de este indicador. Estas son algunas de las noticias que puedo leer en el momento que escribo este artículo. Y mientras tanto, el Gobierno de Zapatero sigue echando gasolina al fuego con su desatada política de gasto y endeudamiento público y con su renuencia a emprender reforma estructural alguna.


Tal y como tan bien han explicado en este periódico Juan Ramón Rallo y Lorenzo Ramírez, entre los devastadores efectos que, no sólo para el futuro de nuestra economía, tiene esta política de endeudamiento público está el del llamado crowding out. El endeudamiento de las Administraciones Públicas absorbe una creciente parte del ahorro interno, desplazando así a familias y empresas a la hora de obtener crédito.

La intención de este articulo, sin embargo, no es tanto incidir en la crítica de índole estrictamente económica a esta política de déficit público, sino complementarla con una crítica de carácter más político que denuncie sus perversos efectos, también presentes y futuros, en el funcionamiento democrático.

La democracia es un sistema que se caracteriza por una serie de contrapesos y de limitaciones al poder de las mayorías transitorias. Una de las limitaciones más obvias a ese poder es la temporal. Por mayoritaria que haya sido la elección de un determinado partido, y a diferencia de esa proclama totalitaria de "un hombre, un voto, una sola vez", cualquier gobierno, transcurrido cierto tiempo –en nuestro caso, cuatro años–, está obligado a convocar nuevas elecciones, que den posibilidad a la alternancia. Incluso durante ese tiempo, la legitimidad del gobierno de turno para fijar la presión fiscal de su preferencia puede tener límites constitucionales que, en defensa del derecho a la propiedad privada, proscriban la fiscalidad confiscatoria. Lo que ocurre con la política de déficit y endeudamiento público, sin embargo, es que el gobierno no se limita a fijar y hacer uso de los impuestos de la legislatura presente, sino que también compromete los de legislaturas futuras para las cuales aun no ha sido reelegido. Esa política no sólo supone una vulneración encubierta de los límites temporales que la democracia impone a cualquier gobierno, sino que también distorsiona profundamente el enjuiciamiento democrático de la acción del Ejecutivo por parte de los ciudadanos.

Ciertamente, como esa política de gasto público no tiene respaldo suficiente en la presión fiscal de la presente legislatura, muchos de sus costes se transfieren a las venideras. Así los beneficios se hacen visibles, mientras que muchos de sus costes –no todos, como hemos visto– se ocultan al transferirse hacia el futuro. En este sentido, no me extraña la rápida y entusiasta acogida que tuvo y sigue teniendo en el ámbito político el paradigma económico keynesiano, favorable al déficit público, y su irresponsable despreocupación por el futuro, ya que a "a largo plazo, todos muertos".

Se podrá objetar, no obstante, que nuestra pertenencia al euro nos impone ciertos límites a esa irresponsable política de endeudamiento. A este respecto, hay que reconocer, efectivamente, que en el pasado –dígase ahora lo que se quiera– nuestro ingreso en el euro permitió vender como "imperativo europeo" una sana política tendente al equilibrio presupuestario que la hizo más aceptable. Sin embargo, es de temer que esa disciplina que nos viene de fuera también ahora se relaje, ya que, sin llegar a los irresponsables extremos del Gobierno de Zapatero, casi todos los Estados están volviéndose a olvidar del "santo temor al déficit".

En cualquier caso, y al margen de los imperativos económicos, no está de más que también denunciemos al Ejecutivo de Zapatero por el déficit democrático que provoca su irresponsable política de huida hacia adelante.

Libertad Digital

LA DIFICIL DEMOCRACIA. Por M. Martín Ferrand

NO vale la pena gastar tinta y papel en ponderar la absurda iniciativa de IU, de lo que queda de ella, para que el Congreso considere, y en su caso repruebe, las declaraciones sobre el uso del preservativo que hizo el Papa Benedicto XVI durante su último viaje africano. El comunismo español se merecía un final menos ridículo, un mutis más airoso, y no una espasmódica y esperpéntica agonía como la que protagonizan los desorientados náufragos políticos que dicen liderar sus restos. En unas circunstancias como las actuales, con la Nación en quiebra y al margen de las más elementales consideraciones de respeto para con las creencias ajenas, carece de sentido una agresión al jefe del Estado Vaticano.

Sobre lo que vale la pena reflexionar es sobre la disímil conducta de dos de los cuatro representantes del PP en a Mesa del Congreso. Cuando fue sometida a ella la proposición de IU, Ana Pastor y Celia Villalobos aprobaron su admisión a trámite mientras Jorge Fernández Díaz e Ignacio Gil Lázaro se opusieron rotundamente. No han faltado voces tonantes, las de siempre, para descalificar la conducta de las dos ex ministras de Sanidad y, un poco mas allá, se ha querido aprovechar el caso para acusar al PP por su «tibieza» en la defensa de Su Santidad.

Las formas no son algo accesorio para la democracia. La función de la Mesa del Congreso es como las de los guardias que controlan la circulación. No pueden entrar en las intenciones de los conductores de los vehículos. Si una iniciativa parlamentaria cumple sus requisitos formales no corresponde entrar en su contenido. Deben tramitarla, sin más. Así entendido, quienes no obraron con respeto al reglamento fueron Fernández Díaz y Gil Lázaro.

Conviene asimilar la idea de que la integración de las personas en un partido político, el que fuere, no anula su identidad. Los militantes se obligan a la disciplina reglamentaria y a la ideología fundamental, especialmente en cuanto se expresa en los programas de actuación, pero no venden su alma. La costumbre del voto en lote es un mal hábito democrático. Hay asuntos, especialmente los de naturaleza ética, en los que no cabe ni conviene la unanimidad. No es algo que afecte al caso que hoy nos ocupa, de mera formalidad democrática; pero conviene insistir, por si podemos llegar a sanar la enfermedad partitocrática, que el poder reside en los ciudadanos, no en los partido

ABC - Opinión

MENOS MAL. Por Alfonso Ussía

El cerdo, ese animal prodigioso que tanto nos ofrece, es una víctima de la injusticia semántica.

Mi felicitación a la Organización Mundial de la Salud por la sensibilidad que ha demostrado al cambiar el nombre de «gripe porcina» por el de «nueva gripe». La primera y original denominación resultaba insultante a todas luces. El cerdo, ese animal prodigioso que tanto nos ofrece, es una víctima de la injusticia semántica.

El ser humano ha convertido sus diferentes nombres en duros calificativos. Ser acusado de cerdo, marrano, puerco o guarro nada tiene que ver con el elogio. De ahí, que todo lo que lleve el apellido de porcino, cause hondos quebrantos en la humana armonía. En cambio, lo de «nueva gripe», nada original por cierto, es más admisible por impersonal y aséptico. Con las enfermedades hay que tener mucho cuidado, porque al dolor y desasosiego que el propio mal ocasiona no se le debe añadir la distancia del desafecto. «Tiene usted la porcina». Y el suicidio por honor es perfectamente asumible. Sucede con las almorranas o hemorroides. Y con los golondrinos axilares. Se pueden tener, pero jamás reconocerlo. Un paciente almorranado intentará, por todos los medios, simular sus lacerantes desazones culares si no quiere perder el prestigio ante la sociedad. El coronel Morrison-Harvey, aquejado de unas desproporcionadas hemorroides, desfiló brillante y marcialmente al frente de su Regimiento de Dragones ante el Rey Jorge VI de la Gran Bretaña, sin que nadie, ni de la Familia Real, ni del Gobierno de Su Majestad, ni del público presente, advirtiera en sus movimientos la más leve señal de aflicción o tormento. Finalizada la gran parada militar, ingresó en un hospital londinense, donde permaneció tres semanas hasta alcanzar su curación. Enterado el Rey Jorge VI de su heroicidad, le condecoró con la Medalla de los Sufrimientos por el Reino. No recuerdo si también le hizo «Sir», pero no me extrañaría. Más o menos, lo del desprestigio social lo procura el golondrino axilar. Padecerlo conlleva la necesidad de adoptar una postura de ahuecamiento del brazo que depende del sobaco sufriente, que recuerda sobremanera a las gallinas cluecas. La más leve rozadura origina un suplicio volcánico de imposible distracción. Pero la dignidad recomienda silenciar el mal si se pretende mantener las amistades de toda la vida. El falso conde italiano Giovanni Ignazio Mugurucci, fue expulsado de la Corte del Rey Humberto en el exilio por gritar desaforadamente mientras bailaba una conga encadenada -lo que en España se llama bailar haciendo el «trenecito»-, en presencia de «Sua Maestá». Estos dos casos estremecedores han sido fundamentales para que la OMS haya cambiado el nombre de la gripe pandémica que, según parece, mucho nos amenaza. Se han prohibido los besos sin mascarilla, lo que va a producir momentos de indescriptible tensión entre los enamorados en la presente primavera. Pero pasará la epidemia y el río retomará su curso normal. Sin herir a la gente y sin insultar a los que hayan padecido la enfermedad. Incubar la «nueva gripe» es infinitamente más decoroso que padecer la «gripe porcina». Será igual, pero nunca lo mismo.

