Por el contrario, lo que ha sucedido es que el PSOE ha fracasado en la gestión política de la crisis, en la estrategia electoral frente al PP y en la conservación de la imagen inmune de Zapatero. El PSOE se escuda en la crisis económica como causa de su derrota, pero otros gobiernos europeos -los principales- han superado favorablemente la prueba de las urnas. Además, para neutralizar ese efecto estaban el «caso Gürtel» en Madrid y la campaña contra Francisco Camps en Valencia, con la intención de socavar el liderazgo de Rajoy en sus feudos. El resultado es que el PP ha barrido literalmente en ambas comunidades, con resultados muy positivos también en Murcia, Galicia, Canarias o Castilla-León. Este análisis invierte las conclusiones en lo que afecta al PSOE: pierde siete puntos porcentuales en Cataluña; seis en Castilla-La Mancha, donde el PP se ha alzado con una espectacular victoria; siete en Andalucía, y cuatro en Extremadura. Estos retrocesos profundos del PSOE en sus principales caladeros de votos quieren decir que el liderazgo que se ha debilitado es el de Zapatero, quien no ha conseguido conservar apoyos en regiones teóricamente más proclives a sus «políticas sociales».
Es evidente que ningún dato es extrapolable a unas elecciones generales, en las que entran en juego factores distintos a los que concurren en unas europeas, pero los datos son objetivos y claramente abren un nuevo ciclo en España. No en vano, y a modo de aviso, CiU animaba ayer al PP a presentar una moción de censura a Zapatero, dejando entrever su ánimo de agitar desde hoy mismo el ambiente preelectoral en Cataluña, y el propio PP emplazaba al presidente del Gobierno a someterse a una cuestión de confianza en el Congreso. Son indicios, en efecto, de un nuevo ciclo en el que el PSOE pasará muchos más apuros de los que había previsto para esta legislatura.
ABC - Editorial





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