La Razón - Opinión

EL SINDICATO DEL MIEDO. Por Ignacio Camacho

CON cuatro millones de desempleados en la EPA y una caída del 3 por ciento en el Producto Interior Bruto, los sindicatos han decidido celebrar el Primero de Mayo manifestándose contra un fantasma. Cómplices de la inacción del Gobierno ante la crisis, prefieren dedicar su ritual movilización obrera a protestar contra un asunto evanescente que ni siquiera está en la agenda de la oposición. La idea de la reforma laboral, que tampoco incluye necesariamente el abaratamiento del despido, la ha lanzado por su cuenta la patronal, un «lobby» tan subvencionado como las centrales sindicales y tan poco operativo como ellas, y la han suscrito algunos gurús de la socialdemocracia a quienes resulta difícil clasificar como adalides del capitalismo. Pero el sindicalismo de izquierda gobierna en coalición con el Partido Socialista y no tiene libertad para pedir al poder unas políticas eficaces contra el desempleo. Necesita inventarse conspiraciones contra la clase trabajadora para justificar su presunto papel reivindicativo, cuando en realidad se ha convertido en un grupo de presión que bloquea cualquier iniciativa reformista.

A unos sindicatos de clase les debería sonrojar que el presidente de un Gobierno al que se le ha declarado el país en quiebra se manifieste en pleno acuerdo con sus menguadas reivindicaciones. De no chirriar con su papel institucional, Zapatero iría hoy a sujetar la pancarta. Las centrales son su fuerza de choque, la correa de transmisión de su estrategia neoperonista. Cerrado en banda a cualquier medida que pueda suponerle coste electoral, utiliza sus demandas para reforzar su inmovilismo mientras el empleo se despeña, el consumo desaparece y la productividad se evapora. Contra la exigencia creciente de reformas que den aliento a una economía colapsada, el presidente se apoya en unas organizaciones ancladas en la inercia de los subsidios para respaldar su discurso de prejuicios ideológicos. España vive en una ficción de Estado del Bienestar que se desangra por dentro, pero el zapaterismo se aferra a la doctrina del miedo y predica un estatalismo petrificado que pone parches asistenciales en una hemorragia estructural. No quiere rebajar impuestos a las empresas, ni modificar la política energética, ni revisar el tambaleante sistema de la Seguridad Social. Tampoco es capaz de crear empleo, ni de activar el crédito, ni de impulsar un modelo de crecimiento alternativo al del ladrillo desplomado. Su única línea de acción es incrementar el déficit para pagar la cobertura del desempleo, que es un derecho de los parados y el mínimo imprescindible de la cohesión social. En vez de denunciar ese suicidio a plazos, los sindicatos lo jalean y piden más ingredientes para el maná. Sin enemigo al que hostigar disimulan gritando contra unas sombras.

ABC - Opinión

¿HAY ALGUIEN AHI?. Por Emilio Campmany

Ana Pastor

«El episodio todavía podría ser el síntoma de una enfermedad más grave que la mera indolencia de Rajoy o de sus subordinados en la gobernación del partido: la representación de la profunda división que hoy padece la derecha española.»

Dos luminarias de la intelectualidad de izquierdas han presentado una proposición no de Ley para que el Congreso de los Diputados repruebe a Benedicto XVI. Al votarse en la Mesa del Congreso la admisión a trámite de la propuesta, dos de los miembros del PP, Jorge Fernández e Ignacio Gil Lázaro, votaron en contra y el resto, Celia Villalobos y Ana Pastor, lo hicieron a favor.


En algunos medios de la derecha, los que se tienen por más próximos a un ideario cristiano, se ha criticado agriamente la actitud de las dos diputadas populares. Ana Pastor se defendió en la COPE diciendo que el Tribunal Constitucional tiene establecido que la Mesa sólo puede rechazar el trámite de una propuesta por cuestiones formales, no de fondo. Jorge Fernández e Ignacio Gil Lázaro explicaron su negativa señalando que el Congreso no es la institución idónea para tramitar iniciativas de ese calado.

A ninguno de los dos bandos les faltan razones convincentes para explicar su conducta. La Mesa no puede hurtar al resto de diputados la oportunidad de debatir las proposiciones que se presenten cuando reúnan todos los requisitos formales. Pero no estaría de más que la Mesa negara el acceso a iniciativas extravagantes como ésta de Gaspar Llamazares y Joan Herrera pues, de otra manera, el pleno del Congreso acabará, como hizo el Ateneo de Madrid, votando la existencia de Dios.

Lo que en cualquier caso es inadmisible es que los cuatro miembros de la Mesa del Congreso pertenecientes al PP voten divididos. Cabe esperar que Mariano Rajoy tendrá dicho a quién de los cuatro compete fijar el sentido del voto del PP en la Mesa. Lo lógico es que sea Ana Pastor, que para eso es vicepresidenta segunda. Pero si ésta no tiene autoridad para imponer su criterio, siempre podía haber recurrido al jefe del partido. El mismo Jorge Fernández, amigo personal de Rajoy, podía, si no estaba de acuerdo con el sentido del voto marcado por Pastor, haber llamado al presidente. Cualquier cosa antes que votar divididos, pues los cuatro tienen la suficiente experiencia como para saber lo letales que son para futuras elecciones las muestras de división interna.

Con todo, el episodio todavía podría ser el síntoma de una enfermedad más grave que la mera indolencia de Rajoy o de sus subordinados en la gobernación del partido. Quizá esos cuatro diputados hayan representado en el microcosmos que es la Mesa del Congreso la profunda división que hoy padece la derecha española. Visto así el incidente, Pastor y Villalobos representarían a la derecha laica (que no laicista), preocupada especialmente por que se cumpla la Constitución, en Cataluña y en Madrid; y Fernández y Gil Lázaro serían los representantes de esa derecha católica sobre todo empeñada en que España conserve sus raíces cristianas. A ellas les gustaría más leer El Mundo y éstos se verían mejor reflejados en La Razón. Todos compartirían las mismas ideas, difiriendo tan sólo en la importancia que les darían a unas y a otras.

Sería una lástima que fuera así porque estas ideas no son incompatibles entre sí y pueden perfectamente convivir en el ideario del PP. Lo único que hace falta es un líder en el que todos puedan verse reflejados y que sea capaz de señalar con criterio cuándo hay que poner el acento en una cosa y cuándo en otra. El incidente del martes a cuenta de la propuesta de reprobar a Benedicto XVI demuestra que, hoy por hoy, no lo tienen.

Libertad Digital - Opinión

HASTA CUANDO GARZON

EL juez Garzón ha provocado un nuevo espasmo en la justicia española al iniciar una investigación por supuestas torturas denunciadas por presos islamistas que estuvieron recluidos en Guantánamo. Es la réplica de Garzón a la oposición frontal que mostró el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, a la querella presentada contra los juristas estadounidenses que planificaron el régimen legal de Guantánamo, querella que Conde-Pumpido llegó a calificar de fraudulenta. Ahora, Garzón reaviva unas denuncias que conocía desde hace varios años y a las que no prestó atención, pero con las que pretende encumbrarse a la dirección de una causa general contra la administración Bush, evidente objetivo último de estas decisiones. Para empezar, Garzón ya ha reclamado al juez Moreno que le remita las diligencias por los «vuelos de la CIA», alegando la conexión con las supuestas torturas a presos islamistas.

Este tipo de actuaciones judiciales desacredita el principio de justicia universal porque acaba convirtiéndose en el zafarrancho de jueces oportunistas y de estrategias puramente ideológicas, que dejan al Estado, titular del poder jurisdiccional, en manos de iniciativas incontroladas. La regulación actual de la justicia universal en España es insostenible. Resulta inaplazable una reforma que condicione la incoación de estos procesos a la existencia de un interés directo del Estado español e incluso a una querella sólo del Ministerio Fiscal. Con la vigente Ley Orgánica del Poder Judicial, la Audiencia Nacional puede investigar cualquier delito contra la humanidad cometido en cualquier tiempo y lugar, pasando por encima de las relaciones diplomáticas, de la soberanía de los demás Estados y del respeto a la función jurisdiccional. Se sabe que ninguno de estos procesos es viable, por dificultades insalvables para obtener pruebas, recibir la colaboración del Estado donde se produjeron los delitos o sentar a los responsables en el banquillo, pero se promueven aun a pesar de este fracaso asegurado, engañando además a las víctimas con unas expectativas que no se van a cumplir. Ahora bien, a esta situación se ha llegado por causas concretas, entre otras, por el halago de la izquierda que hoy gobierna a esta forma justiciera y demagógica de hacer justicia, sobre todo cuando compromete a otros gobiernos o políticos conservadores. Lo procedente, y a la espera de que en algún momento ser un mal juez tenga consecuencias, es que la Fiscalía se oponga a este nuevo sumario de Garzón y que el Gobierno cambie la ley para resguardar el poder jurisdiccional del Estado frente a nuevas temeridades judiciales en el extranjero.

ABC - Opinión

EL NOMBRE DE LA GRIPE


La enfermedad amenaza con una pandemia mundial, pero todavía de baja intensidad

Alerta muy seria, sí. Alarma teñida de dramatismo, no. Así se resume la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a los Gobiernos, basada en la posibilidad bastante probable de que la actual gripe de origen porcino (rebautizada ayer por la UE como nueva gripe, para evitar que afecte a la industria cárnica) acabe en una grave pandemia.


De hecho, el escenario de la pandemia no significa nada más (ni nada menos) que una enfermedad que se propaga a gran velocidad en distintos países. Los expertos del Centro de Prevención y Control de las Enfermedades de la UE adelantaron ayer que entre el 40% y el 50% de la población europea padecerá probablemente la enfermedad, aunque "de forma moderada". La situación no es comparable con la de México, según esos expertos. De momento, la OMS sólo certifica (con criterios muy estrictos de verificación) 148 personas infectadas en nueve países industrializados o emergentes.

Esa realidad justifica plenamente el estado de alerta, entre otras razones porque la evolución de esta compleja cepa de gripe es "impredecible", por su carácter fácilmente transmisible y por la posibilidad de mutación del virus. Pero no avala, al menos de momento, la alarma indiscriminada, pues los casos registrados (fuera del foco mexicano) no exhiben gravedad y existe ya un repertorio de medidas sanitarias para afrontar la enfermedad, aunque no para detenerla. Conviene recordar que la gripe humana convencional se cobra unas 3.000 víctimas al año en España, no menos de 40.000 en la UE y entre un cuarto y medio millón en todo el mundo.

De modo que los Gobiernos no deben sobrerreaccionar, pero deben proseguir e intensificar, si cabe, las medidas de detección, tratamiento y puesta a disposición de los fármacos indicados, a sabiendas de que la vacuna específica tardará entre tres y seis meses en poderse comercializar. En este sentido, lo primero que han hecho las autoridades españolas es coordinar las competencias centrales y las autonómicas. Los franceses han reclamado un enfoque europeo, elemento que falló en los primeros días, con recomendaciones contradictorias entre sí, pese a la acumulación de experiencias de casos como el de las vacas locas de los años noventa.

La primera medida adoptada por la cumbre de ministros de Sanidad de la UE reunida ayer en Luxemburgo fue rechazar la propuesta francesa de suspender los vuelos procedentes de México. Por una parte, las instituciones de la UE carecen de competencias para una medida de ese tipo, por lo que en todo caso serían decisiones de cada país; por otra, se considera prematura una medida tan drástica, aunque la comisaria de Sanidad recomendó hace días, a título personal, evitar los viajes no sólo a México sino también a Estados Unidos.

Algunos países latinoamericanos sí han cerrado sus fronteras (terrestres y aéreas) con México, y Ecuador ha adoptado incluso el estado de excepción. Esta dramatización de la respuesta trae cuenta seguramente de la desconfianza hacia el Gobierno de México. Por la sospecha de que ocultó información al principio de la crisis; la certeza de que sus primeras víctimas fueron tratadas tardíamente, dada la precariedad de su sistema sanitario; y por el espectacular efecto de la recomendación presidencial a los ciudadanos de recluirse durante cinco días en sus hogares.

Una respuesta cabal a esta crisis pasa por equilibrar prevención y alarma, impulsar políticas de transparencia adecuadas, revisar los niveles sanitarios en los países emergentes. Y tomar en consideración su negativa incidencia en el comercio, el turismo y las Bolsas, como ha advertido el Banco Mundial. Por eso se requieren medidas claras y coordinadas en todos esos vectores. Algo que aún no se ha verificado.

El País - Editorial

CUANDO LA PANDEMIA SE ACERCA

LA GRIPE PORCINA -que las autoridades sanitarias bautizaron ayer como nueva gripe- se extiende rápidamente por todo el mundo.Hay ya casos sospechosos no sólo en Europa y en el continente americano sino además en Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó la alerta a la llamada fase cinco, que indica que el riesgo de pandemia es inminente.El nivel de alerta cinco está caracterizado por «la propagación del virus de persona a persona al menos en dos países de una región de la OMS».


El Ministerio de Sanidad detectó ayer que una joven catalana que había estado recientemente en México contagió a su novio, el primer caso que se ha registrado en todo el mundo de una persona que se infecta sin haber estado en el país de origen del foco.

La OMS calcula en estos momentos que existen 2.000 casos sospechosos de nueva gripe en cuatro continentes. Es evidente que un porcentaje alto de quienes hayan contraído el virus lo ha transmitido a sus familias o sus amigos, lo que anticipa que van a aparecer muchos más casos de personas que se han infectado sin moverse de los lugares donde viven.

Si ello es así, la pandemia de la nueva gripe está a la vuelta de la esquina, lo que no debería suscitar alarma entre la población porque el nivel de mortandad es muy bajo y porque existen tratamientos antivirales que curan o amortiguan sus efectos.

Hasta ahora, los Gobiernos están actuando correctamente, aislando rápidamente a las personas que tienen síntomas de haberse contagiado del virus. La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, informó ayer que hay ya 10 casos confirmados en España, donde se están habilitando zonas en algunos hospitales para internar a los enfermos.Esto es lo que se puede hacer de momento, al igual que informar a los ciudadanos. Ayer, el Gobierno británico encargó la elaboración de millones de folletos sobre la gripe, que serán distribuidos entre toda la población. También encargó de forma preventiva 30 millones de mascarillas, protector que en España se fabrica ahora mismo a destajo.

Uno de los debates que ha surgido en los últimos días es el de la conveniencia de cerrar las fronteras con México y EEUU y, más concretamente, la prohibición de vuelos procedentes de ambos países. Un portavoz del Gobierno francés pidió ayer una reunión urgente en Bruselas de los ministros de Transportes de la UE para discutir la suspensión de los vuelos procedentes de México.Es cierto que el cierre de las fronteras evitaría el riesgo de una propagación más rápida e intensa, pero la medida presenta dos graves inconvenientes: que ya es tardía y que su coste económico sería altísimo.

Desgraciadamente, vivimos en un mundo interconectado que facilita la instantánea difusión de las infecciones. Ello impide evaluar con precisión cuál es la extensión real de esta gripe, como demuestra el episodio de una mujer austriaca de 26 años que se contagió hace una semana en Guatemala cuando fue a visitar a sus padres.

El primer caso de contagio -el del niño cuya foto aparece en nuestra portada- fue detectado en México el 2 de abril. En tan sólo 28 días, la nueva gripe se ha extendido por todo el mundo.Ello pone en evidencia la fragilidad de nuestra sociedad globalizada ante eventuales enfermedades infecciosas, causadas por mutaciones que no podemos controlar. De cualquier forma, el contraste entre el niño mexicano que ha superado la gripe y el alarmismo suscitado en todo el mundo provoca la reflexión de si no se está exagerando la magnitud de la amenaza. Afortunadamente, todo apunta a que este virus no es demasiado agresivo, por lo que es muy improbable que se repita una catástrofe como la llamada gripe española de 1918.

El Mundo - Editorial

EL ALARMISMO TAMBIEN TIENE CONSECUENCIAS

Aproximadamente medio millón de personas mueren todos los años de gripe en el mundo sin que esa enfermedad nos quite el sueño. Y las consecuencias de dejarse llevar por el pánico también pueden ser muy graves para muchas personas.

Advertíamos hace pocos días, con la confirmación del primer caso de gripe porcina en España, que sin olvidarnos de la obligada prevención con la que se debe actuar en casos como éste tampoco se debía caer en el alarmismo injustificado. Pese a ser una cepa inusual, se trataba del virus de la gripe, contra el que la humanidad ha luchado y al que ha logrado contener aun sin derrotarlo. No estamos en 1918, somos más prósperos y disponemos de mejores armas con las que luchar.


Esta nueva gripe será oficialmente una pandemia, pero con ese término la OMS se limita a describir la rapidez y el número de los contagios, no la gravedad de la enfermedad. Es natural y conveniente que estemos prevenidos ante una gripe sobre cuyas consecuencias para la salud sabemos poco y cuyo alcance y gravedad real es aún un enigma. Pero que haya personas que mueran por este virus no debería llevarnos a concluir que sea excepcionalmente preocupante. Aproximadamente medio millón de personas mueren todos los años de gripe en el mundo sin que esa enfermedad nos quite el sueño. Y las consecuencias de dejarse llevar por el pánico también pueden ser muy graves para muchas personas.

El Banco Mundial estudió los efectos económicos de la gripe aviar en el segundo trimestre de 2003, por la que fallecieron alrededor de 800 personas, y estimó unas pérdidas para las economías asiáticas de 200.000 millones de dólares sólo durante el periodo estudiado, pérdidas que presumiblemente hayan sido mucho mayores a lo largo del tiempo. La causa no estuvo en las muertes en sí, sino en las consecuencias de que la gente intentara evitar el contagio. Los sectores afectados incluyeron el turístico, el del transporte colectivo o el comercial. México, un país que está luchando por sacar de la pobreza a su población, podría recibir un impacto aún mayor de esta crisis.

Es una tentación, cuando se reflexiona sobre las consecuencias económicas de un evento de este tipo, concluir que merece la pena las vidas que se salven por muy alto que sea el coste. La pérdida de cualquier vida es una tragedia, pero en esto como en tantas otras cosas hay que hacer caso a Bastiat cuando advertía sobre que en ocasiones los beneficios visibles ocultan unos costes mucho mayores que no son tan fácilmente observables.

Que México sea más pobre significa que tendrá peores hospitales y menos personal sanitario para atender a su población, peores transportes para que la gente pueda llegar a los centros de salud y que sus casas estarán menos protegidas frente a desastres naturales. En definitiva, costará vidas. Pero no serán muertes que podamos asociar a una causa tan clara como es un virus, de modo que se tenderá a ignorarlas. Pero no deberíamos. Una cosa es que se tomen precauciones ahora, cuando aún no se conoce el alcance de la crisis. Pero si se acabara confirmando que la enfermedad no se diferencia sustancialmente en gravedad y capacidad de contagio de la gripe común no deberíamos añadir más castigo del que ya ha supuesto esta epidemia.

Libertad Digital - Editorial

EL CENTENARIO DE LA EXPULSION DE LOS MORISCOS. Por Ricardo García Cárcel

Fue hace cuatrocientos años. En abril de 1609, durante el reinado de Felipe III, el Consejo de Estado acordaba la expulsión de los moriscos. A partir de septiembre de 1609 se expulsaron los moriscos valencianos y en enero de 1610 fueron desterrados los moriscos de Granada y Andalucía; desde mayo de 1610 lo fueron los de Aragón y Cataluña, y desde julio de 1610 salieron los castellanos y extremeños. En total, tuvieron que exiliarse de España algo más de 300.000 moriscos. La operación se prolongó hasta 1614.

La valoración de la expulsión ha sido siempre polémica y ha pasado por muchas fluctuaciones. En el siglo XVII se buscó, ante todo, legitimar la expulsión con argumentaciones xenófobas y racistas. Hubo que esperar al reinado de Carlos III, en la segunda mitad del siglo XVIII, para ver emerger una cierta simpatía hacia los moriscos, a caballo de los renovadas ambiciones norteafricanas de algunos políticos ilustrados, lo que se pone de manifiesto en la encomiable empresa de catalogación de los manuscritos árabes de la Biblioteca de El Escorial que llevó a cabo Casiri. El romanticismo liberal, tan antiaustracista, considerará a los moriscos víctimas del absolutismo opresor. La fascinación por lo islámico arranca especialmente de los viajeros románticos franceses y anglosajones que sublimaron las huellas árabes en España y especialmente en Andalucía. La literatura romántica española estuvo muy influida por los tópicos europeos sobre el Islam. El drama Aben Humeya de Martínez de la Rosa y las novelas Cristianos y moriscos de Estébanez Calderón o Alpujarras de Pedro Antonio de Alarcón son feudatarias de esta maurofilia romántica. La generación de Cánovas volverá a defender y justificar la expulsión con la razón de Estado por bandera. Los primeros arabistas, con Gayangos y Saavedra a la cabeza, se deslizaron por su parte hacia la nostalgia de la brillante cultura musulmana.

El franquismo, en pleno aislamiento internacional, intentaría instrumentalizar el arabismo a favor de un pasado árabe a su manera. Ya que en Europa se rechazaba a España, España miraba a Africa. Eso sí, se consideraba a los musulmanes de Al-Andalus como españoles con vestimenta árabe, se hablaba de la «quintacolumna española en el Islam», se negaba la posibilidad del Islam de evolucionar desde dentro, sino sólo a través de las influencias cristianas... Se glosó el mozarabismo, concepto que había subrayado Simonet, a fines del siglo XIX, para subrayar la fuerza del cristianismo sobre la cultura musulmana. La obra de Ribera, Asín Palacios o García Gómez, demostrando las raíces árabes de la épica y la lírica española fue muy útil para conocer la imagen de una España, matriz de cristianos, musulmanes y judíos, que se ve obligada a desprenderse en 1609 de quienes no son capaces de asumir el «hechizo español». La maurofilia del primer franquismo, por influencia del «marroquismo», es patente. Como ha recordado Payne, el embajador británico en Madrid se quedó desconcertado cuando el ministro de Franco, Beigbeder, le dijo que los españoles y los moros son un mismo pueblo. Incluso Franco intentó hacerle entender a Hitler en Hendaya la singular identificación de los españoles con los árabes.

En definitiva, la valoración de la expulsión de los moriscos ha estado tradicionalmente marcada por la bipolaridad, más emocional que racional, de los maurófilos y los maurófobos. Los primeros consideran que fue posible la asimilación o integración de los moriscos, que eran posibles alternativas distintas a la expulsión (ya en 1609 el extremeño Pedro de Valencia sugirió siete alternativas distintas aparte de la expulsión). Y reconocen en los moriscos una plasticidad política y cultural, una capacidad de adaptación, que podía conjugarse con los cristianos en el marco de una España tolerante, que la hubo. Los segundos, han partido siempre de la inasimilabilidad de los moriscos por su estructural capacidad conspirativa y lanzan un diagnóstico fatalista: no fue posible otra solución. Contraponen a los sueños alternativos de la España que no pudo ser, el implacable pesimismo de la España que fue.

Me temo que no hemos avanzado mucho en estas posiciones. Los atentados terroristas islamistas de los comienzos de nuestro siglo han condicionado una radicalización de la actitud ideológica. Hoy unos defienden la alianza de civilizaciones, otros el choque de culturas. Unos se mecen en el idealismo de la España de las tres culturas. Otros se lanzan por la vía del apocalipticismo catastrofista. El sueño de la tolerancia, el mundo feliz de la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, impregna de buenismo banal muchos análisis que ya no sólo lamentan la expulsión sino que parecen subrayar que la legitimidad histórica se halla en el Al-Andalus medieval que tendría derecho a recuperar el territorio perdido a lo largo de la Reconquista. La mirada complacida y complaciente hacia la dominación musulmana en España lleva hasta extremos tan políticamente correctos como querer borrar todo signo de expresiones racistas o violentas antimusulmanas en España expurgando incluso iconos representativos de aquella violencia como el de Santiago Matamoros y, desde luego, a exaltar el andalucismo como un puro reflejo del legado cultural musulmán. La expulsión de los moriscos, desde esta óptica, sería una avanzadilla de las «soluciones finales» dramáticas tomadas en nuestro siglo contra comunidades culturales por imperativos racistas.

En el otro lado, no faltan los que parecen no haber superado la literatura de cruzada, deteniéndose en los contenidos más integristas del Corán y exaltando la yihad como el supuesto eje que marca la vocación expansionista del Islam.

La verdad es que la atribución de connotaciones progresistas sólo a la maurofília es absolutamente ingenua, si recordamos la flamante guardia mora de Franco o las connotaciones reaccionarias de muchos aspectos de la cultura islámica.

El nacionalismo andaluz, recogiendo la semilla sembrada por Blas Infante, ha reasumido el patrimonio histórico musulmán soñando con la identificación de Andalucía con el global Al-Andalus musulmán y dejándose llevar por la nostalgia de una presunta prosperidad andaluza cortada en seco por los Reyes Católicos y los «castellanos invasores» y definitivamente liquidada con la expulsión de 1609.

Es obvio que Andalucía no sería igual sin los árabes, pero es absurdo pretender explicar Andalucía sólo en clave musulmana. Nadie puede negar la trascendencia de las aportaciones culturales de los musulmanes en España y en Andalucía en particular, pero es delirante el simplismo maniqueo que ha llevado a la mitificación de lo musulmán como intrínsecamente bueno y lo cristiano como intrínsecamente malo.

Sinceramente confío que el aluvión de congresos y exposiciones que nos viene (al respecto, sobresale especialmente el Congreso de Granada, del 13 al 16 de mayo de este año) con motivo del centenario de la expulsión nos ayudará a recuperar la sensatez ante tanto desparrame ideológico.

ABC - Opinión

jueves, 30 de abril de 2009

EUROPA COMO BALNEARIO. Por M. Martín Ferrand

EL PP y el PSOE, tan aparentemente distintos en sus respectivas fuentes ideológicas y sus proyectos políticos, resultan dramáticamente iguales en lo que respecta a su funcionarial organización interna y a su escasa voluntad representativa de una sociedad que, en un gran ejercicio de paradoja, les respalda con el ochenta por ciento de los votos que vienen sumando en los comicios de ámbito nacional. Es un efecto más de la partitocracia degenerativa que secuestra el espíritu de la Constitución y, todavía más grave, nos impide confiar en el futuro.

A la vista tenemos las listas -cerradas y bloqueadas, no faltaba más- que las dos formaciones a las que se reduce la hipótesis de la alternancia nos proponen de cara a las elecciones para el Parlamento Europeo. ¡Cuánta miseria biográfica! Con la excepción de unos pocos nombres, no más de media docena en cada una de ellas, es una nómina de fantasmas, de personalidades sin personalidad. Entre la obligatoria paridad -¡esa norma que tanto perjudica al respeto a la condición femenina!- y las cuotas que se deben a los barones regionales y a los jefes de clan, lo mejor que puede decirse de ellos es que resultan menos tranquilizadores los nombres conocidos que los muchos ignotos que las integran.

Ni Europa ni nosotros merecemos tan poco respeto y consideración.

Con manifiesta irresponsabilidad, lo mismo José Luis Rodríguez Zapatero que Mariano Rajoy, han completado sus propuestas con nombres más aptos para ir a Baden-Baden, el más significativo de los grandes y clásicos balnearios del Continente, que para cubrir una representación en Bruselas y Estrasburgo. Ni Europa ni nosotros merecemos tan poco respeto y consideración. Cubrir unos puestos que comportan una cierta bicoca remunerativa sin buscar la idoneidad de sus titulares y, por el contrario, entendiéndolos como una compensación para cesantes y perjudicados es un grave síntoma de instrumentalización del poder que, por delegación ciudadana, adorna a nuestros dos líderes principales. El hecho de que tanto el PP como el PSOE entiendan estos comicios como una suerte de «primarias» con vistas a 2012, nos permite sospechar los niveles de degradación que hubiera podido alcanzarse en la selección de candidatos sin esa espuela estimulante. España es un país menguante, pero no por el fatalismo de la Historia. El esfuerzo que nuestros líderes hacen para que lo sea no es menor. En un ambiente democráticamente cierto daría grandes resultados.

ABC - Opinión

LA IZQUIERDA FASHION VICTIM. Por Cristina Losada

Sarkozy

«Zapatero le ha hecho a Sarkozy una solemne promesa muy parecida a la que escuchó Ségoléne. Incluye un "para siempre". Impregnarse del aura carismática del presidente francés bien merecía perdonar que le llamara imbécil.»

La visita de Sarkozy ha permitido observar en qué consiste este socialismo nuestro. Aunque consistencia es lo que falta. Los socialistas han caído rendidos a los pies de un político al que hace dos años tenían por la viva encarnación de cuanto proclaman que les resulta odioso. Entonces, el hoy admirado líder francés era para el "progresismo" patrio un sospechoso amigo de Aznar y Berlusconi, un neogaullista, un neoliberal y casi un neocon, un partidario a ultranza del mercado, la globalización, y las privatizaciones, un atlantista, un reaccionario, un tipo de la derecha dura y un alter ego de Le Pen en asuntos como la inmigración y el patriotismo.


¿Ha cambiado de ideas Sarkozy? No especialmente. ¿Ha cambiado el PSOE? Tampoco. Y, sin embargo, unos socialistas adictos a la guerra ideológica se han inclinado con particular unción ante un representante de la derecha. Que –conviene recordar– no por ser francesa y chic deja de ser derecha. Qué caras de felicidad mostraban junto a él. Qué aplausos cuando impartía lecciones de política antiterrorista que eran la antítesis de lo que han hecho. El entusiasmo socialista por Sarkozy ha sido desbordante y, desde luego, nada inocente. Pero va más allá del obvio intento de adquirir popularidad por contacto con la glamourosa pareja.

El espectáculo dejaba a la vista que los herederos de aquella izquierda de la lucha de clases, que aún resucita como farsa en ocasiones, son un grupo de niños bien y de aspirantes a nuevos ricos que se funden ante un vestido de Dior y un aire cosmopolita. Y que lejos del radical chic que descubría Tom Wolfe en un guateque de los Bernstein, se quedan en un ordinario quiero y no puedo. La frivolidad reordena las fobias y filias de estos socialistas, pero también rellena el vacío de su ideario, que componen con restos de temporada que van dejando las modas políticas.

Pobre Ségoléne. Dos años atrás, Zapatero le hacía a ella y a los socialistas franceses una promesa de amor eterno. Con un "siempre, siempre estaré a vuestro lado", concluía en Toulouse un emotivo discurso de respaldo a la candidata. Perdió Royal, fracasó el partido hermano del PSOE, tal vez primo, y al cabo Zapatero le ha hecho a Sarkozy una solemne promesa muy parecida a la que escuchó su rival. Incluye un "para siempre". Impregnarse del aura carismática del presidente francés bien merecía perdonar que le llamara imbécil.

Libertad Digital - Opinión

DOS LIDERES. Por Ignacio Camacho

EL ideal democrático consiste en una política participativa en la que los ciudadanos manejen con fluidez sus propios asuntos y en la que los representantes públicos sean tan sólo leves intermediarios de una voluntad popular encauzada a través de una sólida sociedad civil, pero en tiempos de crisis la incertidumbre colectiva demanda liderazgos firmes que establezcan objetivos claros y posean la determinación necesaria para impulsarlos. No es fácil encontrarlos en circunstancias claves, pero cuando aparecen -Churchill, Rooselvelt, De Gaulle, Kennedy, Adenauer- emerge con ellos un beneficioso espíritu de esperanza colectiva. Dirigentes dotados de pujanza para hallar caminos donde los demás sólo ven obstáculos; tipos capaces de trazar nuevas fronteras donde la gente sólo encuentra límites antiguos.

Quizá por esa necesidad histórica la psicología social ha hecho brotar en esta época indecisa figuras de referencia como las de Obama o Sarkozy. El primero expresa una profunda ambición de cambio en el modo de dirigir las relaciones políticas, y representa con tal fuerza ese anhelo capital que su popularidad se mantiene intacta cien días después de haber pasado sin logros patentes de la utopía de las expectativas a la realidad de las decisiones. El segundo ha tenido ya tiempo incluso de decepcionar algunas de las ilusiones que despertó su arrolladora irrupción, pero conserva un encanto magnético de cuyo hiperactivo despliegue acaba de ofrecer en España una seductora puesta en escena.

Obama y Sarkozy encarnan, cada uno a su modo, la resistencia contra la mediocridad y el conformismo

Con una común vocación de liderazgo, con un mismo empeño de aglutinar voluntades para modificar el curso adverso de las cosas, ambos se han convertido en referentes de un mundo que se enfrenta a un vertiginoso cambio de ciclo. Agotada la mortecina etapa de los Bush, Chirac o Schröder, capitanes sin galones morales ni prestigio intelectual, esta acelerada convulsión social, económica y política requiere el revulsivo de una intuición ganadora. Requiere gente que no se conforme, que no se arrugue, que no se quede inmóvil, que afronte incluso el riesgo de equivocarse antes que el de quedarse a gestionar el desplome de los escombros. Requiere una política de principios y una ética de valores.

En ese sentido, Obama y Sarkozy encarnan, cada uno a su modo, la resistencia contra la mediocridad y el conformismo. Por eso les salen imitadores superficiales, impostores de gestos o de retóricas que tratan de manejarse en la pasión del poder copiando estilemas de su imagen de marca. Pero lo mejor que tienen no es su carisma, ni su fascinación, ni su coraje, sino la propiedad de contagiar a los ciudadanos el espíritu de la rebeldía. Ellos están enseñando un mensaje que acabará por calar en la mentalidad social: que en tiempos de turbación sí conviene hacer mudanza.

ABC - Opinión

LOS CONDONES DEL TRIBUNO HERRERA. Por José García Domínguez

Benedicto XVI

Lo que a la progresía le resulta intolerable del Papa no son sus principios, sino el hecho, subversivo en sí mismo, de que los posea. Es eso lo inaceptable a sus ojos: que ose rehuir el universal eclecticismo contemporáneo.

Por lo visto, el diputado comunista Joan Herrera acaba de enterarse de que la Iglesia católica se muestra refractaria al uso de cualquier tipo de anticonceptivo en las relaciones sexuales desde hace unos dos mil años. Y, contrariado por la noticia, ha decidido presentar una urgente proposición en las Cortes Generales con tal de afearle la doctrina canónica a Jesús de Nazaret. Así, el tribuno Herrera aspira a que en la Carrera de San Jerónimo se "repruebe" al Papa de Roma por predicar tal conducta privada a los fieles. En fin, como en España apenas hay problemas, algo tenían que ingeniar sus señorías para andar entretenidas, que el caso, ya se sabe, es pasar el rato.


Ahora ya sólo restará que el juez Garzón dicte la preceptiva orden internacional de búsqueda y captura contra el ciudadano romano Pablo de Tarso en el momento procesal oportuno. Y que se vayan preparando Irán, Arabia Saudita, Pakistán y demás protectorados terrenales del Profeta: en cuanto el erudito Herrera acuse recibo de que el Corán prohíbe comer jamón a los musulmanes, promoverá su fulminante expulsión de la OMC, del FMI, de la ONU y de la FIFA. Nadie lo dude. Sobre todo, teniendo en cuenta que las soberanas gansadas de tal Herrera cuentan con el inestimable aval político, jurídico e intelectual de Ana Pastor.

Por lo demás, en ese asunto los condones suponen mera anécdota, jamás categoría. Y es que, en el fondo, lo que a la progresía le resulta intolerable del Papa no son sus principios, sino el hecho, subversivo en sí mismo, de que los posea. Es eso lo inaceptable a sus ojos: que ose rehuir el universal eclecticismo contemporáneo, ése que ordena seleccionar los valores morales con la laxa indiferencia de quien maneja el mando a distancia de un televisor. Renunciar a diluir en simples opciones los imperativos morales que impone su fe, he ahí pecado de lesa modernidad que no le habrán de perdonar jamás ni los nihilistas herreras, ni las vocingleras consortes de los oportunistas arriolas.

Para él, la Biblia no resulta equivalente al último manual de autoayuda que arrase en las estanterías de El Corte Inglés; del mismo modo que la doctrina de Cristo no es intercambiable por la afición al tarot, ni la Iglesia de Pedro representa una alternativa a los cursillos por correspondencia de meditación trascendental. Horror, a estas alturas del fin de la Historia el Papa aún sostiene que hay valores absolutos. ¡Anatema!

Libertad Digital - Opinión

LIDERAZGO Y EMOCION. Por Hermann Tertsch

PESE al título, queridos amigos, desengáñense. No vamos a hablar de Carla Bruni. Vamos a reflexionar un poquito sobre la responsabilidad y el liderazgo, dos cosas que a muchos de ustedes ya les parezcan remotos conceptos históricos perfectamente arcaicos. Hubo gente en este país, en España, que en regímenes muy diferentes creían y sentían su vocación por servir a una serie de gentes que no tenían con ellos nada más en común que la pertenencia a una patria. Hubo mucha gente, aquí en España, que luchó, mató y murió creyendo firmemente que lo hacía por mejorar España. En todas las trincheras. En todos los frentes. Este país ha tenido obviamente una sobredosis de patria y de historia. Y una inmensa caterva de personajes del tres al cuatro que no sólo pretendieron ser líderes. Que lastimosamente acabaron siéndolo. Con todo el respeto para sus familiares y descendientes. A sus calles y apellidos. Como comprenderán, yo prefiero una calle dedicada a Merry Gordon, gran e ilustre general, que a la madre de Javier Bardem.

Para valorar el liderazgo, para valorar el servicio al bien común, para valorar la vocación de servicio, hay que tener ante todo un sentido que unifique dignidad personal con proyección histórica. Esto puede parecerles muy cursi a unos. Y muy borde a otros. Pero no hay otra forma de conseguir la fuerza que requiere el ser humano para acudir a un estado de emergencia colectivo. Los estados de emergencia privados los resolvemos por el acuerdo o la violencia, por la fuerza de la concordia o la intimidación. La profundidad en la asunción de un liderazgo tiene muy diversas formas. Los ha habido de toda suerte y calidad. Muchos de ellos con consecuencias muy trágicas para las naciones lideradas.

Nadie accede al liderazgo, querido presidente Sarkozy, consorte de Bruni, por muchas elecciones que gane.

Pero lo que es evidente es que aquellos que son petimetres, por muchas elecciones que ganen, seguirán siendo petimetres. Nadie accede al liderazgo, querido presidente Sarkozy, consorte de Bruni, por muchas elecciones que gane. Muchos pueden hundir a su país en catástrofes que eran imprevisibles y evitables y en pocos años pueden hacer daños que sufran generaciones. La vida es muy caprichosa. Y el determinismo histórico de la secta inflamada es siempre falso. Aunque engañe cien veces y sirva a gente sencillamente inverosímil como son tantos de los que hoy vemos en cargos públicos. El liderazgo sea bueno o malo, nada tiene que ver con pataterismo o zapaterismo. El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, dio una lección de liderazgo el martes en el Hotel Ritz. Por supuesto no acudió nadie del Gobierno socialista de Zapatero para ver si aprendía algo. Si no se leen siquiera los papeles que nos afectan al mal o buen vivir de los españoles es absurdo pensar que ninguno de ellos acuda a un sitio donde puede mejorar, como persona y líder. Sarkozy es un líder. Ya se verá si para bien. Uribe ha demostrado ser un líder que ha sacado a Colombia de una sima y la ha convertido en ejemplo para Iberoamérica. Por aquí, por lo demás, poco que contar al respecto.

ABC - Opinión

NO TAN LISTAS

Las candidaturas para las europeas se deciden en función de problemas y equilibrios internos

El desinterés de los ciudadanos de los Veintisiete por participar en las elecciones europeas de junio es proporcional al que demuestran los gobernantes hacia la dimensión europea de los problemas políticos y económicos de cada país; ahora, especialmente, los relacionados con la crisis. Y ese desinterés se refleja también en la elaboración de las candidaturas.

El ex presidente portugués Mario Soares lamentaba aquí el pasado domingo el mínimo interés con que los partidos socialistas de la UE habían acogido la declaración sobre la crisis firmada en marzo por sus líderes. Cumplido el expediente, las propuestas no han sido objeto de debate en cada partido, por más que casi todos ellos insistan en la necesidad de políticas concertadas a escala europea. Y Zapatero avala la continuidad del conservador Durão Barroso en la presidencia de la Comisión.


Los 736 eurodiputados que se eligen tendrán la oportunidad de aprobar leyes que condicionarán la legislación interna de cada país. Sería lógico promover a los candidatos más preparados para proponer y defender esas políticas contra la crisis, y que la campaña girase en torno a las propuestas que derecha e izquierda plantean al respecto. Sin embargo, de lo que discursean sus candidatos es de asuntos de política interna. No es que no les importen las elecciones europeas, pero sólo en cuanto sirvan para mejorar o empeorar su posición en la trifulca nacional.

La elaboración de las listas es coherente con esa visión. Si se repasan las candidaturas de las últimas convocatorias se observa la presencia destacada de dirigentes a los que más que enviar a Estrasburgo se les separa de la política interna. Vidal Quadras está allí desde que Aznar descubrió, en 1996, al catalanista que llevaba dentro.

También fueron enviados a ese destino personas con ideas propias, como el socialista Borrell, recuperable, o Rosa Díez, para ver si lo era. O ex herederos frustrados como Mayor Oreja una vez consumada la sucesión a dedo en favor de Rajoy y enviado Rato al FMI. A Ramón Jáuregui, un político que se distingue por ser capaz de argumentar y no sólo afirmar, se le saca del puesto en que más podía brillar, en aras de la renovación generacional; le acompaña Magdalena Álvarez, como consuelo por su cese en Fomento. Y Rajoy zanja por eliminación las dudas internas sobre la continuidad de Galeote, investigado por el caso Correa, para evitar que su presencia dé argumentos a los socialistas.

El País - Editorial

CUANDO LA PANDEMIA SE ACERCA

Todo apunta a que este virus no es demasiado agresivo, por lo que es muy improbable que se repita una catástrofe como la de 1918

LA GRIPE PORCINA -que las autoridades sanitarias bautizaron ayer como nueva gripe- se extiende rápidamente por todo el mundo.Hay ya casos sospechosos no sólo en Europa y en el continente americano sino además en Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó la alerta a la llamada fase cinco, que indica que el riesgo de pandemia es inminente.El nivel de alerta cinco está caracterizado por «la propagación del virus de persona a persona al menos en dos países de una región de la OMS».


El Ministerio de Sanidad detectó ayer que una joven catalana que había estado recientemente en México contagió a su novio, el primer caso que se ha registrado en todo el mundo de una persona que se infecta sin haber estado en el país de origen del foco.

La OMS calcula en estos momentos que existen 2.000 casos sospechosos de nueva gripe en cuatro continentes. Es evidente que un porcentaje alto de quienes hayan contraído el virus lo ha transmitido a sus familias o sus amigos, lo que anticipa que van a aparecer muchos más casos de personas que se han infectado sin moverse de los lugares donde viven.

Si ello es así, la pandemia de la nueva gripe está a la vuelta de la esquina, lo que no debería suscitar alarma entre la población porque el nivel de mortandad es muy bajo y porque existen tratamientos antivirales que curan o amortiguan sus efectos.

Hasta ahora, los Gobiernos están actuando correctamente, aislando rápidamente a las personas que tienen síntomas de haberse contagiado del virus. La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, informó ayer que hay ya 10 casos confirmados en España, donde se están habilitando zonas en algunos hospitales para internar a los enfermos.Esto es lo que se puede hacer de momento, al igual que informar a los ciudadanos. Ayer, el Gobierno británico encargó la elaboración de millones de folletos sobre la gripe, que serán distribuidos entre toda la población. También encargó de forma preventiva 30 millones de mascarillas, protector que en España se fabrica ahora mismo a destajo.

Uno de los debates que ha surgido en los últimos días es el de la conveniencia de cerrar las fronteras con México y EEUU y, más concretamente, la prohibición de vuelos procedentes de ambos países. Un portavoz del Gobierno francés pidió ayer una reunión urgente en Bruselas de los ministros de Transportes de la UE para discutir la suspensión de los vuelos procedentes de México.Es cierto que el cierre de las fronteras evitaría el riesgo de una propagación más rápida e intensa, pero la medida presenta dos graves inconvenientes: que ya es tardía y que su coste económico sería altísimo.

Desgraciadamente, vivimos en un mundo interconectado que facilita la instantánea difusión de las infecciones. Ello impide evaluar con precisión cuál es la extensión real de esta gripe, como demuestra el episodio de una mujer austriaca de 26 años que se contagió hace una semana en Guatemala cuando fue a visitar a sus padres.

El primer caso de contagio -el del niño cuya foto aparece en nuestra portada- fue detectado en México el 2 de abril. En tan sólo 28 días, la nueva gripe se ha extendido por todo el mundo.Ello pone en evidencia la fragilidad de nuestra sociedad globalizada ante eventuales enfermedades infecciosas, causadas por mutaciones que no podemos controlar. De cualquier forma, el contraste entre el niño mexicano que ha superado la gripe y el alarmismo suscitado en todo el mundo provoca la reflexión de si no se está exagerando la magnitud de la amenaza. Afortunadamente, todo apunta a que este virus no es demasiado agresivo, por lo que es muy improbable que se repita una catástrofe como la llamada gripe española de 1918.

El Mundo - Editorial

AGUIRRE, EN LA BUENA DIRECCION

«Con estas medidas Aguirre apunta en la buena dirección para salir de la crisis, que no es otra que la de reducir los impuestos, introducir austeridad en la Administraciones Públicas y emprender reformas estructurales.»

A pesar del escaso margen del que dispone en política fiscal, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha anunciado una serie de reducciones impositivas dentro de un próximo paquete de 49 "medidas anticrisis", entre las que destaca la eliminación del recargo autonómico del Impuesto de Actividades Económicas (IAE), la reducción en un 20% del impuesto de matriculación, así como una rebaja de 1 punto del IRPF a todos aquellos compradores de vivienda nueva, que sea su primera casa.


Para que nos hagamos una idea del beneficio que para los bolsillos de los madrileños supondrá la eliminación del recargo autonómico del IAE debemos tener en cuenta que los ingresos previstos por este concepto para las arcas de la Comunidad de Madrid en el presupuesto de 2009 ascendían a más de 30 millones de euros. Al margen de su cuantía, se trata de una forma directa y eficiente de inyectar liquidez en las empresas sin necesidad de acudir a intermediarios financieros o al ciego gasto público.

Asimismo, la reducción fiscal para la compra de primera vivienda nueva es especialmente oportuna para minorar el stock de inmuebles que no encuentran comprador y que servirá para acortar de forma sana la purga a la que está abocado el deprimido sector de la construcción.

Otro tanto se podría decir del estimulo que va a recibir el sector del automóvil con la ayuda económica, equivalente al 20% del impuesto de matriculación, que van a recibir los compradores de un coche nuevo en la Comunidad de Madrid. Es cierto que, en lugar de dar al comprador "una cantidad equivalente", Aguirre podría haber reducido directamente la cuantía del impuesto, si bien esta forma restaría visibilidad al desahogo que supone la reducción fiscal.

No menos destacable es el hecho de que esta apreciable reducción de impuestos va acompañada de un compromiso de reducción de gasto, como el que permitirá la supresión de la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte, cuyas funciones serán asumidas por la Vicepresidencia y la Consejería de Economía.

Aunque se puedan plantear objeciones a la escasa cuantía o a la naturaleza sectorial de estas reducciones fiscales, lo que nos parece incuestionable, al margen de recordar las limitadas competencias autonómicas en este campo, es que con estas medidas Aguirre apunta en la buena dirección para salir de la crisis, que no es otra que la de reducir los impuestos, introducir austeridad en la Administraciones Públicas y emprender reformas estructurales, como la que requiere nuestro rígido mercado laboral.

Se trata de una dirección opuesta a la que está protagonizando Zapatero, absolutamente renuente a que sea el Estado el que se apriete el cinturón en desahogo del contribuyente. La política de Zapatero no es otra que la del inmovilismo, la del irresponsable endeudamiento o la de hacer proclamas tan vacías de contenido como esa de que va a "plantar batalla al desempleo" o de que se va a "dejar la piel" por un "orden económico más justo". Si tenemos en cuenta que con este Gobierno no hacemos otra cosa que aproximarnos a marchas forzadas a los cinco millones de parados, ya nos podemos hacer una idea de lo que entiende Zapatero por un orden social justo o por plantar batalla al desempleo.

Libertad Digital - Editorial

LA LEALTAD Y LA POLITICA. Por J. J. Armas Marcelo

Una es la moral del ciudadano y otra la del político, dijo el filósofo. En la noche del 30 de julio de 1812, Simón Bolívar, entonces joven coronel de la I República venezolana, detiene al generalísimo Francisco de Miranda, su superior máximo, por traición a la patria. Miranda había llegado a un pacto con el jefe realista Domingo de Monteverde: entregaba el ejército de Venezuela a cambio de que el español no hiciera matazón alguna contra el republicano y derrotado. Bolívar sostiene que Miranda es un traidor. Quiere hacerle juicio sumarísimo y fusilarlo. El dueño de la mansión de La Guaira donde suceden los hechos, De las Casas, convence a Bolívar y entrega a Miranda a los españoles a cambio de un salvoconducto para que Bolívar pueda salir de Venezuela rumbo a Curazao. La Historia (los historiadores) no suelen decirlo (ni escribirlo), pero quien traiciona no es Miranda, sino Bolívar. Traiciona a Miranda y gana dos veces: se lo quita de arriba y salva su vida. Telón.

La vida política está llena de lealtades y traiciones. En cuanto aparecen dos figuras aparece la lealtad y, a su lado, el enemigo: la traición. De la transición española a la democracia se han escrito decenas de libros donde la traición no es más que un elemento que juega en el escenario la parte teatral que le corresponde en la vida. «Anatomía de un instante», escrito por Javier Cercas y aparecido muy recientemente, es un estudio sobre la conducta humana de los políticos en un momento clave de sus vidas y de la vida de la España contemporánea: el 23 de febrero de 1981. Desde mi punto de vista, Cercas ha escrito un libro extraordinario, no porque diga algo nuevo en la investigación de las tramas negras del «golpe», sino precisamente por lo contrario. Al no decir nada nuevo sobre ese episodio bochornoso, todo lo que dice es viejo salvo una cosa: el modo de contarlo, la manera en la que el escritor, un narrador insoslayable, relata cada punto exacto de la cuestión y cómo (el modo, la manera, la forma) resuelve narrativamente cada uno de los encartes sustanciales del ensayo. Ahora bien, la resolución narrativa no tiene siempre que ver con «la verdad» histórica del asunto del que se habla y escribe, aunque en el caso de «Anatomía de un instante», ambas parecen encajar a la perfección. Lo sé: no es lo mismo escribir sobre la marcha, y en caliente de su suceso ocurrido ayer, que escribir del mismo episodio bastantes años después de que haya sucedido. También lo sé: no es lo mismo un libro oportunista que un libro oportuno, como no es lo mismo escribir bien que escribir mal. Y Cercas ha escrito un libro oportuno y lo ha escrito muy bien. ¿De qué trata este libro?

Con el telón de fondo de un episodio aparentemente esperpéntico de nuestra vida política más reciente, Cercas escribe un ensayo sobre la traición en la vida y la traición en la vida política. Claro que en la vida (y en la vida política mucho más) la traición ha pasado ya a ser una «vía de conocimiento», mientras que la lealtad es una suerte de antigualla que provoca sonrisas entrecortadas en el común de los protagonistas informados. A los ejecutores de la traición, Cercas los llama sin ironía (y con muy buen tino) «los héroes de la despedida». Tales deconstructores son, en este episodio y en la vida política del país en los primeros años de nuestra democracia, Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo. Suárez «traiciona» al idear el modo exacto de desmontar el Movimiento y el franquismo; Gutiérrez Mellado «traiciona» al contener y desmontar los «instintos básicos» del ejército de Franco, y Santiago Carrillo «traiciona» al desmontar los dogmas del comunismo estalinista.

En medio de todos está el Rey de España, que piensa que aquel presidente del gobierno, Adolfo Suárez, ya es un lastre para el desarrollo democrático. El Rey, como toda España, tiene mucha prisa por gobernar con la izquierda. Sabe que esa será la señal de la nueva democracia española y su convalidación como demócrata. Suárez es entonces un estorbo. Pero Suárez es un converso de verdad: el general De la Rovere, pero sin teatro. Se ha creído tanto su papel de demócrata que los demócratas de toda la vida están muy asustados con aquel joven con pinta de tenista de club náutico de provincias costeras que se resiste ahora a salir del poder. Digámoslo una vez más, como lo dice Cercas: todo el mundo está contra Suárez en ese momento. Todos menos Gutiérrez Mellado y Carrillo. Otra paradoja de aquel instante: los dos «traidores» son leales al «traidor» que ha hecho leales votos democráticos hasta fundir el juramento en su alma más profunda. Los demás, incluso los suyos, traicionan la lealtad debida. Por ambición, por traicionares, por mediocres, por oportunistas. Por lo que sea, son desleales. «¡Jo, vaya tropa!», diría Romanones (y decimos nosotros).

Tengo noticias muy fidedignas de la existencia de un documento fechado en 1969, y firmado por Suárez, donde «le cuenta» al entonces príncipe Juan Carlos todos y cada uno de los vericuetos y desfiladeros que hay que atravesar para llegar a la democracia plena en España. El Rey se lo cree y confía en el joven con pinta de tenista provinciano. Y, llegado el momento, lo elige para ese papel en el teatro de la historia. Pero el actor se lo cree. Es decir, no cree que sea sólo un actor, sino que se transforma en protagonista real y uno de los motores velocísimos de la política española de la transición a la democracia. No he visto ni he leído el documento al que me refiero, pero de existir tal papel forma parte de la Historia de España y tenemos derecho a conocerlo.

Después pasó lo que pasó. ¿Y qué pasó? Cercas, y otros antes que Cercas, lo esbozan, sugieren y hasta dicen: la clave central está en Cortina, que juega con su apellido y con una inmensa inteligencia para el papel que juega en el supuesto esperpento. Su nombre aparece en el golpe, en el contragolpe, en el contragolpe del contragolpe e, incluso, en el golpe contra el contragolpe. Y, sin embargo, judicialmente, no tuvo nada que ver ni con los golpes ni con los sucesivos e hipotéticos contragolpes. Indemne, tal vez no formó parte de la traición, pero no me creo que no haya formado parte de «un algo inasible» y etéreo que flota con pesadez excesiva en el aire de aquel episodio.

El libro de Cercas quiere decir, además, que podemos seguir escribiendo periodística y literariamente (aunque se hace periodismo o se hace literatura) del 23-F como si tal cosa. Sí. He leído mucho de aquel suceso. Estuve a dos metros (como todo el mundo, ¿no?) del Palacio del Congreso aquella noche y terminé por irme a dormir (como todo el mundo) cuando el Rey de España dijo por televisión lo que dijo. Escribiendo de todo esto, me acuerdo de mis amigos Fernando Castedo y Jesús Picatoste. Me consta que, en medio de tantas traiciones, ellos fueron una vez más leales a sí mismos. Como Cercas al escribir «Anatomía de un instante» en un momento tan oportuno.

ABC - Opinión

DESPERTA FERRO. Por Yauma

!Desperta ferro! o Dispierta fierro, era uno de los gritos de guerra entonados por los almogávares antes de la batalla, mientras hacían repicar sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras.
"Aur, aur...Desperta ferro" gritó el Gran Honorable hace varios días en la fiesta de Convergéncia (CDC sin unión U) ante 11.000 personas reunidas en Vic-Gur para celebrar el día del partido. El Gran Honorable llama a los catalanes a rebelarse contra las "migajas de Madrid". En el mismo acto Mas reivindica el papel de Convergència como movimiento patriótico al servicio de los catalanes.
El ex president Jordi Pujol cree que ha llegado el momento (? Cuantas veces creen los nacionalistas que ha llegado el momento sublime de no sé qué?) de que Cataluña plante cara a España y rechace de pleno "las cuatro migajas que nos quieren dar desde Madrid".


"Lo que ahora nos proponen : darnos infraestructuras, competencias y servicios a cambio de que nos portemos bien,que no reclamemos más poder político ( y del otro), que no reclamemos ser tratados como una nación..Debemos ser capaces de resistir esto, si no estaremos perdidos como nación y como pueblo". El Gran Honorable se huele que los que están en el Govern van a sacar una buena tajada a costa de Madrid, ósea de toda España, y está vacunando al personal para que el tripartito no obtenga rédito político en el oasis. Pujol advirtió que hay mucha gente en Cataluña dispuesta a aceptar un trato de este tipo y recordó, como no podía ser de otra manera, que tan sólo CiU está por la labor de negarse a ello. Prueba palpable de que la mejora en medios, estructuras y recursos de progreso le importa una higa si ellos, los nacionalistas, no pueden sacar beneficio propio.

"Tenemos un panorama nacionalmente complicado caracterizado por falta de sensibilidad de buena parte del Estado y marcado por la pretensión de los socialistas y el partido popular de convertir Cataluña en una pequeña Diputación sin poder y sin conciencia colectiva, porque no quieren que seamos un pueblo, un país que vaya hacia adelante". Llegado a este punto del discurso, un servidor ya no pudo aguantar las lágrimas patriotas y, el moco acompañante,agotando los cuatro pañuelos, mocadors, que llevaba encima más dos de mi acompañante, y un paquete de clínex que me ofreció una amable señora compañera de partido.
El Gran Honorable acabó el discurso reivindicando la fortaleza de CiU y destacó que pese a estar en la oposición y a que les han negado el pan, el agua y la sal, hoy por hoy, para el resto de las fuerzas políticas el hombre a batir es Mas.

Mas dijo entre otras cosas " Convergència tiene un alma suficientemente fuerte para ser un gran movimiento patriótico al servicio de los catalanes" . otra vez dándole vueltas al alma, ya no solamente un alma catalana si no también un alma convergente.! Cuanta espiritualidad cuatribarrada impregna nuestro ser y llena de gozo nuestros corazones.! " Los que nos critican por hacer la Casa Gran del Catalanisme etiquetan a todo el mundo, nosotros no etiquetamos a nadie; hablar de autonomistas, soberanistas, independentistas....es una trampa para dividir el catalanismo y debilitarlo". Todos somos almogávares. !Aur, aur......Desperta ferro !"Hace falta acoger a todos, sin etiquetas, los que quieran poner su grano de arena al servicio de la construcción nacional".
En fin, el lenguaje de siempre en cuya base está el rechazo a la diversidad, cuya expresión es la tensión identitaria, el rechazo del diferente que la política nacionalista transforma en interés y conflicto y los líderes nacionalistas instrumentalizan hacia sus intereses particulares.

Según Doodou Diènne, ex relator especial de la ONU en materia de racismo: El racismo es un iceberg: lo que se combate con la ley es la parte visible, para llegar al fondo y cambiar las fuentes profundas del mismo, hay que hacerlo desde la infancia. Hay que reescribir y enseñar la historia de otra manera, porque todas las historias nacionales son construcciones de odio y prejuicio hacia otro.Hay que relacionar el combate contra el racismo con la construcción del multiculturalismo. Prohibir las discriminaciones, promover la igualdad etc. Europa vive un choque entre las identidades nacionales y las dinámicas multiculturales actuales.Cuanto más multicultural y plural es la sociedad, más los partidos políticos fundamentalmente los partidos nacionalistas, se refugian en las antiguas identidades nacionales, y de ahí la instrumentalización del racismo. En el discurso de estos partidos políticos siempre encontramos la noción de defensa de la identidad nacional, y defender, como atacar, siempre se hace contra alguien.

Al Gran Honorable se le considera un restaurador de los valores nacionales catalanes. Gracias a que la sociedad catalana es una sociedad madura e inteligente, el enfrentamiento lingüístico y de sentimientos de pertenencia, hasta el momento, afortunadamente, no ha tenido lugar. Pero eso no quita que si los nacionalistas continúan tensando la cuerda, no se pueda producir en un futuro más o menos cercano. Diversos elementos contribuyen a alimentar la idea de que las posibilidades de mantener este equilibrio se están agotando. La oleada inmigratoria de los últimos años, la impaciencia de los jóvenes cuatribarrados educados en el catalanismo más rancio y la resistencia de muchos jóvenes castellano hablantes al abandono de la lengua de sus padres pueden estar en la base del conflicto.
A pesar del gran volumen de vaselina con que los nacionalistas intentan trajinase al personal no cuatribarrado, principalmente en el tema lingüístico, los medios de comunicación extranjeros detectan el hecho y sus consecuencias. El pasado mes de noviembre The Economist dio un aviso. El miércoles de la semana pasada otro diario internacional, Financial Times, manifestaba las consecuencias de una política lingüística excluyente. Las inconveniencias que una implantación lingüística como la nacionalista tiene para todos los castellano hablantes.Y para muchos catalanes también. Para los inversores puede ser incluso peor, tanto nacionales como extranjeros. Debido a tanta burocracia, autonómica y estatal, llega a afirmar el diario, que la Administración española padece elefantiasis.

No querría terminar este escrito sin explicar una de las singulares anécdotas del Gran Honorable, guía y luz serenísima de nuestro destino nacional. Hace poco tiempo visitó un barrio marginal del extrarradio barcelonés, en calidad de ex president, acompañado de un sólo escolta, craso error en estos tiempos que corren. Un tipo del público con aspecto de fanfarrón de encrucijada, un perdonavidas mal educado, encarándose con el Gran Honorable llegó a faltarle al respeto, haciendo referencia a su avanzada edad y a sus atributos como varón. Sugiriéndole que lo más adecuado para él sería dedicarse a ver los programas de dibujos animados de TV3 y alimentarse "con sopitas y buen vino" y, que lo más propio sería estar contemplando ahora su cenotafio (increíble palabra para un individuo tan bruto) que las divagaciones patrióticas cuatribarradas en lugar tan poco apropiado como este barrio obrero repleto de emigrantes. El maromo en cuestión, se creía muy macho debido a que padece elefantiasis de los órganos sexuales externos y, en su barrio, el éxito con el personal femenino le aumenta la auto estima considerablemente.

El Gran Honorable, muy digno, pidió silencio con voz almogávare e improvisó sobre la marcha el siguiente discurso:
"Pero viejo soy y no tengo edad de retozos. Porque ya no estoy en tiempo de ir a pacer verde hierba, sino de alimentarme con seco forraje; que ésta mi cabeza blanca pregona mis años y mi corazón está tan marchito como mi cabeza misma. Aunque bien pudiera pasarme lo que al níspero, que es el más desabrido de los frutos hasta que madura entre estiércol o paja. Quizá los viejos seamos así y sólo con el tiempo entremos en sazón, y luego ya bailamos al son que el mundo nos toca. Sabed, además que los ancianos tenemos la cabeza blanca y el rabo verde, como la hierba del puerco, de manera que, aun si vamos perdiendo las fuerzas, la voluntad incítanos a las mismas locuras. Y, si otra cosa no podemos, dámonos a hablar. Por ende, fuego hay en nuestras cenizas, y cuatro ascuas se encierran en ellas, vanidad, mentira, cólera y ambición. Podrá costarnos esfuerzos regir nuestros gastados miembros, pero nuestra voluntad niégase a decaer, a buen seguro. Y, en fin, aún tengo yo, a pesar de mis años, un diente primerizo, de los que me salieron cuando la espita de mi vida comenzó a fluir. Pues ha de entenderse que, cuando se nace, quita la muerte el tapón de la espita y deja correr la vida hasta que el barril queda exhausto. Ya casi vacío mi barril está. Puede la triste lengua alardear de las menudencias que años atrás acaecieron, pero de esto tan sólo."
(Cuentos de Canterbury)
Según explica un testigo presencial, ex militante de Ciutadans para más señas, la verdad, la verdad verdadera, el episodio acabó con el gañán provocador abandonando el lugar cabizbajo y silente ante tanta dignidad y majestad demostrada por el Gran Honorable.

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